AGLI Recortes de Prensa   Sábado 29  Octubre  2016

Investidura de Rajoy: el espectáculo de la política venal
Javier Benegas. Juan M. Blanco  vozpopuli.com 29 Octubre 2016

Todo apunta a que hoy sábado, Mariano Rajoy obtendrá la investidura como presidente del gobierno, con la abstención del PSOE. Ahora que, en mayor o menor medida, hay tres grandes partidos implicados, sería el momento oportuno para acometer las reformas que España necesita, unos cambios que distan de ser sencillos pues encontrarían enormes resistencias de grupos poderosos e influyentes. Las reformas requerirían, por ello, mucha valentía, arrojo, principios, generosidad y visión de futuro. Desgraciadamente, ni la forma ni el fondo del debate de investidura incitan al optimismo. Rajoy y Pablo Iglesias se erigieron como los dos grandes protagonistas. Y con ellos, el espectáculo de la confrontación, de la política venal, eclipsó el necesario acuerdo en pos del bien común, liquidando la razón.

Es cierto, o lo ha parecido, que Rajoy ganó a Iglesias, incluso, en argot pugilístico, lanzó algún que otro croché a la mandíbula del rival provocando su tambaleo. Sin embargo, los mejores momentos del candidato no provenían de ideas profundas, claras, ilusionantes sino de su proverbial socarronería. Humor y sorna bien administrados para entretenimiento del gran público, para satisfacción de los amantes de la polémica, de informadores en busca del titular sensacional. Así, de Iglesias sólo se recordará su calificación de “delincuentes potenciales” a todos los miembros de la cámara, de Rajoy su disposición a prestar su tractor o de Rafael Hernando los “cuatro millones de dólares” que arrojó a la cabeza de Iglesias. De Albert Rivera sólo ese “¡qué capullo, vaya gilipollas!” proferido en un arrebato. Y de un tal Joan Tardá su creencia de estar todavía en el siglo XX, como si acabaran de descongelarlo tras una larga criogenia.

Sea como fuere, Mariano ganó, pero Pablo obtuvo lo que buscaba: relevancia. Logró que el candidato a presidente se empleara a fondo contra él, que echara mano de todos sus recursos. Como un luchador de judo, usó hábilmente ese empeño en su propio beneficio. Así, cuanto más se esforzaba Rajoy, más relevancia ganaba Iglesias. Desde este punto de vista, el líder de Podemos ha logrado su objetivo: convertirse de facto en el jefe de la oposición, pasando por encima del cuerpo de un PSOE descabezado. Pero también ganó Rajoy, porque polariza el debate contra un adversario al que cree haber tomado la medida. Es el triunfo de la confrontación donde prima el espectáculo, la gresca, el teatral antagonismo… y desaparecen las ideas.
Una teatral disputa barriobajera

Por más que se insista en que todo está cambiando, que asistimos a un momento histórico lleno de peligros pero también de oportunidades, en realidad continuamos como siempre. Y no nos referimos a la impostada dicotomía izquierda-derecha, donde unos convierten la palabra “progreso” en un fetiche con cualidades intangibles mientras otros adoptan el papel de protectores de la nación, para que, al final, todos se lancen en plancha para atrapar un gran pedazo de la tarta del presupuesto. Nadie parece caer en la cuenta de que un discurso de investidura no puede basarse en generalidades, en buenos propósitos. Tampoco en la enumeración de logros pasados o en la burda contraposición de una supuesta seguridad frente al amenazante peligro, sino en la exposición clara de la política que se va a aplicar en el futuro. El candidato debe pedir el voto con propuestas concretas y detalladas. No basta pregonar que nos jugamos mucho, que es urgente asegurar el futuro: hay que explicar con profundidad cómo se pretende lograr. Es ridículo afirmar que hay que cuadrar las cuentas y, a continuación, no detallar el método, escudándose en que todo depende de cómo evolucione la recaudación a lo largo del año. Si el candidato tiene un plan, debe exponerlo minuciosamente; aunque lo más probable es que no lo tenga.

Desgraciadamente, mucho prometer y prometo, buenos propósitos y aparente sensatez por parte de una de las bandas; y mucho referéndum, revolución, mucha democracia asamblearia y viaje a Ítaca en patera, por el otro. Pero todo humo. Espeso, de colores, espectacular, pero humo al fin y al cabo. Disputas barriobajeras, puñetazos y patadas dignas de una película de Bruce Lee, pero discursos sin concreción alguna. Escasez absoluta de ideas en unos personajes que probablemente carecen de capacidad para regentar una modesta panadería sin llevarla a la quiebra.

Los problemas de España son muchos y muy graves, y sus soluciones ni son sencillas ni tienen efecto inmediato. Pero esto no significa que debamos claudicar y solazarnos con espectáculos tan vacuos y lamentables como el descrito. Investir a un presidente y tener gobierno no es en sí lo fundamental. Lo importante es el plan, la política, las medidas. No es tiempo de generalidades, tampoco de hipérboles jactanciosas, menos aún de distraer al personal con reyertas de salón. Hay que dar un giro copernicano a la política porque España se nos va por el sumidero. Hemos evolucionado, de manera increíblemente veloz, hacia un sistema cerrado, marcado por los privilegios, el intercambio de favores, la discriminación. Nos hemos alejado de la igualdad ante la ley, de la selección óptima basada en el mérito y el esfuerzo, de la sana competencia y la eficaz cooperación. Los españoles vivimos bajo la bota de los intereses grupales, donde lo importante no es lo que eres sino al grupo al que perteneces, el partido al que estás afiliado o la facción en que militas. En definitiva, lo que marca nuestro destino no es lo que cada cual conoce... sino a quien conoce.
La preponderancia de los grupos de presión

Con independencia de su signo, los gobiernos en España han tendido a favorecer los intereses de determinados grupos de presión más que los de la sociedad en su conjunto. Mancur Olson mostró que la política tendía a ser capturada por colectivos minoritarios porque es relativamente menos costoso, y más rentable, organizar pequeños grupos de intereses para capturar privilegios que organizar grandes asociaciones en pos del bien común. Pero el caso español es sin duda excepcional por la intensidad, por la facilidad y rapidez con que grupos y facciones se han adueñado del poder político, sin apenas resistencia. Quizá, el hecho diferencial es que muchos de estos grupos sean internos a la política, no externos como planteaba Olson. Sea como fuere, este fenómeno se ha reflejado en una legislación complejísima, prolija, repleta de excepciones, dirigida a satisfacer a colectivos concretos. Unas leyes tan abundantes y enrevesadas que pueden interpretarse de manera torticera, del derecho o del revés, para conceder favores sin que se note.

Se explican así la sobreabundancia de subvenciones, las leyes fiscales con infinidad de recovecos y, lo peor, las regulaciones abusivas que generan mercados cautivos, enormes ineficiencias y la progresiva reducción de la riqueza. El verdadero problema de España no son las pensiones, el déficit desbocado o la posibilidad de una fractura territorial. Porque todos ellos son consecuencia de un sistema político sin adecuados controles y contrapesos, que conduce a una preponderancia desmesurada de unos partidos fuera de control, con fuerte sesgo hacia los intereses de sus cúpulas. Enfermedad que ha evolucionado con especial virulencia en un sistema autonómico diseñado pésimamente, siempre en favor de caciques y oligarquías locales, con una distribución de competencias que jamás atendió a razones de eficiencia, o a las necesidades de los ciudadanos, sino a la descarnada conveniencia partidaria.

Pero es que, además, tras descubrir que es más fácil mantenerse en el poder dividiendo a la sociedad en rebaños, en facciones, otorgando ventajas, prebendas, distintos "derechos" a cada una de las “tribus”, los gobernantes se han dedicado a fomentar esta inherente dinámica grupal. Es sencillo de entender; la política de creación de clientelas favorece el voto cautivo. Y de ahí todo lo demás: el creciente paternalismo estatal, la infantilización de la sociedad, la paulatina desaparición de la responsabilidad individual y la convicción de que, hoy día, un hombre solo no vale nada.
No necesitamos más leyes

En el actual estado de degradación, las genuinas reformas implicarían enormes beneficios para la sociedad. Pero resulta muy difícil acometerlas, mucho más si se intenta abordar cada cambio por separado. El statu quo ha devenido en un complejo equilibrio de alianzas, con fuerte inercia y enorme resistencia al cambio, donde cada grupo se resiste con uñas y dientes, ejerciendo enorme presión para conservar sus privilegios. Por contra, el apoyo ciudadano tiende a ser débil, no sólo porque los beneficios de cada medida se reparten entre muchísimas personas; también porque las ganancias sociales tardan cierto tiempo en materializarse. Y un gobernante cortoplacista jamás se enfrentará a los grupos de presión para impulsar reformas cuyos resultados no se verán hasta que pase cierto tiempo.

Por ello, el próximo gobierno debería exponer un programa de reformas, proporcionando toda la información necesaria sobre los cambios y las consecuencias previstas. Y presentar todas las transformaciones en un mismo lote, algo que no implicaría elaborar nuevas leyes sino, al contrario, abolir decenas de miles de excepciones que sostienen los privilegios. Pocas leyes, claras, sencillas, conocidas e iguales para todos. La opinión pública debe percibir que hay mucho que ganar con estas reformas, aunque haya que esperar para recoger los frutos. Y que el gobierno está dispuesto a seguir adelante por mucho que trinen los grupos privilegiados, sean éstos empresarios, asociaciones, cazadores de subvenciones u oligarquías regionales: al fin y al cabo, si tienen paciencia, también se beneficiarán de la mejora general.

España necesita un verdadero cambio de rumbo, desde el acuerdo, no desde la confrontación, con generosidad, valentía y visión de futuro. Desgraciadamente, la investidura de Rajoy no parece conducir precisamente por ese camino a juzgar por esa discusión propia de barra de bar, de corrala de vecinos, de trifulca futbolera... o de cerebros a medio descongelar.

Las reformas que ya no se harán
Fernando Díaz Villanueva  vozpopuli.com 29 Octubre 2016

Rajoy será investido finalmente tras una prórroga de casi un año. Pero ahora es distinto, ahora pende de una frágil y exigua mayoría parlamentaria. Los 137 escaños propios de los que dispone no puede siquiera convertirlos en mayoría absoluta con el concurso de un segundo partido, ya que con los 32 diputados de Ciudadanos no le llega ni para pasar una simple ley orgánica. Va a gobernar con la lengua fuera, sometido a infinidad de presiones y con la espada de Damocles de la moción de censura siempre balanceándose sobre su cabeza.

Tal vez hubiese firmado por algo así hace ocho años, cuando no consiguió ganar a los socialistas las elecciones de marzo de 2008, pero no hoy. Rajoy se ha malacostumbrado después de cinco años de mayoría absoluta y de otros tantos de dominio total de ayuntamientos y comunidades autónomas. Esa primacía sobre todos los demás le hubiese permitido –de haberlo querido, claro– abrir al enfermo en canal y tratar con mayor o menor fortuna todas sus dolencias. Pero no lo hizo y hoy, un lustro después de la salida del Gobierno de aquella calamidad conocida como José Luis Rodríguez Zapatero, la casa sigue sin barrer o, mejor dicho, se ha barrido pero mal y a medias.

De todo lo que Mariano tenía pendiente de hacer en 2012 no ha hecho prácticamente nada más allá de entregar el poder con todos sus avíos a la vicepresidenta y el hatajo de abogados del Estado, limitados para todo menos para enredar, que la acompaña hasta al váter. Queda, por ejemplo, profundizar en la reforma laboral para que nuestro mercado de trabajo quede definitivamente homologado con el de los países ricos y no con los del tercer mundo, como ha venido siendo desde que los camisas azules de Falange decidieron regular hasta la última coma de las relaciones laborales.

Queda resolver el asunto de los autónomos, que en España son auténticos siervos de la gleba atados no a la tierra, pero si a las liquidaciones trimestrales del IVA y a las inspecciones arbitrarias de Hacienda. Queda hacer un abracadabrante ajuste presupuestario porque en este año tirado a la basura el Estado ha seguido gastando como si el dinero se recogiese de los árboles. Y queda hacerlo por la vía del gasto y no del ingreso, que es lo primero que se les ocurrirá a los lumbreras de la oficina económica de la Presidencia. Queda cuadrar el déficit público, desbocado por enésimo año consecutivo, dejar de emitir deuda como ludópatas y practicar una terapéutica sangría en una administración pública que ha vuelto a inflamarse al calorcito de la tímida recuperación económica.

Queda también resolver, o al menos encauzar, el tema de Cataluña, que sigue ahí sin que nadie desde el Gobierno diga esta boca es mía, como si se fuese a solucionar solo confiando en que el día del anunciado referéndum no amanezca. Lo de Cataluña urge, pero no lo perciben así en Moncloa. En estos últimos cinco años Rajoy solo ha tenido prisa para ver los partidos de fútbol y para correr al BCE a que le solucionasen la papeleta de la prima de riesgo, ni siquiera para ser investido una segunda vez sabedor de que era o él o nuevas elecciones.

Todo este atroz inmovilismo gozando de una cómoda mayoría absoluta y con el país en sus manos. ¿Qué nos espera ahora que ya no podrá dilatar las decisiones sine die? Probablemente nos aguarde un espectáculo continuo de cesiones como la que vimos esta misma semana a cuento de la reválida. A poco que se lo proponga, la oposición podrá gobernar de facto. Por dos simples razones: la primera porque tiene suficientes diputados en las Cortes, la segunda porque el presidente del Gobierno carece de una sola idea en la cabeza a excepción de la de ocupar el despacho de presidente del Gobierno. En cierto modo entra dentro de la lógica mental de un registrador, que se limita a estampar su firma –y cobrar– sobre lo que otros han contratado. La oposición, es decir, la parte contratante, podría terminar llamándose Podemos, así que componga usted el resto.

El gran drama de la derecha en España es el de esa sobreabundancia de infames elementos como Rajoy o Soraya, hijos, nietos y biznietos de funcionarios, dados a mascar venganzas y miserias en las covachas de la administración, seres con las luces justas para aprobar una oposición con el preparador pagado por papá y para poco más. En la derecha española no hay nada parecido a grandes reformadores como Reagan, Thatcher o Adenauer, aquí se conforma con el usufructo del poder y el culto al BOE. Para pensar ya están los de enfrente.

Gobierno, sí, pero no a cualquier precio
EDITORIAL Libertad Digital 29 Octubre 2016

España inicia ahora una nueva etapa política con un Gobierno en minoría del PP, presidido de nuevo por Mariano Rajoy, que precisará de pactos y acuerdos con otras formaciones, incluido el PSOE, para poder aprobar nuevas leyes y medidas económicas. Sin embargo, a la vista de las intervenciones que se han sucedido en el debate de investidura, todo apunta a que el futuro Ejecutivo aumentará todavía más el gasto público y los impuestos, incidiendo así en los graves errores cometidos en el pasado, al tiempo que se frenan e incluso derogan ciertas reformas que han sido positivas para la economía, perjudicando con ello al conjunto de los españoles.

Es evidente que España necesita un Gobierno para superar de una vez la etapa de parálisis institucional y política que sufre el país desde el pasado mes de diciembre, pero no vale un Gobierno cualquiera. Si PP y PSOE, con o sin la ayuda de Ciudadanos, pactan medidas contraproducentes para el interés general de la población, de poco o nada valdrá la formación de un nuevo Ejecutivo. A este respecto, conviene recordar que, a diferencia de los malos presagios que aventuraban algunos, la ausencia de un Gobierno con plenos poderes durante estos diez meses no ha supuesto ninguna hecatombe, más bien al contrario. La economía española ha seguido creciendo a buen ritmo, cerca del 3% interanual, al tiempo que la creación de empleo ha mantenido su marcha, sumando más de 400.000 nuevos ocupados en lo que va de año.

El tiempo ha demostrado, por tanto, que la tan cacareada urgencia no era más que una excusa empleada por los distintos partidos políticos para lograr el poder en una u otra dirección. La economía nacional ha seguido funcionando a pleno rendimiento bajo un Gobierno en funciones, cuya capacidad para aprobar medidas está fuertemente restringida, lo cual evidencia, una vez más, que la creación de riqueza y empleo depende de las empresas y familias, no del poder político.

Así pues, lo primero que tiene que hacer el nuevo Gobierno es estorbar lo menos posible. Lo último que necesita el país es una nueva ronda de despilfarros públicos y aumentos de gasto inútiles e ineficientes para volver a justificar sangrantes y abusivas subidas de impuestos a empresas y hogares que ya han sufrido con notable intensidad la voracidad fiscal de los distintos gobiernos a lo largo de los últimos años.

Son muchos lo retos e importantes las reformas que todavía precisa España para poder salir cuanto antes de la crisis y garantizar una sólida senda de desarrollo a medio y largo plazo. Los partidos constitucionalistas deberían aprovechar esta nueva etapa para acordar grandes pactos de Estado en materias clave como las pensiones o las Administraciones Públicas, pero no para apuntalar los errores del pasado, sino para transitar hacia nuevos modelos mucho más eficientes y sostenibles financieramente, tal y como ya ha sucedido en numerosos países europeos.

Si el consenso político, por el contrario, significa más de lo mismo, solo que peor, apostando claramente por elevar el gasto público pese a que el déficit ronda el 5% del PIB y la deuda supera el 100%; por disparar los impuestos siendo ya la carga fiscal una de las más onerosas de la UE, o reducir la necesaria flexibilidad económica, siendo ésta ya de por sí escasa, la formación de Gobierno hará un flaco favor a los españoles. Si eso es lo que depara esta nueva etapa política, mejor habría sido seguir con un Gobierno limitado y en funciones hasta convocar unas nuevas elecciones.

El peligro de poner en duda los pilares de la democracia
EDITORIAL El Mundo 29 Octubre 2016

Mientras los diputados se encuentren reunidos para elegir a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, una manifestación convocada del partido radical Izquierda Castellana bajo el lema Contra el golpe de la mafia, recorrerá algunas calles de Madrid, tras partir de la plaza de Neptuno, a unos centenares de metros de la sede del Congreso. Izquierda Castellana es una formación que se engloba dentro la denominada Coordinadora 25-S que organizó la movilización Rodea el Congreso el 25 de septiembre de 2012.

La protesta cuenta con la preceptiva autorización de la Delegación del Gobierno de Madrid. Es, por tanto, perfectamente legal; una expresión más de la libertad de reunión y de manifestación de los españoles consagradas en la Constitución. Desde este periódico siempre defenderemos escrupulosamente esa libertad esencial en una democracia, siempre que esas protestas se realicen dentro de la legalidad.

Pero eso no es impedimento para que critiquemos los motivos aducidos para la convocatoria y la oportunidad de la misma. Los propios organizadores explicaban a la Delegación del Gobierno al solicitar el permiso para la manifestación que la "comunicación no ha podido hacerse anteriormente por no conocer la hora y día de la celebración de la segunda sesión de investidura del Sr. Mariano Rajoy como presidente del Gobierno español", que es "precisamente el objeto de esta movilización ciudadana". Se trata, pues, de una intimidación explícita ante un acto fundamental de la vida democrática como es la elección de un presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, única sede de la soberanía popular.

Por eso, comparar ese ejercicio propio del Estado de Derecho con un golpe mafioso, como preconizan los organizadores de la protesta, es un sinsentido absoluto que tiene como objetivo cuestionar la legitimidad de la democracia representativa. Calificar de "ilegítima" la investidura de Rajoy, invocando una "soberanía como pueblo" que la "oligarquía" pretende arrebatar, no es una cuestión banal. Es, sin más, poner en duda los pilares de la democracia.

Se trata de un intento de confundir a los ciudadanos que concuerda con el discurso de la izquierda política radical que representa Unidos Podemos. Pablo Iglesias dijo exactamente lo mismo cuando contestó a la presidenta del Congreso, el pasado jueves, que no quería desdecirse de sus acusaciones sobre los "delincuentes potenciales" que había en el Hemiciclo: "Me debo al honor de mi patria y de los ciudadanos, no al honor de la Cámara". Efectivamente, Iglesias se debe a los ciudadanos, pero porque éstos le han elegido para que les represente en el Congreso. Sin esta condición -sin el voto de los españoles-, el intento de arrogarse una supuesta representatividad ante la "patria" asemeja los postulados del líder de Podemos a los regímenes dictatoriales y lo aleja de las democracias parlamentarias.

Unidos Podemos ha repetido estos días que no organiza oficialmente la manifestación. Pero no hay que ser ingenuo para dejar de subrayar las coincidencias que hay entre algunos convocantes y esa formación. Además de Izquierda Castellana, que acudió a las últimas elecciones integrada en Podemos, otras asociaciones que están en la convocatoria como Anticapitalistas, Coordinadora 25-S, Confluencia o Desborda Madrid se han manifestado en multitud de ocasiones anteriores a favor de Unidos Podemos.

Las relaciones son, pues, muy estrechas. El líder de Izquierda Unida y diputado, Alberto Garzón, ha confirmado su presencia en la manifestación. Pablo Iglesias ha insinuado que se acercará a saludar a los manifestantes, pero no participará en la protesta para dejar el "protagonismo a la gente".

Iglesias, como los demás parlamentarios, está en su derecho de manifestarse esta tarde, pero es una tremenda incongruencia que un diputado elegido democráticamente por los ciudadanos aliente y participe en actos de protesta cuyo fin es, directamente, deslegitimar el Estado de Derecho y cuestionar lo que presenta el Congreso.

Por eso, no estamos de acuerdo en que el apoyo o la presencia de dirigentes de Unidos Podemos en la protesta Contra el golpe la mafia, democraciasea un mero simbolismo. Trasluce esa intención totalitaria de la izquierda radical y antisistema. Porque la "gente" expresa su voluntad política en las elecciones. Y el resultado de las mismas se plasma en la composición del Congreso. Intentar subvertir esta realidad sí es golpear a la democracia.

No hay libertad de voto
El autor reflexiona sobre la cuestión de si el PSOE se abstendrá o no en bloque en la investidura de Mariano Rajoy
Apunta que el deber de los parlamentarios socialistas es acatar las decisiones de su partido
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 29 Octubre 2016

En la segunda votación que se celebra el sábado para lograr la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, se plantea la duda de si los diputados del PSOE se abstendrán en bloque o, por contrario, sólo lo hará un número determinado de miembros del grupo parlamentario. La cuestión no es baladí pues aunque los que se abstengan sean los suficientes para que el candidato obtenga la mayoría simple, si el número de los que voten "no" es superior a 20 se habrá producido entonces el temido sorpasso, porque Podemos pasaría a ser el grupo más extenso en el Congreso y, por tanto, Pablo Iglesias, se convertiría en el jefe de la oposición.

Si se quiere evitar esta desgracia nacional que tendría como consecuencia la desaparición a corto plazo del PSOE, uno de los pilares de nuestro régimen democrático, los recalcitrantes del grupo parlamentario socialista deben recapacitar seriamente sobre su voto y, por si les sirve de algo, voy a exponer brevemente las tres fases que ha conocido la representación política.

La primera trascurre desde la creación de los primeros Parlamentos, en Gran Bretaña, Francia o España, hasta la llegada de la Revolución francesa. En dicho periodo los representantes que eran convocados a las asambleas por el monarca, tenían una representación parecida a la que es propia del Derecho Privado y también de algunas órdenes religiosas. Esto es, representaban a los que les habían elegido, teniendo que seguir sus instrucciones al pie de la letra y, en caso de no cumplir con lo establecido, se les podía revocar.

La segunda fase comienza con las revoluciones americana y francesa, pudiéndose afirmar así que en los parlamentos que surgen en esa época, además del británico, los representantes ya no están sujetos a la voluntad de quienes los habían elegido, sino que representaban a toda la Nación. Es más: a partir de entonces los representantes no pueden estar sujetos a los dictados de la voluntad de los representados, es decir, entra en juego la prohibición del mandato imperativo. En este caso, la representación ya no tiene un carácter privado o personal, sino eminentemente público, por lo que desaparecen los rasgos clásicos de la representación tal y como se habían conocido hasta entonces.

Finalmente, la tercera fase comienza aproximadamente a mediados del siglo XIX, cuando el principio de la representación política se convierte en un factor legitimador del Estado democrático de Derecho. En otras palabras, esto sucede cuando concurren tres condiciones: cuando existen ya partidos políticos destinados a facilitar la elección de los parlamentarios; cuando hay unas elecciones periódicas y existe un pluralismo político que permite elegir entre diversas opciones; y cuando el sufragio, en fechas diferentes según los países, se convierte en universal, incluidas las mujeres. En este contexto, el concepto de representación posee un carácter doble: por una parte, seguía teniendo una significación pública, pues los elegidos representaban a la Nación. Pero, al mismo tiempo, se puede hablar también de una representación "ideológica", porque con la creación de los partidos políticos, los parlamentarios tenían que representar a los representados que los habían elegido por ser de un determinado partido o porque se identificaban con un programa electoral o ideología.

Pues bien, la crisis actual de la democracia se debe a que esta dualidad de significaciones -la representativa y la ideológica-, no ha permitido que se haya impuesto una sobre la otra. Por consiguiente, esta coexistencia pone de manifiesto que ninguna de esas dos significaciones, por sí solas, sean hoy suficientes. La primera porque la aparición de un intermediario -el partido político- desvirtúa la relación abstracta entre los representantes y los representados que constituían la Nación. Y la segunda, es decir, la que hemos llamado representación ideológica, porque los partidos políticos han entrado en crisis al ser endogámicos y oligárquicos en general, estando controlados por un escaso número de personas, sin influencia de las bases.

Por lo tanto, la crisis de la representación política se debe fundamentalmente, en mi opinión, a que el vínculo que debe unir a los representados con los representantes, esto es, el idem sentire que los unifica y que es el requisito que legitima la representación, no funciona en muchas ocasiones. No es extraño así que el Movimiento que surge en España el 15-M de 2011 adoptase como slogan fundamental el de: "No nos representan". La desafección de los ciudadanos que existe hoy respecto de la política se debe en gran parte al descrédito y a la ineficacia de los partidos políticos. Sin embargo, en las actuales sociedades de masas, la única manera -por ahora- de que los ciudadanos se sientan partícipes en la gobernación del país pasa fundamentalmente por los partidos políticos.

Sea lo que sea, el partido aparece como el único medio para conseguir los deseos de los representados. Pero para ello es necesario que se den varias condiciones: que el partido sea democrático, esto es, que los militantes y simpatizantes puedan participar en la elección de los cargos y en la definición de los objetivos que se deben perseguir; que exista en el partido una total transparencia de cómo se toman las decisiones; que los militantes participen en los debates que se susciten; que se conozcan los sueldos de los dirigentes y las formas de financiación de las actividades del partido; y, por último, que el partido tenga un determinado ideario, que en cada elección, se plasme en un programa electoral al que debe sujetarse, so pena de traicionar a su electorado, a no ser que surjan elementos graves imprevistos.

Por lo demás, nuestra Constitución se elabora en un momento en que ni se ha desterrado el principio representativo liberal-burgués, ni tampoco se ha afianzado todavía el principio ideológico en lo que se refiere a su proyección sobre la representación. Es evidente, por tanto, que se va a reflejar en ella una ambigüedad, que también será visible en la jurisprudencia constitucional. Es claro que el concepto clásico de la representación está presente en el artículo 1.2 CE que reconoce la soberanía nacional, en el 66.1 que manifiesta la idea de la representación nacional y, sobre todo, en el 67.2 que prohíbe taxativamente que los miembros de las Cortes Generales estén ligados por "mandato imperativo". De ello se deduce, en una primera lectura, que los parlamentarios representan todos al tiempo y cada uno en particular a toda la Nación, que no hay intermediarios entre ellos y el Parlamento, y que, finalmente, los representantes no están sujetos a ningún mandato ni disciplina alguna. Hasta aquí nos movemos en la más pura esencia de la teoría clásica de la representación y, por consiguiente, cada escaño pertenece al elegido, al que nadie puede revocar.

Pero, por otro lado, existen también claros indicios de que la nueva concepción de la representación, basada en los partidos, es decir, la ideológica, se ha colado también de rondón en nuestra Constitución. En efecto, el artículo 6 indica que los partidos "expresan el pluralismo político, concurren a la formación y la manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política". Se entiende, pues, que sin ellos no se puede participar en las decisiones del Estado, lo que aclara aún más el artículo 23, puesto que se señala que "los ciudadanos tienen el derecho de participar en los asuntos públicos directamente o por medio de representantes libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal". Queda claro que al margen de la forma directa de participación, sólo se puede participar por medio de representantes, los cuales, como indica el artículo 6, deben pertenecer a partidos políticos.

Por consiguiente, en esta segunda perspectiva, nuestra Constitución adopta la forma moderna de la representación basada en la participación por medio de los partidos políticos. De este modo, están presentes las dos concepciones que hemos señalado, por lo que esta bipolaridad, no exenta de ambivalencia, de la Norma fundamental va a pasar también a la legislación que la desarrolla y, ciertamente, a la propia jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

Se afirma con frecuencia que los parlamentarios son independientes porque representan, en conjunto y por separado, a la soberanía nacional y que lógicamente la nación no puede obedecer órdenes. Razonamiento que, en el caso español, es consecuencia de la posición que adoptó el Tribunal Constitucional, afirmando que el escaño pertenece al representante y no al partido por el que fue elegido. Sin embargo, en la práctica sigue existiendo el mandato imperativo si consideramos que son los aparatos de los partidos los que obligan a la obediencia. De ahí que se pueda mantener que, en España, la verdadera lucha electoral no se realiza ante las urnas, sino en las sedes de los partidos en donde se producen conspiraciones de todo tipo para situarse en las listas en puestos que puedan salir.

Por otro lado, en lo que se refiere al funcionamiento de las cámaras hay que señalar que la realidad demuestra que el artículo 67.2 CE es un absoluto eufemismo. Las cámaras únicamente pueden llevar a cabo su función mediante la organización de diversos grupos parlamentarios que, normalmente, se identifican con partidos. La distribución de los cargos de las mesas, las juntas de portavoces, las comisiones especializadas se forman escrupulosamente atendiendo al resultado de las elecciones, con el fin de respetar la relación de fuerza entre los distintos partidos políticos. Es más: según los respectivos reglamentos de las cámaras, la utilización del voto secreto sólo se permite en casos muy concretos, siendo lo normal, por el contrario, el voto público. Esto es, en las votaciones está siempre presente la exigencia de la disciplina del partido, ya que si el voto fuese siempre secreto en el proceso legislativo, es decir, atendiendo únicamente el parlamentario a su conciencia, como ocurre en el supuesto teórico del mandato representativo, las cámaras no podrían funcionar. La consecuencia de todo lo que vengo diciendo es muy sencilla: aunque el elegido es formalmente una persona, de hecho a quien se ha elegido es a un partido, el cual, necesariamente y por coherencia, se verá impelido a actuar como representante del sector social que le otorgó su confianza y no sólo como portavoz de los intereses del conjunto de la nación.

En otras palabras: estamos ante lo que hemos denominado "mandato ideológico". Esta concepción de la representación es la que debe prevalecer en la interpretación de nuestra Constitución, mejor que la tradicional del mandato representativo. La fórmula del artículo 67.2 se convierte así en una fórmula vacía que se viene arrastrando en el Derecho Constitucional mundial, incluso con independencia de los regímenes políticos en que da lugar cada constitución. Baste para comprobar esta inercia histórica y doctrinal el hecho de que la Ley de Cortes del régimen franquista incluía también en su artículo 2.II, la prohibición del mandato imperativo, precisamente en una Cámara que era totalmente corporativa. En otras palabras, si cada parlamentario no representa más que a la nación, podría cambiar de un grupo a otro, ya que en todos se representa a lo mismo, lo cual convertiría a las cámaras en auténticas jaulas de grillos.

En definitiva, los miembros del grupo parlamentario socialista no tienen esta tarde más opción que la de abstenerse, porque así lo ha decidido el partido y porque así lo exigen los estatutos del PSOE. Efectivamente, por un lado, el artículo 11.3.a señala que es deber de los militantes "acatar las resoluciones, directrices e instrucciones que en el ejercicio de su competencia dicten los órganos del partido" y, por otro, el artículo 78 expone que "en todos los casos, las personas miembros del grupo parlamentario federal están sujetas a la unidad de actuación y disciplina de voto". En consecuencia, aquí no vale ningún tipo de objeción de conciencia, o se acepta lo que han decidido los órganos del partido o se renuncia al acta, sabiendo que se está contribuyendo a la autodestrucción de su partido.
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Jorge de Esteban es catedrático de Derecho constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La primavera húngara de 2016
Óscar Elía gaceta.es 29 Octubre 2016

Hay tres ideas que han constituido durante siglos, principios sagrados para Europa. Las tres son hoy destruídas desde la Unión Europea.

La Revolución Húngara de 1956, de la que estos días se cumplen cinco décadas, y que fue sofocada a sangre y fuego por el Ejército Rojo fue iniciada por intelectuales, escritores y estudiantes: cansados de soportar la manipulación propagandística, la lengua de madera, el discurso de la mentira emanado de Moscú y la verdad oficial del régimen comunista iniciaron un levantamiento popular que acabó en derramamiento de sangre y en derrota de los insurrectos. Pero que mostró a quien quisiese mirar la verdadera naturaleza de las “democracias populares”, cuya primera característica era la manipulación del lenguaje denunciada por escritores, profesores y estudiantes.

Cincuenta años después del famoso discurso de Péter Veres en Budapest, la primavera húngara de 2016 -la revuelta contra las instituciones comunitarias- se basa en el mismo rechazo a la mentira, a la manipulación del lenguaje, a la ocultación de lo real. Las palabras de Viktor Orbán el pasado mes de marzo, convertidas en discurso oficial del Gobierno, no se refieren a intereses o a preferencias políticas, sino intelectuales, incluso morales: “En Europa está prohibido decir la verdad” sobre los refugiados, sobre la inmigración, sobre la cultura europea, sobre su religión.

“Si no nos resignamos, nuestro destino estará marcado”, advierte Orbán. Y los húngaros, en efecto, no se resignan. La revuelta de Budapest contra las autoridades de la Unión Europea se basa en tres aspectos políticos esenciales: la soberanía nacional, el derecho y el deber de cada gobierno de velar por la seguridad de sus ciudadanos; la defensa de la nación como el ámbito cultural e histórico donde el ser humano se realiza en libertad; y por fin, la defensa de los valores humanistas que alumbraron Europa hace siglos, que la han hecho grande y libre, y que constituyen el alma de sus naciones: la cultura judeocristiana.

Las tres ideas han constituido durante siglos, principios sagrados para Europa; las tres son hoy destruídas desde la Unión Europea. En su carrera por construir una cultura de mínimos sobre la que legitimarse, la UE ataca hoy con saña los valores culturales y morales europeos, impulsando el multiculturalismo, la ideología de género, el relativismo. Para ello, disuelve las fronteras, erosiona las naciones, busca alcanzar directamente el sentir y el pensar de los ciudadanos, por encima de sus parlamentarios o sus gobiernos. Al hacerlo, en fin, erosiona la autoridad de los Estados, les impone deberes bajo pena de sanción, y aspira a hacerse cargo de las funciones básicas que corresponden a cada nación, empezando por la seguridad nacional. El resultado de décadas de huída hacia adelante está hoy sobre la mesa: el abandono de Reino Unido y la fractura del continente.

La Primavera Húngara de 2016, a diferencia de la de 1956, no se dirige contra el totalitarismo duro, el de las divisiones mecanizadas y la policía secreta, sino contra un totalitarismo blando: el de la corrección política, que oculta lo real y lo sustituye por lo ideológico, y que censura y ataca a quienes le lleven la contraria a través de la burocracia implacable y despótica que emana de las instituciones comunitarias.

Las viejas potencias europeas han sucumbido a este totalitarismo blando: Alemania y Francia, pugnan por liderar las instituciones comunitarias, empujándola hacia adelante sin reparar en las consecuencias históricas, políticas, morales. Los países nórdicos, sumergidos durante décadas en una suerte de “comunismo democrático”, ven en la UE una continuidad natural. Por fin, un tercer grupo de países se limitan a seguir, con pasividad o entusiasmo, las órdenes que emanan de Bruselas, incapaces de ir más allá. En este “europeísmo mostrenco” destaca España: sin valor ni valores, sin intereses ni principios, con un gobierno u otro, nuestro país participa aborregado de este camino de servidumbre.

A cambio, los húngaros no están solos. De nuevo les acompañan los mismos países que periódicamente se levantaban contra el totalitarismo soviético. Polonia, la República Checa y Eslovaquia, agrupados en el grupo de Visegrado, constituyen una comunidad de valores morales, principios políticos y visión estratégica, que son los genuinamente europeos. Esta “Nueva Europa” tiene una oportunidad de triunfar: la falta de valores y de principios de las viejas potencias del oeste impide a la UE generar verdaderas y sinceras adhesiones, lo que se traduce en su impotencia para llevar a cabo empresas realmente ambiciosas. A su vez, el relativismo y la falta de valore en la UE divide a sus socios. Así las cosas, el grupo de Visegrado es la única alternativa existente, viable y real a la deriva decadente de Europa que dirige la Unión Europea.

Las declaraciones que enfurecen al separatismo
Vargas Llosa: 'Cataluña independiente sería un paisito marginal'
El premio Nobel cree que el "secesionismo no se saldrá con la suya" y censura que "gracias al control de la educación los gobiernos nacionalistas hayan ido fabricando a base de mentiras históricas un movimiento que hoy día es una realidad muy peligrosa".
Gaceta.es  29 Octubre 2016

El premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa ha considerado que una hipotética Cañaluña independiente de España se convertiría en "un paisito muy marginal y gobernado por fanáticos".

En una entrevista concedida a la agencia alemana DPA con motivo de la presentación de la traducción al alemán de su última novela, "Cinco esquinas'. Vargas Llosa ha asegurado que el secesionismo "no se saldrá con la suya". "No creo que vaya a materializarse la ruptura. El nacionalismo es un anacronismo. Justamente en esta época, justamente en Europa, dónde se está construyendo una Europa sin fronteras”.

El escritor, que ya tildó el rupturismo de "ficción maligna profundamente irracional" y aseguró que era producto del "tribalismo", ha enmarcado el separatismo en el seno de otros movimientos de resistencia a la integración europea. "La idea de una revolución tan grande como es la integración europea hace que la llamada de la tribu sea muy fuerte y surjan esos movimientos nacionalistas, que son creaciones muy artificiales, apelando a los peores instintos, apelando a la demagogia.

Además ha asegurado que "gracias a la autonomía y al control de la educación, los gobiernos nacionalistas han ido fabricando a base de mentiras históricas fundamentalmente un movimiento que hoy día es una realidad muy peligrosa para el futuro no sólo de España, sino de la propia Cataluña”.

Cabe recordar que Vargas Llosa, uno de los firmantes del manifiesto presentado por Libres e Iguales en el que pedían a los partidos constitucionalistas "reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia, rechazar cualquier negociación que con el pretexto de evitar el conflicto que plantea el secesionismo y alcanzar un pacto público, solemne y conciso que establezca un compromiso transversal de unidad de acción, siempre ha sido uno de los más significativos azotes del separatismo catalán.

Las palabras de Vargas Llosa no han gustado al separatismo. Algunos cargos políticos han tachado de "ridículo" al Premio Nobel a través de las redes sociales. "Que no sufra a Vargas Llosa. Nunca vamos a votar a fanáticos como él", ha dicho Joan Margall, ex alcalde de Torroella de Montgrí y candidato al Congreso por Gerona por ERC.

Valonia, el 'Detroit Europeo' tras décadas de políticas socialistas
El modelo socialista de Valonia ha condenado a la región a décadas de decadencia socioeconómica.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 29 Octubre 2016

La avalancha proteccionista que estamos viviendo a ambos lados del Atlántico cuenta desde esta semana con un nuevo puntal de resistencia contra la globalización. Se trata de Valonia, la región belga que ha estado a punto de descarrilar el pacto comercial que negocian la Unión Europea y Canadá.

Hasta mediados del siglo XX, Valonia fue un polo de desarrollo industrial de gran importancia para la economía belga. Sin embargo, la falta de respuestas al declive de la siderurgia se tradujo en una lenta pero continuada decadencia productiva que ha terminado convirtiendo a este territorio en algo así como el Detroit del Viejo Continente.

El cierre de fábricas y la huida de la inversión han sido la norma. Al contrario que otras regiones cercanas, Valonia se ha demostrado incapaz de invertir la tendencia o de reinventarse a base de apostar por otro tipo de industrias y sectores. Aún hay inversiones importantes en el ámbito farmacéutico o en el campo del armamento, pero la evolución observada desde mediados del siglo XX arroja una clara tendencia negativa.

Políticamente, la responsabilidad no es difícil de asignar, ya que el dominio del Partido Socialista en esta región ha sido la norma, sobre todo desde la década de 1970. Eso sí: en los últimos tiempos, este consenso político se está viendo amenazado por dos fenómenos opuestos. Por un lado, en clave nacional, fuerzas más partidarias del libre mercado han ganado peso y no dudan en denostar abiertamente el modelo económico de Valonia. Por otro lado, en clave local, pequeñas agrupaciones políticas de izquierda radical han avanzado posiciones, apoyados en la Gran Recesión y el auge del populismo.

Una región difícil para las empresas
El Financial Times ya escribía en noviembre de 2015 sobre el elevado desempleo y los excesivos impuestos que soportan los residentes de esta región, que supone un cuarto del PIB belga. El paro ronda el 12%, duplicando los niveles observados en la región vecina de Flandes.

Tampoco hay buenas noticias en el plano fiscal. Si analizamos las cuentas de Valonia vemos que el déficit público se ha enquistado en el entorno de los 250-300 millones de euros. Peor aún, las autoridades locales parecen más preocupadas de echarle la culpa a las autoridades nacionales que de cuadrar ingresos y gastos.

De hecho, el Institut Économique Molinari publicó este año un revelador estudio en el que se estudia la "cuña fiscal" que soportan los trabajadores europeos. Bélgica se coloca a la cabeza, con una carga tributaria directa del 55,3%. Semejante nivel de exigencia fiscal se suma, en el caso de Valonia, a tasas y gravámenes locales que hacen aún más difícil el funcionamiento de las empresas.

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¿Quiénes son los culpables?

Jesús Laínz Libertad Digital 29 Octubre 2016

Los acontecimientos se precipitan. En unos pocos días los españoles hemos podido disfrutar de varios espectáculos merecedores de reflexión. Por un lado, el motín en un centro de internamiento de inmigrantes ilegales sobre el que Pablo Iglesias declaró: "Gracias a motines como éstos tenemos democracia, derechos civiles y derechos sociales". Mientras tanto, seguidores del mismo Iglesias impedían violentamente a Felipe González pronunciar una conferencia en la Universidad Autónoma. Al grito de "¡fascista!", por cierto, que tiene mucha gracia, tanta como Pérez Rubalcaba acusándolos a su vez de fascistas. Un par de días antes una horda de separatistas linchaban valientemente a dos guardias civiles y sus novias en un bar de Alsasua. La semana anterior el equipo de gobierno del ayuntamiento de Badalona no acató la orden del juez de hacer fiesta el 12 de octubre e incluso el tercer teniente de alcalde, Josep Téllez, rompió ante las cámaras el auto judicial. Y el otro día el concejal de la CUP Joan Coma desobedeció la citación de la Audiencia Nacional para declarar por un delito de incitación a la sedición.

Todas éstas no son más que las últimas manifestaciones de uno de los fenómenos claves en esta fase final del régimen del 78: el definitivo –y peligrosísimo– desplome del Estado de Derecho, ése con el que nuestros políticos se han llenado la boca durante cuatro décadas aunque en realidad nunca haya existido del todo. Y la grieta por la que empezó a resquebrajarse el régimen fue, evidentemente, la que abrieron los separatistas llamados moderados bajo la inestimable protección del terrorismo etarra y la no menos inestimable anuencia de los sucesivos gobiernos nacionales desde Suárez hasta hoy.

Es bastante conocida una conversación mantenida en 1981 entre el presidente Calvo-Sotelo y Javier Arzalluz. Éste comenzó a hablarle de una reciente reunión con la dirección de ETA sin que el presidente pareciera prestarle oídos. Como el dirigente peneuvista insistiera, el más alto responsable del Estado de Derecho le respondió señalando a los guardias civiles de la entrada:

–No te contesto, Javier, porque si lo hago tendré que llamar a esos señores para que te detengan, pues lo que me estás contando es ilegal.

A esta vulneración de la ley por parte del presidente del Gobierno siguieron muchas otras. Por ejemplo, por aquella misma época arrancó la orden del Ministerio del Interior de hacer la vista gorda ante la ausencia de la bandera nacional en los edificios y lugares en los que, por ley, debería ondear, incluidos los barcos pesqueros y deportivos y hasta las lanchas patrulleras de la Ertzaintza.

Pero lo de las banderas se queda en cotilleo si lo comparamos con la continua vulneración de leyes y sentencias por parte de todos los gobernantes catalanes desde el honorable Jordi Pujol, quien, dicho sea de paso, sigue intocado por la justicia española, al igual que el resto de su banda de golfos apandadores.

Si ni él ni su delfín Mas están entre rejas por sus múltiples comisiones, apropiaciones, traiciones y sediciones, a nadie debería extrañar que Joan Tardá se lance a avisar por adelantado que "si hay que desacatar, desacataremos", que el consejero de Justicia (¡sublime sarcasmo!) de la Generalidad, Carles Mundó, haya declarado su voluntad de celebrar el referéndum secesionista "lo autorice el Estado o no", o que incontables gobernantes separatistas hayan incumplido las leyes y las sentencias judiciales en ocasiones igualmente incontables. Fue injusto García Albiol al proclamar: "Forcadell tiene que pagar las consecuencias por reventar el Estado de Derecho". No es ella la culpable de reventarlo, sino los gobernantes del PP y el PSOE. Todos sin excepción. Y ninguno de ellos ha sido citado ante un juez, prueba suprema de la incurable corrupción del sistema.

Además, a mil y un vulneraciones de la ley por parte de quienes, al tomar posesión de sus cargos, llevan cuarenta años jurando en falso "cumplir y hacer cumplir la Constitución y el ordenamiento jurídico" hay que sumar un millón de claudicaciones, complicidades, acuerdos, colaboraciones y subvenciones que han puesto en manos de los enemigos de España todos los instrumentos para volarla desde dentro.

Pero el problema no queda reducido al eterno pulso separatista, pues hasta él, a pesar de su indudable potencia desestabilizadora, acabará quedando en segundo plano ante la gran cuestión con la que no sólo España, sino toda Europa, habrá de enfrentarse sin más dilación: el de la inmigración extraeuropea, el gran fenómeno que definirá el futuro del mundo. Manuela Carmena declaró hace algunas semanas su alegría ante la violación de las fronteras del Estado del que ella es alta funcionaria: "Felicito y doy la bienvenida a la gente que ha saltado la valla de Marruecos". Inconcebibles palabras que, sin embargo, no habrían sido posibles sin el caldo de cultivo preparado, entre otros, por Jaime Mayor Oreja al explicar hace quince años que el Gobierno del que él era el ministro del Interior no tenía intención de expulsar de España a los inmigrantes ilegales.

A todo esto hay que añadir la aportación de nuestros bolcheviques postmodernos, esos jóvenes mimados, maleducados, puerilizados, adoctrinados, izquierdizados, analfabetizados, uniformizados, descerebrados, indisciplinados, irresponsabilizados, indocumentados, programados, envenenados, fracasados y anticuados que infectan diariamente la vida política española con su griterío histérico y su violencia tercermundista.

Si hoy los españoles nos enfrentamos a los graves problemas –que no han hecho más que empezar– provocados por la inaplicación del ordenamiento jurídico, se lo debemos al ignominioso comportamiento de nuestros gobernantes, tan implacables con los ciudadanos honrados como arrastrados con los delincuentes. Si gobernantes y legisladores no obedecen las leyes, ¿por qué la gente ha de obedecer las leyes que ellos aprueben?

Esto va a acabar mal.
www.jesuslainz.es

La desobediencia que los parió
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 29 Octubre 2016

Así es la CUP y la CUP manda. Que nadie se extrañe entonces de que en este ambiente aumente la violencia filioparental y se degrade la familia.

El titular pone los pelos de punta (LV, 23/10):
Violencia de hijos a padres: "No sabemos cómo atajarla" - Los progenitores, impotentes ante un fenómeno en alza

La información completa el efecto alarmante:
La violencia filioparental, que ayer se trató en el IX Fórum Interxarxes de la Diputación de Barcelona, organizado por Fina Borrás, es un fenómeno poco visible y poco cuantificado. Los datos policiales (casi 5.000 expedientes incoados en el 2015 en España, unos 267 imputados en Catalunya en el 2014) son la punta de un iceberg que esconde una base de población mucho mayor. Las familias no denuncian y los expertos consideran que, efectivamente, los juzgados deben ser la excepción, el último cartucho.

Uno de estos expertos se remonta a las causas del precoz trastorno de conducta:
El psicólogo Javier Urra, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filioparental, puso el foco en la permisividad social. "Se quiere educar sin utilizar la palabra ‘no’, sin aceptar la frustración", señaló y "los niños se convierten en dictadores". A su juicio, la patada a la madre (casi siempre el progenitor agredido es la madre) a los seis años equivale en gravedad a un puñetazo a los 17. "Autoridad también es amor".

Iniciativas estrambóticas
Todo muy cierto. Sin embargo, para situar el fenómeno en su contexto social es necesario subrayar que hoy los niños y adolescentes ven que muchos adultos encumbrados en posiciones de mando llevan la desobediencia por bandera. La desobediencia a autoridades de rango superior, a las leyes y a los tribunales de justicia. La desobediencia así propalada desde la cúpula es la que está pariendo, entre otros muchos frutos aberrantes, a los alevines de vándalos que practican la temida violencia filioparental.

La desobediencia es el pan nuestro de cada día en los medios de comunicación y las redes sociales. Agravada hasta más allá de las líneas rojas de la convivencia civilizada por el hecho de que quienes la perpetran se jactan de su comportamiento, lo ponen como modelo de patriotismo, se apoyan corporativamente los unos a los otros y estimulan al rebaño para que los imite. El Tribunal Constitucional, la Audiencia Nacional y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dictan sentencias condenatorias por unanimidad, con el voto de magistrados catalanes propuestos por los partidos nacionalistas, y la respuesta es siempre la misma: desobedecer y convocar manifestaciones de solidaridad con los imputados. Y estos continúan desafiando la legalidad con nuevas iniciativas estrambóticas que conducen inexorablemente a la salida de la Unión Europea. Advierte Rafael Jorba ("La reválida de Puigdemont" (LV, 14/10):

Rajoy ha judicializado el proceso, pero el Parlament ha matado a Montesquieu (la separación de poderes). Una mala tarjeta de visita en los foros internacionales.

Amenazas de los energúmenos
Si los dos últimos presidentes de la Generalitat, los consejeros y muchos parlamentarios, empezando por la presidenta del cuerpo, más alcaldes y ediles, hacen ostentación de su desobediencia, ¿qué se puede esperar de los chavales que este sistema desquiciado ha parido? Una patada a la madre a los seis años, un puñetazo a los 17 y después... Después okupar edificios, quemar contenedores y apoderarse de los recintos universitarios acosando a los profesores que no son de su agrado. Un titular (LV, 7/6):

La ‘okupación’ de la Universitat de Lleida cumple tres semanas sin final a la vista - El rector busca un acuerdo que los estudiantes rechazan y decide no desalojar

La okupación fue acompañada por un escrache contra la profesora Imma Manso, subdelegada del Gobierno en Lérida, exigiendo, según un comunicado de los sublevados, "la dimisión del rector y la expulsión de Imma Manso y otros profesores tan infames como ella".

Otro titular (LV, 1/8):
La ex vicerrectora de la Autónoma denuncia una campaña de linchamiento – Silvia Carrasco fue amenazada por unos estudiantes en la ocupación del rectorado

Los hechos se remontan a un encierro de cientos de estudiantes en la Universidad Autónoma de Barcelona en abril del 2013, cuyos cabecillas están a la espera de resolución judicial. Silvia Carrasco, que es afiliada a Iniciativa per Catalunya, con suficientes credenciales de izquierda, relata con desolación las amenazas que recibió de los energúmenos cuperos y anarquistas:

Me perseguían en el campus, se ponían a dos centímetros de mi cara y me decían: "Te cagarás en las bragas, estamos aquí y no nos iremos hasta que te coja miedo, este es nuestro objetivo, ¿dónde tienes a Saura y los Mossos?".

Otro titular (LV, 21/10):
La UAB busca cómo evitar los actos violentos en el campus universitario – La mediación choca con el encierro ayer de los imputados por los disturbios del 2013

Los coletazos de aquel encierro aún perduran. Hay 25 estudiantes, un administrativo y un profesor a la espera de sentencia. La CUP se solidarizó con los imputados y la infaltable Anna Gabriel acudió al nuevo encierro en la Secretaría de Universitats, organizado por la CGT anarcosindicalista, y amenazó, dirigiéndose al responsable del Departament d’Interior, Jordi Jané, que no estaba presente:

Que no se atreva a tocar ni un pelo a las personas que están ahí.

Patologías sociales
Desobediencia y más desobediencia promovida desde las alturas, pariendo la insumisión, la violencia y el caos en la sociedad anómica. El énfasis en la desobediencia es capital, porque el partido que gobierna Cataluña, si bien supo simular, durante su larga trayectoria, un talante moderado y centrista para encubrir su núcleo duro independentista, hoy encarama en la Generalitat a un títere que pone en práctica la infumable hoja de ruta antisistema y nihilista de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular). La CUP deposita su confianza en Carles Puigdemont porque tiene las herramientas indispensables para obligarlo a obedecer a la secta cuando le ordena desobedecer las leyes.

Así es la CUP y la CUP manda. Que nadie se extrañe entonces de que en este ambiente aumente la violencia filioparental y se degrade la familia. Cito un fragmento del ensayo Totalismo, de Miquel Porta Perales (ED Libros, 2016), indispensable para conocer los mecanismos del lavado de cerebro masivo al que nos someten los aprendices de dictadores que prometen crear "un mundo feliz" (Aldous Huxley dixit):

Una diputada de la CUP en el Parlament de Catalunya (Anna Gabriel) defiende que no sea la familia tradicional, sino la "tribu", quien eduque a los hijos que el grupo decida tener "en común". Así se evitaría el sentimiento de pertenencia biológica del hijo o la hija y "tan tuyos son tus hijos o hijas como el resto". En el fondo, late la vieja idea anarquista según la cual los hijos no son propiedad de nadie. Los hijos pertenecerían exclusivamente a su libertad futura. Todo muy normal. Se saca del bolsillo un artefacto adornado de purpurina (cocrianza y familia extensa) que dinamitaría la institución familiar. Para que todos (padres, madres, hijos, hijas) seamos –juntos– más felices.

Estos son los bárbaros (y las bárbaras, para respetar la neolengua orwelliana de las feministas radicales) que gobiernan Cataluña por interpósito pelele, con Barcelona como laboratorio matriz de la desobediencia que está pariendo tantas patologías sociales, las cuales van desde la violencia filioparental hasta el secesionismo etnocéntrico.

PD: Cataluña no tiene el monopolio de este parto totalitario. En el resto de España, Podemos, que según Pablo Iglesias ("El orden reina en Madrid", Público, 23/10) es heredero de la bolchevique Rosa Luxemburgo y del espartaquismo combativo alemán de 1919, convoca a hacer saltar por los aires la sociedad abierta ceñida a las leyes de la convivencia civilizada, con la intención manifiesta de que la desobediencia encarnizada ayude a parir un remedo autóctono de las satrapías tercermundistas.

Nuevo gobierno. Nada nuevo bajo el sol
La victoria sin alas

Josele Sánchez latribunadelpaisvasco.com 29 Octubre 2016

Después de diez meses de bloqueo institucional, España vuelve a tener Gobierno: se acabó el sentido de provisionalidad del Ejecutivo español. Mariano Rajoy, con los votos colaboracionistas de su “marca blanca” Ciudadanos, y con la abstención cómplice de un Partido Socialista, cada vez menos obrero y cada vez menos español, vuelve a formar una mayoría que, en principio, le legitima para gobernar España.

Tranquilos quedarán, pues, las instituciones europeas, la oligarquía nacional y las grandes corporaciones financieras. Respiro para los mercados. Sonrisa para los analistas responsables, eruditos y de orden. Y punto y seguido hacia la nada para el resto de los españoles.

No es que este articulista prefiriera ir a terceras elecciones. Lo que ocurre es que sé que nada nuevo, ni nada mejor se avecina al ya de por si incierto futuro de España.

Los votos del partido de los EREs de Andalucía dan el gobierno al partido de la Gürtel, de la Púnica, de Bárcenas y de Soria.

La supuesta estabilidad institucional no viene como resultado de una regeneración política y moral de la nación sino como el pacto maquiavelista entre lo que, no sin falta de razón, Pablo Iglesias calificó de “delincuentes”. Y lo que aún es peor, tampoco se adivina oposición alguna provista de la decencia y la moral necesaria para convertirse en alternativa de poder. Porque pese a un discurso de enamoramiento de España del líder de Podemos que casi me llega a emocionar, la verdad es que no puede ocultar sus amistades peligrosas con Otegui y con el entorno batasunero, su comprensión hacia el delirio independentista catalán, o su concomitancia con el catalanismo independentista de su socio, Compromís, en mi Reino de Valencia.

Es esta, la victoria de la derecha, una victoria sin alas, porque va a ser el camino más largo y más triste entre la decadencia y el fracaso.

Ante el discurso independentista catalán, el presidente Rajoy sigue mostrando un buenismo digno, acaso, de la cortesía parlamentaria, pero absolutamente inaceptable desde un punto de vista patriótico. Porque ni contesta a los diputados catalanistas con la contundencia que podría mostrar quien se sabe poseedor de la verdad histórica y de la razón, ni tiene el coraje suficiente para remangarse la camisa y ponerse a resolver de verdad, in situ y sobre el terreno, el porqué cientos de miles de catalanes se sienten desligados de España.

Por otra parte la derecha gubernamental, como ya hizo en anteriores ocasiones, mendigará ahora el voto de los nacionalistas vascos a cambio de su adhesión a
los presupuestos generales, como si estos separatistas regalaran sus votos a cambio de nada.

En lo concerniente a un espíritu nacional, el nuevo ejecutivo nace sin rumbo y sin aspiraciones, dará la espalda a los intentos de separatismo interno esperando, como siempre ha hecho el presidente Rajoy, que los problemas se resuelvan por aburrimiento. Carece, también, de la independencia y el coraje indispensable para reclamar nuestra soberanía nacional respecto a Gibraltar o la de nuestra política económica subsidiaria de los mandatos que nos imponen desde Bruselas. Y mucho menos posee el valor y la determinación para afrontar, de una vez por todas, el gravísimo problema de islamización que sufrimos y que, de no actuar de manera inteligente e inmediata, habrá de llevarnos, inevitablemente, a situaciones muy dolorosas.

Tampoco va a hacer ningún progreso el nuevo gobierno en materia de justicia social, ¿o espera alguien que quienes han puesto en marcha los mayores recortes en la historia sean ahora los galantes de un nuevo porvenir en materia de derechos básicos fundamentales?

Las pensiones, que en definitiva son un pacto intergeneracional para asegurar y asegurarnos nuestro futuro, están a un solo paso de la quiebra técnica. La sanidad y la educación van a ser cada vez menos públicas, menos gratuitas y menos universales. El trabajo precario y a sueldo de miseria, se va a consolidar como única fuente de creación de empleo nacional. La vivienda seguirá siendo fruto de la especulación. La energía continuará creciendo a doble dígito para las grandes compañía eléctricas, mientras que la factura de la luz se situará a precios de usura y la pobreza energética afectará, cada día, a más cientos de miles de compatriotas.

No hay nada nuevo bajo el sol para las nuevas generaciones a las que se pretende contentar por la mera eliminación de una reválida.

No existe ningún camino nuevo hacia una justicia que ha dejado de ser un cachondeo para convertirse en un verdadero esperpento.

Así, sin patria, sin regeneración política, sin justicia social, sin educación y sin justicia, no puede haber un futuro para nuestro pueblo.

Nada nuevo bajo el sol. Este es la nueva era política que se nos viene encima como consecuencia del triunfo parlamentario de Mariano Rajoy: una victoria sin alas.


"ETA no ha ganado la guerra pero sí ganó la apuesta de la paz", palabra de un viejo batasuno. ¿Más pacifistas los terroristas que el Estado? Y nadie lo ha hecho callar en cinco años de “tregua”.
¿ETA ha ganado? Así lo cree Patxi Zabaleta, así lo vive el Cuatripartito de Uxue
www.latribunadelpaisvasco.com 29 Octubre 2016

Patxi Zabaleta, fundador de Herri Batasuna primero y de Aralar después, a los cinco años de “tregua permanente” de la banda terrorista abertzale ha dicho públicamente que "ETA no ha ganado la guerra pero sí ganó la apuesta de la paz". Eso no es una sorpresa, porque es un viejo militante separatista. Pero nadie le ha hecho callar y nadie ha negado las bases de su afirmación.

Una afirmación que no tiene bases –o las tiene demasiado reales-, aunque los partidos “oficialistas”, por diferentes razones, callen ahora.

Afirma que hubo una guerra. Y en un sentido moderno de guerra revolucionaria –el estilo habitual de la guerra política atrás 1945- sí la hubo. Una guerra por supuesto con un bando de ratas cobardes separatistas que usaban el terrorismo contra un enemigo con las manos atadas que durante la mayor parte del tiempo no pudo emplearse a fondo. Una guerra sin caballeros abertzales, tal cosa no existe. Una guerra hecha por criminales que sólo como tales pueden ser tratados. Pero sí, una guerra.

Una guerra que, policialmente y militarmente, casi ha terminado. Pese a la torpeza acumulada de tres generaciones de políticos, como banda terrorista, ETA no es operativa. Tiene un par de docenas de criminales liberados, y habría que ver hasta qué punto entrenados. Probablemente muy controlados por distintos servicios. En realidad hay más huidos por una u otra razón personal que gente dispuesta a matar sin más. Existen, y necesitan existir para poder seguir fingiendo que nos dan algo, y no es así: la falta de atentados se debe sobre todo a su derrota táctica sobre el terreno que a su voluntad de dejar de matar. Por eso no deben obtener nada, ni política ni judicialmente, a cambio de su “tregua” o de su “disolución”.

"¿El Estado español heredero del franquismo sigue tratando de continuar la guerra que ganaron sus antecesores?", dice Patxi Zabaleta. Si habla de 1936 se refiere sin duda a sus propios antecesores, el ilustre Zabaleta, hijo de una Leiza con un número sorprendente de voluntarios… en el bando nacional. Efectivamente, el Estado español actual es el fundado en 1936, es un hecho jurídico incontestable. Si eso, no habría democracia, ni Constitución. Pero yerra, porque aquella guerra ya terminó. Quienes pueden desear reabrirla, por vía de la memoria falseada, del rencor reavivado y de la fractura reabierta son los que se sientan herederos del bando soviético, para nada democrático, y quienes, como él, deseen la ruptura y muerte de España. Pero aquella guerra sí termino, del todo.

¿ETA ha "ganado la apuesta de la paz"? No, y no podrá hacerlo salvo que se le deje. ETA no ha traído la paz, pues policialmente está desarbolada. ETA trata de ganar políticamente lo que matando no ganó, y en ese sentido sí tratan de continuar sacando rentabilidad a sus asesinatos. Lo que no puede ni debe permitírseles. No han ganado la paz, salvo que se les deje, por activa o por pasiva, ponerse la medalla de 1936 o la de 1978; no han ganado la paz, porque España es una unidad indisoluble y eso es constitucionalmente irreversible salvo otra hecatombe nacional.

¿”El desarme es una realidad”? No lo es, y en la medida que eso sea verdad ha sido por sus derrotas no por su voluntad. Nada hace que ETA y menos sus presos ya condenados merezcan un premio por dar una paz que nunca quisieron dar. Sería angustioso –es angustioso- ver que hay muchas voces pidiendo “generosidad” política y penal con unos asesinos que nunca desearon dejar de serlo.

Zabaleta pretende que olvidemos que ETA trataba de hacer política con su guerra. ¿Vamos a darles en todo o parte una victoria política, justo cuando “militarmente” nada tienen que hacer y nada hicieron por dejar de matar?

¿Y las víctimas? Existe, sí “el derecho de todas las víctimas a ser reconocidas y a la reparación”. Pero es que en esta guerra casi terminada sólo hay víctimas de un lado, el de España y la justicia, y sólo hay verdugos de un lado, el de los nacionalistas vascos que, por acción y omisión, han matado o recogido las nueces de los crímenes. Todas las personas tienen derechos humanos, por supuesto, pero para garantizarlos hemos de comenzar por indemnizar a todas las víctimas, castigar a todos los culpables y garantizar que los abertzales como ETA, ayudados por intereses miopes de otros, no reescriben a su gusto la memoria.

No ha de haber amnistía. No ha de haber impunidad. No ha de haber premios para los criminales, y lo sabe mejor que nadie Zabaleta, dando trabajo en su bufete a uno de los asesinos de Ulayar. Un fundador (siempre con las manos limpias) de la izquierda abertzale, marxista y terrorista, un refundador de Bildu, no puede dar por ganada su guerra. Aunque, por supuesto, puede sentirlo al ver a los abertzales gobernando en Pamplona con Uxue Barkos. Mientras se les permita sacar beneficios políticos de su derrota militar habrá gente que siga a Zabaleta. Cuando Zabaleta se dedique a sus versos y Barkos se retire, lo que hará falta es una Navarra dispuesta a ganar la batalla cultural y la política, además de la penal. Sin concesiones. Sin premios al crimen.

Los anticapitalistas llaman a la movilización
Podemos y los batasunos, detrás de la concentración 'Rodea el Congreso'

Los impulsores son Elena Martínez López, asistente del Grupo Mixto de la Cámara para Amaiur/Bildu desde enero de 2012 y que cobra 28.000 euros al año, y Alberto Albino Torre Barciela, integrante del Círculo Unidad Popular, una de las agrupaciones de Podemos.
A. B gaceta.es 29 Octubre 2016

La corriente anticapitalista de Podemos ha lanzado un vídeo llamando a "Rodear el Congreso" este sábado durante la sesión de investidura del candidato del PP, Mariano Rajoy, ante el "golpe de la mafia a la democracia". "Esta investidura va a ser una tomadura de pelo porque se va a robar la intención de miles de personas que votaron en contra de Rajoy", aseguran.

En este sentido, censuran que "se ponga en marcha una gran coalición que seguirá gobernando al servicio de las élites y conducirá a mayores recortes y políticas de austeridad". "Tenemos que plantarles cara en las instituciones con un 'no' rotundo pero también es importante recuperar el pulso social y salir a las calles. Por eso colectivos sociales y personas que participamos en Podemos llamamos a la movilización para seguir gritando alto y claro que este gobierno no nos representa. ¡A la movilización!", dicen.

El texto de convocatoria de la manifestación afirma que la investidura "ilegítima" y que el suyo "será un gobierno ilegítimo de un régimen ilegítimo". El cartel de la convocatoria -cuyo lema es "Ante el golpe de la mafia, democracia. No a la investidura ilegítima"- es un dibujo de Rajoy empuñando una pistola, junto a la presidenta andaluza, Susana Díaz, y el expresidente del Gobierno Felipe González, cada uno de ellos con un arma, aunque sin apuntar un objetivo concreto.

Cabe señalar que los dos impulsores -firman como representantes de los organizadores de la manifestación- pertenecen a la formación morada y a la izquierda batasuna. Uno de ellos es Alberto Albino Torre Barciela, integrante del Círculo Unidad Popular, y la otra es Elena Martínez López, asesora vinculada al partido Izquierda Castellana que en su día lideró Doris Benegas y que actualmente es asistente del Grupo Mixto de la Cámara donde lleva trabajando para Amaiur/Bildu desde enero de 2012 y cobra 28.000 euros al año.

La coordinadora 25S, convocante de la protesta, alude a distintas "mafias" cuando se refiere en el texto a Felipe VI, Mariano Rajoy y Javier Fernández, presidente de la gestora socialista, como representantes de la "mafia de Nóos", la "de Gürtel" y la "de los ERE". "Un jefe de Estado al que nadie ha votado y apenas nadie fue a recibir el día de su coronación -la mafia de Nóos- llama a consultas a un candidato al que tampoco nadie ha votado -la mafia de los ERE- para que se abstenga en la investidura de otro candidato que en dos elecciones no ha alcanzado votos ni acuerdos suficientes para formar gobierno -la mafia de la Gürtel-". "Este movimiento de la mafia ha hecho caer las máscaras de los actores. El Régimen está tocado y busca recomponerse para continuar los ataques sociales y los nuevos recortes impuestos desde Bruselas ahora a través de la gran coalición encubierta", añade el texto.
 


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