AGLI Recortes de Prensa   Martes 15  Noviembre  2016

Hacia el desmantelamiento de la enseñanza
Amando de Miguel- Libertad Digital 15 Noviembre 2016

Hace cerca de 40 años, una camada de ingenuos profesores encabezamos un manifiesto en Barcelona. Suspirábamos por lo obvio: el bilingüismo en la enseñanza de Cataluña. Nos adelantábamos al propósito contrario, el de imponer aviesamente la llamadainmersión lingüísticaen la lengua catalana. Se trataba realmente de una gigantesca operación adoctrinadora. Fruto de la cual ha resultado una amplia mentalidad que propicia el separatismo, la desmembración de España. Ha calado asimismo en los hijos de los inmigrantes castellanoparlantes. Por desgracia, se cumplieron nuestros presagios, como atestigua la actual generación de rufianes en la política catalana. Nada es más exitoso que el éxito.

Un fenómeno similar y de más altos vuelos se está incubando ahora en toda España (o "a nivel de todo el Estado", como dice la parla politiquesa). Consiste en desacreditar la tradicional ética del esfuerzo, en la que se ha basado el formidable ímpetu de la sociedad española desde hace más de medio siglo. Frente a la centralidad del trabajo y del mérito, ciertas sectas sedicentemente progresistas proponen la preeminencia en las escuelas de la holganza y el hedonismo. Condenan las tareas o deberes para casa de los escolares. Recortan las exigencias a los becarios. Añaden la ampliación de las vacaciones escolares y protegen la excrecencia del botellón. Pronto veremos la abolición de las notas y de los libros de texto. De esa forma se va adoctrinando a la generación de adolescentes que constituirá la carne de cañón en la lucha de Podemos contra el orden establecido. Conseguirán rebajar la edad para votar a los 16 años. ¿Por qué no a los 14? A través de esa especie de inmersión ideológica llegarán pronto los podemitas al poder. De momento, el orbe de la enseñanza aparece dominado por la siniestra ideológica. La diestra se conforma con salvaguardar el territorio de la enseñanza privada.

La soterrada reforma educativa en marcha se propone la demolición de lo que queda de la cultura del esfuerzo. De momento, sus promotores se distinguen con facilidad por el léxico. Se refieren siempre a "padres y madres", "profesores y profesoras", etc. Se disfrazan con la piel de cordero de la "defensa de la familia", pero se comportan como lobos feroces. Su misión real: adoctrinar a los escolares. Constituyen el equivalente hodierno del konsomol soviético.

Mientras todo lo anterior tiene lugar soterradamente, la polémica se centra en si la enseñanza pública debe depender del Estado central o de las regiones (mal llamadas autonomías). La opinión pública se entretiene con la simpleza de si debe promulgarse esta o estotra ley educativa. Es una buena manera de perder el tiempo. Los cambios de mentalidad no los determinan las leyes. Una España gobernada en gran parte por la derecha se ve superada por la hegemonía cultural de la izquierda.

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El PSC y los Presupuestos de Rajoy
Guillermo Dupuy Libertad Digital 15 Noviembre 2016

No sé si, como ha asegurado El Mundo este lunes, Rajoy convocará elecciones generales en primavera en el caso de no lograr apoyo suficiente para sacar adelante los Presupuestos. Así debería hacerlo, si de verdad Rajoy ya considera que "tan malo es no tener un Gobierno como tener uno al que no se le deje gobernar". Sin embargo, el reciente compromiso de este "Gobierno cuanto antes" con Bruselas de convocar elecciones en caso de no poder sacar adelante en el Congreso unos Presupuestos que incluyan los ajustes necesarios que garanticen el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit no es guía ninguna de lo que pueda pasar; entre otras cosas, porque el Gobierno de Rajoy siempre ha garantizado con todos sus Presupuestos Generales del Estado el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit, y, sin embargo, todos ellos los ha incumplido clamorosamente, aun después de renegociarlos con Bruselas. Eso, por no olvidar que el único acuerdo alcanzado recientemente por el todavía Gobierno en funciones del PP con el PSOE del "no, no y no" fue llevar a cabo un cambio legislativo para "suavizar" a las comunidades autónomas el deber de reducir el déficit.

El propio Rajoy no ha querido comentar este lunes en profundidad la noticia de El Mundo al asegurar: "No voy a entrar en planes B. Tengo un plan A, que es aprobar los Presupuestos".

En cualquier caso, sean unos Presupuestos destinados a cumplir, por fin, con la reducción del déficit, sean unos Presupuestos, como es costumbre en Rajoy, destinados a tomar el pelo a Bruselas y a los españoles, lo decisivo seguirá siendo la abstención del PSOE. Y esa abstención –ni que decir tiene– no dependerá de las muchas o pocas medidas de ajuste que entrañen los Presupuestos, sino que seguirá dependiendo del temor del PSOE a unos nuevos comicios.

Aquí es donde adquiere su importancia la que debía haber sido trascendental reunión entre el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, y el presidente del PSC, Miquel Iceta, reunión que ambos han despachado este lunes concediéndose dos meses más para llegar a un acuerdo; acuerdo, por cierto, que tiene toda la pinta de consistir en seguir como hasta ahora.

Con todo, la fricción que genera entre ambos partidos el concepto de nación para referirse a Cataluña, debiendo ser decisiva, no es tan urgente como el asunto de cuál va a ser la postura de ambos partidos, supuestamente hermanos, ante los Presupuestos Generales del Estado, o ante cualquier otra iniciativa legislativa del Gobierno que requiera la abstención de los socialistas.

A pesar de lo que diga Iceta, yo estoy seguro de que al PSOE le importa más bien poco que el PSC reivindique a Cataluña como "nación". Al fin y al cabo, fue Zapatero, secretario general del PSOE, quien dijo aquello que lo de la nación era un concepto "discutido y discutible". Como nación aparece Cataluña en el preámbulo de su soberanista estatuto de autonomía, y así lo refrendaron todos los diputados del PSOE, hasta Alfonso Guerra.

