AGLI Recortes de Prensa   Lunes 18  Julio  2016

¿Por qué defiende Rallo el indefendible PIB oficial?
Pensaba tener un debate serio y riguroso con un colega, pero me he topado con alguien más cercano a un economista júnior interesado en cuidar su carrera
Roberto CentenoEl Confidencial18 Julio 2016

Las pasadas dos semanas, un grupo de profesores y economistas hemos analizado y debatido la fiabilidad o no de las cifras oficiales de PIB. El resultado ha sido el afianzar y precisar más aún nuestras pruebas de la falsificación sistemática de las cuentas nacionales, como ocurrió en Grecia, de forma que en este momento, y salvo posturas espurias sin argumento sólido alguno, ha quedado probado mas allá de toda duda razonable que el PIB real a precios de mercado o riqueza nacional es, como mínimo, un 18,7% inferior al que muestran las cifras oficiales. Lo que, en términos prácticos, significa que la situación económica de España es insostenible. La burbuja de deuda es muy superior a la estimada y absolutamente imposible de devolver, el déficit está fuera de control y la presión fiscal se coloca a la cabeza de Europa y no por debajo de la media, como falsamente afirma la casta política.

Sorprendentemente, Juan Ramón Rallo, un economista que se presenta como independiente, se alinea con los embustes de las prácticas contables del Gobierno y niega las evidencias que cualquier persona informada puede comprobar. En contra de cifras y hechos indiscutibles, afirma que “no son sostenibles como defensa de la manipulación del PIB”, aunque a la vez dice lo contrario: “Mi réplica no pretende garantizar la fiabilidad e inexistencia de manipulación de los datos del INE”. ¿Entonces en qué quedamosnbsp;¡Pues claro que lo pretende! Pero no solo eso, lo pretende utilizando datos burdamente sesgados a favor de su tesis y la del Gobierno. Pero cuando nos encontramos al borde del abismo y con los pies colgando en lo económico y ante un caos total de gobernabilidad, tanto si Rajoy es investido como si no, una manipulación así es absolutamente inaceptable.

La coartada del sistema
Uno de los puntos clave de su argumentación, fácilmente comprensible para cualquier persona no versada en los conceptos económicos, es que el VAB de servicios, la parte más importante del PIB, y los IASS (Índices de Actividad del Sector Servicios) discrepan también en otros países. Y lo hace al haber explicado nosotros que en todas las grandes economías, como Alemania, Francia, Italia y otras, el VAB y los IASS se habían mantenido totalmente coincidentes antes y después de la crisis. ¿Y qué países saca Rallo para demostrar que estamos equivocados? No se lo pierdan: Grecia, Malta y Portugal. También añade Irlanda, pero falsamente, porque en este país ha vuelto a coincidir. Realmente un chiste.

Pero, además, solo pone unos gráficos sin cuantificar nada. Menudo nivel. Por suerte, nosotros sí nos hemos preocupado de mirarlo, y la discrepancia media entre producción y valor añadido de los servicios incluidos en España es la mayor de todos los países del euro, 3,76 puntos porcentuales por año. Solo se nos acerca Portugal, con 3,68 puntos. Grecia ( esos que engañaban en todo lo que podían) se queda en 1,63 puntos por año, y Austria y Finlandia, en alrededor de un punto. El resto están entre los 0,34 puntos de Holanda y los -0,86 puntos de Francia. Una manipulación auténticamente chapucera.

Rallo pertenece a una curiosa escuela económica, la austriaca, que para que los lectores lo entiendan son básicamente fundamentalistas de mercado que piensan que la mano invisible lo resuelve todo y que el Estado es poco más que un estorbo. Es una escuela cuyo prestigio académico es casi nulo y cuyos seguidores apenas publican más que en sus propias revistas económicas. Por ende, tampoco tienen la menor confianza en la democracia y oscilan entre los que piensan que la democracia debe estar sumamente limitada y sin poner en tela de juicio los fundamentos del libre mercado, y los que directamente creen que la democracia solo sirve para tomar malas decisiones.

El papel de una persona así para el sistema, y de ahí la relevancia que se le da en medios y editoriales, es muy clara. Sirve para difundir un fundamentalismo de mercado que hace aparecer las políticas del Gobierno como centristas y moderadas. Como la gente busca un consenso y un término medio entre las opciones ofrecidas, personas como Rallo sirven para desplazar el centro de gravedad hacia las políticas de la ideología imperante. Probablemente, ni él mismo sea consciente de que es solo un peón en este juego. Pero de lo que sí parece consciente es de cómo se las gasta la oligarquía patria con quien no les baila el agua y hace la vista gorda con sus desmanes. Por lo tanto, sus argumentos valen lo que valen: casi nada. Y así lo ha demostrado con la endeblez y ataques sin fundamento de su último artículo. Es, en definitiva, la coartada del sistema.

Los 'argumentos' traducidos a nivel de calle
Rallo suele utilizar en sus debates conceptos macroeconómicos que la gente en general no entiende. Por ello, déjenme que les explique a nivel de calle lo que defiende este señor, de forma que cualquiera lo pueda entender.

1.- Sostiene Rallo que después de haberse elevado la fiscalidad al mayor nivel de nuestra historia, la presión fiscal sigue siendo la misma que en 2007, un 38% del PIB, y ello a pesar de haberse creado 'ex novo' o subido 85 figuras tributarias, y, en consecuencia, está por debajo de la media de la UE. Un disparate contrario a la razón, a lo que vemos en nuestras casas y a la verdad. El último estudio de la OCDE de 2015 sobre fiscalidad en las familias y en el trabajo coloca a España en uno de los primeros lugares. Esta falsedad manifiesta es la que emplea nuestra ignorante e irresponsable clase política para justificar nuevas subidas de impuestos al expoliado pueblo español.

2.-Sostiene Rallo que, en la práctica, y como decía el desastre Zapatero, no ha habido ninguna crisis. A pesar de haberse destruido cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, y muchos más cientos de miles de autónomos, a pesar de existir hoy tres millones de empleos menos a tiempo completo y con menores sueldos, el PIB de 2015 es básicamente igual al de 2007. ¿En que país se ha visto que manteniéndose el PIB invariable el paro haya pasado del 8% al 21%nbsp;¡Pero cómo osa! Es incomprensible que una persona que se denomina a sí misma economista sea capaz de sostener tamaña patraña.

3.- Sostiene Rallo que, aunque según Eurostat el ingreso medio por persona a paridad de poder adquisitivo en España es el 76% del británico o el 60% del alemán o del francés, el PIB oficial per cápita es el 87% del británico, el 74% del alemán y el 84% del francés. ¿Cómo se puede defender ese PIB oficial ?

4.- Según la tesis de Rallo, el tamaño del Estado no habría crecido, pero en 2007 había 14,1 millones de empleados en el sector privado, y ahora hay 11,9 millones, pero el empleo público no ha parado de crecer, particularmente en CCAA con 2,5 millones de empleos públicos en Estado, CCAA y CCLL, a los que se suman medio millón mas en altos cargos, representantes políticos e institucionales, personal de empresas públicas, etc. Al señor Rallo, como fundamentalista del mercado que es, “le encantaría que tuviéramos razón”, pero claro, no la tenemos.

Esto es, sin ropaje técnico, lo que suponen las cifras que defiende don Juan Ramón. Y volviendo ahora al debate técnico, llama la atención que no se preocupara lo más mínimo por calcular cifras alternativas, ni por investigar el resto de subsectores de la economía que nosotros, en nuestro primer análisis, dimos por supuesto que el PIB estaría bien calculado. Un llamativo sesgo de los intereses que defiende.

En nuestro segundo informe, “nuevos y peores métodos” según Rallo, nos preocupamos en buscar indicadores alternativos en los subsectores que no abarcan ni el índice de servicios ni el de la industria. Obviamente, como no existen indicadores tan exhaustivos en el resto de subsectores, hemos tenido que buscar otros alternativos, algo que parece no ser del gusto de Rallo, al que se le transparenta a todas luces que desearía que no existiera ningún indicador con el que comparar, y que, en caso de existir, ansía demostrar que no sirve. Le invitamos a que encuentre otros mejores, aunque no lo hará, no vaya a ser que eso le desmonte toda su argumentación.

Otro de los argumentos que esgrime, totalmente impermeable a los datos, es que el valor añadido puede haber caído mucho menos que la producción, pero los datos de las diferentes encuestas de que disponemos (Central de Balances del Banco de España y las encuestas anuales de comercio y de servicios del INE) nos dicen que las diferencias son mínimas en el periodo del que estamos hablando. Pero para qué va a hacer caso de los datos si le pueden estropear una teoría.

También afirma sin sonrojarse que hemos "cambiado la metodología y que esta es una enmienda a la totalidad del primer análisis”. Aquí su nivel de falsedad y sectarismo supera lo imaginable y le descalifica totalmente como interlocutor de nada, porque hemos seguido haciendo lo mismo, es decir, comparar la evolución del PIB por subsectores con la de otros indicadores económicos del mismo subsector. ¿Dónde has visto el cambio de metodología, Juan Ramón?

Otra de las falacias de este peculiar economista es afirmar que el valor añadido generado por una actividad productiva depende de si compra sus productos al vecino de al lado o a una empresa de Indonesia, es decir, si importa los productos necesarios para su actividad o no lo hace. El error de concepto es tan garrafal que cuesta creer que lo haya cometido sin darse cuenta, porque mis alumnos de primero jamás cometerían tal barbaridad. Por ello, no sé si pretende engañar a los lectores o bien que sus conocimientos de lo que significa valor añadido no dan para más.

Ante el inusual interés que se ha tomado por defender la veracidad del PIB oficial, a uno le viene inevitablemente a la mente que se trata de un economista júnior, que está comenzando su carrera profesional, que publica libros de divulgación en grandes editoriales y que aparece en grandes medios de comunicación privados. Es decir, una persona que tiene que cuidar una carrera profesional sin consolidar que depende mucho de la red de relaciones que vaya tejiendo, y en cuyas otras actividades depende de grandes empresarios que de un día para otro te pueden retirar sus favores si no les agrada lo que dices. Esta es mi última respuesta a Juan Ramón Rallo. Por un momento, creí que tendríamos un debate serio y constructivo. Me he equivocado totalmente.

Me voy de vacaciones y les deseo un feliz verano a todos, pero en septiembre vamos a remachar el clavo. En concreto, utilizaremos también el enfoque de cálculo del PIB desde el lado de la demanda y desde el lado de las rentas, donde demostraremos cómo no puede ser de otra manera, porque son formas diferentes de medir lo mismo, que las discrepancias entre el PIB oficial y el PIB real son exactamente las mismas. Y, ¡mala suerte Juan Ramón!, con nuestra “nueva metodología", como la calificas, al añadir más subsectores la sobrevaloración del PIB ya no es del 18,7% sino del 19,5%, y ello sin incluir el sector financiero, donde no hemos podido encontrar indicadores independientes.

NOTA: algunos se preguntarán como es posible tal grado de manipulación de las cuentas públicas. Para ello, nada mejor que reproducir lo que me acaba de enviar un honrado funcionario: “Es totalmente cierto todo lo que explican en el artículo. Soy un funcionario al que, como a otros muchos, marginaron en los años noventa con la libre designación, casi siempre al más irresponsable, golfo o ineficiente. He visto nombrar al amigo del tío, al sobrino, al amigo de la familia de la mujer, etc. Pasando por encima de compañeros funcionarios infinitamente más honrados y mejor preparados. EL MAMOMEO Y LA SINVERGONZONERÍA son la regla EN LA ADMINISTRACIÓN ESPAÑOLA, Y NI LOS SINDICATOS, que han sido los primeros en defender el dedo para enchufar a los suyos, NI LOS FUNCIONARIOS ESTÁN DISPUESTOS A DAR LA CARA. Prefieren jubilarse y, mientras tanto, el garbanzo seguro les lleva a aguantar lo que sea sin posibilidad ni ganas de denunciar nada. Sería el suicidio profesional”.

El Congreso sigue sin ser un ejemplo en transparencia

EDITORIAL El Mundo 18 Julio 2016

La regeneraciòn democrática se ha convertido en uno de los mantras habituales de la práctica totalidad de los partidos. Sin embargo, pese a las reiteradas promesas en esta materia, las principales fuerzas políticas se resisten a pasar de las palabras a los hechos. Prueba de ello es la falta de transparencia en el Congreso. Su proyección institucional debería haber convertido a la Cámara Baja en un ejemplo a seguir a la hora de desterrar las prácticas opacas que han hundido la confianza de la ciudadanía en la política. Sin embargo, la sede de la soberanía nacional se empeña en restringir la información sobre los gastos de sus señorías, una postura que sería inconcebible en la mayoría de las democracias de nuestro entorno.

Tal como informamos hoy en nuestras páginas, la Mesa de la Diputación Permanente del Congreso -el órgano de dirección hasta la formación de las nuevas Cortes, prevista para mañana- continúa negando la identificación de los parlamentarios que dispusieron de tarjeta taxi, teléfono móvil, tableta electrónica, línea de datos y ADSL en su hogar a cargo del Parlamento español durante la pasada legislatura. Además, también ha rechazado facilitar las retribuciones de los asistentes o asesores nombrados por los diputados o los grupos parlamentarios. EL MUNDO ha presentado cuatro recursos contra diferentes resoluciones del órgano parlamentario que denegó los datos en primera instancia. Los cuatro fueron rechazados por la Mesa con el peregrino argumento de que prevalece «la protección del dato personal frente al derecho de acceso a la información». La normativa del Congreso -consecuencia de la Ley de Transparencia de 2013- permite que, en determinados casos, sean los propios parlamentarios los que decidan si se hace pública una información que les afecta directamente. Y, en caso de negativa, solo contempla el recurso a la vía judicial ante la ausencia de un organismo independiente.

La ciudadanía tiene derecho a saber quién y a qué dedican los diputados hasta el último céntimo que reciben del presupuesto del Congreso. No basta, pues, con facilitar el dato global de los más de siete millones de euros que el Parlamento destina a pagar a las casi 300 personas contratadas en los puestos discrecionales, ya sean asistentes o personal de confianza. Cualquier institución pública -máxime si se trata del Congreso- debe rendir cuenta detallada de todos sus gastos. Esto incluye conocer el nombre de quienes disfrutaron de una tarjeta taxi o de un dispositivo con cargo al erario o el salario de los asesores elegidos a dedo. Porque su identidad, en contra de lo que refuta Patxi López y el resto de miembros de la Mesa, sí tiene una incidencia pública y no supone una violación de su privacidad en la medida que se trata de representantes públicos.

El oscurantismo que ha reinado en la actividad parlamentaria ha dejado vía libre en el pasado a la utilización indiscriminada de medios públicos. Tal como ha desvelado este periódico, es el caso de la trama de comisiones internacionales de Gustavo de Arístegui y Pedro Gómez de la Serna, quienes no dudaron en usar los medios del Congreso para cobrar mordidas. Evitar que este tipo de irregularidades vuelva a repetirse debería ser una prioridad en la próxima legislatura. Y ello pasa, ineludiblemente, por endurecer las exigencias en materia de transparencia para los diputados.

Pacto de Estado o abstención general.
Vicente A. C. M. Periodista Digital18 Julio 2016

Nunca he dejado de votar desde que tuve la edad legal para hacerlo, ya fuera obligado durante la dictadura de Franco, como en la Transición y durante todos estos años de avance en la democracia. Siempre he considerado que ir a votar es el mayor ejercicio de nuestra libertad a pesar de que nuestro voto esté devaluado o sobrevalorado por la cocina de la infame Ley D’Hont dependiendo de la circunscripción que nos corresponda y no se cumpla lo de la igualdad de un ciudadano un voto a la hora de asignar escaños. Soy de la opinión que abstenerse solo favorece a las fuerzas mayoritarias y supone una renuncia voluntaria a un derecho que es la esencia de la democracia y de la que solo disfrutamos menos de la tercera parte de la población humana. Sim embargo, debo reconocer que entre todos estos politicastros de cuarta categoría, corruptos y sin escrúpulos que dirigen sin excepción todos los partidos políticos de España, van a conseguir que me plantee seriamente acudir a votar en caso de que, fracasadas las negociaciones y pactos de Estado, se convocasen las terceras elecciones generales en menos de un año.

