AGLI Recortes de Prensa   Martes 25  Octubre  2016

España y el selecto club de las sociedades suicidas
Javier Benegas  vozpopuli.com 25 Octubre 2016

Recientemente alguien dijo (pido disculpas por no recordar su nombre) que el mundo anglosajón se encuentra en situación prerrevolucionaria. Lo decía, eso sí lo recuerdo, a propósito de la emergencia de Donald Trump en las presidenciales USA, empujado por una creciente ola de descontento, y también del giro proteccionista del gobierno conservador británico, que, tras el Brexit, no hace otra cosa que mirar por el retrovisor y tratar de satisfacer las demandas de un creciente número de votantes que, tan asustados como están, han confundido causa y consecuencia.

El diagnóstico parece evidente, pero la solución propuesta resulta demasiado burda como para ser correcta: el mundo se está transformando a gran velocidad. Y los Estados-nación, con sus instituciones, sus bienestares y sus canesúes, no están pudiendo digerir los cambios del mundo que viene. Lo que genera bolsas de perdedores cada vez más cabreados. Así pues, una solución de circunstancias es la vuelta al proteccionismo. Si no tenemos la menor idea de cómo afrontar una situación desconocida, pongamos barreras a los cambios, retrocedamos a tiempos pretéritos, en los que los gobernantes locales tenían bajo control la economía, el trasiego de personas, bienes y servicios. Dicho y hecho. De pronto Theresa May se ha vuelto más paternalista con sus desnortados ciudadanos que el Papa con sus feligreses. Y Donald Trump promete levantar empalizadas. Cosa parecida ocurre en países tanto o más desarrollados que estas dos referencias de habla (cada vez menos) inglesa, donde la globalización, con su apertura forzosa, también se identifica como una amenaza.

Proteccionismo a gogó
La consigna es clara: hay que recuperar la soberanía, cerrar fronteras y volver a los aranceles para proteger la producción autóctona y los empleos. Así el mundo se llenará de aldeas galas irreductibles y que sea lo que Dios quiera. Una directriz a la que también se apuntan las izquierdas. Eso sí, elevando la apuesta. Así, su Teoría Monetaria ¿Moderna? pretende que cada país recupere también la soberanía monetaria. Pues si el Estado puede fabricar dinero y después redistribuirlo a su antojo, resolveremos la pobreza de un plumazo. Por poner un ejemplo, si andamos escasos de fondos y la deuda nos amenaza, se pone en marcha la imprenta y se imprimen tantos billetes como sea necesario para cumplir los compromisos. Lo cual es una forma indirecta de expropiar a todo aquel que junte dos euros, dos duros o dos maravedíes, dependiendo de hasta dónde retrocedamos en el tiempo. Pero mientras los prestamistas forasteros nos exigirán pagar en una moneda fiable, lo que al cambio dejará las cosas poco más o menos como estaban, los autóctonos que hayan ahorrado verán como su capital se diluye con tanto dinero nuevo circulando. Y es que por más que se empeñen, seguiremos estando incardinados en una economía sin fronteras.

Por otro lado, ni que decir tiene que no es lo mismo trabajo que empleo. Por ejemplo, el Estado puede crear una empresa pública que produzca o suministre una determinada cantidad de productos o servicios para una demanda dada, lo que justificaría un número x de empleos. Sin embargo, el truco está en no generar los puestos de trabajo que requiera la demanda sino bastantes más empleos. Así puede haber una empresa con 100 empleados para un servicio que perfectamente podría ser satisfecho con la quinta parte de esa plantilla. Pero se trata de dividir 20 nóminas entre los 100 colocados para poder decir que se han creado 80 empleos nuevos. Y todos contentos. Si el dinero de las nóminas dividido entre tanta tropa colocada resulta ser una birria, no hay problema: el Estado imprime más billetes y se inflan artificialmente los sueldos. Que luego en la calle el precio final de una barra de pan alcance 20 euros en lugar del “oficial” de un euro, pasará a formar parte o bien de la propaganda reaccionaria o bien de un intento de desestabilización forastero. Para todo lo demás, la verdad oficial la elaborará el ministerio de turno. Por supuesto, para los fans de la Teoría Monetaria Moderna, el peligro de inflación es otro mito de la ortodoxia… aunque la hiperinflación de Zimbabue de 2008 haya dejado en pelotas tan estupenda teoría.

El síndrome del hijo único
Sea como fuere y vengan de donde vengan, todas las soluciones o bien recurren a la magia o bien al viaje en el tiempo. Lo que sea necesario antes que aceptar lo que se nos viene encima y trabajar muy duro y a contrarreloj para superarlo, si es posible. Por dar un dato, hoy, mientras el 95% de los vietnamitas se muestra partidario del libre mercado, el 51% de los españoles lo ve como algo negativo. Dos actitudes, dos mentalidades tan opuestas que por fuerza habrán de desembocar en futuros muy distintos. Es claro que, de seguir así, los vietnamitas nos van a dar una soberana paliza. Para retrasar lo inevitable, lo único que se nos ocurre es lanzar el tablero de juego por los aires, “¡paren el mundo que nosotros nos bajamos!”

En definitiva, cada vez nos asemejamos más a aquella “generación perdida”, a la que Francis Scott Fitzgerald definió como “una generación nueva, que se dedica más que la última a temer a la pobreza y a adorar el éxito; crece para encontrar muertos a todos los dioses, tiene hechas todas las guerras y debilitadas todas las creencias del hombre”. Cierto es que, como se indica al principio de este artículo, los españoles no estamos solos en un viaje al corazón de las tinieblas que ni Conrad habría imaginado, pero parecemos empeñados en liderarlo. Nos hemos erigido en una especie de vanguardia suicida. Y no es sólo porque tengamos un modelo político destartalado y unos líderes de medio pelo, aunque de todos los problemas este sea el más acuciante, es también el síndrome del hijo único travestido de revolucionario virtuoso.

La tenia fiscal

Juan Pina  vozpopuli.com 25 Octubre 2016

El jueves pasado se consumó una nueva infamia fiscal del gobierno socialdemócrata keynesiano del PP, que pese a estar en funciones goza de una excelente salud a la hora de exprimir a la gente productiva. Lo que pasó fue, concretamente, que concluyó el plazo impuesto por Cristóbal Montoro para satisfacer el primer anticipo a cuenta del impuesto de Sociedades, una nueva triquiñuela para que los contribuyentes —en este caso las empresas de cierto tamaño— financien gratis a la Administración durante nueve meses. Y no olvidemos que esa misma financiación gratuita la realizan mes a mes millones de ciudadanos mediante las retenciones a cuenta del IRPF. El Estado trilero ha llegado a abducir tan profundamente a los ciudadanos que muchos de ellos se alegran cuando a mitad del año la declaración del ejercicio anterior les sale “a devolver”, sin que casi ninguno piense que en realidad ha prestado a la fuerza y sin intereses el producto de su esfuerzo diario. Si eso lo hiciera un particular iría a la cárcel, pero este Estado que tantas lecciones de ética se permite darnos ha legalizado para sí muchas prácticas que serían delictivas si incurriéramos en ellas los demás.

Casi 6.000 millones de euros pretende Montoro arrebatar a las empresas con esta medida temporal que, como todas las alzas fiscales, va a convertirse en permanente. Temporal era también el impuesto sobre el Patrimonio, allá por 1977, y lo siguen aplicando dieciséis de las diecisiete comunidades autónomas y, en el caso extremeño, con record mundial de rapiña. Pero ya oigo el clamor de los sedicentes liberales del PP porfiando que no hay tal alza fiscal, que es esto es un simple adelanto. Si resulta indignante oírle semejante barbaridad al pepero medio, es decir, al típico democristiano, conservador o “centrorreformista” (whatever that means), mucho más lo es escucharlo de labios de quienes van por ahí dando lecciones de liberalismo económico —entre encargo y encargo de las administraciones públicas peperas—. Mienten conscientemente y con absoluto descaro al afirmar que esto no es una subida de impuestos, por dos motivos.

El primer motivo es que el dinero tiene un valor condicionado por el tiempo, y una obligación tributaria hoy no es igual que la misma obligación nueve meses después, y esto, que es de primero de Economía, lo ignoran deliberadamente sesudos y televisados economistas del PP que al mismo tiempo publican libros de economía liberal (alguno tendrá que ir por las tiendas comprándolos todos cuando le nombren ministro, como dicen que De Guindos hizo desaparecer sus antiguos artículos con loas a Hayek). El segundo motivo es que la medida carece de una fecha tope y por lo tanto establece un ciclo perpetuo de adelantos. El Estado exige ahora unos miles de millones de euros que jamás serán restituidos en realidad, ya que los pagos fraccionados obligatorios seguirán sucediéndose y, por lo tanto, nunca se producirá la situación inversa a la provocada ahora. Si Montoro no ha establecido una fecha de restitución es, sencillamente, porque hacerlo ocasionaría un problema muy considerable a las arcas públicas en el momento correspondiente. No, esta medida ha llegado para quedarse y es extremadamente improbable que este u otro gobierno pueda eliminarla en el futuro.

La creatividad perversa del montorato sólo es equiparable a su irresponsabilidad. Conscientes de la mala fama de la gran empresa en uno de los países más anticapitalistas de Europa, han decidido utilizar el impuesto de Sociedades —el tributo menos impopular según el reciente barómetro de percepción de la fiscalidad—, y como la mayor parte de la gente no sabe nada de economía y cree que hay compartimentos estancos en la misma, pues mal que bien la cosa cuela. La realidad es mucho peor, porque muchas empresas tendrán que trasladar este nuevo zarpazo de la Hacienda pública a sus clientes grandes o pequeños, empresas o particulares. Por lo tanto esta medida, como todas las que se dirigen en teoría a “los ricos” o a “la gran empresa” afectan inevitablemente a toda la sociedad, dañando más a los más vulnerables. Este bocado tributario puede afectar, por ejemplo, a la política de pagos a proveedores de las grandes empresas, o sencillamente reducir sus compras. También puede inducir una moderación de su política de contratación de personal. Además, en un país que ya de por sí ha perdido gran parte de su atractivo para la inversión extranjera, no es precisamente acertado añadir un nuevo factor de inseguridad jurídica. Los impuestos, como cualquier norma, deben ser tan sencillos y estables como sea posible.

Cristina Berechet
Como señala la fiscalista Cristina Berechet en el informe de la Unión de Contribuyentes sobre esta medida del gobierno, “no se puede hacer que la reducción del déficit recaiga solamente sobre las empresas” y no sobre el Estado. Estamos ante una subida ficticia de la recaudación para maquillar toscamente ante Bruselas los graves incumplimientos en materia de déficit público durante este ejercicio, pero eso no resuelve nada. Máxime, porque una medida así ya no tiene vuelta atrás. Y todo para no hacer los ajustes por el lado del gasto. Todo para que las administraciones públicas sigan manteniendo con el dinero de toda la sociedad a una casta privilegiada de políticos y de enchufados tanto laborales como mercantiles (proveedores “conectados”). Tampoco sorprende ya la timidísima reacción de la CEOE ante este abuso intolerable que debería haber llevado a los empresarios a paralizar el país mediante fuertes movilizaciones. ¿O es que sólo saben dar puñetazos en la mesa los sindicatos? La verdad es que tenemos unos “agentes sociales” que son agentes, sí, pero del gobierno de turno. ¿Cómo va a hacer algo la CEOE, si buena parte de las empresas afectadas, al final, viven de la protección estatal por la vía de las licencias, del cártel regulatorio, de las normas que ponen puertas al campo para proteger sus negocios de la competencia? El problema es que tenemos al Estado metido como una tenia en los intestinos de nuestra economía. Y así nos va.

El sistema fiscal español bordea la confiscatoriedad

Carlos Díaz Güell cronica global 25 Octubre 2016

La soprano Ainhoa Arteta se descolgaba hace unas semanas con una fuertes declaraciones a la prensa en las que quejaba de que la Hacienda española la está "machacando" a impuestos, hasta el extremo de que está teniendo que "pedir créditos para pagar a Hacienda".

Aunque su amarga queja, precedida de la afirmación de que seguiría pagando sus impuestos en España y que no recurriría a trasladarse a un paraíso fiscal, la enmarcaba en el campo de la cultura, acusando al gobierno de estar dando "palos de ciego" y "maltratando" de manera "brutal" a la cultura, motivo por el que "dos generaciones buenísimas" de artistas "se han quedado en el camino", lo cierto es que las declaraciones de la cantante de ópera coinciden con el envío a Bruselas, por parte del Gobierno en funciones, de los presupuestos para 2017. En ellos se supone que da solución al desequilibrio de 5.000 millones de euros del déficit público para cumplir con el 3,1% exigido por la Comisión Europea y del que se sabe más bien poco de cómo lo va a conseguir, aunque todas las apuestas se inclinan, una vez más, por subir los impuestos.

De ser así y tras las modificaciones pertinentes en la recaudación del Impuesto de Sociedades, una vez más el gobierno de turno recurrirá a subir los impuestos, utilizando como justificación que la presión fiscal en España es de las más bajas de Europa, aunque este manido argumento hace tiempo que dejó de tener validez, ya que presión fiscal y esfuerzo fiscal poco o nada tienen que ver entre ellos.

