AGLI Recortes de Prensa   Domingo 19  Junio  2016

Instrucciones para votar
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 19 Junio 2016

O para no votar, que es una forma de hacerlo.

Las campañas electorales, lejos de aclarar las ideas a la gente, las oscurecen. Hasta el más listo de la clase se queda perplejo al oír las mismas cosas dichas por líderes políticos que acusan a los otros líderes de decir cosas diferentes y piden el voto para un partidoel suyo cuyo ideario es prácticamente igual al del partido opuesto.

Primera instrucción... Cobren conciencia de que en España todos los partidos, menos uno, son socialdemócratas (o fingen que lo son), esto es, partidarios de la intromisión de lo público en lo privado y del predominio de los intereses de ese Leviatán (Hobbes) u ogro filantrópico (Octavio Paz) que es el Estado sobre los intereses de ese Cándido (Voltaire), labriego de la propia huerta, que es la persona entendida como individuo. Quien no sea socialdemócrata, y tan legítimo es serlo como no serlo (aunque a mí me parezca más digno lo segundo que lo primero), sólo dispone de una opción a la que acudir sin violentarse a sí mismo: la de Vox y Santi Abascal.

Segunda instrucción... Lo más juicioso, ahora y siempre, aquí y en todas partes, es apostar por el sentido común. No se puede decir que éste brille por su presencia en ningún partido, pero carecen por completo de él todos los que ignoran (o fingen ignorar) que cualquier subida de impuestos frena la prosperidad, en el mejor de los casos, y conduce a la bancarrota, en el peor. Voten a quien prometa bajar los impuestos, aun a sabiendas de que probablemente no lo hará. Cabe, al menos, confiar en que no los subirá.

Tercera instrucción... No voten pensando en Europa y en el euro. El uno y la otra, con Brexit o sin él, no tienen más destino que el marcado por la segunda ley de la termodinámica.

Cuarta instrucción... El populismo siempre es demagogia, pero cuando se suma al nacionalismo conduce al totalitarismo. Me da igual la bandera que se esgrima. Voten por ese rebaño de porras y de churros conducido por lobos si les gusta sentir sobre el cogote el peso de las botas claveteadas. Estas elecciones son plebiscitarias. Lo que en ellas cuenta es cerrar el paso a los tribunos de la plebe.

Dicho lo cual, me lavo las manos con aguarrás en el lavabo de Pilatos. Las jornadas electorales casi siempre me pillan en lugares muy distantes de las urnas. ¿Por qué será?

Españexit (Lo cara que puede salirnos la broma de Podemos)
EDUARDO INDA okdiario 19 Junio 2016

Una de las mayores estupideces en forma de trola que he escuchado últimamente es que la inversión nacional y extranjera en el Reino de España se está paralizando o directamente desplomando por “la falta de un Gobierno estable”. Un lugar común que ha adquirido la condición de estereotipo y que repiten cual cacatúas los voceros de ese Grupo Prisa que mandó durante décadas en este país y que quiere seguir haciendo lo propio por Pedro Sánchez interpuesto pese a no ser ni una sombra de lo que fueron en tiempos polanquiles. Mienten con desparpajo porque es lo que hicieron en los Felices (para ellos, claro) Años 80 y 90 en los que “no había cojones [Don Jesús dixit]” para contravenir los caprichos del amo. Unos echan mano de la patraña inconscientemente porque les han lavado tantísimo el cerebro que lo suyo ya no es técnicamente una mentira. Realmente lo piensan. Los más empollados nos engañan a sabiendas porque conocen mejor que nadie los datos.

La verdadera razón de la salida de capitales, a la que habría que sumar la no entrada para percatarnos de la dimensión del problemón, se llama “efecto Podemos”. Así de sencillo. A los pastosos del mundo entero les importa un comino que haya un Gobierno en funciones, entre otras razones, porque mientras gobierne Rajoy no gobernará Iglesias, solo o en compañía de otros. No desdeñemos tampoco el acierto que supuso hacer caso a la Unión Europea que instó a Moncloa a aprobar cuanto antes los Presupuestos Generales del Estado de 2016. Haber contrariado los deseos de Bruselas, tal y como exigía airadamente la oposición, hubiera representado un agravante gigantesco a un problema que con ser importante no es ni la tercera o cuarta parte de lo que podría ser si los coletudos asaltan el poder por las buenas o por las malas.

Aquí el espantapájaros se resume en tres palabras: Po-de-mos. Hay un dato que pone los pelos de punta y que pasó desapercibido cuando se hizo público allá por el mes de marzo. Entre otras razones, porque las mentiras podemitas gozan siempre de mil y un altavoces y las consecuencias que está provocando ya el miedo a esta banda se pasan por alto para no frenar el caudal de votos morados. Lo cierto es que el ejercicio 2015 se cerró con una fuga de capitales de 70.200 millones de euros, que se dice pronto. ¿Y cuándo comenzó la gente a pirárselas con su parné? Pues casualmente, y lo pongo deliberadamente en cursiva, en el mes de junio. Hasta entonces el saldo entre entradas y salidas era superavitario. ¿Y qué pasó para que lo que iba razonablemente bien, por no decir que muy bien, empezara a ir rematadamente mal? Pues lisa y llanamente que el 24 de mayo se celebraron unas elecciones que acabaron dando la Alcaldía de Madrid a Podemos, la de Barcelona a los independentistas socios de Pablemos, la de Zaragoza al de la gomina morada, la de Cádiz a ese chapucero Kichi que está destrozando la Tacita de Plata y la de Valencia al más razonable pero igualmente extremista Ribó.

Donde antes entraba el dinero a chorros (en 2013 arribaron 81.937 kilazos desde el extranjero) empezó a largarse en cantidades industriales al punto que nos tomamos las uvas con 70.200 millones de euros menos en territorio nacional. Este bajón es el segundo más importante de nuestra historia macroeconómica, sólo superado por el roto de 2012, que se saldó con una desbandada de 170.000 millones. La curva empezó a ir para abajo a raíz de la entrada de Podemos en la escena institucional en mayo de 2014 y de la consiguiente torpeza de Rubalcaba y Don Juan Carlos, a los que no se les ocurrió nada mejor que dimitir y abdicar una semana después de que los bolivarianos lograsen cinco diputados en el Europarlamento. Con esta imbecilidad en forma de renuncia el jefe de la oposición y el monarca dieron la sensación de que los verdaderos vencedores de los comicios eran los que en realidad habían quedado cuartos. A partir de ahí empezaron a subir como la espuma en las encuestas a la par que fondos y multinacionales se iban con sus euros a otra parte. El destrozo fue progresivo pero imparable hasta alcanzar esas dimensiones cósmicas.

Teniendo en cuenta que por cada millón de euros que entra en España se crean alrededor de 20 puestos de trabajo estamos hablando de una puñalada mortal al empleo, ya que esos 70.200 millones de euros habían ocupado a 140.000 personas. Afortunadamente, la demanda interna sigue como un tiro y en los dos últimos años se han generado 1,5 millones de puestos de trabajo, a una media de 2.000 diarios, más que nadie en Europa. No podemos olvidar tampoco que las exportaciones han sido a esta nueva etapa de prosperidad en ciernes lo que la construcción significó a los momentos más esplendorosos del aznarismo en los que nuestro PIB estiraba a un ritmo del 5% anual. Al principio de la era Rajoy las exportaciones representaban el 24% del Producto Interior Bruto (PIB), ahora el 33,7%. Un modelo de crecimiento mucho más sostenido y sostenible que ése del ladrillo que significó pan para hoy y hambre para mañana.

Del estirón del PIB también hablo porque cuando las cosas van mal hay que contarlas pero cuando marchan bien, también. Lo contrario, que es lo más habitual en estos tiempos de podemización de buena parte de los medios, es lisa y llanamente un ejercicio de embuste infinito amén de una traición a ese juramento hipocrático que suscribimos los periodistas de contar la verdad. Nuestro PIB estira en estos momentos a un ritmo del 3,4%, más que ningún otro de los grandes de la Eurozona, el doble que Alemania (1,7%), casi tres veces lo que Francia (1,2%), sustancialmente más que Reino Unido (2,3%) y nada más y nada menos que el doble que la media de la UE (1,7%).

Todo este panorama se puede ir al carajo si los tan indocumentados como mentirosos a la par que demagogos del corazoncito de colores se salen con la suya. Hablan de subsidiar a la población cuando lo que hay que hacer es facilitarles un puesto de trabajo (ésa es la mejor política social) y quieren disparar el gasto público en 60.000 millones de euros cuando desde Bruselas nos invitan a bajarlo en 8.000 por órdenes de Berlín. Esos 60.000 millones de euros dispararían el déficit público a no menos del 11% dejándonos fuera de los mercados de capitales y al albur de un seguro rescate. ¿Se acuerdan de lo que sucedió en Grecia? Pues eso es lo que puede acontecer por estos pagos con un Gobierno dominado por Podemos. Disparará a la luna el gasto, nos ametrallará a impuestos (el tipo marginal máximo al 55%), los que ganen más de 60.000 euros brutos anuales deberán astillar casi la mitad a Papá Estado (el 45%), se eliminarán las deducciones fiscales, nos subirán globalmente la tributación en 25.000 millones de euros y lógicamente la salida de pasta de este país en cuestión de horas será sideral. Las consecuencias son obvias: el paro se irá más allá del 25%, pasaremos de un crecimiento del 3,4% a entrar en recesión en año y medio y no es de descartar que la falta de liquidez obligue a un corralito modelo Tsipras. No hablo de la Bolsa pero parece obvio que puede caer a plomo un 30% en un mes con un Frente Popular en Moncloa.

A ver si se enteran: a menos impuestos, más recaudación. Está todo inventado. La curva de Laffer lo prueba empíricamente. Pero no hace falta ser Samuelson, Friedman, Yellen, Greenspan o Draghi para colegir que si los ciudadanos tenemos más dinero en el bolsillo, gastamos más. Es tan lógico que sólo un cretino integral puede sostener lo contrario. A las pruebas me remito: la bajada del IRPF en España no sólo no supuso una bajada de la recaudación sino todo lo contrario. Montoro nos trincó 72.662 millones por este concepto en 2014 y 72.957 en 2015 tras el primero de los alivios fiscales. Lo mismo pasó con el de Sociedades pero a mucha mayor escala: de 18.713 millones en 2014 pasamos a 23.557. Un círculo virtuoso que podemitas y socialdemócratas niegan con la tenacidad de un corredor de fondo y con la falta de convicción de un vendeburras.

Ahora que parece que el Brexit se aleja del escenario de la realidad, tal y como un menda pronostica desde hace varias semanas (este Cameron no ha perdido uno solo de los retos que se ha puesto), no es descartable ni muchísimo menos que la llegada de estos pollos a las instituciones claves del Estado provoque un guirigay monumental en la cuarta economía de la zona euro. Nosotros no saldremos de Europa porque ese debate no está encima de la mesa… pero como si saliéramos. Nadie nos querrá prestar dinero salvo que pasemos por el aro con unas condiciones tan draconianas como las que tuvo que aceptar ese Tsipras que es el espejo en el que se mira Iglesias, ese Tsipras que, entre otras cosas, les ha metido un rejonazo del 35% a sus pensionistas. Y entonces la pobreza, de la que tanto hablan los Iglesias, Errejón y cía como si esto fuera Gambia, no será ya un ejercicio de demagogia y verborrea barata sino una triste realidad. Espero, confío y deseo que la sangre no llegue al río, pero si se impone la irresponsabilidad que Juan Español no diga que no se lo avisamos.

