AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 26  Octubre  2016

El déficit, primera prueba
Primo González Republica 26 Octubre 2016

El primer problema, bastante inmediato, al que se debe enfrentar el Gobierno que forme en los próximos días Mariano Rajoy ya tiene nombre: el descuadre de las cuentas públicas. Una carta de Bruselas remitida este martes 25 de octubre es bastante taxativa al respecto: hay que cuadrar las cuentas para que el déficit en el año 2017 y en el Año 2018 se ajuste a los objetivos marcados por Bruselas, un 3,1% del PIB para el año 2017 y un 2,2% para el año 2018.

La realidad de las cuentas públicas españolas ni por asomo se acerca a estos guarismos, de forma que el nuevo Gobierno se enfrenta a una difícil tarea, ya que más dilaciones no resultan posibles, una vez que España tiene un Gobierno (en minoría, pero Gobierno avalado por las Cámaras al fin y al cabo). Eso es al menos lo que señala el calendario previsible, tras los movimientos políticos de estos días y los que habrán de tener al Congreso por escenario en lo que resta de semana.

La preocupación sobre el difícil cumplimiento de estas cifras ha subido de tono este martes al conocerse las cifras de la ejecución presupuestaria hasta finales del mes de septiembre, cuando ya restan apenas tres meses para corregir el rumbo, realmente dos meses desde este fin de semana. Lo que habrá que corregir es la cifra del año 2016, pero sobre todo las que se ejecutarán en los dos próximos años, durante los cuales Bruselas exigirá a España nada menos que 5.500 millones de euros anuales de ajuste (bien vía menos gastos o más impuestos) sobre las cifras provisionales que le ha remitido el Gobierno hace pocas semanas.

La corrección de rumbo que exige Bruselas no tiene muchas posibilidades de llegar a buen término si tomamos como punto de partida las cifras que se van conociendo del año 2016, cada vez más desviadas de las previsiones. El choque con Bruselas, largamente aplazado debido a la peculiar situación política española, parece ahora inevitable no sólo porque en breves días habrá nuevo Gobierno sino porque los datos han empeorado con cierta brusquedad.

En conjunto, para los dos próximos años el nuevo Gobierno habrá de realizar un ajuste de 11.000 millones de euros, que es lo que Bruselas considera necesario fuera de lo que es el rumbo normal de la economía. Si se tiene en cuenta que la propia economía, al ritmo que va ahora (3% de crecimiento o algo menos en los dos próximos años), genera mayores ingresos, buena parte del déficit público podría corregirse de forma automática, aunque los 5.500 millones de euros que Bruselas exige ya tienen en cuenta la buena marcha de la economía española y son, por lo tanto, ajustes adicionales. Si la economía flaquea y crece menos del 3% previsto este año y de las buenas previsiones que se manejaban hasta hace poco para los dos próximos años, el ajuste acabaría siendo superior, lo que significaría un mayor esfuerzo fiscal y de gasto para España en estos dos próximos años. Más impuestos, más recortes o ambas cosas a la vez, ese es el menú al que parece enfrentarse el país de forma inexorable en los próximos meses.

Darle forma a estas exigencias presupuestarias se presenta, en suma, como un asunto cargado de dificultades, en el que las buenas intenciones de los partidos políticos que pueden conformar una mayoría dialogante con Bruselas tendrán que agotar sus posibilidades al máximo. Y todo ello contando con que la economía no se va a resentir y va a seguir con el rumbo de estos dos últimos años.

Más retos para una legislatura difícil
Daniel Lacalle El Espanol 26 Octubre 2016

“I've watched all the dropouts who make their own rules” Ozzy Osbourne

Hace unos meses, cuando pensábamos que podría formarse un nuevo Ejecutivo para el verano, comentamos en esta columna los importantes retos a los que se enfrentaría el próximo gobierno. Todos ellos permanecen, y España no debe ignorar la oportunidad de convertirse en un centro de atracción de inversión en un momento en el que los inversores internacionales buscan una combinación atractiva de crecimiento, estabilidad y alto potencial.

Lo que España ha conseguido en los últimos cuatro años no se puede negar. Hemos pasado de ser el enfermo de Europa a un ejemplo de salida de la crisis reconocido internacionalmente. Nuestra prima de riesgo es tres veces inferior a la de Portugal, y muy por debajo de Italia. Hemos reducido el déficit fiscal casi un 50% y el comercial a la mitad, atajando desequilibrios estructurales, y lo hemos hecho alcanzando un récord histórico de exportaciones a nivel absoluto y en cuota de mercado, con nuestros principales socios comerciales en recesión o estancamiento. Hemos conseguido crecer el triple que la media de la UE situándonos como el segundo país en creación de empleo y líderes en empleo fijo… Pero hay mucho que hacer
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No entorpecer
Uno de los elementos esenciales de esta próxima legislatura va a ser, aunque sorprenda, no estropear lo conseguido. Con un gobierno frágil dependiente de un parlamento en el que casi toda la oposición “exige” más gasto y más déficit –más deuda- y mayores impuestos, no es un riesgo pequeño que se puedan poner trabas adicionales a la creación de empleo y de empresas. Defender una fiscalidad orientada al crecimiento se convierte hoy en más que una recomendación. Una urgencia. Porque no nos podemos permitir que el ritmo de creación de empleo se ralentice por parte de aquellos que jamás han creado una empresa o gestionado un negocio, pero que sorprendentemente saben exactamente lo que debe usted ganar.

Los ingresos: beneficios empresariales en riesgo
Ya hemos explicado aquí que un importante riesgo es ignorar que los beneficios empresariales están sufriendo y que tomar medidas puramente recaudatorias tiene efectos contraproducentes si no entendemos el problema de desaceleración de beneficios publicados y el impacto negativo en inversión de medidas confiscatorias.

Debemos proponer una fiscalidad que apoye el crecimiento y que busque mejorar las bases imponibles y atraer sectores menos cíclicos y de mayor productividad. Eso no se consigue buscando rascar de lo que queda. No hay que lamentarse porque bajen los beneficios de las empresas establecidas, sino trabajar para que aumenten los de las nuevas y las que entran en nuestro país, para que los ciclos pesen menos en la recaudación.
Más renta disponible para potenciar el consumo

Los salarios están creciendo. La masa salarial crece por encima del PIB nominal –un 4%- y el salario medio un 0,8%, bastante por encima de la inflación, que ha sido negativa (fuente INE). Es una buena noticia. Ahora debemos pensar en el salario neto, lo que queda en el bolsillo del ciudadano. Casi un 45% del salario se desvanece en impuestos y cuotas sociales.

Sin entrar en maximalismos, hemos visto en 2015 como se beneficiaba la economía de las bajadas de impuestos. Los ingresos fiscales crecieron por encima del PIB nominal y el consumo minorista creció más de un 25% más de lo estimado. Los que piensan que si no se hubieran bajado los impuestos no habríamos incumplido el déficit mienten, porque saben que los gastos crecen por encima de los ingresos en cuanto se generan.

Pensiones: no acudir a soluciones mágicas
Las pensiones se pagan creando más empleo, no con represión fiscal. La crisis, negada desde el mainstream y el gobierno, destruyo 3,5 millones de empleos y dejó en déficit las pensiones en 2011 y, además, congeladas. Desde entonces se ha recuperado la mitad del empleo destruido. En 2011 por cada nueva pensión que entraba en el sistema, se destruían 3 empleos. Hoy, por cada nueva pensión, se crean 7 empleos.

Por lo tanto, la solución al agujero puntual creado por la crisis, es reforzar la salida de la crisis. Más empresas, más empleo y mayor productividad, que generan mayores salarios. El problema de las pensiones no se soluciona entorpeciendo el crecimiento. Las fuentes de financiación están delimitadas. Las cotizaciones cubren las pensiones contributivas. Son las pensiones no contributivas y los complementos a mínimos los que se cubren desde el presupuesto general.

Para hacerlo sostenible se debe incorporar un índice de revalorización dentro de los límites del sistema para que la decisión no dependa de los políticos de cada gobierno, y un factor de Sostenibilidad, que tenga en cuenta la esperanza de vida al calcular la pensión. Una medida muy importante es la de promover que aquellos en edad de jubilarse que quieran seguir trabajando, lo puedan hacer. Hoy es posible cobrar el 50% de la pensión y tener un empleo al mismo tiempo. Y solo se paga una cotización de solidaridad al sistema del 8% (6% empresa y 2% trabajador). Son más de 30.000 los que lo hacen.

¿Recortes? ¿Qué recortes?
Mucho se está hablando en medios de recortes cuando España puede cumplir sin problemas sus objetivos si crece –como puede-, por encima del 2,5% en 2017, y se aprovecha del entorno internacional para atraer más inversión financiera directa y crear más empleo más rápidamente. Solamente la reducción en los gastos de la parte de subvenciones por desempleo y la mejora de ingresos por la misma cantidad suple con creces el riesgo de menores beneficios empresariales.

Continuar con el programa de mejora de la eficiencia de las administraciones públicas y reducir el desempleo en un millón de personas genera suficiente capacidad de financiación para cubrir los requisitos, más del doble de los 5.000 millones de ajuste que se estiman.

Los retos de esta legislatura son enormes. Tenemos dos posibilidades: volver a los errores de 2009 que solo generaron deuda y paro, o continuar creciendo vía el sector exterior y atrayendo capital. Los que siguieron el primer modelo hoy siguen estancados, los que siguieron el segundo son hoy líderes en crecimiento y mejora de la economía para todos. Los derechos no se financian entorpeciendo el crecimiento. Los derechos vienen cuando se cumple la obligación de superar nuestro potencial.

El PSOE acaba recogiendo lo sembrado
Juan M. Blanco vozpopuli  26 Octubre 2016

La decisión del comité federal del PSOE de abstenerse para facilitar la investidura de Mariano Rajoy ha desencadenado una frontal resistencia en sectores de la militancia, en su base electoral, un rechazo tan intenso que sobrepasa la razón para penetrar en la esfera de la visceralidad. ¿A qué se debe este fenómeno, bastante inédito en países serios? Es cierto que Rajoy ha demostrado no ser buen gobernante; más bien un presidente con tendencia a procrastinar, a aplazar las reformas hasta el último minuto y, aun así, a acometerlas sólo de forma parcial, timorata, cambiando el mínimo indispensable para aliviar la presión de Bruselas. Y, al igual que la mayoría de los políticos, a anteponer sus ambiciones personales a los intereses generales. Pero no son estos los motivos que incitan al rechazo a esos sectores socialistas, seguramente más movidos por impulsos y emociones, por esa fingida y exagerada confrontación izquierda-derecha, pregonada durante tantos años.

Uno de los dislates políticos del presente Régimen fue fomentar una adscripción demasiado vehemente de los sujetos a los partidos, un alineamiento un tanto irracional que generaba una honda fractura izquierda-derecha. Como en otros aspectos, los intereses partidistas acabaron primando sobre los buenos propósitos, sobre esa repetida propaganda de que la Transición sellaba definitivamente la reconciliación entre españoles. Irresponsablemente, con la connivencia de los medios, los partidos impulsaron consignas simplistas, un discurso de buenos y malos, de pronunciado antagonismo, que proyectaba una falsa pero radical enemistad. Como resultado, cada formación política mantuvo una gran masa de votantes fieles, con independencia de su gestión o programa, contribuyendo a debilitar el mecanismo electoral como un control último del poder. Durante años, la victoria de un partido no se debía tanto al traspaso de votos como a la elevada abstención de los seguidores del adversario.

Una fractura izquierda-derecha más emocional que real
Naturalmente, la marcada fractura no era racional. No se debía a una profunda discrepancia de ideas pues no existían tantas diferencias políticas entre los dos grandes partidos; más bien bastantes elementos de coincidencia. Y los programas eran demasiado ambiguos para suscitar entusiasmos o adhesiones inquebrantable. Semejante conducta no surgía en el terreno de los argumentos, de la razón; brotaba de las emociones, del sentido de pertenencia a un grupo, de la búsqueda de identidad, ese peligroso camino que desembocaba en el arcaico “nosotros frente a ellos”, en esas pulsiones que se adueñan de los fanáticos seguidores de un equipo de fútbol. En realidad, muchas personas identificadas con un partido no compartían realmente sus planteamientos pues, con mucha frecuencia, ni siquiera los conocían. Así, el debate de ideas fue sustituido por las consignas, las frases hechas, la escenificación de un conflicto impostado, en el fondo inexistente.

Por fortuna, la crisis favoreció una reducción apreciable de esa adhesión irracional a los partidos, un escepticismo que permitió traspasos de votos entre los dos lados del espectro político. Pero todavía existe una proporción notable de sujetos que mantiene un arraigado alineamiento. Así, algunos militantes y votantes del PSOE continúan con ese tic, con el conflicto izquierda-derecha grabado a fuego en su mente. Una inclinación que también comparten ciertos intelectuales aparentemente moderados, que visten sus argumentos de datos pero que, tras rascar un poco, exhiben rápidamente sus prejuicios, su abundante pelo de la dehesa.

Atendiendo a los planteamientos, el PSOE sería más afín al PP que al populismo de Podemos. Pero en el terreno de las emociones, muchos sectores socialistas se sienten mucho más cerca del partido de Pablo Iglesias y también, en demasiadas ocasiones, de los nacionalistas. En este imaginario izquierdista, pregonado durante demasiados años, el mal siempre se encuentra en la derecha, ese sector político que solo representaría a los ricos. De ahí que, tras décadas de machacona propaganda, llevada al extremo en la etapa de José Luís Rodríguez Zapatero, sea ahora tarea hercúlea para la gestora socialista convencer a sus bases electorales de que es conveniente favorecer un gobierno del PP.

Reforma o degradación
En realidad, el pacto entre los grandes partidos no es en sí mismo benéfico o perjudicial: depende los objetivos, de la política que surja de él, de la línea que siga el próximo gobierno. La mejor opción para España sería que los líderes, en una demostración de grandeza, olvidasen por un momento sus intereses partidistas y aprovechasen el acuerdo para acometer las importantes reformas que España necesita, esas que Rajoy arrinconó en su primera legislatura. Unas transformaciones que abran el sistema, eliminen las barreras que sostienen los privilegios, creen oportunidades, simplifiquen la legislación, garanticen la igualdad ante la ley y fomenten la responsabilidad individual.

La ruta pasaría por una reforma constitucional que impulse el juego de contrapoderes y el control mutuo. Que promueva una relación directa entre representante y representado, reduciendo el poder de los partidos. Una Carta Magna que racionalice de una vez ese caos de clientelismo, caciquismo y corrupción en el que ha desembocado el Estado de las Autonomías. Y que fomente una ciudadanía siempre crítica ante las decisiones del poder, dispuesta a mantener un criterio propio alejado de la propaganda y de los prejuicios, del maniqueísmo de izquierda frente a derecha.

Ciertamente, es gratis soñar despierto. Y la esperanza es lo último que se pierde. Pero las sospechas apuntan al peor escenario, a la continuidad en esa línea de degradación que ha marcado las últimas décadas. Seguramente, la abstención del PSOE conducirá a más de lo mismo porque, durante los últimos meses, tanto los políticos como el grueso de la prensa han insistido más en el continente que en el contenido, en la forma más que en el fondo. Han proclamado la urgencia de que España tuviera gobierno, con independencia de la política que persiguiera. Nada sorprendente en un sistema básicamente clientelar, de intercambio de favores, donde muchos sectores económicos, numerosos grupos de presión, exigen saber con urgencia quien repartirá los favores, a quien hay que compensar. Necesitan que la rueda del BOE vuelva a girar a velocidad de vértigo, otorgando privilegios, excepciones, ventajas, subvenciones, contratas... esa droga a la que, desgraciadamente, buena parte de España se ha vuelto adicta.

La calle contra las urnas

Editorial Libertad Digital 26 Octubre 2016

El presidente de la Comisión Gestora del PSOE, Javier Fernández, ha asegurado: "Podemos tomará la calle, porque es lo que están diciendo, en las formas que ya conocemos, y el Grupo Socialista liderará la oposición". El tiempo dirá con qué grado de responsabilidad y sentido de Estado –en el mejor sentido del término– ejercerá el Partido Socialista el liderazgo de la oposición, lo que legítimamente le corresponde, por ser la segunda fuerza política más votada, y que nada tiene que ver con el radicalismo antisistema ni con la imposibilidad de llegar a acuerdos puntuales con el Ejecutivo en aras de la estabilidad y los intereses generales de la Nación.

Lo que es seguro, ciertamente, es que la extrema izquierda, en la más siniestra tradición leninista, va a tratar de conseguir en la calle lo que no obtiene en las urnas. El abierto respaldo de Podemos e IU a la subversiva manifestación que va a rodear el Congreso –sede de la soberanía nacional– el día de la investidura de Rajoy es un elocuente ejemplo de cómo, hoy como ayer, los comunistas no reconocen más pueblo ni más democracia que los que ellos subyugan.

Por mucho que Iglesias y Garzón amparen la revuelta callejera contra la soberanía nacional como si de un ejercicio de participación democrática se tratara, lo cierto es que los únicos "golpistas" de este país son quienes niegan la legitimidad al Parlamento surgido de unas elecciones libres para nombrar un nuevo jefe de Gobierno, así como los que pretenden manifestarse contra el normal funcionamiento del Estado de Derecho y las resoluciones judiciales que tratan de imponer el orden constitucional.

A esta práctica tan propia de los movimientos ultras se ha sumado de forma descarada el nacionalismo separatista sedicentemente burgués de Cataluña, como han dejado claro el líder de la antigua Convergencia, Francesc Homs, y el expresidente de la Generalidad Artur Mas, ambos imputados por delitos de prevaricación y desobediencia en relación con la ilegal consulta secesionista del 9-N. El primero se ha permitido advertir el Rey de que el Gobierno autonómico de Cataluña está dispuesto a llevar a cabo sus planes "hasta el final" –en alusión al nuevo referéndum secesionista, convocado para el año que viene– y de que darán "respuesta ante cada agresión del Estado". En esa misma línea, Artur Mas se ha mostrado a favor de la "movilización de la gente en la calle" para "mantener el pulso" contra las resoluciones judiciales contrarias a su campaña sediciosa.

La ilegitima manifestación contra la legítima investidura de Rajoy del próximo sábado va a inaugurar una legislatura previsiblemente muy movida con grandes manifestaciones y constantes muestras de rechazo callejero a lo que no es más que el normal funcionamiento de la democracia parlamentaria y el Estado de Derecho.

El PSOE ha de evitar la tentación de sucumbir al radicalismo de izquierda y dar alas al nacionalismo disgregador. De ello dependerán su recomposición, su liderazgo de la oposición y sus posibilidades de volver a ser una alternativa sensata y creíble al Gobierno del PP.

Vaciedad
Emilio Campmany Libertad Digital 26 Octubre 2016

Lo del PSOE es como una maldición bíblica: parirás con dolor y te abstendrás a pesar tuyo. Qué lacerante está siendo todo. Da pena verlos. Son como un herido que ha quedado aislado y tiene que amputarse el miembro gangrenado antes de que la infección acabe con él. Los indisciplinados que no quieren cargar con el sambenito de haberse abstenido en la investidura de Rajoy aspiran a quedar como los impolutos, los virginales, los inmaculados que supieron seguir diciendo "no". Y, a la vez que se presentan como los paladines de los ideales socialistas, esperan beneficiarse de la traición de los que se abstengan y eviten las terceras elecciones, en las que quizá los castos quedarían sin escaño. Lo de Odón Elorza, por ejemplo, es sencillamente vomitivo. Se permite insistir en que votará "no" porque él es mejor que los demás a sabiendas de que habrá compañeros, no tan puros como él, que absteniéndose librarán al partido de la debacle que padecerían si todos siguieran su impecable ejemplo. Es como el soldado que abandona la trinchera sabiendo que salvará el pellejo gracias a que la mayoría de sus compañeros se mantendrá en ella para contener al enemigo.

Con todo, lo peor no es este espectáculo de cobardes e insolidarios que se afanan en encontrar un salvavidas para ellos mientras otros se esfuerzan en evitar que la nave se hunda. Lo peor es que, alrededor de esta dichosa investidura de Rajoy, larga y tediosa como una película de arte y ensayo sin montar, no ha habido apenas debate programático. Si no fuera por las condiciones que Ciudadanos impuso al PP a cambio de su apoyo, y que naturalmente Rajoy no se ha tomado la molestia de leer, nada habría de esta supuesta nueva cultura del pacto que la dispersión del voto se cree que ha impuesto. Sólo importa quién va ocupar qué cargo. La noticia es que el PSOE se abstendrá y permitirá a Rajoy ser investido, no las condiciones que ha impuesto a cambio de su apoyo porque no ha impuesto ninguna. La noticia es qué ministros seguirán y cuáles se irán y no la política que el nuevo Gobierno desarrollará, porque ésta será la de siempre, subir impuestos, aumentar los subsidios, las subvenciones, las pensiones y cualesquiera otras regalías con las que alimentar a la clientela, así como condescender con los nacionalistas y los sindicatos. Qué más da quién esté si poco más o menos hará lo mismo. Por eso, lo único que importa es quién lo hará, no lo que hará. Y por eso nadie discute sobre qué programa aplicará el futuro presidente del Gobierno, ni importan siquiera los folios que firmó con Ciudadanos.

No entiendo qué nos hace mantenernos sentados en nuestras butacas contemplando este aburrido y poco edificante espectáculo, a la espera de ver ante quiénes se cuadran los guardias civiles cuando salgan de los coches oficiales sonriendo, conscientes de lo poco que merecen estar donde han llegado.

Pablo Iglesias se equivoca
Editorial Vozpopuli  26 Octubre 2016

La Triple Alianza, con este rumboso nombre de connotaciones históricas, Pablo Iglesias colocaba a tres partidos distintos, PP, PSOE y Ciudadanos, bajo un mismo paraguas, trasladando al público la idea de que, una vez se produzca la investidura de Rajoy, habrá un nuevo mapa político, en el que a un lado estará Podemos, adalid de la libertad y la sociedad civil, y al otro todos los demás. Que con Podemos estarán los demócratas, los defensores del pueblo, de la gente; mientras que con el resto estarán los inmovilistas, los servidores del establishment, los que, en definitiva, usurpan el poder para rendirlo a esos “poderes fácticos” que no se someten a elección alguna. El número de votantes que sume tan maléfica Triple Alianza es lo de menos.

A continuación, añadía con calculada solemnidad que estamos en un momento histórico, tan histórico y terrible que los socialistas van a votar a favor de la investidura de un presidente de derechas. Una afrenta que ningún buen progresista podrá perdonar mientras viva. Y aunque es evidente que en el PSOE no van a a apoyar a Rajoy por devoción sino por necesidad, Iglesias quiere agrandar la herida, convencer al público que tan dolorosa claudicación nada tiene que ver con poner fin a la parálisis política que padecemos desde el 26 de junio 2015. Tampoco que la economía y la sociedad españolas, desgraciadamente, tan dependientes del BOE, necesitan con urgencia unos nuevos presupuestos acordes, por qué no decirlo, a los compromisos adquiridos con Bruselas. Porque hasta la fecha, lo cierto es que austeridad poca. Así nos luce el pelo.

También omite astutamente Iglesias que no sólo se trata de cumplir con los objetivos de déficit sino de afrontar otros graves problemas, como es el inminente colapso del sistema de Seguridad Social, donde los españoles nos jugamos, entre otras fruslerías, las jubilaciones. Retos que no se podrán afrontar si carecemos de un gobierno en plenas funciones. En definitiva, no se trata de desafíos a medio o largo plazo que dejan margen a la especulación del político, sino de verdaderas bombas de relojería con la mecha muy corta.

Sin embargo, el líder de Podemos, que en su día tuvo en su mano impedir un gobierno del PP y no quiso, parece ahora dispuesto a alcanzar el poder a cualquier precio, caiga quien caiga. Sin decir esta boca es mía, agita la teoría de la conspiración, ese presunto golpe de mano cuyo principal hito sería la forzosa dimisión de Pedro Sánchez, propagando la especie de que PP, PSOE y Ciudadanos no actúan movidos por la necesidad extrema, sino que su inconfesable objetivo es dar satisfacción a los “poderes fácticos”. Así, emboscándose en la legalidad (“los diputados no tienen restringidos sus derechos civiles. Pueden participar en manifestaciones”), Iglesias no sólo ha apuntado que, si le place, acudirá a saludar alegremente a los que rodeen el Congreso, porque tomar la calle es -dice- “hacer política”, sino que tácitamente se suma a quienes afirman que la investidura de Rajoy traerá consigo "un gobierno ilegítimo de un Régimen ilegítimo".

Este es, en resumen, el cuadro que Pablo Iglesias nos pintó este martes a la salida de su entrevista con Felipe VI. La Triple alianza contra Podemos, los tenebrosos españolistas frente a los sensibles plurinacionalistas, los tiranos contra los demócratas, las oscuras y corruptas fuerzas de un régimen ilegítimo frente a los bondadosos libertadores. Allá Pablo Iglesias con su forma de hacer proselitismo y entender la política. En lo que a este diario respecta, siempre hemos defendido, y seguiremos defendiendo, la necesidad de reformar el modelo político español en profundidad. Es nuestra convicción que, para garantizar la estabilidad y la prosperidad de todos los españoles durante al menos otros 40 años, urge subsanar las deficiencias de nuestra democracia, porque entendemos que son precisamente esas deficiencias, la ausencia de salvaguardias, controles y contrapesos, lo que anima a los oportunistas, a los políticos sin escrúpulos, a los corruptos, a los populistas. Sin embargo, nunca apoyaremos a quienes pretendan cambiar las reglas del juego desde la confrontación, tomando la calle o animando a que otros la tomen por ellos, partiendo España en dos, subvirtiendo el orden establecido.

Nos gusten o no, funcionen mejor o peor, debemos respetar las instituciones que tenemos. Y no sólo formalmente, acatando la ley aun a regañadientes, sino también informalmente, no vituperándolas. Porque hoy por hoy no tenemos otras. La Corona, el Congreso y el Senado son los depositarios del orden constitucional vigente; más aún, son ese orden a secas que, peor o mejor, evita que impere la ley de la jungla. Deslegitimarlos implica mucho más que no aceptar a un presidente, significa que cualquiera puede arrogarse el derecho a gobernar, y que, por ejemplo, bastará con tomar la calle para hacerlo. Y la democracia, que sepamos, tampoco es eso.

Aterrizaje forzoso
El PSOE ha aterrizado en el pedregal de la realidad aferrado al mal menor y dando tumbos sobre las evidencias
Ignacio Camacho ABC 26 Octubre 2016

El mayor daño que Pedro Sánchez hizo al PSOE fue el de desanclarlo del principio de realidad. Su "no es no" era sólo un mantra destinado a protegerse de sus propios fracasos y a propiciar a espaldas de sus compañeros un pacto de Gobierno que lo convertía de facto en el candidato de Podemos. Pero tuvo éxito porque arrastró a muchos afiliados a una barricada emocional que camuflaba la ausencia de proyecto ideológico. Por eso la primera misión del nuevo grupo dirigente, tras arrebatarle el mando al secretario general en un motín bastante chapucero, consistía en un aterrizaje forzoso sobre el pedregal de las evidencias. Es lo que hizo ayer el Comité Federal entre tumbos y volteretas, aferrado a la teoría del mal menor y sin esbozar siquiera una ruta estratégica.

Entre otras cosas, porque aún no la tiene. Lo único que pretende la nueva mayoría orgánica es comprar tiempo evitando el embrollo de las nuevas elecciones. Los barones ni se molestaron en un debate que sabían ganado. Habían reunido fuerzas y dejaron que los disidentes coparan la discusión. Page, Lambán y Puig –aliados con Podemos en sus territorios– no hablaron y Susana Díaz evitó pronunciar la palabra "abstención" en su alegato. Todos ellos son rehenes de su pasividad ante Sánchez, de haber rehusado durante meses exponer con coraje su verdadero criterio. Así ha sido hasta el último momento y así llegan a la investidura con una postura vergonzante que apenas han defendido teniendo sobradas razones para hacerlo.

En las tres semanas transcurridas desde el "golpe de partido", la dirección interina ha perdido la iniciativa. Tratando de enfriar la crudeza del derrocamiento ha dejado fluir la resistencia sanchista. Salvo excepciones –Vara, Fernández y algunos tardorrubalcabistas– no han expuesto argumentos; han renunciado a la convicción para pasar cuanto antes el mal trago y llegar sin más desgaste a la fase de reorganización efectiva. La tienen más cuesta arriba de lo que creen porque han permitido el ataque frontal de Iglesias, hay un cisma latente con el PSC y los partidarios del "no" se han cohesionado en una coalición crítica.

La adecuación al principio de realidad requiere algo más que beberse la cicuta de la abstención y a continuación declararle la guerra sin cuartel a Rajoy para hacerse perdonar el pecado original. La socialdemocracia necesita identificar en la situación una oportunidad de recuperar su tradición de partido de Estado. El futuro liderazgo tiene que trazar una estrategia, asentar un modelo de nación, proponer a la sociedad ideas en vez de consignas. Y sacudirse el complejo de empatía radical que paralizó el mandato de Sánchez. Creer de nuevo en un proyecto autónomo sin contaminaciones de populismo. Porque puede que los hijos de sus votantes, como dice Borrell, se hayan hecho de Podemos, pero siempre ha sido obligación de los padres enseñarles el buen camino.

“No-go zones”, las zonas prohibidas de Europa (2)
Nørrebro (Copenhague) o cómo sustituir la democracia por la "sharia"
www.latribunadelpaisvasco.com 26 Octubre 2016

Los propietarios de algunos bares de Copenhague (Dinamarca) están pidiendo la protección del Gobierno contra jóvenes islamistas que tratan de imponer una estricta "zona de la Sharia" en algunos lugares del país escandinavo.

Algunos de estos negocios han denunciado haber sido acosados y vandalizados por grupos organizados de adolescentes y jóvenes musulmanes que se oponen a la bebida, el juego y a otros actos de ocio que consideran ofensivos según la “sharia” o ley islámica.

"Recientemente, algunos jóvenes entraron en el bar y, a gritos, obligaron a los clientes a desalojar el local. Luego dijeron que este territorio era de ellos y que Nørrebro (distrito de Copenhague) está cubierto por la ‘sharia’, por lo que está prohibido el alcohol”, ha explicado Heidi Dyrnesli, propietario del Café Heimdal, situado en esta zona de la capital danesa a la emisora Radio24syv.

Por su parte, Birgitte Fischer, propietaria del Mucki Bar, explicó al mismo medio de comunicación que estas bandas de islamistas utilizan piedras y petardos para romper las ventanas y que, además, piden 9.000 dólares como “impuesto” de protección.

Mientras tanto, Inger Støjberg, ministra para la Integración, visitó el barrio de Nørrebro para apoyar a las empresas locales, donde fue atacada por jóvenes de extrema izquierda al grito de “nazi” y “fascista”. De hecho, la propia Birgitte Fischer tuvo que proteger a la ministra de sus acosadores, especialmente después de que la representante del Gobierno alentara a éstos para que “buscarán un trabajo”. "Todos tienen oportunidades. Sólo se necesita educación y formación para seguir adelante y hallar un empleo”.

"Si alguien ve cómo le cortan las manos a un ladrón, se abstendrá de cometer el mismo delito", afirma con contundencia Adnan Avdic, mientras camina por las calles del barrio de Nørrebro. Avdic es miembro de "Ahlu Sunah Wa Jammah" ("Los seguidores del Profeta"), uno de los grupos fundamentalistas islámicos que pretenden establecer la sharía (ley islámica) en Dinamarca y, por extensión, en el resto de Europa. Su objetivo: reducir la tasa de criminalidad. "Países como Irán o Arabia Saudí no dan una buena imagen del islam, no me gustan. Pero es innegable que su tasa de criminalidad es muy baja porque a los criminales se les castiga según la sharía», explicó Avdic en su momento en el diario ABC.

Inspirándose en "Islam4UK" —un grupo de salafistas británicos—, "Los seguidores del Profeta" llevan tiempo patrullando los barrios de Tingbjerg y Nørrebro, para extender después su vigilancia al resto de Dinamarca y asegurarse de que los ciudadanos no beben, no juegan, no van a la discoteca y no violan ninguna de las reglas de la sharía. Una policía "moral" que actúa durante las 24 horas del día.

"Todavía no podemos aplicar ningún castigo, porque estamos en Dinamarca y nos meterían en la cárcel. Pero patrullamos las calles y, cuando vemos a alguien que incumple los mandamientos de la sharía, hablamos con él e intentamos convencerle de que lo que hace está mal", asegura Avdic. "El objetivo final es sustituir la democracia por la sharía. Somos misioneros del Islam". Según "Kaldet til Islam" ("La Llamada del Islam"), otro de los grupos que apoyan esta iniciativa, más de 1.500 musulmanes daneses apoyan su propuesta. Sin embargo, la asociación "Muslimer i Dialog" ("Musulmanes por el diálogo") asegura que son muchos menos, pero que cada vez se les oye más por su radicalización y agresividad verbal.


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Desdramatizar

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 26 Octubre 2016

Espero que sea mentira lo que el catalanista Baldoví dijo ayer que le dijo el Rey: "No hay que dramatizar la reforma de la Constitución". Porque lo que quieren los separatistas catalanes y catalanistas, etarras, peneuvistas, benegás y podemitas es reformar hasta liquidar la soberanía nacional, es decir, que el pueblo español no siga siendo esa fuente de legitimidad de la que, como dice la Constitución, "emanan todos los poderes del Estado", incluida la Corona. Todo el debate político en España estriba en ese punto: si los españoles vamos a seguir siendo, al menos de derecho, dueños de nuestra nación, o si la soberanía del pueblo español, que fundamenta todas nuestras constituciones, desde la de Cádiz hasta la de 1978, queda abolida en favor de las regiones o reinvenciones políticas (los Països Catalans, la Gran Euskadi, la fantasmal República Ibérica) cuyos caudillitos tengan fuerza para imponer su dictadura o dinero para comprar su independencia.

España está débil, con una casta dirigente corrupta y un montón de golpistas de ocasión que han tomado las instituciones, pero es más fuerte que cualquier Estado que quiera erigirse sobre sus escombros. Lo que no cabe es desdramatizar el drama de la destrucción del Estado, la liquidación de la democracia y un horizonte de inacabables conflictos civiles.

Dramática es la situación española, pero más dramático que partidos políticos, instituciones y medios de comunicación pidan "no dramatizar". ¿Nos tomamos a broma el linchamiento de Alsasua y las agresiones a las víctimas de la ETA? ¿Nos divierte la impunidad del golpismo catalán, financiado por el Gobierno con el FLA? ¿Nos reímos de la corrupción policial y judicial que ha legalizado a la ETA, permitido los escraches y duda ante la forma de violencia más antigua y prohibida de la Historia, que es cercar un parlamento para torcer la voluntad de los parlamentarios?

Los matones que, dirigidos desde dentro, cercarán el Parlamento declaran ilegítimo al Rey ("mafia de Nóos") al Gobierno ("mafia de Gürtel") y a la Oposición ("mafia de los ERE"). Cuando Iglesias se veía presidente los llamaba "el Jefe del Estado", "los compañeros del PSOE" y "la futura oposición". ¿Y hay que desdramatizar que los alfon cerquen la sede de la Soberanía Nacional? Que desdramatice Ferreras. Mejor, que los disuelva.

Manglares
David Gistau ABC 26 Octubre 2016

Me parece comprensible que Pablo Iglesias interrumpa sus simulaciones escandinavas cuando tiene que haberse dado cuenta de que en el último debate de investidura sus puñitos ya eran un divertimento autoparódico y de que, por la vía institucional y electoral, no irá más lejos de donde ya está: en una acumulación de escaños suficiente para hacerse crónico como extravagancia pero no para derribar el ciclo del 78 desde dentro, atacando su mismo sistema inmunológico. Es un botín frustrante si además exige traicionar la pureza de tam-tam, disolverse en la normalidad y hacerse semejante a cualquier otro partido profesional hasta en el uso del metalenguaje de laboratorio político. Entre sumar trienios y decir todo el día en las tertulias cosas como "nuestras líneas rojas" o volver a entregarse uno a las fantasías revolucionarias y a la tentación de la violencia purgante, pregúntense ustedes con qué se liga más. ¿Como diputado por Teruel o como terrible hacedor de octubres rojos? ¿Como portavoz de una comisión o como reventador de conferencias de la casta culpable? Por eso es difícil que los que ya estamos metidos en matrimonios de larga duración nos hagamos el bocadillo y la mochilita de salir a hacer revoluciones y nos presentemos en el AVE a preguntar cuál es el tren que va a la estación de Finlandia.

Sin máscaras estratégicas –sin las máscaras que sólo los muy fachas veíamos–, Podemos regresa por tanto a la anacrónica Montonera de cursis himnos y homicidas intenciones y se propone convertir el Parlamento en el contexto de un "show" parecido al que montaron en la cámara vasca los etarras institucionalizados que de pronto se levantaban para volcar un saco de cal en los escaños socialistas: esto es una idea para la próxima investidura, no me digan ustedes que no. Autoexcluyéndose del juego de contrapesos democrático, Podemos hasta hará menos traumática la abstención socialista porque el PSOE sí podrá encarnar durante la legislatura, a pesar de esta anomalía, el papel de oposición de intramuros del sistema: Iglesias rechazó el papel.

Todo esto lo entiendo. Lo que entiendo menos es la contumacia de los socialdemócratas y los distintos elementos de la "gauche-divine" que se autoengañaron para sentir pertenencia, a través de Podemos, al nacimiento de algo más puro y mejor que permitía huir de las miserias de la decadencia nacional. Pero que ahora, incluso cuando Iglesias anuncia un regreso a la radicalidad y exculpa a cualquier canalla que ejerza violencia política, siguen negando esa radicalidad y atribuyen difamaciones a los propagandistas de la casta. Para estos utópicos de Bocaccio, la vida, desde hace muchos años, consiste en aferrarse a una herramienta ideológica, provechosa para su conciencia y su narcisismo, que luego la historia les rompe. Desde la URSS hasta el Che pasando por la selva Lacandona: el turismo del ideal lo hacen ahora a los manglares de Podemos.

Hermandad de los Caballeros Legionarios de Barcelona
'Los separatistas no saben nada de Cataluña ni de su gente'
Jesús Cañadas, presidente de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona recibe a Gaceta.es en su sede. Hay un Cristo, una capilla y mucho amor a España. Todo, en la Barcelona regida por Ada Colau y en la Cataluña secesionista... Una aventura.
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 26 Octubre 2016

A Jesús Cañadas lo vimos en Madrid, en la Puerta del Sol, cuando sus hermanos legionarios de la capital gritaron el 'a mí la Legión' para defender a su fundador, Millán Astray, a quien el Ayuntamiento de Marid quiere retirar su calle. Allí estaban ellos, los miembros de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona. Situada en un amplio pero modesto local cerca de Santa Coloma, la Hermandad es punto de encuentro de antiguos legionarios, divisionarios, hombres, mujeres y "todo aquel que necesite ayuda". Así lo explica a Gaceta.es su presidente, Jesús Cañadas: "Desde la Hermandad intentamos enseñar a quien no ha podido verlo ni vivirlo cómo es la vida militar, la disciplina, el saber estar, la caballerosidad, los valores que tiene la Legión y que se están perdiendo". "¿La labor social? Al que pide ayuda, le ayudamos, ya puede ser de cualquier color, raza, religión... Aquí se intenta ayudar, si se puede, a todo el mundo".

Como prueba, en el paseo por el campo de 'maniobras' y ejercicios -un espacio abandonado hasta que cayó en manos de los antiguos legionarios- Cañadas señala un pequeño huerto ecológico. "Es para los niños discapacitados. Vienen aquí y estamos muy contentos -la Hermandad los ha hecho miembros honoríficos- y ellos también, porque después de muchas andaduras por todos esos ayuntamientos tan sociales, no les ayudaban y aquí la Hermandad los acoge". Organizan, además, recogidas de alimentos y campañas de captación de fondos para enfermedades y causas minoritarias, que no cuentan con la atención de grandes instituciones. "Durísimas para el que lo padece pero que no interesan mucho", dice Cañadas.

Lo cuenta en su despacho, lleno, como el resto de dependencias de la Hermandad -que simula un tercio legionario- de recuerdos del Ejército. No son, ni lo pretenden, una ONG. En dos minutos de paseo hemos visto un oratorio con el Cristo de la Legión; una capilla con la foto de Millán Astray y la leyenda, sobre el altar, Yo soy la verdad; banderines de la División Azul; apelaciones al Credo Legionario; banderas de España y un enérgico 'Desperta Ferro'. Paseo no apto para hispanófobos ni, seguramente, para los nuevos inquilinos del Ayuntamiento de su ciudad, de Barcelona. "¿Ada Colau? No sabe la ciudad que tiene en sus manos. Se dedica a hablar del mosaico multicultural. Multicultural... pero sin los legionarios. Le sirven todos menos los que queremos a España. A veces pienso que si triunfa el separatismo, qué van a hacer con nosotros. ¿Campos de concentración, de exterminio?".

Reconoce Jesús Cañadas que la relación con el Ayuntamiento, que quiere hacerse con el terreno en el que está la Hermandad, es tensa. "Ahora ya atacan directamente, dicen que no quieren ningún legionario en toda Cataluña. Que una señora que es, entre comillas, mi alcaldesa, se permita decir que no quiere a un colectivo... Tampoco les gusta que tengamos aquí al Cristo. El Padre Custodio [capellán de la Hermandad], cuando sale por Hospitalet tiene que ir con el Cristo y la Virgen por la acera porque le tienen prohibido procesionar con ellos por la calle". "Los españoles -lamenta- somos para ellos los de quinta clase".

Sabe, porque lo siente, que la mayoría de la ciudad quiere a la Hermandad y a los legionarios, pero no esconde la fractura social y el odio que el separatismo está llevando a las calles de Barcelona. Le preguntamos por la agresión sufrida por un miembro de la Hermandad en el Metro de Barcelona. ¿El motivo? Llevar una bandera de España. "Es el pan nuestro de cada día, al cabo del año hay muchas agresiones. Y no sólo a legionarios. Ir con la bandera o con un distintitvo de España, si tienes la mala suerte de coincidir con estos colectivos de la CUP y ERC... Como no tienen ningún problema y son siempre absueltos...".

Explica que aquel día del Metro, la policía acabó pidiendo la identificación al agredido y a unos jóvenes que salieron en su ayuda. Los agresores salieron "a sus anchas. Y nadie va a ir a buscarlos". Lo preocupante, explica, es la fractura social que este radicalismo crea. "Cuando estás en una mesa ya tienes que ver qué hablas y qué no hablas dependiendo de a quién tengas al lado. Hay quien, por miedo, en su trabajo no puede decir lo que piensa". Y, sobre las agresiones y el odio a España, lo tiene claro: "En todos lados quieren a su ejército. Cuando pasa algo, ¿quién está ? ¿Quién hay ahora en Haití? ¿Están los gandules de ERC? En el fondo no hay ni uno". Y, lo peor, señala, es el desconocimiento que, a su juicio, tienen los separatistas de la propia Cataluña. "No quieren a la bandera catalana, sino al trapo ese que no sabemos de dónde lo han sacado… La señera también nos la han quitado". Recuerda Jesús Cañadas su infancia en Barcelona. Toda, hablando en catalán, también en el colegio. "La Misa del gallo se hacía en catalán, había corales, había cultura, se quería a Cataluña y a España. Ahora, estos no saben ni lo que es una sardana, no se hace nada, sólo el ruido y las litronas. No saben nada de su pueblo y de su gente, no saben nada de la historia".

El problema, explica Jesús, es que la contracultura, la corriente del odio a España, cuenta con muchos más recursos que, por ejemplo, los de la Hermandad. "Como todas las hermandades, la nuestra se compone de gente que pasa muchas penurias, pero aún así pudimos fletar dos autobuses para ir a Madrid a defender la calle Millán Astray", explica. "El enemigo lo hace todo a base de dinero. Tienen a unas 120.000 personas prácticamente a sueldo, pero, les quitas el dinero y no va nadie". Y sigue con sus quejas: "Les hemos dejado [a los separatistas], campar a sus anchas y estamos recogiendo los frutos". De la calle Millán Astray, no lo duda. "El cambio de nombre, el correo, el censo… ¿Por qué no destinan ese dinero a ayudar a la gente? ¿Avenida de la inteligencia? -dice en referencia al nombre propuesto por el Ayuntamiento para sustituir a la calle del fundador de la Legión- ¿pero qué inteligencia, si no tienen?".
 


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