La cuestión es lo que van a hacer ahora los diputados del PSC en el Congreso ante unos PGE que requieren como condición sine qua non la abstención de los socialistas, aunque no sea de todos ellos. ¿Va a consentir el PSOE, gestionado por una gestora, que los diputados del PSC vuelvan a saltarse la disciplina de voto, como pasó con la investidura de Rajoy?

Ya veremos. Con esta clase política que tenemos, cualquier espectáculo es posible, incluido el de ver un prolongadísimo desgobierno al frente de España y del PSOE.

Izquierda histérica
José Javier Esparza gaceta.es 15 Noviembre 2016

Hay que retrotraerse mucho en la Historia para encontrar sucesos parecidos a los que hoy está suscitando la elección de Trump en los Estados Unidos: incesantes manifestaciones de descontentos, desbordante ira vengativa en los perdedores, desgarrado clamor mediático e incluso –y esto son ya palabras mayores- tiros en las calles. En realidad no es demasiado sorprendente: la mayoría mediática ha creado tal atmósfera de diabolización en torno a Trump –racista, machista, xenófobo, etc.- que su victoria, a ojos de los que hayan creído ese relato, forzosamente debe ser vista como una especie de triunfo del Anticristo. Pero hay algo más, algo que se mueve en profundidades aún mayores y que termina de explicar tanta cólera, y es lo siguiente: lo que de verdad ha puesto histérica a la izquierda es la constatación de que el pueblo le ha dado la espalda.

Dos artículos recientes ponen el dedo en la llaga. Uno, del comunista francés Robert Forrester lo explica del siguiente modo: la clase media y trabajadora blanca ha vencido a los particularismos feministas, homosexuales y étnicos. El segundo, del comunista español Alberto Garzón, transita por muy semejante vía: la izquierda europea se ha separado por completo de la clase trabajadora. En muchos aspectos, ambos tienen razón.

Efectivamente, parece que la izquierda occidental ha olvidado por completo quién es realmente el “pueblo”, qué es la “clase trabajadora”. Los que obraron el gran milagro de la transformación socioeconómica en todo Occidente entre 1950 y 1970 no fueron comprometidos activistas LGTB ni apóstoles del mestizaje, sino europeos de cepa (y a mucha honra), de cara blanca (normalmente renegrida en el tajo), heterosexuales con hijos, mayormente cristianos (al menos en el concepto de lo bueno y lo malo) y con una idea muy material, nada ideológica, de la libertad y la prosperidad. Esas generaciones lograron reducir al mínimo la brecha social; fueron la materia sobre la que se ejecutaron las grandes políticas de reconstrucción, lo mismo en la Alemania socialdemócrata que en la España franquista o en la “América de las oportunidades”. Desde un cierto punto de vista, ellos han sido los héroes de la segunda mitad del siglo XX. Y ese ha sido el pueblo. El único pueblo realmente existente.

Ahora bien, desde entonces ese pueblo no ha dejado de recibir golpes de todo género. Los grandes procesos de globalización lo han dejado para el arrastre. La derecha predicaba la supresión de toda barrera al dinero, la izquierda predicaba la supresión de toda barrera humana, y en medio quedaba un pueblo arrasado por los unos y por los otros. La izquierda socialdemócrata colaboró de manera decisiva en el proceso. Sin darse cuenta de que, al hacerlo, estaba quedándose sin sujeto político: la izquierda se quedaba sin pueblo como la derecha se quedaba sin nación.

Esta metamorfosis del sujeto político ha sido uno de los grandes cambios de nuestro tiempo. La izquierda radical quiso gestionarlo por la vía de inventarse un sujeto nuevo: los jóvenes, las mujeres, los homosexuales, los inmigrantes… Pero esa búsqueda de nuevos “agentes revolucionarios”, es decir, de nuevos sectores sociales por redimir, ha conducido a la izquierda a una brutal acumulación de contrasentidos. Todas las transformaciones del discurso de la emancipación han conducido a formas nuevas de disgregación social y, por tanto, de servidumbre. ¿Un ejemplo? Redimamos a las mujeres, dijeron. Y bien, sí, ya se ha consagrado plenamente la lucha de sexos como sustituto de la lucha de clases: la mujer oprimida se rebela contra el macho explotador. Pero el resultado de la operación está siendo una descomposición galopante del tejido social (por la crisis de la familia como institución) y una atomización infinita de la comunidad, lo cual deja a los individuos a merced del poder, porque sin tejido social y sin comunidad no hay resistencia posible.

¿Más ejemplos? Redimamos al homosexual, dijeron. Y bien, sí, ya se han implantado por todas partes legislaciones de protección, normalización e incluso fomento de la homosexualidad. Pero he aquí que esas legislaciones, al cabo, vienen a funcionar como repertorio de privilegios en beneficio de individuos concretos a los que literalmente se les extrae de la sociedad para colocarlos en un pedestal, en perjuicio manifiesto del resto y, una vez más, con el efecto pernicioso de romper la comunidad popular, que ahora se divide bajo un criterio nuevo.

¿Es suficiente? No. El caso de la inmigración debe ser mencionado porque es tal vez la más clara manifestación de cuanto estamos diciendo. El discurso de la izquierda sobre este asunto ha sido unívoco: “Papeles para todos”, “bienvenidos refugiados”, “mestizaje progresista”, “contaminémonos”, etc. Es como si la izquierda hubiera encontrado por fin un pueblo al que redimir. Ahora bien, la llegada masiva de mano de obra poco exigente implica automáticamente una bajada en bloque de los salarios y un aumento inmediato del paro (porque crecen los contratos temporales) y del cupo de población subsidiada, con el consiguiente perjuicio para el conjunto de los trabajadores. La mano de obra inmigrante ha sido un buen negocio para los empresarios de la globalización y para los gestores de subsidios, pero, objetivamente, ha sido una catástrofe para unos trabajadores que en el medio siglo anterior habían logrado reducir la brecha social. “¡Eres un racista!”, grita el ideólogo de izquierda a quien plantea las cosas así, y el anatema recibe el aplauso vehemente del capitalista que sale beneficiado con la operación. El trabajador queda en un rincón, maltratado por el sistema que él mismo ha creado, rechazado por la izquierda que debería representarle y humillado por la máquina económica. Una vez más, la comunidad se rompe. ¿De verdad a alguien le extraña que, en Francia, el 45% de la clase trabajadora y el 40% de los parados hayan abandonado a la izquierda para pasarse a Marine Le Pen, o que Trump haya recibido el voto de tantos millones de trabajadores?