Y es que creo que los partidos mayoritarios de España junto a los minoritarios partidos nacionalistas secesionistas y extremistas radicales, no están a la altura necesaria para iniciar el camino de mejora que facilite la gobernabilidad. Hay países de nuestro entorno como Francia en los que esa gobernabilidad se garantiza mediante lo que llaman “Doble ronda o Segunda vuelta”. Ese sistema consiste básicamente en dejar para una segunda contienda electoral solo a aquellos partidos que hubieran obtenido más del 12,5% de los votos. No es un sistema perfecto, pero sirve para su finalidad de facilitar la gobernabilidad en un caleidoscopio de partidos. Sin embargo, mi apuesta es porque en España las elecciones generales consideren unas listas únicas y una sola circunscripción para el Congreso de los Diputados. El Senado sería una cámara de representación territorial en la que en cada autonomía sí que podría haber listas diferenciadas por partidos políticos y con la posibilidad de marcar con una cruz de forma individual a nuestros candidatos de forma diferenciada, como ahora se hace.

La ventaja de la circunscripción única es que se recuperaría la esencia de la democracia en la que todos los votos valen lo mismo y no se beneficia a determinadas circunscripciones a la hora de obtener representación. El Senado debe ser la única Cámara de representación autonómica o regional y para el gobierno de esas comunidades ya existen de forma diferenciada las elecciones autonómicas y sus propios Parlamentos y Gobiernos. Porque hay que recordar que en España se disfruta de una de las mayores descentralizaciones del Estado que es cuasi federal, quizás con exceso de competencias que debieran ser de responsabilidad exclusiva del Estado y que fueron transferidas como: Sanidad o Educación y Servicios Públicos esenciales como las Fuerzas de Seguridad policiales en un batiburrillo descoordinado, discriminatorio y demencial como peaje por el apoyo de las fuerzas nacionalistas a la gobernabilidad de España en estas últimas décadas.

Pero nada de esto está sobre la mesa de negociación, sino solo si se es capaz de formar mayorías de conveniencia para o bien mantenerse en el poder como pretende Mariano Rajoy aduciendo ser la fuerza más votada en las elecciones descargando la responsabilidad en los demás de forzar la ingobernabilidad, o bien la revancha política y la ambición de quienes solo pretenden desplazar al oponente pactando de forma indiscriminada con el resto de fuerzas sean afines o no, para lograr el apoyo de la mayoría parlamentaria en primera o segunda sesión de investidura. O sea, estamos en una guerra de egos, de ambiciones y de actitudes contrarias a las que demanda la sociedad, que con esos mimbres tan antidemocráticos y con la tensión evidente de la variabilidad de los resultados durante el lento recuento electoral, se vio de nuevo abocada a una situación igual o peor que la producida seis meses antes sin que las posturas de los principales partidos se hubieran modificado ni un ápice.

Tras ya casi un mes de esa tensa noche electoral, estamos a escasas horas de asistir a un “dèjá vu”. Los españoles, de forma totalmente involuntaria, estamos inmersos de lleno en ese famoso “día de la marmota” repetido de la película “atrapado en el tiempo”. Una pesadilla de la que deberíamos ponerle fin de una forma radical. Y como ya dije al principio de este escrito, solo se me ocurre una forma eficaz de dar ese mensaje nítido de hartazgo y rechazo y es mediante una clamorosa abstención que superase el 50% o más del censo electoral.

Ya que los partidos políticos parecen incapaces de hacer algo más que defender sus ambiciones y objetivos personales y partidistas, deberemos ser los ciudadanos los que les devolvamos a la realidad de que la soberanía reside en el pueblo español y no en los partidos políticos que son solo meros contratados temporales como administradores y gestores.

¡Que pasen un buen día! Mañana es 18 de julio, salvadas las distancias y los fines de esa efeméride, creo necesario un “alzamiento nacional de todos los ciudadanos como repulsa a esta casta política que no tenemos que soportar en ninguno de los sentidos.

¿La democracia ha sido un mero espejismo para España?
“El navío de la democracia, después de haber capeado tantos temporales, puede irse al fondo en un motín de los que van a bordo” S.Grover Cleveland
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 18 Julio 2016

Muchos fijaron todas sus esperanzas en la llegada de la democracia a España. Pensaron que, al haber conseguido una transición ejemplar desde la dictadura del general Franco al régimen democrático y de habernos procurado una Constitución, fruto de una entente entre los que todavía seguían ostentando el poder del régimen anterior y aquellas fuerzas políticas, que habían permanecido en la clandestinidad o exiliadas durante los años de la llamada “dictadura”; nuestra nación había sabido encontrar la solución definitiva a sus problemas endémicos, a la vez que los ciudadanos españoles empezaban a aprender a digerir, con sensatez y sentido común, sus recién estrenadas libertades. Incluso los llamados “padres de la patria”, los redactores de la Constitución de 1978, llegaron a pensar que habían conseguido superar el problema de los nacionalismos endémicos del País Vasco y Cataluña, estableciendo un régimen de autonomías en lugar de mantener la centralización derivada del régimen anterior y la distribución del país en regiones y provincias. Erraron, de buena voluntad, pero erraron.

El tiempo se ha encargado de desmentir a aquellos que pensaron que, los ciudadanos españoles, se iban a conformar con mantener la paz en el país, con ir avanzando paulatinamente en las mejoras sociales, con una recuperación económica como en muchos años no se había producido o que los salarios fueran subiendo, en muchos casos exponencialmente, seguramente demasiado alegremente, y que, el nivel de vida en España llegara a alcanzar las cotas que, a pesar de algunos tropezones o frenazos causados por algunas crisis nacionales; se fueron manteniendo hasta la llegada del año 2007. Pronto quedó demostrado que las concesiones a las autonomías de Cataluña y País Vasco, no habían conseguido calmar los deseos de los nacionalistas que, cuanto más conseguían más iban reclamando. Y así siguen en la actualidad.

ETA se encargó de poner en evidencia que no iba a ser fácil sostener la unidad de España sin pagar un tributo de sangre, como fueron las más de 800 víctimas que se cobraron los asesinatos terroristas. La llegada de la crisis internacional provocada por las sub-prime estadounidenses y su coincidencia con el derrumbe de la burbuja inmobiliaria en nuestra nación, fue algo inesperado que cogió a contrapié al gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero, embarcado en operaciones de propaganda social en las que, cuando se dio cuenta, se había gastado las reservas del Tesoro. Lo uno y lo otro situaron al país al pie de los caballos, de manera que, ante la impasibilidad y ceguera de aquel gobierno, empezó la caída en vertical de nuestra economía, los cierres de empresas, el aumento imparable del desempleo, las quiebras, las caídas de las bolsas y el encarecimiento de la deuda pública y el aumento imparable de la prima de riesgo que, en conjunto, nos llevó a una situación insostenible a finales del año 2011, cuando los socialistas tiraron la toalla y convocaron comicios para el 20N.

El PP se hizo cargo de una España endeudada, no sólo en cuanto a los déficit del Gobierno Central, sino en cuanto a la situación económica de las autonomías (la mayoría de ellas en manos del PSOE, menos la catalana y la vasca, gobernadas por los separatistas) insostenible, como quedó demostrado cuando los del PP ocuparon los puestos de los anteriores ocupantes socialistas, que abandonaron sus puestos dejando los cajones de las administraciones periféricas, llenos de facturas impagadas. La llegada de la democracia no fue capaz de cortar de raíz las posibles irregularidades de los administradores públicos de la pasada dictadura, sino que, a través de los años, han ido aumentando y multiplicándose cuando, a los funcionarios del Estado, se fueron añadiendo los de los gobiernos autonómicos, con sus correspondientes administraciones que, en conjunto, han resultado ser un verdadero criadero de chorizos de la más variada especie, dedicados a meter mano en el dinero público sin que, en esta fructífera empresa, pudiéramos discernir entre derechas o izquierdas, porque todos han sabido ingeniárselas para enriquecerse a costa del Erario público.

Hoy, ante la situación en que nos encontramos en España, nos cuesta ver una verdadera democracia en nuestras instituciones. Los que peinamos canas y tuvimos ocasión de vivir, de pequeños, la guerra civil española, después los años de las hambrunas y estrecheces de la post guerra y los años donde la dictadura empezó a construir un futuro, cuando los estados extranjeros dejaron de excluirnos y nuestra industria y comercio fue resurgiendo de la época de miseria en la que estaba hundida, para abrirnos a las exportaciones e importaciones que proyectaron nuestro comercio al exterior; estamos viendo como, durante estos últimos años, cuando la crisis y la depresión nos han ido azotando, la democracia se ha ido resquebrajando. Los partidos políticos de la oposición han empezado a adoptar posiciones antidemocráticas, en las que se han confundido las legítimas discrepancias con el partido gobernante con una caza despiadada, un aislamiento férreo; unos acuerdos para intentar hacerle caer y el uso de los más viles medios para desacreditarlo, aunque para ello hayan tenido que mentir, engañar, falsear datos, atribuirse méritos inexistente etc.

Las últimas elecciones han dado al traste con lo poco que supervivía de esa ficticia democracia que nos venimos atribuyendo cuando, las izquierdas, perdedoras de los últimos comicios, se han querido presentar como vencedoras, impidiendo al partido ganador, el PP, que pudiera formar gobierno. En el segundo intento, del 26 de Junio, donde de una manera más clara el vencedor ha sido el PP, aumentando su diferencia respecto al segundo de los partidos, el PSOE, en 52 escaños. Así y todo, ningún partido (Ciudadanos ha cedido a abstener en unas segundas votaciones parlamentarias) piensa votar para que el PP gobierne y, según manifiestan, tampoco van a abstenerse en segundas votaciones. ¿Cuál puede ser el resultado de tamaña falta de sentido común y semejante empecinamiento en oponerse a lo que resultaría evidente en cualquier democracia europea, que se encontrase en parecida situación? Sin duda, lo lógico sería permitir al PP gobernar en minoría. Pero, en España, no se puede pedir a las izquierdas que tengan una brizna de sentido de la responsabilidad, que sean capaces de ofrecerse para apoyar un gobierno de coalición que infundiera confianza en Europa y en quienes quieran invertir y comprar deuda española. Aquí se va a la yugular del adversario.

Lo posible es que acabemos una vez más, haciendo el ridículo, volviendo a celebrar, en noviembre, unas nuevas elecciones y que, si la gente no decide mandar a los políticos a hacer puñetas, volvamos a encontrarnos, de nuevo, en una situación como la actual, en la que, el formar gobierno es una aventura poco menos que imposible. Y aquí es donde es posible que volvamos a situaciones como aquella a la que se tuvieron que enfrentar los españoles el año 1936, en tiempos de la II República, en la que el separatismo, como ahora, estaba forzando la marcha y los odios sembrados por los políticos, de ambos bandos, llevaron al país a una situación en la que, antes o después, estaba cantado que estallaría la guerra. Entonces fue el día 18 de Julio de 1936. Nadie puede poner la mano al fuego respecto a que, en España, no se estén larvando las circunstancias que puedan crear una situación en la que, la falta de democracia de los partidos de extrema izquierda, sus modos poco democráticos; su procedencia evidentemente revolucionaria; sus advertencias totalitarias y sus doctrinas leninistas y dictatoriales; lleguen a un punto, en el que tensen tanto la cuerda o lleguen a formar causa común con estos que ya nos amenazan en Cataluña con promulgar leyes específicamente rupturistas y, en consecuencia, ilegales y anticonstitucionales. Sería conveniente que estos que se creen que pueden asustarnos, estos gallos sin cresta que llenan los twiters de amenazas, insultos, bravatas y descalificaciones; no olvidasen que, estas prácticas, suelen acabar con algún muerto o herido, reyertas o enfrentamientos que empiezan siendo meros incidentes pero que, cuando se enciende la mecha, nadie sabe cómo pueden acabar. En Julio de 1936, también se produjeron situaciones tensas, se habló de más y se cometieron crímenes, lo demás ya es Historia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos gustaría recordar que el silencio de la gente de orden, su paciencia, su moderación y su mansedumbre no debe interpretarse como una aprobación tácita del actual estado de la política en nuestra nación. Conviene recordar lo que sucedió cuando las familias se rompieron; los hermanos lucharon entre si; los españoles se odiaron los unos a los otros; las armas salieron a relucir y una guerra civil tuvo a la nación, durante tres largos años, al borde de su autodestrucción. El resultado: un país devastado, miles de hectáreas arrasadas, las fábricas destruidas y varias generaciones de españoles víctimas involuntarias de la contienda, con su futuro incierto, sus estudios interrumpidos y sus familias destrozadas. Vale la pena reflexionar sobre ello, para evitar volver a incurrir en los mismos errores de entonces. No juguemos con nuestra democracia, porque es lo único que nos queda.

Los islamofascistas no pasarán
El terrorista islámico conocido como Jihadi John antes de degollar una de sus víctimas.
EDUARDO INDA okdiario 18 Julio 2016

Más allá de la perogrullada que significa colegir que el autor de la última salvajada terrorista escogió deliberadamente el 14 de julio, hay que profundizar en esta siniestra simbología. La Fête de la Fédération, que es como en realidad se llama la Fiesta Nacional de la República, es algo más que una conmemoración local. Yo iría más allá y apostillaría que se trata de la jornada que marcó de verdad el paso del Antiguo al Nuevo Régimen, de la edad de la oscuridad a la de las luces, del dogmatismo a esa Ilustración que Voltaire, Montesquieu, Rousseau y cía venían cociendo desde hacía tiempo. Es, por tanto, una celebración mundial. Sin el 14 de julio no habría democracia ni libertad en Occidente y sin libertad ni democracia es evidente que no podríamos festejar cada año esa Toma de la Bastilla que dio el pistoletazo de salida al fin del absolutismo. Una tarea que costó más de la cuenta porque hubo avances y retrocesos, amén de un sinfín de muertos por el camino, pero que al final triunfó por todo lo alto.

El Estado Islámico manda de nuevo, con más brutalidad si cabe, un mensaje urbi et orbi: vamos a acabar con vuestra libertad sí o sí y os vamos a obligar a viajar en el tiempo 1.000 años. A ese medievo que han conseguido imponer en buena parte de Oriente Medio con la cobarde y no menos exasperante anuencia del mundo libre. A los que hablan del Islam como religión de paz hay que matizarles que eso puede ser teóricamente tan cierto como falso en la práctica. El Corán no deja resquicio a la duda: los primeros escritos sí apelaban al perdón y al amor pero los que fueron sobreponiéndose, y por tanto anulando los anteriores, son un canto a la intolerancia y una indisimulada invitación a la eliminación de los apóstatas. Hablan de paz, sí, pero cuando la Sharia sea la ley vigente en todo el planeta. Hasta entonces, advierten, se desarrollará una guerra santa en la que se apiolarán a todos los que no piensan como ellos.

Me descongojo, por tanto, de los occidentales buenistas que en toda Europa en general y en España muy en particular protegen dialécticamente al Islam por acción u omisión. De todos aquellos estólidos intelectuales que afirman sin ruborizarse que la culpa de estos atentados es de Occidente (y yo, inocente de mí, pensaba que la responsabilidad única del que asesina es del asesino…). De todos los tipejos que culpan de los atentados en París, Niza y Bruselas a Bush, Blair y especialísimamente a Aznar. De todos los desgraciados que mantienen que hay que dejar de intervenir en Irak y en Siria para que así estos hijos de Satanás dejen de asesinar a mansalva en nuestras ciudades. De ese Jorge Verstrynge que pasó del debrellismo (una versión edulcorada del nazismo) a Podemos tras hacer parada y fonda en AP, PSOE e Izquierda Unida. De ese politólogo hispanobelga que con un par aseguraba el viernes en Al Rojo Vivo que el Estado Islámico “no atentará en España si Aznar pide perdón por la Guerra de Irak”. Obviando, como obvia toda esta banda, que nuestro país apoyó la contienda bélica pero no participó en ella jamás de los jamases.

Son tan patrañeros que olvidan que Francia no estuvo en la Guerra de Irak y está siendo atacada masiva, sistemática e indiscriminadamente. Son tan embusteros que no reparan en un pequeño gran detalle, que el Estado Islámico no existía en 2003 (se constituye en 2006 con los restos del imperio del mal que lideraba el cojo Al Zarqaui en Irak). Tampoco recuerdan un gran pero pequeño matiz: que Aznar, Blair y Bush dejaron el poder hace mucho tiempo. El primero en 2004, el segundo en 2007 y el tercero en 2008.

Tan o más memos se me antojan quienes sostienen que la culpa de todo es de Occidente por no haber sabido integrar a los musulmanes que emigraron a Europa. “Donde fueres haz lo que vieres”, que se decía en la expansiva Roma clásica. En Okdiario estamos tan a favor de la integración como en contra del multiculturalismo. Lo precisamos en nuestro decálogo fundacional para que quede claro de qué vamos. Los que vienen de lejos a ganarse los garbanzos aquí son bienvenidísimos, tan bienvenidísimos como lo éramos los españoles cuando cogíamos la maleta y poníamos rumbo a Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania o Suiza en busca de un futuro mejor. A nosotros nos admiraban por nuestra capacidad de trabajo, nuestra honradez y porque no intentábamos imponer nuestras costumbres allá donde llegábamos. Respetábamos la ley y el status quo, entre otras razones, porque esos países eran entonces moralmente superiores a una España gobernada por un sátrapa. Allá había democracia. Aquí, dictadura. En resumidas cuentas: nos adaptábamos.

O se gana o no se va
Como quiera que nuestra Europa es ética y moralmente superior a los países de los que procede la inmigración musulmana, hay que rechazar cualquier intento de que impongan sus costumbres o su fascistoide sharia. Una sharia que trata a las mujeres como si fueran animales, que insta a eliminar físicamente a los gays y que impone la religión única (la suya, claro está) y pena con la muerte el ateísmo o el agnosticismo. Tienen las puertas abiertas pero si acatan la Constitución, el Estado de Derecho y los derechos civiles. Si no, que se vayan por donde han venido. He de resaltar que la mayoría de estos nuevos españoles se integra sin problemas. Una minoría intenta, y en algunos casos lo consigue, crear guetos donde las leyes y las libertades brillan por su ausencia. Y aunque de largo sean los menos no podemos confiarnos porque una minoría de 2 millones (la población musulmana en nuestro país) pueden ser 5.000, 10.000, 25.000, 50.000 ó 100.000 personas. Mucha gente potencialmente dispuesta a quebrar nuestras leyes, a hacernos pasar por el aro de las suyas y quién sabe si a borrarnos de la faz de la tierra a quienes no pensamos como ellos.

A mí me parece un mal necesario bombardear y exterminar al Estado Islámico. A los que lo critican siempre les salgo con la misma cantinela: “¿Acaso los ciudadanos de Siria o Irak no son seres humanos, ciudadanos y ciudadanas amparados por la Declaración de Derechos Humanos de 1948?”. ¿O tal vez hay que dejarlos abandonados a su suerte? ¿Hay que continuar permitiendo que degüellen a los infieles, esclavicen a las mujeres y arrojen al vacío a los homosexuales?

El culpable del maléfico avance del Estado Islámico es el mismo que el de la recuperación económica de los Estados Unidos. Se llama Barack Hussein y se apellida Obama. Su política de apaciguamiento chamberlainiano en Irak y Siria ha dejado el camino expedito a los bárbaros yihadistas. Si se hubiera actuado sobre el terreno cuando empezaron a invadir ciudades en los dos países y degollar a todo quisqui a estas alturas no controlarían casi la mitad de Irak y más de un tercio de Siria. Tampoco habrían perpetrado toda suerte de delitos de lesa humanidad, no hubieran sometido a decenas de miles de mujeres, los homosexuales de la zona seguirían con vida y la segunda ciudad de Irak (Mosul) no estaría en sus manos. Y desde luego tampoco tendrían pie y medio en Libia ni serían el espejo en el que se miran todos los locos del planeta tierra. E indiscutiblemente no se hubiera producido el lógico éxodo de sirios e iraquíes que está colapsando los servicios sociales de media Europa y parte de la otra.

Muerto el perro, se acabó la rabia. Si hubiéramos hecho los deberes contra esta satánica gentuza, el Estado Islámico no existiría o al menos sería una minúscula proporción de lo que es en la actualidad. Ésta será una guerra larga y dura pero se tiene que dar aquí, allá y acullá. A ver si el próximo inquilino de la Casa Blanca se entera. Desgraciadamente, el único que ha entendido la dimensión del reto es Vladimir Putin, que no es lo que se dice un dechado de virtudes democráticas.

Niza y los números sobre la mesa
Carlos Alberto Montaner Libertad Digital 18 Julio 2016

La justicia es un plato que también, como la venganza, se toma frío y con la ley en la mano.

Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el tunecino residente en Francia que atropelló y mató a 84 personas en Niza, era un delincuente menor conocido por la Policía. Eligió el 14 de julio para perpetrar la masacre. Esa fecha marca el inicio oficial de la Revolución Francesa. ¿Escogió el día para subrayar su odio a la República y su desprecio al relato de la gesta revolucionaria, porque había muchas personas en las calles, o acaso por una combinación de ambos factores, a lo que añadía su melancólica soledad tras el fracaso familiar y su deseo de ganarse el cielo coránico por asalto?

Las razones de los suicidas son siempre misteriosas. Lo precario del crimen (un camión alquilado, armas y explosivos simulados) apunta a un lobo solitario o, a lo sumo, a un pequeño grupo sin grandes relaciones. Antes de morir gritó en árabe –dicen– “Alá es grande”. Ese tipo de matanzas ha sido cruelmente ensayado en Israel, hasta ahora por medio de automóviles. Es probable que el ejemplo se propague. Sucedió con los asesinatos en las escuelas en Estados Unidos. Los fanáticos del Califato Islámico lo recomiendan ardientemente. "Maten como puedan, con cualquier cosa que tengan a su alcance, pero maten y griten Alahu Akbar antes de morir".

Objetivamente, la masacre terrorista hace más daño psicológico que físico. El asesino mató 84 personas. Copiosa cosecha de dolor y sangre, sólo que el promedio diario de muertes en Francia es de 1.627. Todos los años desaparecen del censo más o menos 594.000 personas, pero se agregan algunas más con los predecibles nacimientos. Incluso el saldo migratorio –los que llegan menos los que se van– es positivo. En el 2015 se quedaron 71.940 nuevos residentes. Francia es uno de los mejores vivideros del planeta.

No obstante, estos horrendos crímenes conllevan un enorme peso subjetivo. Al margen del inmenso dolor de las víctimas, por unos días caen las bolsas, se retraen las inversiones y mucha gente tiene miedo. El miedo es un pésimo consejero político. Hace pensar a numerosos electores que el país requiere una mano fuerte que los proteja y que combata a los malvados. Ese es el origen de algunos fascismos. En Francia el hombre se llama Le Pen (o su hija, que heredó el caudillaje). En Estados Unidos piensan en Trump, que promete erradicar a los malos a sangre y fuego.

Según sus vecinos, el asesino de Niza no era un tipo especialmente piadoso, así que, probablemente, trató de darle alguna significación a su vidita miserable y espesa cambiándola por la gloria eterna del paraíso islámico, rodeado de vírgenes complacientes y de los abundantes placeres que esperan a los mártires de acuerdo con esa epicúrea visión celestial.

Son muchas las personas que no practican ninguna religión, pero creen en un más allá donde hay un dios que premia o castiga. Entre los musulmanes prevalece la ilusión de que existe un paraíso lleno de sensualidad al que pueden acceder rápidamente matando infieles e inmolándose durante la comisión del crimen, sin que se tenga en cuenta una vida previa llena de sombras y mezquindades. El martirio es un Jordán en el que se lavan todos los pecados.

Es una forma bastante frecuente de suicidarse. Esos tipos desesperados por un divorcio doloroso o porque los habían echado del trabajo se vengan llevándose por delante a unas cuantas víctimas inocentes mientras realizan la gran hazaña de su existencia. Cuando se trata, además, de musulmanes, el estímulo es doble. Ponen punto final a sus vidas, anotan el crimen en la causa religiosa… y a disfrutar eternamente con las huríes, como corresponde a los bienaventurados.

Este sujeto había nacido en Túnez, pero algunos de los otros terroristas lo hicieron en Francia. El dato es importante. Casi todos los asesinos de las anteriores masacres francesas –ésta es la tercera en 18 meses–eran franceses cuyos padres inmigraron a París o a Marsella procedentes de naciones islámicas. El 72% de los musulmanes nacieron en Francia, y a estas alturas deberían haberse asimilado, pero en muchos casos eso no ha sucedido.

¿Por qué? Francia es el país del Occidente europeo con mayor número de musulmanes. Tal vez el 9% de su población profesa esa religión. ¿Son demasiados para asimilarse? De 66 millones de habitantes, unos 5 son mahometanos. En algunas ciudades constituyen guetos. En Estados Unidos, en cambio, los musulmanes son sólo el 1%. Apenas 3,3 en medio de 323 millones, y de ellos unos 825.000 son norteamericanos convertidos al islam, casi todos de remoto origen africano.

Pero la gran diferencia tal vez radique en la intensidad de la integración. Los estadounidenses que profesan la religión islámica, árabes y no árabes, en su mayoría forman parte del melting-pot. Viven en los mismos barrios, van a las mismas escuelas y tienen un desempeño económico y académico mejor que la media norteamericana, mientras encuentran en esta peculiar sociedad la posibilidad de mejorar paulatinamente mediante el estudio, el trabajo y el ahorro. Para ellos Estados Unidos sigue siendo, realmente, una sociedad de oportunidades.

Es verdad que en ese país, como en todas partes, hay violencia racial, pero, como demuestra la elección y reelección de Barack Hussein Obama, la tendencia de la nación es a la reducción de este flagelo y a la disminución progresiva del racismo. Frente a la percepción popular, entre 1981 y 2014 las muertes de afroamericanos a manos de la policía ha disminuido a la mitad: de 0,41 por 100.000 habitantes a 0,24. (La de los blancos, en cambio, aunque menor en número, se ha duplicado: de 0,08 a 0,14).

El episodio de Niza provoca, claro, furia, pero esa emoción es pésima para tomar decisiones. Es la hora de ver la situación con frialdad y poner los números sobre la mesa. La justicia es un plato que también, como la venganza, se toma frío y con la ley en la mano.

elblogdemontaner.com

Francia: la guerra civil que se avecina
Yves Mamou (*)www.latribunadelpaisvasco.com18 Julio 2016

"Estamos al borde de la guerra civil". Esas palabras no las dijo un fanático o un lunático, no. Las pronunció Patrick Calvar, jefe de la Dirección General de Seguridad Interior de Francia (DGSI). En realidad ha hablado de riesgo de guerra civil en muchas ocasiones. El 12 de julio advirtió de ello a los miembros de una comisión parlamentaria encargada de realizar un estudio sobre los ataques terroristas de 2015.

En mayo de 2016, lanzó un mensaje casi idéntico a otra comisión parlamentaria, en esta ocasión responsable de la defensa nacional. "Europa –dijo– está en peligro. El extremismo va al alza en todas partes, y ahora estamos dedicando nuestra atención a algunos movimientos de extrema derecha que están preparando una confrontación".

¿Qué clase de confrontación? "Confrontaciones intercomunitarias", dijo, refiriéndose eufemísticamente a una "guerra contra los musulmanes". "Uno o dos atentados más, y quizá veamos una guerra civil", añadió.

En febrero de 2016, ante una comisión del Senado dedicada a la información de los servicios de inteligencia, volvió a decir: "Estamos observando a los extremistas de derechas, que sólo están esperando a que se produzcan más ataques terroristas para iniciar una confrontación violenta".

Nadie sabe si el terrorista del camión que se estrelló contra una multitud en Niza el 14 de julio, Día de la Bastilla, y que mató a más de 80 personas, desencadenará una guerra civil francesa, pero podría ser útil para observar cuáles son los riesgos de que se ésta se produzca en Francia y otros países, como Alemania o Suecia.

La principal razón es el fracaso del Estado.
1. Francia está en guerra, pero nunca se nombra al enemigo
Francia es el principal objetivo de varios atentados islamistas; los más graves derramamientos de sangre causados por el terrorismo islamista se produjeron en la revista Charlie Hebdo y en el supermercado Hypercacher de Vincennes (2015); en la sala Bataclan, sus restaurantes aledaños y el Estadio de Francia (2015); el atentado fallido contra el tren Thalys; la decapitación de Hervé Cornara (2015); el asesinato de dos policías en Magnanville en junio (2016); y, ahora, la embestida del camión en Niza el día que se conmemoraba la Revolución francesa de 1789.

La mayoría de estos atentados fueron perpetrados por musulmanes franceses: ciudadanos que volvían de Siria (los hermanos Kuachi en Charlie Hebdo), o por islamistas franceses (Larosi Abala, que mató a un policía y a su esposa en Magnanville en junio de 2016) que después proclamaron su lealtad al Estado Islámico (ISIS). El asesino que conducía el camión en Niza era tunecino, pero estaba casado con una francesa con la que había tenido tres hijos, y vivía discretamente en Niza hasta que decidió asesinar a más de 80 personas y herir a decenas más.

Tras estos trágicos acontecimientos, el presidente François Hollande se negó a denominar al enemigo, rehusó mencionar al islam –y especialmente a los islamistas franceses– como el enemigo de los ciudadanos franceses.

Para Hollande, el enemigo es una abstracción: "terrorismo" o "fanáticos". Y cuando el presidente sí se atreve a nombrar el "islamismo" como el enemigo, se niega a decir que cerrará todas las mezquitas salafistas, que proscribirá a los Hermanos Musulmanes y las organizaciones salafistas en Francia, o que prohibirá que las mujeres lleven velo en la calle y la universidad. No: en su lugar, el presidente francés reafirma su determinación de emprender acciones militares en el extranjero: "Vamos a reforzar nuestras acciones en Siria e Irak", dijo el presidente tras el atentado de Niza.

Para el presidente de Francia, sólo se debe desplegar al ejército en territorio nacional para acciones defensivas: una policía disuasoria, y no un rearmamento ofensivo de la república contra un enemigo interno.

Así que, ante este fracaso de nuestras élites –que fueron elegidas para guiar al país a través de los peligros nacionales e internacionales–, ¿a quién le extraña que grupos paramilitares se estén organizando para contraatacar?

Como dice Mathieu Bock-Côte, sociólogo en Francia y Canadá, en Le Figaro:
Las élites occidentales, con una obcecación suicida, se niegan a llamar al enemigo por su nombre. Ante los atentados en Bruselas o París, prefieren pensar en una lucha filosófica entre la democracia y el terrorismo, entre una sociedad abierta y el fanatismo, entre la civilización y la barbarie.

2. La guerra civil ya ha comenzado y nadie quiere nombrarla
La guerra civil empezó hace 16 años, con la Segunda Intifada. Cuando los palestinos llevaron a cabo atentados suicidas en Tel Aviv y Jerusalén, los musulmanes franceses empezaron a aterrorizar a los judíos que vivían pacíficamente en Francia. Durante 16 años, los judíos fueron –en Francia– asesinados, atacados, torturados y apuñalados por ciudadanos musulmanes franceses, supuestamente para vengar a los palestinos de la Margen Occidental.

Cuando un grupo de ciudadanos franceses que son musulmanes declaran la guerra a otro grupo de ciudadanos franceses que son judíos, ¿cómo llamamos a eso? Para el establishment francés, no es una guerra civil, sino un lamentable malentendido entre dos comunidades étnicas.

Hasta ahora, nadie ha querido establecer una conexión entre estos atentados y el ataque asesino en Niza contra personas que no eran necesariamente judías, y a llamarlo como se le debería llamar: guerra civil.

Para el muy políticamente correcto establishment francés, sólo empezará a haber peligro de una guerra civil si alguien toma represalias contra los musulmanes franceses; con que todo el mundo se someta a las exigencias de éstos, todo irá bien. Hasta ahora, nadie ha pensado que los atentados de los musulmanes franceses contra los judíos; de los musulmanes franceses contra los periodistas de Charlie Hebdo; del musulmán francés contra un empresario que fue decapitado hace un año; del grupo de musulmanes contra el joven Ilan Halimi; de un musulmán francés contra el alumnado de una escuela infantil en Toulouse; de un musulmán francés contra el tren Thalys; de un casi musulmán francés contra personas inocentes en Niza fuesen los síntomas de una guerra civil. Estas matanzas se siguen viendo, a día de hoy, como una suerte de trágico malentendido.

3. El 'establishment' francés considera que el enemigo son los pobres, los viejos y los decepcionados
¿Quién se queja más en Francia de la inmigración musulmana? ¿Quién padece más el islamismo local? ¿A quién le gusta más tomarse un vino, o comerse un bocadillo de jamón con mantequilla? A los pobres y a los viejos que viven cerca de las comunidades musulmanas porque no tienen dinero para mudarse a otra parte.

Hoy, en consecuencia, millones de pobres y viejos en Francia están dispuestos a votar a Marine Le Pen, presidenta del ultraderechista Frente Nacional, como próxima presidenta de la república, por la simple razón de que el único partido que quiere combatir la inmigración ilegal es el Frente Nacional.

Y sin embargo, como estos pobres y viejos franceses quieren votar al Frente Nacional, se han convertido en el enemigo del establishment francés, tanto en la izquierda como en la derecha. ¿Qué le está diciendo el Frente Nacional a estas personas? "Vamos a recuperar Francia como la nación del pueblo francés". Y los pobres y los viejos se lo creen, porque no tienen otra opción.

De manera similar, los pobres y los viejos en Gran Bretaña no tuvieron más opción que votar por el Brexit. Utilizaron la primera herramienta que se les dio para expresar su decepción por vivir en una sociedad que ya no les gusta. No votaron para decir: "Matemos a esos musulmanes que están transformando mi país, robándome el trabajo y chupando de mis impuestos". Sólo estaban protestando por una sociedad que una élite global había empezado a transformar sin su consentimiento.

