AGLI Recortes de Prensa   Lunes 13 Junio  2016

Análisis de las propuestas electorales (II): PSOE
Roberto Centeno El Confidencial 13 Junio 2016

Hoy quiero analizar el pensamiento del PSOE o, lo que es mejor en este caso, lo que han hecho cuando han gobernado. Ha ocurrido en tres ocasiones: 1931, 1982 y 2004, así como el programa que presentan en esta ocasión. Todas las encuestas pronostican un desastre por la insólita decisión de Sánchez -cuya estupidez solo es superada por su ambición- de someterse a una investidura que no podía ganar, mientras Iglesias se partía de risa al ver cómo había caído en su burda trampa. Que un tonto quiera ser presidente del Gobierno en lugar de pasar a la irrelevancia política y social, se puede entender. Que los barones socialistas se lo hayan permitido antes y reincidan ahora es incomprensible. Han puesto en riesgo cierto el futuro del PSOE, una ceguera que se convertirá en error histórico.

Pero antes, dado que la propuesta central de los cuatro grandes partidos es subir impuestos -tres explícitamente y otro mintiendo como bellacos diciendo que no-, incrementar gasto y contratar cientos de miles de enchufados públicos -200.000 el PSOE y dos millones IU-, tengo que volver a subrayar la canallada histórica que esto supone para el cuarto país de la OCDE con mayor presión sobre las familias y sobre el trabajo, porque esto no afecta a un partido, nos afecta a todos. Pero es mucho peor aún, porque la carga fiscal que soportan las familias más pobres en España es mayor que la que soportan las familias más ricas, y solo ligeramente inferior a las muy ricas, lo que no sucede en ningún otro país del planeta.

Es lo que demuestra un nuevo estudio de FEDEA (1), según el cual las rentas más bajas, los mileuristas (hasta 11.584 euros de renta bruta), pagan de media el 28,1%, la cifra mas alta del mundo desarrollado, básicamente por el IVA, que es el impuesto más regresivo del sistema fiscal. Los tramos de renta siguiente pagan algo menos y hay que subir hasta el tramo entre 62.447 y 133.721 euros para llegar a una carga fiscal similar a la de los más humildes, ¡un 29,9 %! Solo las rentas realmente altas, entre 133.721 y 438.728, pagan algo más, un 33,1%. Decir que la izquierda representa el progreso y los intereses de los trabajadores es un dislate total: cuando esta gobierna, solo hay dos cosas que aumentan: la incompetencia y la miseria, en las tres ocasiones que han gobernado España la han llevado al desastre.
La experiencia histórica

Solo el hecho de que los españoles seamos un pueblo tan ignorante como desinformado, víctima ideal de la demagogia y de la mentira, puede explicar su persistencia en el error cuando vota algo que será su propia ruina. De nada le sirve la mala experiencia del pasado. Vuelve a repetirla. En 1931, cuando se proclama la República y el PSOE se hace con el poder, España había alcanzado un grado de prosperidad como jamás en el pasado. Lo lógico en cualquier Gobierno sensato habría sido conservar todo lo bueno y cambiar al menos bastante de lo malo. No harían nada semejante, lo primero fue derogar todo lo anterior paralizando en seco el crecimiento, lo segundo, nombrar a unos necios al frente de los ministerios económicos, lo que les daría la puntilla.

En palabras del profesor Velarde, uno de los grandes economistas españoles, “la II República fue un auténtico desastre en lo económico. España era entonces un país eminentemente agrícola, una importación disparatada de trigo de Argentina -decidida por Marcelino Domingo, ministro de Agricultura del que Alcalá-Zamora decía que estaba tan ayuno de preparación que no sabía distinguir el maíz de las algarrobas- y la puesta en marcha de una reforma agraria demencial, hundió el poder de compra de parte esencial de nuestra población”. Otro irresponsable: “Álvaro de Albornoz, ministro de Fomento, paralizó la política de obras públicas, lo que produjo una crisis masiva en la siderurgia y demás industrias básicas, lo que remató el desbarajuste económico”.

“Para comprobar en la práctica lo que supone un Gobierno progresista, nada como analizar lo que ocurrió a partir del 14 de abril de 1931”. El paro y el hundimiento de la renta per cápita fueron las consecuencias mas visible. “Después de haberse logrado el pleno empleo -3,9 millones de asalariados- en la dictadura de Primo de Rivera, en diciembre de 1935 el paro llegaba al 14,8%, para una renta per cápita de 100. El último año de Primo de Rivera, 1930, esta era de 90, el fin del binomio azañista-socialista” . De ellos escribiría Azaña: “Realizaron una política tabernaria, incompetente, de amigachos y de botín, sin ninguna idea noble. La primera experiencia de gobierno socialista hundió económicamente a la nación y políticamente intentaron el aplastamiento de la media España que no pensaba como ellos, lo que llevó a la Guerra Civil".

De nuevo, en 1982, después de que ese desastre llamado Suárez pusiera en marcha la desintegración y el saqueo de España con el “todos café” y el Estado de las autonomías, el golpe frustrado del 23-F llevó en volandas a González, financiado por la socialdemocracia alemana, a La Moncloa. Un colaborador de 'El País' se asombraba el lunes pasado ante la desafección masiva (92%) de los españoles hacía el régimen político, porque “si echamos la vista atrás, vemos los enormes esfuerzos para modernizar España que venía de 40 años de dictadura”. ¡Realmente inaudito! Es el auténtico imperio de la mentira. ¿De qué modernización habla? Y no es una opinión aislada, es la gigantesca patraña construida por la oligarquía política y mediática, y cuando alguien pretende contar la verdad, se le tacha de franquista y se le proscribe sin más de los medios.

En 1975, España era la octava economía del mundo, tenía un renta per cápita equivalente al 81,6% de la de los nueve países centrales de Europa que entonces constituían la CEE, la producción industrial era el 36% del PIB, el sistema de enseñanza público, el tercero mejor de Europa, y la cualificación de la Administración, gracias a un sistema riguroso y transparente de oposiciones y a los cuerpos de élite, la mejor que había tenido España en toda su historia. Todo esto sería literalmente destruido por el Gobierno socialista de Felipe González.

Sus “enormes esfuerzos para modernizar España” nos harían retroceder seis puestos en potencial económico hasta el lugar 14º, hundirían el PIB per cápita 10 puntos respecto a la media de los nueve centrales de la CEE, destruirían la industria con la llamada 'reconversión industrial' para entrar en la UE como fuera, hasta reducirla al 15% del PIB, y aniquilarían el sistema público de enseñanza, que ha dejado de ser el ascensor social que fue en el pasado. Sustituyeron las oposiciones por la endogamia y la militancia de izquierdas, el conocimiento dejó de importar. A día de hoy, el 80% del profesorado universitario no está capacitado para enseñar las asignaturas a su cargo. Esto es modernizar España y lo demás, puro franquismo.

El segundo Gobierno socialista se saldó con un desastre económico. González, que había prometido crear 800.000 empleos, destruiría 1,4 millones, pero como las CCAA contratarían a 1,3 millones de enchufados, la destrucción de empleos privados sería de 2,7 millones. La reforma educativa aniquiló la cultura del esfuerzo, del respeto a los profesores y del trabajo bien hecho, convirtiendo muchas universidades públicas en gigantescas fábricas de parados. Y la herencia económica fue penosa: el paro ascendía a 3,7 millones de personas, el 23% de la población activa (desde el 3 % en 1975). El déficit público, el 6,7 % del PIB;la deuda, el 70% (7% en 1975); la inflación, del 4,3%, y los tipos a largo plazo, al 11%. El socialismo volvía a batir récords de ruina para los españoles.

Y luego llegó Zapatero, un necio, malo y felón, con quien todo lo que podía ir mal fue mal. Zapatero jamás supo por qué la economía crecía en la primera parte de su mandato y mucho menos por qué se hundía después. Zapatero fue una plaga bíblica para España y para los españoles, el daño producido y luego acentuado por Rajoy -algo que parecía imposible- tardará generaciones en recuperarse. E incluso lo que ha dividido (aceptar el Estatut sin leérselo, la impunidad total el ante incumplimiento de la ley y la violación sistemática de los derechos humanos en Cataluña) puede no recomponerse nunca. Nos ha hecho retroceder varias generaciones en lo económico, en lo moral, en lo social, en la cohesión territorial, en nuestro papel en el concierto internacional y en la unidad de la patria.
El programa del PSOE para el 26-J

Y ahora llega un tal Sánchez, más ayuno en preparación que todos los líderes socialistas anteriores, lo que ya es decir, y afirma sin sonrojarse: “Tenemos proyecto, equipo y líder para gobernar el país inmediatamente después de las elecciones”. Este es el programa: lo primero, como todos los gobiernos socialistas del pasado, derogar lo anterior sin pararse a pensar un segundo si es bueno o si es malo; lo segundo, subir impuestos a la clase media y trabajadora para seguir financiando el despilfarro político, subir el gasto y crear 200.000 nuevos enchufados públicos con un coste de 7.000 millones de euros año.

