AGLI Recortes de Prensa   Lunes 14  Noviembre  2016

Trump y la agonía del sistema
Juan Pina  vozpopuli.com 14 Noviembre 2016

Somos legión los que estamos absolutamente hartos del sistema y no podemos evitar el deseo cada vez más vivo de que reviente. Después vemos las alternativas más probables hoy por hoy, con independencia del irrelevante color ideológico de cada una, y nos debatimos entre ese deseo y el temor a algo todavía peor, es decir, a algo aún más estatista. Y no es difícil atar cabos y terminar sospechando que esas alternativas están ahí precisamente para eso, para compensar el hartazgo que genera el estatismo moribundo y refrenar in extremis las consecuencias lógicas de su cuestionamiento, ya generalizado. Sí, están para eso y para impedir que se considere o se llegue siquiera a conocer la otra alternativa: la de menos Estado. Pero el hartazgo es tan profundo que el empleo de estos espantapájaros se ha convertido en un juego con dinamita, y a veces a los maquiavelos del sistema les estallan los cartuchos en las manos.

Trump estaba ahí para que ganara Killary, perdón, Hillary. Servía para que la gente harta tragara con el mal menor. Vamos, como aquí lo de Podemos. Pero mira por dónde, el rechazo a la dinosauria 1 y a todo lo que representa —desde el intervencionismo exterior hasta el Obamacare y desde los cárteles regulatorios de la energía o la automoción al conglomerado de las empresas de armamento— ha instalado en la Casa Blanca al dinosaurio 2, con sus citas a dictadores, su coqueteo con Putin (el mayor ganador de estas elecciones), sus insultos a diestro y siniestro, su repulsivo proteccionismo comercial, su nacionalismo trasnochado, su intolerable amenaza a la libertad de migración y las toneladas de caspa cultural que supura su sofisticado peluquín. Trump amenazó con obligar a Apple “a fabricar sus malditos ordenadores aquí”. Ya tarda Apple en articular un boicot de las empresas de la nueva economía. Todo Silicon Valley debería plantarse y considerar seriamente el traslado en bloque a un país con más libertad económica que la ofrecida por este energúmeno. Trump tiene que aprender que el gobierno federal no es una empresa suya, y que no puede invadir la soberanía del ciudadano ni la de las empresas. Fabricarán donde les dé la gana y venderán donde les plazca, y él no es quien para injerirse en eso.

La llegada al poder de este búfalo ensoberbecido, que sólo podrá hacer realidad sus planes acrecentando hasta niveles inéditos el poder del Estado, debe interpretarse con perspectiva y a escala global. Lo que está en coma es el modelo político y económico de gran Estado, altos impuestos, fuerte control, severas prohibiciones y exigentes obligaciones. Lo que agoniza es el estatismo, que en general había asumido las ideas socialdemócratas de la última posguerra mundial junto a algunos clichés conservadores, tradicionalistas y nacionalistas. Ese modelo ya no da para más. Es insostenible económicamente porque está cimentado en el fango del endeudamiento y del dinero fiat. Es incompetente a la hora de cumplir con las irreales promesas de bienestar y unicornios que nos ha hecho durante décadas. Y es incapaz de imponerse por las buenas ante la aceleración del cambio tecnológico que empodera al individuo, por lo cual sólo le queda el recurso a dominarnos por las malas. Por eso la socialdemocracia generalizada y transpartita, en sus dos sabores de centroderecha y centroizquierda, está deslizándose por la pendiente de un autoritarismo cada vez peor enmascarado. Y para esconder esa deriva recurre desde hace unos años al revival de totalitarismos aún más temibles, para salir ganando en la comparación. Pero esa estrategia no le ha funcionado porque resulta que los espantapájaros empleados… van y ganan. Grecia. Hungría. Ahora Estados Unidos, nada menos. Y mañana, ¿Francia? ¿Alemania? ¿España? ¿Vamos acaso hacia un Occidente compuesto por regímenes autoritarios, ya usen una estética de derechas o de izquierdas en la manida y obsoleta escala convencional? Pues puede ser, y la culpa no será de los oportunistas que se beneficien en cada caso, sino del sistema socialdemócrata que no fue capaz de reconocer el fin de su era y desmantelar de forma serena y paulatina el hiperestado para provocar el inicio de otra etapa mejor, basada en la libertad. La culpa de que tengamos a Trump es por igual del establishment republicano y demócrata, como la culpa de un eventual triunfo de Podemos será sin la menor duda del PPSOE, incluida su marca blanca que no es blanca sino naranja.

Pero hay esperanza, y estas elecciones en los Estados Unidos han supuesto también un paso más en la buena dirección, aunque las cosas vayan más despacio de lo deseable. El Partido Libertario ha cosechado el mejor resultado de su historia, con más de cuatro millones de votos, el triple que en 2012. En muchos estados, la tercera fuerza política ha superado incluso el 4 ó 5% de los votos totales. En casi ninguno ha bajado del 2%. El resultado federal del 3% es heroico en un país donde la gente aún lleva el odioso y arcaico bipartidismo enroscado a su ADN. Y eso a pesar de la enorme polarización de los últimos días y después de que el establishment impidiera al candidato libertario, el ex gobernador Gary Johnson, participar en los debates con Clinton y Trump. Johnson les ha quitado millones de votos a ambos.

Es ahí donde debe buscarse la salida del laberinto. La solución no es recuperar la socialdemocracia, no es aplicarle más respiración asistida mediante el expolio tributario y la emisión monetaria sin respaldo, no es adornarla para hacerla más tragable, ni teñirla de rojo ni pintarla de azul. Pero, por supuesto, tampoco es sustituirla por los nietos de Stalin y Hitler. La solución es emprender exactamente el camino contrario: mucho menos Estado, mucha más libertad y responsabilidad personales, y unos mercados y una cultura realmente autoorganizados con plena espontaneidad y ajenos a toda conducción desde el poder político. La socialdemocracia se está muriendo irremediablemente, así que, disguste a quien disguste, sólo quedan dos opciones: o tiranía o libertad. Y cuanto antes lo vayan comprendiendo todos, mejor.

Trump y el peso de los medios
CARLOS ELÍAS El Mundo 14 Noviembre 2016

Trump ha conmocionado a politólogos y sociólogos pero, sobre todo, a los periodistas: ¿cómo explicamos en las facultades que ha ganado el candidato que tenía a todos los medios influyentes en contra -desde el New York Times al Washington Post, el Huffington Post, CNN, NBC, ABC, MSNBC, Usa Today, Atlantic Magazine...-? Pocas veces medios de derecha, izquierda y centro se han unido en una campaña anti-alguien como en este caso; y, sin embargo, ese enemigo ha ganado. ¿Ya no influyen los medios influyentes?

A toro pasado resulta fácil argumentar por qué ganó, aunque algunos lo temíamos. Advertimos que el declive de la prensa tradicional y el auge de redes sociales, buscadores como Google o de fenómenos como Wikipedia -verdadero campo de batalla ideológico-, lleva aparejado un fraccionamiento de los estados de opinión mayoritarios, que ahora llamamos tribus mediáticas.

Éstas se alimentan de lo que Damian Thompson, en su libro Los nuevos charlatanes, denomina contraconocimiento y que desemboca en una pandemia de credulidad. "Ideas que en su forma original y bruta florecieron únicamente en los arrabales de la sociedad hoy las consideran en serio incluso personas cultas en el mundo occidental", señala Thompson. ésta es la estrategia de los partidos populistas desde Trump, que deslizó que Clinton era seguidora de Satán; hasta el chavismo venezolano cuyas redes sociales y medios del estado -VIVE, el canal del poder popular- extendieron la idea de que EEUU provocó el terremoto de Haití de 2010.

Estos bulos sin contrastar se reenvían por Facebook, Twitter o WhatsApp. Pero también aparecen en Google si buscamos "terremoto de Haiti+Chávez" o "Clinton+Satanás". Unas entradas los confirman y otras desmienten y el lector pinchará aquella que refuerce su creencia previa, pero ya no estará solo en su extravagante conjetura.

La intoxicación con contraconocimiento es una estrategia sin ética, pero efectiva: un ejército de trolls envía bulos a tribus mediáticas, éstas los reenvían a sus afines y a portales de noticias de internet -blogs, webs, etc.- sin ningún control deontológico pero bien enlazados a buscadores. Sabemos las técnicas para que un bulo funcione en la red: narrativas contrahegemónicas, pequeñas distorsiones de hechos reales, desprecio al método científico, aunque usemos su terminología para avalar el relato y, en general, un pánico a la verdad sustentado en la idea de que es imposible mentir cuando no se conoce la verdad.

El periodismo es un invento burgués para luchar contra los bulos. Su objetivo -el mismo que el de la ciencia moderna- es buscar la verdad y hacerla pública. La verdad conlleva un mejor conocimiento de la realidad; lo cual, en un sistema de libertades, es decir, de toma de decisiones -políticas, empresariales, laborales, médicas- nos da una gran ventaja competitiva.

Junto al método científico, el periodismo define la cultura occidental contemporánea. Hasta su aparición, la opinión pública se moldeaba en las iglesias. El ser humano es, sobre todo, social y no soporta el aislamiento. Por tanto, excepto un pequeño grupo de recalcitrantes, la mayoría aceptará el pensamiento dominante para ser tolerado socialmente. Es lo que Noelle Neumann denominó la "espiral del silencio". Ella afirmó que los medios ayudan a consolidar climas de opinión. En estos entornos, las encuestas funcionan; pero si existe un mínimo resquicio que nos confirme nuestras ideas, aunque sean absurdas, y no sentir soledad, éstas se van asentando y creamos nuestra propia tribu ideológica, ahora con soporte mediático.

La teoría de la espiral del silencio también establece que la élite -académicos universitarios, artistas, periodistas, políticos, escritores- sí se atreve a alzar la voz con pensamientos no dominantes y que, finalmente, calan en la sociedad. Es lo que ha sucedido desde la aceptación de la ciencia frente a la religión hasta la defensa de los derechos civiles. Los medios han tenido un papel relevante en el avance social: es cierto que no son anticapitalistas, como a algunos les gustaría, pero tampoco son racistas ni defienden las dictaduras o las pseudociencias. Ellos -y el establishment de políticos y, en lugar destacado, la universidad- establecían lo que era políticamente correcto: la globalización es positiva, la inmigración es valiosa, la xenofobia es repugnante... Y, los que no estaban de acuerdo, según la espiral del silencio, callaban. Clinton ha tenido el apoyo de los creadores de pensamiento: profesores de universidad, artistas y medios de comunicación. Por eso, en la teoría clásica, era impensable que ganara Trump.

Pero eso ha cambiado. Ahora estrellas televisivas polémicas como Trump, y los políticamente incorrectos, también son medios de comunicación de masas. Cuando Trump ganó las elecciones contaba con 13,5 millones de seguidores en Twitter, superando a The Wall Street Journal, considerado el diario más influyente del mundo. Por tanto, qué es Trump ¿una fuente o un medio de comunicación de masas en sí mismo? Ambas cosas y ello desmonta la teoría de la comunicación vigente. Trump, además, tenía una ventaja: él manejaba el Twitter (aunque su equipo se lo prohibió durante los últimos días) y Hillary usaba a community managers.