Brexit: cuando los indignados pertenecen a la clase media
Detrás del Brexit lo que hay, en realidad, es el primer gran plebiscito sobre la globalización. Las clases medias tienen razones suficientes para estar insatisfechas
Carlos Sánchez El Confidencial 19 Junio 2016

Lo más sorprendente del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) es, tal vez, la falta de credibilidad de las instituciones multilaterales creadas después de 1945. El FMI, la OCDE, el Banco Mundial, los bancos centrales y, por supuesto, la Comisión Europea –además de todos y cada uno de los líderes europeos y hasta el presidente de EEUU- han advertido del descalabro que supondría el Brexit para la economía británica. Pese a ello, ignorando todos los argumentos, la opción de salir de la UE se presenta hoy como la más probable, según la mayoría de las encuestas.

No hace falta ser muy sagaz para entender que hay una evidente desconexión entre lo que dicen las instituciones oficiales y la calle, lo cual plantea una cuestión de mucha mayor enjundia que el propio referéndum británico. ¿Qué está pasando? ¿Por qué los obreros de Leeds o de Manchester o las clases medias acomodadas de Londres no hacen caso a sesudos informes en los que se advierte de las siete plagas de Egipto? ¿Por qué es papel mojado todo lo que venga de la verdad oficial?

¿Es un problema de legitimidad? O, simplemente, estamos en una realidad mucho más sencilla: los análisis macroeconómicos han fallado tanto en los últimos años, como sostiene el euroescéptico exalcalde de Londres, Boris Johnson, que no tienen ninguna credibilidad. No le falta razón. La sensación de que los informes oficiales están hechos al gusto del gobernante de turno es creciente. Hoy, los organismos multilaterales creados después de la Conferencia de Bretton Woods no son más que una prolongación de los gobiernos, y de ahí que haya serias razones para dudar de su rigor.

¿Qué está pasando? ¿Por qué los obreros de Leeds o de Manchester o las clases medias acomodadas de Londres no hacen caso a sesudos informes?

Existe, sin embargo, una segunda razón de mayor peso que la inmensa mayoría de los análisis macroeconómicos obvian cuando confían en la eficiencia del funcionamiento de los mercados: el creciente malestar sobre los efectos sociales y económicos de la globalización. Y es que, en realidad, el Brexit no es solo un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE, sino, sobre todo, se trata del primer gran plebiscito sobre las consecuencias económicas de un mundo sin fronteras.

Los capitales pueden desplazarse libremente (hasta el punto de coaccionar a los gobiernos en busca de mayores facilidades para la inversión); la inmigración por causas estrictamente laborales es ya un fenómeno de masas (provocando 'dumping salarial' y una precarización de las relaciones laborales) y la lucha por conseguir una misma prestación social -pobres contra pobres- se ha convertido en un asunto cada vez más relevante en los barrios obreros.

Como ha escrito el economista Nick Greenwood*, el debate sobre el Brexit “viene a sustituir una discusión más amplia en torno a los costes y los beneficios de la globalización”. Precisamente, en el país de mayor tradición liberal de Europa y con la economía más abierta y expuesta a la competencia desleal. Ni siquiera el ‘proyecto miedo’ que encarnan los partidarios del ‘no’ al Brexit ha conseguido doblegar la fuerza de quienes salirse de la UE. Chovinismo europeo.

Cuadernos de Información Económica (FUNCAS), por Nick Greenwood


Cuadernos de Información Económica (FUNCAS), por Nick Greenwood

Chovinismo populista
Probablemente, porque el populismo tiende a crear una agenda chovinista. Chata. En la que los problemas se resuelven con soluciones simplistas. Cuando la característica de nuestro tiempo es, precisamente, la complejidad, lo que favorece la fragmentación de las ideologías.

Las grandes ideas capaces de ilusionar a enormes masas de electores se están diluyendo, lo cual crea un caldo de cultivo que es aprovechado por los nuevos populismos localistas construidos a partir de mensajes simples y hasta ideológicamente unicelulares. Sin duda, por el hecho de que la socialdemocracia no solo se ha impuesto en términos económicos, sino que su hegemonía explica muchos comportamientos individuales.

Hoy, cualquier ciudadano se siente con legitimidad -una especie de justicia de clase- para reivindicar los réditos del Estado de bienestar. Entre otras cosas, porque se ha construido sobre sus impuestos, y ese es un argumento muy serio. Hay razones objetivas para estar indignados con el sistema.

Cuando esos dividendos no llegan, por las razones que sean, muchos contribuyentes se sienten estafados y encuentran numerosos argumentos para dar su respaldo a movimientos populistas. Sobre todo cuando algunas élites se han apropiado de la política, hasta convertirla en algo endogámico. Completamente alejada de los ciudadanos. En particular, en países como España, donde el sistema electoral ha favorecido la creación de castas en el seno de los grandes partidos.

Tanto la globalización como el ensanchamiento de la desigualdad (en buena medida impulsada por la innovación tecnológica y los muy desiguales avances de la productividad en función de los distintos sectores productivos) son, en realidad, las dos caras de una misma moneda que explican el auge de los populismos. Un fenómeno alimentado por un sistema fiscal que premia a las grandes corporaciones frente a las clases medias. En 2013, se descubrió en el Reino Unido que compañías como Google, Amazon o Starbucks apenas pagaban impuestos utilizando complejas argucias de planificación fiscal. Los Papeles de Panamá son más de lo mismo, y abundan en el hartazgo hacia la política tradicional que privilegia a unos frente a otros.

En realidad llueve sobre mojado. Las cancillerías europeas se estremecen ahora por el Brexit. Pero nada dijeron cuando Fred Goodwin (50 años por entonces), el banquero más odiado del Reino Unido, pactó con el Gobierno una pensión vitalicia anual de unas 700.000 libras (unos 875.000 euros) pese a que durante su alocado mandato el RBS necesitó 20.000 millones de libras de dinero público para poder seguir operando.
Imagen de archivo con los ex consejeros delegados de
Es verdad que la respuesta que pretenden dar algunos ante tanto dislate es favorecer el 'empobrecimiento del vecino' para solucionar los problemas, una estrategia ruinosa que emergió con fuerza en los años treinta, cuando muchos gobiernos confiaban en una salida nacional ante la devastadora crisis de 1929. Sin duda, porque la globalización no es un fenómeno homogéneo que ataca a todos por igual.

Hay sectores -pequeños comerciantes, profesionales, agricultores o autónomos- especialmente vulnerables, y son ellos precisamente ellos quienes desconfían de la vieja política. Las clases medias que sufren por la irrupción de una competencia que consideran desleal.

Ese es el caldo de cultivo en el que se mueven los partidarios del Brexit. Sin duda, con argumentos de peso que los gobiernos obvian por esa cobardía intrínseca del sistema político. Hoy los gobiernos son incapaces de enfrentarse a los problemas de fondo por su coste electoral. En su lugar, políticos y la mayoría de medios de comunicación despachan el asunto diciendo que Europa se está llenado de xenófobos, cuando la realidad es mucho más compleja de lo que se quiere mostrar.
Un dramático fracaso

La respuesta proteccionista que se dio en los años treinta, sin embargo, fue un error que han aprendido los gobiernos (de hecho, no ha habido guerras comerciales significativas desde 2008), pero también es un fracaso dramático permitir que después de los sacrificios derivados de la Gran Recesión de 2009 no haya réditos para millones de ciudadanos. Como ha recordado la profesora Ngaire Woods, de la Universidad de Oxford, tras 1945 los gobiernos aprendieron la lección de los años treinta e invirtieron en educación, atención médica y sistemas de asistencia social de buena calidad que beneficiaron a la mayoría.

Pero en 2016, como sostiene Woods, lo relevante es ser conscientes de que, desde un punto de vista político, la globalización tiene que estar controlada no solo para permitir que los ganadores ganen, sino también para asegurar que los gobiernos no hagan trampa o ignoren sus responsabilidades ante la sociedad. No hay lugar para políticos corruptos que consientan a empresarios corruptos.

Se equivocan quienes piensan que los ciudadanos se van a quedar satisfechos solo con la creación de empleo, sin tener en cuenta la precariedad salarial

O expresado en palabras de Gordon Brown, el 'expremier' británico: “Debemos comenzar por reconocer que en un mundo cada vez más integrado e interdependiente, cada país debe encontrar el equilibrio adecuado entre la autonomía nacional que desea y la cooperación internacional que necesita”. Las manifestaciones de Seattle en 1999, en este sentido, fueron la primera advertencia de que algo se estaba haciendo mal con el alocado proceso de globalización.

Y por eso se equivocan quienes piensan que con solo crear empleo, sin tener en cuenta la precariedad salarial o la inestabilidad en el centro del trabajo, los ciudadanos se van a quedar satisfechos. Por el contrario, tienen razones suficientes para desconfiar de un sistema que les promete lo contrario de lo que ofrece. Y que ni siquiera les ofrece un trabajo decente.

El crecimiento económico, en contra de lo que suele repetir el ministro De Guindos, no lo es todo, como demuestra el referéndum británico. Un país no cabe en el PIB. Y la primavera populista que ha irrumpido en nuestras vidas es el mejor ejemplo de ello. O se gobierna la globalización o el mundo acabará devorándose a sí mismo.

*Nick Greenwood. ‘Referéndum de Reino Unido sobre la permanencia en la UE: consecuencias para las economías británica, de la UE y española’. Analistas Financieros Internacionales (AFI).

Personas y proyectos
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 19 Junio 2016

Los medios han destacado en estos días la claridad con la que Albert Rivera ha afirmado que no apoyará un Gobierno presidido por Mariano Rajoy, ni por activa con los votos de los diputados de Ciudadanos, ni por pasiva con su abstención. En otras palabras, que no contempla que el actual jefe del Ejecutivo siga en su puesto a partir del 26 de Junio si puede impedirlo con la fuerza de la que disponga en el Congreso. Rápidamente, desde la cúpula del Partido Popular y desde los altavoces afines en la prensa se ha acusado a la formación naranja de poner vetos y de interferencia intolerable en los asuntos internos de otra opción electoral. Asimismo, se ha dejado entrever que, pese a la rotundidad con la que Rivera ha expresado sus intenciones, al final no cumplirá su amenaza y se tendrá que plegar a la necesidad de que España disponga de un Gobierno estable, habida cuenta del enorme daño que la presente incertidumbre está causando ya a la incipiente recuperación. La comparación con la CUP y su derribo de Artur Mas se ha esgrimido también como argumento descalificador, presentando a Ciudadanos como imitador del comportamiento intransigente y sectario de una horda antisistema.

