AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 7  Septiembre  2016

El verdadero bloqueo de la política española
El verdadero bloqueo no se encuentra en el parlamento sino en los propios partidos. En su estructura rígida, cerrada, en sus nefastos sistemas de selección de los líderes, que conducen a una exacerbada mediocridad.
Juan M. Blanco vozpopuli.com 7 Septiembre 2016

El reciente fracaso en la investidura de Mariano Rajoy ha sumido en honda preocupación a círculos de la élite política, económica y mediática. Mucho menos a la gente corriente a pesar de esa alarma que, en tono rayano en el milenarismo, afirma que España se encuentra bloqueada por no poder formar gobierno. Menos lobos. El fracaso no es más que la señal de un problema mucho más profundo, el mero síntoma de una grave enfermedad que aqueja desde hace muchos años a nuestro sistema político.

Relájense. No es tan preocupante que el gobierno permanezca en funciones durante una temporada, al menos en España. Habría que prorrogar el Presupuesto actual pero... ¿alguien puede garantizar que se aprobaría otro menos malo que el presente? ¿O que esta vez, para variar, se cumpliría? El ejecutivo no podrá impulsar nuevas leyes pero... ¿de verdad son necesarias en un país con avanzada artrosis hiperlegislativa? No viene mal una pausa, un descanso para la desgastada manivela del BOE cuyo vertiginoso giro condujo a una enorme complicación de requisitos y normas.... para regocijo de asesores y picapleitos. Poco puede perjudicar una leve dosis de Fortasec para esa abrumadora diarrea legislativa que produce flojera al sufrido ciudadano mientras engorda a múltiples grupos de presión.

Como señaló Georges Clemenceau refiriéndose a Argentina: "el país crece gracias a que sus gobernantes dejan de robar cuando duermen"

Hay ventajas en un gobierno con ataduras. Proverbial ejemplo histórico es la creación de los Bancos Centrales independientes, que no tuvo motivación económica sino política. Se trataba de restar atribuciones a gobernantes irresponsables, retirar de su mano el control de la política monetaria, evitando esa secular tentación de emitir demasiado dinero para financiar el gasto incontrolado. Y resultó eficaz para prevenir las incontroladas escaladas de precios.

Selección perversa de los dirigentes
Paralelamente, aunque sea de manera transitoria, la interinidad actúa como un freno que impide al gobierno amontonar leyes absurdas, incrementar favores y prebendas, gastar de manera creciente o cambiar tan a menudo las reglas del juego. Como señaló Georges Clemenceau refiriéndose a Argentina: "el país crece gracias a que sus gobernantes dejan de robar cuando duermen". Puede que nuestros dirigentes no duerman todo lo deseable pero la interinidad los mantiene en hibernación, establece un obstáculo a sus caprichos en un país donde existen pocos límites y cortapisas al ejercicio del poder. Y donde los políticos crean muchos más problemas de los que resuelven.

El verdadero bloqueo no se encuentra en el parlamento sino en los propios partidos. En su estructura rígida, cerrada, en sus nefastos sistemas de selección de los líderes, que conducen a una exacerbada mediocridad. Nuestro sistema político no escoge a los gobernantes por su mérito; ante la imposibilidad de voto a candidatos individuales, son los partidos quienes seleccionan, con criterios muy alejados de la excelencia, la formación o el esfuerzo. Y completamente ajenos a la honradez, la integridad o los principios.

Para medrar en las formaciones políticas son atributos apropiados la obediencia ciega, al menos en apariencia, la afiliación a una correosa facción, el oportunismo, la habilidad para la maniobra en corto, la inclinación a la trampa. O la capacidad para intercambiar favores con informadores y creadores de opinión. Los individuos cabales, honrados, idealistas, bien formados tienden a abandonar esos entornos regidos por la corruptela, la pobreza intelectual y la indignidad. Y cargos de enorme responsabilidad son ocupados por personajes incapaces, interesados, corruptos o malintencionados. Como consecuencia, los partidos son instrumentos que no tienen como objetivo perseguir el bien común o promover una política sana, sino favorecer los intereses de sus líderes.

Los partidos españoles se han convertido en agencias de reparto de prebendas y asignación de puestos

La inadecuada selección y la nefasta estructura de toma de decisiones conducen a una completa ausencia de mecanismos eficaces para relevar a los dirigentes, para reemplazarlos cuando la renovación, la introducción de savia fresca, de nuevos planteamientos, resultan convenientes. Es casi imposible apartar al líder de un partido cuando ha fracasado o, incluso, cuando supone un estorbo. Y, desgraciadamente, tampoco suelen existir recambios fiables.

No se van... ni con aguarrás
David Cameron perdió el referéndum en junio de 2016 y anunció inmediatamente su dimisión como primer ministro británico para el próximo octubre. Pero el partido eligió en julio una nueva líder, Theresa May, y Cameron abandonó instantáneamente el cargo. Con toda normalidad, uno se va y otra llega. Nadie es imprescindible. Aquí parece que sí. En lugar de grupos de personas que comparten una visión común, los partidos españoles se han convertido en agencias de reparto de prebendas y asignación de puestos. Y, como llegar a la cúspide no es cuestión de mérito sino de suerte, de encontrarse en el lugar adecuado en el momento oportuno - en el caso de Rajoy, haber sido favorecido por el dedazo de Aznar - y el poder implica ventajas, ganancias, canonjías, no una importante responsabilidad hacia los ciudadanos, los líderes no se van ni con aguarrás porque saben que es una oportunidad única para mantener una gran vida, un puesto muy por encima de su merecimiento. Llegar hasta allí es una carambola que no volverá a repetirse. Quien pierde el poder queda sin opciones de recuperarlo pues la potestas no es carismática, está desprovista de auctoritas: se basa en fidelidades personales interesadas que desaparecen inmediatamente cuando el susodicho se ve apeado del sillón.

Rajoy no quiso favorecer un gobierno de Pedro Sánchez, y éste tampoco permitió uno de su contrincante porque ello supondría el fin de sus liderazgos, perder la oportunidad de aferrarse al poder. Aunque hubiera sido óptimo un acuerdo entre ambos, no para gobernar a secas, sino para llevar a cabo las profundas reformas que España necesita, esas que hubieran reivindicado la política como un arte honorable, los beneficios personales y electoralistas volvieron a primar sobre los intereses generales.

En cualquier país serio, tras los reiterados fracasos, los cuatro líderes actuales habrían dejado paso a otros

En cualquier país serio, tras los reiterados fracasos, los cuatro líderes actuales habrían dejado paso a otros. O los partidos hubieran buscado rápidamente relevos. Aquí nadie se atreve a mostrar el más mínimo atisbo de crítica o discrepancia. Y no precisamente porque no exista cainismo y traición en las formaciones. Pocos sujetos son de fiar pero todos muestran un elevado grado de egoísmo y cobardía. Ninguno osa ser el primero en levantar la daga pues saben que será fulminado y, al igual que Bruto y Casio no alcanzaron el poder tras asesinar a Julio César, serán otros quienes se beneficien de su arrojo. Así, la estrategia óptima es esperar y esperar cruzados de brazos, mientras reiteran hipócritas declaraciones de apoyo al líder supremo.

Esa es nuestra gran tragedia. Debido a la deficiente estructura institucional, a los perversos incentivos generados, casi todos los que entran en política lo hacen para sacar tajada, para mantenerse en el sillón el mayor tiempo posible, para disfrutar de las mieles del poder. Pocos o ninguno para hacer lo correcto, aquello que dicta su conciencia. Sobra tacticismo, regate rápido, miopía y faltan principios sólidos, visión de estadista. Es esto lo que hay que resolver, con mucha más urgencia que formar un gobierno, cualquier gobierno y a toda costa. Porque es ahí donde se encuentra nuestra desgracia... el verdadero bloqueo de la política española.

El ‘affaire’ Soria y la pérdida del sentido de la realidad de Rajoy
La extraña concepción de la lealtad de Rajoy, ese empeño por demostrar que el PP actual no es más que él y su círculo íntimo, le lleva a cometer errores garrafales, a jugarse con demasiada frecuencia el todo por un "amigo".
Editorial Vozpópuli 7 Septiembre 2016

No pudo ser, hasta el poder más absoluto tiene sus límites en esta España de regentes. Al final José Manuel Soria tuvo ayer que anunciar que no optará al puesto en el Banco Mundial. Aunque, eso sí, no sin antes justificar su decisión por la "desproporcionada" utilización política que se había hecho de su designación y, claro está, a petición del Gobierno. Sin embargo, hasta el último minuto el Partido Popular había defendido lo indefendible aludiendo a los sobrados méritos del candidato, y ello pese a que en su día fue el propio PP quien le pidió a Soria dimitir como ministro tras la tormenta desatada por su aparición estelar en los “papeles de Panamá”. Una contradicción a priori inexplicable, pues si el señor Soria no les parecía entonces lo suficientemente de fiar como para seguir siendo ministro, no se explica que, sin embargo, lo hayan propuesto después para ocupar en representación de España un puesto en el Banco Mundial. Y decimos a priori porque, evidentemente, la lectura que hay que hacer de esta ocurrencia es muy distinta.

Sorprende la miopía de Mariano Rajoy, que con las elecciones gallegas y vascas a la vuelta de la esquina ha consentido que los medios “enemigos” revolcarán al PP a placer

Todo indica que el caso de Soria se corresponde, una vez más, a esa forma en que los partidos recompensan en diferido a sus ilustres cuando abandonan voluntariamente la política o se ven forzados a dimitir. Más que una recompensa, es un pacto tácito, casi una regla de oro que hay que cumplir por una simple cuestión de incentivos; es decir, para tranquilizar no sólo al agraciado sino animar a los que puedan verse obligados en el futuro a seguir el mismo camino. De esta forma no sólo es posible conseguir que los que caen en desgracia se vayan sin hacer ruido, sino que, muy posiblemente, se guarden mucho de revelar cualquier confidencia, y de esta forma se mantenga el pacto de silencio por los siglos de los siglos. La maniobra es, pues, sencilla de ejecutar. Basta esperar el momento oportuno, a que el personaje lleve tiempo desaparecido de la política y fuera de los focos de la prensa. Entonces, se coloca al susodicho en éste o aquel organismo, nacional o extranjero (hoy parece preferible lo segundo, porque no está demás alegar que sale gratis total), y a vivir de la sopa boba, a razón de no menos de 200.000 euros, a ser posible libres de impuestos. Y aquí paz y después gloria. Así ha venido siendo, como en el caso Wert o Trillo, y así se esperaba que siguiera girando el carrusel, sin mayores sobresaltos ni disgustos.

Pero no pudo ser. Y es que hoy, en esta España del bloqueo y paso atrás, donde los jefes de los partidos andan a cara de perro, buscando a toda costa tanto la propia supervivencia como la defunción del rival, empieza a resultar más sencillo que un camello pase por el ojo de una aguja que recolocar a un exministro. Y sorprende la miopía de Mariano Rajoy, que con las elecciones gallegas y vascas a la vuelta de la esquina, ha consentido que los medios “enemigos” revolcarán al PP a placer, haciendo recibir al partido un castigo perfectamente evitable. Y es que la extraña concepción de la lealtad de Rajoy, ese empeño por demostrar que el PP actual no es más que él y su círculo íntimo, le lleva a cometer errores garrafales, a jugarse con demasiada frecuencia el todo por un "amigo", llegando incluso a sacrificar a quienes simplemente pasaban por ahí, como podría ser el caso en esta ocasión de Alberto Núñez Feijóo y el PP de Galicia. Como si Mariano, en un torpe entendimiento de aquel aserto de Montaigne, que decía: "Toda persona honrada prefiere perder el honor antes que la conciencia”, una cosa fuera el honor del PP y otra muy distinta las deudas que la conciencia de Rajoy tiene con todas y cada una de sus víctimas políticas, con todos aquellos hermanos de armas que ya no están mientras él, por el contrario, permanece. Sea como fuere, diríase que Mariano Rajoy confía tanto en que el centro-derecha le pertenece en exclusiva, que está dispuesto a forzar hasta el absurdo la paciencia del votante incondicional, regalándole de continuo motivos para la vergüenza. Será que, definitivamente, ha perdido el sentido de la realidad o, tal vez, simplemente la decencia.

Gestión de residuos
ANTONIO LUCAS El Mundo 7 Septiembre 2016

La sospecha de que vienen terceras elecciones se aceleró con el tocomocho Soria. A Rajoy le suele ir mejor cuando la corrupción y otras delicatessen del pufo asoman por las costuras de su Gobierno suplente.A las pruebas electorales me remito. Pero que Soria renuncie al mamoneo no reduce el hedor. Dos dimisiones en tres meses es un récord de faralae. Rajoy se vuelve a llenar de gloria. Este sujeto sabe espigar en los ambientes más turbios, en los suelos más dudosos. Además acarrea una dicha, no infectarse de su propia fiebre ni cuando rompe la lógica de los cubos de basura: el de reciclar y el de lo inútil.

La política genera un extraordinario catálogo de residuos: dosieres, secretos infames, amenazas, imputados, zascandiles a comisión, transfuguillas, testaferros, escuchas, cadáveres de fondo de armario, estómagos agradecidos, pelotas indiscriminados, embajadores con negocio propio, correveidiles y viciosos de puerta giratoria. Son la grasa, el colesterol malo de la vocación de servicio público, pero el sistema sabe cómo metabolizar tanta anomalía y hacer también de la política una potente máquina excretoria.

Hace unos años se les veía más. Pero después del creciente cabreo social, algunos plenos del periodismo y las protestas de la famélica legión aprendieron a disimular a estos ejemplares con algo de monstruoso, de despojo. No por decencia repentina, sino para perpetuar mejor el tinglado.

El patapún al ex ministro Soria hacia el cielo del Banco Mundial no es torpeza de Rajoy, sino un reflejo incondicionado (los ligados a las conductas básicas de los animales). La costumbre de no tener oposición genera virulencias malísimas. Cuando lo hacía Franco parecía franquismo. Ahora en democracia parece libre competencia. Promocionar a un individuo que cuando ministro se pasó al público por la trampilla de la bragueta es un abuso extraordinario. Hay que tener el cerebro seriamente dañado y la soberbia radioactiva.

En España tenemos algunos ejemplares (goza de buen catálogo el Gobierno supletorio) de los que siguen afianzando ese caciquismo herrumbroso que mantiene entre sus modales el de generar un carguete de tronío para los compadres.Es el premio a la lealtad de los oscuros. En esto sí que tenemos I+D+i.

Pero una vez aguada la operación por puro escándalo, en cuestión de minutos vendrá el chalaneo humidificador para registrar de nuevo esta operación vergonzante como un ejercicio de honestidad de partido. La protagonizarán los mismos que avalaron a Soria para el BM.Se ladearán con dos dedos el ala del panamá. Invocarán la rectitud («a petición del Gobierno»), porque la regeneración era esto. Vivimos en el mejor de los momentos políticos posibles.

En mi clase de pilates se ha celebrado la noticia como un gesto de normalidad democrática, como un alivio. Estas cosas antes no pasaban. Como aullan los del 7 cuando el escándalo se hace sitio en Las Ventas: «¿Dónde está la autoridad»?

Todavía no han acabado los jueces con la anterior corrupción y ya tenemos nuevas vías de agua. Manipular convocatorias públicas (parece que así fue) para que Soria tuviese sitio y esmoquin de camarero en los cócteles de Washington es otra forma de corrupción, ese monocultivo del poder. No sé si he dicho ya que la política genera un extraordinario catálogo de residuos. Faltan manos para clasificar tanta mierda.

@Antoniolucas75

Don Marianuccio
Emilio Campmany Libertad Digital 7 Septiembre 2016

Sólo en un organización prima la lealtad sobre el mérito de una forma tan grosera: en la Mafia siciliana. Aunque allí son más firmes en sus decisiones.

Entre las muchas corruptelas que son comunes a PP y PSOE está la de abusar con alegre desenvoltura del margen de arbitrariedad que los políticos disfrutan en el nombramiento de miles de cargos. A tal efecto, se suelen interpretar los requisitos legales de forma escandalosamente laxa o se evita considerar los obstáculos legales o morales sin remordimiento alguno. En el mejor de los casos, el nombrado alcanza a cumplir los requisitos, pero en perjuicio de otros con más mérito. En el ejercicio de tanta licencia, PP y PSOE no tienen nada que envidiarse, ya que los dos se comportan con la misma tosquedad y descaro. Y, sin embargo, alguna diferencia hay. Mientras el nepotismo del PSOE es más figurado, pues el mérito que se impone es el de la militancia, el del PP es más literal, pues allí prima la familia. Al frente de infinidad de chollos aparecen maridos, esposas, primos, cuñados, sobrinas y hermanos y, muchas veces, simplemente amigos. No deja de ser notable que Podemos se aleje de la tradición izquierdista de promover a la militancia y siga la derechista de favorecer a la familia en los sitios donde gobierna, pero ésa es otra historia.

El caso es que, durante la era Rajoy, la natural inclinación a repartir prebendas entre familiares y amigos ha tenido que verse matizada. El pobre rendimiento del líder al frente del PP le ha obligado a recurrir al instrumento de la arbitraria facultad que la ley le reserva en muchos nombramientos, no sólo para castigar a los desafectos con el más severo ostracismo, también para premiar a los fieles con las mejores bicocas. Su situación es de tal debilidad que ya no basta mostrar el rigor con el que se castiga la traición, sino que se ha hecho necesario acreditar la largueza con la que se premia la lealtad. Hasta tal punto se ha hecho indispensable esta política, que Rajoy ha estado dispuesto a aplicarla incluso en los casos en los que, como sucede con José Manuel Soria, la decisión perjudica los intereses electorales del PP en vísperas de tres elecciones. Luego, cuando se comprueba que el perjuicio es inasumible y hasta los más próximos se llevan las manos a la cabeza, va Rajoy, se desdice y obliga al protegido a ponerse nuevamente en evidencia y renunciar.

Cierto grado de arbitrariedad en determinados nombramientos es inevitable. Y un cierto abuso, también. Pero una cosa es mandar a un adversario político a una embajada, como hizo Churchill con Lord Halifax en 1941, cuando se lo quitó del Foreign Office nombrándolo embajador en Washington, y otra muy distinta enviar al Banco Mundial a un ministro que se ha visto obligado a dimitir por supuesta evasión de impuestos con el único fundamento de que hay que premiar su lealtad, en especial la que demostró en el malhadado Congreso de Valencia.

Sólo en un organización prima la lealtad sobre el mérito de una forma tan grosera: en la Mafia siciliana. Aunque allí son más firmes en sus decisiones.

El PP de los concursos
Fernando Baeta El Espanol 7 Septiembre 2016

José Manuel Soria había ganado el concurso, declaró Rajoy unas pocas horas antes de que el ex ministro de Industria haya tenido que renunciar al Banco Mundial presionado por el propio Mariano, su antaño defensor. El PP, hay que reconocerlo, es un partido de militantes afortunados que siempre han tenido un concurso que llevarse al bolsillo mientras sean obedientes, fieles y leales y no causen problemas al jefe.

Rita Barberá, ni les cuento a ustedes los concursos que esconde en la buchaca. Francisco Correa ganó tantos que tuvo que repartirlos a espuertas con un sinfín de alcaldes y cargos de Madrid y Valencia. Luis Bárcenas no se llevó uno sino cuarenta millones de ellos cuando era el máximo responsable de los concursos, los maletines y los sobresueldos que entraban y salían de la sede del Partido Popular en Génova 13. Jaume Matas los ganó en palacetes y en televisores Bang&Olufsen que repartió por todas las habitaciones, baños incluidos, del château. Francisco Granados se los llevó en metálico y en especias. Ignacio González en áticos. Rodrigo Rato en black. Francisco Camps en trajes. Y Ana Mato se llevó el cum laude con los globos, las primeras comuniones, los viajes del servicio y el Jaguar de su marido que la pobre nunca vio en el garaje de casa.

No sería de extrañar que, como le ha pasado a Soria, todos éstos tengan que ir devolviendo juicio a juicio el concurso que nunca tenían que haber ganado.

El caso Soria, al margen de su renuncia de este martes, es un ejemplo más de la impudicia a la que nos tiene acostumbrados este gobierno. En primer lugar, porque el mensaje que desprendía semejante dedazo nos decía sin rubor alguno que daba igual que usted dejara un Ministerio por haber participado en sociedades afincadas en paraísos fiscales porque al final, gracias al Gobierno amigo, podría irse a trabajar al Banco Mundial con un salario neto de 260.000 euros anuales.

Resulta indiferente, llegados a este punto, que la metodología de la designación pudiera ser legal, cuando lo que nace corrompido es el principio de amiguismo que lleva a Luis de Guindos a ofrecerle el puesto a su íntimo con la connivencia de Mariano Rajoy, siempre con su connivencia, ya que nada se mueve en el paraíso sin que lo sepa él.

En segundo lugar, porque reflejaba –además de una torpeza sin igual– lo que este Gobierno piensa de la ciudadanía y del resto de fuerzas políticas al hacer pública tan controvertida decisión un minuto después, uno, de que Mariano Rajoy perdiera el debate de investidura y se convirtiera en el primer presidente de la democracia española al que rechaza el parlamento. Nocturnidad y alevosía para que, ilusos ellos, no fuera objeto de debate esta penúltima fechoría.

Y en último lugar, pero no por ello menos importante, el caso Soria delata con tristeza hasta qué punto los dirigentes de un partido, el primero de España en número de militantes, son capaces de rendirse, de mirar para otro lado, de humillar la cerviz sin cuestionar al líder por semejante tropelía, salvo las medias críticas de Cifuentes, Feijóo o Herrera, tres versos más o menos sueltos frente a la defensa a ultranza y sin fisuras en torno al amo.

La renuncia del José Manuel Soria ya no frenará que podamos asomarnos al bosque y es muy probable que esta defensa a ultranza y sin fisuras en torno al amo pueda empezar a resquebrajarse en las próximas semanas cuando la enésima judicialización de Gürtel, Bárcenas, su ordenador destrozado a martillazos, Púnica o la tarjetas black pongan en el paredón al PP de Mariano Rajoy en medio de una improbable nueva sesión de investidura o, quién sabe, en puertas de una terceras elecciones en menos de un año.

Si por un casual improbable el presidente popular cayera a golpe de tribunal, Luis de Guindos ya no estará en el camino de la sucesión. Su amigo José Manuel Soria y su menos amiga Soraya Sáez de Santamaría le habrán apartado de él.

Pero ¿nos habremos vuelto todos de derechas?
Roberto L. Blanco Valdés La voz 7 Septiembre 2016

Gran parte de los intelectuales que con mayor o menor entusiasmo apoyaron en su día el cambio que supuso la victoria socialista de 1982, victoria debida en gran medida al voto masivo de las clases medias urbanas e instruidas a favor de la moderación y la realpolitik de un grupo dirigente del PSOE de altísimo nivel, mantienen hoy una posición muy crítica con la actuación de los socialistas.

Es verdad que el desencuentro entre el PSOE y muchos de quienes lo habíamos respaldado en 1982 con grandísima ilusión, ¡qué duda cabe que algo ingenua!, no empezó con la trágica llegada de Sánchez a Ferraz. La última etapa de González, en la que la corrupción alcanzó cotas pavorosas y, sobre todo, la presidencia de Zapatero, durante la cual, además de producirse un giro disparatado en la posición del PSOE respecto de dos temas esenciales (la cuestión territorial y la revisión de la transición), tuvo lugar un relevo generacional que se tradujo en un asalto voraz del populismo a la política socialista, marcaron dos momentos de distanciamiento progresivo entre el PSOE y quienes no solo lo secundamos en las urnas sino que dimos la cara por él, en general a cambio de nada, durante la dura etapa de profundas reformas de González.

Recuperando una vieja tradición de la izquierda comunista (la de acusar a los socialistas de socialfascistas), este distanciamiento, que iría dejando al PSOE poco a poco sin el sostén electoral de una buena parte de sus electores jóvenes, urbanos e instruidos y sin el apoyo ideológico de intelectuales de mayor o menor fuste, no tuvo el efecto que hubiera sido deseable -abrir una autocrítica sobre los errores derivados de su izquierdismo y populismo-, sino que provocó el reflejo típico del patriotismo de partido: ¡los críticos se habían pasado en masa a la derecha!

De ese modo iría engordando, con una mala baba progresiva, una acusación tan generalizada como falsa contra cualquiera que se atreviera a discrepar de la línea oficial de un partido controlado por unas élites constituidas por profesionales de la política de muy baja calidad, que el trío Sánchez, Hernando y Luena representa de un modo difícilmente superable.

Lo curioso de ese supuesto proceso de metamorfosis derechista de quienes critican al PSOE y habían antes apoyado sus políticas reformistas reside en una paradoja fácilmente constatable: que mientras las ideas de esos críticos son, con pequeños matices, las de antaño, el PSOE ha pasado a defender posiciones políticas que nada tienen que ver con las que hicieron de él el primer partido de España, a gran distancia de todos los demás. De nuevo la cuestión territorial puede ser a este respecto un buen ejemplo.

El resultado final del desencuentro, parece que ya definitivo, entre el PSOE y lo mejor de su antigua intelectualidad está ahí bien a la vista: un partido que acusa de estar con el PP a todo el que no le manifiesta la fidelidad del carbonero y que, entre acusación y acusación, pierde sin cesar los votos y el respeto que necesita para volver a ser lo que fue.

El rotundo fracaso del QE europeo
El objetivo era el de comprar deuda pública por valor de un billón y concluir sus operaciones en septiembre. Pero, una vez alcanzada la fecha terminal, la política monetaria no ha cesado
vozpopuli.com 7 Septiembre 2016

El 9 de marzo de 2015, hace apenas año y medio, el Banco Central Europeo puso en marcha su programa de compra de títulos de deuda: el tan esperado Quantitative Easing de la eurozona. Mes a mes, se comprometió a adquirir pasivos públicos y privados por importe de 60.000 millones de euros (posteriormente ampliados a 80.000 millones mensuales). El pasado 31 de agosto, la entidad emisora publicitó que ya había incorporado a su balance más de un billón de euros de deuda pública: entre ellos, 238.000 millones de euros de Alemania, 189.000 millones de euros de Francia, 165.000 millones de euros de Italia y 118.000 millones de euros de España.

Justamente, el objetivo inicial del programa de flexibilización cuantitativa del BCE era el de comprar deuda pública por valor de un billón de euros y concluir sus operaciones en septiembre de 2016. Pero, una vez alcanzada la fecha terminal, la heterodoxa política monetaria no ha cesado. Al contrario: el banco central ya ha anunciado que, como poco, continuará hasta marzo del año que viene y probablemente más allá. Uno podría imaginar que tan tajante rectificación pueda deberse a que el QE ha resultado ser una política tan sumamente exitosa durante estos últimos meses que no quepa otra alternativa que prorrogarla para apuntalar la recuperación de la eurozona.

El QE pretendía depreciar el euro, relanzar la inflación y rebajar los tipos de interés para así impulsar la concesión de nuevo crédito y revalorizar las bolsas

Pero, en realidad, los resultados del QE europeo solo merecen ser calificados de 'modestos', en el mejor de los casos, cuando no de irrelevantes y potencialmente contraproducentes. Y es que, según se nos dijo, el QE pretendía depreciar el euro, relanzar la inflación y rebajar los tipos de interés para así impulsar la concesión de nuevo crédito y revalorizar las bolsas europeas, todo lo cual conduciría a una vigorosa recuperación. Pero prácticamente nada de ello se ha materializado.

Así, la única variable donde el QE sí ha tenido un notable reflejo ha sido en el tipo de cambio dólar/euro. La declaración en firme del BCE de que pretendía depreciar su moneda obró sus efectos incluso antes de que arrancaran las compras de deuda pública. En enero de 2015, dos meses antes de su primera adquisición, el tipo de cambio ya había alcanzado sus niveles actuales (poniendo de manifiesto que las expectativas, y la capacidad del BCE para influir sobre ellas, son el factor verdaderamente determinante en la formación de los precios de los activos financieros, especialmente en un mercado tan copado por especuladores como el de divisas).

