AGLI Recortes de Prensa   Martes 6  Septiembre  2016

Rajoy y Sánchez como constatación de un régimen partidocrático
Lorenzo Abadía gaceta.es  6 Septiembre 2016

Una prueba más de ello, para aquellos cuya ignorancia o cinismo todavía superan la impúdica evidencia, es que España se encuentra sin gobierno, tras dos elecciones generales y ocho meses de parálisis normativa y presupuestaria.

El conocido artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente un mes de agosto de 1789 constató que “una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”, aserción perfectamente extrapolable al régimen político español. Si una ley orgánica puede violar un principio constitucional, como ha ocurrido desde 1985 con la independencia del Poder Judicial, es que el texto que lo garantiza no sirve para aquello que fue concebido o, según los revolucionarios franceses, ni siquiera puede considerarse una constitución.

Sin embargo, la falta de garantías democráticas de la Constitución del 78 no proviene exclusivamente de su incapacidad para imponer la independencia del Poder Judicial, como reza su artículo 117, sino que también falla en otra cuestión de importancia capital. El régimen político español, en contra de lo que se cree, no es parlamentario sino partidocrático porque adolece de la ausencia de su principio esencial, el representativo.

Una prueba más de ello, para aquellos cuya ignorancia o cinismo todavía superan la impúdica evidencia, es que España se encuentra sin gobierno, tras dos elecciones generales y ocho meses de parálisis normativa y presupuestaria, sencillamente porque los dos jefes de los partidos hegemónicos, sin apoyo parlamentario suficiente, tienen cogidos por las listas a sus empleados, que ocupan los escaños y cobran puntualmente a cambio de renunciar a la libertad, travistiendo su verdadera función de representar a sus votantes con la de servir de voz canina a sus auténticos amos.

O, ¿acaso puede interpretarse como un reflejo de democracia representativa que estos dos jefes de partido, cuya popularidad repta por los suelos y cuyos votantes desean, en un caso, dejar gobernar con la abstención al partido ganador y, en el otro, cambiar de candidato si es preciso para formar gobierno y no repetir elecciones, no hayan encontrado una sola voz discordante entre sus filas del Congreso? Tanto los diputados de uno como del otro partido son conscientes de los beneficios que supondría destituir a ambos jefes y, sin embargo, ninguno tiene las agallas suficientes para arriesgarse a votar en una investidura de acuerdo a lo que él piensa y sus votantes desean. Porque en una partidocracia, para quedar apartado de la fuente que colma las necesidades vitales de cada diputado lo fundamental no es incumplir promesas electorales o actuar en contra de los intereses del votante, sino morder la mano que les da de comer al incluirlos en las listas de partido. El solo hecho de que la investidura se votara en secreto modificaría sustancialmente su resultado.

Jamás se me ocurriría pedir, como oigo y leo con suma desesperación en muchos medios de comunicación, un acto de grandeza a quienes se encuentran en la cúspide del poder. Conozco demasiado bien la naturaleza del mismo como para ser tan ingenuo. Si cualquiera de los dos jefes acabara cediendo habría sido un minuto antes de ser desplazados por circunstancias extremas como el miedo de los barones socialistas a perder sus feudos o una revuelta en el PP como consecuencia de un convencimiento absoluto de estar en la inmediaciones del abismo.

Cegado por la libido del poder, el poderoso es incapaz de ver más allá de sus intereses personales. Por esa razón, los sistemas democráticos se diferencian de los que no lo son por las garantías establecidas constitucionalmente para que no se produzcan situaciones de abuso de poder como las que estamos viviendo. Al no disponer de ellas en España, es perentorio que los ciudadanos tomen la iniciativa exigiendo la aplicación de las reformas necesarias que, desconfiando por principio del poder, les devuelvan lo que erróneamente se llama soberanía y en realidad consiste en disponer de libertad política. Y que, naturalmente, sólo se logrará suscitando el interés de un partido que lo tome por bandera para acceder al Estado.

Todo cuanto se escriba respecto a esta cuestión que no parta de esta base empírica puede servir para aliviar la conciencia del lector respecto a la condición humana. Pero no le devolverá la libertad.

Populistas o jacobinos
RAÚL DEL POZO El Mundo  6 Septiembre 2016

Mariano Rajoy en la cumbre del G-20, desde el Imperio Celeste y la Muralla China -monumento al miedo que se tragó 10 millones de paletas-, ha expresado el pavor de Europa ante la revuelta populista, enemiga del progreso y del crecimiento. No sé que habrán pensado los jerarcas chinos mientras se peinan e implantan un modelo populista, thatcheriano, de capitalismo agresivo ajeno a la ortodoxia marxista.

Para los clásicos de la ideología de la praxis, el populismo es hijo de burros, una ideología oportunista, naíf, la demagogia de los falsos enemigos del pueblo. Profesores con ideología de colegiales, mareas de profesionales que quieren colarse en el Estado, muchachos sin esperanza, pequeños burgueses contra grandes burgueses. Los de Podemos montaron en Madrid una revolera o pajarraca en la Puerta del Sol y ya están todos colocados en el Estado. ¿Qué sería del régimen del 78 si no les hubiera dado a los radicales un escaño, una concejalía y vales para los taxis?

La política es más que nunca hipocresía de mala calidad y se no ha observado con rigor, sino con saña, la extensión del populismo. En toda Europa y en América ese cante o brasa crece en forma de extrema derecha o de extrema izquierda. La finísima y molona apátrida, cajetilla y española Cayetana Álvarez de Toledo, en un luminoso artículo, comenta que este ascensión del populismo y el nacionalismo ya ocurrió en el siglo XX y ahora estamos de reestreno: "Breivik, Bataclán. Brexit, Le Pen, Putin, Trump; nuestros ibéricos Otegui y Puigdemont". Cuando la política es un mercado, una guía del ocio, un share, y todo huele a brutalidad, habrá que poner en anuncios luminosos aquel aviso de Brecht: "Aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está caliente de nuevo". Ahora mismo, Alternativa para Alemania -xenófobos y racistas- supera al partido de la Merkel.

Pablo Iglesias y Podemos son nietos de la ira y sus propuestas parecen de izquierdas. Pero hay quien teme su acercamiento al nacionalismo. Como dice Cayetana, Podemos legitima el delirio de una izquierda que ha pasado de defender la igualdad a defender la identidad.

En el País Vasco fueron la primera fuerza en junio, por delante del PNV. En Galicia, desperdigados en las mareas, crecen. Si Pablo Iglesias ve a la guillotina como madre de la Democracia podría pensarse que tiene simpatía al club de los jacobinos. He oído a algún dirigente de Podemos decir jacobino como insulto a un representante del PP. Yo suponía que eran jacobinos, en el sentido de revolucionarios, radicales o marxistas; veo que son partidarios de los procesos de autodeterminación en lo que llaman una España plurinacional. Eso hace más imposible de lo imposible que haya un Gobierno del cambio.

Como dijo hace unos meses Alfredo Pérez Rubalcaba: "El derecho de autodeterminación nos separa de Podemos. Las patrias y las naciones nos interesan menos que los ciudadanos".

Partitura de campaña
JAVIER REDONDO El Mundo  6 Septiembre 2016

El universo conceptual de la corrección política propone cuatro interlocutores válidos a los que reconoce un elevado sentido de Estado. Un medio, exquisito, moralizante y pertinaz en la defensa del progresismo coo', centrado entre la prensa carca y los micrófonos de la agitación que anticipan el apocalipsis. Un ex presidente, modernizador y ponderado, pastor de ovejas descarriadas, voz de la conciencia del socialismo pactista, reivindicado por la derecha como argumento de autoridad. Un partido que suele gobernar España y siempre es necesario para su gobernación, establece la agenda y se parece mucho, donde no da palos de ciego, al español medio.

Por último, un líder emergente que se coló en el púlpito socialdemócrata. Para ello tuvo que purgar su valiente combate contra el nacionalismo corrupto y totalitario con la rúbrica, tras el 20-D, de un pacto inservible al objeto propuesto y muy útil a posteriori: el medio, el ex presidente y el partido elogian -con razón- su equilibrio virtuoso. El PP nunca agradecerá lo suficiente a C's que cortara el cordón sanitario. Se equivoca al pensar que si no existiera C's gobernaría en solitario. Al contrario, hubo que inventarlo para que pueda volver a gobernar.

El ex presidente, el medio, el emergente y el partido, en prodigiosa armonía y cadencia, han interpretado, cada uno en su tono, la partitura del veto a Rajoy y su paso atrás. La orquesta está tan afinada que suena más a pieza de campaña que a estrambote. Como no es lógico que el PP concluya su trayecto hacia la socialdemocracia cediendo la elección de su candidato a los partidos perdedores, todo apunta a una estrategia con doble propósito: Transmitir que no sólo el PSOE sufre un conflicto entre aparato y liderazgo y provocar en el adversario una tensión de lealtades. E Incluir otro ítem de precampaña apurando el tirón de la investidura fallida. En ambos casos se trata de apartar el foco del bloqueo del PSOE. Aunque parezca al revés, el affaire Soria muestra a un Rajoy imperturbable y marmóreo.

No es el Gobierno
Gabriel Albiac ABC 6 Septiembre 2016

No, no es el Gobierno, idiotas… Es el Estado. O sea: nuestra supervivencia. La vuestra también, por cierto

No es el Gobierno, ahora, lo que está en juego. Por el Gobierno-tanto me da de unos como de otros- no malgastaría yo cinco segundos de mi vida. Ni afrontaría, desde luego, el humillante engorro de desplazarme para hacer don de una papeleta a gentes de intelecto obtuso y a las cuales, en lo moral, desprecio. Sin demasiadas distinciones. Un Gobierno es, en una sociedad moderna, una instancia técnico-administrativa. Eso sólo. Por ello su potestad real queda tan acotada. Por Parlamento y jueces: por fabricantes de ley y ejecutores de ley. La ley fija los límites del juego. Un Gobierno viene a ser, así, una ampliación del tejido funcionarial en su vértice decisorio, sometida a los controles que impidan su emancipación despótica. A eso llamamos «división de poderes»: al equilibrio de fuerzas contrapuestas. A eso llama Europa democracia. Y al campo estable que resulta de tal composición llamamos Estado, para dar razón del modo en que los vectores de los intereses particulares no basculen hacia la guerra civil de todos contra todos.

Porque es ésa la clave. Los discursos utópicos fingen una humanidad angélica, susceptible de ser armonizada sin conflicto, una vez liberada de su ignorancia. Y, si el conflicto retorna, sólo a una patología lo atribuye. Que debe ser curada o amputada. Tal es la lógica de los totalitarismos. No nacen por azar o por milagro. Son hijos de una descomposición de Estado que no fue detectada a tiempo. Nadie quiso ver en el caos de la Alemania de entreguerras otra cosa que una inestabilidad crónica en el Gobierno. Cuando unos pocos pensadores plantearon que el Estado mismo se había desintegrado, Hitler estaba ya llamando a la puerta. Sabemos el precio.

Más cerca de nosotros. Francia, 1958. No era el Gobierno lo que estaba en crisis cuando el General De Gaulle echa el cierre a una IV República que había acumulado veinticuatro Gobiernos en doce años. La V República será un nuevo Estado, cuya Constitución salva a Francia de despeñarse en el último instante. Y cuya normalización -con todos los conflictos que son consustanciales a cualquier sociedad humana- garantiza una continuidad política de ya más de medio siglo. Los Gobiernos pasan, el Estado permanece. Si es que el Estado ha sido adecuadamente codificado. Al cabo, todo reposa sobre un axioma que, en el siglo XVII, pone en marcha el inmenso avance que será la Europa moderna: «la libertad es virtud del individuo; la seguridad es la virtud del Estado». Sin la segunda, la vida del individuo, de todo individuo, sería sólo supervivencia en la selva; hablar de libertad ahí es un hiriente sarcasmo.

El drama de España hoy es ése. El Estado se deshace -en lo social, lo territorial, lo económico…-, mientras que los grandes partidos se acuchillan por naderías de Gobierno. Respetables en tiempos normales. Criminales, cuando todo está ya a punto de saltar por los aires. No, no es el Gobierno, idiotas… Es el Estado. O sea: nuestra supervivencia. La vuestra también, por cierto.
Gabriel AlbiacGabriel Albia

Se ríen de nosotros
Isabel San Sebastián ABC 6 Septiembre 2016

El único que pide perdón por dos investiduras fallidas es quien más ha intentado evitar esa gigantesca burla

Más allá de los cenáculos y las tertulias televisivas, lejos de los despachos donde se parte y reparte el poder, existe una España real habitada por gentes que no llevan el pan a casa si no rinden en el trabajo y cumplen con sus objetivos. Una España de contribuyentes inermes cuyos impuestos, abrumadores, pagan puntualmente los sueldos de unos políticos incapaces de velar por el interés común. Una España atónita, estupefacta, indignada y al mismo tiempo resignada a que se rían de ella a la cara quienes, se supone, solo piensan en servirla. Una España de españoles soberanos que tiran los votos a la basura una y otra vez, ante la incompetencia manifiesta de los llamados a gestionarlos como dicta el sentido común.

Nos toman el pelo. Unos más que otros, es cierto, pero todos en conjunto. Los perdedores del puño y la rosa más que los ganadores de la gaviota y los que se sientan a dialogar menos que quienes profieren gritos, aunque tanto aquéllos como estos configuren un Congreso convertido en cámara inútil. Se mofan de la democracia y desde luego de los electores unos líderes atrincherados en sus respectivas conveniencias personales, en sus mezquinas ambiciones más o menos confesadas, en sus frustraciones, sus miedos y sus rencores. Exhiben con impudicia su inoperancia, amén de la cobardía preponderante en sus dirigentes, unos partidos ayunos de capacidad negociadora, huérfanos de alternativas constructivas, secuestrados por aparatos convertidos en guardia pretoriana del césar, a quien es menester rendir pleitesía en todo momento y circunstancia si se quiere sobrevivir. Demuestra su agotamiento, necesitado de inaplazables reformas, un sistema electoral merced al cual dos elecciones sucesivas no han dado más fruto que un bloqueo institucional traducido en la derrota de dos candidatos a la investidura, ninguno de los cuales, por cierto, ha tenido el arranque de dignidad suficiente para presentar la dimisión como forma de asumir la responsabilidad de ese fracaso. Hace mucho que la dignidad dejó de cotizar al alza en la política española.

Somos sus rehenes. Rehenes de sus cambalaches y luchas internas. Del ansia de Pedro Sánchez por ganar tiempo a toda costa a fin de salvar su cabeza del hacha de los «barones», necesitados de un chivo expiatorio sobre el que cargar la culpa del descalabro del PSOE y así salvar sus propios cuellos. Del afán irrenunciable de Mariano Rajoy por revalidar su mandato (no el del PP) a cualquier precio. Del cada vez menos disimulado empeño de populares y socialistas por regresar al terreno de juego del bipartidismo, donde la ausencia de intrusos facilitaba el reparto del pastel, no solo por limitarlo a dos porciones, sino por la ausencia de testigos incómodos. De la incompatibilidad intrínseca existente entre las dos fuerzas emergentes, una de las cuales, Ciudadanos, reivindica el legado de la Transición y sus consensos, mientras la otra, Podemos, predica la ruptura revanchista de todo lo logrado entonces en un retorno enfermizo a lo peor del 36. De la histórica deslealtad de los nacionalistas a la Constitución, cuyo texto cometió el error de otorgarles un peso desproporcionado en la toma de decisiones colectivas, equivalente en la práctica a un letal derecho de veto.

Se ríen de nosotros, sin disimulo, cuando plantean volver por tercera vez a las urnas el día de Navidad, para después transigir con que sea el 18 de diciembre. Y el único que pide perdón por esa gigantesca burla es, paradójicamente, quien más ha intentado evitarla, a costa de su credibilidad. ¡Pobre España!

El buscador de cucarachas (2)
Roberto Giménez Gracia Cronicaglobal  6 Septiembre 2016

En mi artículo anterior, en el que daba las gracias a Pedro J. Ramírez por haberme enseñado un modelo de éxito para el ejercicio del periodismo, no hablé nada de la ideología, no porque no sea importante, sino al contrario, lo es y mucho, pero no podía solventarlo con una frase. Lo importante no entra en el ámbito de la telegrafía.

Me identifico con el estilo periodístico de Pedro J. Ramírez, no diré que coincido porque me precede. Su estilo es hijo de un hecho que le impactó, como a toda un generación: el Watergate. Dos reporteros del Washington Post cazaron al presidente de los EEUU.

El periodismo es otra cosa desde entonces. La suerte que tuvo Pedro J. es que lo vivió en el nido de la cucaracha. Le marcó para siempre.

No descubro nada que no se sepa y que él ha repetido decenas de veces: entiende el periodismo como el sacerdocio en busca de la verdad. No me atrevo a calificar la verdad en mayúsculas porque existen tantas como percepciones. Lo aprendí de Ortega y Gasset, pero fue Kant quien lo escribió por primera vez. Ortega conocía la filosofía alemana y lo aprendió de él.

Sé que a los legos les parece discutible o sorprendente, pero no lo es. Con dieciocho años a mí también me sorprendió en primero de carrera cuando el profesor de redacción periodística nos dijo que no fuéramos ingenuos. Que las noticias no eran verdad porque un diario las publicara sino que, en el mejor de los casos, la noticia sólo era una aproximación a la realidad, un punto de vista, que el lector aceptaba si coincidía con lo que él pensaba.

No es que Pedro J. diga la verdad, pero sí que la persigue con ahínco, por eso digo que me identifico con su actitud casi enfermiza de buscar la cucaracha que se esconde debajo de las piedras de todas las instituciones públicas, sin excepción.

Por eso no tiene ni amigos ni abrigos. De Diario 16 le echó Felipe González y de El Mundo, Mariano Rajoy. La historia se repite porque es una noria que da vueltas sobre un mismo eje. Por eso es importante conocerla.

Yo también he ejercido el periodismo sin tener amigos ni abrigos. ¡Y hace tanto frío cuando se está a la intemperie! Hay que ser un soñador para ejercer de esta manera la profesión. Un soñador o un loco...

Durante muchos años busqué los tres pies al gato a los socialistas cuando gobernaban, y esos mismos pies se los busqué a los nacionalistas cuando llegaron al poder. Mi objetivo siempre fue desvelar los secretos, la trastienda, de quien estaba en el poder. Levantar la piedra que esconde su cucaracha.

En un tiempo los socialistas creían que yo era un aliado de los nacionalistas, y viceversa. Unos y otros estaban equivocados, sólo cazaba cucarachas. Muchas veces me equivoqué, pero sólo las buscaba para exponerla en la vitrina de mi portada. Esos insectos son asquerosos. Los colecciono para disecarlos.

Se equivoca quien crea que soy de los suyos. No soy de nadie. Nunca he perseguido mariposas, porque en el mundo salvaje de la política les pasó como a los dinosaurios...

PD: Al repasar el escrito me he dado cuenta de que tampoco he hablado de ideología política. Soy fiel al estilo de Pedro J.: cuando tengo un tema de interés entre las manos no lo mato con una entrega, sino que cierro el asunto cuando llegó al final con el lema de "prohibido aburrir". Lo que me obliga a un tercer y último artículo para cerrar esta forma de dar las Gracias a Pedro J.

¿Quién puede querer a esta banda en las instituciones?
OKDIARIO  6 Septiembre 2016

Resulta intolerable el trato de favor que Manuela Carmena y su equipo de Gobierno dispensan a okupas y antisistemas en la organización de las fiestas populares de Arganzuela. Intolerable y sospechoso, ya que estos grupos recibirán dinero público para la organización de las celebraciones sin estar inscritos en el Registro de Asociaciones del Ayuntamiento. En teoría, requisito indispensable para cualquier grupo de la capital de España. De hecho, en la mayoría de los casos, pasan meses esperando para poder conseguirlo. Una condición sine qua non para tener un CIF y así poder optar a ingresos y gastos. No obstante, parece que la legalidad y la diligencia en los trámites no está hecha para estos radicales hermanados con la edil de la zona Rommy Arce. Tanto es así que ya se encuentran en el programa oficial, a la misma altura que los Bomberos y los grupos políticos que forman parte del Ayuntamiento de Madrid.

Esperamos que por el bien del dinero público, que con tanto esfuerzo aportan a las arcas públicas todos los madrileños, tanto Arce como Carmena y el resto de representantes de Ahora Madrid tengan en cuenta que sería ilegal aprovechar esta arbitrariedad para financiarse. Los antecedentes, desde luego, no son muy halagüeños. El concejal de Vallecas, Paco Pérez, ya intentó hacer algo parecido troceando contratos menores de hasta 17.000 euros para no tener que sacarlos a concurso público. Idéntico proceder al que han instaurado en los fastos de La Melonera para favorecer a sus afines. Sería conveniente que alguien en el Consistorio diera explicaciones al respecto. Por ahora, esta manera opaca de llevar el asunto no ayuda en nada. Los vecinos piensan, y con razón, que han “secuestrado” sus fiestas. Pase lo que pase, es cuanto menos un contrasentido curioso que bandas sociales tan agresivas en sus pronunciamientos como los antisistema y los okupas claudiquen con tanta facilidad al dinero público de ese sistema que tanto aborrecen.

Apertura del año judicial
Lesmes y Madrigal coinciden en el diagnóstico: la lucha contra la corrupción no es sólo cosa de la justicia
Ambos representantes del tercer poder del Estado han realizado en sus discursos de la apertura del año judicial un llamamiento en la lucha contra la corrupción: jueces y fiscales necesitan cooperación para combatir esta lacra.
Angela Martialay vozpopuli.com  6 Septiembre 2016

El rey Felipe VI ha inaugurado este martes la apertura del año judicial en la sede del Tribunal Supremo (TS) ante la atenta mirada del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, y de la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal. Ambos han intervenido en el solemne acto al que ha acudido la mayor parte de la cúpula judicial de nuestro país.

Durante su intervención, Lesmes ha realizado una férrea defensa de la independencia del poder judicial. El presidente del Alto Tribunal ha comenzado su discurso dirigiéndose al monarca sosteniendo que "vivimos tiempos de dificultades y de incertidumbres que nuestra democracia ha de afrontar desde la fortaleza y calidad de sus instituciones".

La cabeza visible del tercer poder del Estado ha señalado que "la corrupción, como fenómeno preocupante que corroe algunas de nuestras instituciones, con el consiguiente desánimo social, ha encontrado en la justicia española más eficaz y contundente respuesta, desde la rabiosa independencia de todos nuestros jueces, desde el nuevo juez de instrucción a los que sirven en este Tribunal Supremo, jueces que no admiten injerencias ni presiones de ningún tipo y que no tienen más señor que la propia ley, expresión de voluntad de la mayoría".

Carlos Lesmes ha destacado que "cabe recordar que ante el fenómeno de la corrupción la acción de la justicia no basta"

Asimismo, Carlos Lesmes ha destacado que "cabe recordar que, ante este fenómeno, la acción de la justicia no basta. Tiene que ir paralela a la definición de unas estrategias de buen gobierno, de prevención, y sobre todo, de regeneración de la gestión pública. La corrupción es el síntoma, no la enfermedad".

De la misma forma, el presidente del Alto Tribunal ha añadido que las afirmaciones sobre la politización de la justicia "reiteradas durante años por opinadores de todo tipo y que se vinculan al modelo de gobierno judicial, no se ajustan a la verdad y se desmienten una y otra vez por cada uno de esos jueces y juezas que cada día se esfuerzan en sacar adelante procesos de toda clase tramitados en sus juzgados y tribunales, con los medios de los que disponen y siempre con respeto a las garantías del proceso y los derechos de los justiciables".

Un nuevo marco procesal penal
Por su parte, la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, ha destacado el papel que juega en Ministerio Público en la lucha contra la corrupción. La fiscal ha explicado que aunque "la corrupción ha existido siempre" asistimos ahora a un fenómeno con "notas propias" que "condicionan la investigación y el enjuiciamiento".

En ese sentido, Madrigal ha subrayado que hay que mejorar "los cauces de detección de los hechos delictivos, incentivando su denuncia; mejorar el flujo de información y colaboración entre los organismos relacionados con la persecución del fraude: ONIF, AEAT, CNMV, Sepblac, Banco de España, TC; crear mecanismos de análisis conjunto de operaciones y equipos de apoyo integrados por funcionarios de diversos cuerpos; reforzar la cooperación jurídica internacional, y por supuesto, un nuevo y completo marco procesal penal, sobre cuya necesidad parece haber consenso y para el que sólo falta un imprescindible pacto de Estado". "La lucha contra la corrupción no es sólo cosa de la justicia", apostilló.

En su discurso, la fiscal general del Estado ha subrayado que "la lucha contra la corrupción no es sólo cosa de la justicia"

Asimismo, durante su discurso en el Salón de Plenos del Alto Tribunal, la fiscal general ha hecho hincapié en que la "principal amenaza que afronta la comunidad internacional es hoy el terrorismo de corte yihadista". Sobre este tipo de actividad terrorista, Consuelo Madrigal ha manifestado que si en el año 2014 se duplicaron las investigaciones en este campo, en 2015 "el incremento se sitúa en torno al 69 por ciento con 179 diligencias previas".

Por último, la fiscal general del Estado ha hecho referencia durante su intervención al desafío separatista de Cataluña. "En un escenario político y social incierto como el que vivimos y ante el desafío al Estado de Derecho con total desprecio al ordenamiento constitucional que se plantea desde sectores independentistas, conviene mantener la integridad de la conciencia intelectual, tal como ha hecho el TC en la sentencia de 2 de diciembre de 2015", sobre la celebración de la consulta alternativa del 9-N en Cataluña.


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Impuestazo perverso

OKDIARIO  6 Septiembre 2016

Las medidas que propone Podemos Euskadi retraerían hasta la parálisis el desarrollo empresarial en la comunidad autónoma vasca. En un mercado globalizado y tan extremadamente competitivo como el que nos circunda, una cuota de transferencia de capitales haría que las empresas se movieran hacia otros territorios donde no tuvieran que pagar ese impuestazo. Un hecho que provocaría un evidente retroceso en la economía del País Vasco, estancaría su mercado laboral y extendería una pertinaz pauperización del poder adquisitivo de sus ciudadanos. Esta medida intervencionista sigue la línea de Podemos a nivel nacional. El partido dirigido por Pablo Iglesias demoniza la libre circulación de capitales por considerarla enemiga directa de la democracia y defiende este tipo de iniciativas como una eficaz medida recaudatoria. Algo que choca contra la realidad. Quizás en primera instancia diera resultado pero a medio y largo plazo —clave en la economía— fomentaría la carencia, ya que las operaciones caerían en picado.

La prórroga de los Presupuestos abrirá una brecha fiscal de 17.000 millones de euros en 2017

La propia Comisión Europea recogió una propuesta de este tipo en 2011 pero jamás se ha atrevido a ejecutarla, consciente de que puede ser una rémora insalvable para la economía de la Eurozona. Este contenido programático que Podemos Euskadi ampliará este miércoles resume la esencia electoral que ha intentado instaurar desde el principio Pili Zabala. La candidata a lehendakari por el partido morado ha planteado una política de corte aislacionista, radical e independentista. Sobre todo de cara a su relación con España. Zabala ha demandado que el País Vasco debe ser reconocido como “nación”, algo en lo que ha estado apoyada desde el principio por el propio Pablo Iglesias, partidario de un referéndum excluyente y dirigido únicamente a los vascos. En pleno siglo XXI, e integrados en Europa, el camino de Euskadi tiene que ir invariablemente de la mano de España y asentado en ideas e iniciativas que lo consoliden como la sólida región que siempre ha sido.


 


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