AGLI Recortes de Prensa   Domingo 7  Agosto  2016

Carta del director
El candado de Plutón
Pedro J. Ramírez El Espanol  7 Agosto 2016

Cuando Rajoy dijo el miércoles que la apertura de un "canal de comunicación permanente" con Rivera suponía "el primer paso de una larga caminata" hacia su investidura, me acordé de lo que nos contó el día que nos invitó a almorzar a la Moncloa en 2012. Me acompañaban Casimiro García-Abadillo y el topo del marianismo que ya horadaba las galerías subterráneas que harían desfallecer al periódico que fundamos. La conversación fue banal y aburrida pero incluyó dos bengalas que iluminaron la estancia con el esplendor de los fuegos fatuos: la primera fue un minúsculo pósit amarillo en el que el presidente resumía su plan de acción para toda la legislatura; la segunda, la revelación de que todos los días se acostaba a las once haciendo el sudoku.

La imagen de Rajoy empijamado, casando números a la hora en que sus antecesores se reunían con intelectuales, periodistas o expertos para ampliar su perspectiva, era tan fulgurante que eclipsó la siguiente revelación sobre su rutina: cada mañana a las siete el presidente se daba una caminata de media hora. "Ah, el jardín debe de estar muy agradable tan temprano", comenté yo sin malicia alguna. "No, no... camino sobre una cinta de esas que se mueven".

En ella sigue la criatura y de ahí no hay quien le baje. Su único movimiento es el que no lleva a ninguna parte y eso explica que en los 231 días transcurridos desde el 20D no haya logrado sumar ni un sólo apoyo a los 123 y 137 escaños a los que ha quedado reducido su partido en las urnas. ¿Qué significa entonces su augurio de que tan estéril "caminata" va a ser todavía mucho más "larga"? Pues que sigue empeñado en bloquear el automatismo de la investidura hasta que Ciudadanos y el PSOE cedan a la presión orquestada alrededor.

Es muy significativo que diez días después del encargo formal del rey, Rajoy siga sin despejar la incógnita de si cumplirá con la obligación de someter su programa y su persona al escrutinio y votación del Congreso, tal y como establece la Constitución. Su insistencia en que "España no necesita un debate sino un gobierno" revela una concepción tecnocrática del poder, de espaldas a la democracia deliberativa. Pero sobre todo pone en evidencia su pretensión de fosilizar un escenario en el que cunda la idea de que las dos únicas opciones son su investidura o unas esperpénticas terceras elecciones.

No hay más que seguir los medios que se forran o malviven gracias a su afinidad con el Gobierno -o sea, casi todos- para darse cuenta de la contumacia con que se convierte en estructural lo circunstancial. Rajoy es en este momento el único candidato a la investidura porque ha sido ungido por el jefe del Estado. No es que Rivera haya dejado de cuestionar su aptitud para el cargo, como proclamaba el jueves cual alguacilillo bien mandado Radio Nacional, sino que, sin moverse de la abstención, ha abierto el paréntesis de rigor a la espera de desenlace.

No puede haber otro que la comparecencia de Rajoy ante el parlamento para vencer o morir. O sea, para ser investido con la abstención del PSOE -cosa hoy por hoy altamente improbable- o para ser rechazado como lo fue Sánchez y poner en marcha la cuenta atrás de dos meses durante la que debería cuajar un nuevo candidato. Si Rajoy no está dispuesto a correr ese riesgo y termina desdiciéndose de la aceptación del encargo del rey, lo único que le quedaría sería abandonar la vida púbica y cambiar la Moncloa por ese registro que también tiene bloqueado en Santa Pola, como lugar de lectura del Marca.

Rajoy está encarando la investidura con la misma mentalidad de perro del hortelano con que mantiene su reserva de plaza en propiedad como funcionario: mientras no pueda ser para él, no será para nadie. Pero si su "larga caminata" no concluye antes de que acabe este mes, habrá que acusarle formalmente de secuestrar la democracia.

La Constitución no "es" un candado, como atolondradamente alegaba Podemos en tiempos de su acné juvenil, pero sí incluye un eventual candado que regula el sistema. Legalmente cualquier español puede ser presidente del Gobierno en cualquier momento si una mayoría de diputados le respalda a través de una moción de censura constructiva. Sólo hay una excepción: el periodo en que, después de unas elecciones generales y tras las preceptivas consultas, el rey designa un candidato a la investidura.

El mecanismo es tan drástico que funciona como el mítico cinturón de castidad que servía, según la leyenda, a los caballeros medievales para preservar su honra. Sólo ellos tenían la llave del candado. Sólo Rajoy tiene ahora la llave del candado, aunque esté colgada en el despacho gótico de Ana Pastor.

Todo depende del tiempo que tarde en emplearla. Al principio el mecanismo es comprensible y hasta divertido -no hay más que ver las variantes para ambos sexos de cualquier catálogo de juguetes eróticos-: tú, sólo tú, nadie más que tú, oh gran Mariano, tiene ahora mismo el derecho de pernada. Pero si la "larga caminata" lleva al caballero de excursión por las Cruzadas, todo se enmohece bajo la herrumbrosa jaula.

Es constitucional que nuestra democracia viva unos días o unas semanas con el candado puesto pero eso no puede prolongarse en el tiempo de forma que el candidato -con perdón- ni coma ni deje comer, ni fecunde ni deje fecundar. Pronto será un clamor que detrás de tantas idas y venidas de París a Jerusalén se esconde el mismo problema de impotencia del caballero que festejaban algunos cuentos procaces.