En Francia, las élites globales tomaron una decisión. Decidieron que los votantes malos en Francia eran personas irracionales, demasiado estúpidas y racistas para ver las bondades de una sociedad abierta a quienes a menudo no quieren integrarse, sino que quieren que tú te integres en ellos, y que amenazan con matarte si no lo haces.

Las élites globales tomaron otra decisión: se pusieron en contra de sus propios viejos y pobres porque esa gente ya no quería votarles. Las élites globales también decidieron no combatir el islamismo, porque los musulmanes votan globalmente por la élite global. Los musulmanes en Europa también ofrecen una enorme zanahoria a la élite global: votan colectivamente.

En Francia, el 93% de los musulmanes votaron por el actual presidente, François Hollande, en 2012. En Suecia, el Partido Socialdemócrata informó de que les había votado el 75% de los musulmanes suecos en las elecciones generales de 2006; y los estudios demuestran que el bloque rojiverde obtiene entre el 80 y el 90% del voto musulmán.

4. ¿Es inevitable la guerra civil? ¡Claro!
Si el establishment no quiere ver que la guerra civil ya la han declarado primero los musulmanes extremistas; si no quieren ver que el enemigo no es el Frente Nacional, la AfD en Alemania, o los Demócratas de Suecia, sino el islamismo en Francia, Bélgica, Gran Bretaña o Suecia, entonces tendrá lugar una guerra civil.

Francia, como Alemania y Suecia, tiene un ejército y una policía suficientemente fuertes para luchar contra un enemigo islamista interno. Pero lo primero que tienen que hacer es llamarlo por su nombre y tomar medidas contra él. Si no lo hacen –si dejan que sus ciudadanos nativos se hundan en la desesperación, sin más opciones que armarse a sí mismos y contraatacar–, entonces, sí: la guerra civil es inevitable.

(*) Artículo publicado inicialmente en la web del Instituto Gastestone. Traducción elmedio.com

ALZAMIENTO DEL 18 DE JULIO. A los ochenta años
Un mito central de entre todos los que ha levantado esa historiografía academicista es el de la II República española como epítome de una joven democracia virginal, plena de gracia y buenos propósitos.
Fernando Paz gaceta.es 18 Julio 2016

Solo en las dos últimas décadas, los mitos erigidos durante cincuenta años de historiografía oficial y obligatoria –gracias a las sinecuras que un poder tan generoso como estrábico ha prodigado- están siendo puestos en cuestión con una cierta eficacia.

Un mito central de entre todos los que ha levantado esa historiografía academicista es el de la II República española como epítome de una joven democracia virginal, plena de gracia y buenos propósitos, finalmente ultrajada por unos pérfidos y taimados enemigos que no le dieron tregua en su empeño reformista y modernizador.

Según dicho mito, una conjura de eclesiásticos, militares, terratenientes, industriales, millonarios y miembros de la alta burguesía, habrían juramentado sus voluntades en la demolición de un sistema que perseguía la abolición de privilegios seculares. La persistencia del régimen republicano en su empeño democratizante y europeizador, conduciría a los grupos perjudicados en ese proceso a la rebelión de 1936.

Naturalmente, como resultado de la definición casi puramente negativa de uno de los contendientes, se produce la consecuente idealización del otro, en una pueril versión maniquea de la historia. Así, bajo la franja morada de la enseña republicana se habrían cobijado todos aquellos que, llevados de pulsiones quizá confusas, pero justas y bienintencionadas en último análisis, aspiraban a la necesaria reforma de una situación simplemente insostenible.

Cierto que los anarquistas –sin valedores de peso en nuestro tiempo que se batan el cobre por ellos- protagonizaron algunos episodios poco memorables, pero la izquierda marxista y la republicana estaban esencialmente en la mejor de las disposiciones democráticas, pese a los innegables excesos que, fruto de la situación generada por la sublevación, pudieron producirse. Los anarquistas se han convertido en una suerte de vertedero que facilita la catarsis.

La realidad es que la sublevación no estalló para acabar con una república reformista. Estalló, justamente, porque el régimen había dejado de ser reformista y había caído en manos de un radicalismo marxista que condicionaba al Gobierno, dependiente de los sectores más extremos del Frente Popular para el mantenimiento de su mayoría parlamentaria.

La imagen de unos conservadores impenitentes conspirando contra la república desde su inicio, no se corresponde en absoluto con lo que sucedía en el conjunto de la derecha; y sí, más bien, con lo que sucedía en la izquierda, que se aprestaba a su asalto. Si la derecha verdaderamente quería acabar con la república, ¿por qué no lo hizo cuando tenía el gobierno, y, no digamos nada con motivo de la rebelión de octubre de 1934? Esto les hubiera permitido poner fuera de la circulación a los partidos golpistas, que era lo menos que se podía esperar, pero la derecha no lo hizo. Al contrario, aguardó como hechizada a que estos se recobrasen del golpe y volviesen a la lucha.

En lo que hace al respeto por la ley, es risible que el progresismo historiográfico se rasgue las vestiduras hipócritamente ante el 18 de julio. La historia de la segunda república conoció un número tal de sublevaciones contra el régimen establecido que admite el cotejo con los peores momentos del siglo XIX, incluyendo el reinado de Isabel II y el Sexenio. No es, que digamos, un currículum excesivamente brillante, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayoría de las sublevaciones fueron protagonizadas por la izquierda. Aunque es verdad que el anarcosindicalismo no tenía posibilidades de triunfo fue, sin embargo, la principal fuerza desestabilizadora de la II república en sus primeros años. Pero, sobre todo, hay que recordar la rebelión generalizada de republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y separatistas en octubre de 1934, cuando toda la izquierda se unió para derrocar al Gobierno legal –sí, era legal aunque no fuese de izquierdas-.

Del lado contrario, sólo puede citarse la sublevación del 10 de agosto de 1932, lamentable episodio al que prácticamente nadie se sumó, lo cual es muy ilustrativo de la disposición y mentalidad de la derecha.

Lo esencial no es el recuento de las tentativas de unos y otros; lo básico, lo que no puede hurtarse a la historia, es el carácter cualitativo de las distintas sublevaciones. No podemos archivar las rebeliones sin más, anotando simplemente que todos los radicalismos se levantaron contra los sucesivos gobiernos republicanos constituidos, aunque esto sea, en sí mismo, bastante representativo de la realidad social y política de aquella época poco venturosa.

La diferencia básica es que mientras el levantamiento de la derecha no tuvo eco entre sus propios partidarios, el de la izquierda arrastró a la inmensa mayoría de los suyos, lo cual es sumamente revelador de las mentalidades en uno y otro lado. Que luego la izquierda pretenda hacer profesión de fe de un legalismo que ella misma violó cuando lo estimó oportuno, es de un cinismo aterrador.

Pero hay más; aunque hoy sus apologistas traten de hurtar la revolución de octubre a los focos de la historia, durante la república los golpistas de izquierda hicieron de su sublevación un timbre de gloria, y una de las causas esenciales de la constitución del Frente Popular en 1936.

En realidad, dijese lo que dijese Azaña al respecto, entregar la república a sus enemigos era aliarse con las fuerzas de una izquierda radicalizada empujando, de esta forma, a la derecha a un proceso de radicalización paralelo que nunca hubiera sido posible si esa izquierda extremista que dominaba la calle no se hubiera visto amparada por la izquierda en el poder, que quiso hacerse cómplice de sus desmanes, asesinatos, ataques y amenazas apocalípticas.

A julio de 1936 no se llega sin unas causas profundas. Una asonada militar, un golpe fascista, no hubiera tenido el eco que tuvo, pues el levantamiento de una casta privilegiada difícilmente hubiera triunfado contra el pueblo. Más aún si tenemos en cuenta que la república contaba con la industria, el banco de España, la agricultura más productiva, la marina de guerra, las costas, el reconocimiento internacional, la moneda, el generalato, las grandes ciudades y más de la mitad del ejército y la guardia civil.

El alzamiento fue una rebelión cívico-militar -que contó con un apoyo masivo de la población, al menos en la misma proporción que el bando enemigo- propiciada por el terror de la izquierda. Ese fue el aglutinante –aunque no la única causa- que hizo posible la unión de sectores que eran muy diversos, y no pocas veces antagónicos. Y cuál no sería ese grado de terror, que consiguió lo impensable: que ese manojo de miedos y complejos que constituía la apocada derecha española, se alzase en defensa de su propia existencia y de la supervivencia de todo aquello que estimaba más profundamente.

18 de julio: lo que no debe volver a pasar
Vivimos en la perpetua fantasmagoría de un pasado que no pasa. España, empobrecida y dividida, degenerada, se olvida de sí misma y revive un baile de cadáveres añejos. Es una espeluznante alucinación.
EDITORIAL gaceta.es 18 Julio 2016

El 18 de julio de 1936, después de cinco años de fatídica experiencia republicana, estalló en España una guerra civil. Cuarenta años más tarde, el 18 de julio de 1976, después de una larga dictadura, España se aprestaba a recuperar libertades mientras los españoles, en su realidad cotidiana, habían superado sobradamente las heridas de la guerra. Pero otros cuarenta años después, el 18 de julio de 2016, una generación que no ha vivido la guerra reabre heridas, recupera la retórica bélica, la actualiza, la devuelve a la política cotidiana y empieza a actuar como si estuviéramos nuevamente ochenta años atrás. Es evidente que algo hemos hecho mal.

La guerra civil y el fracaso de la II República –acontecimientos estrictamente inseparables- deberían ser materia del debate histórico; tan intenso y vehemente como se quiera, pero fuera de la realidad política presente. Así ha sido, de hecho, durante largo tiempo en nuestro país. Es verdad que donde la derecha decía “nunca más la guerra civil” la izquierda contestaba “nunca más la dictadura”, pero al menos nadie incurría en la patológica irracionalidad de hacer presente el pasado. Pero he aquí que una izquierda en crisis –el PSOE de Zapatero- llegó al poder, impuso por ley su propia revisión de la Historia, hizo presente el pasado y por decisión gubernamental volvió a abrir los frentes de la guerra. Desde entonces vivimos en la perpetua fantasmagoría de un pasado que no pasa. Hoy el fenómeno ha llegado a atenazar por completo la vida nacional. España, empobrecida y dividida, degenerada hasta lo deplorable, se olvida de sí misma y revive un baile de cadáveres añejos. Es una espeluznante alucinación.

¿Una lección del 18 de julio de 1936? Sin duda, esta: no es posible construir una sociedad sobre la exclusión de la mitad de sus miembros. Eso vale para el régimen nacido del 18 de julio, claro que sí, pero también para el sistema republicano del 14 de abril de 1931 y para cualquier otro que considere que es factible imponer por ley la condena moral de una parte de la comunidad política. Vale también, y quizá sobre todo, para el 18 de julio de 2016, cuando no hay razones objetivas que avalen una guerra fratricida. Es preciso despertar ya de esta pesadilla alucinada. ¿Eso significa dejar aparte el pasado? No: significa contarlo como fue, pero, sobre todo, contarlo como pasado, y no como presente perpetuo. España necesita despertar del trance narcótico en que la sumió la “memoria histórica” de Zapatero.

El 18 de julio y Franco como objeto político en 2016
La Guerra Civil que asoló España entre 1936 y 1939 fue una guerra de aniquilamiento entre un proceso revolucionario y otro contrarrevolucionario.
Jesús Palacios Libertad Digital 18 Julio 2016

Ochenta años después del inicio de la Guerra Civil, que condujo a la dictadura personal de Franco, tras su victoria absoluta, hay quienes en España se empeñan por mantener vivos aquellos hechos en el debate político actual. Quienes así actúan desde el maniquiesmo y la tergiversación, presentan a Franco como si formara parte o fuera la causa de los problemas vivos de la sociedad actual, después de más de cuarenta años de su muerte. Algo completamente absurdo, pero que en la disputa política entre partidos funciona, al arrojar sobre la timorata y acomplejada derecha la acusación de ‘franquista’ o ‘heredera del franquismo’.

La Ley de Memoria Histórica, tan sectaria como errática, ha recuperado el lenguaje de la confrontación y polarización de la Guerra Civil, y pretende establecer que los de un bando -el republicano legítimo-, murieron por genocidio, mientras que los asesinados por el bando de la revolución, sencillamente no existen o fueron bien muertos por reaccionarios, clericales o burgueses; es decir, ¡por fascistas!

La Guerra Civil que asoló España entre 1936 y 1939 fue una guerra de aniquilamiento entre un proceso revolucionario y otro contrarrevolucionario. Ganó la contrarrevolución, y los partidarios de la revolución, aun asumiendo que fueron derrotados en el campo de batalla, intentan modificar los hechos ciertos en un revisionismo espurio, y con un impulso y vigor como no se había dado desde el inicio de la Transición y el establecimiento de la democracia. Tal asunto no es historia. Es ideología y propaganda, en pura aplicación gramsciana de la hegemonía cultural hacia la conquista del poder. Y la derecha, aplicada en los números -y mal- ni se entera, y hasta desconoce que quien maneje el relato de la historia, marca el tempo a su favor para la conquista del poder o influir con fuerza en la sociedad.

Resulta chocante que una generación de jóvenes políticos -como Pablo Iglesias-, surgidos al rebufo de la corrupción política del sistema y de la partitocracia bipartidista, confiesen que ellos “perdieron la guerra” (¿?), y que por ello no pueden decir el nombre de España, que el himno nacional sea una “cutre pachanga fachosa” y que no pueden aceptar la bandera rojigualda, como si la bandera nacional hubiera sido un invento de Franco. Tales despropósitos es la consecuencia de la aplicación manipulada y sectaria de un revisionismo ideológico y cultural de la historia. De ahí, que la contribución de los hispanistas a la Historia Contemporánea de España, resulte útil y beneficiosa para aclarar las cosas y acercarse lo más posible a la verdad de los hechos tal y como ocurrieron. Y hombres como Carr, Thomas, Bennassar, Preston y Payne han contribuido y/o siguen contribuyendo a ello. Pues sobre la historia se debe discrepar y discutir en el debate de las ideas y de la investigación, pero no desde la ideología o la sumisión y el agrado al poder como servicio genuflexo a cuenta..

El profesor Payne ha publicado con motivo del ochenta aniversario del inicio de la Guerra Civil El camino al 18 de Julio (Espasa), un relato serio y documentado sobre los hechos que sucedieron en España, desde las elecciones de febrero del 36 hasta la sublevación militar en julio de una parte del ejército. Con este trabajo completa otro que publicó hace diez años (El colapso de la República), y muchos otros estudios sobre la Guerra Civil y el franquismo. Payne ha contribuido decisivamente en la investigación sobre el fascismo europeo y español, las guerras civiles europeas, la Segunda República, la Guerra Civil y sobre Franco y su régimen de dictadura personal. Y me cabe el honor de haber compartido con él dos obras sobre Franco y el franquismo; una en la que tuvimos el testimonio de su hija Carmen (Franco, mi padre), y la segunda, Franco, una biografía personal y política.

Camino al 18 de julio.
En El camino al 18 de Julio, Payne nos va marcando con certeza los diferentes jalones de la radicalización de los integrantes del Frente Popular; Partido Socialista, Partido Comunista y los partidos republicanos de la izquierda burguesa. La cuestión es saber lo que tuvo de democrático el régimen republicano, cuya primera manifestación de júbilo popular, tras su implantación a través de un pronunciamiento civil, fue el asalto y quema de iglesias y conventos en mayo de 1931. La Constitución republicana tuvo un sesgo sectario, al rechazar que en la misma se integraran todas las posiciones políticas. Una constitución para todos y no sólo para quienes desde la izquierda deseaban servirse de ella para patrimonializar el poder. Tan es así, que luego del triunfo conservador en las elecciones del 33, una vez que el centroderecha se rehízo tras la defección de la corona, el presidente Alcalá Zamora tuvo que resistirse a los cuatro intentos de los partidos socialista, comunista y de la izquierda burguesa republicana, para que declarase nulas las elecciones (las únicas verdaderamente democráticas y limpias de la República) y organizara otras para darles el poder. Ellos creían tener los únicos títulos de legitimidad para gobernar, y al no lograr su objetivo, se pusieron en franca rebeldía contra la República organizando la revolución de octubre del 34, que fue duramente reprimida.

Alcalá Zamora y Azaña
A Alcalá Zamora le cabe la máxima responsabilidad de precipitar las elecciones de febrero del 36. Su obsesión por querer centrar la República, creando de la nada un partido republicano de centro, al bloquear la continuidad de un gobierno moderado conservador, precipitó el triunfo del Frente Popular (manipulaciones electorales al margen) y la recreación de nuevos atisbos de entusiasmo revolucionario en las izquierdas. Alcalá Zamora fue víctima de su actitud visionaria, y su caída en abril abrió la vía a un proceso revolucionario que, al contrario del de octubre del 34, se quiso llevar a cabo desde el poder. El orden constitucional y el respeto a la ley pasó a ser secundario o marginado. Y junto a la apariencia de una normalidad de la vida social, se desató una violencia política sin precedentes entre anarquistas, fracciones del Partido Socialista, comunistas, carlistas y falangistas.

Los términos ‘guerra civil’ y ‘dictadura’ corrieron con toda normalidad durante los meses de mayo, junio y la primera quincena de julio. La ocupación ilegal de fincas, el cierre de empresas, las huelgas políticas y revolucionarias, la declaración de ilegalidad de partidos políticos conservadores o el genuino partido fascista Falange Española, la detención de sus líderes políticos y militantes, el asalto e incendio de iglesias, el cierre de colegios católicos, la amnistía y liberación de los revolucionarios condenados por su participación en la revolución de octubre. El pistolerismo pasó al orden del día. En la sesión de Cortes del 16 de junio, Gil Robles presentó un balance tenebroso de la violencia política desatada, balance que volvería a hacer en las sesiones del 1 y 15 de julio, con más de cuatrocientos muertos.

Casares Quiroga y Azaña creían firmemente que el gobierno republicano tenía controlada totalmente la situación. Conocían los planes de insurrección militar puestos en marcha por el general Mola a finales de abril (aunque supieran de forma difusa que él fuera El Director), pero su idea era dejar hacer para que la misma fuera aplastada como la sanjurjada de agosto del 32. El gobierno estaba seguro de que el ejército era un tigre de papel, se limitó a trasladar a varios generales de destino y a estar al tanto de los planes de los rebeldes. Por ello, seguramente, que Casares Quiroga despreció la carta que el general Franco, que no estaba en la conspiración activa entonces, le dirigió el 23 de junio, en la que le ofrecía la colaboración del ejército para restablecer el orden. El ejército no era entonces desafecto a la República, prueba de ello es que hacia el 10 de julio Mola no contaba más que con el apoyo del 13 por ciento de las fuerzas armadas.

Unos hablaban de una ‘nueva república’, otros de una ‘república de nuevo cuño’ y todos de que tenía que ser marxista y bajo un nuevo orden de dictadura, como la sovietizada de Largo Caballero y Prieto o la dictadura del proletariado del partido Comunista. La democracia burguesa se había dado por superada y el horizonte era de dictadura; como la ‘dictadura nacional republicana’ solicitada en seis artículos por Miguel Maura, uno de los padres de la República, al igual que la pedían Ossorio y Gallardo, defensor de Companys, Cambó, Salvador de Madariaga, Sánchez Albornoz, o la corporativa de Calvo Sotelo y Gil Robles, y la junta técnica militar de Mola.

La democracia había dejado de existir.
Su destrucción no fue obra de los conspiradores militares, sino de los propios partidos del Frente Popular. Y la legitimidad republicana se hacía añicos en un proceso revolucionario abierto. El gobierno creyó que la insurrección militar sería el 10 de julio, pero Mola anuló a última hora la orden. Para muchos, como Franco, la ‘geografía era poco extensa’. El salto de una crisis política a la destrucción del sistema y del orden republicano era un hecho a mediados de julio. El catalizador que sumó voluntades a la rebelión -inimaginable unos días antes-, fue el secuestro y asesinato del diputado José Calvo Sotelo, portavoz de la oposición. La noche del domingo 12 al lunes 13 de julio, una fuerza mixta integrada por un capitán de la guardia civil (Fernando Condés), guardias de asalto y militantes socialistas, entre ellos dos escoltas de Indalecio Prieto, salieron en vehículo oficial, con órdenes oficiales y armas del Estado, con la misión de secuestrar y asesinar a Calvo Sotelo. El diputado murió al instante de dos disparos en la nuca obra del pistolero Luis Cuenca, escolta de Prieto.

El gobierno trató de ocultar el hecho. La censura estaba vigente, así como el estado de alarma desde las elecciones de febrero. Pero la noticia corrió a las pocas horas, y ello fue lo que hizo decidirse a muchos, como a Franco, porque entonces era más peligroso no sublevarse que sublevarse. El drama fue que todos fallaron en las previsiones de lo que sería el choque entre revolución y contrarrevolución. Ambos bandos, una vez que el 19 de julio el gobierno entregó las armas a los sindicatos y milicias revolucionarias, pensaban que una pequeña guerra civil de entre una semana y quince días de duración resolvería la situación. Pero la realidad fue una cruenta y espantosa guerra civil de aniquilamiento del contrario de tres años de duración. Y en lo que parcialmente ambos bandos acertaron fue que la guerra civil daría lugar a la dictadura, aunque algunos la dibujaron de corta duración inicialmente. También en esto todos se equivocaron.

Petición de Largo Caballero
'Armar al pueblo': el suicidio de la República
Si aún quedaba algún vestigio de la legalidad republicana de 1931, Azaña lo desmanteló al armar a las milicias de los partidos y sindicatos del Frente Popular.
José Javier Esparza gaceta.es18 Julio 2016

El Gobierno de la República dudó antes de tomar semejante medida; dudó mucho. Los socialistas llevaban días pidiendo insistentemente “armar al pueblo”, es decir, a sus militantes; al menos, desde el asesinato de Calvo Sotelo, secuestrado y muerto el 13 de julio por policías socialistas. Aunque, en realidad, la petición de armas era una constante desde 1931, cuando Largo Caballero las exigió para subrayar la atmósfera revolucionaria creada por la primera quema de conventos, en las semanas iniciales de la II República. Una vieja exigencia, pues.

Los socialistas siempre habían estado seguros de que podrían controlar al “pueblo” –y guiar la revolución. Así se lo afirmó Juan Simeón Vidarte, comisionado por el PSOE para ese fin, al presidente del Gobierno, Casares Quiroga. A nadie parecía preocuparle la eventualidad de que el armamento de las milicias se tradujera en una caza indiscriminada de enemigos en la retaguardia. Lo que les preocupaba era la revolución: a los socialistas les preocupaba desencadenarla; al Gobierno de la República, impedirla o, más bien, utilizarla en provecho propio.

Las izquierdas en la calle
Retrocedamos al 17 de julio, cuando empiezan a llegar desde Melilla las primeras noticias de la sublevación militar. Son las cuatro y veinte de la tarde de un viernes de verano. El Gobierno, que en ese momento preside Casares Quiroga, está desconcertado. Es el día 18 cuando empieza a entender que se halla ante un alzamiento de amplia extensión, que aún cobrará mayores dimensiones en las jornadas siguientes.

Desde la misma tarde del día 17, las calles de Madrid han empezado a llenarse de militantes de los partidos revolucionarios. La tesitura es delicadísima: toda esa multitud pertenece a los partidos que apoyan al Gobierno del Frente Popular, pero el gabinete está exclusivamente conformado por la minoría “moderada”, los republicanos de Azaña, el presidente de la República. Desde las elecciones del 16 de febrero, cuyos resultados habían sido objeto de distorsiones sin cuento, todo el empeño del Ejecutivo ha sido mantener el poder sin ceder a las presiones revolucionarias de sus coaligados del Frente Popular y, al mismo tiempo, concediéndoles pequeñas satisfacciones. Pero el poder en las Cortes y, sobre todo, en la calle no corresponde a la minoría republicana de izquierdas, sino precisamente a los partidos revolucionarios, y especialmente al PSOE. El Gobierno no sabe si la multitud que invade las calles quiere respaldar al Ejecutivo o si, al revés, pretende ejecutar la prometida revolución.

Esa es la situación que tiene que afrontar Casares Quiroga. Durante veinticuatro horas, los socialistas le piden armas reiteradamente. Él se niega una y otra vez. Difícil trago para quien hasta entonces no había dado especiales muestras de talento ni de firmeza. Santiago Casares Quiroga, republicano galleguista, había llegado a la presidencia del Gobierno en mayo de 1936, fruto casual de una maniobra patrocinada por el ala más izquierdista del PSOE. No es que las huestes de Largo Caballero quisieran a Casares en la presidencia; lo que querían era un Gobierno débil que se doblegara ante la fuerza socialista. Por eso estaba él allí: amigo personal de Azaña y varias veces ministro desde 1931, pero de escaso peso político y, además, seriamente minado por una tuberculosis que le hacía alternar periodos de energía con otros de profunda depresión. Casares sacó adelante el estatuto de autonomía de Galicia, y no sin sospechas de fraude. Hizo poco más. Sectario y beligerante, demostró una debilidad pasmosa a la hora de atajar las enormes violencias que sacudieron el país durante la trágica primavera de 1936. Él fue quien amenazó al dirigente de la oposición de derechas, José Calvo Sotelo, el 16 de junio en las Cortes; él dirigía el Gobierno el 13 de julio, cuando Calvo Sotelo fue secuestrado y asesinado por un comando policial socialista. Pero en esos días previos a la guerra, Casares se negó a “armar al pueblo”.

¿Por qué se negaba Casares? Los socialistas estaban pidiendo armas para sus milicianos desde el mismo 13 de julio: todos pensaban que el asesinato de Calvo Sotelo iba a provocar una insurrección militar. No les faltaba razón. La misma advertencia estaban haciendo los militares de la Unión Militar Republicana Antifascista, la UMRA, dominada por el PSOE y cuya mano, por cierto, aparece claramente tras el complot contra Calvo Sotelo. Pero Casares se resistía. Pensaba tenerlo todo bajo control. De hecho, en los meses anteriores había reestructurado a fondo las fuerzas de orden público, para garantizarse su fidelidad. Y con la Guardia de Asalto y la Guardia Civil bajo control, ¿para qué entregar armas a los partidos de izquierda, con el consiguiente riesgo de un movimiento revolucionario que diera al traste con la República misma? Era más práctico esperar a que todos los militares insurrectos dieran la cara, para que no escapara ninguno. La disyuntiva que tenía frente a sí el orden republicano se resumía en una doble amenaza: a un lado, la conspiración militar; al otro, la conspiración revolucionaria, con el relevante matiz de que los revolucionarios eran socios del Gobierno.

Todavía en la misma mañana del 18 de julio, con la sublevación militar ya en marcha, una comisión de diputados socialistas insiste en la petición de armas. Y Casares es explícito: la situación está controlada; por tanto, no hay armas. Según fuentes muy directas, Casares no hacía sino seguir las indicaciones estrictas de Azaña: era el presidente de la República quien estaba ordenando taxativamente que no hubiera armas para los revolucionarios, aunque Casares sí era partidario de entregarlas. ¿A qué temía Azaña? Evidentemente, a la revolución o, más precisamente, a una revolución que no iba a ser la suya.

La decisión de Azaña
El temor de Azaña a una revolución socialista o anarquista era perfectamente comprensible. El PSOE de Largo Caballero no había ocultado nunca que sólo esperaba una oportunidad para lanzarse a la arena. “La clase trabajadora tiene que hacer la revolución –había proclamado Largo el 2 de febrero de 1936 en Valencia-. Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen si los excesos de la revolución se extreman hasta el punto de no respetar cosas ni personas”.

Los comunistas y los anarquistas no estaban, evidentemente, en distinta posición. Y los azañistas eran perfectamente conscientes de la amenaza. El periódico Política, órgano del partido gubernamental Izquierda Republicana, escribía el 28 de junio: “Quien quiera tomar el Poder contra el pueblo ha de disputárselo en la calle al Gobierno legítimo. Y en la calle se encontrará frente al pueblo. Frente a todo el pueblo, porque el Ejército, en su entraña, también lo es”. Era una advertencia a dos bandas.

Quizás Azaña recordara en esos momentos, ante la revolución inevitable, sus propias palabras en noviembre de 1930, en el Ateneo de Madrid, cuando anunciaba “la gran renovación y trastorno necesitados por la sociedad española”. Había que romper con la trayectoria histórica de España –sostenía Azaña-, porque “España es víctima de una doctrina elaborada hace cuatro siglos en defensa y propaganda de la Monarquía católica imperialista, sobrepuesta con el rigor de las armas al impulso espontáneo del pueblo”. Así la República aún nonata señalaba su triple enemigo: Corona, Iglesia, Ejército, que deberían ser triturados por “los gruesos batallones populares, encauzados al objetivo que la inteligencia les señale”. La inteligencia era, por supuesto, el propio Azaña: “La obligación de la inteligencia, constituida, digámoslo así, en vasta empresa de demoliciones, consiste en buscar brazos donde los hay: brazos del hombre natural, en la bárbara robustez de su instinto elevado a la tercera potencia a fuerza de injusticias”.

Azaña, y como él muchos otros republicanos de izquierda, se veía a sí mismo como un nuevo Robespierre que enseña a los sans-culottes el camino de la libertad: “En el ápice del poderío, más aire me hubiese dado a Robespierre que a Marco Aurelio”, dice en sus Memorias. Pero he aquí que ahora el “hombre natural en la bárbara robustez de su instinto” pugnaba por emanciparse de la “inteligencia”, desdeñando a un Robespierre incapaz de dar el último paso hacia la revolución de verdad. Los “gruesos batallones populares” pedían armas. Y Azaña sabía que eso supondría el final de la República.

El último intento de Azaña fue una solución masónica: quitar de en medio a Casares, completamente superado por los acontecimientos, y encargar el Gobierno al presidente de las Cortes, Martínez Barrio, republicano anticlerical y masón, pero conservador, para tratar de llegar un acuerdo in extremis con los sublevados. Martínez Barrio llegará a hablar con Mola. Inútilmente: ya es imposible dar marcha atrás. Pero lo es para todos: los militares de la UMRA llevan horas repartiendo subrepticiamente algunas armas a los socialistas en Madrid y otras ciudades. En esos mismos militares confían los socialistas para encuadrar a los milicianos y convertirlos en un “ejército democrático”. El Gobierno Martínez Barrio apenas durará tres horas; su titular huirá hacia Valencia para escapar de las iras de los revolucionarios, que se han enterado del intento de pacto y lo consideran una traición.

Cerrada la vía negociadora, Azaña se siente incapaz de aguantar la presión socialista. Es entonces cuando da carta blanca al reparto de armas. Un distinguido político republicano, Ramón Feced Gresa, lo contará después de la guerra a los instructores de la Causa General. En el Palacio Nacional se reúnen Azaña, Martínez Barrio –que aún no ha escapado-, los socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto y los ministros republicanos Antonio de Lara, Augusto de Barcia y Felipe Sánchez-Román. Largo Caballero pide una vez más que se arme al “pueblo”. Azaña, quizá devuelto a la atmósfera de su discurso ateneísta de 1930, decide entonces que “las teorías, sin masas, no tienen valor”. En el rostro de Largo Caballero se dibuja una intensa expresión de satisfacción y triunfo. Algunos republicanos moderados –como Sánchez Román- rehúsan apoyar la medida y salen del Gobierno. La tarea recaerá en otro amigo personal de Azaña, José Giral. Él será quien tome la drástica decisión. Y así el Gobierno del Frente Popular armó a una fuerza que de inmediato iba a construir un poder paralelo. Si aún quedaba algún vestigio de la legalidad republicana de 1931, ese día se suicidó.

plataforma militar del poder republicano
El otro alzamiento: los militares rojos de la UMRA

No sólo conspiraban los militares de la derecha: en el lado izquierdo, otros militares, los de la UMRA, habían diseñado también su propia conspiración. Lo cuenta nada menos que Modesto, el legendario jefe de las milicias comunistas.
José Javier Esparza gaceta.es 18 Julio 2016

La Unión Militar Republicana Antifascista, la UMRA, agrupaba a los elementos más izquierdistas del Ejército. La UMRA, que recogía la herencia de la Agrupación Militar Republicana de los años veinte, había nacido formalmente bajo el nombre de Unión Militar Republicana a finales de 1934, como reacción contra la Unión Militar Española (UME), asociación castrense de signo conservador. Después recibió la incorporación de la Unión Militar Antifascista, promovida por el Partido Comunista, y de la fusión nació la denominación de UMRA.

La UMRA pronto se convirtió en la plataforma militar del poder republicano. Su principal promotor fue el entonces capitán Eleuterio Díaz Tendero, socialista bolchevizante, y estaba integrada fundamentalmente por militares de procedencia masónica y socialista. En la guerra larvada que se desató en España desde las elecciones de febrero de 1936, los militares de la UMRA desempeñaron un papel crucial en la instrucción de milicias revolucionarias. El teniente Castillo, por ejemplo, era de la UMRA. Y en el paisaje de esos meses, que podemos definir como un creciente intercambio de provocaciones, la UMRA se asignó por tarea identificar a los militares de la UME para “neutralizarlos” cuando llegara el momento.

Bajo la sugestión comunista, la UMRA estaba convencida de que los elementos conservadores preparaban un golpe de Estado dirigido nada menos que por el nacionalsocialismo alemán. Así lo cuenta el comunista Modesto, enlace entre la UMRA y el PCE. A Modesto debemos también el relato de cómo se preparó el armamento de las milicias varios días antes de que estallase la guerra civil. Modesto no era militar profesional, sino el jefe de las milicias comunistas; pero es que la UMRA no era una asociación profesional, sino una célula revolucionaria. Así escribe Modesto:

“Al día siguiente del asesinato del teniente Castillo, promovimos una reunión a la que asistieron los dirigentes de las células del partido del Segundo Grupo de Asalto (Ministerio de la Gobernación), del Ministerio de la Guerra, del Ministerio de Marina y del Batallón Presidencial, reunión que se celebró en el domicilio del teniente coronel José Barceló, sito en la calle Vallehermoso. (…) En esta reunión de particular tensión, los camaradas Barceló, ayudante de Casares Quiroga y jefe del batallón del Ministerio de la Guerra; Enciso, jefe del Batallón Presidencial; Burillo, del Grupo de Asalto, y la célula del Ministerio de la Marina expresaron su indignación por los crímenes de los militares fascistas y la necesidad de extremar la vigilancia para salvar a la República en peligro. En aquella reunión se trazó la línea de conducta a seguir con vistas a que no pudieran sorprendernos los acontecimientos en los ministerios y en las unidades. En este periodo, en nombre del partido, yo estaba relacionado con el coronel Rodrigo Gil Ruiz, jefe del Parque de Artillería de Madrid, socialista. En vísperas de la sublevación y ante la eventualidad de que los fascistas intentaran apoderarse de las armas del Parque y se produjera un golpe fascista, fijamos ambos la consigna ‘Modesto’ para la entrega de las armas”.

Es importante subrayar dónde había colocado la UMRA a sus líderes: en la Guardia de Asalto, en Gobernación (Interior), en los ministerios militares, en la propia guardia presidencial e incluso en la escolta del presidente de las Cortes. Los centros neurálgicos del poder.

Golpe de mano sobre el Ministerio de la Guerra
Para “salvar la República”, como dice Modesto, el general de artillería de la Armada Francisco Matz, subsecretario del Ministerio de Marina, asistido por el oficial de transmisiones Balboa, organiza desde el 15 de julio las comunicaciones por radiotelégrafo para que sólo sean conocidas por los marinos afectos al Frente Popular. ¿Lógica prevención ante un golpe de Estado? Sin duda. Pero ocurre que entre las instrucciones cursadas desde el Ministerio a los marinos figura aquella de que no pierdan de vista a sus jefes pues están “todos ellos complicados en la traición”. Cuando estalle el alzamiento, la marinería, muy infiltrada por los partidos revolucionarios, se hará con el control de las naves y apresará a los mandos. En pocas semanas los oficiales de la Armada serán aniquilados. Alrededor del 50% de los oficiales de la Marina en zona republicana serán ejecutados por el Frente Popular a lo largo de la guerra.

Matz será elevado al cargo de ministro de la Marina. Y el responsable directo de aquellas órdenes, Benjamín Balboa, oficial 3º del cuerpo de auxiliares de la Armada, será nombrado subsecretario de Marina por el propio Matz y confirmado por Indalecio Prieto. También para “salvar la República”, el 17 de julio, Matz desplaza a los mandos naturales de la Armada y se hace con el control del ministerio, apoyado por un comité de la UMRA que encabeza el comandante de infantería de marina Ambrosio Ristori; éste será igualmente recompensado con el cargo de ayudante de Giral, antes de morir ese mismo otoño en los combates de la sierra madrileña.

La operación se repite en el Ministerio de Guerra: los tenientes coroneles de Artillería Hernández Saravia –viejo amigo y colaborador de Azaña- y Rodrigo Gil, apoyados en los elementos de la UMRA, rompen la cadena de mando y ocupan los puestos decisivos de la estructura militar. Se trata de garantizar la fidelidad de las fuerzas armadas ante el alzamiento. Pero en el mismo acto entra otro militar de la UMRA, el mencionado Díaz-Tendero, ya comandante, que se entrega a una cruenta tarea de depuración. Como ha ocurrido en el caso de la Armada, la represión sobre los oficiales de la Ejército en la zona republicana será brutal. En algunos casos, las ejecuciones podrán justificarse desde los usos de la justicia militar, pues se aplicaron sobre militares que, desde el punto de vista del Frente Popular, estaban incursos en delito de sedición o rebelión; también las autoridades militares del bando nacional aplicarán estos supuestos. Asimismo, en ambos bandos se darán situaciones de militares que, antes que entrar a formar bajo la bandera enemiga, preferirán el fusilamiento. Pero en innumerables casos, dentro del campo republicano, el Terror sobre los militares prescindirá de los usos del código militar para adoptar la forma de un “Terror de clase” que condenaba de antemano a los militares de cualquier graduación por el hecho de serlo, y ello aunque no hubieran secundado la sublevación.

Será la UMRA, en fin, la que comience a repartir armas entre las milicias contra las órdenes del Gobierno. Es uno de los principales implicados en la operación, el diputado socialista Juan Simeón Vidarte, quien relata cómo Barceló le entregó el día 18 en el Ministerio de la Guerra un millar de pistolas reglamentarias, con su munición, que fue a parar a la Casa del Pueblo del PSOE en la calle Piamonte. Barceló era una de los conjurados, según el relato de Modesto. Desde los cuarteles de Campamento y desde el Ministerio de Gobernación se preparan entregas similares. Pero no se trata sólo de Madrid: en Sevilla, donde el gobernador civil acata las órdenes de Casares y se resiste a entregar las armas, los oficiales de la Guardia de Asalto distribuyen fusiles y mosquetones entre las milicias; esos oficiales eran de la UMRA. Cuando Giral dé finalmente la orden, los militares de la UMRA se encargarán de cumplirla con rapidez. En Madrid, Rodrigo Gil reparte a las milicias 5.000 fusiles completos y otros muchos sin cerrojo. ¿Dónde están los cerrojos? En el Cuartel de la Montaña. Pero en éste se han recluido militares partidarios del alzamiento. Gil, artillero, recurre a los grandes medios: no entrega sólo fusiles, sino también un obús de 155 milímetros; hay que batir el Cuartel de la Montaña.

Hay historias parecidas en todos los puntos de España que permanecieron bajo el control del Frente Popular. Es perfectamente posible pensar que, incluso sin la orden de Giral, el armamento de las milicias socialistas, comunistas y anarquistas se habría producido de igual modo: la UMRA ya tenía preparado el plan.

Bienvenidos a la República Islámica de Erdoganistán
Purgas masivas, detenciones, islamistas patrullando las grandes ciudades... El presidente turco aprovecha el golpe para afianzar su poder. Sus seguidores de a pie, también
Daniel Iriarte El Confidencial18 Julio 2016

“Siempre hemos tenido el temor de que esto acabase desembocando en una república islámica. Ese momento ha llegado”. Es lo que nos dice una militante del Partido Comunista de Turquía que, por razones obvias, prefiere no decir su nombre, y que horas después del golpe ha optado por marcharse con su hija al pueblo de su familia en la costa mediterránea. “Estambul ya no es un lugar seguro”, afirma.

A esta activista política no le preocupan tanto, por ahora, las detenciones de “elementos golpistas” como la visión de decenas de miles de turcos en las calles, tal y como pidió el presidente Erdogan como respuesta al golpe, al grito de: “¡Alá es grande!”. Sus temores podrían no ser infundados: el sábado por la noche, grupos de islamistas armados con bastones salieron a amenazar a aquellas personas que bebían alcohol en las terrazas del área de Moda, en el distrito de Kadiköy, una de las más modernas y secularizadas de Estambul. Y nadie duda de que, si antes de la asonada la voluntad de las autoridades de actuar contra estos movimientos era escasa -por ejemplo, después de que varios de ellos agredieran a unos fans de Radiohead que bebían cerveza en Ramadán, Erdogan se limitó a declarar que “ambos habían actuado mal”-, ahora son ellos quienes controlan la situación.

Entre los 6.000 detenidos, según el ministro de Justicia, hay muchos militares, pero también miembros de la fiscalía y la judicaturaDe lo que no cabe duda es de que el Gobierno turco está aprovechando la situación para deshacerse de unos cuantos enemigos políticos. Entre los detenidos -en torno a 6.000, según el ministro de Justicia-, hay muchos militares, pero casi la mitad de ellos son jueces y fiscales. Y resulta llamativa la insistencia de Erdogan en culpar al movimiento del teólogo Fethullah Gülen de la intentona. El presidente turco ha prometido “erradicar el virus” de los gülenistas, a quienes ya se califica oficialmente de "organización terrorista". La celeridad con que las autoridades están actuando contra estos elementos deja claro que las listas de personas a arrestar estaban elaboradas desde hace meses.

"Como persona que ha sobrevivido a varios golpes militares a lo largo las últimas cinco décadas, las acusaciones de cualquier implicación en la intentona me resultan especialmente insultantes y las rechazo categóricamente", se apresuró a responder Gülen, líder de una organización comparable en algunos aspectos al Opus Dei, dedicada también a la búsqueda de influencia política a través de la formación de élites. El movimiento Hizmet ('servicio') de Gülen cuenta con millones de seguidores en Turquía, muchos de ellos en puestos clave de la Administración estatal, especialmente en el ámbito judicial y de los servicios de inteligencia de la policía y la gendarmería.

?"Un golpe escenificado"
La defensa esgrimida por el teólogo no carece de solidez: su movimiento fue uno de los más represaliados tras el último golpe de Estado, que tuvo lugar en 1997 contra el Gobierno islamista de Necmettin Erbakan. El propio Gülen, de hecho, se exilió en Pensilvania por temor a que los militares le juzgasen por traición. Teniendo en cuenta que las fuerzas armadas turcas siempre se han considerado a sí mismas las garantes del laicismo turco, el que un sector tan amplio del ejército esté infiltrado por los seguidores de Gülen, o se haya aliado con aquellos, como asegura Erdogan, suena bastante improbable.

Pero Gülen ha ido aún más lejos. “Hay una ligera posibilidad de que fuera un golpe escenificado”, ha dicho el clérigo desde su residencia en Pensilvania. Tal y como sucedieron los hechos, con los seguidores de Erdogan lanzándose a las calles, reduciendo a los soldados y desbloqueando el aeropuerto al tiempo que cazas 'leales' derribaban los helicópteros de los golpistas, parece salido de la imaginación de un guionista de películas de acción. Pero ese, el del autogolpe, es un escenario en el que no cree ninguno de los partidos de oposición turcos, los cuales, a pesar de su rechazo al Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan, han condenado sin excepción la intentona golpista y defendido la necesidad de defender el sistema democrático en Turquía.

Una opción plausible es que el Gobierno tuviese información de que se estaba fraguando un golpe pero no supiese cuándo y, previendo su fracaso, dejó que tuviera lugarUna opción más plausible, que se va imponiendo entre muchos observadores, es que el Gobierno turco tuviese información de que se estaba fraguando un cuartelazo, pero no supiese exactamente para cuándo, y, consciente de la dificultad de que erste triunfase y contando con la lealtad garantizada de un sector del ejército, permitió que ocurriera, para justificar la posterior caza de brujas a la que estamos asistiendo. Desde el mismo minuto en el que se iniciaron los movimientos de tropas, el MIT, el servicio de inteligencia de Turquía, sabía que lo que estaba teniendo lugar era un golpe, y comenzaron a trabajar para hacerlo fracasar.

Eso ayuda a explicar cosas como el que varias decenas de boinas moradas (el equivalente turco de los boinas verdes) tratasen de asaltar el hotel de la costa mediterránea donde se estaba alojando Erdogan y fuesen repelidos por los guardaespaldas del presidente, en teoría mucho peor armados. El mandatario turco, al parecer, había sido evacuado horas antes del lugar. En el momento de escribir estas líneas, algunos de estos boinas moradas se han retirado con sus armas a las montañas de Marmaris, donde se ha lanzado una operación militar para darles caza.

De aliados a enemigos acérrimos
Durante mucho tiempo, Gülen y Erdogan fueron aliados estrechos. Mientras los fiscales del primero sentaban en el banquillo a gran parte de una cúpula del ejército hostil a los islamistas en el poder, en ocasiones con pruebas amañadas, dentro del macrojuicio conocido como caso Ergenekon, el Ejecutivo iba poniendo en marcha una batería de medidas islamizadoras que el primero aprobaba, desde la multiplicación de las mezquitas y el personal religioso a las restricciones al alcohol, las primeras condenas por 'blasfemia' o la reforma del sistema educativo para fomentar la enseñanza religiosa desde edad temprana. Fueron estas medidas las que acabaron desembocando en la llamada revuelta de Gezi de la primavera de 2013, que tenía como trasfondo el rechazo al autoritarismo islamista de Erdogan. Derrotada esta, el poder de los conservadores se multiplicó exponencialmente.

La ruptura con Gülen, sin embargo, se produjo por las negociaciones con el PKK, a las que el teólogo se oponía, y por las que trató de que sus fiscales juzgasen al jefe de los servicios de inteligencia, Hakan Fidan, un leal a Erdogan. Así, la obsesión actual del presidente con Gülen es de carácter vengativo: fueron oficiales gülenistas de la gendarmería quienes destaparon varios convoyes del MIT que transportaban armas destinadas a grupos yihadistas en Siria, y, sobre todo, fueron policías y fiscales gülenistas quienes lanzaron las operaciones anticorrupción de finales de 2013 contra el entorno del entonces primer ministro, incluyendo a su hijo Bilal Erdogan, y que estuvieron a punto de tumbar su Gobierno.

La obsesión actual de Erdogan con Gülen es vengativa: fueron gülenistas quienes destaparon la entrega de armas turcas a yihadistas sirios, y quienes lanzaron las operaciones anticorrupción contra el GobiernoDesde entonces, la persecución contra el Hizmet ha sido encarnizada, incluyendo encarcelamientos, destituciones, la expropiación de empresas y bancos y el cierre de periódicos, el último de ellos el sábado mismo. Al convertir a los gülenistas en el nuevo enemigo público, gran parte de su trabajo en la fiscalía fue desacreditado. Los oficiales del ejército condenados en el caso Ergenekon, por ejemplo, fueron puestos en libertad. Algo percibido por alarma por el Gobierno turco, que, sin embargo, no podía hacer otra cosa. Hasta ahora.

“El golpe ha sido un regalo de Dios, porque eso nos da una razón para limpiar nuestro ejército”, afirmó Erdogan el sábado. Tal vez no sean oficiales gülenistas, como afirma el presidente, pero el Ejecutivo turco no tiene ninguna razón para fiarse de ellos. Los arrestos han ido ganando profundidad: entre los detenidos, se encuentran el propio asistente militar jefe de Erdogan, el coronel Ali Yazici, y el general Bekir Ercan Van, comandante de la base aérea de Incirlik, que EEUU utiliza en sus misiones de bombardeo contra el Estado Islámico. Mientras tanto, aquellos que suscriben la misma ideología islamista que Erdogan -“el pueblo”, según la denominación presidencial, que se opuso a los tanques entre cánticos religiosos- van a seguir ganando fuerza en Turquía.

En 2011, en una entrevista con 'The Wall Street Journal', el historiador de Princeton especializado en Oriente Medio Bernard Lewis afirmó: “En 10 años, Irán podría convertirse en Turquía, y Turquía en Irán”. En aquel momento, parecía una exageración.

Rocío Monasterio
'La ley LGTB discrimina y promueve el adoctrinamiento a nuestros hijos'
VOX asegura que la nueva ley LGTB aprobada en la Asamblea de Madrid pretende enseñar una visión distorsionada de la persona y de la dignidad humana y muestra una vez más "el entreguismo del PP al lobby de la ideología de género".
Agustín Benito gaceta.es18 Julio 2016

La vicesecretaría de Acción Social de VOX, Rocío Monasterio, se ha mostrado muy crítica con la ley LGTB aprobada la pasada semana por unanimidad de los cuatro grupos políticos presentes en la Asamblea de la Comunidad de Madrid y ha señalado que la ley es "contraria a la igualdad por ser específica para un colectivo". "Parece que no existe la Constitución que garantiza la defensa de los derechos de todos los españoles, sin distinción de raza, sexo o religión", ha dicho.

En declaraciones a GACETA.ES, Monasterio ha censurado que el PP se haya sumado a la línea de hacer distinciones y "encapsular". "La ley promueve instaurar en las instituciones, la educación y el deporte la ideología de género, adoctrinar a nuestros niños en contra de la libertad de los padres para educarles según los valores que crean oportunos, atacar la libertad de expresión y sancionar a los que no coincidan en el modo de defender la igualdad". Además, ha criticado que ahora "el lobby gay pueda intervenir ahora en los programas de los colegios, las federaciones deportivas y las empresas, y obliguen, por ejemplo, a tener los libros que defiendan todos estos postulados, etc". En este sentido, ha asegurado que "lo más grave" es que cada uno según su voluntad pueda decidir su sexo y puede cambiarlo a lo largo del tiempo, sin certificar ni justificar nada. "En base a esta concepción de la sexualidad pretenden enseñar una visión distorsionada de la persona, de la dignidad humana y de la familia". "Se está atacando, por tanto, a uno de los pilares fundametales de la sociedad".

La dirigente de VOX ha asegurado que la ley al establecer la inversión de la carga de la prueba, "no respeta la presunción de inocencia, la base de nuestro sistema jurídico". "Cualquiera que sea acusado tiene que demostrar que no ha discriminado". En definitiva, para VOX la ley muestra una vez más "el entreguismo del PP al lobby de la ideología de género". "La mofa que ha hecho el PSOE sobre el PP sólo puede ocurrir cuando uno abandona los principios y valores, y engaña a sus votantes para contentar a los que nunca les van a votar". Respecto a Cristina Cifuentes, ha aseverado que "no entiende muy bien lo que está defendiendo, pues una mayoría de sus votantes no están de acuerdo". Cabe recordar que su mano derecha, Ángel Garrido, ha asegurado ir contra la ley LGTB es ser "contrario" a los principios morales del amor y la caridad cristianas".

Cifuentes y Garrido ya propusieron en febrero de 2012, durante el XVII Congreso Nacional del Partido Popular, asumir el matrimonio gay, a pesar de que en 2005 el PP recurrió al Tribunal Constitucional la ley aprobada por el Gobierno de Zapatero por entender que con ello “no respetaba la definición constitucional del matrimonio como unión de un hombre y una mujer”. Además, quisieron eliminar la referencia al humanismo cristiano de los estatutos del PP por creer "absolutamente improcedente proponer como base ideológica de una formación política la correspondiente a una convicción religiosa”, y abogaron por dejar intacta la Ley Aído.

Baleares exigiría el uso del catalán en "todo evento deportivo"
La presidenta balear, no obstante, ha señalado que "en ningún caso tomará decisiones que afecten al ámbito privado".
Libertad Digital18 Julio 2016

El gobierno balear, cuya presidenta es Francina Armengol, decidió añadir en su plan lingüístico para 2016-2021 una sección para los eventos deportivos tanto públicos como privados. Con esto se planearía una "regulación del uso de la lengua catalana en todo tipo de eventos deportivos que tengan lugar en Baleares" y la "publicidad" que se haga de ellos en los medios de comunicación.

Este documento se aprobó la semana pasada por el pleno del Consejo Social de la Lengua Catalana y, a raíz de la polémica que ha suscitado, el Ejecutivo y Armengol han decidido desmarcarse de él, según informa El Mundo. La elaboración del mismo ha sido llevada a cabo por parte del gobierno balear, consejos, ayuntamientos, instituciones públicas como la Universidad de las Islas Baleares y entidades como la Obra Cultural Balear.

Esta propuesta nace, según sus promotores, porque "la lengua catalana tiene una posición secundaria" ante la "supremacía" del castellano, "e incluso del inglés". Competiciones como el Mallorca Open, la Challenge Vuelta a Mallorca o la Copa del Rey de Vela serían objeto de esta regulación. Este tipo de pruebas tienen como lengua oficial el inglés, ya que son competiciones de carácter internacional, lo cual quiere decir que las publicaciones en sus páginas web se difunden tanto en inglés como español. La primera de ellas en entrar dentro de este plan sería la Copa del Rey, que no ha recibido recientemente ninguna subvención por parte de las instituciones baleares.

La presidenta balear ha comenzado ya a frenar algunas de las acciones que se pretendían tomar con este programa diciendo que "en ningún caso tomará decisiones que afecten al ámbito privado" y que "no se plantea ninguna normativa que condicione el funcionamiento de cualquier tipo de actividad privada por un tema lingüístico".

Podemos, por su parte, no se opone a ningún aspecto de la propuesta y apoya el plan, tal y como manifestó su portavoz parlamentaria Laura Camargo.

Sociedad Civil Catalana
“La convivencia en Cataluña se ha quebrado y los intentos de limitar el ejercicio de derechos fundamentales han de preocuparnos a todos los españoles”
www.latribunadelpaisvasco.com18 Julio 2016

Sociedad Civil Catalana (SCC) ha publicado en su página web un artículo editorial en el que marca su posición política sobre los pactos de Gobierno y de legislatura que obligatoriamente habrán de llegar si no se convocan unas terceras elecciones.

Sociedad Civil Catalana considera fundamental “que de estos pactos no puede estar ausente la situación que se vive en Cataluña como consecuencia del desafío secesionista. Es necesario que la próxima legislatura sea aquella en la que se revierta la situación de anormalidad democrática a la que nos ha conducido el denominado ‘proceso’”.

“Durante demasiado tiempo se ha confundido Cataluña con los independentistas y se ha obviado que existen millones de catalanes que se identifican como catalanes y españoles y rechazan verse separados del resto de sus compatriotas y excluidos de la UE. Las demandas políticas de estos ciudadanos han sido sistemáticamente desatendidas en aras del contentamiento de los nacionalistas. No podrá llegarse a una solución de la crisis en Cataluña si no se modifica esta situación: Cataluña es de todos los catalanes y no solamente los nacionalistas presentan reivindicaciones que pretenden ser atendidas. Los catalanes no nacionalistas tienen que disponer de mecanismos que permitan que sus anhelos y peticiones se incluyan en la agenda política. Ahora estamos ante una buena oportunidad para conseguirlo”.

“En Cataluña vivimos bajo la constante amenaza de incumplimiento de la legalidad por parte de las administraciones, que utilizan el poder público y sus recursos para promover el independentismo. Es necesario un compromiso firme para devolver la neutralidad a las administraciones, lo que ha de traducirse en la utilización de los símbolos comunes por parte de los poderes públicos, la renuncia a los símbolos secesionistas por parte de las administraciones y su retirada de asociaciones como la AMI, que promueven un relato que fomenta el odio y enfrentamiento entre los catalanes y de estos con el resto de los españoles. La situación de los medios públicos de comunicación y de aquellos que reciben subvenciones públicas ha de ser analizada con el fin de evitar que tales medios sean utilizados como un mecanismo de difusión del secesionismo y de desvío de fondos públicos para fines partidistas. Si es preciso, será imprescindible introducir las modificaciones legislativas que sean pertinentes a fin de conseguir ese objetivo”.

Por todo esto, SCC explica que se hace necesario que los partidos constitucionalistas ofrezcan una imagen de unidad ante el desafío secesionista. “No sólo confiamos en que cualquier intento de actuación unilateral que pretenda conseguir que el territorio de Cataluña deje de estar integrado a la soberanía española será adecuadamente respondido por los poderes públicos; sino que se hace preciso visibilizar esta firme oposición a las declaradas intenciones de cargos autonómicos y locales de conducir a nuestra tierra hacia la secesión”.

“Reiteradamente los tribunales han establecido que el castellano ha de estar presente en la educación pública, habiendo fijado la obligatoriedad de que al menos un 25% de la docencia se imparta en castellano. La Generalitat ha hecho caso omiso de esta obligación y dificulta los intentos de las familias de conseguir aquello que la Constitución, la ley y los tribunales ya han establecido: una educación basada en el modelo de conjunción lingüística, con presencia tanto del catalán como del castellano, y no de un modelo de inmersión exclusiva en catalán. Se hace necesario un compromiso de los partidos políticos a fin de conseguir que el sistema educativo catalán responda a los imperativos constitucionales y legales. Al mismo tiempo, ha de garantizarse el fin de las injerencias nacionalistas en la educación. Se trata de objetivos que han de estar presentes en cualquier pacto de gobierno o de legislatura y que son irrenunciables para todo Estado de Derecho: el cumplimiento de las sentencias, el respeto a la ley, la garantía de que la lengua materna de la mayoría de la población, oficial en toda España, está presente en el sistema educativo más allá de la consideración que tendría una lengua extranjera, y la configuración de la educación como un instrumento para el desarrollo personal de los alumnos y de su espíritu crítico y no como herramienta de adoctrinamiento”.

“La convivencia en Cataluña se ha quebrado y los intentos de limitar el ejercicio de derechos fundamentales han de preocuparnos a todos los españoles. Restaurar los elementos básicos de la convivencia en Cataluña y en el resto de España, garantizar que todos puedan expresar libremente sus opiniones, sin sufrir coacciones y conseguir que el espacio público sea devuelto al conjunto de los ciudadanos ha de ser también una prioridad durante la próxima legislatura”.

Cataluña ha de ser considerada por el conjunto de España como una parte inescindible del país, así como un elemento esencial en la configuración de la identidad española, se explica desde Sociedad Civil Catalana. “El reconocimiento del catalán como un patrimonio de todos los españoles, su dignificación institucional y su difusión por parte de los poderes públicos y las instituciones españolas ha de constituir también un objetivo de la próxima legislatura, igual que ha de hacerse con el resto de lenguas españolas. Este reconocimiento facilitará la identificación de todos los catalanes con el proyecto común español”.

“Desde Cataluña se aprecia con especial claridad la necesidad de revitalizar el proyecto común español, revitalización que pasa, a nuestro juicio, por la revalorización de nuestra participación en la integración europea. Con el conjunto de los españoles deseamos poder disfrutar de un proyecto que ilusione y que dé satisfacción a la necesidad de una sociedad más próspera, más justa, más equitativa y más libre”.

18 de Julio: mentiras y propaganda
Jorge Vilches El Espanol 18 Julio 2016

El presidente Obama recibió de Pablo Iglesias un libro sobre la Brigada Lincoln, aquellos norteamericanos del Partido Comunista de EEUU que, financiados por la URSS de Stalin, vinieron aquí a matar españoles para imponer, no la democracia, sino el comunismo. Sería impensable que el líder de un partido de la derecha que cobijara en su seno a un totalitarismo de antaño, como el nacionalsocialismo -primo hermano del comunismo-, regalara al presidente norteamericano un libro elogiando a la Legión Cóndor.

Esto se debe a que hoy el relato común es que la sublevación del 18 de julio de 1936 -aunque fue un día antes-, la hizo el Ejército contra el Pueblo para desmontar la democracia e implantar el fascismo. Buena parte de esta interpretación politizada, maniquea y anacrónica se debe a la versión propagandística que sobre lo que ocurrió en España contaron entonces periodistas e intelectuales de uno y otro bando, algunos voluntariamente, otros con su voluntad comprada, como hicieron entre otros, los amigos ingleses de Franco, o el estalinista Müzenberg. La Guerra Civil fue el inicio de una nueva etapa para el reportaje por su peligrosidad y su claro sesgo propagandístico.

Poco después del 18 de Julio, la censura republicana, dependiente del Ministerio de Estado -hoy Asuntos Exteriores-, se instaló en el edificio de Telefónica en la Gran Vía. Quedó en manos del escritor Arturo Barea, el de La forja de un rebelde. El mecanismo era sencillo: los periodistas pasaban su texto al censor, que eliminaba y corregía, y luego la telefonista lo transmitía al periódico correspondiente. Lo importante era contar al mundo las bondades del bando republicano, y las maldades fascistas del bando rebelde.

En Madrid se creó un grupo de corresponsales contra Franco bajo la sombra de Mijail Koltsov, del Pravda. No vivían mal, claro. Ernest Hemingway, ganado para el comunismo, tenía una enorme reserva de alimentos en su habitación del hotel Florida. El corresponsal del Daily Express en Madrid, Sefton Tom Delmer, iba siempre mal vestido para no contrariar los “prejuicios burgueses” de los comunistas, pero en su casa guardaba una gran bodega comprada a los anarquistas que saquearon el Palacio Nacional -antes Real-.

La oficina de prensa republicana facilitaba entrevistas con las Brigadas Internacionales, de las que salieron románticas crónicas para el Paris-Soir y The New York Times. Muchos de los corresponsales se unieron a la tarea propagandística del socialismo y el comunismo, entendiendo que ejercían una forma de lucha contra el fascismo. Herbert Matthews, del NYT, dijo años después estar orgulloso de toda aquella labor de propaganda porque representaba “la justicia, la moralidad y la decencia”. Los que decían ser “imparciales”, decía Matthews, eran “falsos e hipócritas”.

La propaganda era básica. Y guardaron silencio respecto a las checas, sacas, incendios, o episodios como Paracuellos. El soviético Koltsov y el corresponsal comunista británico Claude Cockburn, editor de The Week, negaron públicamente el derecho de los lectores a saber la verdad hasta que no fuera derrotado el fascismo. Y así lo hicieron, por ejemplo, en las crónicas del asedio al Alcázar de Toledo.

-Los tres artículos más citados de la guerra fueron el de Mário Neves sobre la matanza de Badajoz, la crónica de George Steer sobre el bombardeo de Guernica, y la entrevista de Jay Allen, simpatizante del Frente Popular, a Franco en Tetuán el 27 de julio de 1936 para el Chicago Daily Tribune, en la que supuestamente preguntó:

-¿Tendrá que matar a la mitad de España? El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: “Repito, cueste lo que cueste”.
(…)
-¿Qué haría su gobierno si venciera?
-Yo establecería una dictadura militar -contestó Franco-, y más tarde convocaría un plebiscito nacional para ver lo que el país quiere. Los españoles están cansados de política y de políticos.

Pero antes de que Jay Allen -sobre quien pesa la sospecha de que se inventó la entrevista- hablara con Franco, ya lo habían hecho otros. El 20 de julio lo entrevistó el británico Cornelius James Murphy, de Reuters. Franco le dijo que su enemigo era el comunismo, no los españoles. Y el francés Jean D’Esme hizo lo propio el día 24 para L’Intransigeant. Le preguntó por el momento después de la supuesta victoria:

-Tengo la intención de restaurar primero la ley. Volver a la normalidad. A continuación, vamos a basarnos en el orden y la libertad y no en el libertinaje, la anarquía y la tiranía. Las circunscripciones elegirán una Asamblea Constituyente para establecer una nueva Constitución.

Claro que del lado rebelde, la propaganda era igual de desconcertante. Félix Correia entrevistó a Franco para el Diario de Lisboa el 10 de agosto de 1936. Preguntado por la bandera tricolor o la rojigualda, dijo: “Los colores de la bandera, como otras cosas, están por encima del régimen (…). De momento, la bandera oficial es la tricolor, como himno oficial es el de Riego”. Y con las mismas, el 12 de octubre de aquel año Franco confesaba a Javier E. Yndart, corresponsal del argentino La Nación, que establecería en España un “estado totalitario nacional en el riguroso sentido de la palabra”. Aquello era el festival de la confusión.

Si las declaraciones de Franco podían engañar a alguien, también lo hacían los corresponsales y los fotógrafos. Fue el caso de Robert Capa y su trucada foto titulada La muerte de un miliciano, publicada por la revista Vu en septiembre del 36, y luego por Life en julio de 1937, que se convirtió en el testimonio gráfico más importante de la contienda y en arma política del frentepopulismo.

Lo importante era crear opinión, sensaciones, y emociones negativas, no contar la verdad. Así, por ejemplo, aun sabiendo que el país estaba socialmente roto, el anarquista Pierre Van Paassen escribía en el Toronto Daily Star en agosto del 36: “El Pueblo contra el fascismo”. La manipulación de información y conceptos fue completa.

De aquel 18 de Julio, y de lo que España fue antes de ese día, y de lo que vino después, el mejor testimonio es el de Antoine Saint-Exupéry, el autor de El principito, corresponsal aquí del L’Intransigeant, cuando escribía que los “hombres ya no se respetan entre ellos” porque “tenemos unos comités que se adjudican el derecho a depurar en nombre de criterios que (…) no dejan detrás de sí más que muertos”, y “un general, que al frente de sus marroquíes, condena a multitudes enteras”. Y como si aquella guerra adelantara el drama que se cernía sobre Europa, el escritor confesaba que “en España, hay multitudes en movimiento, pero el individuo, ese universo en el fondo del pozo, llama en vano pidiendo ayuda”.

No es sorprendente que fueran los hispanistas los que, fuera de las nuevas trincheras de papel y cátedra, nos trajeran décadas después un relato de la Segunda República y de la Guerra Civil sólo con la pasión del observador, del analista, en fin, del historiador sin ambición de armar un discurso político. Me refiero a Hugh Thomas, Stanley Payne, o Raymond Carr, que fueron maestros para muchos buenos historiadores españoles posteriores.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense de Madrid.

Los ochenta
J. A. Montano El Espanol18 Julio 2016

De toda buena historia de la Guerra Civil se ha de salir con mal cuerpo, y así he salido de la Historia mínima de la Guerra Civil española que acaba de publicar Enrique Moradiellos en la editorial Turner. Yo me la he leído en estos días de julio para llegar al 18 en el estado de abatimiento que la fecha requiere. Ochenta años ya y uno no puede recordar sin alterarse la tragedia. Procedemos de ese cenagal de sangre: de la obcecación que lo precedió y la obcecación en que se prolongó; de la obcecación, también, que le sucedió durante muchos años.

Tragedia es la palabra justa: uno asiste a la representación funesta, captando los errores y las derivas como si no tuvieran remedio. Mientras están pasando en el libro -sintético y completo, y por ello quizá más efectivo en términos de conmoción- parece que lo pudieran tener, pero las fuerzas en contra son tan abrumadoras que uno se ahoga como se ahogaron los protagonistas. Al final solo hay sacudida y catarsis. Queda dolor, estupor, rabia. También desprecio: qué mal lo hicieron. Y un fondo de vergüenza: en aquellas circunstancias nosotros no lo habríamos hecho mejor, seguramente.

Entre tantas cosas, qué impotencia pensar al paso en mi padre, niño de la guerra, cuya mayor frustración fue no haber podido estudiar. Él nació en 1933. Entre las consecuencias desastrosas estuvo esa, escribe Moradiellos: “La generación nacida en 1931 volvió a situarse en niveles de escolarización y alfabetización de principios del siglo XX”. Pero porque la vida de mi padre fue como fue nací yo. Si no, habría nacido otro. Esta es la conciencia que quema. No hay apaño posible.

Si cuando murió Franco se hizo mejor fue porque las circunstancias eran más favorables y porque se había aprendido la lección de la guerra (y de la dictadura). Qué paradoja que ahora hablen de “memoria histórica” los que han olvidado esa lección y quieren volver a las andadas.

Me acuerdo de mi escuela de los setenta y de mi instituto de los ochenta, sobre todo de mi instituto (público), en el que estudié como no pudo hacerlo mi padre. La Guerra Civil no estaba olvidada en absoluto. Al contrario: nos la enseñaron bien. Leímos a Machado, a Lorca, a Miguel Hernández; tuvimos hasta el lujo de leer a Cernuda. Para nosotros estaba clarísimo que con la Constitución se recuperaba la República, aunque hubiese un rey. Poníamos el acento donde había que ponerlo: en la democracia. Eso dijo Octavio Paz en su discurso de Valencia de 1987. Y Vázquez Montalbán, que estaba allí, se lo afeó. Tenía razón Octavio Paz, por supuestísimo.

Igual que Umbral fue un “niño de derechas”, nosotros éramos niños republicanos (con rey). No, no se olvidó nada en la Transición, como dicen muchos jovencitos de ahora y muchos abuelos rockeros de la ideología. No se hacía más que recordar: en los libros, en las películas, en los periódicos, en la tele. Y porque se recordaba estábamos todo el día sacando la lección, que no se enfriaba nunca. Y llevando, justo por ello, la vida menos franquista que se ha llevado en España desde la muerte de Franco.

La de los ochenta, sí, fue la España menos franquista que he conocido. Las que han venido después no han tenido tanta suerte. Y la de 2016, en comparación, es un establo que apesta a Franco por todos lados, gracias a nuestros estólidos antifranquistas irresponsables. Han pasado más años, pero la distancia parece menor ahora. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
 

El «Estado Islámico» ha arraigado en Francia
Editorial La Razon 18 Julio 2016

A medida que avanzan las investigaciones de la matanza perpetrada en Niza el pasado 14 de julio y se conocen nuevos datos sobre la personalidad y las relaciones del terrorista que la llevó a cabo, toma fuerza la peor de las hipótesis manejadas por los servicios de información de la Policía francesa: el llamado «Estado Islámico» ha conseguido establecer una red de infraestructuras en territorio francés, camuflada entre las amplias colonias de emigrantes de origen norteafricano que existen en el país, notablemente en París, Marsella y Lille. La red, sin duda más extensa que la que llegó a montar la banda terrorista etarra en el sur de Francia, incluiría la parte de logística, pero, también, centros clandestinos de acogida para los islamistas enviados a Francia para perpetrar atentados o en busca de refugio.

Los servicios secretos franceses, de acuerdo a las informaciones recogidas, calculan en medio millar el número de ciudadanos con pasaporte galo que han regresado al país tras combatir en Siria e Irak en las filas del EI. El Gobierno de París se enfrenta, pues, a una amenaza mayor, como es el arraigo en su territorio de una de las peores bandas asesinas que ha conocido el mundo. Una amenaza, por supuesto, que se hace extensiva a sus vecinos, entre los que se encuentra España.

El penúltimo hijo de puta
El hijo de puta sigue teniendo alguien a quien admirar, porque lo que realmente le interesa a este tipo de bípedos es destrozar todo lo que no sea él y su caverna.
Rubén Olmeda gaceta.es18 Julio 2016

Yo tendría 19 años y andaba España todavía conmocionada por el asesinato de Miguel Ángel Blanco y esa conciencia que surgió de las manos blancas hacia los corazones grises, recuerdo que estaba en un partido de fútbol y un aficionado del Real Madrid le gritó “eh tú, hijo de puta ven aquí…” me fijé que se lo decía a un seguidor del Rayo Vallecano. La escena terminó en que este seguidor se fue corriendo y el aficionado del Real Madrid tuvo que ser agarrado por varios amigos para no salir detrás de él.

Salimos todos los amigos y sus padres, hermanas, etc y nos juntamos para tomar una cañita rápida y volver a casa, no recuerdo grandes comentarios por lo que debió quedar la cosa en 0 - 0 y aburrimiento general, pero se me quedó grabada una frase de un tipo que estaba junto a nosotros tomando la caña. Hablábamos de lo que se había montado al acabar el partido entre ese aficionado del Madrid y el del Rayo cuando yo dije que “era curioso que llevase una camiseta de Soziedad Alkoholika, una bufanda del Rayo con un lema antimadridista y una bandera de Euskal Presoak”…momento que aprovechó este hombre para decir algo así (no recuerdo bien después de tantos años):

“Mira chaval escúchame, si un tío lleva una camiseta de Soziedad Alkoholika es que le gusta esa música; si un tío lleva una bufanda del Rayo antimadridista es que le gusta mucho el Rayo; y si un tío lleva una bandera de Euskal Presoak es que es un independentista vasco. Pero si un tío lleva todo eso junto…¡es que es un hijo de puta!”.

Han pasado 16 años desde aquella escena, 16 años en los que han pasado muchas cosas, buenas y malas. Por ejemplo en estos años, ETA ha sido reducida prácticamente a la nada, afortunadamente el Estado ha derrotado a esos terroristas. Pero la otra cara de la moneda es que el terrorismo yihadista ha crecido y ha puesto sus ojos en Occidente, hemos sufrido terribles atentados en España, Francia, Inglaterra, Bélgica, por no mencionar las Torres Gemelas. En estos años los actores principales han cambiado, pero los aficionados no, el público entusiasta que masajea y perfuma la idea del terrorista no ha cambiado. El hijo de puta sigue teniendo alguien a quien admirar, porque lo que realmente le interesa a este tipo de bípedos es destrozar todo lo que no sea él y su caverna.

Aquel “hijo de puta” de la camiseta y la bufanda llevaría hoy en día una bandera del ISIS, o de vaya usted a saber qué Asociación pro islámica en España que dice que “hombre si, pero claro, es que la culpa es de Aznar, porque claro bombardearon y oiga….”. Han cambiado de grupo pero les sigue poniendo cachondos la música que se toca con la muerte y con el terror. Les han quitado un líder con apellido vasco y pelo de mohicano, y les han puesto un tal mustafá con kufiyya, pero a ellos les da igual, porque siguen matando a los que no son de su caverna.

El penúltimo hijo de puta ha sido el de Podemos Vallekas en Twitter, que publicó un tuit después del atentado de Niza que decía (literalmente) lo siguiente: “Un ACCIDENTE de tráfico instrumentalizado mediaticamente como ataque TERRORISTA para infundir MIEDO en la…” y seguido incluía un enlace a la cuenta de Facebook de la formación.

Lo que han hecho los de Podemos cuando han visto el revuelo que se ha montado ha sido lo de costumbre, cerrar la cuenta y decir que van a investigar lo ocurrido. Pasará una semana y hablaremos de otras cosas y esto quedará en el olvido. Otras veces, los podemitas usan el recurso facilón de negar la mayor, diciendo que “esa cuenta no es oficial”, el problema que han tenido esta vez es que ellos mismos comunicaron hace meses que esa si que era la cuenta oficial de Podemos en Vallecas.

Este artículo se titula El penúltimo hijo de puta porque estoy seguro de que cuando ustedes lo lean, ya habrá salido fuera de la caverna otro hijo de puta, porque España es un grandísimo País en el que florecen grandes encinas, grandes olivos, grandes castaños y grandes naranjos, pero si, efectivamente querido lector, en España también florecen grandes hijos de puta. Vaya este artículo dedicado a todos ellos, los venidos y los que vendrán.

El golpe de los generales
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com18 Julio 2016

Veo en la narración que durante estos 40 años en democracia se nos has hecho de las desventuras democráticas en la II República, asaltada por aquellos militares golpistas, una serie de hechos sobradamente documentados que no acaban de encajar con lo que tenemos por cierto. Y no sin cierta sorpresa, ya que en esta sociedad 2.0, con las fuentes originales digitalizadas, esto no se hace, manteniendo un discurso oficial cargado de tópicos que no se sostienen ni ayudan a entender y comprender quiénes y cómo fueron nuestros abuelos ni las razones por las que se pelearon.

Si no me fallan los números, los datos públicos y mi buen juicio, a mí me sale una cifra de cinco golpes de Estado en apenas seis años, lo que además de ser una barbaridad muy poco democrática, es algo que nadie nos cuenta. Una realidad que, créanme, les confieso que me preocupa. España es líder en Europa en no leer libros, y quizás por ello la historia esté tan desvirtuada. Les cuento lo que he leído por si he de corregir el relato. Veamos

14 de Diciembre de 1930
El capitán Galán inicia un pronunciamiento militar en la ciudad de Jaca que ha de traer la II República. Orquestado desde el “Pacto de San Sebastián” firmado en agosto, y coordinado desde el Comité Revolucionario Nacional, Galán inicia un plan de sublevación general, apoyado desde el PSOE, la CNT y la UGT, que reforzarán la sublevación con una huelga general, instrumento antisistema y golpista preferido para levantar a las masas y asaltar el poder, como en octubre de 1917 en Rusia.

La asonada es disuelta en apenas unas horas tras cuatro cañonazos por fuerzas gubernamentales leales a la Corona. A media mañana del domingo 14 de diciembre de 1930, el Consejo de Guerra condena a los capitanes Galán y García Hernández a la pena capital. En 2 horas se consuma todo. Galán rechaza confesión y grita la orden de fuego. La II República ya tiene a sus dos primeros mártires.

En una operación dirigida por el general Mola son detenidos y hechos presos los líderes golpistas socialistas y republicanos que habían firmado el pacto para forzar la renuncia de Alfonso XIII y formar un gobierno liderado por Niceto Alcalá Zamora (derecha republicana), Alejandro Lerroux (Partido Radical), Manuel Azaña (Acción Republicana) y Álvaro de Albornoz (radical socialista) junto con Largo caballero, Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos por el PSOE.

13 de abril de 1931
Las elecciones municipales celebradas en toda la nación arrojan unos resultados confusos. El ministro de la Guerra Berenguer cursa telegrama a todas las capitanías adelantando los primeros datos recabados: victoria de los republicanos en las grandes ciudades, un hecho cierto que no desvirtúa que los monárquicos habían ganado por mayoría absoluta en todo el Estado. Pero los resultados oficiales jamás se publicarán.

El ministro de Estado Romanones pregunta al general Sanjurjo (republicano) si podría responder de sus fuerzas para controlar desórdenes. “Hasta ayer por la noche podía contarse con ella”. Todo lo que obtiene el conde de Romanones de Alcalá Zamora es que se respetará la vida del Rey. Solo unos pocos ven el error. “El Rey se equivoca si piensa que su alejamiento y pérdida de la Corona evitarán que se viertan lágrimas y sangre en España. Es lo contrario, señor”, advierte de la Cierva al Rey, pero este se exilia para evitar derramamientos de sangre.

Apenas un mes después de dicha proclamación, ardían en España cientos de templos cristianos a manos de turbas marxistas. “Ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano” dirá el presidente del gobierno, a la sazón Manuel Azaña, cuando se le pidió que detuviera los saqueos. Había comenzado la II República.

Enero de 1933
Los sindicatos ferroviarios anarquistas CNT convocan huelga general en todo el territorio nacional. La ley de expropiación forzosa de latifundios está en el alero. Se proclama el comunismo libertario en diferentes poblaciones, y hay choques con las fuerzas de orden público en multitud de ciudades y pueblos, colocación de bombas, explosiones y asesinatos. En Casas Viejas es asaltada la casa cuartel de la Guardia Civil. La represión que se desata será terrible. La izquierda gana 26 mártires en su camino inexorable hacia la revolución.

Octubre de 1934
Tras las elecciones de noviembre de 1933, ganadas por las derechas gracias al temido voto de la mujer, al que se opuso con firmeza Prieto o Nelken, la izquierda más bolchevique, representada por el secretario general del PSOE, Largo Caballero, “El Lenin español”, decide no posponer más la revolución proletaria que 17 años antes Lenin ha logrado en Rusia.

3 de enero de 1934. “El Socialista publica”: “No puede haber concordia. Atención al disco rojo”, dando estado oficial al proyecto revolucionario.

El 27 de septiembre de 1934, el editorial de “El Socialista” publica: “Las nubes van cargadas camino de octubre: repetimos lo que dijimos hace meses: atención al disco rojo. El mes próximo puede ser nuestro octubre. Nos aguardan jornadas duras. La responsabilidad del proletariado español y sus cabezas será enorme. Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado y nuestros planes de socialización.”

El levantamiento se produce el 5 de octubre de 1934 tras declararse otra huelga general por la UGT en todo el territorio nacional. Companys declara la independencia en Cataluña. Aunque la revolución es controlada, se enquista en Asturias, a donde envían a Franco para resolver la rebelión. El 18 de octubre de 1934, el líder socialista Belarmino Tomás pacta con el general López Ochoa la rendición revolucionaria. Los daños en Oviedo, semidestruida, son inmensos. La biblioteca es volada por los aires, perdiéndose más de 80.000 volúmenes. Mueren cerca de 1.000 personas, y hay casi 30.000 detenidos. La Generalitat catalana se suspende y los líderes que no huyen son encarcelados. Se detiene y encarcela a los principales dirigentes del PSOE como Prieto y Largo Caballero. La izquierda de nuevo se instala en el victimismo y reclama la amnistía. Será el lema de las elecciones de febrero de 1936.

16 de febrero de 1936
Las izquierdas, agrupadas en el “Frente Popular”, repiten la misma estrategia del 14 de abril de 1931, y declaran la victoria unilateralmente. En paralelo se están produciendo violaciones sistemáticas en colegios electorales y saqueos de urnas. Las Juntas Provinciales del Censo se ven impedidas a dar datos ante la ofensiva popular que reclama amnistía y el poder por la violencia (los datos oficiales jamás se publicarán).

Algunos gobernadores civiles, huyen. Las hordas secuestran las actas electorales. A partir del día 20, el Frente Popular hará el resto desde la Comisión de Validez de actas parlamentarias, anulando las de las provincias donde las derechas habían triunfado. Alcalá Zamora lo contará todo en sus memorias (secuestradas durante 70 años) y en la entrevista al “Journal de Geneve”, publicadas ya en 1937.

El 5 de marzo de 1936, Mundo Obrero, órgano de prensa del PCE, decía: “exigimos el reconocimiento de la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado en la forma de soviets”. Se incrementó la censura de prensa y la detención y asesinato de líderes de la oposición. El estado de pre-revolución en que se había sumido España lo narraba Gil Robles en Cortes el 15 de julio, tras el asesinato de Calvo Sotelo:

“Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; muertos, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias, 19. Esto en veintisiete días. Al cabo de hallarse cuatro meses en vigor el estado de alarma, con toda clase de resortes el Gobierno en su mano para imponer la autoridad”.

El 17 de julio de 1936, se alzó mi abuelo con sus compañeros de armas buscando defenderse de la revolución de los soviets.

Ganaron.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial