AGLI Recortes de Prensa   Domingo 12 Junio  2016

Dos y dos nunca suman veintidós
Daniel Lacalle El Espanol  12 Junio 2016

“Did you feel you were tricked by the future you picked?” Peter Gabriel

En una semana en la que la política y las promesas de cuento de hadas volvían a acaparar los titulares de la prensa, una noticia ha pasado relativamente desapercibida.El Banco Mundial volvía a revisar a la baja las estimaciones de crecimiento económico global al 2,4%, casi una quinta parte menos con respecto a sus perspectivas de enero de 2016. La saturación de los estímulos es evidente.

Con un aumento de masa monetaria y de gasto público que ha hecho que la deuda estatal mundial aumente un 9% anual, ni genera el crecimiento esperado ni mejora las perspectivas ya recortadas en meses anteriores. Especialmente evidente ha sido el ejemplo de Brasil, el poster boy de los estímulos estatales, que avanza en una recesión más acentuada de lo previsto, aunque el precio del petróleo se haya recuperado.

Preocupa, además, que el Banco Mundial cometa el mismo error optimista que el FMI. No analizar el impacto de otro ejemplo del efecto negativo del exceso de estímulos, China. Merece la pena resaltar que ninguna de las economías que impusieron políticas de gasto “contracíclicas” y planes de estímulo de centenares de miles de millones ha visto sus estimaciones revisadas al alza.

El milagro del burócrata
En España, como si a nadie le importara la realidad, las matemáticas o la estadística, los partidos se lanzan a prometer enormes planes de gasto con nuestro dinero y piensan financiar esa generosidad con el dinero de los demás a través de los dos mantras favoritos del despilfarrador burocrático. Los “impuestos a los ricos” y el “fraude fiscal”. Gran novedad. No se le ha ocurrido a nadie.

Los “impuestos a los ricos” es el timo más recurrente en el discurso del populista. En España hay menos de 4.700 contribuyentes que ganen más de 600.000 euros al año. No precisamente “grandes fortunas”, y suponen 2.561 millones de euros de recaudación. Ni duplicando el esfuerzo fiscal -suponiendo que el incremento de ingresos fuera lineal, y no lo es- se consigue financiar una fracción de los espejismos de gasto de los populistas e intervencionistas.

Pero es que en España los especialistas en redistribuir la nada llaman “los ricos” a los que ganan más de 60.000 euros año. Estamos hablando, incluidos los 4.700 anteriores, de menos de 615.000 contribuyentes que aportan 22.000 millones a las arcas del estado, más del 32% del total ingresado por IRPF. De nuevo, aumentando los tipos marginales en la cantidad propuesta por Unidos Quebremos no llegas ni de lejos a las cifras que dicen que van a conseguir.

En España las 200 mayores fortunas tienen un patrimonio neto de 205.609 millones de euros. Pero la cifra tiene truco. Ni un tercio de ese patrimonio está concentrado en nuestro país y la gran parte pertenece a sociedades que han generado pérdidas en 2015. Además, ese supuesto aumento por patrimonio no se recauda todos los años, es una sola vez.

La recaudación por impuesto de patrimonio no supera los 1.500 millones y el PSOE, por ejemplo, piensa que va a recaudar casi tres veces y media más de lo que se consiguió en el pico de la burbuja, subiendo impuestos. El impuesto de sucesiones es injusto, porque grava cosas que han tributado varias veces anteriormente, desincentiva el ahorro y la principal fuente de transmisión de riqueza en la clase media, el piso de padres a hijos. Encima, es fiscalmente desastroso. A pesar de la carga fiscal, que en algunos casos llega al 86%, recauda solo 2.000 millones, y hace a la economía más frágil al desincentivar la inversión y la compra-venta en el país. No recauda y espanta la entrada de capital. Un impuesto para “fastidiar”.

¿Qué podemos sacar como conclusión?
Las promesas de los impuestos a “los ricos” se convierten en realidades de impuestos a todos. El que piense que 615.000 personas van a sufragar 60.000 millones de euros de gastos tiene un problema de fe en la magia y de matemáticas. Aún más, si piensan que 4.600 “grandes fortunas” van a sufragar las decenas de miles de millones que prometen los aristócratas del gasto público, sepan que lo van a pagar ustedes. Yo he vivido en muchos países y jamás me he encontrado estimaciones tan ridículas por futuros impuestos.

Pero la más ridícula es que casi todos los partidos fíen su objetivo de consecución del déficit acordado con Bruselas a la “lucha contra el fraude”. Primero, porque es un concepto que debemos considerar como ingreso extraordinario, si se consigue, no como base. En España jamás se ha conseguido una cifra por este concepto superior a 15.600 millones de euros, récord alcanzado el año pasado.

Pero debemos entender que esa cifra no es extrapolable a todos los años. Una gran parte es un ingreso de una sola vez. Los propios Inspectores de Hacienda han alertado sobre estimaciones optimistas por recaudación de impuestos, y el BCE y la Universidad de Lisboa cifran la media de error en las estimaciones de ingresos fiscales por impuestos en un 1% a 1,4% del PIB.

Por tanto, lo que debería alertar a cualquier ciudadano es que el 80% de los programas económicos basen la reducción del déficit -ni siquiera asumen cuadrar las cuentas, que reducir el déficit es seguir aumentando la deuda- vía conceptos y cantidades estimadas de manera totalmente optimista.

El programa del catálogo
El programa de Unidos Podemos es, efectivamente, semejante a un catálogo de almacén de muebles: parece gratis pero lo pagas, parece que te lo van a dar todo, pero lo acabas haciendo todo tú, y parece que vas a ahorrar, pero terminas gastando mucho más de lo que esperabas. Ya hemos hablado en esta columna de la entelequia del programa económico de Unidos Quebremos, copiado casi en su totalidad de Syriza en Grecia, y sus estimaciones de crecimiento asiático. Seguro que crecemos un 3,5% aplicando las medidas que han hundido aún más la economía griega.

Fían toda la financiación del monumental aumento de gasto político –“en línea con el aumento de 2000 a 2007” dicen, como si la época de burbuja fuese algo a emular- a un crecimiento del PIB por “multiplicador del gasto” que se ha demostrado que es casi nulo y hasta negativo en economías endeudadas y abiertas como la española y a los mencionados unicornios del fraude fiscal y los impuestos a las grandes fortunas. Y lo que esconden es un enorme aumento de cargas indirectos -bajo el subterfugio “verde” y “social” en este país cuela todo- que pagamos todos, y la mayor subida de impuestos y endeudamiento de la historia. Y con ello, sabiendo que las estimaciones de ingresos son pura ficción, volveremos a niveles de déficit como los que nos pusieron al borde de la quiebra, pero con un 30% más de deuda como mínimo, y justo cuando el BCE haya más que sobrepasado el periodo de estímulos, Es decir, nos manda a un shock de deuda seguro. No hace falta irse a otros países, donde han estado un año gobernando, suben impuestos a todos, paralizan inversiones y encima incumplen el déficit gastando mucho y mal.

Dos y dos nunca suman veintidós. Nos están tomando el pelo con el aplauso de muchos y la sonrisa del que no va a pagar el expolio. Y luego le echarán la culpa a otro. Los ciudadanos debemos dejar de pensar en los partidos y los políticos como los Reyes Magos que nos van a dar un regalo quitándoselo a otro. La base de una sociedad próspera es que los ciudadanos y las administraciones aporten y apoyen el crecimiento. Porque el que pretende vivir del Estado olvida -como decía Bastiat- que el Estado vive de todos nosotros. El día que en España tengamos más expertos en crear riqueza que especialistas en redistribuir la nada, empezaremos a salir de verdad de la crisis.

El 'error Rajoy' que España pagará caro
Una corriente de fondo atraviesa España. Y Rajoy no ha sabido verla. El resultado es una inquietante situación política que se parece mucho al célebre 'error Berenguer' de Ortega
Carlos Sánchez El Confidencial  12 Junio 2016.

“Este es el error Berenguer”, decía Ortega en su célebre proclama contra la Monarquía, publicada el 15 de noviembre de 1930 en la portada del diario ‘El Sol’: pensar que la opinión pública se olvidaría de la “gran viltá” [la gran cobardía] que fue la Dictadura. “La reacción indignada de España”, continuaba el filósofo cinco meses antes del advenimiento de la II República “empieza ahora, precisamente ahora. España se toma siempre tiempo, el suyo”.