Con el fin de examinar esta cuestión en toda su amplitud hay que tomar en consideración varios factores, relevantes todos ellos. El primero es que a la hora de acordar un pacto de gobierno se debe abordar un programa y, asunto no menor, quién lo ha de llevar a cabo. Los equipos son un componente esencial de cualquier propósito común y, por consiguiente, no hay que contemplar la negativa de Ciudadanos a Rajoy como una obstrucción, sino como una pieza determinante de un proyecto para España. Hay nombres que por sí solos son garantía de triunfo o de fracaso a la luz de sus biografías conocidas. El segundo es que Ciudadanos concibe la próxima etapa política de nuestro país como un tiempo de renovación y reforma profundas, lo que implica que los que la dirijan han de estar capacitados para tal empresa. Y el tercero es que Albert Rivera ha establecido sin equívoco alguno, tal como sus posiciones a la hora de facilitar la formación de gobiernos municipales con socialistas y populares han demostrado, que no admite ninguna sombra de corrupción y que, tras el vendaval de estiércol que ha barrido a los viejos partidos a lo largo de las pasadas décadas, hay que proceder a una limpieza implacable de nuestras instituciones en las que nadie manchado por la venalidad puede ocupar cargos de representación o de gestión.

Analizado el asunto a través este prisma interpretativo, el rechazo a Rajoy cobra indudable solidez. Es difícil creer que un inmovilista conspicuo que ha desperdiciado cuatro años de mayoría absoluta sin emprender ninguna de las reformas estructurales que España demanda a gritos, se transforme de repente en un motor incansable de regeneración y mejora, en definitiva, el viejo dicho sobre el olmo y las peras. Tampoco resulta verosímil que una voluntad insobornable de saneamiento de un sistema político podrido tenga en su cúspide ejecutiva al emisor del famoso SMS “Luis, sé fuerte”, al encendido orador del “te quiero, Alfonso, c…, te quiero”, al clarividente profeta del “Yo quiero para España un Gobierno como el de Jaume Matas en Baleares” o al enfático tribuno parlamentario del “Nunca he manejado dinero negro, nunca he sabido que en el Partido Popular se manejase dinero negro, nunca he autorizado el uso de dinero negro, ni nunca he recibido dinero negro”. El hecho incontrovertible de que el PP está procesado por haber pagado las obras de remodelación de su sede central con fondos opacos procedentes de comisiones ilícitas contrasta llamativamente con esta detallada proclama.

El anuncio de Ciudadanos de que está dispuesto a hablar con todos los grupos políticos que respeten la Constitución, lo que excluye a los independentistas, y que se inclinen por el cambio sensato y no por la ruptura traumática, lo que elimina a Podemos de la ecuación, demuestra una actitud razonable y un respeto sin fisuras al interés general. Dentro de este marco de una lógica tan aplastante, sustentar desde fuera, y no digamos ocupar carteras, en un Gobierno presidido por Mariano Rajoy equivaldría a que Ciudadanos abandonase las premisas básicas de su propuesta y de su doctrina, lo que le conduciría irremisiblemente al descrédito y al fracaso. No hay, pues, veto a una persona concreta, sino coherencia absoluta con una visión de esperanza y de éxito para una Nación a la que la pasividad, el oportunismo, la cobardía y la indecencia de demasiados de sus dirigentes han situado en la angustia de la duda y en el páramo del desaliento.

La tragedia de Jo Cox y el futuro de Europa
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 19 Junio 2016

Recuerdo mis primeros viajes a Londres, empeñado en esa batalla interminable e incruenta con el inglés, y la extraña sensación que me producía, viajando desde la España que trataba de olvidar el franquismo, la imagen de un país donde se comía de forma lamentable, la gente del común se bañaba una vez a la semana porque en las casas no había ducha, y la cultura del pueblo llano comenzaba a las tres de la tarde del sábado, hora de inicio del partido del Arsenal en Highbury, y terminaba noventa minutos después para concluir en el abrazo de un pub cargado de sudor y pintas de cerveza, ¡last orders, please!, aquellos pubs que tan pintorescos resultaban a los españoles que lavábamos platos el tiempo que no andábamos perdidos en la academia de Mr. Murray Lewellyn en Craven St., a dos pasos de Trafalgar Sq. Era la imagen de un país cutre y empobrecido, en apariencia condenado a la miseria, anclado en el recuerdo de los días dorados del Imperio, férreamente estratificado en clases sociales cuyo blindaje era el propio idioma, elegante en los bien educados, vulgar en las clases bajas, que contribuía a mantener la frontera entre ricos y pobres.

Luego llegó el descubrimiento del petróleo del Mar del Norte. A partir de los ochenta, las ventas de crudo pasaron a representar el 12% de las exportaciones totales del Reino Unido (RU). Casi al mismo tiempo, de la gobernación del país se hizo cargo una dama apelada “de hierro” que lo puso en pie, lo rescató de las zarpas de los sindicatos, privatizó empresas públicas y servicios sociales, elevó la moral pública y lo devolvió su orgullo, haciendo de él un espacio atractivo para la actividad empresarial y la inversión extranjera. Una Thatcher bien distinta al diletante David Cameron, ese apuesto pirómano bombero educado en Eton y Oxford que, como tantos otros genios de la política a lo largo de la historia, ha sido capaz de convocar un referéndum con grave riesgo de perderlo. Hoy, ese mismo país, convertido en la cuarta economía del mundo y segunda de Europa, primera potencia militar y diplomática del continente, está en un brete de torcer de nuevo su destino dispuesto, de la mano de una extraña alianza entre tories y populistas, entre demagogia y xenofobia, a “vender” a la Inglaterra profunda una nueva Arcadia presta a mirar en solitario hacia el Atlántico, de espaldas a una Unión Europa (UE) de la que quiere zarpar sin saber muy bien qué rumbo tomar ni a dónde ir.

Y todas las alarmas han saltado, en Gran Bretaña y en la propia UE, porque el triunfo del Brexit podría tener un efecto demoledor sobre el sueño de aquella Europa unida que un día imaginaron los padres fundadores del Tratado de Roma. Las Bolsas europeas llevan semanas de cuantiosas pérdidas. “La libra cae, el dinero escapa a la carrera y se frena la venta de pisos en Londres”, asegura el ministro Osborne. El asesinato de la diputada Jo Cox ha añadido al debate las gotas de dramatismo necesario para hacer del referéndum del próximo jueves un envite de dimensión histórica. “Muerte a los traidores, libertad para Reino Unido”, declaró ayer Thomas Mair, presunto asesino, al iniciar su comparecencia ante el tribunal de Westminster. Pero, ¿realmente el país que era conocido como “el enfermo de Europa” cuando ingresó en el Mercado Común, cuyo PIB es el que más ha crecido en los últimos años –en parte debido a sus propias reformas, cierto, pero también gracias a la suerte que supone tener a la vuelta de la esquina y sin barrera aduanera alguna el mercado más rico y poblado del mundo, al que vende casi el 50% de sus exportaciones- que está en vías de convertirse en la mayor economía europea, por encima incluso de Alemania, está siendo sometido y sojuzgado por la UE?

Es la pregunta, aparentemente sin sentido, que estos días intentan responder quienes se adentran en el rompecabezas del Brexit, reconociendo, de entrada, que el RU nunca fue un socio entusiasta de un proyecto de unión –plasmado en los Acuerdos de Lisboa- en cuya gestación en 1957 no participó y en el que se embarcó en 1973, tras superar el veto del general De Gaulle. Convencidos defensores como son de que el mercado y la libre competencia son la forma más eficaz de asignar recursos, los británicos siempre han tenido una visión economicista de unos tratados comunitarios que Alemania y Francia concibieron como ungüento capaz de evitar de una vez por todas las matanzas que empaparon de sangre el continente desde las invasiones napoleónicas y la guerra franco-prusiana, por no mencionar los dos terribles guerras mundiales. Celoso guardián de sus tradiciones e independencia, el RU siempre ha visto, en cambio, con suspicacia cualquier movimiento tendente a una mayor integración política, cuyas ventajas quedaban en el limbo ante la realidad de la asfixiante burocracia de Bruselas y el creciente déficit democrático en la toma de decisiones que, como los programas de ajuste derivados de la crisis, impactan directamente sobre el nivel de vida de la gente.

La dureza de la crisis y el consiguiente auge del populismo, catapultado a su vez por la oleada migratoria provocada por los conflictos de Oriente Medio, han hecho el resto. Sobre el viejo continente ha ido cayendo, cual lluvia fina, un relato de descrédito que nadie ha sabido o querido contrarrestar. Es la imagen de una UE ensimismada, una Europa enferma de relativismo moral, rehén de unos Estados del Bienestar cuyo mantenimiento reclama el 50% de los ingresos de sus ciudadanos en impuestos, incapaz por ello de crecer lo suficiente para crear riqueza bastante y ofrecer oportunidades de futuro a las nuevas generaciones. Un continente sin nervio, ayuno de liderazgos políticos. Un gran balneario de señores ricos, que no saben cómo defender su estilo de vida. Para esta visión catastrofista del viejo continente, la situación actual se parece como dos gotas de agua a la Europa de entreguerras, con su correlato de crisis económica y paro galopante, pérdida de confianza en la democracia liberal, auge de los nacionalismos xenófobos y aparición de los populismos extremistas con su correlato de tragedia.

“Pero, ¿cómo ha sido posible, teniendo en cuenta las penosas consecuencias que su triunfo tendría para nuestros país, que el Brexit se haya hecho tan popular?”, se preguntaba días atrás el ex primer ministro John Major. “En parte porque los proeuropeos, que a menudo hemos criticado los defectos de la UE, no hemos sido capaces de enfatizar sus virtudes. Nuestra pasividad ha contribuido a alimentar el sentimiento anti UE, de modo que ahora nos enfrentamos a una ola de medias verdades, mentiras y exageraciones que han calado hondo y que amenazan con llevarnos al precipicio (…) La Unión ha liberalizado mercados como las telecomunicaciones, el transporte aéreo y la energía, y la competencia ha hecho posible alternativas más eficientes y más baratas para los usuarios de esos servicios, por no hablar de la masiva colaboración en la investigación científica e industrial por ella puesta en marcha (...) Siempre hemos sido grandes comerciantes, y esa capacidad nos ha permitido mejorar notablemente el nivel de vida de nuestra gente, que aún mejorará más cuando la UE abra mercados como el digital, el energético y el de servicios financieros. Por eso, cuando oigo que China se dispone a triplicar sus inversiones en la UE, me hago la siguiente pregunta: ¿estarán los chinos dispuestos a invertir en un mercado de 65 millones como el británico más que en otro de 500 millones? Nada de esto ocurrirá si nos vamos. Como dijo Thatcher, no hay alternativa al mercado único europeo”

Ninguna de estas reflexiones parece desanimar a los seguidores del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que lidera el ex corredor de bolsa Nigel Farage, o, en el otro extremo, personajes como el ex alcalde de Londres Boris Johnson, a quien Major tilda de “Boris-in-Wonderland”, para quienes los británicos quieren recuperar soberanía y, al tiempo, nivel de vida, cerrando fronteras a la inmigración y acabando con la marea regulatoria que asfixia a unos y a otros”. En el peor escenario posible, aquel en el que Gran Bretaña no lograra firmar un acuerdo comercial preferente con la UE-27, la organización Open Europe, un “non-partisan and independent policy think tank”, estima que el PIB británico sería un 2,2% inferior en 2030 al que hubiera sido en caso de permanecer en la UE. Por el contrario, en el mejor escenario posible, y dando por sentado que el país lograra ese acuerdo comercial y, además, fuera capaz de llevar a cabo una liberalización radical de su economía para dejarla completamente abierta al comercio mundial, Open Europe estima que ese PIB sería un 1,6% superior en 2030 al resultante de haber permanecido en la UE. Naturalmente, los incentivos para que Bruselas, en caso de triunfo del Brexit, concediera a Gran Bretaña un acuerdo de libre comercio similar al que mantiene con Noruega serían más bien escasos, por no hablar de que en tal hipótesis el RU se vería obligado a seguir contribuyendo al presupuesto comunitario con la misma cantidad que ahora (el 0,35% de su PIB), sin poder participar en la toma de decisiones.