A los pensionistas les engañan diciendo que van a garantizar las pensiones con un “impuesto solidario”, un invento de Jordi Sevilla, el que enseñó economía a Zapatero en dos tardes. Según el 'profesor', serán 1.500 millones de Sociedades, 1.000 de grandes fortunas y 1.000 de impuestos medioambientales, o sea, IVA camuflado, sobre los más pobres, total 3.500. ¿Pero, hombre, Jordi, es que ya no sabes sumar? El agujero de las pensiones será este año de más de 20.000 millones y en 2017, de más de 25.000; con 3.500 millones no tienes ni para pipas. Eres un tramposillo, Jordi, y piensas que los pensionistas son imbéciles, pero lo que no vas a poder hacer es pagarles las pensiones.

¿Qué tal si probáis mejor acabar con las duplicidades entre AAPP, cerrar los miles de empresas públicas inútiles, acabar con los 20.000 asesores que no asesoran o con los coches oficiales de los que hay mas que en EEUU? Eso son más de 50.000 millones de despilfarro puro y duro, con ello puedes pagar a los pensionistas, bajar impuestos y hasta tomarte una cervecita con gambas. Pero, claro, si tenéis enchufados a cientos de miles de familiares y amigos, no los vais a poner en la calle, así que túu como Rajoy: “Eso ni se toca”. La siguiente gran oferta socialista es el plan contra la explotación laboral, ciertamente un imperativo ético pero un engaño a los explotados. Dicen que esto hará que los trabajadores dispongan de 2.500 millones adicionales de masa salarial, que Hacienda ingrese 1.200 millones y se creen 78.000 empleos. Lo que va a suceder es que los empresarios reducirán actividad; con una situación tan incierta, pensar que va a contratar mas gente es ciencia ficción.

Y lo mas grave de todo. Mientras nuestra ignorante y mentirosa clase política se dedica a engañar a los electores con todos sus medios, el entorno no puede ser más inquietante. El riesgo de un desplome de las bolsas es cada vez mayor, ¿hasta dónde pueden llegar los rendimientos negativos de los bonos sin provocar un colapso financiero? ¿Y el Brexit cada vez más probable? Si sucede, el crecimiento se frenará, la UE perderá su segundo contribuyente neto y tendrá que reducir las ayudas agrícolas y estructurales. España está quebrada, solo los préstamos ilimitados del BCE nos mantienen artificialmente, ¿hasta cuando? Sumen a esto un Gobierno de Frente Popular IU/Podemos, PSOE y separatistas, y la crisis pasada les parecerá una broma. Sufriremos las consecuencias el resto de nuestras vidas y, lo que es peor, sobre todo las sufrirán nuestros hijos.

(1) Fundación de Economía Aplicada. Estudio elaborado por Julio López, Carmen Marín y Jorge Onrubia a partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE.

La vil estrategia de Rajoy para conservar el poder
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 13 Junio 2016

Si uno consulta las últimas encuestas, incluidas las del CIS, deberá llegar necesariamente a la conclusión de que la convocatoria de nuevas elecciones está siendo un absoluto desastre estratégico para el Partido Popular. La inmensa mayoría recogen que la suma de escaños PP-Ciudadanos será inferior a la de los comicios del 20-D, y si en aquel entonces fue imposible pactar un Gobierno, ¿por qué iba a ser ahora distinto con una izquierda envalentonada por el posible aumento de votos y escaños?

En Génova, más allá de una cierta inquietud cuasi adolescente, no parece cundir el desánimo. De hecho, la sensación que transmiten a la mayoría de los medios es la de que están seguros de poder gobernar tras el 26-J. Acaso algunos lo atribuyan a la expectativa de movilización del llamado voto del miedo: a saber, que el día de las elecciones, y ante el riesgo creciente de un Gobierno de Podemos, los votantes desencantados del PP vuelvan al redil del que jamás deberían haber salido. Pero este análisis presenta dos problemas: el primero es que el PP ya lo fio todo a esa movilización del voto del miedo en los comicios del 20-D y fracasó estrepitosamente; el segundo, que el éxito de esta movilización contendría las semillas de su propio fracaso: muchos de los sufragios que sería capaz de capturar por esta vía el PP procederían de Ciudadanos, algo que podría ser incluso contraproducente en el reparto de escaños, al arrojar menos diputados globales para la suma PP-Ciudadanos.

Entonces, ¿por qué el PP sigue tan confiado en qué gobernará tras el 26-J? Dado que nadie se halla en las cabezas de los cuadros populares, sólo podemos especular al respecto, pero hay una hipótesis que, en vista de la reacción y del comportamiento de muchos de esos dirigentes, sí parece bastante verosímil: su esperanza de que podrán aprovechar el sorpasso de Podemos para forzar la abstención del PSOE ante una eventual sesión de investidura de Rajoy.

El itinerario del triunfo popular discurriría así: en el 26-J, Unidos Podemos supera al PSOE en votos y escaños; tras esta histórica derrota, Pedro Sánchez dimite ipso facto como secretario general de los socialistas; el PSOE, descabezado y desorientado hasta la celebración de un congreso extraordinario que redefina su espacio electoral, cae bajo el control transitorio de los dirigentes históricos, que, a su vez, son la rama más dura y contraria al entendimiento con Unidos Podemos; el PSOE, con el pretexto de que tiene que redefinir su proyecto ideológico, se niega a entrar en un Gobierno muy ideologizado de la mano de Unidos Podemos y se abstiene –hundido, desarmado y deslegitimado– ante una investidura de Rajoy para evitar que se convoquen unas terceras elecciones.

Por supuesto, el camino no está completamente despejado: cabe la posibilidad de que Unidos Podemos y PSOE sumen mayoría absoluta (o la sumen con la abstención de partidos no independentistas) y que Pedro Sánchez intente salvar su carrera política entrando a cualquier precio en el Gobierno; también es posible –y muy probable– que, aun cuando los socialistas se abstuvieran para facilitar un Gobierno en minoría del PP, exigieran al menos el cese de Rajoy. Sin embargo, y a pesar de estos obstáculos (que a su vez podrían esquivarse: por ejemplo, Rajoy podría no aceptar su cese y amenazar al PSOE con unas terceras elecciones, que certificarían su extinción política), las perspectivas de poder de los populares no son necesariamente malas.

Por eso el PP se muestra confiado y por eso se muestra tan complaciente con el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE. Rajoy jamás quiso desactivar a Podemos –lo que probablemente habría logrado absteniéndose en la investidura de Pedro Sánchez y controlando desde el Parlamento sus iniciativas gubernamentales–, más bien ha jugado a alimentarlo y potenciarlo para fraccionar el voto de izquierdas. A su vez, Unidos Podemos se ha dejado querer por el PP (por eso tampoco se abstuvo en la investidura de Sánchez para desalojar a Rajoy de la Moncloa): su objetivo en estas próximas elecciones no es necesariamente alcanzar el poder, sino convertirse en la fuerza hegemónica dentro de la izquierda para, una vez fagocitado el PSOE, como ya ha fagocitado a Izquierda Unida, asaltar verdaderamente el cielo monclovita en los siguientes comicios.

La pinza PP-Unidos Podemos, pues, funciona así: el PP se apoya en Unidos Podemos para retener el poder a corto plazo (destruyendo al PSOE y forzando su abstención) y Unidos Podemos se apoya en el PP para alcanzarlo en el medio plazo (fagocitando al PSOE y aglutinando todo el voto de izquierdas). Un cambalache donde lo prioritario no son los abstractos intereses generales de los españoles, sino los muy concretos intereses personales de los dirigentes de ambas formaciones políticas. El PP, con tal de permanecer en el poder unos trimestres más (la legislatura será en todo caso corta, dado que un Gobierno del PP en minoría ni siquiera podría sacar adelante los presupuestos de 2018), está dispuesto a entregar a medio plazo las instituciones políticas españolas al populismo más liberticida de Unidos Podemos. La Moncloa, para Rajoy, bien vale podemizar España.

Debate Económico, dos modelos: magia o cordura
Daniel Lacalle El Espanol 13 Junio 2016

“I've put thorns in your feet, I spread plague in the streets, I've sprung traps, confused maps… chasing the crown” Bernie Taupin

Pocas veces en la vida he visto un debate económico más pobre. Al principio, La Sexta nos enseñó imágenes de otros eventos similares en Francia o Reino Unido. Yo he tenido la suerte de ver muchos de los que se mostraron y lo primero que pensé fue “en ninguno de ellos los programas económicos se basaban en estimaciones mágicas de ingresos y subidas masivas de impuestos”.