El ‘error Rajoy’ ha sido, precisamente, ese. Pensar que la Gran Recesión que comenzó en 2008 era un simple movimiento cíclico de la economía que se solucionaría mediante una mejora gradual de algunos indicadores macroeconómicos. O expresado de otra manera: el ‘error Rajoy’ ha sido pensar que los españoles iban a olvidar pronto -sin reclamar consecuencias políticas- años de duro sacrificio que han hecho saltar por los aires la legitimidad de muchas de las instituciones del Estado por su connivencia con la corrupción y el clientelismo.

Lo que empezó siendo una crisis económica era evidente -ya en 2011- que acabaría siendo una crisis política exacerbada por la proliferación de mensajes a través de las redes sociales que han convertido la política en un espectáculo.

Fue un error grosero de Rajoy y sus satélites pensar que criminalizando a Pablo Iglesias y a su entorno (Errejón, Monedero o Rita Maestre) el fenómeno Podemos iba a derretirse. O, al menos, iba a permitir erosionar de forma relevante su base electoral.

Las altas dosis de corrupción, la desigualdad, la precariedad laboral, los bajos salarios, la endogamia del sistema político, la no separación de poderes son cuestiones de mucha enjundia que no se ahogan fácilmente llamando a la ‘seriedad’ o metiendo miedo contra los radicalismos.

La cuestión de fondo era comprender que España, como otros países, se enfrentaba al fin de una manera de hacer política que Rajoy ha sido incapaz de percibir. Probablemente, porque es un personaje de otra época que hubiera sido un buen primer ministro hace una docena de años, cuando la política era tecnocracia. Pero hoy Rajoy es lo más parecido a esas viejas aulas desvencijadas en las que se imparten conocimientos caducos con nuevas tecnologías.

Corriente de fondo
Los fantasmas que asesoran a la Moncloa -Arriola hablaba de frikis para referirse a Podemos- nunca han entendido que en la política española -como en otros países europeos, EEUU o Canadá- hay una corriente de fondo que no se va a detener simplemente con papeles revelados por unas élites policiales politizadas que funcionan al servicio del poder.

Por muchos documentos que aparezcan sobre la financiación exterior de Podemos de regímenes repugnantes, hay millones de electores que quieren cambio. Otra forma de hacer política. Lo que diferencia a Pablo Iglesias de cualquier líder político es que a él sus votantes le perdonan todo. Lo importante es el fin, no los medios.

Y hoy, guste o no, ese cambio lo representan Podemos y sus variantes territoriales. De ahí el previsible batacazo del PSOE, incapaz de articular la respuesta política a las consecuencias de la crisis. El éxito de Podemos es la demostración del triunfo de las viejas teorías de Lakoff, quien sostenía que a través de la metáfora el ser humano es capaz de construir conceptos que influyen en nuestra manera de razonar. Y si alguien es capaz de etiquetar a sus adversarios políticos adjudicándoles categorías morales (Rajoy=corrupción) tiene mucho ganado.

Así es como se ha llegado a esta situación. Lo que hoy une a muchos ciudadanos sobre todas las cosas es Mariano Rajoy. O dicho de otra forma: Podemos ha sabido presentar el 26-J como un plebiscito sobre la continuidad del presidente en funciones. El ‘todos contra Rajoy’ es algo más que un eslogan político. Es la argamasa que une a una parte importante del electorado contra lo que representa el PP. Y esa es la fuerza de Podemos.

Lo que diga su programa electoral es irrelevante. Sus votantes saben que España, si se aplicara, acabaría sufriendo un corralito ‘a la griega’ y que en muchos puntos es completamente disparatado. Pero eso es intrascendente. Lo importante para millones de personas es que Mariano Rajoy se vaya. Incluso, poniendo al frente del Gobierno a un iluminado como 'el pequeño Robespierre'.

Cambios sociales
Esa corriente de fondo de la política española tiene que ver con cambios demográficos, sociales y hasta culturales que ni Rajoy ni su partido han sabido identificar. Probablemente, por la calcificación de los mecanismos de selección de sus dirigentes: pacatos funcionarios de partido alejados de los cambios sociales. Entre otros motivos, por el antidemocrático sistema de elección de sus líderes (también en otros partidos).

El Partido Popular podría haber hecho lo más inteligente, que era presentar un nuevo candidato al 26-J, lo cual hubiera roto el endemoniado bucle político en el que se ha metido este país, y que no se va a solucionar con unas décimas de crecimiento económico o con una reducción tibia de la tasa de desempleo. Sin Rajoy, el PP tendría mejores expectativas de voto.

Los cambios sociales son casi siempre sutiles. Pocas veces abruptos y suelen están anclados en el progresivo agotamiento del impulso político. Y en España, el viento de cola heredado de la Transicion se fue apagando por la indolencia democrática de los dos grandes partidos, que nunca entendieron que cada dos generaciones se producen sacudidas generacionales con consecuencias políticas.

El resultado es que hoy el presidente del Gobierno en funciones es el mejor cartel electoral de Podemos. Mientras que su teórica alternativa, el PSOE, cometió la irresponsabilidad de elegir a un líder débil para poder ser manipulado desde Andalucía. Ese es el ‘error Díaz’, apoyar a Sánchez frente a un líder más capacitado como era Eduardo Madina solo para poder tener un títere en Ferraz y al final aparecer la presidenta andaluza como la solución a los problemas del socialismo español.

Hoy, el PSOE es un partido a la deriva y el PP tiene serias dificultades para pactar alianzas mientras Rajoy siga al frente del partido. Cuanto antes decida el PP si es mejor seguir con Rajoy o garantizar la gobernabilidad del país con otro candidato, mejor para todos. Y cuanto antes el PSOE cambie de líder, también mejor para todos. El mundo se ha convertido en demasiado ancho y en demasiado ajeno para Rajoy y Sánchez.

Podemos, entre la Izquierda Campana y la Derecha Badajo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  12 Junio 2016

Si el comunismo ha reverdecido en las sociedades más prósperas del mundo, tras convertir en cárceles ruinosas a todas las que lo han padecido, es por algo difícil de aceptar en términos morales e intelectuales, pero que es rigurosamente cierto: a muchísima gente –no a toda, claro, pero sí a gran parte de ella- le gusta horrores la mentira, que le mientan y que le permitan mentirse a sí misma, porque prefiere creer cualquier cosa, lo que sea, antes que afrontar la verdad, que supone siempre cierta responsabilidad personal.

Y si somos conscientes de la propensión atávica del ser humano al mal y a la manipulación, a destruir los frutos más sutiles de la civilización y a malgastar el acervo más noble de la experiencia humana, ¿por qué los liberales hemos de esforzarnos en defender lo que nos parece mejor, en vez de plegarnos a la ley del mínimo esfuerzo, admitiendo que, como decía Hegel, "la Historia avanza por el lado malo"? ¿Por qué no buscar lo que más nos convenga para sobrevivir y prosperar sin necesidad de sacrificar nada a nadie? ¿No es eso, al cabo, lo que anhela la gente, en todo tiempo y lugar? Si no tenemos una idea trascendente de la vida, en un Dios ante el que justificar nuestras acciones, ¿por qué habría de sacrificar un individualista en aras de una idea su interés, su placer, su conveniencia, los pocos buenos años que la vida le conceda?

Cuando en Caracas se llevaba corbata
Cada día, viendo el oscuro devenir de la sociedad más brillante de la Historia, es más urgente hacerse esta pregunta, al menos si uno tiene la responsabilidad de dirigir un grupo de comunicación y de crear, dentro de sus posibilidades, una corriente de opinión que defienda las ideas que, por resumir, llamamos liberales. Y esta necesidad de introspección que suele activarse en mí al menos una vez al año, normalmente en vísperas de la Junta de Accionistas, tuvo ayer la fortuna o el destino de encontrarse con el homenaje que Libertad Digital y esRadio han rendido al gran pensador, profesor y periodista venezolano Carlos Rangel al cumplirse los 40 años de la publicación de su libro Del buen salvaje al buen revolucionario, que en mi opinión es el más importante ensayo político en español del último medio siglo. Y aparentemente, el más inútil.

