AGLI Recortes de Prensa   Lunes 8  Agosto  2016

¿Para qué sirven las elecciones?
Enrique Arias Vega Periodista Digital 4 Agosto 2016

El empecinamiento efectivo de nuestros principales líderes políticos (Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera) en que sigamos votando hasta que el resultado electoral salga de acuerdo con su conveniencia respectiva muestra muy poco apego a las normas democráticas.

¿Para qué sirven las elecciones en estas circunstancias?

Conforme a esta nueva y viciada práctica política, los sucesivos comicios no servirían en realidad para nada.

A nadie se le oculta la inmensa gravedad antidemocrática de semejante corolario.

Algunos, por edad, nos hemos pasado demasiados años sin poder votar durante la dictadura franquista. Por eso mismo, por aquella forzada abstinencia, le tenemos tanto afecto y respeto a la posibilidad de ir a las urnas. Nos parece algo tan importante y sagrado que su banalización por los políticos actuales resulta de una bajeza intolerable.

La demostración práctica de que nuestros líderes no respetan la opinión de los ciudadanos (quienes obviamente han mostrado con su voto la fragmentación y la diversidad sociales y el evidente mandato electoral de llegar a acuerdos entre diferentes partidos mediante concesiones de unos y de otros) está poniendo en peligro todo nuestro andamiaje democrático.

¿Qué pasaría en el caso de tener que acudir a unas terceras elecciones?

Lo primero que se produciría es un sentimiento de decepción y fracaso generalizados, independientemente de cuál sea la posición política de cada cual.

Habría, pues, menos participación electoral y más sensación de que las elecciones no sirven para nada. Tendríamos el sentimiento de que votar es un acto simbólico y perfectamente prescindible y que nuestros partidos políticos aspiran, en realidad, a ser mayoritarios, mejor aún, hegemónicos y, si por ellos fuera, los únicos existentes. ¿No es éste el comienzo de cualquier totalitarismo?

Por ello, el que no llegase a formarse ahora un Gobierno (cualquier Gobierno, me atrevería a decir) sería un error político de primera magnitud. Esa hipótesis, más que cualquier otra, evidenciaría que nuestro sistema político está enfermo y que necesita una urgente y profunda modificación sin saberse todavía hacia dónde deben ir los tiros (metafóricamente hablando, claro).

Las terceras elecciones Salvador Sostres
Perder un año es un precio asumible si barremos para siempre a los populistas
Salvador Sostres. ABC 8 Agosto 2016

El primer gran populismo fue votar a Obama por el color de su piel, pudiendo tener de presidente al senador McCain. Luego vinieron los franceses, que teniendo a Sarkozy votaron a Hollande; y hasta los ingleses han perdido la dignidad con el Brexit. El populismo ha arrasado en las naciones más importantes, menos en España. Por lo tanto, tendríamos que remontar «at once» esta vergüenza añadida que sentimos los españoles por cualquier cosa que nos pasa, porque aquí Podemos está fuera de combate y cada resultado que obtienen los socialistas es el peor resultado de su historia.

Ha sido mucho más devastadora y peligrosa la presidencia de Obama que si los americanos hubieran repetido dos o tres veces las elecciones; y los británicos serios quieren repetir el referendo del Brexit. Las terceras elecciones en España no son el escenario ideal, pero Ciudadanos regresaría a la insignificancia de la que nunca tendría que haber salido, Podemos quedaría definitivamente en vía muerta y los socialistas descenderían hasta su próximo «peor resultado de la historia». Podrían coleccionarlos.

Si Rivera y Sánchez continúan ensimismados en su fatua vanidad de gallos sin corral, las terceras elecciones podrían ser el aseo estructural que necesita España. Sánchez pretende todavía alcanzar la Presidencia con el apoyo de Podemos y la abstención de Ciudadanos, y por eso Rajoy no quiere presentarse a la investidura sin los apoyos necesarios: es un ejercicio de responsabilidad intentar evitar por todos los medios que España caiga en las garras de un gobierno tan nefasto. Hasta Rubalcaba se refiere a tan grotesco conglomerado como el «Sanchezstein».

Por su parte, Rivera es un narciso que pasea con su espejo por Barcelona, y odia a Rajoy por el mismo motivo que la madrastra a Blancanieves. Su «primer paso de una larga caminata» es una falacia para simular que se mueve, para que Rajoy acuda confiado a la investidura y usar entonces cualquier excusa para traicionarle.

En este contexto diabólico de perversión e inmadurez, perder un año es un precio asumible si barremos para siempre a los populistas de izquierda y derecha -Podemos y Ciudadanos- y volvemos al bipartidismo con un PSOE -eso sí- reducido al tamaño político y moral de su líder. El PP tiene que perderle el miedo a las terceras elecciones, porque ha hecho y está haciendo todo lo que puede por evitarlas: ganar las dos anteriores, y las segundas por más margen; estar dispuesto a pactar los 125 puntos del pacto que suscribieron Sánchez y Rivera para la investidura fallida del primero tras las elecciones del 20 de diciembre; y hasta ofrecer un gobierno de coalición a los dos partidos claramente perdedores.

Tal como Rajoy supo aguantar cuando todas las histéricas le gritaban que pidiera el rescate, con aquella Rosa Díez al frente, tendrá ahora que driblar a los que en nombre de la pureza de la democracia le urgen a poner fecha a la investidura cuando lo único que pretenden es llegar al poder a cualquier precio, sin haber ganado las elecciones y con unos aliados que son y representan exactamente lo contrario de lo que España significa dentro del todavía gran proyecto europeo.

Al presidente Rajoy no sólo no tienen que avergonzarle unas terceras elecciones, sino que está en condiciones de poder decir con orgullo que gracias a él y a su partido, España no ha caído en el oprobio de tener un gobierno populista, como ha sucedido en algunas de las naciones más importantes del mundo.

La libertad es un deber y tiene un precio.

Rajoy el magnífico versus Rajoy el inútil
Nota del Editor 8 Agosto 2016

Esto de la política y de los periodo-políticos es de asco. Aquí tenemos un tipo que lleva viviendo de la política desde su más tierna juventud si haber realizado acción alguna en favor de España y que ha desperdiciado la mayoría absoluta que los españoles tuvieron que darle para quitarse de encima a otro inútil y pernicioso que al menos decía tantas estupideces que hasta parecía que hacía sonreir.

Y ahora vienen los periodo-políticos diciendo que tenemos que volver a darle el poder a un tipo inútil que ha demostrado que su palabra es tan falsa como su valor.

Y encima llaman democracia a un sistema en el que los que detentan el poder repiten las elecciones las veces que les convenga hasta que el resultado sea el que ellos quieren.

España debería abandonar el turismo como industria fundamental y dedicarse a exportar descerebrados.

Muere el filósofo Gustavo Bueno a los 91 años dos días después de fallecer su esposa
OKDIARIO 8 Agosto 2016

El filósofo riojano Gustavo Bueno Martínez ha fallecido este domingo a los 91 años en la localidad asturiana de Niembro, donde contaba con una residencia, y tan sólo dos días después de la muerte de su esposa, según ha informado la fundación que lleva su nombre. La capilla ardiente familiar estará abierta desde las 18:00 horas de este domingo en su casa de Niembro y mañana se abrirá al público otra en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Santo Domingo de la Calzada, del que era natural el filósofo, y donde este lunes se celebrará una ceremonia de despedida a las 17:00 horas.

Posteriormente el cadáver de Bueno, que ha fallecido sólo dos días después de la muerte de su esposa, Carmen Sánchez Revilla, será enterrado en el cementerio de Santo Domingo de la Calzada. Bueno se licenció en Filosofía y consiguió en 1965 la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Oviedo para convertirse en las décadas posteriores en uno de los catedráticos más polémicos.

Su primera obra fue “El papel de la Filosofía en el conjunto del Saber” escrita en 1970, y es autor también de libros como “Etnología y Utopía” (1971); “Ensayos Materialistas”(1972); “Ensayos sobre las categorías de la Economía Política”(1972); “La Metafísica Presocrática” (1974) e “Idea de Ciencia desde la Teoría del cierre Categorial” (1976).

En 1985 publicó “El animal divino. Ensayo de una teoría Materialista de la religión”, fruto de treinta años de reflexión, y en 1988 el Ministerio de Educación y Ciencia prohibió su obra “Simploke”, destinada a servir de libro de texto para alumnos de BUP y autorizado finalmente tras una larga polémica.

Desde 1978 hasta 1984 dirigió la revista “El Basilisco”, una de las publicaciones de temas de pensamiento más prestigiosa de España. En octubre de 1998 tuvo lugar su polémica jubilación de la Universidad de Oviedo, apartado de la docencia al ser nombrado profesor emérito honorario de la institución académica.

A la huelga de los alumnos que provocó su jubilación se sumaron las declaraciones de Bueno, quien afirmó que la razón de la medida residía en las diferencias ideológicas que mantenía con el decano de la Facultad de Filosofía, Alfonso García Suárez.

En 1995 publicó junto a Amando de Miguel, Javier Sádaba, Gabriel Albiac y Gonzalo Puente Ojea el volumen titulado “La influencia de la religión en la sociedad española” y, dos años después, presentó su obra “El Mito de la Cultura”, con el que en noviembre del mismo año llegó a la final del Premio Nacional de Ensayo.

En 2000 publicó “España frente a Europa”, en el que el proceso de unión europea era cuestionado por el filósofo, para quien no es más que una invención. Ese año también salió a la luz el ensayo “Televisión: apariencia y verdad”, donde Bueno declaró que trazaba un primer ensayo de análisis general de las ideas de apariencia y verdad, tal como ellas se abren camino en la pantalla de televisión.

Bueno reflexionó acerca de la telebasura en su obra “Telebasura y democracia” (2002) y publicó un artículo sobre el programa “Gran Hermano”.

En marzo de 2003 presentó su libro “El mito de la izquierda”, y en 2008, el titulado “El mito de la derecha”, momento en el que sostenía que la distinción entre ambas había desaparecido.

En 2006 publicaba “Zapatero y el pensamiento de Alicia”, un libro crítico con el expresidente del Gobierno, y un año más tarde vio la luz su ensayo “La fe del ateo”, sobre las “verdades del enfrentamiento de la Iglesia con el Gobierno socialista”.

Finalista del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1989 y 1990, en dicho ejercicio se le concedió la Medalla de Asturias de Plata y cinco años después fue nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad de Oviedo.

Gustavo Bueno, el pensador desafiante
El filósofo ha fallecido en su casa de Niembro, Asturias, a los 91 años, dos días después de su esposa. Autor de obras como «Teoría del cierre categorial» y «El mito de la cultura», fue conocido por el gran público por sus intervenciones polémicas en televisión.
J. Ors. Madrid. La Razon 8 Agosto 2016

Defendió la misión de la filosofía desde las galerías de las minas, donde bajó para explicar Hegel y Marx a los trabajadores, hasta las tribunas hipotéticamente reservadas de la universidad y que él abrió a la calle, o sea, al mundo, a través de seminarios y conferencias, porque la enseñanza y la discusión, vamos, el diálogo y el intercambio de las ideas, no es un patrimonio del alumnaje, del estudiante matriculado según indican las normas, sino de la sociedad entera. Con un pensamiento articulado, fue uno de los pocos intelectuales españoles que contaba con un sistema filosófico y un espíritu crítico que jamás cedía ante ningún baluarte; Gustavo Bueno abordó la tarea de sacar al ciudadano de las sombras de la caverna mostrándole los engaños actuales en los que vive inmerso; esas tergiversaciones, prejuicios, tópicos y parámetros preconcebidos que tantas veces se dan por ciertos sin haberlos sometido con anterioridad a ningún tipo de examen.

Hay que triturar, declaró con energía en varias ocasiones; hay que arrasar, machacar, destrozar, derribar cada una de las ideas que manejamos en el orbe de nuestra cotidianeidad y que, sin habernos dado cuenta, hemos aceptado libremente sin percatarnos antes de si nos ayudan a ser más libres o si nos están limitando el pensamiento, si nos están encerrando en un engaño. En este momento de tanta tertulia, él afirmó que la opinión sin un argumento detrás no significa nada y, con ese ímpetu que le caracterizaba, esa pasión contagiosa que transmitía a sus alumnos en la Universidad de Oviedo, una entrega en las palabras que hipnotizaba a los estudiantes que acudían a sus clases, tiró contra todas las murallas que distinguía a su alrededor. No importaba cuáles. Para él, el 90 por ciento de lo que escuchamos o leemos es criticable, es «derribable» y él, casi sin darse cuenta, se convirtió en un asaltante radical de las ciudadelas más inexpugnables. «La cuestión no es si Dios existe o no; es que no puede existir». Y su aseveración no era tan terrible como la demostración posterior con la que sustentaba sus palabras.

Gustavo Bueno, al que se ha intentado definir de mil maneras sin que jamás se le haya podido encuadrar en ningún otro límite que no procediera de su propia obra (él decía que era «escolástico puro»), falleció ayer en Asturias. Había nacido en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, hace 91 años, y en este pueblo, que forma parte del camino de Santiago –un destino extraño para un hombre que siempre profesó y defendió su ateísmo–, será próximamente enterrado. Desde pequeño había mostrado una tendencia al cuestionamiento que se revelaba en una tendencia innata a la desobediencia. Una inclinación que le condujo a buscar la filosofía. Asistió a la universidad en una época agitada, inmersa en el franquismo, pero dominada por la curiosidad irrefrenable de los jóvenes. En esa transición de una facultad a otra para encontrar respuestas a las preguntas, donde la división entre ciencias y letras no estaba tan marcada ni acentuada como hoy, y que para acercarse a Freud había que ir a aulas que no fueran las de Letras, porque ahí no lo enseñaban ni explicaban.

A partir de ahí, del deslumbramiento, el interés o la motivación intelectual que le produjo un laboratorio –unas visitas en las que no paró durante un instante de preguntar para qué servía este aparato o ese otro–, surgieron los cimientos para una obra ingente, atrevida, en la que trabajó durante años: «Teoría del cierre categorial», una de sus obras cumbre. Pero si su nombre se hizo popular fue por sus apariciones en televisión, donde sus comentarios siempre generaron polémicas. Ahí están sus enfrentamientos con Santiago Carrillo, sus conversaciones con Sánchez Dragó o sus discusiones con algún ministro de la Iglesia al que ridiculizó por no conocer adecuadamente el dogma que defendía (aunque no creía en Dios, Gustavo Bueno respetaba a Ratzinger, como teólogo, y a curas científicos, como el abate Lemaitre).

- Contra «GH»
Gustavo Bueno no era un filósofo anacoreta, encerrado en el palacio de sus ideas y principios, que ejercía su prestigio desde el retiro privilegiado de su despacho universitario, sino un nuevo Sócrates que salía a interpelar a la sociedad, a agitar sus cimientos con sus ideas y preguntas, e iluminar el océano de falsedades que nos rodea. En esa intervención directa en los asuntos ciudadanos, comunes, que agitan las aguas de lo público, encontró parte de su popularidad, y de ese contacto habitual con el acontecimiento del día a día nacieron una serie de libros que no dejaron indiferente a casi nadie (sus controvertidas opiniones le valieron que un grupo de radicales quemaran en una ocasión su propio coche). Uno de los debates más conocidos en los que intervino fue a raíz de la irrupción de programas televisivos como «Gran Hermano». Siempre se rebeló contra la vulgaridad y cómo la pequeña pantalla generaba productos despreciables con el único propósito de aumentar las audiencias. A la televisión, precisamente, dedicó un estudio muy comentado en el momento de su publicación: «Telebasura y democracia». Sus inquietudes sociales le llevaron también a analizar el deporte, y a los pensadores que despreciaban el deporte como si fuera un tema sin relevancia. Pero también observó y pensó bien asuntos de mayor alcance, como la constitución española y lo que consideramos en este momento democracia, así como la decisión de los partidos políticos de concurrir a las elecciones con listas cerradas. De hecho, levantó la voz por no abrir un debate abierto sobre el mismo término y sistema acerca de lo que debe ser la «democracia». Su libro «El fundamentalismo democrático. La democracia española a exámen» se encargaba de este tema. Aunque era un hombre de izquierdas, reflexionó mucho sobre esta ideología, como se ve en «El mito de la izquierda», y se mostró muy crítico con el ex presidente de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, al que dedicó un ensayo: «Zapatero y el pensamiento Alicia». El papel que nuestro país desempeña en estos momentos en la Unión Europea, construcción a la que también sacó sus contradicciones y errores, queda reflejado en «España frente a Europa».

- Sonados encuentros
Gustavo Bueno, siempre resuelto a caminar por las aristas más peligrosas y menos frecuentadas, resultó un carácter muy beligerante y tuvo sonados encuentros, como, por ejemplo, con un profesor que intentaba implantar el bable en Asturias o cuando comentaba cómo suspendía en las Islas Baleares a los alumnos que no sabían correctamente español. De hecho, escribió un ensayo que tituló «España no es un mito: claves para una defensa razonada». Enemigo de lo superficial y de lo vulgar, Bueno mostró unas inquietudes que abordaron diferentes planos del saber, como puede comprobarse a través de su prolífica bibliografía, compuesta, entre otros títulos, de «La vuelta a la caverna: terrorismo, guerra y globalización», «La fe de un ateo» o «El papel de la filosofía en el conjunto del saber». Pero, también, a través de las revistas culturales que apoyó, como «El Basilisco» o «El catoblepas».
Dos días después de su esposa

Gustavo Bueno murió ayer en Niembro (Llanes), la localidad asturiana donde tenía la casa donde había escrito y reflexionado sin interrupción durante estos últimos años, casi desde que se retiró de la Facultad de Filosofía, después de una polémica jubilación, de un retiro que dio lugar a muchos comentarios. Ahí, en ese entorno, había paseado y había convivido con su esposa y desarrollado, sin cesar, las últimas obras que había editado, porque el pensador pertenecía a esa raza de filósofos que poseían la determinación de trabajar en sus proyectos hasta el último momento. El destino ha hecho que el fallecimiento del conocido pensador tuviera lugar dos días después de que lo hiciera su mujer, Carmen Sánchez Revilla,que era cuatro años mayor que él, y que, como su marido, pidió ser enterrada también en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. La coincidencia de estas muertes han sumido en la tristeza a su familia. Gustavo Bueno y Carmen Sánchez habían permanecido juntos durante décadas. Ella, de carácter discreto, siempre se había dedicado a la docencia y era profesora de la Escuela de Magisterio. Era una de las patronas de la Fundación Gustavo Bueno, institución que se ha encargado de comunicar el fallecimiento de los dos y que se constituyó no sólo para apoyar el legado y la figura de Bueno, sino para promover la filosofía en todos los ámbitos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Juego de hampones

Es preciso desmontar la forma en la que los independentistas catalanes disfrazan de conceptos fastuosos y vacíos su estrategia filofascista
Fran Carrillo El Confidencial 8 Agosto 2016

En 1973 se estrenó en cartelera la gloriosa película 'El Golpe', dirigida por George Roy Hill y protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, con el siempre intenso Robert Shaw haciendo de malote. Se retrata la figura de dos truhanes en ese Estados Unidos de la Gran Depresión que olía a tabaco y alcohol oculto, cortina de capos y maleantes que fotografiaban callejones de oscuro deterioro. La trama se articula en derredor a dos pillos que pergeñan un plan para timar a un conocido mafioso, célebre por sus artimañas personales y su opacidad de trato y proceder. Un hampón de mucha monta y baja estofa que disfrutaba de partidas clandestinas de póquer en sus viajes de tren entre Chicago y Nueva York. Para ello se rodean de otros estafadores con la intención de vengar la muerte de un amigo común. Aquellamúsica de piano de Scott Joplin siempre será mi favorita.

Visionando de nuevo el otro día la película parecía estar asistiendo a un 'remake' político de lo que se rueda cada semana en el cortijo político de Pujol y Asociados. Porque en esa Cataluña nacionalista y separatista, muchos de sus representantes, subordinados del Estado, protagonizan hoy un golpe constante a la democracia. Un plan ideado bajo la desquiciada tramontana intelectual, social y política que el sucesor de Tarradellas ideó tras el 'Ja sóc aqu´'. Con González y Aznar de cómplices (in)voluntarios y coyunturales. Con la ley de espectadora permanente bajo Zapatero y Rajoy.

Se ha probado de todo en estas cuatro décadas para apaciguar a la garrapata nacionalista, succionadora de la sangre estatal. Casi nada ha funcionado. Ni apelaciones al diálogo, ni cesiones o transferencias competenciales, ni la transfusión de dinero a espuertas cada ejercicio. A este respecto, ni siquiera desmontarle uno de sus recurrentes mantras como el 'Espanya ens roba', con la publicación reciente de las balanzas fiscales que demuestran que Cataluña aporta al Estado la mitad de dinero que Madrid, les apacigua. La mentira del siglo se instala desde el odio, el resentimiento y la ignorancia. Granja y propaganda al servicio de la Rebelión en la Galia catalana. Münzenberg y Goebbels fusionados en Pisarellos y Tardás, en Puigdemonts y Forcadells.

La élite nacionalista y la soldadesca previamente anestesiada de valiums emocionales, seguirán pidiendo 'ad aeternum', aunque sus reclamaciones se vean satisfechas, pues la razón de ser de un nacionalista es la disconformidad, con lo que hay, con lo que sea. Protestar y gritar, chantajear y manifestarse, amenazar y saltarse la ley. Si no, no sería nacionalista. O se mueve o muere. Han sido ya tres generaciones de catalanes las que han pasado por el laboratorio educativo convergente. Son ya irrecuperables. El trabajo actual del Estado y del Gobierno central debe consistir en no perder a las siguientes, difícil tarea cuando las competencias en dicha materia siguen en manos de los hampones que dictaron las reglas del juego. La primera batalla hay que darla en el lenguaje, frente al mito y la ignorancia que los concejales y diputados del 'procés' alimentan a cada declaración, real o digital, en pantalla televisiva o en 140 caracteres de risible desvergüenza.

Para ello es preciso desmontar la forma en la que disfrazan de conceptos fastuosos y vacíos su estrategia filofascista: rodeos lingüísticos como "unilateralidad democrática" (dijo hace unos días Anna Gabriel, dirigente de la CUP, incapaz de evaluar tamaño oxímoron en su exigua pose intelectual, para justificar la impostura vivida en el pleno del Parlament), o "desconexión programada" desdibujan en la morralla del eufemismo lo que es un golpe institucional consumado, sólo alimentado por la desidia de la contraparte, quien abdicó de sus competencias educativas en la Transición y dimitió de hacer cumplir la ley, sobre todo desde que hace diez años, al mediador Zapatero se le ocurriera decir aquello de "aprobaré todo lo que salga del Parlament de Cataluña".

Carta blanca al delito político continuado.
Es complejo explicarle a los portadores de mitos y mentiras que ningún proceder unilateral es democrático. Pues el poder del 'kratos' (pueblo) se acaba reduciendo al criterio de una minoría dirigente, que impone sus planes y delirios al bienestar general. Como hizo Lenin contra los mencheviques o Hitler contra los nacionalistas o el 'Zentrum' alemán. Y cuando en un país la ley no se aplica, toda apelación al sentimiento es inexplicable para la razón. Por eso siempre ganan las vísceras.

Porque la política hace la ley, pero también las trampas. En este juego de hampones, ladrón frente a ladrón, el golpismo simbólico hasta es bien visto por la enfervorecida masa intoxicada. Lo legal siempre estará por debajo de la política. Cuando las leyes las escriben, dictan, votan y medio ejecutan los políticos, no se pone en solfa la separación de poderes del Estado. Lo que está en peligro es el verdadero Estado y la democracia de la cual emana. Lo saben en Barcelona y lo saben en Moncloa.

En ningún país serio del entorno de las democracias libres (una mínima parte del total existente en el mundo, seamos realistas) se hubiera permitido llegar a la metástasis catalana. Aquí, cuando una comunidad (no nación jurídica y mitológica) incumple con las obligaciones impuestas por la Constitución y atenta por ello gravemente al "interés general de España", se expone a ser sancionada mediante la aplicación del artículo 155 que la Carta Magna recoge para casos excepcionales. Dicho artículo, como correctamente han apuntado en los últimos tiempos varios constitucionalistas reconocidos, se inspira en el de la Ley Fundamental de Bonn, en cuyo artículo 37 admite la figura de la coerción federal. Como el intento de secesión ya ha sido expuesto y explicitado, con insistencia alevosa, nihil obstat para que su ejecución sea defendible.

Es preciso recordar a los perpetradores de alevosías históricas que también los nazis se ofendían cuando el resto del Reichstag les calificaba de fascistas. Ganaron en 1933 las elecciones con 288 diputados (de 647 que tenía la Cámara), minoría parlamentaria pero sobre todo minoría social, que fueron incrementando con base en el miedo paulatino que insertaban en la población. Sus redes sociales fueron el vis a vis con comerciantes, tenderos, funcionarios, maestros, a los que amedrentaban física y verbalmente hasta que conseguían su rendido plácet, paso abierto a sus totalitarios propósitos.

Y no estuve en la Alemania de los años 30 para conocer su historia. Ni estuve en la represión que los soviets ejercieron a todo disidente para saber que se produjo. De pequeños nos decían que había que cumplir las reglas. En casa, en el colegio, en la Universidad, en cualquier recinto público te advierten de las normas de comportamiento y cortesía. La Generalitat, y los nacionalistas catalanes, hijos de Pujol y nietos de rufianes, generación de intoxicadores e intoxicados, incumplen, escupen y se ríen cada día de esas normas que los demás tenemos obligación de cumplir. Por respeto al decoro y supervivencia de esa casa común que es España.

Hoy hay un golpe en marcha, patrocinado por la Generalitat de Catalunya y acólitos, un golpe traidor de la memoria de muchos catalanes que nunca lo quisieron y de una historia que jamás lo avaló. Un golpe que necesita de un contragolpe inminente. Hacen falta muchos pasos que dar para que la ley ordene y mande, pero ningún camino se recorre si no se da (o no se quiere dar) el primero de ellos. Mientras, suena el piano que Joplin hace sonar en honor a los hampones y su juego. Me gustaba más la mirada engañosa de Newman y la sonrisa cínica de Redford.

TV3 cae en el surrealismo en su delirio nacionalista
EDITORIAL El Mundo 8 Agosto 2016

Que los diferentes gobiernos de la Generalitat, especialmente los de signo nacionalista, han utilizado los medios de comunicación públicos para favorecer la causa del soberanismo es un hecho conocido. Lo que sí resulta una novedad es que estos medios no tengan reparos en retorcer la realidad hasta cotas que rayan el surrealismo. Así ocurrió el sábado, cuando TV3 otorgó el diploma olímpico conseguido por Joaquim Purito Rodríguez con un rótulo de la bandera catalana, en lugar de la española, que es la delegación con la que oficialmente compite este ciclista en los Juegos Olímpicos que se disputan en Río.

La imagen, que fue incluida en el bloque de deportes del informativo de la televisión catalana, fue denunciada ayer por el PP. El portavoz de esta formación en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, aseguró que 'la españofobia y provincianismo de TV3 queda en evidencia con informaciones como la prueba de ciclismo de los JJOO'. Es cierto que el hecho no se ha repetido con ocasión del bronce logrado por la nadadora catalana Mireia Belmonte -elegida por el Comité Olímpico Español como uno de los símbolos del equipo nacional-, si bien en la página web de TV3 sí aparece consignada como 'la primera medalla catalana'. Por tanto, la infografía insertada tras la carrera de Purito Rodríguez no parece un error casual sino la enésima demostración de la aversión a España que predomina en la corporación catalana de radio y televisión.

TV3 ha sido, desde los tiempos del pujolismo, la joya de la corona de la propaganda nacionalista. Con un alarde de medios muy superior al resto de canales autonómicos, TV3 dispone este año de un presupuesto de 225 millones de euros, lejos de los 80 millones de Telemadrid. Tal dispendio contrasta con las estrecheces de liquidez del Govern y los ajustes en los servicios llevados a cabo desde 2010. La inversión millonaria en TV3 supone una burla a todos los ciudadanos catalanes. Primero porque es la propia Generalitat la que excusa sus recortes sociales por una supuesta insuficiencia presupuestaria. Y, segundo, por la imposición de una línea editorial abiertamente favorable, antaño al nacionalismo y ahora al independentismo. Esto explica el habitual sesgo en las informaciones políticas, el despliegue en la cobertura de las manifestaciones soberanistas e incluso la quema de un ejemplar de la Constitución en uno de sus programas más vistos.

El secesionismo controla sin disimulo los medios públicos en Cataluña. Pero a ello hay que sumar una evidente manipulación del deporte con fines políticos, lo que tampoco es una novedad en el caso del nacionalismo catalán. A la reiterada demanda de disponer de selecciones propias, la Generalitat ha decidido instrumentalizar la presencia catalana en los JJOO mediante una campaña institucional y la recepción de Puigdemont a los deportistas catalanes, a imagen y semejanza del acto de despedida del presidente del Gobierno al conjunto de la delegación española antes de partir hacia Río. De ahí que el hecho de que TV3 inserte la senyera para identificar a un deportista que participa en los Juegos bajo bandera española no pueda ser visto como un simple fallo. Más bien, es una consecuencia de la obsesión aldeana con la que el independentismo impregna el espacio público en Cataluña.

Albert Boadella: En Cataluña no hay democracia
"El PSC lo traicionó todo, incluidos sus ideales"
Periodista Digital 8 Agosto 2016

Genio y figura: Boadella responde con un revelador cartel a "los cobardes" que atentaron contra su casa

El dramaturgo Albert Boadella no se ha cortado en lanzar renovadas críticas contra la gestión de los movimientos nacionalistas en España (Boadella: independiente, no independentista).

En concreto, en el caso catalán, ha señalado al PSC como responsable de la situación de conflicto que se ha alojado en Cataluña desde hace dos años (Albert Boadella sobre el veto de Rivera a Rajoy: "Me parece impresentable").

"Si el PSC hubiera mantenido la dignidad, no estaríamos así", comenta Boadella en una entrevista en La Razón.
"Lo traicionó todo, incluidos sus ideales, los valores propios del socialismo".

"Me apuntaría a un nacionalismo que dijera que nosotros somos los más tontos de Europa".
Boadella se indigna ante la estrategia socialista hacia los nacionalistas, basada en plantear una España federalista que, a su juicio, se amoldaría a las exigencias de vascos y catalanes.


Con respecto a las "singularidades" que apunta el PSOE para diferencia el hecho catalán, el dramaturgo explota:
"Todos los españoles tienen singularidades, todos los pueblos pequeños, todas las regiones. ¿Que tienen más que otros? Me parece insultante".

El dramaturgo asegura que la posición del PP y del PSC ante el nacionalismo en Cataluña es lo que hizo surgir a Ciudadanos, fuerza que actualmente lidera la oposición en la Generalitat.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial