AGLI Recortes de Prensa   Sábado 12  Noviembre  2016

Viejos, paletos y tontos
Daniel Lacalle El Espanol 12 Noviembre 2016

“We´re Rednecks, we´re rednecks, we can´t tell our ass from a hole in the ground” Randy Newman

Cualquiera que haya atendido al análisis de los principales medios sobre los resultados de los grandes eventos electorales de este año llegaría a la conclusión de que los que votaron mayoritariamente, sea en el Brexit, o en EEUU, eran algo parecido al Fernando Esteso de La Ramona. Una especie de división entre esa población urbana, joven, “cool” que sí que sabe lo que debe de votar, y los zombis de The Walking Dead que no terminan de comprender las fantásticas ventajas del pensamiento único socialdemócrata y de la burocracia.

En EEUU el partido demócrata ha perdido más de diez millones de sus propios votos desde 2008 y su Yes, We Can, y más de 6 millones desde 2012, y eso no es una casualidad. La monstruosa expansión monetaria y fiscal, duplicar el endeudamiento, subir impuestos y coste de la sanidad (un 75%) y una política proteccionista que ha hecho a EEUU campeón de limitaciones a la globalización demuestra que el voto no solo no ha sido pro Trump, sino que ha sido -sobre todo- anti Obama-Clinton.

Pero siguen contándonos el cuento de que es un voto de los viejos, paletos y tontos contra la “globalización y el neoliberalismo”. Claro, por eso votan a un empresario cowboy. ¿Protesta contra la “globalización”? Desde 2008 ningún país del G20 ha introducido más medidas proteccionistas y anti-comercio que EEUU () … Más que India, Rusia, Brasil, Argentina o China.

¿Protesta contra el “neoliberalismo”? Si a subir impuestos (442 subidas) , aumentar la intervención pública a niveles no vistos desde Roosevelt y subvencionar sectores improductivos a mansalva llaman “neoliberalismo”, que venga Dios y lo vea.

¿Protesta de los paletos? Trump recibió 42%?del voto femenino, 10% del voto afroamericano y 30% del voto latino. Trump recibió el 37% de los votos de los “millennials”, entre 18 y 29 años (datos Bloomberg y CNN). Pero, sobre todo, señores, los “listos, guapos y jóvenes” (nótese la ironía) se quedaron EN SU CASA y no votaron a la candidata que los politólogos e ideólogos de salón les pusimos enfrente.

La evidencia de la administración Obama ha sido que, si bien los errores del periodo conservador anterior fueron muy claros, los resultados han sido atroces para esos que rápidamente engloban en la categoría de paletos que no tienen ni idea y que son, precisamente, los que han pagado los costes de los destrozos de Bush y Obama, los que han levantado a Estados Unidos tras las recesiones, trabajando, creando empresas, esforzándose y pagando impuestos. La idea de que no tenemos nada que aprender de los que han conseguido que esos “millennials” tuvieran prosperidad a pesar de las vicisitudes, que no tienen nada que enseñarnos los que han sostenido sus negocios, visto ciclos y aprendido de unas y otras políticas, es simplemente hilarante.

Cuanto más se esfuerza el pensamiento único socialdemócrata en acallar e ignorar la voz de esa población que está harta de pagar en impuestos los costes de las soluciones mágicas, de aguantar lecciones de personas que jamás se han arriesgado, más “sorpresas” electorales nos llevaremos.

Porque de los que tenemos poco que aprender es de cierta parte de una generación que se autodenomina la “mejor preparada” y, sin embargo, cree en los Reyes Magos de la intervención masiva y las ideas mágicas, que ignora la historia para alabar atrocidades como el Leninismo y que, desde el privilegio, desprecia el esfuerzo, trabajo y experiencia de los que les han puesto los algodones entre los que se han criado mientras tenían la desvergüenza de hablar de miseria, falta de oportunidades y crisis. Y que, encima, son mucho más proteccionistas e intervencionistas que el diablo Trump.

Porque, señores, en el peor de los casos, Estados Unidos con o sin Trump siempre será mucho menos proteccionista que lo que se nos vendría encima con los populismos europeos. Es más que probable que Trump sea lo que llevo temiendo y alertando desde hace tiempo y que, ocurra lo que ocurra, la administración sea incapaz de evitar una recesión que lleva gestándose desde el megaestímulo y la política de promover la mala asignación de capital, pero esos 59 millones de votos, esos “viejos, paletos y tontos” que no votan lo que les decimos los privilegiados, al menos tendrán más dinero en su bolsillo. Y, lo que es más importante, los diez millones que creyeron en Obama y rechazaron votar a Clinton, también.

Me tranquiliza mucho que Paul Krugman prediga que Trump nos lanzará a una recesión global (curiosamente, ralentización creada por estímulos defendidos por él). Porque si el señor que dijo que la Argentina de Kirchner era un modelo para Europa (lean “down Argentina way”), que internet iba a ser una moda pasajera, y que las políticas de Zapatero eran las adecuadas dice que Trump va a crear una recesión, es probable que ocurra lo contrario. Tenemos un “contrarían trade” muy interesante.

En España, gracias a esos “viejos, paletos y tontos” -que no tienen nada de esos tres calificativos-, gracias a esos mayores, a los emprendedores, a los autónomos, y gracias a los jóvenes que no creen en el populismo comunista redentor hemos evitado caer en el desastre que asola Grecia o Portugal con sus ideas de Señorita Marx-Pepis, y volvemos a ser un ejemplo de moderación ante un mundo que se radicaliza.

Nos encontramos, desde Brexit a Trump, ante la respuesta a una política de creciente burocratización, no de neoliberalismo. De inmigración que no sufre ninguno de los políticos que la promueve porque en sus barrios no se asientan las comunidades problemáticas. Nos encontramos ante el fallo estrepitoso -como una escopeta de feria- de la única política económica seguida desde hace muchos años: La represión financiera.

El ciudadano medio no entiende esa represión financiera, pero la sufre. Endeudarse y gastar sin freno, destruir al ahorrador vía devaluación y tipos ínfimos, subir impuestos y pasarles la factura a las generaciones venideras tal vez es algo que no perciba como una agresión -que lo es- deliberada para perpetuar sectores endeudados e ineficientes. Pero ese ciudadano, que tras ahorrar durante años lo poco que podía oye que se lo quieren quitar en impuestos, que cuando se desloma para que su empresa o negocio crezca le insultan, sabe que algo pasa. No solo le es más complicado conseguir sus objetivos de prosperidad, sino que ve que las promesas mágicas le dificultan aún más la salida.

Debemos recuperar las políticas de oferta, promover que la renta disponible aumente, bajar impuestos, ofrecer servicios de calidad eficientes y facilitar el crecimiento. No limitarlo desde la glorificación de la burocracia. Tenemos mucho que aprender de estos viejos, de estos tontos, de estos paletos, que ni lo son ni, si lo fueran, dejarían de tener derecho a mostrar su descontento. Y no volver a fallarles, a ellos y a sus nietos, perpetuando los desequilibrios de nuestros excesos empobreciendo a los creadores de riqueza.

Es triste que al populismo se le pretenda combatir con mayor populismo. Pero en algún momento nos daremos cuenta de que la prosperidad y el crecimiento vienen del ahorro y la inversión, de fomentar el emprendimiento y la meritocracia, de dejar que se desarrollen las empresas. Lo que esos “viejos, paletos y tontos” hicieron y han conseguido para todos nosotros. Y que el futuro no se va a mejorar desde la burocracia, el papanatismo, la deuda y el gasto.

El futuro se construirá cuando los supuestos “jóvenes, cultos y modernos” (ejem) se sienten -nos sentemos- a aprender de esos mayores sin un cazo en la mano, sino siguiendo su ejemplo, y todos juntos dejemos de creer en soluciones mágicas. Eso sí, si pensamos que la solución a estas “sorpresas” electorales es más represión financiera, más burocracia y más ataque al mérito, tendremos más que sustos. Debemos aprender de los que nos han dado todo para que los errores de la historia no se repitan.

¿Populismo americano o fariseísmo europeo?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 12 Noviembre 2016

Para no ser confundido con esa legión de biempensantes que presenta el acceso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos poco menos que como el fin de la democracia americana, creo que es suficiente si les digo que preferiría a este incierto, contradictorio y excéntrico político como presidente del Gobierno de España antes que a cualquiera de nuestros actuales dirigentes políticos.

Es más. Sin necesidad de entrar en estos términos comparativos, que no suponen, en realidad, elogio alguno por mi parte al magnate norteamericano, les diré que me parece estupendo que Trump quiera cosas tales como congelar la contratación de nuevos empleos federales, reducir en algunos aspectos la regulación económica, levantar las restricciones que en su día impuso Obama al sector energético, incluyendo petróleo, gas y carbón, así como suspender los miles de millones de dólares que, en principio, debería aportar EEUU a la lucha contra ese molino de viento llamado cambio climático. No menos plausible me parece su pretensión de introducir el cheque escolar para que los padres puedan decidir libremente a qué centros escolares envían a sus hijos, ya sean públicos o privados, laicos o religiosos. Me parece un avance, respecto a la responsabilidad que implica la libertad, la pretensión de Trump de sustituir el polémico Obamacare por las llamadas Health Savings Accounts, unas cuentas de ahorro para gastos sanitarios con ventajas fiscales y condiciones flexibles que, además, pueden dejarse en herencia. También me parece positivo que quiera agilizar la aprobación y venta de nuevos fármacos mediante la eliminación de burocracia, así como impulsar el cuidado y atención de niños y ancianos mediante deducciones fiscales e incentivos a familias y empresas.

Pero quizá sea con su más plausible propuesta, como es su ambiciosísima y generalizada rebaja de impuestos, con la que, paradójicamente, debo empezar con lo que me parece negativo y preocupante del nuevo dirigente norteamericano, y que va mucho más allá de su esperpéntico flequillo, sus salidas de tono o su no siempre agradable incorrección política.

Y es que dicha propuesta, aun siendo un alivio para familia y empresas, así como un impulso en la creación de nuevos puestos de trabajo, tiene todos los boletos para implicar también un importante incremento del ya de por sí alarmante nivel de deuda publica estadounidense, al no ir acompañada de reducción alguna –en términos netos– del gasto público. Nadie confía en que Laffer y su famosa curva vayan a hacer posible que la Administración Trump recaude más gravando menos. Y en ese caso los controles y contrapesos que caracterizan a la democracia americana, y a los que tanto se apela de cara a moderar su populismo, serán puestos a prueba más pronto que tarde, puesto que el Congreso deberá autorizarle si levanta o no el techo de deuda.

No menos aversión a esta nula voluntad de reducción del gasto público y al asistencialismo mediante subvenciones me produce su demagógico proteccionismo arancelario, su simplismo a la hora de tratar un asunto tan complejo como el de la inmigración o un aislacionismo en política exterior que, pudiendo afectar negativamente a los europeos, no se lo podemos reprochar, pues hemos sido los primeros en desentendernos de nuestra propia defensa.

No se me pasa el peligro y el caballo de Troya que suponen, para las sociedades abiertas y mestizas, el multiculturalismo y una inmigración dedicada a delinquir o a depender pasivamente de los servicios sociales. Pero tampoco se me olvida que una de las cosas que hicieron grandes a los Estados Unidos de America fue su apertura a gente de todas las procedencias que sólo persiguen el poder labrarse un mejor futuro para sí y para sus hijos. Me preocupa que personas que huyen de la miseria y del terror no puedan contribuir a "hacer America grande de nuevo" por el hecho de que procedan de "regiones propensas al terrorismo", razón por la que Trump quiere rechazarlos. Nada que objetar a que los inmigrantes tengan que aceptar "los valores del país" si estos valores se limitan al acatamiento de la ley, al respeto a la convivencia y a la pluralidad de razas, credos y religiones que caracterizan a una sociedad tan mestiza y civilizada como la norteamericana.

Absolutamente demagógica me parece su pretensión de que los "puestos de trabajo disponibles" se ofrezcan primero a los estadounidenses, como si los estadounidenses ya no fueran a ser libres para contratar a quienes les venga en gana, como si los puestos de trabajo a ofrecer fuera una cantidad fija o como si no se fuera a conceder ningún permiso de trabajo mientras hubiera un solo estadounidense en paro.

Con todo, si por estas preocupantes pulsiones antiliberales que recelan de la globalización y del comercio internacional tuviésemos que entonar un canto fúnebre por la democracia americana, las democracias europeas estarían muertas desde los tiempos de Pericles.

El verdadero motivo por el que Trump ha ganado
Javier Benegas. Juan M. Blanco  vozpopuli.com 12 Noviembre 2016

Angela y Barry son un matrimonio norteamericano, relativamente joven, que reside en una pequeña ciudad del Estado de Indiana. Ella trabaja en una ONG y él en un hospital perteneciente a una fundación. No son religiosos, menos aún creacionistas, pero participan en diferentes iniciativas sociales y están muy comprometidos con su comunidad. Acogen en su casa a jóvenes de diversas procedencias y tipologías; nacionales y extranjeros; blancos, negros, hispanos, asiáticos. En una ocasión, recibieron una llamada de madrugada para alojar urgentemente a un joven desamparado y, aun teniendo la habitación ocupada, no lo dudaron: "sí, por supuesto", respondieron. Inmediatamente, Barry se dirigió en su vieja camioneta hacia el ayuntamiento para recoger al muchacho mientras Angela despejaba la buhardilla de trastos para acondicionarla y asearla como nueva habitación. A la mañana siguiente, antes de acudir al trabajo, ambos fueron a comprar una cama y un colchón nuevos que pagaron de su bolsillo.

Tanto Angela como Barry son trabajadores, honrados, solidarios, altruistas, comprometidos. Y gozan del merecido reconocimiento y aprecio de sus vecinos. En España, muchos los etiquetarían como “progresistas”, pero para sus amigos y conocidos son sencillamente buenas personas. Sin embargo, el pasado martes 8 de noviembre, Angela y Barry formaron parte de los 58 millones de norteamericanos que dejaron atónitos a los analistas de medio mundo: votaron a Donald Trump. Y lo hicieron en perjuicio de una candidata demócrata que, se supone, encarnaba los valores que ellos defienden por la vía de los hechos. Esta decisión, según el impávido juicio de bastantes ciudadanos biempensantes, les ha convertido de la noche al día en seres inmorales.

Es evidente que esta pareja no se ajusta al perfil que analistas, opinadores y medios de información, de forma casi monolítica, confeccionaron a la medida de los que apoyaban al candidato republicano. A juzgar por su actitud ante la vida, sus principios y, especialmente, sus actos –hechos son amores y no buenas razones–, no son seres despreciables, egoístas, insensibles, ignorantes. Menos aún les corresponden otras descalificaciones más gruesas, que en estos días vomitan de forma inmisericorde, no patanes, sino gente instruida, bien formada, personas que se supone reflexivas, analíticas, inteligentes. ¿Cómo es posible que Angela y Barry dejaran en la estacada a la preparada y presuntamente bienintencionada Hillary para votar al deplorable Donald? No encontrarán respuesta satisfactoria a esta pregunta en el relato de unos analistas, politólogos y periodistas, que se resisten a bajar de su nube, a analizar lo sucedido prescindiendo de sus preferencias y prejuicios.

Relatos imposibles
La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha provocado protestas, algaradas, griteríos, rasgaduras de vestiduras e, incluso, algún que otro acto violento. Y ha dejado al aire las vergüenzas de unos analistas, más proclives a anunciar al Apocalipsis, el fin del Mundo que a intentar explicar de forma fría, rigurosa y objetiva las causas y consecuencias de este fenómeno. Es verdad que Trump es un personaje provocador, arrogante, histriónico, propenso a proferir majaderías, con un aspecto que puede resultar bastante repelente. Pero, precisamente por esto, se hace más necesaria una explicación convincente de su inesperado triunfo, una interpretación algo más profunda que calificar de ignorantes e inmorales a sus votantes. No es argumento serio afirmar sencillamente que "son estúpidos todos aquellos... que no votan a los míos". Trump no solo ha arrasado en la rural “América profunda”; también ha superado a su rival en Pensilvania, Michigan u Ohio. Es evidente que detrás de su victoria hay muchos Barrys y Angelas, bastantes más de lo que a muchos les gustaría.

Barack Obama no ha sido un mal presidente, tampoco bueno, más bien del montón. Sin embargo, generó desde el principio expectativas exageradas. Lanzó un Yes We Can para resolver numerosos asuntos que, a todas luces, la política nunca podría solucionar, dando lugar, con el tiempo, a una profunda frustración. Y lo que tolera muy mal la sociedad norteamericana es la mentira, el sentirse engañados. Richard Nixon tuvo que poner pies en polvorosa, no por sus políticas ni sus malas prácticas, sino por mentir. También Bill Clinton, cuya saga está marcada no por la felación de una becaria, sino por tener el rostro más duro que el cemento

Trump supo ver la fractura, comprendió rápidamente que podía alcanzar la Casa Blanca presentándose como el outsiderterrible que, al igual que el ciudadano corriente, detesta a esa burocracia de Washington que ha gobernado el país durante las últimas décadas. Enfangó el debate sacándolo del aseado terreno de la razón para trasladarlo al barrizal de los instintos, las emociones, los impulsos. El magnate neoyorkino sabía que fajándose en la corta distancia, de forma marrullera, su aspecto, sus malos modales, los insultos, la falta de delicadeza, no serían percibidos por buena parte del público como defectos o faltas sino como despiadados ataques contra el poderoso establishment.

No más aristocracia
Para intentar neutralizar al lenguaraz Donald, el partido demócrata presentó a la peor candidata posible, Hillary Clinton. A pesar de su notable inteligencia, su brillo profesional, y de disponer de un presupuesto electoral muy superior, tenía un defecto insalvable: encarnaba a las mil maravillas al detestado establishment. Tras controlar la maquinaria del partido Demócrata durante años, Hillary simbolizaba como nadie la imagen del odioso burócrata, lo que a ojos de muchos la hacía insufriblemente antipática. Además, muchos veían en ella una vuelta al pasado, la saga Clinton otra vez en la Casa Blanca, una nueva aristocracia a la que tan refractaria es la mentalidad norteamericana. Seguramente Trump habría sido derrotado por cualquier otro candidato, hombre o mujer, con ideas novedosas e imagen renovada, mucho menos implicado en la política del pasado. Pero Hillary se empeñó en ser presidenta para romper el techo de cristal de su propia soberbia.

