AGLI Recortes de Prensa   Domingo 31 Julio  2016

Váyase señor Rajoy
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  31 Julio 2016

Dejando aparte los motivos actuales aducidos por Albert Rivera y Pedro Sánchez para negarse a permitir con su voto favorable o con su abstención la investidura de Mariano Rajoy como Presidente de Gobierno, existen sólidas razones que en muchos países europeos de asentada cultura democrática hubieran determinado desde hace bastante tiempo la dimisión del líder del PP como máximo responsable de dicha formación. Está en primer lugar su evidente incapacidad como gobernante. A finales de 2011, tras la desastrosa etapa Zapatero, España se encontraba inmersa en una crisis galopante que afectaba a los ámbitos económico, institucional, moral y de unidad nacional.

Los votantes, conscientes de la gravedad de la situación y profundamente decepcionados por el sectarismo y la frivolidad del entonces Secretario General del PSOE, se arrojaron en brazos del Partido Popular otorgándole la mayoría absoluta más amplia de su historia. A esta circunstancia se añadía la desmoralización completa de un Partido Socialista descabezado y derrotado, lo que ofrecía a Rajoy en aquel momento la posibilidad real de acometer las reformas estructurales que España necesitaba sin tener que vencer apenas resistencia. Si en el primer semestre de 2012 hubiese puesto en marcha, tal como le reclamaron no pocas voces serias de su espacio ideológico, una ambiciosa agenda política abarcando la estructura territorial del Estado, la independencia de la justicia y de los órganos reguladores, la calidad de la educación, la flexibilidad del mercado laboral, la fiscalidad, la eficiencia de la Administración, la reducción del gasto público consuntivo, la democratización interna de los partidos, la erradicación de la corrupción y la mejora del sistema electoral, hoy nuestro país estaría en condiciones de aprovechar al máximo la recuperación. Si con la clase política más incompetente y venal de Europa y un Estado que drena recursos a un ritmo insostenible, estamos creciendo al 3%, no cuesta imaginar como estaríamos si Rajoy hubiese aprovechado la coyuntura extremadamente favorable que se le brindó hace cinco años.

En lugar de traer preparado el conjunto de medidas que todo el mundo sabía que eran urgentes e imprescindibles para volver a la senda del crecimiento y para sanear nuestra partitocracia extractiva y corrupta, no hizo nada, incumplió sus propias promesas electorales y dilapidó miserablemente el enorme capital político que sus compatriotas habían puesto en sus manos. Durante el cuatrienio 2011-2015 se limitó a cumplir mínimamente las exigencias de Bruselas y a aumentar la deuda en 300.000 millones de euros. Como es lógico, esta pasividad unida a la multiplicación de escándalos que afloraron en el PP y a las precarias condiciones de vida a las que la crisis había arrojado a millones de ciudadanos, condujeron a la aparición de nuevos partidos y a la pérdida de sesenta escaños de los conseguidos en las elecciones anteriores. Semejante balance desastroso debiera haberle llevado a dimitir la misma noche del 20 de Diciembre de 2015. Lejos de ello, se agarró al sillón, sometió al país a unos segundos comicios que no han resuelto nada y que nos enfrentan al mismo callejón sin salida de hace seis meses.

Además de su notorio fracaso en el plano político y de su falta de comprensión del alcance y la naturaleza de los problemas que padece España, Rajoy se ha mostrado como un dirigente de muy escaso nivel ético. Prácticamente cualquier primer ministro del mundo occidental sometido a la larga ristra de casos de corrupción que ha experimentado el PP, algunos de los cuales, concretamente el referido a su antiguo tesorero, le atañen directamente, habría dejado su cargo sin vacilar y, si se hubiera resistido, su partido le habría puesto en la calle. Tampoco eso ha sucedido aquí. Ni Rajoy ha dimitido ni el rebaño de dóciles ovejas que pasta en la bancada popular en el Congreso ha reaccionado reclamando la asunción de responsabilidades. El hecho de que continúe en su poltrona tras la reciente imputación del PP por destrucción de pruebas demuestra que su sensibilidad moral es comparable a la de un crustáceo.

Los que acusan a Ciudadanos y al PSOE de falta de sentido de Estado por negarse a la investidura de Mariano Rajoy debieran tener en cuenta la trayectoria del aún Presidente en funciones antes de formular tales reproches. Y es que efectivamente hay que tener mucho estómago para mantener en La Moncloa a quién se ha convertido en el paradigma y la imagen visible de todas las deficiencias y vergüenzas del agonizante régimen del 78. En su insistencia de seguir ahí contra toda lógica política y contra el más elemental concepto de la decencia, Rajoy va camino de erigirse en la figura pública que más daño haya infligido a España desde la Transición.

Mariano quiere gobernar un par de años más
Jesús Cacho www.vozpopuli.com  31 Julio 2016

Lo de Rajoy del jueves fue casi una obra maestra. Marianismo en estado puro. Acudió el virrey a palacio en último lugar, después de que los líderes de PSOE, Podemos y Ciudadanos hubieran consumido horas de pantalla en farragosas conferencias de prensa, y a eso de las 7,30 de la tarde compareció en televisión para dar la buena nueva de que, a petición del Rey, pero solo porque el Rey me lo ha pedido, asumía el reto de intentar la formación de nuevo Gobierno, aunque sin despejar la incógnita de si finalmente se someterá o no a la investidura. Puede que sí o puede que no. Y allí fue Troya, particularmente en las filas de un PSOE indignado hasta el aspaviento, que de pronto se veía burlado, arruinada la estrategia de Pedro Sánchez y su guardia de corp. ¿Y cuál era la secreta pretensión socialista? Pues convertir la sesión de investidura de Rajoy Brey en una batida, una corrida con picadores en la que el líder popular tomara al menos tres puyazos en el morrillo en el tercio de varas, de modo que, maltrecho y desgastado, saliera del lance sangrando hasta por los zancajos, un episodio tras el cual el bello Sánchez pensaba lanzarse en picado a la formación de un nuevo Gobierno de izquierdas con Podemos, PNV, Convergencia y ERC, para plantarse ante el Comité Federal del PSOE con un mensaje muy simple: esto o terceras generales. Lentejas. Tal sigue siendo la ensoñación suicida en la que navega el líder socialista.

Pero Mariano, que no se ha bajado del coche oficial en su vida y se las sabe todas, dio esquinazo a los de Ferraz con ese ejercicio consumado de sí pero no o todo lo contrario. El Hernando socialista, cabreado hasta el ridículo, llegó a calificar de “anticonstitucional” la posibilidad de que un Rajoy sin apoyos bastantes rehúse someterse a la corrida en pelo que supondría esa investidura fallida, aunque en ningún párrafo del texto constitucional se le imponga esa obligación, ni a él ni a ningún ciudadano español. Y ahí estamos, treinta y tantos días después de las generales del 26 de junio, empantanados, encerrados en el callejón sin salida de unos líderes que se detestan sin pretender siquiera ocultarlo, empeñados en anteponer sus intereses personales y de partido a los generales de los españoles, con heridas pendientes tan sangrantes como la abierta por el separatismo catalán. Mientras cantan las cigarras al calor del verano, Juan Español no deja de preguntarse, perplejo, qué demonios pretenden éstos que dicen representarle, en qué aventura loca andan embarcados, a qué juegan, incapaces como son de sentarse a negociar una salida racional y patriótica en momento tan delicado para el país.

Es la consecuencia de la dictadura de partidos en que se ha convertido la democracia española. Es la crisis de unos partidos transformados en máquinas de poder personal donde el líder de turno, con o sin primarias de por medio, controla todos los resortes del poder de modo que, más que un partido supuestamente democrático dirige un grupo de presión, una especie de negocio personal con poder ilimitado y sin necesidad de dar cuenta a accionista ni consejo de administración alguno, porque todos sus potenciales oponentes se han ido quedando por el camino, muertos en la cuneta. “El Estado de Partidos es una forma oligárquica de gobierno en la que unas pocas formaciones acumulan el poder en detrimento de la libertad, la calidad democrática y la representación. Se caracteriza por la deficiente separación de poderes, escasa representatividad y una más que holgada financiación pública, lo que les convierte en órganos funcionales del Estado. La corrupción es un síntoma, una resultante del pobre funcionamiento de los controles y la división de poderes” (Guillermo Gortázar en su más que interesante ensayo “El salón de los encuentros”, Unión Editorial).

Es omnímodo el poder de Rajoy en el PP, pero también lo es el de un Sánchez en el PSOE cuyo currículum no exhibe otros éxitos que el haber sufrido sucesivos reveses electorales que han dejado al socialismo con 117 diputados menos de los obtenidos por Felipe González en 1982. Ese férreo control personal que ejercen opera como escudo protector de sus intereses privados e impide desatascar situaciones de bloqueo institucional como la que ahora enfrentamos. La diferencia con lo ocurrido en Gran Bretaña es deslumbrante. Dimite allí el primer ministro Cameron tras el fiasco del Brexit y 24 horas después un nuevo líder se instala en el 10 de Downing St. y forma Gobierno, sin que aparentemente se resienta el funcionamiento de las instituciones. Aquí, han transcurrido siete meses y once días desde el 20D y don Mariano pide más tiempo al Rey para… ¿para qué? Es evidente que un gesto personal, un rasgo de grandeza que le llevara a echarse a un lado para posibilitar la formación de Gobierno a otro líder popular conseguiría desbloquear la situación de forma casi automática, entre otras cosas porque esa dimisión llevaría aparejada la de su hermano siamés en el PSOE, pero esa es pretensión implanteable en la dictadura de partidos que sufrimos, y mucho más tras los resultados del 26J.

¿Sin Gobierno hasta mediados de 2019?
De modo que don Mariano sigue a lo suyo, toreando a Pedro, ¡grande Mariano!, tranquilamente apoyado en el quicio de Moncloa esperando que el gentío venga a ofrecerle la gobernación en bandeja de plata como antaño el aparcero acudía a ofrecer al rico hacendado los primores de la cosecha o la mejor pieza de la matanza del gocho. Mariano se sorprende al ver la calle desierta y de cuando en cuando se asoma a la ventana blandiendo amenazador el as de bastos de esas terceras generales que tanto todos dicen temer. Además, hace llamadas perentorias a los financiadores de Albert para que le presionen y predispongan al pacto. “Le hicimos una oferta que no podía rechazar” (Michael Corleone). Dice Mauricio Casals en La Razón que en esa eventualidad el PP podría irse hasta los 143 diputados. Teniendo en cuenta que todavía le faltarían 33 para llegar a los 176, el gallego necesitaría solo 5 elecciones generales más para alcanzar esa mayoría absoluta que le permitiera gobernar sin necesidad de verle la jeta a Sánchez ni de encajar los reproches de un imberbe como Rivera. Siguiendo con el cálculo, y a dos elecciones generales por año, podríamos tener al fin Gobierno en torno a junio/julio de 2019 si las cuentas, un poco a vuela pluma, no me fallan. ¿Todos calvos?