Un escenario “políticamente realista”, alejado de ambos extremos, cifra la caída del PIB en el año de referencia en un 0,8% en el primer supuesto, y un incremento del 0,6% en el segundo. Sin un acuerdo comercial preferente con la UE, Gran Bretaña solo podría prosperar fuera de la Unión dando pasos de forma resuelta hacia una liberalización y desregulación total de su mercado, lo cual no es precisamente fácil. Abrir su economía al resto del mundo –particularmente a USA, India y China, entre otros-, condición sine qua non para generar crecimiento económico, supondría exponer a empresas y trabajadores a unos niveles de competencia brutales con los países low-cost, con las implicaciones políticas y sociales que ello traería aparejado. La contradicción no puede ser más llamativa: para ser competitivo frente a esos países, el RU necesitaría adoptar una política de inmigración muy “liberal” que le permitiera bajar salarios y reducir costes de producción, lo que supondría tomar decisiones que irían precisamente en contra de la argumentación básica de quienes quieren abandonar la UE para poner barreras a la inmigración.

Para la UE, la salida de una economía como la británica significaría, de entrada, un freno notable a la pretensión de convertirse en tercera gran potencia económica mundial, en pie de igualdad con China y los EE.UU. Más grave aún, en el corto plazo equivaldría a poner al bloque liberal en las instituciones europeas –británicos más alemanes- en trance de desaparición, al perder su capacidad de convertirse en minoría de bloqueo. En términos de política de defensa común, La UE sería un interlocutor más débil. Las consecuencias, con todo, dependerían de la capacidad de la propia UE para convertir el golpe en revulsivo, en catalizador capaz de hacer aflorar las energías de un continente que parece haber perdido la fe en un proyecto que le ha dado más de 70 años de paz y prosperidad, lo que no es moco de pavo. Ese impulso debería servir para introducir reformas tendentes a desregular y liberalizar mercados tanto hacia dentro como hacia fuera de la UE, atando en corto a esa maquinaria burocrática de Bruselas cuyo objetivo parece residir a veces en parir ley tras ley y reglamento tras reglamento. Liberalizar y democratizar, acercando la toma de decisiones a los ciudadanos. En un mundo globalizado, Europa necesita imperiosamente ser competitiva, lo cual reclama en primera instancia reducir el coste de esos Estados Providencia cuyo mantenimiento drena gran parte de los recursos disponibles. La UE, como la propia España, necesita crecer imperiosamente, porque donde no hay harina todo es mohína. El consenso apunta a que una Europa que aceptara resignada la salida británica sin adoptar reformas radicales estaría abocada a su disolución sin remedio.

La suerte del Brexit, con todo, no se decidirá tanto en el tapete de las reales o supuestas consecuencias económicas, como en esos ingredientes etéreos que tienen que ver con el sentimiento, incluso con la pasión, más que con la razón. La especie humana siempre vuelve donde solía: a ser capaz de morir por un himno o una bandera, una canción o un trapo, antes que por una fórmula matemática o una demostración empírica. Es, en parte, el renacimiento de aquel movimiento romántico que acompañó la exaltación de los nacionalismos europeos en el XIX. Hay un cierto paralelismo entre el debate del Brexit y el nacionalismo catalán. En lugar de tratar de “asaltar” Europa, de arrebatársela a esos burócratas de Bruselas que han hecho de la Unión su medio de vida, de controlarla y dirigirla imprimiendo al proyecto el marchamo liberal y competitivo que tantos reclaman, los Boris Johnson de turno prefieren retirarse y abandonar el campo sin lucha para refugiarse en el dorado aislacionismo de unos tiempos que jamás volverán. Como tantas veces se ha dicho de Cataluña y España, también Gran Bretaña y la UE perderían con la separación.

En palabras de Lord Leach of Fairford, presidente de Open Europe, “es poco probable que el Brexit terminara convirtiéndose en el cataclismo que algunos vaticinan. Sin embargo, transformar Gran Bretaña en esa economía desregulada y abierta al libre comercio que necesitaría para crecer fuera de la UE suena fácil en teoría, pero en la práctica podría chocar con resistencias políticas muy fuertes dentro del propio país. El peor escenario, con todo, sería aquel que uniera la salida de la Unión con la vuelta a prácticas proteccionistas. Y una gran verdad: si el Reino Unido pusiera el mismo entusiasmo en transformar desde dentro la UE que el que necesitaría desplegar para ser viable tras el Brexit, tanto a él como a la Unión Europea les iría mucho mejor”. Todo está dicho, o casi. Quieran los Dioses que Jo Cox mueva los dados desde el más allá de forma que la suerte sonría a Gran Bretaña y al resto de Europa en esta partida.

La inmigración, según Podemos: Un programa incompetente
Francisco López www.latribunadelpaisvasco.com 19 Junio 2016

Parafraseando a Marx, un fantasma recorre Europa: la política de inmigración. En la actualidad es uno de los ejes centrales de discusión política y social, en especial durante los procesos electorales. Con distintos puntos de vista, niveles de polémica y efectos, cómo gestionar las crecientes presiones migratorias de ciudadanos procedentes del Tercer Mundo es motivo de análisis cara a afrontar un futuro lleno de incertidumbres y dificultades. Bueno, todos los países, no. Una vieja nación poblada por irreductibles lelos, resiste ahora y siempre al sentido común: España.

Para aquellos que conocemos la realidad europea y que debemos ser muchos menos de los esperados, el espectáculo que vimos durante el “debate de los cuatro candidatos”, fue penoso, viéndoles pasar de puntillas sobre la crisis de los refugiados y literalmente ignorando el problema migratorio en sus múltiples vertientes. Ha sido la tónica de toda la compaña electoral. Silencio. En especial, sorprende esto cuando una coalición con posibilidades de llegar a la Moncloa, Unidos Podemos, presenta un completo programa en la materia, que de llevarse a cabo, tendría un importante impacto social, económico y de convivencia en nuestra nación.

Desde el momento en que se constituyó Podemos, hizo suyo el discurso multicultural y ajeno a la realidad, canónico en la izquierda europea. Sus propuestas en lo esencial no han cambiado aunque paulatinamente su tono, su expresión e incluso en algún aspecto trascendente, han evolucionado. Como paciente lector no puedo menos que agradecer la retirada de algunas frases que por su nivel de enrevesamiento dejaban a los contratos de preferentes como un ejemplo de claridad y concisión. Así mismo para el 27-J ha desaparecido una de las propuestas más indignantes, teniendo en cuenta que las expulsiones en la actualidad se concentran en delincuentes: poner y pagar con nuestro dinero letrados a disposición del infractor a expulsar con el único objetivo de frustrarla. Tampoco figura la exigencia de desmantelar los operativos de Frontex en los países africanos, en especial el exitoso despliegue de Mauritania.

A pesar de todo, en el largo camino a lo que algunos llaman moderación y otros llamamos, simple y evidente sentido común, a Podemos le queda en esta materia muchísimo, dado que como veremos en este artículo siguen optando por la falta de realismo, cuando no por la incompetencia.

Un análisis a sus propuestas, numeradas en el famoso “programa IKEA” del 309 a 316, nos indica que la fuerza liderada por Pablo Iglesias sigue aferrada a tópicos arcaicos y sobre todo, en absoluto son conscientes de la situación real de nuestro país. En sus planteamientos pasan por alto que hay más de un 20% de paro, lo que está suponiendo un inmenso esfuerzo económico. Por otro lado, cierran los ojos a cómo, de sopetón, hemos entrado en el huracán de una revolución tecnológica que está devorando puestos de trabajo a un ritmo inusitado y sin que esté claro cuándo y cómo se crearán otros empleos que compensen esa destrucción. Es decir, en el peor momento posible, cuando lo poco que se crea es en sectores como turismo y servicios, con salarios bajos, a Podemos no se le ocurre otra cosa que plantear una completa y total relajación de las barreras inmigratorias, que amén de otros efectos colaterales, al inundar de trabajadores no cualificados nuestro mercado de trabajo, terminen por hundir los sueldos.

¿De verdad Unidos Podemos practica la igualdad de trato?
Este programa además de tener un fondo preocupante, tiene una presentación formal que es un insulto a los ciudadanos. En los ocho puntos citados, única y exclusivamente se habla de derechos para los inmigrantes. Las obligaciones brillan por su ausencia. Ni tan siquiera los “sucesos de Colonia” han servido para moverles su conciencia, de modo que se recoja expresamente que quien venga a vivir entre nosotros debe respetar nuestras culturas, nuestras costumbres, nuestras formas de ver la vida, nuestras religiones y nuestro laicismo/ateísmo, nuestras mujeres, nuestra libertad sexual, etc., en resumen, respetar nuestras leyes… incluidas las fiscales. Un programa donde brillan por su ausencia las propuestas de vigilancia y control de comportamientos y donde se avise expresamente que el que la haga, la pague.

Algunos dirán que es obvio, que es algo que se sobreentiende, que no es necesario indicar que hay que cumplir las leyes y estos avisos pueden crear estigmatización. Y efectivamente así tendría que ser, pero siempre y en todos los ámbitos. Sin embargo, Unidos Podemos y la paleoizquierda que representa, usa un doble rasero según qué casos. Por ejemplo, en la ideología de género, donde de forma reiterada, constante, tiene un discurso plagado de avisos y amenazas para aquellos que tengan comportamientos inadecuados. En la “memoria histórica”, donde los sobrentendidos se evaporan y obligan literalmente a que cada vez que nos refiramos a sucesos del pasado a que incluir una condena expresa del franquismo. La obsesión con los “ricos” y cómo se les señala, a pesar del riesgo de estigmatización, a fin de que paguen más impuestos. Y así prácticamente en todos los campos, donde la mínima desviación de lo que consideran correcto es denunciada explícitamente junto el correspondiente aviso de acción punitiva. Ahí sí nos dicen y reiteran hasta el aburrimiento de que el que lo haga, lo paga. En casos no tienen el menor escrúpulo de generar “estigmatización” de colectivos ni se da por sobreentendido que hay que cumplir las leyes.

Así nos encontramos que a los inmigrantes ni se les recuerda ni se les puede recordar sus obligaciones. Pero respecto a los indígenas hispanos, no contentos con las ya duras medidas antirracistas felizmente vigentes, en el punto 313 nos amenazan con dar otra vuelta de tuerca, mediante la “ley 14”. Como nos deben de considerar poco menos que unos salvajes mal educados, nos van “civilizar” con un plan de lucha contra el racismo, la xenofobia y cualquier forma de discriminación. Aunque algún inocente crea que este contenido implícitamente también incluye de los comportamientos incorrectos de los inmigrantes, la lectura global de todo el punto, coronado con la reveladora propuesta de la descolonización simbólica, deja perfectamente claro que los destinatarios de ese plan, somos los todos aquellos “blanquitos” que nos hemos criado en esta “sociedad heteropatriarcal" (1).

