AGLI Recortes de Prensa   Lunes 5  Septiembre  2016

Sin gobierno se vive mejor
Javier Benegas vozpopuli.com 5 Septiembre 2016

Existe en España, de forma mucho más acusada que en otros países, un desdoblamiento de la realidad que da lugar a dos órdenes muy distintos: el de la realidad política y el de la realidad apolítica. Y aunque, en efecto, son realidades distintas y la primera condiciona a la segunda, de esta relación de sometimiento surge una tercera realidad que perfectamente podríamos llamar “realidad virtual”. Una realidad que, pese a su virtualidad, resulta inapelable, obligatoria, y da lugar a una comprensión de las cosas, de los sucesos, muy limitada donde el raciocinio está sometido a un orden lógico artificial lleno de líneas rojas. Pero es la inevitable narración de esa realidad virtual en forma de noticias y crónicas la que al cabo consideramos vigente, y sobre la que, de una forma u otra, todos terminamos discutiendo y tomando posición.

Esto explicaría la facilidad con la que hemos asumido que todos los riesgos a los que nos enfrentamos como sociedad estén asociados a la imposibilidad de constituir un gobierno y que, por ejemplo, espinosos asuntos como la viabilidad del sistema de pensiones, problema ignorado durante más de tres décadas, ahora se supedite a una supuesta investidura; o se afirme que las inversiones privadas van a aumentar o disminuir de forma significativa en función de si hay o no un presidente del gobierno sancionado por el Rey y por las Cortes; o que también se diga que generaremos más o menos empleo según si el ejecutivo deja de ser un ejecutivo en funciones o no. Y así otros muchos asuntos, como cumplir el compromiso de déficit evitando la sanción de la UE, o, por el contrario, incumplirlo y que la sanción se produzca, asunto que según dicen también quedaría resuelto con una investidura, aunque durante lustros el déficit no haya hecho otra cosa que aumentar con presidentes perfectamente investidos. En definitiva, para esa realidad virtual que llega hasta nosotros a todas horas en forma de noticias, crónicas y análisis, la solución de prácticamente todos los problemas que en España llevan sin resolverse décadas pasa por una investidura... y ya está.

Por si no bastara con todos los milagros que el simple hecho de investir a alguien de presidente se producirían, se añade todavía más presión cuantificando en 1.000 millones de euros mensuales el coste económico que supone para España la ausencia de un gobierno en plenas funciones, ni 500 ni 2.000 sino 1.000 millones redondos. Y también se alude a los graves problemas que afrontarán las administraciones autonómicas si se prorrogan los actuales presupuestos porque, según parece, los gobiernos regionales recibirían 4.000 millones menos para atender sus compromisos. Además, se aduce que hasta que no haya un gobierno como tal el Estado no podrá generar nuevo empleo público ni licitar obra pública ni repartir subvenciones a pequeñas empresas, cooperativas, asociaciones, ONG y un sin fin de grupos de interés, grandes y pequeños. En definitiva, no tener un gobierno con plenas facultades nos aboca a la catástrofe, al colapso… Y es que cuando el oficialismo se pone catastrofista, hasta los profetas más terribles palidecen.

Sin embargo, que la incertidumbre se disipe no depende de una mera investidura sino del enfoque político que ese futurible gobierno pudiera adoptar. Y es desde el conocimiento exacto de este enfoque cómo se puede valorar la conveniencia o no de una investidura: sólo así podríamos afirmar que los costes de no tener gobierno serán mayores que los costes que supondrá tener un ejecutivo muy débil, sometido a los vaivenes de una aritmética parlamentaria endiablada donde lo de menos es el interés general. Ocurre, además, que a día de hoy no sabemos cuáles son los propósitos de ese posible gobierno, sólo conocemos vaguedades, declaraciones de intenciones, promesas huecas e indefinidas. De hecho, ni siquiera sabemos algo tan elemental como cuáles son sus verdaderos propósitos en materia tributaria, aunque nos temamos lo peor. Tampoco conocemos qué rumbo que tomará en materia de legislación laboral, ni cómo se propone garantizar el sistema de pensiones, ni siquiera sabemos si subirá las cotizaciones de forma generalizada o serán los autónomos los que paguen los cristales rotos de la imprevisión.

Por si estos fueran pocos motivos para la incertidumbre post gobierno, la experiencia nos dice que nuestros políticos tienden a gobernar de forma extraordinariamente opaca y discrecional, mucho más allá de lo que se considera aceptable en otros países, y que en todo caso distraen al respetable con alguna que otra regalía que, por lo demás, el propio público paga de su propio bolsillo. Por lo que desde el punto de vista de la realidad apolítica, la que no se somete al debate partidista, no tener gobierno quizá podría no ser tan perjudicial como nos quieren hacer creer. Cierto es que si el nuestro fuera, en lo político, un país serio, carecer de gobierno no sería la situación ideal. Pero visto el percal, tal vez sea el mal menor. Al fin y al cabo, la única certeza es que el día en que se constituya un gobierno, lo primero que hará será aumentar los ingresos tributarios. Pero para todo lo demás, seguiremos igual, del mañana nada sabremos y el oro no será más que polvo a nuestros pies.

Cuando un sistema político tiende a la opacidad, cuando carece de controles eficaces para fiscalizar la acción de los gobernantes de tal forma que estos pueden actuar de forma discrecional y servir a sus propios intereses, la incertidumbre se convierte en algo consustancial al modelo político, no una novedad que trae bajo el brazo bloqueo alguno. Al fin y al cabo, nadie conoce el enfoque de la política que seguirá un presidente o de qué forma abordará un determinado problema, porque sus decisiones no están sujetas a un plan, a unos compromisos conocidos, ni siquiera –a la hora de la verdad- a un sesgo ideológico o a determinadas convicciones, sino al simple cálculo político, a lo que convenga en cada caso al gobernante. Por eso esta incertidumbre de la certidumbre, que para la gran mayoría resulta mucho más perjudicial que la actual, es muy apreciada para los grupos de presión. Pues esa calculada indefinición del gobernante, del político, constituye una zona de sombra donde los grupos de intereses pueden maniobrar y sacar tajada, en beneficio propio o… mutuo. De hecho, podría decirse que en España la verdadera incertidumbre empieza con cada nueva investidura, cuando un jefe de partido cualquiera es nombrado presidente y controla todos los resortes del poder. Por eso, para el ciudadano corriente que no aspire a grandes prebendas, quizá este periodo de un gobierno en funciones termine por ser el de mayor certidumbre que haya conocido jamás.

Rajoy no pinta nada
Julio Ariza gaceta.es 5 Septiembre 2016

Dado el fracaso del candidato del PP para conseguir el respaldo de la Cámara, lo normal es que los populares elijan un nuevo líder. Qué prefiere el PP, ¿un gobierno del PP sin Rajoy o ir a la oposición con Rajoy?

En una Monarquía parlamentaria el Primer Ministro que no obtiene la confianza de la Cámara dimite de inmediato. Mariano Rajoy puede seguir en funciones, pero lo normal es que el grupo de diputados del Partido Popular elija un nuevo lider.

Mariano Rajoy no pinta nada en China, en la reunión del Grupo del G20 y, por ello, debía haber mandado a un alto funcionario para estar presente y tomar nota.

Si el Partido Popular tuviera un Comité Ejecutivo que represente de verdad al partido exigiría o habría exigido la retirada de Rajoy. De otro modo, el riesgo es que cristalice un Gobierno de izquierdas o que haya nuevas elecciones. Qué prefiere el PP, ¿un gobierno del PP sin Rajoy o ir a la oposición con Rajoy?

Lo que tampoco se entiende en vasco ni en gallego
Guillermo Dupuy Libertad Digital 5 Septiembre 2016

Lo que Sánchez va a conseguir es perder la oportunidad de liderar la oposición al Gobierno más débil de nuestra democracia.

No creo que Pablo Echenique exagere cuando dice que le costó menos entender la mecánica cuántica avanzada que a Pedro Sánchez. Ciertamente, la actitud del todavía secretario general del PSOE no hay dios que la entienda, empezando por una mayoría de sus propios votantes, que prefieren un Gobierno de Rajoy a la convocatoria de unas terceras elecciones generales. Tampoco lo entienden los que prefieren volver a las urnas antes que resignarse a seguir viendo al PP presidir el Gobierno.

Y es que lo de iniciar una ronda de contactos con todos los partidos que votaron en contra de Rajoy para desbloquear una situación política que el PSOE acaba de bloquear con su negativa a abstenerse en la investidura sólo se entendería (y muy poco) si Sánchez se postulase claramente como alternativa en aras de lograr un acuerdo con la extrema izquierda y los separatistas de todos los colores. Pero Sánchez, en el más difícil e incomprensible todavía, asegura que mantendrá contactos con todos los partidos –incluido el PP– y deja además muy claro que no se postulará para la investidura sin tener previamente garantizados los apoyos necesarios. Vamos, que va a repetir la rocambolesca –y felizmente corregida– maniobra de Rajoy tras las elecciones del 20-D. Con una clara diferencia: que entonces el tiempo corría a favor de Rajoy, en tanto que presidente del Gobierno en funciones, mientras que el candidato socialista no saca provecho alguno con este surrealista numerito circense.

Algunos podrán pensar que Sánchez sólo trata de ganar tiempo hasta que pasen las elecciones vascas y gallegas, pero lo cierto es que su estéril e incomprensible posicionamiento no tiene traducción a lengua alguna y sólo va a empujar a muchos de sus votantes en esas regiones a la abstención o a respaldar a Podemos.

Sánchez no va a difuminar con esta maniobra la responsabilidad exclusiva que ahora tiene el PSOE en que estemos abocados a unas terceras elecciones; lo que sí va a conseguir es perder la oportunidad de liderar la oposición al Gobierno más débil de nuestra democracia. El error de Sánchez ha sido el de creer que ese liderazgo en la oposición se teje a base de noes, cosa que, dadas las circunstancias, lo que en realidad hace es apuntalar a un Gobierno en funciones que parece recabar más apoyos a medida que se prolonga el bloqueo.

Aun sin tener que creernos a pie juntillas el sondeo que este lunes publica La Razón, y que pronostica que PP y Ciudadanos alcanzarían la mayoría absoluta, resulta evidente que unos terceros comicios en los que el PP nuevamente aumentara o incluso conservara su diferencia respecto del PSOE sí que significarían la muerte de las aspiraciones políticas de Pedro Sánchez. Y con lo de sus aspiraciones políticas no me refiero a la de desbancar a Rajoy del Gobierno sino a la de no ser desbancado del liderazgo del PSOE.

Pero, en fin. Lo dicho. Quien le entienda, que le vote.

Los 150 versículos del credo socialdemócrata
Amando de Miguel Libertad Digital  5 Septiembre 2016

Tan socialdemócratas son las 150 propuestas que casi todas las podría adoptar tranquilamente el PSOE, “si oviese buen señor”

El número 150 es una curiosa constante cultural. Equivale al tamaño modal de habitantes que componen las aldeas de todas las culturas. Es también el número de efectivos de la unidad militar básica, entre nosotros la compañía. Una orquesta sinfónica se completa con esa nómina de músicos. Por ahí andará la cantidad de amigos y conocidos de cualquier persona, con los que mantiene una relación continua. En fin, 150 han sido las propuestas que acordaron el PP y C´s para formar Gobierno. Ya se ve que han sido efímeras, pero ahí quedan como hipotético programa de Gobierno del centro-derecha, dado que nadie quiere ser de derechas.

Aunque las 150 medidas las suscriben partidos sedicentemente de centro-derecha, lo llamativo es que son ideas típicamente socialdemócratas. Preciso que se trata de la socialdemocracia europea un tanto periclitada, la del periodo que siguió a la II Guerra Mundial. Aquí la llamamos nueva política o regeneración democrática. Siempre vamos detrás.

Tan socialdemócratas son las 150 propuestas que casi todas las podría adoptar tranquilamente el PSOE, "si oviesse buen señor". La razón es que se traducen automáticamente en un inmoderado aumento del gasto público. Se supone que así se conseguirá una mayor igualdad social. No estoy de acuerdo: más bien aumentarán los impuestos, lo que se traducirá inevitablemente en más desigualdad. La socialdemocracia habla siempre de igualdad; menos, de libertad.

La expansión del gasto público no es la que se reconoce en el documento dicho. Crecerá mucho más porque el paquete de medidas se extasía con la creación de nuevos organismos, comisiones, planes, portales y programas de toda índole. Se supone que todos esos entes se van a llenar de cargos a dedo, es decir, digitales. Ahora se entiende la ilusión de que el Gobierno crea empleo.

La medida estrella es un "complemento salarial" de los salarios modestos. Estupendo, a partir de ahora las empresas procurarán bajar los sueldos a los empleados. Así podrán completarse con las ayudas del Estado. Es decir, socialdemocracia en estado puro. Otras medidas son simplemente arbitrismo; por ejemplo, la obligación de finalizar la jornada laboral a las 18 horas. Es difícil saber cómo se va a imponer en el país más turístico del mundo (en términos por habitantes, claro está).

Respecto a la forma del texto en cuestión, se refina el uso del más tradicional politiqués. Por ejemplo, algunas frases ininteligibles, otras sesquipedálicas, orgía de gerundios, jerga tecnocrática, nuevos acrónimos por doquier. Se pueden leer expresiones delirantes en la mejor tradición de "los españoles serán justos y benéficos". Por ejemplo, "fortalecer el valor del envejecimiento", "desarrollar programas de empoderamiento de las mujeres rurales", "igualdad de oportunidades de las personas con diversidad funcional". El premio se lo lleva la propuesta de "convertir en ciudades inteligentes a todas las localidades de más de 50.000 habitantes". Y así hasta el delirio. ¿Quién va a pagar todo esto? Ya se otean los cientos de empresitas especializadas en hacer inteligentes a las ciudades. Luego haremos inteligentes a los pueblos, las pedanías y el campo todo, los bosques, los ríos, los parques temáticos, los parques eólicos. Tampoco estaría mal que se hicieran inteligentes los diputados y senadores.

Presidente, no somos súbditos ni imbéciles
Melchor Miralles Republica  5 Septiembre 2016

El Rey echa el freno e invita a los partidos a sentarse a dialogar para romper el bloqueo. Su Majestad mostraba un rostro serio tras la reunión con Ana Pastor, presidente del Congreso. La fecha límite para evitar unas terceras elecciones es el 31 de octubre. Hasta después de las autonómicas vascas y gallegas todo van a ser rumores, titulares y cruce de mensajes públicos y privados, pero nadie va a tomar decisiones. O sea, que seguimos como estábamos, aunque quizá un poco peor. Veamos.

Tras la segunda votación de investidura, Rajoy volvió a las andadas haciendo pública la propuesta del Gobierno del ex ministro José Manuel Soria como miembro del Consejo Ejecutivo del Banco Mundial en representación de España. La decisión es injustificable, se mire como se mire, y una vez más Rajoy, además de cometer un error, ha empeorado las cosas con sus perezosas, inconsistentes y hasta insultantes explicaciones. Pretender que se trata de una mera decisión irrelevante de la Administración, fruto de un esmerado concurso de méritos, y argumentar que como Soria no es objeto de ninguna investigación penal no había motivos para no designarle es tanto como pensar que los ciudadanos somos no ya súbditos, sino imbéciles.

Se trata de una decisión política, adoptada por el ministro de Guindos tras consultar al presidente. Y Soria, sin entrar a valorar los méritos de su carrera como funcionario y de su currículo, era un candidato de todo punto inconveniente e inaceptable desde un punto de vista ético y aplicando criterios de ejemplaridad. Claro que la ejemplaridad es un concepto que parece no manejar el presidente en funciones.

Soria tuvo que dejar el Gobierno presidido por Rajoy y abandonar la política por mentir a la opinión pública sobre una cuenta en un paraíso fiscal. Una conducta impropia respecto a la cual no hay pruebas que permitan iniciar acciones para que tenga consecuencias penales, pero que le inhabilita para que ningún Gobierno que se conduzca con prudencia, ética y ejemplaridad le designe para representar a España en ninguna institución internacional. Rajoy no lo entiende, y no nos extraña, porque no es la primera vez. Y le ha importado siquiera que el asunto, y lo sabía, propiciara un distanciamiento ya sideral con el resto de fuerzas políticas. Rajoy es así.

Llegados a este punto, parece evidente que la mejor solución sería que Rajoy y Sánchez, acumulados ya suficientes méritos por ambos, den un paso a un lado y dejen paso a otros en sus partidos que hagan posible que España salga del atolladero. Ninguno de los dos ha acreditado capacidad ni empaque político para afrontar una crisis como la que padece España, y ambos, con sus problemas personales, hacen imposible encontrar una salida. No se si, como escribe nuestro director, Pablo Sebastián, son Cristina Cifuentes y Susana Díaz quienes deben liderar la solución en el PP y el PSOE. Lo que parece evidente es que con Rajoy y Sánchez vamos al desastre.

Se puede argumentar a favor de que no es ningún drama no tener Gobierno, porque sería peor un Ejecutivo débil y en minoría con enormes dificultades para sacar adelante la legislatura. Hay quien defiende que un Gobierno en funciones tiene las ventajas de que tiene limitadas funciones discrecionales que le obligan a no legislar, lo cual genera menos incertidumbre, y con un Gobierno en funciones la Administración funciona a su ritmo, sin presiones. Es cierto en parte. Pero creo que en la España de 2016, integrada en la Unión Europea, la situación de interinidad que padecemos es negativa, puede terminar afectando seriamente al crecimiento económico, genera inquietud, alimenta la tensión independentista en Cataluña y veremos lo que pasa en el País Vasco, complica las tareas de control parlamentario y, sobre todo, impide poner en marcha reformas urgentes para la regeneración democrática.

Con Sánchez y Rajoy va a ser imposible. Pero a día de hoy ninguno de los dos contempla la posibilidad de irse. O sea, que el problema es grave. Veremos si hay sentido de la responsabilidad en ambos partidos, en los que hay dirigentes solventes que pueden terminar salpicados por la incompetencia de sus jefes. La situación es grave. Aunque Rajoy y Sánchez, como si oyen llover.

Rajoy y sus amigos
Cayetano González Libertad Digital 5 Septiembre 2016

Estas actuaciones no le saldrán gratis en un futuro inmediato. Los casos de corrupción que afectan al PP le han pasado y le seguirán pasando factura.

Que el presidente del Gobierno en funciones es amigo de sus amigos quedó meridianamente claro el pasado viernes por la noche, cuando, sólo dos minutos después de perder su investidura y de haber abandonado a toda prisa el Congreso de los Diputados, el Ministerio de Economía hizo pública su decisión de proponer al exministro de Industria, José Manuel Soria, para un puesto directivo del Banco Mundial.

No es la primera vez que Rajoy da muestras de esa fidelidad en la amistad a las personas que aprecia. La más conocida quizá sea el famoso sms -¡en buena hora se le ocurrió escribirlo!- a su amigo Bárcenas: "Luis, lo entiendo, sé fuerte, mañana te llamo", que le ha costado tantos quebraderos de cabeza. Posteriormente se resistió contra viento y marea a destituir a su amiga, Ana Mato, a la sazón ministra de Sanidad, cuando se vio salpicada por el caso Gürtel, hasta que no tuvo más remedio que dejarla caer. Por no hablar de su amigo el ministro de Interior, Jorge Fernández, que sigue en su puesto después de haber sido grabado en su despacho oficial manteniendo conversaciones poco claras con el entonces responsable de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Por eso no es verdad que Rajoy entendiera todas las partes del no que desde el pasado mes de diciembre le ha dado Pedro Sánchez. Rajoy no quiere aceptar que el rechazo que su persona, desde el punto de vista político, produce en la mayor parte de los partidos del arco parlamentario es la verdadera causa del bloqueo institucional. Y lo que es más importante: con los hechos demuestra que no ha entendido el hartazgo que en la ciudadanía produce la corrupción de los políticos, el abuso de poder o la prepotencia en el ejercicio del mismo.

Porque en el nombramiento del exministro Soria hay una mezcla de todo eso: hay una utilización política de los mecanismos legales para promocionar a un puesto ejecutivo importante en un organismo internacional relevante a una persona que tuvo que dejar su silla en el Consejo de Ministros por haber mentido acerca de lo que tenía o dejaba de tener en paraísos fiscales. Y quien está éticamente incapacitado para seguir siendo ministro también lo está para ocupar un cargo ejecutivo importante en el Banco Mundial, remunerado con 226.000 euros al año libres de impuestos. Hay abuso de poder y prepotencia en el ejercicio de este, porque de sobra sabía Rajoy que el nombramiento de Soria iba a producir escándalo y estupor en la opinión pública, incluso dentro de su propio partido; pero da toda la impresión de que al presidente en funciones eso le da igual.

Estas actuaciones no le saldrán gratis en un futuro inmediato. Los casos de corrupción que afectan al PP le han pasado y le seguirán pasando factura. Con nombramientos como el de Soria, seguir manteniendo que su Gobierno es el que más ha luchado contra la corrupción no son más que palabras vacías, y sus promesas de regeneración democrática no tienen ninguna credibilidad. Por eso Rajoy debería entender de verdad el no de Sánchez, o que su socio de investidura, Albert Rivera, le espetara en el debate que no se fiaba de él, lo cual no deja de ser también un cierto ejercicio de masoquismo por parte de Ciudadanos: pactar con alguien con el que no irías ni a la vuelta de la esquina no se entiende bien.

Rajoy se puede empeñar en seguir al frente del PP e intentar de nuevo su investidura. Pero eso no es incompatible con que transmita una imagen de político acabado, en tiempo de descuento, sin ninguna capacidad ni credibilidad para liderar la regeneración política que España necesita. A lo mejor es precisamente por eso por lo que se atreve a llevar adelante nombramientos como el de Soria. Pero el espectáculo no deja de ser lamentable y bochornoso.

El nuevo populismo hace peligrar el proyecto europeo
EDITORIAL El Mundo 5 Septiembre 2016

El populismo en Europa ha dejado de ser un fenómeno marginal y minoritario. Su inexorable avance, como una contagiosa epidemia que nadie sabe combatir, amenaza con desestabilizar a las democracias europeas y cuestionar las bases de convivencia del proyecto comunitario. Bajo la forma de extremismos que invaden espacios electorales a izquierda y derecha del espectro político, los movimientos populistas son el síntoma de las heridas generadas por una crisis económica que ha puesto en cuestión las políticas de Bienestar y ha acrecentado las diferencias sociales y económicas provocando la pauperización de una clase media que se siente cada vez más desprotegida.

Los resultados de las últimas elecciones regionales celebradas en Alemania, en el land de Mecklemburgo-Antepomerania, al este del país, ponen de manifiesto que hay amplias capas de la población que han dejado de confiar en los partidos tradicionales y canalizan su descontento a través de formaciones que cuestionan principios fundacionales de la UE como la solidaridad territorial o la defensa de los derechos humanos. Es el caso de Alternativa para Alemania (AfD), un partido que nació en 2013 para oponerse a los rescates de Bruselas a países como Grecia o Portugal y que ha ido desarrollando un ideario centrado en la identidad nacional y el rechazo a los programas de acogida de inmigrantes y refugiados. No se trata de un grupo de neonazis nostálgicos del Tercer Reich, sino de un movimiento transversal presente ya en nueve parlamentos de estados federales, que ha conseguido derrotar al partido de Angela Merkel en su propio feudo regional y que, a un año de las elecciones generales, acumula una intención de voto superior al 10%, lo que la convertiría en la tercera fuerza política del país.

La canciller alemana asumió ayer la responsabilidad de la derrota de su partido (CDU) frente a los populistas, que quedaron en segunda posición por detrás de la socialdemocracia del SPD. Merkel pretendió explicar el avance de la AfD por la polémica política de refugiados defendida por su Gobierno, que ha atraído hasta Alemania a más de un millón de personas solicitantes de asilo. A diferencia de otros países europeos, que han cerrado sus fronteras e incluso amenazan con levantar muros de contención, Merkel se puso a la cabeza de la UE para dar acogida a las miles de personas que huyen de la guerra en Siria e Irak. Por eso, en la CDU temen que en la ciudad-estado de Berlín, donde se celebrarán elecciones regionales el próximo día 18, los resultados vuelvan a repetirse, porque ahí el problema de los refugiados se tradujo en una grave crisis administrativa que tuvo efectos visibles entre la población local.

Sin embargo, se da la circunstancia de que Mecklemburgo-Antepomerania es uno de los land que menos refugiados ha acogido y donde viven muy pocos extranjeros, sólo 25.000, lo que representa menos del 1% de la población de este estado federado. Por esta razón, no debe achacarse exclusivamente a la crisis de los refugiados el hecho de que la AfD consiguiese más del 20% del apoyo del electorado. Aunque el racismo y la xenofobia sean algunas de las principales razones que explican el avance de los populismos, el fenómeno no se agota ahí.

Europa se enfrenta a la descomposición del modelo político y económico que ha procurado el periodo de paz y prosperidad más largo de la historia contemporánea del continente. Los populismos no son sino el síntoma de una de crisis más profunda que amenaza con resquebrajar los cimientos del proyecto europeo y el modelo de democracia que compartimos la mayor parte de los países occidentales. Los partidos tradicionales deben realizar un ejercicio de autocrítica y refundar sus estructuras para volver a convertirse en el referente político de una ciudadanía que necesita respuestas a los nuevos desafíos a los que se enfrenta la UE, política, económica y socialmente.

Nacionalismo e impuestos
OPINIÓN El Mundo 5 Septiembre 2016

En uno de sus últimos textos, resaltaba Hobsbawm la aparente paradoja de que los nuevos nacionalismos recurriesen a la estética y la retórica románticas del XIX, pero, a diferencia de aquellos, que facilitaron la creación de los Estados-nación, los del siglo XXI pretendan levantar sobre sus ruinas espacios autónomos en los que no operen las rígidas leyes fiscales y laborales de sus países. Una hipotética Cataluña independiente, por ejemplo, no reivindicaría nunca su derecho a emitir moneda ni a tener un ejército propio. Es más, querría estar bajo los paraguas del euro y de la OTAN. Se reservaría, eso sí, la capacidad de negociar con las grandes multinacionales que buscan Estados pequeños y débiles para conseguir rebajas de impuestos. Como Apple, en Irlanda, y otras tantas en el Luxemburgo dirigido por Juncker. O como esas petroleras del Mar del Norte que estarían encantadas de tratar con Escocia y no con Gran Bretaña. Y sin embargo, es curioso que el discurso liberal se acompleje ante el independentismo y el que se crezca sea el de la izquierda.

Coartadas peligrosas
La demonización de las nuevas elecciones contribuye a crear un estado de opinión capaz de aceptar cualquier salida
Ignacio Camacho  ABC 5 Septiembre 2016

Salvo que Albert Rivera opte por el suicidio político de Ciudadanos asociándose a un tripartito en torno a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la única posibilidad de evitar otras elecciones es ya la del «acuerdo Frankestein»: PSOE, Podemos, ERC y la antigua Convergencia. Ni Rajoy ni va ser presidente con este Parlamento ni hay posibilidad alguna de que el PP cambie de candidato a la investidura. Y aunque no parece probable que el PSOE consienta con la vía radical-soberanista, por más que a su líder la idea le haga chiribitas, conviene ofrecer las mínimas coartadas posibles a un pacto que arrojaría al país por el despeñadero de la discordia social y la quiebra económica. En ese sentido, la demonización de los nuevos comicios contribuye a la creación de un clima de opinión pública capaz de aceptar cualquier salida con tal de evitar el regreso a las urnas. Y favorece la aspiración de un Sánchez al que le encantaría ofrecerse para salvar a España de la catastrófica repetición electoral con un oportuno sacrificio patriótico.

Hasta ahora, el discurso político y mediático dominante ha enfatizado los perjuicios de la falta de Gobierno para presionar a los socialistas con una requisitoria de responsabilidad. Error. Primero porque la presión no ha tenido éxito, segundo porque el panorama no es tan apocalíptico —los Presupuestos se han prorrogado muchas veces, la última en 2011-2012— y tercero, y sobre todo, porque se ha generado un estado de opinión negativo sobre una salida que al cabo va a ser la única practicable. Insistir en que las terceras elecciones son un fracaso —por supuesto que lo son— sólo sirve para incrementar la irritación de unos ciudadanos ya bien cargados de motivos para el hartazgo.

Máxime cuando casi todos los partidos han estado desde el primer momento con el ojo puesto en esa posibilidad. Tanto es así que sus estrategias siempre se han basado en el modo de culpabilizar del bloqueo al adversario para ganar el frame, el marco mental de la futura campaña. Por eso ahora Sánchez lanza el globo de la alianza «del cambio»; sabe que C´s jamás podrá avalar sin hacerse el harakiri un compromiso con Podemos, pero trata de repartir las responsabilidades. Idéntico propósito inspira la apelación a que se aparte Rajoy, que empezará a correr esta semana; un intento bastante tosco de convertir al presidente en colaborador necesario del veto que ha sufrido. Argumento zafio destinado al consumo de izquierdistas recalcitrantes y antimarianistas fanáticos.

La indeseada repetición de las elecciones la va a provocar sólo y en exclusiva Pedro Sánchez. Él sabrá sus razones, que tal vez acaben rebotando en su contra. Se trata de una pésima solución pero en este punto tal vez sea el mal menor, el recurso más sensato. Desde luego mejor que el de hacer presidente por carambola a un hombre que ni siquiera reúne el consenso de sus propios partidarios.

El cuento chino de Rajoy
José García Domínguez Libertad Digital 5 Septiembre 2016

Antes éramos ineficientes y ahora seguimos siendo ineficientes. Nada nuevo bajo el sol. Nada de nada. Pero absolutamente nada.

Pese al fantasioso cuento chino que a estas horas anda explicando Rajoy a sus interlocutores del G-20, ni existe nada parecido a un modelo de crecimiento español, ni tampoco constan en el universo de lo tangible registros estadísticos de algo que remotamente recuerde a un milagro económico hispano u otra quimera macroeconómica por el estilo. La propaganda del Gobierno del PP a propósito de nuestra economía, su consideración como un prodigio singular, único en Europa y extraordinario en la Zona Euro, es solo eso: propaganda. Porque es verdad, sí, que España lleva un par de años creciendo. Pero ese crecimiento no tiene nada ni de extraordinario, ni de singular ni, mucho menos aún, de único. Bien al contrario, está ocurriendo lo que tantas veces, sin excepción, ha sucedido tras las crisis económicas que ha conocido la región occidental de Europa a lo largo del último medio siglo. De entrada, y pese a la literatura infantil que se esfuerza en divulgar el presidente en Asia, conviene tomar nota de que, igual que siempre acontece, España da en crecer al mismo tiempo que el resto de sus vecinos del norte. Y ello con independencia de cuáles fuesen las siglas del partido político que en cada uno de esos momentos ocupase lo despacho de La Moncloa.

Lo que viene a significar que a Rajoy, y por extensión al Partido Popular, le está tocando capear con el inicio de la recuperación por pura y simple carambola. Una vulgar carambola que el de Pontevedra trata de elevar a suprema hazaña gestora vía una cadena de verdades a medias, ese viejo truco tan caro a los peristas de la retórica y demás estafadores intelectuales. Así, se insiste desde instancias oficiales en que nuestro país es el mayor creador de empleo de "la Eurozona". La astucia de pillo reside en que el mayor creador de empleo en Europa resulta ser el Reino Unido, un territorio que no forma parte de la Eurozona. Distorsionan la verdad, pero se cubren para que no se les pueda acusar de mentir. Ya se sabe, tretas de trileros. Como la de sostener muy ufanos que España crea más empleo que Alemania siendo un país con la mitad de habitantes. Eso sí, se obvia mencionar en el discurso triunfal el pequeño detalle de que en Alemania no hay paro, anécdota que acaso reste algo de mérito a nuestra pretendida proeza.

Pero es que, puestos a considerar el tamaño, Irlanda, país pequeño entre los pequeños, crea hoy más empleo en términos proporcionales que España. Porque Rajoy podría ir por el mundo sacando pecho si los índices de actividad de Suecia, Reino Unido e Irlanda, sin ir más lejos, no fuesen a estas horas bastante mejores que los nuestros. Pero es que lo son. Los resultados económicos del equipo de Rajoy ni han sido únicos, decíamos, ni tampoco extraordinarios. Baste recordar al respecto que en el bienio 1986-87, el de la salida de la recesión que le tocó al PSOE de Felipe González, el PIB creció un 9,3%. Pero es que en el otro bienio que siguió al posterior bache de los noventa, el de 1995-96, nuestro país creció un 6,6%. Más allá de la propaganda, España, su aparato productivo, se ha conducido esta vez igual que de costumbre. Nos hundimos mucho, muchísimo más que el resto cuando empieza la tormenta. Y comenzamos a sacar la cabeza fuera del agua a la par con los demás. Lo de sacar la cabeza a flote, antes lo lográbamos devaluando la peseta. Y ahora lo hacemos devaluando el sueldo de los que ya no cobran en pesetas. O sea, como siempre. Por lo demás, antes éramos ineficientes y ahora seguimos siendo ineficientes. Nada nuevo bajo el sol. Nada de nada. Pero absolutamente nada. ¿De qué gallear en China, entonces?

Políticos infantiles para votantes inmaduros
Liberal Enfurruñada okdiario 5 Septiembre 2016

Pedro Sánchez tiene 44 años es economista y ha trabajado como asesor en el Parlamento Europeo, concejal de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid, profesor de universidad privada y diputado. Pablo Iglesias tiene 37 años, es licenciado en derecho y politólogo; ha trabajado como profesor interino de la Complutense y en diferentes medios de comunicación, eurodiputado y diputado. Albert Rivera tiene 36 años, estudió derecho y ha trabajado cuatro años en la asesoría jurídica de La Caixa, de donde pasó a diputado autonómico y a diputado. Con estos currículos nadie los contrataría ni para gestionar una Pyme de 50 trabajadores, pero en España se les vota para gestionar un presupuesto de más de 300 mil millones de euros. ¿Por qué? Porque España se ha infantilizado. No digo que sea el único motivo, aquí siempre se ha votado por sectarismo, se vota más contra algo que a favor de alguien, pero la crisis ha acentuado el deseo de encontrar salidas nuevas y mucho hartazgo. Sí, pero si se votara con madurez, aún ni con todo eso, nadie votaría a esos tres currículos tan míseros.

Las imágenes que nos llegan del Congreso de los Diputados en los últimos meses son también infantiles. Los nuevos diputados son incapaces de llegar a acuerdos y sólo fingen negociaciones por pura pose. No estiman necesario mostrar respeto a sus representados vistiendo de un modo adecuado al lugar que ocupan. Las escenas más inverosímiles se repiten sin parar: se hacen fotos, se graban en vídeo, muecas, gestos, chillidos, morreos, jueguecitos de todo tipo… Y ‘la cla’ que les ha votado les aplaude con inusitado entusiasmo porque son como niños. A esta España infantil sólo le interesa el futbol y los cotilleos, el Marca y el Pronto. Telecinco se sitúa como líder de audiencia emitiendo Sálvame, presentado por Jorge Javier Vázquez, mientras el resto de cadenas da el debate de investidura, y esa misma audiencia es la que vota a estos mindundis.

Impuestazo perverso
Somos una nación de niños malcriados, acostumbrados desde hace varias generaciones a recibirlo todo gratis, sin merecimiento y sin esfuerzo. Exigimos educación gratis, sanidad gratis, un salario para los que no trabajan y que se les pague la luz y la calefacción; todo por derecho. En los estudios hay que igualar por abajo, para que los que menos se esfuercen no se sientan discriminados. Todos universitarios sin despeinarse. Cada cual tiene derecho a estudiar lo que más le motive y luego la sociedad está obligada a proporcionar trabajos adecuados a esas motivaciones florales. Los empleos deben estar remunerados de acuerdo a los estudios del trabajador, y no a lo que sean capaces de producir. Nos interesan más las vacaciones y el ocio que el esfuerzo y el sacrificio. Y así todo.

A este electorado infantil no se le puede pedir el voto planteándoles los problemas que nos acechan. Como a niños hay que venderles piruletas, sólo se les puede decir lo que desean escuchar. El estado del bienestar ha dejado de ser sostenible, nuestra pirámide poblacional va a hacer quebrar el sistema público de pensiones, debemos conseguir que nuestros valores morales sobrevivan al flujo de inmigración de otras culturas, ninguna región puede independizarse si no cuenta con un ejército, armas y personas dispuestas a dar sus vidas. Estas y otras muchas cuestiones similares deberían estar siendo planteadas hoy a nuestra sociedad. En cambio escuchamos tan sólo canciones de cuna. Nene caca, nene bibi, nene cuna. Tenemos políticos infantiles para votantes inmaduros y es una tendencia creciente sin visos de ir a cambiar. Agárrense, que vienen curvas.

La desfachatez de Manuela Carmena
Editorial Libertad Digital 5 Septiembre 2016

Que la alcaldesa de Madrid vaya de abuelita antisistema es una tremenda irresponsabilidad y una desvergüenza.

Que un responsable político elogie a los que infringen la ley es ya de por sí escandaloso. Pero que lo haga uno que presume de su condición de exjuez y ha presentado este pasado profesional como gran aval ante los electores supera el terreno del escándalo para entrar en el del surrealismo y la indecencia políticos.

Sin embargo, lo cierto es que la falta de respeto por las leyes –especialmente las que no promulga ella– se está convirtiendo en una de las señas de identidad de la izquierda español.

En el caso que nos ocupa, los migrantes que saltan la valla de Melilla, estamos además ante la típica irresponsabilidad de una izquierda populista supuestamente bienintencionada pero que en realidad se limita a una impúdica exhibición sentimentaloide que no guarda la menor relación con la solución de los problemas. Por no hablar de la desfachatez que supone el hecho de que la esposa de Eduardo Leira vaya dando lecciones de sensibilidad social.

Que la alcaldesa de Madrid vaya de abuelita antisistema es una tremenda irresponsabilidad y una desvergüenza, la peor manera de aproximarse a problemas extremadamente complejos sobre los que no se debe frivolizar y, mucho menos, perpetrar escenitas de un oportunismo infecto. Que, evidentemente, se cuida mucho de alentar cuando de lo que se trata es de quebrantar las normas que dicta ella misma en la ciudad más importante de España.

La demagogia de las puertas completamente abiertas y el papeles para todos, sin el menor control, por supuesto que no ofrece una solución real a los que buscan desesperados la estabilidad, la seguridad y el bienestar en Occidente, y además envía a las sociedades de acogida un mensaje que, en lugar de integrador e inclusivo, suele derivar en reacciones muy peligrosas.

En poco más de un año, Manuela Carmena y su equipo de Gobierno, tan estrafalario como descalificable, no han hecho otra cosa más que demostrar que son indignos de estar donde están. Sólo descuellan en incompetencia y sectarismo. No están a la altura de una ciudad que no se merece padecerlos.

PSOE:susto o muerte
La autora analiza la encrucijada en la que se encuentra el socialismo español, obligado a elegir entre dos opciones que conllevarían, bien la fractura interna entre los dirigentes y los militantes, bien el desahucio de Sánchez
ROSA DÍEZ El Mundo 5 Septiembre 2016

Resulta imposible ser original a la hora de analizar la larga y penosa situación por la que atraviesa España desde que se celebraron las elecciones en diciembre del pasado año. Imposible no repetirse tanto como lo hacen las personas que se nos acercan con una única pregunta: "Y ahora, ¿qué?". Todas las palabras parecen estar dichas ya; todas las hipótesis han sido repetidas y repasadas en estos nueve meses que dura el espectáculo de un país que languidece sin gobierno y, lo que es peor, sin esperanza. Todo lo que pensamos que no podría pasar... pasó. Y nuestras peores expectativas sobre el comportamiento de nuestros dirigentes políticos han sido superadas con creces.

Tras meses de teatro y farsa continua en los distintos escenarios del Congreso de los Diputados hemos comprobado que esa especie de políticos que pensaban en su país antes que en su partido se ha extinguido en España. Diré más: el proceso de degeneración es tal que han pasado a ser cosa del pasado hasta los políticos que toman las decisiones pensando en el futuro de su partido antes que en el suyo propio.

No creo que tenga mucho sentido especular sobre lo que puede ocurrir en las próximas semanas, ni sobre si iremos nuevamente a las urnas en diciembre, porque la experiencia nos demuestra que por mucho que nos esforcemos en imaginar lo que son capaces de hacer siempre podrán sorprendernos... a peor. Pero sí tiene sentido que tomemos conciencia de lo que ya hemos perdido como país por la insensatez y la mediocridad de unos dirigentes que han demostrado estar muy por debajo de las necesidades de España y de la confianza que les han otorgado los españoles.

Tiene sentido que recordemos que hemos perdido unos meses preciosos para iniciar la recuperación política y económica de nuestro país y para dar un horizonte de certeza y esperanza a los españoles. Tiene sentido -y mucho- que seamos conscientes de que lo que nos ha ocurrido, lo que hemos perdido, no es consecuencia de una maldición que haya caído sobre nosotros o de una imprevista catástrofe natural, sino que es responsabilidad de una clase política con nulo sentido de Estado y ninguna ambición de país.

Sabido es que España no es país para patriotas; no es que sea poco rentable en términos políticos hacer un discurso nacional (salvo que seas nacionalista y hables del país pequeño, de la nación fabulada), sino que aquí se castiga a los partidos o dirigentes políticos que anteponen los intereses de su país a los de su partido y, por supuesto, a los suyos propios. E incluso resulta incomprensible y criticable para los hacedores de opinión -y para la opinión pública, por tanto- toda decisión política que no se puede explicar en clave electoral.

Pero quiero creer que no todo está perdido y que hay un número suficiente de políticos en ejercicio con el valor suficiente para actuar al margen o por encima de sus siglas, capaces de recuperar la buena política y de tomar decisiones pensando en el futuro de sus hijos. Sirvan pues estas líneas para hacer un llamamiento a quienes tienen en su mano evitar que se prolongue este periodo de inestabilidad creciente y la imposibilidad de tomar las decisiones políticas que España necesita perentoriamente. Porque son muchos los riesgos nacionales e internacionales que nos acechan y porque nadie en su sano juicio debiera de seguir pensando en sí mismo sin evaluar las consecuencias que esa actitud tiene para sus conciudadanos.

Escribe Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo que no hay nada más peligroso para una sociedad que la estupidez humana. Creo que algo de eso está ocurriendo en España: todos se hacen daño a sí mismos a la vez que fastidian a los 45 millones de españoles a los que tienen la obligación de servir. Pero si se repartieran medallas en estas olimpiadas de la estupidez que está arrasando nuestro país, creo que la de oro se la llevaría Pedro Sánchez. Es verdad que el PSOE lo tiene complicado y que cualquier decisión que tomen tendrá consecuencias políticas y electorales para ellos. Pero la cruda realidad es que desde su catastrófico resultado electoral en diciembre del 2015 sólo pueden elegir entre susto o muerte.

Diré más: no les queda otro remedio que aceptar susto y muerte. Porque los electorales ya han dictado sentencia (por dos veces consecutivas) y les han dejado como único margen la posibilidad de decidir quién muere o se asusta en primera instancia: el dirigente o el partido.

Si Sánchez reconoce el resultado electoral y desbloquea la posibilidad de que España tenga Gobierno sin ir a unas terceras elecciones, será la muerte inmediata para él y el susto para el PSOE, que tendrá que arrostrar las consecuencias de sus múltiples y consecutivos errores políticos y rearmarse desde la oposición para intentar recuperar un discurso nacional y progresista de verdad que hace mucho tiempo perdió por el camino. Si Sánchez se mantiene en sus trece y provoca unas terceras elecciones -además de ayudar de forma estúpida a que Rajoy obtenga la mayoría absoluta en las urnas- será la muerte para el PSOE y el susto para Sánchez, que por otra parte no conseguirá sino alargar su propia agonía.

En esta encrucijada en la que se encuentra el Partido Socialista Obrero Español me pregunto si en ese partido hay el número suficiente de militantes, diputados y dirigentes capaces de darse cuenta de la deuda que están adquiriendo con España por no comportarse como lo que otrora fue el socialismo español: un partido de orden, profundamente transformador y radicalmente democrático. Mi pregunta es si en el PSOE de hoy habrá suficiente masa crítica -o suficiente cuajo- para obligarle a Sánchez a poner el país por delante de su desahuciado futuro.

Rosa Díez es co-fundadora de Basta Ya y de UPyD

España adolece en la torre de Babel
Xosé Luis Barreiro Rivas La Voz 5 Septiembre 2016

Por lo que a mí se me alcanza, hay dos torres de Babel: la que inventó Dios en el Génesis (11, 7), cuando limitó el poder de los hombres multiplicando las lenguas y dispersando los pueblos; y la que la que estamos inventando los españoles, empeñados en mantener la lengua común, heredada del Estado moderno, mientras multiplicamos ad libitum los significados de cada palabra. Y nadie debe dudar de que, si las torres de Babel son castigos a la prepotencia de los pueblos, el Dios del Génesis solo es un aficionado. Porque, mientras de la divina torre de Babel se puede salir por la puerta de las escuelas de idiomas y las traducciones simultáneas, de la Babel española es imposible fugarse, porque cualquier traducción aumenta la confusión.

Pongamos un ejemplo. Si usted quiere hablar del cambio a todos los europeos, es suficiente con que diseñe un rótulo con cuatro palabras (cambio, change, échange, geldwechsel) para que los 450 millones de habitantes de la UE sepan lo que quiere decir. Pero si usted escucha la palabra cambio en el debate de investidura, dicha primero por Sánchez y repetida a destajo por populistas, nacionalistas, independentistas, canarios, navarros, indignados y plutócratas, además del PP y el Ibex, enseguida se da cuenta de que ninguno dice lo mismo, que se contradicen hasta las raíces, y que incluso se pueden estar insultando.

Lo mismo sucede con las palabras pueblo, gente, ciudadanos, democracia, ley, España, nación, dialogo, pacto, flexibilidad, sí, no, ganar, perder, progreso, libertad, pobreza, euro, devaluación, deuda, déficit, impuestos y todas las entradas del Espasa. La consecuencia es que no podemos entendernos, ni saber de qué hablamos, ni hacer coaliciones, ni establecer si somos una nación, un Estado, un reino de taifas, un montón de regiones folclorizadas o un fracaso histórico absoluto al que todos sus hechos y patrimonios le llovieron del cielo mientras apuntillábamos toros y palmeábamos flamenco.

Por eso temo que el fracaso de la gobernabilidad no venga de las diferencias ideológicas, los egoísmos personales, el fariseísmo regenerador o el tacticismo electoral, sino de la alocada carrera que hemos emprendido para, sobre la base de la excelsa descentralización del Estado que hemos construido, fragmentar España en poderes, territorios, partiditos, historias artificiosas, pueblos divinos, pueblos imperialistas, naciones Estado, naciones sin Estado, nacionalidades, regiones, parroquias y confederaciones hidrográficas. Así hemos llegado a que cuanto más claro hablamos, menos nos entendemos. Y cuanto más queremos a nuestra tierra, más patria destruimos. Así que, o reconstruimos lealmente el Estado, en todas sus perspectivas, o no tenemos remedio. Porque la amenaza es esta: lo que aquí nos pasa hoy, ya le pasó a muchos. Y todos acabaron trágicamente.

Realismos
Jon Juaristi ABC 5 Septiembre 2016

Lo sensato no es tranquilizar a los electores, sino contarles la verdad

Se cumplen estos meses los cien años de la ofensiva del Somme, un conjunto de batallas que se sucedieron en el llamado Frente Occidental desde el 1 de julio hasta el 18 de noviembre de 1916 en un desesperado intento por parte de los británicos de aliviar la presión alemana contra sus aliados franceses en Verdun. Las bajas en total ascendieron a más de un millón doscientos mil, entre muertos, desaparecidos y heridos graves de todos los ejércitos contendientes. Fue el verano más sangriento de la Historia, que la cambió de modo radical en muchos aspectos. Por ejemplo, en el de la condición de las mujeres. Hizo más por los objetivos del feminismo la gran matanza de varones en los campos de Flandes que todas las campañas anteriores de heroicas pioneras como la señora Pankhurst. Cambiaron las técnicas militares, las formas de reclutamiento (desaparecieron, por ejemplo, las levas feudales por comarcas). Pero, sobre todo, cambió la política. El Somme se cargó los regímenes deferenciales, restrictivos o censitarios, y alumbró la época de la democracia de masas. Hoy la mayor parte de los historiadores coincide en admitir que, tras la ristra de batallas del Somme, la humanidad entró en un tiempo nuevo. El siglo XX comenzó realmente en el verano de 1916, hace cien años.

Yo creo que, en nuestro siglo, los tiempos empezaron a cambiar drásticamente el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y que la transición al XXI culminó en la misma ciudad y en el mismo distrito seis años después, en agosto de 2007. Cambiaron muchas cosas, pero, sobre todo, cambió la política. El terrorismo ubicuo y la crisis financiera global dieron la puntilla a las distintas versiones del idealismo que dominaban hasta entonces, y se comenzó a llevar el realismo. Incluso las elecciones legislativas de 2011 en España, habitualmente uno de los últimos países occidentales en enterarse de por dónde sopla el viento, demostraron que nada podía sustraerse a esa tendencia. No ganaron los idealistas, ni los del buen rollito ni los indignados. Ganó Mariano.

Y sigue y seguirá ganando, aun en el caso de que hiciera poco o nada por conseguirlo, porque no hay otro realista en el terreno de juego. Yo que Sánchez Pérez-Castejón iría pensando en qué me gustaría ser de mayor, después de que se nos vaya la Pascua, mozas. Tiene Sánchez tantas dotes naturales para la política como servidor para la ópera. Es una lástima, y hablo muy en serio, que lo haga después de haber completado la demolición del PSOE, la única izquierda que alguna vez fue compatible con el bipartidismo. Ciudadanos y Podemos, dos formas terminales del idealismo, la untuosa inquisitorial y la populista vociferante, sobrevivirán enquistados en la administración local hasta las próximas elecciones. Lo mínimo que se les puede desear es que no les dé tiempo a corromperse mucho, porque lo tendrán francamente difícil una vez se les desvanezcan las últimas expectativas ilusorias de entrar en gobiernos de coalición, si no nacionales por lo menos autonómicos. Entonces, cuando ya nada se espere personalmente exaltante, tendrán que enfrentarse a lo que en México lindo se llama el Año de Hidalgo, período de horribles tentaciones de San Antonio para alcaldes y concejales de clase media baja.

Rajoy, por su parte, debe aprender que no se puede pregonar impunemente que la situación económica está mejorando, porque eso estimula las pulsiones destructivas del pueblo español, que en el fondo detesta a los idealistas pero siente la curiosidad de ver qué pasaría si los votase y así lo hace cuando cree tener un mínimo margen de maniobra. Lo sensato es contarle toda la verdad, como hizo el jueves por vez primera Mariano Rajoy.

Destape separatista de Colau
Pablo Planas Libertad Digital 5 Septiembre 2016

En su asalto a la Generalidad, la alcaldesa necesita reducir el perfil de activista social para agudizar el de heroína del catalanismo.

Ada Colau es separatista. Los analistas más finos y agudos ya lo sabían. Lo habían deducido porque acudió a votar en el referéndum del 9-N de 2014, la consulta que organizó el avezado y bronceado capitán de barco Artur Mas. Los mortales del común, en cambio, albergábamos algunas dudas sobre la verdadera naturaleza política de la alcaldesa, a quien en su campaña para conquistar el Ayuntamiento jamás se le oyó hablar de Cataluña, el catalán, el proceso o el derecho a decidir. Su discurso era otro. Paralizar los desahucios, dinamitar el turismo, cargarse el comercio y legalizar la ocupación ilegal de inmuebles. Salvo por la primera, ha cumplido de largo con sus promesas.

En aquella época en la que asumió la vara de mando, primavera del 15, Colau era el azote de los separatistas, que a la mención del mero apellido de la susodicha se persignaban atemorizados. En un acto que fue considerado de extrema gravedad, llegó a instalar unos urinarios municipales en la fachada lateral del Museo del Borne, que se llama El valle de los caídos catalán porque, según la fecunda e imaginativa historiografía catalana, en el subsuelo del mercado de verduras y hortalizas quedan restos del ADN de Rafael Casanova, que murió en la cama 29 años después del 11-S de 1714.

Los mingitorios de pared crearon tal conmoción que la alcaldesa decidió retirarlos tal como los había puesto, por la cara. Pero después empezó a trastear con los usos del Museo, que a punto ha estado en más de una ocasión de albergar muestras de artesanía popular, de danzas yanomamo o de las mejores falsificaciones del top manta, un sector en auge en la Barcelona de Colau.

La alcaldesa, entre frívola y displicente, aparentaba despreciar el catalanismo y ensalzaba el republicanismo españolista, según los patanegras del soberanismo. De hecho, instalar un meadero en la zona cero de la nación no parecía un gesto precisamente independentista. Tampoco el pasar de asistir a su primer 11-S como alcaldesa, el año pasado, presagiaba su entonces íntima condición de independentista.

Tras poco más de un año al frente de los destinos de Barcelona, Colau se muestra insaciable de poder y planea el asalto de la Generalidad. Necesita reducir el perfil de activista social para agudizar el de heroína del catalanismo. El giro es paulatino. De momento dice que le gustaría una república catalana confederada con una república española, pero en su formato de referéndum sólo hay dos respuestas: independencia o independencia confederada. El viraje de Colau, digna heredera de Maragall, arrastra al PSC, su socio municipal, y agudiza dos problemas: el de la izquierda antisistema y el del separatismo antidemocrático, cuya confluencia es letal para España. Y Colau es la referencia de la formación más votada en Cataluña en las dos últimas generales.

FAMILIAS ENTERAS HAN SIDO ANIQUILADAS
La extrema crueldad del Estado Islámico con los cristianos
Los islamistas muestran su cara más sangrienta cuando los rehenes secuestrados son cristianos. Numerosas familias han denunciado la desaparición de cientos de jóvenes. Un informe de Human Right Watch lo demuestra.
Arturo García gaceta.es 5 Septiembre 2016

Los cristianos que viven bajo el yugo yihadista en los territorios dominados de Siria e Irak ven como la violencia de los islamistas crece día a día y las matanzas se suceden en cada ciudad. Un extenso informe de Human Right Wacht pone de manifiesto este tipo de prácticas enumera, caso a caso, los diferentes crímenes que han cometido durante los últimos dos años.

La crueldad de la organización terrorista no tiene límites y familias completas han sido exterminadas. Es el caso de un matrimonio sirio de cristianos ortodoxos, que una semana después de la desaparición de sus hijas de 14 y 16 años recibieron un misterioso paquete en casa. En su interior, los yihadistas habían colocado partes del cuerpo de las menores y un vídeo de ellas siendo brutalmente torturadas y violadas antes de ser asesinadas.

Una madre de Mosul, que actualmente vive en Londres, recuerda como una mañana abrió la puerta de su casa a un grupo de yihadistas, quienes le exigieron el pago de la yizya (el impuesto de “protección” para cristianos y judíos”). La mujer pidió unos días para reunir el dinero, pero los terroristas quemaron su casa con su hija de 13 años dentro.

El informe de HRW certifica la decapitación de un sacerdote en el mes de mayo. "Hay informes fiables que el padre Boulos Yacob, fue decapitado por militantes del grupo terrorista mientras ofrecía misa en el altar de su iglesia junto a 23 de sus fieles. Según el testigo denunciante: 'fueron castigados por su fe'".

Ofensiva de Ankara
Por otra parte, el Estado Islámico se ha quedado acorralado en el norte de Siria, sin salida hacia Turquía, tras una ofensiva de facciones rebeldes apoyadas por Ankara que ocasionó hoy la pérdida de las últimas ciudades que mantenía bajo su control en la frontera con Turquía.

Según informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, a lo largo del día la organización terrorista fue perdiendo las localidades que aún controlaba en la zona situada entre las ciudades de Yarábulus y Al Rai, en el norte de la provincia septentrional siria de Alepo.

Mediada la tarde, los extremistas se retiraron de Al Qadi, Tel Mizab, Bab Limun y Jalilia, sus últimos bastiones en la zona fronteriza con Turquía, tras los choques con el Ejército Libre Sirio (ELS), apoyado por Ankara.

De esta manera, los yihadistas perdieron el contacto con Turquía, por lo que la única vía hacia el exterior que le quedaría a la organización terrorista sería la del paso entre las zonas de Abu Kamal, en Siria, y Al Qaim, en Irak.

La conquista de las localidades en la frontera turca se produce después de que el sábado el Ejército turco enviara veinte tanques, cinco blindados, camiones y maquinaria pesada a las proximidades de Al Rai para luchar contra el Estado Islámico, según informó el diario turco Hürriyet.

Este despliegue se enmarca en la operación del Ejército turco bautizada como "Escudo del Éufrates", lanzada el pasado 24 de agosto con el objetivo de expulsar a los extremistas de su frontera.

Mientras que todos los actores en la guerra siria, sea el régimen de Damasco, Rusia, Irán o Estados Unidos, coinciden en que su principal objetivo es derrotar a los yihadistas, todo indica que la prioridad para Turquía es contener el avance de los kurdosirios.

Ankara quiere evitar así la creación de una zona kurda contigua a lo largo de los 900 kilómetros de su frontera con Siria.

La razón de ese movimiento descansa en que Turquía desea evitar un fortalecimiento de los rebeldes kurdos en su propio territorio, el proscrito Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), que considera terrorista al igual que Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

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Cataluña, ante el desafío secesionista
Societat Civil Catalana defenderá el bilingüismo en un acto con académicos
Será el jueves 8 de septiembre en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona
Redacción lavozlibre.es 5 Septiembre 2016

Barcelona.- Societat Civil Catalana ha presentado este lunes el acto 'Razones para el bilingüismo', que celebrará este jueves, día 8 de septiembre, a las 19:00 horas, en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona.

La rueda de prensa ha contado con las intervenciones del presidente de la entidad, Rafael Arenas; el vicepresidente, Joaquim Coll; y la vocal, Nuria Plaza.

Arenas ha asegurado que el bilingüismo es “un distintivo esencial de la sociedad catalana”, que hay que defender ante “posiciones minoritarias en su contra” y que la lengua castellana tiene que ser considerada como “un elemento más en Cataluña”. Además ha querido desvincular este acto de la Diada y ha anunciado que el día 11 la asociación colocará carpas en Barcelona y allí mismo realizará una valoración sobre la jornada.

Respecto al proceso independentista, Arenas ha dejado claro que “seguirá adelante” y que Societat Civil Catalana continuará llevando a cabo su tarea de exponer argumentos en contra del secesionismo y ha lamentado que el “pacto previo” que pidió hace unos días a las principales fuerzas políticas en España para hacer frente a la independencia de Cataluña esté, en este momento, “lejos de producirse”.

Por su parte, Nuria Plaza ha hecho especial hincapié en que el acto que se celebrará el día 8 es “puramente académico”. La vocal de Societat Civil Catalana ha explicado que el evento contará con las intervenciones del escritor, Eduardo Mendoza; el catedrático de psicobiología en la Universidad Autónoma de Barcelona, Ignacio Morgado; la catedrática de literatura y lengua española de la Universidad de Lund, Inger Enkvist; el vicepresidente de la entidad, José Domingo; y el presidente, Rafael Arenas.

Plaza, que moderará el debate, ha dejado claro que, mediante este acto, se pretende reflejar “los beneficios que el bilingüismo aporta a la sociedad catalana que no son pocos”.

En relación a este curso que acaba de empezar, Joaquim Coll ha afirmado que puede ser “el más difícil desde 1977” por dos motivos principales. En primer lugar porque la política española se ha instalado en una “situación de incertidumbre por la falta de Gobierno” y, en segundo lugar, porque “la hoja de ruta secesionista se va a continuar aplicando”.

Considera que el proyecto separatista está “agotado”, entre otras cuestiones, por la “falta de acuerdo” que hay para aprobar los presupuestos; y que, por otro lado, “el debate sobre la RUI pone de manifiesto la desesperación de los independentistas”. No obstante, asegura que pese a este deterioro la situación “continúa siendo preocupante” y ha advertido que si esta tendencia se mantiene se terminará produciendo “un choque de trenes que comportará graves consecuencias”.

Habla el nieto de Javier de Ybarra y Bergé
Así secuestró, torturó y mató ETA a mi abuelo
Javier Igartua Ybarra okdiario 5 Septiembre 2016

Estimados lectores de Okdiario:
A mi abuelo, Javier Ybarra, lo secuestró ETA y después lo asesinó. Eso hace mella en la vida de una persona y de una familia. Los terroristas o te matan o te hacen más fuerte en tus principios y convicciones.

El 22 de junio de 1977, se encontró en el Alto de Barazar (Vizcaya) el cadáver de mi abuelo Javier de Ybarra y Bergé, secuestrado el 20 de mayo —25 días antes de celebrarse las primeras elecciones democráticas—y posiblemente asesinado dos o tres días antes. La aparición de su cadáver conmocionó a la opinión pública, especialmente en el País Vasco, y a la clase empresarial y política de la España de la Transición. También supuso un terremoto en el mundo proetarra y en ETA político-militar.

Algunos de sus referentes, como Mario Onaindia, se habían opuesto radicalmente tanto al secuestro como al asesinato de Ybarra. Ese hecho influyó en que muchos de sus simpatizantes, como el propio Onaindia o Bandrés, rompieran con la banda para crear Euskadiko Ezkerra. El asesinato de Ybarra fue “un golpe maestro de ETA” porque era “el ideólogo, el intelectual de Neguri”.

“Le secuestran y le asesinan por ser la cabeza pensante”. (Mario Onaindia, Testamento Vasco 2004). “Fue no sólo la muerte de un hombre sino la de toda una clase política y el fin de una época.” (‘Los mitos del nacionalismo vasco’, José Díaz Herrera, Planeta, 2005). A raíz del secuestro y asesinato de mi abuelo se rompe la unidad que había existido en las familias de Neguri para acometer grandes empresas económicas.

Un tiro en la cabeza
A partir de entonces, hay una diáspora física porque la gente se marcha. Cada uno ya sólo piensa en nadar y guardar la ropa. El cadáver de mi abuelo Javier Ybarra presentaba un disparo en la cabeza. Muchos datos terribles del secuestro se ocultaron a la opinión pública, pues en esos primeros pasos de la democracia española alguien decidió que no convenía caldear el ambiente.

Ahora, 39 años después, los etarras han vuelto a las instituciones. Por eso digo siempre que estamos peor que entonces, cuando mi abuelo se convirtió en el primer muerto de la democracia española tras un largo y cruel encierro. Sus últimas horas debieron ser trágicas. Guillermo Ostos, entonces comandante de la Guardia Civil, recuerda la escena durante la recogida de su cadáver en el Alto de Barazar: “El cuerpo, con un tiro en la cabeza, estaba metido dentro de una bolsa de plástico enganchado a un clavo, con los brazos atados a la espalda, los ojos vendados”.

“Durante el cautiverio había perdido 22 kilos y toda su ropa olía a orina y a excrementos. Tenía, además, el cuerpo llagado, señal inequívoca de que estuvo todo el tiempo tumbado o metido en un saco sin poder moverse. (‘Los mitos del nacionalismo vasco’, José Díaz Herrera, Planeta, 2005). Por si esto fuera poco, la autopsia reveló que tenía hierba en el estómago, indicación clara de que tuvo que alimentarse con lo que tenía a su alcance en el lugar donde lo tuvieron secuestrado.

Monedero: "No hay militantes más honestos ni dirigentes más sinvergüenzas que los de Izquierda Unida"

Ensañamiento brutal
Si todos los secuestros son, en sí mismos, una tortura para la víctima, en el caso de mi abuelo Javier de Ybarra la banda asesina se ensañó y se comportó con especial crueldad fruto del odio —del cual estoy muy orgulloso— que nos tienen estos terroristas a mí y a mi familia. Lo que más duele es que el caso de mi abuelo esté sin resolver. Eso te machaca el alma pues no te llega la paz que da que sus asesinos hayan sido juzgados, pues en el caso de mi abuelo no ha sido así.

Las llamadas telefónicas que he recibido en mi casa, y donde estos terroristas me han amenazado de muerte, vienen de largo. Es casi una suerte de macabra tradición en mi familia. Mi abuelo ya las tuvo que soportar antes que yo. Él se había negado a pagar la extorsión económica que la banda le venía haciendo desde hacía 10 años. Los etarras telefoneaban para recordárselo. Él les llamaba majaderos y colgaba.

Estos asesinos de ETA que acabaron con la vida de mi abuelo son los “hombres de Paz” de los que habla el populista Pablo Iglesias, admirador de Chávez, ahora que Maduro está matando a Venezuela y a los venezolanos. Iglesias está más cerca de Otegi que de mi abuelo y eso me produce gran orgullo, pues quiere decir que tengo un gran abuelo, cosa que ya sabia pero esto me reafirma más todavía si cabe.

Me preocuparía el caso contrario y me darían nauseas si un personaje como Iglesias me alabara a mí o a alguien de mi familia. Vamos por buen camino. Esta es la historia de una familia marcada por el trágico asesinato de su familiar más representativo. Una historia que tengo la obligación de contar, una historia que ha marcado mi vida desde que nací protegido por mi querida Guardia Civil, pues ETA me amenazó siendo un bebe de días.

Debemos homenajear y contar siempre con las víctimas del terrorismo. Contar lo que han vivido, lo que hemos vivido y no olvidarlas. Abuelo, sigo tu legado desde la humildad, pues no te llego ni a la altura de los zapatos. Un legado que finalmente logre la derrota definitiva de ETA y que los saque de las instituciones, que también deje en cero votos a ese partido que homenajea y da las gracias a Otegui. Esos populistas encabezados por el ínclito personaje Pablo Iglesias.

Te quiero abuelo.
Siempre con las víctimas.
Viva España.


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