AGLI Recortes de Prensa   Sábado 6 Agosto  2016

La corrupción es lo que impide indultar a Rajoy
El merodeador El Espanol 6 Agosto 2016

Tras negociar el apoyo de Ciudadanos a los Presupuestos, Mariano Rajoy pretende ir a una política de hechos consumados, de manera que el "sí" a las cuentas acabe traduciéndose -presiones mediante- en un "sí" a su investidura. Rivera ha querido separar expresamente los pactos de Estado con su respaldo personal a Rajoy, sabedor de que no puede entregarse a quien representa todo aquello que él dice haber venido a cambiar, empezando por la pasividad ante la corrupción.

Antonio Hernando, portavoz de los socialistas en el Congreso, ha incidido este viernes en esa idea: "El PSOE no va indultar la corrupción de Rajoy con su voto o con su abstención". Es un mensaje que, más que al PP, va dirigido a Ciudadanos. Rivera quedaría estigmatizado si apoyara al líder del PP.

La posición del PSOE y de Ciudadanos demuestra que el manido "bloqueo" no es consecuencia del inmovilismo de ambas formaciones, sino de la incapacidad del PP para proponer a otro candidato que no lleve a sus espaldas la pesada mochila de la corrupción. Porque la realidad es que, aunque no quisieran, Sánchez y Rivera están condenados a decirle "no" a Rajoy.

Ni soluciones mágicas, ni estado entorpecedor
Daniel Lacalle El Espanol 6 Agosto 2016

“They said there´d be snow in Christmas, they said there´d be peace on Earth but outside it just kept on raining” Greg Lake

La fe de los mercados y los analistas en las soluciones mágicas es francamente inquebrantable. Ante la evidencia de la falta de resultados, el grito casi unánime es “repetir”.
Las secesiones expansivas no existen en economías abiertas

Esta semana el Banco de Inglaterra llevaba a cabo la mayor bajada de estimaciones de crecimiento del país desde la creación del MPC (Monetary Policy Committee) del banco central. El impacto del Brexit, que aquí ya comentamos que sería superior a lo que los más pesimistas anunciaban restaría a las expectativas de crecimiento de 2017 casi 1,5 puntos del PIB y 0,5% de 2018.

La respuesta ante tal riesgo ha sido original, imaginativa y no se le habría ocurrido a nadie (ironía): Bajar tipos y aumentar liquidez. Solo tiene un problema, no funcionará. Porque bajar tipos da 0,5% a 0,25% es irrelevante. El problema de Reino Unido no es de tipos bajos, sino de impacto estructural del Brexit. Los tipos más bajos no van a hacer que la gente se lance a pedir prestado, sobre todo cuando la diferencia es imperceptible. Lo que no se invertía con tipos base a 0,5% no se va a gastar a 0,25%.Lo mismo ocurre con el programa de recompras.

El QE (Quantitative Easing) británico mantenía su credibilidad entre otras cosas porque el balance del Banco de Inglaterra se ha mantenido contenido -vía esterilización- desde 2013. Ahora se pretende aumentar el balance agresivamente. Pero pasar de 375.000 millones de libras de programa a 435.000 va a tener el mismo efecto que tuvo el aumento del QE europeo de 60 a 80.000 millones de euros mensuales. Ninguno. Lo explicamos aquí (“el helicóptero monetario también fallará”).

¿Por qué no funciona ahora bajar tipos y aumentar la liquidez? Por la misma razón que alimentar fortalece hasta que pasa a ser cebar, y entonces, solo engorda.No se sale de la trampa de liquidez y saturación de deuda con más liquidez y tipos más bajos. Se perpetúa la burbuja.

Lo que nos demuestra, de nuevo, el Brexit, es que las consecuencias económicas de las separaciones abruptas son mucho mayores a lo temido, y que las políticas monetarias no solucionan problemas estructurales (el DIY Recession que comentaba Osborne). Las secesiones expansivas no se dan en economías abiertas y endeudadas, y el ejemplo es evidente, en una economía con larga tradición de credibilidad monetaria y fiscal. A ver si toman nota los que creen en la arcadia feliz del unicornio secesor.

Ante la evidencia del fracaso de los estímulos monetarios que mostrábamos en Japón -que empiezan justificándose porque darán crecimiento espectacular y terminan defendiéndose porque “habría sido peor”- las voces intervencionistas se lanzan a exigir planes industriales y estímulos fiscales, Total, en nueve años por cada dólar de PIB creado se ha aumentado la deuda en 3,7 dólares. Más madera.

El mito del estado emprendedor
Esta semana se publicaba el informe del Instituto Juan de Mariana que desmonta la tesis del “Estado Emprendedor” de Mariana Mazzucato, quien otorga al Estado la en la innovación y el emprendimiento y aboga, en consecuencia, por una planificación estatal. Partamos de la base de que la colaboración público-privada es positiva ya que ambas se benefician de las ventajas de la otra.

No se trata de demonizar lo público, pero la tesis de Mazzucato de tildar casi de sanguijuelas a las empresas, que se “aprovechan” (sic) del Estado es, cuando menos, peligroso. Si los planes industriales y la planificación central fueran los únicos creadores de innovación y progreso, la URSS y la RDA habrían acabado con EEUU y la RFA. Afortunadamente, la historia nos muestra que la planificación estatal no es la panacea.

El Estado puede apoyar, pero sin una iniciativa privada potente no se maximizan los beneficios para la sociedad de dicha innovación. El primer error de las tesis de Mazzucato parte de confundir financiación con titularidad y propiedad de la idea. Que el Estado provea de fondos -vía ayudas o subvenciones- parcial o totalmente a un proyecto empresarial innovador no le hace propietario ni creador del mismo.

Por esa regla de tres, los más innovadores del mundo son los bancos, que financian a todos, sector público y privado. Que una agencia estatal ayudara al creador de Siri, por ejemplo, no la hace propietaria (como demuestra el hecho de que el multimillonario es él, y la agencia financiadora nunca ha exigido porcentaje mayoritario de la empresa).

Pero el segundo error, y más grave, es otorgar al Estado la titularidad única de los grandes inventos innovadores de nuestro tiempo. Un automóvil BMW puede tener partes creadas por otros, pero el valor añadido de ese coche y su contribución al progreso no se le otorga a los que inventaron la rueda o el tornillo. Lo mismo ocurre con la simplificación interesada con respecto a Apple u otras empresas.

Mazzucato afirma, por ejemplo, que, en 1978, Apple logró financiación de la Continental Illinois Venture Company (CIVC) que, según Mazzucato, era parte de Continental Illinois Bank, que a su vez había recibido préstamos garantizados del gobierno de EEUU. ¿Conclusión? Que Apple no habría existido sin el Estado. Toma ya. Vamos, como si yo dijese que el Estado no existe porque los bancos lo financian. No solo no era CIVC estatal, sino un fondo de capital riesgo privado, sino que incluso si aceptamos la teoría delirante del “Estado Emprendedor”, su aportación al desarrollo de Apple pre-OPV es menos del 5%.

En realidad, el libro siempre acude a esas simplificaciones. Oiga, si usted recibió un préstamo (ya ni siquiera una subvención, ¡un crédito!) de un ente estatal, todo su desarrollo empresarial es invalidado e irrelevante. Apártate, Jobs, que viene el Comité del Pueblo. Si usted creó un producto para la marina y luego montó una empresa, es la marina la creadora. Y así…

Ningún comité político es capaz de crear Apple, Google o Amazon porque elimina el incentivo de progreso económico. Y las decisiones erróneas de inversión no se penalizan, por eso Mazzucato quiere, no es sorpresa, una banca pública que lo financie. Para que los destrozos los pague usted (lean y los mitos de la banca pública).

