AGLI Recortes de Prensa   Sábado 1 Octubre  2016

El vampiro Montoro muerde a las empresas
Juan Ramón Rallo El Confidencial 1 Octubre 2016

El PP finalmente ha cumplido su amenaza e incrementará los pagos fraccionados del impuesto de sociedades para intentar cuadrar las cuentas que él mismo descuadró con su populismo fiscal preelectoral. Hasta aquí ninguna novedad: el PP lleva en su ADN ideológico machacar a impuestos a familias y empresas para mantener a flote un Estado hipertrofiado, clientelar y corrupto; y, además, ya había alertado de que el próximo rejonazo impositivo recaería sobre las empresas. Pero, por desgracia, sí ha habido novedades con respecto al guion inicialmente anunciado: y, como siempre sucede con los populares, las novedades son para mal.

Recordemos que, mediante Real Decreto 20/2012, el PP estableció con carácter extraordinario para los años 2013, 2014 y 2015 un importe mínimo en los pagos fraccionados del impuesto sobre sociedades equivalente al 12% del resultado contable de las empresas con unos ingresos anuales superiores a los 20 millones de euros. Es decir, las compañías con un volumen de negocios de más de 20 millones de euros debían adelantarle como mínimo cada trimestre a Hacienda el equivalente al 12% de sus ganancias: si ese adelanto era excesivo —cosa que sucedía en la mayoría de casos, dado que Hacienda infló tramposamente la definición de base imposible para que las empresas adelantaran impuestos que luego no tenían obligación de abonar—, se les devolvía la diferencia en la liquidación del ejercicio fiscal en julio del año siguiente.

Como medida extraordinaria que era, esta disposición expiró el año pasado y dejó de aplicarse para el vigente, motivo por el cual la recaudación de Sociedades se ha desplomado temporalmente en un 84% (conviene remarcar el adverbio temporalmente, dado que la buena parte de ese descenso se recuperará durante los próximos trimestres: cae porque ya no se adelanta artificialmente el tributo, no porque no vayan a terminar cobrándose las cantidades que de verdad se adeudan al fisco).

Sin embargo, semejante hundimiento de los ingresos por Sociedades está dificultando enormemente que el Gobierno pueda cumplir con el objetivo de déficit exigido por Bruselas (esta misma semana, el Banco de España alertaba de una desviación mínima de tres décimas del PIB). La renuencia del Ejecutivo a recortar el gasto —más bien, su expeditivo interés por reinflarlo— hace que necesite de muchos más ingresos tributarios para rebajar el desequilibrio presupuestario hasta el 4,6% del PIB. Por eso, el PP anunció que iba a recuperar el régimen extraordinario de los pagos fraccionados mínimos vigente en 2013, 2014 y 2015: a saber, un pago fraccionado mínimo equivalente al 12% de los beneficios contables para aquellas empresas con un volumen de negocios superior a 20 millones de euros.

Pero hete aquí la negativa sorpresa que nos tenía preparada el exactor Cristóbal Montoro para este último Consejo de Ministros: el pago fraccionado mínimo será equivalente no al 12%, sino al 23% (25% para bancos), y será aplicable no a las empresas con un volumen de negocios superior a 20 millones de euros sino a 10 millones de euros. Es decir, muchas más compañías adelantarán un volumen mucho mayor de impuestos que no adeudan realmente a Hacienda con el único propósito de que el manirroto Gobierno de Rajoy salve la cara ante Bruselas. Nótese la vil artimaña del PP: dejamos expirar las medidas extraordinarias de 2013, 2014 y 2015 para que se hunda temporalmente la recaudación en 2016, generamos alarmismo social acerca del desplome de los ingresos por Sociedades y, por último, reimplantamos la norma expirada pero perjudicando mucho más a muchos más contribuyentes: maquiavelismo fiscal en estado puro.

A buen seguro los habrá que intenten disculpar al PP usando dos argumentos a cual peor. El primero es que no estamos ante una subida de impuestos, sino ante un mero adelanto inflado de impuestos cobrables en el futuro. El argumento es bastante vergonzoso por sí solo: lo que en el fondo se está afirmando —y disculpando— es que el Gobierno recurra a la contabilidad creativa para maquillar las cifras de déficit ante su incapacidad para rebajarlo en tiempo y forma. Pero, para más inri, se trata de un argumento incorrecto: pagar por adelantado sí acarrea un coste financiero para las empresas en la medida en que estas tendrán o que endeudarse para abonar el pago fraccionado o que renunciar a una tesorería que podrían haber empleado alternativamente en efectuar nuevas inversiones rentables o en amortizar anticipadamente su deuda.

El segundo argumento para exculpar al PP es que esta subida de impuestos no es tan relevante porque solo afecta a las grandes empresas. Y, nuevamente, se trata de un mal argumento. Por un lado, aunque solo afectara a las grandes empresas, la subida impositiva sería injusta y contraproducente para la economía. Pero es que, por otro, no es cierto que solo afecte a las grandes empresas: estas tratarán —y en parte lograrán— de trasladar sus mayores costes fiscales a todos los agentes económicos con los que se relacionan. A saber, recorte de dividendos a los accionistas (grandes, medianos y pequeños), ralentización de la creación de empleo o del alza salarial, aplazamiento de pago a proveedores —no necesariamente grandes empresas—, mayores precios y peores opciones de financiación para consumidores, etc. Pensar que los perjuicios tributarios quedan encapsulados en una gran empresa porque así lo disponga la ley es un simplismo propio del 'podemismo' más ingenuo.

En suma, el PP continúa acumulando galones como el partido que más ha subido los impuestos en la historia de España. Que las alternativas políticas juren estar dispuestas a incrementarlos todavía más no vuelve al PP una opción política liberal: las vuelve a todas abiertamente antiliberales.

La política fiscal del PP es una vergüenza
EDITORIAL Libertad Digital 1 Octubre 2016

Que el PP de Mariano Rajoy incumpla los objetivos de déficit acordados con Bruselas no es ninguna novedad, puesto que lo lleva haciendo desde que tomó las riendas del Gobierno en 2012, y, por desgracia, que el ridículo ajuste acometido desde entonces se haya conseguido a base de subir impuestos tampoco. Los populares han subido todas y cada una de las figuras tributarias durante la pasada legislatura, algunas de ellas hasta niveles récord, exprimiendo al máximo el bolsillo del contribuyente en lugar de reducir el insostenible sector público, y, pese a que ahora gobiernan en funciones, nada ha impedido que mantengan intacta esta contraproducente política fiscal.

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes un nuevo sablazo tributario, en esta ocasión centrado en las empresas, para recaudar algo más de 8.000 millones de euros extra al año con el fin de reducir mínimamente el déficit y, de este modo, aproximarse al umbral del 4,6% pactado recientemente con Bruselas. El Ejecutivo se escuda en que no quedaba más remedio y en que, en el fondo, no se trata de una subida, sino de un mero adelanto en el pago del Impuesto de Sociedades. La hipocresía, desvergüenza y absoluto descaro que ha demostrado el PP en esta materia parece no tener límites.

España cerró el pasado ejercicio con un agujero fiscal equivalente al 5% del PIB, muy por encima del objetivo del 4,2% comprometido con la UE. Tras meses de negociaciones, Rajoy logró de nuevo suavizar la senda presupuestaria para establecer el umbral en el 4,6% este ejercicio, pero ni aún así ha sido capaz de cumplir. Los datos disponibles hasta julio muestran que, lejos de reducirse, el déficit estaba aumentando a un ritmo del 8% interanual, con lo que se corre el riesgo de superar incluso el 5% registrado en 2015. Sin embargo, en lugar de aplicar un marginal y anecdótico recorte de 4.000 ó 5.000 millones de euros, equivalente a menos del 1% del gasto público total, Cristóbal Montoro, el peor y más irresponsable ministro de Hacienda que ha tenido España en décadas, ha optado por desvalijar sin contemplaciones la tesorería de las empresas, el gran motor de crecimiento del país.

El atraco, en esta ocasión, asciende a algo más de 8.000 millones de euros. Aunque sobre el papel no se trata de una subida de impuestos, el efecto es idéntico, puesto que lo que pretende el Gobierno es financiarse a cargo de los resultados empresariales para maquillar su irresponsable y nefasta gestión presupuestaria. Las compañías que facturen más de 10 millones de euros al año, cuyo número asciende a unas 9.000, tendrán que adelantar al Gobierno el pago total del Impuesto de Sociedades, con independencia de sus beneficios reales. Cuando se liquide finalmente el ejercicio, se harán las cuentas y, puesto que la mayoría de compañías habrán pagado más de lo que corresponde por ley, Hacienda les devolverá el dinero. El problema, sin embargo, es que esta medida no es extraordinaria, sino que se mantendrá en el tiempo hasta que el déficit baje del 3%, de modo que el próximo año tendrán que adelantar igualmente el dinero.

Este cambio, por tanto, opera como una especie de préstamo. Las empresas son obligadas a financiar al Estado de forma temporal pagando más de lo que les corresponde por el Impuesto de Sociedades, a costa, eso sí, de reducir inversiones y generar menos riqueza y empleo. Y todo ello, sin contar la inseguridad jurídica que supone aprobar un hachazo de estas características a tres meses del cierre del ejercicio, con nocturnidad y alevosía, obligando a las empresas a rediseñar sus cuentas de resultados y los proyectos previstos a corto y medio plazo.

Y lo peor de todo es que, al tiempo que Montoro justifica este expolio con su habitual soberbia, el PP negocia con el resto de partidos elevar el tope de déficit y de deuda de las Administraciones Públicas para que las CCAA puedan registrar este año un agujero del 0,7% del PIB en lugar del 0,3% estipulado inicialmente. De este modo, el Ejecutivo dispondrá de otros 4.000 millones de euros para poder repartir a gusto entre las autonomías más despilfarradoras e irresponsables a través del FLA. Así pues, el PP opta por saquear fiscalmente a las empresas, dañando al conjunto de la economía y, por tanto, el bolsillo de todos los españoles, para que los políticos más manirrotos sigan malgastando el dinero de todos con el único fin de mantenerse en el poder.

Este nuevo impuestazo no es más que el penúltimo capítulo de una larga serie de despropósitos fiscales protagonizados por Montoro y avalados gustosamente por el Gobierno de Mariano Rajoy durante estos últimos años. El PP ha decidido machacar a impuestos a empresas y familias para evitar la impopularidad de los recortes con nefastos resultados, tanto a nivel económico como político: dichas subidas han dañado gravemente el crecimiento potencial de España y su capacidad pata generar empleo; sin que el déficit se reduzca lo necesario, ya que España registra el segundo mayor agujero fiscal de la zona euro tras Grecia; con una deuda que supera ya el 100% del PIB; a costa de engañar y traicionar a sus electores, con la consiguiente sangría de votos; y sin que ello, curiosamente, sirva para que el PP se quite de encima el sambenito de los recortes y la austeridad que tan hábilmente ha logrado colgarle la izquierda política y mediática.

En resumen, un desastre sin paliativos para España, para los contribuyentes e incluso para el propio PP.

Socialdinosauria y el KO del PSOE
TEODORO LEÓN GROSS El Mundo 1 Octubre 2016

La retórica de re-novar el partido, re-construir los puentes rotos, re-formar sus estructuras obsoletas, re-hacer el prestigio perdido, re-definir su sitio en la sociedad, todo ese arsenal del prefijo re para re-cuperar el esplendor perdido como "partido que más se parece a España", en el que se re-conocía la sociedad hasta darles seis legislaturas... Todo eso es básicamente mentira.

No hay que dudar de las buenas intenciones, claro. Pero con buenas intenciones, como ironizaba Gide, ni siquiera se hace buena literatura. Y en definitiva de buenas intenciones está el infierno lleno. Se trata de los hechos. Y esa retórica de momento sólo trata de encubrir el descalzaperros de la lucha por el poder. Ya se ha contado la trama de esta espiral envenenada, la autonomía imposible de Madina, el pacto y traición de Sánchez, la tutela de la vieja guardia, la ambición de Su Susanísima, la rebelión de las taifas. Eso es lo que hay, sin necesidad de más analogías con Juego de Tronos.

En todo caso querer no es poder. Incluso si de verdad quisieran renovar, es dudoso que pudieran. Falta masa crítica. Más allá del duelo al sol entre Sánchez y Susana, sin el glamour de Gregory Peck y Jennifer Jones, en el puesto de mando de esta generación no se ven líderes. La nueva estrella lanzada por Susana Díaz, la niña Verónica de Sevilla, su alter ego, presume de llevar en el partido desde los 14, y no acabó los estudios para dedicarse a esto. No se trata de tener títulos sino cerebro, claro; pero la falta de fundamento acaba por aflorar. La socialdemocracia tiene problemas de identidad incluso en partidos como el SPD alemán o el SAP sueco, donde los comités de sabios están formados por sabios y no por cabezas de huevo del funcionariado orgánico.

La socialdemocracia hoy tiene mucho de socialdinosauria. Quizá su rostro canónico es Corbyn, perdedor capaz de inspirar a una militancia melancólica pero desconectada de la sociedad. En Francia, tradicionalmente potente, Valls marcó una claudicación total; en Alemania no acaban de recuperarse de Schröder, con su Neue Mitte (nuevo centro) para enterrar las ideologías, como la tercera vía del Nuevo Laborismo, hasta que la clientela prefirió el original tory a la copia. En Italia, Renzi triunfa pero sin programa. Apenas hay discurso socialdemócrata con espacio propio. Urgen líderes, y aquí a los mandos están Sánchez&Luena.

En tanto el PP deja poco sitio a Ciudadanos por el centro, el PSOE ha cedido mucho margen por la izquierda a Podemos. Y si la socialdinosauria europea sufre fugas de la clientela de clase a los populismos de derecha, en España hay un trasvase masivo a Podemos por ese flanco natural. En definitiva, el nicho de mercado del PSOE se ha estrechado. Y sufre envejecimiento, pérdida del voto urbano y clase media. En este proceso es cuando se necesita más talento, más liderazgo y más puesta al día. Exactamente el problema del PSOE.

Los coqueteos con el nacionalismo ("concepto discutido y discutible") y las improvisaciones como la Operación Susánchez (cuando Susana+Sánchez eran pareja de baile frente a Madina) delatan su deriva errática. Tras perder seis millones de votos en ocho años, el actual secretario general, aferrado a los militantes, aún sostiene que los votante son secundarios. Hay otras formas de suicidarse políticamente, pero no tan efectivas. Llevan años, como cantaba Sabina, haciendo turismo al borde del abismo. Ya sólo las tres comunidades del sur pasan del 25%. No tardarán mucho en ser menos.

CRISIS DEL PSOE
No es un camino de rosas
Gabriela Bustelo  vozpopuli.com 1 Octubre 2016

Entre las cualidades de España, la teatralidad -el sentimiento trágico unamuniano- es una de las más destacables. Somos un país ducho en escenificar debates cuyo apasionamiento con frecuencia encubre una realidad olvidada en el fragor de la batalla. Recapitulemos: después de 40 años de dictadura y habiendo dejado morir a Franco en la cama tras firmar sus últimas sentencias de muerte, los españoles nos hemos pasado otros 40 años votando, con un cuajo digno de mejor causa, a una piara de políticos corruptos. Chantajes, cohechos, donaciones ilícitas, simulaciones fiscales, desvíos de fondos públicos, atracos institucionales, timos autonómicos, mafias familiares: el imaginativo latrocinio político es horizontal, vertical y diagonal, abarcando todas las esferas de la administración española. En los cuarenta años de democracia española, como en los cuarenta de franquismo, la corrupción se ha dado por hecha, sin repercusiones electorales y sin producir demasiado escándalo al destaparse.

El PSOE, víctima de sí mismo
En el siglo XXI, gracias en parte a la globalización, los españoles nos hemos hartado por fin del tinglado nacional. Como sucede en el capítulo 15 de El mago de Oz -sátira política que Frank Baum disfrazó de cuento infantil-, los cortinajes han caído, dejando al descubierto la cutre tramoya. Pero si el votante español ha desarrollado desde comienzos de 2015 un detector de trolas y no pasa ni una, los políticos veteranos, víctimas del franquismo subconsciente, se aferran con uñas y dientes al instrumento de supervivencia preferido en España durante el siglo XX: la mentira. Nuestra grave crisis estructural se percibe como una metamorfosis política cuando, de hecho, es también un psicoanálisis nacional. Porque al morir Franco se proclamó con fanfarria que España se zafaba de un régimen dictatorial para engancharse por fin al tren occidental. Pero en la década de los ochenta España cayó abducida por una izquierda posfranquista que –con la complicidad de una derecha culpabilizada–, nos impuso la democracia bananera aún vigente.

La doble trama falsa del bipartidismo
En el caso de los partidos veteranos, la crisis que sufren ambos se debe a esta mentalidad de la mentira como modus operandi, que se enseña de una generación a otra (con los nacidos a partir de 1980 como primera generación que se libera). Si Mariano Rajoy fuese el líder de un partido conservador en otro país occidental, lo primero que hubiera hecho al tener conocimiento de una Caja B en el Partido Popular es disponerse a compartir públicamente su malestar con los españoles, ubicándose de inmediato en el sector de los peperos honestos que habían heredado un partido corrupto pero susceptible de cambiar. Su incapacidad para hacer esto le retrata ante los ojos de España como cómplice de una corrupción que a su vez sirve de pretexto a Pedro Sánchez para tener a España paralizada desde hace un año.

PSOE vs. PSOE
La mentira de Rajoy -por una mal entendida fidelidad al PP de Aznar que le aborrece desde hace años- es la que permite a Pedro Sánchez mantener la gran mentira socialista: el PSOE como el aguerrido partido que contiene al terrible franquismo. De hecho, el socialismo español no tiene propuestas, sino una ideología esquemática que hasta ahora lograba soliviantar a las masas para llevarlas a las urnas. Para sobrevivir, el PSOE maniqueo de Pedro Sánchez tendrá que aprender algo que en los demás países occidentales se aprende en el colegio: sin derecha no hay izquierda y sin ambas no hay democracia. En España desde Navidad de 2015 se escenifica la incapacidad de la izquierda para aceptar el triunfo democrático de la derecha. Con el talento español para el drama calderoniano -“por instantes todos somos farsantes”-, Pedro Sánchez nos quiere vender el proyecto de hiperlegitimación socialista heredado por Zapatero. Apoyado por los corifeos podemitas –“¡Cuídate de los Idus comunistas!”- que cínicamente denuncian un “golpe de régimen” contra el secretario general del PSOE, Sánchez sobreactúa desde hace meses en una trama lateral sin relación alguna con el argumento principal: la necesaria regeneración política de España. Convertirse en una democracia occidental implica que la izquierda española se libre de su sectarismo antidemocrático. Felipe González lo sabe. Por primera vez en 137 años, un grupo encabezado por socialistas históricos se plantea anteponer los intereses de España a los del PSOE. Lograr convencer a la militancia orgánica, criada a sus pechos, no será un camino de rosas.

Terror, silencio y renglones torcidos
Fernando Lázaro El Mundo 1 Octubre 2016

Sé que es largo. Pero no me resisto a dejaros lo que Maite Pagazaurtundua me permitió decir durante la presentación de su libro en Madrid 'Lluvia de fango', un libro con sus artículos, que no ha perdido ni por un momento actualidad. Un libro imprescindible para saber lo que han sufrido las víctimas del terrorismo, nuestras víctimas. Y si, hablamos de ETA. Y sí, hablamos de las Farc y de sus cuando menos polémicos acuerdos de paz. Allá va:

'Admito que siento vértigo. Vértigo, porque ante personalidades como las que se reúnen aquí, uno se siente pequeño. Ser telonero de estas valientes, de estas referencias de la historia de España, si, de la historia de España con mayúsculas, es un auténtico honor.

Cuando mi querida Maite [Pagazaurtundua] me comunicó que quería que estuviera en la presentación de su nueva obra y que tuviera unas palabras. Le dijo 'si', automáticamente. A los amigos se les dice siempre que 'sí'. Y acto seguido me empezaron a temblar las piernas. Pensé ¿Pero qué le puedo aportar yo? Y le pregunté: ¿qué quieres que diga? Y fue tan clara y sencilla como es ella: di lo que te dé la gana.

Y aquí estoy, para decir lo que me da la gana. Y lo que me da la gana es decir lo que siento. Y lo que siento es que estamos otra vez en un momento de involución, que toca de nuevo 'pasar página', que toca de nuevo silencio mediático, que toca de nuevo 'víctimas al cajón y cerrarlas con llave', que toca de nuevo olvidarnos de que España es el país de Europa que más ha sufrido el terrorismo.

Lo que me da la gana es decir que, efectivamente, toca de nuevo lo que nunca ha dejado de pasar, que el fango nos mancha porque la cobardía nos lleva a mirar hacia otro lado. Es difícil imaginar un título mejor para una obra como la que ha escrito nuestra amiga Maite, esta recopilación de artículos que no pierden actualidad, que, por desgracia, siguen siendo vigentes.

Y lo que me da la gana decir es que de nuevo nuestra obligación como periodistas es pedir perdón, pedir perdón a todos los que han dejado en el camino a sus seres queridos, a los que durante años han tenido que mirar debajo del coche, a los que durante lustros han tenido que cambiar su rutina vital, a los que durante toda su vida han tenido que abandonar sus orígenes y dejar sus tierras para poder perdón. Ya pedimos una primera vez perdón, por ser cómplices del silencio de los bien bautizados como 'años del plomo'. Confirmamos esa vieja teoría de que el hombre -en este caso, además, periodista- es el único animal que tropieza dos veces en el mismo olvido.

Y pido perdón como periodista, porque de nuevo, los medios no estamos a la altura. Y pido perdón como español. La sociedad y los medios hemos tomado de nuevo el camino de mirar hacia adelante... De nuevo tenemos que escuchar eso de que 'hay mirar hacia adelante y olvidarnos de buenos y malos...'. Y el mensaje cala. Y los medios lo compramos. Y cada vez el espacio para informar sobre ETA o sobre sus víctimas es más reducido. Hay que hacer grandes esfuerzos para que la organización terrorista aparezca en un titular a cuatro columnas... en una página interior, porque llevarlo a las portadas es casi una misión imposible. Ni hablo de las televisiones.

Y está bien, es lo que hay que hacer, mirar a futuro, de acuerdo, todos lo hacemos en la vida. Pero no 'pasar página', no olvidar, jamás, que había y hay asesinos y víctimas. El tiempo verbal es clave, no es lo mismo el pasado que el presente. Y los asesinos eran y son. Y las víctimas eran y son.

Porque los medios damos por finiquitada la historia terrorista en España y, no. ETA ha parado sus pistolas, si. ETA parece que no va a volver a disparar, efectivamente, tiene pinta. Pero ETA no se ha disuelto. Porque ETA no ha entregado las armas. Porque ETA no ha perdido perdón. Porque ETA no ha ayudado a esclarecer los cientos y cientos de asesinatos que aún quedan pendientes de poner nombres y apellidos a sus criminales...

Pero que ETA no dé pasos no es lo que me preocupa. Que su entorno trate de ganar batallas políticas, no es el problema. El problema es que, por la pasividad del Estado central y, por supuesto, del nacionalista autonómico, la historia de lo que hemos sufrido en este país se transmite con renglones torcidos. El problema es que por la pasividad política y el silencio de nuevo mediático, la izquierda abertzale vuelve a controlar las calles y a silencia a víctimas de ETA, como es el caso de Ortega Lara, cuando trató de expresar sus ideas en un acto público y los cachorros de ETA se lo impidieron. El problema es que si no se está encima, si desde las asociaciones de víctimas no se levanta la voz, si desde algunos medios no nos hacemos eco de sus denuncias, hubiéramos tenido en el Parlamento vasco, de nuevo, a Arnaldo Otegi. Otra vez, como ya sufrimos, cuando tuvimos que ver a 'Josu Ternera' presidiendo la comisión de derechos Humanos del Parlamento vasco. Ciclos que se repiten.

El problema es que el mensaje con el que se encara la política en el País Vasco, insisto, es el de 'pasar la página' y evitar hablar de 'buenos y malos'. Pues yo, que soy muy simple, insisto: claro que el problema era y es de buenos y malos... de asesinos y víctimas, de los que apretaban el gatillo y de los que perdían la vida y sus familias quedaban destrozadas; de los que movían el árbol y de los que recogían las nueces... Éstos últimos siempre con cara amable, con gesto de no haber roto nunca un plato y con mirada extraña cuando se les señala con el dedo... cierto que los que señalan con el dedo son pocos.

Y entre esos pocos y valientes, Maite. Una mujer peleona, perseverante, atrevida, clara, sencilla... Ella si, con voz suave, como siempre, sin levantar la voz, es capaz de asestar golpes demoledores de verdad, con un guante de la mejor de las sedas. Porque, quizá, lo que más les duele a los que le leen o le escuchan es que sea una de los suyos, una mujer tan vasca como cualquiera de ellos. Una mujer que despierta respeto entre la ciudadanía, un enorme respeto, incluso, cuando pone delante del espejo a aquellos que estaban en el lado de las víctimas y ahora se colocan de medio lado. ¡Ay la ambición, que terrible pecado público..!

Cualquier que quiera conocer con detalle la trayectoria profesional de Maite comprobará como es una mujer que da la cara siempre, que no se asusta, que ha tenido que ver en primera línea como ETA iba contra su familia. Su compromiso social y político es claro, en todos los terrenos. Se puso al frente de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y dio la cara. Y nunca se ha escondido. Su voz se ha convertido en un referente moral de muchas de estas víctimas, de esas que defienden y defenderán hasta su último día la memoria y la dignidad y seguirán reclamando la Justicia, que no se harán fotos sonrientes con los que recogen las nueces.

Tiempos difíciles son los que vivimos. Tiempos en los que a organizaciones como las Farc, con centenares de miles de muertos en sus espaldas, ya no se las denomina terroristas y se les blinda su impunidad en un acuerdo de imposible digestión. Y tiempos difíciles en los que de nuevo, la batalla del lenguaje, esa que durante tanto tiempo perdimos los medios de comunicación, la volvemos a perder de nuevo cuando informamos sobre el terror. Porque ya asumimos el 'pasar la página' de los asesinatos en Colombia con una naturalidad que me asusta. Porque parece que si llamas a las Farc 'terroristas' y detallas sus acciones y sus ejecuciones de niños, estás en contra de la paz.

Y yo jamás estaré en contra de la paz, ni de esa ni de ninguna. Pero quiero una paz siempre justa, una paz en la que no exista impunidad para los asesinos. Una paz sin pragmatismos. Y me temo que ese lenguaje que asumimos los medios sobre las Farc acabe contagiándonos en breve, de manera definitiva, y olvidemos denominar a ETA como lo que son, una trama asesina que ha demolido la historia de miles y miles de españoles y que ha marcado la trágica singladura de nuestra joven democracia.

Quizá, la parte que más me ha impactado siempre del mensaje de Maite, de su análisis, es cómo disecciona a la sociedad vasca, como la encara ante su silencio, como habla de la anestesia que ha sufrido esa ciudadanía. Y viendo el resultado de los últimos comicios vascos, sin duda, esa anestesia (y esto ya es de mi cosecha) aún perdura. Ojalá me equivoque, pero será ya difícil hacerla despertar de su letargo. Un letargo del que pareció salir con aquel crimen a cámara lenta, el asesinato de Miguel Angel Blanco. Pero ese espíritu de Ermua se adormeció de nuevo... poco a poco. Expiró y murió.

Y pocos son los que tratan de que no se nos olvide, todos y cada uno de estos crímenes. Y una de esas luchadoras es Maite. Y otra de esas luchadoras es Consuelo, otra leona de la que tanto tenemos que aprender también. Ayer estuve revisando publicaciones sobre las relaciones entre ETA y las Farc y recordé aquella vez que esta 'leona' se fue a Venezuela, sola, en secreto, como la temeraria que es para entrevistarse en una cárcel con un mando militar venezolano que le aportó datos sobre las relaciones entre las Farc y ETA. Hay que tenerlos bien puestos, para dar la cara como la han dado y para seguir dándola. Son un ejemplo de mujeres, son un ejemplo de demócratas. Muchas gracias'.

La paz no es claudicar ante el terrorismo
ÁLVARO URIBE VÉLEZ El Mundo 1 Octubre 2016

Con ciudadanos de diversos pensamientos hemos resuelto decir sí a la paz votando no en el plebiscito de mañana domingo. Solidariamente hemos expresado a los colombianos del sí que nosotros también queremos la paz, pero creemos que los textos del Acuerdo firmado entre el Gobierno de Colombia y las FARC no la garantizan.

El Acuerdo es de impunidad total por la indulgencia con el terrorismo. El Gobierno de Colombia aceptó impunidad abierta al narcotráfico del cartel de cocaína más grande del mundo; se aceptó que este delito es conexo con el político. Los mayores delincuentes de esta organización no tendrán sanción doméstica, no irán a la cárcel ni a lugares alternativos, tampoco serán extraditados y se les concederá el beneficio de elegibilidad política. Se anuncian sanciones como restricciones de residencia y de movilidad que serán inaplicables porque coincidirán con el ejercicio político de sus actores.

La misma Justicia internacional denomina "simbólicas" a estas sanciones, por ende no adecuadas para delitos graves. En Colombia han sido accesorias a años de cárcel, o principales, pero en infracciones menores. Los del no aceptamos que no se sancione al guerrillero raso, ojalá se le reincorpore con generosidad; pero la falta de pena adecuada para los mayores responsables genera mal ejemplo y causa riesgos de estabilidad al Acuerdo.

Quedan en la impunidad todos los delitos de lesa humanidad, como el secuestro -17.974 casos entre 1998 y 2003-, el reclutamiento y violación de niñas -11.700 niños reclutados; 6.800 mujeres violadas-, los carros bomba, la destrucción de 200 municipios, las acciones terroristas frecuentes de la misma gravedad de las que han afectado a pueblos de Estados Unidos, Francia y Bélgica. Otros crímenes atroces no serán sancionados adecuadamente y sus perpetradores serán patrocinados con grandes sumas del Estado para participar en política.

Quedan en impunidad el asesinato y el secuestro de policías y soldados, en muchas ocasiones mientras iban de civil, estaban en periodo de licencia o de vacaciones, y además indefensos.

La falta de sanción adecuada, de cárcel, y la elegibilidad política pese a crímenes atroces configuran una amnistía de hecho, a pesar del engaño de declarar que estos delitos no gozarán del beneficio. Esta amnistía disfrazada se otorga además sin petición de perdón, sin arrepentimiento, sin que entreguen el dinero del tercer grupo terrorista más rico del mundo para reparar a las víctimas. Los delincuentes admiten el sufrimiento causado y lo justifican.

La comunidad internacional debe saber que Colombia no ha vivido en guerra, si no que nuestra democracia ha sufrido un sistemático ataque del narcoterrorismo pero ha tenido la capacidad de estar en permanente perfeccionamiento sin tener que claudicar ante el terrorismo.

Ahora bien, el Gobierno de Colombia renunció a la solución en la que se avanzaba a través de la seguridad democrática, la desarticulación terrorista con castigo a los mayores delincuentes y soluciones sociales para los integrantes rasos, que incluía políticas eficaces de mejoramiento social y simultánea promoción de la inversión y el crecimiento económico.

A pesar de nuestros errores y faltantes, el progreso del país eligió al actual Gobierno en 2010, que abandonó la plataforma propuesta.

Habíamos dejado de ser un Estado fallido y hoy se afianza el retroceso. Se destruye la justicia y se reemplaza la Constitución por 297 páginas concedidas al terrorismo que los colombianos no han podido leer, que se imponen en una pregunta, sin argumentos, con propaganda y coacción, con desprecio presidencial por la ley y por la dignidad de los electores, a quienes ofrecen sobornos presupuestales.

Se prohibió la publicidad oficial para silenciar a los votantes del no, mientras el sí goza de desafiante ostentación propagandística.

El terrorismo feliz ha logrado que negociadores del Gobierno le aprueben toda su agenda, con arquitectura jurídica para destruir la democracia. Y todo lo ocultan con el abuso de la palabra paz.

El Gobierno bajó el umbral legal del 50% al 13%; con 4,5 millones de votos aproximados por el sí se aprobará este plebiscito en un país que se acerca a los 50 millones de habitantes.

El presidente de Colombia engaña al mundo con la afirmación de que no hay alternativa para conseguir la paz. Él como ministro y candidato en 2010 supo que la había, y sigue sabiendo que la hay; para ocultarlo niega el debate.

El presidente de Colombia negoció con el terrorismo la agenda nacional, la suplantación de la Constitución, que no es la paz sino todo lo contrario.

Desafortunadamente, con este Acuerdo nuestra economía queda capturada por las FARC. Más impuestos generales, más impuesto predial, aumento excesivo del gasto público, que será inflexible. Adicionalmente, 25 decisiones del Estado deberán someterse al visto bueno, previo, del comunitarismo de las FARC. Y surge una nueva motivación constitucional para expropiar propiedad privada de personas honestas.

El terrorismo está a la expectativa con este Acuerdo que trae más impuestos, amenazas de expropiación, gasto público ineficiente, policía política al estilo castrista; cree que el deterioro de la economía y un agravamiento de la crisis social permitirían la toma del poder para implantar definitivamente el fracasado socialismo del siglo XXI al estilo de la hermana Venezuela. Las FARC lo confiesan sin reservas.

Nosotros apoyamos que los desmovilizados de las FARC tengan protección del Estado, pero se ha acordado una especie de policía política castrista que dará protección con otros guerrilleros armados, que podrá supervisar las hojas de vida de los servidores públicos, a las empresas privadas de seguridad y a quienes llaman enemigos de la paz, que somos los del no, que también queremos la paz.

Se repite el grave error de asociar al Estado con criminales, en esta ocasión con las FARC para combatir a otros criminales como los sucesores del paramilitarismo. Esa amarga experiencia se vivió en el pasado y graduó más criminales.

Las FARC se habrían acabado si mi Gobierno hubiera permitido que los paramilitares avanzaran en su propósito, pero el camino institucional de combatirlos a todos fue nuestro camino.

Nos duele que democracias amigas avalen la impunidad disfrazada a las FARC. Nos duele que España haya concurrido a dar aprobación a un acuerdo de impunidad y elegibilidad a responsables de delitos de lesa humanidad cuando dio ejemplo encarcelando a dirigentes de ETA y no sometiendo su democracia. En Colombia avalan la impunidad del terrorismo.

Los colombianos que decimos no a este Acuerdo queremos una paz que no genere mal ejemplo, que no sea inestable, que cumpla con los mínimos de justicia de la legislación internacional y nacional, que dé protección a los desmovilizados de las FARC y proteja a nuestra democracia del riesgo del totalitarismo socialista.

Y algo más. Este Acuerdo, que muchos jóvenes colombianos reciben con ilusión, trae, como mencioné anteriormente, una policía política que amenaza las libertades, incluye más impuestos, expropiaciones y un comunitarismo paralizante de la inversión privada.

La inversión privada y la educación universal y de excelencia son mutuamente dependientes: la primera aporta los recursos para la segunda que a la vez la nutre del conocimiento para su avance competitivo.

Sin inversión el joven se ve forzado a abandonar el país. Sin libertades se frustra el debate razonado que con la ciencia construye peldaños de verdad.

La crisis de inversión agrava la pobreza y los colombianos aburridos con Santos y sus parecidos pueden optar por ensayar a Timochenko y sus parecidos.

En esta hora de la Patria en que debemos defender la democracia con coraje, hacen eco las palabras del Libertador: «La indulgencia con los criminales es la corrupción de los pueblos». Por eso votamos No.


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El euskera no despega pero impide despegar. Y marca clases

Pascual Tamburri latribunadelpaisvasco.com 1 Octubre 2016

Ha habido que esperar 40 años y una campaña electoral, pero el PSE lo dijo al fin: se está exigiendo el vascuence para los cargos públicos, en una sociedad en la que es minoritario y no es la lengua común

¿A que duele? Al menos a los abertzales les duele. Hasta el punto de que lo han convertido en un tema espinoso, del que sólo se puede hablar si es para aplaudir los dogmas por ellos establecidos. Para un nacionalista (y en esto da igual que sea jeltzale o que sea etarra) hay una nación llamada Euskadi con un idioma llamado euskera (y la tercera pata, que tenga una sola raza, en las últimas décadas se la callan). Para ellos, todo lo que se salga de este canon es un insulto y una herejía.

Su problema es que la realidad del País Vasco (y no digamos si incluimos Navarra en el paquete) es completamente distinta. Una mayoría muy grande de los navarros no entiende una palabra, pese a décadas de dinero público regalado a su promoción y de zonificación lingüística gratuita. E incluso el 44% de los vascos está igual: nada de nada. El 56% de los vascos sabe algo (poco o mucho), pero sólo el 36% lo habla; y además muchos sólo lo hablan en público, donde se les exige, pero en casa hablan la lengua común, o sea castellano: el 77%. Y no digamos en las redes, en la fiesta, en la noche, en el deporte.

¿Y cómo han pasado de un 22% de hablantes a un 36%, en 30 años? Educación pública en la práctica totalmente sesgada al vascuence, mucho dinero público, mucha presión social que no admite respuesta, y muchas ventajas para los que dan el paso. Todo es más fácil para ese 36%. El euskera no despega, es verdad, pero conocerlo es una ayuda para despegar. Y es el modelo que el consejero Mendoza y la peraltesa Barkos quieren importar a Navarra.

Es bueno que se sepa, y es bueno además que lo haya dicho el PSOE en su campaña, ya que tiene una parte de la culpa tanto en Vitoria como en Pamplona: si uno quiere entrar en la Administración pública del País Vasco necesita saber vascuence. Y quieren que sea así en Navarra, donde ya tienen notables estímulos. No se trata de que estas grandes, ricas y florecientes Administraciones quieran dar un mejor servicio a los ciudadanos, pues todos éstos saben español (no sólo porque es su deber, sino porque era y es así); es que usan la barrera del idioma para dejar entrar sólo a quienes den el paso de aprenderlo, y eso conforme a las normas del batúa. Ya en el País Vasco la mayoría de las plazas tienen el vascuence como requisito y todas las demás como mérito. En Navarra se va camino de eso. Con lo cual se cuadra el círculo: en su momento se les dio una autonomía alegando una diferencia regional, y luego se ha usado la autonomía para crear y multiplicar la diferencia.

Eso tiene por supuesto sus víctimas, que son los que no aprenden vascuence o conociéndolo no lo certifican. Uno puede ser mejor médico, enfermero, barrendero, profesor, maestro, técnico o bedel pero la Administración elegirá al peor si sabe euskera. Es discriminación. Discriminación comarcal, porque se privilegia a los provenientes de zonas y familias vascófonas. Discriminación ideológica, porque las familias que estimulan ese estudio son, o al menos eran, las más cercanas al nacionalismo. Y discriminación social, porque los formados en ciertos centros y barrios tendrán ventajas que otros no. No digamos si uno quiere ascender: para aprender vascuence o mejorarlo todo son ventajas, desde años sabáticos a cursos pagados y puntos, que los demás no tienen.

¿Y si uno no se somete? Puede que no termine sus estudios, o lo tenga que hacer en peores centros o con peores compañías. Seguramente acabará en el sector privado, o, como decenas de miles de casos certifican (empezando por los docentes), exiliado fuera del País Vasco. Un País Vasco en el que la lengua común es el castellano, en un porcentaje como lengua materna y lengua de uso diario que crece fuera de las aulas (y si descontamos los ya rituales saludos, kaixo y agur); un País Vasco en el que en la práctica crecen más las lenguas extraeuropeas que el vascuence. Un vascuence que está ligándose peligrosamente a la ideología nacionalista, cosa más arriesgada a la larga para el euskera -que es lengua y no símbolo- que para los nacionalistas -que necesitan su símbolo aunque puedan romperlo. Porque el euskera no despega por mucho que gasten en él, pero impide que los jóvenes del siglo XXI despeguen. (¿Y por qué PP y PSOE no denuncian la situación, si de verdad la rechazan?)

Astérix el abertzale
Jesús Laínz Libertad Digital 1 Octubre 2016

Las urnas han evidenciado por enésima vez la aplastante hegemonía separatista en el País Vasco. Y dicha hegemonía, lo mismo en tierras vascas que en catalanas, sigue y seguirá agrandándose simplemente por el fallecimiento de las personas de más edad y la llegada de nuevas generaciones. Porque las encuestas son claras: el voto separatista aumenta según se baja en la pirámide de edad. Curioso fenómeno. ¿Lo dará la tierra? No lo parece, pues en ese caso afectaría por igual a todas las edades. ¿Echarán algo en el Cola Cao? Pero como los niños de Murcia y Burgos desayunan lo mismo que los de Gerona y Guipúzcoa, también en aquellas dos provincias tendría que haber un notable porcentaje de separatistas con pantalón corto. Parece que, por eliminación, no queda otro remedio que suponer que se trata más bien de algo relacionado con las ideas recibidas.

Vayamos, pues, a los emisores de ideas en el mundo actual, especialmente los más directamente relacionados con la infancia y la juventud. El primero, naturalmente, la escuela. Pero ¿qué podría añadirse sobre la evidentísima y denunciadísima utilización de las aulas para la formación del espíritu nacionalista de los niños? Simplemente recuérdese el informe de la Real Academia de la Historia de junio de 2000 sobre "la ignorancia y la tergiversación de la historia que padecen los alumnos" y sobre "la contradicción de haber criticado en el pasado el carácter nacionalista de la historia que se enseñaba en España y de reproducir ahora ese planteamiento en las diversas Comunidades Autónomas". A causa de dicho informe poco faltó para que los separatistas –y la izquierda, no se olvide– pidieran la guillotina para los académicos.

Pero no todo se recibe en el colegio. Pues desde hace medio siglo la principal influencia, para niños y para todos, proviene del televisor, ese incansable predicador que desparrama su omnisciencia desde el altar de todas las casas. Llevan ya muchas décadas lloviendo denuncias de utilización partidista de los medios públicos por parte de todo tipo de personas, asociaciones, sindicatos y partidos sin que los gobernantes españoles hayan movido un dedo jamás. Añadir cualquier dato sería superfluo.

También está, naturalmente, el ordenador. Pues, obsoletos los pesados tomazos que ocuparon durante siglos nuestras estanterías, el ciberespacio se ha convertido en la gran enciclopedia de enciclopedias, enorme adelanto que no carece de inconvenientes. El más evidente de ellos, la manipulación de una información que puede haber sido aportada por cualquiera. Este fenómeno se manifiesta de manera especial en la Wikipedia, esa gran enciclopedia universal que presume de modélico democratismo, ya que cualquiera puede colaborar en su redacción. Pero, dada la dificultad de supervisar los millones de artículos redactados en docenas de lenguas, abundan las inexactitudes, los disparates y las mentiras. Los españoles hemos aportado un caos descomunal mediante la diferencia entre artículos dependiendo de la lengua española en la que hayan sido redactados. Pues las manipulaciones históricas que se pueden encontrar en las versiones catalana y eusquérica demuestran que muchos de sus artículos han sido redactados –lo que no puede ser casualidad– por unos colaboradores cuya ideología política les impide reflejar la realidad objetivamente.

Un ejemplo entre mil: en la versión eusquérica de la biografía de Juan Sebastián Elcano se define su nacionalidad con la ikurriña; y en la lista de los navegantes que llegaron con él a Sanlúcar de Barrameda se señala el país de procedencia de cada uno de ellos. Con los italianos, griegos y alemanes no hay problema, pero lo interesante es que mientras que a los procedentes de Andalucía y Galicia les corresponde España como su país, a los de Guetaria, Bermeo y Baracaldo se les adjudica Euskal Herría (y a Juan de Santander, por cierto, nada menos que Kantabria, para vahído de este impresionable escribidor). Lo mismo sucede con la nacionalidad de Enrique Granados, española según la versión en la lengua de Cervantes y catalana según la versión en la de Verdaguer. El infortunado autor de las Danzas españolas habría alucinado.

Pero a nuestros voluntariosos separatistas no se les escapa nada en su misión de crear su nación virtual. Y si uno de sus objetivos esenciales es la captación de los niños para garantizar el triunfo electoral en la siguiente generación, no se puede olvidar el poder de atracción de la literatura especialmente diseñada para ellos: las historietas ilustradas.

Una de las clásicas es Astérix, el célebre guerrero galo, sobre el que también ha operado la falsificación nacionalista. En la historieta Astérix en Hispania, un guía fronterizo, tras llegar a las cumbres pirenaicas, les dice a sus clientes: "Ya estáis en España. Sólo os resta bajar en línea recta y llegaréis a Pompaelo (Pamplona)". Ésa es la frase que aparece en el original francés...  Pompaleo * (* Pampelune)

... en la traducción española: Pompaleo * (* Pamplona)

Pues bien: en la edición en eusquera el guía les dice que descendiendo por territorio hispano llegarán a Caesaraugusta (Zaragoza).

¿Cómo es que en esta traducción ha cambiado repentinamente la ciudad a la que han de dirigirse los guerreros galos? Muy sencillo: desde una óptica nacionalista es inadmisible que la primera ciudad española que han de encontrar al bajar de los Pirineos sea Pamplona. Pues, como todo el mundo sabe, Pamplona no es España.

Y como estos ejemplos, otros mil. Luego habrá quien se sorprenda de que, de aquí a unos pocos años, el porcentaje de separatistas vascos y catalanes sea abrumador. ¿Acaso, desde la cuna hasta la tumba, han tenido posibilidad de recibir otro mensaje que no sea el separatista?


 


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