AGLI Recortes de Prensa   Domingo 3 Julio  2016

Rajoy-Hirst
Pedro J. Ramírez El Espanol 3 Julio 2016

Veinticuatro millones de españoles acudieron a votar el pasado domingo bajo la coacción de unas inquietantes encuestas que, en sintonía con los principales programas de las televisiones -sector regulado por el Gobierno-, pronosticaban un imparable ascenso de la coalición entre Podemos y los comunistas de IU. ¿Cuántos cambiaron su voto en función de ese inminente peligro que pareció materializarse cuando a las ocho de la tarde TVE difundió una encuesta a pie de urna que poco menos que convertía a Pablo Iglesias, con su resentimiento y su coleta, en virtual presidente de una coalición de izquierdas con amplia mayoría parlamentaria?

Por si esta monumental manipulación fuera pequeña, más o menos la mitad de esos votantes que han invertido en bolsa o conocen a un familiar, amigo o vecino que lo ha hecho, depositaron su papeleta bajo el shock de que al cierre del viernes, sus ahorros habían menguado más de un 12% en una sola sesión por culpa del brexit. ¿Ocurriría otro tanto el lunes?, ¿hasta dónde se hundirían los bancos?, ¿estarían seguros sus depósitos?

O sea que Mariano Rajoy no sólo había contado con la materia prima y los resortes mediáticos y demoscópicos para "construir al enemigo" que le permitiera movilizar el voto del miedo, sino que en el último momento, en las horas decisivas, se encontró con un alado cisne negro, tan dramáticamente inesperado como coyunturalmente perfecto, que le elevó en su grupa hacia el cielo del escrutinio. Sólo el 11-M había interferido de forma equivalente en la recta final de una campaña electoral.

Cuando se contaron los votos el resultado desmintió de forma lo suficientemente rotunda a las encuestas como para que la oposición promueva en el nuevo parlamento una comisión de investigación o estudio sobre sus técnicas y prácticas. En España no ha habido un "pucherazo" pero sí un "encuestazo", favorecido por el panurgismo de un sector en el que sus principales actores están en permanente contacto para diluir el margen de error de uno en el de todos. Es un ámbito en el que no faltan los buenos profesionales pero las posibilidades de manipulación del proceso democrático a través de un grupo de pequeñas empresas que, a menudo tienen a los propios partidos como clientes y a veces dependen de contratos con grandes compañías que se juegan mucho en el envite, son reales y deberían ser analizadas con rigor.

El encuestazo más el brexit determinaron, a mi entender, el desenlace del 26J. Pero a pesar de que el PP mejoró todas las previsiones, sus resultados fueron los segundos peores que la lista más votada ha obtenido en las trece elecciones generales celebradas desde el 77. De hecho Rajoy sólo logró recuperar 14 de los 63 escaños perdidos en su batacazo histórico de diciembre, respecto a la mayoría absoluta del 2011. Ni siquiera una excepcional e irrepetible conjunción de circunstancias favorables le acercó a números que garanticen la gobernabilidad.

¿Por qué razón entonces el balcón de la calle Génova sirvió de epicentro a un huracán de extravagante euforia incontrolada que todavía peina los fértiles campos del atolondramiento y la sumisión mediática? En parte porque es indiscutible que Rajoy y los suyos lograron invertir la tendencia bajista que les hundía elección tras elección; en parte porque tampoco tiene vuelta de hoja que la formación de un gobierno alternativo al PP es ahora mucho más difícil que en la legislatura abortada; pero sobre todo porque los ganadores están gestionando con gran habilidad la distancia entre la realidad y las expectativas, de forma mimética, aunque inversa, a lo que conocemos como el "síndrome de Muskie".

Debemos remontarnos a la primarias del 72 para recordar la breve campaña del senador Edmund Muskie en pos de la nominación demócrata. Cuando las encuestas pronosticaban que lograría en New Hampshire más del 50% de los votos y después de una serie de polémicas sobre su supuesta xenofobia y la relación de su mujer con la bebida, ganó con "sólo" un 46,4% y "sólo" nueve puntos de ventaja sobre George McGovern. Tanto él como su equipo lo interiorizaron como un fracaso y, apenas un mes después, bastó el primer revés en Massachussets para que decidiera abandonar la pugna.

De igual manera que hubo quienes lograron convencer a Muskie de que con el 46,4% de los votos no tenía la legitimidad suficiente para aspirar a la presidencia, hay ahora quienes intentan convencer a los españoles de que Rajoy es el único legitimado para gobernar porque ha obtenido el 33,03%. Y, a mayor abundamiento, reclaman que el PSOE y Ciudadanos accedan a investirle presidente cuando sólo recibieron vejaciones y desprecio de su parte al presentar la candidatura de Sánchez con el respaldo del 35,94% del electorado.

Tan subjetivo es este síndrome que mientras Ana Botella y Aznar se fueron llorando a su casa en el 96 cuando el PP rozó el 39%, cosechando 9.700.000 votos y 156 escaños, Viri y Mariano parecían al borde de la apoplejía en el mismo balcón de la calle Génova con seis puntos, dos millones de votos y 19 escaños menos. Y no se diga que ahora hemos pasado del bipartidismo a un sistema de cuatro partidos porque la UCD, el Partido Reformista, el CDS, la Unión Centrista o la UPyD ya intentaron ocupar el espacio de Ciudadanos y, por supuesto el PCE e IU son anteriores a Podemos.

Nuestra ley electoral favorece con exageración al ganador, hasta el punto de haber otorgado esta vez al PP 20 escaños más de los que proporcionalmente le corresponderían, pero no puede obrar el milagro de adjudicar una mayoría parlamentaria a quien dista tanto de conseguir una mayoría social. Rajoy la tuvo en 2011, como la tuvieron antes Suárez, González, Aznar y Zapatero, pero eso no se repetirá con él porque ya le conocemos por sus hechos.

Que para gran parte de los votantes del PP la corrupción sea una cuestión secundaria no tiene nada de sorprendente. Lo mismo ocurría en la otra orilla, con algo peor como el crimen de Estado, en tiempos del felipismo. Los españoles no nos hemos caracterizado nunca por nuestros escrúpulos democráticos. Lo extraordinario es que haya habido más de tres millones doscientos mil votantes que no hayan pasado por el aro de ese trágala y se hayan aferrado a un partido regeneracionista como Ciudadanos.

Ese caudal es un tesoro para el conjunto del ecosistema político. De ahí que quienes, con mejores o peores modales, reclaman ahora a Rivera que lo ponga al servicio de Rajoy resulten doblemente dañinos. El líder de Ciudadanos consiguió la hazaña de conservar más de trece de cada catorce votos obtenidos en diciembre, alcanzando por tanto el segundo mejor resultado del centrismo desde la desaparición de UCD, en las circunstancias más adversas imaginables. Y lo hizo con un mensaje que todos entendimos: Ciudadanos votaría "no" a la investidura de Rajoy, no por una caprichosa cuestión ad hominem sino por su probada implicación personal en el encubrimiento de la corrupción.

Resulta inaudito que, así las cosas, haya personas que, compartiendo el espíritu fundacional de Ciudadanos, le pidan a Rivera que traicione a sus votantes, en vez de pedirle al PP que cambie de candidato. En realidad demuestran una sideral confusión sobre las reglas del parlamentarismo. Si hubiéramos elegido un presidente, todos nos tendríamos que aquietar ante el renacer del estafermo. Pero hemos elegido 350 diputados con el encargo de que conformen una mayoría en torno a cualquier español mayor de edad.

Todos entendimos el año pasado que la alcaldesa de Madrid fuera Carmena pese a que Aguirre obtuvo tres puntos más que ella en las urnas. A nadie le pareció una aberración que quien gobernara Baleares en 2011 fuera Antich con un 21% del voto y no Matas que, como Muskie, había pasado del 46%. E incluso queda como una encomiable aportación de una pequeña minoría a la regeneración democrática que cuando el incombustible Pedro Sanz se quedó a dos escaños de la mayoría en las autonómicas de La Rioja, la condición para apoyar la investidura del PP fuera obligarle a cambiar de candidato.

¿Cuál fue esa minoría? Ciudadanos. ¿Qué porcentaje del voto logró entonces el PP? El 38,49%. ¿Eran más patentes e infamantes los estigmas de Sanz que los de Rajoy? En absoluto.

Si todo se mide ahora por otro rasero es porque desde la Moncloa se mueven muchos más resortes de poder e influencia que desde el palacete del Espolón de Logroño en el que tiene su sede el Gobierno de la Rioja y porque toda la teatralización en torno a la raquítica victoria de Rajoy va encaminada a convertir -como dice un buen amigo- su persona y su candidatura en "cosa sagrada".

Al final todo queda resumido por las dos más celebres esculturas de Damien Hirst. La del tiburón sometido a la impotencia, pero a la vez desafiante en la angostura de su tanque, se titula -atención- "La imposibilidad física de la muerte en la mente de un ser vivo". Pero aun más elocuente es esa calavera con incrustaciones de diamantes que nos recuerda lo imponente, feliz y proactivo que puede parecer el cráneo de un finado decidido a no marcharse.

LAS PREGUNTAS DE LA SEMANA
A Rajoy le gustó tanto el ataúd ¿que se quedó con él?
Miguel Ángel Mellado El Espanol 3 Julio 2016

Sí. Como a Gorospe, el personaje de Vázquez Montalbán en su novela Galíndez del que escribe: “Gorospe, el fabricante de ataúdes, es un artesano que hace ataúdes para todos los muertos de los caseríos de estos valles. Hizo uno cojonudo, hace diez años, y le gustó tanto que se quedó con él”.

Mariano Rajoy ha demostrado a lo largo de su dilatada carrera política -“comencé con 22 años en el partido pegando carteles”, dijo la noche del pasado domingo- que es un magnífico artesano de féretros con bicho dentro. Nadie como él ha sabido amortajar políticamente a tantos compañeros de partido al máximo nivel, sin hacer ruido, silente como buen gallego. Jaime Mayor Oreja, Rodrigo Rato y José María Aznar son tres de sus difuntos al más alto nivel. Todo parecía indicar que en estas elecciones sería él el muerto en el entierro, sepulturero de sí mismo. Y sucedió lo que sabemos: como a Gorospe, el 26-J le salió tan cojonudo a Rajoy, con sus 137 diputados y casi ocho millones de votos, 52 diputados y 2,5 millones más que Sánchez, el segundo, que con este ataúd está dispuesto a quedarse cuatro años más, o los que se tercien.

Tan ufano se mostró desde el balcón de la calle Génova en la noche del 26 de junio que pronunció un discurso para olvidar. No por cómo lo dijo (entre la emoción y los brindis previos, sólo le faltó exclamar ¡Viva el vino!), sino por lo que expresó y calló: “Estamos caminando en la buena dirección. Vamos a seguir haciéndolo. Hemos ganado las elecciones y estamos siempre a disposición del pueblo español”. Punto.

Sería casualidad, pero justo en el momento en que pronunciaba estas palabras de satisfacción olvidadiza, y antes de sellar sus palabras con un beso a Viri, atravesó el balcón, como un fugaz espectro, Jorge Fernández Díaz, el ministro del Interior en funciones, protagonista de unas de las grabaciones más lamentables, vergonzosas e impresentables escuchadas en democracia.

¿Había entendido Mariano Rajoy el significado exacto del voto de los españoles y del resultado electoral del 26-J, pese a ser el clarísimo ganador? En términos de emoción por la victoria inesperada, la alegría del líder del PP sólo es parangonable con la mostrada por Felipe González tras vencer a José María Aznar en las elecciones de 1993. Pese al caso Guerra, las implicaciones en los asesinatos del Gal, el desfalco del director de la Guardia Civil Luis Roldán o la financiación socialista a través de la empresa tapadera Filesa, el líder del PSOE ganó aquellos comicios, aunque no con mayoría absoluta.

Con “sólo” 159 diputados -¡quién los pillara ahora!-, González, el invicto soberbio, se sintió obligado a pedir disculpas en su intervención en el Hotel Palace, cuartel general socialista de cinco estrellas aquella noche electoral: “He entendido el mensaje de los ciudadanos: quieren el cambio del cambio”.

Realmente, González no entendió el mensaje y tres años después perdió definitivamente las elecciones ante Aznar sumiendo al PSOE en una crisis cuyas consecuencias persisten hoy. Pero, al menos, de boquilla, admitió los errores cometidos prometiendo el cambio del cambio. El domingo pasado, Rajoy, ni pidió excusas por tantas barcenadas, ni hizo el menor guiño al sacramento de la reconciliación o confesión, cuyas cinco reglas son: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.

Su confesión pública fue: “Tengo que decir que me siento enormemente orgulloso de este partido (…). Estamos caminando en la buena dirección (...)”. Sólo le faltó citar a la abulense Teresa de Jesús cuando dijo aquello de “La verdad padece, pero no perece”. Precisamente, Ávila ha sido la provincia peninsular donde el PP ha obtenido mayor respaldo el 26-J, con un 51,6% de votos. Pese a sentirse como Dios, Rajoy no estaba el domingo por la noche para tanta sutileza religiosa.

¿HABRÁ TERCERAS ELECCIONES?
No. Sea por C (iudadanos) o por P (SOE), Rajoy seguirá seguramente en Moncloa. Un líder regional del PP utilizaba la C y P de manera más prosaica y populachera: “Desengáñate -decía el jueves a este Preguntón-, por C (ojones) o por P (elotas), Mariano va a salirse con la suya”. Porque, si no, ¿cuál es la alternativa? ¿Unas terceras elecciones? En los cuarteles de los partidos C y P le tienen más miedo a otro coitus interruptus electoral que un agricultor a un “nublao”. Ambos partidos calculan que, de repetirse las elecciones, el PP, incluso con san Mariano de los Imposibles de cartel, podría obtener mayoría absoluta. Con un beneficio añadido para el PP: sería a costa de la desaparición de Ciudadanos, e incluiría el derrumbe final del PSOE, dándole la hegemonía de la izquierda a los extremistas de Podemos.

Podría suceder también que el cántaro, de tanto ir a la fuente, se rompiera, con una abstención masiva. Primo de Rivera, el olvidado fundador de la Falange Española de infausto recuerdo, entendía que las urnas sólo servían para estallarlas contra el suelo. Desde el lado opuesto, el gran escritor José Saramago, el Nobel comunista, lo dijo de manera más civilizada en su Ensayo sobre la lucidez, al imaginar que un día, si los políticos siguen despolitizando a la sociedad, podría llegarse al 83% de los votos en blanco.

Ciudadanos y el PSOE jugarán al ratón y el gato en las próximas semanas para ver quién da el primer paso para engrasar la elección de Rajoy o de otro candidato popular. Pero uno y otro están condenados a facilitar un gobierno del PP, por más que vayan a plantear duras exigencias como el cambio de leyes populares como la Lomce, la reforma laboral, la ley mordaza o la revisión de la ley electoral, además de la cabeza del fantasma del balcón de la calle Génova, el ministro Fernández.

Permitir de alguna manera que gobierne el PP en beneficio de la estabilidad del país será el último servicio de Pedro Sánchez al frente del PSOE. Entre septiembre y diciembre, habrá nuevo líder socialista tras la segura celebración de un congreso del partido. Susana Díaz, la lozana andaluza, si su marido y otros familiares “tiesos” no se lo impiden, tendrá los avales para cruzar Despeñaperros.

¿PODEMOS O PUDIMOS?
Sí. Del “haz el amor y no la guerra” se ha pasado a lo contrario en esta formación. Lleva razón Pablo Iglesias: el domingo pasado votó el miedo. ¿Pero el miedo a quién? A él principalmente. Será casualidad, pero tras la jornada electoral en numerosas mamparas municipales del ayuntamiento de Madrid se pudo leer una frase del Quijote: “Porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son”.

¿Acaso no parece lo que es la frase de Pablo Echineque, número 2 de Podemos, cuando el martes escribió “Las guerras internas nos desangran. Para que crezca el amor no sólo hay que regarlo sino también extirpar la mala hierba de las violencias enquistadas”? Me recuerda a lo que exclama Rubachof, protagonista de El cero y el infinito, la novela de Arthur Koestler en la que se expone las consecuencias de imponer los ideales por encima de las personas: “El individuo no era nada, el partido (comunista) lo era todo; la rama que se arranca de un árbol debe secarse”. Unidos Podemos tampoco parece haber entendido el resultado del 26-J.

¿LAS CLOACAS ESTÁN ATASCADAS?
Sí. De toallitas húmedas desechables que acaban taponando las alcantarillas. En Gran Bretaña, esta tontería se ha convertido en un problema de 'brexit'. La higiene extrema es tan nociva como la suciedad contumaz. Cromwell, en el siglo XVII, quiso hacer de Inglaterra una nación pura y le cortó la cabeza hasta al mismo rey por corrupto. En España, nunca nos hemos pasado de puros ni hemos descabezado reyes. Y así nos ha ido. Aquí, el que no roba es un pobre hombre/mujer al que le falta sesera.

En España, por miedo o por genes, no parece importarnos la corrupción, como se demostró el 26-J. Si ya hay seguros que cubren posibles actos terroristas, los ciudadanos necesitamos urgentemente uno que nos proteja de la corrupción exudada por los partidos políticos, con una póliza de responsabilidad civil que llegue hasta el mismo presidente de la formación. Las cosas como son: uno, pese a sus 137 diputados, su victoria incontestable y su ataúd bonito, estaría hoy en quiebra.

Corrupción, burrocracia, Europa y lo dijo Cristo
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 3 Julio 2016

EL EXCESO DE BURROCRACIA Y DEMÁS ENCHUFADOS:
“Titulares: Las autonomías subsisten a costa de pedir prestado 125 millones cada día (Diario ABC 02-04-2016) diario que le dedica varias páginas al asunto y en ellas nos dice cosas como estas: “La Generalidad catalana, pese a estar asfixiada por los números rojos es la que más dispara su gasto estructural – Plantillas engordadas: Las autonomías gastaron el año pasado en sueldos públicos 55.446 millones de euros, 2367 más que en 2014 – Su gasto corriente, el ordinario de funcionamiento de compras, servicios y suministros, lo incrementaron el año pasado en 2.686 millones de euros. – El coste estructural se come tal proporción del presupuesto de las autonomías que no les queda dinero para inversiones en infraestructuras. En 2015, solo dedicaron a ello el 2,8% de todo el dinero que manejaron”.