Uno de los más notorios fue el que un jovencísimo Voltaire versificó precisamente bajo el título de 'El Candado'. Narra la desdicha de la diosa Proserpina, enamorada del "bello Piritoo, mozo liberal, generoso y complaciente", pero entregada en matrimonio al viejo Plutón, rey del averno. Los jóvenes amantes yacen a sus espaldas mientras un diablo traidor les espía desde una caldera.

El dios cornudo al oír lo relatado/
se enfurece, patea, jura, se indigna/
y manda convocar con ronco acento/
su Senado infernal en el momento

En principio la afrenta sólo podía saldarse con la muerte pero, siendo Proserpina una diosa inmortal, había que buscar otro remedio. Entonces uno de "aquellos que en el mundo eran cabrones", por más señas "florentino", contestó de esta manera "al dios cetrino":

Ponedle un buen candado en el instante/
en la parte que da a vuestra consorte/
y la llave guardad muy vigilante/
que esto la obligará a que se reporte./

Nunca satisfacer podrá a su amante,/
ni usará a su placer de aquel resorte, /
pues la hará contentarse en su dolencia/
de Vuestra Majestad con la potencia.

Así fue como "yunques, fuelles y tenazas" se pusieron en movimiento con la misma diligencia con que aquí se moldea la opinión de las tertulias, hasta que la cerrajera Tesífone, ejerciendo funciones de Ana Pastor en el infierno, "a Plutón entregó el fatal candado". Al ponérselo a Proserpina el dios no pudo ser más sincero: "¡Cuánto te compadezco...! Pero, amada, mi frente de este modo está guardada".

En esas está Rajoy. Cree que mediante la treta de interpretar el artículo 99 de la Constitución como el cinturón de castidad que impide a la democracia entenderse con otros pretendientes y prolongar sine die el monopolio sobre la llave de ese candado, antes o después la plaza se le rendirá por hambre. Pero aun en el caso de que consiguiera tal capitulación y pudiera ocuparla temporalmente, nunca lograría poseerla de verdad porque carece ya de atributos para ello. Un gobierno encabezado por él seguiría siendo, aun después de la investidura, un gobierno provisional sin "potencia" alguna.

Y es que el problema del momento no es ni el parlamentarismo, ni el PSOE, ni Ciudadanos. El problema es Rajoy. Por mucho que se les presione, halague o suplique ni Rivera ni Sánchez podrán practicar jamás esa imposible aféresis que supondría separar la legitimidad del líder del PP como cabeza de la lista más votada de sus responsabilidades in eligendo, in vigilando e "in ocultando", en las oprobiosas tramas de corrupción de su partido. Como bien recordó el viernes Antonio Hernando todo debió haber quedado zanjado con su dimisión hace tres años y desde entonces la herida nos desangra.

¿Alguien duda de que si se abriera el candado y se permitiera a un Guindos o un Margallo, por no hablar de soluciones más audaces, intentar la investidura, la situación se desbloquearía de inmediato, a costa de dejar en paro a unos cuantos "diablos cabrones" de Moncloa? Los versos finales de Voltaire, dedicados al marido de su propia amante, alientan la esperanza de que veamos algo parecido:

Mas en vano el simplón se lisonjea/
de su frente tener puesta a cubierto,/
que no hay cosa que a Amor difícil sea,/
y él la entrada sabrá buscar al puerto./

Entre tanto constante yo te vea,/
y nuestra gloria y triunfo será cierto;/
que el corazón la dama habiendo dado,/
pronto el resto vendrá sin el candado.

Nos falta solo la postdata del final de "Don Giovanni", una vez que el egoísta sin escrúpulos ha sido engullido ya por el averno, cuando Zerlina, Masetto y Leporello celebran "que se quede ese bribón con Proserpina y con Plutón". Porque, como rubrica el coro, "de los pérfidos la muerte a la vida es siempre igual". Y de los pánfilos no digamos.

“La izquierda más retrógrada de Europa”
Ética o ideología. El viejo debate de los filósofos se ha trasladado a la política. Se piensa más en las siguientes elecciones que en los problemas actuales
Carlos Sánchez El Confidencial  7 Agosto 2016

El antiguo dirigente socialista José Martínez Cobo ha escrito para la Fundación Sistema un lúcido artículo sobre la figura del exprimer ministro francés Michel Rocard, recientemente fallecido.

Rocard, como se sabe, representaba el ala más moderada del Partido Socialista, y, como sostiene Martínez Cobo, había sido capaz de sustituir la ideología por la ética. El político francés aconsejaba a los socialistas que en lugar de polemizar sobre el futuro se preocuparan más por el presente, porque de lo contrario sería la derecha quien gobernara. Y el tiempo le ha dado la razón.

La socialdemocracia tradicional ha dejado de seducir a millones de trabajadores y otros partidos han ocupado buena parte de su espacio político. Entre otras cosas, porque el propio centroderecha europeo ha hecho suyo los principios esenciales del Estado de bienestar.

Aunque Rocard fue varias veces ministro de Mitterrand, su gran antagonista, siempre mantuvo una formidable autoridad intelectual sobre el conjunto de la izquierda. De hecho, Mitterrand, el viejo canalla de la política francesa, lo nombró primer ministro para neutralizarlo políticamente.


Buena parte de esa izquierda lo odiaba políticamente como una especie de traidor a la causa de la clase obrera. Pero Rocard, acostumbrado a nadar a contracorriente, se despidió de este mundo con una frase lapidaria. En su testamento político dejó dicho que la izquierda francesa era la “más retrógrada de Europa”.

La disyuntiva entre ética e ideología forma parte de un viejo dilema entre filósofos. Y de forma sucinta puede definirse como el debate entre el fin y los medios. O lo que es lo mismo, a través de la ideología se pretende alcanzar unos objetivos políticos, lo que presupone que los medios utilizados para lograr ese fin son irrelevantes (el cielo suele estar empedrado de cadáveres); mientras que desde el lado de la ética, tan importante es el fin como los medios. Y si para lograr determinados horizontes de bienestar hay que sacrificar la dignidad humana, pues es mejor no hacer la ‘revolución’.

El siglo XX significó el triunfo trágico de las ideologías en estado puro, sin matices, cimentadas sobre una absurda superioridad moral de unos y de otros; mientras que el siglo XXI está preñado de pragmatismo, lo que ha dado carta de naturaleza a la existencia de sistemas económicos mixtos en los que conviven una fuerte presencia del Estado (casi la mitad del PIB es gasto público) y unos más que aceptables niveles de libertad económica.
Miseria intelectual

Es evidente, sin embargo, que ética e ideología no tienen que ser necesariamente términos contrapuestos. La democracia, de hecho, se legitima cuando es capaz de ofrecer un pacto entre ambos conceptos, pero se diluye, se agrieta, cuando se plantean falsas contradicciones que, en realidad, enmascaran toneladas de miseria intelectual. Una especie de regreso a disquisiciones teológicas -el bien y el mal, el cielo y el infierno- anterior a la Ilustración y a la edad de la razón. En lugar de vivir el presente para transformarlo racionalmente, se opta por quimeras destinadas a construir un futuro idílico que nunca se alcanzará.

Este falso dualismo, en términos políticos, conduce al fracaso. Y eso explica que en España, en línea con lo que sugería Rocard, la izquierda tenga más votos que la derecha (10,4 millones entre el PSOE y Unidos Podemos, frente a los 7,9 millones del Partido Popular), pero que Rajoy haya sido, por dos veces, el político más votado. Probablemente, porque sus votantes quieren ganar el presente -la ética del pragmatismo- y no entienden de discursos abstractos: la ideología desnuda de realismo. Sin contar, obviamente, con el efecto de la ley electoral.

Partidos como Podemos, en este sentido, han construido su discurso no sobre el presente, sino sobre cómo ganar el futuro, lo que le ha llevado a la inutilidad. Si el partido de Pablo Iglesias hubiera entendido que se hace política para gobernar ahora y para resolver los problemas de la gente, hay razones para creer que hoy un pacto PSOE-Podemos hubiera estado en condiciones de intentar formar Gobierno, incluso con el respaldo de Ciudadanos en aras de regenerar la vida pública. Algo que explica que Podemos se haya convertido, finalmente, en Pudimos. O lo que es lo mismo, 71 diputados -más de cinco millones de votos- con los que nadie quiere pactar.
La ética de la responsabilidad

El resultado concreto, en todo caso, es un bloqueo institucional sin precedentes. Precisamente, porque la ideología -sin duda esencial para el discurso político como instrumento de análisis y de coherencia política- se ha impuesto a la célebre ética de la responsabilidad de Max Weber, que consiste, frente a la ética de la convicción kantiana, en asumir las acciones que libremente se han decidido. Una especie de autonomía del individuo destinada a resolver los problemas no ocultándolos bajo la lona de la ideología.

Pero además, en el caso español, con una paradoja. Las discrepancias no surgen de la negociación, lo que sería algo más que razonable, sino de la no negociación. Es decir, se hace política a partir de un complejo sistema de sospechas mutuas que impide a los líderes políticos centrarse en la parte esencial de la negociación.

Todos saben lo que votarán con carácter previo ante un hipotético debate de investidura, pero nadie conoce las razones -más allá de las generales o las puramente ideológicas- que expliquen el sentido del voto. Simplemente, porque no hay negociaciones con propuestas concretas y sin vaguedades, lo cual es de aurora boreal. Máxime cuando ni el propio candidato Rajoy garantiza que acudirá a la investidura, lo cual impediría conocer las razones concretas del voto negativo o de la abstención una vez que se hiciera público el programa de gobierno.

Weber recomendaba a quien buscara la salvación de su alma y la de los demás que no transitara por el camino de la política, y lo cierto es que este país se ha llenado de ‘patriotas’ incapaces de formar gobierno, lo que revela dos cosas.

La primera, que los líderes actuales entienden la política como un fin en sí mismo, cuando no es más que un instrumento de transformación de la realidad: las pensiones, la educación, la sanidad o la política cultural.

La razón de ser de algunos partidos, de hecho, es su propia supervivencia. O dicho de otra manera, lo que interesa es si el pacto les beneficia o les perjudica de cara a las siguientes elecciones. Sin duda, una extraña competencia electoral que margina el presente para garantizarse el futuro.

La segunda lección es que este país sigue instalado en el siglo XX, en el de las ideologías pedestres y rotundas. O, incluso, en el XIX, marcado por los filósofos de la sospecha. Algo que justifica la ausencia de diálogo fértil entre distintas formaciones políticas. Y para llegar a esta conclusión solo hay que echar un vistazo a lo que pasó en la legislatura de Mariano Rajoy con mayoría absoluta (también en las anteriores). De aquellos barros, estos lodos (trufados de falsa ideología).