Conocí a Carlos Rangel y a su esposa Sofía Imber en Caracas, pocos meses antes de que él se suicidara. Habíamos quedado a cenar con Carlos Alberto y Linda Montaner en un buen restaurante y yo no llevaba corbata. Iba tan casual porque al día siguiente volábamos a Perú, al Machu-Pichu antes de que los terroristas de Sendero Luminoso lo cerraran, como ya se temía y, en efecto, ocurrió. Veníamos de unas jornadas sobre la Contra nicaragüense, que, como siempre donde alcanzan los tentáculos de La Habana, sufrieron el boicot de la horda castrista. Yo quería comentar con mi desconocido pero leído y admirado Rangel la experiencia de ver cómo la picaresca española pervivía entre los indios miskitos. Para ello, un piadoso y zumbón camarero tuvo que dejarme una corbata; sólo así puede sentarme a su mesa. Así que, cuando ahora veo a algún matón bolivariano uniformado de chándal justificando las colas de abastecimiento, recuerdo aquella Caracas de Carlos Rangel con excelentes restaurantes a los que uno no podía entrar sin llevar corbata.

Pero la serpiente estaba bajo la moqueta. De hecho, Rangel e Imber nos contaron en aquella cena cómo en la facultad de Políticas habían quemado su libro. Cómo más de una vez, con la cobardía habitual en las universidades, Carlos había tenido que pasar para entrar a dar sus clases por entre dos filas de comunistas que le insultaban y le escupían. Pero él llegaba, se cambiaba el traje escupido, daba clase y se iba. Si no lo mataban, decía, era porque resultaba más rentable para los revolucionarios humillar a la estrella matinal de Venevisión –Rangel e Imber hacían un noticiario liberal a las 6 de la mañana- que liquidarlo. De momento. Porque la estrategia de lo que, tras ganar las elecciones sólo cuatro días después Carlos Andrés Pérez, se convirtió en golpismo y luego en régimen bolivariano, era tan previsible que ya estaba en marcha.

La mentira mueve el mundo
Todo lo que dice Rangel en Del buen salvaje era, es verdad. Pero no puede decirse que "no le creyeron" los suyos, los venezolanos. Simplemente, no les gustaba lo que decía, lo que les decía sobre su responsabilidad en los problemas sociales que, según arraigada costumbre local, adjudicaban infaliblemente a otros: los USA, la herencia española, el capitalismo o la falta de capital interior. Lo que fuera, menos algo que pudieran haber estropeado -y arreglar- ellos.

Años después del suicidio de Carlos, volví a ver a Sofía Imber, que aún recordaba a aquel jovencito español que había ido a cenar sin corbata. De vivir, seguro que Rangel habría estado con nosotros en Albarracín, creando la Ilustración Liberal y Libertad Digital. Y yo lo entrevistaría, en Caracas o en Miami -donde ahora reabre su gran museo de arte moderno Sofía Imber-, para que contara en esRadio cómo veía su país, que era el de la Libertad. Pero al ver cómo se nos viene encima, como entonces en Venezuela, la peste contra la que nos alertaba, es forzoso preguntarse: ¿por qué no eligió otra forma de vida, teniendo tanto talento, tantos medios? Y la respuesta es sencilla: porque entonces no habría sido él, Carlos Rangel.

Dice Montaner en LD que Jean François Revel, introductor de la obra de Rangel en Francia, tal vez tenía en mente su suicidio al abrir así su obra capital El conocimiento inútil: "La primera de todas las fuerzas que mueven el mundo es la mentira". Y podría haber terminado diciendo: "Hay gente que prefiere morir antes que mentir". Entre ellos, Revel y Rangel.

El badajo pepero y la campana progre
De entre los textos y entrevistas dedicadas a la memoria de Rangel y a la de todos los liberales de América, más nuestros cuanto peor están, me ha llamado la atención esta frase de Reyes Matheus explicando cómo llegó allí al Poder el comunismo, en chándal chavista: "Jaleado por la izquierda siniestra y campana que no tiene cojones para empuñar un arma pero ya se encarga de movilizar o jalear a los asesinos meneándoles el badajo".

Aquí, en el chavismo podemita, la "Izquierda Campana" serían los ayer rubalcabianos y zapaterosos, hoy podemitas: los Ferreras, Wyoming, folloneros, buenafuentes, sexteños y cuatreños progres. Pero esa Izquierda Campana –y esta es la singularidad española- nunca habría sonado sin el Badajo de la Derecha, o sea, sin las televisiones de Rajoy. Allí fueron los adecos y los copeyanos los que, con su corrupción y su torpeza, abrieron el camino al golpista Chávez. Aquí, han sido los sociatas municipales y son los teleñecos rajoyistas los que allanan el camino de Iglesias. Pero allí y aquí, la pregunta para los amigos de la libertad es la misma: ¿qué se puede hacer, amén de lamentarse, cuando se adivina la llegada de los bárbaros?

Pues creo que sólo cabe hacer lo que hizo Carlos Rangel mientras quiso vivir: ser, simplemente, lo que era, lo que somos. Para que nadie viva nuestra vida por nosotros. Para que nadie pueda equivocarse por nosotros. Para que nadie pueda alimentar su tiranía con los restos de nuestra libertad.

Cuando el "socialdemócrata" Iglesias pedía que España saliera del euro
Nacionalizaciones, subidas de impuestos masivas, impago de la deuda... el líder de Podemos explica su programa real en un minuto.
D. Soriano Libertad Digital  12 Junio 2016

Lo ha dicho Perry Anderson: ‘La Europa actual es la que le hubiera gustado a Hayek, el mejor ejemplo del totalitarismo del mercado. Sobre todo, para los estados del Sur de Europa’. ¿Qué es entonces lo que debería hacer una fuerza política democrática que ganara unas elecciones en un país del Sur de Europa? Yo no tengo dudas:

Debería retomar el control de la política monetaria, saliendo del euro e inmediatamente devaluar para favorecer las exportaciones;
debería también decretar la suspensión del pago de la deuda y nacionalizar la banca para garantizar así la inversión y el crédito para las familias y la pequeña y mediana empresa;
debería establecer sistemas de control para evitar la fuga de capitales y para proteger las condiciones de trabajo dignas;
debería ampliar la titularidad pública a las áreas clave de la economía: la energía, el transporte, los servicios públicos y todos los demás sectores estratégicos;
debería, además, iniciar un proceso de reindustrialización, mediante la inversión pública, apostando por formas de economía verde y alta tecnología;
debería llevar a cabo una reforma fiscal redistributiva, que acabara por fin con el fraude de las grandes fortunas…

…esto y muchas cosas más, evitando que le dieran un golpe de Estado. Y ahora viene la segunda pregunta. ¿Sería todo esto posible en el marco de un solo Estado del Sur de Europa? Ni de coña. Así que europeos del sur, uníos.

Pablo Iglesias, editorial para Fort Apache, "Europa, Game Over" octubre de 2013.

En youtube, el vídeo se titula "Pablo Iglesias da la solución a la crisis en un minuto". Y es fácil imaginar que el título tiene el consentimiento de su titular, porque está subido en el canal de Fort Apache, el programa que presenta en Hispan TV (la televisión del Gobierno iraní) desde hace años.

El vídeo no es nuevo. Lleva subido desde octubre de 2013 y ha sido visto por casi 140.000 personas. En Libre Mercado ya nos hemos referido al mismo anteriormente. Lo que llama la atención es lo alejado que está del discurso actual del candidato de Unidos Podemos, especialmente, el de esta semana, la de la reivindicación de la socialdemocracia. El pasado domingo, por ejemplo, Pablo Iglesias negaba con la cabeza y se reía despectivamente, cuando Albert Rivera acusaba a la formación morada de querer salir del euro, como si ésta fuera otra de esas exageraciones y manipulaciones de los medios que denuncia cada día.

Venezuela, salida del euro, impago de la deuda, expropiaciones masivas… Cada vez que alguien saca uno de estos temas en una conversación de Pablo Iglesias, la respuesta es la misma: o lo ignora o lo niega como si fuera sólo un intento de asustar a los votantes para que no respalden a su partido. Este lunes, por ejemplo, en un desayuno con Alberto Garzón, respondía a la pregunta de si se consideraba comunista asegurando que ellos venía a ocupar "un nuevo espacio socialdemócrata", como lo eran Marx y Engels, aseguró, ya que éste es un término "con una capacidad de subsunción enormemente amplia".