Si las grandes corporaciones tecnológicas debieran toda su existencia a la intervención del Estado, los países más innovadores del mundo serían los más intervenidos. Sin embargo, los más innovadores son, y no por casualidad, también los líderes en apertura y libertad económica. La propia Mazzucato debería explicar el caso de Italia, paraíso de “planes industriales”, donde las grandes corporaciones energéticas y de telecomunicaciones tienen control estatal y de las municipalidades, y no destacan ni por innovación, ni eficiencia, ni rentabilidad ni tecnología.

Si el gasto militar estatal es el motor creador de las grandes corporaciones innovadoras tecnológicas, ¿dónde están los Apple y Google rusos? No es una casualidad que en países donde el Estado se convierte en el controlador de toda la cadena innovadora, lo que se terminan creando son elefantes blancos y menos prosperidad. No es una casualidad que sociedades con un sector privado potente y dinámico creen más patentes y más innovación que estructuras rentistas paraestatales.

Cuando se elimina de la innovación los objetivos económicos se convierte en una fuente de elefantes blancos, ineficiencia y gasto inútil (piensen en esas “aceleradoras” estatales como Invercaria que no han financiado casi ningún proyecto rentable). Es en los países líderes donde saben que sin empresas con objetivos económicos claros esos proyectos de innovación se convierten en agujeros negros. Es la diferencia entre la adicción a la subvención comparada con la aportación al progreso con rentabilidad real para todos.

Estados Unidos registra cerca de 190.000 patentes nuevas cada año, Japón casi 180.000, Reino Unido unas 160.000, Alemania alrededor de 88.000, Francia menos de 30.000, Italia unas 20.000. Más del 80% de las mismas son privadas. Lo explico en Acabemos con el Paro (Deusto) hablando de I+D. En Corea del Sur el gasto público sobre PIB es del 20,92%. Menos de la mitad, respecto al PIB, que el español. En Corea del Sur el gasto en I+D es de los más altos del mundo, con un 3% del PIB, pero el 50% se dedica a tecnología. La mayoría de dicho gasto es privado. Las veinte primeras empresas del país suponen el 52% del mismo. Corea es el cuarto país del mundo en número de patentes registradas.

Israel es un ejemplo de verdadera creación de valor y rentabilización de la inversión y colaboración público-privada. Y aun así menos del 40% del gasto en I+D es público. El país cuenta con más de 4.000 compañías de tecnología, de las cuales 500 generan ingresos anuales de más de 20.000 millones de dólares… con menos de nueve millones de habitantes. La clave… Sector privado y sacarlas a bolsa cuando empiezan. En Israel saben que el Estado puede apoyar, pero cuando el proyecto pasa de una idea a una empresa, hay que tener gestores eficientes y empresas con aliciente económico.

En Israel se apoya la investigación y el desarrollo no para aparecer en los rankings, sino para crear empresas, empleo y prosperidad. Orientada al mundo real.Un total de 80 de las 500 compañías más grandes del mundo tienen subsidiarias dedicadas principalmente al I+D en el país, situando a Tel Aviv, tras Silicon Valley, como la principal área del mundo en inversión tecnológica e innovación, según The Startup Genome. El 90% de la inversión es para aplicación empresarial real basada en analizar necesidades de consumidores.

Mientras, en la Unión Europea se pierden 32.000 millones de euros anuales en investigaciones redundantes y, cuando se habla de Investigación y Desarrollo, en Europa más del 70% se dedica al estudio del cambio climático (según Clarke, Modet and Co). No sorprende la bajísima rentabilización social y económica del esfuerzo inversor. Tomemos lo positivo de los modelos que funcionan. La colaboración público-privada es positiva, y el desarrollo que democratiza la tecnología y extiende el bienestar se da en un entorno de libre mercado, no de planificación política.

Entre tanta polvareda…
Amando de Miguel Libertad Digital 6 Agosto 2016

A los súbditos nos da igual lo que resulte. Todo va a seguir confuso y arbitrario.

“Entre tanta polvareda/ perdimos a don Beltrán”. Fue en el paso de Roncesvalles y el romance nos recuerda los males de la guerra desorganizada. Hay una versión más filosófica del obispo irlandés George Berkeley, en el siglo XVIII: “Primero levantamos una polvareda y luego nos quejamos de que no se ve nada”.

La polvareda actual, para la vida pública española, es la enorme confusión que ha dejado un año preelectoral, electoral y postelectoral. Los líderes (es un decir) de los principales partidos y partidas nos han divertido primero, pero han terminado por hastiarnos. En el equivalente de la vida privada, su llamativa incompetencia habría supuesto algunos años de cárcel para cada uno. Pero en la vida pública todo se perdona.

Lo fundamental para los políticos es aparecer continuamente abriendo los telediarios, digitales y equivalentes. En estos días algunos se permiten la desfachatez de irse de vacaciones. Han entrado en el selecto club que significa ser noticia cuando se van de vacaciones o cuando vienen de ellas. Se comprende el cansancio que supone hacer declaraciones todos los días a troche y moche cuando se tienen pocas cosas que decir.

A todo esto, los graves problemas que atosigan a los súbditos se quedan sin plantear y, por tanto, sin resolver. La polvareda se ha montado con el inmenso trabajo de Sísifo que significa formar un Gobierno estable. A los súbditos nos da igual lo que resulte. Todo va a seguir confuso y arbitrario.

La confusión procede del escaso acumen que traen de su casa muchos destacados políticos nacionales. Se añade la regla de oro de la oratoria actual: emitir muchas palabras con el menor número de ideas. De esa forma no hay muchas posibilidades de equivocarse. Es igual, digan lo que digan, siempre merecerán salir en las noticias. ¿Que los contribuyentes se aburren? Mejor que mejor. Siempre les quedará el fútbol, el saludable opio del pueblo.

Por si fuera poco lo que hemos visto, se puede anticipar un Gobierno efímero, que tampoco va a resolver nada. Al menos se puede asegurar una tendencia firme: el gasto público va a aumentar inexorablemente. Como al mismo tiempo es obligado reducir el déficit público (por mor de la Unión Europea), la conclusión es que aumentarán los impuestos. En cambio, el Gobierno no va a eliminar las munificentes subvenciones que durante los últimos años se han concedido a los grupos de presión mejor situados. Naturalmente, no se llaman así; se presentan como sindicatos, asociaciones empresariales, fundaciones, etc. El Gobierno es el gran dispensador de mercedes.

¿Por qué se ha dilatado tanto el proceso de formar Gobierno? Porque a nuestros políticos bien situados en el machito solo les interesa mandar, es decir, repartir favores y privilegios entre los correligionarios y conmilitones. Como es lógico, los puestos de mando son escasos, por mucho que se hayan multiplicado en los últimos tiempos. Por eso los candidatos a ocuparlos se desprecian y se odian. Lo primero que han perdido en la refriega es la elegancia. Se trata de una rara virtud política que muy pocos mantienen.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Donald Trump o el fracaso de la política
Javier Benegas www.vozpopuli.com 6 Agosto 2016

La aparición de Donald Trump, y de otros políticos populistas, podría ser indicador de una enfermedad más profunda, serios avisos de que la política hace tiempo que no funciona.