La frontera sur abierta de par en par
La medida 316 es un torpedo en la línea de flotación del control fronterizo en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Se arrogan el papel de jueces, calificando de ilegal lo que no es más que una interpretación respetable pero subjetiva de la actual normativa, por cierto respaldada por la Unión Europea.

Van a quitar lo que llaman elementos lesivos con que cuentan las vallas de las ciudades. Traducido del “idioma políticamente correcto” quiere decir que van a retirar aquello que hace eficaces los vallados frente a las intenciones de ciudadanos de otros países de saltarse la legalidad española. Si se ha llegado a esta solución, es porque previamente los otros modelos resultaron fallidos, dado que en contra de lo que parecen opinar los políticos de Unidos Podemos, estas personas no son imbéciles y siempre encuentran métodos para franquearlas. Si de resultas de su actividad ilegal esos elementos lesivos ocasionan heridas, los infractores serán los únicos responsables. Con sus propuestas, más vale que directamente quitáramos los vallados: al menos nos ahorraríamos mantener algo inútil.

Una vez deslizados por la pendiente del apoyo a la inmigración irregular, lo coronan con la anulación de la llamada devolución en caliente, medida que desde su implantación ha reducido enormemente la presión en la frontera y los flujos migratorios por esta vía. ¿Qué es la devolución en caliente? Es sencillo de explicar: los agentes de frontera pillan in fragranti a alguien cometiendo la infracción de entrada sin permiso en territorio, y en vez de premiarlos como quiere Unidos Podemos, frustran la ilegalidad. Como es habitual, utilizan el caso de los “refugiados” como excusa: el agente no sabe si es un refugiado o perseguido y si lo devuelve no podría hacer la solicitud de asilo. Y como es habitual, ocultan que en los puestos fronterizos de las ciudades autónomas ya hay medios legales para presentar dicha solicitud y Marruecos no es un país en guerra donde sus vidas corran peligro inminente.

Para que no quede ninguna duda de que mafias e irregulares tienen barra libre para sus objetivos, lo refrendan planteando a Marruecos la modificación del actual convenio. Por supuesto, Marruecos estará feliz de firmar un acuerdo que provocará grandes gastos económicos y múltiples problemas a su viejo enemigo.

El panorama que se dibuja en la frontera sur es pavoroso. En el peor momento, cuando las amenazas yihaidistas se multiplican, dejarán una valla, que no impide el paso y donde tal como sugieren, los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado serán poco menos que unos criados al servicio de infractores. Los cortacabezas, homófobos y machistas lo tendrán mucho más fácil para infiltrarse en España.

El fin de las expulsiones
Una de los deberes de un Gobierno que quiera evitar la estigmatización de los inmigrantes es el control de aquellos que delinquen y/o tienen otros comportamientos inaceptables en una sociedad occidental moderna, amén de que un país no tiene la obligación de responsabilizarse a delincuentes foráneos. Para ello, entre las medidas a aplicar, hay una fundamental, la expulsión del territorio nacional. Unidos Podemos, no dice expresamente que vaya a prohibir las expulsiones, pero propone una serie de cambios, que en la práctica las harán difíciles cuando no imposibles.

Primero hay que señalar que su número cuantitativamente no es muy grande. En 2014, fueron 2.400 pero cualitativamente son importantes, porque se concentran en esos colectivos que popularmente se suelen llamar “lo mejor de cada casa”. Alrededor del 20% de ellos eran personas con penas de prisión de un año o más y reincidentes. Por cada delincuente expulsado, se ahorra un subsidio de excarcelamiento de 18 meses a 426 euros/mes, se evita la comisión de nuevos delitos y lo más importante, se reduce la posibilidad de que la población vea a los extranjeros como delincuentes.

Para frustrar esto, Podemos incluye dos iniciativas en la medida 314. La primera es el cierre de los CIE (Centro Internamiento de Extranjeros). Que estos no funcionan bien es algo que hay que asumir. A veces hay colectivos que no deben ser ingresados en ellos, hay que modificar plazos, mejorar condiciones materiales, etc. Pero cumplen una misión importante. Una expulsión no se puede hacer automáticamente. Se necesitan días para preparar billetes, agentes de escolta, preparar las comisiones de servicio, trámites judiciales, etc. Con estos centros se agiliza el procedimiento y sobre todo se evita la fuga. ¿Alternativa? No ofrecen ninguna.

La otra iniciativa consiste en acabar con los vuelos colectivos. Aquí nos encontramos con una interpretación torticera y falsaria, ya que afirman que la legislación internacional prohíbe las deportaciones masivas. Asimilar éstas a fletar un avión para facilitar el regreso a países con los que en la mayoría de los casos no existen vuelos directos, sólo se puede calificar de una forma: mala fe.

Otra cosa en la que inciden es la no devolución a países donde puedan ser perseguidos. La inmensa mayoría son devueltos a Estados, que si bien son corruptos e ineficaces, incluso con enfrentamientos armados, no implica que vayan a sufrir persecución y su vida esté en peligro. En todo caso, será algo a estudiar caso por caso.

El sistema de expulsiones habrá que analizarlo, mejorarlo, hacerlo más eficaz y sobre todo justo, pero es un mecanismo que, recordemos, lo primero que protege es la imagen de tantos inmigrantes honrados que están entre nosotros y no puede ser eliminado de un plumazo porque puntualmente hubo errores. Si queremos acabar con la estigmatización, las expulsiones son imprescindibles. ¿A qué juega Unidos Podemos? ¿Incompetencia u otra cosa?

Derecho al asilo y refugio
Recogido en el punto 315, es uno de los más completos. Muy buenas intenciones a la hora de mejorar un derecho que tradicionalmente, ya desde tiempos de Felipe González, se ha aplicado de un modo especialmente cicatero. Pero es sospechoso que no se parta del principio de que frecuentemente inmigrantes económicos se han presentado como perseguidos políticos. Por tanto, si hubiera buena fe, una medida fundamental que hay que incluir es asegurar que habrá mecanismos para garantizar que un refugiado es alguien realmente perseguido de modo individual. Pero aquí nos topamos con la realidad de los “mundos de Yupi” donde viven estos señores: el fraude sólo existe entre los ricos porque los “pobres” ni mienten ni engañan.

Especialmente preocupante es convertir embajadas y consulados en lugares donde solicitar asilo, dado que puede provocar el colapso de algunas de estas instalaciones. ¿Tendríamos que asumir el coste de traerlos desde allí? O que se hable de “países en conflicto” en vez de “zonas en conflicto”. La mayoría de los estados con conflicto tienen enfrentamientos armados en zonas muy limitadas de su territorio. Un ejemplo, Nigeria, donde los choques se producen una reducida zona del norte y tal como lo plantea Unidos Podemos daría derecho a solicitar refugio a sus 177 millones de habitantes.

Buenas intenciones, pero brillan por su ausencia las matizaciones y controles para que de verdad sea eficaz, sostenible y de acuerdo con lo que ellos mismos proclaman sea un compromiso de España en función de su población y sus recursos.

Vías legales, seguras y fáciles para entrar en España
Mucho se habla de las pateras, pero la inmensa mayoría de los inmigrantes han entrado por los aeropuertos y, en el caso de los europeos, por la frontera francesa. No está mal recordar que los ciudadanos hispanoamericanos empezaron a llegar cuando el Gobierno Aznar ordenó que se hiciera la vista gorda en Barajas. Es irónico, pero los que más odian a Aznar, en esta materia plantean tácitamente un regreso a su política.

La medida que se ocupa de esta faceta del problema es la 312. Hablan de articular vías legales y seguras amén de facilitar la reagrupación familiar. ¿Es que no hay ahora vías legales y seguras? ¿Es que no hay reagrupación familiar? La hay, lo que ocurre es que su aplicación se hace en función de un “pequeño detalle” que parece han olvidado los redactores: tenemos más de un 20% de paro. Con mucho desempleo, unas cuentas públicas con un pesado déficit, con crecientes gastos en asistencia social y ayudas a los más necesitados, es obvio que habrá que actuar de una forma diferente a cuando el paro era del 8%. Entre otras razones, para proteger y a ayudar a los más vulnerables y débiles, los trabajadores no cualificados y los inmigrantes regularizados en España, que serán los primeros afectados por la afluencia que de legal y segura, está patrocinando Unidos Podemos.

Una propuesta novedosa es proporcionar a ciudadanos que están fuera de España un permiso de trabajo de tres meses, con el compromiso de volver. Unos conseguirán trabajo, pero, ¿y los que no? Si les da la gana, se quedarán y gracias a la medida 314, no se podrá obligarles a volver. Como ya se ha proclamado que se “flexibilizarán” los procedimientos de legalización mediante arraigo, Unidos Podemos volverá a premiar el fraude.

La nacionalidad española regalada
Los españoles y los extranjeros legalizados tenemos prácticamente los mismos derechos y las mismas obligaciones. La nacionalidad es más que nada un elemento simbólico, donde una persona muestra su compromiso con el país que le ha acogido. Ese compromiso se plasma en el voto y algunos derechos políticos.

El programa de Unidos Podemos incluye dos puntos, 309 y 310, que son de un calado y unos efectos colaterales lo suficientemente graves como para que hubieran sido objeto de un intenso debate.

Posiblemente el más peligroso es suprimir la prohibición de crear partidos políticos a extranjeros. Es decir, personas que no se han comprometido con este país podrán interferir políticamente en él. Al margen de disquisiciones teóricas, por la práctica sabemos quién se va a organizarse para obtener sus objetivos comunitarios: los islamistas. Ellos van a ser los máximos beneficiarios, porque tienen un objetivo claro y decidido y es que los musulmanes dejen estar sometidos al Código Civil español y se rijan por el Corán. El resto de colectivos de inmigrantes extranjeros no tienen un objetivo comunitario tan claro y compartido, de modo sus demandas normalmente se van a vehiculizar a través de partidos no sectarios. Esa obsesión con partidos promovidos por extranjeros y que van a ir dirigidos a ciudadanos de origen extranjero, lejos de favorecer la integración garantizará que esta no ocurra jamás.

Suprimen un principio básico en el Derecho internacional, la reciprocidad. En definitiva, Unidos Podemos renuncia expresamente a defender una mejor situación de los españoles emigrados, regalando el derecho de voto y en determinados casos incluso la nacionalidad a ciudadanos de países que no tratan a nuestros compatriotas con la misma generosidad. A la inocente Esperanza, la dejan tirada como una colilla.

Finalmente el acceso a la nacionalidad se convierte en un proceso automático, donde la sociedad española se encontrará sin medios para evitar que indeseables, personas con peligro potencial, gente que carece del mínimo compromiso con esta tierra, homófobos y los más redomados machistas, accedan a la nacionalidad, el subsiguiente derecho a voto y la práctica imposibilidad de expulsión. El plazo es tan corto que asombra: un año para hispanoamericanos y guineanos, tres años para refugiados y cinco para el resto. No habrá informes, no habrá exámenes, no habrá filtro alguno. Se elimina la necesidad de renunciar a la nacionalidad de origen, aunque dándose cuenta de la barbaridad que dicen, utilizan la táctica de la tinta del calamar usando de pantalla a los refugiados para que dándonos pena, no nos demos cuenta de que el objetivo final es para todos.

El resultado último puede ser que en los próximos procesos electorales tengamos dos o tres millones más de electores, muchos de los cuales no sienten nuestro país. Ciudadanos en una alta proporción dependientes de subsidios y asistencia social, en especial ese nuevo ingreso mínimo que también Unidos Podemos garantizará a todo menesteroso.

Para entender mejor cual es el trasfondo real de esta medida, Daniel Lacalle nos da una pista de lo que quieren buscar:
El objetivo real del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo. Utilizar las gigantescas partidas para ayudas sociales o programas de empleo para crear más comités y observatorios, haciendo de los ciudadanos clientes rehenes que dependen de la generalización del subsidio y terminan por votarles ante la falta de oportunidades por la destrucción del tejido empresarial y de las opciones de buscar otros empleos.

Analicemos lo que ha pasado estos años. Vienen inmigrantes pobres. Al llegar, aumentan los niveles de pobreza, pobreza estadística fundamentalmente (2), no real, dado que ellos viven muchísimo mejor que en sus países de origen. Un tercio de ese 22% de españoles con riesgo de pobreza, corresponde a este colectivo. Al aumentar esa pobreza, cuyo alcance real no es explicado, aumenta la alarma social y la exigencia de aumentar los presupuestos en “medidas sociales”, fondos controlados por los burócratas de turno y las ONG que elaboran esos alarmantes informes de riesgo de pobreza. Por tanto, cuantos más pobres vienen, más poder político y económico consigue la nueva casta. La generalización del derecho de voto y el regalo de la nacionalidad, garantiza la eficacia del proceso que nos explica Daniel Lacalle.

Conclusiones
Para elaborar este análisis, una de las cosas que hice fue intercambiar opiniones con simpatizantes y votantes de Unidos Podemos. Me llamó la atención una cosa. Para todos los aspectos polémicos de la coalición tienen respuesta (Venezuela, Grecia, impuestos, chanchullos de sus líderes, sumisión a sus amos nacionalistas, etc.), pero es mencionar el tema de la inmigración para ver como su seguridad y fe, se tambalean de un modo generalizado. El desconocimiento sobre su programa en la materia y efectos de lo propuesto, es casi completo. Algunos, muy pocos, aún aciertan a farfullar generalidades políticamente correctas, pero poco más. En cuanto ponía a debatir algunas de las cuestiones que he explicado, la huida era generalizada. Si hay un tema habría que dejar aclarado para que el voto se haga con plena conciencia de lo que se está votando, es este.

En la situación actual, la gestión de esta materia no es fácil. África cada vez está más superpoblada. Todos los enormes avances que se habían producido en planificación familiar en los países musulmanes se están perdiendo aceleradamente por culpa del regreso del islam. Estos días, Erdogan ha condenado el aborto y ha llamado a las mujeres turcas a tener muchos niños. Irán ha prohibido por ley los anticonceptivos. La cada vez mayor extensión de la poligamia va unida a un incremento de la natalidad. Aumenta de nuevo la población de modo acelerado y en esos países, corruptos, sin garantías jurídicas ni libertades para la iniciativa particular, no van a tener empleo ni oportunidades de desarrollo.

Lo malo es que en nuestras sociedades europeas, tampoco las cosas van a estar más fáciles. Embarcados en un proceso de desarrollo tecnológico de resultados aún inciertos, abrir las fronteras de par en par hoy puede tener unos efectos colaterales peligrosos, dado que no hay garantía de que se puedan ofrecer empleos suficientes. Hasta ahora había funcionado el principio de la gente se traslada a donde hay trabajo y así ocurrió en España durante la gran oleada de los tiempos de Aznar y la primera legislatura de Zapatero. Ahora se vienen aunque no haya trabajo y eso no es sostenible.

Ninguna barrera es eficaz al 100%. Siempre habrá gente que sobrepase los controles y a la que finalmente habrá que darles papeles mediante el arraigo, así como las demás ventajas sociales de nuestra sociedad. Pero la experiencia también nos muestra que cuando se ponen medidas eficaces, la afluencia cae en picado. La política de Australia de devolver las pateras a las costas de origen ha evitado miles de muertes en el mar. Las “devoluciones en caliente” cambiaron en cuestión de días el panorama en la frontera de Ceuta y Melilla. El polémico y dudoso acuerdo Unión Europea-Turquía, en semanas ha disminuido en más del 90% los intentos de cruzar el mar. Y las medidas, tanto de control como de descontrol, gracias a las redes sociales, se transmiten entre millones de personas ansiosas de venir a Europa, en cuestión de horas.

El fenómeno de la inmigración es positivo en tanto es sostenible social y políticamente. Es necesario, incluso coercitivamente evitar su uso para generar odio indiscriminado, como hacen ultras y racistas. Es imprescindible atajar su utilización para generar bolsas de voto cautivo como parece que ha apostado Unidos Podemos. Es fundamental y básico que las reglas de derechos y obligaciones sean claras y su complimiento efectivo. Sólo podremos seguir siendo solidarios en tanto nuestros niveles de bienestar no se pongan en peligro. La protección e integración de los cinco millones de ciudadanos que han venido a compartir este maravilloso país, ya sea de forma temporal o definitiva, debe tener una prioridad absoluta y no puede ser puesta en peligro con las medidas alocadas e incompetentes que propone Unidos Podemos, en especial su completa insensibilidad sobre la delincuencia de ciudadanos de origen extranjero (2).

El 27 de junio, el pueblo soberano, decidirá, también en este tema entre el sentido común y la incompetencia.

(1) Estos términos de “blanquitos” y “sociedad heteropatriarcal”, no son propios, sino lo he tomado de polémicos twuits de Izquierda Unida y Alberto Garzón.
(2) No está mal recordar, que la diputada Tania Sánchez se opuso expresamente a la expulsión de 50 peligrosos miembros de maras sudamericanas que había realizado la entonces delegada Cristina Cifuentes. O la propuesta de Manuela Carmena de liberar al 90 % de los ingresados en prisión durante una entrevista realizada por Pablo Iglesias, el cual movía la cabeza asintiendo.

El pacto del perrazo
Pedro J. Ramírez El Espanol 19 Junio 2016

Cuando Pablo Iglesias cumpla su propósito, tal y como se lo expuso a Susanna Griso, de leer este verano El primer naufragio, descubrirá entre los personajes fascinantes que pululan por la colmena del París de 1793 a uno por el que no puedo ocultar mis simpatías: el policía Dutard. Se trata de un abogado de provincias, reconvertido en topo del ministro del Interior Garat, cuyos informes denotan un don de observación y análisis que para sí quisieran los mejores reporteros o politólogos.

"Voy a entregarme por entero y sin reserva al estudio de la Revolución", le anuncia a su patrón al iniciar su tarea como espía. "No me limitaré a informaros de lo que haya visto y oído; esa es la mecánica del oficio que un simple lacayo podría cumplir igual de bien que el primer filósofo. Es preciso que enuncie los hechos... pero también que razone a partir de los hechos".

Para abrir boca Dutard le suelta al ministro un latinajo: "Minima circunstantia facti inducit ad maximam diferentiam juris". Y fiel a esa filosofía, según la cual el más nimio detalle puede generar una gran diferencia en la valoración jurídica de los hechos, pasa a contarle un incidente acaecido ante sus ojos en la plaza porticada del Palais Royal, rebautizado por las autoridades revolucionarias como "Palacio Igualdad".

En un momento de máxima afluencia de público a aquel lugar al que los parisinos acudían a mirar y a que les miraran, apareció un jacobino con un perrazo de estampa similar al que llevaba el podemita que el pasado fin de semana agredió a la mesa de Ciudadanos en Vallecas. "Todo el mundo acudió en el instante en que un paseante torpe pisó la cola del perro, el perro ladró y el dueño se puso de su parte", escribió Dutard con fina ironía.

Resultó que el que había pisado sin querer al perro tenía apariencia aristocrática e iba desarmado. El propietario del perro comenzó a insultarle acremente y se "organizó la correspondiente discusión". Dutard le daba una gran importancia al desenlace: "El jacobino tenía un gran sable, el aristócrata no. De entrada el aristócrata mostró aplomo, después palideció y después se disculpó. He visto cien veces escenas como estas. Si hubiera vivido Capeto -el recién guillotinado Luis XVI- al jacobino lo habrían molido a palos o por lo menos echado de allí".

Para Dutard lo importante no era la desproporción entre la ofensa y la respuesta -siempre hay un motivo o pretexto para el resentimiento social- sino la dinámica subsiguiente que acreditaba la capacidad de intimidación de la minoría militante sobre la mayoría pasiva. Por eso el análisis del policía tiraba por elevación: "¿Por qué, me diréis, una decena de jacobinos ha amedrentado a doscientos o trescientos aristócratas? Porque los primeros tienen un lugar de reunión -el club de la contigua calle Saint Honoré- y los otros no lo tienen. Y porque los aristócratas están divididos entre ellos".

Para Dutard lo importante no era la desproporción entre la ofensa y la respuesta sino la dinámica subsiguiente que acreditaba la capacidad de intimidación de la minoría militante sobre la mayoría pasiva

Al margen de que, como puede deducirse por la correlación numérica, Dutard tomaba prestada la perspectiva de los "sans culottes" y hablaba de "aristócratas" como sinónimo de burgueses, lo cierto es que, como él mismo iría descubriendo, había otro factor determinante de que los más radicales fueran imponiendo su ley en la vida cotidiana parisina durante los meses previos al Terror. Me refiero a los agentes provocadores que a sueldo de potencias extranjeras o de tramas monárquicas, como la que manejaba en la sombra el enigmático y escurridizo baron de Batz, apostaban al cuanto peor mejor para exacerbar el proceso revolucionario, inocular el fantasma del miedo y arrojar a los moderados e indecisos en brazos de la involución.

Desde el principio de la Revolución, la Corte había jugado a eso, financiando con fondos secretos a grandes oradores de la Asamblea Constituyente como Mirabeau o líderes populares como Danton. Pero el descubrimiento de los secretos del llamado "armario de hierro" de Luis XVI no sólo supuso un shock para los revolucionarios -los restos de Mirabeau fueron extraídos del Panteón como signo de infamia- sino que marcó la fatal suerte del Rey corruptor.

Los monárquicos no aprendieron sin embargo la lección y siguieron apostando por intentar controlar la Revolución desde dentro. Por mi libro deambulan especímenes tan genuinos del género agente provocador como el grande de España Andrés María Guzmán, rebautizado como Don Tocsinos por haber hecho sonar la campana -el tocsín- que desencadenó el golpe de Estado, disfrazado de insurrección popular, contra los diputados moderados, mal llamados "girondinos".

Todo obedeció a la misma pauta que este domingo resume Rosa Díez en su entrevista con EL ESPAÑOL cuando dice que el PP ha estado potenciando a Podemos para perjudicar al PSOE y luego "se les ha ido de las manos". No quiero decir con esto que ni el perro jacobino del Palais Royal ni el "perro socialdemócrata" de Vallecas -Rivera dixit- fueran agentes provocadores pero sí que, como símbolo de la intimidación política, servían a dos amos a la vez: al que está dispuesto a azuzarles para que muerdan y al que se ofrece como protector de los que temen ser mordidos.