Es muy difícil saber qué va a pasar ahora. Las voces que –aún muy minoritarias- claman desde la izquierda por “recuperar” al pueblo se topan con el nada desdeñable obstáculo de que esa operación exigirá un replanteamiento general de realidades que para los progresistas de hoy son territorio tabú: las identidades nacionales, la singularidad irreductible de los factores étnicos y culturales, la necesidad de mantener estructuras sociales naturales, etc. ¿Se atreverán a dar el paso?

Se entiende que la izquierda esté histérica: se le acaba de caer el mundo a los pies. Su propio mundo.

Para acabar de una vez por todas con la democracia
Santiago Navajas  vozpopuli.com 15 Noviembre 2016

La elección de Donald Trump ha sido la gota que ha colmado el vaso de “los mejores y más brillantes”, por usar la expresión con la que se referían a sí mismos los miembros del Camelot de Kennedy. ¿Hasta cuándo las élites intelectuales van a aguantar la idiocia, la vulgaridad y el resentimiento de las masas? El Brexit y el referéndum de Colombia son otros dos casos en los que el pueblo “evidentemente” se ha equivocado. Tras un par de siglos aspirando a que la democracia representativa se extendiese por todo el mundo ahora que estamos tan cerca de conseguirlo, el sueño democrático naufraga en las arenas movedizas del populismo, con la gente echándose en brazos de multimillonarios soeces y profesores demagogos.

En el caso de Trump se insiste por parte de la prensa adversaria, que es casi toda, en que su éxito electoral ha sido posible gracias a los “votantes rurales, pobres y de bajo nivel de estudios”. Si anteriormente la izquierda defendía la extensión del sufragio a los trabajadores aunque el nivel de estudios fuera bajo, ahora se ha dado la vuelta la tortilla y se percibe que los trabajadores están votando a la derecha ya que está a favor de medidas proteccionistas y antiglobalizadoras, mercantilistas y antiliberales, que les favorecen. Además de los “rurales y pobres” también se señala acusadoramente a los “mayores de 45 años”, personas con un nivel de estudios supuestamente inferior o, en cualquier caso, con un tipo de conocimiento presuntamente obsoleto y desactualizado.

¿Y si volviésemos al sufragio censitario? Desde Platón, la “democracia pura” no ha contado con las simpatías de los intelectuales. El filósofo ateniense diseñó un sistema de poder en manos de una élite del conocimiento. Dos mil quinientos años después, poco más o menos, el filósofo libertario de Estados Unidos Jason Brennan ha propuesto algo semejante en Against the democracy. Es cierto que en la democracia contemporánea las decisiones que pueden tomar los representantes populares están muy limitadas por instituciones “platónicas”. La Reserva Federal o el Tribunal Supremo en Estados Unidos son dos ejemplos de cómo la política monetaria o el sistema de justicia se han independizado en gran medida del control popular para estar en manos de “expertos”. En Gran Bretaña, el Brexit está puesto en jaque porque su Corte Suprema ha acotado la extensión del referéndum popular, exigiendo que sea refrendado por el Parlamento.

Pero, como decía, incluso estas instituciones “platónicas” están en permanente estado de amenaza por parte de dirigentes “democráticos” que tratan de someter la verdad que aquellas encarnan a las mentiras sobre las que se aupan las últimas. Así, Donald Trump va a tener en sus manos nombramientos claves tanto en la Reserva Federal como en el Tribunal Supremo, teniendo en cuenta además que el Congreso y el Senado tienen mayoría del mismo partido que el Presidente.

En el pasado, el sufragio censitario por cuestiones culturales o académicas se utilizó torticeramente para causas espurias, como era discriminar a los negros en los Estados Unidos hasta la década de los 60. Pero en la actualidad se usaría para evitar que aquellos que no tuvieran el conocimiento mínimo deseado pudiesen emitir un “voto válido”. Al fin y al cabo, ya se “discrimina” a los que tienen menos de una determinada edad porque se supone que hace falta cierta madurez y determinados conocimientos para poder efectuar el voto de manera autónoma. Pero es dicha presunción la que ahora se está poniendo en cuestión. El ideal ilustrado de que una educación universal haría minimizar los sesgos cognitivos y emocionales, así como maximizar los conocimientos necesarios para un voto informado, se está mostrando cada vez una creencia ilusoria.

Cabría experimentar con diversos sistemas censitarios según el conocimiento. Un voto ponderado según títulos académicos haría que alguien sin estudios tuviera un voto mientras que con un par de carreras universitarias y un Máster, por ejemplo, tuviera diez. También podría hacerse una analogía con el carnet de conducir con lo que habría que pasar un examen de conocimientos para poder votar, fundamentalmente de temas relacionados con las ciencias sociales, aunque fuese a nivel introductorio sobre economía, política, psicología, filosofía y sociología. O, siguiendo el modelo de las “instituciones platónicas” al estilo de los bancos centrales o los tribunales supremos, multiplicar los “comités de sabios” en las distintas áreas que tomasen el control de las políticas más complejas y sensibles, dejando la cuestión electoral-popular para temas más locales y de menor complejidad (elegir el candidato para Eurovisión y cosas así).

Con Platón estamos todos de acuerdo en que una democracia directa y sin límites lleva a la degeneración del concepto. Que una cosa es que el poder resida en el pueblo, un fundamento democrático que no discute casi nadie en la actualidad, y otra cosa bien diferente que dicho poder lo deba ejercer el pueblo directamente, que tampoco es defendido en general salvo por la habitual aldea irreductible de anarquistas. Por otra parte, sin embargo, tampoco se trata de retroceder a un despotismo ilustrado encarnado en una jerarquía de clase social. En lo que han fallado hasta el momento los gobiernos platónicos es en contemplarse irremediablemente conectados con dictaduras, ya sea de clase, como en el caso de los bolcheviques, o de raza, como los nazis.

Es posible combinar la democracia popular con la “epistocracia” platónica de manera que sea posible un gobierno del pueblo para el pueblo y con el pueblo. Pero no cualquier pueblo sino un pueblo informado, educado y cultivado, cuyo derecho a votar no está constreñido por cuestiones de raza, ideología, sexo, religión o cualquier otro factor arbitrario. Una democracia que revista la estructura de funcionamiento de la Wikipedia. La única forma de salvar a la democracia es mejorar el actual sistema democrático, impulsando medidas que favorezcan el conocimiento y el pensamiento racional en lugar de la empatía arbitraria y la sentimentalidad irracional. Hay que tener en cuenta que Jason Brennan es un libertario, es decir, alguien muy consciente de la tensión existente entre el liberalismo económico y el democrático, que están conduciendo a una burbuja de expansión del control burocrático y del gasto público hasta el infinito y más allá.

Por supuesto, no hay que descartar que con unas elecciones más “epistemocráticas” no se repitiese tanto el resultado del Brexit, Colombia y las elecciones presidenciales norteamericanas. Porque como señala Francis Fukuyama, por ejemplo, a Trump lo han votado desde “better-educated and more well-off voters as well”. Es una ilusión creer que los “progres” ostenten la primacía del conocimiento y la cultura como muestra el analfabetismo matemático de Almudena Grandes o el ridículo de Manuel Vicent, “practicamente un analfabeto” que ignora que Trump es licenciado en economía por una de las mejores universidades norteamericanas. Finalmente, huyendo de la Escila de la “Idiocracia” podríamos terminar cayendo en la Caribdis de la “Listocracia”.

¿Qué es el “establishment”?
Eduardo Arroyo gaceta.es 15 Noviembre 2016

Antes de ser expulsados de esDiario explicamos en nuestra columna “globalización” qué era lo que se estaba gestando en EEUU. Ya bastante antes veníamos haciéndolo en El Semanal Digital, desde la primavera de 2003, cuando la cábala conocida por entonces –y expuesta en nuestra columna como primicia para el lector español- como “neoconservadores” (o “neocons” para el mundo anglosajón), empezaron a diseñar el mundo en que hoy vivimos. Por entonces contábamos cómo solo hacía unos años, a principios de la década de 2000, ciertos “think tanks” de Washington D.C. y unas cuantas revistas de apariencia meramente intelectual (Commentary, The Weekly Standard, etc), consideraban que Oriente Medio entero debía ser totalmente remodelado, incluso por la fuerza. En la nueva construcción solo cabría Israel, el resto debía ser derribado y vuelto a construir según los designios que ellos avanzaban. Hablabamos por entonces acerca de qué entendían esas élites por “regime change” y por “creative destruction”. Cuando llegaron los atentados del 11/S, esas mismas élites vieron su gran oportunidad. En la columna de “globalización” explicamos cómo idearon y diseñaron toda la política exterior de los EEUU en medio de la cual aún vivimos y cuyas consecuencias nos perseguirán bastantes años más. Ya por entonces era público para quién quisiera verlo, que el Partido Republicano, el GOP, copado por los “neoconservadores” en sus puestos clave, contenía una insignificante minoría de lo que se dio en llamar despectivamente “paleoconservadores”. Estos sostenían que los EEUU no debían convertirse en un imperio y que transformarse en una especie de policía planetaria sería a corto plazo insostenible y catastrófico para los EEUU y para el mundo. Los EEUU solo debían intervenir cuando sus intereses vitales –como “república”, no como “imperio”- se vieran amenazados. El libro de Pat Buchanan, “A republic, not an empire”, fue el paradigma de esta visión de las cosas.

A una política exterior alternativa los “paleoconservadores” sumaron también otras tesis para ellos centrales en la defensa de la república, que surgieron, en buena parte, como oposición a las tesis opuestas neoconservadoras: primero, la economía no podía deslocalizarse eternamente porque, lejos de transformarse en un “libre mercado”, se estaba convirtiendo en un enorme monstruo que, a golpe de cuenta de resultados, exportaba los puestos de trabajo estadounidenses a Centro América y el sudeste asiático. En segundo lugar, los “paleoconservadores” sostenían que ningún país puede sobrevivir admitiendo una inmigración heterogénea e ilimitada. Al final, esa permisividad siempre desemboca en ciudades inseguras, crimen organizado y guetos. Conectando estas dos ideas, son las grandes compañías –realmente grandes, grandísimas y globales- las primeras interesadas en fomentar esa inmigración, como estrategia de destruir los Estados nación y los derechos que éstos garantiza.

Los “neoconservadores” secuestraron finalmente el GOP y consiguieron que éste saltase como un perrito circense pero, claro está, las cosas empezaron a ir mal para la nación en su conjunto. En España la reacción fue de seguidismo absoluto a causa de la estulticia del PP y de los liberales en bloque, que apoyaron la desastrosa política norteamericana como una especie de “conquista de la democracia” frente al totalitarismo principalmente del Islam.

Hay que señalar que ni “la izquiera” ni “la derecha” explicaron las verdaderas causas del nuevo escenario pos-11/S. En los EEUU los “liberals”, la izquierda.

americana, se limitaron a criticar la política de Bush en nombre del pacifismo cuando no a convertirse en verdaderos halcones belicistas. Este fue exactamente el caso de Hillary Clinton. En España la cortedad intelectual característica de la izquierda transformó el problema de la guerra de Iraq en un escenario de confrontación anti-PP, al tiempo que el PP miraba a la luna de Valencia, una vez que se descubrió que había apoyado la estafa de las “armas de destrucción masiva”.

Todo esto –y otros muchos asuntos- fue explicado con numerosos detalles en nuestra columna de “globalización” a lo largo de los 15 años que vino publicándose; los artículos de esDiario fueron en la misma línea.