Mientras hoy escribo oigo en la cadena de radio, “esRadio” (4-5-2016: “Es la Mañana de Federico”) que España sigue manteniendo 3.150.000 empleados públicos. Lo que demuestra un derroche inmenso, puesto que Japón ni llega al millón, teniendo una población más del doble que tiene España. (De mi artículo “Las Autonomías uno de los cánceres de España: Mayo 2016)

La corrupción mundial “con pelos y señales”: Cada vez está más claro que el planeta va mal no por falta de recursos, que sobran en exceso, sino por la enorme y muy podrida corrupción que partiendo de los centros del poder establecido, han corrompido al mundo como nunca antes estuviera. El dinero conseguido fraudulentamente y muchas veces “envuelto en sangre humana y destrucción de tierras y hombres”, es arrebatado a sus países de origen y situado en “esos engendros malditos”, que amparados y mantenidos por los gobiernos que han podido establecerlos, quedan allí para hacer operaciones sucias en extremo y con ello seguir fomentando una corrupción que terminará por acabar con esta decadente incivilización (“civilización sería todo lo contrario si de verdad fuese establecida”) en sucesivos desastres aún por venir y de los que en los últimos años, los estamos viendo con ya alarmante abundancia, mientras “los que los promueven y podrían hacer desaparecer”, hipócritamente mienten más que hablan, se cierran a todo verdadero avance social y económico y; siguen atesorando cantidades inmensas, que aun sabiéndolo no se podrán llevar cuando mueran a ninguna parte, quedarán aquí y posiblemente para seguir destruyendo a la humanidad, puesto que los que hereden, heredará con el inmenso capital… “la inmensa maldad con que fue acumulado”.

En mi reciente artículo titulado; “La Roma del siglo XXI; aún no conocía la información que después he conocido, donde se afirma que uno de los centros de todos “esos engendros que nos empobrecen y destruyen”, se encuentra en Panamá; por lo que les dejo la dirección para que puedan leer largo y tendido, datos que “le pondrán los pelos como escarpias, por pocos sentimientos humanos que tenga el que los lea”: es la siguiente: http://www.elconfidencial.com/economia/papeles-panama/2016-05-06/papeles-panama-papers-fuente-anonima-denunciante-filtrador-john-doe_1195990/ (De mi artículo de igual titular 06-05-2016)

LO DIJO EL PROPIO CRISTO Y…: “El que a hierro mata, a hierro muere”. Cosa esta que el cristiano que de verdad se sienta así y aún más el propio Papa y demás cardenales, deben estar recordando cada día que amanece; y hacerlo con palabras claras y contundentes, dejando “lo melifluo y el nadar y guardar la ropa que tanto han empleado unos y otros, siempre unidos al poder imperante”; a Cristo lo crucificaron simplemente por hablar claro y molestar al poder; no por otra cosa, su figura ha llegado a tener la máxima altura en este mundo y hasta el día de hoy; por ello conviene entrar en el Evangelio de Mateo y leer de vez en cuando, “El Sermón del Monte”; e interpretarlo por uno mismo, puesto que es entendible por demás, “no necesita traductores de ninguna clase, si acaso alguna pincelada caritativa para aclarar a los más cortos de entendimiento la realidad del mismo”. Está considerado como el mejor discurso de todos los tiempos. (De mi artículo citado arriba citado 06-05-2016: “La corrupción mundial”)

CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE EUROPA: ¿Qué va a ocurrir ahora? Inglaterra que con habilidad “británica” ya y desde el principio, no cedió su moneda para que la administraran en Bruselas o Luxemburgo, tiene anunciado un referéndum para ver si siguen en la “unión” o la dejan; y el resto, ya vemos las luchas intestinas que hay, por cuanto unos quieren que vengan masivamente nuevos invasores y otros cierran fronteras y no tragan; o sea que no es ya solo lo económico, es que hay muchas más cosas que arreglar y que no tienen viso de ser arregladas a gusto de todos, por tanto… “incierto futuro para esa falsa unión”. Y lo principal de todo o sea “lo que ofrecía el discurso fundacional” ¿qué se ha cumplido, si la pobreza nos asola a cada vez más europeos, y aquí viven ya muchos millones de extranjeros que no se integran “en lo europeo” y cada vez crean más problemas? En resumen, que Europa tiene grandes problemas que no sabe solucionar, pese a “los ejércitos” de enchufados al presupuesto europeo, que como ocurre en general, son parásitos muy caros de mantener para lo poco o nada que aportan. Aquí los únicos que viven muy bien, son “los políticos europeos” que nos parasitan a todos y que como “dueños” se asignan lo que quieren y como quieren. (DE mi artículo de igual titular 12-05-2016) “fue como una premonición del primer paso de desunión o sea la huida de Inglaterra)

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Dejad de contar mentiras, tralará
EDUARDO INDA okdiario 3 Julio 2016

Durante meses y meses y más meses nos dibujaron una España en la que la gente vivía como en Tanzania, en la que Pablo Iglesias era poco menos que el Mesías amén del tío más honrado del mundo, en la que los del PP eran sin excepción una banda de chorizos que habían destrozado el Estado del Bienestar y en la que la mayoría de la ciudadanía era de izquierdas e independentista en Cataluña, Galicia, Baleares, País Vasco, Baleares y Comunidad Valenciana. Meses, meses y más meses en los que nos presentaron como lo más normal del mundo una anormalidad llamada Podemos. Una formación política cuyos líderes eran amigos de ETA y sus satélites; un partido al que financia una dictadura con guayabera (Venezuela) y otra con niqab (Irán); un partido plagado de afectos a una ideología que tanto daño ha hecho en la historia de la humanidad, el comunismo; un partido dirigido por okupas e indocumentados y ágrafos; un partido que quiere restringir la libertad privada, controlar los medios y meter en la cárcel al contrario (Monedero dixit).

El domingo por la noche nos levantamos de esa pesadilla que nos hacían confundir con la realidad. Tenemos problemas, pero España no es Tanzania, Pablo Iglesias no sería nadie sin el silencio cómplice y el aplauso permanente de la mayor parte de los medios y el PP es cierto que está infestado por el virus de la corrupción pero no lo es menos que sus cantidades son notablemente inferiores a los 850 kilazos de los ERE, los 2.000 de los cursos de formación y los más de 3.000 trincados por el recordman europeo en esta disciplina, Jordi Pujol Soley. Y cualitativa que no cuantitativamente, es decir teniendo en cuenta el tiempo gobernado y el poder acumulado, Bárcenas y cía son unos aprendices al lado de Pablo y sus chic@s.

Nos construyeron y nos metieron en vena un imaginario colectivo en el que Podemos era la fuerza mayoritaria y Pablemos el nuevo Felipe (el del 82), en el que cualquier trapacería de esta banda era mentira y en el que cuando les sacabas los colores te contestaban como al cornudo cuando se encuentra con la mujer en el catre (o viceversa) dándole que te pego, “no es lo que te imaginas, estábamos midiendo la resistencia de la cama”. Nos intentaban lavar el cerebro con un mantra, el de que aquí hay casi un 30% de pobres, que nos repetían tanto y por tantos lados que se nos llegó a antojar un dogma de fe. Y empleaban la misma táctica sectaria para desmontar unos guarismos de crecimiento brutales, 3,4% anual, y unas estadísticas del mercado de trabajo que al fin están revirtiendo el desastre zapateriano a ritmos supersónicos.

Algunos estaban tan crecidos e iban tan sobrados que llegaron a pensar que era inexorable la frase goebbelsiana: “Una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en verdad”. El único tipo del que se fiaba el innombrable asesino de masas mantenía que lo de la propaganda funcionaba con la precisión de un coche alemán, entre otras cosas, porque lo comprobaba en su propio dormitorio. Su mujer, Magda, la que le ayudó a asesinar a sus seis hijos antes de suicidarse en el búnker berlinés, lo pudo escribir con letras más grandes pero no más claro: “Amo a mi marido, pero mi amor por Hitler es más fuerte. Por él estaría dispuesta a dar mi vida. Sólo cuando tuve claro que el führer no podía amar a ninguna mujer, sino únicamente a Alemania, acepté el matrimonio con el doctor Goebbels. Así podía estar más cerca de él”. Realmente, no se puede estar más pirada.

Algunos, víctimas de su ensimismamiento, pensaron que se podía engañar a todos todo el tiempo. Sospechaban que el infantilismo colectivo que permitió el surgimiento y la longevidad del nazismo, el franquismo, el maoísmo o el estalinismo pervive. Olvidaban que con tanta tele, tanto periódico, tanta radio, tanta red social y con ese universo infinito que es Google la frase rooseveltiana cobra más virtualidad que nunca: “Se puede engañar a todos un poco de tiempo, a unos pocos todo el tiempo, pero es imposible engañar a todos todo el tiempo”. Antes podías teledirigir la realidad en un sentido u otro con notable éxito y durante mucho tiempo. Cuando había una tele, una radio y un periódico era coser y cantar. Incluso con unas pocas teles, unos pocos periódicos y unas pocas radios porque la publicidad institucional obraba milagros. Ahora es física y metafísicamente imposible poner puertas al campo.

Ni siquiera lograron que las mil y un corruptelas les salieran gratis a los podemitas. Unos las descalificaban a sabiendas de que eran verdad. Otros sencillamente las ignoraban para no estropear el asalto a los cielos. Pero todos sabían que decíamos la verdad. Y, sobre todo, lo sabían quienes lo tienen que saber, los titulares de ese sacrosanto derecho que es el derecho a saber: los ciudadanos. Si Pablo, Íñigo, Echenique, Bescansa y el sinvergüenza fiscal de Monedero quieren determinar una de las dos grandes causas de la sangría de votos que miren a Venezuela y a Irán. Por mucho que les ayuden algunos jueces, la gente antepone la decencia a la ideología. Y eso se ha traducido en 1,1 millones de votos menos.