No hay tiempo que perder.
Vicente A. C. M. PD 5 ¿¿

¿Pero qué tomadura de pelo es esta? Una cosa es tomarse un tiempo razonable para buscar apoyos a la candidatura y otra muy distinta es jugar con el tiempo y con la ambigüedad como si se dispusiera de todo el tiempo del mundo. No es así, los tiempos son limitados y nunca deberán sobrepasar lo que va más allá de la pura cortesía parlamentaria. Y eso lo debe saber y si no lo sabe se lo aclaro, la Presidenta de la Mesa del Congreso de los Diputados, que es la que debe forzar al candidato designado por el Rey a dar ya una fecha para la sesión de investidura. Lo suyo es que se realice como tarde en la segunda semana de septiembre. 45 días tras la designación oficial y aceptación por parte de Mariano Rajoy del encargo del Rey, el pasado 28 de julio. Los tiempos son limitados y lo que hay que transmitir es el cumplimiento de la promesa de poner “todo el empeño y esfuerzo” en conseguir los apoyos para formar Gobierno. Dejar pasar el tiempo no da precisamente esa imagen de dedicación exclusiva.

Bien es verdad que solo existe un mínimo y altamente improbable resquicio de esperanza y está basado en poder convencer a CIUDADANOS de implicarse abiertamente y modificar su voto de abstención por un SI rotundo, porque la realidad es que nunca ha sido una verdadera opción la alternativa del Gobierno en minoría con 137 escaños que sería ampliamente rechazada por el resto de fuerzas políticas del arco parlamentario. La reunión con CIUDADANOS celebrada el pasado miércoles se saldó con una decepcionante disposición a seguir dialogando más bien formal y de supuesta responsabilidad institucional, pero sin el ánimo de plantear un cambio en su voto de abstención. Acudir, escuchar y no implicarse. Y ahora dice Mariano Rajoy que espera poder continuar ese tipo de diálogo no más tarde del próximo martes o miércoles. Una falta total de concreción y una dilación inadmisible, salvo que se nos diga que desde el pasado miércoles se están llevando a cabo reuniones maratonianas discretas o secretas, con mayor contenido y exigencias, para acercar posturas y poder escenificar un necesario pacto de investidura y el esbozo de un acuerdo para el inicio de legislatura.

Porque del otro actor, el PSOE, solo podemos esperar una defensa numantina de su posición por parte de un Pedro Sánchez enrocado junto a su Ejecutiva desde su despacho de Ferraz, que no va a permitir el mínimo brote de disensión interna, ni siquiera el debate de un nuevo Comité Federal que no será convocado. Y mucho menos tras las declaraciones de Susana Díaz como la voz calificada de la federación más importante del partido, la andaluza. No va a haber modificación del triple NO que se viene repitiendo con rotundidad desde la noche del 20D. El PSOE, a pesar del ruido mediático por parte de algunos representantes y miembros de la “vieja guardia” sin responsabilidad alguna en el partido, se presenta como alternativa de Gobierno y no como muleta de apoyo del que considera su rival político. SI Mariano Rajoy fracasa, Pedro Sánchez optará a la investidura y nadie se atreverá a oponerse a sus pactos y al apoyo pasivo o activo de las fuerzas secesionistas. Creer otra cosa es simplemente de ilusos.

La única oportunidad de Mariano Rajoy, del PP y de que España no termine siendo gobernada por un frente popular dispuesto a ceder a las exigencias de los secesionistas que quieren la independencia de sus autonomías, es que se presente un frente común con 170 escaños como contrapeso para desnudar a un PSOE demasiado predispuesto a retomar el poder sin importarle el cómo ni con quien, Algo que desgraciadamente ya desde hace más de un año lo estamos padeciendo y sufriendo con los diferentes pactos de Gobierno en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, donde el PSOE sirve de bastón de apoyo a PODEMOS y sus políticas revanchistas, regresivas, sectarias y lesivas para los intereses de los ciudadanos. Ejemplos los hay a cientos de la deriva de recorte de libertades, aumento de impuestos, enfrentamiento guerra civilista, etc. basta ver Barcelona con Ada Colau y su esperpéntica muestra de estatuas decapitadas de Franco en el BORNE de Barcelona, o el empeño revisionista del callejero de Manuela Carmena, o los vetos al desarrollo turístico y urbanístico de Madrid y Barcelona, o los vergonzosos espectáculos del “Kichi” en Cádiz, etc. etc.

Dilatar los plazos solo conduce a aumentar la duda y la ansiedad en unos ciudadanos que solo esperan una respuesta enérgica de sus dirigentes. Mariano Rajoy puede optar otra vez por no presentarse evitándose un mal trago personal, pero eso dará alas a sus enemigos para legitimar su alternativa de gobierno, que en cualquier caso iban a presentarla. Este toro hay que lidiarlo, con o sin apoyos y dejar claro quién ha estado siempre dispuesto a dar una salida sensata y generosa ante una situación de emergencia nacional.No es ahora cuestión de "dar la espantada". Será responsabilidad de otros permitir un nuevo fracaso de la legislatura y quedar descubiertos ante la opinión pública en su ambición, egoísmo y nulo sentido de Estado al presentarse apoyado por fuerzas radicales comunistas y fuerzas secesionistas que solo quieren la destrucción de España.

No se puede ir más allá intentando que otros perciban lo absurdo de su posición o convencer a quienes nunca han tenido otra idea que la de retomar el poder esperando pacientemente su oportunidad tras ver fracasar a su enemigo. ¿Recuerdan la sonrisa de Artur Mas con la pitada al himno de España ? Pues supongan la de Pedro Sánchez y su bancada tras la derrota de Mariano Rajoy en la sesión de investidura. Creo que una imagen valdrá más que mil palabras y esa imagen la tendremos por mucho que nos repugne la idea y lo duro que puede ser en lo personal para el frustrado candidato. La agonía es inevitable y nadie puede apartar ese amargo cáliz, pero de ella puede salir como revulsivo una conciencia nacional capaz de poner fin a esta deriva destructiva que se ha apoderado de la política española.

¡Que pasen un buen día! Recuerden que el tiempo juega en nuestra contra y nuestros enemigos nunca descansan.

Bieito Rubido ABC
OJO A BALEARES

Cataluña ya no es la única inquietud para los demócratas españoles. Existen otros lugares, otros políticos y otros desafíos a la Ley de similar inspiración y finalidad. Un destacado periodista británico me alerta, alarmado, de cómo también en Baleares se empeñan en la construcción de un relato contra la unidad de España. Está claro que en nuestro país avanzan pequeñas subversiones institucionales, bajo la justificación de agravios inexistentes, falsedades históricas y reivindicaciones tramposas. En su nombre acometen reformas caóticas que nadie ha pedido, pero que forman parte de su estrategia. La responsabilidad del PSOE en toda esta deriva es enorme. En lugar de torpedear el Gobierno de España con esa simpleza infantil, mejor haría Pedro Sánchez en reformular la propuesta de los socialistas para una España moderna. Un proyecto de país que no puede pasar por las actuaciones y complicidades que nos están llevando a la irracionalidad más absoluta. Las ocurrencias no son buenas en política; si no, que se lo pregunten a Alfonso Guerra.

El Madrid inhóspito de Carmena
Editorial LR

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha tardado poco más de un año en dejar la capital de España casi irreconocible. Llegó al Ayuntamiento en junio de 2015 haciendo gala de un «buenismo» infantil que no permitía albergar grandes esperanzas y, desgraciadamente, los peores presagios se han cumplido. El resultado de su pésima gestión y la de su equipo está a la vista de todos. De los madrileños y de los millones de turistas que visitan la ciudad cada año y se topan con la desagradable visión de calles repletas de suciedad y de basura, de grafitis por las paredes, de excrementos de perros sin recoger, de señales en mal estado que ponen en riesgo la seguridad vial, de instalaciones deportivas con grandes destrozos... La lista de despropósitos es interminable y las quejas de los ciudadanos no paran de aumentar. La última negligencia, tal y como publica hoy LA RAZÓN, tiene que ver con los llamados «manteros», a los que está dejando campar a sus anchas, siguiendo el ejemplo de su homóloga de Barcelona, Ada Colau. Haría bien Carmena en recordar lo que dijo cuando tomó posesión: que escucharía a los madrileños. Y es que lo mínimo que puede exigirse a la alcaldesa es que mantenga el espacio en el que convivimos todos al mismo nivel que lo encontró.

Terrorismo subsidiado
Ramón Pérez Maura ABC  7 Agosto 2016

Hasta diciembre del año pasado Khalid al-Bakraoui recibió 25.000 euros en ayudas

ESCRIBÍA ayer en estas páginas Luis Ventoso -con su magisterio habitual- sobre «la sopa boba» que ha adocenado a miles de españoles que esperan recibir del Estado todo lo que la mayoría de sus compatriotas en realidad trabajan para ganarse. Citaba el ejemplo de dos gallegos, Adrián y Gloria, glosado la víspera en «La Voz de Galicia». Nada más leerlo me topé con la portada de «The Wall Street Journal.», en la que el titular de la noticia de apertura era: «Some Terror Suspects in Europe Collected Welfare», lo que podríamos traducir por «Algunos sospechosos de terrorismo en Europa cobraban subsidios (del Estado)». Si el caso de los gallegos era bochornoso, el de Bélgica es espeluznante.

Al menos cinco de los terroristas de los atentados de París y Bruselas se han financiado con los subsidios que cobraban del Estado belga. Las autoridades admiten que estos tipos recibieron más de 50.000 euros. El principal superviviente de los terroristas, Salah Abdeslam, estuvo cobrando un subsidio de desempleo hasta tres semanas antes del ataque de noviembre. En total, 19.000 euros. Con el agravante de que mientras lo cobraba gestionaba y era copropietario de un bar. Flagrante ilegalidad a la que se añade el que nada más venderlo, el bar «Les Beguines», en el barrio de Molenbeek, fue cerrado bajo acusación de que allí se había traficado con droga.

En Bélgica, como en otros países, es bastante habitual que quienes salen de la cárcel reciban subsidios para ayudarles a reintegrarse en la sociedad. Ese fue el caso de Khalid al-Bakraoui, al que se dio ese tipo de ayuda cuando dejó la prisión a principios de 2014 tras penar condena de dos años por robo a mano armada. Hasta diciembre del año pasado recibió 25.000 euros en subsidios. En esa fecha las autoridades belgas le pusieron en busca y captura por su implicación en los atentados del mes anterior en París. Bakraoui se escabulló empleando la red de refugios de los yihadistas belgas y usando otras identidades hasta que finalmente se suicidó, haciendo estallar un explosivo en marzo pasado en la estación de metro de Maelbeek, en Bruselas. A posteriori, Daesh lo glorificó como uno de los principales organizadores de aquella matanza de marzo pasado en la capital de Bélgica.

Hay muchos otros ejemplos vergonzantes, que manifiestan una grave incapacidad para gestionar adecuadamente el sistema. Como, por ejemplo, el de que catorce terroristas que estaban en prisión cumpliendo condena siguieron recibiendo subsidios del Estado. O que siete extranjeros sospechosos de terroristas que ya habían abandonado el país seguían cobrando un subsidio del Estado belga. O que quince que habían regresado de Siria estaban cobrando esos beneficios.

Esta amenaza plantea un enorme cuestionamiento a nuestro sistema de subsidios. Porque, desde un punto de vista de derechos básicos, parece difícil pretender que el Estado pueda hacer un seguimiento de en qué se gasta cada uno su dinero una vez que lo recibe. Pero al mismo tiempo es una aberración que el dinero del Estado sea empleado para organizar ataques terroristas que muchas veces tienen un coste muy por debajo de lo percibido con esos subsidios. El cálculo es que los ataques de Bataclan y el Estadio de Francia costaron menos de 30.000 euros, y los de Bruselas del pasado mes de marzo menos de 3.000. Mientras que el crimen del camión del 14 de julio en Niza costó los 1.600 euros de alquilar el vehículo más la gasolina. En comparación con la destrucción y el dolor que generó, una mísera nadería.

Elecciones gallegas
Ciudadanos apuesta por la periodista Cristina Losada como candidata en Galicia
Viguesa de 62 años, es miembro del consejo de administración de Telemadrid y colaboradora de Libertad Digital
 La voz libre  7 Agosto 2016

Madrid.- Ciudadanos ha elegido a la periodista y escritora viguesa Cristina Losada como su apuesta para las elecciones gallegas del próximo 25 de septiembre, una decisión que deberá ser apoyada ahora por la militancia en una consulta que se realizará la próxima semana.

"Me presento a las primarias de Ciudadanos en Galicia. Muy agradecida por la confianza depositada en mí y a disposición de los afiliados", ha anunciado en Twitter. Por su parte. el secretario de Organización de la formación, Fran Hervías, ha destacado en una conferencia de prensa en Santiago de Compostela el compromiso de Losada por asumir esta responsabilidad y ha subrayado el vínculo que mantiene Ciudadanos con la sociedad civil.

PERFIL
Cristina Losada, de 62 años, es miembro del consejo de administración de Telemadrid y colaboradora de Libertad Digital. Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado una intensa actividad en medios en las últimas décadas, desde sus inicios en el mítico diario 'Pueblo' hasta sus colaboraciones más recientes en COPE, Onda Cero, TVG, Cuatro y, desde su nacimiento, tanto en Libertad Digital como en esRadio.

También es la presidenta de Vigueses por la Libertad, una asociación nacida en 2006 en contra de la "deriva nacionalista" de algunas comunidades y preocupada por la "disgregación nacional de España", y además dispuesta a defender los derechos lingüísticos de los ciudadanos.

Acaba de publicar 'Un sombrero cargado de nieve' (Stella Maris, 2016), un relato de sus viajes durante la década de 1980 por todo el mundo. También colaboró en el libro 'Por qué dejé de ser de izquierdas' (Ciudadela Libros, 2008) y es autora de 'Morfina roja' (Libros Libres, 2008).

C'S ASPIRA AL GRUPO PROPIO EN EL PARLAMENTO GALLEGO
Cristina Losada se enfrenta a unas encuestas que apuntan a que Ciudadanos no obtendrá más de tres diputados autonómicos gallegos. Galicia ha sido la autonomía en la que más problemas internos ha tenido la formación de centro. Que entre el 20-D y el 26-J la dirección nacional decidiera sustituir a Antonio Rodríguez como número uno por La Coruña provocó una crisis que ha acabado con numerosas protestas públicas, decenas de bajas voluntarias de afiliados, varios expedientes de expulsión, y un escaño menos en el Congreso para los de Albert Rivera.

"Si hacemos caso a la implantación del partido en Galicia y a los resultados de las elecciones generales, Ciudadanos estaría en condiciones de/ tener grupo propio", asegura Hervías. "Este último año el partido ya cuenta con una estructura sólida y profesionalizada al contar, por fin, con sedes autonómicas donde hay personal liberado dedicado a ayudar, asesorar y atender a los afiliados y simpatizantes", añade sobre sus viajes por toda España. "Esta estructura se ha puesto en marcha recientemente por lo que en unos meses se deberá notar una maquinaria bien engrasada", señala.

No es la primera independiente con perfil público a la que recurre el partido para encabezar sus listas. La precede, por ejemplo, el actor Toni Cantó o el humorista Félix Álvarez, 'Felisuco', diputados en el Congreso.


******************* Sección "bilingüe" ***********************


Cataluña, entre el apaciguamiento y el 155
No sería improbable que ante una escalada de desacato al Constitucional, el Gobierno deba plantear medidas de intervención en Cataluña al amparo del artículo 155 de la Constitución
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  7 Agosto 2016

Parece que todas las medidas –legales, políticas, judiciales o parlamentarias– que se adoptan para contener el proceso soberanista en Cataluña no son sino gravísimos errores estratégicos que, además, reproducen el número de independentistas y radicalizan más a los que ya lo están en la puesta en práctica de la llamada “desconexión” con España.

Si el Rey no recibe protocolariamente a la presidenta de un Parlamento que en su constitución jalea a la futura república catalana, es un error. Y si la Mesa del Congreso, aplicando el reglamento y contextualizándolo en la realidad actual (criterio hermenéutico de las normas), toma la decisión de no acceder a que la anterior CDC tenga grupo parlamentario, es un error. Si el Tribunal Constitucional, por unanimidad sostenida de sus miembros, advierte a cargos de la Generalitat sobre las ilegalidades que perpetran, también comete un error. Lo procedente resultaría aquietarse, entrar en un apaciguamiento retraído o, como hubiese gustado a Francesc Homs, que los partidos políticos y el Gobierno amparasen, otra vez, un doble juego político en función de la geografía: en Madrid, uno; en Barcelona, otro.

Las reacciones tremendistas de los independentistas a la práctica desaparición de los exconvergentes en el Senado y en el Congreso parece que asustan a algunos y preocupan a muchos. Por el contrario, cuanto más desgarro verbal se produce en los discursos exconvergentes y republicanos, más clara resulta la confirmación de que el impacto de las medidas adoptadas –por la Mesa del Congreso y por el Tribunal Constitucional– ha dado en la diana. Como ayer aventuraba Francesc de Carreras en 'El País', no sería improbable que ante una escalada de desacato al Constitucional y una cascada de medidas insurreccionales, el Gobierno –por eso, entre otras razones, es urgente disponer de él en plenitud de competencias– deba plantear ante el Senado medidas de intervención en Cataluña al amparo del artículo 155 de la Constitución y que no necesariamente consistirían en la suspensión de su autonomía.

CDC ha desaparecido y los anteriores convergentes han formateado el PDC, que es una continuación expresamente “independentista” y “republicana” del partido que fundara Pujol en 1974. Cualquier arreglo con el PDC –como pretendía Homs con el PP– hubiese fracasado, como se demostró el pasado 27 de julio en el Parlamento catalán: después del pacto subrepticio entre Rajoy y los catalanes independentistas, se aprobaron –contra la advertencia expresa del Constitucional– las conclusiones de la Comisión del Proceso Constituyente.

Sostienen algunos colegas, a los que aprecio mucho personal y profesionalmente, que el soterramiento parlamentario del PDC ha sido un yerro político de gran calibre. Discrepo: la CDC que conocimos no existe, su continuación es una fuerza que solo decorativamente mantiene a determinadas figuras que evocan el pragmatismo del anterior nacionalismo catalán, y el nuevo PDC no solo ha perdido la hegemonía en el ámbito soberanista a manos de ERC, sino que ha sido arrollado tanto por los errores del proceso que puso en marcha Artur Mas en 2012 como por el progresivo arraigo electoral desde entonces de la izquierda, tanto la republicana como la de los comunes de Ada Colau.

De lo que fue CDC nada puede esperarse salvo la irrupción en escena de un nuevo partido que recoja los restos del naufragio de CiU, una organización centrada y catalanista, capaz de amparar a las clases medias no radicalizadas. Quizás sea necesario recordar que en Barcelona, el 26-J, el PP superó a CDC y que el 25 de septiembre de 2015, Ciudadanos con 25 escaños se convirtió en el primer partido de la oposición.

Una de las graves y culpables omisiones del Gobierno de Rajoy en la X legislatura consistió en no abordar, cuando era posible hacerlo, la cuestión catalana en términos políticos y frenar la deriva que se ha ido produciendo. Ahora reconducirla es misión dificilísima. Casi imposible, porque el escenario catalán lo dominan los rupturistas que la ex-CDC ha ido alimentando de forma comprobadamente suicida. En el horizonte aparece fortalecida la izquierda de ERC y la de los comunes de Colau que podrían granjearse la colaboración de la CUP liquidando los residuos de CDC que aún puedan persistir en el PDC para formar un bloque de ruptura agrupado en una “hoja de ruta” distinta a la pactada por JxS y la CUP en enero pasado.

La continuidad del proceso soberanista –esos 18 meses transitorios y previos a la “desconexión”– no la visualizan como posible ni siquiera los sectores más radicales del País Vasco que van a ir abandonando a la izquierda 'abertzale' y se van a agrupar en torno a la candidatura de Pilar Zabala, cabeza de lista por Guipúzcoa de Podemos, arrumbando al Arnaldo Otegi que el Parlamento catalán recibió hace unos meses como una especie de 'Mandela vasco' y al que sus propios conmilitones auguran un serio revés electoral si la Junta Electoral Central permite que se presente en los comicios vascos del 25 de septiembre.

Cuando se pueda –y el presente no es el momento– habrá que sentarse y negociar una serie de aspectos que razonablemente plantean los partidos catalanes –y no solo los independentistas-. Pero para hacerlo, antes hay que restablecer el respeto al orden constitucional y someterse, para reformarlo, a los procedimientos establecidos por la propia Constitución. Mientras ese momento llega –que llegará: mucho peor estaban las cosas en Euskadi– hay que proscribir el apaciguamiento, militar en la convicción de que todo presupuesto de partida negociadora ha de consistir en cumplir la ley y que si la marea insurreccional persiste habría que plantearse como cuestión de Estado la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

De ahí que un programa realista y lúcido de un futuro Gobierno deba contemplar una estrategia de fondo en Cataluña para reducir, primero, la sistemática infracción de la ley y diseñar, después, un plan de renovación constitucional y financiera que ofrezca a buena parte de los independentistas catalanes los mejores y más sólidos motivos para abandonar el secesionismo y regresar al territorio en el que entusiásticamente se instalaron con la abrumadora aprobación catalana de la Constitución en el referéndum de 1978.

Del bloque constitucionalistas y otras cansinas invenciones
El PP, el PSOE y Ciudadanos se proclaman constitucionalistas
Germán Gorráiz López www.diariosigloxxi.com  7 Agosto 2016

Parece ser que el nudo gordiano que impide formar gobierno en nuestro país es el frentismo político que históricamente ha dividido a los españoles; en esta ocasión, dos bloques irreconciliables enfrentados por la manera de entender la Constitución de 1978: los constitucionalistas y los otros (populistas e independentistas).

El caso es que no existe ninguna autoridad política o jurídica que haya emitido un dictamen objetivo sobre quién es constitucionalista y quién no lo es. Es, simplemente, una identidad creada desde la subjetividad de unos basada en un juicio de parte; por consiguiente, muy discutible.

Pero, en primer lugar, lo que habría que determinar es qué cosa es ser constitucionalista. En lo tocante al tema que nos ocupa, la RAE define al constitucionalista como a todo aquel que defiende la Constitución vigente en el Estado. Y, si profundizamos un poco más, constitucionalista sería el partidario del constitucionalismo: “un complejo de ideas, actitudes y pautas de comportamiento que establecen el principio de que la autoridad del gobierno deriva y está limitada por la parte principal de una ley fundamental”.

En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada en la Asamblea Nacional Constituyente de Francia el 28 de agosto de 1789 se afirma: “Una sociedad en la que la garantía de los Derechos no está asegurada, ni la separación de los Poderes determinada, no tiene Constitución”.

El PP, el PSOE y Ciudadanos se proclaman constitucionalistas y, no solo eso, además afirman que son los únicos partidos constitucionalistas del país. Es un juicio de parte, evidentemente, subjetivo, excluyente y sin ningún tipo de fundamento que lo acredite. Es cierto que los tres partidos defienden, de palabra, la Constitución; pero no son los únicos, todos los demás también. Y, por otra parte, si nos atenemos a la praxis política que durante los últimos cuarenta años han desarrollado el PP y el PSOE, desde sus diferentes gobiernos, encontramos claras evidencias de graves incumplimientos de buena parte del articulado de la Constitución, y tampoco se nos escapa que la garantía de los Derechos nunca ha estado suficientemente garantizada, así como que la separación de los Poderes, bajo los gobiernos del PP y PSOE, es algo que pertenece al mundo de las entelequias.

Así que podríamos admitir que PP y PSOE pueden ser constitucionalistas de espíritu, pero tremendamente negligentes a la hora de poner en valor lo sustantivo y sustancial de la Constitución. En cualquier caso, carecen de autoridad para atribuirse la exclusividad del constitucionalismo frente a, por ejemplo, Podemos, partido político que, hasta el presente, ha sido escrupuloso cumplidor de la Constitución y el más inequívoco defensor de la misma, al menos, en sus artículos más garantistas de los Derechos del hombre y del ciudadano. De hecho, Podemos es tan riguroso en el cumplimiento de la Constitución que, por un lado, está a favor del referéndum en Catalunya previa reforma de la Ley y, por otro lado, también defiende una revisión más amplia de la Constitución para hacerla más democrática y adecuada al tiempo en el que vivimos.

En conclusión, podemos afirmar que el bloque constitucionalista es una falacia y el nudo gordiano que ello representa para la posible gobernabilidad del país, una estupidez.

El PP denuncia las políticas aislacionistas del PNV, mientras que UPyD advierte de que votar a Podemos es apostar por “más nacionalismo”
Los partidos constitucionalistas vascos cargan contra el “segregacionismo” del PNV y el “nacionalismo naíf” de Podemos
www.latribunadelpaisvasco.com  7 Agosto 2016

El PP concurrirá a las elecciones vascas del 25 de septiembre con el objetivo de poner freno al "declive" económico y demográfico que, a su juicio, sufre Euskadi debido a las políticas de "segregación" y de "construcción nacional" del PNV, según ha anunciado el vicesecretario general de los 'populares' vascos, Javier de Andrés.

El programa popular, según ha explicado de Andrés, se articulará en torno a una idea principal, consistente en la "recuperación del liderazgo" económico y de competitividad de Euskadi en el ámbito del Estado español. De Andrés ha asegurado que esta posición destacada de la comunidad autónoma se ha "perdido" en los últimos años, algo que ha atribuido a la gestión del PNV en las principales instituciones vascas.

El dirigente del PP ha asegurado que en los últimos 40 años, el País Vasco ha pasado de representar el 7,5% del PIB de España a suponer el 6%. De Andrés ha reprochado al PNV que no haya "sabido gestionar" el autogobierno de Euskadi para, al menos, mantener el peso de la comunidad autónoma en el conjunto de la economía del Estado. Para el PP, muchas empresas han abandonado Euskadi y otras han renunciado a realizar inversiones en el territorio, ya que éste ha perdido el "atractivo" que tenía. Todo ello, ha asegurado, se debe a que las políticas del PNV han estado orientadas a la "segregación" y a la "diferenciación" de Euskadi respecto a las normativas estatales relacionadas con el comercio, el empleo u otras áreas. En estas condiciones, según ha indicado, "siempre pierde el más pequeño".

Por su parte, Gorka Maneiro, portavoz de UPYD, ha explicado recientemente que “votar a Podemos en el País Vasco es votar más nacionalismo, nacionalismo naíf si se quiere, pero nacionalismo al fin y al cabo, el tipo de nacionalismo naíf que interesa al nacionalismo clásico del PNV para sostener su poder, sus falacias y sus argumentos”.

“Votar a Podemos en el País Vasco es votar más nacionalismo y lo que Euskadi necesita no es más nacionalismo sino menos, necesita más libertad, más democracia, más igualdad y más transparencia: en concreto, deshacer las redes de poder tejidas por el PNV durante décadas, con la complicidad de quienes han estado riéndole las gracias o mirando a las musarañas. Es curioso que quienes prometen ahora parar los pies al PNV lleven años desaparecidos o fuera de cobertura”, ha añadido Maneiro.

En definitiva, matiza el portavoz de UPYD: “Volviendo a Podemos y su candidata a Lehendakari Pili Zabala, es llamativo que haya sido más clara afirmando que no es su intención desalojar al PNV que en relación a si es o no independentista, lo cual demuestra que efectivamente es nacionalista. Y no es más nacionalismo lo que Euskadi necesita sino menos. Necesita más igualdad, más democracia y más transparencia”.
Recortes de Prensa   Página Inicial