AGLI Recortes de Prensa   Lunes 29 Agosto  2016

Luces y sombras del pacto C's-PP
Lorenzo Abadía Gaceta.es 29 Agosto 2016

De las distintas cuestiones que Ciudadanos ha exigido a Mariano Rajoy para votar a favor de su investidura como presidente del Gobierno de España, podemos resaltar dos bloques: el político y el social.

Respecto a este último, cabe congratularnos por la creación o el refuerzo de partidas presupuestarias destinadas a las personas más desfavorecidas donde destaca el plan social hasta 2020 que incluye un complemento salarial para los sueldos más bajos, la igualación de los permisos de paternidad y la recuperación del gasto por habitante en educación, sanidad y dependencia. Sólo queda preguntar de dónde se pretenden obtener los fondos que lo sufraguen sin incrementar el déficit crónico que arrastramos, cuya respuesta no debería suponer una grave dificultad al partido de Rivera, considerando la existencia de los innumerables gastos superfluos en los que incurre anualmente el Estado español y su sistema autonómico, como son las diputaciones provinciales, las empresas y televisiones públicas, la financiación pública de partidos, patronal y sindicatos, etc., que el PP y el PSOE no han querido nunca eliminar porque habrían tenido que enviar a casa a decenas de miles de personas que colocaron previamente.

Pero vayamos a la causa que ha provocado y mantenido dicho gasto que tanto daño ha hecho a España y muy especialmente a su sociedad civil: lo político.

Ciudadanos mantiene en su programa electoral que garantizará “un órgano de gobierno del Poder judicial independiente y sin partidismos” de lo que se pueden deducir dos claras aserciones; una, que una Justicia independiente es un requisito esencial a la democracia; y dos, que la Justicia no puede ser independiente del poder político si éste interfiere en los nombramientos de las más altas magistraturas de aquella, precisamente las que podrían llegar a conocer de los casos de corrupción política.

Aquí la pregunta que nos hacemos tiene una respuesta para C´s mucho más complicada que en la cuestión social. Pues si se ha llegado a la sabia conclusión de que la incursión de la política en la Justicia es nefasta para la salud democrática de un país, ¿por qué propone mantener un 40% de políticos en el órgano que regula el Poder Judicial, es decir, el CGPJ? De la misma forma que las listas electorales son perniciosas para la democracia y se mantienen con la primera (sistema mixto) y no digamos la última propuesta (conservarlas pero abiertas) del partido de la ciudadanía, como ya apunté en mi artículo del 12 de agosto otro tanto ocurre con el Poder Judicial. No creo que se trate de una solución pragmática con la que avanzar “por el camino de en medio”. Hoy es un momento de exigir programas de máximos que la aritmética parlamentaria ya se encargará desgraciadamente de tamizar. Pero si de su fuente original la propuesta ya llega tamizada, ¿qué quedará de ella cuando se enfrente dialécticamente a un parlamento en el que los escaños populistas no llevan ni siquiera en su programa la independencia del poder judicial ni el principio representativo necesario a toda ley electoral democrática? Lo peor es que en su pecado llevamos los votantes la penitencia.

También hay algo de pacato en la propuesta relacionada con las elecciones municipales. Celebro extraordinariamente la elección directa del alcalde. Es la más acertada de todas las exigencias para cerrar el pacto de investidura porque es la que más adentra en la democracia a nuestro sistema político. Ahora bien, C´s parece no conocer la paradoja de Arrows que demuestra que una elección directa sin doble vuelta permite salir elegido al ganador sin respaldo mayoritario. Y si la elección directa del gobernante es una propuesta tan saludable, ¿por qué no elegir también con ese sistema a los concejales en una votación distinta, es decir, en otra urna? De esa forma muchas personas prestigiosas de la ciudad que gozan de gran popularidad entre sus vecinos podrían salir elegidas sin tener que haberse sometido a una disciplina de partido que en la inmensa mayoría de los casos sólo conduce a perder miserablemente el tiempo durante años antes de ser incluido en unas listas. ¿Por qué prescindir de los sabios consejos y de la experiencia de muchos posibles candidatos al Concejo municipal y limitarlo solamente al candidato a la alcaldía? Por último, si la medida es tan beneficiosa para gobernar un ayuntamiento no sólo en términos de verdadera representación del votante sino también en lo que implica de estabilidad política, ¿por qué no aplicarlo, como venimos muchos defendiendo desde hace años, a la presidencia del gobierno? Nadie podrá negar que las aludidas razones para aplicarlo en el ámbito municipal vienen como anillo al dedo en la situación nacional actual.

Todo aquel que valore mínimamente la libertad y el progreso y que haga descansar en la nación española la garantía de nuestros derechos debe celebrar el esfuerzo de C´s para pactar con el PP de Rajoy, con todos los riesgos que conlleva. A través del mismo, se intenta dar gobierno y estabilidad a España, se procura evitar cualquier contagio populista y además, se fuerza a Rajoy a hacer reformas absolutamente necesarias para el buen funcionamiento de la nación. Por último, el pacto persigue forzar a los barones socialistas a convocar, más pronto o más tarde, como vengo defendiendo, un Comité-Congreso federal para batir a Sánchez y abstenerse en alguna de las sesiones de investidura que han convocado o que se convocarán.

Pero como dijimos en un artículo anterior, ésta era una oportunidad histórica. El PP es un partido nacido por y para la partidocracia, en donde cualquier reforma del sistema afecta directamente a su ADN y al bolsillo de miles de personas que viven de él. Se negará siempre en rotundo a aplicar cualquier tipo de modificación del régimen que afecte a su hábitat natural, la partidocracia, y sólo en circunstancias extraordinarias se prestará a acometerlas. Hoy vivimos esa circunstancia extraordinaria porque Rajoy, que no puede presentarse más veces a la presidencia del partido y del gobierno, con tal de seguir unos años más en el gobierno sacrificará el poder de su sucesor. Poco le importa ya que la partidocracia pierda fuelle porque él se retirará, pero no nos engañemos, los siguientes se mostrarán tan reacios a las reformas políticas como él lo ha sido hasta ahora. Era el momento de haber arrancado un compromiso más profundo con la erradicación del régimen partidocrático español, que se resume en la ley electoral y el poder judicial, amén de implantar el presidencialismo. No se ha llegado al fondo y pasarán probablemente muchos años antes de que nos demos cuenta de que sólo hemos solucionado a medias el problema. Lo cual, puede motivo de satisfacción. Pero sólo a medias…

Pactar por pactar
El proyecto centrista de C’s se enfrenta al riesgo de parecer irrelevante tras negociar dos investiduras fallidas
Ignacio Camacho ABC 29 Agosto 2016

La principal habilidad que Albert Rivera ha mostrado en los nueve meses de bloqueo es sin duda la de darle máxima visibilidad a un resultado de relevancia limitada. Sus negociaciones con el PSOE primero y con el PP después, aunque desarrolladas con diferente talante y un cierto doble rasero, le han otorgado a Ciudadanos un papel protagonista adornado con la virtud del diálogo y han reforzado su vocación de partido de centro capaz de ofrecerse como bisagra a ambos lados del espectro ideológico. Sin embargo, ni en un caso ni en otro su aportación resulta determinante para encontrar una salida al problema de la formación de Gobierno; en realidad, sólo le sirve al propio Rivera como demostración de su capacidad y disposición de llegar a acuerdos. Más allá de eso carece de eficacia y plantea a C’s el problema de aparecer ante la opinión pública como una fuerza con tanta buena actitud como escaso poder de resolución. El peligro de convertirse en una opción testimonial.

La cuestión es que con su actual masa crítica, la organización naranja no puede hacer otra cosa. Rivera saca todo el partido posible a un número insuficiente de escaños pero su colaboración no basta para resolver el atasco. La potente polarización de la política española reduce el reformismo moderado a un rol voluntarista que amenaza su futuro. El fracaso constatado de la investidura de Sánchez y el que pronto va a cosechar Rajoy son para los dos grandes partidos dinásticos el mejor argumento con que llamar al voto útil, a la concentración de la decisión electoral. De hecho así ocurrió en la convocatoria de junio, que lejos de premiar el esfuerzo pactista de C’s provocó un cierto reagrupamiento en torno al PP del sufragio de centro-derecha para frenar la inquietante eclosión de Podemos. El bipartidismo, que tiende a recelar de las opciones intermedias, confía en que un eventual regreso a las urnas acentuará esa tendencia. Ninguno de los candidatos mayoritarios lo dirá abiertamente por precaución ante futuras necesidades, pero sus mensajes de campaña deslizarán la idea de que para frenar al adversario -que es la verdadera razón decisiva del voto- es menester dejarse de experimentos y volver a apostar por lo malo conocido, por el pragmatismo de las viejas certezas.

Estos meses de colapso que parecen abocar a nuevas elecciones dejan esa inquietante conclusión que puede envolver a C’s en una paradoja letal: la de que el celebrado diálogo no conduce a ningún sitio. El partido naranja se enfrenta con su proyecto renovador, ambiguo pero sugestivo, a cuarenta años de costumbre bipartidista que pesan sobre la fragilidad adolescente de su modelo y lo conducen a la antipática condición de prescindible. Rivera se juega esta semana más que el propio Rajoy; quizá no tanto él como la posibilidad de que el centro sea, además de un hermoso ideal, una posición viable y eficiente para hacer política.

El descrédito de los partidos
Los partidos políticos han perdido en gran medida la función de utilidad social que justifica su existencia, pero no ha aparecido nada mejor que los sustituya
Gonzalo López Alba El Confidencial 29 Agosto 2016

¿Quién nos iba a decir en 2008 que de las múltiples crisis que como una ‘matrioska’ traía dentro la Gran Recesión, la que prevalecería ocho años después sería la institucional? Más allá del reguero sin fin de desprestigio de los políticos -consustancialmente pasajero por su condición de individuos-, se ha producido un fenómeno de calado mucho más hondo: el descrédito de los partidos políticos, que en gran medida han perdido su función primordial, la de ser útiles socialmente.

El fenómeno es de la máxima gravedad porque desde que, tras la II Guerra Mundial, los partidos adquirieron sus características actuales, se habían demostrado como los mejores instrumentos para captar la voluntad social, moldearla en su caso, y transformar los anhelos de la mayoría de los ciudadanos en normas de convivencia social, sin que haya aparecido nada mejor que los sustituya, como demuestra la transformación de Podemos.

Hoy, como en 1914, podría escribirse, como hizo José Ortega y Gasset en ‘Vieja y nueva política’: “La España oficial consiste en una especie de partidos fantasma que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación”, como el de Justicia y Fomento. El país continúa su vida real, una vida plagada de problemas que engrosan la cada vez más abultada lista de espera, desde el encaje de Cataluña hasta el desempleo, mientras que los políticos se entretienen con líneas rojas, líneas azules, líneas moradas y líneas naranjas. Y sucede que “toda institución es un mero instrumento que, a fuer de tal, solo puede ser justificado por su eficacia”.

Ocurre, como advirtió Daniel Innerarity en ‘La sociedad invisible’, que “con la erosión del poder estatal, la desregulación y la globalización, los políticos han dejado de ser configuradores del acontecer. Como no quieren reconocerlo, han institucionalizado el teatro político en el que se escenifican como señores de su propia casa. Se escenifica la política para ocultar o hacer más llevadera su pérdida de relevancia”.

Una irrelevancia creciente que ellos mismos se han empecinado en agrandar, porque si el país puede seguir adelante sin Gobierno como ha hecho durante estos ocho meses, ¿para qué queremos Gobierno? Y, si no necesitamos Gobierno, ¿para qué hace falta la oposición? Pero sin Gobierno y sin oposición, es decir, sin posibilidad de alternancia en el poder, no hay democracia.

En la fosa de la irrelevancia de la política han cavado sus protagonistas durante todo el año, pero de forma especialmente grave cuando, con motivo de la fijación de la fecha para el debate de investidura del candidato propuesto por el Rey, no han tenido el menor reparo en visualizar que el Parlamento es un mero brazo ejecutor del Ejecutivo en funciones, y ello precisamente en el momento en que, por las circunstancias políticas y la fragmentación partidista, se dan todas las condiciones para que la Cámara de representantes afiance su autonomía y convierta en realidad que España es una democracia parlamentaria y no presidencialista, como se ha transformado 'de facto'.

Como experimentó Michael Ignatieff durante su etapa como líder político y candidato, “en la nueva política de la campaña permanente, gobernar equivale a hacer campaña”. Y entregados a esa “nueva política”, que no es la prometida por sus abanderados, viven todos nuestros políticos, en un ejercicio de campaña permanente que describe los problemas, incluso los analiza, pero nunca los resuelve. Algunos incluso los crea.

Uno de estos nuevos problemas, hallazgo de este tiempo político, es la constatación de que no solo la mayoría sino también las minorías pueden bloquear la toma de decisiones e incluso el funcionamiento de las instituciones, el sistema. En esta posibilidad no pensaron los padres de la Constitución, pero se tendrá que hacer cuando se afronte su reforma, introduciendo por ejemplo límites temporales a la posibilidad del bloqueo.

Hoy, cien años después, Ortega y Gasset podría volver a escribir: “[La democracia] está viva y coleando en los corazones de los ciudadanos. Donde no goza de tan buena salud es en el lugar que debiera ser el templo de nuestra democracia, la Cámara de los Comunes. No puedo recordar un solo discurso de los últimos cinco años destinado a persuadir”. Yo tampoco. El aviso sobre las consecuencias también lo dejó escrito el filósofo: cuando los ciudadanos caen en la indiferencia, “en vez de conseguir la democracia que se merecen, los votantes terminan pagando el precio de su propia desilusión y solo obtienen la democracia que sus políticos les imponen”.

Cuatro discursos y un funeral
Fran Carrillo El Confidencial 29 Agosto 2016

Era 22 de septiembre de 1854. Un menudo joven, de 22 años, natural de Cádiz, llamado Emilio Castelar, pronunció el primero de su interminable lista de célebres discursos en una reunión del Partido Liberal. Fue en el Teatro de Oriente. Arrancó su intervención provocando a los allí presentes: "Voy a defender las ideas democráticas, si es que deseáis oírlas". Quince años después, iniciaría su andadura en la Cámara Baja planteando valores y principios libres, contra la esclavitud, a favor del sufragio universal o por un entendimiento entre los diferentes territorios de España, incluyendo Ultramar. Sublimó la oratoria como ninguno, adecentando un escaño que honraba su representación. No fue el primero, tampoco sería el último.

La tradición parlamentaria española es fecunda en la composición de piezas retóricas de indudable valor y altura política. En el siglo XIX, era habitual ver en la tribuna de oradores declamar con pasión y precisión a sus señorías en la defensa de temas trascendentales para la nación (reforma agraria, sucesión a la Corona, desamortizaciones eclesiásticas, concepto de Estado, etc.). Esa tradición continuó en la Segunda República, donde los debates eran poderosos en causa y consecuencia. Entre mis favoritos está el que tuvieron, en encendida riña dialéctica, Azaña y Ortega, a cuenta de la aprobación del Estatut de Cataluña. Eran discursos de adjetivo rebuscado y verbo sin control, discursos que llamaban a las cosas por su nombre. Ahí estaban prohibidos los eufemismos y las falacias, esa enfermedad del sofista que también los prohombres de la Transición quisieron evitar. De Fraga a Carrillo, de Garrigues Walker a González, de Suárez a Blas Piñar, todos firmaron un pacto por la palabra en la morada que la hace posible. Porque la verdadera casa de la palabra no es la RAE, sino el Parlamento.

Un discurso de investidura se escribe y concibe como marco de voluntades e intenciones del candidato a ser proclamado presidente. Una declaración a futuro de sus compromisos. Con ello busca la aprobación de la Cámara a su ulterior programa de gobierno. Nuestro sistema permite que haya dos intentos para obtener ese plácet, algo que parece que tampoco en esta ocasión será posible. Ni con 20 intentos habría presidente. En una guerra de egos, ni siquiera hay sitio para el orgullo. Porque esta semana escucharemos en el atril del Congreso un 'remake' de la guerra del Peloponeso. La Liga de Delos, comandada por Sánchez, Iglesias, nacionalistas y demás miembros del club del No, frente a la Liga del Peloponeso, capitaneada por Rivera y sus 32 espartanos que aún confían en el poder persuasivo de sus reformas con el PP. Discursos construidos para excusarse de la inacción o para demostrar la fuerza de un voto mayoritario pero insuficiente. Cuatro discursos para una España en funeral, con el velatorio permanente y el séquito habitual de enterradores.

El discurso de investidura de Mariano Rajoy será lampedusiano, matizado por las obligaciones que Ciudadanos le ha hecho firmar a lo Luca Brasi en 'El padrino'. A la fuerza y por mandato ético. Un sí por el cambio escondía en realidad un sí a través de una obligación de cambiar. Rajoy no es Castelar, aunque define bien su feudo con el sarcasmo a pie de página y la sorna como pluma. Sus discursos son construidos desde el axioma y la metáfora, como en su primera alocución de investidura (diciembre de 2011):

- "Me propongo dedicar toda la capacidad del Gobierno y todas las fuerzas de la nación a detener la sangría del paro".
Es hábil con el florete dialéctico, haciendo esgrima con palabras que solo él puede manejar y pocos logran entender. Sus gestos denotan bondad pero delatan descontrol, desconfianza. Presentará como irrefutables los resultados de diciembre y junio, buscando la piedad socialista o el interés nacionalista, en especial del PNV, al que advertirá de la posible retroalimentación que puede haber cuando en un mes sean los de Urkullu los que necesiten de apoyos.

Al día siguiente veremos subir al estrado de las vergüenzas a Pedro Sánchez, quien ha tenido tiempo entre las costuras de su ausencia y las hamacas mediterráneas para leer y coger fuelle retórico. Embestirá a Rajoy sin tener aún una alternativa sobre el tapiz del Congreso con el que persuadir a la Cámara 'antipepera'. Cortará con el filo de su negativa toda opción de entendimiento que pase por el partido más votado del país.

