AGLI Recortes de Prensa   Viernes 30 Septiembre  2016

PSOE: mito y realidad
Editorial Libertad Digital 30 Septiembre 2016

Es muy difícil que el partido de Pedro Sánchez y Susana Díaz sea lo que dice ser y casi nunca ha sido.

En este momento de tanta confusión, en el que tanto se habla del PSOE y de su bagaje histórico, convendría pararse y reflexionar sobre el verdadero papel que los socialistas han desempeñado en la historia de España.

Todos los líderes, críticos u oficialistas, reivindican el pasado de un partido que es, en su opinión, responsable de todos los avances sociales y económicos del país, pero eso dista mucho de ser cierto. Si nos remontamos a la primera mitad del siglo pasado, la responsabilidad del PSOE en los acontecimientos que llevaron a la Guerra Civil es inmensa. Que la República hubiese resultado un experimento verdaderamente democrático y de éxito era complicado en la España de los años 30; pero fue completamente imposible con un Partido Socialista revolucionario hasta el golpismo –recuérdese el año 34– y decidido a aniquilar al enemigo derechista.

Ya en la democracia, el PSOE podría presumir de unos años de gestión razonablemente positivos con Felipe González como presidente, pero lo cierto es que incluso esa primera etapa estuvo manchada por cuestiones tan graves como el crimen de Estado del GAL, la corrupción desaforada y el asesinato de Montesquieu en forma de liquidación de la independencia judicial.

De hecho, lo cierto es que en los mayores problemas de la España actual el PSOE arrostra una gran responsabilidad: en el calamitoso desbarajuste de la educación pública; en el avance del nacionalismo, que habría sido imposible sin la compresión, cuando no la colaboración activa, de los socialistas en comunidades como Galicia, el País Vasco, Valencia y, sobre todo, Cataluña; en el cacicazgo político a gran escala en regiones como Andalucía; en las escandalosas cifras de paro; en la manipulación de masas a cargo de medios bochornosamente sometidos a los dictados del Poder...

Todo eso se vio agravado durante el zapaterato, con su guerracivilismo exacerbado y una ominosa sentimentalización de la política que dejó el terreno abonado para la irrupción de la izquierda liberticida con partidos como Podemos y sus igualmente impresentables aliados de ámbito regional.

Ciertamente, España necesita un gran partido de izquierda moderada que comparta los consensos básicos sobre los que debe construirse la vida nacional, pero no lo es menos que el PSOE no ha sido durante la mayor parte de su historia ese partido, por mucho que pretenda venderse ahora una versión edulcoradísima de lo que ha sido la realidad del socialismo en España.

Si lo que está ocurriendo en estos días, si todo este patético sainete sirve para que el PSOE se convierta en lo que dice ser y casi nunca ha sido, será una excelente noticia para el PSOE, que sólo así garantizará su futuro, y para España. Pero es harto razonable albergar dudas: la tarea es dificilísima, casi titánica, y, lamentablemente, no parece que haya nadie, dentro o fuera de Ferraz, capacitado para ello.

Aquí Ferraz, ¡esto es El Álamo!
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Septiembre 2016

Sánchez no tiene el mínimo de dignidad que pensaban los que han pretendido tumbarle.

Lo que está pasando en Ferraz es para partirse la caja. Encorajinados por haber Sánchez recurrido a Pablo Iglesias para que pinchara el globo a los barones rebeldes que gobiernan en sus regiones, diecisiete incautos van y dimiten. Lo hacen convencidos por un leguleyo de tres al cuarto y un estratega de pitiminí de que tal dimisión conlleva legalmente el cese del secretario general. Sánchez, y los pocos leales que le quedan, interpretan que no hay tal. Pero, en cualquier caso, digan lo que digan los estatutos del PSOE, que en ningún caso dicen lo que los diecisiete dimitidos leen, no hay tiempo para resolver el conflicto ante los tribunales, con lo que se hará lo que diga el que tiene la manija, tenga más o menos razón.

Para que cualquier presión dimisionaria prospere, por mucho que sean González o Rubalcaba quienes la ejerzan, es necesario que el sujeto tenga un mínimo sentido de la dignidad. Y Sánchez no lo tiene. Si lo tuviera, sus estrepitosos fracasos habrían bastado para que dimitiera. Así que no se va a ir, entre otras cosas, además, porque no tiene a dónde. La única forma que tienen los barones de echarlo es por medio de un congreso. Pero no pueden recurrir a él porque, en cualquiera en el que la militancia estuviera correctamente representada, Sánchez tendría todas las de ganar. Ello se debe a que su planteamiento político es compartido por la mayoría de los militantes. A saber: nyet a nada que facilite el gobierno al PP, con Rajoy o sin él, alianza estratégica con Podemos para gobernar sumando a ella los aliados que sean necesarios, incluidos en su caso los independentistas, y, una vez ocupado el Gobierno, a repartir cargos y a vivir, que son tres días. Así que, si no es vulnerable a las presiones, si no puede perder las primarias que ha convocado porque cuenta con el apoyo de la militancia y si tiene garantizada la victoria en cualquier congreso, el único resorte que les queda a sus enemigos es el escándalo en los periódicos, que es con lo que se cargaron a Borrell. Y no parece que Sánchez tenga muchos muertos en el armario, porque, de haberlos, ya se los habrían sacado.

Según el calendario de Sánchez, espera ser bendecido por la militancia del PSOE el 23 de octubre. De forma que tiene antes del 31, en el que se han de disolver las Cortes, el tiempo justo para armar la mayoría que lo lleve a La Moncloa. Sin embargo, al ser los plazos tan estrechos y tener que celebrarse el congreso con las elecciones convocadas o la investidura formalizada, quizá no tenga tiempo más que de ser por tercera vez candidato y esperar a ver si el predicho batacazo final de Podemos le da una oportunidad. En el peor de los casos, seguiría siendo jefe de la oposición en la próxima legislatura, un logro nada desdeñable para un sujeto de estas hechuras. Aquí Ferraz: ¡esto es El Álamo! Tan sólo necesitamos ser capaces de resistir unos días.

Susana Díaz, la decepción de la 'renovación'
Este jueves, la presidenta de Andalucía decepcionó a mucho PSOE y a España.
Pedro de Tena Libertad Digital 30 Septiembre 2016

No sabemos qué se esperaba de la parafernalia teatral que organizó Susana Díaz en el Palacio de Congresos de Sevilla. Lo que ya conocemos es que, tras un larguísimo aplauso, que nadie creerá espontáneo a estas alturas, Susana Díaz decepcionó a mucho PSOE y a España. Será una gran estratega, dicen; o dueña de silencios y palabras, también dicen; incluso sabia regidora de tiempos, que insisten en ello, pero este jueves era un día para la historia de su partido y no solo para la historia de su aforo, los cargos institucionales del PSOE que controlan la organización y que ven peligrar su psoebre, derrota tras derrota, incluso en Andalucía.

¿Quiere renovar algo Susana Díaz en este PSOE deteriorado que lleva camino de la irrelevancia? No se percibió en un discurso claramente plurimaniqueo y populista, una técnica tradicional del envilecimiento y el engaño de la gente (copio a Peces Barba). Aquí hay una derecha dañina que busca el malestar de la gente, ea, en 2016; un socialismo, representado por Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero –tiene bemoles– y, suponemos, ella misma, centrado (¿?), que busca la libertad y el bienestar de las personas trabajadoras, y una extrema izquierda devoradora de una socialdemocracia sin identidad. Es el viejo discurso, aunque simplificado, de Bobbio.

Pero ¿qué es lo que ha pasado? Bueno, nada, los intereses personales, temerarios y aventureros, de un tal Pedro Sánchez, únicos responsables de sucesivos fracasos electorales. ¿Y los comportamientos corruptos del PSOE desde 1982? ¿Y sus insuficiencias teóricas, siempre a caballo del marxismo asilvestrado andaluz o del marxismo encubierto nunca rechazado explícitamente? ¿Y los fracasos de las recetas clásicas?

Susana Díaz no dijo nada de sí misma. Dijo que no le gustaba un congreso urgente y sin control y dejó caer, sin decirlo, que España necesita un Gobierno de la derecha "dañina" para dar a luz a un gemelo del PSOE, en la vieja oposición dualista. Insistió en su destino de cabeza o cola sin decir cómo se precisa tal faena. Se le olvidó el calvario de la corrupción socialista, con dos expresidentes de la Junta y decenas de altos cargos imputados y formalmente acusados. Se le olvidó que la responsable de la actual convulsión socialista es ella misma, que facilitó el acceso de Pedro Sánchez a la poltrona de Ferraz.

O sea, deducirán los más agudos: si lo que quieren los votantes socialistas es una renovación real del socialismo español, Susana Díaz no parece ser la figura adecuada para esa hazaña, que ya nos gustaría a los que queremos una España más sana, más limpia y más rica. Ella, heredera de un régimen democráticamente contranatura, donde la alternancia política no ha existido, debido sobre todo a la erección de una tela de araña gigantesca, no puede liderar renovación alguna. Es más, no tiene claridad de ideas ni autocrítica para intentarlo y ni siquiera exhibe un mínimo valor para conseguirlo. Riesgo cero es su lema. Esto es, más de lo mismo pero cada vez menos, per saeculae saeculorum, amén.

Por qué Pedro 'Nono' se llevará el gato al agua
Jesús Cacho vozpopuli.com 30 Septiembre 2016

Grândola, Vila Morena. Felipe González fue el José Afonso que, a primera hora del miércoles y desde los micrófonos de una SER travestida de Rádio Renascença, dio el pistoletazo de salida a la revolución de los barones sin claveles socialistas contra el régimen del coronel Pedro Sánchez Pérez-Castejón, más conocido como Pedro Nono. A la fiel infantería que en El Álamo de la calle Ferraz defiende las posiciones del jefe no le cogió desprevenida la cancioncilla. Sabían que la entrevista había sido grabada el martes con Felipe en Santiago de Chile, adonde había llegado procedente de Colombia. Y que había sido pensada como la señal para el inicio de la revolución, "O povo é quem mais ordena / Dentro de ti, ó cidade". La típica operación del otrora famoso "comando Rubalcaba", vuelto de nuevo al ruedo del diario El País. "A mí lo que más me duele es que él me pidió que nos reuniéramos después de las elecciones del 26 de junio, y el 29 de junio me explicó que pasaba a la oposición, que no intentaría ningún gobierno alternativo y que votaría contra la investidura del Gobierno del PP, pero que en segunda votación pasarían a la abstención para no impedir la formación de Gobierno. Y la verdad es que, viendo lo que está pasando, a mí no tiene por qué darme explicaciones. Me siento frustrado, como si me hubieran engañado, no tenía ninguna necesidad…"

Con el papo que le caracteriza y como de pasada, aquel 29 de junio Nono pidió además a Felipe que escribiera un articulito en el diario de Prisa adelantando la tesis de la abstención en segunda vuelta para, con la muleta de su auctoritas por bandera, ir preparando a la militancia para tragarse el sapo de dar vía libre a un Gobierno PP. De modo que Felipe tenía y tiene razones no solo para sentirse engañado, sino toreado. "Francamente me alucina", aseguraba este jueves un hombre muy cercano al socialismo, hoy ocupado en el sector privado, "me asombra que alguien como Felipe pueda haberse dejado engañar por alguien como Pedro Sánchez, un aventurero, un tipo sin escrúpulos, sin ninguna ideología conocida más allá de su propia ambición, rodeado de gente como Oscar López o Antonio Hernando, gente de Balbás amamantada después por Pepiño Blanco, que con la ayuda financiera de su suegro se ha encaramado en la dirección del PSOE y tiene secuestrada a la organización. Y lo peor es que no la va a soltar, no; éste se ha atrincherado en Ferraz como se hubiera atrincherado en una sucursal de Bankinter y ahí va a seguir hasta la muerte… Pero esto no es ninguna sorpresa, todo esto se sabía".

La condición humana, sí, la lucha por el poder como motor del mundo, como causa itinerante de miseria y muerte a partes iguales, esa droga del poder para la que la investigación farmacológica no ha encontrado aún antídoto. Y la crisis terminal de los dos grandes partidos del turno, el cáncer que corroe a dos organizaciones que se han convertido en máquinas de destruir talento y promocionar mediocres. Por Ferraz deambula un tío con la cabeza sobre los hombros como Jordi Sevilla, respetado por casi todos, balbuceando ahora, desconcertado, explicaciones imposibles en defensa de semejante chiquilicuatre. La condición humana y el Poder, dos asuntos sobre los que se han escrito ríos de tinta, imposibles de abarcar en el corto espacio de este comentario, pero que están en la raíz de los males que aquejan a PSOE y a PP. ¿Es que nadie sabía en el socialismo hispano a quién estaban elevando a los altares cuando, el 27 de julio de 2014, lo hicieron secretario general? Entre el 12 de junio (anuncio de su candidatura) y el 14 de julio (elección en primarias) de ese año, Susana Díaz se sacó de la manga un candidato para cerrar el paso a Eduardo Madina, que era el protegido del "malvado Rubalcaba si te vuelves te la clava", a quien la propia Susana había empujado al precipicio tras los malos resultados de las europeas del mismo año. Un candidato del que nadie nada sabía, dedicado hasta entonces a calentar culo en el Congreso. Un candidato en un mes para dirigir el PSOE y aspirar a presidir el Gobierno de España; un candidato cuyas obras completas caben en la servilleta de un bar de carretera.

El PSOE prometió hace años elecciones primarias abiertas, promesa que no ha cumplido. En su lugar, ha instituido la elección directa por los militantes, lo que ha servido para que el secretario general ungido se considere investido de una fuente de legitimidad tan potente como para operar al margen de los órganos de dirección del partido. Con todas sus imperfecciones, las primarias abiertas sirven en Estados Unidos para someter a un intenso escrutinio a los candidatos a lo largo de un año. Las primarias de mentirijillas del PSOE sirven para que el stablishment del partido elija un candidato cómodo en un par de semanas, a riesgo de que el cooptado se convierta después en un sátrapa peligroso una vez coronado, un iluminado al que resulta imposible apear del cargo, un tío con la cabeza hueca capaz de elevar el debate ideológico a las altas cotas alcanzadas con el célebre "no es no, ¿qué parte del no es la que no ha entendido Rajoy…?"

La chapuza del "comando Rubalcaba"
Lo realmente sorprendente es que, enfrentados a tipo tan ligero de equipaje, la revolución de los barones sin claveles, Em cada esquina um amigo / Em cada rosto igualdade, haya resultado un fiasco en toda regla, o eso parece. La última operación del "comando Rubalcaba" se ha demostrado una chapuza de dimensiones catedralicias. Hablamos de Alfredo Pérez Rubalcaba, ese gran organizador de derrotas, en parodia del primer tomo de las obras escogidas de León Trotsky sobre el tirano Stalin.

-Supongo que tendréis plan B, claro está –preguntaba el miércoles un socialista histórico a uno de los rebeldes.
-No, ni hablar, no hay plan B, al menos que yo sepa.

-¿Cómo? ¿Es que pensáis que cuando vayáis a Ferraz a presentar vuestra dimisión Pedro se va a echar a llorar, va a recoger sus cosas en dos minutos y se va a ir a casa? Estáis locos si os habéis creído eso: estáis frente a un sicópata, como vosotros mismos os encargáis de pregonar, al que por cierto vosotros habéis puesto en el cargo…

Una chapuza que también se llevará por delante a la propia Susana Díaz, la tapada de la operación puesta en marcha con el "comando Rubalcaba". Porque el plan era eso: quitar a Pedro para poner a Susana. No hay más, no había más. Una Susana que este jueves en Sevilla dio cabal medida de la profundidad de su pensamiento político oceánico de 5 milímetros de espesor en un bla, bla, bla insufrible, lleno de lugares comunes, que en todo momento eludió siquiera rozar las razones de una rebelión que solo tendría sentido si se tratara de liquidar políticamente hablando a un tipo convertido en un riesgo letal para los millones de españoles que ansían un futuro de paz, progreso y libertad. No lo va a tener fácil la tropa rebelde. Hay demasiado escapismo, demasiada cobardía en sus filas. Y ni siquiera se han leído bien los estatutos. A riesgo de equivocarme, cosa que no me disgustaría en absoluto, creo que Sánchez se va a llevar le gato al agua una vez más, y tal vez esta sea la decisiva. Porque su pulsión vital, su ideología (si alguna), su ambición, camina en paralelo con esa amplia franja de españoles de izquierda para quienes la derecha roba, los empresarios explotan y el Estado tiene la obligación de hacerse cargo de mi educación, de mi sanidad, de mi vivienda y hasta de mi felicidad. Todo gasto público. Todo gratis total. La España del populismo rampante que puso en boga Rodríguez Zapatero. La España de los españoles que no quieren a España.

Es el vector fuerza en el que está instalado el gran Pedro Nono. El de esa militancia socialista a la que el esplendor en la hierba de Podemos mantiene desnortada. A menos que este viernes se produzca un milagro, el Comité Federal del sábado dictará sentencia. Si Pedro sale vivo del mismo, porque los rebeldes no cuentan en él con mayoría, la escisión del PSOE en dos bloques será un hecho. Y el futuro, un poco más difícil para España y los españoles.

CRISIS DEL PSOE El desbarajuste político
José Luis González Quirós vozpopuli.com 30 Septiembre 2016

La situación política a que hemos llegado tiene, si acaso, una ventaja, a saber, que es difícilmente empeorable, y eso siempre concita alguna esperanza, aunque hay que reconocer que las ilusiones que, de oficio, se habían hecho algunos, la tan jaleada nueva política, ha pasado a ser ya uno de los cadáveres insepultos de este fúnebre sainete. Pues bien, en estas estábamos hace menos de setenta horas cuando parió la abuela, y el PSOE se partió, al menos provisionalmente, en dos.

Como en el plano de lo práctico, los ciudadanos de a píe apenas podemos hacer nada, puede ser de interés hacer algo de teoría, si es que una materia tan pegajosa como la política española permite pretensiones tan altivas. Vaya por delante, pues, mis disculpas a los lectores por tratar de enmarañar un poco más esta confusa barahúnda de disparates en que se ha convertido la actualidad nacional.

Lo obvio
Empezaremos por lo último, que parece más claro que lo anterior. Ante una situación sin apenas salida como la que se creó con las segundas elecciones, dando píe a una situación tan agónica como la de diciembre de 2015, se había despejado, al menos, una cuestión de cierta importancia, y se podía apostar porque el pilar izquierdo del sistema podría seguir en manos razonablemente moderadas: el PSOE aguantó el envite de un atrevido aspirante a sepultarlo, de quienes habían hecho previamente imposible un Gobierno distinto al de Rajoy sobre la base del pacto de Sánchez y un Ciudadanos que entonces parecía tener horizonte. Semanas después, el líder de Podemos parecía sonado, desaparecido, las divisiones en ese barrio se hacían más duras y patentes, se desmoronaba por momentos el tinglado formado por una izquierda descarada y descarnadamente populista y los nacionalismos (¡Viva Cartagena!) de una buena mitad de los rincones de España, y quedaba claro que el PSOE podría volver a tener un papel decisivo.

En menos de dos meses, los socialistas se han empeñado en desvanecer esa ilusión, en un desaguisado absolutamente lamentable y que puede acabar con una marca política centenaria. Si la operación hubiese sido planeada por el enemigo no habría salido mejor: en lugar de un PSOE en sus peores horas, ahora podremos solazarnos con dos.

El pasado ya no es lo que era
Sin remontarse a Witiza, creo que lo que nos pasa, también al PSOE, es la consecuencia directa de que Rajoy haya dirigido al PP de la manera que lo ha hecho. Los ocho años de Rodríguez Zapatero condujeron al PSOE a un resultado catastrófico y dieron al PP una victoria histórica, pero Rajoy estaba ahí para romper la lógica política y, en lugar de hacer lo que se suponía, se dedicó a exactamente lo contrario: en fiscalidad, en el trato con ETA, en la agenda cultural y educativa, en su trato con los poderes territoriales, en el sometimiento de la Justicia a su designio, etc. etc., y lo hizo vaciando al PP de cualquier ingrediente ideológico, asido a una doctrina que tiene dos ejes, el del supuesto sentido común, avalado con la cacareada calidad técnica de su Gobierno, y el de la pretendida inevitabilidad.

Rajoy renunció a cualquier política y eso se tradujo de manera inmediata en que no hizo nada que no hubiera hecho un presidente del PSOE, reforma laboral incluida, y, en consecuencia, obligó al PSOE a abjurar doblemente de su propia historia. Como recurso adicional para legitimar esta okupación del centro izquierda, que en las obras y palabras de Montoro llegó a ser un escarnio para sus supuestos rivales, hizo todo lo que pudo para que al PSOE le saliera un competidor por su izquierda, lo que restó todavía más fuerzas al rival directo, pero, al tiempo, hizo que aumentase considerablemente el voto de izquierda, una operación tan brillante a corto plazo como desastrosa para cualquier líder de la derecha, pero ya hemos quedado en que Rajoy es como es, y no conoce otra causa que su permanencia.

Los españoles, esos ingratos
A pesar de haber desdibujado completamente el perfil político de los contendientes, lo que ha permitido la emergencia de alternativas no menos borrosas pero tributarias del hastío general, los desagradecidos españoles no han sabido darle a Rajoy su merecido, ni el que él cree merecer, ni el que realmente merecería, y han sido suficientemente sensibles al miedo como para impedir cualquier alternativa, pero no han tenido el entusiasmo suficiente como para mandar a Rajoy al rincón en el que inevitablemente ha de acabar. En consecuencia, cuando se pone a funcionar el sistema parlamentario, el resultado desmiente la dudosa victoria del PP, pero hace sumamente improbable cualquier otra salida.

Hubo una oportunidad, pero se perdió entre el cortoplacismo habitual, la incompetencia general, y el monótono graznido de tantos medios de comunicación, mucho más atentos a lo que se pueda sacar de la debilidad del tinglado que a ayudar a los españoles a encontrar cualquier salida original. Me refiero a que el pacto del PSOE con Ciudadanos, que era obviamente una versión voluntariosa y posibilista del mejunje socialdemócrata habitual, no dio lugar, como habría sucedido casi en cualquier sitio, a una oferta electoral conjunta que hubiese tenido oportunidades de alzarse con la mayoría. Entre la audacia descompuesta del señorito Iglesias, que no se conformaba con menos de la mitad del cielo, la cursi circunspección del señorito Rivera, y la falta de vista de Sánchez, nos fuimos a repetir el auto electoral, y ahí estamos todavía, a las puertas de una tercera taza de caldo.

El trilema de Sánchez
Un político novato y crecido, como pasa siempre que se pone a otro para exigir que haga lo que querrían hacer quienes le pusieron, ha tratado de forzar la lógica de un difícil trilema: ni Rajoy, ni nuevas elecciones, ni saltarse los límites establecidos por su Comité Federal. Aunque estemos en un país en el que luchar contra la lógica no siempre implica el fracaso, la verdad es que Sánchez no ha sabido salir de esa triple trampa en la que tan alegremente quiso instalarse. Tenía una única salida, afirmar que se abstendría de votar contra el PP si el PP presentaba otro candidato, lo que tal vez no resultase, pero dejaría al PP como corresponsable de la tercera convocatoria que, hasta ese momento, y con una unanimidad realmente espectacular se hacía caer sobre sus espaldas.

La incógnita del PSOE
Ahora no es siquiera razonable tratar de adivinar qué pasará a medio plazo con el PSOE, aunque sí habría que subrayar tres características interesantes en la guerra civil del PSOE: la primera es que se ha creado una situación que supera las previsiones estatutarias, de forma que la tendencia a que la victoria la obtengan quienes mantienen el aparato no debiera ser desechada; la segunda es que el conflicto tiene una sospechosa analogía con lo que se ha convertido en nuestro mayor problema político, la articulación de la soberanía del conjunto de los españoles, con las pretensiones excluyentes de los líderes territoriales, y la tercera que el problema, que no es primariamente ideológico, podría acabar decantando la solución a favor de una corriente más realmente de izquierdas y jacobina, frente al socialismo que sigue la pauta zapateril de atender a colectivos, minorías y sofisticadísimas demandas autonómicas. Si el PSOE quiere seguir siendo obrero y español, va a tener que decidirlo ahora.

En cualquier caso, nuestro problema es que una democracia en la que no funcionan los sistemas de garantía moral que permiten la normalidad de las democracias maduras, está condenada a una degradación sin paliativo alguno, que es lo que pasará si acaba gobernando quien no debiera. En una democracia parlamentaria el que obtiene el rechazo del parlamento debe irse a su casa, y en una democracia decente el que trata de encubrir a quienes delinquen y podrían descubrirle no consigue ni medio minuto de prórroga. Aquí pasan estas cosas, y los que las permiten no se cortan pidiendo que Sánchez sepa poner a su partido y a España por encima de sus intereses personales.

Esta falta absoluta de autocrítica es lo que ha permitido un desbarajuste que no tiene trazas de cesar. Una lucha descarnada por permanecer en el poder o por alcanzarlo es lo único que se nos ofrece, sin que se abra paso jamás lo que resulta esencial: representarnos, debatir con seriedad y fundamento, abordar seriamente los problemas de todos. Prefieren representarse a sí mismos, y para confundirnos haciéndose pasar por los “nuestros”, inventan disputas sin cuento, pendencias por el liderazgo, todo lo que sirva para que permanezcamos absortos mientras el futuro común se nos va de las manos.

El golpe auténtico
Ignacio Camacho ABCplaneada

Aunque se trata de un golpe, no es de Estado. La rebelión contra Pedro Sánchez constituye una asonada, un motín, una conspiración, pero sucede dentro de un partido en guerra fratricida, con la estructura en llamas. Tiene todas las características de una conjura de familias –a Felipe le faltó comparecer ante Pepa Bueno acariciando un gato en el regazo– y concita la atracción morbosa de las intrigas dinásticas. Sin embargo, el auténtico golpe de Estado, el verdadero pronunciamiento contra las bases constitucionales de la nación, se produjo ayer en otra parte, casi a la misma hora en que Antonio Pradas entregaba en Ferraz las diecisiete firmas de los insurrectos contra el secretario general como diecisiete puñales clavados en su espalda. Fue en Barcelona, en el Parlamento de Cataluña, donde el presidente Puigdemont proclamó solemnemente, con fecha fija, la voluntad de lanzar un nuevo desafío a España.

Es tan profunda la impronta sociológica del PSOE, tan estratégica su importancia en el equilibrio de fuerzas del poder nacional, que su alborotada fractura interna ha puesto sordina al nuevo órdago independentista en la escala de potencia de los amplificadores mediáticos. Quizá la secesión catalana haya terminado por convertirse para la opinión pública en un zumbido de fondo como el de las chicharras en verano, una matraca incómoda pero habitual, minimizada en el ambiente como el murmullo cotidiano del tráfico. Ha perdido capacidad de sorpresa frente al fascinante estruendo de la crisis socialista, cuyos episodios concatenados reúnen el magnetismo de los grandes espectáculos dramáticos. La sociedad española asiste hipnotizada a una lucha cruenta y sin tapujos, a un duelo entre facciones ya irreconciliables librado con toda la ferocidad goyesca y trágica que puede alcanzar el cainismo político. Y mientras la mirada colectiva se clava en ese apasionante combate agónico, el soberanismo continúa, aliviado de presión, su rumbo de ruptura. No de un partido, sino de una nación.

Hay un punto de cruce entre los dos conflictos, que es la intersección entre la estabilidad del PSOE y la de las anquilosadas instituciones del Estado. La quiebra socialdemócrata agrieta de arriba abajo la estructura del consenso constitucional imprescindible para hacer frente a la sedición catalana. La única puerta de salida que le queda a Sánchez, la de un gobierno multipartito contra el PP y contra su propio partido, pasa por el entendimiento con un separatismo dispuesto a aprovechar la debilidad política del bloqueo. Por eso, aunque el pugilato socialista no responda a una disputa ideológica ni de proyectos sino a un truculento pulso de poder orgánico, sus efectos colaterales van mucho más allá de la querella tribal. La división del socialismo provoca aluminosis en uno de los pilares del sistema. Justo el que soporta ahora la mayor presión contra el edificio entero.

La discrepancia perdida
Vicente Baquero gaceta.es 30 Septiembre 2016

El socialismo popular, o socialdemocracia, como le gusta denominarse, como ideología y norma social, se ha convertido en la hipotética quinta esencia de la democracia, y la democracia al estilo socialista, modelo en el que solo caben los votos como factor decisivo a la hora de gobernar, por encima de principios generales y valores, impera el criterio mayoritario puro y duro. (Qué razón tenía el viejo Engels) Esta ideología, se ha convertido en la religión oficial del estado, y junto a tal axioma se alinean todas las teorías referentes a la transformación de la sociedad, como “liberadoras de colectivos oprimidos”. Es curioso como el marxismo fracasado en sus postulados económicos clásicos, ortodoxos, ya no utiliza al proletariado como la víctima del sistema liberal, sino a los “colectivos marginales” como punta de lanza para moralmente justificar la imposición de esa “nueva forma de censura o ingeniería social” y así desmantelar al sistema clásico occidental.

Quien no simpatice con esa visón del mundo es anatema, condenado al ostracismo, como ejemplifican hoy en día la filosofía política y económica, incluso del PP, que se rinde con armas y bagajes al criterio generalizado, o la propugnada por el PSOE o Ciudadanos, que en prácticamente nada se diferencian, salvando en las rencillas políticas entre candidatos.

La socialdemocracia es el canon europeo, y quien discrepe de tal conclusión no debe tener derecho a disentir ni a expresarse, al menos en los medios de difusión general. El problema añadido a tan decidida pretensión, es que junto a esta visión socialista de la sociedad, por razones que no acabo de ver relacionadas, salvo como una forma de erosionar las bases y raíces de nuestra propia civilización, para llevar a cabo su propósito socialmente igualador, se quieren igualmente subvertir otros valores, criterios, tradiciones y sentimientos, que subsisten en el seno de la propia cultura occidental. Parecería que pretenden alterar dichos baluartes ideológicos y sociales europeos, para conseguir la sumisión de la sociedad a esa nueva religión.

Dicha campaña de derribo, va desde programar la forma correcta de pensar, de creer, de sentir y de comportarse en esta vieja Europa y en EE.UU., entre cuyas poblaciones, sobre todo en algunas, todavía subsisten fuerzas que se rebelan contra dicha nueva dictadura. Se tiene buen cuidado de no autorizar la expresión de dicha resistencia en los medios, ni dar publicidad abierta en los vehículos de comunicación generales.

Esta oposición silenciada mayoritariamente, tarde o temprano, aflorará si es que no lo está haciendo ya, porque un pulso entre las profundas fuerzas populares y una elite de diseño, llevan a un choque frontal y en ese choque es difícil saber quien saldrá vencedor, lo que sí es fácil de pronosticar, con un mínimo de historia a nuestras espaldas, es saber que ese experimento actual de modelo de mundo que se pretende imponer, fracasará, lo que de ahí salga es de momento una incógnita.

Querer formar una Europa Unida, renunciando, por corrección política, o por expreso deseo de cargarse determinados principios y valores, que son los únicos que de verdad teníamos en común, por encima del clima, la geografía o las peculiares idiosincrasias, es absurdo. Lo que une a Europa es la tradición común y el espíritu combativo de esa tradición común: la filosofía griega, el derecho romano y el germánico, la religión cristiana, el racionalismo y la ilustración, pretender montarla, dejando de lado semejantes pilares para fundamentarla en un buenismo multicultural, es un disparate de ingeniería social condenada al más absoluto fracaso.

Europa está formada por naciones antiguas con una personalidad formada a lo largo de la historia, cada una tiene sus peculiaridades, perfectamente compatibles dentro de un esquema de valores común, esos valores, creencias y fe, que nos unen, una racionalidad una ética de origen cristiano, unas costumbres y unas tradiciones, una actitud combativa no sumisa, que ha luchado durante siglos, compitiendo unidos, o cada uno por separado, contra aquellas civilizaciones a nuestro alrededor, más extensas y poderosas desde los Aqueménides hasta el Imperio Otomano, de aquellos que han intentado ocupar este espacio e imponer su modo de ver el mundo. Un territorio de distinta tipología étnica pero básicamente común. Podemos estar diferenciados por las necesidades que impone el clima o la geografía, pero nuestra manera de enfrentarnos a la vida en lo bueno y en lo malo es muy parecida, y esa base es la determinan esos pilares comunes que hacen de columna vertebral de esta pequeña península de Eurasia y la de aquellos de sus miembros que se trasladaron en su día allende los mares en busca de una vida más generosa, en donde hallar más posibilidades de superar las limitaciones territoriales del viejo continente.

¿Por qué al querer estructurar una nueva Europa unida, se ha expresamente rechazado aquello que más nos puede relacionar? Tarde o temprano eso pasará factura, aquellas personas que se niegan a renunciar a su tradición cristiana, racional e ilustrada, manteniendo en sus territorios las costumbres y leyes que le han dado sentido a su existencia a lo largo de la historia, se están rebelando contra cualquier intento de modificar la filosofía básica que encarna el espíritu europeo, y así no se forja una UE.

La gran mentira del socialismo del siglo XXI
A día de hoy, el gasto público de prácticamente todos los países europeos supera el 40% del PIB y en varios casos incluso el 50%. ¿De qué desarticulación del Estado estamos hablando?
El Confidencial 30 Septiembre 2016

Jeremy Corbyn ha sido reelegido líder del Partido Laborista reivindicando un “socialismo municipalista para el siglo XXI” frente “al sistema de libre mercado que ha generado una desigualdad grotesca y unos estándares de vida estancados”. O en otras palabras: tras el desastroso experimento de las últimas décadas, consistente en haber desmantelado el Estado en favor de un liberalismo de corte radical, toca que el Estado vuelva a crecer sin freno para recuperar el terreno perdido.

El problema de esta ideologizada narrativa política es que no se ajusta a la realidad. Durante las últimas décadas, no ha habido ningún desmantelamiento del Estado: al contrario, ha habido una consolidación del Estado hipertrofiado en los niveles más altos de su historia. Basta con analizar la evolución del gasto público durante los últimos 130 años para comprobar que los estados han ido parasitando expansivamente a familias y empresas para manejar oligárquicamente la riqueza por ellos generada:

Fuente: Cusack y Fuchs (2002) y FMI.

Fuente: Cusack y Fuchs (2002) y FMI.

El liberalismo político vivió su apogeo desde mediados del siglo XIX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante este periodo, el tamaño del Estado oscilaba entre el 5% del PIB (en el caso de las naciones más liberales, como EEUU) y el 15% del PIB (en el caso de los estados más intervencionistas, como Italia o Alemania). Las dos guerras mundiales y el consenso socialdemócrata posterior elevaron ese gasto hasta una horquilla de entre el 35% y el 45% del PIB, esto es, hasta nueve veces más que en el periodo liberal.

 

Desde los años ochenta, han sido muchos los que interesadamente nos han vendido el mantra de que el liberalismo —de la mano de Reagan y Thatcher— resultó victorioso y restableció su predominio político: el Estado fue progresivamente demolido de un modo incluso más radical que en los orígenes del liberalismo clásico (de ahí la aparición de nuevos términos para describir el fenómeno, como neoliberalismo, ultraliberalismo, turboliberalismo, capitalismo salvaje, etc.). La realidad, empero, es muy otra: a partir de los años ochenta, los estados no redujeron su tamaño, sino que consolidaron el rapidísimo crecimiento experimentado hasta entonces y, en algunos casos, continuaron cebando su tamaño. A día de hoy, el gasto público de prácticamente todos los países europeos supera el 40% del PIB y en varios casos incluso el 50%. ¿De qué desarticulación del Estado estamos hablando?

Acaso se contraargumente que el derribo del Estado no se produjo durante los años ochenta y noventa, sino únicamente tras la crisis de 2008, que se fue gestando durante las dos décadas previas. Pero, de nuevo, esta narrativa es falaz: en 2015, el peso de los principales estados de Occidente era el mismo que antes de iniciada la crisis (de hecho, en la mayoría de ellos, era incluso superior). En la patria de Corbyn, el liberalismo radical que ahora denuncia para justificar su socialismo del siglo XXI ha establecido un Estado que pesa el 40% del PIB

Fuente: FMI.

Fuente: FMI

¿Dónde ven ustedes el repliegue del Estado? En ninguna parte. Jamás los estados modernos han manejado más recursos de los que manejan hoy. Jamás el sector privado ha manejado relativamente menos recursos de los que maneja hoy. Mas la propaganda de Corbyn —y de Podemos en España— sirve justamente para desplazar el eje ideológico hacia su socialismo. Si un Estado socialdemócrata de entre el 40% y el 50% del PIB es liberalismo radical, ¿cómo no hipertrofiar el sector público hacia cotas todavía más elevadas apenas apelando a una socialdemocracia presuntamente moderada? Esa es la estrategia: convertir la radicalidad en el centro político para seguir alimentando a la bestia estatal a costa de los ciudadanos.

Esa es la estrategia: convertir la radicalidad en el centro político para seguir alimentando a la bestia estatal a costa de los ciudadanos

Frente a esta radicalidad antiliberal con piel de cordero, deberíamos empezar a plantearnos la posibilidad de seguir otro camino: el de revertir de verdad todo el exorbitante crecimiento que el Estado ha acumulado durante los últimos 100 años y regresar, por fin, a un genuino sistema político liberal con una sociedad civil mucho más pujante y una intervencionista burocracia estatal minimizada. El ideal de un Estado que no pese más del 5% del PIB —10 veces menos que el actual— es perfectamente alcanzable: el socialismo del siglo XXI no es más que el ineficaz estatismo fagocitador cuya acta de fracaso están levantando los mismos demagogos que pretenden resucitarlo con nuevos bríos.

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Nacionalismos o igualdad
Gorka Maneiro Libertad Digital 30 Septiembre 2016

España necesita una fuerza de izquierdas firmemente comprometida con la unidad nacional.

Parece que uno no pudiera ser de izquierdas y defender la igualdad y la unidad de España frente a la multiplicación de los localismos, los regionalismos y los nacionalismos que nos acechan. Y si uno defiende la unidad de España frente a los secesionistas, que pretenden la ruptura del Estado, por mucho que defienda propuestas políticas progresistas, es automáticamente calificado como "de derechas". Como escribió Antonio Muñoz Molina: "Primero se hizo compatible ser de izquierdas y ser nacionalista. Después se hizo obligatorio". Y en esas estamos. Sea como fuere, y más allá de los problemas internos que afectan gravemente al PSOE, en España tenemos el serio problema de que no existe un partido político a la izquierda del centro político que defienda la igualdad de derechos y deberes para el conjunto de los ciudadanos españoles y se enfrente con argumentos y sin complejos a cualquier nacionalismo. El PSOE dejó de hacerlo hace muchos años.

Todos los partidos con representación en el Congreso que se sitúan en el centroizquierda, en la izquierda o en la extrema izquierda coquetean con los nacionalismos disgregadores que pretenden romper España, cuando no abiertamente los abrazan. Algunos de ellos, como Podemos, adoptan el discurso y las tesis nacionalistas y defienden incluso el derecho a decidir reivindicado por los nacionalistas vascos o catalanes: esa falacia que lo que de verdad pretende es que los demás ciudadanos españoles no podamos decidir sobre las cuestiones que nos afectan. Es la izquierda reaccionaria. Otros incluso son abiertamente nacionalistas e incluso independentistas.

Todos esos partidos políticos defienden los derechos históricos del País Vasco, el concierto económico vasco o el convenio navarro. Todos esos partidos dan por buenas las políticas lingüísticas discriminatorias puestas en marcha por los nacionalistas en el País Vasco y Cataluña, en algunos casos con su participación directa o su aliento. Todos ellos se muestran dispuestos a recoger constitucionalmente el supuesto hecho diferencial catalán, el pacto fiscal o la inmersión lingüística, ideas todas ellas profundamente reaccionarias, profundizadoras de la desigualdad en España. Yo he visto a los socialistas vascos reivindicar, con mi apoyo y como corresponde, mismos derechos y deberes para los vascos en cualquier parte de Euskadi… pero renegar y votar en contra de que los españoles tengamos los mismos derechos y deberes en cualquier parte de España. El PP ha asumido igualmente muchos de estos planteamientos (la foralidad del PP espanta, aunque, a estas alturas, ya no sorprenda), e incluso Ciudadanos se ha acercado a bastantes de ellos por intereses electorales.

Sin embargo, uno siempre espera algo más de quienes se autoproclaman "progresistas" a la hora de defender la igualdad: sin embargo, cuando se trata de elegir entre nacionalismo e igualdad, la izquierda orgánica actual elige nacionalismo, esa ideología profundamente reaccionaria. Por tanto, no hay un partido situado a la izquierda del centro político inequívocamente nacional y progresista dispuesto a defender la igualdad en España (y en Europa), desarbolar con argumentos las falacias de los nacionalistas, oponerse al fraccionamiento progresivo del Estado y a la multiplicación de las fronteras interiores, poner fin a todos los privilegios territoriales hoy día existentes o defender la unidad del Estado y los derechos de ciudadanía frente a las milongas identitarias. Y sería importante que lo hubiera. Un partido nacional y progresista que defienda el Estado del Bienestar, las políticas sociales y la socialdemocracia, medidas de lucha contra la corrupción y para la regeneración política, cambios legales, institucionales y constitucionales y que, a la vez, defienda sin ambages la unidad del Estado frente a los secesionistas que pretenden romperlo: porque sin nación ni Estado no hay políticas sociales, Estado del Bienestar ni igualdad ciudadana posible. Porque sin Estado no hay democracia.

Gorka Maneiro, portavoz nacional de UPyD.

Políticas lingüísticas
Nota del Editor 30 Septiembre 2016

Eso de hablar de políticas lingüísticas suena muy suave cuando es en realidad una xenofobia pura dura que expulsa a los español hablantes de las regiones donde el idioma español es lengua impropia.

Y echarles la culpa sólo a los nacionalistas, es constituye al menos un despiste imperdonable. A ver si ponemos en el mismo saco las demás regiones donde los español hablantes son ciudadanod de cuarta clase, y no olvidamos que en Galicia es el PP el responsable de la conculcación de los derechos fundamentales.

Y ya para terminar, un toque de atención a UPyD, que en sus primeros momentos fué un rayo de esperanza para los español hablantes y luego se unió al carro de los conculcadores al no defender el derecho a no sufrir discrminación alguna a causa de las lenguas regionales.

¡Quién te ha visto y quién te ve, C’s!
Inés Arrimadas, la líder de C’s en Cataluña, ha renunciado al debate lingüístico.
Antonio Robles Libertad Digital 30 Septiembre 2016

Ya no es un olvido, un lapsus mental o un error, es una estrategia, la peor de las estrategias porque en su triunfo está su derrota. Inés Arrimadas, la líder de C’s en Cataluña, ha renunciado al debate lingüístico. Ni una palabra en la cuestión de confianza ante un presidente de la Generalidad que incumple las leyes y excluye los derechos de los hispanohablantes. Tuvo que ser el propio Carles Puigdemont quien le recordara en su turno de réplica que no había dicho ni una sola palabra de la más clara denuncia de C’s: la exclusión lingüística: "En materia lingüística (…) brilla por su ausencia".

Ni siquiera así la líder de C´s le contestó en el turno de réplica. Le replicó en todo menos en las cuestiones lingüísticas. Ni una palabra, ni una referencia a nada, ni siquiera al incumplimiento de sentencias, o a los escraches sociales a los padres y niños que han solicitado educación bilingüe. Una vergüenza que hace de los olvidos sistemáticos sobre tal materia una estrategia de acercamiento descarado al catalanismo de baja intensidad. Hasta el propio indepe Puigdemont le preguntó con ironía si se había erigido en "heredera del catalanismo".

Pero lo peor no fue esa renuncia, lo peor fue cuando Arrimadas le reprochó el giro de una Convèrgencia responsable con la gobernabilidad de España a un partido independentista. ¡Quién la ha visto y quién la ve!, le reprochó.

Sinceramente, creo que Inés Arrimadas, que tanto presume de haber admirado Cataluña desde Andalucía y de que tanto la decepcionó cuando se instaló en ella, debería inmersionarse en la historia de los últimos 40 años de pujolismo para caer en la cuenta de que el secesionismo de hoy es el resultado de la pedagogía del odio de ayer. Ideada, creada, gestionada y culminada por su admirada Convèrgencia de Pujol. El terrorismo de ETA no hacía buenas las exclusiones del PNV, como las de Convèrgencia no serán mejores por la irrupción independentista.

Algunos datos. Nada más llegar Pujol en 1977 al Congreso de los Diputados, comenzó a monopolizar el pueblo de Cataluña con la Minoría Catalana. En 1981, sus huestes culturales, patrocinadas por el dinero público de la Generalidad y las consejerías de Cultura y Educación, satanizaron a los firmantes del manifiesto Por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña. En 1983, con la aprobación de la Ley de Política Lingüística y la imposición de la inmersión a las bravas, acabarán forzando al exilio a más de 14.000 maestros. Pronto los sustituirían una tromba de filólogos catalanistas y fanáticos de la Crida a la Solidaridat. La escuela se convertía así en la "Escola catalana en llengua i continguts". Desde esos primeros años, el Gobierno de Convèrgencia dejó de cumplir sentencias contrarias a la exclusión lingüística. Lo que se convertiría en norma hasta hoy.

En esos primeros ochenta las masas convergentes de las manifestaciones del 11 de septiembre susurraban: "Avui, paciència, demà indepèndencia". Estaba en su ADN.

En 1990, Pujol y su Convergència diseñan un plan de nacionalización de las conciencias. Abogan por infiltrar la doctrina nacionalista en todos los estamentos sociales: bancos, escuelas, medios de comunicación, colegios profesionales, etc. Sus frutos son los parchís indepes de estos últimos onces de septiembre. Los actuales responsables políticos de las instituciones catalanas y medios de comunicación son los hijos de aquel pujolismo. En 1992, sus cachorros, por entonces muy jóvenes, subvencionados y dirigidos por el Gran Timonel, paseaban el Freedom for Catalonia en cualquier acontecimiento internacional. Por ejemplo, el corrupto Oriol Pujol, por entonces un adolescente, introducía las pancartas de Freedom for Catalonia en el maletero del coche oficial de su padre en el Estadio Olímpico de Barcelona para negar a España y vender victimismo internacional en la ceremonia inaugural de los JJOO de 1992. Y ya en 1994 el propio Jordi Pujol pedía una confederación con la corona española como único nexo de unión entre las distintas naciones de España. ¿Sigo?

¿Qué moderación y responsabilidad convergente era esa? La misma de hoy, solo que por entonces la estaban amasando. La única diferencia es que la convèrgencia de entonces iba con gabardina, cuello subido y periódico abierto delante de sus intenciones, y hoy hace estriptis, obligada por la testosterona de sus cachorros ya crecidos. Son los mismos, Inés. La única diferencia consiste en fijarte solo en el escalón en que estás, o en la escalera entera. Quizás tu reproche a Convergència, ¡Quién te ha visto y quién te ve!, le conviniera más a tu C´s.

PD. Te haré llegar Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña, 1979/2006. No estaría de más que conocieras la historia falseada que no pudiste vivir desde Andalucía.


 


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