AGLI Recortes de Prensa   Domingo 26 Junio  2016

La hora del voto útil
Editorial La Razon 26 Junio 2016

En 13 ocasiones los españoles hemos sido convocados para elegir a los representantes en las Cortes y el Senado. No es un trámite más del funcionamiento de una democracia formal, sino la expresión máxima de la voluntad popular, por lo que debe realizarse respetando las normas y sin interferir en su libre ejercicio. Conviene subrayarlo siempre que llega este momento porque de ello dependen nuestras garantías democráticas: no todo vale para atraer el voto y menos, por su puesto, echar mano de la vieja táctica de denigrar al adversario. España es un país serio, solvente y respetuoso con la Ley y la pluralidad, por lo que poner en duda la imparcialidad de unas elecciones sólo hace que cuestionar el sistema. Aquellos que lo hacen sólo demuestran sus propias carencias. Por lo tanto, cuidado con los incitadores de la «antipolítica» porque no es recomendable alimentar un caladero de votos con una dieta de demagogia e intolerancia. Ante esta tentación, no hay otro antídoto que acudir a las urnas y ejercer el voto con responsabilidad, sabiendo que no puede despreciarse ni una sola papeleta. Es el momento del voto útil, el que pueda concretarse en la formación de un Gobierno sólido que ofrezca estabilidad al país. Y también a Europa.

Sin embargo, no estamos ante unos comicios cualquiera, ya que se trata de la segunda convocatoria después de una fallida legislatura en la que no fue posible investir a un nuevo presidente del Gobierno. Aunque está dentro de la normalidad constitucional, la política española vive un bloqueo desde las elecciones del pasado 20 de diciembre, en las que se perfiló la nueva estructura de partidos con cuatro formaciones, con un claro vencedor, pero sin mayoría, por lo que era necesario llegar a pactos. Ésa es la novedad en la política española, aunque ahora requiere afinar más y alcanzar compromisos en los que se pongan por delante los intereses generales del país a los partidistas. Incluso requiere, en contra de los que creen que el bipartidismo ha muerto, reagrupar el voto entre los que quieren el acuerdo y la estabilidad y los que creen en el enfrentamiento –«agudizar las contradicciones del sistema», dicen en su jerga– y la división del país entre los de «arriba» y los de «abajo». Unas terceras elecciones serían catastróficas por la parálisis que supondrían en el crecimiento y la estabilidad y, además, porque sólo servirían para que se abrieran paso las opciones más radicales, que es justamente lo que no necesita el país. En contra de los agoreros del «cuanto peor, mejor», no se ajusta a la realidad que en nuestro país exista un desapego hacia la política. La prueba está en que la participación en las sucesivas convocatorias electorales supera las de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido. No estamos ante un colapso del sistema ni ante las exequias del «régimen del 78», sino frente a una decidida voluntad de acabar con el consenso como fórmula de avance político colectivo y nacional. Frente a la manipulación sentimental de injusticias y desigualdades de los de «abajo», hay que volver a hacer valer un uso racional de la política, de la acción real de los poderes públicos, para conseguir el mayor bienestar en el conjunto de la sociedad, ante las soluciones mágicas saturadas de colesterol ideológico, de desastrosos efectos en los laboratorios del «socialismo del siglo XXI». Por lo tanto, es necesario hacer un uso responsable del voto frente a ese populismo que cree que sólo él, imbuido por una endiosada superioridad moral que se atribuye «la voz del pueblo», puede cambiar el mundo, siguiendo, claro está, los patrones más nefastos.

Hay un nuevo factor que obliga a que tras las elecciones de hoy se constituya un nuevo Gobierno y a no dar paso a una interinidad que no nos podemos permitir, ni Europa tampoco: el resultado del Brexit. La victoria en Reino Unido de los que quieren abandonar la UE ha dejado claro que las opciones ultranacionalistas y populistas se están abriendo paso, que su mensaje cala allí donde cunden el desánimo y la desorientación política y donde las soluciones drásticas, simplonas y antisistema –del «España nos roba» a la «Europa de los mercados»– encuentran acomodo. Nunca como hasta ahora la política española ha sido tan dependiente de la UE, y a la inversa. Europa vuelve a ser el campo de batalla donde se dirimen las opciones populistas, a izquierda y derecha, las que buscan la solución en encerrarse en las ensimismadas identidades nacionales y las que culpan a Bruselas de una estructura burocratizada alejada de los problemas reales de los ciudadanos, frente a la acción real de las instituciones democráticas en beneficio de todos. A lo largo de estos últimos seis meses, ha habido tiempo para que las diferentes opciones que acuden a las urnas hayan dejado claro cuáles son sus propuestas concretas. Ahora les toca a los ciudadanos elegir quiénes creen que representan mejor sus intereses, pero una sociedad madura y avanzada como la española también debe votar con conciencia de lo que es mejor para el conjunto de los españoles. Ése es el voto útil.

Por qué el voto a Ciudadanos es el más útil contra Podemos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Junio 2016

Sin Ciudadanos, es imposible formar un Gobierno constitucionalista que afronte los tres grandes retos españoles: separatismo, populismo y corrupción.

Vaya por delante que entiendo que, entre los que creen en España y en la Libertad, haya quien piense que lo más útil para frenar la toma del Poder por Podemos y sus aliados –la ETA y los separatistas antiespañoles- es votar al PP, unos por Rajoy y otros a pesar de Rajoy, porque creen que el partido de Aznar puede revivir a los que hoy lo dirigen y sigue siendo un freno estructural contra el comunismo. Y también entiendo que el que vote siempre Izquierda y vea a Borrell propinándole a Junqueras, el tramposo y lerdo amigo de Margallo, toda la paliza dialéctica que un catalán español puede darle en TV3 a un separatista, o vea a Felipe González machacar a Podemos y defender a España del referendumismo y desguace podemitas, hoy vote al PSOE para frenar el sorpasso de los comunistas y separatistas.

Por entender, entiendo al que, por estética, vote a UPyD, para llevar la contraria y porque su programa electoral sigue siendo excelente y hasta al que vote esa parodia de Frank de la Jungla en que han convertido VOX. Yo también he votado a VOX cuando era el partido de Ortega Lara, no de Tarzán; a UPyD cuando Rosa Díez lo convirtió en la única referencia en las Cortes contra la corrupción política y la ruina de la Nación; y he votado al PP de Aznar muchos años hasta el Congreso de Valencia, cuyo prólogo fue el juicio de Gallardón contra mí que finalmente ha perdido en Estrasburgo la casta política liberticida y los jueces corrompidos uncidos por Rajoy. Al PP lo sigo votando en las municipales y regionales de Madrid, así que, por elemental respeto a mí mismo, debo respetar a quienes votan a otro partido nacional, para regenerar el presente o para ser regenerado en el futuro. Pero hoy, 26J, lo importante es explicar por qué el voto útil es el de Ciudadanos.
Ciudadanos es el salvavidas del PP

Sólo hay un partido dispuesto a pactar con el PP, el de Albert Rivera. Las cuatro comunidades autónomas y once ayuntamientos importantes que conserva el PP se las debe a Ciudadanos. El pago del cartel de la Moncloa a ese aliado que le permite conservar la fundamental Comunidad de Madrid es el infecto vídeo pidiéndole a Rivera el voto para Rajoy. Ojo: no para el PP, porque, pese a excepciones como Granada, ese voto ya lo tiene donde puede formar mayorías, sino para Rajoy. Ni siquiera Iglesias ha pedido a Sánchez que vote a Podemos. Que lo apoye en el Parlamento, sí, pero en las elecciones, no. Hay que despreciar mucho a los tres millones y medio de votantes de C´s para tratar tan zafiamente a un candidato que es su único aliado. Y ese video demuestra que Aznar tenía razón cuando criticó a Rajoy por creer que hay votos en propiedad y que otros partidos no tienen derecho a quitarte. Que cuando ya te los han quitado sigas tratando a los ex-votantes como a un rebaño con el hierro de tu ganadería, es, simplemente, vomitivo.

Pese a esas provocaciones, que sólo buscan salvar a Rajoy a costa de impedir cualquier alianza del PP para llegar al Gobierno, Rivera es el único que puede conseguir un acuerdo de Gobierno PP-C´s-PSOE para impedir el triunfo del Frente Popular Separatista y la cascada de referendos, una ruleta rusa para trocear España a cuyo lado el Brexit sería una partida de parchís. Con Ciudadanos, el PSOE puede pactar con un PP que no presidiera Rajoy. Con Ciudadanos, el PSOE podría apoyar con su abstención o participar con independientes a un Gobierno presidido por una popular como Ana Pastor.

Sin Ciudadanos, es imposible formar un Gobierno constitucionalista que afronte los tres grandes retos españoles: el separatismo, el populismo y la corrupción. Y como Rajoy ya ha dicho que no piensa siquiera intentar la investidura si no llevan a hombros a la Moncloa, al Rey sólo le deja dos salidas: encargar la formación de Gobierno a un candidato pactado por PP, PSOE y C´s o encargárselo a Podemos y su patulea, contando con una presión mediática brutal –las televisiones que el PP ha regalado a Podemos- para que el PSOE apoye de alguna forma ese Gobierno que es más que un Gobierno: un régimen nacido para liquidar la Libertad y destruir a España.
Ciudadanos aparta al PSOE del frente Popular

Aunque el PP sea necesario, es aritméticamente insuficiente y está políticamente incapacitado, con Rajoy al frente, para participar en una alianza que afronte en una legislatura corta la necesaria regeneración de las instituciones y cierre al paso al régimen guerracivilista de Podemos. Lo primero que debe hacer el nuevo Gobierno es limpiar las cloacas policiales y judiciales cuyo cieno ha rebosado el Ministerio del Interior e inundado el final de la campaña electoral. Sólo el Brexit nos ha ahorrado un mini 11M. Pero ¿puede limpiar los establos de Interior, el CNI, el CGPJ, el Constitucional, el Supremo, los TSJA y la Fiscalía General del Estado el partido de Rajoy, Sáenz de Sextamaría, Horrach, Fernández Díaz y sus villarejos?

No. El PP sólo puede afrontar la regeneración de las instituciones y de sí mismo mediante un proceso de cambio en el que sea parte, acaso la parte esencial, pero no la única ni la directora. La independencia judicial y una nueva Ley Electoral más democrática y menos favorable a los nacionalistas precisa una mayoría parlamentaria que sólo pueden sumar PP, PSOE y C´s. Esto no es opinable. Cabe rechazarlo o asumirlo pero no tiene alternativa. Y el único elemento capaz de acercar, si no soldar, a un PP y un PSOE hoy en las antípodas y que deben afrontar una renovación de líderes y programas es Ciudadanos.

El caso del PSOE es todavía más claro que el del PP. Si no fuera por el pacto de investidura con Ciudadanos, Sánchez se hubiera dejado llevar al Gobierno del Frente Popular, con él presidiendo, Iglesias gobernando y los separatistas, con la ETA al frente, decidiendo. Si la única opción es pactar con el PP de Rajoy, el PSOE deslizará fatalmente por el tobogán populista. Si la alternativa es un gobierno de unión constitucional y de regeneración democrática puede, digo puede, ser parte o dejar que se cree ese Gobierno.

Y el PSOE estará más cerca de esa alternativa según la fuerza que tenga Ciudadanos, del mismo modo que el PP romperá el cordón sanitario de la Izquierda y participará en la solución de los problemas nacionales si Rivera tiene un respaldo electoral sólido, que arrumbe las ensoñaciones de que el voto de C´s es propiedad particular del PP, sólo temporalmente arrendada a Rivera y saca de la Moncloa y de Génova 13 al cártel de Rajoy.

España tiene dentro un "multibrexit"
Por eso creo que el voto a Ciudadanos es el más útil –no digo el único: todos los votos a los partidos constitucionales serán útiles y necesarios- para evitar que Podemos llegue al Poder, lograr un Gobierno de unidad nacional, facilitar la renovación interna del PP y evitar que el PSOE se disgregue definitivamente como partido nacional en 17 calcos del PSC. No sé los votos que sacará, los que puede quitarle la estrategia del miedo y la polarización alentada por el PP y disfrutada por Podemos. Lo que sé es que no hay en España ningún otro partido que pueda cumplir la función que, por encima de su fuerza actual pero no de su ambición, debería desempeñar Rivera en una España dispuesta a evitar su multibrexit.

No es que España sea Europa, que siempre lo ha sido, sino que, para común desgracia, hoy Europa es España. La demagogia nacionalista, el populismo, la tentación de resolver con un plebiscito en un día problemas complejos que a veces llevan siglos arrastrándose, o que son tan nuevos que sólo la experiencia enseñará su tratamiento, es el pan nuestro de cada día en la política española. Si Gran Bretaña –sin entrar en las razones y sinrazones del caso- se ha lanzado al vacío del Brexit arrastrando consigo a la Unión Europea, España lleva muchos años asomada al barranco de su destrucción.

Aquí, Europa se llama España. Y en España hay que limpiar el Estado, sus cloacas, y asegurar que se cumplan las leyes, empezando por la Constitución. ¿Alguien cree que un partido que siga liderado por Rajoy va siquiera a intentarlo?

Evidentemente, no. Si yo creyera que otro partido puede luchar mejor contra la disgregación nacional y la corrupción del Estado, lo apoyaría, como apoyé al PP de Aznar o a la UPyD de Rosa Díez cuando Rajoy se cargó al PP. Como no veo otro instrumento para afrontar el reto podemita, votaré a Ciudadanos. No es lo ideal, es lo que hay. Es, tan sólo, un voto útil.

Pastores y ovejas
Nota del Editor 26 Junio 2016

Yo ya tengo mi voto decidido a Vox hace mucho tiempo, de otro modo, los dircursos de los defensores del voto útil me impulsarían sin duda a votar a quienes quieren romper el sistema actual porque ya estoy harto de que entre unos y otros no dejen de pastorearme como un ovejo.

Yo he de  estar muy agradecido a Rajoy por haber destruído el PP, tinglado que tenía que desaaparecer; igualmente debo estar muy agradecido a Sánchez por haber destruído el PSOE por las mismas razones.

La pregunta que hay que hacerse es si será posible deshacersce de quienes pretender romper el sistema actual después de que hayan conseguido aprovechar el poder que les han ofrecido PP y PSOE con intención de que todo siga igual otro montón de años más o el revulsivo de estos destructores de España será capaz de despertar a los españoles y por una vez se dediquen a pensar y actuar en favor de España, porque está claro que el poder que se adjudican permite todo tipo de tropelías y no hay modo de desmontarlos. Sólo la mas absoluta estupidez de la mayoría de los profesionales de la políitica permite que de cuando en cuando desaparezca algún partido, aunque sus miembros profesionales rápidamente se reciclan al partido siguiente que tan bien se han dedicado a apoyar

Lo que está claro es que el tinglado del 78 es un bodrio que hay que eliminar incluyendo todos los que se han montado los profesionales de la política.

CARTA DEL DIRECTOR
Ante las elecciones generales del 16
Pedro J. Ramírez El Espanol 26 Junio 2016

Aunque no se votó en verano, en 1916 también hubo una campaña electoral en primavera. Las elecciones generales, convocadas por el gobierno del conde de Romanones en plena Gran Guerra, se celebraron el 9 de abril. Sólo tres días antes la revista "España", de la que un siglo después EL ESPAÑOL se declara tributario, hizo las aportaciones equivalentes a las de una jornada de reflexión como la de hoy, mediante tres artículos cuya vigencia paso a glosar con una mezcla de fascinación y vértigo.

El primero era un editorial en el que la revista fundada un año antes por Ortega y dirigida ya por el socialista Luis Araquistaín, en su etapa menos radical, pedía a sus lectores que votaran por el "mal menor", en función de lo que pudiera esperarse de cada candidato "respecto a la idea de libertad". Y entre los baremos concretos para dirimir ese dilema proponía decantarse por aquellos que apoyaran la "reforma de la magistratura en el sentido de hacerla absolutamente independiente del poder ejecutivo", la "reforma de toda la enseñanza, invirtiendo en la primaria el doble de lo que por ahora se gasta" y la "abolición de todos los monopolios particulares". Bastaría sustituir monopolio por duopolio para hacer hoy nuestras estas aspiraciones y de paso constatar lo poco que en algunas cuestiones fundamentales hemos avanzado en todo un siglo.

LAS LISTAS ELECTORALES
El segundo artículo venía a denunciar que, antes de acudir a las urnas, 145 de los 409 diputados que entonces formaban el Congreso podían considerarse ya electos, al presentarse por distritos en los que había un solo candidato y en los que se aplicaba automáticamente el polémico artículo 29 de la Ley Electoral promulgada por Maura en 1907. El truco consistía en que los requisitos para ser candidato eran lo suficientemente restrictivos para que los caciques de cada partido controlaran esos "escaños seguros". No era casualidad que los cinco diputados por Guadalajara, feudo de Romanones, estuvieran entre esos 145 que quedaban asignados antes de votar.

Si la revista "España" se escandalizaba de que "en este Congreso el 35 por 100 de los diputados lo serán sin la intervención del elector" y exageraba enfáticamente que "un poco más y no sale un sólo diputado de las urnas", EL ESPAÑOL puede certificar hoy, con pesadumbre, que en este orden de cosas se ha retrocedido mucho más. Como hemos demostrado en nuestras páginas, la combinación de la asignación provincial de escaños y las listas cerradas y bloqueadas hace que aproximadamente 200 de los 350 diputados -o sea no el 35 sino el 57%- tengan su escaño prácticamente asegurado desde que los partidos presentan las candidaturas. De hecho, en la simulación que hicimos ante el 20D, tuvimos un 100% de aciertos en los casos de la primera centena y más de un 90% en los de la segunda.

Si al igual que lo hacía la revista "España" en 1916, EL ESPAÑOL propone hoy una drástica reforma electoral que devuelva a los ciudadanos el derecho a elegir a sus representantes que les ha sido usurpada por las cúpulas de los partidos, es porque estamos ante la cuestión capital de la democracia. Los diputados, ¿nos representan o no nos representan? Formalmente lo hacen, legalmente también, pero en la práctica sólo sirven a quienes de verdad los eligen, que son los jefes de sus partidos.

Eso es lo que ocurre no sólo con los 200 que ocupan puestos seguros de salida, sino también con el resto de quienes, habiendo vivido la zozobra e incertidumbre de la campaña y la noche electoral, aspiran a ganarse la confianza de sus superiores para escalar puestos en las siguientes listas y pasar así a mejor vida. No es casualidad que el promedio de permanencia en el parlamento de los diputados del PP y PSOE que ocupan puestos en las listas con escaño asegurado sea de 16 y 15 años respectivamente. Estamos hablando pues de profesionales de la política que han hecho de la obediencia debida sobre los GAL, la invasión de Irak, los recortes y ajustes irracionales o el encubrimiento de la corrupción su modus vivendi.

Es cierto que la irrupción de Podemos y Ciudadanos ha supuesto una redistribución de los escaños preasignados entre cuatro fuerzas en lugar de entre dos. Pero nada cambiará por la mera ampliación a Iglesias y Rivera de la facultad de repartir canonjías que han ejercido Rajoy, Sánchez y sus antecesores desde el inicio de la transición. De hecho, ya resulta tan sintomático como inquietante que estos nuevos partidos que hicieron de las primarias su santo y seña, las hayan arrumbado en esta ocasión argumentando que al haberse abortado la legislatura debía de considerarse vigente la selección interna anterior.

La lógica a aplicar debería haber sido en puridad democrática la opuesta. Puesto que la incapacidad de formar gobierno es fruto de un fracaso colectivo por el que se obliga a pagar de nuevo, en todos los sentidos, a los ciudadanos, las bases de cada partido deberían examinar escrupulosamente la conducta de cada diputado antes de revalidar la confianza depositada en ellos. Es más, tendría sentido reformar la Constitución para que en un escenario como el que acabamos de vivir ninguno de los parlamentarios que nos obligan a pagar por su falta de flexibilidad y capacidad de compromiso pudiera volver a presentarse. ¿Alguien duda de que, si hubiera estado en vigor esta norma, tendríamos desde febrero o marzo un gobierno de coalición trabajando a pleno gas?

LA GRUA DEL NEPOTISMO
El tercero de los artículos publicados por la revista España aquel 6 de abril de 1916 también resulta, aún más si cabe, de dramática actualidad un siglo después. Su título -"Dos grandes grúas políticas: nepotismo y periodismo"- evoca el constructivismo de la época y refleja perfectamente los mecanismos de elevación de las ambiciones que rigen el proceso político, tanto entonces como ahora. Sobre todo si, en lo que se refiere a la primera "grúa", aplicamos en sentido amplio el dictamen del editorialista de que "el nepotismo es como una prolongación de la vida y los sentimientos del hogar porque para el político nepótico el Estado no pasa de ser un pretexto para colocar a la familia, sin detenerse en la minucia de si la competencia va asociada o no al parentesco".

De igual manera que entonces la parentela se extendía más allá de los nepotes, es decir, de los sobrinos, el concepto de familia hay que emplearlo ahora en sentido político. Porque lo peor de lo que vivimos no es la discrecionalidad con la que las cúpulas de los partidos usurpan nuestros derechos de participación en la vida pública para repartirse los escaños, sino el criterio con que lo hacen. Basta comparar la preparación profesional, el nivel intelectual y el prestigio personal de quienes llenaban las bancadas de aquella UCD de Antonio Fontán, Fernández Ordóñez, Garrigues Walker o Landelino Lavilla, de aquel PCE de Solé Tura y de nuestro consocio Ramón Tamames o del propio PSOE de Peces Barba, Gómez Llorente, Solana, Enrique Múgica o Pablo Castellano con lo que ha sido el denominador común de las pasadas legislaturas, para comprobar que no es que padezcamos ya, como decía Ortega, la "ausencia de los mejores", sino que a menudo sufrimos directamente la presencia de los peores.

Al cabo de cuatro décadas de endogamia, atrofia y falta de democracia interna, los partidos tradicionales han sustituido la meritocracia de la carrera abierta a los talentos por la mediocracia del servilismo y el acomodamiento. Tanto el PP como el PSOE se han convertido en agentes de colocación de la parentela política y en organizaciones seudo mafiosas dispuestas a proteger a aquellos miembros en apuros siempre que hayan prestado o sigan prestando servicios delicados al partido. Que un personaje como el aparatchik de Genova Juan Carlos Vera, sobre quien pesa la muy verosímil sospecha de haber recibido dinero de la Gürtel para reformar su casa y comprarse un coche, sea uno de quienes ocupe tanto en junio como en diciembre uno de los puestos seguros en la lista del PP por Madrid eleva el ejemplo a categoría.

Es cierto que la irrupción de Podemos y Ciudadanos ha supuesto una inyección de savia nueva procedente de la universidad y el mundo profesional, pero toda esperanza de regeneración se marchitará si con ellos no llegan cambios normativos que eviten que la nueva política se contagie de todas las mañas y vicios de la vieja. Ya hay inquietantes síntomas de que algo de eso pueda estar empezando a suceder.

LA GRúA DEL PERIODISMO
Por lo que se refiere a la segunda "grúa", es decir al periodismo, también toca constatar una alarmante regresión respecto a las prácticas de hace un siglo. Entre los candidatos a las elecciones de 1916 había cuatro decenas de ilustres periodistas, incluidos Torcuato Luca de Tena, Azorín, Miguel Moya, Lerroux o el propio Pablo Iglesias a quien se le identificaba como director de El Socialista. "La intervención de tanto periodista en los cuerpos legisladores, ¿es un bien o es un mal?", se preguntaba la revista España. Su conclusión, claro, era que había que distinguir entre "quienes van asociados al talento y la conducta limpia y quienes representan la ausencia de escrúpulos y la audaz ignorancia".

La figura del periodista candidato es ahora mucho menos habitual y eso refuerza la apariencia de independencia de la prensa porque el único carné que debe llevar un periodista es el de su periódico y el ejercicio profesional requiere una dedicación y un compromiso difícilmente compatibles con un acta de diputado. Pero tras esa apariencia de independencia existe una inquietante realidad de sumisión. Y eso es doblemente grave porque los medios de comunicación son mucho más determinantes de cualquier proceso electoral hoy que hace cien años. De hecho casi podría decirse que el único escenario en el que se ha dirimido la campaña que concluyó anoche han sido los platós de la televisión, con el apéndice de los apolillados resúmenes de prensa de unas ediciones impresas cada vez más desprovistas de lectores.

Es lógico que nos fijemos en quién es el que sube encaramado a la grúa pero mucho más importante aún es quién maneja la grúa. Y desde este punto de vista he de decir que desde el inicio de la transición nunca ha tenido el poder tan sujetos a los principales medios como ahora. Cuando digo el poder me refiero al conglomerado que forman el Gobierno, la oposición oficializada, las instituciones del Estado y las grandes empresas de los sectores regulados. Se trata de una amalgama que encierra algunas paradojas y extraños concubinatos que también se reflejan en los medios.

De hecho ,, a costa de sustituir al PSOE por Podemos como fuerza hegemónica de la oposición e impedir así la consolidación del centro político encarnado en el Pacto del Abrazo. De ahí que haya sido tan importante durante estos últimos años y especialmente durante estos últimos meses lo que Umberto Eco denominaba "la construcción del enemigo". Algo similar por cierto a lo que ha hecho David Cameron al convertir al UKIP del demagogo Nigel Farage en su antagonista oficial, convocando el referéndum sobre el brexit. Este domingo veremos en qué medida los ingenieros de esta operación político-mediática en beneficio de Podemos se han pasado de frenada. Desde luego en el Reino Unido al doctor Frankenstein ha vuelto a escapársele el monstruo, con el agravante de que ahora nos asusta y amenaza a todos.

LOS COMISARIOS POLITICOS
Los dos grandes resortes por los que el poder viene ejerciendo el control de los principales medios son la vulnerabilidad económica de los viejos mastodontes de la prensa impresa y la discrecionalidad de sus decisiones sobre el sector audiovisual. Al final la cuenta de resultados tanto de quienes bracean para sobrevivir, como la de quienes nadan en la opulencia y todo les parece poco, depende en mayor grado que nunca del poder.

En el caso de los periódicos tradicionales el hundimiento del modelo de negocio fruto a la vez de la crisis y de la revolución tecnológica, supuso también el final de la independencia de las redacciones. En el momento en que el cumplimiento de la función social de informar dejó de ser rentable, la mayoría de los propietarios se echaron en brazos de quienes podían salvarles y arrumbaron la primacía del periodismo para transformarse en gestores de contenidos subvencionados. Fue entonces cuando los gerentes más avispados se convirtieron en editores y los editores más timoratos se comportaron como gerentes. Los unos se pusieron en primer tiempo de saluda y los otros directamente de rodillas, mientras trataban a los directores como meros recaderos y la guadaña de los eres diezmaba sistemáticamente las mejores redacciones.

En paralelo, la eliminación de la publicidad en TVE y la autorización de las fusiones de Telecinco con La Cuatro y Antena 3 con La Sexta, en contra de los más elementales principios de la defensa de la competencia, consolidaron una fabulosa máquina bicéfala de imprimir billetes que conocemos como duopolio televisivo. El denominador común tanto de quienes se aferran a las reglas y rituales de un tiempo que no volverá, a base de quemar los muebles para calentar el refugio de la planta alta de la casa, como de quienes harían lo que fuera por conservar la anomalía de sus rentables privilegios, es que no hay mayor activo estratégico que la relación con el poder.

Por eso quien medra en cada compañía no es el periodista capaz e innovador, no es el líder idealista y carismático, no es el intelectual comprometido que marca una senda y encarna unos valores, no es el gestor eficiente que transforma y optimiza los procesos productivos. No, quienes mandan hoy en la mayoría de las principales empresas periodísticas son los comisarios políticos que se han ganado la confianza del poder a base de adularle y velar solícitamente por sus intereses, controlando las escaletas, moldeando los editoriales, tomando decisiones extremas si llega el caso y manejando el guiñol de las dos Españas para que, en esta encrucijada concreta, se activen a la vez el voto y el negocio del miedo.

Las consecuencias de este estado de cosas para el ejercicio del periodismo están siendo devastadoras. La crudeza del mensaje transmitido a las redacciones por la vía de los hechos, el escarmiento en cabeza ajena, la precariedad de la situación de muchos han impregnado el espíritu indómito que vertebró la prensa de la transición de docilidad y fatalismo. La resignación de muchos veteranos es el inquietante ejemplo que nutre hoy la cobardía de los jóvenes e incluso se abre camino la pobre fantasía de que triunfar en la profesión consiste en recoger en las covachuelas del poder periódicas deposiciones que, cumplido el trámite de su publicación, proporcionen a su portador la gloria de la notoriedad televisiva.

Se trataría de un panorama sencillamente desolador si no fuera por la pujanza de los medios nativos digitales y por la celeridad con la que estamos transformando el conjunto del ecosistema informativo. Los hechos están demostrando una y otra vez que en un mundo dominado por la transmisión electrónica de los contenidos y la imparable diseminación de los dispositivos móviles, este último intento de cartelizar el sector de los medios de comunicación está condenado al fracaso. Gracias, también hay que decirlo, a esa tecnología de nuestros insomnios, las barreras de entrada han bajado lo suficiente como para que cualquier proyecto periodístico que signifique algo para un sector de la sociedad pueda resultar viable. Y una vez que una noticia o una opinión aparece en EL ESPAÑOL o en cualquiera de nuestros homólogos ya no hay quien le ponga puertas al campo de la viralidad en las redes sociales.

ALBAÑILES DE LA LIBERTAD
Frente a las grúas que mueven los ingenieros del poder aquí estamos los albañiles de la libertad. EL ESPAÑOL ha nacido para defender, ladrillo a ladrillo, episodio a episodio, los derechos de los ciudadanos tanto frente al inmovilismo como frente a la revolución. Nuestro baremo es bien sencillo: no queremos una España como la actual en la que muy pocos tienen mucho poder y tampoco queremos otra simétrica en su anverso, en la que simplemente ese poder cambie de manos pero siga igualmente concentrado y al servicio de una peor causa. Queremos formar parte de un España en la que sean muchos los que tengan un poco de poder. Y en la que eso se traduzca en un sistema mediático pluralista con verdadera libertad no sólo de prensa, sino también de radio y de televisión.

Respecto a cómo votar este domingo siguen vigentes, corregidas y ampliadas mis recomendaciones de hace año y medio en el llamado Manifiesto del Ateneo que inspiró el nacimiento de EL ESPAÑOL. Son ahora parte de nuestras obsesiones editoriales. Apoyad a quienes estén dispuestos a cambiar la ley electoral, a imponer la democracia interna en los partidos, a devolver la independencia al poder judicial, a renunciar a aforamientos y demás privilegios, a dar un paso atrás ante la menor sospecha de connivencia con la corrupción, a reformar la Educación, a renunciar al control de los medios de comunicación, a hacer más competitiva la economía, a implicarse -ahora más que nunca- en la construcción de los Estados Unidos de Europa y a cambiar la Constitución para proteger la igualdad de derechos de todos los españoles.

Porque no basta con rechazar por igual el inmovilismo autocrático y la aventura revolucionaria. Como escribió Luis Araquistaín hace cien años, la única manera de evitar que España siga deslizándose después de las elecciones hacia esa disyuntiva sería contar con "unos gobernantes que saliendo de la vieja trayectoria personalista y oligárquica, emprendiesen fuertes creaciones capaces de devolver a la nación la esperanza". Hoy como entonces "no basta con haber adquirido conciencia de la propia ineptitud, hay que superarla".

Así rugirá nuestro león en adelante. Eso es lo que exigiremos de nuestra clase política. Nunca diremos "¡Viva quien venza!" como el español oportunista al que flagelaba Unamuno, sino "¡Venza quien limpie, reforme y regenere!". Compatriotas, a las urnas. Suscriptores, a los móviles. Accionistas, a los iPad. Continuemos siendo nuestra patria.

Sobre la inutilidad del voto útil
GABRIEL TORTELLA El Mundo 26 Junio 2016

¿Por qué vamos los votantes a votar? Desde un punto de vista colectivo, la explicación es clara: en democracia se da al electorado la posibilidad de decidir quién va a gobernar el país durante los próximos cuatro años (o los que sean); es natural que el electorado ejerza ese derecho; es mejor decidir quién nos va a gobernar que someterse a la voluntad de otro, que es lo que ocurre en una dictadura o en una monarquía absoluta.

Pero desde un punto de vista individual la cosa ya no está tan clara. Cada voto individual pesa muy poco dentro de los millones de votos emitidos. Es altamente improbable que el voto de cada elector individual cambie nada en una elección nacional o autonómica. Desde un punto de vista individual, por tanto, votar parece inútil, una pérdida de tiempo para depositar en la urna algo así como una gota en el mar, lo que a muchos les parece que no vale la pena. Como decía Mark Twain, "si los votos cambiaran algo, no nos dejarían votar". Entonces ¿por qué votamos?

Yo creo que cuando vamos a depositar nuestro sufragio infinitesimal, antes que votar por un partido o por un candidato, estamos votando por la democracia. Estamos apoyando un sistema. Estamos diciendo: "Después de siglos de tiranías, despotismos y monarquías absolutas, el pueblo ha conquistado la democracia bastante recientemente, hace aproximadamente un siglo. No votar sería rechazar el sistema democrático, despreciar el uso de un derecho que nuestros abuelos (o, en el caso español, nosotros mismos o nuestros padres) conquistaron a costa de grandes riesgos y penalidades, tras siglos de lucha y sacrificios. Yo voy a votar porque no puedo renunciar a un derecho tan sagrado. Quién gane esta elección es algo secundario. Lo verdaderamente importante es que tenga lugar". Por eso está justificada la tan manida frase de que las elecciones son "el triunfo de la democracia". Por eso, votar en blanco es votar, pura y simplemente, por la democracia, sin pronunciarse sobre quién deba gobernar en el futuro inmediato. Y por eso todo voto es útil, incluso el voto en blanco.

Sin embargo, la mayor parte de los votos no son en blanco, sino que hacen uso de esa posibilidad secundaria que la democracia nos concede: elegir a un partido o a un candidato. Y aquí viene la cuestión de la utilidad secundaria del voto. En este tema, siento disentir de mi admiradísimo Mark Twain, cuyo sentido del humor y gusto por las paradojas a veces le llevaba a decir tonterías. El voto puede cambiar las cosas, y no nos lo han concedido, lo hemos conquistado. Un voto tiene muy pocas posibilidades de ser decisivo, pero el voto de millones sí puede traer un cambio, y así ha ocurrido tantas veces. Lo malo es que estos cambios no han sido siempre para mejor, ni mucho menos. El pueblo se equivoca muy a menudo al votar; y si no, recordemos a Mussolini, a Hitler, a Perón, a Alberto Fujimori, a Hugo Chávez, y a tantos otros dictadores y golpistas elegidos democráticamente. Y recordemos que la democracia ateniense condenó a muerte a Sócrates. Por desgracia, el cuerpo electoral no es mejor que la suma de los electores, y la gran virtud de la democracia no es la sabiduría ni la perfección de sus resultados, sino que las alternativas son aún peores. Recordemos también que la gente tiene muy mala opinión de los políticos, a pesar de haberlos elegido democráticamente. Estas son las paradojas de la decisión colectiva.

Lo que yo quería comentar hoy aquí es lo que comúnmente se llama el 'voto útil'. ¿Qué se quiere decir con esta expresión? El "voto útil" es aquél que se basa, no en la preferencia directa del elector, sino en una estimación acerca de lo que van a hacer los demás votantes. El caso típico es el del elector que se niega a votar por un partido pequeño, aunque piense que es el que tiene mejor programa y equipo, porque cree que no tiene posibilidades de ganar; y en consecuencia, prefiere votar a un partido grande, aunque no le parezca tan bueno. A este principio apelan los grandes partidos, que vienen a decir al electorado: "Votad por nosotros porque, aunque somos bastante malos, tenemos posibilidad de ganar, y la alternativa posible es aún peor que nosotros". Por supuesto, no lo dicen así abiertamente, pero es el mensaje subliminal que difunden. Esto me recuerda a un compañero de estudios argentino en Estados Unidos, que me daba está sabia receta electoral: "Elegí al peor y voté por el otro". En aquel tiempo los argentinos ya votaban y en España gobernaba Franco. Yo no había votado nunca y escuchaba a mi amigo platense con envidia y admiración.

Otro caso de voto útil es el de quien, convencido de que va a ganar el partido que prefiere, vota a otro por razones secundarias: para que no salga un tercero, porque tiene simpatía por el cabeza de lista, etc. O, simplemente, se abstiene porque, dado que va a ganar el partido que él prefiere, no vale la pena molestarse en ir a votar. O, al contrario, vota a quien cree que va a ganar por la simple satisfacción de haber apoyado al victorioso.

A mi modo de ver, el voto útil plantea dos graves problemas. En primer lugar, está basado en las encuestas; y estas a su vez plantean otros dos problemas: de un lado, no son completamente fiables, ni mucho menos; y de otro, al votar según los sondeos y no según sus preferencias directas, el votante útil está contribuyendo a que los resultados sean diferentes de lo predicho. Si los votantes del partido A, a quien los sondeos dan claro ganador, deciden abstenerse porque es "inútil" votar con un ganador tan claro, es posible que los resultados de A sean mucho peores de lo previsto. Y si los seguidores del partido B, que queda bajo en las encuestas, deciden no votarle en aras de la "utilidad", los resultados del partido B pueden no resultar bajos, sino catastróficos, con lo cual estos seguidores "utilitarios" pueden hacer que desaparezca el partido que prefieren. Es decir, el 'votante útil' corre grave peligro de pasarse de listo.

El otro problema del voto útil se deriva de las consideraciones que hacíamos al comienzo. Desde el punto de vista individual el voto no puede ser útil porque resulta ser una herramienta demasiado pequeña para conseguir nuestros fines. El votante se equivoca por tanto si trata su voto como un instrumento para lograr un fin: es como emplear una palanca microscópica para mover una montaña. El voto será una herramienta cuando se contemple desde el punto de vista de las masas. Para el partido o el político, el voto es una herramienta con la que alcanzar el poder y cumplir su programa. Pero se trata del voto de miles o de millones de electores. Su trabajo es encauzar los votos y llevarlos a su molino. Pero para el votante individual las cosas son diferentes. Su voto no debe ser un instrumento, sino una declaración, una manifestación con un doble valor: en primer lugar, una manifestación a favor de la democracia; y, en segundo lugar, una declaración de preferencia por un partido, candidato o programa determinados, independientemente del resultado esperado. El votante, por tanto, actúa en esencia por motivos éticos, y el principal destinatario de su voto es su conciencia. Si le mueven razones utilitarias lo mejor que puede hacer es quedarse en casa para no meter la pata.

Gabriel Tortella es economista e historiador. Su último libro es Cataluña en España. Historia y mito (Gadir, 2016), en colaboración con J.L. García Ruiz, C. E. Núñez y G. Quiroga.

Un fantasma recorre Europa: ahora sí
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 26 Junio 2016

La célebre frase con la que Marx y Engels abrieron en 1848 el Manifiesto Comunista («Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo») constituyó ya en su día una predicción tan exagerada como autocomplaciente.

No lo es hoy, sin embargo, afirmar que otro fantasma recorre nuestro continente de norte a sur y de este a oeste. Su última manifestación, aunque sin duda la más grave hasta el momento, ha sido la victoria este jueves de ese brexit que acaba de poner patas arriba gran parte de las seguridades y equilibrios sobre los que se había construido la mejor Europa -la más pacífica, libre, rica, igualitaria y democrática- de la que jamás hemos disfrutado.

¿Qué cuál es ese fantasma? No lo duden: el de la sorprendente incapacidad de no pocos votantes para rechazar de plano las ofertas demagógicas que se basan en el olvido de una de las verdades más obvias, no solo de la política, sino de la vida en general. La que formuló hace más de medio siglo el gran escritor y periodista norteamericano Henry Mencken: que «para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada».

Fíjese bien el lector que no estoy afirmando que el fantasma que hoy circula por doquier sea el que personifican los profetas de la solución sencilla y sin esfuerzo (sea en la política, la economía o la pedagogía), pues tales profetas llevan siglos tratando de vendernos sus falsos y mágicos ungüentos. No, el nuevo fantasma no es tanto el de los populismos demagógicos, sino el de la irresponsabilidad con la que, como en los años treinta del pasado siglo, poblaciones enteras de personas adultas se entregan a ellos sin dudarlo y compran tan contentos sus averiadas mercancías: que los problemas complicados tienen soluciones facilísimas y que podemos hacer cuando nos plazca lo que nos pida el cuerpo porque al final siempre habrá alguien o algo que evitará que el desastre con el que a lo loco hemos jugado llegue a producirse.

Cameron es, sin duda, un descomunal irresponsable. Como lo han sido respecto a la construcción europea una gran parte de los políticos británicos, que han mantenido posiciones ambiguas o recelosas sobre la CEE o la UE en uno u otro momento de sus compleja trayectoria. Pero la constatación de tan incontestables evidencias no exime de su inmensa responsabilidad a quienes, decidiendo desconocer lo que han vivido en el medio siglo último, han optado por echarse en brazos de las majaderías de los nuevos visionarios.

Tal es uno de los mayores riesgos que hoy afronta Europa y, más en general, el mundo occidental: que millones de personas perfectamente capaces de asumir la imposibilidad, por ejemplo, de comprar un deportivo último modelo por el precio de un utilitario crean, sin embargo, a pies juntillas, los embustes de los vendedores de humo, que les ofrecen soluciones fáciles, claras, plausibles? y equivocadas. Es esa infantilización de quienes se comportan como personas cabales siempre, salvo a la hora de votar, el nuevo fantasma al que, al parecer, tendremos que enfrentarnos en el próximo futuro.

Las 15 consecuencias del Brexit para los españoles
A. J. Chinchetru y B. Jiménez okdiario 26 Junio 2016

El Brexit no sólo tendrá consecuencias económicas y financieras. A los españoles también les afectarán otras circunstancias a raíz de los cambios que sobrevendrán tras la salida de Reino Unido de la Unión Europea. En OKDIARIO les explicamos las 15 claves para entenderlas.

1. Impulso a los nacionalismos
La victoria del Brexit ha reactivado el nacionalismo escocés. Uno de los argumentos esgrimidos por los contrarios a la independencia de Escocia fue, precisamente, que serían expulsados de la Unión Europea en caso de secesión. Durante la campaña del referéndum de la salida británica del Reino Unido, el independentismo escocés advirtió de que, en caso de ‘Brexit’, cambiaban las condiciones, por lo que habría que volver a acudir a las urnas para votar sobre el estatus de Escocia como parte de Gran Bretaña o país independiente.

Si hay nuevo referéndum, el independentismo escocés avanzará e incluso puede llegar a ganar. Eso podría alimentar al nacionalismo independentista en zonas como País Vasco y Cataluña.

2. Hundimiento de la libra
La libra cae un 9% tras el ‘Brexit’ y se queda en niveles de 2009. Con todo, moderó este viernes sus pérdidas y cotiza en el nivel de los 1,36 dólares, después de haberse depreciado hasta un 12% a primera hora de la mañana, cuando se conoció la noticia de que el pueblo británico había decidido abandonar la Unión Europea en el referéndum de este jueves. En concreto, la divisa británica cotiza actualmente un 9,3% por debajo de la cota máxima que alcanzó el pasado viernes.

Así las cosas, son muchos los españoles perjudicados por el descenso de la libra. No sólo empresas. Todo aquel que sea retribuido en la divisa británica, verá diluido su suelo.

3. Volatilidad en el cambio del euro
Los expertos consultados por OKDIARIO auguran mucha volatilidad en las próximas sesiones en la divisa europea. De momento, tras darse a conocer el ‘Brexit’, el cambio euro-dólar ha caído hasta el nivel de los 1,11. Los analistas esperaban que el cambio, de no haber sido por este repentino cambio de rumbo, podría cotizar cerca de los 1,15.

4. Caída de las compañías más expuestas a Reino Unido

Basta con ver el comportamiento de las compañías cotizadas españolas con más exposición a Reino Unido al cierre de este viernes. IAG (-26,86%), Sabadell (-19,29%), Santander (-19,89%), Telefónica (-16,12%), ACS (-10,79%), Iberdrola (-10,20%), Ferrovial (-9,32%) o Aena (-7,91%), han visto como su cotización caía rompiendo todo tipo de soportes y dejando, en algunos casos, en mínimos anuales a las compañías.

5. Incertidumbre en el sector bancario
José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la Asociación Española de Banca, liderada por Santander y BBVA, ha señalado a OKDIARIO que su preocupación reside en saber cómo se va a desarrollar el proceso de desvinculación entre Reino Unido y la Unión Europea y en saber cómo se va a producir el establecimiento de nuevas relaciones entre Reino Unido y la Unión Europea. “El pánico que estamos viendo hoy en los mercados financieros en nuestra opinión es irracional, y esperamos que dure lo menos posible”, señala Campuzano.

“Tenemos que tener presente que el sector financiero es un sector cíclico. Y al final, cuando se produce un pánico de este tipo le afecta mucho más a los cíclico que a los defensivos. Es una cuestión de lógica. El castigo al sector financiero no responde a una lógica determinada, sino a las características del sector en Bolsa, ya que es el que tiene una mayor relación con la propia aversión al riesgo”, apunta Campuzano.

6. Bache inicial para el turismo
El turismo va a ser uno de los motores económicos españoles que antes va a notar las consecuencias negativas de la victoria del Brexit en el referéndum del pasado jueves. Sin embargo, en el sector reina la calma, convencidos de que se trata de un mero bache pasajero que pronto se superará.

El presidente de la Asociación de Expertos en Empresas Turísticas, Domènec Biosca, ha dicho a OKDIARIO que la caía del turismo británico en España va a producirse, pero tan sólo a corto plazo. Para ver las consecuencias reales más alejadas en el tiempo habrá que esperar. “Primero tendremos que ver cuáles serán las condiciones de la salida. Ahora estamos en el impacto”, ha señalado. A esto ha añadido: “Es como cuando a alguien le dicen que tiene cáncer, y se piensa que se va a morir, y luego resulta que a base de ir al médico y tratarse, no era para tanto”.
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7. Reconfiguración del poder en la Unión Europea
La Unión Europea mantiene un delicado equilibrio de poderes entre sus Estados miembros. Esto afecta tanto al reparto de altos cargos en la Comisión y otras instituciones comunitarias, como a la asignación de escaños en la Eurocámara a los distintos países.

El Brexit obligará a los Veintisiete (el número de socios que quedará tras la marcha de Reino Unido) a volver a negociar esos equilibrios de poder, en un proceso que puede ser duro y complejo y donde ningún país tiene garantizado si el resultado para él será positivo o negativo.

8. Necesidad de nuevos acuerdos comerciales
Tal y como ha explicado a OKDIARIO, Bernardo Aguilera, director del departamento de asuntos económicos y europeos de la CEOE, “no es que pensáramos que esto iba a ser un paseo militar, pero sí pensábamos que iban a permanecer en la Unión Europea. Es una decisión que hay que respetar, aunque no sea la más adecuada”.

Aguilera se ha mostrado completamente confiado en que el ‘Brexit’ no va a romper ningún acuerdo comercial entre España y Reino Unido: “El Reino Unido es un socio estratégico para España de gran relevancia y lo va a seguir siendo. Se van a implementar los mecanismos para seguir teniendo una relación comercial muy estrecha. Yo creo que la preocupación, si es que existe, es esta tormenta que se ha generado”.

9. Situación de los españoles residentes en Reino Unido
Aquellos españoles que lleguen viviendo cinco años o más en el Reino Unido no se van a ver afectados, al menos que hayan pasado mucho tiempo en paro. Las cosas no están tan claras para el resto.

10. Situación de los británicos residentes en España
La británica es la tercera nacionalidad extranjera en España, sólo superada por Rumanía y Marruecos. En nuestro país viven más de 300.000 ciudadanos del Reino Unido. Apenas 62.000 de ellos residen en España por motivos laborales y están dados de alta en la Seguridad Social. Si Gran Bretaña se integra en el Espacio Económico Europeo, podrán acceder a la residencia permanente en nuestro país si llevan en él más de cinco años.

11. Gibraltar: posible camino a la cosoberanía
Desde antes del referéndum aumentaron en Gibraltar las posturas favorables a una cosoberanía hispano-británica para evitar que el Peñón quede aislado de la UE. Si el Reino Unido no se integra en el Espacio Económico Europeo, España tendrá el control absoluto de la frontera y la colonia pasará a ser un territorio extracomunitario más.

12. Erasmus a Reino Unido en el aire
Como en muchas otras cosas, el futuro del Programa Erasmus en Reino Unido queda en el aire. Son miembros de dicho programa los estados miembros del Espacio Económico Europeo, Suiza y Turquía. Si Gran Bretaña se integra en el EEE o firma un acuerdo específico para el sistema de becas para estudiantes europeos, los españoles podrán seguir optando por ese país. En caso contrario, los Erasmus tendrán que decir adiós a las universidades británicas.

13. Situación de los futbolistas españoles en la Premier League
Si no se llega a ningún acuerdo entre Reino Unido y la UE, los jugadores comunitarios en la liga más rica del mundo tendrían que cumplir con los mismos criterios que la Federación Inglesa exige a los extracomunitarios para concederles el permiso de trabajo. Esos criterios son haber jugado en los dos años anteriores a su fichaje un mínimo del 30% de los partidos con su selección si es una de las diez mejores del mundo, un 45% si está entre el 11 y el 20 del ránking.
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14. Encarecimiento del oro y el bono alemán
La alta volatilidad y la elevada incertidumbre ha provocado un traslado de activos de la renta variable a la renta fija. Tanto es así que activos como el oro, que ha subido un 5% hasta los 1.320 dólares la onza, y el Bund alemán, que ha regresado a tasas negativas, han sido los activos con más compras de la sesión del viernes.

15. Subida en la prima de riesgo española
El rally en la deuda alemana ha elevado la presión sobre la primas de riesgo periféricas: el interés exigido al bono español a diez años supera el 1,6%, lo que, teniendo en cuenta que el Bund alemán ha vuelto al terreno negativo, ha situado a la prima de riesgo española al borde de los 170 puntos básicos.

Brexit: el populismo rasga la UE
Editorial La Razon 26 Junio 2016

El Reino Unido ha votado y ha ganado el Brexit. Por muy poco margen se han impuesto los partidarios de abandonar la Unión Europea, después de 43 años desde su ingreso. Es la primera vez que un país deja las estructuras comunitarias. Se trata de la segunda economía europea y de un país cuya tradición política ha marcado a las democracias modernas. La decisión, por lo tanto, es de gran trascendencia y supone un verdadero terremoto que ha hecho tambalear los cimientos de la UE. Las consecuencias de la marcha de Reino Unido están todavía por ver, pero todo indica que, más allá de los efectos económicos que ya estamos notando –caída en picado de la libra, mientras el Ibex descendió un 12%, su peor nivel histórico– estamos ante la peor crisis que ha vivido el proyecto de unidad europea. Si algún país podía hacer compatible su idiosincrasia nacional «british» con la soberanía política compartida con otras 27 naciones era precisamente el Reino Unido, como así ha demostrado al explotar su «hecho diferencial» euroescéptico, mantener la moneda y marcar distancias respecto al centro político representado por Alemania y Francia.

Pero las circunstancias políticas siempre coinciden con un factor humano. Ante momentos especialmente duros vividos en los últimos años, como el rescate económico el algunos países comunitarios y el desbordamiento fronterizo propiciado por la crisis de los refugiados, Gran Bretaña ha contado con un primer ministro que ha sobrepasado todos los niveles de irresponsabilidad. David Cameron ha hecho lo que suelen hacer los malos gobernantes: dejar que los ciudadanos decidan lo que ellos son incapaces de decidir, vistiéndolo como un ejercicio de democracia. Y, lo que es inadmisible, por puro interés de mantenerse en el Gobierno dada su debilidad para volver a ganar las elecciones. De los 650 diputados que componen la Cámara de los Comunes, sólo unos 200 estaban a favor de dejar la UE, sin embargo el «premier» conservador se propuso llevar a un referéndum la posibilidad de abandonar la UE en una operación partidista cuyas consecuencias afectarán tanto a su país como al conjunto de Europa. Una de las primeras lecciones que podemos extraer del triunfo del Brexit es el avance de los xenófobos y ultranacionalistas del Partido de la Independencia del Reino Unido (Ukip), una formación liderada por Nigel Farage, único diputado de este partido en los Comunes. Los partidos populistas han crecido explotando la idea de que la UE es la culpable de una crisis económica gestionada al gusto de los mercados. En este diagnóstico no hay diferencia entre las formaciones radicales de derechas y de izquierdas. «La UE es un instrumento al servicio de una ideología globalizadora», ha dicho el Frente Nacional francés. «La expropiación de la soberanía y el sometimiento al gobierno de las élites financieras amenazan el presente y futuro de Europa», dijo el líder de Podemos en su primer discurso en el Parlamento Europeo. No hay diferencia ni en los planteamientos ni en las estrategias desarrolladas porque tienen el mismo objetivo antieuropeísta. Basta recordar que los grupos de Marie Le Pen, Beppe Grillo y Pablo Iglesias han hecho causa común contra la moneda única en Bruselas o que apoyaron la muy polémica enmienda número 23 por la que instaban a que se anulasen los acuerdos y los tratados que regulan la pertenencia a la UE. Sólo han buscado minar las políticas comunes, adaptándolas a la «voluntad real de su pueblo».

Éste es el peligro real del proyecto europeo, considerar que se limita la soberanía para acabar imponiendo políticas proteccionistas y retrógradas. En la traumática experiencia del Brexit resuena el populismo de raíz nacionalista, de aquellos que están empeñados en dividir a Europa a fuer de dividir el territorio español. El independentismo catalán tiene delante el espejo de lo que supone romper una estructura de cooperación aplicando de manera frívola el «derecho a decidir» –el mismo que ayer reclamaba Le Pen para Francia– y convocando un referéndum sin ni siquiera haber acordado previamente con qué margen de diferencia se da por ganador a la opción de abandonar la UE. No olvidemos que entre las dos opciones median 3,8 puntos. ¿Se puede con ese margen declarar la «independencia», como proclaman los que apoyaron el Brexit? Sin duda, el método de utilizar el referéndum para dirimir temas de tanta importancia queda seriamente tocado. Para aquellos que, como Podemos, creen que el independentismo sólo se aplaca con un referéndum, lo sucedido en el Reino Unido es una buena lección.

El golpe recibido debe servir para reflexionar sobre las causas que han llevado a este bloqueo y para revisar los protocolos de adhesión, pero sería un error hacer una lectura en la línea de los partidos populistas para frenar su avance, porque su estrategia se basa en minar la UE con la idea de «refundación» basada en un «antiestablishment» –o anticasta– que recela tanto del flujo de inmigrantes, trabajadores y ciudadanos como de la globalización que va en contra de los privilegios y esencias nacionales. Mariano Rajoy reclamó ayer el voto para las políticas que ofrecen estabilidad, que quieren fortalecer el proyecto europeo y que, sobre todo, rechazan culpar a Europa de nuestros males cuando en ella está parte de la solución.

La dictadura de la democracia
ARCADI ESPADA El Mundo 26 Junio 2016

Mi liberada:

Felicidades a ti y a los tuyos. La victoria ha sido incontestable y quizá se repita aquí esta noche. Las señales de vuestra febril actividad han sido muchas. A los pocos minutos de que el Brexit fuera un hecho Google informaba que en el Reino Unido crecía exponencialmente la búsqueda de respuestas a esta pregunta: "¿Qué es la Unión Europea?". Vi también en el Economist una encuesta de la reputada casa Lord Ashcroft: la mayoría de los ganadores eran personas con un nivel discreto de estudios. Y ayer leí en el perfil de Boris Johnson que escribió Carlos Fresneda esta frase inequívoca: "Soy un tipo listo que para ganar se hace el tonto".

Los tontos han estado a punto de hacerlo varias veces. En Austria y en Perú, por poner los últimos ejemplos. Ahora tienen buenas posibilidades en América. Y en Francia y en Holanda. El contagio principal del Brexit no es que pueda llevar al referéndum a otros países más o menos euroescépticos. Lo inquietante es que, a partir del Brexit, los tontos podrán decir con mucho más ánimo y fundamento: Sí se puede. Tengo interés en ver lo que pase aquí esta noche: admito que podría darles un pasmo por lo que sus iguales británicos han sido capaces de hacer, y abstenerse. Por cierto: curioso tránsito, el del Yes we can. Llevó en volandas al presidente más fino e instruido que ha tenido América en décadas y mira en qué bocas ha acabado. El Brexit supondrá, probablemente, la salida de Gran Bretaña de la UE. Y serias perturbaciones económicas. Pero lo más importante es que plantea lo que casi nadie quiere admitir: la crisis de la democracia, dramáticamente a merced de la ignorancia. Llamarle populismo es un eufemismo de una gran delicadeza.

Este acento sobre la ignorancia puede causar extrañeza. No debiera. Voy a darte unos datos. En primer lugar sobre su dimensión. Un 25% de los españoles mayores de 18 años cree que el Sol gira alrededor de la Tierra. Son datos de una encuesta oficial, presentada el año pasado por el ministerio de Economía. Si una cuarta parte de los españoles con derecho a voto tiene esas opiniones sobre el Sol y la Tierra, es fácil deducir cuáles tendrá sobre el partido Podemos. La ignorancia está arraigada, pero no debemos obviar el progreso imparable. Hace 10 años era el 40% de los españoles el que creía eso. Por lo tanto, y en teoría, la reducción de la ignorancia, que evidentemente no afecta solo a los españoles, debería reflejarse en la política. Pero yo tengo otra hipótesis.

En el pasado los ignorantes se limitaban a seguir con indiferencia las diversas instrucciones de la élite. Su inhibición política era notable. La situación ha cambiado bruscamente. Ahora la ignorancia está articulada, y se muestra con orgullo. Las redes sociales han vertebrado, y otorgado identidad, poder y disciplina, aun tumultuaria, a los ignorantes. Internet no sólo junta a los iguales filatélicos. Esta dinámica de grupo tiene efectos poderosos. Hasta el punto de que cuando Trump se dirige a ellos, llamándoles lo que son y animándoles a que se exhiban con arrogancia, el grupo reacciona felizmente a una. El bronco griterío de la identidad compartida se impone a la constatación humillante del insulto. Luego está el embrutecimiento. Históricamente, las masas han disfrutado de sus innumerables variedades, desde el alcohol al juego, pasando por el deporte y el espectáculo sicalíptico. Ahora la política también forma parte destacada del embrutecimiento de las masas iletradas. El éxito español de la Sexta o el de la cadena Fox en EEUU no se explican sin ese cambio en las formas de consumo. Political trolling. O garbage politics. O tra(n)shpolitical. Hay muchas opciones en el Urban Dictionary.

El embrutecimiento se asocia al despotismo de las emociones. Es posible. Pero, respecto a las emociones, emerge el incómodo caso de la diputada Cox. ¡Cuántos titulares de periódico no habrían subrayado la emoción de su martirio en caso de Bremain! En cambio, su silencioso entierro postelectoral es agobiante. Puede argumentarse que sin su asesinato la victoria del Brexit aún habría sido más escandalosa. Pero el argumento tiene el aspecto de un magro consuelo. Como dijo el martes Cayetana Álvarez de Toledo, en nombre de Libres e Iguales, la llamada politización fosiliza la política como el emoticón las emociones. También hay que tener en cuenta las características psicológicas del paisaje local, racial: aunque es fama que los ingleses ignoran donde tienen el corazón, eso no descarta que sientan ferozmente su hígado. Sospecho que la superioridad emocional de la bilis es manifiesta.

La hegemonía de los ignorantes no podría materializarse sin el apoyo de los frívolos que resuelven a fuerza de posturitas radicales sus episódicos pleitos con el establishment y, sobre todo, de los cínicos. Boris Johnson es el ejemplo perfecto. Su pertenencia a la élite, desde la cuna, es indiscutible. Su inteligencia satírica también. Sabe que debe hacerse el tonto para ganar. Si consigue ser el líder de los conservadores, tratará de minimizar los efectos del Brexit e incluso tratará de darle la vuelta. Hasta ahora el populismo, de Berlusconi a Tsipras, ha servido para alcanzar el poder, nunca para ejercerlo. Será interesante ver si el Brexit introduce alguna novedad en la tendencia. En cualquier caso las élites están haciendo un gran negocio con la estupidez política. Lo está haciendo Johnson, el listo. Y lo está haciendo Iglesias: el periodista Santiago González describió hace tiempo aquel momento glorioso en que el líder de Podemos explicaba cómo se peleó con "un grupo de lúmpenes [sic], gentuza de clase mucho más baja que la nuestra". El discurso de los dos populistas solo responde a las estrategias convencionales para hacerse con un nicho de mercado. Y, obviamente, la estupidez es también un gran negocio mediático. Dan fe de ello gentes como el difunto José Manuel Lara o el vivo Roures. En el primer caso con el simpático agravante de que el negocio contradecía algunas de sus presuntas convicciones políticas.

La responsabilidad de las élites no se agota con estos ejemplos. La política debe revisar sus filtros de acceso, más allá de genealogías y diplomas. Cameron se formó en Eton y Oxford: y solo hay alguien que pueda emular en Europa su capacidad divisiva y de fracaso, su legado de ruinas, y es nuestro Artur Mas, formado en Aula y capaz de ofender la inteligencia en varios idiomas. Están nuestros ministros de Interior y de Exterior que demuestran, ¡espacialmente!, hasta qué punto no hay salida. O ese joven de la nueva política que no sólo practica, como vicios, la homeopatía, el reiki y la acupuntura, sino que cree en ellas. Cuesta justificar que los tontos les espeten: "No nos representan".

Sí, estoy con Piketty, con Varoufakis, contigo: la desigualdad es el principal problema de la democracia.

Y sigue ciega tu camino. A.

Manos Limpias demanda a España ante el Tribunal de Estrasburgo por archivar las querellas contra Podemos
M.A. Ruiz Coll okdiario 26 Junio 2016

Manos Limpias ha presentado ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo una demanda contra el Estado español por vulnerar el derecho a la tutela judicial reconocido por la Constitución.

El sindicato basa su demanda en que el Tribunal Supremo se negó a admitir a trámite las dos querellas presentadas contra la cúpula de Podemos por recibir financiación de los regímenes totalitarios de Venezuela e Irán.

El letrado de Manos Limpias Pedro Muñoz Lorite presentó el pasado 4 de febrero ante el Supremo una querella contra varios miembros de la cúpula de Podemos (entre ellos, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón), a los que acusaba de una docena de delitos. Entre ellos, blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias, cohecho, corrupción ente particulares, delito contra la Hacienda pública y apropiación indebida.

Una de las principales pruebas aportadas en la querella es el informe Pisa elaborado por la Policía, según el cual Pablo Iglesias lleva más de tres años cobrando del Gobierno de Irán a través de Hispan TV, el canal islamista que emite su programa Fort Apache.

El informe acredita que el régimen de los ayatolas, una de las teocracias más sanguinarias del planeta, se ha servido de sociedades radicadas en varios paraísos fiscales para transferir 9 millones de euros a 360 Global Media, la empresa que gestiona la señal de Hispan TV en España. Esta empresa controlada y financiada por el Gobierno de Irán paga incluso las facturas del teléfono móvil de Pablo Iglesias.

Todos cobraron del chavismo
En su querella, el letrado también recuerda que los principales líderes de Podemos han formado parte del patronato de la Fundación CEPS, que recibió más de 7 millones de euros del Gobierno de Hugo Chávez.

Del mismo modo, Manos Limpias aportó los documentos que acreditan que Íñigo Errejón ha sido expedientado por cobrar una beca de 1.800 euros al mes sin ir a trabajar y que Juan Carlos Monedero cobró 425.000 euros del Banco Alba, presidido en aquel momento por Nicolás Maduro.

Dos meses después, el 11 de abril, Pedro Muñoz amplió la querella contra el dirigente de Podemos Rafa Mayoral, por cobrar del Gobierno de Ecuador a través de la cooperativa Kinema. El letrado sostiene que todos estos pagos constituyen un mecanismo por el cual la teocracia de Irán y los regímenes bolivarianos de Venezuela y Ecuador financiaron de forma encubierta la creación de Podemos para subvertir el orden constitucional español.

Como ha informado OKDIARIO, el propio Pablo Iglesias reconoció que el Gobierno de Irán le financia para “desestabilizar” a la democracia española. Pese a todas estas pruebas e indicios, el Tribunal Supremo estimó las tesis de la Fiscalía y se negó a admitir la querella el pasado 13 abril alegando que los hechos denunciados no constituyen ningún ilícito penal.

Los indicios de financiación ilegal
El letrado de Manos Limpias Pedro Muñoz Lorite ha solicitado esta semana el amparo del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por considerar que la Justicia española ha vulnerado un principio básico, reconocido por todos los tratados europeos, como es el derecho a la tutela judicial efectiva.

Desde que la querella de Manos Limpias fue archivada, OKDIARIO ha desvelado nuevas pruebas que acreditan que los principales líderes de Podemos recibieron sumas millonarias del Gobierno de Venezuela poco antes de fundar su partido.

En una declaración jurada prestada ante la Policía en el Consulado de Nueva York, el ex ministro de Finanzas de Venezuela Rafael Isea ha confirmado que Hugo Chávez ordenó pagar más de 7 millones de euros a la Fundación CEPS, de cuyo patronato han formado parte Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Luis Alegre y Alberto Montero, entre otros dirigentes de Podemos.

Esta misma semana, OKDIARIO publicaba un nuevo documento según el cual Nicolás Maduro ordenó en octubre de 2013 (tres meses antes de la fundación de Podemos) pagar 142.000 dólares a los dirigentes de Podemos Carolina Bescansa, Jorge Lago y Ariel Jerez por diseñar la estrategia de comunicación política en el Congreso Mundial del Petróleo celebrado en Moscú en junio de 2014.

Víctimas del presidente de Ausbanc
Después de que el Supremo archivara todas las acciones judiciales contra la cúpula de Podemos, el letrado Pedro Muñoz confía obtener ahora el amparo del Tribunal de Estrasburgo.

Los presidentes de Manos Limpias y Ausbanc, Miguel Bernad y Luis Pineda, permanecen en prisión desde el pasado mes de abril, acusados de los presuntos delitos de extorsión, amenazas y pertenencia a organización criminal. La Fiscalía de la Audiencia Nacional sostiene que pidieron 3 millones de euros al entorno de la infanta Cristina a cambio de retirar la acusación contra ella en el caso Urdangarin.

El juez instructor Santiago Pedraz ha logrado acreditar que Pineda extorsionó a varios bancos para conseguir sumas millonarias que fueron a las arcas de Ausbanc, a cambio de retirar acciones judiciales contra ellos.

Más endebles son los indicios que apuntan al presidente de Manos Limpias, Miguel Bernad, quien desde prisión ha declarado a OKDIARIO que el abogado de la infanta, Miquel Roca, le ofreció 3 millones de euros a través de dos testaferros para que retirara la acusación contra la hija del Rey emérito Juan Carlos I.

Allende, asesinatos y violencia para imponer el socialismo a sangre y fuego
Juan E. Pflüger  www.gaceta.es 26 Junio 2016

Los dos primeros decretos que firmó Salvador Allende una vez que tomó el poder fueron claros sobre lo que sería su interpretación de la violencia necesaria y justificada para imponer sus ideas marxistas en una población que solamente le había dado el 36% de su apoyo. El primer decreto indultaba a varios terroristas del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Habían sido condenados por asesinatos, asaltos, secuestros, colocación de bombas,… por terrorismo, a fin de cuentas. Según el presidente chileno, estos jóvenes eran “idealistas” que habían confundido la vía para implantar la solidaridad en la sociedad que les había tocado vivir.

El segundo disolvía el Grupo Móvil de Carabineros, encargado de controlar y luchar contra los grupos violentos extremistas y responsable del encarcelamiento de muchos de los terroristas indultados poco antes. De esta manera desaparecían los grupos policiales encargados de garantizar la seguridad ciudadana frente a los grupos radicales nacidos en los años anteriores. Todos ellos de extrema izquierda. Podían campar a sus anchas los miembros del ya citado MIR, el VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo) o el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria).

El resultado de estas medidas fue una oleada creciente de asesinatos. Hubo gran variedad de crímenes auspiciados por el Gobierno de Allende. Los más conocidos son los asesinatos de miembros del cuerpo de Carabineros y el Ejército. De ellos, el MIR asesinó a siete en los tres años de Gobierno de Unidad Popular de Allende. Cinco de ellos eran cabos de Carabineros, otro subteniente del mismo cuerpo y el último un agente de Investigaciones.

Por su parte, el VOP, asesinó al ex ministro del Interior y ex vicepresidente del Gobierno anterior a la llegada de Allende, Edmundo Pérez Zujovic. Los autores materiales del asesinato fueron los mismos terroristas que habían sido indultados en el primer decreto de Allende.

También fueron muy importantes los crímenes cometidos durante las ocupaciones violentas de explotaciones agrarias. En su mayor caso cometidos por el Movimiento Campesino Revolucionario, una franquicia del MIR en el mundo rural. En esta serie de hechos, que fueron cometidos en muchos casos por miembros del Partido Socialista, principal fuerza política de la coalición de Gobierno, hay sucesos dramáticos. Quizá el más espeluznante de todos fue el cometido contra Antonia Maechell Ricardi, propietaria de La Tregua de Valdivia. Esta mujer de mediana edad fue secuestrada en su propia casa, violada y secuestrada. Una situación que le llevó al suicidio.

Crímenes similares se cometieron a lo largo de todo el país. Están documentadas más de 500 muertes entre propietarios y trabajadores que les defendían de las ocupaciones. Todo ello en más de 300 ocupaciones violentas de fincas.

Varios empresarios fueron asesinados al negarse a pagar el impuesto revolucionario. Un ejemplo es el caso de Raúl Méndez Espinosa, dedicado a la fabricación industrial de dulces, golpeado hasta la muerte por negarse a entregar dinero a los terroristas.

Entre las actuaciones de los radicales de izquierda del MIR y el VOP, entre los que había no pocos militantes del Partido Socialista, también destacan los asesinatos de miembros de otros partidos políticos. Así Héctor Castilla, de la Democracia Cristiana, fue asesinado en represalia a la victoria de sus asociaciones de estudiantes en las universidades chilenas. También Rolando Matús, miembro del Partido Nacional, asesinado por militantes socialistas colaboradores del MIR. Y el asesinato frustrado del ex presidente Patricio Aylwin, cuando daba una conferencia en un gimnasio de la localidad de Curicó.

Todo ello sin contar con los ataques a los medios de comunicación críticos. Como los asaltos por miembros de las juventudes del Partido Socialista a emisoras de radio vinculadas al diario El Mercurio, un periódico que finalmente consiguió cerrar Allende.

A partir de 1972, el propio presidente socialista del que recientemente se ha declarado admirador Pablo Iglesias, dejó de disimular su tendencia a la violencia, Aquel año, procedentes de Cuba y empleando valijas diplomáticas para su traslado, entraron para uso de Unidad Popular y fueron almacenados en dependencias del Partido Socialista que presidia Allende, 4.000 fusiles de asalto AK-47 de fabricación soviética.

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O Europa o Venezuela, o prosperidad o quiebra, o 1978 ó 1936
EDUARDO INDA Okdiario  26 Junio 2016

Ni las de 1977, que fueron las primeras en las que los españoles pudieron (yo, desgraciadamente no, tenía 9 años) elegir a sus gobernantes por primera vez en 41 años, que se dice pronto. Ni las de 1978, las del referéndum en el que dijimos “sí” a esa nuestra envidiable y envidiada carta constitucional. Las elecciones más importantes de nuestra vida son las de hoy. Así como el 6 de diciembre de hace casi 38 años tuvimos que elegir entre democracia o esa nube negra que hubiera sido rechazar la Carta Magna, hoy estamos ante el dilema de optar entre sistema y antisistema. Que vuelve a ser, de alguna forma, la disyuntiva entre democracia pura y democracia vigilada que nos plantearon aquel bendito miércoles en el que volvimos a ser como nuestros vecinos del norte. Desde el 23-F de 1981 nunca antes había estado tan en juego nuestro sistema de libertades como este 26-J.

Por muchos fallos y fallas que esconda el sistema, que haberlos, haylos, cometeríamos una injusticia supina si negásemos que España vive la etapa más próspera, más libre y más estable de esa fratricida historia nuestra en la que cuando no sufríamos una guerra civil, nos salían con una asonada, nos jodían con un golpe de Estado o nos sorprendían con intentos falsamente revolucionarios en los que se iba a cortar el gaznate al empresario de turno, a violar a la monja de guardia o a apiolar al primer adversario que te encontrabas por la calle. En todos los países de vanguardia nos admiran y, lo que es mejor, nos ponen como ejemplo de una Transición estupendamente resuelta. ¿Que tenemos corrupción? A mí no me lo van a contar cuando este menda ha sacado el caso Bárcenas, los sobresueldos, la financiación en B de Génova 13, los sms más famosos de la historia (“Luis sé fuerte, hacemos lo que podemos”), el caso Pujol, las mangancias de Urdanga y señora, el dúplex de la vergüenza de González, las cuentas en Suiza de Granados o Trias o, yéndonos a otro ámbito, el caso Neymar.

Tan cierto es que estamos contaminados por una corrupción sideral como que no es menor a la de una Italia en la que la mafia está detrás de parte de la economía productiva o del mismísimo Ayuntamiento de Roma, de una Italia en la que todos pillaban a modo y manera en Tangentópoli, de una Italia en la que si quieres construir una carretera o hacerte con una concesión pública ya sabes que inevitablemente tendrás que negociar con un político y tal vez también con un mafiosi. Francia tampoco es un ejemplo a seguir, en Japón te sablean hasta por respirar, en Portugal metieron en la trena al ex premier socialista por trincar personalmente ¡¡¡20 millones!!!, en Reino Unido las trapacerías están a la orden del día como vemos en los tabloides y en Estados Unidos es rara la semana en la que no trincan a un senador, a un alcalde o a un gobernador con un marrón que dejarían a muchas de nuestras corruptelas a la altura de un juego de niños.

La gran asignatura pendiente es que en nuestro país ocurra como en Japón, Estados Unidos o Reino Unido, países en los que se roba tanto como aquí pero en los que a diferencia de aquí si te cazan no te salva ni la caridad. Allí, allá y acullá los medios te pegan hasta en el carné de identidad y los jueces te meten en el furgón rumbo al hotel rejas en menos de lo que canta un gallo. Véase al malo de los malos, Bernie Madoff: le acusaron de estafar 58.000 millones de dólares con su sistema piramidal en diciembre de 2008 y en junio de 2009 estaba en prisión condenado a 150 años.

Aquí la Justicia, de momento, actúa sin contemplaciones contra el PP cuando se corrompen y tampoco se andan con chiquitas con el PSOE. El interrogante es si se atreverán a hacer lo propio con unos podemitas a los que lo de pillar se les da tan bien como a Leo Messi tocar el balón. Eso sí: gozan de bula papal.

Tan cierto es que en el terreno regeneracionista quedan muchas cosas por hacer (fuera aforamientos e indultos a políticos, despolitización total del CGPJ y de la Fiscalía, listas abiertas, eliminación de la disciplina de voto, etcétera) como que en el económico las cosas empiezan a ir como un tiro tras la peor crisis en 40 años, sólo comparable a la del subidón del precio del petróleo en los 70. Crecemos al 3,4%, el doble exacto que Alemania, más del doble que la media de la Zona Euro (1,5%), muchísimo más que Estados Unidos y Reino Unido (2,4% y 2,3% respectivamente), casi el triple que Francia (1,3%) y cuatro veces lo que Italia (0,8%). La creación de empleo va como un tiro. Si antes destruíamos hasta 3.000 puestos de trabajo diarios ahora creamos cerca de 2.000. Y todo ello en una coyuntura en la que la inflación está en saldos negativos y en la que exportamos más que nunca habiendo conseguido que el sector exterior sea el verdadero motor de la recuperación. Un motor, por cierto, estable, estructural y antitético del de la burbuja inmobiliaria.

Tenemos, por tanto, en nuestras manos, ésas que meten la papeleta por la ranurita, la determinación más importante de nuestra historia reciente. O España o Venezuela. O Europa o Grecia (que tiene de Europa lo que yo de virgen). O prosperidad o quiebra. O demócratas o proetarras. O propiedad privada u okupas. O libertad de expresión o libertad vigilada. O constitucionalistas o independentistas. O cultos o incultos. O mentirosillos o pedazo de mentirosos. O liberales o intervencionistas. O fiscalidad razonable o confiscación. O Educación pública o lavado de cerebro a nuestros hijos. O pensiones garantizadas o tijeretazo del 35% modelo colegui Tsipras. O Sanidad Pública de calidad o vaya usted a saber qué. O Montesquieu o Robespierre. O liberalismo versus socialdemocracia o bolivarianos versus bolivarianos. O políticos serios o niñitos y niñatos O partidos con corrupción o partidos de la corrupción. O justicia o venganza. O fraternidad o rencor. O tolerancia o resentimiento. O paz o enfrentamiento civil. O monarquía parlamentaria o República modelo 1936 (que no es exactamente lo que entendemos por república). O Españain o Españexit.

Nuestra disyuntiva se puede resumir en dos nombres y dos hombres: Mariano Rajoy o Pablo Iglesias. Ésa es la cuestión. Tan cierto es que el popular empezó mal, muy mal su mandato, entre otras cosas por la inempeorable herencia recibida, como que ha cruzado la línea de meta con un notable alto. Por muy malo que les parezca a ustedes el pontevedrés de Santiago, siempre será mejor, infinitamente mejor, que el madrileño de Vallecas que casi nunca vivió en Vallecas. No es día para ajustar cuentas. Si hacen el imbécil, no digan que no se lo avisamos. Vayan a votar con la cabeza y dejen las vísceras en casa. Y no olviden que los experimentos se hacen con gaseosa, no con champán. Miren lo que les ha ocurrido a los hijos de la Gran Bretaña.

Del 8 al 10 de julio, en Tortosa
Profesores catalanes montan un congreso contra el pancatalanismo
Javier Barraycoa, de Somatemps, informa a GACETA.ES de que en este simposio, catalanes y valencianos debatirán e intercambiarán ideas frente a un enemigo común: el nacionalismo catalán.
Rosalina Moreno  www.gaceta.es 26 Junio 2016

La asociación Somatemps, que se ha destacado en los dos últimos años en abrir frentes al separatismo, celebrará entre el 8 y el 10 de julio su III Congreso de Catalanidad Hispánica, que tendrá lugar en la población de Tortosa. El primero fue el Ripoll (llamada la cuna de Cataluña) y el siguiente en la ciudad de Gerona.

“La elección del lugar del encuentro tiene que ver con el tema central del Congreso: El Pancatalanismo: teoría y praxis”, explica a GACETA.ES el sociólogo y politólogo Javier Barraycoa (Barcelona, 1963), promotor de esta plataforma.

Denuncia que “valencianos, aragoneses y mallorquines son víctimas ideológicas y políticas de este sustrato ideológico del nacionalismo catalán” y que “Tortosa es esa frontera natural entre Cataluña y Valencia que se ha escogido como plaza ideal para debatir e intercambiar ideas entre catalanes y valencianos, frente a un enemigo común: el nacionalismo catalán”.

Indica que “el movimiento nacionalista catalán desde sus orígenes se sintió cómplice de movimientos como el paneslavismo o el pangermanismo” y que, de hecho, la reivindicación de la Corona de Aragón, o del Iberismo, en el seno del propio nacionalismo catalán, apuntaban a esta tendencia expansionista. Recuerda que, sin embargo, la reivindicación pancatalanista se fue limitando a una reivindicación de una comunidad lingüística.

“Muy tardíamente, aparecerían conceptos como Països catalans, de mano de un exfalangista valenciano, como Joan Fuster. O, a su pesar, el término Cataluña norte, usado por el pancatalanismo y referido al viejo Rosellón, fue una creación del filofascista Alphonse Mias”, resalta Barraycoa.

Destaca que el simposio pretende abrir un debate sobre este tema, revisando las fuentes del pancatalanismo, sus mitologías y cómo se ha ido desarrollando políticamente.

Según informa, el encuentro contará con la presencia de profesores universitarios, entre ellos Francisco Caja, que expondrá su reciente estudio sobre la ‘raza catalana’. También intervendrá el propio Javier Barraycoa, profesor universitario y sociólogo; Josep Alsina, catedrático de instituto, escritor, editor y vicepresidente de Somatemps; Fernando L. del Amo, doctor en historia; José Luis Orella, profesor universitario e historiador; Jorge Soley, escritor; y el abogado Miquel Bordás.

La cita arrancará con una conferencia sobre los dos años de Somatemps y su futuro, seguido de una mesa redonda sobre las estrategias ante el independentismo, con la intervención de agentes sociales y políticos; mientras que en la siguiente jornada se abordará el pancatalanismo teórico, cultural y político.

Somatemps aún no han revelado cómo pondrá el broche final a su congreso, que en las anteriores ediciones se ha clausurado con una celebración simbólica, como una visita al Santuario de Montgrony, donde se inició la Reconquista de Cataluña, y una visita al Monasterio de Ripoll, fundado en 880 por Wifredo el Velloso, el último conde de Barcelona designado por los francos y el primero que legó sus tierras a sus hijos, en lo que sería el origen de los primeros condados catalanes.
Contra las falsedades secesionistas

La plataforma Somatemps -Estamos a tiempo-, se gestó con el objetivo de refundar la historiografía catalana basada en investigaciones académicas y no en motivaciones políticas, y tener una presencia activa en el espacio público como forma de concienciar a la sociedad catalana sobre la manipulación histórica del nacionalismo. Se gestó en noviembre de 2013 en Santpedor (Barcelona), pero se constituyó formalmente el 26 de abril de 2014 en Poblet (Tarragona).

La integran personas profundamente catalanas, la mayoría catalanohablantes, entre las que hay historiadores, filólogos, abogados, profesores, economistas, y miembros de distintas ramas profesionales, hartas de que el nacionalismo llevara la iniciativa y fuese una apisonadora. El nacionalismo se encontró así con la otra Cataluña que no se esperaba; una parte de Cataluña que hasta entonces había negado su existencia.

Somatemps reivindica “que haya ambientes abiertos de diálogo, de investigación, y que no te silencien por denunciar las tesis de la historiografía nacionalistas, como, según alerta Barraycoa, “por desgracia está ocurriendo”, e indica que “en muchas librerías la distribución de determinados libros está prohibida”. Pero sobre todo, ‘Somatemps’ quiere “que los medios públicos y el sistema educativo deje de ser una maquinaria de adoctrinamiento”.

Preguntado, por ejemplo, sobre las tesis del Institut Nova Història de que Colón y Cervantes eran catalanes de ‘pura cepa’, Javier Barraycoa dice que este centro “está totalmente subvencionado por la Generalitat de Cataluña” y que “no tiene absolutamente ningún reconocimiento en el mundo académico”. “Son amateurs de la historia a los que está utilizando la Generalitat para crear un clima nacionalista de que todo es catalán y Cataluña, pero a esta gente no les han invitado a un congreso serio nunca porque es imposible que puedan defender estas cosas”, indica.

Considera que “se agarran a clavos ardiendo para lanzar teorías que no han sido contrastadas, simplemente propaganda e intoxicación nacionalista, que producen risa o ganas de llorar, como el proyecto de la ‘Assemblea Nacional Catalana’ para crear un Ejército, con una gran Armada, para la futura Cataluña independiente.

“Estamos en una fase de delirio colectivo y se trata ya de ver quién la dice más gorda. El que lo hace tiene más resonancia mediática y más subvenciones, pero es una estrategia propagandística que no va a ningún lado”, sentencia.


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