AGLI Recortes de Prensa   Viernes 24  Junio  2016

Deuda nacional al auxilio del despilfarro autonómico
Del modelo autonomico –decisivo para entender tanto la crisis nacional como la crisis de deuda– no habla ningun partido.
Editorial Libertad Digital 24 Junio 2016

"Si, como prevé la Ley de Estabilidad Presupuestaria, hay que intervenir una comunidad autónoma porque no esté en la senda de consecución de los objetivos de reducción del déficit público, se hará". Desde que el ministro Montoro pronunciara esta advertencia, allá por abril de 2012, no ha habido un solo año en que España haya cumplido sus compromisos de reducción del déficit, por culpa muy especialmente del excesivo gasto autonómico. Ni que decir tiene que, pese a aquellas advertencias del ministro y a los "mecanismos de vigilancia, sanción e intervención" que, ciertamente, contemplaba la Ley de Estabilidad de Presupuestaria, el Gobierno no ha intervenido y ni siquiera ha sancionado a una sola de las Administraciones regionales que han incumplido flagrantemente los topes de déficit.

Por el contrario, Rajoy, a fin de no verse obligado a intervenir ninguna comunidad autónoma, ha hecho reiteradamente la vista gorda y suplido con el Fondo de Liquidez Autonómica el desequilibrio presupuestario de unas CCAA que, en caso contrario, hubieran incurrido en suspensión de pagos por falta de acreedores en el mercado.

En el caso de Cataluña –la autonomía que más ha contribuido al déficit y a la deuda nacional y que más se ha beneficiado del FLA–, no se puede hablar de simple despilfarro, sino de una auténtica malversación del dinero del contribuyente destinada a sufragar los cuantiosos gastos que acarrean unas estructuras de Estado y un proceso de transición nacional radicalmente ilegales.

Pues bien, ya podrán el FMI o la Comisión Europea reclamar al Gobierno de España la aplicación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria a fin de poner coto al excesivo gasto autonómico, tal y como por enésima vez le reclamaron hace escasos meses, que el Gobierno de Rajoy sigue dispuesto a mutualizar la deuda autonómica entre todos los españoles, con tal de no tener que meter en vereda a los Gobiernos regionales.

Así, Montoro acaba de inyectar otros 10.500 millones a las CCAA, un importe muy similar al que acarreó el desvío del déficit en 2015, que, por culpa de esas mismas autonomías, se situó en el 5,2%, cuando el Gobierno, tras renegociarlo al alza con Bruselas, se había comprometido a reducirlo al 4,2%.

El caso es que Montoro ha tenido la desfachatez de envolverse en la bandera nacional para justificar este enésimo rescate autonómico con la excusa de que "España es España", al tiempo que alegaba otra manida falacia: "No facilitamos el dinero a las CCAA, sino que el sistema va directamente destinado a pagar al proveedor". La cuestión, sin embargo, estriba en que el pago a proveedores, así como el desembolso que reclaman las competencias que las autonomías tienen legítimamente encomendadas, deberían haberse sufragado, no con financiación extraordinaria a cargo del FLA, sino con los recursos propios que los gobernantes autonómicos han dedicado al despilfarro o a dotarse de lo que sin tapujos llaman embriones de un Estado propio.

Lo más lamentable es que del modelo autonómico –decisivo para entender tanto la crisis nacional como la crisis de deuda– no habla ni uno solo de los partidos con representación parlamentaria. El descontrol del gasto autonómico, en un país en el que las Administraciones regionales acaparan más dinero del contribuyente que en cualquier otro de toda la OCDE, se ha convertido en un tema tabú, como ocurre también con el vulnerado derecho a estudiar en español, con el insostenible sistema de pensiones o con la silenciada guerra que nos ha declarado el terrorismo islámico.

En vísperas de las elecciones generales, el panorama no puede ser más sombrío .

Libres e iguales
Isabel San Sebastián ABC 24 Junio 2016

El domingo decidimos si se derriba la obra de arquitectura política levantada en la Transición o se restaura a conciencia

El domingo nos jugamos algo mucho más importante que el nombre del próximo presidente del Gobierno. Hablamos de España, de su integridad, su Constitución y los principios democráticos que la sustentan. Más allá del ruido coyuntural, en estas urnas decidimos si se derriba definitivamente la formidable obra de arquitectura política llevada a cabo por los protagonistas de la Transición o bien se restaura a conciencia. Esa es la apuesta.

Para defender nuestra Carta Magna, cimiento del sistema que es atacado en dos frentes por sendos batallones de asalto llamados nacionalismo y populismo, se creó la plataforma ciudadana que da título a esta columna: "Libres e Iguales". Dos palabras que resumen el sentido de la democracia, definen la esencia de su naturaleza y explican su razón de ser. Dos conceptos irrenunciables, hoy por hoy amenazados de muerte. Libres de expresar nuestras ideas sin restricciones, recibir información plural a través de medios de comunicación ajenos a cualquier control, votar a quien nos parezca y gozar de la protección de un Estado de Derecho fundado en el impero de la Ley. Iguales en derechos y también en obligaciones. Por ejemplo, el de expresarnos, estudiar y trabajar en la lengua común de todos los españoles, sistemáticamente violentado en Cataluña. O el de tributar exclusivamente en función de la renta y no el territorio de residencia, igualmente conculcado con total impunidad. O el de acceder a una Justicia independiente, liquidada junto a Montesquieu en 1987 y nunca restablecida. O el que protege la propiedad privada.

De todo eso habló el martes en Madrid un grupo heterogéneo de ilustres "actores" dirigidos por Albert Boadella y Cayetana Álvarez de Toledo. Estudiantes junto a jubilados. "Viejas glorias" acompañadas de "jóvenes promesas" militantes en las filas de UCD, PSOE, PP, Ciudadanos y UPyD. Hombres y mujeres. Periodistas, políticos, escritores, músicos… Gente célebre o anónima unida por el deseo común de preservar un hábitat político fuera del cual todo es incierto o, peor aún, aterradoramente conocido. Gente de distinta ideología, generación, vocación o posición, capaz de gritar con una sola voz: "¡Viva la Constitución!". Esto es, el marco legal que garantiza la indisoluble unidad de la Nación española, la libertad, la justicia, la igualdad, el pluralismo político y, por supuesto, la auténtica clave de bóveda que sostiene el edificio: la soberanía nacional residenciada en el pueblo español (en el conjunto indivisible del pueblo español), del que emanan todos los poderes del Estado. Un compendio de normas susceptible de sufrir reformas modernizadoras, necesitado sin duda alguna de reformas modernizadoras, aunque intocable en lo fundamental si queremos mantenernos a salvo del separatismo en cuyo nombre los terroristas regaron el país de sangre inocente y del populismo liberticida que se inspira en la Venezuela chavista.

Anoté a vuela pluma estas verdades, adelantándome a la reflexión debida el 25-J:

"Detrás de la comprensión a ETA suele estar su justificación".
"La tribu y el populismo recurren a la emoción para blanquear ideas perversas".
"Nada es irreversible".
"Diálogo, pacto y acuerdo no son derrotas, sino la victoria de la mayoría. El triunfo de los intereses generales sobre los individuales o los de partido".

La rebelión de las clases medias contra el viejo y caduco establishment
El Brexit es una realidad. Es la primera gran victoria del populismo. Pero detrás hay un problema de fondo que afecta a las clases medias que la UE no ha sabido responder.
Carlos Sánchez El Confidencial 24 Junio 2016

Existen un par de cifras muy significativas que, sin embargo, se han obviado en este referéndum y que explican mejor que ninguna otra cosa el desapego británico hasta el continente. En 1971, cuando el parlamento de Westminster votó la adhesión a la antigua Comunidad Económica Europea (CEE), lo hizo por 358 votos a favor y 246 en contra.

Es decir, la división era ya evidente, como se ha vuelto a poner de manifiesto 45 años después. Esta vez con dramáticas consecuencias.

La diferencia estriba es que si antes el rechazo a la UE tenía que ver con un movimiento de reivindicación independentista (el célebre ‘el continente está aislado’), ahora lo que hay detrás es el propio descrédito de la Unión Europea, que se ha convertido en un territorio antipático. No sólo para la mayoría de los británicos, sino también para muchos europeos que ven lo ven como una especie de madrastra de Blancanieves.

Este es, en realidad, el problema de fondo. Preguntarse por qué la UE ha dejado de ser un territorio de promisión para muchos ciudadanos.

Es evidente que la crisis y la dura recesión de los últimos años tienen mucho que ver. Pero sería absurdo pensar que todo es fruto de ello. Lo que ha hecho a Europa un territorio cada vez menos querido a ojos de muchos ciudadanos es su incapacidad para resolver los problemas. En muchos casos por poner en marcha políticas equivocadas (la lamentable actuación del BCE en este proceso interviniendo muy tarde en los mercados de deuda) o, en otras ocasiones, mostrando su incapacidad para gestionar fenómenos como la inmigración. Ni siquiera ha podido dar una solución a Grecia, que representa apenas el 2% del territorio.

De hecho, el Brexit no es más que la fiebre de un problema de fondo que no sólo se manifiesta en el Reino Unido. También en otros muchos países europeos está emergiendo un movimiento de incalculables consecuencias que cuestiona el proyecto fundacional de la Unión Europea. Algo que explica el auge de los populismos y de los movimientos xenófobos.

La caja de Pandora
Cuando Merkel dijo de forma insensata -tuvo que rectificar tiempo después- que Alemania aceptaría toda la inmigración que fuera necesaria, en realidad lo que hizo fue abrir la caja de Pandora, ya que ponía a Europa delante de sus viejas fantasmas.

Hace dos décadas, al principio de la globalización, la postura alemana se hubiera entendido como un gesto humanitario, pero ahora, y esto es lo que ha olvidado Bruselas, la inmigración es, para muchos, lo mismo que la entrada de mano de obra barata que compite por el mismo puesto de trabajo.

De hecho, puede decirse que el referéndum británico ha sido el primer gran plebiscito sobre la globalización, que ataca a las clases medias que pagan impuestos y que ven como los inmigrantes se llevan buena parte del pastel de las prestaciones sociales.

Esto, que parece tan evidente, lo han entendido mejor que nadie los nuevos populismos de derechas, algo que explica que en Alemania, Holanda, Austria y otros muchos países europeos la cuestión de la inmigración (o mejor dicho de sus efectos sobre la vida de muchos ciudadanos), haya cuarteado el proyecto europeo.

Los capitales pueden desplazarse libremente (hasta el punto de coaccionar a los gobiernos en busca de mayores facilidades para la inversión); la inmigración por causas estrictamente laborales es ya un fenómeno de masas (provocando 'dumping salarial' y una precarización de las relaciones laborales) y la lucha por conseguir una misma prestación social -pobres contra pobres- se ha convertido en un asunto cada vez más relevante en los barrios obreros.

Como ha escrito el economista Nick Greenwood, el debate sobre el Brexit “viene a sustituir una discusión más amplia en torno a los costes y los beneficios de la globalización”. Precisamente, en el país de mayor tradición liberal de Europa y con la economía más abierta y expuesta a la competencia desleal.

Ni siquiera el ‘proyecto miedo’ que encarnaron los partidarios del ‘no’ al Brexit ha conseguido doblegar la fuerza de quienes salirse de la UE. Alguien tendrá que tomar notas y fijarse en las consecuencias de determinadas decisiones. El Brexit no ha caído del cielo.

El Brexit arruina Gran Bretaña y daña la UE
Pablo Sebastián Republica.com 24 Junio 2016

El general Charles De Gaulle siempre se opuso a la entrada de Gran Bretaña en el seno de la UE. Decía que los ingleses no eran de fiar y que el Reino Unidos era el caballo de Troya de los Estados Unidos en el continente europeo. Su profecía se ha cumplido y será exacta en casi todo si Donal Trump triunfa en los EE.UU. con su aislacionismo proverbial y se aleja de la UE lo que tampoco hay que descartar, en pos de imágenes de los tiempos del viejo imperio inglés que solo existe entre quienes no han entendido los cambios y consecuencias del mundo global en el que vivimos.

Los ingleses lo van a pagar muy caro en su economía y en su propia convivencia interna al tiempo que se abre una crisis de enormes proporciones políticas y económicas a los pies de la Unión Europea después que el pueblo británico votara ayer en contra de la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la UE (52-48), y de las consignas del Gobierno de David Cameron. El gran culpable de esta situación por convocar tan temerario referéndum en un tiempo en el que la crisis de la economía, descontento social y del impacto de la inmigración en el Reino Unido han ocupado la primera línea del este debate nacional.