Ahora nos hemos encontrado con una “inesperada” victoria de Donald Trump pero en realidad no tiene nada de inesperada salvo para aquellos que hubieran querido que perdiera. De hecho, las encuestas se han revelado como lo que son: instrumentos para crear presión psicológica sobre la población, especialmente sobre los indecisos a los que se busca apuntar a caballo ganador. Los medios, por su lado, han hecho su trabajo: todos a una, han mostrado al candidato Donald Trump como un monstruo, corrupto, sexista, machista, un tarado en definitiva. Pero la gente no lo ha percibido así. Lejos de amilanarse Trump se ha reído de la feroz dictadura del progresismo mundial: lo “políticamente correcto” y la gente la ha apoyado incluso más. En España hemos podido ver portadas delirantes de ABC y “La Razón” a favor de una Hillary Clinton altamente idealizada pero que cree que el “partial birth abortion” es un derecho de las mujeres, que se ha lucrado de las mismas fuentes que el Estado Islámico y que ha contribuido a guerras que han generado millones de refugiados y cientos de miles de víctimas. Por su parte, la izquierda española ha hecho en este sentido causa común con los liberales y este esquema se ha repetido en todo el mundo evidenciando dos cosas a saber: primero, que existe un “establishment” y, segundo, que este “establishment” es mundial. Los esquemas “derecha” e “izquierda” han dejado de tener vigencia para desplazarse al conflicto entre el proyecto globalizador y la afirmación de lo étnico y lo nacional, con todo lo que esto implica. Es decir, no solo un sentido de filiación hacia un Estado determinado sino una conciencia de origen, de identidad de religión, cultura, etc.

Por su parte el “establishment” se manifiesta bajo cuatro formas, a veces enfrentadas, pero que dejan de estarlo cuando se pone en cuestión su propia necesidad. Son las facetas empresarial, cultural, política y mediática. La única forma de no pertenecer al “establishment” en su conjunto es no converger con ninguna de las cuatro. Todas son igualmente importantes y, en el fondo, se apoyan unas a otras. Por ejemplo, no pertenece menos al “establishment” Bernie Snaders por oponerse a la guerra de Iraq que Apple Inc., cuyas factorías en china dejan miles de parados en los EEUU. Al final Sanders y Apple hacen campaña por Hillary Clinton, con lo que el socialista –así se define él- y la multinacional capitalista se encuentran codo con codo contra aquél cuyos votantes dicen que los EEUU son primero que el proyecto globalizador de los reyes del dinero.

No podemos concebir un mundo más sombrío que el de Clinton y sus patrocinadores pues son gente de recursos ilimitados capaces de todas las mentiras imaginables. Ahora parecen estar desconcertados por la llegada de algo con lo que no contaban: un “outsider” que no es un político profesional, algo que en definitiva es detestado por la mayoría de las personas. Pero volverán con la falta de escrúpulos de siempre. Afortunadamente, por todas partes parecen asomar la

cabeza partidos e iniciativas que no cuadran con los fines de la globalización. Son gente que no es que crea que “otra globalización” es posible sino que ésta es intrínsecamente perversa.

Es con ellos con los que aquí nos alineamos. Desde este lugar pretendemos escudriñar el futuro y apoyar en lo que se pueda a los heraldos de un mundo distinto. Vaya por delante nuestro agradecimiento a “La Gaceta” por dar tribuna a una modesta empresa que nosotros humildemente, con la ayuda de Dios, esperamos que traiga un poco de luz a este mundo ruinoso.

El 'pueblo' contra los jueces
Cristina Losada Libertad Digital 15 Noviembre 2016

Siempre hay una excepción. El único lugar de España donde en estos tiempos populistas se hace una manifestación a favor de los políticos es… sí, es Cataluña. No a favor de todos, por supuesto. Tampoco para agradecerles la eficiencia, la honradez y la responsabilidad en el desempeño de sus funciones. Mucho menos para celebrar que respeten de manera ejemplar la ley y las instituciones. Al contrario. La razón por la que miles de personas consintieron en echarse a la calle el domingo en Barcelona para arropar a una serie de cargos electos es que esos cargos electos incumplieron la ley y afrontan por ello procesos judiciales.

En el mundo autorreferencial del nacionalismo, ese incumplimiento es legítimo: responde a un mandato del "pueblo de Cataluña" al que la justicia quiere ponerle cortapisas. De ahí que ésta haya sido, desde su propia visión de las cosas, una manifestación del "pueblo" contra la justicia. Hace una decena de días se escandalizaban muchos rotativos españoles de que los tabloides británicos recibieran con gritos de "enemigos del pueblo" a los jueces que dictaminaron que el Brexit, votado en referéndum, no lo puede activar en solitario el Gobierno, sino que precisa de la intervención del parlamento. Bien, aquí no tenemos tabloides en los kioskos, pero tenemos a los tabloides en las instituciones: presidentes, expresidentes y consejeros autonómicos, alcaldes y concejales que llaman a parar en la calle los procesos judiciales que se les han incoado, porque los jueces están "contra el pueblo".

El nacionalismo nos ha acostumbrado a este tipo de actos de tal manera, que tienden a normalizarse: bueno, son nacionalistas y separatistas, están "contra España", así que es normal que se manifiesten contra la ley "española" y contra los tribunales "españoles" encargados de que se cumpla. Se termina acomodando incluso esa inverosímil distinción entre la ley y la justicia en España y la ley y la justicia en Cataluña. Tal y como si fueran, y como querrían los nacionalistas que fueran, Estados diferentes. La ideología funciona como salvoconducto. Mitiga, en todo caso, la dureza antidemocrática de estos desafíos. Y en tiempos populistas como estos, la contraposición de pueblo a ley e instituciones resulta de lo más normal del mundo.

No podía faltar y no faltó la protesta contra la "judicialización de la política". No solamente por boca de los independentistas. También algún alcalde del PSC, que estuvo entre los requeridos a cumplir la ley de banderas, considera un error "judicializar un conflicto político". ¿Pero qué quieren decir? ¿Que la política y los políticos no tienen que cumplir la ley? ¿Que depende de qué leyes? ¿Que un cargo público puede cumplir solamente las leyes que le parezcan bien e incumplir el resto? No por azar, otros que lamentan mucho la "judicialización de la política" son los que desean cuestionar, sin decirlo abiertamente, las investigaciones judiciales de la corrupción. La voluntad en ambos casos es la misma. Unos y otros quieren estar por encima de la ley y saltársela sin tener que afrontar las consecuencias.

La victoria de Donald Trump
El tiempo del establishment que conocemos, con sus múltiples tentáculos a izquierda, derecha y centro puede que esté herido de muerte con la victoria de Trump.
Fernando Alonso Barahona gaceta.es 15 Noviembre 2016

En el mes de julio publiqué el artículo “Quién es Donald Trump y por qué va a ser el próximo presidente de los Estados Unidos” . Semanas después fue traducido al inglés por la analista política Cynthia Dillon y publicado en su web norteamericana.

El artículo profundizaba en su primera parte en la personalidad y la estrategia de Donald Trump desde su irrupción en las primarias republicanas cuando nadie tomaba en serio su candidatura, para después dibujar y presentar al lector los puntos principales de su programa, esos que casi ningún periodista o medio de comunicación – sobre todo europeos – optó por leer, sino tan sólo en sus titulares o su candidatura. Y por supuesto el artículo resultaba explícito: Trump lograría la Presidencia de Estados Unidos pese a tener en contra a casi todo el mundo oficial .

En una de las conclusiones señalaba: “Tal vez se deslicen algunas razones para esta fortaleza del candidato pese al aluvión de críticas:

–Trump es un intruso en la élite política, en la “casta“ dominante. Como empresario, millonario, popular en “reality show“ o en las galas de Miss Mundo y de lucha libre se le tolera o incluso se le jalea, pero otra cosa bien diferente es querer dar el salto a la política.

–Trump es políticamente incorrecto, ha logrado transmitir que dice lo que piensa, aunque ello le lleve a errores o incluso meteduras de pata. Pero escuchar a un político hablar claro, equivocarse o no seguir las instrucciones de los asesores de imagen se antoja tan novedoso que termina siendo revolucionario.

–Varias de las políticas propuestas por Trump atacan desde luego el corazón de algunos privilegios de los poderes establecidos: farmacéuticas, bancos, fondos de inversión.

–En efecto, Trump ha enarbolado un cierto populismo en el sentido de obviar a los medios habituales, saltar de los cauces normales y dirigirse al ciudadano corriente que hace ya lustros que desconfía de la política en general y de la clase política en particular. En este sentido no debe sorprender que sea en los círculos también esquinados con el poder establecido (Putin, los nuevos dirigentes de países del Este como Polonia o Hungría, Marine le Pen en Francia, los partidarios del Brexit en Gran Bretaña) donde Trump haya alcanzado insospechados simpatizantes.

–En el seno específico del Partido Republicano (aunque es preciso recordar que el sistema de partidos en USA es abierto y nada tiene que ver con el férreo control de los partidos políticos en otros sistemas), la clase dirigente apalancada en el poder ve con pánico a Trump fundamentalmente porque piensa –no sin razón– que importantes privilegios pueden perderse si logra hacer triunfar sus políticas“.

Y al final terminaba: “Lo cierto es que los votos de Trump son heterogéneos: demócratas desencantados, independientes del más variado tipo, obreros blancos que ven el futuro con temor, por supuesto personas procedentes de la inmigración que ya están asentados y temen la inestabilidad, conservadores… El límite aún no se ha alcanzado, con todo lo que ello supone –por supuesto– de dificultad cuando llegue la hora de aplicar un programa de soluciones concretas. En este aspecto la verborrea de Trump en el fondo le favorece ya que la gente percibe que es un político diferente que parece decir lo que piensa, aunque a menudo cometa errores.

Esa apuesta por la gente media (la mayoría silenciosa a la que también apelara Nixon en su momento), el torbellino mediático que le acompaña y el hecho de que su rival, Hillary, sea genuina representante de la vieja clase política (de izquierda o de derecha) que la gente quiere castigar, es lo que va a explicar –seguramente– el triunfo de Donald Trump.

Luego se iniciara un nuevo capítulo aún por escribir.“

Muy pocos en España apostaron, apoyaron o explicaron las razones de la victoria de Trump (James Nava, D.M.Alonso, E. de Diego , Carlos Esteban y varios editoriales del Grupo Intereconomía). Antes al contrario se dio el sorprendente espectáculo del apoyo explícito a Hillary Clinton de todos los partidos políticos del arco parlamentario, desde un Pedro Sánchez que se iba a Estados Unidos a ”apoyar” a Hillary, es decir a la candidata multimillonaria del ”establishment”, hasta el despistado Pablo Iglesias que comprueba que la indignación que triunfa nunca se canaliza hacia la extrema izquierda. Y junto a ellos casi todo el PP en pleno. Sobre todo en las tertulias electorales de la noche el exministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, que se declaraba ardiente partidario de Hillary, es decir de sus valores políticos que nada tienen que ver con los del conservatismo clásico o moderno. Igualmente todos los medios de comunicación incluidos los llamados conservadores con las excepciones matizadas de Intereconomía y –parcialmente– Libertad Digital.

Las lecciones de la victoria de Trump, anunciadas hace tres meses y medio en este blog y en las que muy pocos creyeron, pueden resumirse en las siguientes conclusiones:

1- Donald Trump ha vencido a todos sus contrincantes, a Hillary y a Obama, al noventa por ciento de los medios de comunicación, a las encuestas, al establishment multimillonario y a la corrección política progresista, a Soros y a Planned Parenthood. Incluso a los dirigentes de su propio partido desde los Bush hasta los RINO (Republican in name only), desde el portavoz Paul Ryan hasta los ex candidatos presidenciales McCain y Romney que no supieron adivinar el formidable reto y cambio de rumbo que su candidatura suponía .

2- Las campañas contra Trump en Estados Unidos y en Europa han sido atroces. De repente una figura muy popular y carismática, antiguo amigo incluso de los Clinton, habitual de las TV se convertía en el símbolo del mal simplemente porque se atrevió a desafiar al establishment. Primero no lo tomaron en serio, después lo lincharon sin reparar en medios. Todo fue inútil. Nadie se dio cuenta de que cada ataque, cada insulto del lado político que fuese le acercaba más y más a la gente. Trump por primera vez en muchos años desafío las leyes aburridas de la política, de repente un candidato hablaba en lenguaje que podía ser entendido, se equivocaba y mostraba sus debilidades. Era de carne y hueso y no un títere de Washington o Wall Street.

3- Las encuestas aparte de su errónea concepción o manipulación no acertaron a calibrar lo que de movimiento nuevo tenía Trump. Es cierto que algunas sí lo hicieron, pero los grandes medios las silenciaban. Su mensaje se fue haciendo más nítido y atrevido: no se trata de demócratas o republicanos, de conservadores o liberales, sino de americanos que quieren recobrar el orgullo de serlo. “Make America great again“, un lema hermoso e insuperable para los tiempos tristes de la corrección política.

4- Trump se enfrentó solo a los desafíos, con menos donaciones, con menos figuras famosas a su alrededor (aunque ahí estaban con el candidato republicano los grandes Clint Eastwood, Stallone o Chuck Norris), con el desprecio de la elite republicana ( pero con el apoyo de valerosos ”outsiders” como Rudy Giuliani, Newt Gingrich, Rand Paul, Mike Huckabee, Sarah Palin, Chris Christie, Rick Santorum, Ben Carson y finalmente el de Ted Cruz. Pero con la mirada puesta en la gente, en blancos y negros, hispanos y mujeres, jóvenes y trabajadores. A ellos les hablaba de tú a tú, de la corrupción de la clase política, de la tiranía de la globalización, de la pérdida de valores. Y así poco a poco pudo tejer el apoyo de cristianos (Hillary es enemiga declarada de la tradición cristiana), movimientos provida, Asociación Nacional del Rifle... pero sobre todo de las clases media y media baja azotadas por las sucesivas crisis y hartas del lenguaje falso del político profesional.

5- Leer el libro de Trump: Nunca arrojes la toalla resume de forma admirable su carácter indomable, su renuncia a la rendición. Pocos se han acordado de este libro ( publicado de nuevo en España en 2016 por Planeta ) pero ahí está la esencia de Trump y su vitola de triunfador. A sus setenta años, Trump ya tenía poder, dinero y fama . No le debe casi nada a los ”lobbies” habituales. Ha hecho saltar encuestas, consejeros políticos y hasta la misma razón. Ciertamente al plantear la lucha entre lo viejo y lo nuevo la victoria habría de ser suya. En este sentido la labor de su jefe de gabinete Kellyanne Conway, una mujer de gran inteligencia y eficacia ha resultado decisiva para la heterodoxa y magnífica campaña planteada, siempre a pie de calle, con la gente, con las personas.

6- Los medios en su mayoría aún no han comprendido el alcance del movimiento Trump y se obstinan en presentarlo tan solo como un excéntrico popular. Pero si sólo fuera eso, ¿cómo podría haber sobrevivido a la letal maquinaria del Establishment? La sorpresa de todos ellos al recibir las noticias de las victorias del republicano en los Estados decisivos fue uno de los espectáculos de la noche electoral. Y aún después continúan sin querer entenderlo, unos desde el silencio otros desde el insulto ( como algunos dirigentes socialistas que días más tarde no refrenaban la expresión de su decepción ahora volcada en desprecio a los sesenta millones de votantes de Trump ).

7- Trump conoce a la perfección el mundo de la comunicación, es cierto. Pero esta vez no era solo marketing, había cambios reales. Entre Bush (Jeb) o Clinton (Hillary) las coincidencias se antojaban abrumadoras. Pero Trump ofrecía algo diferente y novedoso y lo hacía sin intermediarios. De ahí las victorias decisivas en Wisconsin, Michigan, Pennsylvania y por supuesto Ohio y Florida (los núcleos junto a Texas de la victoria final). ¿Acaso los medios no han pensado lo que de pose había en las salidas de tono de Trump, en la máscara de “showman“ imprescindible para concitar la atención con mucho menos dinero que Hillary? Trump es mucho más que su caricatura, para empezar es ya el 45 Presidente de los Estados Unidos. Seguramente su gestión no va dejar indiferente a nadie y sorprenderá a todos.

8- La nueva etapa está llena de incertidumbres, pero también de esperanza. Trump tejerá una alianza decisiva y novedosa con Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, es de largo el único líder occidental con personalidad propia y una similar incorrección política. Y junto a ellos está desde luego el presidente de Hungría, Viktor Orbán, la primer ministro de Polonia, Beata Szydlo, la “premier“ Theresa May en Gran Bretaña y la aspirante Marine le Pen en Francia. Son propuestas que rompen la división habitual de izquierda/derecha y que pretenden hablar al corazón de las personas. Sigue sin haber recetas mágicas, pero la realidad de la amenaza del ISIS, el acoso a las clases medias y la pérdida de valores tradicionales es un hecho que no se puede ocultar con la hojarasca de los discursos político.

9- Trump hará una política económica razonable, pero protegerá sin duda los intereses norteamericanos. Trump tendrá que negociar (sobre todo con republicanos) nuevas leyes y propuestas, pero recuperará propuestas conservadoras en la elección de nuevos miembros del Tribunal Supremo y no olvidará que aún en un mundo de libertad y futuro, Occidente no puede renunciar a sus raíces cristianas. La globalización ha enfriado el alma de las personas y de las naciones. Y la respuesta no es el trasnochado pseudo socialismo de Bernie Sanders (que hubiera perdido con aún mayor margen) sino la esperanza, la excelencia, el compromiso y el olvido de la corrección política.

10- Trump presentará un programa de gobierno atractivo con hombres y mujeres competentes. La defensa frente a la amenaza islámica, la colaboración con Rusia, la apuesta por el empleo como primera prioridad, la cercanía con los problemas reales de la gente, el control de la inmigración ilegal, serán puntos decisivos de una acción de gobierno que no se dibuja fácil, pero que despierta ilusión.

Trump despertó pasiones y rechazos ( sobre todo por las campañas de prensa ) pero es falso que haya sido un mal candidato, antes al contrario ha sido el mejor de los posibles. Los periodistas –foráneos sobre todo– no han querido fijarse en las multitudes ilusionadas que movía, sus rallies y mítines eran un espectáculo y la gente rebosaba los lugares. Por fin alguien les hablaba directamente. Ahí ha estado la clave de su victoria . En la pasión, el empuje y en no tirar nunca la toalla .
Donald Trump ha ganado (Trump/Pence 2016) porque como describiera Ortega y Gasset ha sabido estar a la altura del tiempo e interpretarlo .