Sin embargo, no son precisamente los valores clásicos socialdemócratas los que se reflejan en este vídeo, del que se pueden destacar tres aspectos:

Lo rápido (ya en enero de 2015 se desmentía a sí mismo) que Iglesias no sólo ha cambiado de pensamiento (si es que de verdad ha cambiado) sino cómo en el proceso se ha pasado al enemigo. Hace apenas dos años y medio aseguraba que "no tenía dudas" de que lo que nuestro país necesitaba era salir del euro y explicaba que era algo que cualquier "fuerza política democrática debería poner sobre la mesa". Ahora lo ignora como si estuvieran locos los que lo afirman.
Este vídeo no es una tertulia, en la que pueda intuirse un calentón pasajero. En un debate un poco tenso, es fácil que uno de los intervinientes diga algo en lo que no cree o use una expresión que no explique claramente sus intenciones. No es el caso. Esto es un editorial grabado y en el que tanto el guión como la presentación han sido perfectamente estudiados. Es decir, esto es exactamente lo que pensaba Pablo Iglesias antes de que las encuestas empezaran a decir que tenía posibilidades de sacar un buen resultado en las elecciones.
Tampoco hablamos de un programa de hace 15 o 20 años, sino de finales de 2013, hace menos de tres años. Todos podemos cambiar de opinión. Lo que sorprende es que el cambio sea tan radical y que tome forma justo después de que Podemos saque cinco escaños en las elecciones europeas y empiece a repuntar en las encuestas.

Sobre el contenido, lo más relevante no es tanto lo que promete. En realidad es el programa clásico de las fuerzas de extrema izquierda extraparlamentarias, que es lo que eran Podemos o Izquierda Anticapitalista hasta hace unos meses: subida brutal de impuestos, nacionalizaciones, salida del euro, expropiaciones masivas...

Lo llamativo es que Iglesias reniegue ahora por completo de lo que antes afirmaba con tanta contundencia. Por ejemplo, la relación con los demás países del sur de Europa. Como vemos, hace dos años, Iglesias pedía una coalición con Grecia, Italia o Portugal para romper con Bruselas. Y si había un aliado clave en esta lucha ésta era Syriza y Alexis Tsipras. Este discurso se mantuvo hasta el verano de 2015, exactamente hasta que el primer ministro dio marcha atrás a sus exigencias, retiró su órdago y aceptó todas las exigencias de la troika, con un acuerdo de rescate mucho menos ventajoso que el que Bruselas le había ofrecido en primer lugar y que quedó descartado tras su convocatoria de un referéndum.

Aquel 13 de julio de 2015, Iglesias se olvidó para siempre de Tsipras. Su amigo, su socio, con el que compartía foto de perfil en Twitter, pasó a ser el innombrable. Y algo parecido pasa con el resto de los temas de este vídeo. En un minuto, a finales de 2013, Iglesias daba la receta para salir de la crisis. Pues bien, en los últimos días, en entrevistas, debates y tertulias, le han recordado algunas de aquellas peticiones. Su respuesta suele ser similar cambiar de tema, ignorar las preguntas o, como el domingo en Salvados, negar con la cabeza y sonreír sin decir nada. Es como si quisiera borrar a aquel Pablo Iglesias de Fort Apache. Hay que reconocerle que para buena parte del electorado, lo ha logrado. Youtube tiene mejor memoria.

El salón de los encuentros
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  12 Junio 2016

La crisis y el fin del bipartidismo han alumbrado una literatura que empieza a ser abundante sobre las causas de las turbulencias políticas, económicas y sociales que agitan a España en esta fase agónica del régimen del 78, así como las posibles soluciones que vía reforma pueden conjurar los muchos y graves males que se ciernen sobre su futuro. Entre esta larga serie de títulos de corte “regeneracionista”, que recuerda la nutrida producción que se originó tras el desastre del 98, acaba de aparecer un libro que, desde una perspectiva histórica, reflexiona lúcidamente sobre el devenir contemporáneo de nuestro país, disecciona implacablemente los evidentes defectos de nuestro sistema institucional y, al hacerlo, apunta con acierto los remedios que se deben tomar si no queremos que el período de nuestra vida en común que tan esperanzadamente comenzó hace treinta y ocho años acabe en un colapso traumático como el que marcó el fin de la Restauración con el derrumbe de la II República y el subsiguiente y sangriento enfrentamiento civil.

Me refiero a El salón de los encuentros de Guillermo Gortázar, profesor de Historia Contemporánea de la UNED y antiguo Diputado en el Congreso durante tres legislaturas en la etapa en que Aznar estuvo al frente del Partido Popular. El breve y pulcro examen que el autor nos ofrece de nuestras dificultades presentes tiene el atractivo de ser presentado como una fase dentro de un desarrollo temporal que arranca en la Edad Media y que permite comprender el hoy a la luz de un ayer que lo prefigura y configura. Gortázar se detiene especialmente sobre los factores que marcaron la hegemonía del pensamiento y los valores europeos en el mundo a partir del Renacimiento, las diferencias esenciales entre las Revoluciones Americana y Francesa, punto éste de crucial relevancia para comprender los horrores de los totalitarismos del siglo XX, para adentrarse después en los sucesivos avatares que fueron experimentando los conceptos de democracia y de liberalismo y como su inicial divergencia y su posterior fusión han conducido a los sistemas constitucionales de Occidente, modelos de referencia ya irreversible para el resto del planeta a partir de la caída del Muro de Berlín y el prematuro anuncio del Fin de la Historia.

En este marco general sitúa Gortázar a España y sus avances hacia una democracia madura truncados intermitentemente por cesuras dictatoriales o guerras intestinas. Destacan especialmente entre las virtudes de este ensayo, por una parte, en el aspecto formal, la claridad y precisión de la escritura, sin alardes de erudición o retorcimientos innecesarios de los argumentos, y, en el plano de la sustancia, el juicio sobre momentos especialmente espinosos de nuestra vida colectiva sin ceder a las tentaciones de la corrección política y del progresismo al uso, apelando a la fuerza demostrativa de los hechos con objetividad y rigor insobornables.

Los dos últimos capítulos se refieren a la Transición y a las tres décadas y media de nuestro pasado más reciente y aportan un análisis irrebatible de los fallos estructurales del despliegue de la vigente Constitución que nos han traído hasta la difícil coyuntura en la que nos encontramos, con la unidad de la Nación violentamente amenazada por el separatismo catalán y su prosperidad en entredicho si se imponen las recetas delirantes del populismo de corte chavista. Un punto clave de la exposición que hace Gortázar es la responsabilidad de los hasta ahora dos grandes partidos nacionales, el Partido Popular y el Partido Socialista, que habiendo podido trazar un camino de inteligencia, honradez y sentido del Estado a partir del arranque ilusionado de 1978, se han enfangado en la corrupción, la destrucción de la separación de poderes y la construcción de una partitocracia que ha invadido la sociedad civil esterilizando las energías creativas y la capacidad competitiva de los españoles. El fracaso de los planes tan hábilmente trazados por los padres fundadores de la democracia puesta en marcha tras la muerte del General Franco, si al final se produce como parece por desgracia previsible, tendrá efectivamente unos culpables perfectamente identificados a los que las generaciones venideras contemplarán con reproche e indignación por su forma decepcionante de malbaratar un valioso capital humano, material y cultural que, correctamente administrado, hubiera podido colocar a España a la cabeza de Europa.

Si los jefes de filas de las cuatro principales opciones electorales en liza se molestasen en dedicar un par de horas a leer El salón de los encuentros y a extraer las lecciones que se desprenden de sus diáfanas páginas, España volvería a encontrar su rumbo y nos evitaríamos los sobresaltos que muy probablemente nos esperan tras la apertura de las urnas el próximo 26 de Junio.

La regeneración socialdemócrata
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com  12 Junio 2016

Nadie duda del absoluto agotamiento social por el saqueo institucional que las elites que nos desgobiernan han perpetrado durante estos años. La corrupción no dejó nada sin ensuciar. El saqueo del Estado ocurrió desde la más alta institución del Estado, la Corona, hasta las organizaciones sindicales de izquierda que expoliaron los dineros para los parados, las más indefensas víctimas de la crisis.

Ante tal saqueo, los españoles seguimos esperando la tan cacareada regeneración. Hasta hoy, solo hay una evidencia y es la manifiesta negativa de regeneración del bipartidismo PP-PSOE, cuyos resortes de corrupción y control del Estado son asombrosos. Un Rajoy mentiroso en sede parlamentaria se negó a dimitir tras perder cinco millones de votos, ha retrasado el congreso que debería regenerar el partido casi dos años y se enfrenta a una demanda ante la justicia por sus propios afiliados del Partido Popular tras incumplir los estatutos. La narración de la total corrupción del PSOE, ya próximo a su extinción, me la ahorro por lo voluminosa. Tan solo dos pinceladas: 250 cargos del PSOE implicados (ministros, secretarios generales del partido) y 6.000 millones desaparecidos.

