AGLI Recortes de Prensa   Viernes 14  Octubre  2016

La modernidad
Emilio Campmany Libertad Digital 14 Octubre 2016

Qué razón tenían esos dos faros que son Felipe González y Juan Luis Cebrián cuando dijeron que el futuro no era lo que fue. Antes daban el Nobel de Literatura a petardos como Faulkner, Hemingway o Thomas Mann. Ahora se lo dan a Bob Dylan. Aquí ya no basta sentar a Cebrián en la Academia, sino que habrá que darle el Cervantes a Sabina. En la política pasa lo mismo. Está muy bien analizar qué paraguas llevaba tal o cual preboste y quién le ofrecía a quién resguardo bajo el suyo. Pero no estaría de más esforzarse en ser un poco más modernos.

Es lo que hace con espectacular chispa el socialista Ignacio Varela, que ha dado con la fórmula magistral para sacar a su partido del dilema de tener que elegir entre abstenerse en la investidura de Rajoy o propiciar unas terceras elecciones. El sutil hallazgo es una de esas ocurrencias geniales cuya brillantez está en su pasmosa simplicidad. Dice el hábil estratega que no hay que abstenerse, basta que se ausenten del hemiciclo once socialistas y así Rajoy será presidente con el no de los que queden presentes. Es cierto que algunos, con muchas menos luces que Varela, ya habían adelantado esta solución, pero es de justicia reconocer que ninguno lo ha hecho con tanta brillantez.

Aunque parezca imposible, hay más cosas destacables en el clarividente artículo. ¿Por qué no debe el PSOE forzar unas terceras elecciones? Pensarán algunos que el objetivo es impedir el batacazo que auguran las encuestas, sobre todo si se considera que a día de hoy el partido está descabezado. Mentira. Dice Varela que hay que evitar las urnas por el bien de España y porque es lo que la gente quiere. Es lo que tienen los socialistas, que siempre piensan antes en España que en su partido. ¿Y por qué han de abstenerse unos pocos mediante una oportuna ausencia en vez de abstenerse temerariamente todos? Se equivocan quienes creen que la forma en que el PSOE respalde a Rajoy es lo de menos y que lo que importa es el resultado. Varela nos explica con preclara visión que no, que yéndose sólo unos pocos constará que Rajoy ha sido investido con la oposición del PSOE. Es esencial evitar la imagen de un inmaculado PSOE apoyando al corrupto PP. Es una pena que, antes de tener Rajoy la oportunidad de manchar al PSOE necesitando su abstención, se encuentre éste sepultado en la gallinaza que le han arrojado tantos socialistas corruptos. Mucho más lo es que quien ofrece esta perspicaz fórmula sea uno de los que, aunque con ejemplar modestia, puso su cuota parte de guano cuando se benefició de una tarjeta black. Que la indulgente prescripción le haya salvado del banquillo no compensa la tristeza de ver su argumento tan injustamente desautorizado. Al menos, hay alguien que piensa con moderna inteligencia.

En la España que nunca existió
José Luis González Quirós  vozpopuli.com 14 Octubre 2016

El pasado 12 de octubre, bajo un aguacero general, sin parlamento, sin gobierno, y con un buen montón de organismos oficiales diciendo hacer la guerra contra todos, ha dado una imagen desastrosa de la situación española, mejor dicho, de la situación de nuestras instituciones. Es evidente que hemos llegado al final de la travesía emprendida a la muerte de Franco. Supimos huir de un peligro, pero no acabamos de evitar completamente sus causas, y esa es la realidad que asoma tras una buena variedad de desajustes y disonancias con una sociedad menos dividida que sus políticos, menos enmohecida que sus administraciones, pero sometida a un tratamiento que, a la larga, o incluso a menor plazo, podría llegar a producir espasmos muy peligrosos.

La causa de todos nuestros desajustes está en el miedo, en la falta de naturalidad para hablar de lo que realmente nos pasa, en la actitud moral que nos lleva a ocultar los problemas más graves bajo las viejas alfombras de la supuesta calma y la costumbre rutinaria. Fruto de esa estrategia tan equivocada como asustadiza es el hábito de posponer los problemas y las soluciones, esa destreza nacional cuyo campeón volverá a conseguir lo que se proponía, permanecer en Moncloa unos meses más, a ver si escampa. Son hábitos de país viejo, pero no inmortal.

La ejemplaridad de la Justicia
Cuando la Justicia se dispone a solventar, casi una década después, dos de los mayores escándalos políticos recientes, el escamoteo metódico de la realidad más verosímil se presenta en todo su esplendor. Se trata de un negocio de intereses comunes, hay un verdadero enjambre de pequeñas instituciones que conspiran para que, como en el soneto cervantino del fantasmón, todo quede en nada. Resulta que se habla de financiación ilegal de un partido y se manejan cifras de ciento cincuenta mil euros, que es como el cuento de la lechera, pero al revés, y tampoco está claro si el asunto es que los cacos robaban al partido, o lo financiaban, que ya es delito. Y si nos fijamos en el otro caso, resulta que alguien está empapelado por tener unas decenas de millones que se dice no son suyos, pero la cosa es tan extraordinaria que la víctima del robo no ha dicho ni mu, y lo enorme es que nadie se extraña, sin que esté claro si es porque todos la conocen, o porque nadie quiere ni oír hablar de ello, tan pudorosos son los oídos de los españoles ante la verdad desnuda. Si a una Justicia tan escurridiza se le añade una prensa genéricamente servicial, y siempre dispuesta a fijar la atención del público en lo de menos, se comprenderá muy bien la enfermedad retórica que llevó a los constituyentes a proclamar la presunción de inocencia como un derecho esencial, y que, visto lo visto, es tan imprescindible como un sombrero de copa para ir a la ITV.

El futuro falsamente despejado
Por fin tenemos gobierno, hemos gastado casi un año en desojar la margarita parlamentaria, y no me quejo porque la ausencia de gobierno ha podido ser muy preferible a lo que nos espera, y, al final, ha habido que ejecutar al chivo expiatorio de turno para que la institución resulte viable. No se ha tratado, sin duda, de un ejemplo de parlamentarismo democrático que haya de estudiarse en los principales think tank y universidades del universo mundo. Ha vencido la cachaza y la sabiduría cazurra del poder establecido frente a las bravatas infantiles de los asaltantes, todo muy ejemplar. Un ejercicio de nuevo parlamentarismo ha acabado en un desfile de impotencias, en un nuevo aplazamiento de la política a cargo del partidismo desorejado.

Es pasmoso que los verdaderos problemas de los españoles, las amenazas a la ley y a la unidad política de España, el envejecimiento de la población, el desastre de la situación universitaria y educativa, la ridícula ineficacia de la Justicia, el gigantismo, la duplicidad, o triplicidad, de las administraciones públicas, la necesaria reforma del sistema de pensiones, una ley de partidos capaz de someterlos a normas generales que ahora violan con absoluta impunidad, y un buen número de problemas en nada menores, se hayan pospuesto sistemáticamente a la cuestión absolutamente menor de quién es el que se sienta en la Moncloa, en especial cuando apenas cabía otra alternativa que la finalmente impuesta.

Un proyecto razonable
Los grandes partidos están en proceso de desguace, uno evidente por el escándalo cainita, el otro larvado por su subordinación al caudillismo, una herencia maldita de la que ha de desembarazarse en cuanto pueda, si es que se atreve. Sus políticas son extemporáneas, inadecuadas, autistas, nos separan a toda máquina de la era en que el mundo está metido de hoz y coz. Es verdad que no es un problema que nos afecte sólo a nosotros, y basta con fijarse en EEUU y en el Reino Unido, por poner ejemplos no menores, pero que hemos de solucionar si no queremos entrar en la fase final de un deterioro irreversible del sistema político que no nos llevaría a nada bueno. El miedo a lo desconocido, a que no aparezca una España distinta, una España mejor que la que nunca existió, es el gran obstáculo al que se une una lamentable carencia de buenos hábitos políticos, de auténtica moral democrática. Como en esta columna no se habla habitualmente bien de Rajoy, me parece de justicia destacar su buen sentido al no tratar, al menos, de aprovechar la debilidad, en parte inducida, de su principal adversario para acrecentar el peso parlamentario del PP con unas terceras elecciones que hubieren sido ten deletéreas como surrealistas.