Es evidente que esta es apenas una broma construida sobre el absurdo de la situación. El país no puede permitirse en las actuales circunstancias seguir sin Gobierno, y eso lo sabe mucha gente en el PP, en el PSOE y en C’s. Asumiendo que las culpas están muy repartidas y que resultaría muy difícil, adhesiones ideológicas al margen, dilucidar quién es el primer responsable del desaguisado, es también evidente que Mariano Rajoy, como líder del partido más votado, está obligado a bajar a la arena en algún momento y exponer con hechos, no con simples palabras, las concesiones que está dispuesto a hacer, las reformas que no abordó con mayoría absoluta y que ahora está resuelto a pactar con el grupo que lidera Rivera para hacer posible un Gobierno estable que, partiendo de los 169 diputados suma de ambos grupos, pudiera contar en su momento, tras las autonómicas vascas, con el respaldo parlamentario del PNV y de la minoría canaria: 176 diputados.

Es la única solución medianamente liberal que cabe imaginar. La pretensión de gobernar con 137 escaños, pagando además al PSOE el peaje de su abstención en la investidura, se antoja una quimera que conduciría a una pronta disolución de las Cortes y a nuevas generales. Naturalmente esa fórmula reclama un papel activo de Rivera y su grupo, alejado del dandismo diletante en que parecen haberse instalado. Querido Albert: Quienes te dimos el voto el 20D y perseveramos en la decisión el 26J, seguramente no volveríamos a hacerlo en caso de unas terceras generales, porque ello supondría haber tirado a la basura los 3,2 millones de sufragios que recibiste con el mandato de mejorar la calidad de la democracia española. El centro derecha moderado que se niega a votar PP ni siquiera con la nariz tapada, ha depositado en ti una confianza que quiere transformada en reformas democráticas; queremos que obligues a Rajoy a hacer lo que de buena gana jamás haría, de modo que puedas “vender” después a la opinión publica algo tan sencillo de entender como que, sin la participación activa de C’s, España seguiría chapoteando en la ciénaga de la corrupción. Remedando a la Thatcher, “se trata de ejercer liderazgo, no de hacer seguidismo”. Porque seguidismo es lo que haces dejándote comer la oreja por tus periodistas de cámara, dos señoritos que amenazan conducirte por la senda de perdición por la que llevaron a los respectivos periódicos que dirigían. ¿Es tan difícil de entender, Albert?

Borrachera de gasto público
Imposible contar con el PSOE actual en la terea de consolidar el crecimiento y la creación de empleo, condición sine qua non para abordar no solo las reformas democráticas sino para alumbrar una salida al problema catalán. Imposible pedir responsabilidad a un líder empeñado en ocupar el espacio de la izquierda populista que hoy detenta Podemos. La descripción de las líneas maestras del programa socialista realizada el jueves por el propio Sánchez es para poner los pelos de punta. “Queremos cambiar la reforma laboral, recuperar la universalidad de la sanidad pública, activar de nuevo la Ley de Dependencia, acabar con la LOMCE, dar un ingreso mínimo vital para los 720.000 hogares que ahora mismo no tienen ningún ingreso, luchar contra la pobreza energética y la pobreza infantil, restituir muchos de los derechos laborales perdidos por la clase trabajadora durante estos años…” Borrachera de gasto público y más poder para los sindicatos. Un auténtico dislate, que explica la encrucijada de un PSOE desnortado al mando de un tipo ante quien Rodríguez Zapatero parece un benefactor de la humanidad.

La paradoja española sigue presentando perfiles que cabe adjetivar de deslumbrantes: el país camina en el filo de una navaja que conduce al desastre o a la gloria. El desastre de un encanallamiento de las posiciones que impidieran la formación de Gobierno. Además de la congelación de importantes fondos estructurales, España se expone a sufrir una multa, distinta a la “perdonada”, de 5.000 millones (el 0,5% del PIB), si el 15 de octubre próximo no es capaz de remitir a Bruselas unos PGE con las condiciones impuestas por la Comisión para llevar el déficit público al 3,1% del PIB en 2017. Más grave, más irresponsable aún, sería poner en peligro el crecimiento y la creación de 400.000 nuevos empleos en el próximo ejercicio, perdiendo la oportunidad de convertir España, como está ocurriendo con el turismo, en país refugio de la inversión extranjera. El desastre o la gloria. El éxito o el fracaso. La solución depende de que C’s, tras un acuerdo de Gobierno que obligue en firme al PP, apoye la investidura de Rajoy forzando la abstención del PSOE. La alternativa se llama nuevas generales. Mariano quiere gobernar un par de años más antes de echarse a un lado y ceder los trastos a un nuevo líder popular. Lo sabe su familia, la vicepresidenta Soraya, la presidenta del Congreso y algún que otro ministro. Por esa rendija podría colarse el acuerdo. La pelota, en el tejado.

Ocultando la «E»
Es fácil saber por qué cae en picado el PSOE
Luis Ventoso ABC 31 Julio 2016

El Tribunal Constitucional es el garante de nuestra ley máxima. Además, en este instante, es el baluarte que nos protege frente a la sublevación contra España que han iniciado los separatistas catalanes. Como bien explicó ayer la vicepresidenta del Gobierno, estamos ante «una vulneración flagrante del Estado de Derecho y el orden constitucional», con la que pretenden «ponerse por encima de la voluntad de todos los españoles».

El jovial Miquel Iceta dirige desde hace dos años al PSC, la franquicia catalana del PSOE. Fue incapaz de acabar su carrera universitaria y a sus 55 años solo ha trabajado como apparatchik que vive del partido. El pasado 29 de mayo, Iceta marchó en cabeza de una manifestación en Barcelona contra el TC. Lo hizo en compañía de la CUP, ERC y Convergència –los partidos sublevados contra España– y con esteladas a su vera. Es decir: el jefe en Cataluña del partido de Sánchez se manifestó contra el tribunal encargado de defender las libertades de los españoles frente a un envite golpista. ¿Y qué dijo Sánchez ante tal aberración? Pues justificó la presencia allí de Iceta.

