AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9 Octubre  2016

Tres semanas para evitar el infierno
Jesús Cacho  vozpopuli.com 9 Octubre 2016

Perdidos en plena arboleda, seguimos sin poder ver el bosque. ¿Elecciones sí o elecciones no? Después del espectáculo protagonizado el sábado pasado por los notables del PSOE con el asalto a la sede de Ferraz para decapitar al bello Pedro, esa ya no es la cuestión. El partido socialista está ahora mismo abierto en canal, y en modo alguno puede plantearse un nuevo examen en las urnas en diciembre. El PSOE se va a abstener, porque para otro viaje no hubieran necesitado tales alforjas. Cosa distinta es cómo va a facilitar la investidura de Mariano Rajoy y quién va a cargar con semejante mochuelo, quién va a asumir en las filas del socialismo el coste de imagen que esa abstención tiene en un partido infectado por el virus del izquierdismo radical al que le ha conducido un aventurero sin escrúpulos como Pedro Sánchez, empeñado en salvar su culo contra la evidencia de toda clase de catástrofes electorales.

A día de hoy sería muy aventurado afirmar que lo ocurrido el sábado es agua pasada. Pedro Nono ha perdido una batalla, pero no la guerra. Al menos no de momento. El personaje ha dejado una herencia envenenada al socialismo democrático, a esa socialdemocracia con vocación de representar los intereses de las clases medias que cabe suponerle al PSOE, con el pérfido “O Mariano Rajoy o yo” que presidió su discurso de despedida de la noche del viernes 30, cinco palabras que encierran la esencia del discurso cainita que durante 8 años sembró Rodríguez Zapatero tratando de resucitar el fantasma de las dos Españas, el odio de ese frentismo rancio que tanto daño ha hecho a esta pobre democracia nuestra y que durante buena parte de la Transición creímos superado. Las huellas de semejante herencia se manifiestan por doquier, tal que en la decisión del PSC de no respetar la decisión del partido si decide abstenerse. Una quincena de diputados se ha comprometido ya con el no, cifra que sin duda irá creciendo, porque el virus podemita ha echado raíces sólidas en un partido que hace tiempo perdió su estrella polar.

Poco se ha escrito sobre una realidad que algunos expertos demoscópicos apuntaban antes incluso de las generales de diciembre de 2015, como que, en la franja de edad comprendida entre los 35 y los 55 años, el segundo partido en intención de voto, tras el PP, ya era Podemos por delante del PSOE, un Podemos que ya había sobrepasado a los socialistas en las grandes ciudades y que era líder absoluto en la franja entre los 18 y los 35, seguido de Ciudadanos, PSOE (tercera fuerza) y PP. Los males del socialismo español ya estaban ahí. Susana Díaz se encargó de descabalgar de la secretaría general a Rubalcaba tras los malos resultados de noviembre de 2011, y maniobró para colocar en su lugar a un tipo joven y apuesto, que aparentemente enlazaba al partido con las nuevas generaciones que habían convertido la Puerta del Sol en el Campo de los Indignados. Una solución de compromiso hasta que la Reina del Sur se decidiera a salvar Despeñaperros para instalarse en Madrid. Pero la criada salió respondona. El bello Pedro engañó a todos convirtiéndose en un cínico, un gran traidor dispuesto al final a formar Gobierno con Podemos y los independentistas catalanes, un Gobierno de España con quienes pretenden acabar con España, además de con el bienestar de millones de españoles de derechas y de izquierdas.

En el fondo, eso fue lo que ocurrió en la sede de la calle Ferraz el primer sábado de octubre. Un auténtico golpe de mano destinado a abortar la posibilidad de ese Gobierno de izquierda radical que probablemente hubiera cambiado la historia de España. "A finales de 2015 el populismo había penetrado profundamente en el Sistema, como una consecuencia del desgarro social provocado por la crisis y de los escándalos de corrupción de la derecha. Era cuestión de tiempo que, si no se hacía algo, Podemos llegara a hacerse con el poder”, asegura una fuente muy cercana al CNI. Fue esta corriente de fondo lo que llevó a Rajoy el 23 de diciembre de 2015 a ofrecer al PSOE la formación de un Gobierno de coalición para abordar juntos las reformas que necesita el país tanto en lo político como en lo económico. Con todos sus riesgos, hubiera sido una iniciativa de alcance histórico. Fue imposible, porque el PP de la corrupción contamina ahora todo lo que toca, y por aquel frentismo infantil y enfermizo que se apoderó de un Sánchez dispuesto a confundirse con Podemos.

El país parece haberse vuelto loco
Nos hallamos ante una situación muy delicada. Todo se va pudriendo. El país parece a punto de saltar por las costuras de nacionalismos enajenados, regionalismos rancios e intereses personales bastardos. Un país dominado por mediocres, cuando no retrasados mentales, en el que parece haberse establecido una dura competición por ver quién va más lejos, quien hace la declaración más estrambótica, quién se lleva la palma en la cerrera por atentar, de palabra y obra, contra los intereses colectivos a medio y largo plazo. Sin nadie que mande "aparar". Lo del nacionalismo catalán se ha convertido en un permanente desafío a la legalidad vigente, un golpe de estado que no obtiene respuesta de los encargados de defender la unidad de España. Puigdemont propone crear 7.000 nuevas plazas de funcionarios en una Cataluña con una deuda que supera los 70.000 millones y que no podría pagar a sus funcionarios sin la ayuda del Estado. Iceta, el capo bailarín del PSC, propone que "España sea una federación plurinacional". Javier Lambán, presidente socialista de Aragón, reclama al Estado [debate sobre el estado de la Comunidad] el pago de "la deuda histórica que arrastra Aragón desde hace 30 años, mediante el establecimiento de una comisión bilateral Aragón-Estado capaz de actualizar nuestros derechos históricos por ley". La alcaldesa de Madrid se niega a asistir al desfile del 12 de octubre, y otro tanto hace su jefe de filas, Pablo Iglesias, de nuevo en brazos del radicalismo más extremo. Estos romanos se han vuelto locos.

El final de la Transición se ha convertido en un circo infecto donde cabe cualquier esperpento. Se han cumplido ya dos años largos desde la abdicación de Juan Carlos I, piedra miliar del final del periodo histórico que arrancó con la muerte de Franco, y lo nuevo no acaba de nacer, ese nuevo periplo de paz que debería llevar a las nuevas generaciones de españoles hasta el año 2050 no acaba de ver la luz ni con fórceps, sacudido por tormentas que ponen en riesgo todo lo alcanzado. Más que nunca se hace necesario un gran "pacto por la convivencia" capaz de mantener bajo siete llaves a nuestros tradicionales demonios históricos, hoy dormidos pero no desaparecidos, arrojando algo de luz sobre un mañana colectivo perdido en la niebla. ¿Peras al olmo? El futuro inmediato parece en manos de dos hombres prudentes (uno de ellos en exceso): Mariano Rajoy y Javier Fernández, uno como capo indiscutido del PP y otro como presidente de la gestora encargada de acometer la travesía del desierto del PSOE hasta el próximo congreso, y cuyo poder real se desconoce en un partido que sigue abierto en canal, amenazado por el riesgo de escisión.

Si el problema de Fernández y su gestora consiste en hacer tragar a la militancia la píldora de la abstención a un Gobierno Rajoy, el del PP reside en cómo gobernar con 137 diputados frente a una Cámara radicalizada dispuesta a tumbar cualquier iniciativa o proyecto de Ley que huela a PP. Lo ocurrido esta semana en el pleno del Congreso es plenamente ilustrativo de lo que podría ocurrir tras la investidura de Rajoy. El PP perdió todos las "Proposiciones no de Ley" planteadas en la Cámara, una situación que ha llevado a pensar a parte del partido si no sería mejor ir de cabeza a nuevas generales en diciembre antes que pasar por el calvario de un Gobierno en minoría que no va a conseguir sacar una sola ley adelante. Es verdad que el presidente del Gobierno dispone de una poderosa carta en la mano: la facultad para disolver las Cámaras, pero muchos piensan que ese sería una viaje inútil que solo conseguiría emponzoñar más la situación en el tiempo. A través de su amigo el ministro del Interior, Mariano a principios de semana lanzó un globo sonda destinado a medir la temperatura de la opinión pública con la exigencia de "un mínimo de garantías" al PSOE para gobernar más allá de la investidura. La respuesta fue tan dura que el propio Rajoy se encargó en Torremolinos de aclarar que "no voy a pedirle ninguna condición. Ya dije que lo mejor es un gobierno de coalición; si no quieren, vamos a pactar 7 u 8 grandes asuntos; y, si no, al menos déjennos gobernar". Ayer mismo y en Zaragoza reafirmó su posición al asegurar que "haré cuanto esté en mi mano para ganarme la gobernabilidad".

La hora de los hombres valientes
El líder del PP parece sincero cuando afirma que no quiere terceras elecciones "Sería una locura, un disparate del que nadie saldría beneficiado". Solo dos hombres, a quienes el destino ha colocado frente a frente en una encrucijada histórica, podrían desatascar una situación endemoniada. Dos seniors, Rajoy (61) y Fernández (68), gallego y asturiano, registrador e ingeniero de minas, con capacidad para reunirse en silencio y en silencio mirarse a los ojos, dejarse de soflamas, y hacer posible lo que un país más exhausto que cansado espera de ellos: un Gobierno que razonablemente pueda hacer algo más que presentar proyectos de ley que sistemáticamente le sean devueltos al corral por la abrumadora mayoría parlamentaria en contra en la Cámara. Los “listos” de turno aseguran que ya está todo cocinado en secreto, pero un paseo por los aledaños de Moncloa resulta suficiente para percibir la incertidumbre que allí se respira. "El PSOE no puede ir a elecciones en diciembre, cierto, pero hoy hay unos cuantos pesoes, el de Sánchez, el de Susana, el de los "popes" tipo Felipe… ¿Quién manda en ese conglomerado? ¿Qué quiere hacer de verdad la sultana andaluza? Es la hora de los valientes, de aquellos capaces de vencer el miedo para cabalgar a lomos del tigre. "Courage is grace under pressure", que dijo Hemingway. Todos pendientes, por tanto, de lo que dos tipos maduros y discretos puedan negociar en silencio, con el interés de España por bandera, antes de salir a las escalinatas de Moncloa para darse la mano en una foto histórica. La cuenta atrás ha comenzado. Apenas quedan tres semanas para evitar el infierno.

La izquierda más tonta de Europa

La derecha gana elecciones. Pero Íñigo Errejón, el dirigente de Podemos, dice que el cambio ya es una realidad. Poco a poco, la izquierda se va alejando de la mayoría social
Carlos Sánchez El Confidencial 9 Octubre 2016

La frase del mes la pronunció hace unos día en Twitter –no podía ser de otra manera– Íñigo Errejón. Sostiene el número dos de Podemos que "la crisis del PSOE es una sacudida más del proceso de cambio tras el 15M”. Fin de la cita.

Es decir, que la revuelta de la puerta del Sol –aquella ilusión compartida por millones de ciudadanos para regenerar el sistema político– ha cumplido uno de sus objetivos: desestabilizar al Partido Socialista. No está mal pensado para alguien que pasa por ser el estratega de la formación morada y reclama la unidad de la izquierda. La segunda parte de la frase, sin embargo, es intelectualmente más atractiva. Sostiene Errejón que tras el 15M está en marcha (habla de sacudida) un “proceso de cambio”.

Sin duda que tendría razón si el mapa electoral español se hubiera transformado de forma radical en los últimos años, más allá de una recomposición de la hegemonía dentro de las fuerzas de izquierda. Pero los resultados son los que son. Y tanto en Galicia como en el País Vasco han ganado muy recientemente –y con holgura– dos partidos de centroderecha que han gobernado los dos territorios durante las últimas décadas. Mientras que en Cataluña gobierna un heredero directo de Mas y Pujol, y en Andalucía, erre que erre. Como se ve, un cambio de indudable transcendencia.

Se dirá que en el resto del Estado no sucede eso. Pero ocurre que nada más lejos de la realidad. El Partido Popular sacó 52 diputados al PSOE en las últimas elecciones, y todo indica que si se celebran nuevas elecciones, la distancia será mayor. No está nada mal pese a la “sacudida” política que ha supuesto el 15M. Los muertos, ya se sabe, a veces gozan de buena salud.

Un análisis freudiano del tuit del profesor Errejón indicaría dos cosas. Por un lado, que el líder de Podemos confunde el deseo con la realidad. El subconsciente algunas veces es muy traicionero y conduce a errores gruesos y a la inconsistencia política aunque se haya estudiado en las mejores universidades. Pero su reflexión trasluce también algo mucho más preocupante. El análisis de Errejón ignora la verdadera situación de la izquierda en España, que no ha sabido traducir en votos la preocupación de muchos españoles por la regeneración política, el ensanchamiento de la desigualdad en la distribución de la renta o, incluso, la pérdida de derechos laborales.

Es evidente, sin embargo, que a Podemos y a las ideas que representa le ha ido electoralmente bien. De no existir en el pasado reciente, ha pasado a tener una posición muy relevante en la vida política española en unas circunstancias políticas económicas excepcionales que tardarán en volver a producirse. Pero una cosa es el beneficio propio (sin duda mérito de los impulsores del proyecto político que representa Errejón) y otra muy distinta el interés general. Y hoy por hoy, los cimientos del sistema político siguen siendo exactamente los mismos. Pese a quien pese.

Mayorías sociales
La separación de poderes brilla por su ausencia, el sistema electoral es el mismo y el patrón de crecimiento –basado en el consumo– apenas ha cambiado. Rajoy sigue en Moncloa y nada indica que vaya a abandonar el despacho. Dicho en otros términos, la arquitectura institucional del país no ha cambiado un ápice, lo que significa que esa mayoría social que se reflejaba aparentemente en las calles durante los años de mayor dureza de la crisis, no ha cristalizado en una nueva mayoría parlamentaria.

Otra cosa es que los partidos tradicionales –PP y PSOE, fundamentalmente– se hayan visto obligados a ser más sensibles y a estar más atentos a la nueva realidad social y política. Pero detrás de este comportamiento de la vieja política respecto de las demandas de los ciudadanos, no está Podemos, sino un claro hartazgo social derivado de la crisis económica y del agotamiento del sistema político heredado de la Transición, que hace que muchos españoles no traguen ahora con ruedas de molino. El ‘caso Soria’, las ‘tarjetas black’ o los negocios de algunos políticos del PP son la mejor prueba de que los tiempos, como decía Dylan, están cambiando. Pero Podemos lo que ha hecho es, simple y llanamente, articular políticamente una parte de esa respuesta. Nada más.

Con todo, lo más relevante es comprobar que pese a tanta satisfacción ‘podemista’ por la situación política las posibilidades de que la izquierda vuelva al poder –al menos al palacio de la Moncloa– son algo más que remotas.

En la debacle socialista, Rajoy se aseguraría un Congreso con mayoría absoluta con Ciudadanos si se va a las urnas el 18-D. Eso sí, son minoría los que quieren otros comicios
Entre otras cosas porque su fragmentación, lejos de reducirse, ha ido creciendo. Hasta el punto de que un mapa político de la izquierda española ocuparía hoy algunas hojas de cálculo acompañadas de un potente navegador para adivinar la orientación ideológica de cada una de las formaciones. Y ello sin contar un hecho verdaderamente extraordinario en la política europea desde 1945: la progresiva atomización de la izquierda española por territorios, lo cual no es sólo una patada al internacionalismo proletario que reclamaron en su día los padres fundadores, sino un insulto a la inteligencia, toda vez que se pretende dar soluciones locales a un mundo cada vez más global. ¿O es que la financiación del Estado de bienestar –pensiones o sanidad– se puede abordar desde el localismo proletario?

Falacias de grueso calado
Más allá de este desatino estratégico, lo singular es el desprecio por la construcción de nuevas mayorías sociales, lo cual, dicho sea de paso, es no entender nada de la realidad sociopolítica y cultural del país. Y que es, precisamente, lo que se ha llevado al Partido Socialista por delante. Más preocupado por políticas cortoplacistas para neutralizar a los nuevos populismos de izquierdas (que van mucho más allá que Podemos) que por reivindicar como propios los intensos cambios sociales que se han producido en España desde la dictadura. Hasta el extremo de que ni siquiera ha sabido desmontar –tampoco lo ha hecho el PP– falacias de grueso calado como que España, tras la crisis económica, volvería a los años 50. Una auténtica estupidez intelectual sustentada por algunos profesores metidos hoy en política.

Los socialistas, incluso, han ninguneado el valor de la democracia representativa, lo que ha infantilizado las políticas públicas hasta un nivel insoportable. Las cosas, según el nuevo esquema, son buenas o malas, de izquierdas o de derechas, progresistas o reaccionarias… Ignorando que en un plebiscito las razones por las que se opta por una u otra opción no tienen nada que ver en la mayoría de las ocasiones con la pregunta planteada. Se vota para castigar al adversario político, no como un ejercicio de compromiso intelectual con lo que somete a referéndum. En definitiva, una pobreza conceptual que convierte a los partidos en meros transmisores de un ideal político inexistente.

Cuando el PSOE juega a orillarse tácticamente hacia la izquierda (o hacia la derecha) pierde la centralidad política y deja de ser un partido de masas, lo que explica sus bajos niveles de afiliación política y su alejamiento de las clases medias urbanas. Olvidando que apenas 246 municipios, los más grandes, albergan algo más de la mitad de la población. En concreto, el 54,7%, según los datos del IVIE y de la Fundación BBVA. Ahí está el granero electoral del PSOE, quien parece haber olvidado que la revolución tecnológica iniciada en los años setenta ha desplazado el conflicto social de las fábricas a las ciudades. Ahí está ahora el conflicto social y no en Twitter o Facebook.

La configuración de nuevas mayorías sociales es un viejo anhelo de la izquierda que, tradicionalmente, la derecha ha sido capaz de hilar tejiendo estrategias de captura de votos procedentes de colectivos habitualmente alejados de su electorado. Algo que explica el ensanchamiento de su base social. El PP, de hecho, llegó a ganar en el 99% de los distritos de Madrid. No es, por lo tanto, un problema de ideología, sino de ideas, conceptos que a veces se confunden como si fueran la misma cosa.

Pablo y los antipatriotas.
Vicente A. C. M Periodista Digital 9 Octubre 2016

El bolchevique líder de PODEMOS anda un tanto exaltado desde que es consciente de que su plan con Pedro Sánchez no le va a salir tan bien como el perpetrado contra IU. Ha vuelto a sus viejos tics de macarrismo dialéctico echando exabruptos sobre todos aquellos que han colaborado para forzar la salida del ambicioso Pedro Sánchez. Sus insultos de “arrodillados” y “mentirosos” junto a los ataques desde los medios sociales como twitter, es la espuma de la gran ola del tsunami que ha provocado la reacción de los críticos y su triunfo sobre el “apparatchik” de Pedro Sánchez y su equipo Ejecutivo en Ferraz. Y si a eso le añadimos la “guerra virtual” en los medios entre Íñigo Errejón y él, con su intento de manipulación de los círculos a los que hace tiempo que controla al más puro estilo estalinista, pues tendremos el coctel perfecto de su intento de autoafirmación en el poder en el partido que ayudó a crear.

Porque su pataleta dialéctica es solo consecuencia de su frustración al ver que sus planes de llegar al Gobierno de España y de paso anular al PSOE, han quedado truncados por la respuesta sorpresiva de esa parte del PSOE que no está dispuesta a sufrir el mismo destino que la fragmentada y anulada IU, cuyo líder Alberto Garzón entregó su partido a cambio de unos vergonzantes ocho escaños. Y es que en ese mundillo de la política es muy fácil encontrar Judas y tránsfugas dispuestos a venderse por un cargo. Basta ver lo ocurrido con personajes como Irene Lozano, Tania Sánchez, y una larga lista que daría para unos cuantos tomos.

Pablo Iglesias es un “notas”, un individuo que como las “celebrities” siguen la máxima de que no importa que hablen mal o bien de uno, lo importante es que hablen, estar en el candelero de los medios de comunicación. Y su penúltima declaración es insistir en que este año tampoco va a ir ni al desfile ni a los actos de celebración del día de España y de la hispanidad, el 12 de octubre, fiesta nacional por excelencia. Insulta a todos al decir que esas reuniones están llenas de antipatriotas. Una actitud tan sectaria como la protagonizada por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que desprecia a todos los madrileños al no asistir con la excusa de un viaje al extranjero a una convención en la que su presencia es totalmente prescindible e innecesaria. Y es que PODEMOS en Madrid, como en otras capitales de España, está demostrando su verdadera cara de totalitarismo y sectarismo más radical, además de su desprecio por la democracia y lo que se está obligado a hacer como cargo institucional en representación de todos los ciudadanos y no solo los de su partido.

Pero querer otorgar a PODEMOS el sello de demócrata es algo imposible, por muchos círculos, elipses y zarandajas semejantes que esgrime como bandera de su democracia interna. Al final, lo único cierto es que todos pasan por el aro, -que no deja de ser otro círculo-, el que Pablo Iglesias les pone para que obedientemente lo salten en un signo patente de sumisión a su poder. Y si no que les pregunten a sus confluencias de Galicia en estas pasadas elecciones autonómicas. Y este es el que insulta a los demás llamándoles antipatriotas. Y es que su frustración y su soberbia le hace sustituir los argumentos por insultos. ¿Un supuesto patriota?, ¿él que está dispuesto a permitir referéndums inconstitucionales apoyados en un inexistente “derecho a decidir”, que la ONU solo reconoce para determinados casos, ninguno de ellos aplicables a ningún territorio de España?

Pues que no vaya a los actos de conmemoración previstos el miércoles 12 de octubre. Nadie le va a echar de menos, ni por sus formas ni por sus modos de comportarse. Pero lo de Manuela Carmena es muy diferente. Si no quiere ir a los actos, que renuncie a su cargo de alcaldesa de Madrid, capital de España. Es un desprecio para todos los españoles de esta ciudad que representa a toda España, que en absoluto compartimos sus desplantes y su rancio sectarismo. Una vergüenza de la que el PSM es cómplice y culpable por permitirlo y no haber provocado con una moción de censura la revocación de esta anciana edil secatria y revanchista y la salida del poder de su grupo de apoyo Ganemos Madrid, que con el sello de PODEMOS se presentaron bajo la marca “Ahora Madrid”. El PP ya le ofreció al PSM acabar con este sectarismo hace bastantes meses.

¡Pablo, España no te necesita! Solo espero que mis compatriotas, sean capaces de expresarlo en las urnas y devolveros a ti y a tu grupo al lugar que debéis estar, a la más absoluta inanidad.

¡Que pasen un buen día! Quedan 22 días para la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones generales.

Los Nobel de la guerra
Julio Ariza gaceta.es 9 Octubre 2016

Hace ahora dos años el gran maestre de las logias masónicas de Colombia en una entrevista a un programa de televisión aseguraba que Santos, el presidente de Colombia, no pertenecía a la masonería por qué no había cumplido una condición fundamental que era llevar a término el "proceso de paz con las FARC". La semana pasada los colombianos dijeron 'No' a ese proceso emprendido por Juan Manuel Santos y avalado por toda la comunidad internacional llamada a sí misma progresista.

La respuesta a la negativa de los ciudadanos de Colombia a ratificar un pacto especialmente humillante e injusto con las víctimas, cerca de 220.000, tras 50 años de guerrilla terrorista, narcotraficante y asesina ha sido conceder el premio Nobel de la paz al líder del país. Como tantas veces la academia noruega, sectaria y retrógrada, ha pretendido imponer su criterio al de todo un sufrido pueblo colombiano.

Cuba, la ONU, toda la prensa internacional de izquierdas han movilizado sus fuerzas contra un pueblo desangrado por las matanzas y secuestros de una guerrilla marxista-leninista a que has dejado la selva y el campo colombiano sembrados de minas anti persona,sin plano alguno de tendido que pueda detectarlas para poder desactivarlas,como las que han segado las vidas y los miembros de miles de jóvenes campesinos y soldados.

Las élites de Colombia, como la propia familia latifundista de Juan Manuel santos, han enviado a sus hijos a Harvard y otras carísimas universidades americanas, mientras pobres campesinos y obreros debían enviar a los suyos a pelear contra las FARC.

Esta lucha la libraron los pobres y la clase media (nada que ver con la clase media europea o norteamericana), en los dos bandos, no las élites y ricos de la sociedad colombiana (5% de la población) cuyos hijos se libraban de combatir en el servicio militar. Y tampoco la liberaron los dirigentes guerrilleros y sus hijos, bien protegidos en sus campamentos en la selva, desde donde ordenaban a los hijos de los campesinos de los pueblos bajo su control a alistarse en la guerrilla y luchar.

Los enfrentamientos armados se produjeron principalmente en plena selva, a nivel de pelotones, mandados por sargentos y suboficiales por una parte y miserables jóvenes campesinos por otra. Y son esos pobres, el pueblo colombiano, el que ha dicho no a las élites de los dos bandos cuando se les ha preguntado en referéndum.

El inexplicable e inexplicado apoyo de los Estados Unidos, que siempre había calificado a las FARC como organización terrorista, a un mal llamado proceso de paz ha chocado frontalmente con el recuerdo de tantas masacres y violaciones producidas por los terroristas contra el pueblo llano de Colombia.

El mismo gran maestre de los masones de Colombia aseguraba que Álvaro Uribe no podía pertenecer a la secta masónica porque tenía un ánimo belicista. Uribe logrò durante su mandato reducir de 20.000 a 7000 el número de guerrilleros con el que contaban los terroristas. Las fuerzas militares de Colombia con más de 300.000 hombres y el apoyo de 1000 asesores norteamericanos redujeron la capacidad operativa de las FARC hasta el punto de conseguir que la negociación fuera imprescindible para ellos.El presidente Uribe siempre se negó y se sigue negando a utilizar el término conflicto armado ,o guerra civil, que otorga la misma categoría a la guerrilla que al estado.

En España sabemos mucho de falsos procesos de paz y de claudicaciones de un Estado que pierde los referentes del respeto a la dignidad y la justicia de miles de víctimas inocentes.

Pero los falsos progresistas siempre han utilizado al pueblo y la democracia como una mera excusa para imponer sus ideas y sus intereses, el pueblo siempre tiene razón cuando coincide con lo que ellos desean. El protagonismo de los corruptos hermanos Castro ejemplifica en una imagen hasta qué punto las instituciones Internacionsles y el mainstream media global manipulan y tergiversan la realidad sin ningún escrúpulo.

Ahora Juan Manuel Santos deberá escuchar amplios sectores de la población colombiana, conocer cuáles son sus inquietudes y preocupaciones, retirar de los documentos acordados la participación política y la representación en las instituciones democráticas de los guerrilleros terroristas así como todas las apelaciones a la ideología de género incorporadas en los textos.Y por supuesto deberá eliminar la impunidad garantizada a los dirigentes guerrilleros.

Eso es exactamente lo que le ha pedido la sociedad colombiana aunque el Premio Nobel lo quiera negar y Santos ya pueda afiliarse a la logia más próxima a su domicilio.

Colombia, una cuestión de dignidad
Del mismo modo que lamentar la violencia generada y pedir disculpas no implica reconocer que esa violencia fuera injusta, dejar de asesinar no convierte al criminal en un símbolo de la paz ni en un héroe
Juanfer F. Calderín El Confidencial 9 Octubre 2016

Colombia, los colombianos, hablaron el pasado 3 de octubre. Partidismos, luchas de poder y afanes de protagonismo a un lado, lo que se dirimió entonces no fue votar sí o no a la paz, fue votar sí o no a un acuerdo de 297 páginas negociado entre un Gobierno, el de Juan Manuel Santos, y las FARC, una organización terrorista definida así por la Unión Europea, por Estados Unidos y por los cientos de miles de asesinatos selectivos que pesan sobre las espaldas de las eufemísticamente autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Horas después de que una sociedad polarizada entre el sí y el no acabase decantando la balanza por un escaso margen, comenzaron a oírse voces, también en España, que clamaban contra la “ignorancia” de los colombianos; un supuesto desconocimiento que a ojos de esas voces había sido promovido por los “enemigos de la paz”, por los promotores del no al acuerdo Santos-FARC. Si acusar de ignorante a quien hace uso de su legítimo derecho a pronunciarse deslegitima a quien acusa, presentar como “enemigo de la paz” a quien busca apartar de la vida pública a criminales orgullosos de serlo es, cuanto menos, impreciso y deshonesto.

Los acuerdos alcanzados entre el Gobierno de Colombia y las FARC son extensos, pero hay puntos capitales que deben ser tenidos en cuenta con cautela. Entre ellos, la cuestión de la justicia y la participación en la vida política de terroristas que encuadran y seguirán encuadrando secuestros, asesinatos y violaciones en un contexto de lucha revolucionaria revestida de honorabilidad.

En primer lugar, los acuerdos rechazados por los colombianos en las urnas estipulan que quienes hayan cometido delitos de sangre no pisarán prisión alguna si confiesan los crímenes. Es decir, los miembros de las FARC que se presenten ante un tribunal especial y asuman que mataron, sufrirán una especie de exilio a determinadas zonas de Colombia por un periodo no superior a ocho años. En segundo lugar, lo pactado establece que el grupo terrorista tendrá asegurados cinco escaños en el Senado y en el Congreso en las elecciones de 2018 y en las de 2022. Según el acuerdo, así será aunque ni un solo colombiano vote al partido creado por las FARC.

Así las cosas, una de las personas que podría sentarse en un escaño es el cardiólogo formado en Moscú Rodrigo Londoño Echeverri, alias 'Timochenko', máximo comandante de las FARC desde 2011 y jefe negociador de la organización terrorista. En las FARC desde los años 70 y al mando del Bloque Oriental –uno de los más poderosos– desde 1988, fue el encargado de asegurar la participación de la guerrilla en el negocio del narcotráfico. En 2014 la región del Catatumbo, donde coinciden las FARC, el ELN y el ELP, reportaba 4.175 hectáreas de coca con una producción de 42.000 toneladas, según datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) y de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Tráfico de drogas aparte, y según los análisis de la firma colombiana de consultoría en riesgo político, seguridad y defensa nacional 'Decisive Point', sobre 'Timochenko' recaen más de 180 procesos judiciales, alrededor de 100 órdenes de búsqueda y captura y condenas que suman cerca de 450 años de prisión.

Una paz construida sobre la justificación del asesinato selectivo o sobre concesiones políticas y judiciales a quienes logran sentar a un Gobierno a golpe de fusil corre el riego de ser una paz débil. La paz de los cementerios. La paz que desliza un mensaje peligroso a las nuevas generaciones. Este: los peores criminales de la historia de Colombia pueden convertirse en distinguidos miembros de las más altas instituciones del país: el Congreso y el Senado. También este: las estrategias terroristas de desgaste, esas que consisten en infligir violencia permanente y continuada lo suficientemente insoportable como para que la ciudadanía se gire hacia su Gobierno y le exija que haga concesiones, funcionan.

Del mismo modo que lamentar la violencia generada y pedir disculpas no implica reconocer que esa violencia fuera injusta, dejar de asesinar no convierte al criminal en un símbolo de la paz ni en un héroe. Simplemente le devuelve a la senda de la convivencia democrática que tanto ayudó a quebrantar. En ese contexto, en aras de preservar la dignidad de las nuevas generaciones, los colombianos están plenamente capacitados para valorar si el abandono de las armas se produce desde la asunción de que el terrorismo de las FARC no está ni estuvo justificado o si, por el contrario, la decisión va acompañada de tintes justificadores y de orgullo por pertenecer a una organización criminal. Así se define hoy el propio 'Timochenko': “Continuador del legado de Jacobo Arenas, Manuel Marulanda y Alfonso Cano”. Todos son miembros orgullosos de las FARC y de su historia criminal. Como 'Timochencko'.

*Juanfer F. Calderín es director del Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo de COVITE.

¿La raza catalana es superior o la española es inferior?
Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy Libertad Digital 9 Octubre 2016

El presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, ha dicho que los niños catalanes hablan y escriben en castellano mejor que los de otras comunidades. Es decir, que con solo dos horas semanales de clase en español, llegan tener más dominio del idioma que los desgraciados infantes de otros lugares de España, que necesitan veinticinco horas a la semana en su lengua materna para apenas farfullarla.

Nuestros poetas hoy están de acuerdo, como no podía ser de otra manera, en la superioridad de la raza catalana, aunque discrepan en ciertos matices. Lean, lean.

NACIONALISTOS
Monsieur de Sans-Foy

En una Cataluña independiente
–conviene que lo sepas, cisterciano–,
los niños no hablarán en castellano,
mas no por su nivel, que es excelente.

Se aburren de un idioma tan corriente,
por más que su talento sobrehumano
eclipsa al deficiente niño hispano:
enclenque, deslenguado y repelente.

No todos los infantes catalanes
son esos filológicos titanes
que elogia el presidente Puchimón:

Tan vasta formación renacentista
es propia de la grey nacionalista.
Los otros son niñatos del montón.

EL PUEBLO ELEGIDO
por Fray Josepho

Los niños catalanes son seres superiores.
Aprenden en dos horas lo que otros en un mes.
Son niños prodigiosos, igual que sus mayores,
que rompen con los límites y exceden los clichés.

Los niños catalanes son casi sobrehumanos,
y tienen un cerebro como Pitagorín.
Políglotas miríficos, listísimos, los nanos
se empapan en dos horas del chino mandarín.

Los niños catalanes son genios. Y no solo
son genios: son guapísimos. Admítalo, Mesié.
(Excepto si se llaman Jerónimo, Manolo,
Candela, María Angustias, Ramón o Mojamé).

Los niños catalanes poseen la fortuna
de ser los ciudadanos de un mágico país
regido por políticos sin mácula ninguna,
pues huelen a perjúmenes los chorros de su pis.

Los niños catalanes son santos y beatíficos,
dechados de virtudes, ejemplos de moral.
Son hijos de una patria de próceres magníficos,
vejados por Espanya, que es símbolo del Mal.

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La fiscalía no solo tiene que actuar en Vic
Editorial Libertad Digital 9 Octubre 2016

La fiscalía de la Audiencia Nacional ha reclamado que se cite al edil de la CUP en la localidad barcelonesa de Vic, Joan Coma, por incitar a la sedición. El concejal de la formación antisistema realizó un llamamiento público a desobedecer las resoluciones del Tribunal Constitucional en el pleno municipal, en el transcurso de una moción de apoyo a la declaración separatista del parlamento regional catalán.

El encargado de decidir sobre esta demanda de la fiscalía será el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno. Dicho magistrado ya estaba investigando las acciones anticonstitucionales de la llamada Asamblea Nacional Catalana en relación con los delitos de rebelión y sedición, por "impulsar" y "promover" las mociones de ayuntamientos catalanes de apoyo a la resolución independentista del parlamento regional catalán, anulada en su día por el Tribunal Constitucional. Ahora tendrá que decidir también sobre un ejemplo palmario de esa actitud subversiva, encarnado en la persona del concejal de la formación antisistema en Vic.

Nada tenemos que objetar a la pretensión de la fiscalía de hacer recaer todo el peso de la ley sobre este personaje por atreverse a hacer un alegato en una institución pública en contra del orden constitucional. Es obligación de los fiscales defender el interés público, y nada puede ser más importante en este contexto que castigar a quién cuestione la existencia misma de la Nación española.

Ahora bien, lo que sorprende llegados a este punto de la operación sediciosa catalana es que la fiscalía se emplee a fondo contra un personaje menor como este concejal antisistema de Vic y, en cambio, mantenga a salvo de su celo judicial a los principales responsables de la asonada separatista, de la que este pobre Joan Coma no es más que un vulgar palafrenero.

Bien está que se persiga judicialmente a quien anime a desobedecer las leyes desde una plataforma pública, pero eso mismo han estado haciendo las autoridades de la comunidad autónoma catalan, con Artur Mas a la cabeza, sin que la Justicia se haya atrevido a incoar un proceso de destitución.

El problema de Cataluña no es, desde luego, que un concejal ultraizquierdista haga gala de sus delirios antisistema en el pleno municipal. Lo realmente grave es que las autoridades autonómicas lleven cuatro años protagonizando públicamente actos similares sin que la fiscalía se haya atrevido, hasta el momento, a incoar un procedimiento para su destitución.

Pero no solo se ha evitado cualquier iniciativa judicial por parte de la fiscalía. Es que el Gobierno de España, del que depende ese órgano judicial, ha seguido inyectando fondos en las arcas de la Generalidad, cuyos dirigentes se situaron extramuros del Estado de Derecho con su intentona separatista apenas disimulada.

El concejal de las CUP en Vic ha de ser procesado y castigado de acuerdo con las leyes. Cabe esperar que la fiscalía incoe procedimientos similares contra las autoridades catalanas que llevan fuera de la ley mucho más que ese deslenguado concejal.

El PP de Rajoy, un cuerpo sin alma
Alejo Vidal-Quadras  vozpopuli.com 9 Octubre 2016

FAES era la herramienta pensante del PP, el horno donde se cocinaban sus fundamentos ideológicos y morales, la torre de vigía desde la que se observaba la sociedad española bajo una óptica liberal-conservadora.

José María Aznar acumuló a lo largo de sus ocho años como Presidente del Gobierno luces y sombras, aciertos y errores, grandezas y miserias, como corresponde a un ser humano falible, condición en la que estamos todos. Sus cuatro equivocaciones más sonadas fueron: 1) su cambio de estrategia en Cataluña en 1996, desarbolando su partido en territorio nacionalista y abriendo el paso a la aparición de Ciudadanos, además de dejar el camino expedito a la radicalización nacionalista de la que ahora vivimos la eclosión 2) su retirada tras su segundo mandato antes de coronar su obra de reformar el Estado para hacerlo más eficiente y de dotar de competitividad al sector productivo español 3) su elección a dedo de un sucesor que se ha revelado incapaz para la tarea que le encomendó en vez de permitir que el PP eligiese democráticamente al nuevo líder y 4) su cooperación activa con la invasión de Iraq y la subsiguiente destrucción del régimen de Saddam Hussein, que transformó Oriente Medio en el caos sangriento que es hoy.
Entre los logros, hay que citar la entrada triunfal de España en la moneda única mediante un programa acelerado de austeridad y medidas económicas de liberalización y privatización, la decidida acción en el seno de la Unión Europea que colocó a España entre los Estados Miembros más influyentes, una firme y ambiciosa serie de actuaciones en el campo cultural e institucional que contribuyó a reforzar el orgullo de los españoles por serlo y su empeño en equipar a su partido con una base conceptual, intelectual e ideológica que diese sentido y significado a sus objetivos políticos.

El instrumento del que se valió para esta última tarea fue la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, FAES. Este taller de ideas dedicado a la elaboración de pensamiento en los ámbitos económico, social, cultural y político, a la formación de futuros responsables públicos y al establecimiento de vínculos entre el partido y el mundo académico, intelectual y artístico, fue una iniciativa brillante de Aznar cuando aún era Presidente de la Comunidad de Castilla y León, que después trasladó a Madrid para ser uno de los elementos determinantes en su larga marcha hacia La Moncloa al suministrarle unos ingredientes doctrinales y un cuerpo de propuestas programáticas muy valiosos para movilizar a la opinión en su favor. Yo tuve el privilegio de dirigir FAES de 1997 a 1999 cuando su entonces Secretario General y motor y artífice de sus éxitos hasta aquel momento, Miguel Ángel Cortés, fue nombrado Secretario de Estado de Cultura en el primer Gobierno del PP. El contraste entre la abundante y rigurosa labor de preparación de una agenda política completa e innovadora de tono inequívocamente liberal-conservador que realizó FAES desde sus inicios hasta el triunfo electoral de 1996 y la total ausencia de un plan con la que llegó Rajoy a La Moncloa en 2011 resulta desolador.

Si el PP se asimilase a una persona, FAES era a la vez su cerebro y su alma, la fuente de su visión de la buena sociedad y de las grandes cuestiones de su tiempo, así como la fábrica de las soluciones que un centro-derecha democrático sin complejos podía ofrecer a los problemas de la España a caballo entre dos siglos. El número y la calidad de las publicaciones producidas por FAES la situaron pronto en el grupo de cabeza de los think tanks más prestigiosos de Occidente y llegó a ser sin duda uno de los activos más valiosos del PP, proporcionándole un prestigio y una proyección internacional notables.

Pues bien, hace pocos días se conoció la noticia, a mi juicio no suficientemente resaltada en los medios, de que el PP y FAES se separaban y de que la Fundación, hasta ahora vinculada al partido y como tal beneficiaria de la correspondiente subvención pública, pasaba a ser una entidad privada independiente, sostenida por sus propios recursos, siempre presidida por Aznar, dedicada a su labor habitual de reflexión y generación de diagnósticos, pero ya sin nexo orgánico ni estatutario alguno con su antigua casa matriz.

Dejando aparte la obvia conclusión de que este divorcio pactado consagra de forma definitiva y visible la separación entre el Presidente de Honor del PP y el equipo que en la actualidad pilota el partido desde la planta séptima de Génova 13, este suceso tiene una lectura más profunda y sumamente inquietante. FAES era la herramienta pensante del PP, el horno donde se cocinaban sus fundamentos ideológicos y morales y la torre de vigía desde la que se observaba la sociedad española bajo una óptica liberal-conservadora en un contexto amplio y más allá de urgencias electorales para fijar un rumbo a largo plazo hacia metas que trascendieran la mera persecución y explotación del poder. De todo eso se ha desprendido el PP de Rajoy, reducido sin disimulo a un cuerpo descerebrado, movido por meros reflejos paulovianos activados por las encuestas y el cálculo parcial y mezquino del interés partidista.

FAES seguirá su camino sin el lastre de estar ligada a un partido puramente tecnocrático y entregado al pragmatismo más inmediatista sin asomo de contenido ético o ideológico alguno, pero más tarde o más temprano el PP deberá renovarse y recuperar su espíritu perdido en 2004. La anomalía política que existe en España de que millones de nuestros conciudadanos que creen en una sociedad libre, abierta, con instituciones sólidas, con verdadera separación de poderes bajo el imperio de la ley, con gobernantes honrados y competentes, con representantes responsables ante sus representados, con una economía competitiva a nivel global, con fuerte unidad nacional, con impuestos no confiscatorios, con un sistema educativo de calidad y con un Estado al servicio de las personas y no de los partidos, se encuentran huérfanos de una siglas a las que votar en unas elecciones y que les aseguren sin trampas ni mentiras lo que desean, no puede durar eternamente. O surge en el interior del que es el gran partido de centro-derecha español sólo sobre el papel el movimiento de recuperación de su auténtica identidad que muchos de sus electores le reclaman o alguien llenará ese clamoroso hueco por el que nuestra antigua Nación está cayendo inexorablemente hacia el abismo de su disolución.

Según un informe del CEU
Más de 1.800 personas fueron asesinadas en las checas de Madrid
La Universidad CEU San Pablo entrega a la socialista Francisca Sauquillo, presidenta del comisionado de la Memoria Histórica en el Ayuntamiento de Madrid, un informe sobre las checas republicanas, cárceles para interrogar, torturar y asesinar a los contrarrevolucionarios durante la Guerra Civil.
Gaceta.es 9 Octubre 2016

El Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo ha entregado a la socialista Francisca Sauquillo, presidenta del comisionado de la Memoria Histórica en el Ayuntamiento de Madrid, un informe en el que señala que 1.823 personas fueron asesinadas en las checas.

Estas cárceles, que toman su nombre de la policía política creada en los primeros momentos de la revolución soviética, se instalaron en la retaguardia republicana desde el mismo momento de iniciarse la Guerra Civil y estaban controladas por los partidos del Frente Popular. Allí miles de “enemigos” fueron interrogados, torturados y asesinados sin ningún tipo de garantías.

Según publica Actuall, la entrega de este material -titulado “Checas de Madrid”- por parte de la Universidad se ha hecho con el único con el propósito de ayudar en la construcción de su plan integral de Memoria Histórica en relación a lo establecido en el preámbulo de la Ley. El informe recuerda que en Madrid hubo 345 checas, 50 lugares de detención, 24 cárceles oficiales, 10 comisarías de distrito y 25 lugares de ejecución y hallazgo de restos. Casi un centenar de ellas (90) estaban estaban bajo control anarquista, 89 bajo el poder comunista, 49 socialista y más de 70 estaban vinculadas a unidades concretas de milicias y del ejército popular. En ellas se instalaron los más salvajes métodos de tortura –asesorados por los soviéticos que llevaban en España desde antes del comienzo de la guerra- se detuvo a toda aquella persona que fuera considerada contrarrevolucionaria.

En las cárceles entraban religiosos, burgueses, falangistas, empresarios, periodistas y quienes eran denunciados por querellas personales y viejos litigios. Destacaban las torturas a través de palizas o electrocuciones, aunque también había celdas de hielo, campanas de calor, ruidos estridentes o luces fijas. Además, en algunas existía una habitación llamada la carnicería, donde se amputaba para obtener confesiones.

Finalmente, el texto señala que las checas con mayor actividad criminal fueron la de Fomento (Bellas Artes), Escuadrilla del Amanecer que tenía su sede en la Dirección General de Seguridad, la de Marqués de Riscal, Narváez, San Bernardo y Ferraz y que más del 90% de los asesinatos se llevaron a cabo antes de que finalizase el año 1936.


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De ETA sólo se puede esperar que entregue ya todas las armas
EDITORIAL El Mundo 9 Octubre 2016

La banda terrorista ETA no se resigna ni a su derrota ni a su inminente desaparición. En un desesperado intento por recuperar el protagonismo perdido desde que anunciara el cese definitivo de su actividad armada en 2011, la organización ha contactado con el Gobierno francés con la intención de abrir una nueva vía de diálogo. Pero en realidad, no tiene nada que negociar. Su única intención es la de volver a legitimarse como interlocutora en un panorama político que la da ya por amortizada, puesto que los partidos de la izquierda abertzale se han convertido en el único cauce legal de sus propuestas independentistas. La nueva dirección etarra ni siquiera puede utilizar la coartada de los presos, ya que los intereses de éstos están ahora defendidos por Sortu. Además, dada la justificada postura de los gobiernos francés y español de mantener la política de dispersión de los 455 encarcelados de la banda, pocos avances pueden esperarse en ese terreno.

Desarticulados los comandos y controlados por la Policía los miembros de la nueva dirección, encabezada por Mikel Irastorza, ETA es hoy una organización extremadamente débil a la que sólo le queda por dar un paso: la entrega definitiva y sin condiciones de su arsenal militar. Por eso intenta utilizar su única baza ofreciendo al Estado francés, como muestra de buena voluntad, una entrega parcial de las armas que aún mantiene ocultas. Con ello pretende chantajear al Ejecutivo de Hollande con la intención de que la Justicia ofrezca un trato individualizado y más favorable tanto a los presos como a los terroristas huidos con causas pendientes. Pero Francia no debe aceptar ningún tipo de propuesta de la banda terrorista.

Tras años intentando instrumentalizar sin éxito a los mediadores internacionales, y ante la negativa rotunda del Gobierno español a sentarse a negociar nada que no sea la disolución definitiva de la organización, ETA ha decidido recurrir a Hollande antes de que éste abandone el Elíseo, como es previsible, y sea sustituido por un presidente menos receptivo. Sería un grave error de nuestro país vecino dar a la banda una legitimidad de la que carece y el protagonismo que afortunadamente ya ha perdido. Además, de aceptar una vía de diálogo, el Gobierno francés estaría desautorizando al español, que se ha mantenido inflexible ante las demandas de ETA. A diferencia de lo que hiciera Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy se ha negado siempre a crear una mesa técnica de negociación y ha exigido a la banda terrorista que entregue su arsenal sin condiciones. ETA ha sido derrotada con las armas del Estado de Derecho y gracias a la eficaz actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y no puede esperar ningún trato favorable hacia sus miembros.

Con miles de atentados terroristas, 858 asesinatos a sus espaldas y 77 secuestros, ETA ha infligido a lo largo de cinco décadas un enorme sufrimiento a la sociedad española. Durante más de 50 años no tuvo ninguna consideración ética hacia los ciudadanos españoles a los que ha considerado siempre culpables de una supuesta falta de libertad en el País Vasco, algo que sólo existía en sus enajenadas mentes llenas de odio. Por eso, sus bombas no iban destinadas sólo a los efectivos militares y policiales sino también hacia miembros de la clase política y de la judicatura, industriales, periodistas o meros ciudadanos que tuvieron la desgracia de estar cerca de algunas de sus acciones homicidas. Además, la banda sometió a un constante chantaje a cientos de empresarios y particulares a los que, bajo amenaza de muerte, exigía el pago del impuesto revolucionario para financiar su estructura criminal. ¿Qué deferencia puede esperar entonces de un Estado al que ha golpeado de forma inmisericorde? La ciudadanía ya tiene que soportar que algunos ex miembros de la banda como Arnaldo Otegi se presenten ahora como los salvadores políticos de una sociedad a la que quisieron destruir.

Por suerte para todos los españoles, ETA forma ya parte de la historia más sangrienta de nuestro país y el Gobierno hace lo correcto al negarse a hablar de nada que no sea poner un punto y final definitivo a su existencia. La nueva dirección de la banda terrorista es también consciente de ello y por eso busca desesperadamente un último momento de gloria pretendiendo negociar con Francia a cambio de una puesta en escena en la que entregarían algunas de sus armas. De esta forma pretende también denunciar la inflexibilidad del Gobierno español. Francia, por tanto, no debe caer en esta burda trampa y debe tratar a los miembros de ETA como lo que son: terroristas.

La impunidad, gran esperanza del secesionismo
Roberto L. Blanco Valdés La voz 9 Octubre 2016

Ante las dos resoluciones aprobadas este jueves por el Parlamento autonómico sobre la celebración el año próximo de un referendo para la secesión de Cataluña, caben dos actitudes diferentes: entender que estamos ante la enésima advertencia de que se acerca un lobo que finalmente no vendrá o, por el contrario, ante la palmaria constatación de que la impunidad con la que actúan desde hace años los independentistas es la savia que alimenta su convicción de que podrán conseguir lo que rechaza el sentido común más elemental: romper España sin que nadie se atreva a parar en seco su locura.

¿Alguien se imagina a cualquiera de las legislaturas estatales norteamericanas o de las asamblea de los Länder alemanes aprobando una resolución ni siquiera remotamente parecida a las que adoptó hace cuatro días el Parlamento catalán? No, tal posibilidad resulta inimaginable, porque tan grave desafío no solo a la Constitución, a las leyes y a las resoluciones de los tribunales sino también a la convivencia social, generaría tal escándalo político y tal reacción jurídica por parte del Estado que nadie en su sano juicio se atrevería a plantearle un reto de esa envergadura.

Animados, sin embargo, por la grotesca impunidad con la que actúan, la antigua Convergència, ERC, la CUP y los partidos, entre ellos Podemos, que conforman la candidatura izquierdista Catalunya Sí que es Pot, parecen persuadidos de que el Estado no se atreverá a parar su proyecto de celebrar un referendo ilegal, lo que les regala la oportunidad de avanzar más y más terreno con la esperanza de llegar a un punto en que la marcha atrás no sea ya posible. Y es precisamente esa esperanza la que hay que cortar de raíz desde ahora mismo, pues cada día que pasa aquella se hace más verosímil para los que han construido sobre la impunidad sus castillos en el aire.

Que nadie tenga al respecto duda alguna: si no se pone fin desde ya mismo a la impunidad de quienes vienen comportándose como si las leyes no existieran, las medidas que más tarde habrán de adoptarse para reponer la legalidad serán cada día más traumáticas y, por ello mismo, más difíciles de asumir por los que tienen que adoptarlas. La hipótesis -un espejismo, en realidad- de que los independentistas renunciaran antes o después a su provocación sin estímulo alguno para ello resulta sencillamente un suicidio nacional.

Se cita con frecuencia un pensamiento de Sófocles sobre la impunidad («Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo termina por hundirse en el abismo») que demuestra, por si hiciera alguna falta, que no hace, que ya desde la remota antigüedad resultaba una verdad universal que permitir la violación impune de las leyes es un camino seguro para el caos. Y ese es hoy nuestro dilema en Cataluña: o el imperio de la ley o la implantación del caos.

De la cena de los idiotas a la ezpatadantza de los banpiros
Pascual Tamburri latribunadelpaisvasco.com 9 Octubre 2016

Bertsolari en Peralta, txalapartari en Cárcar, aizkolari en el Sáhara. La corrección política abertzale impone que los lugares, las personas y las cosas se llamen en vascuence incluso si se habla en español. Una muestra de sumisión necia.

Seguramente lo más divertido que nos dejó 1967 fue la película de Roman Polanski “La danza de los vampiros”, y su genial escena del minuet. Cuando hablamos en español llamamos así a la película “The fearless vampire killers”, y nos parecerá un cursi el que se empeñe en conservar el nombre original de la pieza. Nos parecería sencillamente necio el que, a fuer de hortera, o sea de kitsch, la nombrase en francés o en coreano, simplemente para mostrarnos su conocimiento de esos idiomas o su aprecio por ellos.

Pero eso, que en general vemos como de simple educación, no vale para el vascuence, y menos en Navarra. Un separatista vasco, es decir un ‘abertzale’, hablando español y sin saber vascuence, dirá siempre ‘euskera’ y ‘Nafarroa’, venga o no venga a cuento. Y más que eso: pretenderá que los demás lo hagamos también. Que nos saludemos diciendo kaixo y agur; y que llamemos a los sitios por los nombres que ellos en muchos casos se han inventado, u otros como ellos inventaron antes, y ahora han impuesto.

Ustedes me dirán qué sentido tiene, salvo en la pequeña y limitada mente nacionalista, llamar Azkoyen a Peralta (en homenaje a la presidenta Barkos, antes Barcos), Tutera a Tudela, a veces Karkar a Cárcar (por el consejero Mendotza, antes Mendoza), y no digamos Erriberri a Olite, digo a Oligitum, sin que el centro revirtiese la idiotez. Pero lo han hecho. Y algo peor, lo han impuesto sin que se les haya plantado cara.

Reconozco que me sonrío, y a veces me río, cuando los veo enfadarse al oír que se dice ‘Baile de las espadas’ a la ‘Ezpatadantza’. ¿Y qué es si no? Gracias a la blandura de los gobiernos socialistas y regionalistas, en Navarra consiguieron gratis la vasquización total de la toponimia de la zona vascófona, de manera que ya oficialmente no se dice ni Vera de Bidasoa ni Santesteban ni Elizondo. Luego avanzaron hacia el sur, sin encontrar verdadera resistencia. Imponen su nombre a los sitios grandes y pequeños, basándose en sus gustos y en los inventos decimonónicos de sus predecesores clericales y reaccionarios. Y aprovechando la cobardía de los llamados a oponérseles.

Tras la gradual victoria en los topónimos, vino su batalla en los nombres de pila. Los navarros siguen apellidándose García o López, pero con naturalidad se ha impuesto la corrección de Mikel y Maialen, de Ukerdi y Hegoi. Ganaron y siguen ganando en las aulas, y eso antes de tener el poder. Y avanzan en las conciencias gracias a las palabras. Incluso gente no nacionalista acepta ser saludada con un kaixo, y responder igual, y bautiza a sus hijos y nietos conforme a nuevo dogma “para evitar problemas”. Y diríamos que es ridículo si la rendición no hubiese empezado con la política lingüística de UPN y continuado con la sumisión al batúa y a la nueva toponimia del Diario de Navarra. Que resistió con Uranga pero se rindió y muy a gusto en el reinado de Inés Artajo.

Claro que en vez del baile de los vampiros podemos estar asistiendo a la cena de los idiotas. Han definido su modelo de identidad nacional, que incluye una selección de folklore, de tradiciones reales o no y de costumbres de ayer o de nunca. Lo mismo les da una carbonera o una almadía, como si sólo siendo vascoparlante se pudiese hacer es y sólo haciendo eso se pudiese ser navarro. El día menos pensado, en nombre de la patria vasca, se ponen a partir troncos en las Bardenas o a levantar piedras en la playa, todo eso bebiendo sidra en plena Ribera y con abarcas y pelliza en pleno agosto. Y eso sí, todo en su euskera. Con la anuencia de los que, acomplejados, no les pararon los pies desde el poder ni planean hacerlo cuando lo recuperen. ¿Apostamos? Polanski haría una gran comedia, tanto con las obsesiones de unos como con la sumisión de los otros.
 


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