AGLI Recortes de Prensa   Jueves 30 Junio  2016

La tetrarquía
Amando de Miguel Libertad Digital 30 Junio 2016

Lo más curioso es que los cuatro partidos en liza (PP, PSOE, Podemos y C’s) se consideran realmente como socialdemócratas.

Las costumbres políticas nos llevan a considerar las elecciones como un juego de suma cero, esto es, un partido gana y otro pierde. Pero ese esquema binario resulta inadecuado en la España actual por varias razones. La principal es que se dibuja un esquema cuatripartito a escala nacional, que sustituye al bipartidismo imperfecto de antes. En realidad, no hay ganadores ni perdedores porque todos parecen ganar algo; si no el Gobierno, sí la pertenencia a una oligarquía, un grupo privilegiado que goza de las amenidades del poder. La principal es la continua exposición en los medios. No es menor la facilidad para hacer dinero y mantener contactos con los que lo tienen. De ahí que en la España actual se pueda hablar de una tetrarquía: el poder de cuatro partidos. Ninguno de ellos es lo suficientemente destacado como para formar un Gobierno estable. Así pues, se podría hablar incluso de desgobierno de una tetrarquía. Se comprenderá ahora que, ante los resultados electorales, ninguno de los cuatro partidos principales reconozca que ha perdido. La verdad es que tienen razón: todos ellos ganan. Estar en la oposición es una forma de poder.

Lo más curioso es que los cuatro partidos en liza (PP, PSOE, Podemos y C’s) se consideran realmente como socialdemócratas. Efectivamente, les une el propósito (oculto o expreso, da igual) de aumentar el gasto público, es decir, los impuestos. La paradoja es que, pareciéndose tanto, no logren formar un Gobierno estable con facilidad. La razón es que los cuatro tetrarcas se odian y se desprecian entre ellos. A eso lo llaman "líneas rojas", pero es un odio visceral. Una sociedad cainita como la española lo ve con naturalidad. Añado: los tetrarcas se odian, pero se necesitan.

La coincidencia de los tetrarcas en que hay que elevar el gasto público (aunque puedan declarar lo contrario) se basa en un principio más falso que Judas, pero sumamente aceptado. A saber: "El Gobierno crea puestos de trabajo y puede acabar con el paro". No quieren reconocer que la tasa tan alta de paro se debe a razones estructurales que difícilmente puede alterar un Gobierno. Por ejemplo, la situación menesterosa de muchos parados se amortigua mucho por los subsidios públicos y la protección particular de las respectivas familias. Además, no son pocos los parados oficiales que realmente trabajan en la economía sumergida. Después de eso, resulta ridículo el esfuerzo de contabilizar hasta el detalle el número de parados.

La oligarquía se refuerza con el acuerdo tácito de que no se debe tocar la estructura del "Estado de las Autonomías" (extraña expresión contradictoria). Se añade otra persistencia: la de los más de ocho mil municipios que persisten en España desde hace siglos. Constituyen una extraña supervivencia. La cual se explica porque son los canales para recoger votos y recompensar con cargos a los fieles de cada partido. No se quiere reconocer que, tanto las autonomías como los ayuntamientos, son los canales más fáciles para la corrupción política. Es lo que se llama clientelismo. Mientras no se reconozca esa realidad, poco se podrá hacer en la dirección de las reformas regeneracionistas.

La estructura oligárquica se refuerza por otro punto de acuerdo entre los cuatro partidos nacionales: ninguno de ellos está por la labor de prescindir de las subvenciones públicas. Es algo que comparten también los sindicatos y hasta cierto punto las asociaciones patronales y los grupos de presión. Se entenderá ahora que el Estado nos resulte tan costoso a los españoles, a los que se consideran paganos.

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Sánchez se invita al desastre de Madrid
OKDIARIO 30 Junio 2016

Pedro Sánchez desafía cualquier principio elemental de la lógica y aún aspira a ser presidente del Gobierno. A pesar de haber cosechado dos veces el peor resultado en la historia de su partido, el madrileño trata de llegar hasta la puerta de La Moncloa aunque sea de la mano de Unidos Podemos. Así lo demuestra el hecho de que dos personas de su absoluta confianza como Antonio Hernando y Rafael Simancas negocien con Manuela Carmena para entrar en el Ejecutivo de Madrid.

Lejos de poner fin al desastre gestor que tanto la alcaldesa como su equipo están perpetrando desde hace más de un año, el secretario general del Partido Socialista está dispuesto a formar parte de él. El fin último es conseguir apoyos podemitas a nivel nacional. Una táctica que, más allá de la desesperación por conservar su puesto, resulta incomprensible. Sobre todo si tenemos en cuenta la maltrecha realidad del PSOE: el pasado 26 de junio volvió a dejarse 120.000 votos. Este pacto sólo serviría para seguir perdiendo apoyos al tiempo que daría vida a su mayor enemigo político.

Si el PSOE gobierna en coalición con Carmena estará respaldando a una regidora que espanta la inversión económica de Madrid, interpreta la Ley de Memoria Histórica de manera guerracivilista y paga con dinero público obras de teatro donde adoctrinan políticamente a los niños. Una mujer que, además, ha convertido el Palacio de Comunicaciones en la agencia de colocación privada de sus afines ideológicos y que, para colmo, tiene entre sus filas a ínclitos judicializados como Rita Maestre o Guillermo Zapata. Por todo ello, Sánchez vuelve a convertirse en paradigma de la irresponsabilidad al buscar un acuerdo con Podemos a través de una de sus marcas blancas. El líder socialista demuestra un nulo sentido de Estado, ya que mientras la sociedad española espera un acuerdo entre todas las fuerzas constitucionalistas, él se dedica a maniobrar para formar parte ejecutiva del Consistorio más desastroso de toda España junto con el de Barcelona.

La nueva política no sabe perder ni quiere ganar
Si Podemos y C's hubieran apoyado al PSOE y le hubieran exigido una reforma de la ley electoral, hoy no gobernaría el PP y en las próximas elecciones habría una correlación de votos y escaños más justa
Juan Soto Ivars El Confidencial 30 Junio 2016

La otra noche, en el balcón de Génova, Rajoy tenía la misma cara que yo aquel día en que me cayó un notable sin haber tocado los apuntes. Casi ocho millones de votos y 137 escaños eran la causa de su sorpresa y de la nuestra. El hombre soltó a la multitud una diatriba surrealista, titubeante al principio y suficientemente pletórica después como para besar a su mujer al estilo Iker Casillas. Faltó que sonase el “ya hemos pasao” de Celia Gámez para bordar el fin de fiesta.

Lo confieso: a mí esa noche me llevaron los demonios. No soporto la corrupción. Voté contra el PP y contra el PSOE, y cuando los forofos gritaban bajo el balcón de Génova “Sí se puede”, yo pensé rabioso que sí, que aquí se puede mangonear, está visto; y que además te pueden pillar mil veces y aun así vuelves a ganar, como pasa con el PSOE en las autonómicas andaluzas. Me fui a la cama tarde y con la punta de la napia de un rojo encendido. ¡Siempre igual!

Pero al día siguiente, luego de un sueño agitado, el PP seguía ahí, y yo caí en la cuenta de que no tiene mayoría absoluta, de que no va a ser fácil que ningún partido la tenga en los próximos años y de que, por lo tanto, hoy vivimos en un país ligeramente mejor que el de hace cuatro años. Este Parlamento fragmentado puede garantizar una representación más aceptable de todas las sensibilidades y cierto grado de control sobre la corrupción. Esto, claro, siempre que los nuevos partidos aprendan a perder, y no parece que por el momento estén trabajando en ello.

El PP basó su campaña en el viejo lema de que más vale malo conocido que bueno por conocer, algo que no funciona mal en España. Con nuestra economía de huesos quebradizos temblando tras el Brexit, siete millones y medio de españoles mostraron una actitud conservadora y una prudencia que para mi gusto rozaba la cobardía, pero no por eso voy a salvar la actuación de los nuevos partidos.

De hecho, la victoria del PP es culpa de los nuevos partidos, aunque ellos no quieran darse por aludidos y pongan la misma cara que un alumno que ha suspendido y se empeña en culpar a su profesor.
-¡Es que me tiene manía!

Albert Rivera salió a hablar con el rostro pálido y admitió su decepción, pero luego dijo que sus resultados no eran malos e hizo de todo menos autocrítica. Para un político nunca hay error, sino cosas mal explicadas a una ciudadanía un poco tonta. Él lloriqueó, dijo que lo había hecho todo bien, que había contado siempre el mismo cuento, un discurso recto, claro y coherente. Que su electorado hubiera huido en desbandada de vuelta al PP pese a la corrupción no quitaba que Rivera se sintiera como un mártir de la democracia. Míster Líneas Rojas creía que es el único dispuesto a dar su brazo a torcer.

Mientras tanto, en Podemos seguían soñando con sus quimeras habituales aunque habían tomado el suelo por asalto. Monedero escribió un artículo en 'Público' haciendo autocrítica al día siguiente y aquello estuvo bien, pero se le olvidaba un detalle: que siete millones y medio de españoles sigan votando al PP demuestra que buena parte de esa 'gente' de la que alardean no quiere ni oír hablar de su mensaje.

Iglesias había hecho su campaña en un tono que a mí me recordaba al de un predicador que ha perdido la fe pero quiere mantener lleno el cepillo de la iglesia. Tras un juego de tronos arribista y tramposo, tras forzar nuevas elecciones, tras haber humillado sistemáticamente al PSOE, no es raro que más de un millón de votantes de izquierdas le hayan dicho “esta vez no” y se hayan decantado por Pedro Sánchez o por la abstención.

La única excusa creíble de los nuevos partidos, la única queja razonable en esta resaca electoral, es una en la que los dos coinciden: la ley electoral les perjudica. Sin embargo, en ese tema encuentro la mayor constatación de que Podemos y Ciudadanos están haciendo las cosas mal. Si los dos hubieran apoyado al PSOE sin boicotearse el uno al otro y le hubieran exigido a cambio una reforma de la ley electoral, hoy no solo no gobernaría el PP, sino que en las próximas elecciones habría una correlación de votos y escaños más justa.

Pero debe ser que no he entendido bien el mensaje. Que se han explicado mal. Si es así, pido perdón.

¿Por qué fracasó C’s?
Antonio Robles Libertad Digital 30 Junio 2016

Digámoslo de entrada: C's no fracasó, fracasaron las expectativas. Sí, esas ficciones levantadas por encuestas adobadas para crear tales expectativas.

El error no estuvo en la campaña, como han apuntado muchos, sino en los vicios ocultos de C's. Los que no ve la gente, pero minan su credibilidad y transmiten los militantes descontentos. Como pasó en UPyD y nadie reparó hasta que era demasiado tarde. Es cosa de partidos atractivos en expansión.

Confundir la realidad publicada con la realidad, a menudo desatiende esas pulsiones internas de los partidos. La ficción comenzó cuando El País y algunos poderes fácticos se empeñaron en crear un Podemos de derechas a mediados de 2015 a través de encuestas a medida. Mal está crear ficciones para forzar realidades, pero es de adolescentes creérselas. Y ese fue el primer gran error de C´s en las elecciones generales del 20-D. De ahí la decepción inesperada de su dirección y analistas de la cosa. El de estas últimas dependió por completo de los vicios ocultos imposibles ya de ocultar. El antecedente de UPyD entraba en escena y nadie lo quiso ver.

La primera evidencia de tales vicios ocultos fue la manera de expandirse a España como partido en medio de las elecciones municipales. Cualquier pelanas sabe que no filtrar la militancia en esas circunstancias provoca una colonización de indeseables, buscavidas, arribistas y rebotados con ganas de medrar en la política. ¿Les importó a los responsables? Estaban demasiados entusiasmados en aprovechar la ola provocada por las encuestas amigas. Resultado: un partido nuevo lleno de militantes rebotados de partidos viejos. Con sus daños colaterales. Líos, mondongo ideológico y expulsiones exprés. Las quejas de la militancia decente no tuvieron interlocutor en el partido.

La segunda evidencia fue el abandono de la beligerancia contra el nacionalismo lingüístico en aras de ensanchar el espacio electoral al catalanismo moderado. Una traición en toda regla que le ha costado en Cataluña el mayor bajón de toda España (114.820 votos, con una disminución de 2,12 puntos respecto al 20-D: del 13,05 al 10,93%). Es decir, han dejado de votarle 16 ciudadanos de cada 100 que lo habían hecho en las anteriores. En municipios con mayoría hispanohablante como Castelldefels descendió 3 puntos (23 votantes de cada 100). Por comparativa, en el conjunto de España la pérdida fue menor: 0,9 puntos, 6 votantes de cada 100 (390.759 votos menos).

La tercera evidencia es la incoherencia creciente en los mensajes. Un partido como C´s, que nació para eliminarla y vivir de su frescura, no puede asegurar categóricamente que votará a la lista ganadora y a continuación apoyar la candidatura del PSOE; no puede afirmar que no vetará a nadie y se desdiga con Mariano Rajoy; no puede dar lecciones cívicas afeando a los demás la tendencia a caer en el "y tú más" y emularlos cuando le conviene; no puede defender la limitación de mandatos y no aplicársela; no puede pretender imponer al resto de partidos las listas abiertas y aplicarlas según convenga en su casa; no puede crecer a costa de haber vendido que tendrá un mismo discurso en toda España y después hacer una campaña para Cataluña y otra para el resto de España: "Un president catalá per a canviar Espanya". Un partido que nació para borrar hechos diferenciales supremacistas, cae de bruces en la superstición de la singularidad catalana, como si ésta tuviera un valor añadido. Nadie utiliza el lugar de nacimiento en España para validar su candidatura a la presidencia. Menos los nacionalistas. Aún así, hubiera sido una buena campaña de haber sido única para toda España. Pero no fue así.

Y cuarta evidencia, C´s ya no es C´s, al menos el C´s que surgió de largos años de resistencia al nacionalismo impulsado por cientos de personas anónimas que ya lo han abandonado. Y eso comienza a pasarle factura. Aquel sueño desapareció bajo la personalidad caudillista de Albert Rivera y un espacio ideológico liberal de centroderecha, que sin embargo se empeña en no definir para pescar en un centro de perímetro indefinido. Para muchos es una traición, pero es el espacio gaseoso que le sirvió en el 20-D para convencer al electorado popular de que era uno de los suyos. La identificación tuvo tanto éxito que hasta sus adversarios le acusaron de ser la marca blanca del PP. Un detalle que trató de equilibrar abrazándose en un pacto de intereses con el PSOE y vendido como la voluntad de un hombre generoso sin más interés que el bien del Estado. Fracasada la ficción, demasiada gente vio en su gestualidad al político viejo con trucos nuevos. La coherencia cuesta ganarla, pero facilísimo perderla.

Si el convertir a C's en un partido de centroderecha fue una traición a sus orígenes, ahora no ejercer de ello con personalidad y limpieza en una situación muy polarizada le llevaba a no ser partido fiable para el votante del PP. C's ha cometido esos errores, pero se ha implantado en toda España con 32 diputados y un dirigente que quiere liderar a la derecha española. De ahí su empeño por eliminar a Rajoy con la disculpa de la corrupción.

Quienes dejaron media vida en la creación de C's han de aceptar que aquel C's que quiso acabar con la hegemonía moral del nacionalismo, terminar con la exclusión lingüística, desbancar al PSC y liderar España con el fin de regenerar la política y afianzar la igualdad de todos los españoles ante la ley, ya no existe. Pero puede llegar a ser el partido de centroderecha moderno que necesita España. Su líder, Albert Rivera, tiene capacidad suficiente para liderarlo y adaptabilidad ideológica para llevarlo a cabo. Sólo es cuestión de que salga del armario y sea consecuente. El electorado no es tonto y no le gusta que jueguen con él.

Rivera, la ética y las matemáticas
Ferrer Molina El Espanol 30 Junio 2016

No deja de ser sorprendente que los mismos que se han hartado de repetir en las últimas semanas que votar a Rivera equivalía a hacer trizas la papeleta y echarla a la basura sean hoy los primeros en reclamarle que entregue sus escaños a Rajoy para evitar unas terceras elecciones. O quisieron engañar a la opinión pública entonces o tratan de tomarle el pelo ahora.

Lejos de pedir disculpas por su incoherencia o de, al menos, tratar de persuadir a Rivera con tacto para que haga lo que a ellos les gustaría que hiciera, lo increpan. Ese pataleo levanta polvo, pero no borra sus huellas.

Allá cada uno con sus escrúpulos. Ni siquiera es en el resbaladizo plano de la moral donde hay que hacer el primer reproche a quienes exigen la capitulación de Ciudadanos, sino en el de las matemáticas: no saben contar. Porque los treinta y dos diputados de Rivera unidos a los ciento treinta y siete de Rajoy suman ciento sesenta y nueve. Un número tan sexy como alejado de la mayoría absoluta, para la que aún faltarían siete. O sea, que el único partido que puede evitar unas nuevas elecciones es el PSOE.

En un tono ciertamente respetuoso, un grupo de intelectuales que firmaron el manifiesto fundacional de Ciudadanos han dicho que fue una equivocación de Rivera anunciar durante la campaña electoral que en ningún caso haría presidente a Rajoy. Su argumento es que deben vetarse políticas y no personas. Me parece una razón hermosa, pero no siempre es fácil deslindar al hombre de lo que representa.

Recurriré a la caricatura para intentar explicarme. Si alguien hubiera propuesto en su día que Al Capone dirigiera el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, ¿habría hecho falta esperar a ver cuál era su programa económico y con qué equipo accedía al cargo antes de hacer todo lo posible por evitar su nombramiento? Igual que Al Capone encarnaba lo opuesto a la honradez, Rajoy representa lo contrario a la regeneración.

Así pues, aun admitiendo con Francesc de Carreras, Albert Boadella o Arcadi Espada que Rivera pudo equivocarse, creo que hay que ponderar también su sinceridad y coherencia, dos valores estimables en política. Desde luego, los tres millones de votantes de Ciudadanos no podrán sentirse engañados ni alegar que no sabían cuál era la posición del partido.

Quienes desde la derecha arremeten contra el veto a Rajoy omiten que Rivera también se comprometió a no apoyar una investidura de Pablo Iglesias. Si Unidos Podemos hubiera ganado las elecciones, ¿le reprocharían también que mantuviera su palabra?

De ahí que me parezca tan discutible la afirmación de Arcadi Espada cuando asegura que los millones de votos que ha cosechado Rajoy "impugnan todo el razonamiento" de Rivera. Los votos, Arcadi, sólo son votos; aritmética. La ética se mide en otro campo, como bien acaban de comprobar en Reino Unido.

¿Por qué exige Rajoy con un 33% lo que era "disparatado" con un 36%?
El rugido del león El Espanol 30 Junio 2016

Mariano Rajoy pretende sacar rédito del vacío político e institucional que él mismo contribuyó a generar. Después de seis meses de zozobra política, el presidente en funciones gestiona a conveniencia el cansancio de la opinión pública sin escatimar contradicciones.

Si tras del 20-D le dijo que no al rey y aguardó a que Sánchez y Rivera fracasaran en su intento de formar gobierno, ahora tiene prisa en llamar a todas las puertas para allanar cuanto antes el camino de su eventual investidura sin tener siquiera una hoja de ruta clara. Entonces aprovechó la codicia política de Pablo Iglesias para desgastar a los impulsores del pacto de El Abrazo, del mismo modo que ahora utiliza las presiones internas sobre Pedro Sánchez y Albert Rivera para neutralizar la lógica oposición de los candidatos del PSOE y Ciudadanos a facilitar su reelección.

Además, en lugar de intentar comprometer a sus rivales, anunciando por ejemplo por escrito la reforma de la ley electoral para acabar con las distorsiones de la Ley d'Hont, Rajoy quiere un cheque en blanco. Por eso se vale sólo de la sobrevaloración entusiasta de su insuficiente victoria y, en el caso del PSOE, de las luchas latentes por el liderazgo, para sacar adelante su investidura.

