AGLI Recortes de Prensa   Sábado 20  Agosto  2016

Las reformas cruciales siguen pendientes
EDITORIAL Libertad Digital 20 Agosto 2016

Ahora que PP y Ciudadanos han firmado un acuerdo básico para comenzar a negociar un conjunto de medidas económicas, políticas y sociales de cara al proceso de investidura, surge una nueva oportunidad para abordar algunas de las reformas esenciales que necesita España para salir de la crisis sobre bases sólidas y duraderas con el fin de construir un futuro mucho mejor.

En materia económica, son muchas y variadas las propuestas de mejora que puede plantear el partido de Albert Rivera para solventar el drama del paro, impulsar el crecimiento o fomentar la creación y el desarrollo de empresas, puesto que, a excepción de la reforma laboral, las iniciativas aprobadas por parte del PP durante la pasada legislatura han sido escasas e insuficientes. Sin embargo, dentro de este listado de reformas cruciales, destaca el problema del sector público, ya que de las tres grandes burbujas que sufrió España durante la época del boom -productiva, financiera y estatal-, ésta última sigue casi intacta y, por tanto, pendiente de resolución.

No es casual que España afronte hoy el mayor nivel de deuda y déficit de los dos últimos siglos. El endeudamiento de las Administraciones roza ya el 101% del PIB, su tasa más elevada desde principios del siglo XX, mientras que el déficit superó el 5% del PIB el pasado año, el segundo más alto de la zona euro, encadenando así el mayor desequilibrio presupuestario desde 1850. Todo ello demuestra que la manida austeridad no es más que un mito que urge desterrar. El sector público gasta hoy 50.000 millones de euros más de lo que ingresa anualmente, a pesar de las constantes y masivas subidas de impuestos que han sufrido familias y empresas por parte de PP y PSOE. El problema del déficit no es por falta de ingresos, sino por exceso de gasto. Y es que, el gasto público real -una vez descontada la inflación-, lejos de retroceder, se mantiene en los niveles alcanzados en 2006 y 2007, es decir, en niveles propios de la burbuja crediticia, cuando el aumento del PIB parecía no tener fin y la tasa de paro bajaba del 10%.

El programa que están negociando PP y C's debe abordar de una vez por todas y de forma seria y responsable esta problemática. No hacerlo constituiría un despropósito de alto riesgo, puesto que en caso de que surjan nuevas turbulencias financieras, España se encontraría en una situación de enorme vulnerabilidad, tal y como ha demostrado la crisis de deuda de la zona euro en los últimos años. Es necesario afrontar una profunda reestructuración del sector público, eliminando todos y cada uno de los entes y organismos inútiles e inservibles que copan la Administración, pero, igualmente, planteando una amplia reforma de los servicios básicos, las pensiones y el régimen de empleados públicos para mejorar el funcionamiento y la eficiencia del Estado. Sólo así podrá cerrarse la brecha del déficit sin recurrir a nuevas subidas de impuestos.

Si el modelo que defiende C's tiene como referencia los países nórdicos, éste y no otro es el camino a seguir. La socialdemocracia del norte de Europa se caracteriza actualmente por propugnar altas cotas de libertad económica y un sector público eficiente y sostenible.

Además, la única forma de combatir con ciertas garantías el grave y extendido problema de la corrupción política consiste en reducir a la mínima expresión el atroz y perverso intervencionismo público que, por desgracia, copa todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad civil y la actividad económica en forma de subvenciones, regulaciones, permisos, licencias y concesiones de todo tipo. El partido de Rivera puede y debe proponer reformas de calado en dichas materias, ya que, en caso contrario, nada lo distinguirá del deficiente modelo que hasta ahora han mantenido en pie PP y PSOE

La paradoja del mentiroso
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 20 Agosto 2016

El espectáculo debe continuar, dicen los productores de Hollywood, conscientes de que detener la máquina de los sueños es impensable. Los políticos españoles, con un sadismo digno de un buen psiquiatra, parecen haberse tomado la frase hollywoodiense literalmente, como algo que debe llevarse hasta sus últimas consecuencias. Desde diciembre de 2015 los españoles asistimos a una farsa nacional de calidad ínfima, que de haberse estrenado en un cine habría provocado abucheos y silbidos apenas acabados los títulos de crédito.

Pues impasible la jeta, los líderes españoles se disponen a infligirnos el show hasta el infinito y más allá. Asistimos a la escenificación de una batalla doble: por un lado la pugna entre los dos partidos veteranos –PP y PSOE– y por otro el desafío que plantea el regeneracionismo (encabezado por Ciudadanos) al bipartidismo. El bando bipartidista comparte un concepto de la política basado en el engaño y el escaqueo en beneficio propio. La transparencia, la honestidad y la búsqueda de soluciones comunes son actos que los bipartidistas siempre despreciarán a favor de la triquiñuela cutre, la mentira insolente y la anteposición del interés personal a todo lo demás.

La política estriptis
La partida que están jugando desde el 20 de diciembre los candidatos a Moncloa tiene poco o nada que ver con la política y recuerda más a una mesa de strip póquer cuyos jugadores deben quitarse una prenda de ropa cada vez que pierden. Mariano Rajoy ya se tuvo que desprender de pantalones, calcetines y zapatos meses atrás, al evidenciarse 1) la perversa maniobra de la pinza (culminada gracias al Brexit), 2) la estrategia de la política negativa consistente en la inacción mientras los adversarios se equivocan y 3) el propósito de ganarse a Pedro Sánchez para mantener intacto el corrupto bipartidismo posfranquista. La jugada que le hará perder la camisa –ya desabrochada– será la de seguir apostando por desairar a un Albert Rivera cuya simple presencia le pone en evidencia. Pedro Sánchez se ha quitado ya tanta ropa que ha optado por el moreneo interruptus en Mojácar. Huelga decir que el juego de la política española es tan cutre que fingir despiste en la playa se considera una estrategia política. Los faroles que han desnudado políticamente a Pedro Sánchez –trasluciendo su monomanía de conquistar Moncloa al precio que sea– fueron: 1) el acercamiento entusiasta a Podemos frustrado por los barones, 2) el pacto con Ciudadanos que hoy finge haber olvidado y 3) la terca adherencia a la vieja actitud antidemocrática de la izquierda española, consistente en no aceptar las victorias de la derecha en las urnas.

Mientras el espectáculo continúa, los torturados espectadores nos vemos obligados a asumir la suspensión de la incredulidad de Samuel Coleridge. En la burbuja anacrónica que es esta España embarcada en la transición de la Transición, al irnos abismando todos en el surrealismo nacional, diríase que solo los corresponsales extranjeros parecen juzgar la situación con frialdad. La periodista estadounidense Lauren Frayer resumía el 18 de agosto el atolladero español con un tuit tan veraz como impaciente: “Los políticos españoles, incapaces de lograr nada útil durante 9 meses, ahora admiten ser también incapaces de hallar una mejor fecha para las terceras elecciones que el 25 de diciembre”. Si alguien intentara explicar a Lauren Frayer que Rajoy está usando la fecha navideña –sacrosanta en la España católica– como acicate que obligue a su gran rival político a abstenerse para permitirle gobernar, es probable que lo tomara por una broma o un mal análisis. Sin embargo, es cierto.

El arte de la mala política
La paradoja del mentiroso se formuló a partir de la aseveración del filósofo griego Epiménides “Todos los cretenses son unos mentirosos”. Dado que el autor de la frase era cretense, ¿podía considerarse cierta su afirmación? Si decía la verdad, estaba mintiendo; si estaba mintiendo decía la verdad, pero entonces si decía la verdad mentía y así ad infinitum. La versión española de la paradoja formulada hace 26 siglos en Creta sería “Todos los políticos son unos mentirosos”, dicha por cualquiera de nosotros sobre nuestros candidatos. Si ellos mienten, nosotros decimos la verdad y viceversa. Un bucle infinito en el que España parece cómodamente instalada. Después de cuarenta años de franquismo y cuarenta de transicionismo, ¿alguien recuerda que la política es la parte de la ética relacionada con el buen gobierno de un país, el amparo de su seguridad, paz y prosperidad, el aumento de sus recursos nacionales y la mejora del bienestar de sus ciudadanos? Los países que sí lo saben nos llevan décadas de ventaja, por no decir siglos. Y nos contemplan asombrados.

Más deuda, más madera
Daniel Lacalle El Mundo 20 Agosto 2016

“They told me everything was guaranteed; somebody somewhere must've lied to me. One of these days I´m gonna pay it back… One of these days” Elvis Costello

La noticia de la semana es que la deuda pública alcanzaba un 100,9% del PIB tras sumar en junio otros 18.549 millones de euros… Que esa noticia coincida con la caída de la prima de riesgo a mínimos (por debajo de 100 puntos), puede sorprender, aliviar, preocupar o contentar, depende de cómo se mire. España se financia a mínimos históricos, y emite a corto plazo a tipos negativos, y no es “solo por el BCE”.

Pero que el coste de la deuda sea bajo, y que muchos otros países también incurran en déficits no debe hacernos olvidar el riesgo de tomar más deuda con un crecimiento del PIB real inferior al déficit anual.

La deuda sí importa, aunque el coste sea ínfimo. Japón lleva dieciséis años con tipos ultra-bajos, financiándose a casi cero, y se gasta el 22% del presupuesto anual en pagar intereses.

Imprimir todo lo que se quiera no reduce el riesgo. Lo aumenta, sobre todo cuando no se es moneda reserva global y no se cuenta con un mercado secundario que lo acepte y valore. Argentina tenía una prima de riesgo disparada a 1.000 puntos básicos imprimiendo para “el pueblo”.

Más deuda no es más crecimiento. En los últimos seis años la deuda pública global ha aumentado y el crecimiento se ha ralentizado, hasta llegar a los pobres niveles actuales. En 2008 la deuda pública global sumaba 32 billones de dólares, hoy es de más de 56. Una cifra superior a 24 billones de dólares de aumento de deuda pública, más de 58 billones de dólares de aumento de deuda total, para un crecimiento para un aumento de PIB global de 8 billones. Un resultado que no es pobre, es paupérrimo, y peligroso.

Más deuda es mayor fragilidad. No existe un solo país de los que han tomado la senda del déficit exagerado que pueda sobrevivir a una subida de tipos del 1% sin sufrir una enorme crisis.

La deuda española no ha aumentado por el rescate a las cajas públicas ni cosas del estilo. La deuda pública ha aumentado en 700.000 millones de euros y dicho “rescate” no llega a 63.000 millones. Ni se ha “transferido deuda privada a pública”. La deuda privada ha bajado en 300.000 millones durante la crisis, pero la pública se dispara en 700.000 millones “porque hay márgen”.

Más déficit y deuda ahora supondrá más recortes a futuro. Por mucho que se monetice esa deuda, sea por el impacto en el crecimiento o a través de inflación desbocada, se empobrece a las generaciones futuras. El que piense que solo hay que seguir endeudándose y luego hacer impago olvida el brutal impacto sobre la economía real (lean “las consecuencias reales de un impago”)

Lo que queda muy claro es que la política de bajar tipos y aumentar deuda no solo no genera los niveles de crecimiento deseados, sino que el crecimiento global se ha reducido a casi la mitad de su potencial.

La deuda y los déficits excesivos no “apoyan” el crecimiento, lo limitan. Los “keynesianos selectivos” se han olvidado de que el gasto corriente no genera crecimiento y que Keynes hablaba de inversiones con rentabilidad real, no comités y despilfarro.

Es importante entender que el crecimiento de la deuda no se dispare por encima del PIB real, porque de ser así la capacidad de repagarla, aunque baje el coste, empeora.

El nivel de deuda de España se ha incrementado un 3,3% en lo que llevamos de 2016, el Gobierno espera que se vaya reduciendo hasta el 99,1% por el crecimiento del PIB y que baje al 96% en 2019. Esperemos que la ejecución presupuestaria no nos vuelva a llevar a los errores de gastar más.

¿Cómo NO se reduce la deuda?
Parece de Perogrullo, pero en este país hay que recordarlo. La deuda no se reduce gastando más.

El enorme riesgo que corremos con coaliciones débiles es que se acuda a los tradicionales unicornios de que hay que gastar más y subir impuestos “a los ricos” (recuerden, dos y dos nunca suman veintidós) .

Fiar la reducción del déficit al crecimiento económico es peligroso, porque las administraciones públicas lo aprovechan para gastar mucho más (lo vimos en 2015, a pesar del aumento de ingresos, los gastos se dispararon).

Fiar la reducción del déficit a nuevos impuestos o ingresos fiscales es peligroso, porque se hacen gastos muy reales y ciertos con estimaciones que luego no se cumplen. La media de error en ingresos estimados por impuestos en España es de entre un 1% y un 1,8% del PIB.

Apostar a reducir el déficit el año que viene y no éste lleva a agrandar el agujero. Ese déficit “relajado” se suma a la deuda ya acumulada, y un año más de relajación es un año menos de estar preparados para cuando los tipos suban o se acabe el gas de la risa monetario.

Jugar a que gastando más se reduce la deuda es una inmoralidad y además una falacia, cuando está demostrado que el multilicador del gasto público es nulo o negativo en economías abiertas y endeudadas sobre todo cuando se aumentan los gastos corrientes, como exigen algunos.

La deuda se reduce gastando menos de lo que se ingresa, sea cual sea la cifra de recaudación. No gastando hasta haberlo ingresado. Presupuesto base cero y criterio de caja. Reduciendo duplicidades y priorizando en los servicios esenciales.

Si no ponemos en marcha mecanismos reales de control presupuestario, este debate será eterno.

Hay mucho postureo. Esos que se indignan por la alta deuda y a la vez exigen gastar más. Esos que piden relajar el déficit y a la vez critican el endeudamiento, que es lo mismo. Esos que dicen que monetizar lo soluciona todo y ven que los países que lo hacen empeoran o se hunden.

Todos ellos dicen que no importa porque los tipos son bajos. Verán que risa si no se reducen los desequilibrios, cuando tengan que refinanciar a tipos superiores, y encima emitir más.

Para entonces, ya les digo yo a quién le echarán la culpa. A los mercados. A los mismos a los que hoy se consideran estupendos porque compran bonos a tipo negativo.

Copiar a los estados deficitarios sin replicar su flexibilidad, atracción de capital y mercado es una locura. Porque cuando suban los tipos, los países líderes en atracción de capital, que son moneda reserva global y tienen un mercado secundario flexible y potente, no lo sufrirán. Los que lo sufren son los que juegan a “hacer como Obama” para gastar y endeudarse y no en libertad económica y flexibilidad.

España ha reducido sus desequilibrios enormemente. Hemos hecho un ajuste de 10 puntos de déficit comercial y se ha reducido el déficit fiscal un 44%. No lo estropeemos. Aprovechemos que los tipos son bajos para eliminar los desequilibrios estructurales sin acudir a unicornios.

La reducción de deuda no es un cuento político ni un arma arrojadiza. Necesita de la cooperación de comunidades autónomas y de todos los entes públicos, Si no, nos encaminaremos a otro shock de deuda. Y dirán que nadie lo advirtió.

El nuevo virus patógeno de la economía española
Germán Gorráiz López www.diariosigloxxi.com 20 Agosto 2016

La economía española se ha basado en el último decenio en la conocida “dieta mediterránea”, (cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, la exportación, el turismo y el consumo interno), fórmula que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), debido al estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes de la economía española. Sin embargo, existe el peligro de la aparición de un nuevo virus patógeno, (el DDD), con un ADN dotado de la triple enzima D (Deuda desorbitante, Deflación persistente y Desempleo estratosférico) que podría acabar por arrasar con todo rastro de brotes verdes en la economía española.

Deuda desorbitante
Según el Informe 2015 sobre la Sostenibilidad Fiscal de la Comisión Europea, la Deuda pública de España en el 2016 alcanzaría el techo estratosférico del 101% del PIB nacional, (1,2 Billlones €), lo que representa un crecimiento imparable desde el 2005 cuando la Deuda rondaba el 42% del PIB nacional (casi 400.000 millones de €) pero sin las medidas cosméticas que el Eurostat permite utilizar a España, la Deuda total superaría el 280 % del PIB (más de 2 billones), cifra desorbitante que podría actuar como espoleta de una metástasis recesiva en la economía española. Por su parte, aunque la Deuda privada se habría reducido considerablemente, según el director del Departamento de Asuntos Monetarios del FMI, José Viñals, “cerca del 40% de la deuda en España está en manos de empresas que serían incapaces de hacer frente a sus deudas a medio plazo a menos que hagan ajustes como una reducción de la deuda, de los costes operativos o de los gastos de capital,( “debt overhag” en inglés)”, lo que sumado a la debilidad de los bancos españoles, provocará que el crédito siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés a pesar de la bajada de tipos del BCE hasta el 0 % y la implementación de tipos negativos para la facilidad de depósitos que obliga a los bancos de la Eurozona a pagar por dormir su dinero en el BCE.

Deflación persistente
Según el INE, el IPC de Julio del 2016 registró un incremento de 5 décimas pero la tasa interanual quedaría en el -0,8% lo que sumergiría a España en escenarios de deflación prolongada. Por deflación se entiende «la caída mantenida y generalizada de los precios de bienes y servicios durante un mínimo de dos semestres», y conjugada con una tasa de desempleo galopante tan bestial como la española podría dar lugar a la aparición de un cóctel explosivo de final incierto,(el DDD), ya que dichos factores económicos se retroalimentan. Así, las empresas se ven obligadas a estrechar sus márgenes de beneficios para seguir siendo competitivas lo que les impide mantener sus beneficios empresariales así como realizar las necesarias inversiones en Bienes Equipo y que tiene como efecto secundario una congelación o reducción del sueldo de los trabajadores que hace reiniciarse la espiral deflactiva, alimentada por la subsiguiente reducción del consumo. Así, asistiremos al finiquito del consumismo compulsivo imperante en la pasada década debido a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores por la congelación de sus salarios o la dramática reducción de los mismos, lo que unido a la ausencia de la cultura del ahorro doméstico agravará la contracción del consumo interno, uno de los motores de la economía española.

Desempleo endémico
La OIT en su informe “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2016”, estima que el desempleo disminuirá en España hasta el 21,5% en el 2016 y se situará en el 21,3% en el 2017, cifras inasumibles para lograr un despegue económico prolongado. Por su parte,el FMI señala que “el ajuste económico español se habría producido mediante la caída de la producción y el incremento del paro, pero insuficiente en el lado de los salarios hasta fechas recientes”, por lo que receta un drástico recorte de los salarios nominales (brutos) del 10% y una rebaja de las cotizaciones sociales en 1,75 puntos para crear 1,2 millones de empleos. De seguir obviando la inversión en inteligencia, España podría convertirse en la próxima década en un país tercermundista a nivel de investigación e innovación, condenado a comprar patentes extranjeras y producir productos de bajo perfil tecnológico que requieran mano de obra de escasa o nula cualificación y fácilmente explotable, con salarios seiscieneuristas e interinidad vitalicia. Finalmente, si la Deuda Pública y privada prosiguen su vuelo por la estratosfera, los salarios siguen congelados o con incrementos inferiores al IPC, el crédito bancario sigue sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales a pymes, autónomos y particulares y no se aprovecha la dilación en los plazos para reducir el déficit establecidos por la Comisión Europea en incrementar la inversión en Obra Pública y reducir el desempleo, la economía española se verá abocada a un peligroso cóctel explosivo,(el DDD), cuyos ingredientes sería una deflación en los precios que impedirá a las empresas conseguir beneficios y a los trabajadores incrementar sus sueldos, una deuda pública desbocada y una Deuda privada imposible de asumir por las empresas así como unas tasas de paro estratosféricas (superando el 20 %), lo que podría generar una década de estancamiento en la economía española, rememorando la Década perdida de la economía japonesa.

Fun, fun, fun
Este largo sainete merece el colofón chusco de unas elecciones el día de Navidad. O, mejor aún, el día de los Inocentes
Ignacio Camacho ABC 20 Agosto 2016

ESTE año de pura broma merece unas elecciones en Navidad y una jornada de reflexión –curiosa papeleta para el redactor del discurso del Rey– con los cuñaos pontificando en la mesa de Nochebuena. O quizá en Año Nuevo, con el pueblo soberano recién despertado de la gran resaca de Nochevieja. Incluso el 28 de diciembre, día de los Inocentes, efeméride perfecta para consumar la gran tomadura de pelo y convertir la papeleta de voto en un monigote clavado en la espalda de los españoles. No podría haber mejor colofón al largo sainete de la investidura imposible. Bueno, sí podría: un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos con el respaldo de los independentistas catalanes. La «solución patriótica» que acaso sueña con liderar Pedro Sánchez para salvarnos de la comedia bufa mediante el gran sacrificio de llegar a presidente con 85 diputados sobre 350. Cualquiera de esos desenlaces es, por lo visto, mejor que el de dejar gobernar al doble vencedor en las urnas. Dónde se ha visto eso.

O Rajoy está muy seguro de que al final va a salir elegido, aunque sea al segundo intento, o su temperamento galaico le ha llevado a perpetrar el guiño sarcástico de una repetición electoral en Navidades. En su comparecencia de ayer, tras la entrevista con Rivera, no parecía exactamente un hombre satisfecho. Más bien se diría que estaba cabreado de haber tenido que conceder una fecha para ir al degolladero del debate. Tal vez el resultado de esa contrariedad sea la chusca decisión de situar el final de la cuenta atrás, fun, fun, fun, el 25-D; un desahogo algo siniestro o una medida de presión muy sui generis.

Por supuesto que las elecciones no tienen que ser el domingo. Se trata sólo de una costumbre que carece de rango de ley y no está escrita en ninguna parte. En la Transición hubo dos convocatorias de generales en día laborable: el miércoles 15 de junio de 1977 y el jueves 1 de marzo de 1979. Ambas las ganó en minoría Suárez... y le dejaron gobernar, dicho sea de paso. Pero ya puestos a consumar el disparate de un año perdido convendría hacerlo bien, resaltar como es debido la ridícula excepcionalidad de un fracaso sin precedentes. Las cosas hay que terminarlas y esta falta de respeto debe culminar en un final a la altura de las circunstancias. Por qué conformarse con mediocridades. Si vamos a batir un récord de incompetencia inédito desde la Segunda Guerra Mundial, como dice el presidente, es menester no quedarse cortos y pensar a lo grande.

Al fin y al cabo esa convocatoria, si se acaba produciendo, será un hito histórico, ese término tan grato al periodismo. Hagamos historia con el calendario, ya que es probable que la abstención también alcance registros chocantes. La zafia parodia de estos meses de bloqueo sectario requiere una pirueta digna de su propio desatino. Generosidad y sentido de Estado no tendremos pero en punto a imaginación no nos gana nadie.

Algunas falacias populares
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Agosto 2016

Son enunciados que se repiten como si fueran axiomas, sin que se discuta su taimada falsedad. Es decir, vivimos engañados. Aportaré media docena de falacias para abrir boca.

1. "Todas las opiniones son respetables". Sí, claro, pero algunas son detestables. Por ejemplo, acabo de leer la noticia de que un quídam se enorgullece de que va a tener un hijo con su hermana. La cosa es todavía más repugnante. Resulta que dos varones gayos deciden tener un hijo. Como la fecundación es imposible por retambufa, uno de ellos decide una implantación de sus generosos espermatozoides en los óvulos de su hermana. La cual gesta una criatura de alquiler para que pase a ser hijo aproximadamente legítimo de la pareja de manfloritas. Pues bien, la opinión del donante sobre lo orgulloso que se siente de la hazaña me parece sencillamente abominable. El lector puede añadir otras muchas ilustraciones.

2. "Todos los islamistas no son terroristas". Sí, claro, pero prácticamente todos los terroristas son islamistas. Aunque los imanes digan que islam quiere decir "paz", no estoy convencido de la falaz traducción. En la práctica, el islam siempre ha sido invasor y sojuzgador de otros pueblos. En ningún país islámico ha cristalizado una democracia pacífica y duradera.

3. "Todos los partidos políticos en España son legítimos porque representan a los españoles". Sí, claro, pero también encontramos algunos que sencillamente quieren romper España. De forma coherente, sus dirigentes no se consideran españoles. Sin embargo, no tienen empacho en cobrar sueldos y otros privilegios del Estado español. En contra de la Constitución, los diputados y senadores acuden a votar con un "mandato imperativo" de sus respectivas formaciones políticas. No me parece que tal práctica les confiera legitimidad.

4. "No todos los políticos son corruptos". Sí, claro. Si fueran todos corruptos hace tiempo que habrían acabado con el PIB de España. Pero lo que cuenta es que todos los corruptos se hallan ligados a los partidos que han tocado poder. Es más, ningún partido ha denunciado a los corruptos que tenía dentro. Siempre salen con lo de la "presunción de inocencia", mal interpretada. Es una forma de protección mafiosa.

5. "Todos los políticos son servidores públicos y les mueve su vocación de servicio a la ciudadanía". Sí, claro, pero eso no se lo cree nadie. Más bien da la impresión de que se afanan por llegar al poder y mantenerse en él para así repartir cargos y prebendas. Lo peor de todo es que no son pocos los políticos que se sirven de sus contactos para hacerse ricos.

6. "Los impuestos se diseñan para que los que más renta tengan paguen más". Sí, claro, esa es la bonita teoría, pero en la práctica sucede todo lo contrario. Puede que los realmente pobres no paguen impuestos de forma directa (aunque sí indirecta), pero constituyen un estrato poco numeroso. Lo que resulta indiscutible es que la clase realmente acomodada paga menos impuestos que la amplia capa de las clases medias. Esos son los realmente paganos.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Rivera lanza la reforma constitucional, tras 175 años de desigualdad legal
Pascual Tamburri esdiario  20 Agosto 2016

Si fuese un idioma de ayer sería incomprensible. Siendo inventado es además gracioso. Si no fuese porque representa algo que muchos no quieren, la desigualdad entre españoles.
Los fueros navarros valen para todo. Para pagar más. Para pagar menos. Para ir. Para venir. Depende quién los lea, hasta para subir a Osasuna a Primera, magna obra de servicio público.

El 16 de agosto de 1841 el regente de España don Baldomero Espartero, en nombre de la Reina Isabel II, jefa del Estado, y vigente la Constitución liberal de 1837, firmó la Ley de Modificación de Fueros, pensada y aplicada sólo a Navarra. El poder legislativo correspondía en toda España y sin excepciones ni matices a las Cortes nacionales, con un poder limitado de veto en manos del Regente. A 175 años de aquello, varios planes de reforma constitucional replantearían las interpretaciones más originales de la que algunos aún conocen como “Ley paccionada”.

No tengo una especial confianza en la formación jurídica de Alberto Rivera, pero así como hacia el futuro no cabe negarle que este Estado necesita cambios para seguir vivo y operativo –si con 17 tumores puede vivir-, hacia el pasado es muy cierto que no hay pacto posible en los que hoy llamamos fueros. En el Nuevo Régimen no es ontológicamente posible que el Todo –el soberano, en este caso la Nación una y única expresada en unas Cortes a su vez únicas- pacte nada con una de sus partes, carente tanto de soberanía como de entidad propia en los poderes del Estado. Un pacto jurídicamente implica hoy igualdad de origen y sanción en el incumplimiento, y no hay tal. No hay pacto “interno” constitucionalmente posible, ni bajo el régimen de 1812, ni en de 1837, ni el de 1845, ni el de 1869, ni el de 1876, ni el de 1931. Podría haberlo habido, precisamente por no ser moderno, en el régimen de Francisco Franco. No puede haberlo en el régimen democrático de 1978.

¿Y qué celebramos en Navarra, entonces, en este aniversario?
En 1839, en el “abrazo de Vergara”, Espartero se comprometió a interceder con el Gobierno para mantener los fueros provinciales vascos y navarros en lo que no fuesen incompatibles con la unidad constitucional de España. Ese marco general quedó concretado en la Ley de Confirmación de Fueros de 25 de octubre de 1839, válida para las cuatro provincias y desde luego nadie pretendió que fuese “paccionada”. La notable diferencia la marcó 1841, cuando Navarra con su Diputación liberal pidió y obtuvo una concreción de ese marco foral y a la vez respetuoso con la Constitución –obviamente. Es decir, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya quedaron voluntariamente –por voluntad de su minoría dirigente- en un cierto limbo jurídico, a la espera improbabilísima de recuperar toda su autonomía foral obsoleta, y los liberales navarros fueron más realistas.

Desde el 16 de agosto de 1841 Navarra tiene una serie de peculiaridades jurídicas, en un delicado equilibrio que por un lado ha respetado la unidad nacional y la igualdad entre españoles (y si no lo hubiese hecho, la Ley habría sido inconstitucional; y la que no lo haga en el futuro lo será), y por otro crea una autonomía provincial. Insisto, con Enterría: la crea. Autonomía que no es el Antiguo Régimen, y expresamente niega serlo, y que ha ido teniendo unos límites flexibles con el tiempo. Aunque a muchos les cuesta entenderlo, en una provincia tan dada a lecturas originales, confusas o sólo falsas del pasado, desde Pompeyo en el Summo Pyrenaeo hasta el general Concha en Abárzuza.

La buena gestión de la autonomía fiscal y administrativa hizo, a lo largo de las décadas, que la Diputación navarra no sólo conservase sus competencias sino que ocupase –de hecho- atribuciones del Estado, en carreteras o en educación por ejemplo. Por supuesto, porque Navarra era fiable para Madrid, hacía las cosas bien y tenía dinero para hacerlo. Con Franco, la cosa cambió, pero a más: el aumento de competencias se hizo no sólo mayor, sino también formal. ¿Qué se le podía negar entonces a la ‘fiel Navarra’? (no he visto por cierto que tales competencias franquistas se hayan devuelto al Estado con motivo de la ‘memoria’ sectaria).

La vigente norma autonómica navarra, el Amejoramiento que es a todos los efectos el Estatuto de los navarros, se sustenta también en la vigencia, sólo para Navarra, de las leyes –españolas- de 1839 y 1841. Digamos, sencillamente, que hay una igualdad jurídica matizada. La lógica liberal y democrática, más de la izquierda histórica que de la derecha, sería hoy como ayer la de Germán Gamazo y su intento igualitario de finales del siglo XIX: es muy difícil hablar de igualdad y aplaudir la gamazada antiigualitaria.

En Navarra, además de defensores de la igualdad nacional total y de anexionistas abertzales, ha habido desde hace 175 años muchos tipos de defensores de los fueros. Demasiado a menudo, sin sentido de la mesura o del ridículo. La moda romántica del vascoiberismo más elemental, por ejemplo, llevó a que en el monumento pamplonés a los fueros haya una inscripción en caracteres más o menos íberos que hace las delicias cómicas de cualquier visitante con formación académica. Yo no estoy muy seguro de que Ciudadanos plantee la uniformidad legal, ni de que pueda hacerlo; pero desde luego que mucho más ridículo que esa postura, al fin y al cabo moderna y progresista, es idolatrar la lectura decimonónica y confusa à la Olóriz de una realidad antigua y medieval muy mal comprendida por sus manipuladores… y para nada rúnica. Puestos en lo pintoresco, ya sólo les queda a algunos inaugurar el monumento a los fueros, que quizá por sentido del ridículo hace un siglo se dejó tal cual.

El triunfo de los fracasados
¿En qué consiste ese triunfo? En hacer que su propio fracaso -el de Rajoy y Sánchez- lo sea del conjunto del sistema institucional, de la sociedad política, de los intereses generales
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 20 Agosto 2016

Si el fracaso “enseña al hombre algo que necesitaba aprender” según Charles Dickens, es evidente que ni Mariano Rajoy, por unas razones, ni Pedro Sánchez, por otras, supieron extraer enseñanza alguna de sus respectivos fracasos -de distinta envergadura- tanto el 20-D de 2015 como el 26-J pasado. Si después de la derrota popular en el mes de diciembre -pérdida de más de 3.600.000 de votos y 63 escaños- y socialista –20 escaños menos y abandono de 1.400.000 sufragios-, Rajoy y Sánchez hubiesen renunciado a sus cargos, hoy no estaríamos en la descalabrada situación en la que nos encontramos. No solo no lo hicieron, sino que ambos se mostraron contumaces y reiteraron sus respectivos fracasos el 26-J. Rajoy lo enmendó de forma tan manifiestamente insuficiente como ahora se está comprobando y Sánchez -más terco que el político gallego, lo que ya es mucho decir- lo ahondó perforando el suelo electoral del PSOE. Y ahí siguen los dos, buscando el triunfo al modo habitual que en la historia han utilizado los fracasados.

¿En qué consiste semejante triunfo? En algo muy sencillo y raso: en la socialización del fracaso. O en otras palabras: en hacer que su propio fracaso lo sea del conjunto del sistema institucional, de la sociedad política y de los intereses generales. Mariano Rajoy estaba dispuesto a bloquear el desenvolvimiento de los mecanismos constitucionales, amagando con no presentarse a la investidura, de no haber sido por la acertada estrategia de Ciudadanos que rectificó sobre la marcha sus posiciones iniciales, obligando así al presidente en funciones a aceptar las consecuencias de su condición de candidato mandatado por el jefe del Estado. Rajoy -molesto en sus comparecencias del martes y del miércoles- no ha tenido más remedio que firmar un duro condicionado de Ciudadanos y fijar fecha de investidura, cuando ambas decisiones las ha dilatado, asumiéndolas por fin muy a su pesar. Su plan consistía en el habitual: resistir, dejar pasar el tiempo y optimizar los errores ajenos. El presidente del PP estaba dispuesto a contagiar su fracaso (en parte lo ha hecho) al sistema y a la sociedad española.

El caso de Pedro Sánchez es todavía más grave que el de Rajoy porque el secretario general del PSOE es un perdedor absoluto, mientras que el presidente en funciones lo es relativo. El socialista carece de otra alternativa que no sea una negativa cerril, irrazonada y democráticamente espuria a permitir que gobierne Rajoy. Dice no querer elecciones y no ve posible una alternativa. Su “no es no” -secundado por el apoyo o el silencio de los dirigentes del PSOE- se nutre de dos suministros, sin que se sepa cuál de los dos energiza más su negativa: el de la ojeriza a Rajoy -evidente hasta en el tono de sus palabras- o el del cálculo para retener el liderazgo de su organización. Y solo remotamente el de las consecuencias que la abstención de once parlamentarios socialistas en la sesión de investidura del popular tendrían sobre la situación actual de Podemos. Se trata, en consecuencia, de otra socialización del fracaso, de contagiar el propio a la generalidad y así -como en el caso de Rajoy- diluirlo en una especie de fracaso colectivo en el que se incluiría el “error” de los electores a los que se les podría requerir una tercera rectificación de su voto nada menos que el día de la próxima Navidad.

No es baladí en absoluto que unas terceras elecciones tendrían que celebrarse el día 25 de diciembre. Que la repetición electoral debiera producirse en tal fecha ejecuta el triunfo de los fracasados hasta sus últimas consecuencias: invade con la contumacia de los políticos irreconciliables -como si el ejercicio de sus responsabilidades respondiera a cuestiones personales- hasta la intimidad de las celebraciones colectivas con más alto contenido emotivo. De ahí que ayer, algún periódico abriera su edición equiparando la posible fecha electoral a “una amenaza” de Rajoy a Sánchez. Hasta con la simbología social se permiten jugar.

Visto lo visto, el uno y el otro -Rajoy y Sánchez- parecen dispuestos a todo esto: 1) no apearse, el primero, de su candidatura si es fallida a favor de otra personalidad del PP; 2) persistir en el no, en el caso del socialista, aunque su negativa carezca de alternativa; 3) desarbolar la reputación de la Corona como instancia arbitral y moderadora del normal funcionamiento institucional; 4) neutralizar los mecanismos constitucionales que rigen la designación parlamentaria del presidente del Gobierno; 5) establecer un precedente bochornoso entre las democracias occidentales que no registrarían un caso similar al español desde 1945; y 6) ¡Volver ambos a presentarse el 25 de diciembre!

Y todo esto hubiese sido evitable si los fracasados no hubiesen buscado su triunfo socializando su fracaso, al mismo modo con que se conducen los culpables, extendiendo su culpa. Porque cuando todos son culpables (léase, fracasados), nadie lo es. Y ellos, Rajoy y Sánchez, se salvan. Luego, viene la historia -inmediata y mediata- y los pone en su lugar. Pero la historia, aunque siempre es aleccionadora, también llega tarde porque el fracaso como “oportunidad de empezar otra vez con más inteligencia” (Henry Ford) se nos ha volatilizado.


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La burricie fomenta el éxodo
La risa se atraganta cuando uno recuerda que los guardianes de la burricie proscriben el castellano en el aula y el patio de las escuelas catalanas.
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 20 Agosto 2016

El guateque que congregó a la papisa y los popes de la desconexión catalana no pasará a la historia como un modelo del auge cultural autóctono. Más bien se lo verá como un ejemplo de los extremos de decadencia a que puede llegar una sociedad donde los advenedizos han copado los puestos de mando. La zafia festichola, que García Berlanga habría inmortalizado en el celuloide, obró el milagro de hacerme añorar nada menos que las tradicionales fotografías que mostraban la estampa burguesa de Jordi Pujol y Marta Ferrusola paseando por su feudo de Queralb, con ropa deportiva y ese aire de sosiego típico de quienes creen tener el botín de sus fechorías a salvo en paraísos fiscales. El patriarca aplicaba la táctica del "hoy paciencia, mañana independencia", pero el sentido del ridículo le impedía desplegar, en su condición de presidente de la Generalitat, una bandera sectaria, y por tanto espuria, en lugar de la oficial de su comunidad: la senyera. Sabía guardar las formas para codearse con las cuatrocientas familias de abolengo y con estadistas de todo el mundo, gente que hoy desprecia a los trepadores que lo sustituyen y lo arrinconan después de haberse beneficiado con su dedazo.

Grotesco exhibicionismo
El espectáculo ostentoso y frívolo que nos endilgó la que el incorruptible disidente comunista yugoslavo Milovan Djilas definió como "la nueva clase", esta vez en Cadaqués y no en la histórica Dubrovnik, ratificó que los usufructuarios del proceso secesionista han resuelto disfrutar hasta las heces de los privilegios que les dispensó esta etapa de confusión política, aunque su grotesco exhibicionismo ofenda a la mayoría emprendedora y culta que, víctima de la demagogia, les cedió transitoriamente el poder. Sí, transitoriamente, porque como dicen que sentenció Abraham Lincoln, es posible engañar a todo el mundo durante algún tiempo, y a algunos durante todo el tiempo, pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y el tiempo corre.

La noticia de que "una paella de amigos en casa de Pilar Rahola acaba con el president Puigdemont a la guitarra" apareció en La Vanguardia el 11 de agosto. Aparentemente no tenía ninguna relación con otra que había aparecido un día antes, y sin embargo bastaba un poco de sagacidad para descubrir el nexo. El titular anterior rezaba:

Madrid ficha la Barcelona del éxito - Rigola sigue a Matabosch y Borja-Villel y dirigirá una institución en la capital

La conclusión que saca el lector al asociar las dos informaciones es automática: la burricie fomenta el éxodo. Burricie: cualidad de burro, torpeza, rudeza (Diccionario de la Real Academia Española). Mientras la casta arribista abraza un ideario provinciano para desconectar a la sociedad catalana de las fuentes de la cultura humanista universal que siempre la alimentaron, y de la lengua de los compatriotas radicados más allá del Ebro, es lógico que aumente el éxodo de los creadores ilustrados hacia los centros libres de coacciones endogámicas.

Incomprendidos o perseguidos
Cuando los talibanes secesionistas escarban el estercolero de la historia buscando beligerancias que enfrenten a catalanes y castellanos, se llevan un chasco. Entonces tergiversan sin escrúpulos. Por el contrario, la indagación rigurosa demuestra que, lejos de ser un foco de catalanofobia, Madrid ha sido siempre un hogar de acogida para los catalanes que debían abandonar su tierra, incomprendidos o perseguidos. Evoca Josep M. Fradera en su erudita La pàtria dels catalans (La Magrana, 2009):

Es curioso, pero no sorprendente, que casi todos ellos emprendiesen el exilio en la misma dirección: la capital de la monarquía. Allí, aquella generación de liberales radicales, que había alcanzado la edad adulta en tiempos de la revolución liberal, la guerra carlista y la quema de conventos por las calles de Barcelona, va a hacer mucha obra tanto en sus respectivos ámbitos profesionales como en el de la política liberal.

Fradera dedica un extenso capítulo a enumerar los aportes que hicieron en Madrid a la cultura y la política estos catalanes allí radicados. Algunos, como Antoni de Capmany y Bonaventura Carles Aribau, "fueron personajes sobresalientes en la forja de la literatura nacional española" y al mismo tiempo "fueron los forjadores de los fundamentos ideológicos de la literatura catalana de molde renaixentista". Y el núcleo conservador formado en torno a Aribau se esforzó por atraer al filósofo y sacerdote católico Jaime Balmes, "quien terminaría radicándose años más tarde en la capital del reino, desde donde irradió su pensamiento al mundo entero". Fradera también recuerda a Laureano Figuerola, ministro de Hacienda de la Gloriosa, que impuso la peseta como moneda nacional, y a Francisco Pi y Margall, quien se estableció en Madrid en los años 1840 y sólo volvió a Cataluña en viajes de proselitismo político.

Relación cultural simbiótica
Un salto en el tiempo nos trae a nuestros días, cuando la relación cultural entre Madrid y Barcelona, Barcelona y Madrid, que se desarrolla en el espacio donde no manda la burricie, puede definirse como simbiótica. Lo cual es lógico, porque vivimos en el mismo país. Van y vienen Mercedes Milá, Josep Maria Flotats, Josep Maria Pou, Rosa Maria Sardà, Dagoll Dagom, La Cubana, Els Joglars (¡faltaría más!), Tricicle, Lluís Homar, Sergi Belbel, Mario Gas. Este último explicó, al anunciar que delegaría la dirección del teatro Español de Madrid (LV, 13/3/2012):

No me vuelvo a ninguna parte ni dejo Madrid, porque tampoco nunca dejé Barcelona, soy barcelomadrileño y no por eso estoy loco.

Casos aparte son los de Albert Boadella y Félix de Azúa, que convirtieron su salida de Cataluña en una opción militante impecablemente razonada. Pero hay más. Escribí en mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota (Flor del viento, 2002):

Hay algo que merece ser destacado, por lo revelador, en medio de este guirigay: los numerosos catalanes que van a trabajar en los medios audiovisuales, teatrales, cinematográficos, editoriales y periodísticos de Madrid y del resto de España, son acogidos con afecto, con admiración y a menudo con atronadores aplausos. Me refiero a esos catalanes porque son los más visibles, aunque se les podrían sumar muchos otros que sobresalen en los mundos científico, técnico y empresarial. Las lamentaciones victimistas sobre la presunta antipatía, animadversión y hostilidad contra los catalanes forman parte del discurso fragmentador y centrífugo, para uso interno en Cataluña, de una minoría política que necesita estimular los resentimientos mediante mentiras flagrantes.

No todo está perdido
Mientras en Cadaqués hace su agosto (nunca mejor dicho) la burricie, avergonzando a los catalanes ante sus compatriotas españoles y sus cofrades europeos, que no entienden tamaña regresión en una comunidad que brilló por sus valores, un puñado de artistas toma la batuta para demostrar que no todo está perdido y que quedan reservas para la remontada. Informó Justo Barranco en la noticia arriba citada (LV, 10/8):

Hace una década los tres protagonizaban un momento excepcional de la cultura barcelonesa. Sus instituciones eran puntas de lanza rompedoras en sus respectivos ámbitos y Barcelona vibraba. (…) Sin duda, el triángulo formado por Manuel Borja-Villel al frente del Museu d'Art Contemporani (Macba), por Joan Matabosch al frente del Gran Teatre del Liceu –incluidas las polémicas óperas de Calixto Bieito, otro creador que ha pasado lejos de Barcelona los últimos años– y por Alex Rigola al frente del Teatre Lliure configuraban parte notable de la proyección internacional como centro de modernidad, de los nuevos caminos de la cultura.

Desde septiembre ese triángulo, la Barcelona de esa época, se habrá reproducido íntegramente en Madrid cuando Rigola asuma la dirección de la gran Sala Verde de los Teatros del Canal, buque insignia escénico de la Comunidad de Madrid. Joan Matabosch dirige ya desde el 2013 el Teatro Real, la ópera de Madrid, y Manuel Borja-Villel desde el 2008 el Museo Reina Sofía, el mascarón de proa del arte contemporáneo en España. Por si algo faltara, Carme Portaceli es finalista en el concurso para dirigir el Teatro Español, el principal espacio escénico del Ayuntamiento de Madrid.

Precisamente Joan Matabosch, entrevistado por Cristian Segura (El País, 12/8), explicó que en el Teatro Real trabaja gente de distintos lugares, y que cuando conversan entre ellos los numerosos catalanes, valencianos y menorquines que hay en el equipo lo hacen en catalán. Y agrega:

O cambiamos de lengua según quien está presente. De hecho pasa lo mismo en Barcelona. Es una dinámica sana que no merece ningún comentario en la medida en que es simplemente normal. En un mundo globalizado como el actual da risa hablar de espacios culturales diferentes en dos ciudades que están a menos de tres horas en tren.

La risa se atraganta, sin embargo, cuando uno recuerda que los guardianes de la burricie proscriben el castellano en el aula y el patio de las escuelas catalanas. Por eso urge conseguir en las urnas que los responsables de esa burricie dejen el terreno libre a los políticos civilizados, a los ciudadanos pensantes… y a los sembradores de cultura que volverán gradualmente, si les place, de la acogedora Madrid, mientras ellos, los destronados del secesionismo, van a divertir a la masa con sus probadas dotes de engañabobos histriónicos en las casetas de las ferias provincianas.

Cataluña ante el desafío secesionista
Puigdemont echa de Cataluña con su plan separatista a 500 empresas en solo seis meses
Desde el año 2011, la cifra se eleva hasta casi 5.000 las compañías que han hecho las maletas
Redacción La voz libre 20 Agosto 2016

Madrid.- La factura del plan separatista sigue cobrándose en la Cataluña más empresarial. Desde que Puigdemont accediera a la presidencia de la Generalitat, hasta 500 empresas han abandonado la comunidad catalana, lo que supone un aumento del 40% respecto a épocas anteriores. En solo seis meses, el presidente catalán ha logrado así echar a medio millar de compañías que han decidido cambiar sus sedes ante el miedo al desafío secesionista.

Según las cifras de Axesor, esa cifra se eleva a casi 5.000 desde el año 2011, lo que comprende todo el período de gobierno de Artur Mas, y hasta el mes de junio de este año, comprendiendo así ya seis meses de presidencia de Puigdemont. La situación empresarial en Cataluña empeora mes a mes. Los continuos desafíos de la Generalitat llevan a las compañías a trasladarse, buscando lugares más seguros y estables a nivel económico y político. Muchas de estas fugas, de hecho, recalan en Madrid, que se ha convertido en una región de lo más atractiva para que todas las empresas que huyen de Cataluña abran sus nuevos caminos en la capital. Más de 2.000 de esas casi 5.000 empresas que se han marchado desde 2011 han terminado recalando en la capital madrileña.

El peor año para Cataluña se registró en 2014, cuando casi un millar de empresas dijeron adiós en pleno mandato de Mas. Sin embargo, las cosas le van incluso peor a Puigdemont en solo seis meses, habiendo 'echado' a 500 empresas. Una cigra que supone un incremento del 40% de huidas. Si la tendencia continúa en la segunda mitad de 2016, podría llegar a batirse un récord negativo.

El momento político de Puigdemont no ayuda a frenar la fuga empresarial. Y es que Puigdemont está a punto de someterse a una cuestión de confianza mientras el Constitucional suspende la resolución que marcaba el inicio de la ruptura con España.

De las 500 empresas que Puigdemont ha acabado echando de Cataluña, más de 200 han hecho la mudanza a Madrid.

ALICANTE
Un concejal de Compromís denunciará a una funcionaria por pedirle que hable en castellano
El alcaldable nacionalista Sergi Alonso considera «insólito» que en el ayuntamiento vecino de Elda no le atiendan en valenciano
J. L. FERNÁNDEZ ABC 20 Agosto 2016

El concejal y último candidato de Compromís a la Alcaldía de Monóvar (Alicante), Sergi Alonso, ha anunciado en las redes sociales que el próximo lunes presentará la «denuncia correspondiente» porque una funcionaria del Ayuntamiento de Elda, a pocos kilómetros de distancia, le ha pedido que le hablara en castellano cuando ha llamado por teléfono.

«¡Insólito! Acabo de llamar a una administración pública radicada en el País Valenciano (Ayuntamiento de Elda) y la persona que atiende el teléfono me pide que le hable en castellano porque dice que es castellanohablante y no tiene obligación de hablar en valenciano», relata Alonso en su página de Facebook.

Tras reconocer que «ciertamente, la ley no le obliga a hablar», el concejal nacionalista argumenta que «tampoco es legal que le pida a un ciudadano que deje de utilizar una de las dos lenguas oficiales en el País Valenciano. ¡No lo he hecho! Evidentemente, el próximo lunes registraré la denuncia correspondiente».

Y ha tenido palabras de ánimo del portavoz de Esquerra Unida (EU) en otro municipio cercano, Petrer, Javier Martínez Salcedo, quien también en las redes sociales ha dicho al denunciante: «Bien hecho, compañero!»

La cuestión lingüística -si se puede llamar así- no existía hasta hace poco en la Comunidad Valenciana, pero en los últimos tiempos se han desatado algunas polémicas como esta. Y precisamente el alcalde de Elda, el socialista Rubén Alfaro, ha firmado como presidente de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias un documento para que en las comarcas alicantinas castellanoparlantes se elimine una exención de la obligatoriedad de aprender la lengua valenciana.

Desde el grupo del PP en este ayuntamiento, Fran Muñoz ha recriminado esta conducta por atacar la «sensibilidad» de los eldenses con el idioma, y ha recordado que hace unos años se intentó «imponer» el valenciano en esta población mayoritariamente castellanohablante y hubo protestas ciudadanas. «Hay que defender la libertad de todos y, quien quiera aprender valenciano, que lo haga, pero no obligar a nadie, como quieren hacer los separatistas de los países catalanes», ha manifestado.

También ha recordado que el alcalde gobierna coaligado con Compromís y que le pedirán explicaciones, además de que defienda a la funcionaria de su ayuntamiento y no permita la denuncia del concejal nacionalista.

 


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