AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Julio  2016

Populismo, terrorismo y nacionalismo, síntomas de la tragedia europea
La UE, a punto de cumplir 60 años, encara las mayores amenazas desde su creación. Los viejos fantasmas han salido de la botella: populismo, nacionalismo, terrorismo...
Carlos Sánchez El Confidencial 17 Julio 2016

Lo escribía recientemente Joschka Fischer, el exministro alemán de Asuntos Exteriores: el poder desmitificador de las dos espantosas guerras mundiales ha desaparecido. Aquella imponente vacuna contra el terror, forjada a golpe de apocalipsis, se ha evaporado. Hoy, las consecuencias devastadoras de la barbarie ya no bastan para sostener el proyecto de integración posterior a 1945. Millones de europeos han olvidado su propia historia y ahora desconfían del futuro, lo que ha generado un nuevo clima social propicio a la catástrofe.

El caldo de cultivo es fértil. Muy fértil. El populismo, los nacionalismos, el ensanchamiento de la desigualdad, las altas tasas de desempleo, la pobreza, la exclusión social, las minorías marginadas… O, incluso, la angustia de los mayores que se sienten solos, desamparados. A la intemperie. Ante un mundo que no comprenden y en el que han desaparecido las certezas, y del que solo escuchan mensajes apocalípticos a través de los medios de comunicación y de unas redes sociales convertidas en jauría de la podredumbre. En Europa siempre ha habido pobres, pero ahora muchas clases medias sienten que ellas lo son.

Pero al mismo tiempo, y en medio de la incredulidad y el desconcierto general, Europa continúa siendo un amplio y generoso Estado de bienestar como nunca nadie lo ha disfrutado en ninguna parte del planeta. Un vasto y fecundo territorio ocupado por más de 500 millones de ciudadanos protegidos por niveles más que aceptables de cohesión social, pero también por un formidable sistema de libertades sin paragón en ningún continente. Pese a ello, muchos europeos piensan que la pobreza y el desconsuelo han llamado a su puerta.

Esta es la paradoja de Europa, que asiste, exhausta, al fin de una época y al comienzo de otra, y cuya naturaleza, por el momento, se ignora. Y los atentados de Niza, Estambul, París, Bruselas, Londres o Madrid, cada uno con sus características propias, no son más que episodios de un mismo relato: Europa vive en estado de alerta bajo la presión de los nacionalismos: exteriores e interiores. Y el intento de golpe de Estado en Turquía -en la esquina del continente- no es más que el reflejo cruel de un mundo que antes era bipolar y hoy se mece coronado de pequeños conflictos. O de microguerras, como se prefiera, que escapan del control de las superpotencias. El muro cayó en 1989, pero sus consecuencias siguen ahí. Como una maldición bíblica que atraviesa generaciones a través de los nuevos conflictos.

Algunos nacionalismos son de carácter sangriento y de origen presuntamente religioso, como el yihadismo, y otros solo fatalmente disgregadores que buscan en el pasado lo que no encuentran en el futuro menos remoto. Ni siquiera en el presente. Como si se pretendiera revivir la fábula imaginaria de una época legendaria construida a partir de estados nacionales étnica y políticamente homogéneos. Libres de limitaciones externas e inmunes a las consecuencias desgarradoras de la globalización.

La Europa híbrida
La realidad, sin embargo, es muy distinta. Europa es híbrida y está condenada a convivir con sus fantasmas del pasado. También con los viejos ‘ismos’ que articulan una realidad compleja: los populismos, los terrorismos, los nacionalismos, capaces de contaminar -y hasta de emponzoñar- la respuesta política correcta al mayor desafío desde 1945.

Hoy, en plena crisis de representación, las élites han perdido su capacidad de persuasión para convencer a millones de ciudadanos de que viven en el territorio de mayor prosperidad económica y cultural del planeta, algo que revela el estado de incredulidad general. Y hasta el hartazgo de las clases medias atrapadas por la cara mala de una globalización que genera vencedores (las multinacionales, las compañías tecnológicas…) y perdedores (los obreros industriales, los pequeños comerciantes…)

Como ha señalado con acierto Habermas, es verdaderamente singular que el populismo haya derrotado al capitalismo en su país de origen: Inglaterra. O que la barbarie golpee con especial dureza a la Francia que liquidó el absolutismo y la tiranía. O que el miedo se haya apoderado de la patria de la libertad hasta convertir a un sujeto como Trump en candidato republicano. O que el viejo sueño de Atatürk se vea hoy amenazado por un islamismo rampante y de doble cara patrocinado por el sagaz y escurridizo Erdogan de la alianza de civilizaciones.

Europa y las viejas democracias están heridas. Sin duda, porque los flujos migratorios y la libertad de movimiento de capitales han trastocado el viejo mundo posterior al que vio caer Stefan Zweig, sin que la Europa tecnoburocrática haya sido capaz de ordenarlo. Ni siquiera ha sido capaz de dar una respuesta convincente a ciudadanos que miran atónitos a su alrededor que ya no necesitan ir al cine para ver una película de terror.

EEUU, que emergió como la única superpotencia tras la caída del muro, cometió un gran error en su política exterior: ningunear a Rusia, a quien sentía hundida, pero que desde el acuerdo Sykes-Picot es la única nación que de verdad ha entendido lo que ocurre en Oriente Medio, el origen de muchos de los males que atraviesan Europa.

Aquel acuerdo, del que ahora se cumplen, paradójicamente, 100 años, era secreto, al contrario que la Declaración Balfour, que se publicó en la prensa británica a través de una comunicación enviada a Lord Rothschild, y suponía que París y Londres, traicionando a los árabes (que se habían levantado contra el decadente imperio otomano), se repartirían al final de la Gran Guerra zonas estratégicas de la antigua Mesopotamia. Rusia -el otro miembro de la Triple Entente- aceptó el plan a cambio de extender su hegemonía hacia Estambul y los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. Y desde entonces, aquello es un polvorín. Es la misma guerra que hace un siglo, pero con distintas manifestaciones. El rencor hecho política heredado de generación en generación.

No debe sorprender, por eso, que políticos como Trump, Le Pen o Geert Wilders, en Holanda, aderecen su mensaje de reafirmación nacional con una abundante dosis de simbolismo antiislámico.

La guerra del terror
Los viejos demonios de las naciones libres puestos ahora al servicio del populismo por la incapacidad de las potencias de cortar de raíz fenómenos como el Estado Islámico. Apenas 30.000 o 40.000 milicianos que controlan un territorio que no es más grande que Bélgica y que tiene en vilo a los mayores ejércitos que el mundo ha conocido.

Las soluciones que se ofrecen son, sin embargo, nacionales. El muro que quiere levantar Trump entre México y EEUU no es más que el regreso a 1989. Pero si antes el muro de la vergüenza era la consecuencia dramática y calculada de la guerra fría y del mundo bipolar, hoy es el símbolo que se quiere levantar contra el nuevo capitalismo trasnacional que no entiende de fronteras, y que siembra el pánico entre las clases medias.

En Europa cayó el muro de Berlín y se levantó Schengen, con todas las libertades que comprende y representa tan extraoordinario acuerdo. Y echar abajo el espacio único europeo, como pretenden algunos, sería como volver a levantar el mismo muro que cayó en Berlín, aunque fuera imaginario y sin ladrillos de mampostería. Lo que antes era un debate ideológico, la vieja lucha de clases, hoy es un dramático conflicto de fronteras.

España, por el momento, ha esquivado el populismo de derechas. Probablemente, debido a que la mayoría de los inmigrantes procede de países latinoamericanos con semejanzas culturales, lo cual es una eficaz vacuna contra quienes echan la culpa de todos los males al extranjero. Pero también porque muchos ciudadanos han identificado la actual fragmentación económica de Europa en términos norte-sur; acreedores-deudores, lo que inevitablemente lleva a la aparición de populismos de izquierda. Al fin y al cabo, otra forma de populismo.

Izquierda-derecha. Derecha-izquierda. El gran pacto social fraguado a partir de 1945 se quiebra en brazos de la polarización política que engulle a todo lo que esté por el centro político hasta devorarlo. Hasta triturarlo en nombre de falsas verdades absolutas que en realidad esconden toneladas de egoísmo.

Pero la respuesta que se ofrece desde Bruselas es una especie de fuga hacia adelante. Más integración fiscal o política, cuando realmente el riesgo y la amenaza están en que otros países quieran abandonar la Unión. Precisamente, porque muchos ciudadanos ven en Bruselas un extraordinario nido de ventajistas a la manera de un Durao Barroso tras su flamante fichaje por Goldman Sachs.

Como ha escrito Anders Borg, exministro sueco de Economía, si la Comisión Europea interpreta en esa dirección la narrativa del Brexit: más integración, el resultado será opuesto al deseado. “Es probable”, sostiene Borg “que el federalismo sea la mayor amenaza para el futuro de la UE”.

Los viejos paradigmas se extinguen y Alemania, atrapada por su pasado, que debía ser quien liderara la nueva Europa gracias a su formidable maquinaria económica, renuncia deliberadamente a hacerlo más allá de imponer políticas de austeridad que, en realidad, han logrado lo contrario de lo que buscaban.

Lo que antes era un problema de naturaleza estrictamente económica (el estallido de la burbuja de crédito) hoy es un problema político de múltiples aristas instrumentado por los nacionalismos civiles o religiosos. Hoy Europa es un pollo que corre sin cabeza hacia ningún sitio. Y los atentados o el resurgir de los malditos ‘ismos’ no son más que el espejo de un mundo que se desvanece.
 
Memoria del terror
ARCADI ESPADA El Mundo 17 Julio 2016

Mi liberada:

Es indiscutible, no he vivido una guerra. Tú y yo pertenecemos a una de esas generaciones de fortuna. Mis padres la vivieron, mis abuelos la vivieron y han pasado ya cincuenta años y aún no se ha declarado la guerra en mi vida. Es la noticia sensacional de mi generación, de unas consecuencias muy profundas, que pasa inadvertida como sucede a menudo con lo que no pasa. Pero tampoco he vivido en paz. La muerte violenta, por causas políticas, ha sido una constante en mi edad. No soy finlandés ni portugués ni austriaco, que no han tenido mayor relación con ella. Pero tampoco francés, alemán u holandés, que la han sufrido esporádicamente.

Los sobresaltos empezaron pronto, con 15 años, la mañana que mataron a Carrero Blanco. A la salida del instituto me esperaba mi padre. Más que el asesinato de Carrero, el sobresalto, la vergüenza del adolescente, fue el verle allí. 'He venido a buscarte por si había follón', me dijo cálido y temeroso, mientras pasaba por sus ojos toda la guerra civil. Pero la ternura venció la vergüenza y caminamos amigables y juntos hasta llegar a casa.

El crimen de la transición sucedió en Atocha. Los abogados eran comunistas como yo y era imposible deslindar su asesinato, en aquel Madrid, del asesinato del teniente Castillo. Sin embargo, el Partido Comunista conocía la muerte, y no de oídas, y no hubo luego un Calvo Sotelo, y luego. Los asesinatos de Bultó y Viola pulverizaron mi kilómetro sentimental. Lo redujeron a centímetros. Además de suceder cerca los terroristas forzaron el domus y dieron a sus víctimas una cruel muerte tecnológica.

Luego se instaló en el Norte una sucesión de años infames. Cadáveres y cadáveres y cadáveres: la víctima frecuentaba círculos ultraderechistas de la localidad. Desaparecían en los periódicos por el sumidero de un breve, pero yo no he hecho otra cosa en mi vida que leer periódicos y no se me escapaba uno. A veces era mi madre la que al llegar a casa me daba la noticia: 'Han matado a otro', me decía con su furia triste. Ya he escrito que mi vileza de entonces era preguntarle si civil o militar.

En 1987 explotó Hipercor y ya para siempre algunas de mis amistades de la época. Cuatro años después los periódicos publicaron la última foto verdadera, obra de Carlos Montañés. Tan absolutamente verdadera que parece de ficción: el guardia José Ángel Barragán lleva en sus brazos a la niña Isabel Porras, mientras al fondo, entre el humo y los cascotes, una pareja huye con un niño en su cochecito. ETA había lanzado un coche lleno de bombas contra el patio de una casa cuartel. ¡Ésa y no las impracticables fabulaciones es la auténtica conexión islamista!: los españoles todo lo saben sobre el terrorismo.

La máxima sofisticación de los asesinos nacionalistas llegó el fin de semana en que mataron a Miguel Ángel Blanco. Una muerte en directo, alargada en el tiempo, son muchas muertes. Un día da para mucho. Pero ese fue el final. Urgidos por el espectáculo, los españoles se levantaron. ETA se había convertido en un reality show y a partir de entonces sus días estuvieron contados: contra lo que creen los académicos de la legua, el terrorismo prospera en la penumbra.