Un debate donde la Reina Isabel II también echó su cuarto a espadas en favor del Brexit cuando alguien le escuchó -y se publicó- decir: ‘deme tres razones para seguir en la UE’. Pues hay muchas mas de tres y desde luego muchas mas de las que justificarían la permanencia de la monarquía en Inglaterra.

Vuelven los populismos y vuelven los nacionalismos en toda Europa. Lo hemos visto recientemente en Italia, durante sus elecciones municipales, lo acabamos de ver ahora en el Reino Unido y pendientes estamos de lo que ocurra ahora en España en la noche del 26-J, donde sin duda el Brexit podría tener consecuencias (¿en favor del PP y en contra de Podemos?) en la jornada electoral de este próximo domingo. Desde luego lo ocurrido e Gran Bretaña ocupará los titulares de los últimos mítines de hoy al cierre de la campaña electoral.

Naturalmente los mercados internacionales han acogido el Brexit con el mayor de los temores y se espera que en toda la UE (y España incluida) las Bolsas se hundan y corra cierto pánico ante la incertidumbre creada en Gran Bretaña donde la libra se ha desplomado y donde, sin lugar a dudas, van a sufrir las peores consecuencias de su propio aislamiento político.

El que va a provocar, entre el resto de los ciudadanos de la UE, un sentimiento de impotencia pero también de rechazo a todo lo británico por el daño que nos han causado. Y no solo ahora sino desde que ingresaron en la UE desde la mano de Edward Heath, un paso que no fue definitivo porque desde entonces Wilson, Thatcher y Cameron no han dejado de renegociar las condiciones de la presencia británica en el marco europeo por el descontento de su población y por intereses electoralistas como los que ahora le costarán el cargo de primer ministro a Cameron.

En cuanto a las consecuencias del Brexit para España hay que decir que pueden ser muy malas para las arcas del Estado y para el turismo, el comercio, la banca (Santander y Sabadell tienen una fuerte presencia en el Reino Unido) y la inversión extranjera en nuestro país. Además esta situación volverá a dar alas a la independencia de Escocia y con ello también a la de Cataluña.

Ahora bien, falta por ver ahora que hacen los líderes de la UE y especialmente la señora Merkel que también tiene su parte de culpabilidad por sus política de extrema austeridad que impuso en el territorio europeo (España incluida), y que están en la base del gran descontento popular imperante en todo el territorio europeo, Gran Bretaña incluida. Austeridad que ha generado un caldo de cultivo para que florezcan populismos y nacionalismos como los que hoy acaban de triunfar en Reino Unido, en lo que los promotores del Brexit han llamado su ‘Independence Day’.

Brexit: shock e incertidumbre
Daniel Lacalle El Espanol 24 Junio 2016

“That´s It, I Quit, I´m Moving On” Dr Feelgood

Shock. Nadie se esperaba anoche, con las encuestas a pie de urna en la mano, la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Pero ganó el Brexit. Una campaña incompetente del “Remain” y las encuestas que daban una idea equivocada no han podido con un mensaje mucho más claro de Boris Johnson y los defensores de la salida. El mensaje, la UE no funciona, se ha convertido en un monstruo, un hiperestado dirigista y anti libre mercado.

Las consecuencias del muy probable triunfo oficial del Brexit ya se han hecho notar: la libra, que se disparaba anoche ante las encuestas a pie de urna, se desploma contra el dólar y el índice S&P 500 en EEUU ha sido parado al llegar al límite de caída. Temo que el impacto bursátil en bancos, empresas orientadas a Reino unido o con grandes inversiones allí, y un evidente impacto en las expectativas de crecimiento económico.

El 'brexit' es un auténtico cisne negro de implicaciones muy diversas. Las primeras, e inmediatas, caída de inversiones y de consumo, y por supuesto desplome de la libra y del euro, contra el dólar. Mucho cuidado con las materias primas. Las enormes revisiones a la baja de crecimiento global que ya se han dado volverán a hacerse.

La más que probable decisión de la Reserva Federal, del BCE y del Banco de Inglaterra de inyectar toda la liquidez necesaria no evitará un desplome, ya que lo que nos encontramos es un riesgo sistémico y de solvencia, no de liquidez (la liquidez excedentaria era ya enorme, más de un billón y medio de dólares, en el mercado).

¿Por qué?
Se abren muchos frentes. Casi dos años de negociación sobre la posible fórmula de salida. Una solución Noruega, con el Reino Unido pagando una cuota pero manteniendo libre comercio y libre movimiento de capitales sería factible y de poco impacto económico. Las consecuencias económicas las comentamos aquí y aquí.

http://www.dlacalle.com/video-las-consecuencias-del-brexit/
http://www.dlacalle.com/brexit-el-riesgo-no-se-ha-acabado/

Sin embargo, los bancos, muy frágiles y muy endeudados, con unos activos totales que pesan más del 450% del PIB en Reino Unido y casi un 310% en la Unión Europea, pueden sufrir al generarse un Tsunami de incertidumbres sobre:

1.Qué hará Irlanda del Norte o Escocia
2.Qué implicaciones tendrá en los tratados bilaterales
3. Posible efecto contagio.

Yo esperaba un voto por el Remain. Y ha sido todo un shock para muchos que esperaban lo mismo. Lo dije hace meses y ayer. Las estimaciones del miedo de la campaña del Remain probablemente se equivoquen por demasiado diplomáticas. La salida del Reino Unido tendría un grave impacto para la UE, y para Reino Unido. La Unión Europea pierde uno de sus contribuyentes netos y además el que tiene una balanza financiera más importante. Esa doble pérdida sería un impacto brutal para la credibilidad y sostenibilidad de la Unión y del euro.

Una Europa en la que los países “receptores” y de credibilidad cuestionada supere a los “pagadores” es un enorme riesgo que afecta a la capacidad de financiación, la inversión y la balanza financiera.

Sector financiero: un problema nada desdeñable de regulaciones y exigencias de capital distintas, así como impacto si algunos bancos y casas de inversión se ven forzadas a dejar el Reino Unido. El argumento contrario es que el flujo financiero aumentaría hacia las islas por la deriva intervencionista de una UE, ex-UK.

Comercio: un impacto para ambas partes, que sufrirían mientras se renegocian o firman tratados bilaterales. Sobre un total de 430.000 millones de libras, incluso porcentajes pequeños deben valorarse con cuidado.

El Brexit es un fracaso. Tanto del propio Reino Unido como de la Unión Europea. Para el Reino Unido llevará un largo proceso de desconexión y muchos riesgos comerciales y económicos. Hoy los ciudadanos británicos ya sufren en sus ahorros y bolsillo parte de ese riesgo.

El Brexit no es el final. O lo vemos como una lección, en una Unión que se ha convertido en un enorme hiperestado intervencionista, de bajo crecimiento y exceso de burocracia, o vendrán más.

Carta del director
Lo inconcebible ha sucedido
Pedro J. Ramírez El Espanol 24 Junio 2016

Lo inconcebible ha sucedido. Nos despertamos hoy con el shock de mayores consecuencias políticas que le ha tocado vivir a nuestra generación.

Un pueblo de elevada cultura democrática como el británico ha decidido abandonar una institución como la Unión Europea que ha proporcionado paz y cooperación a un espacio común que durante siglos fue escenario de atroces conflictos bélicos. Los ingleses que cruzaron dos veces el siglo pasado el canal de la Mancha para proteger al continente del totalitarismo a costa de derramar su sangre, dan ahora la espalda al proyecto europeo para volver a la era de su "espléndido aislamiento", como si el reloj de la historia se moviera como los cangrejos. Ni siquiera el martirio de Jo Cox ha servido para evitar el desastre.

Atención ahora a las consecuencias: las bolsas se desplomarán, el insensato de Cameron tendrá que dimitir, Boris Johnson se perfilará como próximo premier y el UKIP de Nigel Farage celebrará el gran triunfo de la demagogia populista. Escocia exigirá un nuevo referéndum de independencia, esta vez con mucha más base y fundamento. Marine Le Pen y el propio Donald Trump se frotarán las manos ante lo que podría servirles de precedente.

Los españoles acudiremos a votar bajo el peso de la incertidumbre hacia el futuro. Como dijo Miriam Clegg en EL ESPAÑOL, este desenlace facilita las cosas a cualquier proyecto rupturista ya que vuelve verosímil un mundo muy distinto al actual; pero también puede generar un efecto de búsqueda de refugio. Rajoy habría encontrado de esta manera al fin el miedo adecuado en el momento más oportuno para sus intereses.

¿Y Europa? La autocrítica en Bruselas y Berlín debe ser profunda. Mucho se ha hecho mal en términos democráticos para que los británicos hayan llegado a la conclusión de que estarán mejor solos. Pero sin el Reino Unido, la Unión Europea puede y debe ganar en cohesión. Es la hora del federalismo continental con una unión política y fiscal como objetivo inmediato. Y para ello Alemania debe dejar a un lado su miope egoísmo y empezar asumiendo la unión bancaria y alguna forma de mutualización de la deuda. O la Unión Europea recupera su impulso o nuestro mundo implosionará en un mosaico de nacionalismos xenófobos -incluidos el catalán y el vasco- que nos devolverán al valle oscuro de la Europa de entreguerras.

Referéndum británico
El ‘brexit’ mutila a Europa
 El Espanol 24 Junio 2016

El referéndum sobre la permanencia del Reino Unido dentro de la UE abre un escenario de incertidumbre escalofriante. En contra de los últimos sondeos y de las casas de apuestas, el brexit es ya una realidad. En manos de las cancillerías de los estados miembro queda el reto, y la obligación, de disipar el fantasma de la desintegración. Un 52% de los británicos ha empujado a la UE hacia el precipicio frente al 48% de sus compatriotas que intentó impedir la pesadilla. Una diferencia de 4 puntos ha permitido a los eurófobos adentrarse en la aventura aislacionista.

El hundimiento de la libra en un 9% y del índice Nikei en un 8% hace temer el desplome de los parqués, a la espera de que la nueva inyección de liquidez extraordinaria del BCE, prevista por Mario Draghi, pueda servir para corregir la situación.

El UKIP celebra su particular “día de la independencia” hacia ninguna parte y el Frente Nacional Francés, aplaude el duro golpe que la consulta del brexit ha asestado ya al proyecto común. Con este resultado, es imposible dejarse llevar por el optimismo. Recomponer el espíritu de la UE de este traumático trance va a costar "esfuerzo, lágrimas y sudor". El Reino Unido es hoy un país dividido y a la intemperie por culpa de la irresponsabilidad de David Cameron, que hoy mismo debería presentar la dimisión. Ni siquiera queda garantizada su propia integridad territorial, ya que el desmembramiento de Europa alentará a los independentistas escoceses.

Aluminosis británica
Al conjunto de la UE no le queda más remedio que revisar y fortalecer el andamiaje común para proteger a Europa de la aluminosis británica. Al Reino Unido le quedan dos años por delante para soltar amarras y redefinir el estatus de los residentes extranjeros europeos. Y a la Unión le toca recomponer la senda del proyecto común teniendo en cuenta que la Europa posbrexit no puede afrontar los retos y problemas globales con la mismas actitudes e incurriendo en los mismos errores que dieron rienda suelta al euroescepticismo y el populismo en el Reino Unido. Sobre todo porque ambos virus están presentes ya en otros países del viejo continente. El primer error fue admitir la excepcionalidad británica tal como se hizo en el acuerdo de febrero.

Una cosa es que existan varias velocidades en el proyecto de integración y otra muy distinta permitir privilegios que quiebran el principio de solidaridad del proyecto. Es lo que sucedió en febrero, cuando Bruselas blindó un estatus especial para el Reino Unido quebrando la igualdad de derechos entre ciudadanos comunitarios. Consentir que Londres pudiera limitar el acceso a prestaciones a los ciudadanos del resto de Europa residentes en el Reino Unido no ha servido para mantener la fidelidad británica. Ahora sabemos que las regalías no vacunan contra la eurofobia, sino que la estimulan, de tal modo que unos pocos millones de británicos han puesto en jaque el marco de convivencia de 500 millones de habitantes.

Camino arduo
Es difícil pensar en una Europa desvinculada de una de sus principales potencias, además de contribuyente neto al presupuesto de la Unión, por lo que el camino será arduo. Las instituciones europeas y los estados miembros deberán hacer esfuerzos ímprobos para mantener la ilusión en el proyecto común. La restitución del espíritu europeo requiere subrayar las ventajas de estar unidos sin olvidar el mensaje lanzado por Reino Unido. El adiós británicono no debería ralentizar el proceso de convergencia hacia una unión cada vez más estrecha, sino todo lo contrario.

Es el único modo de impedir que Europa caiga por el despeñadero de la desintegración. La primera tarea es intentar vacunar a la UE frente a los movimientos escépticos y eurófobos que crecen en su seno. Para ello hay que analizar con rigor cómo se ha llegado a esta situación, priorizar actuaciones y ser consecuentes y pragmáticos si queremos evitar que la UE sea cuestionada como marco de convivencia.

Crisis de refugiados
Los estados miembro deben dar como prioridad una solución creíble, coordinada, compartida a la crisis de los refugiados; poner sobre la mesa actuaciones tendentes a responder de manera igualmente eficaz al problema de la inmigración ilegal; y también revisar los procesos de integración de quienes aspiran a formar parte del club de los 27. La realidad es que el acuerdo con Turquía con el que la UE intentó parchear la crisis de los refugiados ha generado más desconfianza entre los euroescépticos que tranquilidad en los convencidos.

La amenaza de recesión en EEUU y la precaria recuperación en la eurozona no son perspectivas halagüeñas en un continente en el que han crecido las desigualdades y en el que potencias principales como Alemania, Francia, Holanda e Italia afrontan en apenas un año elecciones con movimientos extremistas y populistas en ascenso. La lección británica no se puede obviar. Tal y como pasa con todos los movimientos separatistas, la cesión a las presiones no amortigua su determinación rupturista. Ahora se trata de evitar a toda costa que, en adelante, el espíritu constructivo de estadistas como Winston Churchill sea definitivamente suplantado por el mezquino y cicatero de demagogos como Nigel Farage.

Hay Brexit: Reino Unido vota por abandonar la Unión Europea
Rafa Gallego okdiario 24 Junio 2016

El Brexit ya es una realidad. Reino Unido ha votado por abandonar la Unión Europea tras una votación histórica celebrada este jueves 23 de junio y cuyos resultados definitivos se conocieron ya bien entrado el 24 de junio, en torno a las siete de la mañana: el 52% de los votantes se decantó por la salida de la UE, frente al 48% que votó por la permanencia. En torno a un millón de votos de diferencia decantaron la balanza en favor de la desconexión europea. En votos, la victoria del Brexit fue de 17.061.744 votos a 15.864.555.

Londres y Escocia se han confirmado, como era esperado, como los grandes bastiones favorables a la permanencia del país en el Reino Unido. También en Irlanda del Norte ganó la permanencia por 56-44. Lo que ocurrió es que en ningún lugar saltó una sorpresa favorable a esa permanencia, mientras que en bastantes circunscripciones donde sí se esperaba ese voto pro-Brexit la diferencia fue incluso superior a lo que decían las últimas encuestas.

La City londinense amanecía en shock. Toda Europa amanecía en shock, la Unión Europea ha recibido un duro golpe. Se hunde la libra al tiempo que el gran proyecto de unidad continental, la unión de convivencia que logró construir un continente después de dos cruentas y devastadoras guerras mundiales recibía un puñetazo desde el Reino Unido. La llamada más antigua de las democracias ha tomado un camino sin retorno decidiendo abandonar la Unión Europea, a la que se adhirió el 1 de enero de 1973.

El primer ministro David Cameron se ha demostrado incapaz de lograr la cuadratura del círculo. Convocó un referéndum para votar la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea e hizo campaña contraria a su propia propuesta. No podía haberle salido peor la jugada cuando finalizó el recuento de los votos, ya amaneciendo el viernes 24 de junio. Las urnas británicas mostraron una clara ventaja favorable a la desconexión. No tanto en diferencia porcentual, cuatro puntos, sino en sensaciones. Más de un millón de votos de diferencia por el Brexit suponen una gran brecha, superior a la esperada en los días previos a este referéndum.

“Es un día terrible para el Reino Unido y un día terrible para Europa” aseguraban según se confirmaban los resultados líderes políticos británicos, mayoritariamente miembros del partido Laborista, a favor de la permanencia por contraste a un partido Conservador mucho más dividido.

«Brexit»: los buenos y los malos sentimientos
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 24 Junio 2016

Los referendos, como las armas, los carga el diablo, según ha vuelto a ponerse de relieve de nuevo con motivo de la consulta que ayer se celebró en el Reino Unido sobre su permanencia o salida de la UE. Una consulta que, como era de esperar, no se centró finalmente en cuestiones que son, por supuesto, discutibles (el grado de poder que los Estados deben traspasar a las instituciones europeas, la forma de mejorar su carácter democrático o el modo de impulsar el control popular sobre los poderes de la Unión, entre otras), sino que se tradujo en un debate primario, demagógico y por momentos bochornoso entre lo que sin exagerar pueden denominarse los buenos y los malos sentimientos.

Ha bastado seguir las respectivas campañas por el in (permanecer en la UE) y por el out (abandonarla) para constatar cómo, mientras los partidarios de seguir han insistido en la importancia de la construcción europea para superar los nacionalismos egoístas, en la necesaria solidaridad entre las naciones y los pueblos que forman parte de la UE y en la urgencia de reforzar la integración de los extranjeros que van de los países pobres a los ricos para huir de la miseria, gran parte de los impulsores del brexit -sobre todo Nigel Farage y su Partido por la Independencia del Reino Unido- han hecho todo lo contrario: excitar lo más bajos instintos de la población británica, esos que se agazapan bajo el nacionalismo excluyente, la xenofobia y la insolidaridad.

Cuando lean ustedes este artículo se sabrá ya si los buenos sentimientos han logrado vencer a los peores, como sería de esperar en el territorio donde triunfó la primera revolución liberal de la historia de la humanidad; o si, por el contrario, la irresponsable excitación de los peores sentimientos colectivos ha logrado que la mejor Europa que hemos tenido jamás vaya a verse amputada de la nación de la que tantos nos sentimos orgullosos: de una de las naciones pioneras en el voto femenino, en el reconocimiento de los derechos sociales o en la creación de un gran sistema nacional de salud (el National Health Service). De la nación de Jane Austen y los Beatles. De la nación que, cuando toda Europa había caído bajo las botas del nazismo, luchó «en las playas y en los campos, en los mares y los océanos» para recuperar la libertad de nuestro continente.

Con un grado de frivolidad que raya en la pura estupidez, Cameron ha vuelto a poner a su país al borde del abismo, igual que cuando convocó el referendo en Escocia sobre la independencia. No estará de más, visto lo visto, y aunque al final, como deseo fervientemente, el in gane esta decisiva batalla contra el out, que los partidarios no independentistas de un referendo de autodeterminación en Cataluña recapaciten de una vez. Pues esa consulta, que supone para muchos el culmen de la democracia, sería inevitablemente la ocasión para que los secesionistas movilizaran los malos sentimientos de una población que ha vivido en armonía hasta que el nacionalismo -el mismo que está detrás del brexit- vino a ponerla trágicamente en entredicho.

Las siete claves para entender los efectos del Brexit
Bernaldo de Quirós okdiario 24 Junio 2016

1. La salida de Reino Unido se produce en un momento de crisis existencial del proyecto europeo, sacudido por las secuelas económicas, políticas, sociales y financieras derivadas de la Gran Recesión, por un anémico crecimiento postrecesivo y agravadas por la avalancha de refugiados procedentes de la situación existente en Oriente Medio. En este contexto, el adiós a Europa tiene implicaciones de una extraordinaria gravedad. Este es el aspecto relevante con independencia de cuál sea el impacto del Brexit sobre la economía de Gran Bretaña. La manifestación inmediata de ello es la pésima evolución de los mercados de capitales, lo que forzará a una acción rápida del BCE para, por ejemplo, mantener bajo control las primas de riesgo y la estabilidad financiera.

2. La economía británica es una potente fuente de demanda de los bienes y servicios producidos por los países continentales. Las importaciones británicas representan un 8% del PIB de Holanda, un 12% del irlandés, un 4% del checo, un 3% del danés, un 7% del belga o un 2,3% del español por citar algunos ejemplos. Si la Unión Europea decide castigarlos con una nueva versión del napoleónico bloqueo continental o se produjese una fuerte caída de los flujos comerciales británico-continentales, el efecto negativo sobre buena parte de las economías continentales sería muy significativo, sobre todo, en un escenario de bajo crecimiento en Europa.

3. Britania es el segundo contribuyente neto al presupuesto comunitario detrás de Alemania. Aporta el equivalente al 0,5-0,6% de su PIB a las arcas de la UE lo que representa aproximadamente el 7% de aquel. Su salida de las instituciones continentales se traducirá bien en un recorte proporcional de los gastos bien en un aumento de las contribuciones procedentes de otros Estados. En las actuales circunstancias económicas y políticas europeas, ambas medidas serían difíciles de acometer.

4. La salida del Reino Unido altera de manera sustancial el equilibrio de poderes en la UE. Bajo las actuales reglas de votación del Consejo Europeo, los Estados más liberales -Britania, los Nórdicos y Holanda- suponen el 25% del voto en ese órgano. Este grupo ha sido paladín de la oposición a numerosas iniciativas intervencionistas y del impulso a la agenda reformista de la UE. Junto a Alemania llegan al 35%. Es decir, la minoría suficiente para bloquear cualquier propuesta iliberal. Esa capacidad de veto desaparece con lo que los Estados con mayor propensión al estatismo tendrían mayoría. En una Europa muy estatizada, necesitada de reformas contra su esclerosis y con una creciente resistencia a aplicarlas, la pérdida del contrapeso británico sería una verdadera tragedia.

5. El adiós de Gran Bretaña a la UE alimenta las fuerzas euroescépticas de izquierdas y de derechas cuya fuerza es ya significativa en muchas naciones del continente. Hay pues serias posibilidades de un contagio político con un elevado potencial centrífugo. Esto conduciría en el extremo a que otros Estados decidiesen seguir el ejemplo británico y, en todo caso, a intensificar las presiones populistas dentro de ellos para satisfacer unas demandas que resultan incompatibles con el marco institucional vigente en la UE. En este contexto, las presidenciales francesas del año próximo adquieren un tinte dramático. El Brexit introduce a Europa en una espiral desestabilizadora de muy difícil control.

6. Por su historia, por su red de relaciones globales, por su potencia diplomática y económica, Gran Bretaña es un sofisticado soft power y un nada despreciable poder militar. El abandono británico de la UE supondría sin duda alguna una pérdida de su ya mermada capacidad de influencia en la escena internacional. En términos geopolíticos y geoestratégicos, en un mundo inestable e incierto, esto es un grave e insoluble problema. Europa que es un gigante económico en horas bajas se transformaría en un enano político a escala mundial.

7. El Reino Unido es uno de los principales socios comerciales de España, uno de los principales destinos de la inversión española en el mundo y un inversor relevante en España. En consecuencia, al menos en el corto plazo, el Brexit tiene un impacto negativo sobre las compañías con fuertes intereses en Reino Unido, que se están viendo afectadas con mucha intensidad y cuyo comportamiento bursátil está acusando de manera intensa el Brexit.

El español en la UE.
Nota del Editor  24 Junio 2016

A llegado la hora de que el español recupere su posición como lengua internacional en la Unión Europea. El inglés no tiene derecho a permanecer como lengua prioritaria en la Unión Europea ahora que UK ha elegido excluirse.

A llegado la hora de que la UE tome medidas en contra del despilfarro que supone la multitud de lenguas de trabajo en la UE, el despilfarro en traducciones inútiles. El español como lengua hablada en numerosos países por más de 500 millones de personas tiene que convertirse en la lengua de trabajo de la UE.

¿ Estoy durmiendo o soñando ?

Otro 11-M o la misma cloaca
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 24 Junio 2016

Con la rapidez propia de este tiempo, muchísimos medios y políticos dicen que la filtración de las conversaciones grabadas en su despacho al ministro del Interior es un nuevo 11-M o un mini 11-M, cuyo objetivo sería evitar que Rajoy ocupe la Presidencia del Gobierno. 'Como siempre, a tres o cuatro días de las elecciones', ha dicho el propio Mariano, sin darse cuenta de que se está responsabilizando de que, en efecto, todo continúe como en el 13-M, jornada de reflexión, cuando, cercado en la sede de Génova 13 por las hordas prisoicas, se dirigió a las 10 de la noche a la opinión pública denunciando su angustiosa situación.

Naturalmente, como el PP de Rajoy es la raspa del pez-espada que fue con Aznar, ahora no ha hecho falta perpetrar o aprovechar una masacre, pero, dándole la razón a Marx cuando dijo que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa, de nuevo las cloacas del Ministerio del Interior han sido las protagonistas del descalabro del candidato del PP. No han tenido que destruir a toda prisa la escena del crimen -desguazar los trenes y quemar los efectos personales de las víctimas- y crear una escena falsa colocando la mochila de Vallecas, la Kangoo y el Skoda Fabia para dar el cambiazo islamista ante la opinión pública, iniciado con la invención en la SER de islamistas suicidas con tres capas de calzoncillos y rematado con el juicio más monstruosamente manipulado de la historia de España.

En realidad, el PP ha vuelto a demostrar que es incapaz de controlar las cloacas de Interior, que en 2004 rendían cuentas a Rubalcaba y Cebrián y en 2016 han filtrado a un medio de Roures -el Cebrián de ZP- las pruebas de la idiocia de los amigos de Rajoy. Como recordó ayer Florentino Portero en esRadio, el 15-M de 2004, Ángel Acebes estaba reunido en Interior con la cúpula policial para ver cómo iba la investigación de la masacre cuando recibió una llamada de El País. Preguntaban sobre la Kangoo, en la que se había colocado la goma 2-ECO, el arma falsa del crimen, y ni Acebes ni sus polis de guardería sabían nada. Bueno, supieron que el Ministerio lo llevaban otros. Han tenido ocasión de limpiarlo, han querido aprovecharlo y ahora están de cieno hasta los ojos. Si de este 26-J no sale un Gobierno capaz de limpiar estas cloacas, las cloacas seguirán deshaciendo Gobiernos.

Cloacas del Estado.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 24 Junio 2016

La expresión “cloacas del Estado” ha vuelto a ser el eje de los debates desde que se produjo la filtración de una conversación privada de hace dos años en el despacho oficial del Ministro de Interior actualmente en funciones Jorge Fernández Díaz. En dicha supuesta conversación en la que se transmitían instrucciones por parte de Fernández Díaz al responsable de la Oficina anti fraude Daniel Alfonso, sobre la conveniencia de realizar investigaciones de las actividades de destacados líderes de la oposición política nacionalista en Cataluña. Es decir, el uso del poder del Estado en labores típicamente mafiosas y delictivas más propias de regímenes dictatoriales. Lo que huele de verdad mal no solo es el propio contenido, sino también el momento elegido para difundir la supuesta grabación con la doble intencionalidad de influir descaradamente en la opinión pública en época electoral y en anular a una de las figuras mas relevantes de la lucha anti fraude.

No es la primera vez que el término cloacas del Estado referido a sectores del CNI, de la policía más sectaria y politizada, se usa como sinónimo del filibusterismo imperante entre los dos principales partidos PSOE y PP cada vez que se alternan en las labores de Gobierno. Esas cloacas existen y permanecen activas en asuntos tan turbios como el de las filtraciones de conversaciones como en el caso del llamado “pequeño Nicolás”. Y lo curioso es que tras décadas de actividades nítidamente desestabilizadoras, como las realizadas tras los atentados brutales del 11M, las cloacas siguen intactas sin que la hasta ahora los servicios internos de investigación hayan podido identificar a sus componentes y puestos a disposición judicial. Un fracaso solo explicable si entendemos un cierto y malentendido corporativismo o lo que es peor el miedo a las consecuencias por las revelaciones, la injustificable e inadmisible “razón de Estado”.

La verdad es que han sido los propios responsables de estas FFyCCSE los principales culpables de que esta situación tan abominable se haya enquistado. Todos recordaremos al entonces Ministro de Interior Alfredo Pérez Rubalcaba y su famoso y amenazante “lo sé todo de todos”, referido al sistema de escuchas telefónicas aleatorio y sin garantías judiciales. Tampoco podemos olvidar las grabaciones a la representante del PP en Cataluña Alicia Sánchez Camacho en un restaurante mientras compartía comida con la exnovia de uno de los Pujol y las famosas “bolsas de basura” como contenedoras de los billetes de 500 euros que se trasladaban en coche a Andorra. Cloacas bajo la mesa de un lujoso restaurante.

Y es verdad que todo sistema debe tener sus propias cloacas de desagüe de las inmundicias que la sociedad genera. Lo que pasa es que nadie reconoce su existencia y mucho menos los sucios métodos que utilizan para su labor. Lo que parece de una hipocresía supina. Es claro que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Así que no es de extrañar que quien lo detenta no aproveche la oportunidad para usar esas fuerzas a su favor con fines tan poco originales como el de acabar con sus enemigos, ya sean del propio partido político o de otras formaciones. En la Comunidad de Madrid hubo denuncias por seguimientos e investigaciones lanzadas desde la Presidencia del PP. Otra vez las cloacas.

El caso es que esta nueva filtración no parece que vaya a surtir el efecto deseado más allá de avivar el victimismo tradicional de los supuestos investigados, los secesionistas catalanes. EL PP es un partido residual en Cataluña, y no creo que esta actuación produzca efecto en el resto de España donde precisamente esas fuerzas secesionistas no son vistas con demasiada simpatía. Esta vez no se va a ir más allá de la protesta formal porque hay muchas más cosas en juego en estas elecciones que atender a estas bombas fétidas mal intencionadas.

A nadie debe extrañar la petición de dimisión del Ministro Fernández Díaz, aunque creo que en el pasado ha habido otras actuaciones que han merecido esa petición. Evidentemente, debe dimitir o ser cesado de manera fulminante. Lo contrario, es decir, lo que está haciendo Rajoy al mantenerlo en su cargo, es contribuir al deterioro de la democracia y un acto de complicidad con el fondo de la conversación filtrada y los métodos usados para destruir al oponente político. Una alcantarilla más abierta en la Moncloa, con acceso directo a las cloacas.

¡Que pasen un buen día!

¿Qué pasará cuando el ministro y el juez sean de Podemos?
Emilio Campmany Libertad Digital 24 Junio 2016

En la conversación del ministro con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña hay muchas cosas escandalosas. La principal es que el ministro del Interior presiona al juez que está al frente de esa oficina con el fin de que investigue a los adversarios políticos del ministro. Sin embargo no es la única. Ni, con ser grave, la más inquietante.

Ante todo, resulta que aquí los ministros presionan a los jueces. Ya sé que De Alfonso no ejerce al frente de esa oficina funciones jurisdiccionales, pero no deja de ser un juez, y en su nombramiento fue decisivo el que lo fuera. La conclusión es conocida, aunque muchos pretendan ignorarla: que aquí no hay división de poderes.

España es un país donde las conversaciones que el ministro del Interior tiene en su despacho se graban. No sólo se graban, sino que además, cuando conviene, se difunden. Ello conduce a sospechar que alguien esperaba que el ministro hiciera algo que éste se resistía a hacer.

En todo este asunto, parece que lo que hay es una guerra que sostienen dos facciones de la Policía. De ser cierto, sucedería que el ministro habría tomado partido por una, probablemente aquella con cuya enemistad más tendría que perder, y la otra se esté vengando en consecuencia.

Producida la filtración, el ministro no puede, porque carece de los medios o porque arriesga nuevas filtraciones, localizar a los responsables, denunciarles ante la opinión pública y ponerlos a disposición de la Justicia. La conclusión es que el ministro no controla Interior, sino que es Interior el que controla al ministro.

El juez que está al frente de la Oficina comparece en el Parlamento catalán y se defiende alegando que conversaciones de este tipo las ha tenido con todos los partidos, con lo que da a entender que todos, no sólo el PP, han reclamado sus servicios como perseguidor de adversarios políticos. Y de hecho denuncia que concretamente Albert Rivera le pidió que le diera algo. Pero, eso sí, lo denuncia ahora, no antes. Cómo será este país por dentro para que un juez asuma que ésa ha de ser su función tras ser puesto al frente de una oficina antifraude.

Así que España es un lugar donde a los jueces les dicen los ministros lo que tienen que hacer. Y donde los ministros están a su vez sometidos al chantaje de policías contra los que nada se puede hacer, por lo mucho que saben y porque filtran conversaciones privadas de los ministros si éstos no hacen lo que se espera que hagan. Vienen inmediatamente a la memoria dos cosas, el 11-M y la conversación que Zapatero tuvo precisamente con Fernández Díaz al poco de cesar como presidente del Gobierno. Da miedo imaginar lo que puede hacer Pablo Iglesias al frente de un país en el que existen esta clase de resortes tan bien engrasados.

Etnomanía contra ciudadanía
España está enferma de etnomanía. Me refiero al narcisismo por lo propio.
Antonio Robles Libertad Digital 24 Junio 2016

España está enferma de etnomanía. Me refiero al narcisismo por lo propio. No es asunto privativo de España, la historia está infectada de tragedias provocadas por él. Lo cual no disculpa en nada la más grave amenaza que se cierne contra la igualdad política que garantiza el valor de la ciudadanía. Es decir, el derecho que tiene toda persona a disfrutar de los derechos de una sociedad organizada democráticamente y la responsabilidad de hacerse cargo de los deberes que comporta.

Libertad individual como sujeto político por encima del narcisismo de los territorios en nombre de la etnia. O como dice Fernando Savater:
Ciudadanía: una forma de integración social basada en compartir derechos semejantes y no en la pertenencia a determinados grupos vinculados por lazos de sangre, de tradición cultural o de jerarquía hereditaria.

Digámoslo claro, derechos democráticos (participativos) frente a derechos históricos (la fatalidad del destino); derechos individuales frente a los territoriales; derechos cívicos, propios del derecho positivo, frente al derecho natural de la raza, la sangre, la lengua, la etnia, la religión…

Vuelvo al filósofo. En un opúsculo preciso y necesario pronunciado en el Parlamento Europeo en 2001 bajo el título "Etnomanía y ciudadanía", aboga por sociedades donde el valor de la ciudadanía nos libere por fin de la sacralización de las etnias. No hablaba en abstracto, el mundo la sufría en multitud de lugares a pesar de La paz perpetua de Kant, y él mismo la soportaba a diario en su barrio y comprobaba impotente cómo España entera se echaba en sus brazos como una adolescente cegada por la novedad de lo que ignora.

En esa breve reflexión está compendiado el abismo que nos abren compulsivamente los nacionalistas y los nuevos redentores del populismo. Armados con sofismas etnomaníacos, pero colados como modernos o usados con sentido torcido, colonizan conciencias y parcelan territorios. Hasta los últimos en llegar se han enganchado a una España plurinacional y el derecho a decidir. Detrás viene el hierro, la marca que fija nativos y fabrica extranjeros. Ni siquiera tienen el coraje de llamar a la salvajada por su nombre: "Nosotros primero" (cambien el sujeto por la etnia que les apetezca, y aparecerá su naturaleza reaccionaria).

Este narcisismo por lo propio emponzoña cualquier salida a la diversidad connatural a toda sociedad humana. Por eso es también el mayor problema que tiene ante sí España como constitución de ciudadanos libres e iguales. "No es lo mismo el derecho a la diversidad, base del pluralismo democrático, que la diversidad de derechos, que lo aniquila". Nuevamente nos aclara el filósofo la trampa. Y la desvela.

Ni la corrupción, ni el paro ni la justicia distributiva podrán solucionarse si antes no anteponemos ese valor de la ciudadanía a la sacralización de los territorios. Si la patria es el último refugio de los canallas, aquí y ahora tenemos una jauría de patrias devorándose entre sí, y a un tris de acabar con el Estado Social y Democrático de Derecho que nos garantiza una sociedad a salvo del gueto de la sangre, el rejón lingüístico o los derechos históricos.

A un paso de votar el día 26 de junio en las elecciones generales, nos sobran canallas y escuderías (viejas y nuevas). Unas y otros son parte del problema, porque son ellos quienes generan el lodazal o se inclinan ante la moda. Fuera de esa lucha encarnizada, no queda nada. Ni siquiera tranquilidad para discernir entre tanta mediocridad.

Por eso envidio a los electores de Madrid. Ellos tienen la posibilidad de dar su voto a un hombre ecuánime y coherente con las ideas que ha defendido con determinación, y ahora, a punto de dejar la vida pública, las presta a unas siglas más necesarias que nunca en el Congreso de los Diputados. Vote lo que vote en Barcelona, el alma la pondré en el ciudadano Fernando Savater. Al menos sé lo que voto.

Dos tazas
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 24 Junio 2016

La política española parece regirse por el dicho de “si no quieres caldo, dos tazas”, que expresa paladinamente la voluntad de imponerse al deseo ajeno, por las bravas, si hace falta. Son muchos los aspectos de nuestra vida pública que se atienen a ese paradigma prepotente y autocrático. Para empezar, estamos repitiendo unas elecciones por el simple hecho de que los electores no hemos sabido interpretar adecuadamente los deseos de los elegidos, lo que es todo un síntoma de quién es el que aquí manda. Por si acaso ya se nos avisa de que pudiera no haber dos sin tres, y, si no lo hubiere, no será porque los elegidos se decidan a apearse de sus respectivos burros, sino por el miedo que les pueda entrar a la cólera del español sentado.

La política del nudo poder
Las enormes carencias de nuestra cultura política permiten que se interpreten las elecciones como la consecución de un trofeo, como la legitimación, sin restricción alguna, del poder para el que las gana. Por si fuera poca desgracia esa miopía, resulta que ahora aparecen quienes la convierten en el eje de sus designios, como los chicos de Podemos, y los viejos gansos que les hacen la ola, dispuestos a montar el monopolio con una chamarilería de los restos del sistema, convencidos de que en cuanto alcancen la mayoría, si no ahora, a la tercera, y que llegue cuanto antes, todos tendremos que bailar al ritmo de la coleta del machito alfa.

En un sistema democrático que se precie, las elecciones son una forma de distribuir el poder, no de otorgarlo a nadie en exclusiva, claro que para eso se requiere que el sistema se dote de reglas que permitan la separación de poderes, la poliarquía, y aquí, desde que Felipe y Guerra decidieron que la Justicia era para ellos, se han estado destruyendo minuciosamente los más leves vestigios de cualquier sistema de equilibrio, de controles y balanzas. El Parlamento está a las órdenes del Gabinete, y los Jueces sensatos procuran no perder de vista los más leves gestos del que de verdad manda. Lo único que queda un poco al aire es el poder territorial, porque, pese a ser designado por el caudillo del partido, tiene una cierta capacidad de hacer la puñeta al conjunto, justo lo que hacía falta para que esta vieja España emponzoñase sus heridas en lugar de cicatrizarlas. Peor, casi imposible, y que conste que el casi se dice a la vista de lo que puede venir.

Negociar y traicionar
Al no reconocer que la política es algo más que esa especie de torneo de Dios en el que se decide quién manda, se olvida completamente el fin mismo de la política, su justificación final que no es otra que trabajar en bien de la comunidad partiendo de que toda comunidad está, inevitablemente, atravesada por conflictos que nunca pueden resolverse negándolos u otorgando todo el poder a una de las facciones enfrentadas. Eso es la política democrática, el oficio de quienes trabajan por encauzar y sacar energía positiva de los conflictos sociales que enfrentan a quienes los eligen, buscando que sean crecientes las mayorías que aceptan las soluciones halladas que nunca, por definición, pueden ser de la completa satisfacción de todos, y de ahí que se haya de volver a dar la palabra a los electores cada cierto tiempo, para que aprueben o desaprueben lo que han hecho quienes recibieron su voto en la ocasión anterior. Precisamente por eso cabe distinguir entre negociar y traicionar, de forma que el oficio político no resulta particularmente sencillo. Pero, cuando se pierde la mayoría, en una democracia parlamentaria, es absurdo pretender cualquier derecho a gobernar por el mero hecho de ser el primero.

Dimitir, verbo intransitivo
Empeñarse en retener el derecho a gobernar obteniendo el voto de menos de un tercio de los electores, con la oposición de otros dos tercios, es un ejercicio de reducción al absurdo de la política que en las democracias normales se resuelve marchándose a su casa el dirigente que ha perdido la mayoría más que suficiente que poseía.

Concebir la política de otra manera, como una revolución o como una guerra, es, naturalmente posible, pero no ha dado nunca los mismos resultados que una política basada en principios, en una determinada visión, en la Constitución y en el patriotismo, e inspirada en la necesidad de abrir cauce a las novedades y a los estados de opinión, siempre cambiantes en el mundo en que vivimos. La mayor paradoja del rajoyismo, y hay mucho donde escoger, tal vez sea que disolviendo ideológicamente su partido, con la excusa de situarse en el centro, esté protagonizando la más persistente política de enfrentamiento que ha realizado cualquier derecha desde la transición, al tiempo que el PP de Rajoy es percibido por el electorado como una fuerza muy marginal, más allá del ocho en una escala ideal que va del cero de la extrema izquierda al diez de la extrema derecha, con el cinco en el centro. Ciertamente es muy duro pasar de ser la solución a ser el problema, pero eso es lo que tienen las democracias, según lo veía Popper, que pueden destituir al Gobierno de manera pacífica, sin que al austríaco se le ocurriera nunca pensar que un gobierno democrático pudiera resistirse a actuar con la lógica de la mudanza ante un dictamen tan inequívoco. Si alguna posibilidad tenía Rajoy de conservar la Moncloa era la de haber forzado la negociación, aunque su resultado fuese muy incierto, pero al haberse encastillado en su posición de “o yo o el caos”, se ha buscado, con mucha probabilidad, un despido sin demasiados honores.

El juicio de Dios, o váyase señor Rajoy
Al elegir la política de las dos tazas, Rajoy ha optado por infundir miedo, pero no parece que la jugarreta vaya a ser recompensada con el éxito. La sociedad española está ya lo suficientemente dividida como para que los políticos jueguen a acentuar el abismo que separa a las múltiples Españas que se empeñan en una especie de fiat Iustitia et pereat mundus con bastante rudo motivo. Rajoy ha preferido arriesgarse a que le suceda una especie de variopinto frente de izquierdas, tras haber tenido la mayoría más amplia, antes que retirarse discretamente y abrir paso a fórmulas menos enloquecidas. Él sabrá por qué, pero la jugada no parece que vaya a salirle ni medio bien, porque un resultado muy similar al de diciembre, escaño arriba o abajo, no modificará en nada la situación y no va a tener ahora más motivos para arriesgarse a la investidura que los que entonces no supo encontrar. Más allá de las zalamerías de los incondicionales, a sueldo o por afición, va a ser muy difícil encontrar una manera de salvarle las posaderas a don Mariano, y espero que no abunden los editoriales pidiendo una tercera oportunidad.

España necesita un plan
El argumento decisivo para desestimar cualquier posibilidad de éxito para Rajoy es que no resulta verosímil que pueda hacer sin apoyos sólidos lo que España necesita a ojos vista, dado que nada hizo, salvo hacer como si hiciera, teniendo mayoría absoluta. Decir que no a Rajoy, no es nada personal, está claro que no merece un segundo partido visto el rendimiento de su primera alineación, como lo diría el Marca. España necesita un plan, una nueva política digna de ese nombre, y Rajoy ofrece exactamente lo contrario, una segunda taza de lo mismo: es evidente que, salvo que a los electores les dé un yu-yu y le otorguen mayoría absoluta, deberá dedicarse a escribir sus memorias o a pergeñar las explicaciones que no ha sabido dar, ya sin plasma. Eso sí, podrá seguir siendo, si quiere, diputado por Madrid que es, exactamente, aquello para lo que será elegido.

'Me niego a taparme la nariz y votar al PP'
El partido presidido por Santiago Abascal presenta un nuevo vídeo electoral en el que recuerda a los españoles que "hacer cosas con la nariz tapada no tiene ningún sentido".
Gaceta.es 24 Junio 2016

La campaña continúa adelante y VOX ha presentado un nuevo vídeo electoral para tratar el voto de aquellos que piensan votar a Mariano Rajoy aun sintiéndose traicionados por miedo a la llegada de Podemos a las instituciones. El partido presidido por Santiago Abascal recuerda a los españoles que "hacer las cosas con la nariz tapada no tiene ningún sentido".

El vídeo muestra el día de una joven desde que se levanta por la mañana. La chica se dirige al colegio electoral, al igual que cientos de españoles, con el voto al Partido Popular tapándose la nariz hasta depositar su papeleta en la urna.

VOX explica que votar "con la nariz tapada" no tiene ningún sentido y reclama el apoyo de los españoles para Santiago Abascal, único candidato que ha admitido ser de derechas y cuyas políticas pasan por la defensa de la unidad de España, recuperación de los valores cristianos y una postura diferente ante el islam y la amenaza yihadista.

Los vídeos electorales de VOX se han convertido en todo un fenómeno mediático. 'Un nuevo comienzo', que sirvió de inicio de la campaña, pronto se convirtió en viral, muchos usuarios llegaron a comparar a Abascal con Gladiator y se impuso en la votación que la revista Jot Down realizó para seleccionar la mejor propaganda política.

'Podemos está detrás de estas agresiones'
La extrema izquierda agrede a un candidato de Falange
"Una ceja y labios partidos, contusiones por todo el cuerpo, moratones, la cara hinchada"... Jorge Garrido se convierte en la última víctima de la violencia de la extrema izquierda.
S. Toro  www.gaceta.es 24 Junio 2016

Las agresiones por parte de la extrema izquierda a aquellos colectivos que no comulgan con su ideología se han multiplicado en los últimos tiempos. Tras los ataques a varios militantes de Ciudadanos en Vallecas, a dos voluntarias de la Asociación Barcelona con la Selección y a un padre de familia en el madrileño barrio de Aluche por vestir un polo con la rojigualda, la última víctima ha sido el candidato al Senado por Falange Española de las JONS, Jorge Garrido.

Este abogado de 42 años fue brutalmente agredido la noche de este miércoles por "dos individuos de extrema izquierda" en el Distrito de Moncloa. Garrido volvía a su domicilio tras haber participado en el reparto de propaganda de su candidatura cuando se percató de que los agresores estaban retirando la misma, por lo que decidió pedirles explicaciones. Fue entonces cuando estas personas lo golpearon y, tras lograr que cayera al suelo, comenzaron a patearle. El resultado de la agresión ha sido, según ha informado el candidato de Falange a Gaceta.es, "una ceja y labios partidos, contusiones por todo el cuerpo, moratones, la cara hinchada...".

'Tenían aspecto de perroflautas'
Garrido ha relatado a Gaceta.es los duros momentos vividos durante la agresión. Asegura que, además de los golpes, fue víctima de gritos despectivos de "¡Fascista!" y que los agresores lucían un "aspecto desaliñado". "Se puede decir que tenían pintas de perroflautas", ha añadido, a la vez que ha desvelado que se podría tratar de dos militantes de un grupo de extrema izquierda ubicado en el Barrio de Saconia. "Esa organización es muy conocida por la Policía Nacional, porque han detenido a muchos de sus miembros", ha explicado. No obstante, los agresores huyeron antes de que llegaran las Fuerzas de Seguridad.
'Podemos y el secesionismo están detrás de estas agresiones'

Falange Española ha denunciado el ambiente generalizado de violencia generado por la extrema izquierda y considera que "obedece a la crispación política que está viviendo nuestro país y a la exaltación que viven muchos grupos violentos de izquierda". Garrido ha lamentado que estas organizaciones "gozan de absoluta impunidad precisamente por sus ideas". ¿Sucedería lo mismo si fueran de extrema derecha? "No, en ese caso serían muy perseguidos", insiste.

Para el jefe nacional de la formación, Norberto Pico, "el auge de Podemos y del secesionismo está detrás de estas agresiones". Así lo ha afirmado en declaraciones a Gaceta.es, donde también ha alertado de que "la extrema izquierda está bastante envalentonada". Pico señala como origen del problema a la "justificación de la violencia que han ejercido algunos miembros de la izquierda como Andrés Bódalo y Alfon" y denuncia que el hecho de que "los que utilizan la violencia reciban el apoyo de IU y Podemos provoca que estos individuos se sientan amparados".
'No hemos recibido el apoyo de ningún partido'

A pesar de que desde FE de las JONS se han condenado todos los ataques cometidos por la extrema izquierda -así lo ha señalado Norberto Pico-, Jorge Garrido no ha recibido ningún mensaje de apoyo de ningún partido político, algo que a la formación le parece "lamentable". "Hay muchos que nos consideran extremistas en nuestro mensaje de defensa de la soberanía nacional y la justicia social, pero eso no quiere decir que la agresión pueda quedar impune", han denunciado. A PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, un mensaje: "cuando se trata del rechazo a la violencia, todos los partidos deberían estar unidos".

Falange Española continuará con su campaña y el propio Jorge Garrido participará en el acto de cierre de campaña del partido que tendrá lugar este viernes a las 19:00 horas en el Centro Cultural Puerta de Toledo (Madrid).

El pacto español
Libres e Iguales www.latribunadelpaisvasco.com 24 Junio 2016

Exactamente 38 años después de que se firmara en el Congreso el anteproyecto de la nueva Constitución española. En España es fácil, y goza de un cierto prestigio, romper la Constitución en la tribuna del Congreso o quemarla en el plató de una televisión pública. Más difícil es celebrarla. Y celebrarla, precisamente, es lo que hemos querido hacer hoy este modesto y obstinado grupo de españoles.

Es una celebración política, que nadie se engañe.

Nosotros aspiramos a que dentro de 20, 50 o 100 años la Constitución de 1978 siga vertebrando las leyes del Estado de España. Es decir, garantizando la libertad, la igualdad y la fraternidad de los ciudadanos, y renovando el pacto español que logró que la guerra civil pasara de verdad a la historia.

