AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 21 Septiembre  2016

El Estado de derecho ha hecho mutis por el foro
... Y la mayoría de españoles nos hemos quedado sin lengua propia y sin lengua materna, que ha sido sustituida por la territorial

Marita Rodríguez www.latribunadelpaisvasco.com 21 Septiembre 2016

En Sant Cugat (Barcelona), tengo una nieta de 15 meses de madre española (familiarmente trilingüe) y padre alemán a la que le hablan en español y alemán respectivamente, aunque la lengua de comunicación entre la pareja es el inglés. Dado el entorno familiar completo y el geográfico, han decidido que el idioma fuerte inicial de la niña sea el español; por ello, han escogido una canguro que también le habla en este idioma. En esa misma línea, les gustaría que en la guardería y en preescolar la lengua dominante fuera la materna y que ésta sea, en el futuro, la correspondiente a la etapa clave de lectoescritura. Teniendo en cuenta que estamos hablando de una comunidad autónoma con cooficialidad lingüística, donde el castellano o español es largamente mayoritario como lengua familiar y de identificación, seguido de un alto porcentaje de catalanohablantes y de otro tendente a cero de aranés (también oficial en ¡toda Cataluña!), la elección de mi hija y de mi yerno parecería del todo cabal. Pues resulta que no.

Aquí, lo normal es la anormalidad democrática y liberticida de imponer como única lengua de enseñanza el catalán en todos los centros públicos y subvencionados. Para conseguir un poquito de español, se tiene que ir a los tribunales, asumiendo costes y larguísimas esperas hasta obtener sentencias. Lo curioso es que tampoco es posible encontrar un colegio privado que ofrezca español como lengua vehicular. En cambio, sí que hay privados en donde mi nieta podría hacer todo el recorrido escolar en alemán, desde la guardería hasta el final del bachillerato. Es más, en Barcelona capital, tendría subvención del Gobierno alemán para hacer la etapa obligatoria en su instituto correspondiente. En español, imposible.

Para comprender el alcance de semejante aberración, vamos a imaginar que, con los mismos padres, mi nieta viviera, por ejemplo, en Múnich y no le fuera posible educarse en alemán estándar, pero sí en español. De locos, sólo pensarlo, ¿no? Esa locura en España se ha sustanciado en Cataluña y sirve de ejemplo a todas las CCAA con cooficialidad lingüística, con la consiguiente violación del derecho fundamental a la educación en lengua materna y oficial del Estado de unos cuantos millones de ciudadanos.

A esta kafkiana situación no se ha llegado de la noche a la mañana. No sólo ha sido un diseño de ingeniería social y totalizante en toda regla por parte de los nacionalistas. Aquí ha hecho falta el concurso de muchas voluntades y de muchos consentidores. Yo acuso a todas las instituciones del Estado, fundamentalmente a: Gobierno central, Gobiernos autonómicos, partidos políticos, Fiscalía General, Alta Inspección de Educación, Defensor del Pueblo y Tribunales de Justicia (por no emitir sentencias coherentes entre sí, ni con la letra y espíritu de la Constitución). También a los grandes sindicatos y medios de comunicación que han servido de altavoces a la causa disgregadora de los nacionalistas, aceptando su argumentario falsamente democrático e ignorando a sus víctimas.

Todo empezó con la aceptación generalizada de la expresión lengua propia en los distintos Estatutos de Autonomía, expresión que no recoge, lógicamente, ninguna Constitución del mundo (excepto la andorrana) por carecer de sentido y contenido jurídico, pero lleva la semilla de la exclusión que tan hábilmente cultivan los nacionalistas. La han colado como si fuera comparable y superior al concepto de oficial, que sí tiene fuerza normativa y es el máximo estatus que puede alcanzar una lengua. De esta guisa, la mayoría de españoles nos hemos quedado sin lengua propia y sin lengua materna, que ha sido sustituida por la territorial. Es más, si seguimos usándola en el ámbito público, sobre todo en Cataluña, nos convertimos en enemigos de esas lenguas propias y en elementos desestabilizadores de la cohesión social. Muchos querríamos seguir hablando en español sin tener que justificarnos o ser considerados sospechosos de nada.

Continuó con la pasividad institucional ante la Ley de Normalización Lingüística de 1983 (que establecía el catalán como lengua propia de la enseñanza), el decreto del mismo año (que propugnaba la generalización de la docencia en catalán) y ante el decreto de inmersión de 1992 (que implantaba el catalán como la lengua vehicular y de aprendizaje). El camino quedaba expedito para la exclusión de la lengua común, que la propaganda vendía como demanda social. Nadie asoció, por ejemplo, el éxodo de miles de maestros –en poco más de un lustro– con la imposición del catalán a los que habían impartido sus clases en castellano. Sin freno alguno, los nacionalistas –con la colaboración activa del partido socialista y demás formaciones de izquierda– se atrevieron a elaborar la Ley de Política Lingüística de 1998 que, de facto, convertía el catalán en única lengua oficial. Ninguna de las Instituciones que podían recurrirla, por inconstitucional a todas luces, lo hizo, ni siquiera el Partido Popular que votó en su contra.

El Estado de derecho ha hecho, durante décadas, mutis por el foro en Cataluña, echando a espaldas del ciudadano una responsabilidad y una carga que a él principalmente compete. Sólo con el esfuerzo de algunas personas y asociaciones varias se han conseguido importantes sentencias para acabar con este absurdo sistema educativo. Pero la Generalidad las incumple sistemáticamente, colocándose al margen de la ley, sin que nadie se la haga cumplir. El golpe de estado gradual que estamos soportando en la actualidad, para cualquiera que quisiera mirar, se veía venir hace mucho tiempo.

No puede prolongarse más el hecho de que los padres que desean educar a sus hijos en español, después de solicitarlo pasando por los tribunales, tengan que sufrir un calvario totalmente disuasorio que se repite escrupulosamente en cada caso:

Se han de conformar con un mísero 25% de clases orales en castellano (con todo el material didáctico ¡en catalán!), que en muchos casos no se corresponde con asignaturas troncales, sino con las que tienen poco contenido lingüístico, como Educación Física, música o dibujo. A veces, tienen que pelear para que no les cuelen la estancia en biblioteca o el recreo como clases en castellano.

Tienen que exponerse a sí mismos al acoso de otros padres –orquestado por el equipo directivo del centro– y, lo que es peor, exponer a sus hijos al de otros compañeros. La sentencia obliga a toda la clase del niño a recibir ese 25% en español y en la atmósfera asfixiante que ha creado el nacionalismo, eso es percibido no como algo positivo para reforzar el aprendizaje de esta lengua, sino como un ataque directo al catalán y a la convivencia. Siguiendo esa lógica sectaria tan particular, tendrían que ver que el castigo para todos los castellanohablantes de esa misma clase es el triple porque reciben el 75% restante en un idioma que no es el suyo. La intensidad del acoso es tan insoportable en algunos casos que los padres tienen que cambiar a sus hijos de colegio.

Han de soportar que el acoso siga fuera del centro, dirigido por las fuerzas políticas locales (exceptuando al PP y a C’s) y, a veces, por los propios ayuntamientos. Si tienen algún negocio, lo tienen que cerrar. Tal fue el caso de una familia de Balaguer el curso pasado.

El Estado no puede seguir desentendiéndose de esta grave vulneración de derechos y ha de garantizar enseñanza en español.

A mi entender, ya sólo tiene dos caminos:

Crear una red de colegios e institutos en español, dependientes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Si los tiene en Andorra, no veo ninguna razón para no tenerlos en su propio territorio. No creo que planteara ningún problema de competencia con la Generalidad, ya que ésta financia colegios en catalán en otras comunidades autónomas y en otro país (sur de Francia).

Recuperar las competencias en Educación para el Gobierno central para garantizar algo para lo que la Generalidad se ha mostrado incompetente: que los escolares reciban el mismo trato, sea cual sea su lengua materna (entre las oficiales) y no sientan que la suya es la equivocada.

Combatir el fraude fiscal: el nuevo cuento de la lechera
Nuestros políticos parecen desconocer que la estrategia de impuestos moderados, regulaciones sencillas y racionalización del gasto, constituye una vía más adecuada para incentivar el cumplimiento fiscal que una pretendida guerra sin cuartel contra el fraude.
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 21 Septiembre 2016

Los programas de las pasadas elecciones, así como el ya agostado pacto entre PP y Ciudadanos, recogían una solución "imaginativa" para reducir nuestro correoso déficit: incrementar los medios humanos y materiales de la Agencia Tributaria y así perseguir con mayor ahínco el fraude fiscal. Loable propósito si no fuera porque… detrás de la propuesta se adivina más el objetivo de aumentar el poder de ciertos sectores burocráticos que la voluntad de cuadrar las cuentas públicas. Al fin y al cabo, la informatización y el avance de la técnica permiten realizar la misma labor inspectora con menos personal.

Al igual que para combatir el delito resulta poco eficiente colocar un policía en cada esquina, no es probable que una brutal acometida, lanza en ristre, contra los molinos del fraude logre incrementar sustancialmente la recaudación; mucho menos eliminar nuestro elevado déficit presupuestario. Máxime cuando el discurso parece la excusa, la coartada, para evitar, por sus enormes costes políticos, la estrategia más eficaz: acondicionar el gasto, adecuar el tamaño de la administración a las necesidades del ciudadano.

Existe una confusión, muchas veces deliberada, entre el monto presuntamente defraudado y la cantidad que se obtendría incrementando la vigilancia y represión. Los políticos señalan que el fraude fiscal en España sería del orden de unos 60.000 millones de euros y sugieren que podrían recuperar una porción sustancial apretando las clavijas a los malvados defraudadores. Pero esta idea se basa en una concepción dudosa de la economía sumergida, en el ingenuo supuesto de que, una vez detectada y castigada, toda actividad sumergida reconocerá su travesura, hará propósito de la enmienda y, manteniendo toda su estructura productiva, se regularizará, devengando en el futuro los impuestos correspondientes. En realidad, ante la abrumadora presión, buena parte de estas actividades simplemente desaparecería... con perjuicio para las arcas públicas.

Excesiva presión menoscaba las reglas éticas
Y es que, aunque los participantes en la economía irregular eludan algunos impuestos, en realidad abonan otros. Quien ingresa en negro, por ejemplo, evita los directos pero paga los indirectos cuando gasta. Quizá por ello, para desanimar la economía sumergida, los estados suelen perseguir el fraude estricta y rigurosamente, pero no de forma implacable, despiadada o draconiana. Un Gran Hermano fiscal provocaría el cese de muchas actividades no declaradas, que dan empleo y generan alguna recaudación por otras vías. Y que, en el futuro, podrían desarrollarse y legalizarse. Entre los blancos y los negros… reconocen los grises.

Además, una ofensiva desmedida contra el fraude, una vigilancia y control extremos, pueden desmotivar a muchos contribuyentes cumplidores, con adicional menoscabo de los ingresos públicos. Los excesos y abusos del poder deterioran ciertas normas éticas y morales en la sociedad. En "A Constitution for Knaves crowds out Civil Virtues" (1997) Bruno Frey muestra que las leyes que tratan a los ciudadanos como bribones... impulsan a éstos a comportarse como tales. La gente no sólo acata las obligaciones fiscales, o el resto de las leyes, por miedo al castigo; también por convicción, honradez, sentido de la justicia. Pero esta motivación intrínseca se debilita, o desaparece, cuando el ciudadano se siente tratado como un presunto delincuente por la administración tributaria.

El asfixiante control y vigilancia hace sentir al individuo que el pago de impuestos es tan sólo una obligación impuesta, no un deber de buen ciudadano. La buena voluntad de la gente, su ánimo para cooperar se reduce drásticamente cuando la Agencia Tributaria ejerce la presunción de culpabilidad con todos los contribuyentes, sean defraudadores o simplemente víctimas de un error. Naturalmente, también se debilita la predisposición a contribuir cuando los sujetos perciben que, en lugar de administrar eficientemente, las autoridades despilfarran el dinero que tanto les costó ganar.

Al albur de intereses grupales
Otra idea demagógica, implícita en esta línea argumentativa, es que los defraudadores son mayoritariamente ricos. Por ello, en la gran cruzada resuena el espíritu de Robin Hood: una justa lucha en favor de los pobres. Pero el argumento no resulta especialmente convincente. Ciertamente, en España no pagan proporcionalmente más impuestos quienes más tienen o más ganan. Pero no siempre porque evadan, sino porque, debido a la enorme complejidad de la legislación fiscal, existen demasiados recovecos, multitud de agujeros para quien posee influencia o puede pagar un buen asesor fiscal. En efecto, la letra pequeña, tan larga como compleja, contempla numerosas excepciones, deducciones, desgravaciones, casi siempre a medida de ciertos grupos influyentes. Por ello, la carga fiscal depende menos de la capacidad de pago que de la cercanía al poder, de la inclinación a comprar privilegios o de la disposición a ejercer presión. Pero los tipos marginales aparentemente elevados permiten a los políticos vender la ficción de que son los ricos quienes pagan el grueso de impuestos. Ahora bien, estas excepciones podrán ser injustas... pero son legales: quedan fuera de la pretendida lucha contra el fraude.

No obstante, en un ejercicio de ingenuidad, aceptemos por un momento que el incremento del personal y los medios de la Agencia Tributaria condujese a un incremento sustancial de la recaudación. ¿Se enjugaría así el déficit, cuadrarían las cuentas públicas, alcanzarían los ingresos para atender a los cuantiosos gastos? No, en modo alguno. Porque el crecimiento de la recaudación impulsa a nuestros gobernantes a gastar más. Cuando hay abundantes ingresos, los políticos inventan nuevos dispendios, más organismos para colocar a los amigos, nuevas redes clientelares para captar adeptos o más obras faraónicas, casi siempre innecesarias. Establecen estructuras burocráticas rígidas, permanentes, muy resistentes al recorte cuando el ciclo se torna desfavorable. Por ello, las etapas de elevada recaudación son también las de más fuerte crecimiento del gasto y la administración, tal como sucedió en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Así, por definición, los impuestos nunca son suficientes: cuanto más se exprime al contribuyente más dilapidan los gobernantes en conceptos superfluos... y el déficit persiste. Como Alicia al otro lado del espejo, la recaudación debe crecer a toda prisa, tan sólo para mantenerse en el mismo lugar.

Nuestros políticos, sean de partidos nuevos o tradicionales, parecen desconocer -o saben demasiado bien- que la estrategia de impuestos moderados, leyes fiscales simples, regulaciones sencillas y racionalización del gasto, constituye una vía más adecuada para incentivar el cumplimiento fiscal que una pretendida guerra sin cuartel contra el fraude. Por supuesto, esta ofensiva nunca se lleva a cabo pero su preparación sirve de coartada para conceder prebendas, canonjías y cargos a personas y grupos cercanos. Definitivamente, presenciamos una acelerada convergencia... de la política tradicional con la "nueva".

La mutua Rajoy-Sánchez
Emilio Campmany Libertad Digital 21 Septiembre 2016

Ahí siguen, Rajoy en la presidencia del Gobierno y Sánchez, en la secretaría general del PSOE. ¿Y España? A España, que le den.

Se odian. Se toman el café de espaldas. Se niegan mutuamente el saludo. Se miran de soslayo, aviesamente. Y, sin embargo, son el uno el báculo del otro. Rajoy quiere seguir siendo presidente del Gobierno. Y Sánchez, secretario general del PSOE. Y para que uno siga siendo lo que es viene bien que el otro continúe ocupando el cargo que ocupa. Por eso nunca Sánchez reclama al PP un candidato que haga más potable la abstención del PSOE y Rajoy jamás exige al PSOE un líder más inclinado a abstenerse. Esto es así porque, en el momento en que el PP estuviera dispuesto a ofrecer al rey para la investidura un candidato presentable, en el PSOE podrían acabar con Sánchez una vez lo hubieran sacrificado en el altar de la abstención. Y porque cualquiera que sucediera a Sánchez al frente de la secretaría general podría ofrecer la abstención a cambio de un candidato del PP que fuera mínimamente aceptable.

Lo que estos dos pájaros quieren, tras calcular con su gramática parda cuál es la mejor forma de seguir siendo lo que son, es que haya tantas elecciones como sean necesarias hasta que el PP de Rajoy pueda gobernar con la ayuda de Ciudadanos. Cuando tal cosa suceda, los dos habrán alcanzado su objetivo y Rajoy seguirá siendo presidente del Gobierno y Sánchez, secretario general del PSOE y única alternativa real al Gobierno del PP. Lo más que podría pasar es que, en una de éstas, PSOE y Podemos tuvieran suficientes escaños para formar Gobierno. Para Rajoy, el riesgo es asumible. Para empezar, es esencial que la alternativa exista para que sus asqueados votantes le sigan apoyando. Y, en última instancia, a Rajoy qué más le da quién le suceda. Mientras la única alternativa sea el actual secretario general del PSOE, más fácil le será a él sostenerse.

Fíjense si no en cómo Sánchez siempre le niega la abstención al PP, no a Rajoy. Porque en cuanto se abstuviera en la investidura de cualquier candidato de la derecha, sus barones le organizarían unos idus de marzo y acabarían inmediatamente con él. Fíjense si no cómo Rajoy no pide que alguien en el PSOE que comprenda la necesidad de abstenerse tome las riendas del desnortado partido. Porque en cuanto viniera cualquier otro lo que exigiría a cambio de la abstención sería un candidato que no fuera íntimo de Bárcenas. Y fíjense si no en lo ocurrido en el mismo momento en que las campanas de Sevilla llamaron a rebato y el verdugo extremeño acudió presto a segar la cabeza del líder socialista. Ocurrió que la Fiscalía, dependiente del Gobierno, puso el ventilador, filtró las penas que iba a pedir para Griñán y Chaves por el caso de los ERE y obligó a Susana Díaz a mantenerse ocupada devolviendo a las alcantarillas la mucha porquería que había rebosado de ellas. La operación montada contra Sánchez quedó cortocircuitada en el acto gracias a la intervención a lo séptimo de caballería del Gobierno. Y, mientras tenemos elecciones cada seis meses, ahí siguen, Rajoy en la presidencia del Gobierno y Sánchez, en la secretaría general del PSOE. ¿Y España? A España, que le den.

Todos quieren matar a Pedro
José García Domínguez Libertad Digital 21 Septiembre 2016

¿Un insensato necio el contumaz Sánchez? ¿Y si los genuinos necios resultasen ser los otros?

Excepción hecha de aquella campaña de acoso y derribo que en su día emprendieron los llamados poderes fácticos contra Adolfo Suárez, con el rey Juan Carlos al frente de la cacería, pocas conjuras del establishment contra un líder político habrá habido equiparables a esa que ahora mismo tiene puesta la diana en el secretario general del PSOE. Todos quieren matar a Pedro, empezando por el periódico que cada mañana crea la opinión de las elites hispanas, siguiendo por los viejos dinosaurios reumáticos de la hégira felipista, continuando por los señores del Dinero (con mayúscula) y acabando por la heredera del pre-presidiario Griñán en el Palacio de San Telmo. La suya es la crónica de un asesinato anunciado que a buen seguro empezará a consumarse a partir de la medianoche del próximo domingo, si es que las urnas se animan de una vez a reconciliarse con las encuestas. Así las cosas, a Pedro Sánchez se le trata de presentar ante la opinión pública como poco menos que un chisgarabís indocumentado, un bisoño diletante que antepondría sus pueriles afanes de protagonismo personal a los supremos intereses tanto del país como de su propio partido.

Una línea de acoso, esa, que vendría respaldada por cierta lógica formal si el PSOE se estuviese desangrando a borbotones por su flanco derecho; esto es, si ocurriera justo lo contrario de cuanto aquí y ahora sucede. No se olvide lo obvio, a saber, que quien en el País Vasco está a punto de enviar a los socialdemócratas al limbo de los justos es Podemos, no alguna cofradía de tibios centristas locales. Como otro tanto de lo mismo pasará en Galicia con las Mareas de Beiras, que tampoco resulta ser el entrañable abuelito suizo de Heidi. Y es que en ese asunto, el de la busca y captura de Sánchez, las cabezas pensantes del establishment (si es que tal cosa existe) se mueven por impulsos contradictorios. Desean algo y su opuesto al mismo tiempo. Por una parte, ansían apuntalar al PSOE, una añeja sigla domesticada e inofensiva, como segunda gran pata junto a los conservadores del orden político español; por el otro, pretenden que los socialdemócratas se desprendan ante su clientela potencial de los últimos restos de legitimidad izquierdista por la vía de ceder todo el poder a la derecha gratis et amore. Y encima lo pretenden a la vez.

Ya lo advirtió el clásico: lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Esa frivolidad tan típicamente madrileña, el rebajar cualquier conato de análisis serio de la crisis del PSOE a que Pedro no traga a Susana y viceversa, quizá no nos esté dejando ver que el ciclo histórico de la socialdemocracia, simplemente, ha llegado a su fin en España. Los partidos liberales se extinguieron, uno tras otro, durante el primer tercio del siglo XX, coincidiendo con la implantación del sufragio universal y la irrupción de las masas en la vida pública. Los comunistas empezaron a morir a principios de los sesenta, con la implantación de las sociedades de consumo, mucho antes de la caída del Muro. Y el canto del cisne de los socialistas tal vez se esté produciendo ante nuestros ojos, al tiempo que se certifica el impotente ocaso del keynesianismo en tanto doctrina reformista indisociable de la soberanía económica del Estado-nación. ¿Un insensato necio el contumaz Sánchez? ¿Y si los genuinos necios resultasen ser los otros?

Coto a la independencia fiscal de PV y Navarra: Fedea propone ir hacia una sola administración tributaria
Las dos comunidades mantendrían sus competencias de gestión de base constitucional, pero tendrían que integrarse en la administración única y acordar con el resto el diseño de las grandes líneas de política tributaria.
Teresa Lázaro www.vozpopuli.com 21 Septiembre 2016

Las claves de Fedea para la financiación: un IVA autonómico y menos fondos

Un modelo único de administración tributaria que incluya a País Vasco y Navarra, es decir, una sola administración integrada. Ésta es la última propuesta que ha hecho Fedea en el marco de la reforma del sistema de financiación, que necesariamente tendrá que llevarse a cabo en la próxima legislatura. Ésta vez la sugerencia la ha elaborado el profesor Jorge Onrubia, que no solo trabaja en la Fundación de Economía Aplicada, muy pendiente siempre de la reforma de la financiación, sino que también lo hace en la Universidad Complutense de Madrid.

El profesor Onrubia reflexiona sobre la mejor forma de organizar el sistema tributario español y apuesta por reformarlo cuando se reforme la financiación. A su parecer, España cuenta actualmente con modelo que puede calificarse de “híbrido”, con un reparto bastante fragmentado de competencias y una coordinación entre jurisdicciones “muy débil”. En este modelo, los aspectos más técnicos como la gestión, la homogeneización de bases de datos, los protocolos de intercambio regular de información fiscal, la formación de recursos humanos y el uso y diseño de las aplicaciones informáticas, entre otras cosas, apenas se encuentran integrados.

Por eso y tras una revisión de las experiencias en tres países con una elevada descentralización fiscal como España (Canadá, Alemania y Estados Unidos) y otros como Suecia, con un sistema político unitario, pero con amplias competencias locales, propone un modelo integrado de administración tributaria. Este modelo está a medio camino de dos alternativas muy distintas: una administración única que dependa únicamente del gobierno central y múltiples administraciones independientes.

Para que el cambio se gradual, Fedea propone mantener la actual distribución de competencias operativas entre el Estado y las CC.AA. a corto plazo. La Administración Central seguiría encargándose de la gestión del IRPF, el IVA y los Impuestos Especiales, mientras que las regiones se encargarían de los tributos cedidos. Sin embargo, habría que dar a las CC.AA. un papel más activo en la gestión de los grandes tributos y facilitar su acceso a los medios tecnológicos de la AEAT.

A largo plazo, Fedea propone la evolución del sistema hacia una integración total, con titularidad compartida de una única organización encargada de gestionar todas las figuras tributarias. La figura correcta para lograrlo sería el consorcio, con representación tanto del Estado como de las comunidades autónomas. Así, los dos niveles de gobierno podrían participar por igual en la formación de la política tributaria de los impuestos compartidos, lo que incluye los planes y objetivos de actuación de la Agencia Tributaria e incluso la asignación de recursos.

Éste modelo debería incluir a las comunidades de régimen foral, pero garantizando sus competencias de gestión de base constitucional. “Una administración integrada sin la participación de estas dos comunidades no afrontaría plenamente la corrección de los problemas de coordinación”, sostiene. Además, Fedea cree que hay muchas posibilidades para compatibilizar esa autonomía de gestión plena con las ganancias derivadas de una mayor integración.

Aunque el modelo que propone Fedea respeta las potestades tributarias del Estado y las comunidades porque los dos niveles de gobierno influirían en la toma de decisiones, en realidad supondría cierto coto a la independencia fiscal de País Vasco y Navarra, que actualmente tienen una autonomía de gestión prácticamente plena. El hecho de que tanto el Estado como las comunidades participen en la formación de la política de gestión tributaria, tanto en sus aspectos estratégicos como operativos, afecta inevitablemente la independencia fiscal de estas dos regiones.

Las comunidades participarían más en los impuestos compartidos, pero el nuevo órgano también sería responsable de coordinar a nivel nacional la gestión de los impuestos cedidos. Además, tendría que velar por mantener la consistencia de los cambios legislativos que se propongan. En cualquier caso, para sacar adelante una reforma como ésta se necesitará sin duda una gran colaboración de los gobiernos implicados.

Ante la enorme dificultad que supone este reto, teniendo en cuenta las intenciones independentistas de algunas regiones y el deseo recentralizador de algunos partidos, Fedea manda un aviso a navegantes: el Estado no debe entender la propuesta como una oportunidad para recuperar competencias y las comunidades no deben creer que es solo una etapa intermedia antes de alcanzar competencias plenas para gestionar los tributos devengados. El verdadero fin es obtener una administración más eficiente que mejore los resultados tributarios.

¡Qué bueno es Griñán!
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 21 Septiembre 2016

El doble rasero que se aplica a la corrupción del PP es abracadabrante.

Llevamos unos días en que un buen montón de gente, desde tuiteros de mucho progreso hasta diversos periódicos que se han hecho eco acrítico de una carta de su hijo, pretenden blanquear la imagen del procesado Griñán. Que es una persona honrada a carta cabal, que lo dice mucha gente de la que se fían, que resulta que cobraba muy poco para la responsabilidad que tenía, y si resulta que se llevó dinero, desde luego lo ocultó muy bien, porque en su familia no se lo ha gastado. Parece que todos deberíamos ser como Griñán, ejemplo y paradigma del sacrificio personal, y somos tan malas personas que no hemos robado 741 millones de dinero público para comprar votos.

Porque al final esa es, y no otra, la acusación del caso ERE. A ver, que con lo rápidos que somos con estas cosas el juicio no empezará hasta dentro de un año o así y no se puede descartar que finalmente sea declarado inocente. Pero si no es así, si resulta que le consideran culpable y le condenan a varios años de cárcel, a todas luces insuficientes vista la cantidad escamoteada, seguirá sin haber sido acusado de haberse llevado el dinero a su bolsillo. Y eso no hace menos grave la acusación. Parece que el peor delito que puedes cometer en este país es defraudar a Hacienda, pero que luego los gobernantes empleen ese dinero no para ayudar a los parados, que era su función, sino para mantener su red clientelar es poca cosa. Se puede ser muy bueno y muy honrado pese a ello.

Es cierto que, si en España no existiera el doble rasero, muchos no tendrían rasero ninguno. Pero que estos días quien se haya llevado todos los titulares sea Rita Barberá, investigada por haber blanqueado la friolera de 1.000 euros, 741.000 veces menos que lo de la maquinaria de Griñán y Chaves, deja casi todos los demás dobles raseros que en el mundo han sido como ejemplos de equidad y justicia. Que sí, que debe ser juzgada, que si hay suficientes razones debe ser procesada y que si hay suficientes pruebas, condenada. Como todos. Pero que provoquen más atención los 1.000 euros del PP que los 741 millones de euros del PSOE sólo puede deberse a que haya demasiada gente demasiado dispuesta a mirar para otro lado cuando los presuntos pertenecen a la izquierda. Y que demasiados de ellos tienen demasiada responsabilidad en demasiados medios de comunicación.

Cierto es que no se puede ni se debe dedicar 741.000 veces más espacio a lo del régimen andaluz que a lo de Rita. También, que el hecho en sí de que un político importante, que vive del dinero que nos quita Hacienda, se dedique a blanquear donaciones al partido es de por sí muy grave, al margen de las cantidades, y justifica que te echen del partido, dejes tus cargos y hasta te quiten los puntos del carnet. No critico la cobertura a los escándalos del PP. Critico la falta de cobertura a otros escándalos en los que se ha defraudado muchísimo más dinero público. 3.000 millones de euros se podrían haber llevado los Pujol, lo de los ERE, hasta 2.000 millones que podrían haber volado del caso Edu, también en Andalucía, frente a... 120 millones de la Gürtel en total en todos sus frentes. Ha provocado mucho más escándalo la defenestración de Elpidio Silva, un tipo que ha metido en la cárcel dos veces por el mismo delito al mismo acusado, que la de la juez Alaya, culpable de querer investigar demasiado exhaustivamente el régimen de corrupción institucional que es Andalucía. Pero al final la imagen popular es que el partido corrupto es el PP y sólo el PP.

Cada vez que se recuerdan estas cosas parece que lo que quieres es hacer el caldo gordo al PP. Pues no. Rajoy debió dimitir el mismo día del "Luis, sé fuerte". Pero que exista semejante doble rasero, que permite a nacionalistas e izquierdistas irse casi de rositas, ser tratados como buenas personas indebidamente acusadas, no sólo es injusto: también es una forma de incentivar la corrupción de todos esos bondadosos hombres y mujeres de progreso. Pero, claro, como es la de los suyos, eso no importa.

Los que callan
BERTA GONZÁLEZ DE VEGA El Mundo 21 Septiembre 2016

Manuel Griñán, hijo de José Antonio, justifica haber escrito en defensa de su padre porque "el que calla, sufre". Antes, cuenta el infierno por el que pasa su familia, habla de la honradez del ex presidente andaluz y dice que otro gallo cantaría si no hubiera bajado a Andalucía desde Madrid. Seguramente. Asegura que su padre no se ha llevado un euro de los ERE, cuando nadie le achaca enriquecimiento ilícito. Como tantos españoles, apenas cambia de coche y honra a sus hijos que, a diferencia de los de Chaves, no hayan hecho negocios usando su apellido. Pero es que nadie cuestiona ni sus coches usados ni su pensión. Sólo se le acusa de haber pactado con la náusea, o sea, de consentir un mal manejo del dinero público que resulta que es de todos. Un técnico como él toleró que se destinaran millones a que cerraran empresas, con una lógica perversa en la región con más paro de Europa.

Dice el hijo que el procedimiento fue avalado por el Parlamento andaluz -síntoma de ese nivel lamentable de parlamentarios del PP, que no se enteran- y que el interventor sólo hizo advertencias. Esa argumentación retrata toda una época de la Junta de Andalucía, donde sacar los pies del tiesto cuesta muy caro. Donde el caso de los ERE, conocido por no menos de 1.000 personas, sólo ha llegado hasta el banquillo porque unos empresarios encendieron una grabadora, atónitos ante la petición de mordida a la Fundación Mercasevilla y una juez, Mercedes Alaya, vio allí el hilo de una madeja que desmontaba un gigantesco sistema clientelar. Y ella sabe lo que supone enfrentarse a los que manejan la Junta, pero la valentía, ir bien vestida, ser infatigable, callar y sentar a dos ex presidentes de la Junta en el banquillo no te convierte en icono feminista. Ella también calló y sufrió.

En la Junta, a los funcionarios que señalaban irregularidades les hacían la vida imposible. Y Griñán daba el visto bueno al engorde de la Administración paralela, esa red de fundaciones y empresas públicas donde los controles eran más débiles. Claro, que previamente y durante muchos más años, lo había hecho el por entonces su amigo Manuel Chaves, con la ayuda en la Consejería de Economía de Magdalena Álvarez, la muñidora de aquellos pactos sociales por los que sindicatos y patronal se repartían millones en formación. Sí que parece injusto ver ahora a la ex consejera y ex ministra con acusaciones de menos gravedad que Griñán y con una jugosa pensión del Banco Europeo de Inversiones. La carta ha sido compartida y jaleada por muchos cargos socialistas andaluces. Qué menos. Si su padre hasta intentó hacer de Susana Díaz una persona más culta e interesante, mandándole listas de libros y películas para los fines de semana. A mí también me las hacen. Estoy ahora con Ética para Amador, de Fernando Savater. He pasado la parte de los dilemas, la responsabilidad y la libertad y estoy justo en una página donde habla de remordimientos. Puede que su padre los tenga. La historia está llena de arrepentidos honorables. Tiene una ocasión perfecta en el juicio de contar por qué no paró lo que sabía que estaba mal. Qué dura es la vida en cuanto eres consciente de que vendrán decisiones complicadas. Que las elecciones que se hacen tienen sus consecuencias. ¿Fue libre para elegir desmontar el tinglado? ¿Quién se lo impidió? En el juicio podrá ponerse a la altura de su maravilloso discurso de investidura. De no defraudar a los que pensaron que él era distinto.

Y, a su hijo, ni le cuento lo que han sufrido los que se negaron a callar en la Junta. Esos sí fueron valientes. Estar arriba y mirar para otro lado no sé cómo calificarlo. El fiscal sí lo ha sabido.

EUROPA: La Sustitución de una Población
Shimshon Zamir  Periodista Digital 21 Septiembre 2016

[Fuera lo viejo, adentro lo nuevo… Europa, dado que está envejeciendo, ya no renueva sus generaciones, y en cambio acoge a un número masivo de migrantes procedentes de Medio Oriente, África y Asia, que sustituirán a los europeos nativos, y que están llevando culturas con valores radicalmente diferentes sobre sexo, ciencia, poder político, cultura, economía y la relación entre Dios y el hombre.]

En una generación, Europa será irreconocible.

Esta es la frase inicial de un articulo escrito por Giulio Meotti y publicado el 29 de agosto. Fuente: gatestoneinstitute.org

Eso de que el numero de muertes exceden a los nacimientos puede sonar a ciencia ficción, pero ahora es la realidad de Europa. Acaba de suceder. Durante el año 2015, en la UE nacieron 5,1 millones de bebés, mientras que murieron 5,2 millones de personas, lo que significa que la UE, por primera vez en la historia moderna, registró un cambio natural negativo en su población. Las cifras provienen de Eurostat (la oficina estadística de la Unión Europea), que desde 1961 ha estado contando la población de Europa. Es oficial.

Hay, sin embargo, otro número sorprendente: la población europea aumentó, en conjunto, de 508,3 millones a 510,1 millones. ¿Ha adivinado por qué? La población inmigrante aumentó en cerca de dos millones en un año, mientras que la población europea nativa se redujo. Es la sustitución de una población. Europa ha perdido la voluntad de mantener o hacer crecer su población. La situación es tan demográficamente sísmica como durante la gran plaga del siglo XIV.

Este cambio es lo que el demógrafo británico David Coleman describió en su estudio, “Inmigración y Cambio Étnico en Países de Baja Fecundidad: Una Tercera Transición Demográfica”. La suicida tasa de natalidad de Europa, junto con los migrantes que se multiplican más rápido, transformará la cultura europea. La declinante fecundidad de los europeos nativos coincide, de hecho, con la institucionalización del Islam en Europa y la “re-islamización” de sus musulmanes.

En 2015, Portugal registró la segunda tasa más baja de natalidad de la Unión Europea (8,3 por 1.000 habitantes) y un crecimiento natural negativo de -2,2 por cada 1.000 habitantes. ¿Qué país de la UE tuvo la tasa de natalidad más baja? Italia. Desde el “baby boom” de la década de los años 1960, en el país famoso por sus grandes familias, la tasa de natalidad se ha reducido a más de la mitad. En 2015, el número de nacimientos se redujo a 485.000, menos que en cualquier otro año desde que se formó la Italia moderna en 1861.

Europa Oriental tiene ahora “la pérdida de población más grande de la historia moderna”, mientras que Alemania superó a Japón por tener la tasa de natalidad más baja del mundo, promediando los últimos cinco años. En Alemania e Italia, los descensos fueron particularmente dramáticos, -2,3% y -2,7%, respectivamente.

Algunas empresas ya ni siquiera están interesadas en los mercados europeos. Kimberly-Clark, que fabrica los pañales Huggies, se ha retirado de la mayor parte de Europa. El mercado ya no es rentable. Mientras tanto, Procter & Gamble, que produce los pañales Pampers, ha estado invirtiendo en el negocio del futuro: pañales para personas mayores.

Europa se está convirtiendo en gris; se puede sentir toda la tristeza de un mundo que se ha consumido a sí mismo. En 2008, los países de la Unión Europea vieron el nacimiento de 5.469.000 niños. Cinco años después, había casi medio millón menos, 5.075 000 – una disminución del 7%. Las tasas de fecundidad no sólo han disminuido en los países con economías doloridas, como Grecia, sino también en países como Noruega, que navegó a través de la crisis financiera.

Como dijo recientemente Lord Sacks, “el descenso de las tasas de natalidad podrían significar el fin de Occidente”. Europa, dado que está envejeciendo, ya no renueva sus generaciones, y en cambio acoge a un número masivo de migrantes procedentes de Medio Oriente, África y Asia, que sustituirán a los europeos nativos, y que están llevando culturas con valores radicalmente diferentes sobre sexo, ciencia, poder político, cultura, economía y la relación entre Dios y el hombre.

Los liberales y seculares tienden a desestimar la importancia de los problemas demográficos y culturales. Es por ello que las advertencias más importantes provienen de algunos líderes cristianos. El primero en denunciar esta dramática tendencia fue un gran misionero italiano, el padre Piero Gheddo, que explicó que, debido al descenso de las tasas de natalidad y la apatía religiosa, “el Islam, más pronto que tarde, conquistaría la mayoría de Europa”. Fue seguido por otros, como el cardenal libanés Bechara Rai, que lidera a los católicos orientales alineados con el Vaticano. Rai advirtió que “el Islam conquistará Europa por la fe y la tasa de natalidad”. Una advertencia similar acaba de provenir de otro cardenal, Raymond Leo Burke.

En una generación a partir de ahora, Europa será irreconocible. La gente en Europa ahora parece sentir, en gran medida, que la identidad de su civilización está amenazada principalmente por un libertarismo frívolo, una ideología que, con el pretexto de la libertad, quiere desmontar todos los lazos que unen al hombre con su familia, su ascendencia, su trabajo, su historia, su religión, su idioma, su nación, su libertad. Parece provenir de una inercia a la que no le importa si Europa tiene éxito o sucumbe, si nuestra civilización desaparece, ahogada por el caos étnico, o si es invadida por una nueva religión del desierto.

Como explica un artículo del Washington Quarterly, el fatal encuentro entre el descenso de las tasas de natalidad de Europa y el ascenso del Islam ya ha tenido importantes consecuencias: Europa se ha convertido en una incubadora del terrorismo; constituyó un nuevo venenoso antisemitismo; ha visto un cambio político hacia la derecha; experimentó la mayor crisis en la autoritaria unidad europea y fue testigo de una reorientación de la política exterior desde la retirada de Europa de Medio Oriente.

El suicidio demográfico no sólo se experimenta; parece ser deseado. La xenófila burguesía europea, que hoy controla la política y los medios de comunicación, parece estar impregnada de un racismo esnob y masoquista. Se han puesto en contra de los valores de su propia cultura judeocristiana y la combinaron con una alucinada y romántica visión de los valores de otras culturas. La triste paradoja es que los europeos están importando gran cantidad de jóvenes de Medio Oriente para subsanar sus opciones de estilo de vida.

Un continente agnóstico y estéril – privado de sus dioses y sus niños, porque los desterró – no tendrá la fortaleza para luchar o para asimilar una civilización de los entusiastas y de los jóvenes. El fracaso para contrarrestar la próxima transformación parece venirse encima del lado del Islam. ¿Es lo que estamos viendo en los últimos días del verano?

Giulio Meotti, Editor Cultural de Il Foglio, es un periodista y escritor italiano

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España en 2020: Menos activos, más jubilados, una deuda de más del 100% y un paro del 14,3%
Si no hay cambios en la política económica, la tendencia de la economía será totalmente insuficiente para resolver los principales retos del país: el paro y la deuda.
Teresa Lázaro  www.vozpopuli.com 21 Septiembre 2016

El futuro no pinta bien para la economía española. Es cierto que el país está creciendo a un ritmo del 3%, pero el impulso no se va a mantener en los próximos años y algunos de los grandes desequilibrios del país siguen sin corregirse. La Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) cree que la situación no va a mejorar mucho en los próximos cuatro años, a no ser que se tomen medidas para remediarlo. En la España que visualizan en 2020 en su último informe hay menos personas en edad de trabajar que ahora y más jubilados, el paro sigue por encima del 14% y lo que es aún más preocupante, la deuda pública se mantiene por encima del 100% del PIB.

Funcas revisó este martes sus previsiones y presentó por primera vez estimaciones a medio plazo porque entiende que, aunque la recuperación es una realidad, cabe preguntarse si será suficiente para corregir los principales desequilibrios que padece la economía española en materia de desempleo y deuda pública. Según sus previsiones, que no contemplan cambios significativos en la política económica, el PIB se iría reduciendo poco a poco en los próximos años hasta situarse en un 2% en 2020. El paro también bajará y la deuda se estabilizará, pero la tendencia será insuficiente para corregir estos dos desequilibrios.

Empecemos por el desempleo. Según la fundación, la tasa de ocupación, que actualmente está diez puntos por debajo de la de los mejores países, aumentará en los próximos años, pero en ningún caso alcanzará los estándares europeos. Esto provocará que el 14,3% de la población activa siga desempleada en el año 2020 y que una de cada cuatro personas en edad de trabajar permanezca en la inactividad.

Las previsiones demográficas empeoran el panorama laboral y dibujan un panorama difícil para las pensiones

Y las previsiones demográficas empeoran estas perspectivas. La población en edad de trabajar disminuirá en medio millón de personas en los próximos cinco años por la caída de la natalidad y el inicio de la jubilación de la generación del baby boom. Además, los empleos de calidad seguirán escaseando, lo que puede hacer que muchos jóvenes tiendan a abandonar España en busca de mejores oportunidades en otros países.

Este contexto plantea un panorama difícil desde el punto de vista de las pensiones. El número de activos por cada jubilado será de 2,5 en el año 2020, frente a los 2,7 que hay actualmente y los 3,1% que había antes de la crisis. El propio director de Funcas, Carlos Ocaña, puso de manifiesto durante la presentación de las previsiones la necesidad de contar ya con un gobierno estable que empiece a abordar este tema, que será sin duda una de las grandes reformas de la próxima legislatura.

Y finalmente queda el grave problema de la deuda. La deuda pública en España se ha triplicado desde la crisis y se ha consolidado por encima del billón de euros. En ratio sobre PIB la deuda ha superado ya tres veces el umbral del 100% y, según Funcas, así seguirá en los próximos años. En 2016 acabará en el 100,4%, por encima de las previsiones oficiales (99,14% del PIB) y en 2020 escalará al 100,9%, lo que sería uno de sus niveles más alto desde 1910, según otro estudio de Funcas.

La normalización de la política del BCE hará que las cargas financieras vayan aumentando en los próximos años

¿Por qué no va a bajar la deuda en los próximos cuatro años? Según la fundación, la progresiva normalización de la política monetaria que está aplicando el Banco Central Europeo (BCE) hará que las cargas financieras aumenten en los próximos años. Además, el gasto público se mantendrá más o menos estable, con una disminución del gasto en prestaciones por desempleo y un aumento del gasto en pensiones y sanidad. La recaudación, por su parte, aumentará solo ligeramente por encima del PIB, lo que hará que el déficit público siga en el entorno del 2,5%.

En este escenario, la deuda pública sí lograría romper la tendencia alcista de los últimos años, pero no bajaría del 100%. Es decir, que en cuatro años estará prácticamente en el mismo nivel que está ahora si no se toman medidas para remediarlo. Por eso Funcas, cree que la creación de empleo de calidad y la reducción de la deuda pública constituyen dos de los principales retos a los que se enfrenta la economía en estos momentos. “Se requiere una estrategia con medidas específicas y sostenidas en el tiempo”, sostiene el informe.

A Sánchez le caduca la demagogia de los 40.000 millones de sueldos perdidos
Todo apunta a que las rentas salariales pagadas en nuestra economía habrán recuperado el nivel alcanzado durante el último año de la legislatura de Zapatero
El Confidencial 21 Septiembre 2016

abitúa a remachar Pedro Sánchez que la reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP ha provocado que en España se paguen cada año “40.000 millones menos en sueldos”. El mantra fue muy repetido tanto durante la campaña electoral del 20-D como durante la campaña electoral del 26-J. Y hay que reconocer que se trata de un mensaje contundente y efectista: “El cercenamiento de los derechos laborales por parte del PP ha facilitado una confiscación de 40.000 millones de euros en masa salarial en favor de los grandes empresarios patrios”.

Por desgracia para el amarillismo socialista, la consigna está a punto de caducar: a finales de este año, todo apunta a que las rentas salariales pagadas en el conjunto de nuestra economía habrán recuperado el nivel alcanzado durante el último año de la legislatura de Zapatero. O dicho de otra manera, entre 2011 y 2016, los sueldos pagados en España ya no habrán caído en 40.000 millones de euros, como le gusta recordar a Sánchez, sino en… cero euros.

l resultado dista de ser sorprendente. Desde un comienzo, el hundimiento de las rentas salariales no estuvo directamente relacionado con la reforma laboral, sino con otro motivo más de fondo: una profundísima crisis económica derivada de un insostenible modelo productivo-burbujístico que terminó destruyendo 3,6 millones de empleos a tiempo equivalente completo entre 2008 y 2013 (o, según otra métrica, una caída del 17% en el número total de horas trabajadas). Si en ese periodo perdimos un 17-18% de nuestra fuerza laboral, ¿a qué viene sorprenderse de que desapareciera más del 13% de nuestra masa salarial? Y, justamente por ello, si en los últimos dos años hemos recuperado parte del empleo perdido, también es lógico que vuelvan a incrementarse las rentas salariales.

Así las cosas, entre 2008 y 2011 (el periodo de crisis que experimenta Zapatero), los salarios abonados en el conjunto de la economía se redujeron en casi 29.000 millones de euros. A su vez, entre 2011 y 2014 (parte de la primera legislatura de Rajoy), cayeron en 39.000 millones más. En 2015, se recuperaron en 18.500 millones de euros con respecto a 2014; y en el primer semestre de 2016, ya se han incrementado en otros 9.200 millones. Si en el segundo semestre se mantiene este ritmo de crecimiento de las rentas salariales, toda la caída vivida desde 2011 se habrá prácticamente volatilizado.

A la luz de estos datos, podemos extraer tres conclusiones.

La primera es que Sánchez selecciona tramposamente la evidencia para llegar a las consignas que más le interesan: si en lugar de tomar solo tres años de legislatura de Rajoy (2012, 2013 y 2014), utilizara los cuatro (incluyendo 2015), ya no podría decir que los sueldos han caído en 40.000 millones desde 2011. Al contrario, debería admitir que han caído en 20.500 millones de euros… menos de lo que se redujeron durante el periodo de crisis que gestionó Zapatero sin la antisocial y extractiva reforma laboral del PP.

La segunda es el contraste entre el perfil de destrucción de empleo previo y posterior a la reforma laboral. Como decimos, entre 2008 y 2011, los sueldos caen en 29.000 millones de euros porque se destruyen 2,2 millones de empleos a tiempo completo equivalente; y entre 2011 y 2014, en 39.000 millones, destruyéndose solo 1,25 millones. Por consiguiente, entre 2011 y 2014 se destruyó mucho menos empleo que entre 2008 y 2011, pero, a cambio, los sueldos medios cayeron mucho más. Es decir, la timidísima liberalización del mercado de trabajo que introdujo la reforma laboral permitió moderar la destrucción de empleo merced a la deflación salarial.

La masa salarial será la misma que en 2011 gracias a la rápida creación de empleo vivida desde mediados de 2014

Y tercero, la clave para que las remuneraciones de los trabajadores vuelvan a incrementarse con fuerza —tal como viene sucediendo desde finales de 2015: a ritmos de casi 20.000 millones de euros anuales— no pasa ni por más regulaciones, ni por más complementos salariales, ni por más déficit, ni por más intervencionismo estatal. La clave consiste en una mayor libertad económica que multiplique las oportunidades profesionales de los españoles y, por tanto, su empleabilidad. A mayor número de puestos de trabajo y de horas empleadas, la masa salarial agregada inevitablemente crecerá: a corto plazo, porque el volumen de receptores de sueldos aumentará; a medio-largo plazo, porque conforme la superabundancia de parados vaya reduciéndose, los salarios medios comenzarán a crecer.

Las cifras que manipuladoramente maneja Sánchez están a punto de caducar: en unos meses, la masa salarial será la misma que en 2011, gracias a la rápida creación de empleo vivida desde mediados de 2014. Las recetas económicas de Sánchez nacieron, en cambio, caducadas: la masa salarial aumenta conforme lo hace el empleo y el empleo aumenta en un entorno de libertad económica que Sánchez rechaza de frente.

El independentismo ahuyenta la inversión extranjera: Se desploma un 60% desde que gobierna Puigdemont
La inversión bruta productiva ha pasado de sumar 2.613 millones en el primer semestre de 2015 a quedarse en 1.058 millones en 2016.
Teresa Lázaro  www.vozpopuli.com 21 Septiembre 2016

La factura económica del desafío soberanista catalán no para de crecer. Según las últimas cifras del Ministerio de Economía recogidas por Vozpópuli, la inversión extranjera productiva ha caído nada más y nada menos que un 60% en la comunidad autónoma en los seis primeros meses del año, el mismo periodo que lleva Carles Puigdemont en el poder. Aunque ha bajado en muchas regiones, es cierto que el descenso de Cataluña es bastante fuerte, sobre todo si se tiene en cuenta el peso de esta región en la economía española.

Si analizamos solo las cifras del segundo trimestre vemos que los inversores extranjeros solo han metido 589 millones en Cataluña entre abril y junio, una cifra que, siendo mayor que la del primer trimestre del año (468 millones), queda muy lejos de los casi 2.000 millones que se invirtieron en el segundo trimestre de 2015. Si bien es cierto que la cifra del segundo trimestre del año pasado fue excepcionalmente alta.

Miedo al independentismo

No es el único efecto del independentismo en la economía de la región. Según las últimas cifras de Axesor publicadas en agosto por este periódico, unas 4.700 empresas han decidido mudarse  a otras comunidades desde el año 2011, el primer ejercicio completo con Artur Mas en el poder, hasta junio de 2016. Y hay que reconocer que desde que Carles Puigdemont cogió el testigo de la independencia las cosas no han hecho más que empeorar: casi 500 empresas han abandonado Cataluña en solo seis meses.

El miedo ha llegado también a los grandes bancos, que han comenzado a incluir 'cláusulas anti-independencia' en nuevos contratos con las que recuperarían su inversión en caso de que la independencia de Cataluña pasara del dicho al hecho. Oficialmente, la hipotética salida de Cataluña de España es algo que no preocupa, pero lo cierto es que sobre el papel genera cada vez más inquietud.

Pero Cataluña no es la única comunidad afectada por el frenazo de la inversión extranjera en el primer semestre. Parece que los efectos del parón político empiezan a notarse en toda España. Como dijo ayer el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, los inversores le hacen muchas preguntas cuando viaja. Y no es para menos, ya que España lleva ya cerca de 300 días sin gobierno. Según las cifras del Ministerio, la inversión extranjera productiva ha caído casi un 30% entre enero y junio.

No solo Cataluña ha registrado un fuerte en descenso, en Madrid la inversión se ha desplomado también casi un 40% y en otras regiones como Aragón o las Islas Canarias la caída ha llegado al 70%. En cambio, la inversión extranjera ha crecido de forma muy fuerte en tres regiones: Murcia (821%), Cantabria (321%) y La Rioja (230%). Los incrementos son tan elevados en estas tres comunidades autónomas porque el año pasado no registraron ninguna inversión productiva.

Por sectores económicos, llama la atención el descenso que se ha producido en la educación (-97,09%), el suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (-95,72%) y en el comercio mayor y menor y reparación de vehículos de motor y motocicletas (-61,37%). Algunos expertos consultados achacan este descenso a grandes operaciones que se produjeron en el año 2015 y que no han tenido reflejo en 2016. Por el contrario, la inversión extranjera ha aumentado en otros servicios (400%), hostelería (123%) y las industrias extractivas (96,33%).

Y si atendemos a los principales países de origen de estas inversiones, destaca la caída del primer semestre de las inversiones que procedentes de México (-91,1%), Estados Unidos (-78,3%) y Suiza (-61,3%). En cambio, ha aumentado fuertemente el interés de Ruisa (410,7%), Filipinas (255,2%) y Alemania (204,6%) en España. En todo momento hablamos de inversiones productivas, que son las que generan empleo y actividad en España. No se tienen en cuenta las operaciones de Entidades de Tenencia de Valores (ETVEs).

A pesar de la caída de la inversión extranjera, lo cierto es que la economía parece mantenerse fuerte, aunque son muchos los expertos que avisan que los efectos de la incertidumbre tardan cierto en aparecer, pero llegan tarde o temprano. Ayer mismo la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) hizo un nuevo llamamiento público a los partidos para que lleguen a acuerdos y garanticen un gobierno en España cuanto antes. Hay mucho en juego.


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El espectáculo nacionalista
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 21 Septiembre 2016

El plan nacionalista para conseguir la independencia de Cataluña no se libra en el plano jurídico ni siquiera en el político, sino bajo los focos del inmenso anfiteatro donde se forja la opinión pública, ese magma fluido, proteico y maleable, pasto irremediable de demagogos capaces de encender emociones devastadoras.

La política es en buena parte comunicación, es decir, espectáculo. Y hay que reconocer que a la hora de preparar y realizar montajes teatrales los independentistas catalanes le dan sopas con honda al Gobierno de la Nación. En corrupción van igualados, pero en artes escénicas, no hay color. Véase si no la obra de cámara -pocos actores, escaso decorado, fuerte mensaje- que Artur Mas y su pandilla de insurrectos han representado a las puertas del Tribunal Supremo. Acompañamiento de la lucida cuadrilla al diestro Homs durante el paseíllo, tanda sostenida de aplausos sin contaminación verbal alguna y a continuación comparecencia ante los medios dócilmente congregados para difundir el mensaje envenenado de la ilegalidad disfrazada de pura expresión democrática. Perfecto. Si comparamos las habilidades sobre el escenario de Rajoy, Soraya, Hernando y Fernández Díaz con las de Mas. Homs, Puigdemont, Junqueras y Forcadell, es como poner a competir a Fernando Esteso con Sir Laurence Olivier.

El plan nacionalista para conseguir la independencia de Cataluña no se libra en el plano jurídico ni siquiera en el político, sino bajo los focos del inmenso anfiteatro donde se forja la opinión pública, ese magma fluido, proteico y maleable, pasto irremediable de demagogos capaces de encender emociones devastadoras. Este hecho evidente los estrategas independentistas lo han entendido siempre muy bien, mientras que sus adversarios de las calles Génova y Ferraz han demostrado una ceguera pertinaz ante el fenómeno. Cada vez que la aplicada Vicepresidenta, espejo de opositores memoriosos, anuncia un nuevo recurso ante el Tribunal Constitucional, las carcajadas que resuenan gozosas en el Palacio de la Generalitat reflejan que los acontecimientos se van desarrollando sin prisa, pero sin pausa, de acuerdo con el rumbo trazado por los impulsores del nuevo Estado soberano que nacerá en la esquina nordeste de la Península Ibérica, como paso previo a la anexión de la Comunidad Valenciana y de las Baleares. Toda ocasión de presentarse como víctimas, de ahondar en los agravios imaginarios, de enconar el enfrentamiento con un enemigo tan inexistente como real a los ojos de las masas de cerebro previamente lavado, es más gasolina para el fuego que Pujol alimentó con disimulo e hipocresía inigualables y alrededor del cual sus herederos bailan frenéticos el baile descarado de la rebelión. ¿Quiere esto decir que no hay que recurrir a los instrumentos legales que existen para poner coto a los desmanes nacionalistas? Por supuesto que no. Las acciones ante los tribunales han de llevarse a cabo con toda contundencia, aunque si no van complementadas con una batalla feroz en el campo de las ideas y de la movilización de los sentimientos, si quedan limitadas a la pura actuación de los jueces sin que resuene potente la artillería abrumadora de un discurso atractivo, apasionado y conmovedor en favor de un gran proyecto español unificador que haga aparecer la propuesta independentista como la aventura ramplona de cuatro provincianos mediocres, entonces no sirven para nada, al contrario, refuerzan el planteamiento mendaz de los secesionistas.

El error de enfoque viene de muy lejos y por eso ahora es de difícil reconducción. Si a una causa política que se apoya en la manipulación de los componentes irracionales del ser humano y en la excitación de las bajas pasiones a base de inventos y mentiras y de grandiosos despliegues de luz y sonido, se le entrega la educación, la cultura, los medios de comunicación, considerables recursos financieros, amplio e intenso reconocimiento simbólico y un denso entramado institucional, el resultado está cantado y es el que ahora padecemos. La hipótesis de que la fiera se volvería vegetariana si se la alimentaba con inagotables cantidades de ganado fresco, no parece, vista con la perspectiva de los últimos treinta años, demasiado inteligente.

Es obvio que las actuales cúpulas dirigentes de los dos grandes partidos nacionales carecen de las dotes dialécticas y de la fuerza de carácter necesarias para derrotar a la irresistible y maligna seducción de la apelación identitaria. Por carecer, han llegado hasta el intento de parecerse a los nacionalistas con tal de conseguir votos, como ha mostrado el caso patético del Partido Socialista de Cataluña y de su homólogo en el País Vasco, hoy al borde de convertirse ambos en residuales. Si los nacionalismos étnico-lingüísticos pueden todavía arrastrar a millones de personas en pos de sus siniestras banderas a pesar de que la Historia nos ha enseñado que sólo son fuente de destrucción y barbarie, no serán un grupo de tecnócratas asépticos ni un equipo de inmaduros aficionados los que pongan freno al desastre que se está gestando desde hace décadas en Cataluña. A estas alturas del desaguisado, la única vía que queda es la aplicación firme por parte del Estado del orden constitucional vigente, lo que implica al final el uso de la coacción física en defensa de la ley. Dicho de otra forma, ya que no se ha tenido inteligencia, ni visión estratégica ni capacidad de convicción y que los nacionalistas se mofan de los mandatos de los tribunales, el proceso ha desembocado en un asunto de puros redaños. Teniendo en cuenta el fuste de los encargados de imponer el ordenamiento vigente, hemos de prepararnos para lo peor.

El prusés necesita gasolina con urgencia
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 21 Septiembre 2016

Una especie de fatalismo se ha apoderado del prusés. El fiasco de la última Diada, no por esperado menos llamativo, ha venido a certificar algo que es lugar común entre la gente que en Cataluña sigue levantándose todas las mañanas para ir al trabajo, pagar la hipoteca y dar a los hijos una educación decente: que el grado de excitación nacionalista ha caído muchos enteros en los últimos tiempos. Entre los 292.000 manifestantes de que habla Sociedad Civil Catalana y los 800.000 que, a ojo de buen cubero, calculó la Guardia Urbana de Barcelona, juez y parte en el asunto, media un abanico de cifras que en todo caso quedan muy lejos de los 1,4 millones que con la idéntica liberalidad estimó esa misma Guardia para la Diada de 2015. Pinchazo en toda regla, natural como la vida misma, porque no es posible mantener por mucho tiempo la altura de un suflé que, como toda cuestión de fe, se basa en el martilleo de los sentimientos con desprecio de los dictados de la razón, sobre todo cuando no hay enemigo en frente, que tal es el drama del independentismo catalán: que Madrit sigue sin abrir la boca y que don Mariano ha decidido, decidió hace tiempo, hacer la estatua y dejar que el prusés se cueza en su propia salsa como el bacalao al pil-pil.

Días después de la Diada, el gran Puigdemont echó un jarro de agua fría sobre las ardientes cabezas de quienes navegan rumbo a la Cataluña independiente capital Tirana, al enfriar la posibilidad de convocar un referéndum independentista de manera unilateral si no se llega a un acuerdo con el Gobierno central, cosa que evidentemente no se va a producir. “Si se hace el referéndum ha de superar todas las pruebas de estrés para ser reconocido por la comunidad internacional”, dijo Picodemonte, ocultando que el interés de la comunidad internacional por las ensoñaciones identitarias de la minoría dirigente catalana es comparable al que siente don Mariano, situación lógica si tenemos en cuenta que la UE, por no apuntar más lejos, no tiene ahora mismo asuntos de enjundia de los que preocuparse, porque el viejo continente es un jardín de tulipanes, una balsa de paz sin un asunto mollar del que preocuparse. El resultado se llama frustración, con los peligros que ello acarrea cuando se produce en entornos escasamente democráticos, de raíz totalitaria y/o identitaria. Porque ahora hay menos independentistas, cierto, pero los más radicales están más radicalizados y amenazan con convertirse en un peligro para la convivencia entre catalanes y entre Cataluña y el resto de España.

De la radicalización de la minoría que dirige el prusés vamos a tener un buen ejemplo el próximo 28 de septiembre, con ocasión de la cuestión de confianza a la que Puigdemont deberá someterse en el Parlament de acuerdo con el compromiso contraído en su día con las CUP. Anna Gabriel, la diputada del flequillo cortado a machete, ya ha anunciado el apoyo del grupo antisistema al presidente de la Generalitat, lo que ha evaporado de golpe el miedo a nuevas elecciones autonómicas, una posibilidad que tenía en un sin vivir a esa burguesía moralmente depauperada que se abriga en torno a Convergencia, porque esas eventuales elecciones podrían servir el poder en bandeja a la coalición formada por la tropa de Ada Colau, ERC y CUP. Una solución de izquierda radical para Albania capital Barcelona. Picodemonte piensa proponer ese día a la santa compaña independentista la puesta en marcha inmediata de las llamadas “leyes de desconexión” con vistas a tener elaborado un texto constitucional para junio del año próximo, texto que sería sometido a referéndum unilateral el 11 de septiembre de 2017. “Lo importante es que en diez meses estará todo listo para culminar la secesión y entonces se verá de qué manera se hace”, contó el president en una magnífica demostración de clarividencia, seguridad y certidumbre. Frustración, desvarío y huida hacia adelante.
Una locura en la que nadie cree

Pero todos saben que el prusés está embarrancado y que no va a ir a ninguna parte, porque ni ellos saben qué hacer ni adónde ir. En las masías del Ampurdán, en las grandes mansiones de la costa de Gerona, se han podido escuchar este verano acaloradas discusiones entre la elite convergente que harían temblar a esos cientos de miles de incautos que un día compraron confiadamente la mercancía averiada de la independencia, discusiones que solían terminar en confesiones de culpa y rechazo cercanas al lagrimeo desesperado. “Esto es una locura en la que ya no creemos ninguno, esa es la pura verdad, una locura a la que nos ha arrastrado la ambición de Artur Mas, un señor que ha cambiado hasta de carácter, hasta de personalidad, cuando decidió hacerse independentista tras la Diada de 2012 y al lado del cual me he mantenido por lealtad personal, sólo por lealtad, que ya veremos lo que me cuesta con el Constitucional a mis espaldas. Esta es la verdad, la realidad de una falsa burbuja en la que vivimos y de la que no sabemos cómo salir”, manifestaba acalorada en una de esas mansiones una señora con mando en plaza en la Generalitat y en la propia Convergencia.

Frustración que conduce al desistimiento, pero que también puede llevar a la radicalización. Es el gran riesgo de la pérdida de fuerza del prusés. “Nosotros proponemos la convocatoria del referéndum unilateral de independencia (RIU), sí o no, con todas las de la ley, hasta el final, como mínimo para hacer entrar en contradicción antidemocrática al Estado español y obligarle a recurrir a algún tipo de fuerza legal o incluso de fuerza bruta”. La frase pertenece a un tal Quim Arrufat, un angelito, miembro del secretariado de las CUP, y fue pronunciada el 11 de septiembre en un acto convocado en los capuchinos de Sarrià. El objetivo del dichoso RUI no es otro que el de “tensar la situación hasta el final, para provocar la reacción violenta del Estado”. La caldera del prusés necesita leña nueva, precisa con urgencia gasolina para mantener vivo el incendio. Reclama desesperadamente una provocación. En el fondo, de eso iba, eso es lo que andaba buscando la delegación de medio centenar de políticos catalanes, con el propio Mas a la cabeza, que anteayer arropó a Francesc Homs en Madrid en su declaración ante el Supremo para responder por los presuntos delitos de prevaricación, desobediencia y malversación de caudales públicos con motivo de la organización de la mascarada de referéndum del 9-N.

La comitiva independentista, cuya puesta en escena recordaba vagamente al famoso cuadro de El Cuarto Estado de Pellizza da Volpedo, popularizado por Bertolucci en Novecento, se volvió a Barcelona sin un miserable insulto callejero que llevarse a la boca y con el que enardecer a las alicaídas masas indepes desde los micrófonos de Catalunya Ràdio. El prusés mengua, pero los riesgos de una salida violenta aumentan, asunto delicado en extremo que apunta a la necesidad de encontrar una salida racional al lío en que se ha metido una burguesía acollonada que no se cree ya una palabra de lo que dice, pero que no hará nada por hacer descarrilar la ficción. Y sí, habrá que buscar que el agua de odio embalsada durante tantos años desagüe en un espacio de racionalidad y convivencia. No sería mala cosa que en Madrid hubiera un Gobierno con mando en plaza, al frente del cual figurara alguien con visión de Estado bastante para desatascar el albañal de detritus creado por estos miserables sembradores de vientos. Ya no hay generales dispuestos a sacar las castañas del fuego a los ricos barceloneses con un par de cañonazos puntuales. Será necesario echarles, aunque no se lo merezcan, algún tipo de salvavidas capaz de reintegrarles a la normalidad democrática. Porque ese ha sido siempre el problema de Cataluña: la alarmante falta de salud democrática.

Estética deplorable para una causa perdida
Ese comportamiento callejero no era propio de unos burgueses nacionalistas que ahora son independentistas y que han entregado la continuidad del proceso soberanista a la izquierda catalana
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 21 Septiembre 2016

Vergüenza ajena. Porque hay modos de comportamiento colectivo que deben guardar una mínima coherencia con la identidad política y social de aquellos que los mantienen. Observar ayer las fotografías y ver las imágenes de Francesc Homs, acompañado, como en formación, por líderes exconvergentes (Mas, Munté, Turull, entre otros) en su particular paseíllo para declarar ante el Supremo —es aforado como diputado en el Congreso—, remite a una épica que roza el ridículo.

Estas sobreactuaciones son propias, casi definitorias, de otro tipo de partidos y de dirigentes (o de algunos tradicionales cuando pierden el oremus). De aquellos que buscan en la calle lo que no obtienen en la urna; de aquellos cuyos códigos de comunicación nada tienen que ver ni con el poder ni con los despachos; de aquellos cuya indumentaria es la enunciación de un rasgo ideológico —la rebelión a través de la ruptura de las convenciones—, de aquellos, en fin que aspiran a lograr la revolución siempre pendiente, entre otras razones porque no han tenido oportunidad de ocupar el poder.

Lo que vimos ayer en Madrid —y ya en su momento en Barcelona— era tan excéntrico y componía una estética tan deplorable que se producía una remisión mental irremediable: ese comportamiento callejero, presuntamente decidido y a la vez tan desleído e inocuo, no era propio de unos burgueses nacionalistas que ahora son independentistas y que han entregado la continuidad del proceso soberanista a la izquierda catalana que, además de sobrepasarles, les marginará más aún de lo que ya lo están. Eran los actuales representantes del partido —refundado con muchos menos afiliados del que enterraron— que llevan décadas gobernando Cataluña.

La estética de la marcha hacia el Supremo desde la sede de la Generalitat en Madrid resultaba el trasunto de un fracaso que el propio Homs —y Artur Mas— se encargó de agudizar con un lenguaje que no mejoraría, seguramente, ni el propio Arnaldo Otegi, al que una parte del Parlamento catalán recibió en su momento como al “Mandela vasco”. Homs habló de “juicio político”, de cómo el Constitucional (al que acude la Generalitat con regularidad para formular sus reclamaciones) y el Supremo (al que él se acoge con su aforamiento) están al servicio del PP y de cómo la sentencia contra él ya está dictada. Tras la descalificación, el discurso patriótico: hicimos lo que nos instruyó el Parlament de Cataluña y lo volveríamos a hacer.

La verdad es algo más prosaica: Homs, Mas, Rigau y Ortega están sometidos a un procedimiento penal no porque el 9 de noviembre de 2014 sacaran las urnas a la calle en lo que denominaron un “proceso participativo”, eufemismo de referéndum, sino porque desafiaron al Tribunal Constitucional, que prohibió esa iniciativa. Ese es el matiz sustancial: se enjuician posibles delitos de desobediencia y de prevaricación posteriores a la resolución del Constitucional que los ayer marchantes en el benigno septiembre madrileño desconocieron dolosamente. Ninguno de ellos, sin embargo, tendrá la oportunidad para mayores victimismos: no irán a la cárcel. Si son condenados —lo que está por ver, por mucho que se adelante Homs al veredicto—, les sancionarán con unas inhabilitaciones que no harán mella en un proceso soberanista que su torpeza ha entregado a Junqueras y Colau y al colectivo de diputados de la CUP.

Es comprensible que los dirigentes del PDC —las cenizas del esplendor de CDC— traten de estirar la épica de su iniciativa (la independencia), que para ellos es ya causa perdida, que gestionarán sus adversarios. Pero no sería demasiado pedirles que no incurran en actitudes colectivas tan poco airosas, de composición tan venial e impostada, como la de ayer en Madrid. No les va, no les encaja, no resultan creíbles… en definitiva, hacen el ridículo, que es lo que prometió Artur Mas que nunca harían.

Las formas hay que guardarlas especialmente en la adversidad y no perderlas, desmintiendo así hasta la identidad personal y colectiva e imitando comportamientos grupales que evocan una épica tan doméstica como increíble. La mayoría de los marchantes ayer en Madrid —quizá no los que iban en la tercera o cuarta fila— han sido educados en la compostura. Se salen de ella y resultan irreconocibles. O a mí me lo parecieron. Quizá porque la consideración auténtica a los catalanes —independentistas o no— y a Cataluña merece un poco más de sofisticación política y estética cuando de los exconvergentes se trata.

Cataluña persiste
GABRIEL TORTELLA El Mundo 21 Septiembre 2016

LA DIADA de 2016 ha sido una más, no precisamente la más concurrida, pero sí la más ominosa y amenazante, ya que en ella algunos líderes han dicho que será la última en que se anuncie la independencia. La próxima vez, nos dicen, la independencia no será futuro, sino pasado. Como en otras ocasiones, el victimismo, cual si de vino se tratara, ha corrido a raudales. «No nos escuchan, no nos comprenden, se nos amenaza, se nos desprecia, se nos roba». Lo de siempre. Los organizadores han afirmado que ha sido una jornada plácida y sin incidentes. Tampoco es cierto, como la monserga del victimismo. Los de la CUP, el grupúsculo que es la pequeña e incómoda clave de la abigarrada cúpula independentista, han quemado libros y efigies, y han anunciado, repitiendo una versión catalana del Himno de Riego, que le van a cortar el cuello al rey. Todo son delitos. Ahora la herrumbrosa maquinaria judicial española se pondrá solemnemente en marcha y tras varias chirriantes vueltas de la rueda judicial, y de varios años de papeleo y filtraciones, dará a luz un minúsculo e inofensivo ratoncito, como ya hizo 30 años atrás, cuando dos fiscales tuvieron la osadía de poner una querella al virrey Pujol y a sus secuaces por el indecoroso latrocinio que organizaron en el caso Banca Catalana, del que Pujol salió ungido en loor de santidad afirmando que él era Cataluña y además el único (¡él!) legitimado para «hablar de ética y de moral».

El problema catalán tiene todas las características de una pesadilla recurrente que al español medio le produce ese mecanismo psicológico de defensa que opera por medio del olvido. Los políticos españoles también quisieran olvidarlo, y se inclinan por la conllevancia orteguiana. El catalán, dijo Ortega y Gasset en las Cortes de 1932, «es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar». Pero hasta la conllevancia tiene un límite: cuando el niño malcriado se crece ante la paciencia de los progenitores y se les sube a las barbas y destroza el mobiliario, demandando más atención y más dinero, los progenitores hispanos tendrán que decir basta en algún momento para que no siga el destrozo y el despilfarro.

Pero el objeto de esta modesta reflexión no es proponer políticas, sino razonar acerca de las causas de la persistencia catalana. Cuando Ortega habló de conllevancia, ya el problema venía de muy largo. En una parte considerable, la respuesta está en el título del célebre cuadro de Dalí que ha inspirado el de este artículo: La persistencia de la memoria. La persistencia del recuerdo histórico en la mente colectiva catalana, convenientemente cultivada, aderezada y, por qué no decirlo, falsificada, explica que el pueblo catalán sea muy receptivo a todas estas matracas de la opresión, la incomprensión y el victimismo en general. Naturalmente, esta receptividad debe ser cultivada para mantenerla viva, y a ello están dedicados en Cataluña el sistema educativo y los medios de comunicación adictos, que son casi todos.

El problema político catalán se remonta a principios del siglo XX, cuando la Lliga Regionalista comienza a ganar elecciones y su directivo, Enric Prat de la Riba, proclama en un libro, La nacionalitat catalana (1906), que Cataluña es una nación y España no. Podemos preguntarnos: ¿Por qué es entonces cuando surge el nacionalismo catalán? Para hallar una respuesta debemos remontarnos siglos atrás. Al acabar la Guerra de Sucesión en 1714 se termina la semiautonomía que la Corona de Aragón había gozado con los Austrias; y con los llamados Decretos de Nueva Planta se dio un paso importante hacia la unificación política y administrativa de España. Esta unificación «benefició insospechadamente a Cataluña» (Vicens Vives), que inició una senda de progreso económico y echó las bases de un proceso de industrialización basado en la industria textil algodonera, gracias al proteccionismo de los Borbones y al acceso de los productos catalanes a los mercados español y americano. Como decía el padre Jaume Caresmar a finales del siglo XVIII, «la industria de los catalanes se ha extendido por todo el Continente [la Península] con numeroso tráfico de carromatos y acémilas, con tiendas de comercio en toda la costa y principales ciudades del Reino».

Cataluña ya estaba en cabeza de la economía española a finales del XVIII. Aunque la Guerra de Independencia le afectó grandemente, se recuperó en el siglo XIX gracias de nuevo a la industria textil y a la protección. Se puede estimar que la protección a la industria algodonera durante el siglo XIX le costó a España cerca de un 1% del PIB, pero a Cataluña la «benefició insospechadamente»: se convirtió en la región más desarrollada de España. Y, correlativamente, fue desarrollando una conciencia de superioridad («no hay tierra más ufana bajo la capa del sol», dice la célebre sardana La Santa Espina) que le hacía sentirse impaciente con los gobiernos de Madrid, de los que dependía sin embargo para obtener la protección arancelaria que exigía su creciente bienestar. Se dio así primero la Renaixença, el renacimiento cultural encaminado a revivir la lengua catalana. Se resucitaron los torneos literarios de origen medieval, los Jocs Florals, que premiaban anualmente las mejores creaciones literarias. En el plano político, se daba una situación paradójica y ambivalente: de un lado, Cataluña necesitaba a Madrid para mantener la legislación proteccionista y, de otro, se sentía postergada por depender de un «poblachón manchego» culturalmente inferior.

El choque que puso el catalanismo político en marcha, que lo llevó de los Juegos Florales a las batallas electorales, fue el Desastre de 1898, la pérdida de las últimas colonias, que habían constituido un provechoso mercado cautivo para los empresarios textiles. La consumación de la independencia de Cuba y Filipinas con la firma del Tratado de París fue como la firma del acta de divorcio de Cataluña con Madrid. La falta de respeto por la verdad histórica ha llevado a los historiadores nacionalistas a hablar del fracaso del colonialismo español, sin reconocer que los primeros paladines del colonialismo español estaban en el mundo empresarial de Barcelona; y que la superioridad económica y cultural de Cataluña (ésta algo discutible) se debía en gran parte a la política proteccionista de Madrid, que obligaba a los españoles a comprar los caros tejidos catalanes con grave quebranto de sus bolsillos. Los éxitos del catalanismo fueron emulados en otras regiones, y esta floración de nacionalismos autonomistas hizo eclosión en la Segunda República, con la aprobación del Estatut d'Autonomia catalán en 1932 y con la de los Estatutos vasco y gallego ya empezada la Guerra Civil. El nacionalismo catalán realmente se desmandó durante la República y la guerra. Dos veces declaró la independencia durante la República (1931 y 1934) y una nada más comenzada la contienda. Ello dio lugar a la lamentable Guerra Civil en la primavera de 1937 en Barcelona, donde comunistas y anarquistas combatieron por las calles y el esfuerzo bélico de la República se vio gravemente mermado, para regocijo del bando franquista. Orwell lo cuenta en su Homenaje a Cataluña y Azaña refleja en sus memorias la amargura y el desencanto que le produjo tan vergonzosa reyerta, que él vio muy de cerca pues estaba en Barcelona en esos días y era un espectador de excepción por ser entonces presidente de la República y haber sido el gran y decisivo defensor del Estatut en las Cortes de 1932.

EL NACIONALISMO catalanista renació durante la Transición, con Jordi Pujol como director de orquesta. Fue dando pasitos breves y cautelosos, tanteando la situación y la actitud de los partidos nacionales (que hoy llamamos constitucionales porque parece que la palabra «nacional» sólo pertenece ahora a las regiones con ínfulas). Pronto comprobó que estos eran meros tigres de papel (de papel timbrado judicial, sobre todo), en especial a partir del citado affaire de Banca Catalana. Ante el derrumbamiento de la legalidad en Cataluña se produjo una carrera en pelo por demostrar quién era más nacionalista y separatista, siendo así que la política española lo premiaba con la inmunidad y la catalana con cargos y prebendas.

Esta última oleada de separatismo nacionalista obedece a razones económicas, pero de otro tipo que antes de la Guerra Civil. Hoy Cataluña sigue siendo la región más rica en términos globales, pero no en términos por habitante. Por delante están Madrid, el País Vasco y Navarra, y muy próximas Aragón, las Islas Baleares, y la Rioja. La convergencia ha cerrado la enorme distancia de hace un siglo. Hoy los nacionalistas, la casta política catalana, aspiran al poder absoluto en Cataluña, a convertirla en su finca sin interferencias de Madrid. Ése es el aspecto económico del nacionalismo catalán actual. Ése y el lograr que el Estado español les financie para amansarlos un poco. No es la superioridad económica lo que persiste hoy, sino el descarnado interés económico. Y también persiste la memoria de un pasado mítico, que los nacionalistas mantienen viva con Diadas y desfiles a lo Nüremberg. Quizá por eso Dalí situaba en Cadaqués aquel árbol descarnado del que colgaban los relojes blandos. No se sabe si esos relojes blandos simbolizaban la deformación de la Historia por los nacionalistas o la blandura de los gobiernos de Madrid hacia los desmanes de los nacionalistas. El cuadro tiene algo de ominoso y siniestro. Era un genio y acertaba en sus premoniciones.

Gabriel Tortella es economista e historiador. Su último libro es Cataluña en España. Historia y mito (Gadir, 2016), en colaboración con J.L. García Ruiz, C. E. Núñez y G. Quiroga.

¿Para qué querrán los 'indepes' la libertad de Cataluña?
Antonio RoblesCronica Global 21 Septiembre 2016

¿En qué libertad piensan los separatas cuando exigen libertad para Cataluña? Debo confesar que la petición es asombrosa. ¿Acaso no hay libertad en Cataluña?

Veamos, Cataluña forma parte de un Estado de derecho, disfruta de todas las libertades políticas que los Derechos Humanos consagraron, hay plena libertad de expresión, incluso se permiten el lujo de pedir la separación de España en contra de los derechos del resto de los españoles.

La casta política catalanista, constituida como clase social supremacista, detenta el poder de manera absoluta y dispone de los presupuestos del Estado en beneficio exclusivo a través de la Generalitat

¿A qué libertad de Cataluña se deben referir? Porque es una de las comunidades donde una casta política transversal (la catalanista), constituida como clase social supremacista, detenta el poder de manera absoluta y dispone de los presupuestos del Estado en beneficio exclusivo a través de la Generalitat. Controlan los medios de comunicación, las instituciones municipales, educativas, culturales... ocupan en exclusiva sus puestos de trabajo, las dirigen sus hijos en régimen de monopolio, sus sueldos están por encima de la media laboral de Cataluña y, por supuesto, del resto de España. Su astucia para convertir la identidad en clase social, ha logrado crear el relato de un pueblo catalán auténtico luchando por su supervivencia, frente al resto, a los que consideran enemigos de Cataluña. Sean de origen catalán o no.

Todo empezó con el lenguaje: la "minoría catalana" en el Congreso como representación de Cataluña. Jordi Pujol estaba detrás de la manipulación. Fue la marca de territorio que falsificó la realidad de la representación de Cataluña. Socialistas, comunistas y populares no eran catalanes. Se apropiaron de la identidad catalana, la convirtieron en un sagrario, y en sacrílego a todo quien cuestionara la superstición. Después pervirtieron el lenguaje político tornándolo en lenguaje futbolístico. Y como en el fútbol, la razón y la equidad quedan excluidas. Ya no importa si es penalti o no, lo que importa es si va a favor o no de mi equipo. En eso estamos. El triunfo de la clase social transversal catalanista. El supremacismo que muestra TV3 cada minuto de nuestra existencia.

Precisamente, esa casta catalanista es la responsable de la pedagogía del odio contra España a base de lanzar campañas insidiosas, como "Espanya ens roba", "Espoli fiscal de l’Estat" o "Portem tres-cents anys d'esclavitud".

¡Qué esclavos tan extraños! Deben ser los primeros esclavos de la historia que viven mucho mejor y mandan más que sus amos. Quizás por eso tengan tanto tiempo para preparar los juegos de parvulario de cada Once de septiembre...

Deben ser los primeros esclavos de la historia que viven mucho mejor y mandan más que sus amos

¡Y qué colonos tan estúpidos! Son despreciados por los pobres esclavos catalanistas como el ejército de ocupación. Un ejército formado por albañiles, jornaleros, electricistas y fontaneros, personal de limpieza, camareros, cocineros, taxistas o parados, todos ellos fácilmente distinguibles por hablar mayoritariamente la lengua española y haber llegado del resto de España con el fardel bajo el brazo. También algunos maestros, lo que queda de la Guardia Civil y algún funcionario adaptado al cambio climático del procés.

El mundo al revés. No es nuevo. Desde finales del siglo XIX la clase social burguesa, blindada tras el catalanismo, puso énfasis en desviar la lucha de clases a la fricción nacional. El lerrouxismo fue la primera víctima de su técnica de satanización. A partir de su demonización, la bandera escondía la cartera, y la emancipación social era sustituida por la emancipación nacional. Hoy, las banderas rojas de las reivindicaciones obreras han sido literalmente sustituidas por un aquelarre obsceno de esteladas, enarboladas, en buena medida, por una izquierda definitivamente perdida en ese parchís preescolar de cada Once de septiembre.

A juzgar por las exclusiones de estos últimos cuarenta años, pareciera que cuando piden libertad para Cataluña, en realidad lo que pretenden es inmunidad para sus atropellos: carta blanca para imponer el monolingüismo, delinquir sin que tribunal alguno pueda juzgarlos, eliminar toda disidencia mediática, ideológica, nacional o étnica sin tener que dar cuenta a nadie, rebelarse contra el Estado de derecho y la soberanía nacional de España sin sufrir sus consecuencias; en una palabra, blindarse ante el 3% y ante cualquier limitación del poder corrupto que monopolizan desde la Transición.

Savater se equivoca
En estos días se publican unas declaraciones del escritor y filósofo donde afirma que “para alguien de UPyD lo más próximo es votar a Ciudadanos y no abstenerse”. Creo de corazón que Fernando Savater se equivoca
Iria Bouzas Álvarez diariosigloxxi.com 21 Septiembre 2016

Cuando me planteé escribir este artículo sentí una mezcla de miedo, vergüenza y vértigo.

Fernando Savater tiene una trayectoria vital y humana inmensa, y yo, que hago lo que puedo, estoy aún dando mis primeros balbuceos en esto de “hacer cosas en la vida”.

Así que les pido humildemente que me permitan empezar este artículo con una confesión emocional, diciéndole al gran Savater que me siento como un mísero gusano dándole su opinión a un inmenso elefante.

Pero es creo de corazón que Fernando Savater se equivoca.

En estos días se publican unas declaraciones del escritor y filósofo donde afirma que “para alguien de UPyD lo más próximo es votar a Ciudadanos y no abstenerse”.

Entiendo perfectamente el razonamiento que le lleva a esa afirmación. Cualquier persona de buena voluntad que no haya conocido las tripas del partido naranja tendría que pensar lo mismo.

Ante la situación en el País Vasco, la abstención no es una opción y si UPyD no se presenta, lo mejor sería que sus votantes apoyen a Ciudadanos.

Pero es que yo, después de conocer las tripas, los intestinos y todos los jugos biliares de Ciudadanos, estoy convencida de que estamos ante el típico caso en el que puede ser peor el remedio que la enfermedad.

La situación en el País Vasco no es ninguna broma. Nos han intentado engañar haciéndonos creer que ETA ha desaparecido y que Bildu es un grupo de hermanitas de la caridad demócratas que ahora creen en nuestro sistema y que quieren cambiarlo desde dentro.

Quizás ellos nos tomen por tontos, pero no lo somos en absoluto. ETA no ha desaparecido, ha mutado en pseudodemócratas de mercadillo. Y mientras no exista libertad en el País Vasco pueden poner toda la cara de santos que quieran, que habrá que seguir luchando.

Ahora bien, cuando hablamos de la lucha por la libertad no existen lemas bonitos que repetir machaconamente en twitter. Ni sirven líderes de medio pelo que pretendan que todos nos volvamos neutros ideológicamente porque no saben moverse más allá del marketing y la imagen.

Cuando se lucha por la libertad hay que mojarse. Hay que poner el corazón y el alma y ahí, sólo sirven los principios.

No hay más, “El valor y los principios”.

Ciudadanos tiene algunos héroes, sobre todo en Cataluña y tiene mucha gente válida y realmente ilusionada, sobre todo en las bases.

Por el resto, he de decir, que durante el tiempo que estuve afiliada al partido, durante el tiempo que fui cargo orgánico del mismo y durante la breve época en la que me dediqué a la política como concejal de Cs tuve la oportunidad de ver muchos egos enfermos, mucho arribismo desesperado y ¿por qué no decirlo? Muchas ansias y necesidades económicas.

Las necesidades económicas de cada uno no indican nada. Salvo que, cuando son el único aliciente para ejercer la política transforman en lo que debería ser una lucha por los principios, en una pelea barriobajera por la supervivencia más mundana

Esto, en otros sitios puede ser desagradable o inmoral pero no es vital.

Pero en el País Vasco sí es vital. Quienes estén plantando cara al nacionalismo y sobre todo al nacionalismo atenazador de Bildu, deben estar ahí por principios, por convencimiento y con una dosis de inmenso valor.

No conozco a los candidatos de Ciudadanos en el País Vasco. Pero si he seguido los problemas internos que han tenido hasta llegar a las candidaturas. Cuando hay tanto en juego da que pensar que hayan estado ocupando su tiempo en peleas internas y en un “quítate tú para ponerme yo”

También si he visto cómo funcionan los líderes del partido a nivel nacional. son un grupo de personas que entienden la política desde el marketing y la publicidad, son líderes que se mueven a golpe de aceptación o crítica en las redes sociales. Desde luego no me parecen ni de lejos, los más indicados para llevar a cabo ninguna lucha de valores.

Fernando Savater tiene una altura de miras y una capacidad intelectual que yo ni sueño con llegar a tener en mi vida, aunque trabajaré para llegar a estar lo más cerca que pueda.

Él cree desde la cabeza y el corazón que Ciudadanos es la única alternativa no estando UpyD presente en estos comicios autonómicos.

Yo creo, desde la cabeza y el estómago, que se equivoca.

Sea lo que fuere, este gusano chiquitito que escribe seguirá admirando al elefante siempre. Eso denlo por seguro.

Cataluña: la cobardía de los sublevados
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 21 Septiembre 2016

AFrancesc Homs, consejero de Presidencia cuando el Gobierno catalán impulsó a finales de 2014 aquella mascarada de consulta que tenía por objeto celebrar un referendo de autodeterminación burlando la rotunda prohibición que el Tribunal Constitucional (TCE) dictó al respecto, le ha pasado lo que es habitual en un Estado de derecho cuando existe una fundada presunción de que alguien viola las leyes que a todos -¡también a los nacionalistas!- nos obligan: que ha acabado siendo investigado por la presunta comisión de delitos de prevaricación, desobediencia y malversación, todos ellos relacionados con su bien conocida participación en la consulta absolutamente ilegal del 9 de noviembre.

Cualquiera que recuerde la actuación en esas fechas de Artur Mas -quien anunció solemnemente desde el palacio de la Generalitat la celebración de la consulta rodeado de todo su Gobierno, Homs incluido- sabe bien que el presidente y su consejero de la Presidencia no solo manifestaron su decidida voluntad de no cumplir la Constitución y las sentencias dictadas por el TCE en aplicación de aquella, sino que lo hicieron presumiendo, con recochineo, de que llevarían a cabo esa violación, pues ellos solo obedecían al Parlamento catalán.

Por eso llama la atención profundamente que Homs venga a defenderse con el argumento peregrino de que no estaban claras las sucesivas resoluciones a través de las que el TCE prohibió taxativamente la celebración del referendo y del esperpento con el que el secesionismo pretendió sustituirlo.

Obviamente Homs, como cualquier otro ciudadano español, condición de la que él reniega, tiene todo el derecho a mentir en su defensa si considera que con ello protege los derechos que le garantiza nuestra Constitución, la misma que Homs desprecia. Lo que no resulta, sin embargo, coherente, es que quienes, en plan machote, han encabezado una auténtica sublevación institucional contra el Estado carezcan del coraje necesario para ser consecuentes hasta el final con su actitud desafiante, desobediente y levantisca.

Como enseña la historia, lo que cabía esperar de quienes se han comportado como unos verdaderos fanfarrones porque estaban convencidos de que nadie se atrevería a hacerles frente, era una actitud rebelde (¡niego autoridad al tribunal que va a juzgarme!) y no la vergonzosa cobardía de quien sabe lo que puede pasarle cuando toca apandar ante los tribunales de justicia. Homs no dice ahora que desobedeció al TCE porque él no reconoce más autoridad que la del Parlamento catalán. ¡Afirma que lo que disponía el TCE no estaba claro!

¡Acabáramos! Estos figurones son los pintorescos revolucionarios del presente: los que tiran la piedra y esconden la mano, meten a una sociedad entera en un terrible atolladero y pretenden irse luego de rositas, se echan de valientes para violar las leyes y se arrugan al enfrentarse a los tribunales de Justicia. Todo un ejemplo de lo que le espera a Cataluña si esta tropa se hace algún día con el poder que ahora pretenden conquistar sin correr por ello ningún riesgo. Como si sublevarse contra la democracia fuera un juego.

La bajeza del PP vasco con Ciudadanos
EDITORIAL Libertad Digital 21 Septiembre 2016
El PP vasco ha pasado a convertirse en el más fiel y envilecido reflejo del PP de Rajoy

Nadie pretende que los dirigentes del PP vasco traten a los candidatos de Ciudadanos con la consideración y hasta el "cariño" con el que hace unos días Alfonso Alonso obsequió a Pili Zabala, candidata de Podemos y hermana del etarra asesinado por los GAL José Ignacio Zabala. Pero, desde luego, sí que es exigible cierto respeto e incluso complicidad entre el PP y Ciudadanos en esta campaña electoral, ya que ambas formaciones pertenecen al ámbito constitucional, Ciudadanos es el único partido que ha brindado apoyo al PP nacional y ambas formaciones están llamadas a entenderse también en el País Vasco.

Está visto, sin embargo, que los representantes del PP vasco, en esa senda de envilecimiento en la que andan desde la defenestración de la encomiable María San Gil, prefieren arremeter contra Cs, formación que acaba de recibir el apoyo del filósofo Fernando Savater y aspira a recoger el testigo de UPyD en el País Vasco. Así, tras denigrar Rajoy a la formación naranja calificándola de "pandilla", los representantes del PP vasco han emitido un bochornoso video en el que se equipara el voto a Cs con el uso de unas chanclas en Groenlandia, una bufanda en Puerto Rico o un paraguas en el Sáhara.

Naturalmente, los representantes de Ciudadanos han respondido al desprecio de los populares calificándoles de "banda" y tildando de "basura" el video de marras. Lo prioritario, sin embargo, es tener presente cuál es el verdadero adversario de ambas formaciones constitucionalistas, tal y como ha hecho el dirigente de Ciudadanos José Manuel Villegas, quien ha advertido de que ambas se enfrentan a "los nacionalistas y los populistas"; valga la redundancia, convendría añadir, habida cuenta de hasta qué punto Podemos ha hecho suyas las pretensiones nacionalistas más radicales.

Por otra parte, los dirigentes del PP vasco deberían ser conscientes de que si muchos ciudadanos dejaron de votarles y buena parte de ellos consideraron útil votar a UPyD, tanto como puedan hacerlo ahora a Ciudadanos, es precisamente por la deserción de los principios y de la contundencia con la que en otros tiempos los populares combatieron al nacionalismo. Tras la defenestración de María San Gil, el PP vasco ha pasado de ser el más digno representante de lo que otrora defendió el PP nacional a convertirse en el más fiel y envilecido reflejo del PP de Mariano Rajoy. La irrupción de formaciones regeneracionistas como Ciudadanos y UPyD en Cataluña y el País Vasco no se explica sin la condescendencia para con los nacionalistas de los dos grandes partidos nacionales.

Los constitucionalistas no deberían tirarse los trastos a la cabeza, sino recuperar el espíritu que imperó en el Kursal de San Sebastian en abril de 2001, cuando populares y socialistas compartieron un memorable acto electoral, tras el cual Fernando Savater unió las manos de sus entonces líderes, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros.

Esa unidad de acción de los constitucionalistas va a ser ahora aun más imprescindible, dado el tétrico panorama que dibujan las encuestas, con el PNV como ganador incontestable pero necesitado de apoyos y los proetarras de Bildu y Podemos disputándose el segundo lugar.

Euskadi y Cataluña, estalla la divergencia
Mientras el Gobierno catalán proclama que será independiente en 2017, el lendakari Urkullu asegura en campaña que hoy la independencia es imposible
Joan Tapia El Confidencial 21 Septiembre 2016

Hace unos años —tampoco tantos— se hablaba del oasis catalán —la tensión política interna era inferior a la española— y 'ABC', dirigido por Luis María Anson, no dudaba en otorgar al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, el premio al Español del Año. Mientras, en Euskadi, la organización terrorista ETA, que parecía que sería eterna, no cesaba en sus atentados y asesinatos. Cataluña era un país próspero, en paz y bastante integrado en España, mientras que todos los logros de Euskadi —desde los de su industria exportadora a los del pacto de Ajuria Enea— parecían menores porque allí el respeto al primero de los derechos —la vida humana— no estaba garantizado. Y de tanto en tanto, el líder del PNV, Xabier Arzalluz, lanzaba alguna filípica —por ejemplo, el ADN propio de los vascos— que conmovía al todo Madrid. Indicaba un rechazo a lo español que sobrepasaba la política.

El día 25 de septiembre, igual que los vascos, los gallegos acudirán a las urnas para decidir quién gobernará la Xunta durante los próximos cuatro años. Por

Además, en Cataluña nadie —salvo Heribert Barrera, diputado único de ERC— discutía la Constitución del 78, mientras que el PNV se había negado a votarla.

Hoy parece —con la única pero muy notable excepción de la ausencia total de violencia— que se haya dado la famosa vuelta a la tortilla. El domingo, Euskadi celebra unas elecciones que son seguidas pero no preocupan. Todo el mundo cree que el PNV ganará sin mayoría absoluta, pero que los nacionalistas de Iñigo Urkullu y Andoni Ortuzar no tendrán problemas porque podrán gobernar con el apoyo del PSOE, sin descontar mayorías circunstanciales variables: un día con Bildu o Podemos si conviene levantar la bandera del autogobierno, otro con el PP para proteger el tejido empresarial. Y parece que en el PP sueñan con que Urkullu necesite su concurso permanente. Así podrían unir de alguna forma a C´s y al PNV y sacar la investidura de Rajoy.

Además, mientras en Cataluña la mayoría mal avenida del frente independentista prepara la aprobación de las leyes de desconexión con España y discute la fórmula idónea para proclamar unilateralmente la independencia el próximo año —sea con unas llamadas elecciones constituyentes (en realidad autonómicas y con ley electoral española) o con un referéndum unilateral—, el PNV presenta un programa en el que prioriza la salida de la crisis, el bienestar social y la consecución de una economía competitiva, no solo por encima ya de la independencia sino incluso de la reforma del Estatuto de Autonomía.

Mientras lo más 'rupturista' que ha dicho Urkullu es que no apoyarán a ningún Gobierno de Madrid que no se comprometa al respeto íntegro del Estatuto, en Cataluña hay una competición de presidenciables —Artur Mas, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, líder de ERC— para ver quién dice más alto que el único camino posible es la independencia.

El lendakari Urkullu ha vuelto a poner de relieve este contraste con dos sonadas declaraciones al iniciar la última semana de campaña. Estos son los titulares de la entrevista de Urkullu en 'La Vanguardia' del domingo: “Aconsejo a los catalanes que eviten el frentismo” y “No soy partidario de las vías unilaterales porque no es el camino y no tendrían nunca la aceptación de Europa”. Y por si Mas y Puigdemont —y su últimamente algo alicaído ejército mediático— no habían entendido el mensaje, el lunes lo remachaba en 'El País': “Es imposible que hoy un Estado se pueda declarar independiente”.

¿Por qué esta evolución tan contraria, de Euskadi hacia la moderación y de Cataluña hacia el enfrentamiento con España? ¿Por qué Urkullu rechaza el frentismo, e incluso dice que lo había podido practicar con Bildu la pasada legislatura pero prefirió no hacerlo, mientras que Artur Mas ha centrado toda su estrategia política en una lista unitaria con ERC e incluso ha preferido mantener el frente independentista con la CUP a su permanencia en la presidencia de la Generalitat?

El PNV abandonó gradualmente el frentismo, mientras que CDC ha transitado del autonomismo al independentismo unilateralista en muy pocos años

La primera razón es que la mística frentista ya fracasó en Euskadi, y el PNV supo rebobinar; mientras que en Cataluña solo ha fracasado a medias (sus promotores dicen que llegarán al cielo en 2017) y CDC ni ha querido ni ha sabido rebobinar. E incluso puede haber cedido el liderazgo del nacionalismo a ERC.

Tras la firma del pacto de Lizarra, en Euskadi hubo una gran fe en que el pacto con Otegi —que creo que ya apostaba seriamente por que ETA dejara las armas— comportaría el cese de la violencia y un nivel muy superior de autogobierno. ¿Recuerdan aquello de Ibarretxe sobre el Estado Libre Asociado? Y tras las elecciones del 98, Ibarretxe gobernó con el apoyo de solo sus 27 diputados que, más o menos claramente sumados a los 14 de Batasuna, le daban 41, por encima de la mayoría absoluta de 38. Había la creencia generalizada en el mundo nacionalista de que aquella hoja de ruta era la correcta.

Pero ETA no siguió los pasos de Otegi, rompió la tregua y en 2000 Aznar sacó su mayoría absoluta en España. Y en una Euskadi crispada por el retorno del asesinato político, Jaime Mayor Oreja (PP) y Nicolás Redondo Terreros (PSOE) firmaron un pacto para gobernar juntos y echar al PNV del poder si sacaban más diputados que los nacionalistas. El 'agit-prop' de Aznar —fuerte y vitaminado por su mayoría absoluta— tocaba trompetas de victoria, y Fernando Savater construía el cimento intelectual: al País Vasco le había llegado la hora de la alternancia. Recuerdo haber almorzado el martes anterior a las elecciones con un influyente intelectual muy próximo al PNV al que por la noche iba a entrevistar en BTV, la televisión municipal de Barcelona. El hombre exponía sus dudas, pero al final del almuerzo llegó su esposa —que estaba por otros motivos en Barcelona— y fue rotunda: “No, desgraciadamente no hay ninguna duda. Vamos a perder, apostamos a que Otegi impondría la cordura en ETA y ahora vuelven a asesinar”.

El PNV no perdió. Ibarretxe logró una movilización récord para impedir la entrada de las huestes de Jaime Mayor Oreja en Ajuria Enea. La suma del PP y el PSOE se quedó donde estaba (32 diputados) —pese a Aznar y Savater—, mientras que Ibarretxe sacó 33, seis más que en las elecciones anteriores. La clave fue que muchos electores castigaron a Otegi, que perdió siete escaños, la mitad del grupo parlamentario, pero se refugiaron en el PNV para impedir la victoria de 'las tropas nacionales'. Ibarretxe había resistido, pero la estrategia del frente nacionalista había fracasado.

Ibarretxe todavía resistió en 2005, pero bajando diputados (29), frente a los 33 de la suma de PP y PSOE (le salvaron entonces los nueve escaños del Partido Comunista de las Tierras Vascas, al que la ilegalizada Batasuna había dado orden de votar). Pero el rechazo por las Cortes bajo el Gobierno Zapatero del plan Ibarretxe (ahí Zapatero y Rajoy fueron a una) acabó de hundir la estrategia frentista. En las elecciones de 2009, Ibarretxe remontó a 30 escaños, pero el PSOE de Patxi López (efecto Zapatero por haber intentado la paz) saltó a 25 y fue investido con la ayuda de los 13 escaños del PP. Tenían justo la mayoría absoluta de 38 diputados.

Lo relevante fue que entonces el PNV sacó las conclusiones con madurez. Ya antes (finales de 2004) había iniciado el giro a la moderación en el partido con la sustitución en la presidencia del radical Arzalluz por el realista Josu Jon Imaz (ahora consejero-delegado de Repsol), y luego en 2008 por el hoy lendakari, Iñigo Urkullu. Y cuando Ibarretxe perdió, el PNV ni rompió la baraja ni se lanzó al monte. Ni proclamó —como Mas hizo en 2003— que se le había echado del poder ilegítimamente porque era la lista más votada. Calló y se preparó para recuperar el poder en las siguientes elecciones. Así ha sido, y ha gobernado en minoría con 27 diputados. Y pactando muchas cosas y los ayuntamientos con el PSOE (16 diputados), sin recurrir al pacto frentista con Bildu, con quien llegaba de largo a la mayoría absoluta.

La campaña del País Vasco se sigue sin dramatismo. Todo el mundo admite que el PNV ganará, tendrá que pactar y no provocará una crisis grave con España

Cuando recuperó el poder en 2012, el PNV no recayó en la tentación frentista sino que pactó muchas cosas (y las diputaciones y los ayuntamientos) con el PSOE que lo había echado de Ajuria Enea cuatro años antes. Y el gobierno moderado y el pacto transversal no le han ido mal, porque el domingo va a mantener o aumentar sus escaños. Sabe que gobernará pactando y el pacto, aunque sea transversal —con no nacionalistas—, no le produce ninguna repugnancia.

Justo todo lo contrario de lo que pasa en el nacionalismo catalán, donde cualquiera que hable de pactar con el PSC es directamente excomulgado. Implicaría traicionar la sagrada hoja de ruta.

El contraste con CDC es clamoroso. Artur Mas proclamó en 2003 que había sido despojado ilícitamente del poder (después de 23 años de gobierno de CDC) por el tripartito, ya que CDC había sido la lista más votada. Y poco después —cuando tras las elecciones de 2006 le volvió a pasar lo mismo, pese a haber pactado el nuevo Estatut con Zapatero (pasando por encima del PSC)—, inició una cierta radicalización nacionalista que supo compaginar con un perfil 'business friendly' que le permitió recabar el apoyo del empresariado contra la izquierda.

El Artur Mas de antes de 2012 todavía oscilaba entre la radicalización nacionalista —empezaba a hablar del derecho a decidir— y el realismo tradicional de CDC. Por eso apoyó (con su abstención) el programa de rigor de Zapatero de mayo de 2010 que evitó que España fuera intervenida, mientras que el PP votó en contra porque su prioridad era derribar a Zapatero.

La sentencia del Estatut de mayo de 2010 —un proyecto mucho más moderado que el plan Ibarretxe y que no incluía ni el concierto económico— contribuyó a su radicalización nacionalista, empezando a proclamar que la vía estatutaria estaba muerta definitivamente. Si Cataluña no debía aspirar ya a un nuevo Estatut… Pero Mas mantuvo todas las puertas abiertas, hasta ganar las autonómicas a finales de 2010 y tras gobernar con el apoyo del PP hasta entrado el año 2012.

Entonces vino el momento definitivo de la radicalización de CDC. Primero, comprobó por las encuestas que los recortes sociales forzados por el fuerte déficit y el gran endeudamiento de la Generalitat le estaban ocasionando un fuerte coste electoral. Segundo, intentó centrar el discurso en el concierto económico —como el vasco, pero algo más moderado—, que tenía mucha simpatía en la sociedad catalana, y vio que funcionaba algo. Tercero, se encontró con un Rajoy en Madrid que le decía que no a todo, o como mínimo no le abría caminos con la urgencia que él tenía. Cuarto, la manifestación independentista del 11-S de aquel año —animada por organizaciones de la sociedad civil como la ANC y publicitada por TV3, la televisión de la Generalitat— le llevó al convencimiento de que había una mayoría independentista que él estaba destinado a encabezar.

Euskadi tiene un concierto económico que blinda su independencia fiscal; cuando Cataluña pide una mejor financiación, se la acusa de atacar la igualdad

Hubo esa mayoría, pero poco amplia, y CDC perdió 12 diputados a favor de la más independentista ERC. Entonces eligió el frentismo y firmó un pacto con ERC, obligándose a convocar un referéndum para la independencia en 2014.

El resto es historia reciente. Allí donde el PNV rectificó, CDC ha persistido. Y eso que el frente no se ha limitado a ERC sino que necesita —para poder seguir teniendo mayoría parlamentaria— a la CUP, asamblearia, anticapitalista y que además quiere salir de la Unión Europea.

Cierto que hay una importante diferencia con Euskadi. Al contrario de lo que pasó allí en 2009, en Cataluña los partidos constitucionalistas no han conseguido la mayoría en el Parlamento catalán. CDC continúa instalada en el Palau de la Generalitat, aunque compartiendo el Gobierno con ERC y teniendo que pedir permiso a la CUP para cualquier nombramiento que esta considere importante. El último caso es el de la directora de la Hacienda catalana, que ha sido vetada por la CUP.

Pero quizá porque todavía están en el Palau —el PNV tuvo que abandonar Ajuria Enea en 2009— nadie en CDC ha levantado la voz y ha llegado a la conclusión de que con el 47,8% de los votos es imposible tener legitimidad para exigir la independencia. Al contrario, tras las elecciones del 27-S de 2015, CDC se ha radicalizado más y ahora —con la nueva dirección escogida en julio— es un partido que se parece poco a la CDC tradicional, que quiere copiar a ERC (olvidando que el original siempre tiene más 'caché' que la copia) y que puede estar condenado a un papel secundario, ya que en las dos ultimas elecciones legislativas ha quedado por debajo de ERC y ha obtenido menos votos que el PSC.

Mientras el PNV abandonó con cuidado el frentismo al ver que la unidad nacionalista podía salvar los muebles (en 2001) pero no permitía un razonable proyecto de futuro, y no dudó en sacrificar a Ibarretxe (aunque él mismo se apartó), CDC cree que el fracaso de la unidad nacionalista es solo provisional y que hay que intentarlo de nuevo.

Que el PNV abandonara el frentismo y que CDC se haya empantanado en él es la causa más próxima de la diferencia entre lo que sucede en Euskadi y en Cataluña, pero hay otras causas, alguna de las cuales incluso puede ser más relevante. Las apunto telegráficamente.

Uno, Euskadi tiene un concierto económico que le da una independencia fiscal y una seguridad que Cataluña no tiene. Incluso un carácter diferencial respecto a otras autonomías, que es admitido por los dos grandes partidos españoles. A ningún Rodríguez Ibarra se le ocurre decir que el concierto vasco es un ataque a la igualdad de los españoles. Sí se decía del nuevo modelo de financiación que reclamaba el tripartito.

Dos, el PNV ya había sido socio del PSOE y había estado abierto a gobiernos transversales con anterioridad. Ahí está el Gobierno vasco en el exilio de José Antonio Aguirre, pero sobre todo el Gobierno PNV-PSOE del 86, cuando el PSOE tuvo más escaños pero menos votos que el PNV. La solución —laboriosa— fue el nacionalista Ardanza de lendakari y el socialista Jáuregui de vicelendakari. Cuando esto pasó en Cataluña en 1999 (Maragall tuvo más votos pero menos escaños que Pujol), a CDC no se le ocurrió nada parecido a un Gobierno paritario. Hay que decir que al PSC tampoco. La CDC de Pujol era menos nacionalista que el PNV, pero Pujol era más exclusivista. Quizá porque en el PNV el poder siempre se ha repartido entre el lendakari y el presidente del partido, mientras que Pujol (para desgracia de Miquel Roca) lo era todo en CDC.

Tres, en Euskadi y en el movimiento nacionalista vaso, tras muchos años de violencia y terrorismo de ETA, seguramente el ansia de normalidad democrática —de tranquilidad— es mucho mayor que en Cataluña, donde la larga etapa de ausencia de conflictos graves (hasta la sentencia de 2010 sobre el Estatut) y la total falta de violencia quizás han permitido en los últimos años un mayor espacio para las movilizaciones reivindicativas.

Sé fuerte, Quico
José María Albert de Paco Libertad Digital 21 Septiembre 2016

Entre españoles, ninguna otra corrupción ha tenido más prestigio que la que hacía por desintegrar España.

Es costumbre que los nacionalistas catalanes a quienes la justicia pide cuentas se presenten ante el juez acompañados de cincuenta, cien o doscientos abajofirmantes. Así ocurrió en 2000, cuando el rector de la Universidad Rovira i Virgili, Lluís Arola, procesado por sancionar a una profesora que tradujo al castellano las preguntas de un examen, se personó en el juzgado arropado por otros catorce rectores y centenares de correligionarios. Según consignaba la noticia de El País,

el contraste con la otra parte, la denunciante, era total; Josefina Albert llegó a los juzgados acompañada de su abogado y un amigo.

En 2013, el entonces número dos de CDC, Oriol Pujol, hizo el paseíllo en compañía de la plana mayor del partido, que, sin ningún asomo de rubor, defendía que la mediación del hereu en el reparto de estaciones de ITV era un "servicio público". En 2015, con la declaración de Artur Mas, llevado en volandas ante el TSJC por una cohorte de alcaldes afines y otros dos mil desocupados, la cíclica romería convergente alcanzó su más alta cota de barroquismo. Como es sabido, el precursor de esta clase de kermeses, el arquitecto del relato que ha devenido, a su vez, en fuente de legitimación de este virreinato calabrés, es Jordi Pujol, quien, a raíz de la querella de Banca Catalana y su reelección como presidente en 1984, realizó el trayecto desde el Parlamento a la Generalitat escoltado por ochenta mil personas. Del carácter intimidatorio, profundamente reaccionario, de aquella manifestación puede dar fe el socialista Raimon Obiols, al que la muchedumbre llenó de salivazos al grito de "botifler". Desde entonces, repito, CDC y sus restos del naufragio han tratado de presentar los muchos casos de corrupción en que se han visto envueltos como un ataque a Cataluña. Es probable que no haya en España un partido que haya sido investigado por un repertorio tan variado de delitos. Lo que parece seguro es que ninguna otra formación ha respondido ante los jueces con la misma bravuconería.

Ahora imaginen que el PP hubiera salido en tromba a defender a Rita Barberá. Y que le diera por organizar un cortejo a las puertas del juzgado para reivindicar su inocencia. Y que Mariano Rajoy (secundado por Soraya, De Guindos, Hernando) se autoinculpara en nombre de España. Porque de esto y no otra cosa estamos hablando. El diputado Francesc Homs no tendrá ningún problema para sentarse de nuevo en el Congreso o donde quiera que el aparato lo destine. Y eso a pesar de haber recibido, siquiera simbólicamente, un sms que reza "Sigues fort, Quico". El mérito del separatismo es haber persuadido a sus adversarios (sobre todo, a sus adversarios) de que el remitente de ese sms es Cataluña. Y el demérito del Estado, haberlo consentido. Homs no-ha-robado-como-Bárcenas, pero la naturaleza de lo que se le achaca es, para lo que nos ocupa, irrelevante. O tal vez no: al cabo, y entre españoles, ninguna otra corrupción ha tenido más prestigio que la que hacía por desintegrar España.

El gran bluf de los políticos nacionalistas catalanes
“Las personas son máscaras, las acciones son juegos de enmascarados, los deseos contribuyen al desarrollo normal de la farsa, los hombres denominan toda esta multiplicidad de seres y fenómenos, ¡Consumen el tesoro de sus días disfrazándose de muertos!” Gonzalo Rojas.
Miguel Massanetdiariosigloxxi.com 21 Septiembre 2016

Cada vez resulta más evidente que, en Cataluña, se está practicando una doble política por parte de los nacionalistas que tiene dos finalidades específicas, aunque ambas se dirijan a un mismo fin que; para ellos, es la consecución de la separación de la comunidad catalana del resto de España, o sea, lo que ellos insisten en denominar la creación de un “estat catalá´” independiente. Claro que no pueden decirles, a los ciudadanos catalanes, lo que, de verdad, iba a sucederles si consiguiesen, por fin, llegar a conseguir esta engañosa independencia que intentan vender como la consecución de un paraíso terrenal en el que todos los catalanes, vivirían como príncipes mediante una especie de liberación de la “opresión” española, que les iba a permitir vivir una existencia mejor, con un nivel de vida más elevado, formando parte como uno más de los países de la UE y disfrutando de un intercambio comercial sin aranceles, fronteras ni restricciones con el resto de países. ¡La vida en Jauja!

En consecuencia, ante la papanatería de los sucesivos gobiernos del Estado español, ésta ha sido, durante muchos años, la labor sorda pero insistente y reiterativa que, los nacionalistas, han ido practicando impunemente; lo que ha contribuido, en gran manera, el proporcionarles un éxito que nunca pensaron conseguir. Fue la falta de inteligencia, de visión y de sentido común de los poderes estatales, cuando les permitieron que la enseñanza pasara a manos de la Generalitat catalana, que no tardó ni un instante en crear todo un entramado de directivos, profesores, maestros y expertos en el idioma catalán, dispuestos a hacerse cargo de adoctrinar a toda la juventud que iba a pasar, primero por las escuelas primarias, más tarde por la enseñanza media y, finalmente, ya completamente adoctrinados, por las aulas universitarias que, como no, también estaban en manos de rectores y catedráticos adictos a la causa independentista ( y algunos comunistas que esperan el turno para cuando llegue su ocasión).

El hecho, innegable, es que la historia de España, que debiera haber sido la misma para ser enseñada en todos los colegios de España, se ha convertido en uno de los utensilios más útiles, en manos de profesores independentistas, para imbuir en sus alumnos unos relatos de lo sucedido en los últimos siglos que, gracias a esta absurda y canallesca ley de la Memoria Histórica, poco o nada tienen que ver con los que, los que ya tenemos algunos años, vivimos personalmente, tanto durante la Guerra Civil, cuando éramos unos niños, como en los sucesivos años, durante el gobierno del general Franco, en los que nos es imposible reconocer nada de lo que, estos tendenciosos historiadores, fabricantes de pamemas e historias de ficción, pretenden hacer creer a quienes están dispuestos a aceptar, como bueno, lo que sus educadores les hacen creer.

La indiferencia y pasividad con la que, unas veces por conveniencia y otras por miedo a crear un problema, los sucesivos gobiernos que ha tenido España, han ido haciendo la vista gorda a lo que vascos y catalanes han ido fomentando, sin alharacas ni demostraciones ostentosas, con el resultado de que ahora, cuando ya el número de independentistas viene rodando el 50% de la población catalana, sin duda, se ha convertido en un problema de primera magnitud, que pudiera fácilmente haberse evitado si, los sucesivos presidentes de los gobiernos de la democracia, hubieran tenido un sentido patriótico más arraigado, una convicción más firme de cuáles eran sus deberes para con el país y un sentido de la responsabilidad más de acuerdo con lo establecido en la Constitución española de 1978, en la que se arbitran los remedios para cuando las situaciones que, en la actualidad nos están afectando, requieren que se aplique, sin paliativos, las disposiciones de nuestra Carta Magna.

El otro aspecto que han intentado explotar los políticos nacionalistas catalanes, hasta hora con escaso o ningún resultado, ha sido el de conseguir apoyo internacional para su causa. Visitas a mandatarios extranjeros (pocas o ninguna), entrevistas con ministros o con directivos de partidos u organizaciones de otras naciones (se pueden contar como fracasos, por el nulo o limitado éxito), amén de intentos de involucrar a la ONU o al Parlamento Europeo, en cuyo caso el resultado ha sido patético. Fracaso abrumador y total. Sin embargo, los dirigentes separatistas no han dejado de insistir en pedir una Cataluña independiente que formaría parte de Europa, con la que seguiría comerciando y recibiendo los beneficios propios de un país miembro de la UE, conscientes de que estaban mintiendo al pueblo catalán, ya que la legislación europea, resulta clara y terminante cuando declara la imposibilidad de que, un país desgajado de otro perteneciente al club europeo, no podrá formar parte de la Unión ni recibir subvención alguna, ni obtener créditos, ayudas o compra de bonos por parte, tanto del BCE como del BEI o del propio FMI.

Pero es que, actualmente, hasta pretenden extender el engaño a lo que, para ellos, es fundamental, el apoyo masivo en las calles a su causa independentistas. Lo cierto es que la tan cacareada asistencia multitudinaria a las manifestaciones del pasado 11 de noviembre, también ha sido otro engaño, manipulado desde los órganos de gobierno de Cataluña, cuando han pretendido vender cifras de asistencia que, unos días después, han sido rotundamente desmentidas por un estudio de la Universidad de Florida, elaborado por el doctor Haaron Idrees del Centro de Investigación y Cómputo (CRCV) de la citada universidad estadounidense, presentado en Barcelona por Albert Satorra, catedrático de Estadística de la Universidad Pompeu y Fabra ( no de ninguna de la otras universidades españolas). El resultado es apabullante: ni un millón en total ni más de medio millón en Barcelona, son las cifras que dieron los periódicos adictos a la causa catalana, las TV y los políticos catalanes, en su afán de minimizar el desastre de la convocatoria que, el año anterior, tuvo una asistencia masiva. Para realizar el estudio se tomaron en cuenta los datos obtenidos por el” Institud Cartografic i Geologic de Cataluña” y los parámetros internacionales de densidad en concentraciones y las imágenes de la retrasmisión de la TV autonómica. Todos datos de casa nada inventado.

Los resultados han sido los siguientes: el total de asistentes a las manifestaciones de la última “Diada” fue de ¡292.000 personas ¡. En Barcelona se habla de 140.000 asistentes y en Tarragona 65.000. Cifras, todas ellas, muy alejadas de las que se difundieron desde la Administración catalana que, como es evidente, intentó aparentar que (aun reconociendo una asistencia menor que la del año anterior) la diferencia no fuera tan espectacular como la que, en realidad, fue. El bluf estaba servido. Pero hay otros datos que confirman el enfriamiento que la situación del país, en general, y que han ido calando en el sentido común de muchos catalanes que van viendo cómo, las ventajas que pensaban que se obtendrían de una hipotética independencia, cada día que pasa se convierten en incertidumbres y, cada vez, ven más lejana la posibilidad de que, Cataluña, logre su independencia y, ven con más preocupación el hecho de que, un estado independiente, no acabase siendo un desastre total para el pueblo catalán.

Por otra parte, algunos de los fichajes que, Artur Más y sus correligionarios, hicieron para montar la Administración Tributaria catalana, una de las estructuras del nuevo estado, han quedado en agua de borrajas; como ha sido el caso de Joan Iglesias ex inspector de la Delegación de Hacienda de Barcelona, que ya pidió su reingreso como funcionario del Estado (español, por supuesto). La señora Teresa Ribas, de perfil técnico, que había sido reclutada para la Oficina Tributaria y, apenas unas semanas después, pedía su dimisión para ocupar un puesto en el Ayuntamiento de Barcelona. En la última oferta de empleo de la Generalitat, relativa al cobro y gestión de tributos, sólo se presentaron 19 para cubrir 40 plazas. La Agencia de Junqueras pretende cancelar los convenios existentes con los Registradores de la Propiedad, Mercantiles y Bienes inmuebles de Cataluña para la administración de tributos recaudados en Cataluña, con el fin de pasar de una plantilla de 350 funcionarios actuales a una de 800 (no existen presupuestos autonómicos que contengan la cantidad necesaria para cubrir el coste de estos nuevos funcionarios).

Si bien es cierto que, a nivel de la calle, sigue existiendo una gran masa de ciudadanos catalanes mal informados, peor aconsejados y propicios a intentar la aventura separatista, negándose a admitir que, todo lo que se les advierte respecto a Europa y la imposibilidad de que un gobierno catalán, sin las ayudas que viene recibiendo del Estado, con más de 65.000 millones de euros de deuda pública (avalada por el Estado), sin cuyo aval la calificación que, las agencias de rating vienen dando a la deuda catalana de “bono basura” o sea la de BB-, haría imposible cualquier tipo de financiación externa, porque nadie se atrevería, a ningún tipo de interés, a arriesgar sus inversiones en semejantes valores; sea cierto, al atribuirlo a quienes quieren impedir el proceso independentista de Cataluña o sea, el resto de los españoles. En el castigo, si llegara a producirse semejante barbaridad, iban a tener su penitencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, hemos llegado a la conclusión de que, en Cataluña, existen muchos catalanistas que desearían tener más competencias, pagar menos impuestos (¡Y quién no!) y tener más inversiones en estructuras dentro de la comunidad catalana; sin embargo, tenemos por cierto que, llegado el momento de emprender una ventura separatista en serio, exponerse a una ruptura completa con España e iniciar una, más que dudosa, singladura fuera de la UE; es muy posible que los que se decidieran a dar el salto fueran muchos menos de los que, los políticos secesionistas catalanes, piensan que les seguirían en tan arriesgada apuesta. O esta es nuestra impresión.
 

Nueva Economía Forum defiende la charla de Otegi y carga contra VOX
"No teníamos razón legal alguna para oponernos a que el señor Otegi interviniera en el acto como presentador", dice el comunicado.
Libertad Digital 21 Septiembre 2016

Este lunes, Nueva Economía Fórum celebró un desayuno informativo con los líderes de EH Bildu, entre ellos, Arnaldo Otegi, quien fue interrumpido mientras pronunciaba un discurso con una grabación, introducida en la sala por un responsable de VOX, en la que se oían insultos contra los españoles y la frase "iros de aquí, dejadnos en paz".

Dos días después, Nueva Economía Fórum ha emitido un comunicado en el que ha defendido la presencia del líder proetarra y criticando la actuación del partido de Santiago Abascal. El foro subraya que "las ponentes del desayuno informativo fueron las candidatas de EH Bildu" y que "no teníamos razón legal alguna para oponernos a que el señor Otegi interviniera en el acto como presentador de las candidatas". "Nuestros ponentes siempre designan libremente a sus presentadores", añade.

Nueva Economía Fórum señala que "conviene recordar" que la formación "está legalizada" y destaca que "no se produjeron ni apología alguna del terrorismo ni expresiones irrespetuosas sobre las víctimas". "En el caso de que se hubiera transgredido esa "línea roja" –continúa el texto–, nuestra organización lo hubiese rechazado, del mismo modo que lo ha hecho en relación con las alteraciones del normal desarrollo del acto que se efectuaron", en referencia a VOX.
"VOX se ha beneficiado"

Nueva Economía denuncia que es "injusto y perjudicial" que "haya sido víctima" de dos "boicots" por parte de miembros del partido de Abascal y Ortega Lara, "que se ha aprovechado de nuestra buena fe al invitarles y de la notoriedad de nuestras actividades, en el caso del desayuno del lunes en Bilbao para efectuar una venganza o revancha contra EH Bildu, como podría haber sido otra formación política".

"Por otro lado, VOX se ha beneficiado de nuestra pluralidad, hasta tal punto que uno de los actos más relevantes de presentación de esta organización política se celebró en nuestra Tribuna Cataluña, en Barcelona, hace poco más de un año, con la participación de su presidente. Entonces don Santiago Abascal se refirió en términos elogiosos a nuestra organización, 'cuyo prestigio –dijo– está fuera de toda duda y reconocido por muchísimas personas'. Nueva Economía Fórum sigue estando inspirada por los mismos principios y actúa del mismo modo que hace un año", añade la organización.
 

Federico rompe en directo el comunicado de Nueva Economía Fórum
El director de Es la Mañana de Federico critica el comunicado oficial de Nueva Economía Fórum.
Libertad Digital Libertad Digital 21 Septiembre 2016

Federico Jiménez Losantos se ha referido este miércoles en Es la mañana, de esRadio, al comunicado emitido por Nueva Economía Fórum, donde ha defendido la presencia del líder proetarra Arnaldo Otegi en un desayuno informativo, amén de criticar la actuación de VOX en el acto.

"Es un comunicado de Nueva Economía Fórum sobre su desayuno con la ETA. La ETA condenada como ETA por sentencia firme del Tribunal Supremo y, aunque prevaricara el Tribunal Constitucional, sigue siendo la ETA", arrancaba Jiménez Losantos.

Nueva Economía Fórum señalaba que, en dicho evento, no hubo "apología alguna del terrorismo ni expresiones irrespetuosas sobre las víctimas". Respondía el director de Es la mañana: "La mera presencia de la ETA es una ofensa y es una apología del terrorismo, diga lo que diga el prostitucional. Sentencia firme del Supremo y sentencia reciente del Constitucional que impide a Otegi ser candidato".

"Los etarras son los malos, señores de Nueva Economía", recordaba Jiménez Losantos, quien terminaba así su intervención: "No voy a seguir. Hizo una vez, Luis Herrero, cuando recibimos un télex de la banda terrorista ETA, esto –Arruga el papel del comunicado y lo tira al suelo–. Las empresas que financian Nueva Economía Fórum están contribuyendo a la legalización o legitimación de Otegi y su banda. Si siguen pagando, ya sabemos lo que pagan".
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