AGLI Recortes de Prensa   Martes 5  Julio  2016

 CRISIS DE LA SOCIALDEMOCRACIA
Estado social, del éxito a la muerte
JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO El Mundo 5 Julio 2016

En marzo pasado, el profesor Gabriel Tortella declaraba a un diario digital: 'La izquierda ha muerto de éxito en todo el mundo. La socialdemocracia ha vencido en toda línea. Todos los países modernos son socialdemócratas, aunque estén gobernados por partidos conservadores'. Esta aseveración, que se ha repetido en distintos ámbitos, habría tenido pleno sentido de haberse pronunciado en los años 70, pero resulta absolutamente falsa en los momentos actuales.

La socialdemocracia se configuró como sistema intermedio entre el llamado socialismo real y el capitalismo salvaje del siglo XIX, contraponiendo el Estado social al Estado liberal. El liberalismo, partiendo de Montesquieu y de Rousseau, había establecido frente al Antiguo Régimen los derechos civiles y políticos, la división de poderes, el sometimiento por igual de todos ante la ley y el derecho de todos los ciudadanos a participar en los asuntos públicos. Pero las condiciones económicas creadas con la división del trabajo y la Revolución industrial habían convertido todos estos derechos en papel mojado para la mayoría de los ciudadanos. La misma democracia estaba en peligro, porque la acumulación del poder económico en pocas manos concedía a una minoría suficientes medios y facilidades para falsear el juego político de manera que, tal como escribió Hermann Heller, bajo una máscara democrática, se establecía la más terrible de las dictaduras, la del dinero. Fueron muchas las voces que se levantaron frente a esta situación, proponiendo que el Estado liberal debería ser superado por el Estado social.

Si el Estado quería ser verdaderamente un Estado de derecho y democrático no tenía más remedio que ser también social, renegar del laissez faire e intervenir en el ámbito económico. Asumir, sí, la libre empresa y la economía de mercado, pero supeditarlas al interés general. El Estado social parte del hecho de que la economía no es un sistema espontáneo, perfecto y autorregulado, sino que necesita de la constante intervención, control y dirección estatales. Consiste, en definitiva, en aceptar el especial protagonismo de los poderes públicos en el proceso económico. En palabras de Karl Popper 'el poder público es fundamental y debe controlar al poder económico'. Para ejercer su función, debe contar con todo tipo de instrumentos, incluyendo la intervención directa como empresario e incluso la reserva de sectores o recursos estratégicos. Es lo que en sus tiempos se denominó economía mixta, es decir, la existencia de un fuerte sector público empresarial capaz de servir de contrapunto al privado.

El Estado social asume también la necesidad de una función redistributiva que corrija el injusto reparto de la renta que realiza el mercado. Función redistributiva llevada a cabo mediante las prestaciones sociales y un sistema fiscal altamente progresivo. Keynes, desde la economía, vino a respaldar las tesis del Estado social, destruyendo el manido argumento de que la igualdad se opone al crecimiento. Más bien lo que demostraba la teoría económica es que el aumento de las desigualdades sociales, la acumulación del dinero y el funcionamiento desordenado de la economía y los mercados conducen a las crisis. Estaba muy cerca el ejemplo de 1929. El Estado social fue el núcleo del discurso socialdemócrata, pero el miedo al comunismo, la lucha de las clases trabajadoras y las propias contradicciones del sistema liberal, hicieron que poco a poco fuera asumido también por las fuerzas conservadoras y que sus principios se incorporasen a todas las constituciones de los países capitalistas de Europa. La realidad económica y social en los países occidentales se modificó sustancialmente con respecto al escenario que imperaba en el siglo XIX. A principios de los años 70 se podía afirmar que gobernase quien gobernase el discurso socialdemócrata había triunfado en todos los países occidentales.

Pero, a partir de ese momento, la situación cambia y comienza un retroceso en ese proceso democratizador. Esa regresión tiene un origen político, ideológico. Obedece a la decisión tomada por las clases altas y los grupos sociales privilegiados de que se había ido demasiado lejos en el proceso de igualdad y democratización. El poder económico se subleva contra el poder político y el poder político abdica de sus competencias y funciones, y las transfiere al poder económico.

En los últimos 40 años, el capital ha dado jaque mate a los Estados nacionales, único ámbito en el que, mejor o peor, se habían establecido mecanismos medianamente democráticos, y en el que el poder político había impuesto límites y reglas a las desmedidas ambiciones del poder económico. Al renunciar los Estados a esos mecanismos de control, han renunciado al mismo tiempo a su soberanía y a las cotas de democracia alcanzadas, por pequeñas que fuesen. La desregulación de la economía y la eliminación de todo tipo de reglas, de manera que el capital funcione internacionalmente con total libertad, trasladan el verdadero poder más allá de las fronteras nacionales, a ámbitos carentes de cualquier responsabilidad política y democrática. Hace ya más de 15 años que el renacido capitalismo -hijo del capitalismo liberal- se quitó la careta. En Davos, en el World Economic Forum, Tietmeyer, gobernador del todopoderoso Buba (banco central de Alemania), proclamó: 'Los mercados serán los gendarmes de los poderes políticos'. Pero, ¿dónde queda entonces la soberanía popular?

Será quizás en el proyecto de UE donde aparezca de forma más clara el intento de insurrección del capital de los lazos democráticos. Los mercados son supranacionales, mientras los aspectos políticos quedan confinados en los Estados nacionales. A lo largo de todos estos años los distintos tratados han ido configurando un espacio mercantil y financiero único, sin que apenas hayan existido avances en la unidad social, laboral, fiscal y política. La libre circulación de capitales establecida en el Acta Única, en ausencia de armonización social, fiscal y laboral, colocaba ya contra las cuerdas al Estado social y a la socialdemocracia, pero ha sido la unión monetaria la que los condena a muerte. Al entregar la moneda propia, los Estados nacionales ceden también su soberanía sin que haya una unidad política democrática a nivel supranacional que la asuma.

Las negativas consecuencias que para el Estado social y la democracia iba a tener la unión monetaria resultaban evidentes desde Maastricht. Pero si existía alguna duda ha desaparecido tras estos años de crisis, en los que se ha demostrado dónde radica la soberanía y cómo se tuerce la voluntad popular. Poco importa cuál sea el partido que gobierne, puesto que la política viene marcada desde Frankfurt o desde Bruselas. Por otra parte, la incapacidad de devaluar el tipo de cambio fuerza a los países a llevar los ajustes a los salarios.

Si en el pasado fue la derecha la que siguió el camino de la socialdemocracia, en los últimos 40 años han sido los partidos socialistas los que han acompañado a los conservadores y a los poderes económicos en este camino de retroceso. Han aceptado presupuestos que entran en total contradicción con lo que fue el discurso socialdemócrata. Ellos mismos han cavado su propia tumba. Blair en Gran Bretaña, Schröder en Alemania, Felipe González en España y tantos otros, han sido los causantes de la muerte de la socialdemocracia, aceptando un campo de juego en el que no puede funcionar.