En las europeas de mayo de 2014 muchos se sorprendieron de que Podemos, un desconocido en la prensa, obtuviera cinco diputados y el 8% de los votos. Pero es que en aquel momento, Podemos tenía 252.270 seguidores en Facebook frente a 64.000 del PP y 61.000 del PSOE. Iglesias -que sí era conocido por ser tertuliano polémico incluso en televisiones de la derecha- tenía más de 245.000 seguidores en Twitter, frente a Arias Cañete (PP) con 19.913 o Elena Valenciano (PSOE) con 19.033. El pensamiento anticapitalista de Podemos antes era marginal, pero en 2014, sin que la prensa hubiese reparado en ellos, tenía más seguidores en Twitter que la ideología políticamente correcta del PP o PSOE. Las tribus son inofensivas para el sistema excepto si aparece un caudillo que, para consolidarse, sí necesita, sobre todo, de la televisión y sus programas polémicos.

En internet florecen muchas tribus: unas creen que las vacunas son peligrosas o que Clinton adora a Satanás. La información ya no es de masas. Y esas tribus, que se informan por algoritmos que eligen noticias que les hacen felices, viven en mundos paralelos donde no escuchan al otro pero donde sus ideas xenófobas, anticientíficas o antisistema son las dominantes en su microtribu. Por eso, los resultados -desde el Brexit hasta Trump- parecen increíbles para muchos (los que no pertenecen a esa tribu). No se atreven a confesar sus ideas en encuestas, pero sí en el secreto del voto.

Alternativo significa que no es masivo, pero no tendencia ideológica o verdad. Trump ganó gracias a la Alt-Right (Derecha Alternativa). Un medio mainstream aspira a tener la máxima audiencia: por tanto, ni será anticapitalista ni xenófobo. Con la tribalización de medios y audiencias, ya no funciona la espiral del silencio: existen audiencias para todos los gustos que se retroalimentan y eso aumenta la incertidumbre. Tenemos estudios que indican que internet ha favorecido incluso la información anticientífica: depende de cómo preguntes a Google sobre las vacunas, te saldrán más o menos páginas antivacunas. Si eso sucede con lo científicamente demostrado, qué no pasará con lo ideológicamente discutible.

Si buscamos a Trump en Google, la primera entrada será Wikipedia. Para términos neutros -como protón- puede que la definición sea válida, pero para los controvertidos como transgénico u homeopatía, y no digamos biografías como Hugo Chávez o Donald Trump, un ejército de defensores y detractores está continuamente editando y reeditando. Los periodistas sabemos desde siempre que la neutralidad desinforma -no procede dar dos versiones antagónicas de algo; sino la que sea cierta- y, mientras que la entrada de radiactividad en la Enciclopedia Británica la redactó Madame Curie, la de Wikipedia no sabemos de quién es ni qué interés le movió a escribirla.

Carlos Elías es catedrático de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid (en comisión de servicios en la UNED). Su último libro es El selfie de Galileo (Península, 2015).

Tontos constitucionales y Trump
Pedro de Tena Libertad Digital 14 Noviembre 2016

Las democracias, cuando se acamellan ante lo políticamente correcto a derecha e izquierda, producen majaretas y carajotes incansables.

Don Miguel de Unamuno, cada día más Don si lo comparamos con la bobería circundante, hablaba de tontos constitucionales. Ahora que vamos a lamentar el 80 aniversario de su muerte, bueno será recordar que no se refería con esa expresión a los políticos, que se podría. No. Entonces, ¿qué es un tonto constitucional? Pues un "tonto por constitución fisiológica, a nativitate, irremediable…". Más o menos, un tonto absoluto. Don Miguel, ya curado de espanto a derecha e izquierda, no quiso ser nunca más ni intelectual ni políticamente correcto, esto es, tonto constitucional. Sólo quiso ser espiritualmente libre para decir y hacer lo que le parecía debía ser dicho y hecho, con más atención a la verdad de las cosas y los hechos que a los prejuicios y gafas ideológicas de las almas mendrugas.

En estos días, la badulaquería internacional – otra de las expresiones gloriosas del bilbaíno– se ha rasgado las vestiduras con la elección, tan democrática como la de Obama, digo yo, de Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos. Pero, en este caso, la bellaquería de unas izquierdas para las que si alguien no es de su cuerda es perverso a fuer de ignorante o viceversa ha sido igualada por la majadería de unas derechas, nacionales y europeas, que se han afanado en recordarle al ganador los valores democráticos occidentales que perseveran en imaginar que Trump desconoce. Cuando Reagan, los progres difundieron por el mundo que era un mal actor y encima un papanatas. La respuesta, ya saben, fue la caída del Muro de Berlín sobre la izquierda mundial, que sigue sin salir del hospital mental en que la ingresó. En aquel caso, las derechas liberales, conservadoras y el Papa, no dijeron mú o musitaron "yes". Y acertaron.

El espectáculo delirante al que estamos asistiendo desde el pasado miércoles es clamoroso. Cuando gana quien la izquierda pueril no desea, la elección no es legítima. Como cuando Rajoy, antes y ahora, que el PP sigue sin enterarse. O sea, la calle por encima de las urnas. En este caso, cuando ha ganado quien las derechas acomplejadas no esperaban, sus lelos fraguan memes con un Hitler empresario y rubio capaz de atrocidades sin cuento aunque, que sepamos, aún no ha matado ni hecho daño a nadie. Enumeren conmigo: asesinados por ETA, oh, cúan demócratas son Bildu y cía, y por los GAL y otros asesinados por Estados democráticos; por el régimen de Hugo Chávez; por los narcoterroristas colombianos; por los bendecidos Castros cubanos, otros dechados de democracia; por Putin y sus amigos sirios; por los estado-islamistas… Paremos porque la lista, Papa incluso, puede ser larga e inhóspita para unos y otros.

La democracia, un régimen malo pero mejor que todos los demás, puede incubar dictadores. Cierto. Sin embargo, es seguro que las democracias, cuando se acamellan ante lo políticamente correcto a derecha e izquierda, producen majaretas y carajotes incansables, esto es, tontos constitucionales y peligrosos, para quienes los hechos y la verdad importan un pimiento.

A ver, Melendi, explícales cómo quitarse las gafas ideológicas al modo de Unamuno.

El gobierno se humilla y nos humilla

Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Noviembre 2016

Ayer el independentismo catalán volvió a dar una muestra de su forma de entender la legitimidad, la suya, en un nuevo aquelarre multitudinario donde miles de personas cobijaron a los que consideran víctimas de la opresión del Estado español. Allí estaban todos los encausados por haber desobedecido la legalidad vigente arropados por una masa de fanáticos que siguen desafiando al resto de España y que intentan arrebatarnos nada menos que la Soberanía a todos los españoles. Pero lo peor es que este Gobierno del PP, está dispuesto a “dialogar”, es decir a transigir una vez más con el chantaje de estos delincuentes que solo merecen la cárcel y la prohibición de por vida de ejercer cualquier cargo público. Un Gobierno que en vez de hacer cumplir la Ley y las sentencias de los Tribunales de España, pretende dialogar con los delincuentes en nombre de todos los españoles. Y eso sí que es una falta total de legitimidad.

Porque yo, como español, exijo opinar sobre cualquier concesión que esté fuera de la Ley. Porque yo, como español, no consiento que se mercadee con mis impuestos para pagar el chantaje que durante décadas ha ido imponiendo el nacionalismo catalán. Porque yo, como español, exijo que se aplique la Constitución y la Ley, que se acabe con el desafío secesionista, la insumisión y la desobediencia a los Tribunales y se pase del aviso reiterado a la acción, suspendiendo la Autonomía y juzgando a los rebeldes sin ningún tipo de reservas. Porque yo, como español, exijo que la Fiscalía actúe como tal y no trate de minimizar y no contemplar como delitos aquellos que implican penas de cárcel. Porque hubo malversación de fondos públicos aunque estos fuesen aprobados como partidas presupuestarias, ya que la sentencia del Tribunal Constitucional obligaba a suspender cualquier tipo de actividad relacionada con el referéndum ilegal convocado de forma oficial por la exconsejera Joana Rigau, Francesc Homs y Artur Mas como Presidente con su rúbrica y publicación en el Boletin de la Generalidad.Además de las desobediencias reiteradas por la Presidenta del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell, en la tramitación de ponencias sobre la independencia.

Se comenta que la vice se va a trasladar a Barcelona para iniciar un diálogo con las fuerzas separatistas. ¿Qué tipo de diálogo puede existir con quienes solo admiten la independencia como objetivo innegociable? ¿Qué va a negociar Soraya Sáenz y en nombre de quién, del PP? Porque ningún punto de la Hoja de Ruta que los secesionistas están llevando a cabo puede ser admitido ni legitimado sin vulnerar la Constitución de España y la Soberanía Nacional que solo reside en el conjunto del pueblo español y no en las gentes que viven en un determinado territorio, por mucha lengua autóctona que hablen. España no es una Nación de naciones, por mucho que se empeñen algunos demagogos socialistas. España es una Nación por Historia y por la voluntad de todos los españoles que nos dimos una Constitución tras décadas de dictadura. Y eso solo lo puede cambiar el pueblo español en referéndum.

Así que Soraya Sáenz podrá vivir en Barcelona y poner todo su esfuerzo en “dialogar”, pero deberá tener mucho cuidado con lo que está dispuesta a transigir en aras de la “paz”. Porque, como ya se hizo en el caso de ETA y las fuerzas separatistas abertzales, un Gobierno nunca puede negociar ni con terroristas ni con separatistas delincuentes lo de "paz por territorios". La unidad nacional no está en venta ni puede ser usada como moneda de cambio porque la cuestionen unos facinerosos, que se han dedicado a expoliar a la sociedad española en esa autonomía y se han enriquecido de forma criminal envolviéndose en banderas y engañando a gentes que se creyeron sus mentiras y fueron radicalizándose en una quimera de considerarse diferentes y con derechos sobre los demás conciudadanos.

Se equivoca el PP y este Gobierno en confundir su propia debilidad parlamentaria con la necesidad de renunciar a su deber de defender la Constitución, pensando que aspectos esenciales como la Unidad de España, la Igualdad de todos los españoles y la Solidaridad entre todos los territorios, es algo que se puede poner en una mesa de negociación como almoneda. Se equivoca el PP y este Gobierno por no haberse mostrado cuando tuvo ocasión, ni mostrarse ahora, con la firmeza que requería el desafío, la insumisión, desobediencia y rebeldía de los dirigentes del Gobierno de la Generalidad de la Autonomía de Cataluña y de su Parlamento dominado por fuerzas secesionistas. Pudo y debió implicar a todas las fuerzas políticas en dar una respuesta contundente mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, suspendiendo de forma temporal la Autonomía, encausando a sus dirigentes y disolviendo su Parlamento.

Miles de manifestantes, como los reunidos ayer por CDC en Barcelona, no pueden coartar la acción de Gobierno ni impedir que la Justicia termine por imponerse en unos cabecillas que viven y predican una realidad virtual que nada tiene que ver con la legalidad vigente ni la realidad social de esa región española. Sus esperpénticas declaraciones a los medios de comunicación solo reflejan y confirman su nula voluntad de diálogo y su empecinamiento en considerarse legitimados para delinquir, escudándose en que solo deben lealtad al inexistente pueblo de Cataluña y al Parlamento de Cataluña, negando que su legitimidad viene solo y exclusivamente porque así lo ha querido el pueblo español en su Constitución.

Cuando el diálogo se pervierte y se quiere convertir en ultimátum, en un “trágala”, por la fuerza de los hechos consumados y por las movilizaciones callejeras populares, la respuesta solo puede ser una; aplicar la Ley, es decir lo previsto en la Constitución de España y que este Gobierno del PP no ha querido ejercer en una clara elusión de responsabilidades amparándose y delegando en los Altos Tribunales, pero sin posibilitar la ejecución de sus sentencias. Una cobardía inaceptable que se refuerza ahora con un acto de debilidad yendo a dialogar al terreno de los secesionistas en vez de hacer que vengan a la sede de la Soberanía Nacional, el Congreso de los Diputados a dar sus explicaciones y someterse a la voluntad de los españoles en referéndum.

Solo les digo, que “NO en mi nombre! ¡Que pasen un buen día!

España: Preguntas sin respuesta
José Luis Gómez. Periodista Digital 14 Noviembre 2016

¿Es viable el actual Estado español? ¿Existe una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica? ¿Es realmente independiente el poder judicial?

¿Funcionan los reguladores de la competencia? ¿Representan los diputados a los ciudadanos o más bien a los partidos que los ponen en una lista? ¿Tiene sentido que una cuarta parte de la economía española sea sumergida...?

Tal vez haya gente que piense que estas preguntas forman parte de algún panfleto de la izquierda española -a la izquierda del PSOE se entiende- o incluso del discurso de los llamados populistas. Nada más lejos de la realidad.

Todas esas preguntas fueron hechas por la prensa alemana de calidad al comienzo de la crisis en España, y no es eso lo peor: a estas alturas, siguen sin respuesta. Al menos sin respuesta por parte del Gobierno y de los partidos que se han alternado en el poder en los últimos años, el PSOE y el PP.

Resulta cuando menos preocupante que temas de ese calado se vean -y se denuncien desde fuera de España-, mientras aquí la agenda política se embarulla de tal manera que, tras años y años de falsos debates, poco o nada se ha avanzado en ese tipo de asuntos, alguno de los cuales, como el de la economía sumergida, tiene algo que ver con la ausencia de un modelo productivo alternativo al inmenso vacío que dejó la caída del ladrillo.

España sigue sin plantear en sus instituciones -léase el Congreso, el Senado y el Gobierno- la viabilidad de su actual Estado. En España tampoco se quiere poner fin a una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica; peor aún, la crisis ha extendido ese problema a buena parte de la prensa influyente y el estratégico sector de la comunicación.

Tampoco se ha legislado en el Congreso para garantizar realmente un poder judicial independiente. En España no funcionan los reguladores de la competencia porque están sometidos al Gobierno, de modo que su papel es más formal que real.

Aquí no sucede lo que es habitual en los países anglosajones con ese tipo de instituciones. Salta a la vista -especialmente en el PSOE pero también en el PP- que los diputados no representan exactamente a los ciudadanos sino más bien a los partidos que los ponen en las listas.

Tanto es así que los ciudadanos votan sin conocer a quienes eligen, ya que éstos se cobijan bajo la figura de su líder, el único realmente conocido. Y, por último, parece elemental reconocer -para corregir- que carece de sentido que una cuarta parte de la economía española sea sumergida.

Si la prensa alemana vuelve a mirar a España, lejos de dar por resueltas sus preguntas de hace años, va a tener que ampliarlas. Es lo que hay y, visto lo visto, tampoco parece que pase nada. Será que la prensa alemana es rara para un país como España...

La extraña ausencia del pueblo español
Amando de Miguel Libertad Digital 14 Noviembre 2016

A ver si no es curioso que el diputado español que más resueltamente insulta a los demás se llame Rufián y no se considere español. Somos muy originales.

Mucho se habla sobre el "populismo" en la vida pública española. La verdad es que no se sabe muy bien lo que significa. Quizá sea una forma eufemística de no aludir al comunismo, una palabra que resulta fea.

No obstante, compruebo con asombro que en la parla de muchos políticos se ha desvanecido el glorioso término de pueblo español. En su lugar se prefieren enunciados menos comprometidos como "conjunto de los españoles", "ciudadanía", "ciudadanos y ciudadanas", "ciudadanos del Estado", "gente". Es una lástima. Se desvanece así la deliciosa polisemia de la lengua castellana por la que la voz pueblo significa al mismo tiempo un lugar físico donde habitan las personas y también ellas mismas, la población empadronada. En otros idiomas cercanos se necesitan dos palabras para cada una de esas realidades. Aunque no se mencione, la idea del pueblo español es la base de nuestro sistema democrático. Eludirla me parece tarea vana.

No es la única maravilla del lenguaje público. A ver si no es curioso que el diputado español que más resueltamente insulta a los demás se llame Rufián y no se considere español. Somos muy originales.

Se desvanece la expresión pueblo español porque así interesa a una buena parte de los políticos. Han aprendido que pierden votos en las elecciones si tienen en cuenta el interés general, que siempre será una abstracción. En su lugar se alza la primacía de intereses bien organizados, a los que el político debe atender solícito, si quiere alzarse con el poder o mantenerse en él. No me refiero solo a los clásicos intereses financieros o empresariales, sino a los ideológicos. Ahí entran, por ejemplo, los separatistas, hoy tan en boga.

No parece claro el límite de los territorios que pueden separarse de otros. Es decir, España vendría a ser una especie de pueblo de pueblos, de nación de naciones, cuyas partes se podrían independizar a voluntad de cada una de ellas. Por lo mismo, el Estado español se disolvería en un Estado de Estados, o mejor, un estado de estadillos. No es broma: parece que Cartagena pretende separarse de Murcia. Esperemos que no sea para declarar la guerra al antiguo reino. Una operación así daría ánimos a los de Gijón para emanciparse de las Asturias, a los de Treviño para renegar de Burgos, a los de Arán para desligarse de Cataluña. Y así sucesivamente. Tendría gracia un calendario de continuos referendos secesionistas en toda España. Si no resultara lo que quieren los separatistas, ¿se podrían volver a repetir las consultas? ¿Puede ser soberano un Parlamento regional? ¿Y un consistorio municipal?

La noción política de pueblo presenta una particularidad frente a otras equivalentes. El pueblo español representa algo más que el conjunto de los actuales empadronados en sus ocho mil municipios. Moral y simbólicamente implica también a los antiguos habitantes de España en todas las épocas. Esa misteriosa identidad a lo largo del tiempo y sobre un mismo territorio es lo que certifica el concepto de nación. De ahí que no sea fácil convenir que un referéndum entre los españoles actuales determina si una región es o no parte de España. Si lo fue, lo es; así de sencillo.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Bataclanes
Ignacio Camacho ABC 14 Noviembre 2016

Francia sigue bajo amenaza. El intenso despliegue policial no la ha hecho una nación más segura. Sólo más vigilada

El norte del Marais no era un barrio demasiado turístico pero muchos de los visitantes que ha recibido París en el último año se han acercado a la puerta de Bataclan a dejar alguna flor o rendir con la mirada y el silencio un pequeño homenaje. Hay un cierto turismo del horror, un peregrinaje del luto, de la solidaridad emocional con la barbarie. La misma por la que millones de banderas francesas continúan presidiendo otros tantos perfiles de usuarios de redes sociales. A efectos prácticos no sirve de mucho: ya se vio en Niza. Porque la mayoría de esas personas honestamente conmovidas no están dispuestas a traspasar la frontera moral que separa una fraternidad indolora de una respuesta consecuente, decidida, sólida. Y más allá de los buenos sentimientos y de la empatía universal con las víctimas, Francia sigue –como Europa entera– amenazada, intimidada, insegura. Y sola.

Toda aquella corriente de indignación no bastó para cambiar la estrategia contra el ISIS. Ni siquiera tras la pavorosa crisis de refugiados que huían de su ferocidad salvaje. Ningún país se involucró más en el combate, salvo la Rusia de Putin por sus propios intereses geopolíticos, tan espurios como poco confesables. El mismo Gobierno francés, consciente de su soledad diplomática, hubo de recular en su inicial decisión de usar la fuerza militar con toda la contundencia que tenía a su alcance. No encontró apoyo unánime en la opinión pública de una nación convulsionada pese a haber seguido sufriendo ataques. Y la guerra contra el yihadismo en Siria e Irak, delegada en las precarias fuerzas de los combatientes musulmanes, ha avanzado en todo este tiempo con lentitud desesperante. En el plano militar, la yihad no tiene masa crítica para resistir una embestida seria; si sigue ahí es porque a Occidente le ha faltado unidad y coraje.

Francia está desde hace un año tomada por un despliegue de fuerzas en la calle. Pero eso no la ha hecho una nación más segura; sólo más vigilada. De hecho sus autoridades temen que la caída de Mosul provoque un retorno masivo de yihadistas cargados con su delirio de odio y de sangre. El mayor progreso francés ha consistido, por fortuna, en un compromiso serio con el trabajo preventivo de los servicios de información y espionaje.

La maquinaria exterminadora del extremismo islámico ha seguido asesinando o a buen ritmo, sin que salvo cuando agredía en Europa lograse sacudir las mentalidades biempensantes. El número de asesinados en doce meses daría para llenar varios cientos o miles de bataclanes. Nos hemos acostumbrado; espíritus puros hay entre nosotros que incluso cuestionan los asépticos bombardeos desde el aire. Pagaremos el tributo de la desimplicación con más banderitas y memes de ingeniosas frases. Anoche actuó Sting en Bataclan. Debió de ser hermoso, inolvidable. Cuando pueda cantar en Alepo, en Damasco, en Mosul, será de verdad emocionante.

Los asesores políticos. Una polémica y difusa figura
El coladero del personal eventual en las administraciones públicas
Rubén G. López. Madrid El Mundo 14 Noviembre 2016

La figura del asesor político aparece en la legislación española bajo la designación de personal eventual, que difiere de los empleados públicos profesionales (funcionarios y laborales) en su carácter excepcional y en que su existencia no se justifica por unos méritos, sino por la confianza política o personal que en ellos deposita un cargo político. Tampoco se asemeja a los altos cargos de la Administración (ministros, secretarios, subsecretarios...), ya que sus decisiones carecen de responsabilidad política y su cese es una decisión exclusiva de quien lo ha nombrado.

FUNCIONES. El Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) no especifica qué tareas corresponden al personal eventual, aunque sí precisa que se trata de funciones «de confianza o asesoramiento especial». Esa definición incluye a los famosos asesores (en materias como política de comunicación o elaboración de discursos), pero también a los asistentes inmediatos de los representantes públicos. Por ejemplo, «los secretarios personales de alcaldes y altos cargos, que propiamente no asesoran, sino que llevan su agenda, o de los jefes de prensa, que se encargan de la relación con los medios de comunicación », señala Severiano Fernández, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Cádiz.

PARADOJAS. El personal eventual tiene las mismas retribuciones que los empleados públicos y su jornada de trabajo también es idéntica. Sin embargo, «su vinculación no es con la institución en la que trabaja, sino con el cargo político del que depende », señala Fernández. Por eso, el catedrático considera necesario modificar la legislación para dejar claro que estos trabajadores «no son propiamente empleados públicos, sino otra cosa». Esta diferenciación aportaría claridad a la difusa figura del eventual y mejoraría la imagen del resto de empleados públicos, «pues da la sensación, aunque sea equivocada, de que entran a dedo en la Administración », concluye Fernández.

ABUSOS. Aunque la definición legal del personal eventual afecta a las diferentes administraciones del Estado, lo cierto es que cada una ha hecho un uso muy diferente de esta figura durante los últimos años. En opinión de Fernández, «el ámbito donde se cometen mayores abusos es en las diputaciones provinciales, probablemente porque han sido usadas por los partidos políticos como agencias de recolocación de políticos locales que pierden el cargo o que no lo logran, lo que ha derivado en la invención de todo tipo de funciones, en ocasiones, disparatadas».

ADMINISTRACIÓN CENTRAL. El control del personal eventual es mucho más exhaustivo en los ministerios, según explican desde la Administración central. «El número de asesores de cada departamento se acuerda en una mesa en la que tienen representación el Estado y los diferentes sindicatos, que ejercen un control muy exhaustivo sobre estos profesionales », apuntan. De hecho, cada ministro puede contratar un número idéntico de asesores y «habitualmente ni siquiera llegan a cubrir esas cuotas».

AYUNTAMIENTOS. Habitualmente, cada cambio de gobierno en un ayuntamiento español ha llevado asociada la salida de una gran cantidad de asesores y asistentes. Para revertir esa situación, la reforma de la Administración Local aprobada en 2013 por Montoro estableció unos topes en la cifra de trabajadores eventuales que pueden contratar los consistorios, en función del número de habitantes de cada localidad.

OTROS PAÍSES. El modelo de asesores existente en España otorga a los representantes públicos (y, por tanto, a sus partidos) un enorme poder para nombrar libremente personal de confianza (a veces dentro de la Administración y, otras, fuera de ella). Tal como explica Juan Rodríguez, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia y editor del blog 'Agenda Pública', «el otro extremo es Reino Unido, donde el nombramiento libre de cargos de confianza está restringido a uno o dos por ministerio».

OTRAS FIGURAS. En ocasiones, se utiliza la expresión asesor político para hacer referencia a profesionales que nada tienen que ver con el personal eventual. Por ejemplo, los cargos de libre designación, que en la mayoría de los casos son empleados públicos de alto rango que los políticos deciden trasladar a otros puestos de mayor responsabilidad. Tampoco hay que confundir al personal eventual que hace labores de asesoramiento con los consultores externos, «expertos que ofrecen al mundo público sus conocimientos en comunicación política, análisis y evaluación de las políticas públicas y organización y desarrollo de campañas electorales», explica Rodríguez.

'Es un país que se está muriendo'
Houellebecq asegura que 'Francia está muy cerca de salir de Europa'
El conocido escritor califica en una entrevista en Argentina de "personaje muy especial a Trump" y manifiesta que ve, aunque lejana, una guerra civil en Francia. "Se va acercando", dice.
Gaceta.es 14 Noviembre 2016

El polémico escritor francés Michel Houellebecq ha asegurado en una entrevista en Buenos Aires ante un público de cerca de mil personas que, en la línea del Brexit inglés, "Francia está muy cerca de salir de Europa".

"Francia está muy cerca de salir de Europa y creo que realmente ganaría el no -sobre si quieren quedarse en la Unión Europea-. Los franceses están en Europa contra su voluntad", aseveró Houellebecq ante las incisivas preguntas del escritor argentino Gonzalo Garcés en el Centro cultural San Martín (CSM). Este francés añadió que, aunque no ve factible que aparezca un personaje político como Trump en Francia -al que calificó de "muy especial"-, sí que ve, aunque lejana, una guerra civil en Francia "que se va acercando".

Houellebecq llegó a Argentina nueve años después de su primera visita al país para una estancia de tres días en la que pretende hablar de su obra literaria y su relación con las artes. Al insistirle Garcés sobre su país, el escritor aseguró que "Francia es un país que se está muriendo" pero que "pelea más que otros países europeos" e intenta volver a las raíces de cada una de sus regiones.

En el caso de estados como España, Italia o Alemania, recalcó que "sus poblaciones están disminuyendo muy rápidamente y en Francia no es el caso, la democracia está aumentando".

Un ejemplo sobre la lucha de Francia por mantenerse fue el aumento de la cultura culinaria gala. El ganador del premio literario Goncourt en 2010 aseguró ser consciente de que su obra genera polémica allá por donde pase pero reconoció que no se mentalizó hasta que publicó su obra "Partículas elementales" (1998). Desde entonces, defiende que su obra "va a seguir viviendo siglos" y que ya no le importa aunque le suponga hacer "un esfuerzo, una gimnasia complementaria".

Sin embargo, sabe de los peligros que puede generar su obra, tal y como lo hizo su libro "Sumisión" (2015), que mostraba a una Francia gobernada por un partido político islámico, publicada justo el día del trágico atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. "Hay una tradición de impunidad en el ámbito de la novela en Francia que creo que me lo creí. (...) Subestimé o malestimé el peligro", tras lo que añadió que, en su novela, no critica la religión sino la política.

"No hay verdaderos musulmanes en esta novela. Hay tipos políticos que tienen ambiciones políticas y que tienen la idea de utilizar el Islam para cumplir sus ambiciones. No hay fanáticos. No hay practicantes. Hay políticos", se defendió. La publicación de un nuevo libro depende de cosas independientes de su voluntad pero "es lo único que sé hacer", concluyó el escritor.

Las víctimas resucitan el plan para devolver el derecho a voto de los «exiliados» por ETA
Dignidad y Justicia ha registrado una propuesta legal en el Congreso que bebe de la Ley de Memoria Histórica . El Gobierno enterró la suya al no contar con el apoyo del PSOE
Itziar Reyero. ABC 14 Noviembre 2016

El pasado 31 de octubre, inmediatamente después de la investidura de Mariano Rajoy, la asociación de víctimas Dignidad y Justicia registró en el Congreso una propuesta articulada de ley que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el reconocimiento y reparación de las personas que en el último medio siglo abandonaron el País Vasco y Navarra por el acoso de ETA. Un colectivo –se cifra en hasta 200.000 afectados– que no está contemplado por la Ley española de Víctimas del Terrorismo, aunque su figura sí está reconocida por las Naciones Unidas. Conscientes de ese vacío, el Gobierno de Rajoy redactó a iniciativa del PP vasco una propuesta de ley que contemplaba la restitución del derecho al voto de los «desplazados»por ETA–se evita el término «exiliados», por mantenerse en las fronteras del país–. Pero, pese a contar con mayoría absoluta entonces, el PP desistió del proyecto al no hallar en el PSOE el consenso básico deseable para aprobarlo.

La asociación que preside Daniel Portero resucita ahora la iniciativa con una propuesta mucho más completa que reconoce a quienes sufrieron la expulsión forzada del territorio y que amplía en general los derechos de todas las víctimas. Se pide crear un Consejo Estatal de Políticas Públicas de Memoria (más allá del Memorial de Víctimas ya existente, en Vitoria) que impulse, entre otras, medidas que posibiliten el «regreso voluntario de los expulsados a su lugar de residencia», la «reintegración en su empleo» y la «devolución de sus bienes». También el pleno ejercicio de sus derechos políticos, es decir, que puedan votar en sus lugares de origen aunque no regresen.

El abogado de DyJ y experto en derecho internacional Miguel Ángel Rodríguez llevó al registro general del Congreso la propuesta de «Ley de políticas públicas de memoria de las víctimas de ETA», que en su artículo 4 recoge el estatuto de «desplazados internos por causa de la izquierda abertzale violenta y de su brazo armado ETA». A partir de ahí, la Cámara dará traslado de esta iniciativa a la Comisión que corresponda, seguramente Justicia. Serán en todo caso los grupos los que impulsen su desarrollo parlamentario, o no.

Lo cierto es que el Ejecutivo del PP elaboró un proyecto legal que reconocía el derecho a voto en el País Vasco o Navarra de los desplazados por ETA y sus hijos nacidos allí. Se abriría un plazo limitado para solicitar el cambio de censo. Sin embargo, la falta de acuerdo con el PSOE, desbarató el plan, que ha quedado durmiendo en el cajón. Los socialistas defendían una partida para ayudar al retorno voluntario, pero cerraron la puerta a lo que llamaron una «alteración» injsutificada del censo electoral.

En una estrategia clara por atraer al PSOE, pero también al PP y C’s, Dignidad y Justicia ha presentado una propuesta legal que traza paralelismos con la Ley de Memoria Histórica del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Se invoca el «deber de memoria» de los Estados promoviendo, entre otras medidas, un catálogo de lugares donde visibilizar los atentados y dar el nombre de víctimas a las calles, o la creación de un fondo para la promoción artística y cultural en materia de mmoria pública.

«Somos el país de Europa con más desplazados internos y ninguna ley o decreto recoge esta figura, que sí reconoce la ONU», denuncia Rodríguez, que lamenta que el legislador español «no ha tenido el derecho internacional en la cabeza» a la hora de proteger a todas las víctimas de ETA.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Hay que garantizar el principio de legalidad en Cataluña
Editorial La Razon 14 Noviembre 2016

Ante el riesgo de caer en los enredos lingüísticos del nacionalismo, hay que dejar claro, cuando, con estudiado victimismo, hablan de que altos cargos del independentismo no han hecho otra cosa que «obedecer al pueblo de Cataluña», que esta investigación se ha abierto porque hay indicios de que se ha incumplido la Ley. Puede que en lo más hondo de sus convicciones el pueblo de Cataluña esté por encima del Estado de Derecho, pero de ser así no estaríamos hablando del mismo sistema democrático, y que el nacionalismo catalán esté instalado en una fase en la que su proyecto tenga que ver con una suerte de «democracia orgánica» que no emana directamente de las urnas, del Estatut y de la Constitución, sino que sólo reconoce la representación patriótica de las organizaciones soberanistas, sus líderes y otras expresiones en la calle.

Lo que está fuera de este sistema no formaría parte de Cataluña y, por lo tanto, no hay la obligación de cumplir y hacer cumplir la legalidad. Ayer, de nuevo, hubo una demostración multitudinaria a favor de los cargos públicos investigados por el incumplimiento de la Ley bajo el lema «Por la democracia». Como decíamos, entrar en los ejercicios de manipulación lingüística del nacionalismo nos llevaría a episodios que creíamos enterrados. Las recientes elecciones norteamericanas y la irrupción de Donald Trump han hecho realidad que la mentira pueda convertirse en verdad, que el uso de la falsedad como arma política facilite el triunfo electoral. Artur Mas así lo ha reconocido en unas bochornosas declaraciones en las que confiaba en que lo imposible fuera posible –es decir, el triunfo de Trump– para que Cataluña alcance la independencia.

Es urgente que en Cataluña se restituya el principio de legalidad, una batalla que, sin duda, se debe librar en el ámbito jurídico, pero también en el político. En el caso de las investigaciones abiertas al ex presidente de la Generalitat, a las ex consejeras Joana Ortega e Irene Rigau y al diputado del PDEcat –la ex Convergència– Francesc Homs por el referéndum ilegal del 9-N hubo una evidente intención de desafiar al Estado, de demostrar su debilidad y la cesión ante las exigencias nacionalistas. En el caso de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, la Fiscalía Superior de Cataluña la acusa de «actuar con total desprecio a la Constitución de 1978» y de «dinamitar el modelo territorial del Estado» al permitir la votación el pasado 27 de julio de las conclusiones de la comisión de estudio del llamado «proceso constituyente».

La segunda autoridad de Cataluña era consciente de que «con cabal conciencia de que impulsaba un trámite constitucionalmente ilegítimo». Al calor del «proceso» se ha abierto una campaña de desobediencia que no tiene más fin que deslegitimar las instituciones democráticas –que, para denigrarlas, califican de «españolas»– e imponer una nueva legalidad. Forma parte de una estrategia a la que se han sumado con mucho gusto formaciones que renegaban de la herencia corrupta de Convegència pero que, en aras de un izquierdismo pueril e irresponsable, creen que un cargo público puede romper una citación judicial delante de las cámaras o colgar una bandera estelada –que sólo es el estandarte de unos partidos independentistas– en el balcón de un ayuntamiento en lugar de la constitucional. Los políticos catalanes, los que todavía reclaman la centralidad y la moderación, deben tomar la palabra.


 


Recortes de Prensa   Página Inicial