AGLI Recortes de Prensa   Jueves 1 Septiembre  2016

¿Y ahora qué? Ante el nudo rajoyano
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com  1 Septiembre 2016

Si este viernes Rajoy prueba la amarga medicina del fracaso, dará comienzo el período más imprevisible y decisivo del año, sesenta días que pueden acabar en nada, pero que podrían abrir puertas que ahora mismo nadie se atreve a adivinar. Si Rajoy consiguiera esos votos que le faltan, lo que no parece demasiado fácil, tendríamos que pensar no ya en que no nos enteramos de nada, sino en que el secreto de todo consiste precisamente en hacer las cosas sin que se note.

La política española parece empeñada en especializarse en situaciones agónicas, en oposiciones radicales, en supuestas soluciones que no sirven para nada, y en críticas al sistema de todos los colores, porque el sistema es una entidad protoplasmática que en cada caso adquiere el perfil que precisan sus críticos, en fin, que lo aguanta todo. Por si acaso, convendría no olvidar que, aparte del sistema, están los que lo dirigen, y que, por ejemplo, culpar a los aparatos de control del Costa Concordia por haber embarrancado a escasos metros de la costa de Giglio, sería una insensata manera de ocultar la estupidez inescrutable de su irresponsable capitán.

La llamada crisis del bipartidismo
Una parte sustancial de la crítica a lo que nos pasa lleva tiempo dirigiéndose a otra entidad casi tan generosa con sus críticos como el sistema, el bipartidismo. Lo peor de esa crítica es olvidarse de que el pretendido mal goza de una vigencia casi universal, mientras que nuestras lacras son muy específicas. Ninguna supuesta carencia del bipartidismo ha impedido a Cameron marcharse a su casa al ser derrotado en el referéndum del Brexit, nadie ha tenido que pedírselo, mientras que Rajoy amenaza con presentarse a unas terceras elecciones, “porque yo lo valgo” como dice el anuncio, pese a haber perdido el 40 por ciento de sus votos en 2011 y apenas tener el respaldo del 23 por ciento de los españoles con derecho a voto, por no fijarme en otros aspectos igualmente notables de su ejecutoria al frente del PP.

Los supuestos beneficiarios de la crítica al bipartidismo se han acogido a un marbete no precisamente nuevo, el de la vieja política, que ya utilizó Ortega hace más de un siglo, pero, si algo ha demostrado el debate de investidura reciente, es que la supuesta nueva política es un apaño de trapos viejos. Iglesias ha hecho en el atril un numerito de circo perfectamente excusable porque está aterrado. Rivera confunde la política con salir en las fotos, y cree que para abrirse camino en este zarzal hay que olvidarse de lo dicho ayer para poder decir otra cosa mañana, que se puede dar la confianza a un político del que no te fías, como increíblemente ha hecho y dicho de Rajoy, y espera que le sigan dando el voto para hacer con él lo que se le ocurra. Frente a estos intentos baratos y baldíos de renovación, el PSOE y el PP siguen dando, al menos, la nota que de ellos se espera, aunque con notables diferencias entrambos.

PP y PSOE, gemelos, pero no idénticos
Mientras Rajoy intenta exagerar una discordia que le ampare en el seno del PSOE, porque hay materia para ello, aunque no tanta como se finge en los abrevaderos del PP, y el dedo de Sánchez lanzó una acusación a los diputados del PP cuando les espetó que lo anormal no es que el PSOE vote no a Rajoy, que lo extraordinario es que ninguno de ellos haya hecho nada para censurar al responsable de tanto atentado al Código penal. El PP se muestra como un bloque monolítico, impasible el ademán, tras un Rajoy que oculta a sus espaldas un voto bastante más plural que el de la izquierda y al que está sometiendo a un duro régimen de lealtad que podría resquebrajarse todavía más en próximas ocasiones, una vez que el miedo a la victoria de Podemos haya quedado en lo que es, en una mentira barata, un matasuegras.