Los continuos recursos ante la justicia y aforamientos (10.000 políticos), recusaciones de jueces, quema de juzgados, falta de personal, retrasos en la entrega de documentos solicitados, y mil y una dificultades, impiden que la Justicia, mal dotada presupuestariamente, pueda actuar con agilidad y eficacia, convirtiendo esta fundamental institución en un resorte más de la corrupción sistémica que asola España.

Ante semejantes crisis sistémicas, los populismos siempre encontraron el terreno perfectamente abonado desde donde iniciar su terrible siembra para tomar el poder. Los ejemplos históricos son abrumadores: el corrupto Batista fue devorado por el populismo de Fidel Castro, que renegaba del comunismo y se anunciaba demócrata. Algo similar ocurrió con el régimen corrupto de Carlos Andrés Pérez, arrollado por un chavismo golpista que también se anunciaba democrático y regenerador.

El 14 de diciembre de 2012, el marxista-leninista Pablo Iglesias escribía un tuit revelador. Decía así: “Estamos en tiempos de Weimar en los que ganará quien agregue un amplio sentimiento popular”. Para quienes gustamos de leer historia, Weimar está asociado a los nazis.

El socialista Adolf Hitler, tras un golpe de Estado (como Hugo Chávez), tres elecciones y varios bloqueos de gobierno, se hizo con el poder del Reichstag tras ser designado como presidente del gobierno por un anciano Hindenburg. Después, vinieron las leyes de Nuremberg, la reforma del Estado y el totalitarismo más atroz.

Decía con mucho tino V. Misses que “el marxismo usa palabras fetiche como eslóganes políticos cuyo doble o triple sentido facilitará reivindicaciones incompatibles”.

Vean las pruebas:
De 423 diputados y senadores, solo 39 de ellos han renunciado a seguir cobrando hasta el 26J. Ninguno fue de Podemos. Su carácter ejemplar y regenerador es un chiste. Sus alcaldes no solo no renunciaron a sus prebendas, cobran lo mismo y ni conocen las bicicletas que afirmaban usar. Disfrazaron con subterfugios legales la trampa, donando una pequeña parte al partido, que son ellos mismos. En Madrid, Manuela Carmena llama a los coches oficiales “coches de incidencias” y mantiene 180, nada menos. En el metro, nadie la volvió a ver, asiste a los palcos del Real Madrid con la casta que denunciaba, y hasta pidió una entrada a la final gratis y en palco para su sobrino. El "jefe" de todos ellos, Pablo iglesias, sigue ocupando una vivienda de protección oficial ilegalmente.

La más grosera pincelada "regeneradora" la pone el alcalde de Zaragoza, quien pasa como gasto al erario público hasta la gomina que usa para su casposo y blanco pelo marxista. Pero lo más cómico es Izquierda Unida (IU), absorbida por la promesa de recibir tras las elecciones dos millones de euros, y algún diputado ha prohibido lucir su propia bandera comunista en sus mítines, pues dicen Pablo, Echenique y Errejón que es incompatible con el disfraz socialdemócrata nórdico que diseñaron en su programa de "Ikea".

Como ven, el comunismo que hoy tomará el poder, travestido de socialdemócrata, solo es otra edición de la casposa estafa marxista que ya nos visitó en los años 30 del pasado siglo, que buscó y provocó la Guerra Civil (lean los discursos de Largo Caballero) y dejó más de 100 millones de asesinatos en la historia del siglo XX, la vergüenza del muro de Berlín y decenas de estados fallidos y acabados, pervirtiendo el término “democracia” y el concepto de “social”.

Varoufakis afirmaba recientemente tras una conferencia en la marxista Barcelona, ahora en manos de la okupa Ada Colau, que todos los gastos del viaje los pago él. Créanme, no se pagó dos veces, los comunistas son expertos en el robo absoluto. Las facturas a cargo del Ayuntamiento de Barcelona las ha destapado Carina Mejias, de Ciudadanos. Tres noches en hotel de cinco estrellas, previo vuelo en primera clase. La broma de las charlas del comunista griego "Varoufakis y amigos" supera los 20.000 euros. La regeneración leninista, como ven, solo era esto. La peor casta, hoy llamada "socialdemocracia nórdica".

¡Todo es mentira!

“No se puede acabar con el capitalismo sin acabar con la ideología socialdemócrata en el movimiento obrero” (Jose Stalin, 7 de noviembre de 1927, Nº 255, Pravda).

Calle incendiada, casa caldeada
ARCADI ESPADA El Mundo  12 Junio 2016

Mi liberada:

Debo felicitarte. El catálogo al modo de Ikea que habéis utilizado para envolver vuestra nada es una maravilla. Aunque no me parece simpático ni correcto que en estos días tan socialdemócratas hayáis ninguneado la inspiración de vuestra obra, que está en este viejo párrafo mío: "Ikea es la consumación de una utopía: el buen gusto de los pobres (...) La socialdemocracia ha dejado, al menos, unos almacenes". Pero a mí no me duelen prendas: es el mejor programa electoral que se ha hecho en España.

El primer acierto es el de llevar hasta el extremo una frase hecha del lenguaje político y, especialmente, electoral: Un catálogo de medidas. Se advierte una sutil ironía sobre la mercantilización de la política, pero sobre todo una muestra más de vuestro gusto por el entrismo. Colonizadas las televisiones, habéis llegado al corazón de una multinacional. Si algún día llegáis a La Moncloa, el entrismo se habrá completado. No, como pensáis, porque vosotros entréis en la Moncloa; sino porque la Moncloa entrará en vosotros. Preguntad al penetrado Tsipras, para más info. Es falso que este sea el primer programa electoral que vaya a leerse. Pero sí será el primero que se ojee. Admiro también el encaje de forma y fondo. Vuestra política es de santos y no de letra y el catálogo sintetiza la gramática de fotonovela con que os exhibís ante el mundo. Luego, esta idea de convertir a la militancia podémica en figurantes, imitando el modo como Ikea presenta a sus modelos publicitarios, da una poderosa impresión de nosotros y contrarresta el caudillaje al que tendéis. Este nosotros, además, no tiene que explicarse ni razonar, verbos que siempre os ponen en un momento delicado. El pseudónimo Posemos, en fin, con el que González suele acogeros en su prosa se hace de pronto foto viva.

Es probable que la idea haya surgido de la masticación de esa frase catálogo de medidas. Estos hallazgos surgen menos de la conspiración que del relámpago. Sin embargo, la génesis no impide las interpretaciones y que la razón le haga un bonito traje al instinto. Las 195 páginas del catálogo se han de encarar con las imágenes que han ilustrado vuestra utopía: las del desabastecimiento y la ruina chavista. El catálogo propone exactamente su antípoda. Si utopía es, desde la raíz, un no lugar, casa es el extremo contrario. La república independiente de mi casa. Sólo me ha faltado descubrir, vagando, lo que topia significa en castellano: "Cada una de las tres piedras que forman el fogón y sobre las que se coloca la olla cuando se cocina con leña". El fuego de mi hogar. Así es como el catálogo cambia la cara del populismo: de la calle incendiada a la casa caldeada; de los estantes vacíos de Caracas al confort sostenible de Estocolmo. La marca está bien elegida: Ikea es más interclasista que El Corte Inglés y más moderno; y tan transversal como Zara, pero con el prestigio añadido del kilómetro sentimental: Amancio Ortega sale demasiado y demasiado arriba en Forbes, pero casi nadie sabe quién es Ingvar Kamprad, antiguo, ma non troppo, simpatizante nazi que paga en Suiza sus impuestos de Suecia.

La elección por parte de un partido político de una marca comercial no deja de ser una interesante fuente de problemas. Si te atrevieras a leer a nuestro apasionante Federico ya sabrías que desde el último viernes ha dejado de comprar "una sola astilla" en Ikea. Secuelas del conflicto que estalla cuando topan una marca y una visión del mundo. Aún recuerdo aquel tiempo en que la mitad de Cataluña dejó de beber leche Parmalat, porque patrocinaba al Real Madrid, aunque la empresa no notó nada gracias a mi reacción. En casos como ese la empresa toma un riesgo comercial, por un acuerdo previo. Pero en esta maniobra de propaganda no lo ha habido e Ikea habrá de evaluar si el afecto ampliado de los compradores podémicos compensa la furiosa destrucción anunciada -¡no quedó ni una astilla!- de los federicos. Se ve bien aquí una asimetría. Si una empresa utiliza políticos para sus propagandas -Ryanair, por ejemplo- ha de afrontar la censura social e incluso posibles querellas en razón del derecho de imagen. Por lo tanto ahora debería abrirse un debate sobre el derecho a la imagen corporativa, porque una cosa es que los podémicos compren en Ikea y otra venenosamente distinta que Ikea vote al partido Podemos.

La carta va de bajada y ya estoy advirtiendo tu reacción airada. Ni un solo comentario sobre las 168 medidas del programa. ¡Sólo banalidades y amaneramientos formales! No los esperes, libe. Uno de los grandes méritos del catálogo es que asume con descaro que ningún programa se hace para ser leído. Lo asume, lo traduce a lo real, y solo por este rasgo de ingenio y de franqueza ya habría que felicitaros. La prosa podémica constata su lugar en el mundo, como el periodista gato viejo que sabe que escribía en el espacio libre de anuncios. (Fue ayer: hoy ya no hay formato ni anuncios, desapariciones completamente relacionadas.) De hasta qué glorioso punto el partido Podemos asume su insustancialidad es ejemplo cumbre la propuesta de gobierno número 143. Reza sucintamente: "Inteligencia emocional". No sólo eso. Inteligencia emocional y una gran foto de la joven Irene Montero, del gabinete del secretario general.

El catálogo es una advertencia importante para el resto de partidos. Otra vez me viene un ejemplo de mi oficio a la cabeza, qué vachaché. Hay periodistas que creen que la verdad no necesita sintaxis. Que la gracia y la belleza son asunto de la ficción. Y que los hechos se escriben solos. Graso error. No sólo con mentiras se desprestigia la verdad: también con la mediocridad, la rutina y el descuido formal. Este partido Podemos es todo él ficción peligrosa. Y su programa es una joya de la comunicación política contemporánea. Combinadas, las dos resultan ser la peor noticia posible para la verdad de la democracia.

Y sigue ciega tu camino.  A.

«Líneas rojas» en defensa de la ley y frente al izquierdismo
Editorial La Razon  12 Junio 2016

Este nuevo ciclo político que inauguraron las pasadas elecciones del 20-N con la llegada al Congreso de Podemos y Ciudadanos ha aportado algunos nuevos conceptos. El que más fortuna ha hecho es «líneas rojas», expresión con la que se quiere delimitar la frontera que nunca puede traspasarse, ni aunque sea para cumplir un programa electoral. Dichas líneas no son las mismas para cada partido, pero habría que acordar que la única divisoria a tener en cuenta es la que va más allá de la Ley. En la pasada legislatura, durante el frustrado proceso de investidura, se trazaron muchas, demasiadas, «líneas rojas» que sólo sirvieron para evitar afrontar un diálogo entre partidos, que es lo que estaba pidiendo de manera mayoritaria el electorado.

El PSOE marcó una línea infranqueable que, a la postre, fue un verdadero problema para su estrategia: negarse a hablar con el Partido Popular, que fue el más votado, evitar cualquier contacto y, además, pretender que le permitiera gobernar a través de su abstención. Demasiadas «líneas rojas» para quien aspira a liderar a nuestro país en un momento tan crucial. El momento político en España está marcado por dos hechos.

El primero de ellos es el proceso independentista en Cataluña, que es un verdadero desafío a nuestro orden constitucional. El nacionalismo lo ha planteado no sólo como un encaje de sus aspiraciones siempre maximalistas, sino como una ruptura de la legalidad, al dejar a la mitad de la sociedad catalana sin el derecho de ciudadanía. Con el banderín del «derecho a decidir» –prerrogativa que no existe y que la única Constitución que la contempló fue la de la URSS y que, claro está, nunca aplicó–, partidos como Podemos se han sumado a un proceso que quiere someter a referéndum a todos los «territorios históricos» sobre su permanencia en España.

La segunda cuestión es la de partir de que el «régimen del 78» ha llegado a su fin y que todos los consensos establecidos desde la Transición deben saltar por los aires. El partido de Pablo Iglesias ha desarrollado su estrategia en agudizar el antagonismo social, evitando encontrar puntos de encuentro, separando todo lo que nos une. Buenos (ellos) contra malos (los otros). Bajo este radicalismo no es posible reformar la Constitución que, por definición, debe ser la de todos. Aspirar, por contra, a abrir un proceso constituyente que dé por acabada la Carta Magna del 78 es llevar a nuestro país a un escenario radical –copiado de los regímenes bolivarianos– que nada tiene que ver con nuestra realidad social y económica, precisamente en un momento en el que es necesaria la estabilidad.

Por lo tanto, las únicas «líneas rojas» que deben estar claramente marcadas en este momento son las que atañen a la unidad de España, como defensa de la democracia, y contra el aventurismo radical que quiere acabar con el «régimen del 78», que ha sido sobre el que nuestro país ha desarrollado las mayores cotas de bienestar y libertad. Los partidos que concurren a las elecciones del 26-J deben tener muy claro cuáles son sus preferencias para pactar un futuro gobierno y no ocultar en propuestas populistas o bienintencionadas unas medidas que tendrán efectos negativos en el conjunto de la sociedad. La verdadera frontera es la que marca las diferencias entre lo que es una lista de prioridades ideológicas con un programa para gobernar y hacerlo, además, para todos. Estas elecciones son más decisivas, si cabe, que otras anteriores porque nos jugamos el modelo político que queremos aplicar: el de la estabilidad democrática frente al radicalismo rupturista.

Cuando la política es el gran arte de la estupidez
Roberto L. Blanco Valdés La voz  12 Junio 2016

¿Qué tienen en común David Cameron, Artur Mas y Pedro Sánchez? Es fácil: que los tres ejemplifican a la perfección la tercera de las leyes de la estupidez humana formuladas por Cipolla, el gran historiador económico italiano. Según ella, «una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin lograr ninguna ventaja para sí o, para colmo, sufriendo él mismo una pérdida».

David Cameron convocó en el 2014 un referendo sobre la independencia de Escocia del que nadie obtuvo beneficios, pero que a punto estuvo de provocar un terremoto. Tanto que el propio Cameron y muchos otros políticos que lo habían criticado por tan temeraria iniciativa debieron amenazar con que el Reino Unido sufriría una catástrofe si los escoceses lo dejaban. No contento, sin embargo, con haber puesto a su país al borde del abismo, Cameron convocó por su cuenta otro referendo para el próximo día 23, ahora sobre la salida del Reino Unido de la UE, en el que los sondeos vuelven a dar como ganadora a la posición contra la que Cameron combate. Lo que ha obligado de nuevo al primer ministro a anunciar todo tipo de desgracias si triunfa un brexit que jamás se hubiera planteado de no haber adoptado él mismo una decisión de una irresponsabilidad descomunal. Si hay brexit, la cabeza de Cameron rodará antes que ninguna.

Artur Mas fue el primer responsable de conducir a Cataluña al despeñadero en que hoy está: un país políticamente desgobernado y socialmente roto y desquiciado. Por esa locura obtuvo Mas un premio de todos conocido: ser defenestrado por su propio partido después de que lo dejara hecho unos zorros. Por eso Mas ejemplifica mejor aún que Cameron, si cabe, esa segunda ley sobre la estupidez humana, por virtud de la cual uno provoca un daño grave a muchos dañándose a sí mismo.

Todo apunta a que ese será también el caso de Pedro Sánchez tras las próximas elecciones generales. Si se produce el sorpasso que anuncian todas las encuestas, el líder socialista habrá culminado una faena verdaderamente magistral: acabar con su carrera política antes de empezarla de verdad, tras haber conducido a su partido a un desastre formidable, que lo coloca en el camino de acabar como el PSI en Italia o el Pasok griego. Sánchez ha sido como el Santiago Nasar de la Crónica de una muerte anunciada: el único español que no sabía lo que todos los demás veíamos claro como el agua: que iba directo al matadero. Aunque mientras que al pobre Santiago nadie lo avisó de su destino, Sánchez ha sido advertido hasta el cansancio de lo que se le venía encima.

Pese a ello, Sánchez insiste en una política que calificaba mejor que nadie Groucho Marx: la consistente en «buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». Como Cameron. Como Mas. Y como tantos otros que, antes que ellos, han llevado a millones de personas a un naufragio seguro mientras largaban todo el trapo convencidos de navegar hacia la isla del tesoro. El colmo de la estupidez.

