AGLI Recortes de Prensa   Jueves 10  Noviembre  2016

Lo que los ciudadanos norteamericanos han dicho
Editorial latribunadelpaisvasco.com 10 Noviembre 2016

El discurso de Donald Trump, el ya nuevo presidente de Estados Unidos, es pedestre, rudo, poco ortodoxo y abrumadoramente plano de matices políticos, pero tiene una virtud importante que, equívocamente o no, los norteamericanos han valorado por encima de otros muchos otros elementos: habla de las cosas que preocupan a las personas normales.

Con toda probabilidad, Donald Trump se ha convertido en el nuevo presidente de Estados Unidos no tanto por sus propios méritos como por su capacidad para incidir en todos los males provocados por un casi una década de Administración Obama, que pasará a la historia como una de las peores que ha tenido Estados Unidos por su empeño obcecado en convertir los deseos caprichosos de unas minorías en norma de obligatorio cumplimiento para todos los ciudadanos.

En este sentido, los ciudadanos estadounidenses de a pie de calle, que nada tienen que ver con los “buenistas”, bienpensates e ignorantes izquierdistas de salón que tanto abundan en el Partido Demócrata de Nueva York y Washington, no han perdonado a Barack Obama su mostrenca sumisión a la ideología de género más desformada, su chapuza con el sistema de salud pública, su falta de coraje a la hora de apoyar a las fuerzas policiales en su lucha contra la delincuencia, su abandono de responsabilidades para combatir eficazmente la amenaza terrorista y su discurso permisivo y contemporizador con los totalitarismos islamistas y comunistas.

En el ámbito internacional, el legado que el Partido Demócrata de Barack Obama deja a los ciudadanos norteamericanos resulta absolutamente desolador, especialmente después de haber firmado un vergonzante acuerdo nuclear con Irán, tras haber legitimado más de medio siglo de dictadura comunista cubana, tras haber sembrado el caos en Siria e Irán alentando indirectamente el surgimiento del autodenominado Estado Islámico y después de haber dejado a Europa en manos de la fuerza expansiva de Vladimir Putin.

Con toda probabilidad, la mayor parte de los votantes que hoy han llevado a Donald Trump a la Casa Blanca, no conocen al detalle todos los estropicios, tanto internos como externos, que ha cometido el Gobierno de Barack Obama y sus acólitos del Partido Demócrata. Pero si algo tienen los ciudadanos estadounidenses en abundancia es sentido común y es, quizás, este sentido tan poco habitual, especialmente entre las fuerzas de izquierda europeas y norteamericanas, el que les ha llevado a intuir que su país está dejando de ser el que era: que los Estados Unidos de las oportunidades para todos no han sabido expandir el crecimiento económico de los últimos años a toda la sociedad; que los Estado Unidos respetuosos, integradores e igualitarios con las minorías han pasado a convertirse, bajo el mandato del Partido Demócrata, en un país esclavo de éstas; que la tierra expansiva y siempre abierta a la inmigración está siendo incapaz de poner fin a los flujos migratorios incontrolados; que la tierra del individualismo, la libertad personal y el derecho a la seguridad está cediendo al comunitarismo más grosero y desnortado, y que, en definitiva, los millones de hombres y mujeres emprendedores y anónimos de Florida, Texas, Nevada o Illinois, ya no son quienes hacen el país, sino unas elites económicamente bien engrasadas, de la Costa este o de California, que poco o nada tienen que ver con el espíritu de los padres fundadores de esta nación.

Quienes, recién elegido Donald Trump como presidente de Estados Unidos ya han comenzado a cacarear sin control sobre “la amenaza que se cierne sobre el mundo”, sobre los “temblores del planeta” o sobre “lo que se nos viene encima”, han de recordar que, a diferencia de lo que ocurre en la gran mayoría de los países de Europa, y especialmente en España, la fortaleza y el equilibrio del sistema institucional norteamericano garantiza que ninguna Administración ni ninguna figura presidencial, por muy convulsa que ésta sea, pueda cambiar drásticamente el sistema político, económico o social del país y, de hecho, nunca ha ocurrido de este modo. ¿Por qué ese interés en asustar a los ciudadanos? ¿Por qué ese empeño reiterado, persistente y profundamente manipulador en considerar como “peligroso” a todo aquel. o a todo aquello, que no coincide con el pensamiento socialdemócrata politicamente correcto?

Quizás, si encontramos la respuestas a estas preguntas hallaremos también las claves para entender las razones que explican la victoria inapelable de Donald Trump.

Clinton no es la única
Los derrotados de la noche electoral
El Establishment, los medios de comunicación, la demoscopia... La victoria de Trump, por lo que leo en prensa y veo en la televisión, ha sido "totalmente inesperada" para todo el mundo, salvo para los lectores de LA GACETA.
Carlos Esteban gaceta.es 10 Noviembre 2016

Ocho horas tardó Hillary Clinton en conceder a su rival una victoria que, por lo que leo en prensa y veo en la televisión, ha sido "totalmente inesperada" para todo el mundo, salvo para los lectores de LA GACETA.

Si Trump fue el indisputable vencedor de la velada -como ha contado sobradamente esta publicación-, sería engañoso pretender que Clinton ha sido la única, o siquiera la principal, derrotada en esta contienda.

De hecho, este martes por la noche fueron muchas las personas, instituciones y aún tendencia que sufrieron una dura derrota, aunque no definitiva.

Clinton no era Clinton en el mismo sentido que Trump era Trump. El millonario, que tenía todo y a todos en contra salvo, a lo que parece, los votantes, y que ni siquiera tuvo que cuadrarse ante los lobbies para financiar su campaña, tiene las manos libres.

Clinton, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, es la fachada del establishment, es decir, de una Administración que le ha salvado del Departamento de Justicia y el FBI, de unos donantes entre los que destacan Arabia Saudí, Qatar, Soros o Goldman Sachs, y de unos medios que la han mimado y protegido mientras atacaban inmisericordes a su rival.

Y ese ha sido, precisamente, el primer derrotado de la noche: el Establishment. En una democracia, y más en una como la americana que jamás ha sido otra cosa, se supone que ni siquiera existe, que, digamos, el Gobierno no tiene nada que ver con las finanzas o las multinacionales, ni estas con el mundo de la cultura, las universidades y los medios.

Y esto es lo que ha logrado Trump mucho antes de alzarse con la victoria: que el 'establishment' se delate actuando como un solo hombre, arrastrando incluso a buena parte de su partido en su contra. Más evidente no ha podido quedar que existe una 'casta' -gracias, Pablo- que gobierna Estados Unidos por debajo e independientemente del partido que ocupe el poder y que aúna a sectores muy distintos. Hasta podríamos hablar de una casta supranacional, porque el antitrumpismo desatado ha afectado por igual a políticos extranjeros de signo 'contrario', ONG y organismos internacionales.

La segunda gran derrota ha sido la de los medios. El ascenso de Trump ha sido, a la vez, consecuencia del desprestigio de la prensa y la televisión y causa de una conducta tan poco profesional y equivocada que ha dejado sus restos por los suelos.

Dicho claramente: la gente -gracias otra vez, Pablo- ha dejado de creer en los grandes medios. La narrativa que han venido vendiendo todas estas décadas ha sido la que ha mantenido a flote la estructura carcomida de la élite, y su descrédito lo que ha permitido que se vote a un candidato sobre el que todos coincidían en que era, en el peor de los casos, un aventajado émulo de Hitler y, en el peor, un peligroso payaso narcisista. Trump ha desafiado a los periodistas y, prodigiosamente, ha vencido; no ha necesitado a ese intermediario entre él mismo y sus seguidores gracias, en buena medida, a un inteligente uso de los medios digitales que le ha permitido una comunicación directa.

Otro gran derrotado ha sido la demoscopia. "Las encuestas nos han hecho errar" es la gran excusa del día en los medios, pero no cuela, o solo a medias. Quien se moleste en mirar el accionariado de unos y otros observará que a menudo son ambos parte de un mismo grupo.

Hasta el último momento han ofrecido una ventaja más o menos clara de la candidata perdedora, semanas atrás por una distancia apabullante que se ha visto acortada, en tiempo record y sin nada que los justifique, a más de la mitad. Eso, en la vida real, es imposible, y solo significa que las demoscópicas han ajustado resultados para no dejar su prestigio demasiado por los suelos en el último momento. Por decirlo breve, o las han manipulado, y por tanto son engañosas, o yerran groseramente, y por tanto son inútiles.

También ha salido escaldada, esperemos que de forma permanente y gradual, la corrección política. Trump ha pronunciado muchas 'palabras mágicas' que hasta ahora los políticos han evitado como si quemaran y que, en opinión unánime de los 'expertos', suponían la muerte política inmediata. Y no solo ha sobrevivido, sino que le ha hecho más fuerte.

Trump ha "dado permiso", por así decir, a sus votantes para no tener miedo a expresar sus ideas, y todos esos términos acabados en -fobo y -fobia que llevan años utilizándose como mordazas instantáneas han perdido buena parte de su eficacia.

La victoria de este martes también fue un golpe al proyecto globalista. Ahí no podemos hablar ni remotamente de derrota, que la lucha ideológica apenas ha hecho otra cosa que empezar. La sucesión de victorias -Brexit, Colombia, presidenciales austriacas, ascenso de AfD en Alemania y, ahora, victoria de Trump- de los últimos meses son solo los primeros golpes de réplica que está recibiendo un modelo que ha ido avanzando calladamente y sin oposición desde la posguerra mundial.

Acabemos con frase de Churchill. La llegada de Donald Trump no es el fin del globalismo, quizá ni siquiera el principio del fin. Pero es, sin duda, el fin del principio.

Una victoria no tan sorprendente
Veremos qué pasa con Trump y si un candidato outsider tan atípico que nunca ocupó o concurrió para un cargo público consigue hacer a "América grande de nuevo”.
José Félix Merladet gaceta.es 10 Noviembre 2016

Acabo de volver de un viaje por los EE.UU donde he podido observar de cerca la más virulenta y sucia campaña presidencial de que se tiene memoria. Estuve también en aquella lejana, y por algunos motivos semejante pelea entre Reagan y Carter pero aquello era una partida entre gentlemen comparado con esto.
Paseamos por la liberal Nueva Inglaterra, NY y el Distrito Federal y nueve de cada diez personas eran favorables claramente a Clinton y los que no lo eran o no decían nada de sus simpatías por Trump, o lo hacían sotto voce. Es lo que se llama el “voto oculto”, mucho más abundante de lo que parece, también en aquel avanzado país. Es este voto que contra todo pronóstico y lo que pregonaba nuestra propia intelligentsia europea ha dado la victoria a Trump. Pero, paseando por Boston, caminando con diplomáticos por los aledaños del Capitolio, hablando con los taxistas y comerciantes de Manhattan, recorriendo el latino Queens, el judío Brooklyn o el afroamericano Bronx, todo el mundo concurría en apoyar a la Clinton frente al histriónico y xenófobo Trump. Solo conocí en el metro de Nueva York a un ardiente pro Trump que deseaba hacer América grande de nuevo… pero era un malasio de origen indio (por cierto esta comunidad, al igual que la cubana parece apoyarle mayoritariamente) Parecía ser el único habitante de New York que se mostraba convencido de que el voto de la gente harta de la decadencia y de las mentiras del sistema oculta le daría la victoria.

Al llegar a una reunión de antiguos alumnos a la archiliberal cuna de la intelligentsia que es Harvard, todos mis antiguos compañeros y otros consultados sin distinción eran pro Hillary y daban por hecho que ganaría sin duda dado el sistema de los compromisarios que beneficia a los grandes estados que apoyaban mayoritariamente su candidatura aunque, por un casual, la mayoría del voto popular se fuese con Donald. Uno de ellos, no obstante, me reconoció que era la primera vez en su vida que no votaba convencido por un candidato, sino para impedir que ganase el otro, es decir el populista, antiglobalización, proteccionista y antiinmigración Trump. La vieja práctica del mal menor. Si por una parte, la gente teme la misoginia, el racismo y los prontos groseros de Trump, por otra parte está bastante harta de las marrullerías del clan Clinton o de las barbaridades que nos legó el clan Bush. Como decía en un artículo anterior, la decisión parece ser entre Guatemala y Guatepeor…Según las encuestas eran los dos candidatos más impopulares desde los años 40s. Pero las encuestas como en el Brexit y en Colombia se han lucido…

Mucho más explícito fue el ilustre Profesor Gergen de la Harvard Law School (HLS) quien en su conferencia dijo que Hillary debía ganar ineluctablemente por tener la evolución histórica a su favor ya que los republicanos no se habían dado cuenta de que el peso demográfico de las minorías era cada vez mayor. Si cuando ganó Bill Clinton, dijo, los blancos caucásicos eran cerca del 80% de la población ahora apenas llegan al 60% y bajando. Es ahí donde Trump era más fuerte con un 53% en los sondeos. Por eso Hillary Clinton tenía en ese momento 5% de ventaja en los sondeos. Victoria segura según los harvardians, pues, para Clinton frente al outsider Trump. Solo que los harvardian se miran el ombligo y raramente posan su mirada fuera de Cambridge MA y desprecian olímpicamente la “América profunda”. Únicamente un alumni se acercó a la Decana Minow mientras yo hablaba con ella y le indicó que estaba harto de que se considerara a los republicanos como trogloditas y que por qué no había más profesores de dicha tendencia en la facultad. Esos que sus oponentes juzgan como “trogloditas” han dado una victoria aplastante e inesperada a Trump quien ha arrasado con el no tan fenecido voto blanco...

El tema era muy preocupante para nuestro profesor en sí mismo pues podía dar lugar a una fuerte polarización social, doblemente peligrosa si Trump cumplía su amenaza de intentar meter a Clinton en la cárcel por sus irregularidades en el Gobierno y de no reconocer el resultado electoral, por amañado, si le era contrario. Y ello en un país donde todo el mundo tiene armas en su casa. Lo que más preocupaba a un imprevisor Gergen era el resultado de Trump, pues si éste sacaba más del 40% y seguía en activo movilizando al extremo más antiestablishment del Partido Republicano, podrían sobrevenir graves problemas internos. Una fractura entre una América rural, tradicional cristiana, antiabortista, aislacionista y blanca y otra América de las minorías, liberal, urbana y cosmopolita que, si Trump se creía y hacía creer a muchos otro en lo que decía, podría ser quizás la hendidura más aguda que nunca ha conocido este país desde la Guerra de Secesión. Mi mejor amigo en la HLS, sefardita francés nacido en el Cairo y ciudadano americano ahora y decidido partidario de la globalización, me decía que tras el fiasco del Brexit y del referéndum colombiano estaba muy preocupado porque podría darse una sorpresa. Trump era un hombre peligroso para el mundo y su victoria animaría a la demagogia en todas partes. Mi amigo le equiparaba con Putin y Erdogan también elegidos democráticamente…como Hitler.

Había también un factor añadido que enturbiaba mucho la contienda electoral: el uso paranoico de acusaciones de conspiración contra el contrario. Trump acusa a su contraria de estar vendida al sistema o establishment, a la élite y los ricos a los que amnistió su marido y de los que ha sacado fondos, de lucrarse con la vidriosa Fundación Clinton, de querer destruir la identidad blanca WASP de los Padres de la Patria (sin reconocer que los EE.UU es por definición un país de inmigrantes) y de fomentar la destrucción de su economía con la globalización y librecambismo que beneficia a los grandes empresarios y arruina a los obreros de Detroit y otros centros industriales. Es curioso que un ferviente antiestablishment sea un hijo del establishment como él, que hizo su fortuna en operaciones inmobiliaria gracias a la fortuna de su padre. La Clinton le acusa a su vez de estar al servicio de Putin y de ser su marioneta aunque no ha conseguido probarlo en absoluto. Pero no habla de propuestas económicas ni en política exterior y deja temblando a muchos con la posibilidad de un conflicto con la cada vez más distante y enconada Rusia, quizás a través de un apoyo decidido armando a los ucranianos o a los rebeldes sirios con una escalada del papel USA en Siria donde Rusia tiene su única base mediterránea. Su record en Libia, Irak, su turbio rol en el surgimiento del ISIS y los debuts de la catástrofe siria no es precisamente encomiable. También le acusa de no tener equipo, ni experiencia, ni preparación, de no tener sensibilidad social, ser aislacionista, etc., pero recuerdo que son exactamente las mismas acusaciones que se hacían hace 35 años cuando yo estaba allí a aquel actor de segunda que era Reagan y ahora ha pasado a la historia como uno de los mejores presidentes de la historia… La diferencia, me dicen, es que Reagan delegaba casi todo y Trump no sabe delegar…Veremos. Aunque su pasado como hombre de negocios no muy ortodoxo no deja mucho lugar a la esperanza, habrá que darle el beneficio de la duda. Dicen que no es tan mal negociador y que aunque le gusta despedir a la gente con aquella famosa frase de su realete televisivo “you are fired”, también se ha rodeado de un equipo no tan malo. Nadie gana unas elecciones, con pocos apoyos externos y enfrentado a su propio partido, solo con un grupo de amiguetes. Además no podrá hacer lo que quiera en un sistema de división de poderes y de checks and balances eficaz como el de los EE.UU.

Decía Hannah Arendt que si un actor político utiliza una conspiración imaginaria para su beneficio, comete el error de producir una conspiración real como lógica respuesta. Las conspiraciones engendran conspiraciones y no solo en las películas de Mel Gibson o en los programas de Cuarto Milenio. Además, podríamos añadir, los que siempre están hablando de las conspiraciones de otros es para esconder los propios manejos con en un autoexculpatorio espejo freudiano. Más aun, los verdaderos conspiradores son grandes amantes de crear cortinas de humo con una miríada de falsas conspiraciones para que nadie sepa nunca qué pensar o piense que todo es falso. Esta es la situación hoy en los EE.UU y en gran parte de Europa como lo demuestra el auge de los llamados partidos populistas, temerosos de lo que ven como una conspiración globalizadora y antinacional y el hecho de que a su vez sus contrarios los califiquen a su vez de conspiradores de una especie de complot neonazi, fascista, antidemócrata, populista o golpista. Es muy peligroso para la futura paz mundial que Clinton esté insistiendo tanto en la conexión Trump-Putin. A su vez, Putin ha caído en la misma línea, ya que las injerencias de los hackers rusos y los emails que, según parece, no dejan nada bien a Hillary, transmitidas por Wikileaks, están causados por la creencia de Putin de que las revoluciones de colores en Ucrania, Georgia y Kirguistán, al igual que las protestas en Rusia en 2011-12 fueron organizadas por el Departamento de Estado de Clinton. Y por ello responden ojo por ojo. Todo ello se va construyendo poco a poco, más que sobre hechos verificables, sobre asunciones incuestionadas, que son abono seguro para nuevas conspiraciones…

En resumen, para tener una política que no genere “conspiranoias” haría falta tener políticos sinceros, honestos, interesados en el destino y el bienestar de su nación y no en su propio lucro o vendidos a lobbies o sectas. Tendrán que esperar un tiempo para encontrarlos y para que se produzca ese cambio radical contra el “sistema” que desea el pueblo. Veremos qué pasa con Trump y si un candidato outsider tan atípico que nunca ocupó o concurrió para un cargo público consigue hacer a "América grande de nuevo” sin por ello dañar al resto del mundo…

El plan económico de Trump para sus primeros 100 días de Gobierno
Su “contrato” inicial con el votante incluye algunas de sus principales y más polémicas promesas en materia económica y migratoria.
M. Llamas Libertad Digital 10 Noviembre 2016

"Lo que sigue es mi plan de acción de 100 días para hacer a América Grande otra vez". El equipo de Donald Trump ha colgado en su web los temas prioritarios que abordará el nuevo presidente de EEUU durante los primeros meses de su mandato. Su "contrato con el votante americano" incluye numerosas medidas económicas, además de algunas de sus polémicas propuestas en materia de inmigración, como la famosa construcción de un muro con México. A continuación, los principales ejes de dicho plan:

- Congelará la contratación de nuevos empleos federales para reducir el personal público, pero exceptuando al ejército, las fuerzas de seguridad y la sanidad pública.

- Establecerá un nuevo requisito por el cual, en caso de aprobar una nueva normativa o regulación, la Administración deberá eliminar dos regulaciones ya existentes.
- Renegociará el tratado de libre comercio con Canadá y México (TLCAN) e incluso amenaza con retirarse del mismo.

- Anunciará la retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el mayor acuerdo comercial de la historia firmado hasta la fecha, aunque no incluía a China.

- Ordenará que China sea etiquetada como un "manipulador monetario", denunciando así que devalúa su moneda para abaratar artificialmente sus productos.

- Ordenará identificar "todos los abusos de comercio exterior que injustamente afectan a los trabajadores estadounidenses" y adoptar las medidas precisas para "poner fin a esos abusos de inmediato".

- Levantará las restricciones a la producción nacional que en su día impuso la Administración Obama al sector energético, incluyendo petróleo, gas y carbón, y eliminará las trabas al desarrollo de este tipo de proyectos, incluida la construcción del gran oleoducto Keystone Pipeline.

- Suspenderá los miles de millones de dólares que, en principio, debería aportar EEUU a la lucha contra el cambio climático y destinará ese dinero a la mejora y reconstrucción de infraestructuras medioambientales y acuíferas en EEUU.

- Propondrá al Congreso un "plan económico" para que el PIB crezca a un ritmo del 4% anual y genere, al menos, 25 millones de nuevos puestos de trabajo mediante una rebaja generalizada de impuestos y una amplia simplificación regulatoria. La rebaja fiscal será del 35% para las familias de clase media con dos hijos.

- Sancionará fiscalmente a las empresas que decidan deslocalizar su producción a otros países mediante la aplicación de aranceles a sus productos.

- Apostará por la cooperación público-privada, aplicando incentivos fiscales, para impulsar un gran plan de infraestructuras por valor de 1 billón de dólares durante diez años, que, según dicho "contrato", resultará "neutral" en materia presupuestaria.

- Redireccionará el dinero público que reciben los colegios para que los padres puedan decidir libremente a dónde enviar a sus hijos, ya sean centros públicos, privados o religiosos, a su elección. Ademas, devolverá la supervisión educativa a las comunidades locales.

- Derogará y sustituirá el polémico Obamacare por Health Savings Accounts (cuentas de ahorro para gastos sanitarios con ventajas fiscales y condiciones flexibles que, además, pueden dejarse en herencia, con la posibilidad añadida de poder deducirse las primas del seguro médico). Además, cada estado manejará los fondos destinados a Medicaid (seguros de salud públicos para gente sin recursos o con bajos ingresos).

- Reformará la Agencia Federal de Medicamentos (FDA) para agilizar la aprobación y venta de nuevos fármacos mediante la eliminación de burocracia.

- Impulsará un Ley de Cuidado Infantil y de Tercera Edad para que los estadounidenses puedan deducirse fiscalmente los gastos y servicios asociados al cuidado y la atención de niños y ancianos. Promete incentivar a las empresas para que incorporen guarderías en los centros de trabajo y ofrezcan fondos libres de impuestos para personas dependientes. Ofrecerá subvenciones públicas para las familias con ingresos más bajos.

Las políticas de inmigración
Por otro lado, en el citado "contrato" incluye también algunas de sus propuestas más polémicas en materia de inmigración

Empezará a deportar a los más de dos millones de inmigrantes ilegales con historial delictivo y cancelar las visas a los países extranjeros que se nieguen a admitirlos.
Rechazará a los inmigrantes que procedan de regiones "propensas al terrorismo".

Todas las personas que quieran entrar en EEUU serán investigadas en profundidad.
Trabajará en la construcción de un muro en la frontera sur, cuyo coste será reembolsado por México.

Impondrá una pena obligatoria mínima de dos años para quienes intentan entrar en EEUU de forma ilegal tras una deportación y de cinco años de prisión para quienes, además, tengan antecedentes criminales o dos o más deportaciones previas. Asimismo, reformará las normas de visado para elevar las penas por expiración de permisos.

Pretende que los puestos de trabajo disponibles se ofrezcan primero a los estadounidenses.
Se asegurará de que quienes sean admitidos en Estados Unidos acepten los valores del país.
Cancelará toda la financiación federal a las denominadas "ciudades santuario", las más laxas e indulgentes con los inmigrantes ilegales.

Seguridad, ejército y corrupción
Por último, aumentará los fondos y recursos destinados a combatir la delincuencia, el tráfico de drogas y las bandas criminales; aumentará la inversión militar; permitirá que los veteranos asistan a los médicos privados de su elección; mejorará la infraestructura contra los ataques cibernéticos; y combatirá la corrupción política.

El día en el que murieron los medios de comunicación tradicionales
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco 10 Noviembre 2016

A pesar de que llevaban varios años en coma, los medios de comunicación tradicionales, como elementos referenciales de información y de opinión, murieron el pasado 9 de noviembre de 2016. Ese día pasará a la historia no solamente por el triunfo de Donald Trump en unas de las elecciones presidenciales estadounidenses más reñidas y convulsas de las últimas décadas sino también, y quizás sobre todo, porque las principales cabeceras periodísticas internacionales, ideológicamente gangrenadas y éticamente corrompidas por sus alianzas serviles con los poderes políticos y económicos, exhibieron, en apenas unas horas, un completo mosaico de cómo los comportamientos prepotentes, las ignorancias atrevidas, los cinismos noticiosos, las mentiras más rastreras y las manipulaciones más ramplonas pueden convertirse en vergonzosas herramientas periodísticas.

La campaña electoral norteamericana que ha desembocado en la victoria de Donald Trump ha demostrado que, desde hace ya varias décadas, probablemente desde que a finales del siglo pasado las nuevas tecnologías hicieron estallar los monopolios informativos y arruinaron las cuentas de resultados de los principales medios de comunicación, los periódicos, las emisoras de radio y las cadenas de televisión generalistas se han lanzado a un agónico “sálvese quien pueda” que está teniendo gravísimas consecuencias para la libertad de expresión. De hecho, el pasado 9 de noviembre de 2016 sí que surgió una grave amenaza para la “civilización occidental”, tal y como el rotativo británico “The Financial Times” definió el triunfo electoral de Donald Trump, pero ésta no se derivó del hecho de que un empresario populista, demagogo, emprendedor, decidido y creador de miles de empleos vaya a presidir el país más poderoso del mundo, sino de la constatación patente de que Occidente se encuentra en este momento sin medios de comunicación fiables, capaces de narrar, de proyectar y de interpretar la realidad con rigor, con coherencia, con veracidad y con independencia.

Abonados al “sensacionalismo con tintes humanos” para mantener la atención de los receptores; vendidos al discurso ideológico-político dominante, lacio, vacuo, “buenista” y absolutamente carente de rigor intelectual, que asuela a nuestras democracias; esclavos del “pensamiento débil” que prima en nuestras sociedades, ese que, en aras de la multiculturalidad y la presunta equidad de todas las ideas, "vengas éstas de donde vengan", siempre tiende a diluir la preponderancia de los valores occidentales en beneficio de todo tipo de irracionalismos, de consignas totalitarias, de creencias mágicas, de eslóganes panfletarios y de soflamas reivindicativas tan falsarias como corrosivas; y, sobre todo, víctimas de los movimientos comunitaristas más ramplones, de las letanías socialdemócratas más embusteras e hipócritas y del pavor más absoluto a romper el cerco intelectual de lo políticamente correcto, los medios de comunicación han dejado de leer la realidad, de interpretar el presente y de ir dando forma a la historia en construcción para alumbrar un mundo paralelo, un “Matrix” informativo, absolutamente irreal y profundamente reaccionario en su imposición casi violenta, que nada tiene que ver con lo que ocurre en las calles, con el aplastante y efectivo sentido común que impulsa diariamente a los hombres y mujeres decentes a levantarse todos los días para vivir una vida, simplemente, normal.

Los medios de comunicación tradicionales han perdido de una forma dramática la gran historia que ha llevado a Donald Trump a convertirse en presidente de los Estados Unidos, y lo que es peor, han perdido, desde hace algo más de una década, todas las historias importantes que están ocurriendo en un mundo occidental que está agotado de que determinadas élites ideológicas, políticas, económicas y culturales le hagan comulgar con ruedas de molino.

El empresario y administrador de fondos de inversión estadounidense Peter Thiel, confundador de PayPal y actual presidente de Clarium Capital, ha explicado de una manera muy gráfica el abismo, ya insalvable, que separa a los conglomerados periodísticos y a la gran mayoría de los profesionales de la información del resto de los ciudadanos. "Los medios siempre están tomando a Donald Trump literalmente. Nunca lo toman en serio, pero siempre lo presentan de una forma literal”, explica Thiel. “Los periodistas, por ejemplo, querían saber exactamente cómo deportaría Donald Trump a los inmigrantes indocumentados, o cómo haría Donald Trump para desembarazarnos del Estado Islámico. Querían los detalles. Pero los votantes estadounidenses piensan lo contrario: toman a Trump seriamente, pero no literalmente. Los ciudadanos saben que Trump realmente no planea construir un muro y lo que realmente escuchan es: 'Vamos a tener una política de inmigración más sana y sensata’”. Esa es la diferencia radical.

No contentos con inventarse una “infoesfera” absolutamente artificiosa e incierta, que nada tiene que ver con la realidad de los acontecimientos que conforman las esperanzas y las preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos, la práctica totalidad de los principales medios de comunicación occidentales, salvo un puñado de honrosas excepciones que únicamente sirven para confirmar la regla general, no han tenido ningún tipo de complejo deontológico, primero para intentar arrastrar a los ciudadanos a sumarse al carro de lo políticamente correcto (oponerse al “Brexit”, votar a favor de “la paz” en Colombia, alentar los “bienvenidos refugiados” o apoyar a Hillary Clinton) y después para “abroncar” a los electores y para, literalmente, amenazar al mundo con las más terribles consecuencias y con todos los males posibles por no haber “elegido” lo que tantos medios de comunicación parásitos de los presupuestos públicos, grupos de presión que tratan de controlar los presupuestos públicos y oenegés que viven de los presupuestos públicos, dicen que hay que “votar”.

Los medios de comunicación tradicionales han muerto y su fuerza referencial y de influencia ha desaparecido, víctimas de su propia incapacidad para leer lo que sucede, por su inoperancia para analizarlo con objetividad, por su nula destreza para desvelar los hilos, las tramas y las tendencias que están poniendo patas arriba el mundo que nos rodea y, sobre todo, por su obscena obsesión y su escatológico ensañamiento en la demolición de los valores clásicos sobre los que se levanta lo que conocemos como civilización occidental.

De hecho, los principales medios de comunicación ya no defienden las libertades individuales sino la democracia falsa de las élites; no abogan por la tolerancia respetuosa entre diferentes sino por un máximo consentimiento generalizado y revuelto en el que obtengan beneficios los pescadores de siempre; no buscan la igualdad de oportunidades para todos, sino un igualitarismo demagógico e inservible que desprecia la meritocracia y condena el esfuerzo personal; y, desde luego, tampoco desean la existencia y la convivencia plural de ideologías, creencias y religiones bajo un marco único de respeto a “nuestros valores”, sino que tratan de implantar un multiculturalismo soez y totalitario que equipara los mejores saberes y legados alumbrados por la humanidad con las tradiciones y costumbres más bárbaras.

Ciertamente, sin medios de comunicación libres, independientes, firmes e inteligentes, no hay libertad de expresión, que es uno de los pilares de nuestras sociedades. Pero, poco a poco, y gracias a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, están surgiendo nuevas voces cada vez más influyentes, tanto individuales como colectivas, tanto de periodistas profesionales como de expertos en múltiples campos del conocimiento, empeñadas en contar la realidad que es, no la que creen que debería ser; expertos en analizar lo que viene sin los anteojos impuestos por una mentira muchas veces repetida, por una ideología totalitaria o por una formación política determinada, y hábiles y eficaces en hacer llegar sus mensajes a los demás.

Es un fenómeno todavía incipiente, débil, poco concreto, impulsado por individuos aislados y redes inconexas de profesionales, pero está funcionando. Y, de hecho, solamente algunas de estas voces fueron capaces de escuchar, y de dar voz, a los millones de personas que hablaban alrededor de Donald Trump mientras el grueso de las gigantescas empresas informativas, las multinacionales de la opinión pública y los analistas más “influyentes” solamente eran capaces de ver y oír los trazos más gruesos y pintorescos de alguien que, con palabras malsonantes, gestos bruscos y comportamientos públicos poco habituales, estaba reflejando el profundo malestar y la queja de una sociedad, la nuestra, que en demasiadas ocasiones parece empeñada en suicidarse de todas las formas posibles.

¿Estamos llamando tontos a los norteamericanos?
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com 10 Noviembre 2016

Imaginemos que surja un líder en España que predique a favor del control de los flujos de inmigración y de la resolución del problema de la islamización creciente de Europa.

Supongamos que ese líder de un sector de la población abogue por la reducción del gasto público y la corrección del déficit, reduciendo progresivamente la deuda, que ha superado en estos momentos con creces el PIB español.

¿Y si ese líder apuesta por corregir un Estado autonómico irracional que nos ha llevado al auge de los nacionalismos periféricos y es la principal causa de ese déficit que nos impide abordar necesidades de innovación, desarrollo e investigación? ¿Y si por ese mecanismo intenta generar más empleo y sinergias que lleven a una reindustrialización del país? ¿Y si así, de paso, lleva a la reducción de impuestos para estimular el consumo y regenerar la clase media que una izquierda transversal ha llevado a la depauperación no conocida en décadas?

Imaginemos que ese candidato nos dijera que el español (llamado castellano) va a ser la lengua obligatoria en la educación, y que ésta volverá al control del Estado para que todos los españoles tengan igualdad de derechos ante la ley, y de oportunidades, recibiendo una formación común, homologable y de calidad, caminando hacia la excelencia mediante pruebas de control de la misma, igual que se hace en las empresas.

Imaginemos que ese candidato promueva la tarjeta sanitaria única, de tal manera que todos los españoles tengamos igualdad de derechos en el acceso a una sanidad de calidad homologada en todo el territorio español.

Imaginemos que ese personaje propugne la reducción drástica, como consecuencia, del número de políticos y tamaño de las administraciones, ajustándolas a lo mínimamente necesario y acabando con duplicidades y solapamientos de competencias, para reducir el gasto público a lo estrictamente necesario.

Imaginemos que ese líder con el dinero excedentario promueva estímulos a la inversión y ayudas a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos, y de esta manera, al generar más tejido productivo se amplíe la masa de trabajadores contribuyentes a la Seguridad Social para resolver el problema de volatilización de la caja de reserva de las pensiones.

Al mismo tiempo imaginemos que se arbitren soluciones para la compatibilización de la vida familiar con la laboral, con horarios y jornadas laborales más racionales y homologables a los países del norte europeo, así como ayudas a las familias numerosas y estímulos a la natalidad, en lugar de unas políticas antinatalistas y contrarias a la familia tradicional que venimos sufriendo por una izquierda que como no tiene ya ideología plantea señuelos para disfrazar su falta de ideas.

Imaginemos que ese líder se llame Trump, en los Estados Unidos de Europa, para eliminar la fragmentación absurda que está experimentando.

Igual así entendamos mejor las cosas.

Yo, si surgiera un líder que planteara ese tipo de cuestiones en su programa electoral, le votaría.

Una misa por los fallecidos de la División Azul desata una tormenta en Barcelona
Con Omella en Roma, el arzobispado advierte al celebrante de que "la misión de la Iglesia en ningún caso debe ser hacer política".
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 10 Noviembre 2016

En Cataluña, donde uno de cada dos campanarios luce una estelada, los "funcionarios" del Arzobispado de Barcelona están muy preocupados por una misa acontecida en L'Hospitalet el pasado sábado 5 de noviembre, una celebración encargada por la "Hermandad de Combatientes de la División Azul" de la capital catalana y que se llevó a cabo en la parroquia de la Inmaculada Concepción, cuyo rector es el sacerdote Custodio Ballester.

Los componentes de la Hermandad, en su mayoría familiares de fallecidos de la expedición franquista contra Rusia en la Segunda Guerra Mundial, habían encargado una misa funeral para honrar a sus allegados que coincidía con el 75 aniversario de la creación de la que fuera encuadrada en el ejército nazi como división de infantería 250. El párroco de la citada iglesia de L'Hospitalet es el celebrante habitual de los oficios religiosos de los cuerpos de policías y bomberos, así como de diversas agrupaciones de veteranos del Ejército.

La noticia de la misa de la División Azul, avanzada por el digital separatista y de extrema izquierda "La Directa", donde trabajó el exdiputado de la CUP David Fernàndez, ha causado un gran revuelo en medios nacionalistas católicos, que copan los puestos clave de la administración eclesial barcelonesa. El párroco Ballester es una de sus bestias negras por su propensión a oficiar misas en español, llenar la parroquia y organizar procesiones en Semana Santa en las que veteranos de la Legión portan el Cristo de la Buena Muerte.

La delegación de medios del arzobispado, en ausencia de Omella, que se encuentra en unas jornadas en el Vaticano, ha emitido una nota de tres puntos en la que afirma:

"El Arzobispado de Barcelona, en referencia a la información aparecida al diario digital La Directa, quiere hacer diversas apreciaciones:
-Tomamos nota de la misa que se celebró el día 5 de noviembre de 2016 en la parroquia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet de Llobregat, y así se transmitirá a su rector.

-La misión de la Iglesia, en ningún caso, debe ser hacer política, sino acompañar a todos los fieles en su encuentro con Dios.
-Desde el Arzobispado de Barcelona, valoraremos los hechos y se tomarán las acciones pertinentes".

A pesar de la vaguedad del comunicado, los principales medios de comunicación catalanes infieren que Omella actuará contra el párroco, pues no es la primera vez que se quejan de él. Nuria Marín, nueva número dos del PSC y alcaldesa de L'Hospitalet, mandó una carta al arzobispo para que expulsara al cura de su ciudad por la citada procesión con legionarios.

Símbolos fascistas y comunistas
El sacerdote Custodio Ballester niega que la misa fuera una exaltación fascista, sino un mero acto religioso en el que dos miembros de la Hermandad lucieron gallardetes originales de la División. También le acusan de haber acogido en los locales parroquiales una exhibición de material fascista. Ballester rebate que también había símbolos del Ejército rojo y que en dicha exposición participaron tres catedráticos de Historia, uno de ellos Pavel Tendera, de la Universidad de San Petesburgo, que pronunció una conferencia con el título"La División Azul vista por el pueblo ruso, convivencia y anécdotas". Fuera de la iglesia, fue condecorado un anciano que sobrevivió a la campaña en Rusia y familiares de fallecidos de la División Azul.

Sobre la polémica, Ballester, en declaraciones a Libertad Digital, se ha referido al exministro de Defensa José Bono, quien invitó a miembros de las Brigadas Internacionales y de la División Azul para que participaran en un acto conjunto durante un desfile de las Fuerzas Armadas bajo su mandato. "Cuanto se le reprochó la presencia de la División Azul -comenta el sacerdote-, Bono dijo que no haberlos invitado hubiera sido tanto como renunciar a una parte de la historia de España".

Ballester ha subrayado también que la misa por los difuntos de la División Azul y sus familiares también se ha llevado a cabo en Madrid, Zaragoza y Valencia sin provocar el más mínimo revuelo.

El túnel de la muerte de Usera, la represión comunista organizada
Juan E. Pflüger gaceta.es 10 Noviembre 2016

Entre el 18 de octubre y el 13 de noviembre de 1936, casi un centenar de hombres y mujeres fueron asesinados en un sótano situado en el chalé de la calle Alfonso Olivares número cuatro, en el madrileño barrio de Usera. Fueron engañados, desvalijados, torturados y, finalmente, asesinados por un grupo de miembros del Partido Comunista de España (PCE) que dirigía Casimiro Durán.

Aprovechando el terror rojo impuesto por los frentepopulistas en el Madrid de la Guerra Civil, Durán, ideó un macabro engaño en el que colaboraron otros miembros de la 36 Brigada Mixta, que en lugar de enfrentarse a las tropas sublevadas se dedicaron a asesinar a inocentes tras conseguir sacarlos con una maquiavélica treta de las embajadas en las que se refugiaban para salvar la vida. Entre estos asesinos se encuentran otroas integrantes del PCE como Gregorio Caballero, Francisco Román Sánchez, Antonio Torres, José Domingo Garzón, y varios más.

Este caso de brutal represión es otro más de cuantos demuestran la planificación de la represión en el bando republicano y el conocimiento que de ella tenían los dirigentes y responsables políticos ya que la autorización de estos asesinatos fue dada por Justo López de la Fuente, jefe político de la 36 Brigada Mixta y uno de los máximos responsables del PCE en Madrid.

Todo empezó en una pensión
La pensión regentada por Nicolasa Sánchez Pondado en la calle Ventura de la Vega daba alojamiento a algunos derechistas y religiosos que intentaban pasar desapercibidos en el Madrid republicano. Este estremo fue puesto en conocimiento de Casimiro Durán por otro miembro del Partido Comunista apellidado Cabrera. Durante varios días Durán visitó a su compinche en la pensión, donde comentó con los huéspedes que conocía un tunel en el bario de Usera, a pocos metros del frente, a través del cual se podía pasar a la zona nacional sin correr mucho riesgo si se aprovechaba la noche.

Poco después, esta información llegaba a los refugiados en embajadas de diversos países, donde empresarios, peronas de derechas, miembros de familias nobiliarias y sacerdotes intentaban guarecerse de la brutal matanza impuesta por los frentepopulistas en la capital de España. El plan de Durán, un empleado de sastrería que no dudó en intentar asesianar a su antiguo patrón, había comenzado.

Antes de comenzar con los asesinatos en grupo, hizo la prueba con un joven de 30 años que estaba refugiado en la embajada de Paraguay. Lo cuentan en la Causa General varios de sus sicarios tras la guerra, antes de arrancar el coche con el que el propio Durán le esperaba a la puerta de la legación diplomática, obligó a su víctima a entregarle un reloj de oro y una sortija. Despué fue llevado a la calle Alfonso Olivares donde, según los testimonios referidos: “el declarante vio a este individuo siendo golpeados con palos y vergajos por Juan Ruiz Llamas y Joaquín de la Huerta mientras que le decían que todos los fascistas debían morir. Esta persona sangraba abundantemente. Estuvo detenido en la calle Alfonso Olivares durante veinte días. Fue asesinado a tiros finalmentepor los fusiles de los militares comunistas Gregorio Caballero, Francisco Román Sánchez, Antonio Torres y José Domingo Garzón. Fue enterrado en una gran fosa que hay en la casa. Antes de echar su cuerpo allí, el soldado rumano le robó los zapatos".

Todo había salido bien y Durán decidió ir ampliando el número de personas transportadas. En la saca del 31 de octubre las víctimas fueron Francisco Tejero del Barrio, Horacio Martínez, secretario personal del político Melquíades Álvarez y dos jóvenes militantes de Falange.

La mayoría de las víctimas pasaban entre 10 y 20 días detenidos en el sótano del chalé del barrio de Usera. Durante este tiempo eran torturados e interrogados para intentar saber qué otras posibles víctimas podían ser asesinadas y las vinculaciones personales con otras personas no refugiadas en embajadas.
El asesinato de los cinco hermanos Méndez y González-Valdés

Entre los casos que mejor se conocen se encuentra el de Manuel Toll Messía, que mientras se encontraba detenido en el sótano, sabiendo ya que iba a ser asesinado, con la hebilla de su cinturón grabó una inscripción en la pared de yeso que todavía hoy se conserva: "Me han preparado una encerrona y traído a esta casa con otros quince más. Espero nos fusilarán. Cúmplase la voluntad de Dios. Manuel Toll Messía, calle Carbonero y Sol 4 de Madrid".

Los terrenos de Usera en los que se encontraba aquel chalé en el que estaba el tunel de la muerte, como fue bautizado tras la guerra, forman parte hoy de la escuela de las Teatinas y en aquel sótano se construyó una cripta donde reposan los restos de muchos de los que allí perdieron la vida. Las religiosas cuentan que todos los años, en el aniversario de los crímenes, una mujer rezaba y lloraba junto a la tumba de cinco hermanos, los Méndez y González-Valdés. Era la madre que perdió a sus cinco hijos en la trampa organizada por Durán.

Tras el final de la Guerra Civil, la Escuela de Medicina Legal practicó la extracción y autopsia de los cuerpos. Logró individualizar 67 y había restos de, al menos, otros treinta individuos. Entre los cadáveres se encontraban dos mujeres, una muy joven y otra anciana. Entre los cuerpos que pudieron ser individualizados se encontraban los de muchos jóvenes pertenecientes a familias ilustres. Además de los cinco hermanos Méndez y González-Valdés, allí fueron asesinados dos hijos de los marqueses de Urquijo, el marqués de Fontalba y su hijo José, de 20 años, y personalidades importantes de la época republicana como el fiscal González Prieto, el presidente de la Sala de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid; y religiosos como el canónigo de la Catedral de Málaga.

Las autopsias, que se sumaron a la causa abierta para investigar estos crímenes tras la Guerra Civil, revelan como la mayoría de ellas fueron torturadas, apareciendo: “restos de cadáver desarticulados pudiéndose observar una fractura craneal” o “conserva en su cuello una cuerda en forma de lazo”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


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