¿Por qué cae en picado el PSOE? Es sencillo: porque desde el desvarío zapaterista ha arrumbado su «E» de español y se comporta como un partido felón cada vez que toca defender a su país de sus enemigos separatistas. El viernes, ya en pleno alzamiento contra la legalidad de Convergència y ERC, Sánchez todavía recriminó a Rajoy que mantenga lo que llamó «un cordón sanitario» contra los independentistas y abogó por gobernar España con el apoyo de esas dos formaciones que tratan de reventarla.

Con esa inteligente estrategia de entreguismo ante los enemigos de su país –y con el añadido de su talante personal revirado y soberbio–, el señor Sánchez ha logrado un hito: los dos peores castañazos electorales del PSOE. En las terceras elecciones –que las habrá, y por culpa suya– firmará el portento de empeorar sus tétricos récords.

Querido señor Sánchez: millones de socialistas, de Almería a Astorga pasando por Murcia, Lugo, Málaga o Badalona, han dejado de votarles porque quieren a su país y les repugna un PSOE que en lugar de cerrar filas para proteger a España lleva dos lustros dando coba a los separatistas. Así de fácil.

Con todos sus problemas, pese a su codicioso otoño, pese a los rincones oscuros de su pasado, si mañana el PSOE se librase de Sánchez, un tapón para España y para su partido, y presentase como cabeza de cartel al viejo González, a sus 74 años todavía obtendría unos treinta diputados más que el de la bella percha. ¿Por qué? Pues porque con todos sus lastres, Felipe fue y es un patriota español, mientras que Sánchez solo parece un chisgarabís con el juicio embotado por la egolatría, incapaz de cumplir con su país en lo más básico.

Mientras sigan así, tendiendo la mano a los insurrectos y con una filial pronacionalista en Cataluña, la moto averiada del PSOE continuará acelerando cara al abismo. Echen al desagradable Sánchez de una vez. Elijan a una persona moderada y cabal. Rompan con el PSC y preséntense como PSOE en Cataluña. Ese día su lúgubre sino empezará a cambiar.

"Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”
La investidura se ha convertido en un teatro del absurdo, como en la obra de Ionesco o Beckett. Los personajes del drama se creen más importantes que la propia democracia
Carlos Sánchez El Confidencial  31 Julio 2016

Una de las sesiones más esperpénticas del parlamentarismo español se produjo el 16 de noviembre de 1870. Se trataba de encontrar un candidato para la Corona de España tras la forzada salida de Isabel II.

El resultado fue el que sigue: 191 votos a favor de Amadeo de Saboya; 60 votos para la República Federal (sin identificar el nombre del futuro presidente); 27 para el duque de Montpensier (a quien se le considera instigador del asesinato del general Prim); ocho para el general Espartero; dos en favor de una República Unitaria; uno, por una República no definida y un voto para la infanta Luisa Fernanda, además de 19 abstenciones. Como se ve, todo muy democrático.

Tan solo dos años y dos meses después, Amadeo de Saboya abandonaba España y dejaba escrito uno de los testamentos políticos más dramáticos y sinceros. “Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha [refiriéndose a España], entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera causa, y más imposible todavía hallar remedio, para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no los he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla”.

El 11 de febrero de 1873, al día siguiente de la abdicación de Amadeo I, el Congreso y el Senado, constituidos en Asamblea Nacional, proclamaron la l República por 258 votos contra 32. El primer presidente fue Estanislao Figueras, un barcelonés de bien que pocos meses después huyó a París horrorizado del caos político. Como recuerdan los periódicos de la época, el 9 de junio de 1873, apenas cuatro meses después de su nombramiento, y tras numerosas broncas en el Consejo de Ministros sin alcanzar ningún acuerdo para superar la crisis institucional que atravesaba el país, Figueras había colmado su paciencia y, en un momento de la sesión, el presidente exclamó abochornado: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”.

Sin esperar un minuto, abandonó la sala del Consejo de Ministros y se dirigió a la estación de Atocha. Allí cogió un tren que le llevó a la capital francesa sin dar más explicaciones. Cuando regresó a España, años después, los problemas seguían ahí.

Cayo Lara, el excoordinador general de Izquierda Unida, llegó a recordar este exabrupto desde la tribuna de oradores, pero su súplica cayó en saco roto. Desde entonces, el país sigue sin Gobierno y nada indica que en un tiempo “razonable”, que diría Rajoy, lo tenga. Probablemente, porque España tiene en estos momentos la peor clase política de la democracia.

Patética conferencia de prensa
A la cabeza de ella, y en las circunstancias actuales, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que, vulnerando la separación de poderes, algo intrínseco a la figura de la presidencia del Congreso de los Diputados, ni siquiera es capaz de marcar el territorio del poder legislativo frente al poder ejecutivo. Y no lo hace cuando balbuceando, en una patética conferencia de prensa, y para no perjudicar a su camarada y amigo, es incapaz de fijar un calendario de negociaciones para la investidura.

Sin duda, porque el sistema parlamentario español está pervertido y actúa a las órdenes del poder ejecutivo. Los diputados no se deben a sus electores, sino a quien los ha incluido en las listas electorales, lo cual genera brazos de madera que votan lo que se les ordena y una deuda indeleble que hace que cada parlamentario obedezca ciegamente a su jefe de filas.

Esta subordinación del poder legislativo al ejecutivo -que degrada el parlamentarismo- convierte al Congreso (del Senado es mejor no hablar) en un teatro del absurdo en el que actores mediocres y completamente incomunicados entre sí, como en la obra de Ionesco, interpretan en público un papel prestado que no les corresponde. Algo que facilita los casos de corrupción y los excesos del poder, inherentes a cualquier sistema político.