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 se acercan. Y los nervios están a flor de piel por culpa de un candidato: Donald Trump, un tipo estrafalario que podría llegar a ser elegido presidente y del que Caren Bass, representante demócrata por California, ha llegado a decir que debería someterse a una evaluación psiquiátrica. Hasta Michael Moore parece haber entrado en fase de pánico.

Sobre el drama electoral norteamericano, Roger Senserrich firmaba aquí una pieza titulada Hillary Clinton: elogio del aburrimiento. No acometía frontalmente contra Trump, tal y como ha hecho, entre otros, Xavier Vidal-Folch, sino que desmitificaba de forma convincente su idea de la política, afirmando que “el cambio social en democracia es algo casi siempre monótono, discreto, repetitivo y miserablemente falto de épica”; que cualquier sociedad moderna es extraordinariamente compleja; y los gobiernos que la hacen posible, instituciones enormemente complicadas. Senserrich trataba así de primar a Hillary Clinton, con su benigna política del aburrimiento, sobre Donald Trump y su aparatosa visión de la política como algo “excitante, audaz, una película de espías llena de momentos dramáticos”.

Un buen intento por desactivar racionalmente a Trump. Sin embargo, el populismo que encarna Trump no es la enfermedad sino el síntoma. Una evidencia a la que casi todos los politólogos parecen hacer oídos sordos. La aparición de Donald Trump y de otros políticos de un perfil semejante podrían ser indicadores de una enfermedad más profunda, serios avisos de que la “política del aburrimiento” hace tiempo que no funciona.

¿Debe ser la política tan tediosa y farragosa?
Es verdad que la política es en gran medida compleja y aburrida. Pero esta idea se podría trasladar a otras muchas actividades que, a primera vista, pueden parecer apasionantes, incluso a hitos históricos que los cronistas, en su empeño por engrandecerlos, trasladan al conocimiento general como epopeyas, relatos heroicos llenos de momentos electrizantes. Difícil imaginar a quien no sea académico o estudioso, imbuyéndose de cualquier suceso histórico si es descrito de manera hiperrealista, prosaica, pormenorizada y sin ninguna concesión literaria. Hasta el acontecimiento en apariencia más apasionante daría lugar a un relato soporífero, rebosante de datos, digresiones, tiempos muertos y momentos que a primera vista no conducen a ninguna parte.

Desde esta perspectiva, Stefan Zweig jamás habría escrito su Momentos estelares de la humanidad, porque ninguna de las proezas que ahí relata habría superado el impávido filtro del realismo. Porque la realidad es extraordinariamente prosaica el 99,9% del tiempo, también en lo que concierne a los hitos más apasionantes. Si las peripecias vividas por Cyrus West Field para realizar el primer tendido de cable telegráfico a través del océano Atlántico hubieran sido contadas tal cual, la búsqueda de financiación, las mil y una puertas a las que hubo de llamar, las dudas, las esperas, los contratiempos, el abatimiento, los tiempos muertos, el fracaso y la vuelta al principio, su historia no parecería épica sino terriblemente aburrida y descorazonadora, de hecho, podría resultar patética en vez de apasionante.

En la vida real, crear una gran empresa, desarrollar un sofisticado producto, inventar un medicamento milagroso, proyectar una colosal obra de ingeniería, descubrir genes fundamentales en la lucha contra alguna enfermedad, aunque puedan derivar en un gran logo, incluso, en una revolución que transforme el mundo, son la mayor parte del tiempo actividades aburridas que llevan implícitas miles de acciones menores y repetitivas, interminables reuniones nada emocionantes y la implementación de procesos soporíferos, exactamente igual que gobernar una nación o influir en la política desde el activismo. Sin embargo, no carecen de épica.

Cuando la política lleva tiempo cabreando a las personas pero nadie se da por enterado
Ahora bien, entender la política como un complicadísimo tedio sólo al alcance de esforzados especialistas o, peor aún, decidir que la evolución social es una tarea reservada a esos especialistas, es lo que produce a largo plazo efectos no deseados, tal cual es la frustración de la gente que, al final, le importa una higa lo complejo que sea el marco institucional de su gobierno o las legiones de especialistas y funcionarios que deban ponerse de acuerdo en la implementación de cualquier medida. Por más que la práctica sea en esencia aburrida, compleja y, en apariencia, sólo al alcance de expertos, el particular se revolverá si los políticos y sus políticas se convierten en un grave problema y, para remate, se inmiscuyen en sus decisiones cotidianas más particulares.

En efecto, cuando la política deja de lado las grandes cuestiones y se convierte en esa actividad prosaica e irritante, donde hasta la forma en la que nos desplazamos para ir al trabajo (si usamos automóvil particular, transporte público, bicicleta o un patinete), lo que comemos o bebemos, si tenemos hijos o no y, de tenerlos, cómo los educamos, nuestras preferencias sexuales, creencias religiosas, filias y fobias, convicciones más íntimas, cuánto de lo que ganamos o poseemos debe ir a parar al Estado, incluso cómo y qué debemos pensar, cómo y qué debemos expresar… cuando todas estas cosas, decía, se convierten en cuestiones a dirimir por especialistas y activistas en beneficio, se supone, de un bien mayor, tarde o temprano se desencadena una reacción social, un cabreo sordo y creciente del que sacan tajada los populistas. En este sentido, el magnífico discurso pronunciado por Michelle Obama en favor de Hillary Clinton, contenía, sin embargo, esta frase terrible que pasó desapercibida: “Estas elecciones tratan sobre quién tendrá el poder de formar a nuestros hijos los próximos cuatro, ocho años de sus vidas”. Sin comentarios.

La inflación de la política
Diríase que padecemos una inflación de acciones políticas, políticos, tecnócratas, especialistas y activistas. Que por cada medicamento que se patenta, por cada producto sofisticado que se desarrolla y llega al mercado o por cada gran obra de ingeniería, surgen decenas de causas sociales; toda una industria de la ingeniería social que cada vez demanda más y más recursos, más y más mano de obra, en detrimento del desarrollo equilibrado y espontáneo de las personas. Tal vez la política entendida como actividad compleja, aburrida, socialmente intrusiva y propia de especialistas se nos ha ido de las manos.

La realidad es tediosa, cierto. Pero detrás de ella, sobre ella o en alguna parte de ella, debe haber una idea, una visión y una misión que de verdad sirva a todos, y no a según qué grupos sociales, y no a según qué convicciones. Cuando el buen narrador nos relata un momento estelar de la humanidad, lo que hace es desenterrar es gran logro transversal de debajo de toneladas de prosaica realidad, para que sus claves no se pierdan entre tanto despropósito.

Cualquier persona sensata intuye que el horizonte de la sociedad se pierde más allá de lo conocido y de lo que creemos cuantificable. Y que el drama se desencadenará si anulamos el pensamiento lateral y el especialista político acapara todos los procesos de la vida. Cyrus W. Field no era ingeniero, no sabía nada de electricidad, de hecho, jamás vio cable alguno. Pero, como relataba Zweig, llevaba la audacia en su sangre. Allí donde el técnico sólo vio la meta inmediata, es decir, comunicar Nueva York con Terranova, él vislumbró algo más. Sin embargo, era un hombre sensato. Y es que el verdadero sueño, escribía Nietzsche, es la capacidad de soñar sabiendo que se sueña.

No, en mi opinión la política no tiene que ser aburrida. Es más, que sea aburrida, extraordinariamente compleja y, sin embargo, insoportablemente intrusiva es lo que probablemente, en parte, está alentando el populismo.

El trágala inmigratorio
Jesús Laínz Libertad Digital 6 Agosto 2016

Parece que en algunos países, por varios motivos, entre los que destaca la creciente ruptura de la paz social, se está alcanzando una presión considerable.

Continuemos con el duelo entre Powell y Heath, primer debate habido en el país europeo pionero en inmigración afroasiática. Porque, recién comenzada en los años sesenta la llegada a la metrópoli de ciudadanos de las antiguas colonias, Powell advirtió en su discurso del 20 de abril de 1968 que, de continuar, la naturaleza de su país cambiaría para siempre, lo que provocó su contundente desautoración por parte del jefe del Partido Conservador, Edward Heath.

Pero no había pasado ni un año cuando, en enero de 1969, Heath tuvo que recular. Pues la opinión pública británica se manifestaba mucho más de acuerdo con los temores de Powell que con la corrección política que ya entonces comenzaba a limitar la libre discusión.

Heath declaró que, antes de dar su beneplácito a la entrada de inmigrantes, el gobierno debía asegurarse de quién era cada uno de ellos, para qué quería entrar en el país, durante cuánto tiempo, dónde pretendía fijar su residencia y por qué. Y formuló las siguientes cuatro reglas en materia de inmigración:

Los inmigrantes no tendrán derecho, una vez admitidos en Gran Bretaña, a quedarse en el país de modo permanente y se les dará permiso para un trabajo específico durante un tiempo y en un lugar determinados.

Ningún inmigrante tendrá acceso al permiso ilimitado de residencia. Este permiso será renovado cada año y su permiso de trabajo le será renovado cada vez que cambie de empleo.
Los inmigrantes no tendrán derecho a traer consigo a sus familiares, aunque sean muy próximos.

La decisión acerca del derecho del inmigrante a entrar en el país deberá ser adoptada por las autoridades británicas en el país de origen, donde pueden tenerse noticias sobre diversos aspectos individuales, y no una vez que el inmigrante haya llegado a territorio británico.

La prensa británica en bloque aplaudió las propuestas de Heath, pues la opinión mayoritaria de los ciudadanos era que el país, con un millón escaso de inmigrantes ya instalados en él, no podía absorber más. Sin embargo, no se aplicó ninguna de las reglas propuestas por Heath y hoy los ciudadanos británicos de origen afroasiático pasan de los once millones en un país de sesenta y cuatro.

¿Cómo ha sido posible que unos británicos que hace menos de medio siglo consideraron un millón de inmigrantes como el límite de lo asumible hayan aceptado sin aparentes molestias una cantidad diez veces superior, que ha transformado Londres, como suele decirse jocosamente, en la ciudad más populosa de Pakistán? Evidentemente, mediante el acostumbramiento paulatino de una población dócil y el silenciamiento de las voces discordantes. Así ha sucedido no sólo en Gran Bretaña, sino en toda Europa. Sin embargo, parece que en algunos países, por varios motivos, entre los que destaca la creciente ruptura de la paz social, se está alcanzando una presión considerable.

Por el ciberespacio circula la grabación de una convención musulmana celebrada en Noruega en 2013. Los dirigentes declaran, y los cientos de asistentes confirman con unanimidad, que no es cierto lo que los medios de comunicación occidentales afirman sobre los musulmanes, en concreto la atribución solamente a minorías radicales de opiniones favorables a la segregación de los sexos o la lapidación de los adúlteros. Por el contrario, en dicha grabación se explica con claridad que, por haber sido establecidos por Alá a través de su Profeta, dichos castigos son aprobados por todos los musulmanes, sin necesidad de ser ni radicales ni terroristas, y defendidos como los mejores que se pueden aplicar al género humano en todo el mundo. Y, para concluir, se pregunta el principal orador: “¿Qué van a decir ahora los políticos y los medios de comunicación? ¿Que hay que deportarnos a todos?”.

En los próximos años veremos cuál de estas dos tendencias se asienta: la de un alcalde de Londres musulmán paquistaní como imagen de un islam tranquilamente integrado en la sociedad occidental o la de unas comunidades islámicas crecientes y mayoritariamente partidarias de extender los preceptos coránicos a las legislaciones de sus países de acogida, lo que no podría provocar otra reacción que el paulatino ascenso por toda Europa de opciones políticas contrarias a la inmigración extraeuropea.

Inmigración extraeuropea que el representante de la ONU para la inmigración, Peter Sutherland, desea que aumente, para lo que ha pedido a la UE que abra sus puertas no sólo a los solicitantes de asilo, sino a todo inmigrante que lo solicite. Pero lo más importante es que este alto mandatario de la ONU sostiene que estas medidas deben tomarse incluso a pesar de la oposición de los ciudadanos europeos, así como que la UE “tiene que socavar la homogeneidad de sus Estados miembros”. Lo mismo ha declarado repetidamente una Hillary Clinton partidaria de la desaparición de las identidades culturales, religiosas y nacionales.

Sirvan estas líneas, mientras la presión sigue aumentando, como pequeña aportación a un debate hoy por hoy improbable.

www.jesuslainz.es

Inmigración: 10 principios de sentido común
Francia estará muerta en diez años
Guillaume Faye. Periodista y escritor francés latribunadelpaisvasco 6 Agosto 2016

El debate sobre el Islam, el laicismo, la integración, la asimilación, el “comunitarismo”, la “desradicalización” antiislamista, etc, está desconectado de lo real y del sentido común, intelectualizado, por lo tanto fuera de la realidad y por lo tanto es inútil. Es una ensalada de postulados ideológicos y de deseos piadosos. Pero el corazón del problema es práctico, material, cuantitativo demográficamente y, además, étnico. Diez principios que deberían ser evidentes sobre esta cuestión.

1- No combatir solo los efectos de la inmigración sino, sobre todo, sus causas
Querer prohibir los velos en los lugares públicos, controlar el financiamiento y la altura de los minaretes de las mezquitas, rechazar en escuelas, hospitales – y en todo lugar- las practicas islamicas conquistadoras, etc. - y todo esto mediante leyes y reglamentos-, todo esto es necesario. Pero hemos perdido desde el principio si no comprendemos que todo esto también es insuficiente. Fracasarán si no tratan la fuente del problema. Y esta es a la vez puramente cuantitativa y demográfica, pero también étnica: la inmigración extraeuropea de mayoría musulmana en progresión exponencial y la fecundidad netamente superior de los inmigrantes. Esta es la doble causa que hay que tomar en consideración.

2 - Pensar a largo plazo antes que a corto plazo
Matemáticamente, si no se hace nada para bloquear el flujo de la inmigración, si ninguna “remigración” (retorno a su país) es puesta en marcha, para la segunda mitad del siglo XXI, Francia no será un país étnicamente “europeo” y el Islam será netamente mayoritario. Francia será un país afro-árabe musulmán (igual que muchos de sus vecinos) enfocado a violencias etno-religiosas incesantes y a la pauperización, con un éxodo masivo de los últimos europeos de origen. Guerra civil étnica endémica probable. Es la ley de hierro de la demografía (inmigración y natalidad). En este caso, simplemente Francia desaparecerá, incluso puede ser que su propio nombre.

Pero esta perspectiva de medio y largo plazo es ignorada totalmente por las oligarquías (los dirigentes actuales estarán muertos o serán nonagenarios cuando el hundimiento final se produzca) que piensan y actúan solo a corto plazo. Es el reflejo de una sociedad de lo inmediato, que no se proyecta en el futuro, que olvida su pasado, que toma Prozac o fuma porros para no pensar en el presente.

3 - Comprender que las fuerzas que desean la destrucción étnica de Europa están trabajando para ello
Estas fuerzas se infiltran en el Estado francés y los otros, en la tecnocracia europea, en las oligarquías mediáticas, partitocráticas (incluido el FN) y sindicales. Ellas imponen la ideología inmigracionista y colaboran con la islamización.

Fundamentalmente antidemocráticos (“anti-populistas”, como dicen en su jerga), animados por un sentimiento nihilista de odio hacia la cultura, la historia y el enraizamiento de las naciones europeas, aliados objetivos del Islam invasivo, estas fuerzas empujan a las autoridades políticas de derecha o de izquierda a un etnocidio de los europeos. Todo está hecho para dejar entrar la marea migratoria y para destruir la raíces culturales de las identidades europeas, especialmente en la enseñanza pública y los medios de comunicación.

4 - El etnopluralismo es como el motor de agua, nunca funcionó en ninguna parte y nunca funcionará
Es una idea a enterrar en el cementerio de las utopías, como el comunismo. Existe una incompatibilidad de vida en común (cohabitación territorial) en una misma unidad política entre las poblaciones étnicamente diferentes: sobre todo, si algunas son arabo-musulmanas o africanas. Las excepciones no son más que burbujas artificiales compuestas de élites.

Incluso si esto evidencia la imposibilidad del etnopluralismo (revelado ya por Aristóteles) es un tabú, una prohibición ideológica, y ella es precisamente evidente para los que viven en una zona étnicamente mixta. Esto no es sentido por las elites inmigracionistas y antiracistas simplemente porque esta gente, al contrario que los “pequeños blancos”, no viven ni están jamás en contacto con sus queridos inmigrantes arabo-musulmanes o africanos, que no son para ellos más que abstracciones. Es por lo que difunden para los otros -no para ellos- el concepto de “vivir-juntos”

5 - ¿Combatir el “comunitarismo”? Demasiado tarde
El combate contra el “comunitarismo” (esa palabra trampa que sirve para enmascarar el término de “colonización étnica”) no sirve de nada, tampoco el combate contra la islamización y contra la radicalización. Es demasiado tarde. Fue todavía posible a principios de los años ochenta del pasado siglo integrar y asimilar en la “Republica” y la cultura franco-europea a inmigrantes extra-europeos. Pero es rigurosamente imposible desde que ellos suponen porcentajes considerables, mayoritarios en ciertas zonas urbanas. Es inútil intentar mejorar las cosas, hay que darle la vuelta a la cuestión. Es decir, bloquear los flujos migratorios e invertirlos.

6 - No hay que ensañarse en el deseo de que ellos son “nuestros compatriotas” ya que no lo quieren
Es rigurosamente imposible hacer una nación unida con una proporción creciente de poblaciones arabo-musulmanas y africanas, incluso francófonas. La candidez de los inmigracionistas y asimilacionistas, desde el FN al PS, de querer que esos millones de inmigrantes o hijos de inmigrantes sean “nuestros compatriotas” es equivalente al rechazo hostil de un número cada vez más grande de entre ellos -sobre todo entre los jóvenes- de considerarse como franceses -o belgas, alemanes, etc.- incluso si tienen la nacionalidad. Ellos no quieren integrarse o asimilarse. Cada vez más jóvenes de origen árabe-musulmán, africano o turco, por toda Europa, incluso con nacionalidades europeas legales, se consideran como ciudadanos de sus países de origen mientras Europa es detestada como una tierra de conquista. Ellos son un reflejo racista. Ese es su problema.

7 - Querer crear un “Islam de Francia” es una ridícula utopía.
El Islam no es solo incompatible con la “República”, es incompatible con todo lo que no es él mismo, religión o cultura. Es un enraizamiento psíquico profundo, étnico. De Gaulle lo había visto, de ahí su rechazo a la Argelia francesa como apéndice de Francia. La idea de un “Islam de las Luces” moderado y reformado es un callejón sin salida. Los musulmanes franco-compatibles o republicano-compatibles son minorías utopistas, o son embaucadores faltos de sinceridad. El Islam es intrínsecamente hostil a todo lo que representa la civilización europea. Las únicas ideologías que han flirteado con el islam son totalitarias: antes el nazismo y hoy día el marxismo, con el “islamo-izquierdismo”. Y no es por azar.

8 - Contra el terrorismo islámico: desislamizar Francia
No es solo el espionaje y el intento de desmantelar las redes islamistas lo que evitará los atentados, ni programando en prisión (escuelas del crimen) ridículas e inoperantes (a la vez contra productivas) operaciones de “desradicalización”. Es, sobre todo, prohibiendo la entrada en el territorio (inmigración cero) de todo nuevo inmigrante musulmán y revertiendo los flujos migratorios a través de deportaciones masivas. Está mal decirlo, pero el riesgo de atentados terroristas en un país occidental es proporcional a la importancia numérica de su población musulmana.

9 - Admitir que la influencia musulmana y arabo-africana alcanza la totalidad del territorio nacional
La causa de todos los problemas es demográfica y matemática. Constatación de Patricio Riberiro, secretario general del sindicato de policía Synergie-Officiers: “Ningún lugar es inmune, el fenómeno de la comunitarización y la insularidad de un montón de barrios se observa por todas partes con la infiltración y la invasión del tejido escolar, asociativo y deportivo, es un mar de fondo”. Menciona que “la negación de la realidad de un cierto número de cargos electos” revela, en realidad, “la aquiescencia y la connivencia intelectual”. Piensa que “este angelismo o clientelismo cínico nos conduce a la catástrofe”. Nada que añadir. El problema es estrictamente demográfico, nada ms. Por razones de corrección ideológica y semántica hablamos de “comunitarismo”, espantoso neologismo, mientras que se trata sencillamente de una invasión exterior (inmigración) e interior (natalidad).

De otra parte, el escritor argelino Boualem Sansal señala: “El orden islámico intenta instalarse en Francia, es un hecho patente, en muchos lugares ya est instalado” ´(“FigaroVox”. Entrevista 17/6/2016)

10 - Integración y asimilación: mision imposible
La integración (es decir, la adopción parcial de las costumbres del país de acogida, como el idioma, pero conservando una parte de sus usos y costumbres de origen) es posible si los inmigrantes no sobrepasan más del 5% de la población de acogida. Para la asimilación (la adopción total de la cultura de acogida y el abandono de la propia) el porcentaje es todavía más bajo. Para decepción de todos los discursos (del FN, de la derecha y del centro), ni la integración ni la asimilación son posibles por una razón matemática: la proporción de inmigrantes es demasiado fuerte. Las masas de niños africanos o árabes de origen no podrán jams, salvo excepciones evidentemente, ser asimilados o realmente “afrancesados” por la escuela. La Francia universal, supracultural, supraétnica es una imposibilidad, el fruto de una utopía intelectual abstracta construida en tiempos cuando la inmigración masiva no existía.

Conclusión: resolver el problema global supondra un enorme choque
Los problemas de comunitarismo creciente, de “guetización”, de fricciones y enfrentamientos incesantes con las costumbres musulmanas en expansión que degradan la vida cotidiana de los autóctonos europeos, de criminalidad multiforme en alza constante, de hundimiento del nivel de una escuela pública multiétnica, de terrorismo, evidentemente, estas ecuaciones jamás serán resueltas por medidas políticas interiores de diseño, pues son demasiado duras.

El referéndum británico a favor del “brexit” ha sido en realidad un voto protesta -algo desesperado- de las clases populares inglesas contra la inmigración. Pero una Gran Bretaña separada de la UE -si el referéndum es respetado- ¿limitará la inmigración? No es seguro.

