AGLI Recortes de Prensa   Martes 26  Julio  2016

Cosmopolitas versus nacionalistas
Cristina Losada Libertad Digital 26 Julio 2016

"La división entre cosmopolitas y nacionalistas definirá el siglo XXI". Lo decía Michael Ignatieff en una entrevista dos semanas después del voto a favor del Brexit, en la que trataba de dar las claves tanto de la decisión de los británicos como del auge de líderes y movimientos políticos que se nutren -a la vez que alimentan- un rechazo a los inmigrantes y se posicionan, de una u otra forma, contra diversos efectos de la globalización. Pero, ¿son el Brexit, el ascenso de Donald Trump o los avances de partidos populistas en Europa los síntomas de una “revuelta popular contra la globalización”, como escribía hace poco el economista Dani Rodrik? ¿Y es el nacionalismo, como sostiene Ignatieff, lo que está resurgiendo y nucleando a los perdedores de la globalización, a los que no son cosmopolitas?

Ignatieff ya apuntaba ese choque entre cosmopolitas y nacionalistas en un libro de los años 90 que recogía sus viajes por países donde las pasiones nacionalistas estaban en el origen de guerras (la antigua Yugoslavia), terrorismo (Irlanda del Norte) o conflictos como el de Quebec, entre otros. Sangre y pertenencia. Viajes al nuevo nacionalismo, se titulaba la obra. En su prólogo el autor confesaba que durante muchos años había pensado que la corriente favorecía a los cosmopolitas como él, pero que luego concluyó que "el globalismo […] sólo permite una conciencia posnacional a aquellos cosmopolitas que tienen la fortuna de vivir en el opulento Occidente." Y añadía: "El cosmopolitismo es un privilegio de aquellos que pueden dar por garantizado un estado nación seguro. […] un espíritu cosmopolita y posnacional siempre va a depender en última instancia de la capacidad de los estados nación de proporcionar protección y orden a sus ciudadanos."

El eco de aquella idea resuena en su opinión sobre el Brexit, cuando dice que la globalización y el mundo sin fronteras "han sido geniales para las personas educadas y los jóvenes que se mueven de un lugar a otro, hablan varios idiomas y son multiculturales", pero muy difíciles para la gente "cuyos trabajos están atados a una comunidad, cuya movilidad se limita por su nivel de educación o también para aquellos que son leales y apegados a su comunidad, su localidad y su lugar de nacimiento." Los cosmopolitas, continuaba, se sorprenden de que la mayoría no piense como ellos, y "es por eso que tampoco entienden por qué las personas que viven en el norte de Inglaterra, en ciudades como Sunderland y Wigan, dicen: 'No quiero defender a Stuttgart o a Düsseldorf. Quiero defender a Wigan'."

En Wigan, un 64 por ciento votó a favor del Brexit. Era una zona industrial, que decayó antes de que el Reino Unido entrara en la Comunidad Europea, y ahora es un área deprimida. No es nada raro, por tanto, que si alguien les dice, como en efecto ocurrió durante la campaña, que sus intereses son los mismos que los de los trabajadores de Stuttgart, repliquen que lo único que les interesa es Wigan. Pero, ¿son nacionalistas por ello? Y más allá de Wigan, el de El camino a Wigan Pier, de George Orwell, ¿son nacionalistas ingleses los que votaron a favor del Brexit?

No hay duda de que la campaña del Brexit pulsó los resortes del orgullo nacional. Pero, ¿hubiera tenido éxito sin el trasfondo de deterioro económico que sufren desde hace años ciertas zonas y la concurrencia de otros elementos, incluidos los errores de los partidarios de quedarse en la Unión? Lo que sí sabemos, lo sabemos bien en España, es que el nacionalismo, en épocas de crisis, puede congregar un voto de protesta más amplio que el de los nacionalistas strictu senso. Igual sucede en otros lugares: los nacionalistas ponen el tren al que se suben muchos descontentos, aunque no compartan la ideología nacionalista, marcada por su ferocidad identitaria y su voluntad de exclusión del Otro.

A mí, al contrario que a los de Wigan, me interesa Stuttgart. Y hoy me interesa para exponer una paradoja que anida en la oposición cosmopolitismo-nacionalismo como forma de explicar los seísmos políticos que vive Europa desde la Gran Recesión. Porque los de Stuttgart, en realidad, se han defendido muy bien. Eso es parte del problema. La idea de que la Unión Europea, y Bruselas en concreto, son agentes de la globalización, dominados por unas elites cosmopolitas distantes e indiferentes a las antiguas lealtades nacionales, no se compadece con lo sucedido.

Los intereses nacionales han estado tan presentes como siempre, o más presentes que nunca, en la política europea para encarar la crisis. Alemania ha defendido los suyos y todos los demás han hecho lo mismo. Cierto que esa defensa del interés nacional no se ha llevado tan lejos como para provocar la implosión de la Eurozona y de la Unión, pero la historia de estos últimos años ha sido un constante y tenso tira y afloja entre ambas tendencias. Los denostados burócratas de Bruselas puede que compongan una élite cosmopolita y posnacional, pero los que toman las decisiones importantes no son ellos: son los gobiernos de los Estados miembros.

Ni las élites europeas son todas cosmopolitas ni los contrarios a la UE son todos nacionalistas. Querer un Estado más protector no es sinónimo de nacionalismo, como tampoco lo es, necesariamente, la demanda de mayor control de las fronteras. Es tentador y sugerente sintetizar los conflictos actuales, en Europa o en EEUU, como un choque entre cosmopolitas y nacionalistas, pero visto más de cerca ese enfrentamiento tiende a difuminarse como un espejismo. Habrá que seguir explorando, admitir que aún no sabemos qué pasa. No sabemos siquiera si estamos ante un fenómeno global provocado por las mismas causas o si las élites intelectuales, esas sí muy cosmopolitas, están globalizando fenómenos que tienen motores distintos.

¡Santiago, despierta España!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 26 Julio 2016

Sin duda además de otras destacadas fechas de celebración tradicionales en España, la que ha perdido definitivamente el carácter de Fiesta Nacional ha sido la de hoy, 25 de julio, la de Santiago apóstol, Patrón de España, cuyos restos descansan en la Basílica Catedral de Santiago de Compostela en Galicia, lugar de peregrinación del mundo cristiano desde la edad media. Hoy es una fiesta comodín para la mayoría de las Comunidades autónomas por aquello de cuadrar los 14 días anuales festivos en todo el territorio español. Pero si hay algo que sí que perdura es por supuesto la misa mayor en la catedral y el espectáculo del balanceo del botafumeiro, ese enorme incensario que se hace oscilar como un péndulo a toda velocidad por la nave transversal mientras inunda con el humo del incienso el recinto religioso.

Lejos queda también la arenga militar que se solía dar en las acometidas de la tropa cuando se clamaba lo de “Santiago y cierra España”. Y mucho más lejos queda el hoy políticamente incorrecto apodo al santo “Santiago matamoros”, en su papel de intercesor en las campañas de reconquista y expulsión de los musulmanes y que concluyó con la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos. Hoy ya no se puede hablar de patrón de España y si me apuran, tampoco de lo que muchos piensan que es o debe ser España. El laicismo se quiere imponer como doctrina frente a la herencia cultural del cristianismo y se niega la calificación recogida en la Constitución donde se declara en su artículo 16 al Estado como “aconfesional” al decir que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Sin embargo, se desprecia al catolicismo asaltando capillas y se rinde pleitesía al islamismo de forma hipócrita.

Hoy estamos de lleno en una lucha sórdida por el poder en la que efectivamente España se encuentra bloqueada por la incompetencia, egoísmo y nulo sentimiento patriótico de los principales dirigentes de los partidos políticos que dicen defender la Constitución y buscar el bien general de España y de los españoles frente a sus enemigos, aquellos que desean descomponer la nación mediante procesos de secesión. Hoy no tenemos un patrón apóstol al que pedir su intercesión en los cielos y nos ayude en la batalla de reconquista del terreno perdido, ni tropas unidas en la empresa común, sino a vulgares mamarrachos, ambiciosos, mal encarados y violentos que solo buscan asaltar “los cielos” y conquistar el poder incluso apoyándose en los enemigos que más odian a España.

Un país que reniega de sus tradiciones, de todo aquello que le ha hecho ser fuerte y respetado, está condenado a ser una presa fácil de sus enemigos y desaparecer. Un pueblo que se ha dejado arrebatar todo lo que le conformaba como tal en una comunión de objetivos y de ideales engañado por falsos profetas de paraísos imposibles, merece su destino. Éramos un pueblo y ahora somos un conjunto inconexo de singularidades donde se ha potenciado aquello que nos diferenciaba ante los demás con unos inexistentes derechos de exclusividad. Éramos un pueblo que intentaba avanzar unido tras una larga etapa de luchas fratricidas fomentadas por los mismos enemigos que ahora quieren resucitar la represión dictatorial desuniéndonos.

Éramos un pueblo y ahora solo somos un fracaso histórico anunciado por nuestra incapacidad de rebelarnos ante una clase política corrupta que nunca ha querido ni sabido asumir su papel de conductor de las diferentes sensibilidades dentro de un objetivo único y común de Nación, la que es la más antigua de Europa, la que durante siglos ha sido el estandarte de la civilización cristiana y a que, pese a sus enemigos más enconados incluyendo muchos renegados nacidos en España, ha sabido sobrevivir a la Historia y adaptarse a los tiempos reencontrándose e integrándose en la nueva Europa en un proyecto común.

No podemos permitirnos perder más trenes y quedarnos rezagados por culpa de unos miserables e incompetentes dirigentes. No podemos admitir que solo unos pocos individuos nos condenen a todos a fracasar como pueblo y como nación. Como se decía en la arenga, debemos cerrar filas y enfrentarnos a quienes carecen de convicciones y de ideales salvo el de su propio provecho. Todos sabemos lo que debemos hacer, solo falta que tengamos el valor de hacerlo.

¡Santiago cierra y despierta España! ¡Que pasen un buen día!

La negación como forma de hacer política

Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 26 Julio 2016

“Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si esas son nuestras unidades naturales, si la familia y el municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos del instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos que para unirnos en grupos artificiales empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas?” (José Antonio Primo de Rivera)

En esencia el sentido de la democracia es la organización de la voluntad general, expresada en las urnas, para el logro del bien común y para la felicidad de los pueblos.

Pero eso es un desiderátum. La realidad es tercamente diferente y los partidos políticos se organizan para el logro de los intereses del propio colectivo en primer lugar y, como mucho, para el cumplimiento de los intereses de los electores que representan. Rara vez para el interés general, que es el de la mayoría de la población, que suele coincidir pocas veces con el del partido que supuestamente les representa por decisión de las urnas.

Es evidente que el bloqueo que sufre España en sus costuras, con riesgo de romperse y dejar al descubierto las vergüenzas de su propia desnudez intelectual y espiritual, nos lleva indefectiblemente a la indigencia, en la mayor descomposición en todos los órdenes jamás conocida y en la ingobernabilidad más absoluta germen y caldo de cultivo de totalitarismos opuestos al sentido semántico del concepto de democracia.

Todos los partidos manifiestan no querer ir a unas terceras elecciones, pero tampoco manifiestan ni un solo atisbo de querer aunar voluntades para que así sea y entretejer los mimbres de la gobernabilidad.

El más contradictorio en estos términos es el Partido Socialista, sobre el que recae la responsabilidad de dotar a España de una dirección política y sobre todo económica para atajar los daños ocasionados por la propia partitocracia, que hacen que la vía de agua abierta en el casco del barco común en el que navega España no le lleve a pique.

No se puede decir al mismo tiempo que la responsabilidad de formar gobierno es del partido ganador de las últimas elecciones y al mismo tiempo negarle cualquier posibilidad para que pueda hacerlo, contraviniendo la voluntad de una mayoría minoritaria de españoles que así lo han dispuesto.

Se entiende perfectamente que el Partido Socialista quiera preservar su bolsa de electores para que no haya más fugas hacia el Partido Comunista de Pablo Iglesias junior. Pero poner los intereses del propio grupo por encima de los del pueblo español, y sacrificar el bienestar de éste para resolver una crisis interna del partido de Pablo Iglesias senior, es simplemente un atraco, un latrocinio imperdonable, pues pone en riesgo no solamente la felicidad de los españoles, su estabilidad y futuro, sino el de la propia democracia; pues nos lleva sin remedio a unas terceras elecciones de difícil pronóstico, y así no se resuelve nada, ni tan siquiera el futuro del PSOE, puesto ya en entredicho como instrumento al servicio de los españoles.

La otra solución, la probable, es que dejen gobernar al Partido Popular en minoría, para luego ponerle zancadillas y palos en las ruedas de la gobernabilidad con el objetivo de su desgaste, lo cual es un grave quebranto del interés general; es decir lo del perro del hortelano, ni comer ni dejar comer.

Lamentable espectáculo el que nos ofrecen. Así no vamos a ninguna parte y el desprestigio del sistema político en su conjunto está servido.

La España asqueada
LUIS MARÍA ANSON El Mundo 26 Julio 2016

El vientre de la Lujanera es una plaza soleada y sus pechos 'dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos'. El Corralero, la boca aindiada y la chalina baya, se enfrenta en la taberna con el Pegador, al que respaldan el hembraje y los bolaceros. La Lujanera, el personaje de Borges, le entrega a su hombre el cuchillo cachicuerno. Al ver que el Pegador permanece con el rabo entre las piernas, él erecto, el Corralero proclama: 'De asco no te carneo'.

Si Albert Rivera contribuye con sus veladuras a encender la hoguera de unas terceras elecciones o a facilitar el disparate de un Gobierno de Frente Popular, la España asqueada le carneará sin piedad. En solo seis meses ha perdido el 20% de sus diputados. En una tercera elección durante el rencoroso otoño, si se le considera responsable de ella, podría quedar disuelto. Ni siquiera como fórmula táctica para terminar cediendo a cambio de cargos suculentos, debe continuar Ciudadanos con la pantomima de la abstención en lugar de adelantar el sí que despejaría la situación. Son ya muchos los que aseguran que Albert Rivera es un cajetilla.

Los partidos políticos en una democracia plena son los cauces para solucionar los problemas de la nación. En España se han convertido en un problema en sí mismos en lugar de ser una solución. Las encuestas más solventes sitúan a los partidos políticos en el tercer puesto entre los diez problemas más graves que agobian al pueblo. El espectáculo que están dando a la ciudadanía es de vergüenza ajena. Sobre el interés general, arrumbado en el zaquizamí de la política, predomina el personalismo, el partidismo, los intereses espúreos de capillitas y campanarios. La España asqueada contempla con desprecio creciente a los prepotentes, a los mambrullos y a los garleros de una clase política en la que predomina, sobre la alarmante corrupción, la mediocridad.

Al español medio, sangrado hasta la hemorragia por unos impuestos casi confiscatorios, le resulta insoportable la voracidad, la prepotencia y la vulgaridad de la mayoría de sus líderes políticos. La España asqueada que desprecia a la clase política está a punto de explotar.

Y mucho cuidado. La crítica a los partidos políticos en el primer tercio del siglo XX, como he recordado en alguna ocasión, se tradujo en el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, el estalinismo en Rusia, el franquismo en España, el salazarismo en Portugal... Cualquier forma de dictadura o totalitarismo es mucho peor que lo que tenemos. No se trata de suprimir los partidos políticos o los sindicatos. Se trata de regenerarlos, de democratizarlos, de exigir que se pongan al servicio del interés general en lugar de dedicarse a satisfacer ambiciones de clase o de casta con escandalosa atención a parientes, amiguetes y paniaguados. Los dirigentes políticos han obligado a apretarse el cinturón a empresas, instituciones y particulares, a todos menos a los partidos que siguen entregados al cínico despilfarro.

Mariano Rajoy, en fin, no debería olvidar, ahora que vive su luna de hiel, lo que aconteció en la esquina rosada de Jorge Luis Borges cuando el Corralero, jayán fuerte y bermejo, salió de la taberna, enhiesto y bien apretado a la Lujanera, mientras sonaba la milonga 'linda al ñudo de la noche'.

Europa debe enfrentarse al terrorismo islamista
EDITORIAL Libertad Digital 26 Julio 2016

El multiculturalismo, con sus acusaciones genéricas de islamofobia, ha esterilizado la tarea de prevenir los atentados islamistas en suelo europeo.

La reciente cadena de atentados de corte islamista en Alemania demuestra nuevamente un hecho esencial: el radicalismo islámico ha declarado la guerra a Europa, aunque sus instituciones y Gobiernos prefieran negar esta evidencia para eludir su responsabilidad.

En el transcurso de los últimos siete días cuatro ataques terroristas han tenido lugar en tierras germanas, principalmente en la región de Baviera, con el resultado de diez muertos y decenas de heridos. En todos los casos, los autores de los atentados eran radicales vinculados al Estado Islámico y, como tales, dispuestos a inmolarse para llevarse por delante al mayor número de infieles posible.

Es el mismo esquema de los ataques perpetrados en diversos puntos de Francia y Bélgica en lo que llevamos de año, donde los terroristas han buscado provocar el mayor número de bajas entre civiles, a los que su interpretación radical del islam convierte en subhumanos que los musulmanes piadosos han de exterminar.

Pero el hecho de que un grupo numeroso de criminales fanatizados haya puesto en su punto de mira a los ciudadanos europeos no es un cataclismo ante el que no cabe más opción que sucumbir. Al contrario, Europa es un ámbito geopolítico forjado en una tradición cultural y religiosa que ha permitido el progreso y la libertad como en ningún otro lugar, a pesar de los riesgos de todo tipo que se han cernido históricamente sobre nuestras sociedades.

En el caso del terrorismo islamista Europa tiene una debilidad de fondo, el multiculturalismo mal entendido, que dificulta luchar eficazmente contra esta amenaza. Durante años, la filosofía buenista esparcida entre la sociedad europea con pretensiones hegemónicas por Gobiernos, partidos y medios de comunicación, ha esterilizado cualquier respuesta eficaz para hacer frente al riesgo de atentados terroristas. El dogma de lo políticamente correcto, que tacha de islamobofia cualquier precaución para identificar a los elementos peligrosos y evitar la radicalización en nuestro suelo de jóvenes musulmanes de segunda o tercera generación, ha llevado a que las actividades de proselitismo de las organizaciones islamistas se hayan desplegado delante de nosotros con total impunidad.

Aún hoy, cuando con machacona insistencia se suceden los ataques terroristas en el mismo centro de Europa, tenemos que asistir a las sonrojantes interpretaciones de la prensa y partidos izquierdistas, empeñados en convertir a los verdugos en víctimas de una sociedad que no los comprende, por lo que no tienen más remedio que asesinar a mansalva y, eventualmente, inmolarse ellos también en nombre de Alá.

La crisis migratoria agrava además el actual estado de cosas en nuestro continente. De nuevo, el buenismo progre se niega a que entre los miles de refugiados que llaman a nuestras puertas se lleve a cabo una investigación rigurosa para determinar la existencia de terroristas entre las masas de musulmanes que huyen de las guerras de Siria e Irak.

La asignación de la condición de refugiados a todos los inmigrantes, sea cual sea su procedencia y objetivos, lleva a que los últimos ataques terroristas hayan sido perpetrados precisamente por asilados que jamás deberían haber gozado de esa condición.

El primer paso para enfrentarse con garantías a un problema es identificarlo correctamente. Solo así será posible afrontar con garantías de éxito la mayor amenaza que se cierne en estos momentos sobre Europa y pone en riesgo su mera existencia futura. La ceguera voluntaria de los gobernantes y la prensa pusilánime agravan este problema para satisfacción de los propios islamistas, pero también de las fuerzas políticas radicales europeas, que ven en esta crisis de seguridad una nueva oportunidad histórica para asaltar el poder.

¿Por qué no es buena idea el Brexit?
Alejandro Hidalgo www.vozpopuli.com 26 Julio 2016

A veces los extremos se tocan. El Brexit ha sido visto con buenos ojos por grupos ideológicos que se sitúan unos en las antípodas de otros. Así, por ejemplo, para los nacionalistas más de izquierdas, el Mercado Único Europeo no es sino la representación del poder al servicio de los mercados. Por otro lado, y para algunos liberales, el Brexit representa el deseo de un pueblo de zafarse de la regulación y del asfixiante poder del Estado (europeo) por lo que el resultado del referéndum ha sido recibido con ilusión y expectación. Sin embargo, y a pesar de su coincidencia en la lectura positiva del evento, sus respectivos argumentos son opuestos, y ambos en mi opinión, erróneos, tal y como voy a explicar a continuación.

En primer lugar creo firmemente en los procesos de integración económica como camino para incrementar el bienestar de los ciudadanos. La creación de un mercado único de 400 millones de personas no necesariamente tiene por qué perjudicar a los ciudadanos frente a las grandes corporaciones, como argumentan los críticos de la izquierda más combativa. Más bien al contrario. Como ya conté en este foro, la unión de mercados crea eficiencia y competitividad, lo que se traduce en menores precios y mayor calidad para el consumidor. Además eleva la variedad de productos, al reducir las barreras de entrada elevando a su vez la competencia. Todo ello implica que implícitamente son los consumidores los que adquieren poder de mercado. Es cierto, desde luego, que un mercado único es una oportunidad para que las grandes empresas alcancen mayores tamaños y aprovechen sus ventajas comparativas para acaparar mercado. Sin embargo, de nuevo, el mercado único permite una respuesta única y de nuevo más eficiente por cooperada a través de la creación y diseño de adecuados mecanismos de intervención para la defensa de la competencia, para el control de la colusión y contra la concentración de poder. Por último, la concentración y manipulación de los mercados por parte de las grandes corporaciones multinacionales puede ser inevitable incluso sin la existencia de un mercado único que lo abone. Pero unir políticas y aunar esfuerzos por parte de un grupo de países en su lucha contra el poder desmesurado de ciertas empresas puede ser más eficiente que la lucha aislada y separada.

En cuanto a los liberales pro-Brexit, de nuevo y en mi opinión, también se equivocan. Para estos, la defensa del Brexit se fundamenta a través de una sencilla regla de tres: si defendemos la libertad (individual) como base primordial para el bienestar humano, cualquier evento que conduzca a dicha libertad debe ser considerada con cariño y afectividad. Si el Brexit significa que los ciudadanos británicos van a vivir en más libertad, pues representa el amor por la desregulación frente a la imposición asfixiante de los tecnócratas de Bruselas, lo apoyaremos.

Una vez definida la posición y construidas las trincheras, se pasó a crear por parte de estos un texto argumentativo basado en razonamientos de causalidad difíciles de defender por varias razones. Para empezar, existen suficientes razones que nos hacen pensar que la ruptura de un mercado único no es positivo para una economía y no posee alternativa probable mejor, como explicaré más abajo. Ante ello, los liberales pro-Brexit razonaban que el Reino Unido tendría más libertad para manejar su política comercial, lo que compensaría la ruptura, y no necesariamente debería suponer un coste para los pródigos. En segundo lugar, se argumentaba que la salida de la Unión Europea (UE) les permitiría un manejo más discrecional de su política fiscal, materializada en una reducción impositiva que permitiría la llegada de capital productivo compensando el posible éxodo de parte de su actividad económica, todo ello magistralmente aderezado por el bálsamo de Fierabrás: la desregulación. Estas son las principales líneas de defensa de su postura. Sin embargo, como voy a explicar, tales defensas se construyen sobre premisas débiles difíciles de sostener y por varios motivos.

En primer lugar, no es posible compensar un mercado único con un tratado de libre comercio. Este es el argumento que más me cuesta explicar, pero del que estoy más convencido. Un mercado único no sólo implica la existencia de libre comercio de bienes y servicios, además de capital. También implica el libre movimiento de personas así como la unificación de reglas y normativas. La primera de ellas es fundamental para el buen funcionamiento del mercado. La razón es que con un comercio libre los desequilibrios internos y externos de las naciones que se integran pueden exacerbarse, amplificarse. La unión podría implicar divergencia en renta per cápita. El movimiento de personas genera una compensación a dichos desequilibrios asimétricos quitando presión a variables como el desempleo o la inflación, así como a los déficits en las balanzas comerciales. En segundo lugar, la igualación de normativas (tremendamente importante) permite la eliminación de barreras económicas no arancelarias que pueden llegar a ser más costosas que los tradicionales instrumentos de control del comercio como son los aranceles o las subvenciones. Un tratado de libre comercio simplemente no compensa la pérdida que supone crear barreras económicas basadas en la no libertad de movimiento de personas y la creación de una normativa diferenciada. Además, aquellos que crean que hay beneficio en el margen de bajada de aranceles a terceros países por parte de los británicos, que acudan a la Organización Mundial del Comercio. Las tarifas arancelarias de la UE con el resto del mundo, salvo para ciertos mercados particulares como son los productos agrícolas y algunos servicios, son muy cercanos a cero (una media de entre el 3 y el 4 %). No existe un gran margen de ganancia firmando tratados de libre comercio más allá de lo que el Reino Unido ya tiene firmado a través de la UE. Resumiendo, el óptimo de bienestar pasa por el mercado único. Romperlo te aleja más de la cumbre de utilidad que el comercio internacional te facilita alcanzar.

En segundo lugar, como he dicho, se sueña con la posibilidad de reducir los tipos impositivos, en especial los impuestos a las empresas, para así mediante un efecto llamada, compensar la posible salida de actividad productiva a otros países que estén “dentro “ del mercado único. Ahí tenemos el ejemplo de Irlanda o de cualquier otro paraíso fiscal. Pero cuidado con un detalle: resulta que el gran ejemplo utilizado por los liberales para explicar los beneficios de la rebaja fiscal, Irlanda, está en el Mercado Único. Es decir, ¿podemos argumentar que el desarrollo de la pequeña isla verde desde los noventa hubiera sido el mismo fuera de la Unión Europea? Permítanme que dude, y mucho. Además, tampoco veo a los hijos de la Reino Unido convirtiendo su nación en una especie de Islas Caimán del norte de Europa. ¿O es que piensan que los habitantes de la Región de los Lagos van a dedicarse al trading? Un país de casi 60 millones de habitantes no puede platearse una estructura productiva basada en una economía de paraíso fiscal. No, la econometría de un punto no sirve. No se puede trasladar tales experiencias por los motivos expuestos.

Además, cuidado. La propuesta británica no sólo propone una bajada de impuestos, sino además un aumento de la inversión pública. El crecimiento del déficit estaría garantizado. No veo a los liberales defendiendo coherentemente tal escenario.

Por último, romper un mercado único implica, como ya he argumentado, asumir numerosos costes. No es una especulación. Es una predicción con una probabilidad altísima de que sea tal y como lo digo. De hecho algunos argumentan que serían tan elevados que finalmente el Brexit no sería posible. Sin embargo, como ya he dicho, algunos confían en que la clase política británica compensaría desregulando, permitiendo a su economía una orientación más de mercado lo que compensar los costes de la ruptura. Sin embargo, esta opción exige confiar plenamente en la buena voluntad de una clase política. Algo, que personalmente, me cuesta ver. Además, no creo que sean los liberales quienes más confían en que los políticos hagan lo que creen es mejor para el mercado. Ya saben eso de “a pesar del gobierno”.

En resumen, los que ven el Brexit con simpatía lo hacen porque este representa de algún modo un camino que ellos creen es el adecuado para avanzar a una sociedad más justa y con mayores niveles de bienestar. El problema es que estos argumentos se basan en lógicas con grandes defectos. Más aún, y solo por cerrar, recordemos además que gran parte de la campaña de los “leavers” se ha fundamentado en razones XENOFOBAS, sobre las cuales tanto los críticos combativos de la izquierda como los liberales, rechazarían de plano al ser contrario a sus principios y valores.

Johnson y la farsa británica
HENRY KAMEN El Mundo 26 Julio 2016

Una de las grandes virtudes de los británicos es que son capaces de reírse de sí mismos. Mucho antes de Shakespeare, el teatro cómico fue uno de los rasgos definitivos del teatro en estas islas. La prensa británica -la primera prensa moderna en Europa-, producía obras maestras en el arte de la sátira y la parodia. Uno sólo tiene que mirar los grabados de Hogarth y de Gillray para ver cómo la farsa era un tema estándar en el comentario político. La sátira, por supuesto, siempre tenía una intención seria: señalar las locuras y errores de la monarquía y de las élites gobernantes.

Parece que ha llegado el momento en el que vamos a necesitar una nueva era de la sátira. En concreto, para hacer frente a la situación extraordinaria, donde una vez más los payasos han subido a la superficie de la política en el Reino Unido. El Parlamento británico, que se supone guardián de la democracia, parece haber decidido que un referéndum en el que 17 millones votaron a favor del Brexit, sobre un electorado total de 46 millones, es una expresión verdadera y correcta de los deseos del pueblo. Por tanto, el Parlamento ha rechazado los otros 29 millones de votos como insignificantes. Un grupo de abogados está tratando de cuestionar esa conclusión, pero no hay duda de que el Gobierno no permitirá que prosperen. Eso, sin embargo, es sólo el primer paso en la sorprendente ópera cómica que se ha estado desarrollando en los últimos días.

Los políticos británicos, al igual que sus colegas estadounidenses al otro lado del Atlántico, parecen haber decidido que el escenario de la ópera debe ser ocupado por los bufones. La nueva primera ministra, Theresa May, ha formado un Gobierno en el que lógicamente se ha hecho todo lo posible para incluir a todas las secciones de un partido conservador dividido. Para ella, la salvación de su partido es la principal responsabilidad, y las divisiones en la sociedad británica tienen menor importancia. Por tanto, ha cambiado sus opiniones de la noche a la mañana. Hasta ahora era una fuerte oponente del Brexit. Sin embargo, ha hecho la extraordinaria promesa de que su primer objetivo es poner en práctica el Brexit. Ese es el verdadero estilo de la comedia.

Para enfatizar el grado de compromiso con el Brexit, May ha dado el toque maestro a la ópera cómica nombrando como actor principal a un comediante que ha actuado magníficamente en la escena pública. Ese cómico es, por supuesto, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson. Es un nombramiento que muestra el excelente sentido del humor británico porque ha provocado la burla y la risa en todo el mundo político. La reacción casi unánime de la prensa de todo el globo ha sido de incredulidad. Probablemente, por primera vez en la historia británica, la política ha sido sustituida por la farsa.

Antes de convertirse en político, Johnson, rico y de educación elitista, era un periodista con base en Bruselas, donde asombró a sus colegas europeos con su capacidad para distorsionar la verdad. Un colega que trabajaba allí con él informa en The Guardian: 'No todos los días un país nombra como su representante mundial un mentiroso conocido, para quien la exageración, los insultos y las insinuaciones racistas parecen completamente normales. Un hombre aparentemente carente de cualquier convicción profunda fuera de su propia autoestima'. El mismo colega afirma: 'el ex alcalde de Londres es para la diplomacia lo que Stalin era para la democracia'.

Aquellos de nosotros que han seguido el curso de la consulta siempre nos quedábamos impresionados por las continuas mentiras y difamaciones de Johnson. Comparó la UE a Hitler, hizo afirmaciones falsas de que Gran Bretaña enviaba todas las semanas 420 millones de euros a la UE, y aseguró que Turquía estaba a punto de entrar en la UE y enviar su población de 76 millones de personas a vivir en Inglaterra. Cada día de la campaña entretenía al público con sus insultos ingeniosos y poco diplomáticos: el presidente Obama era antibritánico -sostenía-, a causa de sus orígenes africanos; y Hillary Clinton era como 'una enfermera sádica en un hospital mental'. Esto claramente no es el tipo de cosas que se dice acerca de un país que siempre ha sido considerado el principal aliado de Gran Bretaña.

Ahora, la primera ministra británica ha designado a este bufón como principal representante del país ante las naciones del mundo. Un dirigente socialista alemán comentó: 'No me sorprendería si Gran Bretaña pusiese a Drácula a cargo del Ministerio de Salud'.

El aspecto más notable de las declaraciones públicas de Johnson es que nunca se pueden creer, porque siempre distorsionan la verdad, o al menos presentan falsedades de una manera que tienen por finalidad engañar. El ministro de Asuntos Exteriores francés dijo que 'Johnson mintió mucho a los británicos'. Por poner un ejemplo, el nuevo ministro de Finanzas (chancellor), Philip Hammond, ha declarado de manera realista que se puede tardar hasta seis años en efectuar la salida de la Unión Europea. En realidad, esto no era lo que Boris Johnson prometió. Convenció al público de que inmediatamente después de la votación el Reino Unido entraría en una tierra de leche y miel. Él sabía que no era cierto, pero lo dijo de una manera tan divertida que todo el mundo le perdonó rápidamente. Esa es la esencia de la comedia.

La aparición en el escenario de Johnson tiene por objeto crear un shock, nada más. No hay una ilustración más fina de eso que ver directamente las reacciones de los líderes políticos cuando se enteraron de la noticia de su nombramiento. Un destacado miembro laborista del Parlamento se quedó boquiabierto: 'Él ... ¿qué?', exclamó, y se dio la vuelta para que la cámara no pudiera ver la expresión de su cara. Un portavoz de la Casa Blanca en Washington se hallaba en mitad de una conferencia de prensa cuando le comunicaron la noticia en un papel. Le echó un vistazo y entonces hizo un esfuerzo para evitar la sonrisa en su rostro, en un gesto que seguramente con el tiempo le permitirá ganar una medalla de honor. Los políticos y diplomáticos de otros países no han escatimado sus comentarios. 'Con Boris Johnson a cargo de la diplomacia, Gran Bretaña ha insultado al mundo', sostiene un titular esta semana en el periódico más respetado de Gran Bretaña. Le Monde describe Johnson como 'un político al estilo de Monty Python que parece evitar tomarse las cosas en serio'.

De hecho, detrás de la bufonería hay señales peligrosas. Algunas declaraciones anteriores de Johnson sobre asuntos internacionales revelan que sus puntos de vista están completamente en desacuerdo con las actitudes cautelosas de la mayoría de los diplomáticos británicos. Se ha pronunciado con contundencia en favor de Israel, ha declarado que Occidente podría intervenir militarmente para apoyar el régimen de Assad en Siria, y ha sugerido que se puede dar armas nucleares a Irán. Ninguna de estas actitudes coincide con la política británica ordinaria.

Por supuesto, la diplomacia siempre está cambiando, pero al menos los diplomáticos responsables tienden a ser muy cuidadosos con las declaraciones públicas que hacen. Queda por ver qué declaraciones hará en público y en privado el nuevo ministro de Exteriores británico. Con los problemas actuales en Turquía, ya hay razones para estar preocupado por el papel de Boris Johnson. Recientemente, el periódico turco Daily Sabah, que tiene estrechos vínculos con el Gobierno de turno, describe a Johnson como un 'antiturco', y añade que su nombramiento 'plantea preguntas sobre el futuro de las relaciones internacionales de Gran Bretaña'.

Tal vez las personas emprendedoras que dirigen Wikileaks puedan encontrar una manera de penetrar en la oficina de Johnson con el fin de averiguar la forma en que realmente funciona en su nuevo trabajo. Sería un gran servicio a la causa de la diplomacia internacional.

Objetivo yihadosta: desestabilizar Europa
Editorial La Razon 26 Julio 2016

La oleada de violentos ataques de supuestos «lobos solitarios» que está sembrando el terror en Europa en los últimos meses no debe conducirnos a conclusiones erróneas. Esta serie de atentados, en su gran mayoría reivindicados por el Estado Islámico (EI), obedece a un patrón determinado y tiene también un objetivo muy concreto: desestabilizar Europa. Aunque puedan parecer acciones indiscriminadas contra civiles por parte de sujetos que se habrían radicalizado en solitario, un análisis de la cadencia de estas acciones criminales permite apuntar, tal y como publica hoy LA RAZÓN, la existencia de un plan preestablecido que se activaría a través de ciertos coordinadores. Estos actores solitarios centraron su objetivo primero en Reino Unido y luego en Francia.

Ahora Alemania aparece como el escenario de sus actos sanguinarios. España e Italia podrían ser los siguientes en su punto de mira. Resultaría ingenuo, pero sobre todo terriblemente peligroso, atribuir al azar la secuencia terrorista. El EI no cesa de cosechar derrotas sobre el terreno en Siria e Irak, que están menguando su Califato a marchas forzadas. De ahí que su prioridad haya pasado a dividir a los europeos, incluso a provocar el enfrentamiento con sus gobernantes en terrenos abonados para la extrema derecha y el populismo.

La valentía, el terror y las raíces de Europa
Ricardo Ruiz de la Serna Gaceta.es 26 Julio 2016

El atentado de este viernes en Alemania ha vuelto a generar, como de costumbre, una oleada de mensajes en las redes sociales que reafirman el compromiso con los valores democráticos expresados mediante distintas fórmulas. Desde el lema oficial de la República Francesa, “libertad, igualdad, fraternidad”, hasta las banderas alemanas con crespones negros y las fotos de velas con algún mensaje de condolencia, miles de personajes públicos y millones de nuestros conciudadanos han expresado su “condena” del atentado, su “apoyo” y su “solidaridad” con las víctimas. Algunas personas han pedido oraciones con la etiqueta #prayformunich.

Estos mensajes revelan, por una parte, la nobleza de sentimientos de millones de personas conmovidas por el sufrimiento de las víctimas del atentado, que ascienden a nueve muertos y 16 heridos en el momento en que escribo estas líneas. Algunos manifiestan su simpatía -que viene del griego s?? p???? y significa “sufrir juntos”- hablando de los heridos, los muertos y los aterrorizados mediante expresiones como “todos somos X”.

Estas expresiones de compasión y tristeza colectiva permiten albergar cierta esperanza de que no todo se ha perdido en Europa. En general, nos sigue pareciendo una abominación injustificable que alguien abra fuego contra una multitud pacífica. No olvidemos que, en España, hay quien justifica a ETA y trata de limpiarle la cara y blanquearle la historia, así que comprenderán que valore en lo que merece esta ola de afecto hacia las víctimas e indignación contra los victimarios. En medio del horror, ya digo, hay quien se conmueve, hay quien trata de auxiliar, hay quien contempla aterrado…

Sin embargo, las reacciones sentimentales se agotan a los pocos días. La vorágine informativa distrae la atención y enfoca el discurso público hacia otras cosas. Hasta el siguiente atentado -más velas, más crespones, más votos de “solidaridad”- los europeos quedamos en estado letárgico y olvidamos que la compasión sola no basta para derrotar el mal. Sin acciones concretas y efectivas en distintos niveles -y, especialmente, en el de la política, que debería ocuparse del bien común- toda esta legítima indignación y esta conmovedora oleada de afecto queda frustrada sin transformar nada. Ni a los asesinos como Anders Behring Breivik ni a los terroristas yihadistas les preocupan nada las palabras de condolencia.

Occidente -y, en especial, Europa- se enfrenta hoy al dilema de salvarse a sí misma como civilización o perecer en un marasmo de sentimentalismo y consignas que liberan las pasiones del momento y se agotan al poco tiempo. Las energías de un continente no pueden consumirse en lamentos, lágrimas y frases conmovedoras. Insisto en que no resto valor a estas manifestaciones. Me limito a subrayar su insuficiencia si no van acompañadas de medidas concretas que recompongan la fortaleza de unas sociedades desorientadas y, a menudo, desarraigadas de los valores y principios que las alumbraron. Nuestro continente está olvidando de dónde viene y, así, es imposible que pueda saber hacia dónde ir.

La civilización occidental hizo del héroe y la heroína -que, además, tenía cierta fuerza transgresora en un mundo masculino- dos personajes capitales en el imaginario colectivo. Desde el rey David -cuyo escudo, según la tradición, llevaba grabada la estrella que hoy porta su nombre- hasta Alejandro Magno o Julio César, la virtud por excelencia combinaba la excelencia y la valentía. Arriesgar la vida por una causa justa -y aun sacrificarla- era meritorio y se celebraba. El sacrificio era recompensado y recordado. Horacio escribió en las Odas (III, 2, 13) “dulce et decorum est pro patria mori”, morir por la patria es dulce y glorioso. Por supuesto, Roma no era solo la tierra sino todo un modo de vida y un orden del mundo. Por eso, allí donde los romanos llegaron, instauraron una civilización que sobrevivió mucho tiempo después de que las instituciones republicanas e imperiales hubiesen desaparecido. En realidad, hoy seguimos viviendo a su sombra.

La Cristiandad medieval -ese espacio medieval que compartía principios y vigencias comunes desde las fronteras del Báltico hasta lo que hoy son España y Portugal- exaltó la caballería, la nobleza y el coraje. En la guerra o en la paz -ahí están Juana de Arco y Francisco de Asís- la cobardía era inaceptable. El valiente podía sentir miedo, pero debía superarlo. En eso, radicaba su grandeza. Uno de los poemas más bellos de la literatura inglesa es “La batalla de Maldon”, que canta el combate librado el 10 o el 11 de agosto del año 991 entre los hombres de Byrhtnoth y los invasores vikingos capitaneados por Olaf Tryggvason. El Libro de Ely, una crónica del siglo XII, cuenta que Byrhtnoth “no tembló por su pequeño número de hombres ni se asustó por la multitud de los enemigos”. Los versos 20-21 del poema cuentan que ordenó a sus guerreros que sostuviesen sus escudos con fuerza y mano firme y añadió: “And ne forhtedon na”, “y no tengáis miedo”. Otros traducen “y no tendréis miedo”. Estas palabras del verso 21 son el epitafio de Jorge Luis Borges en Ginebra. Resumen el espíritu de una civilización que exaltó el arrojo, el valor y el sacrificio por los demás.

Esas mismas palabras inspiraron a Churchill su célebre discurso de 19 de mayo de 1940 radiado por la BBC pocos días después de que las tropas del Reich al mando de Von Manstein rompiesen las defensas francesas en Sedán. Aquel político al que muchos habían dado por muerto y enterrado, supo hablar a Europa de este modo: “Os hablo por primera vez como primer ministro en una hora solemne de la vida de nuestro país, de nuestro imperio, de nuestros aliados y, sobre todo, de la causa de la libertad. […] Hoy es el día de la Santísima Trinidad. Hace siglos se escribieron palabras para ser una llamada y un estímulo para los fieles servidores de la Verdad y la Justicia: “Armaos y ser hombres de valor y estad listos para el conflicto porque es mejor morir en la batalla que contemplar el ultraje de la nación y el altar. Como sea la Voluntad de Dios en el cielo, así sea”. Churchill estaba evocando el Primer Libro de los Macabeos (3, 58-60). Durante siglos, la Biblia fue el libro nacional de Inglaterra -ahí está la Biblia del Rey Jaime- y la de Alemania, que hizo de la lengua alemana lo que hoy es gracias a la traducción de Lutero publicada entre 1522 y 1534.

Europa no se salvará solo con velas, lamentos y condenas. No basta compadecerse. Hay que regresar a los valores que han inspirado a Occidente y devolverlos al sistema educativo, al discurso público, a las instituciones. La sola “condena” del terrorismo es insuficiente. Frente al miedo y la agresión, hay que responder con firmeza y valentía, aunque esto implique sacrificios y sea doloroso. A fuerza de lágrimas y mensajes, no lograremos salvarnos. Una sociedad aterrorizada y temblorosa no puede sobrevivir ni reponerse.

El atentado en Niza y muchos otros anteriores
Antonio García Fuentes Periodista Digital 26 Julio 2016

EL ATENTADO EN NIZA… “UNO MÁS”
Sí… uno más y vendrán tras este “todos cuantos quieran los asesinos terroristas”; ¿por qué? Muy sencillo y lo he comentado en mis artículos muchas veces; a estas bandas asesinas (recuerden que igual actuaban los asesinos de ETA) les resulta facilísimo provocar una masacre en los infinitos lugares que hay en el mundo, para que la noticia se sitúe en primeras planas; y si no hay otra causa “más importante para los tremendistas medios que proliferan por todo el globo terráqueo”, la noticia se repetirá hasta grados incalificables ya, puesto que nos darán multirrepetido, hasta “el número que calzaba el asesino, si es que encuentran su zapato”. Mientras los asesinos “muertos de risa”, dirán; “qué idiotas son y que listos nosotros, con una cantidad exigua de dinero y tras convencer a un pobre (o varios) desgraciado, logramos una propaganda gratuita que ni con cientos o miles de millones hubiésemos conseguido; así es que a ir desarrollando una sucesiva cadena de atentados, que estos idiotas…” “se las tragan todas y sus réplicas son algo así como aquellas discusiones bizantinas, mientras nuestros antepasados se terminaban de cargar al Imperio de Roma en Constantinopla”.

¿Por qué, qué han hecho los que dicen mandar “en los pueblos castigados”?... “Han dicho que permanecerán unidos, que la democracia es indestructible, que la unión resolverá todo y así, una infinidad de dichos absurdos por demás, puesto que esta gentuza no entiende nada más que “su misma medicina” y mientras no se emplee con dosis eficaces, el terrorismo seguirá actuando y en creciente aumento, como lo viene haciendo hace ya muchos años. Además de ellos, no muere nunca nadie, “la carne la pone siempre el pueblo, sea en Niza, París, Londres, o Madrid”.

¿El pueblo o “carne de cañón, que hace”? Pues ya lo estamos viendo, acudid donde los llaman; “poner flores, velas, llantos y lamentos, minutos de silencio; y poco más”; el pueblo no somos nada y estoy harto de saberlo y comentarlo; son los gobernantes los primeros y únicos responsables de todo y tienen la ineludible obligación de asumir esa responsabilidad, actuar con toda contundencia y si no, declarar su manifiesta ineptitud e irse de la política por inútiles.

Y como sé, que algunos de mis lectores, que son “moscas cojoneras” y me van a decir que si soy tan listo, que diga soluciones; les digo ya de anticipado, que no soy “tan lila como para escribirlas aquí”; pero que las tengo y las emplearía sin ningún remordimiento si fuera yo el que mandara, pero yo y aunque rebelde por naturaleza, me considero “una nada” y como no voy a llorar ni poner velas o “candelitas o flores” a ninguna víctima, me las reservo por si pudiera manifestarlas “al oído”, de los que considero responsables de tomar decisiones y no las toman; no obstante indico la primera; “quitar la nacionalidad al implicado y al más mínimo inductor a los hechos y echarlos del país aunque sea como apátridas; tras claro está, cumplir la condena que sea y si se cogen vivos”; cosa lógica por demás y que no se hace ni se ha hecho, que yo sepa. También hay que ir pensando en “la horca o garrote vil”.

Otra; ni una mezquita más en Europa; obremos como ellos obran en sus países, que hacen eso mismo, “ni un templo que no sea mezquita” en esos países. Y por descontado, que el que quiera seguir en Europa, ha de adaptarse a las costumbres europeas en lo que en relaciones públicas se refiere; en privado que hagan lo que quieran o puedan… “si en Marruecos, por ejemplo, te cogen vendiendo o repartiendo gratuitamente biblias cristianas; católicas o no católicas, seguro que terminas en la cárcel y después expulsado a perpetuidad; y ese territorio, dista de España, lo que separan las vallas de Ceuta o Melilla, o sea “dos pasos”.

Otra más; que todos los que lleguen ilegales, han de ser expulsados de inmediato y que sus países “o credo”; los atienda con sus medios, puesto que en conjunto tienen medios de sobras y que en gran parte lo gastan en armamentos.

Cosas así son las que esperan “ese pueblo que pisoteado siempre, siempre es la percha de los palos de propios y extraños”; y ya está bien de tanto pisoteo.
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EL POLVORÍN Y EL GRAN NEGOCIO QUE ES “ORIENTE MEDIO”: Ver un esquema de planos y oír la disertación: son sólo DIEZ MINUTOS que nos van a mostrar que allí no se defiende ni defendió nunca nada más que DINERO Y PODER: por ello siguen muriendo allí en masa y manteniendo UN PROBLEMA QUE HAN LOGRADO SEA MUNDIAL: https://www.youtube.com/watch?v=LJtUQjJC4a0

“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.

Hobbes dejó escrito, que si una realidad no se encara puede tener perturbadoras consecuencias. "Las obligaciones del súbdito con el Estado duran lo que dura la capacidad de éste para protegerle. Ni un minuto más", sugería el filósofo inglés.

POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Alemania, cara y cruz de la política de puertas abiertas
Más de nueve millones de extranjeros viven ya en el país. La «asimilación» es larga y costosa, lo que genera una creciente tensión social.
Itziar Matamoros. Berlín. La Razon 26 Julio 2016

Los cuatro ataques violentos de la pasada semana en Alemania han reabierto el debate en torno a la política de acogida al refugiado. La tensión y la preocupación que han provocado estos crímenes, tres de ellos perpetrados por solicitantes de asilo, refuerzan el sentimiento de inseguridad de los alemanes, dividen al país y desencadenan recelos hacia la política de bienvenida de la canciller Angela Merkel. Primero fue el ataque con hacha de un refugiado afgano en un tren de Wurtzburgo, que el Estado Islámico (EI) se atribuyó. Después, el tiroteo en un centro comercial de Múnich, cometido por un adolescente germano-iraní con problemas mentales. El domingo, dos nuevos actos mortales: el asesinato de una mujer por un refugiado sirio y el atentado suicida de otro sirio en Ans-bach. Este último parece tener una clara motivación política y fue reivindicado igualmente por el EI. Aunque no hubo más víctimas mortales que el suicida, el hecho confirma que Alemania ya no está a salvo de la amenaza terrorista. Incluso el ministro de Justicia de Baviera admitió después de la explosión que «el terrorismo islámico ha llegado a Alemania». Además, la sucesión de episodios violentos, si bien han sido por distintos motivos y sin conexión entre ellos, aumenta el sentimiento de vulnerabilidad de la población, lo que tendrá consecuencias políticas para un país que celebra elecciones generales el año que viene.

El ministro del Interior, Thomas de Maizière, previendo algún tipo de respuesta violenta contra la población extranjera –actualmente más de nueve millones–, pidió ayer que no se generalizase contra los refugiados porque son «casos aislados». De Maizière anunció un aumento en la seguridad, sobre todo en estaciones, aeropuertos y fronteras, y cifró en 60 los refugiados que son investigados por vínculos yihadistas, aunque ninguno de los autores de los últimos ataques estaban en la lista.

Como era previsible, el partido populista Alternativa para Alemania (AfD), que basa su programa en medidas antiinmigración, atacó de nuevo ayer la gestión del Ejecutivo. «La política del Gobierno es el mayor peligro que ha tenido Alemania desde el final de la Guerra Fría», declaró en un comunicado donde criticaba la idea del multiculturalismo. «Si el Gobierno elude tomar una posición clara en este punto, se hace cómplice de los crímenes que puedan ocurrir», añadieron.

«La última semana resultará un golpe muy duro para Alemania y abrirá debates en torno a la ley de asilo», explica el politólogo Nikolai Dose, de la Universidad de Duisburg-Essen, a LA RAZÓN. Para este experto, una política migratoria más represiva no se traduce en menos violencia. «Tenemos el caso de Francia, que ha sufrido ataques más severos con una política más restrictiva», dice, recordando que «los crímenes de estos días fueron cometidos por personas desorientadas mentalmente».

El problema añadido es que el país, que recibió en 2015 a 1,1 millones de migrantes –con 476.649 peticiones formales de asilo–, no ha podido asimilar a tal cantidad de personas en busca de papeles, de un hogar y un trabajo. Muchos de ellos, la mayoría jóvenes y familias desarraigadas, se desesperan mientras se resuelve su situación y esto genera tensión. A pesar del descenso en las llegadas de refugiados al país –220.000 en los primeros seis meses de 2016–, los asaltos a centros de refugiados se han multiplicado. Sólo en los seis primeros meses del año, se registraron 563 agresiones contra estos albergues, una cifra récord. Es posible que este año se superen incluso los 1,047 delitos de este tipo cometidos en 2015. Otra de las señales que reflejan la tensión en el país son las recientes pintadas en rojo donde se lee «la inmigración mata», que han aparecido en gasolineras de varias regiones.

La guerra que libramos
JAVIER REDONDO El Mundo 26 Julio 2016

Sartori es el padre de la Ciencia Política moderna italiana y uno de los pensadores más lúcidos y provocadores del siglo XX. Acaba de publicar La carrera hacia ningún lugar. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro. Peligro de colapso, islamización, involución y cretinización. Todos los riesgos están relacionados, principalmente los tres últimos. Sostiene, entre otras muchas, una tesis: estamos en guerra. Aborda la cuestión desde distintos enfoques. Uno de ellos: el Occidente secularizado es vulnerable al asedio del terrorismo islámico. Lo dice un liberal de la estirpe radical, muy arraigada en Italia y que surgió en Europa contra la presencia del catolicismo en el ámbito público. Si las sociedades secularizadas olvidan sus raíces cristianas, game over.

Asegura ignorar si hay un 'verdadero' o auténtico islam y si, de existir, es fundamentalista o 'moderado' (no es fácil de precisar qué es exactamente islam moderado). El problema, en cualquier caso, es identificar cuál es hoy el islam vencedor. Ni siquiera el mayoritario, sino el vencedor. El islam que lleva la batuta ha declarado la guerra a Occidente.

Es una guerra terrorista, global, tecnológica y religiosa, especificación esencial para entender su alcance. No todo fundamentalismo es per se terrorista, pero los terroristas islámicos utilizan y se nutren del fanatismo religioso. Encuentran en el islam el caldo de cultivo; son los tiburones del gran mar del islam. '¿El mar islámico los expulsará?'.
Occidente ha actuado invasivamente en el islam, pues su estilo de vida es natural y despreocupadamente expansivo. Da igual que el terrorismo islámico considere que es una guerra defensiva o no. Lo cierto es que está aquí, es una guerra absoluta, sin reglas y santa, contra todo infiel; de 'una religión contra una no-religión'. Quien la define sólo como guerra ideológica nos empuja a la derrota porque no precisa sus contornos y se deja atrapar en una endemoniada e ingenua espiral. ¿Democratizar el islam? No, fortalecer y proteger nuestras democracias.

La infiltración islamista amenaza a Europa
www.latribunadelpaisvasco.com 26 Julio 2016

El Estado Islámico activa a terroristas que mantiene infiltrados entre los millones de refugiados llegados a Europa

Un ciudadano sirio de 27 años, que había solicitado asilo en Alemania, se inmoló en la ciudad bávara de Ansbach haciendo estallar un artefacto explosivo que ha herido a 12 personas, a tres de ellas muy gravemente. La organización terrorista islamista autodenominada Estado Islámico ha reivindicado el atentado.

El atentado islamista ocurrió en las cercanías de un festival musical al aire libre que se estaba celebrando en esta pequeña ciudad germana de 40.000 habitantes.

El terrorista había llegado a Alemania dos años atrás y había realizado una petición de asilo. La solicitud fue rechazada hace un año, a pesar de lo cual fue autorizado a permanecer en el país debido al conflicto en Siria. Fuentes de la inteligencia estadounidenses, citadas por el grupo de comunicación público DW, habrían explicado que se habría rechazado la petición de asilo de esta persona “por lo que estaba haciendo antes de abandonar siria”.

Este es el cuarto incidente violento de carácter terrorista que se ha registrado en Alemania en apenas una semana. El viernes, nueve personas, en su mayor parte adolescentes y niños, fueron asesinadas a sangre fría por los disparos efectuados por un adolescente germano-iraní de 18 años. Algunos testigos aseguran que éste, antes de comenzar a disparar, gritó repetidamente “”Alá es grande”.

24 horas más tarde, un refugiado sirio de 21 años fue arrestado tras asesinar a una mujer embarazada con un machete en Reutlingen, cerca de Stuttgart. Días antes, un refugiado paquistaní había herido con un hacha a cinco personas cerca de Würzburg, también en el sur de Alemania, antes de ser abatido por la policía el 18 de julio.

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Rajoy pone España en venta
EDITORIAL Gaceta.es 26 Julio 2016

La secuencia de los acontecimientos es la siguiente. Uno, el PP obtiene en las Cortes una mayoría sorprendente que le permite colocar al frente del Congreso a Ana Pastor. Dos, el portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, confiesa que esos votos vienen del separatismo catalán. Tres, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro Montoro reciben al vicepresidente de la Generalitat, el separatista Oriol Junqueras, le absorben vía FLA una deuda de 1.600 millones de euros y le autorizan a emitir otros 680 millones de euros en deuda pese a la quiebra de la economía autonómica catalana, medidas complementarias de la renovación de crédito por 4.200 millones autorizada en junio. Cuatro, el Parlament se escabulle y elude entrar en conflicto con el Tribunal Constitucional. Cinco, y como para compensar, la ANC, brazo político del separatismo, lanza la campaña “España mata”… con el dinero que el Gobierno de España le da.

Es muy difícil leer esta secuencia de acontecimientos y no deducir una conclusión tan vergonzosa como inevitable: Rajoy ha comprado el apoyo del separatismo catalán en los tejemanejes parlamentarios. En otros términos: Rajoy cimenta la estabilidad de la nación en pactos con los que declaradamente quieren destruir la nación. Lo cual no sería especialmente grave si el separatismo catalán no se hallara ya, ahora, hoy y mañana, absolutamente inmerso en un desquiciado proceso de ruptura institucional y social del Estado, proceso que incluye la violación flagrante de derechos ciudadanos. ¿El Gobierno se cree muy listo porque ha hecho bailar a Junqueras por unos millones de euros? Hay que ser necio… A Junqueras le da igual esperar uno, dos, tres años. Y mientras tanto, seguir gastando en independencia el dinero que toda España le da. Es doloroso ver a los que mandan en España echando cacahuetes al dragón mientras se frotan las manos susurrando “qué listos somos”. No es sólo la irresponsabilidad; es también la estupidez.

Con separatistas no se pacta
Isabel San Sebastián ABC 26 Julio 2016

¿Es realmente inevitable? ¿Tan escasos de orgullo andan algunos de nuestros dirigentes como para mendigar el respaldo de quienes quieren romper España y no pierden ocasión de ofenderla? ¿No hemos aprendido nada de las experiencias pasadas?

Pensábamos que la brutal escalada separatista protagonizada por los partidos que conforman el Gobierno de Cataluña serviría de antídoto contra eventuales tentaciones apaciguadoras, pero nos equivocábamos. Cuanto más elevan ellos el listón del desafío, más «comprensión» encuentran por parte de los llamados a pararles los pies. Cuanto más gastan en «construcción nacional» (esto es, en medidas destinadas a allanar el camino hacia la secesión unilateral), más dinero reciben de las arcas que alimentamos a escote todos los españoles con impuestos confiscatorios. Cuanto más se ríen del ordenamiento jurídico, más laxa es la actitud de los órganos encargados de velar por que se cumpla la Ley. Resumiendo; no solo les salen gratis todos y cada uno de sus quebrantamientos, sino que reciben premio. ¿Por qué razón iban a recular? Ya quisieran las demás comunidades ser tratadas con el mismo guante.

Hace casi dos años, el 9 de noviembre de 2014, la Generalitat encabezada por Artur Mas se fumó un puro con la Constitución y varias sentencias judiciales para celebrar un referéndum ilegal. Se nos dijo entonces que aquello tendría consecuencias graves para los instigadores de tamaña afrenta a la democracia. Pero llegado el momento de materializar esas «consecuencias», coincidiendo con la búsqueda de apoyos para la formación de la Mesa del Congreso y la investidura de un presidente, la Fiscalía, dependiente del Ejecutivo, retira la única acusación susceptible de suponer cárcel para los imputados y deja su petición en una pena de multa, en el mejor de los casos. O sea, que se irán de rositas y seremos nosotros, los contribuyentes, quienes pagaremos como siempre la factura. Curioso ¿no?

Hace apenas unos días, el líder de Esquerra Republicana, encargado de las finanzas autonómicas, venía a pedir árnica a Madrid y recibía el oxígeno necesario de ese ministro de Hacienda implacable con cualquier moroso, excepto los separatistas. Recibía el correspondiente auxilio pero salía llorando, porque el victimismo es a su causa lo que el calor al verano y, además, funciona siempre.

La impunidad con la que la corrupción ha campado a sus anchas en la administración pública catalana durante décadas, ese famoso «tres por ciento» del que ya habló Maragall, está directamente ligada a la dependencia política de los gobiernos centrales respecto de las fuerzas nacionalistas. La radicalización sostenida de la apuesta independentista, también. Ahora que creíamos neutralizada al fin la capacidad de chantaje de esos partidos, con el final del bipartidismo y la instauración de un mapa político distinto, volvemos a encontrarnos con la vieja estrategia de siempre: subastar secretamente parcelas de soberanía, de presupuesto y de dignidad, a cambio de respaldos efímeros ajenos a la lealtad.

Zapatero puso el primer clavo en el ataúd del PSOE cuando profirió aquello de «aceptaré lo que venga de Cataluña», coherente con su idea de que «la Nación es un concepto discutido y discutible». Rajoy podría hacer lo propio con el PP, si cae en la tentación de poner España en almoneda con tal de volver a La Moncloa. Búsquese los votos o abstenciones que precisa donde sea, pero sepa que el nacionalismo es insaciable y siempre pone un precio imposible de pagar. Con separatistas no se pacta.

Cosas raras en Baleares

Vicente Torres Periodista Digital 26 Julio 2016

En Baleares, la patria, entre otros, de Raimundo Lulio, ocurren cosas raras. En un centro turístico de primer orden, con lugares muy bellos y proclive a constituirse en un centro cultural de primer orden, por la cantidad de intelectuales que viven en las islas o las visitan frecuentemente, se impone el aldeanismo.

Es obligatorio hablar catalán, esa lengua que usan cuatro gatos, en las islas. Quienes mandan lo han decidido así y han podido hacerlo porque hay mucha gente en el mundo dispuesta a tragarse todos los sapos que hagan falta, si están condimentados con la salsa que les gusta.

He aquí pues que una mentira bien adobada y aliñada logra hacer camino. En los tiempos de Jaime I, rey de Aragón, Cataluña (Catalunya, escriben los catalufos, porque odian a la eñe y a la che), no existía; estaban los condados catalanes, que tenían muy pocos habitantes, que mayoritariamente eran analfabetos y hablaban varios dialectos, cuyos vocabularios eran parcos. Nos quieren hacer creer que esos difundieron el catalán por distintas tierras. Para ello cometen la primera felonía, o sea, incurren en la primera falsedad: al Reino de Aragón le llaman Confederación Catalano-Aragonesa. Al final resultará que no es que Teruel existe, es que Aragón no existe. Todo era catalán.

Y esas glorias, inventadas, ficticias, inexistentes, quiméricas, ilusorias, delirantes, imaginarias, fantásticas, artificiosas, han calado en mucha gente, es decir que la verdad viene a ser como un aguafiestas a quien nadie quiere ver.

Resulta que la lengua catalana, que hasta Pompeyo Fabra estaba dividida en varios dialectos, es decir, no tiene ni un siglo de vida, se ha encontrado con un pasado glorioso, porque se lo han procurado estos pájaros de cuenta. Y esta barbaridad se la han tragado personajes que en otras cuestiones se muestran de un modo muy razonable y están muy alejados del nacionalismo. Pero las bolas que lanzan los nacionalistas son tantas y es tanta la presión que meten, y es tan molesta la verdad, que muchas se dan por buenas.

"¡España es culpable!", brama la ANC
Nada queda fuera de la primera ley del catalanismo, que reza que si algo ha salido mal, va mal o está mal, es por culpa de España
Pablo Planas Libertad Digital 26 Julio 2016

España mata, tortura, roba, maltrata y agravia al pueblo de Cataluña por lo constitucional, lo criminal y lo financiero. Todo es culpa del Estado, sea un accidente de tráfico, el colapso sanitario, la pobreza energética, el desamparo de los refugiados, la quiebra de la Generalidad o la incompetencia de los consejeros autonómicos. Nada queda fuera de la primera ley del catalanismo, que reza que si algo ha salido mal, va mal o está mal, es por culpa de España en abstracto, del Estado en particular y de los españoles en general. Sin excepción.

La segunda regla del catalanismo bien entendido es que unos cuantos representan a todos y pueden hablar en nombre de Cataluña, del pueblo, de la tierra y de las piedras del territorio. Estos son los nacionalistas, que predican la república para beneficiar incluso a los "unionistas", charnegos mil leches irredentos y catalanes disidentes incombustibles, todos ellos alérgicos a la propaganda, al nacionalismo, a TV3 y al tres por ciento.

Con la república de Pujol, Mas, Junqueras y Puigdemont hasta ellos vivirían en un país mejor a pesar de su presencia y consecuente tufo hispano-carcamal. Eso sí, siempre que se atengan a unas reglas, tales como que el catalán sería el idioma oficial, único y "normal" y que el español estaría por detrás del francés, el inglés, el chino mandarín, el alemán, el ruso, el pastún y el italiano. O sea, proscrito.

Como es sabido, la Assemblea Nacional Catalana es el crisol de todos los separatismos, desde el liberal al antisistema, y acaba de emprender el calentamiento del 11-S con el lema de que España masacra a miles de pacientes de la sanidad catalana. Se basan, por decir algo, en una conversación entre Jorge Fernández Díaz y el exdirector general del "Antifrau", Daniel de Alfonso, en la que el misil extraviado (que ya ha tramitado su reingreso en la judicatura) se jacta de haber acabado con la sanidad catalana. "Les hemos destrozado el sistema sanitario", perora De Alfonso, y a eso se han agarrado en la ANC para llenar la plaza de Vich de cruces por los muertos causados por las cloacas del Estado en su ataque a la sanidad del estado propio.

Así pues, España no sólo roba sino que también mata. Sin embargo y a bote pronto, el escándalo de las prótesis caducadas implantadas a 2.800 pacientes en treinta hospitales catalanes afecta sólo y por entero a Convergencia, que ahora se hace llamar Partido Demócrata Catalán. Los jefes convergentes son los responsables de que a casi tres mil personas les pusieran basura pasada de fecha en las articulaciones. Lo único que se puede decir en contra del Estado, y no es poco, es que estaba ausente. La Generalidad y su sanidad es también responsable de los concursos de ambulancias a empresas incompetentes, expediente que salpica a los Pujol vía "friends".

¿Quieren saber más de la sanidad catalana? El actual consejero, Antoni Comín, exsocialista y ahora de la cuerda de ERC, ocultó durante once días una alerta médica de los médicos de su departamento relativa a un enterovirus que afectó a más de cien niños en Cataluña y que se cobró al menos tres víctimas mortales y media docena de criaturas con tetraplejia y daños neuronales graves e irreversibles. Comín justificó el retraso porque no quiso "convertir la alerta en alarma".

La ANC no explica nada de todo esto, ni TV3 y los medios subvencionados por la Generalidad en favor del proceso. Sigue la cantinela. España roba, España mata, España viola, tortura y asesina mientras el Gobierno de España permanece en silencio, como el que calla y otorga.
 


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