AGLI Recortes de Prensa   Domingo 23  Octubre  2016

El verdadero golpe de Estado que amenaza a la democracia
Carlos Sánchez El Confidencial 23 Octubre 2016

El bonapartismo se ha instalado en la vida política. Los líderes son más importantes que sus partidos. Y eso ha llevado a una ausencia total de ideología. Lo relevante es el poder

Contaba hace unos días un venerable catedrático de Derecho —fugazmente enrolado en las filas de la política conservadora— que José María Aznar le dijo en una ocasión con aplomo: “Tú lanzas muy bien los triples, pero en política lo que se necesitan son jugadores de rugby”.

Corrían los primeros años noventa, y a la vista de lo que ha sucedido en los últimos años, el expresidente del Gobierno —hoy atrincherado ideológicamente en la nueva Faes— lo describió perfectamente. La política se parece cada vez más un lodazal. También en democracias muy consolidadas, como EEUU o Reino Unido.

Ni que decir tiene que el catedrático salió escaldado de la cosa pública, y, desde entonces, se dedica a escribir libros. El expresidente, paradójicamente, juega ahora a lanzar triples. Ha dejado atrás la melé y el tumulto y observa la política con cierto estupor y distancia. El tiempo, en esto, le ha dado la razón.

La política, parece evidente, se ha embarrado. Y mucho. Hasta el punto de que el debate ideológico ha sido sustituido por una vulgar lucha por el poder para ganar apenas unas yardas en el enfangado rectángulo que dibuja un campo de rugby.

El Partido Socialista es el ejemplo más palmario: vive un debate interno sin contenido ideológico alguno. Pura y dura lucha por el poder. Pero también en Podemos el combate desnudo de ideología forma parte de su ADN. Cuando Iglesias y Errejón discuten no es por razones ideológicas, sino por el camino a recorrer para llegar al poder.

Es probable que este comportamiento tenga que ver con el hecho de que Podemos nunca ha pretendido ser la “expresión” de un indudable malestar social, justificable habida cuenta de lo que ha sufrido este país a consecuencia de la intensa crisis económica y del ensanchamiento de la desigualdad. Por el contrario, ha sido el motor necesario para la “construcción” de un malestar social que pueda originar un cambio político, en palabras de Miguel Ángel Quintanilla, un fino analista que ha escrito un opúsculo sobre el populismo.

La diferencia entre ambos partidos radica, sin embargo, en que en Podemos las discusiones se disfrazan de cierta solemnidad y altas dosis de petulancia intelectual. Sin duda, para ocultar la inanición ideológica que sufre un partido atrapado por una contradicción germinal.

Podemos, de hecho, todavía está embarcado en recorrer el largo camino que hay entre el activismo social y la política convencional, y ya se sabe que los periodos de transición, como la adolescencia, son difíciles de gestionar. Hasta el punto de que la democracia, en el sentido clásico del término, parece haberle sentado mal a sus dirigentes. Un partido que necesita el espectáculo parlamentario para hacer política tiene un problema, y, ante todo, refleja su desnudez intelectual.

Una formidable maquinaria electoral
En el Partido Popular, ni siquiera hay lucha por el poder, y mucho menos un debate ideológico. El partido se ha acostumbrado a ser una formidable maquinaria electoral capaz de decir una cosa y la contraria con el descaro más absoluto. Algo que evita cualquier disquisición filosófica interna sobre si estamos ante un partido conservador, liberal o una ante una formación teñida de socialdemocracia clásica con dosis de cierto populismo de derechas. O todo al mismo tiempo, como un batiburrillo ideológico que se sirve a temperatura ambiente en función de las circunstancias. Un comportamiento que le lleva a ser sistemáticamente el mejor 'descarte' para muchos españoles. Justamente, como lo describió hace unos días un editorial de Faes con cierta malicia.

La ausencia de musculatura intelectual en el discurso político no siempre tiene que ver con el bajo nivel de las élites. Lo que habitualmente se denomina 'clase política’, de una forma un tanto despectiva, no es más que el reflejo de una sociedad donde los cocineros mediáticos son los nuevos filósofos de la posmodernidad y de la era digital. Y en la que el discurso vacío de contenido gana yardas cada día.

De hecho, se está produciendo un fenómeno verdaderamente extraordinario. Si hasta hace bien poco era necesario ganar las elecciones para imponer el discurso político por la vía democrática, ahora es suficiente con articular una perorata atractiva —suficientemente aireada a través de las redes sociales y televisiones amigas— que es inmediatamente interiorizada por los partidos mayoritarios para evitar ser asaltados por los electores. Algo que los lleva, en algunos casos, a la tragedia, como les ha sucedido a los socialistas españoles, entregados a la causa populista cuando compiten con Podemos. O, en ocasiones, con la causa del nacionalismo más ramplón y sectario, como le sucede al PSC.

Incluso partidos históricamente centristas, en el sentido equidistante del término, han sido devorados por otros nacionalismos más radicales, como le ha ocurrido a la vieja Convergència de Pujol, que un día contribuyó a la estabilidad política. Marco Pannella, el viejo líder del Partido Radical italiano estaría encantado.

El triunfo del bonapartismo
Este comportamiento oportunista tiene que ver con un problema más de fondo que hay que relacionar con la ausencia de discurso político, lo que convierte a los partidos en rehenes de sus dirigentes, que necesariamente son temporales. Pero que pueden hacer mucho daño si se apropian de las estructuras del partido. Una especie de ‘dictadura del yo’ con ribetes bonapartistas. Napoleón, como se sabe, interpretaba la soberanía popular —se hizo llamar el ‘premier représentant du peuple’— como una dictadura personal conferida por el pueblo, aunque de acuerdo con unas leyes constitucionales.

La ausencia de un cuerpo doctrinal que guíe a largo plazo el discurso político no es casualidad. Ni responde a unas circunstancias sobrevenidas que impidan elaborar una estrategia.

Los líderes saben que si el partido carece de ideología y de un territorio común, su capacidad de influencia entre los afiliados se multiplica. Máxime cuando el comportamiento vertical y jerárquico de las organizaciones obliga a los cuadros medios y subalternos a acatar la decisión de los gerifaltes por una cuestión de pura supervivencia alimentaria. Como ha sucedido en el caso del Partido Socialista y su cambio de decisión sobre la investidura.

El plebiscito, en este sentido, en forma de consulta a los militantes, forma parte de esa tradición bonapartista, que consiste en que el líder se da un baño purificador que legitima cualquier ilegalidad. "Siete millones de votos lo absolvieron", se decía de Napoleón III.

Un partido con un discurso bien armado, y con una hoja de ruta aprobada en un Congreso abierto, siempre es incómodo y un peligro para el jefe, y de ahí que la tentación de quien llega a secretario general o presidente sea desarmar ideológicamente a la organización. Precisamente, para tener las manos libres a la hora de actuar elaborando una nueva estrategia articulada en torno a lo que Michels llamaba "apetito natural por el poder". El jefe manda y los demás obedecen.

Así es como se han construido liderazgos que han acabado por degollar a los partidos trufándolos de un oportunismo ciertamente insoportable. Donald Trump es el ejemplo más evidente. Pero no el único.

El eterno retorno de las mismas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Octubre 2016

Como si no hubiera pasado nada, a sólo una semana de que se forme Gobierno, aunque sea de saldo y en la prórroga, el gran problema político español es cómo colocar a Soraya y Cospedal, las niñas ashishinas de Rajoy, sin alterar el frágil equilibrio de sus indecisiones, esa especie de saltimbanquismo hecho de dilación y aprensión que ha llevado a la parálisis a su partido, a su Gobierno y a las instituciones.

Se supone que para el 31 tendremos oficialmente Gobierno, aunque no nuevo, porque será de Él y Las de siempre. Nacerá de la más tremebunda zaragata parlamentaria y antiparlamentaria de historia de la democracia desde que existe con ciertas garantías, es decir, desde 1977. Antes, desde 1812, hemos tenido casi dos siglos de parlamentarismo intermitente, unas veces heroico y otras ramplón -como en todos los grandes países europeos-, cada vez más representativo o democrático pero no por ello más estable y mejor garante de las libertades ciudadanas. Pero desde Fernando VII hasta las cuatro encarnaciones del PSOE –Iglesias I, Largo Caballero, González y Zapatero- siempre ha habido partidos que abrazaban la Constitución, es decir, la limitación del Poder, cuando les convenía y la derribaban cuando les estorbaba; siempre ha habido fuerzas o bandos oscilando entre defender la Nación o trocearla, entre apoyar el régimen constitucional o derribarlo.

Y en medio, oscilando con las oscilaciones, bandeándose entre los bandos, siempre ha habido una parte de la clase política y de la sociedad española incolora e insípida aunque no inodora, porque la cobardía huele siempre mal. Y desde Casares Quiroga, nadie representa mejor que Rajoy esa forma de estar en el Gobierno sin serlo del todo, de disfrutar con el aplazamiento de las decisiones, de dejar en manos del reloj y de los otros lo que, en el ejercicio de su responsabilidad, corresponde al Poder Político.
Soraya y/o Cospedal, las dos nadas de Rajoy

En Mariano, su dilación constitutiva se organiza como perplejidad ante dos diminutas ferocidades, como denominó Miguel Hernández a los dientes de leche, en este caso una ferocidad más diminuta que la otra pero ambas protosucesoras de Galaicolmillo Retorcido, que habita el espacio de una cohabitación imposible. Para no decidir, Mariano instaló su brumoso disfrute de la nada entre dos nadiseres, o nadiseras, para las que Iriarte fabuló su equívoca definición de la ardilla: "Yo soy viva / soy activa / me meneo, / me paseo, /yo trabajo, / subo y bajo, /no me estoy quieta / jamás."