La solución general vendrá primero de un restablecimiento de las fronteras nacionales y de una interrupción total de toda inmigración extraeuropea, incluso legal, de trabajo y de reagrupamiento familiar; segundo, una política resolutiva de expulsión de todos los clandestinos e inmigrantes en situación irregular y de “remigración” para aquellos que están en situación regular. En cuanto a aquellos que son “franceses de papel” (o de cualquier otra nacionalidad europea) debido al derecho de suelo -que deberá ser imperativamente suprimido- su situación será la más difícil de resolver, pero deberá hacerse.

Cierto, estas soluciones suponen un inmenso coraje. Provocarán choques, dramas y conflictos que habrá que afrontar. Pero continuar sin hacer nada desembocará en una situación todavía peor. La ecuación es simple: a partir del momento donde una inmigración-desague es autorizada (alentada) por el Estado desde hace 40 años, con una tasa de reproducción de dos a tres veces superior de las poblaciones inmigrantes, con un 90% de ellos musulmanes, y una huida de las elites jóvenes, Francia estará muerta en veinte años.

(*) Artículo publicado inicialmente en el Blog Eje Futuro

La nueva geoestrategia
La próxima guerra ha comenzado ya (I)
La próxima guerra, cuyos contornos se han dibujado ya, opone a las estructuras transnacionales de poder, lideradas por los Estados Unidos, contra aquellos espacios que se resisten a subordinarse al imperativo del mundo global. Ya no hablamos de naciones; estamos en el conflicto post-nacional. En cierto modo, es la batalla final del mundo moderno.
José Javier Esparza Gaceta.es 6 Agosto 2016

La Cumbre de la OTAN en Varsovia ha terminado como empezó: con la consigna de que el enemigo de Occidente por antonomasia no es el Estado Islámico, ni el yihadismo en general, ni las potencias que, por lo público o por lo privado, propagan el islamismo desde países musulmanes, sino Rusia. En otros términos: el enemigo de Occidente no es la fuerza que efectivamente, en el terreno de los hechos, se propone destruirnos, sino otra potencia nacional que hasta el momento no ha emprendido acción alguna contra ningún país de la OTAN. Es difícil de entender. Si uno se sitúa en Polonia o Lituania, países perpetuamente expuestos a un eventual expansionismo ruso, es comprensible que los temores se dirijan hacia Moscú, pero visto el asunto desde Madrid, Roma, París o Berlín la “amenaza rusa” es cualquier cosa menos evidente.

¿Y entonces? ¿Estamos ante un fenómeno de ofuscación general, ante un clamoroso error de cálculo, ante uno de esos episodios de ceguera que de vez en cuando salpican la historia de la humanidad? No. La guerra siempre es prolongación de la política por otros medios. No hay decisión militar que no venga precedida por una decisión política. Y si un diseño estratégico nos parece incongruente o carente de lógica, tal vez debamos preguntarnos si estamos leyendo adecuadamente el contexto político que lo determina. Muy verosímilmente, algo de ese género esta ocurriendo con el diseño estratégico de la OTAN tal y como ha quedado consolidado en la cumbre de Varsovia. Estamos ante la consumación de un cambio de paradigma en las alianzas militares internacionales. Por así decirlo, el juego ha cambiado. Ya no podemos ver el tablero como una partida entre naciones, ni siquiera entre bloques (internacionales), sino que hemos entrado en la era del conflicto global. Y desde este punto de vista, cambian también los conceptos tradicionales de amigo y enemigo.

Expliquémoslo así: la OTAN ya no es un tratado de naciones soberanas en torno a un hermano mayor –los Estados Unidos-, sino una alianza de potencias al servicio de un proyecto transnacional. Ese proyecto no es otro que la construcción de un orden mundial organizado sobre un espacio político y comercial sin barreras. Los Estados Unidos son su líder, pero no hay que pensar en una relación de mando y vasallaje: no estamos ante un proyecto nacional norteamericano, sino ante algo que trasciende con mucho los viejos criterios del orden inter-nacional. Desde este punto de vista, el enemigo ya no es la potencia, grande o pequeña, que con las armas desafía al bloque, sino todo espacio que se resista a la implantación del nuevo mundo, que es post-nacional. Por eso el enemigo de la OTAN es Rusia, y no tanto la Rusia nación como el espacio eurasiático. Lo cual, por cierto, incluye también a China.
Una mirada distinta sobre el mapa

Ampliemos la mirada tanto en el tiempo como en el espacio. ¿Qué hemos visto en los últimos años? Escalada de tensión en los márgenes del mapa. Continuas maniobras de la OTAN en los países bálticos y Polonia, envueltas en declaraciones retóricas muy subidas de tono. En Ucrania, tenso impasse en una guerra que dista de haber terminado. Al otro lado del mundo, actividad militar sin precedentes en el Mar del Sur de la China, igualmente subrayada con abundantes discursos poco conciliadores. Nadie llega a las manos en estos escenarios, pero en Oriente Próximo todos mueven sus cartas –y sus bombas- sobre los llanos desérticos de Siria e Irak.

No son procesos aislados, independientes, ajenos unos a otros. Sus vínculos se ven mejor si pasamos de la guerra a la política y atendemos a la nueva red de tratados transnacionales y, en particular, a dos movimientos gemelos: el TTP que los Estados Unidos han firmado con una docena de países del Pacífico y el TTIP que Washington quiere firmar con la Unión Europea. Ambos tratados dibujan un amplio espacio comercial –pero también, implícitamente, político y militar, es decir, un espacio de poder- con centro en los Estados Unidos y que atraviesa dos océanos para abarcar desde las costas asiáticas hasta la gran llanura centroeuropea. No es casualidad que las fronteras de este gran espacio vengan a coincidir precisamente con los actuales puntos de tensión militar en Europa oriental y el Mar del Sur de China.

Para visualizar mejor el escenario echemos un vistazo al mapa. Pero cambiemos la perspectiva: no pongamos a Europa en el centro, como solemos hacer los europeos, sino a América. Veremos así un amplio conjunto que se extiende desde ese nuevo centro hacia los lados, y en cuyos márgenes se sitúan precisamente los conflictos más intensos. Imaginemos ahora que sobre ese mapa representamos con vectores los movimientos políticos de los últimos diez años: la incorporación de las repúblicas post-comunistas europeas a la OTAN, la remilitarización de Japón, el traumático cambio de poder en Ucrania, los conflictos marítimos de China con sus vecinos, las sanciones europeas –Washington mediante- a la economía rusa, el cinturón de fuego de las engañosas “primaveras árabes”, la nueva amistad de los Estados Unidos con la república comunista de Vietnam, etc.

Todos esos vectores señalan, invariablemente, en una misma dirección: desde el centro –ese centro que ahora está en Norteamérica- hacia la periferia. Los movimientos geopolíticos del último decenio coinciden en expandir la hegemonía norteamericana a través de los océanos y en encerrar a Rusia y China en el espacio continental euroasiático. A la misma dinámica pertenecen, como respuesta, los movimientos sino-rusos de cooperación a través de nuevas instancias como la Organización de Shanghái. Tierra frente a Mar, como en los más clásicos tratados de geopolítica. Después de todo, el viejo Carl Schmitt tenía razón.

¿Nos hallamos, pues, ante un vasto movimiento de expansión de los Estados Unidos? No exactamente. Hay que insistir: Washington es el motor, sin duda, pero lo que estamos viviendo ya no responde a un patrón de expansionismo nacional, sino a un aliento mucho más amplio. Es preciso recordar que la tendencia mayor del mundo contemporáneo es la ambición de construir un orden planetario, un sistema de poder y convivencia, tanto económico como político, que abarque al conjunto del planeta. Este proceso no es reciente ni obedece a conjuras secretas; al contrario, forma parte manifiesta del proyecto general de la modernidad al menos desde Imanuel Kant, que lo expuso en Ideas para una Historia universal en clave cosmopolita y en La paz perpetua, y que preconizaba el establecimiento de un Estado Mundial (sic) como marco “moral” para resolver los conflictos que desgarraban al viejo mundo. Y conviene convocar aquí a la Historia del pensamiento para entender lo que hoy está pasando.

(Originalmente publicado en kosmos-polis.com)

Prorrogar los Presupuestos supondría un ajuste extra de 20.000 millones de euros
Formar Gobierno permitiría fijar el objetivo de déficit en el 3,3% del PIB en 2017, pero prorrogar los PGE de 2016 reduciría esa meta al 1,4%.
Libertad Digital 6 Agosto 2016

En los últimos días, el PP ha destacado la necesidad de aprobar cuanto antes unos nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE) de cara a 2017 para aplicar los ajustes que exige Bruselas con el fin de alcanzar los nuevos objetivos de déficit y, de este modo, evitar la multa que todavía pesa sobre España como consecuencia del incumplimiento fiscal registrado en 2015.

Sin embargo, el argumento del Gobierno en funciones resulta falaz y engañoso, puesto que la aprobación de unos nuevos PGE en ningún caso contribuirá al necesario saneamiento del sector público, más bien al contrario: prorrogar los Presupuestos vigentes facilitaría más la reducción del déficit que la presentación de unas nuevas cuentas públicas.

La realidad, por tanto, es muy diferente a la que difunde el PP: si se retrasa la formación de Gobierno más allá de septiembre o se convocan unas terceras elecciones, prorrogándose así los PGE de 2016, todas las Administraciones Públicas estarán obligadas por ley aplicar unos ajustes mucho más sustanciales, ya que los objetivos de déficit serían más exigentes -cosa distinta es que los cumplan-.

Así pues, el hecho de que el PP blanda los Presupuestos como medida de presión frente al PSOE, poco o nada tiene que ver con la amenaza de multa por parte de Bruselas, y sí mucho con la aplicación de unos recortes y/o subidas de impuestos que afectarían tanto a populares como a socialistas, puesto que se extenderían a todos los niveles de la Administración, especialmente a las autonomías, tal y como informa John Müller en El Español.

La razón es la siguiente. El Gobierno de Mariano Rajoy se comprometió con la Comisión Europea a reducir el déficit del 5,9% del PIB en 2014 al 4,2% en 2015, pero, finalmente, el agujero presupuestario ascendió al 5,1% el pasado año, lo que supone un desvío de casi 10.000 millones de euros.

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Según la normativa comunitaria, la Comisión Europea debería haber multado a España por este incumplimiento con una cuantía de hasta el 0,2% del PIB, equivalente a más de 2.000 millones, pero tras los últimos meses de negociación Bruselas optó por perdonar dicha sanción a cambio de la aprobación de nuevos ajustes.

Lo más relevante en esta materia, sin embargo, no es la existencia o no de multa, sino los nuevos objetivos de déficit que la UE ha concedido a España. Una vez más, la Comisión suavizó el pasado julio la senda fiscal que debe alcanzar el Estado a corto y medio plazo, tal y como refleja el siguiente gráfico.

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Nueva senda fiscal fijada por la UE

Así, España tendría que cerrar este año con un agujero del 4,6% y reducirlo al 3,3% el siguiente. Esto supondría un ajuste de 18.000 millones de euros hasta finales de 2017, cuya consecución provendría en parte del crecimiento económico, pero también de nuevos recortes y/o subidas de impuestos.

Por otro lado, este esfuerzo se repartiría entre las distintas Administraciones. ¿Cómo? Según los objetivos acordados el pasado abril entre el Ministerio de Hacienda y las CCAA, los gobiernos regionales deberían reducir el déficit desde el 1,7% del PIB registrado en 2015 hasta el 0,7% este año y el 0,5% el siguiente. Es decir, un ajuste de unos 12.000 millones hasta el cierre de 2017.

¿Problema? Tanto la nueva senda fiscal marcada por la UE como los nuevos objetivos autonómicos son, por el momento, papel mojado, ya que su vigencia dependerá de si se aprueban o no los nuevos Presupuestos de 2017. Y es que, en caso de que se tengan que prorrogar las cuentas de 2016, la reducción del déficit tendría que ser mucho más sustancial, según la ley, puesto que los objetivos en vigor son más exigentes.

En concreto, los PGE de 2016 incluyen la siguiente senda fiscal:

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Senda fiscal vigente, incluida en los PGE de 2016

El déficit público debería bajar del 5,1% registrado en 2015 al 2,8% en 2016 y al 1,4% en 2017, lo que significa un ajuste de más de 37.000 millones de euros. Las CCAA, por su parte, deberían reducir su desequilibrio fiscal desde el 1,7% registrado el pasado año hasta el 0,1% el próximo, unos 16.000 millones de euros menos.

Ambas cifras contrastan, pues, con el ajuste que el Gobierno en funciones ha negociado con Bruselas y las CCAA: 18.000 y 12.000 millones, respectivamente, hasta 2017. Prorrogar los PGE de 2016 implicaría, al menos sobre el papel, un ajuste extra de unos 20.000 millones de euros entre este año y el siguiente -de los cuales 4.000 corresponderían a las CCAA- para poder cumplir los objetivos de déficit vigentes.

Dicha prórroga no sería, pues, negativa para el proceso de consolidación fiscal, sino todo lo contrario, pero perjudicaría electoralmente a los políticos, de PP y PSOE, responsables de llevar a cabo tales ajustes.



******************* Sección "bilingüe" ***********************


Los topos del 'Catexit'
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 6 Agosto 2016

La racionalidad nos aconseja seguir cohesionados en España y Europa mientras los topos languidecen en sus madrigueras.

Los demagogos que embarcaron al 52 por ciento de los votantes británicos en la loca aventura del Brexit les sorbieron el seso con sus mentiras a cara descubierta, divulgándolas como verdades axiomáticas sin una pizca de vergüenza. Y al día siguiente de consumar la fechoría reconocieron, con el mismo impudor, que habían falseado los datos. El xenófobo Nigel Farage hizo mutis por el foro y el histriónico Boris Johnson vio premiados sus despropósitos con la cartera de Asuntos Exteriores.
Patrañas infumables

Los gestores del Catexit han optado, en cambio, por una vía más tortuosa y cínica para desconectar Cataluña de Europa y convertirla así en su feudo privado. Su táctica taimada imita la de los topos que fueron popularizados por las novelas y películas de espías: en este caso, proclaman a los cuatro vientos su amor y lealtad a Europa al mismo tiempo que escarban subrepticiamente el terreno para provocar el derrumbe de los puentes de unión. No, no enarbolan la bandera de la ruptura con Europa, como los energúmenos Farage y Johnson. Su plan es más sutil pero no menos deletéreo: España forma parte de la Unión Europea, los topos ejecutan la secesión respecto de España y, sin prevenir a los ciudadanos, logran el objetivo deseado, que es el Catexit, el equivalente peninsular del Brexit insular. Separarse de España implica separarse automáticamente de la UE. El catedrático Antón Costas lo confirma (“Los otros Brexits”, LV, 27/):

¿Tienen algo en común el Brexit británico, el independentismo catalán y el trumpismo de Estados Unidos? Aunque parezca que mezclo churras con merinas, tengo para mí que existen similitudes. Es el intento de una parte de esas sociedades de salir de una situación social y/o política que viven como opresiva, indigna, degradante, que daña la condición de ciudadanía. Para escapar a esas situaciones buscan salir de la UE, de España o del orden económico internacional en el caso de Estados Unidos. (…) Pero [los líderes populistas] yerran en las soluciones. Sus propuestas son medidas aparentemente simples y fáciles, pero equivocadas. Consisten en un mix de nacionalismo político, identidad cultural y proteccionismo económico. Es un cóctel explosivo, como muestra la historia de principios del siglo XX.

Lo agraviante, cuando quienes se ocupan del trabajo de zapa son los topos, es que dan por seguro que sus seguidores son idiotas. Piensan que si no lo fueran no se tragarían las patrañas infumables que les ponen delante de las narices. Y para idiotizarlos nada mejor que masificarlos. Irritada por las tropelías que cometieron unos gamberros durante los Sanfermines, Pilar Rahola escribió una cáustica columna con resonancias orteguianas que se aplica a todas las movilizaciones gregarias, incluidas las que los secesionistas convocan y ella acompaña (“La masa”, LV, 10/7):

No hay nada más patético que un individuo sumergido en el magma del gentío, convertido en un engendro de carne que bebe, grita, micciona y conjuga todo verbo primario sin otro ton que el son de la masa. Cuando ello ocurre, el único trazo de humanidad que resta es el sudor del sobaco.

Terapia de choque
El desprecio que la élite secesionista siente por el nivel de inteligencia de las clases emprendedoras y cultas que en otro tiempo fueron su base de sustentación se reflejó en el congreso fundacional del Partit Demòcrata Català, “último hito de un acelerado proceso de autodestrucción cuyo protagonista estelar ha sido Artur Mas” (José Antonio Zarzalejos, “La refundación, un error”, LV, 17/7).

La lectura de la declaración de principios del PDC certifica que son sus ideólogos, y no las clases emprendedoras y cultas a las que antaño embaucaron, quienes necesitan una terapia de choque para salir de la estulticia. Los gurús comunican a los asociados, como los llaman ahora, que el partido es “demócrata, catalanista, independentista, europeísta y humanista (…) sin renunciar a la vía unilateral” (LV, 11/7).

¿Humanistas, estos endogámicos de rancia ideología völkisch que ni siquiera soportan la convivencia solidaria y fraternal con los millones de compatriotas que viven más allá del Ebro? ¿Europeístas, cuando quienes redactaron la declaración saben mejor que nadie que al trabajar para romper con España también trabajan, encubiertamente, como buenos topos, para romper con Europa? ¿Demócratas, cuando todos sus proyectos de ruptura unilateral dependen del pacto con los acérrimos totalitarios de la CUP? Esto último asusta incluso a algunos cicerones de la hoja de ruta. Escribió Francesc-Marc Álvaro (“Violencia y presupuestos”, LV, 30/5):

Si el proyecto de la independencia depende de un grupo maximalista, purista, alérgico a las instituciones y sin ningún sentido de Estado, Madrid no debe preocuparse. Por eso fue un error la declaración del 9 de noviembre posterior a las plebiscitarias, como lo fue confiar en que los cuperos serían un socio fiable de Junts pel Sí. Los encapuchados que juegan a la guerrilla y los diputados que justifican este festival nihilista son la herramienta más eficaz para frenar una Catalunya independiente.

A Álvaro le dura el canguelo. Persevera en sus esfuerzos por embarcar a su maruja predilecta en la hoja de ruta (“La señora Pérez y la ideología”, LV, 21/7), pero advierte:
El ascendiente de la CUP sobre el proceso ha generado un malestar más que profundo en sectores amplios del soberanismo de orden. También comprueban –como lo hace todo el mundo– que Junts pel Sí es prisionera de los cuperos y que tiende –por ahora– a mirar más hacia la izquierda que hacia el centro.

Por fin, ¿el PDC es catalanista al mismo tiempo que independentista? Sentencia el presidente de Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellà (“El retorno del catalanismo”, Economía Digital, 29/7):

Cerca de un millón de votos, desde el año 2012, han venido quedándose huérfanos en Cataluña. En el sostenido proceso que ha dinamitado el mapa de partidos catalanes a lo largo de los últimos, al menos, cuatro años, la oferta del centro derecha catalanista ha sufrido un acoso tan notable que ahora parece hibernada. El arrebato independentista que sacude la Cataluña institucional parece haber ahogado al catalanismo.

Y el exdiputado de CDC Antoni Fernàndez Teixidò ratifica la orfandad (“Congreso: corolario y coda”, LV, 13/7):
Escribo con un punto de tristeza porque capto la orfandad política en que se ve abocada una parte importante del electorado catalán. Puedo estar equivocado. Pienso, sin embargo, en los catalanes y catalanas de centro que no se sienten independentistas, que no se identifican con las izquierdas y no creen que el republicanismo tenga que estar en el punto medio de sus preocupaciones. Son muchos.

Según Inés Arrimadas, Ciudadanos será el nuevo hogar de estos catalanistas moderados.

Timo sectario
Ahora el problema de los topos consiste en que la CUP exige que todos los trabajos de desconexión, con España y por consiguiente con la UE, se realicen con luz y taquígrafos. Los antisistema exhiben sin complejos su hostilidad a la UE y al euro y no toleran que sus socios burgueses los traten como apestados. Provoca repelús que mientras el hereu Puigdemont negocia con los cuperos su supervivencia en el poder mediante el referéndum unilateral que llevará al Catexit, Artur Mas tenga la desfachatez de escribir, desde el fondo de la papelera de la historia adonde lo arrojó esa misma CUP, un galimatías que hiede a timo sectario (“Un nacimiento cambia la vida”, LV, 17/7):

El PDC quiere alcanzar un Estado catalán miembro de la UE y de las Naciones Unidas que sitúe Catalunya allí donde puede aspirar a estar: entre las democracias de mayor calidad, prósperas, con igualdad de oportunidades, justicia y cohesión sociales.

El huevo del Estado mostrenco, al que las autoridades competentes ya han cerrado las puertas de la UE y la ONU anticipando el Catexit, lo están incubando los chamanes de la ANC y la CUP, con el visto bueno de Puigdemont, de Junqueras (cada día más parecido a Nigel Farage, según Josep Borrell) y del clan pujolista reencarnado en el PDC. Lo han bautizado RUI, referéndum unilateral de independencia. Sintomático: este engendro tampoco convence al curtido Francesc-Marc Álvaro (“Cazar las moscas del RUI”, LV, 18/7):

La cuestión de la fuerza -básica en política- es eludida sospechosamente por todos los que nos cantan las bondades de un RUI, salvo algún crack que sueña una insurrección al estilo irlandés u oriental.

Remata Álvaro, sarcásticamente:
El que no tiene nada que hacer caza con el culo las moscas del RUI. Y alimenta la frustración.

Al leer esto, reconforta verificar que compartimos una parte de la herencia de racionalidad con quienes abordan la sociedad con una óptica distinta de la nuestra. A nosotros, la racionalidad nos aconseja seguir cohesionados en España y Europa mientras los topos languidecen en sus madrigueras, cazando con el culo las moscas del RUI.


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