AGLI Recortes de Prensa   Domingo 13  Noviembre  2016

El Papa está loco; Trump, ya veremos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Noviembre 2016

Podría haber titulado este artículo más truculentamente: "Mirando a Washington desde Paracuellos"; porque ayer el Papa canonizó a varios mártires de los 6.000 civiles asesinados hace 80 años por los comunistas en Paracuellos, entre ellos Pedro Muñoz-Seca, autor de la joya cómica "La venganza de Don Mendo", y el ingeniero Ricardo de la Cierva, padre del historiador muerto recientemente y hermano del inventor del autogiro, el primer helicóptero. De Ramiro de Maeztu, ni noticia. Y como han escrito en LD Fernández Barbadillo, Lainz, Ruiz y otros, esa masacre, auténtico genocidio cometido contra un grupo humano indefenso que sólo tenía en común el ser católicos -tal vez ni eso, porque a los 256 menores de edad asesinados no les dieron tiempo a madurar en la Fe ni en la Política-, ha sido escandalosamente ocultado por los mismos medios que se muestran escandalizados e indignados contra los norteamericanos por votar a Trump.

Pero esta aplastante mayoría mediática izquierdista que, acaudillada por Cebrián, vive de luchar contra Franco muerto tras medrar sirviéndolo vivo, tiene como capellán castrense al mismísimo Papa Francisco, o sea, Bergoglio, que antes de canonizar a esas víctimas, símbolo de la mayor masacre de civiles jamás perpetrada en nuestra historia, había respaldado el plebiscito que hubiera convertido a Colombia en la Narcolombia del cártel de las FARC de Timochenko y Santoschenko. Que antes había bendecido la rendición de Obama y la UE ante la dictadura de los Castro. Que antes aún, había justificado la masacre islamista de Charlie Hebdo con esta frase: "si alguien insulta a mi madre (chistes sobre Mahoma), yo le doy con el puño". Y que sólo dos días antes de canonizar a esos católicos españoles escogidos entre los 6.000 asesinados por los comunistas, ha declarado al diario La Repubblica:

"Son los comunistas quienes piensan como cristianos" (…) "Cristo habló de una sociedad donde los pobres, los débiles y los marginados sean quienes decidan" —"tengan o no fe en Dios"— ellos "deben ayudar a lograr la igualdad y la libertad" (…) "Sólo me interesa el sufrimiento" (que los políticos) "pueden provocar en los pobres y excluidos".

La gran mayoría de los asesinados desde julio de 1936 en las chekas de comunistas, socialistas o anarquistas (aunque éstos últimos, desde mayo de 1937 en Barcelona, acabaron siendo víctimas también de los esbirros de Stalin) lo fueron por ser católicos. Ocho mil sacerdotes, frailes y monjas fueron detenidos, torturados y asesinados. -"¡Y ni un apóstata!" –escribió admirado el francés Péguy, que obviamente desconocía la traición de Vidal i Barraquer y del clero separatista catalán y vasco a sus hermanos en la Fe.

Dado que no creo que Bergoglio alcance la categoría intelectual de Anticristo, hay que concluir que quien en la misma semana canoniza a las víctimas españolas de los comunistas y dice que los comunistas imitan a los católicos que asesinan, está muy mal de la cabeza. Lo que se dice loco de remate. Que "Cristo habló de una sociedad donde los pobres y marginados decidan" es una falsedad o una majadería de primero de Peronismo. Y si al Papa realmente le importara "ayudar a lograr la igualdad y la libertad", lo que debería hacer es combatir el comunismo, como hicieron sus admirables predecesores Wojtyla y Ratzinger, porque cien millones de muertos en su historia y mil millones de esclavos en la actualidad prueban que no hay sistema que promueva tanto la desigualdad y la tiranía como el comunismo.

Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron sañudamente injuriados por los comunistas, y con razón. Si este Francisco no de Asís sino de Perón es tan alabado por los comunistas que él halaga, algo está haciendo muy mal. Por de pronto, infamar a los católicos españoles asesinados por los que él llama sus imitadores. ¡El verdugo imitando a la víctima! De frenopático.

Psicopatología de Trump y patología anti-Trump
Pero resulta que el gran debate en España no es que mientras el Papa debe canonizar -el proceso, como el de los olvidados cristeros de México, lo ha heredado de Woytyla y Ratzinger- a los asesinados en Paracuellos, siga vigente la Ley de Memoria Histórica, que es la venganza de ciertos canallas vivos sobre muchos indefensos muertos. Lo que se debate no es que la izquierda resucite la guerra civil cuando quiera, que los separatistas se cisquen en la Constitución y que España se vaya al garete, sino que los norteamericanos hayan elegido presidente a Trump, pese a la más feroz campaña política y mediática contraria que haya padecido un candidato.

Se dice que todos deberíamos votar en los USA, ya que lo que en Washington se decide afecta a todo el mundo desde hace un siglo. Yo creo que deberíamos empezar por copiar sus instituciones, con separación de Poderes y Justicia independiente, antes de elegir Gobernador de Indiana, que algunos situarán en la India. Pero la obsesión antiamericana de los europeos que describió magistralmente Revel y el hombre-espectáculo que es Trump, amén del circo de los Obama-Clinton, nos obliga a opinar. Hay elementos psicopatológicos en el narcisismo paranoide de Trump, pero hay también elementos archipatológicos en la caricatura del monstruo Trump.

Como muchos españoles que aman y respetan a los USA, tal vez porque los conocen, yo quería que perdiera Hillary y que no ganara Trump. Pero no soy norteamericano. Y ellos tienen la sana costumbre de votar a un Presidente de la República cada cuatro años y, la verdad, me parecería muy injusto discutirles tan noble tradición. En poco más de doscientos años de vida, el régimen constitucional diseñado por los Padres Fundadores ha impedido la existencia de un dictador, civil o militar. ¿Qué país europeo, salvo Gran Bretaña, puede decir lo mismo? Y en esa breve existencia los USA han atravesado toda clase de guerras y conflictos: de Secesión, contra los indios, contra México y España y dos grandes guerras mundiales. Nunca cayeron en la dictadura y, poco a poco, democratizaron el régimen liberal. ¿Vamos alemanes, franceses o españoles a darles lecciones de democracia?

Dos siglos de guerra sucia electoral
Sin embargo, la guerra sucia en las campañas electorales americanas empezó ya en 1828, en la de Andrew Jackson contra John Quincy Adams, que presenta semejanzas realmente asombrosas con la de Trump y Clinton. Tras los cinco primeros y formidables presidentes -Washington, Adams, Jefferson, Madison, Monroe- la generación que creó la República había desaparecido. También el consenso de aquella élite ilustrada y liberal que miraba con recelo la democracia directa, porque su éxito había creado un país parecido a un magma volcánico en vertiginosa expansión continental. Llegó la campaña de 1824 y Andrew Jackson, héroe militar de la segunda guerra contra los ingleses a los que derrotó en Nueva Orleans, pero que no dejaba de ser un paleto de Tennesse, ganó las elecciones, aunque no por mayoría absoluta. Y John Clay cocinó una mayoría parlamentaria que votó a John Quincy Adams, hijo del segundo presidente, hombre preparadísimo y decentísimo, pero que no soportaba el aspecto populachero de la política.

Durante cuatro años se desarrolló la reconquista electoral de Jackson, que tuvo el apoyo del que sería luego su sucesor, el brillante Van Buren, en lo que ambos entendían como una lucha para que las élites del Este no se apropiaran de la democracia y las libertades republicanas. El blanco de la campaña contra Jackson fue su esposa, que había huido con él de los malos tratos de su primer marido, incurriendo temporalmente en la bigamia. Esa sucia campaña en la prensa dirigida por Clay contra la decentísima señora Jackson la contrarrestó Van Buren mediante otra campaña que consistió en convertir en noticia el encuentro de Jackson y señora con los electores. La noticia no era sobre Jackson: era sencillamente la presencia de los Jackson.

Jackson ganó por mayoría absoluta. Pero su esposa, atribulada por los ataques que la pintaban como una golfa, murió de un infarto antes de ocupar la Casa Blanca. Y ni Jackson fue a saludar al presidente saliente ni John Quincy Adams quiso estar en la toma de posesión y se fue a Boston. O sea, que todo lo que ahora se presenta como nuevo y escandaloso en los USA, culpa del triunfador pero paleto Trump, data de hace casi dos siglos. Ah, y también Jackson era de temperamento violento, había matado a un hombre en duelo y se le atribuía, con cierta razón, un carácter imprevisible. Sin embargo, las instituciones resistieron muy bien ocho años de Jackson.

El populismo de Podemos y el de Trump
¿Hay razones para temer la inestabilidad o la imprevisibilidad en la personalidad de Trump? Sinceramente, sí. ¿Hay razones para temer que las instituciones de la democracia norteamericana -Congreso, Senado, Tribunal Supremo, Estados- sean incapaces de embridarlas? Sinceramente, no. Y el programa o borrador de sus primeros 100 días de Gobierno lo demuestra. No hay una sola palabra, proyecto, anuncio o amenaza de menoscabar el poder de los contrapoderes: la independencia judicial, las atribuciones de los Estados o la capacidad de decisión de los ciudadanos. Al revés: todo el anunciado programa fiscal, escolar, familiar y de subsidios, incluido el de salud mediante ahorros acumulados y legables a los hijos, van justo en la dirección contraria: descentralización del Poder y autonomía individual.

Por supuesto, todo eso y lo que va en dirección contraria -política exterior, comercial, de defensa y de inmigración- debe pasar por Congreso, Senado y Supremo, pero no creo que ni los Republicanos ni los Demócratas ni los Jueces vayan a permitir que Trump se cargue la Constitución. Se dice que hay elementos fascistas en Trump. En su interior, bien puede ser, pero si él no ha sido nunca fascista, ni el republicano es un partido fascista, ni ha anunciado ministros fascistas ni quiere convertir el régimen norteamericano en fascista, ¿dónde está el fascismo de Trump? Sinceramente, creo que en los temores de los que creen que el Presidente de los Estados Unidos puede hacer cualquier cosa. Y no es así. Nunca ha sido así. Difícilmente será así.

Creo que, en realidad, todos somos víctimas del embrujo de una palabra o un concepto: populismo, que aplicamos a cualquier político sin reparar en el sistema político e institucional en que ese político debe actuar. Ayer señalaba Domingo Soriano siete aspectos en el programa de Trump que, literalmente y como ha admitido el carmenita Alberto Garzón, podría hacer suyos la Banda de la Tuerka, formalmente conocida como Podemos.

Es verdad. Y si supieran leer, les saldrían más de siete. Pero hay más de setenta que no podrían hacer suyos jamás, desde el cheque escolar a la bajada del 35% del IRPF, del Impuesto de Sociedades y de las rentas de capital, por no hablar de la abolición de los de Patrimonio y Sucesiones. ¿Alguien se imagina a Giuliani pidiendo la libertad de Alfon y Bódalo? ¿Alguien se imagina a Gingrich respaldando a los Castro y Timochenko? ¿Alguien imagina al secretario de Justicia haciendo jurar a jueces y fiscales su adhesión al proyecto político de Trump? ¿Alguien cree, de verdad, que Trump, su partido, sus instituciones, su país quieren abolir la propiedad privada, empezando por los medios de comunicación, como quiere Iglesias, para implantar en Washington un régimen despótico como el de Caracas?

Que Trump es un populista, no lo dudo. Que los argumentos anti-Trump han asumido el populismo como única vara de medir, no lo que hace o dice que hará sino lo que cada cual teme que haga, también. Pero yo cambiaría gustoso el estado de las instituciones norteamericanas cuando Trump deje el Poder por el de las españolas cuando, al fin, lo deje Rajoy.

Ganó a las élites
Por qué la victoria de Trump tiene carácter histórico
La victoria del republicano subyace un mar de fondo de hartazgo con las ideologías dominantes: abortistas, homosexistas y multiculturalistas.
Pío Moa gaceta.es 13 Noviembre 2016

Debo reconocer que, aunque no descartaba la victoria de Trump, tampoco la esperaba. Parecía “racionalmente” imposible que ganase quien terminó ganando, con el gran dinero en contra, incluido el procedente de países árabes amparadores del islamismo radical, y con la prensa y demás medios masivamente a favor de Clinton en una de las campañas más sucias y feroces, que no ha ahorrado mentiras y manipulaciones. Ha sido, pues, una victoria contra quienes se entiende generalmente como los amos reales del poder en cualquier país. Porque, además, ocurría algo similar fuera de Usa. En España, por ejemplo, rivalizaron a favor de Clinton los medios ligados a todos los partidos y al gobierno; incluso la cadena de la Iglesia parecía enfervorecida con la ultraabortista, homosexista y abiertamente anticatólica Clinton. El nivel del análisis político en la prensa española nunca fue brillante, pero en este caso solo puede entenderse como un chiste malo, a base de una estruendosa manipulación informativa, de la que se han salvado muy pocos medios, entre ellos La Gaceta dejando de relieve el carácter de bananocracia del actual régimen español.

Este hecho tiene mucho más alcance del que se le está dando. Las democracias llevan bastantes años evolucionando en un sentido semejante al despotismo del que advirtió genialmente Tocqueville: infantilización de la sociedad mediante un hedonismo pedestre cultivado desde el poder, y un poder que tras la apariencia de ser elegido está realmente manejado por poderosos grupos económicos y políticos que dominan a los grandes medios de masas para moldear a la opinión pública. El designio bien visible consiste en instaurar un poder mundial de ese tipo, que disuelva las naciones, las culturas nacionales y las religiones tradicionales, sustituyéndolas por la religión del dinero, en definitiva. El funcionamiento democrático puede describirse como la lucha por la opinión pública, en la que intervienen muchos factores, y los medios de masas son uno de los principales, generalmente el decisivo La práctica unanimidad de esos medios contra Trump, y la obscenidad de los métodos empleados, ya indica por sí sola un grave retroceso del liberalismo y la democracia. Que hayan fracasado es un hecho alentador, porque hasta hace poco sus designios, desarrollado con acciones y procesos multiformes, parecían tendencias irresistibles. Este es el significado profundo de estas elecciones.

Creo que en la victoria de Trump subyace un mar de fondo de hartazgo y descontento difuso con las ideologías dominantes: abortistas, homosexistas, multiculturalistas, con las políticas “de género” o los feminismos más o menos histéricos. Todo esto es lo que representaba la Clinton en grado eminente. Representaba, además, la política exterior aventurera y agresiva que, so pretexto de democracia, ha provocado en los países árabes y Afganistán caos y guerras civiles y, en Egipto, un golpe militar. Representaba, además, una peligrosa política de cerco y acoso a Rusia.

¿Qué representa Trump? De momento ha sabido recoger ese descontento difuso e inconcreto, pero lo que haga está por ver. Internamente sus posibilidades de acción, si piensa en algo definido, se verán condicionadas inevitablemente por una red de grandes intereses de todo género, y también por sus adversarios, que han demostrado estar verdaderamente rabiosos en un país que parece emocionalmente más dividido que nunca desde la Guerra de Secesión. Para su política internacional, que es la que más nos interesa, va a encontrarse con serios problemas: el centro del comercio y de la política mundial tiende a desplazarse al Pacífico, y en la otra orilla se encuentra China camino de convertirse en superpotencia. Deshacerse de las agresivas aventuras en el mundo árabe, con sus tremendas consecuencias a largo plazo, será también un desafío difícil. Una Hispanoamérica desnortada –como de costumbre—será en definitiva un problema menor. Con respecto a Rusia, parece dispuesto a mejorar las relaciones, y en cuanto a la UE, puede ayudar a profundizar su crisis, lo que sería muy positivo porque esta parte de Europa se está convirtiendo en un monstruo que recoge todas las taras encarnadas en Clinton (comentábamos algo de eso en “Cita con la Historia”: ).Todo esto muy en líneas generales.

Con respecto a España nos interesa especialmente su política hacia la OTAN. Como es sabido, esa organización, creada para afrontar el expansionismo soviético en la zona del Atlántico Norte, debió haber desaparecido al desaparecer su objeto, pero en cambio ha ampliado su acción a todo el hemisferio Norte, con agresiones y provocaciones de todo género, que además se vienen saldando con costosas derrotas. Quizá termine por transformarse en OTPN, Organización del Tratado del Pacífico Norte. España está en la OTAN en posición de auténtico lacayo, obligada a emplear hombres y dinero en operaciones bautizadas “de paz” con perfecta perversión del lenguaje, en defensa de intereses ajenos, bajo mando ajeno y en idioma ajeno. He hablado de estas cuestiones otras veces, y la cuestión podría resumirse así: España no tiene nada que ganar en la OTAN, y sí mucho que perder. Perder, para empezar, su soberanía, un bien mucho más valioso que algún plato de lentejas, por emplear el símil bíblico. Y ello tanto con Clinton como con Trump. La política exterior española debe volver a la neutralidad, como la de Suiza o Suecia.

Observen este breve video, que retrata al personaje Hillary Clinton, por la que han apostado a fondo tan inmensos intereses. Es su reacción después de observar en un móvil el asesinato de Gadafi.
http://www.bing.com/videos/search?q=Hillary+Clinton%2c+Gadafi&&view=detail&mid=A4113698D60CD0833193A4113698D6

Hora de bajarse del carro.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 13 Noviembre 2016

Ya no se trata de sonreír condescendientemente ante las ocurrencias de una mujer septuagenaria como si fueran producto de una especie de deterioro normal del intelecto por la edad. Ya no se trata de calificar esas ocurrencias de manera más o menos jocosa con un adjetivo derivado de su apellido. Se trata simplemente de que el PSOE, en su federación de Madrid, que apoya con su voto a esta vetusta sectaria que fue cabeza de cartel del grupo podemita que controla la Capital de España, es cómplice necesario de todas y cada una de las decisiones y actuaciones que están llevando a Madrid a una ralentización acelerada de su desarrollo económico; a la paralización o cancelación de proyectos de inversión y creación de empleo sin ofrecer alternativas viables; al despilfarro de dinero público con nombramientos a dedo y subvenciones a organizaciones y personas socialmente execrables; a la connivencia y permisividad con movimientos okupas y grupos anti sistema; al sectarismo y discriminación a la hora de establecer tasas e impuestos beneficiando a zonas donde obtuvieron apoyo electoral y castigando a las que no lo hicieron; al revanchismo político con actuaciones ilegales en una vergonzosa aplicación de una “Memoria Histórica desquiciada; a la creación y uso sectario de medios de difusión pagados con fondos públicos, etc., etc.

En menos de dos años, esta alcaldesa y su equipo de Gobierno apoyado por un Consistorio donde prevalece la alianza de Ahora Madrid y el PSOE-Madrid, están consiguiendo que la capital empiece a dar muestras evidentes del declive económico, el deterioro de imagen y las consecuencias de una administración inflacionista que ha recibido el rechazo de sus cuentas por no respetar el equilibrio presupuestario. Un record en el que colectivos tan esenciales como la Policía Municipal han sido desprestigiados por el sectarismo y la incompetencia de su Concejal. O como áreas como la Concejalía de cultura se han convertido en auténticos mecenas de grupos anti sistema y en inquisidores con todo aquello que remotamente les pareciese perteneciente a la dictadura franquista.

El PSOE no tiene excusa y se merece que cada día las encuestas muestren el aumento del rechazo de sus propios votantes y el incremento de la radicalización, sobre todo entre la juventud. Un PSOE que hace tiempo que perdió la centralidad en un intento de tapar la herida sangrante que le provocó la aparición de ese partido de ultra izquierda radical de PODEMOS. Un PSOE que ha basado sus campañas electorales en volver a querer aislar al PP resucitando el viejo “cordón sanitario” que quiso imponer con los enemigos de España, conscientes de que con ello debilitarían al “Estado” y conseguirían avanzar en su objetivo secesionista. Un PSOE cómplice que abandonó la social democracia para transformarse en la social meritocracia del enchufismo, del mecenazgo discrecional ilegal y de la corrupción institucional.

Y es en Madrid capital donde el PSOE demuestra su miserable sumisión y connivencia con los métodos y decisiones del populismo y demagogia más desvergonzada que haya gobernado nunca el Consistorio. Un bastón de apoyo, que no de mando, de las fuerzas anti sistema. Una situación que se repite a lo largo y ancho de toda la geografía española donde el PSOE, con sus diferentes marcas federales, gobierna con el apoyo de fuerzas reaccionarias como PODEMOS y sus marcas blancas autóctonas, o sustenta con sus votos el que esos grupos gobiernen e impongan su dictadura ultra comunista. ¡Para que luego se asombren de su hundimiento en la intención de voto! Cada uno recoge lo que siembra. Y además, ya se sabe que los perros olfatean el miedo y la cobardía y se abalanzan sobre su presa.

Puede que, como denuncia Esperanza Aguirre, el PSOE no sea el principal culpable del auge de PODEMOS, pero sí de haber intentado subirse a ese carro donde su sitio no era el de coger las riendas y marcar el camino, sino el de sentarse atrás con medio cuerpo fuera y esperar no caerse. Ahora debe decidir si sigue montado en ese carro o se arriesga a caminar en la dirección correcta.

¡Que pasen un buen día!

La masacre de París nos obliga a seguir en alerta un año después
EDITORIAL El Mundo 13 Noviembre 2016

Hace hoy un año, todos sentimos cómo se nos encogía el corazón ante la mayor matanza que París sufría en décadas. Una ola de atentados coordinados sembró el pánico en una noche de terror y confusión. Fueron ataques yihadistas que causaron la muerte de 130 personas e hirieron a otras muchas. Aquel 13 de noviembre se detuvo todo. Y 12 meses después, a los familiares de las víctimas les resulta casi imposible acostumbrarse a vivir con tanto dolor y vacío. Una española, Ángela, perdió en la sala de conciertos Bataclán a su marido. En Crónica nos relata hoy lo insufrible que es su día a día, con la hora que dedica a recibir clases de yoga como única válvula de escape cada jornada. Ella estará este domingo presente en la capital francesa en los actos oficiales en homenaje a las víctimas.

Estas ceremonias son imprescindibles, tanto por una cuestión de memoria y justicia, como por la necesidad colectiva de catarsis. Hay que exorcizar los demonios del miedo que buscan imponer los terroristas. Pero este dramático primer aniversario debe servirnos también para poner en primer plano la extraordinaria amenaza que el terrorismo islamista sigue representando hoy para toda Europa. Por fortuna, tras un verano en el que los yihadistas causaron mucho sufrimiento en brutales atentados en Alemania, Francia o Bélgica, en las últimas semanas no se han producido ataques mortales en el Viejo Continente. Sin embargo, no se olvide, seguimos en alerta máxima.

Los servicios de Inteligencia y las fuerzas policiales de los Veintiocho coinciden en que no se puede bajar la guardia lo más mínimo. Según datos recientes del Centro Europeo Contra el Terrorismo de la UE, hay fichadas unas 65.000 personas sospechosas de tener algún tipo de vinculación con el yihadismo. Una cifra escalofriante, que nos sitúa ante la dimensión del problema. Tengamos en cuenta que las células de atentados como el de París están formadas por una treintena de personas, entre autores de las matanzas, ideólogos y colaboradores logísticos necesarios.

El hecho, además, de que en los últimos meses el Estado Islámico esté sufriendo considerables derrotas en el terreno, sobre todo en Irak -donde ya ha perdido casi el 50% del área que controlaba hace dos años-, a causa de los bombardeos de la coalición internacional, incrementa los temores de los expertos sobre algún intento de los seguidores del Califato de cometer nuevos atentados en Occidente con un ánimo sobre todo propagandístico que eleve la moral a sus huestes. Esa merma de terreno ha hecho, además, que muchos combatientes con nacionalidad europea que se sumaron a la llamada del IS en Siria e Irak estén retornando a sus países de origen, en algunos casos para tratar de convertirse en lobos solitarios y, en otros, para engrosar las filas de comandos asesinos. Sin ir más lejos, una treintena de personas ha regresado a España tras participar en la guerra siria, si bien 15 de ellos están en prisión, acusados por delitos de terrorismo.

Dicho esto, un año después de la masacre de París -a la que sucedieron en poco tiempo las de Bruselas o Niza, por poner dos ejemplos-, algunas cuestiones invitan a un relativo optimismo. En especial, la cooperación policial en la lucha antiterrorista se ha visto muy reforzada estos meses. Aunque estamos lejos de que la UE actúe en materia de seguridad con tanta unidad como en el plano económico, los especialistas destacan que se está avanzando a marchas forzadas para tapar las grandes grietas que tenía el sistema para combatir el fenómeno yihadista. Hoy se comparte mucha más información, las policías de los Veintiocho tienen acceso a ficheros comunitarios hasta hace poco inexistentes, se ha mejorado la colaboración entre los servicios de Inteligencia, se avanza -aunque lentamente- en la interceptación de mensajes telemáticos, algo fundamental para la prevención del terrorismo, etcétera.

No se pueden echar las campanas al vuelo, en todo caso. Queda mucho por hacer. El terrorismo islámico sigue siendo el mayor desafío del planeta. Y la primera premisa debe ser la unidad política. Volviendo a Francia, donde todavía se siguen investigando todos los extremos de los atentados de París, y aún no esta claro quién o quiénes fueron su cerebro, es triste la división que están exhibiendo los partidos. Han convertido el terrorismo en un argumento más de disputa ante la inminencia de las elecciones presidenciales, la próxima primavera. Cuando, si algo está demostrado, es que la unión sin fisuras resulta imprescindible para combatir esta lacra.

La cifra exacta se desconoce porque no existe ningún registro ni dato oficial
El Estado destina 1.000 millones al año para pagar a cerca de 20.000 asesores elegidos a dedo
¿Hay demasiados funcionarios y empleados públicos en España?
DANIEL VIAÑA. Madrid El Mundo 13 Noviembre 2016

Una asesora de la concejalía de Ciclo de Vida, Feminismos y Lesbianas, Gays, Bisexuales y personas Transgénero (LGBT) con un sueldo de 50.790 euros brutos al año en el Ayuntamiento de Barcelona; un asesor gráfico con un coste de 54.098 euros para el Gobierno de Aragón; dos asesores, a razón de 37.753 euros al año cada uno, en la secretaría general de la consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura; un asesor técnico de Familia, Servicios Sociales y Participación Ciudadana al que el Ayuntamiento de Madrid paga 61.502 euros; un asesor político, sin más especificaciones, en el Consistorio de Ourense que se embolsa 32.124 euros; un asesor en materia de comunicación y otro asesor Parlamentario, ambos con un sueldo de 86.816 euros, en el gabinete del secretario de Estado de Presupuestos y Gasto; o un asesor de comunicación a la Presidencia del Gobierno de Cantabria para el que se destinan 59.652 euros del presupuesto anual.

Y así, se podría seguir hasta una cifra indeterminada de asesores que están contratados por las diferentes administraciones y cuyo coste, por lo tanto, tampoco se conoce con exactitud. Sin embargo, sí que existen estimaciones como la que realiza la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), que calcula que la cifra ronda los 20.000 y que el sueldo medio podría estar sobre los 50.000 euros brutos al año. Esto supone que, anualmente, el conjunto del Estado destina hasta 1.000 millones de euros de dinero público para pagar a un conjunto asesores que, en su mayor parte, son elegidos a dedo y a los que no se tiene, ni mucho menos, totalmente identificados.

"Averiguar con exactitud cuánto se gasta el Estado en asesores es un trabajo casi imposible de abordar porque dependen de varios presupuestos: Estatal, autonómicos, de Ayuntamientos, Diputaciones... Además, las retribuciones suelen estar camufladas en diferentes conceptos presupuestarios", explican desde CSIF.

El acceso a esta información, además, no resulta sencillo en la mayor parte de los casos. Algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, como los citados al inicio, sí que ofrecen una relación de puestos y sueldos clara y ordenada. Pero otros muchos no lo hacen ya que, a pesar de estar obligados a publicar esta información en sus respectivos portales de transparencia, evitan su difusión u ocultan los asesores bajo cargos que son dificilmente identificables.

CCAA, Ayuntamientos, Diputaciones...
En la Administración central, en cambio, sí existe algo más de claridad y el número de asesores está limitado por Ley. Según los datos que se ofrecen en el Portal de Transparencia, el conjunto de asesores en Presidencia y los diferentes ministerios superaba levemente el centenar de personas en 2013, que es cuando se produjo la última actualización de datos. Es una cifra muy pequeña si se compara con los hasta 20.000 que hay en todo el país, por lo que resulta evidente que la mayor parte de estos expertos, colaboradores, ayudantes y demás nombres bajo los que están ocultos los asesores se encuentran en las Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Diputaciones y otros entes públicos de menor tamaño.

A cambio, en los ministerios cuentan con los puestos de libre designación de mayor remuneración. Además de los ya mencionados asesores del gabinete del secretario de Estado de Presupuestos y Gasto, que superan el sueldo del presidente del Gobierno -cobró 80.992 euros en 2015-, hay otros muchos que se acercan a esa cifra. Por ejemplo, el asesor de la Oficina Económica de Presidencia se embolsa 79.039 euros, mientras que el asesor parlamentario del gabinete del secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda llega a los 76.498 euros y el asesor en materia competencia del secretario de Estado de Medio Ambiente gana 74.580 euros.

Ahora, con la renovación del Gobierno, muchos de ellos dejarán sus puestos y se producirá una modificación parcial de las plantillas de asesores que irá aparejada a los cambio de ministros y secretarios de Estado, que son en muchos casos quienes los eligen. Este proceso, sin embargo, no será tan complejo como el que han llevado a cabo las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos que han cambiado de signo político. Cada vez que esto ocurre, los nuevos dirigentes prescinden de los anteriores asesores y nombran a sus propios cargos, al tiempo que crean figuras que hasta ese momento no existían con el fin de dar cabida a un mayor número de personal de su confianza.

Hablando sobre España
John H. Elliott: "El victimismo catalán es el mismo que el de los serbios"
"Tanto Podemos como el Partido Laborista son partidos muy anticuados" / "Crear tantas autonomías ha traído corrupción e ineficiencia".
Julia Tena de la Nuez El Espanol 13 Noviembre 2016

Hay pocos historiadores que hayan tenido un impacto tan importante en el estudio de la Historia de España como Sir John Huxtable Elliott, más conocido como John H. Elliott. El hispanista británico, cuyas obras como La España imperial y La revuelta de los catalanes son de obligada lectura para cualquier interesado en nuestra historia, llegó a España en los años cincuenta con el objetivo de corregir la historiografía del régimen franquista. Desde entonces, Elliott ha desmontado mitos de la historia de Cataluña y del Imperio español y ha sido uno de los principales autores que ha rebatido la leyenda negra.

Es complicado llegar a la residencia de Elliott. El historiador vive a las afueras de Oxford, de cuya Universidad es profesor emérito, en lo que es un vivo retrato de la campiña inglesa. A pesar de ser otoño es un día soleado, por lo que Elliott nos invita a llevar a cabo la entrevista en una terraza cubierta desde puede verse el jardín. La luz del sol que se refleja a través de los cristales y la atmósfera relajada de la habitación crean un ambiente perfecto para recorrer los distintos episodios de la historia de España.

En sus libros y entrevistas usted repite con frecuencia que el primer objetivo del historiador es desmitificar la Historia. ¿Esto es especialmente relevante en el caso de la historia española?

Claro que sí. Cuando llegué a España en los años cincuenta había una historiografía oficial del régimen franquista que estaba bastante deformada. Se incidía mucho en la España imperial del siglo XVI y en el éxito del régimen al rescatar a España de la amenaza del comunismo. Casi toda la historiografía estaba enfocada para resaltar el régimen, su importancia y su prestigio. Mi objetivo era corregir algunas de estas deformaciones.

En su libro 'Haciendo Historia', usted escribe que aferrarse a un pasado inventado o distorsionado puede conducir al desastre. ¿Se refiere a algún caso en particular?
Probablemente estaba pensando en la historiografía de Cataluña, y en el peso de los mitos en su historia. Y también en lo que ocurrió en la antigua Yugoslavia porque los serbios vivían obsesionados con los mitos. Este victimismo de los serbios es el mismo que el de los catalanes, que durante siglos se han creído víctimas del gobierno de los castellanos. Es muy peligroso agarrarse a este tipo de mitología. Por eso es tan importante la labor del historiador, para dar otra visión del pasado cuando un pueblo está encarcelado dentro de una mentalidad victimista de su propia historia.

En referencia a Cataluña, usted ha hablado del “síndrome de la nación elegida”.
El victimismo va acompañado muchas veces de un sentido del destino de tu propio país. Estados Unidos por ejemplo tiene este síndrome de creerse el pueblo elegido, igual que lo tuvo Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX, que se creía responsable de una misión civilizadora… esto es muy común en muchos países. En el caso de Cataluña, echaron durante tres o cuatro siglos la culpa de todo a los gobiernos de Madrid y se olvidaron de los defectos de su propia sociedad.

Usted ha escrito que “la historia de España parece consistir en un conflicto sin fin entre la diversidad inherente del país y una presión insistente desde el centro por la unidad”. ¿Entonces el problema catalán es inevitable?
España es un país plural, y eso no gusta a los gobiernos centrales, que quieren más uniformidad y más unidad. Entonces existe una tensión perpetua entre la diversidad y la unidad. Esta tensión enriquece en muchos aspectos, pero al mismo tiempo puede llevar a situaciones de confrontación, como se ve ahora con el País Vasco y Cataluña.

¿En qué cree que se parecen el nacionalismo catalán y el escocés?
Tienen parecidos importantes y también diferencias. Una gran diferencia es la cuestión del idioma, que los catalanes han conservado y la mayoría de los escoceses no. El idioma ha sido el centro del nacionalismo catalán. Pero en estas dos últimas décadas hemos visto un resurgimiento de un tipo de nacionalismo que es bastante parecido en los dos países, con una búsqueda de mayor control, lo que se llamaba en la Gran Bretaña del siglo XIX y principios del siglo XX home rule, que puede, en ciertas circunstancias, llevar a demandas de independencia. Es lo que estamos viendo ahora tanto en Cataluña como en Escocia, en la que una sección de la población, que generalmente sigue siendo una minoría pero es una minoría fuerte, cree hablar por todo el país. Este es el peor tipo de nacionalismo.

¿Cree que los escoceses tienen mayor razón para querer independizarse que los catalanes?
Es verdad que Escocia, desde la Edad Media hasta el Acta de Unión, fue un reino independiente, lo que Cataluña nunca ha sido, ya que formaba parte de la monarquía de la corona de Aragón. Pero el tratamiento de Escocia por parte los ingleses ha sido muy diferente al que Madrid ha dado a los catalanes. La unión en 1707 entre Escocia e Inglaterra fue parlamentaria. Los escoceses empiezan a formar parte del imperio británico y el imperio dio a Gran Bretaña un gran sentido de unidad.

Sin embargo, en España, sobre todo en el siglo XIX, hubo problemas muy graves entre Madrid y Barcelona. Solo hace falta recordar los bombardeos por parte de los militares del gobierno central. En Gran Bretaña en cambio hubiera sido impensable que Londres hubiera dado orden de bombardear Edimburgo. A mi modo de ver hay muchas menos razones para pensar en Escocia como víctima de otro país. Se ha beneficiado muchísimo de la unión con Gran Bretaña.

Pedro Sánchez, el exsecretario general del PSOE, dijo recientemente en una entrevista que “España es una nación de naciones”. ¿Está de acuerdo?
Para mí es una nación de naciones y de regiones, pero tras la Transición se crearon muchas naciones de estas regiones. Y no lo son. Pero algunas tienen aspiraciones de ser naciones. Desde luego hay auténticas naciones dentro de esta pluralidad que es España. Como por ejemplo Cataluña, el País Vasco o Galicia. Pero mucho menos Andalucía, por ejemplo.

¿Se puede hablar de un carácter nacional español?
Hasta cierto punto sí. En el fondo todos tenemos varias identidades. Un español, comparado con un ruso, se sentiría español. Pero un español de Castilla se sentirá más castellano que catalán o andaluz. Es una cuestión de múltiples identidades, que no necesariamente se excluyen las unas a las otras. Depende de quién es el opuesto en ese momento.

Por supuesto hay claras diferencias entre los españoles y los británicos. Pero al mismo tiempo, los dos hemos sido poderes imperiales. Y eso da un tipo de confianza a una sociedad, mezclada muchas veces con la arrogancia del poder. Este sentido de ser países elegidos por Dios a raíz de haber dominado una época histórica se ha notado tanto en Inglaterra como en Castilla. Pero al mismo tiempo hay diferencias muy importantes entre nosotros y vosotros. Por ejemplo, la fuerza de la familia en España es mucho mayor que en Gran Bretaña. La importancia de la familia, que es muy típica de países mediterráneos, ha dado una solidez y una coherencia a la sociedad española que tal vez no tenemos nosotros, y es lo que ha salvado a España en los momentos de recesión económica.

También podría decirse que a consecuencia de esta mayor importancia de la familia es el amiguismo y el clientelismo que proliferan en la sociedad española.
Claro. Efectivamente, esa es la otra cara de la moneda. Este clientelismo tan arraigado dentro de la sociedad española ha complicado mucho la política.

¿Falta cultura democrática en España?
No. Ahora no. Creo que la Transición ha tenido un impacto enorme, que las nuevas generaciones de españoles se sienten europeas y están orgullosas de pertenecer a una sociedad democrática. Es verdad que la democracia no ha funcionado muy bien algunas veces, como hemos visto en el curso de este año con la falta de Gobierno. Pero eso es más una cuestión de las élites políticas, de la clase dirigente, que de la sociedad, que para mí en España tiene mucho sentido común.

Hace unas semanas el ex director del British Museum decía que la manera en la que los británicos estudian su historia es peligrosa, ya que se recuerda solamente “la parte buena” (“the sunny side”). ¿Está de acuerdo con esta interpretación?
Hasta cierto punto sí. Preferimos recordar las cosas buenas y olvidar las que no nos gustan tanto. Pero esto pasa con todas las sociedades. No es exclusivo de los británicos, ni mucho menos.

Sin embargo en España prevaleció durante mucho tiempo la leyenda negra. ¿Nos castigamos más por nuestro pasado que otros países?
Es verdad que hay mucha tradición de autoflagelarse en España. La ha habido desde el siglo XVII, desde Las Casas, por la colonización de las Américas. En realidad eso es muy meritorio. En cuanto a la leyenda negra, en parte fue invención europea, sobre todo de los italianos en los siglos XV y XVI, pero también fue el resultado de la autocrítica de los españoles que después recogieron otros países europeos. Con el retraso económico del siglo XIX los españoles nunca perdieron este sentido de la leyenda negra. Y eso ha influido hasta la Transición.

Sin embargo, en América del Norte también ha habido muchas críticas sobre el tratamiento a los indios americanos. Y en las últimas décadas se ha hablado mucho de la esclavitud como la gran mancha de la historia de EE.UU. En Reino Unido tal vez no hubo tanta autocrítica porque fuimos expulsados de América del Norte. En cuanto a la esclavitud, ahora se está empezando a hablar del papel pionero de Reino Unido en el comercio de esclavos del siglo XIX.

Usted es uno de los grandes expertos de la conquista española de las Indias. Hoy en día todavía existe el debate sobre si fue o no un genocidio.
No me gusta mucho esa palabra. El genocidio implica una decisión tomada con premeditación para exterminar a un pueblo. Los españoles no querían indios muertos, querían indios para servirles y ayudarles a construir su sociedad en las Américas. Eso es muy distinto que un genocidio. Ahora, es verdad que la Conquista trajo consigo muchas atrocidades y muertes. Pero también es verdad que gran parte de la catástrofe demográfica de la conquista española del siglo XVI fue el resultado de enfermedades europeas, y no de un intento deliberado de exterminar a las poblaciones indígenas.

En 'Los exploradores españoles del siglo XVI' el historiador norteamericano Charles Lummis escribía que la legislación española referente a los indios debería avergonzar a naciones como Reino Unido o Estados Unidos, ya que era incomparablemente más humanitaria.
Mucho más. No hay duda. Desde el principio de la conquista y colonización del nuevo mundo, la Corona se sintió obligada, gracias a la donación papal, a proteger a los indios, aunque es verdad que esta política fracasaba muchas veces. Había muchas presiones por parte de los colonos en contra de esta política. Pero muchas comunidades indígenas, sobre todo en México y Perú, aprendieron a utilizar el sistema burocrático de España para presentar peticiones a los virreyes y enviar delegados a Madrid para dar parte de sus reclamaciones al Consejo de Indias y al rey personalmente. Estas válvulas de escape existían a pesar de la opresión de los colonos.

Además de la leyenda negra, en España también hay debate sobre nuestra historia más reciente. Por ejemplo sobre la Transición.
Parece que ha regresado este sentido de la autocrítica que tenéis los españoles tras 20 o 30 años de optimismo. Esto se entiende sobre todo a raíz de la recesión económica. También parece que la nueva generación no tiene un sentido suficiente de la Historia. Los jóvenes no saben lo que fue el Gobierno de Franco, y muchos no saben nada de la Transición, y de los compromisos que hicieron falta para rescatar a España de la dictadura. Con un poco de sentido de Historia uno se da cuenta de los difíciles parámetros en los que tenían que obrar los políticos en aquel entonces. Debemos mucho a esta generación de la Transición por solucionar tantos problemas, aun creando nuevos, como por ejemplo el sistema de café para todos, que retrospectivamente parece haber sido un error.

Quiere decir el sistema autonómico.
Sí, eso de crear tantas autonomías con tanta independencia. Es verdad que ha enriquecido a España en muchos aspectos, sobre todo culturalmente, pero también ha creado el tipo de problemas que estamos viendo ahora, como la corrupción y la ineficiencia.

Ahora que habla de corrupción: a pesar de los escándalos del último año Mariano Rajoy repite como presidente del gobierno.
La corrupción está en todos los países de Europa, pero es verdad que la clase política en España parece más corrupta. En Reino Unido los miembros del Parlamento están bastante controlados.

A España le ha costado casi un año pactar la formación de gobierno. ¿Se puede entender el bloqueo político mirando a nuestra historia reciente?
Tal vez la tradición de los dos partidos, que viene del siglo XIX, fue muy importante en su momento para dar estabilidad en la sociedad. Pero en este nuevo mundo es mucho más difícil basar toda la política en dos partidos. Ya vemos lo que está pasando en Reino Unido, con las divisiones dentro del Partido Conservador y dentro del Partido Laborista y el auge de nuevos partidos como UKIP. Y por supuesto lo que está pasando en España con Podemos y Ciudadanos. Parece que la sociedad actual no encaja tan bien en un sistema bipartidista como hace 40 años.

¿El bipartidismo es cosa del pasado?
No necesariamente. Pero hay que reconocer que hay otras voces en esta sociedad. O los viejos partidos incorporan estas voces de una manera u otra o aceptan la necesidad de gobiernos de coalición. En Inglaterra no habíamos tenido un gobierno de coalición desde la Segunda Guerra Mundial, pero el Gobierno del Partido Conservador y los Liberal Demócratas entre 2010 y 2015 funcionó, a mi modo de ver, mucho mejor que lo que tenemos ahora, porque frenaba a los extremistas dentro del partido dominante.

Hablemos del 'brexit'. Últimamente hemos visto un resurgimiento de la xenofobia en Reino Unido.
Es muy grave. La campaña del brexit ha dado alas a la xenofobia. También es verdad que la campaña en favor de la permanencia falló a la hora de mostrar la gran importancia de la visión europea, a pesar de todos sus defectos. Para mí lo peor no es lo que está pasando en este país, que también es preocupante, sino el impulso que el brexit ha dado a este tipo de nacionalismo populista derechista en muchas partes de Europa.

Llama la atención que, al contrario que en Reino Unido y muchos otros países europeos, en España no haya surgido ningún partido xenófobo o de ultraderecha.
Eso me ha impresionado mucho. En parte creo que es un resultado del tipo de inmigración. La inmigración de América Latina se asimila fácilmente, la de Rumanía también.

En España el descontento de los ciudadanos parece haberse materializado en los nuevos partidos, especialmente en Podemos.
Sí. Es lo que también está pasando con el partido laborista de Jeremy Corbyn. Es curioso porque se trata de un tipo de izquierdismo muy anticuado, que pertenece a los años sesenta, pero que por alguna razón está atrayendo mucho a las nuevas generaciones. Los jóvenes están hartos de la vieja política y están buscando algo nuevo. Pero lo curioso es que los movimientos por los que se ven seducidos están en realidad muy anticuados.

Para terminar, ¿qué lecciones cree que podemos aprender los españoles de nuestra historia reciente?
Yo he escrito mucho sobre lo que he llamado las monarquías compuestas, la España de los Austrias, donde había un diálogo permanente entre el gobierno central y las distintas regiones. Este diálogo constante, cómo intentaban solucionar los problemas de unidad y diversidad, que tienen tanto peso ahora como lo tenían en el siglo XVI o XVII, es una de las lecciones más importantes que se pueden aprender de la historia de España. Hay que aprender a dialogar con los que piensan de forma diferente.

Eso cuesta un poco en España.
Un poco (ríe).

País plural y otraz lindeces
Nota del Editor 13 Noviembre 2016

¡ Eureka! . Una característica definitoria de España es que se trata de un país plural. Hasta un mono sabe que es plural cuando se mira las palmas.

"Las autonomías han enriquecido a España en muchos aspectos, sobre todo culturalmente"  En realidad creo que quiere decir que en las automías muchos se han enriquecido a costa reducir del espacio cultural a su ombligo.

Juanito, es domingo y no quiero seguir. Si quieres instruirte un poco sobre España, lee los recortes de prensa que hay aquí.

Internacional
El final de la ilusión de unidad política contra el terrorismo
La sobriedad de las ceremonias del 13-N revela la fragmentación cívica en Francia
J. P. QUIÑONERO Corresponsal En París ABC 13 Noviembre 2016

Un año después, Francia no ha salido del hoyo negro y profundo donde cayó tras las matanzas del 13 de noviembre de 2015. No cicatrizan las heridas políticas, sociales ni culturales tras año y medio de aquel baño de sangre.

Las matanzas del 7 al 9 de enero de ese mismo año (Charlie Hebdo, Vincennnes, hiper judío) precipitaron una formidable ola de patriotismo nacional: las fuerzas de seguridad del Estado eran ovacionadas por las calles, y el himno nacional, "La Marsellesa", estuvo de moda un trimestre corto.

Tras la tragedia del 13-N, la unidad nacional apenas duró unas horas cortas. La guerra política sin cuartel estalló antes que fuesen identificadas todas las víctimas. La matanza de Niza, el 14 de julio de este año, día de la Fiesta Nacional, cayó en un paisaje de grave crisis de identidad nacional.

La "sobriedad" de las conmemoraciones del 13-N son hoy la consecuencia de una grave fragmentación cívica. Las asociaciones de familias de las víctimas no han querido grandes manifestaciones para evitar la manipulación política. Presidencia, gobierno y oposición han sido invitados a dar muestras de "sobriedad y pudor". Le Monde ha publicado un análisis que presenta de este modo: "El fin de una ilusión política: la unión política nacional contra el terrorismo".

Las celebraciones oficiales se limitarán a lo estricto mínimo. Anne Hidalgo, alcaldesa de París, y François Hollande, presidente, recorrerán todos los lugares de las matanzas para depositar coronas de flores e inaugurar placas. Solo la Iglesia ha deseado dar al recuerdo una solemnidad particular: gran misa, esta tarde, en Notre Dame. Y oraciones públicas en un centenar de parroquias.

El recuerdo popular, en el lugar más emblemático, en el Bataclan, se celebró anoche con un concierto único de Sting, que no comenzó con buen pie. El célebre cantante llegó a París apoyando el uso del burkini en las playas de Francia. Sensibilidad personal que choca con la sensibilidad popular a flor de piel. Antes de una hora de concierto, en el Bataclan, Sting consagró cuatro horas a la promoción de su nuevo disco, en una emisora de radio.

Presentado como una gran celebración de la vida contra la muerte, un recuerdo vital a la memoria de las víctimas, el concierto de Sting tampoco suscitó gran entusiasmo. Muchos heridos decidieron no aceptar la invitación. Muchas de las terrazas del barrio no abrirán durante todo el fin de semana. La lluvia y un impresionante despliegue de seguridad (policía, gendarmería y anti disturbios) daban a las inmediaciones del Bataclan los tonos de un paisaje oscuro y melancólico. De la ministra de la Cultura a numerosas personalidades políticas, el espectáculo debía ser el prólogo a las ceremonias del domingo. Pero los ánimos no estaban para la "fiesta", ni entre las familias de las víctimas ni entre la opinión pública.
«Pura ilusión»

Un 85% de los franceses continúan considerándose afectados en distinta medida. Y un largo rosario de documentos y testimonios recuerdan las incertidumbres de fondo.

Una estudiante de Lyon, Marie Foviaux, escribe en Le Monde: "Crecí en la certidumbre profunda de que mi país me ofrecería la garantía de vivir en paz y seguridad. Comprendí, a los 17 años, que todo eso era pura ilusión".

Noumouké Sibidé –de origen malí, musulmán, crecido en los suburbios–, era el jefe de la seguridad del Bataclan, la noche del 13-N. No ha podido volver a trabajar. Sigue el tratamiento de un psicólogo militar. Muchos familiares y heridos siguen arrastrando un trauma trágico. Las relaciones de los cinco o seis millones de musulmanes con el resto de sus compatriotas se han convertido en un problema de inmenso calado. Jérôme Ruillier y Fred Dewilde, dibujantes, han contado la profunda melancolía que viven las familias de las víctimas y todo el barrio del Bataclan.


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Soraya y Cataluña: la muñeca quiere hacer historia
Jesús Cacho  vozpopuli.com 13 Noviembre 2016

Será difícil encontrar un español que no comparta la idea de que el desafío independentista catalán es el reto más grave al que se enfrenta España en mucho tiempo, tal como el propio Mariano Rajoy se encargó de subrayar en su reciente debate de investidura. Consciente por fin de la urgencia de hacer frente a semejante envite, el reelegido presidente ha decidido poner en manos de su poderosa ama de llaves, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, las competencias sobre las relaciones con las Comunidades Autónomas, eufemismo que esconde el encargo de hacer frente desde el punto de vista político al intento de golpe de Estado secesionista que está teniendo lugar en Barcelona. Soraya se convierte así en una especie de “ministra para Cataluña” a imagen y semejanza de ese “ministro para Escocia” que incluye el Gobierno británico. ¿Ha decidido por fin el señor Rajoy tomarse en serio el desafío más grave al que se enfrenta la unidad de España? ¿Es la señora Soraya la persona adecuada para hincarle el diente a ese conflicto?

Para nadie es un secreto que el Gobierno Rajoy ha vivido de espaldas al problema en la pasada legislatura, hasta el punto de que ese silencio, inacción para muchos suicida, ha terminado por convertirse en una de las situaciones más llamativas por desconcertantes de las ocurridas en España en los últimos años. Porque el independentismo ha jugado el partido sin contrincante en el campo, sin enemigo en frente: el Gobierno Rajoy ni siquiera se ha vestido de corto; simplemente se ha dedicado a guardar silencio y mirar hacia otro lado como si el asunto no fuera con él, limitándose, eso sí, a colgar en el perchero del Constitucional los reiterados incumplimientos de la ley por parte de los responsables de la Generalidad. La situación ha llegado a alcanzar ese punto kafkiano capaz de provocar ataques de ansiedad, cuando no de pura desesperación, en los responsables del prusés, frustrados por la falta de eco que con tanta y tan fatal determinación pretendían arrancar de Madrid.

Resultado de esa ignorancia deliberada, el prusés se ha ido cociendo en su propia salsa, hasta el punto de presentar hoy la fatiga de materiales que luce la mayor parte de sus líderes, con Artur Mas convertido en un cadáver insepulto al que ha sido necesario reemplazar por un Carles Puigdemont de quita y pon, un subalterno en manos de esa burguesía convergente incapaz de atisbar una salida al callejón del gato en que se ha metido. En medio, Oriol Junqueras, el más listo, el cínico gatopardo florentino que sabe que la independencia es imposible pero que ni quiere ni seguramente puede bajarse en marcha de ese tren. Sin enemigo en frente y con todo el aparato mediático a favor, los partidarios del prusés se mantienen inalterables en los últimos años, fluctuando entre el 25% y el 30% del censo electoral catalán, cabreados al margen, que no son pocos. El movimiento independentista acusa el desgaste provocado por el silencioso desdén del PP, por un lado, y por la violencia revolucionaria de las CUP, por otro, la izquierda radical antisistema que tiene al Govern entre la espada y la pared y que se ha convertido en el fantasma que amenaza el nivel vida de las clases medias catalanas.

El nuevo Gobierno ha traído de bueno la despedida de García-Margallo o el absurdo de un ministro empeñado, no se sabe si por inspiración rajoyesca o por imperativo indeclinable del soberbio ego que el tipo cultiva, en chapotear en el charco independentista como si el problema catalán fuera materia propia del ministerio de Asuntos Exteriores, que hasta ahí ha llegado el absurdo. Lo de Margallo, por supuesto, y el fin de la vía de agua que para el primer Gobierno Rajoy ha supuesto la presencia en el mismo de Jorge Fernández Díaz, unministro con el techo de cristal tras haber vivido muchos años a la sombra de Jordi Pujol y sus dineros. Se acabaron los intentos espurios de negociar bajo la mesa. Rajoy se ha librado de tan burdo equipaje y además ha hecho algo mejor: reforzar la capacidad negociadora de su Gobierno en la esfera internacional, en general, y en la UE, en particular, con el nombramiento como titular de Exteriores de un diplomático como Alfonso Dastis, la continuidad de un Méndez de Vigo que conoce bien los vericuetos de Bruselas, la permanencia en Economía de Luis de Guindos, buen amigo del poderoso Wolfgang Schäuble, y la presencia en Agricultura de Isabel García Tejerina, una mujer que también sabe moverse con soltura en Bruselas.
Bloqueo al independentismo en el exterior

Se trata de cegar esas vías de aprovisionamiento de apoyo exterior que con más voluntad que acierto intenta abrir ese peculiar Puigdemont que el miércoles felicitaba a Trump (“Congratulations to Donald Trump. I hope that the longstanding relationship between our nations continues to flourish in the years ahead”) con una desenvoltura digna de mejor causa. Igualdad entre “nuestras naciones” o ausencia de control que sobre nuestra representación supone la falta de sentido del ridículo, sensación de un bochorno aceptado por unos pocos y mansamente consentido por otros muchos. La imposibilidad de tejer redes de complicidad en el exterior supone una suerte de muerte lenta para un prusés que ahora se mantiene expectante ante el desembarco en Barcelona de esa especie de virreina catalana nacida en Valladolid y apellidada Sáenz de Santamaría. Conviene aclarar enseguida que ella ha sido a partir de diciembre de 2011 la gran responsable de la inacción del Ejecutivo en Cataluña, la fuente de esa incierta doctrina del “hands off” según la cual el Gobierno del PP no podía involucrarse ni remotamente en algo que pudiera recordar, salvadas todas las distancias, a los GAL de don Felipe González.

El Estado ha desaparecido de Cataluña. Un resultado demoledor, quizá mejor desolador, para quienes, contra los elementos, han intentado mal que bien defender la idea de una Cataluña formada por ciudadanos libres capaces de sentir un cierto confort en su doble condición de catalanes y españoles. Un erial. Casi un crimen, cuyas consecuencias nos han conducido al paisaje desolado que hoy divisamos más allá del Ebro. Tras años de inmovilismo, Rajoy parece al fin convencido de que el tiempo no arregla todos los problemas, por mucho que a veces contribuya a macerarlos y acercarlos al punto de maduración. En la tónica del “aquí ya nadie entiende nada” que preside la mayoría de las conversaciones en Barcelona, el sentir general apunta a que “el prusés está maduro”, es decir, reclama a gritos una salida pactada que permita a los convergentes salvar la cara sin que se note, acabando con la insolencia de las CUP y asegurando libertad y propiedad hoy seriamente amenazadas. Y el PP se ve tentado por la oportunidad si no de acabar con un contencioso con el que estamos condenados a convivir, de acuerdo con la célebre receta de Ortega, sí al menos darle hilo a la cometa y lograr un arreglo para una serie de años.
El desafío parece tener fecha fija en ese referéndum unilateral con el que, en su huida hacia adelante, se ha embarcado el Govern para el mes de septiembre de 2017, que muy bien podría terminar reconvertido, en idéntica fecha, en elecciones autonómicas de carácter plebiscitario donde catalanes y españoles se jugarían buena parte de su futuro, porque no sería descartable que de las mismas saliera una Convergencia reducida a cenizas y un Govern formado por la alianza entre Catalunya en Comú (Colau, Domènechet al), ERC y la CUP, un tripartito de extrema izquierda que dejaría convertido en un juego de niños el que en su día presidió Montilla. Es lo que suele ocurrir cuando la élite dominante pierde el oremus y decide hacer mangas y capirotes con la ley: que los antisistema acaban arrollándole. En ese charco pretende desembarcar esa chica tan lista, tan laboriosa, tan tenaz, apellidada Sáenz de Santamaría, una mujer dispuesta a hacer historia. Su fórmula tiene que ver con ese “principio de ordinalidad” que preside las transferencias financieras entre los Länder alemanes, según el cual la solidaridad entre los Estados Federales, aun sin estar sometida a límites, no puede alterar el orden en lo que a riqueza y capacidad financiera de cada uno de ellos se refiere tras las correspondientes transferencias.
Un fondo de compensación para Andalucía y Extremadura

La aplicación de esa “ordinalidad”, un término que a partir de ahora se va a hacer popular entre nosotros, garantizaría la entrada en las arcas de la Generalitat de cerca de 3.000 millones de euros más. Eso, y la aceptación por Madrid de buena parte de las 23 demandas presentadas por Mas a Rajoy el 1 de agosto de 2014 como Memorial de Greuges (memorial de agravios), todo ello enmarcado en la correspondiente reforma constitucional. El Estado, por lo demás, se vería obligado a crear un Fondo de Solidaridad para atender a Extremadura y Andalucía, principales perjudicadas por la citada “ordinalidad”. Puigdemont ya conoce la partitura y no le disgusta la música: “sobre esa base podríamos llegar a un acuerdo”, ha declarado a su contraparte madrileña. “No hay que inventar nada: se trata de aprovechar la experiencia alemana replicando su modelo y descartando lo que allí no ha funcionado”. Este es el equipaje con el que la Virreina catalana se dispone a aterrizar en una Barcelona que valora mucho la buena relación que ha establecido con Junqueras, el hombre que mueve los hilos en la sombra, el auténtico factótum del prusés.

Rajoy duda, es lo suyo, y lo hace porque teme la reacción en contra de buena parte del partido y del propio electorado popular, a quien habría que “preparar” para que tragara mansamente la píldora. Como es fácil imaginar, en el PP catalán no saben una palabra de estas maniobras orquestales en la oscuridad, que así funcionan las cosas en el partido de la derecha española. Un plan que, en todo caso, vendría salpimentado con las correspondientes y solemnes declaraciones de firmeza, de impostada defensa de la ley “frente a quienes quieren romper la unidad de España” por parte de la agresiva “Brigada Aranzadi” que comanda la vicepresidenta, la mujer con más poder político en la España actual. No se dejen engañar: las bases de un eventual acuerdo parecen sentadas; toca ahora hincar el diente y dar la cara. Difícil y plagado de incertidumbre, cierto, pero sin riesgo no hay recompensa.

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