AGLI Recortes de Prensa   Domingo 21  Agosto  2016

Río2016 y el relaxing cup of café con leche
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 21 Agosto 2016

Dentro de un par de semanas se cumplirán cuatro años del célebre “relaxing cup of café con leche” con el que la sin par Ana Botella, alcaldesa de Madrid por la gracia de su marido entre diciembre de 2011 y junio de 2015, sorprendió al planeta con su dominio de la lengua de Shakespeare y su casticismo de chulapa dispuesta a conquistar ella sola para la capital de España la organización de los Juegos Olímpicos de 2020, en la reunión que el COI celebró en Buenos Aires el 7 de septiembre de 2013. Ni el “relaxing cup of café con leche en la plaza Mayor”, ni “la cena romántica en el Madrid de los Austrias” lograron convencer a unos miembros del COI acostumbrados a dejarse corromper por sumas millonarias, no por fruslerías de esta clase. Ganó Tokio. La Botella se quemó con su café con leche, como cuatro años antes, 2 de octubre de 2009, se había quemado en Copenhague su maestro Alberto Ruiz-Gallardón, empeñado, después de haber arruinado Madrid con las faraónicas obras de la M-30, en traer las Olimpiadas de 2016 a la capital de España para mejor provecho de sus amigos constructores, con Florentino Pérez a la cabeza.

En Copenhague fue Río de Janeiro la que desbancó, los Dioses sean loados, a un Madrid que muy bien podría estar hoy acogiendo los Juegos que estos días están teniendo lugar en la urbe carioca, ello con un país sin Gobierno desde hace más de 9 meses, con millones de parados, una deuda pública que supera el 100% del PIB y unas instituciones devastadas por la corrupción. El intento reiterado de hacer de Madrid sede de unas Olimpiadas, con España sumida desde 2007 en la crisis política y económica más grave de su historia reciente, es una de las operaciones más desvergonzadas emprendidas por una elite política corrupta, gregaria del capital económico-financiero, la misma que ahora sigue empeñada en la batalla de sus intereses personales por encima de los generales del país, y es ejemplo claro del grado de postración moral de un sistema que reclama su regeneración con urgencia. Un episodio que explica casi todo, todo lo malo, de lo ocurrido en España desde mediados de los noventa a esta parte.

Aquel 2 de octubre de 2009, la alegre tropa española encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, con Ruiz-Gallardón como maestro de ceremonias, se había reunido en el Hotel D’Angleterre de Copenhague para celebrar a lo grande lo que consideraban segura elección de Madrid como ciudad organizadora de los Juegos de 2016. Justo un día antes, el FMI se había encargado de recordar a quienes trasegaban champán en los lujosos salones del 34 de Kongens Nytorv que España iba a ser el último país desarrollado en salir de la crisis, y que la tasa de paro llegaría en 2010 hasta el 20,2%, ignorante aún el FMI de que la riada alcanzaría un estratosférico 26%. Si la situación de España era mala, la de Madrid no era mejor. El Ayuntamiento había cerrado 2008 con un déficit de 1.200 millones, cifra a sumar a una deuda global que a final de 2009 rebasaría los 8.000 millones (12 veces superior a la de Barcelona). Para intentar tapar agujeros, el regidor madrileño se había lanzado ese año a una desaforada subida de tasas e impuestos varios (IBI, Recogida de Residuos Sólidos, etc.) que supuso para cada madrileño un arreón de más de 90 euros para un piso de menos de cien metros.

Habían pasado 23 años desde que otro mes de octubre, pero del año 1986, el COI eligiera en Lausana a Barcelona como ciudad organizadora de la XXV Olimpiada por delante de París. Durante esas dos décadas largas, España había cambiado mucho y lo había hecho a peor desde el punto de vista de la calidad de su sistema democrático, sometido ya de hoz y coz al tironeo de unas elites captadoras de renta que, con total falta de transparencia en el manejo de lo público, no perdían ocasión de demostrar la primacía de sus intereses personales sobre los generales del país. Desde la Royal Suite del Angleterre, con chimenea y comedor privado, el Rey Juan Carlos I, cabeza de la España oficial desplazada a Copenhague a gastos pagos, se afanaba en convencer a unos señores dignos de toda sospecha de que votaran a Madrid, vendiéndoles la mercancía falsa del apoyo unánime de la población madrileña, y aun de la española, al proyecto, trapacería para la que nuestra clase política contó con el apoyo casi unánime de los medios de comunicación, en particular de las televisiones.

Panem et circenses financiado con dinero prestado
Entre el humo y los cascotes causados por el derrumbamiento de la burbuja inmobiliaria española, hasta el más lego sabía aquel octubre de 2009 que España se hallaba atrapada en una crisis económica muy dura, con un déficit público que llegaría al 11,2% en 2009, unas cifras de paro escandalosas, y nulas perspectivas de empezar a crear empleo estable hasta 2015. Con semejante panorama, la pretensión de organizar unos Juegos no podía ser considerada más que como el acto de locura colectiva de un Gobierno que había perdido el norte de sus prioridades o como una muestra de la desvergüenza de una clase política decidida a darle hilo a la cometa manteniendo al pueblo embebido en el panem et circenses financiado, además, con unos fondos públicos de los que carecía el Estado. Parece que la derrota de Madrid a manos de Río fue conocida por Ruiz-Gallardón bastante antes de ser anunciada, pero el pájaro siguió adelante con su cohetería, porque el proyecto olímpico era para él una coartada, el trampolín de prestigio que debía franquearle definitivamente el paso al liderazgo del PP y la presidencia del Gobierno, permitiéndole, al tiempo, enmascarar su herencia en el Ayuntamiento de Madrid con las consiguientes ayudas públicas. Ambiciones privadas soportadas con miserias públicas.

Por eso resulta aún más escandaloso que en septiembre de 2013, en pleno valle de la crisis, nuestra clase política siguiera empeñada sin excepción en la aventura de convertir Madrid en ciudad olímpica, para regocijo de Florentinos y provecho de las tramas de corrupción (Gürtel y Púnica) que, no obstante estar abriendo todos los días los telediarios, seguían operando con desenvoltura allí donde aún no habían sido descubiertas. El Estado seguía gastando –y pidiendo prestado- 70.000 millones más de lo que ingresaba por ejercicio; la deuda pública, que a finales de 2008 equivalía al 40% del PIB, se había situado ya en el 92,2% (942.758 millones); el rey Juan Carlos estaba ingresado de nuevo en una clínica madrileña, con su prestigio más averiado aún que su chasis, y el problema catalán se había convertido en un volcán tras otra Diada de infarto. Nada parecía preocupar a políticos ni a financieros. La noticia saltó a mediados de mes: “Emilio Botín ficha a Rodrigo Rato como asesor del Santander”. Bomba demoledora para la moral pública, pero bomba sorda, casi inaudible, porque el asunto, que durante horas llenó de aspavientos al Madrid financiero, pasó de puntillas por los medios. Alguno ni siquiera se atrevió a recordar que el asturiano estaba imputado en el caso Bankia. Rato Figaredo, pata negra de la derecha conservadora española, se había convertido ya en émulo del famoso José María Hinojosa, alias El Tempranillo.

También Ana Botella tenía intereses personales que defender en la reunión del COI que en septiembre de 2013 y en Buenos Aires otorgó la organización de los Juegos 2020 a Tokio. Nunca tuvo la dama futuro político, pero la jerarquía de su marido en la estructura del PP y sus amistades entre la oligarquía madrileña -constructores y eléctricos-, consiguieron empotrarla en el Ayuntamiento más importante de España, ante la indiferencia de la mayoría de los habitantes de la capital. Para que mediara esta ascensión, tuvo que ocurrir el cambalache político de la inclusión de Ruiz-Gallardón en las listas del PP como número 2 tras Mariano Rajoy a las generales de Noviembre de 2011 y su posterior nominación como ministro de Justicia. Encantada de haberse conocido como alcaldesa, la Botella nunca negó la relevancia que para su carrera política tenía lo que ocurriera en Buenos Aires, muy consciente de que si Madrid, con el apoyo de la España oficial y de la práctica totalidad de los medios –excepción hecha, entre otros, de Vozpopuli-, se adjudicaba finalmente los Juegos de 2020, las pretensiones de quienes aspiraban a apearla de la alcaldía madrileña dentro de las filas del propio PP (Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes) sufrirían un auténtico revés.

A Botella se le indigestó el relaxing cup
La Señora jugó y perdió. Se le indigestó el relaxing cup of café con leche. Fue una de las grandes derrotadas –con el propio Rajoy y su Gobierno-, de lo ocurrido en Buenos Aires. La suficiencia con la que la delegación española vendió la piel del oso antes de cazado recibió un palo inmisericorde en la capital argentina. Rajoy, sin embargo, tenía algún secreto motivo para la complacencia: la carrera olímpica le ha quitado de en medio un problema interno tan serio como el que suponían las aspiraciones políticas de la señora de Aznar, es decir, de José María Aznar. Un cadáver más en la cuneta de Mariano, como poder sin contrapeso alguno en la estructura del PP. Nunca supimos a ciencia cierta lo que costó la aventura de Copenhague en 2009 (tampoco los pormenores de las idas y venidas de Gallardón con su íntima Tania Paessler, responsable de la candidatura Madrid2016, luego novieta de Alonso Aznar y acompañante ocasional de Felipe de Borbón), ni la de Buenos Aires de 2013. Todos siguen con mando en plaza, inamovibles, inasequibles al desaliento. Lo dijo en su día el revolucionario francés Babeuf en su Manifiesto de los Iguales: “La pobre especie humana ha servido de juguete a todas las ambiciones, de pasto a todas las tiranías”.

Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE) y de la candidatura Madrid2020, viajó a Buenos Aires con 15 días de antelación (el 23 de agosto de 2013), dispuesto a birlar a la Botella -y apuntárselo en exclusiva- el previsible “éxito” de la nominación de Madrid, asunto que la delegación española daba por seguro. Blanco, un hombre que, además de militante del PP cuenta con el respaldo de Rajoy y sobre todo del Rey emérito, que tuvo mucho que ver en su nombramiento, es el gran talibán de la ensoñación olímpica madrileña, con olímpico desprecio a las leyes de la transparencia. Enfrentado a Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte, desde hace semanas deambula por Río de Janeiro a cuerpo de rey, al frente de la octava delegación más numerosa de las 206 federaciones presentes en los Juegos de Rio, aunque, a 24 horas de la clausura, ocupe el vigésimo puesto en lo que al medallero se refiere (13 en total, frente a las 18 de Pekín y las 17 de Londres). Con cargo al presupuesto, Blanco no tiene empacho en enviar a Río a atletas incapaces de superar la primera serie de calificación. Es dinero público, y ¿quién da explicaciones en España sobre el uso del dinero público?

"¿Cómo crees, Pedro, que me juzgarán en los libros de Historia?"
Se cumplen 300 días desde que Rajoy disolviera las Cortes en octubre de 2015
Nacho Cardero El Confidencial 21 Agosto 2016

Pedro Arriola, alias ‘el Brujo’, se presentó a las puertas de La Moncloa en las semanas previas a los comicios del 20 de diciembre. Desde el refugio de los Narcisos 13, dirección donde se ubica su base de operaciones, este experto demoscópico acudía de nuevo a la llamada de Mariano Rajoy. Pese a su vano intento por hacer ver que se encontraba de retirada y haber apostatado como oráculo para las empresas del Ibex, Arriola no podía por menos que atender a la llamada del presidente del Gobierno. Su relación con Rajoy iba más allá de lo estrictamente profesional. Después de tanto vivido, uno y otro habían ligado sus destinos a fuego como esos hermanos gemelos que Jeremy Irons interpretaba en ‘Inseparables’.

Eran tiempos duros. Lo había sido toda la legislatura, cuatro años empedrados de dificultades: desde las presiones para acogerse al rescate, pasando por el desafío catalán, los casos de corrupción que cuelgan de las paredes de Génova y los SMS de Bárcenas. Pero se acercaba el día D, esto es, el momento de renovar el voto de confianza de los electores para continuar al frente del Ejecutivo, y en vez de ánimos, lo único que Rajoy escuchaba por detrás eran bisbiseos de que él no era el candidato adecuado, que estaba quemado, que con otro líder al frente del Partido Popular se podría dar imagen de regeneración y obtener más votos en las urnas.

La pregunta se la lanzó a Arriola aquel día en La Moncloa: “¿Cómo crees, Pedro, que me juzgarán los libros de Historia?”. Acaso era esa la principal preocupación del todavía presidente en funciones: cómo sería recordado si después de haber estado dos legislaturas ejerciendo la oposición a Zapatero tras el 11-M, si después de haber alcanzado el poder con mayoría absoluta y haber sacado al país de una profunda depresión tras tomar decisiones duras, muy duras, que habían hecho mella en los españoles y también en su persona, cómo sería recordado, digo, si después de todo ese sacrificio daba un paso atrás y se retiraba como candidato atendiendo a las presiones de algunos poderes fácticos.

No lo hizo. Rajoy decidió continuar. Después de dos elecciones generales y una situación de bloqueo político como nadie recuerda, hoy se cumplen 300 días de la disolución de las Cortes el 26 de octubre de 2015. Y es ahora, por fin, cuando Rajoy ha decidido someterse a la investidura. Será el próximo 30 de agosto. Y lo hará, probablemente, para perder.

Han sido 300 días que pasarán, precisamente, a los libros de Historia como uno de los capítulos más oscuros del país, no solo porque hayan saltado las costuras tejidas en la Transición, poniendo en solfa el sistema de partidos, el reloj constitucional, el papel del presidente del Congreso e incluso el del jefe del Estado, sino por la vulgaridad imperante desde entonces, esa vulgaridad que, como señala el filósofo Javier Gomá, es consustancial a lo humano, pero que en España “ha alcanzado, en el sentir de muchos, un término insoportable”.

Han sido 300 días en los que el líder del Partido Popular ha sufrido un desgaste brutal y en los que unos y otros se han esmerado en amortajarle como si estuvieran preparando su funeral. Como muestra, el Rajoy que se presentó en la rueda de prensa del pasado miércoles. Aquel era un Rajoy de mirada torva, más alterado que nervioso, que señalaba con su índice acusador a los periodistas como si fueran ellos responsables de sus contradicciones.

El líder del PP dejó a todos ojipláticos cuando explicó que el comité ejecutivo de su partido no había entrado a valorar las condiciones exigidas por Albert Rivera para suscribir el pacto con Ciudadanos -a pesar de que unos días antes había asegurado lo contrario-, al tiempo que evitaba fijar fecha para la investidura. No solo dejó ojipláticos a los periodistas. También a sus compañeros de partido. Los populares que acudieron aquella mañana a Génova conscientes de la relevancia de lo que allí se iba a decidir, se quedaron con un palmo de narices.

“No nos lo esperábamos, la verdad”, confiesa un miembro de la dirección del PP. “No me refiero a la rueda de prensa sino al comité ejecutivo. Nos quedamos muy sorprendidos cuando nos comunicó que no íbamos a discutir los seis puntos de Ciudadanos, que lo único que nos pedía era un cheque en blanco y que él ya se encargaba de todo. Ya sabemos cómo es Mariano, pero le fallaron las formas. A veces se olvida de lo que es el PP”.

“Nadie sabe lo que pasa por su cabeza”, reconoce otro miembro de la dirección. “Ni yo ni ningún ministro. Las negociaciones las está llevando exclusivamente él. Es una información que está centralizada en su persona. Ya sabemos cómo es Mariano. ¿Que alguna idea debe tener Carmen Martínez Castro? Pues supongo que sí. ¿Moragas? Entiendo que también. Pero es él quien dice a Carmen y Jorge lo que tienen que hacer. En los comités ni preguntamos. Para qué preguntar si no te lo va a decir. Y si te lo dice, casi peor”.

En estos 300 días desde que se disolvieron las Cortes, e incluso antes, la desconfianza ha ido germinando en el Palacio de la Moncloa. Una desconfianza que el presidente del Gobierno en funciones no solo ha proyectado hacia los rivales políticos, algunas empresas del Ibex y medios de comunicación, sino también hacia los suyos, vicesecretarios del partido, presidentes regionales e incluso ministros, personas que consideraba de su confianza pero que, en determinados momentos, cuando se propagó la especie de que Rajoy debía apartarse para facilitar un gobierno de la nación, no se pronunciaron y se pusieron a hacer requiebros como si estuvieran disputando un partido de fútbol siete.

Es el vértigo del poder. Cuanto más alto llegas, más solo te quedas. Recibes consejos y admoniciones por doquier, pero al final eres tú el que toma las decisiones, es sobre tu persona sobre la que recae el grueso de la responsabilidad. Los demás se lavan las manos. Un ejercicio del poder que lleva a encastillarte en posiciones a veces alejadas de la realidad y que te obliga, en ocasiones, a sacrificar afinidades. Es por ello por lo que la guardia de corps de Mariano Rajoy es un tanto exigua: su jefe de gabinete, Jorge Moragas; la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, y entre bambalinas, Pedro Arriola. Poco más. En Génova se apoya en Fernando Martínez-Maíllo, figura ascendente dentro del partido.

Rajoy quiere ser el próximo presidente del Gobierno. Cuanto más le presionan, más dispuesto se muestra a lograr tal objetivo pese al desgaste que lleva a sus espaldas, las desafecciones personales y el viscoso engrudo en el que se ha convertido la política española. Tiene casi imposible conseguirlo el próximo 30-31 de agosto por el inmovilismo del PSOE. Sería más factible lograrlo en una segunda ronda de investidura después de las elecciones vascas y gallegas, pero nadie se juega el dedo meñique en ese envite. Así las cosas, las terceras elecciones no solo se muestran como un escenario real sino que es el más plausible de todos.

Los cuatro partidos en liza barruntan que no les iría mal en unos nuevos comicios, ignorando el nivel de hartazgo de los españoles. Hasta Pedro Sánchez vaticina que unas terceras elecciones servirían para apuntalar el bipartidismo y reforzar su liderazgo en el PSOE, al tiempo que le permitirían beneficiarse de la crisis del ‘holding’ Podemos.

Planteamiento similar ronda por la cabeza de Rajoy: ¿para qué ser investido presidente si contaré con una mayoría exigua en el Congreso y voy a tener que pedir permiso a la oposición hasta para ir al baño? Mejor acudir a las urnas y tratar de ampliar ventaja.

No se fía de Pedro Sánchez, pero tampoco de Rivera. Después de que Ciudadanos haya perdido un sinnúmero de veces su cabeza, Rajoy se malicia que el acuerdo con C’s será fútil y efímero. El artículo que Rivera escribió en ‘El País’, en el que animaba al PSOE a una abstención patriótica y a ejercer una oposición conjunta 24 horas después de la investidura, no ha ayudado precisamente a distender la situación. Rajoy considera que esas declaraciones no son sino arpones ajenos que le lanza al lomo para desgastar su imagen. Llegados a este punto, si hay que ir a terceras elecciones, se va. Sic transit gloria mundi.

La bisagra que rompió la puerta
ARCADI ESPADA El Mundo 21 Agosto 2016

Mi liberada:
Creo que todos los españoles, y tú misma, tenemos un deber patriótico para con pedro sánchez castejón. Hay que ayudarle. Es difícil, pero hay que ayudarle. Hay que explicarle las cosas despacio, atender a sus bajones, no desmoralizarse con él ni a la primera ni a la segunda ni a la cuarta vez. Es verdad, y estarás ya pensándolo, que mi escepticismo ante la posibilidad del aprendizaje es considerable, y que lo que irrevocablemente cuenta es la madera, el fuste torcido de la humanidad. Pero yo estoy patrióticamente dispuesto, no solo al esfuerzo, sino a que una camisa de fuerza ciña mis convicciones. Tampoco deberíamos distraernos por carreteras secundarias. No importan las razones por las que sánchez castejón se haya encasquillado. No deberíamos descalificar sus intenciones haciéndolas hijas del cálculo egoísta, el partidismo o las humillaciones sufridas en la infancia. Las razones de sánchez castejón no importan a nadie, y no son el problema a examinar. Incluso a él le gustaría tener razones. Nuestra misión no es comprender esa cabeza, sino desmentirla. Repito que con docilidad, sin perder los nervios, y hasta con afecto.

El 20 de diciembre pasado cristalizaron las consecuencias del cambio más importante que se ha producido desde la Transición. El cambio ha consistido en la desaparición del catalanismo político y el paso a la ilegalidad de dos partidos que representan, aproximadamente, a la mitad de los votantes de Cataluña. El cambio ha traído muchas consecuencias y va a traer muchas más. Te apunto una que en otro momento querría explorar con detalle; y es la pérdida de sentido de las decisiones de los políticos. No es un problema estrictamente español: solo cabe mirar a los Estados Unidos de Trump. Pero, en nuestro caso, la peste ha entrado por Cataluña y ha acabado por infectar todo el solar patrio.

Lo que ahora nos interesa para el aprovechamiento de sánchez castejón son las consecuencias del cambio sobre la estabilidad parlamentaria. Durante dos legislaturas de Felipe González, una de José María Aznar y las dos de José Luis Rodríguez Zapatero, fue el catalanismo político, y en algún momento el nacionalismo vasco, los que permitieron sumar mayorías estables. A cambio del chantaje y del debilitamiento del Estado, ciertamente, pero ése es otro asunto. El paso a la ilegalidad de la antigua Convergència y de Esquerra Republicana hacen ahora imposible el cumplimiento de su función parlamentaria tradicional. Es imposible por la derecha, pero también por la izquierda. Tras el 20 de diciembre, la ilegalidad nacionalista impidió un acuerdo de gobierno entre el Psoe, el partido Podemos y sus fracciones regionales. Es verdad que el tumulto populista estaba, y está, dispuesto a facilitar la celebración de un referéndum de autodeterminación; pero los socialistas no podrían aceptarlo sin salir rotos a pedazos. El mismo asunto es, en el fondo, lo que impide un acuerdo de investidura por la derecha que incluyera a PP, C's y Pnv. Es verdad que C's es la nueva y útil bisagra; pero es una bisagra nacida en el antinacionalismo. No solo se opone a la secesión; es que se opone, y con toda la razón democrática, al cupo, al menos en su cálculo actual.

Hay ya mucha materia y quizá es el momento de ver si sánchez castejón da signos de haber asimilado lo sustancial. ¿Cuál es la característica más importante de este escenario? ¡Su estabilidad, sánchez! En unas terceras, cuartas o septuagésimas elecciones el Psoe podría arrebatar votos al partido Podemos. Bien está. Los que quiera. Mientras sánchez castejón lo lidere, nunca serán suficientes para darle una mayoría absoluta. Sus posibilidades de gobierno seguirán dependiendo del apoyo de la izquierda tumultuaria. Tal vez parte de esa izquierda se lo daría con gusto y renunciaría al derecho de autodeterminación. Pero otra vez aquí el factor catalán es decisivo: a la izquierda del Psoe no hay nada sólido sin Ada Colau y Ada Colau no sería nada sólido si renunciara al referéndum de autodeterminación. La única posibilidad que tiene el Psoe de reconstruirse es conquistando de nuevo parte del voto centrista que pueda compartir con C's y PP. Y en ese sentido, y aun contando que los españoles viejos son sensibles al numantinismo, es improbable que la política empecinada de sánchez pueda darle más fruto que el tibio y resignado calor de sus muy fieles.

Las conclusiones que se siguen son escandalosamente obvias. Mariano Rajoy no podrá formar gobierno ni gobernar sin un apoyo, explícito o implícito, del Psoe o de una parte del Psoe. Esto explica, aunque no justifica, el desabrimiento y la irritación con que Rajoy encara las formalidades del pacto con C's: sin el Psoe, todo eso le parece el mismo juego de manos del pacto entre socialistas y Ciudadanos de la hipolegislatura. No es probable que la repetición de las elecciones cambiase la distribución del voto. Pero si lo hiciera, por influencia de una gigantesca abstención, sería para dar, finalmente, una mayoría parlamentaria a la coalición de PP y C's. Ningún cambio trascendental se intuye por el lado de la izquierda.

Pero aun sucediendo eso el problema nuclear persistiría. El problema nuclear es que el nacionalismo catalán ha abandonado el juego democrático y eso obliga a una reacción de los dos grandes partidos españoles. El primer paso, elemental, es garantizarse su colaboración mutua en situaciones de emergencia como la actual. Luego quizá deban plantearse la posibilidad de una nueva ley electoral; pero me temo que, contra el criterio de C's, el objetivo prioritario de la reforma no sería ampliar la proporcionalidad, sino facilitar la gobernanza.

No estoy seguro de que el Partido Popular haya entendido a fondo las radicales y urgentes obligaciones que el secesionismo impone. No estoy seguro de que fuera capaz de proponer al Psoe la colaboración que ahora le exige, en el caso de que un protopresidente sánchez la necesitara. Pero de momento cabe darle a su conducta el beneficio de la duda. Una tarea imposible con el actual grupo dirigente del Psoe, cuya capacidad de análisis de la situación es, bien lo ves, minúscula.

Y sigue ciega tu camino. A.

Del intervencionismo de Hitler al liberalismo de Erhard
Tras su toma del poder, el régimen de Adolf Hitler empezó a llevar a la economía alemana por un camino de creciente intervencionismo.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 21 Agosto 2016

Tras su toma del poder, el régimen nacional socialista de Adolf Hitler empezó a llevar a la economía alemana por un camino de creciente intervencionismo. Las tesis de ideológos como Werner Sombart o Hjalmar Schacht, que se convirtió en ministro de Economía en 1934, apuntaban hacia una economía cada vez más controlada.

El fuerte aumento del PIB, que se duplicó entre 1932 y 1937, y lacaída del paro, cuya incidencia cayó de 6 a 1 millón de trabajadores, parecían validar estas tesis. Sin embargo, como recuerda J.P. Floru en Heavens on Earth, ese 'boom' inicial no era sostenible. De hecho, la deuda aumentó hasta alcanzar los 38.000 millones de marcos y el mercado laboral empezó a enfriarse, motivando las leyes laborales de 1938 que prohibieron los despidos sin autorización de las autoridades. Un año después, en 1939, se aprobaron medidas de racionamiento y se reforzaron los controles de precios. A esto se sumaban años de subidas fiscales a las rentas medias y altas, así como distintas normas que aumentaron los impuestos cobrados a las empresas.

La derrota de Hitler dio paso a un nuevo escenario en el que Alemania estaba dividida en dos mitades. Al Oeste, las zonas administradas por las democracias aliadas de Occidente. Al Este, la nueva República Democrática Alemana, controlada por la Unión Soviética hasta la caída del Muro de Berlín, en 1989.
Ludwig Erhard, figura clave de la reconstrucción alemana

J.P. Floru destaca en su libro la importancia del político democristiano Ludwig Erhard, que ocupó el ministerio de Economía entre 1949 y 1963 para después servir como canciller federal entre 1963 y 1966. Erhard defendió, desde antes de su entrada en política, lo que él llamaba la "economía social de libre mercado". ¿Suponía la etiqueta social una moderación de los postulados liberales tradicionales? En absoluto. Según Erhard, "una economía es más social cuando es más libre".

Las principales ideas que quería incorporar Erhard al debate público pasaban por la reducción de la inflación, la libertad monetaria, la estabilidad fiscal y la apertura comercial. Sus referentes intelectuales eran filósofos y pensadores de la talla de Adam Smith, John Locke, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Karl Popper. De hecho, en 1950, se sumó a la Mont Pelerin Society, un selecto club intelectual liberal fundado por Mises, Hayek, Popper y otros liberales de la talla de George Stigler o Milton Friedman.

Erhard no lo tenía fácil a la hora de defender sus ideas. Por ejemplo, el líder democristiano Konrad Adenauer firmó en 1947 un manifiesto que abogaba por nacionalizar industrias y establecer un marco económico marcadamente intervencionista. Sin embargo, el prestigio de Erhard fue suficiente para tumbar estas presiones, hasta el punto de que en 1948 fue nombrado Director de Asuntos Económicos con el consenso de los tres grandes partidos: democristianos, socioliberales y socialdemócratas.

Una de sus primeras decisiones fue abolir los controles de precios y el racionamiento de alimentos. Luego, cuando Erhard se convirtió en ministro, llegaron las medidas de privatización y liberalización encaminadas a reducir el conglomerado público empresarial y a relanzar el sector privado. A esto se sumaron rebajas fiscales para las empresas y los trabajadores.
El Plan Marshall, en perspectiva

En ocasiones, se desmerecen los logros de las reformas liberales de Ludwig Erhard apelando al Plan Marshall como el verdadero factor que lanzó la recuperación económica del país teutón. Sin embargo, los datos son claros. Según David R. Henderson, estas ayudas nunca llegaron a sumar 3.000 millones de dólares, por lo que su impacto total fue inferior al del PIB.

El PIB alemán fue recuperando poco a poco los niveles pre-crisis. En 1947 ascendía a 37.500 millones de marcos pero, en 1951, ya alcanzaba los 126.000 millones de dólares. Un despegue sin precedentes que terminó acercando al partido socialdemócrata hacia los postulados liberales de Erhard.

Guillermo Gortázar: "En España las cosas están así: o reforma, o ruptura"
Esa es la tesis del historiador y abogado en su ensayo El salón de los espejos, un libro que adquiere especial sentido en estos días de lentos y farragosos pactos. Sobre estos temas habla en esta entrevista.
Karina Sainz www.vozpopuli.com 21 Agosto 2016

El Estado de Partidos se cae a trozos. Mientras se derrumba, urge retomar el camino original hacia la monarquía parlamentaria, ese modelo que PP y PSOE bloquearon durante décadas, de tan ocupados como estaban, en la confección de su sistema de favores. Esa es la tesis del historiador y abogado Guillermo Gortázar en su ensayo El salón de los espejos, un libro publicado por Unión Editorial y que adquiere especial sentido en estos días de lentos y farragosos pactos. Lo único que tiene sentido es darse prisa: reformar antes que romper. “O reforma, o ruptura. En España, las cosas están así. El continuismo tiene poco sentido. Nos lleva al precipicio y la crisis absoluta”, asegura Gortázar en esta entrevista concedida a Vozpópuli.

En opinión de autor, inicialmente la UCD, y después el PSOE y el PP, en lugar de desarrollar y habilitar la monarquía parlamentaria, tal y como dispone la Constitución, han construido una partidocracia, que es lo que está en crisis. A partir de la figura de los salones en los siglos XVIII y XIX –aquellos lugares de encuentro en los que se debatía y socializaba-, Gortázar traza un recorrido por las revoluciones americana, francesa y rusa, y se centra de lleno en la historia política de España en el siglo XX. A diferencia de lo que podría pensar, los debates políticos de la España actual no recogen los temas irresueltos del XIX, sino que avanza entre la impronta de la España 1930 y la que sufrió el aislamiento del franquismo. "Llama la atención ver cómo cuarenta años de dictadura caudillista se proyectan en el presidencialismo español", asegura Gortázar, quien además de docente e investigador, fue secretario nacional de Formación del PP desde 1990 hasta 2001. Debate de investidura, reforma de la constitución, la sombra de un proceso constituyente son algunos de los temas que trata en esta conversación.

-¿Cuál es el signo más temprano de lo que señala como crisis del Estado de Partidos?
-El Estado de Partidos se originó con el presidente Suárez. Surgió al amparo de decreto electoral que se convirtió en Ley Orgánica en el año 1985 con Felipe González. Ese instrumento distorsionó la representación de los ciudadanos españoles con nuestras provincias. Ese es un punto de partida, el inicio del camino hacia el Estado de Partidos, que tendrá su manifestación de crisis más visible en la abdicación de Juan Carlos I. Acaso algo anterior, hay que señalar la eclosión del 15M, cuando miles de ciudadanos no necesariamente de izquierdas o derechas, sino de todas las ideologías, se manifiestan con el reclamo “No nos representan”. Esa es la constatación de que ese decreto electoral del año 77, confirmado en 1985, es una ley electoral que precisa una modificación en la que se favorezca la representación y la proporción.

-Cuesta penar que una estructura no sea consciente de las grietas en sus columnas. ¿Detecta en la España de los 90 un signo de esa crisis que estalló en 2011?
-Se podrían buscar manifestaciones parciales o pequeñas. Por ejemplo, las sesiones sistemáticas a los nacionalistas en la legislatura de 1993 y 1996, pero no creo que en ese momento hubiese una percepción tan clara como la del 15M. Ya en el año 1986 Manuel García Pelay escribió un libro, El Estado de Partidos, en el que ya advertía de la deriva hacia una muy deficiente democracia en España. Todo eso ha sido recogido por muchos tratadistas, entre otros, Javier Pradera.

-La historia política de una nación, asegura usted, puede llegar a depender de las virtudes y aciertos de sus líderes. La España de 1814 sin Fernando VII, por ejemplo, habría sido distinta. ¿Qué correlato existe, en ese sentido, en la España de 2016?
-Cuando falleció Fernando VII hubo una renovación política profunda hacia el camino de la libertad. Con su esposa primero y con Isabel II después. Sin embargo, aquí, al construirse un Estado de Partidos, desde la época de Adolfo Suarez lo que se produce es una consolidación extraordinaria de una estructura presidencialista. Ocurre con personajes como Felipe González y continúa con el resto de los presidentes. Ninguno intentó alterar el peso y el crecimiento de la estructura de ese Estado de Partidos. No lo hicieron porque heredaron un poder extraordinario, casi diría yo faraónico. Por ejemplo, la cancillería alemana tiene 500 empleados, la Casa Blanca 400, Moncloa tiene 2.500. Esa es la gran imagen de que lo que se ha construido en España es un aparataje de partidos. De un Estado fuera de la monarquía parlamentaria.

-¿Tendría sentido pensar que España sigue a vueltas con el los problemas políticos e ideológicos del XIX? ¿La incapacidad de generar relato político viene de allí?
- El siglo XIX español está olvidado políticamente, por desgracia. Lo que sí pudo ejercer influencia en la situación actual es la década de los años 30 del siglo XX, con esta mitología de la República. Ha tenido un enorme peso y eso se puede ver en determinados liderazgos políticos de izquierda o, por ejemplo, la Ley de la Memoria Histórica. Para ellos lo que pesa, paradójicamente, es la reivindicación de una década desastrosa: la de la ruptura, la del enfrentamiento, la de la guerra civil. Es llamativo, en España hay más tributarios intelectuales de esos años que del siglo XIX.

-Asegura que UCD, después PP y PSOE, no fueron capaces de impulsar una monarquía parlamentaria, sino un Estado de partidos. ¿Cuánto pudo afectar un largo periodo como el franquismo en ese proceso?
-Llama la atención ver cómo cuarenta años de dictadura caudillista se proyectan en el presidencialismo español. Primero con Adolfo Suárez, que fue breve y complejo, pero luego mucho más claro con Felipe González y José María Aznar. El peso del franquismo es extraordinario y ha hecho que la política en España sea presidencialista.

-Atiza usted a los críticos “sobrevenidos” que achacan a la Transición y la Constitución el origen de una democracia deficiente. Se equivocan, dice. ¿Por qué?
-Cuando hablo de los críticos sobrevenidos me refiero a los jóvenes profesores liberales o socialdemócratas, que hacen una crítica hacia la constitución. Fundamentan toda su crítica en la transición y la Constitución, para mí es lo contrario. La transición y la Constitución es lo mejor que ha hecho este país en el siglo XX. La clase política confluyó buscando el entendimiento y una convivencia de todas las tendencias. El problema no está en la Constitución del 78 sino la deriva que se ha realizado con leyes y reglamentos que en lugar de posibilitar una monarquía parlamentaria, produjo un Estado de Partidos. Todos los presidentes optaron por esa vía presidencialista, y creo que eso se manifiesta bastante bien en la situación de crisis actual en la que vive España. En el Reino Unido, que es una monarquía parlamentaria, los conflictos se resuelven en una semana. Aquí, de momento, llevamos nueve meses.

-¿Los salones en los siglos XVIII y XIX han sido sustituidos por los platós del siglo XXI?
-Los platós de televisión lo que realmente han sustituido es el parlamentarismo; al estar constreñido por un reglamento que convierte a los diputados casi en funcionarios, el debate político se ha llevado a la televisión, que en Europa suele ser el lugar de discusión más abierto, pero en el que los periodistas lo que consiguen es enfrentar a representantes políticos. La anomalía en ese caso es todavía peor cuando el debate ocurre no sólo entre representantes políticos sino entre periodistas que terminan sustituyendo el debate político. Los salones del siglo XVIII se prolongaron en los ateneos pero en el siglo XX han desaparecido. Hace falta tranquilidad para debatir y en los platós de televisión lo que predomina es el enfrentamiento y el espectáculo.

-Su tesis final en este libro, su aporte como solución es la importancia de reformar en lugar de romper. Pero, si ni siquiera hay acuerdo para un debate de investidura… ¿lo habrá para semejante empresa?
-Lo primero que tiene que producirse es un acuerdo sobre el diagnóstico. No tengo la menor duda de que la democracia española está enferma. Lo está. La abdicación es una muestra de ello; los casos de corrupción permanentes en toda España y en todos los partidos es otra. Lo importante que habría que comprender es que esos son síntomas. La verdadera enfermedad, que es la Partidocracia.

-¿Qué es lo que hace falta para corregirla?
-Hay que volver al debate de la virtud a partir de la Constitución. Construir la monarquía parlamentaria que el Estado de Partidos aparcó. Para eso se necesita un acuerdo de los grandes primero y, luego, acertar con las reformas que puedan impulsar: el reglamento del Congreso, de las leyes electorales y aquellas destinadas a luchar contra la corrupción, un asunto que pasa por los controles internos y asumir responsabilidades políticas.

-Entre el adanismo de Albert Rivera y Pablo Iglesias, el silencio de Mariano Rajoy, la invisibilidad de Pedro Sánchez… ¿ve en alguno de ellos, por aquello del presidencialismo, alguien capaz de impulsar semejante empresa?
-No vemos en el horizonte políticos con capacidad de liderazgo y de conducir un reformismo. En los grandes partidos está la esperanza de regeneración. En el caso del PP, tienen que abordar reformas profundas, porque es el único partido que no hace primarias, que no es democrático internamente. El PSOE tiene un problema doble: tiene que hacer reformas internas y además adecuarse al siglo XXI. Tiene que pasar de un discurso de los años cincuenta a uno del siglo XXI. Sobre los otros dos partidos: creo que el señor Rivera puede entrar en una buena vía de aprendizaje sobre la base de la experiencia de los asesores; finalmente, espero, como se está demostrando en la práctica, que Podemos entre en un camino de moderación.

-¿Qué reproches puede hacérsele a la izquierda española en la crisis de estos años? ¿Quién tiene más responsabilidad: Felipe González, Zapatero?
-Felipe González fue un reformista dentro del socialismo, pero creo que se equivocó profundamente al afianzar el Estado de los Partidos, creando, entre otras cosas esa inmensa ciudad prohibida de la Moncloa y sus 2.500 funcionarios. Claro, Felipe González al menos tenía una idea de lo que era el socialismo en los últimos años del siglo XX. Zapatero tuvo la oportunidad de adecuar aquellos debates de los socialistas a los del siglo XXI. Pudo haber centrado el partido, dejar de mirar al pasado y ver el futuro: una economía global, con capacidad de competir para los jóvenes profesionales. Pero no. Zapatero dedicó recursos a subvenciones innumerables y se centró en temas de género, memoria histórica. Fue una oportunidad perdida. Zapatero, en ese sentido, fue un gran responsable de la crisis del PSOE

-¿A quién se le pueden hacer mayores y más graves reproches políticos: a la izquierda o la derecha española?
-Ambos tienen responsabilidad para no llevar España al siglo XXI en términos de competitividad. A diferencia de los deportistas o los empresarios, los políticos españoles tienen unos sistemas de selección internos regresivos y hacen de la política un terreno muy poco atractivo para los nuevos talentos. Yo no diría que la culpa es de unos u otros. Sí es cierto que la derecha iba como un proyecto de reducción del tamaño del Estado, muy influenciado por las políticas de la señora Thatcher, pero a partir del año 96, lejos de producir una reducción del Estado lo que produjo fue una consolidación del crecimiento de ese aparato. Visto así: uno hizo las cosas mal y el otro las continuó. Ambos se han equivocado al producir ese Estado de Partidos, que es lo que está en crisis, porque la monarquía parlamentaria se ha minimizado de una manera dramática.

-Puedo entender que Felipe VI tiene poco que decir en este debate.
-A diferencia de Juan Carlos I, que tenía un gran poder heredado de Franco, Felipe VI está muy limitado por la Constitución, como es propio de una monarquía parlamentaria. Por eso no puede tomar decisiones, ni manifestarse públicamente.

-¿Qué podemos esperar de los meses que vienen?
-La política es la ignorancia de lo que va a pasar el día siguiente. Ni siquiera tengo claro que las decisiones que están tomando en estos días generen un resultado u otro. Lo que sí creo es que en estos nueve meses el Estado de partidos ha sido rechazado los españoles. Hay un 34% que no quiere que el modelo bipartidista anterior continúe pero que tampoco sabe muy bien cómo remediarlo. Una cosa es clara. Sistemáticamente, los españoles dicen: no queremos lo anterior. Eso solo se puede corregir por la vía de las reformas. Por mucho que le cueste a los instalados hacer algo al respecto, tienen que hacerlo. Es muy importante y peligroso, porque allí donde no hay reformas, aparece la ruptura.

-¿A qué se refiere? ¿Cuál es el peor escenario?
-Una ruptura significa poner en cuestión todo el proceso constituyente del año 1978 e iniciar un nuevo proceso constituyente. Ese es el proyecto de Podemos. Aquí el debate no radica entre continuismo o reformas. En España, las cosas están así: o reforma, o ruptura. El continuismo tiene poco sentido, es imposible. Nos lleva al precipicio y la crisis absoluta.

Moral de derrota
Juan Carlos Segura Just Cronica Global 21 Agosto 2016

Después de la conquista del islote de Iwo Jima y de la isla de Okinawa, que costaron a los norteamericanos cinco mil seiscientos y doce mil quinientos muertos, respectivamente, el general Charles Willoughby, jefe del cuartel general de inteligencia del general MacArthur, calculó que la conquista de Japón les costaría entre medio millón y un millón de muertos. Porque para la defensa del suelo patrio las autoridades japoneses habían creado un cuerpo de voluntarios, de hombres entre 15 y 60 años y mujeres entre 17 y 40 años, que se denominaba "la Gloriosa Muerte de los Cien Millones", y ese nombre en sí mismo ya era, no sólo suficientemente intimidatorio, sino que además expresaba la voluntad de resistir del pueblo japones.

¿Qué justificación pueden dar Hollande o Merkel a unos padres que han perdido a su hijo porque estaba a la hora equivocada en el lugar equivocado?

Durante la guerra en el Pacífico, el Estado Mayor japonés había percibido que los americanos, a diferencia de ellos, eran mas sensibles a la pérdida de vidas que a la pérdida de material y confiaban que con el intento de asalto territorial del Japón el inasumible coste de bajas desmoralizaría a los americanos, acabando con su moral de combate. De esta forma, era mas que presumible que el gobierno de Washington aceptaría una paz negociada precedida de un alto el fuego. Como todos sabemos, para acabar con este problema irresoluble el presidente Harry Truman se decidió a utilizar la bomba atómica contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, aplicando el axioma de que es mejor que mueran los enemigos que no los nuestros.

En la actualidad los europeos estamos sufriendo las iras terroristas del Estado Islámico, con cifras preocupantes que superan los cuatrocientos muertos en Francia. Y, como les pasó a los Estados Unidos en los años 1944 y 1945, los europeos no estamos mentalizados para soportar estas perdidas humanas, si consideramos además el agravante de que las victimas norteamericanas eran soldados que tenían perfectamente asumida la posibilidad de volver a casa envueltos en una bolsa, mientras que los europeos, cuando estamos en la terraza de un bar, en una superficie comercial o cogemos el metro no tenemos asumido ese riesgo y, lo que es mas importante, no tenemos porque asumir ese riesgo.

En el año 1945 el presidente Truman solucionó a su manera el problema japonés, sustituyendo una guerra por una masacre, pero por lo menos tenía una solución tan efectiva como contundente. Sin embargo, en la actualidad su homónimo, así como como los dirigentes de la Unión Europea, no pueden, por razones obvias, lanzar la bomba sobre Siria o Irak, y por lo tanto no tienen una solución efectiva, ni a corto ni a largo plazo.

Los europeos podemos cambiar regularmente de coche o de piso, como los americanos sustituían un carro de combate o un avión por otro, pero ¿qué justificación pueden dar el señor Hollande o la señora Merkel a unos padres que han perdido a su hijo porque estaba a la hora equivocada en el lugar equivocado? ¿Que su hijo ha entregado su vida para poder acabar con la amenaza terrorista? ¿Que su hijo ha perdido la vida para borrar del mapa al Estado Islámico? La madre europea tiene muy clara cuál es su preferencia entre la vida de sus hijos y el Estado Islámico.

Napoleón decía que, para ganar una batalla, antes de efectuar el primer disparo o lanzar la primera granada de artillería tienes que conseguir que el espectro de la muerte penetre paseándose por la filas del enemigo.

Los líderes europeos e incluso el Papa dicen que estamos en una guerra, y todas las guerras en su inicio plantean dos preguntas básicas que nunca tienen respuesta: cuándo acabará y cuántos muertos nos costará. De momento, y desde las torres gemelas, nos estamos acercando a los cuatro mil, y esto acaba de empezar.

Más allá del burkini: la guerra entre nacionalistas e islamistas en Córcega
Fieles a su tradición, los independentistas ex-armados sustituyen al Estado y advierten a los "musulmanes" que "tomen posición contra el islam radical". Los enfrentamientos se suceden
Luis Rivas. París El Confidencial 21 Agosto 2016

¡A las armas, estamos en nuestra tierra! ¡'Allahu akbar', estamos en nuestra casa! El enfrentamiento entre ciudadanos de Córcega y sus vecinos de origen magrebí vivió su máxima tensión el pasado sábado, en una pequeña cala de la localidad de Sisco, en el norte de la isla francesa. Según denuncian las víctimas, unos turistas hicieron fotos a algunas mujeres que se bañaban en burkini. Los hombres que acompañaban a las mujeres con el traje de baño supuestamente islámico atacaron a los turistas y a un grupo de jóvenes del pueblo que les defendieron con hachas, cuchillos y un arpón.

Avisados los familiares de los chicos, decenas de lugareños bajaron a la playa para cobrarse venganza. Cinco personas fueron trasladadas al hospital con heridas no muy graves. Pero si la violencia no llegó a más, fue gracias a la intervención de tres pelotones de gendarmes y media compañía de CRS (antidisturbios).

Algunos centenares de habitantes corsos de la zona, junto a Bastia, la capital de la isla, se manifestaron el fin de semana tanto en la ciudad como en el barrio de Lupino, habitado por una mayoría de corsos de origen magrebí y donde, al parecer, viven los iniciadores de la trifulca. Es el último ejemplo de la tensión que viven ambas comunidades; una animadversión que viene de lejos, bastante antes de la ola de atentados islamistas que ha causado la muerte a 242 personas en Francia desde 2012, cuando Mohamed Merah asesinó a dos soldados, a tres niñas de confesión judía y a uno de sus profesores.

El pasado 25 de diciembre, un camión de bomberos fue atacado cuando apagaba un fuego en un barrio considerado 'sensible'. En una reacción poco habitual en el resto de Francia, vecinos corsos intentaron linchar a los culpables, para vengar a los bomberos, ciudadanos corsos, según la tradición del cuerpoLos habitantes de Córcega, donde el nacionalismo está arraigado cultural y políticamente con fuerza, han sido a veces acusados de racismo. Si bien es cierto que en proporción al número de habitantes Córcega tiene el récord de ataques antimusulmanes, también es verdad que la comunidad negra o asiática jamas ha tenido un problema con los 'locales'.

En la isla viven alrededor de 30.000 personas de origen magrebí por un total de 322.000 habitantes. Muchos de sus antepasados emigraron a la isla, cuando el general De Gaulle expropió tierras agrícolas a los autóctonos en los años sesenta para entregarlas a los 'pieds noirs' expulsados de Argelia que, a su vez, contrataron mano de obra del Magreb ante la negativa de los corsos a trabajar como peones en sus antiguas propiedades.

Pero el pasado no explica todas las tensiones del presente. El 25 de diciembre último, en plena Navidad, un camión de bomberos fue atacado en Ajaccio por jóvenes cuando intentaba apagar un fuego en un barrio considerado 'sensible', eufemismo francés para decir habitado por magrebíes. En una reacción poco habitual en el resto de Francia, vecinos corsos intentaron linchar a los culpables, para vengar a los bomberos, ciudadanos corsos, según la tradición del cuerpo.

Los corsos dejaron saber que ellos no iban a tolerar lo que ocurre en los barrios de la "Francia continental", donde nadie se atreve a hacer frente a la minoría de vecinos de origen extranjero que hace la vida imposible a bomberos, policías, médicos de urgencia, o cualquier representante del Estado que se atreva a cruzar la frontera de las "banlieues' sensibles". Pocos días después de la emboscada contra los bomberos, una sala de rezos musulmana fue destruida con un artefacto incendiario. Un mes más tarde, una carnicería 'halal' fue ametrallada.

Ya en julio pasado, un grupo de salafistas, que incluso fueron rechazados por una mezquita local, intentó rezar en una playa. Tuvieron que salir huyendo, amenazados por habitantes de la zona. La fuerte conciencia identitaria corsa se opone al comunitarismo, consecuencia de la dejadez del Estado francés, y a la radicalización imparable de una parte de la comunidad musulmana local.

En Francia se considera a los corsos como fanfarrones nacionalistas que no dudan en recurrir a las armas para defender sus intereses. Algunos franceses no corsos utilizan incluso la matrícula de la isla en sus vehículos para 'dar miedo' frente a posibles riñas de tráfico.

Prohibición al uso del burkini
Los principales dirigentes políticos locales, surgidos del nacionalismo independentista que utilizó el terrorismo hasta hace poco, han querido apaciguar los ánimos, pero dejando claras algunas ideas: "El salafismo es algo que no corresponde a nuestra cultura". Quien así se expresa es Jean-Guy Talamoni, presidente de la Asamblea corsa, un independentista que no ha dudado en ponerse de parte de las víctimas del grupo del burkini.

Su colega nacionalista, el jefe del Gobierno corso, Gilles Simeoni, aprovechó también para subrayar que "no puede haber una sociedad fundada sobre el comunitarismo".

El alcalde de Sisco, Ange Pierre Vivoni, reconoce que su ciudad vive sobre un polvorín. Era quizá una declaración para justificar la prohibición del uso del burkini en su comunidad. Sisco se une a las localidades de Cannes y Villeneuve-Loubet en considerar ilegal el "traje de baño islámico para mujeres".

La medida ha provocado, por supuesto, un nuevo debate sobre los límites del laicismo en este país. Algunos argumentan que la ley de 1905 no debería aplicarse a una prenda como el burkini. Deberían escuchar o leer a las mujeres magrebíes o de origen magrebí que en Francia y en otros países musulmanes luchan contra una ideología política que, ante todo, desprecia a la mujer y niega sus derechos. Comparar la libertad de utilización del burkini con el uso de una camiseta anti-rayos UVA es como comparar la mutilación del clítoris de las niñas con el rasurado del pubis femenino. Pero en Francia, como en otros países europeos, la ideología de lo políticamente correcto es la mejor aliada, por ignorancia o lejanía, del radicalismo islamista camuflado como 'diferencialismo'.

Los nacionalistas corsos en el poder tienden a calmar el juego. Pero los nacionalistas que dejaron las armas recientemente han señalado que pueden volver a utilizarlas aprovechando el contexto terrorista en Francia.

Para el Frente de Liberación Nacional Corso, está claro: si se produce un atentado en Córcega, conocen a 'los ocho salfistas que predican en la isla'El Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) emitió a finales de julio un comunicado en el que advertía sin contemplaciones a los salafistas locales en el caso de que se produzca un atentado sobre la isla: "Sepan que todo ataque contra nuestro pueblo tendrá una respuesta determinada y sin contemplaciones", amenazaban. Para el grupo armado ahora 'desmilitarizado', "la voluntad de los salafistas es aplicar en nuestra tierra la política de Daesh. Estamos preparados", dicen dirigiéndose de grupo a grupo. "Vuestra filosofía medieval no nos asusta. (…) El pueblo corso es fuerte. Fuerte, gracias a siglos de lucha y de decisiones políticas difíciles que no nos han hecho caer jamás, como vosotros, en la barbarie".

Para el FLNC, está claro: si se produce un atentado en Córcega, conocen a "los ocho salafistas que predican en la isla". La organización afirmaba en su comunicado haber ya evitado un atentado "sobre nuestro territorio en un lugar frecuentado por el público". Fieles a su tradición, los independentistas ex-armados sustituyen al Estado francés y advierten a los "musulmanes de Córcega" de que "tomen posición contra el islam radical y eviten los signos religiosos ostentosos".

El presidente de la Asamblea Corsa, Talamoni, dijo que la nota del FLNC le parecía "relativamente equilibrada y nada alejada de la posición de la mayoría territorial".

La prensa francesa, empeñada en general en ocultar todo lo que tenga que ver con un problema cultural entre las diferentes comunidades del país, consideró los hechos de Sisco como "una riña". Para los corsos 'indígenas', ir a bañarse con burkini es una cosa. Ir a la playa armado con hachas, puñales y un arpón es algo más que una manifestación de ostentación religiosa.

Una foto de la deuda de España
Juan Laborda www.vozpopuli.com 21 Agosto 2016

De sobra conocen ustedes nuestro análisis. Lo que empezó siendo un problema de deuda privada ha acabado contaminando a la deuda pública. Detrás de la brutal expansión de nuestra deuda soberana no se encuentra en absoluto el interés de quienes nos gobiernan de mejorar nuestras condiciones de vida –educación, empleo, pensiones, sanidad, dependencia, vivienda,…-. Ni siquiera son conscientes de que ahora, en una recesión de balances privados, la política fiscal activa, bajo un régimen de soberanía monetaria, es el único instrumento de política económica que permitiría reactivar de manera permanente el ciclo económico y reducir las tasas de desempleo actuales. La mitad del incremento de la deuda pública se ha destinado a financiar a terceros, concretamente al sector bancario. Ello ha ido acompañado por un proceso de deflación salarial que ha acabado disminuyendo la renta disponible de las familias. En este contexto, la situación de los balances bancarios y el déficit de capital, siguen siendo preocupantes.

El problema es que a fecha de hoy sigue sin entenderse la naturaleza endógena del dinero, y una máxima que introdujo el profesor Amir Sufi, coautor del libro House of Debt, en su comparecencia, el 17 de septiembre de 2015, ante el Comité del Senado de los Estados Unidos sobre Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos, donde afirmó que “el crecimiento del crédito sin crecimiento de la renta es una receta para el desastre”.

Es en este contexto en el que hay que encuadrar unas afirmaciones tajantes, inusuales en dos economistas profundamente ortodoxos como son Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. En su artículo Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten, señalaban que “… Las causas que originaron la actual crisis económica no solo no se han corregido sino que han empeorado. Los niveles extremos de deuda implican quiebras al estilo de los años 30. … La carga de la deuda en los países desarrollados se ha convertido en un evento extremo utilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de condonaciones de deuda, negociadas o no”. Ello es especialmente cierto en países que carecen de soberanía monetaria, entre ellos los que forman parte de la zona Euro. En ese caso la deuda se convierte en un arma de destrucción masiva, de imposición. ¡Qué se lo digan a los griegos! Pero conviene actualizar los datos y ver donde estamos realmente ahora. Para ello actualizamos la evolución de la deuda de nuestro país a partir de los datos publicados por Banco de España y recogidos, dentro del apartado de estadísticas, en el epígrafe cuentas financieras de la economía española, concretamente en el capítulo 2. En los cuadros 1-4 presentamos los datos actualizados con los últimos datos disponibles, primer trimestre de 2016.

Cuadro 1.- Evolución Deuda de España por sectores, 2008-actualidad (millones de euros)

En el cuadro 1 se recoge la evolución Deuda de España por sectores en millones de euros. Se observa como desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 764.000 millones de euros, normal en un proceso de desapalancamiento de familias, empresas y entidades financieras. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 931.000 millones de euros desde el inicio de la crisis. Ello se debe básicamente a dos razones. Por un lado, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Por otro, a un incremento del stock de deuda pública correspondiente a fondos que se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros (rescate bancario).

En el cuadro 2 se recoge y estudian dos fotos fijas para analizar la evolución de los acreedores de nuestra deuda pública: por un lado cierre de 2008; por otro, el último dato disponible correspondiente al primer trimestre de 2016. En él se pueden observar varias tendencias interesantes e inquietantes.

Cuadro 2.- Acreedores de la Deuda Pública de las Administraciones Públicas

En el momento actual el mayor acreedor de las administraciones públicas es el sistema financiero español, cuya posición acreedora con las AA.PP. representa el 45% del total. El segundo mayor acreedor de las AA.PP. es el resto del mundo, casi el 39% del total. El Estado Central se ha convertido en el principal acreedor del resto de administraciones públicas –CC.AA. y ayuntamientos- en términos de préstamos concedidos.

En los cuadros 3 y 4 se recogen y estudian dos fotos fijas, cierre de 2008 y el último dato disponible, primer trimestre de 2016, para ver cómo ha evolucionado lo que debemos al resto del mundo, nuestra deuda externa, su cuantía y qué sectores patrios son quienes tienen esas deudas con el exterior.

Cuadro 3.- Deuda Externa España a cierre de 2008

Cuadro 4.- Deuda Externa España a cierre de primer trimestre de 2016

Según el último dato disponible, primer trimestre de 2016, la deuda externa supera los 1,15 billones de euros, cifra que representa cerca del 106% del PIB español. Esta cantidad significa el 28% de la deuda en su conjunto de la economía española. El resto es deuda entre sectores residentes. La cifra es muy parecida a 2008, un poco más alta, pero la composición ha variado drásticamente. El 48% de la deuda externa corresponde ahora al sector público, frente al 20% de 2008. Por el contrario, las deudas que nuestras entidades financieras deben al exterior representan “solamente” el 26% del total de nuestra deuda externa, frente al 54% en 2008. Mientras, la deuda externa de las sociedades no financieras representa el 26% del total de la deuda patria con el exterior, cifra casi idéntica a 2008. Lo que estos datos confirman es por qué desde el exterior, con el apoyo entusiasta de las élites bancarias, se impuso una política de austeridad. Se trataba de disponer recursos públicos para destinarlos a financiar a terceros, a ellos.

La excesiva deuda total (4,1 billones de euros) y externa (1,15 billón de euros) nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE (ambos, aversión y grifo del BCE, están interconectados). En ese caso España entraría en un círculo vicioso. En el trasfondo de todo, la salida en falso de la actual crisis sistémica. En su momento no se hizo aquello que era óptimo y eficiente, económica y socialmente, para hacer frente a los orígenes y las causas que llevaron a la economía mundial a la actual crisis sistémica. Se prefirió ganar tiempo y defender los intereses de quienes la generaron, la élite bancaria. Por eso ahora estamos en una situación parecida a 2007. El pensamiento gregario dominante en la Eurozona tiene un carácter destructivo al imponer recetas cuyos supuestos macroeconómicos fundamentales no se basan en la realidad. ¡Queda claro que algo no funciona!


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Mi lucha contra ETA (I). Así llevé ante la Justicia al presunto asesino de mi padre
Por Pablo Romero El Espanol 21 Agosto 2016

Hace 23 años, un salvaje atentado de ETA en la Glorieta de López de Hoyos de Madrid dejó siete cuerpos apenas reconocibles, fundidos en el asfalto, atrapados entre los hierros de la furgoneta en la que viajaban. Ahora, un hombre que jamás había sido investigado por esta causa tendrá que responder ante el juez como presunto asesino de mi padre, uno de esos muertos. Será el 29 de agosto.

Murieron asesinados el teniente coronel del Ejército de Tierra Javier Baró García; el teniente coronel del Ejército del Aire José Alberto Carretero Sogel; el sargento primero de la Armada José Manuel Calvo Alonso; el teniente coronel del Ejército de Tierra Fidel Dávila Garijo; el capitán de fragata de la Armada Domingo Olivo Esparza; el funcionario civil del Ministerio de Defensa Pedro Robles López, que conducía el vehículo, y el teniente coronel del Ejército del Aire Juan Romero Álvarez, mi padre. Entonces yo tenía 17 años.

En los últimos tres años me he dedicado a investigar qué pasó aquel 21 de junio de 1993. He querido averiguar quiénes fueron los autores a quienes nunca se juzgó. He buscado nuevas pistas que surgieron a lo largo de los años. He indagado en prisiones, en juzgados, en ministerios, en hemerotecas. He tenido la suerte de encontrar valiosas ayudas inesperadas. Otros intentaron entorpecer mi labor.

Ésta es la historia de una investigación personal. Pero también es un relato que muestra todo aquello que mina la conciencia social de este país: el inmovilismo, la desidia, la mentira, la irresponsabilidad. Son algunos síntomas de una enfermedad que se llama olvido.

Investigado y obligado a declarar
Cuando el juez del Juzgado nº 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, acordó recientemente llamar a declarar en calidad de investigado -lo que se conocía hasta hace bien poco como imputado- al etarra Jesús Garcia Corporales, se cerró un círculo. La suerte, quizá, tuvo algo que ver en que la decisión llegara justo tres años después del inicio de esta investigación, que arrancó a mediados de 2013.

¿Quién es Jesús García Corporales? Aunque más adelante contaré más detalles sobre él, los primeros datos que pude conseguir -casi todos ellos públicos- arrojan algo de luz sobre el personaje. Nació en Cubillos del Sil, un pueblo de la provincia de León cercano a Ponferrada, en 1960. Pasó su juventud en Llodio y, según los datos policiales recabados, contó con hasta cuatro alias: Gitanillo, Legionario, Josu y Carlos.

Fue miembro del comando Araba a finales de los años ochenta, en 1987 y 1988, junto al sevillano Juan Toledo Gavira.

El primer atentado en el que participó en Madrid, según datos extraídos de informes policiales, tuvo lugar el 24 de mayo de 1992 junto al estadio Vicente Calderón. Varios policías resultaron heridos. Además, se le vinculó con el atentado contra Irene Villa, perpetrado el 17 de octubre de 1991 en el madrileño barrio de Aluche, que causó la amputación de las dos piernas de la joven. También se le atribuyó la colocación del coche-bomba que causó la muerte del subteniente jubilado de la Guardia Civil Miguel Miranda, el 30 de noviembre de 1992.

Curiosamente, su nombre aparece relacionado con la cúpula de ETA. Hay constancia de que gozaba de comunicación directa con la misma ya en el año 1989: "... y siguiendo las directrices marcadas por la Dirección de la Organización ETA durante el mes de diciembre de 1989 se dedicaron a buscar posibles objetivos para perpetrar contra ellos acciones dañosas [...] comunicadas tales circunstancias por García Corporales y sus tres compañeros a miembros dirigentes de ETA, éstos facilitaron a aquellos 30 kg. de amonal para que fabricasen el artefacto explosivo...". Así reza un antiguo informe judicial que califica lo anterior como "hechos probados" recogidos en sentencias sobre atentados cometidos desde 1978 a 1997.

Al menos otros dos informes policiales incluidos en esta causa aseguran con toda certeza que este etarra formó parte del sanguinario comando Madrid durante las campañas de ETA correspondientes a 1991,1992 y 1993.

Incluso existe documentación que sitúa a este etarra sin lugar a dudas en Madrid en enero de 1993 y a bordo de un Ford Fiesta rojo, que resultó ser el segundo coche que estalló en el atentado en el que mi padre murió asesinado.

García Corporales fue detenido en Francia en febrero de 1994 e inmediatamente se pidió su extradición a España, aunque ésta no se produciría hasta 1999. Una década después, en enero de 2010, manifestó su renuncia a la banda terrorista.

Sobre él recaían dos condenas: una de 64 años por el intento de asesinato de tres guardias civiles en 1989; otra, de 19 años por su participación en uno de los atentados contra el cuartel de la Guardia Civil en Llodio (Álava).

Terminó de cumplir su condena en la prisión de Álava (Zaballa) y fue puesto en libertad definitivamente en diciembre de 2013, tras haber gozado de al menos 11 permisos penitenciarios previamente.

Jamás fue procesado por sus actividades en Madrid.

Dos policías ante el juez
El día 24 de abril de 2016, dos policías declaraban ante el Juzgado Central de Instrucción nº 2. Uno de ellos, un antiguo responsable del seguimiento del comando Madrid, afirmaba sin lugar a dudas que Jesús García Corporales fue miembro del mismo durante la campaña 92/93, cuyo último atentado fue la matanza de la glorieta de López de Hoyos. Y también señalaba a María Jesús Arriaga Arruabarrena como responsable de infraestructura de ETA en la capital en aquellos años.

El otro agente, un inspector jefe, ratificaba los informes que él mismo había redactado punto por punto, y que apuntaban como posible autor del asesinato -en calidad de miembro del comando Madrid- al mencionado García Corporales: él estuvo en la capital, a pesar de que siempre lo negó.

La memoria de ambos era notable: no en vano habían participado en todo un operativo de escuchas y vigilancia centrado en uno de los tres pisos francos de ETA en Madrid durante varios meses en 1992. "Se llegó a concretar que Corporales era miembro del comando Madrid", dijo uno de los agentes ante el juez. No obstante, la documentación del exhaustivo aparato de vigilancia (cintas, informes, órdenes judiciales...) no se encuentra por ninguna parte: la Comisaría General de Información asegura una y otra vez que toda esa documentación "no aparece".

"En noviembre del 92 existe constancia de que estaba en Madrid", afirmó el otro agente, que añadió: "A partir de octubre del 92 no puedo asegurar nada, pero puedo presumir que, si se incorpora al comando en noviembre del 92, estaba para una campaña". Una campaña, en aquella época, abarcaba casi lo mismo que un curso escolar: llegaban a la capital a principios de otoño y se marchaban a finales de junio del año siguiente, a menos que alguno de ellos fuera detenido o se supiera identificado.

Estas declaraciones también confirman que el comando Madrid fue vigilado por un amplio operativo policial hasta que una terrible decisión política, no explicada hasta ahora, dio al traste con aquella investigación: los asesinos, que estaban localizados, no fueron detenidos y tuvieron vía libre para matar.

Así murió mi padre
El día 21 de junio de 1993 amaneció soleado y bochornoso, como corresponde al primer día del verano. Mi padre, Juan Romero Álvarez, y otros seis hombre-, subieron a la furgoneta que cubría la ruta entre Alcalá de Henares y la sede del Estado Mayor de la Defensa, en la calle Vitrubio esquina con el Paseo de la Castellana. Todos ellos trabajaban allí menos mi padre, que era profesor en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).

A las 8:15, y mediante un mando a distancia, estalló un Opel Corsa cargado de explosivos al paso de la furgoneta en la calle de Joaquín Costa, 61, justo a la salida de la glorieta de López de Hoyos. La explosión fue tan violenta que algunos restos del minibús -incluso humanos- aparecieron sobre el paso elevado que cruza la plaza.

Una hora más tarde, otro coche -usado por los asesinos en su huida- explotó en la calle Serrano, 83 (no muy lejos del primer ataque), en esa ocasión a causa de una bomba cuya detonación estaba programada mediante un temporizador. Era un Ford Fiesta rojo. Murieron los siete ocupantes de la furgoneta y 25 personas resultaron heridas en ambos hechos.

Me enteré de que no volvería a ver a mi padre jamás después de hacer un examen de Física, el último de 3º de B.U.P. en el Colegio de Huérfanos de la Armada de Madrid. Me recogió mi tía Rocío. Aún no sé cómo no me di cuenta, al llegar a casa, de que algo había pasado, ya que había una enorme cantidad de gente en la calle, en el rellano del piso y en el salón. Sólo cuando mi madre me llevó a la cocina y me contó que mi padre "no estaba", comprendí que él había sido uno de los muertos del atentado de aquel día. Grité, di un puñetazo a la pared y justo después mi madre me pidió, completamente serena, que me rehiciera: jamás he vuelto a ver tanta dignidad en una mirada.

Ésta es, resumida, la descripción que se realizó de los atentados de aquel día. Las crónicas periodísticas de la época cuentan qué pasó y dónde, pero no cómo, ni quién, ni por qué.

Los siete cuerpos, carbonizados, fundidos y atrapados entre los restos de la furgoneta en la que viajaban, constituyen un símbolo de la cobardía que mantuvo en vilo a este país durante cuatro décadas de terror y violencia. Pero se erigen ahora también como una metáfora de todos aquellos cadáveres, casi 400, cuya historia está aún por aclarar.

Porque mi padre no murió simplemente porque un coche bomba estallara junto al minibús en el que viajaba: murió asesinado por quien apretó el botón del mando a distancia que detonó los 40 kilos de amosal escondidos en el coche que reventó a su paso. Mi padre murió porque alguien tomó esa decisión, y varias personas colaboraron para que eso sucediera. No fue un accidente: fue un asesinato terrorista.

¿Quién es el ahora inculpado por la muerte de mi padre? ¿Quién es Jesús García Corporales más allá de sus alias Legionario, Gitanillo, Josu y Carlos? ¿Por qué es importante su papel en los asesinatos? ¿Qué relaciones tenía con el sanguinario comando Madrid de ETA? Y, sobre todo, ¿por qué no se le ha investigado a fondo hasta ahora?

A lo largo de los próximos días trataré de contestar a estas y otras preguntas, e intentaré explicar con pruebas y datos los pormenores de una investigación que condujo a la inculpación de una persona que, todo parece indicar, tuvo mucho que ver en la matanza de la Glorieta de Lopez de Hoyos aquel 21 de junio de 1993, el día en que murió mi padre.

(Mañana, parte II. El folio 825: así comencé la investigación del asesinato de mi padre).

Rechaza un homenaje a su padre en Vitoria
La implecable lección del hijo de una víctima de ETA al PNV
Eduardo José García López, hijo de José García Gastiaín, asesinado por ETA en 1978, contesta al alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, y asegura que su familia no necesita homenajes que "pretenden limpiar algunas conciencias de políticos no muy tranquilas".
A. B Gaceta.es 21 Agosto 2016

Eduardo José García López, hijo de José García Gastiaín, asesinado por ETA en Vitoria en 1978, ha rechazado que el Ayuntamiento de la capital alavesa celebre un acto para recordar a su padre porque su familia no necesita homenajes que "pretenden limpiar algunas conciencias de políticos no muy tranquilas".

José García Gastiaín, gerente de una pequeña empresa familiar, falleció el 26 de agosto de 1978, un día después de recibir un balazo cuando varios etarras abrían fuego contra un policía centinela que hacía guardia en un cuartel de la Policía Nacional en Vitoria. Gastiáin, como recuerda su hijo, transitaba por la calle tras llevar al garaje la furgoneta que usaba para trabajar y fue alcanzado en la cabeza por la bala que se cruzó en su camino.

Eduardo José García López, que entonces tenía 15 años, relata en un artículo de opinión que publica este sábado El Correo los momentos posteriores al asesinato de su padre y señala que en esos dolorosos días no tuvo "ninguna palabra de apoyo, ningún gesto de humanidad por parte de ningún profesor, director y compañero".

Desde esos días, asegura, ha tenido un sentimiento "de desamparo" que le ha perseguido toda la vida "en muchos de los ámbitos de la sociedad vasca".

El hijo de García Gastiaín explica que el pasado mes el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran (PNV), se puso en contacto con él para informarle del proyecto impulsado por el Gobierno Vasco en colaboración con los municipios vascos para que los ayuntamientos recuerden a todas las "víctimas de vulneraciones del derecho a la vida ocurridas entre 1960 y 2010 en el caso vasco". Le respondió, señala, que su familia no necesita un homenaje que "llega tarde". "Exactamente, treinta y ocho años tarde", apostilla. "No necesitamos homenajes que pretenden limpiar algunas conciencias de políticos no muy tranquilas, casualmente en año electoral", asegura.

Eduardo José García añade en su artículo que lo que se necesita es que esta sociedad, "en muchos momentos aletargada y apática", empatice más con las víctimas del terrorismo y se busque la verdad de los hechos sin intentar reescribir la historia. "Se busca la paz donde nunca hubo guerra y se apela a la convivencia cuando solo unos pocos asesinos y sus acólitos lo rompieron", critica.

El Ayuntamiento de Vitoria ya tuvo que renunciar el pasado mes de marzo a homenajear al policía Antonio Recio Claver, asesinado por ETA en 1979 en Vitoria, por deseo expreso de su familia, que consideró que con este tipo de actos se intenta "blanquear" la historia y equiparar a las víctimas de la banda terrorista con las de abusos policiales. Además, el pasado 11 de enero el Ayuntamiento de Vitoria homenajeó a Jesús Velasco Zuazola, asesinado por ETA en 1980, pero al acto no asistieron sus familiares al considerar que el consistorio equipara la violencia de ETA con los abusos policiales.
 


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