Cataluña no puede pagar sus pensiones
Editorial La Razon  12 Junio 2016

En Cataluña saben o deberían saber que la situación financiera del territorio es prácticamente de quiebra. Endeudada hasta la asfixia, sin capacidad para financiarse en los mercados, mantiene los servicios públicos gracias a la necesaria solidaridad del resto del Estado.

Los separatistas podrán vestir la ruina como quieran y siempre al servicio de alimentar su estrategia de inquina a España, pero la bancarrota seguirá ahí. Detrás de este colapso hay varias causas, pero todas ellas gravitan en torno a la manifiesta incapacidad de los últimos gobiernos catalanes, que envolvieron su nefasta gestión en la bandera separatista. Se ha mentido y no poco a los ciudadanos de Cataluña, y siguen en las mismas. LA RAZÓN informa hoy de la factura de las prestaciones sociales en la comunidad autónoma. El llamado Consejo Asesor para la Transición Nacional habló de una Seguridad Social con superávit en Cataluña y de un aumento de las pensiones tras la independencia al no tener que socorrer al resto del país. Pero no. Los números no cuadran porque son falsos.

El crudo panorama es que Cataluña recibe en prestaciones de Empleo y Seguridad Social más de lo que aporta, En concreto, casi 20.000 millones más entre 2012 y 2016. Que los separatistas hablen de la comunidad como un contribuyente neto en estas partidas es parte de su monumental estrategia de manipulación. Juegan con el futuro de los ciudadanos y estos deben saber el peligro al que están expuestos.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Luego no os quejéis del monstruo que habéis creado
EDUARDO INDA okdiario   12 Junio 2016

Alemanes y no alemanes se suelen preguntar cómo pudo llegar al nazismo la nación de Gutenberg, de Lutero, de Kant, de Beethoven, de Bach, de Einstein o del superlativo Goethe. Cómo una de las naciones más cultivadas del universo pudo caer tan bajo quedando deslumbrada por un demagogo de quinta. Misterios que tiene la vida. Pero ocurrir, lo que se dice ocurrir, ocurrió. Lo de menos, desgraciadamente, es el cómo; lo de más, el qué.

Estadounidenses y no estadounidenses alucinan víctimas de su propia impotencia cómo puede llegar al trumpismo la nación de Washington, Lincoln, Ford, Allan Poe, Walt Whitman, Kerouac, Disney, Jobs, Kennedy, Martin Luther King o Rosa Parks. Cómo la nación más poderosa, fructífera y libre de la historia está siendo deslumbrada por un verborreico patán. Chi lo sa. Pero ocurrir, lo que se dice ocurrir, puede acabar ocurriendo salvo milagro clintoniano. Lo de menos, desgraciadamente, es el cómo; lo de más, el qué.

Franceses y no franceses se interrogan cómo puede acabar en el lepenismo la nación de Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Stendhal, Victor Hugo, Descartes, Pasteur, Juana de Arco o De Gaulle. La nación de La Marsellesa. Cómo el país que se atrevió a encender la luz de un mundo oscuro puede acabar sumergida en las tan totalitarias como repugnantes arenas movedizas de Marine Le Pen. Manda narices que la nación que alumbró el racionalismo, es decir la primacía de la razón frente a la fe, la autoridad o la irracionalidad, no halle explicación empírica a tamaña deriva. Pero ocurrir, lo que se dice ocurrir, puede acabar ocurriendo. En menos de un año la hijísima puede ocupar El Elíseo. Lo de menos, desgraciadamente, es el cómo; lo de más, el qué.

Italianos y no italianos se cuestionan cómo ha podido caer tan bajo la nación de Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Donatello, Garibaldi, De Gasperi, Maquiavelo, Colón, Américo Vespucio, Verdi o Puccini… que se dice pronto. Cómo la nación del Renacimiento está ya con pie y medio en ese populismo payasesco que es el Movimiento Cinco Estrellas del bufón profesional Beppe Grillo. En Roma, en la capital del Imperio, fueron la fuerza más votada hace escasos siete días en la primera vuelta de las municipales. De momento, no parece que vayan a gobernar Italia, pero estaban muertos y ahora han resurgido inexplicablemente de sus cenizas cual Ave Fénix. Lo de menos, desgraciadamente, es el cómo; lo de más, el qué.

España no es una excepción que confirme la regla de un auge imparable de unas corrientes políticas a cual más peligrosa. Todas ellas contienen un común denominador: esa demagogia que es como un chicle que puedes estirar hasta el infinito. Te inventas un enemigo real o inventado, prometes lo imposible (dinero para todos, borrar de un plumazo la corrupción y crear puestos de trabajo como churros) y llegas al poder más rápido de lo que Usain Bolt recorre 100 metros. El problema es que lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible, que decía el Guerra bueno. El crecimiento exponencial de Podemos demuestra que no somos una isla sino una parte más de este océano de patrañas y alucinación colectiva, un cóctel que siempre acaba de la misma manera, o muy mal o peor.

Que Podemos en general y Pablo Iglesias en particular pueden estar en dos semanas en Moncloa ya no es una locura de Inda y tres o cuatro más, llámese Rojo, Herrera, Marhuenda o Jiménez Losantos. El Centro de Investigaciones Sociológicas muestra y demuestra que si no es a la segunda, es decir, el 26-J, pueden asaltar el cielo a la tercera. Es más, si de aquí a 14 días el PSOE se va por el desagüe no es descartable ni mucho menos que acaben siendo la primera fuerza política en votos y escaños. Lo cual no tendría nada que objetar si se tratase de una formación impecablemente democrática. La alternancia es el mejor antídoto contra la corrupción y la esclerosis institucional.

El drama es que hablamos de un proyecto político que loa y coquetea con una banda terrorista ETA que se resume dramáticamente en 850 asesinatos, que está financiado por dos satrapías (Venezuela e Irán), que lo dirige un tipo (Pablo Iglesias) con cuentas en un paraíso fiscal (Granadinas), que está integrado por terroristas y filoterroristas como Alfon o Pablo Hassel, que quiere disparar el gasto público en 60.000 millones, que planea una subida de impuestos a la estratosfera considerando “ricos” a quienes se embolsan más de ¡¡¡60.000 euros brutos al año!!! y que con su victoria provocará un desplome de la Bolsa del 50% y una fuga de capitales de ésas que dejan a un país tiritando y a tiro de piedra de la bancarrota.

Lo más preocupante de todo no es que estén, que en democracia pueden estar hasta los enemigos de la propia democracia. Lo más delirante es que cuentan con bula papal. Se les perdona todo. Que se les descubre una corruptela, tranquilos porque será mentira sí o sí: los podemitas nunca roban. Que se niegan a pedir la liberación de los 2.000 presos políticos que hay en Venezuela, se mira hacia otro lado y aquí paz y después gloria. Lo que suceda en Venezuela es problema de los venezolanos, como si la libertad no fuera un derecho universal y se pudiera compartimentar. Que el líder morado suelta que el padre de la Teoría de la Relatividad es Newton, que en Andalucía hubo un ¡¡¡referéndum de autodeterminación!!! en la Transición o que la obra maestra de Kant es La ¡¡¡Ética!!! de la Razón Pura, tampoco pasa nada porque todo dios saldrá a relativizar (y nunca mejor dicho) el gazapo con el cantoso argumento de que “todos somos humanos”.

Lo mismo ocurre cuando exhibe un machismo fascistoide con Andrea Levy o Ana Romero, cuando se alía con los proetarras en Navarra o con los independentistas en Cataluña, cuando invita al auditorio a “dejarse de mariconadas y salir a cazar fachas” o cuando se autocalifica de “socialdemócrata” un sujeto que habrá subrayado no menos de 200 veces que es “comunista”. La cosa es tan dadaísta que se le ha llegado a presentar poco menos que como un semental en uno de esos programas ad maioren gloriam.

Lo he destacado mil veces pero no me resisto a hacerlo mil y una. Cuando una sociedad considera normal lo anormal, moral lo amoral, ético lo antiético e intelectual lo banal, es que va directita al precipicio. La culpa, sin embargo, no es de Pablemos y cía. La culpa es de quienes desde los medios y desde el poder han creado este monstruo. Los unos porque ayudaba a crecer ventas y los otros porque había que hacer desaparecer del panorama político a un Partido Socialista que, por cierto, es un partido homologable al que gobierna en Francia, en Alemania y en no pocos países modernos y avanzados de nuestro entorno. La ideología de Brandt, de Palme, de Kreinsky o de González.