La deserción de los partidos socialistas y los obstáculos para aplicar una política socialdemócrata han dejado un gran vacío en todos los países europeos. Las clases bajas y medias se resisten a aceptar el nuevo orden que las empobrece y las retrotrae a situaciones que creían felizmente olvidadas. Surgen movimientos y formaciones políticas que el establishment engloba bajo el 'populismo'. Aun cuando tienen características muy distintas tienen un denominador común: reaccionar con fuerza en contra del nuevo marco económico creado, que pretenden romper. Frente a la presión obrera, la socialdemocracia sirvió en buena medida como instrumento para que el sistema capitalista (el liberal del siglo XIX y principios del XX) se adaptase y evitase su destrucción. ¿Sabrá reaccionar de la misma manera el actual capitalismo liberal depredador?

El significado de los círculos
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 5 Julio 2016

¿Se han preguntado alguna vez por qué Podemos ha elegido como emblema unos círculos? Tal vez no sea por aquellos "círculos" del 15-M, sino por otros círculos aún más siniestros que se dibujan en el proyecto que hoy desvelado el diario El País. La alcaldesa de Madrid, Manuel Carmena, pretende crear unas organizaciones a las que llama de "gobernanza de barrio" a las que quiere dar poderes policiales y judiciales. Esto recuerda inmediatamente a otros círculos: los Círculos Bolivarianos de Venezuela, verdaderas milicias de choque de la dictadura de aquel país para atemorizar a los ciudadanos en sus propios barrios y en sus mismas casas.

La descripción que hoy ha salido a la luz de los planes del principal gobierno municipal que ejerce Podemos está lleno de jerga inquietante. Si con esa verborrea tardo-marxista pretendían tranquilizar y hacer pasar sus planes de manera discreta, lo cierto es que no lo consiguen. Palabras como policía, infractor, delincuente o jurado vecinal resuenan demasiado fuerte para no darse cuenta de que esto no está pensado para mediar cuando un vecino molesta a otro. Por si quedaran dudas, un alto responsable municipal declara a través de la propia web del ayuntamiento que "se trata de la adaptación de modelos ya estandarizados", y cita expresamente un "Manual de Prevención del Terrorismo" de la OSCE, "basado en el modelo de policía comunitaria". "Este es el modelo que vamos a utilizar", sigue diciendo. ¿Se imaginan lo que en la mente de Podemos puede estar cuando pretenden crear grupos vecinales para "prevenir el terrorismo"?

Las tiranías a las que asesoró –y de las que cobró mucho dinero- la Fundación CEPS, en la que estaban los que hoy dirigen Podemos, llevan décadas utilizando estos métodos. Son los Círculos Bolivarianos que Hugo Chávez organizó en 2001, cuando llevaba muy poco tiempo al frente de Venezuela. Son también los Comités de Defensa de la Revolución creados en Cuba a los pocos meses de la llegada de Fidel Castro al poder. Son instrumentos para espiar a los vecinos, delatarles, hostigarles si tienen un comportamiento mal visto por los revolucionarios, y en último término agredirles si llega el caso.

En un Estado de Derecho solo puede haber tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, independientes y separados entre sí. La salvaguarda de la libertad empieza a desaparecer cuando se inventan nuevos poderes, como hizo Hugo Chávez en Venezuela. ¿Qué significa crear un "Poder Ciudadano" o un "Poder Popular" al margen de los tres poderes democráticos del Estado de Derecho? Significa pura y simplemente que alguien se coloca por encima de las leyes y al margen de los jueces, para ejercer el poder de obligar y reprimir a las personas.

¿De dónde van a recibir su poder para obligar, reprender y sancionar esos "gestores de barrio" y esos "círculos de custodia ciudadana" que Podemos quiere crear en Madrid? Ese poder no emana de la Constitución, ni desde luego del consentimiento libre de los individuos. Es un poder de facto, cuya capacidad de intimidación ya ha sido experimentada en esos países.

Hace pocos meses Podemos dio a conocer un documento de Bases Políticas para un Gobierno que quizá haya sido lo más sincero que hayan publicado. En ese documento mostraban su pretensión de nombrar magistrados y jueces tomando en cuenta su compromiso político con el proyecto de Podemos, cosa que más tarde ratificó Juan Carlos Monedero en plena campaña electoral. No van en broma. Saben que usurpando el poder para juzgar es fácil conseguir todo el poder.

La vergüenza austriaca
Reflexión inevitable: ¿Esta es la Europa que Bruselas desea construir? ¿Una Europa donde la democracia consiste en que sólo es democrático lo que el mando nos dicta?
EDITORIAL Gaceta.es 5 Julio 2016

Las cabeceras de la mayoría mediática están intentando que el episodio pase desapercibido, pero en Europa es un escándalo de dimensiones históricas: un sistema democrático, en nombre de la democracia, falsea los resultados de unas elecciones para que no gane la opción más votada por los ciudadanos. Es lo que ha hecho el sistema en Austria para frustrar la victoria electoral del Partido por la Libertad (FPÖ). Ahora se ha descubierto el pastel y habrá que repetir las elecciones. Una auténtica vergüenza.

Lo que ha pasado en Austria debería mover a reflexión sobre la verdadera cualidad de nuestras democracias. Porque, además, coincide con los comentarios suscitados entre los analistas biempensantes por el referéndum del Brexit. Síntesis: el pueblo se equivoca cuando no sigue a las oligarquías. De algún modo estamos volviendo a la peor tradición del espíritu masónico y jacobino: “no haya libertad para los enemigos de la libertad”, como decían en la revolución francesa. ¿Y qué es la libertad? Lo que digan los que mandan. La oligarquía se atribuye la exclusividad de la libertad y, por tanto, el derecho a decidir quién debe ser libre y quién no; aquel que resulte calificado como enemigo de la libertad, debe ser expulsado de la vida pública. Es, por cierto, el mismo dogma sectario que llevó a la ruina a la II República en España. El sistema democrático, en Austria, ha decidido que el voto popular debe ser rectificado. Democracia bajo vigilancia.

A todo esto, ¿qué ha hecho el FPÖ para merecer semejante marcaje? La opinión mayoritaria es que se trata de un partido de “ultraderecha”, pero esto no deja de ser una etiqueta vacía. Difícilmente puede decirse que el FPÖ es un partido que amenace las libertades o la democracia: desde hace más de treinta años ha formado parte reiteradas veces del gobierno austriaco, ha regido en varias ocasiones municipios y provincias y ha gestionado sustanciosas porciones de los presupuestos públicos, y jamás las ha utilizado para coartar a los medios de comunicación privados (algo que sí propone Podemos), para limitar la independencia del poder judicial (algo que sí hacen en España PP y PSOE) o para segregar a los ciudadanos en razón de su lengua (algo que sí hace el separatismo catalán). Lo que ocurre es que el FPÖ se opone a la inmigración masiva, ha protestado contra la entrada multitudinaria de población extranjera en la reciente crisis de los inmigrantes, reivindica la preferencia nacional (austriaca) y propone una revisión de las bases de la Unión Europea. Ese es su verdadero pecado.

Reflexión inevitable: ¿Esta es la Europa que Bruselas desea construir? ¿Una Europa donde la democracia consiste en que sólo es democrático lo que el mando nos dicta?

El 'Brexit' devora también a sus propios impulsores
EDITORIAL El Mundo 5 Julio 2016

LA DIMISIÓN de Nigel Farage, el populista y eurófobo líder del partido independentista británico (UKIP) y principal artífice del éxito del Brexit, no por inesperada deja de confirmar el trauma político y social que está viviendo Gran Bretaña desde el referéndum del pasado día 23. A la irrelevancia del laborismo, con un líder, Jeremy Corbyn, cuestionado por parte de su propia dirección, y la división interna de los conservadores, alentada y aprovechada por Farage, se une ahora el descabezamiento de un partido que fue la fuerza mayoritaria en las últimas elecciones al Parlamento europeo. La estabilidad que ha caracterizado siempre a la política británica, fuertemente bipartidista, ha saltado por los aires dejando un panorama político enormemente fracturado.