Hace dos años dijimos que la Constitución es la paz civil española. Ahora decimos que la Constitución es también un mandato de madurez y modernidad.

En el último tiempo, todos los partidos políticos han aludido a la necesidad de una reforma constitucional. Al modo del mantra que ha de resolver nuestros serios problemas políticos.

Llama la atención que ninguno de ellos haya optado por oponer enmiendas a reforma.

Enmiendas es una vieja palabra del lenguaje agrícola. Define las sustancias que se mezclan con las tierras para modificar sus propiedades y hacerlas más productivas. Y define también cuál es el límite y el sentido de la modificación constitucional. Aquello que mezcla favorablemente con el texto de referencia. Y aquello, también, que es concreto, preciso, claro.

Se comprende que los partidos políticos hayan preferido hablar de reformas y no de enmiendas. Hablar de enmiendas les habría obligado a concretar.

Y a arriesgar. Y a plantar cara.

Una enmienda, pongamos por caso. La que acabara con los llamados derechos históricos de determinadas comunidades. Sería una enmienda que Libres e Iguales apoyaría con entusiasmo.

Se podría añadir que, en coherencia, habría que eliminar de la Constitución el principal derecho histórico, que es el de la Monarquía.

Pero esa lógica no refleja la realidad de las cosas.

La Monarquía es un anacronismo, de acuerdo. Pero la monarquía española fue una pieza clave en la salida pacífica de la dictadura. Y aún hay algo más importante que el papel de nuestro Rey viejo en la transición o en la noche febril del 23 de febrero. Es su voluntaria y sistemática reducción a un símbolo de unidad y concordia.

Imaginemos por un momento que la Monarquía, una vez instalada como eje del Estado, hubiera tratado de ganar incesantemente poder político, desbordando su función simbólica y traicionando así la letra y el espíritu del pacto español.

Pues bien. Eso es lo que han hecho algunos de los propietarios de esos supuestos derechos históricos, que la Constitución —un pacto, al fin— concede: extorsionar a la política española con cualquier método imaginable.

Hasta tal punto que una fracción de esos rentistas de la historia, alojada en el submundo del crimen, adoptó la extorsión máxima del asesinato.

Ellos, justo es decirlo, también hicieron una aportación a la transición española. Fue la sangre. Entre otras, la del comandante Jesús Velasco, el abuelo de Paula. Y la de Gabriel Cisneros, uno de los redactores del texto constitucional. Ellos sí hombres de paz.

Sí. Monarquía y nacionalismo son dos anacronismos. Pero han ejercido entre nosotros un papel radicalmente distinto. Mientras la monarquía ha trabajado con discreción para no desbordar su marco simbólico, el nacionalismo ha activado, blindado y ampliado los privilegios supuestamente decretados por la historia.

En un caso el símbolo ha devenido en metáfora del acuerdo civil; en el otro, ha pasado a ser agente del conflicto civil.

Contra lo que podía imaginarse de una élite moderna y de una política avanzada, la reforma de la Constitución que algunos ahora plantean no pretende la supresión de esos derechos históricos. Todo lo contrario: pretende su ampliación a otras comunidades. Es decir, pretende la extensión de la desigualdad entre los españoles.

Nobleza catalana; vulgo manchego. Casta vasca, plebe extremeña. ¿Hidalguía andaluza?

Y pretende convencernos, además, de que esos derechos son una sentencia inapelable de la historia, retrotrayéndonos a la fosa de un tiempo sin luces como fuente de toda legitimidad.

Diseñan un nuevo tiempo de discriminación legalizada, de Estatutos de limpieza de sangre, ahora en versión territorial.

Su reforma es regresión.

Por su parte, la extrema izquierda, en el paroxismo de la confusión, y también de la cursilería, plantea la eliminación del simbólico anacronismo monárquico, mientras patrocina el anacronismo nacionalista. Una república de la segregación.

Su revolución es la reacción.

Pero nuestra reivindicación de la continuidad del pacto español no está sólo basada en el cumplimiento de la ley. Está basada también en el carácter benigno de las ideas que lo vertebran. La línea que va de los crímenes de Orlando al de Leeds señala cómo determinados relatos amenazan el marco de referencia de nuestras ideas y de nuestro mundo.

Es cierto que para mostrar toda su malignidad esos relatos deben prender en un loco. Pero los cuerdos pacíficos que profesan las mismas ideas que los locos asesinos deberían vivir avergonzados de que alguien pueda matar en su nombre.

Antes de disparar gritan: «Británicos primero». O: «Alá es el más grande». Matan en nombre de un proyecto de segregación humana.

Así se ha matado también en los últimos cuarenta años españoles. En nombre del nacionalismo. Ese ha sido el rostro de nuestro crimen político. Nadie ha matado en nombre del pacto español. Nadie puede matar en su nombre. Porque nadie mata en nombre del acuerdo y la democracia.

La política ha de organizar la vida de los ciudadanos de un modo limpio, transparente y hasta humilde. Como el estilo organiza el texto.

Ese es el gran éxito de la democracia representativa. El magnífico procedimiento que delega en los especialistas la gestión de los asuntos colectivos. Delegamos la política como delegamos nuestra salud, nuestra educación, nuestra seguridad.

Esa división del trabajo está en la raíz misma del concepto de ciudadanía. La ciudad nace, y se aparta de la tribu, cuando sus miembros intercambian conocimientos y habilidades. Cuando todos dejan de hacer de todo para hacer cada uno lo suyo.

Este éxito de la democracia representativa está en riesgo en muchos lugares del mundo y también aquí.

Por eso llamamos a la responsabilidad de los ciudadanos ante la actualizada potencia de los dos grandes enemigos de la política: el nacionalismo y el populismo. Ambos contradicen otra decisiva virtud de la democracia: la drástica rebaja de las emociones, que es el fundamento de la vida en comunidad.

Una de nuestras más serias obligaciones debe ser la denuncia del fraude de la llamada politización. No hay política en el Brexit. No hay política en Trump. No hay política en el secesionismo catalán. No hay política en el populismo podémico. Hay justamente su fraude. Y el fraude principal: el blanqueo de ideas malignas mediante el disolvente de la emoción.

La llamada politización, esa que se exhibe a chillidos en tantos platós de televisión, o que se concreta en la caza y captura del discrepante en las redes sociales, es un insulto a la política. Como también lo es, y muy señaladamente, esa conversión de la discusión política en una ceremonia deportiva, binaria, cuya definitiva plasmación es el referéndum.

La politización no amenaza sólo a la política. También a otras instancias fundamentales de la vida en común como la justicia o el periodismo, sumidas en España en una crisis de profunda gravedad. La politización es incluso un insulto a las propias y complejas emociones, ya fosilizadas en la respuesta automática del emoticón.

Libres e Iguales defiende la importancia de la política. De esa alianza entre el ejercicio de la responsabilidad de cada ciudadano y el conocimiento de los expertos. Por eso celebra el pacto español que la transición encarna.

Lo celebramos, eso sí, sin mitificaciones. También durante la transición actuaron a cuerpo gentil los irresponsables. Pero perdieron. De calle. La política ganó.

Hoy seguimos dispuestos a trabajar activamente por el restablecimiento de la confianza. Somos conscientes de que el secuestro emocional de la política es la amenaza más seria al progreso. En España y fuera de ella.

De ahí que esta celebración de la Constitución como nuestro gran pacto de la razón tenga que ser una celebración vigilante.

Ya no solo en la calle. En el parlamento español. En los parlamentos regionales. En las alcaldías de numerosas e importantes ciudades españolas… hay fuerzas políticas que agreden la libertad y la igualdad de todos los españoles. Su discurso amenaza la continuidad de España, la continuidad de la razón y la continuidad de la política. Rompen o queman la Constitución.

Como adánicos, desconocen el supremo valor de la enmienda.

Minutos después del último resultado electoral, Libres e Iguales declaró su apoyo a la formación de un gobierno entre los partidos constitucionalistas que habría permitido abrir un período de estabilidad y de reformas. Abrir, tal vez, la era de la enmienda.

Hoy, y ante la verosimilitud de una situación postelectoral similar, pedimos lo mismo. Esa es la abrumadora mayoría que ahora debe gobernar España. Y pedimos además que ese pacto se extienda a las comunidades y municipios.

Ese es el pacto español de hoy.

Su necesidad deriva de una situación de excepcionalidad provocada, entre otras razones, por la crisis económica. Y por la instalación en los parlamentos de populistas y secesionistas, ya netamente coaligados en su objetivo común de destruir la soberanía constitucional española.

La Grandísima Coalición, la Gorda, como nos gustaría llamarla cariñosamente, no es un intento de minimizar el conflicto social, ni de ocultarlo. Todo lo contrario. Nosotros reconocemos el conflicto, y su carácter inevitable, como corresponde a un pensamiento desprovisto de toda tentación utópica.

Lo que rechazamos es que la democracia española siga jugando peligrosamente con la representatividad.

Los ciudadanos españoles no están partidos en dos bloques irreconciliables, binarios, guerracivilistas. Al menos tres cuartas partes de ellos están de acuerdo en los asuntos esenciales de la gobernabilidad. No es justo que el vuelo gallináceo de determinadas élites políticas y mediáticas malogre este acuerdo esencial.

Se pide una nueva política. Esa política nueva, esa política tan frecuente en Europa e inédita en España, es la gran coalición. La cristalización de un nuevo consenso. Un consenso constitucionalista.

El irracionalismo no crece cuando se le aísla. Crece cuando se le otorga respetabilidad. Cuando se incorpora al espacio de la razón común. Cuando se le trata como uno más, siendo lo demás.

El irracionalismo aplicado a la política sólo tiene una utilidad. Y no menor. Y es que, en la observación de sus himnos y proclamas, las gentes razonables comprendan que la democracia y el progreso exigen un compromiso diario. Y que lo fatídico es, justamente, que la noción del compromiso, y hasta su alegría, esté hoy monopolizada por los irresponsables y los cínicos. Por los que hacen del fracaso español un ilegítimo negocio político y mediático.

Frente a los mercenarios del fracaso, hay que volver a afirmar: ¡Estuvo bien hecho. Lo hicisteis bien!

La transición no abrió un paréntesis en el sinuoso itinerario español, sino un sistema de libertad al que no vamos a renunciar. La Constitución no fue una concesión a la desahuciada tutela franquista, sino un contrato de civilización. Nuestra democracia nunca se pretendió perfecta ni acabada; desde el primer momento demandó convicción, valentía, militancia. Las que ahora reclamamos y que debemos exigirnos a nosotros mismos.

Hace años, una vieja figura, lúcida e irónica de la transición española, Antonio de Senillosa, se lamentaba de la imposibilidad de que las masas salieran a la calle gritando: «¡Viva el centro!». Decía que sólo la pasión desatada de los extremos era capaz de declinar los vivas y los mueras correspondientes.

Esta noche, queridos amigos, Libres e Iguales os convoca a desmentir la sentencia de aquel Senillosa.

¡Viva el centro!

No el centro melifluo, equidistante, paralizado. El sórdido tiqui-taca político.

Sino el centro que agrupa.
Lo común.
El lugar que señala los problemas reales.
El punto sobre la i.
Allí donde está la fuerza.
El 10 de la diana.
El centro de gravedad.
Frente a la gravedad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Coherencia, el nuevo voto útil
Aunque lo silencie la industria del voto útil, las convicciones y la coherencia determinan la política hoy más que nunca.
Jaime Revès  www.gaceta.es 24 Junio 2016

En mayo de 2013, en el segundo aniversario del 15-M, María Dolores de Cospedal volvió a desafiar a los movimientos sociales para que abandonaran las plazas y se presentaran a las elecciones. La secretaria general del PP repetía una consigna que su partido venía usando desde la acampada de Sol. Poco después, en las elecciones europeas un pequeño partido dirigido por un profesor curtido como tertuliano en platós de televisión daba el campanazo al cosechar más de un millón de votos. Podemos irrumpía con fuerza en la escena política con un programa electoral similar al de Syriza.

La opinión pública pasó de la sorpresa a la conmoción. Los sondeos demoscópicos no habían detectado o no habían querido detectar el enorme seísmo alternativo que se gestaba en el subsuelo de la política oficial. Unos días antes de la cita con las urnas, El País anunciaba en portada que el bipartidismo cobraba fuerza de cara a las europeas. De nada sirvió la propaganda del PSOE y sus satélites para capitalizar todo el voto útil contra Rajoy y a favor del “cambio”. Dato importante: más de un millón de personas rompieron con el pragmatismo y confiaron su voto por una formación emergente que les daba una nueva ilusión. Ellos fueron los primeros sorprendidos por el éxito conseguido. En las elecciones generales del 20-D Podemos sumó más de cinco millones de votos (el 20% del electorado) y es muy probable que el próximo domingo haga el famoso sorpasso al PSOE.

En otro nivel de importancia, las elecciones europeas permitieron a la formación ecologista Equo revalidar su diputado y en las generales de diciembre más de un millón de personas votaron al partido antitaurino (PACMA) para el Senado. Está claro que en la izquierda cada vez son más los que votan por convicción y no con la calculadora en la mano.

A nivel regional también tenemos el caso de las Candidaturas de Unidad Popular. La CUP es todavía mejor ejemplo que Podemos para exponer la vitalidad que ha cobrado la coherencia en la política actual. Para darse a conocer, esta pequeña formación antisistema no ha contado con un líder popularizado en los platós ni con sospechosos apoyos internacionales. La CUP se constituyó en Cataluña a mediados de los ochenta y a lo largo de tres décadas se ha ido consolidando y extendiendo gracias a una estrategia municipalista estructurada a través de casals, ateneos, colectivos de ámbito local y grupos juveniles. Ha tenido un crecimiento orgánico y desde abajo, opuesto al crecimiento desde arriba vivido por Podemos.

En las autonómicas de 2013, la CUP saltó de los ayuntamientos periféricos al Parlamento de Cataluña. Y desde que empezó a tener apariciones en la prensa oficial su respaldo popular no parado de crecer. También su influencia política: la declaración rupturista del Parlamento de Cataluña incluyó a última hora una adenda de contenido social para contentar a sus diez diputados conseguidos en las autonómicas de 2015 y Junts pel Sí les presentó la cabeza política de Artur Mas en bandeja de plata. El peso específico de los anticapitalistas en la vida política catalana es tan evidente que cada paso del proceso de independencia depende de los resultados de sus asambleas populares.

Los votantes de la CUP no han sucumbido a los cantos de sirena del voto útil de Junts pel Sí. Además, los representantes cuperos no se dejan asustar ni bizcochar con cargos o promesas. Además de extrema izquierda, los antisistema han resultado ser de extrema coherencia.

Hay una lectura incómoda de las últimas convocatorias electorales que la industria del voto útil pretende eludir. Y por “industria” me refiero a ese conglomerado de intereses políticos y mediáticos difíciles de separar. Los beneficiarios del actual estado de cosas azuzan el miedo ante el nuevo paisaje político y se niegan a extraer algunas conclusiones que ponen en riesgo las bases que aseguran su posición. Tras el colapso del bipartidismo, el voto útil ya no consiste en votar al PP o al PSOE. La lógica electoral de rojos o azules se ha roto y ha surgido un nuevo panorama multipolar. El acceso a La Moncloa, los Presupuestos y el BOE ya no depende solo del número de escaños que obtenga un determinado partido, sino de su compatibilidad con otras formaciones y su capacidad para forjar coaliciones. En el futuro, para los pragmáticos decidir su voto va a ser más difícil que terminar un sudoku. Las posibles combinaciones y derivadas crecerán exponencialmente. Por eso, un partido minoritario de valores fuertes puede condicionar la acción de gobierno de la mayoría

En la orilla izquierda se ha producido un desapego de los viejos partidos, del pragmatismo del voto útil y una vuelta a los valores fuertes de izquierda. De esta forma han dado un vuelco radical al panorama político. En la otra orilla ha ocurrido todo lo contrario. Un único partido monopoliza todo el espectro político (Ciudadanos es un centro yogurín-jacobino). Esta anomalía, que no se produce en ningún otro país de Europa, está cosechando resultados muy pobres. Su electorado natural está en depresión crónica y ya se ha acostumbrado a renunciar a dar la batalla política, a tragar todo tipo de escándalos de corrupción y a votar con la nariz tapada. No les mueve la ilusión, sino el miedo. Miedo al otro. Miedo al socialismo, miedo al bolivarianismo. Paradójicamente, cuanto más se han entregado al voto útil, más se extendido el socialismo y el bolivarianismo.

Aunque la industria del voto útil se esfuerce en silenciarlo, nunca antes las convicciones y la coherencia han determinado tanto la política como hoy. Las multitudes cantando con el puño en alto y la alegría y abrazos de sus nuevos dirigentes demuestran que lo que les mueve no es el miedo, sino la ilusión. Ellos han decido no renunciar a sus ideales, por muy cuestionables que estos sean. La izquierda es capaz de dar un millón de votos a una formación nueva a pesar de que ningún sondeo les conceda representación. También es capaz de dar un millón de votos a un partido que lucha contra el maltrato animal. Sin embargo, el electorado de la derecha no es capaz de dar voz a un solo parlamentario que defienda el derecho a la vida. La honestidad intelectual nos lleva a reconocer que, hoy en día, el votante de valores está en la izquierda. Además de combatir al adversario, hay que saber admirarlo y aprender de él. Los “perroflautas” están dando toda una lección de principios a muchos que se consideran personas de valores pero que, a la hora de la verdad, no pasan de ser malminoristas de corto plazo.

Gandhi solía decir que "debes ser el cambio que deseas ver en el mundo". Por eso, las próximas elecciones son una buena ocasión para que los Olvidados voten sin mirar la calculadora. Una buena ocasión votar con fuerza y saborear el placer de la coherencia. No sé si será el inicio para que España cambie, pero seguro que es el inicio para que nosotros cambiemos.

Navarra
El otro independentismo: el partido que quiere hacer de Navarra un nuevo reino
Quieren acabar con la 'conquista' de Francia y España sobre lo que fue el Reino de Navarra. Libertad Navarra se presenta en la Comunidad Foral, La Rioja y Álava.
Daniel Ramírez El Espanol 24 Junio 2016

Exprimen la Historia para dibujar el país que desean. Han bebido del cáliz de las esencias forales. Son navarros, genuinamente navarros, con un estilo hipster que no habría podido parir ni siquiera Wells con su máquina del tiempo. Quieren poner de moda el viejo Reyno.

No les vale Euskal Herria, lo consideran una interpretación errónea del pasado. Quieren una Navarra independiente, como la de antes de la conquista de los reyes católicos: una arcadia con sus fueros, sus jueces, sus fuerzas de seguridad… Pero esta vez sin reyes, por aquello de adaptarse a 2016. Son Libertad Navarra y quieren entrar en el Congreso de los Diputados para defender un Estado foral independiente dentro de Europa.
"No nos escondemos"

“Así es. Nosotros no nos escondemos. Si nos preguntan, decimos abiertamente que somos independentistas”, arranca Raúl Arkaia, cabeza de lista del partido por Álava. En su segundo intento consecutivo –también estuvieron sus papeletas disponibles el 20 de diciembre- Libertad Navarra ha logrado presentarse en la propia Comunidad Foral, Álava y La Rioja, tras no haber pasado el corte en Vizcaya y Guipúzcoa.

Hablan en tono conciliador, no quieren saber nada de enfrentamientos: “Nuestro camino es el acuerdo y seríamos una región europea que se llevaría fenomenal con el resto”.
Una 'gamazada' permanente

Viven en ‘gamazada permanente’. En 1893, el ministro de Hacienda, Germán Gamazo, quiso suprimir el régimen fiscal foral de Navarra, lo que llevó a miles de personas a manifestarse, en lo que supuso una de las concentraciones populares más importantes del siglo XIX. Aquel espíritu, que se escribió en roca en el monumento a los fueros de Pamplona, encabeza este partido: “La unión de los navarros en defensa de sus libertades; libertades más dignas de amar que la propia vida”.
Concentración de Libertad Navarra.

Tomás Urzainqui es abogado, escritor y fundador de Navarra Libertad. “Hace 175 años, Navarra conservaba los tres poderes, hasta con fuerzas armadas. Mis bisabuelos vivieron aquello. Luego se ha sesgado la Historia”, relata con tono calmado y rústico, impropio de días de campaña. “El nacionalismo vasco se ha metido en medio y no respeta la realidad; una realidad que nos niegan España y Francia”, sigue Urzainqui.
"Somos víctimas de España y Francia"

Antes de empezar, profesor Urzainqui, ¿podríamos ir de principio a fin para contextualizar su proyecto? Realizada la pregunta, podríamos sintetizar así la respuesta: “Navarra fue conquistada militarmente en 1512. Después se produjo una dominación militar del territorio. De ahí las murallas de Pamplona. Los reyes decían que eran para defenderse de los franceses, pero no se fiaban de los navarros. Así llegamos hasta el XIX. Aunque había un rey de Castilla, Navarra mantenía su carácter de Estado, como lo hacían México, Nápoles o Sicilia. Hasta la ley paccionada de 1841, que en realidad fue abolitoria en cuanto a los fueros”.
Tomás Urzainqui, fundador de Libertad Navarra.

Desde el convencimiento, lamenta ser víctima de “un negacionismo importante”: “Estamos entre varios fuegos, padeciendo intereses contrapuestos”. Cuando se le pregunta por lo viejos que pueden sonar sus argumentos, aporta datos, éste quizá el más importante: “Navarra todavía tiene un código civil completo, una muestra inequívoca de nuestra realidad social diferenciada”.

"El nacionalismo vasco sabe que le podemos robar votos"
Tanto en Navarra –EH Bildu gobierna el Ayuntamiento de Pamplona– como en el País Vasco, el proyecto independentista con más fuerza es el nacionalismo abertzale. “Están recelosos. Saben que lo que decimos es cierto. No se enfrentan a nosotros y nos someten a un bloqueo mediático porque les podemos robar muchos votos”, asegura este abogado.

“Al nacionalismo vasco no le interesa la Historia. Fundamentan sus principios en aspectos culturales o lingüísticos, ocultando el pasado o sesgándolo. No tocan el tema porque prefieren que siga todo como está”, explica Urzainqui antes de cambiar de tema.

La visión de Navarra Libertad no es a futuro, el Estado no es la meta. “Ya lo somos. Otra cosa es que se nos niegue la existencia. Planteamos simplemente el ejercicio de nuestros derechos”.

Lingua Navarrorum, y no euskera
Sus diferencias con el proyecto abertzale no sólo nadan en el fondo, sino también en la forma. Se refieren al euskera en varias ocasiones como “Lingua Navarrorum”. “Esta referencia aparece en tiempos de Sancho VI. Es la lengua que hablaban los navarros en el S. XII”.

¿Y qué pasa hoy en día con los fueros? A su juicio, ¿los navarros ganan o pierden? “Llevamos muchos años perdiendo. En diez años, hemos entregado de cupo a la Administración española más de 6.000 millones de euros limpios de polvo y paja. Habría que negociar el texto también con Bruselas, no sólo con España”, apunta.

¿Cómo es su Reyno de Navarra ideal? Aquí, Tomás Urzainqui llama a la concordia, con la esperanza de poder entrar en el Congreso algún día: “La independencia significa no depender del poder de otra sociedad. Me gustaría una Navarra de respeto, amor y cariño, que disfrutara de una relación magnífica con el resto de Estados europeos”.

El 20 de diciembre, Navarra Libertad obtuvo 574 votos para la Cámara baja y casi 5.000 para la alta. El 26 de junio, volverán a por más.

Castellanohablantes de España
El levantamiento de barreras lingüísticas es el mayor éxito del separatismo. Muchos castellanohablantes tenemos la convicción de que los Poderes Públicos españoles no han tenido especial interés en reconocer y garantizar nuestros derechos lingüísticos.
José Domingo Libertad Digital 24 Junio 2016

El pasado 6 de junio se presentó en Madrid el Manifiesto "Por la igualdad de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes en toda España". El Manifiesto, promovido por ciudadanos que residimos en comunidades autónomas con diversidad lingüística, se puede leer y suscribir en la página www.castellanohablantes.es.

Tres son los temas clave que aborda: la existencia de una comunidad lingüística hispanohablante, el reconocimiento de los derechos lingüísticos a sus integrantes y el ejercicio efectivo de esos derechos ante los Poderes Públicos.
Para algunos de sus ideólogos —Antoni Rovira i Virgili es un buen exponente— el derecho a la autodeterminación depende de la lengua propia de la comunidad.

Es evidente que hay en España una comunidad lingüística castellanohablante. Sus integrantes residimos en todo el territorio nacional y, además, somos mayoría en las comunidades autónomas con cooficialidad de lenguas. La constatación de esa evidencia, sin embargo, es casi un tabú y su mero planteamiento despierta incomodidad, incluso, entre los que lo comparten. A ello ha contribuido, sin duda, la presión de los nacionalismos disgregadores, que han fundamentado su razón de ser en la idea de naciones lingüísticas puras. Para algunos de sus ideólogos —Antoni Rovira i Virgili es un buen exponente— el derecho a la autodeterminación depende de la lengua propia de la comunidad. De ahí concluyen que, además de Portugal, en la Península Ibérica existen otras cuatro naciones que pueden ser Estado: Países Catalanes (zona en la que se habla catalán), Euskadi (donde se habla vasco), Galicia (donde se habla gallego) y Castilla —equiparada a España— (donde se habla castellano).

El hecho de que la comunidad lingüística hispanohablante esté presente en todos los territorios de España desmonta el artificio de la nación lingüística pura en el que han asentado sus aspiraciones de Estado. No es de extrañar, por tanto, que sea Cataluña ?visto el proceso en el que está inmersa? el lugar donde genera actualmente mayor hostilidad la visualización de esta comunidad. La fórmula que utilizan los sectores más recalcitrantes para combatirla es negar la territorialidad del castellano en Cataluña e identificar a sus hablantes como colonos, tal como hace el controvertido Manifiesto del Grupo Koiné. Otro método de desactivación consiste en la creación de una asociación de castellanohablantes ?Súmate? que adopta complacientemente un rol secundario. Estos castellanohablantes no defienden sus derechos lingüísticos y su fin es ampliar la base social del separatismo en las zonas con mayoría hispanohablante.

De todas formas, la marginación de los castellanohablantes se ha extendido —bien es cierto que con diferente intensidad— a otras comunidades autónomas con nacionalismo lingüístico. Esa es la razón que justifica que castellanohablantes de diferentes partes de España hayamos alertado sobre las graves y múltiples consecuencias que están detrás de determinadas políticas lingüísticas.

Un segundo aspecto que aborda el Manifiesto es el de la igualdad de los derechos lingüísticos de la comunidad hispanohablante. Tanto las formaciones políticas clásicas como las nuevas defienden en sus programas la igualdad de todos los españoles en derechos y obligaciones. Sin embargo, cuando se pasa esa proclamación por el tamiz de la praxis política concreta, las cosas cambian. Así, los derechos lingüísticos de los castellanohablantes no son uniformes en toda España por las discriminadoras medidas de normalización lingüística llevadas a cabo por algunos gobiernos autonómicos y también por la connivencia de importantes formaciones políticas de ámbito nacional. Basta observar los Diarios Oficiales de las Comunidades Autónomas y las prácticas de las Administraciones Públicas en territorios con cooficialidad lingüística para comprobar que la política educativa, la de contratación pública, la cultural, la de fomento, la de acceso a la función pública, la informativa, la de señalización viaria… ignora o relega los derechos lingüísticos de los castellanohablantes.

La asunción del plurilingüismo en las instituciones estatales empieza a hacer fortuna entre los partidos políticos y así se puede comprobar al leer sus programas electorales. La seducción por la singularidad territorial no alcanza, sin embargo, en muchos casos al respeto a la diversidad lingüística y cultural interna en las comunidades autónomas y administraciones locales.

El Manifiesto parte del principio de reciprocidad al declarar que el reconocimiento y el ejercicio de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes ha de ser compatible con el respeto y pleno desarrollo de los derechos de los ciudadanos de otras comunidades lingüísticas en los territorios con cooficialidad lingüística. Este aspecto es trascendental, los catalanohablantes tienen que tener los mismos derechos en Artesa de Segre que en Sabadell y los gallegohablantes en Pontevedra que en Vigo pero también los hispanohablantes deben disfrutar del mismo reconocimiento en Lugo, en Sevilla y en Tarragona. Sin embargo, en este último caso no es así y ya está afectando a la movilidad interna en nuestro país. El levantamiento de barreras lingüísticas es el mayor éxito del separatismo.
Muchos castellanohablantes tenemos la convicción de que los Poderes Públicos españoles no han tenido especial interés en garantizar nuestros derechos lingüísticos.

En cuanto al tercer eje del manifiesto (el ejercicio efectivo de esos derechos ante los Poderes Públicos), cabe subrayar que para el Tribunal Constitucional la declaración de oficialidad de una lengua conlleva que ésta se convierta en un medio normal de comunicación en y entre los poderes públicos y en la relación que estos mantienen con los sujetos privados, con plena validez y efectos jurídicos. Por ello, los ciudadanos tenemos derecho a la escolarización y a relacionarnos activa y pasivamente con las Administraciones Públicas en la lengua oficial o en las lenguas oficiales del correspondiente ámbito territorial. Sin embargo, muchos castellanohablantes tenemos la convicción de que los Poderes Públicos españoles no han tenido especial interés en reconocer y garantizar nuestros derechos lingüísticos. Por eso nace el manifiesto, para que los actores políticos y los ciudadanos tomen conciencia de la trascendencia política, social, cultural y económica que tiene asumir que hay castellanohablantes en toda España y que nuestros derechos han de ser completos y no residuales y subsidiarios.

José Domingo es Presidente de Impulso Ciudadano. Promotor del Manifiesto "Por la igualdad de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes en toda España".

5.500.000 españoles
Gloria Lago Libertad Digital 24 Junio 2016

Todos los estudios muestran un descenso del número de niños que tienen las lenguas regionales como maternas, sobre todo los de menor edad.

Somos aproximadamente cinco millones quinientos mil los hispanohablantes que vivimos en comunidades autónomas bilingües de España. Nos dicen que somos afortunados por tener una riqueza que para sí quisieran toledanos, cántabros o sevillanos. Por ser de primera y diversos, parecemos destinados a compartir lengua materna con millones de españoles, pero sin poder gozar de los mismos derechos que ellos. Somos exóticos, y llamados a cumplir una misión histórica, la de conservar lenguas.

A pesar de la imposición de lengua en la escuela, y de las imaginativas campañas llevadas a cabo por los gobiernos autonómicos, todos los estudios muestran un descenso del número de niños que tienen las lenguas regionales como maternas, sobre todo los de menor edad (actualmente, en Galicia, tres de cada cuatro pequeños son hispanohablantes). Sin reparar en estas cifras y obviando los beneficios de estudiar en lengua materna, hay partidos de ámbito nacional que avalan la anormalización lingüística, que alaban la inmersión obligatoria. También desde el Consejo de Europa dan voz y cobijo a quienes plantean este tipo de políticas para conservar lenguas, pero cuando se creó en Vigo la sede de la Agencia Europea de Pesca, la primera condición que plantearon sus directivos fue poder disponer de un colegio bilingüe en español e inglés para sus hijos. Y hubo que hacerles un apaño. En cuanto a las personas del resto de España que llegan a Galicia, enseguida se ponen en contacto con nosotros, preocupadas porque no pueden escolarizar a los niños en su idioma, asombradas porque no saben cómo conseguir un simple papelito oficial en español. Los que vivimos aquí y dedicamos a esto mucha energía, ya hemos perdido la capacidad para asombrarnos: tenemos un máster en anormalización, y disculpen ustedes que por segunda vez anteponga el prefijo a la palabreja, pero me cuesta llamarle normal a este deleznable proyecto de ingeniería social.

La diversidad lingüística en un territorio no supone un plus de riqueza, ni una lengua es un bien cultural por sí misma, del mismo modo que un pincel o una paleta de colores no son arte; son instrumentos que pueden servirnos para crear cultura, en función de cómo los utilicemos, según sea nuestra capacidad para crear. Las lenguas cooficiales de España son, ni más ni menos, una realidad que hay que atender garantizando derechos, sobre todo, el acceso a la educación en lengua materna y a información pública sin trabas ni esperas. En todos los territorios de España con lengua cooficial, se han restado derechos a la comunidad hispanohablante en mayor o menor medida, y con las originalidades propias de cada lugar. En Cataluña se han especializado en multas e inmersión obligatoria, en el País Vasco se puede, en teoría, elegir la lengua vehicular, pero se diseñan trabas mil para vaciar de contenido ese derecho. Ahora están exportando el modelo a Navarra.

En Galicia tenemos un híbrido, las asignaturas más interesantes desde el punto de vista léxico están prohibidas en español y se consiente la inmersión en centros con profesorado especialmente motivado. En cuanto a las empresas privadas, se está elaborando un plan para "galleguizarlas" a fuego lento. No podemos ver nada en nuestro idioma en los centros de enseñanza públicos, ni en edificio alguno dependiente de la Xunta de Galicia, ni en una Diputación o un Ayuntamiento, ya sea en documentos, en señales de tráfico, o en publicidad. En Galicia Bilingüe acabamos de ganarle un juicio al Ayuntamiento de Lugo, que había aprobado una normativa tan delirante como las de todas las ciudades, y ya se han ido al Supremo entre aspavientos a ver si les restituyen parte de la "normalización" perdida. En Vigo, el alcalde socialista, Abel Caballero, se atrevió a abrir un poco la mano en abril permitiendo que se pudiera hablar también en español en los plenos, y lleva recibiendo sopapos y un diluvio de recursos desde entonces. Nosotros lo celebramos como los chilenos cuando caen cuatro gotas en el desierto de Atacama.

Hace unos días presentamos en unión de entidades similares de Cataluña, Baleares, Valencia, País Vasco y Navarra, la plataforma Castellanohablantes.es. También colaboran personas de Aragón y de Asturias, lugares dónde comienzan a darle vueltas al asunto lingüístico, algo que no tendría por qué suponer un problema, pero viendo como están las barbas del vecino, algunos han creído que era mejor optar por un remojo preventivo. Cada una de estas entidades que nos hemos unido tiene sus peculiaridades, derivadas de la situación de su comunidad autónoma, pero coincidimos en lo primordial, esto es, reclamar derechos para la comunidad hispanohablante sin restarles derechos a los hablantes de las lenguas regionales.

Hemos comenzado, pues, nuestra andadura, y lo hemos hecho en medio de una campaña electoral en la que a los grandes partidos esta anomalía les parece tan normal que ni la mencionan. ¿Qué hacer para que se le dedique a un problema que afecta a la educación de nuestros niños, a nuestros derechos, a nuestra libertad, y que restringe la movilidad geográfica de las personas de nuestro país, la atención que merece? No hace falta explicar cuál es el fin de estas políticas, cómo los que hablan de diversidad usan las lenguas para restringir, para separar, hasta qué punto esto se ha convertido en un negocio que crea barreras para suprimir la competencia que no soportan los mediocres, y en qué medida la cuestión lingüística es la fuente de uno de los más graves problemas que tiene España en la actualidad. Los grandes partidos han extirpado limpiamente el problema lingüístico de la campaña, como en Galicia se ha esterilizado nuestro sistema sanitario contra el idioma que contagia a los niños. Cerca de la entrada principal del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, se pueden encontrar las únicas palabras en español que hay en todo el edificio. Son 15 palabras que han pegado bajo las instrucciones en gallego de la máquina expendedora del turno de cita con los datos del usuario. Las pusieron porque la gente no entendía bien lo que había de hacer, y al personal del hospital le resultaba molesto tener que traducirlo continuamente. La clave para lograr algo en España parece que está en ser molesto. Así han conseguido los nacionalismos llegar a donde han llegado. Habremos nosotros de conseguir ser molestos, pero por despertar conciencias adormecidas con tanta propaganda y desinformación. También habremos de tener el suficiente peso como para que se nos tenga en cuenta. Por ello nuestra intención es crecer y aglutinar a un tejido social al que hasta ahora no habíamos apelado. No lo olviden, somos cinco millones quinientos mil.

Gloria Lago es presidenta de la asociación Galicia Bilingüe.

Acuerdo entre el PNV y Bildu
Un antiguo etarra metido a parlamentario anuncia que los hoteles vascos deberán hablar euskera para tener 5 estrellas
www.latribunadelpaisvasco.com 24 Junio 2016

Los hoteles y el resto de establecimientos turísticos del País Vasco habrán de garantizar la atención en castellano y en euskera para poder alcanzar la categoría de cinco estrellas. Además, deberán estar exentos de sanciones de la Inspección de Trabajo. Según informa Europa Press, estos requisitos se incluirán en la Ley vasca de Turismo, pactada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y la formación proetarra Bildu.

El acuerdo alcanzado entre estas dos formaciones, que tienen mayoría para aprobar la ley en el Parlamento de Vitoria, ha sido dado a conocer en una rueda de prensa por el representante de EH Bildu Iker Casanova, que ha llevado las negociaciones con el PNV en representación de Bildu.

El hoy parlamentario Casanova fue condenado a 11 años de prisión por pertenencia a banda armada dentro del sumario 18/98 seguido contra varias organizaciones del entorno de ETA. Salió de prisión en 2011. En 2014, entró en el Parlamento vasco de la mano de la coalición proetarra EH Bildu.

 


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