Así es como se ha llegado a una situación insólita en la que la elección del presidente del Gobierno, en contra del mandato constitucional, no descansa en el Parlamento, reflejo de la soberanía popular, sino en élites políticas que controlan el aparato de los diferentes partidos. Una especie de secuestro de la democracia que convierte a la política en un juego de trileros con el único objetivo de satisfacer demandas personales.

Candidatos del PP
Hasta el punto de que se confunde la figura del candidato con la del país. Como si la Constitución hubiera optado por una democracia presidencialista y no de carácter parlamentario, que es la que diseña la Carta Magna.

Mariano Rajoy, en este sentido, comete un grave error si piensa que su persona es más importante que su partido. Pero sobre todo yerra si está convencido de que los casi ocho millones de votos que obtuvo el Partido Popular el 26-J son solo de su cosecha. Cualquier otro dirigente del PP que no fuera extravagante -Sáenz de Santamaría, Núñez Feijóo o, incluso, Pablo Casado- hubiera logrado unos resultados similares o, incluso, mejores habida cuenta del gran rechazo que suscita el presidente en funciones, como le recuerdan una y otra vez las encuestas del CIS.

El éxito del PP -y de esto no hay ninguna duda demoscópica- es que tiene un suelo electoral extraordinariamente alto, al contrario que el PSOE, lo que le permite disfrutar de un mínimo de 120-125 diputados independientemente de quien sea el candidato. Sin duda, mérito de quienes han construido ese partido desde su refundación en tiempos de Aznar.

Es por eso que resultaría absurdo mantener al señor Rajoy como candidato si en el debate de investidura -que sí o sí debe convocar la presidenta del Congreso de forma inmediata para salvar la decencia de la Cámara- resulta rechazado. Ese sería el momento en el que el PP -legitimado por las urnas para seguir gobernando- debería encontrar un nuevo candidato a la presidencia del Gobierno.

No se trata de que los partidos de la oposición impongan un nuevo candidato, algo que de ninguna manera les corresponde hacer y sería completamente antidemocrático, sino de certificar que el señor Rajoy es incapaz de formar Gobierno. Y al igual que los otros partidos no están legitimados para decir quién debe ser el candidato del Partido Popular, tampoco el presidente en funciones puede obligar a nadie a que se abstenga o vote a favor.

Al fin y al cabo, la democracia es más importante que las personas que ocupan temporalmente un papel relevante en la vida pública, como ha demostrado Cameron tras el Brexit. Y no hay democracia cuando entre unos y otros, invocando el dulce nombre de la patria, que decía amargamente Amadeo I, evitan que se forme gobierno, que es la expresión de la voluntad popular ejecutando normas que le llegan desde el parlamento. Unos por intereses personales, otros por rencores históricos y otros porque piensan que el mundo les debe algo.

No solo Rajoy debe recapacitar si pierde la investidura. También lo debe hacer Pedro Sánchez si un candidato alternativo del Partido Popular es elegido presidente el Gobierno. El secretario general socialista ha obtenido en dos elecciones los peores resultados de su partido desde 1977, y parece evidente que su tiempo ha pasado.

El PSOE, al igual que sucede en el PP, es más importante que sus candidatos. Y como hiciera Estanislao Figueras, es mejor marcharse con dignidad que arrastrarse por el lodo buscando pactos imposibles para salvar el pellejo.

La democracia no se entiende sin cambios. Exactamente iguales a los que se producen en la sociedad. Y cuando idénticos personajes se atrincheran sobre las tablas del teatro de la política sin moverse, y mirando de forma absorta al vacío, a la nada, el resultado es el absurdo. “No hay nada que hacer…”; “No hay nada que ver…”, que decía el personaje Estragón en la primera parte de 'Esperando a Godot'.

Y Bruselas se apiadó de nosotros
Juan Laborda www.vozpopuli.com  31 Julio 2016

Permítanme un breve receso en la serie de blogs sobre la Teoría Monetaria Moderna, pero es que la ocasión lo merecía. Al final no corrió la sangre al río. Bruselas decidió apiadarse de nosotros, perdonando a última hora la multa tanto a España como a Portugal por no cumplir con los objetivos de déficit público marcados. A cambio impone más deberes al nuevo gobierno: ahorrar 15.000 millones de aquí a finales de 2017. Van de perdona vidas, cuando en realidad todo estaba y está amañado, bien amañado. Es un paripé, apariencia, puro teatro del Barroco. La austeridad ha fracasado y lo saben. Por eso desde mediados de 2013 permitieron una expansión fiscal al ejecutivo del PP. Se trataba de razones estrictamente políticas: mantener al “Régimen” patrio que forma parte de la estructura de poder de las élites extractivas paneuropeas.

Pero fíjense en las palabras del comisario europeo de asuntos económicos, el socialista Pierre Moscovici, no tienen desperdicio. “Tras años de esfuerzo, la gente no lo iba a entender”. Pues eso, tras hacer la vista gorda para que no llegaran “los populistas”, como premio, dos tazas más de austeridad pero todo para 2017, no vaya a ser que al final en las actuales negociaciones para formar el gobierno patrio haya sorpresas. ¡Qué cachondos! ¿Nos toman el pelo? Sin duda alguna. Por cierto, el declive de la socialdemocracia no tiene vías de solución -solo Jeremy Corbyn y Bernie Sanders resisten a duras penas-. Como dice un seguidor de este blog “Las ideas solo se afirman frente a las opuestas. La socialdemocracia no se encontrará a sí misma si no es en oposición al neoliberalismo”. Pero allá ellos.

En el trasfondo de todo, la salida en falso de la actual crisis sistémica. En su momento no se hizo aquello que era óptimo y eficiente, económica y socialmente, para hacer frente a los orígenes y las causas que llevaron a la economía mundial a la actual crisis sistémica. Se prefirió ganar tiempo y defender los intereses de quienes la generaron, la élite bancaria. Por eso ahora estamos en una situación parecida a 2007. Y siguen igual. El consenso en las élites extractivas europeas sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno e ignora deliberadamente muchas de las opciones reales que están a disposición de los gobiernos emisores de moneda “fiat”. De ahí nuestro interés en la serie de blogs donde explicamos la Teoría Monetaria Moderna. El pensamiento gregario dominante en la Eurozona tiene un carácter destructivo al imponer recetas cuyos supuestos macroeconómicos fundamentales no se basan en la realidad.

Las élites extractivas presionan para seguir manteniendo comportamientos y estructuras institucionales que limitan las capacidades de gasto de los gobiernos. Se trata, como afirma Bill Mitchell, “de restricciones voluntarias heredadas de los días del patrón oro, perpetuadas por la ideología de la economía de la corriente dominante para constreñir al gobierno y dotar de una mayor laxitud a la actividad del mercado privado”. Los límites de deuda pública aceptados por los gobiernos son, en definitiva, un ejemplo clásico de restricción voluntaria.

¿Por qué entonces neoconservadores, neoliberales, la mayoría de los socialdemócratas, economistas neoclásicos, élites económicas, medios de comunicación tienen tanta aversión al uso de la política fiscal? El gran Michal Kalecki ya en 1943 en Political Aspects of Full Employment exponía tres razones por las que a las élites no les gustaba, y sigue sin gustarles, la idea de utilizar la política fiscal como instrumento de política económica. Un sistema sin una política fiscal activa significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios; y sus “animal spirits” pueden determinar el estado de la economía. “Esto le da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno”. Pero es que además, el gasto público pone en tela de juicio un principio moral de la mayor importancia para la élite: “Los fundamentos de la ética capitalista requieren que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-”. Finalmente, y quizás la más importante, a los hombres de negocio no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria…”.

Ganaron tiempo pero no cesan en su empeño
Los defensores de la austeridad intentan cambiar el modelo social, privatizar todo -incluida la sanidad y la educación-, forrarse a nuestra costa. Y para ello la labor de desinformación es vital, clave, porque al manipular y ocultar el origen de la crisis permiten que esta agenda se alcance, aun a costa de los ciudadanos. Puro Totalitarismo Invertido. Y lo saben, y por ello levantaron el pie del acelerador en el período 2013-2016.

Los datos de la Comisión Europea muestran que para España en el período 2010-2013 la política fiscal fue tremendamente contractiva. El déficit estructural se recortó desde niveles superiores al 7% del PIB a cifras próximas al 2%. En un contexto de desapalancamiento del sector privado ello supuso una gravísima recesión económica. Pero desde mediados de 2013, con el consentimiento de Bruselas, la austeridad se relajó. El déficit estructural ha crecido en el período 2014-2016.

Una vez conseguido el objetivo, mantener el “Régimen”, Bruselas exige de nuevo la austeridad presupuestaria –concentrada en 2017-, con la contracción adicional que ello implicará para nuestra economía, apoyándose si hiciera falta en la amenaza de cierre del grifo del Banco Central Europeo. La excesiva deuda total (4,1 billones de euros al cierre de 2015) y externa (1,1 billón de euros al final de 2015) nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE (ambos, aversión y grifo del BCE, están interconectados). En ese caso España entraría en un círculo vicioso. ¡Queda claro que algo no funciona en la zona Euro!

¡Hay que parar la estrategia separatista de la araña!
Roberto L. Blanco Valdés La voz 31 Julio 2016

El hecho cierto de que la gravísima declaración aprobada este miércoles en el Parlamento catalán a favor de continuar, pese a las prohibiciones reiteradas del Tribunal Constitucional (TCE), el proceso de secesión sea un dislate político, una ilegalidad manifiesta y un acto perseguible penalmente no significa, en absoluto, que los independentistas no sigan avanzando con pie firme hacia su auténtico objetivo: presentar una futura declaración unilateral de independencia como un hecho consumado frente al cual no cabría otra respuesta que la adopción de medidas tan traumáticas que, llegado el momento de tomarlas, resultarían, por ello mismo, de muy difícil o imposible ejecución.

Para evitar encontrarnos ante un dilema endemoniado -abrir una tragedia política y social de descomunales proporciones o aceptar un gigantesco retroceso en la historia de una de las naciones más antiguas del planeta-, estamos siguiendo, sin embargo, el peor camino imaginable: dejar que los secesionistas conviertan progresivamente en normales hechos que hace nada nos hubieran parecido delirantes. No es algo nuevo: el independentismo impulsa desde hace varios años una estrategia de la araña destinada a organizar, poco a poco, pero sin dar ni un paso atrás, una rebelión en toda regla contra el Estado democrático y la Constitución que lo sustenta. Una rebelión que será tanto más imparable cuanto menos lo parezca y cuanto más se vaya conquistando el terreno del lenguaje, con afirmaciones disparatadas que, a fuerza de cotidianas, ya mucha gente no se atreve a discutir: por ejemplo la burrada, jurídica y política, de que el Parlamento catalán es soberano; o el dislate de que el pueblo tiene derecho a decidir al margen de lo que dispongan las normas que a todos nos obligan.

Esa estrategia de la araña avanza, con toda comodidad y sin pagar apenas costes, ante la increíble inacción de quienes tienen, pero no cumplen, la obligación política de garantizar el imperio de la ley. Es decir, ante la vergonzosa desunión de los partidos constitucionalistas; ante el descarado cinismo de los líderes del PSOE y Ciudadanos, gallitos de boquilla con una retórica tan ampulosa como huera frente al secesionismo, como lo prueba su decisión de que España siga sin un Gobierno sólido que pueda hacerle frente; y, en fin, ante la manifiesta debilidad del propio Gobierno, que parece no tener otra estrategia que la de acudir al TCE cada vez que el secesionismo avanza un paso más hacia su meta: un juego del gato y el ratón, en el que, nadie lo olvide, el secesionismo oficia de gato y el Estado democrático de ratón progresivamente acorralado.

