AGLI Recortes de Prensa   Viernes 4  Noviembre  2016

La renovación según Rajoy
Editorial  vozpopuli.com  4 Noviembre 2016

Sea esta legislatura larga o corta, de lo que no hay duda es que será de transición. Servirá para confeccionar los presupuestos y, con suerte, ralentizar con subterfugios la amenaza de ruptura territorial. Pero las grandes reformas seguirán esperando.

Cuando Mehmed II prometió que respetaría el territorio bizantino, Constantino interpretó equivocadamente el gesto como un síntoma de su propia fortaleza y, a renglón seguido, exigió el pago de una renta para la manutención de un príncipe otomano que tenía de rehén. Aquel error de cálculo marcó el principio del fin de Constantinopla. Mehmed, enfurecido, empezó a planificar el asalto de Constantinopla, que finalmente tomaría el 29 de mayo de 1453. De igual manera, diríase que Mariano Rajoy se ha propuesto tentar al destino, confundiendo el caos del actual mapa político español, especialmente de la izquierda, con un signo de su propia fortaleza. Se explicaría así, al menos en parte, ese empeño en el continuismo, pues, a pesar de la aparente renovación del Gobierno, su núcleo duro de poder se mantiene inalterado. Sí, hay cinco nuevas incorporaciones, pero asistimos más a un ejercicio de equilibrio interno que de renovación.

Cierto es que lo primero que urge negociar son los Presupuestos Generales, sobre todo para ver de qué forma se pueden conciliar las exigencias de Bruselas con la proverbial reticencia de nuestros gobernantes a meter el cuchillo en la intocable estructura de la Administración, que es donde está el verdadero problema, aunque nadie con mando en plaza jamás se atreva a decirlo. De ahí que Luis de Guindos y Cristóbal Montoro mantengan sus respectivas carteras. El primero para lidiar con la UE, como ha venido haciendo hasta la fecha. Y el segundo, es de temer, para realizar alguna pirueta fiscal que cuadre las cuentas sobre el papel, aunque luego el déficit siga campando por sus respetos. En cuanto a Soraya Sáenz de Santamaría, pierde la portavocía pero conserva lo demás, CNI incluido, y será la encargada de procrastinar el problema del secesionismo. Lo que en opinión de este medio es un pésimo augurio, pues no se nos ocurre persona menos indicada para poner coto al desafío rupturista que quien lo ha venido alentando con la inacción permanente o, a lo sumo, agitando el palo y la zanahoria.

En resumen, la montaña ha parido un gobierno de circunstancias, de corte netamente funcionarial, con ministros de escaso peso político, por no decir ninguno. Rajoy ha demostrado por enésima vez que es un político prisionero del corto plazo. Sí, ha premiado a María Dolores de Cospedal con el Ministerio de Defensa, porque con alguna fruslería tenía que recompensar a quien mantiene mal que bien en orden el partido y traga Bárcenas como sapos. También ha dado entrada a cinco caras nuevas. Pero, con todo, sigue siendo poco, muy poco. Ha faltado un gesto significativo, un guiño, la audacia que los españoles llevan esperando demasiado tiempo y, a lo que parece, nunca llegará mientras dependa de Mariano. Era demasiado pedir que añadiera a su proverbial prudencia cierta dosis de valentía, de visión de futuro, pero había que soñarlo.

Con todo, lo más preocupante es que Rajoy parece descontar que el desfonde del PSOE y el temor que provoca Podemos en una parte sustancial de la sociedad española, le permitirá seguir abordando la tarea de gobernar como una mera regencia, como si la coyuntura fuera permanente y el PP aspirara a ser partido único. Y es que, al igual que Constantino, Mariano parece empeñado en poner en peligro la ciudadela, confundiendo el circunstancial desbarajuste del mapa político español con la fortaleza propia.

Sea como fuere, y resulte esta legislatura larga o corta, de lo que no hay duda es que éste será un gobierno de transición, peor aún, de apaño, a imagen y semejanza de Rajoy y su valida: Soraya. Servirá para confeccionar los presupuestos y, con suerte, ralentizar mediante subterfugios la amenaza de ruptura territorial. Pero más allá de estos dos ejes fundamentales, mantener la paz con Bruselas y procrastinar el desafío secesionista, poco más cabe esperar. Habrá que seguir aguardando un milagro. Ojalá los españoles sigan haciendo crecer la economía a pesar de la política. Es decir, ojalá Constantinopla resista.

El gobierno de 'nuestros compromisos'
EDITORIAL gaceta.es  4 Noviembre 2016

Hace tiempo que, en España, la política de verdad, la que determina el futuro colectivo, viene supeditada a eso que nuestros políticos llaman “nuestros compromisos”, es decir, las parcelas de competencia soberana que hemos entregado a instancias transnacionales: nuestros dineros los fabrican en el Banco Central Europeo, nuestros soldados van donde la OTAN los manda, nuestra fiscalidad se supedita a los criterios europeos de déficit e incluso los tópicos ideológicos que dominan la vida social quedan subordinados a las “recomendaciones” de las instituciones mundiales (aborto, matrimonio homosexual, ideología de género, etc.). En esas condiciones, la formación de un nuevo gobierno tiene siempre un efecto muy limitado. Máxime si el partido que sostiene al Ejecutivo se levanta sobre una mayoría parlamentaria insuficiente, como es el caso hoy en España. El gabinete que ha designado Rajoy parece expresamente pensado para poder contestar con ese argumento, a modo de exculpación preventiva: es un Gobierno que obedece a “nuestros compromisos”. El mejor argumento para disuadir o, al menos, templar los ánimos de quiénes pretendan influir demasiado.

Con todo, hay en este gabinete algunos elementos reseñables, especialmente en el orden doméstico, el de la política interior. Por ejemplo, que Soraya siga controlando el CNI –tal parece el caso- no deja de ser sintomático, especialmente cuando sabemos que este organismo lleva años dedicándose más al pasteleo casero que a la inteligencia nacional propiamente dicha. Sáenz de Santamaría guarda también Administraciones Territoriales, y eso debe interpretarse como un claro mensaje de que la actitud del Gobierno respecto a los desafíos separatistas (esconderse tras las togas) no va a cambiar. Falta saber si la Vicetodo, aunque pierde la portavocía, va a mantener igualmente su dominio sobre el panorama de la comunicación con ese duopolio que todo lo asfixia. También es relevante que vaya Cospedal a Defensa, pero no (o no sólo) por lo que eso pueda indicar acerca de los movimientos internos en el PP, sino, sobre todo, porque hasta la fecha este ministerio venía siempre dictado por los intereses de la Casa del Rey, y todo indica que ya no es así (o no debería serlo). En este sentido, la clave nos la dará el nombre elegido para desempeñar la Secretaría de Estado correspondiente. Más: la cartera de Asuntos Sociales queda en manos de una mujer, Dolors Montserrat, que se ha caracterizado por secundar el giro “progre” del PP en materias sensibles, lo cual culmina la pulverización del sector cristiano del partido (que ya tiene gracia que venga a ejecutarse bajo los nombres de Montserrat y Dolores).

Son sólo algunos ejemplos. A modo de última reflexión: si alguien pensaba que el PP optaría por volver al espíritu previo a 2011, ya puede ir cambiándose de partido. Como decíamos en nuestro editorial de ayer, ese PP ya ha dejado de existir.

'La cobra' de Rajoy
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  4 Noviembre 2016

Bisbal desmiente en Papel que le hiciera la cobra en OT-XV a su ex Chenoa, aunque dos ángulos distintos de la aproximación al área permiten mantener el popularísimo debate. Lo que no va a admitir discusión alguna es la cobra de Rajoy a la opinión pública y a la oposición con el nuevo Gobierno, que es más viejo que la tos. El propio Rajoy alimentó la duda con dos discursos opuestos en la investidura. Primero dijo: "he entendido el mensaje, voy a dialogar muchísimo"; pero en cuanto tuvo segura la votación se desdijo: "a mi Gobierno no lo gobierna nadie; y menos, la oposición".

Muchos creyeron que, efectivamente, Rajoy iba a cambiar. No que podía y debía hacerlo -que por el bien de España, de su partido y de él mismo, debería- sino que, por lo menos, podría intentarlo. Pues bien, ayer dejó claro que no le da la pontevedrísima gana. Sólo ha echado a un amigo, Margallo, porque se atrevió a preconizarse sucesor; y ha trasladado a otro amigo, Fernández Díaz, dicen que al Vaticano, con el peligro de que el amigo de Timochenko, los Castro y Maduro nos declare la guerra de la paz. A Morenés lo devuelve al sector privado del que se dice, sin pruebas, que salió. Pero tenía que colocar a su Ashisina 2 en un nivel de figuración no muy inferior al de Ashisina 1, y así ha sido. ¡Cómo va a mandar Cospedal en los telediarios fiiirmés! Pero Ashishina 1 conservará todo su poder, porque mantiene la televisión, cosa de Industria, en manos de Nadal 2, que es A1. Y sobre todo, mantiene el CNI para espiar a todos los demás.

Por no cambiar, Mariano ni siquiera ha mejorado la situación de los leales y las eficaces. La única buena noticia del nuevo Gobierno viejo es que repiten Báñez y Tejerina. A cambio, repiten Guindos y Montoro, cuya enemistad es casi ashishina, pero no llegará al punto de impedir una subida de impuestos en cuanto jure Montoro en español y el resto en arameo.

La cuestión de fondo, que es la lucha contra la corrupción, pasa por Justicia e Interior. Y por Justicia, donde repite Catalá, no pasará. Y por Interior, tampoco. Zoido, más que un barrido de teléfonos en su despacho, debería hacer un exorcismo, porque allí hay micrófonos ocultos desde 1982 y afluyen cloacas carreroides, rugalcábidas y zapatarras. ¡Si al menos hubiera traído de Sevilla a la juez Alaya! Pero no: Rajoy sigue, nada cambia.

Montoro vive, el expolio sigue
No habrá ningún cambio a mejor en Hacienda: las mismas malas artes que han prevalecido hasta la fecha en el ministerio se perpetuarán durante la actual legislatura
Juan Ramón Rallo El Confidencial  4 Noviembre 2016

Si Rajoy hubiera querido señalizar un cambio profundo en la orientación económica de su Gobierno, solo habría necesitado efectuar un simple gesto: cesar a Montoro. El ministro de Hacienda representa lo peor de la política económica desarrollada durante los últimos cuatro años por el PP: las masivas subidas de impuestos, el sistemático incumplimiento del déficit, la sobredosis de deuda pública, la oposición frontal a seguir recortando el gasto, la socialización del riesgo de los pasivos autonómicos y municipales o la persecución de la escasísima competencia fiscal entre administraciones territoriales.

El mensaje que así nos ha querido remitir Rajoy es bien claro y rotundo: “Perded toda esperanza”. No habrá ningún cambio a mejor en Hacienda: las mismas malas artes que han prevalecido hasta la fecha en el ministerio se perpetuarán durante la actual legislatura. Es fácil anticipar, pues, cómo afrontará el reelecto presidente del Gobierno los problemas presupuestarios que todavía arrastramos por su incompetente gestión durante los últimos cinco años: los afrontará como hasta ahora, con más impuestos y más deuda. Montoro ya proclamó a los cuatro vientos el fin de los recortes allá por 2013 y, por consiguiente, no cabe esperar que opte por corregir nuestro gigantesco déficit con menor gasto. A buen seguro, Bruselas fruncirá el ceño, pero para eso permanece De Guindos en el Gobierno: para apagar en Europa —renegociar el déficit o templar los ánimos sancionadores de nuestros socios— aquellos incendios que el pirómano Montoro continúe generando en casa. Acaso la absorción de las competencias de Industria dentro del Ministerio de Economía deba leerse como el pago con el que Rajoy haya querido compensar a De Guindos por seguir comiéndose marrones que le son ajenos.

El presidente ha convencido a ambos para que sigan al mando de sus respectivas carteras como quien no quiere la cosa. Toda una conquista que se antojaba harto problemática

Ahora bien, que Rajoy no haya querido imprimir cambios a mejor en Hacienda no significa que no los vaya a haber a peor. En la pasada legislatura, las ansias expoliadoras de Montoro se vieron parcialmente 'contingentadas' tanto por la tradicional propaganda ideológica del PP —la cual gravitaba en torno a un discurso de fiscalidad moderada y de contención del gasto— cuanto por las expectativas de una parte de sus votantes —contrarios a las subidas de impuestos y a una mayor hipertrofia de las administraciones públicas—. En cierto modo, el PP era rehén de las mentiras que había relatado a sus votantes y que estos ingenuamente se habían creído.

Ahora, sin embargo, el panorama ha cambiado: la fragmentación política y el socialdemócrata pacto entre PP y Ciudadanos le proporciona a Rajoy una coartada perfecta para justificar una completa vulneración de sus presuntos principios ideológicos. Si hay que rebajar el déficit por imposición de Bruselas y, a su vez, la totalidad de los partidos de la oposición rechazan nuevos recortes, no quedará otro remedio que subir los impuestos, aun cuando ello contradiga el presunto ideario de los populares así como sus promesas electorales. El sueño húmedo de Montoro hecho realidad: castigar con muchos más tributos a los ciudadanos sin que nadie pueda acusar a su jefe de estar pervirtiendo el programa del PP.

Con la precisión de un cirujano. Así es como Rajoy ha diseñado el equipo económico. Todos pierden y todos ganan. Montoro, De Guindos y Nadal serán el triunvirato

La legislatura de los pactos y del consenso será, pues, la legislatura de los rejonazos fiscales. El primero de ellos llegará muy probablemente en el corto plazo, en forma de un sustancial incremento de los tipos efectivos de Sociedades, medida auspiciada por el propio discurso demagogo de Ciudadanos contra la falsamente 'privilegiada' fiscalidad de las grandes empresas. El segundo tampoco tardará demasiado en llegar, y consistirá en una armonización de los tipos mínimos de Sucesiones y de Patrimonio entre todas las autonomías, con la finalidad de castigar a los contribuyentes madrileños: otro despropósito promovido por Ciudadanos. El tercero tomará algo más de tiempo, y vendrá de la mano del Pacto (de silencio) de Toledo: las pensiones de viudedad y orfandad —21.000 millones de euros anuales, más de lo que recaudamos en concepto de Sociedades— dejarán de ser prestaciones contributivas y pasarán a sufragarse con un impuesto extraordinario de nueva creación (que, si seguimos el modelo francés, recaerá sobre las nóminas de todos los trabajadores). De nuevo, tanto PSOE como Ciudadanos —e incluso Podemos— podrían terminar apoyando una medida de este cariz, dado que todos ellos la han promovido en algún momento.

En definitiva, Montoro se hallará más cómodo que nunca en esta venidera legislatura: como el escorpión de Esopo, lleva en su naturaleza el machacarnos a impuestos a los españoles, y en esta ocasión podrá hacerlo apelando a la necesidad de diálogo y de grandes acuerdos nacionales con la oposición. Pero no olvidemos que el auténtico culpable de cuantas cornadas tributarias recibamos los españoles por parte de Montoro no es Montoro: el ministro de Hacienda se mueve por su irrefrenable instinto confiscador y, como el león que corre a devorar a la gacela, no puede hacer humanamente nada por evitarlo. El auténtico culpable de las cornadas fiscales que vinieron y que vendrán es quien nos ha colocado a todos a merced del morlaco Montoro: el jefe de la banda, Mariano Rajoy.

‘Panem et circenses’
Emilio Campmany Libertad Digital 4 Noviembre 2016

Para empezar, una perogrullada. El proceso de constitución del nuevo gobierno de Rajoy ha estado tintado del más puro estilo Rajoy. Ha tardado cuatro días en parir un ratón sin que haya razón alguna para que necesitara tanto tiempo. Luego se ha negado a dar una rueda de prensa en la que explicar las razones de los nombres elegidos. Este modo de hacer, tan rajoyesco, constituye una enorme falta de respeto a los españoles, a los que debería habérseles dado la ocasión de preguntar a través de los periodistas por qué tal elección y por qué a tal ministerio. Encima, lejos de resolver a favor de uno u otro las rivalidades surgidas en el Gobierno y en el partido, ha preferido, con los nuevos nombramientos, fomentarlas. La guerra entre Soraya y Cospedal ha sido trasladada a la misma sala del Consejo de Ministros. Y la que enfrenta a De Guindos y a Montoro se mantiene en toda su virulencia. Para traer caras nuevas, el presidente ha tirado de gabinete porque ahí tiene gente que conoce y que supone son de probada lealtad, que es la virtud que más aprecia. Finalmente, ha puesto a un vasco y a una catalana para que no se diga. Se me queda como verso suelto el caso de Zoido en Interior.

No hay propósito de renovación. La guardia pretoriana que pastorea el partido y los grupos parlamentarios sigue donde está porque no puede prescindir de ella. Lo mismo le ha pasado a Moragas, que, a base de ser tan leal, se ha hecho imprescindible como jefe de gabinete. Igual que Carmen Martínez Castro en la Secretaría de Estado de Comunicación. No hay en el nuevo Gobierno ni un solo independiente, no se sabe si porque nadie de prestigio ha querido subirse a la chalupa o si porque el presidente no se fía de ninguno que pueda ser tildado de eso. Y, por supuesto, se ha castigado como merece la deslealtad de Margallo, que cometió el imperdonable error de postularse prematuramente como posible sucesor para el caso de que Rajoy no consiguiera ser investido. Su achicharramiento era indispensable como aviso a navegantes.

En lo que a los ciudadanos nos interesa, hay sólo una cosa que ha quedado clara. Nos subirán los impuestos tanto como haga falta para mantener el gasto público, el Estado clientelar, las subvenciones, subsidios y ayudas con las que, entre otras cosas, hacer viviendas de protección oficial con las que el hijo de Espinar pueda especular. Lo único con lo que podremos distraernos y cobrarnos de alguna manera el mucho dinero que nos saquen será asistir a los combates que protagonizarán la vicepresidenta y la nueva ministra de Defensa. Espero que al menos no nos cobren las entradas. La fórmula ya la inventaron los romanos: panem et circenses, sólo que aquí el panem lo pagaremos nosotros como si fuera de oro.

El 'nuevo' Gobierno y el parto de la ratona
José Luis González Quirós  vozpopuli.com 4 Noviembre 2016

Cuando mis amables lectores recorran estos renglones, es posible que la opinión pública ande enardecidamente dedicada a desmenuzar los secretos de las entrañas del poder con la lista de ministros marianiles, eso si es que, con suerte, se ha abandonado ya el debate sobre si Bisbal le hizo o no la cobra a su pareja ante millones de atónitos espectadores.

En España es muy abundante la rara habilidad para desentenderse de los asuntos de interés general y fijar la atención en cualquier pajarito. Así, hasta Rajoy puede parecer un gran estadista, amén de ser, según se repite sin cesar por las huestes de aduladores, un mago consumado en el manejo de los tiempos, en el arte del escamoteo. Ya les adelanto el resultado del escrutinio de la nómina ministerial: no es que la montaña haya parido un ratón, es que las ratonas no dan para más.

Un Gobierno en lugar de cualquier política
Cuando se podría pensar que estamos en una cúspide de interés por los asuntos políticos, resulta que no hay política de la que ocuparse, que seguimos embobados en discutir extrañas quimeras o en polémicas sin seso. Como recordaba Roger Senserich hace un par de días, la izquierda, en cualquiera de sus versiones, sigue pareciendo más interesada en discutir sobre esencias que en tratar de buscar soluciones a los problemas de hoy y de mañana, y ahí está la clave que puede permitir a la derecha seguir ganando elecciones “por incomparecencia de alternativas hasta el fin de los tiempos”.

Coincido con el diagnóstico del politólogo, pero añadiría que el triunfo de esta derecha tiene otro ingrediente esencial no menos preocupante, que ni tiene programa, ni lo echa de menos, sino “ganas de gobernar”, ganas sin ideas, pero ganas que ganan frente a las palabras gastadas y las alusiones al paraíso que apenas mueven a nadie más que a los Espinares de este mundo, y abajo diremos algo sobre el caso.

Que el marianismo no tiene programa es una evidencia que puede constatar cualquiera que busque “programa electoral 2016” en la página web del PP: sólo encontrará una condena al Espinar de turno, en medio de frasecitas de los notables de la corte genovesa, encabezada por una loa a los éxitos económicos del rajoyismo que, lo que no deja de ser irónico, se refieren al año en que el Don ha estado en funciones. Pero es que, si se busca el programa de 2015, no se consigue pasar de un piadoso rosario de eslóganes de todo a cien que culminan anunciando que el PP adquiere “un compromiso permanente de regeneración de la vida pública”, toma del frasco Carrasco. Como es evidente que nadie puede creer que nadie se crea semejante mandanga, está claro que el único propósito de esas huestes ha sido seguir en el Gobierno, y ahí empieza y acabará su única política. ¿Para qué?, pues para conseguir, como probos funcionarios, la estabilidad de por vida, más allá de cualquier objetivo, única meta para la que no conocen barreras ni líneas rojas.

No es fácil ser optimista ante el hecho de que, con esos mimbres, y con unos éxitos que parecen narrados por un publicista argentino, hayan conseguido mantenerse en el Gobierno, y resulta meridianamente claro que esa responsabilidad no puede endilgarse a los votantes.

La ausencia de alternativa
Para quienes crean que no es posible una democracia sin alternativas de Gobierno, la situación es chapuceramente desastrosa, porque Rajoy se dispondrá a hacer cualquier cosa que le lleve a continuar, y en esta ocasión nadie podrá reprocharle incumplir un programa del que, sencillamente, ha prescindido, mientras que, por la izquierda nada indica que se pueda montar a medio plazo una alternativa verosímil.

Rajoy ha llevado a cabo una jugada maestra para sus intereses, aunque muy gravosa para todos los demás. Al hacer todo lo posible por desagregar el voto de izquierda, objetivo nunca demasiado difícil por la tendencia de esa clase de líderes a mezclar el dogmatismo con la fantasía, ha achicado el campo de posibilidades de la izquierda, pero al precio de obligar a los electores de la derecha a entregarse a una caricatura, peor aún, a un ersatz grotesco de cualquier izquierda moderada. Para llevarlo a cabo, ha expulsado del sistema de la gobernabilidad a unos cuantos millones de votos, y ha condenado al PSOE a una alternativa endemoniada, o a disputar con Rajoy en un espacio reducido, o a identificarse con los que acampan en la Puerta del Sol, pero sin posibilidad alguna de adueñarse de otra cosa que eso que llaman la calle, ejercicio cansado, estéril y aburrido, que muy bien se puede combatir con una mezcla adecuada de temor, Champions, OT y populismo del bueno.

Mientras tanto, nuestro desprestigio exterior, crece incesante, y lo que se piensa de Rajoy no es para repetirlo, salvo en un congreso de masoquistas. El precio a pagar por ese escamoteo de la política sigue creciendo, y haciendo cada vez menos probable que se pueda poner final sereno a un ciclo cada vez más agotado de políticas públicas estériles. Si no me creen, relean el quinto de los epígrafes del exordio programático de 2015, que afirma, nada menos, que el PP se dispone a “culminar el proceso de mejora de la educación”, una declaración que debería sonrojar incluso al plumilla capaz de articular sandez semejante.

¿Habrá alternativa en el Parlamento?
Los forzados al optimismo sueñan con que el Parlamento actúe de freno adicional de un Gobierno maniatado, pero deberían repasar el reglamento del Congreso y preguntarse por los proyectos y la cosmovisión de quien lo preside tan galanamente. Si además se concede tiempo al show, mientras el PSOE es capaz de permanecer, al tiempo, escindido, perdido y ensimismado, lo que no deja de ser un record de incompetencia, y se deja que Rivera explote el acierto de haber hecho que Rajoy se coma unos papeles sin indigestarse, a cambio de seguir do quería, poco cabe esperar de una institución tan demediada. No obstante, podría haber sorpresas, pero justamente porque lo probable es que todo quede bajo control y con Rajoy a punto de disolver en el momento que vea más propicio, acaso poco después de un Congreso del PP que ha de ser para el gallego un juego de niños, porque ¿cómo va a desestabilizar el PP a un Gobierno tan suyo, y tan cogido por los pelos?

No se ve por parte alguna alternativa a una política tan monótona como poco ambiciosa, a un sistema que ni se inmuta ante amenazas tan serias como las de un proceso de secesión perpetrado desde las instituciones. Debiera haber alternativa a una socialdemocracia tan universal como exangüe, pero apenas se ve. Acaso haya de ocurrir algo más grave para que los pacientes electores que sostienen el mal menor despierten de su sueño, pero, aunque la adormidera de una derecha que administra con decencia ya no convence a nadie, el temor a los excesos, a caer en Caracas, es muy probable que siga siendo por algún tiempo el otro brazo de la pinza con que el marianismo ha jibarizado no solo la cabeza de la izquierda, sino las expectativas de todo un país condenado a ser esclavo de políticas en las que la libertad individual, el esfuerzo, el mérito, la ambición y las ganas de innovar no significan nada, de políticas que nos condenan a una creciente mediocridad, al fracaso histórico de un intento de modernización política que está a punto de perecer definitivamente.

Espinar, una imagen nítida de “lo público”
Los que todo lo confían a “lo público”, y saben de qué va, suelen suponer también que las trapacerías que ellos mismos hacen bajo su manto nunca llegarán a conocerse, porque dominan las tramas y se creen más listos que los demás. De todas formas, mientras no cunda entre los españoles una enérgica sospecha sobre las intenciones de quienes alardean de lo que nos dan a cambio del voto, mientras no veamos con absoluta claridad que “lo público”, con sus retóricas y sus déficits crecientes, puede ser el perfecto disfraz de la corrupción, no conseguiremos nada interesante y seguiremos pagando cada vez más impuestos para obtener cada vez menos.