La presión fiscal es el resultado de dividir la recaudación total (incluidas las cotizaciones a la Seguridad Social) por el PIB. Una vez dicho esto, los expertos coinciden en que hay mucha demagogia en este asunto y que la presión poco tiene que ver con las subidas o bajadas de impuestos, sino que sobre todo varía por la caída de la recaudación y ésta a su vez se explica por el ritmo de crecimiento de la economía, del fraude y de la economía sumergida.

En relación al fraude, si se redujera este lastre a niveles de la Europa del euro, se conseguiría una recaudación adicional de más de 38.000 millones anuales, 3,8 puntos del PIB, con lo que la presión fiscal en España subiría hasta cerca del 38%. En ello parece estar trabajando la Inspección Fiscal, como se demuestra en el caso de los módulos, origen, entre otros, de una gran bolsa de fraude fiscal y cuyo objetivo es conseguir que se pague por lo que realmente se gana.

El debate, poco intenso por el reverencial respeto que los líderes de opinión sienten por las cuestiones fiscales, no es otro que si la única salida para cuadrar las cuentas públicas es la bajada o subida de los impuestos y si no existen otros mecanismos en la economía moderna para solventar el déficit, sin recortar el Estado del bienestar y sin recurrir a conceptos terminológicos como el de presión fiscal que encierran grados de comprensión discutibles para la ciudadanía.

De entrada, hay que dejar claro que a los españoles les cuesta más esfuerzo pagar sus impuestos que a otros ciudadanos de la Eurozona, o al menos eso determina el conocido como índice Frank, que mide el esfuerzo fiscal de los ciudadanos y que es rechazado por los fiscalistas ortodoxos.

El sacrificio fiscal realizado por los ciudadanos y medido por el citado índice compara de una forma tangible cómo sufren en cada país los bolsillos de los ciudadanos a consecuencia de los impuestos, pero su cálculo suscita bastante controversia debido a la carencia de estadísticas sobre ciertos aspectos.

A pesar de la poca información estadística que existe en esta materia, el índice Frank sirve para hacerse una idea de cómo impactan los impuestos a nivel individual. En este sentido, es sorprendente que los españoles, junto con los portugueses, italianos y griegos, sean los ciudadanos con un esfuerzo fiscal más elevado, muy por encima de países como Dinamarca, Países Bajos, Irlanda o Luxemburgo.

En los últimos años, pese a los ajustes tributarios que ha habido, los impuestos han subido de manera notable para hacer frente a la crisis, aunque como diría alguien cuando los impuestos suben, suben para quedarse. Esto quiere decir que la presión fiscal ha subido, es decir, que se han incrementado los ingresos fiscales (mas cotizaciones a la SS) con respecto al PIB; sin embargo, el esfuerzo fiscal no depende de los ingresos fiscales totales sino de cómo se reparte dicha carga entre cada contribuyente. En resumen, el primero es un reflejo del gasto del Estado, mientras que el segundo mide los impuestos que pagamos.

El think tank Civismo, en torno al cual se congregan conocidos profesionales y líderes de opinión de carácter liberal, daba a conocer un estudio que ponía de relieve que los españoles trabajan una media de 184 días solo para pagar impuestos y cotizaciones sociales.

El informe señala que un trabajador que gane un sueldo medio bruto de 24.400 euros al año estaría obligado a pagar 8.667 euros al Estado en concepto de impuestos, lo que equivale a 130 días de trabajo. Sin embargo, a esta cifra habría que agregarle los costos de la Seguridad Social que le son descontados de su salario efectivo (31.696 euros que son la suma de su salario bruto y las cotizaciones sociales que cubre la empresa) y que ascienden a 7.296 euros. De esta forma, de su salario total, Hacienda se embolsaría la nada despreciable cantidad de 15.963 euros al año, o lo que es lo mismo, el equivalente al 50,40% de su nómina real, que es lo que le sería descontado para afrontar con sus gastos tributarios y que se encuadraría dentro de lo que es esfuerzo fiscal.

La administración española ingresó el año pasado 413.456 millones de euros --su mayor nivel desde 2007-- aunque en ratio sobre el PIB es inferior al de 2014 por el crecimiento de la economía --del 38,6% del PIB pasa al 38,2%--.

En este escenario, son muchos los expertos que comienzan a hablar de confiscatoriedad fiscal, lo que va en contra de lo señalado por la Constitución y la Ley General Tributaria que consagran los principios de justicia, generalidad, igualdad, progresividad, equitativa distribución de la carga tributaria y no confiscatoriedad.

Lo que está demostrado por diferentes y rigurosos estudios es que todo aumento del esfuerzo fiscal lleva aparejado una mayor tasa de fraude y luchar contra esa lacra que la sociedad lleva enraizada es complicado, máxime cuando la corrupción lidera las primeras páginas de los medios de comunicación y el debate político gira casi exclusivamente sobre esa perversión.

Post-it
La presión fiscal viene definida por el total de impuestos (directos e indirectos) que recaudan las administraciones públicas de un país en relación con la actividad económica anual del mismo (PIB).

El esfuerzo fiscal se define como el porcentaje que se obtiene dividiendo la presión fiscal entre la renta per cápita o, lo que es lo mismo, el porcentaje de lo que se gana que va destinado al pago de tributos, incluyendo todo tipo de impuestos, desde el IRPF hasta el IVA, pasando por las cotizaciones a la Seguridad Social u otros impuestos directos e indirectos.

El principio de no confiscatoriedad viene a determinar que los ingresos tributarios contribuyen a financiar el gasto público de forma equitativa y progresiva sin que haya excesos por parte de los poderes públicos a la hora de detraer de las economías privadas los ingresos tributarios.

Según Fedea, los hogares más pobres (en torno a un 20% del total) y los más ricos (un 10%) son los que soportan una mayor presión fiscal en España, medida en porcentaje de impuestos que pagan en relación a su renta. En concreto, los hogares que perciben rentas de hasta 11.584 euros tienen una presión fiscal del 28,21%, contando impuestos directos e indirectos. Esto se explica, según el estudio por el efecto de la imposición indirecta (principalmente el IVA), ya que a pesar de su baja renta no dejan de consumir gracias al ahorro o vía endeudamiento y también por las bases mínimas en las cotizaciones sociales. De hecho, dos tercios del porcentaje de impuestos se deben a los indirectos. Por lo que respecta al grupo de los hogares más rico (el 10% de las familias) supera ese nivel. Este colectivo, cuya renta media anual está por encima de los 165.000 euros, tiene una imposición media del 33,1%.

Y viceversa

ARCADI ESPADA El Mundo 25 Octubre 2016

Un antológico cinismo socialdemócrata (no ha habido nada mejor desde El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush) asegura que el Psoe ha logrado sacar a España del bloqueo. Comprendo la necesidad socialdemócrata de recomponer la figura, pero el Psoe aún no ha hecho nada explícito por España. Todos sus trabajos, en este año de la basura, han estado orientados a sí mismo, en un proceso narcisista, acomplejado y finalmente autodestructivo. La abstención ante Mariano Rajoy es el último capítulo del proceso. Y tal vez el primero de su regeneración. Si logra mantener la unidad, desde luego, porque sería inconcebible que después de un año de bloqueo los diputados socialistas fueran incapaces de mantener una postura común ante la investidura. Inconcebible, y la prueba de que en el Psoe hay dos partidos.

Sin embargo, la irresponsable pasividad del Psoe ante la situación española no quiere decir que su problema interno sea otra cosa que un reflejo. Se demuestra de nuevo que es el partido que más se parece a España: su división es la división española provocada por cuarenta años de incesante nacionalismo. Socialistas catalanes, navarros y vascos han promovido, al ritmo de Iceta, el líbranos señor de Rajoy. Pero sus histéricos dramitas apenas convencen a nadie. La penosa situación electoral que viven en sus territorios los ha ido sumiendo en un desconcierto táctico, estratégico, ideológico y político, del que el Psc es la referencia modélica. El desconcierto ha acabado por llegar al comité federal; pero este organismo no es suficiente para abordarlo. La cuestión irremediable es que los habituales votantes de la izquierda están divididos entre los que plantean una revisión del sujeto de soberanía y los que se niegan a ello; entre los que aceptarían referéndums de autodeterminación y los que no. Esa división que hasta la crisis catalana solo afectaba a la izquierda extraparlamentaria ha llegado al Psoe: y no hay Declaración de Granada que pueda suturarla.

De ahí que tampoco sea tan mala cosa que los socialistas sigan en su ensimismamiento, pues España tiene un serio problema que es el Psoe y viceversa. Sabemos, además, desde Ayn Rand que el egoísmo es la primera condición de la eficacia altruista. Pero de ahí a la desvergonzada apología del secuestrador que después de un año de asedio, y ya vencido por el hambre, el frío, la sed y la razón, accede a liberar a su víctima hay un enorme y embarrado trecho moral.

El Estado y la revolución
Santiago Navajas  vozpopuli.com 25 Octubre 2016

El liberalismo es una ideología en caída libre. Aunque dominante en la academia económica de élite, se encuentra en minoría entre el “votante medio” y menguando irremediable en la política partidista. El discurso de toma de posesión de Theresa May, la nueva líder de los conservadores británicos, fue un misil en la línea de flotación del sector liberal del partido que un día encarnó Margaret Thatcher. Un discurso proteccionista, intervencionista, paternalista y estatalista. Al otro lado del Atlántico, da igual quien gane en Estados Unidos. Tanto con Trump como con Clinton el país se convertirá en una fortaleza aislacionista en contra del libre comercio y dándole la espalda a la globalización no sólo económica sino también cultural y política. En Asia, las potencias dominantes, Rusia y China, Putin y Xi Jinping, avanzan impávidas, a través de un despotismo tecnocrático de Estado, hacia la dominación total de su zona de influencia. Desde el punto de vista cultural, en general, la xenofobia avanza por la extrema derecha y el resentimiento de clase por la extrema izquierda. La idea liberal de que el problema central es la elefantiasis estatal ha muerto. ¡Viva el ogro filantrópico!

En este contexto no es de extrañar que Mein Kampf de Hitler se convierta en best seller en Alemania mientras que Marx y Lenin vuelvan a ser reivindicados sin atisbo de vergüenza por la izquierda más radical. La diferencia es que mientras que Mi lucha se lee “en la intimidad”, los partidarios del tirano soviético están haciendo caer un sirimiri ideológico de modo que pase desapercibido tanto el fondo como la forma totalitaria del líder comunista ruso. Así, por ejemplo, Pablo Iglesias cree que Lenin “era un calvo con una mancha en la cabeza con una mente prodigiosa” que conquistó a la “gente” rusa prometiendo “paz y pan” en lugar de hablar de “materialismo dialéctico”. Parece que ha confundido a Vladimir Ilich Uliánov con una mezcla de Gandhi y Gorbachov… Alberto Garzón, por su parte, se declara leninista y mantiene que “hay que recuperar muchas de las enseñanzas intelectuales de una persona que supo ver cuál era el inicio de la globalización”. Eduardo Garzón, para que todo quede en familia, sostiene que “estoy seguro de que si la gente lo entendiera, se sentiría muy identificada porque al final, el comunismo se basa en libertad, solidaridad e igualdad, por lo que la gente no podría oponerse a algo así.”

En los alrededores de 1920 se escribieron las dos obras totalitarias por excelencia. En la clandestinidad escribió Lenin El Estado y la revolución, publicado en 1917. En la cárcel Hitler puso negro sobre blanco Mein Kampf en 1925. El objetivo de ambas obras era el mismo: la imposición de un régimen de terror en el que, bajo un principio maniqueo, la política se reducía a una lucha entre “buenos” y “malos” absolutos, entre enemigos que no podían admitir la existencia de su oponente. Si Hitler se parapetó en la raza (aria) para sojuzgar y/o destruir todas las demás, Lenin focalizó su voluntad de destrucción en el concepto de clase, según el cual había una clase buena, el proletariado, mientras que el resto sería el mal, sobre todo, la clase capitalista. Arios y proletarios significaban de esta forma toda la belleza y honestidad del mundo. El resultado de esta lógica bivalente y criminal fueron millones de muertos. No cabe una discusión sensata sobre cuál ideología fue peor en términos psicopáticos pero vale mucho la pena aclarar ciertas confusiones que siguen ocultando y maquillando la participación comunista en uno de los genocidios más grandes del siglo XX, sólo comparable, en esto no hay discusión, al legado nazi.

Cuando Hitler todavía era un íncubo de la noche berlinesa, Lenin estaba escribiendo su plan de acción político-terrorista:
“El concepto científico de dictadura no significa otra cosa que poder ilimitado, no sujeto en absoluto a ningún género de leyes, ni reglas, y directamente apoyado en la violencia”.

Una sentencia que, en una cata ideológica a ciegas, podría pasar perfectamente por ser del artista frustrado que llegaría a ser Führer. Un poco antes, en El Estado y la Revolución,

Lenin había dejado claro que
“El proletariado, mientras necesita todavía el Estado, no lo necesita en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como sea posible hablar de libertad, el Estado como tal dejará de existir”.

Una cita en la que queda de manifiesto, en primer lugar, la patrimonialización de Estado por parte de un lobby bolchevique y, además, el infantiloide concepto de libertad de los comunistas, una mezcla entre los Teletubbies y la secta de Charles Manson, expresándose con una neolengua que es un pasaporte al mal radical: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.” Trotsky, igualmente, continuando el desprecio leninista por el concepto de “libertad burguesa” declaró

“La dictadura revolucionaria, lo admitimos, constituye en sí misma una severa limitación a la libertad (...) naturalmente, la dictadura del proletariado es inconcebible sin el uso de la fuerza, aun contra sectores del mismo proletariado”   porque   “ ... las fórmulas de la democracia (libertad de prensa, de sindicalización, etc.) no son para nosotros más que consignas incidentales o episódicas en el movimiento independiente del proletariado”

En referencia a Lenin, Trotski constató que
“Nadie (como Lenin) comprendió con tanta claridad, inclusive antes del vuelco (del poder), que sin represalias contra las clases poseedoras, sin medidas de terror de una severidad sin parangón en la historia, el poder proletario, rodeado por enemigos por los cuatro costados, jamás podría sobrevivir. ( ... ) El Terror Rojo fue un arma necesaria de la revolución”

Y es por esto que Trotski consideró que
“La Cheka es el verdadero centro del poder, durante el período más heroico de la dictadura proletaria”

Edward H. Carr, el “marxiano” historiador de la revolución rusa, captó la clave de la violencia política leninista:
“Lo esencial del terror era su carácter de clase. Seleccionaba a sus víctimas por razón, no de delitos específicos, sino por su pertenencia a las clases propietarias.”

La única ley absoluta para Lenin era la ley de defender y extender su revolución. De ahí la estrategia de Iglesias, Otegis y demás Garzones, todos ellos leninistas vocacionales, para tomar la calle, asaltar capillas, linchar a guardias civiles, rodear el Parlamento, intimidar a los periodistas, politizar el dolor y hacer, en definitiva, que el miedo cambie de bando. En la Cheka Autónoma o en la Cheka Komplutense han tenido ocasión de comprobarlo últimamente tanto Rosa Díez como Cebrián y González. El próximo puede ser usted, admirable, heroico, y espero que avisado, lector.

De la necesidad, virtud
Guillermo Dupuy Libertad Digital 25 Octubre 2016

El tiempo dirá si el PSOE es merecedor de los desmedidos elogios que buena parte de la prensa afín al PP le ha dedicado este lunes por la simple decisión de abstenerse en la próxima sesión de investidura de Rajoy. No lo descarto, pero, a día de hoy, lo único que ha hecho el PSOE, y no precisamente por el bien de España, es evitar la celebración en diciembre de unas nuevas elecciones en las que todos los sondeos publicados recientemente auguraban al PP y a Ciudadanos una holgada mayoría absoluta y al PSOE un nuevo varapalo, aun cuando a Podemos tampoco le fueran a ir bien las cosas. Esto no lo sabrán muchos miopes de la derecha que claman inercialmente por un "Gobierno cuanto antes", pero en el PSOE lo saben hasta los que han votado este domingo en contra de la abstención.

Y es que, con la abstención a Rajoy, el PSOE se asegura el liderazgo de una oposición que tiene, además, más escaños en el Congreso que los que suman las formaciones que votarán afirmativamente la formación del nuevo Gobierno. No quiero decir con esto, obviamente, que los socialistas vayan a desbancar a Rajoy el día después de haberle dejado acceder a la presidencia. Pero es obvio que el ya de por sí acomodaticio PP de Rajoy va a tener que ceder –y mucho– ante el PSOE si Rajoy pretende, además de tener Gobierno, gobernar.

Los cambios legislativos que el PSOE ya ha planteado –y que Rajoy ya este lunes ha corrido a atender y valorar positivamente– son buena prueba de ello. Dada la ambigüedad con la que están planteados, sería prematuro calificarlos como desgobierno, pero dudo mucho de que la pretensión socialista de "derogar cuanto antes" la Lomce y la reforma laboral, así como abrir "urgentemente el diálogo para afrontar los serios desafíos presentes en la vertebración territorial de España" e impulsar los "reformas jurídicas necesarias para mejorar la articulación de nuestro modelo territorial y su financiación", no vayan a ir en la línea opuesta de lo que un votante del PP o de Ciudadanos considere que son los intereses generales de España.

Ojalá nos llevemos una grata sorpresa, pero mucho me temo que quienes, en la abstención y en estas propuestas del PSOE, ya ven "altura y responsabilidad políticas" no hacen más que presentar la necesidad socialista como si de virtud política se tratara. El tiempo lo dirá, insisto, pero recuérdese que los elogios de la prensa madrileña a Pujol no le convirtieron nunca en "español del año".

El PP va de "sobrao".
Vicente A. C. M. Periodista Digital 25 Octubre 2016

La soberbia de Mariano Rajoy y su desprecio por CIUDADANOS viene de muy atrás. La razón es simple, Albert Rivera y CIUDADANOS representan todo lo que el PP debería haber sido y no es por su deriva hacia posiciones que nada tienen en común con el liberalismo. De hecho, desde que Mariano Rajoy asumió el control del partido y desde el vergonzoso Congreso de Valencia, sus políticas se han parecido mucho más a la de su principal oponente político el PSOE y se ha dejado arrastrar hacia un espacio indefinido que ni es de derecha, ni de izquierda, sin más ideología que detentar el poder durante el mayor tiempo posible. Esa falta de principios y de ideología ha permitido el que a ese proyecto se hayan incorporado elementos indeseables que han campado a sus anchas enquistándose en la estructura de mando como trampolín y refugio de sus fechorías. Un partido que ha convivido cómodamente con la corrupción y que ve cómo la misma finalmente está afectando a sus cimientos, amenazando con derribar todo el edifico.

Porque la sede central de Génova 13 en Madrid se ha convertido en ese símbolo de la corrupción, de las prácticas más escandalosas de despotismo y en el refugio de parásitos y dinosaurios de la política, fracasados que zascandilean por amplios despachos y se dedican a medrar en otros y a confabular en pasillos. Un PP que debe su triunfo más que a sus méritos a los deméritos de otros como el PSOE, que van muy por delante en esta carrera de servirse de lo público y no servir a lo público. Unos partidos que fueron claves para la instauración de la democracia, pero que han perdido totalmente ese espíritu y ahora solo pugnan por ocupar el mayor espacio de poder para su propio beneficio. Unos partidos que necesitan regenerarse en profundidad, pero que opinan que debe ser el oponente el que necesita reformarse.

Y así estamos ahora tras diez meses de desgobierno, el fracaso de una legislatura y la repetición de elecciones generales. Una situación que parece que va tener una solución temporal e inestable por el movimiento interesado y obligado del PSOE que mantuvo una posición radical de bloqueo apoyado en sus fracasos electorales históricos y a la que ahora ha debido renunciar y elegir la abstención como la alternativa menos lesiva para sus intereses, que no tienen poe qué coincidir necesariamente con los de España ni los de los españoles. Un sí pero no, que ha supuesto la fractura real de un partido que, como otros, está sufriendo un proceso de incomprensión generacional. Una dualidad entre un conservadurismo sensato de las viejas glorias y la actitud más radical y reivindicativa de las nuevas generaciones.

Y creo que se debe decir ¡Basta! A tanta hipocresía y que cada uno asuma su responsabilidad y se someta al juicio de los ciudadanos. Repetir las elecciones generales no es un fracaso a priori, ya que los ciudadanos también tenemos nuestra cuota de responsabilidad y de haber hecho caso a quienes vendían la perversidad del bipartidismo. Un sistema que lleva funcionando mucho tiempo sin problemas en países como Gran Bretaña o los USA. Porque al final, lo que tenemos es un sistema donde son imprescindibles los pactos y las cesiones con unos partidos acostumbrados a grandes mayorías y a unos mínimos apoyos del nacionalismo, entonces moderado, y ahora profundamente radicalizado. Y si a esto le sumamos la frustración por la corrupción generalizada e institucionalizada y el surgimiento y auge de partidos radicales de izquierda, (en la uE también de extrema derecha) veremos un fracaso general en el que se cumple por una vez que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Los ciudadanos no podemos seguir siendo moneda de cambio en las disputas entre partidos políticos que solo van a mantener su estatus. La única forma de participar, opinar y censurar, es mediante el voto y son esos partidos los que tienen miedo a los resultados. Que no nos pongan como excusa, si llevamos diez meses con un Gobierno en funciones, creo que podemos aguantar perfectamente hasta el 18 de diciembre y dar nuestro veredicto. Eso es democracia, lo demás es solo manipulación.

El caso es que ya veremos cómo acaba esta semana “trascendental” donde el PSOE deshoja la margarita de cómo hacer su apoyo, libertad o disciplina de voto de modo que permita la famosa gobernabilidad y no se deje arrebatar la hegemonía de la oposición, firme pero leal, dejándola en manos de PODEMOS.

¡Que pasen un buen día!

La democracia pícara
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Octubre 2016

Es sabido que cuando a la voz democracia se le agrega un adjetivo, se degrada. Lamentablemente ese es el caso de nuestra democracia, la Constitución real de los españoles desde un par de siglos. Somos una democracia amortiguada por la picaresca imperante. Por algo la novela picaresca es el género característico de nuestra cultura, desde Cervantes a Cela.

Pícaro es palabra de incierto origen. Desde luego, nada tiene que ver con la región francesa de la Picardía. Corresponde al tipo que intenta medrar rápidamente a costa de los demás. Tanto es así que en España el ideal de hacerse rico se aprecia socialmente más que ser rico por herencia. Se interpreta como un admirable golpe de suerte, sea a través de la lotería y los juegos de azar o envite, el agio (pelotazo), el matrimonio (braguetazo) o la política (corrupción). Hay otras formas; todas ellas se admiran, por mucho que verbalmente se desprecien.

La picaresca en la vida pública española se resuelve con el principio de que el amiguismo es más rentable que el mérito. Se sospecha, incluso, que una acumulación extraordinaria de méritos destapa las envidias de los mediocres, y más si cuentan con una brizna de poder o influencia. Siempre hay subterfugios legales o de costumbres para no reconocer el mérito. Hasta el punto de que, ante un mercado de trabajo enrarecido, algunos solicitantes de empleo recortan su currículum para no parecer excesivamente ameritados.

La corrupción política es la forma más insidiosa de picaresca. Consiste en la apropiación de los caudales públicos mediante sobornos (comisiones o mordidas) y otros latrocinios disfrazados con el balduque administrativo.

El buen pícaro de alta gama no se arriesga mucho con ilícitos penales. Se contenta con bordear la ley, utilizándola pro domo sua. Si entra en política o se sirve de ella es a través de una inusitada capacidad para hacer amigos y mantener útiles contactos. Su táctica es la de hacer favores a discreción, pasar por generoso. Ya vendrá el tiempo de recoger los frutos de tales dádivas. La mayor parte de los pícaros con el dinero público no pasan nunca a los titulares de prensa.

Hay una mentalidad general que subyace a las conductas corruptas. Consiste en la escasa capacidad para confiar en los otros. Por eso el pícaro se aprovecha de los demás. En diversos estudios sociológicos se hay visto la desconfianza básica de los españoles respecto al prójimo.

Es inútil combatir la corrupción política con leyes y reglamentos, mientras los españoles sigan admirando secretamente al pícaro y rechacen el principio del mérito o del esfuerzo. Con esa creencia prevalente será difícil que en España dispongamos de un buen sistema de enseñanza, unas auténticas instituciones democráticas.

La picaresca tradicional era consecuencia de la falta de recursos, del quiero y no puedo, de la pequeña codicia. Ahora es de más altos vuelos y sobre todo se apoya en la oportunidad que ofrece el elefantiásico sector público de la economía. Se comprenderá ahora que todos los partidos con representación parlamentaria aboguen por un continuo aumento de la parte que corresponde al sector público. Es un auténtico maná para los que pueden gestionar esos fondos, aunque solo sea a escala municipal.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Desobedecer es cultura
Pablo Planas Libertad Digital 25 Octubre 2016

La alcaldesa de Berga, perteneciente a la CUP, se niega a colgar la bandera de España, a descolgar la estelada y a declarar ante el juez. Igual que el concejal de su mismo partido en Vich Joan Coma, a quien se investiga por haber dicho en el pleno que para lograr la independencia, igual que para hacer tortillas, habría que romper huevos. José Téllez, edil en Badalona, rompe la requisitoria de un juzgado para que el Ayuntamiento no abriera el 12 de Octubre. La Generalidad y el Ayuntamiento avisan al Tribunal Constitucional y a quien corresponda de que no permitirán una sola corrida de toros en su territorio. Artur Mas, Francesc Homs y Carme Forcadell, entre los dirigentes políticos más notorios, se ciscan en los tribunales que les empuran y hacen gala de un inaudito perfil insumiso. Los expertos del proceso separatista han concluido que en Cataluña hay una "cultura de la desobediencia". En la Polinesia se daba el canibalismo, pero nunca pretendieron que se tratara de una cultura.

Al margen del uso indiscriminado de la palabra cultura como contenedor de mojones como los de la desobediencia, la okupación, el skate-board o el asamblearismo universitario, el punto de no retorno comenzó cuando Artur Mas montó el referéndum del 9-N de 2014 porque le dio la gana y se fundió en un abrazo con el delegado de Otegui en Cataluña, el cupero antisistema, anticapitalista y comecuras David Fernàndez. Ahí es que si el presidente de la escalera se lo hace en el portal, el vecino del quinto tira la basura por la ventana.

Todavía no está claro si la desobediencia es pasiva o partidaria de cascar huevos, como propugna el concejal Coma, en el ejercicio de ese nuevo derecho catalán a desobedecer, una prerrogativa que por el momento sólo disfrutan los políticos. Puigdemont se declara dispuesto a ir a la cárcel por volver a poner las urnas de cartón. Es como aquel que dice que se encerraría con seis miuras en la Monumental de Barcelona. Ni uno ni otro corren el más mínimo riesgo de ir a la cárcel o a la enfermería. Al primero, como a su antecesor, lo más que le van a pedir es una inhabilitación y en cuanto al segundo, en Barcelona no volverá a haber toros, porque en Cataluña se puede desobedecer al Constitucional, a la Audiencia Nacional, al Supremo, al Superior y al cobrador del gas, pero jamás a la Generalidad, a Colau, al CAC, a la Asamblea Nacional y a los que tienen perro.

A mayor abundamiento, el PSC de Miquel Iceta desobedecerá la consigna del PSOE de abstenerse en los minutos de la basura para investir a Mariano Rajoy. El jefe de los socialistas catalanes presume de su impostura, que no es más que otra concesión a esa cultura de la desobediencia que se estila en Cataluña. No es lo mismo desobedecer al Constitucional que a la gestora del PSOE, pero en la subcultura de Iceta pasar de la disciplina de partido debe de ser más temerario que no acudir a declarar a un juzgado, porque allá donde no llega la justicia llegan las venganzas. Otra cosa es el rendimiento mediático que le está sacando a no hacer caso al comité federal el último desobediente catalán.

La dignidad de Consuelo Ordóñez
Cayetano González Libertad Digital 25 Octubre 2016

En medio de tanta mediocridad, con la que nos obsequian a diario los principales actores de la vida política, hay hechos protagonizados por miembros de eso que se ha venido en llamar la sociedad civil que a uno le reconfortan y le hacen mantener la esperanza de que en nuestro país todavía hay resortes que funcionan muy correctamente.

Eso es lo que pensé cuando el pasado sábado vi a Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite y hermana de Gregorio Ordóñez –dirigente del PP vasco asesinado por ETA en enero de 1995– junto a otras tres víctimas del terrorismo –Conchi Fernández, Fernando Altuna e íñigo Pascual, todos ellos miembros igualmente de Covite– plantar literalmente cara en Alsasua a los simpatizantes de ETA que, convocados por Sortu, iban a manifestarse contra la Guardia Civil, siete días después de que dos agentes de este cuerpo, junto con sus novias, fuesen brutalmente agredidos por medio centenar de energúmenos de la denominada izquierda abertzale, cuando les reconocieron en el interior de un bar de la localidad navarra. Cuatro víctimas de ETA, sólo cuatro, fueron suficientes para dejar atónitos a todos esos simpatizantes de la banda terrorista. Qué gran verdad es ese grito coreado en diversas manifestaciones tras algún asesinato de ETA: "Sin pistolas, no sois nadie".

Plantarse en Alsasua un sábado al mediodía, instantes antes de que arrancara la manifestación de la izquierda abertzale contra la Guardia Civil, portando carteles que decían literalmente "Aquí sobran los violentos", "No nos dais miedo", "Odio fuera" y "Guardia Civil, seguid aquí", no sólo fue un acto de valentía y coraje por parte de Consuelo Ordoñez y sus tres acompañantes, sino una lección de dignidad para todos los que después pudimos ver las imágenes o contemplar las fotos.

Por eso es absolutamente incomprensible que la delegada del Gobierno en Navarra, Carmen Alba, llamase a comienzos de la pasada semana a Ordoñez para disuadirla de que llevara a cabo ese acto, bajo el argumento de que sólo provocaría incomodidad ¡a la Guardia Civil!, porque tendría que estar presente en las calles de Alsasua para protegerles. La llamada en sí es incomprensible, no sólo porque la hiciera la representante del Gobierno de la Nación en Navarra, responsable última de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en la Comunidad Foral, sino porque ella misma es víctima del terrorismo: a su padre, el coronel de Infantería Antonio Alba, ETA intentó, gracias a Dios sin conseguirlo, asesinarle en Pamplona en marzo de 1987. Además, en mayo de 1998 Carmen Alba tuvo que ocupar asiento de concejal en el Ayuntamiento de Pamplona tras el asesinato por parte de la banda terrorista del edil de UPN Tomás Caballero. ¿Cómo se explica todo esto? ¿Por qué Carmen Alba se atreve a hacer esa llamada a la presidenta de Covite? ¿Quizás porque su actuación está en consonancia con lo que ha venido siendo en estos últimos cinco años la pauta de conducta con las víctimas del terrorismo del Gobierno al que representa?

A todos los que mantienen que ETA ha sido derrotada les animaría a que contemplasen las miradas de odio que tenían gran parte de los manifestantes que se vieron sorprendidos el pasado sábado por la irrupción en Alsasua de Consuelo Ordoñez y de las otras tres víctimas del terrorismo. Y si con eso no les basta, que repasen la sarta de exquisiteces que les dedicaron: "fascistas", "asquerosos", "escoria", "perros", "terroristas", "los que odiáis sois vosotros". ETA ya no mata, gracias fundamentalmente a la Guardia Civil, pero el odio y la vileza moral que con sus crímenes ha sembrado en amplias capas de las sociedades vasca y navarra tardarán mucho tiempo en ser desterrados.

Siempre he pensado que las víctimas del terrorismo son lo mejor de nuestra sociedad; su parte más noble. Nos han dado un ejemplo de dignidad, de fortaleza moral, que nunca olvidaremos. Por eso, gracias a Consuelo Ordoñez, a Conchi Fernández, a Fernando Altuna, a Íñigo Pascual, a Covite, por esta nueva lección que nos dieron el pasado sábado en Alsasua.

El oro de Moscú: el mayor robo de la historia
Juan E. Pflüger gaceta.es 25 Octubre 2016

La madrugada del 13 al 14 de septiembre de 1936, a penas dos meses después del inicio de la Guerra Civil, unidades de carabineros, milicianos socialistas y anarquistas y medio centenar de cerrajeros y trabajadores metalúrgicos irrumpieron en la cámara acorazada de Banco de España, S.A. Una sociedad bancaria privada que almacenaba y custodiaba las reservas de oro españolas en sus cámaras acorazadas de la Plaza de Cibeles, junto a miles de cajas de seguridad contratadas por particulares para mantener a seguro sus ahorros y pertenencias más preciadas. Las instalaciones eran nuevas, consideradas las más seguras de Europa, habían sido construídas a principios de 1936 para almacenar las terceras reservas más importantes del mundo de metales preciosos.

Mostraban un decreto firmdo unas horas antes por el recien nombrado ministro de Hacienda, Juan Negrín, y por el presidente de la República, Manuel Azaña, que autorizaba “el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”.

El traslado debía ser firmado por el cajero principal de la entidad, que fue secuestrado por milicianos a punta de pistola en su casa y llevado a las dependencias del banco. Allí se le exigió que firmase la autorización de apertura de las cámaras acorazadas y de las cajas de depósitos privados. Se negó en reiteradas ocasiones y, para evitar firmar lo que sería el robo más importante de la historia, decidió suicidarse -algunas fuentes señalan que fue asesinado por los milicianos y luego se fingió su suicidio-.

Los milicianos socialistas y anarquistas, junto a los cerrajeros y trabajadores metalúrgicos trabajaron rápido, solamente tardaron cuaro días en extraer las más de 700 toneladas de oro de la cámara acorazada. Se guardó en cajas de madera de las empleadas para el traslado de munición al frente de guerra, sin numerar y sin dejar constancia escrita de su salida. Unos días después hicieron lo mismo con los depósitos de plata, y posteriormente se descerrajaron las cajas de depósitos privados. Si sabemos que el total de oro y plata contenido en las 10.000 cajas que fueron trasportadas al puerto de Cartagena suponían casi 5.240 millones de pesetas de la época -unos 15.000 millones de euros actualmente, 20.000 millones si se considera su valor numismático-, desconocemos el material y dinero incautado a los particulares.

De este tesoro, 7.800 cajas embarcaron en los barcos soviéticos Kine, Neve y Volgoles, con rumbo al puerto de Odesa y otras 2.000 acabaron en París. Se desconoce el paradero de las 200 cajas restantes, aunque lo más probable es que quedasen a disposición de los líderes del Frente Popular para su uso.

La plata quedó almacenada en Murcia hasta que, ya al final de la contienda, en julio de 1938, fue vendida a Francia y Estados Unidos.

El responsable soviético del envío fue Alexander Orlov, que recibió en un mensaje cifrado la orden de Stalin de embarcar la mayor cantidad de oro posible rumbo a la URSS, negándose a firmar ningún recibo. La excusa debía ser que cuando se hiciera el inventario, ya en suelo soviético, se enviaría el correspondiente documento a las autoridades españolas. Ni que decir tiene que ese escrito jamás salió de la URSS.

Seis meses después de la llegada del oro español a la Unión Soviética, el Gobierno de Stalin publicaba el aumento de las reservas de oro en el Gosbank -banco central de la Unión Soviética- y lo achacaba a la mejora económica del régimen comunista. Otra mentira más, era el oro del Banco de España que había sido incluído a las reservas rusas y no se reconocía su pertenencia a España.

Puedes comentar el blog con el autor en @Juanerpf o en la página de Facebook Los Crímenes del Comunismo y el twitter del blog: @crimencomunismo



******************* Sección "bilingüe" ***********************
UPyD y SCC
Denuncian “terribles e intolerables chantajes” realizados por alumnos y profesores independentistas
www.latribunadelpaisvasco.com 25 Octubre 2016

Dirigentes nacionales de Unión Progreso y Democracia (UPyD) se han comprometido con Sociedad Civil Catalana (SCC) a sumarse al pacto que este colectivo reclama entre todos los partidos constitucionalistas para intentar revertir la situación de esta parte de España en la que se ha establecido el miedo que impide decir realmente lo que la mayoría piensa sobre la deriva secesionista.

Javier Bezares, del Consejo de Dirección de Unión Progreso y Democracia, tras reunirse con representantes de Sociedad Civil Catalana, ha denunciado que es “terrible” que los jóvenes de Cataluña “tienen conflictos hasta con sus propios compañeros independentistas e incluso, a veces, es el profesorado secesionista el que los chantajea y ningunea por no pensar como ellos”.

Desde la dirección nacional de UPYD han hecho estas declaraciones después de que el colectivo de jóvenes catalanes de SCC les hayan explicado cuál es la realidad diaria que tienen que superar en los centros educativos, y especialmente en las universidades catalanas, donde la juventud independentista está muy organizada.

Para hacer frente a esta situación, los dirigentes nacionales de Unión Progreso y Democracia se han comprometido a sumarse al pacto que Sociedad Civil Catalana reclama entre todos los partidos constitucionalistas, para defender la democracia y la igualdad en Cataluña, e intentar revertir la situación de esta parte de España en la que “se ha establecido el escenario del miedo, que impide que la gente levante la voz y diga lo que realmente piensa, porque la mayoría de la sociedad está en contra de la deriva secesionista que ha emprendido la Generalitat”.

UPyD ha recordado que “debemos garantizar ya, de una vez, y para siempre, la democracia en Cataluña, pues en una democracia en pleno siglo XXI es intolerable este tipo de actuaciones, por lo que UPYD siempre ha tenido ese compromiso y lo seguirá teniendo durante los próximos años”.

Por último, los participantes en la reunión han lamentado “los déficit que estamos sufriendo los jóvenes de Cataluña y los ciudadanos del resto de España, porque esto no es una cuestión que afecte sólo a los ciudadanos de Cataluña”.

Curiosamente la difunde el alcalde implicado
La genial respuesta de un murciano tras recibir varios correos en catalán
R. M. gaceta.es 25 Octubre 2016

Un empresario de Murcia está que trina con el Ayuntamiento de Amposta (Tarragona), por haberse dirigido a él en hasta dos ocasiones en catalán, pese a que en el primer correo les había pedido que lo hicieran en castellano.

Así lo ha informado el digital e-noticies, que ha publicado la respuesta de este empresario, proveedor del Consistorio, que no tiene desperdicio.

El mail, fechado a 10 de octubre, comienza con el encabezamiento “señores extranjeros”. El empresario explica que “pretender que alguien de la provincia de Murcia, España hasta la cepa, esté obligado a leer catalán, es demencial”. “Sois tontos”, “la situación es de vergüenza”, les espeta y les pide que “lo dejen en paz y compren en su país”.

“Mientras pueda compraré cosas españolas y venderé a mi querido país. Hasta nunca”, sentencia.

E-noticies explica que el correo electrónico ha sido publicado en Twitter por el alcalde del Ayuntamiento, Adam Tomàs i Roiget, de ERC-AM, quien como ha podido comprobar GACETA.ES ni se ha molestado en borrar los datos del empresario, sí los del Consistorio.

Además, el citado digital indica que el regidor ha salido al paso diciendo que el correo fue enviado por error a este empresa de Lorca, cuando en verdad se quería enviar a una sociedad catalana, como se le notificó posteriormente al empresario recordándole que anteriores ocasiones siempre se habían dirigido a él en castellano. Además, desde el Consistorio consideran desproporcionada la reacción del empresarios y creen que si el correo hubiera estado en inglés no habría tenido tan airada respuesta.

Tomàs i Roiget se hizo con la alcaldía de este municipio en 2015 tras 28 años de gobierno de CiU. Al acabar el pleno el nuevo alcalde, acompañado de algunos de los miembros del equipo de Gobierno, colgó una estelada en el balcón del Ayuntamiento, en cuya página web precisamente no existe la opción de poder leerse en castellano.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial