AGLI Recortes de Prensa   Martes 8  Noviembre  2016

Donald Trump: populismo, sí pero no
Javier Benegas  vozpopuli.com 8 Noviembre 2016

Cualquier sabe que si has de transmitir una idea y propagarla, lo primero que debes hacer es simplificarla. Si lo consigues, tiene media batalla ganada. En una sociedad como la actual, donde muy pocos leen y menos aún dedican su tiempo a analizar ideas complejas, donde la mayoría rechaza el pensamiento profundo y prefiere ver la televisión para que sean otros quienes piensen por ellos, o simplificas el mensaje o estás perdido. Es difícil imaginar hoy en un plató a un tertuliano esforzándose por elaborar una idea que difícilmente pueda codificarse en dos o tres frases de muy pocas palabras que cualquiera pueda repetir como un loro. El pensamiento lateral, que huye de los supuestos previamente establecidos, que pone en cuarentena los planteamientos de unos y otros, no desde la equidistancia sino desde el sano escepticismo, no tiene cabida en los mass media.

La política basura o 'Mac Política'
Los productores de los programas quieren espectáculo, agitación, enfrentamientos burdos pero efectistas, no debates inteligentes sino peleas barriobajeras con sentencias mostrencas que emergen desde de la entraña, no desde el razonamiento. Y lo prefieren así por dos razones. La primera, obviamente, porque la audiencia manda. Y siempre es más viral una discusión subida de tono, donde se destilen los peores instintos, que un debate reposado para cuyo seguimiento es imprescindible esforzarse. Es más fácil hacer titulares sensacionales o generar tuits de 140 caracteres si los momentos estelares de un debate están marcados por la polémica y la polarización, si abundan las aparatosas sentencias, los disparates y las descalificaciones.

Pero la segunda razón es menos evidente. Los magnates de los grandes medios de información, que dependen del Poder para obtener licencias o conservar y ampliar sus mercados, es decir, para hacer negocio, prefieren debates tan aparatosos como inocuos, porque entran dentro de lo tácitamente permitido. Por eso sus programas de debate son efectistas pero intelectualmente nulos. Y es que, por más que pueda parecer lo contrario, no resultan peligrosos, excepto, claro está, para las higiene mental de los espectadores. Además, da igual quien parezca llevarse el gato al agua. La audiencia difícilmente cambiará de equipo, porque lo que se confronta no son razones sino creencias.

Por más que resulten aparatosos, o parezcan mover a la sublevación, en realidad son puro entretenimiento. Una vez llega a su fin la emisión del espacio, los exabruptos, los aparentes excesos se canalizan en las redes sociales –que son como barras de bar virtuales–, donde lo que puede parecer subversivo, incluso incendiario, tiene una vida muy corta. Y es que, según los espectadores apagan la televisión y vuelven a sus quehaceres, si acaso moverán un dedo para hacer clic y rebotar las mismas consignas enlatadas en las redes sociales, ayudados, claro está, por las marcas personales que más seguidores tienen, que hoy suelen pertenecer a los mismos personajes que ha ganado notoriedad gracias a los mass media o que son… los propios mass media.

En realidad, la trifulca gira en torno a consignas que, en lo esencial, no han variado durante décadas, como tampoco ha variado sustancialmente el reparto de fuerzas entre quienes defienden una cosa o la contraria. La televisión provoca una sensación óptica: parece que todo se agita, pero en realidad nada se mueve. Todo es muy aparatoso, y que no falte el recurrente “Fulano incendia las redes” diciendo esto o lo otro, pero ni una sola idea nueva, ningún virus que pueda propagarse y socavar las viejas creencias repartidas equitativamente entre dos bandos que, más que pugnar entre sí, se apuntalan mutuamente. En definitiva, lo que en la televisión llaman debates políticos no son más que fuegos artificiales; resultan ruidosos, en ocasiones estridentes, sí… pero en realidad son fogonazos cuyas deslumbrantes luces se neutralizan mutuamente, dejando a los espectadores ciegos, incapacitados para ver lo que hay en la penumbra.

El populismo rampante engendra 'contrapopulismo' rampante
Este “simplifica que algo queda”, pese a ser más elemental que el mecanismo del asa de un cubo, es extraordinariamente efectivo. La simplificación y la polarización del pensamiento –lo que da lugar al no-pensamiento– es el mecanismo más eficaz que se conoce para anular las mentes y atrapar a las sociedades en un bucle infinito sin que las personas se percaten.

Lo peor, con todo, es que esta simplificación, con su reducción al absurdo, termina arrastrando a los que están mucho mejor informados que el espectador medio, a esa intelectualidad que se supone más instruida. Para comprobarlo, basta con observar cómo muchas personas que se suponen inteligentes, han reducido el fenómeno Trump al simple populismo, confundiendo la calculada simplicidad del falso predicador con la complejidad de los problemas de fondo que usa como palanca. Siguen sin comprender que Trump no es el problema, sólo una amenaza a corto plazo.

Así, lo de menos es si al final se consuma el triunfo de un determinado candidato. Porque, en este caso, el refranero popular no se aplica: muerto el perro, la rabia no desaparece. El peligro no es el perro, por más que suelte espumarajos por la boca y enseñe los colmillos. Tampoco la globalización ni el cambio tecnológico, al menos no en la medida en que se pretende, pues ambos fenómenos no son nuevos sino que llevan mucho tiempo entre nosotros. El problema está en la evolución de la política, y más concretamente en la instauración de la falsa idea de que es posible controlar el mundo si se delega el poder suficiente y, sobre todo, dinero bastante. Ocurre que la gente está descubriendo que era mentira. Que, con su voto, han contribuido a generar una industria que ha velado por sus propios intereses, a la que el bienestar de la comunidad ha importado muy poco, pero que, sin embargo, ha señalado con el dedo y puesto en la picota a demasiados, mediante esa falsa moral que es “lo políticamente correcto”.

Tacita a tacita, crisis a crisis, burbuja a burbuja, guerra a guerra, hoy en EEUU el cabreo es enorme. Tanto que muchos electores parecen estar dispuestos a usar a Trump, como usarían a cualquier otro outsider, para darle una patada en el trasero al establishment, aunque al hacerlo se la den en el suyo propio. El error es pues interpretar fenómenos complejos de forma simple, sencilla, interesada, exactamente igual que hace Trump para sacar votos del descontento, pero en este caso para combatirle. En definitiva, el error es simplificar lo que sucede y polarizar a la opinión pública como en los falsos debates televisivos, que en vez de discutir ideas, reproducen muecas, gritos, consignas y… ataques de histeria. Así lo único que se consigue es degradar a la sociedad para que los Trump de este mundo hagan campaña.

Modificar nuestro modelo productivo
José María Gay de Liébana Okdiario 8 Noviembre 2016

¡Se acabó el impasse que ha durado tantos meses, casi un año, en el que España ha permanecido sin Gobierno, o con un Gobierno en funciones, que no es exactamente lo mismo, porque de esta última forma se está sin estar o no se está, estando! En fin, que durante ese tiempo la economía ha ido como una especie de cohete, mucha gente se ha cambiado el coche; otros se han lanzado a la siempre apasionante aventura de la compra de piso; han congeniado parejas, que han decidido dar un paso adelante; estudiantes universitarios han finalizado sus carreras; el paro ha bajado no de una manera drástica pero al menos se ha suavizado; el dichoso IPC, que nos indica los aumentos de los precios, ha terminado por convertirse en un indicador amable que cada mes nos ha traído buenas noticias, y los viernes, ah los viernes, sin la incesante maquinaria legislativa a través de su brazo armado que es el BOE. A todo ello, Mario Draghi ha seguido comprando deuda soberana, la prima de riesgo se ha comportado en plan más que amigable, incluso el BCE se ha tomado la licencia de adquirir también bonos privados, emitidos por empresas, y la banca, entretanto, va aguantando todo lo que puede en un escenario nada cómodo de bajos tipos de interés y parcas rentabilidades.

Mariano Rajoy ya es de nuevo presidente del Gobierno. El nuevo Gobierno, con caras simpáticas algunas y menos fascinantes otras, echa a andar y ante sí tiene una buena lista de desafíos a los que hacer frente.

No sólo se trata de capear del mejor modo posible los desajustes patrios sino de saber capear con las incertidumbres, riesgos e inquietudes que a nivel internacional se están dando y proseguirán en los próximos meses, desde el camino político que tomen los Estados Unidos a partir de noviembre a las disyuntivas que se plantean en Europa durante los próximos meses. Nuestra política exterior, a la sazón, será clave y habrá que moverse muy bien en el entramado global.

En el plano doméstico, cabe cuestionarse, sin acritud y con serenidad –bajo una postura muy ecléctica por parte de nuestros gobernantes y no mostrando una sobrada suficiencia–, si las bases de la recuperación económica son auténticamente sólidas. El favorable impacto de una sensacional temporada turística, que se ha erigido en motor económico tirando del carro de muchos sectores, hay que evaluarlo racionalmente porque gran parte de esa avalancha de turistas foráneos han llegado a nuestra tierra no sólo por nuestras maravillas… Los conflictos existentes en otros rincones del Mediterráneo han sido determinantes para recibir ese “turismo prestado” que hemos de saber aprovechar y procurar seleccionar desde el punto de vista de la calidad.

La falta de peso industrial en nuestra economía actúa como un serio hándicap para que la misma evolucione y se potencie. La reindustrialización de España y el saber entrar en la competición mundial de las nuevas tecnologías y en lo que se conoce como la nueva industria, en esa era digital que marca ya los derroteros de nuestra civilización, son determinantes. Ahí es donde se necesita de gente preparada, vigorosa, en la punta de lanza de los nuevos modelos económicos, para que sepa liderar la metamorfosis que exige nuestro modelo económico y productivo en aras de ser competitivos, enfocarnos hacia servicios y bienes de más valor añadido, a fin de saber ubicarnos en lugares preeminentes, justo en un momento en el que la gran carrera tecnológica aún está en ciernes. O nos subimos ahora a ese carro o nuestro futuro se verá envuelto por tinieblas. Liderazgos consistentes necesita España ahora mismo para encarrilar nuestra economía por los cauces adecuados, disminuyendo nuestra dependencia de los modelos low cost y dejando de fiar todo al éxito de la temporada turística.

Nuevo Congreso a la búlgara del PP
A este PP socialdemócrata le basta el temor al coco auténticamente liberticida de Podemos para garantizarse la continuidad en el poder.
Editorial Libertad Digital 8 Noviembre 2016

Lo peor del próximo Congreso Nacional del PP, que tendrá lugar en Madrid durante el próximo mes de febrero, no es que se celebre con dos años de retraso. Lo más criticable es que todo parece indicar que va ser un cónclave en el que la democracia interna y el debate de ideas van a seguir brillando por su ausencia y en el que Rajoy será designado –más bien aclamado– presidente no por los militantes del partido sino por unos compromisarios.

Aunque los estatutos del partido afirman que los compromisarios serán "elegidos en listas abiertas" y sólo con el apoyo de "100 militantes", y que cualquiera puede optar a la pugna, en la práctica las direcciones regionales y locales tienen un control prácticamente total de aquellos, amén de que los diputados, senadores o concejales son ya de por sí compromisarios natos. Es cierto –tal y como apunta desde la Red Floridablanca Isabel Benjumea– que los estatutos permiten hacer cambios para que toda la militancia pueda implicarse en la votación, pero no es menos cierto que dichos cambios no pueden abordarse sin el consentimiento de una dirección que está dispuesta a que Rajoy sea reelegido por aclamación y sin rival. Eso, por no recordar que los estatutos también dicen que los congresos se celebrarán cada tres años y este, sin embargo, se va a celebrar cinco años después del último, celebrado en Sevilla, o que el propio censo de militantes no está actualizado.

Así las cosas, ya podrá el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maíllo, asegurar que no será un congreso "de trámite", pero la única "actualización" de la propuesta política y las únicas "señas de identidad" previsibles serán las que ya han convertido al PP en un partido socialdemócrata más; un partido, por lo demás, que no dejará de ser vergonzosamente condescendiente con los nacionalistas.

Y no es de extrañar: a pesar de que la pérdida de millones de votantes debería haber llevado al PP a una catarsis que le permitiera recuperar sus traicionadas señas de identidad liberal-conservadoras y combatir ideológica, política, financiera y judicialmente al secesionismo, el desplome todavía mayor cosechado por el principal partido de la oposición le permite un absoluto continuismo, simbolizado en el mantenimiento como líder de Rajoy, el político peor valorado de los españoles. Rajoy puede permitirse seguir siendo presidente todo el tiempo que le dure al PSOE su justificado temor a unas nuevas elecciones generales. Y a la vista del desastre que auguran a los socialistas los sondeos, ese temor bien puede durar toda la legislatura.

Por mucho que la lenta y frágil recuperación económica, así como el desafío secesionista a la nación y el Estado de Derecho, requieran una alternativa liberal combativa, sería del todo ingenuo pensar que la regeneración del PP pudiese surgir de este nuevo congreso a la búlgara. A este PP socialdemócrata que trata vanamente de contentar a los insaciables nacionalistas le basta el temor al coco auténticamente liberticida de Podemos para garantizarse la continuidad en el poder.

De inocente nada, Iceta.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Noviembre 2016

Dice el karaokista Miquel Iceta que el PSOE debe aceptar que Cataluña es una nación, y que no hay que ver riesgo ni para la unidad de España ni para la fraternidad. Además, dice que “El PSC no piensa renunciar a tener un proyecto para España, nos sentimos parte de este proyecto y no nos gustaría que algunos, por activa o pasiva, nos dejaran de lado y nos expulsaran de la posibilidad de compartir un proyecto conjunto”. Curiosa forma de sentirse cuando todos sus diputados en el Congreso sin excepción incumplieron la disciplina de voto que impuso la Gestora y votaron no a la candidatura de Mariano Rajoy. Eso sí, no quieren perder el chollo de formar parte de la Ejecutiva Federal, mientras hacen lo que les viene en gana en su feudo, exigiendo el reconocimiento imposible de Cataluña como nación y el derecho a decidir del inexistente “pueblo catalán”. Y es que hace falta tener caradura y cinismo superlativo para venir con semejantes milongas.

Se dicen ser “hijos del movimiento obrero y de la fábrica”. Claro, ahora apela al boom de desarrollo industrial con la inmigración masiva de españoles que nunca tuvieron oportunidad en su tierra de nacimiento gracias a la discriminación impuesta en primer lugar por los Gobiernos de la caduca Monarquía, de las dos Repúblicas, de la dictadura de Franco y después por los diferentes gobiernos de España del PSOE y del PP desde la transición. Los famosos “polos de desarrollo” de los tecnócratas del OPUS de Franco en los que regiones como las Vascongadas, Asturias, Reino de León y Cataluña tuvieron el apoyo y la financiación suficiente para convertirse en los motores del desarrollo con las fábricas de coches, Altos Hornos, y empresas derivadas auxiliares. Una situación que creó un abismo importante con las demás regiones subdesarrolladas de España, centradas en una actividad secular de actividades agrícolas y ganaderas o de servicios en un incipiente sector turístico y de la construcción en las costas.

Miente Iceta cuando dice que reconocer lo de nación no pone en riesgo la unidad de España. Quiere hacer creer que es algo inofensivo cuando en realidad es una carga de profundidad contra la propia esencia de España, la única nación reconocida por la Constitución y que cuestionaría la Soberanía del pueblo español, formado por todos y cada uno de los que por nacimiento o por derecho ostentamos y tenemos el orgullo de ser y llamarnos españoles. Porque Miente Iceta cuando ahora en una pirueta solo forzada por la amenaza del PSOE de romper el pacto y volver a tener su marca en Cataluña, dice ser social demócrata y querer contribuir al proyecto de España. Eso será cuando renuncie definitivamente a reconocer el derecho a decidir de ese supuesto pueblo, a no compartir ese proyecto en común que solo pretende la independencia de Cataluña.

Reclama mantener con el PSOE una relación de hermandad, que si fuese aceptada lo que sería es una relación de “primos”. Porque hace falta ser un “panoli” para permitir que representantes del PSC se incrusten en la Ejecutiva Federal e influyan en las decisiones del PSOE, pero que eso no se permita a la inversa, el que representantes del PSOE se inmiscuyan en los asuntos y decisiones del PSC de Miquel Iceta. Y claro, ahí están por ejemplo los apoyos interesados a la extrema radical de izquierda CUP, a la que Iceta ha propuesto una alianza estratégica de cara a las elecciones. Una relación con quienes apoyan al separatismo de ERC, CDC y ese conglomerado de secesionistas de Junts pel Si que dominan el Parlamento de Cataluña y no dudan en desobedecer las sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional y han puesto fecha a una declaración de independencia.

Desde luego que el PSOE no debe de tener miedo al considerar si esta relación tan desequilibrada con el PSC que además ha llevado al socialismo a ser una fuerza casi testimonial en Cataluña, es lo que más le conviene para su nuevo proyecto para España. No creo que mantener discursos contradictorios sea lo más sensato ni lo más beneficioso ante un electorado que no comparte la radicalidad de unos partidos dispuestos a todo con tal de conseguir su objetivo secesionista. Los que deben de tener miedo son el histriónico Miquel Iceta, Nuria Parlon y toda esta jarca de pro secesionistas que ahora se quieren camuflar de convencidos patriotas españoles herederos de no se sabe muy bien qué.

Lo más esperpéntico es la apelación de Miquel Iceta a su “españolidad” cuando dijo lo de “Me siento español y no me da miedo decirlo, sobre todo si me quieren”. Esta apelación al sentimiento resulta poco o nada creíble en quien ha hecho de la ambigüedad y de la empatía con el nacionalismo catalán su forma de querer nadar y salvar la ropa, dando por cierta la existencia de otros pueblos dentro de España diferentes al español. Porque una cosa es la toponimia del terruño de cada uno y otra inventarse la historia para convencer de unos derechos históricos, hablar de opresión y represión de España y del “Estado español” y querer convencer de que existe un pueblo catalán con aspiraciones de libertad y de caminar en solitario fuera de España, y querer consumarlo con una declaración unilateral de independencia.

Quien asume esa visión deformada como algo real y legítimo nunca podrá formar parte del proyecto común de España que deseamos la inmensa mayoría de españoles. El PSOE deberá decidir si mantener esa relación es conveniente para sus intereses y para los de España.

¡Que pasen un buen día!

Una nueva España y un puño amenazante
Juan Chicharro Republica 8 Noviembre 2016

Pablo Iglesias, el dirigente comunista es cuando menos un personaje curioso: líder de masas, perfecto intérprete del papel que corresponde en el momento oportuno, magnífico actor y un evidente “encantador de serpientes”, paradigma por otro lado del flautista de Hamelin.

Y hete aquí que en ese papel nos lo encontramos en el último debate de investidura cuando nos habla y proclama la nueva España que él desea alcanzar, siendo él el Jefe, claro. Y nos habla de una España nueva, la de la gente que él considera joven, la de las libertades ( las suyas, claro), la de la “plurinacionalidad” del Estado, la de la erradicación de la moral cristiana, la del aborto como derecho exclusivo de la mujer, la de los afectados por el desahucio por el impago de hipotecas, la de la ruptura con el sistema político vigente, la del puño en alto amenazante… etc., en definitiva una amalgama de reivindicaciones de todo tipo y pelaje que busca un caladero de votos fundamentalmente en la gente con problemas desencantada con la situación actual; y ciertamente algo ha pescado, a la vista está, si bien cada vez en menor medida pues ya se le va viendo, cada vez más, el plumero.

Y le veo en el debate del que les hablo proclamando su visión de la nueva España ante una lamentable visión del Parlamento: una imagen de ruptura total y de desencuentro entre los supuestos representantes del pueblo español. Viva imagen del odio y del rencor: la que representa el puño en alto.

¿Nueva España?
Pobre España diría yo si fuera cierto lo que dice, pero tengo el convencimiento de que España no es así o al menos no la percibo de esta forma yo en la calle; pero lamentablemente es la que nos muestran estos visionarios y paladines del odio y la mentira a los que se hace necesario hacer frente con toda la energía posible que nos de la palabra.

No, señor Iglesias, España no quiere sus libertades que sabemos donde acaban; España tiene sus raíces en el cristianismo con sus luces y sombras, le guste o no; España es diversa, sí, pero UNA desde tiempo inmemorial; España tiene problemas, sí, pero desde luego no solucionables con sus hipotéticas medidas y desde luego España no es para nada lo que vemos en el Congreso de los Diputados. España es otra cosa totalmente distinta a la que Vd. nos dibuja. Incluso en lo que respecta también a la indumentaria al uso; ni siquiera en los ambientes más chabacanos puede uno encontrarse con el circo en el que se ha convertido el Congreso de los Diputados, más propio de una república bananera que de una nación europea. Una imagen zafia y vergonzante.

Sr. Iglesias, es obvio que es Vd. un experto en la agitación y propaganda y merced a esa habilidad está donde está pero no confunda más a nuestro pueblo.

Sr. Iglesias, dese una vuelta por las calles, dese una vuelta por los pueblos y verá como tengo razón. Le oigo hablar de la Patria argumentando que esta es una unidad total en la que se integran todos los individuos y todas las clases y que la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado y, ¡vaya!, coincidimos, pero no me cuadran estas ideas con lo que Vd. propone ni con ese puño amenazante en alto; más bien las veo a años luz. Deje de enredar de una vez.

Habla y habla Vd. de una España Nueva cuando lo único que nos ofrece es deshacer todo lo conseguido en los últimos 40 años; eso sí, una España a su imagen y semejanza y a la de sus acólitos: la del odio que representa su puño amenazante en alto y que nos trae recuerdos de brigadas al amanecer, de checas asesinas, de gulags soviéticos, de miseria y de tiranías en la historia contemporánea de Europa y del mundo.

Sr. Iglesias, quédese Vd. con esa España nueva, afortunadamente incapaz de reunir a más de unos miles de personas en la Puerta del Sol, y entérese que al mismo tiempo que se desarrollaba esa manifestación decenas de millones de españoles estaban a otra cosa bien distinta.


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Rajoy ante el separatismo
Manuel Molares do Val Periodista Digital 8 Noviembre 2016

Los empresarios catalanes que llevan más de un siglo jugando con el Estado, incluso bajo Franco, “si me subvencionas te apoyo; si no, me acerco al independentismo”, estaban seguros de que Mariano Rajoy iba a nombrar a algún ministro para negociar con los separatistas una solución política que les daría nuevos beneficios, pero se han quedado sin nada.

Decían en los medios informativos que era necesario evitar el “choque de trenes” entre la Generalidad y el Estado, y para ello organizaban encuentros poniéndose como mediadores en sus asociaciones con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y otros ministros.

Pero en el nuevo gobierno de Rajoy no hay alguien dúctil para sus intereses, sino a Dolors Montserrat, una catalana de combate contra los independentistas, no agresiva, pero implacable.

Rajoy y todo su gobierno –igual que PSOE y Ciudadanos—saben que no hay tal “choque de trenes”, sino el enorme tren del Estado que puede arrollar al carricoche separatista, tal es la proporción entre ambas fuerzas.

Parece haberse esfumado la esperanza de los empresarios bifrontes de influir en la política estatal, en concreto Antón Costas, presidente de Círculo de Economía, y el de Fomento de Trabajo, Joaquim Gay de Montellá, que esperaban ser consultados para mediar y poner, como siempre, condiciones económicas.

Y es que conforme el nacionalismo se entrega a los antisistema de la CUP (Candidatura d'Unitat Popular), que propone convertir Cataluña en la Corea del Norte de Kim Jong-un, o a la ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) llena de gente grosera e ignorante, como ese Rufián o Tardá, su independentismo no puede tomarse muy en serio.

Dentro de ese mundo los empresarios no tienen ascendiente alguno, mientras al Estado le quedan los juzgados, aplicar la ley y ejecutar sus sentencias.

Egibar, ETA y la Guardia Civil

Cayetano González Libertad Digital 8 Noviembre 2016

Egibar volvió a dejar claro que eso de derrotar a los terroristas es una cosa excesivamente radical, propia de los extremismos.

Es algo que no puede evitar, porque lo lleva en los genes. La valoración que hizo Joseba Egibar, portavoz del PNV en el Parlamento vasco y presidente de su partido en Guipúzcoa, de la detención del número uno de ETA, Mikel Irastorza, es un fiel reflejo de lo que ha sido su posición respecto a la banda terrorista en todos estos años. En lugar de alegrarse, Egibar lamentó que, cinco años después del denominado "cese definitivo de la violencia", el Gobierno de la Nación siga instalado en la posición victoria-derrota en lo relacionado con ETA.

Es decir, que Egibar volvía a dejar claro que eso de derrotar a los terroristas es una cosa excesivamente radical, propia de los extremismos, y que en la fase en la que se encuentra ETA lo de seguir deteniendo a sus miembros parece como que no tiene mucho sentido.

No haría falta que Egibar fuera tan explícito a la hora de dar a conocer sus opiniones sobre esta materia, porque de sobra son conocidas, y además hay precedentes. En julio de 1997, a los pocos días de que la Guardia Civil liberara en una brillante operación a José Antonio Ortega Lara, Egibar cometió la bajeza moral de decir que el funcionario de prisiones, que permaneció secuestrado por ETA 532 días en un inmundo agujero construido en el subsuelo de una nave industrial de Mondragón, tenía "alguna función añadida" a su labor propia de funcionario en la cárcel de Logroño. Todo el mundo entendió entonces que el dirigente del PNV estaba insinuando algo que en el fondo podría explicar, ¿o justificar tal vez?, por qué Ortega Lara hubiera sido secuestrado por ETA.

Egibar da perfectamente el perfil del dirigente del PNV que durante muchos años, con sus hechos y sus palabras, ha demostrado mucha más cercanía a los verdugos que a las víctimas. Egibar forma parte de ese PNV que nunca apoyó ninguna de las medidas que desde el Estado de Derecho se han ido tomando a lo largo de los años para combatir a ETA y que han conseguido acabar, al menos en el terreno operativo, con la banda terrorista. Y cuando en su partido surgió, a comienzos de la década de los 90, alguien como el entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa, que se posicionó claramente desde su cargo institucional y al frente de la Policía autonómica contra ETA, Egibar se sintió incómodo.

Pero, mal que le pese a este dirigente del PNV, la Guardia Civil ha seguido haciendo muy bien su trabajo, lo que ha llevado a esta nueva detención de un cabecilla etarra, que se materializó, y uno piensa que no es casualidad, cuando no habían pasado ni veinticuatro horas de la toma de posesión del nuevo ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido. De alguna manera, fue un regalo de bienvenida al nuevo responsable de la cartera ministerial que durante tantos años ha tenido como prioridad absoluta la lucha contra ETA.

Todas las operaciones policiales llevadas a cabo en Francia contra la banda terrorista desde finales de la década de los 80 han sido fruto de la labor de información, investigación y seguimiento de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, fundamentalmente de la Guardia Civil. Llegó un momento en que el compromiso de Francia con España en la lucha antiterrorista se tradujo en permitir ese trabajo de información de nuestros cuerpos policiales en suelo francés. Eso sí, las detenciones eran siempre ejecutadas por policías galos, para no cometer ilegalidades.

Por eso, mal que le pese a Egibar, cobran de nuevo actualidad esas palabras que el exmiembro de ETA pm, luego reconvertido a la democracia y que acabó militando en Euskadiko Ezkerra y en el PSE, Mario Onaindía, dijo años antes de fallecer: "Menos mal que en la lucha antiterrorista nos queda la Guardia Civil".

 


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