¿A quién conviene más la definición ardillesca? Diríase que a Soraya por lo menuda, hiperactiva y acaparadora de bellotas (CNI, PRISA3Sexta); pero tampoco se está quieta Cospedal, de quien cuenta Pablo Montesinos que ya no se conforma con entrar en el Gobierno de cualquier manera o en cualquier cartera. Una será mucha ardilla pero la otra es muchísima mujer. Y entrambas gobiernan el horizonte político rajoyil, que no gubernamental.

De tres soluciones a los dos problemas
Porque antes de que el PSOE se lanzara en tromba a evitar el pactado Gobierno Ijeta (así llaman en San Telmo al Gobierno PSOE-Podemos-ERC auspiciado por la traviesa ardilla catalana), tres mujeres se perfilaban para los cargos decisivos en un Gobierno que deberá pactarlo todo con el PSOE y Ciudadanos: Ana Pastor, Fátima Báñez y García Tejerina. A las tres se les reconoce capacidad, experiencia y discreción, las tres cualidades para un Ejecutivo que debe dejar que parezca que ejecutan otros o ser ejecutado.

Pues bien, de las tres meritorias aspirantes a removerlo todo en un partido y un Gobierno paralíticos hemos pasado a las dos expertas en que no se mueva nada. A Pastor, favorita antes de Feijoo para una Presidencia del PP sin Rajoy o una Vicepresidencia Política para liquidar el sorayismo y las cloacas, la ha colocado Rajoy de "torcuata" en la Presidencia del Parlamento, un puesto clave, como demostró Torcuato Fernández Miranda en la Transición, para un cambio en profundidad "de la ley a la ley", nunca de continuidad. Báñez presentó esta semana en los encuentros de El Mundo su candidatura para la tarea más importante que debería acometer este o cualquier otro Gobierno: la reforma del sistema de Pensiones. Ese plan, que empezaría por el 100% de pensión para los jubilados que hayan cotizado, sin depender de la edad o del estado del Presupuesto, debe ir facilitando el cambio a un régimen de pensión-ahorro que sea propiedad del trabajador que cotiza, no del Estado. Y para eso es preciso un acuerdo PP-PSOE-C´s .

Es un momento perfecto para intentarlo, siempre que la persona que lo intente no exhiba ínfulas presidenciales. O sea, ni Soraya ni Cospedal. ¿Pero permitirá La Letal Pareja que se perfile como figura de consenso –o sea, de reemplazo- cualquier ministra del PP? Rigurosamente imposible. Si ambas están en el Gobierno y en el Parlamento, la tarea básica del PP será equilibrar el bando sorayesco y la mesnada cospedalina. Este PP no da para más. Y el resultado, dado el acreditado dinamismo de Rajoy, sólo puede ser la parálisis en un Gobierno fatalmente sietemesino, el caos en las Cortes, la violencia en las teles y/o las calles y nuevas Elecciones Generales en Junio.

Des-sorayización y des-cospedalización
El problema del PP es que carece de programa de Gobierno y hace mucho tiempo que prescindió de un marco ideológico en el partido. Si el PP tuviera enfrente a un partido con un programa político claro y con el que debiera pactar, nada le resultaría más grato que seguirlo. Por desgracia, ni el PSOE, habitante del caos, ni Ciudadanos, que se está diluyendo en una mezcla de maricomplejinismo y pijoapartismo, de izquierdismo por el qué dirán y de fascinación provinciana por los oropeles de la Villa y Corte, presentan un plan claro de Gobierno.

Es verdad que los seis puntos -las 100 o 150 o 150.000 medidas de Gobierno son alarde de párvulos- que Rivera hizo firmar a Rajoy son base suficiente para acometer un programa de reformas serio. Sin embargo, su piedra angular es la lucha contra la corrupción institucional, que pasa por la despolitización de la justicia y la desratización de las cloacas policiales. Es decir, la des-sorayización del Gobierno, el CNI, Interior y las televisiones. Si la Vicepresidenta no renuncia a su inmenso poder, no hay regeneración posible en el Gobierno. Y si el partido no hace ese congreso –con dos años de retraso- y se des-cospedaliza, no se democratizará. Y si no cambian el Gobierno ni el PP, nada puede cambiar. La parálisis marianil nos llevará de nuevo a jugarnos en las urnas la Nación y la Libertad. Todo, porque Rajoy es incapaz de prescindir de dos mujeres, ninguna de las cuales es la suya.

Un año con EL ESPAÑOL, un año sin España
Pedro J. Ramírez El Espanol 23 Octubre 2016

No fue casualidad que en mi primer artículo como director de EL ESPAÑOL, reprodujera lo que escribió José María Blanco White en 1810 en idéntico trance: "No porque la situación de España sea muy triste al presente, se han de cerrar los ojos a la esperanza".

Y menos casualidad fue aun que me apalancara en el posibilismo de la cita de Virgilio que encabezaba cada entrega de aquel mensual publicado en Londres bajo la cabecera primigenia de El Español: "At trahere atque moras tantis licet addere rebus". Es la expresión que utiliza la diosa Juno en la Eneida para advertir que aunque no podrá impedir que se cumpla el destino, "al menos será posible dilatar las cosas y poner obstáculos".

Era una manera de decir: ojo, que por mucho brío que pongamos en el empeño los periódicos no podemos determinar los acontecimientos y una cosa es que tengamos claro cuáles son los males de España y otra que vayamos a ser capaces de sanarlos. Pero lo que yo no podía imaginar era que a EL ESPAÑOL fuera a irle tan bien al final de su primer año de vida y a España tan mal. O para ser exactos que doce meses de crecimiento constante de nuestro periódico fueran a corresponderse con un periodo de bloqueo institucional y vaciamiento político de la propia idea constitucional de España.

Anteayer, en la inauguración de Expocampus, pedí al ex ministro de Cultura César Antonio Molina que levantara acta visual del marcador de Google Analytics -no hay periodista que se precie que no lleve descargada esa aplicación en su móvil- para la audiencia acumulada por EL ESPAÑOL durante los últimos 30 días. Él la corroboró en voz alta: 10.021.723 lectores. Era el primer día que pasábamos la frontera millonaria de los dos dígitos y eso me ayudó a viajar casi cuarenta años atrás en el túnel del tiempo: "¿Te imaginas, César, que hubiéramos tenido diez millones de lectores al mes en aquel Diario 16 en el que tu llevabas el mejor suplemento cultural de la transición y yo dirigía la nave contra los golpistas?".

Tendremos que empeñarnos a fondo para consolidar la cota de los diez millones durante estos últimos días de octubre en los que competimos con aquellos postreros de septiembre en los que se desencadenó la crisis del PSOE que tanto impulsó la audiencia. Quedan además muchas cosas que implementar y mejorar en EL ESPAÑOL después de los desajustes tecnológicos y editoriales de los primeros meses. Pero nadie duda ya de que nuestro periódico está doblando con firmeza el Cabo de las Tormentas para aparecer en una de las primeras posiciones de la gran regata digital que se disputa en el mar abierto del pluralismo.

El contraste entre la fuerza con que ruge el león de EL ESPAÑOL y el estado de postración y decrepitud en que se encuentra el león español, símbolo milenario de nuestro pueblo, viene en principio a confirmar el cínico adagio de que sólo los periódicos y los vendedores de pólizas de seguros prosperan en medio de las calamidades. Pero sirve también para constatar el olímpico fracaso de una clase política batueca, o sea huera y ramplona de puro inepta, frente al dinamismo de una sociedad emprendedora que compite en los grandes sectores de la globalización y está dispuesta a volver a subirse al andamio cada vez que le derriba un golpe de viento proveniente del poder.

El que la solución a la crisis política que llevamos arrastrando desde que Rajoy se atrincheró hace tres años en la mayoría absoluta, para no asumir sus flagrantes responsabilidades en el encubrimiento de la corrupción, vaya a ser un gobierno de Rajoy en minoría absoluta lo dice todo de la incompetencia asnal de unos dirigentes apalancados en sus prejuicios. Ni los prohombres del PP han sido capaces de reemplazar a su desprestigiado líder por alguien nuevo y limpio, capaz de ofrecer algo distinto a los españoles; ni los dirigentes del PSOE han tenido la inteligencia de estimular las contradicciones de los inmovilistas negociando a tiempo la abstención a cambio de un nuevo candidato popular; ni los jerifaltes de Podemos han mostrado la coherencia transformadora que hubiera supuesto permitir gobernar al 'pacto del Abrazo'. Sólo Ciudadanos ha estado durante estos doce meses a la altura de las circunstancias empujando voluntariosamente a unos y a otros por la senda de las reformas.

Si en el vídeo en el que rastreábamos la genealogía histórica del león español nos detuvimos en una caricatura de El Motín en la que Cánovas y Sagasta, jefes de los dos grandes partidos dinásticos de la Restauración, sujetaban a la fiera mientras sus subalternos Montero Ríos y Manuel Becerra le cortaban las uñas y le arrancaban los colmillos, su remedo todavía arroja hoy una imagen más desoladora. Porque el león de la España del siglo XXI no sólo está retenido en su ímpetu regenerador por el inmovilismo de Rajoy, mientras el PSOE impostado de González y el PSOE timorato de Susana le hacen la manicura, sino que corre el riesgo de ser descoyuntado por la zafia rudeza con que Pablo Iglesias y sus cohortes podemitas tiran en la dirección opuesta.

Poca respuesta podrá dar ese cuerpo social tensado hasta la extenuación, exánime al cabo de tanto sokatira demagógico, a los bienintencionados impulsos reformistas de Rivera, equivalentes a aquellos alfilerazos que emanaban durante la monarquía alfonsina del republicanismo moderado de Castelar. El eximio tribuno gaditano de los grandes mostachos era de hecho el único personaje de la caricatura de El Motín que, punta de bastón en ristre, trataba de hacer reaccionar al león. Pero su elegante esfuerzo era tan estéril como el del neurólogo que busca reflejos vitales sobre la epidermis de un zombie sin más instrumental que una sutil rueda de Wartenberg y un fofo martillo rodillero.

Me alegra mucho que cinco días después de que yo reconstruyera en esta página el amargo final de Unamuno, el Rey Felipe haya invocado su figura como símbolo de la lucha de la "cultura" contra la "ignorancia". Pero la pregunta pertinente, tal y como me la formuló Josep Cuní en la larga conversación que esta próxima semana emitirá TV3, es si la tercera España, reformista y crítica, no volverá a perder ahora esa batalla, como la perdió hace ochenta años y tantas otras veces, desde que el sueño de la razón engendró los monstruos que aplastaron a mi admirado Calatrava y el resto de nuestros primeros liberales.

"¿Tenemos patria los españoles?", se preguntaba en 1869 Santiago Ezquerra "con el corazón contristado, el llanto en los ojos y el rubor en las mejillas". Tal vez hoy no llegaríamos a una conclusión tan desoladora como la que se percibía al comienzo del Sexenio Revolucionario; pero si una "patria" es una comunidad articulada en torno a un legado histórico, unos valores compartidos y un imperio legal fruto de ese consenso, es evidente que la mengua de la nuestra se ha acelerado durante este año de inanidad política.

El último síntoma es la falta de respuesta social a ataques contra la libertad de expresión tan flagrantes como el sufrido por González y Cebrián en la Autónoma -dense por reproducidas aquí todas las admoniciones volterianas pertinentes- o como el perpetrado de forma solo aparentemente paradójica por el propio Cebrián, con González siempre al fondo, contra El Confidencial. Tan repudiable como la coacción física que impide hablar a un orador es la coacción jurídica con la que se intenta amordazar, o al menos intimidar, a un medio.

No emularé al desacertado Larra de "asesinatos por asesinatos, me quedo con los del pueblo", diciendo que escraches por escraches, me quedo con los de los estudiantes, porque el propio concepto de asedio organizado me resulta odioso. Pero me parece urgente que la Asociación de la Prensa, el IPI u otras organizaciones similares adviertan de la aberración que supone presentar la difusión de noticias veraces sobre los turbios negocios de Cebrián y González con su amigo Zandi como actos de "competencia desleal". De prosperar la demanda mercantil aceptada a trámite, cualquier fechoría perpetrada desde una poltrona mediática quedaría blindada frente a la indagación y la crítica.

Por muchos motivos que haya para la indignación o la melancolía, ni la una ni la otra deben arrugarnos, sin embargo, el ánimo. De igual manera que no es nuevo que desde dentro del propio periodismo surjan pulsiones liberticidas, simétricas a las que brotan de quienes como Rajoy buscan impunidad política o como Pablo Iglesias un atajo trabucaire para asaltar los cielos, tampoco este desmadejamiento de los valores democráticos o esta sensación de derrota por incomparecencia de la idea constitucional de España puede cogernos por sorpresa.

EL ESPAÑOL nació hace un año fruto de la misma coyunda entre el "enojo" y la "esperanza" que alumbró cien años atrás la revista España. Esos son nuestro padre y nuestra madre. Y puesto que la actualidad nos ha obligado tantos días a rugir desde el "enojo", hemos decidido merodear durante una semana con "esperanza" por la agenda de los cambios que necesita España. Ese es el sentido del simposio "Modernización y reforma" que comenzará mañana en la sede de la Universidad Camilo José Cela de la calle Almagro para celebrar nuestro primer aniversario y en el que aun es posible inscribirse.

No en vano, Blanco White manejó ese mismo resorte compensatorio cuando a la lucidez de su diagnóstico pesimista del presente añadió una visión idealista del futuro: "La España renacerá más gloriosa si no se deja apagar el fuego del patriotismo que, aunque sin dirección y esparcido, penetra por todas sus venas. Luces necesita la España, que valor nace con sus naturales". Y el fuego de ese idealismo, como el del verdadero amor, será luminosamente eterno.

El PSOE de las regiones enfrentadas
Javier Orrico Periodista Digital 23 Octubre 2016

El PSOE se descose como España. Y si le pongo una coma tras descose, ya no estoy diciendo lo mismo. No quiero decir que España también se descose, sino que ambos, España y el partido que más se le parece, según ellos, se descosen de la misma manera, por las mismas suturas ficticias, que hoy ya son reales, creadas durante estos años desdichados. Perdonen la digresión lingüística, aparentemente incidental, pero que a mí me parece esencial, y va dedicada a los que dicen que ya no hay que enseñar gramática, y que ignoran, zurrilistos y pedagógicos, que la gramática es la arquitectura del pensamiento, y que cuando se desconoce, o se pretende desterrar, lo que se está rompiendo es la naturaleza de lo que queremos decir, si es que sabemos qué queremos decir, lo cual es bastante difícil sin gramática.

Que a lo mejor es lo que se pretende. Y por eso, en la España sin gramática que nos trajo el PSOE, y que ha sido incapaz de revertir el PP, todas las estupideces y los embustes más dañinos son posibles.

Y el PSOE se alineó con las mentiras nacionalistas que hoy lo desangran, lo “escrachean” y le van a comer el hígado. Estos que hoy les escupen son los hijos de la “educación en valores” que impusieron contra la instrucción y el conocimiento. Donde sólo había un 10 o un 15% de separatistas, las políticas de cesión al adoctrinamiento, de falsa integración, de contentamiento llevadas a cabo sobre todo por la izquierda, adobadas estos últimos años por la inacción culpable de Rajoy, han terminado consiguiendo que a los jóvenes de las zonas separatistas tradicionales, catalanes y vascos (parece que vinieron desde allí para asediar a González y al Cebrián que, desde El País, defendió siempre el nacionalismo lingüístico), se hayan sumado los gallegos, los mallorquines, los navarros, los valencianos, hasta los aragoneses coquetean ya con el catalanismo que el propio PSOE aragonés está introduciendo en las aulas.

Lo que hemos hecho ha sido rajar lo que era un traje aseado para volver a coserlo, pero ahora los pedazos exigen soberanía. Eso es España. Y eso es el PSOE, un partido al que algunas federaciones se le han vuelto confederaciones, y ya no hay quien las embride.

No sé si lo resolverán antes. Pero podría ocurrir que en el famoso Comité Federal, y en la posterior votación en el Congreso, asistamos a un debate más territorial que ideológico. En apariencia, claro, porque el mero hecho de que el antiguo ‘PSOEspañol’ esté debatiendo sobre la existencia de España, y se divida por ello, es la prueba más palmaria del inmenso error que han cometido desde la llegada de la democracia y que, desdichadamente, no sólo va a acabar con ellos, sino con la misma España, que hace ya muchos años que se quedó sin una izquierda española.

Si cumplen sus amenazas, los nazionalistas catalanes, vascos, mallorquines, navarros, gallegos y valencianos, y no sabemos si los canarios, que el PSOE ha alimentado en su propio seno, dando pábulo a una historia inventada y a una demanda de privilegios y diferencias inconcebible en un partido de izquierdas (lo de Podemos está cada día más cerca de las juventudes hitlerianas que de otra cosa), votarán contra los socialistas andaluces, castellanos, extremeños, asturianos, madrileños, etc.

De los murcianos cabe la duda de si se sumarán a la Corona de Aragón (al fin esto es ya un enfrentamiento feudal, entre señores de la guerra civil, versión Zapatero) o a la de Castilla. Y es que el PSRM nunca ha tenido una posición propia sobre España, razón por la que nunca han pintado nada, y en los últimos años se situaron, como siempre, al lado del poder, pero ahora les han descabezado a Sánchez y a ver qué hacen, cómo se recolocan y le explican a Susana que nosotros también somos andalusíes y la queremos mucho.

En fin, lo que está en juego en este PSOE anterior a los Reyes Católicos y la Unión de las Coronas, es elegir entre quienes todavía defienden que los españoles sigamos viviendo bajo unas leyes más o menos comunes, y quienes están construyendo o apoyando a los nazis en la España plurinacional, descosida, medieval, Ancien Regime, estamental, racista y xenófoba, a la que seguramente nos dirigimos entre un PSOE disgregado de sí mismo, y una derecha arrojada y corajuda que manda a los jueces a resolver el problema que ellos no se atreven a afrontar.

Y mientras, el pueblo español siempre cantando “Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor”. Desde hace mil años.

Donde la policía no puede entrar
ARCADI ESPADA El Mundo 23 Octubre 2016

Mi liberada:
Creí verte entre los jóvenes que la otra mañana impidieron la conversación entre Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero sería ilusión; tú ya no eres joven. Apartando la embriaguez testosterónica, los motivos que frustraron la conversación tienen que ver con la tolerancia ante la fuerza. Tolerancia es el común eufemismo de una borradora confusión moral. Y Fuera fascistas de la universidad el lema que coreó la fuerza. A Cebrián y González los echaron, y es inevitable que se fueran como fascistas asumidos. El grupo de agresores ejerció la fuerza sin réplica. Los agredidos, y hay que incluir a todos los que habían ido a escuchar, bajaron la cabeza y se rindieron a la fuerza de los agresores. Supongo que la razón obedece a un simple cálculo del tipo personal: González, Cebrián y sus oyentes decidirían que era mejor suspender la conferencia que defenderla con la fuerza. El cálculo de la posibilidad de sufrir daños o la repugnancia no solo física sino moral de la pelea les llevaría a desistir. Naturalmente si en vez de defender su libertad de palabra se hubiera tratado de defender su vida también ellos hubieran usado la fuerza. La libertad es la vida.

Por miedo al daño y por repugnancia moral los ciudadanos delegan en la policía el uso de la violencia. Es lo que resulta del monopolio estatal de la coacción, de la división del trabajo y de la profesionalización en las sociedades modernas. Pero no había policía en la universidad ni fue llamada. El porqué es fácil de escribir y difícil de explicar. Los rectores suelen negarse a que la policía entre en el templo del saber donde sacristanean. Deben de considerar que la policía mancilla con su presencia el ágora y que el auxilio democrático ante la violencia que prestan las fuerzas del orden (mastíquese el sintagma hasta triturar la cáscara panfletaria y aparecerá su ejemplar sentido real) presenta déficits éticos, ¡y sobre todo estéticos!, en comparación con la violencia de la turba. Esta es la razón principal por la que José María Aznar, Rosa Díez o Felipe González, por poner a tres, no pueden hablar en la universidad. "Fuera fascistas..." es el estricto lema de la joven chusma. Pero si el lema aludiera a la policía se convertiría también, automáticamente, en lema de los rectores. Y, por supuesto, en el de este rector concreto que no se ha atrevido a defender la libertad de palabra, como era la obligación de su cargo. Su meliflua actuación ("lo intentaremos otra vez", iba diciendo mientras huía) demuestra un inquietante desconocimiento del hecho de que los ciudadanos pagan su sueldo para que la universidad cumpla sus obligaciones técnicas y también las morales.

Las bellas almas se niegan a incluir el uso de la coacción y la fuerza entre las competencias de la política. Y la política es negociación y diálogo, pero también fuerza. Lo entienden bien los dirigentes del partido Podemos que, como los remotos comunistas, se definen como un partido de lucha y de gobierno, que es una manera hermafrodita de decir un partido de lucha allá donde no gobiernan. A ninguno de sus dirigentes se les ocurriría decir que estos últimos incidentes de la Autónoma o los que hace unos años protagonizaron ellos mismos, en persona, al impedir que Rosa Díez pudiera hablar en la Complutense, no forman parte de la política. Otro asunto es que, en su caso, se trate de una política criminal, que solo pretende limitar la democracia. Pero política es, sin duda. Como lo es también la violencia en contra de la ley que llevan practicando desde hace años las instituciones políticas catalanas: ninguno de sus dirigentes admitiría jamás que sus pasos no están determinados por la política. Todo lo contrario: violencia política hasta el punto de que, coincidiendo con el magma podémico, se plantea como una alternativa a la ley.

¿Cómo es posible entonces que partidos e instituciones que cruzan al otro lado de la ley reivindiquen que sus acciones forman parte de la política, y algunos representantes de las instituciones democráticas, apegados a la ley y refrendados por ella, interioricen que la violencia, legítima, desapasionada y proporcional a cada circunstancia, no forma parte de la política y del mandato político que otorgan los ciudadanos? Hoy en España hay personas, grupos, partidos y gobiernos que han elegido la violencia como modo de actuación política. Algunas otras personas, aunque a veces las mismas, han elegido la corrupción. ¿Se comprendería que el presunto Correa pidiera una solución política a su asunto? ¿Se comprendería que algún partido defendiera la financiación ilegal como un imponderable de la acción política? A la corrupción se le aplica la inexorable violencia de la ley (y también la violencia de los medios), y a la violencia que practican los que impiden la libertad de expresión, sea en las aulas o, por cierto, en las capillas universitarias (porque Rita Maestre no atentó contra la divinidad y sus rituales sino contra la libre reunión y expresión de un grupo de ciudadanos) se le debe aplicar exactamente lo mismo.

La policía fuera de la universidad supone una más de las innumerables reservas morales que se concede la política, y que suponen su fracaso. En España proliferan. La organización del sistema lingüístico en Cataluña. O algunas horas y algunos lugares en el pintoresco y viril pueblo de Alsasua. El concierto navarro. El Per andaluz. Ciertamente, la reserva blindada frente a la policía no es una novedad. Hay muchos barrios en el mundo donde las policías no pueden entrar. Nidos de delincuentes, de ignorancia y de bajeza. Es desmoralizador que la universidad se haya convertido en uno de ellos.

Es probable, mi liberada, que todo provenga al fin de esa corrección política que aplicas con mano de hierro a tu vida, pero sobre todo a la de los otros. Como sabrás el Gaudeamus Igitur, el himno universitario basado en una canción alemana del XVIII, no se canta entero, a causa (subraya la Wiki) de la incorrección manifiesta de algunos párrafos de la letra. Yo pensaba que los fragmentos condenados eran los que hablaban de las «vírgenes, fáciles, hermosas» o de las "mujeres tiernas, amables, buenas y trabajadoras". Pero ahora observo y peno mi considerable error. Si el himno no se canta entero solo es por este ¡Viva! inaudito: "Vivas et res publica et qui illam regit". O sea, mi latina: "Viva el Estado (la cosa pública) y el que lo rige".

Sigue ciega tu camino. A.

La primera rectificación
Alejo Vidal-Quadras  vozpopuli.com 23 Octubre 2016

El pasado jueves asistí a la presentación del libro “Yo no me callo” de Esperanza Aguirre organizado por el Foro Generación del 78, una asociación de jóvenes profesionales, funcionarios y empresarios, unidos por la marca de la excelente preparación, el multilingüismo, la brillantez, la defensa de un modelo social basado en la libertad, el trabajo, el esfuerzo, la búsqueda de la excelencia y el reconocimiento del mérito, y el no haber votado la vigente Constitución por no haber alcanzado cuando se sometió a referendo la edad requerida. Como es fácil adivinar, ante un público de estas características la ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid se encontró en un ambiente muy favorable a sus reiteradamente proclamadas tesis liberales y sus opiniones fueron recibidas con evidente agrado.

Inicialmente Esperanza Aguirre quedó algo sorprendida de encontrarme en un acto acogido a tal referencia temporal, pero una vez le expliqué que para ciertas cosas no hay edad, teniendo en cuenta mis circunstancias y las suyas, pareció entenderlo perfectamente. Por supuesto, la expresidenta del Senado expresó sus puntos de vista con la sinceridad y el desenfado que le son propios y no se privó de hacer una crítica cortés, pero contundente, a las políticas de su partido en los ámbitos económico, social y de la preservación de la unidad nacional. Asimismo, tuvo la amabilidad de desear durante su intervención el regreso a las filas del PP de gente como José Antonio Ortega Lara o yo mismo, así como la recuperación para la primera línea saliendo de su digno y autoimpuesto ostracismo de figuras como María San Gil. Es obvio que semejantes planteamientos no pueden sino merecer una rotunda aprobación por parte de todos aquellos que los venimos compartiendo desde hace mucho tiempo.

Sin embargo, en su análisis de la crisis múltiple que nos mortifica desde que estalló la última recesión global, la conferenciante hizo un diagnóstico que no se puede decir que fuera errado, pero sí tan llamativamente incompleto, que lo invalidó a la hora de guiar a una audiencia en cuyas manos está en gran medida el futuro de nuestro país. Este tipo de desenfoques en el examen de las causas de las graves dificultades que atravesamos en personas de dilatada experiencia y capacidad para el juicio certero son muy perjudiciales porque los sectores sociales que por su ubicación cronológica, su dinamismo, sus conocimientos y su patriotismo, se encuentran en disposición de actuar para enderezar el rumbo de una Nación desnortada, al escuchar de boca de personajes públicos en los que confían y a los que admiran determinadas afirmaciones o, lo que es aún peor, determinados silencios, se desorientan y pueden caer en la complacencia o en la decepción.

Aguirre hizo un canto entusiasta a la Ley de leyes del 78 y se explayó en la manida enumeración de sus virtudes, texto de consenso, superación de las dos Españas, espíritu de conciliación, sustento de un largo período de paz, prosperidad y estabilidad y demás virtudes y benéficos efectos. Tras tan completo panegírico, llamó a la preservación de nuestro actual sistema institucional y jurídico frente a populistas y separatistas que pugnan por su liquidación. Ahora bien, hubiera sido recomendable que además de rechazar el aventurerismo destructivo de las amenazas totalitarias contra nuestro orden de libertad e igualdad, hubiera también señalado los muchos y serios defectos de la Constitución del 78 y del desarrollo normativo posterior, que han llevado a nuestra democracia a transformarse gradual e imparablemente en una partitocracia inoperante manchada por la corrupción sistémica, con alarmante degradación de la separación de poderes, con una total desaparición del imprescindible vínculo entre representante y representado, con una educación de un nivel pésimo, con una estructura territorial políticamente inmanejable y financieramente insostenible y con una irritante pasividad del Estado a la hora de hacer respetar las leyes. Las reformas legislativas e incluso constitucionales que repararían tales deficiencias son conocidas, pero Esperanza Aguirre ni las reclamó ni las detalló, limitándose a consideraciones generales carentes de precisión y de mordiente. Es más, para que se cumpliera el amable deseo de la oradora de que antiguos miembros destacados del Partido Popular, hoy ausentes por abierta discrepancia con la renuncia a los valores liberal-conservadores de Mariano Rajoy y su equipo de tecnócratas ideológicamente asépticos, volviesen a situarse bajo sus siglas, la supuestamente gran formación de centro-derecha debería impulsar un ambicioso proyecto de revisión profunda de nuestra Carta Magna para colocar sobre cimientos sólidos una verdadera democracia constitucional y no el adefesio disfuncional e ineficiente que padecemos.

En cualquier caso, pronto veremos en que quedan las buenas intenciones de aquellos dirigentes del PP que se han mantenido en su disciplina con el argumento de que es mejor trabajar desde dentro. No falta demasiado para que se celebre el Congreso del partido, con dos años de retraso, por cierto, y esta será la ocasión de comprobar si, primero, luchan con decisión por un congreso abierto en el que voten todos los militantes y, segundo, articulan una candidatura que se presente con una agenda política de reforma y regeneración que afronte de veras los problemas de España y no se conforme con ignorarlos, posponerlos o maquillarlos. Los socios del Foro Generación del 78 seguramente estarán muy atentos a lo que hagan y digan los que, como Esperanza Aguirre, abogan por que el PP discurra de nuevo por los cauces ideológicos, morales y programáticos que nunca debió abandonar. Uno de los métodos pedagógicos más efectivos es el ejemplo. ¿Quién estará dispuesto en el próximo Congreso del PP a dar ejemplo de coherencia y coraje? Pronto lo sabremos y de lo que suceda en este cónclave dependerá en buen parte nuestro devenir colectivo. Lo que Esperanza Aguirre no dijo el jueves pasado, y debería haber dicho, es que España no necesita una Segunda Transición, sino una Primera Rectificación del sistema del 78, y que con un PP de meros administradores tediosos de un edificio que se derrumba, esta urgente operación histórica, de tanta trascendencia como la realizada hace cuatro décadas, jamás tendrá lugar.

Lección de dignidad de Consuelo Ordóñez ante los insultos de unos radicales en Alsasua
Víctima de ETA y presidenta de COVITE, Consuelo Ordóñez, ha encabezado en Alsasua un "acto de rebeldía" frente a una protesta contra la Guardia Civil.
Agencias Libertad Digital 23 Octubre 2016

La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Consuelo Ordóñez, ha encabezado en Alsasua un "acto de rebeldía" en la misma plaza donde este sábado se estaban concentrando organizaciones vinculadas al entorno proetarra para protestar contra la presencia de la Guardia Civil en este municipio.

Ordóñez y otros tres miembros de Covite han irrumpido en la Plaza de los Fueros de Alsasua mostrado diferentes pancartas para "silenciar" las consignas de los manifestantes que cuestionaban el trabajo de la Guardia Civil en Navarra y el País Vasco, pidiendo que el Instituto Armado abandone ambas regiones.

La hermana de Gregorio Ordóñez, el concejal del PP en San Sebastián asesinado por ETA en 1995 de un tiro en la nuca, ha denunciado este "discurso del odio" cuando se cumplen cinco años de que la banda terrorista anunciara el cese de la actividad armada. "No os tenemos miedo", "Guardia Civil, seguid aquí" o "sin pistolas no sois nada" han sido algunos de los lemas que han portado los miembros de Covite.

"Hemos venido a dar la cara y a enfrentarnos a los radicales que quieren imponer el miedo y el odio en Alsasua y en muchos otros pueblos como éste". "Aunque ETA ya no mata, los radicales siguen armados mentalmente y dispuestos a ejercer una violencia que ellos pueden enmascarar como una pelea de bar, pero que nosotros llamamos terrorismo", ha expuesto Ordóñez.

Ordóñez ha recordado que Covite lleva "mucho tiempo denunciando que Navarra y el País Vasco son ollas a presión". "No es una sorpresa lo ocurrido en Alsasua, ni siquiera una consecuencia", ha comentado, "sino un síntoma de que la cultura del odio está viva y se sigue alimentando".

Tres detenciones
Este mismo viernes, la Policía Nacional detuvo a un hombre de 45 años en Guecho (Vizcaya) por pedir de forma anónima en la red social Facebook que ETA siga matando a "gentuza" como los dos guardias civiles que fueron agredidos junto a sus parejas en Alsasua.

La Guardia Civil detuvo la misma noche de la agresión en el bar Koxka de Alsasua a otros dos individuos de unos veinte años que quedaron en libertad con cargos acusados de un delito de lesiones y atentado contra la autoridad.

El Ministerio del Interior ha defendido que este delito se podría ver agravado por concurrir con otro de odio. La Policía Foral de Navarra es la encargada de una agresión en la que participaron directamente unas 45 personas.

La especulación inmobiliaria y el silencio de los corderos
Los especuladores del suelo y la banca llevaron el mercado inmobiliario a límites que no podían asumirse por los compradores, arruinando a miles y miles de familias.
Juan Laborda  vozpopuli.com 23 Octubre 2016

Esta semana he tenido el honor de presentar el libro del abogado argentino y español Fernando Scornick y del economista británico Fred Harrison, “La Especulación Inmobiliaria y el Silencio de los Corderos”, de la editorial Lola Books. Esta obra imprescindible se refiere a los enormes estragos que la especulación inmobiliaria ha causado en nuestro país y a las enormes secuelas que ha dejado en la sociedad. Los autores analizan los mecanismos de la renta del suelo y la relación del acceso a la tierra con el empleo y los salarios. La digresión se complementa con el estudio del sistema impositivo vigente y su comparación con el de otros países. Finalmente Scornik y Harrison ofrecen y proponen las únicas reformas en las cuales, según ellos, se debe basar un régimen de justicia distributiva.

En el planteamiento del libro se detalla la complicidad de las élites políticas con un sistema monopólico, que solo podrá ser detenido cuando los ciudadanos tomen democráticamente el control de las políticas, fundamentalmente las fiscales, hoy instrumentadas en beneficio de los buscadores y apropiadores de rentas. Ante el actual caos económico, que pudo evitarse, los autores proponen las reformas necesarias destinadas a reorientar la economía lejos de los ciclos de negocios, las burbujas y de sus estallidos. Dichos ciclos victimizan a casi todo el mundo, especialmente a los grupos más vulnerables, a través del desempleo, la pobreza, la desigualdad, y la falta de acceso a la vivienda.
Impuesto sobre la renta del suelo

La solución más simple y práctica, según los autores, para que no se repita la burbuja, pasa por gravar drásticamente la renta del suelo –su valor de renta anual-. En el mudo anglosajón es usual gravar la tierra por su renta anual y no por su valor capital ya que éste último puede descender si se aplica un impuesto alto, dejando al impuesto sin objeto imponible y creando una situación incierta. En cambio la renta de la tierra siempre seguirá existiendo, y al cobrar parte de la renta el Estado lo que disminuirá será el valor venal de la tierra y su valor locativo.

Podría también gravarse las plusvalías fantásticas que se generan al incluir la tierra como urbanizable en un Plan General. Sin embargo, ello no impediría que se generaran plusvalías futuras. La forma de impedirlo no es ir aplicando impuestos a la plusvalía en cada transmisión sino gravar siempre en forma drástica la renta anual de la tierra.

En la renta de la tierra debemos incluir todos los recursos naturales, incluyendo el petróleo, el agua, minerales, el espectro electromagnético… y no solamente la superficie que se usa para carreteras o para construir edificios. En el libro se detalla cómo no habría internet sin “naturaleza” en la forma de espectro electromagnético, cuyas rentas han hecho millonarios a Bill Gates o Carlos Slim.

En el libro se menciona el régimen del suelo en las ex colonias británicas de Singapur, Hong Kong y Australia y otros países que han sabido frenar la especulación inmobiliaria –Corea del Sur-. En Singapur no hay propiedad privada de la tierra. En Hong Kong exactamente igual, no hay ni nunca hubo propiedad privada de la tierra -la tierra se arrienda pero no se vende-. En ambos casos -Singapur y Hong Kong- hay un impuesto sobre el valor de la renta anual de la tierra. En Australia, donde las tierras públicas, que incluyen los arrendamientos a plazo que concede la Corona, representan el 68% del total, hay un impuesto a la tierra que varía según los distintos estados. En Corea del Sur se aplican conjuntamente impuestos drásticos sobre las plusvalías e impuestos sobre la propiedad. En Europa destaca la experiencia de Dinamarca, donde hay diversos impuestos que gravan la tierra, sobre el valor de mercado, y los edificios.

Una propuesta para España
España si quiere cambiar de modelo productivo debe convertir en antieconómica la inversión inmobiliaria, refugio permanente de los españoles bajo un sistema absolutamente irracional. Es necesario incrementar radicalmente el impuesto inmobiliario para llevarlo a niveles de otros países desarrollados, bajando otros gravámenes y estableciendo eximentes para viviendas modestas. Se trata de cambiar radicalmente el régimen fiscal español. La recaudación incrementada del impuesto inmobiliario debe utilizarse para rebajar o suprimir otros impuestos como el IVA y el IRPF y/o financiar la renta básica.

La mejor forma sería gravar en forma directas el valor del suelo urbano y rural, tal como se hace actualmente con el IBI pero sobre valores que representen como mínimo el 80% del valor de mercado. Un posible comienzo de implantación del sistema sería estableciendo una tasa promedio del 2% sobre el 80% del valor comercial, evitando gravar a los sectores de propiedades de más bajo valor. De esta manera se recaudaría 49.000 millones de euros, que permitirían reducir al mínimo posible el IVA y las rentas del trabajo. Si aplicáramos una tasa promedio del 3% la recaudación sería espectacular, 73.000 millones de uros, lo que permitiría reducir al mínimo el IRPF, disminuir el IVA y financiar una renta básica. Ello supondría dar un impulso a nuestro país y cambiar de verdad nuestro sistema productivo.

Los especuladores del suelo y la banca llevaron el mercado inmobiliario a límites que no podían asumirse por los compradores, arruinando a miles y miles de familias. Son los verdaderos artífices de la deuda privada patria, dando lugar a un endeudamiento irresponsable. Son los bancos los que deben afrontar junto con los especuladores las consecuencias del infierno que ellos mismos crearon, junto con gobiernos que toleraron y fomentaron la especulación inmobiliaria, germen de la corrupción de nuestro país.

La burbuja de la deuda es ya más grande que la inmobiliaria y la tecnológica
Carlos García-Ovies okdiario 23 Octubre 2016

A principios de siglo, la burbuja de las puntocom llevó a la ruina a multitud de empresas tecnológicas. Siete años más tarde, la inmobiliaria provocó una recesión de la que aún hoy nos estamos recuperando, pero se está gestando una burbuja aún mayor que las otras dos: la de la deuda pública generada por los bancos centrales.

El pasado mes de junio, el conocido inversor Bill Gross avisó de que el mercado de deuda explotaría “como una supernova”. El gurú de la renta fija atacó en su último informe a los bancos centrales por sus políticas monetarias expansivas: “Nuestros mercados financieros se han convertido en un casino como los de Las Vegas, Macao o Monte Carlo”.

Gross siempre se ha mostrado implacable contra las políticas actuales de los bancos centrales, las cuales considera insostenibles. El inversor asegura que estos organismos están “confundiendo y distorsionando” los mercados globales sin lograr los resultados esperados. Con estas declaraciones, Gross alerta de lo que se está gestando: una burbuja de deuda soberana que cuando pinche provocará una nueva recesión.

Además de Gross, muchos economistas se muestran preocupados en esa misma línea. Francisco Saavedra teme que la razón fundamental de este tipo de políticas expansivas llevadas a cabo por los bancos centrales “sea la de evitar una explosión de deuda impagable, tanto por parte de gobiernos como por el resto de agentes económicos, en lugar del argumento manido de estimular el crecimiento económico por la vía de la demanda”.

Hoy, la burbuja generada por los bancos centrales es más grande de lo que lo fueron en su día tanto la burbuja tecnológico de las puntocom como la inmobiliaria de 2007. La primera, llevó a la quiebra a multitud de compañías que se apoyaban en la irrupción de internet, como las gigantes Enron y WorldCom. Uno de los gráficos que mejor representan esa distorsión en el mercado es el que relaciona el precio de la vivienda en Estados Unidos con el del PIB de dicho país.

Fuente: Bloomberg.

Fuente: Bloomberg

En España, la burbuja de las puntocom tuvo su ejemplo más claro en Terra, que salió a Bolsa el 17 de noviembre de 1999 con un precio de 11,81 euros por acción y cerró ese mismo a 37 euros cada título; Es decir, una subida del 185% en apenas unos meses. Los títulos de la compañía llegaron a tocar máximos de 140 euros en febrero de 2000. En su última salida a bolsa tan sólo cinco años después, las acciones fijaron su valor en 3,04 euros.

La burbuja inmobiliaria comenzó a gestarse cuando la Reserva Federal decidió bajar los tipos de interés en Estados Unidos hasta el 1%. Lo que el supervisor monetario norteamericano provocó con esa manipulación del precio del dinero fue que se que se realizasen muchas más inversiones de las que el ahorro podía respaldar realmente. El problema es que la distorsión generada provocó que se llevasen a cabo inversiones ineficientes, en este caso inmobiliaria, y todo explotase en 2007.

En ese mismo sentido, hace apenas un mes, el economista jefe del banco central de China, Ma Jun, reclamó medidas para frenar la “burbuja” inmobiliaria que se está gestando en la segunda economía mundial y reducir la financiación a las empresas públicas ineficientes: “Deberían tomarse medidas para poner freno a la excesiva expansión en la burbuja del sector inmobiliario, se debería parar la excesiva financiación hacia ese sector“.

A pesar de los efectos negativos que las recesiones producen en la sociedad, algunos economistas keynesianos piden repetir las mismas recetas que las provocan. Es el caso del premio nobel de Economía Paul Krugman, que en un artículo en The New York Times pidió a la Reserva Federal que crease una nueva burbuja para estimular la economía: “Para combatir la recesión es necesario que la Fed responda con contundencia; hay que incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria con la que reemplazar la burbuja del Nasdaq“.

No sólo eso, sino que en 2011 Krugman aseguró que una invasión extraterrestre sacaría de la recesión a Estados Unidos. La idea del premio nobel es que todos los sectores productivos centrarían sus esfuerzos en trabajar y olvidarían la crisis, de modo que se conseguiría un estímulo económico. No parece una solución muy convinvente, pero mientras esperamos a los aliens los bancos centrales siguen imprimiendo dinero.


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No habrá final de ETA sin memoria del terrorismo
EDITORIAL El Mundo 23 Octubre 2016

La desaparición de ETA era el objetivo prioritario de la la democracia española. No es extraño, por tanto, que el cese definitivo de su actividad armada, anunciado por la banda el 20 de octubre de 2011, fuera recibido con una mezcla de alivio y esperanza. Transcurrido un lustro, cabe reconocer que el avance experimentado es notable. ETA ha dejado de matar y eso ha permitido librar al conjunto de la sociedad española de un yugo criminal que causó más de 800 víctimas mortales y miles de heridos. Sin embargo, que ETA ya no active coches bomba no significa que haya sido liquidada, ni tampoco que no queden secuelas. Los rescoldos del terrorismo siguen hoy presentes a través de la cobertura social que encuentra la banda -ayer mismo, en Alsasua, un grupo de radicales insultó e increpó a cuatro víctimas de ETA-, y en la incapacidad de la izquierda abertzale no sólo para asumir el daño causado sino para aceptar las reglas del Estado de Derecho.

ETA es hoy una organización en estado comatoso. Su estructura actual se sustenta en apenas una veintena de miembros, con Mikel Irastorza ejerciendo de número uno, con una población reclusa de 291 etarras y con una cúpula sin influencia política ni capacidad de interlocución con los Gobiernos español y francés. La derrota de ETA es incuestionable. Y ello fue posible gracias a la acción del Estado de Derecho, pero también a la dignidad de las víctimas y la inquebrantable determinación del conjunto de la sociedad española. Porque, además del papel de la Justicia, cabe subrayar que la presión policial no se ha atenuado ni desde el cese de ETA, ni después de los sucesivos comunicados de la banda. De hecho, desde 2011 se han detenido a 141 personas relacionadas con la organización terrorista. Y esta misma semana fueron intervenidas 145 pistolas en Francia. Esta operación es relevante no sólo por el golpe que supone a su arsenal, sino porque, tal como subrayó el ministro del Interior, cortocircuita la "publicidad" de la banda a la hora de escenificar presuntas maniobras de entrega de armamento, tal como ocurrió en el pasado.

Pero, ¿qué queda de ETA cinco años después de su cese? Queda una estructura cadavérica que se niega a entregar las armas, un entorno social que soslaya el repudio de la violencia y unas formaciones abertzales que, aun habiendo llegado a las instituciones, siguen siendo refractarias a verbalizar una condena rotunda y sin paliativos de la dictadura del terror que representó ETA. El propio Otegi, con el cinismo que le caracteriza, afirmó el jueves que "no era consciente del dolor que provocaba ETA". Sus palabras son un reflejo de la insensibilidad y de la equidistancia que siempre exhibió el brazo político de la banda. En consecuencia, resulta un imperativo moral insoslayable profundizar en la memoria del terrorismo. Y ello pasa, especialmente, por el establecimiento ante la opinión pública de un relato nítido que distinga con claridad entre víctimas y verdugos. En la historia reciente del País Vasco no existieron dos bandos enfrentados. Lo que hubo es una organización criminal dedicada al asesinato, el secuestro y el chantaje que durante 42 años trató de imponer su visión totalitaria. No basta, por tanto, con que los herederos de Batasuna rehúsen la violencia. Hay que exigirles una condena sin rodeos de ETA y que no legitimen el discurso de quienes generaron tanto dolor.

La brutal agresión perpetrada a dos guardias civiles en Alsasua a manos de medio centenar de matones abertzales refleja que sigue existiendo un clima de aceptación de la violencia. Organizaciones como Covite llevan años denunciando que el País Vasco y Navarra son ollas a presión. Y nuestro periódico ha acreditado estos días el arraigo de costumbres que limitan de facto la actuación de las fuerzas del orden o el rechazo social a los policías y guardias civiles destinados a estos territorios.

No pueden haber atajos en el final definitivo de ETA. Y tampoco es aceptable que, tal como hace Bildu, se invoque un presunto camino hacia la "paz definitiva". Porque no estamos ante el final de una guerra, sino ante los estertores de una camada de alimañas. El camino que queda por recorrer ahora es la disolución de ETA, la deslegitimación del terrorismo y la erradicación completa del odio.

El odio que sembró ETA sigue ahí
Editorial La Razon  23 Octubre 2016

Ha transcurrido un lustro desde que la banda etarra, derrotada policial, judicial y socialmente, anunciara su renuncia a las armas. Cinco años en los que el Gobierno español se ha mantenido firme frente a los cantos de sirena de una «internacional pacifista» que siempre está al lado de los verdugos cuando éstos, eso sí, se reclaman de izquierda, y frente a los intentos del progresismo patrio de abrir una vía negociadora con los terroristas, que supondría dar carta de naturaleza política a la violencia terrorista. Ciertamente, y pese a todas las presiones, el Ejecutivo ha recibido el apoyo, a veces demasiado silente, de la inmensa mayoría de la sociedad, con las asociaciones de víctimas como punta de lanza en ese combate moral contra la manipulación de los hechos y la reescritura torticera de la Historia.

Nada que no estuviera ordenado por nuestras leyes, ningún gesto que pudiera interpretarse de benevolencia se ha hecho a ETA desde las instituciones del Estado, por más que en algunos sectores se haya podido interpretar así. Sobre la mesa siguen vigentes las mismas condiciones de hace cinco años: disolución de la banda, entrega de las armas, colaboración con la Justicia, cumplimiento de las penas y arrepentimiento del mal cometido. Y sin embargo, pese a la derrota de los pistoleros, aún existen en el territorio español lugares sometidos al miedo y a la extorsión de ese mundo etarra que no se resigna a desaparecer por el sumidero de la Historia, como otros tantos movimientos totalitarios y asesinos surgidos en el pasado siglo XX.

Sí, hay lugares en el País Vasco y Navarra donde el ejercicio de la libertad, el básico derecho a mantener una opinión propia lleva aparejado el acoso, la calumnia y la amenaza de quienes intentan imponer la secesión de una parte de España y predican ideologías marxistas de triste recuerdo. Por ello, sin tratar de desvirtuar el extraordinario triunfo de la democracia española frente al terror, conseguido dentro de la Ley, sin quitar el menor ápice de valor a la derrota etarra, hay que reconocer y asumir que no es posible hablar de una victoria completa y definitiva sobre la violencia y el fanatismo. Y esta victoria no será posible hasta que la sociedad española, con sus instituciones políticas y sociales a la cabeza, sea capaz de trasmitir a las actuales generaciones y a las venideras el relato fiel de lo sucedido, que no es otro que el ataque sistemático de un grupo separatista de raíz marxista a la vida y la libertad de los ciudadanos para imponer sus condiciones políticas.

En este sentido, es paradigmático lo ocurrido ayer en la localidad navarra de Alsasua, donde cuatro víctimas del terrorismo hicieron frente a una horda de proetarras, porque se enmarca en ese desafío pendiente de la democracia española, que es impedir la apropiación de la verdad por parte de los asesinos. Porque no es sólo la burda mentira y la propaganda sectaria lo que más daño causa al cuerpo social; ni siquiera la siembra permanente del odio sobre unas capas de población automarginadas y, en muchos casos, iletradas. No, el mayor obstáculo se encuentra en la actitud de unos partidos políticos, nacionalistas y populistas de izquierda, que toleran, cuando no apoyan, las acciones del brazo político de ETA, Sortu, siempre a caballo entre su presencia en las instituciones y la agitación callejera. Mientras haya representantes políticos dispuestos a relativizar los principios democráticos y los derechos humanos por razones ideológicas, mientras prime el rédito partidista frente a la verdad y la justicia, ETA no habrá sido vencida.

Las almas del PSOE.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Octubre 2016

Algunos les llaman “sensibilidades”, cuando lo que realmente quieren decir es lobbies de poder. El PSOE hace mucho tiempo que perdió su esencia y su consistencia ideológica desde el momento en que se trasformó en un puzle de corte federal y en diferentes “baronías territoriales”. Un proceso de descentralización que fue abriendo un abismo de insolidaridad entre las regiones autonómicas donde se fomentaba el culto a la identidad propia y se esforzaba en establecer diferencias étnico culturales y lingüísticas y se reclamaba el reconocimiento de supuestos derechos y deudas históricas del “Estado”. Un ente etéreo e indescriptible identificado de modo general por el Gobierno en Madrid de esa Nación, a veces no reconocida, España.

Y es así por lo que ahora estamos a pocas horas de asistir a un nuevo esperpento de un Comité Federal del PSOE, que nace seriamente dañado tras 22 días de penoso periplo de una Gestora y su Presidente surgidos en la anterior tormentosa reunión del 1 de octubre, a la que algunos han calificado de “golpe” y que acabó con el cese (destitución) del Secretario General Pedro Sánchez. Una reunión que se prevé a cara de perro entre las dos posiciones enfrentadas: los partidarios de una abstención (general o técnica) y aquellos que se mantienen en el NO a la investidura de Mariano Rajoy, prefiriendo apostar por unas nuevas elecciones. Y lo que resulta curioso es comprobar que quienes promulgan el NO, son precisamente aquellos que más abogan por un Estado Federal, cundo no directamente por la independencia. Eso sí, tras un referéndum vinculante en sus autonomías.

Los argumentos que dan los del NO son tan inconsistentes como que respetan lo que el Comité Federal acordó por unanimidad en la reunión del pasado 28 de diciembre del 2015, revalidad por la del mes de julio. Sin embargo, se niegan a aceptar lo que decida este próximo Comité que debe celebrarse mañana 23 de octubre y se ratifican en que votarán NO aún en el caso de que se quiera imponer la disciplina de voto en el Congreso. Entre los enrocados en el NO figuran curiosamente todos aquellos dirigentes de las autonomías donde el nacionalismo ya no oculta sus intenciones, cayendo en rebeldía, desobediencia a los Tribunales de España y dedicando fondos públicos a financiar el secesionismo de sus territorios. Su empatía con estos movimientos independentistas resulta irritante para muchos españoles y para el resto de federaciones del PSOE.

Entre los más destacados defensores del NO al PP y a Mariano Rajoy, está el histriónico karaokista Miquel Iceta y su rival Nuria Parlon, ambos pertenecientes al PSC, partido asociado al PSOE en Cataluña. Por otro lado, está el ex Lehendakari Patxi López, que ahora niega dar su abstención a quienes, en circunstancias similares, no dudaron en darle su apoyo incondicional para impedir el gobierno de las fuerzas abertzales junto a los nacionalistas radicalizados del PNV. Otra dirigente que no causa sorpresa es la del PSOE de Baleares Francina Armengol, apoyada por PODEMOS y por los ecologistas de MES de las islas. Una federación que, como la catalana, transige con la inmersión lingüística y ve con simpatías lo de formar parte de las ensoñaciones imperialistas de CDC, ERC y demás prole secesionista con sus “Països Catalans”. Algo bastante similar a lo que pasa en el PSV y Ximo Puig, con una ambigüedad hipócrita ya que no duda en gobernar apoyado en Compromis, filial asociada de PODEMOS.

La verdad es que no lo tienen nada fácil ni la Gestora ni su Presidente Javier Fernández como cara visible al que los inconformistas rebeldes no han dejado de desprestigiar y criticar por despreciar a las manipuladas, y encendidas bases, comodín oportunista de quienes fueron derrotados en la tumultuosa reunión del 1 de octubre. Hay una clara oposición a cumplir con el mandato de la disciplina de voto, y se exigirá la libertad de voto a pesar de la imagen de fractura que puede, caso de vencer la opción de mantener el NO,llevar a una debacle en las inevitables terceras elecciones generales del 18 de diciembre.

Los rebeldes deben de tener muy claro el apoyo de sus bases, aunque no creo que hayan valorado si se corresponde con la opinión mayoritaria de sus votantes. Porque puestos a votar, si se declaran independentistas, existen otras opciones que no han cambiado su piel ni su color como el camaleonismo ideológico de estas federaciones regionales y sus dirigentes.

No sé si estarán dispuestos a llevar su oposición al límite de forzar una fractura definitiva, pero es evidente que el PSOE, si quiere seguir mantener la confianza de los españoles, debe apartarse de esos discursos que pueden calificarse de todo menos de constitucionalistas.

¡Que pasen un buen día!

¿Por qué la izquierda está obsesionada con Franco?
El derribo y vejación de la estatua del dictador exhibida en Barcelona muestra que la nueva izquierda traiciona los esfuerzos por la reconciliación, «sin vencedores ni vencidos», que realizaron comunistas y socialistas junto con notables falangistas a espaldas de Franco para preparar la democracia
Jorge Vilches. La Razon 23 Octubre 2016

El vandalismo en Barcelona contra la estatua del dictador Franco, muerto hace 41 años, es la manifestación de una de las señas de identidad emotiva del populismo socialista y del independentismo izquierdista, herederos del relato revolucionario y terrorista de la década de 1970. Socialistas y comunistas habían renunciado mucho antes del fallecimiento del dictador al uso del recuerdo de la guerra y de la dura represión como arma política. Dirigieron sus esfuerzos hacia la reconciliación. Américo Castro escribió en 1943 que la culpa era de todos, y el socialista Indalecio Prieto definió la contienda como «inconcebible», y promovió el manifiesto de 1948, con Gil Robles, antiguo líder de la CEDA, llamando a una amnistía para todos los «delitos cometidos durante la guerra civil». El escritor comunista Ramón J. Sénder se arrepentía de la crueldad «sin justificación», y el antiguo largocaballerista Luis Araquistain confesaba el error y el absurdo de haber provocado la guerra.

La generación que llegó a la escena pública en las décadas de 1950 y 1960 no estaba animada por el deseo de vengarse de Franco y de sus seguidores, sino por dos aspiraciones: la equiparación de España a los países europeos más avanzados, y la superación del «fracaso colectivo», una idea permanente desde el 98, que implicaba también a la Segunda República. Aquellos antifranquistas del interior y del exilio abrazaron la política de Reconciliación Nacional que el PCE de Santiago Carrillo declaró en 1956. Los comunistas dijeron que estaban dispuestos a «contribuir sin reservas a la reconciliación y a terminar la división abierta durante la Guerra Civil». Esta propuesta fue confirmada en el IV congreso del PCE, en 1960, con el llamamiento a una «amnistía general» que fuera «extensiva a todas las responsabilidades derivadas de la Guerra Civil». El objetivo lo explicaba entonces el socialista Elías Díaz: «Que el pasado no nos ahogue un posible futuro democrático».

El exilio republicano funcionó igual: el antifranquismo se definía por la idea de paz, perdón y piedad, que dijo Manuel Azaña. La reconciliación era la clave para la reconstrucción democrática de España. Incluso los disidentes del franquismo como Dionisio Ridruejo, Ruiz-Giménez, López Aranguren, Menéndez Pidal o Laín Entralgo habían llegado a la misma conclusión. Oponerse a Franco y defender la democracia debía ser luchar por la unidad nacional, sin venganzas, y mirando al futuro. El profesor Tierno Galván y su grupúsculo socialista insistieron ya en 1964 en que la Guerra Civil era un «hecho histórico» con una «culpa colectiva». No podía haber, decían, «vencedores» ni «vencidos».

- El «contubernio»
Esa idea de unir el antifranquismo de uno y otro lado animó el Congreso del Movimiento Europeo en Múnich en 1962, al que el régimen denominó «contubernio». Allí se reunió el democristiano Gil Robles, con Ridruejo y Joaquín Satrústegi –falangistas–, y republicanos y socialistas como Rodolfo Llopis y Salvador de Madariaga. El objetivo era la reconciliación para la democracia, sin venganzas, y con asunción mutua de culpas. Madariaga dijo que el régimen franquista había mantenido «artificialmente» el conflicto para legitimar su poder. El antifranquismo, en cambio, insistía en la reconciliación, la culpa general, el fracaso histórico colectivo, el miedo al conflicto, y en arrinconar el odio, para lo cual era preciso una «amnistía general». Es más; estos antifranquistas, incluso los de generaciones que no habían vivido el conflicto bélico, señalaban la Guerra Civil como un episodio histórico tan lejano como la Guerra de la Independencia. El cine antifranquista de entonces, que lo había, como el de Carlos Saura, evocaba la guerra y la represión franquista desde el victimismo, pero no con un mensaje revanchista.

Los antifranquistas instaban al perdón de sus represores del mismo modo que en sus relatos se orillaban los hechos criminales y vergonzosos, como la liquidación del clero durante la guerra, las sacas, las checas, las purgas, los asesinatos masivos como en Paracuellos, o la contienda armada entre comunistas y anarquistas. Hubo un pacto implícito para el perdón y el olvido durante la Transición en aras a la construcción de un marco de convivencia democrático. No fue el resultado de una presión externa; sino la convicción de que el antifranquismo se circunscribía a procurar la democracia, no a un ajuste de cuentas.

Otra cosa fueron los grupos influidos por la Nueva Izquierda de la década de 1960, comprensivos con la violencia como motor de cambio, y con el terrorismo como respuesta a la represión. Así, frente a la Reconciliación Nacional propugnada por el PCE y la concordia propugnada por la Junta y la Plataforma democráticas, surgió una disidencia que los tachaba de «revisionistas»: la Liga Comunista Revolucionaria, que constituyó ETA VI Asamblea. A esto se unieron el GRAPO y el FRAP, ambos marxistas-leninistas, que consideraban «oportunista» a Santiago Carrillo, y se decantaron por el terrorismo. Se definían como antifranquistas, herederos auténticos de la Segunda República, que debían ajustar cuentas con los represores.

Felipe González hablaba en 1976 de «asumir el pasado para superarlo», y Carrillo de que la Guerra Civil ya estaba «superada». La idea de la reconciliación triunfó en la Transición, e instauró la democracia, mientras que el antifranquismo perduró en el mundo etarra y en la extrema izquierda. Para estos el franquismo había perdurado sin hacer «justicia» y hurtando la «democracia popular». Hoy es éste, curiosamente, el relato resucitado por el antifranquismo sobrevenido de generaciones educadas en democracia, que, en contra de los que verdaderamente se opusieron a Franco, enarbolan el populismo socialista y sus acompañantes.

Abertzales insultan e intimidan a 4 víctimas de ETA que pedían que la Guardia Civil siga en Alsasua
OKDIARIO 23 Octubre 2016

Cuatro víctimas del terrorismo y miembros del colectivo Covite han defendido este sábado con pancartas la presencia de la Guardia Civil en la localidad navarra de Alsasua coincidiendo con la manifestación en contra del cuerpo organizada por Sortu y colectivos vecinales, lo que ha provocado momentos de tensión que se han saldado sin incidentes.

Los miembros de Covite se han manifestado este mediodía en la plaza del Pueblo de Alsasua justo enfrente de la cabeza de la marcha organizada en contra de la Guardia Civil, dos de cuyos efectivos fueron agredidos el pasado sábado en la localidad, además de sus respectivas parejas.

En el acto de Covite han participado Consuelo Ordóñez, presidenta del colectivo; Conchi Fernández, esposa de un guardia civil asesinado por ETA en Alsasua; Fernando Altuna, hijo de Basilio Altuna, policía nacional de Álava que murió en atentado terrorista; e Iñígo Pascual, hijo de Ángel Pascual, ingeniero de Iberdrola asesinado por ETA en Bilbao.

Los concentrados portaban pancartas a favor de la presencia de la Guardia Civil en Alsasua y en contra de la violencia terrorista, lo que ha llevado a los participantes de la marcha convocada en contra de la Benemérita a lanzarles gritos y pedirles que se fueran de la plaza.

Tras esta acción, que se ha salado sin incidentes, varios centenares de personas han comenzado la marcha convocada por Sortu y colectivos vecinales con pancartas en contra de la Guardia Civil y de la versión oficial sobre la agresión a los agentes el pasado sábado, manifestación que todavía continúa.

Manifestación proetarra en Alsasua
Batasunos atacan a la Guardia Civil e increpan a víctimas del terrorismo
COVITE planta cara a los manifestantes portando pancartas con lemas como "Sin pistolas no sois nada", "Aquí sólo sobran los violentos" o "No nos dais miedo".
A. B gaceta.es 23 Octubre 2016

Decenas de proetarras se han manifestado este sábado en Alsasua (Navarra) contra la Guardia Civil y para protestar contra los múltiples apoyos a los agentes tras ser agredidos impunemente la semana pasada durante las fiestas de la localidad.

Los manifestantes han vuelto a pedir que se retire la Benemérita, han considerado un "montaje mediático-político a raíz de una trifulca en un bar" el ataque y han tildado de "mentirosos" a los agentes. Organizados por el movimiento Ospa Eguna (día de la huída), el pasado viernes varias decenas de militantes abertzales empezaron a increpar y a agredir al teniente y al sargento destinados en la localidad mientras pasaban la noche junto a sus parejas. "Estábamos con sesenta brazos encima pegándonos, dándonos patadas, fue horrible", dijo la novia de uno de ellos.

Durante toda la semana han sido muchas las muestras de solidaridad con el Instituto Armado. La más destacada fue la concentración el pasado lunes ante las puertas de la Comandancia de la Benemérita en Pamplona en apoyo al Cuerpo y su presencia en la Comunidad Foral. Tras una pancarta en la que se leía el lema "Navarra por la libertad, con la Guardia Civil", los manifestantes lanzaron consignas a favor de la libertad, la justicia y la presencia de la Guardia Civil en Navarra. Además, la portavoz de la asociación Vecinos de Paz, Maribel Vals, reivindicó que lo ocurrido en Alsasua era "un acto terrorista". "Aquí no sobra nadie, ni nuestra Guardia Civil, ni nuestra Policía Nacional ni la Foral", dijo. También se preguntó: "A ver, las feministas, dónde están".

Covite: 'Sin pistolas no sois nada'
Cuatro víctimas del terrorismo y miembros del colectivo Covite han defendido la presencia de la Guardia Civil en la localidad, lo que ha provocado momentos de tensión que se han saldado sin incidentes.

Los miembros de Covite se han manifestado este mediodía en la plaza del Pueblo de Alsasua justo enfrente de la cabeza de la marcha organizada en contra de la Guardia Civil. En el acto, han participado Consuelo Ordóñez, presidenta del colectivo; Conchi Fernández, esposa de un guardia civil asesinado por ETA en Alsasua; Fernando Altuna, hijo de Basilio Altuna, policía nacional de Álava que murió en atentado terrorista; e Iñígo Pascual, hijo de Ángel Pascual, ingeniero de Iberdrola asesinado por ETA en Bilbao.

Los concentrados portaban pancartas a favor de la presencia de la Guardia Civil en Alsasua y en contra de la violencia terrorista, lo que ha llevado a los participantes de la marcha convocada en contra de la Benemérita a lanzarles gritos y pedirles que se fueran de la plaza.

La presidenta del colectivo ha declarado a los medios de comunicación que Covite ha acudido a Alsasua a "dar la cara" y a "enfrentarse a los violentos que pretenden imponer el miedo y el odio" en la localidad navarra y en "tantos pueblos de País Vasco y Navarra", y ha indicado que "hay ocasiones en las que hay que elegir entre esconderse o dar la cara, ésta es una de ellas". Ordoñez ha incidido en que su colectivo viene "advirtiendo desde hace muchísimo tiempo del peligro de la radicalización". "Es una olla a presión, hemos visto cómo este fin de semana en Alsasua ha pasado lo que ha pasado", ha puntualizado.

Los sucesos del pasado sábado, ha agregado, "no nos han sorprendido nada, no es ni siquiera una consecuencia, es un síntoma" y ha añadido que "es un síntoma de que el culto al odio está más vivo que nunca, y al odio se le combate con la libertad". "Estos profesionales del odio que están aquí convocados por Sortu, que siguen diciendo y pretendiendo lo mismo que dijo y pretendía ETA durante 40 años, les venimos a decir que basta ya", ha remarcado la presidenta de Covite. "No les tenemos miedo", ha subrayado para añadir que, "sin pistolas, no son nadie", y que ellos representan "a miles de navarros, vascos y a muchos vecinos de Alsasua".


 


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