En cuanto al IPC de la eurozona, parece bastante evidente que el BCE no ha sido capaz de dispararlo por las nubes: sigue por debajo del 0,5% interanual y al mismo nivel que antes de anunciar el QE. Probablemente a muchos les sorprenda que un banco central, multiplicando su base monetaria desde 1,3 billones de euros hasta casi 2,1 billones en apenas 18 meses para efectuar las comprometidas compras de deuda pública, no esté siendo capaz de aumentar la inflación. Pero tan cuantioso aumento de la base monetaria está siendo retenido en forma de reservas bancarias y, como a continuación comprobaremos, no está contribuyendo a estimular un aumento verdaderamente acelerado del crédito bancario: y si la base monetaria ni se gasta directamente ni sirve como punto de apoyo para incrementar el gasto a crédito, entonces carece de efecto alguno sobre los precios.

Fuente BCE

Fuente BCE

Por lo que respecta a los tipos de interés a largo plazo, su efecto tampoco ha sido demasiado intenso, aunque sí puede apreciarse un menor coste de financiación de los títulos de deuda pública. No es de extrañar: por ejemplo, desde marzo de 2015, las administraciones públicas españolas han emitido 56.000 millones de euros en nuevos pasivos estatales y, como ya vimos, el BCE ha adquirido 118.000 millones. Esto es, el banco central ha comprado el equivalente a más de dos veces todas las emisiones del Tesoro español desde marzo de 2015 (pero, eso sí, no osen dudar de que el principal mérito de nuestros bajos tipos de interés le corresponda al Gobierno de Mariano Rajoy). Inevitable, pues, que esa sobrepuja del BCE haya contribuido marginalmente a rebajar todavía más los tipos de interés de la deuda pública.

Con todo, estos menores tipos de interés no han obrado los efectos esperados (ni siquiera en conjunción con la depreciación del tipo de cambio): en teoría, aniquilar la rentabilidad de la deuda pública debería haber contribuido a que los bancos estuvieran más dispuestos a aumentar su oferta de crédito hacia el (más rentable) sector privado, y a que familias y empresas aprovecharan esa mayor provisión de crédito para endeudarse y volver a gastar con fuerza. A su vez, los menores tipos de la deuda pública también deberían haber inducido a otros inversores a redirigir su capital hacia el mercado bursátil, elevando así sus cotizaciones. Por su parte, la depreciación del tipo de cambio debería haber actuado como un estímulo externo positivo que incrementara las oportunidades para endeudarse y las ganancias de las empresas.

Pero nada de todo ello ha sucedido. Los préstamos de las entidades financieras de la eurozona apenas han aumentado un 2% desde que arrancó el QE, y semejante crecimiento se ha concentrado en Francia o Alemania. El 'stock' de crédito bancario en España continúa reduciéndose (el desapalancamiento del sector privado continúa) y en Italia permanece estancado.

 

A su vez, el valor bursátil de las principales empresas europeas ha permanecido plano durante los últimos 18 meses.

Fuente: Yahoo Finance

Fuente: Yahoo Finance

La razón por la que el crédito sigue sin fluir y la bolsa sigue sin repuntar debería ser fácil de comprender: aunque las inyecciones de liquidez puedan dopar una economía, esta se mueve en última instancia por sus fundamentales. La demanda de crédito depende del grado de apalancamiento de familias y empresas (su margen de endeudamiento adicional) y de las oportunidades de inversión existentes (el motivo lucrativo para endeudarse). A su vez, las cotizaciones bursátiles dependen de las expectativas de beneficios a largo plazo de las empresas. En la eurozona, empero, todavía persiste un elevado nivel de endeudamiento privado en relación con las magras perspectivas de ganancia que proporciona una economía esclerotizada.

Y esa es justamente la clave del fracaso del QE: sin mayor austeridad y, sobre todo, sin mayores reformas estructurales que dinamicen la economía de la eurozona, las manipulaciones monetarias apenas constituirán una droga temporal que no reflotará nuestra prosperidad. El ritmo de desapalancamiento privado –de saneamiento de balances– debe acelerarse y la apertura de mercados debe comenzar a ser una realidad. Durante los últimos dos años, los europeos hemos perdido el tiempo reclamando y esperando los frutos de la implementación de un mesiánico QE a imagen y semejanza del de EEUU. En lugar de centrar el debate público en la cuestión verdaderamente relevante –la imprescindible liberalización de la economía europea–, nos hemos enredado en estériles amaños monetarios.

La razón por la que el crédito sigue sin fluir y la bolsa sigue sin repuntar debería ser fácil de comprender: una economía se mueve por sus fundamentales

Aunque, en realidad, ni siquiera cabe tildarlos de estériles sino, más bien, de contraproducentes. La flexibilización cuantitativa europea se ha combinado con la instauración de una política de tipos de interés negativos sobre las reservas bancarias depositadas en el BCE en exceso del mínimo legal. La adquisición de los títulos de deuda pública por el banco central se ha sufragado mediante la creación y entrega de nueva base monetaria a los bancos privados, lo cual ha elevado ese exceso de reservas desde 148.000 millones de euros a finales de 2014 a 969.000 millones en la actualidad. Dado que en 2014 las entidades financieras debían pagar al BCE un tipo de interés del 0,2% por su exceso de reservas y hoy, en cambio, uno del 0,4%, la mordida agregada del banco central sobre los beneficios bancarios se ha disparado en año y medio desde los 296 millones de euros a los 3.875 millones actuales. Una cifra que no hará sino crecer durante los próximos meses, conforme el BCE continúe monetizando deuda pública.

En otras palabras, el QE europeo no ha fomentado el crecimiento de la eurozona y sí ha contribuido a descapitalizar a la banca, al combinarse con la política de tipos de interés negativos. Hasta la fecha, un fracaso a la altura de las muy infladas expectativas previas a su establecimiento. La eurozona no necesita de tramposos dopajes que, además, solo erosionan su ya muy debilitado sistema financiero: la eurozona requiere de mayor libertad económica y de menores impuestos para volver a florecer y prosperar. Ya va siendo hora de que nos demos cuenta y de que abandonemos el pensamiento mágico de los estímulos estatales. De momento, por desgracia, parece que nuestros eurócratas optan por perseverar varios trimestres más con el fallido QE. ¿Para qué rectificar pudiendo empecinarse en el fracaso?

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La Generalitat mete más presión en su desafío al Estado
EDITORIAL El Mundo 7 Septiembre 2016

Es imposible que unas líneas paralelas se crucen en algún punto de su trayectoria. Pues de la misma forma da la impresión que discurren las relaciones entre el Estado y la Generalitat de Cataluña cuando está de por medio el tema de la independencia. Ayer vivimos otro episodio de lo que es un enfrentamiento de poderes en toda la regla, en el que uno de ellos vulnera el ordenamiento vigente. Durante su intervención en la apertura del año judicial, la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, afirmó que la Fiscalía está dispuesta a defender por la vía «penal» el respeto a la Constitución frente al desafío del independentismo: "En una concepción democrática del poder no hay más legitimidad que la fundada en la Constitución. En esta línea ha actuado y actuará la Fiscalía ante el Tribunal Constitucional y ante los tribunales si fuera preciso", dijo Madrigal ante el Rey Felipe VI, que presidió el acto.

Estas palabras, que serían firmadas sin cambiar ninguna coma por los organismos encargados de defender el ordenamiento jurídico de cualquier país democrático, fueron interpretadas por la Generalitat en sentido totalmente contrario. La portavoz del Govern, Neus Munté, criticó la "terminología de combate" de la fiscal general, tras afirmar que la Generalitat "no desprecia el ordenamiento constitucional", sino que "son otros los que lo tratan como una mordaza contra las aspiraciones legítimas del pueblo de Cataluña".

Repetimos que se trata de dos planteamientos que parecen irreconciliables, porque el único nexo de unión debería ser el cumplimiento de la ley y una de las dos partes se niega a ello porque de forma unilateral ha decidido no reconocerla. Conviene recordar que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña mantiene imputados al ex presidente Artur Mas y a sus ex colaboradoras Irene Rigau y Joana Ortega, a instancias de la Fiscalía, por presunta desobediencia en la celebración del pseudoreferéndum del 9 de noviembre de 2014. Y, por otra parte, el portavoz en el Congreso del Partido Demócrata Catalán -antigua Convergència-, Françesc Homs, también está imputado por el Supremo por su implicación en la preparación de aquella consulta prohibida por el Constitucional cuando era conseller de Presidencia.

Se trata de flagrantes actos de desobediencia a decisiones judiciales de responsables políticos en Cataluña que se suceden sin solución de continuidad. Ayer también, la Mesa del Parlament admitió a trámite la proposición de ley presentada por Junts pel Sí y la CUP para la futura ley de la Agencia Tributaria de Cataluña, en la que se prevé la creación de la estructura de la futura administración fiscal catalana. Ésta es una de las tres leyes de desconexión con el Estado que fue expresamente anulada el pasado mes de julio por el Tribunal Constitucional, tras el recurso que presentó el Gobierno.

Sin embargo, Carmen Forcadell, presidenta de la Mesa inició ayer su tramitación, a sabiendas de que desobedece al Constitucional, y cuando este Tribunal está estudiando si la presidenta del Parlament incurrió en "responsabilidades penales" al consentir la tramitación en el pleno del Parlament de las leyes del denominado "proceso constituyente" catalán a pesar de su prohibición expresa. Se trata de un acto más de desobediencia flagrante a la Justicia por parte de una autoridad de la Generalitat que indica el empecinamiento en un camino equivocado. Como con toda la razón afirmó ayer Madrigal, "determinados usos de la libertad pueden suponer un peligro para la democracia". Y eso es lo que no parecen entender los dirigentes catalanes.

En este clima de claro enfrentamiento entre la Generalitat y el Estado, el próximo domingo se celebra en Cataluña una Diada con menos entusiasmo popular que las de años pasados y más división, ya que las fuerzas políticas de izquierda, agrupadas en En Comú Podem, celebrarán sus propios actos reivindicativos, al margen de la manifestación convocada por la independentista Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Desde este periódico consideramos que hay espacio para una negociación entre el Estado y la Generalitat para solucionar el problema político catalán, pero este diálogo debe tener dos premisas. La primera es el cumplimiento de la ley por parte de la Generalitat. La segunda, una postura rotunda y común por parte de las fuerzas políticas constitucionalistas. Desgraciadamente, ninguna de las dos se da en estos momentos y el enfrentamiento institucional se encona. Mientras, el país continúa con un Gobierno en funciones.

La democracia se defiende con la ley
Editorial La Razon 7 Septiembre 2016

Es sintomática la «desconexión» que el independentismo catalán, empezando por el presidente de la Generalitat y la presidenta del Parlament, mantienen con la legalidad democrática. En parte, define el carácter mesiánico del nacionalismo, que sigue conservando su raíz decimonónica y sediciosa. Se sorprenden de que dislates legales como la declaración, de enero de 2013, de Cataluña como «sujeto soberano», lo que suponía un desafío abierto a la Constitución y al artículo 1.2 que declara que la soberanía reside en el pueblo español, haya sido suspendida. Se sorprenden de que el TC anulase el pasado 2 de agosto la resolución del Parlament que marcaba la hoja de ruta para la ruptura con España. Se sorprenden, por último, de que la Fiscalía haya solicitado al Alto Tribunal que informe a los tribunales competentes de la actuación de Carme Forcadell, por si pudiese tener responsabilidades penales. Ayer, la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, hizo mención a que el «desafío al Estado de Derecho y al ordenamiento constitucional se plantea desde sectores independentistas» y que actuará «ante los tribunales penales, si fuera el caso». La voluntad de desobedecer la legalidad y de crear «estructuras de Estado» es continua. La Cámara catalana redobló su provocación con la creación de la Agencia Tributaria propia y el anuncio de abrir cuatro nuevas «embajadas».

El punto de encuentro: con el PP y sin Rajoy
La situación queda así: no hay Gobierno posible sin el PP, pero no hay Gobierno posible con Rajoy. Este es el único punto de encuentro que puede evitar la repetición de las elecciones
Ignacio Varela El Confidencial 7 Septiembre 2016

Mariano Rajoy se ha empeñado en dar la razón a quienes sostienen que no se le puede votar como presidente. Todo lo que ha dicho y hecho en esta semana transpira arrogancia y despecho. Me obligan a firmar un acuerdo anticorrupción que es poco menos que una autoinculpación –y que ni siquiera me sirve para ser elegido–; a pasar por una investidura y ser dos veces derrotado; a pedir ayuda públicamente a mi archienemigo para que este me responda con una bofetada; pero yo les voy a enseñar que soy como soy y jamás cambiaré, que siendo así les he ganado dos elecciones y les ganaré la tercera, y que esto son lentejas: o las tomas o nos vemos en las urnas.

Imaginen por un momento que los diputados del PP tuvieran que permitir con su abstención el regreso a La Moncloa de Zapatero. Sería blasfemia y sacrilegio. Conozco a votantes del PP que pedirían la hoguera para el hereje que osara insinuarlo.

Rajoy es la bicha para el PSOE como Zapatero lo fue para el PP. El origen de esa repulsión mutua está en el rencor que dejaron los ocho años de gobierno de ZP

Rajoy es la bicha para los socialistas, como Zapatero lo fue para los populares. El origen de esa repulsión mutua no está en estos últimos cuatro años –que solo la han agudizado–, sino en el poso de rencor que dejaron los ocho años anteriores de gobierno del PSOE. Dos legislaturas que comenzaron con un resultado electoral teñido de sangre y de sospecha, vivido por los perdedores como una usurpación; un tiempo en el que se sembró odio y sectarismo sin pensar que la historia deja huellas que luego pasan factura.

Dice ahora Rajoy: “Desde que yo tengo memoria, el aliado natural de mi grupo para todas las grandes decisiones sobre el futuro de España ha sido y seguirá siéndolo necesariamente el Partido Socialista, y viceversa. El Partido Socialista y el Partido Popular somos aliados imprescindibles para las grandes cuestiones que importan a los españoles”.

Hay un hueco en su memoria: el periodo en que él fue jefe de la oposición al Gobierno de Zapatero. En ese periodo no hubo otra cosa que guerra sin cuartel, juego sucio, quiebra de la convivencia y búsqueda a toda costa de la destrucción del enemigo.

Hay un hueco en la memoria de Rajoy: el periodo en que él fue jefe de la oposición. En ese tiempo no hubo otra cosa que guerra sin cuartel y juego sucio

El Gobierno de Zapatero afrontó tres grandes operaciones de Estado: la reforma del Estatuto de Cataluña, el final del terrorismo de ETA y la crisis de deuda soberana que puso a España al borde del rescate en la primavera de 2010.

En el primer caso, Rajoy ordenó una campaña de agitación con manifestaciones y recogida de firmas, levantó a medio país contra Cataluña al grito de “España se rompe” e impugnó el Estatuto ante el Tribunal Constitucional. El caso es que si hoy le dieran la ocasión de dejar resuelto el conflicto de Cataluña restableciendo aquel Estatuto, lo firmaría sin dudar. Pero ya es tarde. Como en los incendios provocados, los terrenos que se hacen arder, quemados quedan.

En el segundo caso, acusó al presidente del Gobierno de “traicionar a los muertos” por intentar lo mismo que antes intentaron Suárez, Aznar y González. Manipuló a las víctimas, señaló a los socialistas como aliados de los etarras; y hoy es el día en que no ha pronunciado una palabra de reconocimiento hacia Zapatero y Rubalcaba por su trabajo para conseguir el final de la violencia de ETA sin una sola concesión política.

El PP ha ganado las elecciones y ello lo legitima para encabezar el Gobierno. Cualquier alianza que les excluya implicaría violentar el resultado electoral

El 10 de mayo de 2010, España estaba al borde del precipicio. Había que asumir unas medidas duras negociadas con Bruselas o someterse a un rescate a la griega. Perder aquella votación provocaría la caída del Gobierno, pero también un desastre para millones de familias. Rajoy eligió lo primero: “Se acabó, señor Rodríguez Zapatero”. Por cierto, en cuanto llegó a La Moncloa, se apresuró a tomar, corregidas y aumentadas, muchas de aquellas medidas que un año antes se había negado a respaldar.

El Partido Popular ha ganado claramente las elecciones y ello lo legitima para encabezar el Gobierno, ya que no existe una fórmula alternativa de desbloqueo. Cualquier alianza que excluya al PP implicaría violentar el resultado electoral y la composición de la Cámara, contendría un bloqueo en sí misma porque paralizaría todas las reformas y sería tan débil y efímera que en realidad no evitaríamos las terceras elecciones, solo las desplazaríamos unos meses.

La tarea del Partido Socialista es asumir que esto es así y abrir el candado. Y la tarea del Partido Popular es aceptar que no puede obligar a todas las fuerzas políticas, y singularmente al PSOE, a inclinarse ante la persona que jamás les ha mostrado un gramo de esa lealtad institucional que ahora reclama.

Si el trilema negativo de Sánchez es insostenible, también lo es el trilema positivo del PP. Sí a un Gobierno urgente, sí a un acuerdo con el PSOE que lo haga posible y sí a Rajoy como presidente. No puede ser, señores, y ustedes lo saben. El tercer sí inhabilita a los otros dos.

Si el trilema negativo de Sánchez es insostenible, lo es también el positivo del PP. Sí a un Gobierno urgente, sí a un acuerdo con el PSOE y sí a Rajoy como presidente

Rajoy repite que esta es una situación excepcional que requiere soluciones excepcionales. Se lo aplica a los demás, pero no a sí mismo. Es excepcional que el segundo partido, llamado a encabezar la oposición, tenga que posibilitar con su abstención el Gobierno del primero: pero dada la situación, es razonable pedírselo.

También es excepcional que el partido ganador de las elecciones tenga que sacrificar a su líder y ofrecer, como pide Rivera, otro candidato que sea viable. Pero esa es la parte de la realidad que debe asumir. En resumen, se requiere un doble sacrificio que muestre ese sentido de Estado que ambos invocan pero que ninguno practica.

Tras esta investidura fallida, la situación queda así: no hay Gobierno posible sin el PP, pero no hay Gobierno posible con Rajoy. Este es el único punto de encuentro que puede evitar la repetición de las elecciones. Quien esté dispuesto a recorrer el camino hasta ese punto, que lo haga ya. Y quien no lo esté, que lo diga y apechugue.

Luis Companys, otro criminal muy del gusto de la izquierda y los separatistas
Juan E. Pflüger gaceta.es 7 Septiembre 2016

Es un tema recurrente. Cada cierto tiempo, el separatismo y la izquierda -especialmente la ERC a la que perteneció desde su fundación-, reivindican la figura de Luis Companys. Uno de los padres del separatismo político catalán, líder de Esquerra Republicana de Cataluña, presidente de la autonomía catalana durante nueve meses, abogado de asesinos anarquistas, traidor a España y represor en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil.

Durante la época del pistolerismo en Cataluña, en la que los empresarios tuvieron que contratar a pistoleros armados para defenderse de los ataques de terroristas anarquistas que, día sí y día también, asesinaban a “los patronos”, Companys ejerció como abogado defensor de los miembros de la anarcosindicalistas CNT que habían optado por lo que denominaban “acción directa”, basada en asesinar a quienes consideraban su enemigo. Eran los años 1917 a 1923. Pero cuando el general Martínez Anido restableció el orden an Cataluña, Companys se quedó sin clientes y volvió a sus dos actividades anteriores: el periodismo y la política.

Volvemos a encontrarle con poder a partir del 31 de diciembre de 1933, cuando tras la muerte del presidente de la recien inaugurada autonomía de Cataluña, Francisco Maciá, fue nombrado su sucesor. Una de sus primeras medidas fue el nombramiento de José Dencàs como consejero de Gobernación. Le encargó la formación de los escamots. Una milicia armada, vinculada orgánicamente a la formación Estat Català, con la que pretendía imponer el separatismo cuando tuvieran la mínima oportunidad.

Sin embargo, la proclamación por Companys del Estado Catalán el 6 de octubre de 1934 que a penas le duró unas horas gracias a la intervención del general Batet, demostró la poca eficacia de estas milicias cuando se enfrentaban a unas fuerzas militares regulares. A pesar de su fracaso, el intento separatista del líder de ERC costó 110 muertos en las 10 horas escasas que duró.

El encarcelamiento de Companys parecía solucionar el problema del separatismo catalán, si no llega a ser porque se benefició del indulto concedido por el Frente Popular a su llegada al poder en febrero de 1936. El líder catalanista se había radicalizado, y mucho. Tras el fracaso de los escamots, copió el modelo de milicia armada creando, en mayo de 1936 -meses antes del estallido de la Guerra Civil-, el Comité Militar Revolucionario. Estaba compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Catalá, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público.

Tras el estallido de la Guerra, estas milicias serían el núcleo del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fundadas por un decreto del presidente Companys el 26 de julio de 1936 y que sembró el terror en la retaguardia durante la guerra.

Durente este periodo, bajo su mandato y responsabilidad directa fueron asesinadas 8.129 personas en Cataluña. Sin juicio ni garantías legales. En su mayor parte eran civiles pertenecientes a partidos de derechas, miembros del clero o empresarios. Ordenó la creación de campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia y autorizó a las diferentes formaciones del Frente Popular a constituir sus propias checas. Él mismo firmaría sentencias de muerte.

Su odio se centró en el clero. El Comité de Milicias que fundó asesinó a 4 obispos, 1.536 sacerdotes y miles de católicos. Los periodistas que no le habían apoyado durante su vida política también sufrieron su persecución. Sus milicias asesinaron a 47 periodistas:

Badía Casanovas, Antonio. Periodista asesinado el 27-2-1937.
Baró Bonet, José. Director de El Correo. Asesinado el 5-8-1936.
Barón Bonet, Miguel. Redactor de El Correo. Asesinado el 20-8-1936.

Batallá Catá, Martín. Redactor de El Diario de Gerona. Asesinado el 31-10-1936.
Bernat Guixà, Ramón. Redactor de Terra Ferma. Asesinado el 25-8-1936.
Boquera, Juan. Redactor de Avui publicado en Reus. Asesinado.

Bueno Bengoechea, Manuel. Periodista asesinado el 11-8-1936.
Capdevila Durán, Juan. Periodista de El Matí. Asesinado el 13-9-1936.
Capdevila, Tomás. Redactor de Avui publicado en Reus. Asesinado.

Caylá Grau, Tomás. Director de Juventud. Asesinado el 13-8-1936.
Chavarría Aguilar, José. Redactor del Diario de Lérida. Asesinado en 1936.
Condal Fontova, José. Redactor de Terra Ferma. Asesinado el 15-9-1936.

Cruells Aragonés, Luis de. Redactor de El Correo de Tortosa. Asesinado el 24-9-1936.
Domingo Soler, José Mª. Redactor de La Cruz. Asesinado.
Espinosa de los Monteros, Enrique. Redactor de Las Noticias. Asesinado.

Estrem Fa, Salvador. Redactor de Avui. Asesinado el 14-9-1936.
Fábregas Aran, Salvador. Redactor del Diario de Lérida. Asesinado el 26-7-1936.
Farfán de los Godos, Carlos. Corresponsal de la Agencia Fabra. Asesinado.

Ferré Guasch, Salvador. Redactor de La Voz de Tarragona. Asesinado el 16-1-1939.
Forner Reverté, Agustín. Redactor del Diario de Lérida. Asesinado el 25-7-1936.
Gómez Martorell, José. Director del Semanario Católico. Asesinado.

Guasch Giménez, Ricardo. Redactor de La Tarde de Tarragona. Asesinado el 30-1-1939.
Juncosa Vilanova, Manuel. Redactor de Avui. Asesinado el 10-12-36.
Marín Sanalot, Atilano. Fotógrafo y redactor de El Correo Catalán. Asesinado el 5-10-1936.

Martorell Camí, Modesto. Redactor de El Correo de Lérida. Asesinado el 25-8-1936.
Millán González, José. Redactor del Diario del Comercio de Barcelona. Asesinado.
Monravá Martorell, Juan. Redactor de La Cruz. Asesinado el 25-8-1936.

Morante Chic, José Mª. Colaborador periodístico de Lérida. Asesinado el 25-8-1936.
Mur Brull, Enrique. Redactor jefe de El Correo de Tortosa. Asesinado el 5-8-1936.
Murga Llopis, Fernando. Redactor de El Popular de Barcelona. Asesinado.

Niubó Casanelles, Jaime. Redactor de El Diario de Lérida. Asesinado el 27-11-1936.
Pagés García, José Mª. Director de La Voz de Tarragona. Asesinado el 23-11-1936.
Piñol Aguiló, Luis. Redactor de Avui. Asesinado el 1-11-1936.

Planas Martí, José Mª. Periodista. Asesinado el 25-8-1936.
Puig Estapé, Pedro. Redactor del Diario de Comercio de Barcelona. Asesinado.
Recasens Ros, Juan. Redactor. Redactor del Diario de Lérida. Asesinado el 15-11-1936.

Rico Ariza, Estanislao. Redactor de El Correo Catalán. Asesinado el 26-11-1936.
Roca Domingo, Estanislao. Redactor de El Semanario Católico. Asesinado el 14-9-1936.
Rubio Benach, Jaime. Redactor de Terra Ferma. Asesinado el 2-2-1937.

Sáenz de Barés, Pedro. Redactor de El Correo Catalán. Asesinado en septiembre de 1936.
Solé Companys, José. Sacerdote y redactor de El Correo Catalán. Asesinado el 25-7-1936.
Solé Montardit, José. Propietario de El Correo de Lérida. Asesinado el 25-7-1936.

Suárez Bravo y de Olalde, Francisco. Redactor del Diario de Barcelona. Asesinado el 14-3-1937.
Temporal Ponce, Ángel. Periodista. Asesinado el 23-8-1936.
Tuset Arbonés, Juan. Redactor de La Cruz. Asesinado el 28-11-1936.

Vilatimó Costa, Miguel. Redactor de La Cruz. Asesinado el 26-9-1936.

Y no deja de ser curioso que algunos de los símbolos que para los catalanes son más queridos, como la Sagrada Familia, fueron objeto de las iras de las milicias de Companys. Un libro escrito por Rodolfo Puigdollers lo describe así:

“El 20 de julio de 1936 un grupo anarquista quemó el edificio de las Escuelas de la Sagrada Familia, saqueó el estudio y obrador del arquitecto [Gaudí] con los apuntes y modelos del templo-, quemó el habitáculo de los porteros, hizo grandes destrozos en la cripta y destruyó diversas imágenes del coro de ángeles de la fachada del Nacimiento y de la puerta del Rosario.

En los días y meses siguientes fueron asesinadas diversas personas relacionadas con el templo. El 26 de julio, Mn. Gil Parés y Vilasau, de 55 años, capellán de la Cripta, junto con las personas que lo acogieron -calle Mallorca 325, entre Bailén y Gerona-: la maestra de las Escuelas de la Sagrada Familia Consuelo Puig y Querol, de 40 años, y Clodomiro Coll Ibáñez, de 44 años, un vecino. El 17 de septiembre, Mn. Jaime Llonch y Solá, de 46 años, vicario y organista de la Cripta, junto con los que lo acogieron en la calle Bailén 95-97: Mercedes Diéguez y Foguet, de 50 años, y su hermano Francisco de Asís, de 34, que fueron asesinados 2 días después. Y el 26 de enero de 1937, Mn. Francisco de Paula Parés y Iglesias, de 63 años, presidente de la Junta de obras, que se había refugiado en la calle Bruc 25, 4º piso”.

Tampoco se salvó de la brutal persecución de Companys otro de sus símbolos, el Monasterio de Montserrat. Allí, donde ahora se decantan por el separatismo que defendió el político de la Esquerra, durante la Guerra Civil, los anarquistas, a los que tantas veces defendió en los tribunales, junto a sus milicias asesinaron a 23 monjes. Después se apropiaron del edificio que fue convertido en un hospital.

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