La vida también fue un sueño para los encuestadores. La realidad que nos fabricaron contaminó a las mismísimas empresas demoscópicas que de media se equivocaron entre 15 y 26 escaños con el PP y que aseguraron un sorpasso que sólo existía en sus calenturientas mentes y en sus rebosantes butxacas. Sólo NC Report, la encargada de los sondeos para La Razón, estuvo cerca, muy cerca, al pronosticar 131 diputados para la lista de Rajoy.

Sólo el tantas veces denostado Pedro Arriola adivinó por dónde iban los tiros. En febrero y marzo de este mismo año, cuando los almendros ya estaban en flor, convenció a su jefe de que forzase la repetición electoral y repitiera como candidato porque iba a sacar “un millón de votos más”. Su lectura se ha cumplido a rajatabla: “Mariano, muchos de los nuestros se fueron a la abstención el 20-D por nuestros incumplimientos en materia fiscal y antiterrorista y por la corrupción. Ahora podemos recuperar a buena parte de ellos y a un número significativo de los que se pasaron a Ciudadanos”. “Hay que apelar al voto útil con la excusa de que puede llegar Podemos al poder”, apostilló el sabio en la sombra.

Rajoy, un tipo cero envarado que hace caso a los que saben en materias en las que es un lego, se aplicó el cuento sin pestañear y Jorge Moragas lo implementó con brillantez sin apartarse un milímetro del guión pese a la cascada de encuestas negativas. No olvidó la máxima churchilliana: “Cuando se medita y se toma una decisión hay que llevarla hasta sus últimas consecuencias”. El nivel de eficacia no merece mayor comentario porque se comenta por sí solo: casi 700.000 españoles dejaron la comodidad del sofá para volver al PP cual hijo pródigo o cambiaron la papeleta naranja por la azul.

Todos menos el gurú Arriola olvidaron una pequeña gran obviedad. Que España continúa siendo el país moderado que era hace 30 años, hace 20 e incluso hace 10 en la edad dorada del zapaterismo. Que las elecciones se ganan tirando al centro y no por lo extremos. Que las imposturas tienen las patas muy cortas. Y que el bipartidismo imperfecto sigue vivo y que, salvo que la situación económica empeore, que no parece, volverá por sus fueros. España no era como nos la contaron, es como es. Ése fue el gran fallo y la gran falla de Pablemos y de su legión de corifeos. Ahora están con el cuento del pucherazo. Lo peor de todo no es que mientan. No. Lo más cabreante es que tomen a Juan Español por gilipollas, en definitiva, que insulten tan desvergonzadamente a nuestra inteligencia. ¡Joder, Pablito, que ya no cuela! Si no coló que eras socialdemócrata, cómo va a colar que te han tangado las elecciones. O a lo mejor es que en esto también nos quieres hacer creer que somos Venezuela.

Brexit, un susto útil
Juan Gómez Bada El Confidencial 3 Julio 2016

Diez días después del referéndum británico seguimos en estado de shock. Desconocemos qué consecuencias tendrá finalmente. Sin embargo, vamos viendo las reacciones de las partes involucradas y podemos intuir cuales son los caminos que se pueden seguir.

Para empezar hemos descubierto que la salida efectiva de Reino Unido de la Unión Europea es poco probable incluso para sus defensores. Al no haber un líder fuerte que tenga una hoja de ruta predefinida han surgido dos rebeliones al resultado de la consulta. La primera es de los arrepentidos (regretters) y de los que consideran que la victoria del Brexit es demasiado estrecha para aplicarse sin una segunda votación. La segunda es de Escocia e Irlanda del Norte, que han votado mayoritariamente por la permanencia y amenazan con la independencia para seguir en la Unión Europea. Las revueltas también afectan a los dos principales partidos, que se han quedado muy divididos y sin nadie que fije el rumbo.

Por otro lado, el resto de socios de la Unión Europea, las grandes empresas y los mercados financieros han mostrado su cara menos amable al Reino Unido. La libra esterlina se depreció a los niveles más bajos frente al dólar en 30 años y las bolsas mundiales vivieron dos jornadas de fortísimas pérdidas. Los británicos se han dado cuenta de que las consecuencias son desastrosas. Su economía depende más del mercado único, que la UE de Reino Unido.

En esta situación, en la que todavía puede ocurrir de todo, el resultado del referéndum puede terminar ayudando a la Unión Europea. Si los británicos decidiesen echarse atrás, apoyados en un segundo referéndum o por nuevas elecciones, el precedente desalentaría que cualquier país en el futuro quisiese jugar con la puerta de salida de la Unión.

Además, la UE y sobretodo la eurozona deben aprovechar que un país haya querido salir para aclarar las condiciones de salida. Es necesario porque los estados mantienen la soberanía y pueden decidirlo en el futuro. Para prevenirlo y fortalecer la Unión lo mejor es buscar fórmulas para beneficiar a los países miembros en su acceso al mercado común frente a los demás. No deberían poder obtener terceros países mejores condiciones que quienes pertenecen a la Unión.

La situación actual deja claro cristalino que el mercado único es lo más valioso de la Unión Europea. Es lo que más le interesa al Reino Unido y al resto. Por ello, es fundamental que demos prioridad a aquello que lo mejore, que avance en su armonización y que lo defienda de las leyes estatales y regionales que puedan fragmentarlo.

En conclusión, el miedo que ha provocado el Brexit y que nos ha cogido por sorpresa a la mayoría puede quedar en un simple susto porque tiene remedio. Además, probablemente servirá para que valoremos lo que tenemos y podamos hacer las reformas necesarias para que los estados y los ciudadanos se sientan privilegiados por pertenecer a la Unión Europea. Como otras tantas veces, estamos en manos de nuestros dirigentes. Esperemos que impere el sentido común. Lo que no mata, te hace más fuerte.

Brexit: Europa prepara su Rubicón
Fernando Primo de Rivera García-Lomas El Confidencial 3 Julio 2016

“The best way to predict the future is to create it”, Drucker (II).

El resultado del referéndum sobre el Brexit con el que nos desayunamos la mañana del 24 de junio fue tan inesperado como trascendente a medio plazo. Contra todos los últimos pronósticos, los británicos votaron por salirse de la UE por estrecho margen. La lectura inicial del mercado fue traumática con las bolsas europeas periféricas marcando las mayores caídas históricas diarias. Sin embargo, según se despeja el horizonte, se han venido recuperando posiciones perdidas de tal forma que el varapalo a una semana de hechos ha quedado a la mitad. Al margen de la volatilidad asociada a este evento singular, la transcendencia del hecho es histórica y puede representar un punto de inflexión en la crisis existencial de la Unión Europea y más concretamente de la eurozona. Como un seísmo, el movimiento de placas tectónicas geopolíticas dibujará un panorama bien diferente.

No es nueva esa lucha soterrada entre un modelo de gobernanza global basado en la contingencia, la negociación de corte soberanista, y por vacío jurisdiccional típicamente anglosajón y otro, continental, basado en el rigor de la ley y el mantenimiento de principios, de alcance internacional, encarnado en la UE e inspirado por el eje franco-alemán. Y se ha dirimido a favor del segundo.

Tanto si el Reino Unido no acaba de invocar el artículo 50 que dispara oficialmente los tiempos de negociación para la salida de la UE tras una eventual convocatoria de nuevas elecciones que constitucionalmente rescinda el mandato plebiscitario en otoño, y eventualmente permanecen, como si el resultado final de unos nuevos acuerdos sobre la relación asimilan a los británicos a Noruega o a Suiza, el desencuentro británico representa oficialmente la degradación a un nuevo papel menguado en la esfera internacional. Una disonancia con la música de los tiempos, decadente, en clave de suicidio, de tintes numantinos.

Lo triste del proceso es que, a escasas horas del resultado, un análisis de los resultados reflejaba la conflagración perversa de grupúsculos que han encendido la opción de salida: desarraigados de la globalización, xenófobos y las facciones más retrogradas del partido conservador. Todas ellas bien fogueadas en la incriminación de Europa en general por cualquier problema existente y entregadas a un deporte nacional, el 'eurobashing' desde hace décadas, un fenómeno transversal en toda regla, y del que hemos tenido holgada experiencia en los episodios más agudos de la crisis euro. Del otro lado, una mayoría holgada de jóvenes sintonizados con el espíritu de más Europa, las fuerzas del 'establishment', Irlanda y Escocia, y toda la batería de expertos (FMI, OCDE, BCE) que habían vaticinado a viento y marea las consecuencias nefastas que sobrecogerán al país por el intento de salida. Desde mayor incertidumbre, parón de la inversión, inflación, ajustes presupuestarios con caída del gasto público y subida de impuestos, desplome del sector inmobiliario... A tiro pasado muchos de los votantes a favor de la salida reniegan de su voto y aducen haber sido engañados por los pintorescos Farage y Johnson: el 'Bregret'.

