AGLI Recortes de Prensa   Lunes 24  Octubre  2016

¿Camino de la estanflación?
Daniel Lacalle El Espanol 24 Octubre 2016

“Checkmate honey, beat you at your own damn game, No dice honey, I'm livin' on an astral plane” Steven Tyler

Los peligros de la política monetaria ultraexpansiva ya los hemos comentado en muchas ocasiones. Incentiva el endeudamiento, la mala asignación de capital y la creación de burbujas en el mercado de bonos, mientras que los efectos positivos se muestran cada vez menos evidentes.

El jueves pasado Mario Draghi volvió a hablar de los riesgos en las estimaciones de crecimiento de la Eurozona, que continúan “a la baja”.

Efectivamente, el BCE reiteró la existencia de riesgos a la baja en las perspectivas de crecimiento y de inflación pero, lo más importante, volvió a hablar de la importancia de que los Estados lleven a cabo reformas estructurales y se mantengan en los límites fiscales -déficit- ante la posibilidad de que los estímulos se revisen.

¿Por qué? Draghi ya habla claramente de un riesgo de que el crecimiento se estanque y, sin embargo, la inflación comience a repuntar, aunque sea por el efecto base. Y si un entorno de bajo crecimiento y baja inflación es problemático para el sector financiero y los gobiernos, la estanflación es mucho más compleja. Un estancamiento económico con aumento de inflación por encima del crecimiento del PIB nominal nos llevaría a mostrar los efectos perniciosos de la “inflación por decreto”… La capacidad de inversión real y el consumo se resienten y el potencial de crecimiento se limita.

Es un riesgo que estamos viendo en EEUU, un aumento de la inflación del 1,5% de enero a septiembre de 2016 se une a expectativas de crecimiento reducidas a la mitad desde enero. Es cierto que lejos de la estanflación, pero que las estimaciones de crecimiento económico vayan en sentido contrario a las expectativas de inflación es peligroso… Y una de las razones por las que la Reserva Federal no se atreve a subir los tipos, aunque sea un ínfimo 0,25%.

Durante la sesión de preguntas Draghi anunció que no existe ningún preacuerdo para actuar durante la reunión de diciembre, pero que un final abrupto del QE es “altamente improbable”. Esa frase ha generado un efecto evidente de “alivio” en los mercados financieros que se lanzaron a recuperar resistencias. Pero hay varios elementos negativos y positivos que nos deben mantener con cautela:

- Cuando se lanzó el plan de estímulos del BCE, la liquidez excedentaria era de 125.000 millones de euros. Hoy es de más de 837.000 millones. Eso muestra que el problema de la UE no es de liquidez, sino de demanda de crédito solvente.

- El mecanismo de transmisión está evitando otra recesión por exceso como la de 2008. Bien por el BCE. La demanda de crédito ha pasado de caer un 3%, según Draghi, a crecer un 3%. Eso muestra que la política de Draghi es la correcta dentro del mainstream. El crecimiento del crédito concedido no se dispara por encima del PIB nominal y se evita caer en la tentación burbujera de los monetaristas.

- La demanda de crédito solvente es aún muy débil. Y eso muestra que los agentes económicos son conscientes de los tres problemas fundamentales a la hora de buscar oportunidades: la sobrecapacidad acumulada en la UE (22% en sectores industriales), la ralentización de los países emergentes y el exceso de deuda (que a nivel global ha alcanzado 152 billones de dólares pero la capacidad de repago, según Moody's ha caído a niveles de 2007).

¿Por qué cautela? El BCE podría continuar con su programa de recompras sin afectar al mercado secundario de los bonos afectados y a la vez reducir la cantidad mensual de aumento de masa monetaria, ya que la liquidez excedentaria supera en mucho a las emisiones netas de activos incluidos en el programa.

Además, nos debería preocupar que la capacidad de repago de estados deficitarios y empresas se resienta en un entorno de extrema liquidez y tipos ultra-bajos. Nos muestra que el estímulo monetario perpetúa los sectores más endeudados y hace el sistema más frágil.

Draghi conoce perfectamente estos riesgos. Y mira hacia Japón y sabe que el error de acudir a estímulos eternos es un arma que se vuelve contra uno mismo. A pesar de tener unos tipos de deuda ínfimos y monetizar todo lo que puede, Japón se gasta cerca del 22% de su presupuesto en intereses. Draghi no es ajeno a dos riesgos en su política: la creación de otra crisis como la que sucedió a los megaestímulos de la UE de 2009 (que nos olvidamos que gastó el 1,5% de su PIB en estímulos y destruyó 4,5 millones de puestos de trabajo) y la estanflación.

Al final, nadie va a poder echar la culpa al BCE de no haber hecho lo que se le pedía. Corrección, le echarán la culpa igual porque se usará de chivo expiatorio ante el fracaso del dirigismo económico y una política fiscal que limita el crecimiento. El enorme “crowding out”, el efecto expulsión que supone beneficiar a los sectores deficitarios y de baja productividad, nos puede llevar a un periodo prolongado de círculo vicioso.

Endeudarse para “crecer”, entrar en desequilibrios desproporcionados porque los tipos son bajos, no conseguir el crecimiento estimado, cubrirlo con más impuestos y entrar en otra crisis.

La trampa de la liquidez es evidente. El círculo virtuoso es utilizar ese periodo para fortalecer balances, reducir desequilibrios, bajar impuestos y aumentar la renta disponible, que crezcan los sectores de alta productividad sin ser los “pagafantas” de financiar a los sectores rentistas, y con ello crecer de manera más sólida. Evitemos el camino de la estanflación que genera la inflación por decreto.

Iglesias cambia su cántico de guerra
Rodéate tú, que no me representas
Rubén Olmeda gaceta.es 24 Octubre 2016

Huele a lluvia podemita calando los tejados del Congreso, ahora quieren rodearlo pero desde dentro, lo tendrán más fácil que antes, siempre es mejor hacer el indio cuando tienes a los exploradores metidos en el frente. Las flechas ahora entrarán y saldrán, en un intento de coger a los soldados entre dos fuegos, el constitucional y el de la calle.

Han visto que hay Gobierno y que sus anhelos de conquistar el cielo se ven frustrados, pero no lo aceptan porque la democracia es válida solamente cuando el resultado les mola. Si los españoles, es decir, la gente, vota al PP o al PSOE, entonces la democracia no existe y estamos ante un golpe de Estado.

La izquierda española es tan mansa que no dice lo mismo de Pablo Iglesias que de Trump (siempre que hablo de Trump me viene a la cabeza el nombre de “Tiriti”) aunque estén lanzando los mismos mensajes. “Reconoceré el resultado de las elecciones, si las gano” dice Trump, por otro lado escuchamos a Pablo decir que “no nos representan” o “Rajoy no ha ganado”, pero nadie les compara, cuando en el fondo usan el mismo discurso manipulador.

Ahora Podemos ha cambiado su cántico de guerra y viendo que no han podido se alejan del “si se puede” para incorporar el “luchar, crear, poder popular”, que viene del populismo de Allende. Abandonan la ilusión con que el vaquero compraba el crecepelo al vendedor locuaz que entraba con su carreta en el pueblo prometiendo largas melenas con su novedoso ungüento, lo cambian por una realidad que les encaja mejor en su espíritu de oposición, la del poder popular, como una negación de todo lo que emana de la Constitución. No reconocen a los ganadores de las elecciones y lo cambian con el poder popular, no reconocen a las instituciones y las quieren vaciar de autoridad con su poder popular. El poder popular para ellos no es la soberanía popular, es decir el Congreso y el Senado, el poder popular para ellos son ellos mismos.

Por eso vuelven a lo que realmente son, unos rodea congresos, radicales antisistema que niegan la propia esencia de la democracia y que recurren al pataleo como forma de hacer política. No tienen ideología, no saben gestionar y no aceptan que la democracia es alternancia, solamente quieren el poder por el poder, el gobierno por la fuerza, de ahí lo de rodear el congreso, como si de un asedio se tratase, no les gusta hablar de desalojos salvo que sea en el Congreso.

Caen las hojas en otoño y florecen los dictadores, estos días lo vamos a comprobar, bastará con poner el telediario y los tendremos todos los días protestando en la calle, contra el PSOE, contra Rajoy, contra el Rey, contra el sistema, contra todo, porque ellos son el poder popular y lo ejercen como saben, con violencia. Ayer a Felipe, hoy en Ferráz y mañana a Rajoy, no dejarán que alguien pueda pensar que los 8 millones de votos del PP son un buen aval para gobernar, porque sus 5 millones son mejores, son los que valen, los otros no.

Pablo quería azotar hasta sangrar a Mariló Montero, pero era una cosa sacada de contexto, no lo piensa realmente. Trump habla despectivamente de las mujeres hace años en una charla privada y resulta que está políticamente inhabilitado (cosa que no discuto). ¿Por qué Pablo si puede ser presidente y Trump no?. La casta son realmente ellos, los que han venido para quedarse sin hacer nada son ellos, los que no nos representan son ellos, los que no creen en la democracia son ellos, por lo tanto ¿a quién habría que rodear?.

Estos días veremos a estos camorristas del escaño decir “Rodea el Congreso” y lo que les tendremos que decir es “Rodéate tú, que no me representas”.

De exaltados a pistoleros
Manuel Molares do Val Periodista Digital 24 Octubre 2016

Quedan ya pocas personas que recuerden la violencia ambiental provocada por las ideologías redentoras --socialismo radical, comunismo, fascismo y militarismo--, que condujeron a la guerra civil española.

En los años 1970 esas personas, acercándose a la vejez, evocaron el origen de los males que conocieron ante los jóvenes políticos de entonces y los orientaron hacia una Transición de concordia, sin pasiones agresivas.

Así se creó una Constitución capaz de satisfacer a las antiguas dos Españas, y que mantuvo la avenencia con la casi única excepción del terrorismo de ETA.

Hasta que llegó Rodríguez Zapatero, que volvió a la dialéctica guerracivilista de los bandos; se presentó como rojo perdedor con un abuelo fusilado por Franco, aun cuando su otro abuelo era franquista, y resucitó los peores recuerdos de los descendientes de los perdedores.

Aquel caldo de cultivo trajo consigo el renacer del revanchismo, las ansias de venganza de quienes, como Zapatero, seguramente tienen también sangre de franquistas.

Con ellos vuelve una violencia ambiental a la que solamente la faltan las pistolas que ensangrentaban durante la II República las calles españolas.

Gentes exaltadas, unas dirigiendo y otras obedeciendo devotamente al Líder. Son nuevos mesías salvadores de los oprimidos, que han comenzado a repartir intolerancia y brutalidad, incluso en las universidades.

Pero, obsérvese, su razonamiento es más fascista que comunista. Podemos huye de la lucha de clases marxista, y va contra las élites, contra los de arriba, contra los triunfadores por méritos propios, contra los partidos democráticos. Atentos, porque esa es la dialéctica falangista.

Días atrás sus exaltados Guerrilleros de Cristo Rey, con forma de Guerrilleros de Pablo Rey, persiguieron cargados de odio infinito, y no lo agredieron porque no se expuso, al izquierdista español más importante del siglo XX, Felipe González.

Inmigración
Los alemanes están abandonando Alemania 'en desbandada'
Soeren Kern lagaceta.eu 24 Octubre 2016

Cada vez más alemanes están abandonado los barrios en los que habían vivido toda su vida, y otros están marchándose definitivamente de Alemania, ya que la inmigración masiva ha transformado partes del país dejándolas irreconocibles.

Los datos de la agencia de estadística alemana, Destatis, revelan que 138.000 alemanes abandonaron Alemania en 2015. Se espera que emigre una cantidad mayor en 2016. En un reportaje sobre la fuga de cerebros titulado "El talento alemán está abandonando el país en desbandada", Die Welt informaba de que más de un millón y medio de alemanes, muchos de ellos con estudios superiores, se han marchado de Alemania en la última década.

Las estadísticas no explican por qué están emigrando los alemanes, pero las pruebas anecdóticas indican que muchos están empezando a ser conscientes del verdadero coste –económico, social y cultural– de la decisión de la canciller, Angela Merkel, de permitir que más de un millón de migrantes –en su mayoría musulmanes– entraran en el país en 2015. Se espera que entre un mínimo de 300.000 migrantes más en Alemania en 2016, según Frank-Jürgen Weise, director de la oficina de migración del país, BAMF.

La migración masiva –entre otros muchos problemas– ha contribuido a generar la creciente sensación de inseguridad en Alemania, que está experimentando un pico en delincuencia de migrantes, incluyendo una ola de violaciones y agresiones sexuales. La migración masiva también está acelerando la islamización de Alemania. Muchos alemanes parecen estar perdiendo las esperanzas sobre el futuro rumbo del país.

En el apogeo de la crisis migratoria en octubre de 2015, unos 800 ciudadanos se congregaron en el ayuntamiento de Kassel/Lohfelden para protestar por una decisión unilateral del gobierno local de crear centros de acogida para los migrantes en la localidad. El presidente de Kassel, Walter Lübcke, respondió diciéndoles a los críticos de la política migratoria de puertas abiertas del Gobierno que "son libres de irse de Alemania cuando quieran".

Esta actitud se reflejaba en un osado artículo publicado este mes en el periódico Der Freitag (también publicado por el Huffington Post holandés, que después lo borró). En el artículo, un migrante sirio de 18 años llamado Aras Bacho, instaba a los alemanes molestos por la crisis migratoria a marcharse de Alemania. Escribió:

Los refugiados [...] estamos hartos de los ciudadanos enfadados (Wutbürger). Nos insultan y se alteran como locos... Todo el rato hay provocaciones de racistas en paro (Wutbürgern), que se pasan el tiempo en internet y esperan a que aparezca en la red un artículo sobre los refugiados. Y entonces empiezan con los comentarios desvergonzados. [...]

Hola, ciudadanos enfadados en paro (Wutbürger) en internet. ¿Qué estudios tenéis? ¿Hasta cuándo vais a seguir distorsionando la verdad? ¿No sabéis que estáis propagando mentiras todos los días? ¿Qué habríais hecho vosotros en nuestra piel? Bueno, ¡habríais salido corriendo! [...]

Los refugiados [...] no queremos vivir en el mismo país que vosotros. Vosotros podéis –y creo que deberíais– marcharos de Alemania. Y por favor, llevaros a Sajonia y a Alternativa para Alemania (AfD) con vosotros. [...]

Si Alemania no os encaja, ¿por qué vivís aquí? ¿Por qué no os vais a otro país? Si este es vuestro país, queridos ciudadanos enfadados (Wutbürger), entonces comportaos con normalidad. Y si no, podéis huir de Alemania y buscar un nuevo hogar. Id a América, con Donald Trump. Él os dará mucho cariño. ¡Estamos hartos de vosotros!

En mayo de 2016, la revista Focus reveló que los alemanes se han estado mudando a Hungría. Un agente inmobiliario de una ciudad cercana al Lago Balatón, un popular destino turístico en el oeste de Hungría, dijo que el 80 % de los alemanes que se está realojando allí dice que la crisis migratoria ha sido la principal razón de su decisión de abandonar Alemania.

Un ciudadano anónimo alemán que migró de Alemania recientemente escribió una "Carta abierta al Gobierno alemán". El documento, publicado en la web Politically Incorrect, dice:

Hace unos meses emigré de Alemania. Mi decisión no se debía a motivos económicos, sino principalmente por mi descontento con las actuales circunstancias políticas y sociales de mi país. Dicho de otro modo: creo que yo, y específicamente mis hijos, podríamos tener una vida mejor en otra parte. Por "mejor", en este contexto, me refiero fundamentalmente a una vida de libertad, autonomía y salarios dignos en relación con los impuestos. [...]

No quiero, sin embargo, cerrar discretamente la puerta al salir y marcharme sin más. Por ello, quisiera explicar aquí, de manera constructiva, por qué decidí abandonar Alemania.
1. Creo que el islam no pertenece a Alemania. Lo considero una entidad extranjera que ha traído a Occidente más problemas que beneficios. A mi juicio, muchos seguidores de esta religión son groseros, exigentes y despectivos hacia Alemania. Me parece que, en lugar de frenar la islamización de Alemania (con la consiguiente pérdida de nuestra cultura y nuestra libertad), la mayoría de los políticos están más preocupados por ser reelegidos, y que por lo tanto prefieren ignorar o minimizar el problema del islam.

2. Creo que las calles alemanas son menos seguras de lo que deberían, teniendo en cuenta nuestras oportunidades tecnológicas, legales y económicas.
3. Creo que la UE tiene un déficit democrático que coarta mi influencia como ciudadano demócrata.
4. Creo que la inmigración está produciendo grandes e irreversibles cambios en la sociedad alemana. Me indigna que esto esté ocurriendo sin la aprobación directa de los ciudadanos alemanes, sino que se les esté dictando a ustedes, ciudadanos alemanes, y a la siguiente generación.

5. Creo que los medios alemanes están renunciando cada vez más a su neutralidad, y que la libertad de expresión en este país sólo es posible con ciertas limitaciones.
6. Creo que se corteja a los alemanes holgazanes, mientras que se fustiga a los que son diligentes.
7. Creo que es una vergüenza que los judíos de Alemania tengan que sufrir otra vez miedo por ser judíos.

Muchos alemanes han percibido la tendencia hacia la integración inversa, según la cual, las familias alemanas tienen que adaptarse a los hábitos y costumbres de los migrantes, y no al revés.

El 14 de octubre, el periódico muniqués Tageszeitung publicó una sentida carta de "Ana", una madre de dos hijos, que escribió sobre su decisión de mudarse con su familia fuera de la ciudad, porque los migrantes le estaban haciendo la vida imposible allí. En la carta, dirigida al alcalde de Múnich, Dieter Reiter, escribió:

Hoy quiero escribirle una carta de despedida (Abschiedsbrief) sobre por qué mi familia y yo nos marchamos de la ciudad, aunque probablemente a nadie le importe.
Tengo 35 años, y vivo aquí con mis dos hijos pequeños y mi marido en una buena casa adosada con garaje. Así que podrá observar que nos va bastante bien para los niveles de Múnich. Vivimos muy bien, con mucho espacio y cerca de un parque. Así que, ¿por qué una familia como la nuestra decidiría marcharse de la ciudad? [...]

Supongo que usted y sus hijos no usan las instalaciones públicas; que no utilizan el transporte público; y que no van a colegios públicos en "zonas conflictivas". También supongo que usted y otros políticos rara vez dan un paseo por aquí, si es que lo dan.

Pues bien. Un lunes por la mañana, acudo a un desayuno de mujeres del barrio, organizado por el Ayuntamiento de Múnich. Allí me reúno con unas 6 u 8 madres, algunas con sus hijos. Todas ellas llevaban velo y ninguna hablaba alemán. Los organizadores del evento me informaron enseguida de que probablemente me resultaría difícil integrarme allí (¡con esas exactas palabras!). Debí señalar que yo era alemana. Hablo alemán con fluidez y no llevo velo. Así que esbocé una breve sonrisa y dije que trataría de integrarme. Por desgracia, llevé un bocadillo de salami y jamón para el desayuno, ya que a todas se nos había pedido que lleváramos algo. Así que, lógicamente, mis posibilidades de integrarme eran cada vez menores.

No pude hablar en alemán con nadie en ese desayuno con mujeres, cuyo supuesto fin es promover la integración, ni nadie tenía el menor interés en hacerlo. Los organizadores no insistieron en que nadie hablara alemán, y las mujeres, que parecían ser parte de un grupo establecido árabe-turco, sólo querían utilizar la sala

Después pregunté sobre el almuerzo con las familias. [...] Me avisaron de que se haría en salas separadas. Los hombres por un lado y las mujeres por otro. Al principio pensé que era una broma. Por desgracia, no lo era. [...]

Así que mi impresión de estos eventos para promover la integración es desastrosa. ¡No se produce ningún intercambio! ¿Cómo puede tolerar el Ayuntamiento de Múnich algo así? A mi juicio, se debe cuestionar el concepto general de estos eventos para promover la integración. ¡Se me informó de que no podía incluir cerdo en la cesta de la comida de mi hijo! ¡¿Oigan?! ¡Que estamos en Alemania! [...]

En resumen, vi una serie de circunstancias que hicieron que no me sintiera bien recibida aquí. Que nuestra familia no encaja aquí. Mi marido dice a veces que se siente como si fuésemos la minoría más numerosa, sin un lobby que nos defienda. Para cada grupo hay una institución, un centro, un interés público, pero para nosotros, una pareja heterosexual casada con dos hijos, con trabajo, sin discapacidades y que no profesamos el islam, para gente como nosotros, no hay ningún interés de nadie.

Cuando conté en el parvulario de mi hijo que estábamos sopesando mudarnos de la ciudad y expliqué los motivos, los directores me atacaron con vehemencia. Por gente como nosotros –decían– no funciona la integración, precisamente porque nos llevamos a nuestros hijos. Al menos otras dos madres se han vuelto muy intimidatorias. La dirección del colegio me ha tachado ahora de "xenófoba".

Esta es exactamente la razón por la que gente como yo perdemos la paciencia y optamos por votar a otros partidos políticos [...] Francamente: he recorrido medio mundo, tengo más amigos extranjeros que alemanes, y no tengo en absoluto ningún prejuicio o aversión hacia otros a causa de su origen. He visto mucho mundo, y sé que el modo en que se está llevando a cabo aquí la integración hará que otras personas lleguen a la misma conclusión que nosotros: o enviamos a nuestros hijos a colegios y guarderías privadas, o nos mudamos a otras comunidades. En fin, pues ¡hasta la vista!

Soeren Kern es analista de política europea para el Instituto Gatestone en Nueva York. Síguelo en Facebook y en Twitter. Su primer libro, Global Fire, estará a la venta en 2016.


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Entre el Limbo y el Tinell
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 24 Octubre 2016

El problema del PSOE es que seguirá en el Limbo mientras no sepa qué hacer con la E. Y, como es lógico en el partido con más años de Gobierno en democracia, el problema de España es que no sabe qué hacer con el PSOE. Ayer, el Comité Federal (Confederal Asimétrico, porque el PSC siempre manda y nunca obedece) votó una prórroga electoral -eso es la abstención facilitando un Gobierno sietemesino- que hasta los críticos necesitaban. Los que dicen que ir a las terceras elecciones sería letal para el PSOE saben que los que se oponen piensan igual, pero dejan que se desgasten para tratar de recuperar el poder en el Partido. Ese que, por torpes, por emperrarse en el no en vez de negociar la abstención, han perdido. Ayer no tardó un segundo Sánchez en saltar al cuello del partido deslegitimando el resultado y apelando a la militancia para recuperar el PSOE. Este se acuerda de la militancia cuando le conviene; si no, que le pregunten a Tomás Gómez.

Pero no han sido Susana Díaz ni Javier Fernández sino Sánchez el que ha llevado al PSOE a un callejón electoral sin salida. Y aunque los pedristas sean, intelectualmente, de pedrada, saben que en unas elecciones en Navidad, de las que hubiera sido responsable el PSOE, Rajoy y Rivera tenían todas las de ganar; Podemos, las de mejorar; y el PSOE, las de perder. La Derecha y el Centro iban a mejorar su situación mientras que un PSOE descentrado, enfeudado a Podemos y al separatismo, iba a empeorar, sin duda alguna, las de la Izquierda en general y las suyas en particular.

¿Por qué ayer, en vez de escenificar una unión impostada pero que le convenía al partido, los pedristas se apresuraron a podemizar el resultado? Pues porque, en el fondo y en la forma, Sánchez no renuncia a un Gobierno con Podemos, Tresvergencia y la Esquerra, con Iceta de Madre Celestina. Tras engañarnos bailoteando con su gogó ante una enorme bandera española y pactando un gobierno moderado con Rivera, lo que pergeñó a espaldas del partido fue un Gobierno cuya ideología sólo puede ser la del Pacto del Tinell: antidemocrática, guerracivilista, antisistema y separatista.

Lo que tienen que decidir los mandamases de la Izquierda -Cebrián y González, Ferreras y Roures- es si mandan al PSOE al Limbo o al Tinell. En el primer caso, gatearán un año. En el segundo, tenemos Rajoy para dos.

La mayoría democrática española debe hablar y salir a la calle
Pedro de Tena Libertad Digital 24 Octubre 2016

Es irritante que, cuando un grupo de totalitarios escracha a quien le da la gana porque discrepa de su posición política, se hable de movilización popular y de pueblo. Da lo mismo que se lo hagan a Rosa Díez, a Ruiz Gallardón o a Felipe González. El hecho obedece a los mismos principios. Los reduciré a tres para este menester: el pueblo sólo está constituido por ellos, una minoría, y los que piensan como ellos (el resto es gente alienada, bultitos sin conciencia); sólo hay una política posible y se deduce de su teoría de la realidad, que es la única científica, y la democracia sólo es real cuando son ellos los que gobiernan. Cuando no gobiernan lo que hay es una dictadura encubierta llamada democracia formal o burguesa, y debe ser destruida desde las instituciones (para recibir el dinero de los presupuestos y usarlas como caja de resonancia) y desde la calle, que, naturalmente, no es de todos, sino sólo de las minorías organizadas que la invaden y usurpan.

Pero los hechos son testarudos. Los que sabotearon hace unos días la charla de Felipe González fueron apenas unos 200 y con la cara tapada, al más puro estilo etarra. Lo mismo ocurrió cuando reventaron la conferencia de Rosa Díez, cuando acorralaron a la familia de Gallardón o cuando sitiaron el Congreso de los Diputados. A veces, en plan propaganda por el hecho, sólo hay uno, como el que le pegó un puñetazo a Mariano Rajoy. Y, además, los votos que obtienen los partidos que representan a los secuaces que desean el fin de la democracia construida desde la Transición son apenas 5 millones de personas y probablemente, bajando. Frente a ellos se alza la mayoría real de los ciudadanos españoles, voten PP, voten PSOE o voten Ciudadanos, u otras opciones respetuosas con las instituciones y la democracia constitucional. Al menos, somos 15 millones largos, esto es, tres veces más y probablemente muchos más si el peligro fuera inminente.

¿Por qué pasa lo que pasa en esta España nuestra? Porque esa minoría de agitadores profesionales, al estilo leninista más depurado, están disciplinariamente organizada y dispuesta a toda manipulación, mientras la gran mayoría de los demócratas apenas está estructurada en unos partidos paralíticos muy contaminados por una corrupción insoportable y que no se atreven a defender juntos lo que es un patrimonio histórico y político de todos.

Si queremos que se salve la España que ha querido y sabido ser democrática por vez primera en su historia, hacen falta tres cosas. Una, que los partidos mayoritarios se reformen de manera inmediata y radical. Dos, que se atrevan a defender juntos y sin miedo la democracia de los ataques de estos provocadores, en todo momento y en todo lugar donde se quebrante. Tercero, que la mayoría real de la sociedad española y toda la sociedad civil se movilice con claridad y cuantas veces sea preciso contra estos aprendices de dictadores. Debemos hablar y salir a la calle para poner en su sitio a los alborotadores. Por ejemplo, ¿por qué PSOE, PP, C's y demás organizaciones sociales y civiles no convocamos una manifestación en Madrid para el día 6 de diciembre en defensa de la democracia constitucional? O eso, siempre y sin cansancio, o el caos, esto es, la invasión de estos bárbaros.

Cinco años después de ETA
Mikel Buesa Libertad Digital 24 Octubre 2016

Transcurrido un quinquenio desde que ETA aceptara cesar en su campaña terrorista, aunque sin disolver su organización, bueno será echar la vista atrás para hacer un balance de la política antiterrorista arbitrada por el Gobierno de Rajoy, con Jorge Fernández Díaz en el Ministerio del Interior. Lo primero, sin duda, es constatar que ETA sigue ahí, debilitada en extremo, pero influyendo política e ideológicamente a través de los partidos y coaliciones electorales que levantan la bandera del MLNV. Es cierto que estos últimos han retrocedido en su representación institucional y han perdido una parte de su poder político, pero ello no obsta para que su crédito sea aún relativamente amplio y su dominio doctrinal se extienda más allá de sus estrictos límites partidarios.

Es precisamente esta prolongación de ETA en el terreno institucional lo que apenas ha encontrado respuesta en la política desarrollada por el Gobierno de Rajoy. Éste se ha limitado a corregir, a través de la actuación del delegado del Gobierno en el País Vasco, alguno de los excesos abertzales, y poco más. Ninguna iniciativa política se ha planteado en orden a deshacer la herencia que dejó Zapatero al bendecir la reanudación de la actividad de los partidos vinculados a ETA después de la etapa en la que Batasuna estuvo ilegalizada.

En realidad, es muy difícil encontrar en la política desarrollada por Fernández Díaz nada que no sea dar continuidad a la que definió Alfredo Pérez Rubalcaba, su predecesor socialista en el cargo. Continuidad ha tenido la firmeza represiva que éste imprimió a la actuación policial con respecto a los militantes de ETA; y así, durante el último quinquenio, se han practicado 168 detenciones y se ha proseguido con el desmantelamiento de los elementos activos de la organización terrorista. No obstante lo exitoso de esta actuación, cabe añadir que apenas se ha progresado en el esclarecimiento de los tres centenares de casos sin resolver –detrás de los cuales se encuentran víctimas dolientes que no han encontrado justicia– que los sucesivos Gobiernos recibieron en herencia de la etapa en la que Felipe González ocupó el despacho de la Moncloa.

Por otra parte, en materia penitenciaria, Fernández Díaz no ha añadido nada a los expedientes que dejó Rubalcaba. La vía Nanclares para la reinserción de arrepentidos no se modificó un ápice, a pesar de su evidente fracaso cuantitativo y su nula influencia sobre la derrota política de ETA. Es más, el Gobierno de Rajoy no consiguió añadir ninguna nueva retractación a la veintena de etarras que se habían acogido a ella antes de su investidura. El resultado ha sido, por tanto, nulo. Y a él se añaden otros fracasos que tal vez no sean enteramente atribuibles al Ministerio del Interior, aunque sus meteduras de pata hayan influido poderosamente en ellos. Me refiero, cómo no, al caso Bolinaga –en cuyo desarrollo los errores del ministro Fernández fueron notorios– y a la revocación de la Doctrina Parot –en la que faltó una actuación más decidida ante el Tribunal de Estrasburgo–. Mientras tanto, la cuestión de los presos de ETA se ha ido solucionando por sí sola, pues con el transcurrir de los años muchos de ellos han cumplido sus condenas, han sido puestos en libertad y han vuelto a sus pueblos de origen, encontrando una sociedad condescendiente con ellos, ajena a cualquier cambio en el discurso justificativo del terrorismo.

Esto entronca con la conocida cuestión del relato. En el Ministerio del Interior se ha hablado mucho de la necesidad de construir un relato que diera una imagen históricamente fiel de los sucesos vinculados a ETA que tuvieron lugar, tanto en el País Vasco como en el resto de España, durante el medio siglo en el que se desarrolló su campaña terrorista. Pero se ha hecho poco o nada para dar forma a ese relato. Se ha creído que bastaba con hacer alguna declaración de vez en cuando y con promover algún seminario universitario durante el verano –con protagonismo siempre del personal político y actuación secundaria de los académicos–. Pero nada más. Nada se ha avanzado –y más bien se ha retrocedido– en hacer públicos los documentos de ETA, las cifras de los atentados terroristas y sus estragos, en conocer algo tan elemental como el número de personas que fueron heridas por la banda armada o el valor de los daños provocados por ella, en iluminar las innumerables historias de dolor asociadas al terrorismo. Los estudiosos de estas materias no han encontrado el menor apoyo financiero para sus investigaciones dentro de los planes de I+D, en los que el terrorismo no figura entre sus objetivos y líneas prioritarias. Y los pocos cineastas y comunicadores que se han tomado en serio estos asuntos también se han visto huérfanos de ayuda. No negaré que, en esta materia, está por ahí el Memorial de las Víctimas que hay en Vitoria, y para el que se ha nombrado a personas solventes –como Florencio Domínguez–, pero todavía no deja de ser un proyecto en obras, dicho sea literalmente, que aún no ha dado ningún fruto.

El de las víctimas es, finalmente, otro de los asuntos sobre los que hay que dejar constancia. El Gobierno de Rajoy también recibió en herencia una ley de víctimas recién promulgada por Zapatero, aunque no parece que haya hecho mucho caso a las novedades que ésta introducía sobre la materia. Por ejemplo, esa ley se proponía dar un reconocimiento singular a los amenazados por organizaciones terroristas que, hasta entonces, habían quedado excluidos de la condición jurídica de víctimas. No era mucho, porque todo lo previsto se desenvolvía en el plano simbólico. Y, pese a ello, el reconocimiento a los amenazados se encuentra prácticamente inédito. Esta carencia de reconocimientos públicos hacia las víctimas ha sido la tónica del período rajoyista, pues todo se ha limitado a la realización de un acto anual en el Congreso de los Diputados cuyo formato siempre ha encajado mal con su función, tal como las asociaciones de aquellas han señalado en varias ocasiones. En realidad, la política de Fernández Díaz hacia las víctimas de ETA apenas ha sobrepasado la distribución burocrática de unas ayudas menguantes, bien directamente por el Ministerio del Interior, bien a través de la Fundación Víctimas del Terrorismo. Esta entidad, por otra parte, había mantenido en las etapas anteriores un cierto tono de independencia que, en la que aquí se valora, se ha perdido, hasta el punto de que tanto su boletín como una parte de sus actividades se han convertido en un instrumento propagandístico del ministro del ramo.

El balance, en definitiva, de estos cinco años sin ETA deja mucho que desear. Pasará a la historia como un tiempo perdido en cuanto al que debiera haber sido su objetivo principal –la definitiva derrota política de la organización terrorista– y sus actores en la dirección de la política antiterrorista se marcharán sin que su impronta deje huella, afortunadamente olvidados.

La zorra al cuidado de las gallinas
Josele Sánchez latribunadelpaisvasco.com 24 Octubre 2016

Navarra era hasta ahora, junto con Aragón, la región más española por autonomasia. Acaso por sus orígenes carlistas, el pueblo navarro, gente noble y sencilla, amante de sus tradiciones, había sido salto y seña, ejemplo y estandarte de españolidad a lo largo de la historia.

Desgraciadamente, desde los orígenes constitucionales de esta pseudodemocracia (y de cuyo pecado original varias generaciones de españoles pagaremos las consecuencias), Navarra se convirtió en la perla de adhesión deseada por los separatistas vascos, algo parecido a lo que también sufrimos los valencianos con los imbéciles catalanistas que inventaron aquellos imaginarios països catalans.

Para desgracia de los navarros, los sucesivos gobiernos centrales (UCD, PSOE y PP) han utilizado Navarra como pieza de negociación en las sucesivas, miserables y no reconocidas conversaciones con los asesinos etarras y ese pueblo navarro, antaño defensor (hasta con la fuerza si fuera necesario) de la verdad, la tradición y la justicia, se ha ido sometiendo al perverso mensaje buenista del “todo sea por la paz”.

La agresión multitudinaria sufrida por dos guardias civiles y sus mujeres en la localidad de Alsasua va a suponer para Navarra un antes y un después en su ejemplar historia. La dignidad de Navarra queda empañada y su brillante hoja de servicios a la patria va a sufrir una mancha de consecuencias irreparables. Porque no sólo se trata de que un grupo de malnacidos apalee a dos guardias civiles y sus mujeres (hijos de puta tenemos en todas partes); pero la no condena -cómplice y bastarda- de los hechos por parte de la consejera de interior del gobierno foral, convierte a Navarra, como región, en lo más parecido a lo que los periodistas denominamos “estado fallido”, es decir, “territorio en el que nadie puede garantizar los servicios y la legalidad jurídica más elemental”.

Así las cosas María José Beaumont, filoetarra consejera de Presidencia, Justicia e Interior, no sólo es que no condene la brutal agresión sino que (y eso es lo que convierte a Navarra en algo muy parecido a un “estado fallido”) es la máxima autoridad de la policía foral, aquella que acudió con retraso más que sospechoso al auxilio de los apaleados y la responsable, también, de localizar y detener a los agresores. ¿Qué seguridad de buena praxis policial ofrecen unas detenciones practicadas por una policía foral de la que su máximo responsable es una ciudadana como la señora Beaumont? ¿Quién puede garantizar que se detuvo a alguno de los verdaderos culpables? ¿Quién no tiene derecho a pensar que se fabricaron detenidos, que poco o nada tuvieran que ver con los hechos, a fin de entorpecer la labor judicial? ¿Quién puede creer en la independencia de un juez, que debe dictar prisión o libertad sobre los detenidos, sabedor de que probablemente no goce de la protección policial necesaria para garantizar su propia seguridad?

Todo lo que viene a continuación es un cúmulo de despropósitos. ¿Qué narices pintan veinte vehículos de la guardia civil dando vueltas por el pueblo? ¿Pensaban los mandos de la Benemérita que saldrían a su paso los culpables para identificarse como autores de la agresión? ¿Qué tipo de órdenes reciben los pobres agentes para no defenderse? Porque un teniente y un sargento de la guardia civil no son conserjes de un instituto, van armados (aunque vayan de paisano), son buenos tiradores y seguro que saben cómo repeler una agresión. Al director general de la Guardia Civil le resulta bastante más cómodo tener a dos agentes y sus mujeres gravemente apaleados, antes que un par de muertos abertzales.

Todo esto no es más que el inicio de una falta absoluta de garantías jurídicas en Navarra, como efecto colateral de lo que ya está ocurriendo en las Vascongadas: no podemos obviar que 225.000 individuos han votado en las elecciones vascas a los defensores de ETA.

¿Y qué hace el Estado?: NADA. Lamentar los hechos, condenar la agresión, visitar a los heridos, enviar a veinte vehículos a patrullar por las calles de Alsasua y afirmar con descaro que “se trata de un hecho puntual que no supone una vuelta de la mal denominada “kale borroka”, eufemismo democrático y buenista con el que definir al terrorismo callejero.

Estamos pagando las consecuencias de la tolerancia y el pactismo. Colombia acaba de demostrar que el pueblo no olvida y que la negociación jamás significa la victoria sobre el terrorismo sino, muy al contrario, la claudicación, la rendición, la derrota…

ETA: una memoria amputada
ROGELIO ALONSO El Mundo 24 Octubre 2016

EN SU ensayo La maldad política, Alan Wolff distingue «la seriedad moral» de «las poses morales». Cinco años después del cese de ETA abundan más las poses que la seriedad sobre el legado del terrorismo. Además de por su calidad, quizás por eso conmueve tanto y a tantos la novela Patria, del gran escritor Fernando Aramburu. A través de la ficción retrata la complicidad con el terror, la indiferencia ante la humillación de las víctimas y la soledad de quienes desafiaron a los fanáticos. Su obra facilita la expiación de culpas y conciencias de una sociedad que hoy sigue mostrándose cómplice e indiferente ante otras formas de violencia diferentes del asesinato, pero derivadas de éstos. Mientras contemplamos la cobardía del pasado con la comodidad del presente eludimos enfrentarnos hoy a las consecuencias políticas, sociales y morales de aquella brutalidad. Mientras nos emociona e indigna mirar en ese espejo novelado, las élites políticas y muchos formadores de opinión y ciudadanos premian a los responsables de tan injusto sufrimiento. Lo hacen conjurándose en la construcción de un relato que impida la repetición de la violencia mientras se acepta ya la consolidación de un discurso legitimador del terrorismo que ennoblece a quienes lo justifican. Lo demuestran las recientes elecciones vascas en las que quienes siguen sin condenar la violación de los Derechos Humanos por parte de ETA han sido recompensados en detrimento de sus víctimas.

«Los tribunales pueden impedir que Otegi se presente, pero no lo que representa», señaló durante la campaña la candidata de Bildu, Miren Larrion, antes de añadir: «En Madrid creen que nos han ganado. Ingenuos, no tienen ni idea de lo que han hecho». En efecto, lo que Otegi representa, esto es, la ausencia de condena de la historia de terror de ETA y, en consecuencia, su legitimación, también concurrieron. Lo hicieron sin suscitar la indignación de muchos políticos y ciudadanos que sí se escandalizaron por la presencia del dirigente terrorista en el Parlamento Europeo o por su frustrada candidatura a lehendakari. De ese modo se tolera una suerte de «mal ordinario», en palabras de Aurelio Arteta en su aún pertinente Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente. Como él mismo escribió, se acepta algo absurdo: que se puede purificar el mal mientras se dejan pervivir sus raíces.

La incoherencia de denunciar el mal que Otegi personifica mientras se acepta el que Bildu representa revela una degradación política y social. Evidencia el desistimiento de muchos ciudadanos que, sin la determinación y el liderazgo adecuado de las autoridades, tras sufrir el terrorismo durante décadas se han conformado con el final de los asesinatos renunciando a desafiar de forma verdadera y activa la legitimación de éstos. Se invoca constantemente la necesidad de construir una memoria que deslegitime el terrorismo a la vez que se rehúye ese objetivo al negarse las consecuencias de la injusta y cotidiana rehabilitación de Bildu. Formación que representa exactamente lo mismo que Otegi, pese a que esa relación y ese pasado estén amortizados. Esa contradicción que algunos definen como pragmatismo y otros como hipocresía y cobardía evidencia una peligrosa relativización de la historia del terror.

Su alcance se percibe a través del exhaustivo estudio de Pablo Fernández Casadevante publicado en la Revista Europea de Derechos Fundamentales con un explícito título: La prohibición de formaciones políticas como mecanismo de defensa del Estado y el debilitamiento de dicha protección tras las polémicas decisiones sobre Bildu y Sortu. El riguroso trabajo concluye que uno de los mecanismos de defensa del Estado más importantes, la prohibición de partidos, falló con los sucesores de Batasuna al romper el Tribunal Constitucional su propia línea jurisprudencial y excederse en sus competencias. Hoy sabemos que la decisión de legalizarles obedeció a criterios políticos, no jurídicos, con la connivencia de los principales partidos democráticos. Decisión que «avergonzó» al magistrado Manuel Aragón motivando su voto discrepante, como señaló en un foro de la Universidad Rey Juan Carlos en 2015. Conviene recordarlo para comprender las consecuencias de la generalizada aceptación de Bildu como un partido democrático más, asumiendo sus contrincantes verdaderamente democráticos una injusta indulgencia. Aceptando además su autocensura al eludir la necesaria exigencia de rendición de cuentas por los crímenes etarras, consolidándose en consecuencia una desigual competencia política. Mientras se reclama a algunos partidos rendir cuentas políticas por acusaciones de corrupción, se exonera de una responsabilidad mayor a quienes defienden el proyecto terrorista que Otegi y Bildu representan. Su concurrencia a las elecciones no supone un signo de normalidad, sino la renuncia a defender un conjunto de valores que dan forma al modelo democrático.

Partidos políticos y medios de comunicación reclaman a los representantes políticos de ETA «un suelo ético» que no alcanzan. Sin embargo, colaboran en su rehabilitación política y social demostrando la irrelevancia de esa exigencia y la banalización del terrorismo. Mientras el Gobierno promociona con grandilocuencia su Centro Memorial, alienta una memoria del terror amputada. Una muestra: entre los integrantes de su patronato, cuya primera reunión presidió Su Majestad el Rey, se encuentra Jonan Fernández, responsable de las llamadas políticas de «Paz y Convivencia» del Gobierno vasco tan denostadas por partidos constitucionalistas, que ven en las mismas una legitimación del terrorismo que durante años el susodicho aplaudió. Esta misma semana Rufi Etxeberria, artífice de la miserable «socialización del sufrimiento», aprovechaba la privilegiada tribuna ofrecida por el principal diario vasco para falsear la realidad y victimizar a los «presos vascos». Un medio de comunicación que también ha sido víctima del terrorismo legitimado por Etxeberria, a disposición del político que se niega a cumplir un mínimo democrático como la condena del terror etarra. El ahora respetable político, que rehúsa condenar la paliza a dos guardias civiles en Alsasua, va reforzando un relato legitimador de su biografía, aprovechando que los demócratas se conforman con una memoria fundamentalmente emocional y basada en un recuerdo selectivo.

ASÍ SE normaliza una realidad que motiva la sensación de derrota en algunas víctimas. Pero es una derrota que no les pertenece a ellas, sino a quienes cedieron en su resistencia frente a las manifestaciones políticas del terrorismo una vez que los asesinatos cesaron. Es la derrota de quienes repiten como autómatas que la democracia ha vencido a ETA minimizando que también se libraba un combate contra el proyecto político e ideológico que hoy aún se justifica. Ese proyecto que ha generado un daño y un sufrimiento enormes trivializados cuando se simplifica lo que el terrorismo supone realmente, como ocurre al subestimarse sus consecuencias políticas y sociales.

Ana Iribar, al recordar el asesinato de su marido, exponía una dimensión más real de la injusticia que subyace bajo este final del terrorismo: «He buscado, sigo buscando algún rastro de victoria en la muerte de Gregorio Ordóñez. Escucho el discurso oficial del Gobierno referirse continuamente a la derrota de ETA; asisto a la decisión de ETA de dejar de matar; sin embargo, no encuentro signos para la victoria. Al contrario: más de 300 asesinatos de ETA sin resolver, el proyecto político de ETA bajo siglas diversas en nuestras instituciones, una organización terrorista que ni se ha disuelto ni se ha entregado ni colabora con la Justicia. No siento ni la derrota de ETA, ni la victoria de los demócratas. Resulta frustrante».

Hoy, como Joseba Arregi temió años atrás, se hace política como si ETA no hubiera existido. Los responsables del terror son eximidos de encarar sus responsabilidades, pero se jura solemnemente que no habrá olvido. Vergonzosa demostración de que la derrota policial de ETA ha quedado devaluada por los importantes logros políticos y sociales regalados a quienes Maite Pagazaurtundúa ha descrito acertadamente como sus lobbistas.

Rogelio Alonso es director del Máster en Análisis y Prevención del Terrorismo de la Universidad Rey Juan Carlos.

Alsasua, Madrid... ¡Reaccionemos!
Antonio Jaumandreu Periodista Digital 24 Octubre 2016

En Alsasua, como consecuencia de la agresión multitudinaria con tintes de linchamiento a dos guardias civiles y sus parejas, cuatro representantes de las víctimas del terrorismo se han enfrentado en la calle a cara descubierta a varias decenas de abertzales vociferantes. En Madrid, un puñado de radicales de izquierda ha impedido a gritos y empujones que Felipe González y Juan Luis Cebrián celebrasen un acto en una universidad de Madrid. Dos hechos dispares pero con elementos comunes que son los que motivan mi reflexión.

Los héroes de Alsasua han mostrado una dignidad y un valor por encima de toda medida. Salir a la calle en esa población en defensa de la Guardia Civil y en espantosa inferioridad numérica requiere unos arrestos que no están al alcance de todos los mortales. Y Alsasua no está en la Guipúzcoa profunda, sino en la supuestamente muy noble y leal Navarra, lo cual nos lleva a preguntarnos por las causas de ese desequilibrio numérico en un lugar en el que aparentemente los proetarras no tendrían porqué ser masa dominante. Pero lo son. En la calle y en las instituciones.

En un mundo ideal, uno esperaría que poco a poco los postigos de las puertas y ventanas se fuesen abriendo y que más y más vecinos, primero tímidamente y luego en gesto más desafiante, se hubiesen unido a los cuatro héroes. No sucedió. Y puedo entenderlo. Tener que comprar cotidianamente en las tiendas de esos hijos de puta, aparcar el coche en la calle al alcance de sus manos y piedras, tener que compartir barra en el bar con quienes controlan la calle y el poder municipal y autonómico exige una elemental prudencia. Quiero creer que tras esos postigos cerrados había puños cerrados, labios mordidos y lágrimas furtivas. ¿He visto demasiadas películas, tal vez? Puede ser. Pero necesito creerlo así.

Pero en Madrid... No lo entiendo. Unas decenas de comunistas se lanzan a boicotear e impedir un acto a cargo de dos personas que, nos merezcan mayor o menor simpatía, han sido y son importantes miembros de la sociedad española. El rector decide no recurrir a la policía para defender el derecho de los ponentes a hablar y de los asistentes a escucharles. Supongo que actúa bajo el influjo de esa curiosa leyenda urbana que dice que en un recinto universitario no debe entrar la policía. Ni siquiera a defender derechos constitucionales, al parecer.

Ahora bien. No sé cuántos asistentes se disponían a escuchar a González y Cebrián. Sin duda, bastantes más que los agresores. ¿Cómo se explica que nadie fuese capaz de ponerse en pie y plantear en voz alta a los demás si iban a permitir que un puñado de radicales les impidiese asistir al acto que querían oír? Madrid no es Alsasua, y con seguridad el factor numérico tampoco era el mismo. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué hemos perdido el reflejo de plantar cara a los violentos incluso cuando lo tenemos todo a favor? No pido que González o Cebrián actuasen como Fraga en aquella legendaria ocasión en que, hallándose en una tesitura similar, se despojó de la americana, se arremangó y se lanzó a por los boicoteadores poniéndolos en fuga. Eso ya no se lleva, sin contar con que probablemente Fraga sabía que ahí fuera estaba su policía y que además no parece sensato (aunque no sé bien porqué) que un ponente azuce a los oyentes contra los alborotadores.

Pero quizá conviene que pensemos que, si no queremos que algún día toda España sea una inmensa Alsasua, algo tendremos que poner de nuestra parte. Que va siendo hora de que al famoso panfleto “¡Indignaos!” de Hessel opongamos un digno “¡Reaccionemos!”. O eso, o asumir nuestro papel de víctimas propiciatorios a la espera de que las fuerzas del orden nos salven para a continuación, eso sí, criticar con severidad el uso que hayan tenido que hacer de la fuerza.

Víctimas de ETA
Los cuatro de Alsasua
María Jiménez Ramos El Espanol 24 Octubre 2016

Tensión en Alsasua: Covite no se amedrenta y defiende a la Guardia Civil frente a los radicales de Sortu

Cuando los cuatro de Alsasua entraron en la plaza, se hizo el silencio. Solo unos segundos antes, un individuo disfrazado de momotxorro —un personaje típico del carnaval de la zona, mitad hombre y mitad toro— había entrado por una boca calle y había empezado a danzar en torno al quiosco. Los varios centenares de personas que habían asistido a la concentración y que charlaban despreocupados dejaron sus conversaciones para estar atentos a los organizadores. A la vez, miraban al nutrido grupo de periodistas. En sus perfiles de redes sociales decían que eran muchos. Aún desconocían que no estaban allí por ellos.

Entonces, entraron. Los cuatro miembros del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) hicieron aparición con paso firme por una de las esquinas de la plaza. Por un instante, se hizo el silencio. Se mantuvo, tenso, el tiempo suficiente como para que los cuatro se colocaran en medio de la plaza y miraran a los concentrados a la cara y levantaran sus carteles y los enseñaran a la multitud. “Odio fuera”. “No os tenemos miedo”. “Sin pistolas no sois nada”. Y el silencio se rompió.

Un vocerío comenzó a abuchearles y a gritarles y a pitarles. Algunos se acercaban cada vez más. Otros vociferaban cada vez con más decibelios. Uno de los concentrados, que llevaba una niña en brazos, se acercó a Íñigo Pascual e intentó arrebatarle el cartel que él agarró con fuerza, quizá la misma con la que en 1980 cogió una carpeta del colegio y la puso como escudo delante de su padre, mientras un pistolero de ETA vaciaba sobre él su cargador.

Otro de los radicales se fue hacia Conchi Fernández y le gritó a boca llena “vete a tu pueblo”, obviando que Conchi nació en Alsasua y que guarda en su memoria los recuerdos de años y años bailando en torno al quiosco de aquella plaza. “Saca la pistola”, le repetía otro a Fernando Altuna señalando el bolsillo abultado de su pantalón. Basilio Altuna no sacó su arma cuando ETA abrió fuego contra él porque era un sábado víspera de Navidad y él, fuera de servicio, estaba en las fiestas de Erenchun. El sábado su hijo tampoco metió la mano en el bolsillo, como pedían los radicales. De haberlo hecho, solo habría podido enseñarles su gorra mal doblada.

Consuelo Ordóñez también recibió su particular ración de improperios —“asquerosa”, “fascista” y hasta “terrorista”—, pero ella asegura que no recuerda ninguno. Que cuando te plantas delante de los radicales, de esos que no llevan pistolas, pero que están armados mentalmente, solo puede pensar en demostrarles que no se les tiene miedo. Que ella tiene el mejor ejemplo, el de su hermano, que les hizo frente en manifestaciones, en los platós de Etb y en Salón de Plenos del Ayuntamiento de San Sebastián, y al que solo le faltó entrar en el despacho de HB en el que se decidió su asesinato para preguntarles por qué.

Los radicales y sus medios satélites, con indisimulado enfado, comenzaron enseguida a atacar a los cuatro de Alsasua recordándoles precisamente eso, que eran solo cuatro. Los afines a los cuatro de Alsasua comenzaron enseguida a aplaudir su valentía y se dolieron precisamente de su soledad, de que fueran solo cuatro. Todos tiene algo en común: olvidan el factor miedo. Se trata de un miedo a pequeña escala, pero de alta intensidad. Un miedo que no es noticia por lo común, pero que no por ello deja de ser grave.

Es el miedo de los alumnos de un instituto público en el que se vota si están a favor o no de manifestarse por los presos de ETA y en el que investiga después quién ha sido el que ha votado en contra. O el miedo de un señor de Alsasua que ayer, justo antes de que las víctimas de COVITE irrumpieran en la plaza, se acercó a ellos y les dijo que él sí que les iba a hablar, que su pueblo no era así, que ni siquiera la mayoría de su pueblo era así, pero que los radicales lo están reventando.

Por suerte, hay quien está dispuesto a dar la cara y hasta a jugarse el tipo. No necesitan un ejército de seguidores porque la defensa de su causa no requiere de un pelotón de soldados, sino de un cargamento de valentía. Ellos se ponen en primera fila, pero saben que detrás, como tanques invisibles, aguarda una mayoría silenciosa que un día, como el anónimo vecino de Alsasua, les dará las gracias por haber estado allí.

***María Jiménez Ramos es investigadora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y miembro de COVITE.


 


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