AGLI Recortes de Prensa   Sábado 30 Julio  2016

Avergonzados hasta el límite constitucional
Arcadi Espada El Mundo 30 Julio 2016

De modo recurrente se han criticado las insuficiencias intelectuales de la nueva política. Su frivolidad. Su desapego por el esfuerzo, el trabajo. Su falta de preparación en todos los órdenes de la vida y hasta de la otra vida. Yo mismo lo he hecho, y a fondo. Y de repente, el señor mayor, el veterano, el experto, el que viene de un mundo de orden y de jerarquía, vertical, el que tiene a una abogada del Estado en la vicepresidencia del gobierno y a otra abogada del estado en la vicepresidencia del partido, sale de ver al Rey sin haber releído (o quizá leído tout court) el artículo 99 de la Constitución y convoca una de las ruedas de prensa más vergonzosas de la historia democrática. Y digo una de las más vergonzosas, no a bulto, sabedor de que luego vino la de Ana Pastor, la improbable presidenta del Congreso, que en un solo día ha mejorado la performance que se creía imbatible, de Patxi, oye.

Ni el señor mayor ni el Rey joven, tampoco. Es improbable que el presidente del gobierno no comunicara sus intenciones al Monarca. Y es improbable que este las rebatiera con argumentos puramente constitucionales, ya que no podían ser políticos. De lo que se deduce que tampoco el Rey ha leído el artículo 99, ni él ni eso que tan graciosamente se llama el entorno. Poniéndome, claro, en la mejor de las hipótesis, ya que me cuesta suponer que el presidente haya hecho lo que le ha dado la gana, contra el criterio expuesto del Monarca.

El sonrojo podía haber acabado esta mañana. Pero la vicepresidenta siempre va un (corto) paso más allá. Y en vez de reconocer el error, de aceptar que no hay otro remedio que la investidura (aunque, claro está, ese reconocimiento tendría que haber ido seguido de ipso factas destituciones, la suya para empezar), nos avergüenza hasta el límite constitucional diciendo, pobre mujer, que el artículo ordena un debate parlamentario y no una sesión de investidura, con lo que, definitivamente, el seis doble se ha ahorcado en su cuello.

Que convoquen una terceras elecciones y que no vote nadie.

El pacto de la destrucción
Juan de Dios Dávila Libertad Digital 30 Julio 2016

La reciente aprobación de la "desconexión" de España por parte del parlamento catalán, es fruto de la impunidad consentida al nacionalista durante largos años. El incumplimiento sistemático de la ley en Cataluña nos ha llevado a una escalada progresiva del proyecto secesionista.

Esta situación muestra con claridad, como un hecho, que todas las concesiones hechas al nacionalismo por derecha e izquierda durante estos años, sólo han servido para incrementar su poder y poner en riesgo la igualdad, la solidaridad y la libertad de los españoles que sólo están garantizadas en la unidad de España.

Pero tal es la pérdida de rumbo de nuestros dirigentes políticos, que en estas últimas semanas, gracias al Partido Popular, el PNV tiene grupo parlamentario en el Senado y está forzando para que CDC, uno de los partidos que ha votado la "desconexión de España", pueda obtener también grupo parlamentario en el Congreso. Es decir, que el Partido Popular por un lado se escandaliza por la votación secesionista, y por otro lado pacta y da más poder a uno de los partidos que ha promovido y votado por la secesión, bajo el pretexto del bien de España.

Que el Partido Popular pacte con los nacionalistas y les permita tener grupo parlamentario supone, entre otras cosas, lo siguiente: tener iniciativa legislativa, acceder a las comisiones, más tiempo en sus intervenciones, tener mayor subvención económica, disponer de asesores técnicos, intervenir todas las semanas en las ruedas de prensa de los portavoces de los grupos parlamentarios. En resumen, más dinero, más presencia en medios de comunicación y más poder de iniciativa legislativa. En definitiva, más poder. Poder, que los hechos demuestran es utilizado para la secesión. Esto no tiene lógica, salvo la de la destrucción.

El futuro inmediato amenaza con un gobierno del Partido Popular o una coalición de izquierdas que promoverán un cambio constitucional de corte federal para intentar contentar a un nacionalismo insaciable, que no se conformará hasta no conseguir la independencia.

El reconocimiento de Cataluña como nación ya está recogido en el actual Estatuto de Autonomía de Cataluña. Por ejemplo, en el Preámbulo de su actual Estatuto se indica:
¨La Constitución española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como una nacionalidad¨.

Y en el artículo 8 de dicho Estatuto se indica:
“Cataluña, definida como nacionalidad en el artículo primero, tiene como símbolos nacionales la bandera, la fiesta y el himno¨.

Establecer una Constitución de corte federal sólo servirá para avanzar en las ansias secesionistas del nacionalismo catalán y vasco. Ni el terrorismo, ni la prohibición de educar en español en los colegios, ni la sobrerregulación de estas Comunidades Autónomas tienen su origen en ningún problema territorial, el origen de todos estos males está en la ambición profundamente egoísta de un nacionalismo que por el poder absoluto justifica cualquier tipo de tropelía contra la vida, la libertad, la igualdad y la hacienda de todos aquellas personas que no se pliegan a sus deseos.

En cualquier caso, no es admisible que el Partido Popular pacte con los nacionalistas, y menos que ayude a tener Grupo Parlamentario a aquellos que promueven la secesión. Semejantes socios, lejos de dar estabilidad al gobierno sólo dará más poder a aquellos que activamente están destruyendo la libertad, la igualdad y la solidaridad entre todos los españoles. Por mucho que PP y PSOE alaben las bondades del pacto con nacionalistas, éste sólo será un pacto para la destrucción. ¨Por sus obras los conoceréis¨.

Juan de Dios Dávila Garijo es Hermano del Tcol. Fidel Dávila asesinado por ETA
ExConcejal de Hernani por el PP. Presidente de la Fundación Unidad + Diversidad

Nuestro mundo no es de este reino
Amando de Miguel Libertad Digital 30 Julio 2016

Oficialmente, son muchos los españoles satisfechos con el tipo de vida pública que tienen que sufragar. No les importa gran cosa que suban los impuestos, entre otras razones, porque no siempre se llaman “impuestos”. Llegan a creer que son justos unos miserables tributos como el IBI (= pagar por utilizar la casa de uno) o los impuestos de sucesiones (= pagar por recibir la herencia familiar). Ya nadie se acuerda de que en la Edad Media se inventó la democracia para forzar al Rey a consultar con los estamentos libres para decretar impuestos. Ahora son muchas las autoridades que pueden establecer impuestos, tasas, contribuciones, licencias, precios políticos, tarifas, etc. con total discrecionalidad.

Aun suponiendo una queja latente contra los tributos que nos cobran, siempre queda la alternativa del fútbol. He ahí una droga perfectamente administrada cada día por todos los medios. La crítica apasionada de tantos futboleros desplaza la que podría dirigirse contra los políticos o los señores del dinero. Visto así, el fútbol es la gran institución que beneficia a los que mandan. La relación se descubrió ya en los tiempos del Imperio Romano. Ahora se ha sofisticado mucho. El fútbol es solo una parte de la más amplia cultura del espectáculo. En ella destaca el dominio de la izquierda, aunque gobierne un partido de derechas.

Somos muchos los contribuyentes que nos sentimos enajenados de la vida pública, sea la política o el fútbol. Con ambos intereses y sus correspondientes epónimos se llenan los medios. En ellos queda poco espacio para las piezas de pensamiento, de cultura, de moral, que pudieran resultar atractivas.

Si al menos en España fuera rica la tradición de la vida particular, la cosa quedaría compensada. Pero en ese reducto íntimo es corriente la envidia, predomina la mediocridad y se enaltece el mal gusto.

El hecho lamentable es la progresiva (y progresista) evaporación de valores como familia, creatividad o esfuerzo, que tanto destacaron en las anteriores generaciones. Ahora la codicia manda sobre cualquiera otra consideración. Más que ser rico, lo que se aprecia es hacerse uno rico. No importan mucho los caminos por los que se llega a esa meta. Es más, el sueño más común es conseguir la riqueza sin tener que trabajar mucho. La lotería y otros juegos de azar son la expresión más cab de un deseo tan general.

Con todo, siempre existe la posibilidad de aislarse en algunos recintos privilegiados. La persona exigente puede inventarse un estrecho círculo de lugares y compañías donde pueda evitar el ambiente pestífero del mundo exterior. Tampoco tiene por qué equivaler a un individualismo radical. Simplemente, ante la idiocia de la vida pública, algunos se preparan un reducto privado para llenar una vida interesante. Es un alivio; por todas partes asistimos al reverdecer de encuentros privados en torno a la práctica deportiva, al gusto de ciertos ocios, a movimientos de espiritualidad, a reuniones mil, a viajes en grupo, etc. En definitiva, degenerada como está la vida pública, se animan, como compensación, pequeños mundos privados.

La retirada al mundo privado de muchas personas hace todavía más irresponsable el conjunto de los que mandan. Teóricamente, si un político yerra, perderá las siguientes elecciones. Pero el mecanismo no es tan automático como parece. Primero, porque nadie asegura que el nuevo político que asciende al poder vaya a evitar los yerros del anterior. Segundo, porque la esencia de nuestro sistema electoral no nos permite votar a los candidatos de nuestra elección. Simplemente, votamos “listas” impresas, que han sido decididas fuera de cualquier control democrático. No parece un reino muy apasionante.

El retrato de Dorian Rajoy
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 30 Julio 2016

El oasis catalán salta por los aires asolado por un temporal que amenaza con llevárselo todo por delante, incluido, claro está, al propio Mariano Rajoy, que observa impávido la tragedia, como los personajes de las óperas de Wagner, encaramado en lo alto del peñasco de la Moncloa. Un peñasco que ya ni siquiera le pertenece porque es incapaz de concitar las voluntades necesarias para seguir asiéndose a él.

Mirándolo desde el lado catalán estábamos ante un ahora o nunca de manual. O aprovechaban el impasse político madrileño o no les quedaba otra que aparcar lo de la desconexión hasta otro momento, quizá hasta nunca. Pero Rajoy, íntimamente persuadido de su omnipotencia y control absoluto de la situación, lo ha esquivado mentalmente confiándolo todo al paso del tiempo y a los oficios burocráticos de su secretaria, esa negación llamada Soraya, torpe para todo menos para enredar con la ventaja del BOE.

A Rajoy le está pasando lo que al retrato del joven Dorian Grey de la novela de Oscar Wilde. Aunque él se sigue viendo en su mejor momento y se obstina en creer que vive en el verano de 2011, lo cierto que es que todo ha cambiado a su alrededor. Su retrato político ha envejecido pero él no quiere admitirlo. Ha envejecido mal, muy mal, víctima de sus propios vicios y excesos, de sus múltiples traiciones y de la arrogancia del que se sabe arriba. No es ni sombra de lo que fue pero sigue empeñado en verse como el único camino posible, convencido de que todo lo demás es podredumbre cuando no esperpento.

Se niega a ver, por ejemplo, que le votan por inercia y que nadie en todo el arco parlamentario le quiere. Ni a él ni a su equipo de altos funcionarios relamidos y vanidosos que han confundido España con su cortijo privado durante más de cuatro años. Para perpetuar esa ilusión ha llegado incluso al extremo de conceder mercedes en forma de grupo parlamentario propio a los mismos que, una semana después, le han apuñalado de frente y a la luz del día. Tal es su debilidad y su desconexión –esta sí que sí– de la realidad del país.

Rajoy es una metáfora de todos los que han pasado por la Moncloa, ese antro infame que en mala hora levantó Adolfo Suárez a cinco kilómetros de la Puerta del Sol para escamotear a la presidencia del Gobierno la visión de la calle y de quienes la pueblan. A la dolencia típica de la Moncloa, el síndrome del que muchos hablan desde tiempo inmemorial, se ha sumado esta vez la crisis terminal del régimen del 78, que se debate agonizante entre la reforma y la muerte a causa de sus propios pecados.

Poco más se puede añadir a esta hora. De los dos toros que han irrumpido en el albero al menos uno de ellos le va a cornear. Podría ser el del bloqueo político o el de la desconexión catalana a la que, de seguro, le sucederán otra desconexiones similares. La hora del no pasa nada porque aquí mando yo se ha terminado, básicamente porque sí que pasa y, además, ya no manda él.

Sin timón, varada y haciendo aguas
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 30 Julio 2016

Tras consagrar por la Constitución de 1978 un rango autonómico que ya quisieran para sí la mayoría de las regiones del mundo occidental, Cataluña no ha revalorizado su estatus complementando la grandeza de la nación a la que pertenece, sino que lo ha aprovechado para parasitar y socavar a España. La crisis económica ha contribuido a visibilizar el chantaje de una cúpula nacionalista obnubilada por la codicia. Esa Cataluña que los secesionistas intentan vender por el mundo como una Suiza oprimida por el Estado español es una de las regiones más endeudadas de Occidente, abandonada a su suerte por un sinfín de empresas y profesionales que huyen al extranjero y al resto de España.

Un bisnes corrupto llamado Nacionalismo
Destaquemos por enésima vez que tras el espectáculo catalán hay una monumental urdimbre de corrupción, cuyos autores no han sido castigados por la ley. El catalanismo no es una identidad histórica acogotada por el estado español, como propagan los secesionistas, sino un negocio corrupto montado por Pujol hace 35 años con el lucrativo nombre de Nacionalismo. Si Zapatero ha sido cómplice inexcusable del catalanismo, Jordi Pujol es el cacique responsable de la máquina de comisiones y estafas amparadas por el secesionismo. En España los procesos legales protagonizados por los gerifaltes de los partidos veteranos se enquistan y cuando ruge la marabunta popular, la politización judicial se camufla con la comisión de turno, pagada con los impuestos de la ciudadanía enfurecida, como ha sucedido con el caso Pujol. Huelga decir que en cualquier otra democracia occidental los miembros de la saga Pujol-Ferrusola habrían sido condenados hace décadas.

Los catalanes silenciados
Los muy numerosos catalanes que siempre quisieron seguir siendo españoles apenas opinan en el interminable debate sobre el nacionalismo, cuyos únicos participantes parecen ser los secesionistas del procés. Existen políticos valientes que lo combaten, por supuesto, como el partido Ciudadanos encabezado en Cataluña por la brava Inés Arrimadas. Pero apenas se oye a los catalanes de a pie dar la batalla al separatismo, ora acobardados ante las amenazas de represalias profesionales, ora amuermados tras largas décadas de bullying nacionalista. La propaganda progre ha logrado implantar en España la idea de que criticar los nacionalismos equivale a ser un reaccionario y un facha. Esta coacción moral, impartida en los colegios, las instituciones y los medios de las comunidades correspondientes, ha logrado silenciar a un buen número de catalanes y vascos, pese a que abundan encuestas indicando que son mayoría los que no apoyan la independencia. Paralelamente, el español medio contempla la farsa nacionalista entre hastiado y derrotista, como si su implicación fuese superflua, con ese determinismo patrio de lo que tenga que ser, será. Este unamuniano sentimiento trágico de la vida no solo justifica la inacción, sino que alienta a los hiperactivos nacionalistas catalanes.

La secta catalanista
Las víctimas de un lavado de cerebro como el del nacionalismo catalán deben ser sometidas a una desprogramación. Un adepto a una secta que haya recibido el “tratamiento completo” –desde la captación y el primer adoctrinamiento hasta el aislamiento del mundo exterior y la inmersión total– se encuentra en tal estado de impotencia mental que depende por completo de las decisiones del líder del grupo destructivo. En cualquier país occidental se pueden contratar servicios de desprogramación destinados a liberar a un miembro de una secta, pero la terapia es individual, tiene un precio elevado y suele destinarse a neófitos que se apuntan de manera voluntaria. Las víctimas terminales del proceso soberanista catalán –captadas por los líderes de la secta hace 35 años– no saben que lo son, por lo que no creen necesitar ayuda alguna.