Estos mismos personajes no dudan en calificar de “genio” al personaje de la coleta. Con buena p****, bien se f****, que afirman los chelis. Si a nosotros nos dan 30 millones de euros no metemos a OKDIARIO en el top 8 de los diarios nacionales en siete meses, lo colamos entre los tres primeros de la fila. Cuando te llaman todos los medios habidos y por haber, cuando todos te ríen las gracias, cuando muy pocos te ponen en aprietos, cuando nadie te saca las vergüenzas, cuando te llaman hasta guapo no siendo precisamente Adonis, cuando el acriticismo (es decir, la antítesis del criticismo kantiano) es total, lo extraño no es que tengas 80, 90 ó 100 diputados, lo extraño es que no estés cerca de la mayoría absoluta.

La irresponsabilidad de unos y de otros ha convertido a la hormiga en un pitbull. Que luego nadie se queje cuando nacionalicen o cierren medios privados o cuando cercenen el sistema de libertades que nos regalamos en 1978 tras 40 años de dictadura. Éstos son chavistas puros y duros. No han venido a gobernar sino a quedarse el poder. Venezuela era la perla de Sudamérica hace no más de 20 años y hoy es un Estado en el que se pasa hambre, en el que pensar diferente supone la cárcel y en el que la inflación supera de largo el 1.500% anual. Que luego no lloren cuando se tengan que ir con su pasta a otro lado, cuando les metan un IRPF del 55% o un Impuesto de Sociedades del 30%, cuando les hagan la vida imposible, cuando se queden en la oposición hasta el Día del Juicio Final o cuando se creen leyes para nacionalizar o robar la propiedad privada, cuando se restrinja la libertad de expresión o cuando se troceen grupos editoriales, radiofónicos o televisivos. Éstos no tienen amigos, entre otras razones, porque buscan el enfrentamiento civil. Sus idealizados Marx y Lenin lo pudieron expresar más alto pero no más claro: “Los capitalistas nos venderán la soga con la que les ahorcaremos”. El destino está escrito en las estrellas y la tontuna patria en el refranero: “Cría cuervos que te sacarán los ojos”.

El 'derecho a decidir' de Podemos agrieta España
EDITORIAL El Mundo  12 Junio 2016

La euforia se ha instalado en Unidos Podemos, la coalición de izquierdas que lidera Pablo Iglesias, por las buenas previsiones electorales que les auguran las encuestas. Sin embargo, lejos de provocarles un mínimo sentido de la responsabilidad el importante papel político que presumiblemente les corresponderá en el Parlamento que salga de las urnas el 26-J, los dirigentes de Podemos acentúan su perfil más populista y agitan el discurso más insensato político y económico.

Si en la presentación de su programa, días atrás, camuflaban tras el trampantojo de un catálogo de Ikea medidas disparatadas que tendrían un coste mínimo de 60.000 millones más de gasto público y el incumplimiento de los objetivos de déficit pactados con Bruselas -lo que nos situaría directamente en un escenario de bancarrota-, ayer Iglesias y los suyos fueron todo lo más lejos que se puede ir en la locura de prometer que si llegan al Gobierno facilitarán un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

No son cuestiones baladíes. Todo lo contrario. Tanto el propósito de dinamitar las bases de la recuperación económica, cuando España aún está apenas saliendo de la peor crisis en décadas, como -todavía más grave- la irreflexiva defensa de los supuestos "derechos nacionales catalanes" en contra del marco constitucional vigente, son cuestiones muy delicadas. Y, dado que los sondeos apuntan a que Unidos Podemos está en disposición de convertirse en la segunda fuerza política de nuestro país, es innegable que estamos ante un grave problema político.

En el mitin de ayer en Barcelona, Pablo Iglesias volvió a retorcer de forma perversa el lenguaje. "Vamos a respetar vuestro derecho a decidir porque somos demócratas. Queremos que en Cataluña haya un referéndum y que los catalanes y catalanas decidan su futuro", espetó a los congregados. La verdad es justo la contraria. Demócratas son quienes respetan las normas de la democracia;no quienes se las saltan a su conveniencia. Y las reglas, ésas que nos damos y cambiamos -llegado el caso- entre todos -no sólo unos pocos en nombre de los demás-, son muy claras.

Ni en España ni en ningún país democrático del mundo existe tal derecho de autodeterminación en una de sus regiones. Como politólogos que son casi todos los miembros de la cúpula de Podemos, deberían saber que ese derecho sólo está consagrado para territorios en proceso de descolonización, conforme a las convenciones de Naciones Unidas. No es desde luego el caso de Cataluña, que goza de un sistema de libertades democráticas plenas y no es colonia de ningún imperio. E igualmente tramposas resultan las apelaciones a las consultas en lugares como el Quebec canadiense o Escocia, no sólo por las diferencias de calado histórico, sino porque esos procesos siempre han sido reglados desde los parlamentos nacionales. En Cataluña, en cambio, quienes hoy pretenden la independencia aspiran a una ruptura ilegal y unilateral, al margen del marco general español.

Es tan triste como peligroso que, con tal de llenar la cesta de votos en determinadas comunidades autónomas, Podemos contribuya a recrudecer el mayor desafío político que enfrenta hoy nuestro país. Y eso que aspiran nada menos que a gobernar España. Curiosa meta cuando ni siquiera creen en la soberanía nacional y, en cambio, defienden soberanías cuarteadas como las de los antiguos reinos de taifas, tal como dejó claro ayer en el mismo mitin la alcaldesa Ada Colau, quien hizo una encendida defensa a ejercer "la soberanía" por parte de la nación catalana.

Y como muestra de que vivimos en el mundo al revés, casi a la misma hora varios radicales de la CUP -la formación anticapitalista y antisistema que permitió la investidura del president Puigdemont- intentaron ayer boicotear otro mitin en la Ciudad Condal, en este caso de Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Al grito de "¡Independencia!" y lanzando papeletas en las que se insta a "romper España", el grupo de escracheadores violentos demostró una vez más cómo se han radicalizado los intolerantes que pretenden construir una República catalana excluyente, por las vías que sean. Son los mismos totalitarios que no dudan en agredir a jóvenes por llevar camisetas de apoyo a la selección española, como hemos visto estos días.

El drama es que se haya llegado a este escenario de radicalización y sinsentido y que una formación como Podemos, en vez de empezar a articular un discurso con un mínimo de sentido de Estado, contribuya a echar más leña al fuego.

El Govern deberá pagar las costas
La Justicia da la razón a Intereconomía frente a la Generalitat
El juzgado de primera instancia número 12 de Barcelona ha desestimado la demanda que presentó la Generalitat de Cataluña contra Intereconomía TV por las críticas a la deriva separatista catalana en septiembre de 2013.
Gaceta.es  12 Junio 2016

El juzgado de primera instancia número 12 de Barcelona ha desestimado la demanda que presentó la Generalitat de Cataluña contra Intereconomía TV en un proceso en el que el representante legal de este grupo de comunicación fue Juan José Aizcorbe. La demanda se llevó a cabo por las críticas a la deriva separatista catalana en la semana del 10 al 17 de septiembre de 2013, coincidiendo con la Diada que dio inicio al proceso rupturista. Ahora el Gobierno catalán deberá pagar las costas del procedimiento. En el caso también ha sido absuelto el periodista Federico Jiménez Losantos, conductor del programa “Es la Mañana de Federico”.

Intereconomía TV se opuso a la demanda por falta de legitimación activa considerando que el "Poble Català" no es ninguna persona física ni jurídica sino un colectivo sin personalidad incapaz para accionar en defensa de su honor y argumentando y que no se cometió ninguna intromisión al honor sino el simple desarrollo de las propias ideas y opiniones por parte del periodista. En la sentencia, aún admitiendo desde el punto de vista teórico que esta figura pueda tener en determinados casos "una dimensión social o colectiva", se deja claro que las críticas en ningún caso pueden considerarse dirigidas a todo el pueblo catalán, dada su "naturaleza heterogénea".

En este sentido, la sentencia señala que "no cabe identificar" a los separatistas con el término "pueblo catalán", razón por la cual desestima la demanda: "el colectivo hipotéticamente afectado no soporta una completa identificación con el ‘Poble catalá’, por ello, no hay una correcta identificación subjetiva de la dignidad que se dice ultrajada, lo que impide considerar efectivamente que todos sus miembros -los catalanes- fueron efectivamente ofendidos".
 


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