AGLI Recortes de Prensa   Sábado 16  Julio  2016

Nuevo zarpazo a la 'liberté' de Europa que exige mayor unidad
EDITORIAL El Mundo 16 Julio 2016

El zarpazo terrorista ha vuelto a golpearnos de un modo despiadado. Se hace verdaderamente difícil digerir que el ser humano sea capaz de perpetrar acciones tan abominables como el atentado de Niza, que ha dejado al menos 84 víctimas mortales, muchas de ellas niños. Es fácil solidarizarse con las víctimas y con todo el pueblo francés, que en poco más de un año ha sufrido tres grandes masacres yihadistas, porque acciones como ésta no atacan a una ciudad o país en concreto -por más que Francia esté especialmente en el punto de mira islamista-, sino a toda una sociedad como la europea, caracterizada hoy por sus valores democráticos, el respeto a las libertades individuales y la igualdad como máxima irrenunciable. Cobra en ese sentido especial simbolismo que el terrorista de Niza aprovechara justamente la celebración del 14 de Julio, fecha que en todo Occidente evoca el espíritu de libertad, igualdad y fraternidad por el que tantas generaciones han luchado. Por eso hoy de algún modo todos somos vecinos de la localidad de la Costa Azul golpeada.

Las autoridades galas revelaron que el atacante, Mohamed Lahouaiej, era un tunecino de 31 años que trabajaba como chófer de camiones con un permiso de residencia en Niza. Tenía antecedentes policiales por delincuencia común, pero no estaba fichado por vínculos islamistas. Aunque al cierre de esta edición no había sido confirmado, presumiblemente estamos ante el atentado yihadista de un lobo solitario. Ningún grupo reivindicó ayer la matanza, si bien las redes se llenaron enseguida de mensajes de júbilo de simpatizantes del Estado Islámico. El modus operandi del atentado, con un camión que arrolló a la multitud apiñada junto a la playa, supone una peligrosa novedad yihadista en Europa; no así en Irak o Siria, donde es un medio demasiado empleado ya por los terroristas. Y responde a la llamada de los líderes del IS que, a través de sus macabros vídeos, piden a todos sus seguidores en Occidente que cometan ataques indiscriminados con cualquier arma a su disposición, desde cuchillos a vehículos.

Sembrar el pánico es el primer objetivo del terrorismo islámico que, aunque fundamentalmente se dirige contra el mundo musulmán -no olvidemos que de esta religión son el 95% de sus víctimas en todo el mundo-, ha declarado una guerra -asimétrica- contra Occidente. La tiene perdida de antemano, sí; pero posee capacidad para causar mucho sufrimiento. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, varias generaciones de europeos han disfrutado del mayor periodo de paz y seguridad de la historia. Sin embargo, conocemos bien el zarpazo terrorista, y tendremos que acostumbrarnos a vivir bajo su permanente amenaza, como admitió ayer sin ocultar cierta impotencia el primer ministro galo Manuel Valls.

No existe posibilidad de una seguridad al cien por cien. Lo que no significa que debamos renunciar a ser cada vez más eficaces en la lucha antiyihadista. Y cabe poner en valor lo mucho que se ha avanzado en Europa, lo que se traduce en la frecuente desarticulación de células y, felizmente, en que muchos atentados sean abortados. Pero queda mucho por hacer. Éste es hoy el principal desafío al que se enfrenta el Viejo Continente. Y exige una integración real y mayor coordinación policial, judicial, de control del ciberespacio, etcétera.

Especialmente en el campo de la Inteligencia, la herramienta más eficaz para combatir a un enemigo tan difuso como el islamismo en suelo europeo. Desde los ataques a la revista satírica Charlie Hebdo, en enero de 2015, y a varios puntos de París meses después, en una acción coordinada que causó 120 muertos, los Veintiocho han debatido sobre cómo reforzar la cooperación en esta materia. Tanto aquellos atentados como los sufridos más recientemente en Bruselas dejaron al descubierto las grietas y la necesidad de que Europa cuente con una verdadera Inteligencia común. Informaciones y pistas de confidentes no pueden seguir estando compartimentadas en función de unas fronteras que hace mucho dejaron de existir dentro de la UE. Y urge, igualmente, contar con cuerpos de gendarmes con acceso a todas las bases de datos actualizadas en tiempo real sobre sospechosos para realizar una labor competente de prevención.

El terrorismo es una amenaza global. Toda Europa está en estado de máxima alerta y varios países han recibido avisos del riesgo de que el IS intente atentar en zonas turísticas. Este ataque es, desde luego, demoledor para un sector clave en la Costa Azul. Pero Niza tiene otros rasgos que hoy resulta inevitable destacar. Con una población multiétnica, es uno de los principales bastiones de la ultraderecha francesa, que ha engordado su apoyo electoral con un discurso del miedo que alienta la xenofobia y la islamofobia. No es aventurado pensar que lo ocurrido contribuirá a incrementar los odios y a impulsar aún más al Frente Nacional de Marine Le Pen. De Niza también se cree que han partido al menos un centenar de las más de 2.000 personas de toda Francia que han acudido a Siria e Irak a hacer la yihad con el IS.

UN PAÍS EN ESTADO DE 'SHOCK'
Hollande decretó ayer una prórroga de tres meses el estado de emergencia en el que se encuentra Francia desde noviembre. Una medida tan excepcional como comprensible en un país en shock. Son muchas las razones por las que se ha convertido en un objetivo prioritario del yihadismo: desde el rol preponderante que desempeña en África contra las filiales terroristas de Al Qaeda hasta la campaña de ataques contra el IS en Siria e Irak que abandera desde el pasado año. Ayer mismo Hollande anunció que sus tropas intensificarán los bombardeos. Pero en este punto hay que insistir en que toda estrategia militar contra el Estado Islámico debe estar coordinada por las potencias internacionales. En ese sentido, resulta desazonadora la incapacidad de EEUU y Rusia para aunar esfuerzos y actuar unidas en Siria -junto a la UE y otros aliados, incluidos los países árabes-. Los ministros de Exteriores de Washington y Moscú firmaron juntos ayer en un libro de condolencias. Pero la colaboración real contra el islamismo es una asignatura pendiente que nos debilita a todos y que sabe aprovechar bien el IS.

En nuestro país, Interior ha decidido mantener el nivel de alerta 4 antiterrorista y reforzará la vigilancia en zonas turísticas. Y el Gobierno en funciones ha ofrecido el envío de 100 militares más a Irak para sumarse a la coalición internacional contra el IS. El grueso de líderes de los distintos partidos volvió a demostrar unidad en la lucha contra esta lacra. En cambio, chocaron, por bochornosas, las declaraciones del dirigente de Podemos Pablo Iglesias, quien puso el acento en criticar la estrategia de la UE en Irak y Siria, 'conflictos que son gasolina' para el IS. Se puede mostrar desacuerdo con el papel de Bruselas en Oriente Próximo. Pero poner en ello el acento el mismo día del atentado implica una ya muy repetida necesidad por parte de Iglesias de buscar justificaciones a barbaries que no las tienen. Y eso es algo que no se merece ninguna de las víctimas inocentes de Niza.

Europa debe declarar la guerra al yihadismo… europeo
Al yihadismo en suelo europeo hay que combatirlo frenando la expansión del islam en nuestras sociedades. Por desgracia, parece que nuestros gobernantes piensan lo contrario.
EDITORIAL Gaceta.es 16 Julio 2016

El salvaje ataque yihadista de Niza vuelve a poner sobre la mesa el sangrante problema del terrorismo islámico en suelo europeo. Es un hecho que las medidas de alerta desplegadas por el Gobierno francés han fracasado. Es un hecho también que para este nuevo tipo de terrorismo no valen los métodos convencionales de salvaguarda del orden público. No estamos ante un grupo terrorista organizado que actúe con una estrategia homogénea; estamos ante un proceso de violencia extrema de carácter simultáneamente religioso y político, arraigado en una comunidad concreta, pero implantada en países muy diversos, de manera que cualquiera puede matar en cualquier parte. Y sobre todo, no estamos ante un problema contemporáneo, sino ante la transposición a suelo occidental de un fenómeno que acompaña al islam desde sus mismos orígenes.

El prejuicio ideológico no puede anteponerse a la realidad de los hechos. Todos deseamos creer que las comunidades musulmanas pueden vivir libremente integradas en el orden social y cultural europeo, y de hecho así ha parecido ser durante años, pero es una evidencia que hoy las cosas han cambiado trágicamente. Todos deseamos creer que el terrorismo es sólo el producto de un grupo particularmente malvado –el Estado Islámico-, pero es cada vez más una evidencia que el terror yihadista aparece sin vínculos orgánicos con estructura alguna. Todos deseamos creer que el islam puede ser una “religión de paz”, pero es una evidencia que los musulmanes europeos, y en especial las generaciones más jóvenes, están ampliamente penetrados por discursos que enseñan exactamente lo contrario. Entonces, ¿qué hacer? Actuar en consecuencia.

No tiene sentido seguir promoviendo la “normalización” del islam en nuestras sociedades (festejando su ramadán o cediendo a sus menús escolares, por ejemplo) cuando el islam no es “normalizable”. No tiene sentido seguir favoreciendo la inmigración masiva de musulmanes cuando sus posibilidades de integración real son exiguas. No tiene sentido seguir estrechando lazos con las potencias musulmanas árabes (Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, etc.) cuando consta que su dinero está detrás de la radicalización islámica de los últimos veinte años. Sobre todo, no tiene sentido pensar que Europa es una no-identidad donde todos caben, porque los hechos demuestran que no todos desean caber. Al yihadismo en suelo europeo hay que combatirlo frenando la expansión del islam en nuestras sociedades. No hay otra opción real. Por desgracia, parece que nuestros gobernantes piensan lo contrario.

La Yihad en casa
Rafael L. Bardají Libertad Digital 16 Julio 2016

Un nuevo ataque yihadista ha sacudido Francia. Algo tan simple como un camión de gran tonelaje, un islamista convencido de querer ir como mártir al paraíso, y una multitud que celebraba un acontecimiento festivo, para pasar de la tranquilidad al horror.

Al principio, el ataque deliberado de este terrorista, según se sabe de nacionalidad francesa pero de origen tunecino, fue tachado por muchos como un acto de locura. ¿Cómo se iba a atentar con un simple y vulgar camión? Los informativos de las televisiones hablaban sin cesar de una nueva forma de ataque, acostumbrados como estamos a los cinturones explosivos, los Kalashnikov y las bombas.

Y, sin embargo, hay que recodar que el 11-S se perpetró pilotando aviones comerciales y que los terroristas de Bin Laden se hicieron con el control de los aparatos no con pistolas y granadas, sino con sencillos cutters. Analizando aquel trágico atentado, el Congreso americano dictaminó que "había faltado imaginación" en los cuerpos de inteligencia y seguridad como para poder haberlo frustrado. Algo similar no está pasando en Europa. Los yihadistas nos llevan la delantera con su capacidad de adaptación.

Por otra parte, también conviene subrayar que la táctica del atropello no es ninguna novedad. Yo mismo fui testigo en 2007, en Jerusalén, de uno de los primeros ataques de este tipo, cuando un palestino al volante de una pala excavadora, aplastó a un coche que pasaba por su lado. Intencionadamente, claro. Es más, no se ha prestado la debida atención, dada la antipatía que la izquierda y parte de la derecha europea tienen a Israel y las raíces anti-semitas de muchos europeos. Desde octubre del año pasado hasta hoy ha habido 30 ataques con el método del atropello a manos de palestinos contra ciudadanos israelíes que aguardaban tranquilamente a cruzar una calle en un paso de cebra, o que esperaban pacientes a que pasase su autobús. Cierto, es el primer caso de esta naturaleza en suelo Europeo, pero es que el mal se contagia. Los niños palestinos, incitados por sus dirigentes, juegan en la calle a acuchillar judíos; el estado islámico llama a sus seguidores a atacar infieles con cualquier método a su alcance. Un Kalashnikov es caro, unos dos mil dólares en el mercado negro europeo; un cuchillo de hoja grande, una baratija en comparación; un coche o un camión, un exiguo alquiler.

Lo que no podemos ni debemos perder de vista es el nexo que une a todo yihadista: su creencia en el Islam más radical y sanguinario y, sobre todo, su decidida voluntad de matar e incluso de morir matando.

La invasión soviética de Afganistán sirvió en la década de los 80 para radicalizar una juventud musulmana desde el Norte de África al Golfo Pérsico que acabó expandiéndose de manera global, causando miles de muertos, por ejemplo, en Argelia. También apremió la emergencia de una amenaza tan intensa como sigue siendo Al Qaeda. Hoy Siria ha reemplazado a Afganistán y los occidentales y países árabes moderados, a la ya extinta URSS. En gran medida, nuestra complacencia inicial con el baño de sangre sirio (cuando los "realistas" defendían que se mataran entre ellos), así como el giro de nuestras diplomacias, primero en contra de la permanencia de Bashir el Assad, ahora buscando su colaboración, lejos de lograr dar con una salida al conflicto, nos ha colocado a todos nosotros en el centro de la diana.

Desgraciadamente, como hemos podido comprobar dramáticamente en el último año y medio, la guerra de Irak y la descomposición del Oriente Medio no es una cuestión lejana. Existe un frente doméstico, aquí, entre nosotros. Y este frente interno está en gran medida fuera de control porque durante años nuestra filosofía multicultural y buenista ha impedido legalmente que nuestras agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad del estado hagan lo que deberían hacer con los mecanismos adecuados a la amenaza. Y cuando lo hacen, la maraña burocrática que es la UE impide una eficaz coordinación.

A Europa se le viene encima una juventud emigrante de segunda o tercera generación, con pasaportes europeos, que ha encontrado las vías de radicalizarse. Primero se radicalizaron con Internet, luego a través de las hábiles redes de captación que utilizan la confianza de algún familiar y, finalmente, por las manos de un captador y la posibilidad de viajar a campos de batalla donde hacerse con el conocimiento apropiado para librar su guerra santa. Además de esta juventud, el viejo continente tiene que enfrentar ahora una ola emigratoria desde el mundo musulmán no conocida desde hace siglos. Nuestra bondad e ingenuidad ha permitido que cientos de miles de emigrantes pasen a ser llamados y considerados a todos los efectos refugiados, sin tener mecanismo alguno para discernir quién es quién, quién se merece ese título y quién viene como infiltrado.

Y hay una cosa segura: la figura del lobo solitario, tan cacareada en el pasado, es irrelevante. En todos y cada uno de los ataques yihadistas en Europa ha habido cómplices que han permitido y colaborado en la planificación y ejecución de dichos ataques y que, incluso, han ayudado a evadirse a los terroristas. Y esas redes sin las cuales estos ataques no se hubieran podido producir no son de grupos cristianos o budistas, son integradas por musulmanes. Por eso es tan importante en la lucha contra el yihadismo que sean los líderes de las comunidades islámicas los primeros en condenar, y no de boquilla, la violencia y la yihad. El problema es que no lo hacen, se limitan a entonar su letanía de que el Islam es una religión de paz y poco más.

Europa tiene mucho que aprender, pero lejos de ir a quienes nos pueden enseñar y ayudar, como Israel, Egipto o Jordania, criticamos a nuestros amigos y nos arrojamos en brazos de nuestros enemigos.

La rendición de Europa
Enrique Navarro Libertad Digital 16 Julio 2016

¿Por qué Francia es el país más atacado siendo quizás el mas comprensivo con el mundo islámico? La pregunta conlleva la propia respuesta.

Francia vive en un supuesto estado de excepción bajo el que se han cometido los peores atentados de su historia. El violento ataque de ayer en Niza, en el día de la fiesta nacional francesa, fue cometido por un presunto "lobo solitario". Una expresión acuñada para justificar la incapacidad de los gobiernos occidentales de prevenir y terminar con la versión 3.0 de la historia del terrorismo islamista. Lo sucedido en Niza demuestra que Francia no tiene ideas para defenderse de una amenaza que es incapaz de comprender.

En el terrorismo moderno la primera versión fue la de la OLP y grupos afines buscando la publicidad de sus actos para justificar su guerra contra Occidente. La segunda versión fue Al Qaeda que buscaba atemorizar y vencer a Occidente golpeando los objetivos mas críticos de Europa y Estados Unidos. Esta versión liderada por el Estado Islámico pretende la rendición de Occidente mediante el asesinato indiscriminado en cualquier lugar a gente corriente. Los terroristas han entendido los mecanismos de formación de la voluntad en las democracias. Atemorizan a los ciudadanos en su vida corriente para buscar una involución. Pretenden que los nacionalismos, los radicalismos y los populismos accedan al poder en Europa y de esta manera provocar la catarsis. Quieren remover las conciencias de todo los musulmanes atacados por los occidentales y convocarlos a la guerra santa final. El ISIS busca la guerra final que acabe con la cultura occidental basada en la tolerancia y racionalidad griega y en el Testamento judeo-cristiano.

¿Por qué Francia es el país más atacado siendo quizás el mas comprensivo y condescendiente con el mundo islámico? La pregunta conlleva la propia respuesta. Los terroristas han descubierto en Francia el nuevo Israel al que atacar. Viven entre los franceses, pretenden imponer su verdad sobre la de la mayoría, y cuando están mas cerca de conseguirlo, mas vehemencia ponen en sus ataques. ¿Por qué no atacan en Suecia o Alemania? Porque son conscientes que no van a conseguir hacer temblar sus fundamentos. Francia va a terminar como Israel: con el enemigo en casa aprovechándose del régimen de libertades. Israel es el mejor laboratorio de lo que ahora está ocurriendo en Occidente. Se aprovechan de la libertad y de la integración para atacar con un cuchillo, un camión o un arma adquirida en un supermercado. Atacan donde nunca esperaríamos ser atacados y ése es su éxito. ¿Cómo defendernos de ataques con tanta motivación religiosa y tan poca planificación? Israel ha podido levantar muros para aislar a los terroristas y a los que los inspiran, pero ¿cómo construir guetos en Francia?

El ataque contra Francia se produce por la debilidad francesa y su reciente historia carente de rigor contra los movimientos terroristas islamistas. Francia acogió al corrupto Arafat y a Jomeini. De aquellos polvos vienen estos lodos. Es en Francia donde podrán encontrar más comprensión. Hoy la prensa francesa habla de los ataques islamistas producidos desde que Francia se unió en 2013 a Estados Unidos en la lucha contra el terror. Este tipo de mensajes son el caldo de cultivo para nuevos atentados. Se trata del argumento que apunta a que la culpa es nuestra y los terroristas, inocentes que nos atacan porque nos confundimos en nuestras creencias, porque les atacamos.

Después de lo ocurrido hay varias lecciones que deberíamos aprender: la primera es la firmeza en las convicciones: no somos culpables ni causantes del terrorismo, somos víctimas inocentes y debemos tener la seguridad de que podemos y debemos terminar con el terrorismo yihadista pero también con la idea de que en Europa se puede vivir de otra manera distinta a la de los europeos. Europa es una tierra de acogida y libertad pero las reglas son nuestras y no de los que pretenden hacernos vivir como en Gaza o en Irán.

¿En qué consiste el problema de Francia con el atentado de este jueves? ¿Cómo en una fiesta multitudinaria, aún bajo un estado de excepción, se congregó una multitud así en su día nacional? ¿Cómo puede un camión acceder al lugar con un tipo armado?

El problema de Francia es que parece gobernada por el inspector Closseau y su primer ministro el sargento Dodo. Mientras Francia no busque unos líderes con menos estridencias y poses y mayor decisión no va a comenzar a resolver los problemas de nuestros vecinos.

En Europa, que va camino de convertirse en la nueva Palestina, ya estamos conviviendo con los que quieren nuestra rendición. Los que nos matan han pasado por nuestro sistema penitenciario, van a las mezquitas de los radicales, tienen sus huellas en las comisarías y se reúnen en nuestros bares y calles para conspirar contra nosotros. Algo no funciona en nuestro sistema de seguridad e integración en Europa, y en particular en Francia.

Hoy la Costa Azul se ha teñido de rojo. Una vez más, un lugar de ocio y paz se ha convertido en un campo de batalla, y lo máximo que vamos a recibir son condolencias, mucha Marsellesa y la esperanza de que los terroristas sean detenidos algún día. Eso no va a ocurrir nunca. Terroristas yihadistas ha habido siempre desde el siglo VII, la diferencia es que ahora, para ellos, es mucho más fácil y accesible atacarnos. Antes era impensable un ataque yihadista en Europa, hoy resulta mucho mas fácil matar en el viejo continente que en Oriente Medio.

El problema es que los políticos prefieren evitar medidas drásticas, como mucho una reacción emocional para dar a entender que están haciendo algo. Temen que la sociedad civil les hagan culpables de actuar con firmeza. La mayoría penaliza al que tildan de provocador, pero se solidariza con el doliente, y a fin de cuentas la memoria pública es débil. ¡Qué nos lo digan a los españoles! Lo que nos está pasando no es una pesadilla. Mientras no terminemos con los terroristas, sus cómplices e inspiradores, no vamos a estar seguros, y quizás esto no ocurra nunca.

Tenemos dos opciones: vivir en Europa como en Oriente Medio, con la permanente amenaza del terrorismo en nuestras calles y parques, que seguramente crecerá de forma exponencial, o comenzar una guerra contra el terror. Una vez más la alternativa es rendición o victoria, y me temo que estamos más preparados para la primera.

Como español, lo que más me repugna es que ante esta amenaza contra todos, contra nuestros niños en los parques, nuestros jóvenes en sus lugares de ocio, contra nuestros periodistas, policías, etc. los políticos tienen al país en funciones y los yihadistas cuentan cada vez con más organización en nuestro país. Se les llena la boca de decir que quieren resolver los problemas de España, pero cada día suena más a pura charlatanería. Que espúreos intereses tengan a España, a su policía, sus jueces, y a sus servicios de inteligencia en funciones es inaceptable. Porque los jefes de todas estas unidades que velan por nuestra seguridad son políticos, incluyendo a sus máximos funcionarios. Esperemos que dejen sus lenguajes almibarados y el día 4 se agosto haya un gobierno. En caso contrario, ellos serán los únicos responsables de lo que pueda ocurrir. Estamos amenazados, atacados y no hay lugar para el oportunismo. Sólo tienen una obligación, protegernos, así que manos a la obra.

¿Será Europa capaz de resistir?
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 16 Julio 2016

¿Qué sucederá cuando los ataques se produzcan todos los meses, o todas las semanas?

En esta noche del 14 de julio, mientras los franceses celebraban en la calle su fiesta nacional, un criminal ha convertido un camión en un arma de destrucción masiva. El primer testimonio de un periodista testigo del atentado -Damien Allemand, de Nice Matin- es escalofriante: "Un enorme camión blanco se desplazaba a una velocidad de vértigo sobre la gente dando volantazos para arrollar al máximo número posible de personas. He visto cuerpos volando a su paso como bolos". Mientras escribo este artículo las fuentes oficiales francesas ya hablan de atentado, pero aún no lo atribuyen a ninguna persona u organización en concreto, ni todavía se ha dado la identificación del asesino. El Presidente francés ya ha hablado del terrorismo islamista.

Ya conocemos la secuencia de lo que ahora va a pasar: el mundo entero estremecido de espanto, las velas en el Promenade des Anglais, los rótulos de "Je suis Niçois", los rostros unidos a la bandera tricolor en las redes sociales. Todo absolutamente comprensible. Yo mismo lo acabo de hacer en Facebook. No solo es comprensible, sino que es moralmente correcto. La expresión pública de repulsa frente al terrorismo, y de simpatía hacia las víctimas, es la primera condición para hacerle frente, bien lo sabemos los españoles.

La cuestión no es si la gente lo lamenta y lo repudia. Lo que debe inquietarnos es si los europeos serán capaces de resistir atentados como el de hoy, con una frecuencia creciente. Ese ritmo mortal va adquiriendo una cadencia siniestra. Los asesinatos en Charlie Hebdo fueron en enero de 2015. Las matanzas en la Sala Bataclan y otros puntos de Paris se cometieron en noviembre del mismo año, diez meses más tarde. Cuatro meses después el terror estremeció el aeropuerto de Bruselas, a finales de marzo de este mismo año. Desde entonces han pasado solo tres meses y medio.

¿Qué sucederá cuando los ataques se produzcan todos los meses, o todas las semanas? ¿Cómo reaccionarán los franceses, o los europeos en general? Muchos europeos perdieron hace ya muchos años la noción de que el mal existe. Perdieron el interés por defenderse. Desde mayo de 1968 una poderosa corriente de pensamiento ha adquirido un predominio creciente en Europa, y conforme a ella cualquier cosa es preferible antes que defenderse de unos ataques que se achacan a locura de individuos concretos.

Eso lo saben los islamistas. Una reciente encuesta de Pew Research Center muestra cómo una mayoría de españoles, franceses, alemanes o británicos creen que frente al terrorismo no debe ser utilizada la fuerza. Casi nadie quiere enfrentarse a la realidad de que existe de verdad el fanatismo, la ideología del mal, que cree llegado su momento de someter a los occidentales, desde Orlando en la Florida hasta Tel Aviv, pasando por Francia; en primer lugar Israel, a la que nadie ayuda ni menciona, y después Francia, el país de Europa en el que vive una proporción más alta de población musulmana.

Los islamistas quieren ejercer un dominio verdadero sobre todo el mundo occidental. "Sumisión" se llama la estremecedora y cada vez más recomendable novela de Michel Houellebecq. Es la sumisión de lo que antes se llamaba “el mundo libre” lo que busca el islamismo. Es la libertad lo que está en juego. Y la pregunta es si los europeos resistiremos sin rendirnos un ataque tras otro.

Terrorismo yihadista: primero vinieron a por los judíos...
Nadie está a salvo: el islamista es un terrorismo genocida.
Giulio Meotti Libertad Digital 16 Julio 2016

Al menos 84 personas fueron asesinadas anoche en la ciudad francesa de Niza por un terrorista de origen tunecino, y varias decenas resultaron heridas. El atacante embistió con un camión de 19 toneladas a una multitud que estaba celebrando el Día de la Bastilla, la fiesta nacional francesa, atropellando a hombres, mujeres y niños en un tramo de dos kilómetros de calzada y aceras.

El 2 de julio, nueve ciudadanos italianos fueron asesinados por islamistas en un atentado contra un restaurante en Daca, Bangladés. Fueron torturados y asesinados con “cuchillos bien afilados”, blandidos por terroristas sonrientes que perdonaron la vida a los que conocían el Corán. Los pobres bangladesíes llevan ya casi un año sufriendo traumáticas masacres parecidas. Pero esas víctimas no eran extranjeros ricos no musulmanes; eran blogueros musulmanes anónimos, acusados de blasfemia y asesinados con “cuchillas afiladas”. Cinco personas en 2015 y otras dos en 2016 –un estudiante de Derecho y un sacerdote hindú– fueron asesinadas a machetazos.

La misma secuencia se ha producido en Siria y en Irak, donde los decapitadores del Estado Islámico tomaron primero como objetivo a –numerosos– periodistas occidentales, luego expulsaron y mataron a los cristianos de Mosul y después aterrizaron en París para exterminar civiles occidentales.

Hace dos semanas, una israelí de 13 años fue asesinada a apuñaladas mientras dormía en su cama. Como en Bangladés, el terrorista árabe palestino utilizó un cuchillo para matar a Halel Yafa Ariel. No se trata de un simple crimen: se trata de un asesinato que erróneamente equipara la construcción de una casa con el asesinato de una cría. Los periódicos italianos incluso la despojaron de su identidad: Il Corriere della Sera, el segundo periódico del país, reportó:

“Margen Occidental: matan a una americana de 13 años”.

Cuando el mes pasado fueron asesinados cuatro israelíes en el restaurante Max Brenner de Tel Aviv, la prensa internacional volvió a publicar titulares incorrectos. Desde Le Monde a Libération, la prensa francesa utilizó la palabra tiroteo en vez de terrorismo. La CNN habló de “terroristas” así, entrecomillando el término. La Repubblica, el principal periódico italiano, denominó “agresores” a los terroristas árabes palestinos.

¿Qué significan estos titulares distorsionadores? Que en Occidente creemos ingenuamente que hay dos tipos de terrorismo: el internacional, que toma por objetivo a los occidentales en Niza, París, Daca, Raqa o Túnez, y el nacional, que es algo entre los árabes e Israel, y frente al cual los judíos israelíes deben replegarse y rendirse. También hay un terrorismo sin rostro, como en Orlando, donde un musulmán afgano-estadounidense masacró a 50 americanos y todo el mundo, como suele ocurrir en América, se negó a mencionar el islam.

Es la reacción del apaciguador, “el que alimenta a un cocodrilo con la esperanza de lo devore el último”, según Winston Churchill. El problema es que da igual que seas pacifista o belicista, gay o heterosexual, ateo o cristiano, rico o pobre, blasfemo o devoto, francés o iraquí: el terrorismo yihadista no hace distinciones. Cada uno de nosotros somos un objetivo: el terrorismo islamista es genocida.

Pese a eslóganes fáciles como Je Suis Charlie, pocos en Occidente hemos demostrado solidaridad con los dibujantes franceses de Charlie Hebdo. La mayoría de los europeos pensaron que esos periodistas se estaban buscando problemas y los encontraron. O peor aún: el director del Financial Times dijo que eran “estúpidos”. Pero después del 7 de enero vino el 13 de noviembre. Entonces nadie culpó a las viñetas de Mahoma de los atentados en París.

Mientras el Estado Islámico esclavizaba y violaba a cientos de yazidíes, nuestras intrépidas feministas de Occidente estaban muy ocupadas luchando por un referéndum irlandés sobre el matrimonio gay. Obviamente, no les importaba el destino de sus hermanas yazidíes y kurdas. Estaban ocultas allá, en el remoto y exótico Oriente, como los blogueros laicistas asesinados en Daca.

Es hora de recordar el famoso poema de Martin Niemöller, pastor cristiano alemán al que el régimen nazi encerró durante siete años en un campo de concentración:

Primero vinieron a por los socialistas, y guardé silencio?
porque yo no era socialista.
Después vinieron a por los sindicalistas, y guardé silencio
porque yo no era sindicalista.
Después vinieron a por los judíos, y guardé silencio
porque yo no era judío.
Después vinieron a por mí,
y para entonces ya no quedaba nadie que pudiera hablar en mi nombre.

De forma similar, cuando los terroristas islamistas van a por los blogueros musulmanes disidentes o, allá lejos, a por las niñas israelíes o las mujeres yazidíes –que son esclavizadas, flageladas, violadas o asesinadas–, en Occidente deberíamos sentirnos concernidos. Los islamistas sólo están afilando sus cuchillos antes de venir a por nosotros.

Si no hablamos hoy, mañana seremos castigados por nuestra indolencia.

©Gatestone Institute - Revista El Medio

¿Por qué cantan La Marsellesa?
Javier Somalo Libertad Digital 16 Julio 2016

El multiculturalismo es racismo, pues impide la integración y patrocina la pureza sin riesgo de contaminación

Durante la ocupación nazi el gobierno colaboracionista de Vichy prohibió cantar La Marsellesa: estaba claro que esa letra escrita en 1792 servía también para expresar el sentimiento contra el yugo hitleriano. Por eso se escuchó en Saint-Denis tras los atentados de hace ocho meses en París, por eso la entonan los franceses cuando se ven cerca del cuchillo que los quiere degollar, cuando se ven en el suelo degollados.

El problema de escuchar La Marsellesa "desestacionalizada", como dirían los comentaristas económicos, no ligada al siglo XVIII ni a revolución alguna ni sometida a mutaciones o versiones obreras coyunturales, es que siempre habrá quien nos recuerde que su literalidad liga más con Marine Le Pen que con una guerra organizada y eficaz contra el yihadismo, o sea el islamismo. Si se entonara contra el capitalismo –como en su momento se hizo– no habría tanta cautela. Ante la duda, Europa emana solidaridad, mucho trending topic y mucho hastag en las mismas redes en las que de madrugada ardía la Torre Eiffel o se tomaban rehenes en no sé cuántos hoteles. Al fin y al cabo, silencio ruidoso, confusión sobre el Terror e inevitable amplificación de sus efectos aunque en Facebook encontraran a un bebé perdido.

Que la reacción ante el apaciguamiento puede alimentar a los extremismos es una realidad comprobada. Que el vacío siempre se ocupa y que eso no beneficia precisamente a los intereses generales, también. Nada sería más útil para el terrorismo islamista y nada engrosaría más sus filas que la explosión populista europea. Pero nada de ello puede suponer que Europa persista en el apaciguamiento, ya camino de la rendición.

El caso es que muchos franceses entonan La Marsellesa como único desahogo y otros tantos la siguen prohibiendo por si los nazis vuelven a molestarse. Europa, Francia, repiten la historia de los años 30 y 40 pero sin Línea Maginot ni dinámica de bloques porque el enemigo no vive enfrente sino dentro, aunque lea las consignas dictadas desde paraísos de la inversión y el patrocinio. En este sentido, resulta gracioso, si no fuera dramático, que un partido como Podemos proponga que hay que cortar las vías de financiación del terrorismo mientras recibe financiación de Irán, patrocinador del mayor azote de Israel en aras de la "causa palestina" que es, a su vez, la histórica reivindicación de toda masacre de autoría islamista.

Podemos culpa del pecado original a Europa, como si las actuaciones en Irak o Siria, exitosas o fracasadas, no hubieran sido la respuesta a un ataque previo. En definitiva, concede una explicación al terrorismo y accede a su discusión. En su receta oficial tras la noche del 14 de julio, el partido de Iglesias pide por enésima vez un cerco a la xenofobia, la nuestra, no la de aquellos que nos consideran infieles e impuros y quieren borrarnos del mapa. Eso sí, sus "medidas" son a título informativo porque siguen ajenos al Pacto Antiterrorista –otra cosa es que sirva de algo– participando o medrando como "observadores". Y les dejamos hacer.

El multiculturalismo, pese a lo perversamente benéfico del término, significa impermeabilizar las culturas, mantenerlas intactas allí donde quieran instalarse. El multiculturalismo es racismo, pues impide la integración y patrocina la pureza sin riesgo de contaminación. Si dejáramos esta reflexión limitada a "culturas" aún no sería tan grave. Pero es que hoy consideran cultura la ablación, el burka, la sharia, la ley islámica… supongo que como hecho diferencial. Hay ya demasiados barrios en Europa en los que las fuerzas de seguridad tienen vetada su entrada. Demasiados barrios en Europa donde Europa no existe. En España, Barcelona lleva ese camino.

Combatir un terrorismo que no necesita huida porque se alimenta también de su sangre y que convierte lo cotidiano en arma letal parece imposible. En las últimas horas, la investigación sobre la masacre de Niza permite albergar dudas sobre la naturaleza del ataque pero sería una equivocación borrarlo del listado del horror islamista por el hecho de que carezca de organización o estructura previa. La mayoría de los mortales desesperados que deciden apearse del mundo lo hacen en solitario, desde un puente, atiborrándose de pastillas o pegándose un tiro en la boca. Echarse en brazos de las huríes llevándose por delante a casi cien personas es una especie de militancia póstuma por muy vicioso, alcohólico o infiel que se haya sido la víspera. Antes mártir que miserable; ese podría ser el último pensamiento del asesino tunecino en el caso de que se confirmara tal relato de hechos.

En cualquier caso, estamos obligados a no ponérselo fácil a nadie, sean adiestrados terroristas, "lobos solitarios" –expresión que certifica el desconcierto ante el problema– o perturbados que, sin filiación previa, deciden dejarse llevar por la caudalosa corriente contra el infiel Occidente y poner así un broche de sangre a una vida estúpida o desgraciada.

Es difícil el combate, sí, pero hay que empezar desde abajo y de una vez por todas: la integración del inmigrante en la sociedad de acogida ha de ser un requisito irrenunciable y eso supone, entre muchas otras cosas, no seguir admitiendo como algo cotidiano y baladí que una mezquita sea altavoz de la violencia, que un barrio entero se convierta en madrasa blindada o que se persiga el maltrato salvo si se esconde bajo un burka o un hijab. En todo esto tienen un papel los países europeos y todas sus estructuras pero también los musulmanes que, hasta ahora, sólo se desmarcan del islamismo con notas de prensa, mensajes de condolencia o insistiendo en que el Islam es sinónimo de paz salvo interpretación errónea, como la letra de La Marsellesa. El dilema de los justos y los pecadores se resuelve si los justos ponen algo de su parte.

(Letra de La Marsellesa)
¡En marcha, hijos de la Patria,
ha llegado el día de gloria!
Contra nosotros, la tiranía alza
su sangriento pendón. (bis)
¿Oís en los campos el bramido
de aquellos feroces soldados?
¡Vienen hasta vosotros a degollar
a vuestros hijos y vuestras compañeras!
Estribillo
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
¡Marchemos, marchemos!
¡Que una sangre impura
inunde nuestros surcos!
2a estrofa
Qué pretende esa horda de esclavos,
de traidores, de reyes conjurados?
Para quién son esas innobles cadenas,
esos grilletes preparados de hace tiempo? (bis)

Para nosotros, franceses … Ah! Qué ultraje!
Qué transportes debe suscitar!
A nosotros, se atreven a intentar
reducirnos a la antigua servidumbre!
3a
Cómo! … Cohortes extranjeras
harían la ley en nuestros hogares?
Cómo! … Esas falanges mercenarias
abatirían a nuestros fieros guerreros?(bis)

Dios santo! Encadenadas por otras manos,
nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo!
Unos déspotas viles serían
los dueños de nuestros destinos!
4a
Temblad, tiranos! Y vosotros, pérfidos,
oprobio de todos los partidos,
temblad! Vuestros planes parricidas
recibirán por fin su merecido! (bis)
Todos son soldados para combatiros.
Si nuestros jóvenes héroes caen,
la tierra produce otros,
listos para luchar contra vosotros!
5a
Franceses, asestad vuestros golpes
o retenedlos, magnánimos guerreros:
perdonad a esas víctimas tristes,
que a su pesar se arman contra nosotros. (bis)
Pero no a esos déspotas sanguinarios,
esos cómplices de Bouillé,
todos esos tigres que, despiadados,
desgarran el seno de su madre!
6a
Amor sagrado de la Patria,
conduce y sostén nuestros brazos vengadores!
Libertad, Libertad amada,
combate con tus defensores! (bis)
Que la victoria, a tus voces viriles,
acuda bajo nuestras banderas;
que tus enemigos, al expirar,
vean tu triunfo y nuestra gloria!
7a
Entraremos en el camino
cuando nuestros mayores ya no estén aquí;
encontraremos sus cenizas
y la huella de sus virtudes. (bis)
Menos deseosos de sobrevivirles
que de compartir su tumba,
tendremos el orgullo sublime
de vengarlos o de seguirlos.

Europa caerá como fruta madura
Fran Carrillo okdiario 16 Julio 2016

Niza nos ha situado de nuevo en el día de la marmota europea, bajo el telón de fondo de una secuencia melódica conocida: atentado-condena-rezos compungidos- atención mediática-olvido. No importa lo cuantioso de la desgracia, sino el carácter moral del atropello. Casi un centenar de almas pisoteadas más por la indolencia de un continente que ha renunciado a ser lo que fue. Para aceptar, en aras de una suerte de buenista conciencia humanista, lo que nunca debería ser. Los pilares que cimentaron Europa durante siglos hace tiempo que se resquebrajan mientras las élites políticas de Bruselas y los extremos sociales y gubernamentales de muchos países se flagelan contra lo inevitable: quienes dinamitan desde el corazón de Europa su esencia definitoria no quieren convivir, sino guerrear. Es una cultura contra otra, dos modos de vida que no resisten comparación, que no pueden convivir, que no deben convivir. El Medioevo contra la Modernidad, las cadenas frente a la razón.

Cuando Tomás de Aquino o Francisco de Vitoria exponían, bajo proposiciones y condiciones, las causas justas de una guerra, elevaron una doctrina moral sobre la misma basada en el principio de la injuria o la necesidad de promover el bien frente al mal. Y lo hicieron sabedores de que los mensajeros del miedo tienen como principales aliados, no a los soldados mártires que todo lo inmolan, sino a los guardianes de la esencia cobarde que crece desde el falso axioma “la violencia genera más violencia”. Así cruzan fronteras, llegan hasta nuestras casas, atentan impunemente contra nuestro forma de vida y aumentan su sonrisa a cada dolor compartido y viralizado.

En el frontispicio de la desgracia, lugares comunes de tristeza y sentimientos acompañados: “Condenamos los atentados de Niza…” “Solidaridad con el pueblo francés…” “Hoy más que nunca a favor de la libertad…” Y así hasta el siguiente crimen televisado por esos periodistas de salón que creen que hacen profesión de las vísceras, autoungidos como los nuevos Randolph Hearts del morbo. Ayer, sólo TVE hizo honor a tan noble profesión de contar y cantar las noticias con una cobertura que mezclaba rigor informativo y discreción visual, siguiendo el patrón de las televisiones francesas, que no emitieron testimonios de la masacre por respeto a las víctimas. Muy distinto al tratamiento que ciertos comunicadores del star system patrio hicieron del suceso. Cuantas más muertos en pantalla, mejor. A ser posible con música tétrica y lastimosa de fondo, para excitar los sentidos de una audiencia atrofiada de pensamiento pero enervada y excitada ad nauseam en su búsqueda de culpables que calmen su castigada conciencia. Sentí vergüenza de pertenecer al mismo gremio de gente que prioriza su ego al respeto a una memoria desconocida, que prefiere la exclusiva corpore insepulto del muerto que relatar lo sucedido como antaño, cuando sólo la pluma del escribidor oficiaba la ceremonia del desastre, como una epifanía coral que transportaba a las páginas de un periódico los sucesos como si lo viera y viviera el lector. Olvidan que el terrorismo vive también del afán de protagonismo del periodista.

El autoritario abuso de la prisión provisional
Más allá de la ignominia de ciertos comunicadores, lo relevante fue el proceso que siguió la ciudadanía digital en las redes: rezos, lamentos y más condenas. Y fuera. No entienden, quizá porque no conocen la Historia, que una guerra contra el mal que persigue la libertad nunca se ganó condenando y rezando. El judeocristianismo edificó hace siglos un continente que basó su desarrollo intelectual y científico bajo cimientos grecolatinos. La escolástica incrementó los saberes que luego el Renacimiento apuntaló. Nada de eso parece quedar hoy. Destruir la historia no sólo se hace aniquilando los vestigios arqueológicos y arquitectónicos de una civilización. También se destruye, poco a poco, gota de sangre a gota de sangre, practicando el laissez faire laissez passer que todo lo admite y permite. Porque sí, porque somos la tolerante civilización cool. Niza sólo es una parada más. A la espera de la siguiente. Mientras sigamos como marmotas, repitiendo procesos, el miedo será nuestra compañía permanente. Los atentados no se condenan. Los atentados se combaten. O Europa caerá como fruta madura. Al tiempo.

La oposición critica la política de seguridad
Le Pen: 'O matamos al islamismo o él nos matará a nosotros'
La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, ha asegurado que "la guerra contra la plaga del fundamentalismo islamista no ha empezado y ahora es urgente declararla" y ha pedido que a la estupefacción y a la compasión se le añada la "acción".
A. B Gaceta.es 16 Julio 2016

La oposición francesa se ha mostrado muy crítica con la política antiterrorista del Gobierno del presidente, el socialista François Hollande, tan solo unas horas después del atentado de Niza, y algunos de sus responsables dijeron que si se hubieran tomado medidas esta masacre se podría haber evitado.

La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, se ha posicionado en una crítica de principio hacia las autoridades, al juzgar que "la guerra contra la plaga del fundamentalismo islamista no ha empezado y ahora es urgente declararla". A ese respecto, reclamó medidas que ya lleva tiempo pidiendo y que pretenden "atacar el fenómeno de raíz" porque "a la estupefacción y a la compasión deben añadirse la acción, las necesarias medidas de prevención y de represión y la más total determinación para erradicar esta plaga del fundamentalismo islámico". Su sobrina, Marion Le Pen, ha tuiteado: "Horror y consternación. Matamos al islamismo o él nos matará. Una y otra vez".
Además, el ex primer ministro y candidato presidencial Alain Juppé ha afirmado que "si se hubieran puesto todos los medios, el drama no se habría producido", en una entrevista a la emisora "RTL", en la que insistió en que hay que hacer "más" y "mejor", sobre todo en lo que se refiere a los servicios secretos. Juppé ja considerado que hay "fallos" y "lagunas" en el dispositivo antiterrorista, como "lo mostró" la comisión de investigación parlamentaria sobre los atentados yihadistas de 2015 en Francia, que concluyó que hay que "coordinar mejor" los diversos servicios de información que trabajan en Francia.

"No trato de acusar a nadie por ahora, naturalmente -ha matizado-. La investigación no ha comenzado, pero se tiene que saber toda la verdad con todos los detalles", una "exigencia para calmar lo que siento como el enfado de los franceses y de las francesas".

El diputado conservador Georges Fenech, presidente de la comisión de investigación parlamentaria ha reprochado, por su parte, la "impotencia" y "la ceguera" del Ejecutivo, que no ha querido asumir las recomendaciones de su informe.
Otro destacado miembro del partido Los Republicanos, el presidente de la región de Niza y antiguo alcalde de la ciudad, Christian Estrosi, ha criticado el dispositivo de las fuerzas del orden anoche en el paseo de los Ingleses de la ciudad donde se produjo el atentado. "¿Cómo es posible -se ha preguntado Estrosi- que ese camión entrara en una zona que había sido peatonalizada? (...) ¿Cómo es posible que (el autor de la masacre) pudiera actuar solo?".

El presidente de la región Provenza Alpes Costa Azul tiene intención de plantear esas cuestiones, y también cuántos policías estaban desplegados en el centro de la ciudad cuando ocurrió la masacre, al jefe del Estado, François Hollande, al que recibió después de mediodía en el aeropuerto de Niza.

El presidente de Los Republicanos, y predecesor de Hollande como jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, en una posición más institucional dijo que será necesaria "una firmeza y una vigilancia excepcionales" durante mucho tiempo porque "estamos en una guerra que va a durar". En un comunicado de su partido, Sarkozy insistió en que teniendo en cuenta que la "amenaza se renueva sin cesar (...) la adaptación y el refuerzo permanente (del) dispositivo de lucha contra el terrorismo islamista es una prioridad absoluta".

El Estado Islámico ya está en España
Un informe del Insituto Elcano echa por tierra ciertas concepciones bastante arraigadas.
Pablo Molina Libertad Digital 16 Julio 2016

En nombre de Abu Baker al Bagdadi, explotarán bombas en el metro de Madrid y el de Barcelona.

Esa frase figuraba en una misiva enviada por dos presidiarios a la sede central del Partido Popular en octubre de 2015. Los dos estaban encarcelados y a punto de cumplir sus respectivas sentencias por robo con violencia y asesinato, lo que no les impidió firmar esa amenaza como reflejo del proceso de radicalización islamista al que habían llegado durante su estancia en prisión.

Este es uno de los más de cien casos de detenidos por vínculos con el Estado Islámico que los investigadores del Real Instituto Elcano Fernando Reinares y Carola García-Calvo han recogido en su informe Estado Islámico en España.

Los autores han estudiado los casos de todos los detenidos por la Audiencia Nacional acusados de tener vínculos con el califato terrorista comandado por Abubaker al Bagdadi. La primera operación en nuestro país contra esta organización criminal tuvo lugar en junio de 2013. Desde ese momento y hasta mayo de este año, fin del periodo estudiado, 124 islamistas han sido detenidos y procesados en España por su pertenencia al EI.

Las conclusiones de este estudio confirman la penetración de la organización terrorista en los países occidentales, hecho que ya era conocido por las fuerzas policiales y los servicios de inteligencia, pero ponen también de relieve algunos aspectos importantes para comprender cómo, dónde y por qué se está produciendo esta radicalización islamista.

Llama la atención la vía principal a través de la cual se produce esa radicalización. En contra de lo que viene afirmándose en tiempos recientes, internet no es el instrumento preferente para fanatizar a los musulmanes que viven en España:

Para la mayoría, el proceso de radicalización en el salafismo yihadista propio de EI se desarrolló en un entorno mixto, a la vez offline y online. Pero el porcentaje de individuos radicalizados sólo en un entorno offline es significativamente mayor del correspondiente a quienes se radicalizaron únicamente online.

En efecto, según los datos de este estudio, el 53% de los detenidos se radicalizaron en lugares físicos y, simultáneamente, visitando foros y redes sociales en internet. Mientras tanto, los que han forjado su proceso de transición al yihadismo únicamente fuera de internet son el 29% y los que sólo han utilizado internet con este objeto son únicamente el 18%.

A este respecto, el informe señala los domicilios particulares, los lugares de culto, los centros culturales islámicos, espacios al aire libre y prisiones como los ámbitos físicos más destacados para la radicalización islamista.

La segunda conclusión destacable desvirtúa la figura del lobo solitario como herramienta preferente del Estado Islámico para cometer ataques terroristas en suelo occidental. En lo que respecta a nuestro país, la práctica totalidad de los yihadistas detenidos (94%) pertenecían a células de reciente creación. Además, tres de cada cuatro estaban operativamente conectados con los órganos dirigentes del Estado Islámico. Por tanto, el terrorismo islamista vinculado al EI no cabe atribuirlo a personajes solitarios que tratan de llevar a cabo una masacre con el mínimo apoyo logístico, sino que se trata de células vinculadas organizativamente al califato terrorista, con todo lo que eso lleva consigo.

Finalmente, el informe desmonta la falacia típica con que la izquierda justifica la existencia del terrorismo islamista como producto de las desigualdades económicas o el desarraigo social de los musulmanes en nuestras sociedades. Muy al contrario, los miembros del Estado Islámico arrestados en España son, de manera abrumadora, jóvenes con estudios secundarios y familia propia. Tampoco asesinan occidentales para denunciar una presunta discriminación, sino que, en su gran mayoría (el 62,8%), aducen imperativos teológicos como justificación de las matanzas terroristas, que consideran parte de los deberes de todo buen musulmán para con la yihad.

Más que protestar por una situación social injusta, los miembros del Estado Islámico detenidos en España actúan porque, como declaró uno de ellos, todo terrorista suicida “verá su lugar en el Paraíso”:

Estará protegido. Se casará con 72 doncellas en el Paraíso y podrá pedir perdón para 70 parientes.
© Revista El Medio

DOS RESPUESTAS MUY DISTINTAS FRENTE AL ISLAMISMO
Polonia señala al multiculturalismo como 'culpable' del atentado de Niza
Las declaraciones del ministro del Interior polaco chocan con la política emprendida por la UE y la ONU que lleva décadas mostrando su fracaso a la hora de garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Juan E. Pflüger Gaceta.es 16 Julio 2016

Las instituciones de los organismos supranacionales llevan más de una década intentando convencer a los diversos grupos terroristas islamistas –Al Qaeda, ISIS, Boko Haram,…- de que abandonen las armas. Para lograrlo, desde organismos como la UE y la ONU, se ha fomentado el multiculturalismo que se ha implantado como un dogma en las civilizaciones occidentales.

Este viernes, solamente unas horas después de que un islamista radical asesinase en la localidad francesa de Niza a 84 personas, entre ellas 10 niños, y dejase heridas a más de 200 personas, la portavoz del Alto Representante de las Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones, Nihal Saad, en los cursos de verano de San Lorenzo ha vuelto a ahondar en estas ideas fracasadas.

Saad, en referencia directa a los atentados de Niza, ha vuelto a caer en el buenismo que viene consintiendo el desarrollo del islamismo en los países europeos y ha explicado que “hay que promover el diálogo interreligioso” que ha planteado como solución para “prever el radicalismo religioso”. La portavoz del Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones pretende, después de décadas del fracaso del multiculturalismo, que es la única estrategia viable para detener la “radicalización de la ideología” islamista.

Para esta alta funcionaria de la ONU queda desechada cualquier acción militar que no pase por el diálogo con los terroristas y por supuesto descarta “la respuesta de los ejércitos”. Y ha concluido su explicación con una de esa afirmaciones que tan en boga están entre la izquierda europea al asegurar que existe “una desigualdad en la distribución de la riqueza que genera terrorismo e ideología extremista violenta”.

El multiculturalismo es culpable
Muy diferente es la explicación que se da en otros países, en este caso en Polonia, donde se considera que el multiculturalismo, lejos de ser la solución a los crímenes del terrorismo islámico es la causa, junto a la corrección política, de atentados como el de Niza. Así lo ha asegurado este viernes por la mañana el ministro del Interior polaco, Mariusz Blaszczak.

El político ha sido tremendamente crítico con las reacciones frente al yihadismo: “El último atentado de París y Bruselas dejó claro que la reacción de los dirigentes se limita a que la señora Mogherini se eche a llorar, se organicen marchas, se depositen flores y se usen los colores del arco iris que también representan a los movimientos LGTB”.

En su intervención en la que analizó los sucesos de Niza dejó claro que desde la perspectiva del Gobierno del que forma parte las agresiones terroristas que está sufriendo Europa son consecuencia del multiculturalismo. Y explica que gracias a esta forma de interpretar el trato que debe darse al islam “nosotros, a diferencia de Europa occidental, no tenemos este tipo de problemas, no tenemos barrios donde impera una ley distinta a la polaca o donde la policía polaca tiene temor a entrar".

Francia, objetivo prioritario
Que se hayan repetido los atentados en suelo galo se debe a fallos de seguridad y a problemas para integrar a los musulmanes
Atentado en Niza: 84 muertos, 10 de ellos niños, y más de 200 heridos
FELIPE SAHAGÚN El Mundo 16 Julio 2016

¿Es Francia objetivo prioritario del terrorismo islamista en Europa? Los atentados sufridos desde enero de 2015, con unos 230 muertos, contando los 84 de anteanoche (cifra oficial a mediodía de ayer) en Niza, parecen indicar que sí.

Lo había sido ya en los años 90 de grupos magrebíes, argelinos sobre todo, pero los atentados más graves hasta 2015 en Europa se cometieron en España y en el Reino Unido, no en Francia. Por la intervención en Irak, según muchos observadores, que se sienten reforzados por el reciente informe británico, 'Chilcot', sobre la invasión de 2003.

Que no se hayan repetido desde el 11-M o el 7-J atentados masivos en España y el Reino Unido, y sí en Francia, estando en la misma coalición contra el Estado Islámico (IS, en sus siglas en inglés), en sus listas de objetivos y en las mismas alianzas, se debe, probablemente, a sus fallos de seguridad y al hecho de tener un vivero mucho más numeroso de terroristas potenciales entre los cinco millones de musulmanes franceses con problemas de integración.

Aunque hay pautas comunes, cada terrorista tiene sus razones y ningún atentado es igual a otro, pero, desde el director de la CIA, John Brennan, al último experto en seguridad hay unanimidad en que la pérdida del 40% del territorio que controlaba en Irak y del 20% en Siria -lo peor está por llegar en Raqqa y Mosul- está convirtiendo al IS en otra organización terrorista convencional y sin estado, más necesitada de golpes terroristas en el exterior.

Esta transformación ha reforzado al jeque y portavoz oficial, Abu Muhammad al Adnani, quien ya en septiembre de 2014 señalaba a Francia en 'Al Furqan', su principal medio de propaganda, como blanco favorito de una estrategia que incluye la multiplicación de atentados en cualquier parte. "Si puedes matar a un europeo o americano infiel, especialmente a los rencorosos y sucios franceses -también a australianos, canadienses o infieles de cualquier otro miembro de la coalición contra el IS-, entrégate a Alá y mátalo de cualquier forma (con piedras, cuchillos, veneno o atropellándolo...), sea civil o militar, donde quiera que esté".

En solitario o en grupo, con más o menos vinculación con los mandos del IS, unos inspirados y otros ordenados directamente, muchos han respondido a la llamada en lugares tan alejados como Orlando, Estambul, Dhaka, Bagdad o Yeda.

Mantener el pulso
La estrategia está clara y el objetivo es el mismo: desviar la atención de su debilidad creciente en Siria e Irak para mantener el pulso con sus competidores en el campo del terrorismo islamista y con sus enemigos fuera de él. "Los próximos 12 meses seguramente serán más sangrientos que los 12 últimos", decía Fawaz Gerges, de la London School of Economics (LSE), en el penúltimo número de la revista 'The Economist'.

Sólo en la región de París la policía francesa tiene abiertas actualmente más de 150 investigaciones de posibles atentados y, aunque cada atentado sabe a fracaso, los que se evitan y no se publican superan con mucho a los que se cometen.

"Han elegido el 14 de julio porque es el símbolo de la libertad y de los derechos humanos", afirmó el presidente francés, François Hollande, en su mensaje a la nación cinco horas después del último atentado.

Neil Fergus, responsable de Intelligent Risks, grupo australiano especializado en terrorismo internacional, coincidía en su primer análisis para el digital News.com.au: "París y Francia son el corazón de la filosofía occidental, un horror para esta gente. Toda Europa lo es para ellos, pero Francia es el epicentro".

Dejándose llevar, muchos comentaristas encontraban ayer conexiones con esa filosofía en cada objetivo de los principales atentados en Francia del último año y medio: la libertad de expresión en 'Charlie Hebdo', la unidad nacional en un estadio de fútbol, las ganas de vivir, el ocio y la música en Bataclan, bares y restaurantes, y anteayer Niza, uno de los mejores destinos turísticos de Francia, celebrando con fuegos artificiales y música junto al mar la gran fiesta nacional. Argumentos fáciles de aceptar en Occidente, pero no para un iraquí, sirio o afgano.

Después de 13 años de guerra, con unos 170.000 civiles muertos en actos violentos según Iraq Body Count, a un bagdadí, que sólo el 3 de julio vio morir en un centro comercial del distrito de Karrada a más de 250 personas por la explosión de una camioneta cargada de explosivos -atentado reivindicado por el Estado Islámico e ignorado por casi todos en Occidente- la lógica de los valores democráticos occidentales le resulta tan perversa o hipócrita como a la mayor parte de los occidentales la del IS.

El presidente de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, Christian Estrosi, se desmarcó ayer del discurso oficial -nos matan por lo que somos, no por lo que hacemos, seguimos en guerra, no cederemos y, unidos, vamos a ganar- con una sinceridad rara vez vista por nuestros lares. "Estoy profundamente decepcionado", afirmó. "Cómo es posible en nuestro país que -en estado de emergencia, en estado de guerra-, olvidemos tan pronto a 'Charlie Hebdo'. Hasta que llegó Bataclan. Y, después de Bataclan, lo volvimos a olvidar y nos golpearon en Bruselas. Después de Bruselas, lo olvidamos de nuevo y ahora Niza. Hay que responder a unas cuantas preguntas. ¿Cómo es posible que un individuo pueda saltarse todo un perímetro de seguridad? Espero respuestas del ministro del Interior, Bernard Cazaneuve. Y no quiero las respuestas rituales. Vamos a investigar".

Muchas de esas respuestas están en las conclusiones del comité de la Asamblea Nacional sobre los atentados de 2015 publicadas el 5 de julio. Entre las 40 propuestas de los diputados destacan acabar con la fragmentación y descoordinación de los servicios de Inteligencia y de seguridad, abrir una agencia nacional como el Centro Nacional de Contraterrorismo establecido en EEUU tras el 11-S, montar una base de datos compartida por todos los servicios, controlar mejor la radicalización en las prisiones, intensificar la vigilancia en fronteras y reforzar la cooperación internacional.
Felipe Sahagún

Es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El fracaso de la Democracia
Está tomando cuerpo una creencia muy peligrosa, que la Democracia ha fracasado. Y lo habría hecho porque no nos ha proporcionado aquello que, se supone, prometía.
Javier Benegas www.vozpopuli.com 16 Julio 2016

El terrorismo que asola Europa es una prueba más de que algo no funciona. Ya no es necesario siquiera que el autor de una masacre esté integrado en un grupo y cumpla escrupulosamente con determinados preceptos técnicos para ser una potencial amenaza. En algunos casos las vinculaciones de los asesinos con una corriente terrorista es la mera inspiración; y el motor de sus actos, el resentimiento, la irrelevancia social o la venganza. Ni siquiera es necesario, en el caso del terrorismo yihadista, que el sujeto en cuestión sea realmente un islamista. Puede ser un delincuente común que se abraza al islamismo como quien se une a una secta para encontrar algún consuelo. Sea como fuere, el terrorismo y sus agresiones a nuestro estilo de vida, organización social e instituciones son evidencias extremas de los peligros que acechan a la Democracia.

Existen, sin embargo, otros enemigos mucho menos terribles, pero más ladinos y persistentes, que con insistencia sitúan a la Democracia en la picota. Y está tomando cuerpo una creencia muy peligrosa, que la Democracia ha fracasado. Y lo habría hecho porque no nos ha proporcionado aquello que, se supone, prometía. Pero ¿qué es lo que la Democracia prometía realmente? He aquí la clave de este embrollo.

La adulteración
Recientemente Raffaele Simone, lingüista y ensayista italiano, se ha sumado a la corriente crítica, que pretende explicar por qué la Democracia está fracasando y, posiblemente, en trance de desaparecer. Su ensayo, El monstruo amable (Taurus), que ha sido muy jaleado por insignes cabeceras, aborda el asunto y usa para ello un subtítulo beligerante, ¿El mundo se vuelve de derechas?, lo que ya de partida apunta a la tradicional reivindicación de que la Democracia moderna es un invento de la izquierda. Por lo que su devenir estaría íntimamente ligado a la suerte del socialismo.
Así, con una serie de argumentaciones más o menos consistentes, Simone establece un paralelismo entre el triunfo de una derecha frívola, vacía de ideología, materialista y de “rostro amable”, y el declinar de la democracia moderna. Ya con anterioridad, en la Revista Claves de Razón Práctica (nº236) y bajo el título Cómo fracasan las democracias, reforzaba esta opinión con párrafos llenos de lugares comunes, como el que se añade a continuación:

“El primero de esos problemas es la toma de conciencia, a consecuencia de la llegada de la globalización, del neoliberalismo y de las catástrofes económico- financieras que ha generado, por el hecho de que la autonomía política de los Estados esté condicionada por las oligarquías económico-financieras planetarias. Una parte de esas oligarquías están a la vista de todos (los grandes bancos, los grandes grupos de intereses, los conglomerados industriales) y en parte ocultas (las mafias internacionales, los grandes inversores individuales).”

También escribe Simone: “la impresión parece ser que la democracia como régimen y como actitud está acabada, y que se hace necesario algo nuevo y más adecuado a las nuevas condiciones”. Y añade de manera todavía más inquietante: “Desconocemos si en política existen ciclos afines a los económicos, pero podría perfectamente darse el caso. Aunque ninguno de nosotros sea capaz de imaginar lo que podría venir después de un ciclo como el que está tocando a su fin.”

Los argumentos del análisis de Raffaele Simone prenden con facilidad en una opinión pública desconcertada, que en estos tiempos de tribulaciones consume con fruición hipótesis grandilocuentes y efectistas, sobre todo aquellas que parecen explicar lo más complejo con inusitada facilidad y ofrecen, sin mayor rigor que el propio del diletante, soluciones milagrosas. Un peligroso juego al que muchos intelectuales se prestan con entusiasmo, porque puestos a elegir entre profundizar en la verdad o alcanzar la fama, escogen lo segundo.

El valor de los principios
Pero Simone se equivoca, como se equivocan todos aquellos para los que la democracia en origen ha de ser fiel a una ideología. Es cierto que estamos incursos en una crisis que puede tener consecuencias impredecibles. Sin embargo, sólo puede entenderse como una crisis democrática en tanto en cuanto hayamos unido con pegamento la idea de Democracia a esa otra idea que hemos dado en llamar Estado social. Dicho con otras palabras, si lo nuestro es la Democracia social, sin duda la democracia está en crisis. Pero si lo que entendemos por Democracia son unas reglas del juego, un sistema de Gobierno y de control del Poder, no es así, al menos no en origen. Cosa distinta es que cuando apelamos a la recuperación de los valores democráticos, estemos en realidad apelando al resurgir de unas determinadas creencias.

Recientemente alguien me hacía una pregunta retórica: “¿Tiene la Democracia algún sentido sin Estado de bienestar?”, como si ambas cosas formaran parte de una idea que estaría por encima de la finalidad original de cada una de ellas. Es evidente que lo que tenía en su cabeza era la idea de Democracia Social, es decir, la democracia como medio, no como fin. Una visión utilitarista muy extendida en la actualidad que, sin embargo, es, en mi opinión, el vórtice de la frustración. De ahí que mensajes como los de Simone corran como la pólvora en determinados ambientes.

Y es que la tendencia a culpabilizar a la Democracia evidencia que a una parte importante de la sociedad no le interesa separar y establecer jerarquías. Para mucha gente, la democracia es en realidad un sistema clientelar que ha de satisfacer sus necesidades. Lo que ha llevado a que la política consista en redistribuir la riqueza y, en última instancia, gastar como si no hubiera mañana. Así pues, para algunos, la Democracia fracasará en tanto que no satisfaga sus necesidades materiales, meta la mano en el bolsillo del contribuyente hasta donde se estime necesario y elimine de cuajo todas nuestras incertidumbres. Por eso entregan el voto a un candidato no porque defienda unos principios, demuestre honradez y capacidad, sino porque promete darles un trozo mayor de la tarta.

Como bien explicaba Karl Popper, la democracia no se basa en el principio de que debe gobernar la mayoría, sino en el de que los diversos métodos igualitarios para el control democrático, como son el sufragio universal y el gobierno representativo, han de ser considerados sobre todo salvaguardias institucionales contra cualquier tipo de tiranía, también contra la tiranía del Estado de bienestar, cuya capacidad de redistribuir la riqueza y proveer bienes, puesta en manos de los políticos, parece no tener tasa. Y es ahí, contrariamente a los argumentos de Simone, donde estaría el problema, la gran contradicción.

Cuando la Democracia desborda su cometido, que no es otro que establecer unas reglas del juego iguales para todos, y deja de ser ese sofisticado sistema de controles y contrapesos con el que regular el ejercicio del Poder, está condenada al fracaso. Se transforma en un sistema clientelar masivo, que no sólo favorecerá a los mercantilistas –corrupción mediante- sino que aspirará a comprar a todos los grupos de interés. Y como las demandas tienden a infinito y los recursos disponibles son finitos, tarde o temprano dejará de cumplir sus compromisos.

Sin embargo, no se trata de hacer incompatibles Democracia y Estado de bienestar, sino de separarlos, de establecer la necesaria jerarquía. Si las reglas del juego y la provisión de servicios no están convenientemente separadas, si no hay una jerarquía que sitúe a estas reglas, y sus necesarias líneas rojas, en la cúspide, de tal suerte que limite el tamaño del Estado, estaremos firmando un cheque en blanco a los políticos, a los grupos de interés y a los oportunistas. Y el Estado de bienestar aplastará a la Democracia.

A veces, por más que la ciencia política, cada vez más sofisticada y dotada de mejores herramientas, pretenda llevarnos en línea recta hacia la felicidad por el camino del progreso, mediante la maravillosa redistribución de la riqueza y la ingeniería social, no hay mejor seguro contra el desastre que los principios. Y la Democracia tiene los suyos. No son principios científicos, cierto, sino filosóficos. Y quizá sea precisamente por eso que, a pesar de todos los pesares, es el único sistema de gobierno conocido donde al ejercicio del Poder y a la arrogancia se les puede poner freno.
Un hombre y un destino
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 16 Julio 2016

Cuando Rivera llegó a Madrid, supo resistir heroicamente a los intentos de manipulación de los grandes grupos periodísticos y empresariales. Tan pronto le veíamos en el Ritz rodeado de empresarios de la patronal como en la entrega de los Goyas con el faranduleo o en un reportaje de Telva proclamado el chico de moda. El político catalán sonreía, chocaba las cinco, anunciaba la muerte del bipartidismo y no se dejaba engatusar por las gazmoñerías capitalinas. En comparación con la manifiesta incapacidad comunicativa del PP –salvo Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado– y con la matraca propagandística del PSOE – atascado en el antifranquismo y la España del Cambio–, la espontaneidad de Albert Rivera sirvió de revulsivo en un escenario político falsario y apolillado. Frente a la corrupción institucional blindada por el PSOE y compartida por el PP, Ciudadanos se nos aparecía casi mistéricamente como un partido saneado con un programa funcional expresado en un lenguaje preciso.

El emergente emergido
Si Pablo Iglesias fue el detonante de un movimiento tectónico ya imparable, Albert Rivera supo aprovechar la coyuntura, situándose en el escenario político como alternativa funcional. Al final Podemos se ha quedado en partido cutre con programa anticonstitucional y dirigentes envueltos en inconfesables operaciones financieras. Han sido los propios podemitas quienes han dilapidado el poderosísimo eslogan de la casta, casi olvidado en el torbellino de un Pablo Iglesias contorsionista, tan pronto heredero del 15-M como socialdemócrata compinche del imposible Zapatero. En la sucia cantera política nacional, quien parecía capaz de capitalizar el poderosísimo lema de la casta era Albert Rivera, como un dios venido de otro planeta (Cataluña, para más inri, un bucle surrealista al que Dalí hubiera llamado suculento).

Criptonita contra la corrupción
¿Y qué hizo entonces nuestro superhéroe, cuyo poder transversal le convertía en criptonita contra la corrupción del político español estándar? Pues se fue con Pedro Sánchez, heredero de los Zapateros y los González de toda la vida. Es decir, se fue con el PSOE de la Junta de Andalucía, los EREs y los fondos de la UE desviados; el PSOE de Filesa, Rumasa, Flick, Juan Guerra, Banesto, Roldán; el PSOE que politizó la justicia, la educación, las cajas de ahorros y los sindicatos con las leyes orgánicas de los ochenta. En las elecciones del 26 de junio perdió 400.000 votos y a partir de entonces –¿sugestionado por la prensa mononeuronal que lucha contra Franco en Twitter?– se ha encabronado con un Rajoy que, las cosas como son, ha ganado las elecciones generales tres veces seguidas. Sería importante entender que la labor de higienización transversal que puede y debe hacer Albert Rivera solo es posible llegando a los sumideros corruptos y chapoteando en ellos. No queda otra. La pose del virtuosismo supremo chirría en el mundo de la política española. UPyD ya se erigió en portador del cáliz sagrado de la honestidad, con los resultados por todos conocidos.

Un futuro abierto
Tras un año de obsesión mediática con Pablo Iglesias y sus acólitos, el novel Albert Rivera, que hasta ahora se había mantenido en un astuto vaivén ideológico, podría de hecho elegir entre intentar fagocitar al PP o al PSOE. El mensaje económico de Ciudadanos, amoldado al marco referencial socialdemócrata aceptable entre su público objetivo, puede customizarse y bien vendido sirve casi universalmente. El Partido Republicano estadounidense quizá no sea un buen ejemplo –la candidatura de Trump es un descrédito histórico–, pero recordemos que el GOP era un Ciudadanos que sustituyó al Partido Whig en 1854, hace 162 años.

El signo de los tiempos
Lo que se extrae de estos siete meses de parálisis política es que la verdadera Democracia –cesiones, negociaciones, respeto mutuo– les viene grande a nuestros políticos. La España posfranquista sigue bajo el hechizo estático del Caudillo, con partidos apenas conscientes de que su deber es primar honestamente los intereses nacionales. Mientras los políticos y los pedantes nos venden Españas tuneadas, mientras berrea la marabunta mediática contra la juventud, mientras los líderes veteranos se enquistan en la política agresivo-pasiva, las nuevas generaciones saben que todo este mal rollo tiene los días contados. Albert Rivera se ha adelantado con su política transversal, pero encarna el signo de los tiempos. Del reparto político español nadie salvo él –con una simple reflexión y un cambio de conducta–, puede sacarnos de esta.

Podemos es el futuro, inevitablemente
Jesús Laínz Libertad Digital 16 Julio 2016

No confundamos mayoría electoral con mayoría social. Y mucho menos aún con hegemonía ideológica. Pues el hecho de que el partido de la derecha vergonzante haya ganado por los pelos las últimas elecciones no impide que España sea un país sólidamente izquierdista.

Porque todo lo que, a lo largo de cuatro décadas de régimen democrático, ha ido creando la base ideológica común a todos los partidos y mamada imperceptiblemente por todos los ciudadanos ha sido esencialmente izquierdista. La cultura, la educación, el cine, la música, la televisión, todo, casi sin excepción, ha ido configurando una concepción del hombre y de la sociedad que, se sea consciente o no, orienta las simpatías políticas hacia las opciones de izquierda. Muy claramente acaba de proclamarlo Íñigo Errejón: “Somos la fuerza que culturalmente dirige el destino de España. Vamos a heredar este país”. Tiene toda la razón.

Los actuales dirigentes y votantes de Podemos son el producto intelectual de los gobiernos de Felipe González y el producto sentimental de los de Zapatero. Por ejemplo, la educación que ha condenado a las dos últimas generaciones a un bochornoso analfabetismo funcional es una creación felipista. El antinatural igualitarismo, esa pervertida obsesión por imponer la igualdad en el punto de llegada en vez de facilitarla en el de salida, ya fue intuido por Miguel Delibes cuando en 1978 puso en boca de los izquierdistas enviados a redimir al señor Cayo: “Si el Partido quiere ganarse a la juventud, tendrá que acabar con los exámenes. El primero que levante esa bandera se los lleva de calle”. Efectivamente, eso fue lo que hizo la izquierda, y la derecha ni supo ni quiso corregirlo.

Porque, como explicó el inalcanzable Chesterton, "el mundo moderno se divide entre conservadores y progresistas. La función de los progresistas es cometer errores. La de los conservadores, impedir que los errores sean corregidos". No es posible superar a los conservadores españoles en probar lo acertado de la sentencia chestertoniana. Porque, ¿qué medida de ingeniería social tomada por la izquierda ha sido discutida, combatida o contrarrestada por nuestra insuperablemente bobalicona y cobarde derecha? ¿El aborto? ¿La ideología de género? ¿El adoctrinamiento en las aulas? ¿La reescritura partidista de la historia? ¿El reavivamiento de enfrentamientos pasados? ¿El rechazo y cuestionamiento de la propia nación? ¿La complicidad con cualquier separatismo? ¿La cristianofobia? ¿La islamofilia? ¿La asfixiante corrección política? ¿La ingeniería lingüística?

Ni una coma de todo esto ha sido tocada jamás por una derecha perfectamente inútil y, en el fondo, tan socialdemócrata como el PSOE y Podemos. Esa inutilidad, además de perjudicar a la sociedad en su conjunto, se acaba pagando también en la urnas. Quizás alguno, tras las últimas elecciones, haya respirado con alivio, pero, añadiendo a la aplastante hegemonía ideológica, sentimental y simbólica izquierdista un poco más de parálisis derechista, un poco más de efecto Logse, un poco más de inaplicación del Estado de Derecho y un poco más de corrupción, de las urnas de Pandora acabará saliendo cualquier cosa.

Además, los dirigentes de la formación izquierdista destinada a tomar el relevo de un anquilosado y desprestigiado PSOE conocen muy bien a Gramsci, ése que los derechistas creen que es el delantero centro de la Juventus. Y saben muy bien lo que tienen entre manos. El mencionado Errejón acaba de explicarlo en un curso de verano de la Complutense: el inevitable éxito de Podemos radica en el “lento trabajo cultural” que acabará implantando su hegemonía ideológica en la sociedad española. ¿En qué consiste este lento trabajo cultural que, como ha declarado Errejón, “no se ve”?:

Son los miles de seminarios, son las charlas, son los materiales de formación, son los documentales, son las películas, son los libros, son los panfletos... Es un trabajo que no es tan inmediato como el combate mediático permanente que genera actualidad cada seis horas, que sedimenta más lentamente pero también está destinado a construir un sentido común diferente.

Y algunos párrafos más tarde, el ideólogo podemita, tras afirmar su convicción de que antes o después ganarán las elecciones, explicó que la tarea de su partido consistirá en trabajar “dentro de las instituciones contra el orden constituido”.

Nada extraordinario, francamente, pues al fin y al cabo se trata de lo mismo que llevan haciendo desde hace cuarenta años los separatistas vascos y catalanes con la inestimable colaboración tanto del PSOE como del Partido Popular.

No será este anarca juntaletras el que se escandalice ante la legítima exposición de los proyectos de los dirigentes de Podemos. Pero si todavía queda algún interesado en oponerse a dichos proyectos, que no diga después que nadie le avisó.

www.jesuslainz.es

El observador imperturbable.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 16 Julio 2016

Pablo Iglesias nos vuelve a dejar otra vez una de sus perlas demagógicas, sectarias y deleznables en su crítica y análisis de otro bárbaro atentado terrorista cometido anoche en la ciudad turística francesa de la Costa Azul, Niza. Un atentado que ha causado 84 víctimas mortales, de las cuales una decena eran niños, así como un centenar de heridos, 18 de ellos en estado muy grave. Según las fuentes oficiales del Gobierno francés, esta nueva masacre parece haberla realizado un solo hombre conduciendo un camión a gran velocidad atropellando de forma indiscriminada a la multitud que minutos antes había asistido al espectáculo de los fuegos artificiales en los festejos del 14 de julio, día nacional de Francia que conmemora la instauración de la República. El caso es que para Pablo Iglesias y su jarca de bolcheviques, los culpables son los que llaman “el trio de las Azores”, Bush, Blair y Aznar” por su invasión en la guerra de Irak. Eso sí, siguen manteniéndose como “observadores” en el llamado Pacto anti Yihaidista convocado por el Ministro de Interior español, y haciendo declaraciones pomposas tras el minuto de silencio celebrado a las puertas del Congreso esta misma mañana.

Creo que va siendo hora de que se les exija a estos sujetos un compromiso y negarles ese puesto de “observador” en un Pacto anti terrorista que no quieren suscribir y donde, sin embargo, son informados de los movimientos logísticos y acciones policiales que el Estado español presenta a los firmantes del pacto como respuesta para preservar al máximo posible la seguridad de todos los españoles. Si quieren observar, que se adhieran a condenar y luchar contra este terrorismo radical sin intentar justificar mezquinamente sus acciones en episodios previos que no tienen nada que ver. Porque esta lacra viene de muy atrás en el tiempo con la aparición de Al Qaeda y sus confluencias. Una organización terrorista liderada por Ben Laden y con el apoyo económico explícito de Arabia Saudí y emiratos del golfo pérsico. Un terrorismo sustentado en fatuas y ,en Ayatolás radicales y en la Yihad (la guerra santa), cuyo fin es la imposición de la ley islámica, el Corán, a los infieles, es decir a Occidente al que consideran un nido corrupto con costumbres contrarias a la doctrina del Corán y opresor del pueblo musulmán.

Esta parte del Islam nos ha declarado la guerra y no existe otra opción que derrotarles. Una tarea muy compleja que cuenta con la mayor debilidad de los países democráticos, su defensa de la misma democracia: la libertad, la igualdad de derechos y unas normas de convivencia basada en leyes laicas, aunque sin renunciar a las profundas raíces culturales cristianas. Una lucha desigual contra quienes interpretan su religión de forma radical, donde no existe igualdad de derechos entre hombres y mujeres, donde los estados son dirigidos por auténticos sátrapas que además ejercen de líderes espirituales y donde se permiten corrientes doctrinales que interpretan el Corán pervirtiendo un mensaje de paz y concordia con la imposición por la fuerza y la eliminación justificada de los infieles que no se conviertan. Una doctrina que convive en las Mezquitas de todo el mundo, incluidos los países democráticos, donde los Imanes radicales se dedican a captar adeptos y fomentar en ellos la Yihad más sangrienta y cruel.

Si Pablo Iglesias y sus cuates quieren observar, que intenten hacerlo en esos miles de mezquitas, que se infiltren en sus sesiones de adoctrinamiento y que saquen sus conclusiones. No basta con pedir laicidad asaltando violentamente capillas de culto católico, desnudándose y gritando eslóganes soeces, hay que tener el valor de condenar regímenes gobernados por Ayatolás como el de Irán donde los homosexuales son colgados públicamente de grúas, o las mujeres son lapidadas por adúlteras sin pruebas, y todo aquello que la Ley islámica contempla. Hay que tener valor para exigir que se deje de financiar el terrorismo, asfixiando a esas economías feudales del Golfo Pérsico fomentando el uso de la energía nuclear como alternativa a los combustibles derivados del petróleo. Hay que tener valor para estar del lado de la democracia y no de quienes intentan destruirla mediante la imposición por la fuerza y por el terrorismo de su radical visión de su religión.

A las alimañas se las persigue y se las destruye. Los terroristas y quienes les apoyan son alimañas, fanáticos asesinos sin piedad que prefieren morir matando. Son nuestros más enconados y peligrosos enemigos y debemos tratar de eliminarlos antes de que consigan hacernos más daños. No nos debemos dejar acobardar y menos admitir a los que pretenden posicionarse como “elevados y distantes observadores” y además queriendo dar lecciones y admoniciones por los supuestos errores cometidos en esa inevitable e indeseada guerra.

Desde aquí quiero transmitir mi más profundo pésame a los familiares de las víctimas mortales, mis mejores deseos para la recuperación de los heridos y mi solidaridad y apoyo moral a todo el pueblo francés que ha vuelto a sentir la barbarie del terrorismo radical fanatizado de unas alimañas adoctrinadas por profetas y doctores tan fanatizados como ellos. Luchemos por la libertad y la democracia.

¡Que pasen un buen día!

¿Qué pasaría si el PP asesinase a Pablo Iglesias?
Pascual Tamburri esdiario 16 Julio 2016

Un líder de la oposición asesinado por las fuerzas gubernamentales rompería España. No va a pasar en 2016. Pasó en 1936.
El líder de la oposición, asesinado por oficiales de las Fuerzas de Orden Público y militantes armados de un partido de la mayoría. Si fuese la España de 2016, sería el fin de la paz.

En una madrugada de julio, un grupo que viajaba en un vehículo de la Policía, entre ellos un capitán de la Guardia Civil y algunos militantes armados de la mayoría política, fue a buscar al conocido diputado a su domicilio. Obligado a acompañarles, sería asesinado minutos después, con varios disparos, y abandonado ya muerto, a la puerta de un cementerio.

¿Se imagina usted qué pasaría si la víctima de eso fuese uno de los líderes de la oposición política, un parlamentario especialmente agresivo contra el Gobierno? En cualquier país del mundo un escándalo, y el fin de ese Gobierno o, alternativamente, el fin de la democracia allí. En España hoy, si la víctima de algo así fuese Pablo Iglesias a manos de gentes vinculadas al PP, sería el inicio de una violencia social de dimensiones brutales.

Conociendo España hoy y lo que queda del PP, eso no va a pasar de ninguna manera en julio de 2016. La extrema izquierda puede estar tranquila mientras se lame las heridas –no tan graves- de unas elecciones que, bromas aparte, nadie discute.

Pero algo parecido a eso sí ha sucedido en España. Hace 80 años, en 1936. Eso sí, quienes controlaban el Gobierno eran el PSOE y la extrema izquierda. Ah, la “memoria”. Con una constitución ya de partida mala y sectaria, ellos querían más, usar el poder para hacer su revolución. En aquellos primeros meses se aliaron y rompieron la legalidad constitucional. En la práctica, con la violencia en la calle, la libertad y la democracia pasaron a ser palabras vacías.

El centroderecha, dividido y sin saber qué hacer, tuvo su culpa. Una de las fuerzas enfrentadas al Frente Popular –que entonces sí ganó y gobernó- era Renovación Española. Su líder, José Calvo Sotelo, había sido muchas cosas antes, también ministro con don Miguel Primo de Rivera y luego enemigo político de su hijo. No era un demócrata, pero sí un defensor de la identidad española y un monárquico convencido, maurista en su tiempo y católico activo. Corporativista a su modo, más o menos amigo a ratos de la Italia fascista pero nunca fascista él, fue enemigo tanto de la derecha que aceptaba la República tal cual como del centro y de la Falange. Curiosamente, en febrero de 1936 y antes de las elecciones planteó un pronunciamiento militar conservador ante una posible victoria de izquierdas, y Francisco Franco se negó diciendo que "yo lo que creo es que, en resumidas cuentas, el Ejército debe soportar lo que salga de las urnas".

Calvo Sotelo, tras aquello diputado monárquico y líder al menos moral de gran parte de la oposición parlamentaria, fue asesinado en la madrugada del 13 de julio de 1936 por un grupo de socialistas armados con el apoyo, vehículos y armas de la Guardia de Asalto y de al menos un oficial de la Guardia Civil. Eso, tras discursos incendiarios de oposición como el del 16 de junio de 1936 en el Congreso, frente a la izquierda y la extrema izquierda. “Yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para el bien de mi patria. Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: 'Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis'. Y es preferible morir con honra a vivir con vilipendio”. A comienzos de julio, el socialista Ángel Galarza le dijo en las Cortes que el uso de la violencia era legítimo contra quien utilizaba el escaño "para erigirse en jefe del fascismo y quiere terminar con el Parlamento y con los partidos [...] Pensando en S.S. encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida".

Pese a su protagonismo, hoy parece probado que Calvo Sotelo fue asesinado porque los ejecutores no encontraron en su casa al líder de la oposición legalista mayoritaria, José María Gil Robles –prudentemente en Biarritz. Fernando Condés, capitán de la Guardia Civil e instructor de La Motorizada –grupo armado juvenil del PSOE del que era miembro el autor del disparo final, Luis Cuenca- actuó como oficial al mando de la camioneta policial, que salió del Cuartel policial de Pontejos. Ese apoyo extendió la culpabilidad del crimen a oficiales de la Guardia de Asalto, como el teniente coronel Sánchez Plaza y el comandante Ricardo Burillo. Vamos, como si hoy un comando de Nuevas Generaciones del PP viajando en unas furgonetas de la Policía no encontrase a Pedro Sánchez en casa y sustituyese su secuestro y asesinato por el de Pablo Iglesias.

¿Qué pasaría hoy después de algo así? No lo sabemos, pero seguramente nada pacífico.

Sí sabemos qué pasó entonces. Precisamente el asesinato hizo posible el intento de golpe del 18 de julio. Stanley G. Payne ha demostrado que la izquierda jugó con fuego, intentando provocar un alzamiento militar chapucero que fracasase y les diese más fuerza, y a la vez cometiendo este magnicidio. El asesinato de Calvo Sotelo hizo decidirse a los indecisos y unirse a todos los amenazados, desde conservadores a carlistas y a falangistas, además de militares más tibios o técnicamente más preparados que sabían que no había posibilidad de golpe de Estado “limpio” y que se iría a una lucha feroz entre dos bandos. Francisco Franco, en los recuerdos de su primo y ayudante Francisco Franco Salgado-Araujo, pasó a decir “que ya no se podía esperar más y que perdía por completo la esperanza de que el Gobierno cambiase de conducta al realizar este crimen de Estado, asesinando alevosamente a un diputado de la nación valiéndose de la fuerza de orden público a su servicio”.

Lo dijo Gil Robles, ya desesperado, en el último encuentro parlamentario: "Vosotros, que estáis fraguando la violencia, seréis las primeras víctimas de ella". Si la mayoría podía asesinar al líder de la oposición, si se podía detener y ejecutar a cualquier enemigo político de la izquierda, si el mismo funeral de Calvo Sotelo podía ser tiroteado impunemente por el Frente Popular, ya no había ni apariencia de democracia en España. Ya todo era posible y valía la pena intentarlo. El asesinato del líder derechista llevó al Alzamiento, a la guerra civil y a la creación de un régimen que al menos formalmente lo tomó a él como referencia.

Tiene su ironía que los mismos que hoy se alzarían en armas para vengar un asesinato político del segundo Pablo Iglesias nieguen, hablando de “memoria”, la importancia del asesinato político de José Calvo Sotelo. Que no es “memoria” sectaria, sino un hecho histórico de hace 80 años.



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La fuga de los demagogos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 16 Julio 2016

La fuga de los demagogos que patrocinaron el 'Brexit' encierra una valiosa premonición sobre el proceso secesionista en Cataluña.

La fuga de los demagogos que patrocinaron el Brexit en el Reino Unido encierra una valiosa premonición para quienes siguen con detenimiento el desarrollo del proceso secesionista en Cataluña. Boris Johnson y Nigel Farage chocaron, imprevistamente, con la necesidad de confesar que “los supuestos beneficios de la separación se construyeron sobre un puñado de mentiras gordas” (Lluís Foix, “Política sin tiempos muertos”, LV, 13/7), y los muy caraduras optaron por hacer mutis por el foro para no tener que dar explicaciones. Aunque la nueva dama de hierro rescató a Johnson para su Gabinete porque ella también necesita un experto en embustes para tapar los agujeros negros del Brexit en marcha.

Otras mentiras gordas
Quien haya visto el programa de 8TV donde Josep Borrell trituró con argumentos rigurosos otras mentiras gordas que un acojonado Oriol Junqueras sacaba inútilmente de la chistera sabrá quienes son, en Cataluña, los candidatos a dar un paso al costado, o atrás, o a la nada, en un futuro muy próximo. La feina mal feta no té futur, sentenció el patriarca que resultó ser, para decirlo también en su lengua, un malfactor.

Puesto que desde mi lejana juventud soy un incorregible admirador del mundo anglosajón, empezando por Gran Bretaña, me resulta difícil desentrañar los intríngulis del Brexit. ¿Cómo es posible que una decisión de tamaña envergadura se adopte por el 51,9 % de los sufragios contra el 48,1 %? El referéndum no habría sido válido si le hubieran aplicado las cláusulas de la Ley de Claridad canadiense, sobre todo porque con una participación del 72, 2% los porcentajes se reducen al 37,4 y el 35, 3, respectivamente, de los inscriptos en el censo electoral. ¿El 37,4 % de los ciudadanos puede provocar semejante desbarajuste? Pero es importante destacar que en Cataluña ni siquiera queda espacio para la duda: los secesionistas reúnen apenas el 47,8% de los votos (y el 36% del censo electoral), contra el 52,2 % de los constitucionalistas.

Rafael Jorba aporta más datos aplicables al caso catalán (“Lecciones británicas”, LV, 5/7): la fractura urbana dentro de Londres, con un 60% contra la salida de la UE y un 40% a favor, y la fractura entre Londres y el resto de Inglaterra, con un 46,6 contra la salida y un 53,4 a favor. La fractura también fue generacional, con los menores de 25 años favorables a la permanencia (64%) y los mayores de 65 favorables a la salida (58%). Jorba encuentra en ello una notable paradoja:

Los más firmes partidarios de seguir en la UE, con una esperanza de vida de 69 años, tendrán que apechugar con una decisión tomada de manera muy mayoritaria por aquellos que tienen una esperanza de vida de sólo 19 años.

En este contexto, las lecciones del Brexit son de aplicación en toda Europa. La primera muestra los límites de la vía referendaria: las decisiones de gran calado, que comprometen el futuro de las nuevas generaciones, no pueden tomarse sólo por la mitad más uno de los electores. Hace falta una ley de claridad, como la que en su día estableció Canadá para fijar mayorías cualificadas.

Los pelos de punta
La palabra fractura tiene hoy una presencia ubicua y obligada en toda descripción del panorama social y político de Cataluña. Incluso del familiar. Los truchimanes que enarbolan el engañabobos de la plurinacionalidad para encandilar al rebaño podrían hacer su agosto si en lugar de aplicarlo a toda España lo utilizaran exclusivamente para delimitar las parcelas que parecen existir en Cataluña. Quien hurgue en busca de fracturas atribuibles a la plurinacionalidad las encontrará en los barrios de Barcelona, dentro del cinturón metropolitano y, por supuesto, en la franja litoral y en las zonas rurales. Una plurinacionalidad ficticia como todas las que se fabrican para mayor lucro de los timadores.

Si se midieran los resultados de un hipotético Catexit con los parámetros del Brexit nos encontraríamos con Barcelona y Tarragona tan ancladas en España como Escocia pretende estarlo en Europa. Con una virtud: tras el Catexit, Barcelona y Tarragona, inseparables de España por la voluntad mayoritaria de sus ciudadanos, seguirían formando parte de la Unión Europea, en tanto que las provincias donde los caciques estimulan la mentalidad aldeana irían a compartir tribulaciones en el limbo con la desahuciada Albión.

Lo pronosticó José Luis Álvarez en “Qué le espera a Barcelona” (El País, 9/10/2014):
El cinturón de Barcelona se parece más al sur de Madrid que al Pla d´Urgell. El capitalismo industrial genera las condiciones materiales para la solidaridad internacional entre trabajadores. El nacionalismo, premoderno, los separa. (…) La composición de los partidarios de la consulta es reveladora de los peligros del independentismo para Barcelona: la nueva Convergència, ERC, IC, CUP. Sólo Unió desentona en tan anticosmopolita coalición de agropecuarios y antisistema. El soberanismo ha pasado a ser liderado por quienes nada tienen que ganar de Europa y la globalización: precisamente ambos ámbitos son los que necesita Barcelona para seguir siendo la mejor ciudad del mundo para vivir.

La aparición de En Comú Podem después de que Álvarez publicara este balance aumenta la crispación pero no cierra la grieta entre la política orientada por la modernidad urbana, por un lado, y la subordinada a los mitos aldeanos, por otro. Sólo la rellena con los detritos del populismo totalitario, cuyos antecedentes ponen los pelos de punta.

Detonantes de fracturas
Otra paradoja: aceptar la fatalidad de las fracturas territoriales e identitarias que exacerban los demagogos implica hacer el juego a éstos y robustecer su telaraña de intereses espurios. Las fracturas no son producto de emanaciones telúricas ni de taras hereditarias. Las provocan, sin vergüenza, premeditadamente y contra natura, los demagogos. No hay que coexistir resignadamente con ellas, y menos aún institucionalizarlas mediante la falaz plurinacionalidad que degenera en reinos de taifas o en los bantustanes del apartheid. La convivencia en una sociedad abierta obliga a combatir y borrar del mapa estos abortos de un pasado deleznable.

La hoja de ruta de todos los secesionismos, tanto los que pretenden reducir a escombros la Unión Europea como los que se ensañan con la integridad de España, está sembrada de los mismos detonantes de fracturas: los rencores atávicos, la codicia territorial y la xenofobia. Xenofobia que se pervierte aun más cuando se vuelca hacia dentro, se transforma en endofobia y hostiga al compatriota que vive en el solar vecino.

Este derrotero ya lo hemos transitado. Lo recuerda Lluís Foix (“El relato del odio y el miedo”, LV, 7/7):
Miedo, intransigencia y odio son conceptos que han reaparecido en el vocabulario político europeo. No es un fenómeno nuevo. Ocurría en toda Europa en el periodo de entreguerras con movimientos autóctonos y diferenciados que se desprendían del auge del fascismo en Italia y del nazismo en Alemania. (…) En Catalunya, la Action Française de Charles Maurras sedujo a buena parte de la intelectualidad catalana, de Santiago Rusiñol a Josep Pla y de Eugeni d´Ors a Joan Estelrich. Prácticamente a todo el catalanismo conservador, como también a parte del de izquierdas como en el caso de Antonio Rovira i Virgili.

'Good bye', embaucadores
Una mirada retrospectiva despliega ante nuestros ojos un panorama plagado de horrores. También nos revela que a partir de un determinado hito histórico tanto Europa como España, tanto España como Europa, toman el rumbo de la paz, la convivencia, la fraternidad y la prosperidad, con sobresaltos y altibajos, pero siempre acoplados en "El tronco común" que tan bien definió Francesc de Carreras bajo ese mismo título (El País, 30/5):

Racionalismo ilustrado y liberalismo político, este es el tronco común que hoy nos une. Un Estado limitado a garantizar que los hombres ejerzan en iguales condiciones su libertad -es decir sus derechos- sin vulnerar la libertad de los demás. Faltaba, naturalmente, desarrollar el modelo. No fue sencillo ni rápido. Aún estamos en ello.

La Europa dividida de entreguerras y la España fragmentada o guerracivilista sólo pueden figurar en la hoja de ruta de los demagogos que abusan de la credulidad de las masas. Los mismos demagogos que cuando llega la hora de rendir cuentas de los desastres que han provocado ponen pies en polvorosa. Los del Brexit ya se fugaron. Aquí falta poco para despedir a los del Catexit, en pleno proceso de descomposición. Good bye, embaucadores.

Diplocat o la máquina de mentir
Mariano Gomá Cronica Global 16 Julio 2016

Hay cosas que son sencillamente intolerables y no me puedo explicar cómo durante tantos años los sucesivos gobiernos de España han ido permitiendo, por incompetencia, dejación o simplemente mirando hacia otro lado, que los tunantes nacionalistas que nunca dejaron de pretender lo que ya dicen abiertamente, como es la independencia pura y dura, fueran depositando sus perversas simientes en todos los centros de influencia de Europa y del resto del mundo a su alcance.

Y tenemos, por tanto, un conjunto de comandos activos por doquier que operan clandestinamente y a espaldas de las embajadas oficiales españolas, averiguando cómo, cuándo y dónde es conveniente actuar inoculando el veneno necesario en favor de la causa. Todo ello, pérfidamente canalizado hacia el centro de poder del Govern de la Generalitat, consolida una trama de acciones que deberíamos reconocer, de notable eficacia desde la autopropaganda que ellos mismos se hacen, puesto que la repercusión social o mediática allá donde van es tendente a cero, aunque el veneno ya haya sido inoculado.

'Comandos activos' operan clandestinamente y a espaldas de las embajadas oficiales españolas, averiguando cómo, cuándo y dónde es conveniente actuar inoculando el veneno necesario en favor de la causa independentista

Ese centro de mando estratégico se sitúa en un ente llamado Diplocat que se encarga de mantener encendidas las luces activas de todos los comandos en el panel geográfico que les interesa, con una asignación de presupuestos alarmante en cuanto a número de personas, sueldos de todos los agentes, costos de alquiler de los espacios físicos celulares, viajes, dietas y organización de todo tipo de eventos en los países objeto de su toxicidad, que por supuesto pagan ellos como impulsores. Y el pueblo llano pagamos todo ello con nuestros impuestos sin que se nos diga a donde van.

Y, construida la red y el escenario, "vamos a contar mentiras, tra la ra". Que si no transmiten más que el mandato del pueblo catalán, que si Cataluña se halla oprimida y esclavizada después de años de invasión, que si además se nos roba sistemáticamente el producto de nuestro esfuerzo, que se condena a muerte nuestro idioma y costumbres, que si se silencia el clamor popular por la libertad, y un largo etcétera de lindezas parecidas.

Además, se encarga transmitir esa sarta de mentiras a una serie de personajes iluminados, de los cuales he conocido a unos cuantos, que llevan bien cargaditas sus alforjas de baterías para que no decaiga la iluminación de las bambalinas; a los cuales, frente al desconcierto internacional generado por movimientos populistas, bréxits e inseguridades identitarias, se les ha enseñado a nadar como peces en el agua.

Y eso solo se arregla dejando de suministrar la energía que les alimenta, o vaciando el estanque.

La dejación que les ha permitido esa perversa labor de apostolado basada en toda una sarta de mentiras, falsos mandamientos y lecturas de la historia, debe ceder urgentemente el paso a una decidida acción de nuestro protagonismo internacional que regenere e intensifique la labor diplomática española con el necesario orgullo de gran país, precisamente por nuestra diversidad y riqueza cultural, silenciando definitivamente a los contadores de cuentos, mentirosos compulsivos o a los aprovechados que sobreviven en ríos revueltos, así como a todos aquellos mercenarios de la política que intentan dinamitar nuestra cohesión y partirnos en pedazos, generando en el intento heridas que difícilmente cicatrizarán bien si seguimos así.

Informe de las multas
Hablan las víctimas de los guardianes del catalán
Buenaño Castro fue denunciado por una cliente. La Justicia le dio la razón a él pero le multaron por hacer la factura en castellano.
Silvia Taulés El Espanol 16 Julio 2016

Germán Buenaño quería prosperar. Estaba algo cansado de ir de obra en obra y cobrar en función de los días trabajados, de sacarse un dinero extra tocando canciones de su Perú natal en el centro de Barcelona. Emprender, establecerse por su cuenta, esa fue la idea que cuajó. Era 2002, la burbuja inmobiliaria seguía hinchándose y reformar casas era una apuesta segura. Buenaño Castro Reformas y Construcciones SL fue el nombre escogido para una empresa que a los dos años de nacer le dio un buen disgusto. “Me pusieron una multa por hacer las facturas en castellano y no en catalán, y me hundieron, de verdad, me hundieron moralmente y me dejaron muy tocado económicamente, no entendía nada”, cuenta a EL ESPAÑOL este peruano afincado en Barcelona.

Una clienta lo denunció por no estar conforme con las obras realizadas. La junta de arbitraje dictaminó que Buenaño tenía razón, que las obras estaban impecables. Pero en lugar de respirar, el empresario se llevó “un susto tremendo”. Porque la Generalitat actuó de oficio y le impuso una multa por no haber hecho ni la factura ni el presupuesto en catalán. Nadie le denunció, fue la propia Administración que detectó que los papeles estaban en castellano y decidió iniciar los trámites para sancionarle.

“Imagínate, yo no tenía ni idea, mis papeles los llevaba un administradora. A mí me da igual esto, me refiero a lo del catalán, si a mí me dicen que lo haga en catalán, lo hago en catalán. Pero que me multen, eso fue un susto tremendo”, recuerda Buenaño. “La verdad, me multaron y me hundieron moralmente. Fue bastante fuerte porque la multa era alta, suerte que nuestro abogado nos ayudó y conseguimos pagar menos. Con todo, ya nunca levantamos cabeza”.

Hace cinco años que la empresa cerró, intentaron trampear la crisis económica pero no fue posible. “La multa en cuestión no ayudaba, porque la señora que nos puso la denuncia dejó de pagar las facturas y nosotros tuvimos que asumir todo el coste. Si sumas encima la multa, pues la cosa se puso fea y lo perdimos todo” .

Buenaño ha vuelto a ser autónomo en la construcción. Cobra según lo trabajado y va todo el día de acá para allá. No tiene tiempo para nada. Los fines de semana, si puede, toca la guitarra con su grupo de música peruana, en el que también está su hermano Arturo.

Finalmente se llegó a un acuerdo y Buenaño pagó 1.000 euros por una “infracción leve”. “Nuestro abogado pensó en llevar el caso incluso a Estrasburgo, pero la verdad es que tuvimos miedo de perderlo todo y decidimos pagar. Para nosotros era mucho dinero, pero pensamos que lograríamos tirar adelante. No fue así”.

La infracción impuesta a Germán Buenaño respondía a un incumplimiento de la ley de protección del consumidor y usuario, la Llei 1/1990 sobre disciplina de mercado y defensa de los consumidores y usuarios. Dicha ley se desarrolló en 1995 con un decreto, el 290/1995 del 28 de septiembre, en el que se especifica que todas las facturas y los presupuestos de trabajos a domicilio deben estar escritos “al menos en catalán”. La multa, según el artículo 14 de la ley, va en función del volumen de ventas, la cantidad de beneficio obtenido y el efecto perjudicial que la infracción haya podido tener sobre los precios, el número de consumidores afectados, y el engaño y reincidencia.

Son varias las normas que han ido regulando esta cuestión desde 1990. La última, en base a la que se aplican las multas hoy en día, es la Llei 22/2010, el llamado Código de Consumo de Cataluña, que establece la protección de los derechos e intereses lingüísticos de las personas consumidoras y tipifica como infracción, expresamente, “vulnerar los derechos lingüísticos de las personas consumidoras o incumplir las obligaciones en materia lingüística que establece la normativa”. Entre esos dichos consta el uso de “al menos” el catalán. El PP y el Defensor del Pueblo presentaron sendos recursos de inconstitucionalidad contra el Código de Consumo hace cinco años, recursos que el Tribunal Constitucional todavía no ha resuelto.

Mientras, el engranaje no para. En este año 2016, sin ir más lejos, ya hay casi un centenar de multas tramitadas e impuestas. A fecha del 6 de abril, según datos de Departament de Indústria de la Generalitat a los que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, se han puesto 89 multas, 43 de las cuales proceden de denuncias interpuestas por particulares, 10 por denuncias de entidades y el resto por procedimientos de oficio iniciados por la propia Generalitat.

1.000 euros de multa por no rotular en catalán
“Dicen que se trata de proteger, pero conmigo han conseguido lo contrario”, dice Ángel Centeno, propietario de una administración de fincas a quien multaron con 1.000 euros, sanción contra la que interpuso recursos pero que finalmente pagó. Nacido en Cataluña, este empresario tenía el catalán como lengua materna, como idioma que usaba con prioridad. Hasta que le multaron por no rotular en catalán. Dice que desde entonces se ha vuelto “un radical” porque solo usa el castellano.

Su testimonio apareció hace poco más de un mes en un artículo de TheEconomist que despertó la ‘incomodidad’ en muchos lectores. El artículo cuenta con casi 500 comentarios en su web y casi todos son en tono airado, con insultos, desagravios. Muchos acusan al periodista de mentir y de inventarse la realidad.

Sucedió lo mismo esta semana en EL ESPAÑOL, tal y como denunciamos en este artículo. Fue a raíz del artículo publicado el domingo 10 en el que se detallaban las maneras de quienes denuncian y persiguen para garantizar el uso del catalán. Los insultos, descalificaciones y agresiones verbales contra quien esto escribe y contra el periódico donde lo escribe fueron incesantes. Y una semana después, siguen.

Lo cierto, sin embargo, es que los datos son claros. El pasado mes de abril, a raíz de una pregunta parlamentaria, la Generalitat tuvo que presentar las cifras en el Parlament, en una documentación a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. Y no hay duda en los números.

En base a al Código de Consumo, “en 2014 el Govern sancionó a 57 empresas con actividad en Cataluña y el importe de las sanciones impuestas fue de 51.350 euros”, tal y como informa la propia Generalitat. “En cuanto a datos de 2015, el Govern sancionó a 68 empresas con actividad en Cataluña por vulneración de los derechos lingüísticos y el importe de las sanciones impuestas fue de 140.000”.

Son más de 10 en los que la Administración ha creado varias leyes para exigir el uso del catalán en lo público y en lo privado. En 2003 hubo dos multas y se recaudaron 1.200 euros; en 2004, 22 multas y 43.600 euros; en 2005, 119 multas y 122.050 euros; y en 2006, 194 multas y 55.675 euros. Curiosamente, con la llegada de José Montilla al Gobierno Tripartito en 2006, la política sancionadora de la Generalitat fue en aumento, una tendencia que se ha mantenido hasta la fecha.

En 2009 se impusieron 152 multas y se recaudaron 148.100 euros; en 2010 fueron 205 multas y 182.525 euros recaudados; y en 2011, 205 multas y 176.100 euros. El número de sanciones fluctúa entre los 100 y los 200, mientras que la recaudación siempre suman tiene en la franja más alta. En 2012 se impusieron 101 sanciones y se recaudaron 192.750 euros y en 2013, 88 sanciones (menos que la media) y 133.859 euros de recaudación (pese a ser menos multas, la recaudación se mantiene alta).

"A mí no me chulean"
Entre los multados también está Rafael Moreno, un cordobés que dice estar orgulloso de la Cataluña que encontró cuando llegó, “un país industrial, trabajador y acogedor”. Ahora, tras recibir varias multas por no rotular en catalán –la primera en 2009-, este empresario ya es casi un activista. “No pienso cambiar ni uno de los carteles que tengo. Hay uno en mi tienda de Sant Adrià de 40 metros y no pienso tocarlo, es más, seguiré haciendo nuevos en castellano, a mí no me chulean”. Con tiendas de muebles en Sant Adrià de Besós, Ripollet y Badalona, este empresario se sorprendió con la primera multa –era de 600 euros- y ahora ya ni se indigna. “Insisto, no pienso pagar, y si lo que esperaban era que quisiera más a Cataluña con estas multan, han conseguido el efecto contrario”

 


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