AGLI Recortes de Prensa   Viernes 19  Agosto  2016

¿Austeridad? La deuda privada baja 300.000 millones durante la crisis, pero la pública se dispara en 700.000
La deuda total de España crece 400.000 millones durante la crisis, superando los 2,7 billones de euros, por culpa del sector público.
M. Llamas Libertad Digital 19 Agosto 2016

La evolución que muestra la deuda de los españoles durante la crisis tiene dos caras muy diferentes. Una positiva, aunque todavía insuficiente, que refleja el esfuerzo que han llevado a cabo familias y empresas para ir amortizando poco a poco el ingente endeudamiento acumulado durante los irreales años de burbuja inmobiliaria; y otra muy negativa, consistente en el histórico descuadre presupuestario que ha mantenido el sector público durante los años de crisis.

La deuda púbica alcanzó el pasado junio un nuevo récord histórico al rozar el 101% del PIB, la mayor cifra desde principios del siglo XX. Sin embargo, la deuda privada ha seguido el camino contrario. Como consecuencia, España entró en la crisis con un problema de deuda privada, cuya gravedad se ha atenuado en los últimos años gracias al desapalancamiento de familias y empresas, pero hoy sufre un problema de deuda pública debido a la irresponsabilidad presupuestaria de los políticos.

La deuda total de los españoles -incluyendo sociedades no financieras, hogares y administraciones públicas- supera hoy los 2,73 billones de euros, unos 395.000 millones de euros más que en junio de 2007, justo antes del estallido de la crisis subprime en EEUU, según los últimos datos del Banco de España. Es decir, la deuda total, lejos de bajar, ha crecido un 17%.

Mientras que el sector privado ha logrado reducir su endeudamiento en 312.000 millones, el sector público lo ha incrementado en 707.000 millones desde el inicio de la tormenta financiera internacional.

En concreto, las empresas no financieras -excluyendo bancos- han logrado amortizar 199.000 millones de euros durante este período, reduciendo así su deuda un 18%, hasta fijarla en el entorno de los 900.000 millones.

Los hogares, por su parte, todavía deben 724.000 millones, pero han logrado reducir su factura en casi 113.000 millones de euros, lo que significa un 13,5% menos respecto a mediados de 2007.

El sector público, por el contrario, ha disparado su deuda hasta niveles récord. El endeudamiento público supera hoy los 1,1 billones de euros, lo cual supone 707.000 millones más que al inicio de la crisis, un aumento próximo al 177%. Así pues, estos datos demuestran, entre otras cosas, que la famosa austeridad tan sólo se ha aplicado en el sector privado, ya que en el público brilla por su ausencia.

¿Quién ha endeudado a los españoles?
Juan R. Rallo www.vozpopuli.com 19 Agosto 2016

La deuda pública española alcanzó en junio su máximo histórico: 1,107 billones de euros, a saber, 23.850 euros por español o 60.350 euros por familia. Desde que comenzó la crisis, allá por finales de 2007, tal cuantía se ha disparado en 723.500 millones de euros (15.500 euros por persona y 39.500 por hogar).

Suele decirse, con parte de razón, que la deuda pública jamás se paga, sino que sólo se refinancia. Pero para lograr refinanciar la deuda pública necesitamos colocarla en los mercados a intereses suficientemente atractivos para los inversores… y esos intereses sí se pagan cada año con cargo al presupuesto. A día de hoy, el tipo de interés medio de la deuda en circulación ronda el 3%, lo que significa que cada ciudadano promedio está abonando por año unos impuestos extraordinarios de 715 euros sólo en concepto de intereses de la deuda pública (cada familia, unos 1.810 euros). Tales importes son prácticamente el doble de los que soportábamos antes de la crisis.

Pero el horizonte es caso más inquietante: si en el futuro tuviéramos que refinanciar los actuales volúmenes de deuda pública a tasas históricamente más habituales —entre el 4,5% y el 5%—, el gasto anual de intereses aumentaría hasta una horquilla de entre 1.075-1.190 euros por español (o de 2.715-3.020 euros por familia). Todos aquellos que durante estos días han querido minimizar la importancia del estallido de la deuda pública así como sus efectos adversos sobre la economía deberían plantearse si esta extraordinaria mordida en concepto de pago de intereses resulta irrelevante o si, en cambio, constituye un oneroso lastre —y un elevado riesgo potencial— para las espaldas financieras de los españoles.

Acreditado el despropósito que ha supuesto el hiperendeudamiento del sector público durante los últimos años, queda por resolver quién ha sido el culpable de este desparrame obsceno de los pasivos estatales. Y atendiendo a las frías cifras, parece que las culpas son absolutamente compartidas entre Zapatero y Rajoy: entre 2004 y 2011 (etapa Zapatero), la deuda pública se disparó en 360.000 millones de euros; entre 2011 y mediados de 2016 (etapa Rajoy), lo hizo en 363.000 millones de euros. Es decir, en cuatro años y medio, el hiperaustero Rajoy ha disparado la deuda pública un poquito más de lo que lo hizo el hipermanirroto Zapatero en ocho años.

Los hinchas ciegos de Rajoy, sin embargo, tratan de excusar su pésima gestión de las finanzas públicas aseverando que la mayor parte del aumento de la deuda pública durante su legislatura fue responsabilidad de los pasivos ocultos que legó Zapatero: facturas en los cajones (lo que forzó a aprobar el plan de pago a proveedores), descapitalización de la banca (lo que obligó a aprobar el plan de rescate bancario), pagos comprometidos por la administración socialista (como parte de las aportaciones a los rescates de Grecia, Irlanda o Portugal o la participación estatal en el Fondo de Amortización del Déficit Eléctrico), etc. Dicho de otro modo, todas esas deudas ya existían con anterioridad al advenimiento mesiánico de Rajoy por mucho que no se hallaran reconocidas en la contabilidad del sector público: por consiguiente, es injusto imputárselas al presidente popular.

No negaré que el argumento para eximir a Rajoy de haber endeudado a los españoles más que Zapatero tiene su parte de razón: no sería justo imputarle al PP el afloramiento de deudas contraídas previamente a su llegada a La Moncloa. Ahora bien, seamos conscientes de que este argumento también presenta sus debilidades. A la postre, las dos principales emisiones extraordinarias de deuda con las que ha tenido que cargar Rajoy han sido el rescate a las cajas y el plan de pago a proveedores: el rescate a las cajas ha estado en buena medida motivado por la bancarrota de entidades controladas por el PP (como Bankia) y el plan de pago a proveedores también se vinculaba en parte con administraciones (autonomías y ayuntamientos) regentadas por el PP. Dicho de otro modo, si es injusto imputarle al PP de Rajoy toda la deuda oculta que tuvo que reconocer tras la salida de Zapatero, también es injusto eximirle de la totalidad de esa deuda.

Pero no importa. Con tal de blindarnos frente a esta objeción, vamos a efectuar el siguiente ejercicio: excusaremos a Rajoy de toda la emisión de deuda no vinculada directamente con sus desequilibrios presupuestarios (es decir, por la emisión de deuda para rescatar a la banca, para financiar el FADE, para participar en el MEDE y el FEEF, para sufragar el plan de pago a proveedores y para otro conjunto de cuestiones menores) e imputaremos todas esas emisiones extraordinarias al último año de la etapa Zapatero (como si el líder socialista se hubiera dedicado a aflorar tales pasivos ocultos antes de abandonar La Moncloa). Para ello, echaremos mano de la exhaustiva recopilación al respecto efectuada por el Banco de España.

Pues bien, con esta metodología extremadamente favorable para Rajoy, la deuda pública española se incrementa en 410.000 millones de euros durante los ocho años de Zapatero (51.250 millones por año) y en 331.000 millones de euros durante los cuatro años y medio de Rajoy (73.500 millones por año). En otras palabras, Zapatero recupera el puesto de campeón de la emisión de deuda pública (aunque en términos anuales lo sigue siendo Rajoy), pero la distancia con respecto al presidente del PP no es desbocadamente acusada como para calificar al primero de salvaje manirroto y al segundo de paladín de la austeridad.

Y, de hecho, si corrigiéramos estos datos por las variables antes mencionadas —no toda la quiebra de las cajas es responsabilidad de Zapatero; el PP podría haber optado por no salvar a las cajas con capital público sino aplicando el bail-in; el retraso de pagos a proveedores también era responsabilidad de administraciones populares, etc.—, a buen seguro ambos dirigentes quedarían empatados en prodigalidad deudora. En materia de endeudamiento público, tanto monta, monta tanto, Zapatero como Rajoy.

Si algo ha faltado en España desde 2007 ha sido austeridad estatal: y, justamente por ello, el volumen de pasivos estatales se ha prácticamente triplicado en dos legislaturas. Un desastre sin paliativos del que son corresponsables los socialistas y los populares: un desastre sin paliativos que, pese a ello, pagaremos todos los españoles.

¿Se tira Rajoy a una piscina sin agua?
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com  19 Agosto 2016

La sorprendente y rápida convocatoria de la sesión de investidura para el 30 de agosto ha puesto un final inesperado a las larguísimas tácticas dilatorias de Mariano Rajoy. Todo el esfuerzo desplegando por el presidente en funciones desde que comprobó que los españoles no le habían dado suficientes votos para repetir mandato, se ha dirigido a ocultar su incapacidad para lograr la investidura. Hay que reconocer que ha derrochado constancia, cierto ingenio, y una gran capacidad para conseguir que el público se fije en el pajarito mientras se lleva a cabo el truco, aunque, hasta ahora, no parecía haber encontrado los 176 votos que necesita para que su creencia en haber ganado las elecciones se convierta en algo más sólido que un puro deseo. ¿Los tiene ahora, o simplemente busca adelantar las siguientes elecciones con el convencimiento de que le irán mejor que las de junio?

Rajoy ha venido tropezando con un obstáculo en el que aparentemente nunca había reparado, concretado en el procedimiento que taxativamente establece la Constitución para hacerse con la cabeza del Ejecutivo, y aunque ha hecho esfuerzos titánicos para olvidarlo, ese texto pendía sobre su cabeza como un enorme NO a sus pretensiones.

El discurso del bloqueo
Rajoy ha tenido un acierto indiscutible, fruto de su sagacidad pero también de las obvias carencias ajenas, al consagrar un escenario político que se ha dejado definir como “bloqueo”, que es la forma en que decidió denominar lo que no es sino la constatación de su incapacidad para articular una mayoría suficiente. Resulta ciertamente curioso que el gallego esté ganando la batalla donde debiera tenerla más perdida: la del lenguaje político. Porque nadie habló nunca de “bloqueo” en las ocasiones, alguna muy reciente, en que el PP negó su apoyo al candidato Pedro Sánchez. Con todo, el mantra del bloqueo no hubiera tenido éxito si, previamente, no hubiera logrado imponer dos mensajes equívocos: la victoria electoral del 26 de junio, cuando lo conseguido por el PP no pasó de 137 escaños de una Cámara de 350, por un lado, y la condición providencialista del propio Rajoy como garantía de la imprescindible “gobernabilidad” y “estabilidad” del país. Dos equívocos que contribuyen decisivamente a socavar lo poco que va quedando del sistema de monarquía parlamentaria liberal-democrática que en su día nos dimos, y que echan raíces en el sempiterno caudillismo electoral de la derecha.

Rivera, desbloqueador al rescate
Seducido por la oportunidad de jugar un papel decisivo, Ciudadanos se ha lanzado a rescatar a Rajoy de sí mismo. La operación ha resultado vistosa, porque, tras unos momentos de regocijante desconcierto general, provocados por ese vicio tan característico del personaje –el famoso “marianismo”- consistente en decir una cosa y su contraria, según convenga, en apenas una semana, los acontecimientos han adquirido una velocidad inesperada, de modo que cuando don Mariano parecía dispuesto a torear una vez más a don Alberto, se aviene a reunirse con él y dice aceptar sus condiciones, aunque, conforme a su libro de estilo, sembrando el camino de un número suficientemente alto de equívocos, ambigüedades y anacolutos, para, inopinadamente, culminar con la fecha de investidura que la servicial Ana Pastor ha servido al carismático líder en bandeja.

¿Qué ha pasado aquí? Rajoy no ha sido capaz de ningunear a Rivera, como se dio por descontado tras la infumable rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo popular, y como tampoco podía confesarse obligado a ir a la investidura, muy probablemente ha optado por cambiar de posición de la noche a la mañana para cargar toda la presión sobre Pedro Sánchez, según anunciaba Marhuenda en La Razón, que de estas cosas sabe un rato.

Cómo evitar las cuartas elecciones
Si Rajoy no resulta investido, la sesión se convertirá en un alegato contra Sánchez por amargar la Navidad a los españoles, y en un mitin de inicio de campaña. El gallego dispone de bazas que le animan a arriesgarse: en primer lugar, el partido está mucho más unido en torno a su figura que lo estuvo nunca el mismísimo Consejo Nacional del Movimiento, es decir, que el Franco que pretendió dejarlo todo atado y bien atado resultó ser al final un mero aprendiz en comparación con su paisano; en segundo lugar, buena parte de los medios de comunicación se van a mostrar unánimes en la condena al díscolo Sánchez por el esperpento. Por si ello fuera poco, a Mariano siempre le quedará el “expediente Podemos” para volver a meter el miedo en el cuerpo a sus atribulados votantes. Ahí no acaba todo, porque el depredador de Pontevedra aspira a devorar a Ciudadanos, un partido con electores pero sin horizonte claro, un pastelito que espera deglutir sin grandes esfuerzos, una vez que haya conseguido demostrar que votar “naranja” solo sirve para hacerle presidente. Y si algo no funciona según el plan maestro, a por las cuartas.

Así pues, parece evidente que la única forma de evitar nuevas elecciones generales consiste en rendirse ante Rajoy, de modo que la oposición se desvanezca, el PSOE se haga marianista, y nadie ponga peros a quien tanto ha hecho por nuestra felicidad y tanto está dispuesto a seguir haciendo.

La resurrección de Pedro Sánchez, e Iglesias, el oportuno
Salvo pacto extraño que ahora no se adivina, todo indica que Rajoy intenta que le compremos una mercancía tan discutible como que o se le inviste a él o las terceras elecciones serán inevitables. Las eventuales a celebrar el 25 de diciembre, aparte de una broma de mal gusto que indica el escaso respeto que el personaje tiene a los votantes, entrañan un alto riesgo por motivos varios, el más obvio de los cuales, pero no el único, radica en el hastío de los electores. El candidato del PP no va a tener tiempo para resucitar el fantasma de Iglesias, lo que hace difícil que se pueda repetir esa situación de pánico entre las clases medias que tanto contribuyó a acrecentar sus apoyos el pasado 26 de junio. Ahora que Juan Español sabe que eso no ha sucedido, ni es verosímil que pueda suceder, puede que los que le acarician el oído se equivoquen, una vez más, y que sus mejoras no resulten tan apoteósicas como esperan.

Pedro Sánchez está aguantando con cierta dignidad una campaña en contra realmente espectacular, hasta el punto de que si consiguiera salir vivo, que no es fácil, podría llegar a recoger en forma de votos los frutos de tanto descalabro. Su “no” a Rajoy, además de responder a una lógica tan simple como implacable, es seguramente la forma más eficaz de recuperar lo que el PSOE ha perdido entre esa izquierda que hoy se siente en total orfandad. Claro es que tendrá que evitar verse arrastrado por alguna nueva jugarreta oportunista de un Iglesias moribundo, siempre dispuesto a mecer la cuna en el sentido que más conviene a los planes rajoyescos, ello después de haber arruinado en la legislatura pasada la única oportunidad real de un Gobierno distinto. Sánchez no debiera perder de vista que sus votantes –como gran parte de los de Rivera, por cierto- no desean que haga posible un Gobierno presidido por Mariano Rajoy, por mucho que les moleste la posibilidad de tener que volver a votar el mismísimo 25 de diciembre.

Funcas avisa: la deuda lastrará más de dos puntos el crecimiento a largo plazo
El endeudamiento volvió a marcar un máximo histórico en junio y ronda ya el 101% del PIB, un nivel muy preocupante para el crecimiento económico.
Teresa Lázaro www.vozpopuli.com 19 Agosto 2016

La deuda pública ha marcado un nuevo máximo histórico en junio. Tras un fuerte incremento de casi 20.000 millones en un solo mes, se ha situado en 1,107 billones de euros, una cifra nunca vista hasta ahora en los registros del Banco de España. Teniendo en cuenta la previsión de PIB para este año, el nivel de deuda actual estaría rozando el 101% del PIB, lo que puede condicionar seriamente el crecimiento futuro del país.

Así lo advierte el informe de Funcas titulado 'Deuda pública y crecimiento económico en España, 1851-2013', elaborado por los economistas Vicente Esteve y Cecilio Tamarit e incluido en su último número de Cuadernos de Información Económica. Según señala el documento, el fuerte incremento de la deuda pública durante la crisis económica restará más de dos puntos porcentuales de crecimiento económico a largo plazo.

Y es que la deuda pública no ha hecho más que crecer estos años como consecuencia de un déficit desbocado y la incapacidad de los Gobiernos para controlarlo. Para financiar ese déficit, los equipos que han pasado por La Moncloa estos años –el de José Luis Rodríguez Zapatero y el de Mariano Rajoy—se han visto obligados a emitir una gran cantidad de deuda, lo que ha hecho que esta variable prácticamente se haya triplicado en los últimos 8 años. En concreto, ha pasado de sumar 383.798 millones en 2007 a cerrar el año 2015 consolidada por encima del billón de euros.

Y las cosas no están mejorando en 2016. En el mes de junio la deuda ha escalado a 1,107 billones de euros, 18.549 millones más que en mayo y 50.000 millones más que hace un año. Aunque el Gobierno sostiene que la deuda se va a estabilizar este ejercicio y que empezará a bajar el año que viene, las previsiones parecen difíciles de alcanzar. Al menos mientras nada cambie.

Así lo asegura el economista y profesor del IESE Antonio Argandoña en una conversación con Vozpópuli. Según el profesor, se esperaba el fuerte incremento de la deuda estos meses porque se ha interrumpido el control del déficit por razones electorales. A su parecer, la deuda solo empezará a bajar cuando se forme gobierno y el nuevo ejecutivo detalle las medidas de gastos e ingresos que pondrá en marcha para volver a poner en marcha la consolidación fiscal. Y esto tendrá que ocurrir antes del 15 de octubre si se quiere cumplir el calendario fijado por Bruselas.

Y si no se hace nada, la deuda seguirá creciendo. El informe de Funcas incluye una serie histórica que va más allá de la del Banco de España (que solo llega hasta 1995) y asegura que el nivel de deuda registrado en junio es el más alto del último siglo. Desde 1910, concretamente. La serie de Funcas empieza en 1850 y sitúa el punto más alto de la deuda pública en 1875, con un nivel cercano al 170% del PIB asociado a la I Guerra de Cuba de 1868-1878 durante el reinado de Alfonso XII.

Según Funcas, un volumen tan elevado del ‘stock’ de deuda puede implicar serios problemas para la política fiscal porque genera elevadas necesidades de refinanciación en los mercados de capitales, obliga a pagar muchos intereses (aunque los tipos ahora estén muy bajos) y requiere que se generen importantes superávits públicos primarios. Esto último suele acabar en subidas de impuestos o reducciones de gasto productivo que afectan muy negativamente al crecimiento económico y al empleo.

A su parecer, la prioridad de la política fiscal en estos momentos debe ser sin duda estabilizar la deuda, algo que aún no se ha conseguido. Y después empezar a reducir gradualmente el ‘stock’ hacia niveles cercanos al objetivo del 60% que fija la Ley de Estabilidad. Este objetivo, según cálculos de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) no se alcanzará hasta dentro de 20 años.

Para estabilizar el ‘stock’ de deuda, Funcas cree que se tienen que dar tres condiciones: el crecimiento del PIB tiene que ser superior al tipo de interés de la deuda, hay que generar superávits públicos primarios y se debe eliminar o reducir el llamado “efecto ajuste déficit-deuda”, que incluye emisiones de deuda que no computan como déficit, como las contribuciones a los rescates de otros países o la participación en el MEDE, el FROB, el Fondo para pagar a proveedores y el del déficit eléctrico, entre otros. La financiación de estos fondos ha provocado un aumento de la deuda de 33.270 millones entre 2008 y 2015, el 3% del PIB.

Según el análisis de la fundación, un incremento del 10% en la ratio de deuda puede provocar una reducción del crecimiento a largo plazo de entre el 0,17% y el 0,38%. Así, el incremento del 84% que ha registrado esta variable en el periodo 2007-2013 puede lastrar el PIB en 2,18% puntos a largo plazo. Funcas limita su ejercicio de cálculo al periodo 2007-2013, pero si tenemos en cuenta que en 2014 y 2015 la deuda ha seguido creciendo, el impacto en el PIB será, sin duda, mucho mayor.

Empresarios y banqueros, abochornados, alertan de la irresponsabilidad de Rajoy y Sánchez
El poder empresarial y financiero está harto del parón que sufre España y, desde su retiro vacacional, critica duramente el pasotismo de Rajoy, al que ven con ganas de terceras elecciones, y el inmovilismo de Sánchez, más volcado en su salvación política que en facilitar la formación de Gobierno.
Baltasar Montaño www.vozpopuli.com 19 Agosto 2016

Los ciudadanos en general, y de entre ellos los más poderosos e influyentes en particular, asisten abochornados esta semana estival al espectáculo montado por Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, líderes no sólo de los dos principales partidos del país sino también, quizá de forma surrealista, de esa tenebrosa vergüenza nacional que supondría llegar a unas terceras elecciones generales en Navidad.

Los dos anteponiendo sus intereses personales y su supervivencia política a los del resto de la ciudadanía, anclados en su inmovilismo y dispuestos a tirar por la borda más de un año crucial que debería haber sido el de la consolidación de la recuperación económica y el del comienzo de la regeneración democrática que nunca llega.

Este diario ha hecho ronda entre los directivos de las empresas y bancos que se han dejado molestar en pleno agosto y ha constatado el “hondo malestar” y “la vergüenza ajena” de muchos de ellos ante el espectáculo que está dando estos días la clase política.

Algunos han contestado por teléfono y otros por WhatsApp, pero todos coinciden en criticar, eso sí en el más absoluto ‘off the record’, la “irresponsabilidad manifiesta” de Rajoy, “al hacer el paripé” de someter al Comité Ejecutivo del PP las condiciones impuestas por Ciudadanos para apoyar su investidura.

Y después salir sacando pecho y decir que el partido de Albert Rivera no ha impuesto condiciones y, de haberlas, en el PP las “podemos aceptar o no”. Mientras tanto, Pedro Sánchez, volviendo de la playa, sin coger el teléfono a las supuestas llamadas realizadas desde Moncloa y manteniendo su bloqueo a la investidura.

Uno de los directivos critica lo que la mayoría de los españoles ya sospecha, que “Rajoy parece estar jugando la baza de unas terceras generales, a sabiendas de que mejoraría resultados y podría aspirar a una mayoría, con o sin compañía, que le permitiría gobernar a sus anchas”.

Y en su deriva, cargar con la culpa de los terceros comicios al líder del PSOE, por enrocarse en el ‘no’ y desatender las peticiones de sus casposos barones.

Otro ejecutivo, por WhatsApp, se ríe, con mucha preocupación, del “ridículo que está haciendo Pedro Sánchez, obsesionado en parapetarse en su machito, en lugar de en desbloquear la formación de Gobierno”.

Mejor parado sale Rivera, al que se la ha tildado de ‘candidato del Ibex 35’ y ‘marca blanca del PP’, pero que sigue siendo la esperanza del empresariado y sector financiero patrios. Ciudadanos ha aguantado el envite lanzado el miércoles por Rajoy y en lugar de “mandarle a freír espárragos”, en palabras de otro directivo consultado, ha tirado del manual de responsabilidad que se le presupone a cualquier líder político y se ha visto, de nuevo, con el que un día antes ninguneó su documento de exigencias.

Algo, aunque poco, se ha avanzado este jueves. “En el PP parece que se han dado cuenta de la sobrada del presidente en la rueda de prensa del miércoles y han optado por hacer un mínimo gesto”, señala otro de los consultados. Después de casi dos meses de “bochorno generalizado”, en el que cada líder sólo ha mirado por sus intereses, por fin se ha producido un pequeño avance. Rajoy, tras el desplante del miércoles, este mismo viernes firmará las seis condiciones contra la corrupción impuestas por la formación de Rivera y los equipos negociadores comenzarán a trabajar.

Desatascado este escollo, ya hay fecha para el debate de investidura (30 de agosto), lo que permite adivinar que las terceras elecciones generales serían el 25 de diciembre. La desbandada de votantes puede ser histórica y el triunfo del PP, cuyos electores son fieles y van todos a una, podría devolver a España a los abusos de la mayoría absoluta que tanto daño ha hecho a la democracia en los últimos cuatro años de legislatura.

Ahora, la patata caliente está en el tejado de Ferraz y Pedro Sánchez, que dispone de menos de dos semanas para tamizar su postura para facilitar un Gobierno de Rajoy o, en su caso, votar ‘no’ e intentar formar gobierno con Podemos y el resto de fuerzas de izquierdas.

Para Irlanda, la UE es de interés nacional
CHARLES FLANAGAN El Mundo 19 Agosto 2016

El resultado del referéndum celebrado recientemente en el Reino Unido sobre su continuidad como miembro de la Unión, no ha sido el deseado, y genera grandes retos tanto para la Unión Europea como para el Reino Unido. El Gobierno irlandés, aunque desilusionado con el resultado, respeta totalmente la decisión de los ciudadanos británicos. Nosotros, en Irlanda, por supuesto vemos nuestro futuro dentro de la Unión Europea.

Al igual que los ciudadanos españoles, los ciudadanos irlandeses han tenido siempre una actitud muy positiva acerca del hecho de ser miembros de la Unión Europea. Irlanda y España son países históricamente europeos y aunque nuestra historia haya sido diferente a lo largo de los siglos, llegamos, al final de un siglo marcado por la guerra civil, la emigración, el aislamiento y periodos de estancamiento económico a ser miembros de la UE, lo que nos ha dado la oportunidad de ocupar nuestro lugar entre las naciones prósperas y de progreso del continente.

La Unión Europea creó un espacio para que Irlanda y España se pudieran desarrollar económica y socialmente después de más de un siglo sin desarrollo. Ser miembros de la UE nos ha abierto las puertas al mayor mercado único en el mundo, que genera empleo, mejor nivel educativo y una población activa más prospera. El formar parte de la Unión nos ha permitido el acceso al mercado único más grande del mundo y, lo más importante, nuestros países han tenido voz en las reglas que rigen/gobiernan este mercado único. También nos permite diversificar nuestro mercado y relaciones comerciales, adquirir conocimientos modernos basados en una economía que genera empleo para una ciudadanía con mejor educación y más próspera. Ser miembros nos permite hacer valer nuestro peso en la escena internacional, a través de nuestra voz y voto que posibilita el poder influir en la política exterior de la Unión Europea. También ha creado un espacio para construir sociedades más equitativas e igualitarias para nuestros ciudadanos, independientemente de su edad, género, religión o raza.

Irlanda y España son los dos países que más han prosperado como miembros de la Unión Europea. Le debemos mucho al generoso apoyo de los fondos estructurales de la UE y creo que podemos decir honestamente que tanto Irlanda como España han hecho un buen uso de este dinero. Ambos países se han transformado desde su entrada en la Unión Europea. Nuestros ciudadanos han recibido mejor educación, mejor vivienda, ropa y alimentación. Nuestras infraestructuras en transporte y vivienda, aunque seguimos trabajando en su mejora, son irreconocibles en comparación a cómo estaban cuando entramos en la Unión.

Esto no quiere decir que todo es perfecto. Continuamos afrontando dificultades y ser miembro de la Unión Europea no es una panacea para cada problema que tenemos que afrontar. Como tampoco somos inmunes a las circunstancias actuales de la economía a nivel global. La Unión Europea no ha prevenido a Irlanda y España de tener que experimentar los efectos adversos de la reciente crisis económica. Nuestros ciudadanos han asumido una pesada carga de medidas tomadas para superar esta crisis. Sin embargo es difícil imaginar cómo Irlanda o España habría podido superar tan rápidamente esta crisis, convirtiéndose en modelos de recuperación, si no hubieran sido miembros de la UE.

En resumen, Irlanda y España continúan su progreso y crecimiento en la Unión Europea, algo que tiene un interés nacional trascendental. Salvaguardar este trascendental interés será el pilar de las próximas negociaciones entre la UE y el Reino Unido. Se debe buscar el equilibrio. Por una parte, es el interés de todos los estados miembros que el Reino Unido mantenga los más estrechos posibles sus vínculos con la Unión Europea. Nuestra prosperidad está unida a la de ellos, y la opinión del pueblo británico de que las relaciones de la UE con el Reino Unido han sido abiertas y justas será la piedra angular para unas buenas relaciones en el futuro. Por otra parte, cualquier acuerdo sobre el futuro del Reino Unido y sus relaciones con la UE deberá ser en un marco equilibrado de derechos y obligaciones.

Irlanda, como parte del equipo de negociación de la UE, jugará un papel muy activo en definir el enfoque de esta negociación. Habrá muchos temas que serán comunes para todos los estados miembros, aunque la fuerza de nuestras relaciones económicas es un tema para Irlanda de especial interés. Irlanda también tiene sus propios asuntos, los cuales son de máxima importancia y deberán ser tratados como parte común en la negociación.

Es muy importante señalar, en primer lugar, que por primera vez en siglos tenemos una paz duradera y equitativa en la isla de Irlanda. La Unión Europea ha jugado un papel muy importante en apoyar el proceso de paz en Irlanda del Norte, que continúa avanzando. Por supuesto, las estrechas relaciones entre los gobiernos británico e irlandés influyen muy significativamente en nuestro común interés como miembros de la UE y dieron lugar a la plataforma del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, y el posterior proceso a seguir. Así mismo hay que mencionar que los fondos europeos han jugado un papel de vital importancia. El hecho de compartir identidad como ciudadanos europeos ha ayudado a unionistas y nacionalistas de Irlanda de Norte a tener una visión más amplia para encontrar convergencia a sus diferencias históricas, culturales, políticas y constitucionales.

La frontera entre el Norte y el Sur ahora es prácticamente invisible. 30.000 personas la cruzan diariamente para ir al trabajo, hacer negocios o para disfrutar de su tiempo libre. Lo hacen sin ningún inconveniente a diario y a veces pasa casi desapercibido. Es una frontera muy diferente a la que todavía muchos recordamos, con aduanas puestos de control creando una división entre los territorios y su gente. El restablecimiento de una frontera en la isla de Irlanda sería un paso hacia atrás.

Cualquier nueva relación entre la UE y el Reino Unido debe continuar apoyando y manteniendo una paz duradera en la isla de Irlanda.

Además, las conexiones entre Irlanda y el Reino Unido son muchas y profundas. Junto con una lengua y sistema legal común, la zona de libre tránsito entre ambos países existe desde 1922 y refleja los estrechos vínculos históricos entre las dos islas al permitir la libre circulación de ciudadanos desde la independencia irlandesa. Es muy importante que los nuevos acuerdos entre la UE y Reino Unido reconozcan la necesidad e importancia de estos vínculos.

Estoy seguro de que la relación entre los gobiernos británico e irlandés será capaz de soportar incluso el impacto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Nuestros dos primeros ministros se reunieron recientemente y estoy en contacto permanente con mis homólogos de Irlanda de Norte para las negociaciones con la Unión Europea. Hemos acordado entre todos que la desconexión o salida del Reino Unido de la Unión Europea no debe en ningún caso infravalorar o afectar al progreso de Irlanda del Norte, la relación con la isla de Irlanda, ni los vínculos entre las dos islas. También hemos acordado que no se debe restablecer frontera alguna en Irlanda, la cual fue fuente de enormes conflictos y tensiones en el siglo XX.

Posiblemente necesitaremos el entendimiento de nuestros socios de la Unión Europea con respecto a estos acuerdos, en el caso de que el Reino Unido abandone la UE. Necesitaremos dar cabida a esta excepcional interrelación territorial y humana que existe entre Irlanda y el Reino Unido y asegurar la estabilidad y progreso en Irlanda del Norte. Estoy convencido de que este entendimiento será tan positivo en el futuro como lo ha sido en el pasado.

Por supuesto que en el desarrollo de las negociaciones que iniciaremos próximamente es importante que la UE continúe con el proceso de su propio desarrollo. Las negociaciones entre la UE y el Reino Unido serán importantes, pero no deben convertirse en agotadoras. Una Unión Europea que garantice su propio crecimiento y sea un instrumento de paz en la región y en el mundo continuará siendo tan importante en los años venideros como lo ha sido en los últimos 60 años. La UE puede minimizar los daños de la salida del Reino Unido de la UE y convertirse en el pivote alrededor del cual todos nosotros podremos construir el desarrollo de nuestro futuro común. Irlanda continuará en su labor de asegurarse que así se sea.

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A los lectores
Gracias a los lectores que me han acompañado todos estos años. De un modo o de otro, sabrán de mí y yo de ellos. Hasta luego.
Cristina Losada Libertad Digital 19 Agosto 2016

Empecé a escribir en Libertad Digital a finales del 2002, y desde entonces no he dejado de publicar columnas y artículos en este periódico, salvo por algún descanso breve. Son catorce años en los que, como decían los periodistas de antes, no he faltado a la cita con los lectores y durante los cuales me las he arreglado, creo que pasablemente, para comentar la política y algunas otras cosas. A partir de ahora, sin embargo, voy a faltar a esa cita, porque, como seguramente saben, soy la candidata de Ciudadanos a la presidencia de la Xunta de Galicia en las elecciones del 25 de septiembre.

Estos días suelen preguntarme por qué he dado ese paso y si no me da vértigo involucrarme en la política. Respecto a lo segundo, debo decir que impresiona pasar del periodismo a la política, dejar de ser observadora y comentarista para ser observada y comentada y, sobre todo, asumir tareas y responsabilidades de un orden distinto a las que conlleva el periodismo. Presentarse candidata significa representar: representar a los ciudadanos en el Parlamento de Galicia y representar al partido Ciudadanos de Galicia. Una mayoría de afiliados avaló mi candidatura: vaya a ellos mi agradecimiento por la confianza que han depositado en mí, igual que a la dirección nacional, que me hizo la propuesta.

Es difícil desglosar los motivos por los que se toman decisiones que conducen a un cambio importante en el curso de la propia vida. Yo he tomado alguna que otra decisión de ese tipo; de ello escribo en el libro que publiqué hace unos meses, Un sombrero cargado de nieve, sobre mi época viajera y de búsqueda personal una vez que desapareció el pequeño mundo al que pertenecía, el de la lucha antifranquista, allá en 1977. Dejé el periodismo, por ejemplo, y luego volví al periodismo o el periodismo volvió a mí. Dejé la política, aunque aquella política bajo la dictadura nada tiene que ver con la de hoy, y ahora, tantos años después, regreso a ella en circunstancias afortunadamente muy diferentes.

No me habría vuelto a meter en políticas, eso lo tengo claro, de no ser con Ciudadanos, un partido cuyo surgimiento, hace una década en Cataluña, vi con gran simpatía. Eran allí la única oposición real al nacionalismo y lograron romper todas las barreras, políticas, mediáticas, y de todo tipo, que se levantaron para frenarlos. Su evolución política, su extensión por el resto de España, el peso adquirido a nivel nacional y en varias autonomías lo situaban, pensaba yo, como el partido mejor equipado para renovar la política española. Me pareció, por ello, un honor que Ciudadanos pensara en mí para la candidatura en Galicia, y espero estar a la altura de la tarea con la ayuda de los afiliados y del conjunto del partido.

Dejar la disciplina de la columna después de tanto tiempo me resulta extraño. Es como si en los años del colegio hubiera colgado clase, algo que nunca hice y tampoco se me ocurrió. Hasta voy a echar de menos eso que llaman, con exceso de dramatismo, la angustia del folio en blanco. Así que me he propuesto mantener las líneas abiertas y escribir aquí siempre que tenga ocasión y, naturalmente, algo que decir. No será fácil, porque la actividad política, como ya veo venir, es absorbente, y más en una campaña electoral. Pero quien escribe, escribe hasta el final. Gracias a los lectores que me han acompañado todos estos años. De un modo o de otro, sabrán de mí y yo de ellos. Hasta luego.

La campaña que hace Otegui a nuestra costa
Antonio Robles Libertad Digital 19 Agosto 2016

Vivimos en tiempos democráticos acosados por antidemócratas. Y aún hay millones de españoles sin advertir el peligro. Me refiero a esos desplantes nacionalistas a medio camino entre la chulería y el fascismo. El último, el de Arnaldo Otegui: “No habrá tribunal, ni Estado, ni Guardia Civil ni Ejército español que vayan a impedir” su candidatura a lehendakari. Para este señor, parece que la ley resulta tan prescindible como cuando colaboraba con banda armada. El mismo comportamiento, la misma altanería, total desprecio por el orden constitucional. Ayer con muertos, hoy con desprecio por la ley, siempre burlándose de la democracia en nombre de la democracia. Como sus compis del oasis catalán. La consejera Neus Munté o el exconvergente Jordi Turull ya le ponen fecha al último capítulo del golpe institucional en 2017. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Ya que seguimos en verano, Rajoy nos acaba de sorprender con una espantá y no hay cuerpo serrano que resista tanta irresponsabilidad, amoldaré los consejos mordaces que el juez de menores de Granada Emilio Calatayud da a los padres para convertir a sus hijo en chorizos y los transformaré en consejos para convertir a los nacionalistas en déspotas.

1 Cedan desde el Estado todo lo que pidan los nacionalistas, así reafirmarán su identidad convencidos de que tienen derecho a todo.
2 No impartan un currículo escolar común a todos los españoles, así creerán que no tienen ningún lazo afectivo con el resto de sus compatriotas.
3 Cuando despotriquen con el “puta España”, el “España nos roba” o cualquier otra gansada, no caigan en la trampa de contestarles, no sea que se cabreen y piensen que somos fachas.

4 No contradigan ninguno de sus ataques a la soberanía nacional, así crecerán convencidos de que tienen derecho a decidir lo que les plazca sin atenerse a regla alguna ni respetar el derecho del resto de los españoles.
5 No les apliquen la ley a rajatabla y no les hagan cumplir las sentencias de los tribunales ni los límites presupuestarios, no sea que acaben convirtiéndose en una fábrica de independentistas.
6 Justifíquenles desde el Estado todo lo que hacen mal, o al menos giren la cara cuando se enorgullezcan de ello, así se acostumbrarán a cargar su responsabilidad sobre los demás.

7 Déjenles manipular la historia, la escuela y los medios de comunicación, no vayan a creer que queremos imponer una visión franquista de España.
8 No se pongan de acuerdo los partidos nacionales en la defensa de España jamás, en especial los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, no vayan a creer que vuelve el frente nacional franquista para anular su lengua y cultura.

9 No les recuerden nunca las consecuencias colaterales de sus actos secesionistas, no vayamos a hacerles sentir culpables y cabrearlos aún más.
10 Denles todo el dinero que puedan gastar en la construcción nacional, no vayan a sospechar que tienen la responsabilidad de ajustarse a las mismas limitaciones presupuestarias que el resto de los españoles.

11Satisfagan todos sus caprichos y deseos y acepten sus desplantes: el sacrificio y la austeridad podrían hacerles creer que son iguales al resto de los españoles.
12Pónganse de su parte en cualquier conflicto que tengan con el Tribunal Constitucional, las sentencias judiciales o el Gobierno de la nación, no vayan a pensar que todos tienen prejuicios contra ellos o que quieren acabar con Cataluña.

Si seguimos estos consejos es posible que, a la vuelta de tres generaciones, hayamos logrado crear a auténticos tiranos convencidos de que el mundo les pertenece. Y ya estamos en la tercera.

PS. Este artículo está dedicado a la socialista catalana Meritxell Batet por sus atemperadas declaraciones apoyando el derecho de Otegui a presentarse a las elecciones. Y a todos los de su tibieza interesada y (o) estúpida. Gracias a ellos, estamos como estamos.

De momento, Otegui está haciendo la campaña de HB Bildu gratis y a lo grande.

De la cultura a la gastronomía: así se apropia el Gobierno catalán de la identidad valenciana
La Generalitat de Cataluña incluye a la Comunidad Valenciana en los «países catalanes» a través de sus canales oficiales
A. C. ABC 19 Agosto 2016

El Gobierno de Cataluña cita en su página web las Fallas de Valencia o las Hogueras de Alicante entre las fiestas populares de los «países catalanes». En un apartado dedicado a «todo lo que hay que saber sobre la cultura catalana», el Ejecutivo de Carles Puigdemont incluye las festividades de los principales municipios de la Comunidad Valenciana en un año en el que las Fallas se juegan ser reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

En la misma línea, el Ejecutivo separatistas difundió en su página web oficial un calendario que sitúa la celebración del 24 de junio, día de San Juan, como «diada nacional de los Países Catalanes».

La Xunta convoca las pruebas para obtener el Celga por segunda vez este año
Desde hoy y hasta el próximo 19 de septiembre permanecerá abierto el plazo de inscripción
La Voz 19 Agosto 2016

Desde hoy y hasta el próximo 19 de septiembre permanecerá abierto el plazo de inscripción en la segunda convocatoria de este año de las pruebas de acreditación de conocimiento de lengua gallega (Celga) por parte de la Xunta. Los exámenes se celebrarán los días 5,6, 12 y 13 de noviembre en Santiago y Ponferrada. La Consellería de Educación reorganiza con esta convocatoria la logística por la que se ha regido el sistema de acreditación. Será la segunda vez que se realicen las pruebas con profesorado Celga que desde el año pasado forma parte del personal propio del departamento. La realización de esta convocatoria justo cuando terminan los 29 cursos preparatorios programados por Política Lingüística, que se impartirán del 12 de septiembre las 3 de noviembre, vuelven a establecer la secuencia curso-prueba que se interrumpió el año pasado.

Nueve editoriales reciben 170.000 euros para material didáctico en gallego
La Consellería de Educación convoca estas subvenciones para apoyar al sectorial editorial
Santiago. La Voz  19 Agosto 2016

Un total de nueve editoriales recibirán 170.000 euros del Gobierno autónomo para elaborar recursos didácticos curriculares en gallego para las enseñanzas no universitarias de la comunidad. Los beneficiarios de esta iniciativa son Xerme Edicións; Editorial Vicens Vives; Edicións Xerais Galicia; Editorial Luís Vives; Ediciones Don Bosco; Edicións Obradoiro; Happy Family; Baia Edicións; y Servipost Editores.

La Consellería de Educación convoca estas subvenciones para apoyar al sectorial editorial gallego, ya que una parte importante de los proyectos seleccionados son de empresas originarias de la comunidad. De hecho, para poder acceder a las ayudas, las entidades tienen que disponer de un departamento de edición en Galicia, los materiales deben tener una tirada mínima de mil ejemplares en soporte impreso, y estar correctamente realizados en gallego.

El objetivo de la Xunta es configurar una herramienta para que los centros tengan una oferta de material educativo en gallego con calidad pedagógica.

La picadora de papel: con los libros almacenados y no vendidos en España se podría llenar el Camp Nou
Consejerías de Cultura que amontonan libros que olvidan haber publicado; títulos que se quedan en cajas, llenos de polvo, sin llegar a las bibliotecas. Un catálogo de horror.
Karina Sainzwww.vozpopuli.com 19 Agosto 2016

De tan sólo pensarlo se le pone a cualquiera la piel de gallina. Cientos de cajas repletas de libros, apiladas en un almacén municipal. Precintadas, cubiertas de polvo y llenas de títulos: desde novedades hasta recetarios publicados por alguna consejería de cultura que ha olvidado su existencia. Ninguno de esos libros, cuyo destino es la divulgación y dotación de bibliotecas municipales, llegará a los lectores. No lo hacen por razones varias: porque había que renovar la licitación del distribuidor y no se hizo a tiempo; porque los retrasos en la adjudicación de contratos se eternizan; por falta de personal. El asunto es el mismo. Quedarán ahí, sepultados bajo telarañas. La escena es más común en España de lo que se cree.

En los últimos dos años se han registrado cerca de una decena de casos de este tipo. Esta misma semana, el Ayuntamiento de Castellón ha denunciado la existencia de un almacén en las dependencias de la Concejalía de Cultura con 772 publicaciones y 61.611 ejemplares de libros editados por el consistorio que estaban "amontonados, en la oscuridad y cogiendo moho" –en palabras del comunicado de prensa-. Estaban valorados en unos 700.000 euros. Junto a esos libros también se han encontrado más de 4.500 discos compactos (CD) musicales en las mismas condiciones. Ante semejante hallazgo, el vicealcalde de Castellón, Enric Nomdedéu, atizó: "Se publicaban colecciones de artículos de opinión de determinados periodistas amigos, se abandonaban ejemplares en un cuarto y, en definitiva, era porque se realizaban publicaciones para contentar a los autores, no al lector".

Algo parecido ocurrió en el año 2015, en Madrid. Hace apenas un año, justo cuando los efectos del recorte presupuestario para dotación de bibliotecas intentaba salvarse con donaciones. En esos días 5.250 volúmenes se quedaron apilados en cajas en el almacén de la Unidad Central Bibliotecas Públicas. ¿El motivo? El contrato de la empresa encargada de distribuirlos había caducado. Es decir: no había quien los llevase a su lugar. Los libros llegaron a su destino, meses después. Los retrasos acumulados hicieron que el total de libros almacenados llegara a los 30.000 volúmenes. El agua para regar los estantes de las bibliotecas municipales, secas de novedades desde 2012, llegaba… con retraso, y gasto.

Pero hay más, en tiempos de vacas flacas y gordas han ocurrido estas cosas. En el año 2006, trascendió que la Junta de Galicia amontonaba un millón de ejemplares en almacenes. En 2015 la Generalitat valenciana admitió conservar en un almacén más de 375.000 libros. De esos, 2.100 eran títulos publicados en los últimos 30 años por la Generalitat Valenciana, sus consejerías, las empresas y fundaciones públicas. Mantenerlos en el almacén generaba un gasto de alrededor 4.500 euros al mes, el precio que pedía la empresa privada por guardarlos. ¿Qué significa todo esto? ¿Es una metáfora… pero exactamente de qué? ¿De la falta de políticas públicas que concilien los planes de lectura y los planes de publicación? ¿De la dinámica de un mercado desproporcionado? ¿De qué?

El dilema de la edición institucional
Este tema tiene un antes y un después de la crisis económica. En época de vacas gordas el número de títulos y publicaciones institucionales alcazaba una cuota lo suficientemente alta como para que, a día de hoy, sigan ocupando espacios en almacenes. En el año 2010, la Asociación de Editores de Andalucía (AEA), se pronunció ante la "preocupante" situación por exceso de edición pública en esa comunidad: entonces, suponía un 13,4% de la producción editorial, cuando la media en el territorio nacional era de 8,6%sobre el total de la producción.

El estallido de la crisis y la política de recortes tanto en los presupuestos generales como autonómicos y municipales cortaron de raíz un monstruo cuyo volumen parecía ir a más sin remedio. Según los datos de producción editorial por naturaleza jurídica del agente editor de contenidos en la Panorámica de la edición española correspondiente a 2015, el número de títulos de edición oficial había experimentado una disminución sensible. Así lo demuestran las cifras: en un año, las publicaciones de los organismos oficiales de la Administración General del Estado se redujeron en un 9,6% hasta acabar en los 1.200 títulos; en una proporción menor, pero también a la baja, las publicaciones de Organismos Oficiales de la Administración Autonómica y Local del Estado cayeron casi un 5%, el total de ejemplares publicado era de a 1.575.

Sobre los libros apilados en el Camp Nou
Según Manuel Gil, autor del blog profesional del sector editorial Antinomias del libro: "Con los libros almacenados y no vendidos en España se podría llenar el área del campo del Camp Nou a casi el doble de la altura del edificio que le rodea”. El asunto es aplicable sobre todo a la industria, al volumen de títulos que salen a la calle mes a mes, en un país que reconoce –según el último CIS- leer muy poco. Al menos así lo indicaban los datos del Barómetro del Barómetro (julio 2016) del Centro de Investigación Sociológica (CIS), según los cuales, dos de cada tres españoles no leen un libro nunca, aunque sí declaraban acudir al menos una vez a la semana bar.

En lo que respecta los libros almacenados en instituciones que no consiguen distribuir y entregar esos títulos las bibliotecas públicas, es un asunto pasa por encima de temas logísticos o de mercado, para señalar un tema de eficiencia. Sin embargo, lo que sí es indiscutible el que este tipo de situaciones genera todavía más sobrecarga a un mercado que se mantiene a punta de imprimir libros y que, justamente por ese motivo, no hace más que almacenarnos porque se devuelven o destruirlos para al menos sacar de ellos pulpa para más papel.

Hay una palabra que sirve, sin duda, para arrojar luz al tema: la devolución. Y tiene sentido justamente porque influye en el precio de cada ejemplar. Hasta 2014 el precio medio por ejemplar se mantuvo estable en los 14 euros reconocidos por el Observatorio del Libro como PVP. ¿Qué empuja un libro a subir de precio? ¿La demanda? En parte sí en parte no. De ahí que sea importante referirse al método editorial de la “colocación” de libros en las librerías y redes comerciales. No todo lo que se ofrece se factura a una editorial, sólo lo que el librero consigue vender. El resto, retorna al editor. De ahí se extrae la tasa de devolución anual, que se calcula a partir de la cifra media de devolución y de la cifra media de facturación de las editoriales. En 1999 fue del 20% y en 2012 se encontraba en 33%. Es decir, de los 3,95 millones de euros totales facturados, 1,33 millones se fue en devoluciones.

¿Qué significa esto? Si el editor ha calculado mal, es porque ha impreso más libros de los que el mercado puede absorber. Tiene dos opciones: asumir pérdidas o subir el precio del libro con la intención de seguir editando la cantidad que produce para compensar. Considerando que en España existe un precio fijo que protege a ciertos títulos, una revisión de la evolución del coste promedio de cada ejemplar muestra de qué forma este ha pasado de 11,8 euros en 2002 –manteniéndose durante seis años entre los 12 euros y los 12.75- a registrar el precio más alto incluido en los informes oficiales en 14,52 euros en 2012. La cifra total del informe correspondiente a 2014 registró un precio medio del ejemplar de 14,29 euros, (0,11 euros más que en el ejercicio anterior). Es decir, un 23% más en una década.

Uno de cada tres españoles no abre un libro jamás. Los que lo hacen, compran, como mucho, 8 al año. Y de cada diez personas que descargan libros electrónicos, sólo 4 pagan por leerlos. Los datos pertenecen al Barómetro (enero 2015) del Centro de Investigación Sociológica (CIS) y también al informe Hábitos de Lectura y Compra de Libros realizado por la Federación de Editores. Considerando que España es, sólo por detrás del Reino Unido, el país que más novedades ofrece - 1.692 títulos nuevos por millón de habitantes- la cifra resulta poco menos que desconcertante y contradictoria. Claro: publicar no significa vender, algo que saben de sobra las editoriales, que han sufrido pérdidas acumuladas de más del 20%, a pesar de imprimir e imprimir libros para colocarlos en las librerías. Sin embargo, si a esto se suma el papel de las instituciones como “editores”, el asunto va a peor. La picadora de papel, a toda marcha. A pesar de eso, los lectores de las bibliotecas siguen lejos de acceder a novedades con regularidad.
 


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