Nos enfrentamos a una legislatura corta y convulsa que solo tendrá alivio si las dos grandes fuerzas se aprestan a reparar, en la medida que puedan, las grietas más obvias del sistema, y han de hacerlo, lo que roza el virtuosismo, que es siempre improbable, poniendo en juego lealmente sus liderazgos, redefiniendo con rigor y sin oportunismo sus políticas para que los españoles puedan elegir de verdad sin optar por dos versiones gastadas y sucias de lo mismo.

Para lo que necesitamos, el pesimismo está muy de más, pero, muy peor que el pesimismo sería seguir engañándonos sobre el monto de los problemas a que deberemos enfrentarnos, y no parece que los que han tenido mayores responsabilidades en que la situación se pudra estén en las mejores condiciones para arreglarlos. No es su hora, la hora de la España oficial, sino la de todos nosotros, los españoles que padecemos la absurda condena de los males de una España frustrada, y nos creemos capaces de afrontar y resolver tranquilamente sus problemas. Es necesario poner en pie una sociedad que pueda enfrentarse a sus temores sin ira y sin impotencia, que sepa desembarazarse de los maximalismos y las peleas engañosas, que sea capaz de encarar los desafíos del futuro que tenemos derecho a merecer, si estamos dispuestos a algo más que esperar gabelas de bienestar nominal de un Estado imposible, a hacer algo esforzado, ejemplar y generoso por nosotros mismos.

Nacionalismos periféricos y discordia nacional
Roberto L. Blanco Valdés La voz 14 Octubre 2016

Nada como el permanente espíritu de discordia de los nacionalismos periféricos ha lastrado tanto la convivencia en la España democrática que en 1977 comenzamos a construir con gran esfuerzo. El punto de partida de esa auténtica locura, que no ha hecho otra cosa que crecer en los cuarenta últimos años, ha residido en un alegato político falso de toda falsedad: la afirmación nacional de territorios que jamás existieron como unidades de tal naturaleza y la paralela negación del hecho histórico de España, una realidad como Estado-nación sencillamente incuestionable.

Ese disparate formidable, solo asumible desde un sectarismo identitario que tiene mucho de enfermizo, está en el origen de todos los despropósitos y absurdos que no pocos, metidos en un torbellino de sentimientos encontrados, han llegado a contemplar en España como algo natural: el último, la decisión del Ayuntamiento de Badalona, gobernado por Podemos y la CUP, de no respetar la Fiesta Nacional y su consiguiente desobediencia a las taxativas órdenes de un juez ordenando cerrar las dependencias municipales ese día.

Esa insumisión municipal, que se sitúa en la línea de la sublevación institucional de un independentismo catalán apoyado sin fisuras por todos los nacionalismos periféricos, no es más que la culminación de la política de construcción nacional de Cataluña que, como las del nacionalismo gallego, vasco o valenciano, presenta otra cara inevitable para el logro de aquel fin: la descabellada pretensión de desnacionalizar España, rechazando del paso el intento de construir un sistema autonómico que combina unidad y pluralidad.

Por eso a los nacionalistas no les ha bastado con la oficialidad de las banderas de Galicia o Cataluña y se han sacado de la manga la de la estrella roja y la estelada; por eso rechazan el Día de Galicia y afirman el de la Patria Galega; por eso Galicia y Cataluña deben desaparecer para dar paso a Galiza y Catalunya; por eso la Diada se ha convertido en la fiesta de los independentistas; y por eso, antes que nada y sobre todo, la defensa de las lenguas vernáculas allí donde existen se ha planteado por los nacionalistas como una acometida agresiva e intransigente para acabar con la lengua común a toda España. ¿Es casual que en el único lugar -el País Vasco- donde los nacionalistas no han rechazado los símbolos de la autonomía esos símbolos sean los del PNV justamente? En absoluto.

Y es que tanto la defensa de los símbolos nacionalistas (banderas, fiestas, himnos) como las de las propias lenguas que aquellos consideran punta de lanza de su política divisiva y de discordia entre españoles no tienen otro objeto que afirmar lo propio frente a lo común, lo que nos separa frente a lo que nos une, lo que nos enfrenta y no lo que nos reconcilia.

Así llevamos, de mal en peor, ya casi cuatro décadas, dando un espectáculo cuya grotesca excepcionalidad se pone de relieve al constatar que en ningún país del mundo desarrollado y democrático sucede nada ni remotamente parecido a lo que aquí llevamos tanto tiempo soportando.

Las reglas no escritas de la política
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es 14 Octubre 2016

El Consejo de Europa a través del GRECO -Grupo de Estados contra la Corrupción- acaba de dar un serio toque de atención a España sobre la falta de independencia judicial en nuestro país. De hecho, ocupamos a este respecto un vergonzoso lugar 73 entre 148 naciones clasificadas por el Foro Económico Mundial, a nivel similar a Irán e Indonesia, lo que sería para sacar los colores a cualquiera que no tuviera la piel de saurio de nuestra clase dirigente. Y en la Unión Europea ocupamos un oprobioso puesto 23 de los 28 Estados-Miembro. Esta es una característica de nuestra estructura institucional sumamente preocupante porque una justicia fiable e imparcial es uno de los elementos clave de las democracias constitucionales bien asentadas y su ausencia tiene consecuencias gravemente perniciosas sobre la economía, la seguridad física y jurídica y el conjunto del orden social.

Semejante fallo nació de la decisión del entonces Gobierno socialista encabezado por Felipe González apoyado por una mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado en 1985 de suprimir la elección de la mayoría de los vocales del Consejo General del Poder Judicial por los propios jueces para reemplazarla por un método de cuotas partidistas a pastelear en el Parlamento. Se pronunció en aquellos días la famosa frase de que Montesquieu había muerto y bien cierto es que el insigne pensador y padre de la separación de poderes quedó profundamente enterrado para desgracia de los españoles. De todos los ejemplos de la invasión de los órganos constitucionales y reguladores por los partidos, probablemente este sea el más escandaloso, evidente y dañino.

Pero lo peor de esta triste historia que dura ya treinta años es que al llegar al Gobierno el Partido Popular en 1996 mantuvo esta tara de nuestro sistema político hasta 2004 en que los socialistas volvieron a La Moncloa. En las nefastas dos legislaturas de Zapatero el escarnio llegó al punto de aparecer en los medios una bonachona admonición del Presidente de la ceja al líder de la oposición comentando jocosamente que aquél no se podía quejar porque se había nombrado para ocupar la Presidencia del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial a “uno de los suyos”, ilustre magistrado, por cierto, que se vio obligado a dimitir por sus frecuentes visitas a hoteles de lujo cerca del mar debidamente acompañado sufragadas a cargo del erario. Todo muy edificante. No acaba aquí este bochornoso relato. Cuando en 2011 tuvo lugar de nuevo la alternancia y Mariano Rajoy fue aupado a la jefatura del Gobierno por una abrumadora mayoría absoluta después de haber incluido en su programa electoral como compromiso estrella la rectificación de la sucia maniobra de 1985 y la resurrección del Señor de La Brède, no sólo no lo cumplió, sino que hizo aprobar una reforma en sentido contrario. No querías caldo, pues dos tazas.

A la vez que España recibía este tirón de orejas procedente de Estrasburgo, la ciudanía conocía consternada otro episodio más, y son ya innumerables, de ese paraíso del saqueo del presupuesto en el que hemos vivido prácticamente desde la Transición. Nada menos que un plan de formación vía reuniones con alcaldes y mediante power point organizado por el PP para instruir a sus ediles sobre los trucos a aplicar a la hora de engañar al Tribunal de Cuentas y poder así burlar las leyes de financiación de partidos. Aunque se supone que la desfachatez ha de tener forzosamente límites, hay que reconocer que en la planta séptima de Génova 13 han batido récords insospechados.

Me refiero a estos dos casos para ilustrar una realidad que nos debe conducir si queremos sobrevivir como democracia presentable a la reflexión siguiente: Si bien un correcto diseño institucional pone a las sociedades humanas a salvo de la corrupción, la pobreza, el crimen, los abusos y el caos, tal como la Historia ha probado ampliamente, existe una condición previa para que precisamente esta deseable construcción normativa se produzca y nuestro devenir colectivo desde 1978 lo demuestra de manera palpable. Me refiero a las reglas no escritas de la política, a esa conciencia moral que, interiorizada por los responsables públicos y por los ciudadanos en general, orienta hacia las conductas honradas y hacia el establecimiento de mecanismos y cautelas que incorporados al funcionamiento del Estado nos protejan de nosotros mismos y que, por encima de nuestras pulsiones inevitables de codicia, afán de dominio, agresividad, pereza, egoísmo, soberbia, vanidad y lascivia, persigan la verdad, el bien común y la justicia. Mientras este espíritu que encuentra mayor satisfacción en el servicio a valores superiores que a las bajas pasiones de nuestra especie mortal no se implante en nuestras mentes y corazones, el Barón de Montesquieu seguirá siendo periódicamente asesinado, los alcaldes continuarán siendo entrenados para la delincuencia y España estará condenada al fracaso y probablemente a la desaparición.

Prisa y PSOE, la misma cosa es
Javier Caraballo El Confidencial 14 Octubre 2016

Desde hace mucho tiempo, en España no se sabe muy bien si lo que existe es un periódico dentro de un partido o un partido dentro de un periódico. Es una de las peculiaridades de este país, que va mucho más allá de la relación habitual que puede existir en cualquier país democrático entre los medios de comunicación y los partidos políticos. La diferencia es sutil y, a la vez, determinante: es razonable que los medios de comunicación tengan ideología, que la expresen en sus comentarios editoriales, pero es detestable que un medio de comunicación se convierta en correa de transmisión de un partido político, por la sencilla razón de que deja de cumplir la función que tiene encomendada como medio de comunicación. Y eso es justamente lo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo entre el PSOE y Prisa, que actúan como si fueran una misma cosa, prescindiendo a menudo de sus propias funciones para proteger una cadena de intereses compartidos.

Lo que ha ocurrido en las últimas semanas en el PSOE, con la operación de acoso y derribo de Pedro Sánchez, tiene mucho que ver con esa relación malsana que se traen entre los dos, y no es precisamente una coincidencia que esa batalla haya estado liderada por los socialistas de Andalucía, que son acaso los que más han intimado con el grupo. Aquella broma antigua que circulaba entre la base, cuando hablaban de la potente "agrupación socialista de 'El País", debió surgir en Andalucía, cuando se hacían recuentos de fuerzas ante cada congreso; contar con el apoyo de esa peculiar agrupación extraoficial era tan importante como contar con los votos de las federaciones socialistas de algunas regiones españolas.

De hecho, como se ha contado aquí en alguna ocasión, la relación del PSOE de Andalucía y de Prisa ha sido tan estrecha que incluso han hecho negocios juntos en la comunidad, como aquella operación oscura de Prensa Sur a principios de este siglo. El negocio consistió, como denunció entonces uno de los propios dirigentes del PSOE andaluz, José Manuel Martínez Rastrojo, exsecretario regional de Finanzas del partido, en venderle al Grupo Prisa la cadena de medios de comunicación, llamada Prensa Sur, que los socialistas crearon clandestinamente, utilizando desde comisiones ilegales hasta préstamos ocultos de las cajas de ahorro andaluzas, también dominadas por ellos. Martínez Rastrojo denunció intereses ocultos en la venta, acusó a Gaspar Zarrías de haber estafado al PSOE, pidió que se investigara en el seno del partido y lo que pasó, como es obvio, es que fue el denunciante el que acabó expulsado del Partido Socialista. Eso ocurrió en 2001.

A lo largo de los años posteriores, la operación se completó con la retribución a los distintos medios del Grupo Prisa de una cantidad ingente de publicidad institucional de la Junta de Andalucía, muy superior a la que se destinaba a otros medios de comunicación en Andalucía. ¿Es esa la normal y razonable relación que debe existir entre un medio de comunicación y un partido político? Evidentemente, no. Y quien intente camuflar esa sintonía con una mera coincidencia ideológica no pretende otra cosa que ocultar la verdad.

La misma grosera confusión se ha pretendido plantear con la operación de acoso y derribo de Pedro Sánchez. Es absolutamente legítimo que un medio de comunicación, cualquiera, pudiera estar en desacuerdo con Pedro Sánchez por su forma de dirigir el Partido Socialista o, sencillamente, por sus carencias como líder político. De la misma forma, en el seno del PSOE se podía estar en contra del secretario general porque, como ha sido evidente, no ha sabido frenar durante su mandato la sangría de votos que viene afectando al PSOE desde la caída del zapaterismo. Lo que no es legítimo es utilizar esos argumentos para envolver una campaña de acoso y derribo antidemocrática, de acuerdo a las normas internas del PSOE. Ingenuamente, un veterano socialista, Josep Borrell, denunció, en la propia Cadena SER, que se trataba de una suerte de ‘golpe de Estado chusquero’ y remató diciendo: “Que yo sepa, el Grupo Prisa no puede cesar al secretario general del PSOE”. Pues ya lo ha podido comprobar Borrell por segunda vez, así son las cosas; a él también se lo cargaron con una operación similar cuando ganó las elecciones primarias en el PSOE frente al candidato del aparato, Joaquín Almunia, y ahora ha vuelto a suceder lo mismo con Pedro Sánchez.

Insisto en que no se trata, en absoluto, de defender la labor de Pedro Sánchez como secretario general; se trata exclusivamente de señalar los métodos empleados, porque en una democracia, en todos los ámbitos de una democracia, las formas son más importantes que los contenidos. Las formas son el respeto de la legalidad, la tolerancia, la libertad, la transparencia; y, porque son los pilares de todo, están por delante de los argumentos. El fin nunca justifica los medios en democracia; eso pertenece a las alcantarillas. Numerosos lectores de 'El País' hicieron llegar sonoras quejas a la defensora del lector de ese periódico y hasta el comité de redacción se mostró en contra de los métodos empleados, pero la reunión con el director duró menos de un minuto. No hay explicaciones que dar cuando las explicaciones no son confesables.

En los meses que quedan por delante, lo previsible es que el PSOE acate en el comité federal la decisión de abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y que, en la primavera del año que viene, un congreso elija secretaria general a Susana Díaz. Entre tanto, se tuercen los argumentos políticos con el desparpajo que solo conceden la soberbia y la prepotencia del ordeno y mando. Ahora, el mismo partido y el mismo medio que decían que un nuevo Gobierno de Rajoy era “dañino” para España, dicen que es “lo mejor para el país”. Y el mismo partido y el mismo medio que decían que el PP era el partido de la corrupción, lo pasan ahora por alto para no perturbar sus propios planes. Si al PSOE le ha hecho daño ese lema tan extendido de que “el PSOE y el PP, la misma cosa es”, esta otra alianza le puede costar aún más caro: “Prisa y el PSOE, la misma cosa es”. Aunque, como ya tenemos mucho camino recorrido en esta democracia, puede que, al final, el equivocado sea yo y todos los que pensamos que en política y en los medios de comunicación no todo vale.

La Fiesta Nacional, la izquierda siniestra y lo mejor y lo peor de Cataluña
Editorial Libertad Digital 14 Octubre 2016

Los separatistas son lo peor del Principado; lo mejor, quienes se les oponen y salen a la calle a manifestar su españolidad.

Ni la lluvia ni el resentimiento antiespañol de la peor izquierda y de los nacionalistas han logrado impedir una nueva celebración del Doce de Octubre, que no por casualidad también es festivo en numerosas naciones de América. Con todo, se impone comentar el bochornoso espectáculo que han dado, una vez más, los dirigentes de Podemos y sus semejantes, los separatistas catalanes.

Pablo Iglesias no tuvo mejor ocurrencia que criticar la celebración de la Fiesta Nacional y la participación en ella de los militares con este patético argumento: "Algunos piensan que seguimos en los años más oscuros del siglo XX". Para empezar, pocas cosas tan oscuras como los estragos que, no sólo en el siglo XX, todavía hoy, causa el comunismo, ideología de la que es adepto el personaje. Obsesionado con el franquismo, este treintañero nada ejemplar ve con malos ojos que el Ejército participe en los fastos del Doce de Octubre. Como resulta que es un rendido admirador de la militarizadísima tiranía bolivariana que devasta Venezuela y está a partir un piñón con el aún más belicista régimen de los ayatolás iraníes, su comentario es de una hipocresía especialmente repugnante.

No menos infame es presentar la celebración del descubrimiento y colonización de America, que convierte a España en uno de los grandes protagonistas de la Historia, como se si se tratara de una reivindicación del más detestable de los imperialismos. ¿Acaso los millones de hispanoamericanos que celebran con gran entusiasmo lo que muchos de ellos denominan Día de la Raza son también nostálgicos del franquismo o del colonialismo? ¿A qué viene la propuesta del impresentable Juan Carlos Monedero, alabardero de los peores criminales que padece hoy mismo Hispanoamérica, de cambiar la fecha de la Fiesta Nacional para que "no moleste" a los "latinoamericanos"? A los hispanoamericanos no corroídos por el bolivarianismo o por ideologías igualmente infectas lo que les molesta, lo que detestan cordialmente es que haya sujetos como éste mangoneando en sus países y cantando las glorias de regímenes y sistemas que no padecen.

En cuanto a los separatistas catalanes, siempre liberticidas, han hecho que más de 40 ayuntamientos se negaran a celebrar el Día de la Hispanidad de la matonesca manera que les es propia. Especialmente sangrante ha sido el show que ha perpetrado el miembro de la CUP y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Badalona Josep Téllez, que se ha permitido hacer añicos ante los medios de comunicación la resolución de un juzgado barcelonés que prohibía la apertura de las dependencias municipales en la Fiesta Nacional.

Destruir es lo único que sabe hacer esta banda de fanáticos antiespañoles, es decir, saturados de autoodio. En su Cataluña talibanizada dinamitarían estatuas como la majestuosa de Cristóbal Colón que embellece Barcelona y, como en las peores teocracias islamistas, tendrían policías de la virtud encargados de vigilar que nadie exhibiera una bandera de España. Son, sin la menor duda, los peores enemigos de Cataluña.

Y si ellos son lo peor del Principado, lo mejor lo representan quienes luchan con casi todo en contra por que no se salgan con la suya. Es decir, gente como los miles de catalanes que, sin dejarse arredrar por el mal tiempo, celebraron este miércoles con un ejemplar espíritu cívico la Fiesta Nacional en la Plaza de Cataluña de Barcelona y denunciaron el proceso secesionista que separatismo golpista viene perpetrando con escandalosa impunidad desde las mismísimas instituciones autonómicas.

Hay que tener siempre presente el desamparo que sufren todos estos compatriotas que no renuncian a seguir siéndolo, ni a escolarizar a sus hijos en la lengua que les une al resto de los españoles, aunque por ello sean estigmatizados como fascistas o malos catalanes por quienes verdaderamente lo son. Esos heroicos compatriotas aguantan como pueden la incesante lluvia antiespañola que les cae... no precisamente del cielo, sino de las escuelas, los medios de comunicación y las instituciones públicas catalanas, ante la indigna indolencia de la Administración central, que con ello no hace más que faltar a su deber primordial: velar por los derechos de unos individuos que son tan españoles como los demás.

Patriotismo caníbal
Ferrer Molina El Espanol 14 Octubre 2016

La cosa consistía en coger al individuo -daba igual que fuera hombre, mujer o niño- colocarlo sobre la piedra de las ofrendas, sujetarlo por sus extremidades y perforarle el pecho con un cuchillo para descuajarle el corazón. La víscera era ofrendada al dios y, aún palpitante, se mostraba orgullosamente a la multitud.

Había un mes dedicado al sacrificio de niños. Se les adornaba con pinturas y plumajes de vivos colores y se les llevaba al monte en medio de una siniestra comitiva donde no faltaban la música y los cánticos. Cuanto más lloraban los pequeños, mejor augurio para las cosechas. Al llegar a la cúspide, uno a uno se les arrancaba el corazón. Aunque el ritual no era el mismo en todas partes. También se los estrangulaba o se los mataba a golpes.

Otros pueblos preferían para sus ofrendas a las niñas. Seleccionaban a las más bellas, pues eran lo mejor que podían obsequiar a la divinidad.

Eran frecuentes las escaramuzas en poblados rivales para hacer prisioneros. Si había éxito, se organizaba una gran fiesta. A las víctimas se las ataba a un cadalso y se las torturaba para, finalmente, sacarles las entrañas entre el júbilo general. El cuerpo se descuartizaba y servía de alimento para el banquete. Porque sí, se practicaba el canibalismo.

Era costumbre bastante extendida también decapitar a los cautivos y hervir sus cabezas. En ocasiones se los quemaba vivos o se los desollaba.

Los sacrificios humanos causaban miles de muertes cada año en los pueblos aztecas, incas, mayas... Hasta que llegaron los españoles.

Felicito al Ayuntamiento de Madrid por colgar una bandera en su fachada en el Día de la Fiesta Nacional en recuerdo de la resistencia indígena a la conquista y como denuncia de las barbaridades cometidas por los españoles hace quinientos años. Siempre es bienvenida la memoria histórica.


El rugido del león ESP
El PP estaba al tanto... por cien

Las revelaciones de Francisco Correa al tribunal confirman las peores sospechas de las irregularidades del PP y son coherentes con lo que la opinión pública ha ido conociendo de la corrupción en este partido. Sus líderes, en cambio, han defendido en todo momento que la trama Gürtel actuaba de espaldas a la organización y que sus protagonistas se aprovecharon de la formación. Según ese relato, el PP fue la víctima de unos desaprensivos.

Esa tesis es la que este jueves ha desmontado por completo Correa, que ha contado con pelos y señales cómo obtenían recursos y cómo el PP se quedaba el 3%. Es decir, el PP no era víctima, sino beneficiario de la corrupción. Correa deja claro que hubo un do ut des, un cohecho continuado: los empresarios que entregaban dinero lo hacían para obtener contratos con las administraciones que gobernaban los populares.
Sólo 'Gürtel 1'

En las altas esferas del PP se han recibido sorprendentemente con alivio estas manifestaciones. Creen que el hecho de que Correa ciña sus actividades ilícitas a antes de 2005 salva a Rajoy y a la actual dirección. Además confían en desviar hacia el tesorero, Bárcenas, toda la responsabilidad. Sin embargo, si las manifestaciones de Correa se agotan en 2004 es porque sólo estamos en el juicio de la primera pieza de Gürtel. Pero después vendrán otras, y por lo que sabemos, nada lleva a pensar que en años posteriores el partido cambió su modus operandi.

Eso supone, además, ignorar muchas cosas. Por ejemplo que Rajoy confirmó a Bárcenas en el cargo. O que el propio Rajoy fue vicesecretario electoral en años clave en los que actuó la trama y, por tanto, es difícil que no supiera cómo se financiaban las campañas, cuando los millones entraban en Génova a cientos, y la sede del PP era la "casa de Correa": "Me pasaba más tiempo allí que en mi despacho", ha asegurado.
Terrible mancha

Pero además está la mancha de corrupción que estos hechos arrojan sobre el partido y que deterioran enormemente su imagen. Para los socialistas, que van a tener que decidir si se abstienen en la investidura, supone un problema. Este jueves intentaron mirar para otro lado, pero desde Podemos ya avisan de qué puede suponer electoralmente apoyar al líder del PP. Y ahí no les falta razón.

Lo que empieza a confirmarse por los testimonios de este juicio es que el PP se financiaba con dinero de procedencia ilícita. Y eso refuerza la verosimilitud de las denuncias que ha venido lanzando Bárcenas de manejo de sobres y pagos en B. El PP estaba al tanto de todo, y ese todo era nada menos que el 3%. Al final, el PP y los separatistas estaban unidos por la misma cifra fetiche.

Madrid, en manos de hipócritas incompetentes
Editorial Libertad Digital 14 Octubre 2016

Es difícil que un Gobierno exhiba en un solo día tal cantidad de disparates y miserias como ha hecho este jueves el que padecen los habitantes de Madrid. El Ayuntamiento de la capital está en manos de un grupo o banda que ha hecho de las instituciones su cortijo político particular. Y lo ha hecho gracias a un PSOE que ha quedado disminuido a nivel de palmero de la nada en lo que es, sin duda alguna, uno de los mayores ridículos de su historia.

Recuérdese que el PSOE no está apoyando a un partido, sino a una alcaldesa accidental que no ganó las elecciones, Manuela Carmena, y a una panda de fanáticos tremendamente ignorantes en todo lo relacionado con la gestión pública y que ocupan cargos institucionales con los mismos modos y hábitos con los que se conducirían en una asamblea de tercera o en una reunión de okupas, como ha demostrado el descalificable delegado de Economía y Hacienda, Carlos Sánchez Mato, en la respuesta matonesca y arrogante que ha dado este jueves a un periodista de esRadio.

Si lo de Sánchez Mato resulta intolerable, más grave aún es el anuncio de la creación de 21 puestos de asesores, elegidos a dedo y generosamente pagados con dinero público. Los que presumían de venir a acabar con el amiguismo y los enchufes de "la casta" se están revelando como unos enchufadores formidables. En algo tendrían que descollar, aparte de en destrozar todo lo que encuentran a su paso.

Allí donde Podemos ha alcanzado algún poder, no sólo no ha reducido el alto número de cargos de confianza habitual en las instituciones españolas, sino que ha creado más y no ha tenido el menor reparo en colocar en ellos a familiares, allegados y correligionarios. No cabe la sorpresa: se trata del comportamiento habitual de unos hipócritas redomados que dicen una cosa y hacen otra exactamente opuesta. Se les veía venir, además, lo que hace aún más difícil la valoración ingenua de estos individuos sin principios ni valores dignos de admiración.

Un ejemplo: bramaban sin descanso contra los viajes superfluos de "la casta" a costa del esquilmado contribuyente. Pues bien, esta misma semana hasta cuatro sujetos detentarán la Alcaldía en sustitución de la ominosa Carmena, que tuvo la cobarde desvergüenza de huir de la Fiesta Nacional pretextando una reunión de alcaldes en América. Seguramente los madrileños preferirían que la máxima responsable de su Ayuntamiento viajase menos y se ocupase más de solucionar esos problemas que tan graves le parecían durante la campaña electoral, en la que ella y los suyos pintaron un Madrid al borde del colapso tercermundista.

Por otro lado, este mismo jueves el Ayuntamiento capitalino ha asestado a sus habitantes algo aún peor que una subida de impuestos: el manejo de éstos de una forma completamente arbitraria para beneficiar a su electorado y perjudicar a otros o a entidades como los bancos, que tendrán que pagar por los cajeros automáticos que tengan instalados en la ciudad. Se trata de otro ejemplo de la desastrosa gestión de una Carmena –que, por cierto, negó categóricamente que se fuese a establecer ese cargo–y de un equipo de gobierno que pretenden convencer a los madrileños de que cargar de impuestos a las empresas no va a tener efectos negativos sobre el empleo y los precios.

Madrid vive una situación penosa que sólo puede ir a peor porque está en manos de una banda de fanáticos incompetentes absolutamente superados por una ciudad que está muy por encima de ellos.

CRISIS EN EL PSOE
El PSOE no es socialdemócrata
Jorge Vilches  vozpopuli.com 14 Octubre 2016

Resulta chocante vincular la crisis del PSOE con la de la socialdemocracia europea, especialmente si viene de politólogos o analistas políticos. Los socialistas están en crisis desde que en 1997 decidió irse Felipe González y, al tiempo, eliminar la estructura guerrista del partido. Fue entonces cuando dejó la organización en manos de los barones territoriales, que apoyaron a Almunia y liquidaron luego a Josep Borrell. La división entre la dirección y la militancia se hizo patente hasta que apareció Zapatero en el año 2000. El gran éxito de ZP fue aunar el radicalismo de una militancia que hundía sus raíces en la demagogia frentista de Alfonso Guerra, y una nueva dirección. No en vano, Zapatero eliminó a la vieja guardia, como buena cuenta de ello dio Joaquín Leguina en su libro Historia de un despropósito (2014).

A partir de la elección de Zapatero en el congreso del año 2000, por una rocambolesca votación contra José Bono por parte, justamente, de los herederos del guerrismo, el PSOE desarrolló un discurso muy alejado de lo que se entiende como socialdemocracia europea. No tenía nada que ver con la que salió de Bad Godesberg en 1959, ni con la renovación que llevaron a cabo Tony Blair o Gerard Schröder ya en el siglo XXI. Zapatero y su entorno moldearon el viejo guerrismo acogiendo los lemas de la Nueva Izquierda de la década de 1960 –el ecologismo, el feminismo, el pacifismo, el tercermundismo, el antiamericanismo– con vagas ideas de la filosofía política, como el republicanismo cívico, que tradujo por “talante” y “buenismo”. Todo ello le sirvió para articular un relato guerracivilista que reinterpretaba la historia de España recuperando la idea de la superioridad moral de la izquierda y la paternidad de la democracia, y, por tanto, su derecho a gobernar ad eternum. Esto criminalizaba a la oposición del centro-derecha, a los populares, lo que suponía un grave riesgo para la estabilidad social e institucional. A esto, y hay que decirlo, contribuyeron los medios de comunicación que siempre han sido referente del “progresismo”.

El zapaterismo no se limitó al discurso, sino también se reflejó en su comportamiento político. Agitaron las calles para movilizar a la izquierda, reforzar el lado emocional de sus votantes y abrir telediarios. Porque era muy importante recrear la imagen de que el PSOE de la crisis había resucitado y se había convertido en el portavoz de la protesta social. Para ello utilizó todo tipo de acontecimientos, desde el hundimiento de un petrolero hasta la guerra de Irak. Ni aquel discurso ni esta agitación callejera, propia de la izquierda sesentayochista, tenían nada que ver con la socialdemocracia europea.

Es más; mientras el SPD entraba en una gran coalición en Alemania junto a la derecha, la CDU-CSU, aquí Zapatero firmaba el Pacto del Tinell para dejar fuera de las instituciones al PP. A esto unió aquello de que la nación española era un “concepto discutido y discutible”. Esta actitud “semileal” del socialismo español frente al sistema, porque es evidente que el partido de Aznar y Rajoy es el otro pilar partitocrático, inicia la crisis del régimen del 78. Nada de esto tiene que ver con otros partidos de la Internacional Socialista, como la socialdemocracia sueca, el socialismo francés o el italiano.

Y la gran prueba es que mientras en el resto de países europeos el populismo es nacionalista, en España es socialista. Zapatero puso las bases mentales, culturales y sociales para el surgimiento de Podemos. De hecho, Pablo Iglesias declaró al inicio de su andadura político-televisiva que su referente era ZP. Incluso José Bono y Zapatero se reunieron en semisecreto con Pablo Iglesias e Iñigo Errejón en 2014 para decirles que de jóvenes eran como ellos. El populismo socialista de los podemitas es la evolución lógica del zapaterismo: el guerracivilismo, el anticlericalismo, el odio al capitalismo, a EEUU y a Israel, el tercermundismo –como se ha visto en la huida de Carmena a Bogotá para no asistir al Día de la Hispanidad, y la puesta de la bandera “indigenista” en el balcón municipal–, el apartamiento del PP, la exaltación de la segunda República revanchista y “roja”, el antimilitarismo, el feminismo radical y el ecologismo. Todo envuelto en un evidente infantilismo emotivo, sentimental, que desde las entrañas pretende movilizar, tener razón y llegar al poder para no soltarlo jamás. No conciben la alternancia, ni la existencia del adversario, como empezó a señalar el PSOE zapaterista con su Pacto del Tinell.

¿Qué tiene que ver esto con la socialdemocracia europea? Nada. La pretensión de unir la crisis del PSOE con la de sus presuntos homólogos es una vana ilusión, un espejismo, o un intento de blanquear su discurso y comportamiento. Hay que recordar que Pedro Sánchez, que dio ayuntamientos y comunidades a Podemos para tener un “mapa rojo” de España y había pactado un “gobierno del cambio” con podemitas e independentistas, era el moderado de las primarias de 2014 frente a Madina y Pérez Tapias. Lo que está pasando en el socialismo es que hace tiempo que dejó de ser europeo, e incluso español, transformado en un puzle de barones territoriales y egoístas, con una militancia radicalizada, que ha sido devorado por su propio discurso populista y relativista.

Socialismo: una muerte por éxito
GABRIEL TORTELLA El Mundo 14 Octubre 2016

Un fantasma se desvanece en Europa: el fantasma del socialismo. El ejemplo lo tenemos muy cerca. Tras alcanzar el peor resultado de su historia desde la Transición, el PSOE se ha enzarzado en una guerra fratricida cuyo final es incierto pero cuyas consecuencias son certísimas: si se celebran pronto nuevas elecciones, su apoyo electoral continuaría a la baja. Lo que no sabemos es si a largo plazo la nave del partido encontrará un piloto capaz de enderezar la situación dando un golpe de timón y recuperando un rumbo racional que encamine la nave socialista hacia los caladeros de votos, que son el único apoyo sólido de un partido democrático.

Me pregunto si los lectores habrán reparado en los paralelos que existen entre la crisis del socialismo en España y en el Reino Unido. Después de una serie de derrotas electorales, el partido laborista británico ha dado un golpe de timón, sí, pero en la dirección equivocada. Los militantes acaban de renovar el mandato al frente del partido a Jeremy Corbyn, un viejo izquierdista de discurso vago pero radical (valga la redundancia) que tiene todos los visos de seguir cosechando sonadas derrotas electorales. The Economist decía recientemente con sorna que Gran Bretaña se había convertido en un país de un solo partido, lo que antes se decía de las dictaduras comunistas o fascistas.

También los tories están profundamente divididos; pero así y todo, mientras el laborismo siga adentrándose por el camino de Trotsky, las perspectivas electorales de los conservadores son muy favorables. Su único problema, a la larga, es que los liberales (dem-libs, o como se llamen ahora) se recuperen a expensas de los laboristas suicidas. Para un historiador éste sería un fenómeno muy interesante, porque llevaría la política británica a la situación de hace un siglo, en que los dos partidos hegemónicos eran los tories y los whigs. Pero esta vuelta al pasado llevaría unos años, y los años en política son años luz. De momento, gracias a los errores laboristas, en Gran Bretaña el partido hegemónico es el conservador.

Si volvemos los ojos a otros países, como Francia, también vemos al socialismo en serios apuros. Aunque aún en el poder, todos los pronósticos indican que lo va a perder en 2017, y que además, el partido se escinde y amenaza con convertirse en irrelevante. No hace falta mucho estudio para advertir de que el socialismo europeo parece encontrarse en fase terminal. Las razones son claras y yo, que siempre me he considerado socialdemócrata, aunque no hombre de partido, llevo ya muchos años diciendo que el socialismo muere de éxito, porque, tras un siglo XIX de lucha para lograr imponer un programa profundamente democrático y de escindirse en dos ramas, la revolucionaria y la evolucionista, ésta terminó triunfando en el siglo XX (aunque pareciera que había triunfado la otra, la revolucionaria bolchevique), al menos en Europa, donde consiguió por medios democráticos la implantación del Estado de Bienestar, que cumple el programa que los socialistas se habían fijado muchos años atrás. Una gran parte estaba ya en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, pero se alcanzó sin violencia ni dictadura del proletariado.

El problema del socialismo es que, al conseguir todos sus objetivos, se quedó sin programa. Los partidos conservadores, que siempre han sido más pragmáticos, aceptaron el Estado de Bienestar, de modo que las diferencias entre derecha e izquierda se redujeron a matices y retórica, con pocas discrepancias sustantivas. Al socialismo entonces le falló el capital humano, es decir, las ideas. ¿Cuál iba a ser el papel, en una sociedad desarrollada y democrática (de nuevo, valga la redundancia), de un partido socialista? Una tentación ha sido dar un salto a la izquierda: ya que los conservadores se habían centrado, los socialistas se radicalizarían. Pero ¿qué es la izquierda en esta sociedad desarrollada y democrática? Para unos, es adoptar una retórica comunista: más Estado, menos mercado. Para otros, o los mismos, es la defensa de las minorías: inmigrantes, homosexuales, ecologistas, mujeres (aunque sean mayoría y la igualdad de sexos esté plenamente reconocida) e, inmenso error, nacionalistas regionales.

¿Pero dan estas causas suficientes votos? Es dudoso: en las sociedades modernas predomina una amplia y difusa clase media que puede tener arrebatos izquierdistas, pero que normalmente no se siente atraída por los extremos. La España actual puede escorarse hacia la izquierda por herencia del franquismo, pero este sesgo tiende a desaparecer con las generaciones que sufrieron la dictadura. De ahí la retórica guerracivilista que continúa empleando la izquierda del PSOE, tratando de mantener vivos los rescoldos de la memoria histórica y de pintar a sus adversarios conservadores como franquistas. Y de ahí el enrocamiento miope y obcecado de los dimitidos dirigentes del PSOE, negándose a permitir que gobierne el PP aunque les saque 52 escaños. El pretexto de la corrupción no es convincente viniendo del partido de los ERE, de Filesa, y de tantos otros escándalos. Todos estos recursos son vías muertas: el socialismo no tiene porvenir si no se reinventa y adopta un papel y una identidad claros y renovados. A base de guerracivilismo y de buscar el apoyo de los nacionalistas catalanes a cualquier precio, como hizo Zapatero y quería hacer Sánchez, no se puede llegar muy lejos. Se podrán ganar unas elecciones coyunturalmente, pero el declive a la larga es inevitable.

A esto se añade un mecanismo automático que empuja al socialismo al suicidio, como ha ocurrido en Gran Bretaña y tal como está ocurriendo aquí. El izquierdismo, esa enfermedad senil del socialismo (parafraseando a Lenin), podrá atraer a ciertos sectores de la juventud, pero ahuyenta a los militantes de clase media, seguramente más numerosos. Quedan sólo los más extremistas; la militancia se radicaliza con el partido: se produce un fenómeno de retroalimentación.

Esta militancia radicalizada es la que elige a Corbyn contra los parlamentarios laboristas, que están más cerca del electorado; y es la militancia con que contaba Sánchez para ser reelegido secretario general del PSOE en contra del criterio de los barones regionales, que también están más cerca de los electores. Se da así la paradoja de un partido que, cuantos más votos pierde, más se radicaliza, persistiendo en los programas que le alejan del electorado. Sin un golpe de timón y un destello de inteligencia, PSOE y Laborismo pueden desaparecer. Otros casos se han dado.

¿Hay remedio? Es concebible, pero se necesita mucha inteligencia y mucha energía para conseguir el necesario cambio de rumbo. No basta con deshacerse de Sánchez con una triquiñuela y seguir como si tal cosa. Debe venir un periodo de travesía del desierto en que el socialismo español suelte mucho lastre y se redefina como socialdemócrata con sus gotas de sangre jacobina, es decir, igualitaria, abandonando las veleidades y escarceos con el nacionalismo separatista y la actitud descalificadora y guerracivilista con sus rivales. El único futuro del socialismo español (y europeo) radica en ser más eficiente y más honrado que esos rivales en la administración del Estado de Bienestar, no saqueándolo, como ha hecho a menudo, sino saneándolo, extendiendo las protecciones y coberturas sólo cuando sea económicamente posible, persiguiendo el despilfarro y la corrupta costumbre de emplear el dinero público, que sale del bolsillo de sus votantes, para comprar a otros votantes. Ofreciendo muchos años de honradez y firmeza, sí, pero de verdad, no de boquilla. Con conciencia de la propia misión y sin miedo a la competencia de demagogos. Y entonando un mea culpa para que los electores crean que esta vez sí va en serio.

Gabriel Tortella es economista e historiador y autor de Los orígenes del siglo XXI.

¿Por qué la izquierda se avergüenza de España?
Antonio Robles Libertad Digital 14 Octubre 2016

Imaginen la escena. Un ciudadano rompe ante las narices del juez la sentencia que le acaba de condenar. ¿Creen que no le pasaría nadA?

Detrás del genocidio indígena está la fobia contra el descubrimiento de Colón, detrás de la fobia contra Colón está la eliminación de la Fiesta Nacional de España, detrás del odio a España está la sacralización nacionalista; detrás del nacionalismo, los intereses de una casta territorial y la ruina para el bien común. Tocomocho que sólo se puede sustentar en la ignorancia y la excitación de los egoísmos étnicos.

La ceguera les ha llevado a reducir el descubrimiento de América a un genocidio, y España, al imperio maligno que lo perpetró. No contentos, reducen a Cristóbal Colón a un vulgar genocida al que hay que eliminar de nuestra memoria como mero instrumento para eliminar España.

Cualquier Estado actual, cualquier Imperio pasado se ha construido sobre las ruinas de la violencia. Si descontextualizamos con criterios democráticos actuales esos pasados, todos nos parecerán aberrantes. No voy a intentar argumentar lo obvio: hoy sería obsceno defender la esclavitud, pero ayer Aristóteles o Platón, pilares intelectuales de Occidente, poseían esclavos. No justifica nada, pero desautoriza a los salteadores de tumbas.

Lo peor es que, detrás de tanta mala fe, pasa desapercibida la aportación inmensa de Cristóbal Colón a la ciencia y a la historia. Él descubrió para Occidente un nuevo mundo, unió dos continentes mutuamente desconocidos, demostró empíricamente que la tierra era redonda, dio argumentos a Copérnico para construir su cosmovisión del sistema solar, abrió mercados inmensos, provocó el mestizaje más grande de la historia y realizó una gesta mayor que cualquiera otra hasta ese momento. Desde la ventaja que nos dan los siglos, solo comparable a la llegada del hombre a la luna. ¡Ay si los nacionalistas catalanes pudieran reivindicar la gesta!

El descubrimiento del 12 de octubre de 1492, España conmemora la fiesta nacional de España, el encuentro de dos mundos. Un hermanamiento de culturas que tiene su máxima expresión en la Fiesta de la Hispanidad de Nueva York. Pero aquí nacionalistas y populistas siguen empeñados en demonizar las efemérides. Nadie nada más que ellos habla hoy del día de la raza, de genocidio o de esclavitud. Ninguno de nosotros somos responsables del bien y del mal de siglos pasados, pero sí del sentido que queremos dar al presente y al futuro. Pablo Iglesias no asiste al desfile militar porque no está el país para ir a comer canapés, pero sí los zampa en los premios Goya vestido de pingüino por respeto al evento. Su arbitrariedad y chulería insulta hasta a los niños. La alcaldesa de Badalona, Dolors Sabater, y su teniente de Alcalde, Josep Tèllez, los dos de la CUP, se mofan de la separación de poderes como vulgares fascistillas, y la izquierda en general se avergüenza de nuestras Fuerzas Armadas, de España y sus símbolos.

¿Qué le pasa a la izquierda? ¿Por qué le avergüenza España? Puede que la respuesta esté en la confusión entre el régimen franquista y el Estado español que arrastran desde la dictadura. En la pregunta de este enlace doy cuenta de esa anomalía.

Santiago Carrillo, por el 1977, cuando se estaba construyendo la transición a la democracia, dijo preocupado por el rechazo en sus propias filas a los símbolos españoles: "La bandera bicolor es la oficial del Estado y no es propiedad de ningún grupo político, sino de todos. No la podemos dejar en manos de los enemigos de la democracia, de lo contrario se apropiará de ella la ultraderecha".

PD. La pedagogía del odio que el nacionalismo ha ejercido y ejerce contra la trama de afectos de los españoles no saldrá gratis. La izquierda debería saberlo y actuar en consecuencia. Empieza a ser tarde.

La Ley de Memoria Histórica, una herramienta para asesinar la memoria de las víctimas del comunismo
Juan E. Pflüger gaceta.es 14 Octubre 2016

La noche del 6 al 7 de noviembre de 1935 eran asesinados por pilstoleros comunistas dos jóvenes militantes de Falange en la calle San Vicente de Sevilla. Eran Eduardo Rivas y Jerónimo Pérez de la Rosa. Pintor y estudiante de 21 y 19 años. Varios pistoleros comunistas, según declararon los testigos, les rodearon y abrieron fuego contra ellos. Mataron en el acto a Rivas y dejaron malherido a Pérez de la Rosa, que llegó andando a una casa de socorro próxima, donde murió ahogado por la sangre que le encharcó los pulmones.

Jamás se investigó el crimen en profundidad. La policía abrió diligencias, pero no terminó la investigación ya que la cerró a las pocas horas. El estudiante era una persona muy respetada en los ámbitos universitarios y la Universidad de Sevilla declaró un día de luto y cerró sus puertas durante ese día en homenaje a la víctima.

Rivas era hijo de un comisario de policía, pese a la insistencia de su padre, desde el ministerio de Gobernación se ordenó no depurar responsabilidades para evitar encrespar los ánimos de las milicias de izquierdas.

Estas dos víctimas de pistoleros comunistas vuelven a ser asesinados hoy en Sevilla. Y es que el Ayuntamiento de la capital hispalense ha decidido aplicar la Ley de Memoria Histórica y retirarles las calles que les recordaban en esa ciudad. Una nueva muestra del carácter revnchista con el que se está aplicando esa legislación ya que son dos víctimas que fueron asesinadas antes de la Guerra Civil. Por lo tanto no son susceptibles de ser afectadas por la ley que promulgó Zapatero.

Esa ley establece que “Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas”.

Evidentemente ninguna de estas dos víctimas inocentes pudieron exaltar la sublevación militar porque fueron asesinados ocho meses antes de que se produjera. Tampoco, por lo tanto pudieron paticipar en la Guerra Civil y, mucho menos, en la represión posbélica. Pero la izquierda que gobierna en el consistorio sevillano, con el voto favorable -y cobarde del Partido Popular- han decidido volver a asesinarlos, en este caso asesinar su memoria, no dejando rastro ni recuerdo de los crímenes cometidos por los comunistas españoles.

El caso no fue una cuestión menor. En su momento, José Antonio Primo de Rivera, entonces diputado en el Congreso, habló de este tema en sede parlamentaria. Por su interés, reproducimos a continuación sus palabras:

LOS MUERTOS DE LA FALANGE EN EL PARLAMENTO
(Discurso pronunciado en el Parlamento el 8 de noviembre de 1935)
El señor PRIMO DE RIVERA:

Señores diputados, escuetamente: en la noche de anteayer a ayer han sido asesinados en Sevilla dos muchachos de la Falange. Se llamaban Eduardo Rivas y Jerónimo de la Rosa. ¿Señoritos fascistas? El uno, un modesto pintor; el otro, un humilde estudiante y empleado de ferrocarriles. ¿Se alistaron en la Falange por defender al capitalismo? ¡Qué tenían que ver ellos con el capitalismo! Si acaso padecerían alguno de sus defectos. Se alistaron en la Falange porque se dieron cuenta de que el mundo entero está en crisis espiritual, de que se ha roto la armonía entre el destino de los hombres y el destino de las colectividades. Ellos dos no eran anarquistas; no estaban conformes en que se sacrificase el destino de la colectividad al destino del individuo; no eran partidarios de ninguna forma de Estado absorbente y total; por eso no querían que desapareciese el destino individual en el destino colectivo. Creyeron que el modo de recobrar la armonía entre los individuos y las colectividades era este conjunto de lo sindical y lo nacional que se defiende, contra mentiras, contra deformaciones, contra sorderas, en el ideario de la Falange. Y se alistaron a la Falange, y salieron hace dos noches a pegar por Sevilla los anuncios de un periódico permitido. Y cuando estaban pegando los anuncios en la pared fueron cazados a mansalva; uno quedó muerto sobre la acera, y el otro murió en el hospital pocas horas después.

Ya comprenderéis que no vengo a formular una "enérgica protesta", como es uso parlamentario; vengo a formular una acusación. En las calles de Sevilla se están sustanciando a tiros las cuestiones entre los bandos políticos desde hace más de un año. La Falange tiene el orgullo de decir que ni una sola vez ha iniciado las agresiones. La Falange puede decir que ni una sola vez se le ha probado una agresión. Muere un día un obrero alistado a la Falange; la ciudad entera señala como inductor del asesinato al partido comunista; no se cierra un solo Centro comunista, no se impone una sola sanción a ningún comunista conocido, no ocurre nada. A veces, los Tribunales logran hacer justicia; otras veces no lo logran. Pero a los pocos días, cuando ya van dos o tres agresiones contra los de la Falange, reciben unos tiros unos cuantos comunistas en la puerta de su Centro. (El señor Bolívar: "Fueron asesinados". –Fuertes protestas.) Sin más averiguaciones, el gobernador de Sevilla encarcela, no a los que presume autores –presunción que ante los tribunales se ha destruido–, sino a quince de los dirigentes de la Falange, e impone a cada uno 5.000 pesetas de multa y acuerda la clausura de todos los Centros de la provincia. Era tan injusta la multa, que el señor ministro de la Gobernación, a la sazón don Manuel Portela Valladares, sólo por una conversación mantenida conmigo revocó la multa de todos y mandó ponerlos en libertad.

Pero, en cambio, vuelve ahora a caer muerto uno, y a las pocas horas otro, de los afiliados a la Falange. Parece que la imputación de represalia es bien clara; sin embargo, no se cierran los Centros comunistas, no se detiene a un solo comunista, no se impone una multa a ningún comunista. Es decir, que este gobernador de Sevilla, incapaz de garantizar por sí mismo la seguridad de la vida de los ciudadanos, ni siquiera tiene la que sería un poco salvaje gallardía de dejarlos que sustancien sus cuestiones por igual, sino que se dedica a hacer que un bando tenga que estar inerme, a hacer que un bando no tenga siquiera sitios de reunión donde poder ponerse de acuerdo unos cuantos para pegar carteles por las calles, y, en cambio, tiene todas las benevolencias para el otro.

Esto, que sería en cualquier caso una dejación irritante de autoridad, que sería en cualquier caso una complicidad criminal con uno de los bandos, y cabalmente con el bando que ha iniciado las agresiones siempre, se agrava mucho más, señor ministro de la Gobernación y señores diputados todos –no sé, si acaso, con la excepción del señor Bolívar–, en las circunstancias presentes. En España se está agitando, cada vez más violento, un estado revolucionario terriblemente amenazador para los tradicionalistas y para vosotros, para los liberales burgueses, para los republicanos de izquierda.

Aquí tengo, señor ministro de la Gobernación, una publicación no clandestina. Es un libro que se llama Octubre, y que he podido comprar pagando su precio. Al respaldo pone la imprenta donde se imprime; a la vuelta de la primera página dice la editorial que lo produce, y por si faltase algo, no más que frente a la declaración previa, se afirma que es un libro de acuerdos y de actitudes de la Juventud socialista, y que con tono oficial lo publica su presidente, nuestro compañero de Parlamento don Carlos Hernández Zancajo. En este libro, que no es una publicación clandestina, en la página 160 se estampan las conclusiones de la Federación de Juventudes socialistas. Quisiera que el señor presidente me permitiese leer tres o cuatro renglones, no más de una docena de renglones, en todo caso.

Las conclusiones de las Juventudes socialistas son éstas: "Por la bolchevización del partido socialista. Expulsión del reformismo. Eliminación del centrismo de los puestos de dirección. Abandono de la II Internacional. Por la transformación de la estructura del partido –escuchad esto– en un sentido centralista y con un aparato ilegal". Esto no se dice en una publicación clandestina; se formula el propósito de crear un aparato ilegal por una asociación reconocida en un libro que todos podéis comprar por tres pesetas. "Por la unificación política del proletariado español en el partido socialista. Por la propaganda antimilitarista. Por la unificación del movimiento sindical. Por la derrota de la burguesía –en la que entráis vosotros– y el triunfo de la revolución bajo la forma de la dictadura proletaria".. A ver si vosotros, los republicanos de izquierda, estáis dispuestos a preferir esta o la otra dictadura. (Un señor diputado: "Ninguna".) Pues por eso os lo digo. "Por la reconstrucción del movimiento obrero nacional sobre la base de la revolución rusa." Y luego este párrafo: "Las Juventudes socialistas consideran como jefe e iniciador de este resurgimiento revolucionario al camarada Largo Caballero, hoy víctima de la reacción, que ve en él su enemigo, más firme".

Este es el tono del movimiento revolucionario que se prepara; esto es lo que se agita cada vez más áspero, cada vez más hostil, cada vez más seco, bajo estas coaliciones, más o menos probables, de los socialistas como los republicanos de izquierda, esto: una dictadura de tipo asiático, ruso, sin el menor resto de aquella emoción sentimental que alentó en sus principios a los movimientos obreros. Esto es lo que se está preparando en España; esto es lo que está rugiendo bajo la indiferencia de España (Muy bien), y en muchas provincias de España donde no hay censura, y en otras donde la hay, se publican periódicos comunistas y casi todos los domingos se celebran mítines de propaganda comunista, donde hay puños en alto.

Ante todo esto, todos vosotros estáis distraídos, y, perdóneme el señor n–finistro de la Gobernación, la censura cree que cumple con su deber, o el Gobierno delega su deber en la censura, haciéndole que tache noticias como esta del asesinato de mis dos magníficos camaradas de Sevilla, que sería muestra para impresionamos a todos, para avisaros a todos de lo que a todos se os va a venir encima. Por eso no reclamo para estos dos camaradas caídos el simple respeto que reclamaría ante cualquier ciudadano, por próximo que me fuera, si hubiera sido asesinado en la calle; reclamo vuestra gratitud y vuestra admiración, porque en medio de la distracción criminal de casi todos, están hombres humildes en la primera línea de fuego cayendo uno tras otro, muriendo uno tras otro, para defender a esta España que acaso no merece su sacrificio. (Aplausos.)

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