El PSOE no acierta a reconocerse como izquierda, pero Pedro Sánchez se está empeñando en aclararlo, y lo que sus enemigos llaman tozudez en el “no”, podrá empezar a verse como recuperación de un espacio seriamente socialdemócrata que ha sido doblemente vaciado, desde dentro, por Rodríguez Zapatero, desde fuera, por la manera en que Rajoy ha gobernado, absolutamente alejada de casi todo lo que pueda pensarse como razonable en un centro derecha europeo. El discurso de investidura de Rajoy tuvo, en este sentido, el equívoco mérito de desnudar sus motivaciones y dejarlas en su identificación del yo, mi y conmigo con el único Gobierno posible. Si esa es la mercancía que va a seguir ofreciendo la derecha será algo que pudiera ponerse en discusión en los próximos sesenta días, a nada que Sánchez acierte a encontrar una salida a su triple negativa, no a Rajoy, no a un Gobierno de retales, no a terceras elecciones, una proclama que, hasta ahora, ha sido tenida más como paradoja que como esperanza.

El discurso de Sánchez, aun sometido a un cerco implacable, no puede leerse sin reconocer en él la voluntad de un político que representa una idea, aproximadamente lo contrario de quien personifica lo que hiciere falta, como parece entender su encargo el imberbe Rivera, que en lo único en que no anda corto es en autoelogios, o de quien solo se defiende a sí mismo y a su posición, y ya no es necesario decir más. Claro es que a Sánchez le llueven las críticas por preocuparse únicamente de su porvenir, y se da a entender, lo que no deja de ser pasmoso, que eso no parece importar para nada ni al abnegado Rajoy, ni al Rivera dispuesto a cualquier sacrificio por la patria.

Un rajoyesco nudo gordiano
Rajoy se dispone a apurar el mal trago de su derrota convencido de que ningún Alejandro sabrá cortar el nudo con el que piensa haber atrapado a todos, muy en especial a su atrevido y encarnizado rival a quien espera poder arrojar a los infiernos de esa vida privada a la que tanto teme volver, me refiero a Rajoy. Pero bastaría que Sánchez invitase a levantar el dedo en un comité federal a quien piense que hay que hacer presidente a Rajoy, para que esa supuesta amenaza pueda pasar al reino de las fantasías. Por el contrario, si Sánchez hace una oferta abierta de Gobierno, con objetivos, planes y plazos, pero sin que esté presidida por don Mariano, podrá adivinarse con facilidad si Rajoy prefiere retirarse y hacer posible el Gobierno que tanto necesita España, o si prefiere que todos votemos entre mazapán y turrón. Ya se verá, como se verá si a Rivera le queda algo en la mochila.

Las terceras elecciones
Por malo que sea votar tres veces en un año, parece preferible a poner en marcha mecanismos que desvirtúen hasta la caricatura los resultados electorales y los mecanismos constitucionales. En ninguna parte está escrito que lo único que no puede discutirse sea el derecho de Rajoy a gobernarnos a todos, caiga quien caiga.

Además, no conviene olvidar lo mucho que aprendemos los electores con episodios tan cercanos. Si las encuestas se equivocaron de medio a medio en las elecciones de junio no se ha debido a que los encuestadores se hubieran vuelto repentinamente lerdos, sino, sobre todo a que carecían de precedente a la hora de interpretar sus datos. Imagínese, pues, lo que podría ocurrir en una tercera hornada, y con las enormes variantes posibles, sin Rajoy, o con Rajoy, ya sin miedo a que el histrión Iglesias se haga con la Moncloa, con el señor Rivera alguacilado, y así sucesivamente. Todo esto es lo que se va a ventilar en el otoño que nos espera, pero no dependerá de lo que pase sino de lo que hagan quienes pueden hacerlo.

La papilla democrática
FERNANDO PALMERO El Mundo 1 Septiembre 2016

Decía Gustavo Bueno que en nuestra democracia de mercado el ocio es tan básico como el trabajo porque 'conforma al individuo libre (elector) como consumidor libre con opiniones propias'. Pero propias no quiere decir originales, apostillaba, ya que los nuestros son regímenes demoscópicos en los que la ciudadanía debe ser siempre predecible. Y para eso, nada más eficaz que la 'papilla democrática televisiva', (fútbol y cosas así), porque la basura, decía, está en las cabezas de todos nosotros, no sólo en los programas de la televisión, el más perfecto artefacto de producción de subjetividad jamás inventado.

Hasta el punto de que sin la televisión la democracia sería inviable, porque no habría forma de sostener la ficción de libertad (que no es sino libertad para el consumo) ni el mundo simbólico que mantiene vertebrados a los votantes. A esos que llevan ya ocho meses digiriendo una papilla democrática electoral, cocinada por cuatro farsantes que saben que su continuidad depende sólo de que siga el espectáculo. Porque mientras haya representación, habrá también democracia.

TRAS EL DEBATE DE INVESTIDURA
Pedro J. Ramírez ataca a Rajoy con extrema dureza
El director de El Español llamó "farsante" a Rajoy por considerar que la fecha electoral podría haberse adelantado una semana. Llegó a recurrir a ETA en su argumentación.
Gaceta.es 1 Septiembre 2016

El director de El Español, Pedro J. Ramírez, ha llegado a recurrir a un símil con un terrorista para descalificar al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.La comparación la ha realizado Ramírez durante su intervención comentando el debate de investidura en el programa “La Mañana”, que dirige y presenta Federico Jiménez Losantos en esRadio.

En un momento en el que Rajoy criticaba al líder del PSOE, Pedro Sánchez, por abocar al país a unas terceras elecciones que se podrían celebrar el día de Navidad, el 25 de diciembre, Pedro J. Ramírez entró en cólera y le llamó “farsante” por considerar que la fecha electoral podría haberse adelantado una semana, si el líder del PP no hubiera convocado al comité ejecutivo nacional para consultar las condiciones de Albert Rivera antes de firmar el pacto con Ciudadanos.

“Es que si analizamos la perversa lógica de esa construcción estamos ante el mismo planteamiento del grupo terrorista, con perdón y no estoy haciendo ninguna analogía más que en el esquema lógico, que coloca una bomba y luego culpa a la policía o a la gestión de los grandes almacenes de no desactivarla”, espetó el director de El Español.

“Este hombre es un farsante, porque hubiera bastado con que no se hubiera tomado el puente de agosto para que la convocatoria electoral no fuera el 25 de diciembre”, continuó Pedro J. Ramírez visiblemente alterado, para concluir que “Rajoy nos toma a los españoles por imbéciles y piensa que los 350 diputados que le están escuchando son borregos”.

No fue el único insulto que dedico Pedro j, Ramírez al presidente del Gobierno en funciones, también le llamó “mezquino”, como “un usurero de su propio capital político, incapaz de la menor generosidad con quien está teniendo un alarde de generosidad política sin precedentes”, en referencia a una supuesta falta de respaldo al pacto firmado con Ciudadanos.

En esta línea el periodista consideró que “su balance con mayoría absoluta es tan mediocre que es imposible imaginar que sin mayoría absoluta vaya a aportar nada más a la vida española”. Después, entró en el terreno personal al señalar que su negativa a dejar de liderar el PP se debe a “razones de vano prestigio provinciano en su entorno personal donde ocupa un lugar central el matrimonio entre Ana Pastor y su marido con el que sale siempre a hacer footing, su propia esposa y los cuatro pelotas que viven de el en su entorno monclovita”.

Rajoy y Sánchez son el tapón
No conozco una democracia europea que consintiera a dos personajes con semejante ejecutoria seguir encabezando la política del país
Ignacio Varela El Confidencial 1 Septiembre 2016

Cuando Pedro Sánchez dijo que su entrevista con Rajoy había sido perfectamente prescindible, muchos se sorprendieron: ¿cómo puede considerarse prescindible una reunión entre los dos principales lideres políticos del país tras ocho meses sin Gobierno y en la víspera de un acto parlamentario trascendental?

Pues resulta que tenía razón. Aquella entrevista era prescindible, como lo fueron todas las anteriores y lo serán las posteriores; tan prescindible como lo es ya cualquier cosa que tenga como protagonistas a Rajoy y a Sánchez. Es más, muestra hasta qué punto España necesita librarse de ambos para salir del atolladero en que nos han metido.

El debate en el Congreso ha servido para constatar de nuevo que cualquier intento de solución de esta crisis política que gire en torno a la dupla Rajoy-Sánchez está abocado al fracaso. La primera pregunta que uno se hace al ver el cartel de este debate es: ¿por qué ellos otra vez?

Mariano Rajoy tiene a su partido judicialmente encausado por una lista de delitos que recorre varios capítulos del Código Penal; y con un solo mandato al frente del Gobierno logró la difícil hazaña de perder al 40% de un electorado tradicionalmente fiel. Pedro Sánchez es un contumaz coleccionista de derrotas electorales y ha provocado el mayor cisma dentro del PSOE desde hace 25 años. Además, se ha demostrado imposible que exista entre ellos un diálogo civilizado que sirva para algo.

