AGLI Recortes de Prensa   Jueves 20  Octubre  2016

España, país de parados
El Libre Pensador esdiario   20 Octubre 2016

"Las políticas liberales están arruinando España". ¿Cuántas veces en los últimos tiempos hemos escuchado dicha afirmación? ¿Cómo es posible que ese burdo mensaje cale en la sociedad si España jamás, nunca en toda su historia, ha estado dentro de los 25 países más capitalistas del mundo?

Debemos reconocer que España es un país con un profundo sentimiento paternalista, es decir, no concebimos la idea de tener una mayor responsabilidad sobre nosotros. Siempre queremos que nuestro fraternal Estado nos proteja, nos subvencione, nos ayude, nos dirija, nos eduque, nos regule, nos diga cuando sí y cuando no, nos diga el qué hacer, cómo hacerlo, cuando hacerlo y por qué hacerlo. A lo largo de la historia siempre hemos tenido sistemas profundamente paternalistas, desde la época romana, pasando por las monarquías absolutas y recientemente el franquismo. Todos esos sistemas tenían un componente tremendamente paternalista, todo era regulado por nuestro amado papá Estado el cual sigue siendo la gran columna vertebral de este país.

En una España cada vez más intervenida dónde el Estado se inmiscuye en todas y cada una de las actividades diarias de manera excesiva, resulta comprensible que seamos el tercer país de la OCDE con la tasa de paro más alta sólo por detrás de Sudáfrica y Grecia y el cuarto país con un mayor número de contratos temporales. Pero lo grotesco del asunto es vivir en una sociedad que acepta y defiende un sistema fracasado a la vez que sigue apostando por más de lo mismo, convirtiendo el derecho más fundamental que todos los ciudadanos deberían tener en un privilegio.

Los liberales cometemos el error de dar por hecho que los españoles saben datos fundamentales y conocen los modelos económicos y laborales del resto de países, cuando la realidad, por desgracia, nos demuestra que no es así. ¿Quién sabe que en el 2.006, en nuestra "época gloriosa" con la tasa de paro más baja de nuestra historia, España era el país de la OCDE que tenía un mayor número de contratos temporales? En concreto un 34%, algunos parecen haber descubierto ahora "la temporalidad" cuando es la cifra más baja desde 1989. ¿Quién sabe que España lleva décadas arrastrando una legislación laboral completamente anticuada y rígida que nos ha llevado a tener un paro estructural del 17’2% que jamás será erradicado si no se flexibiliza? ¿Quién sabe que España tiene la indemnización por despido más alta de la UE? ¿Quién sabe que España es el quinto país de la OCDE y el segundo de la UE en el que más gente depende del dinero que reparte el Estado? ¿Quién sabe que las medidas que proponemos en torno a la legislación laboral han sido aprobadas en países como Dinamarca, Noruega, Suecia, Austria, Holanda, Reino Unido, para reducir la tasa de paro cuando comenzó la peor crisis económica reciente de occidente?

¿Cómo van a entender los españoles que rebajar la indemnización por despido es beneficioso si lo conciben como un derecho y no como una lacra? Actualmente en la UE hay dos países que cuentan con la mayor indemnización por despido, España ocupa el primer puesto, Grecia el segundo, ambos países lideran la tasa de paro de la UE. Sin embargo desconocen que en países como Austria, Noruega, Suecia, Dinamarca o Islandia no existe, son los ‘’esclavizados y oprimidos trabajadores’’ quienes deciden libremente que parte de su sueldo quiere que vaya a cubrir una futura indemnización por despido, permitiendo así que el empresario no tema contratar gracias a un mercado laboral ágil que permite la rápida reincorporación de aquellos que han perdido su puesto de trabajo. En los 10 países donde existe mayor libertad económica, 9 de ellos cuentan prácticamente con pleno empleo y sólo Irlanda todavía no ha alcanzado esa cifra porque sigue pagando el exceso intervencionista estatal de hace una década.

Pero sin duda, el mayor hándicap que tiene el liberalismo en España es estar rodeado de sensacionalismo barato y mediocridad, donde todos los medios de comunicación al unísono desinforman a diario, bombardean a la población con mentiras, utopías y discursos populistas de una bajeza intelectual sin precedentes. Es ahí donde tenemos que desmontar todas y cada una de las mentiras que se promulgan con datos e información. Los datos nos avalan y no son debatibles.

En definitiva, el cambio real sólo pasa por flexibilizar nuestro mercado laboral y crear un modelo económico como han creado en países donde gobiernan partidos que, o bien son liberales como el caso de Suiza, o socio-liberales como en Dinamarca. El liberalismo a diferencia del resto ofrecemos libertad, bienestar, responsabilidad, seguridad y progreso, ellos ofrecen limosnas, corrupción por doquier y una sociedad clientelar que más pronto que tarde colapsará si sólo se centra en resolver la crisis coyuntural y no la estructural.

Como dijo Voltaire: "¿No es vergonzoso que los fanáticos muestren demasiado interés y los sensatos no?".

Subleva, que algo queda: el ‘agitprop’ de Podemos
Jorge Vilches vozpopuli   20 Octubre 2016

La derecha no se entera, y la izquierda cree que es su aliado. Los medios llaman “nueva política” a su discurso, organización y acción. Todos jalean sus consignas, incluso de una forma inconsciente. Es el caso de la falsa polémica entre Iglesias y Errejón en torno a si la política debe hacerse en la calle, en las instituciones, o en ambos sitios, cuando en realidad la política la están haciendo gratis en televisión, radio y prensa. Pero hete aquí que los medios ocupaban su tiempo entre la corrupción del PP y la desintegración del PSOE. Incluso Ciudadanos había desaparecido de los informativos y las tertulias. Fue entonces cuando Iglesias y Errejón crearon una debate-trampa justamente en la red social que dominan, Twitter, sobre qué debe hacer “la gente”. No es casualidad. Nada en Podemos está dejado al azar o es espontáneo.

El añejo bipartidismo hispano no comprende que Podemos no es la izquierda radical que quiere más Estado, sino que busca imponer otro Estado. El populismo socialista quiere dar la vuelta a la estructura de poder, vaciar de contenido las instituciones, y que sean los “actores colectivos activos” –asociaciones, movimientos, círculos, …- los que decidan las políticas públicas. El ayuntamiento de Madrid ya ha intentado esto en tres ocasiones. La Política deja los cauces formales para que esté en manos de “la gente”; eso es el “empoderamiento”. Por supuesto, dichos “actores” estarían dominados por ellos, los activistas, los “plebeyos” como dijo la diputada podemita Irene Montero.

En esta estructura se pasa de la democracia liberal a la “democracia participativa” en la que no hay representación, sino participación a través de dichos “actores”, y el principio de consentimiento no recae en instituciones, sino en asambleas o movimientos. Así se pasa de la partitocracia a un supuesto movimiento popular encabezado por los podemitas. En este sistema no caben los partidos políticos, sino “la gente”. Por eso, Podemos no es un partido ni quiere serlo, y se mueve en una dimensión política diferente, inaprensible para los parámetros de los partidos tradicionales. No es aquella proposición de Ostrogorski de sustituir los partidos por asociaciones de electores en defensa de un interés, sino de una Teoría del Poder para eliminar las libertades y al individuo.

El instrumento del cambio social del populismo socialista son los movimientos sociales. En España son relativamente nuevos, pero en el resto de Europa es un fenómeno que se estudia desde la década de 1970, y fue el cauce de la Nueva Izquierda, fuente de la que Podemos ha tomado buen parte de su discurso y acción. El sociólogo marxista Claus Offe ya lo indicaba hace 30 años: el éxito de los movimientos sociales está en que difundan un concepto de democracia basado en fórmulas extrainstitucionales, alegales y participativas, al tiempo que desautorizan las instituciones por ineficaces, politizan temas antes considerados morales o económicos, y claman por la “justicia social”.

El discurso se basa en que no hay “democracia real” –uno de los gritos del 15-M-, y que los políticos e instituciones no representan nada más que a los poderosos, con lo que crean una dicotomía entre la gente y el régimen opresor que legitima sus acciones colectivas. Esta campaña de propaganda necesita visibilidad, para lo cual hacen “performances” –como el asalto a la capilla de la Complutense, o el motín en el CIE de Aluche, en Madrid-. La colaboración de los medios es aquí imprescindible: las imágenes van acompañadas de los mensajes propagandísticos, y el periodista utiliza los conceptos del activista para explicar o comentar el acontecimiento.

En esta fase de agitación, el Poder no se rinde, pero el mensaje está instalado ya en la vida política y se convierte en objeto de debate. Es cuando aparecen las alternativas a la legalidad o a las instituciones. La tarea del movimiento social es agitar, conseguir visibilidad, hacer propaganda, y con ello cambiar el paradigma, forzar una nueva manera de pensar. Esto es más fácil cuando la sociedad socialdemócrata en la que vivimos está basada en la solidaridad obligatoria, infantilizada, y donde la política responde a emociones. De esta manera, Podemos ha puesto sobre la mesa la agenda, asume el protagonismo, y aparece ante la opinión como el portavoz de la “justicia social”.

Así, cuando Iglesias habla de “cavar trincheras” está representando el papel que tiene atribuido, el de agitador, reproduciendo la naturaleza de su Teoría del Poder: la creación cultural del conflicto a través de la movilización y la propaganda. Del mismo modo, Errejón, en su falsa polémica, habla de que Podemos debe ser “anfibio”: luchar en las calles y en las instituciones. La lucha por el poder entre uno y otro la salvan poniendo en marcha un activismo enfocado a lograr la hegemonía cultural, y a tener visibilidad mediática a través de la presencia en las calles, sin descuidar el uso de las instituciones para cambiar la legalidad. Primero es preciso conquistar las mentes y el imaginario, como señaló Gramsci, y luego el poder para no soltarlo jamás. Eso sí: con la sonrisa de un Lenin amable.

La eterna fractura territorial
Roger Senserrich  vozpopuli.com  20 Octubre 2016

La crisis del PSOE fue, en el fondo, sobre Cataluña. Los barones del partido socialista torpedearon a su secretario general repetidamente en sus intentos de formar gobierno, primero forzándole con buscar a Ciudadanos para evitar hablar con los nacionalistas catalanes, después vetando cualquier aproximación a los nacionalistas tras tras la repetición electoral. Aunque es probable que los rumores acerca del principio de acuerdo de Pedro Sánchez con el Partit Demòcrata Català i Esquerra Republicana sean interesados, lo cierto es que el principal obstáculo para el acuerdo en este caso no fueron las maniobras de Podemos o la perfidia catalanista, sino la desconfianza de los notables del PSOE.

Si echamos la vista atrás, sin embargo, es fácil ver como uno de los primeros elementos detrás de la larga decadencia del PSOE fueron sus batallas internas por el tema territorial. Allá por el año 2003, antes de la llegada de Zapatero al poder, el PSC encontró la fórmula para ganar elecciones en Cataluña. Pasqual Maragall construyó una coalición de catalanistas de centro izquierda moderado y votantes no-nacionalistas socialistas tradicionales lo suficiente amplia como para desplazar a la todopoderosa Convergència i Unió. Su discurso, además, era lo suficientemente abierto e ilusionante como para atraer al resto de partidos de izquierdas para formar una coalición amplia, y su liderazgo fue lo bastante dominante para ocupar el centro del debate político con facilidad.

El PSOE, sin embargo, siempre lo vio como un problema. El partido nunca estuvo cómodo con la reforma del Estatuto, a pesar que fue una de las claves que hicieron del PSC el partido dominante en Cataluña. Los socialistas forzaron la salida de un tipo que había dado la vuelta a Barcelona como alcalde y había conseguido derrotar al aparentemente invencible Jordi Pujol, desperdiciando alegremente uno de sus mayores activos políticos, y le dieron el control del partido a José Montilla.

Montilla, desde luego, no era un político del nivel de Maragall, pero se las arregló para ganar las elecciones. Eso no bastó para apaciguar el escepticismo del PSOE, que siguió sin apreciar el esfuerzo del PSC con el estatuto. Zapatero primero aparcó cualquier intento de reformar el sistema autonómico o la financiación. El plan Ibarretxe y la furibunda oposición del PP a todo lo que sonara nacionalismo periférico no hicieron más que posponer aún más cualquier cambio, abriendo una vía de agua irreparable en la coalición de Maragall.

El problema era, ya entonces, la timidez de los líderes del PSOE para afrontar el problema territorial. Desde 1993, en tiempos del gobierno en minoría de González, los socialistas siempre han estado acomplejados al hablar sobre autonomías, nacionalismos o reformas federales para España. Esto es en parte por cobardía, en parte porque el partido era una extraña coalición territorial que ganaba elecciones en las regiones más pobres y en la comunidad más rica. Por el motivo que fuera, el PSOE nunca se han atrevido a tener una posición firme sobre el tema, y nunca han intentado dar una visión coherente sobre su modelo territorial. Dice el tópico que los votantes a menudo prefieren un político con ideas claras a un político que tenga razón. En el tema territorial, el PSOE nunca ha definido sus ideas.

Las dudas del PSOE, por cierto, se extienden a otros partidos de la izquierda. Unidos Podemos es, de por sí, una coalición a menudo un tanto desordenada de partidos regionalistas y nacionalistas con una marca nacional de izquierdas. Basta con ver los tumbos que está dando Ada Colau en Barcelona en cuestiones identitarias para ver que las crisis de identidad al hablar de modelo territorial son endémicas en toda la izquierda.

La catastrófica división del PSOE estas últimas semanas es el fruto de dos décadas de debates fútiles y sudores fríos del partido ante el debate territorial. Lejos de discutir sobre políticas públicas concretas, propuestas, reformas y programa de gobierno, el mensaje de los socialistas desde diciembre siempre ha girado en torno a Cataluña, la posibilidad de un referéndum y sobre la conveniencia o no de llegar a acuerdos con los nacionalistas catalanes. Esto ha llegado a producir la situación surrealista de que el partido, tras firmar un acuerdo con el programa de gobierno más coherente que hemos visto en España en décadas, fuera completamente incapaz de defenderlo, con los barones perdiendo el tiempo pontificando sobre si Podemos exigía un referéndum o no para firmar cualquier acuerdo.

Tras las tres (¡tres!) derrotas electorales consecutivas en los últimos diez meses, quizás va siendo hora de que el PSOE asuma que si quieren llegar a algún sitio necesitan abordar el tema territorial de forma coherente. Los barones deben asumir, y hacerlo cuanto antes mejor, que el PSOE no es un partido de gobierno viable en España sin conseguir buenos resultados en Cataluña, Valencia, Baleares y el País Vasco. Eso quiere decir, inevitablemente, adoptar posturas sobre el modelo territorial español que son populares en esas regiones del país. Eso implica, digan lo que digan los guardianes de las esencias patrióticas en Andalucía y Extremadura, estar dispuesto a hablar o al menos tolerar a los nacionalistas, y, sobre todo, abrazar un modelo territorial que no implique darle la razón al PP en absolutamente todo.

Ciertamente, esto representa un riesgo: el federalismo no tiene buena prensa en España estos días, al fin y al cabo. Creo, no obstante, que ese riesgo está justificado. Primero, porque el partido está ahora mismo en una situación poco menos que catastrófica en apoyo electoral y división interna, así que no tienen mucho que perder. Segundo, y más importante, porque las preferencias de los votantes no son independientes de las posiciones de los partidos, y el federalismo en España no hay nadie que lo defienda ahora mismo. Hablar de soluciones, de un modelo territorial nuevo que implique una oferta real, sólida y viable para Cataluña y un modelo de financiación que no sabotee salvajemente casi todos los gobiernos autonómicos seguro que será mejor recibido que la postura actual de darle la razón a Rajoy y liarse a guantazos internamente.

Esto, como no, exige que los líderes del PSOE sean valientes, creativos y estén dispuestos a buscar soluciones para el país, tener debates substantivos y tomar riesgos. Tristemente eso quiere decir que es poco probable que lo hagan, y el partido siga deslizándose, entre peleas internas, hacia la irrelevancia.

El Régimen en su laberinto
Juan Laborda  vozpopuli.com  20 Octubre 2016

El ínclito monclovita en funciones ya casi lo tiene, está muy cerca. ¡Qué sensación esa de volverse a sentar uno en la poltrona del poder! ¡Qué placer más sublime! Por fin Mariano Rajoy será investido presidente. El Régimen ha conseguido su objetivo, mantenerse en el poder, dejar todo como está. No han fallado, sabían lo que se hacía. ¡Qué buena la idea de promocionar un Podemos de derechas! Pero, por si acaso, como los ciudadanos, los muy tercos, votaron de manera que otra aritmética era posible, había que rematar la faena. Y ahí lo tienen, el Partido Socialista Obrero Español se ha hecho el harakiri.

Y ahora sí, el Eurogrupo, la Comisión y el Banco Central Europeo respiran aliviados. El eslabón más peligroso de Europa está bajo control. Menuda podría haberse montado con una España desmadrada. Hay que reconocer que ayudaron lo suyo para mantener el statu quo. Desde mediados de 2013 las élites patrias y europeas pactaron una relajación de la austeridad para evitar disgustos políticos. Pero una vez conseguido el objetivo, mantener el Régimen, Bruselas vuelve a las andadas y exige nuevos sacrificios, una vuelta a la austeridad presupuestaria.

La idea es muy primitiva. Hay que seguir manteniendo comportamientos y estructuras institucionales que limiten las capacidades de gasto de los gobiernos. Esto le da a la superclase un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno, mientras permiten dar forma a los fundamentos de cierta ética capitalista basados en que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-. Pero sobretodo permiten que el miedo siga desempeñando su papel como medida disciplinaria. Totalitarismo Invertido en plenitud, consolidando la antidemocracia. Pero cuidado, eso no implica que no aumente la deuda pública. Simplemente supone liberar fondos para quienes ustedes ya saben.

Nueva sesión de cine
Lo que ocurre es que a veces hay que tener mucho cuidado, no vaya a ser que, ahora sí, la realidad les acabe devorando a todos y cada uno de aquellos que con alfileres han conseguido salvar los muebles. Menuda sesión de cine nos espera. Tomaremos asiento y con un cubo de palomitas y varios refrescos nos quedaremos absortos viendo la función. Promete emociones fuertes. Veremos cómo nuestra economía en los próximos trimestres deambula por el precipicio y luego dirán lo de siempre, un meteorito del espacio exterior nos ha golpeado, no era previsible.

Algunas cifras para recordar. El déficit o necesidades de financiación de la banca patria, vía Eurosistema -Target 2-, alcanzó los 314 mil millones de euros, aproximándonos a los niveles récord de 2012, en plena turbulencia financiera. Los clientes de los bancos patrios retiran fondos de sus cuentas y los depositan en entidades bancarias foráneas, las cuales a su vez no los prestan a nuestras entidades bancarias en el interbancario al desconfiar de ellas. ¿Imaginan ustedes lo que pasaría si no se cubrieran esas necesidades de financiación?

Pero el problema de fondo de nuestra economía continúa, un exceso de deuda y la ausencia de un modelo productivo que permita un crecimiento económico estable de medio y largo plazo, continúa, más allá de ciertos factores exógenos que han permitido salvar la cara. La excesiva deuda total (4,1 billones de euros al cierre del primer trimestre de 2016) y externa (1,15 billón de euros en ese mismo período) nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE (ambos, aversión y grifo del BCE, están interconectados). En ese caso España entraría en un círculo vicioso.

Y si con ello no era suficiente, ahora que ya están prietas las filas, el Gobierno acaba de admitir ante Bruselas que sólo hay Fondo de Reserva de la Seguridad Social para un año, mientras que la Seguridad Social podría registrar en 2016 el mayor déficit de su historia. Pero ¿qué pretendían algunos después de transformar en las últimas décadas España en un país de camareros, crupieres y rentistas del suelo? Salvo el País Vasco y un tejido exportador de pequeñas y medianas empresas potente, el resto del país es un erial. Lo dicho, la función promete emociones fuertes. La amenaza de llevarse por delante al Régimen solo se ha retrasado.

Efigies
David Gistau ABC  20 Octubre 2016

Durante los años noventa, me contaron que el cartel que anunciaba la entrada en Vizcaya desde Cantabria estaba acribillado a balazos. Nunca pude comprobar si era cierto, pero me dijeron que los disparos los hacían escoltas y guardias que todos los días iban al País Vasco a trabajar pero vivían en los pueblos cántabros colindantes, e incluso en Santander, para mantener a sus familias a salvo del odio y la opresión social. Los rapsodas de la "normalización" de buena fe probablemente anhelaban un País Vasco en el que los guardias civiles no tuvieran que vivir encerrados como en un fuerte de las guerras indias o al otro lado de una frontera autonómica. Probablemente fantaseaban con un País Vasco en el que un guardia pudiera salir a tomarse una copa con su novia sin tensarse cada vez que se abriera la puerta del establecimiento (no digamos si está en Navarra). El tremendo episodio de Alsasua, donde los guardias ya ardían en efigie como los fugados de la Inquisición, es un golpe duro para semejante anhelo, así como para el "relato" oficial de "tó er mundo e güeno" y sólo los muy vengativos y cerriles pueden oponerse a este otro abrazo de Genovés.

La horda linchadora de Alsasua, con su repugnante mezcla en el hálito de calimocho y épica de mural, con esa coartada política que han encontrado para que el impulso de arrojar la cabra desde el campanario parezca otra cosa, puede ser un anacronismo y puede no serlo. Puede significar que la claustrofobia sociológica de los pueblos envenenados de odios y chivatos que antaño vigilaban a los vecinos condenados por ETA permanece intacta, sin mayores afanes rehabilitadores, tan sólo menguada en su capacidad de percusión por el fracaso de los terroristas. Si dejar de fumar es difícil, dejar de odiar, y de odiar, además, en feliz cohesión gudari, constituye un vicio más difícil aún de abandonar.

Hacía mucho tiempo que un suceso relacionado con lo que se dio en llamar el "terrorismo de baja intensidad" –que lo fue de alta para los guardias y sus novias violentados por la turba– no obligaba a los partidos a retratarse en términos morales. La ambigüedad de Podemos, su reticencia a condenar más allá de algunas loables manifestaciones personales de Echenique, revela no sólo una coincidencia en los prejuicios ideológicos que proviene del concepto de patente de corso revolucionaria. Revela también que Podemos está decidido a vertebrar, con todos los partidos gamberros que haya extramuros, empezando por los independentistas, una coalición tribal de los anticonstitucionalistas que aproveche la desaparición del PSOE para devolvernos a una fragmentación primaria parecida a la de la Guerra Civil. Aquí ya hablamos de lo difícil que fue la construcción de la tercera España cuya nueva desaparición necesita esta izquierda tan antagonista de las convenciones del ciclo del 78 que ha recuperado hasta el cliché de que la portación de uniforme obliga a hacer ambiguas y reticentes las condenas de la violencia.

El tiempo y los políticos
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es  20 Octubre 2016

Después de un cuarto de siglo de actividad política he llegado a la conclusión basándome en mi experiencia personal y en lo que he observado en otros países, así como en mis abundantes lecturas de Historia, que los políticos casi siempre empeoran todo lo que tocan y rara vez contribuyen a solucionar nada. La célebre y jocosa frase de Groucho Marx sobre la política como el arte de buscar problemas, encontrarlos y hacer un diagnóstico falso para aplicar a continuación los remedios equivocados, contiene mucha más verdad de la que su intención humorística parece apuntar. Por consiguiente, he dedicado un tercio de mi vida a una esfera de la existencia que básicamente genera corrupción, despilfarro, incompetencia, codicia, destrucción, muerte, oportunismo, megalomanía y opresión. No es que yo haya colaborado consciente y deliberadamente a tales horrores, sino que he vivido sumergido en ellos durante más de dos décadas y confieso que todos mis intentos de impedirlos han resultado en gran medida estériles. Si he de ser completamente objetivo sobre mi paso por diferentes parlamentos a nivel local, autonómico, nacional y europeo -por lo menos tengo el consuelo de que nunca he desempeñado puestos ejecutivos, lo que mitiga algo mi responsabilidad-, de algunas de mis contribuciones puedo sentirme modestamente satisfecho en la medida que han introducido racionalidad y salvaguarda del interés general en los temas correspondientes, pero han sido gotas en un océano de desastres. Basta analizar someramente procesos como el Brexit, la aventura independentista catalana o los diez meses que lleva España sin Gobierno, por citar tres casos muy actuales, para darse cuenta de que el genial actor cómico norteamericano acertó plenamente. Los políticos juegan sistemáticamente al tipo de juegos preferido por los que son a la vez malvados e idiotas, a saber, los juegos en los que todo el mundo pierde. En el Brexit, pierde la UE y pierde el Reino Unido, en la separación de Cataluña y España, ambas saldrían seriamente perjudicadas y en el largo período de interinidad que hemos padecido los españoles se han evaporado inversiones, se han esfumado oportunidades y se han malgastado energías en detrimento de todos los sectores sociales.

Dentro de este carácter fatalmente maligno de la acción de los políticos en los entornos en los que se desenvuelven, destaca como especialmente nocivo su manejo del tiempo. Resulta asombroso a la vez que indignante contemplar como hay numerosos asuntos por resolver que se van agravando a medida que transcurren los meses, los años y los lustros, y que de no ser solventados con la debida antelación, acaban desembocando en tremendas catástrofes financieras, sociales o humanitarias, cuestiones que requerirían una intervención decidida, rápida y acertada por parte de los Gobiernos, y que, lejos de ser objeto de los remedios necesarios, se dejan pudrir por la indolencia, la cobardía o el oportunismo electoralista de los jefes de partido.

La marcha acelerada hacia la insolvencia del sistema de pensiones en España es un exponente particularmente llamativo de este fenómeno. Se sabe desde que empezó la crisis en 2008 que la combinación del desempleo masivo, el envejecimiento de la población y las bajadas salariales con toda seguridad abocarían a la Seguridad Social a serias dificultades para hacer frente a sus compromisos. El fondo de reserva acumulado aprovechando los años de bonanza ya ha sido objeto de sucesivas dentelladas y está previsto que se agote en Julio de 2017 a partir de cuyo momento los gastos superarán a los ingresos. Para garantizar que los beneficiarios sigan cobrando, se barajan varias posibilidades, la reducción del montante a percibir por los pensionistas, el retraso de la edad de jubilación, la ampliación del período mínimo de cotización, la subida de las cotizaciones y el recurso a los Presupuestos Generales del Estado. Seguramente se aplicará una combinación de todas estas dolorosas medidas. Si se decide una subida de cotizaciones y de impuestos, el efecto será el inverso al buscado porque la consiguiente ralentización de la actividad económica disminuirá aún más las contribuciones al sistema de tal manera que su déficit se incrementará. Si las pensiones disminuyen o la vida laboral se prolonga, las protestas en la calle serán sonadas y Podemos hará su agosto.

Ahora bien, esta amenaza no ha surgido de golpe ni ha sorprendido a nadie. Era perfectamente previsible que esta difícil situación se iba a presentar. Unos políticos con visión de largo plazo y mínimamente responsables hubieran empezado a transformar gradualmente el sistema de reparto puro, que es insostenible, en otro mixto de reparto y capitalización antes de que las orejas del lobo dieran paso a la fiera entera. Sin embargo, un Gobierno tras otro se mantuvieron pasivamente en la inacción hasta que la bomba les ha estallado en las manos.

Y qué decir de la ofensiva nacionalista en Cataluña, que ha ido adquiriendo tonos crecientemente agresivos y cuya culminación en rebelión abierta contra la Constitución algunos predijimos hace veinte años sin ser escuchados y recibiendo acusaciones de catastrofistas y agoreros. Ahora que la marea secesionista sube ya incontenible salvo respuesta de traumática contundencia, es evidente que estamos pagando la desidia, la pusilanimidad y la falta de firmeza ideológica de los dos grandes partidos nacionales a lo largo de treinta y cinco años, que ya son años.

La mezcla letal del enfoque a corto plazo y de superficialidad que impregna la trayectoria de la inmensa mayoría de los profesionales de la política fabrica los embrollos, los engrandece y los convierte al final en inmanejables. Volviendo a Groucho, hay días en que a la vista de la calidad de nuestra clase política no queda otra que exclamar: ¡Parad el mundo, que me bajo!

Podemos y la violencia
EDITORIAL Libertad Digital  20 Octubre 2016

El fracaso electoral de Unidos Podemos –una coalición diseñada para alcanzar el poder y que se ha quedado en 71 diputados- está teniendo como una de sus primeras consecuencias la radicalización del discurso de Pablo Iglesias y, como hemos visto en las últimas horas, un peligroso deslizamiento hacia posiciones aún más demagógicas y a la justificación, cuando no el uso, de la violencia.

El motín en el CIE de Aluche nos ha permitido ver lo peor de un partido que no tiene ningún reparo en utilizar una situación de emergencia en el orden público para hacer su peor demagogia, lanzar gravísimas acusaciones a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y demostrar, una vez más, que no han venido a gestionar instituciones tan importantes como el Ayuntamiento de la capital de España, sino a hacer propaganda barata.

Carmena y sus concejales han hecho un ridículo fenomenal en un área en la que no tienen competencias, en una situación en la que nadie les ha nombrado interlocutores y en un conflicto que, como ha demostrado la Policía, podía solucionarse de forma pacífica si se dejaba trabajar a los profesionales en lugar de a un grupo de activistas del tres al cuarto.

Más grave aún es, probablemente, lo ocurrido en la Universidad Autónoma de Madrid. Libertad Digital es, sin duda, uno de los medios que más ha criticado a Felipe González y a Juan Luis Cebrián, pero una cosa es la crítica política o intelectual, que puede ser durísima, y otra muy diferente usar la violencia de la mano de proetarras para expulsar a dos conferenciantes –sean quienes sean- de una universidad a la que han sido invitados.

Como abiertamente afirmaba Íñigo Errejón hace sólo unas horas, Podemos pretende controlar las universidades, la cultura y la vida intelectual del país –"hemos de dirigir el rumbo cultural de nuestro país", decía- como un paso previo a la dominación política. Y obviamente no van a hacerlo por la calidad de sus penosos argumentos, sino por el método que con tanto éxito puso en marcha la ETA –a cuyos amigos recurren, tal y como hemos visto este miércoles- o al que ha recurrido también el nacionalismo catalán: usar la violencia y la intimidación para expulsar del tablero de juego a todo aquel que no comulgue sumisamente con sus disparatadas ideas.

Caído el disfraz electoral, los que se presentaron a las elecciones como "la sonrisa de un país" desvelan de nuevo la realidad detrás de aquella máscara: la de un grupo de arribistas y ultras dispuestos a todo para alcanzar el poder y que no vacilarán en usarlo de la peor manera si, esperemos que no, logran algún día su objetivo.

Cabe preguntarse si los cinco millones de españoles que les apoyaron electoralmente son conscientes de a quién han dado su voto. Es de temer que algunos sí, pero ahora que estamos viendo su verdadero rostro muchos no podrán sino apartarse de un partido que no está dirigido por demócratas al uso, sino por revolucionarios violentos que añoran las checas y las guillotinas.

Cinco años que aún no cierran el final de ETA
EL MERODEADOR El Espanol  20 Octubre 2016

Este jueves se cumple un lustro desde que ETA decretó el "cese definitivo de la violencia". Buena muestra del estado comatoso en que se encuentra la banda terrorista pero también de las dificultades que aún debe afrontar el Estado para normalizar la vida allá donde ETA fue más fuerte la dan las noticias de los últimos días.

Si el 12 de octubre la Policía francesa, en colaboración con la Guardia Civil, localizaba un arsenal de 250 pistolas y más de dos toneladas de explosivos en un zulo a 100 kilómetros de París, tres días después medio centenar de radicales apaleaban en la localidad navarra de Alsasua a dos agentes de paisano y a sus novias. Por otra parte, el juez de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional ha autorizado esta semana la concesión de permisos carcelarios a la pistolera acogida a la 'Vía Nanclares' Idoia López Riaño.

Este mosaico informativo es ilustrativo de cuanto concierne a ETA y al final del terrorismo. No hay muertos en la calle, pero el matonismo, la violencia y el miedo siguen dominando aún el espacio público en pueblos y ciudades del País Vasco y de Navarra.

La perspectiva que estos cinco años sin tiros en la nuca ni coches bomba dan para analizar lo ocurrido nos permite reafirmar que hubo una victoria policial sobre ETA. Hoy publicamos en EL ESPAÑOL las cartas que en 2009 se cruzaron los líderes 'abertzales' Arnaldo Otegi y Rafael Díaz Usabiaga en las que se percibe la situación agónica que vivía de la banda, acorralada por las acciones de las fuerzas de seguridad.

Ahora bien, la derrota de ETA no se ha visto acompañada de una derrota política. Lamentablemente los proetarras están presentes en las instituciones. La formación de Otegi es hoy la segunda fuerza política en el País Vasco y la tercera en Navarra, y gobierna en muchos municipios de ambas comunidades. Tal y como hoy expone en nuestra Tribuna Javier Marrodán, el alto el fuego de ETA atiende a razones pragmáticas y no a argumentos morales, por lo que sólo vivimos un "sucedáneo de la paz".

Esta situación obliga al Estado a mantener una batalla vital por el relato, de manera que no se manipule la historia y se honre, como merece, la memoria de las víctimas. Será una lucha larga y difícil pero que hay que acometer en honor a la verdad y a la justicia

La espiral del silencio sobre ETA
MAITE PAGAZAURTUNDÚA El Mundo  20 Octubre 2016

Si usted alberga un espíritu delicado, como de supervisar nubes, no siga leyendo. Las palabras restantes, de hecho, podrían afectar a su sensibilidad.

Hace cinco años ETA declaró que no nos mataría. Poco tiempo después un periódico de tirada nacional entrevistó a Raúl Guerra Garrido, el primer escritor que se atrevió a escribir sobre ETA, uno de los ciudadanos valientes que se atrevió a convocar la primera manifestación del colectivo cívico Basta Ya en San Sebastián. Recordaba en la entrevista que la ciudad apareció empapelada con amenazas en las fotos de los que la convocaron. Vivió muchos años bajo escolta policial por ejercer su libertad de pensamiento en voz alta y le quemaron varias veces la farmacia familiar hasta que quedó completamente calcinada y tuvieron que abandonar la actividad profesional. Recordaba que el entonces alcalde Odón Elorza llegó a proponer que San Sebastián fuera "ciudad refugio de escritores perseguidos". Un "sarcasmo divertidísimo", aseguraba, teniendo en cuenta que él y otros amigos escritores como Fernando Savater atravesaban la ciudad acompañados indefectiblemente de escoltas. El nacionalismo gobernante se comportó con los hombres decentes y justos que dijeron no a ETA y al nacionalismo obligatorio como el Dios inclemente del Antiguo Testamento. No olvida el autor que el Gobierno vasco concedió una subvención a una universidad de California para la edición de una antología de textos con la condición de que se suprimiesen dos: El laberinto vasco de Julio Caro Baroja y su novela, La carta.

Hace cinco años creía pendiente el gran Guerra Garrido "la reflexión de los que estuvieron en silencio, que hablen -decía- los que callaron. Unos, con complacencia, recogiendo las nueces, otros, porque si no se movían no les iba a pasar nada".

Durante años tuve la suerte de visitar colegios hablando de las víctimas de ETA y explicaba cómo funciona la espiral del silencio en el País Vasco y Navarra, el control social de los violentos en ciertas comunidades, el esquema del acoso... Ante casos que no les afectaban personalmente, lo entendían y les resultaba fácil identificar posiciones éticas frente a la persecución de las personas, bien fuera contra su dignidad moral o contra su integridad física.

Hablar de derechos fundamentales obliga a señalar nuestro deber activo con la dignidad de los demás. Solía indicarles que en la vida hay algunas ocasiones en que se debe elegir entre esconderse o dar la cara. Y que cada uno de ellos se enfrentaría a este dilema. Y que, seguramente, ya les había tocado hacerlo. Entonces se sorprendían y cuando les preguntaba si habían mirado hacia otro lado mientras un compañero de clase era insultado gravemente o humillado, la mayoría se revolvía incómoda. Les animé siempre a que, en la siguiente ocasión, no dejaran solo a quien era injustamente atacado. Les indicaba que construimos la sociedad cuando nos enfrentamos a cosas así, para bien o para mal.

En las comunidades escolares, en los casos de acoso grave que se llegan a conocer, es la víctima la que suele cambiar de centro escolar. Resulta más cómodo, porque los agresores suelen ser más en número, sus padres tienen una alta motivación para presionar y cargar responsabilidades en los profesores o la dirección, uff!... En todo caso, se puede eludir un proceso que es traumático -se dice- para el resto de los escolares, profesores y dirección escolar... que prefieren olvidar, que no se enteraron... Especialmente incómodo resulta para los compañeros de clase que dejaron sola a la víctima. Eso sí, nos dirán que la víctima se fue a petición propia y esto suele ser dolorosamente cierto. Esa petición resulta pluscuamperfecta para que no se le dé más vueltas.

La víctima abandonará el centro escolar vencida y se reforzará una forma cobarde de comunidad. No se da la reparación de la víctima y no se aprovecha de forma coherente para mirar el comportamiento de cada cual, ni los deberes de auxilio.

En el calvario del acoso impera la ley del silencio. Es complicado para la dirección escolar enterarse, pero además, resulta difícil discernir si es una chiquillada o un abuso moral cruel realizado por menores... Llamar a la inspección educativa es un engorro, mediar entre los padres, también, porque los padres de los agresores suelen ser más numerosos y muchas veces actúan ciegamente en la justificación de sus retoños... Mutatis mutandis, estas estructuras del acoso y del consentimiento se parecen a las nuestras, como cuando el dueño de un bar decidió acercarse a Cristina Cuesta y su hermana en los primeros años 80 tras el asesinato de su padre por ETA. El propietario del establecimiento "lógicamente" no tenía nada contra ellas, pero a algunos no les gustaba su presencia, y a él denunciarlo, le daba "pereza", y claro, "además quería llevarse bien con todo el mundo".

En este quinto aniversario se me ocurren pocas cosas más cabales que invitar a leer las excelentes novelas de Guerra Garrido: Lectura insólita del capital (1977), La costumbre de morir (1981), La carta (1990) y La soledad del ángel de la guarda (2007) junto con la última novela de Fernando Aramburu, Patria.

Comentaba el escritor en la entrevista que los nacionalistas que gobernaban el País Vasco no apoyaron a las víctimas cuando las perseguían, como no apoyaron a sus familiares estigmatizados por ello. Éste se ha convertido cinco años después en el más grande de los tabúes. Ahora, por distintos motivos, el Gobierno vasco invierte grandes sumas en maquillar el pasado sin tomar en cuenta que resulta especialmente indecente mezclar tiempos históricos y víctimas de distintos delitos y no afrontar lo suyo, lo del Gobierno y los líderes del nacionalismo que no mató, lo de no mirarse al espejo.

Se habla de establecer un relato auténtico de aquellos años, pero yo veo el escenario de un impulso débil del Estado ante una batalla democrática que falta por librar, con un frugal apoyo al Memorial de las Víctimas, sin apoyo económico apenas a los colectivos de víctimas que denuncian hechos intolerables en tantos puntos del País Vasco y Navarra y donde los partidos constitucionalistas que pusieron los muertos, sin sacar los votos, se sienten débiles para echarse a las calles a reclamar que se les obligó a jugar con reglas que llevan a su lenta pero inexorable desaparición. Como señaló Jon Juaristi hace tres años, que los acosadores "impongan o no su relato es cuestión de pura relación de fuerzas (...) en la sociedad vasca" y navarra.

Cinco años después del anuncio del abandono del terrorismo, los lobistas de ETA gobiernan municipios, participan en el gobierno de la Comunidad Foral de Navarra y no denunciarán a la horda juvenil que atacó a dos jóvenes guardia civiles y sus novias en Alsasua. Tampoco Podemos, que busca en los caladeros próximos. Cinco años después del anuncio de que ETA dejaba de matar, Otegi y los suyos se atreven con descaro a recibir como héroes a los asesinos múltiples cuando salen de la cárcel y piden impunidad para los que cumplen condena.

Los herederos de ETA juegan a un negacionismo sucio, constante como el xirimiri, persiguiendo que todos los españoles consideremos que no fue importante que persiguiesen y coaccionasen nuestras libertades morales y políticas, que nos estigmatizasen o matasen. Como si la única importancia de la víctima fuera el efecto en la estrategia que seguían entonces, pero que, pelillos a la mar, ni la ley, ni nuestra vida, ni nuestros derechos eran importantes, mientras apuntan a un nuevo horizonte de ruptura institucional.

No pedir la condena de la historia del terror para legalizarlos fue un error. Consentir los prospectos dulces y falsos es otro, porque sin asomarnos al abismo cruel de lo tolerado en nuestra tierra se posibilita el inicio de nuevos ciclos de mentiras tóxicas sobre esta generación de niños y adolescentes en Hernani, en Alsasua, en tantos otros sitios. Es otro error, y permitan que les diga que lo considero, además, una canallada para los que guardamos memoria. Y luto.

Maite Pagazaurtundúa es europarlamentaria.

Cuando la Universidad se vuelve un espacio de intolerancia
EDITORIAL El Mundo  20 Octubre 2016

El reprobable boicot que impidió ayer a Felipe González participar en una charla coloquio en la Universidad Autónoma de Madrid es una nueva muestra de la intolerancia de ciertos grupos antisistema que instrumentalizan la Universidad para convertirla en un altavoz de su ignorancia y fanatismo. Lamentablemente, no se trata de la primera vez que el ex presidente del Gobierno es objeto de escarnio en un aula universitaria. En 1993, y en el mismo escenario, González aguantó estoico un abucheo continuo de más de un centenar de estudiantes cuatro días después de que el informe de los técnicos de Hacienda pusiera en evidencia la responsabilidad del PSOE en el caso Filesa. El entonces líder socialista acabaría dando su conferencia sobre la Transición. Pero el altercado de ayer fue de tal magnitud que se tuvo que suspender el acto. Inevitablemente, este episodio rememora los incidentes más deleznables de los que han sido víctimas varios representantes políticos en la Universidad. Una institución que por definición debería encarnar el saber y la libertad de expresión, no la intolerancia ni la violencia.

Los hechos acaecidos no deben ser minimizados. A los gritos de "Felipe González estás manchado de sangre" y "asesinos no sois bienvenidos", cerca de 200 jóvenes, gran parte de ellos encapuchados o con la cara oculta por caretas, rodearon el aula magna de la Facultad de Derecho. Aporrearon las puertas e intentaron tirarlas abajo para impedir la participación de González y del presidente de Prisa, Juan Luis Cebrián, en unas jornadas sobre Sociedad Civil y Cambio Global. Todo un comportamiento vandálico que debería ser investigado por la Justicia, dados los indicios de que pudieron cometerse varios delitos. Pero, además, lo que ocurrió ayer no constituye simplemente un problema de orden público, sino, sobre todo, un acto que viola el ejercicio de la libertad de expresión.

Inexplicablemente, no hubo una reacción política unánime. PP y Ciudadanos reprobaron sin paliativos los hechos: "Condeno el escrache totalitario que ha sufrido Felipe González en la UAM", tuiteó Pablo Casado ayer. "¿Esto es la anunciada vuelta a la calle a dar más caña y miedo?", se preguntaba. Se refería, sin duda, a Pablo Iglesias, quien recientemente ha defendido la estrategia de Podemos de movilizar a sus bases. "La libertad de uno acaba donde empieza la del otro", señaló Albert Rivera.

El PSOE también mostró su repulsa. Pero sus dirigentes fueron mucho más allá. Mario Jiménez, portavoz de la gestora, acusó a Pablo Iglesias de provocar el altercado. Remarcó que los violentos no hacían más que repetir las "consignas" que el líder de Podemos lanzó contra González durante el pasado debate de investidura de Pedro Sánchez. "Desconfíe de los consejos de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva", le había advertido.

Frente a estas posiciones, Podemos en un primer momento se puso de perfil y evitó pronunciarse al respecto. Y no fue hasta horas más tarde de producirse el boicot cuando Iglesias sorprendió a la opinión pública al intentar minimizar, sin pudor alguno, el alcance de los hechos rebajándolos a "una protesta estudiantil". Nada más lejos de la realidad. La gravedad de los insultos contra González y Cebrián y la virulencia del altercado lo contradicen. Lo que se necesita en unos momentos como éstos son dirigentes que rechacen la violencia sin ningún tipo de matiz, y no irresponsables que con su complacencia aviven el caldo de cultivo de los intolerantes. Las palabras de Iglesias son una legitimación de este tipo de ataques. Máxime si se tiene en cuenta el contexto de crispación que atraviesa la política española por la falta de acuerdos.

Lo sucedido no es una protesta estudiantil, sino un linchamiento como el que el propio Iglesias protagonizó siendo profesor contra Rosa Díez en 2010. Lo cierto es que en los últimos años, la Universidad viene dando signos de un preocupante deterioro moral. Políticos como Josep Piqué, José Mª Aznar o Albert Rivera también fueron sometidos a escraches en ámbitos académicos.

Sorprende la pasividad de las autoridades universitarias al permitir estas conductas, pero lo más lamentable son las actitudes impropias de una institución en la que debería primar la libre confrontación de ideas y el respeto hacia las personas.

Populismo de izquierdas y de derechas
Antonio Robles Libertad Digital  20 Octubre 2016

Pablo Iglesias o Nicolás Maduro son populistas, pero también lo son Donald Trump o Marie Le Pen. Y los dos son tomados en su sentido más peyorativo a pesar de los esfuerzos de Ernesto Laclau por presentar el fenómeno como positivo. ¿Cómo puede ser que los populistas lo sean a la vez de izquierdas y de derechas? ¿Puede emplearse el término para definir dos opciones políticas tan radicalmente distintas?

Se puede, el propio uso del término a lo largo de la historia ha tenido muchas acepciones, negativas y positivas. Pericles, el mayor político de la Grecia Clásica, fue populista, además de tirano, pero ninguna de los dos apelativos tiene nada que ver con la acepción que hoy tenemos. No es propósito de estas líneas hacer un recorrido por la historia del término, sino dar cuenta del punto de intersección del populismo de izquierdas y de derechas, es decir, aquello que les define como populistas. Y en esto sí hay consenso.

El populismo, como otros muchos términos originados en la Grecia clásica, remite a la demagogia del tirano que excita la ambición del pueblo para atraerlo a su causa. No pretende ganarlo con argumentos empíricos, ni con la razón, sino excitando los instintos más interesados y egoístas de los ciudadanos, explotar sus pasiones y esperanzas, ganar su corazón para asaltar su voluntad sin oposición. La plebe sugestionada es fácilmente manipulable. El político sin escrúpulos lo sabe, y lo explota.

No hay nadie más manipulable que el desesperado social. A la desgracia de su condición desamparada, se une la malicia del ambicioso que busca poder, a costa de lo que sea.

Hay en los populistas algo despreciable, muy obsceno. A sabiendas de que lo que prometen no es posible o es moralmente sospechoso, lo garantizan o lo blanquean para atraer a su causa al mayor número posible de incautos. Convierten así a los ciudadanos en plebe, en un rebaño. Las promesas secesionistas de los nacionalistas son un ejemplo diario. Nadie es inmune, todos tenemos nuestro talón de Aquiles por donde se cuelan.

Pablo Iglesias es un modelo obsceno y viscoso del populismo para el ciudadano despierto, pero para quien se lo toma en serio, se convierte en un justiciero. "Hay que politizar el dolor", "hay que dar miedo a los poderosos" para hacer una sociedad más justa, asegura. Como cuando ETA extendió los asesinatos a la sociedad entera bajo el lema: "hay que socializar el dolor". Contra ese tipo de bazofia se debe utilizar la razón, información neutral, objetiva, capaz de inspirar en el ciudadano la búsqueda de la verdad y no la autocomplacencia de sus emociones. Darles la posibilidad de comportarse como personas adultas ante falacias y promesas imposibles. Hoy, con las redes sociales por medio, nos lo han puesto aún peor.

No es solo una cuestión moral, hoy nos jugamos la continuidad de la sociedad del bienestar. Los tiempos han cambiado desde la abundancia productiva surgida del final de la II Guerra mundial. Las crisis económicas, el paro crónico y la precariedad laboral provocados por la era digital, las expectativas de vida y los gastos exponenciales en sanidad y pensiones de nuestros mayores, la deslocalización de empresas a causa de la globalización, la presión demográfica de África sobre Europa y la inmigración humanitaria actual han dejado las arcas de la socialdemocracia europea en banca rota. Y a ella misma, cuestionada. Y eso es muy grave, no sólo porque ha sido el modelo social más justo de cuantos se han dado hasta ahora en la historia, sino porque la crisis se ha hecho estructural, ha venido para quedarse. El mejor caldo de cultivo para los populistas. La ultraderecha y la ultraizquierda salen de sus tumbas por doquier como si no hubiéramos aprendido nada de la historia. Pero… ¡ojo!, los populistas a menudo son el síntoma de problemas que nos empeñamos en no ver. Tomarlos en cuenta, calibrar las soluciones posibles sin esperar a que los bárbaros entren como el caballo de Atila, es cuanto menos, prudente. Lo advertía Josep Borrell: "Conviene no escupir sobre el populismo, sino escucharles más. Sus propuestas no son viables, pero la gente no les vota por lo que proponen sino por lo que representan. Representan un estado de ánimo, y uno no combate los estados de ánimo con balances presupuestarios".

Pues habrá que intentarlo, Josep: con una sociedad ilustrada, bien informada, con políticos honrados y preparados… y también con balances presupuestarios. No somos niños.

Yihad, terror y boicot al amparo del Estado Benefactor
Julián Schvindlerman Libertad Digital  20 Octubre 2016

Las ayudas sociales son parte y parcela del estatismo europeo, y los inmigrantes suelen beneficiarse de las mismas. Algunos yihadistas, también. Tiempo atrás, Libertad Digital ofreció llamativos ejemplos. Posiblemente el más emblemático sea el de Mohamed Emwazi y su familia, que abandonaron Kuwait tras la Guerra del Golfo, asentándose en Gran Bretaña en 1996. Todo el clan recibió ayudas sociales del Estado británico que cubrieron los alquileres durante dos décadas, llegando a rozar los seiscientos mil euros en el período. Emwazi es más conocido por su apodo Jihadi John, el tenebroso islamista angloparlante del ISIS que decapitó a varios rehenes para su posteo en Youtube. Uno de los terroristas que participó de los atentados en París en noviembre del año pasado, Bilal Hadfi, también recibió ayuda social para pagar el alquiler, en tanto que el belga Ibrahim Abdeslam –que se inmoló en la sala Bataclan de la capital francesa y cuya exesposa dijo de él que "apenas trabajaba, se dedicaba a dormir, ver películas, conectarse a internet, escuchar música rap y fumar marihuana"– recibía un subsidio para solventar el alquiler de su vivienda, además de mil euros al mes. El diario El Mundo lo describió como "fiestero, divorciado, porrero hasta niveles preocupantes" y dueño de una empresa familiar que llegó a facturar cien mil euros anuales; cuando las autoridades cancelaron la ayuda oficial, "Ibrahim enloqueció y agredió a un concejal".

Al considerar que en Europa residen cerca de diez millones de musulmanes, uno puede verse tentado a aducir que este puñado de casos no pasa el umbral de una muestra. Aun así, alerta a propósito de un problema real que requiere atención. Lo cual se agrava al recordar el lamentable récord europeo en el campo del patrocinio de organizaciones radicales, que puede verse cristalinamente en lo concerniente al conflicto palestino-israelí.

Francia, por ejemplo, respaldó económicamente a tres ONG pro BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel), Association France Palestine Solidarité, The International Federation for Human Rights y Catholic Committee Against Hunger and for Development-Terre Solidaire, que promovieron exitosamente un boicot contra la presencia de la compañía telefónica Orange en Israel. Francia es dueña del 25% de Orange, lo que significa que París financió un boicot contra sus propios intereses. Algo parecido ocurrió en Holanda cuando ONG patrocinadas por el Estado holandés fomentaron un boicot a la compañía de agua de Israel, Mekorot. El pico de la ofensiva de estas ONG pro-BDS ocurrió el mismo mes en que Holanda firmó un acuerdo de cooperación de desarrollo con Israel. España ha financiado a una serie de ONG pro-BDS, como Al Haq y el Comité Palestino de Ayuda Agrícola, que promovieron un boicot a Israel que España oficialmente rechaza.

También está el notorio caso de World Vision, una ONG caritativa cristiana global cuya sede en la Franja de Gaza desvió millones de dólares de donantes internacionales –varios de ellos países europeos– hacia las arcas del grupo terrorista Hamás, opositor a la paz entre israelíes y palestinos. La propia agencia de las Naciones Unidas para la protección de los refugiados palestinos de 1948 en adelante, Unrwa, es un emblema absurdo de esta realidad: durante las guerras de Hamás contra Israel, sus hospitales y escuelas se convirtieron en plataformas de lanzamiento de misiles y cohetes contra ciudades israelíes, sus ambulancias se transformaron en vehículos para transportar terroristas y sus jardines de infantes fueron usados como refugios para esconder a los combatientes palestinos. Unrwa es sostenida financieramente con aportes de Estados miembro de la ONU, muchos de ellos europeos comprometidos con el proceso de paz palestino-israelí.

Nadie espera que Europa anule al Estado Benefactor, que sin lugar a dudas ha asistido a grandes cantidades de inmigrantes honrados, ni que renuncie a su generosidad para con organizaciones humanitarias que hacen el bien a diario, ni que deje de aportar a un organismo de la ONU que cuida a millones de refugiados palestinos criminalmente abandonados a su suerte por sus propios hermanos desde hace más de medio siglo. Pero ¿es mucho pedirle que no extienda su caridad a yihadistas decididos a conquistarla? ¿Ni a ONG extremistas que sabotean la coexistencia palestino-israelí? ¿O que se asegure de que sus donaciones no caigan en manos de militantes fundamentalistas? Si el pasado ha de ser una guía, desafortunadamente parece que esto es mucho pedir.

julianschvindlerman.com.ar

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Alsasua, el pánico cotidiano de ETA
Los etarras y el mundo radical 'abertzale' cambiaron las formas para que el fondo siguiera igual, por eso el pánico de unos guardias civiles en Alsasua es un pánico cotidiano
Javier Caraballo El Confidencial 20 Octubre 2016

La banda terrorista ETA retiró a los asesinos de las calles pero dejó a los matones; guardó en un zulo el lenguaje del nueve parabellum, pero dejó en los bares el idioma del acoso, del odio, del miedo. Los etarras y el mundo radical 'abertzale' cambiaron las formas para que el fondo siguiera igual, por eso el pánico de unos guardias civiles en Alsasua es un pánico cotidiano. Cuando se ha puesto al teléfono la novia de uno de los dos guardias civiles, su acento cordobés recordaba al de tantas viudas de ETA que en los años de plomo de la banda asesina sentían la misma repulsión, el mismo aislamiento cuando salían a la calle.

Muchos son los andaluces que, por diferentes circunstancias, han acabado como guardias civiles en el País Vasco, y el relato de todos ellos, desde entonces hasta ahora, ha variado muy poco, porque todos son víctimas de una convivencia imposible por el miedo que se respira. Si les ocurre a los propios ciudadanos vascos que se han enfrentado a ETA, que no están dispuestos a amedrentarse, que se niegan a que los echen de su tierra; si les ocurre a ellos, que tienen apellidos vascos, a qué aislamiento no someterán los radicales a aquellos que, como estos guardias civiles de Alsasua, tienen que mirar a los lados cada vez que abren la boca por el miedo a que su propio acento les delate.

Dicen en el entorno 'abertzale', en EH Bildu, para justificar que una vez más se niegan a condenar la violencia etarra o proetarra, que lo ocurrido no ha sido más que “una pelea de madrugada” a la que se le está dando un tratamiento exagerado “de cuestión de Estado”. Y añaden que se mantiene intacta su “apuesta por la paz y la normalización”. Pero no es verdad, porque no se puede construir ninguna paz sin cambiar un ambiente como el de Alsasua. “La vida de los guardias civiles en el País Vasco y Navarra es miserable. Te sientes vendido, desprotegido en cuarteles muy antiguos e inseguros, y vives durante años ocultando lo que eres y a lo que te dedicas. Solo piensas en cumplir los 36 meses del derecho preferente para poder volver a casa", dijeron en 2008 los compañeros de uno de los últimos guardias civiles que asesinó ETA, Juan Manuel Piñuel Villalón, nacido en Málaga. Es verdad que ya no hay asesinatos, una afortunada realidad que no puede minusvalorarse ni mucho menos ignorarse en cualquier análisis, pero no es menos cierto que la estrategia de odio, de acoso y de miradas no ha desaparecido.

La normalización del País Vasco… Qué enorme complejidad encierran esas palabras. Hace un mes, en plena campaña de las elecciones vascas, escribí aquí mismo que el concepto de normalidad en el País Vasco era ‘difícil de entender’ —por decirlo de alguna forma— para alguien que no perteneciera a aquel ambiente, que no tuviera esas raíces. “A un andaluz siempre le podrá extrañar el sentido de normalidad que se respira en el País Vasco. No sabrá si esa sensación de normalidad que tanto le cuesta entender es sincera o impostada, si es hipócrita o es obligada, si es impuesta o es elegida”, escribí entonces.

Muchos años antes, un vasco como Antonio Elorza regresó al pueblo de su familia y escribió un artículo demoledor sobre esta realidad que se llamaba ‘Azkoitia, Azkoitia’. El artículo, publicado en 2006, era contundente y revelador, pero más contundentes y reveladoras fueron las consecuencias. En el artículo decía, por ejemplo, que “el movimiento político nacionalista, sea radical o moderado, lleva a asumir la organización del odio que propugnara Sabino Arana, tanto en su programa político como en sus escritos de apariencia literaria. (…) La significación política del caso se deriva de la pretensión de acorralar a la víctima, empujándola a lo que es el centro de la pretensión 'abertzale': expulsar al otro”. Y cuando hablaba de paz, de normalización, se mostraba partidario, pero con matices: “Es la hipocresía cómplice tantas veces mostrada por el PNV: los etarras tienen derecho a ‘la reinserción’. ¿Y quien lo niega? Ahora bien, una reinserción sin arrepentimiento ni respeto a las víctimas, siquiera en el orden humano, es de náusea". Eso fue lo que escribió; lo que ocurrió después es que sus 22 primos de Azkoitia encabezaron una carta de condena declarándolo persona 'non grata' en el pueblo.

El incidente de Alsasua no tiene importancia por lo sucedido sino por la persistencia del suceso. Lo relevante, lo que tendría que encender las luces rojas de todas las fuerzas políticas vascas, es el mantenimiento del odio y la constatación de que el cáncer que supone para una sociedad la existencia de una banda terrorista como ETA no se extirpa solo con una tregua, como la actual, en la que ni siquiera se entregan las armas. Ese es el error del PNV y de todos aquellos que creen que ya se puede hablar de normalización porque no existe riesgo de asesinatos.

La normalización del País Vasco, que es el objetivo deseable ahora, es un proceso que arranca con el final de los asesinatos. Es decir, en perspectiva, la normalización solo acaba de comenzar. Y el primer paso relevante de ese proceso se habrá dado cuando se haya acorralado esa pretensión 'abertzale', como decía Elorza, de expulsar al otro. Son los radicales los que tienen que sentirse en minoría, son los radicales los que tienen que verse rodeados de manos blancas, son los radicales los que deben estar incómodos, acorralados, aislados socialmente. Hasta entonces, por mucho que se disimule normalidad, todo el mundo sabrá que detrás de cada pintada amenazante, detrás de cada mirada de odio, se esconden un silencio y una palabra reprimida. El pánico cotidiano de ETA sigue ahí.

Palizas normalizadoras
Cristina Seguí okdiario  20 Octubre 2016

Las viudas de los asesinados por ETA, los guardias civiles y ustedes mismos son un fardo para eso de la normalización. Lo es cualquier especie incapaz de renunciar a la derrota abierta del terrorismo. Junto a ellos son ustedes una corriente demodé y pegajosa pringando ese vanguardismo sin aristas basado en el empate entre beneméritos apaleados y el terrorismo navarro que, aunque sea eventual y aldeano, es igual de hijoputa y criminal que el de aquel Dream Team de la Parabellum 9mm que practicaba strikes y home runs con amonal, convirtiendo en bultos a hombres, niños, mujeres y ancianos. La normalización es guay, una se la prueba y siente que es como llevar mini con panties de red y unas Doctor Martens. Es tan, tan guay como pedir una rodaja de pepino cada vez que te sirven una tónica con Hendricks.

Levitas en una especie de supradimensión de demócrata imparable, así que ese rollito del conflicto político y la paz bien merece doblar a los guardias civiles de Alsasua en el cajón donde se esconde el atavío hortera de una democracia trasnochada. La dignidad ya no pega con casi nada. Mejor guardarla junto a los calcetines, la Super Pop e ilustres socialistas como Múgica o Pagaza, insultados ahora por este PSN que anuncia en bando junto a Bildu y Geroa Bai que la democracia foral la articulan ahora 50 borrokas nostálgicos y no la ocupación de las Fuerzas del Estado.

Aquella normalización comenzó en el 2005, cuando Zapatero y Eguiguren empezaron a llamar abiertamente “hombres de paz” a los terroristas. Cuando empezaron a deslizar de forma lobotomizante la especie de que las víctimas del terrorismo eran personas vengativas y rencorosas que no querían eso que el gobernante llamaba “paz”. Comenzó cuando el PSOE, y no Bildu, trazó las trincheras imaginarias que convertían el exterminio selectivo en la última batalla armada Europa. Cuando tras esas trincheras metió sin su permiso ni el de sus viudas a gentes como López de la Calle, aquel columnista de El Mundo que, tras la póstuma asunción de ‘La Guerra’ inventada por sus compañeros socialistas, debió sentirse como el orto por intentar neutralizar con el boli prendido en el bolsillo de su camisa o con su paraguas granate al “activista político” de férreos principios que le metió cuatro tiros en la cabeza. A eso el PSOE lo llamó conflicto. Al acatamiento de que, comparado con una bala en la cabeza, una paliza a dos “pikoletos” en la puerta de un garito es un acto de misericordia que hay que agradecer exiliándote.

Normalización es la sordera frente al ritmo frenético del “Jotake” y “las granadas de ETA pega y fuego” mientras da un mitin Ortega Lara, en pleno “nuevo tiempo” del PSOE. Normalización es el TSJ del País Vasco defendiendo el “Jaque Mate a la Guardia Civil” de Hasier Arraiz, líder de Sortu, como libertad de expresión. Normalización es que Mendía barra las atrocidades practicadas por ETA, 900 víctimas y 300 asesinatos sin resolver, bajo las alfombras con la idea de que la hez ideológica no existe si no apesta. Normalización es el éxito logrado de que a demasiados de nosotros todo esto nos importe un bledo y lo es que el PSE y el PSN se hayan convertido en una vergüenza demasiado cobarde para luchar y demasiado gorda para salir corriendo.

Fascismo vs libertad
Editorial OKDIARIO  20 Octubre 2016

Cuando aún está sin resolver la salvaje agresión a dos guardias civiles en Alsasua, la universidad se convierte ahora en el epicentro de la represión y el hostigamiento. Es inadmisible, a la par que preocupante, que 200 energúmenos, ataviados con elementos tan “democráticos” como pasamontañas y máscaras, impidan que Felipe González pueda dar una charla en la Universidad Autónoma de Madrid. Estos aprendices de dictador vuelven a conseguir sus objetivos amparados en el poder de la turba y la cobarde superioridad numérica, igual que hicieran los abertzales en Navarra. Con la sinrazón como argumento, el expresidente del Gobierno y el presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, han sido expulsados del centro al grito de “fuera fascistas de la universidad”.

Un hecho que, con independencia de las posiciones políticas, sociales y empresariales de los conferenciantes, supone un puñetazo a un derecho constitucional indispensable: la libertad de expresión y pensamiento. En vez de intercambiar ideas y puntos de vista, dinámica propia de la universidad, los exaltados han dejado claro que no hay opinión válida y posible más allá de las suyas. Populistas y radicales, encallados en el rancio pasado histórico que domina sus respectivos idearios, están empeñados en instaurar un régimen de violencia y tensión social en los centros educativos y en las calles para así hacer visibles sus exigencias políticas a través del chantaje.

Los tentáculos universitarios de Podemos —cuya marca blanca en Alsasua apoya la hostilidad proetarra contra la Benemérita— han promovido esta ignominia en la Autónoma de Madrid. Además de ikurriñas y caretas con los nombres de varios etarras, exhibieron pancartas con lemas como ‘Tus manos están manchadas de cal viva’, en referencia a la frase con la que Pablo Iglesias se refirió a Felipe González en el Congreso de los Diputados. Ahora que han quedado como los convidados de piedra de la política española, los líderes podemitas tratan de mantenerse activos a costa de fomentar una tensión que cale entre sus grupúsculos estudiantiles.

Una manera irresponsable de permanecer en el centro de la escena política que, con peligrosas analogías, retrotrae a España hasta la primera mitad de la década de 1930. Aquella época estuvo dominada por la sinrazón. La universidad fue un campo de batalla entre la legitimidad de la congruencia y los ataques de aquéllos que vivían en una exaltación constante. Unos años que, a pesar del ímprobo esfuerzo de intelectuales como Miguel de Unamuno, desembocaron en uno de los peores desenlaces de toda nuestra historia.

De Alsasua a Felipe González
Enrique Arias Vega La Voz Libre  20 Octubre 2016

Para algunos, los culpables no fueron quienes en Alsasua intentaron linchar a dos guardias civiles y a sus parejas, sino estos últimos, por ir de bares y no renegar de su condición de tales. En las redes sociales, ciertos abertzales los tachan de “provocadores”. Dudo que hagan lo mismo con las mujeres violadas, acusándolas de ir pidiendo guerra a pobres machos que no tienen más remedio que agredirlas.

La misma perversión del lenguaje y de las ideas se ha aplicado al escrache violento que ha impedido la conferencia de Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid. Hasta el separatista catalán Francesc Homs dice que “Felipe González es la provocación con patas”, para justificar así la violencia de que ha sido objeto por radicales encapuchados.

O sea, que, según cierta escala de valores vigentes, la culpa no es de los agresores, sino de los agredidos, por tener, y manifestar, unas ideas contrarias a las de los violentos. Dicho de otra manera, la libertad de expresión existe para quienes pueden expresarla a gritos y hasta a garrotazos y no, en cambio, para quienes la sostienen solo a base de argumentos pacíficos y hasta del silencio.

Otra capciosa tergiversación ideológica es la que impide a las minorías manifestarse por el mero hecho de serlo. ¿A quién se le ocurre -dicen, por ejemplo- portar una bandera española en un ambiente en que solo están bien vistas las esteladas o las ikurriñas?

Quien tal haga, según esta argumentación, tiene bien merecido lo que le pase, ya sea la simple quema de su bandera o la más completa y persuasiva paliza que dé con él en el hospital. Es lo que le pasó a un amigo mío que portaba una modestísima e imperceptible muñequera con la enseña nacional, pero que bastó para señalarle como un provocador.

Claro que esa contraposición de mayorías y minorías que usan en su beneficio los extremistas no la aplican cuando son ellos los minoritarios. Por ejemplo: bastaría una única y tangencial vejación a sus símbolos identitarios para que armasen la marimorena.

Nos hallamos, pues, ante dos diferentes raseros de medir, con los que los radicales no sólo gozan impunemente de la violencia para imponer sus tesis, sino que enciman culpan de ella a los pacíficos.

El espejismo posterrorista
Javier Marrodán El Espanol  20 Octubre 2016

Ibon Etxezarreta es un etarra atípico. El 29 de julio de 2000, en Tolosa, él conducía el coche en el que huyeron los asesinos de Juan Mari Jauregi después de dispararle dos veces en el bar del frontón Beotibar. Fue condenado a 43 años por aquello, pero estando en la cárcel se arrepintió de lo que había hecho, se puso en contacto con Maixabel Lasa, la viuda de Jauregi, y acabó reuniéndose con ella varias veces. Incluso ha participado en alguno de los homenajes que se han tributado a su víctima. Con ocasión de uno de ellos, escribió una carta a la prensa: “Por encima de las crueldades que he realizado durante mi militancia –decía su texto– soy persona y me he dado cuenta del daño causado con esos atentados. Escuchar sus testimonios me ha afectado y me ha dolido”.

Ibon Etxezarreta tiene ahora una perspectiva distinta de su propia existencia: “Escuchar el testimonio de lo crudo que fue que perdieran a su familia te llega, te pones en la piel del otro, genera empatía –le contó el año pasado al periodista Pedro Simón–. Por encima del daño generado, algunos somos personas. Y escuchar testimonios te llega. En la cárcel puedes hacer tiempo sin querer plantearte nunca qué has hecho, poner la mente en blanco a piñón fijo. Hablar es necesario. Nosotros podemos pasarnos años y años en la cárcel sin pararnos a pensar qué hemos hecho ni quién está detrás de ese dolor. Puedes saber un nombre, pero no sabes nada de esa persona ni de su sufrimiento. Desconoces todo, es más: es que prefieres no verlo”.

“Prefieres no verlo”. Ese espontáneo resumen que hacía Ibon Etxezarreta de la postura compartida por tantos miembros de ETA es probablemente un modo de blindarse frente a la gravedad de sus actos, el recurso más inmediato para apagar la voz de la propia conciencia. En la reciente película que recrea las peripecias de Pablo Escobar, el narco colombiano le aconseja a uno de sus hombre que no converse demasiado con el campesino al que debe eliminar: “No hables nunca con un hombre al que después vas a disparar”, le advierte con el mismo tono de voz que emplearía para transmitirle una recomendación gastronómica.

Varias generaciones de etarras actuaron durante décadas con esa estrategia para que los hombres, las mujeres y los niños que iban enviando al cementerio no les crearan dudas o remordimientos. Lo malo es que tampoco ahora quieren saber nada de ellos.

El carácter puramente estratégico del alto el fuego ha impedido cualquier avance de carácter moral en estos cinco años de posterrorismo. Sólo algunos presos han cambiado la razón oficial de la tregua (“Ahora mismo la violencia ya no es eficaz”) por una razón individual más elevada: “Matar y amenazar a otras personas no está bien”. Y la ominosa hipoteca que ha extendido ETA sobre el conjunto del país no se cancelará de verdad hasta que todas aquellas personas que un día decidieron que estaba justificado eliminar físicamente a sus adversarios desanden el camino que les condujo a esa convicción.

Eso, claro, tiene que ver con al arrepentimiento. Y con descubrir a las personas concretas que han padecido sus crímenes, su chantaje, sus intimidaciones o su matonismo: es decir, con las víctimas. “Si algún día los de ETA tienen la valentía de escuchar a las víctimas, se les va a derrumbar todo”, le explicó otro Iñaki Rekarte, otro exmiembro de ETA, a la periodista Leyre Iglesias.

Hay seguramente mas valentía y más audacia en la reflexiones entrecomilladas de Ibon Etxezarreta y de Iñaki Rekarte que en la decisión que años atrás les llevó a empuñar una pistola. Debe de ser difícil cuestionarse la propia biografía y constatar que uno ha estado avanzando durante muchos años en la dirección equivocada. Sin embargo, esa es justamente la tarea pendiente: hasta que los argumentos estratégicos no se conviertan en razones morales, deberemos conformarnos con un sucedáneo de la paz, con un espejismo más o menos brillante y atractivo.

El historiador Gaizka Fernández Soldevilla explica de forma muy didáctica en La voluntad del gudari cómo el 7 de junio de 1968 Txabi Etxebarrieta decidió de forma “libre y voluntaria” asesinar al guardia civil José Pardines Arcay, que estaba tratando de comprobar la matrícula falsa de su Seat 850 Coupé. Aquel primer crimen fue a su vez el desenlace de toda una serie de decisiones anteriores que se justificaron apelando al franquismo, a Argelia, a Indochina, al proletariado, al euskera o a la batalla de Roncesvalles, pero en aquel escenario hubo otras muchas personas que se sintieron interpeladas por las mismas injusticias, idénticos ideales y parecidos agravios históricos —reales o ficticios—, y que sin embargo trataron de alcanzar sus aspiraciones sin utilizar la violencia y sin necesidad de matar a nadie.

Esa diferencia radical se hizo aún más manifiesta cuando llegaron la democracia, los partidos políticos, la Constitución y las autonomías: ETA prefirió volcarse entonces en la “acción” para postergar cualquier debate de carácter ideológico, como ha afirmado en alguna ocasión Florencio Domínguez. Aunque ya no hay vuelta atrás para tantas personas asesinadas, es preciso que los asesinos -y también quienes alentaron o justificaron sus fechorías- se enfrenten de verdad a sí mismos, a su pasado, a sus crímenes, por mucho que la mayoría siga prefiriendo no verlos, como admitía Ibon Etxezarreta.

Ese sí que podría ser el comienzo de una nueva etapa.
*** Javier Marrodán es periodista y coautor del libro 'Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra'.

Cuando la extrema izquierda miserable asuela España
Editorial La Tribuna  20 Octubre 2016

La chusma de extrema izquierda que, avalada por Podemos, proetarras e independentistas periféricos, impidió ayer en la Universidad Autónoma de Madrid una conferencia de Felipe González y de Juan Luis Cebrián es el mejor ejemplo y la consecuencia más evidente del estrepitoso fracaso que la educación española ha cosechado a lo largo de las últimas décadas.

Los estudiantes que ayer “expresaban su protesta”, en palabras de un idiota moral como Pablo Iglesias, coartando la libertad de expresión de los demás, pertenecen al mismo tipo de gentuza ideológica que, hace unos días, apelaba a justificar el apaleamiento de dos guardias civiles en Alsasua y que afirmaba que “la lucha policial contra ETA no es una buena estrategia para alcanzar la paz”.

El hecho de que demasiados profesores y estudiantes afirmen sin sonrojarse que el terrorismo de ETA, “por tener causas políticas”, pueda ser más entendible o más justificable o menos execrable es un claro ejemplo del estercolero ético y de la indigencia intelectual en la que habita buena parte de la izquierda española. Es como si el nazismo, el estalinismo o el islamismo, o tantos otros totalitarismos, por haberse levantado sobre unas determinadas construcciones filosóficas o políticas, fueran más comprensibles, más “respetables” o más aceptables. ¿Qué tiene que ver la política con asesinar a alguien con un tiro en la nuca?, ¿Qué tiene que ver la libertad de expresión propia con coartar la libertad de expresión de los demás?, ¿Cómo puede mantenerse, sin el mínimo sonrojo, que las actuaciones de la Guardia Civil ayudan a la pervivencia de ETA?

La extrema izquierda que está azotando a este país con el aval indecente del PSOE en múltiples ayuntamientos y diputaciones, acostumbrada al pesebre económico de los regímenes totalitarios venezolano o iraquí, no duda en argumentar como los miserables que la alimentan. Transmitiendo sutil o mendazmente la idea de que siempre hay una causa “decente” detrás de las bandas terroristas que actúan contra los valores occidentales, se posiciona junto a tantos miserables como abundan en España especializados en aprovecharse de nuestro sistema de libertades, de nuestro estado del bienestar, de nuestras “leyes burguesas” y de nuestro irrenunciable derecho a la libertad de expresión, para tratar de promover una agenda oculta de iniciativas y objetivos que tiene más que ver con la revolución bolivariana y con las revueltas antisistema que con la búsqueda del desarrollo, el progreso y el bienestar para todos los ciudadanos.

La izquierda sectaria, excluyente, barriobajera y populista que tan bien representa Pablo Iglesias y corifeos similares no se cansa de exigir guillotinas para todos quienes no rebuznan como ellos. Y lo hace desde un territorio presuntamente impoluto (donde ha sido instalada por algunos de los medios de comunicación más rastreros que hay en Europa) en el que el término diálogo se santifica como una panacea casi mística, en el que el recurso a la “libertad de expresión” sirve para justificar todo tipo de acciones totalitarias, en el que se identifica como “fascista” a todo aquel que se atreve a disentir de su pensamiento único presuntamente progresista y en el que las más inmensas necedades morales e intelectuales, a fuerza de repetirse incesantemente, acaban convirtiéndose en pretendidas verdades colectivas.

Quienes amparan a estos miserables han recibido más de cinco millones de votos en las últimas elecciones generales. Y, en el País Vasco, Bildu y Podemos alcanzan casi el 40% del apoyo en las urnas. ¿Qué sociedad puede alumbrarse con esta mugre humana que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, totalitarismo identitario, integrismo ideológico, fanatismo político y una inmunda ideología de género y que, en el fondo, lo único que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman nuestra forma de vida?

La respuesta a esta pregunta la proporcionaba Hermann Tertsch en una entrevista publicada en este mismo periódico: “No tengo ninguna expectativa real de ver cambiar las cosas hacia bien. Creo que los dos grandes partidos, por mucho que salven los muebles ahora, son dos entes más que podridos, secos e inanes, lastres inútiles para el desarrollo de España. Por mucho que tengan gentes que inútilmente intenten hacer aun la renovación desde dentro. Otros partidos como Ciudadanos carecen de masa crítica para hacer la gran tarea de la regeneración. Respecto a Podemos y otros grupos extremistas que han surgido, sean éstos separatistas o no, creo que suponen una amenaza totalitaria y que son grupos que, en el poder, inevitablemente degenerarían muy pronto en regímenes criminales. Lo más importante es que en España y en Europa no vuelva a matarse. Y, desde luego, si tuviera dinero para ello, que no es el caso, garantizaría a mi familia y a mis seres queridos si no para esta, sí para las siguientes generaciones, una buena vida… en Estados Unidos”.


El Alsasua vasco: Oñate. Escraches y ollas que simulan explosivos a las puertas del cuartel
El cuartel es objeto de un continuo hostigamiento que goza de total impunidad: este municipio es la evidencia de que el final del terrorismo no ha conllevado el final del acoso terrorista
José Mari Alonso. San Sebastián El Confidencial  20 Octubre 2016

La agresión a dos guardias civiles fuera de servicio y sus parejas en Alsasua ha dado voz al grito silencioso en este cuerpo de que el hostigamiento no ha cesado. No hay tiros, no hay bombas, pero las amenazas de los cachorros de ETA continúan. “Venimos diciendo desde hace mucho tiempo que el odio no ha cambiado”. El brutal ataque en la localidad navarra da consistencia a la permanente queja-advertencia de la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGC) sobre la situación que vive en Euskadi y Navarra la Benemérita, que es objeto de pintadas, movilizaciones, escraches y otro tipo de actos amenazantes dentro del acoso radical.

Alsasua vuelve a estar de nuevo en el foco informativo. Su cuartel, medio escondido en el monte a las afueras de la localidad y con unas vallas metálicas interminables que se elevan sobre los muros para evitar ataques, encierra un gran simbolismo por estar en el centro de la diana del mundo etarra. Es el máximo exponente del hostigamiento radical en Navarra. Eso en Navarra. En Euskadi, la Guardia Civil también tiene su propio Alsasua: Oñate. En este municipio guipuzcoano de unos 11.000 habitantes, bajo el control de EH Bildu, este cuerpo policial sufre un permanente acoso. Un acoso que supera los límites.

A día de hoy, todavía en el cuartel aparecen ollas a presión que simulan las bombas utilizadas por ETA para atentar contra los agentes y sus familiares, y que obligan a intervenir a miembros de la Unidad de Explosivos. No matan, pero hacen explosión en su función amenazadora y humillante. Es el arma de la intimidación que se utiliza ahora que la banda terrorista está inactiva. Y no está exenta de mofas. Pero José Cobo, portavoz de AEGC, llama a no caer en la “ignorancia” con unas acciones que nada tienen de bromas o chiquilladas. “¿Y quién no dice que están probando la capacidad de reacción del cuerpo o están controlando el operativo que se despliega? ETA trabajaba así. Ponía trampas falsas para que los agentes se confiaran”, asevera para dejar constancia de que “no nos podemos fiar”.

ETA asesinó en 2002 en Leiza (Navarra) al cabo Juan Carlos Beiro, de 32 años y padre de dos mellizos de seis años, con una bomba escondida en una pancarta con el anagrama de la banda que el agente se disponía a retirar. En Oñate existe el temor a que un día una de esas ollas metálicas no solo esté cargada de ira. De momento, hay “mucho odio”. La convivencia de la Guardia Civil con la población es “muy dura”. Apenas hay relación. De hecho, muchos agentes no conviven con sus familias en el cuartel para que no pisen las calles. Prefieren alquilar una casa en otra localidad o provincia cercana para ganar en seguridad. Pero hay otros agentes que no pueden permitírselo por dinero. Y su familia paga los platos. Los niños, por ejemplo, no pueden celebrar fiestas de cumpleaños ante la negativa de los compañeros de colegio o amigos a acudir. Como les dicen, “no queremos ir a que nos torturen”. Además, como explica un agente, “cómo se va a mandar a un niño al cuartel si luego queda señalado y es acusado de colaboracionista o de informador”. En este municipio, “a poco que el niño tenga acento, ya todo el mundo sabe que eres el hijo de un guardia civil”.

Oñate es la evidencia de que el final del terrorismo no ha conllevado el final del acoso terrorista. Poco o nada ha cambiado desde que ahora hace cinco años ETA anunciase el fin de su actividad armada. El cuartel sigue siendo objeto de un continuo hostigamiento, que goza de total impunidad. “Lo que pasa aquí es una salvajada”, denuncia de forma gráfica un agente. Ha habido pancartas, pintadas amenazantes, manifestaciones, escraches, maletas a la puerta del cuartel, ollas que simulan explosivos… Todo para atemorizar a la Guardia Civil dentro de la “estrategia de acoso y derribo” instaurada por ETA. “Aquí hay actuaciones amenazadoras como antiguamente, como cuando ETA estaba operativa”, resalta.

Desde 1999, estas instalaciones han sido objeto de una veintena de actos de acoso para exigir su marcha del pueblo. Las cifras las dio el pasado año la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, en el Parlamento vasco, donde tuvo que comparecer tras una interpelación por la negativa de su departamento a prohibir un escrache 'abertzale' a las puertas del cuartel. “No es nada nuevo”, aseveró para justificar la autorización dada en 2015 a la cadena humana organizada por un grupo de la izquierda 'abertzale' que rodeó las instalaciones de la Guardia Civil.

Este escrache se incluye dentro del Fan Hemendik Eguna (día del fuera de aquí), que desde hace años organiza un fin de semana de junio el movimiento Fan Hemendik para lograr mediante la “lucha del pueblo” que los 'txakurrak' (perros) abandonen la localidad en una jornada que incluye un almuerzo, manifestación y conciertos donde se vilipendia a la Guardia Civil. Ante la presencia de los radicales en el cuartel, los agentes se han visto obligados a recluir a los hijos, muchos de ellos niños, en una sala con el volumen de la televisión a tope para que no escuchen los insultos y amenazas procedentes de la calle. “No concebimos ese odio exacerbado a nuestras familias, que no pueden hacer vida con total normalidad por el simple hecho de estar relacionadas con un guardia civil”. En este escenario, los agentes se preguntan: “¿Cómo vamos a involucrarnos en el pueblo?”.

Dado que el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco amparaba este escarnio, miembros del colectivo de víctimas del País Vasco, Covite, se personaron el 13 de junio de 2015 ante la casa cuartel de Oñate para mostrar su apoyo a los agentes de la Guardia Civil y a sus familias. Su presidenta, Consuelo Ordóñez, y las integrantes de esta asociación Laura Martín y Concepción Fernández hicieron frente a los radicales con carteles con los lemas en castellano y euskera: 'No son perros, nos liberan de la serpiente' y 'Odio fuera'. Cuatro días después fue colocada en las inmediaciones del cuartel una olla que obligó a actuar a los especialistas de la Ertzaintza, que hicieron estallar el objeto con la ayuda de un robot.

El movimiento Fan Hemendik se rodea de un aparato de propaganda que utiliza las redes sociales para promover los actos de acoso a la Benemérita, en los que han llegado a participar concejales de EH Bildu. Así, para publicitar los escraches, han realizado vídeos previos que han mostrado a un grupo de 'olentzeros' depositando carbón a las puertas del cuartel o a guardias civiles animados a quienes se ridiculiza al ritmo de la canción de Egurra Ta Kitto, que clama en reiteradas ocasiones 'txakurra, kampora' (perro, fuera). Para este 2016, realizaron tres parodias animadas diferentes. Asimismo, este colectivo tiene en su perfil de YouTube algunos 'flashmob' contra este cuerpo policial, en los que incluso participan niños. En alguno de ellos se canta “coge la maleta, vete a tu pueblo, hijo de puta, txakurra kampora”.

Son actuaciones “sistemáticas” que obligan a la Guardia Civil a “seguir en alerta” día a día. No son los años de plomo de los ochenta o noventa, cuando los funerales por los guardias civiles asesinados por ETA se celebraban a escondidas, pero “el problema del terrorismo sigue latente” por toda esa gente violenta que se resiste a dejar atrás el pasado. “La situación en Euskadi y Navarra no ha cambiado. Hay que decirlo bien alto”, asevera Cobo.

De Alsasua a la Autónoma en la efeméride de ETA
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  20 Octubre 2016

Hoy hace cinco años que la banda terrorista ETA, a través de un vídeo distribuido por el diario 'Gara', comunicó el cese definitivo de su 'actividad armada'. Tres días antes —el 17 de octubre de 2011—, la Conferencia de Ayete, en San Sebastián, reunió a Kofi Annan, ex secretario general de la ONU y Premio Nobel de la Paz, Gerry Adams, presidente del Sinn Féin irlandés, Berti Ahern, ex primer ministro de Irlanda, Pierre Joxe, exministro de Defensa e Interior de Francia, Gro Harlem, ex primera ministra de Noruega, y Jonathan Powell, jefe del gabinete de Tony Blair durante las conversaciones de paz en el Ulster. El grupo de 'mediadores' internacionales pidió a la banda que abandonase el terrorismo (con otras palabras) y requirió del Gobierno español una suerte, muy confusa, de disposición al diálogo. Estas personalidades sabían que ETA secundaría su llamamiento. Así lo hizo. Desde entonces, la banda no ha asesinado, se ha reducido drásticamente la denominada 'kale borroka' y ha desaparecido la extorsión del 'impuesto revolucionario'.

Los etarras, desde 1975 hasta 2011, asesinaron a 829 personas, 343 civiles y 486 militares y policías de los distintos cuerpos. Secuestraron a decenas de personas, extorsionaron a miles, provocaron una diáspora de vascos de la que Euskadi aún no se ha recuperado (consultar 'La diáspora vasca', de José María Calleja) y destrozaron el país (consultar 'ETA SA. El dinero que mueve el terrorismo y los costes que genera', de Mikel Buesa). Sus últimos atentados, sin embargo, estaban temporalmente próximos al cese de su 'actividad armada'. El 30 de julio de 2009, los etarras asesinaron a dos guardias civiles en Palma de Mallorca y el 16 de marzo de 2010, a un policía francés. Evitaron perpetrar más asesinatos durante los 19 meses previos a su declaración del 20 de octubre de 2011. La sociedad vasca —y por extensión, la española— ha recuperado la calma, algunos terroristas se han arrepentido y pedido perdón (ninguno, que se sepa, ha colaborado con la policía y la justicia), aunque muchos siguen, en Francia y en España, manteniendo el 'patriotismo' de su devastación, que alcanza toda su expresividad emocional en el definitivo libro sobre las víctimas —'Vidas rotas'— de Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos García Rey.

La derrota de ETA ha sido policial —especialmente policial— y política. No me adentraré en el berenjenal ético de la procedencia o no de determinados comportamientos de los distintos gobiernos de la democracia, pero sí en que fueron guiados por la buena voluntad, no siempre acompañada del acierto. En términos políticos, lo más importante ha sido la rectificación ética del PNV bajo el doble liderazgo de Andoni Ortuzar —presidente de la organización— e Iñigo Urkullu —lendakari—, que han dejado atrás los conniventes años de plomo de Ibarretxe y Arzalluz. La sociedad vasca está girando, pero sin plena resolución. No está sana. Necesita una catarsis. Lo demostraría el excepcional trabajo periodístico de 'El Correo' de Bilbao del pasado día 16. Once afectados por la violencia etarra y medio centenar de personalidades de la sociedad civil vasca “ofrecen su relato y hablan de cómo debe recordarse en el futuro” el terrorismo, constando el diario que “otros muchos han preferido guardar silencio y no aparecer en el reportaje”. Todas las respuestas publicadas por el periódico bilbaíno se alinean, con un tono sincero, con la necesidad de una seria reflexión moral. Todavía no se ha producido en la medida de lo necesario.

La sombra polimorfa de ETA, cinco años después del cese de su 'actividad armada', planea sobre Euskadi y Navarra. En la Comunidad Foral, EH Bildu fue la segunda fuerza política en las elecciones de mayo de 2015, con ocho escaños y más de 47.000 votos; en el País Vasco, el pasado 25-S, también fue segunda en el 'ranking', con 18 escaños y casi 225.000 sufragios. Es la fuerza política que mantiene debidamente camuflado, con eufemismos, el discurso de la legitimidad de la barbarie de ETA. Son sus militantes y parte de su electorado los factores de socialización de un miedo difuso. Y retroalimentan también la radicalización. Su transformación es solo cosmética, y cuando llega la ocasión se retrata: EH Bildu no ha condenado la terrible paliza a dos guardias civiles y sus novias en la localidad navarra de Alsasua. Fue una paliza ensañada. Como en los 'mejores tiempos'. Hay algunos malvados que ayer no condenaron a los 'hijos de la ira' que aplastaron la libertad de expresión de González y Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid. Esos embozados que llamaban al expresidente “terrorista” y “asesino” y apoyaban a los presos de ETA son tributarios del discurso post-etarra de EH Bildu, que oficia de banderín de enganche de todas las extremosidades. Que Podemos tenga cuidado con mimetizaciones que tanto convienen a los amigos de los etarras.

La efeméride de ETA ha coincidido con estos acontecimientos. Pero también con otros esperanzadores: la magnífica novela —de un verismo escalofriante— de Fernando Aramburu ('Patria'), que derrota literariamente a la banda terrorista; el excelente relato-reportaje de Miguel Ángel Mellado sobre Miguel Ángel Blanco ('El hijo de todos') y la afirmación rotunda, valiente y certera de la escritora vasca Edurne Portela: “La carcajada de 'Ocho apellidos vascos' no es decente” ('El País' de 26 de septiembre). Los que vivimos aquello, sabemos que la sombra polimorfa de ETA no se ha disipado y que la comedia banal vasco-andaluza de la tragedia era una indecencia o, como escribí en este mismo blog el 1 de abril de 2014, "un bodrio”. Por cierto: el aula magna de la Autónoma de Madrid en la que se impidió vandálicamente que González y Cebrián hablasen ayer lleva el nombre de Francisco Tomás y Valiente, el catedrático de Historia del Derecho y expresidente del Constitucional a quien ETA asesinó en su despacho académico el 14 de febrero de 1996.

YA NO SON 'INTERESANTES' PARA LOS POLÍTICOS
Las víctimas, contra la impunidad de los asesinatos etarras
Cinco años después del fin de la actividad de ETA, las víctimas denuncian que su dolor continúa viendo cómo son los terroristas los que consiguen beneficios penitenciarios y cuota de poder en las instituciones.
Gaceta.es 20 Octubre 2016

Conscientes de que han pasado a un "tercer plano" tras cinco años de cese de la violencia de ETA, las víctimas dejan clara su satisfacción por lo que ya ha quedado atrás, pero se rebelan ante el olvido de una historia que quieren permanezca en la memoria de todos y en la que solo haya vencidos: los terroristas.

Representantes de asociaciones de víctimas consultadas y el director del Centro Memorial que se ubicará en Vitoria, Florencio Domínguez, hacen balance de estos cinco años. En la columna del haber colocan el adiós a la inquietud de la amenaza permanente, pero en la del deber la tarea de escribir el relato de lo sucedido durante cerca de medio siglo de terror, sin equidistancias ni ambigüedades.

"Los ciudadanos han dejado atrás a ETA para lo bueno y lo malo". Y lo malo, dice Domínguez -periodista y experto en terrorismo-, es que "se está pasando página" sin hacer una reflexión. Todo esto, enfatiza, no puede quedar "en un punto y aparte" y sin que se saquen lecciones de lo ocurrido.

Porque, a su juicio, es necesario "deslegitimar" el terrorismo para que no queden "puertas abiertas" y pueda existir el riesgo de que las nuevas generaciones vuelvan a la violencia. "No hay que dejar que se instale la idea de que ETA ahora no tiene sentido pero sí lo tuvo en su día".

Aunque España vive ahora sin la angustia de un atentado, la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Mari Mar Blanco, entiende que "todavía queda mucho camino por recorrer", como la disolución incondicional de la banda, la petición de perdón y la resolución de los crímenes aún sin esclarecer ni juzgar.

Frente al relato "blanqueado, falso, ambiguo y equidistante" que quiere imponer el entorno de ETA para correr "un tupido velo", Blanco defiende la necesidad de una verdadera narración que llegue a las escuelas y la universidad y en la que no existan dos bandos, porque no los hubo, sino una organización de asesinos a inocentes.

"Tanto dolor, ¿para qué?", se pregunta Alfonso Sánchez, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), para responderse que la victimización del colectivo prosigue viendo cómo son los terroristas los que consiguen beneficios penitenciarios y cuota de poder en las instituciones.

Y por ello, la AVT cree que este lustro deja un "sabor agridulce" porque por un lado ETA ya no mata, pero por otro, y desde la constatación de que "el dolor no prescribe nunca", siente que las víctimas siguen olvidadas y que solo las asociaciones con sus homenajes y recuerdos las rescatan del silencio.

"El proyecto político de ETA está más vivo que nunca", subraya Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), quien señala como asignaturas pendientes la erradicación de la cultura del odio y la prevención de la radicalización.

Recuerda Ordóñez que Covite lleva tiempo denunciando que País Vasco y Navarra son "una olla a presión" donde la radicalización violenta puede estallar en cualquier momento. "Tantos años insuflando odio dejan huella", afirma antes de coincidir con Blanco en que la deuda pendiente con las víctimas es hacer justicia a los más de 400 asesinatos impunes.

"La fuerza real de ETA es nula", insiste el presidente de la Asociación Dignidad y Justicia, Daniel Portero, que, no obstante, considera que la "espada de Damocles" no desaparecerá hasta que España tenga un Gobierno "más afín" a los terroristas, que además vendería "muy caras" a las víctimas.

En su apuesta porque en la batalla del relato los vencidos sean los etarras, Portero lamenta que el apoyo al colectivo de víctimas, aún existiendo, se está "diluyendo" y entre la gente se instala la idea de que tienen un discurso "rancio". El presidente de DyJ niega que sea así y pide igualdad de trato con otras víctimas, como las de la violencia doméstica.

También el portavoz de la Asociación de Víctimas de las Fuerzas de Seguridad del Estado, Javier López, valora los cinco años sin muertes pero reprocha a las administraciones haber dejado a las víctimas en un "tercer plano" porque ya no son "interesantes" para los partidos políticos.

De hecho, las víctimas están teniendo "muchas dificultades" para que se apliquen la ley estatal de apoyo y las normas autonómicas, lo que supone para cada una de ellas una segunda victimización.

Carta abierta a la Asociación de Alsasua “Ospa Mugimendua”
Antonio Mancera Cárdenas, guardia civil retirado latribunadelpaisvasco.com 20 Octubre 2016

No habéis tardado ni un día, ya lo había pronosticado y no es premonición, es que os conozco, sabía que no solo no ibais a condenar el salvaje atentado que entre cincuenta de vuestros cachorros propinaron a dos guardias civiles y a sus parejas, es que sabía que ibais a tergiversar la historia, ibais a cambiar los hechos. Sois mentirosos por naturaleza y lo lleváis en el ADN, ese del que tanto presumís y bajo el cual excluís a todo aquel que no piensa, que no se parece, no viste o no se peina como vosotros, sois la viva imagen del nazismo.

Tenéis atemorizada a la población hasta tal punto que en Alsasua habéis conseguido que impere el miedo y el temor, que nadie se atreva a hablar de los hechos. Los vecinos no se atreven a hablar y dicen no saber nada de lo ocurrido unas horas antes, cuando en el bar Koxka un grupo de animales agredieron a dos miembros de la Guardia Civil y a sus parejas, habéis conseguido que casi todo el mundo diga que estaba en su casa durmiendo en el momento del linchamiento. Es la misma táctica del miedo que practicaba ETA y que practicáis vosotros, antes vosotros, el entorno etarra señalaba y ETA asesinaba, hoy vosotros señaláis y lincháis, es el miedo a ser señalado y posiblemente linchado por decir la verdad, lo que obliga a vuestros vecinos a callar.

Tampoco es premonición, pero es un hecho, constatado en infinidad de ocasiones, que los políticos abertzales suelen negar la mayor para estar bien con el entorno etarra y con asociaciones violentas como la vuestra, y en este caso el alcalde de Alsasua, aunque ha condenado el ataque, -no le quedaba más remedio-, pone en duda que hayáis sido cincuenta los atacantes.

“Tenemos mucho escarmiento frente a situaciones como esta, ya que son muchas las ocasiones en las que han tratado de ensuciar el nombre de este pueblo”, en principio no sabéis ni construir una frase, y lo que os hace falta en realidad es eso, escarmiento por vuestras mentiras, que la justicia actuase ante quienes promueven desde una asociación cualquiera la incitación al odio, ante quienes respaldan el ataque a una parte de la sociedad que no piensa como vosotros, sois igual de cobardes que los agresores, os escondéis en la asociación para difundir vuestros bulos y vuestras mentiras hacia la Guardia Civil, como ayer se escondieron los hijos de puta que agredieron a los guardias civiles en la seguridad del grupo, porque ahí os sentís impunes.

Negáis en un comunicado que fuesen cincuenta los agresores y negáis que fuese una emboscada, como si tuvieseis información de primera mano, como si hubieseis estado presentes en la agresión.

Y atacáis nuevamente a los agredidos, adjudicándoles calificativos que os califican únicamente a vosotros, es la táctica de poner al mismo nivel a la víctima al victimario, la misma que usáis con las víctimas de ETA, la de querer poner al mismo nivel a la víctima y al verdugo.

Llamáis a los guardias civiles “borrachos y chulescos”, cuando todo el que os conoce sabe cómo vais a las manifestaciones para echar a la Guardia Civil de Alsasua, porque es a lo único a la que os dedicais como asociación, cuál es vuestra actitud y como acabáis al finalizar la jornada, “borrachos y chulescos”, y algo más.

Negáis la provocación y se la atribuís a los guardias civiles, les achacáis una impunidad de la que sólo vosotros disfrutáis, porque ellos, nosotros, estamos sujetos al Estado de Derecho y vosotros el Estado de Derecho os lo pasáis por el forro, no reconocéis a la autoridad ni a la justicia, a la que sin embargo acudís cuando se vulneran vuestros derechos, solo conocéis la justicia de los violentos y la practicais, al parecer solo tenéis derechos y los reclamáis pero no obligaciones.

Pero además, el subconsciente os delata, manifestáis textualmente “...haciéndose eco de la impunidad con la que cuentan (los guardias civiles) en nuestros lugares”, y demostráis vuestra demagogia barata y vuestra intolerancia, cuando habláis de “vuestros lugares”, lo hacéis de unos lugares que son de todos, un territorio que es España y con esa frase, con ese pensamiento ya prevenís, ya amenazáis, ya inculcáis el miedo a aquellos otros vecinos de esos “lugares” que no os pertenecen, que no piensan ni actúan como vosotros, les advertís como matones que sois y les demostráis que allí mandáis vosotros, los violentos, los cachorros de ETA, los radicales y por eso os estorba y odiáis a la Guardia Civil, porque la tenéis enfrente, protegiendo a esos vecinos de vuestro odio, posiblemente de algún linchamiento e incluso de algo más.

Les queréis achacar a los guardias civiles expresiones de matones, amenazas que tan sólo son y salen de vuestro entorno, volvéis a intentar equiparar a la Guardia con el grupo de matones que agredieron a los guardias civiles y que posiblemente formaran parte de la asociación, si nos atenemos a la defensa que de los mismos hacéis en este comunicado; “te voy a matar”, “te voy a meter un tiro entre ceja y ceja”, es cierto que son expresiones que nos suenan, porque es vuestro lenguaje, el mismo del que os servís cuando enviáis una bala en un sobre, dibujáis una diana en la pared con un nombre dentro, o señaláis con el dedo a quien no es igual que vosotros, lenguaje de matones. Lo que eran y lo que sois.

A mí personalmente no me extraña “toda vuestra solidaridad” con los matones detenidos, habláis de personas, pero ni siquiera merecen ese calificativo, porque no son humanos y por lo tanto no son personas, ya que su pretensión esa noche era acabar con la vida de los dos guardias civiles, su actitud, su falta de humanidad, demuestra que así fue, ya que siguieron pegándoles, pateándoles, tirándoles objetos a pesar de que uno de ellos permanecía semiinconsciente en el suelo. Incluso habéis organizado, con una rapidez asombrosa, una concentración solidaria con los detenidos, creo, según la foto, que os habéis concentrado unas cincuenta personas, o erais ¿cuarenta y ocho?, mucho cártel, mucha cara tapada y poca gente.

Os quejáis de que la mayoría de los medios de comunicación e instituciones hayan dado toda credibilidad a la versión de los agredidos y por tanto a la versión de las “fuentes policiales”, pero de verdad creéis que alguien va a hacer caso a la versión de unos asesinos, de una organización que se dedica a acosar a los guardias civiles de Alsasua y a sus familiares, esposas e hijos incluidos, y de forma violenta, antes que a unos guardias civiles que como tales han demostrado con creces su credibilidad, su solidaridad, sus valores y sus principios y que se encuentran heridos gracias a vosotros y a vuestro entorno.

Por último habláis de tener “experiencia en estas situaciones, en las que se mezclan deformaciones y mentiras en el nombre de nuestro pueblo”, y es cierto que la tenéis y este comunicado que habéis emitido es una muestra de ello, es la misma táctica que usa ETA cuando detienen a algunos de sus asesinos, negar la mayor y denunciar, sobre todo denunciar, bien a quien cumple con su deber o a las propias víctimas, es mentir por mentir para justificar vuestras "hazañas", para justificar, en el caso de Alsasua la agresión, en otros casos el asesinato.

Termináis con unas palabras muy del gusto de vuestro entorno, “seguiremos luchando porque no les queremos ni les necesitamos” en alusión a la Guardia Civil, pero pocos comunicados emitisteis cuando hace tan sólo unos meses, uno de esos guardias civiles, al mando de un equipo, pudo salvar de morir congelados a los ocupantes de un autocar en el que iban expresos de la banda asesina ETA, poca solidaridad con los salvadores, poco eco por el agradecimiento de TODAS aquellas personas, expresos de ETA incluidos, que al ver llegar a la Guardia Civil ya se sabían salvados y que gritaron ¡VIVA LA GUARDIA CIVIL!.

La Guardia Civil seguirá en Alsasua, pese a que vosotros los integrantes de la asociación “Celebrar el Movimiento” no los queráis, seguirá en Navarra y seguirá en el País Vasco, pese a que a vuestro entorno le moleste su presencia, porque gracias a ellos, a los destinados en Alsasua y a los destinados en Navarra y el País Vasco, los españoles de bien no sufren más agresiones, mas linchamientos como los sufridos por los dos compañeros y sus parejas.

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