AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 20  Julio  2016

Estos señores no nos representan
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Julio 2016
La verdadera “regeneración democrática” pasa por transformar radicalmente la estructura de los partidos

Es cierto. Los 350 diputados elegidos por el pueblo español son legalmente los representantes de la soberanía nacional. Dejo aparte el anómalo hecho de que unos cuantos no se sienten españoles, que ya es dislate. En cuyo caso no entiendo qué valor puede tener el hecho de haber jurado (o prometido; tanto da) la Constitución. Pero destaca un asunto más mollar.

La obligación primera de los nuevos diputados es lograr la formación de un Gobierno estable. Después de más de medio año no la han cumplido. No la han cumplido, en primer lugar, por la extrema vanidad de sus dirigentes, cuya primordial preocupación es la de salir en la tele y otros medios. Segundo, porque los diputados no votan en conciencia. Su voto no representa al pueblo español sino al cabecilla del partido correspondiente, el que los ha colocado en la lista de candidatos, normalmente como un favor personal.

─Pero entonces ¿esto no es una democracia?
─Formalmente, sí, pero cada vez más adulterada, como estamos viendo.

Habrá que recordar algunos principios. Una cosa es la legitimidad legal y otra la de ejercicio. La legitimidad se basa en la creencia, ampliamente compartida, de que los que mandan deben mandar. Una primera justificación es porque lo dicen así las leyes. Pero una segunda y muy necesaria es que, en el ejercicio de su función, los que mandan se merezcan la confianza del pueblo.

Parece evidente que los 350 diputados, así, en bloque, no se han ganado la legitimidad suficiente para seguir representando al pueblo español. Es una opinión personal, claro está, y caben otras. Oigámoslas. Junto a los partidos, una democracia permite el juego de las opiniones a través de los medios.

Al menos cabe un gesto simbólico y ejemplarizante. Los líderes de los distintos partidos presentes en el Congreso deberían retirarse a sus respectivas profesiones, si es que tuvieren alguna. Y si no, a las listas del paro. Tampoco estaría mal que los diputados desde hace siete meses devolvieran sus sueldos públicos. Simplemente, estos señores no son señorías, no nos representan adecuadamente. Caben todas las excepciones personales. Este es un juicio corporativo.

La verdadera “regeneración democrática” pasa por transformar radicalmente la estructura de los partidos. Hoy parecen más bien oligarquías parasitarias del Estado, pirámides autoritarias. Habrá que caminar francamente por la senda democrática. Quizá para ello se requiera una “segunda transición”, aunque las segundas partes no fueron nunca buenas, salvo en el Quijote.

Tómese mi parecer, no como un dictamen, sino como la expresión de un sentimiento popular. ¿No ven los políticos que su imagen se deteriora día tras día? ¿Se atreverán a irse de vacaciones? No basta con que hilvanen un Gobierno en el último minuto. No consuela mucho que, durante los meses sin Gobierno real, no hayan podido subir los impuestos; tampoco los han bajado.

Políticos zopencos
Antonio García Fuentes Periodista Digital 20 Julio 2016

Considero que los políticos españoles les va bien esta calificación en las circunstancias a que se ha llegado; y no digo “nuestros políticos” porque considero que no lo son, “son de ellos” y como mucho de su cuerda o parte de la misma; puesto que en España y los españoles, sólo piensan en exprimirla y exprimirnos, como han venido haciendo hasta ahora mismo, arruinando el solar patrio y las economías de la mayoría, cuando no empobreciéndolas de forma alarmante hasta llegar en muchos casos al extremo de pobreza que ya padecen en demasiados hogares y en cantidad de ellos ya en la indigencia o cuasi llegando a la misma.

Por todo ello más que discutir lo que debieran haber hecho todos “o casi todos” es irse de la política y dejar que otros, “nazcan en ella a ver si nacen verdaderos estadistas y no más payasos, saltimbanquis y demás figuras que sólo van a su panza y su bolsillo”.

Y digo ello hoy, respetando el resultado de las elecciones últimas, que ya veremos sin son últimas, o estos “zopencos” nos hacen ir a otras posteriores; puesto que pensando prácticamente… ¿Qué importa a la inmensa mayoría de españoles el que vuelva a la presidencia Mariano Rajoy Brey y aunque sea uno más, que si ha destacado en algo ha sido en desaciertos y mal gobierno? Pues en las circunstancias actuales, nada en absoluto, puesto que “poco o nada mejor hay por elegir”.

Por otra parte, el que sea nombrado presidente, no es darle “patente de corso”; puesto que ya nombrado, “paso que dé, paso que será controlado por los de la oposición, que suman muchísimos enteros más que él y por tanto no puede haber desmadres”; o suponemos que no, salvo que lo que ocurra son nuevos y desconocidos “conchabamientos y pingües negocios a repartir y repartiendo los compinchados, pues de nuevo panza y bolsillo y el resto a callar”.

España no es que esté bien o regular, como nos quieren hacer creer los inútiles que nos han arruinado; España es una especie de “cadáver viviente”, que necesita muchos y continuados BUENOS GOBIERNOS; para que de verdad podamos enderezar la enorme caída e ir saliendo poco a poco (que nadie piense en milagros, que milagros no existen en este mundo) de esta ya vergonzosa ruina y a la que nunca se debió llegar.

Por tanto y de una puñetera vez, dejen a Rajoy que siga gobernando y no lo dejen “desgobernar”; puesto que se supone (señores políticos) que ustedes saben mejor que yo, lo que hace falta en España y como ahora van a intervenir todos o casi todos, procuren que se gobierne bien, corrijan las muchas lacras que existen sobre la mayoría de españoles, déjennos “respirar” y que la iniciativa privada (REPITO PRIVADA) vuelva a ser emprendedora de la prosperidad perdida, puesto que ni ustedes como gobierno u oposición, ni las multinacionales, bancos y demás monopolios, no harán otra cosa que lo que siempre hicieron, “chuparnos toda la sangre que les dejen ustedes chupar; puesto que ellos voluntariamente no darán nunca nada”.

Para respaldar cuanto hoy digo; va una lectura muy interesante y la dirección para que la puedan completar; NO MÁS MENTIRAS LA VERDAD SIEMPRE SE IMPONE, PESE A LA TIRANÍA QUE LA AMORDACE Y SEA COMO SEA.

“Las pasadas dos semanas, un grupo de profesores y economistas hemos analizado y debatido la fiabilidad o no de las cifras oficiales de PIB. El resultado ha sido el afianzar y precisar más aún nuestras pruebas de la falsificación sistemática de las cuentas nacionales, como ocurrió en Grecia, de forma que en este momento, y salvo posturas espurias sin argumento sólido alguno, ha quedado probado más allá de toda duda razonable que el PIB real a precios de mercado o riqueza nacional es, como mínimo, un 18,7% inferior al que muestran las cifras oficiales. Lo que, en términos prácticos, significa que la situación económica de España es insostenible. La burbuja de deuda es muy superior a la estimada y absolutamente imposible de devolver, el déficit está fuera de control y la presión fiscal se coloca a la cabeza de Europa y no por debajo de la media, como falsamente afirma la casta política. Sorprendentemente, Juan Ramón Rallo, un economista que se presenta como independiente, se alinea con los embustes de las prácticas contables del Gobierno y niega las evidencias que cualquier persona informada puede comprobar. En contra de cifras y hechos indiscutibles, afirma que “no son sostenibles como defensa de la manipulación del PIB”, aunque a la vez dice lo contrario: “Mi réplica no pretende garantizar la fiabilidad e inexistencia de manipulación de los datos del INE”. ¿Entonces en qué quedamos? ¡Pues claro que lo pretende! Pero no solo eso, lo pretende utilizando datos burdamente sesgados a favor de su tesis y la del Gobierno. Pero cuando nos encontramos al borde del abismo y con los pies colgando en lo económico y ante un caos total de gobernabilidad, tanto si Rajoy es investido como si no, una manipulación así es absolutamente inaceptable”.

http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2016-07-18/por-que-rallo-defiende-pib-oficial_1234460/

A la vista de todo ello, esperemos que “a los zopencos se les encienda la bombilla” y empiecen de verdad, a trabajar por España y los españoles; puesto que ya estamos tan cabreados, que en una próximas elecciones “puede ocurrir de todo y nada de ello bueno, que digamos”: Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

El minué político español
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 20 Julio 2016

Vamos para siete meses y los políticos españoles siguen sin poder ponerse de acuerdo para que España tenga un Gobierno. Los españoles han ido a las urnas dos veces y han expresado sus preferencias y, aunque en estas segundas elecciones lo han hecho con más claridad que en las del 20-D, ellos siguen bailando un melindroso minué, ajenos a las urgencias de la sociedad española. En el colmo de la beatitud, algunos cronistas, periodistas y tertulianos disculpan sus posturitas y el baile de disfraces al que estamos asistiendo, justificando el paso del tiempo en la necesidad que tienen nuestros políticos de cambiar sus posiciones electorales: "Necesitan tiempo para convencer a su electorado de los cambios que con seguridad harán para no ir a unas terceras elecciones".

Va a favor de los dirigentes políticos y de su tosco minué que parece que el no tener un Gobierno a pleno rendimiento desde hace medio año no impone catástrofes irreversibles; sin darnos cuenta de que todos los problemas que no se encaran terminan siendo mayores y más graves, aunque la rutina nos haga creer el espejismo de que todo sigue igual. Pero los problemas siguen ahí. En Cataluña los retos independentistas se han petrificado, que es lo peor que puede suceder, y sin embargo no son pocos los que ven esta situación como una esperanza, como una victoria... mientras, allí todo sigue igual, caótico y sin partidos institucionales con fuerza suficiente para proponer, para dirigir a la sociedad catalana. En el País Vasco, donde podríamos experimentar las soluciones que dicte la razón y permitan el diálogo, sirviendo como un espejo en el que se pudieran mirar los nacionalistas catalanes, la falta de atención por parte de los partidos nacionales, la confusión entre la moral privada y los intereses nacionales -seguimos con la idea, arraigada en nuestra historia, de que es preferible la honra (moral) sin los barcos a éstos sin honra; algo que ya echaban en cara los apologistas del Conde Duque de Olivares a Richelieu- nos mantiene en una quietud que bien podría terminar en un vendaval parecido al de Cataluña después de las inminentes elecciones autonómicas.

Europa se ve envuelta en una crisis de existencia que puede arrastrar a España a una posición muy ancilar respecto a los países mas prósperos de la Unión, no se nos espera o, peor aún, se nos espera pero no acudimos a la histórica cita, entretenidos, como tantas veces en nuestro pasado, en nuestras cuitas domésticas. En el sistema de pensiones se abre un agujero negro que amenaza la precaria seguridad que hoy tienen muchas familias españolas a través de la pensión de los abuelos y el armazón jurídico-político de la España constitucional muestra necesidad de reformas políticas si queremos que el sistema del 78 sobreviva a medio plazo.

Pero nuestros políticos, ensimismados en sus incomprensibles urgencias, necesidades y miedos, siguen mirando al contrario con un mohín de asco, como si temieran contagiarse por el hecho de hablar, dialogar, pactar y darnos soluciones eclécticas, que puedan explicar sin esfuerzo los unos y los otros. No necesitan tiempo para pactar y lo que dijeron en la campaña es una esclavitud mientras los ciudadanos no hayan expresado su opinión soberana en las urnas -"Roma locuta disputa finita"-. Después de unas elecciones, los políticos, si son algo más que meros transmisores de opiniones individuales, están obligados a interpretar a toda la sociedad, a todo el abigarrado cuadro sociológico compuesto por las diversas opiniones expresadas con los votos, y los ciudadanos no esperan sin desconfiar que acierten; pueden equivocarse desde luego. Los ciudadanos esperan que la interpretación sea cabal, atendiendo a los intereses generales, dando la espalda al periodo de tiempo presidido por las siglas, por el programa del partido y por el líder que aparece en los carteles electorales; confían en que la acción de los políticos esté presidida por el objetivo del bien común, una de las ficciones necesarias en las que se basan nuestras democracias y a la que se deben esforzar para acercarse lo mas posible.

La sociedad española ha realizado durante los tres últimos años, en sucesivas elecciones, una enmienda parcial pero innegable al bipartidismo instaurado desde la aprobación de la Constitución del 78. Parece que una interpretación general de los resultados de elecciones europeas, municipales y autonómicas, además de las dos de ámbito y validez nacional, nos indicaría que los españoles quieren un cambio en las formas de hacer política, de ahí el retroceso de los dos grandes protagonistas políticos nacionales, pero sin volver a empezar desde cero una vez mas, por eso no ha habido sorpasso al PSOE y la suma de los dos grandes partidos sigue siendo muy superior a cualquier otra combinación nueva. Se constata que los españoles quieren cambios en el sistema del 78, pero no están por las nuevas aventuras que proponen jeremías de oficio, que ofrecen sus soluciones desde algunos nuevos partidos o desde púlpitos catódicos. Sin embargo, las grandes formaciones nacionales siguen arraigadas en las costumbres que nacieron en tiempos más pacíficos y con líderes que lograron acumular grandes dosis de confianza de la sociedad española y, lo que es peor, parece que han contaminado pronto y profundamente a las nuevas formaciones políticas, que han empezado a hacer gala de los inconvenientes y la desconsideración de los partidos mas veteranos.

El PSOE todavía vive en una realidad pasada, cree que es igual ser el segundo partido que ser la alternativa al PP. Parece que se ha consolidado como segunda opción política de los españoles, driblando el presumido adelanto de Podemos, pero sin embargo ha disminuido su capacidad para ser una alternativa autónoma, capacitada exclusivamente por sus líderes y sus discursos; cada elección que hemos afrontado ha puesto al PSOE más lejos del PP y más dependiente del resto de las formaciones políticas. Parecería a cualquiera que se encontrara en esta situación que los responsables admitirían pacíficamente su responsabilidad y se pondrían a disposición del partido. Pues no está sucediendo en las filas del PSOE lo más razonable, siguen empeñados en equivocarse, analizando todo desde las posiciones con menos grandeza, desde las perspectivas más personales... Algunos dirigentes socialistas me recuerdan a La Bruyère cuando dice: "Hay ciertas cosas en las cuales la mediocridad resulta insoportable: la poesía, la música, la pintura, la oratoria. Qué suplicio oír declamar enfáticamente un discurso huero, o decir versos mediocres con todo el énfasis de un poeta ramplón".

El PSOE tiene que pasar de ser el segundo partido a ser la alternativa. Desde luego necesita un discurso nuevo, del siglo XXI, pero necesita antes ganar respetabilidad y confianza y esto sólo pueden conseguirlo tomando la iniciativa e interpretando correctamente los intereses generales. No sé cómo se puede renunciar a dar confianza a los ciudadanos permitiendo la investidura de Rajoy con condiciones y ser el primer partido de la oposición. Sólo el síndrome de Estocolmo que algunos dirigentes padecen respecto a Podemos y el convencimiento sobre la propia pequeñez del PSOE que sienten otros directivos socialistas puede oscurecer la solución más razonable para los españoles y, sorprendentemente, para los socialistas.

Tampoco parece que Rajoy haya comprendido la magnitud del cambio. Ha ganado las elecciones superando los números de las elecciones de diciembre, pero le hacen falta muchos diputados para formar Gobierno, que es lo más urgente, y un número aún mayor para lograr uno mínimamente estable, lo que más necesitamos los españoles. Se equivoca si cree que un documento que parece redactado con la preparación y la soberbia de un grupo de abogados del Estado dedicados a la política, puede convencer, mejor que seducir, a los partidos de la oposición. Es una cuestión eminentemente política.

El Gobierno próximo no puede ser un Gobierno convencional de partido, debe ser construido para mantener una interlocución continua con un Congreso mayoritariamente receloso. La difícil situación le obligará a consensuar nombres en las instituciones que requieren imparcialidad e independencia -Banco de España, RTVE, órganos judiciales, organismos reguladores, etcétera- y es inevitable, para que los españoles lleguen al puerto más seguro, olvidar los apriorismos que imponen tener mayoría absoluta a la hora de iniciar un periodo político de reformas políticas, sociales y económicas que la realidad impondrá ordenadamente o con tirones y quebrantos que nadie desea.

Por desgracia para el PP y por suerte para los españoles, Rajoy, si quiere salir adelante, tendrá que salir de las fronteras siempre poderosas de su propio partido. O es un presidente por encima de la sigla o no lo será, y si lograra serlo, será un presidente efímero, con un mandato convulso, dejando pasar una gran oportunidad. Como si los dioses quisieran divertirse a su costa, Rajoy, presidente al que menos le ha gustado lo que podríamos llamar política pura, se ve obligado a enfrentarse, hasta para enfrentar los retos económicos, a una legislatura especialmente política... Política con mayúsculas que le impondrá olvidar a aquellos de su entorno que en palabras del moralista francés: "Ignoran cuán por debajo están de lo sublime y de lo heroico, incapaces de saber hasta dónde llega el talento, creen ingenuamente que el suyo alcanza todo el que los hombres pueden llegar a tener". Tarea difícil la de Rajoy: superar al partido, superar su entorno y superarse a él mismo.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La derecha es culpable
Jorge Vilcheswww.vozpopuli.com 20 Julio 2016

Ciudadanos ha llegado a un acuerdo con el PP tapándose la nariz y culpando al PSOE para repartirse sillones en la Mesa del Congreso. Rivera ha cruzado varias líneas rojas que él solo se puso, y que no resultaron en las urnas, justificándose por el deseo loable de “desbloquear”. El PSOE es una negación dentro de un interrogante, siempre en busca de identidad y de un liderazgo mágico, obsesionado por recuperar el papel de alternativa de la izquierda puesto en peligro por Iglesias y compañía. Unidos Podemos ha iniciado la XII Legislatura prometiendo cambiar la Constitución, que dada su debilidad parlamentaria y la existencia del Senado, es demagogia muy barata. Es más, lamentan que el PSOE no haya estado a la altura para desalojar al PP de la Presidencia, porque da igual el reglamento, la democracia, la costumbre y las mayorías. A pesar de este panorama desalentador, todos sin excepción culpan de la situación a Mariano Rajoy y, los más avezados en discursos añejos, a “la derecha”. Es una costumbre patria en momentos de incertidumbre.

Al día siguiente de la constitución de las Cortes en 1933, Ortega publicó en El Sol un artículo titulado “En nombre de la nación, claridad”. El texto respondía al shock que produjo la victoria electoral de la derecha. El filósofo madrileño, ebrio de confusión esos años, empezaba diciendo que la República no fue “traída”, sino que “sobrevino espontáneamente”, al igual que se “producen los fenómenos biológicos”. Y a continuación soltaba aquello de que los republicanos –incluía a los socialistas para sorpresa de propios y extraños- se habían apropiado del régimen como “beatos de un ideal abstracto”. La derecha, decía el iniciador de la “nueva política”, había sacado a votar a las ancianas, los enfermos, las monjas… “Se ha raído hasta el fondo del arca. Ya no hay más”. Por eso, los republicanos tenían que defender el régimen ante la posibilidad de que la derecha, que no tenía la mayoría social, ni el voto de la juventud, del intelectual, de los artistas, de los regeneradores, echara marcha atrás en “su” República.

La advertencia y el miedo de Ortega eran ridículos, no solo porque el PSOE de Largo Caballero era el responsable de la disolución del gobierno republicano de Azaña y estaba en la senda guerracivilista, sino porque los anarquistas iniciaron ese mismo día, el de apertura de las Cortes, una insurrección terrible. Y no era la primera vez. El caso era culpar a la derecha de la inestabilidad, de gobernar de espaldas al pueblo, con líderes que compendiaban todos los vicios y maldades del ser humano –sobre todo la molicie y la corrupción-. No solo eso: las victorias de la derecha en las urnas eran errores del pueblo o el resultado de triquiñuelas. “Ah, si el pueblo hablara…”. En fin.

Ya ocurrió con el “Maura, no” en 1909, que aglutinó a la oposición liberal, republicana y socialista. Aquel político mallorquín no podía seguir gobernando, decían en mítines y manifestaciones callejeras con una cartelería desplegada que nos transportaba al mundo anglosajón; parecía otro país. Daba igual que el Partido Conservador de Maura ganara las elecciones en las circunscripciones libres, que tuviera detrás un partido más o menos cohesionado, que hubiera respetado la ley y el régimen, asuntos que los demás partidos ni siquiera podían mencionar. Era preciso cargarse a Maura; quizá precisamente por eso, porque era necesario denigrar al “enemigo” para ocultar los enormes defectos propios. O para movilizar a un electorado cuya seña de identidad era derribar lo existente, pasándose los modos democráticos y legales por el refajo de sus caprichos populistas.

Es cierto que ha muerto el bipartidismo imperfecto que tuvimos desde 1977. Tanto como que hemos entrado en una fase de transición hacia otro sistema de partidos de difícil definición aún. No es tetrapartidista porque uno de los cuatro quiere acabar con el orden constitucional y establecer el socialismo del siglo XXI, donde las políticas públicas, la justicia y el orden sean establecidos por asambleas de delegados vecinales. Parece, con riesgo cierto a equivocarme, que todo nos conduce a una política de bloques, con PP y C’s por un lado, y PSOE y UP por otro; y entre medias, los independentistas. Todo esto sería viable, incluso gobernable, si no dominara a todos los partidos una idea fija y repetitiva: “la derecha es culpable”. Ya podrán pactar la Mesa del Congreso que quieran, pero mientras C’s no se quite los complejos de su origen –el PSC-, y la mala asesoría de campaña electoral, la vida política no será normal. Como no será normal mientras haya unas izquierdas con moldes trasnochados, y comportamiento semileal al régimen, cuando menos, que sostengan que lo democrático es apartar al PP de la circulación.

La aceptación del adversario en los regímenes representativos es una norma básica para la convivencia pacífica y la gobernabilidad dentro de los cauces democráticos. Un país tiene el gobierno que se merece porque a fin de cuentas los ciudadanos lo han elegido con sus votos, y, como escribía el politólogo italiano Gianfranco Pasquino, también tiene la oposición que se merece, reflejo de su sociedad y de su cultura. Nosotros nos lo hemos buscado. A pulso.

Rajoy ha comenzado a hablar en catalán con Viri…
José Oneto Republica 20 Julio 2016

¿Se está empezando a encauzar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno? ¿El acuerdo entre PP y Ciudadanos para la elección, este martes, de la ex ministra de Fomento Ana Pastor como nueva presidenta del Congreso de los Diputados significa que estamos en plena etapa de deshielo entre Rivera y Rajoy y que el líder de Ciudadanos ha aparcado su oposición personal al actual presidente en funciones, y que estaría dispuesto a cambiar su anunciado voto de abstención por un voto a favor de la investidura, con lo que, definitivamente se despejaría el miedo a unas nuevas elecciones? ¿Es verdad que Mariano Rajoy está empezando a hablar catalán en la intimidad, como Aznar en 1996, cuando consiguió, a un elevado precio, el apoyo de Convergencia a su investidura, tras el llamado “Pacto del Majestic”?

Todas estas preguntas han estado presentes en la constitución de la XII Legislatura de las Cortes Españolas, con la que se ha puesto en marcha, por segunda vez, todo el mecanismo constitucional para encontrar un presidente y un Gobierno que termine con la situación de bloqueo político en que se encuentra el país, desde el pasado mes de diciembre, al no ponerse de acuerdo los partidos y sus responsables políticos en encontrar un gobierno estable que haga frente a una situación cada vez más deteriorada y más complicada. Especialmente por las presiones de la Unión Europea y las exigencias de Bruselas para que se apruebe, cuanto antes, un proyecto de Presupuesto del Estado para 2016, que se enfrente con el cumplimiento de los objetivos de déficit, uno de los principales problemas económicos con los que tiene que enfrentarse el nuevo Gobierno.

La elección de la Mesa del Congreso, el máximo órgano de gobierno de la Cámara que, al contrario que la anterior legislatura quedó en manos del PSOE (Patxi López), en esta ocasión, gracias a un pacto con Ciudadanos ha quedado en manos del centro-derecha, por la negativa del candidato socialista de entrar en ninguna negociación que le obligase a levantar el veto en contra de la investidura de Rajoy por una abstención en la segunda votación. El PSOE ha perdido la ocasión de recuperar la Presidencia del Congreso que ha recaído en la ex Ministra Ana Pastor, una de las personas más cercanas al Presidente del Gobierno, mientras el resto de la mesa, con dos puestos importantes para Ciudadanos, no pone en peligro una mayoría de centro-derecha, gracias al pacto de Ciudadanos.

Pero, la sorpresa se ha producido cuando al pacto PP-Ciudadanos, se han sumado en una de las votaciones secretas, Convergencia (a cambio de reconocimiento de grupo parlamentario propio que no le corresponde) y PNV (a cambio de un puesto en la mesa del Senado), con un total de diez votos, algo que ha empezado a relacionarse con un posible apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes a la candidatura de Rajoy que podría contar, en caso de producirse, con un total de 179 votos (180 con Coalición Canaria) cuatro más que la mayoría absoluta, aunque, hasta después de las elecciones autonómicas vascas del otoño Rajoy no podría contar con los votos del nacionalismo vasco.

Una situación muy similar a la de José María Aznar en 1996, cuando tuvo que negociar con vascos y catalanes (hasta el punto que llegó a confesar que hablaba catalán en la intimidad) para ser investido presidente. Este martes en los pasillos del Congreso de los Diputados el comentario más repetido era que, en efecto, Rajoy había empezado a hablar en la intimidad con Viri, su esposa, en catalán. Toda esa rumorología y todas esas especulaciones han producido un cierto alivio en el PSOE, empeñado en el “no, no y no”, como si eso les liberase de la gran responsabilidad que contraen en la convocatoria de unas nuevas elecciones, si, en última instancia no se abstienen.

Por otra parte, con el despacho, este miércoles, de la presidenta de las Cortes con el Jefe del Estado, para ordenar el ritmo de una nueva ronda de consultas, de la que tiene que salir un candidato a la investidura que puede ser Rajoy (“Quiero gobernar y sólo quiero que me dejen gobernar y que no bloqueen la investidura”, ha declarado Rajoy terminada la elección de Pastor) debería comenzar, el camino hacia, la investidura de Rajoy que solo aceptaría presentarse, dicen en su entorno, si tiene garantías de que no se va a producir el temido bloqueo. Lo que significa que debe comprobarse si es factible la vía de los nacionalismos, que se ha abierto con la elección de parte de la Mesa y si el camino de colaboración con Ciudadanos desemboca en votos a favor en vez de la abstención, mientras Rivera sigue presionando a Sánchez de que, en última instancia, opte por la abstención y Rajoy continua profundizando con ahínco en el conocimiento del catalán…

Un pacto subrepticio entre el PP y los independentistas por un millón y medio
El PP presta al PNV una secretaría en la Mesa de la Cámara Alta y se compromete a que CDC disponga también de grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 20 Julio 2016

Si los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes (PNV, CDC, ERC) hubiesen querido, Ana Pastor no sería desde ayer presidenta del Congreso. Parece evidente que Mariano Rajoy y el PP han pactado subrepticiamente -es decir, de manera oculta- para que CDC y PNV, en segunda vuelta, se abstuvieran. ¿A cambio de qué? Muy sencillo: el PP presta al PNV una secretaría en la Mesa de la Cámara Alta y se compromete a que CDC disponga también de grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Iglesias: “Parece que Homs ha llegado a un acuerdo con quienes quieren encarcelarle”

Los exconvergentes, según el artículo 23 del Reglamento del Congreso, no tienen derecho a grupo parlamentario porque, aunque han obtenido ocho diputados, en dos circunscripciones en las que se presentaban –Barcelona y Tarragona- no obtuvieron el 15% de los votos, condición necesaria para, con cinco o más diputados, obtener grupo propio. Tampoco logró ese porcentaje mínimo en el conjunto de Cataluña. Para el refundado partido catalán (PDC) -que se ha identificado ya como independentista y republicano-, que sus diputados pasasen al grupo mixto o se integrasen en el de ERC resultaba un auténtico desastre.

Un desastre político -falta de visibilidad política y mediática y poco margen de protagonismo parlamentario- pero, sobre todo, económico. Según la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (artículo 175), solo percibirán subvención por elector los partidos que logren obtener grupo parlamentario. Por este concepto, CDC podría recibir -solo si es grupo parlamentario- la bonita cantidad de 965.876 euros, incluyendo en ella los gastos de 'mailing' a los cinco millones de electores catalanes. Igualmente, los exconvergentes obtendrían 343.164 euros anuales para el pago de asesores y mantenimiento del grupo. En total, el primer año de legislatura, CDC recibiría -si finalmente la Mesa del Congreso acepta su petición de grupo parlamentario- más de un millón y medio de euros y 350.00 en los sucesivos. CDC se gastó en la campaña del 26-J del orden de 1.600.000 euros. Y sin el retorno de ese dinero en subvenciones, la viabilidad del partido está en el alero.

En la reunión celebrada en Moncloa entre Rajoy y Homs el pasado día 12 de julio, este fue el orden del día: los ocho diputados independentistas no serían obstáculo para que prosperase el ya previsible pacto entre el PP y Ciudadanos para sacar adelante la designación de la presidencia de las Cortes. ¿Criticable semejante acuerdo? A tenor de lo que hubiesen dicho los populares si el mismo pacto lo hicieran los socialistas, desde luego que lo es. Rajoy y el PP no han hecho ascos a entenderse -y facilitar medios políticos y recursos económicos- con un partido antisistema como el que representa Homs. Pero el pragmatismo se impone a tanto discurso 'de principios' cuando lo que está en juego son los tronos del poder.

Más sentido adquiere el acuerdo con el PNV en el Senado: los nacionalistas vascos se encuentran en una tesitura de mayor moderación y sensatez. Y en todo caso, Rajoy pensará -y acertará- que este acuerdo a dos bandas podría ablandar a los dirigentes vascos y catalanes en una posible sesión de investidura para recabar su abstención.

El comportamiento ayer de los nacionalistas e independentistas -que habrían añadido 10 votos adicionales en la elección de los vicepresidentes primero y tercera del Congreso, Ignacio Prendes (Ciudadanos) y Rosa Romero (PP), respectivamente- tiene que ver también con el hecho de que la fiabilidad de la izquierda española -PSOE y Podemos- está bajo mínimos, como ayer reconoció el propio Pablo Iglesias. Apostar por una estrategia urdida entre Sánchez y el líder morado es como jugar a la ruleta rusa, y en la medida en que esa izquierda deambula desconcertada, los nacionalistas e independentistas aseguran algunas posiciones al amparo del PP, secundado por Ciudadanos. Los populares les ofrecen más garantía de solvencia, aunque para los unos y los otros represente una gruesa contradicción difícil de digerir para sus respectivos electorados.

Solo cabe oponer una incógnita: cuando la Mesa del Congreso deba decidir -dispone de cuatro días hábiles para hacerlo- la constitución de los grupos parlamentarios, ¿Ciudadanos se avendrá a que CDC, sin tener derecho, lo obtenga? Está por ver si el PP se tiene que apoyar en los representantes del PSOE -también estarían reticentes a hacerlo- porque los de Rivera no secunden los acuerdos subrepticios entre el PP y CDC. Estos últimos -y los populares- niegan la existencia del pacto, y aducen que tradicionalmente la Mesa ha hecho la vista gorda en casos similares. Es cierto, desde luego. Pero también lo es que carecería de sentido político acordar ahora, por un lado, con el PP visibilidad y financiación parlamentaria y, por otro, pactar con la CUP la independencia unilateral de Cataluña.

La comprensión popular hacia los nacionalistas e independentistas -que quizá deberá traducirse en políticas concretas en el futuro- está también relacionada con la convicción que está calando en Moncloa: Rajoy seguramente tendrá que manejarse con un Gobierno en minoría (137 escaños) y, por lo tanto, disponer de un amplio margen de maniobra para practicar 'geometría variable', es decir, llegar a acuerdos con unos y otros, en función de cada uno de los temas. En Génova piensan que podría contarse con CDC también para “medidas técnicas”: fijación del techo de gasto y aprobación de los Presupuestos Generales que contemplen determinadas infraestructuras para Cataluña. Ayer, en la constitución del Congreso, se enseñaron muchas cartas.

La ablación de Europa
EDITORIAL Gaceta.es 20 Julio 2016

Hace aproximadamente un año, cuando estalló la denominada “crisis de los refugiados”, Europa tuvo que tomar una decisión sobre sí misma: o guardar sus fronteras y su identidad cultural –y, de paso, su seguridad interior-, o ceder a las presiones de quienes imponían una apertura a todo trance sin reparar en las consecuencias. Pudimos asistir entonces a un espectáculo intelectualmente bochornoso –por irracional- que consistió en explotar el sentimentalismo de la opinión pública al tiempo que se demonizaba a quienes trataban de advertir sobre los riesgos. Toda Troya suele caer cuando se deja de prestar oído a Casandra. Hoy estamos donde estamos.

Hablemos claro: el derecho de asilo es una institución que debe ser preservada, pero para satisfacer sus exigencias no era preciso absorber a millón y medio –o más- de ciudadanos extranjeros e introducirlos con calzador en nuestras sociedades. Habría bastado con acoger a los refugiados, atender sus necesidades básicas y preparar su retorno. En vez de eso, se abrió la puerta con carácter permanente a una muchedumbre que excedía descaradamente la condición de “refugiados” y que entraba en la de inmigrantes de corte socioeconómico. La operación era ilegal, pero unánimemente se clamó contra los que, como el húngaro Orban, trataron de aplicar la legalidad en las fronteras.

¿Por qué se hizo así? Más precisamente: ¿Por qué la tecnocracia que gobierna Europa, desde las instancias políticas hasta las financieras pasando por las mediáticas, apostó y sigue apostando decididamente por la absorción cuando desde ningún punto de vista –cultural, social, religioso, etc.- puede defenderse racionalmente tal cosa? ¿Sólo por criterios económicos? ¿Sólo por la necesidad alemana de compensar su crisis demográfica para salvar el sistema de coberturas sociales, tal y como prescribía la ONU en marzo de 2015? ¿Sólo por la conveniencia de incorporar mano de obra barata para bajar el salario mínimo en Francia y Alemania, como pidieron los “think tank” del poder en esos países, y tratar de reactivar así una economía mortecina? ¿Esa ha sido realmente la finalidad de la gran trama? ¿Un reemplazamiento demográfico con fines económicos?

Una sociedad no es un contenedor neutro que pueda llenarse a voluntad con cualesquiera individuos de la especie humana. Una sociedad es el producto, decantado por la historia, de una visión del mundo, unas leyes, unas creencias, unos sistemas de producción, etc. Es todo eso –y más cosas- lo que conforma una identidad. Introducir ahí a un número desproporcionado de personas con una identidad distinta es una operación, cuando menos, arriesgada. Si además concurre la circunstancia de que esa otra identidad viene cargada con conflictos que traspasa a la sociedad de acogida, entonces la absorción se parece mucho a un suicidio. Hubo y hay en Europa muchas voces que lo advirtieron. Las consecuencias se sustancian en ese muchacho supuestamente afgano pero en realidad pakistaní, supuestamente refugiado pero en realidad inmigrante, supuestamente acogido pero en realidad yihadista, que el otro día se lió a hachazos en un tren alemán. Gracias, Merkel. Europa, agradecida.

La oposición critica la política de seguridad
Francia abuchea el derrotismo de su gobierno frente al terror
Valls ha sido estruendosamente abucheado en Niza. Francia está harta del experimento multicultural y de la 'religión de paz'.
Carlos Esteban Gaceta.es 20 Julio 2016

Durante el minuto de silencio con que se pretendía homenajear a las víctimas del brutal atentado que costó la vida a 84 personas y causó heridas a más de un centenar en Niza en la noche del Día de la Bastilla, el pasado 14 de julio, la rabia de la muchedumbre estalló en un estruendoso abucheo acompañado de insultos a los representantes del gobierno.

En los vídeos del acto puede oirse claramente no solo el abucheo y los insultos ocasionales, sino también voces exigiendo la dimisión del Gobierno.

Si después de la matanza de Charlie Hebdo, hace año y medio, los franceses parecían hacer piña en torno a su presidente, el impopular François Hollande, y al primer ministro Manuel Valls, los posteriores ataques islamistas, unidos a la reacción del Gobierno, ha enfriado considerablemente el ánimo de los ciudadanos con respecto a sus gobernantes. En el funeral de la pareja de policías asesinados por un yijadista, un agente le negó pública y ostentosamente el saludo al primer ministro.

Y ahora, en el funeral por las víctimas del ataque del Paseo de los Ingleses de Niza, Valls ha sido recibido con un sonoro e inocultable abucheo. Se ha pasado en cosa de año y medio de las ovaciones y el canto emocionado y conjunto de La Marsellesa a un rechazo irritado y tangible.

Entre estas dos escenas, sobre todo, una frase pronunciada tras el décimo segundo atentado islamista desde enero de 2015: "Los tiempos han cambiado y debemos aprender a vivir con el terrorismo. Tenemos que mostrar solidaridad y calma colectiva".

Es decir, el gobierno, que ya renunció hace tiempo al control de sus fronteras, renuncia ahora también a esa otra misión que justifica su existencia: la protección de sus ciudadanos. Parece darse de bofetadas con esta otra pronunciada en la misma ocasión: "Francia es un gran país y una gran democracia y nos permitiremos que nos desestabilicen".

O, quizá, no. Quizá ambas frases no solo no son incompatibles, sino que en realidad se complementan, quizá la estabilidad consiste, precisamente, en que Francia "aprenda" a convivir con el yijadismo constante.

Francia está en la vanguardia del proyecto multicultural europeo. No solo es el país con un mayor número de población inmigrante extraeuropea, también de población islámica, y lo que para muchos es el corolario obligado: también es el país de la UE que más ataques, más multitudinarios y más seguidos está sufriendo por parte del radicalismo islámico.

¿Qué ha cambiado de hace año y medio a hoy? En estricta teoría, nada. Por espeluznante que haya sido el ataque de Niza, sobre hombres, mujeres y niños que celebraban felices la fiesta nacional en medio de fuegos artificiales, la masacre del Bataclan no fue menos espantosa, sobre todo ahora que conocemos datos hasta el momento censurados sobre terribles torturas y humillaciones a las que fueron sometidas muchas de las víctimas de la matanza.

Tampoco la respuesta del Gobierno, las medidas concretas, han diferido gran cosa. Al día siguiente de la masacre en París, el presidente Hollande -cuya popularidad rondaba el 11% hace unos días, difícil bajar de ahí- ordenó a la fuerza aérea bombardear Raqqa, y ahora mismo se barajaba idéntica opción.

Parece, sencillamente, que los franceses se han hartado, que han abierto los ojos, que el horror de Niza ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia. O que han sentido, en la frase de Valls, que han sido timados, estafados, por una clase política que les ha vendido inmigración masiva, islam y multiculturalidad asegurándoles que su país se vería enriquecido culturalmente con ello sin demasiado riesgo.

Y ahora, al fin, les dicen la verdad: esto es lo que hay, esto es lo que va a haber en el futuro, aprended a vivir con masacres regulares. Esta es la mercancía podrida que os hemos vendido como el último gran beneficio de la modernidad.

Francia es peculiar en esto. España tiene sus acuerdos con la Santa Sede, la casilla de la Iglesia en IRPF, el reconocimiento de la Iglesia como actor 'especial' en la propia constitución. Gran Bretaña tiene una Iglesia oficial, de la que es cabeza la propia Reina. Hasta en Alemania el Estado federal recauda en nombre de las comunidades religiosas.

No en Francia. Francia es el perfecto, absoluto Estado secular, un Estado que pone todo el orgullo de ser francés, todo el patriotismo, en el hecho de poseer la nacionalidad, sin mirar origen, etnia o religión.

Por supuesto, no hay Estado sin 'religión', aunque sea tácita e inmantente, y cualquier francés conoce los principios y valores que gobiernan su religión estatal, que dan todos por supuesto y, hasta recientemente, nadie discutía.

Pero el experimento está fallando. Es cada día más evidente que Francia es, o era, bastante más que un conjunto de personas con un mismo pasaporte; que hay 'franceses de papel' que no se sienten en absoluto franceses, que maldicen Francia a cada oportunidad -Nique la France!- y en cada ocasión llenan los Campos Elisios o las 'banlieues' con banderas argelinas, tunecinas o directamente del ISIS.

Se han dado cuenta, de pronto, que es bastante más fácil mantener los valores republicanos frente a los católicos de siempre que frente a los musulmanes, cuya religión es inseparable del poder civil, y que cerrar los ojos al origen puede ser, en ocasiones, directamente suicida.

CATÁLOGO DE TÓPICOS DE LA YIHAD
Verdades y mentiras sobre el terrorismo islámico
Es la guerra de nuestro tiempo: el yihadismo. Y cada vez que golpea, una catarata de tópicos se abate sobre la mente del atribulado ciudadano europeo. Aquí va un catálogo de verdades y mentiras sobre el terrorismo islámico.
José Javier Esparza Gaceta.es 20 Julio 2016

¿Es del Daesh o no es del Daesh? ¿De verdad esto es el islam? Pero, ¿cómo, si el terrorista no era una persona religiosa? ¿No será solo un perturbado? O quizá se trata de un problema de integración social. ¿No será nuestra la culpa? Esto se arregla con diálogo y convivencia. O cerrando las mezquitas salafistas. O bombardeando al monstruo en su origen. Porque quieren derribar nuestra democracia. ¿O no? Veamos.

1. ¿Es el Daesh o no es el Daesh?
La pregunta de si un tipo que asesina a “cristianos” en el metro de una ciudad europea “pertenece o no al Daesh” no tiene más valor que el meramente policial –que, cierto, no es poca cosa- a la hora de saber a qué se enfrenta uno exactamente en un caso concreto. El Estado Islámico no es un club al que un fulano se afilie para ser yihadista. Más bien, un fulano es –o se hace- yihadista y, cuando actúa, levanta la bandera del Daesh, haya estado o no directamente en sus filas. A veces habrá estado en Siria e incluso habrá combatido en el frente; otras veces será simplemente un acomodado musulmán europeo o norteamericano que encuentra en las prédicas yihadistas del Daesh un estímulo para sus ansias asesinas. El Estado Islámico, normalmente, asumirá la autoría y acogerá al terrorista como “uno de nuestros soldados”, lo haya sido formalmente o no. Precisamente esa acogida póstuma es la mayor gloria posible para el terrorista.

El yihadismo actual no funciona como una organización jerarquizada y piramidal; eso desapareció con Al Qaeda, que empezó a emplear una estructura reticular poblada de grupos enteramente autónomos. Al Qaeda era –y sigue siendo- una organización, ciertamente, pero sólo unas pocas acciones eran decididas en la cúpula, que más bien se dedicaba a garantizar la fluidez logística: armas, explosivos, tarjetas de identidad, viajes, campos de entrenamiento, dinero, etc. y, por supuesto, la nutrición ideológica. A partir de ese momento, el terrorismo islamista empezó a funcionar de manera completamente descentralizada: una célula en cualquier parte perpetraba un atentado y acto seguido levantaba la bandera del grupo. Así Al Qaeda logró estar en todas partes sin estar en ninguna. El Estado Islámico (Daesh) sí ha querido controlar un territorio concreto –el califato de Al-Bagdadí-, y en sus filas se han formado muchos que luego han vuelto a sus países para realizar atentados, pero la estructura del yihadismo, en lo esencial, sigue siendo tan inaprehensible como en tiempos de Al Qaeda. Los grupos o milicianos aislados que reivindican sus acciones en nombre del Estado Islámico se reconocen sin duda en el yihadismo del Daesh, pero no hace falta que éste imparta la orden, ni siquiera que el terrorista haya militado en él.

El yihadismo contemporáneo ha entendido hace años que su acción será más eficaz cuanto más disperso esté el frente y cuantos menos lazos directos unan a los combatientes. Eso lo teorizó Mustafá Setmarián en su “Llamada a la resistencia islámica global” –precisamente, una crítica a lo que él consideraba exceso de centralización de Al Qaeda- y desde entonces el fenómeno no ha dejado de proliferar. En síntesis: que cualquiera pueda matar en cualquier parte, sea una célula más o menos formal, sea un simple grupo de amigos, sea incluso un individuo aislado. Ayer se mataba así en nombre de Al Qaeda y hoy en nombre del Estado Islámico. No hace falta que nadie dé la orden porque ésta ya se ha dado en el Corán, y no hace falta que nadie marque la estrategia porque ésta es muy simple: atacar. Los servicios de seguridad europeos lo saben perfectamente, aunque sus políticos no lo quieran ver.

2. “Esto no es el islam”.
Típico argumento “buenista” que intenta redimir al conjunto de los musulmanes apartando a las manzanas podridas. Es innegable que la gran mayoría de los musulmanes no son terroristas. Ahora bien, es un hecho que los terroristas de hoy sí son musulmanes. Del mismo modo, el islam no puede reducirse a la “yihad de la espada”, esto es, a la imposición de su fe por la violencia, pero la yihad violenta es uno de los rasgos específicos del islam desde hace catorce siglos y siempre ha estado presente en esa civilización. E igualmente, la experiencia –por ejemplo, en Molenbeek- demuestra que puestos a elegir entre la manzana podrida yihadista y el “infiel”, la comunidad musulmana preferirá siempre al primero.

Para marcar la oposición entre islam y yihadismo, con frecuencia se subraya el hecho de que la mayoría de las víctimas del terrorismo islamista son precisamente musulmanes. Es verdad, pero esto también forma parte del problema estructural del islam desde la Edad Media. El islam, en su curso histórico, ha ido acumulando tensiones conflictivas sin solución –es decir, a muerte- entre suníes y chiíes (desde el siglo VII) y entre musulmanes ortodoxos y supuestos “malos musulmanes” (desde el siglo XIII por lo menos). Las corrientes salafistas han reactualizado sin cesar esos conflictos al mismo tiempo que amparaban la yihad contra el infiel cristiano o pagano. Precisamente el yihadismo ha sido históricamente uno de los más serios obstáculos de la cultura musulmana para construir un orden social pacífico. La gran novedad es que ahora eso aparece en suelo europeo.

3. El yihadista es una persona religiosa.
Error. El yihadista mata en nombre de una religión, pero eso no significa que deba llevar una vida de estricta observancia de la ley coránica. Por una parte, es sabido que al militante le está permitido disimular su fe para llevar a buen fin su empresa. Por otra, es importante recordar que el islam no funciona como una religión esencialmente espiritual, sino que posee una poderosa dimensión política inseparable de lo religioso. En el caso del salafismo, es decir, del integrismo islámico, estamos ante una teología política cuyo objetivo es la construcción de la umma, la comunidad de los creyentes, como una realidad simultáneamente política y religiosa. El yihadista no se mueve por fines espirituales: se mueve por objetivos políticos que, en su mente, son al mismo tiempo religiosos. La muerte en la yihad –darla y recibirla- le redimirá de sus insuficiencias en el plano de la fe.

4. “No es un yihadista, es un perturbado”.
Otro argumento buenista: el asesino no mata porque sea un islamista radical –nos dicen-, sino porque es un demente. Últimamente, cada vez que un yihadista mata –en Orlando o en Niza- aparecen decenas de informaciones sobre el estado mental del terrorista con el objetivo implícito de hacernos creer que estamos ante el caso individual de un psicótico. No es verdad. Ciertamente, hay que estar muy mal de la cabeza para matar como en Niza o en Orlando, pero eso no quita para que el motor que ha movido al demente sea el que es: el yihadismo, es decir, la convicción específicamente musulmana de que matando al prójimo se impone eficazmente la fe en el mundo y se salva el alma propia. Otra cosa es que este tipo de planteamientos arraiguen preferentemente en tipos con problemas de relación personal o de identidad individual. Pero no matan por perturbados, sino por yihadistas.

5. “Es un problema de integración social”.
Cada vez que el asesino yihadista resulta ser un joven de nacionalidad europea, los medios de comunicación se apresuran a subrayar el problema de la marginación, el paro o cualquier otra circunstancia dramática para explicar por causas sociales el fenómeno. Sin duda las causas sociales influyen, pero, a juzgar por el muy dispar estrato social de los yihadistas europeos conocidos, hablar de marginación o exclusión es pura retórica: los que no procedían de familias relativamente acomodadas, habían vivido de subsidios públicos durante largo tiempo. Por otro lado, la exclusión en la Europa presente no es un problema que afecte sólo a los musulmanes, y no por eso la gente se lanza a matar. ¿Hay una causa social en el yihadismo en suelo europeo? Sí: la conformación de guetos étnicos, conforme a las políticas multiculturalistas que el pensamiento dominante ha predicado desde hace treinta años. Es en esas comunidades cerradas sobre sí mismas donde han proliferado los discursos de radicalización, especialmente en las generaciones más jóvenes.

6. La culpa es de Occidente por las guerras en Oriente Medio.
El Occidente contemporáneo tiende a creerse culpable de todo cuanto acontece en el mundo, y por eso es tan frecuente oír que la causa del yihadismo es la guerra de Irak o cualquier otro desmán de la política exterior occidental. Es verdad que Occidente ha cometido graves errores en su política hacia los países musulmanes (casi tantos como los propios países musulmanes hacia sí mismos), pero su influencia en el yihadismo es solamente circunstancial. Primero, el yihadismo ya existía mucho antes de la era moderna. En segundo lugar, la génesis del yihadismo contemporáneo –pongamos por ejemplo la Yihad Islámica egipcia, en los años 70- tiene por objetivo derrocar a los regímenes “infieles” de los propios países musulmanes. Y tercero, y quizá sobre todo, conviene recordar que el yihadismo actúa igualmente en Pakistán –contra la república islámica pakistaní-, en la India –contra el gobierno hindú-, en Afganistán –contra cualquiera-, en Nigeria o Mali –sobre todo contra los cristianos negros-, etc. No, el yihadismo existiría igualmente sin guerra de Irak.

7. Esto se arregla con diálogo y convivencia.
Como los países europeos parecen extremadamente interesados en mantener en su interior una fuerte proporción de población musulmana, ya sea por razones de interés electoral o por mero cálculo demográfico, desde las instancias oficiales se apela una y otra vez al diálogo y la convivencia como antídotos contra el radicalismo. En Francia han acuñado la meliflua fórmula de “vivre ensemble” (vivir juntos) para envolverlo en celofán. Instrumentos: cesiones rituales a los musulmanes (por ejemplo, celebración institucional del ramadán) y patrocinio oficial de mezquitas e imanes “presentables” para mostrar que aquí “cabemos todos”. Lamentablemente, el yihadismo no se arregla con “diálogo y convivencia” porque el yihadista no quiere dialogar ni convivir. Aún peor: los mismos sentimientos experimenta cualquier musulmán ortodoxo que aspire a vivir en un orden social conforme a sus principios, que son incompatibles con los del modo occidental de vida. El diálogo y la convivencia siempre pueden ser buenos, pero ni mucho menos va a encontrarse aquí la solución. De hecho, en la Europa presente no han faltado nunca diálogo ni convivencia. ¿Balance?

8. Lo que hay que hacer es cerrar las mezquitas salafistas.
En el plano de “lo que hay que hacer” para frenar el fenómeno del yihadismo en Europa, muchas voces piden someter a estrecha vigilancia e incluso cerrar las mezquitas salafistas, es decir, aquellos centros de predicación donde se imparte la doctrina integrista, generalmente de cuño wahabista saudí. Y sí, eso hay que hacerlo, pero conviene tener presente que, hoy, la predicación ya no está sólo en las mezquitas, sino que circula con mucha mayor libertad en Internet. Un imán radical en una mezquita puede hacer mucho daño, pero es controlable; por el contrario, no hay quien controle a la miríada de webs yihadistas que llaman a la “guerra” por todo el mundo. Por supuesto, existen medios para identificar a los usuarios de esas webs, pero la operación traería consigo una merma de libertad general que nadie está dispuesto a asumir.

9. Hay que bombardear al monstruo en su origen.
Otra solución “mágica” que se oye en muchas bocas: bombardeemos al yihadismo en su origen –se supone que en algún lugar de Oriente Próximo- y se acabará el problema. Gravísimo error que presupone que el yihadismo es algo así como una organización dirigida desde su austera jaima por un cerebro portentoso que se alimenta de dátiles y leche de cabra, como el caudillo almorávide Yusuf ibn Tasufin. El yihadismo no es un monstruo corpóreo al que se le pueda cortar la cabeza para quitarle el aliento. Estamos ante un fenómeno simultáneamente político, cultural y religioso; específicamente musulmán, pero de carácter global, no local. Si queremos extirparlo de nuestras sociedades, las soluciones no pueden apuntar tanto al exterior como al interior. Y en el exterior, por cierto, lo que habría que hacer es más bien lo contrario: consolidar, y no bombardear, aquellas estructuras estatales que han podido neutralizar las contradicciones propias del islam.

10. Quieren derribar nuestra democracia.
En las letanías rituales de nuestros políticos y opinadores, cada vez que hay un atentado yihadista surge unánime la fórmula: “quieren destruir nuestra democracia”. Porque “nos tienen envidia”, les faltaría decir. No, nada de eso: al yihadista le importa un bledo “nuestra democracia”. Ese es un argumento de consumo interno para que no se venga abajo la moral ciudadana (y, de paso, el sistema). El yihadista trataría de atentar exactamente igual si nuestros regímenes fueran monarquías absolutas, tetrarquías comerciales o repúblicas soviéticas. El enemigo del yihadista no es “la democracia”, sino el no-islam. En nuestro caso, la cristiandad, es decir, las naciones que proceden de un ámbito espiritual que no es el suyo. El yihadista quiere convertir todo el mundo en Dar al-Islam, casa del islam, y su carácter democrático o no le resulta indiferente. A la víctima de un degüello no se le pregunta si cree en el sufragio universal. Por lo mismo, es ridícula esa otra fórmula que presenta el actual combate como “la lucha global de la democracia contra el terror”, sorprendente figura que tiene la virtud de ocultar el nombre del enemigo (aun reconociendo que da mucho miedo). ¿A quién se intenta defender con estos eufemismos?

11. Quieren provocar el auge del populismo.
La penúltima efusión políticamente correcta es de orden táctico: según dicen nuestros cerebros oficiales, en realidad lo que el yihadismo quiere es provocar el auge de los “populismos” (signifique eso lo que signifique) para bañarnos en sangre. Es verdaderamente triste, hasta lo criminal. He aquí que el poder, celoso de su hegemonía, utiliza a un enemigo externo e interno que, efectivamente, nos baña en sangre, para demonizar a una parte de la sociedad-víctima. Al final el malo de la película no es el yihadista asesino, sino el populista malvado, supuesto beneficiario de la violencia islamista. ¿Cómo extrañarse de que el crédito de nuestros gobernantes se esté agotando a ojos vistas?

España y la crisis secular europea
Luis Riestra www.vozpopuli.com 20 Julio 2016

Como hemos comentado en anteriores ocasiones, las crisis seculares, tal como las entendemos aquí, son el resultado de un proceso en el que, a medida que gobiernan distintas generaciones, un orden cívico va degenerando hasta hacerse disfuncional y el país entra en una crisis que pone en peligro su propia existencia, algo que ocurre de forma cíclica cada casi cien años. Veamos pues las últimas crisis seculares europea y así nos situamos.

Seis puntos de inflexión

En 1517 un monje agustino clavó en la puerta de su iglesia de Wittenberg 95 tesis, armó una revolución que llamaron Reforma y cambió el orden europeo. En 1618, unos calvinistas de Bohemia arrojaron por la ventana a dos representantes del emperador, junto con el escriba que les acompañaba, empezando una revuelta que cambia el orden europeo tras la Guerra de los Treinta Años. En 1701, tras morir Carlos II de España, guinda de un orden podrido, se inician una serie de guerras hasta el Tratado de Viena de 1725, cambiando el orden europeo otra vez. En 1803 el Reino Unido declara la guerra a Francia y se precipita otro cambio de orden europeo cuyos fundamentos se ponen en el Segundo Tratado de París (1815). En 1914, un nacionalista serbio, miembro de La Mano Negra, asesina al archiduque Fernando de Austria y su esposa; aquello inició la Primera Guerra Mundial, que se cerró mal por no querer establecer un orden viable, provocando la Segunda Guerra Mundial. En 2015, un Primer Ministro británico, acosado electoralmente por un outsider, promete en las elecciones de ese año un referéndum sobre la pertenencia a la UE para 2016, lo pierde y empieza el actual cambio del orden europeo.

Situación actual

Hoy, en julio de 2016, usted y yo, una vez más, le hacemos el trabajo gratis a la casta local y europea, tal vez en un intento de evitar que nos lleven a otro desastre histórico. No seré yo quien justifique a los calvinistas antes mencionados, incluso si sabían que sus víctimas se salvarían por caer en un estercolero, sitio ideal para las castas, pero cuando uno, por ejemplo, se encuentra ciertos burócratas en esas conferencias pijas que montan ellos y sus compinches, y al terminar te cuentan su vidorra caviar, o piensas en la pensión de Barroso, todo pagado por los expoliados contribuyentes europeos, la tentación de arrojarles por una ventana es bastante alta. Pensemos además, que la actual crisis, que solo está en sus comienzos, coincidirá con el conflicto con el Islam, cosa que vimos en "La nueva geopolítica" y ya da alertas de enfrentamiento interno en Francia, un conflicto futuro que se ha confirmado con el autogolpe de facto de Erdogán, país donde ya advertimos en 2013 que su era kemalista había muerto, iniciando su saeculum y zeigeist islamista en una especie saltatrás, de neo-otomanismo, como aquí cuando nos quieren imponer el neo-comunismo de Podemos.

Hay que decir que si alguno tiene esperanzas de mejora general tras la designación de Theresa May, será mejor que se las replantee. En su primer discurso, en que solo acertó en su empatía de boquilla con los sufridos contribuyentes pobres de Gran Bretaña, Theresa May, esa promotora de la aplicación de la Sharía en el Reino Unido, demostró una vez más su inconsciencia de la gravedad de los problemas a los que se enfrenta (que vimos) y su ideología socialdemócrata, ese pensamiento de una época que muere por disfuncional, por no hablar del payaso Boris. Para colmo, de este lado del canal, la casta podrida de Bruselas, madre de la crisis ucraniana y de la mala gestión de la de refugiados, hace oídos sordos a voces calificadas (un ejemplo) y quiere más federalismo sin fronteras.

De nuevo, como en las crisis seculares anteriores, se comprueba que con cada resultado de errores pasados se avanza más hacia una situación en que, cuando los ciudadanos exijan "orden" los políticos no podrán dárselo. No es que la Historia se repita, sino que estos ciclos tienen sus patrones y, como decimos aquí, el patrón es el prólogo y lo bueno o lo malo que venga después dependerá de cómo se gestione dicha crisis.

La peculiaridad española

Esta crisis europea pilla a nuestro país en su crisis política particular, uno de los fotogramas finales del ocaso de su ciclo generacional. Nuestra peculiaridad es que ese ciclo ha tenido dos partes: la primera, en que tras un enfrentamiento sangriento entre dos mesianismos políticos se establece un orden férreo; y la segunda, a la muerte del dictador, en que unos abrazan la socialdemocracia con la fe del converso, y otros auto legitiman dos pesadillas de la Política siempre comprensivas con ciertos terrorismos: el nacionalismo, en este caso periférico, y el comunismo, hoy travestido de izquierda "democrática", dando por resultado una estructura de poder similar a la del inició el ciclo generacional (siguiente tabla)

Durante este ciclo español encuentro al menos seis constantes, que son las siguientes: la intervención y legitimación exterior, la sacralización del líder y del Estado como dispensador del maná, la manipulación de la Historia, el uso de medios de comunicación de masas, especialmente la televisión pública para el adoctrinamiento, la mentira y que el Estado (central, CC.AA., etc.) digan al ciudadano qué ha de hacer, y, finalmente, una corrupción sistémica generalizada y creciente.

La degeneración política

Para entenderla hay que tener en cuenta que en nuestro país existe una alianza más o menos explícita entre la "izquierda" y lo nacionalistas periféricos (el otrora "bloque constitucional", ¿?), con los primeros subordinados a los segundos (véase Valencia, Navarra e incluso Galicia) para que no exista alternativa de gobierno fuera de los esquemas políticos de ambos, que son los de la década de los treinta del siglo pasado. Entre sus "éxitos" está imponer esa idiotez de que "lo español" es franquista (o "lo franquista"), una sombra que proyectan con bastante habilidad sobre el PP, donde puede que alguno, en sus complejos e ignorancia, incluso se lo crea. Resultado: el modo de hacer política es una trampa sin salida que ya se demostró ruinosa para el ciudadano pero muy provechosa para los delincuentes de la política.

Los españoles no tenemos mayores problemas para desempeñarnos bien en la industria, el comercio, la cultura o el deporte, pero con esta forma de gobierno es imposible el Bien Común

Adicionalmente, a un ambiente de propagandismo y adoctrinamiento permanente y caro en extremo, se une un sistema electoral (el mismo de la UE) proporcional de listas que impide la representatividad del sujeto constituyente, que favorece el descontrol de los políticos y la elección de gestores al servicio de los partidos y donde el que hace la lista ya se encarga de que ninguno le haga sombra, produciendo cámaras legislativas propicias para sectarios, corruptos e incompetentes de las que a su vez salen los liderazgos sucesorios, que harán otras listas, produciéndose así un proceso degenerativo permanente. Para colmo de males, esas cámaras legislativas deciden quienes gestionan los ejecutivos y, en el caso del Parlamento español, también el Poder Judicial.

Explotar al sujeto constituyente

La conclusión no puede ser más clara: con este sistema electoral, pensado para explotar al sujeto constituyente, impidiendo que sea él quien diga al Estado lo que ha de hacer y no al revés, como ahora, la decencia política y la regeneración son imposibles, y ya pueden tirar el dado las veces que quieran que no saldrá un ocho; mientras, siguen los inventos y se pierden años valiosísimos.

Como creo que en este blog hemos demostrado sobradamente (en Hispania vincit, etc.) que nuestro país no tendría porque sufrir las penurias económicas y demográficas que padece. Los españoles no tenemos mayores problemas para desempeñarnos bien en la industria, el comercio, la cultura o el deporte, pero con esta forma de gobierno es imposible el Bien Común y si se sostiene es por la UE, lo cual nos lleva al principio, a la crisis secular de la UE. Podríamos salir mejor situados en este trance de como entramos, que sería en lo que deberíamos estar enfocados, pero nadie quiere un gobierno representativo y así es imposible. Por cierto, querido lector, ¿es Usted partidario de un gobierno representativo?

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Un paso y un tropezón
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 20 Julio 2016

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es un gran paso en la buena dirección. España necesita un Gobierno y un Parlamento que acometan las grandes reformas para reanimar o revivir la Democracia y esa tarea precisa de las tres grandes fuerzas políticas constitucionales: PP, PSOE y Ciudadanos. Por el resultado de las últimas elecciones, lo normal es que se forme un Gobierno PP-Cs con asistencia del PSOE para las reformas que, forzosamente, necesitan el apoyo de 2/3 del Congreso. De momento, lo que se perfila es un Gobierno de Rajoy en minoría ínfima -137 escaños- para el que la Presidencia de las Cortes, con mayoría PP-Cs, no sería el clásico Ministerio de relaciones con las Cortes sino una Vicepresidencia Política. La lógica de los hechos debería llevar a una colaboración cada vez máyor de PP y Cs en la elaboración de las leyes y, como dirían sus enemigos, en Madrid Rivera es mucho más duro que en Sevilla, así que el Gobierno del PP sólo funcionará asumiendo el programa reformista de Cs. Pastor es el primer caso de descarte de personajes otrora imprescindibles para Rajoy que Cs considera incompatibles con la higiene política: Fernandez Díaz, Cospedal, Margallo, Villalobos... Como Rajoy no quiere a nadie, hará un Gobierno con gente que podría estar en el partido de Rivera o, al menos, trabajar con él. Le conviene a Rajoy y es la única forma de hacer el sudoku.

Sin embargo, junto al gran paso en el camino del cambio necesario, ayer se produjo en el Congreso un tropezón inquietante: los diez votos para el bloque PP-Cs provenientes del Partit Trescentista Catalá y los jeltzales aranistas. ¿Es sólo el pago a un grupo parlamentario para el trescentisme o la retribución de la escandalosa prevarigalupación de la Fiscalía con Mas, al que quiere perdonar la malversación de fondos del referéndum golpista -que acarrea cárcel- con el peregrino argumento de que se contrató a los proveedores de urnas y demás antes de la prohibición del Constitucional? Si Mas contratase que apalearan a Rivera, a Inés Arrimadas o a Girauta, ¿dejaría de ser delito porque se había comprometido a pagar a los sicarios? Pues eso es lo que defienden los horrachs de Catalá.

El primer enemigo de España es el separatismo catalán. Si el preacuerdo PP-Cs no sirve para combatirlo en serio, no servirá para nada.

La lengua como instrumento de poder
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 20 Julio 2016

Desde Montesquieu, dicen que el poder dimana del pueblo. Y puede ser verdad en su germen pero no en su ejercicio.

Es cierto, también, en puridad, que el poder tiene como destinatario al pueblo. Y sería verdad si tanto en el fondo como en la finalidad y los métodos tuviera como destinatario único el bien común, el interés general, el bienestar colectivo, el respeto a los ciudadanos como seres individuales sujetos a protección por detentar la fuente de los derechos. Pero todo aquel que no sea un ingenuo o un bisoño angelical sabe que no es así.

La regla de medida de la calidad de una democracia es el respeto a los derechos individuales, la aceptación del pluralismo político, cultural y social de una colectividad y la protección a cada ciudadano como sujeto único de derechos. Cuando se pone en valor la prevalencia de supuestos derechos colectivos y se manipulan de forma torticera conceptos del derecho natural para atribuir el reconocimiento de derechos a entelequias como “pueblo” “lengua” o “nación”, haciéndolos prevalecer sobre las personas, nos acercamos peligrosamente a las ideas totalitarias, maquilladas con formas democráticas.

Victor Klemperer, víctima del régimen nazi y analista de los mecanismos de dominio que empleó el Sistema, dice “en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”. George L. Mosse en su libro “La nacionalización de las masas” analiza el fenómeno sorprendente de los fascismos en el siglo XX de las siguiente forma “[…] desde comienzos del siglo XIX, a través de la utilización de mitos y símbolos nacionales, y del desarrollo de una liturgia que permitiría participar al propio pueblo en dicho culto. El concepto de voluntad general se prestaría a la creación de unos mitos y a la de sus símbolos que dieran expresión concreta a la voluntad general. La caótica multitud que constituía el ‘pueblo’ se convirtió en un movimiento de masas que compartía la creencia en la unidad popular a través de una mística nacional”.

El problema radica cuando en nombre de esa nacionalización y como método para lograrla se saltan todas las normas de respeto al individuo para lograr esa cosmovisión colectiva y como término del proceso el salto a la independencia de una comunidad creada “ex novo” mediante la tergiversación de la historia, la creación de mitos y la reconfiguración de las percepciones de realidades creadas al efecto en una imagen que ni el mismo Orwell hubiera intuido.

En mi libro “Educación y Nacionalismo, Historia de un modelo” disecciono la utilización que hace el nacionalismo de la escuela, para la formación del espíritu nacional, perpetuando lo que Franco, en consonancia con los fascismos coetáneos, configuró para la formación de otra conciencia nacional, que en el fondo responde a los mismos parámetros. Franco fracasó porque iba a contracorriente en un contexto internacional postbélico donde las sociedades liberales iban ganando terreno. Pero no está claro que en el actual contexto de globalización no triunfen procesos de descomposición que ya se han comprobado como exitosos en los Balcanes, Kosovo, y otros lugares satélites de la antigua Unión Soviética. Solamente hay que introducir ciertas imágenes colectivas de enemigos exteriores, agravios y victimismos, unos cuantos símbolos, banderas y mitologías, modificar determinados episodios históricos para ahondar más en la artificiosa pero efectiva victimización; romper los lazos culturales y lingüísticos de comunicación, y, sobre todo, controlar férreamente la escuela, lo que en ella se imparte y los instrumentos de aculturación como son los profesores. Los grandes dictadores como Stalin, Mussolini, y el mismo Franco consideraron en su momento que controlando la escuela se controlaba la sociedad. Y, aunque fracasaron en el intento, no se equivocaban.

Estamos en un momento en el que se está analizando el nuevo “currículo vasco” para el sistema educativo, que es una extensión de los programas que se imparten en las ikastolas al resto del sistema, y que es un nuevo giro de tuerca en el proceso de elaboración de esos contenidos que lleven a lo que la Confederación de Ikastolas proponía como finalidad de su trabajo: “La ikastola tiene como sustancia educativa específica que se refleja en sus símbolos, mitos y ritos, en sus costumbres, tradiciones e historia, en sus fábulas, canciones y danzas y en su forma de relacionarse con Edmundo natural, de comunicarse y organizarse, de interpretar la vida, es decir, que se refleje en su genio y el espíritu del Pueblo Vasco” “El signo de identidad que ha de caracterizar a la Escuela Vasca, -pública o privada- es su condición de euskaldun”. Esta proclama de intenciones casa perfectamente con el ideario del PNV, que se condensa, en cierta forma, en esta definición: “El mantenimiento y consolidación de nuestra cultura e identidad como nación pasa por una Escuela Vasca que potencie nuestra lengua a través de la euskaldunización; pero, además de la lengua, la cultura vasca se plasma en una historia y una geografía propias, así como en los logros y manifestaciones de toda índole que los vascos han producido a través del devenir histórico”. En definitiva, se trata de aplicar a machamartillo, a paso de buey pero con paso seguro, el plan de configuración de esa cosmovisión colectiva. Ello encaja, como anillo en el dedo, con la estrategia que en 1910 estableció un importante ideológo del nacionalismo, Eleizalde, que anunció lo que hemos visto ya aplicado de forma sistemática, sin oposición alguna de quien debiera haber ejercido sus funciones de Estado, es decir de quienes han pasado por los sucesivos gobiernos en España. Decía, de forma resumida, “Las etapas que debe recorrer todo nacionalismo normal, y, por tanto, el nuestro, son estas tres, y por este orden cronológico: primeramente la etapa social y cultural, en la que se va despertando y arraigando la conciencia de nacionalidad, y se va elaborando el programa socio-político que contiene las aspiraciones de la nacionalidad renaciente. Esta es la etapa fundamental, la etapa de las escuelas, de las academias y ateneos, de las publicaciones científicas.

Viene a continuación, aunque sin cerrar la primera que sigue subsistiendo, la etapa política, durante la cual el nacionalismo, por medio de sus representaciones parlamentarias y administrativas, trata de incorporar a la vida pública el conjunto de soluciones estudiadas y elaboradas durante la etapa anterior.

Finalmente y subsistiendo las dos primeras etapas se llega a la final, la del triunfo completo y pleno dominio, el cual será más estable y sólido cuandto más la conciencia se haya trabajado en las etapas anteriores. “ (El subrayado es mío).

LA INMERSIÓN LINGÜÍSTICA
Resulta sorprendente que los torpes y cegatos representantes de los partidos políticos no nacionalistas hayan colaborado de forma sumisa, borreguil y estúpida en el proceso de socialización nacionalista a través de la escuela, vulnerando cualquier principio lógico de respeto a la individualidad de nuestros niños y jóvenes, provocando un fracaso escolar inducido en amplias capas de la población –maquillado-; rebajando hasta la hilaridad los aprendizajes –no lo digo yo, lo afirman los examinadores internacionales-, y repercutiendo en una caída de los índices de comprensión verbal hasta el punto de dejarlos más debajo de diez centiles por debajo de la mediana estadística general. Y todo ello sin que nadie levante un dedo ni diga una sola palabra de crítica política. Con el aval y complicidad de sindicatos no nacionalistas –los nacionalistas se entiende que están para ello- y con el parabién del PP y del PSOE. Es inexplicable el fenómeno desde una visión de política comparada internacional.

En ello ha tenido mucho que ver la generalización de un modelo de inmersión lingüística fraudulenta que se ha basado en incumplir sistemáticamente lo establecido en la Ley de Normalización del Uso del Euskera, que establecía que se crearían modelos lingüísticos para adaptar la implantación del euskera a la realidad sociolingüística de cada zona, y para ello se creaban el modelo A (castellano como vehículo), D(euskera como vehículo) y B (mixto) según fueran zonas castellanohablantes, euskaldunes, o de transición. Tramposamente se fue expandiendo por la vía de los hechos –con la excusa de una falsa demanda de padres, inducida y coaccionada- la implantación generalizada del modelo de inmersión puro, contraviniendo el necesario ajuste entre entorno y escuela, e impidiendo el aprendizaje en lengua materna según recomiendan instancias internacionales, entre ellas la UNESCO, que en su boletín de 2003 afirmaba “Años de investigación han demostrado que los niños que inician su educación en la lengua materna tienen un mejor comienzo y exhiben un mejor desempeño que aquellos que son expuestos a un idioma nuevo al ingresar a la escuela”, recomendando a todas las naciones que respeten la lengua materna de los escolares como vehículo de aprendizaje principal.

Curiosamente lo mismo afirma el informe PILRS (de las evaluaciones internacionales de los resultados escolares en los niveles de instrucción primaria), colgado en la propia página web del Ministerio de Educación del Gobierno Español. Veamos: el Informe PIRLS, análisis PISA de la OCDE, en sus páginas 29 y 30 dice lo siguiente: “Lenguas habladas en casa. Debido a que el aprendizaje de la lectura depende en gran medida de la experiencia temprana de los niños con el lenguaje, la lengua o lenguas habladas en casa y la manera de utilizarlas son factores importantes en el desarrollo de la competencia lectora. Los niños cuyo conocimiento de la lengua empleada en la enseñanza formal de la lectura se sitúa sustancialmente por debajo de lo que es de esperar en los niños de esa edad, con mucha probabilidad se encontrarán en desventaja desde un primer momento. Además, el empleo de lenguas o dialectos diferentes en casa y en la escuela puede causar problemas a los alumnos a la hora de aprender a leer.”

Es evidente, cuando menos, que alumnos (no hay que decir que también alumnas) con dificultades congénitas o adquiridas de carácter verbal, o funcional en el área de la lectoescritura, alumnos inmigrantes con lengua nativa extranjera, transeúntes, minorías étnicas, etc, encuentran una barrera si no insalvable sí que les va a provocar un retraso escolar abocado a un fracaso y abandono escolar, con lo que ello implica en la formación de su personalidad. Pero a nivel general ello también va a suponer en los niños cuya primera lengua no sea la de la escuela, o cuya lengua dominante de contexto no sea la de aprendizaje, un retraso significativo a nivel instructivo y en la adquisición de la aptitud mental primaria de la comprensión verbal que va a ser instrumento fundamental de aprendizaje a lo largo de su vida.

Resulta curioso que los nacionalistas en otras épocas de la historia abogaran por esta tesis, cambiando al punto contrapuesto cuando les ha convenido. Veamos lo que decía Landeta, un importante representante nacionalista en el III Congreso de Estudios Vascos de 1920: “[…] si la lengua maternal del niño es la vasca en euskera debe recibir la educación y si la lengua materna es castellana en castellano” “[…] El medio, el instrumento necesario, preciso, para efectuar ese desarrollo, para llevar a cabo esa formación, es, y no puede ser otro, que la lengua. Y por eso la posesión perfecta de la lengua materna, sea cual fuere ésta, constituye la base y la esencia misma de la pedagogía” “Al maestro más inteligente y abnegado, pero que ignora la lengua de los niños, no le es posible disipar la atmósfera de aburrimiento e indiferencia que le rodea[…]” Quizás por eso mismo, en 1931, con ocasión de la elaboración del Estatuto de Estella la Sociedad de Estudios Vascos formulaba su propuesta en los siguientes términos: “Deben las escuelas rurales vascas clasificarse en dos grupos : a) Aquellos en donde toda la enseñanza ha de darse en idioma vasco y, b) Aquellas en donde procede usar el castellano como idioma general de enseñanza. Fundados en la realidad del problema, podemos asegurar que no existe ningún caso que justifique la existencia de un tercer grupo bilingüe. En el grupo (a) debe constituir el estudio de la lengua castellana materia obligatoria en todos los grados o cursos. En el grupo (b) debe constituir el estudio de la lengua vasca materia también obligatoria en todos los gados […]”.

Es obvio que estos principios que venían de fuentes directas del nacionalismo han sido trastocados y subvertidos. ¿Por qué?

1.- Para segregar al profesorado y crear una vía cribada de acceso a agentes muy activos de socialización cultural nacionalista, formados en unos centros con un fuerte ingrediente nacionalista a su vez. No hay más que comprobar la evolución del voto sindical para comprobarlo. Es una evidencia rotunda y drástica. La absoluta mayoría del profesorado vasco respira nacionalista, y una parte de él ha orbitado en torno a movimientos proetarras, lo cual es la antítesis del buen educador –adoctrinar es otra cosas-. Y se ha provocado una diáspora masiva del profesorado no “asimilable”. Eso es también claramente detectable en Cataluña.

2.- Con ello se facilita el currículum oculto que es el que permite adoctrinar al alumnado por vías no oficiales.

3.- Para eliminar las resistencias a la implantación de un curriculo vasco que impida la aplicación de los programas estatales, imposibilitando así la existencia de un sistema nacional de educación (español) imprescindible para que exista un Estado en su más genuino sentido y naturaleza, y unos planes homologables que permitan que los títulos académicos y profesionales lo sean al mismo tiempo. Es decir, vulnerando de forma explícita las normas constitucionales.

4.- Para, a través de la lengua, introducir una nueva visión política, etnocéntrica y antropológica en la población vasca, por muy artificiosa que sea ésta.

Quien controla la escuela controla la sociedad.
La responsabilidad última es de quienes tienen la responsabilidad de Estado en España.

¿Es tarde para corregirlo?
Bajo mi punto de vista si, pero que cada palo aguante su vela y de cuentas de su responsabilidad. Denunciando, yo me eximo de esa responsabilidad. Y llevo haciéndolo más de treinta años.

Por razones de espacio no desgloso los efectos y resultados que esta política está teniendo sobre la población escolar.

Santiago y Teo pierden ayudas por enviar un informe en gallego
Ambos concellos pidieron créditos a coste cero de 4,73 millones para ahorro energético
Emma araújo.santiago. La voz 20 Julio 2016

Los concellos de Santiago y Teo han visto denegadas sendas líneas de crédito por valor de 4,73 millones de euros (3,27 millones para Teo y 1,46 para Santiago) solicitados al Instituto de Diversificación y Ahorro Energético (IDAE), organismo vinculado al Ministerio de Industria, para la renovación de más de ocho mil puntos de luz. Estos proyectos, además de la abultada rebaja en la factura de consumo eléctrico, implican también una significativa reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera y la retirada de miles de luminarias que incumplen la normativa de seguridad.

En una circunstancia similar podría encontrarse el Ayuntamiento de Santa Comba, que presentó un proyecto por un importe de medio millón de euros para renovar parte de su alumbrado, aunque en este caso el Concello aún no tiene contestación a las alegaciones formuladas, también como repuesta al mismo error con el idioma.

La razón aducida por este organismo es que los informes del departamento de Intervención de Santiago y Teo no están escritos en castellano, tal y como exigían las bases de estas ayudas, que suponen la concesión de créditos por el 100 % de los proyectos de ahorro energético a devolver en un plazo máximo de diez años, sin intereses y con doce meses de carencia.

El primer Ayuntamiento que ha tenido conocimiento de esta negativa fue el de Teo. Así lo anunciaron ayer en una comparecencia pública el alcalde, Rafael Sisto (Anova), y la edila de Urbanismo e Sostenibilidade, Uxía Lemus (PSOE), verdadera impulsora del proyecto, que preveía la sustitución de cerca de seis mil puntos de luz. Lemus señaló que en las alegaciones remitidas al IDAE ya incorporaron el documento de Intervención en castellano, idioma en el que, salvo las dos páginas de este documento objeto de discordia, está escrito todo el expediente, incluido el acuerdo plenario avalando la petición y que hubo que traducir.

El IDAE considera que este error no es subsanable, por lo que desestima la demanda y argumenta que el envío de un documento en una lengua distinta al castellano por parte de una administración pública hace que «no pueda entenderse como un comportamiento que responda a una razonable duda del solicitante acerca del significado o alcance de lo dispuesto, sino como una resistencia a la observación de tal previsión, lo que ampara, a nuestro juicio, la no concesión de trámite subsanatorio alguno».

El alcalde de Santiago, Martiño Noriega (CA), prevé que hoy mismo llegue a Raxoi la notificación oficial de que el IDAE rechaza el proyecto compostelano por el mismo motivo. Al igual que el Concello de Teo, tras tener conocimiento del problema, presentó alegaciones y tradujo el documento.


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