Negativa coherente
La negativa del PSOE a apoyar o abstenerse en la investidura de Rajoy es coherente con la posición fijada hace meses por el Comité Federal. Los pronunciamientos de algunos barones sobre la necesidad de permitir a Rajoy formar gobierno son meras opiniones personales cuando no envenenadas propuestas destinadas a terminar de desgastar al secretario general socialista.

Quizá lo adecuado sería que, tal como ha propuesto en EL ESPAÑOL el diputado José Luis Ábalos, sean las bases del partido las que decidan si quieren que el PSOE gobierne con el PP, si están a favor de facilitar la investidura de Rajoy o si prefieren condicionar el respaldo a un Gobierno del PP a que se presente otro candidato que dé más solidez a la decimosegunda legislatura.

Presiones a Rivera
Albert Rivera también ha sido emplazado por algunos de los impulsores del manifiesto fundacional de Ciudadanos a que levante el "veto" a Rajoy. Esta recomendación en público no parece oportuna ni en términos estratégicos, pues el presidente en funciones no ha ofrecido ninguna garantía de su compromiso reformista, ni en términos políticos, pues en todo caso los reparos de Rivera hacia Rajoy no son de naturaleza personal, sino que responden a que él encarna la antítesis de lo que Ciudadanos es como proyecto. En pues normal que tanto Sánchez como Rivera prefieran que sea el otro el primero en pasar el mal trago que supondría claudicar ante Rajoy.

Resulta paradójico que el mismo presidente que hace seis meses calificaba de "disparate" y "absurda" la pretensión de Sánchez y Rivera de sacar adelante un acuerdo que representaba al 36% del electorado quiera ahora que, aquellos a quienes zahirió, faciliten su investidura por haber obtenido el 33% de los votos.

La renuncia de Sánchez y Rivera a brindarle en bandeja a Rajoy la investidura es congruente, por mucho que él apele a que nadie quiere unas terceras elecciones para conseguir gratis la reelección. Lo conveniente para no condenar esta legislatura a la inestabilidad sería que PP, PSOE y Ciudadanos pactaran un programa, formaran una coalición y eligieran a un presidente de consenso.

Albert, no te hagas la damisela ofendida
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 30 Junio 2016

Desaparecida la espuma del champagne que algunos trasegaron con inusual generosidad la noche del domingo en la sede de Génova, sobre los restos del brebaje empiezan a flotar las dificultades con las que va a tropezar el Partido Popular para poder formar un Gobierno estable. Es obvio que Mariano Rajoy ha salido reforzado del envite, hasta el punto de que pedir ahora su retirada resulta difícil de justificar por mucha que sea su responsabilidad de las corrupciones que nos invaden. Tanto PSOE como Ciudadanos se han apresurado a poner pies en pared. Ese ganador nato que es Pedro Sánchez ha vuelto a recitar la letanía de que con el PP ni a recoger una herencia, bien por Pedrito, es una opción que le ha dado muy buenos resultados este domingo, pero la sorpresa se llama Albert Rivera, porque el líder de C’s, expendedor de mensajes contradictorios, nos tiene en un sin vivir: a primera hora del lunes aseguró que “no hay veto a Mariano Rajoy” y a la vuelta de la esquina anunció que “no vamos a apoyar ningún Gobierno de Mariano Rajoy”… ¿En qué quedamos, Albert?

Es posible que Rajoy pueda superar en el Parlamento el trance de la investidura después de no pocos tiras y aflojas. Lo complicado es imaginarle presidiendo un Ejecutivo con el respaldo de apenas 137 escaños, situación insostenible que a duras penas podría superar la barrera de diciembre sin obligarle a tirar la toalla. Otra cosa sería contar con el apoyo de 169 diputados, resultado de la suma de los 137 del PP y los 32 de C’s, porque desde esa plataforma resultaría relativamente fácil lograr el apoyo de los 5 diputados del PNV y de los 2 canarios, todo ello plasmado en un “pacto de investidura” tejido en torno a la aprobación de los PGE de 2017, en los que se incluiría el coste de los apoyos de vascos y canarios y, por encima de todo, el precio que el inmovilismo de Mariano vendría obligado a pagar en términos de reformas democráticas por el respaldo de los diputados de Ciudadanos. ¡Ahí te quiero ver, Albert!

Parece evidente que Rivera arrastra un enfado considerable a cuenta de los resultados del 26J, porque el ataque combinado de una Ley Electoral disparatada y de la estrategia de Arriola, el gurú de Mariano a tanto la pieza, destinada a agrupar el voto útil del centro derecha en torno al PP, consiguió restarle la friolera de casi 400.000 votos. Ese enfado, con todo, no debería restar un ápice al mérito que para un partido nuevo supone haber sido capaz, con muy poco apoyo mediático, de resistir un match ball como el del 26J, un envite muy complicado, minimizando daños y consolidándose como una opción de centro reformista con todo el futuro por delante. ¿Con todo el futuro por delante? Dependerá del uso que Rivera y su estado mayor sean capaces de dar a los tres millones largos de votos conseguidos el domingo. Ahí es donde C’s y Rivera se lo juegan todo a una carta.

Porque parece que el Albert enfurruñado tiene la tentación de usarlos como almohada sobre la que dormir la siesta hasta que el ruido de unas terceras elecciones generales le despierte del error. Disponer de 3 millones de votos y no hacer nada con ellos podría ser considerado casi un crimen en las actuales circunstancias que vive España. Quienes hemos votado Ciudadanos no lo hemos hecho porque nos encante el color naranja o el corte de pelo de Albert. Hemos votado Reformas, con mayúscula. Hemos votado regeneración democrática. Son votos reformistas, Albert, que estás obligado a ofrecer a Mariano y no a cambio de nada, naturalmente, sino para hacer posible esas grandes reformas que de otro modo no acometería el de Pontevedra. Reformas a cambio de un pacto de legislatura. Reformas concretas, explícitas, con sus correspondientes plazos. Y que sea Mariano quien las rechace. Que sea Mariano quien se retrate y diga que no quiere cambiar nada, porque esa es su naturaleza y así ya le va bien.

Votos para mejorar España
Pero estás obligado, Albert, a dar el paso al frente. No puedes decir “no” de entrada, no puedes imponer vetos, ni condiciones, y mucho menos retirarte a tus cuarteles de invierno en pleno ferragosto. Quienes te hemos dado el voto no lo hemos hecho para que los metas en la nevera; tampoco para que los tires al río y se los lleve la corriente de la irrelevancia. Quienes el domingo cogimos la papeleta de Ciudadanos lo hicimos para que esos votos sirvieran para mejorar España, democratizar España, acabar con la corrupción de los partidos, dotar de independencia a la Justicia, sanear Interior de mafias policiales. En definitiva, para limpiar España de mierda. Y, además, hacerla crecer más y mejor, creando empleo de calidad, liberalizando sectores estratégicos, acabando con los privilegios de cárteles y lobbies. No te puedes poner ahora estupendo, convertirte en casta, y decir que no juegas. Te hemos dado el voto para que hagas política, para que salgas a la plaza a pregonar lo que quieres, los cambios que urges, las reformas que España reclama. No te hagas la damisela ofendida, Albert, porque Mariano finja ignorarte, queriendo demostrarte que no eres necesario. Él sabe que sin tus votos no logrará formar un Gobierno estable.

Mariano te necesita, aunque con quien de verdad le gustaría pactar es con el PSOE, porque ya sabe de qué pie cojea. PP y PSOE son cuñas de la misma madera: ninguno quiere hacer reformas de verdad, ninguno quiere limpiar de verdad, porque juntos pactaron el sometimiento de la Justicia a la política, porque fue Rubalcaba quien engordó el monstruo de los Villarejos, y ha sido Fernández Díaz quien ha heredado a los Villarejos y los ha amparado. Las cloacas del Interior son del PSOE y del PP, ambos comparten el mismo modelo de corrupción estructural, y ninguno quiere reformar la ley electoral, ni despolitizar la Justicia, ni molestar al separatismo catalán… De modo que tienes que salir a jugar el partido, Albert. Te hemos votado para que entres en batalla, no para que levantes el campo apenas el enemigo hace acto de presencia. ¿Qué vienen mal dadas? ¡Te aguantas! ¿No eres reformista? Pues venga, a reformar, pero nada de irte a casa porque no te ajuntan. ¿Que Mariano no quiere verte ni en pintura? Es igual. Insiste, porque en caso contrario te va a volver a votar tu prima. Pon la tienda de campaña frente a Moncloa y oblígale a decir que no, que no quiere tus votos, pero que sea él quien rompa.

Los fundadores de Ciudadanos, gente con pedigrí que hoy no desempeña cargo alguno en el partido, acaban de manifestarse en este sentido. Ha sido Félix de Azúa, sin embargo, quien ha puesto voz al sentimiento del grupo: “Las últimas elecciones han cambiado el panorama por completo. Es cierto que la persona de Rajoy sería, en este momento, impresentable en una democracia europea, pero si no hay alternativa hay que aceptarlo. La nuestra es una democracia más próxima a México y Argentina que a Alemania o Francia”. Se impone el pragmatismo, respetar el resultado de las urnas y evitar unas terceras elecciones. Y aprovechar la debilidad de Mariano para obligarle a hacer reformas. Juan Carlos Girauta, portavoz parlamentario de C’s, les ha respondido: “Ciudadanos es un partido en el que ellos no ostentan cargos orgánicos. Yo hablo en el nombre de un partido que ha recibido el mandato de tres millones de personas". Me temo que Girauta no ha entendido ese mandato en absoluto, o simplemente ha tomado el rábano por las hojas.

Inútil 2016: Patxi López
Este año es posible que coincidamos todos en la inutilidad demostrada por la clase política, que ha conducido al país a una parálisis insólita y a las instituciones a una inutilidad manifiesta
Javier Caraballo El Confidencial 30 Junio 2016

¿Conocen la metodología? Bien, es fácil de explicar. En realidad, todo surge de una duda, un remordimiento que aparece cuando llega en esta época del año el momento de pagarle a Hacienda: ¿qué pasa cuando se tiene la certeza de que el dinero que sale de mi bolsillo no va a parar a ninguna mejora, ninguna modernización, ningún derecho, sino que se pierde en el mantenimiento de un inútil, de un aprovechado? Pues la respuesta a esa pregunta es este convencimiento de que en la declaración de la renta tendría que existir una casilla para dedicarle directamente a un inútil público el dinero de nuestro bolsillo, que sabemos que van a despilfarrar. Gastos superfluos, innecesarios, groseros, prescindibles. Inútiles.

Como quiera que para el sostenimiento del sistema es bueno que existan válvulas de escape, desahogos, esta idea de ‘apadrinar’ a un inútil público es un ejercicio muy recomendable; yo lo hago aquí, pero cada cual pueden pensar y elegir a su inútil por su cuenta. ¿Y se consigue algo?, preguntarán. Absolutamente nada, desde luego, porque el despilfarro no va a cambiar. Pero por lo menos queda claro que, como contribuyentes, somos conscientes de lo que ocurre con nuestro dinero y, además, lo señalamos con el dedo. “Este inútil se lleva el dinero que me quitan del bolsillo”. Sirve, en definitiva, para que no nos tomen por lelos. Y, como digo, para equilibrar el sistema.

La adecuada organización de una democracia tiene que incluir, junto a los derechos y libertades constitucionales, un contrapeso de obligaciones de los ciudadanos. Es esencial que esa balanza funcione bien, que ese equilibrio se establezca para que la ciudadanía no sea entendida como algo pasivo sino como un agente activo. Una ciudadanía fuerte en democracia es quizás el ideal que añoramos siempre, porque allí donde se da podemos presumir que el funcionamiento democrático será más completo. Por un lado, si los ciudadanos son conscientes de sus derechos, serán críticos y exigentes con sus gobiernos y, por otro lado, si son conscientes de sus obligaciones, como esta de pagar impuestos, son responsables y comprometidos con el progreso de su país.

Dicho todo esto, este año es posible que coincidamos todos en la inutilidad demostrada por la clase política en su conjunto, que ha conducido al país a una parálisis insólita y a las instituciones a una inutilidad manifiesta. Como se trata de elegir a una sola persona, señalamos como Inútil 2016 a Patxi López, por sí mismo y en representación de todos los demás, por su condición de presidente del Congreso. Por primera vez se han tenido que repetir las elecciones en España y lo que han pasado por alto ha sido el despilfarro que conlleva.

Las preguntas se han quedado en el aire, sin más respuesta que el silencio. ¿Se podrían haber hecho unas elecciones más baratas? Sí, pero no ha ocurrido. ¿Tendrían que haber devuelto los partidos políticos las subvenciones que cobraron por la anterior legislatura? Hubiera sido lo lógico, pero tampoco. A ver, cada vez que se celebran unas elecciones y se constituyen las Cortes Generales, lo que establece la ley es que cada grupo parlamentario reciba 21.167 euros por cada escaño obtenido en el Congreso de los Diputados o en el Senado y algo más de un euro por cada uno de los votos conseguidos. Lo normal será que, tras unas nuevas elecciones, se vuelva a repartir ese dinero. ¿Han renunciado los grupos parlamentarios a una de las dos subvenciones? Que se sepa, no existe ni la intención. ¿Pero no sería lo lógico, habida cuenta de que la legislatura anterior no llegó a ninguna parte? Nadie cobra por un trabajo comprometido y no realizado; solo en política se da esa paradoja, sin necesidad siquiera de entrar en los escándalos periódicos de facturas falsas.

Sucede, además, que todo ello sería disculpable si la causa del bloqueo hubiera sido exógena, pero han sido los propios líderes parlamentarios los que se han cansado de repetir durante seis meses que la nueva convocatoria de elecciones suponía “un fracaso de la clase política”. Fracaso por la complicación extrema a la que se ha llegado en la vida española con la proliferación de vetos y líneas rojas, que han primado sobre el diálogo y el entendimiento. El interés general ha sido suplantado por el interés electoral y partidario. En esto, además, la máxima expresión del cinismo político la ha ostentado, precisamente, el presidente del Congreso, Patxi López.

Dos declaraciones contrapuestas que expresan muy bien esa máxima marxista (de Groucho) cuando mostraba sus principios, pero con la firme determinación de cambiarlos por otros en cuanto fuera necesario. El 27 de diciembre de 2015, es decir, recién celebradas las primeras elecciones, Patxi López, que aún no era presidente del Congreso, dijo: “En los principios del PSOE están las líneas rojas”. Seis meses después, el 2 de junio, afirmó: “En política, la peor palabra que puede haber es esto que hemos dado en llamar líneas rojas”. ¿Cómo es posible que una misma persona sea autora de esas dos frases?

Lo primero, la defensa de las líneas rojas como principios ideológicos del partido en el que milita, lo dijo Patxi López en vísperas de una reunión del comité federal en que el PSOE marcó líneas rojas a izquierda y derecha, lo que hacia imposible cualquier matemática en el Congreso. Lo segundo lo dijo antes de esta última campaña electoral, en la conversación que propició el diario 'El País' entre Patxi López y el rockero Loquillo. Aún añadía más, para congraciarse con todos aunque fuera a costa de sus propias contradicciones: “Los ciudadanos votaron y nos dijeron: queremos una representación plural. Es decir, nos estaban imponiendo una obligación que era la de que pactásemos. Un político no puede decir, 'no, es que os habéis equivocado'. ¡No puede decirlo! Por eso, lo ocurrido yo lo asumo como un fracaso colectivo”.

Pues nada, Patxi López, en correspondencia, ahí va la condecoración: Inútil 2016.

Brexit: relato nacional, casa dividida
La narrativa con que los británicos se describen a sí mismos, como todas, no es real. Sin embargo, ha tenido mucho que ver con el resultado del referéndum sobre la salida de la UE
José Zorrilla El Confidencial 30 Junio 2016

Ha ganado el Brexit. De entre las muchas causas citadas, no he visto a nadie que hable del relato nacional inglés. Los ingleses, como todas las naciones, tienen una narrativa que describe cómo se ven a sí mismos. Obviamente, no es cierta a nivel histórico. Ningún relato nacional lo es. Por eso me parece más lógico hablar de relato funcional y disfuncional. De hecho, una de las causas de la miseria de los países al este del Oder Neisse, según el húngaro Istvan Bibo, son sus fantásticos relatos nacionales.

UK está convencido de que es un país especial, único, excepcional. Para empezar, está convencido de que el mundo empezó con la Revolución Industrial. Cree también que fue el primer país en cruzar el mar tenebroso (léase el Atlántico) y en dar la vuelta al mundo. Para el año 1600, pasados los achares de la conversión al protestantismo, Londres era la ciudad más poblada del mundo e Inglaterra, el país más rico. Nápoles no existe, por lo visto, Potosí tampoco. El siglo XVII olvida la terrorífica crueldad de las guerras civiles parlamentarias, que le costaron a la Royal Navy el ser destruida en el propio Támesis por la Armada holandesa. Para los amantes de la historia, la Armada holandesa fracasó en todos sus intentos de arrebatar territorios a España en esos años e incluso fue expulsada de Brasil por la escuadra de don Fadrique de Toledo (compárese el relato victorioso inglés con el decadentista español).

El XVIII fue un siglo equilibrado. Verdad es que en la Guerra de los Siete Años, Inglaterra venció sin paliativos a la alianza franco-española. Verdad es también que ese siglo terminó con la peor catástrofe de toda la historia inglesa: la pérdida de las colonias americanas.

La gran oportunidad le vino a Inglaterra con la deriva bonapartista de Francia. Ahí sí, tras Waterloo y hasta el Somme, Inglaterra organiza un Imperio sobre bases completamente distintas a las de España y puede enorgullecerse de haber tenido su Siglo de Oro. Pero el sistema dista mucho de ser un constructo moral sólido. Haber hecho la guerra a Rusia cuando intentaba devolver Constantinopla a la cristiandad es un baldón imperdonable. No me digan que era tema olvidado. Tras la Primera Guerra Mundial, se externalizó en Grecia esa misión y fracasó. Jamás he visto a ningún inglés arrepentirse de ese sacrilegio. Vean 'La carga de la brigada ligera', literatura y cine. No solo no hay pesar por lo hecho en Balaclava sino glorificación del evento doblemente lamentable. En lo estratégico, por impedir la cristianización de Constantinopla, y en lo táctico, porque la famosa carga fue un error militar elemental.

Llegamos ahora al núcleo del asunto. La famosa balanza de poder inglesa que curó todo, hasta la gripe. Pregunta inocente. Si la balanza de poder sirvió para que ningún reino europeo fuese mas fuerte que los demás y amenazase la seguridad de Reino Unido, ¿cómo es que no fue capaz de prevenir el ascenso de Alemania?

Primera Guerra Mundial. Inglaterra la gana. Bien: consideren estos hechos. En 1917, John Maynard Keynes, a cargo de la oficina económica del Gobierno de Lloyd George, estaba ya escribiendo el informe en el que recomendaba poner fin a la carnicería. Inglaterra no podía gastar un millón de libras al día. Pero Alemania estaba igual de asfixiada, declaró la guerra total y empezó a hundir todos los barcos que encontraba a su paso. Los EEUU no podían consentir la derrota de los aliados, a los que habían financiado mucho más allá de lo que podrían devolver, entró en guerra y ganó. Inglaterra no pareció entender que no es lo mismo ganar una guerra que formar parte del lado vencedor. Y empieza la decadencia, manifestada sobre todo en su delirante convicción (hija de una 'política Downtown Abbey') de que el enemigo 'existencial' era Stalin y no Hitler. A dónde condujo eso no hace falta recordarlo. Y recordemos también que a Inglaterra no la salvó la propia Inglaterra sino una persona muy especial, despreciada por todos y marginal en la vida política: Sir Winston Churchill. Visto así el tema, Churchill no es muy distinto de De Gaulle y Reino Unido no muy distinto de Francia. Pero el relato no va por ahí. Inglaterra tuvo su 'finest hour' y los 'froggies' demostraron ser una panda de cobardes vendidos.