Clara ya la estrategia de los separatistas -hacer imposible, cuando llegue el momento, la respuesta del Estado democrático, por excesivamente costosa socialmente- queda solo un modo de combatirla de verdad: parar en seco ya -¡y ya es ya!- el desatino delictivo de la rebelión independentista con todos -¡y todos son todos!- los instrumentos previstos en nuestra Constitución y nuestras leyes. No hacerlo hoy nos obligaría mañana a tener que adoptar decisiones que nadie quiere ahora ni siquiera imaginar.

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Manifiesto En defensa de una alternativa constitucionalista en el País Vasco

Santiago González El Mundo  31 Julio 2016

Gorka Maneiro lleva dos legislaturas en el Parlamento vasco defendiendo contra viento y marea sus posiciones constitucionalistas. Ante el adelanto electoral anunciado la víspera por el lehendakari Urkullu, dio a conocer ayer un manifiesto elaborado por él y por Fernando Savater, que es pura racionalidad. Como ya lo he firmado, no tengo más que decir, salvo invitarles a que hagan lo propio.

Manifiesto
Los abajo firmantes constatan la necesidad de defender en Euskadi una alternativa política constitucionalista, regeneradora y reformista que defienda la unidad de España frente al insaciable nacionalismo que pretende romper la ciudadanía compartida, profundizar en las desigualdades entre ciudadanos y entre territorios y poner en cuestión los cimientos básicos del Estado.

Nosotros reivindicamos una alternativa política que defienda la igualdad de derechos y deberes en Euskadi y en todo el territorio nacional, que haga frente con argumentos y sin complejos al nacionalismo obligatorio y al populismo, que reivindique la libertad ideológica, que abogue por acabar con la política de imposición lingüística, que defienda unos medios públicos de comunicación plurales, objetivos, profesionales y al servicio de toda la ciudadanía y que lleve a las instituciones medidas eficaces de regeneración de la democracia y de transparencia en la gestión del dinero público y contra la corrupción política, sea ésta visible o soterrada.

Proponemos una alternativa política que reivindique una educación abierta e ilustrada sin manipulaciones ni sectarismos de ningún tipo, que defienda un País Vasco plural y diverso -es decir, el País Vasco real, no el soñado por aprendices totalitarios- dentro de una España igualmente plural y diversa, pero unida para salvaguardar la ciudadanía de todos y cada uno de sus integrantes.

Creemos en el derecho a decidir, claro que sí, pero en el de todos los ciudadanos del Estado de Derecho con voz y voto sobre nuestra sociedad común; en cambio, no concedemos a nadie el derecho a decidir quién debe decidir y quién no respecto a lo que nos concierne a todos: las democracias no están formadas por "pueblos" ni "tribus", sino por ciudadanos a los que pertenece por igual todo el espacio que comparten. Y, por tanto, creemos también en una Europa sin fronteras interiores en busca de una ciudadanía común para afrontar unida y solidariamente los grandes desafíos actuales.

Queremos impulsar una alternativa constitucionalista, progresista, laica y regeneradora que haga frente a toda forma de corrupción económica y política, a los prejuicios de género o etnia, a los abusos de la identidad nacionalista convertida en fetiche excluyente, al populismo que quiere resolver los problemas reales con proclamas fantásticas y a los que siguen defendiendo la historia criminal de ETA para beatificar políticamente a quienes no tienen otro mérito político que ser herederos de ella.

Proponemos una alternativa política decente que defienda la memoria de las víctimas del terrorismo e impida la tergiversación de la historia que algunos pretenden; una alternativa que defienda una Euskadi moderna y avanzada, que favorezca el crecimiento económico y la creación de empleo estable, digno y de calidad así como la igualdad de oportunidades y un futuro mejor para nuestros jóvenes, tanto en nuestra comunidad autónoma como en el resto de España. Estamos seguros de que un País Vasco plural y diverso, constituido por ciudadanos libres e iguales, colaborará activa y solidariamente en la resolución de los principales problemas del conjunto de España.

Queremos una opción moderna y constructiva, atractiva y atrayente, que apunte al futuro común y no al ombligo local, que ilusione a todos en la tarea compartida y que permita a cada cual vivir su propia identidad como considere más provechoso.

Promotor: Gorka Maneiro (portavoz de UPYD).Redacción: Gorka Maneiro y Fernando Savater (filósofo).Adhesiones iniciales: Javier Tajadura (profesor de Derecho Constitucional en la UPV), Carlos Fernández de Casadevante (catedrático de Derecho Constitucional Público y Relaciones Internacionales), Teo Uriarte, Olivia Bandrés, María San Gil, Josu de Miguel Bárcena (profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona), Rafael Lasaga (profesor de Derecho Constitucional en la UPV), Jesús Muñoz Baroja, Santiago González (periodista), Cayetana Álvarez de Toledo, Hermann Tertsch (escritor) y Luis del Pino (periodista).

FIRMAR
Manifiesto impulsado por Gorka Maneiro y Fernando Savater http://upyd2016.es/

Impulsado por UPyD
Manifiesto en defensa de una alternativa política constitucionalista, regeneradora y reformista para el País Vasco
www.latribunadelpaisvasco.com 31 Julio 2016

Gorka Maneiro, portavoz de UPYD, ha presentado en el País Vasco un Manifiesto Constitucionalista promovido por él mismo y redactado junto al filósofo Fernando Savater, al que ya se han adherido diferentes personalidades del mundo de la sociedad, la política y el periodismo.

Nombres como los de María San Gil, Cayetana Álvarez de Toledo, Hermann Tertsch o Luis del Pino son algunos de los nombres que conforman una lista de adhesiones a la que se irán sumando otras personalidades.

El Manifiesto recoge las ideas que UPYD espera poder seguir defendiendo en el Parlamento vasco.

MANIFIESTO ÍNTEGRO
http://manifiesto.upyd2016.es/firmar/

Cataluña, bajo la bota antisistema
Editorial La Razon 31 Julio 2016

No parece que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, vaya a tener más éxito que su antecesor en el cargo, Artur Mas, a la hora de lidiar con los representantes de la CUP. En efecto, la izquierda antisistema separatista catalana siempre consigue ir un paso por delante de sus supuestos «aliados» parlamentarios con una estrategia simple, pero demoledora, que se basa en el principio de que la dinámica de ruptura constitucional tiene autonomía propia. Y así, un partido que no llegó al 9 por ciento de los votos en las pasadas elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre de 2015 mantiene desde entonces a la Generalitat en un estado de secuestro institucional, totalmente insensible a las urgentes necesidades de los ciudadanos de Cataluña.

Hoy, siete meses después de su accidentada –y accidental– investidura, el jefe del Gobierno autónomo catalán vive en la provisionalidad, al albur de una moción de confianza parlamentaria que deberá resolverse en septiembre. En este sentido, si bien la experiencia en el trato con el movimiento anarquistoide que representa la CUP aconseja desconfianza y prudencia, el presidente Puigdemont parece aferrarse a la ilusoria hipótesis de que los «cupaires» no se atreverán a forzar la caída de su Gobierno y, en consecuencia, un nuevo adelanto electoral, como si la inestabilidad política no fuera el medio en el que medran los movimientos antisistema.

En el momento actual, y pese a que los convergentes se vieron obligados a entregar la cabeza de Artur Mas como prenda de un acuerdo de respaldo parlamentario con la CUP, el Ejecutivo catalán no ha conseguido aprobar los presupuestos –rechazados por la CUP bajo la fórmula sumaria de tacharlos de «autonomistas»– y todo indica que Puigdemont no conseguirá meter en el mismo paquete su moción de confianza y la aprobación de los presupuestos. Así lo ha hecho saber el diputado radical Benet Salellas al poner precio a sus diez escaños: su formación exige a cambio de otorgar su voto de confianza que el presidente de la Generalitat fije «una fecha y un instrumento» para alcanzar la independencia.

La fecha debe estar dentro del primer semestre de 2017 y el instrumento no es otro que el sempiterno referéndum separatista. La cuestión de si una Cataluña excesivamente endeudada va a poder contar con los presupuestos para hacer frente al deterioro financiero no entra dentro de la estrategia de la CUP. O mejor dicho, sólo tendrán en cuenta la cuestión presupuestaria si se vincula con el proceso independentista: «Hay que ver si son unos presupuestos al servicio del derecho de autodeterminación y de la ruptura o si son autonómicos», ha declarado paladinamente el diputado Salellas.

Si el presidente de la Generalitat y sus compañeros de coalición pensaban que los antisistema se iban a conformar con los últimos alardes anticonstitucionales del Parlamento de Cataluña –que, de momento, van a llevar a su presidenta, Carme Forcadell, ante la Justicia por un delito de desobediencia–, se equivocan. Ni ERC ni la refundada Convergència van a poder marcar los plazos y la calculada gradación del desafío secesionista mientras dependan de los diez escaños de la CUP para mantenerse en el poder. Y sólo hay dos opciones: librarse de la coacción mediante el regreso a la normalidad constitucional, la convivencia y el respeto a las leyes o dejarse arrastrar a un enfrentamiento directo y brutal contra las instituciones del Estado y los principios democráticos, en el que los ciudadanos de Cataluña serían los principales perjudicados.

Homenajean a los guardias civiles asesinados por ETA en Calviá
Los asistentes han mantenido un minuto de silencio en memoria de Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada, asesinados por la banda terrorista de ultraizquierda el 30 de julio de 2009.
Gaceta.es 31 Julio 2016

El lugar de Palmanova, en el municipio mallorquín de Calviá, donde la banda terrorista ETA asesinó con una bomba el 30 de julio de 2009 a los guardias civiles Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada ha acogido este sábado un acto de homenaje a los dos agentes.

En el acto han participado familiares de Salvá, varias decenas de personas, incluidos políticos y representantes institucionales, y agentes de la Guardia Civil y Policías Locales, según ha informado el Ayuntamiento de Calvià.

El alcalde del municipio donde se produjo hace siete años el último atentado de ETA en España, Alfonso Rodríguez ha dirigido a los congregados unas palabras de recuerdo a los dos guardias asesinados.

Posteriormente se ha mantenido un minuto de silencio en su memoria y se han depositado en el lugar donde hizo explosión el coche en que viajaban varias coronas de flores.

Manifestación proetarra en Vitoria
Un grupo de expresos etarras ha convocado este sábado una manifestación para el 5 de agosto, día grande de las fiestas de La Blanca en Vitoria, para denunciar la política de dispersión y apoyar a los reclusos de la banda de ultraizquierda. De esta forma, la capital alavesa se sumará a las movilizaciones que se celebran todos los años al inicio de las fiestas de Bilbao y San Sebastián en apoyo a los presos de la organización terrorista y en contra de la política penitenciaria.

La marcha arrancará a las 20.30 horas desde la Plaza de la Virgen Blanca, por lo que coincidirá con la concentración que a esa hora celebran todos los viernes del año los familiares de los presos de ETA.

En declaraciones a los periodistas, Saturnino López de Pariza, en representación de los convocantes, ha leído un texto en el que ha recordado que "los presos políticos vascos han dado pasos para facilitar la normalización y están dispuestos a seguir haciéndolo".
 


 


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