Nuestros males están muy claros: un Estado a la contra de nuestra prosperidad, unas administraciones ineficientes, barrocamente obesas, privatizadas, es decir, ajenas al verdadero interés público, en manos de los que controlan y aspiran a controlar, sin transparencia alguna, carísimas de mantener, un supuesto Estado de bienestar engañoso, disfuncional, e injusto. ¿Por qué lo mantenemos? Pues porque abundan los incautos que creen a los Espinares que les dicen que sólo se preocupan por los bienes públicos, pero en realidad se dedican a sacarle provecho particular al sistemita: los listos a lo grande, los de medio pelo, como este personaje hipócrita, mentiroso y fanfarrón, tacita a tacita, pero sin parar: 20.000 o 30.000 del ala por ser beneficiario de un piso que hemos pagado todos en mucho más de lo que seguramente valdría, porque son mayoría los bobos que creen que eso se hace para beneficiar a los menesterosos, y que no es piadoso ponerse límite en esa misericordia. Mientras tanto Espinar, y como él centenares, se lo llevan crudo, y encima presumen de haberlo vendido por no poderlo pagar.

Cuando se destapa el asunto, ya se sabe que es muy eficaz echar la culpa a la confabulación judeo-masónica, pero de lo que se queja, en realidad, Espinar es de lo poco que ha podido llevarse porque hay tiburones mucho más grandes que no le dejan ni las sobras, y él quiere ser de mayor, con la ayuda de los votantes de Podemos, uno de esos tiburones de tronío, y no el pececillo de mierda que tiene que hacer trampas tan baratas: igualito, igualito que el difunto del abuelito.

La piedra angular de la regeneración
Hay preocupantes síntomas de que la prueba del nueve de la regeneración política, la reforma en profundidad de los partidos, ya no corre ninguna prisa.
Agustín Valladolid  vozpopuli.com 4 Noviembre 2016

Lo primero es lo primero, y al minuto siguiente de que los ministros juren o prometan sus cargos en Zarzuela hay que remangarse para negociar los presupuestos del próximo ejercicio, a ser posible con amplio respaldo, porque sin nuevos presupuestos la vida del flamante Gobierno no sería vida, ni alcanzables muchos de los acuerdos pactados entre PP y Ciudadanos, lo que derivaría en frustración ciudadana y colapso institucional, el mejor escenario para aquellos a los que no interesa que este país ajuste cuentas con la realidad, no fuera a ser que se acertara y quedaran desactivadas las fábulas con las que algunos han alimentado a la concurrencia.

Lo primero es lo primero, y detrás habría de venir la activación de los solemnes compromisos sellados a golpe de exigencia, pero cuya puesta en marcha se antoja imprescindible si se quiere recuperar el pulso democrático del país: los pactos nacionales sobre Educación, Empleo, Energía, Pensiones; o la materialización de promesas de calado, como garantizar la independencia de los organismos reguladores, reformar el reglamento del Congreso o aprobar un Estatuto de la Agencia Tributaria que refuerce razonablemente su independencia, aunque sin renunciar a los mecanismos de control externo que eviten la proliferación de clanes en su interior.

Otras obligaciones de peso asumidas por PP y C,s son la revisión del régimen electoral, al objeto de mejorar la representatividad sin dificultar la gobernación -propósito nada fácil de conseguir-; la conversión definitiva del Senado en una cámara territorial; y, desde luego, por delante del resto de prioridades, aunque no se haya incluido en el libreto como tal compromiso, la delineación sutil de un pacto para abordar con inteligencia el problema catalán. No se trata de ceder en lo esencial, pero sí de actuar de forma distinta, convirtiendo la pedagogía en una nueva razón de Estado, y con la mirada puesta en no incrementar a cada minuto el número de independentistas por metro cuadrado.

El expediente catalán
Cataluña va a ser, será sin duda, uno de los ejes centrales de la XII legislatura. Para bien o para mal. Dependerá de cómo se afronte el problema a partir de ahora. A estos efectos, conviene recordar que si el respeto a la ley es importante, la articulación de posibles soluciones políticas viables, compatibles con la legalidad, es casi una obligación. Y de cómo maneje Mariano Rajoy en el inmediato futuro el expediente catalán, va a depender en gran medida su reputación como gobernante. Cierto que, jugándonos lo que nos jugamos, el reconocimiento personal no es, ni de lejos, la pieza maestra de este problemón. Pero la historia más desgraciada del mundo, y de España, rebosa de arrogantes que no dieron su brazo a torcer.

Cataluña, pensiones, educación, empleo, extirpación de la corrupción, sostenimiento del Estado de bienestar… Asuntos, todos ellos, cuya exitosa resolución justificaría varias legislaturas. Pero la prueba del nueve de este nuevo tiempo, tan apasionante como complejo, lo que determinará el éxito o el fracaso de una ardua operación en la que se interpusieron ambiciones desmedidas, y que algún día habrá que contar con más detalle, será la capacidad de auto regeneración del propio sistema, que tiene como piedra angular la reforma de la ley de partidos políticos.


Los partidos políticos, “se han convertido en instituciones para la defensa de intereses particulares en detrimento del interés general”, escribieron en su día Elisa de la Nuez y César Molinas, autores junto a otros ilustres del manifiesto por una nueva ley de partidos. “En detrimento del interés general”. Así, repetido, suena fuerte, pero la conclusión resulta irrefutable si nos atenemos al terrible deterioro sufrido en los últimos años por las que fueron, y siguen siendo, las instituciones sobre las que descansa la arquitectura constitucional de nuestro país. Deterioro que, sistemáticamente, reflejan las encuestas, y que ha sido el más eficaz compinche del populismo.

Ejercicio prioritario de profilaxis política
No parece, sin embargo, que haya prisa. A la vista de la literalidad del punto 104 del pacto de investidura suscrito por Rajoy y Albert Rivera, se diría que el PP ha pulido las iniciales exigencias reformistas de Ciudadanos. El 104 no es más que un breve catálogo de buenas intenciones. Ningún compromiso cerrado; ni una palabra sobre auditorías anuales realizadas por empresas externas e independientes, ni sobre límite de gasto en campañas, ni sobre voto secreto. Solo vagas referencias a la democracia interna y la transparencia. Simple y llanamente decepcionante.

Nadie pide que se hagan el haraquiri, pero no habrá regeneración que valga si los primeros que no se regeneran son los que han de diseñarla. Los partidos han devenido en maquinarias opacas, en las que el debate interno, salvo en situaciones extremas, brilla por su ausencia, en las que se desecha a los más capaces y el nepotismo campa a sus anchas. Son los grandes responsables, por acción, omisión o por ósmosis, de la contaminación general del sistema, y la reforma de su funcionamiento y normas internas se hace indispensable, no solo porque ya no sirven para lo que fueron diseñados, sino también, y sobre todo, porque sin su transformación profunda se corre el riesgo de que otros cambios igualmente necesarios no resulten creíbles, y se pierda así la ocasión de reducir la brecha generacional del país.

La renovación a fondo de los partidos políticos para que vuelvan a ser nítidamente percibidos como instrumentos al servicio de la sociedad, y no al revés, es algo más que un ejercicio prioritario de profilaxis política. También, y sobre todo, es una pieza fundamental para aliviar la quiebra entre pasado y presente, para volver a construir juntos un futuro posible; para, de alguna manera, reinventar el provechoso espíritu del 78. Esperemos que los que tienen la oportunidad de hacerlo no se echen para atrás.

La pesada losa de la regulación
Manuel Alejandro Hidalgo  vozpopuli.com  4 Noviembre 2016

La publicación del informe Doing Business del Banco Mundial la pasada semana (donde salimos como siempre relativamente mal) junto con la investidura del candidato popular y hasta entonces presidente en funciones (Rajoy) con el apoyo de uno de los partidos que más interés ha mostrado en plantear reformas económicas (C’s) me ha llevado a pensar en que es buen momento para escribir estas líneas.

es que España es un país que crece a pesar de todo. Y digo a pesar de todo porque a veces, más bien muy a menudo, observo lo que me rodea, escucho a la gente, sus quejas y me sorprende que este país, de un modo u otro, funcione. Tengo familiares y amigos autónomos, alguno empresario con varios empleados e incluso hay quien dirige una multinacional. Todos son gente de calle. Empresarios que en todos los casos empezaron, y alguno aún sigue, en una oficina de 20 metros cuadrados. Son valientes que contratan, que dedican muchísimo tiempo a su empresa. Son gente que crean valor añadido. Muchos de ellos no se dedican a actividades tradicionales. Otros sí. Alguno en sectores punteros. Pero todos tienen algo en común: se quejan amargamente de que en España ser empresario es a pesar de todo.

En España hay tres tópicos: el toro, la muñeca flamenca y las gestorías. Por supuesto, estoy forzando la broma, es indudablemente una hipérbole, pues no es cierto que ni los toros ni las flamencas pertenezcan al imaginario hispano en todas sus expresiones geográficas. Pero me atrevería a decir que el último sí lo está. Todas y cada una de las empresas que anhelan sobrevivir dentro de una maraña administrativa que la invade como si fuera una hiedra, necesita de la ayuda de un profesional que conozca el ecosistema en el que les ha tocado sobrevivir. Necesitamos ayuda para comprender toda una regulación que condiciona a la empresa y su actividad y, que no pocas veces, puede llegar a lo absurdo.

Hace no muchos años, un colega socio del Observatorio Económico de Andalucía, Ramón Iglesias, vino a darnos una charla en nuestro habitual foro sobre las vicisitudes y experiencias que tuvo que sufrir para poder abrir una bodega de vinos en Medina-Sidonia, cerca de un precioso pueblo gaditano de nombre armonioso, Vejer de la Frontera. Por cierto, a los pocos meses, el mismo Ramón tuvo la oportunidad de contar en el programa Salvados, de Jordi Évole, aquello mismo que quiso compartir con nosotros. Pues bien, la sesión fue de risas y, en ciertas ocasiones, hasta hilarante. Ramón, al que invité años antes a una de mis clases para dar una charla sobre emprendimiento, es de esas personas de compleja alocución, pero paradójicamente de fácil entendimiento. Su acento andaluz, cincelado con una cierta nobleza, le da esa característica capacidad de contar historias con el sentido de humor que un andaluz puede manejar con maestría. Nos habló de los kilómetros que tuvo que hacer andando por lo pueblos de Medina-Sidonia, de Vejer, por las ciudades de Cádiz, Sevilla o la mismísima capital del Reino. Describió su penosa peregrinación a las distintas administraciones que por una razón u otra tenían, o no, competencia sobre el asunto, que les recuerdo era permitir abrir una bodega. Para que se hagan una idea de la amargura de su andadura, les debo informar que pasear por Vejer de la Frontera puede llegar a ser una experiencia mística, no solo por la belleza del pueblo, inmensa, sino por sus empinadas y largas cuestas.

Lo más cómico llegó cuando nos contó la visita de los técnicos de la Junta de Andalucía que debían valorar el impacto medioambiental, acústico, de su actividad. Entre otras cosas, tuvo que abonar un informe que avalara que su actividad no tendría un impacto sonoro que pudiera perturbar el descanso o la placidez de las buenas gentes cuyas viviendas colindaran con su parcela. Por más que él les dijo que no había una sola vivienda en más de 2,5 kilómetros a la redonda, no pudo convencer a los técnicos de que tal informe era innecesario. Además de la tasa que debía abonar, por supuesto. Para más inri, deben saber que su bodega, si algo hacía, no era precisamente ruido. Por cierto, cuando los técnicos se iban de la finca le hicieron notar que no debía tener gallinas sueltas por la parcela por algo de no sé qué de aguas subterraneas. Tuvo que encarcelar a sus dos pobres albinas gallinas para que sus desperdicios no quedasen esparcidos aleatoriamente por aquí o por allá y poder así cumplir la normativa sobre animales sueltos en parcelas rústicas, que por supuesto desconozco.

Se quejaba además Ramón de que, en tiempos anteriores a su interés de ser bodeguero, cuando era uno de los mayores promotores de parques industriales de Andalucía, debía tener al menos tres personas atentas a cualquier cambio de la regulación que pudiera afectar a su actividad, y que no escaseaba precisamente. La misma queja la he escuchado de otros numerosos empresarios cuando hablan del apetito regulatorio de unas administraciones que a veces pareciera que no encuentran algo mejor que hacer que imprimir hojas de BOE, BOJA, BOP,…

A estas alturas pensarán que esta queja emerge de mi conversión en algo parecido a un ultraliberal. No, no es así ni es la impresión que quiero difundir. Defiendo el papel de lo público, necesario y deseable, en muchos ámbitos de la actividad económica y humana. Les recuerdo, con el simple ejemplo del dilema del prisionero, que el mero acuerdo entre dos partes privadas a veces no lleva al óptimo eficiente, ese que Wilfredo Pareto se encargara de hacer famoso. Que la mano invisible a veces se topa con espinos y púas impidiendo impulsar el bienestar como muchos creen, y otros alaban. No, no soy tan “liberal”. Pero tampoco creo en la necesidad de influir de forma tan determinante ni masiva en la actividad económica hasta tal punto que un buen hombre como es Ramón iglesias, tuviera que dedicar más de dos años de su vida a gestionar la apertura de una empresa. Ah, y más de 30.000 euros.

Por ejemplo, en la actualidad aunque existen cuatro modalidades básicas de contrato de empleo, sus “cláusulas específicas” los convierten en casi cinco decenas. Existen numerosas desgravaciones, bonificaciones, tarifas planas y no planas, por comunidades autónomas, municipales, a nivel nacional. Existen ventanillas únicas que por obra y gracia de cualquier alumno de Hogwarts se convierten o multiplican en ventanillas múltiples. Impuestos por aquí y por allá. Administrativos que te mandan y te devuelven por dónde has venido sin una explicación coherente. Todo eso no solo desincentiva la actividad sino que eleva los costes de las mismas, repercutiendo en el bienestar y en la riqueza, y que algunos han estimado entre el 3,6 y el 4,6 % del PIB. Reducir estos costes no necesariamente implica la eliminación de derechos o la desaparición de administraciones, aunque no haya que descartarlo, sino regular más claro y transparente. Hablo de integrar. Hablo de coordinar.

No hace mucho tiempo inicié un trabajo donde intentaba con unos coautores medir el efecto de los partidos políticos en el crecimiento económico regional de España. Los resultados no eran concluyentes pero sí interesantes. Me guardo parte de estos. Pero para controlar por varios factores, introdujimos variables de control en las ecuaciones que estimaban y explicaban el diferencial de crecimiento de una región respecto a la media nacional. Una de ellas era la variable “páginas de boletín autonómico” y publicadas desde el inicio del ejercicio de las diferentes competencias que actualmente poseen las CC.AA. Esta variable fue tomada del trabajo de Juan Santaló y Francisco Marcos. Pues bien, el resultado era sorprendente. Por cada diez mil páginas de boletín autonómico publicado, el diferencial de crecimiento de una región con la media nacional se reduce entre un 0,2 y un 0,3 % anual. Encontrábamos así un efecto marginal negativo del aumento de la regulación, al igual que Santaló y Marcos, que igualmente encontraron un efecto negativo sobre crecimiento y productividad de dicho exceso de regulación.

Y es que según el informe “Doing Business” del Banco Mundial, España ocupa el puesto 85 de una clasificación de 212 países en facilidad de apertura de una empresa, con un coste sobre capital invertido del 5% (en Estados Unidos es el 1,1%) y 13 días de media (5,6 en Estados Unidos).

Resumiendo, el exceso regulatorio es nocivo para el desarrollo económico y para la riqueza nacional. El objetivo no es tanto desregular, aunque en algunas parcelas pueda ser producente. El objetivo debe ser simplificar, aclarar y facilitar. Los servidores públicos son eso, servidores, no inquisidores de sellos y anagramas. La competencia entre administraciones no debe ser la de buscar mayor notoriedad mediante una mayor regulación. Es urgente que este país se simplifique. Se vuelva sencillo. Necesitamos menos gestorías y más tipos como Ramón Iglesias.

En los primeros 100 días
El contrato de Donald Trump. Así será el Gobierno del republicano
Reducir el número de funcionarios; combatir con contundencia la inmigración ilegal; aumentar el gasto en Defensa; derogar el Obama Care y reducir la presión fiscal de las familias en un 35%. Son las promesas de Donald Trump si llega a la Casa Blanca. Y las ha firmado por contrato.
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 4 Noviembre 2016

Una foto de Donald Trump con la mano en el pecho. Un documento de dos folios con forma de contrato -con la firma estampada del republicano y un espacio para la firma del votante elector-, que resume los compromisos y las medidas que el candidato a la Casa Blanca asume si gana las elecciones. Medidas para acabar con la corrupción de Washington, acciones para proteger a los trabajadores y propuestas para garantizar la seguridad y mejorar el imperio de la ley. Así es el Contrato de Donald Trump con los americanos:

"Lo que viene a continuación es mi plan de cien días para hacer América grande otra vez", señala el empresario. "Es un contrato entre el votante americano y yo mismo y comienza con la restauración de la honestidad y la responsabilidad y en llevar el cambio a Washington. El primer día de mi mandato, mi administración impulsará de inmediato lo siguiente".

Es aquí cuando Trump enumera las seis medidas para limpiar la corrupción y el tráfico de intereses:

1. Proponer una enmienda constitucional para limitar los mandatos de todos los miembros del Congreso.

2. Congelar la contratación de todos los empleados federales -exceptuando al ejército, la sanidad y la seguridad públicas- para reducir la mano de obra federal a través del desgaste.

3. Por cada nueva contratación federal, deben haberse eliminado dos existentes.

4. Prohibir, durante cinco años desde que dejen su cargo, a los funcionarios del Congreso o la Casa Blanca convertirse en lobistas.

5. La misma prohibición, pero de por vida, para evitar que funcionarios de la Casa Blanca puedan hacer lobby en nombre de un gobierno extranjero.

6. Y, de nuevo, la misma prohibición vitalicia para grupos de presión extranjeros, que no podrán recaudar dinero para las elecciones estadounidenses.

Trump propone, además, acciones destinadas a proteger a los trabajadores estadounidenses:

1. Anuncia el candidato su intención de renegociar el acuerdo NAFTA o Tratado de Libre Comercio o, incluso, abandonarlo.

2. En el caso del Acuerdo Trans Pacífico, la propuesta es más rotunda: anunciar la retirada.

3. Medidas contra la injerencia - "abuso lo llama Trump"- de potencias extranjeras: "ordenaré al Secretario del Tesoro que etiquete a China como manipulador de moneda".

4. Además, pedirá al Secretario de Comercio identificar los abusos comerciales extranjeros que afectan a los trabajadores estadounidenses de forma injusta, para que se tomen las medidas necesarias para acabar con esos abusos.

5. Se propone Trump levantar las actuales restricciones de producción sobre las empresas de recursos energéticos y el fin de los actuales obstáculos que la administración Obama impone a proyectos de este tipo.

6. Por último, Trump se compromete a cancelar los miles de millones que se destinan a los programas de cambio climático en Estados Unidos y destinar ese dinero para reparar las estructuras medioambientales y acuíferas de los Estados Unidos.

Entre las medidas que propone para restaurar la seguridad y el Estado de Derecho, Trump señala:

1. Cancelar toda las órdenes ejecutivas y memorándums emitidos por el anterior presidente, Barack Obama.

2. Reemplazar, con alguno de los 20 jueces que figuran en la lista de Trump y que "defienden la Constitución", al juez Scalia.

3. Cancelar la financiación federal destinada a las 'Ciudades Santuario', aquellas más 'indulgentes' con los inmigrantes ilegales.

4. Comenzar a expulsar a los más de dos millones de inmigrantes ilegales y criminales y cancelar los visados con los países extranjeros que no quieran aceptarlos.

5. Suspender la inmigración desde regiones con problemas o propensas al terrorismo donde la investigación previa no puede llevarse a cabo con seguridad. Además, califica de 'investigación extrema' la que debe hacerse sobre toda persona que quiera ir a Estados Unidos.

Además, el candidato promete poner en marcha medidas legislativas concretas durante los primeros 100 días de su mandato.

Así, promete aliviar los impuestos de la clase media con una Ley de Simplificación. Un plan económico diseñado para hacer crecer la economía un 4% anual y crear 25 millones de nuevos empleos mediante la reducción y simplificación de impuestos. Además, se aliviará la carga fiscal de la clase media, sobre todo de las familias, de forma que una familia de clase media con dos hijos disfrutará de un recorte de la presión fiscal del 35%.

En el capítulo educativo, Trump promete redirigir el dinero de los colegios para dotar a los padres del derecho a enviar a sus hijos a los centros públicos, privados o religiosos, a su elección. Además, devuelve la supervisión educativa a las comunidades locales.
Obama Care y asuntos sociales

Rotundo. Trump anuncia la derogación completa del programa sanitario de Obama y su sustitución por Health Savings Accounts, que permitan la compra de seguros de salud estatales. Además, cada estado manejará los fondos de Ayuda Médica y se producirá una reforma en la Agencia de Medicamentos (FDA). "Hay más de 4.000 medicamentos en espera de aprobación, y queremos acelerar la aprobación de aquellos que salvan vidas", señala Trump tras anunciar un recorte de la burocracia.

Una ley de cuidado infantil y anciano, que permita a los estadounidenses deducir de los impuestos servicios de cuidado de niños y ancianos es otra de las promesas de Trump. Además, promete incentivar a los empleadores para que integren zonas de cuidado de niños y crear unas cuentas libres de impuestos para los fondos de cuidado de personas dependientes. Habrá, además, ayuda para las familias con ingresos más bajos.

Y la inmigración ilegal
También rotundo. Trump trabajará por la construcción -financiada por Estados Unidos- de un muro en la frontera sur que cuyo coste será reembolsado por México. Además, impone penas mínimas de dos años para quienes reingresen en los Estados Unidos tras una deportación y de cinco para quienes reingresen y tenga, además, una condena por delitos mayores, más de una condena por delitos menores o dos o más deportaciones anteriores. Además, aboga por asegurarse de que quienes sean admitidos en Estados Unidos acepten a la gente y los valores del país.

Respecto al trabajo, Trump velará para que el empleo se ofrezca primero a los trabajadores estadounidenses.

Para restaurar la seguridad comunitaria, el programa de Trump contempla una ley que contribuya a disminuir la delincuencia, las drogas y la violencia con la creación de un grupo de trabajo específico de delincuencia violenta y el aumento de programas de formación para la Policía Local y las agencias federales.
Ley de Seguridad Nacional

El programa del republicano contempla aumentar la inversión en defensa para recuperar a un "ejército secuestrado". Además, se dotará a los veteranos de la posibilidad de asistir a los médicos privados de su elección y se dorará al país de una mejor infraestructura contra los ataques cibernéticos.

"Esta es mi promesa. Y si seguimos estos pasos, tendremos una vez más un gobierno de, por y para el pueblo", termina Trump su contrato.

Hace unos meses, La Tribuna del País Vasco publicó el primer articulo editorial de un medio de comunicación español en el que se pedía reflexionar sobre la continuidad de esta institución
“The New York Times” da voz a quienes piden reflexionar sobre el futuro de la monarquía en España
www.latribunadelpaisvasco.com 4 Noviembre 2016

En un artículo publicado en la edición española de “The New York Times”, el escritor argentino Martín Caparrós se aleja del pensamiento único dominante en la mayor parte de los medios de comunicación españoles y reflexiona sobre la necesidad o no de que exista un Rey en España.

En su texto, escrito en forma de carta y titulado “A Sumajestad, el rey de España”, Caparrós, que, curiosamente, hace unos años recibió el Premio Periodístico Rey de España, explica que “renunciar, abdicar, señor Sumajestad: conseguirse una casa, irse a su casa, buscarse un buen empleo. Se lo digo, repito, sin rencores. He escuchado decir que usted es más o menos buena gente, tolerante, incluso moderno para rey; alguien me ha llegado a decir que le van los sociatas. Serán, supongo, esos infundios que las personas como usted están acostumbradas a esquivar o, mejor, a desdeñar como merecen”.

“Así que no es nada personal. Al contrario, creo que es por su bien, por eso se lo digo. Su trabajo es aburrido y un poco rancio y bastante cómodo —no tiene jefes, no lo pueden echar, no hay quién le mida los horarios, no pueden amenazarlo con una reducción de personal— pero tiene una exigencia fuerte: debe usarlo, señor Sumajestad, para buscar su lugar en los libros de historia. Y no es fácil: su papá, señor, hizo lo más difícil. Reinstauró su monarquía, colaboró –dentro de un orden– con el restablecimiento de la democracia, se hizo querer, hizo mucho dinero. Usted, con todo respeto, no tiene mucho nuevo por hacer. Si acaso repetir y conservar, sin aspavientos, lo que él ya dejó hecho. No es gran cosa para los manuales.”

“Así que su única opción para no ser una nota al pie, señor Sumajestad, un párrafo perdido, es abdicar. Imagínese el golpe: usted en la pantalla anunciando que quiere ser un ciudadano como todos, vivir como uno más, hacer las cosas por su propio esfuerzo, porque entendió que privilegios como el suyo, por puro mérito de cuna, ya no tienen ningún sentido en estos tiempos; que todos los españoles deben ser iguales y que eso lo incluye y que por eso declara caduca y caducada la institución que representa, y propone acabarla”.

Martín Caparrós, que es autor de varias novelas y de numerosos libros de viajes, se suma a las pocas voces que piden reflexionar sobre el futuro de la monarquía en España, y añade en su texto, lo siguiente:

“Imagínese, señor, la sorpresa, el respeto. La renuncia siempre tiene buena prensa: alguien que, sin presiones, por convicción y propia decisión, deja algo que tenía. Y su renuncia sería única: no habría sucedido nunca antes. Por una vez, el adjetivo más devaluado de nuestro léxico de adjetivos devaluados, el adjetivo “histórico”, estaría justificado. Usted se habría ganado, en buena ley, el lugar que precisa en los libros de historia y fundado algo distinto, algo que podría durar siglos. Usted, entonces, ya no sería un capítulo más: sería un nuevo comienzo. Quizá le parezca que no es para tanto: yo imagino que sí. En una sociedad donde nadie tenga privilegios por motivos tan bobos como su ascendencia, es más fácil postular que nadie debe tenerlos por su dinero o su poder: que si alguien engaña o roba debe ir preso, sea quien sea, tenga lo que tenga; que si alguien necesita comida o salud o educación debe obtenerlas, sea quien sea, sin diferencias de poder o dinero, y todos viviríamos mejor”.

“Y no se deje arredrar por quienes dicen que usted es necesario como prenda de unidad, símbolo de este país siempre en cuestión. Es cierto que las naciones —esos inventos caprichosos y frágiles— usan símbolos, necesitan símbolos; las naciones tienen banderas, memorias, himnos, grandes relatos, odios, camisetas. Son símbolos con cierto grado de abstracción, desencarnados: unos colores, unos dibujos, unas palabras, unos versos con su musiquita. Que una nación necesite simbolizarse en un jefe vitalicio —sintetizarse en un señor, en carne— es un gesto de tan poca abstracción que suena pobre. Permita que su nación consiga símbolos mejores: más contemporáneos”.

Hay que recordar que hace unos meses, La Tribuna del País Vasco publicó el primer articulo editorial de un medio de comunicación español en el que se pedía reflexionar sobre la continuidad de la monarquía.

MIENTRAS LA IZQUIERDA REIVINDICA A LOS VERDUGOS
Ochenta años del inicio de las sacas de Paracuellos
A plena luz del día, a las tres de la tarde del 7 de noviembre de 1936, los primeros centenares de víctimas de Paracuellos eran sacados de la cárcel Modelo y conducidos a las orillas del río Jarama.
Juan E. Pflüger gaceta.es 4 Noviembre 2016

Que todo estaba premeditado, autorizado y organizado por las autoridades políticas del Frente Popular -que cobardemente abandonaron Madrid a su suerte tan sólo 24 horas antes-, está claro. Y lo está porque no recurrieron en el comienzo de las sacas a la nocturnidad ni a la búsqueda del anonimato. El 7 de noviembre de 1936, hace 80 años, a las tres de la tarde, dos decenas de autobuses municipales de dos pisos se repartían entre las diferentes prisiones de Madrid. El Ejército de Franco había tomado el oeste de la capital, estaba en Carabanchel y dominaba la Casa de Campo, además, ya se combatía edificio a edificio en la Ciudad Universitaria.

Mientras que los brigadistas internacionales intentaban frenar el avance de los legionarios de Yagüe, los milicianos comunistas organizados por el nuevo consejero de Orden Público, Santiago Carrillo, que recibía directrices directas de Moscú trasladadas a través del agente Mijail Kolstov empezaban con las sacas masivas.

El escenario variaba, pero el método de impronta soviética era el mismo siempre. La noche del seis de noviembre, milicianos y agentes soviéticos habían accedido, con permiso del director general de Seguridad, Manuel Muñoz, a los archivos de las prisiones y habían empezado a seleccionar a los detenidos -militares, falangistas, católicos, propietarios, periodistas, diputados de la derecha,…- que bajo la falsa información de su traslado a Valencia iban a ser asesinados al día siguiente por la tarde.

Las sacas que con destino a Paracuellos del Jarama comenzaron el 7 de noviembre y se prolongaron durante un mes no eran las primeras. El Gobierno del Frente Popular no podía argumentar que se produjeron durante el vacío de poder tras la huída hacia Valencia. Desde el 28 de octubre los cementerios de Boadilla del Monte, Pozuelo, Rivas-Vaciamadrid,… estaban siendo escenario de asesinatos organizados de presos de la cárcel Modelo, la de San Antón y la checa de Fomento.

Pero nunca el número había sido tan llamativo. Al menos cuatro sacas casi simultáneas se produjeron entre las tres de la tarde del día 7 de noviembre y la una de la madrugada del 8. Dos en la cárcel Modelo, una en la de San Antón y otra en la de Porlier, en total casi ochocientas víctimas que en menos de doce horas fueron asesinadas a orillas del río Jarama en Paracuellos.

Una vez allí, el procedimiento era mecánico, todo estaba programado y nada se dejaba a la improvisación. Se asesinaba siguiendo el modelo que ya habían puesto en práctica en la Unión Soviética. Era una técnica casi industrial en la que participaban los milicianos como ejecutores y paisanos de Paracuellos reclutados a punta de pistola para ajercer de sepultureros.

Lo cuenta el padre López Teulón, postulador de la causa de los mártires: “Los presos son obligados a bajar de los vehículos. En grupos pequeños -diez, quince- se los hace avanzar hacia las fosas previamente cavadas al efecto. Así van siendo fusilados, un grupo detrás de otro. Algunos milicianos se ocupan de dar el tiro de gracia a los heridos. Inmediatamente, un equipo de sepultureros arroja tierra sobre las zanjas. Llega entonces un nuevo grupo, con el que se repite la operación. Unas ochocientas personas cayeron en esa primera matanza masiva. Algunas horas más tarde llegó la segunda expedición: unos doscientos presos que conocerán la misma suerte”.

Y así durante un mes, hasta completar un número de víctimas comprendido entre los 5.000 y los 7.500 asesinados. Un número que los defensores de la Ley de Memoria Histórica, que magnifica las víctimas de un lado mientras desprecia a las del otro, pretenden obviar o reducir a unos centenares en el mejor de los casos.

ORGANIZADO POR LOS RESPONSABLES POLÍTICOS
Carrillo, Galarza, Castro,… los responsables de los crímenes
Es imposible ocultar la vinculación de altos dirigentes del Frente Popular en las sacas de Paracuellos. Muchos de ellos reconocieron su participación, otros han sido desenmascarados por historiadores.
Juan E. Pflüger gaceta.es 4 Noviembre 2016

Dos miembros del Gobierno republicano controlado por el estalinista Frente Popular señalaban la participación de los responsables de Orden Público de Madrid durente la Guerra Civil. Jesús Galíndez, asesor del director general de Prisiones durente esa etapa, cuenta cómo tras la huída del Gobierno de Madrid a Valencia, los nuevos responsables del área fueron comunistas vinculados a Moscú, entre ellos Santiago Carrillo, y que organizaron las sacas con conocimiento de autoridades superiores:

“El mismo 6 de noviembre se decide la limpieza de esta quinta columna por las nuevas autoridades que controlan el orden público. La trágica limpieza de noviembre fue desgraciadamente histórica; no caben paliativos a la verdad. En la noche del 6 de noviembre fueron minuciosamente revisadas las fichas de unos seiscientos presos de la cárcel Modelo y, comprobada su condición de fascistas, fueron ejecutados en el pueblecito de Paracuellos del Jarama. Dos noches después otros cuatrocientos. Total 1.020. En días sucesivos la limpieza siguió hasta el 4 de diciembre. Para mí la limpieza de noviembre es el borrón más grave de la defensa de Madrid, por ser dirigida por las autoridades encargadas del orden público”.

Pero Galíndez no es el único que confirma esta participación. Gueorgui Dimitrov, presidente de la Internacional Comunista, escribía sobre Manuel de Irujo, el miembro del PNV que fue nombrado ministro de Justicia en la segunda remodelación del Gobierno del Frente Popular tras el comienzo de la Guerra Civil, en los siguientes términos:

“Es un nacionalista vasco, católico. Es un buen jesuita, digno discípulo de Ignacio de Loyola. Se dedica especialmente a acosar y perseguir a gente humilde y a antifascistas que el año pasado trataron con brutalidad a los presos fascistas en agosto, septiembre octubre y noviembre. Quería detener a Carrillo, secretario general de las Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban acercando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos. En nombre de la Ley, el fascista Irujo, ministro de Justicia del Gobierno republicano, ha iniciado una investigación contra los comunistas, socialistas y anarquistas que trataron con brutalidad a los presos fascistas”.
Los otros nombres del genocidio de Paracuellos

Entre los miembros del Gobierno del Frente Popular que aparecen señalados por la Historia como participantes en los crímenes de la retaguardia cometidos por las milicias y las fuerzas del orden del bando republicano, encontramos a Ángel Galarza, ministro de Gobernación. En su huída de Madrid el día 6 de noviembre camino de Valencia, para en la localidad de Tarancón para realizar una llamada telefónica a los responsables del Orden Público. En esa llamada, según varios milicianos que le acompañaban en el viaje, dio las órdenes de evacuación de los presos de Madrid y enfatizó: “pero evacuaciones definitivas”. Estas palabras las pronunciaba solamente unos días después de haber asegurado en un acto público: “Tengo un gran sentimiento por la muerte del señor Calvo Sotelo, el sentimiento de no haber participado en ella”.

Enrique Castro Delgado, responsable político y comandante del Quinto Regimiento, aseguró en nota restringida a los nuevos responsables del Orden Público que en la situación que vivía Madrid era preferible “fusilar de más que de menos”. Castro había estado al frente de los milicianos que entraron en el Cuartel de la Montaña el 20 de julio y que, al encontrarse con centenares de enemigos que se habían rendido recordó a sus hombres “La Fórmula” que consistía en: “Matar,… matar, seguir matando hasta que el cansancio impida matar más… después… después construir el socialismo”.

Y el gobernador civil de Madrid tampoco estuvo al margen de los crímenes del Madrid rojo. Carlos Rubiera, diputado socialista, en la última semana de octubre de 1936 se había puesto en contacto con el alcalde de Ribas-Vaciamadrid para ordenarle que cavase tres zanjas de cinco metros de larco por dos de ancho por dos de profundo. Cuando en los últimos días de aquel mes volvió a hablar con el edil para ver si se habían cumplido sus órdenes, la respuesta de aquel fue: “hechas y ocupadas”.

UN DOCUMENTO QUE DUELE A LA IZQUIERDA
Carta de Julián ‘el estudiante’ a Santiago Carrillo
Hace años un vecino de Aranjuez hacía pública una denuncia que vinculaba a Carrillo con los crímenes de paracuellos contando detalles que nadie que no hubiera sido testigo de los crímenes podría conocer.
Juan E. Pflüger gaceta.es 4 Noviembre 2016

La participación de Santiago Carrillo en los crímenes de la retaguardia republicana está documentada por muchos estudios históricos. Hoy en día, solamente los comunistas más recalcitrantes intentan ocultar su participación en los hechos. Una carta publicada hace años por uno de los que le acompañó en aquellos momentos, Julián “el estudiante”, le identifica como uno de los responsables de los asesinatos y como autor e inductor de varios crímenes.

Por su interés, reproducimos íntegramente la carta dirigida a Carrillo:

Sr. Don Santiago Carrillo Solares Madrid
Creo que me conocerás. Yo sí te recuerdo mucho. Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 85 años. En el año 1.936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos de Jarama. También estuve en la checa de la ESCUADRILLA DEL AMANECER, de la calle del Marqués de Cubas nº 17 de Madrid, donde presencié los más horribles martirios y crímenes.

También estuve en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontones, en la Puerta del Sol, donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones en las checas de tu mando. Yo soy Pionero, al que llamaban 'EL ESTUDIANTE', que llevaba la correspondencia a las diferentes checas a cambio de la comida que me dabas.

¿Me conoces ahora, Santiago Carrillo?
¿Te acuerdas cuando tú, Santiago Carrillo, acompañado de la Miliciana SAGRARIO RAMÍREZ y de SANTIAGO ESCALONA y RAMIRO ROIG alias 'EL PANCHO', en la carretera de Fuencarral, kilómetro 5, el día 24 de agosto de 1.936 a las 7 de la mañana, asesinasteis al Duque de Veragua y tú, Santiago Carrillo, mandaste que le quitaran el anillo de oro y piedras preciosas que llevaba? ¿Recuerdas que no se lo podías quitar y tú, Santiago Carrillo, ordenaste que le cortaran el dedo?

¿Te acuerdas, Santiago Carrillo, la noche que llegaste a la checa del Fomento, en el coche Ford, matrícula de Madrid 984, conducido por el comunista JUAN IZACU y los chequistas MANUEL DOMÍNGUEZ alias 'EL VALIENTE' y el Guardia de Asalto JOSÉ BARTOLOMÉS y en el sótano mandaste quemar los pechos de la monja Sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo, y así lo hizo 'EL VALIENTE' con un cigarro puro? Esto sucedió el 29 de agosto de 1.936 a las 3 de la madrugada.

¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo? Con 24 años que tenías, ¡cuántos asesinatos cometiste! ¡Cuánta sangre tienes derramada en España! No quiero molestarte más, Santiago Carrillo, CRIMINAL.

Se despide de ti el enterrador de Paracuellos del Jarama, alias 'EL ESTUDIANTE', que presenció los martirios y asesinatos que tú, Santiago Carrillo, mandaste que se realizaran en España.

¡¡¡¡ VIVA ESPAÑA, MI PATRIA !!!!

******************* Sección "bilingüe" ***********************

LAS 10 PETICIONES DE LA AVT
Las víctimas exigen al nuevo Gobierno 'valentía' para combatir el terrorismo
La Asociación de Víctimas del Terrorismo pide una política antiterrorista y de reconocimiento a las víctimas "que verdaderamente sea eficaz y no meros gestos de cara a la galería".
Gaceta.es 4 Noviembre 2016

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha recordado durante su toma de posesión a todos los funcionarios que han dado su vida por España y a la sociedad civil que ha sufrido el terrorismo, un recuerdo que ha personificado en Mari Mar Blanco, hermana del concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado por la banda terrorista de ultraizquierda ETA. "No sería de justicia en este acto no recordar la dignidad de las víctimas y sus familiares", ha reivindicado Zoido. Pero, ¿cuáles deben ser las bases de la política antiterrorista del nuevo Gobierno?

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha pedido una política antiterrorista y de reconocimiento a las víctimas "que verdaderamente sea eficaz y no meros gestos de cara a la galería". Así lo ha manifestado su presidente, Alfonso Sánchez, en el editorial de la última edición de Por ellos, por todos -la revista de la organización-. Ha recordado asimismo la "oleada de desgarradores" ataques islamistas que ha sufrido Europa para reivindicar que "necesitamos articular una respuesta integral, unificada y permanente". Una respuesta, añade, "común de todos los países".

Sánchez ha denunciado que "hacen falta hechos concretos para terminar con esta lacra", porque "tenemos a nuestras espaldas una larga y dura historia de lucha contra el terrorismo que aún no ha terminado". La AVT lamenta que "por desgracia vemos cómo entre nuestros líderes priman los intereses individuales por encima del bien común de todos los españoles" y exige un Gobierno "fuerte" y políticos "valientes" para combatir el terrorismo. Las "líneas maestras" en materia antiterrorista, a su juicio, deben ser:

"1. Impulso de un gran pacto de Estado que incluya al mayor número de formaciones políticas y en el que se recoja con claridad que ante el chantaje y la amenaza de los terroristas no hay nada que ofrecer. Sólo justicia y aplicación estricta de la ley.

2. Aplicación de la Ley de Partidos para la ilegalización de Sortu-Bildu-Amaiur por pretender legitimar, continuar, gestionar, justificar y defender el terrorismo perpetrado por ETA.

3. Esclarecimiento de todos los ataques terroristas cuya autoría aún se desconoce, la puesta a disposición de la justicia de sus responsables para que sean juzgados y la ejecución de las sentencias dictadas por los tribunales de justicia de una manera íntegra y efectiva.

4. Impedir la legitimación de la trayectoria criminal de los terroristas, el enaltecimiento de los terroristas, la equiparación de las víctimas con los delincuentes y la vuelta a la utilización de un supuesto conflicto histórico entre vascos y españoles para justificar la violencia, exigir la impunidad e iniciar un proceso de imposición y ruptura disfrazado de negociación política.

5. Más hechos y menos palabras: promover de manera clara, concisa y concreta medidas que reflejen el compromiso en materia antiterrorista y de reconocimiento a las víctimas. Entre otras medidas propone que se cumpla con el mandato establecido en la Disposición Final de la Ley 29/2011 sobre elaboración de un protocolo de actuación para situaciones derivadas de un ataque terrorista, que se reconozca en el estatuto de la víctima las especificidades propias de las víctimas del terrorismo -para que se aprueben medidas que conciernan realmente a las víctimas del terrorismo- y que se adopten las medidas necesarias para la efectiva aprobación de un plan para la prevención de la radicalización más allá de las meras referencias de cara a la galería.

6. Asegurar el derecho de las víctimas a la dignidad, a la memoria, y a la reparación a través de la justicia, así como el reconocimiento y la cercanía que merecen a través de medidas concretas y transparentes.

7. Facilitar instrumentos que articulen la cooperación internacional y no consentir que países de nuestro entorno pongan en duda el compromiso de España en la defensa de los derechos fundamentales y se nieguen a la extradición de una persona reclamada por delitos relacionados con el terrorismo.

8. No utilizar el terrorismo y sus víctimas con fines electoralistas.

9. Necesidad de liderazgo político que encabece un proceso de pedagogía democrática, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, para hacer frente no sólo a los terroristas sino a los proyectos políticos y/o religiosos fanáticos y antidemocráticos que estos defienden.

10. Las víctimas del terrorismo deben ser tenidas en cuenta, de una manera real y no meramente simbólica, en todas aquellas medidas e iniciativas que se adopten en relación con la política antiterrorista y de reconocimiento a las víctimas. Estas, en todo caso, deberán de tender a preservar y a garantizar la memoria, la verdad, la dignidad y la justicia de las víctimas del terrorismo".
 


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