Llega la posguerra. El racionamiento dura hasta 1953. Se presentan en Londres los europeos de primera generación, todos resistentes, todos gaullistas o antifascistas. Y les ofrecen ser socios fundadores de la CECA. Reino Unido había prometido ya a Roosevelt el fin del Imperio a cambio de la entrada en guerra. Ni modo. La respuesta fue que UK se encontraba más cómodo en su sistema de... ¡preferencias imperiales! Para completar esta locura, se embarca en Suez, de donde lo echan americanos y rusos. Funda la EFTA para hacer la guerra al Continente. Fracasa. Y finalmente presenta su candidatura a la UE sin renunciar a su "relación especial" con los EEUU, que imaginan ser su llave a la grandeza global. Obviamente, hacer siempre lo que te dice otro es la antiestrategia por excelencia. En ello están.

La llegada de la globalización, traída de la mano de la Thatcher, divide al Reino Unido en muchos pobres y pocos ricos, Escocia contra Inglaterra y Londres contra la Inglaterra profunda. Con mi narrativa, lo procedente hubiera sido agarrarse a Europa como un clavo ardiendo. Con la narrativa inglesa al uso, la resaca va en la dirección contraria y surge en Reino Unido lo que nunca ha surgido: el populismo de Nigel Farage. Una parte importante del partido 'tory' hace causa común con él. Para llegar al poder y desactivar la tormenta, Cameron promete un referéndum. No le preocupa demasiado la promesa porque faltan años hasta que llegue al poder. Pero la victoria llega al año siguiente y Cameron se ve obligado a hacer un referéndum, algo que según la tradición política inglesa (Attlee, Thatcher) es "arma de demagogos y tiranos". Y pierde. ¿Les suena esa cadena de acontecimientos? No es la propia de un vencedor secular sino de un país europeo más, pequeño, frágil y, en definitiva, irrelevante.

Espero haber demostrado que el relato nacional triunfalista inglés tiene mucho que ver con esta desgracia. Están convencidos de que hagan lo que hagan saldrá bien, como siempre -ellos creen- ha sido el caso. Y que vale más estar solos que mal acompañados.

Añado, como atenuante, el efecto sorpresa. Es la primera vez que el pueblo inglés no sigue a su élite política. La primera que un 'outsider' como Farage se cuela en la vida política y la altera de esa manera. Y la primera en que la insularidad, en lugar de ser positiva, se ha revelado disfuncional. Todo un terremoto.

No tengo muchas esperanzas de que los ingleses lo vean así. Son testarudos y algo confucianos. Todo lo que pasa es bueno y saldremos adelante de una manera o de otra. Mi visión es algo más crítica. El Reino Unido es ahora mismo una casa dividida. Territorialmente: Escocia, Londres e Irlanda del Norte contra la Inglaterra profunda; espiritualmente, ilustrados y élite contra país real; políticamente, laboristas y 'tories' desventrados en luchas internas; generacionalmente, jóvenes contra viejos. En cuanto al Partido Laborista, ha perdido a la clase obrera, que se ha pasado con armas y bagages a la xenofobia de Farage. Veremos si el Reino Unido subsiste a esas líneas de ruptura o si le espera una implosión demoledora. Mientras tanto, la BBC en bloque, convencida de que si ellos se van, Europa se hunde. En fin, 'good hunting'!

Sintaxis a la europea
Vicente Baquero  www.gaceta.es 30 Junio 2016

Afirmar que: “Con las cosas de comer no se juega” y que “Los experimentos hay que hacerlos con gaseosa y no con champan” parecen ser dos máximas que el señor Cameron no ha entendido en su limitada visión de la realidad, pero por extensión, no parece que los jerarcas de Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo, se den por enterados de que el modelo de Europa que están queriendo diseñar, tampoco se ajusta a la realidad deseada, al menos de momento, por un numeroso grupo de ciudadanos, quizá más numerosos de lo que los medios de comunicación oficiales, políticamente correctos, están dispuestos a admitir, reconocer y a actuar en consecuencia.

¡Gran Bretaña, digamos la verdad (veremos como lo visten) no se va a ir de Europa, simple y llanamente porque no puede, es imposible! Un hombre puede renunciar a su condición, pero no deja de ser lo que es. Entre otras poderosas razones, porque el Reino Unido está y es Europa. ¿Cómo quiera estar en Europa? esa es otra cuestión. A lo largo de la dilatada y compleja historia de Europa, antes, muchísimo antes, de que a nadie se le ocurriera este invento de la UE, no se ha prescindido nunca de su presencia e influencia, porque forma parte consustancial de este continente político, militar y cultural, les guste o no circunstancialmente a una mayoría de ellos o no les guste a los demás europeos… No es un problema de opinión, ni electoralmente medible, aunque al ignorante de Cameron se lo pareció, ¡hay desconocer la historia mucho, para plantear si el Reino Unido es Europa o no! Otra cosa es formalmente como se pertenece a Europa.

Ser europeo es una condición cultural, fruto de la historia, no una alternativa de elección democrática en una generación. No hay más que recorrer los cementerios de Francia, Alemania o Italia para ver las cruces de británicos muertos por causas europeas, desde Crecy, Blenheim, Trafalgar, Waterloo, Normandía, Montecasino y tantos otros lugares donde reposan sus muertos, la mayor afirmación de hermandad que existe es luchar y morir en, por y para, el control de la casa común, una forma, aunque conflictiva, de ver al mundo y nuestra posición en él, compartiendo tumbas entre nosotros mismos, regando con sangre los campos de Europa, desde Narvick a los Dardanelos. ¿Es que alguien puede pensar en una Europa sin los hijos del Reino Unido, nuestra común tradición de filosofía griega, religión cristiana, derecho romano y germánico, la ilustración, la revolución industrial, el sistema parlamentario… ¿Cómo se puede. sin traicionar la esencia de Europa, exilar a Shakespeare, Thomas Moore, Locke, Darwin, Adam Smith, Newton… cultural y anímicamente apartarlos de Copérnico, Cervantes, Lutero, Miguel Angel, Goethe, Dante, Beethoven, Flaubert…? En fin son europeos.

¿Qué va a pasar entonces? Lo que no puede ser, como dicen los castizos, además es imposible, se intentará cubrir con un tupido velo de palabras y retruécanos legales, crear una situación, en que se alcance una fórmula que permita, muy británica por cierto, continuar con el “business as usual”, sin ofender ni al libre ejercicio del derecho a votar de los británicos, ni vulnerando los derechos del conjunto de los europeos, entre otras cosa porque lo contrario no es posible, ni económica, ni militar ni políticamente.

Tendrán sin embargo que plantearse nuestras cúpulas bruselenses, si aceptan esta discrepante realidad europea: ¿Qué clase de Europa quieren y si esta es compatible con el sentir de los diversos pueblos europeos? Quizá haya que reducir esa macrocefalia impersonal comunitaria con miles de funcionarios cuyo “job description” no está claro, incluso, como en el caso español, cuando acaba por convertirse en un cementerio de elefantes, diputados, para políticos locales, con muy poca o ninguna capacidad resolutoria.

¿Están las potencias gubernamentales reales dispuestas a abdicar de su soberanía política y desmontar gran parte de los aparatos políticos nacionales, con los despidos correspondientes a escala local, o habrá que instrumentar un parlamento en que solo están representados los miembros de los gobiernos respectivos, un parlamento de parlamentos, y retirar toda la infraestructura del actual?

Consideremos por un momento la personalidad y relevancia de las distintas naciones europeas: Alemania, Francia, Italia España Gran Bretaña, Centro Europa… no es fácil encajar a tales pesos pesados en un esquema de laboratorio, habrá que ir más despacio, encajándoles con finura y respeto a las tradiciones, respetando su forma de pensamiento y culturas particulares y desde luego no intentando imponer una visión de corrección política. Por ejemplo no se puede demonizar, aunque no estés de acuerdo con lo que dice, al presidente Orban de Hungría, por unas declaraciones, que resulta que luego, una encuesta de “Le Figaro” arrojó el resultado de que más del 80% del pueblo francés estaba de acuerdo él… Europa no es un laboratorio de unos teóricos. El Brexit no es más que el último aldabonazo, que nos señala inequívocamente que hay que cambiar de rumbo, precisamente para fortalecer a la verdadera Europa y no la de los despachos: este aviso no es un hecho aislado, viene tras la negativa, primero holandesa y luego francesa, a la constitución europea… ¿Por qué? No será que no les gustaba…Analicemos por qué a los pueblos no les gustaba ¿Por qué se ha intentado tapar la absoluta discrepancia popular en Europa Central y Alemania con la política migratoria, y a quien estaba en contra se le tachaba de “fascista y xenófobo”?

Parece una broma, que me perdonen los referidos, pero el que al frente de tan “poderoso continente” tengamos, con todos los respetos hacia sus personas, a un Juncker o a un Barroso… ¿No nos parece, cuanto menos extraño, que al frente de semejante acorazado, tengamos a individuos que provienen de pequeños reductos provincianos comparados con la superestructura europea, tan compleja y potente? Personas que obviamente carecen de la fuerza que da el peso específico de ser primeras espadas de alguna de las grandes naciones.

Políticos de peso que puedan impulsar cambios sin tener que estar permanentemente consultando a sus “mayores”.

La generación que padeció las dos últimas guerras europeas, ya ha pasado prácticamente a mejor vida, los jóvenes se olvidan e ignoran el pasado, aun el inmediato, la principal razón por la que tal unión e ideal se propuso, y gozo del beneplácito universal, donde quiera que se encontraran, fue el evitar conflictos como los anteriores. Hoy, unas nuevas generaciones, -cuando falsamente impera el convencimiento que la paz entre naciones europeas es gratuita - no se lo plantean, y se cuestionan extremos que tras aquel infierno nadie hubiera dudado en sacrificar a cambio de la paz.