Al asesinar a Ernest Lluch y al municipal Gervilla el centímetro sentimental de Bultó y Viola se redujo a milímetros. Yo había tratado a Lluch como a ninguna otra víctima del terrorismo. Y en cuanto a Gervilla solo iba a ayudar, en plena Diagonal, cuando los ocupantes de aquel coche averiado le dispararon. Aquellos graves meses del comando Barcelona fui víctima, por primera vez, de la vanidad de que podían matarme.

El 11 de septiembre de 2001 daba vueltas, flojo, feliz y soleado, sobre la hierba de un jardín ampurdanés, mientras no daba crédito de hasta dónde había llegado el característico humor negro de mi amigo Jaume Boix, que me estaba contando cómo un avión se había estrellado contra el World Trade Center. Un avión y luego otro, y entonces me incorporé. No es exacto decir que el terrorismo se hizo global: se hicieron globales la zozobra, el desaliento y el duelo.

La segunda matanza de Atocha dispuso, en 2004, a mis ojos, el más grandioso escenario de un acto terrorista. Fueron tan enormes sus consecuencias para la moral pública de los españoles, tanta la degradación de su política y de su periodismo que provocaron el mayor éxito a que puede aspirar una matanza terrorista: convertir a las víctimas en un daño colateral. Toda la putrefacción española arranca de ahí, y aquí sigue. El terrorismo no gana nunca. Entre nosotros, sin embargo, la inmoralidad y la superstición aún sostiene que los islamistas del 191-M volaron la estación para provocar un cambio de gobierno. O sea que nunca como entonces el terrorismo ha estado a punto de ganar.

Me acuerdo de los ecuatorianos de la T4: fue el primer crimen de la paz.

El último otoño sucedió en París. El otoño es la gran época de las ciudades, y es la gran época de París. Las terrazas de los cafés de la Paix no son todavía una lenta forma de muerte por intemperie. Era viernes, dormía el músculo. Desde los coches iban ametrallando la felicidad y se comprende porque no habrá forma humana de que la alcancen ni ellos ni sus hijos ni los hijos de sus hijos.

De modo que no he vivido una guerra, de acuerdo. No la he sufrido. Y tampoco la he luchado, lo que es más importante de lo que parece. Pero durante 43 años el terrorismo ha colonizado implacablemente mi cabeza. Sus cataclismos silenciosos, sus insidiosos efectos colaterales deben anotarse. No he vivido una guerra, pero llevo el duelo de innumerables nombres propios. Apellidos, topónimos: una bomba de neutrones que deja el esqueleto de la vida intacto.

Estalla como el viernes en Villa Paramesa. Al fondo de la ilustrada taberna se daba una gran conversación entre hombres y mujeres libres e iguales. Un estado de reposo después del trabajo y la agradable sospecha de que había sido un buen trabajo. Creo que sucedió llegando exactamente a la cima, entre el pan de arroz con caballa, codium y yuzu (también el placer se ha hecho global) y el taco de lechazo (un chorro de leche sólido) confitado con uvas y migas. Cuando entró un camión.

Sigue ciega tu camino. A.

Florentino Portero: "Lo que ha sucedido en Turquía es lo que Erdogan quería"
Para el director del Grado en Relaciones Internacionales de la UFV, lo sucedido en Turquía favorece mucho a Erdogan.
Libertad Digital 17 Julio 2016

El director del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, analista y colaborador del grupo Libertad Digital, Florentino Portero, ha atendido este sábado la llamada de Libertad Digital y esRadio para ofrecer una análisis de urgencia sobre la situación que atraviesa turquía después de una noche en la que fracasaba un intento de golpe de estado del ejército turco sobre el Ejecutivo de Recep Taiyip Erdogan.

Florentino Portero considera que el fracaso de esta intentona golpista porque va a ser empleada por Erdogan para hacer una purga en el ejército y avanzar en la deriva islamista que sigue en el país.

Para poder entender estas conclusiones, Florentino portero hace un breve repaso por la historia reciente de Turquía, desde que cayó "el califato, cuando se viene abajo el imperio Turco" y son los militares "en torno a uno de sus generales más exitosos, Ataturk, quienes rediseñan el estado y tratan de modernizarlo acercándose más a occidente y limitando el contenido islámico del Estado".

Desde ese momento, recuerda Florentino, "ha habido una tensión muy fuerte entre los que defienden una Turquía moderna y laica, respaldados por el Ejército, y los que -sobre todo desde la península de Anatolia- tratan de recuperar la tradición islamista". Esa tensión se ha traducido en varios golpes de estado en las últimas décadas.

Es más, en este apunte histórico, Florentino recuerda que el propio Erdogan perteneció la organización de jóvenes del partido islamista que dio un golpe militar en 1980. Su partido fue proscrito, pero vuelve a la actividad en el partido de la Prosperidad, que trataba de gobernar siguiendo los preceptos islámicos. En 1998 pasó por la cárcel, donde Erdogan aprendió que "era necesario encontrar una vía para el islamismo turco que fuera compatible, por lo menos durante un tiempo, con la democracia y la economía de mercado".

"Ahora nos encontramos con que en la medida en que Erdogan trata de avanzar hacia el islamismo, y mantiene una política exterior completamente aventurera, supone una gran tensión con los militares que en estos momentos han tratado de reconducir la situación". Para Florentino, "si el resultado es un triunfo del gobierno de Erdogan", esto "es lo que él quería", porque " va a suponer una limpia de generales laicos y un intento de domesticar a las FFAA para permitir que la política islamista avance más y más rápidamente".

Para Portero es muy importante prestar atención a lo que suceda ahora en Turquía, ya que el Ejército ha demostrado "que no estaba respetando la democracia parlamentaria al tratar de dar un giro laico por la fuerza" que finalmente va a permitir a Erdogan y su partido "llevar a cabo un importante avance en la política islamista", algo preocupante para Florentino Portero porque Turquía "tiene fronteras muy serias, con Rusia, Irán y Siria". Está en el eje de la tensión, ya que tiene frontera.

La cultura árabe tiene que rendir cuentas
Estados Unidos no puede 'arreglar' Oriente Medio. Esa es una misión de las propias sociedades de la región.
Hiam Nawas Libertad Digital 17 Julio 2016

James Clapper, director de la Inteligencia Nacional, dijo hace poco que Estados Unidos no puede “arreglar” Oriente Medio. Clapper dio en el clavo. Los problemas fundamentales de la región no son políticos, sino culturales, y por lo tanto Estados Unidos y su fuerza militar son incapaces de resolverlos.

La cultura importa porque es la base del comportamiento y la manera de organizarse de cualquier sociedad. El caos que se vive en Oriente Medio tiene muchas raíces, pero algunas de las más profundas tienen que ver con la cultura y la identidad árabes, que carecen de empatía interna y externa, favorecen el autoritarismo en detrimento de la autonomía y optan por soluciones de suma cero. Salvo que los árabes adopten una mirada autocrítica sobre sus valores, la violencia no cesará en Oriente Medio.

A la hora de establecer los principios de una cultura o conjunto de culturas es fundamental analizar su sentido de la moral, para determinar sus ideales de conducta. El código moral árabe prefiere la venganza al acuerdo, los hombres a las mujeres, y los grupos a los individuos. La identidad colectiva árabe se basa en el tribalismo, se somete a una autoridad paternalista, a un sentido del honor vinculado a la virginidad de las mujeres y a una santificación arcaica de las costumbres y tradiciones. Hay una glorificación del pasado junto con una negativa a asumir responsabilidades por el presente y una esperanza de que el futuro sea milagrosamente mejor.

Esto no significa que cada árabe sea individualmente un calco de su cultura. Al contrario: cuando se interactúa con miembros medios de las sociedades árabes se observa un comportamiento generalmente decente, generoso y tolerante. La cultura árabe tampoco carece de numerosos elementos positivos. Sin embargo, estos aspectos positivos no han evolucionado hacia un sistema de creencias sociopolíticas progresista. La cultura colectiva no celebra necesariamente la libertad política, la autonomía del individuo o el respeto a las mujeres.

El mundo árabe contemporáneo suele carecer de sentido crítico autorreflexivo y autónomo. Las conversaciones con marroquíes, egipcios, tunecinos, jordanos y árabes del Golfo revelan constantemente un relato general victimista y de culpabilización del otro, lo cual se manifiesta de manera harto notable en un sinfín de teorías conspirativas, como la sospecha de que el ISIS es un invento de Estados Unidos e Israel creado para destruir a la región, o que la Primavera Árabe fue un complot occidental para entregarla a los islamistas.

Este tipo de razonamiento revela una aversión muy arraigada a la rendición de cuentas y a la responsabilidad, y vuelve superficiales gestos como la condena del terrorismo contra cristianos, yazidíes, judíos y chiíes. Entre tanto, el mundo exterior –Irán, Israel, Estados Unidos, el colonialismo, o los árabes que no viven de acuerdo al verdadero islam– se ha convertido en el hombre del saco de cualquier fracaso social doméstico. Esta tendencia ha dado lugar a la ironía definitiva: se culpa constantemente de los problemas árabes a las fuerzas externas, de las que se espera que los resuelvan.

Esta observación no exime a las potencias occidentales. El continuo apoyo de Occidente a los dictadores árabes ha contribuido sin duda a la perpetuación de prioridades anticuadas y déficits democráticos. No obstante, recalcar constantemente los fiascos regionales de Occidente para evitar el autoanálisis y la reforma es intelectualmente deshonesto. El tribalismo y el desdén por la autonomía individual no pueden ser caracterizados –y excusados– como un subproducto del colonialismo y de las intervenciones occidentales.

Se mire como se mire, las estadísticas de los países árabes muestran su debilidad cuando se comparan con las del resto del mundo, como documentan empíricamente varios informes del PNUD sobre el desarrollo árabe. Así, un informe de 2002 subrayaba la ausencia en el mundo árabe de tres elementos reconocidos como esenciales por la comunidad internacional: libertad, conocimiento y autonomía de la mujer. Se puede y se debe culpar a los Gobiernos y regímenes árabes por estos déficits, pero esto sólo aborda la mitad del problema.

La libertad individual no es una piedra angular de la cultura árabe, se refuerza el aprendizaje como un proceso de transmisión y no de cuestionamiento y con frecuencia las mujeres no son consideradas ciudadanas de pleno derecho, sea cual sea su estatus legal. Una anécdota a modo de ejemplo: cuando la mujer de un conocido árabe con estudios intentó concertar una cita para una cesárea, el hospital pidió el visto bueno de su esposo. Según el Informe Global sobre Brecha de Género de 2015, las pruebas estadísticas indican que, de los 15 países con la tasa más baja de participación de la mujer en el mercado laboral, 13 están en Oriente Medio. El documento explica además que sólo el 18 % de las mujeres árabes en edad de trabajar tienen empleo, y que en 2015 la tasa de desempleo entre las jóvenes en los Estados árabes era de casi el 44 %, frente al 22,9% de los jóvenes.

Se podría discutir sobre el papel que las diferentes variedades del islam han desempeñado en la formación de dichos valores, o los vanos intentos del islam por acabar con el tribalismo y el etnocentrismo. Sea como fuere, la mezcla de tribalismo y religión ha sido letal, y el caos en la región es un ejemplo de ello. Ahora, la obsesión árabe con Israel se ha extendido a la obsesión con Irán, junto con una clamorosa amnesia moral acerca de la catastrófica situación de los refugiados sirios. No escasean los recursos económicos en Oriente Medio, pero ciertos Estados árabes gastan miles de millones de dólares en armas mientras siguen sin estar dispuestos a permitir el acceso de refugiados sirios a sus territorios, depositando una carga aún mayor sobre los propios refugiados y los países que ya están acogiendo a millones de ellos. Los árabes saludan la coalición en Yemen encabezada por los saudíes, pero no hacen ningún esfuerzo por reconstruir el país o por acomodar a los yemeníes desplazados.

Hoy, los medios, los políticos y los ciudadanos comunes árabes están muy ocupados condenando a Irán y a los chiíes por la destrucción de la región. La perniciosa conducta de Irán es contraproducente, pero pretender que la intervención iraní en los asuntos árabes es la fuente de todos los males en la región es una falacia. Los observadores informados dirían que la agitación política se ha estado fraguando durante décadas, impulsada por una brutal combinación de un liderazgo autoritario, progreso social limitado y pésimo historial económico. Ya es hora de que los intelectuales árabes analicen seriamente las circunstancias políticas, sociales y económicas que han dado lugar a este estado de cosas, a fin de lograr auténticos avances.

©Fikra Forum – Revista El Medio

Investigación del Real Instituto Elcano
¿Cómo son los miembros del Estado Islámico en España?
www.latribunadelpaisvasco.com 17 Julio 2016

¿Cómo son los seguidores que Estado Islámico (EI) ha sido capaz de atraer y movilizar dentro del territorio español? ¿Cuándo, dónde y cómo se radicalizaron en la ideología que es propia de esa organización yihadista? ¿Qué tipo de motivaciones individuales son las que les han llevado a la participación en actividades terroristas? ¿Cuáles son sus patrones de implicación yihadista en favor de EI tanto dentro como fuera de nuestro país? Este informe del Real Instituto Elcano, elaborado por los investigadores Fernando Reinares y Carola García-Calvo, responde a esas preguntas.

¿Cuál es el perfil sociológico más frecuente entre los detenidos en España por actividades relacionadas con Estado Islámico?
Los detenidos puestos a disposición judicial en España desde 2013 por actividades relacionadas con Estado Islámico (EI) se caracterizan ante todo por ser hombres jóvenes, casados y con hijos, tanto españoles como marroquíes, en su mayoría con estudios secundarios y cuya tasa de desempleo es similar a la de la población española en su conjunto. No es inusual que tengan antecedentes penales. Si bien de ascendencia musulmana, su conocimiento del islam y de la sharía o ley islámica suele ser elemental. Ahora bien, nada de ello es incompatible con que se registren porcentajes significativos de mujeres, conversos y universitarios.

En conjunto, el principal escenario de la movilización promovida en España por EI se encuentra en la provincia de Barcelona, pero si la atención se centra solo en los detenidos de nacionalidad española su foco hay que situarlo entre jóvenes de segunda generación nacidos y residentes en Ceuta.

¿Cuándo, dónde y cómo se radicalizaron esos individuos en la ideología del salafismo yihadista que es propia de EI?
La radicalización de los detenidos en España que iniciaron dicho proceso tras el auge de EI en 2013 se desarrolló sobre todo en entornos mixtos, que combinan ámbitos offline y online. Ahora bien, el número de individuos radicalizados solo offline es marcadamente superior al de los radicalizados únicamente online. Domicilios privados, lugares de culto y centros culturales islámicos, espacios al aire libre, así como centros penitenciarios, destacan entre los ámbitos de radicalización offline.

Hay dos factores de asociación diferencial que ayudan a entender por qué determinados individuos se radicalizaron en cierto lugar mientras otros de similares rasgos sociodemográficos, en el mismo o diferente sitio, no hicieron suya la ideología de EI: por una parte, la existencia de contacto físico directo con un agente de radicalización al que generalmente se atribuye cierto carisma y, por otra, los lazos sociales preexistentes basados en vínculos de vecindad, amistad o parentesco.

¿Qué tipo de motivaciones individuales son las que les han llevado a la participación en actividades terroristas?
Las motivaciones ideológicas y utilitarias para adherirse a EI parecen haber sido más relevantes entre los detenidos que las de índole existencial e identitaria, o que las de carácter emocional y afectivo. La idea de yihad terrorista como imperativo religioso, el convencimiento de que es eficaz y de que su éxito queda de manifiesto con la proclamación del califato, al igual que la provisión de incentivos selectivos o recompensas materiales y no materiales, mueven más a la implicación en EI que la posibilidad de encauzar distintos tipos de emociones o encontrar una salida a crisis vitales o a conflictos de identidad.

Con todo, según los testimonios orales o escritos que han dejado los detenidos, el odio, principal pero no exclusivamente hacia occidentales que son descritos como infieles y hacia chiíes considerados apóstatas, está generalizado entre ellos y a menudo se combina con otro tipo de motivaciones individuales.

¿Cuáles son sus patrones típicos de implicación yihadista en favor de EI tanto dentro como fuera de nuestro país?
La inmensa mayoría de los detenidos puestos a disposición judicial en España desde 2013 por actividades terroristas relacionadas con EI se hallaban implicados en compañía de otros y no aislados o en solitario. En concreto, como integrantes de células, grupos o redes, más de nueva formación y alcance transnacional que regeneradas y confinadas en sus actividades al territorio español.

En el seno de dichas células, grupos o redes, los detenidos contribuían sobre todo a funciones de radicalización, reclutamiento, envío de combatientes terroristas extranjeros a Siria e Irak, difusión de propaganda o financiación para cubrir las necesidades derivadas de su implicación yihadista. Una amplia mayoría de los mismos se habían desplazado a Siria e Irak, lo habían intentado o tenían intención de hacerlo. Pese a lo cual, un tercio de ellos pertenecía a células, grupos o redes con capacidades operativas y que tenían voluntad de atentar en España.

¿Cómo son y deben ser tanto la reacción social como las respuestas institucionales a la amenaza que supone EI?
La sociedad española es consciente de la amenaza terrorista que implica para nuestro país EI. Las más de 40 operaciones policiales contra EI desde 2013 ponen de manifiesto una efectiva respuesta institucional cuyo actual enfoque preventivo no está exento de inconvenientes. Estos pueden atenuarse en buena medida tras la entrada en vigor, en 2015, de las nuevas disposiciones antiterroristas del Código Penal.

Apremia una implementación efectiva y localizada del Plan Estratégico Nacional de Lucha contra la Radicalización Violenta (PEN-LRV) al tiempo que deben mantenerse como prioritarias la cooperación bilateral con Marruecos y la multilateral en la Unión Europea. España ha de favorecer iniciativas legítimas de la comunidad internacional en zonas que son foco de la amenaza de EI. La revisión de la Estrategia Integral Contra el Terrorismo Internacional y la Radicalización (EICTIR) ofrece una oportunidad para el consenso parlamentario que cuenta con el mecanismo del pacto antiyihadista.

Informe: Estado Islámico en España (PDF - 5,6 MB)
http://www.realinstitutoelcano.org/publicaciones/libros/Informe-Estado-Islamico-Espana.pdf

 

El fin de las dos Españas, ocho décadas después
EDITORIAL El Mundo 17 Julio 2016

La imagen de los hijos y nietos de los generales que se enfrentaron en la Guerra Civil, reunidos por primera vez en un encuentro histórico que hoy publica nuestro suplemento Crónica, es una evidencia palmaria de hasta qué punto la herida de la guerra es ya sólo pasto de los libros de Historia. Mañana se cumplen 80 años del 18 de julio de 1936, fecha que dio inicio al golpe de Estado que desembocó en una contienda fratricida que desgarró la sociedad española en dos mitades.

Ocho décadas después, conviene aventar la esperanza de un país en el que ya no hay que elegir entre las dos Españas que cantaba el verso machadiano. El trágico episodio de la guerra acabó segando la vida de más de un millón de españoles y dio paso a una dictadura de casi 40 años. La Transición permitió clausurar esta siniestra etapa, mediante un ejercicio -reconocido en el exterior- de responsabilidad y generosidad a izquierda y derecha. La Constitución del 78 facilitó la incorporación de España a la escena internacional, lo que ha devenido en las mayores cotas de prosperidad y bienestar de nuestra Historia. Y es precisamente este proceso de transformación el que ha permitido enterrar las querellas guerracivilistas. De ahí que todos los testimonios recogidos por Crónica, personas que combatieron en los dos bandos, coincidan en señalar que las trincheras 'están cerradas y bien cerradas'.

Uno de los pilares de la Transición consistió en orientar la mirada del país hacia el futuro, lejos de posiciones enconadas y de los 'impulsos ciegos del miedo y el odio' de los que ya previno Azaña. Los españoles demostraron entonces una voluntad inequívoca de no volver a repetir el drama que asoló nuestro país entre 1936 y 1939. El tiempo ha demostrado el acierto de aquel periodo, liderado por el Rey Juan Carlos tras la muerte de Franco. La Transición supuso un pacto de reconciliación entre los españoles. Posteriormente, el Estado no ha escatimado muestras de desagravio a los damnificados por la guerra y la dictadura, desde la ley de amnistía hasta la reparaciones económicas a víctimas del franquismo. Todo ello fue aceptado con normalidad por las fuerzas políticas y sociales y por la inmensa mayoría de los ciudadanos hasta que una parte de la izquierda decidió anteponer sus parámetros ideológicos en un asunto tan sensible como la memoria histórica. Resulta lacerante que aún haya quien se empeñe en reverdecer viejas heridas. Y sorprende, por triste y preocupante, que sea precisamente una parte de los jóvenes o incluso de los nuevos partidos quienes abanderen el rupturismo en pleno XXI.

Un ejemplo paradigmático de ello es la obsesión del Ayuntamiento de Madrid en la retirada de los nombres franquistas de 30 calles de la capital. Bajo el paraguas de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, promovida por Zapatero en 2007, Carmena ha decidido ejecutar un plan cuyo disparatado borrador pretendía expulsar del callejero madrileño a personajes que destacaron durante el franquismo, como Salvador Dalí, Santiago Bernabéu, Josep Pla o Miguel Mihura. El problema, sin embargo, no es aplicar la ley, sino el uso partidista que hacen de ésta aquellos dirigentes obcecados en una suerte de revisionismo alejado de las prioridades de los ciudadanos.

Emponzoñar el pasado es el peor legado que puede dejarse a las generaciones venideras. Entre otras razones, porque la experiencia de la etapa democrática en España acredita que el trauma de la Guerra Civil está ya felizmente superado. Sería un acto mayúsculo de irresponsabilidad sembrar de nuevo la discordia con tal de alimentar discursos políticos tan radicales como desfasados.

Quinto frente
Nota del Editor 17 Julio 2016

Eso de las dos Españas sigue en pié gracias a una parte de ella que nunca ha dejado que el polvo del olvido se pose sobre su derrota y siguen empeñados en mantener abierto el quinto frente. Solo hay que darse un paseo por cualquier ayuntamiento que haya caído en sus garras para constatar que la guerra sigue en el bando de los perdedores en los cuatro primeros frentes.

Izquierda y derecha solo tiene sentido para la conducción, como norma para evitar choques, pero hay quienes siguen emperrados en estar en el lado que no ha aprendido nada, obcecados en ganar la batalla en el quinto frente mientras la mayoría de españoles dormita y en otras zonas siguen machacándoles con las lenguas regionales.

Madrid, 18 de julio del 36: Arturo Barea vs. Agustín de Foxá
Dos hombres con distinta ideología, y una misma realidad que se queda corta, como todo relato de una tragedia colectiva, narran cómo en Madrid, en julio del 36, se mezclaron el odio y la fiesta.
Jorge Vilches Libertad Digital 17 Julio 2016

La Historia deja de ser una disciplina cuando se convierte en la argamasa de un discurso político. Empieza entonces la tergiversación de datos, la ocultación de otros, la invención de relatos y de conceptos para encajar con un mensaje identitario, de batalla, emocional y basto, preparado para lanzar a la cara del enemigo. Eso es lo que ha ocurrido en la Asamblea de Madrid este jueves, cuando Podemos presentó una proposición para condenar “el golpe de Estado militar del 18 de julio”, apoyada por el PSOE, claro. Estos dos grupos, en su estilo, querían polarizar la política madrileña entre “rojos” y “azules”, identificarse con el gobierno del Frente Popular del 36, y que los populares parecieran poco menos que franquistas. El intento, tan patético como anacrónico, no prosperó, lo que priva del gozo a los que buscan en el guerracivilismo un argumento a ochenta años vista.

Aquel 18 de julio se vivió de muchas maneras. Dos buenos testimonios son los que nos dejaron dos grandes de la literatura española de la época: Arturo Barea, socialista, y Agustín de Foxá, falangista.

El escritor Arturo Barea
El primero alcanzó la fama con la trilogía La forja de un rebelde (1941-1946), que se publicó en inglés, francés, checo, polaco, noruego,… y al final en español en 1951. De extracción humilde, Arturo se convirtió en un socialista aburguesado, de buen sueldo y vestir en los años de la segunda República. Pasó por la guerra de Marruecos, donde participó en ochenta y una operaciones, y recibió dos condecoraciones. En el régimen del 31 se codeó con los socialistas, de manera que cuando estalló la guerra, le colocaron en la Oficina de Censura de Prensa Extranjera del Ministerio de Estado, en el edificio de Telefónica, en Madrid. Allí conoció a los corresponsales más conocidos, como Hemingway, Dos Passos, Sefton Tom Delmer, o Jay Allen, quien se inventó una entrevista a Franco, entre otras cosas. Mal casado, en aquella oficina censora Barea conoció a una austriaca de la que se enamoró, y con la que finalmente salió de España en 1939. Su obra "La forja…” se convirtió en un libro clandestino (y mítico) durante la dictadura. Al morir en 1957, la España de la Transición le olvidó, hasta que hoy está siendo recuperado.

Agustín de Foxá
Foxá, el otro, dijo de sí mismo: “Soy aristócrata, soy conde, soy rico, soy embajador, soy gordo, y todavía me preguntan por qué soy de derechas. ¿Pues qué coños puedo ser?”. Fue falangista de primera hora, uno de esos que iban a la tertulia de “La ballena alegre”, y que compuso el “Cara al Sol” con José Antonio a altas horas de la madrugada. Bebía, y mucho. También se casó mal, o eso descubrió cuando supo que su mujer le engañaba. A diferencia de Barea, Foxá pronto empezó a colaborar en revistas y periódicos, como ABC, e hizo igualmente amistades relevantes, como Gómez de la Serna, María Zambrano, o Edgar Neville. Corrió por distintas embajadas europeas, y recaló al final en Filipinas, casi un destierro. Escritor sin descanso, genial, muerto en 1959, dejó su impresión de la segunda República en Madrid, de corte a checa (1938), casi autobiográfica. El autor quedó maldito en la Transición por “franquista”, y no ha sido recuperado hasta el siglo XXI.

“Madrid se estaba preparando para su diversión –escribió Barea-. ¿Quién pensaba en Calvo Sotelo?”. Tras el asesinato del político derechista por socialistas de Prieto, los madrileños se preparaban para las verbenas de barrio. Las milicias comunistas desfilaban por las calles con retratos de Lenin y Stalin, y se movían al sonido del pito que tocaba el jefe. “Prefiero mil veces nuestras masas del 1 de mayo –recordaba Foxá-, quemando las sillas de los bares o apedreando a la Guardia Civil. Pero esas órdenes dadas con un pito…”. Mientras, la CNT se declaró en huelga en la construcción, y disparaba a los miembros de la UGT que trabajaban. “Quién puede entender que se declaren en huelga hoy mismo”, decía el personaje de Barea.

El jueves 16 se desataron los rumores. Aquellos días calurosos del verano madrileño la gente se tiraba a la calle, a las terrazas de los cafés y tabernas, a los portales. La radio se convirtió en el eje de la vida social. Cada lugar público “tenía su altavoz al máximo”, decía Barea. Se oía una y otra vez: “El Gobierno tiene la situación dominada”, lo que llenaba de inquietud por qué se desconocían los motivos. No era cierto nada, ni que se hubiera levantado el ejército en Marruecos, ni en ninguna otra plaza. El sábado 18 la radio cambió su mensaje: era verdad, pero todo estaba controlado. En esas primeras horas todavía había incrédulos:

Todo son cuentos de viejas –escribió Barea-. A lo mejor unos cuantos señoritos se han emborrachado y se han sublevado en Villa Cisneros (donde estaban los promotores del golpe de 1932).

De nuevo la radio cambió la opinión, manejando a las masas como un dique al mar, como recuerda Foxá:
¡Atención, atención! Se ruega a todos los afiliados de las organizaciones obreras de UGT, CNT y partidos sindicales del Frente Popular, para que se presenten urgentemente en sus centros respectivos, a fin de adoptar acuerdos en consonancia con la gravedad de los momentos actuales.

Barea y un amigo se acercaron a la Casa del Pueblo, que tenía un farolillo rojo en el tejado para que se pudiera ver desde lejos. La multitud, recuerda el escritor, empezó a gritar: “¡Armas! ¡Armas!”, hasta que las logró. La trágica entrega del armamento la refleja Foxá con sorna: “El boticario Giral fue nombrado presidente. Estaba lívido, sentado en su sillón. Y dio la orden terrible: Que se arme al pueblo”.

El domingo 19 los madrileños siguieron de vacaciones. El mismo Barea salió de la ciudad, y al ser preguntado por la situación contestó:
Bueno, es más el ruido que las nueces. Como usted ha visto, la gente ha venido a la Sierra como todos los domingos.

(El intercolutor) Se volvió a la mujer:
Ves como tenía razón. Estas mujeres se asustan en seguida. Un cambio de gobierno y nada más.

La realidad era otra. Ese día camiones y taxis abarrotados de milicianos cruzaban la ciudad. Los piquetes pedían la documentación en cada esquina. “Unas cuantas iglesias ardían”, escribió Barea, quien recogió el testimonio de un miliciano con pistola y pañuelo rojo y negro: “¡Bah! No te apures (…) Sobran tantas cucarachas”. Y otra vez la radio: “El nuevo Gobierno ha aceptado la declaración de guerra del fascismo al pueblo español”.

En la mañana del domingo 19, el general Fanjul se hizo fuerte en el Cuartel de la Montaña con 1.500 soldados y casi 200 falangistas. Pero las verbenas seguían, y a las tropas leales al gobierno republicano que cercaron el Cuartel le siguió mucha gente. Odio y fiesta mezclados. Un hombre, contaba Barea, sacó un viejo revólver, “tiró trabajosamente del gatillo”, y disparó.

-Ahora déjame tirar un tiro. (…)
-No me da la gana. El revólver es mío.
-¡Déjame tirar un tiro, por tu madre!
-No me da la gana. Ya te lo he dicho. Si me matan, el revólver es tuyo. Si no, te conformas con mirar.

“Eran peor que salvajes –escribió Foxá- porque habían pasado por el borde de la civilización” y ahora veían resucitados los instintos más bajos por los “residuos turbios de películas, de lecturas, de consignas”. Rendidos y masacrados los hombres del Cuartel, los dos escritores narraban la sorpresa que les causó la gran avalancha de mujeres sin piedad. “Los milicianos subían con el regocijo bárbaro de la sangre vertida”, mientras la radio, siempre la radio, decía que la rebelión había sido aplastada. El horror no había hecho más que empezar.

En fin; dos narraciones de hombres con distinta ideología, y una misma realidad que se queda corta, como todo relato de una tragedia colectiva.

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El catalanismo extiende su red
Las tesis de los «países catalanes» impulsadas desde los tiempos de Pujol gozan de cobertura institucional en Valencia y Baleares con los gobiernos del PSOE y los nacionalistas
Alberto Caparrós ABC 17 Julio 2016

Las tesis sobre los «países catalanes» extendidas como una mancha de aceite en la Comunidad Valenciana y Baleares a golpe de subvención por el Gobierno catalán desde los tiempos de Jordi Pujol gozan ahora de cobertura y respaldo institucional en las regiones vecinas a raíz de los cambios de gobierno registrados tras las elecciones autonómicas de 2015.

La llegada al poder de sendos ejecutivos formados por socialistas y nacionalistas como Compromís ha propiciado la extensión del requisito lingüístico para acceder a la función pública y han abierto la puerta a la inmersión en las aulas, con el objetivo de arrinconar al español.

Tanto los nacionalistas catalanes como el PSC en su etapa al frente de la Generalitat con Pasqual Maragall y José Montilla no han escatimado esfuerzos presupuestarios para propagar unos postulados que hacen referencia, desde un punto de vista geopolítico, a una realidad ficticia según la cual Cataluña, la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, la franja este de Aragón, Andorra, el Rosellón francés, el Alguer italiano (en Cerdeña) y El Carche (en la esquina noreste de Murcia) deberían formar un país diferenciado e independiente.

La excusa para armar esta entelequia es que, desde el punto de vista catalanista, en todos estos territorios se emplea el catalán como lengua vernácula. Un planteamiento de carácter lingüístico que con la deriva soberanista que emprendió Artur Mas y continúa Carles Puigdemont ha trascendido al ámbito político.

Organizaciones afines
La Generalitat de Cataluña ha otorgado en las últimas décadas millonarias subvenciones a Acció Cultural del País Valencià (ACPV) y la Obra Social Cultural, dos entidades socias de los independentistas de Òmnium Cultural. Las tres forman la Federació Llull, cuyo objetivo pasa por «trabajar por un futuro compartido para los países catalanes».

En el caso de ACPV, la propia Generalitat de Cataluña abona la cuota anual de su sede en Valencia, situada en el entorno de los 700.000 euros, en virtud de un convenio rubricado por Jordi Pujol y que se ha mantenido a lo largo de los años. El Centro Octubre de Cultura Contemporánea alberga las actividades del catalanismo en Valencia bajo la tutela de Eliseu Climent, el editor que ha ejercido el liderazgo de la organización desde su creación y que ha mantenido estrechos vínculos de colaboración con los principales mandatarios catalanes.

Colaboración académica
La Academia Valenciana de la Lengua, un organismo reconocido por el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana, ha anunciado el inicio de una «nueva etapa» basada en la colaboración con el Instituto de Estudios Catalanes (IEC), una entidad que se autodefine como un «centro de catalanística» y que defiende las tesis de los «países catalanes» y el «derecho a decidir» en una consulta independentista. El IEC no cuenta con sede propia en Valencia, aunque sus actividades las desarrolla en el Centro Octubre de Cultura Contemporánea, un edificio que alberga a Acció Cultural del País Valencià (ACPV).

En la misma línea, el Gobierno valenciano trabaja para sumarse al de Cataluña y al de Baleares en el Instituto Ramón Llull, cuya razón de ser pasa por «promocionar la lengua y la cultura catalana en el exterior».

Universidades públicas
Las universidades públicas integradas en la «Xarxa Vives» ofrecen en sus cursos de verano temáticas que incluyen a la Comunidad Valenciana y Baleares en los «países catalanes» y abordan desde un punto de vista «acádemico» el «proceso constituyente catalán», que también se amplia a las regiones vecinas. Estos cursos de verano cuentan con el respaldo de la Generalitat de Cataluña.

La «Xarxa Vives» se define como «una institución sin ánimo de lucro que representa y coordina la acción conjunta de 21 universidades de cuatro Estados europeos (Andorra, España, Francia e Italia) en educación superior, investigación y cultura.

En uno de los cursos, que se celebrará el 18 de agosto en la localidad francesa de Prada, aborda «El factor humano: demografía y movimentos de población en la historia de los países catalanes».

Medios de comunicación
En paralelo, la Generalitat de Cataluña ha empleado soportes institucionales como la televisión pública TV3, para alimentar las tesis de los «países catalanes». Una entelequia que ha servido para que el Gobierno catalán incluyera las Fallas de Valencia en su catálogo de fiestas o la Albufera entre sus parques naturales.

El presidente catalán, Carles Puigdemont, y su homólogo valenciano, acordaron el pasado mes de mayo trabajar por la reciprocidad de las emisiones cuando se reabra la televisión valenciana. A este pacto se sumará la balear IB3, con la finalidad de articular un «sistema de medios de comunicación públicos en catalán».

Requisito lingüístico
El Gobierno valenciano ha comenzado a dar los primeros pasos para emular el modelo catalán en materia lingüística. Así, el Ejecutivo que preside Ximo Puig prevé implantar el requisito lingüístico para el acceso a plazas de funcionarios, a pesar de que, según los datos de la propia Generalitat la mitad de la población no es capaz hablar en valenciano y el 47% no lo sabe leer. En la misma línea, la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) ha aprobado una moción en la que se insta a la Generalitat a a que «impulse el conocimiento y el uso del valenciano en todas las administraciones públicas y especialmente en las Entidades Locales, como entidades más próximas al ciudadano». Y al mismo tiempo, insta a los ayuntamientos que las van a aprobar a que «incorporen en su Relación de Puestos de Trabajo (RPT) el perfil lingüístico como requisito sustancial» para «garantizar los derechos lingüísticos de la vecindad».

En Baleares, el Gobierno de la socialista Francina Armengol ya ha implantado el requisito del catalán para poder trabajar en la Administración autonómica y el conjunto de instuciones de las islas.

Inmersión lingüística
En Balares, Armengol derogó el Tratamiento Integrado de Lenguas aprobado en la anterior legislatura para dar prioridad al catalán en la educación pública, por lo que la inmersión ya es un hecho. En la Comunidad Valenciana, la inmersión lingüística llegará desde el próximo curso. El 65 por ciento de las nuevas aulas que se abrirán el próximo curso serán de línea en valenciano, lo que se traduce en 323 de las 496 unidades. El objetivo de la Generalitat, en la línea de Escola Valenciana (una entidad subvencionada por el Gobierno catalán) pasa por extender el modelo de forma progresiva durante los próximos años.

Líneas programáticas
La vertiente más nacionalista del programa electoral de «A la Valenciana» (la coalición con la que concurrieron a los comicios del pasado 26 de junio Podemos, Compromís y Esquerra Unida) abría la puerta a una suerte de «federación» entre la Comunidad Valenciana, Baleares y Cataluña. El texto, que plasmaba los viejos anhelos de sectores nacionalistas de inspiración fusteriana, relacionados con las tesis de los «países catalanes», abogaba por la «modificación del artículo 145 de la Constitución para eliminar la prohibición de la federación de comunidades autónomas y la autorización de las Cortes Generales para realizar acuerdos de colaboración cuando entre ellas tenga intereses comunes».

Al respecto, el Bloc Nacionalista Valencià (el principal partido de los que integran la coalición Compromís) tiene entre sus objetivos «alcanzar la plena soberanía nacional del pueblo valenciano y su plasmación legal mediante una Constitución valenciana que contemple la posibilidad de una asociación política con los países con los que compartimos una misma lengua, cultura e historia».
 


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