Lo he escrito y repetido muchas veces. Su sueño de ser presidente se esfumó por precipitación. Su puesto de secretario general del PSOE lo perderá por desapego. Rajoy no es Castelar, (tampoco Cánovas), pero el bueno de Pedro tiene aún menos de Sagasta. Su oratoria se basa en contrastar con anáforas pasado y presente, en una gestualidad vehemente pero descompasada. Hablará en primera persona, en un trasunto de zapaterismo 'demodé' ("quiero expresar", "mi Gobierno será"). Tuvo su oportunidad tras el 20-D. Desde entonces, ni una buena frase, ni una correcta acción.

A Pablo Iglesias se le espera como a esa vieja gloria de la música que ya sabes lo que te va a tocar, pero aun así vas a verlo. Te sabes su repertorio pero aun así lo tarareas. Sabes dónde va a romper el estribillo y es cuando te vienes arriba. ¡Matarile al maricón! le dirá al Congreso. Rompió todo acuerdo de alternativa en febrero por imponer ser el niño en el bautizo y el cura que oficia el entierro. El muerto, eso sí, que se lo coman otros. Ahora envía a Garzón de correveidile para susurrarle a Sánchez que no ceje en su apuesta por ser el 'presidente lasaña'. Pero no hay alternativa sin propuesta. Salvo sorpresa, Iglesias hará un discurso de reproches y circunstancias, alejado de un sentido de Estado que nunca tuvo y casi nadie espera.

Albert Rivera será el último de la oposición en intervenir, pero fue el primero que se posicionó al actuar. Desde febrero hasta aquí, el recorrido transitado es la constatación de que una nueva narrativa y política vienen a ocupar un espacio hasta ahora inexistente. Si alguien tiene dudas de qué es el centro, un equilibrio entre pulsiones encontradas y odios pactados, que se detenga a analizar lo ocurrido en estos meses. Aunque en el país de Caín, dará igual: es más rentable una trinchera que un puente. Unos siguen sin saber qué es el centro, otros no quieren entenderlo y los que están en él parecen no saber explicarlo. Pero existir, existe. Y el discurso de Albert tendrá efluvios de esa Transición que tanto reivindica, cuando Suárez apelaba en su discurso de 1979 a la sociedad española a "superar y remontar los problemas actuales" en la construcción de una unidad común. O tal vez piense en el Felipe González de 1982 que, en tono solemne, expuso "el pueblo ha votado el cambio y nuestra obligación es realizarlo". Veremos.

Releía estos días 'La oratoria parlamentaria', un libro de prosa reposada y lenguaje vetusto de quien fue mi profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Córdoba, José Manuel Cuenca Toribio. Rescaté tres discursos de investidura en diferentes épocas de la contemporaneidad española. Uno del propio Castelar, en su breve mandato como presidente de la I República, otro de Azaña y otro de Suárez. Tres intervenciones en el púlpito de la casa de la palabra, aún no ajada por los nuevos tiempos del 'marketing', que honraron un pasado mientras cincelaban con fruición el futuro de una nación siempre enfadada consigo misma.

Una de esas intervenciones fue del padre de la oratoria moderna parlamentaria con el que principié el artículo. Así terminó su discurso en las Cortes Generales contra la esclavitud, un 20 de junio de 1870:
- "Hijos de este siglo, este siglo os reclama que lo hagáis más grande que el siglo XV, el primero de la historia moderna con sus descubrimientos, y más grande que el siglo XVIII, el último de la historia moderna con sus revoluciones. Levantaos, legisladores españoles, y haced del siglo XIX, vosotros, que podéis poner su cúspide, el siglo de la redención definitiva y total de todos los esclavos. He dicho".

Donde dice 'siglo XIX', ponga el lector siglo XXI. Donde aparece 'todos los esclavos', hagan los políticos lo posible para que se diga "la redención definitiva y total de todas las trincheras y desacuerdos". Solo así tendría sentido la fórmula que el candidato por mandato real eleva a los allí presentes: "Y para llevar a cabo ese proyecto es para lo que solicito la confianza de la Cámara". Sucede que ya nadie confía en quimeras.

El pacto PP-Cs podría salvar al PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 29 Agosto 2016

El Partido Popular y Ciudadanos han dado a conocer este domingo el documento 150 compromisos para mejorar España, que contiene las medidas que el primero se ha comprometido a aplicar a cambio de que los diputados del segundo voten por Mariano Rajoy en la sesión de investidura de los próximos días 30 y 31.

Desde un punto de vista liberal, lo suscrito no es de ninguna de las maneras la panacea, y de hecho representa un nuevo motivo de frustración para quienes sostienen que el país necesita un cambio de rumbo que le aparte de la derrota socialdemócrata, gran responsable de buena parte de los problemas de mayor calado que tiene planteados la sociedad española, en la que urge una revolución de las mentalidades que socave el tremendo influjo que ejerce en ella el asistencialismo estatista en cualquiera de sus modalidades.

España está dejando pasar una oportunidad extraordinaria para predicar las ideas de libertad con el ejemplo de unas políticas menos intervencionistas y mucho más ligadas a los individuos y las instituciones que conforman la sociedad civil. Lejos de ello, los grandes partidos siguen apostando por el intervencionismo a gran escala y en todos los ámbitos. Verdaderamente desalentador.

Por otro lado, y de vuelta a la cruda y posibilista realidad, se trata de un documento que puede perfectamente poner fin a todos estos meses de bloqueo institucional y sentar las bases no ya del próximo Gobierno, sino de una oposición digna de tal nombre, que ejerza una exhaustiva labor fiscalizadora sin vivaquear en las sórdidas trincheras del populismo antisistema.

Y es que esos 150 compromisos para mejorar España son fruto de un acuerdo entre dos formaciones socialdemócratas como PP y Cs que, en buena medida, y como ha apuntado Albert Rivera, podría suscribir igualmente el PSOE. ¿Que prefiere no hacerlo? Está en su perfecto derecho. Es más, podría hacer un gran favor al sistema si lo hiciera con altura de miras y sentido de Estado; es decir, ejerciendo como líder de la oposición y no confundido entre formaciones profundamente liberticidas que no tienen en mente mejorar el sistema sino dinamitarlo.

Vistas así las cosas, esto es, como un acuerdo entre dos incardinado en un marco que comparten tres formaciones que suman más de dos tercios de los votos, se antoja menos problemática la abstención para un PSOE que sigue siendo imprescindible y al que se le abre una vía alternativa al previsible suicidio que le supondría tanto un sí como un no a un nuevo Gobierno del PP.

Predicar en el desierto
Amando de Miguel Libertad Digital 29 Agosto 2016

Uno de mis corresponsales más asiduos, Juan J. Carballal, me comunica que deberíamos establecer la OPD, o sea, la Orden de Predicadores en el Desierto. El desierto no es donde se acumula mucha arena, sino donde no se ve a nadie escuchándote. Esa es la soledad de los estagiritas.

En efecto, da la triste impresión de que todas estas prédicas que soltamos aquí (o en otros medios) los comentaristas nada interesan a los que mandan. Seguramente, esos señores solo leen lo que previamente les ha seleccionado su gabinete de prensa. En cuyo caso solo permanecen las piezas turiferarias. Desde luego, las mías no pertenecen a tal vergonzante género. Como es mi obligación, he criticado a todos los Gobiernos que en España han sido, desde el del almirante Carrero al del registrador Rajoy, según sus respectivos merecimientos. Así me ha ido. He dado mi opinión libérrima sobre los más diversos asuntos públicos de mi país. El riesgo ha sido que en su día me tildaran de "rojo" y hoy de "facha". Tiene su mérito, pues nunca fui ni una cosa ni otra, que en esencia vienen a ser la misma.

Nunca me tentó el negocio del poder, aunque sí el de la (modesta) influencia. Ahí viene la frustración. Mis análisis no han servido para nada. Menos mal que me queda un gran consuelo: el apoyo de mis corresponsales espontáneos, que me proveen de ideas y me ayudan a matizar las mías. Aunque el mayor alivio es el de tantos compatriotas anónimos que me paran en la calle para asegurar: "Eso que dice usted (en el medio que sea) es lo que yo también pienso". Me congratula no ser original.

Cuidado que es sencillo mi argumento principal y cansino. La salud colectiva depende poco de lo que diga (e incluso de lo que haga) el Gobierno, este o estotro. Lo mejor que puede hacer es gastar mucho menos dinero del erario, que siempre es el de todos. "Que si quieres arroz, Catalina". Un ejemplo actual. Todos los acuerdos que firman los políticos para formar Gobierno suponen más gasto público y más impuestos. Así que es mejor que no acuerden nada, que se marchen a su casa y que los asuntos de Gobierno los lleve a cabo una gestora con políticos independientes y honrados. Haylos.

Desde Fernando VII (los más pesimistas dirían desde Witiza) nunca se ha visto una camada política más inoperante que la que hemos padecido en el último año. Apoltronada se halla en los escaños del Congreso, cobrando sin trabajar. Les queda solo una oportunidad para ser un poco dignos: votar en conciencia durante el debate de investidura. Lo escribo desde lo alto de mi columna, por si algún politicastro supiera leer. No me hago muchas ilusiones. Lo más probable es que cada diputado vote estrictamente según lo que le señale el cómitre del partido. ¿No es eso lo del "mandato imperativo" que prohíbe la Constitución?

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

La prima de riesgo de Ciudadanos
El riesgo de padecer un segundo derrame en las urnas, esta vez por el lado progresista, remite a algo más que una mera hipótesis de trabajo.
José García Domínguez Libertad Digital 29 Agosto 2016

Que el Día de la Marmota se haya institucionalizado un 30 de agosto, con las audiencias televisivas ocupadas en hacer las maletas a toda prisa para volver al tajo, constituye la prueba más evidente de que el postulante Rajoy resulta ser el primero que no se toma ni medio en serio lo de la investidura. Porque si hay una obsesión que compartan los bregados tahúres profesionales de la vieja política y esos recién llegados, los meritorios aficionados al póker de la que se dice nueva, es la casi patológica fijación por el impacto mediático de cada uno de sus movimientos escénicos. En eso nada distingue a los viejos de los nuevos. Unos y otros, todos, se agitan pendientes del último canutazo como si en ello les fuese la vida misma. Para esa gente, el share de una aparición en El Hormiguero es más importante, pero mucho más, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención de Ginebra y el Tratado de Roma juntos. Me ven en la tele, luego existo. He ahí el nada cartesiano imperativo por el que se rigen sin excepción.

Por eso, si Rajoy ha elegido con sumo cuidado las dos jornadas llamadas a acumular las menores audiencias televisivas del año es porque da por descontada a priori la inanidad del empeño. Aunque él se lo puede permitir. A fin de cuentas, Rajoy encarna el exponente último de una élite funcionarial que lleva gobernando España desde hace más de dos siglos largos con apenas algún paréntesis testimonial. No es que ellos controlen el Estado, es que ellos son el Estado. Caso bien distinto al de Ciudadanos, sigla instrumental a la que se aferraron todos esos votantes jóvenes que tuvieron la fortuna de no perder su plaza en el ascensor social cuando estalló la Segunda Gran Depresión, allá por 2008. Al cabo, la genuina diferencia entre la clientela de Podemos y la de Ciudadanos es haber encontrado un hueco o no en la cabina de ese ascensor antes de que las puertas se cerrasen por espacio de una generación, quizá más aún. Y es precisamente ese rasgo común, el de clavo ardiendo instrumental, lo que hipoteca el devenir de los emergentes, tanto el de Ciudadanos como el de Podemos.

Porque no existe, claro que no, la nueva política, simple humo de gabinetes de comunicación, pero lo que sí existe es una muy real fractura generacional en las bases sociológicas de izquierda y derecha. De ahí que Ciudadanos se vea obligado a conciliar el difícil equilibrio entre la vocación de partido del establishment con una muy medida gestualidad iconoclasta que no lo distancie de esa irritación generacional, que constituye su principal granero de votos. Al respecto, la sangría de apoyos que sufrió en junio procedía, es evidente, de su flanco derecho. Esas fugas fueron el precio de la frustrada entente con el PSOE. Pero es que un nuevo matrimonio de conveniencia frustrado, el de ahora mismo con los liberal-conservadores, tampoco saldrá gratis. El riesgo de padecer un segundo derrame en las urnas, esta vez por el lado progresista, remite a algo más que una mera hipótesis de trabajo. Por no hablar, claro, de lo que va a pasar en cuanto el PSOE anuncie el veto personal a Rajoy como precio de su abstención. Algo, el jaque mate al gallego, que los viejos tahúres de la política vieja ven venir de lejos. Pero de muy lejos.

C's y PP pactan al dictado de las elites
Alejandro Inurrieta www.vozpopuli.com 29 Agosto 2016

La escenificación del pacto de investidura entre PP y C,s solo tiene una definición: una farsa más entre grupos políticos que representan a las elites empresariales cuyo anhelo de cambio es nulo. Después del enrevesado resultado electoral, fruto del hartazgo social, pero también de la ingenuidad del consumidor político, parecía que la única solución política y económica plausible era la gran coalición: PP y PSOE, como se apresuraron a declarar los portavoces de la supuesta progresía española: Felipe González y el Grupo Prisa, con su autoritario presidente a la cabeza. Pero parece, hasta el día de hoy, que esa solución puede fracasar por el empeño de la dirección federal del PSOE, capitaneada por el débil y mediocre Pedro Sánchez, aunque no está claro si le obedecerán el día de autos los diputados/as con brazo de madera que tiene en su grupo parlamentario. Es conocido que hay otros sectores del partido, algunos barones y baronesas que en su afán de derribar al que ellos mismos auparon, podrían torcer la voluntad del Comité Federal en aras de la fatídica frase del interés general.

Esta parece ser la única incertidumbre cuando el candidato Rajoy se enfrente por fin, después de manipular convenientemente la fecha de la función con el monigote político que ha colocado al frente de la cámara, a la sesión de investidura. En ella, y salvo sorpresas, contará con los votos a favor de Ciudadanos, el partido instrumental de las elites financieras y económicas, y el apéndice de Coalición Canaria que sumarán 169 votos, insuficientes para la mayoría absoluta necesaria en primera votación, pero también en segunda si todos los actores cumplen con el guion, es decir seguiría teniendo más votos en contra que a favor. A partir de ahí, se abren nuevas expectativas, aunque todo parece indicado que nos llevará a nuevas elecciones.

Después de manipular la fecha de investidura, podríamos volver a votar en Navidad. Esta presión parece que ha sido determinante, eso dicen ellos, para que Ciudadanos haya girado toda su estrategia que ha ido desde el no rotundo, por motivos de corrupción, pasando por una abstención técnica, curioso vocablo, hasta el sí entregado previa redefinición del concepto de corrupción, para indultar a toda la trama de prevaricadores, malversadores de dinero público, defraudadores fiscales y otros malhechores de cuello blanco que ahora no tocaba penalizar. Por tanto, el primer precio de este intento de investidura, amparada y validada por la gran patronal y las grandes multinacionales es que la corrupción quede indultada, algo que el órgano ejecutor, la judicatura, ya habrá tomado nota para ir incorporando a las sentencias esta amnistía encubierta diseñada por el camarada Rivera. De hecho, ya están empezando a oírse voces de nulidad en el primer gran juicio de este otoño caliente: GÜRTEL.

La traición de Rivera
Rivera ha tenido que traicionar su guion establecido para pasarse al sí obediente. Una vez superado el escollo de las famosas seis condiciones que prácticamente ya nadie recuerda, porque han sido laminadas o eliminadas del pacto de las elites que firmarán presumiblemente esta semana los equipos negociadores, con Rajoy y Rivera a la cabeza. Ya nadie habla de disolver las Diputaciones, que sí iba en el pacto del PSOE con Ciudadanos, del cierra del Senado, del contrato único o de la despolitización de la justicia. Todo ha quedado en agua de borrajas para que nada cambie, la verdadera obsesión de las elites a la hora de financiar y alzar a Ciudadanos como elemento de contrapeso a la pujanza que tenía Podemos, antes de que descubriese su propia trastienda, lo cual es absolutamente desolador.

Una vez contabilizados los pelos que se ha dejado Ciudadanos, el PP puede vender que ha logrado imponer su principal arma: lo que diga Bruselas, por lo que todos los intentos, tan falsos como inútiles, de Ciudadanos de vender la idea que le preocupa la pobreza infantil, los salarios bajos, o el desempleo estructural, se quedarán en nada porque la cuantía del pacto, unos 29.000 millones de euros a medio plazo, serán imposibles de implementar. La idea del complemento salarial, vía IRPF es simplemente una subvención encubierta al salario que claramente incentiva el pago en negro o la reducción ex ante de las bases de cotización, complementándolo con el IRPF, que presumiblemente no cotizará, por lo que la Seguridad Social seguirá huérfana de ingresos. La revisión de la amnistía fiscal es simplemente una broma, ya que no cabe la retroactividad fiscal en este caso. Los expedientes cerrados serán difícilmente abiertos de nuevo, por lo que los grandes amigos de Montoro y compañía seguirán disfrutando de bienes y posesiones, tras pagar un magro 3%, de forma irreversible, eso sí hasta la próxima amnistía fiscal.

Pacto económico
El pacto económico se cuantifica en 29.000 millones de euros que será rechazado por Bruselas. También hay un compromiso vago e ilusorio de recuperar el gasto por habitante en sanidad, educación y dependencia, algo que por convicción ideológica nunca hará el PP, máxime cuando estamos cerca de abrir la caja de la Seguridad Social para entregarla poco a poco a los fondos privados de pensiones, ante la inminencia de la quiebra técnica del sistema, por falta de ingresos.

Dejo para el final la supuesta despolitización de la justicia, mediante la elección de 12 de los 20 miembros del CGPJ por parte de los gremios judiciales. Pensar que esto ayuda a despolitizar la justicia es tan falso, como ingenuo. Ahora los partidos eligen dichos miembros de las Asociaciones de jueces, cuya ideología está bien definida: la derecha copa la Asociación Profesional de la Magistratura y la Francisco de Vitoria, y la izquierda o similares, Jueces para la Democracia. Por tanto, y en función de las mayorías y minorías, este esquema se repetirá cuando sean ellas las que seleccionen dichos miembros. Porque la verdadera selección ideológica se gesta en los métodos de acceso a la judicatura, y en general al resto de la elite administrativa y judicial del país. Como bien dice el excelso Paco Marhuenda, “a la derecha le gusta las oposiciones”. Dixit. Es decir, solo una parte de la sociedad, en su gran mayoría la clase dominante, tiene acceso a la judicatura, precisamente para defender los intereses de clase, como se puede observar en la rémora para juzgar y condenar a los grandes corruptos de clase alta, frente a las prisas por hacerlo para los delitos menores.

La justicia seguirá politizada porque el acceso ya encubre una pertenencia de clase. En resumen, la ópera bufa a la que hemos asistido en los últimos días solo demuestra que el sistema político español está muerto y apesta. Las grandes elites controlan absolutamente todos los resortes económicos, lo que deja sin margen de maniobra, con la ayuda de Bruselas, a ninguna fuerza política para implantar otra política económica. Esto se ha dejado notar en que las pensiones, el desempleo de larga duración, la dependencia, la mala calidad de la educación y el deterioro de la sanidad o la falta de demanda efectiva, ya no son objeto de debate. Ahora lo que prima es la definición de la corrupción y quien la va a juzgar, porque esto también interesa a las elites, una vez han desmantelado el país, han podido regularizar el dinero opaco y les han dejado una legislación laboral que se acerca a la esclavitud. Ahora tendrán que convencer al PSOE de Pedro Sánchez. A ver que ofrecen.

El pacto del paripé o el paripé del pacto
José Miguel Villarroya Cronica Global 29 Agosto 2016

Hemos asistido estos días a diversas reuniones entre PP y C's para conformar un pacto que no se sabe bien para qué sirve, entre otras cosas porque la investidura, salvo sorpresa mayúscula de última hora, y todo parece indicar que no será así, no va a prosperar. Las reuniones sólo han servido para conformar un tremendo paripé que haga pensar a la ciudadanía que se está intentando formar gobierno y, al mismo tiempo, y este es el objetivo claro de los dos partidos, presionar mucho más al PSOE para que se abstenga.

Más allá de este objetivo, el pacto ha servido para demostrar de forma fehaciente que C's ha llegado a la política española para limpiarle la cara al PP, ya lo intentó en febrero y ahora lo demuestra mucho más. Su ideario, que algunos definen como marxista --de Groucho, claro-- ha quedado desfasado, no es tan elaborado, queda reducido a la frase que machaconamente repetía un personaje de Germania, obra teatral de Heiner Müller, "soy el rey de Prusia y toco la flauta", y así Albert Rivera nos repite a cada minuto "soy un político reformista y toco la flauta". No hay más ideario.

Su tan cacareada lucha contra la corrupción ha quedado reducida a dos frases mal contadas, por las que pueden escaparse prácticamente todos los corruptos del país, en especial los del PP. Y de sus reformas administrativas, tres cuartos de lo mismo. Todo ello explicado en rueda de prensa por José Manuel Villegas, quien parecía la versión cutre de Antonio Ozores, por su claridad de exposición por supuesto.

Sin embargo, sí hay una cosa donde se mantienen firmes: en su política económica. Y aquí aún hemos de agradecer al PP que no hayan convertido la legislación laboral en simple esclavitud, porque la flauta que toca Rivera, ya sabemos quién la paga.

En fin, los ciudadanos hemos asistido atónitos a un gran paripé, que es lo que es este pacto, mientras nos amenazan a todos, y más en concreto al PSOE, con unas elecciones en Navidad. Quién sabe, igual el ángel de Qué bello es vivir nos regala unos políticos serios y un gobierno decente; y, si no, siempre quedará "soy un político reformista y toco la flauta", que ya se sabe por España y los españoles y en España hay mucho español y muy español. Feliz Navidad.

De la Guerra de Sucesión a la Guerra Civil
Francesc Moreno Cronica Global 29 Agosto 2016

El pasado 22 de abril coincidí con Agustí Alcoberro, historiador y dirigente de la ANC, en el programa de TVE 'El debate de La 1'. En un momento de la tertulia, al denunciar la manipulación histórica de convertir la Guerra de Sucesión en Guerra de Secesión, señalé que en algunos ambientes universitarios ya se calificaba la Guerra Civil española como una guerra de España contra Cataluña. La respuesta fue negar enfáticamente veracidad a mis afirmaciones. Incluso algunos conocidos me echaron en cara que había exagerado, por no decir mentido, al hacer esa afirmación. Este verano, el eurodiputado Ramon Tremosa no se ha andado por las ramas y ha dicho que la Guerra Civil “fue y es una guerra contra Cataluña”.

Valga el ejemplo como una muestra, entre muchas, de la obsesión de los nacionalistas por reescribir la historia a su gusto. Reescribir la historia exige el control de la escuela y su conversión en centros de adoctrinamiento y de creación de “conciencia nacional”. Es este un objetivo que nadie parece discutir a los nacionalistas que utilizan la enseñanza como centro de formación de “nacionales” utilizando, además de la historia y la geografía, la lengua como forma de cohesión y de acelerar el proceso de ingeniería social que busca homogeneizar la población catalana bajo las pautas nacionalistas. El control del sistema de comunicación es el otro elemento imprescindible para la creación de la identidad nacional. Nada que no hayan hecho otros nacionalismos.

No hay nada tan previsible y repetitivo como el modus operandi del nacionalismo. Lo sorprendente es la permisividad y pasividad del Estado ante esta situación.

Por eso me ha parecido relevante el “paquete catalán” que ha presentado Ciudadanos como condiciones para dar el sí a la investidura de Rajoy. En especial algo que parece tan elemental como exigir que se cumplan las sentencias o que en la escuela se tienda al trilingüismo. Es este un punto nuclear de la estrategia independentista y sus compañeros de viaje. Por eso es también un punto irrenunciable del Estado, pero sobre todo de los catalanes que no queremos educar a nuestros hijos en un monolingüismo castrador y negado de oportunidades. Es un derecho irrenunciable de los que tienen el castellano como lengua materna pero también para quienes, como yo, tenemos el catalán como lengua materna y denunciamos su marginación y persecución por el franquismo, pero no queremos a nuestros hijos privados de una lengua que también es nuestra y que permite ensanchar las oportunidades laborales y vitales de nuestros hijos. Por eso me permito invitarles al acto que SCC organiza el día 8 de septiembre en el paraninfo de la Universidad de Barcelona en defensa del bilingüismo y que contará, entre otros, con la presencia de Eduardo Mendoza.

Es muy significativo que ni en las encuestas del CEO ni en las del CIS se pregunte nunca sobre las preferencias de los catalanes en relación con la lengua en la escuela. La única encuesta que conozco, encargada por SCC a una empresa independiente, dio un resultado abrumador: en torno al 70% preferían una escuela bilingüe o trilingue a una escuela monolingüe (tres horas de castellano como idioma “extranjero” es una burla a los derechos humanos más elementales).

El tema de la utilización de la escuela como vehículo de “formación nacional” es trascendental para el presente y el futuro. Uno de los problemas del nacionalismo catalán es la falta de homogeneidad de los ciudadanos de Cataluña. El uso intensivo de la escuela para estos fines espurios es nuclear en la estrategia nacionalista y debe ser combatido con determinación. Quizás el mayor error de la conversión del nacionalismo en separatismo es que se han querido quemar etapas sin que el trabajo de homogeneización social diseñado por el pujolismo haya dado todos sus frutos. La pregunta es si debemos permitir, impasibles, que todo siga igual, a la espera de que algún día la ingeniería social nacionalista haya alcanzado sus objetivos. Por eso es trascendente la propuesta de Ciudadanos. Al nacionalismo no se le vence con cesiones y paños calientes. Hay que combatirlo democráticamente pero sin complejos. Y trabajar por una escuela neutral --que no eduque en la tergiversación de la historia y no permita transformar la Guerra Civil en una guerra contra Cataluña-- y trilingüe --para hacer de nuestros hijos ciudadanos competitivos en un mundo global--, además de ser un derecho de los castellanoparlantes, es un objetivo absolutamente prioritario.

Libertad en conserva
Juan Pina www.vozpopuli.com 29 Agosto 2016

Cuánto daño hace a la causa de la libertad económica su ostentación por quienes la unen torticeramente a la más rancia no-libertad en lo no-económico. Al mezclar interesadamente churras y merinas, se provoca en millones de personas un fuerte rechazo automático a la libertad económica: ni siquiera la consideran, ya que la creen relacionada con las demás posiciones de los mismos proponentes: tradicionalismo, etnocentrismo, exaltación de la nación (la que sea) y de su vertebración estatal, jerarquías sociales poco flexibles, moralismo de base mística, etcétera. El mundo contemporáneo ha liberado a los individuos —en los países occidentales y en muchos otros— de los opresivos corsés sociales y culturales que eran hegemónicos hace pocas generaciones. Sin embargo, la correlación espuria entre liberalismo económico y conservadurismo social, moral y cultural sigue lastrando al primero, secuestrado consciente y deliberadamente por los representantes del segundo, que lo parasitan e instrumentalizan sin rubor. Y por si fuera poco, promueven en realidad un liberalismo económico bastante descafeinado, subordinado siempre a su obsesión por el orden y a su adicción a un Estado fuerte que lo imponga. A quienes queremos mucha más libertad en todos los terrenos, se nos pide oro por baratijas: a cambio de una pizca menos de impuestos o de cuatro migajas de libertad de empresa, debemos tragar con que se impulse y blinde los valores conservadores vía Estado. Los conservadores protestan con nosotros cuando de impuestos se trata, pero no le hacen ascos al Estado cuando les ofrece imponer tradiciones, cerrar fronteras, aupar una fe frente a otras, etcétera.

Tanto en nuestro continente como al otro lado del Atlántico, la situación ya es de divorcio general e irreversible en el muy mal llamado “centroderecha” —un término nada inocente que favorece a los conservadores—. Hace ya un par de años, el politólogo estadounidense Grant Babcock analizó el problema en un artículo muy influyente. “La alianza entre conservadores y libertarios se llama fusionismo, y debe concluir”, escribe Babcock, y prácticamente no hay libertario en el mundo que no comparta esa necesidad. Unos párrafos más adelante se pregunta cómo pueden conciliar los conservadores su pasión por los valores tradicionales con su supuesto apoyo al capitalismo, cuando es obvio que éste suele socavar las tradiciones y transformar la sociedad. “Los liberales clásicos de la Ilustración lucharon por la libertad de movimientos, tanto de bienes como de personas, promoviendo un futuro de paz y comercio y de armonía entre gentes de diversos orígenes; y no es casual que el retroceso provocado por el romanticismo anti-ilustrado haya coincidido con el auge del Estado-nación”, afirma. Babcock considera ya insostenible la amalgama de las posiciones libertarias con las conservadoras. La sociedad y la política estadounidenses le están dando la razón. Los millenials y los sectores más dinámicos de la sociedad norteamericana ya no quieren ni oír hablar del conservadurismo aunque no sean de izquierdas, ni creen que la alternativa al socialismo deba ser necesariamente conservadora. Están descubriendo el libertarismo y muchos de ellos lo están abrazando, y el fenómeno va a continuar en las siguientes décadas. El conservadurismo está acabado porque, como su alter ego, la socialdemocracia, es centralizador y por tanto incompatible con la red social distribuida y con el orden espontáneo que emanan de la tecnología actual y de la cultura que de ella se deriva.

Como explica Nick Gillespie en la revista Reason, “la alianza entre libertarios y conservadores siempre ha tenido profundos problemas en materia de religión, política exterior o estilos de vida. La revista Reason (fundada en 1968) y el Partido Libertario (en 1971) han tenido que confrontarse una y otra vez con los conservadores en los temas morales”. Los libertarios somos, entre otras cosas, los herederos más directos del liberalismo clásico ilustrado, pero no nos quedamos ahí. Vamos mucho más allá incorporando, por ejemplo, ideas de pensadores como Murray Rothbard, enseñanzas como las de la Escuela Austriaca en materia económica o planteamientos filosóficos como los de Ayn Rand, etcétera. No es nada nuevo señalar que la mayor parte del marco programático de los libertarios es directamente incompatible con las posiciones conservadoras. Incluso lo es el liberalismo clásico si se mantiene fiel a sí mismo: ya el Nobel de Economía Friedrich A. von Hayek escribió un maravilloso alegato titulado Por qué no soy conservador, en el que expuso certeramente la imposibilidad de conciliar las ideas de la libertad con el pensamiento conservador.

La eclosión mundial de un movimiento tan exitoso como Students for Liberty, junto a la rápida proliferación de nuevos partidos libertarios en todo el mundo, son indicadores de un cambio de tendencia que tuvo su primera expresión visible hace ya unos años, con el auge del movimiento liderado por Ron Paul, pero que no puede quedarse ahí. En los Estados Unidos debe hacer añicos el bipartidismo y darle el sorpasso a los republicanos para consolidarse a largo plazo como la alternativa frontal a la socialdemocracia del Partido Demócrata. En el resto del mundo, debemos seguir esa misma estela y contribuir al desmontaje sensato y gradual del hiperestado socialdemócrata, pero sin pagar jamás el precio de instaurar, en cambio, un hiperestado conservador. Se puede alcanzar acuerdos puntuales con la “derecha” y con la “izquierda”, y con ambas a la vez sobre materias distintas, pero no debemos permitir que se nos perciba como parte integrante de uno de esos dos grandes campos de ayer. Estamos fuera de la escala convencional izquierda-derecha. Para que se nos represente cabalmente en una gráfica necesitamos como mínimo una cuadrícula, por ejemplo el famoso mapa de Nolan, y ahí sí se nos ve en nuestro espacio: claramente alejados y equidistantes de los colectivismos moderados de uno y otro signo, y en las antípodas de ambos totalitarismos. Necesitamos, como apunta Grant Babcock, zafarnos del abrazo del oso, superar el fusionismo y desentrelazarnos nítidamente del conservadurismo para combatirlo con la misma fuerza que combatimos el socialismo, ya que son dos caras de la misma moneda colectivista y estatista. La libertad en conserva ha caducado, la libertad fresca es la propuesta libertaria.

Ante la desidia del Gobierno de Rajoy
VOX apoya a la Guardia Civil tras los insultos de las 'marcas políticas de ETA'
La formación liderada por Santiago Abascal muestra su apoyo a la benemérita durante la celebración del llamado “Día de la huida”, acto organizado por colectivos abertzales con el objetivo de caricaturizar a los agentes y a la institución, y exigir su salida de Navarra.
Gaceta.es 29 Agosto 2016

El candidato de VOX por Álava en las próximas elecciones autonómicas vascas, Santiago Abascal Escuza, ha acudido junto a su hijo y sus nietos, el presidente de VOX Santiago Abascal, el también candidato Miguel Urrechu y el vicesecretario de VOX Víctor González, a la localidad navarra de Alsasua para mostrar su apoyo y el de toda la formación a los agentes de la Guardia Civil. Lo han hecho el mismo día que la Guardia Civil está sufriendo el acoso de cientos de simpatizantes de las marcas políticas de ETA en el llamado “Día de la huida”, acto celebrado en los últimos años y permitido por el Gobierno y la Fiscalía.

Santiago Abascal Escuza ha mostrado su aprecio a los agentes de la benemérita: “Hoy estoy aquí gracias a la Guardia Civil. Los mismos que están aquí celebrando una ignominia contra la benemérita son los que han amenazado durante años a los ciudadanos vascos que defendemos la libertad y la españolidad de nuestra tierra” y ha añadido “es un honor haber podido estar un rato con personas de una naturaleza tan valiente y trabajadora. Todos los españoles podemos sentirnos enormemente orgullos de ellos”.

Abascal Escuza ha denunciado que si un acto de este tipo se celebran es porque el Gobierno lo permite: “El problema no es que las marcas políticas de ETA realicen estos actos, lo que verdaderamente nos duele es que el PP no haya cumplido con su promesa de ilegalizar estos partidos e impida que se hagan estos actos tan bochornosos”.

VOX anunció el pasado 23 de agosto candidatura para las elecciones vascas del próximo 25 de septiembre. Santiago Abascal Escuza, su cabeza de lista, es exdiputado nacional del PP e histórico concejal de Amurrio, referente de la lucha contra el terrorismo de ETA y el secesionismo vasco desde el inicio de la democracia. El equipo de la candidatura adelantó las que serán sus principales defensas durante la campaña: el cierre del Parlamento vasco —con la consiguiente devolución de competencias al Estado y a las diputaciones—, la ilegalización de las marcas políticas de ETA, la defensa de la memoria de las víctimas del terrorismo, la reducción del gasto político y el fin de la extorsión fiscal a los ciudadanos.

Santiago Abascal Escuza, cabeza de lista por VOX en Álava:
‘A los que hablamos nos tachan de extrema derecha, y los que matan son héroes’
El histórico dirigente vasco no entiende que “la segunda preocupación de los españoles sea la corrupción, pero sigan votando a los partidos más corruptos”, y le reconcome que en este “país falten valores, y el hablar de patria, de familia y de responsabilidad no esté de moda”.
Rosalina Moreno Gaceta.es 29 Agosto 2016

Santiago Abascal Escuza se marchó del PP en 2015 e ingresó en VOX porque “las políticas llevadas a cabo por Mariano Rajoy suponían un incumplimiento de su programa electoral” y un “alejamiento de las ideas” que siempre ha defendido.

Dice que “la responsabilidad y el amor a España” le han llevado a encabezar VOX por Álava, y que defenderá "el cierre del Parlamento Vasco y la consiguiente devolución de competencias al Estado y a las diputaciones", así como "la ilegalización de las marcas políticas de ETA, la defensa de la memoria de las víctimas del terrorismo, la reducción del gasto político y el fin de la extorsión fiscal a los ciudadanos".

Pide a los alaveses "que no se resignan a la realidad que quieren imponernos y que actúen el próximo 25 de septiembre".

-¿Qué le ha llevado a dar este paso al frente?
-No contemplaba darlo, porque más allá de colaboración y de ir en las listas de relleno verdaderamente no pensaba pasar de ahí, pero la responsabilidad y el amor a España me llevan a esto. Teníamos ya la lista hecha, pero no querían encabezar. Entonces me dije que antes de que esto se quedara sin hacer iba yo. Me sacrificaré y haré un nuevo servicio a la patria por mediación de VOX, que es por lo que verdaderamente me encuentro representado en estos momentos.

-¿Y qué ofrece VOX?
-Vamos a hacer una campaña en positivo. Nos dejaremos de descalificaciones, de insultos, y de salidas de tono. Los ciudadanos están hartos de todo lo que está pasando a lo largo de este tiempo. Es una auténtica vergüenza lo que está ocurriendo: No hay patriotismo, no hay responsabilidad, y nos encontramos después de muchos meses sin Gobierno. Y esto es lo que me anima a decir ‘vamos a representar algo diferente, que nadie lo va a hacer’, además, en el Parlamento vasco, como es la propia suspensión de la Cámara vasca, y la devolución de las competencias al Estado. Queremos que los españoles seamos igualitarios. La igualdad, ante todo. Y consideramos que hay ciertas cosas, como la Justicia y la Sanidad, que tienen que volver al Gobierno de España, y especialmente la Educación.

Está claro que no podemos seguir gastando de la forma que lo estamos haciendo. Hay que ser mucho más moderados, y no decir ‘bueno, no llegan los presupuestos’ y lo único que se nos ocurra sea subir los impuestos a los ciudadanos. Lo que hay que hacer es reducir los gastos innecesarios para que haya una verdadera inversión en lo que verdaderamente necesita el ciudadano, como repito es la Educación, la Sanidad y la ayuda a los empresarios para que den trabajo a estos miles y miles de jóvenes que se están marchando de España. Jóvenes muy preparados que se quedarían muy a gusto en su propia tierra, y que, sin embargo, se ven obligados a salir por esa falta de perspectivas. Y para eso hay que ahorrar y no gastar.

-¿Y qué más defenderán?
-Nuestra colaboración con las víctimas del terrorismo y su defensa. Y muchísimo más en este momento, en el que parece ser que quieren hacer un revuelto absolutamente de todo y nos quieren hacer olvidar lo que ha pasado a lo largo de estos 50 años. Ese reconocimiento a las víctimas del terrorismo es imprescindible. No valen homenajes falsarios. Hay que hacer las cosas de verdad, y ayudarlas como se merecen. También lucharemos por la unidad de la nación española, y en eso en VOX vamos a ser los primeros

-¿Van a ser beligerantes por la defensa de la nación española?
-Totalmente beligerantes. No podemos seguir con lo que está pasando en España en estos últimos años, que no quieren cumplir la ley, y no se cumple. Lo que está ocurriendo en Cataluña es un escándalo. A cualquier ciudadano con una simple multa de tráfico le pueden hasta intervenir su cuenta de ahorro, y resulta que los que mandan no cumplen la ley. Es una auténtica vergüenza. Y esto no puede seguir, como tampoco podemos admitir que en el País Vasco quieran hablar de un posible referéndum para la secesión... Al final lo que quieren es la separación del resto de España, y eso nos puede llevar a la ruina total en muchos aspectos. No sólo en el económico, sino en enfrentamientos entre los propios ciudadanos. Eso, desde luego, hay que evitarlo.

-UPyD también ofrecía una alternativa constitucionalista en el País Vasco, pero al final no se presentará. ¿Ofrece a los simpatizantes de ese partido la posibilidad de representarlos?
-Me preocupa lo que le ha pasado a UPyD, y sí, aprovecho para trasladar a sus votantes que nosotros estamos aquí y que defendemos parte de las cosas que ellos dicen.

No me ha sorprendido lo que le ha pasado porque el país está como está: La falta de valores, y que el hablar de patria, de familia y de responsabilidad no esté de moda. UPyD ha tenido una responsabilidad importante, lo ha hecho muy bien, lo mismo en el Parlamento vasco que en el Parlamento de España, pero no han sido premiados por los españoles. Curiosamente, las encuestas dicen que la segunda preocupación de los españoles durante mucho tiempo, y llevamos igual tres años con este tema, es la corrupción, pero han seguido votando a los partidos más corruptos. Lo cierto es que a UPyD no le han votado ni los preferentistas a los que había defendido. Cuando no tienen posibilidades de gente, es mejor dejarlo. Es muy difícil poder salir adelante, y mucho más al no tener el apoyo de los grandes medios de comunicación, eso te limita absolutamente.

-¿Eso también le ocurre a VOX?
-Sí. A día de hoy todavía hay millones de personas en España que no saben quién es VOX. Ni saben qué defendemos. Lamentablemente es así. Y gracias a cierta prensa, especialmente a Intereconomía, tenemos una ayuda. En UPyD dice Gorka Maneiro que no valoraron lo importante que es la televisión, y es verdad. Hemos visto cómo han salido otros, como Podemos, en los medios. Lo que está haciendo VOX es muy difícil, no es fácil, pero es cuestión de tiempo que nos encontremos con el resto de los españoles. Habrá millones de españoles que en algún momento, y no muy lejano, estén con nosotros.

-¿Y qué dice de la campaña de desprestigio que están sufriendo en VOX, por ejemplo, de un portal de noticias que está vertiendo auténticas barbaridades, como acusar a Inma Sequí de querer gasear a los refugiados…
-Que es el recurso de los mediocres, el recurso de la mala fe y del resentimiento, por lo que no hay que hacerles mucho caso. Eso no va a ningún sitio. Es como decir que VOX es un partido de extrema derecha. Quisiera saber un solo candidato en cualquier sitio de España que haya luchado durante 40 años con las manos limpias en contra del terror de ETA, a favor de la unidad de la nación española y de la libertad…

-Usted, y luego su hijo durante los años que estuvo en el País Vasco…
-La gente que viene conmigo en la lista también ha sufrido las consecuencias de esa defensa, concretamente un concejal de Amurrio y otro de Llodio, Miquel Urrechu y Saúl Martín, respectivamente. Pero el resentimiento en España y el uso abusivo de las redes sociales y la cobardía de gente que manda cosas sin dar la cara verdaderamente es lamentable. Una cosa muy diferente es querer poner a España en línea y dotarla de racionalidad y otra, que te traten de racista en contra de los inmigrantes, algo que es un auténtico disparate, porque no es verdad.

-¿Qué opina de la candidatura de Otegi, ahora suspendida por la Junta Electoral, y el respaldo mostrado por Podemos y algunos socialistas al líder abertzale?
-No puedo entender que sigan dándole vueltas, está inhabilitado. Y si está inhabilitado no se puede presentar. No quieren la ley española, pero la siguen retorciendo hasta cualquier sitio, no puede ser. Es lo mismo que he hablado antes sobre el tema de Cataluña. Las leyes son para cumplirlas, y mucho más los encargados de mantenerla y de respetarla, como es la gente que está mandando en instituciones o que se presentan con esas propias leyes.

-¿Y qué opina de que la inhabilitación expire en 2021?
-Tiene que estar inhabilitado de por vida para cargo público. Es un terrorista. Ha sido un terrorista él, como otros muchos. Pasa lo de siempre, que los malos somos los que hablamos claro y nos tachan de la extrema derecha, mientras que los que durante tantos años han asesinado y han dejado a este pueblo enfrentado y en una situación horrorosa son los que se pueden presentar y son los héroes. Y luego, sin contar los miles y miles de personas que han estado en la vida pública, que han mirado para otro lado durante tantísimos años. Estamos hablando de casi 900 asesinatos, de miles de personas destrozadas, y ahora lo quieren tapar todo, y todos son iguales. El decir esto a veces te supone la enemistad y el insulto porque la realidad es que la inmensa mayoría de la gente no se quiere enfrentar a la situación ni al poder. Lo mismo pasa con el propio voto a VOX. Hay gente que nos votaría muy a gusto, ¿pero a última hora qué ha pasado? Que dan el voto útil. Se tiene que acabar el voto útil.

-El voto útil es el que se da en confianza, en conciencia…
-Ése es el verdadero voto útil. Se tienen que acabar estas cosas. Estamos cerca de las terceras elecciones…

-¿Dónde está el patriotismo?
-¿Qué está haciendo el PSOE? ¡Cómo están retorciendo las cosas! ¿Dónde está Ciudadanos? Hay que dar una solución al tema. A mí no me gusta ni el Gobierno del PP ni el PP en este momento. No me gusta, pero han ganado las elecciones.

-¿Cree que finalmente iremos a unas terceras?
-No lo sé, pero tiene muy mala pinta.

-¿Y cree que Rajoy sería capaz de dar un paso al lado?
-También tendrían que darlo otros dentro del partido. Yo no soy quien decido lo que tiene que hacer el PP, por eso ya no estoy dentro, pero, desde luego, hace falta patriotismo, pero como decía eso ya no existe en España. Los que hablamos de patriotismo, de valores, y de familia ahora somos como bichos raros, pero estamos convencidos de que millones de españoles piensan como nosotros y es cuestión de tiempo que nos encontremos.
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Mi lucha contra ETA (VII). Cuando las decisiones antiterroristas del Estado cuestan vidas
Pablo Romero El Espanol 29 Agosto 2016

El planteamiento de la investigación sobre la masacre etarra del 21 de junio de 1993 cambió en tres ocasiones, a medida que iba surgiendo nueva información. Primero, traté de buscar testigos directos. Después, intenté probar suerte con etarras supuestamente arrepentidos. Ambos caminos conducían a ninguna parte.

Al final, un nuevo enfoque -indagar en la infraestructura de ETA en la capital- condujo a una nueva e inédita versión de lo que sucedió aquel triste día. También a la apertura de una nueva vía judicial, de consecuencias aún inciertas. Y, por último, a poner sobre la mesa una serie de decisiones políticas que influyeron en el desarrollo de los acontecimientos.
La estrategia jurídica

El caso encerraba un problema inicial bastante complicado de resolver. Era prácticamente imposible relacionar el atentado terrorista de la Glorieta de López de Hoyos con el supuesto jefe de ETA de entonces, Iñaki Gracia Arregui, Gorosti, más allá de una presunta autoría intelectual. Se trataba de demostrar lo indemostrable para mantener la causa abierta.

El planteamiento final, por tanto, no era muy ortodoxo. De hecho, fue el más complicado, pero también resultó ser la única vía para avanzar en la búsqueda de la verdad: tenía que relacionar a Gorosti con el atentado a través de los autores materiales de la masacre, esos grandes desconocidos para las Fuerzas de Seguridad del Estado y para la Justicia durante más de dos décadas.

La escasez de información sobre el famoso piso del Paseo de Extremadura, a pesar de que fue sometido a vigilancia intensiva al principio de la campaña de ETA en Madrid correspondiente a los años 92 y 93, me llamó poderosamente la atención. Esa ausencia de datos y de documentación, sin embargo, me permitió indicar al juez de instrucción esta nueva vía de investigación a través de escritos. En ellos, pedía cada vez más información sobre la infraestructura etarra en la capital.

Gracias a mis deducciones en este viaje siniestro, iba abriendo nuevas e inéditas vías de investigación en el procedimiento. De esta forma, mientras la AVT -la otra acusación particular en la causa- pedía algunas pruebas que ya existían en el sumario y otras encaminadas directamente a identificar el mote Gorosti con Iñaki Gracia Arregui (concretamente, un análisis grafológico de escaso valor probatorio), mi estrategia se centró en el piso franco de ETA, en su vigilancia y en el seguimiento a María Jesús Arriaga Arruabarrena.

A partir de los informes incluidos en este sumario, la propia Policía afirmaba directamente que Jesús García Corporales integraba el comando Madrid en 1993, en la campaña correspondiente al atentado. Y establecía una relación clara y directa entre María Jesús Arriaga Arruabarrena con dicho comando de ETA. Un extremo confirmado incluso por la Guardia Civil, que aseguraba que la colaboración de ella con ETA tenía "fundamento".

De hecho, ese último documento iba mucho más allá ya que extendía las pesquisas a otros pisos de la capital. Incluía información sobre uno en la calle Bravo Murillo, 359, de Madrid, y acusaba directamente a Petra Elser -la ciudadana alemana que apareció en el sumario inicial- de haber integrado el comando Madrid entre octubre de 1991 y abril de 1994, ya que había alquilado el piso. También acusaba al etarra Ignacio Gerardo Echeverría Martín, Mortadelo, de pertenecer a dicho comando desde 1991 hasta 1993. Estos datos eran conocidos desde 1997, según informaciones transmitidas por la agencia Vasco Press en enero de aquel año.

La sorpresa mayúscula llegaría en forma del último documento policial: aquellos 11 folios en los que se ahondaba en la relación entre García Corporales y María Jesús Arriaga, y se afirmaba sin ningún género de dudas que el etarra estuvo en Madrid en varias ocasiones, antes y después del verano de 1992. Es más, el texto decía literalmente que "en los días siguientes a esa huida [la de María Jesús Arriaga y su hermano Rufino a Francia] la investigación entonces en marcha permitió constatar la presencia del miembro de ETA Jesús García Corporales nuevamente en Madrid".

Toda esta información permitió solicitar al juez que llamara a declarar al grupo policial encargado de las pesquisas sobre el comando Madrid meses antes del atentado, tras un largo periplo judicial y a pesar de las reticencias del Ministerio Fiscal y del instructor.

Y fueron precisamente las declaraciones de dos policías -un logro que costó meses y meses de trámites en el juzgado- las que realmente han permitido conocer la única versión razonada que existe hasta la fecha de la masacre de la Glorieta de López de Hoyos.
Las negociaciones de 1992 y 1993

Desde hace décadas, y prácticamente en todas las legislaturas de la joven democracia española, el Gobierno ha negociado de una forma u otra con ETA. Cabe recordar algunos de los contactos entre el Estado y la organización asesina. Florencio Domínguez, actual director del Memorial de Víctimas del Terrorismo y uno de los mejores especialistas en la historia de la banda, recuerda en varios escritos y con una cierta perspectiva temporal, el caos y la descoordinación en las negociaciones con los etarras que el Ejecutivo mantuvo después de la caída de la cúpula de ETA en Bidart (Francia) el 29 de abril de 1992.

"Felipe González fue el primero en referirse al año 1993 como ejemplo de año en el que estuvo a punto de conseguirse la paz: luego se sumó Rafael Vera", aseguró este periodista en una crónica publicada en 1998. De hecho, el expresidente afirmó que a principios de ese año "ETA estaba convencida de que había perdido la partida y empezaba a buscar una salida".

Sin embargo, según Dominguez, "una visión retrospectiva de aquel momento revela que ETA en ningún momento se planteó abandonar las armas". Este experto ha definido la situación a finales del 92 y principios del 93 como "un proceso caótico de contactos con la banda terrorista", unido al "apuro con que el PSOE se enfrentó a las elecciones generales". De esta forma, mientras ETA seguía operativa -debilitada, sí, pero no tanto, como los hechos demostrarían tristemente- el Gobierno se lanzaba a una serie de negociaciones con ciertos activos de la banda asesina.

Desde el Ministerio del Interior se puso en marcha en la primavera de 1992 la operación Azkoiti, un acercamiento al etarra José Luis Arrieta Zubimendi (apodado, precisamente, Azkoiti). Este antiguo dirigente de la banda -extesorero- se encontraba detenido en Francia en el momento de arrancar estas negociaciones. El generoso obituario que le dedicó el diario El País con motivo de su muerte por causas naturales en junio de 2001 le situaba como pieza clave en una posible negociación que, como más tarde se comprobaría, no fue más que una farsa por el nulo apoyo que recibió de los responsables etarras.

Dicho obituario decía textualmente: "En julio de 1992, tres meses después de Bidart, la juez Laurence Le Vert ordenó su liberación y confinamiento en Perpignan. Era una decisión política para que Azkoiti, quien en libertad accedía automáticamente a la ejecutiva etarra, impulsara a ETA hacia un alto al fuego". Poco después se trasladó a un piso en París, "sede de una negociación impulsada por los Gobiernos español y francés, en la que intervinieron la vieja generación de ETA -entre ellos Juan José Etxabe-, dirigentes del PNV, los abogados de HB afines pero retirados, como Iñaki Esnaola y Christianne Fando, y hasta el secretario para la Seguridad de entonces, Rafael Vera".

"Fueron meses en los que Azkoiti, libre, hasta disfrutó de movilidad por territorio francés y cierta financiación con el objeto de conocer la opinión de la militancia etarra", se afirmaba en el texto, y concluía: "Hasta que un día de 1994 desapareció con el apoyo de la dirección etarra, que lo sacó del círculo de vigilancia al que estaba sometido. Pasó a la clandestinidad sin dejar rastro". Azkoiti murió siete años más tarde de aquel amago de negociación, en su casa de Toulouse, de un infarto.

Durante todos esos meses de negociación, desde el Gobierno se esperaba en vano que Arrieta anunciara una declaración a favor de la tregua. De hecho, hubo extraños y oscuros movimientos en Interior, incluso a espaldas del propio ministro Corcuera, que generaron malestar en el Gobierno francés.


 


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