España al pairo
Aprovechando el caos de la España en funciones, cuyos líderes incapaces de pactar parecen abocarnos a unas terceras elecciones tras siete meses de parálisis política, el Parlamento de Cataluña ha cumplido su ultimátum secesionista. Junts Pel Sí y la CUP han aprobado emprender un proceso constituyente que, mediante una futura Asamblea no vinculada al Estado, remate la desconexión entre Cataluña y el resto de España. Si el 9-N los partidos soberanistas manifestaron sin ambages la inminente ruptura, con la votación del miércoles estrenan la sedición institucional. Si el golpe de estado catalán no logra que nuestros políticos formen gobierno, se confirma que España no es su prioridad. Por si todavía quedaba alguna duda.

¿De verdad tenemos los políticos que merecemos?
Cómo se explica el lamentable episodio de Pedregalejo y, al mismo tiempo, el bochorno espectáculo de unos políticos que, con mil y una cuentas pendientes, siguen aferrados el sillón.
Javier Benegas www.vozpopuli.com 30 Julio 2016

Sucedió este pasado martes. En Pedregalejo, Málaga, el mar devolvió a la playa un fardo de hachís. La primera persona en percatarse de que en la orilla había un bulto sospechoso de generosas dimensiones fue una mujer, que rápidamente advirtió del hallazgo al socorrista de la zona. En cuanto se supo lo que contenía el paquete, la buena nueva corrió como la pólvora. Poco a poco una multitud de curiosos empezó a rodear al socorrista, que se apresuraba en recoger las pastillas de hachís que se desprendían del fardo, roto por el oleaje, colocándolas en una bolsa. Cada vez más gente empezó a congregarse en el lugar. Y numerosos bañistas aprovecharon la confusión para meter la mano en la bosla y llevarse la droga, llegando incluso a forcejear con él socorrista cuando éste les recriminó.

Para cuando la policía hizo acto de presencia, de un fardo que aproximadamente podría contener 30 kilos de hachís, apenas quedaban 500 gramos. En el ínterin, hubo personas que cargaron sus neveras con la droga, otros directamente en las bolsas de mano con las que habían bajado a la playa, incluso hubo una mujer que usó su camiseta para hacer acopio de numerosas pastillas, se marchó con el botín y al poco volvió con una indumentaria distinta. Después de todo, pensaría, hacía un día espléndido. Y en la playa se quedó como si no hubiera pasado nada.

Se podrán buscar mil y una excusas para quitar hierro al bochornoso episodio de Pedregalejo, quizá apelar al elevado desempleo de la zona, al índice de pobreza, al bajo nivel cultural, a una insolación colectiva o a cualquier otra calamidad, pero nada justifica que aquellas personas se transformaran en una turba entregada a la rapiña. Todos sabían que lo que hacían no estaba bien pero les importó una higa.

Cuesta imaginar una escena parecida no ya en un país nórdico sino en Francia, incluso, si me apuran, en la vecina Portugal. Pero es de temer que aquí, además, el episodio habrá hecho las delicias de muchos que, de haber estado ahí, habrían actuado igual porque lo contrario sería de “pringaos”. Otros, por el contrario, aprovecharán la ocasión para situarse por encima de una sociedad tan poco ejemplar, cuando en realidad, en otras situaciones, donde también se pone en juego la civilidad, no se comportan mejor. Lo sucedido en Pedregalejo es un caso extremo; la escenificación obscena, a plena luz del día, del desquiciamiento social. Sin embargo, existen otras muchas formas de rapiñar y obtener recompensas inmerecidas que son menos escandalosas, pero mucho más cotidianas e igualmente deplorables.

Iguales en el delito
Coger un puñado de hachís de un fardo que el mar pone a nuestros pies puede no parecer muy grave. Delitos peores se cometen todos los días. Sin embargo, cuando se es consciente de que lo que hacemos no está bien y, sin embargo, decidimos tirar por el camino de en medio, cruzamos exactamente la misma línea que cualquier delincuente cruza al cometer un delito mucho mayor. No existen líneas rojas distintas para cada delito sino sólo una. Lo que varía es el castigo, legal y social. Si relativizamos nuestros actos, esa línea se difumina y termina volviéndose invisible.

La misma lógica cabe aplicar cuando argumentamos que la gravedad de un delito depende de quién sea su autor; que no es tan grave si lo comete un humilde ciudadano o un político, una persona humilde o un potentado. Es cierto que la falta de ejemplaridad en un personaje relevante acarrea un daño adicional, y que no se entiende que el que tiene mucho pretenda tener aún más aunque sea “robando”, mientras que al que vive con lo justo se le suele justificar. Pero, en origen, el delito es idéntico por más que al ciudadano común le convenga creer que no es así. En todos los casos la persona decide libremente. Y en todos los casos actúa mal.

Hoy, a propósito de la crisis, se insiste en que es necesaria una mejor educación, pero desde un punto de vista estrictamente técnico, como medio para elevar nuestra cualificación laboral y adaptarla a la revolución tecnológica y a la globalización. En cuanto a los malos hábitos, tal cual puede ser conducir sin respetar los límites de velocidad o fumar, se pretenden erradicar mediante sanciones y restricciones. Ambos enfoques contribuyen a que el individuo sea más eficiente y confiable. Pero estas soluciones no son ni mucho menos suficientes. Lo cierto es que no se puede vigilar a todo el mundo en todas partes, aunque a los gobernantes les guste estimular esa ilusión y Montoro tenga un dron.

En parte, los bañistas de Pedregalejo actuaron de forma tan lamentable porque sabían que no había ningún policía en la playa y no podrían pillarles con las manos en la masa. La oportunidad de obtener un beneficio rápido e ilícito sin coste alguno resultó irresistible. Sin embargo, los frenos que de verdad fallaron no fueron ni la vigilancia ni la disuasión, sino el civismo, la rectitud moral y… la madurez. No dudaron en amedrentar al socorrista. Y si éste se hubiera resistido, posiblemente habrían llegado a la agresión. Por lo que no sólo fue un impulso poco meditado ante el que no fue posible ejercer la habitual disuasión, sino que floró una conducta.

En estas páginas hemos explicado la existencia en toda sociedad de reglas formales (leyes y normas) y reglas informales (cultura y hábitos comúnmente aceptados). Si no existe una relación positiva entre ambas o, simplemente, no hay relación, la organización institucional se convierte en una ficción; a lo sumo se tratará de palancas de poder con las que desarrollar esa estructura de grupos de interés que explicó Mancur Olson; facciones que actúan como pandillas de adolescentes en entornos donde la responsabilidad personal no existe. Un ecosistema donde gritar, patalear, alborotar, es mucho más eficaz para conseguir ventajas que el mérito, el esfuerzo y… la responsabilidad. En definitiva, un marco en el que los ciudadanos actuarán como improvisados saqueadores a la menor ocasión y los políticos harán lo propio a otros niveles.

Aplicado a los políticos, podríamos decir que la potestas, el poder institucionalizado, es la capacidad de asignar recompensas y castigos, de dictar normas y hacerlas cumplir. La auctoritas, por el contrario, proviene de la capacidad moral e intelectual, del carisma y el prestigio, de todas aquellas cualidades que generan respeto y admiración en los demás, un vínculo afectivo entre el individuo destacado y su comunidad. La gente obedece la potestas por temor al castigo, pero acata la auctoritas por convicción. Ésta última proporciona el verdadero liderazgo. Cuando la auctoritas no existe, queda sólo la organización burocrática formal; es decir, el Estado. Y esto no es suficiente para garantizar el buen comportamiento de la sociedad. Muy al contrario, una sociedad con potestas pero sin auctoritas, con Estado pero sin responsabilidad individual, no funciona.