A lo hecho pecho. Gran Bretaña está ahora sumida en una crisis económica, política y constitucional sin precedentes con un Gobierno descabezado, una oposición fracturada y unos políticos que apoyaron la opción de salida no ya sin un plan para capitalizar la victoria y el 'Día de la Independencia', sino sin un mapa de mínimos para gestionar la fractura social y económica que caóticamente se esparce como un reguero de pólvora. En un capricho de la historia, la tradición parlamentaria británica, un paradigma de la sociedad abierta y de la que el resto del mundo es acreedora, puesta del revés por un referéndum con marcado signo populista que se ha gestionado y decidido más por las tripas que por el debate y la razón. La excelencia de la democracia humillada por la demagogia y el populismo.

Todavía albergamos la esperanza de que los socios británicos hagan acopio de sentido común y la crisis constitucional en ciernes catalice en unas elecciones donde la propuesta por Europa y la consiguiente revocación del referéndum prevalezca sobre unas negociaciones muy difusas en las que llevaran siempre la peor parte.

En su despedida del Consejo Europeo esta semana Cameron clamó que con más holgura en el capítulo de la inmigración podría haber presentado otro resultado y tuvo una acogida muy fría por parte de los socios. En última instancia lo que se ha debatido es la adscripción al valor de la norma y la prevalencia de principios encarnada por la UE, y un sesgo constante a reclamar la excepcionalidad sobre tintes identitarios. No cabe acceso al mercado único de bienes y servicios sin libertad de circulación de personas, como cualquier otro Estado miembro de la UE. Las corrientes subterráneas de un modelo legal y jurídico anglosajón anclado en la jurisprudencia se topan con la tradición constitucionalista del continente apuntalada por una comunión alemana con el rigor de la ley que es una fuente de envidia sana en todo Occidente. Y es que, como venimos señalando en varias ocasiones, la oportunidad y legitimidad del proyecto europeo de más unión viene ampliamente avalada por la naturaleza transnacional de los problemas que aquejan y aquejarán al ciudadano de a pie en pleno siglo XXI.

Una vez más, y gracias a este referéndum, la entidad y solidez de la UE viene a apuntalarse. Desde que rompió la crisis en Grecia hace casi siete años, el sorteo de vicisitudes ha sido sistemático con cualquier intento de ruptura abortado. La salida de Berlusconi en noviembre del 2011, los 'rescates' de Irlanda y Portugal, el bancario español del 2012, el repliegue de Tsipras en Grecia a las exigencias europeas mínimas de 'standards' de gobierno. Todos ellos son capítulos que debieran frenar a los agoreros más recalcitrantes y revertir en buena instancia la insulsez y oportunismo de gran parte de las propuestas populistas alrededor del continente, sean de derechas en el norte o de izquierdas en el sur.

Efectivamente, el evento Brexit transpira una naturaleza distinta, cualitativamente diferente a las vicisitudes y contingencias económicas propias de la crisis euro. Al hecho incuestionable de que se trata de uno de los grandes, la refutación política, legal, judicial, constitucional e ideológica que encarna el desencuentro entre Reino Unido y la Unión Europea, otorga a este evento una significación histórica de proporciones inconmensurables que solo podremos calibrar en su justa medida con el paso de los años. Será interesante ver si a medio plazo la prima de riesgo en mercados bursátiles por la tan aclamada disfuncionalidad política europea muestra un punto de inflexión y remite finalmente, vista la confirmación de una pauta: supervivencia y adaptabilidad.

El coste explícito de aventuras políticas secesionistas o populistas en cualquier lado del espectro político se ha hecho evidente. También y sobre todo, la necesidad vibrante de articular, ilustrar y proclamar el mensaje pro-Europa, de una forma activa. Evidenciando sus méritos, su pertinencia, su legitimidad, y facilitando una crítica constructiva desde la razón, erradicando planteamientos abolicionistas y centrífugos. A pesar de toda la crisis existencial y el auge del populismo, lo cierto es que existen mayorías cualificadas a favor del proyecto en todos y cada uno de los países importantes. Esa línea es la batalla política del próximo lustro.

Desde ese espíritu de sociedad abierta óptima que simboliza Europa como modelo de superación de soberanías nacionales en este siglo XXI, es fundamental capitalizar el evento Brexit dando acogida a la parte más fundamentada de la crítica anglosajona, a la coyuntura actual europea: la sostenibilidad de la arquitectura euro y su capacidad de proyectar crecimientos económicos generadores de empleo suficiente para contener y remitir la marea populista y centrífuga. Europa difícilmente sobreviviría a otra crisis económica. Como bien dijo el vicecanciller alemán del SPD, Sigmar Gabriel, esta semana un “proyecto europeo que llegue al ciudadano de a pie.”

Y que el liderazgo alemán asuma de una vez por todas el nuevo estadio de la crisis, ahora bajo la anestesia del Banco Central Europeo (BCE), más velado, más sibilino, político en toda regla. De un lado la necesidad imperante de contribuir a la recuperación cíclica que sirva de contrapartida a la contención de deuda y la devaluación interna competitiva albergada oportunamente por toda la periferia, con el empleo del margen presupuestario y la recanalización de un superávit estructural por cuenta corriente del 7%. El ejemplo del señor Schauble con su presupuesto equilibrado puede ser 'a priori' un paradigma moral- “un imperativo categórico”, pero en este contexto en el que mercado les paga por tomar prestado y que el crecimiento no levanta, es más un fundamentalismo ideológico con perversas ramificaciones.

De otro, que empiece ya por fin el debate en Alemania, sobre donde sigue el proceso de integración, cómo perfeccionar una unión bancaria ridícula y cómo construir gradualmente esa unión fiscal que en ultimo termino supondrá la mancomunación de riesgos con nuestros eurobonos y Tesoro. Si hay algún país donde la asimetría cognitiva de la realidad -la naturaleza de la crisis euro como bancaria y no soberana entre gobernantes y electores es más profunda-, es precisamente en Alemania. La utilización política de un relato fácil en el que la periferia se pinta como despilfarradora, vaga e irresponsable, puede tener visos de verosimilitud, y como palanca de presión ha tenido una utilidad incuestionable para promover equilibrios macroeconómicos imprescindibles (presupuestarios, de cuenta corriente y de competitividad), pero no puede ser un pilar constitucional sobre la que fundar la sostenibilidad del proyecto Europa. Esa factura la tiene pendiente la señora Merkel, tanto con su electorado como con el resto de socios. Ella, esa maestra de los tiempos políticos, tendrá que calibrar muy bien el coste electoral en la proposición populista en Alemania, el AfD, que por ahora solo llega al 6-7% de intención voto.

El momento actual en Europa es absolutamente transcendente. La supervivencia del euro es crítica para mantener viva y fuerte la UE. Sencillamente, la probabilidad de supervivencia a medio plazo del euro en un entorno de crisis de deuda y desinflación es remota sin un cambio en la arquitectura actual. Esta realidad debería informar prioritariamente cualquier agenda de política nacional, incluida por supuesto la nuestra. No cabe ni la pasividad, ni la tibieza, ni la indolencia. La desafección entre gobernantes y electorados está legitimada porque no se nos dan soluciones, y no se dan soluciones porque no se definen bien los problemas. Veremos de nuestra parte la capacidad de encontrar ese espacio de reforma tan imprescindible en el centro y de incitar al debate más realista en Europa trascendiendo la mera adscripción partidista. La línea de batalla está en el próximo lustro en desvirtuar y desenmascarar la propuesta populista y centrifuga en la que desgraciadamente han caído los amigos británicos. Que no haya sido en saco roto.

Pablo Iglesias no dice una sola verdad
Marcello Republica.com 3 Julio 2016

Pablo Iglesias, el líder de Podemos y el máximo responsable del fracaso de su pretendido ‘sorpasso’ contra el PSOE no dice una sola verdad. Todo lo que cuenta y jalea son mentiras de corte infantil que constituyen un insulto a la inteligencia de los españoles, y especialmente de los que eran sus votantes y eso a algunos les hace gracia y a otros no y por ello muchos lo han abandonado.

Ayer ha declarado Iglesias que la ‘cohesión’ en el interior de Podemos es mas fuerte que nunca. Mentira. Se están dando patadas bajo la mesa y bofetadas ante la opinión pública, anuncian purgas para cortar las ‘malas hierbas’ y Errejón e Iglesias discrepan en público sobre la incidencia de su pacto electoral con IU, mientras en sus confluencias ya aparecen fisuras por doquier.

La mitad de todo lo que dice Pablo Iglesias es mentira y la otra mitad también. Dijo que el ‘sorpasso’ no entra contra el PSOE sino contra el PP. Mentira como lo sabe todo el mundo. Dijo que eran ‘socialdemócratas’, mentira porque son anti sistema y filo comunistas. Dijo, hasta la saciedad, que tendía la mano al PSOE. Y otra mentira mas, como se demostró en la votación de la investidura de Sánchez del pasado 4 de marzo.

Todo en Iglesias está resultando una burda cadena de falsas declaraciones, promesas, compromisos y posicionamientos políticos e ideológicos, al frente de un oportunismo que ya empieza a convertirse en algo cansino y bien sabido por los ciudadanos. Y por ello un millón doscientas mil personas de las que el 20-D votaron a Podemos y a IU, se marcharon de su entorno el 26-J.

Y en consecuencia es absolutamente falso el afirmar, como lo hace Iglesias, que no lograron consumar el ‘sorpasso’ al PSOE por el miedo de muchos ciudadanos a que él (sic) ganara las elecciones. He ahí otra mentira. Se les escaparon mas de un millón de votos de una izquierda que no temían a un gobierno de izquierdas sino a un gobierno del mentiroso y chaquetero Iglesias que un día se levanta llorando a Chaves, otro como si Venezuela ya no existiera en el mapa, otro diciendo que son peronistas, otro que son socialdemócratas, etcétera.

Ha dicho Iglesias que Podemos está en favor del euro (otra mentira, visto su programa económico que conduce a la salida de España del euro), o que con su referéndum para lograr la autodeterminación de Cataluña él solo pretende defender la permanencia de Cataluña en España. Imaginamos que con la misma eficacia que defendió Cameron la permanencia del Reino Unido en la UE. La enésima burda mentira de Iglesias porque está claro que lo que dice de Cataluña es solo para sacar votos sabiendo que el referéndum no se va a celebrar.

Es cierto que lo de Podemos tiene mucho mérito, que en solo dos años parecen haber consolidado 71 escaños lo que no está nada mal. Que se han convertido en un revulsivo para la vieja política y que han conectado con muchos de los españoles que están, con razón, hasta el gorro del PSOE y el PP. Como parece cierto que a Iglesias se le da muy bien lo de salir en televisión.

Pero con semejante discurso falso y oportunista Iglesias y Podemos nunca ganarán las elecciones y además corren el riesgo de hacer un espantoso ridículo en la oposición donde les esperan, en el Parlamento, el PP, PSOE y C’S. Y donde no les van a pasar ninguna mentira más ni disparates, se pongan como se pongan y de especial manera el PSOE. O sea que ya está bien de jugar al escondite de la verdad y vamos a ver que hace Iglesias en la oposición y lo que dura, al paso que vamos, esa cohesión de Podemos de la que presume sin decir verdad.

Habrá 754 millones de hispanohablantes en 2050
El español, la lengua nativa de 472 millones de personas
Es el segundo idioma de comunicación internacional tras el inglés, ocupa también el segundo puesto en las dos principales redes sociales del mundo, y es la tercera lengua más usada en internet.
Gaceta.es 3 Julio 2016

La comunidad hispanohablante, un 7,8 por ciento de la población mundial, celebra este sábado el Día del Español, la lengua nativa de 472millones de personas, 2 más que el pasado año, pero que pueden hablar ya casi 567 millones, 8 más que en 2015, aumento que reafirma su segundo puesto sólo por detrás del mandarín.

Además, el español es el segundo idioma de comunicación internacional tras el inglés; ocupa también el segundo puesto en las dos principales redes sociales del mundo, y es la tercera lengua más usada en internet.

Éstos son algunos de los datos del informe "El español: una lengua viva (2016)", que un año más ha elaborado el Instituto Cervantes con ocasión del Día E o Día del Español, que celebra hoy por octavo año consecutivo en 22 centros del Instituto de 17 países, con actividades para todas las edades.

En total, se calcula que hoy hablan español 566.932.208 personas, incluidos los hablantes de dominio nativo, los de dominio limitado y los estudiantes de español como lengua extranjera.

Así, se cifra en más de 21 millones de alumnos los que estudian español como lengua extranjera, aunque, advierte el Cervantes, los datos existentes no recogen información de los centros de enseñanza privada por lo que la institución calcula que la demanda real es, como mínimo, superior en un 25 por ciento.

Por ello, el Instituto Cervantes considera que su mayor éxito cuando se cumplen 25 años desde su creación es el crecimiento casi constante de su número de alumnos, que se han multiplicado por 12.

El análisis de la evolución demográfica de las cinco lenguas más habladas del mundo -chino, inglés, español, hindi y árabe- entre 1950 y 2050 refleja que, en términos relativos, la proporción de hablantes nativos de chino e inglés desciende por razones demográficas mientras que el español y el hindi tienen un aumento moderado pero continuo.

En 2060, Estados Unidos será el segundo país hispanohablante del mundo con 119 millones de personas, después de México, de tal forma que uno de cada tres residentes en ese país se expresará en español.

También Brasil, dentro tan solo de una década, contará con unos 30 millones de personas que hablarán español como segunda lengua.

La comunidad hispanohablante seguirá creciendo para situarse, en 2050, en los 754 millones de personas, con distinto grado de dominio de la lengua, según las proyecciones demográficas que invierten esta tendencia para 2100, cuando habrá un retroceso debido al descenso de la población de los países hispanohablantes.

Por ello, el Instituto Cervantes considera que el reto principal es aumentar el número de hablantes que tienen el español como segunda lengua a medida que se limite el de los que lo tienen como idioma nativo mediante iniciativas para hacerla más internacional fortaleciendo la producción de contenidos científicos y artísticos.

Respecto al papel del español como activo económico, el informe pone de manifiesto que la contribución del conjunto de los países hispanohablantes al PIB mundial es actualmente del 6,4 % y que Norteamérica (México, Estados Unidos y Canadá) y España suman el 78 % del poder de compra de los hispanohablantes.

En 2015, el poder de compra de la población hispana de Estados Unidos era de 1,3 billones de dólares y se espera que en 2020 este alcance los 1,7 billones.

El informe destaca también la influencia del español en el comercio internacional y explica que si, en general, el hecho de compartir una misma lengua casi duplica los intercambios comerciales bilaterales entre países, en el caso del español el idioma común multiplica por cuatro las exportaciones bilaterales entre los países hispanohablantes.

El español es la segunda lengua más utilizada en Facebook y Twitter y, además, su potencial de crecimiento en el número de usuarios de la primera de estas redes sociales es aún muy grande en comparación con el del inglés.

Guy Verhofstadt: “El populismo no ganará si tomamos el Brexit como una ocasión para refundar Europa”
Alberto D. Prieto okdiario 3 Julio 2016

Verhofstadt sobre Podemos: “Es un error replicar al miedo que inyectan, porque les damos más poder”

Guy Verhofstadt (Dendermonde, Bélgica, 1953) es el político europeo que con más emoción defiende la integración política de los países miembros de la UE. Cuando estrecha la mano de su interlocutor lo hace con vehemencia, enérgico, desmintiendo ese rostro infantil que lo hizo tan popular al convertirse en el primer jefe de Gobierno liberal en Bélgica desde la II Guerra Mundial en 1999. En un país con 50 primeros ministros en el último siglo, él ha sido el segundo más longevo, nueve años. Y tras casi una década en el poder, fue elegido en 2009 eurodiputado y líder de la Alianza de los Liberales Demócratas por Europa (ALDE).

Desde entonces, ha hecho bandera de su propuesta de una Europa como federación de Estados. Tanto como para que el Gobierno británico vetara su incipiente candidatura a presidir la Comisión Europea –“si el Papa es católico, el presidente de Europa ha de ser un europeísta”, defiende–. Para Verhofstaft, que responde a OKDIARIO pocos días después de la victoria del Brexit en Reino Unido y de las elecciones en España, la solución a esta Europa es más, “y mejor”, Europa.

Pregunta.– ¿Qué reflexión personal le merece el resultado del referéndum sobre la UE en Reino Unido? ¿Será el primero de otros?
Respuesta.– La decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea me produce una gran tristeza. Pero el pueblo es soberano y tenemos que respetar sus decisiones. El resultado del referéndum en Reino Unido es un síntoma más de la desafección que los ciudadanos sienten hacia la gestión de la Unión Europea. Porque los ciudadanos no están en contra de la UE, sino que están en contra de esta UE y, sobre todo, de su gestión. Creo que el Brexit tiene que ser una llamada a la acción para que por fin este proyecto emprenda las reformas que necesita.

P.– ¿A qué motivos históricos, sociales, políticos atribuye usted la victoria del Brexit? ¿Es el nacionalismo, el populismo?
R.– No podemos negar que el populismo y el nacionalismo están explotando los miedos de la gente para dividir el continente. En el caso del Brexit, la campaña de los del ‘leave’ ha estado protagonizada por burdas mentiras, informaciones falsas sobre la UE y hasta cifras incorrectas. El propio Farage reconoció que había sido un error prometer que los 350 millones de libras de aportación semanal al presupuesto de la UE pasarían ahora a financiar la sanidad pública. Las mentiras, como siempre, han visto la luz. En este caso tarde. La decisión de abandonar la Unión Europea es ahora irreversible.

P.– Éste podría haber sido el momento de los Liberal-Demócratas, sus socios en UK, ya que el liderazgo Tory y Laborista ha quedado muy debilitado, pero su crisis en aún mayor: ¿Cree que el hueco lo llenará el populismo?
R.– Los LibDems ya han anunciado que su próxima campaña se basará en un mensaje inequívoco: Reino Unido tiene que volver a la UE. Son muchos los ciudadanos que ya les han mostrado su apoyo durante los días posteriores al Brexit y estoy seguro de que conseguirán una campaña exitosa. Son una fuerza proeuropea, sólida y con experiencia. Son opciones como los LibDems las que los europeos buscan. El populismo no se impondrá si todos nos tomamos el Brexit como la oportunidad para refundar Europa. Pero hay que hacerlo a la mayor brevedad.

P.– ¿Son más graves las consecuencias económicas o las políticas del Brexit?
R.– La más grave por el momento es la incertidumbre. Como escribí en un tuit el mismo viernes, en tan solo ocho horas, el Reino Unido perdió 350.000 millones de dólares. Por no hablar de las consecuencias económicas para las bolsas, con las acciones financieras del Reino Unido hundiéndose. Por eso es vital que el Gobierno de Reino Unido notifique el resultado del referéndum. Sólo así podremos utilizar el Artículo 50 del tratado para iniciar una separación amistosa. Hay que hacerlo cuanto antes.

P.– ¿Ha faltado liderazgo político en la Unión Europea en estos años de crisis? ¿Se ha agotado el discurso europeísta?
R.– El discurso europeísta no está agotado. El liderazgo político es el que tiene que cambiar de discurso. Muchos líderes europeos se han visto acorralados por la política doméstica, por tener que enfrentarse a populistas cuyo auge empezaba a ser imparable. El ejemplo más claro es Cameron. Por intentar resolver la crisis interna de su partido y hacer frente a UKIP ha terminado convocando un referéndum que a Reino Unido le ha costado su pertenencia a la UE.

P.– Usted es el mayor defensor de que Europa camine hacia una federación de Estados: ¿la solución es más Europa? ¿Ésa es la posición inequívoca de su grupo?
R.– El federalismo no es más que un modelo de organización para hacer frente a los desafíos globales, como el cambio climático o el terrorismo. Lo que tenemos ahora es una débil confederación. No se trata de crear un superestado europeo. El país más exitoso del mundo, Estados Unidos, es un estado federal; el de Europa es Alemania, que es una federación. Más integración en algunos campos es necesaria para poder hacer frente a los retos globales. Eso sí, aquellos asuntos que pueden ser eficazmente manejados a nivel nacional han seguir gestionándose como cada Estado considere conveniente.

Mi respuesta, por tanto, no es siempre más integración. Lo que tenemos es una confederación. Exactamente lo contrario de lo que necesitamos. Necesitamos, por ejemplo, un pequeño Gobierno europeo. No necesitamos una Comisión Europea con 28 comisarios, sólo porque tenemos 28 Estados miembro. Necesitamos un Gobierno económico para la zona euro. Necesitamos una vigilancia costera y fronteriza europea, porque tenemos un espacio Schengen. Necesitamos una defensa común, sin ella no podemos hacer política exterior común para enfrentar retos geopolíticos comunes. De eso se trata realmente.

P.– Su ex portavoz, Didier Seeuws, comandará las negociaciones del Brexit. ¿Es un mensaje de apuesta europeísta por parte de Donald Tusk?
R.– Didier es un diplomático extraordinario, con mucha experiencia y excelentes capacidades. Las negociaciones están en las mejores manos posibles.

P.– ¿Por qué el plan de los cinco presidentes no ha avanzado ni logrado el apoyo explícito de los gobiernos?
R.– No estoy de acuerdo. De hecho, la mayoría de los gobiernos considera que la gobernanza económica de la UE tiene que cambiar para hacer el euro más fuerte y sostenible. Sin embargo, parecen tener miedo de dar el siguiente paso y hacer que estos cambios se hagan realidad cambiando los tratados. El miedo a más referendos es la razón. Pero si continuamos enterrando nuestras cabezas en la tierra y sin dar respuesta a los problemas, daremos a los nacionalistas y populistas las herramientas para hacer campaña contra Europa. Europa tiene que cambiar para sobrevivir.

P.– ¿Cómo se podría legitimar Europa para llenar de significado su proyecto?
R.– Hay que volver al proyecto de los padres fundadores: una verdadera federación de Estados y desarrollar la facultad de actuar autónomamente. Eso pasa por crear una capacidad fiscal para la zona euro; una unión de defensa europea; un cuerpo de vigilancia de fronteras y una política común de asilo e inmigración.

P.– ¿Ve usted alguna posibilidad de recomponer este divorcio? Los jóvenes británicos han desmentido con su voto que crezca el euroescepticismo…
R.– Los jóvenes, y no sólo en Gran Bretaña, son mucho más europeos que sus líderes en muchas ocasiones. Durante el referéndum del Brexit, el 75% de los más jóvenes con derecho a voto optaron por hacerlo a favor de permanecer en la UE. Por eso, considero que es nuestra responsabilidad trabajar por reformar la UE, pues su futuro está en nuestras manos.

Víctor García de la Concha
'Nuestra lengua tiene fortalezas pero también alguna debilidad'
El director de Instituto Cervantes asegura que el servicio de la lengua tiene que ser pactado y no debe estar supeditado a los cambios políticos.
Gaceta.es 3 Julio 2016

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, comienza a hacer balance de sus años al frente de esta institución, que abandonará pronto, y que no ha dejado de crecer en sus 25 años de vida, y a la que, entre otros retos, le queda conseguir más autonomía y no estar supeditada a los cambios políticos, dice.

"La lengua nos es común y el servicio de la lengua tiene que ser pactado y no debe estar supeditado a los cambios políticos, es fundamental para un proyecto que necesita tener continuidad, años por delante. Continuidad de programas y de personas, éste es el gran reto", explica. "El Cervantes necesita autonomía, de hecho la ley fundacional del Cervantes subrayaba el aspecto de autonomía y, básicamente, tiene autonomía, pero quizá excesivamente condicionada. Esto habrá que estudiarlo con el nuevo gobierno y, sobre todo, tienen que estudiarlo las Cortes, porque el español no es del gobierno", subraya.

"Esta institución lleva 25 años de vida y ha pasado gobiernos socialistas, popular... y yo tengo que decir que cuando he comparecido en la Cortes todos los grupos políticos consideraban al Cervantes como una cosa propia. La lengua nos es común", reitera este filólogo experto en mística.

Exdirector de la Real Academia de la Lengua, puesto que ocupó desde 1998 hasta 2010, y donde antes fue secretario durante seis años, De la Concha siempre ha estado trabajando "al servicio de la unidad de la lengua", pero cuando pensaba que se retiraba, recibió una llamada para dirigir el Cervantes. "El objetivo con el que yo llegué al Cervantes no era el de gobierno normal, que eso lo lleva el secretario general (actualmente Rodríguez Ponga), sino que me iba a ocupar de iberoamericanizar el Cervantes", recalca.

"En muchos países latinoamericanos, hispanoamericanos, está surgiendo y potenciándose la educación de español para extranjeros por universidades, gobiernos... y de lo que se trataba era conectar al Cervantes con esas inquietudes", argumenta el académico.

"A eso he dedicado estos cuatro años en mi tarea particular; otra cosa es que al mismo tiempo he participado en el gobierno general de la institución", matiza el presidente de honor de la Real Academia de la Lengua. Pero también en estos cuatro años al frente de esta institución, que cuenta con 90 centros en 43 países de todo el mundo, a De la Concha le ha tocado afronta la crisis y los recortes presupuestarios. "Nos apretamos al cinturón, restringimos servicios y conseguimos no cerrar ningún centro, ni despedir a nadie. De manera que hemos capeado la marcha del Cervantes y lo hemos podido hacer, en gran parte, por la ayuda extraordinaria que nos han prestado los países latinoamericanos", sostiene el director.

"El 67 por ciento de las actividades culturales del Cervantes son americanas -indica-, y eso tiene un doble valor, no sólo el de la ayuda económica que nos prestan, sino que los centros en todo el mundo se van convirtiendo en casas que no son solamente la casa de España, sino la casa de la cultura de los países hispanohablantes". Pero los tres polos en los que ahora tiene puesta la mirada el Cervantes, según De la Concha, son Estados Unidos, Brasil y China.

Con respecto a Estados Unidos, De la Concha asegura que está "razonablemente orgulloso" de haber creado el Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard, un observatorio del español y de las culturas hispánicas en este territorio.

Otro de los logros conseguidos en estos cuatro años de gestión, ha sido la creación de un nuevo certificado: el servicio internacional de evaluación de la lengua española (SIELE) que tiene como objetivo prioritario EE.UU., Brasil y China.

De La Concha, que no repetirá mandato -"ya tengo una edad que me reclama recogerme y hay que dejar paso a la gente joven"- afirma que la acción del Cervantes "debe continuar potenciando la colaboración con Latinoamérica, "cuanto más nos unamos mayor fuerza resultante". "Debemos seguir extendiéndonos en Estados Unidos, muy selectivamente pero ampliamente, por Brasil, que tiene una gran demanda, y después por África y Asia", añade.

"El español es una lengua que tiene mucha fortaleza pero también debilidades, quiero subrayarlo. El Cervantes es joven, con mucha potencia, con grandes logros, y es mucho lo que queda por delante", concluye de la Concha. En este mes el Instituto Cervantes celebra la reunión anual de directores en la que se repasará lo hecho y trazarán nuevos planes.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El problema moral de votar al PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Julio 2016

El problema moral de votar al PP es que, ante la alternativa de que se instale en el Poder una dictadura comunista, aderezada con media docena de referendos separatistas, no supone ningún problema moral. En rigor, lo que cabe reprochar al cártel de Poder presidido por Rajoy que se presentó a las elecciones con las siglas del PP es que, con premeditación y alevosía, ha eliminado cualquier barrera moral para votar a un partido constitucional. El único debate ético entre los votantes del PP, Ciudadanos y el PSOE es ése: el de la utilidad del voto para impedir el derribo del sistema constitucional.

Yo expliqué aquí la semana pasada por qué creía que lo más útil para frenar a Podemos a corto, medio y largo plazo era votar a Ciudadanos. Sigo pensando que sin las grandes reformas estructurales que necesita España –judicial, electoral, educativa y fiscal- nuestro país está abocado a optar entre soluciones de emergencia cada vez más inmorales o resignarse al triunfo de una izquierda totalitaria, guerracivilista, separatista… e inmoral. Dado que el PSOE nunca ha querido esas reformas, al contrario, y el PP las borró de su programa al llegar Rajoy al Poder, sólo nos queda Ciudadanos.

Lo intolerable es que llevemos una semana recibiendo lecciones de moral desde unos medios de comunicación que aceptan como éticamente irreprochable a un partido, Podemos, financiado por la criminal y sexista teocracia iraní y la criminal y corrupta dictadura venezolana, unos tíos que siempre han alardeado de simpatía por la ETA y que, desde que el AVE les lleva de L´estaca a Ada Colau, por el separatismo pancatalanista, una cuadrilla de pijiprogres oportunistas de extrema izquierda que, en nombre del Pueblo –básicamente chileno- quieren liquidar la soberanía del Pueblo Español, y que son capaces de proclamarse sucesivamente, en tres semanas, comunistas, socialdemócratas, progresistas de Ikea... y comunistas otra vez. ¿Cómo puede moralmente votar nadie a gente tan violentamente inmoral?

¿El partido más corrupto de España?
La última lección de moral electoral que me ha dejado atónito –tal vez porque siempre me cayó bien- es la de Julio Llamazares en El País. No abreviaré en dos frases lo que dice porque me parecen interesantes los meandros de un pensamiento que oscila entre la fatuidad y la mendacidad:

"Hechos ya todos los análisis de los últimos resultados (…) y a una semana ya de la votación, a mí ya solo me cabe hacer una afirmación: el problema de España no es político, es moral.

Que me explique, si no, alguien cómo se puede entender que la cuarta parte de los españoles apoye con su voto al partido con más escándalos de corrupción de la historia de la democracia española; es decir: cómo se puede aceptar sin huir del país como los británicos de Europa que a uno de cada cuatro de tus compatriotas les importen más sus colores o cualquier consideración económica que la constatación reiterada e innegable de que el partido al que da su voto está podrido por dentro y por fuera".

Por lo visto, Llamazares nunca ha votado a un partido corrupto. Pero como sólo habla de la corrupción del PP, temo que participa de esa antigua corrupción moral que aqueja no a un cuarto sino a media España –entre la grey periodística, intelectual y titiritera, aún más- que se resume en que por mucho que la Izquierda se corrompa, la corrupción siempre es de Derechas.

Yo lo veo al revés: la mejor manera de vivir entre la corrupción es proclamarse de Izquierdas. Automáticamente, quedas absuelto de toda sospecha de envilecimiento material y de toda precaución ética. ¿Para qué, si ya estás políticamente salvado y entre los buenos? Votar al PSOE, Izquierda Unida y Podemos –los nacionalistas están por encima de la moral- es un certificado de sangre democrática ya que el PP es "el partido con más casos de corrupción de la historia de la democracia española". ¿Pero lo es? ¿Lo ha sido siempre? ¿Desde cuándo aqueja a Llamazares la propensión de huir de España, a lo Mas y Otegui, como Farage de Europa? ¿Ha votado al PP alguna vez? ¿O sólo es corrupto el partido que él no vota?

La infinita corrupción del PSOE
Dice Llamazares, y es una trola gargantuesca, que el PP es partido "con más casos de corrupción de la historia de la democracia española". ¿Más que el PSOE? Cuando Aznar llega al PP, en otoño de 1989, aunque el congreso fundacional del partido es en Abril de 1990, ¿estaba ese partido más corrompido que el PSOE? Incluso si consideramos al PP no como un partido nuevo –creado en 1989- sino como el hijo político de los partidos de centro-derecha desde la transición -UCD, AP, CDS, PDP, Reformista-, ¿puede compararse la corrupción de cada uno de ellos y de todos ellos juntos con la corrupción del PSOE de González, la del expolio de Rumasa, el robo de los Fondos Reservados de Interior para pagar los crímenes del GAL, la de Filesa, la de Ibercorp, la de Roldán, la de los hermanos Guerra, la de la Expo 92, con el AVE de Sevilla cargado de convolutos de Siemens, la de la Cruz Roja, la del BOE, la del Vicepresidente Narcís Serra y el jefe del CESID Manglano -condenados por escuchas ilegales a todo el mundo-, la de Rubio, Solchaga y los amigos de la beautiful people de Polanco, la de la concesión ilegal de Canal Plus, la de los regalos a Eductrade y Sanitrade, la del antenicidio, perpetrado desde Moncloa con dinero robado en Banesto y, sobre todo, la de la corrupción del PSOE e IU en la Junta de Andalucía, con Chaves y Griñán al frente y UGT y CCOO a la cola, cuyos ERE colean en los juzgados y cuya magnitud es la mayor perpetrada en España y la UE?

Llegados a este punto, cabe preguntarse, ¿sabe Llamazares que los casos de corrupción en Andalucía, en las administraciones PSOE-IU, son los más graves en cantidad y escandalosos en calidad de "toda la historia de la democracia española", por usar su misma frase? ¿Son inmorales aquellos andaluces que, tras ver cómo han robado sin tasa y corrompido jueces sin vergüenza los socialistas y comunistas de su región durante treinta años han votado al PP? ¿Cómo tiene Llamazares la cara dura de decir que el PP es el partido más corrupto de la historia de la democracia española cuando el PSOE e IU, su socio habitual, han robado a mansalva en cuantas alcaldías y autonomías han caído en sus manos? ¿O es que Llamazares no sabe que existe Andalucía? ¿Y Venezuela o Irán, el modelo y la meca de Podemos?

Si no supiera que el sectarismo puede corromper el juicio de la gente más decente, diría que Llamazares y los que como él se creen moralmente superiores a los que votan al PP están tan profundamente corrompidos que han arrastrado a la Derecha a imitar a la Izquierda, no sólo en su todavía inalcanzable corrupción sino en la idea de que los votos absuelven de los delitos. Podemos es hijo de esa fatuidad y esa mendacidad que lleva a los progres a avergonzarse de nosotros, los que no nos iríamos de España pero votaríamos al PP si fuera el último valladar contra Podemos. ¡Faltaría más!

La deslealtad del «proceso» ante la crisis europea del Brexit
Editorial La Razon 3 Julio 2016

El triunfo del Brexit ha abierto en Europa una crisis cuyas consecuencias desconocemos todavía. Sabemos que el abandono de Reino Unidos de la UE va a afectar al proyecto común europeo y que los partidos ultranacionalistas y populistas de diferente signo han encontrado un enemigo común. Existe, además, una herramienta que se ha demostrado muy popular –y populista– para alcanzar objetivos políticos de primer orden: el referéndum.

De cumplirse los planes de los nacionalistas escoceses (SNP), el Brexit no sólo deja dañada a la UE, sino que supondría la descomposición de Reino Unido y el fin del tratado de unión de las tres naciones constituyentes –Inglaterra, Escocia y Gales–, existente desde 1706. Nada más conocerse el resultado del Brexit, la ministra principal del Gobierno escocés, Nicola Sturgeon, dejó claro cuál iba a ser el camino que iban a emprender para seguir perteneciendo a la UE: convocar una nueva consulta para abandonar definitivamente Reino Unido y desvincularse así del Brexit. El fin no es tanto fortalecer a las estructuras comunitarias como debilitar a su adversario atávico, Inglaterra.

Si se aceptase esta fórmula, estaríamos poniendo el punto final de una UE basada en compartir la soberanía y el gobierno a cambio de desmantelar los estados que la constituyen. Francia y España se oponen a esta salida. No será fácil que Escocia vuelva a convocar otro referéndum –en el del 18 de septiembre de 2014 votó a favor de la permanencia en Reino Unido– antes de que se haga efectivo el Brexit en 2019.

Por su parte, el independentismo catalán no ha conseguido ni un solo aliado internacional para su «proceso», pero persiste en negar la verdad ya expresada por las autoridades comunitarias de que romper con España supondría dejar automáticamente la UE. Creen ahora que el caso escocés abre nuevas perspectivas para el «proceso» y que podrían ser readmitidos con rapidez en caso de que triunfase –y se celebrase– un referéndum independentista en Cataluña. Cuando el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pide que la UE «deje de ser insensible a las diferentes realidades», ya sabemos lo que quiere decir: que se reconozcan las identidades nacionales e históricas por encima de las supranacionales, lo que acaba siendo una merma de los derechos de ciudadanía en los propios territorios.

El Brexit también es un rechazo de esas identidades nacionales arraigadas y de los viejos sectores productivos, menos adecuados al mercado laboral frente a la globalización. Si en el caso de los nacionalistas escoceses del SNP ha habido precipitación al avanzar el objetivo inmediato de abandonar Reino Unido, en el caso del independentismo catalán persisten en su viaje más allá de la realidad. Su visión particularista les impide ver que la UE vive un momento crítico, que pude agudizarse en las presidencias de Francia de 2017, en las que Marie Le Pen competirá en segunda vuelta. Un caso similar es el del PVV de Geert de Wilders en Holanda, que es favorito también en 2017, o del ultraderechista Partido de la Libertad en Austria, que intentará conseguir la primera plaza. En estos tres casos, proponen un referéndum para dejar las estructuras de la Unión. Otro agravante más: Eslovaquia ejerce la presidencia de turno de la UE, un país con escaso espíritu europeo. Éste es el contexto en el que los independentistas catalanes plantean sus inaplazables reivindicaciones históricas. Siempre fuera de la realidad.


 


Recortes de Prensa   Página Inicial