No conozco una democracia europea que consintiera a dos personajes con semejante ejecutoria seguir encabezando la política del país. Por mucho menos de lo que le ha pasado a Rajoy, los italianos enviaron a Berlusconi a su casa. Por fracasos electorales y pifias estratégicas mucho más leves que las de Sánchez, hemos visto dejar sus puestos a decenas de dirigentes partidarios, de derechas y de izquierdas. Por bloquear el Gobierno de su país durante un año y obligar a repetir las elecciones tres veces…de eso no existen precedentes, así que no tenemos término de comparación.

En este debate se han confrontado un candidato indefendible (Rajoy) y una posición política insostenible (el triple no de Sánchez). Ambos se han esforzado en subrayar la debilidad esencial de su rival y ambos lo han conseguido, porque lo tenían fácil.

Sánchez ha mostrado sin dificultad hasta qué punto la candidatura de Rajoy es difícil de digerir. Y no por su programa ni su discurso, ni siquiera por sus ideas, sino por todo lo que su persona connota. Por si quedara alguna duda, el infumable discurso de Rajoy el día anterior fortaleció la posición del no-es-no y debilitó a los partidarios de la abstención.

Rajoy ha necesitado poco para desnudar la inconsistencia de una posición política, la de Sánchez y su partido, que consiste en negar cerrilmente todas las salidas sin abrir ninguna vía de solución. Cada vez está más claro que los socialistas están utilizando la cuestión del Gobierno para dilucidar la batalla de su congreso, lo que los hace colectivamente responsables de mantener secuestrado al país por una trifulca doméstica que solo les concierne a ellos.

Rajoy pide confianza sin ofrecer el menor síntoma de autocrítica o de capacidad de cambio, y por eso Sánchez pudo decirle a la cara “le niego la confianza porque usted no es de fiar”. Sánchez ofrece crítica implacable y descalificación de Rajoy, pero no ofrece un camino transitable hacia la salida del atasco. Por eso Rajoy pudo acusarle de estar dispuesto a repetir las elecciones una y otra vez hasta obtener un resultado que satisfaga su ambición personal.

Sánchez demostró que mantener en el Gobierno a Rajoy es incompatible con cualquier posibilidad de cambio; y Rajoy demostró que mientras Sánchez mande en el PSOE, la posición de ese partido será un problema para España. En ese sentido mutuamente destructivo, ambos han triunfado en este amargo debate.

Los dos han hecho daño al otro en su punto más débil. Y en la misma medida se han dañado a sí mismos, porque esta enésima edición de la misma pelea de gallos es la penúltima prueba de que se neutralizan mutuamente mientras operan en contra del interés colectivo. La derrota de uno necesita la de los dos, y la permanencia de ambos al frente de sus partidos conlleva el bloqueo irremediable de la gobernación de España.

Rajoy y Sánchez ya saben que con este Parlamento ninguno de ellos será presidente. Por eso parecen resueltos a hacer girar de nuevo la ruleta de los votos, a ver si hay más suerte a la próxima. Rajoy busca proseguir su escalada hasta los 150 escaños y Sánchez se conforma con exhibir cualquier pequeño avance que le permita mantenerse en posición de fuerza dentro de su partido.

Lo que escenificaron este miércoles no fue propiamente el primer debate de esta legislatura, sino el último debate del estado de la nación, de aquella en la que el PP gobernó con mayoría absoluta. Rajoy empecinado en una defensa cerrada de su gestión sin asomo alguno de autocrítica y Sánchez buscando en el disco duro de su ordenador para repetir la consabida retahíla de críticas sin matices a la actuación del Gobierno entre 2011 y 2015. El hecho de que entre tanto se hayan celebrado dos elecciones que han cambiado el mapa político y se estén consumiendo en vano dos legislaturas no parece importar un comino a ninguno de los dos.

Al menos, hemos de agradecer dos cosas:
A Sánchez, que nos haya ahorrado el paripé de argumentar su negativa criticando el contenido del acuerdo PP-Ciudadanos. Primero, porque en buena medida estaría atacando a su propio discurso de investidura. Y segundo, porque aunque Rajoy hubiera incluido en su propuesta el texto completo y literal del programa electoral del PSOE, la posición de Sánchez no habría cambiado un ápice. Ya les digo que esto hace tiempo dejó de ser un asunto de programas, de ideologías o de éticas.

Y a ambos, que en esta ocasión el intercambio de injurias explícitas haya descendido un poco. Se ve que están tan hartos el uno del otro (y nosotros de los dos) que ya les aburre hasta insultarse.

Imaginen por un momento que hubiéramos asistido a un debate de investidura con alguien que no fuera Rajoy como candidato del PP y alguien que no fuera Sánchez como portavoz del Partido Socialista. No digo que el resultado de la votación cambiara necesariamente, pero ¿a que todo tendría un aroma mucho más saludable? Y pensar en una tercera campaña electoral con estos dos gallos caducos en la pista, ¿no les da más ganas de potar que de votar? Pues eso.

Claro que el país puede esperar
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 1 Septiembre 2016

Después de tener que acudir a los colegios electorales seis meses después, el mensaje más repetido, al menos públicamente, por la mayoría de nuestros políticos y tertulianos es que hay que evitar a los españoles un tercer paso por las urnas. "España necesita un Gobierno", repiten quienes viven principalmente de que en España haya un Gobierno. "No podemos esperar", insisten. Pero ¿es cierto que no podamos esperar?

Bélgica se tiró año y medio con un Gobierno en funciones y no le fue tan mal. Le fue mejor, de hecho, que a la propia España durante ese periodo en el que vivimos el traspaso de poderes de Zapatero a Rajoy. Creció por encima de la Eurozona, y siendo, como somos nosotros, una monarquía parlamentaria, se siguieron tomando decisiones en el Parlamento, que ejecutaba el Gobierno en funciones. Tuvieron una ventaja sobre un Gobierno electo con mayoría parlamentaria: durante año y medio no metieron palos en las ruedas al sector privado ni incordiaron demasiado a nadie. Porque no hacer nada es muchas veces mejor que hacer algo mal.

Que el acuerdo entre PP y Ciudadanos se solape en dos tercios con el acuerdo de hace unos meses entre PSOE y Ciudadanos sólo puede llevarnos a dos conclusiones, no necesariamente excluyentes. Puede ser que Ciudadanos haya tenido mucho éxito y, siendo con mucho el partido minoritario, ha logrado meter ese porcentaje de medidas propias en ambos acuerdos, en parte gracias a que ni PP ni PSOE tenían ni tienen mucho miedo a tener que cumplirlas luego. Pero posiblemente lo que ha sucedido es que que al final no dejan de ser tres pequeñas escisiones del Partido Único Socialdemócrata, al que también Podemos dice pertenecer, aunque no convenza a nadie que sepa algo de lo que ha pasado en Grecia y Venezuela. Ni en materia económica ni en materia social o cultural es fácil diferenciar entre las propuestas de uno y otro. ¿Ustedes son capaces de distinguir entre las salvajadas de Zapatero y la totalitaria ley madrileña de imposición de la ideología de género? Pues enhorabuena: yo no.

El acuerdo con el PSOE era en general malo para España, y el acuerdo con el PP es en general malo para España. Sin duda, un posible Gobierno de PSOE, Podemos, Izquierda Unida y los innumerables partidos nacionalistas necesarios para llegar a la mayoría sería mucho peor. Pero no parece que el hecho de tener que esperar otros seis meses, u otro año, a la formación de un nuevo Gobierno vaya a suponer ningún descalabro. El Estado podrá funcionar durante ese tiempo con unos pocos acuerdos en el Parlamento, entre ellos el de la ley electoral para no tener que votar en Navidad, y no pasaría gran cosa. De hecho, las cifras indican que está pasando aquí lo mismo que sucedió en Bélgica.

En realidad, lo que quieren decir cuando afirman que "España necesita un Gobierno" es que no quieren que los ciudadanos les culpen a ellos cuando acudan cabreados a las urnas por tener que afrontar la molestia de votar otra vez o, peor, cuando decidan no hacerlo. Quien sabe si alguno incluso ve la luz y empieza a entender que la principal función del político es molestar y poner trabas al ciudadano, y que es mejor que gobiernen lo menos posible. Pero si hacer algo es peor que no hacer nada, mejor seguir de Bartleby.

Vivir de la sopa boba del Estado
Ramiro Grau Morancho lagaceta.eu 1 Septiembre 2016

Alguno de nuestros grandes pensadores, cuyo nombre ahora no recuerdo con certeza, decía que los españoles se dividían en dos clases: los que eran funcionarios y los que querían ser funcionarios.

O dicho de otro modo: los que vivían del Estado y los que querían vivir del Estado.

Suprimidas las dichosas cesantías entre el siglo pasado y el anterior, lo cierto es que al empleado público (concepto más amplio, pues engloba a funcionarios, laborales, personal de confianza y enchufados en general), poco le importa quien gane las elecciones, pues ellos tienen el pesebre asegurado.

Podrán medrar más o menos, en función de su proximidad ideológica o personal a quienes ostenten temporalmente el poder, pero ellos a lo suyo, a hacer como que trabajan, de lunes a viernes, y sólo por las mañanas, que tampoco se trata de herniarse uno.

Por supuesto que hay honrosas excepciones, como el personal sanitario, que trabajan muchas veces en horario vespertino, nocturno, etc., por no hablar del día de Navidad o de Año Nuevo, que también.

Pero en los últimos años, con la moda de privatizar todo, estamos asistiendo a la existencia de nuevos yacimientos de empleo en el sector privado, pero al socaire de lo público, con todas las ventajas de lo público, y ninguno de los inconvenientes de las empresas privadas…

La Agencia Española del ISBN, por ejemplo, que nos cobra 45 euros a los autores-editores por inscribir un libro en sus bases de datos, proceso que se hace informáticamente y que tenemos que realizar nosotros mismos. Ellos solamente se dedican a cobrar, por adelantado, faltaría más, no vaya a ser que alguno se escape sin pagar. ¡Y encima pensarán que están haciendo una gran labor por la promoción y divulgación del libro español! (Huelga decir que cuándo era un organismo oficial, la inscripción de un libro en sus bases de datos era gratuita…).

O Cedro, Centro Español de Derechos Reprográficos, del que soy socio, cuyos 39 empleados se llevan más de dos millones de euros al año (El Confidencial dixit), más de un tercio del dinero recaudado… Claro, luego no hay nada o casi nada, sólo las migajas, para los escritores.

Sin ir más lejos, a mí, con una obra publicada de veintitantos libros, algunos con varias ediciones, me pagan (o más bien me dan una limosna) de unos cien euros anuales…

Pero eso sí, su directora se pone detrás el general, para pasar a ser directora general, que queda muy bonito, y ponerse un sueldo de 132.000 euros anuales, ú 11.000 euros mensuales. ¡Casi el doble de lo que gana el señor Presidente del Gobierno de España!

Obviamente con retribuciones así, a la hora de repartir, no queda nada o casi nada para los escritores a cuyo servicio teóricamente está, aunque más bien parece lo contrario: somos nosotros quienes les servimos a ellos.

Como decía don Ramiro de Maeztu (vilmente asesinado por el rojerío, dicho sea de paso), en su gran obra Defensa de la Hispanidad (Ed. Cultura Española, Madrid, 1941, 4ª. edición, pág. 142): “… la educación moderna, con su carácter enciclopédico en los grados primario y secundario y especializado en el superior no parece proponerse otro objetivo que desplegar ante los ojos admirados del alumno los productos de la cultura, con lo que no forma sino almas apocadas, que necesitarán la sopa boba del Estado para no morir de hambre, la educación antigua se empeñaba en obtener de cada hombre el rendimiento máximo”.

Y en esas estamos: de 17 millones de personas que trabajamos en España, 4 lo hacen a la sopa boba del Estado. En otras palabras, que 13 millones de trabajadores tenemos que cargar sobre nuestras sufridas espaldas con 10 millones de jubilados e inválidos (somos el país de Europa con más porcentaje de inválidos), 3 millones de parados percibiendo la prestación o el subsidio correspondiente, y 4 millones de comedores de la sopa boba… Por no hablar, que también de 5 administraciones públicas distintas (ayuntamientos, comarcas, diputaciones provinciales, gobiernos autonómicos y gobierno central) para administrar lo poco que hay que administrar: deuda pública, prestaciones sociales y poco más.

Verdaderamente dan ganas de hacer la maleta y salir corriendo, sólo con billete de ida…

Ramiro GRAU MORANCHO, Abogado,
Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
www.ramirograumorancho.com

Los primeros efectos del brexit

Luis Riestra www.vozpopuli.com
1 Septiembre 2016

Estos tiempos de cambio de Era son una oportunidad única para el estudio de procesos de degradación de un orden establecido y de su substitución por otro, que nadie garantiza que sea mejor, un fenómeno que, obviamente, tiene efectos económicos. Ante estas circunstancias, una de las cosas que debemos hacer los economistas, aparte de estudiar y dejar registro de esos fenómenos, es intentar explicarlos y, en lo posible, recomendar las mejores soluciones, primero para nuestro país y luego, para el resto, según una progresión de proximidad económica y cultural. Es por ello que hoy nos detendremos a observar los primeros efectos del Brexit sobre Gran Bretaña.

El daño a la confianza.

Aunque vivimos cierto impase veraniego, sobre todo político, desde que se celebró el referéndum el pasado 23 de junio sus consecuencias siguen inexorablemente y, más allá de los efectos cíclicos de la fase de enfriamiento británico, en que ya se notaba una caída de la confianza en el sector servicios (línea verde, siguiente gráfica) y del comercio minorista (línea celeste), lo que se ha producido es un picado en los cuatro macro-sectores de la economía británica, colocándose la confianza empresarial en una situación parecida a la de principios de 2008, en los albores de la Gran Recesión.

Expectativas económicas sobre el futuro.

Lógicamente, junto a esa caída de la confianza empresarial se da un deterioro importante de las expectativas económicas, produciéndose una caída de casi 15 puntos en esos macro-sectores en un solo mes, siendo más llamativa la de los consumidores (línea roja, siguiente gráfica), que serán los más afectados por el aumento de la pendiente de un futuro que, como el de todos, ya era cuesta arriba. Luego está el caso particular de la construcción, con su burbuja, que analizamos en detalle, que afecta la mentalidad de toda la sociedad y cuya explosión puede ser lo mejor que les ha traído el Brexit.

El peso de la Libra.

La moneda británica, que hemos tratado en varios artículos, había conseguido mantener unos niveles en torno a las 1,25 €/£ hasta que salió "out" y, tras el desplome del "exit", se sobre-vendió, recuperándose temporalmente para volver a caer ayudada por la micro-bajada de un cuartillo del Banco de Inglaterra, situándose en torno a los 1,15 €/£; todo esto, lógicamente, tiene un efecto compensado en su índice bursátil principal, el FTSE100, ya que muchas de sus empresas son globales.

En este tema cambiario, como con el de su inmobiliario, podría contar una larga lista de anécdotas sobre la mentalidad burbuja que les domina, pero solo diré que por dicha burbuja, más su déficit de Cuenta Corriente, el cambio estructural que necesitan lleva años, cosa que los españoles conocemos bastante bien y la rotura hecha, hoy virtual, con el mercado único, que ya se nota incluso en las relaciones personales, les pondrá las cosas aún más difíciles si se concreta del todo. Y, por mucho que opiniones interesadas digan que aportan más de lo que reciben del mejor mercado del mundo, todos los nacionalismos corruptos europeos dicen esa mentira, o argumente que su reciente bienestar es independiente de esos clientes, lo cierto es que ya han dañado gravemente su futuro creado una dura barrera con su mejor mercado.

También hay que considerar que su moneda está muy afectada por el negocio financiero y cuando llegue la corrección bursátil pendiente, padecerán otra corrección cambiaria, pudiéndose ir fácilmente a la paridad con el euro; una circunstancia, por cierto, que ya padecen en cierta medida sus viajeros al pasar por las casas de cambio, eso que se ahorran  nuestros clientes del euro y que tanto nos beneficia, lo que nos lleva al siguiente punto.

Nuestros mayores clientes turísticos. 

De nuestros 68,2 millones de visitantes en 2015, 15,7 MM fueron británicos (crecieron 4,5%), casi un 50% más que los alemanes (que bajaron un 1,2% y los rusos un 32,7%) y, como nórdicos, suizos, holandeses, etc., equivalen a casi a un 20% de su población. Ya sé que muchos son cuasi-residentes - lo serían del todo de no ser por la mala fiscalidad de Montoro - y hacen varios viajes, que con algunos tengo trato cotidiano, pero esa cifra nos da una idea del gran negocio que hacemos con ellos, más allá de que algún progre, que tal vez viva directa o indirectamente de lo público, no entienda que los casos graves (¿100?) de mala conducta sobre 68,2 MM de visitantes ("no únicos"), o de que algún municipio tome medidas duras (hace bien) contra esas malas conductas, justifiquen una descalificación total de lo que es un gran negocio (de varios) para un país con 20% de paro y una insuficiencia fiscal grave, en buena parte producidos por las ideicas de los mismos "progresistas" de salón.

Aunque este año, lógicamente, el recién nacido Brexit nos está afectando poco, aunque en la costa ya se resienten desde el inmobiliario a los servicios, lo fuerte vendrá el siguiente; luego están las exportaciones de bienes, claro. En todo caso, si el Brexit se extiende y el panorama político europeo va por ahí, lo pasaremos muy mal y lo suyo sería que trabajáramos para evitarlo; lamentablemente, por nuestra mala forma de gobierno (oligarquía de partidos estatales, la misma de la UE), esa con la dicen querer traerse La City a España y que necesita un año y fórceps para elegir jefe del ejecutivo, hace imposible que el sector público, en esto y en muchas cosas, defienda los intereses de los españoles.

Para colmo, en Bruselas y algunos países (de la ... ¿Unión?), entre fantasía y fantasía, parece que quieren hacerle una guerra económica a Gran Bretaña, país que podría darles clases del tema, pues lleva haciéndolo casi desde los tiempos de Enrique VIII, el panorama empeora, aumentando el riesgo de una futura guerra comercial, desaparición del euro y ruina general para todos, algo que haría las delicias de nuestros competidores externos y del corrupto mesianismo político interno.

De momento, Theresa May, que ni de lejos es Margaret Thatcher, va con tiento, siguiendo estos meses de julio y agosto una agenda parecida a la que previmos en la parte final de Rule Britannia y, tras reunirse con aliados históricos y mantenerse dentro de las restricciones parlamentarias que tiene, actúa como si contara con que, dado el clima político y las elecciones por venir en la UE, el tiempo corre a su favor. A lo mejor, al final tenemos suerte y vivimos la doble paradoja de que, Gran Bretaña, sin haberse movido, se ha ido para volver a una UE distinta, democrática, más racional, que haga a sus miembros más fuertes, la única posible. Esperemos que sí.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Lenguas propias, muertos propios
Ángeles Ribes La Razon 1 Septiembre 2016

Como ya comenté la semana pasada, el debate acerca de la catalanidad, lo catalán, lo propio y lo impropio se exacerba a medida que se acerca la Diada del Once de Septiembre. Ciudadanos y Partido Popular ya han manifestado que no irán a los actos institucionales organizados en Barcelona, ya que el Govern ha optado por un formato partidista y marcadamente independentista. Y es que lo que debería haber sido un día festivo de todos los catalanes ya se concibió como una jornada de reivindicación de libertades perdidas, de anhelo de independencia y de reivindicación de muertos propios durante la Guerra de Sucesión. Basado todo ello en peregrinas interpretaciones históricas, cuando no en inventos directamente, todo ello con el afán de excluir a los no nacionalistas en este día.

Lo mismo pasa con la lengua vehicular en las escuelas. El manifiesto del grupo Koiné, donde se afirma sin ambages que la lengua catalana es la endógena de Cataluña y el castellano la lengua de dominación y coerción desde 1714 demuestran esa voluntad de separación absoluta donde lo castellano es lo extranjero y lo catalán lo propio. Ese concepto, el de lengua propia, no el de lengua materna o habitual, sino de propiedad o de propietarios ya denota el marco mental: es mi lengua, me pertenece y a ti no. En oposición a la lengua castellana, considerada pues, impropia.

Con los muertos pasa lo mismo, y es aún más ridículo si cabe. Hay muertos propios y muertos impropios. Los de la Guerra de Sucesión, bando austracista, subsección defensores de la tierra, son propios, muy propios. Los de la Guerra de la Independencia, apenas cien años después son completamente impropios y condenados al olvido. No se puede reivindicar a estos defensores de la tierra, ya que en este caso, lo hacían por la religión (católica) la patria (española) y el rey (Borbónico). Y de los carlistas mejor no hablo, que haberlos los hay y los dejo para otra ocasión. Así que lo de distinguir entre oligarquías, clases populares, ancianos regímenes y ópticas contemporáneas para analizar hechos históricos mejor lo dejamos para tesis doctorales que no se lee nadie.

Aquí, la única tesis válida es la de la lengua propia y los muertos propios. Estos últimos tienen la ventaja de que no opinan, así que se les puede utilizar a placer. El próximo día once, en mi ciudad, Lleida, abundarán los ramos de flores a los finados propios de 1707. A los de un siglo después no les caerá ni un clavel, por impropios.

Y a los que tenemos el castellano como lengua materna, tampoco nos dedicarán flores. Y es que somos unos impropios de cuidado.


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