Quizá el gran drama no sea que los ciudadanos tengan los políticos que merecen, sino que la organización burocrática, al eliminar la responsabilidad individual, ha infantilizado a políticos y ciudadanos por igual. Desde este punto de vista, no es que tengamos los políticos que merecemos sino aquellos que el sistema alcanza a proporcionar; líderes tan adolescentes y caprichosos como la sociedad infantil a la que, se supone, representan. Cómo si no explicar el lamentable episodio de Pedregalejo y, al mismo tiempo, el bochorno espectáculo de unos políticos que, con mil y una cuentas pendientes, siguen aferrados el sillón, actuando exactamente igual que aquella señora que, después, de llevarse el hachís a su casa, regresó a su tumbona como si no hubiera pasado nada.

A políticos y separatistas tras el órdago legal
El mensaje de los militares: 'La patria no perdona el crimen de la traición'
La Asociación de Militares Españoles, AME, ha difundido una carta tras el desafío separatista llevado a cabo en el Parlamento de Cataluña. "No es el Tribunal Constitucional el que se siente retado por esta declaración sino toda España", recuerda la asociación, que exige a los políticos la debida responsabilidad.
Gaceta.es 30 Julio 2016

Este viernes el Gobierno en funciones anunciaba, por medio de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, la presentación ante el Constitucional de un incidente de ejecución de sentencia tras el desafío separatista catalán, que esta semana aprobaba, en sede institucional, la puesta en marcha del proceso de desconexión. Es todo lo que el Ejecutivo ha hecho hasta el momento para tratar de frenar la deriva secesionista del gobierno catalán de Juntos por el Sí y la CUP, que ha anunciado a bombo y platillo su intención de atentar contra el Estado de Derecho.

Una actuación del todo insuficiente a juicio de la Asociación de Militares Españoles, que pide una mayor responsabilidad política en una carta abierta en la que recuerdan que las Fuerzas Armadas tienen como “misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Así es la carta de los militares españoles:
"Grande ha sido el revuelo y el escándalo en todos los medios de comunicación por la aprobación de la denominada desconexión de España por parte del Parlamento de Cataluña y grande debe ser la sorpresa del representante del honrado y soberano pueblo español, el españolito de a pie, por semejante función de teatro.

Si alguien supone que los separatistas que han votado esta propuesta se van a preocupar lo más mínimo por la decisión del Ejecutivo de recurrir al Tribunal Constitucional es que está haciendo un ejercicio de ingenuidad impropio de quienes ocupan la dirección de los negocios nacionales, de la gobernanza de España y, eso sí, propio de personas irresponsables que, evidentemente, habrán de responder de esta exhibición de irresponsabilidad inaceptable ante los órganos judiciales correspondientes y oportunos.

En los años 2012 y 2013 la Asociación de Militares Españoles publicó sendas notas en las que ya advertía del gravísimo e inadmisible peligro que suponía la actitud de absoluta lenidad –entendida de acuerdo con el diccionario de la RAE como blandura en exigir el cumplimiento de los deberes o en castigar las faltas- por parte del Ejecutivo ante el desafío planteado por el entonces presidente de la Generalidad, Arturo Mas, y secundado por una parte del Parlamento de Cataluña.

En nuestra humilde opinión no es el Tribunal Constitucional el que se siente retado por esta declaración sino toda España. El Tribunal Constitucional ya se ha visto hasta dónde llega o puede llegar: ahí está todavía esperando, por ejemplo, el presidente de la Generalidad para responder del conato hecho realidad de elecciones un 9-N. Cuando no se tienen los medios, o la voluntad, para imponer y aplicar en su debida dimensión la ejecución de las sentencias la redacción de éstas se convierte en un lamentable y desgraciado papel mojado y, desgraciadamente, éste parece el destino de cualquier sentencia que se dicte en este caso; papel mojado en el que están contenidos los artículos de esa misma Constitución, a la que el Tribunal Constitucional se supone que debe defender con la máxima energía (...).

El continuado ataque a la independencia y soberanía de España no puede, bajo ningún motivo, depender de la aplicación de procedimientos judiciales. Es algo muchísimo más serio y fundamental, y ello sin tener en cuenta los otros confesos y convictos separatistas que están esperando el resultado de esta irresponsable e inadmisible LENIDAD de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial de España para poner en marcha sus propios procedimientos de desconexión. Cuando se habla de tales poderes no hay que dejar en absoluto a un lado el igualmente gravísimo, irresponsable e inadmisible compromiso en que sitúan al poder arbitral de España: son los árbitros los que, si llega el caso, sancionan hasta con la expulsión a quienes no respetan las reglas de juego, pero esa tesitura a nadie se le oculta que lleva aparejado el recurso a la última ratio Regis conforme al artículo 8 de la Constitución, que el Tribunal Constitucional debe conocer y saber perfectamente y que hace referencia al papel de las Fuerzas Armadas en cuanto a que tienen como “misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Como decían los romanos, Inteligentia pauca o, lo que es lo mismo, “a buen entendedor, con pocas palabras bastan”.

Sólo faltaba que el fundamento de esa blandura estuviera oculto en la esperanza o seguridad de que ninguna nación del concierto mundial de las naciones no va a reconocer la independencia de Cataluña, de las Provincias Vascongadas, de Galicia, y de cualquier otra región que se apunte a la lista. Si así lo esperan quienes están entretenidos en el peligroso juego de “son galgos o son podencos” de una política con minúsculas, a ras de suelo y en la que no se esconde nada más que los intereses pacatos personales de quién logra la poltrona en lugar de conseguir un gobierno estable que se ocupe, como mínimo, de atender a las llamadas de atención que nos hace la Unión Europea y responde a la pavorosa y catastrófica crisis de gasto público que padecemos, si así lo esperan no harán más que una exhibición de bajo perfil tercermundista y bananero como representantes incalificables, impresentables y no merecedores de la dignidad a la que es acreedora una nación gloriosa y, en su momento, dueña del mundo.

Permítasenos terminar con el recitado de la Canción del Soldado que dice:
¡Soldados! La Patria entera, para vosotros sagrada, palpita en esa Bandera que os entrega la Nación. TRAIDOR el que la abandona o la vuelve mancillada, que la Patria no perdona el crimen de la TRAICIÓN.

Donde se dice ¡Soldados! Hay que leer ¡Españoles! Y que cada uno de los poderes que rigen los destinos de nuestra queridísima y sufridora Patria se aplique lo que corresponda".

El actual estado de guerra contra el DAESH exige modificar la Constitución
David R. latribunadelpaisvasco 30 Julio 2016

Este artículo no es continuación del titulado “Breves apuntes sobre la lucha contra el DAESH” que publiqué el 22 de julio, pero sí es consecuencia del mismo porque varios lectores me han pedido que concrete la idea que apunto en su octavo párrafo, la reconsideración del Título I de la Constitución Española (CE) de 1978 "De los derechos y deberes fundamentales".

La Constitución define tres situaciones excepcionales que se pueden producir en nuestro país, y las denomina como estados de alarma, excepción y de sitio (art. 116). Lo que no define la Constitución es la posibilidad de un “estado de guerra”, que únicamente menciona en su art. 63.3, otorgando al Rey, previa autorización de la Cortes Generales, la declaración de guerra y de hacer la paz. La Constitución en ningún momento explica en qué consistiría un “estado de guerra”.

Entiendo que estamos en guerra cuando alguien con entidad suficiente nos la declara y esa amenaza pasa de mera declaración a substanciarse en hechos verificables. En este caso, la pública, notoria y verificable declaración de guerra tiene su origen en la estructura multinacional DAESH, que no es un estado, porque para ser estado es necesario un reconocimiento internacional que pretenden, pero que no se ha producido.