Lo que más me impresionó de la coacción contra los activistas del partido naranja fue que tuvieran que alegar para protegerse que eran "gente más bien de izquierdas", lo que implica que hay lugares en los que el masaje mediático sobre la indignidad ontológica de ser de centro o de derechas ha calado ya tanto en la sociabilidad urbana como, en sentido inverso, ocurría al comienzo de la transición en la "zona nacional" del barrio de Salamanca.

Es el fruto de la abdicación ética de un gobernante manchado por la corrupción como Rajoy que, a falta de atributos positivos o propuestas ilusionantes, trata de movilizar a los electores con la única palanca del miedo al monstruo que aún cree tener bajo control. Esa es la clave de que, como pudo verse en el debate del lunes, ni siquiera esté escenificando la confrontación con Pablo Iglesias. El temor a Podemos está ya lo suficientemente arraigado en el subconsciente colectivo de la España conservadora o simplemente moderada como para que Rajoy no necesite activar más ese resorte. Los dichos y hechos de los pintorescos paladines morados en los ayuntamientos y en el propio Congreso de los Diputados, el tenor de su programa económico y la alta intención de voto que les otorgan los sondeos, se bastan y se sobran para alimentar el juego de "o susto o muerte".

Si Rajoy no atacó a Iglesias fue para ayudarle a ganar a Sánchez la batalla del sorpasso y poder dedicarse a su vez a lo único que le importa: presentar a Rivera como compañero de viaje de la izquierda. Todo un alarde de hipocresía si tenemos en cuenta que es el propio presidente quien ha pretendido en vano pactar con los socialistas y quien sigue cifrando sus expectativas de seguir en la Moncloa en un acuerdo con un PSOE debilitado por el fracaso.

Rivera es sin duda quien está haciendo la mejor campaña, golpeando a derecha e izquierda como es propio de todo buen liberal, argumentando que la única forma de hacer frente al populismo con eficacia es regenerando la vida política, tanto en sus normas como en su praxis, y defendiendo los pactos como esencia del parlamentarismo.

Frente a esa dinámica que le expulsaría del poder por todo lo que implican sus SMS a Bárcenas -344.000€ en sobresueldos ilegales incluidos, como bien recordó Rivera-, Rajoy se aferra a la imaginaria regla de la lista más votada. Pero es muy fácil ponerle en evidencia.

Lo hizo un embajador centroeuropeo durante el almuerzo al que me invitaron como ponente el pasado martes los representantes diplomáticos de los 24 países de la UE. El ambiente era de preocupación y pesimismo por el auge por doquier de la demagogia populista y antieuropea. Era como si se presintiera que la irresponsable consulta sobre el brexit pudiera contribuir a engendrar tragedias como la que dos días después se cernió sobre la admirable diputada Jo Cox. En ese contexto el embajador aludido me planteó su desafío: "Pregúntele usted públicamente a Rajoy si en el caso de que Podemos obtuviera un voto más que el PP, seguiría defendiendo que gobernara la lista más votada".

Es obvio que el aún líder del PP no contestará porque una respuesta negativa le pondría en evidencia y una afirmativa desacreditaría su inteligencia, patriotismo y sentido de Estado. Por supuesto que tendría sentido formar una coalición entre fuerzas constitucionalistas que impidiera un gobierno de Podemos, aunque fuera la lista más votada. Es más, creo que llevamos camino de verlo, bien porque suceda el 26-J o, más probablemente, porque, tras otra pírrica victoria, Rajoy siga enrocado en la Moncloa y, al cabo de un gobierno débil y breve, la oposición podemita se imponga en las urnas dentro de uno o dos años.

Pero al egoísta Rajoy sólo le importa el prurito de no convertirse en el único presidente electo de la democracia incapaz de lograr un segundo mandato. Al servicio de esa estrategia juega su partida de las siete y media, alentando el auge de Podemos. Como no quiere quedarse corto, corre el riesgo de pasarse y en ese sentido el coche oficial del número dos de Soraya al que se subió la jefa de gabinete y mucho más de Pablo Iglesias no es una anécdota sino una metáfora. En uno de los merodeos de EL ESPAÑOL dijimos que habíamos pasado del 'Pacto de El Abrazo' al pacto del cochazo. Pero lo exacto sería decir que estamos ya en el pacto del perrazo.


LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA NO TUVO DINERO PARA LAS VÍCTIMAS DEL BANDO ‘EQUIVOCADO’
Los asesinados por los republicanos seguirán en las cunetas

La generosa dotación que acompañaba a la Ley de Memoria Histórica -42 millones en total- no quiso hacerse cargo de cientos de víctimas de los republicanos halladas desde que fue aprobada.
Juan E. Pflüger  www.gaceta.es 17 Junio 2016

En 2007 el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la Ley de Memoria Histórica. Con ello conseguía reabrir las heridas de la Guerra Civil que parecían cerradas. Volvió a revivirse el estigma de las dos Españas mientras que unos y otros se volvían a arrojar muertos a la cara. Esta Ley venía con una generosa dotación presupuestaria que acabó consolidándose en seis millones de euros anuales y que se mantuvo de forma directa hasta que el Gobierno de Rajoy la cambió por otra indirecta, como publicó Gaceta.es, a través de una partida opaca a través de Derechos de Gracia y Justicia.

Al amparo de esta ley surgieron decenas de asociaciones que han vivido subvencionadas por arrogándose la representación de las víctimas y sus familias. De las víctimas y las familias de un solo bando, el que representaba al Frente Popular, mientras que los muertos del otro bando quedaban condenados a seguir pudriéndose en fosas comunes anónimas.

Esta interpretación de la recuperación de cuerpos quedó clara desde el principio. Ya en 2008, unas obras realizadas en el acuartelamiento de la Brigada Paracaidista de Alcalá de Henares dejaba al descubierto varios cuerpos –inicialmente se habló de al menos cinco, luego de algo más de una docena-, aunque nunca sabremos el número. La intención de esta ley era vender una idílica Segunda República que se defendió de los malvados militares que asesinaban a la población. Por eso no podían sacarse cadáveres de represaliados por el Frente Popular.

Cuando quedó claro que los cuerpos encontrados en Alcalá de Henares no pertenecían al bando republicano, es decir que eran víctimas de la represión frentepopulista, se decidió volver a tapar los cuerpos y dejarlos enterrados. Todo ello a pesar de que ya había sido encontrada la fosa, que es el paso más difícil en la recuperación de cuerpos. Pero el Gobierno de Zapatero no podía permitirse este error, y los cráneos con orifico de bala y las tibias fracturadas por la tortura y los golpes volvieron a la tierra en la que reposaban desde la Guerra Civil. Estos muertos no se merecían el entierro digno que las asociaciones de la Memoria Histórica exigen para los suyos.

Solamente un año después se vivía otra situación similar. Se buscaban víctimas pertenecientes a las Brigadas Internacionales que habían caído durante la campaña de Aragón. Los equipos forenses estaban en Rubielos de Mora (Huesca) y encontraron varias fosas con cuerpos de brigadistas. Se recuperaron 4 cuerpos en dos fosas, pero al analizarlos se descubrió que habían sido asesinados por sus compañeros en una represión interna. Se tenían localizados un total de 46 cuerpos, pero no había fondos para ellos y los 42 restantes siguen en las anónimas fosas comunes a las que les arrojaron los comunistas.

En 2010 se produjo el mayor hallazgo de una fosa común desde que se aprobó la polémica ley de Zapatero. En el municipio de Camuñas se reabrió una vieja mina abandonada en la que se sabía que los milicianos habían asesinado a cientos de “franquistas” durante la Guerra Civil. Tras retirar más de quince toneladas de escombros con las que habían intentado tapar sus crímenes, empezaron a salir los cuerpos. El cubicaje y encajonamiento de los cuerpos llevó al equipo forense a considerar que había entre 240 y 300 cuerpos. Entre ellos están documentados mujeres y niños. Pero la Ley de Memoria Histórica tampoco tenía dinero para su extracción. Y nuevamente ya se había dado el paso más complicado, el de encontrar la fosa. Una fosa que, por cierto, se conocía desde la Guerra Civil y que jamás fue abierta por el franquismo pese a saber que allí había víctimas de los suyos.

En 2012 se encontraba una nueva fosa común. Esta vez era en Villa Sana de Mena. Nuevamente sus ocupantes habían sido asesinados por comunistas, socialistas y anarquistas. En este caso se calcula que había 50 cuerpos, y nuevamente tenemos que decir que se calcula porque los cuerpos siguen en la fosa, abandonados por la ley sectaria aprobada por socialistas y ensalzada por comunistas.

Y llegamos a 2014 con una nueva fosa común con 72 cuerpos de asesinados por los republicanos. Esta vez en Borriol (Castellón). Se buscaban los restos de dos fusilados por el franquismo, José Valls y Luis Messequer, en su lugar se encontró una fosa común con 72 cuerpos de soldados nacionales, por las características de los restos encontrados posiblemente pertenecían a la denominada “quinta del biberón”. Soldados muy jóvenes que entraron en combate al final de la Guerra Civil. Pero nuevamente se volvió a tapar la fosa y los restos no han sido exhumados, individualizados e identificados. Nuevamente pertenecían al “bando equivocado” según quienes dictaron la Ley de Memoria Histórica que dictaba quienes eran los bueno y quienes los malos en una España que volvía a ser obligada a dividirse.

 

******************* Sección "bilingüe" ***********************

España, número uno en Europa regando de subvenciones a sus partidos políticos
España es el país de Europa que más financiación pública otorga a las organizaciones políticas: un 85%, según el último ejercicio fiscalizado por el Tribunal de Cuentas
El Confidencial 19 Junio 2016

La estructura de financiación de los partidos políticos es un ejemplo de “malversación institucional de fondos públicos” alimentado por las propias formaciones y pasivamente consentido por toda la ciudadanía. De manera silente y gradual hemos ido aceptando que los partidos se financien, prácticamente en su totalidad, con cargo al presupuesto público, como si formasen parte de la estructura del Estado y prestasen un servicio público, cuando claramente no constituyen lo primero ni pueden presumir de lo segundo. Los últimos datos fiscalizados por el Tribunal de Cuentas correspondientes al año 2013 confirman que la financiación pública de los partidos políticos supone el 82,2% del total, mientras que los donativos ascienden solo al 2,2%. El 15,47% de los fondos privados restantes corresponde a las cuotas de los simpatizantes y afiliados, muchos de los cuales forman parte del aparato del propio partido, por lo que, en realidad, se trata de meros subsidios cruzados.

En cualquier caso, se incluyan o no las cuotas como un ingreso privado, España es el país de Europa que más financiación pública otorga a las organizaciones políticas: un 85%. Esta praxis ha contribuido a transformar paulatinamente a los partidos políticos en simples maquinarias para consolidar el 'statu quo'. Los partidos son un buen ejemplo de ecosistemas cerrados. Se denomina ecosistema cerrado a todo aquel que no intercambia materia con elementos fuera del propio sistema. El ejemplo más representativo lo constituyen los acuarios o los sistemas desarrollados para facilitar la vida en las estaciones espaciales.

Partido Popular
75.920.088    Para su funcionamiento
5.272.919  Electorales
81.193.007   Total ingresos públicos
PSOE
48.829.916
4.428.554
53.258.470
Izquierda Unida
9.571.696
1.598.876
11.170.572
CIU
9.295.316
1.698.365
10.993.681
PSC
7.653.897
1.591.499
9.245.396
PNV
6.936.828
332.686
7.269.514
ERC
3.816.863
1.087.319
4.904.182
ICV
3.452.932
994.293
4.447.225
UPyD
3.760.343
102.801
3.863.144
Euskalherria Bildu
3.146.139
32.873
3.179.012
Coalicion Canaria
1.739.458
243.779
1.983.237
CDC
1.964.428
0
1.964.428
BNG
1.232.687
485.680
1.718.367
UPN
1.248.046
80.479
1.328.525
Foro Asturias
1.223.255
58.381
1.281.636
Grupos Mixto
1.128.160
0
1.128.160
AMAIUR
911.412
117.240
1.028.652

Si bien es cierto que la subvención pública es la principal fuente de financiación de los partidos en Europa, con un porcentaje de media del 67% del total de ingresos, ningún país supera los porcentajes de España. A nadie puede sorprender que el Reino Unido, que posee el sistema parlamentario más antiguo y consolidado, sea el país que menos subvenciones políticas concede a los partidos políticos. Durante el periodo que va del 2000 al 2010, la financiación varió del 2% al Partido Laborista (en ese momento en el Gobierno) hasta el 51% al Partido Unionista Democrático. En ese mismo periodo el Partido Conservador, que se encontraba en la oposición, recibió solo un 15% de financiación pública de media (Cfr. 'Funding of Political Parties and Election Campaigns: A Handbook on Political Finance', International Institute for Democracy and Electoral Assistance 2014). Resulta ilustrativo que, a diferencia de nuestro país, en el Reino Unido el partido que menor porcentaje de financiación pública recibe es el que detenta el poder en ese momento. Una prudente práctica que limita los riesgos de aprovecharse del control de los fondos públicos en provecho propio.  

En algunos países, como Holanda o Alemania, la financiación pública a los partidos se ajusta y condiciona a la base financiera de apoyo que reciban las organizaciones de la sociedad. En Alemania, por ejemplo, la financiación pública se distribuye en función de los últimos resultados electorales y de los donativos privados recibidos que actúan a modo de un fondo de contrapartida. De acuerdo con la legislación alemana solo un determinado porcentaje de los ingresos de los partidos puede estar financiado con fondos públicos y, en ningún caso, las subvenciones públicas pueden ser superiores a los ingresos privados. Esta regulación ha facilitado que Alemania sea el segundo país en Europa occidental con menor financiación pública a los partidos políticos.

Como es natural, la mayoría de los políticos defienden con uñas y dientes la bondad de las subvenciones públicas frente a los donativos privados. Algunos, incluso, las justifican como una vacuna para luchar contra la corrupción. Durante la tramitación de la última reforma de la Ley Orgánica de Financiación de Partidos Políticos se suscitó una discusión sobre la conveniencia de suprimir las donaciones como fuente de ingreso para los partidos, apoyando a la subvención como única vía de financiación por ser más transparente y generar menos conflictos de intereses. Así, por ejemplo, el representante del BNG, Jorquera Caselas, argumentaba que la financiación pública “asegura una mayor transparencia a la hora de conocer las fuentes de ingresos de los distintos partidos políticos y asegura también la independencia de los partidos políticos con respecto a los grandes lobbies”. A esta tesis se sumaron con entusiasmo los representantes de CIU, PSOE y el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás, para el que “la sociedad debe saber que financiar a los partidos es contribuir claramente a la democracia”.

Lo cierto es que, pese a los interesados y torpes intentos de defender las intrínsecas bondades de la subvención pública, los riesgos derivados de un grado de dependencia alto de la financiación pública han sido reiteradamente señalados por las autoridades europeas. El propio Comité de Ministros del Consejo de Europa recomendó en el año 2003 que la financiación pública de los partidos políticos se mantuviese siempre en niveles razonables.

La defensa de la subvención pública como principal fuente de ingresos supone aceptar que los partidos políticos forman parte de la estructura del Estado y negar, por el contrario, que son una iniciativa más de la sociedad civil. Lo que está en juego detrás de esta concepción es muy importante, nada más y nada menos que el papel de la sociedad civil y el control de la actividad política. Los partidos políticos ni son entes públicos ni forman parte de la estructura organizativa del Estado; transigir en este tema supone socavar los fundamentos del orden constitucional y no podemos permitir que los partidos políticos dinamiten lo que con tanto esfuerzo hemos conquistado entre todos.

* Javier Martín Cavanna es director de la Fundación Compromiso y Transparencia

Guerra entre federaciones.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 19 Junio 2016

Y habló el folclórico showman y fan del karaoke Miguel Iceta. Al igual que su camarada catalana Meritxell Batet, cuando dijo que “ en España no hay saqueo entre territorios” parece que también le han escocido las palabras de la presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, cuando dijo que los “votos andaluces no iban a servir para pagar los privilegios de Ada Colau” y cuando advirtió sobre “los privilegios de Cataluña y los independentistas al querer trocear la riqueza de España”. Y es que el PSC ya no sabe qué hacer para pisar moqueta y entrar a formar parte del Gobierno de la ciudad de Barcelona. Y lo que se evidencia es que el PSOE está ya troceado en sus diferentes federaciones que van “por libre” y mantienen diferentes discursos en función de la autonomía en la que desarrollan su labor política. Un PSOE que hace tiempo dejó sin valor las siglas O de obrero y E de español, para convertirse en una especie de franquicia de un socialismo acomodaticio y carente de valores. Un socialismo donde las siglas autonómicas, G de gallego, V de valenciano, C de catalán, adquieren un sentido reivindicativo similar al del nacionalismo secesionista.

Algunos querían ver en ese tipo de actitud sumisa y comprensiva con el independentismo una especie de “síndrome de Estocolmo”, debido a la influencia del entorno. Un partido que de ser el eje de la política en Cataluña y haber tenido responsabilidades de Gobierno en la Generalidad, ha pasado a ser una formación con tendencia a la inanidad más absoluta, pero que con sus últimas fuerzas no duda en servir de bastón de apoyo de formaciones radicales de izquierda anti sistema como PODEM en Comú liderada por una esperpéntica Ada Colau. Claro que lo mismo pasa con su homónimo PSM en la Comunidad de Madrid y su apoyo a la coalición gobernante liderada por la vetusta Manuela Carmena y su equipo de Ahora Madrid y Ganemos Madrid, ambas partes del conglomerado societario circular de PODEMOS.

Pero es que los ciudadanos deben ser conscientes de este estado de cosas y pensar que cuando voten en Cataluña al PSC sus votos pasarán a engrosar los de PODEMOS y, por consiguiente, el apoyo para un referéndum de secesión que es justo lo que proponen los de PODEM en Comú y demás formaciones asociadas al partido morado de Pablo Iglesias , Errejón y Monedero, y que intentaron obtener grupo propio en el Congreso a pesar de haber ido de la mano en coalición en las elecciones, como en las próximas del 26J. El PSOE miente desacaradamente y solo intenta ocultar su incoherencia y su falta de unidad en una federación en franca descomposición que es la imagen de lo que pretenden para España.

Porque ya sabemos lo que opina sobre España el elogiado exPresidente José Luis Rodríguez Zapatero, al parecer asesor habitual en asuntos de Estado para Pablo Iglesias, “Nación es un concepto discutido y discutible”. Así que no nos puede extrañar que ahora el PSC de Iceta y Batet acepte esta premisa para justificar sus apoyos y crear nación al más puro estilo del independentismo catalán. Porque apoyar a PODEM en Comú es apoyar a una Ada Colau que no quiere al ejército en Cataluña, que le sobra la mayor fuente de riqueza, el turismo, y que ha bloqueado toda posibilidad de expansión de infraestructuras turísticas provocando en Barcelona una inflación hotelera con los precios más altos de toda España por noche de pernoctación. ¡Ah claro, que eso ya no es España según esta patulea de la izquierda de la caldereta de bogavante!

Es verdaderamente patética esta actitud de “damisela ofendida” que tienen los que con sus actuaciones más contribuyen al bochorno de ver cómo el Estado de Derecho y la Constitución son pisoteados sistemáticamente por esas hordas de la nueva ultra izquierda aliada del secesionismo más anti español. Son cómplices bastardos que no deberían formar parte de esa supuesta “federación” y que arrastran por el fango a un partido que dice estar orgulloso de su pasado y se erige como el impulsor del Estado del Bienestar en toda España. Es todo un bluff, una estafa al electorado que cree votar en esas comunidades a esa ideología y que se encuentra con farsantes dispuestos a venderse por un despacho oficial.

Y no es que me importe en absoluto el futuro de este partido que hace tiempo ha dejado de ser y representar a toda España y que renuncia y se avergüenza de esa etiqueta de español. Lo peor es que esos ciudadanos sigan engañados en la creencia de que votan lo que ellos sí que creen y luego se sientan traicionados viendo cómo sus votos solo sirven para apuntalar a otras formaciones políticas que, entre otras cosas, solo pretenden la disgregación de España.

¡Que pasen un buen día!

El alucinante examen de Historia en la prueba de selectividad en Cataluña
La Generalidad convierte la prueba de acceso a la Universidad en un alegato en favor de la independencia

Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 19 Junio 2016

Las preguntas del examen de Historia de la selectividad preparadas por el departamento de Enseñanza de la Generalidad son una más de las múltiples evidencias del sesgo del proceso separatista, de la función adoctrinadora de la enseñanza en Cataluña, de la politización extrema de las aulas y de la "formación del espíritu nacional" del régimen nacionalista.

La primera cuestión que debían resolver los estudiantes de Cataluña versaba sobre el cuadro de Ramón Casas La carga, pintado en 1899 pero que la "historiografía" del nacionalismo pretende que es una muestra de la represión que ejerció la Guardia Civil durante una huelga en Barcelona en febrero de 1902. En la pintura se muestra a un guardia civil a caballo que intenta no atropellar a un manifestante caído. Patrimonio Nacional cedió la obra, premiada con la primera medalla de la Exposición Nacional de Madrid de 1904, al Museo de la Garrocha, en Olot, en 1911, donde actualmente se exhibe.

La segunda pregunta alude a una noticia de El Correo Catalán en 1939 en la que se informaba de las multas que el Gobierno Civil había impuesto a varios comercios por rotular y usar impresos en "dialecto" catalán. La fuente de la información, el blog no nacionalista Dolça Catalunya, compara esa noticia con el caso de Manuel Nevot, un empresario catalán que fue multado por la Generalidad por rotular su negocio en castellano. El caso de Nevot fue utilizado por Mariano Rajoy en un debate electoral en la campaña de 2011 para demostrar la persecución lingüística en Cataluña. Desde entonces, nada ha cambiado para el señor Nevot, de ochenta años, que lleva gastados, según el citado blog, veinte mil euros en abogados para defender su derecho a poner Fincas Nevot en su negocio en vez de Finques Nevot.

La tercera pregunta del examen de selectividad en Cataluña alude a un decreto de la Generalidad de 1934 respecto los derechos de las mujeres en la comunidad catalana; la cuarta, sobre el embarque de tropas de Marruecos en el aeródromo de Tetuán en 1936, al comienzo de la Guerra Civil. El Dolça Catalunya ilustra la información con los impresos del examen de selectividad, proporcionados por una estudiante catalana.
 


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