AGLI Recortes de Prensa   Jueves 9 Junio  2016

La irresponsabilidad histórica de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 9 Junio 2016

Rajoy puede pasar a los anales como el egoísta cobarde que entregó España a sus peores enemigos.

El PP y, sobre todo, el entorno más cercano a Mariano Rajoy ya admiten públicamente que su estrategia es polarizar la campaña para que el ascenso de Podemos en las encuestas les dé más votos.

En Libertad Digital llevamos mucho tiempo denunciando que esta estrategia de pinza al PSOE y a Ciudadanos es la gran fijación de Rajoy y su equipo. Éramos tachados de conspiranoicos y radicales, pero ahora son los propios populares los que no tienen problema en admitirlo, y se felicitan de ello tras la publicación de la encuesta del CIS. Una encuesta que no puede sino espantar a cualquier español que no baile el agua a los liberticidas de Podemos, pues abre la puerta a un escenario absolutamente catastrófico.

Tras una legislatura en la que Rajoy ha desperdiciado una oportunidad histórica para hacer las reformas que España necesita y olvidado cualquier política que no fuese la económica, el presidente en funciones ha invertido sus mayores esfuerzos en promover y alentar una opción política radical que, de llegar al Gobierno, causará auténticos estragos.

Y lo ha hecho con el único objetivo de mantenerse en el poder, sin otro programa político que seguir en la Moncloa al precio que sea. Sólo por eso, el presidente y sus colaboradores han alentado y reforzado el crecimiento de Podemos, tanto por propia mano –recuérdese aquella estupefaciente llamada de Pablo Iglesias a Moncloa poco antes de las elecciones del 20-D- como a través de los medios de comunicación que controlan y cuya supervivencia han garantizado.

En pocas ocasiones hemos asistido en la historia reciente de España a una operación en la que la mera supervivencia política de un hombre y su círculo más cercano haya puesto en riesgo tantas cosas; en muy pocas ocasiones se ha favorecido de este modo una opción política de corte totalitario que presenta fórmulas que están devastando países como Venezuela.

Aunque él esté convencido de que pasará a la historia como el hombre que nos sacó de una terrible crisis económica, lo cierto es que Rajoy puede hacerlo como el presidente que, por cobardía y egoísmo personal, y con una irresponsabilidad ominosa, entregó España a sus peores enemigos.

La plebe periodística
Agapito Maestre Libertad Digital

Quizá sea verdad que la política española sea compleja y obscura. Pero, no hay bien que por mal no venga, creo que la llegada de Podemos ha venido para aclararnos algunas cosas de importancia. Primera y fundamental: Podemos pone de manifiesto que nuestro sistema democrático ha fracasado. La prueba está a la vista: Podemos no es causa de nada. Es el efecto de la derrota del sistema político del 78. Quisieron un un imposible: construir un Estado democrático sin nación. La derrota es tan miserable que ya nadie se atreve a contarla. Todo es cochambre. Plebeyismo. La desnacionalización de España es total. El PSOE persiste en su desprecio a la nación española y el PP se envuelve los días de fiesta en la bandera de España. Los dos siguen fingiendo lo que no son: partidos políticos nacionales. Nada.

Sin una idea del Estado dentro de una nación la democracia española hace aguas por todas partes. Podemos ha llegado, sin duda alguna, para hacernos visible esa contradicción. Podemos está en el sistema político para acabar de dinamitarlo. Por eso, Podemos es el partido de los nacionalistas, los separatistas y los terroristas en el Parlamento y, por supuesto, también es el mejor representante de los viejos votantes del PSOE y del PP que nunca creyeron en la nación española, o sea, consideraron que la ciudadanía española era algo sin importancia. Por ese camino, por el de la destrucción de España como nación, Podemos seguirá creciendo, creciendo y creciendo. Todo será plurinacionalidad. Todo individuo, por más salvaje que sea, será una nación... Por estos andurriales no parará nadie a este partido. España sólo será nominalmente una nación. Un nombre para ocultar lo que vemos todos los días: un gentío. Populacho. Populacho, sí, y elites políticas, conchavadas con las periodísticas, llevándose el dinero a espuertas. Robando.

La pluralidad ciudadana ha quedado reducida a multiplicidad animal. Cuantos más nos vean por televisión, o más nos oigan por la radio, mejor; poco o nada importa lo que se diga o se escriba. Los medios lo aguantan todo. Miseria sobre miseria. Los medios de comunicación, como los partidos políticos, están encanallados. No quieren argumentos, debates y programas, sino gentes que nos vean, oigan y, por supuesto, nos voten... Lo importante son los restos sobrantes, como dicen los populistas del PP, para seguir en la poltrona. Por lo tanto, en vez de estigmatizar a Podemos, deberíamos darle la gracias por habernos hecho evidente todo eso que han estado ocultando las elites políticas y periodísticas españolas: España no es una nación sino un gentío. Podemos no engaña: su política es para plebeyos no para ciudadanos. Cuantos más nos juntemos, sin preocuparse de los matices y las diferencias de sentimientos y razones, mejor nos irá. Lo importante es el número. La masa. Nadie podrá acusar de incoherencia a Podemos: todo se reduce a la adaptación al medio. No hay nada que cambiar. Basta aceptar que la plebeyización de la política es el único programa.

Sin embargo, ahora los plebeyizantes, los periodistas al servicio del PP y del PSOE, los comunicadores de la COPE y Onda Cero, los de Radio Nacional y la SER, los periodistas de El País y La Razón, se pelean por saber quién es más plebeyo, quién tiene más culpa de las miserias de España. Se miran unos a otros con mirada torva y se reprochan: tú, Rajoy, o tú, Sánchez, eres el causante de Podemos. Terrible. Asistimos a todas horas a este bochornoso debate. No se puede caer más bajo. Todo es encanallamiento de unos farsantes incapaces de autolimitarse en el ejercicio de su profesión. Solo quieren hacer negocio. Robar. Resulta bochornoso, desde el punto de vista intelectual, que la cuestión fundamental que discute nuestra elite periodística sea la siguiente: ¿quién ha contribuido más que Podemos a esa plebeyización de la política democrática? La respuesta es de libro, pero se enzarzan en peleas de canallas.

Las cuentas y los cuentos de Podemos
EDITORIAL El Mundo 9 Junio 2016

Unidos Podemos presentó ayer su programa económico en formato catálogo de Ikea. Y eso es: un folleto propagandístico en el que parece que las cuentas cuadran, pero que cuando se empieza a diseccionar se ve que construir algo con ellas es casi una utopía. El partido morado ha rebajado a 60.000 millones euros el incremento del gasto público en la próxima legislatura, mucho menos que los 96.000 millones prometidos en diciembre, debido a la desaceleración de la economía mundial, pero aun así continúa siendo una cifra desmesurada.

Este incremento del gasto se financiaría con unos ingresos extra de 53.800 millones, gracias sobre todo a una reforma tributaria que añadiría 37.900 millones de euros a la recaudación. Para ello, Podemos prevé subir los tramos del IRPF a las rentas medias y altas, que ellos consideran que están a partir de los 60.000 euros. Así, colocaría el tipo marginal en el 55% para rentas superiores a los 300.000 euros. Además, Unidos Podemos prevé equiparar la fiscalidad de las rentas del trabajo con las del ahorro, lo que se traduce en elevar éstas últimas. También propone subir el Impuesto sobre Sociedades hasta el 30% y eliminar las deducciones. En resumen, el partido de Pablo Iglesias está pensando en una brutal subida de impuestos. Si tenemos en cuenta que en 2014, el IRPF y Sociedades ingresaron 167.000 millones en las arcas del Estado, un incremento del 22% en cuatro años se nos antoja excesivo, por mucho que la economía creciera al 3,5% anual tal y como prevé Podemos. Por supuesto ni el Banco de España, ni la Comisión Europea, ni el FMI, ni ninguna firma de análisis ven posible que España se desarrolle a ese ritmo en los próximos años. Muy al contrario, la propuesta de Unidos Podemos corre el riesgo de estrangular la economía, lo que dejaría ese programa en papel mojado.

Sin más explicación, la coalición dice que con su política económica, el paro bajará al 11% en los próximos cuatro años. Esto supondría reducirla a la mitad, desde el 21% actual. Desde marzo de 2013, trimestre que marcó el pico en la pasada recesión, el desempleo medido en términos de EPA sólo se ha reducido en cinco puntos porcentuales, por lo que es una quimera pensar que en los próximos cuatro va a quedar en la mitad. Además, la coalición izquierdista debería explicar más pormenorizadamente qué tipo de empleo quiere crear, porque en su programa está, por ejemplo, generar unos 400.000 puestos de trabajo en la construcción gracias a la puesta en marcha de un plan de eficiencia energética que afectaría a 200.000 viviendas en la legislatura.

El programa electoral prevé incrementar las inversiones públicas en sanidad, educación y dependencia, crear la Renta Garantizada, subir el salario mínimo y derogar las últimas reformas de las pensiones. Por supuesto, todo este vasto plan de gasto exigiría retrasar los objetivos de déficit público, con o sin acuerdo con la Comisión, "como hacen Italia o Francia". Como es lógico, a más déficit corresponde más deuda, pero el catálogo se limita a mencionar una "reestructuración de la deuda pública vinculada a las ayudas al sector financiero, el memorando de entendimiento y el rescate de la UE". Las cuentas de Unidos Podemos no cuadran y de ponerse en marcha impedirían consolidar la recuperación y la creación de empleo.

Cataluña mórbida
El Editorial  www.gaceta.es 9 Junio 2016

La CUP tensa la cuerda y en el otro extremo aparecen, colgados del cuello, Puigdemont y Junqueras. Mientras, Cataluña chapotea en un sucio charco de violencia urbana, demagogia pública y colapso económico y social.

La crisis del gobierno Puigdemont debería significar el último episodio en la delirante carrera separatista catalana. ¿Resumimos la situación? Los restos de Convergencia, infectados de corrupción, se entregaron en brazos de la Esquerra, la misma que pactó con ETA, para salvar su nombre en un gesto de desafío supremo y acelerar el proceso separatista. La suma de Esquerra y Convergencia, incapaz de obtener la mayoría suficiente, se echó a su vez en brazos de la ultraizquierda violenta de la CUP, no menos separatista, pero ante todo revolucionaria. Ahora la CUP tensa la cuerda y en el otro extremo aparecen, colgados del cuello, Puigdemont y Junqueras. Todo ello mientras Cataluña chapotea en un sucio charco de violencia urbana, demagogia pública y colapso económico y social. Es un desastre.

Así como la izquierda española parece haber convencido a medio país de que sus problemas son culpa del otro medio, del mismo modo el separatismo parece haber convencido a buena parte de los catalanes de que todos sus males son culpa del resto de España. Una Cataluña rota y sola –dice esa gente-, libre del “lastre español”, sería rica y próspera, gozaría de una sanidad y una educación de lujo, viviría con pingües pensiones, pagaría pocos impuestos y disfrutaría de una democracia apacible y modélica, paradigma de libertades. Cuarenta años de aporreo mediático y docente han logrado construir un auténtico “país potemkin”, una realidad imaginaria cuyo espectro ha seducido, como un espejismo de oasis, a muchos catalanes. La actual crisis, sin embargo, ha desmontado la tramoya y lo que ha aparece debajo, la Cataluña real, es cualquier cosa menos envidiable.

Hoy Cataluña es un lugar donde las libertades reales se ven perseguidas tanto en la enseñanza como en la comunicación social, donde los servicios públicos naufragan porque el gobierno local se gasta el dinero en proyectos separatistas, un territorio con un paro del 17,4% y un paro juvenil del 37,6%, con la presión fiscal más alta de España por la voracidad de las arcas autonómicas, con la vida política en manos de una minoría revolucionaria que no oculta sus tendencias violentas y, presidiéndolo todo, una pequeña oligarquía corrupta que ha hecho del nacionalismo un negocio (con la connivencia, todo sea dicho, de muy relevantes socios en Madrid). Y cada vez es más difícil culpar de todo eso a “España”.

Con todo, no va a ser fácil salir de aquí. Tantos años de discurso del odio han dejado su impronta en una sociedad que, el menos en su mitad, ha sucumbido al delirio separatista. Desmontar ese espejismo mentiroso debería ser la prioridad de los poderes del Estado –empezando por las propias instituciones catalanas-, pero es difícil creer que los pirómanos estén en condiciones de apagar hoy el incendio que llevan cuarenta años avivando. La salvación de Cataluña pende del mismo esfuerzo regenerador que necesita el conjunto de España. Es la tarea de nuestra hora.

El espejo de Cataluña
Editorial www.vozpopuli.com 9 Junio 2016

Lo ocurrido este miércoles en el Parlamento de Cataluña nos obliga, abocados como estamos a unas nuevas generales en poco más de 15 días, a reconocer dos situaciones tan alarmantes como incómodas. La primera es que una de las regiones más ricas de España se ha convertido en un polvorín político, trufado de chispazos de violencia verbal y física; la segunda, que ni allí ni aquí existen indicios de alternativa alguna para remediar ese estado de cosas. Y no lo decimos para incrementar el sentimiento de frustración que enseñorea la política española, sino para insistir en que estamos ante un problema nuestro y no del extranjero, por lo que conviene abandonar las conductas seguidas hasta ahora en relación con esta cuestión y empezar a trabajar en serio sobre un asunto que ya contribuyó al naufragio de la legislatura iniciada el 20D, y que puede hacer lo propio con la que nazca el 26 de junio. Se quiera o no reconocer, España no puede aspirar a mejorar la calidad de su gobernanza ni el prestigio de sus instituciones sin hincarle el diente a lo que está pasando al otro lado del Ebro.

En este periódico hemos sostenido que el estallido del problema catalán en el otoño de 2011 era el fruto más destacado, además del más amargo, de la siembra de aquel “café para todos” que puso en marcha la máquina de la insolidaridad y de la desafección al Estado a lo largo y ancho de todo el territorio español, y también una consecuencia obvia de la crisis social derivada de la catástrofe económico-financiera desencadenada en agosto de 2007. Y que la marea independentista estimulada por los nacionalistas burgueses de la entonces CiU para evitar verse desalojados de la Generalidad podría acarrear daños casi irreparables a ellos mismos y, lo que es peor, a los millones de catalanes no independentistas que se sienten abandonados por el Poder central sin saber quiénes atenderán su orfandad.

Los vaticinios se han cumplido: el nacionalismo burgués que, mal que nos pese, era una referencia de orden en Cataluña, además de una viga de carga en el entramado constitucional del 78 como acredita la historia de los últimos treinta años, está al borde de su desaparición, un viaje que, ironías del destino, podría emprender en compañía de PP y PSOE, sus viejos compañeros de fatigas en los Gobiernos de España, que ya casi bordean la marginalidad en la política catalana. La pérdida de peso de la derecha nacionalista provoca un alarmante vacío de poder que corre el riesgo de ser ocupado por enemigos declarados de nuestro sistema de convivencia. Porque es posible que la marea independentista pierda vigor, pero probablemente lo hará en beneficio de nuevas organizaciones políticas -caso de En Común Podemos, que ya ganó en diciembre-, que están dispuestas a recoger en Cataluña la doble cosecha del descalabro constitucionalista y de los nacionalistas tradicionales, con un discurso tan taimado como válido para moros y cristianos.

El problema catalán y la reconstrucción del Estado
Esta es la “mercancía”, o una parte significativa de ella, que está a punto de desembarcar en las nuevas Cortes Generales que se constituirán tras el 26J, razón por la cual no nos cansaremos de insistir en que el problema catalán, en la mesa de operaciones de la democracia española desde el otoño de 2011, es la espada de Damocles que penderá sobre la nueva legislatura, como ya lo hizo en la anterior, con el peligro de que la ausencia de un discurso nacional y de un proyecto de reconstrucción del Estado en términos democráticos y de salud pública, nos conduzca a una espiral de debilidades y despropósitos cuyo más evidente reflejo lo estamos viendo estos días con especial virulencia en Cataluña.

Más que el penoso espectáculo del miércoles en el Parlament, nos inquieta la falta de alternativas a lo que allí viene sucediendo: los partidos tradicionales, una sombra de lo que fueron, pueden verse tentados a justificar su tradicional indolencia con el argumento, un puro espejismo, de que “lo de Cataluña” quedará al final reducido a una tormenta pasajera provocada en su día por la crisis económica. Como no compartimos la visión panglossiana del problema, creemos que es obligado extraer lecciones de lo ocurrido esta semana, porque, sin atajar ese estado de cosas, no conseguiremos despejar el horizonte español de los nubarrones políticos y sociales que lo amenazan. Es prioritario, por supuesto, restaurar de inmediato la legalidad constitucional, pero hay que acompañar la iniciativa de propuestas capaces de solucionar el problema de un modelo autonómico que ha puesto en trance de disolución al propio Estado español, con Cataluña como punta de lanza incontestable.

Cantonalismo podemita
José Javaloyes Republica.com  09 Junio 2016

Lo peor de las izquierdas comunistas españolas de nuevo cuño – esas que se han alineado en el Parlamento Europeo contra la moción que exige el desbloqueo impuesto por el régimen madurista al proceso de revisión constitucional y democrático en Venezuela -, no sería aquella que no sólo se ajusta a la más convencional y adusta dialéctica de clases, beligerante contra la estabilidad y el cambio evolutivo del orden social asentado en la seguridad jurídica propia del Estado de Derecho.

No. La más inconveniente y lesiva de todas en términos nacionales es la que incluye, como enmascarada propuesta medular – más allá que como simple estrategia electoral para la captación de votos -, la disociación nuclear, cantonalista. Como la aflorada con el escándalo histórico en que se hundió la Primera República Española.
Tal y no otra es la aportación cantonalista de Podemos y sus satélites diversamente leninistas, a la “modernización” del discurso político nacional más allá del concreto tiempo de urnas en que nos encontramos. El internacionalismo de los nuevos leninistas les lleva, a lo que se ve, no sólo a votar en contra de la moción europea, de apoyo a la normalización democrática y restauración del orden constitucional en Venezuela, sino, por medio de la corruptora financiación del corrupto chavismo, a entender y proponer la cantonalización de la diversidad constitutiva de nuestra realidad nacional como desenlace plenario del entendimiento “bolivariano” de la Historia.

Bien cabría considerar, de otro punto, que la beligerancia podemita contra las “líneas rojas” a que se atiene el consenso nacional sobre la unidad política de España, resulta tanto de su radicalidad bolchevizante como de su puntual aversión a toda casta que no sea la que fluye con los genes de su principal gerifalte.

Ensalada de impuestos
Primo González Republica.com  9 Junio 2016

Justo en los días previos al inicio de la nueva campaña electoral, los votantes españoles hemos podido ya leer y escuchar todo tipo de ofertas, la mayor parte de ellas tentadoras, algunas disparatadas, pero todas con la evidente intención de captar votos, con el señuelo de los impuestos. Unos los ofrecen más altos, otros dicen que los van a bajar. Realmente, credibilidad hay que concederles poca a unos y a otros, algunos porque viven fuera de la realidad y saben poco de lo que hablan (lacra, por desgracia, muy extendida entre los portavoces de las diferentes formaciones políticas, aunque hay excepciones) , otros porque ya han transitado por la escena política y han hecho lo contrario de lo que han prometido (reproche no sólo endosable al PP, que también, sino a casi todos los demás, incluso algunos que no han tenido responsabilidades de gobernación pero que han influido en otros socios que sí han gobernado) y, en fin, la mayoría porque se buscan la vida como pueden a sabiendas de que el votante por lo general es de miras cortas, parco en memoria y de buen conformar.

Una de las más llamativas propuestas de fiscalidad ha sido la de Podemos, colocando el IRPF para los “ricos” en el 55%. Tamaño disparate sólo puede ser entendido en términos de filosofía clientelar, porque quien crea que subiendo los impuestos hasta el 55% va a mejorar la recaudación es un indocumentado o un iluso. Naturalmente que habrá gente que pague el 55% de IRPF.

La cuestión no es el tipo de gravamen del IRPF sino la base imponible. El que tiene que pagar un 55% de gravamen posiblemente le pegue un recorte a la mitad o menos de sus ingresos reales de renta para que ese 55% sea en la práctica, y como tipo efectivo, entre un 25% y un 30%, que es lo que los más generosos están dispuestos a detraer de su renta para sufragar los gastos colectivos. De este regla no se escapa posiblemente casi nadie, salvo aquellos que tienen la potestad de fijarse su salario a conveniencia y piensan “en neto”, es decir, después de impuestos. Y se fijan a sí mismos el “bruto” de forma que, una vez descontado el tipo de gravamen (habría que suponer, previamente, que un tipo de gravamen de este calibre, el 55%, no vaya a caer en las redes de la contenciosidad judicial y fuera declarado “confiscatorio”), el importe efectivo resultante sea el deseado. Este tipo de contribuyentes con capacidad para fijarse su salario a conveniencia está bastante extendido entre las grandes empresas y hasta la vida política ofrece casos significativos.

A la postre, subir los impuestos no es siempre un sinónimo de mayor recaudación ni mucho menos de mayor capacidad redistributiva. Hay mucha gente de buena fe que cree que los políticos que prometen subir los impuestos a los ricos son una especie de Robin Hood, que luego reparten el dinero a manos llenas entre los sectores de menor renta. Vana ilusión, como la Historia de muestra.

Las mejores ofertas de redistribución son aquellas en las que se asegura la solidez, la calidad y la accesibilidad de la Educación. Repartiendo dinero no se consiguen grandes avances sociales, más bien se castiga la productividad del sistema, se puede castigar el incentivo creativo, se cierran vías a la acumulación de capital que es de donde la capacidad de inversión y muchas veces se empobrecen las sociedades. Lo que la gente quiere no es que se suban los impuestos a los ricos, o a los pretendidamente ricos, para que luego esos recursos se repartan como en una ONG (en el mejor de los casos). Lo que la gente quiere es trabajo, empleo y una gestión inteligente de la economía, para estimular el crecimiento y la creatividad. Lo demás es engañar a la gente. Y hay muy pocas ofertas en los programas políticos que vemos estos días en las que se ofrezcan ilusionantes programas de empleo y de crecimiento económico.


Las "falsas pruebas" del nivel de castellano en Cataluña
"¿Es posible obtener un mayor dominio de una lengua dedicándole diez veces menos horas de estudio?", se pregunta Convivencia Cívica.
Olivia Moya Libertad Digital 9 Junio 2016

Convivencia Cívica Catalana analiza, en un exhaustivo informe, la situación del español en el sistema educativo de Cataluña. ¿Es el nivel de castellano de los alumnos catalanes igual, e incluso superior, al de los estudiantes del resto de España, tal y como ha afirmado la Generalidad en multitud de ocasiones?

Esta pregunta sirve a la entidad presidida por Francisco Caja como punto de partida para ir desgranando los datos oficiales disponibles, en particular del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte así como del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo (CSDA), organismo de la Consejería de Educación del gobierno autonómico.

Lo cierto es que esta afirmación que viene realizando el gobierno catalán desde hace años sorprende en tanto en cuando sus alumnos tienen tan sólo dos horas semanales en castellano frente a las 25 de los estudiantes del resto de España (en las comunidades sin lengua cooficial).

Para apoyar sus tesis, las autoridades catalanas utilizan a menudo las puntuaciones ligeramente superiores que obtiene Cataluña en PISA "para supuestamente demostrar el buen nivel de español" de sus alumnos, "escondiendo el hecho de que esas pruebas se traducen al catalán y, por tanto, no miden en ningún caso el nivel de castellano".

Últimas pruebas nacionales en 2003
En realidad, no existe ningún examen en la actualidad de alcance nacional, es decir, igual para todos los alumnos españoles, que evalúe el dominio del castellano que tienen los escolares de todas las comunidades autónomas, lamentan desde CCC. Las últimas evaluaciones válidas de lengua española de dominio de ortografía, gramática y literatura comunes a todas las autonomías, incluida Cataluña, fueron realizadas por el Ministerio de Educación en los años 2000 y 2003, recuerdan. "Estas evaluaciones son una información muy valiosa porque las pruebas de castellano que se pasaron a los alumnos fueron exactamente las mismas en todas las comunidades autónomas y, por tanto, sus resultados son comparables en términos homogéneos".

Las pruebas realizadas por el Ministerio evaluaron aspectos ortográficos y gramaticales. Sobre los primeros, los alumnos realizaron una prueba abierta consistente en un dictado en castellano, que constató que solo un 5% de alumnos catalanes transcribieron el texto sin faltas de ortografía mientras que un 12% lo consiguieron en el resto de España. Un 28% de alumnos catalanes cometieron solo 1 ó 2 faltas, porcentaje que se eleva a casi el 40% en el resto del país. Por el contrario, un 9% de alumnos catalanes cometieron más de 10 faltas, el triple que el resto de alumnos españoles (3%).

En cuanto a los aspectos gramaticales, la prueba examinaba el dominio de la morfología y la sintaxis de la lengua española. En cuanto a las relaciones morfosintáctica, el nivel de preguntas acertadas de los alumnos catalanes fue del 43%, sensiblemente inferior al del resto de alumnos españoles (64%). En el apartado de literatura en lengua española las diferencias entre los alumnos catalanes y los del resto de España se ampliaron aún más. En el conocimiento de periodos, autores y obras de literatura española, la media obtenida por los alumnos catalanes fue de un 35% de aciertos frente al 79% de los alumnos del resto de España. "Es decir, el nivel de los alumnos catalanes no llegó ni a la mitad del nivel de sus homólogos de la misma edad del resto de comunidades autónomas".

Así, del análisis de estas pruebas homogéneas en toda España se extrae que los alumnos catalanes entienden el castellano como sus homólogos del resto de autonomías pero su dominio de la lengua es sustancialmente inferior. "Nótese -recuerda Convivencia Cívica- que la mera comprensión de un idioma, es posible adquirirla fuera de la escuela mientras que el conocimiento más profundo de una lengua se adquiere fundamentalmente en la escuela".

La Generalidad: "El PISA se hace en catalán"
Es más, es la propia Generalidad la que admite carencias en castellano. En concreto, Joaquim Prats Cuevas, ex presidente del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo catalán, reconoció públicamente hace cuatro años que el informe PISA no evalúa el nivel de comprensión lectora en español de los alumnos catalanes.

"El PISA se hace en catalán, por tanto, no mide la comprensión lectora en español", subrayó Prats ante la Comisión de Enseñanza y Universidades del Parlamento autonómico de Cataluña el 22 de marzo de 2012.

Por último, estaría [hasta ahora] la Selectividad. Ésta es otra de las pruebas a la que han recurrido los defensores de la inmersión lingüística catalanes para defender su sistema. "Sin embargo -señala CCC- se trata de un argumento difícilmente aceptable, dado que estos exámenes no son homologables: cada comunidad autónoma los hace por separado y no son comparables".

Así las cosas, esta organización pide al Gobierno central recuperar esas pruebas a nivel nacional, iguales para todos los alumnos de todas las autonomías. Es "necesario que exista un examen de alcance nacional, es decir, igual para todos los alumnos españoles con independencia de su lugar de residencia, que periódicamente evalúe al finalizar la enseñanza secundaria obligatoria el dominio de la lengua española que tienen los escolares de cada una de las comunidades autónomas con el objetivo de mejorar el aprendizaje y detectar posibles deficiencias en ciertas autonomías. En todo caso, debería tratarse de un examen global de dominio de la lengua española, es decir, no únicamente de comprensión de textos, sino de evaluación del dominio de la ortografía, la gramática y la literatura, es decir, de todo aquello que conforma el bagaje culto de un idioma y que debe aprenderse en la escuela".

"No se entiende que políticos de Cataluña se nieguen a realizar evaluaciones comunes con el resto de autonomías. Si tan bueno es el nivel de castellano con solo 2 horas semanales, no entendemos por qué se ponen tantos obstáculos para poder contrastarlo con aquellos que la utilizan 25 horas semanales".

Informe de Convivencia Cívica Catalana
Las falsas pruebas del nivel de castellano en Cataluña
Ninguna evaluación acredita un nivel de castellano de los alumnos catalanes superior al resto de alumnos españoles
Redacción www.lavozlibre.com 9 Junio 2016

Barcelona.- Convivencia Cívica Catalana publica un informe en el que analiza la realidad del nivel de lengua española de los alumnos catalanes. Como es sabido, el dominio de español de los estudiantes catalanes ha estado envuelto de polémicas desde hace años por la aplicación del sistema de inmersión lingüística que excluye al castellano como lengua vehicular de enseñanza en Cataluña. Recordemos que los alumnos catalanes con el sistema de inmersión tienen tan sólo 2 horas semanales en castellano (únicamente la asignatura de este idioma), mientras que los del resto de España tienen unas diez asignaturas en esta lengua con 25 horas semanales.

A pesar de la considerable diferencia de dedicación horaria, en numerosas ocasiones políticos catalanes han asegurado que el nivel de castellano de los niños catalanes es incluso superior a los del resto del país. Se trata de una afirmación que ciertamente puede sorprender y merece contrastarse con la realidad. ¿Es posible obtener un mayor dominio de una lengua dedicándole diez veces menos horas de estudio?

El informe que presenta Convivencia Cívica Catalana ha analizado las pruebas lingüísticas existentes y muestra que ninguna evaluación acredita un nivel de castellano de los alumnos catalanes superior al resto de alumnos españoles.

El estudio remarca que en numerosas ocasiones se han utilizado las puntuaciones de competencia lectora de PISA para supuestamente ‘demostrar’ el buen nivel de castellano en Cataluña, escondiendo el hecho de que esas pruebas se traducen al catalán en Cataluña y, por tanto, no miden en ningún caso el nivel de castellano.

Las últimas evaluaciones válidas de castellano comunes a todas las autonomías, incluida Cataluña, fueron realizadas por el Ministerio de Educación en los años 2000 y 2003. Estas evaluaciones son una información muy valiosa porque las pruebas de castellano que se pasaron a los alumnos fueron exactamente las mismas en todas las comunidades autónomas y, por tanto, sus resultados son comparables en términos homogéneos. Y además se evaluaron con detalle ortografía, gramática y literatura.

El informe de Convivencia Cívica Catalana muestra los resultados de esta evaluación oficial del nivel de castellano en toda España que, sorprendentemente, no ha tenido la publicidad que merece por las autoridades educativas en Cataluña.

En cuanto al nivel ortográfico los alumnos realizaron una prueba abierta consistente en un dictado en castellano. Se constató que sólo un 33% de los alumnos catalanes de secundaria fueron capaces de transcribir el texto en castellano a nivel básico, con un número de faltas de ortografía igual o inferior a dos.

Las pruebas realizadas por el Ministerio también evaluaron aspectos gramaticales. En particular, la prueba examinaba el dominio de la morfología y la sintaxis de la lengua española. En cuanto a las relaciones morfosintácticas el nivel de preguntas acertadas de los alumnos catalanes fue del 43%, sensiblemente inferior al del resto de alumnos españoles (64%).

En el conocimiento de periodos, autores y obras de literatura española, la media obtenida por los alumnos catalanes fue de un 35% de aciertos frente al 79% de los alumnos del resto de España. El hecho de que en el ámbito literario el nivel de los alumnos catalanes sea extremadamente bajo pone de manifiesto la deficiente enseñanza de literatura española en el sistema educativo catalán.

Los resultados de estas pruebas evidencian carencias significativas en el dominio de castellano en ortografía, gramática y literatura por parte del alumnado catalán.

Desde Convivencia Cívica Catalana consideran necesario que se vuelvan a realizar pruebas como las efectuadas en los años 2000 y 2003, es decir, un examen de alcance nacional, igual para todos los alumnos españoles, que evalúe el dominio de lengua española que tienen los escolares con el objetivo de monitorizar y mejorar el aprendizaje de español así como detectar posibles deficiencias en ciertas autonomías.

"A este respecto, no se entiende que políticos de Cataluña se nieguen a realizar evaluaciones de lengua española comunes con el resto de comunidades autónomas. Si tan bueno es el nivel de castellano con solo 2 horas semanales, no entendemos por qué se ponen obstáculos para poder contrastarlo con aquellos que lo utilizan en la escuela 25 horas semanales", concluye la entidad.

Experto en estudios islámicos
Raad Salam: “Se está produciendo una conquista silenciosa de Europa por el Islam”
Jacobo de Andrés www.latribunadelpaisvasco.com 9 Junio 2016

Raad Salam, doctor en filología árabe y estudios islámicos y autor de libros como “Este es el Islam” o “En el nombre de Dios de las tres religiones monoteístas”, nació en el seno de una familia cristiana católica en una localidad al norte de Irak, cuna del terrorismo islámico, y creció en Basora, al sur del país.

Según se explica en la web “Despierta.info”, Salam y su familia han sido víctimas de numerosas persecuciones y detenciones por su condición de cristianos en un territorio mayoritariamente musulmán.

Raad Salam, que llegó a España en 1995 y que en la actualidad mantiene periódicamente su blog “Desvelando el Islam”, explica que “es imposible un diálogo con el Islam”… “Esto no significa que yo no quiera dialogar”, añade. “Yo soy cristiano caldeo, he vivido con los musulmanes, he sufrido su persecución, malos tratos, han matado a mi padre, yo quiero vivir en paz con ellos, pero no significa que para vivir en paz con alguien haya que bajarse los pantalones; hay que conocerle, no pueden imponer sus ideas por encima de las mías”, declaraba en una reciente entrevista.

Salam insiste en que hay que saber quién está detrás de las olas migratorias que asuelan Europa. “Todos estos movimientos están financiados por Arabia Saudí y Qatar, y tenemos que saber quién está entrando en nuestra casa,…porque esto es un auténtico descontrol, las cosas hay que hacerlas con cabeza, investigarlos, ver quiénes son, de dónde vienen, para qué vienen… pero no puede ser de esta forma”.

En su opinión, “a los países árabes no les interesa dar otra solución que desplazarlos a Europa, el problema está en que hay un objetivo muy poderoso detrás de ello, es la conquista silenciosa de Europa por el Islam. Europa está dormida, sólo piensa en derechos humanos, libertad y ayudar al prójimo, unos valores que no existen dentro del Islam porque si los mismos musulmanes quieren acoger a su gente, los pueden ayudar y acogerlos en su propio país”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El “prusés” o el monstruo que devora a sus hijos
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 9 Junio 2016

Al final va a tener razón ese estadista llamado Mariano Rajoy, ese Churchill que fue capaz de detener a las tropas de Bruselas que amenazaban con invadir España, en Perpignan estaban ya, por Hendaya andaban, con los hombres de negro en intervención relámpago. Va a tener razón una vez más, ya digo, con la Cataluña independentista. Tantos ríos de tinta bajo los puentes patrios, tanto argumento desesperado, tanta petición de iniciativa, tanto drama, tanta hiel, para nada. El presidente del Casino Provincial de Pontevedra tenía la fórmula en la mano, la tuvo desde el principio: arreglar el problema catalán, como tantos otros, como tantas otras veces, consistía en cruzarse de brazos y no hacer nada: dejar que los indepes se cocieran en su salsa, al pil-pil o a la brasa, vuelta y vuelta y listo para servir en bandeja de CUP, con sal y pa amb tomaca, o con un poco de azúcar en la píldora que os dan, que decía Mary Popins.

Los indepes se tiraron este miércoles los trastos a la cabeza en el Parlament, en un espectáculo lamentable y al tiempo cargado de enseñanzas. Queríamos imitar a Dinamarca y cada día que pasa nos vamos pareciendo más a Líbano o a Siria, aunque de momento, y por fortuna, las balas siguen siendo aquí solo paraules. Las caras desencajadas de los protagonistas de la refriega indicaban a las claras el coste emocional de ese experimento trasversal que ha pretendido unir a la derecha burguesa con la revolución antisistema en un Movimiento sin partidos o por encima de ellos, au-dessus de las ideologías, unidad de destino en lo universal de una independencia que prometía hacernos felices y comer perdices y que, por el contrario, nos está aniquilando, nos devora cual Saturno engullendo a su prole, nos hace papilla en medio de un descomunal ridículo, confrontados como estamos con la dura realidad a la que nos ha conducido una locura capaz de arrastrar a toda Cataluña al precipicio de la sinrazón.

Claro que para el independentismo no hay realidad por terca que sea que no pueda manipularse, retorcerse o reinterpretarse. Reinventarse. Convergencia, el partido al que durante décadas votó la gente bien de Barcelona y Cataluña, la gente de orden, las clases medias confortablemente instaladas en el catalanismo moderado de la subvención y el cártel, ahora convertido en una ruina, podrá decir a los Carullas que pagan la fiesta que lo ha intentado todo, pero que ya lo decía yo, que con la izquierda antisistema no se puede ir ni a recoger herencia, quien con niños se acuesta excrementado alborea y cría cuervos y tendrás más, y así hasta mil refranes más para retratar la soberana estupidez de unos ricos de postín dispuestos a compartir experimento político con unos okupas que nada tienen que perder y sí mucho que ganar en el asalto a los palacios de invierno de Sarrià-Pedralbes, por no hablar de las masías en la Garrotxa o el Empordá.

Los señoritos del Chanel Nº5
Esquerra, en el centro del prusés encallado, protagonista de tantas revueltas de sangre como escoltan la historia de Cataluña y España, dirá que también lo ha intentado todo abrazando a esos señoritos convergentes que se bañan diariamente con Chanel Nº5 y tratando de meterlos en la cama de unos antisistema que odian la ducha, y ahí están ellos, ahí siguen, agazapados, abrazados a un ejercicio de falsas buenas intenciones sin sufrir mayor desgaste, incluso con serias posibilidades de elevar a ese Demóstenes que responde al apellido Junqueras, ese sabio que también sabe, tanto sabe, todo lo sabe ahora de presupuestos y finanzas públicas, a los altares de la presidencia de la Generalitat. Incluso la CUP o las CUP, rota/s en dos partes imposibles de soldar, podrá/n decir, podrá/n vender ante su aguerrida militancia que se ha/n mantenido firme/s sin ceder un ápice ante esa burguesía que tiembla y titubea, se acobarda y mansea a la hora de la verdad de desafiar a España y proclamar la venturosa independencia.

El desastre de este miércoles, además, permitirá a los cuperos acercar posturas con Ada Madrina Colau, la alcaldesa de la que se han distanciado, a la que han puesto también a parir por su falta de ovarios en el envite de la sucursal abandonada por Catalunya Caixa y hoy okupada en el barrio de Gràcia. Acercar posturas para convertir en realidad ese otro disparate que muy bien podría tomar cuerpo en Cataluña más pronto que tarde y que consiste en hacer de la Doña nada menos que la próxima presidenta de la Generalidad de Cataluña. Imposible imaginar mejor colofón a la farsa, más espectacular broche de oro a la insensata aventura de los Pujol y sus secuaces, los Mas, Homs y compañía, que ver a la tierra de La Mare de Dèu de Monserrat coronada por una antisistema como presidenta de la Generalitat. En verdad se lo merecen. La estupidez por fin recompensada en la Dinamarca independentista. La Cataluña nacionalista o la bien pagá, no te quiero, no me quieras, si to me lo diste yo na te pedí, no me eches en cara que to lo perdiste…

A los señoritos convergentes les viene bien el lío de este martes, ya digo, porque les permite ganar tiempo. Encerrados en un callejón sin salida, entre la espada de la CUP o las CUP y la pared de saberse embarcados en una operación imposible, hace tiempo que la tropa JxS se dedica a ganar tiempo, especialmente valioso en el caso de esa Convergencia que necesita mudar de piel y volver a abrazar otro disfraz con el que seguir alargando el prusés, viviendo del cuento de la independencia, porque en Cataluña miles de personas se han acostumbrado a vivir del cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo lindos sueños, decenas de miles de personas que han hecho del engaño a la mayoría silenciosa su medio de vida, porque las subvenciones no se van a cortar, las embajadas van a seguir, el dinero va a continuar regando la televisión nacionalista, los medios de comunicación adictos al Movimiento, las Asambleas, los Forums, los colectivos, los blocs… todo tiene que seguir como si, en plena tempestad, nada pasara.

El cansancio de la mayoría silenciosa
Unas decenas de miles tienen que seguir viviendo del mito, alimentando la ficción, porque el negosi del prusés no se puede parar, bicicleta a piñón fijo, mientras los millones que, a pesar del bombardeo mediático, le siguen dando la espalda, continúan sin Gobierno, huérfanos de gestión, ayunos de calidad democrática, aguantando estoicos sus problemas cotidianos sin nadie a quien pedir cuentas, y asistiendo perplejos al espectáculo de una elite política transversal que, envuelta en su arrogancia, se niega a dar el brazo a torcer de reconocer su fracaso para volver a la calle por donde transitan las mayorías urbanas de los países desarrollados: al orden del imperio de la ley y al servicio estricto de los intereses de los ciudadanos que los mantienen con sus impuestos en el machito. Millones callados que ahora, fruto de la frustración de tanto crédulo como compró esa Arcadia feliz, temen que de las madrazas nacionalistas empiecen a salir iluminados dispuestos a emprenderla a palos con quien se atreva a reclamar una pantalla en la calle para ver un partido de España.

El agotamiento empieza a ser patente incluso entre gente que, sin malicia, “compró” como buena la mercancía. Hartos hasta decir basta del teatrillo independentista. Sólo cuando esta mayoría silenciosa se canse y reviente y explote y salga a la calle dispuesta a acabar con la impostura, empezará a arreglarse el problema, que es, siempre lo ha sido, un problema de mala calidad democrática o de simple ausencia de democracia. De corrupción y de grave déficit democrático. En Cataluña y en el resto de España. Porque el chantaje nacionalista no sería posible en un país cuyas instituciones, prestigiadas por el cumplimiento a rajatabla de la Ley, no se prestaran al chantaje. Y porque de Madrid nadie debe, por desgracia, esperar nada. Los juncos y salchichones que ahora ocupan la Generalitat esperaran a septiembre para ver qué pasa con la gobernación de España, convencidos de que los ángeles malos volverán a repartir cartas, de modo que, si en Madrid les necesitan para la cosa de las mayorías, tal vez sea posible empezar de nuevo a darle a la manivela de un prusés travestido con ropajes nuevos, alejado de la absurda radicalidad a la que hemos llegado ahora. ¡Y vuelva a empezar!

Callejón sin salida en Cataluña
El rugido del león El Espanol 9 Junio 2016

El presidente catalán se someterá en septiembre a una cuestión de confianza en respuesta al último escrache político de la CUP, que este miércoles ha tumbado en el Parlament los Presupuestos de la Generalitat para 2017. Con este anuncio, Carles Puigdemont gana tiempo para intentar escapar del callejón sin salida al que lo aboca la formación anticapitalista y posponer un adelanto electoral. En cualquier caso, al no permitirle aprobar las cuentas públicas, la CUP lo deja sin margen de maniobra tan sólo cinco meses después de haber apoyado su investidura.

El presidente de la Generalitat huye hacia delante con la esperanza de que un posible cambio de tornas el 26-J propicie la llegada de un Gobierno favorable al derecho a decidir y abra un nuevo escenario en la relación entre la Generalitat y el Estado que le permita salir airoso.
Acelerar el 'procés'

Al votar contra los Presupuestos de Puigdemont y Junts pel Sí, la CUP ha dejado claro que sólo es leal a su programa de ruptura y que no duda en torpedear sus propios acuerdos y deslegitimar al mismo candidato al que dio su apoyo con el objetivo de acelerar el proceso de desconexión. La CUP ha sentenciado la legislatura en Cataluña y ha volado la precaria unidad del bloque soberanista.

Sabedores de la debilidad de Convergència, los anticapitalistas han propiciado un escenario que, en una democracia normal, hubiera exigido la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas. Al optar por una cuestión de confianza a cámara lenta, Puigdemont logra zafarse de momento del precipicio, pero no del yugo que supone estar condicionado por los diez diputados de la CUP.
Manda la CUP

No es la primera vez que Cataluña experimenta la subordinación de la mayoría del Parlament al arbitrio de la minoría. De hecho, tras las elecciones catalanas de septiembre, la CUP condicionó en sus asambleas la agenda política de Junts pel Sí; luego vetó a Artur Mas como candidato; y más tarde obligó a reformular a su gusto la declaración de independencia del 9-N. En cierto modo, la CUP ha sido coherente consigo misma al poner en evidencia la insolvencia del pacto de gobernabilidad.

Ni Convergència ni ERC podían imaginar que su socios necesarios llegarían tan lejos como para poner en la picota no ya el desarrollo de la legislatura en curso, sino también la hoja de ruta independentista, cuya evolución dependía en buena medida de la redistribución de partidas de gasto e inversiones contemplada en las cuentas de la Generalitat. El Govern se ve obligado ahora a prorrogar los presupuestos de 2015, de tal modo que ni las partidas para abrir embajadas y mantener la acción exterior, ni los programas destinados a desarrollar una Hacienda o una Seguridad Social catalanas, por citar sólo algunos ejes del procés, están garantizados.
Cataluña varada

La que estaba llamada a ser la legislatura de la desconexión parece ahora varada por la incompatibilidad de sus apoderados. Con Convergència refundándose, ERC a la espera de convertirse en la fuerza hegemónica del secesionismo y la CUP siempre dispuesta a mover el árbol de la estabilidad, difícilmente la solución a los problemas de Cataluña vendrá de manos de sus actuales gobernantes.

Es importante que esta situación de bloqueo al que el soberanismo ha llevado a Cataluña se tenga en cuenta de cara a las elecciones generales del 26-J. Apoyar a opciones políticas que, como Podemos, asumen el denominado derecho a decidir supone dar pábulo a quienes empujan a Cataluña hacia el abismo.

Los antisistema certifican el viaje a ninguna parte de Convergència
EDITORIAL El Mundo 9 Junio 2016

La insólita y desesperada carrera por el soberanismo que abrazó Artur Mas en 2011, no sólo ha abocado a Cataluña a un escenario de impresivibles consecuencias fruto de la quimera secesionista, sino que amenaza con liquidar su propio partido. El veto de la CUP a los Presupuestos de la Generalitat para 2016 hunde en la inestabilidad al Govern de Junts pel Sí (CDC y ERC). Pero, al mismo tiempo, certifica el notable debilitamiento de Convergència, presa de su alocada apuesta por el independentismo. El abandono paulatino de posiciones moderadas, el lastre de la corrupción -aún tiene 15 sedes embargadas por la Justicia- y el desprestigio absoluto de Jordi Pujol explican por qué el partido que ha gobernado Cataluña durante 28 años se ha convertido en rehén de una organización antisistema que dispone de 10 diputados en el Parlament.

La postura adoptada por la CUP, clave para que la Cámara catalana tumbara ayer los Presupuestos de Puigdemont, ha generado una honda frustración en el movimiento independentista. Pero su actitud pueril no puede sorprender a nadie. Cuando Puigdemont y Junqueras acordaron con la CUP la investidura del primero conocían perfectamente la radicalidad de su credo ideológico. También el amateurismo de sus dirigentes, la mayoría, procedente de entidades sociales vinculadas a la contestación callejera, el movimiento okupa y la desobediencia civil. La CUP no esconde sus ideas antisistema.Propugna la salida del euro, de la Unión Europea y de la OTAN. Y rechaza de plano guardar obediencia a la legislación española. De ahí que ayer sus portavoces recordaran que el veto a los Presupuestos sea consecuencia no sólo de la tramitación del mismo -Junts pel Sí no quiso negociar con los cupaires antes del trámite parlamentario-, sino del pacto rubricado hace seis meses y cuyo horizonte final es la eventual construcción de un Estado propio.

La CUP supedita su apoyo a Puigdemont a un despliegue de la resolución independentista del 9-N. Y ahí es donde estriba el núcleo de la torpe aventura impulsada por Mas con la complicidad del sector más nacionalista de la cúpula convergente. El brusco giro dado por CDC a su identidad política es lo que ahora le sitúa en manos del independentismo extremo. Mas subió Convergència a la ola soberanista, patrimonializada por ERC y el piélago de organizaciones sociales que operan en este ámbito. Pero es esta misma ola la que, primero, se cobró su cabeza política, y ahora deja en una complicada situación a su sucesor.

El Parlament tumbó ayer las nuevas cuentas públicas tras mantener la CUP su enmienda a la totalidad. Puigdemont, en una reacción furiosa, anunció que se someterá a una cuestión de confianza en septiembre. "No estamos dispuestos a gobernar a cualquier precio, ni a renunciar a la hoja de ruta de la independencia", espetó a la bancada de la formación ultraizquierdista. La realidad es que Junts pel Sí nunca ha tenido un acuerdo que garantice el desarrollo normal de la legislatura, lo que explica la endeblez del Govern. Convergència es responsable de atizar el ansia secesionista en Cataluña, pero también de una desastrosa gestión al frente de la Generalitat que, literalmente, ha arruinado las finanzas catalanas.

El fracaso de los Presupuestos fuerza al Govern a prorrogar los del año anterior -lo que tendría consecuencias gravísimas en el déficit y en la financiación de los servicios públicos- o bien a convocar nuevas elecciones, que serían las cuartas en seis años. La factura de este desgobierno ya la están pagando los ciudadanos de Cataluña. Pero también tendrá un impacto en la redefinición del mapa político catalán. Los sondeos para el 26-J sitúan a ERC por encima de CDC, lastrada por su gregarismo de las posiciones soberanistas más radicales pero también por la retahíla de escándalos que ennegrecen la huella de sus mandatos.