En este sentido, considero que algunos artículos del Título I de la Constitución deberían ser modificados, posibilitando, siempre bajo control judicial, una eventual suspensión de algunos derechos de las personas en nuestro país.

El art. 15 es contradictorio, porque a la par que otorga el derecho a la vida y a la integridad física y moral a todas las personas, incorpora la imposibilidad de presionar a los vulneradores de esos derechos, y prohíbe la pena de muerte, excepto para tiempos de guerra (sin definición). Yo no creo que todos tengamos los mismos derechos, y en una guerra prevalecen otras cuestiones de orden ético y moral porque prima la supervivencia: en combate se trata de la vida o la muerte.

El art. 16 garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto, sin más limitaciones que el mantenimiento del orden público; fenomenal para los miembros del DAESH que habitan entre nosotros y fantástico para las subvencionadas mezquitas dirigidas por imanes yihadistas que quedan protegidas, aunque las reuniones se realicen en bajeras que se convierten en santuarios de la muerte.

El art. 17 no es realista en estos difíciles tiempos, y que la detención preventiva solo pueda durar 72 horas alegando que es el tiempo suficiente para la realización de las averiguaciones tendentes al esclarecimiento de los hechos, es un insulto a la inteligencia de cualquier persona afectada por las acciones del DAESH y a muchos ciudadanos que conscientes de la realidad y la categoría de la amenaza, esperamos el siguiente atentado. Debe ser modificado.

El art. 18.2 y 3 respecto a la inviolabilidad del domicilio y al secreto de las comunicaciones es una barbaridad en un estado de guerra. Yo no quiero que la ley me ponga a la misma altura que la de mi enemigo, ni tan siquiera a la de un sospechoso de serlo, no me parece justo.

El art. 25 otorga unos derechos a los encausados y condenados que no me parecen bien. Yo no quiero pagarle con mis impuestos a un miembro del DAESH que mata niños o decapita sacerdotes de 84 años ni el agua potable de su estancia en prisión, y mucho menos las menús especiales libres de carne de cerdo y derivados a las que tienen derecho. En guerra, al enemigo ni agua.

Pero el Título I no solo consagra derechos para todos, sino también obligaciones, que usted y yo cumplimos, pero que el que está sometido a otra disciplina supralegal, como El Corán, no cumple, salvo en aquellas cuestiones tácticas como la obtención de un permiso de residencia, un asilo motivado, la obtención de subvenciones o la solicitud de nacionalidad, que es la puerta perfecta de entrada al espacio de libertad de movimientos intraeuropeos, por cierto causa principal del Brexit. ¿Se imaginan si yo me acogiera a los derechos del Título I que me interesan, pero no a las obligaciones? Sería un delincuente.

El legislador no estará en posición de modificar estos anacronismos hasta que el DAESH o sus sucesores tengan acceso al uso de armas de destrucción masiva, o hasta que asimile que estamos en guerra y pasen de modo poltrona a modo Estado, y se enteren que nuestra querida Constitución no tiene previsto un escenario como el actual.

La democracia, tan mal interpretada, y por qué funciona mal...
Pío Moa Gaceta.es 30 Julio 2016

Blog II Aciertos literarios mal explotados: www.piomoa.es
*Entrevista: “Escupir sobre las tumbas de padres y abuelos”: http://www.actuall.com/entrevista/democracia/pio-moa-llevamos-40-anos-embrutecimiento-la-falsificacion-la-historia/
*Cita con la Historia: El resurgimiento del islam. https://www.youtube.com/watch?v=BGnXEh2sTLE

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--Sobre la guerra civil se ha escrito tanto, que llega a resultar tedioso. ¿Hay realmente algo nuevo en La guerra civil y los problemas de la democracia?
--Sobre aquella guerra se han dado opiniones tan dispares e insistentes, y se ha mentido tanto, que, es verdad, ya aburre. Por eso este libro reduce la primera parte a una síntesis crítica de los enfoques más frecuentes y a un esquema de su desarrollo político y militar. Luego, algunas cuestiones controvertidas. Pero lo más importante es justamente la cuestión de la democracia.

--Otro tema que también cansa un poco, ya que en España parece que todo el mundo se ha vuelto demócrata apasionado...
--De eso se trata. Todos los partidos y diríamos todas las personas emplean la palabra democracia, pero lo hacen en muchos sentidos. No es lo mismo en boca de comunistoides como Podemos, que en boca del PP o del PSOE...En el libro explico por qué, al no haber un pensamiento democrático en la derecha o en la izquierda, se llegó a una república persecutoria contra la mitad de la población, y luego a un Frente Popular que se proponía aplastar a esa mitad. Siempre en nombre de la democracia. Realmente, el poder siempre lo ejerce una oligarquía, necesariamente, y todas las letanías lamentándolo son jeremiadas sin sentido. La idea de un poder del pueblo es una contradicción, pues el poder siempre se ejerce necesariamente sobre el pueblo. Además, el pueblo no es un ente homogéneo y con un interés como se le suele suponer: dentro del pueblo hay muchos intereses en pugna. Un partido es una oligarquía profesionalizada, y la democracia es un sistema de selección de oligarquías basada en el voto. Pero, atención, el voto exige libertades políticas, autonomía de los poderes del estado, limitación temporal del gobierno y otras garantías de origen liberal. Sin eso, el voto es ficticio. Además, debe haber un doble consenso entre las oligarquías o partidos: el respeto a la votación mayoritaria, y el respeto a una ley básica por encima de las que se dicten en cualquier momento desde el gobierno.
...
Lo que ocurrió en la república fue que los partidos de izquierda no respetaron la votación mayoritaria a finales de 1933, sino que replicaron con intentos de golpes de estado y finalmente de guerra civil, y que la propia Constitución fue vulnerada sistemáticamente por el Frente Popular. Al caer la ley, los intereses populares contrapuestos tienden al choque abierto. En estos años hemos visto maniobras desestabilizadoras de la izquierda, nuevamente, cuando Aznar ganó las elecciones, y luego por mayoría absoluta. Recordemos el Prestige o el modo increíble como fue explotado el atentado del 11-m, en algo muy parecido a un golpe de estado...

--Usted señala que la democracia no siempre funciona bien.
--Por supuesto, y eso es algo que tampoco entienden nuestros partidos, que generalmente emplean la palabra como un ídolo o una panacea. Para que funcione bien es preciso que la sociedad no esté dividida por odios feroces, como los que había en la II República, que los partidos acepten ciertas normas del juego, que exista cierta prosperidad y educación general, un patriotismo por encima de los intereses de partido, y un respeto a las leyes más básicas. Esto no existía en la república. Y aunque el franquismo no aspiraba a un régimen democrático, el hecho histórico es que creó por primera vez condiciones para que pudiera funcionar: olvidados los odios de la república, superada la miseria, el analfabetismo y las mayores desigualdades, una amplia clase media, etc.

--Pero hoy no funciona bien, dice usted
--El franquismo dejó un legado espléndido, entre otras cosas la posibilidad de una democracia eficaz. En cambio vemos una corrupción extendidísima, un poder judicial desprestigiado, el resurgir de viejos odios y problemas que estaban superados, y particularmente del intento de disgregar a España en una serie de estaditos insignificantes o, por el contrario, de liquidar nuestra soberanía, con plena ilegalidad, a la burocracia de Bruselas,o la recompensa de los asesinatos de la ETA con legalidad, dinero, excarcelaciones... La Constitución, desde luego, no se cumple, y hablar de un estado de derecho es un chiste feo. La democracia española se encuentra en plena y peligrosa involución.

--¿Ve usted una salida?
--De momento, ninguna. Pero confío en el dicho “De peores hemos salido”.

«La capacidad de Europa es totalmente inadecuada para el riesgo terrorista»
El experto en seguridad y contraterrorismo del RAND Christopher Chivvis sostiene que a los yihadistas ya no les hace falta ir a Siria para entrenarse y perpetrar matanzas
cristina porteiro bruselas La Voz 30 Julio 2016

Experto en seguridad y contraterrorismo del Centro de Política de Defensa y Seguridad Internacional (RAND), Christopher Chivvis resalta dos cosas al hablar de la amenaza terrorista que se cierne sobre el continente. La primera es que Europa está muy lejos de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La segunda es que a los yihadistas ya no les hace falta acudir a Siria para entrenarse y perpetrar matanzas en el corazón de la UE.

-La UE alertó primero del riesgo de lobos solitarios. Después, de las células terroristas organizadas. ¿Conoce la inteligencia europea la naturaleza de la amenaza?
-El problema no es tanto la falta de conocimiento de los cuerpos de inteligencia como la falta de personal y los procedimientos inadecuados. También es cierto que los lobos solitarios son un desafío particularmente complejo porque son más difíciles de identificar que las redes de yihadistas como la de Verviers [Bélgica].

-Europol asegura que los combatientes extranjeros que regresan de Siria son los terroristas más letales. ¿No le preocupa más la radicalización y reclutamiento dentro de la propia UE?
-Los combatientes extranjeros que regresan de Siria tienen más conocimientos, apoyo y recursos para actuar de forma más eficaz. Sin embargo, existe un riesgo alto dentro de la propia UE. Como muestra el ataque en Niza, incluso aquellos con poca o nula conexión con el Estado Islámico (EI) pueden llevar a cabo asesinatos masivos.

-¿Podemos estar satisfechos con el nivel de intercambio de información entre los servicios secretos de los Veintiocho o debería preocuparnos la falta de eficiencia de la UE en la alerta temprana?
-No es para estar satisfechos. El intercambio de información tanto dentro de los países europeos como entre ellos es demasiado bajo para hacer frente a la amenaza actual. El fracaso a la hora de intercambiar información entre las autoridades franceses y belgas, o entre las belgas y las griegas, fueron parte de la cadena de fallos que hicieron posibles ataques como el de París.

-¿Pueden emerger en el futuro nuevos tipos de ataques terroristas? ¿Es probable un atentado nuclear o biológico?
-Las opiniones sobre el uso terrorista de las armas de destrucción masiva se entremezclan. Hay muchos analistas diciendo que la fabricación de bombas sucias nucleares sería muy difícil de ocultar para un grupo terrorista, especialmente dentro de Europa. La posibilidad de que se usen otras armas de destrucción masiva, como las químicas, especialmente fuera de Europa, en el norte de África, es más plausible.

-¿Es posible garantizar la libertad individual y ser eficaz contra el terrorismo?
-Uno de los principales argumentos para atacar al EI en Siria e Irak es que no requiere tomar medidas drásticas sobre las libertades individuales en Europa. Se debe actuar en esa línea.

-La extrema derecha vincula la crisis de refugiados a la llegada de terroristas camuflados en los flujos migratorios. ¿Cree que este fenómeno dispara el riesgo?
-No es una cuestión de blanco o negro. Lo que debemos preguntar es si las medidas que adoptó la UE se pueden poner en marcha, por ejemplo, un mejor monitoreo y controles para reducir los riesgos al tiempo que también se permite a los refugiados entrar a Europa.

-¿Cree que la estrategia de la UE para derrotar al terrorismo yihadista es la correcta?
-La actual capacidad de la política interna y exterior de Europa es totalmente inadecuada para el riesgo actual. Absolutamente inadecuada.

-¿A qué se refiere?
-Muchos países de la UE no han invertido lo suficiente en proyectar su poder potencial y se resisten a poner a sus ejércitos en la línea de fuego contra el EI. En el plano interno, las agencias de inteligencia y de policía europeas carecen de los recursos y métodos para rastrear y compartir información sobre posibles amenazas. Hasta que eso no cambie, los ciudadanos europeos estarán en riesgo de sufrir nuevos ataques.


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Todas las armas legales contra el desacato de la Generalitat
EDITORIAL El Mundo 30 Julio 2016

El Gobierno en funciones ha optado por una respuesta mesurada al enésimo desafío, esta vez en forma de desacato al Tribunal Constitucional, de la Generalitat de Cataluña. El Consejo de Ministros pidió ayer a la Abogacía del Estado que presente un incidente de ejecución ante el Alto Tribunal por la resolución aprobada esta semana por el Parlament que inicia el proceso de 'desconexión unilateral', expresamente prohibida por el Constitucional. 'Pedimos que se declare nula la resolución y su suspensión inmediata'. dijo Sáenz de Santamaría.

En el marco de ese incidente de ejecución, el Gobierno exige a la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, a los miembros de la Mesa y al secretario general que se abstengan de realizar cualquier iniciativa relacionada con esa resolución, y al presidente de la Generalitat y a los consejeros que no promuevan ni tramiten ninguna propuesta legislativa amparada en la misma.

Por último, el Ejecutivo abre la puerta a la vía penal al instar al Tribunal Constitucional a que deduzca testimonio de particulares por si hay que exigir responsabilidades penales a Forcadell por incumplir el mandato del Alto Tribunal. En este caso, el Constitucional tendrá que documentar los incumplimientos de la ley en los que haya podido incurrir la presidenta del Parlament y ponerlos en manos de la Fiscalía, que será el organismo que tendrá que valorar si en esos comportamientos hay indicios de delito.

Se trata, como decimos, de una respuesta mesurada porque, por el momento, el Gobierno ha decidido no tomar la vía penal directamente -podía haber instado a la Fiscalía que lo hiciera-. Prefiere, y nos parece bien, no dar pasos en falso y llevar todo el procedimiento muy arropado por decisiones judiciales. El Ejecutivo actúa correctamente al encaminar todo el proceso legal contra el desafío de la Generalitat en el ámbito jurídico y judicial, elevándolo del plano político, que es precisamente el terreno de juego elegido por los independentistas.

Sólo así se explica la respuesta de Forcadell tras conocer las decisiones del Gobierno: 'Sería profundamente antidemocrático' ser inhabilitada porque ella está siguiendo una hoja de ruta marcada por el Parlament. Es decir, sitúa las decisiones políticas tomadas en una Cámara legislativa por encima de la Constitución. 'No se puede pedir ni a la presidenta del Parlament ni a nadie que renuncie a sus ideas', añadió Forcadell, en otra tergiversación interesada de lo que está ocurriendo. Porque ya no estamos en un debate sobre las ideas independentistas, absolutamente legítimo por otra parte, sino ante la decisión del Govern y del Parlament de violentar la ley para culminar una hipotética secesión de España.

Sáenz de Santamaría definió ayer como 'desacato' el último paso dado por el Parlament, auspiciado por Junts pel Sí y la CUP al aprobar la resolución de 'desconexión unilateral'. Por su parte, la portavoz de la Generalitat. Neus Munté, tildó de 'amenaza' la iniciativa del Gobierno y afirmó que no se moverán de un camino 'que es profundamente democrático'.

Con este panorama, el Gobierno está en la obligación de usar todas las armas que le proporciona la ley para contrarrestar este empecinamiento de los independentistas. A estas alturas, por ejemplo, nadie entendería que la antigua Convèrgencia consiguiera el grupo parlamentario propio al que no tienen derecho según la normativa gracias a la ayuda del PP y de Ciudadanos, que tienen mayoría en la Mesa del Congreso. ¿Para qué darle dinero y visibilidad a quien quiere usar el Parlamento para separarse de España?

Y si los independentistas siguen con su intransigencia, el Estado tiene en su mano utilizar el recurso de la financiación. La Generalitat tiene una deuda del 60% del PIB y está calificada de bono basura. No tiene capacidad para acudir a los mercados y necesita de los fondos del Estado para cumplir con sus obligaciones con proveedores y prestamistas.

Como Cataluña es España, el Estado tiene la obligación de acudir en su auxilio, pero eso no quiere decir darle recursos a la Generalitat para que continúe financiando su deriva independentista. Los fondos tienen que seguir llegando a Cataluña en la misma proporción que al resto de las comunidades autónomas, pero el Estado sólo debería transferir recursos con criterio finalista: para pagar a los proveedores o reducir deuda, sí; para sufragar las inversiones propias de las veleidades independentistas, nunca.

El Constitucional debe imponer la ley al separatismo catalán
Editorial La Razon 30 Julio 2016

La decisión del Gobierno en funciones de presentar en el Tribunal Constitucional un incidente de ejecución de sentencia en el que, entre otras cuestiones, solicita a ese órgano la apertura de la vía penal contra la presidenta del Parlamento autónomo de Cataluña, Carme Forcadell, se ajusta con exactitud a la obligación del Ejecutivo de defender el ordenamiento constitucional, garantizar la igualdad de derechos de todos los españoles y hacer cumplir las leyes. No se trata, como alega la presidenta Forcadell, en una confusión de conceptos ciertamente clamorosa, de que nadie renuncie a sus ideas, sino de que todos los ciudadanos respeten la Ley y a los tribunales de Justicia, que son mandatos indeclinables en los que se asienta nuestro sistema de libertades. Incluso aceptando la aseveración, no siempre cierta, de que todas las ideas son respetables, éstas nunca pueden estar por encima de la Ley, mucho menos si conculcan nuestra Carta Magna y atentan contra dos de sus principios esenciales como son la indivisibilidad de la nación y que la soberanía reside en el conjunto de los españoles y no en una parte. Es más, las instituciones catalanas se legitiman en los mismos fundamentos constitucionales que los separatistas pretenden dinamitar.

No hay, pues, en la decisión del Gobierno otra cosa que la necesidad de hacer respetar la Ley a quienes no sólo la incumplen, sino que blasonan de ello. Sin duda, la arrogancia de los representantes de los partidos independentistas catalanes y el desprecio, ya no sólo verbal, a las normas democráticas que exhibe el Gobierno de la Generalitat son actos provocadores que llevan a una parte de los ciudadanos a exigir mayor contundencia al Gobierno, mediante la aplicación de medidas coactivas enérgicas, que, sin embargo, no proceden en este momento procesal. Ni la provocación ni las amenazas pueden enturbiar el buen criterio político con el que se ha de abordar el problema. En primer lugar, porque se corre el riesgo de perjudicar los derechos sociales y políticos que amparan a los catalanes, igual que al resto de los ciudadanos españoles. En segundo lugar, porque la Ley tiene sus tiempos y debe ser aplicada con mesura y proporcionalidad. Por utilizar una frase de la vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, siempre dentro de las garantías de nuestro Estado de Derecho, pero con toda la contundencia legal que concede ese mismo Estado de Derecho. En este sentido, la gradación de las medidas judiciales que se reclaman al Tribunal Constitucional reflejan ese compromiso, siempre difícil de alcanzar, entre prudencia y rigor.

De ahí que se solicite la apertura de la vía penal sólo para la presidenta del Parlamento de Cataluña, por un supuesto delito de desobediencia a las resoluciones judiciales, mientras se requiere a los demás implicados, entre los que se encuentran los miembros del Gobierno de la Generalitat, para que se abstengan de cualquier actuación que incumpla las resoluciones expresas del TC. Así, la eventual contumacia de los apercibidos determinará los siguientes escalones del procedimiento. En definitiva, toca ahora a los jueces del Alto Tribunal, a quienes el Gobierno del PP ha dotado de los suficientes instrumentos jurisdiccionales en la última reforma, reparar el orden jurídico conculcado por las instituciones catalanas, y toca a los partidos políticos constitucionales cerrar filas en defensa de la democracia española.

Rafael García Serrano vuelve a combatir 80 años después. Con la bota y el fusil
Pascual Tamburri Esdiario 30 Julio 2016

Nos hace recordar cómo fue el Olite de la Guerra Civil. Muy diferente de toda “memoria histórica” zurda y colorada.
Hijo espiritual de Olite, enamorado de su vino y su gente, el mejor prosista navarro del siglo XX comprendió el origen del Alzamiento del 36. Mal que pese a toda la mal llamada memoria.

Una guerra con olor a vino y 80 años de antigüedad debería ser ya, simplemente, historia. Pero la han falsificado y la reviven en modo zombi propagandístico, así que toca recordar las cosas como fueron. Eso sí, desde casa y de la mano del que mejor lo contó viviéndolo.

“- ¡Eeeh! ¿Hay alguno de Olite por ahí?”

La frase merecería haber sido escrita por algún literato nacido en la ciudad, pero no lo fue. El mejor prosista navarro del siglo XX, Rafael García Serrano, paseó el nombre de Olite por todos los foros literarios de España y lo citó en todas sus obras, pero en realidad había nacido en Pamplona en 1917. Periodista, Premio Nacional de Literatura, Premio Espejo de España, es conocido entre nosotros por la aparición casi diaria ahora de su hijo Eduardo en televisión. Y sin embargo, hay mucho más.

Rafael García Serrano fundó un diario –en una Navarra donde no se crean más de media docena al siglo, y suelen ser o jeltzales o acomplejados-, ha sido corresponsal en el extranjero, fundó una de las revistas culturales más singulares de su siglo, fue maestro de periodistas y, sin lugar a duda, ya en vida mereció aparecer en todos nuestros manuales de literatura contemporánea. En cualquier momento y lugar en el que se le preguntase él contestaba lo mismo: soy de Olite. Y hacía de ello bandera, pues siempre bebió clarete de Olite, y no era fácil entonces conseguirlo en Madrid. No digamos antes de entrar en la capital, claro.

Lo primero que hizo de García Serrano olités, y además militante, fue su encuentro con Juan José Ochoa. La cuestión es esta: se puede ser de Olite por nacimiento, se puede ser por familia, se puede llegar a ser por inmigración, pero en el siglo XX hemos comprobado que también la amistad puede devenir identidad. Ochoa había sido estudiante en el seminario y coincidió con García Serrano en el Instituto de Pamplona. Juntos completaron el Bachillerato, y juntos se matricularon después en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, todo ello antes de 1936. Pero antes que eso y antes que la catástrofe nacional que siguió, Ochoa introdujo un cambio decisivo en la vida de García Serrano: lo llevó invitado a fiestas de Olite.

Se pueden rastrear las actividades de la pequeña cuadrilla de amigos por lo menos en las fiestas de 1934 y en las de 1935; de lo que estamos seguros es de que el baile, las chicas, los pipotes (más bien vermús, en aquellas fechas) y las cenas de Olite gustaron al escritor hasta el punto de proclamarse a sí mismo “de Olite” (y unas cuantas cosas más) antes, durante y después de la guerra, viniese o no a cuento. Cuando el sábado 6 de octubre de 1934 Ochoa y García Serrano asistieron al inicio sangriento de la Revolución de Asturias en la Puerta del Sol de Madrid, el comentario del segundo fue “al grupo de navarros que todavía teníamos el aroma de las fiestas de Olite… y que acabábamos de llegar a la apertura de curso en el mismo alegre tercerola…”. De hecho, el grupo ha sido significativo tanto para la historia literaria nacional (en la que es recordado) como para la pequeña anécdota local y para la aún más pequeña historia familiar. Refugiados los dos amigos en la Casa Vasca de Madrid junto con el periodista José María Pérez Salazar (el después inventor del chupinazo, tan olvidado, y cuya hermana andando el tiempo también se hizo de Olite por matrimonio), escucharon un brillante alegato en defensa de los méritos de los sublevados. “Confieso que el brío arrasador de la tropa minera me encogió el ánimo, pero Juan José, que como natural de Olite era mucho más realista que yo, deslizó una pregunta:

‘- ¿Y cómo es que no ganaron?”

Pues, según parece, el enamoramiento o amistad con Olite puede llegar a naturalizarlo a uno en la ciudad, como es el caso; pero esa naturalización no confiere todos los rasgos morales del olités. García Serrano, que habría podido morir y ciertamente matar por el vino y las fiestas de Olite, se reconocía a sí mismo carente de ese realismo propio de los nativos del lugar. Y esto dicho por un hombre que casi no dejó día entre 1937 y 1988 sin loas públicas a Olite, desde “el vino ayuda mucho, y este clarete es de lo mejor de la parte de Olite” hasta “tu lengua tiene el tono justo del clarete de Olite” (Frente Norte).

La cosa es que, a fuerza de querer, se hizo de Olite, e hizo por Olite mucho más que bastantes de los allí nacidos. No sólo por su colección de cuentos Las vacas de Olite, sino porque conservó su identidad desde aquellos años. Verdadera memoria de un embajador permanente de la ciudad en la prensa nacional e internacional. Él mismo planteó en varios de sus libros, tanto de memorias como de ficción, y en la versión para cine de alguna de ellas, la imagen de los de Olite por el mundo, especialmente cuando participaban en grandes concentraciones juveniles de su tiempo. “Gente joven, altiva, facciosa, acostumbrada a tirar los pies por alto, sin respeto a las mil costumbres del tiempo podrido que combatían, guardaban para sus ceremonias una reconcentrada seriedad de catacumba. Se burlaban de cosas grandes, de enormes ideas declinantes, y en cambio una fe elemental y alegre les devolvía al viejo lugar de los primeros símbolos. Despreciando al mundo, encontraron la Patria. Eran sencillos, creyentes y pecadores. Adoraban a Dios, servían al César, y porque se dejaban mandar de un solo hombre desconfiaban de la Humanidad”.

En casi cualquier otro país europeo se habrían hecho varias películas con lo que García Serrano cuenta de los de Olite que fueron y vinieron durante toda la Guerra Civil del siglo XX en la plana mayor del comandante Tutor. Prescindiendo de su eficacia militar, que la hubo, el Chato Gilito, Fulgencín Ayesa y su padre y un grupo de olitenses –los Mangarranes de Tutor- fueron conocidos y a su manera respetados por su modo de hacer las cosas desde Vizcaya y Asturias hasta el Ebro y Barcelona, y esto por los combatientes de los dos lados. Alféreces bisoños como García Serrano los encontraron en estos lugares y en todos los intermedios en las más variadas poses, en general muy poco militares pero bastante sensatas, a modo de prolongación durante casi tres años de las fiestas de Olite de 1936, en las que no estuvieron. Los hallazgos de estos y otros olitenses fueron recogidos también en el Diccionario para un Macuto, publicado en su primera versión en 1964 y reeditado en 2010.

A petición de don Joaquín Baleztena, Mola envió un grupo de voluntarios el 19 de julio de 1936 a Leiza para detener a los izquierdistas que amenazaban desde San Sebastián, por el Plazaola. El encargado fue el comandante Venancio Tutor: “Hágase con unos fusiles y unos cuantos chicos seguros, y a Leiza. Pamplona, pese a rebosar gente, aparecería desierta —según la tradición sanferminera— a los ojos de un observador poco avezado, porque eran las horas del yantar y eso siempre lo respetamos mucho por allí. Tutor se plantó en el Círculo Carlista y levantó una partida de unos noventa (exactamente noventa y tres) requetés, todos ellos de la Ribera, de Olite, Beire y San Martín de Unx. No sé cómo nos las arreglamos pero los de Olite, por así decirlo, siempre estamos en todo. Ya había visto a muchos olitejos en las dos centurias dispuestas para la Columna de Navarra, y ya me había cruzado con Esteban García Leoz, a quien llamábamos el Chato, merodeando por la plaza del Castillo con un brazo roto y quejándose de su mala suerte. Fue un gran tenor. La próxima vez que lo vi ya era alférez en la IV de la Legión, que mandaba Carlos Iniesta, ejemplo de legionarios. Entre los de Tutor figuraba otro de Olite, el ya famoso Chato Gilito, el chato antonomásico de la antigua residencia real, el mejor torero aficionado del universo, cuarentón, majo, cachondicto, ingenioso y sevillano de escuela”. Ellos empezaron la guerra en Navarra, con los “mozos de Leiza y cuarenta y seis guipuzcoanos que venían huyendo de Tolosa, a más de otros diecisiete que cruzaron por los montes desde el San Sebastián perdido”. Y con “Joaquín Muruzábal, de San Martín de Unx, todavía en tierra navarra, primer requeté navarro muerto en combate, primer paisano mío muerto en acción de guerra de una larga lista que alcanza casi cinco mil nombres”. También eso es memoria, es más, ésta es verdadera.

¡Qué grandes propagandistas del vino de Olite y de cualquier licor que allí pudiese llegarse a producir o vender! “Un clarete sublime ¡Tenía una fragancia otoñal y empujaba como el mes de mayo, era fresco como el agua de un nacedero y ardía endiabladamente en la sangre!” Eso en Plaza del Castillo; y recuerda Javier Nagore en En la Primera de Navarra el detalle enológico y militar de cómo en 1937 el primero en romper el fallido “cinturón de hierro” de Bilbao no fue ningún militar profesional, sino Fulgencín Ayesa en taparrabos, con el máuser y más que convenientemente surtido (por dentro) de clarete del lugar. Ascendido y degradado reiteradamente por combinaciones similares de fiestas, queda para la historia como prueba de las virtudes incluso militares del producto de nuestras viñas. Como digo, las fiestas de Olite duraron para algunos los tres años de la Guerra Civil. Y eso también es memoria, mal que os pese.

En el fondo, las fiestas resumen lo que Olite tiene de mejor, y quizás por eso sean lo que los exiliados añoran, lo que los llegados degustan, lo que convierte a unos y otros en aspirantes a olitenses, lo que algunos tratan de manipular, deformar y controlar, y algo a lo que difícilmente se renuncia. La anécdota festiva es de José María Iribarren. Esto es que estaban dos viejos en la plaza en el verano de 1936 y el uno le dice al otro:

“- ¿Sabes lo que se dice?
‘- ¿Qué?
‘- Que este año no va a haber fiestas.
‘- ¿Que este año no va a haber vacas? ¿Y pa eso hemos mandau los hijos a la guerra?”

Por mucho que nos parezca y por más que alguno se empeñe hay cosas de Navarra y de Olite que son difíciles de cambiar. Hay cosas que están ahí, como la identidad colectiva de Olite, y vengan inventos y memorias que seguirá siendo lo que fue, que está ahí como el castillo y como la manera de hacer las cosas que, una vez asumida, no necesita palabras para saber que es de Olite. “Félix se notaba la voz insegura y para taparse besó a Elisa. Félix respiraba como si hubiese corrido los cien metros y Elisa tenía los labios fríos y húmedos. Todo fue muy sencillo y resultó muy hermoso quererse tanto bajo una manta de soldado. Sus palabras eran puras como estrellas y también los silencios eran puros como estrellas y la manta del soldado era como la misma tierra. Después vieron las torres de Olite a la luz de la luna.”

Todos estos libros escritos en, de, desde, por, sobre o parcialmente en torno a Olite son también recuerdo y parte de la memoria. ¿Van a despreciarlos sin pudor y llenos de sectarismo faccioso y zurdo? No deja de ser una publicidad gratuita que Olite recibe, sin coste alguno; y sería el caso de que alguno de estos hijos tardíos de la ciudad recibiese, aunque tarde, algún tipo de reconocimiento de ella. Una calle para Rafael García Serrano, y para José María Iribarren, y para Juan José Ochoa, y para Esteban García Leoz pero por legionario y no sólo por cantante, y para José María Pérez Salazar, y por qué no para Fulgencín. Especialmente siendo alguien que, queramos o no, seguirá en los manuales y lo hará unido para siempre al nombre de Olite.
 


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