Y Farage, un político imprevisible, impulsivo y atípico en muchos aspectos, no ha desaprovechado la ocasión para seguir alimentando su leyenda. Ahora que ha conseguido alcanzar el cénit de su carrera, muy pocos le creen cuando afirma que quiere alejarse de la escena política y recuperar su vida privada. Además, no es la primera vez que anuncia su dimisión. Ya lo hizo en dos ocasiones, en 2009 y 2015, y en ambas volvió. Y no hay que olvidar que bajo su liderazgo el UKIP se convirtió en la tercera fuerza política en las generales de 2015, aunque sólo consiguiese sentar a un representante en el Parlamento. Por eso, animal político como es, sabe que éste es el mejor momento para sacar partido de la crisis que amenaza con desmembrar los partidos conservador y laborista.

Farage, que comenzó su andadura política en las filas del conservadurismo, empezó a radicalizar sus posiciones desde la aprobación del Tratado de Maastricht, en 1992. Desde entonces, no ha hecho sino profundizar en una deriva antieuropea y populista que le ha llevado incluso a mentir para conseguir sus objetivos. Según reconoció él mismo sin demasiado rubor, Reino Unido no aporta a la UE 350 millones de libras semanales, sino poco más de 130, por lo que esa cantidad no podrá ser destinada a la Sanidad como prometió en la campaña. Y tampoco, con o sin Brexit, se podrá expulsar del país a los inmigrantes que hayan obtenido la nacionalidad británica. Quedará para la historia de la infamia el uso de técnicas de propaganda que todos creían olvidadas ya en la política europea para alentar el miedo a los inmigrantes de los ciudadanos británicos afectados por la crisis. Junto a la imagen de un grupo de refugiados de la guerra siria en Eslovenia, el cartel del UKIP utilizaba una consiga demagógica: «Punto de Ruptura: la UE nos ha fallado a todos».

Farage es por tanto el ejemplo de un político sin escrúpulos capaz de aprovechar cualquier coyuntura aunque suponga un riesgo para la estabilidad del sistema político europeo. Cumplido el objetivo de sacar a Reino Unido de la UE, su dimisión es una huida hacia delante con la que pretenderá sacar provecho del desmoronamiento de los tradicionales partidos británicos. Su salida coincide con la declarada intención del multimillonario Arron Banks de dejar de financiar al UKIP para fundar una nueva formación que aproveche el resultado del referéndum y consiga atraer a políticos y votantes desencantados con el laborismo y los conservadores. Porque el Brexit es la consecuencia de la perniciosa labor del populismo cuando la política tradicional ha entrado en crisis.

'Brexit': el hielo sobre la cubierta del 'Titanic'
Guillermo Gortázar El Espanol 5 Julio 2016

Voy a ser, una vez más, políticamente incorrecto. Voy a romper una lanza en favor del primer ministro Cameron.

Permítanme un chiste y una anécdota. El capitán del Titanic estaba cenando la noche de su hundimiento y el contramaestre, con frialdad británica, le informó: “Capitán hemos chocado con un iceberg. Desconocemos el alcance de los daños, pero la cubierta del buque está llena de hielo”. El capitán, sin inmutarse, contestó ante los comensales: “¡Magnífico, así tendremos hielo para enfriar el champán!”.

Ahora la anécdota. El actual ministro español de Educación en funciones era, antes de las elecciones europeas de 2014, secretario de Estado para asuntos europeos. En un amistoso encuentro en 2012 le dije: “Como has podido comprobar, Íñigo, tenía razón: no fue posible aprobar la llamada Constitución Europea, rechazada por Francia en referéndum. Desde el inicio de los 90 te vengo diciendo y escribiendo que la precipitación e intensificación del proyecto europeo federal es idealista, irreal y puede llegar a provocar la salida del Reino Unido y un aumento considerable de los eurófobos”. Me contestó: “No pasa nada, Guillermo. Lo que hicimos fue cambiar el nombre a la Constitución y aprobar el mismo contenido, poco después, en el Tratado de Lisboa”. En el primer caso, en 1912, se hundió el transatlántico. En el otro, en 2016, se ha producido el brexit.

La UE es un aparato político distante, prácticamente federal, centralizado, burocrático, con más de 5.000 traductores

No pretendo vaticinar un hundimiento de la UE ni compararlo con el Titanic. Me considero un claro partidario del espacio común europeo e incluso del euro. Pero de ahí a construir un superestado federal, configurado de tapadillo, hay una distancia enorme.

La Unión Europea es hoy un aparato político prácticamente federal, centralizado, burocrático, distante, con más de 5.000 traductores, (¿porqué no se eligió una lengua franca, común?) con un gobierno irresponsable (la Comisión) y un Parlamento muy poco representativo (¿quién conoce a los eurodiputados, aparte de su familia?) y que no fiscaliza a un gobierno responsable.

La UE no levanta entusiasmos; más bien al contrario. ¿No habrá llegado el momento de considerar qué se está haciendo mal? ¿Vamos a repetir que, gracias al brexit, el camino está expedito para la profundización estatista y que es estupendo tener la cubierta llena de hielo para el champán? Decía Chateaubriand, que en política, “si no nos atenemos a los hechos, nos perdemos sin retorno”.

El balance comercial UE-Reino Unido es favorable a la UE en 24.000 millones de libras sólo en el primer trimestre del año

Los hechos de los últimos años son: un aumento considerable de los apoyos a eurodiputados populistas o euroescépticos y un abandono del Reino Unido del actual proyecto político europeo. La actitud de los eurócratas, euroentusiatas idealistas -en su mayoría democristianos y socialistas- es mirar para otro lado, culpabilizar a la crisis económica, empecinarse en los elementos de intensificación federal de la UE y asustar a los ciudadanos y a los estados miembros con toda clase de perjuicios si se les ocurre cuestionar el Tratado de Lisboa.

Mi impresión es que el brexit tiene pocas consecuencias para el Reino Unido porque mantiene la libra, no está en el espacio Schengen ni padece sometimiento jurisdiccional de Estrasburgo, como padecimos nosotros cuando en octubre de 2013 el Tribunal de Estrasburgo rechazó la doctrina Parot de cumplimiento de penas y puso en libertad a 59 criminales de la ETA. Algo inimaginable para un británico con los criminales del IRA.

Pero el brexit puede generar problemas e inestabilidad en la UE. La fuerte economía del Reino Unido tiene sobrada capacidad para adaptarse a la nueva situación. El balance comercial UE-Reino Unido es favorable a la UE en más de 24.000 millones de libras esterlinas sólo en el primer trimestre de este año. La UE ¿va a poner aranceles a este buen comprador de productos continentales? La torpe amenaza de Juncker a los británicos por el brexit fue inmediatamente desautorizada por la canciller Merkel: “No tenemos ninguna necesidad de ser antipáticos con el Reino Unido”.

El referéndum ya no se podía aplazar más, toda vez que el UKIP amenazaba el secular equilibrio político de la isla

Otro hecho. La descalificación del primer ministro Cameron, como el peor político inglés. Se ignora que el referéndum es un tema sobre la mesa en el Reino Unido desde el Tratado de Maastricht en 1992; referéndum que todos los gobiernos británicos pospusieron, pero que ya no se podía aplazar toda vez que el partido de Farage, el UKIP, emergía impetuosamente, de modo que amenazaba seriamente el multicentenario equilibrio político de la isla.

Cameron resolvió brillantemente, vía referéndum, el contencioso escocés y a punto ha estado de ganar el de la UE. Ha tenido la gallardía de dimitir de modo inmediato y está ahora dedicado a facilitar una salida ordenada y beneficiosa de la UE para el próximo líder conservador. Cameron es un político con principios, con posición favorable a la permanencia y que ha consultado a la nación en democracia y se ha sometido a la opinión. Tiene todo mi respeto.

Se equivocan los eurofanáticos como Juncker si creen que el brexit es una excepción típica británica. De acuerdo con el último sondeo del prestigioso PGAS (Pew Global Attitudes Survey), el 73% de los votantes holandeses se opone a una Unión política aun más intensa; en el caso de Suecia es el 85%. En Grecia, por motivos diferentes, es el 86%. Pero incluso lo países centrales de la Unión, como Alemania, Italia y Francia, se oponen a la federalización y a la cesión de más soberanía: el 68%, el 65% y el 60%, respectivamente.

Esta es la hora de la reflexión sobre un modelo de UE realizado de espaldas a la realidad y a la propia historia de Europa

Ante la presente crisis podemos seguir como siempre, no hacer nada y aprovechar la ocasión para reclamar Gibraltar, como en la época del general Franco. Una segunda opción, más suicida, es profundizar la estatización, la unión política, de tapadillo, con desconocimiento o en contra de la opinión pública. Hay una tercera vía que es reformar los Tratados, recuperar de modo efectivo el principio de subsidiariedad, escuchar lo que dice la opinión de cada nación y tratar de preservar lo principal de la Unión: un espacio de libre mercado, de integración, libertad, democracia y seguridad sin cesiones innecesarias de soberanía ni una burocracia cara y sobredimensionada en una torre de Babel.

Dado que no existe un sujeto fundacional único (el pueblo español, el pueblo francés, el pueblo alemán…) la construcción de un superestado europeo tiene que ser el resultado de un proceso lento y progresivo, ampliamente aceptado por la opinión y eliminando aquellos elementos burocráticos y costosos que sólo responden a satisfacer una reubicación de políticos nacionales desplazados a Bruselas.

La Unión Europea está en una encrucijada con serios enemigos apostados a la espera de su disolución. El populismo extremista de izquierda y derecha es una amenaza, incluso xenófoba, para un espacio de libertad. Esta es la hora de la reflexión sobre un modelo de Unión realizado de espaldas a la realidad, a la opinión y a la historia de Europa. Se impone una vuelta aristotélica a la realidad. Se trata de considerar la relevancia del hielo en la cubierta del Titanic. En lugar de poner a enfriar champán hay que abandonar utopías platónicas de federación inmediata y ajenas a la opinión de los pueblos de Europa.

*** Guillermo Gortázar es coautor, junto con Margaret Thatcher 'et alt.', del libro 'Visiones de Europa' (Madrid, 1994) y acaba de publicar 'El salón de los encuentros. Una contribución al debate político del siglo XXI'. (Unión Editorial, Madrid, 2016).

Brexit: los pirómanos huyen tras el incendio
El rugido del león El Espanol 5 Julio 2016

El brexit empieza a devorar a sus padres. Nigel Farage, líder del partido eurófobo UKIP y una de las figuras más prominentes de la campaña para abandonar la Unión Europea, ha anunciado su dimisión este lunes. La noticia llega apenas unos días después de que el exalcalde de Londres, Boris Johnson, diera a conocer que no se postulará para sustituir al primer ministro David Cameron.

El líder del UKIP ha justificado su retirada porque “ya ha hecho su parte” al alcanzar la meta de que Reino Unido salga de la UE. Es la tercera ocasión en que Farage dimite: la última vez, tras el mal resultado de su partido en las elecciones generales de 2015, duró tan solo tres días. Sin embargo, la espantada de los victoriosos brexiteers esta última semana pone en evidencia que ninguno de los responsables de abocar a Reino Unido al desastre están dispuestos a afrontar las consecuencias.

Un brexit basado en mentiras
Los dirigentes de la campaña del Leave recurrieron a proclamas populistas para convencer a los británicos de que abandonasen la Unión. Entre sus promesas más disparatadas estaba una supuesta financiación extra de 350 millones de libras al servicio de la sanidad pública. Una propuesta que el propio Farage desmintió el día después del referéndum, pero que indudablemente condicionó el voto de miles de británicos.

Los partidarios del brexit también prometieron que un Reino Unido fuera de la Unión podría frenar el acceso a la inmigración y al mismo tiempo disfrutar de un pleno acceso al mercado único, lo que es claramente falaz. Tal y como afirmaron los líderes europeos en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del pasado jueves, Reino Unido no puede elegir quedarse lo que le interesa de la UE y deshacerse de las políticas que no le satisfacen.

Una posición cobarde
Tal y como pronosticaban los expertos, el impacto del brexit no ha tardado en notarse en los mercados. La libra ha perdido en torno a un 9% de su valor frente al euro, y el ministro de Finanzas, George Osborne, ya está sopesando recortar los impuestos corporativos para intentar frenar que las grandes empresas se vayan del país.

Los responsables de este salto al vacío no sólo han abocado al Reino Unido al abismo, sino que ahora escurren el bulto. David Cameron, el hombre que convocó el referéndum, anunció su dimisión a poco de saberse el resultado. Su retirada de la primera línea de la política, junto con la cobarde huida de Boris Johnson y de Farage, significa que ninguna de las personas que precipitó el brexit estará ahí para asumir las consecuencias. Los pirómanos huyen de la quema que ellos mismos han provocado.

O democracia o mito
ARCADI ESPADA El Mundo 5 Julio 2016

EL INTERESANTE caso del post Brexit. Lo habitual en las democracias es que los perdedores dimitan. A esa norma pareció acogerse Gran Bretaña cuando David Cameron anunció su final político y al laborista Jeremy Corbyn le anunciaron el suyo. La rareza, sin embargo, es que también los ganadores se van. Primero Boris Johnson y luego Nigel Farage, los dos máximos impulsores de la derrota de Europa entre los británicos. Cada una de esas retiradas tiene sus explicaciones aparentes, relacionadas con la situación de cada uno de estos hombres en sus propios partidos. Pero hay una posibilidad de justicia no meramente poética que une los cuatro fracasos, y es que haya sido el precio a pagar por sus mentiras. Mintió Cameron, desde la raíz, al hacer creer a los ciudadanos que un referéndum sobre Europa era una ocasión para el progreso político de Gran Bretaña, cuando se trataba, solo, del suyo propio. Mintió Corbyn cuando una campaña al baño maría no logró desmentir la impronta de su euroescepticismo y el abandono general de la política de la razón por parte de la izquierda. Mintió Johnson, y lo primero a su propia inteligencia, cuando para que le votaran los tontos no tuvo mejor idea que hacerse pasar por ellos. Y mintió Farage cuando después de asaltar el cielo brexit tuvo que explicar a sus votantes que no había rastro de las cien mil vírgenes que les había prometido a cada uno de ellos.

En política es relativamente sencillo mentir. Más difícil es gestionar las mentiras. (Ni el caso de Tsipras disipa esta ley general: los griegos sabían, o al menos intuían, que su referéndum solo servía para salvar la honra). El Brexit se ha alcanzado a fuerza de mentiras y de la sola verdad mísera del racismo. Pero el Brexit es, también, una mentira en sí mismo: puede que Gran Bretaña abandone Europa, pero es imposible que Europa abandone Gran Bretaña. En un comentario reciente del Financial Times un lector aludía a la «democracia posfactual», es decir, a un mundo dominado por la mentira y el mito donde «los hechos serían tan inútiles», decía, «como las balas rebotando sobre los cuerpos de los alienígenas en una novela de Wells». Democracia posfactual es una expresión feliz, especialmente didáctica para todos aquellos que amparados en el carácter normativo de la política niegan su imprescindible vinculación con la verdad. Los hechos, sin embargo, resisten y vuelven, aun como restos de naufragio. Y pasan cuentas. Democracia posfactual es un oxímoron. Un duelo a muerte. Van cuatro de momento.


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El PSC y la vía canadiense
Antonio Robles Cronica Global 5 Julio 2016

Vuelta la burra al trigo. El PSC ha retornado al referéndum secesionista después de un paréntesis de dos años. Así lo ha explicitado en una ponencia a debatir en el próximo congreso si fracasa la reforma en clave federal de la Constitución propuesta por el PSOE. Y como modelo, la Ley de Claridad canadiense.

El PSC ha vuelto al redil, incapaces de sostener el pulso a la atmósfera viciada del pujolismo. Prefiere unirse al egoísmo nacionalista y a la ilegalidad del derecho a decidir, que a la legalidad y legitimidad de la Constitución

O lo que es lo mismo, el PSC ha vuelto al catalanismo, esa atmósfera étnica aparentemente inocua, cordón umbilical de la clase social dominante en Cataluña, que ya no hay que identificarla únicamente con la clase económica dominante de las 300 familias burguesas tradicionalmente dueñas del dinero y el poder, sino con la nueva clase social hegemónica nacida del pujolismo, que vive del negocio nacional, que es transversal y reúne en un mismo afán a las clases medias catalanistas encuadradas en la enseñanza, el periodismo, en las profesiones liberales, en las instituciones nacionalistas: funcionarios, artistas y rentistas del régimen que viven de subvenciones, y que aúna a botiguers de todos los niveles, a colaboracionistas por conveniencia y a los estamentos de la Iglesia. Una argamasa transversal cuyo denominador común es el catalanismo, verdadero caldo de cultivo sin el cual no se podrían entender ni el nacionalismo, ni el independentismo, ni el estado de sugestión colectiva que caracteriza a las sociedades abducidas por un delirio temporal inevitablemente transitorio.

Por decirlo sin ambages, son los dueños de la masía, los amos de Cataluña, esa casta que está convencida de ser la esencia de Cataluña frente a todos esos nouvinguts, charnegos e hispanohablantes de cultura “española” y residentes en los cinturones industriales de la Cataluña productiva, presuntos culpables de querer destruir la cultura y la lengua catalanas, los eternos sospechosos de ser malos catalanes por el simple hecho de haber nacido en otra parte de España, ser hijos o nietos de ellos, seguir a la selección española, hablar en la lengua “impropia”, bailar sevillanas en lugar de sardanas, ser seguidores del RCD Español, o cualquier otra desviación de la identidad del “buen catalán”. Sin olvidar a todos esos catalanes de generaciones que tienen el mal gusto de sentirse españoles.

El PSC ha vuelto al redil, incapaces de sostener el pulso a la atmósfera viciada del pujolismo. Prefiere unirse al egoísmo nacionalista y a la ilegalidad del derecho a decidir, que a la legalidad y legitimidad de la Constitución: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” (Art. 1º, 2.) ¿Qué es lo que no han entendido como demócratas? ¿También confrontan la legalidad española con “la legalidad catalana” como hace el nacionalismo? ¡Da tanta pereza abordar la barbaridad...!

El problema no está sólo en su vuelta al redil catalanista, sino en inutilizar de entrada la vía reformista. Si el catalanismo sabe que tendrá el referéndum si se opone a la reforma, ya sabe lo que tiene que hacer para conseguirlo: rechazarla en bloque. Flaco favor le hace a sus compañeros del PSOE. Aunque todo hay que decirlo, nos hace un favor a los que pensamos que, de salir adelante la reforma que propone el PSOE, los nacionalistas conseguirían las tajadas del independentismo sin la incomodidad de sus costes: reconocimiento de Cataluña como nación, un cupo económico camuflado, blindaje de la inmersión y de la escuela catalanista, y tribunales catalanes propios. A lo que se añadirían las nuevas exigencias del PSC: reconocimiento de Cataluña en el plano internacional en igualdad con España, recursos económicos suficientes con reconocimiento de una corresponsabilidad fiscal real, bilateralidad económica y política, ordinalidad fiscal, capacidad para organizarse en nuevas regiones (¿Están pensando en els Països Catalans para anexiones posteriores?) etc.

Como vemos, todo muy socialista: lo que nunca aceptarían como privilegio a un particular, lo exigen como territorio. Esto es una mofa a los valores de igualdad de la izquierda. Un ciudadano con mayor renta ha de pagar más para lograr que todos accedan a los derechos sociales básicos, pero un territorio con mayor renta, sobre todo si es el meu, ha de acaparar toda la propia. Y a los ciudadanos de comunidades más desfavorecidas, que le den. Entiendo que un partido de derechas reivindique el interés propio como respuesta retrógrada a la sensibilidad social, pero jamás entenderé que la reivindique un partido socialista. A no ser que haya traicionado por completo a las clases más desfavorecidas por las cuales nació.

Y como las desgracias no vienen solas, el único partido que había nacido para combatir esa anomalía, C´s, empieza a camuflarse en el paisaje como lo hizo el PP de Piqué, o como siempre lo ha hecho el PSC. Esa es la singularidad de verdad de Cataluña. Tarde o temprano todos caen en el síndrome. Para desgracia de quienes sufrimos esta atmósfera asfixiante. Y nos damos cuenta.

PD 1. La ley de Claridad Canadiense prevé una pregunta clara y sin trampas, una participación elevada (¿un 70% podría servir?) y una mayoría ganadora mayor de la simple (¿un 65% podría estar bien, señores del PSC?). Garantiza también el respeto a las minorías (¿A partir de la independencia respetarían a los hispanohablantes? ¿Podrían estudiar en su lengua y utilizarla sin restricción?), y el principio de divisibilidad del territorio (es decir, Tarragona, Barcelona y su cinturón industrial, por ejemplo, podrían exigir, a su vez, un referéndum para separarse de Cataluña). ¡Ah!, y el previo reconocimiento de la soberanía nacional española. ¿Respetarían tanta claridad, señores catalanistas? Lo digo por cómo la respetan ahora, sin siquiera tener independencia alguna.

PD 2. El discurso de Xavier Marín Vázquez contra cualquier clase de referéndum deja las enaguas del PSC al descubierto. Merece la pena leerlo.

Rajoy y los nacionalismos burgueses fracasados
Los responsables de los nacionalismos burgueses no van a rehuir el encuentro con Rajoy y lo harán, eso sí, con sus fuerzas electorales muy mermadas y con expectativas bastante limitadas
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 5 Julio 2016

El presidente en funciones ha tomado la decisión de, para volver a ser investido, hacer un largo recorrido negociador palpando el estado de ánimo de todas las fuerzas políticas con la excepción de EH Bildu. Se verá, por lo tanto, con CDC (ocho escaños) y PNV (cinco escaños), además de con ERC (nueve escaños), aunque con los republicanos lo hará a beneficio de inventario. ¿Puede Rajoy esperar algo de los convergentes y de los peneuvistas? Quizás, aunque no es probable en el primer caso y muy difícil en el segundo. Por intentarlo que no quede, después de haberles ninguneado durante la X Legislatura. Sin embargo, pelillos a la mar, los responsables de los nacionalismos burgueses, el vasco y el catalán, no van a rehuir el encuentro con Rajoy y lo harán, eso sí, con sus fuerzas electorales muy mermadas y con expectativas bastante limitadas. De esa debilidad quiere Rajoy, seguramente, extraer algún rédito porque, de forma segura el PNV en octubre, y previsible en el caso de CDC en diciembre, tendrán que enfrentarse a unos nuevos comicios en Euskadi y Cataluña.

Los nacionalistas vascos han sido batidos el 26-J por Podemos de manera rotunda. Los morados obtuvieron seis diputados por cinco del PNV. Con una circunstancia especialmente dolorosa para los peneuvistas: Podemos fue la primera fuerza política en los tres territorios forales vascos. Incluso en el bastión vizcaíno, los de Iglesias obtuvieron 4.000 votos más. Impensable en otras circunstancias. Al tiempo, los podemitas postergaban a la izquierda 'abertzale' al cuarto puesto del 'ranking' de fuerzas políticas, por detrás del PSE y a menos de 5.000 votos del PP. Según la extrapolación de estos resultados en el futuro Parlamento de Vitoria (75 escaños en total), realizada por Mikel M. Murga en el semanario 'Ahora', Podemos ganaría las autonómicas de octubre con 27 diputados, seguido del PNV con 18, el PSE con 11 y PP y EH Bildu con 10 cada uno.

Es cierto que es una extrapolación forzada porque los comportamientos electorales en el País Vasco varían sustancialmente según de qué elección se trate, pero el PNV tiene en cuenta el dato de que quizá para seguir gobernando no le bastaría el concurso del PSE y precisaría también el del PP. En este contexto, Rajoy podría ofrecer un paquete de compensaciones razonables al PNV (hay que remitirse al 'informe Zubía' sobre reclamaciones nacionalistas de transferencias y otras medidas) y, sobre todo, reforzar la garantía de protección del Concierto Económico. En definitiva, y como quiera que los nacionalistas vascos no están en clave secesionista y sí muy amenazados en su hegemonía por una posible pinza entre Podemos y la izquierda 'abertzale', sus responsables podrían ser sensibles a los planteamientos de Rajoy y optar por una discreta abstención en su posible investidura, que el PP retribuiría en el próximo otoño ya en la Cámara de Vitoria. Con lo que el presidente en funciones no puede transigir es con la política antiterrorista y penitenciaria porque esa es cuestión de Estado.

El caso de los convergentes es todavía peor. En Cataluña también ganó ECP, aunque perdiera 80.000 sufragios respecto del 20-D (en el País Vasco, sin embargo, ganó 16.000 votos) y les sobrepasó muy holgadamente ERC (casi 150.000 votos). CDC ha sido la tercera fuerza política -quinta en la provincia de Barcelona- y a solo 96.000 votos del PP, que aumentó sus efectivos allí el 26-J en un diputado y 50.000 votos. Técnicamente, no podría constituir grupo parlamentario, al no haber alcanzado el 15% en todas las circunscripciones catalanas. El partido de Mas se encuentra en fase de refundación. Cambiará probablemente de nombre mezclando el soberanismo con el centrismo social. Una combinación complicada. Iglesias-Colau-Domènech pueden hacerle una pinza con Oriol Junqueras y ERC y tumbar definitivamente a la formación de la burguesía catalana, que ya viene experimentando una fuerte sangría electoral desde 2012.

¿Cabría algún entendimiento entre Rajoy y CDC? Salvo que el partido nacionalista catalán -instalado ahora en el secesionismo- realice una teorización muy a fondo de su futuro, prioridades y conveniencias que pasen todas ellas por ralentizar y reformular sus objetivos de 'desconexión' con España, las posibilidades de acuerdo parecen muy limitadas. Pero a CDC no le interesan ni unas nuevas elecciones catalanas (dependen de que la CUP renueve la confianza en Puigdemont en el mes de septiembre) ni unas terceras generales. Precisa tiempo muerto para recomponerse y quizás, en un contexto más amplio en el que el PNV secundase la operación, cabría imaginar -muy vagamente- una abstención en la investidura. Los nacionalistas catalanes deben decidir, además, si quieren jugar partida en el Congreso de los Diputados o persistir en una especie de posición estatuaria.

El apoyo indirecto de los nacionalistas y secesionistas de CDC a Rajoy -en el improbable caso de que lo lograse- plantearía graves contradicciones al PP que, no obstante, quedarían oscurecidas por la excepcionalidad de la situación y el alivio socialista de situarse al margen de una investidura en la que solo contemplan la negativa. En el PSOE existe el vivo deseo de que Rajoy obtenga los apoyos necesarios para ser de nuevo presidente sin contar con su abstención. Los socialistas han sido los primeros en animar al presidente en funciones a que explore la vía catalana y vasca. Y tiene lógica que esa incursión se produzca para no dejar ninguna tecla por tocar en tesitura tan difícil como la actual. Difícil para todos, y también para los nacionalistas del PNV y de CDC.

Inglaterra y Cataluña, el patriotismo de los ricos
Lo que nunca se ha entendido, lo que jamás se debe compartir, es que esa singularidad se quiera aprovechar para obtener ventajas económicas sobre los demás pueblos
Javier Caraballo El Confidencial 5 Julio 2016

“Cuando alguien quiere comer aparte, es porque quiere comer más”. A veces, para desmontar el populismo y la demagogia, lo más eficaz es una réplica de lo mismo, como la mancha de la mora del refrán. Hace ya años que José Bono soltó aquella frase cuando el nacionalismo catalán comenzó a ponerle reparos a la convivencia autonómica, bien es cierto que jaleado por su partido, el PSOE, que como siempre ha ocurrido en la democracia española, nunca ha tenido inconveniente alguno cuando estaba en la oposición en agitar el modelo territorial para desestabilizar al Gobierno.

Lo dijo José Bono y no era el único que lo pensaba, también Albert Boadella dijo, más o menos por la misma época, hace 14 años o así, con Aznar de presidente, que “¡son los ricos los que se quieren largar de la familia!”. Y las dos cosas son verdad, por eso el nacionalismo catalán es un nacionalismo con apellido, un nacionalismo de ricos. Lo mismo que está ocurriendo ahora con Inglaterra y el Brexit, que puede acabar rompiendo el propio Reino Unido, además de la Unión Europea.

Cuando se habla de un nacionalismo con apellidos, lo que no se pone en cuestión, desde luego, es la identidad de pueblo de Inglaterra o de Cataluña; eso es evidente y no resulta contradictorio con lo anterior. Podemos, incluso, aceptar, en el caso español, que los catalanes tienen más identidad de pueblo que los habitantes de otras regiones. Por tanto, nadie discute que una comunidad como Cataluña tenga rasgos diferenciales como pueblo con respecto a las demás comunidades españolas, fundamentalmente por la lengua, porque la historia de España, por muy manoseada que se presente por los supuestos historiadores catalanistas, es una historia común, con las vicisitudes propias de una de las naciones Estado más antiguas de Europa.

Lo mismo le ocurre a Inglaterra, una nación a la que la geografía ha cincelado durante siglos un carácter distinto, acorde a su insularidad. Ramón Pérez de Ayala, que fue embajador en Londres durante la República, dejó escrito: “Se ha dicho que, además de ser Inglaterra una isla, cada inglés es una isla". Parece darse a entender con esto que lo más saliente de Inglaterra, entre naciones, y de un inglés, entre hombres, es el orgullo, y en cuanto a las relaciones internacionales, lo que un político inglés denominó el "espléndido aislamiento”.

Existen, por tanto, motivos sobrados para respetar la singularidad de unos y otros, con lo que ese no es el problema. Lo que nunca se ha entendido, lo que jamás se debe compartir, es que esa singularidad se quiera aprovechar para obtener ventajas económicas sobre los demás pueblos. Eso siempre ha latido en el fondo de las reclamaciones, las de Cataluña en España o las del Reino Unido en la Unión Europea, y es ahora, justo ahora, cuando se quiere romper la baraja porque las ventajas que se han venido obteniendo ya no parecen suficientes.

Dicho de otra forma: aunque existan otros condicionantes, se puede afirmar que sin la severa crisis económica que se ha planteado, ni en Cataluña hubiera llegado la marejada independentista a estas alturas ni en Inglaterra hubiera salido adelante el referéndum del Brexit. No son, desde luego, los únicos ejemplos de nacionalismos ricos de Europa que se han agitado con la crisis; también en Italia, en Bélgica y en Holanda se pueden encontrar ejemplos recientes que tienen el mismo mensaje populista: “La independencia traerá una sociedad más próspera y más justa”.

El historiador y periodista británico Timothy Garton Ash escribía hace unos días un artículo de prensa que resume bien ese egoísmo latente en el nacionalismo de ricos. Decía: “Cuando [el Reino Unido] se unió a la Comunidad Económica Europa, en los primeros años setenta, lo hizo sobre todo como respuesta a un relativo declive económico y político. Su relación con lo que hoy es la UE, en general, ha sido más bien transaccional, en función de que la economía del continente fuera bien. Gran Bretaña ha sido, para ser sinceros, un amigo que ha querido estar solo a las maduras". Hasta que la crisis económica impuso serios recortes en las transferencias autonómicas, el nacionalismo catalán satisfacía sus pretensiones con cesiones constantes, que se cerraban en cada negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Cuando llegaron los recortes, y la mala gestión autonómica de los gobiernos de la Generalitat disparó el déficit, el desempleo y el endeudamiento, la única salida política que se encontró fue la independencia abanderada con el insultante lema de “España nos roba”.

Ocurre, sin embargo, y este es otro curioso paralelismo entre Inglaterra y Cataluña, que el argumentario independentista se agota en la soflama, porque lo que todos ocultan es la enorme incertidumbre a la que están precipitándose. Por eso, lo mismo que en Cataluña los líderes soberanistas sostienen que la independencia de España no supondrá la salida de la Unión Europea, en el Reino Unido los partidarios del Brexit siguen prometiendo, igual que hacían en la campaña electoral, que podrán negociar un estatus especial en la Unión Europea que solo reporte ventajas, como, por ejemplo, tener pleno acceso al mercado común sin tener que aceptar la libre circulación de personas.

Por eso es tan importante poner coto al nacionalismo rico, en toda Europa, y colocarlo delante de sus propias contradicciones. Con la mayor contundencia por parte de quienes sí creen en el proyecto común europeo, pese a sus carencias, y piensan seguir adelante con la única fórmula lógica que tiene este continente para no quedar postergado en esta era de globalización. Pase lo que pase, deben tener claro que dentro de España y dentro de la Unión Europea se puede negociar todo, hasta el límite que marcan las leyes y la solidaridad, pero fuera ya no se puede negociar ninguna ventaja. Lo dijo muy claro el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker: “No habrá una nueva negociación. Reino Unido ha logrado lo máximo que podría conseguir, lo máximo que podíamos darle. Fuera es fuera”. Pues eso.

"PIDO DISCULPAS SI LE HE OFENDIDO", DICE A EL MUNDO
El camarero denunciado por Portet encima tiene que pedir disculpas por no haberle entendido en catalán
"He leído que si le tengo que denunciar por haberme sacado una foto, pero nada de eso"
Roberto Marbán Periodista Digital 5 Julio 2016

Vivimos en un país en el que la presión nacionalista debe de ser tan asfixiante por culpa de sujetos como Quimi Portet que hasta un camarero de un ferry que cubre un trayecto entre dos islas baleares tiene que pedir perdón por usar el español en su lugar de trabajo.

El camarero denunciado por Quimi Portet ha roto su silencio en El Mundo. Juanjo Hermo, de 48 años y natura del Orense, lleva cuatro meses como jefe de cabina del ferry Formentera Direct de Baleària, la misma compañía que tiene como Community Manager a una furibunda nacionalista que hubiera entregado gustosa su cabeza--La 'community manager' de Baleària, fanática separatista, promete un escarmiento al camarero español--.

Como Portet, que en su día militó en la banda 'El último de la fila', no pudo tomarse su café en catalán, Hermo se ha visto envuelto en una polémica que hasta llegó a amenazar con llevarse por delante su puesto de trabajo. Afortunadamente y con toda la lógica, Baleària ya ha anunciado que no le despedirá.

Había más gente y no escuché bien lo que me decía, porque si le escucho bien yo con el catalán me defiendo

Cuenta el camarero al diario que dirige Pedro García Cuartango. El mismo que no pudo descifrar el 'café amb llet' (café con leche) que le pidió Portet, al que no le tembló el pulso para sacarle una foto y denunciarle públicamente en las redes sociales.

No sé por qué le contesté eso, no estuvo bien, yo no tengo nada en contra del catalán, sólo quiero trabajar

Añade el trabajador, cuyo delito fue contestar a Portet en los siguientes términos:
Mira, en gallego, español, francés, inglés y hasta en italiano te entiendo, en catalán o mallorquín, ya no

Y a pesar de la denunciable actitud de Portet, huye de echar más leña al fuego:
He leído que si le tengo que denunciar por haberme sacado una foto, pero nada de eso

El camarero gallego, a pesar del linchamiento sufrido por la turba independentista, que se tomó lo sucedido como un ataque al catalán, evita toda polémica:
No tenía que haberle contestado como lo hice y le pido disculpas si le he ofendido

Sería absurdo que yo como gallego, y hablando gallego, tuviera problemas con otra lengua autonómica, aunque viendo lo sucedido creo que se nos ha ido un poco todo esto de los nacionalismos

Xavier Pericay, portavoz de Ciudadanos en Baleares, cargó duramente contra la naviera Baleària por haber anunciado en un primer momento "medidas" contra el camarero:

Es verdad que luego la compañía ha matizado sus palabras en un comunicado, pero no lo es menos que su primer impulso, expresado de forma reiterada en las redes sociales, había sido el de complacer al cantante en su reclamación y castigar al trabajador.

Esta clase de señalamientos son propios de regímenes que uno creía felizmente superados. Se ve que no es el caso de quienes, como Portet, abogan por un Estado catalán independiente

El camarero denunciado por Quimi Portet: "No tengo nada contra el catalán, sólo quiero trabajar"
Juanjo Hermo, denunciado por no atendera Portet en catalán, lamenta el incidente. Baleària no le despedirá tras la reacción en las redes
RICARDO F. COLMENERO Ibiza El Mundo  5 Julio 2016

Juanjo Hermo, de 48 años y natural de Trives (Orense) lleva veinte años soportando tempestades en el mar, pero apenas cuatro meses lidiando con el catalán como jefe de cabina del ferry Formentera Direct de la naviera Baleària.

Ayer no le tocaba ir a trabajar, pero su figura estaba más presente que nunca entre sus compañeros, que hacían corrillo en los pantalanes: «Me parece increíble la que se ha montado, pobre hombre». Y todo por culpa de que Quimi Portet, ex de El último de la fila, no pudo tomarse un café en catalán el pasado domingo a las ocho de la mañana, cuando viajaba desde la isla de Formentera a la de Ibiza. Juanjo estaba al otro lado de la barra y el gallego tuvo problemas para descifrar el significado de «café amb llet» (café con leche). «Había más gente y no escuché bien lo que me decía, porque si le escucho bien yo con el catalán me defiendo», explica.

Tal y como se encargó de difundir Portet por las redes sociales, Juanjo Hermo le contestó con un sarcástico: «Mira, en gallego, español, francés, inglés y hasta en italiano te entiendo, en catalán o mallorquín, ya no». Ahora se arrepiente de aquello: «No sé por qué le contesté eso, no estuvo bien, yo no tengo nada en contra del catalán, sólo quiero trabajar».

Portet había estado en Formentera participando en un concierto patrocinado precisamente por Baleària y, tras esta respuesta, decidió no repetirlo en ningún otro idioma y marcharse sin tomar su café. Eso sí, instantes después regresó a la barra para tomar otra cosa: una imagen del camarero con su móvil que se encargó de difundir en Twitter, denunciando los hechos a la naviera, y desatando una auténtica batalla campal en las redes sociales. «He leído que si le tengo que denunciar por haberme sacado una foto, pero nada de eso», asegura Juanjo.

De hecho, el gallego se siente el máximo responsable de lo ocurrido, a pesar de haber sido víctima de un linchamiento por parte de los sectores tuiteros más catalanistas con su foto de por medio. «No tenía que haberle contestado como lo hice y le pido disculpas si le he ofendido», insiste.

Juanjo, al ver que Quimi Portet se había tomado mal su frase, intentó aclarar las cosas dentro del ferri, pero no fue posible: «Fui a pedirle disculpas pero se puso a hablarme en italiano y luego me dio la espalda».

La naviera Baleària fue la encargada de presentar sus disculpas a través de Twitter, donde anunciaba que abrirían una investigación y tomarían «medidas» contra su trabajador, alegando lo siguiente: En la compañía «nos implicamos y comprometemos con la lengua». E incluso sacaban pecho de su catalanidad haciéndose eco de los patrocinios que realizan de conciertos gratuitos en lengua catalana.

Semejante respuesta desató una ola de indignación en las redes, donde se temía por el despido del trabajador. La Fundación Círculo Balear calificó de «reprobable» la respuesta de la naviera, por lo que registró una queja formal alegando el «acoso» que estaba sufriendo Juanjo Hermo en las redes por culpa de Quimi Portet, quien cuenta con cerca de 5.000 seguidores en Twitter, y ayer se convirtió en trending topic en España por estos hechos.

La fundación recuerda que «no existe obligación legal en la esfera privada que obligue al empleado a responder en un determinado idioma». Y ha pedido a Baleària que aclare la situación «ante el posible acoso laboral que puede sufrir el trabajador por la presión catalanista».

La compañía Baleària se puso en contacto con el trabajador y afirmó que no sería despedido. De hecho, tampoco se espera una sanción, aunque la compañía afirmó en un comunicado que abriría una investigación con la intención de evaluar el cumplimiento de sus manuales de atención al cliente y otras normas internas, para tomar las medidas necesarias para que estas situaciones no se repitan.

«Sería absurdo que yo como gallego, y hablando gallego, tuviera problemas con otra lengua autonómica, aunque viendo lo sucedido creo que se nos ha ido un poco todo esto de los nacionalismos», comenta.

Por su parte C's de Baleares pidió a la naviera respetar el derecho de sus trabajadores «a no conocer otra lengua oficial que la del Estado», el castellano.

Su portavoz, Xavier Pericay, calificó de «intolerable» que la compañía anunciara medidas. «Es verdad que luego la compañía ha matizado sus palabras en un comunicado, pero no lo es menos que su primer impulso, expresado de forma reiterada en las redes sociales, había sido el de complacer al cantante en su reclamación y castigar al trabajador», indicó Pericay.

El portavoz lamentó que el cantante haya acompañado su queja en las redes sociales de una fotografía del trabajador. «Esta clase de señalamientos son propios de regímenes que uno creía felizmente superados. Se ve que no es el caso de quienes, como Portet, abogan por un Estado catalán independiente», añadió.

Una antigua entrevista a Manolo García explica el feo gesto de Quimi Portet
ESdiario 5 Julio 2016

Muchos se llevan las manos a la cabeza con el feo gesto del músico y compositor que puede costarle el trabajo al camarero que no le entendió en catalán. Pero una vieja noticia lo explica.

Un camarero de la naviera Balèaria que cubría en Ferri el traslado entre Ibiza y Formentera puede perder su trabajo porque no entendió al músico Quimi Portet cuando le pidió un café con leche en catalán. El que fuera la mitad de El último de fila no dudó en compartir su foto en Twitter y mofarse de la anécdota lo que ha provocado un verdadero terremoto mediático y la promesa de la compañía de "tomar medidas" contra el trabajador cuya cara y cuya identidad viaja por los mares de Internet "gracias" al polémico gesto del compositor.

Aunque los más nacionalistas le defienden, han sido muchos los que se han quedado atónitos con el gesto de Portet que puede poner en peligro el puesto de trabajo del camarero y no pocos los que han alzado la voz en contra de este tipo de linchamientos y escarnios en la plaza pública.

Será por eso que una vieja entrevista de Jot Down a Manolo García (la otra parte de El último de la fila) en mayo de 2014 se volvió a poner este lunes de plena actualidad al tiempo que se convertía en uno de los documentos más compartidos en las redes sociales. Una entrevista que vendría a explicar el discutible gesto de Portet y su falta de humanidad para con el trabajador de Balèaria.

En ella Manolo García explica por qué se separó el exitoso grupo: "Quimi Portet empezaba a estar incómodo con el tema lingüístico", explicó para argumentar que "el tema de la lengua para él es importante, él es catalán. Yo soy de los 'otros catalanes': soy catalán, evidentemente, y con todo el orgullo, pero mi lengua materna es el castellano. A él le apetecía que hiciéramos alguna canción en catalán, y yo encantado, hicimos alguna canción con Maria del Mar Bonet, en algún vídeo está ya algún guiño mío como lo de 'que sóc de Barcelona i em moro de calor, de cara a Quimi, para hacerle reír un poco y complacerle a él. A mí me era indiferente. Yo defiendo absolutamente que los catalanes hablen catalán, evidentemente, y yo puedo hablar catalán, pero no tengo esa sensación de patria".


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