Una pena no haber podido escuchar a Luis Garicano en un entorno donde se encontrase más a gusto. Perdió mucho por encontrarse nervioso y centrar sus mensajes en temas no explícitamente económicos. A Ciudadanos les pierde su obsesión con eliminar las deducciones fiscales y diputaciones, sin adentrarse en qué se haría con los trabajadores de las mismas y, sobre todo, la vertebración territorial y apoyo a los pequeños pueblos. Pensar que eliminar las deducciones fiscales no tiene un efecto importante en la inversión es complicado. Faltó convicción y aplomo a la hora de explicar el contrato único para romper la dualidad temporal, pero sí estuvo claro a la hora de dejar claro que el mal llamado impuesto de solidaridad del PSOE no soluciona el problema de las pensiones. Confiar en un sistema sostenible a largo plazo con mayor crecimiento económico es lo lógico.

Alberto Garzón fue simplemente impresentable. Se inventó datos (crecimiento de España en 2013 y 14, por ejemplo) y puso como ejemplo a países y regiones que han hecho lo contrario a lo que él exige. “Queremos ser como Alemania donde trabajan menos y ganan más”. Se olvidó de la década de austeridad, de los minijobs, del modelo exportador en contra del cuento de estimular la demanda interna, de la flexibilidad laboral y del apoyo a la iniciativa privada, pero aún más de la rigidez presupuestaria, déficit cero a nivel estatal y regional. En eso no, no quiere ser “Alemania”.

Curiosamente, otro modelo que mencionó, el País Vasco, no puede estar más alejado de su arcadia feliz comunista de Unidos Quebremos y sus entelequias de ingresos fiscales de ciencia ficción por impuestos a “los ricos”.

El País Vasco es lo contrario a lo que él promueve. Una región que llevó a cabo una enorme reconversión industrial, cerrando centenares de empresas subvencionadas obsoletas, y ha cambiado su patrón de crecimiento desde una fiscalidad baja y apoyo a la iniciativa privada. Pero Garzón promete las mismas políticas que Syriza ofrecía en Grecia, y tendría el mismo resultado. En el año que llevan gobernando Unidos Quebremos, su modelo es más impuestos, menos crecimiento, más déficit y fuga de empresas.

Un modelo basado en la inversión pública que es en realidad otro Plan E a lo bestia pero llamándolo “verde”, volver a los elefantes blancos y la manida banca pública. Total, rescatar a las cajas públicas solo nos ha costado 63.000 millones… Repetir (lean los mitos de la banca pública).

Que Garzón hable de miles de millones de gasto y relajación en la consolidación presupuestaria cuando han votado (IU, Podemos, Bildu, el Frente Nacional y otros) en Estrasburgo en enero de 2016 a favor de salir del euro es una broma de mal gusto. Présteme más, verá qué risa cuando no le pague.

Primera medida a tomar: plan de emergencia social, paralizar todos los desahucios. Divertido, en Madrid, su coalición lleva ya 1.060 desahucios en 2016 y tiene a 443 familias sin casa por una decisión ideológica... Y la emergencia social en Barcelona es pagarle conferencias a Varoufakis.

Pero ya es para morirse de risa oírle decir que las pensiones deben indexarse al IPC,… no sabía el dato del IPC, que es negativo y hubiera hecho que las pensiones se rebajaran un 1% este año.

Por supuesto, la falacia de la caída del gasto social -que se ha mantenido intacto- la desigualdad y el rescate a “los bancos”, cuando lo que se ayudó fue a las cajas, volvieron.

Jordi Sevilla es una de las personas mejor preparadas de nuestro país y en el debate y trabaja en una de las empresas que mejor ha demostrado el impacto depresor y negativo de la fiscalidad conficatoria. Se le notaba que no se cree mucho su propio programa (la podemización del PSOE). Le tocaría exigir derogar la reforma laboral que ellos implementaron en 2010 y hablar de datos de temporalidad y precariedad que se daban en igual medida, o superiores, en 2007 con su gobierno. Decir que el déficit en su gobierno era por la crisis y ahora por mala gestión es cuando menos un mal subterfugio para un gran profesional. Recordemos que dejaron un déficit oculto de 30.000 millones y facturas impagadas por más de 45.000 millones y un rescate a cajas (63.000) y comunidades autónomas (40.000) que se podrían haber evitado.

Subir impuestos a mansalva es la fórmula del desastre. Pero esa famosa imposición “ecológica” y subida de indirectos la pagará todo el mundo, de ricos nada. Subir los tipos mínimos de impuesto de sociedades al 15% es irrelevante en ingresos. Las grandes empresas pagan un 26%. La “media” que hace que parezca menos viene por los bancos, y si va a forzar a los bancos a perder los DTAs (deferred tax assets) prepárense ustedes a un dominó de quiebras. Los impuestos al capital, como los anteriores, siempre suponen una recaudación mucho menor a los esperado. En un país donde la media de error en estimaciones es del 1-1,3% del PIB según el BCE, significa más déficit, más paro, menos empresas y menor crecimiento.

De Guindos tuvo el papel más difícil. Todos contra el PP, incluido un momento en que el propio programa ponía datos de precariedad curiosos (porcentaje de contratos temporales de un año en vez de total). España ha salido de la recesión creciendo y creando empleo, y ese es su principal argumento. Su política es continuista y defendió las bajadas de impuestos como necesarias para mantener el crecimiento, y no le falta razón pero es claramente complicado defenderlo sin explicar por qué se subieron antes y sin reconocer que hay que devolver esfuerzo a los españoles porque, entre otras cosas, esas subidas del pasado tuvieron un efecto recaudatorio limitado. Generar confianza y estabilidad como pilares de su política. Es curioso, pero fue el único en pronunciar estas dos palabras.

Se crea empleo bajando los impuestos, y tiene razón. Es esencial explicar una y otra vez por qué ahora es diferente y que es falso que nos vayan a poner una multa “por bajar impuestos” (vean) . Un plan integral y basado en la credibilidad internacional, que favorezca fiscalmente la contratación indefinida y recupere los objetivos de atracción de capital y bajos impuestos que han hecho que Irlanda haya salido mejor que ningún país rescatado de la crisis. Seguir con reformas estructurales es de una importancia capital, y no se debe dar la impresión de que el partido del gobierno ha perdido ese impulso. Reducir el déficit y seguir con la responsabilidad presupuestaria fueron sus dos grandes compromisos, y lo que diferencia del resto de partidos.

De Guindos fue el único en hablar de la demografía en temas pensiones, y eso muestra lo demagógico que se vuelve el debate a veces. Tener, además, la realidad de los organismos internacionales y sus palabras, frente a las elucubraciones de otros, ayuda. Y nadie le puede negar que el cambio en la confianza de nuestro país ha sido drástico.

Si algo quedó claro en el debate es que se presentaron dos modelos, la magia y el unicornio del gasto brutal, y la cordura. Unidos Podemos eligió a un comunista para defender su programa y lo hizo como tal, palabra por palabra, defendiendo la intervención y el desastre económico para gloria del gasto burocrático, usando ejemplos de países y regiones que han hecho lo contrario al modelo Syriza que defendía.

Si algo me quedó claro del debate es que, a pesar de reproches y ataques partidistas, si Sevilla, De Guindos y Garicano se metieran en un despacho con los presupuestos del Estado y un lápiz rojo, saldrían con las cuentas cuadradas, sin atacar el crecimiento y apoyando a empresas, atacando el gasto superfluo -que solo Garicano comentó-. Porque los tres están de acuerdo en algo que casi no se mencionó ayer: competitividad, valor añadido y apertura.

La diferencia real entre lo que comentaron De Guindos, Garicano y Sevilla son matices, aunque se magnifiquen por sus equipos de campaña. Están de acuerdo, aunque lo nieguen sus partidos, en el 75% de lo que necesita este país. Si el debate hubiera sido, como el de “The Chancellor Speaks” que ilustró el comienzo del programa, sobre lo que les une y lo que necesita el país, en vez de un “todos contra el PP” y cifras mágicas e inverosímiles de impuestos, ayer habríamos salido los ciudadanos ilusionados, al saber que tenemos un futuro próspero si no nos entregamos a los unicornios que nunca han funcionado. El debate fue una oportunidad perdida. Por atacar al gobierno, se perdió el proyecto de país.

¡No es la desigualdad ni la pobreza, listos!
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 13 Junio 2016
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Al borde de la cuarentena, Ramón vive en una de las ciudades dormitorio del sur de Madrid y trabaja desde los 16 años. Por las mañanas madruga para cruzar la gran ciudad de punta a punta y por las tardes, y con mucho esfuerzo, estudia Económicas en la UNED. Cuatro asignaturas por año, con presencia física en todas las clases que puede. Cargo intermedio de una gran cadena de distribución, gana en torno a los 1.700 euros netos mes, cuando justo antes de la crisis frisaba los 3.000 euros. Imposible pensar en formar una familia, obligado a dedicar parte de sus ingresos en ayudar a su madre, cuya pensión no da para milagros. Aunque se considera afortunado por haber podido vadear la crisis sin perder su empleo, Ramón ha ido acunando el resentimiento de quien ha visto su nivel de vida reducido de forma notable con el paso de los años y sin perspectivas de mejora. Su empresa, que valora su buena disposición, anda enfrascada en la absorción de otras cadenas, pero no atiende a razones cuando de subida de sueldos se trata. Ramón es un votante declarado de Podemos, inasequible a los argumentos de quienes le advierten de los riesgos de su apuesta. Está convencido de que la clase política instalada “se lo lleva crudo”, y que hace falta cambiar radicalmente las cosas. Dar la vuelta a la tortilla.

Mucho más agresiva, más irresponsable, es la situación de ese ejército de jóvenes hijos del boom que conoció España entre 1996 y el 2007, que lo han tenido todo en casa porque sus padres todo se lo han dado, que han hecho carreras universitarias, muchos con beca, viajado al extranjero, disfrutado de vacaciones y que ahora, con veintitantos años, se asoman a la ventana de su casa para divisar el vacío que se extiende allí abajo, el horizonte de una sociedad sin oportunidades a pie de calle, sus expectativas frustradas, y esa creencia en que ellos se lo merecen todo, de que el Estado tiene que hacer algo, porque, educados de espaldas al competitivo mundo del mercado, es el Estado el que debe encargarse de su futuro, incluso de velar por su felicidad. Crecidos en la abundancia y de espaldas a la cultura del esfuerzo, son presa fácil de los populismos que prometen arreglar el mundo sobre la base del reparto de rentas, de quitar a unos para dárselo a otros. Es la carne fresca que nutre sin cesar las filas del ejército de votantes de Podemos. Lo acaba de reconocer la última encuesta del CIS.

Si bien es cierto que esa encuesta no ha revelado nada sensacional (Podemos crece como resultado de sumar a su cosecha los 900.000 votos de IU, mientras Ciudadanos, en contra de lo sugerido por algunos gurús, se mantiene firme, y el PP sigue con los pies en el suelo de los 120 diputados en que lo ha dejado postrado Mariano Rajoy), sí ha venido a ratificar el cambio social, quizá irreversible, provocado por la Gran Depresión de los últimos años. Es en la izquierda donde se ha producido el terremoto. Frente a la izquierda de la ilusión que ayudó a parir la Constitución del 78, se yergue ahora la izquierda del resentimiento que quiere volver el país del revés, que ignora la Transición, desdeña la unidad de España y desprecia la Constitución. El PSOE se quedó primero sin discurso y ahora se ha quedado sin territorio. Disfrazado de socialdemócrata, Podemos le acosa por su izquierda, mientras el PP trata de expulsarle del centro. Ambos han reducido el espacio socialista a la mínima expresión, sin olvidar que también Ciudadanos pretende pescar en ese caladero, porque Albert Rivera aún no ha resuelto qué quiere ser de mayor, nadie le ha advertido de que el futuro de C’s está en convertirse en un partido de centro derecha moderno capaz de desplazar al PP a la extrema derecha.

Estamos ante una mutación estructural de la democracia española de consecuencias imprevisibles. El edificio de la Transición está a punto de quedarse sin una de las patas con las que ha transitado desde los setenta. La crisis del Régimen, cuya “muerte” hemos datado aquí en 2014, coincidiendo con la abdicación de Juan Carlos I, está a punto de recibir su certificado de defunción dependiendo de lo que ocurra con el PSOE. La incapacidad de los partidos del turno para acometer las reformas del sistema desde dentro ha terminado por aflorar una potente fuerza de izquierda radical dispuesta a hacerlo desde fuera y sin miramientos. El ejército de agraviados por la crisis no deja de crecer, incrementado por aquellos que consideran de todo punto inaceptable el espectáculo de corrupción diario al que hemos asistido en los últimos tiempos. Lo hace bajo el doble argumento de que el crecimiento económico en curso no llega a la mayoría de los ciudadanos, y que además está provocando un aumento de la desigualdad, lo que equivaldría a asumir que los beneficios del nuevo ciclo expansivo están siendo absorbidos por las rentas medias altas y altas, a expensas del resto de la población.

Desigualdad y pobreza
Pero, ¿qué hay de verdad y de embeleco en la polémica sobre el aumento de la desigualdad y de la pobreza en España? La respuesta es simple: muchas “verdades” de brocha gorda, que el desenfado discursivo de los podemitas vende con su desparpajo habitual, y muy pocas certezas. Porque si bien es cierto que tanto desigualdad como pobreza han crecido durante la crisis, también lo es que las tasas correspondientes han retrocedido en 2015 con respecto a 2014, por primera vez desde el inicio de la crisis. Eurostat define la “tasa de riesgo de pobreza” como el porcentaje de personas cuyos ingresos después de transferencias sociales e impuestos se sitúa por debajo del 60% de la mediana de la renta nacional. En España ese porcentaje fue el año pasado del 22,1% de la población (17,2% media de la UE-28), de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, frente al 22,2% de 2014, una variación mínima pero significativa por lo que indica de cambio de tendencia. Conviene aclarar que la expresión “tasa de riesgo de pobreza” no se refiere a las personas que lo están pasando realmente mal, sino a las que viven peor que la media nacional, es decir, mide fundamentalmente la desigualdad.

Es una evidencia empírica la existencia de una fuerte correlación entre el comportamiento de la variable “desigualdad” y la tasa de paro. La economía española es la que tiene un desempleo más elevado y es también la que presenta un perfil más desequilibrado en la distribución de la renta. La pérdida de más de 4,5 millones de puestos de trabajo durante la recesión ha provocado de modo inexorable una elevación de la desigualdad y, en perversa lógica, una disminución de la participación del factor trabajo en la renta nacional. En este cuadro, es el desempleo de larga duración el que explica en más de un 70% esa situación de desigualdad. Conviene recordar que entre 2010 y 2014 el paro de larga duración creció en España más del doble que en la UE. En el pico más alto de la crisis, primer trimestre de 2014, los parados con más de dos años de antigüedad llegaron a rozar los 2.420.000. El descenso del desempleo de larga duración es, por tanto, la clave del arco que marcará la caída del nivel de desigualdad social existente en la economía española. Es obvio que no cabe esperar una inmediata disminución de la desigualdad en una España que acaba de salir de la Gran Recesión y que ha sufrido una masiva destrucción de empleo, pero las bases están sentadas: en 2015 la economía española creó casi 575.000 empleos y el paro bajó en 653.200, mientras el número de hogares con todos sus miembros en paro descendió en 182.700 y el paro de larga duración cayó un 17%.

La tesis según la cual la recuperación no está llegando a las familias o éstas no perciben esa realidad es un mantra que la izquierda ha vendido con notable éxito en los últimos tiempos, y que se compadece mal con el 2,5% de incremento medio del gasto de los hogares en 2014, y con la fuerte aceleración de ese indicador en 2015. El despegue del consumo privado, responsable en buena medida del 3,2% de crecimiento del PIB en 2015, es incompatible con el relato de unas clases medias y medias bajas empobrecidas y, por tanto, incapaces de aumentar su nivel de gasto. El contraste es aún mayor si se tiene en cuenta que el endeudamiento de las familias sigue siendo muy alto. Si la posición económico-financiera de los hogares no hubiese mejorado, el pago de la deuda absorbería la mayor parte de sus recursos y, en consecuencia, su gasto en bienes y servicios se habría reducido o estancado y en cualquier caso sería muy inferior al registrado en los últimos dos años. En términos agregados, el dinamismo del consumo privado en España obedece a un aumento de la renta permanente de los individuos y de las familias.

La solución no está en repartir, sino en crecer
El indicador que de verdad refleja la pobreza real es el conocido como “riesgo de privación material severa”, referido a las personas que no pueden acceder a un mínimo de consumo de proteínas a la semana, que no pueden comer carne, pescado o pollo al menos cada dos días, que no disfrutan de una semana de vacaciones al año, que no puede afrontar gastos imprevistos (650 euros/mes), que no pueden pagar la calefacción, y que no tienen coche, ni teléfono, ni televisor, ni lavadora. En España, y según el INE, la población que sufre “privación material severa” bajó en 2015 al 6,4%, frente al 7,1% de 2014. En la UE-28, la tasa media de ciudadanos en esa situación fue del 8,2% en 2015, siendo del 11,5% en Italia y del 6,1% en Reino Unido. No es pues la desigualdad, y mucho menos la pobreza, lo que explica ese cambio social, esa mutación estructural que está experimentando la democracia española, o no solo es eso.

“Cuando hay una crisis económica, sentimos la necesidad de crear el ‘nosotros’ y ‘ellos’, y hay que decirle a la gente que no hay que crear un ‘nosotros’ y ‘ellos’. Ahora hay que cuestionar el sistema económico que crea esta perturbación violenta que afecta a millones de personas. Tenemos crisis económica, crisis política, y también una crisis moral. Porque en Francia, como en todos los países de Europa, cada vez hay más personas pobres a los que el sistema reclama aceptar su pobreza. Nos dicen que hay que llevar el liberalismo económico un poco más lejos todavía. El verdadero problema no es si yo soy negro, blanco, musulmán, gay o heterosexual. Ahora el verdadero problema es: ¿Cuánta riqueza tenemos en este país? ¿Cómo la debemos repartir?”. La frase corresponde a Lilian Thuram (entrevista en El País del viernes), el futbolista que más veces vistió la camiseta de Francia, campeón del Mundo en 1998 y de Europa en 2000, convertido ahora en escritor y popular activista político en el país galo.

España comparte al 100% esa triple crisis económica, política y moral, sazonada con el caldo de una corrupción galopante, situación que millones de españoles sienten como una intolerable ofensa personal y que se concreta en el desprestigio de las instituciones. Si bien la crisis económica, con todos los interrogantes de futuro que se quieran, parece superada, la doble crisis política y moral sigue intacta en España, en tanto en cuanto tiene que ver con esa regeneración democrática de la que nuestra clase política no quiere ni hablar. La pregunta que cabe hacerse es simple: ¿es posible para España y los españoles crecer de forma sostenida sin abordar cuanto antes la solución de la crisis política? La respuesta es que no, entre otras cosas porque la corrupción es una barrera que obstaculiza la libre competencia y restringe las posibilidades de crecimiento. Desde una perspectiva liberal, la respuesta a ambas crisis no está, sin embargo, en “repartir la riqueza que tenemos en este país”, de acuerdo con la fórmula del ex futbolista Thuram, sino en cómo aumentamos esa riqueza, qué tenemos que hacer para crecer más y de forma sostenida, haciendo después extensibles los beneficios de ese crecimiento a toda la población. La solución no está en repartir, sino en crecer. Crecer, crear, mejorar el sistema educativo, reindustrializar nuestra economía, liberalizar sectores reacios a la libre competencia, favorecer un cambio cultural proclive a la actividad empresarial… Y, naturalmente, sanear radicalmente nuestras instituciones. Son las golondrinas que esta primavera están en el alero del 26J.

Un voto por La Raza
Pedro de Tena Libertad Digital 13 Junio 2016

Muchas cosas comenzaron en el restaurante La Raza de Sevilla. Pedro Sánchez Cuerda y José Ignacio de Rojas, empresarios del Grupo La Raza, grabaron una conversación mantenida el 27 de enero de 2009 con Fernando Mellet y Daniel Ponce, exdirectivos de Mercasevilla. En ella se oyó con claridad cómo se les pedía que dejaran un maletín olvidado con 300.000 euros y que pagaran otros 150.000 más a cambio de que les adjudicaran la Escuela de Hostelería, proyecto que la Junta había subvencionado previamente con 900.000 euros. Una mordida del 50 por ciento.

En vez de tragar y aguantar como muchos, los empresarios denunciaron el caso a la Junta, a un estrecho colaborador de Manuel Chaves. Cuando ni la Junta de Andalucía ni el Ayuntamiento pudieron impedir que las grabaciones salieran a la luz, llegaron los hechos a la Fiscalía de Sevilla. Había comenzado el caso ERE, uno de los más grandes escándalos de la reciente historia de España. Ahora, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y, en realidad, toda la cúpula andaluza del PSOE y de la Junta están procesados por los delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos.

Pero el PSOE, como ha recordado Susana Díaz, el PSOE sigue siendo mucho PSOE en Andalucía (eso sí, menguando adecuadamente). Ahora, el Ayuntamiento de Sevilla, que rige el socialista Juan Espadas (amigo de Susana Díaz), está perpetrando el desahucio de los empresarios de La Raza del local que tienen alquilado al Consistorio con renta antigua. Es más, ha decidido el cambio de uso del espacio público para que no pueda volver a dedicarse a la hostelería. Esto es, se acabó el negocio de estos empresarios que se atrevieron a denunciar a un PSOE corrupto.

El restaurante La Raza y el bar Citröen, que está enfrente, son espacios públicos procedentes de la Exposición Internacional de 1929. Desde 1954, en el camino al Parque de Maria Luisa y la Plaza de España y junto a la universidad, el Citröen, menos fino, ha sido barra preferida de los estudiantes. Para ir a La Raza había que tener más posibles. Ahora van a morir, junto con sus centenares de puestos de trabajo, entre fijos y eventuales. Seguramente no es más que una coincidencia que fueran empresarios del grupo los que iniciaran con su denuncia el caso ERE. Pero no me negarán que es un pedazo de coincidencia.

Por eso, y en plena campaña electoral, levanto la bandera de La Raza, donde disfruté el sábado de la boda entrañable de unos amigos, y pido que, por si acaso se toma el asunto como una venganza fría y calculada del PSOE, y porque va a ser difícil vivir en Sevilla sin La Raza y el Citröen, se impida este desahucio, que viene, este sí, ataviado con el silencio cómplice de PSOE, de Podemos y de IU, entre otros. Va por La Raza.

Las puertas del infierno
Luis Herrero Libertad Digital 13 Junio 2016

Que alguno de los partidos del pódium de diciembre se equivocaba gravemente al no impedir la repetición de las elecciones es una verdad que, a toro pasado, ya no admite discusión. Yo siempre creí, y así lo escribí muchas veces para descrédito de mí ya maltrecha reputación de nigromante, que no habría lugar al 26-J porque el suicidio repugna a cualquier naturaleza humana medianamente juiciosa. Volver a las urnas era lo peor que podía pasarle a PP o PSOE. Y tal vez a Podemos. Esa era la premisa que me llevaba a concluir que habría un acuerdo in extremis, sin Rajoy ni Sánchez en la lista de presidenciables, que permitiera la formación de un gobierno hilvanado con acuerdos de supervivencia. Pero es claro que me equivoqué.

Los dos baluartes del viejo bipartidismo, mirándose de reojo el uno al otro, se comportaron al dictado de su querencia genética, incardinada en lo más profundo del núcleo de su ADN: su prioridad fue la de negarle el poder al adversario a toda costa y reclamarlo para sí sin adentrarse en consideraciones más profundas. El PP se empeñó en hacer valer su condición de partido más votado, una credencial manifiestamente insuficiente en cualquier régimen parlamentario del mundo, y el PSOE en esgrimir la preeminencia aritmética -en número de escaños- que le confirió el acuerdo suscrito con Ciudadanos. El resultado de esa estúpida ceguera podría ser que el poder acabe huyendo de ambos.

Si aceptamos que el futuro inmediato que nos aguarda es el descrito en la encuesta del CIS (lo que ya es mucho aceptar, dicho sea de paso) nos daremos cuenta enseguida de que el PP y el PSOE se equivocaron un huevo al no permitir un acuerdo de investidura tras las elecciones del 20-D. Seis meses después, el PP pierde escaños y Ciudadanos -que es su socio natural-, también. Pero eso no es todo. A su debilitamiento hay que añadir, por el otro lado, el apreciable fortalecimiento de la izquierda en su conjunto, que ahora es más numerosa, y sobre todo más radical, que hace medio año. Esta es la situación: con menos efectivos en el Congreso, el PP tiene enfrente a un ejército rival recrecido. ¡Menudo negocio hicieron!

Habrá quien argumente que a veces hay que retroceder un poco para avanzar más y que ahora, paradojas de la vida, un PP con menos apoyos en el Congreso está más cerca que hacerse con el poder porque el PSOE no tendrá más remedio, si quiere evitar las terceras elecciones consecutivas, que franquearle las puertas del Gobierno. A quienes piensen así les pido que se detengan a considerar por un momento de qué clase de gobierno estamos hablando. Desde luego, no de uno que pueda acreditar fortaleza suficiente para ejercer la capacidad de iniciativa que la Constitución le otorga al poder ejecutivo. Sería, de hecho, el primer Gobierno de la democracia con más votos en contra que a favor durante el día a día de la legislatura. Un gobierno incapaz de sacar adelante las leyes fundamentales, o condenado a hacerlo moldeándolas al gusto de sus adversarios, para asombro -y cabreo cósmico- del electorado propio. Esa clase de poder sería la expresión más burda, grosera, ofensiva e inmoral de lo que significa la búsqueda del poder a cualquier precio.

Es verdad que descartada por el PSOE la posibilidad de la gran coalición, las alternativas del PP para evitar la convocatoria del 26-J eran pequeñas o heroicas. Si Rajoy hubiera aceptado el encargo del rey de buscar apoyos suficientes para su investidura se hubiera dado de bruces, seguramente, con las calabazas del PSOE. Pero en ese caso, al menos, habría dejado claro que la culpa del fracaso no era imputable a él. Por el contrario, al ser él quien le dio calabazas a Sánchez, lo que queda como mensaje prevalente es que le cerró las puertas a un programa de gobierno razonablemente moderado -el que suscribieron PSOE y Ciudadanos- sólo por no renunciar al poder, aun a riesgo de facilitar la llegada, seis meses después, de un gobierno de Podemos poco razonable y abiertamente inmoderado. Que ese riesgo existía es lo que con tanta elocuencia nos ha señalado el CIS. Y que detrás del ánimo de Rajoy anidaba cualquier cosa menos ese aliento de estadista, de procurador del bien común, del que tanto presume es lo que refleja la moraleja de su decisión.

De todas formas, el PSOE aún cometió una torpeza mayor que la del PP. Desde luego, mejor le hubiera ido conformándose con la jefatura de la oposición. Ahora es firme candidato a convertirse en la víctima propiciatoria de un sorpasso que le relegará a la condición de tercera fuerza después de pulverizar otra vez el récord a la baja de su peor registro electoral de la historia. Y todo para volver, después de todo, a la casilla de salida del 20-D en condiciones mucho más desfavorables. Con medio cuerpo más allá del borde del precipicio, a punto de precipitarse al vacío de la desaparición, los socialistas tendrán que volver a elegir entre las mismas dos opciones que le brindaron las urnas de diciembre: o Frente Popular (pero ya sin ellos en el puente de mando del acuerdo) o gobierno minoritario del PP (pero desposeídos de la primogenitura de la oposición). En un campeonato de idioteces políticas, la del PSOE merece el premio a la idiotez del siglo. Más que un suicidio, lo suyo ha sido un experimento fanático de exterminio masivo.

Han sido los errores de PP y PSOE, cada uno con su grado de culpa, quienes nos han traído hasta aquí. Lo más razonable sería que, de la misma manera que se juntaron para estropearlo todo, se juntaran para encontrar el remedio que pueda sacarnos del lío en que nos han metido. Nos han dicho muchas veces que sólo una situación excepcional podría justificar el recurso a la gran coalición. Pues ahí la tienen: un país a punto de ser abducido por el populismo bolivariano, un socialismo democrático en vías de ser borrado del mapa y una derecha sin principios jaleada por los acordes del arpa de un nuevo Nerón. Si no nos parece excepcional este fresco apocalíptico es que merecemos vivir en el infierno.

¡Malditos corruptos! ¡Malditos traidores!
Santiago Abascal Libertad Digital 13 Junio 2016

Dicen las encuestas del miedo, y al final lo provocarán, que Podemos superará al PSOE en las elecciones del próximo día 26 y se convertirá en la fuerza hegemónica de la izquierda. Semejante pronóstico, acariciado por las fuerzas del miedo, haría posible un Gobierno de Pablo Iglesias apoyado por el PSOE y alguna que otra fuerza separatista.

Intuyo que los socialistas, puestos a elegir entre un Gobierno de Rajoy –una posibilidad no descartable– y uno frentepopulista, elegirán hacer presidente a Iglesias. Tienen demasiado cerca el ejemplo de un Pasok reducido a cenizas tras haber apoyado a los conservadores griegos. Encontrarían la forma de justificarse. Dirían que gracias a su apoyo los de Podemos se tendrán que mantener dentro de los márgenes del sistema y venderían su participación en el Gobierno como un ejercicio de sensatez.

Nada más lejos de la realidad. Entregar el Gobierno de España a los enemigos de España supone una amenaza clara para nuestras libertades y para nuestra unidad. Los autoproclamados leninistas amables tendrían a su servicio la Fiscalía, las fuerzas de orden público, el Ejército y los servicios secretos. Nuestro Estado de Derecho estaría en grave peligro.

En el partido convertido en inútil por Rajoy lo saben. Y por eso pretenden que todos los españoles de orden se tapen la nariz y elijan de forma irracional, presos del pánico, la papeleta de Rajoy. O sea, que respalden por tercera vez el papelón inútil de Rajoy. Y se frotan las manos ante una campaña que pretenden convertir en cosa de dos. O ellos o el caos. Desde Godoy, nadie ha aspirado a gobernar nuestra Patria de una manera más ruin.

Ocultan los jerarcas del PP que son ellos los responsables del auge de los bolivarianos. "Toda la culpa del auge de Podemos es del PP", ha dicho Esperanza Aguirre. La corrupción que se ha apoderado de la dirigencia del partido desde hace años ha generado la indignación ciudadana que los comunistas han convertido en votos.

Ha sido la desvergüenza de unos dirigentes que, a la vez que exigían sacrificios a los españoles, no renunciaban a uno solo de sus privilegios. Ha sido la insolidaridad de unos gobernantes que no han recortado el gasto político de una Administración elefantiásica mientras que por doquier se cerraban empresas y los trabajadores veían reducidos sus salarios. Ha sido la falta de empatía con una generación de españoles que, a pesar de ser la más preparada de nuestra historia, ve con desesperación la falta de oportunidades laborales y tiene que marcharse fuera de su país para ganarse honradamente la vida.

Pero, sobre todo, han sido los corruptos, los malditos corruptos, sin ideas y valores que defender, los verdaderos responsables del auge bolivariano. ¡Malditos corruptos y malditos traidores!

Y ahora pretenden que los españoles de bien les voten. Alimentan un perro rabioso, y nos dicen que ellos nos pueden proteger si les votamos. Si no... soltarán la correa y, quién sabe, quizá nos muerda. La mafia siciliana no tiene un comportamiento peor cuando ofrece protección –cobrada– a los comerciantes a cambio de no reventarles el negocio.

Pero votar al PP, a este PP de corruptos y de nihilistas, no va a frenar a Podemos. Mientras los corruptos sigan en el poder, Podemos seguirá creciendo. Y tarde o temprano gobernará. Y con ello los españoles perderemos nuestra libertad y nuestra unidad. Por culpa de Rajoy, sí, de Rajoy.

Solo desde la honradez y la defensa del Estado de Derecho, solo desde el ejemplo y la vocación de servicio, del patriotismo y la vocación de unión de todos lo españoles, se podrá poner freno a la revolución que amenaza nuestro país.

El próximo día 26 no estás obligado a elegir entre corruptos o comunistas. Ni entre traidores o comunistas. Sólo eliges empequeñecer a España o hacer a España grande otra vez.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

El extraño apoyo al 'Brexit'
FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO El Mundo 13 Junio 2016

«Está decidido ya», proclamó mi mujer. «Voto al Brexit. Alea jacta est», añadió, en un idioma sorprendentemente europeo, supongo que porque en ese momento estábamos cruzando un río, aunque no fuera el Rubicón sino el Loire.

Mi temor aumentó. Conozco a un montón de ingleses a quienes considero, o hasta que se levantó ese maldito asunto del Brexit solía considerar, como personas inteligentes, racionales y enteradas. Me refiero a gente culta, de perspectivas amplias y abiertas, admiradores de la gastronomía francesa, el arte español, la música italiana y el idealismo alemán. Decoran sus casas con muebles escandinavos, llenan sus cavas de vinos de Burdeos y de Borgoñas, y en sus garajes hay Mercedes o BMW. Comen en tabernas o trattorias. Van de vacaciones a las orillas del Mediterráneo. Emplean albañiles polacos para construir las casas, técnicos checos o holandeses para arreglar los ordenadores, médicos húngaros o austriacos para curar sus enfermedades, enfermeras eslovacas o eslovenas para cuidarse mientras tanto, y a chicas búlgaras o rumanas para limpiar las casas o blanquear la ropa. A menudo tienen casas de campo en Grecia, Creta o Malta. Militan por la dignidad de los estados bálticos contra las pretensiones rusas. Y resulta que, a pesar de todos estos rasgos eurófilos, van a votar, o por lo menos así lo dicen, para que el Reino Unido salga de la UE. O sea, empiezan por abandonar su racionalidad y acaban por abandonar a Europa.

Hay quien dice que es por ser, según Napoleón, una nación de tenderos. Es cierto que el debate en el Reino Unido sigue preocupado por temas estrechamente económicos. Creen que contribuyen más a la Unión de lo que reciben en subsidios, sin contar las ventajas, a veces difíciles de calcular, que se obtienen del mercado común, las tarifas compartidas y el intercambio de mano de obra, ideas y cultura. También es cierto que históricamente los ingleses han adoptado actitudes prácticas y poco ideológicas ante los problemas políticos. Salvador de Madariaga, que conoció profundamente las peculiaridades inglesas por sus largos años de profesor en Oxford, solía decir que el carácter de una nación podía definirse por los términos intraducibles de sus idiomas: por ejemplo, no existe ninguna palabra en cualquier idioma que no sea el español para expresar el concepto de duende. Ni se puede traducir a otras lenguas lo que los franceses llaman le droit. Para definir lo inglés, Madariaga remitía al concepto de fair play, es decir, preferir perder que ganar abusando de las reglas del juego. Pero tal vez aún más representativo sería la frase «Get on with it», o sea, olvídese de las teorías y diríjase hacia fines pragmáticos. Cuando traduzco al inglés trabajos de colegas continentales, debo ir sustituyendo las abstracciones que desesperarían a lectores ingleses por sustantivos concretos.

Pero no me parece justo calificar las prioridades económicas como rasgos del carácter inglés. En primer lugar, se trata no de una característica específicamente inglesa, sino de un vicio humano en tiempos de crisis, cuando todo el mundo descarta ideologías para ganarse la vida. Hay que reconocer que el carácter históricamente inglés ya no existe. Se ha disuelto. Ya no se tropieza uno con esas personas que vienen retratadas, por ejemplo, en el libro que mi padre escribió para intentar entender a los ingleses de la época de la Guerra Mundial. En su isla, en la que se presenta el clásico inglés reservado, encerrado en una mentalidad tan enrollada como su paraguas, o envuelto en esa frialdad típica de los héroes ingleses de las novelas de Julio Verne.

Los ingleses suelen echar la culpa de esa pérdida de su antiguo sangfroid épatant al efecto de los inmigrantes. Lamentan, un poco al estilo del padre en duelo del Romance de la Guardia Civil española, que «yo ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa». Y efectivamente, el temor a la corrupción de las costumbres nacionales es uno de los motivos del rechazo al extranjero que respalda la campaña del Brexit. Pero tampoco explica el nivel de apoyo a la secesión entre la gente culta, que no siente ningún recelo hacia los extranjeros, sino que saben que el nivel, tal vez excesivo, de inmigración se debe más a los que vienen del antiguo imperio británico que a las normas de la UE, y que el país depende de la mano de obra europea para toda clase de servicios esenciales.

Ni siquiera los defectos de la Unión explican el fenómeno Brexit. Todos somos conscientes de tales defectos y no es que los ingleses sean observadores más agudos ni agraviados menos pacientes que los demás europeos. La UE me recuerda al comentario del sabio inglés de la Ilustración, el gran Samuel Johnson. «Al perro que ande por dos patas», dijo, «o a la mujer que predique un sermón, no hay que insistir en que se haga bien, sino admirar el mero hecho de que se hace». Reunir a tantos países tan diferentes, de historias tan conflictivas, de hablas inconmensurables, manchados de tanta sangre, pervertidos de tantos odios, y construir con ellos una unión que funcione, aunque ese funcionamiento sea bastante defectuoso, es una auténtica maravilla, digna de apoyarse y de seguir mejorándose.

Las elites europeístas han cometido graves errores: entre ellos, acelerar excesivamente el crecimiento de la Unión y el proceso de desarrollo de las instituciones comunes y de una constitución única. Han admitido a países que no estaban en condiciones económicas adecuadas, ni disponían de instituciones civiles fiables, ni habían logrado una madurez política suficiente. Han menospreciado la democracia a favor de la tecnocracia y la autoselección de la clase dirigente. Establecieron el euro como moneda única sin tener en cuenta los problemas que luego surgieron de las diferencias económicas entre varios de los países. Pero tampoco es por eso que el referéndum británico nos amenaza con la quiebra de la Unión, ya que los votantes inteligentes, tales como mi mujer, saben que cuando uno se une a una empresa hay que aceptar que todo no andará bien y que la mejora sólo procede de la colaboración.

En cambio, para comprender la perspectiva del referéndum, remito al mismo ejemplo de mi mujer. Su declaración en contra de la UE vino al cabo de un día lleno de desastres. Estábamos atravesando Francia en coche, rumbo a la granja del Périgord donde solemos pasar quince días al año para intentar trabajar tranquilamente en nuestros proyectos literarios. Habíamos perdido varias horas en la congestionada autopista periférica de París, y luego en una serie de desvíos por la clausura de carreteras y las vaguedades de la señalización electrónica francesa. El tiempo atmosférico era depresivo entre neblinas peligrosas bajo cielos amenazadores. A mi mujer, que, buscaba al volante un camino no cortado, les beaux gendarmes habían tenido la gentileza de imponerle una multa por exceder mínimamente la velocidad permitida. El colmo de todo, cuando por fin encontramos un medio de cruzar el Loire entre las inundaciones de aquel día, fue perdernos en las callecitas de Bourges y perder otra hora más.

En cambio, al día siguiente, después de una noche apacible, cuando nos calentaba un sol espléndido y estábamos sentados bajo viñas y entre flores, degustando foie gras regado con vino de Monbazillac... «Pues no lo sé», murmuró mi mujer. «Tal vez el Brexit no vale tanto». Nos acordamos de otro inglés, víctima de los mismos desvíos y disgustos, con quien habíamos tropezado el día anterior en una gasolinera de Châteauroux. Iba éste en el coche con su mujer, sus niños, un perro y un bebé recién nacido. Se habían levantado a las tres de la madrugada para intentar llegar ese mismo día a España. A pesar de los agravios, seguía anticipando el placer de unas vacaciones continentales. «Ese», dijo mi mujer, «seguramente votará a favor de la Unión». Si el día del referéndum las noticias son malas -si hay una crisis del euro, o una nueva ola de inmigrantes, o nuevas muestras de nacionalismos- el resultado podría ser negativo. Pero si brilla el sol y -aunque sólo sea por un día y nada más- la Unión marcha bien, mis amigos y mi mujer, en la intimidad de la cabina de votación, recuperarán su racionalidad y estaremos a salvo.

Felipe Fernández-Armesto es historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).

El terrorismo yihadista ataca de nuevo a un país libre
Editorial La Razon 13 Junio 2016

Estamos ante la peor matanza en Estados Unidos desde el 11-S y, si seguimos buscando macabros récords, es el tiroteo masivo que más víctimas se ha cobrado en este país. De nuevo nos encontramos frente al terror indiscriminado y, como viene siendo habitual, el objetivo no es otro que alterar la convivencia en un país libre. El ataque se produjo contra un club frecuentado por la comunidad gay, por lo que se puede deducir que el objetivo fue elegido a conciencia. La cifra supera los 50 muertos y, al cierre de esta edición, se teme por la vida de muchos de los heridos. La manera de ejecutar la matanza demuestra la inequívoca voluntad de causar el mayor número de víctimas, objetivo que alcanzó, además, porque todo hace pensar que el asesino estaba dispuesto a no salir con vida.

Las autoridades estadounidenses todavía no se atreven a calificar esta masacre como un atentado con vínculos directos con el yihadismo, a pesar de que ha sido reivindicado por Estado Islámico, pero los hechos objetivos demuestran que el autor de la masacre no sólo era un perturbado capaz de acabar fríamente con la vida de decenas de personas mientras éstas se divertían una noche de sábado. Omar Saddiqui Mateen, de 29 años de edad, era de origen afgano, de donde proceden sus padres, y nació en Florida. De momento, se desconocen sus vínculos con el yihadismo y, según el FBI, es precipitado calificar su acción de «crimen de odio o terrorista». Su nombre no estaba en la lista de los activistas buscados por el Gobierno de EE UU, pese a que la agencia federal lo tenía en el punto de mira por su simpatía con el islamismo radical. El padre del asesino ha pedido que no se vean motivos «religiosos» en la acción de su hijo, sino «homofobia», lo que no resta la consideración de ser un «crimen de odio o político». La aversión que Mateen sentía por la homosexualidad, si creemos a su progenitor, fue resuelta con la misma crueldad que en sociedades como la afgana o la pakistaní, que están bajo el dominio del islam más radical o sometidas al terror del Estado Islámico.

El «lobo solitario» se caracteriza no sólo por ser una figura aislada de una organización central, sino por cómo la amenaza yihadista transnacional responde puntualmente, movido por fobias y odios personales. ¿Se puede, por lo tanto, después de que el asesino aniquilase a 50 personas en un club gay, decir que no se trata de un «crimen de odio o político»? Todavía es pronto para saber si Mateen ha actuó bajo mandato del yihadismo, pero lo que sí es cierto es que las autoridades tienen registrada una llamada anterior al atentado en la que declaró su lealtad al ISIS. La sociedad norteamericana se enfrenta de nuevo al terror, después del atentado de San Bernardino del pasado mes de diciembre, en el que murieron 14 personas a manos de una pareja de musulmanes aparentemente de vida integrada. No hay un modelo único de «lobo solitario», pero, tanto en Estados Unidos como en Europa, tienen en común vivir protegidos en las sociedades libres. Los motivos que desencadenan sus acciones no son sólo los que marcan los intereses estratégicos del ISIS, aunque en los atentados más recientes se trata de hacer cumplir el viejo ideario terrorista de destruir la libertad de los ciudadanos, como sucedió en la sala Bataclán de París y ahora en el club Pulse de Orlando. Estas nuevas víctimas nos vuelven a demostrar que la lucha contra el yihadismo será larga y que es necesaria tanto la defensa militar como la de los valores de libertad y tolerancia de nuestra sociedad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

'Societat Civil Catalana' lo advierte
El secesionismo ha dejado en coma el sistema sanitario catalán
La plataforma denuncia que mientras el Govern no ha reparado en gastos para la construcción de su ansiado Estado, ha metido un tijeretazo de 1.400 millones en Sanidad, colapsándola.
R. Moreno  www.gaceta.es 13 Junio 2016

Societat Civil Catalana denuncia que en los últimos cinco años la Generalitat ha realizado importantes recortes en el ámbito sanitario, mientras que, sin embargo, se ha gastado ingentes cantidades de dinero público en publicidad, subvenciones y propaganda secesionista de todo tipo para entidades y organizaciones nacionalistas afines.

La plataforma, que preside Rafael Arenas, advierte de que se ha reducido un 14% el presupuesto sanitario (1.400 millones de euros); el gasto sanitario por ciudadano ha pasado de 1.300 euros al año en 2010 a 1.120 euros en 2014; ha habido una reducción del personal de un 7% (2.900 profesionales menos); y su salario se ha mermado en un 20%.

Con ello, en Cataluña, que fue la primera comunidad en asumir las competencias sanitarias a principios de los años 80, las listas de espera se han disparado entre 2010 y 2013 en 31.000 pacientes; los tiempos de espera quirúrgicos han aumentado en 1,5 meses de media, las urgencias están saturadas y la espera para el médico de familia es de 15 días.

Societat Civil destaca que independientemente de las mejoras de financiación pertinentes que sean necesarias, la Generalitat debe rendir cuentas ante los ciudadanos por la gestión del sistema sanitario. “¿Quién se responsabiliza de ello de la lista de Junts pel Si? ¿La fracción de CDC que impulsó el sistema sanitario actual o ERC que es la titular actual de la Conselleria de Salut?”, lanza.

Hace hincapié en que “muchas son las cosas que nos unen a los españoles desde hace muchísimo tiempo y en multitud de ámbitos, entre ellas un sistema sanitario público universal de prestigio por sus resultados y eficiencia, que junto a la educación y las pensiones conforman un estado del bienestar que hay que preservar”.

Recuerda que los catalanes obtienen una buena serie de beneficios al formar parte del mismo sistema sanitario que el resto de españoles. Pone como ejemplo que Cataluña es la comunidad más beneficiada por la Organización Nacional de Trasplantes de España, al ser la primera en trasplantes realizados, aunque también resalta que ocupa los últimos lugares en donación de órganos. La plataforma subraya que el beneficio es por vidas humanas salvadas, y que Cataluña es la que más ingresa por este concepto (220 millones de euros de 2010 a 2013).

Asimismo, hace hincapié en que ninguna comunidad autónoma podría conseguir los resultados que tienen en la actualidad sin la cooperación solidaria y altruista de otras comunidades.

Por otro lado, también destaca que Cataluña es la comunidad que más dinero obtiene del Estado español para la investigación biomédica, con cerca del 43% de las ayudas; y que la formación de especialistas sanitarios españoles vía MIR aporta un alto nivel profesional y un gran reconocimiento internacional.

“Y lo más importante es que tenemos algo en común y entrañable que nos une, como el sentido de pertenencia a un mismo sistema”, recalca Societat Civil, y señala que multitud de profesionales de distintos lugares de España se han formado en otra comunidad distinta a la suya con los mismos patrones de calidad y ello ha generado unos fuertes vínculos personales y profesionales.

Societat Civil Catalana advierte de que en el hipotético caso de una separación de Cataluña del resto de España, los catalanes perderían estos beneficios y de acuerdo a lo establecido, perderían el derecho a la asistencia sanitaria en el resto de España y en Europa.

Para valorar las opciones de mejora del sistema sanitario, la Sectorial de Salud de la plataforma organizó el pasado 8 de junio un acto en Barcelona con políticos y consejeros de salud de hasta cuatro Comunidades autónomas: Cataluña (Dr. Jorge Soler, diputado del Parlament de Cataluña); Andalucía (Martín Blanco, viceconsejero de Salud de la Junta de Andalucía); País Vasco ( Dr. Rafael Bengoa , exconsejero de Salud del Gobierno Vasco y asesor de Barak Obama) y Galicia (Dr. Jesús Almuiña, conselleiro de Sanidade de la Xunta de Galicia). El acto contó, además, con un alto funcionario del Ministerio de Sanidad, Carlos Moreno, director general de Ordenación Profesional.

Las cuatro preguntas prioritarias que ha planteado han sido para cuándo la tarjeta sanitaria única que nos dé acceso sin trabas a la asistencia sanitaria en toda España; para cuándo la historia clínica compartida que facilite el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes en cualquier Comunidad Autónoma; para cuándo la conexión informática de los sistemas sanitarios de las 17 comunidades que nos ahorre tiempo, salud y dinero a la sanidad pública y a la ciudadanía; y para cuándo una cooperación efectiva y leal entre las comunidades y entre éstas y la administración central del Estado, para optimizar los recursos sanitarios.

Societat Civil espera que estas preguntas también sean respondidas satisfactoriamente por los partidos políticos de cara a las próximas elecciones generales del 26 de junio, y que sean capaces de detectar y promover aquellas políticas que nos unen y benefician, por el bien y la salud de toda la ciudadanía y para seguir creciendo como país.

En el acto, que ha tenido lugar bajo el nombre La salud también nos une, el responsable de la sectorial de Salud de la entidad, capitaneada por Álex Ramos, ha definido el sistema sanitario español con una palabra: solidario. “Se basa en aportar en función de los ingresos y recibir en base a las necesidades de cada uno. Se aplica en otros países como Reino Unido, Holanda o Noruega, y funciona”, ha añadido.

Sin embargo, ha manifestado que hay cosas que se pueden mejorar. “La sanidad nos une pero aún nos puede unir mejor. Hemos de conectar los sistemas informáticos y compartir la historia clínica, por ejemplo, y eliminar trabas burocráticas, entre otras mejoras”, ha explicado.

Durante las distintas intervenciones, cada uno de los invitados ha explicado su experiencia en relación a diversos temas que afectan a todos los usuarios, independientemente de la Comunidad en la que residan, como la receta electrónica, la tarjeta sanitaria única o la necesidad de tener un sistema de salud bien cohesionado a nivel nacional.

Jesús Almuiña, consejero de Sanidad de la Xunta de Galicia, ha defendido que “la sanidad es un elemento muy importante para cohesionar el país” y Martín Blanco, viceconsejero de Salud de la Junta de Andalucía, ha añadido que se puede apostar por “un sistema de solidaridad y apoyo mutuo” con “particularidades”, por lo que ha señalado que hay que “construir más salud, que es sinónimo de más igualdad”.

Por su parte, Alberto Leiva, doctor y miembro de la sectorial de Salud de Societat Civil Catalana, ha reivindicado aspectos del sistema nacional de salud que funcionan muy bien como el programa MIR, la profesionalidad de los médicos y enfermeras, y el sistema de transplantes, que ha calificado como “excelente”.

Joaquim Coll, vicepresidente de Societat Civil Catalana, ha indicado que desde la entidad no se conforman con decir juntos y basta, sino que dicen “juntos y mejor”, y reivindican que se ha de hacer un proyecto común español “más inclusivo, compartido y fuerte, que necesita cambios y reformas”.

En este sentido, Coll ha señalado que el independentismo “ha sido derrotado”: “Para disimular la derrota del separatismo tras el 27S se inventaron la mentira de que aunque no tuvieran la fuerza de los votos sí tenían la legitimidad para iniciar un proceso de secesión, pero hemos visto que esto tampoco es así, pues no tienen la mayoría para aprobar ni tan siquiera los presupuestos”.

Cabe recordar que después de que el pleno de la cámara catalana rechazara, con los votos de la CUP y del resto de la oposición, la admisión a trámite de los presupuestos, el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha anunciado que en septiembre se someterá a una cuestión de confianza en el Parlament, para comprobar si dispone de una mayoría parlamentaria suficiente como para seguir gobernando.
 


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