El fenómeno Trump debe enmarcarse dentro del proceso de frustración y desconfianza ante la clase política que se observa en buena parte de Occidente. Pero es también consecuencia de décadas de imposición de la corrección política, esa ideología gelatinosa, censora, intrusiva, que desahucia a todo aquel que cuestiona su ortodoxia. Una verdadera religión laica que propugna que la identidad de un individuo está determinada por su adscripción a un determinado colectivo y, por tanto, sostiene que la discriminación puede ser positiva, que cada grupo debe ser tratado de forma diferente. Como era de esperar, la imposición de la corrección política ha provocado en muchas sociedades una cierta reactancia, esto es, una reacción emocional que se opone a estas reglas censoras que el individuo percibe como absurdas y arbitrarias por prohibir conductas e ideas que considera lícitas.

El gran hartazgo
Sin embargo, y aquí está la clave, en los Estados Unidos la resistencia a la corrección política ha sido mucho más tajante que en Europa por chocar frontalmente contra algunos de los principios que forjaron la nación americana, la primera democracia moderna. La originaria mentalidad americana de ciudadanos libres e iguales es incompatible con la discriminación positiva, donde cada uno vuelve a ser tratado según su nacimiento, raza, sexo o grupo social; no por sus méritos. Mucha gente percibe que la clase política se pliega a la voluntad de grupos bien organizados, concediendo privilegios y ventajas. Y se extiende la sensación de que la sociedad estamental, aristocrática, que fue erradicada por la revolución americana, amenaza con instalarse de nuevo.

Los Estados Unidos surgen del libre debate de ideas, de la discusión de argumentos entre grandes intelectuales como Jefferson, Madison, Hamilton o Jay. En La Democracia en América, Alexis de Tocqueville señaló: "un americano no conversa, más bien debate, y su discurso se convierte en una disertación". Así pues, la corrección política, con su censura, sus códigos sobre lo que se puede decir y lo que no, sobre los términos obligados y prohibidos, provoca hartazgo e indignación al quebrantar esa tradición de libre pensamiento que alumbraron los padres fundadores.

Además, los Estados Unidos instauraron el principio fundamental de la libertad religiosa. La diversidad de iglesias cristianas condujo a la necesaria tolerancia, la convivencia entre ellas. No se prohibiría ninguna fe pero tampoco se obligaría a nadie a profesar religión alguna. La corrección política se constituye hoy día como una especie de religión laica, aceptable para la mentalidad americana... salvo cuando sus apóstoles pretenden hacerla obligatoria, algo que retrotrae a las guerras de religión en Europa, donde se intentaba imponer una creencia.

Petulantes contra suicidas
Sin embargo, a pesar de todo, los votantes americanos no son unos locos ni unos suicidas; tampoco unos inmorales. Sí, en ocasiones pueden sorprendernos pasando por alto excesos verbales, incluso exabruptos y disparates que en la hipócrita Europa conducen directamente a la hoguera. Pero creen que no ponen en riesgo su futuro por darle una buena patada en el trasero al establishment.

La elección de Donald Trump difícilmente tendrá las consecuencias catastróficas que muchos voceros vaticinan porque sus propuestas más extravagantes no se llevarán a cabo. Desde luego no en la medida que fueron anunciadas durante la campaña. Y no sólo porque nos encontremos ante un pragmático hombre de negocios, un jugador de ventaja que ha representado el único papel que podía llevarle a la Casa Blanca. También porque un presidente poco sensato no supone en EEUU el riesgo que pudiera tener en otros países. Gracias a la fortaleza de los controles y contrapesos, de esos checks and balances que tan oportunamente diseñaron Thomas Jefferson, Alexander Hamilton o James Madison, el presidente no puede hacer su santa voluntad contra el criterio del Congreso, del Senado o del Tribunal Supremo. Así que, a lo más que puede aspirar Trump es a cambiar algunos aspectos de la política americana, tal vez forzar la refundación del partido Republicano, pero, sobre todo, a dar buenos espectáculos.

En lo que se respecta a Angela y Barry, ellos sienten que han hecho lo correcto: castigar las mentiras de los últimos 30 años y conjurar el peligro de las dinastías. Después de todo, y aunque a los europeos no nos entre en la cabeza, ellos confían más en sí mismos y en su comunidad que en cualquier inquilino de la Casa Blanca. Y así quieren que siga siendo.

Las luces y sombras económicas de Trump
EDITORIAL Libertad Digital 12 Noviembre 2016

Una de las principales incógnitas que supone la victoria electoral de Donald Trump es la política económica que seguirá EEUU a partir de ahora. Siendo la principal potencia mundial, es evidente que cualquier error o acierto en materia económica tendrá consecuencias de uno u otro signo para el conjunto de la economía mundial, de ahí su importancia. Por el momento, las bolsas mundiales no han reaccionado del todo mal al inesperado triunfo del polémico candidato republicano a la Casa Blanca, si bien es cierto que la volatilidad y la incertidumbre se han elevado de forma muy sustancial a la espera de futuros acontecimientos, ya que el plan económico de Trump tiene tantas luces como sombras.

En primer lugar, cabe señalar que la economía estadounidense dista mucho de atravesar su mejor momento. EEUU crece y crea empleo desde hace años, superando con ello la histórica caída que supuso el pinchazo de la burbuja crediticia, pero, al mismo tiempo, registra una de las recuperaciones más lentas de las últimas décadas. Además, la Administración Obama ha elevado la carga fiscal y, sobre todo, las trabas burocráticas al desarrollo empresarial, y si el déficit público no se ha disparado es gracias, exclusivamente, al contrapeso que ha ejercido el Partido Republicano en las Cámaras para contener el gasto. Desde este punto de vista, se podría decir, por tanto, que EEUU crece a pesar de las políticas de Obama, no gracias a ellas.

Trump pretende cambiar buena parte de la senda económica que han impuesto los demócratas a lo largo de los últimos años, pero, lejos de resultar un programa coherente y beneficioso para el conjunto del país, cuenta con medidas muy positivas y otras tantas muy negativas, de modo que, hoy por hoy, resulta muy difícil saber cuál será, finalmente, la vía escogida y, por tanto, el resultado final de la nueva era Trump.

En el lado de los aciertos, cabe destacar, sin duda, la histórica rebaja fiscal que plantea tanto para las empresas como para las familias. La reducción del Impuesto sobre la Renta a tres tramos, con una rebaja del 35% para las clases medias, y, sobre todo, la bajada del Impuesto de Sociedades del 35% al 15%, junto a las rebajas previstas sobre las rentas del capital y los incentivos para la repatriación de beneficios empresariales constituyen una excelente noticia para la economía norteamericana. Pero no es la única.

A este atractivo cuadro fiscal se sumaría la eliminación del Obamacare, el polémico y desastroso programa sanitario que puso en marcha Obama, y cuyo principal resultado ha sido un encarecimiento muy sustancial de los seguros médicos, así como graves ineficiencias en el funcionamiento general del sistema. Su sustitución por cuentas de ahorro individuales para gastos médicos mediante cuantiosas deducciones fiscales también va en la dirección correcta, al igual que la liberalización y descentralización que pretende llevar a cabo en el sistema educativo. Asimismo, Trump se ha comprometido a reducir la burocracia y a simplificar la normativa existente, al tiempo que eliminará las trabas que lastran el desarrollo del sector energético, con el fracking como ariete.

El problema, sin embargo, es que estas medidas, siendo muy positivas, podrían quedar contrarrestadas por su intención de disparar la inversión pública o la guerra que le ha declarado Trump al libre comercio y a los trabajadores extranjeros. La combinación de keynesianismo en materia de gasto y anticuado proteccionismo comercial supone, por desgracia, una seria amenaza para el futuro económico de EEUU, ya que, en última instancia, siempre y cuando Trump cumpla las promesas lanzadas durante la campaña, podría acabar minando la solvencia financiera del Gobierno estadounidense y desatando una muy perjudicial guerra comercial, especialmente con China, que es hoy su principal acreedor internacional. Es de esperar que las sólidas instituciones norteamericanas y la visión más constructiva y liberal del Partido Republicano logren eliminar o, al menos, minimizar las medidas más nocivas que incluye el programa económico de Trump. Sería muy positivo para EEUU, pero también para la economía mundial.

Trump, Estados Unidos y otros Estados
Antonio García Fuentes Periodista Digital 12 Noviembre 2016

De nuevo han fallado las tan cacareadas encuestas; las que manipuladas y dirigidas hacia “destinos concretos”, pretenden simplemente “dirigir al gran rebaño”, a los destinos de quién encarga y paga las mismas. Las urnas “han hablado” y el tan criticado “coco social”, se erige vencedor absoluto puesto que controlará todas las cámaras norteamericanas… ¿qué va a pasar ahora? El tiempo lo dirá; al menos este hombre es rico y poderoso y no creo entrase en política simplemente para robar como en general y sálvese el que pueda, actúan muchos más políticos de todos los colores y en cualquier lugar de este pobre mundo.

Lo que a mi entender ha dado el poder al nuevo presidente norteamericano, ha sido lo siguiente: La población en general ya está hastiada de una casta que ya más que nacional es internacional y la que poco a poco y cada vez a mayor ritmo, nos va esclavizando y sacándonos hasta la sangre, en forma de tributos ya excesivos o confiscatorios, para ellos (esa casta) darse la vida padre y hacerse cada vez más ricos, mientras el resto se empobrecen cada vez más y van desapareciendo las clases medias o burgueses, que son los únicos que han creado riqueza verdadera y repartible para su entorno; por ello han votado a Trump, ya que a cada vez más gente, le da igual quien sea, pero que no sea de la casta dominante en las últimas décadas. Igual va a pasar en muchos otros países, como ya se está demostrando; veremos lo que ocurre en Francia, Austria, Alemania y tantos otros países, que con ser poderosos y ricos, pero cada vez en ellos hay más pobreza y "más riqueza concentrada"; para mí es la antiquísima ley natural o de acción-reacción y que los orientales denominan como "Ley del Karma". Vamos a ver muchas cosas nuevas, esperemos que sean positivas y que "el péndulo humano pendule hacia metas positivas".

En España y con todas las vicisitudes electorales de finales del pasado año hasta hace unos días; “ese péndulo imaginario”, se ha detenido en “un más de lo mismo”; cuando ahora empiecen con el nuevo gobierno “a pendulear de nuevo”, veremos lo que va a ocurrir, puesto que si las masas siguen cabreadas, ese péndulo puede caer en donde no debe (nuevo/viejo comunismo) y la historia nos ha dicho ya, donde acaban los extremos; por tanto esperemos vayan decantándose nuevos equilibrios, donde a los ya semi esclavizados actuales, nos devuelvan parte de lo mucho que nos han robado ya y junto con ello, que nos devuelvan LA ILUSIÓN, puesto que este ha sido el mayor y criminal robo que los políticos nos han realizado y no quieren ni darse cuenta de ello, pretendiendo con el ya caduco “y tú más”, que la lacra la señalemos en un determinado partido, cuando esa lacra está en toda la casta y sus beneficiados que como siempre actúan, dirigen y mandan en la sombra y en la más absoluta impunidad; sin que la justicia que dicen ampararnos, actúe como es su innegable responsabilidad, puesto que todo lo que ocurre de malo y pernicioso, ocurre por cuanto ese bien (la justicia) no cumple con la verdadera misión a la que está obligada… “y caiga quién caiga”.

Lean los siguientes “viejos consejos políticos” y piensen que todas las revueltas, degüellos, plagas “políticas” y demás calamidades evitables, han ocurrido y seguirán ocurriendo, mientras no se apliquen lo que los mismos con claridad meridiana indican; alguno de ellos datado de siete siglos antes de Cristo, el que también dejó “un testamento” digno de ser estudiado y aplicado sin hipocresías como hasta aquí.

Por otra parte hay algo que nunca se nombra y es que “cargo viene de carga y que a mayor cargo mayor es la carga y por tanto la responsabilidad”; esperemos que alguien se lo recuerde a cualquier político, en especial al señor Trump.
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“Está claro que la gente no entiende el sistema monetario y bancario, porque si lo entendiese creo que habría una revolución mañana por la mañana”. (Henry Ford lo dijo en 1922)
POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.)
BIPARTIDISMO: «Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve.» (Benito Pérez Galdós).

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Estulticia progre y terrorismo
Emilio Campmany Libertad Digital 12 Noviembre 2016

Si no estamos dispuestos a matar para defendernos, ¿cómo íbamos a estarlo para defender a nuestros vecinos?

Apenas ha pasado un año desde que el terrorismo islámico asoló París y los políticos europeos siguen demostrándose incapaces de hacer nada para derrotarlo. Hollande se puso muy farruco y envió a Oriente Medio el portaaviones Charles de Gaulle con la orden de llevar a cabo una serie de misiones aéreas contra el Estado Islámico que no sirvieron para nada. Hoy, en Francia, los políticos simulan que todo sigue igual. Y no es así. No sólo no es igual para los muertos y sus familias. Tampoco lo es para el resto de franceses, que han perdido parte de su libertad gracias al terrorismo, como prueba el que Charlie Hebdo ya no publique viñetas de Mahoma.

Por otra parte, el resto de europeos manifestamos nuestra solidaridad con bellas palabras y ninguna acción. Paradójicamente es una postura coherente, al menos en España. Si no estamos dispuestos a matar para defendernos, ¿cómo íbamos a estarlo para defender a nuestros vecinos?

Visto lo poco que ha hecho Francia, a pesar de seguir siendo una potencia militar de primer orden, con asiento permanente en el Consejo General de la ONU, titular de un arsenal nuclear, queda claro que los únicos que pueden salvar a Europa del terrorismo islámico son los Estados Unidos. Sin embargo, hasta ayer, estaban dirigidos por un presidente poco dispuesto a defendernos. Lo cual no ha sido óbice, por supuesto, para que nuestras sociedades, anegadas en ideología izquierdista, lo hayan adulado con los más almibarados halagos precisamente por haberse mostrado tan atento con quienes quieren acabar con nosotros y nuestros derechos.

Pero, como la idiocia no tiene límites entre los europeos, no sólo adulamos a quien nos abandona a nuestra suerte, no sólo renunciamos a dotarnos de los medios de defensa que nuestros recursos nos permiten, no sólo concentramos todos nuestros esfuerzos en proteger los derechos de quienes quieren acabar con los nuestros. No sólo, sino que además nos apresuramos a insultar a quien, siendo el nuevo presidente de los Estados Unidos, se diferencia concretamente del anterior en lo mucho más dispuesto que está a combatir a nuestros enemigos, esos que hace un año atentaron en París y que nosotros no somos capaces de derrotar. Tiene especial delito que uno de los más vehementes en la injuria haya sido Hollande, precisamente el presidente de la república atacada.

Deberíamos preguntarnos cuántos de nosotros tendremos que morir en la sala Bataclan o en cualquier otra para que estos políticos nuestros se den cuenta de que esto es una guerra; que lo prioritario en las guerras es ganarlas; y que la mejor garantía de hacerlo es contar como aliado con la potencia más poderosa del mundo, a ser posible dirigida por alguien que tenga cuánta más voluntad de ganar, mejor. No sé cuántos tendremos que ser. Espero que no muchos y que lo aprendamos antes de que sea demasiado tarde.

John Wayne cruza el Rhin
Fernando Sánchez Dragó El Mundo 9 Noviembre 2016

Perdonen que me suba al carro de la victoria de Trump (y de Putin, que lleva cuatro encadenadas). Tengo derecho a ello. Son muy pocos en España los que se han atrevido a desear (no tanto a pronosticar) la victoria de Trump frente a la política más borde, más falsa, más hipócrita, más tramposa, más mentirosa y más corrupta del establishment estadounidense. Y yo, junto a Juan Manuel de Prada, he sido uno de ellos. Esta vez les ha salido el tiro por la culata a los mandarines de las grandes corporaciones financieras que hace ocho años auparon a Obama a la presidencia del Imperio. Algo, por fin, se mueve en el mundo. Terminó el buenismo, el multiculturalismo, el internacionalismo, la globalización económica, la corrección política, la demagogia izquierdista, los gorgoritos de doña Francisquita (el Papa bolivariano), el apoyo a los rebeldes yihadistas de Siria, el Tratado de Libre Comercio, la inmigración ilegal, el Welcome Refugees, la socialdemocracia y, probablemente, la Unión Europea. Que la Merkel vaya poniendo a remojo las barbas que no tiene y que Marine Le Pen, y con ella los valores de la República, vaya pensando en la mudanza al Elíseo.

Reproduzco a continuación la columna que el domingo pasado publiqué en El Mundo impreso. Ésos son, esta vez, mis poderes...

LA BRUJA
¡Hale, todos contra Trump, desde el último plumilla de la hoja parroquial del padre Ángel hasta el aprisco de los intelectuales progrepesebristas y el corral de Monipodio de quienes cuentan sus fajos de billetes, como lo hacía el Tío Gilito, en las cámaras blindadas de las corporaciones financieras! ¿Por qué será? El Lobo Feroz, que cierra filas con Clint Eastwood y apoya a Trump, ya lo dijo hace unos meses: por idénticas razones a las que hace ocho años movieron a los golfos apandadores de costumbre a organizar la mayor campaña publicitaria que se recuerda en apoyo de quien gracias a ellos llegaría a ser el peor presidente de la historia de Estados Unidos. Hablo de Obama. ¿De quién si no? ¿Hay o ha habido en ese país algún otro Señor de las Mil Guerras y los Mil Chanchullos que pueda arrebatarle el título? Sí, uno, que no es Señor, sino Señora, y que se llama Hillary, la Bruja. Soy yo quien le pongo el apodo, que sin duda refrendarían los millones de estadounidenses asqueados por el Sistema que el martes van a negarle su voto tratando de impedir así que se desencadene la tercera guerra mundial. ¿Exagero? No mucho, pues tan lúgubre vaticinio tiene su raíz en Siria y sólo Putin, el único político de verdad que hoy existe en un mundo gobernado por nenazas, puede evitarlo. Con Trump hace buenas migas. La Bruja lo detesta. Seguro que no le temblará el pulso a la hora de hacer cuanto esté a su alcance para reanudar la guerra fría. Terrorífica ha sido su trayectoria de Secretaria de Estado. Ha armado al Isis, ha cerrado filas con Al Qaeda, ha cedido secretos militares a China, ha humillado al ejército, ha propiciado la inmigración masiva, ha hecho de gallina clueca para incubar ese huevo podrido que es el Tratado de Libre Comercio, ha sido correa de transmisión de una política económica que ha aumentado la deuda exterior de su país en veinte trillones (con tri de trilera) de dólares... Sospecho, pese a lo dicho y a lo que no digo, que ese endriago de culo gordo, sonrisa falsa e hipócrita campechanía acabará colándose, como lo hacen las brujas, por la chimenea del despacho oval. Ya lo cantó la coplilla: "vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / pues Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos". Nunca mejor dicho lo de sarracenos. Sea. Me resigno. Pero durante unos días, hasta que el miércoles amanezca, el sprint final de Trump me alegra la vida.

Alegrada queda.
Y con anterioridad (20 de agosto del año en curso):

SOBRE EL SENTIDO COMÚN
Decía Claude Bernard, padre de la medicina experimental: "Cuando los resultados de una prueba se encuentran en oposición con las teorías reinantes, deberíamos aceptar los hechos, no las teorías". De cajón, ¿no? Pues no.... Los socialdemócratas se aferran al wishful thinking de que aplicando las teorías de Keynes habrá menos pobres. La izquierda cree que subiendo los impuestos sucederá lo mismo. Los capitalistas están convencidos de que es el dinero, y no el trabajo, lo que produce riqueza. Los economistas confunden el consumo con la prosperidad y, peor aún, con la felicidad. La evidencia de que en todos los ejemplos citados sucede lo opuesto no incita a sus valedores a rectificar. Y, encima, la gente los vota, cerrando los ojos a la evidencia de que la única ideología sensata es la que se atiene a la fuerza de los hechos. Valga como muestra lo que está pasando en el corazón del Imperio. Todos contra Trump, menos el pueblo llano, y a favor de una trapisondista que saltó a la fama aupándose sobre el plinto de la testosterona de su marido. Sin la ayuda de la Lewinsky seguiría siendo Hillary lo que era antes de que la becaria se arrodillase frente a la bragueta de Clinton: una marujona consorte, una embustera y una ambiciosa sin escrúpulos. Los torpedos que salen de la boca de Trump y que tanta indignación suscitan son verdades de a puño respaldadas por el sentido común. ¿Hay que reducir los impuestos? Sí. ¿Hay que eliminar peldaños en la escala de los tipos impositivos? Sí. ¿Hay que restringir con mano dura la inmigración? Sí. ¿Debe volver Estados Unidos a la doctrina Monroe renunciando al intervencionismo imperialista? Sí. ¿Hay que anular el Tratado de Libre Comercio y que desmantelar la OTAN? Sí. ¿Ha sido Obama el propagador, si no el fundador, del Estado Islámico? Sí. ¿Seguiría favoreciendo Hillary el terrorismo yihadista? Sí. ¿Ha reactivado uno de los cinco peores presidentes de la historia de su país la guerra fría con la demonización de Putin? Sí. ¿Es deshonesta la prensa al sacar de contexto y tergiversar las declaraciones de Trump? Sí. ¿Miente la Clinton News Network, antes CNN? Sí. Menos mal, de todas formas, que existe Hillary, pues sus compatriotas la detestan y cabe esperar que en el último momento, con tal de no votarla, opten por el único candidato que se atreve a decir en voz alta (y, quizá, a hacer) lo que muchos piensan y lo que pienso yo.

Quod erat demonstrandum,
Banzai!

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA / RAFAEL ARGULLOL
"En España lo que hay es una oligarquía disfrazada de democracia"
ANTONIO LUCAS El Mundo 12 Noviembre 2016

El salón soleado de Rafael Argullol en el centro de Barcelona desprende unas ráfagas de silencio acogedoras. Los libros están dispuestos con pulcritud aritmética. La secuencia de un alfabeto del artista Frederic Amat da eje a una de las esquinas de la casa. Ensayista, narrador, poeta, Argullol es un pensador agudo que prolonga su curiosidad por mil frentes: de los orígenes de la cultura europea a Gaudí. En algunos de sus libros, como Visión desde el fondo del mar, asume una escritura transversal de voluntad excesiva, monumental, riquísima, radical. Un ejercicio supremo de libertad literaria. Sus preocupaciones son igual de graves. Está seguro de que el principio de todos los demonios de España está en el rechazo a la Ilustración. Es decir, a la cultura. A la exigencia. Y de aquella falta estos demonios. Aquí lo dice.

¿Qué más se puede añadir de interés a la situación de un país como este, ya sin argumentos muy fiables en su panorama político?
Lo prioritario es que seamos capaces de mirarnos al espejo en profundidad y reflexionar sobre por qué hemos llegado a esta desconfianza mutua entre políticos y ciudadanos. Y, sobre todo, entre los propios ciudadanos para emprender cualquier proyecto colectivo. Si no hacemos un ejercicio profundo de autocrítica e introspección veo bastante colapsada la salida a la situación de este país.

¿Desde el ámbito del pensamiento, de la filosofía, qué atractivo puede tener este momento histórico?
Es un tiempo transitivo y frágil para España, pero no podemos verlo desligado del mundo o del resto de Europa. Algunos de los fenómenos que vivimos son puramente locales, pero otros están insertados en el paisaje universal. Creo que los filósofos y los ciudadanos deberíamos pensar más en términos universales. A partir de aquí, para alguien que quiere hacer frente a esto la incógnita del futuro de Europa es muy importante, como el problema de los refugiados y las grandes migraciones. Así como el del deterioro de la calidad democrática.

Aquí sí hay un rasgo español...
Es que somos un país de poca hondura democrática. Y ahí entraríamos en el vínculo entre la idea de libertad y las ideas de democracia, humanismo, ilustración, razón y modernidad. Es indisociable la mala calidad democrática que sufre nuestro país de la falta de tradición ilustrada de España.

Ninguno de esos conceptos forma parte del discurso político.
Es muy preocupante. Ni la vieja ni la nueva política se ven en la necesidad de aludir a todo eso. Su pobreza es extraordinaria. No veo muchos debates políticos, pero recuerdo el que propició Jordi Évole hace varios meses entre Albert Rivera y Pablo Iglesias. Lo que más me llamó la atención es que siendo dos genuinos representantes de la nueva política, apenas esbozaron algún concepto político/cultural, ninguno cultural en sentido puro y, lo peor, tampoco se refirieron a los conceptos de los que ya hemos hablado. Como si los problemas de España no tuvieran que ver con la falta de modernidad democrática, de ilustración y de tradición humanística. Esa ausencia en los debates me parece sustancial y alarmante. En un país como Francia, pese a todo, es imposible una vida parlamentaria en la que no se aluda a elementos que forman parte de la tradición político/democrática. Parece que en España eso no es imprescindible. Aquí, como mucho, se arrojan asuntos sobre la Memoria Histórica pero siempre de un modo epidérmico, lejos del humus y del buen background democrático.

Las reglas del juego político están cambiando, pero parece que el juego no acepta reglas nuevas.
También en eso hay una dimensión universal y otra local. La universal tiene que ver con que el tipo de estructuración democrática que hay en Europa se pensó a través de la separación de poderes en un momento de avance hacia una democracia de tipo liberal burgués. En estos momentos, el poder de un capitalismo que supera por mucho al capitalismo histórico varía las reglas de juego en todo el mundo sin que el mundo se haya dotado de posibilidades nuevas. No ha habido una readaptación de las leyes a través de las cuales se estructuró el poder democrático, no hay una readaptación de organismos internacionales como la ONU, etcétera. Y en el plano español no ha acabado de asentarse el tejido democrático cuando ha sido vulnerado de manera oligárquica. La democracia, si atendemos a las etimologías griegas, es una suerte de autogobierno de la ciudadanía, mientras que la oligarquía viene a definir un poder de pocos.

¿Y es lo que se da en España?
Sí. Una oligarquía disfrazada de democracia.

Europa parece a la vez incapacitada para afrontar su propio destino.
Porque en Europa se ha pasado de un proceso ilusionante (el desarrollo de la Unión Europea y hasta el cambio de siglo) a un declive completo del proceso de ilusión. Eso ha dado lugar al dominio de una sensación de miedo. En Europa, en este momento, lo que hay es incertidumbre sin que la idea de Europa proponga alternativa. Parece un proyecto cansado antes de haberse realizado.

Pero principalmente parece una crisis de representación.
Es que no hay instrumentos adecuados para el mundo del siglo XXI. Y, a la vez, este momento histórico entorpece la regeneración de estos instrumentos a través de los mecanismos oligárquicos y mafiosos de poder tan extendidos.

Entretanto la cultura, la reflexión y el pensamiento cada vez estorban más.
Es tan así que en las últimas y múltiples elecciones que hemos tenido no verás a ninguno de los candidatos esforzarse en hacer la menor mención cultural. Eso quiere decir que los asesores de imagen les dicen que no hace falta hablar de cultura. Y eso traslada el problema al conjunto de la sociedad. Si la cultura tuviese socialmente prestigio apelarían a ella, no lo dudes. Me refiero a la cultura que tiene sus anclajes en la Grecia clásica, en el Renacimiento humanista y en el siglo XVIII europeo.

Por parte del intelectual, el que conforma opinión pública, también parece que hay una cierta dejación de funciones.
La figura del intelectual en Europa, específicamente, está muy vinculada a las utopías que empiezan en el Renacimiento y que se concretan en la Ilustración y el Romanticismo. En el momento en que a mediados del siglo XX se confirma un resultado catastrófico de estas utopías y el sueño se convierte en pesadilla, es como si la figura del intelectual diera un paso atrás. El intelectual, como ideólogo, es cosa del pasado. En cambio, el artista, el hombre de cultura debería ser alguien capaz de excitar el discurso crítico y autocrítico de una comunidad.

¿Qué confianza le genera la política española?
Muy poca. Los pronunciamientos de los últimos meses aún provocan una confianza menor. Lo llamado nueva política ha dado síntomas lamentables y algún indicio renovador. A la vez, lo que sería la política nacida de lo que se ha llamado "régimen de la Transición" está dando un espectáculo lamentable: el partido del Gobierno, que no merece gobernar, está corroído por la corrupción; y el Partido Socialista anda corroído por sí mismo en un ejercicio patético de falta de responsabilidad. El conjunto de ambos hace que la confianza sea mínima.

Así que Podemos y Ciudadanos no parece solución de nada.
No los veo. Están en el oportunismo e inmediatismo que ya conocíamos.

En un artículo suyo afirmaba que en este momento de nuestro país somos más de dogma que de trabajo por la libertad individual.
Es que lo creo así. El problema más importante para el ser humano como hombre político es la capacidad de libertad interior. Quiero decir, la capacidad de un ciudadano para elegir a través de sus propias convicciones, valores y pronunciamientos. Estamos en una cultura del grito y del gregarismo, demasiado atentos a lo que dicen los demás o a lo que puede estar de moda. Y en este sentido, una utilización perversa de las redes sociales agudiza esa sensación de manada y acorrala la expectativa de libertad interior. No puede haber democracia (libertad de la comunidad, democracia) sin que exista una comunidad de hombres libres (sin libertad interior).

Hace un momento ha aludido al «régimen de la Transición». ¿Lo definiría?
Es una expresión algo rara, cierto. Hubo hombres nobles y entusiastas en aquellos años, claro que sí. Pero ciertas voces críticas respecto a ese periodo también tienen algo de razón.

¿En qué sentido?
Hubo un error fundamental: todo se construyó sobre la base de la mentira. No existió un proceso de catarsis en la sociedad española, no fuimos sinceros ni nos dijimos la verdad de lo que había sucedido en la Guerra Civil, en el franquismo y en el antifranquismo. La piedra angular fallaba: la falta de verdad.

¿Seguimos sin ser un país con una modernidad clara?
Todo está conectado. En España no ha habido nunca un proceso de incorporación a una realidad ilustrada. España era una sociedad en la que siempre que hubo movimientos de reforma se impusieron movimientos de contrarreforma. Pienso en el humanismo renacentista, que se rompe con la expulsión de los judíos y de las minorías de la península ibérica. Pienso en la Ilustración de Jovellanos, Moratín y Goya, entre otros, que se rompe con Fernando VII. Pienso en el proceso de renovación que va de finales del XIX hasta la Guerra Civil, que se interrumpe con el franquismo. Y pienso en el proceso de modernización que se intentó tras la muerte de Franco y que llega hasta los años 80 y 90. España es una sociedad que nunca se incorporó a la modernidad ilustrada y de ahí buena parte de nuestra dificultad para hacer autocrítica.

Sin olvidar el freno de mano de los nacionalismos, centrales y periféricos.
Los elementos centrífugos a los que asistimos en nuestra sociedad también delatan el fracaso de la idea de Europa. El futuro de una sociedad como la española no era el hipernacionalismo español, sino Europa. Pero al no concretarse ese gran proyecto podemos decir que las piezas del puzle se han descompensado. Un reflejo que ha tenido sus temblores en todo el panorama político. De los ayuntamientos al Gobierno.

¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad en esta deriva?
El mayor problema no es de política, sino de ciudadanía. Padecemos una falta de altura y complejidad. El fracaso educativo no se puede adjudicar únicamente al sistema educativo, sino que buena parte de ese panorama espantoso es responsabilidad de la ciudadanía al completo.

¿Y los medios de comunicación, qué papel están jugando en todo esto?
Están dentro de una gran crisis no sólo económica, sino de información y de proyecto. Han dejado de ser críticos y han caído muy mayoritariamente en el esquema oligárquico del que ya hemos hablado.

Eso genera un bucle viciado, los ciudadanos cuestionan los medios y los medios no encuentran el sitio.
Bueno, en esta situación juegan un papel fundamental las redes sociales. Éstas tienen su parte negativa como refugio de la calumnia, de la injuria y del gregarismo, pero también amplifican la libertad de expresión que no sólo es patrimonio de los medios de comunicación.

¿No pesa más que esa libertad de expresión la perversión de reemplazar la idea por el eslogan?
Claro, también es así. La sustitución del discurso argumentado por un tuit. Eso se avista muy bien en la Universidad, donde se da la misma situación de falta de exigencia que tiene la sociedad.

¿Qué espera de esta legislatura de Mariano Rajoy?
No espero prácticamente nada. Intentará aplicar una serie de políticas muy antisociales y no creo que tenga la estabilidad necesaria para poder llevarlas a cabo.Lo hizo con la mayoría absoluta, pero confío en que en esta ocasión le resulte mucho más difícil. Viviremos otra especie de esperpento.

En Europa crece la xenofobia, la imposibilidad de encontrar una salida al problema de los refugiados y aumenta también la involución ideológica. Ha irrumpido con fuerza una suerte de cerco de pureza de raza. ¿Hacia dónde vamos?
Cuando hay un proyecto ilusionante empujado por una fuerza creativa se tiende a la generosidad. Cuando lo que tenemos es desconcierto y miedo se tiende al espíritu de la fortaleza. Y eso es a lo que estamos asistiendo. Es difícil especular hacia dónde vamos.

¿Y el triunfo de Trump en EEUU?
Lo evidentemente negativo es que la elección de Trump puede ser la penúltima etapa en el retorno de los brujos del irracionalismo, con consecuencias imprevisibles. Un horizonte sombrío. Lo positivo es que pone de relieve la crisis de una forma de hacer política y de pensar la política totalmente obsoletas. Una posibilidad para rebelarse contra lo que significa Trump, pero también contra lo que significa Clinton.

James Monroe “América para los americanos” (1823)
Donald Trump acaba con el establishment demócrata de los Clinton.
Miguel Massanet diarioalsigloxxi.com 12 Noviembre 2016

En un comentario que publicamos el día 4 de los corrientes, estuvimos tratando sobre la especial idiosincrasia del pueblo norteamericano y la forma como, desde Europa, en ocasiones demasiado pagada de sí misma, contemplamos con cierta displicencia lo que ocurre en aquel continente; siempre bajo una mirada crítica, especialmente desde la masa de la izquierda irredenta más extremista, que alimenta los populismos que, desde hace un tiempo, intentan hacerse con el mando en la UE. Se ha puesto de moda y, como no, en España también, hablar de populismos cuando, en realidad, se debiera hacer referencia a este comunismo renacido, especialmente al que nos ha llegado de los países hispano americanos, surgido de las revoluciones que han ido produciéndose a través de los siglos, como reacción popular ante los abusos de las distintas dictaduras a las que estuvieron sometidas la mayoría de ellas.

Lo que ocurre es que, cuando a una parte de la sociedad española y, muy en especial, entre la casta periodística, mayoritariamente de tendencia izquierdista, se quiere hablar de populismo se pretende que dentro del significado de este término se incluya a todos los que tienen ideas políticas de derechas y no solamente a aquellos partidos que, en Europa, se consideran de extrema derecha como podría ser, por ejemplo, el de Marie Le Pen, en Francia. Por ello, cuando ha surgido, en los EE.UU de América, un candidato a la presidencia de la nación que ha utilizado unos métodos novedosos de propaganda electoral, se ha salido de los parámetros habituales de los conservadores americanos y ha utilizado los mismos métodos de los que se vale la izquierda, en todos los países, para descalificar a sus adversarios, para `promocionarse y para atraer hacia su redil a nuevos militantes; todos los partidos del comunismo internacional, todos los grupos antisistema, toda esta pléyade de actores, directores, artistas del canto y las artes, junto a los demás miembros de la farándula norteamericana, la mayoría de ellos multimillonarios pero que, por cuestiones de conveniencia, les resulta cómodo militar con los demócratas, actuando de mecenas de los pobres, pretendiendo justificar su opulencia y sus vicios con donaciones a las ONGs o realizando viajes a los países donde la reina miseria, para fotografiarse junto a niños, tomándolos en los brazos y contemporizando, por unos momentos, con aquellas pobres gentes para, cuando asisten a sus despampanantes fiestas en las que se gastan millones de dólares, pretender aparecer ante sus seguidores como grandes benefactores, altruistas y defensores a ultranza de los derechos humanos de la gente desfavorecida. Esta es la “casta” que ha venido defendiendo a la señora Hilary Clinton, de esta estirpe poco recomendable de la familia Clinton, con sus fundaciones y sus oscuros trapicheos para mantenerse en lo alto de la ola.

En realidad, se trata de restarle mérito a unas elecciones democráticas, con todos los defectos que se las quiera atribuir, pero, en definitiva, donde los norteamericanos se han podido expresar con toda libertad, siguiendo su instinto y optando, por una mayoría suficiente y sobrada, para que nadie pueda intentar descalificarlas o decir que ha existido amaños que pudieran crear dudas respeto a sus resultados. El señor Trump podrá resultar antipático, mordaz, mal educado y demoledor, pero muchos de sus argumentos han calado hondo en la llamada América profunda, la de las pequeñas ciudades, las de comunidades campesinas, y en una gran cantidad de estados que, como se ha demostrado, estaban hartos del establishment representado por la todopoderosa familia Clinton y su desmesurada influencia en las grandes ciudades americanas. Contrariamente a los que se venía anunciado le han votado los latinos, los exiliados cubanos, los mexicanos residentes en los EE.UU, los negros y, pásmense ustedes, las mujeres que, según se venía anunciando iban a ser el talón de Aquiles del magnate Trump.

Tanto en Europa como en los mismos EE.UU, muchos de los que no se creen que la señora Clinton haya perdido, dando muestras de su falta de sentido democrático, intentan deslucir la fiesta de la elección del representante republicano, mediante la convocatoria de manifestaciones en las grandes ciudades; demostrando como las izquierdas, en todos los lugares, nunca se resignan a perder y, cuando lo hacen, se olvidan de las reglas de la democracia para cuestionar, aún en el caso de que el resultado sea incuestionable, que los que hayan votado a su adversario político lo hayan hecho como si, todos los americanos, tuvieran que amoldarse a lo que dice Kate Perry o Madonna, cuando lanzan diatribas contra un señor al que van a tener que aceptar como nuevo presidente de su país.

Los hay, en nuestro país, que pretenden comparar el presunto populismo del señor Trump con el de los comunistas bolivarianos de los señores Pablo Iglesias, Monedero, Errejón o las mismas Colau y Carmena. No obstante, el señor Trump no pretende, como algunos de Podemos y los independentistas catalanes, acabar con el sistema democrático de su nación, ni atenta contra el pueblo americano, ni hay en sus propuestas otra intención que la de acabar con los intereses creados de muchos, que se han atribuido el pensamiento del pueblo americano y han pretendido demonizar las ideas, mejor o peor expresadas, de Trump; simplemente, porque iban en contra de sus propios intereses. ¿Hay algo de malo que se pretenda poner veto a la constante y desbordante invasión de los mexicanos hacia el país vecino? O acaso ¿es reprobable que no quiera que su país se convierta en el eterno vigía de Occidente y, mientras, en Europa se limitan a verlas venir, cuando surge un problema, como ocurrió con el caso de Crimea en Ucrania, pretendiendo que sean los EE.UU los que se hagan cargo de él, manden sus soldados a luchar y morir, mientras nosotros pretendemos que la carga y el coste de semejante ayuda sea siempre a cargo de los americanos?

Es obvio que exista incertidumbre y que muchos empiecen a sentir miedo ante la posibilidad de que, el Tratado de Libre Comercia entre Europa y los EE.UU, deba ser revisado o, incluso, que sea anulado. Pero el señor Trump ya ha avisado y, cualquier persona que amara a su país haría exactamente lo mismo, que seguirá negociando con todo el mundo, pero siempre procurando que el que tenga el beneficio en estas negociaciones sea la gran nación americana. Cuando se habla de la OTAN, las autoridades europeas empiezan a temblar ante las advertencias del nuevo presidente respecto a que los gastos militares, de sostenimiento, de las empresas de toda clase que se deban poner en marcha, deberán ser costeados y sostenidos de una forma equitativa y con la participación de tropas europeas que, evidentemente, deben ser las primeras en acudir a defender a sus países en el caso de que, como está sucediendo con la guerra en contra de los talibanes del EI, nuestra seguridad sea amenazada. ¿Hay en todas estas medidas, anunciadas por el nuevo presidente americano, algo que no sea de completo sentido común? Se podrá decir que su forma de expresarse es correosa, poco refinada o, incluso, en algunos casos, insultante, pero nadie puede decir que todo lo que dice carezca de lógica porque, señores, cualquiera que ame a su patria haría lo mismo que ahora tanto se le critica al nuevo huésped de la Casa Blanca.

¿Qué está haciendo en la actualidad el CIS, la Guardia Civil, la policía nacional y todos los organismos relacionados con la seguridad del país? Controlar, analizar, investigar, desbaratar, detener, desmantelar y encarcelar a todos aquellos sujetos que, de una forma u otra intentan atentar contra la seguridad nacional, cooperando con los terroristas islámicos para evitar que nuestra nación pudiera sufrir los atentados que han estado padeciendo naciones como Bélgica o Francia. ¿Qué es lo que el señor Trump piensa hacer en los EE.UU? Pues poner los medios adecuados para evitar que, la invasión descontrolada de inmigrantes, permita que dentro de la nación americana se cuelen, disimulados entre los demás miles de personas que acceden ilegalmente al país, aquellos comandos terroristas que, como viene anunciando el EI, se sabe que tienen por objetivo crear el terror dentro del propio estado americano. No será la primera vez que suceda ni la segunda, porque de todos es conocido lo que sucedió un 11 de septiembre del 2001 y recordemos la masacre del club gay de Orlando con 50 muertos o las explosiones en junio del corriente año o el atentado ocurrido en la maratón de Boston del 2013 con 3 muertos y 282 heridos etc.

Cuando el señor Reagan se presentó para presidente, fueron muchos los que lo consideraron un incompetente, un actor mediocre que aspiraba a gobernar la gran nación americana, un don nadie que era incapaz de asumir la responsabilidad de dirigir el país. Hoy en día son muchos los que le añoran y una gran parte del pueblo americano lo recuerda como uno de los mejores presidentes de los EE.UU. En todo caso, no sería el primero en intentar que América, su nación, deba, ante todo, restañar sus propias heridas, renovarse interiormente, porque es cierto que el gran país americano, ha dejado su huella de salvador de naciones en peligro mientras sus propias estructuras, como se viene denunciando, están empezado a envejecer, a necesitar modernizarse, se precisan carreteras, puentes, reparar autovías y mejorar el sistema sanitario.

No, señores, siempre ha habido quienes son incapaces de entender a personas que hablan claro, que no esconden las taras que padece la nación y, esta circunstancia, para algunos es de exclusiva competencia de las izquierdas y, por ello, son incapaces de entender que, un millonario, como el señor Donald Trump, emprenda una cruzada, precisamente para cambiar aquellos aspectos de su país que necesitan ser resueltos aunque, para ello, hayan de dejar, para otro tiempo, el continuar siendo los guardianes de la paz en todo el mundo. James Monroe fue el primero en 1823 que hizo suya la doctrina de John Quincy Adams, advirtiendo a Europa que dejara de inmiscuirse en los asuntos americanos. Él fue quien hizo célebre la frase que definía, en cuatro palabras, el espíritu de su lucha: “América para los americanos”

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, se denuncia la gran tramoya organizada en contra de una elección, que puede gustar más o menos, pero que nadie puede tachar de ser ilegal, de no reunir todas las condiciones de legitimidad y de no merecer, como ha sucedido en las anteriores ocasiones, el respeto y la aceptación de todo el pueblo americano, como nuevo presidente de los EE.UU de América.

El Papa, el islam y la violencia
Jesús Laínz Libertad Digital 12 Noviembre 2016

Tras la solidez de Benedicto XVI, a la Iglesia le ha tocado en suerte la frivolidad de su sucesor.

Este verano, pocos días después del martirio del sacerdote Jacques Hamel en la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray, al Papa venido de la Pampa se le ocurrió explicar a los medios de comunicación que no todo en el islam es violencia. Cierto. Pues también –añadió– hay católicos violentos. En concreto señaló que en Italia, cada día, hay católicos bautizados que matan a su novia o a su suegra. Cierto también. Pues hay católicos italianos violentos del mismo modo que hay aragoneses violentos, zurdos violentos o músicos violentos. Pero ni los italianos ni los maños ni los zurdos ni los músicos suelen matar a sus suegras por el hecho de haber nacido en Italia, vivir en Zaragoza, chutar con la izquierda o tocar el trombón. Ni, por supuesto, por encontrar en las parábolas de Jesucristo la enseñanza de que las suegras deben ser asesinadas para mayor gloria del Señor.

Por el contrario, los asesinos del sacerdote francés, acertada o desacertadamente, ortodoxa o heterodoxamente, fueron movidos a perpetrar su atroz crimen por las enseñanzas supuestamente dictadas por Alá a Mahoma y recogidas en un libro redactado en el siglo VII al que se sigue considerando inamovible regla moral y fuente jurídica en el XXI.

Ésta es la gran diferencia entre el que mata a su suegra porque le da la gana y el que mata a un sacerdote porque considera que el libro sagrado de su religión así se lo exige. Para darse cuenta de ello no hace falta ser un genio ni haber pasado por la facultad de filosofía ni tener la formación teológica que se supone en quien ha llegado nada menos que hasta la silla de san Pedro.

Pero tras la solidez de Benedicto XVI, a la Iglesia le ha tocado en suerte la frivolidad de su sucesor. Algo explicable metafísicamente tiene que haber tras la curiosa coincidencia de que un Papa de la talla de Joseph Ratzinger, llegado en un tiempo no precisamente gozoso para la moribunda Iglesia Católica, sea el primero que renuncia a su cargo en seiscientos años.

Un par de meses antes de las declaraciones arriba mencionadas, el Papa explicó al periódico católico francés La Croix:
Aunque es cierto que la idea de conquista es inherente al alma del islam, también se puede interpretar el objetivo del Evangelio de Mateo, donde Jesús manda a sus discípulos a todas las naciones, en términos de una misma idea de conquista.

¡La evangelización, equivalente a la conquista violenta, nada menos! Y no vale el gastado recurso a las Cruzadas, a Carlomagno o a Teodosio, pues estamos hablando de nuestros días, no de hace mil años, y en nuestros días ningún cristiano asesina en nombre de su Dios ni pretende conquistar ningún país para imponer la fe en Jesucristo, mientras que, lamentablemente, no se puede decir lo mismo de un mundo islámico anclado en buena parte en la mentalidad del siglo de Mahoma.

Por otro lado, ¡refrenen su lengua los autohispanófobos antes de hacer el ridículo habitual de cada 12 de octubre! Pues aburridos estamos los españoles de recibir la acusación de haber convertido por la fuerza a todo bicho viviente entre Alaska y Tierra del Fuego. El propio papa Francisco ha repetido alguna vez la cantinela indigenista sin duda aprendida en su Argentina natal, quién sabe si de labios amerindios o de labios emigrados italianos interesados en abrillantar su presencia allá deslegitimando la muy anterior de los españoles.

Pues las anécdotas personales pesan bastante poco en comparación con las normas dictadas por los gobernantes españoles, empezando por una Isabel la Católica estableciendo en su testamento que por quanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue de procurar inducir e traer los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida (…) por ende suplico al Rey, mi Señor, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sean bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean.

¿Qué tiene que ver esto con la conquista, con la guerra santa, con los crímenes, con el terrorismo? El Papa sabrá. Aunque no suele demostrarlo.

Hubo un cardenal italiano a principios del siglo XIX, Vidoni de apellido, eterno candidato al papado, que, cuando alguien le felicitaba por sus posibilidades de ser elegido nuevo Papa, solía responder:

–¡Muy borracho tendría que estar el Espíritu Santo!

Ningún cónclave lo eligió, así que es de suponer que, efectivamente, la paloma se mantuvo sobria.

Pero casi siempre que este papa Francisco abre la boca, no le queda a uno más remedio que acordarse de Vidoni.
www.jesuslainz.es

Los 215 asesinatos del Frente Popular en Rivas Vaciamadrid
Juan E. Pflüger gaceta.es 12 Noviembre 2016

La izquierda ha pasado por varias etapas en su interpretación del terror rojo durante la Guerra Civil española. Primero, durante la contienda, los medios de la zona controlada por el Gobierno republicano del Frente Popular presumían de la eliminación de los “fasciosos”; después, en la posguerra y durante el franquismo, se negaba la represión organizada y se minimizaba su número; tras la transición, directamente se obviaba la existencia de estos asesinatos. Finalmente, desde que se promulgó la zapaterista Ley de Memoria Histórica, se magnifican los crímenes del otro bando mientras que se achaca la responsabilidad de las muertes en la retaguardia propia alegando al descontrol de grupos no controlados por el Gobierno.

Uno de los principales argumentos que esgrimen al decir que fue obra de grupos incontrolados a los que el Gobierno “legítimo” quería poner coto es que las sacas comenzaron a partir de la huída del Gobierno de Madrid a Valencia el día 6 de noviembre de 1936, ante el miedo a caer en manos de los nacionales que estaban a punto de entrar en la capital de España. Según esta versión, en los días siguientes a la salida de los ministros de Madrid, se produjo un vacío de poder que los radicales aprovecharon hasta que la Junta de Defensa pudo hacerse cargo de la administración y paró esas sacas.

Pero esto es falso. Días antes de la salida del Gobierno hacia Valencia, las sacas ya se estaban produciendo. Primero en Aravaca y Pozuelo y después, el día 5 de noviembre en la localidad de Rivas Vaciamadrid.

Hay 215 asesinatos de presos de las cárceles de Madrid que se cometieron en las inmediaciones del cementerio de Rivas el día 5 de noviembre, un día antes de la huída del Ejecutivo del Frente Popular. Las víctimas fueron 190 militares y 25 civiles sacados a última hora de la tarde de aquel día de las cárceles de Porlier y San Antón y trasladados a ese pueblo del este de Madrid, donde fueron fusilados, sin mediar juicio alguno, y enterrados en unas fosas comunes que se habían excavado el día 4 por encargo del mismísimo ministro de Gobernación, el radicalsocialista Ángel Galarza.

Es una información que se conoce gracias al testimonio prestado por dos miembros de su cuerpo de seguridad en el viaje entre Madrid y Valencia, realizado a última hora del día 6 de noviembre. En el trallecto paró en Tarancón, desde donde realizón dos llamadas de teléfono. La primera fue a alguno de los nuevos responsables del orden en Madrid, al que le comunicó que autorizaba las evacuaciones de presos y añadía “pero evacuaciones definitivas”.

La segunda de las llamadas fue realizada al alcalde socialista de Rivas Vaciamadrid, en este caso preguntó si había realizado las zanjas que él mismo le había encargado el día 4 anterior. La respuesta fue clara: “hechas y utilizadas”. Allí habían enterrado a esas 215 víctimas.

Unas víctimas que, una vez acabada la Guerra Civil, fueron trasladadas al camposanto de Paracuellos del Jarama, donde sus restos permanecen junto a los miles que en esa zona, a orillas ddel río Jarama, fueron asesinadas en las semanas siguientes a las que murieron en Rivas Vaciamadrid.

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Vitolo, con fractura de los huesos propios de la nariz tuvo que ir a un centro privado
El hospital público de Gerona se niega a atender en castellano a un jugador del CD Tenerife
El doctor no se apeó del burro y sólo se dirigía al futbolista en catalán
José Manuel Báez. Periodista Digital 12 Noviembre 2016

Sucedió en la tarde-noche del 5 de noviembre de 2016. El CD Tenerife estaba afrontando los minutos finales del encuentro que le enfrentaba en el estadio de Montilivi al Gerona (1-1) cuando en una acción fortuita el jugador canario Vitolo sufría un encontronazo con un rival y se producía una fractura de los huesos propios de la nariz.

Para prevenir males mayores, el futbolista fue llevado al hospital universitario Doctor Josep Trueta para ser sometido a una exploración más en profundidad. Sin embargo, el jugador se vio sorprendido por la pésima atención recibida, ya que lejos de entender que un canario no habla ni tiene por qué saber manejarse en catalán, en el recinto se empeñaron en no hablarle en castellano.

Al final, Vitolo tuvo que acudir a un centro privado donde sí fue atendido en condiciones, comenzando desde luego por la cuestión idiomática.

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'Bullying' en Alsasua
RAFAEL MOYANO El Mundo 12 Noviembre 2016

Alsasua, localidad navarra de poco más de 7.000 habitantes, se ha convertido en el remedo triste de un instituto de secundaria donde un grupo de matones trata de imponer su ley, un grupo que decide quién merece pisar el suelo que ellos pisan señalando y hostigando hasta el agotamiento al indeseado. Así se desprende del estremecedor auto, apenas 10 folios, en el que la juez Carmen Lamela recoge acontecimientos acaecidos el pasado 15 de octubre en el bar Kotxa, cuando dos guardias civiles y sus parejas fueron insultados, amenazados y finalmente agredidos por más de 40 personas.

Por esta agresión física, que la magistrada reclama para la Audiencia Nacional para juzgarla como delito de terrorismo, sabemos ahora de muchos años de presión psicológica y verbal. El mismo proceso que en el acoso escolar, vacío social primero, y luego presión, persecución, intimidación, hasta llegar al maltrato físico, el que permite detectar con mayor facilidad el problema. Las víctimas, las Fuerzas de Seguridad del Estado, en especial los guardias civiles y su familias, y los acosadores, un grupo organizado que ejecuta con disciplina la campaña "fuera de aquí" promovida por la izquierda abertzale. Explica la juez en su auto que este colectivo asedia a los agentes "buscando provocarles una sensación de continuo miedo e inseguridad e impidiéndoles realizar una vida en condiciones de normalidad". Vamos, que no pueden hacer en Alsasua las cosas cotidianas que usted y yo hacemos en un país libre, entrar a hacer compras en comercios, pasear tranquilamente por el pueblo o dejar que sus hijos se relacionen con otros niños fuera del colegio. Para ello cuentan con la colaboración, arrancada con las más puras técnicas mafiosas, del resto de ciudadanos, a los que atemorizan para que no tengan vínculo alguno con los apestados. "El incumplimiento de estos preceptos por parte de algún ciudadano -relata la juez- le convierte automáticamente en afín al Cuerpo y, por tanto, en cualquier momento tanto su persona como sus bienes pueden pasar a convertirse en objetivo de dichos grupúsculos violentos".

Esto está pasando hoy, noviembre de 2016, en una pequeña localidad navarra muy próxima al País Vasco cinco años después de que ETA dejara de matar. Seguro que no es la única. No, la paz no era sólo eso. Inevitable citar a Leonard Cohen en un día como hoy: "El último refugio del insomne es un sentimiento de superioridad hacia el mundo que duerme". Hay que despertar, el alto el fuego no ha acabado con la violencia.
 


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