AGLI Recortes de Prensa   Sábado 22  Octubre  2016

La crisis del mundo occidental, el inmovilismo y la demagogia
Javier Benegas. Juan M. Blanco  vozpopuli.com  22 Octubre 2016

Escribía Claudio Magris en 1996, que en los umbrales del año 2000, a diferencia de lo sucedido durante las vísperas del año 1000, no existía ningún pathos catastrófico, esa creencia de que el mundo se acababa, pero sí una inquietante sensación de transformación radical de la civilización. No había un sentido del fin del mundo, pero sí del secular modo de vivirlo, entenderlo y gobernarlo. Si echamos la vista atrás, posiblemente recordemos con mueca burlona la mayor preocupación en los albores del 2000: la posibilidad de que los sistemas informáticos no se sincronizasen con el cambio de milenio, dando lugar a un colapso de servicios y actividades esenciales. Pero más allá de este temor puramente técnico, desmoronado el bloque soviético y finalizada la Guerra Fría, el horizonte se mostraba despejado de amenazas apocalípticas. Incluso en The End of History and the Last Man, Francis Fukuyama sostendría que la Historia, como lucha de ideologías, había terminado: la democracia liberal se imponía como única alternativa.

Esta sensación engañosa de un mundo definitivamente encaminado, que dejaba atrás un siglo de guerras mundiales, hecatombes y exterminios, se diluyó súbitamente con el estallido de la crisis financiera de 2007. Aquel suceso no sólo evidenció la falibilidad de las instituciones de las democracias occidentales, la imprevisión de sus gobernantes, los terribles costes de las políticas de corto plazo o la fragilidad de los mercados. También desveló algo mucho más inquietante: la inconsistencia de las sociedades y, por ende, de los individuos que las formaban. El pensamiento, la reflexión profunda no sólo se habían difuminado en la política: también habían perdido peso en la sociedad. Y su lugar había sido ocupado por cualquier práctica sencilla o trivial, ahorradora de esfuerzo mental, que proporcionase gozo, diversión y entretenimiento al instante. El nihilismo se había extendido cual mancha de aceite, arrinconando principios y valores, como trastos viejos, en el desván de la historia.
Nihilismo hasta sus últimas consecuencias

Friedrich Nietzsche y Fiodor Dostoyevski ya habían anticipado el advenimiento del nihilismo, el fin de los sistemas de valores, aunque con conclusiones opuestas. Mientras que para Nietzsche se trataba de una gozosa liberación, para Dostoyevski era una enfermedad que debía combatirse. Los hechos de los últimos años parecen dar más la razón al escritor ruso que al filósofo alemán. Así pues, apuntaba Magris, “el futuro depende de cómo resuelva nuestra civilización este dilema: si combate el nihilismo o lo lleva a sus últimas consecuencias.”

Los indicios no incitan al optimismo. El siglo XX terminó con el “enojoso lloriqueo” de sociedades infantilizadas en las que muchos se jactan de su “yo” individual, incluso alardeaban de sus carencias intelectuales porque, dicen, les hace más humanos, más auténticos, más pueblo. Estas personas aceptaban de forma acrítica sistemas políticos con crecientes defectos, y la imposición de la ideología de lo políticamente correcto, siempre que las clases dirigentes derramasen sobre ellos las sobras del gran banquete. Pero en cuanto la incertidumbre despuntó en el horizonte, y lo que parecía ser sólido dejó de serlo, reaccionaron subsumiendo en la masa ese “yo” ególatra, exhibicionista, caprichoso y obsceno, rechazando cualquier responsabilidad en lo que estaba sucediendo, aferrándose a explicaciones burdas, facilonas, donde las teorías conspirativas cobraron enorme protagonismo. Cualquier cosa antes que la dolorosa pero salvífica introspección personal.
Infantilismo

Marcel Danesi sostiene en su libro Forever Young que la adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea. Y, todavía peor, la opinión pública considera la inmadurez deseable, incluso normal para un adulto. Como resultado, los derechos, o privilegios, imperan sobre los denostados deberes, esas pesadas obligaciones de un adulto. La imagen se antepone al mérito y el esfuerzo. Y la inclinación a la protesta, al pataleo, domina a la superación personal.

Se explicaría así, en parte, el triunfo del Brexit en Gran Bretaña y el posterior giro hacia un populismo proteccionista y paternalista del Partido Conservador, antaño acérrimo defensor de la responsabilidad individual. Una regresión con el acompañamiento entusiasta del Partido Laborista, como si ambas formaciones constituyeran los extremos de una Omega que se cierra sobre sí misma. También cobraría sentido el preocupante espectáculo de las elecciones norteamericanas, abocadas a escoger el mal menor, donde el entusiasmo es más fruto de instintos primarios que de la reflexión, y la expectación de los debates entre Hillary Clinton y Donald Trump responde más al morbo y al esperpento que a la confrontación de ideas. Todos estos hitos, y muchos más reflejan una peligrosa corriente de pesimismo que se propaga por Occidente y alcanza a sociedades aparentemente cultas y maduras.

Si esto sucede en naciones con instituciones democráticas sólidas y una sociedad civil bien estructurada, no es de extrañar que en España, con un sistema político pesimamente diseñado, y sin tradición de sociedad civil, el desquiciamiento alcance cotas alarmantes. La inanidad de la clase política no es tanto causa como síntoma de un Régimen en fase terminal. En una sociedad española más infantilizada que sus homólogas europeas, muchas personas, lejos de poner pie en pared, de trabajar para impulsar una profunda reforma política, se apuntan a soluciones milagrosas, facilonas… propias de vendedores de crecepelo. Creen que desalojando a los malvados del gobierno, sustituyéndolos por otros en sintonía con las aspiraciones del pueblo, volverá a fluir el maná.
Valores

La superficialidad, la renuncia al pensamiento complejo, a principios y valores, para abrazar la simpleza, la comodidad, la inconsciencia, constituye una puerta abierta a cierto tipo de tiranía, aparentemente benefactora, pero siempre opresora de la libertad. Alexis de Tocqueville anticipó hace casi dos siglos las consecuencias de este abandono: "Trato de imaginar nuevos rasgos con los que el despotismo puede aparecer en el mundo. Veo una multitud de hombres dando vueltas constantemente en busca de placeres mezquinos y banales con que saciar su alma. Cada uno de ellos, encerrado en sí mismo, es inconsciente del destino del resto. Sobre esta humanidad se cierne un inmenso poder, absoluto, responsable de asegurar el disfrute. Esta autoridad se parece en muchos rasgos a la paterna pero, en lugar de preparar para la madurez, trata de mantener al ciudadano en una infancia perpetua".

Pero lejos de combatir el nihilismo y el infantilismo, la sociedad moderna parece dispuesta a llevarlos hasta sus últimas consecuencias. Si acaso, enmascara la interesada y grotesca falta de principios con un puritanismo de nuevo cuño, una absurda y cambiante corrección política, donde la justicia y las leyes pierden su objetividad, adquieren un irritante sesgo en favor de los grupos de presión.

Lo que definimos como valores no son costumbres apolilladas, propias de viejas sociedades beatas; son en realidad el resultado de la prueba y el error, de la selección y la evolución social. Por ello, su vigencia está relacionada con su utilidad. En la antigüedad, las sociedades aprendieron que el robo y la corrupción generaban desconfianza: los negocios se resentían generando pobreza. Era preferible privilegiar al honrado y perseguir al deshonesto, buscar la manera de garantizar la seguridad de personas y propiedades. Los ciudadanos exigieron a los gobernantes incentivar las actitudes correctas y castigar las incorrectas, lo que se tradujo en leyes, hábitos y valores.

Sin embargo, en las sociedades modernas sometidas al Estado, la vigencia de los valores ha ido quedando a expensas de leyes cada vez más cambiantes, del ejemplo de las clases dirigentes o de la manipuladora propaganda. Si los más altos estamentos trasladan la sensación de que la justicia es arbitraria, que las relaciones personales están por encima del mérito y el esfuerzo, que el engaño y la mentira son rentables o que la apropiación del dinero público es una vía para mejorar el estatus, los “viejos” valores terminan siendo un lastre. Y esto es, en buena medida, lo que ha venido sucediendo a lo largo de las últimas décadas.
Utopía y razón

Es necesario rechazar la comodidad, la aceptación acrítica del sistema, de esa vieja política que ha conducido a la presente degradación. Pero también buscar un camino alternativo a los cantos de sirena que entonan los diversos populismos. Una vía que conduzca a combatir el nihilismo, a recobrar la responsabilidad individual, evitando tanto la pasividad de los ciudadanos como su conversión en masa vociferante. Claudio Magris propuso una ingeniosa solución: aprovechar el enorme poder emocional de la utopía… eso sí, atemperada por la razón.

Un sujeto cutre, miserable, es aquel que justifica su desidia, su pasividad, aseverando que cualquier esfuerzo es inútil porque la política nunca cambiará, jamás será perfecta. No es consciente de que el esfuerzo cotidiano en pos de ese fin, la búsqueda de la utopía, del bien, la contemplación de la lejana meta en el horizonte, puede dar sentido a su vida. Lo fundamental no es llegar al destino sino recorrer cada día el camino. Pero, cuidado, esta utopía se torna peligrosa para quienes no la acompañan con la razón, confunden sueño con realidad y caen en las redes de ciertos iluminados -totalitarios, populistas, nacionalistas- que mienten al asegurar que el paraíso se encuentra a la vuelta de la esquina, que para alcanzarlo basta con cambiar a los gobernantes o promulgar un puñado de leyes.

La utopía debe atemperarse con la inevitable frustración, la aceptación de que no alcanzaremos la Tierra Prometida. No es posible lograr un sistema político perfecto. Pero trabajar cada día, sin descanso, para conseguir esta meta, en lugar de permanecer en el sofá, o vociferar en pos de soluciones simplistas, permitirá mejorarlo de forma sustancial. Es imposible cruzar los umbrales de Sangri-La, la mítica ciudad creada por James Hilton, pero es necesario emprender el enriquecedor periplo, adquirir los principios y valores que definen a una persona íntegra y gozar del placer de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Merece la pena... aunque el desencanto nos acompañe en algunas etapas del viaje.

‘Reductio ad Francum’
Jesús Laínz Libertad Digital  22 Octubre 2016

Pocos años habían pasado desde 1945 cuando el filósofo Leo Strauss bautizó como reductio ad Hitlerum el abuso consistente en zanjar cualquier debate asociando una persona, un hecho, una idea o una opinión con Hitler: si Hitler apoyaba una cosa, tal cosa es mala. La técnica se ha usado, y se sigue usando, hasta la náusea, y lo mismo ha servido para rechazar la música de Wagner que para criticar propuestas ecologistas por haber sido Hitler amante de aquélla y por haberse promulgado durante el III Reich algunas leyes conservacionistas.

Una subespecie de tan pueril fenómeno, y en estrecho contacto precisamente a causa de la ayuda prestada por la Alemania hitleriana al bando alzado en 1936, es la reductio ad Francum, consistente en exactamente lo mismo pero en versión carpetovetónica. Su fórmula es fácil y se cumple con precisión matemática: si Franco apoyaba una cosa, tal cosa es mala; y si Franco era enemigo de una cosa, tal cosa es buena.

Sus consecuencias, de largo alcance, van de lo anecdótico a lo estructural, de lo intrascendente a lo trascendental. La más contundente de todas ellas es la virginal pureza de la que presume la izquierda por haber luchado contra Franco en la guerra del 36. Pero el que los partidos socialista y comunista se enfrentaran a quien, efectivamente, no fue un gobernante democrático no les convierte a ellos en demócratas. De hecho, los dos partidos que con más insistencia proclamaron su enemistad hacia la democracia por considerarla tan solo un paso intermedio hacia la dictadura del proletariado fueron el PCE y el PSOE. Por eso estalló la guerra civil.

Lo mismo sucede con los separatismos vasco y catalán, cuyas ramas todas son tenidas por respetables debido al mismo motivo, incluida una ETA adorada por la izquierda durante muchas décadas por su aparente antifranquismo. Pero el que la marxista ETA fuera enemiga del franquismo no impidió que su objetivo político no tuviese nada que ver con la democracia, sino con la instauración en el País Vasco de una dictadura socialista. Además, la falsedad de su antifranquismo quedó cruentamente demostrada con el 95% de sus crímenes cometidos tras la muerte de Franco. Por no mencionar que las cuarenta y ocho personas asesinadas por ETA desde 1968 hasta 1975 han sido las más olvidadas de todas, por haber caído sobre ellas la maldición de haber muerto durante el régimen cuyo contacto todo lo ensucia.

El callejero, las estatuas y otros homenajes también dependen de la reductio ad Francum. ¿Por qué, si no, han sido derribadas todas las estatuas del vencedor de la guerra mientras que se conservan las de los perdedores, Prieto y Largo Caballero, por ejemplo? Porque, a pesar de que tan golpistas fueron éstos como aquél, la gran falacia izquierdista exige que Franco sea considerado golpista ilegítimo y malvado, mientras que los dirigentes socialistas fueron golpistas legítimos y justicieros. Hablando de estatuas, como consecuencia de la inagotable agitación del odio, de Cataluña –la muy franquista Cataluña, aunque ahora todo el mundo lo niegue– nos llega el bochornoso espectáculo de esa chusma histérica arremetiendo, cuarenta años después de su muerte en la cama, contra la estatua decapitada del mayor benefactor de Cataluña en el siglo XX. Valentía, virilidad, elegancia, seny a raudales…

Paso esencial para llegar a este punto fue el dado por el Parlamento español el 20 de noviembre de 2002, gobernando José María Aznar con mayoría absoluta, al aprobar por unanimidad una resolución condenatoria del golpe del 18 de julio de 1936 y el régimen salido de él (y, de rebote, la actual Monarquía, aunque de ese pequeño detalle no haya derechista capaz de darse cuenta). Pero del golpe izquierdista de octubre de 1934, de sus miles de víctimas mortales y de sus perniciosas consecuencias para un orden constitucional tocado de muerte no se acordó nadie, a pesar de que nada menos que el presidente de la República en el exilio, Claudio Sánchez-Albornoz, dejara claro lo siguiente: "La revolución de Octubre, lo he dicho y lo he escrito muchas veces, acabó con la República". Y de que su compañero de bando Salvador de Madariaga escribiera: "Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936".

Una de las manifestaciones más populares de la gran falacia izquierdista ha sido un cine español de las últimas décadas caracterizado por un maniqueísmo bochornoso, superior al de las películas propagandísticas de los primeros años de la posguerra. Con el agravante de que aquellas películas, de las que Raza fue la más emblemática, fueron producidas en los años más recios de un régimen dictatorial nacido de una guerra civil, mientras que las recientes han visto la luz en un régimen democrático surgido, o al menos eso reza la leyenda, de la voluntad de superación de las discordias civiles.

Pero, sin duda, como hemos señalado más arriba, la consecuencia más importante de la reductio ad Francum es ese ridículo complejo de superioridad moral e intelectual que caracteriza a nuestra izquierda –y a sus compañeros de viaje separatistas– y que ha sido aceptado por nuestra derecha, enciclopédicamente ignorante e insuperablemente cobarde. Complejo que, poco a poco, ha provocado la hegemonía ideológica izquierdista –y la de sus compañeros de viaje separatistas–, que tarde o temprano, más temprano que tarde, acabará llevando a España al despeñadero. La Corona la primera, por supuesto.

Y ni siquiera en ese momento nuestra incurablemente pacata e irremediablemente necia derecha se dará cuenta de una cosa tan sencilla como ésta: que las ideas tienen consecuencias.

www.jesuslainz.es

¿Papá o mamá?
Gabriela Bustelo  vozpopuli.com  22 Octubre 2016

Conforme España se aproxima a cumplir un año de limbo político, las encuestas sobre unas terceras elecciones generales parecen coincidir en su vaticinio de un PSOE severamente afectado por el desgaste del partido y el descrédito de la izquierda occidental. La presencia de Podemos también es un factor a tener en cuenta, pero la crisis económica española -con una tasa de paro todavía entre las más elevadas de la UE- es el principal generador de votantes del partido morado. Prueba de ello es la táctica que emplea Pablo Iglesias cuando cree estar perdiendo apoyos, una radicalización que le funciona entre los cientos de miles de españoles descontentos desde hace casi una década. No le funciona, en cambio, con la izquierda constitucionalista (que escenificó el sábado 1 de octubre en Ferraz su desacuerdo con el PSOE ultraizquierdista de Pedro Sánchez) y su intención de dejar gobernar al PP para que España supere la hemiplejia política observada con preocupación por los líderes y analistas del mundo entero.

La reducción a escombros de la izquierda democrática española ha sido celebrada por muchos en España como el triunfo de una guerra ideológica, cuando el gran problema nacional es la propia confrontación en sí. Cuando a comienzos de 2015 la prensa y los políticos emergentes anunciaban el colapso del bipartidismo, nadie predijo ni escribió que apenas dos años después el vapuleado Partido Popular seguiría en pie mientras el aparentemente inmune Partido Socialista Obrero Español quedaba hecho trizas. Pese al machaque diario que la prensa española dedica al PP, “el partido más corrupto de Europa” según los informativos y las redes sociales, el Partido Popular no solo es el partido que merece la confianza de un mayor número de españoles, sino que ha ganado tres elecciones generales consecutivas y todo indica que aumentaría su número de escaños en las siguientes que se celebraran.
Peperización vs. Podemización

La demonización de la derecha en España es tal, sin embargo, que los socialistas como José Antonio Pérez Tapias ven al PSOE sucumbiendo a la peperización, no la podemización. Mientras en España seguimos clasificando todo -justicia, educación, cultura, amor, amistad, deporte- con los viejos sellos “facha” o “rojo”, la campaña electoral estadounidense ha demostrado que un candidato políticamente inclasificable como Donald Trump puede ser un tan rival potente como para poner en jaque a una veterana democracia occidental. El peligro del PSOE es la peperización, aseguran los mismos que catalogan a Ciudadanos como un partido de fachas o un PP disfrazado de regeneración.
¿Somos de izquierdas o de derechas?

Hace tres años, cuando cumplía 170 desde que nació en Londres en 1843, el prestigioso semanario The Economist publicó un artículo titulado “¿Somos de izquierdas o de derechas?”, donde pretendía sacar de dudas a los seguidores de la revista que llevaban años haciendo la misma pregunta. El texto se dirigía, según explicaba, a los lectores acostumbrados a la segmentación izquierda-derecha, que no acaban de entender el posicionamiento político de la revista. The Economist se proclamaba favorable a la libertad de empresa, la desregulación y la privatización, pero también al matrimonio gay, a la legalización de las drogas y a las democracias no monárquicas.

The Economist lo fundó a mediados del siglo XIX James Wilson, empresario británico que se definía como un liberal clásico de la escuela de Adam Smith. Esta base intelectual, a la que se añadirían después las ideas de John Stuart Mill y William Gladstone, ha guiado al semanario desde sus comienzos, teniendo como principio la oposición a toda restricción de la libertad económica o personal de un individuo. Una vez establecido esto, la línea editorial no es dogmática. ¿Derechas o izquierdas?, preguntaba el artículo retóricamente. Ninguno de los dos, se respondía a sí mismo. En España estas explicaciones recuerdan a las de Ciudadanos, el partido regeneracionista al que se quiere colgar el cascabel político a toda costa. En un país donde se ha politizado todo -desde la justicia, la educación y la cultura hasta el amor, la amistad y el deporte- la despolitización es una batalla ardua, porque los españoles politizados no son conscientes de su problema. The Economist, según ha hecho público en febrero de 2016, ha superado sus 170 años de existencia y el transvase del formato papel al digital sin problemas. Si la ideología no forma parte de la solución, será que forma parte del problema.

Pablo autónomo y los pablistas de la Autónoma
Xavier Reyes Matheus Libertad Digital 22 Octubre 2016

Pablo Iglesias se ha hartado de tanto Olof Palme y tanto Enrico Berlinguer, y ha decidido que lo que hay que hacer es derrocar al gobierno: incluso aunque no lo haya. Para ello ha ceñido el gorro frigio, se ha sacado un pecho y ha arengado a la gente junto a las estatuas de Daoíz y Velarde, en los mismos lugares donde por vez primera el pueblo de Madrid se indignó gloriosamente (... porque los ateos y regicidas franceses echaban del palacio a las reales personas para llevárselas secuestradas). Yo no sé si a sus allegados les habrá sorprendido mucho semejante desbocamiento, que ha acabado mandando a la porra los calculadores consejos de Errejón sobre la importancia táctica del moscamuertismo: por el contrario, yo encuentro perfectamente natural ese voto de confianza al comunismo abierto y declarado si quien resuelve dárselo es alguien que, como Iglesias, se halla convencido de que para entender el fracaso de tal sistema no hay que buscar en las disyuntivas sobre el socialismo en un solo país o sobre la revolución permanente, ni en la falta de conciencia de clase, ni en el revisionismo de Bernstein ni en el bloque hegemónico de Gramsci, sino que todo se reduce a una razón evidente: que él, Pablo Iglesias Turrión, no había llegado todavía. Pero ahora que su aparición ha hecho de esta España una tierra que bendecirán todas las generaciones, el leninismo puede por fin tener una esperanza cierta, y resultarle a la gente por lo menos tan irresistible como se ve a sí mismo el joven prodigio destinado a venir, ver y vencer.

Confiado en esta estrella roja que el día de su nacimiento voló desde la boina del Che para alumbrar su cuna, el líder de Podemos se avino a seguir la lógica entrista y se arriesgó a ser, como en los versos de sor Juana, ocasión de lo mismo que culpaba. Al primer día de hollar la moqueta forense, no obstante, tales contradicciones perdieron todo el sentido, y lo vimos salir de la sesión inaugural de la legislatura abrazando emocionado a Errejón, incapaz de contener las lágrimas. Exactamente como eso que cuentan de Napoleón, el paladín revolucionario que, durante la pomposa ceremonia de su coronación en Notre-Dame, no consiguió reprimir las ganas de susurrarle al oído a su hermano José: "¡Si nuestro padre pudiese vernos!". No estaba mal, se diría Iglesias, para un chico de Vallecas esmirriado y antipático al que hasta hacía poco nadie conocía, entrar en el hemiciclo con un paso que en su momento no lo habrá tenido más firme el caballo del general Pavía (el cual resulta, además, que nunca entró). Pero, con los sucesos posteriores y a fuerza de batacazos electorales, Iglesias ha descubierto que, sin ir más lejos, el señor Llamazares se tiró en el edificio de la Carrera de San Jerónimo tres lustros, por los que también ha podido echarse a llorar, aunque no precisamente de orgullo; y que, por mucho que halague saberse uno tocayo del Palazzo Vecchio de Florencia, lejos de abocar ello fatalmente a Pablo Iglesias al destino manifiesto por el que ha de llegar a convertirse en el amo de España, bien puede llevarlo en cambio a liderar una fuerza destinada a hacerse crónica en la vida de la cámara, y a no destacar en ella por otra seña que por asistir sus miembros a las sesiones en camiseta.

Vuélvese, pues, a deshojar la margarita de si los hijos del 15-M deben ser activistas o cargos políticos: algo que a los demás debería traernos sin cuidado, si no fuera porque lo que a ellos les preocupa no es tanto la disyuntiva de operar al margen de las instituciones, sino el deseo cierto de operar al margen de la ley. Iglesias ha expresado inmejorablemente la visión que tiene de las cosas al decir que su intención es tener "una pata en las instituciones" pero "la cabeza y una pierna" fuera: nótese que a las instituciones no les reserva la forma humana de la extremidad, sino la que da coces. Las "instituciones de la sociedad civil" con las que piensa construir un poder paralelo y extralegal (¿una comuna revolucionaria, será?) tienen por objeto torcer el brazo a las instituciones legítimamente constituidas, a las que sólo está dispuesto a reconocer el día que él las controle. Mírese el ejemplo de Nicolás Maduro: el chavismo era por definición la insurgencia que no necesitaba de las instituciones burguesas y constitucionales porque estaba armado con la fuerza de la calle, representada en los distintos colectivos, círculos bolivarianos y demás bandas dispuestas a hacer valer la soberanía de las pistolas. Frente a la victoria que le dieron los votos a la oposición el diciembre pasado en el Congreso, los chavistas no dudan en descalificar cualquier autoridad que pretenda ejercer el poder legislativo, y es evidente que, si Maduro quisiera, no le costaría nada mandar una poblada para acabar con la Asamblea, tras lo cual saldría por la televisión felicitando a los bravíos hijos de Bolívar por haberse decidido a levantarse espontáneamente contra la tiranía de los diputados. Pero ¿para qué dar este espectáculo, teniendo a su servicio al Tribunal Supremo? Disponiendo de los jueces para hacer el trabajo sucio, Maduro se siente capaz de darle lecciones a Montesquieu sobre el papel que ha de desempeñar cada rama del Estado, teniendo presente, eso sí, que salus revolutionis suprema lex esto.

En cualquier caso, la exigua capacidad de convocatoria mostrada por Iglesias el día de su presentación en la Plaza del Dos de Mayo puso al joven profeta sobre la pista de otro insospechado problema: que el estúpido pueblo que a él le ha faltado en las urnas bien podría ser el mismo con el que cuenta para desbordar las calles de este sufrido país. Y eso que él ha dirigido su llamamiento a los plebeyos, convencido de que en alguna parte debe de haber gente además de los dieciséis y pico millones de duques y marqueses que en las últimas elecciones votaron a los otros tres principales partidos. Por suerte, el happening de la Universidad Autónoma le ha dado a entender que siempre podrá erigirse en la voz de aquellos chicos que, por exceso de solicitudes, no han llegado a ser visibilizados por el departamento de casting de Hermano Mayor (este reality, ya se sabe, protagonizado por entrañables jóvenes que sacan una navaja o la emprenden a patadas con los muebles de su habitación cuando sus padres les sugieren que suelten la play, que se duchen y que procuren hacer algo productivo).

Pensiones y estimaciones de burbuja
Daniel Lacalle El Espanol  22 Octubre 2016

“Can't get enough, and you know it's righteous stuff, goes up like prices at Christmas, you can call me Motorhead” Lemmy Kilmister

Una semana más y volvemos a constatar la falsedad de los unicornios que se nos venden los populismos con esas estimaciones de ingresos fiscales perdidos y futuros que se mueven entre el delirio y la estulticia. Y es que el gran engaño siempre es apuntar hacia unos supuestos ingresos multimillonarios que aparecerán seguro cuando ellos gobiernen –a nadie se le ocurrió antes rascar del contribuyente- y financiar la arcadia feliz de gasto perenne.

Syriza ha reconocido esta semana que exageró la cifra de incremento de ingresos públicos que prometió. Ustedes dirán que no es una novedad. Como hemos explicado aquí (lean), la exageración en estimaciones de ingresos son una constante y la media de error es de alrededor del 1%-1,5% del PIB.

La diferencia es la magnitud del cuento chino de las soluciones mágicas populistas. El programa de Syriza prometía –con la firma de trescientos “expertos” por supuesto ideológicamente afines- que iban a aumentar 12.000 millones de euros como siempre. “Impuestos a los ricos” y “lucha contra el fraude”. Ahora, a pesar de haber subido impuestos más de lo que decían, han reducido su estimación de ingresos adicionales a 680 millones. Total, un timo equivalente a casi el 5% del PIB del país en estimaciones de unicornios mágicos.

Y es que el cuento de los supuestos ingresos por impuestos a “lorricos” y fraude son como “enseguida” y “ahorita mismo”. Promesas de nada que luego se convierten en subidas a todos. Cuando se lanzan a dar cifras escandalosas incluyen acciones que –si esas “grandes fortunas” pusieran a la venta- perderían una enorme parte de su valor, y juntan –eso me encanta- deuda y capital. ¿Se imaginan que el Sr. Ortega, al que mencionan constantemente, pusiera a la venta todas o gran parte de sus acciones en su empresa? Que se desplomarían en bolsa ¿Qué creen que ocurriría con su “fortuna”? Considerando que hace poco decían que Endesa gana más de diez veces sus beneficios reales no es de extrañar que suelten cifras descomunales... Algún incauto se las creerá.

Como dijimos en su momento, el que piense que las 4.600 “grandes fortunas” van a sufragar las decenas de miles de millones anuales que prometen los aristócratas del unicornio, sepan que lo van a pagar ustedes.

Pensiones y mentiras
En esta columna hemos hablado en varias ocasiones de las pensiones (lean) y se repiten grandes falsedades:
-El gobierno ha vaciado la hucha de las pensiones. El sistema de pensiones es de reparto. La “hucha de las pensiones” contabiliza a nivel Estado junto a la deuda. El que dice que hubiera preservado la hucha de las pensiones solo podría haberlo hecho endeudándose o recortándolas. La reducción de la hucha de pensiones se ha generado por efectos demográficos y por el desempleo, no por la reforma laboral o los salarios porque las cotizaciones efectivas han aumentado desde 2013 De hecho los principales factores de reducción de ingresos de la Seguridad Social en ese periodo son por la partida “otros ingresos corrientes” y “venta de inmuebles”.

-No, subiendo impuestos no lo hubieran hecho. En Francia llevan con un impuesto “de solidaridad” para pagar las pensiones desde hace años y se han recortado regularmente desde mediados de los 90, la última vez el año 2014. Y, en España, subiendo todos los impuestos no se recaudó ni un 40% de la cantidad utilizada para pensiones en 2015.

-Los que defienden un modelo “francés” callan –a sabiendas- que en España las pensiones son muy superiores a las de esos países que quieren copiar con respecto del último sueldo percibido. Es lo que se llama la tasa de sustitución. Las pensiones españolas suponen cerca del 70% del último salario, mientras en Europa y la OCDE no llegan ni de lejos. La enorme mayoría de los sistemas de reparto a la francesa no llegan al 50%.

-La falacia de que defender un sistema mixto de capitalización y reparto (como existe en Suecia) es “privatizar”. Simplemente es una falacia porque se puede tener un plan de pensiones de capitalización con gestión pública o privada.

Pensar que la revalorización de las pensiones se va a dar automáticamente por decisión política es –como mínimo- imprudente. Decir que la revalorización de las pensiones públicas ha sido superior a las privadas es un engaño ya que en las primeras se pagan las pensiones con las contribuciones de todos los demás, no con la subida o bajada de la rentabilidad de los activos en los que se invierte.

Si se hubieran repartido solo las cotizaciones efectivas actualizadas en términos reales, muy pocos percibirían la paga mensual que reciben hoy del sistema público. Sería alrededor de un 30-40% inferior.

La solución al sistema de pensiones nunca ha sido la represión fiscal, y se ha demostrado en todos los países de la UE que han tomado esa ruta. Más recortes y menor pensión con respecto al último sueldo percibido.

Como explicamos aquí en “¿Cómo pagamos las pensiones?”, no se va a solventar sin un análisis desapasionado del reto demográfico -vivimos muchos más años, lo cual es una bendición- y el económico – reparto y capitalización-.

El sistema de reparto solo va a funcionar si se ponen como pilares de la política económica el crecimiento económico y el empleo y se reconocen los cambios demográficos adaptándolo a una población que vive muchos más años y merece su recompensa. El envejecimiento de la población solo se suple con mayor productividad, empleo y creación de mayor renta.

Porque eso es lo que es un sistema de reparto, una recompensa, no el valor actual neto de las contribuciones pasadas, que se usaron para pagar a los jubilados de aquel momento. Pero por ello no debemos dejar a los jóvenes sin esa misma recompensa si las tendencias demográficas se cumplen. Un sistema mixto de capitalización y reparto no es “neoliberal”. Lo saben en Suecia. Es lógica.

Si usted quiere una pensión garantizada, no apueste por aquellos que lo único que garantizan es la recesión y el paro. El resto son cuentos, como los de los ingresos estimados de Syriza.

Podemos joder la universidad: una oda a la intolerancia
Yolanda Larrea Sánchez latribunadelpaisvasco.com  22 Octubre 2016

Vivimos en una época difícil, es cierto. Una época tremendamente convulsa en cuanto a lo que se entiende por convivencia y respeto en términos democráticos. Es tiempo de efervescencia de nacionalismos, de ultraje a nuestros símbolos, de socavamiento de la historia de dolor y sangre, de resignificación de los términos propios de la democracia e incluso de la propia función pública. Erróneamente, se ha instaurado en la sociedad la legitimidad por parte de ésta para atacar, escrachar y humillar a toda persona por la única “tara” de ser político y, sobre todo, por parecer serlo. Ahí es quizá donde ha visto su último reducto para su necesidad de autofocalización el señor Pablo Iglesias Turrión: quitarse el traje de político y ponerse el de agitador fascistoide.

Y si le nombro a él es porque, directa o indirectamente -eso está por ver- es, junto con Alberto Garzón el causante de escraches como el que sufrió Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid. Ellos promueven el sometimiento de la razón a la acción, quizá porque en cuanto se usa la cabeza una se da cuenta de la especie de dictadura del proletariado estudiantil que promueve el todavía líder de Podemos en una formación totalmente jerarquizada. Se estila en ella una suerte de, perdonándome el neologismo, circulerismo totalitario: es decir, la entera absorción del joven por un círculo, por una masa que si bien en su forma parece democrática, en su contenido es completamente dictatorial. Embebidos por unas palabras que repiten como mantra, por unas ideas que una no sabe si siquiera entienden y por la grandilocuencia de ciertos términos con los cuales, alienados para la causa, se plantan en la universidad y, cámara delante, montan el pitote. E imagino que han de estar alienados porque no se entiende que, en una juventud donde en ninguno de los escalones del sistema educativo se solicita la simple y tan necesaria lectura de la Constitución española, donde -publicado en medios- la gran mayoría de los jóvenes tienen una idea vaga de ETA y ni saben quiénes fueron Fernando Buesa o Gregorio Ordóñez (porque no, narices, no lo saben), parece increíble que increpen con la cal viva a un Presidente de nuestra democracia. A no ser que, claro, otros, hayan puesto el germen… O puede que algo más según la filtración de unos mensajes de Whatsapp enviados por cuentas vinculadas a la formación morada donde se pedía la asistencia para lo que ellos llaman una “calurosa bienvenida”.

Así las cosas, siembran Iglesias y Garzón esa verdadera división de clases, esa continua confrontación decimonónica entre revolucionarios y “jodidos burgueses capitalistas”. Uno ganando supuestamente 120.000 euros al año, y otro habiendo tenido entre las filas de IU a integrantes de consejos de administración involucrados en las “black” y debiendo más de diez millones de euros a las arcas públicas. Así es fácil implementar esa pseudopolítica basada en el odio. Porque no hay discurso. La violencia es el discurso. Y éste cala sin remedio entre los émulos, entre aquellos votantes foco que se caracterizan por ser de corta edad y por tener una incipiente necesidad de conformar su identidad.

Y cuéntenme si hay cosa peor que las maneras de instruir que éstos practican. Como si los ciudadanos que creen en la Constitución y el sentido de Estado y, por supuesto, en la inviabilidad de la violencia verbal o física como vía de expresión en democracia, se hubiesen caído de un guindo. Y, de paso, fueran unos fachas. Como si la mayoría de la ciudadanía que ha elegido uno de los partidos situados dentro de los límites constitucionales viviese en otra realidad. Como si se tratasen de los prisioneros que aún continúan en la oscuridad de la caverna platónica. Los secuaces de Unidos Podemos vienen a traer la luz, porque no les interesan ciertas sombras. Pero la historia de España también es eso: luces, sí, pero también muchas sombras. Y pierdes toda la razón cuando llamas terrorista a González mientras elevas pancartas de apoyo a los terroristas que arrasaron con 856 personas. 856 sombras. Y hace falta vivir muchas vidas para tener la dignidad de solamente una de ellas, y creerse con la legitimidad de apoyar a quienes las mataron.

De esta efebocracia alteradita se nutren los extremistas. De este buenismo izquierdoso trasnochado. Y resulta tremebundo que Iglesias diga que es partidario de dejar hablar a González cuando fue justamente él quien no quiso dejar hablar en la Complutense a una voz tan autorizada de la política española como es la de Rosa Díez. Y es tremebundo que lo diga él cuando supuestamente fuentes policiales han reconocido a medios de comunicación la presencia de representantes de Podemos en este último ataque. Sin embargo, no sorprende.

Hablemos claro. Hagámoslo de una vez. Este incidente no hace más que ser el fiel reflejo del agonizante estado de parte de la Universidad pública española, plagada en sus lugares más simbólicos de podredumbre y pensamiento único. Busquen y vean el reportaje de Ciudadano Cake sobre el verdadero rostro de la Universidad Complutense de Madrid. Llegaban a contar cómo algunos de los docentes iban a clase con hojas de afiliación para sus pupilos. Una cosa más dentro de una institución que es de todo menos libre. Que, en cuestiones de convivencia y planificación, ha devaluado enormemente su compromiso con el conocimiento para ser el campo de reclutamiento de unos pocos. Que ha hecho una apuesta por la sectarización, permitiendo que se perviertan los principios y la historia. Cuán ingenuo se puede ser creyendo que en la Universidad se debía únicamente proveer de las herramientas necesarias para que los jóvenes conformasen su propia visión crítica. Y, podemos preguntarnos: ¿Es posible que en una de estas universidades un estudiante manifieste una ideología de derechas o su afiliación al Partido Popular? Difícilmente sin que éste tenga algún tipo de respuesta. Se escucha y se practica una oda a la intolerancia. Y mientras, algunos dirigentes, ante la realidad palmaria de ser unos perdedores, se lanzan a borrokizar las calles. La política, claro, es otra cosa.

Oscurantistas versus ilustrados
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  22 Octubre 2016

El 12 de octubre –Fiesta Nacional para los ilustrados, Día de los Pueblos Aborígenes para los oscurantistas, como veremos más adelante– leí en una misma página de Opinión de La Vanguardia dos artículos, emparejados, que se podrían tomar como modelos sintéticos de estas dos mentalidades antagónicas: la oscurantista y la ilustrada.

Urgencias psiquiátricas
El ejemplo de la primera se titula "Doce de octubre" y lo firma, cómo no, la inefable Pilar Rahola. Algunos lectores me reprochan que cite con demasiada frecuencia a esta panfletista, pero si lo hago es porque ella es quien mejor desarrolla, con descarnada virulencia, el argumentario atávico del secesionismo que sus camaradas, los intelectuales orgánicos, maquillan con retórica alambicada. Sus falacias son las que reflejan en estado bruto el pensamiento cerril de la cúpula enrocada y son también las más fáciles de desenmascarar por su rancio esquematismo. Gracias, Rahola.

Complacida por la decisión del Ayuntamiento rebelde de Badalona de no respetar el festivo del 12 de octubre, la agitadora elogió el plante "ante una celebración tan llena de simbolismo retrógrado". Y añadió:

La Hispanidad es una fiesta antipática, cuyos orígenes nos retrotraen a ideas tan funestas como la raza y el imperio, y que tuvo, en la época del franquismo, su momento más oscuro. No tiene ninguna raíz con las tradiciones y la identidad catalana. (…) Cierro con una cita del escritor uruguayo Eduardo Galeano, no precisamente feliz con el simbolismo del día de hoy: "Vinieron. Tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron, 'cierren los ojos y recen'. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia".

Aquí encontramos toda la mala baba del maniqueísmo que divide a España en dos bandos: uno, el malo, que sustenta "ideas funestas como la raza y el imperio", en tanto que el otro, el bueno, sin raíces en común con el anterior, cultiva "las tradiciones y la identidad catalanas" (no descuide los plurales, plumilla Rahola). ¡Y la chirigota de Galeano! Después de reproducirla, Rahola fue elegida pregonera del Domund 2016, en la Jornada Mundial de las Misiones, con el aval de la Conferencia Episcopal Tarraconense (LV, 16/10). En casos como este conviene recurrir al servicio de urgencias psiquiátricas.

Mirada retrospectiva
Seamos veraces: en toda mirada retrospectiva, la raza y el imperio se ensamblan con las tradiciones y la identidad. A Jaime I lo apodaron "el Conquistador" y no "el Civilizador" porque ocupó Mallorca para entregarla a sus súbditos catalanes y aragoneses después de aniquilar a la población nativa. Y los griegos todavía identifican a los catalanes con Roger de Flor y los mercenarios almogávares, depredadores y violadores que en su condición, eso sí, de súbditos de la Corona de Aragón fundaron el ducado de Neopatria en lo que hoy es Tesalia. Todos ellos –Jaime I, Roger de Flor y los almogávares– paladines del imperio, la raza, las tradiciones y la identidad, figuran homenajeados en el callejero barcelonés. ¿Genocidas? No. Simples ejecutores de las costumbres bárbaras de aquella época que los oscurantistas ensalzan. No imitemos a los demagogos que banalizan la palabra genocidio, sacándola del contexto histórico, para embaucar al rebaño crédulo.

Y después se sucedieron las guerras civiles entre catalanes: los segadores catalanes del "buen golpe de hoz" contra los terratenientes catalanes; los catalanes austracistas contra los catalanes borbónicos; los catalanes carlistas contra los catalanes legalistas; los catalanes estalinistas contra los catalanes trotskistas y los catalanes anarquistas.

La mitificación de la identidad milenaria entronca visiblemente con la mitificación de la raza que emprendieron en el siglo XIX, con argumentos pseudocientíficos, el conde de Gobineau y Joseph Chamberlain, para llegar a su apogeo en la ideología nazi. Enric Ucelay-Da Cal reproduce en El imperialismo catalán (Edhasa, 2003) varios textos que confirman esta amalgama, y entre ellos sobresalen fragmentos de la obra de Pompeyo Gener i Babot, conocido en los ambientes bohemios como Peius:

En España, en suma, la población puede dividirse en dos razas. La Aria (celta, grecolatina, goda), o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es Aria sino semita, presemita y aun mongólica (gitana) (…) Pues bien, la que proporciona la mayoría de funcionarios, de adeptos y de gente que acata y sufre resignada una máquina dificultativa de funcionarismo administrativo-gubernamental, es la raza que va del Ebro al Estrecho de Gibraltar, castellanos, andaluces, extremeños, murcianos, etc.

Pobre hoja de ruta
En cuanto a la cita de Eduardo Galeano, es obvio que con ella Rahola busca reforzar los lazos con los antiimperialistas e indigenistas erpios, cuperos, comunes y podemitas, sin cuyo voto de confianza la hoja de ruta del secesionismo, librada a la iniciativa del raquítico PDECat, no serviría ni para liar un porro. Pobre hoja de ruta para una república catalana que depende de los sectarios chavistas, vástagos de lo que Rahola definió como "El Dios bufón" (LV, 4/9):

La Venezuela bolivariana es una gran mentira, una pérfida bufonada que se ha mantenido gracias a las tres patas de toda autarquía [¿'autocracia', mal traducido del original catalán?]: la represión masiva, la sustitución de la información por la propaganda y la corrupción sistémica. Con una cuarta añadida: la complicidad de regímenes, intelectuales y periodistas de otros lares, pero igual desvergüenza.

Las afinidades están a la vista: la información sustituida por propaganda, la corrupción sistémica y los intelectuales y periodistas desvergonzados, cómplices simultáneamente del chavismo y del secesionismo, son el pan nuestro de cada día en la Ítaca no nata. Ahora se proponen celebrar conjuntamente el Día de los Pueblos Aborígenes en memoria de los sacrificios humanos que muchas tribus practicaban. Oscurantismo puro y duro.

Además, citar a Galeano, gurú de guerrilleros y terroristas latinoamericanos que murieron por millares mientras él disfrutaba de un privilegiado exilio en España, es un ejercicio de cinismo. Rahola debería saber que Galeano confesó durante un salón literario en Brasilia (El País, 5/5/2004 y "Las mentiras abiertas de América Latina", LD, 15/4/2015):

No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina porque si lo hiciera me caería desmayado. No tenía los suficientes conocimientos de economía ni de política cuando lo escribí. (…) Para mí esa prosa tradicional de la izquierda es aburridísima. Mi físico no la aguantaría. Sería ingresado en el hospital. (…) No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada.

Quienes no superaron la etapa son sus lectores muertos, de los que el instigador se desentendía, y, para colmo, tanto el libro como su difunto autor han perdurado como guías de dictadores tercermundistas, de militantes alucinados y de amanuenses serviles.

Pasado bárbaro, futuro civilizado
Junto a la columna fóbica y maniquea de Pilar Rahola, que busca sus raíces en el oscurantismo del pasado inquisitorial y feudal, aparece otra que, si bien enfoca el fenómeno regresivo en su dimensión estadounidense y europea, con Donald Trump y Marine Le Pen como ejemplos, contiene reflexiones que se aplican cabalmente al proyecto de desconexión catalana de España y, forzosamente, de Europa. Con el agravante de que aquí la xenofobia se transforma en endofobia dirigida contra los españoles conciudadanos de los catalanes. No es un trabajo de especulación política de alto vuelo, sino sencillamente el artículo de un periodista culto que ha bebido en las fuentes de la Ilustración y que se revuelve contra la restauración de las fronteras. Escribe Lluís Foix bajo el título estimulante "Compartir para sobrevivir":

El lenguaje de la división se ha instalado en el mundo occidental con mensajes trufados de mentiras, de medias verdades y de emociones que convencen a amplios sectores del electorado para introducir la xenofobia y el populismo en los parlamentos de prácticamente todos los países europeos. (…) La idea de no compartir bienes, servicios, reglas bancarias y cultura es el aspecto más negativo y peligroso de la deriva populista de una cierta Europa que tiene miedo al futuro y pretende cerrar una sociedad abierta y convertirla en espacios soberanos no contaminados por la libre circulación de ideas, personas y productos.

(…)
Las mentes racionales existen, pero son minoría y, además, no tienen acceso a los grandes medios que llegan a los ciudadanos con discursos que fomentan más las emociones y la propaganda que las posibilidades racionales para organizar mejor la convivencia y la protección de los intereses de todos.

Sociedad abierta, mentes racionales, posibilidades racionales, convivencia. Palabras clave. El hecho de que los dos artículos aparecieran el mismo día, en la misma página, el uno junto al otro, hace más ostensible el contraste entre la mentalidad oscurantista, que añora el pasado bárbaro de europeos y aborígenes, y la mentalidad ilustrada que elabora planes para el futuro civilizado.

¿Ha sido derrotada ETA?
Graciano Palomo El Confidencial  22 Octubre 2016

Se lo pregunté hace algún tiempo al alcalde de Ermua, Carlos Totorica, durante la presentación del libro sobre Miguel Ángel Blanco, en el que también estaba presente el exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, cuya opinión es negativa a mi pregunta.

Totorica no lo dejó claro y eso que entonces no se había producido el suceso de Alsasua. Un guardia civil que presta servicios en el aeropuerto de Sondica (Bilbao) me respondió con toda claridad: "ETA ya no nos mata pero en muchos lugares del País Vasco seguimos siendo apestados y todo lo español abominado y perseguido civilmente".

¿Qué perseguía ETA? Los terroristas vascos pretendían, según sus propias proclamas, alzar una república socialista entre el norte de España y el sur de Francia, además de la incorporación a esa entelequia del viejo Reino de Navarra. ¿Lo han conseguido? Hasta el momento, no.

Su propia incorporación teórica al sistema democrático y de elección en sufragio universal es ya un triunfo para el propio sistema y su apelación a las urnas frente a la dialéctica de las pistolas otro. Pero todavía no han pedido perdón a las víctimas al estilo de Timochenko en Colombia ni han entregado testimonialmente las armas como hizo el IRA en el Úlster. Pero si se colige con sustancia de los postulados, por ejemplo, de Arnaldo Otegi, se podrá concluir que la independencia del País Vasco (en su conjunto) es una desiderata que está en pie. ¿Lo conseguirán? No tengo ni idea. Sí sé, en cambio, que avanzan en las urnas y que están en las instituciones como corresponde a la dinámica de la democracia representativa.

'Only time will tell!'. No hará falta traducir.

AUGURA OTRO 11M
Losantos cree que "Albert Rivera ha perdido la chaveta por completo"
El locutor lamenta la situación del líder de Ciudadanos, "estás fatal, muchacho", porque reconoce que votó a ese partido
M. A. Estrella Digital  22 Octubre 2016

Un día después de que los representantes de los partidos políticos en el Congreso de los Diputados intentaran aprobar un texto común que sirviera como declaración institucional para pedir la disolución de ETA, Federico Jiménez Losantos ha querido opinar al respecto este viernes en su programa de esRadio.

El periodista, que cree que "los parlamentarios descubrieron lo del consenso a toda costa y quisieron firmar un papelucho porque Cebrián dice que se cumplen 5 años del fin de la ETA", no está de acuerdo con su compañero de profesión. "¿Ha pedido perdón, ha entregado las armas, se ha arrepentido? Yo no veo ese fin mientras no vea el arrepentimiento y la entrega de las armas. Cuando cumplan sus penas íntegras y dejen de amedrentar, se podrá hablar del fin de la ETA".

Lo peor para él fue la actitud de un partido, "¿pero qué hace Ciudadanos con Otegi? Colegueando con ellos. ¿Pero os creéis que el Parlamento es la casa del Padre Ángel? A este paso vamos camino a otro 11M, porque si la violencia es rentable..."

Losantos confesó que "cada día entiendo menos a Ciudadanos. Y además como los he votado me cabrea", para dar paso a una ristra de preguntas, "¿qué hacía ayer Inés Arrimadas en una reunión de empresarios separatistas donde se ovacionó a Forcadell, la que recibió el apoyo público de Guardiola? ¿Pero qué pinta Ciudadanos en un la reunión de una patronal separatista? ¿y qué hacen pactando con Otegi un papel sobre la ETA?".

Por todo ello ofreció incluso un veredicto, "¡habéis perdido la cabeza, Albert! ¡Pero por completo! Estás muy mal de la cabeza y si pensáis que esto no pasa factura estáis profundamente equivocados. Por este camino...¿os acordáis del CDS? ¿Y de UPYD? En cuanto un político abandona lo que representa...en la izquierda no, pero en la derecha sí".

El locutor de esRadio se refirió en concreto al líder de Ciudadanos, "Albert, si era el día de estar con las víctimas qué haces firmando con Otegi. ¡Tú estás fatal muchacho! ¡Estás mal de la cabeza! Pero vamos a ver Rivera, ¡tu has perdido la chaveta por completo!". El problema para él es que "vienen de provincias y llegan sin educar... llegan a la capital, los focos, y se vuelven locos... ah, y el tráfico".

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Pablo y la Legislatura de los Difuntos

Javier Somalo Libertad Digital 22 Octubre 2016

El motín de Aluche, el boicot de la Autónoma y el atentado de Alsasua –como han borrado a ETA ya no se dice "atentado"– auguran lo que será la legislatura que podría ver la luz poco antes de la Noche de los Difuntos.

Han llamado a la Transición "el régimen del 78" y quieren derrocarlo como los que esperaron la muerte natural de Franco para hacer una revolución… que nadie demandaba porque ya no era necesaria. Aquellos acabaron desilusionados por la falta de acción después de tanto banquillo y se convirtieron en la generación "pasota" que luego tomó muy distintos caminos. Hoy, infinitamente más inoportunos que entonces pues ni siquiera les ampara la nostalgia, pintan una España sin derechos, hambrienta, machista a ultranza, con policía asesina… una España que, según su propia construcción, es la Venezuela o el Irán de sus inspiraciones intelectuales, revolucionarias y bancarias. Son exactamente lo que reprochan a los demás, actitud inequívocamente totalitaria.

El día del boicot a Felipe González y Juan Luis Cebrián en el Aula Magna de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid se escuchó:
Nos consideramos legitimados para realizar un boicot directo a la presencia de estos dos seres nauseabundos que representan lo peor de lo viejo y que no termina de morir…

Sabíamos lo que entienden por legalidad: una mera opción. Ahora también conocemos de dónde emana la legitimidad –de ellos mismos– y a qué fin sirve: la violencia. Y de nuevo encontramos el origen de su justificación más de un siglo atrás, cuando Pablo Iglesias Posse avisó en sede parlamentaria de que se serviría de la Ley mientras la Ley le sirviera y sólo hasta entonces y que llegaría hasta donde fuera sin descartar "el atentado personal", en concreto contra Antonio Maura pero, en general contra todo obstáculo. Legalidad y Legitimidad, toda una teoría del Poder escrita sin tinta tantos años después por Pablo Iglesias, ahora Turrión. "Lo peor de lo viejo y que no termina de morir", farragoso circunloquio que contra Maura fue innecesario.

Sorprendentemente, en esta ocasión el PSOE (Gestora) y el Grupo Prisa condenaron de inmediato la agresión e identificaron raudos al cerebro de la operación: Podemos, sin duda. "¡Que lo demuestren!", dijo con su atropellada voz adolescente Íñigo Errejón. Indicios sobran: los de Iglesias han pasado de participar en algaradas –Monedero, el 13-M frente a la sede del PP– a organizarlas contra Rosa Díez en la Complutense y, por fin, a inspirarlas –síntoma de verdadero poder– marcando claramente los objetivos en sus arengas, cada día más incendiarias. La única diferencia es que ahora la intendencia la gestionan los cuadros inferiores. Iglesias sabe bien que en España los autores materiales pueden salir de un casting y que la autoría intelectual de un crimen –sin la que no sería posible el crimen– no importa demasiado o no es vinculante. El que tenga memoria también recordará, además, dónde estaban el PSOE y Prisa aquél 13-M o cuando agredieron a Rosa Díez.

Pero es que como el futuro no es lo que era, que así se titulaba la ponencia abortada, el PSOE pedrista anda indignado con el de la Gestora y con los boicoteados; los de Iglesias con los de Errejón; los Escolar con los Cebrián –ojo, por primera vez, la prensa de izquierdas se tira los trastos. A todo esto, los matones de la Autónoma defendían a Pedro el viajero y no dudaron en hablar de Golpe mayúsculo. Sólo llegan la calma y la comunión a la izquierda cuando bosteza Rita Barberá o estornuda Paquito Correa. Pero llegará del todo, y sólo para ellos, cuando eche a andar la legislatura.

Al poco tiempo de los sucesos de Aluche, Madrid y Alsasua, Iglesias capitaneó y esta vez también protagonizó otro simbólico aviso. La última vez que se dejaron recuerdos en un escaño fue en 1995 cuando el ex jefe etarra Mikel Zubimendi arrojó una bolsa con cal viva sobre el banco del socialista Ramón Jáuregui. En la nueva versión se usaron folletos con la Declaración Universal de Derechos Humanos que ni Iglesias ni Monedero ni Errejón llevarían a la Asamblea de Caracas porque allí los presos políticos merecen serlo. Tampoco hay folletitossi el machismo criminal o la homofobia sumarísima se producen en Teherán, pues allí son tradiciones dignas de conservarse ante las que no cabe injerencia imperialista alguna. Derechos humanos, dicen… En sus manos, tan amenazante es una declaración de derechos como la bolsa de cal viva volcada por un etarra.

Motines, boicots, palizas y folletos en escaños nos adelantan lo que puede ser la sesión de investidura para la que tienen ya preparados numeritos "espontáneos" y "conquistas democráticas" a uno y otro lado de las puertas del Congreso. Esta es otra peligrosa novedad: ahora están en los dos lados de la sede marcada a los violentos por Pablo Iglesias como origen de todos los males, o sea de la democracia. Y lo que ocurra fuera se habrá ordenado desde dentro, lo cual acerca aún más a Podemos a ese PSOE del otro Iglesias, su fundador. No descartemos algún tipo de acción coordinada interior-exterior con cobertura especial de La Sexta.

Sin embargo, lo más grave está por venir porque la legislatura en ciernes será un Pacto del Tinell elevado a la enésima potencia: el PSOE querrá demostrar –a los suyos, pero mirando a Podemos– que ser abstencionista no es ser colaboracionista y que a radical no hay quien le gane. Será como morder el anzuelo. Cualquiera puede deducir que en este río revuelto el que lleva los pantalones remangados, dispuesto a quedarse toda la pesca, se llama Pablo Iglesias.

Mariano Rajoy, que ya ha expresado a los suyos el temor de que el acoso sea infernal y global, tendrá muy difícil encontrar una salida al cerco. Sólo una evolución inédita hasta ahora en el PSOE, un papel institucional responsable de Ciudadanos y un canto del cisne del presidente del Gobierno pueden convertir la Legislatura de los Difuntos en una última y sacrificada oportunidad para España. De lo contrario, Aluche, Madrid y Alsasua serán, más pronto que tarde, texto del BOE.

El independentismo, en horas bajas
Jesús Royo Arpón La Voz Libre  22 Octubre 2016

Lingüista

La aventura indepe ya acumula unos años de experiencia, suficientes para pasar un cierto balance. Les ha ido bien, en general, aunque los frutos son pocos y esmirriados: han llenado titulares de prensa. Han movilizado a la gente, han lanzado soflamas, han agitado banderas al viento y al sol. Pero no han cambiado nada: ningún país los reconoce, la nave del Estado no se ha movido un centímetro de su ruta, los partidos políticos apenas recogen ninguna de las propuestas independentistas. Incluso desde Euzkadi la respuesta que obtienen es “don’t disturb: no molesten”. Solo han conseguido, al socaire de la irrupción de Podemos, un reconocimiento ambiguo al “derecho a decidir”, que podría llegar, como máximo, a un cierto referéndum no vinculante. El PSC, que pasa su propio calvario (cuarta fuerza en Cataluña, por detrás de Ciutadans), corre como loco a apuntarse a “la vía canadiense”, a ver si así frena la vía de agua por la que pierde un chorro de votos diarios. O sea, poca cosa.

Así, al remansar las aguas, la gente piensa y echa cuentas. Y surgen las primeras decepciones. Es el caso de Anna Ribes, una lectora de 'LaVanguardia', ampurdanesa, que, en un catalán terso y brillante, hace una síntesis demoledora del momento por el que pasa el procés. Traduzco: “...es el momento de hacer una reflexión serena de la situación. El hecho es que actualmente no hay una mayoría favorable a la independencia de Cataluña; el procés no tiene ningún apoyo internacional de ningún Estado del mundo; en caso de independencia, Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea; no se podría financiar en los mercados internacionales porque su deuda pública está calificada como basura y aún peor, en caso de utilizar la vía unilateral, es decir, fuera de la ley, nadie la reconocería.

El problema que tenemos es que en Cataluña no se ha hecho autocrítica de ninguna clase, aquí todo es arrebato (rauxa), demagogia y victimismo, ni tampoco un planteamiento racional de la situación. El Govern improvisa en su enloquecida huida hacia adelante, porque hace tiempo se dio cuenta de que era más fácil echar la culpa a los demás y tapar los recortes y la corrupción con falsedades que gobernar el día a día. Y entretanto, las élites extractivas del poder viven, y viven muy bien, del procés. Abramos los ojos de una vez.”

El procés tiene también su procés, y ahora está en horas bajas. Tras el trajín de las manis y el voleiar d’estelades y el sacarse selfis sobre un mar de sonrisas, de repente se ha hecho el silencio y pasan las horas y los días, y la gente mira alrededor, y se mira al espejo: ¿pero qué sentido tiene todo esto? Y la gente perspicaz como esta señora Ribes empieza a maliciar si tanta alforja, más que para el viaje a Ítaca, no ha servido para tapar las vergüenzas de alguien, porque lo de la independencia al final resultó una quimera, una entelequia, una juego de manos para tenernos entretenidos.

Los que discutimos, los que nos opusimos, los que hemos perdido amistades por disentir del procés poco vamos a influir: este es un juego perverso de buenos y malos, y mucho me temo que no somos de los buenos. El cambio de rumbo vendrá desde dentro, de los que se subieron al barco alegremente y ahora se frotan los ojos por lo que ven. Nosotros éramos como Casandra, profeta de desgracias a los que no se hizo caso. Pero nuestros argumentos resuenan ahora en los oídos de la buena gente que, vuelta en sí, empieza a pedir resultados. O empieza a atar cabos: ¿por qué en medio de la crisis? ¿por qué en medio de los casos de corrupción? ¿por qué en medio del silencio de plomo del resto del mundo? Aquí hay algo raro, raro, raro...

CINCO AÑOS SIN ETA
La vida insoportable de 11 guardias civiles en el pueblo de los 'Ocho apellidos vascos'
Así viven en Leitza (Navarra) los miembros de la Benemérita. No les sirven café, no les venden tabaco, no les alquilan casas... Las risas que provocó la película, rodada en este pueblo, contrastan con la presión extrema diaria a la que son sometidos.
Andros Lozano El Espanol  22 Octubre 2016

Sucedió durante una despedida de soltera hace ahora cuatro años y medio. Entre risas, un grupo de chicas tomaba una copa en un bar de Leitza, un pueblo navarro de 3.000 habitantes.

Pese a que era una noche de fiesta y copas, aquellas 14 palabras que debió de escuchar la embarazada Adartza (nombre ficticio) reventaron la juerga. De repente, una joven con la que compartía parranda pero no amistad se le acercó y, mirándola a los ojos, le soltó: “Cuando nazca, tu hijo va a ser tan hijo de puta como su padre”.

Adartza era, y sigue siendo, la mujer de un guardia civil gallego que llegó al pueblo a principios de 2010. Al poco empezaron una relación amorosa, se casaron y, desde entonces, ella se ha convertido en una apestada.

A la mujer, hoy madre de dos hijos -el segundo, un bebé de pocos meses- sus amigas de la infancia le retiraron la palabra y sus vecinos le lanzan miradas perdonándole la vida.

Ya nadie se acuerda de que ella, algo de lo que no pueden presumir todos los que la increpan, sí tiene ochos apellidos vascos, como la película que llenó de risas un territorio que fue de llanto. Pero no importa. Su pecado fue enamorarse de un txakurra (perro en euskera). Un pecado que para los abertzales no tiene perdón.
Casa cuartel de Leitza, donde conviven 11 agentes, la mujer de uno de ellos y sus dos hijos.

Casa cuartel de Leitza, donde conviven 11 agentes, la mujer de uno de ellos y sus dos hijos. A.L.

En la semana en que se cumplen cinco años del alto al fuego de ETA, y siete días después de que dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas recibieran una paliza en Alsasua -otra localidad navarra cercana- EL ESPAÑOL viaja a Leitza, donde confluyen todos los odios contra la Benemérita.

Lo curioso es que aquí, en 2013, se rodaron varias escenas de la comedia protagonizada por Dani Rovira y Clara Lago que vieron 9,5 millones de españoles en el cine. Sin embargo, apagados los focos y ausentes las cámaras, el drama continúa en esta pequeña localidad ubicada en el valle de Leizarán. Como en el film, el rencor a lo español sigue vivo, aunque a quienes lo sufren no les hace ninguna gracia.

Ahora, casi arrinconados, once guardias civiles, la mujer de uno de ellos y sus dos niños conviven entre las cuatro paredes del cuartel mientras los radicales siguen amargándoles la existencia. “La vida en este pueblo es una mierda. Es precioso, sí, pero muchos nos odian y lo sabemos”, cuenta uno de esos agentes. “Es deprimente. Opreviso. Asfixiante.”

En Leitza, donde los terroristas mataron hasta en tres ocasiones, las bombas de ETA dejaron de explotar hace tiempo pero el eco de sus zumbidos sigue resonando en las mentes de muchos. “¡Fuera de aquí, cerdos torturadores”, les gritan en euskera cuando patrullan por las calles.
Un cuartel en 'Territorio EH-Bildu'

Leitza es un pueblito ubicado entre montañas al noroeste de Navarra pero que se encuentra a sólo dos kilómetros del País Vasco. Ambos lados de la frontera física entre las dos comunidades es zona caliente para la Guardia Civil. Desde aquí, Alsasua queda sólo a medio hora por carretera.

En Leitza el sueño de Euskal Herria sigue más vivo que nunca. Por sus calles hay pancartas en apoyo a los presos etarras, para los que se pide su acercamiento a cárceles vascas y navarras, o pintadas con la palabra Independentzia junto a la serpiente y el hacha, símbolos de la banda.

En este pueblo, por el que cruza el río Leizarán, desde 2011 gobierna EH-Bildu con mayoría absoluta. De los once concejales, nueve pertenecen a las filas de la formación de la izquierda abertzale o nacionalista. Los otros dos ediles son de Unión del Pueblo Navarro.

Aquí, PP y PSOE no presentan listas de candidatos a las elecciones municipales, aunque los populares se integran bajo las siglas de los regionalistas navarros. Saben que nadie del pueblo daría un paso adelante para representarlos y que casi nadie les votaría.

La tasa de paro en Leitza hace tiempo que no supera el 11%. Pese a que está alejado de los grandes núcleos urbanos vascos y navarros [Pamplona (51 kilómetros), Vitoria (103), San Sebastián (39) o Bilbao (160)] la localidad, que tiene un polígono industrial, cuenta con varias empresas potentes, entre las que destaca la papelera Sarrió. Su boyante economía hace que su población se mantenga desde los años 70 del siglo pasado.

El cuartel de la Guardia Civil, levantado sobre un antiguo convento, está ubicado a las afueras del pueblo, en una de las últimas calles. Sobre el anterior maxurrenea atentó ETA en 1982, cuando mató a un vecino que acababa de registrar su arma de caza. Hoy, esa vivienda alberga la casa de la juventud.

A la espalda del cuartel actual, a sólo 40 metros, está el caserón Aspain-Txiki. En él se rodó la escena en la que Clara Lago, Amaia en Ocho apellidos vascos, desciende por una tubería mientras va vestida de novia y acude en busca de Dani Rovira, Rafa en la película, para que no se marche en un autobús con destino a Sevilla.

Un par de calles más lejos está la plaza del Ayuntamiento y el frontón municipal. Allí se rodó esa otra escena que aparece al principio del largometraje, en la que un engominado y pijo Dani Rovira llega a Argoitia -pueblo ficticio en la película que en la realidad es Leitza- y lo primero que se encuentra es un cubo de basura en llamas.

Aunque los actos de kale borroka ya no se dan en Leitza -varios vecinos participaron como extras durante el rodaje como si fueran batasunos- el acoso a los guardias civiles sigue siendo real en la casa cuartel del pueblo. El caserío que lo alberga ahora tiene tres plantas. Por seguridad cuenta con cristales blindados, muros antiexplosivos y su perímetro está vigilado por una veintena de cámaras.

Dentro, la vida se torna rutinaria y claustrofóbica para sus moradores, que como todos sus compañeros en el País Vasco y Navarra llevan, además de la pistola reglamentaria, un fusil de 5,56 milímetros. Para ellos, el lugar de trabajo es también su casa. Aquí, explica un miembro de la Benemérita, sólo uno -el gallego casado con Adartza- vive junto a su mujer y sus dos hijos.

Pese a que todos son de fuera y tienen pareja, prefieren venir ellos solos durante sus jornadas de trabajo y volver a sus hogares cuando acumulan tres o cuatro días libres. En el cuartel comparten ducha, cocina, baño, comedor... Tan sólo disponen de habitaciones independientes con camas de 90 centímetros de anchura.

Del cuartel apenas salen, salvo para patrullar o fumar un pitillo. En Leitza, a los txerris (cerdos) uniformados de verde les acusan de introducir drogas en el pueblo, sólo se les sirve café en el bar de Beatriz, en los estancos no les venden tabaco, tienen que hacer la compra en supermercados fuera del pueblo y a ninguno se le ocurre -como sí hicieron los dos agentes de Alsasua- salir a tomar una copa por la noche vestidos de paisano.

En una ocasión lo hizo el agente gallego junto a su esposa. Fue una Nochevieja. Los abertzales comenzaron a increparles. La pareja, con miedo, tuvo que salir del local en el que estaba para que el encontronazo no pasase a mayores. Ahora, cuando el matrimonio lleva al parque a su hijo mayor, de cuatro años, los padres de los compañeros de colegio del niño les regañan por jugar con “españolitos hijos de putas”.

Pero el acoso no es sólo de este tipo. A los agentes les rayan los coches, les han puesto cajas de zapatos en los bajos de sus automóviles como si se tratara de bombas o les dejan muñecos de paja con la palabra asesino pintada. Casi ningún vecino les alquila casa y tampoco pueden ir al gimnasio ni a la piscina municipal. Al último que se atrevió a arrendar una vivienda fuera del cuartel le lanzaron dos cócteles molotov por el balcón. Por suerte, nadie estaba dentro en ese momento.

Al poco del alto el fuego de ETA, le cuenta al reportero un guardia civil, un compañero que se había matriculado en el gimnasio del pueblo para prepararse las pruebas físicas de ingreso en el Grupo de Acción Rural (GAR) se encontró en la puertade entrada una diana con su rostro. Desde entonces, hasta que consiguió plaza en otro destino, siempre acudió armado a entrenarse.

“Aquí venimos voluntariamente para conseguir preferencia a la hora de elegir destino. Con tres años acumulados en cuarteles como este es más sencillo solicitar plaza cerca de tu casa. Lo malo es que ese tiempo de tu vida parece que lo has perdido”, explica ahora otro agente destinado en Leitza.

En este pueblo donde los abertzales quieren llevar a la realidad el llamado sueño del socialismo vasco, cada año se organiza el Torturaren Aurkako Eguna (Día contra la Tortura).Esa jornada un centenar de leizarras acuden a las puertas del antiguo cuartel y meten a uno o dos muñecos en bañeras con agua o pintadas de rojo para simular sangre. Con esa imagen tachan a los guardias civiles de torturadores. “Como si fuéramos unos opresores fascistas”, exclama este miembro de la Benemérita.

Es tal la presión que sufrieron y sufren los guardias civiles en territorio abertzale que algunos psicólogos hablan del 'síndrome del norte', algo que nunca ha aceptado el Instituto Armado.

Desde el Ministerio del Interior no se precisa el número exacto de miembros de la Benemérita destinados en el País Vasco y Navarra. Aducen que se trata de “materia reservada” por motivos de seguridad.

Lo que Interior sí ofrece es la cifra de cuarteles que hay en ambas comunidades. En la vasca, entre las tres provincias (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya) hay 25 cuarteles y siete dependencias oficiales aeropuertos, puertos…). Mientras, en territorio navarro siguen activos 53 cuarteles y cuatro dependencias oficiales.
Un cazador de palomas, un guardia y un edil

El pasado de Leitza está teñido de sangre. En un pueblo tan pequeño como este ETA mató hasta en tres ocasiones, aunque lo intentó en muchas más. La primera víctima de la banda terrorista en este pueblo murió el 16 de septiembre de 1982. Se llamaba Gregorio Hernández Corchete, tenía 27 años. De profesión calderero, residía en la localidad junto a su pareja, Inés Cabezas, de origen leizarra.

El chico, nacido en Salamanca y con trabajo en un taller de Tolosa (Guipúzcoa), había ido al cuartel a dar de alta su escopeta ya que quería cazar palomas por primera vez. Al salir, varios terroristas montados en un coche lo ametrallaron a él y a dos cuñados que le acompañaban a cumplir con el trámite. Aquel día sólo murió Gregorio, aunque los dos hermanos de su chica, además de un sargento y un cabo de la Benemérita, resultaron heridos leves. El fallecido dejó viuda y tres hijos.

ETA volvió a matar en Leitza 19 años después. El 14 de julio de 2001 asesinó a José Javier Múgica Astibia, de 49 años y concejal de UPN en el Consistorio leizarra. A las 10 de la mañana de aquel sábado, cuando el hombre se montó en su furgoneta, se detonó la bomba lapa con tres kilos de explosivos que los terroristas habían colocado en los bajos de su vehículo.

Los etarras colocaron la bomba entre el bastidor y la caja de cambios de la furgoneta. El cuerpo del edil navarro salió despedido del coche y quedó calcinado. Múgica también dejó una viuda y a tres hijos. Uno de ellos, durante un período de tiempo muy corto, fue edil en Leitza.

La tercera víctima de ETA fue un guardia civil. Murió el 24 de septiembre de 2002. Era el sargento Juan Carlos Beiro, un gallego que antes de entrar al cuerpo trabajó como policía militar en su tierra. A Leitza llegó sólo tres meses antes deque lo asesinaran.

Hacia las 12.30 horas de aquel día, Beiro acudió junto a varios compañeros a retirar una pancarta que un agente de libranza había visto sobre un talud en una carretera a las afueras del pueblo. Se leía, en euskera, 'Guardia Civil: mátalo aquí'. Además, traía dibujado un tricornio dentro de una diana y el anagrama de ETA.

Al llegar al lugar, la bomba que se escondía tras la pancarta explosionó y Beiro fue el único fallecido. En la actualidad, en el patio de entrada del cuartel de la Guardia Civil hay una placa en recuerdo a su muerte. Su viuda, sus hijos y sus compañeros no la dejan en cualquier plaza o calle de Leitza porque saben que los abertzales la arrancarían de inmediato.
Silencio entre los vecinos

Cuando uno recorre las calles de Leitza se percata de que los vecinos miran con extrañeza al reportero. Saben que no es una cara conocida. Cuando este periodista se acerca a preguntar a gente que pasea cerca de la plaza del Ayuntamiento muy pocos quieren hablar sobre lo sucedido en Alsasua o sobre la película Ocho apellidos vascos. Incluso, alguno bromea con el nombre de EL ESPAÑOL. “Seguro que eres muy de izquierdas, ¿verdad?”.

Un hombre de unos 40 años años que dice llamarse Gorka -aunque al pronunciarlo hace como una pequeña parada de duda-, asegura que los dos guardias civiles agredidos en un bar de Alsasua junto a sus parejas “nunca debieron ir allí”. “Es más -añade- ningún perro debería pisar Euskal Herria”. ¿Y qué piensa del largometraje?, se le cuestiona. “Me reí mucho, pero de la cara de paleto de Dani Rovira”.

A 50 metros de allí, en la terraza de una cafetería, cuatro jóvenes de entre 20 y 30 años toman el café de la tarde. Tres de ellos estudian y uno trabaja en una empresa leizarra. Son más moderados que Gorka en su discurso.

Aunque ninguno da su nombre, los chicos explican que no comparten el trato que otros vecinos del pueblo dan a los guardias civiles. Pese a todo, ellos apoyan que “ninguna institución española esté presente en esta tierra”. “¿Quiénes son los opresores entonces? -se pregunta uno- ¿Ellos o nosotros? Mientras sigan aquí, seguiré queriendo que se marchen”.

Aunque muchos vecinos de Leitza no lo cuentan, la mayoría de ellos ha visto Ocho apellidos vascos, producida por Mediaset. Ya fuera en los cines tras su estreno o cuando ha aparecido en la pantalla de televisión.

El día que llegó a las salas de cine, los compañeros del cuartel fueron juntos a ver el film a unos cines de un centro comercial de una localidad vecina. Allí, recuerdan, se encontraron con que medio aforo estaba ocupado por leizarras.

Tras su estreno, el 14 de marzo de 2014, las críticas de medios nacionalistas como Gara o Deia arreciaron contra el alcalde de Leitza, Oier Eizmendi, de Bildu. Los editoriales y los articulistas de estos y de otros periódicos le reprocharon haber permitido el rodaje de una película que distorsionaba la imagen de la localidad y del movimiento independentista abertzale.

A las tres semanas, el regidor presentó su dimisión. Aunque su renuncia coincidió con la decisión del Tribunal Supremo de imponer que en todos los ayuntamientos ondease la bandera española -algo que no sucedía en Leitza- en el pueblo se piensa que la decisión de Eizmendi también estuvo motivada por las críticas a su permiso del rodaje.

Su relevo al frente de la alcaldía, Mikel Zabaleta, también de Bildu, declina hacer declaraciones acerca de la presencia de la Guardia Civil en el País Vasco y Navarra, aunque recuerda que su partido siempre se ha opuesto. Lo único que dice es: “En Leitza apenas hay delincuencia. Por eso nos llama la atención que sigan estando aquí”.

Para los 11 guardias civiles destinados en Leitza la vida no es sencilla. Cada cierto tiempo, en forma de maletas colgando en vallas o de pancartas amenazantes, algunos leizarras les recuerdan que en esta tierra no se les quiere. Suelen hacerlo con un lema: Txakurrak kanpora. Perros fuera de aquí.

Reacciones al ataque a la Guardia Civil
Abascal: 'La mafia terrorista de ETA sigue presente'
El PP de Navarra, Ciudadanos y VOX han condenado la grave agresión que sufrieron dos agentes de la Guardia Civil y sus respectivas parejas por parte de medio centenar de militantes batasunos.
A. B gaceta.es  22 Octubre 2016

El PP de Navarra, Ciudadanos y VOX han sido las únicas formaciones que han condenado la grave agresión que sufrieron dos agentes de la Guardia Civil y sus respectivas parejas en la madrugada de este viernes por parte de medio centenar de militantes de extrema izquierda.

Los populares de Navarra han manifestado su preocupación y repulsa por los hechos ocurridos. “Es repulsivo que en pleno siglo XXI una parte de la sociedad navarra manifieste, con hechos tan graves como las agresiones físicas, su odio a todo lo que tenga relación con España”, ha manifestado Juan Antonio Extremera, presidente de la Junta Zona Norte del PPN. "Sin duda alguna, esperamos la pronta recuperación de los dos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Como no puede ser de otra forma, agradecemos todo el trabajo que la Guardia Civil lleva a cabo día a día en Navarra, en especial el realizado en la zona Norte de Navarra” ha añadido. En este sentido, ha manifestado que desde el PPN "esperan que los agresores sean puestos a disposición judicial con la mayor celeridad posible y esperan que todos los partidos políticos de nuestra Comunidad Foral muestren su rechazo y condena con lo ocurrido”.

El portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta, ha mostrado su "condena más radical contra este acto de barbarie" y el diputado por Cantabria Féliz Álvarez "Felisuco" ha deseado "pronta recuperación" a los agredidos. "Y pensar que alguien quiera pactar con estos garrulos...", ha dicho.

Desde VOX, su presidente Santiago Abascal, ha calificado de "gravísimos" los hechos y ha señalado que "demuestran que la mafia terrorista de ETA sigue presente, atemorizando y ejerciendo la autoridad". En este sentido, el dirigente de la formación, Javier Ortega, ha manifestado en declaraciones a Gaceta.es que "lo ocurrido en Alsasua por parte de los cachorros de Otegi demuestra que los proetarras siguen teniendo impunidad y campando a sus anchas por la falta de firmeza del Estado a la hora de disolver sus organizaciones políticas".


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