No es extraño, pues, que la representación de los nacionalistas conservadores en el Parlament se haya desplomado a la mitad desde los 62 escaños que obtuvo Mas en 2010. "La CUP se ha convertido en lo mismo que el PP", sostuvo ayer Francesc Homs sin sonrojarse. Su estrambótica declaración ilustra la pérdida de centralidad política de una formación que fue clave en la Transición y en la gobernabilidad de España, y que dominó la política catalana hasta el punto de confundir sus intereses orgánicos con los de Cataluña. Ahora, en cambio, tiene pendiente acometer una profunda refundación, lo que pasa indefectiblemente por renunciar al delirio secesionista.

¿Inteligencia política o cobardía?
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 9 Junio 2016

Cabe preguntarse por las razones de la incomprensible pasividad del Gobierno central y su renuncia a valerse de los instrumentos constitucionales y legales que le facultan para cortar de raíz semejantes abusos y transgresiones flagrantes del orden vigente.

La historia de atropellos a la Constitución y de falta de lealtad institucional de la Generalitat catalana en manos de los separatistas empieza a ser de una densidad llamativa. Está en marcha la creación de las llamadas “estructuras de Estado”, una Agencia Tributaria propia, un Servicio Exterior ajeno al general español y una Seguridad Social igualmente segregada de la nacional. Como último episodio desafiante, el Conseller Raúl Romeva ha anunciado la apertura de diez nuevas “embajadas” el próximo año en otras tantas capitales incluyendo Ciudad del Vaticano, Ginebra, Rabat, Seúl y Buenos Aires. El total destinado a la acción exterior en el proyecto de presupuesto elaborado por Oriol Junqueras es de 51 millones de euros, una cantidad a todas luces excesiva para una Comunidad Autónoma, al ser la política internacional competencia exclusiva del Gobierno central. Estas maniobras fuera de la legalidad y de la racionalidad económica son ruinosas para la Hacienda de la Generalitat y, en consecuencia, para la del Estado, que acaba pagando los caprichos megalómanos de los dirigentes secesionistas.

A este respecto, hay que recordar un caso muy ilustrativo. Tras la victoria insuficiente del Partido Popular en las elecciones generales de 1996, Pujol le exigió a Aznar a cambio de su apoyo en el Congreso para su investidura una serie de competencias y mayores transferencias fiscales. Una de sus demandas fue la salida de Cataluña de la Guardia Civil de Tráfico y el traspaso de esta función a los Mozos de Escuadra. El motivo esgrimido para justificar esta operación por parte del Nada Honorable fue que cuando veía a los motoristas vestidos de verde en las carreteras del Principado “no se sentía en casa”.

El Benemérito Cuerpo venía desempeñando el control de las vías de comunicación catalanas desde hacía décadas a plena satisfacción de los ciudadanos. Su experiencia, dedicación y ejecutoria en este ámbito eran ejemplares y de una altísima calidad. Con su proverbial austeridad y entrega proporcionaban seguridad y buen orden a la circulación de vehículos fuera de las ciudades a un coste modesto sin reparar en esfuerzo y abnegación. El material que utilizaban se mantenía en servicio largo tiempo con el consiguiente ahorro porque suplían el desgaste de sus equipos con su capacidad de hacerlos durar y de sacarles el máximo rendimiento. No pocos de ellos, procedentes de otras partes de España, se habían casado con catalanas y habían establecido su vida familiar en la que percibían y sentían como otra tierra española. Pues bien, al asumir los Mozos la competencia del tráfico extra-urbano, la Generalitat adquirió una flota completa de nuevos coches y motocicletas de última generación, uniformes, infraestructura de comunicaciones y armamento. Los sueldos de los Mozos motorizados fueron significativamente más altos que los de los sufridos Guardias Civiles y sus condiciones de trabajo en cuanto a horarios, vacaciones y otras ventajas bastante mejores que las de aquellos a los que sustituyeron. Los Guardias estuvieron obligados en su mayoría a pedir el traslado con el consiguiente trastorno para sus proyectos vitales y sus expectativas de cara al futuro. Se perpetró, por tanto, un disparate desde la óptica de la eficiencia, del reconocimiento del mérito y de la optimización del servicio público. Este suceso concreto ilumina perfectamente las consecuencias aberrantes de haber organizado el Estado dividiéndolo en diecisiete entidades sub-estatales sin atender ni a la lógica financiera ni a la sensatez organizativa ni a la prudencia política, a golpe de interés partidista a corto plazo combinado con fanatismo ideológico particularista.

Llegados al punto en el que nos encontramos, en el que los separatistas han puesto en marcha el proceso definitivo de desgajamiento de la Nación, cabe preguntarse por las razones de la incomprensible pasividad del Gobierno central y su renuncia a valerse de los instrumentos constitucionales y legales que le facultan para cortar de raíz semejantes abusos y transgresiones flagrantes del orden vigente. ¿Es el temor a agudizar los impulsos centrífugos? Parece difícil que se exacerben aún más. ¿Es la esperanza en que hay todavía espacio para una solución negociada? Tampoco resulta plausible, vista la contumacia intransigente de los nacionalistas. ¿Es la convicción de que el dislate es de tal calibre que terminará disolviéndose en su imposibilidad intrínseca? El riesgo de quedarse impávido mientras los hechos avanzan en dirección irreversible es demasiado alto como para correrlo.

Por consiguiente, la explicación ha de ser otra. Millones de españoles han sentado la conclusión de que se trata de pura cobardía, de manifiesta incapacidad para imponer legítimamente el cumplimiento de la ley y, en suma, de debilidad de carácter y de falta de principios. Por mucho que algunos insistan en vislumbrar una notable inteligencia política en la impavidez inane ante las tropelías de un grupo de supuestos redentores, que no son otra cosa que una banda de irresponsables y corruptos, la verdad es que el amargo período que estamos condenados a contemplar ofrece un nivel de pusilanimidad y de indolencia dolosa sin parangón en la Europa contemporánea.

La batasunización de España
En Cataluña todos saben que ser defensor de la ley, la Constitución y España solo genera problemas
Hermann Tertsch ABC 9 Junio 2016

El vídeo de la agresión de un grupo de hombres a dos mujeres en plena calle de Barcelona es un testimonio terrorífico. De violencia y de la miseria moral que atenaza ya a España y que nos puede hacer abrir pronto nuevas páginas negras de nuestra historia. El deterioro de la convivencia, debido tanto a un nefasto y pertinaz mensaje cultural antiespañol de décadas como a la subcultura de la impunidad, es general en toda España. Y en algunas regiones como Cataluña alcanza ya una virulencia amenazante y nauseabunda. Hay algo aún más terrible que la escena de cuatro hombres adultos dando una paliza a dos mujeres indefensas por puro odio a una bandera. Y es la imagen de esa paliza mientras decenas de viandantes y curiosos asisten al espectáculo sin el mínimo ademán por intervenir. ¿Qué ha sido de esta sociedad española que hace aún un cuarto de siglo tenía cierto código de honor? ¿Cómo gente adulta y sana, que se considera decente, puede pasar de largo cuando dos hombres pegan a una mujer en el suelo en plena calle? Sigamos preguntando. ¿Cómo es posible que aún hoy la candidata socialista Meritxell Batet no haya condenado la agresión? Aunque quizá sea más repugnante aún que los futbolistas de la selección no hayan dicho nada. ¿Y ha dicho algo el seleccionador, el I marqués de Del Bosque? Pues no. Los agresores sí: «Putas españolas, iros de aquí, os vamos a matar». En la frase está todo. El odio a lo español se convierte en vocación de limpieza étnica. Se enfadan los separatistas cuando les llaman nazis. Pero se esfuerzan todos los días por imitarlos mejor.

La clave está en el grito de guerra. Con ese «Putas españolas, iros de aquí, os vamos a matar», los agresores dejaban claro quiénes eran ellos y que forman parte del bando impune. Ahí está una de las claves del éxito del separatismo. Porque los gobiernos nacionales, presos del síndrome del antifranquismo, se han revelado incapaces de defender nada que hubiera defendido el régimen anterior, por bueno, valioso, decente y necesario que fuera. En Cataluña todos saben que ser defensor de la ley, la Constitución y España solo genera problemas, represalias y sinsabores. Mientras los que se declaran enemigos de la Constitución, las leyes y España saben que pueden contar con ventajas profesionales y favores. Y gozan de una perfecta impunidad que les otorga la falta de músculo moral de los gobernantes, que es, como la de los testigos de la paliza de las mujeres, pura metáfora de la quiebra moral. Pero estamos ya en otra fase. El proceso de batasunización de Cataluña que se ha consumado con la dependencia institucional de los filoterroristas de ERC y la CUP ha saltado a todo el territorio nacional. Con el puente de plata a las instituciones que socialistas, en pleno naufragio, y el Gobierno actual han construido para los neocomunistas de Podemos, se batasuniza todo el mensaje de la izquierda. Y como no tiene enfrente nada más que la permanencia de Rajoy, se ha batasunizado de hecho media España. Desde Cádiz a Ferrol o Gerona. La ley ha sido derrotada por la política. La impunidad del matonismo izquierdista, con la complicidad de las instituciones que domina, ya refleja en toda España esa supremacía violenta de que goza el separatismo en Cataluña. Los triunfadores avanzan por las instituciones. Sin nadie ya que los deslegitime. Ganan a diario la batalla de las ideas, porque son los únicos que esgrimen alguna, aunque sea demencial. Con lo que ganan los votos. Son nuestros matones batasunos de toda España. Y cuando les disguste algo harán hablar la calle.

Cataluña se instala en el desgobierno
Editorial La Razon 9 Junio 2016

Con tal de que el «proceso» no descarriara, que se cumplieran la hoja de ruta prevista y la puesta en marcha en tan sólo 18 meses de la independencia de Cataluña de España y del conjunto de la Unión Europea, Junts pel Sí –la extraña alianza entre Convergència y su oposición, ERC– aceptó el apoyo de la CUP. Lo único que importaba era que esta organización antisistema fuese independentista de inspiración abertzale, no que defendiese salir del euro y de la economía europea y que aprobar los Presupuestos fue poco menos que legitimar el sistema capitalista que tanto detestan.

Lo realmente inmoral del «proceso» es que un gobierno con base de centro derecha –aunque aderezado, sí, con mucho nacionalismo extremista– se alíe con un partido de extrema izquierda. Después de seis meses, lo único que puede decir el presidente accidental de la Generalitat, Carles Puigdemont, es que se va a someter a una moción de confianza ante el rechazo de la CUP a aprobar las cuentas públicas, pero que lo hará en el mes de septiembre. Cataluña deberá seguir sin gobierno, algo de lo que no es responsable la CUP, sino el conjunto de los dirigentes del independentismo que han asaltado las instituciones para apropiárselas y ponerlas al servicio de su proyecto, en contra de la mayoría de los catalanes.

Son los contribuyentes, no los políticos, quienes defienden a los castellanohablantes
Felicísimo Valbuena www.lavozlibre.com 9 Junio 2016

Consultor y Periodista

JORDI PUJOL Y LA HISTORIA QUE LE ESPERA
El pasado 6 de Junio, doce organizaciones de toda España han presentado un manifiesto en defensa de los castellanohablantes. Aquí pongo el enlace: http://www.castellanohablantes.es

Es otra muestra, y no va a ser la última, de cómo hay muchos contribuyentes que quieren que les den aquello por lo que pagan sus impuestos. Entre otras cosas, y en un lugar muy importante, el derecho a que sus hijos reciban la enseñanza en castellano, si así lo quieren.

Ahora, los medios de comunicación mencionan a la familia Pujol-Ferrusola como una organización que se ha aprovechado, durante años y años, del todopoderoso Jordi Pujol para enriquecerse. Lo que los medios no muestran es el daño que Jordi Pujol ha causado a la convivencia de la sociedad catalana. Una imagen de su quehacer durante 23 años es la de mantener al castellano como un corcho en el fondo del agua. No hay ejemplo igual en todo el mundo. Aunque parezca ahora mentira, va a pasar a la historia más por lo segundo que por lo primero.

LOS POLÍTICOS Y SU INACCIÓN ANTE LA SUERTE DEL CASTELLANO EN CATALUÑA
Frente a este hecho diario, los políticos no están dispuestos a cambiar la situación. El primero de ellos, el PP. Una persona tan inculta como Mariano Rajoy y que muestra tan poco entusiasmo por algo que no sea él mismo, ni ha defendido ni va a defender a los castellanohablantes. Ha reducido la política a economía. ¡Qué gran desastre intelectual! Su jefe de gabinete, el catalán Moragas, menos aún. Le falta la preparación que dan las lecturas y el estudio continuo, y el convencimiento para defender a los contribuyentes que quieren tener la libertad de escoger para sus hijos la enseñanza “también” en castellano. Cuando habla, es para echarse las manos a la cabeza, por su pobreza intelectual. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sufre lo que en otras ocasiones he denominado “el síndrome de Boabdil”. En lugar de estar en Barcelona, se ha refugiado en Madrid y ha consentido, si no colaborado, a que el PP haya abandonado prácticamente Cataluña. Sólo veo con seguridad a Xavier García Albiol para sostener una posición continua en la defensa de los castellanohablantes. ¿Lo hará? No lo sé. Si mira hacia los del PP que le rodean y a los políticos del PP de otras regiones bilingües, va a necesitar más fe que la hemorroísa para defender a los castellanohablantes.

En cuanto al PSOE, tiene a un líder muy cuestionado. Desde luego, entre las primeras declaraciones que Pedro Sánchez hizo al llegar a la Secretaría General, fue proponer el “blindaje” del catalán. Le pasa lo mismo que a Rajoy: poca formación cultural. A partir de ahí, ocurre lo que está pasando. Además, no controla sus sentimientos y eso es muy perjudicial en un político. Desde luego, no ha movido ni un dedo por los castellanohablantes.

De Podemos e IU, ¿qué podemos decir? Pues lo mismo que de los anteriores. Que los castellanohablantes abandonen toda esperanza.

Ciudadanos sí ha mostrado que tiene capacidad de lucha para moverse en un ambiente hostil. Últimamente, su defensa de los castellanohablantes ha perdido fuerza. Es una de las peores noticias para éstos. Y sobre todo, para Ciudadanos. Como en esta campaña no se pronuncie claramente sobre este punto, va a notarlo. En un estudio que publiqué en La Voz Libre sobre la manera de comunicar de Albert Rivera, ya avancé que tiene un guión de vida de Sísifo. Cuando está a punto de superar el monte con la bola a cuestas, no remata y cae por la pendiente. Y de nuevo, a empezar. Lo vi claramente en las elecciones de Diciembre. Cuando tenía todo a favor, se boicoteó a sí mismo en el debate a cuatro. Me da la impresión de que está empezando a repetir el mismo guión.

¿QUÉ PUEDEN HACER A PARTIR DE AHORA LOS FIRMANTES DEL MANIFIESTO?
A la vista de este panorama, creo que lo mejor que pueden hacer quienes han promovido ese Manifiesto es seguir con el mismo impulso (a ser posible, también con Francisco Caja, de Convivencia Cívica Catalana; me ha extrañado su ausencia del Manifiesto).

Tienen razones para estar animosos. A raíz del “Manifiesto Koiné”, en el que personas que viven del Presupuesto de la Generalitat proponían el monolingüismo del catalán, han surgido opiniones difícilmente impensables hace años. Gregorio Morán, el muy documentado y, por tanto, prestigioso periodista de investigación que ha calificado el manifiesto como “neofascismo lingüístico”. Y los editoriales de '¡El país!' y 'La Vanguardia'. Y la posición de 'el diario.es'. Más las opiniones más cercanas en el tiempo de Joseba Arregi. En fin, que los firmantes del Manifiesto indaguen y ya verán cómo el clima está cambiando.

¿Cómo lograr ese impulso? Siempre he pensado que la Política Exterior es más importante que la Interior. Es el momento de proyectar la situación del castellano en España al mayor número de ámbitos posibles del exterior. Tienen muchos factores a favor y están remando a favor de la opinión pública internacional.

Ha llamado la atención el documental que ha acompañado al Manifiesto. Es un camino que siempre da muy buen resultado porque es posible llegar a ámbitos en principio ilimitados. Y no digamos si llegan a producir una película. Entonces, sí que darán en el clavo.

Finalmente, sería muy oportuno que los firmantes del Manifiesto controlasen sus emociones. Están hablando de política, no de ética individual. Y cuando se mezclan los dos ámbitos, el desastre ante la opinión está asegurado. ¿Ejemplo? Consuelo Álvarez de Toledo promovió el Manifiesto Libres e Iguales. Pocos meses después, y con motivo de la Cabalgata de Reyes, tuvo un desahogo sobre su hija pequeña y el daño que le había hecho la alcaldesa Manuela Carmena. Esto le restó casi toda la credibilidad que podía haber ganado con el Manifiesto. Deseo que a los firmantes del Manifiesto en apoyo de los castellanohablantes no les pase lo mismo.
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