AGLI Recortes de Prensa   Sábado 27  Agosto  2016

España necesita un buen Gobierno
EDITORIAL Libertad Digital 27 Agosto 2016

La buena marcha de la economía española demuestra que es preferible tener un Gobierno limitado en su capacidad para intervenir y legislar que contar con un mal Gobierno, con plena capacidad para dar al traste con la recuperación. El PIB volvió a crecer un 0,8% entre abril y junio por cuarto trimestre consecutivo, manteniendo el ritmo de avance por encima del 3% interanual, gracias, sobre todo, al repunte de las exportaciones, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Asimismo, el empleo aumentó un 2,9% en los últimos doce meses, generando algo más de 480.000 nuevos puestos de trabajo.

Así pues, por el momento, España no se ha visto afectada por la incertidumbre política que sufre el país desde las elecciones generales del pasado diciembre. Esta velocidad de crucero se debe en parte al tirón del sector turístico y al buen comportamiento de las exportaciones, pero también a los vientos de cola que, en forma de bajos precios del petróleo y mínimos tipos de interés, abaratan tanto la elevada factura energética como la abultada necesidad de financiación que todavía experimenta el país.

Las mejoras que introdujo la reforma laboral y la positiva senda de desapalancamiento y reestructuración productiva que está llevando a cabo el sector privado son señales positivas a tener en cuenta. Sin embargo, la economía española aún presenta importantes debilidades estructurales que deben ser corregidas cuanto antes a fin de posibilitar una salida definitiva de la crisis sobre bases realmente sólidas y duraderas. El elevado déficit público, el histórico nivel de deuda pública, la alta tasa de paro, la baja productividad, el reducido tamaño de las empresas, la ineficiencia del sector público o las enormes dificultades para hacer negocios son algunos de los graves problemas que todavía deben ser resueltos para consolidar la actual senda de crecimiento, sin tener que depender de factores ajenos a la economía nacional.

Urge, por tanto, que se forme Gobierno para resolver éstas y otras cuestiones de índole económica, despejando de paso una incertidumbre política cuyo mantenimiento puede acabar lastrando de forma importante las inversiones, pero lo que de verdad necesita España es un buen Gobierno. Si el pacto que negocian PP y Ciudadanos consiste en disparar aún más el gasto público y los impuestos, al tiempo que se limitan a realizar meros cambios cosméticos, poco o nada ayudará el futuro Ejecutivo a la salida de la crisis, puesto que España seguirá dependiendo, en gran medida, del contexto exterior para mantener el crecimiento del PIB. España necesita un Gobierno, sí, pero bueno, capaz de acometer las profundas reformas y ajustes que requiere esta difícil y compleja situación económica.

Un gran plan nacional de reformas
Aleix Vidal-Quadras Gaceta.es 27 Agosto 2016

Las negociaciones entre el PP y Ciudadanos de cara a la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno, seguidas casi en tiempo real por los medios, cuya excitación ante los sucesivos avatares de las conversaciones van el paralelo con el tedio de la ciudadanía en general ante el asunto, han vuelto a poner -enésima vez- sobre el tapete la necesidad de ambiciosas reformas de nuestro sistema institucional. Parece difícil que los dos interlocutores lleguen a un punto de encuentro por dos motivos, el primero es que el PP no quiere cambiar nada o casi nada y el segundo es que Ciudadanos, que ha elegido correctamente los objetivos, no acaba de entender el tipo de instrumentos jurídicos y constitucionales requeridos ni los tiempos necesarios para alcanzarlos. Y así la cerrazón de unos y la excesiva simplicidad de otros chocan en cada reunión hasta hacerla naufragar. La irritación mostrada por el Portavoz parlamentario de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, sin duda la mejor cabeza del equipo de Rivera y por tanto consciente de las dificultades de la operación, era patente el pasado miércoles en su comparecencia ante la prensa.

Que la justicia española está escandalosamente politizada, que el Senado no sirve para nada y que las Diputaciones son organismos perfectamente prescindibles, son evidencias que saltan a la vista, pero las medidas a tomar al respecto no son de las que se resuelven de un plumazo. La supresión de las Diputaciones Provinciales, con el ahorro que ello representaría y la eliminación de paso de un importante foco de corrupción, exige una significativa concentración de municipios pasando de los más de ocho mil actuales a mil o mil quinientos, de tal manera que todos ellos tengan dimensión y músculo administrativo y financiero para prestar los servicios que les son propios sin la muleta que las Corporaciones provinciales suministran hoy a los más pequeños. Además, hay funciones de coordinación y de desarrollo de infraestructuras que debería asumir el Estado o las Comunidades Autónomas para cubrir el hueco que dejaría la desaparición de las Diputaciones. Y eso, que es fácil de enunciar y de entender, a la hora de plasmarlo en legislación y en previsiones presupuestarias implica poner a trabajar a un grupo de competentes administrativistas, constitucionalistas y hacendistas durante bastantes meses más una legislatura completa para poner en marcha el nuevo enfoque. Como el PP se escuda en la incapacidad del entramado municipal actual para cumplir correctamente su tarea sin las Diputaciones y Ciudadanos no reconoce en toda su dimensión la magnitud del tema a acometer, pues fracaso en la negociación.

El Senado ni cumple con su teórica misión de ser la Cámara de representación territorial ni su trabajo de asamblea de segunda lectura aporta nada, pero su transformación en una institución útil o su liquidación comportan cambios constitucionales profundos y van asociadas a otra cuestión que rebasa ampliamente el propio problema de la Cámara Alta: la estructura territorial del Estado, probadamente ruinosa y explosiva. Dado que este es un bocado muy grande para que el horror al cambio del PP lo ingiera y tampoco Ciudadanos ha presentado hasta la fecha su idea básica al respecto, salvo la abstracta y loable de preservación de la unidad nacional, motor de las conversaciones inevitablemente gripado.

La independencia de los jueces es la eterna asignatura pendiente del régimen del 78 desde que en 1985 González y Guerra decidieran a las bravas enterrar el legado del Barón de la Brède y el PP haya mantenido esta aberración durante sus períodos de gobierno. Aquí sí bastaría volver a la situación anterior al atentado contra la separación de poderes perpetrado por el PSOE y reiterado por su principal adversario por lo que en ese punto Ciudadanos debe hacerse fuerte. La acción legislativa correspondiente es factible y de coste nulo.

La conclusión de toda esta historia es que España demanda un gran plan de reformas en los planos institucional, administrativo y económico que sea ambicioso, coherente y que abarque de manera consistente los diversos niveles y áreas en los que es imprescindible actuar, bien con medicación o con cirugía. Está claro que los partidos son incapaces de elaborarlo y de ponerse de acuerdo sobre el mismo porque carecen de los incentivos necesarios para emprender y culminar este trabajo, porque sus bases conceptuales, morales y antropológicas, cuando las tienen, se encuentran demasiado distantes, y porque su visión es intrínsecamente de corto plazo. Correspondería, por tanto, a la sociedad civil su diseño y difusión entre el censo electoral. Al fin y al cabo, pese a sus notorios defectos, vivimos en un régimen de opinión y los políticos suelen ser sensibles por la cuenta que les trae a los deseos y aspiraciones de la gente cuando éstos se manifiestan de forma abrumadora y sostenida. A ver quién se anima a proporcionar el impulso y el mecenazgo para esta empresa inaplazable.

El estado nacional de cabreo
Amando de Miguel Libertad Digital 27 Agosto 2016

Permítaseme el coloquialismo, pero es algo más que enfado, disgusto o malhumor. Los españoles se hallan en un estado de profundo cabreo respecto de los principales caudillos políticos. Lo señalan las encuestas y está en muchas conversaciones domésticas o de bar.

Cierto es que ha pasado la ola de las manifestaciones tumultuarias, enemigas de los contenedores de basura. La razón es sencilla. Los hipotéticos fautores de las manifestaciones están colocados en los escalones de la pirámide del poder gracias al ascenso de Podemos y sus secuaces. Pero las protestas de tales demostraciones eran interesadas y parciales. El cabreo de la población es mucho más amplio y fundado. Acaso se relacione con la frustración que supone no alcanzar las aspiraciones. Porque la famosa crisis, si bien ha rebajado los ingresos de los hogares modestos, no ha minorado los deseos. Muchos españoles habrán decidido veranear en el pueblo de origen, en lugar de ir a la playa o al extranjero, como antes acostumbraban. Pero veranear es ya un derecho, como tantos otros nuevos. Por ejemplo, el derecho a la propiedad de un piso o un automóvil. Hasta los animales, domésticos o salvajes, también han conquistado sus derechos.

Más que derivado de las frustraciones personales, el cabreo generalizado procede de la presunción de que los problemas todos del hogar (estudios de los hijos, cuidado de los ancianos, etc.) los tiene que resolver el Estado, sea central, autonómico o municipal. Esa ilusoria idea la han diseminado los principales líderes políticos como forma de obtener votos. El problema irresoluble es que no puede haber recursos públicos para tantas necesidades que se consideran derechos. Las salidas típicas son dos: subir los impuestos o recortar el gasto público. Ambas se rechazan vocalmente, pero al final el pueblo traga. Para eso lo llaman ciudadanía. El resultado es que los principales políticos se hacen sumamente antipáticos; pasan por incoherentes y mendaces. Si encima algunos de ellos se llevan bonitamente el dinero público que manejan (lo que se llama corrupción) la reacción popular no puede ser otra que el cabreo sordo. Se dice así porque no se puede hacer nada para superarlo.

Lo peor es cuando los principales líderes políticos se toman todo un año para formar Gobierno, sin dejar de cobrar su generosos sueldos y demás bicocas. En una empresa privada ya los habrían despedido. En la esfera pública pasan por abnegados héroes.

La única pócima para paliar el estado general de cabreo es el fútbol. Se añade el sucedáneo o la propina de los otros espectáculos deportivos. El género se tramita a grito pelado. El método de entretener al populacho con circenses lo inventaron los emperadores romanos para contrarrestar la inevitable descomposición del imperio. Ahora se ha revitalizado gracias a los medios audiovisuales. De esa forma todos los días del año el espectáculo entra en los hogares o en los bares.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Los españoles y el 'Manual del perfecto agachado'
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 27 Agosto 2016

La sociedad española es dócil o resignada. Alternativamente, podría ser que estuviera inerte, pero en todo caso es inexpresiva. Sus ciudadanos se asemejan a los “agachados” que describe Saka Tong, autor japonés afincado en México, que ha publicado 'Manual del perfecto agachado' muy bien recensionado por Enrique Serna en 'Letras libres' (página 78) del mes de julio. Pese a las tropelías que la clase política está perpetrando sobre la ciudadanía española, esta no responde, no se indigna, o si lo hace, resulta inaudible.

De tal manera que los políticos adoptan decisiones en las que los intereses generales son variables subalternas a las suyas propias y, por lo tanto, sectarias. Así, podemos ir a unas terceras elecciones en un año y además tener que votar el día de Navidad. La desconsideración que entrañan tales determinaciones desafía el criterio reiterado de los electores en dos ocasiones anteriores y la preservación de días festivos de profunda tradición familiar y celebrativa. El silencio es el eco social que recogen estas medidas.

Saka Tong –según extracta Enrique Serna- pone ejemplos de ciudadanos “agachados” que, extrapolados, sirven para que entendamos hasta qué punto los españoles constituimos una sociedad aquietada y sin nervio. Veamos. Si en una comunidad de propietarios uno de los vecinos es una especie de delincuente, no paga las cuotas correspondientes, hace fiestas ruidosas y su perro defeca en los espacios comunes, el ciudadano “agachado” le saludará correctamente y no se meterá en líos.

Si está en el cine y a su compañero de butaca le suena el móvil y lo atiende, no se queje, no haga aspavientos, porque el culpable de la intransigencia será usted y no él. “Agáchese”. Tampoco se lamente de las ocupaciones del espacio público por más que invadan la acera, sean manteros o automóviles. Y, bajo ningún concepto, increpe a quien se salte la cola en la que usted, cívicamente, espera su turno. Sea usted un “agachado”. Con comportamientos así, retraídos y humillados, resignados, vivirá más tranquilamente, según la tesis de nuestro autor que, me temo, responde a una comprobación empírica.

Este biotipo de ciudadano “agachado” hace fortuna en España y es cómodo para los delincuentes y los incívicos (véase la corrupción rampante, política y no política, y las actitudes que retan a las más elementales normas de convivencia), pero también para los políticos que manejan la opinión pública con el despotismo de los que conocen la idiosincrasia “agachada” de la colectividad española. No es extraño que según estudios –del Ministerio del Interior, pero también de la Universidad de Salamanca– las movilizaciones ciudadanas hayan descendido un 25% desde 2012 hasta el presente. Hemos pasado de 44.233 a 32.904 manifestaciones.

Los sindicatos y los partidos han dejado de convocarlas y solo las han acentuado –pero levemente– las organizaciones sociales. También han aumentado las prohibiciones. Se han acabado los tiempos de la “indignación” expresa y manifiesta, que se ha recluido en los estrechos círculos que forman las familias y los grupos de amigos.

Los españoles en general somos conscientes del abuso político que se está cometiendo desde el pasado mes de diciembre. Un abuso persistente que puede llevarnos a registros históricos, como el de convocar en un año tres elecciones generales y celebrar los terceros comicios el día de Navidad. El calificativo de “histórico” para nuestra situación lo ha empleado el previsible nuevo vicepresidente de los Estados Unidos, compañero de candidatura de Hillary Clinton, el senador Tim Kaine. O sea, que nuestro caso comienza a conocerse en el mundo occidental por inédito y sorprendente. Pero, mientras tanto, ni los medios de comunicación con sus editoriales, ni las organizaciones sociales, son capaces de expresar la frustración e irritación que procuran las decisiones políticas que padecemos.

La clase dirigente, además, ha perdido el respeto a las encuestas y sondeos. Ni unas ni otros son materiales de trabajo para modular medidas o actitudes y desconocen dolosamente la sensibilidad popular que está en España tan “agachada”. Así, en esa postura sumisa, nos enfrentamos a un mes de septiembre que arrancará el próximo día 2 con la investidura fallida de Mariano Rajoy –Sánchez consigue que el político gallego muerda el polvo, que de eso también se trata– y con la previsión de unas terceras elecciones en Navidad, que es la venganza del presidente en funciones, para que las culpas de volver a las urnas se le atribuyan al secretario general del PSOE. Acaso se confunda Rajoy al perpetrar ese disparate –si se consuma– porque la ciudadanía “agachada” podría adoptar un comportamiento colosalmente abstencionista si, por fin, se la convoca a los colegios electorales el 25 de diciembre. Hay formas de protestar que consisten en mantenerse en silencio, en no hacer nada, justamente, en permanecer “agachados”. En eso parece que estamos los ciudadanos de este país.

El islam rompe Europa
Hermann Tertsch ABC 27 Agosto 2016

Ayer se vio de nuevo que la inmigración musulmana es ya el principal factor de tensión interna y potencialmente de disgregación y ruptura de la Unión Europea. David Cameron ya dijo que el Brexit se produjo en gran parte por culpa de Angela Merkel y sus puertas abiertas a esa inmigración. Ahora otros países anuncian que no aceptarán bajo ningún concepto la pretensión de Merkel y la Comisión de imponerles cuotas de inmigrantes. Ayer la canciller alemana viajó a Praga y se topó con el consenso nacional entre los checos. Es más, los cuatro países de Visegrad, como se conoce a Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría, están de acuerdo. Todos dispuestos a ayudar económicamente a los países en crisis, ninguno a aceptar inmigración musulmana en sus territorios. Estos países, sin pasado colonial, no tuvieron inmigración como vieja metrópoli en el siglo XX. Hoy, vistos los inmensos problemas occidentales de convivencia, se niegan a importarlos. En Hungría se celebra un referéndum el día 2 de octubre en el que la población rechazará masivamente estas cuotas. Ese mismo día se repiten las presidenciales en Austria. También bajo ese signo. Merkel pudo confirmar que gran parte de Europa se rebela contra la imposición de esa inmigración sin voluntad de integración y con fundamentos culturales y religiosos que consideran incompatibles con la sociedad democrática y abierta. Esto sucedía ayer en el este.

En el oeste europeo los vientos eran otros. Porque se movilizaban todos los que por diversos motivos quieren una sociedad multicultural con masiva presencia musulmana en los espacios públicos. Que refleja su clara voluntad de hegemonía. Ahí están ya todos, los militantes de esa izquierda que se indigna por un crucifijo en un colegio y esos musulmanes llamados moderados que jamás consiguen movilizarse contra las matanzas de sus correligionarios radicales. Siempre fue así. Contra unas caricaturas en Dinamarca se manifestaban millones en todo el globo pidiendo la cabeza del dibujante. Y pedir la peor muerte para Salman Rushdie. Pero para condenar el asesinato de Theo Van Gogh y la condena a muerte contra Ryan Hirsi Ali no apareció ni el imán más occidentalizado. Y contra las carnicerías recientes solo se reúnen unos pocos intelectuales musulmanes franceses para tímidas protestas. Por mucho que las inflen las televisiones. Pero ha bastado que una veintena de alcaldes franceses se tomaran en serio las medidas contra el burkini en las playas, para que la izquierda, los medios y los musulmanes en Europa y en todo el mundo hagan causa común contra lo que llaman «intolerable agresión a la libertad y a la honra y dignidad de las mujeres» que sería el veto al burkini o al niqab. Su poderío mediático es tal que conseguirán convertir la jaula de tela en símbolo de libertad. Y exigirán que se levanten otras prohibiciones que también entienden como agresión al islam. ¿Quiénes son los europeos, sus autoridades y jueces para negar el derecho de ablación y las bodas de niñas y la venta de hijas para esas bodas? ¿Por qué van las autoridades infieles a negar el derecho a imponer la sharia en decenas de miles de comunidades de vecinos, bloques y barrios? En Europa occidental el rodillo mediático de la corrección política intenta aplastar en su raíz esta primera reacción de Francia contra la invasión del espacio público por símbolos de la represión, la desigualdad y la sumisión. En Europa oriental se ha fortalecido la conciencia de que tienen la inmensa oportunidad de no correr la suerte de las sociedades occidentales. Y están decididos a utilizarla y defender sus razones. De voluntad de supervivencia nacional, algo que en Occidente muchos han olvidado. Lo que explica mucho todo lo que le pasa.

El incierto futuro de España
Javier Salaberria latribunadelpaisvasco 27 Agosto 2016

General de División en la reserva
Pedro Díaz Osto: “La libertad sólo se puede obtener con seguridad”

General de División en situación de reserva y director de Relaciones Institucionales del Grupo Atenea, Pedro Díaz Osto dirigirá los próximos días 7 y 8 de septiembre, en San Sebastián, un curso de verano titulado “Encrucijada en Oriente Medio: ¿Cómo nos afectará la Guerra contra el Estado Islámico?”.

¿DAESH, ISIS, Estado Islámico…? ¿Cómo debemos nombrar a este grupo terrorista? ¿Es estrictamente hablando un grupo terrorista, una guerrilla, un ejército, o algo más?
- En mi opinión, la respuesta es muy clara: no se trata de un Estado, no está reconocido por la comunidad internacional, es más, sus dirigentes y miembros son calificados de terroristas. El denominarlo “Estado Islámico” es darle una carta de naturaleza que no tiene y ni mucho menos se merece. Hay que denominarlo “Daesh”, acrónimo de las palabras árabes al-Dawla al-Islamiya, que puede significar lo mismo, pero “suena al oído” de otra manera. El uso del lenguaje es muy importante en esta lucha.

Al terrorismo de Al Qaeda como al del Daesh, se le suele denominar como “terrorismo islámico”. ¿Debemos revisar cómo contamos las guerras?
- Hay que tener una idea muy clara: la inmensa mayoría de sus víctimas son los propios musulmanes; no olvidemos que hay un conflicto desde casi los orígenes del Islam entre sus dos ramas más mayoritarias: suníes y chiíes (podemos decir que los primeros son dos tercios y los segundos el tercio restante). Hoy ese terrorismo es muy activo contra los chiíes.

Creo que habría que sustituir “terrorismo islámico” por “terrorismo yihadista” o si se prefiere “terrorismo salafista yihadista”.

Tal como se relata la guerra actual en Siria o en Irak podemos perder la noción de quién combate contra quién y qué intereses tiene cada grupo y cada potencia implicada. ¿Qué papel juegan EE. UU., Israel, Arabia Saudita, Turquía, Francia, Gran Bretaña, Rusia o Irán? ¿Cuántos grupos insurgentes hay? ¿Cuáles son posibles amigos y cuáles nos odian? ¿Quién apoya a Bashar al Ásad? ¿Sabemos lo que está pasando?
- Aunque el territorio del Daesh se extiende a caballo de Siria e Irak, los conflictos en ambos países son muy diferentes: en Siria se trata de una muy cruenta guerra civil que dura ya cinco años y en Irak hay un gobierno legítimo, con todos los problemas internos que se quieran, que lucha por recuperar sus territorio con el apoyo internacional de muchos países, entre ellos España.

En mi opinión, en Siria se da un enfrentamiento en tres planos o niveles: local, con los rebeldes luchando contra el régimen del presidente Bachar El Asad; regional, donde se enfrentan las tres grandes potencias de la zona: Arabia Saudí de credo suní wahabita y contraria al régimen sirio, Irán, su gran rival de credo chií y respaldo del gobierno sirio, y Turquía, de credo suní y en un momento delicado de inestabilidad; y el global, donde se enfrentan los intereses de Rusia, por un lado, que apoya al presidente sirio y los de Occidente, liderados por EE.UU., Francia y el Reino Unido, por otro, que apoyan a los opositores “moderados”. Parece que la estrategia de la Rusia del Presidente Putin está mucho más claramente definida en cuanto a objetivos y medios que la diseñada por los países occidentales, especialmente por EE.UU.

Hay gran cantidad de grupos rebeldes, muchas veces con lealtades cambiantes. Para simplificar, se podrían dividir entre “los rebeldes moderados” apoyados por EE.UU, los kurdos, también apoyados por esta nación, y los grupos yihadistas como el Frente Al-Nusra de obediencia a Al-Qaeda y el Daesh, que aunque se pueda pensar que están enfrentados, actúan coordinadamente en muchos casos. Estos grupos yihadistas son combatidos por todos los demás actores, al menos sobre el papel.

La solución no puede ser sólo militar ante la tremenda complejidad de la situación. Aún así, si se consiguiera terminar ambos conflictos, el problema del terrorismo yihadista seguiría existiendo.

Hay que mentalizarse para una lucha de larga duración contra este tipo de terrorismo.

Hay una gran corriente de opinión en España que se opone a cualquier intervención militar española en el extranjero, especialmente en Oriente Medio. ¿Es consciente la población española de lo que nos jugamos allí y más en concreto contra el DAESH?
- Creo que no somos lo suficientemente conscientes, al menos como lo son en otros países de la Unión Europea, como Francia u, hoy por hoy, el Reino Unido; incluso Alemania está cambiando en ese sentido.

A priori parece que España tiene pocos intereses estratégicos o económicos en Oriente Medio ¿Es eso cierto?
- En el lenguaje ordinario empleamos con mucha frecuencia el término globalización, aludiendo a que nadie es ajeno a lo que suceda en cualquier otra parte del globo terráqueo; solemos referirnos a la economía, pero esto es cierto para otros muchos ámbitos, como las relaciones internacionales de seguridad, con una red hoy mucho más densa que hace veinte o treinta años.

Hoy por hoy, los estados siguen compitiendo entre sí en defensa de sus intereses, en algunas ocasiones amigablemente, como el admirable caso de la Unión Europea, y en otros con hostilidad, recurriendo al uso de la fuerza militar. Recordemos que en nuestra Europa actual hay violencia entre estados en Ucrania y en los denominados “conflictos congelados” de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia y el Transnistria en Moldavia.

Todos perseguimos la prosperidad, pero para que la consigamos, se requiere libertad que sólo se puede obtener con seguridad.

Pensamos que la prosperidad es un derecho individual y colectivo como “caído del cielo” y creo que no somos conscientes de que vivimos en un ambiente más o menos próspero porque estamos protegidos por la seguridad de una red de alianzas estratégicas internacionales que hay que cuidar para seguir siendo prósperos.

Es impensable para cualquier país del mundo actuar en solitario, ni siquiera para los EE.UU.

España es un aliado fiable y sólido en las dos grandes alianzas occidentales: la OTAN y la Unión Europea. Con los amigos y aliados hay que estar a las “maduras”, pero también a las “duras”. Tanto la OTAN como la UE se juegan mucho en Oriente Medio. España se juega mucho en ramificaciones de la situación en Oriente Medio como es lo que sucede en el Magreb (no olvidemos el caótico estado de Libia) o en el Sahel, franja que va de oeste a este de África y que ocupa la parte sur del Sahara y sus aledaños. En ambas regiones hay organizaciones que han jurado lealtad al Daesh.

¿Cuál es el modo más efectivo para España a la hora de brindar apoyo a sus aliados en esa zona?
Creo que las cosas se están haciendo bien.

Al terrorismo yihadista hay que combatirlo en dos frentes coordinados, por decirlo así: el exterior, del que hemos estado hablando hasta ahora, y el interior, que es responsabilidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad, los servicios de inteligencia y los órganos judiciales, en el que cobra una tremenda importancia la colaboración internacional. España, con gran experiencia en la lucha contraterrorista, ha mejorado sensiblemente su legislación contra estos delitos en coordinación con la UE y puede servir de modelo por la eficacia de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. La prevención y la lucha contra la radicalización, tanto en Internet como en lugares de culto y cárceles, son muy importantes para prevenir estos ataques.

¿A qué se dedica el Grupo ATENEA?
Es una empresa privada, quizás la única española, que se dedica a difundir y promocionar la conciencia y cultura de Seguridad Nacional en España.

¿Cuál es su función dentro del Grupo ATENEA?
Tengo una doble función: colaboro como Director Adjunto al Director General y también como Director de Relaciones Institucionales.

'ES EL RESULTADO DE 40 AÑOS DE INMIGRACIÓN MASIVA'
El Frente Nacional alerta del 'cóctel explosivo' que se está generando en Francia
Florian Philippot cree que la solución a la 'guerra del burkini' pasa por prohibir también el velo islámico y otro "signos religiosos ostentosos" en las calles. El partido de Le Pen cree que la situación en Francia es "extremadamente grave".
Gaceta.es 27 Agosto 2016

El Frente Nacional (FN) si llegara al poder en Francia prohibiría el velo islámico y otros signos religiosos "ostentosos" en todo el espacio público, la calle incluida, según ha anunciado el "número dos" del partido, Florian Philippot.

En medio de la polémica que ha dominado el debate político en Francia durante el verano por la prohibición en algunos municipios del "burkini" en la playa, Philippot indicó en una entrevista radio-televisada por "RMC" y "BFM TV" que su propuesta es ampliar la ley de 2004 que ya restringe el uso del velo islámico en las escuelas o para quienes trabajan para la Administración pública.

"Vamos a ampliar la ley de 2004" para llevar la prohibición "al conjunto del espacio público" y eso afectará al velo islámico, pero también a los que llevan grandes cruces cristianas a la vista o las kipas de los judíos, señaló el vicepresidente del FN.

Preguntado sobre si eso significará, por ejemplo, la prohibición de procesiones religiosas, contestó que no porque quedarían excluidos de la norma el personal religioso o las "manifestaciones tradicionales".

Recordó que su partido ya había hecho esa propuesta de cara a las elecciones presidenciales de 2012 y justificó la medida porque "hoy hay una exhibición político-religiosa de gente que quiere provocar a la sociedad francesa".

"Los defensores del velo o del 'burkini' tienen muchos países en el mundo para defenderlos, no en Francia", sentenció.

El brazo derecho de Marine Le Pen estimó que muchas de las mujeres que ahora se ponen el velo islámico no lo hacen por elección propia sino porque en muchos barrios "hay una presión social" y "para no tener problemas".

"Lo que pagamos son 30 ó 40 años de inmigración masiva" que han conducido a "un cóctel explosivo" en Francia, denunció el vicepresidente del FN, que también se pronunció por la expulsión de los imanes que hacen discursos de odio, el cierre de las mezquitas radicales o el fin de toda financiación pública y financiación extranjera a las mezquitas.

A ese respecto, hizo hincapié en que "son los fieles los que tienen que financiar su culto".

Del "burkini", Philippot dijo que "es un uniforme político-religioso" que pretende "borrar a la mujer del espacio público".

Alrededor de 30 municipios, en particular en la Costa Azul, han prohibido el "burkini" en sus playas en las últimas semanas, la inmensa mayoría gobernadas por el partido conservador Los Republicanos del expresidente francés Nicolas Sarkozy, que por su parte quiere que se legisle para extender su interdicción a todo el país. "BFM TV" llevaba contabilizadas hasta hoy 30 multas entre Niza (24) y Cannes (6) en aplicación de esos decretos municipales.

Un día negro para Francia
Luis Rivas (París) El Confidencial 27 Agosto 2016

Mujeres nacidas en Argelia dicen sentirse más libres en Orán que en ciertos barrios de Francia, donde sentarse a beber una cerveza en una terraza, llevar minifalda o permanecer indiferente al Ramadán puede ser castigado hasta con agresiones físicas. Las musulmanas francesas serán desde ayer mucho más señaladas en sus barrios y deberán hacer prueba, todavía más, de valor. El comuntarismo islamista siente haber ganado una gran batalla ideológica con la decisión del Consejo de Estado sobre el burkini.

Manifestaba ayer la filósofa especialista en laicismo, Catherine Kinzler, que "llevar el burkini es un acto de comunitarismo, una tentativa de estigmatización hacia todas las mujeres de confesión musulmana que no lo usan, que rechazan también el velo y que se niegan a la uniformización de sus vidas".

Kinzler, como otros y otras intelectuales franceses no tenían muy claro la necesidad de prohibir el burkini. Caroline Furest, periodista y ensayista que conoce tanto el odio de los islamistas como el de la extrema derecha, piensa que la prohibición ofrecía a los radicales un pedestal de victimismo y propaganda.

El asunto del burkini no es una guerra entre izquierda y derecha, como muchos quieren hacer ver. En la izquierda, la prohibición del burkini ha dividido a feministas, corrientes políticas e, incluso, a miembros del gobierno Hollande. En la derecha, la conveniencia de prohibirlo o no también ha provocado debate.

¿Por qué las autoridades oficiales del islam se regocijaban ayer tras la decisón del Consejo de Estado? Simplemente, porque lo consideran una victoria. En el combate ideológico y político que el integrismo musulmán libra contra el Estado francés, los imanes oficiales, los "moderados", no tienen la fuerza ni el interés, salvo excepciones, de enfrentarse en público a los predicadores radicales.

Se ha intentado vender el burkini como un acto de libertad y modernidad. Para ello, el aparato de propaganda de salafistas, wahabíes, Hermanos Musulmanes y organizaciones afines han desplegado todo su arsenal de agit-prop. Desde Londres a Nueva York, pasando por los principales representantes del islamo-izquierdismo francés, han actuado unidos en la conquista del espacio público, gracias, precisamente, a las libertades y las leyes de la República.

El episodio de Niza, en el que una supuesta vecina se ve rodeada de cuatro policías, una imagen rebotada millones de veces por todo el mundo, es para el socialista Julian Dray un montaje de una agencia de prensa, que formaría parte de esa estrategia publicitaria.

Que el Consejo de Estado declarase ilegal la prohibición era de esperar. Pero lo que el debate de estos días ha dejado de manifiesto es la victoria del oscurantismo en en muchos casos, disfrazado de progresismo.

Francia vive desde los atentados de enero de 2015 una guerra ideológica que el integrismo musulmán, con la ayuda de los bienpensantes, ha sabido llevar hacia su orilla. La enorme manifestación que condenó los atentados en la redacción de 'Charlie Hebdo', el supermercado judío y el asesinato de policías fue ya deslegitimizada a golpe de libro por una de las figuras intelectuales del 'islamo-gauchismo', Emmanuel Todd, que concluyó que esos millones de franceses que salieron a las calles eran un hatajo de católicos, racistas y antimusulmanes, pertenecientes a una clase favorecida.

Desde ese momento, y como respuesta a cada atentado, reaparecían los portavoces del "no todos los musulmanes son terroristas"; "el islam no tiene nada que ver con eso", como si los ciudadanos de este país fueran todos imbéciles. Y, por supuesto, obtuvo su esplendor el insulto de moda, la palabra que una vez lanzada, permite zanjar cualquier debate: "islamofobia".

De nada ha servido que diferentes voces hayan explicado y demostrado cómo se fraguó ese término desde Teherán, para acallar cualquier crítica al islam. Ya es tarde; las asociaciones que bajo el barniz de la defensa de los derechos humanos hacen negocio con la islamofobia han obtenido que esa palabra se haya convertido de hecho en un insulto y no en una simple opinión.

Este es el país en el que una ministra del Gobierno socialista se queda muda, literalmente, cuando en un debate televisivo una auténtica bestia islamista, un autodenominado "yihadista humanitario", de los que dan mucho juego en la pantalla, se negaba a condenar al Estado Islámico y vomitaba peroratas contra la libertad de las mujeres.

Este es el país donde imanes radicales pueden decir con toda libertad a los niños de seis o siete años que si oyen música se convertirán en cerdos y monos.

Este es el país en el que desde hace diez años un profesor de filosofía, Robert Redeker, vive escondido bajo la amenaza de una fetua, por haber escrito un artículo en 'Le Figaro' donde denunciaba, entre otras cosas, las imposiciones del islam, que ahora se multiplican en Francia sin cortapisas: velo islámico, comidas especiales en los colegios para niños musulmanes, piscinas con horarios diferentes para mujeres y hombres… Redeker fue abandonado por sus colegas y por las autoridades de la enseñanza, por los políticos y por los medios de comunicación.

Este es el país donde este fin de semana se celebra un "Campus des-colonial" prohibido a las personas de raza blanca. Presentado como "un seminario de formación al antirracismo político", tiene entre otros "talleres", uno titulado "Combatir la islamofobia, el más republicano de los racismos". Pero decir en Francia que hay racismo antiblanco es optar a un billete para ser expedido como fascista de primera clase al basurero de la historia del barrio.

Que en plena carrera hacia las presidenciales Nicolas Sarkozy y Marine Le Pen rivalicen en posiciones de supuesta dureza no es un argumento para esconder la responsabilidaad de cierta izquierda francesa en el derrape comunitarista que asola el país.

La ceguera de esa izquierda ante la expansión del islamismo ha sido bien explicada por un periodista de izquierdas, Jean Birnbaum, en el libro 'Un silence religieux', donde subraya la incapacidad de la izquierda para comprender la expansión del islamismo.

Esa misma ceguera que concluye con la cantinela "los atentados y las matanzas no tienen nada que ver con el islam" es también denunciada por la periodista de 'Charlie Hebdo', Zineb el Rhazoui (musulmana nacida en Marruecos), que vive protegida por guardaespaldas por hablar y escribir libremente, y decir cosas como que "lo únco que tienen en común los diferentes terroristas que han actuado en Francia y otras partes de Europa es el islam".

A pesar de ciertas voces críticas dentro de la izquierda, sigue imponiéndose la buena conciencia de los diferencialistas, de los que defienden el relativismo cultural. Los mismos, recuerda la filósofa feminista Elisabeth Badinter, que hace 30 años defendían la poligamia entre los inmigrados a Francia. Badinter denunciaba hace unas semanas que la izquierda francesa nunca había sido tan sumisa con las imposiciones religiosas.

Ayer fue un día negro para Francia, pero no porque el Consejo de Estado juzgara que los alcaldes no puedan prohibir el burkini (si no es en caso de atentado al orden público). Es un día negro porque los propagadores de una 'ideología oscurantista y totalitaria, que desprecia a la mujer' como un ser inferior, se apuntan un tanto y sacarán partido ideológico tras la decisión de un tribunal libre, democrático y republicano.

GRACIAS A LA FINANCIACIÓN DE OCCIDENTE
Cómo los rebeldes ‘moderados’ prepararon la imagen de Omran
La imagen del niño de cinco años víctima de un bombardeo dio la vuelta al mundo. Sin embargo, un vídeo pone de manifiesto la manipulación mediática de los rebeldes sirios, los mismos que acuchillan sin piedad a pequeños de doce años.
Mario Salvatorre Gaceta.es

Las Primaveras Árabes, financiadas y alentadas desde Occidente, dieron la vuelta al panorama político de Oriente Medio y crearon, en muchos casos, el caldo de cultivo para que los radicales impusieran su dominio sobre las zonas liberadas. Así ocurrió en Siria, donde Bashar al Assad aguantó la presión revolucionaria y Estados Unidos decidió armar a los llamados "rebeldes moderados" para luchar contra el presidente sirio.

Las imágenes de Omran, un niño sirio de 5 años, víctima de un bombardeo, generaron una oleada de indignación, lógica, en todo el mundo. Sin embargo, no existe una explicación de por qué lo dejan ahí rodeado de flashes en vez de atenderle, pero se entenderá en seguida.

Un vídeo filtrado a las redes sociales muestra al autor de la ya celebérrima instantánea, Mahmoud Rslan, preparando la escena de la fotografía a conciencia. El objetivo de los rebeldes no era otro que convertir a Omran en el nuevo Aylan Kurdi, aquel niño de apenas uno o dos años cuya imagen ahogado en una playa turca copó las portadas de la prensa internacional durante días.

Todo se entiende mejor conociendo la trayector de Rslan. Es posible que hayan visto otra obra suya en las redes, el vídeo de unos rebeldes sirios -de esos moderados que apoyan, financian y arman Estados Unidos y sus aliados- degollando a un niño de unos 12 años, supuesto espía del régimen de Damasco. En él sale el propio Rslan bromeando y confraternizando con los asesinos.
Terror sin límites

El pequeño fue ejecutado en una calle del barrio de Al Mashhad, en la ciudad de Alepo, por los rebeldes que lo acusaron de combatir en las filas de las brigadas Al Quds, un grupo palestino que lucha en favor del gobierno sirio.

La grabación muestra cómo un individuo agarra al niño del pelo y lo tumba boca abajo en la parte trasera de un vehículo. A continuación, con una pasmosa sangre fría, el militante le ata las muñecas y le corta la cabeza antes de exhibirla en alto.

Nuredin al Zinki, que en los últimos tiempos ha cobrado importancia en la provincia de Alepo, fue apoyado por el ejecutivo de Barack Obama a comienzos del conflicto sirio. Las tropas estadounidenses adiestraron a los militantes y los entregaron armas y munición. A finales de 2015, ante la deriva que estaba tomando el conflicto,decidieron apartarse de su camino y no hay constancia de entregas de armamento.

Una catedrática sueca destroza el sistema educativo catalán (y el español) en 'La Vanguardia'
Inger Enkvist desbarata en La Vanguardia el sistema educativo español y la inmersión lingüística catalana.
Libertad Digital 27 Agosto 2016

En una breve entrevista en el diario catalán La Vanguardia, la catedrática de Español y asesora del Ministerio de Educación sueco Inger Enkvist describe los pilares fundamentales sobre los que estima que debe asentarse la educación en occidente donde "se ha creído que la educación era un bien ya conquistado y han dejado de exigir esfuerzo a los alumnos".

La también colaboradora de Libertad Digital y La Ilustración Liberal cree que es un error considerar que todos los alumnos se esfuerzan y por eso no exigir resultados, motivo por el que ahora, el alumno se percibe como algo "intocable". Para Enkvist, "para que haya inclusión" de los alumnos "todo el mundo tiene que aceptar hacer su trabajo. Si anteponemos la convivencia al aprendizaje se hunde todo". La clave es "que el aprendizaje mejora la convivencia" y no al contrario.

El modelo educativo a imitar es aquel que logra los mejores resultados. En este caso, el finlandés, con un estilo de escuela "tradicional, la que había en Suecia hace medio siglo", dice Enkvist. En Finalndia "preparan muy bien a los niños en primaria, establecen buenas costumbres de trabajo con apoyo inmediato al alumno que lo necesita para que no acumule retraso". Lo que hay que hacer es dejar claro a los alumnos que "no pasarán de curso si no se saben las materias".

Ante las preguntas de la periodista de La Vanguardia sobre si "¿no nos iremos al extremo?" o si no cree que "exagera", Enkvist sentencia que "si el alumno no llega al segundo ciclo sabiendo leer de manera fluida y no tienen un conocimiento del mundo, están completamente perdidos en el entorno educativo, en su mundo privado y lo estará en el laboral".

Contra la inmersión lingüística
Tratándose de una entrevista en La Vanguardia no podía faltar la pregunta sobre la inmersión lingüística. Después de recordar que la educación debería primar la calidad de la enseñanza sobre la cantidad de horas que se pasa en el colegio -"los finlandeses están 5 horas en el colegio y no tienen demasiados deberes porque en casa se dedican a leer"- Enkvist destaca que "la educación no debería ser una cuestión política. Cataluña debería permitir a la familia elegir entre el castellano y el catalán como lengua vehicular si lo que queremos priorizar es el dominio del lenguaje".

No se quedó ahí porque "lo más importante es que los niños tengan vocabulario y conocimientos, y para eso escuela y padres deben estar de acuerdo y fortalecer la lengua materna, así es más fácil aprender el otro idioma, pero como materia. En mi país se dan tres clases de sueco por semana en sueco y todo el mundo habla sueco" porque hay que tener claro, dice esta catedrática de español, que "la lengua es un instrumento, no una meta".

Para rematar, explica que en su universidad hay un acuerdo con la universidad pública de Cataluña para el intercambio de estudiantes porque los alumnos suecos "han estudiado español y quieren perfeccionarlo". Así, "si una sociedad se cierra está quitándole oportunidades a sus jóvenes".

Finalmente, destaca la necesidad de tener buenos profesores y recuerda que en países como Finlandia, "a los profesores de preescolar se les exigen una nota de corte muy alta, y todos tienen un máster. Los padres saben que están muy preparados y los alumnos que ser profesor es muy difícil y que los suyos están entre los mejores del mundo. De un buen profesor no te olvidas jamás", sentencia.

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Despolitizar la Justicia, un asunto urgente
EDITORIAL El Mundo 27 Agosto 2016

La Generalitat valenciana y el Partido Socialista anunciaron ayer que se opondrán a la designación de dos de los tres magistrados de la Audiencia Nacional que juzgarán una de las tramas valencianas del caso Gürtel: las irregularidades en los contratos para la retransmisión de la visita de Benedicto XVI en 2006. Se trata de Enrique López y Concepción Espejel, dos nombres bien conocidos en el mundo de la judicatura que en los últimos meses han sido objeto de recusación en varias causas relacionadas con la red de corrupción liderada por Francisco Correa.

López y Espejel fueron en su día miembros del Consejo General del Poder Judicial, nombrados a propuesta del PP. El primero, además, fue también promovido al Constitucional por este mismo partido, cargo que abandonó enseguida por el escándalo causado al conocerse que había dado positivo en un test de alcoholemia que le realizaron tras saltarse un semáforo cuando conducía su moto sin casco. López pidió disculpas públicas y asumió su responsabilidad dejando su puesto en el TC. De lo que nunca han podido librarse ni él ni Espejel es de que se les vincule con el Partido Popular.

Y por la presunción de falta de imparcialidad han sido apartados ya de varias piezas de la Gürtel. En octubre de 2015, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional acordó desligarlos del juicio de la primera época de las actividades de la red de Correa -entre 1999 y 2005-. Ya en enero de este año, los dos magistrados volvieron a ser apartados como miembros del tribunal encargado del caso Bárcenas, la supuesta contabilidad B de los populares. Y en junio la Audiencia Nacional admitió a trámite la recusación promovida contra ambos para formar parte de otra sala, esta vez por el caso de las supuestas irregularidades en adjudicaciones del Ayuntamiento de Jerez en Fitur, en 2004.

Nada de lo dicho presupone la falta de profesionalidad de estos dos jueces. Sin embargo, representan un caso paradigmático de hasta qué punto la politización que sufre la Justicia española salpica a quienes la ejercen, provocando incredulidad entre la ciudadanía. En el asunto concreto, creemos que López y Espejel se debieran apartar voluntariamente de cualquier pieza relacionada con Gürtel por un principio básico de exquisita apariencia de imparcialidad. Pero el problema real es mucho más de fondo.

Lo que falla en nuestro sistema es que sean los partidos -hasta ahora, fundamentalmente los dos mayoritarios, el PSOE y el PP- quienes tengan en sus manos el nombramiento directo de 12 jueces y magistrados de los 20 que componen el Consejo General del Poder Judicial. Desde que en 1985 los socialistas cambiaron sin consenso la norma, acabando con el sistema de elección directa por parte de los jueces de sus representantes en el CGPJ, éste ha funcionado como un Parlamento en miniatura, en el que se reproduce la misma relación de fuerzas en el Congreso de los grandes partidos. Eso ha desacreditado al órgano de gobierno de los jueces, extendiéndose muchas veces la sospecha de parcialidad sobre sus nombramientos. Y aunque no faltan intachables trayectorias profesionales entre los elegidos, también es cierto que ha habido nombramientos en los que los méritos han sido mucho menos importantes que la afinidad ideológica y la sintonía partidaria.

La total despolitización de la Justicia española es uno de los asuntos más urgentes que deben afrontarse en un momento en el que tanto se habla de regeneración institucional. Estamos ante uno de los pilares del Estado y su credibilidad es, sencillamente, esencial. El Partido Popular, sin ir más lejos, ha llevado -e incumplido- en las últimas citas electorales la promesa de recuperar el sistema de que los jueces elijan a sus representantes en el CGPJ para garantizar su autonomía, una medida que este periódico viene defendiendo editorialmente desde su fundación.

Si la recusación de López y Espejel sirve para volver a poner el foco sobre el problema, bienvenida sea. Pero los socialistas no pueden dar lecciones de nada en esta cuestión porque, como decimos, son corresponsables de que nos encontremos con este panorama.

El modo en que los partidos eligen también a la mayoría de los miembros del Constitucional -muchas veces como un escandaloso reparto de cromos- abunda en este grave problema de la politización de la Justicia. Pero otras muchas medidas se antojan imprescindibles para acabar con este lastre. Entre ellas, una ampliación de los plazos de incompatibilidad que dificulte de un modo razonable la puerta giratoria para jueces que entran en política y después deciden volver a los juzgados. Resulta básico para reforzar la necesaria sensación de imparcialidad de los tribunales.

El candidato tardoetarra
Ignacio Camacho ABC 27 Agosto 2016

Tiempos de incuria son aquellos en que hay que discutir lo evidente. Desde que abandonó los comandos armados, Arnaldo Otegui no ha sido otra cosa que un etarra en comisión de servicios políticos. Aunque esos servicios incluyesen en cierto momento la participación más o menos intermitente en el mal llamado «proceso de paz», el intento de reconstrucción de Batasuna le costó una condena de cárcel y de inhabilitación cuya parte penitenciaria ya ha cumplido. Le queda la accesoria de privación del sufragio pasivo, y por tanto no se puede presentar a los comicios autonómicos porque hasta 2021 es inelegible. No hay más que hablar.

La única posibilidad que le queda de ser candidato tardoetarra consiste en un resquicio leguleyo de la sentencia -sus abogados arguyen que el texto no hace mención expresa de los puestos que le están vedados- sobre el que deberá resolver el Tribunal Constitucional. A veces el sentido común riñe con la literalidad jurídica, porque se supone que una inhabilitación genérica para cargo público incluye todos los cargos públicos, pero el Estado de Derecho al que tanto combatió le permite recurrir a través de ese portillo técnico. Lo que no cabe es discutir el sentido político de su apartamiento porque eso supondría subordinar la justicia a la (presunta) conveniencia y olvidar que ETA fue derrotada mediante la supremacía de las leyes. Además, en el plano de los principios, la candidatura de Otegi representa una afrenta a las víctimas y un desafío chulesco a la memoria de la resistencia contra el terrorismo. De su boca aún no ha salido una condena de los crímenes que apoyó ni un arrepentimiento sin casuismos. Está moralmente inhabilitado y su pretensión de ser lendakari es un escarnio. Si la autoriza el TC no será más que un escarnio autorizado por el TC.

La victoria contra el terrorismo permanecerá incompleta si no prevalece como relato moral. La permisividad equidistante del nacionalismo y de cierta izquierda -de forma incomprensible también de un PSOE que puso muchos muertos en la larga travesía del sufrimiento- pone en peligro esa narrativa al tratar de favorecer una reinserción exculpatoria. Según la errónea teoría de la normalización vasca, es menester reintegrar a la democracia al electorado del antiguo brazo civil de ETA; la tesis de los huerfanitos de representación que ya fue esgrimida, con augurios catastróficos, ante la ilegalización de Batasuna. Entonces no pasó nada. Mejor dicho, sí pasó. Pasó que el Estado aceleró la asfixia de ETA cerrándole el respiradero político.

Tampoco sucederá nada si los huerfanitos no pueden votar a su etarra predilecto. Que fabriquen otro Mandela de pacotilla con un pasado más limpio y más digno. O que voten a Podemos, que aunque es comprensivo con su causa no ha matado a nadie. Los verdaderos huérfanos de esta historia son los que van a llevar flores a los cementerios.

La única decisión posible
Ramón Pérez-Maura ABC 27 Agosto 2016

Cuando en marzo de 2003 el Tribunal Supremo ilegalizó Batasuna en aplicación de la ley de partidos, no pocas voces decían que las calles del País Vasco iban a ser un campo de batalla, especialmente durante las fiestas de ese verano. ¿Lo recuerdan? No pasó nada. O casi nada. Desde luego mucho menos de lo que habitualmente ocurría en las fiestas estivales en las que había una Batasuna -o cualquiera de sus nombres de conveniencia- perfectamente legalizada.

Vino después Zapatero con Rubalcaba de la mano y entendieron que la eficaz medida de fuerza del Gobierno Aznar era una herramienta de trueque para forzar el que ETA dejase de matar. No tuvieron inconveniente en apuntarse el mérito de todo ello. Y ahora vemos el intento de resurgir de Batasuna desde las profundidades de la fosa en la que su sectarismo merece estar.

La decisión hecha pública este 24 de agosto por la Junta Electoral de Guipúzcoa, atendiendo a la demandada de la Fiscalía, según la cual Arnaldo Otegui sigue inhabilitado y no podrá ser candidato en las elecciones vascas del próximo 25 de septiembre, es la única posible en un estado de Derecho a la vista de la vigente sentencia de la Audiencia Nacional que inhabilita a Otegui para ejercer cargo público hasta 2021. Como esta sentencia fue dictada en 2011, nos encontramos con que Otegui y sus acólitos pretendían, por sí y ante sí, auto concederse un indulto a mitad del cumplimiento de la pena. Afortunadamente, nuestra democracia no ha llegado todavía a ese grado de degeneración.

Pero sí ha llegado a la peligrosa deriva de que entre los más relevantes cargos de la dirección del PSOE se defendiera explícitamente la candidatura de Otegui, al menos hasta la decisión de la Junta Electoral de Guipúzcoa. En este PSOE, que ya no es el de Nicolás Redondo Terreros, nadie ha movido un dedo por denunciar la posible candidatura del ex jefe de ETA. Antes al contrario, la han defendido. Es el caso, paradigmático, de la secretaria de Estudios y Programas del PSOE, Meritxell Batet, quien, el pasado 17 de agosto, declaraba a la Cadena SER que ella creía que el potencial candidato a la jefatura del Gobierno vasco por EH Batasu, Arnaldo Otegui, podía presentarse a las elecciones autonómicas vascas porque ya había cumplido con sus obligaciones jurídicas. «Desde el punto de vista jurídico -Otegui- ha cumplido sus obligaciones y por lo tanto tiene facultad de presentarse», sentenció la dirigente del PSOE. Quizá la señora Batet quiera explicarnos ahora qué obligaciones ha cumplido Otegui sin que la Junta Electoral y Fiscalía sean capaces de apreciar ese sometimiento de Otegui a la Ley. Porque la única razón de gratitud que a mí se me alcanza es que Otegui y su banda creyeran que ya habían matado bastante. Y eso no amerita más recompensa que el cumplimento integró de las penas impuestas, mal que pese a Batet y los suyos -que quiero creer que no son todos los socialistas.

Otrosí. Una de las enseñanzas que hemos obtenido del auge de Podemos en el País Vasco, en detrimento de los batasunos, es la de que el voto que han obtenido las sucesivas marcas electorales de ETA a lo largo de los años tenía mucho de antisistema. Casi más que de nacionalismo independentista. Y quizá por ello la estrategia de EH Bildu de presentar la imposible candidatura de Otegui con el fin de poder travestirse de víctimas del sistema, algo que tan bien han interpretado El Ausente y sus chicos podemitas durante el último lustro. Pero esta vez no va a poder ser. Y, estén tranquilos. Esta vez, como en 2003, tampoco van a ver salir a las multitudes a la calle implorando por sus jefes.

El abad perdió el oremus
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 27 Agosto 2016

El pasado día 6, La Vanguardia sorprendió a sus lectores con un titular que pareció presagiar el retorno a la racionalidad en una sociedad amenazada por el desenfreno de las emociones viscerales:

El abad de Montserrat alerta sobre la división de Catalunya - Soler advierte de los riesgos del proceso independentista

A continuación, el texto aclaraba que el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, "se mostró en ocasiones públicamente partidario de que los catalanes ejerzan el derecho a decidir" y "últimamente también ha apostado por que Catalunya vote sobre la independencia, pero nunca ha aclarado cuál sería su opción sobre esta cuestión". La opción parecía desprenderse de los fragmentos de una entrevista publicada por los periódicos Regió 7 y Diari de Girona que reprodujo La Vanguardia:

Soler alerta de los riesgos del proceso independentista, ya que cree que "la cuerda está más tensa que antes" y le preocupa "el peligro de crear una división dentro de la sociedad" catalana. El abad asegura que le inquieta la situación en Catalunya: "Por las votaciones que se han hecho, se ve que hay un poco más de un cincuenta por ciento en un lado y un poco menos en el otro. Si eso no se sabe gestionar, y viendo lo que ha pasado en otros lugares, puede llevar a una división".
(…)
Por todo eso, Soler afirma que "le preocupa el peligro de crear una división dentro de la sociedad, y la solución pasa por el mismo consejo de san Benito: buscar más el bien común".

El catedrático Francesc Granell, siempre atento a las muestras de sensatez, se aferró a estos razonamientos para escribir ("Generando el choque frontal", LV, 13/8):
Como decía el propio abad de Montserrat, el proceso está creando una división de la sociedad catalana entre separatistas y no separatistas y, lo que es más penoso, una creciente confusión entre anticatalanistas y antiseparatistas.

Nacionalcatolicismo autóctono
¡Herejía! ¡Herejía! Desde el 17 de noviembre de 1974, cuando el hoy proscripto Jordi Pujol fundó la hoy difunta Convergència Democràtica de Catalunya en el monasterio de Montserrat, éste es un bastión del nacionalcatolicismo autóctono, cismático cuando las circunstancias lo exigen, donde están interdictas apostasías como las que se le adjudican al abad, que, al aceptar ahora en silencio la enmienda de sus monjes, da la impresión de haber perdido el oremus.

El anatema apareció en la hoja sectaria Nació Digital, con un entrecomillado que reproduce un juicio severo y comprometido de una autoridad eclesiástica no identificada:
Desde la institución eclesiástica aseguran que Granell, "como otros colaboradores de este diario, se caracteriza por su obsesión contra el proceso soberanista catalán democrático, libre y solidario. Una obsesión que le hace perder credibilidad periodística".

A continuación, el diario digital reproduce una carta que el portavoz de los monjes de Montserrat, Bernat Juliol, envió a La Vanguardia para refutar, con una retórica torticera, la versión que el cronista dio de las declaraciones del abad. Interpreta el lenguaraz que al mencionar la "división" se refería a un "peligro" y no a la "realidad actual", cuando le habría bastado consultar a sus correligionarios de Unió Democràtica de Catalunya, o a sus feligreses de las centrales empresarias, para informarse de lo que se entiende por división en términos reales y actuales. Además, la carta incluye los datos sobre el resultado de las votaciones que se han hecho, sin sacar de ello ninguna conclusión esclarecedora acerca de la magnitud de la división real y actual, que muestra el fiel de la balanza inclinado hacia el constitucionalismo.

Tiempos convulsos
Lo curioso es que cuando Josep Maria Soler se convirtió en abad de Montserrat, antes de perder el oremus, formuló unas declaraciones muy parecidas a estas de las que ahora reniega o le hacen renegar. Eran tiempos convulsos en la congregación. Dos de sus predecesores habían renunciado en circunstancias poco claras y los monjes estaban divididos por razones litúrgicas, políticas y generacionales. Vale la pena consultar en internet dos artículos muy documentados sobre la intensa actividad que desarrollaba entonces, en la abadía, el lobby rosa, una fraternidad minoritaria pero muy influyente de monjes homosexuales: "Crisis en el monasterio de Montserrat", de Francesc Valls (El País, 29/10/2000), y "Lío en el monasterio", de José Manuel Vidal (Suplemento "Crónica", El Mundo, 11/2/2001).

Fue lógico que, enemistado con ese foco de insidias, el venerable Josep Tarradellas legara su archivo personal al monasterio de Poblet para subrayar su desprecio por los sórdidos entuertos de los que eran escenario Montserrat y su igualmente escarnecido apéndice pujolista.

Pero el nuevo abad pareció traer consigo aires de renovación. Sentenció Josep Maria Soler al asumir su cargo (LV, 30/7 y 19/8):
También vemos en Cataluña el peligro de un cierto narcisismo y, por lo tanto, el riesgo de quedarnos encerrados en nuestra propia realidad, sin estar adecuadamente abiertos a otras realidades. (…) Decir que el monasterio es símbolo de identidad nacional no es ni la primera cosa ni la primera misión de Montserrat. (…) Tampoco ha de ser vinculado, para decirlo de una manera gráfica, a un partido político determinado.

Furia sectaria
Cada vez que deseo poner negro sobre blanco el contraste entre la cara civilizada del catalanismo de raíz cristiana y su reverso bárbaro de matriz maniquea recurro a la transcripción de una elocuente polémica. Manuel Valls i Serra, entonces director de Catalunya Cristiana, escribió, mucho antes de que los curas trabucaires colgaran la estelada en los campanarios con el guiño cómplice de algunos obispos (LV, 6/1/1997):

Podría suceder que –sin quererlo– estemos haciendo un cristianismo eclesial demasiado vinculado a una toma de posición política concreta. Ciertas tomas de posición, ¿no hacen aparecer a la Iglesia como agente o transmisora subalterna de una política que a otros podría parecer discutible? (…) Una parte considerable de nuestros conciudadanos tienen el catalán como segunda lengua, pero habitualmente siguen hablando en castellano. (…) Cuando en nuestra sociedad se está abriendo un debate sobre estas cuestiones, sería una paradoja que nosotros nos obstináramos en repetir de memoria, una y otra vez, unos planteamientos que no respondieran adecuadamente, por lo que parece, a la complejidad del problema tal como hoy se presenta.

La respuesta a esta reflexión prudente y realista llegó de manera fulminante en un exabrupto injurioso. Hilari Raguer, historiador y entonces monje de Montserrat, no buscó eufemismos para maquillar su furia sectaria (LV, 9/1/1997):
La Nunciatura y la Secretaría de Estado del Vaticano tampoco entienden, o al menos no protegen, la realidad social y por tanto eclesial catalana. Sólo nos queda, como muro de defensa, la unanimidad moral de la opinión de los católicos catalanes al respecto, con la seguridad de que no habrá silencio de los corderos, ni de las ovejas. De ahí la gravedad del contramanifiesto que desde La Vanguardia lanzó el día de Reyes el director de Catalunya Cristiana. A esto yo lo llamo lerrouxismo eclesial. (…) Entristece ver que un sacerdote catalán tacha de intromisión política una aspiración tan natural. No pretendemos una Iglesia catalana independiente de Dios ni de la Santa Sede pero no la queremos dependiente del gobierno español, ni de la COPE, ni de algún cura lerrouxista. (…) El más grave problema de Cataluña, tanto en lo político como en lo eclesiástico, es la unidad de su población. (…) Estoy seguro de que nuestro pueblo, el único pueblo de Dios en Cataluña, no caerá en la trampa lerrouxista que ahora se le tiende.

Han transcurrido casi veinte años desde que Raguer profirió esta exhortación al monolitismo totalitario e inquisitorial urdido en torno a la "unanimidad moral de la opinión de los católicos catalanes", "la unidad de su población" y "el único pueblo de Dios en Cataluña", con exclusión de los herejes y heterodoxos. Veinte años y el coro mendaz del secesionismo sigue entonando cínicamente el mismo estribillo cainita. Son menos de la mitad de los votantes y el 36 por ciento de los inscriptos en el censo. Será reconfortante que el abad de Montserrat recupere el oremus fraternal y repita la convocatoria a la racionalidad que la prensa publicó fielmente y de la que sus monjes, cruzados del chauvinismo antiespañol, le hacen renegar en silencio

Políticos de hoja caduca
Manuel Cruz El Confidencial 27 Agosto 2016

Una de las preguntas que con más insistencia se me formuló en cuanto se hizo público que iba a concurrir a las elecciones generales de 2016 para el Congreso de los Diputados fue: "¿Por qué usted, un filósofo, ha decidido 'entrar en política'?". La persistencia de la pregunta me proporcionó la oportunidad de ir comprobando que determinadas respuestas no terminaban de satisfacer a mis interlocutores. Así, una contestación genérica, del tipo de que, en realidad, en la medida en que en tanto que ciudadanos nos afecta la cosa pública, todos estamos siempre metidos en política de una u otra manera era evidente que no contentaba a mis entrevistadores, tal vez porque les parecía demasiado abstracta. Era probablemente la que esperaban de un filósofo pero, justo por ello, se les antojaba poco concreta o tal vez directamente especulativa.

Notaba que les satisfacía más mi comentario de que, de hecho, llevaba tiempo participando en el debate político público no solo a través de mis colaboraciones en medios de comunicación sino también a través de mi actividad en la asociación Federalistes d´Esquerres, que por aquel entonces todavía presidía. De algún modo, solía apostillar en las entrevistas, yo también venía de practicar un cierto activismo. Un activismo diferente al que se suele asociar al rótulo 'activista' -el mío se podría decir que era más bien un activismo tranquilo o de baja intensidad- pero activismo al fin.

Sin embargo, el argumento que en el fondo a mí me parecía más convincente era el que, de largo, concitaba el menor interés de mis interlocutores. El argumento tenía que ver con toda una concepción de la tarea del filósofo o, más en general, del intelectual, que no podía dejar de tener presente y por el que me sentía condicionado en gran medida. A quienes, por razones de biografía, procedemos de una determinada cultura política, una de las ideas que más rechazo ha tendido a provocarnos es aquella que, tópicamente, solía resumirse como la del 'intelectual en su torre de marfil'. La convencional formulación era desde luego exagerada, entre otras cosas porque para cuando llegamos a repetir -nosotros también- la frase, la susodicha torre llevaba tiempo demolida (si es que alguna vez existió un tal lugar de refugio en sentido fuerte y generalizable para todos los intelectuales), pero, fuera como fuera, expresaba bien un elitismo desdeñoso hacia lo que ocurre en la sociedad por parte de determinados profesionales del espíritu que nos resultaba de todo punto inaceptable.

Frente a ella, la idea alternativa que nos parecía no solo convincente sino también extremadamente atractiva era otra que -cosas de la vida y de la historia- ha terminado por caer en desuso. Me refiero a la idea de compromiso. A tal punto ha llegado a sonar anacrónica que en un reciente foro en el que tuve la ocasión de debatir sobre estos temas, un joven politólogo se ahorraba incluso el esfuerzo de entrar a discutir con la misma, despachándola con el displicente calificativo de 'mantra'. Hay que reconocer que, en todo caso, no solo la normalidad democrática sino la forma concreta en que han ido evolucionando nuestras democracias han hecho que la idea de compromiso fuera perdiendo buena parte de las determinaciones con que se adornaba antaño, y que le concedían un aura que no dudaría en calificar de épica.

Sin embargo, que la idea haya ido abandonando algunas de sus antiguas determinaciones en modo alguno equivale a afirmar que haya quedado por completo huérfana de significado, y que haya pasado a incrementar la nómina de esos presuntos significantes vacios, tan del gusto de los partidarios de convertir el discurso político en un mero juego de palabras. Acaso valga la pena plantearse más bien la posibilidad de que las nuevas circunstancias nos empujan a pensar el compromiso en unos términos diferentes, adecuados a la actual situación.

Probablemente, de lo que se trate hoy no sea tanto de radicalizar el compromiso con el fin de que recupere la tonalidad casi heroica que en otro tiempo (por ejemplo, durante el franquismo) lo adornaba, objetivo de todo punto imposible, como de democratizarlo, esto es, de dotar de contenido concreto a aquella primera respuesta mía que tan poco entusiasmaba a alguno de mis entrevistadores. Porque el hecho de que todos los ciudadanos estemos siempre, en tanto que ciudadanos, 'metidos en política' en modo alguno equivale a afirmar que debamos estarlo siempre de la misma manera.

Pendientes como están algunos -con sobrados motivos, por supuesto- de acabar con las puertas giratorias, a menudo parecen olvidarse de otro peligro, no menor, que también acecha a nuestros representantes políticos, y es el de profesionalizarse de la cosa pública. Peligro tanto mayor cuanto menos atractivo resulte el lugar (quiere decirse, la específica profesión y el concreto puesto de trabajo) al que deberían regresar en caso de verse obligados a abandonar la política. Téngase en cuenta, además, que algunos de los recién llegados ya habían hecho del activismo un auténtico modo de vida, en el sentido más profesional de la expresión (remuneración incluida). En ese sentido, no hace falta una gran perspicacia ni particulares dotes de adivinación para anticipar que el grueso de quienes han irrumpido en el espacio público en los últimos tiempos denunciando, con grandes aspavientos, la fuerza con la que se aferraban a los cargos los viejos políticos tardarán ellos mismos largo tiempo en abandonar la escena política.

De ahí que me atreva a sugerir que tan saludable como resultaría poner fin a los denostados privilegios giratorios de los que gozan algunos cuando abandonan la vida política, lo resultaría asimismo poner los medios para que esta última no quedara constituida en territorio casi exclusivo de un determinado grupo (por más subdividido en tribus que se pueda encontrar), y se potenciara en lo posible la figura de eso que Ortega denominaba, para autodefinirse como diputado por León en las Cortes republicanas, "transeúnte de la política". A fin de cuentas, solo de muy pocos políticos cabe afirmar que la sabiduría que les ha permitido acumular su dedicación al servicio público constituye un capital que no podemos permitirnos el lujo de desperdiciar. Del resto de quienes se dedican a la política parece poco menos que obvio afirmar que resultan por completo sustituibles: en definitiva, lo propio ocurre en cualquier otro ámbito de la sociedad, donde el paso del tiempo se encarga de certificar la condición de prescindibles de todos nosotros. Así, pues, ¿por qué no iba a regir esta misma inexorable lógica en la esfera de la política?

Mi lucha contra ETA (V). Cuando investigar el asesinato de mi padre se convirtió en un pulso con el Estado
Pablo Romero El Espanol 27 Agosto 2016

Desde que el sumario del asesinato de mi padre y de otras seis personas fue reabierto en primer lugar, la instrucción de este caso estuvo llena de obstáculos. Tan sólo las aportaciones de nuevos indicios fruto de mi investigación, apoyadas por distintas fuentes, mantuvieron el caso vivo.

Poco a poco, lentamente, los plazos legales se iban apurando mientras la causa avanzaba casi a trompicones. El relato que viene a continuación es una reconstrucción resumida del periplo de esta causa.

El archivo provisional
El diciembre de 2013, tras varios intentos infructuosos de investigación -incluidas varias reuniones con etarras que se habían acogido a la "vía Nanclares"-, y justo antes de que Andrés entrase en escena, la Audiencia Nacional decretó la conclusión del sumario a falta de nuevas pruebas. El caso se dirigía inexorablemente a su archivo: el 20 de febrero de 2014 se decretó el sobreseimiento provisional.

A pesar de que entonces me lo tomé como un auténtico revés, poco después entendí que lo que habíamos logrado era, simplemente, comprar tiempo. Es decir, la causa no estaba muerta, sólo estaba suspendida.

La única manera que tenía entonces para devolver el caso a la vida era atacar donde nadie lo había hecho hasta el momento: escarbar en la información sobre la infraestructura de ETA en la capital durante los años 1992 y 1993, justo la campaña en la que mi padre murió asesinado.

Entre los meses de marzo y septiembre de 2014, Andrés y yo habíamos empezado a tomar contacto de forma más o menos asidua. Quedábamos para tomar café y hablar durante horas mientras íbamos cimentando la confianza necesaria para avanzar en la investigación. El tiempo pasaba muy lentamente, mientras analizábamos lo que teníamos y sabíamos.

La causa se reabre
Después del verano 2014, decidí volver a la carga con todos los datos que habíamos arañado de las hemerotecas, única vía de información de la que disponía. El reto era importante, ya que en aquella época la información sobre el comando Madrid de ETA era escasísima, y teníamos que lograr establecer una relación entre los terroristas que pudieron ser los autores del atentado y el encausado como autor intelectual, Iñaki de Rentería, alias Gorosti.

Los informes hablaban de un piso franco en Madrid, en la calle Bravo Murillo. Pero gracias a las informaciones publicadas en la prensa a lo largo de los años sabíamos que existían otros dos, uno en la calle Doctor Fleming -en donde se había hallado una huella de Rufino Arriaga Arruabarrena, que sería importante para posteriores investigaciones- y otro, el más importante para esta causa, en el Paseo de Extremadura, alquilado por su hermana, María Jesús Arriaga Arruabarrena. Sobre estos inmuebles nadie había pedido información antes ni a la Policía Nacional ni a la Guardia Civil, y eso fue lo que solicité para conseguir la reapertura del sumario.

Por tanto, mi razonamiento, aunque algo complejo, tenía sentido: Gorosti, quien desde marzo de 1992 (tras la caída de la cúpula de ETA en Bidart) ejercía funciones de responsabilidad relacionadas con los aparatos militar y logístico de la banda terrorista, podía haber enviado órdenes a los hermanos Arriaga Arruabarrena, "que daban cobertura al comando Madrid durante la campaña 1992/93", como reza la documentación consultada.

Cierto era que las relaciones entre los protagonistas de esta historia macabra eran lejanas, al menos sobre el papel y con las pruebas de las que disponía: recortes de periódicos y deducciones a partir del testimonio de uno de los condenados por robar vehículos para ETA en aquella época (llamados "robacoches"): éste identificaba el alias Gorosti con Ignacio Gracia Arregui.

En definitiva, me la estaba jugando casi a una carta.

Me enteré de que la Fiscalía apoyaba la reapertura del sumario para practicar las diligencias mientras conducía hacia Badajoz, el 29 de diciembre de 2014. De la emoción, di un volantazo que casi me saca de la autovía. Tuve que pararme en Mérida para tranquilizarme. Era ya cuestión de tiempo que la Sección Segunda de la Audiencia ordenase la reapertura del sumario y la práctica de todas las diligencias (como al final hizo), por lo que volvíamos a estar en el campo de juego: pedíamos al juez una batería de datos que incluían todo lo relacionado con la investigación sobre el piso del Paseo de Extremadura de Madrid, que con el tiempo resultaría clave. Que la Audiencia Nacional se interesara por ello ya suponía una gran victoria moral para mí.

Fue entonces cuando decidí abandonar EL MUNDO, que había sido mi casa durante 15 años, para incorporarme al equipo fundacional de EL ESPAÑOL. Recuerdo perfectamente cuando María Ramírez y Eduardo Suárez, subdirectores, me lo propusieron. La reunión tuvo lugar un fin de semana de diciembre de 2014 en un agradable local de Madrid, una especie de invernadero mitad mercado, mitad restaurante. Al principio les dije no: tenía que resolverse la reapertura del sumario y, honestamente, no podía dedicar toda mi energía a arrancar el proyecto. Ellos sonrieron y me aseguraron que me esperarían; siempre les estaré agradecido por la confianza que depositaron en mí.

Horas antes de firmar el contrato planteé al director, Pedro J Ramírez, una única condición: "La investigación sobre el asesinato de mi padre es lo más importante para mí", le dije. "Si alguna vez tuviera que ausentarme, si necesitase ir al despacho de mi abogado o reunirme con alguna fuente, voy a dejar todo lo que esté haciendo en ese momento; a cambio, si quieres, la historia de esta investigación la publicaré aquí, es toda tuya", añadí. Él aceptó de buen grado, confió en mí, a pesar de que no podía contarle casi nada del asunto. Gracias a ellos, en parte, pude permitirme seguir con mis pesquisas.

Poco antes, el 12 de septiembre del año anterior, tomé otra decisión que nada tuvo que ver con el caso de mi padre, pero que me llenó de alegría y me dio las fuerzas que necesitaba para seguir adelante: tras más de 13 años de relación, me casé con mi pareja. Fue, sin duda alguna, el día más feliz de mi vida.

Los informes clave
"Vamos bien, vamos bien". Mi abogado me lo repetía una y otra vez, mientras pasaba el tiempo y yo me consumía por los nervios. Los problemas de este procedimiento -y sospecho que de todos- son los interminables plazos, la incertidumbre ante cualquier petición y las respuestas que no terminan de llegar.

Durante el año 2015 se produjeron varios acontecimientos que marcarían el rumbo del proceso judicial abierto. Una vez reabierta la causa, el primer hito tuvo lugar el 22 de junio, fecha del primer informe policial sobre la relación de María Jesús Arriaga Arruabarrena "y otros" con el atentado. Ella había sido quien alquiló ese piso entre 1990 y 1992, y en dicho informe aportaban datos muy relevantes: que colaboraba con la banda terrorista (concretamente, con el comando Madrid); que mantenía una relación directa e incluso "sentimental" con el etarra Jesús García Corporales; y que éste último pudo haber sido integrante del comando Madrid el 21 de junio de 1993, fecha del atentado, "en base a los indicios obtenidos en aquella investigación" sobre el piso del Paseo de Extremadura de Madrid.

Mientras tanto, los abogados de la Asociación de Víctimas del Terrorismo habían solicitado -y logrado- la comparecencia, por teleconferencia, del encausado Iñaki de Rentería y de uno de los "robacoches", José Gabriel Zabala. Ninguno de los dos contestó a las preguntas de la acusación.

A principios del verano de 2015 llegó el momento de solicitar tanto las pruebas documentales como la declaración de los miembros del grupo policial que habían llevado a cabo las investigaciones hacía 22 años, para poder llegar al fondo del asunto. Al fin y al cabo, la clave era descubrir por qué el informe policial señalaba con tanta claridad a García Corporales como uno de los autores materiales del asesinato.

A pesar de que la petición ponía de manifiesto lo incompletos que resultaban los informes policiales, la Fiscalía consideró que no eran "pertinentes ni relevantes" dichas peticiones, y se opuso a la práctica de diligencias. Por su parte, el juez siguió el criterio del fiscal y a finales de agosto 2015 emitió un auto en el que afirmaba que lo que pedía "conduciría a una dilación indebida del procedimiento".

No me lo podía creer. ¿La Policía Nacional señalaba a un autor material de una masacre terrorista en un informe de apenas tres folios, y resulta que tanto el juez como el fiscal consideraban que no había nada más que investigar? ¿Consideraba el juez que estas peticiones conducían a una "dilación indebida del procedimiento", cuando cada respuesta a los escritos tardaba una media de dos meses?

Enseguida recurrí a la Audiencia Nacional, y volví a desgranar todas las dudas que se desprendían de los informes policiales. También supliqué que se ordenase tanto la aportación de pruebas documentales como de testificales: necesitaba escuchar de labios de los propios agentes cómo había sido el seguimiento a dicho comando en aquellos años.

Estaba tan cerca y, a la vez, tan lejos… Me puse en manos de los magistrados de la Sección Tercera: de su decisión dependía que el caso llegase a una nueva "vía muerta" o que avanzase hacia su completo esclarecimiento. Mientras tanto, pasaban las semanas; no recuerdo ni un solo día en el que no consultase el correo electrónico -una serie de cuentas abiertas ad hoc para comunicarme con mis fuentes- al menos diez veces, en busca de una respuesta que no llegaba. La ansiedad me comía por dentro.

El 24 de noviembre de 2015, casi tres meses después, llegó la respuesta a mis plegarias en forma de auto: la Audiencia Nacional estimaba parcialmente el recurso. Es decir, obligaba al juez instructor a solicitar de nuevo a la Comisaría Central de Información de la Policía Nacional todos los datos necesarios que justificaran la afirmación de que García Corporales pudo integrar el comando Madrid y ser autor material del atentado del 21 de junio de 1993.

Un nuevo (y demoledor) informe
Como ha sido habitual en esta causa, nuevamente me tocaba esperar. Y en este caso el resultado superó con creces las expectativas. En febrero de 2016 me llegó un completo informe, firmado también por el comisario general, Enrique Barón Castaño, en el que se analizaba con lupa la relación del etarra Jesús García Corporales, hoy en libertad tras cumplir 19 años de condena, con el comando Madrid a principios de los años 90.

Según ese documento, de 11 folios, resulta que sí que hubo relación entre el etarra y la capital. Bastante estrecha, además. No sólo se reiteraa que García Corporales y María Jesús Arriaga eran más que amigos, sino que se apunta a su posible participación en el atentado con coche bomba contra una furgoneta de la Armada en la Av. Pío XII de Madrid el 9 de junio de 1992 (nueve jefes y oficiales de la Armada, un soldado y tres civiles resultaron heridos) y en el atentado también con coche bomba en Moratalaz el 30 de noviembre de ese mismo año, en el que muere asesinado el subteniente de la Guardia Civil Miguel Miranda Puertas.

El informe sitúa "con un alto grado de certeza" a García Corporales en Madrid cuando tuvieron lugar ambos atentados, como miembro del comando en la capital. Gracias a algunas pruebas que se hallaron en el registro de su domicilio en Hendaya cuando fue detenido en 1994 -como un ticket de compra de una tienda de la capital- se supo que incluso había estado en la ciudad como liberado aquella época.

Mientras leía ese informe me acordaba de la conversación que mantuve con él en la cárcel de Vitoria. Cómo me dijo, tranquilamente, que jamás había estado en Madrid, excepto una vez para cambiar de tren camino de Melilla, en donde hizo el servicio militar. Cómo me explicó que no había tenido contacto con ETA durante su huída a Francia y hasta su detención, sólo a través de un tal Juanpi. "No me llegaban ni los zutabes", me confesó entonces.
Pero la Policía Nacional al fin había desmontado todas las afirmaciones del etarra, una a una, con datos fehacientes, en un documento que había llegado después de más de un año de duro trabajo, de esperas interminables, de escritos y de recursos, de alegrías y de decepciones.

Cuando tuve delante este informe, me derrumbé y lloré como nunca antes lo había hecho en mi vida: ahí estaba todo.

(Mañana, parte VI. Todas las preguntas clave sobre el asesinato de mi padre).

El trilingüismo, superado y caduco
Ramón De EspañaCronica Global 27 Agosto 2016

Ya han oído ustedes a la consejera de Enseñanza, Meritxell Ruiz: aprender tres idiomas en la escuela es algo superado y caduco. Considerar superado y caduco algo que nunca se ha puesto en marcha en Cataluña --donde pasamos del monolingüismo en castellano del franquismo al monolingüismo en catalán del pujolismo-- no solo requiere ser muy soberanista, condición indispensable para formar parte del gobierno de Cocomocho, sino también tener una cara de cemento armado. Supongo que la señora Ruiz es de las que creen que al colegio se va a aprender catalán, pues el español ya se te pega viendo Tele 5, y el inglés ya lo aprenderás por tu cuenta con las borrachas británicas del SalouFest. Parafraseando al poeta, “Catalanito que vienes al mundo, te guarde Dios...”.

La Cataluña futurista que se reúne cada verano en Prada de Conflent ya ha decretado que deberemos desaprender el español para ser genuinos catalanes, consiguiendo así algo insólito: ofender a personajes como Reyes y Rufián, para los que la humillación permanente es un elemento fundamental de su discutible carrera política. La consejera y los futuristas coinciden en lo fundamental, pero discrepan en las formas; mientras la primera aduce conceptos seudo-científicos a la hora de rechazar el conocimiento, los segundos defienden sin ambages la burricie patriótica y denuncian el peligro de saber idiomas: a saber qué ideas disolventes se cuelan en Tierra Santa envueltas en una lengua aparentemente inofensiva. ¿Se puede ser más franquista? El Caudillo también intentó cargarse el catalán, y era plenamente consciente de que los idiomas los carga el diablo. Pese a ello, la gente siguió hablando catalán y yo aprendí francés en los Escolapios, aprovechando la incomprensible tolerancia del tirano hacia la lengua del país vecino.

Nuestros fundamentalistas son tontos, pero no tanto, y saben perfectamente que nunca conseguirán eliminar del que consideran su coto privado un idioma hablado por más de 500 millones de personas. Pero hay que hacer como que se intenta para mantener la cara y el sueldo, ya sea desde una consejería o desde esa Cataluña en miniatura que se montan cada año en Prada y que, más que un congreso cultural, recuerda a los experimentos de anti-psiquiatría de los años 60, cuando se soltaba a los orates para que se desahogaran un rato en el campo.

A cualquiera que no esté loco le encantaría que su hijo saliera del colegio hablando perfectamente castellano, catalán e inglés. A cualquiera que no odie al vecino y no cobre por defender lo indefendible, claro.


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