Es un desafío el que se le plantea a nuestros gobernantes, avisos que deberían darnos motivos para ahondar en las esencias, y no perder el tiempo en intentar frívolamente plantear un modelo de Europa que carezca de los valores propios de la “Europeidad”, la de verdad, aunque de momento no nos dejemos engañar por tantas palabras altisonantes y teatro, ese es el mundo de los políticos, y no lo digo con censura, es normal que sea así, vende titulares, la realidad: Ese “inglés” de toda la vida, le seguiremos viendo por aquí…

Sorprendente caja de Pandora británica
ARACELI MANGAS El Mundo 30 Junio 2016

La decisión de una mayoría nada holgada del pueblo británico va a abrir una caja de Pandora. De momento, los daños son astronómicos en términos económico-financieros. La incertidumbre del resto de daños, fundamentalmente, ligados a la eventual desestabilización de Europa son incalculables. Todo Estado, incluso los Estados más fuertes y organizados de Europa, son estructuras sensibles que se pueden desvencijar por movimientos populistas; desestabilizar y desorganizar un Estado es posible cuando la carcoma del nacionalismo y populismo anida en su interior y en los últimos años ha ido en aumento junto a la falta de confianza en la democracia. Al menos en España es el primer país europeo que logra frenar el populismo extremista. Buena noticia en este marasmo angustioso.

El lenguaje adecuado y los procedimientos forman parte de la pedagogía de la integración, de la civilización. Y no hemos sabido decir a los británicos, menos aún sus partidos políticos y los medios de comunicación ni se escuchó la voz del Parlamento Europeo, que los nacionales de los Estados miembros que se desplazan dentro de la Unión no son migrantes. Tienen un derecho de libre circulación y residencia similar a los propios británicos dentro de su territorio; que compartimos ciudadanía de la Unión, como lo son los británicos que viven entre nosotros, en espacial en España. Y aunque hubiera una minoría que hace turismo de bienestar a la caza de ayudas no contributivas, la inmensa mayoría de ciudadanos de la UE de diferentes Estados miembros han contribuido a la riqueza del Reino Unido.

Por ello, todos los ciudadanos de la UE desplazados al Reino Unido y que hayan adquirido el derecho de residencia nada deben temer, incluido su derecho a trabajar o mantener sus negocios; lo mismo los ciudadanos británicos que la hayan adquirido en España o cualquier otro Estado miembro. El Convenio de Viena sobre el derecho de los tratados garantiza el respeto a los derechos adquiridos durante la vigencia de un tratado, y tras su expiración a permanecer y trabajar en esas condiciones, limitados los derechos al Estado de residencia.

También el Gobierno y los partidos políticos británicos debieron haber abierto los ojos a sus conciudadanos de las consecuencias para su propia unidad nacional. La irresponsabilidad de Cameron y del Partido Conservador, junto a la cobardía del líder laborista, es descomunal al haber puesto en almoneda a su propio Estado, primero con el referéndum escocés y, luego, con el de retirada de la UE. La mayor herida autoinflingida por el propio Gobierno británico pasará a la historia del Reino Unido y Europa.

Cuando Escocia planteó la independencia, la seguridad de que la independencia les dejaba fuera de la, a pesar de todo, confortable casa común europea, pesó decisivamente en el referéndum escocés adverso a la independencia. Tiene bastante razón política la primera ministra de Escocia al pedir un nuevo referéndum.

Lo que no es aceptable bajo ningún concepto, ni jurídico ni político, es que Escocia intente negociar o contactar ahora con los Estados miembros o las instituciones de la Unión. Sería un error de incalculables consecuencias para la UE y los Estados miembros. No desatemos, además, la bolsa de los vientos maléficos, como en el Ulises de Joyce.

Las reglas son para todas las regiones o partes de un Estado. Para todas. Escocia sólo podrá solicitar el ingreso en la Unión, y acercarse a ésta y a sus Estados miembros con ese fin, cuando haya consumado un largo proceso. Primero, tiene que dejar de ser miembro de la UE el propio Reino Unido y, por lo pronto, esto llevará meses o años, a lo sumo de forma regular dos desde la notificación oficial de retirada. Hasta entonces, ni agua a Escocia. Nadie en la UE debe caer en esa trampa, España menos.

Que Escocia quiera acelerar o llevar en paralelo su proceso de referéndum para la independencia, eso es un asunto interno, sin ningún tipo de acción desleal por parte de los Estados miembros, menos aun España, ni de las instituciones europeas. Cuando lo haya consumado, con los deberes internos cumplidos en el Reino Unido, entonces será bienvenido.

Como casi todos vivimos bajo el shock del resultado del referéndum británico, en Gibraltar han perdido la cabeza. Podría dar para otra tribuna. Gibraltar quiere dejar de ser inglés. Gran noticia. Pero calma. Después de 312 años de dominio inglés, ahora quieren pasar a dominio escocés. ¿Cuándo? ¿Antes o después de lograda la independencia de Escocia? Siguiendo con la broma, este mar de angustia tiene mucha relevancia a la luz de la última cláusula del Tratado de Utrecht.

Esa petición de Gibraltar está bien pensada, con picardía; y mucha ingeniería jurídica. No tiene fundamento jurídico, pero no está hecha en el aire.

Para ejecutar una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (asunto Matthew, 1999) hubo que habilitar que los ciudadanos gibraltareños pudieran votar en las elecciones al Parlamento británico. Para ello se construyó la ficción jurídica -nada extraña en el derecho electoral y lo hacemos con los residentes en el extranjero- de adscribir a los ciudadanos gibraltareños a una circunscripción municipal de Gales o Inglaterra. Así lo hizo mediante ley el Parlamento británico en 2003 y los votos de los gibraltareños se añaden a los de un municipio del suroeste de Inglaterra. Claro, como es habitual, para fastidiar siempre a España (y hacer que nuestro mal reviva, "por que mis hijos llore y los cuente cada un día, sus hombres a mis ventanas las siete piedras me tiran", Romance de los siete infantes de Lara), el Reino Unido extendió el derecho de votos a todos los nacionales de la Commonwealth. Ahora todos ellos quieren que les desenganchen y sean transferidos a Escocia. Ingenio. Repito, picardía, que no viene de Picardo.

Alguien no se ha querido enterar que una cosa es la adscripción del electorado a una circunscripción electoral y otra el derecho de representación del territorio de Gibraltar. Además de que esa adscripción es a efectos de las elecciones al Parlamento europeo. Los territorios no están representados en el Parlamento europeo, sino las personas, los ciudadanos de los Estados miembros. Se resolvió con aquel enganche a un municipio inglés para habilitar el voto, pero no forma parte de Inglaterra. Ni podrá formar parte de Escocia. Su potencia administradora es Reino Unido y el traspaso a un tercero (Escocia) requiere el consentimiento de España. Gibraltar está sujeto a un estatuto jurídico internacional territorial especial distinto al de la metrópoli que lo administra.

Gibraltar está angustiado. No es el único en el planeta Tierra. Y como no hay mal que por bien no venga, aprovechemos la nueva etapa para negociar y llegar a un acuerdo razonable. No hay que asaltar los cielos, sólo lo razonable.

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España.

Las mentiras del Brexit
Alvaro AnchueloRepublica.com 30 Junio 2016

Que una decisión sea democrática no implica que sea necesariamente acertada. La victoria del Brexit en el referéndum británico proporciona un claro ejemplo de esta obviedad, que con frecuencia se olvida o se considera políticamente incorrecta. La segunda economía de la Unión Europea, en pleno crecimiento económico, superados los peores efectos de la crisis, ha tomado una decisión absurda. Todo comenzó cuando el nefasto e irresponsable David Cameron, incorregible aficionado a la ruleta rusa, prometió realizar un referéndum, con el único fin de apaciguar las divisiones internas de su propio partido. A partir de entonces, la letal combinación de políticos demagogos ansiosos de poder (como el histriónico Boris Johnson, el Trump isleño), tabloides sensacionalistas y bajos instintos xenófobos de la Inglaterra profunda, desataron una dinámica que ha terminado devorando a sus propios creadores.

Lo peor es que la campaña del Brexit estaba basada en flagrantes mentiras, que están siendo rápidamente desenmascaradas. Sus promotores la han centrado en las siguientes supuestas ventajas: controlar los flujos migratorios para reducir los insoportables costes que provocan, ahorrarse las enormes cantidades que se aportan al presupuesto comunitario (que podrán utilizarse para mejorar los servicios sanitarios) y recuperar soberanía legislativa. Todo ello, sin dejar de acceder al Mercado Único europeo, claro. Este relato está plagado de todo tipo de falsedades y contradicciones.

La inmigración que recibe el Reino Unido debería verse como la consecuencia de una historia de éxito. La prosperidad que ha logrado como miembro de la Unión (en la que se había forjado un lugar singular, participando solo en aquellas nuevas políticas comunes que ha querido) funciona como imán para la atracción de inmigrantes, principalmente del Este y del Sur de Europa. Esta inmigración europea no impide que los nativos logren empleos, como prueba el casi inexistente paro (del 5%).

Al contrario, la inmigración se compone en buena parte de personas cualificadas, a menudo jóvenes, cuyos servicios la economía británica necesita. Estos efectos positivos se olvidan, centrando toda la atención en algunos efectos negativos que otro segmento de la inmigración tiene sobre los salarios de los trabajadores poco cualificados o en unos supuestos perjuicios para el Estado de Bienestar (que no están nada claros, pues los trabajadores extranjeros puede que aporten a éste en conjunto más de lo que reciben).

Si no es verdad que la inmigración sea el gran problema nacional que se ha dibujado, tampoco lo es que ahora vaya a ser fácil regularla. El grado de control que logre el Reino Unido dependerá del tipo de nueva relación que establezca con la Unión Europea. Posibles modelos, como el de Noruega o Suiza, requieren respetar el principio de libre circulación de las personas. De hecho, en estos países el número de inmigrantes provenientes de la Unión Europea respecto al total de habitantes es superior al británico. Si el Reino Unido quiere seguir accediendo al Mercado Único, deberá recordar que la libre movilidad de las personas es uno de sus componentes esenciales (junto a la de bienes, servicios y capitales).

En cuanto al supuesto expolio presupuestario, el presupuesto común de la Unión Europea es en realidad muy pequeño: su gasto total equivale a alrededor del 1% del PIB de la Unión. A lo que el Reino Unido aporta, hay que restarle lo que recibe en forma de fondos agrarios y regionales (sobre todo en las regiones no inglesas, Escocia, Gales e Irlanda del Norte). Además, otro de los favorables y únicos acuerdos logrado por el Reino Unido es el llamado “cheque británico”, por el que se le devuelven 2/3 del saldo neto negativo resultante. Hechos estos ajustes, la cifra que queda equivale aproximadamente el 0.3% del PIB (es decir, a la tercera parte de un uno por ciento del PIB) ¡No parece para tanto! Para remate, según la fórmula de colaboración que negocie el Reino Unido en el futuro, podría tener que seguir contribuyendo al presupuesto común, como hace Noruega. Además, parte de los supuestos ahorros no serán tales, pues la administración británica tendrá que desempeñar las funciones de las que ahora se ocupa la vilipendiada pero eficiente administración comunitaria.

Respecto a la recuperación de la soberanía legislativa y el acceso al Mercado Único, la enorme contradicción reside en que no es posible tener las dos cosas al mismo tiempo: cuanto mayor sea su acceso al Mercado Único, mayores serán las condiciones para que los británicos cumplan las normas comunitarias, de forma que compitan en igualdad de condiciones y respeten los estándares europeos. Los ejemplos de Noruega y Suiza lo demuestran. Eso sí, a partir de ahora, el Reino Unido tendrá que cumplir unas normas en cuya formulación no habrá participado ¡Curiosa forma de ganar soberanía!

Más cercano a la verdad ha terminado siendo lo que los partidarios del Brexit negaban y ridiculizaban como “el Proyecto del Miedo”. El triunfo del Brexit ha desatado inmediatamente el caos. No se sabe cuáles serán los acuerdos futuros con la Unión Europea, incluyendo los relativos a la City. Lo que sí se sabe es que la Unión Europea tendrá incentivos a la dureza en la negociación, para evitar que el caso británico se convierta en un precedente que otros países miembros se planteen imitar en el futuro. El Primer Ministro ha anunciado su dimisión para dentro de unos meses; el líder de la oposición está cuestionado; las tensiones independentistas en Escocia e Irlanda del Norte se han reavivado. En los mercados financieros, la libra se ha hundido a mínimos de treinta años, la Bolsa se ha desplomado, las agencias de calificación anuncian revisiones a la baja del rating…

No deja de resultar irónico que los británicos, padres de la democracia representativa, hayan sucumbido a los defectos de la democracia directa. Los demás europeos deberíamos tomar nota. Inglaterra ha vuelto a dar un ejemplo al mundo, como tantas veces en su Historia, pero en esta ocasión de insensatez.

Los terrorismos se ceban en Turquía
José Javaloyes Republica.com 30 Junio 2016

En el ápice mismo de la temporada turística, el terrorismo se viene a cebar en Turquía. Ayer, nuevamente por Estambul, en su aeropuerto “Ataturk, primer portal del país para los millones de visitantes que nutren su principal recurso económico. Las 41 muertes y los 239 heridos causados por el ataque, constituyen un balance de catástrofe pocas veces superado en el escenario europeo de estos últimos años a cuenta del terrorismo yihadista. Aunque en este caso concurre el hecho diferencial del doble origen del terrorismo que se ha venido a cebar en el caso turco. Lo mismo que el país está bañado por dos mares, el Mediterráneo y el Mar Negro, con las aguas confluentes del Mar de Mármara y el Mar de Azof, Turquía soporta el embate del llamado Estado Islámico y el del Partido de los Trabajadores del Kurdistán.

Su trata de un dato de complejidad que singulariza y agrava en medida muy preocupante el peso muerto de los problemas políticos resultantes de las medidas de reajuste del modelo político en que está empeñado el presidente Erdogan, tanto por los componentes muy presidencialistas del modelo de cambio en que éste se empeña. Y a lo que se debe sumar una reislamización del régimen y la sociedad turca más propio del tiempo del Imperio Otomano que de la república laica establecida por el jefe militar, Kemal Ataturk. Que es el nombre del jefe militar que secularizó al país, refundó su patriotismo conforme el tiempo de transición hacia los fascismos y al que una parte significativa de la población, recuerda por algo más que por el hecho de nominar el aeropuerto atacado por los terroristas en la noche del pasado martes.

Cabe entender que mientras el terrorismo yihadista del Estado Islámico había mantenido las manos fuera de Turquía hasta que no había cristalizado la alianza militar occidental contra el mismo, recordando entonces que Turquía pertenece a la OTAN, el terrorismo de la guerrilla kurda tiene una presencia sostenida desde que Erdogan tomó el rumbo de resolver con la represión armada el problema sobrevenido con el fracaso de la vía política para reencauzar un asunto que tiene sus raíces en el aborto del Estado que la Conferencia de París, al cabo de la Primera Guerra Mundial –perdida por Alemania y el Imperio Otomano –, acordó para el entero Kurdistán. Y que fue utilizado para la creación de Iraq cuando afloró el petróleo en Mosul.

SEGÚN AMNISTÍA Y HRW
'Arabia Saudí debe ser expulsada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU'
La Asamblea General otorgó este cargo a un país que en 2015 batió su propio récord de ejecuciones públicas. La aplicación de la sharia es similar a la del Estado Islámico en los territorios dominados en Siria e Irak.
Gaceta.es 30 Junio 2016

Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) pidieron a la ONU que suspenda la participación de Arabia Saudí en el Consejo de Derechos Humanos en respuesta a las "violaciones graves y sistemáticas" que ha cometido tanto en Yemen como en su propio territorio.

En una carta, las dos organizaciones de defensa de los Derechos Humanos instan a la Asamblea General de Naciones Unidas a actuar y excluir al país de ese órgano hasta que detenga los ataques ilegales en Yemen y se lleven a cabo investigaciones creíbles.

Para suspender a un miembro del Consejo de Derechos Humanos son necesarios los votos de dos tercios de los estados miembros de la Asamblea.

El único precedente de esta medida fue la suspensión en 2011 de Libia, en plena guerra en el país.

"Arabia Saudí ha acumulado un historial lamentable de violaciones en Yemen mientras es miembro del Consejo de Derechos Humanos y ha dañado la credibilidad del órgano con sus tácticas intimidatorias para evitar rendir cuentas", señala el subdirector de HRW, Philippe Bolopion.

Entre otras cosas, HRW y AI apuntan a las presiones ejercidas por Riad para lograr que la ONU eliminase a la coalición árabe que actúa en Yemen de una "lista negra" de fuerzas que violan los derechos de los niños o sus maniobras para frenar una resolución que pedía una investigación internacional sobre la guerra en Yemen.

"Arabia Saudí ha utilizado su presencia (en el Consejo de Derechos Humanos) para protegerse del escrutinio", criticó el director de Derecho Internacional de AI, Tawanda Mutasah, en una conferencia de prensa.

Las ONG explican que, entre otras violaciones, han documentado en Yemen al menos 69 ataques aéreos indiscriminados por parte de la coalición árabe, que en algunos casos supondrían "crímenes de guerra".

También denuncian bombardeos deliberados de hospitales, el uso de bombas de racimo y el bloqueo del suministro de alimentos para la población.
Las atrocidades saudís, al descubierto

Qué decir del impactante documental publicado en el Reino Unido que revela la brutalidad espeluznante de la vida cotidiana en Arabia Saudí. En las imágenes difundidas por el periódico 'Daily Mail' se puede apreciar el momento de la ejecución por decapitación de una mujer en plena calle y se ven cinco cuerpos decapitados que cuelgan de dos grúas a la vista de todos.

UNA JUEZA DEL S.XX EN PLENO S.XXI
Carmena sigue sin enterarse de que el Alcázar no se rindió
El Ayuntamiento de Madrid retira la mención de Hijo Predilecto al general Moscardó, Arias Navarro, Pilar Primo de Rivera y otras doce personas e instituciones.
Juan E. Pflüger  www.gaceta.es 30 Junio 2016

Además del general José Moscardó, que siendo coronel defendió el Alcázar de Toledo durante más de dos meses infringiendo una derrota moral a las tropas del Frente Popular, el exalcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro y otras seis personas han sido juzgadas como no merecedoras de la distinción de Hijo Predilecto de Madrid por el Consistorio que preside la exjuez Manuela Carmena.

Una decisión que coincide con la ofensiva en las redes sociales de los seguidores de Podemos que ante lo que consideran unos resultados escasos, es decir, ante la imposibilidad de formar Gobierno, no han dudado en arremeter contra los “putos viejos fachas” al considerar que son el semillero del voto del PP. Curiosamente la alcaldesa de Madrid tiene 72 años, más que la media de los votantes a los que sus seguidores critican.

Esta decisión del Ayuntamiento reabre nuevamente el guerracivilismo amparándose en una Ley de Memoria Histórica revanchista. Otra muestra más de que el Ayuntamiento de Madrid, y en general la izquierda española, pretenden cambiar el resultado de una guerra que terminó hace casi ochenta años. Esta medida parece olvidar que el Alcázar no se rindió y que aguantó el asedio por tierra y aire del Ejército republicano que se mostró incapaz de someterlo.

El caso de Arias Navarro es también llamativo. Además de tener méritos suficientes para ser Hijo Predilecto del municipio del que fue alcalde durante ocho años, no valoró ideológicamente a las personas a las que designaba para cargos de responsabilidad. Caso más que significativo es el de Juan Luis Cebrián, periodista al que Arias nombró jefe de informativos de Televisión Española.

Además de al general Moscardó y Arias Navarro, se retira la distinción a Blas Pérez González (fiscal y presidente del Tribunal Supremo que colaboró con la sublevación militar), Leopoldo Eijo y Garay (obispo que participó en tareas políticas), Pilar Primo de Rivera (jefa de la Sección Femenina de Falange Española), Agustín Muñoz Grandes (militar que colaboró y participó en la sublevación militar y que fue posteriormente jefe de la División Azul), José Finat y Escrivá de Romaní (embajador de España en la Alemania nazi y exalcalde de Madrid) y Camilo Alonso Vega (militar que participó en la sublevación y posteriormente ministro).

El pleno del Ayuntamiento ha retirado también la medalla de oro de la ciudad a cinco entidades: la bandera de la 1ª Línea de la Vieja Guardia de Falange Española Tradicionalista y de las JONS de Madrid, la Delegación Provincial de Sindicatos de Madrid (el sindicato vertical), la escuadra de Caza García Morato (una unidad militar aérea del bando sublevado que se convirtió en una de las más famosas de la Aviación Nacional), la Organización Juvenil de Madrid (OJE), y la Delegación Nacional de la Sección Femenina (dedicada a la formación social, cultural y política de la mujer española).


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La hipocresía del independentismo con la corrupción
EDITORIAL El Mundo 30 Junio 2016

El Parlamento catalán destituyó ayer a Daniel de Alfonso como director de la Oficina Antifraude por un "un grave incumplimiento de sus deberes y obligaciones", tras la divulgación de sus conversaciones con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en las que abordan presuntos casos de corrupción para incriminar a adversarios políticos. La decisión fue respaldada por todos los grupos de la Cámara catalana, excepto el PP.

En este periódico ya señalamos la imprudencia tanto de Fernández Díaz como del propio De Alfonso a la hora de incurrir en una conducta a todas luces inapropiada para ambos cargos. Sin embargo, ello no es óbice para subrayar el carácter ilegal de las escuchas practicadas en el despacho oficial de Interior, en la medida que violan un elemental principio de confidencialidad. La cuestión es que, tal como era previsible, las fuerzas independentistas han aprovechado este episodio no sólo para intentar dañar las aspiraciones electorales del PP, sino para volver a parapetarse en el victimismo. Lo primero no lo lograron, en la medida que la lista de los populares por Barcelona, encabezada por Fernández Díaz, mejoró sus resultados en las generales del domingo. Lo segundo tiene como único objetivo presentar a los políticos catalanes como mártires de las cloacas del Estado, una auténtica burla a los ciudadanos teniendo en cuenta el historial de escándalos que lastran la política catalana desde hace varios años.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pidió acelerar el proceso soberanista en Cataluña y tachó de "antisistema" a Fernández Díaz. En la misma línea se manifestaron los portavoces de Junts pel Sí, la coalición de CDC y ERC. Ciertamente, resulta inadmisible la hipocresía del soberanismo catalán, máxime teniendo en cuenta que las acusaciones al Estado proceden de un partido, Convergència, hundido en el fango de las prácticas irregulares después de más de tres décadas de poder omnímodo en Cataluña.

Jordi Pujol, ex presidente de CDC, confesó en julio de 2014 que había tenido dinero oculto a Hacienda en Andorra desde hacía más de 30 años. Después se supo que el padre político de Artur Mas evadió impuestos durante 23 años al trasladar su fortuna familiar a Suiza. El propio Pujol tiene a todos los miembros de su familia imputados en casos de corrupción de distinta naturaleza. A ello hay que sumar el escándalo de las comisiones ilegales del 3%, que salpica varias tramas como la de las ITV, Pretoria o el caso Palau, además del embargo de 15 locales de Convergència, incluida su sede central. A la vista de la larga lista de sumarios, parece evidente que el pretendido oasis catalán era, en realidad, una sima de putrefacción.

En este contexto, situar el foco en el Estado español para tratar de tapar su propia responsabilidad supone un irresponsable ejercicio de cinismo por parte de Convergència y el resto de formaciones independentistas. Carme Forcadell afirmó ayer que la Cámara catalana "será implacable ante conductas negligentes" como las de Daniel de Alfonso. Lo que debería garantizar la presidenta del Parlament es que el sustituto de De Alfonso cumpla con sus obligaciones al frente de la Oficina Antifraude y que su actuación sea implacable en la persecución del fraude y la corrupción en Cataluña. Porque, a la vista de los antecedentes, trabajo no le faltará.

Por qué sale gratis la corrupción
Fernando Onega La Voz 30 Junio 2016

Si hay una comunidad autónoma donde la noticia constante del Partido Popular ha sido la corrupción, esa comunidad es la valenciana. No hubo día que no estuviese infestado por grabaciones escandalosas, personajes pringados en negocios turbios, complicidades entre empresarios y corporaciones municipales y un largo etcétera que llenó cientos de programas de televisión y miles de páginas impresas. Sin embargo, llegaron las elecciones del 26 de junio, el pueblo valenciano olvidó y proclamó ganador al Partido Popular, por encima de Compromís, que era todavía la novedad, representaba la exigencia ética y estaba inmaculado por su falta de poder político anterior.

Otra comunidad donde hubo casos de corrupción para llenar un tren es Galicia. Las investigaciones descubrieron una corrupción transversal, con políticos locales del PP y del PSdeG implicados en los mismos casos. Y fueron especialmente notables en el Partido Socialista, que se quedó huérfano de líderes y sin candidato a la presidencia de la Xunta. Nadie se podía imaginar un peor escenario electoral. Sin embargo, en lo que afecta al PP, el voto fue claramente suyo, le renovó la confianza y anunció que el señor Núñez Feijoo puede renovar su mayoría absoluta. En lo que afecta al Partido Socialista, el prodigio ha sido relativamente mayor. Humillado y con presencia habitual en los juzgados, consiguió el sorpasso, volvió a ser la segunda fuerza regional y dejó a las Mareas en tercer lugar.

En Madrid hubo de todo. Hubo la Gürtel, que salpicó a las estructuras regionales, locales y alguna estatal del PP. Siguió la Púnica, que contaminó lo que Gürtel había dejado sin mancha. Hubo los pagos en negro de la reforma de la sede, los episodios de los ordenadores, los millones de Bárcenas. ¿Y qué ocurrió? Que la Comunidad de Madrid tiene 179 municipios y el PP ganó en 170, que se dice pronto; que en la capital la barrida del PP fue tal, que Esperanza Aguirre insinuó que Manuela Carmena tendría que dimitir. Y así, en el conjunto del país. Solo el PSOE perdió en Andalucía, donde hubo corrupción hasta institucionalizada, dos expresidentes estaban procesados y aun así ganó en tres provincias. Pero el resumen es: todos los partidos se habían conjurado para definir al PP como «el partido de la corrupción», y el mapa de España amaneció el día 27 teñido de azul PP.

Y ante ello, la pregunta eterna: ¿es que la corrupción sale gratis? En algunas regiones, sin duda. En el conjunto de España, quizá sea el motivo por el que se le retira a Rajoy la mayoría absoluta; pero la impresión es doble: o no hay un partido mejor, o la sociedad sigue perdonando los latrocinios. No sé qué dictamen es más deprimente. No sé qué diagnóstico es peor.

Justicia VIP para Mas
Pablo Planas Libertad Digital 30 Junio 2016

El truco consiste en imputarle los delitos de desobediencia y prevaricación pero eximirle de la malversación de caudales públicos.

Para entender el colosal cinismo de Artur Mas, conviene advertir que cuando habla de las cloacas del Estado en torno al referéndum 9-N incluye también al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y al magistrado que ha redactado una benévola resolución por la que se enfrenta, ojo, a sentarse en un banquillo en el que no cabe su ego. El truco consiste en imputarle los delitos de desobediencia y prevaricación pero eximirle de la malversación de caudales públicos, como si la fiesta, que costó un congo, la hubiera pagado el propio Mas de su bolsillo.

Va a ser que no, pero, como el diablo está en los detalles, la malversación hubiera implicado el riesgo de ir a parar a la trena entre dos y seis años, mientras que ahora sólo afronta la dicha incapacitación para cargo público. Tampoco es para tanto, dado que a Mas lo inhabilitaron por activa la cupera Anna Gabriel y por pasiva el tres por ciento y la corte de ineptos políticos que pululan a su alrededor y encabeza Francesc Homs.

El juez, al que Convergencia presenta como un lacayo siniestro de Jorge Fernández Díaz y la justicia franquista, un complotado contra el noble ideal de la república catalana, un conjurado malandrín, es Joan Manuel Abril Campoy, catedrático de Derecho Civil cuyo perfil resulta absolutamente idóneo no sólo para el cargo de magistrado del TSJC sino para el propio Mas. ¿Cómo es posible?

A saber: Abril Campoy fue designado a propuesta de CiU, PSC, Iniciativa per Catalunya (ahora En Comú Podem) y ERC allá por 2008. El PP, ahí, ni arte ni parte. En segundo lugar, tuvo los bemoles de llamar a declarar a Mas por el caso 9-N el 15 de octubre del año pasado, momento en el que la presión de Junts pel Sí sobre la CUP para que aceptara a Mas como animal de compañía era máxima. Y no sólo eso. La fecha escogida coincidía con el 75 aniversario del fusilamiento de Lluís Companys. Vaya casualidad. Además, el TSJC permitió que los alcaldes separatistas y la corte estelada del rey Artur se manifestaran a las puertas del edificio judicial con total impunidad y gran despliegue de medios, públicos, claro está: Radio Tirana (Catalunya Ràdio) y TV3%, la televisión del conducator catalán.

Aún hay más. Abril Campoy no sólo es magistrado del TSJC, sino que preside el Tribunal Superior de Justicia de Andorra y por añadidura la Sala de lo Civil del mismo tribunal. Sí, Andorra, donde los ahorrillos del abuelo de Pujol padre, su señora Ferrusola y toda la prole.

Ese es el señor Abril, dilecto representante de la cloaca española contra la que claman los separatas, presuntas víctimas de una supuesta conspiración fascista. Una de las últimas ponencias conocidas del catedrático versa sobre la "violencia doméstica y de género". La próxima podría aludir al ensañamiento contra los principios elementales de la Justicia.

Posdata: Mas también nombró al exjefe de la Oficina Antifraude (juas, juas) Daniel de Alfonso, que a su vez nombró a la abogada Maite Masià, que había concedido unos cuantos contratos a dedo a la familia Sumarroca (íntimos de los Pujol) cuando dirigía el Instituto Catalán de Energía de la consejería de chanchullos de la Generalidad. ¿Cloacas? ¿Qué cloacas?
 


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