Los primeros pasos del presidente electo (que ganó en todos los Estados que tenía seguros y en casi todos los dudosos, Florida, Ohio y Pensylvannia en primer término hasta alcanzar 306 votos electorales del total posible de 540), ya demuestran que Trump sabe distinguir entre su faceta de “showman“ y sus obligaciones como político con responsabilidades .

El tiempo del establishment que conocemos, con sus múltiples tentáculos a izquierda, derecha y centro puede que esté herido de muerte con la victoria de Trump. El reto y el futuro van a merecer la pena.

ANTE LA PROXIMIDAD DE LOS COMICIOS EN FRANCIA
La maquinaria mediática se pone en marcha contra Marine Le Pen
Ultraderechista, xenófoba o radical son alguno de los argumentos más utilizados por las principales terminales mediáticas mundiales. Un discurso que ya se empleó para criminalizar a todos aquellos que apoyaron el brexit o a Donald Trump, su campaña y sus millones de votantes. ¿Se repetirá el resultado?
Arturo García gaceta.es 15 Noviembre 2016

El globalismo mundial no está teniendo un buen año en lo que a resultados democráticos se refiere. El brexit resultó ser un duro varapalo para aquellos que apostaban por el continuismo dentro de la UE y buscaban por dejar al margen a las voces críticas que exigen una revisión del sistema; el acuerdo de paz con las FARC puso de manifiesto el hartazgo del pueblo colombiano con unos políticos corruptos que pretendían rendirse ante la narcoguerrila; y la victoria de Donald Trump ha destapado el circo mediático para apoyar a Hillary Clinton que ha sido explicado y descrito ampliamente en este diario digital.

Los primeros pasos de Trump como presidente electo de los Estados Unidos no han sentado, era de esperar, nada bien a las élites mundiales. El republicano ha apostado por un acercamiento con Rusia y por entablar conversaciones con aquellos líderes europeos que no han dedicado los últimos meses a repudiar su labor política, básicamente Nigel Farage, Marine Le Pen o Viktor Orbán. Las críticas no han tardado en llegar y desde Bruselas han tachado sus decisiones como “desacertadas”.

Marine Le Pen fue la primera líder mundial en felicitar al republicano, incluso antes de que los resultados se hicieran oficiales. “Empieza un nuevo tiempo para los ciudadanos américanos en un país más libre”, aseguró la líder identitaria, a la que los medios internacionales ya se han encargado de señalar. Las encuestas en Francia apuntan desde hace más de un año al Frente Nacional como el gran favorito de cara a la primera vuelta elecciones presidenciales.

En un país marcado por el terrorismo, la islamización y la fragilidad económica, Le Pen ha sabido encontrar en sus políticas medidas para contentar a la ciudadanía, que cada vez respalda más figura si nos atenemos a los últimos sondeos. Tanto es así que durante las primarias de ‘Los Republicanos’, el partido del expresidente Nicolás Sarkozy, los argumentos más repetidos coinciden con el ideario del Frente Nacional. Es decir, mientras Sarkozy y Juppé tratan de estigmatizar al partido identario en público, en privado copian sus principales medidas.

Le Pen señaló que la victoria de Trump en Estados Unidos aumenta sus opciones de cara a las elecciones presidenciales. “Trump ha hecho posible lo que hasta ahora se había presentado como imposible: una victoria del pueblo contra las élites”, resaltó la líder identitaria, que cree que “este punto de inflexión puede servir de paralelismo con Francia”.

“La elección del republicano es una piedra adicional en la construcción de un nuevo mundo, destinado a reemplazar el antiguo”, recordó Le Pen, que está ahora en una posición similar a la de Trump: las élites maniobran en su contra, los políticos tratan de apartarla del camino y los ciudadanos, sin embargo, mantienen su apoyo. La manipulación mediática llega al punto de tachar de “xenófobo” a Trump por expulsar a tres millones de delincuentes indocumentados y señalar como acertadas las políticas de Obama, que en apenas cinco años ha echado del país a una cantidad similar de irregulares.

Farage, en el punto de mira
“Fue un gran honor pasar tiempo con Donald Trump. Estaba relajado y lleno de buenas ideas. Confío en que será un buen presidente", aseguró Nigel Farage, principal impulsor del Brexit y primera figura política internacional en mantener un encuentro con Trump. El líder euroescéptico, que abandonó su posición tras hacerse oficial el apoyo de los británicos a la salida de la UE, no ha tardado en recibir las críticas de buena parte del Establishment.

Sin embargo, conviene entender los ataques que desde la UE han procurado a Trump a lo largo de toda la campaña. Líderes políticos de toda índole han cargado contra el republicano e incluso el Partido Popular, en un error que puede marcar la agenda con Washington, se negó a enviar los tradicionales delegados a la convención.

Meses calientes
El próximo 4 de diciembre, Austria vuelve a las urnas en unas elecciones que podrían suponer el primer gran triunfo de la derecha identitaria en Europa. En juego está la presidencia del país, un cargo especialmente ceremonial. La primera convocatoria fue anulada por la sombra de un pucherazo tras la estrecha victoria del candidato de los Verdes, Van der Bellen, que se impuso por 30.000 votos al aspirante del Partido de la Libertad, Norbert Hofer.

Ese mismo día, Italia celebra un referéndum sobre la reforma de la Constitución cuyo principal objetivo es facilitar la toma de decisiones. No obstante, la consulta podría convertirse en un auténtico plebiscito sobre el primer ministro, Matteo Renzi, que ya ha anunciado su dimisión si pierde.

El 15 de marzo le llegará el turno a los holandeses. El identitario Geer Wilders, aliado del Frente Nacional en la Eurocámara, está empatado con los liberales del primer ministro Mark Rutte. “La gente está recuperando su país. Lo mismo haremos nosotros”, sentenció Wilders el día de los comicios en Estados Unidos. La idea del dirigente del Partido de la Liberta es convocar un referéndum para acelerar la salida de Holanda de la Unión Europea.

Ya en mayo, Francia celebrará unas elecciones presidenciales clave para el futuro europeo y en otoñó de 2017 Angela Merkel tratará de repetir por tercera vez en la cancillería alemana. La crisis de refugiados y su desafortunada gestión de la misma le ha granjeado críticas incluso de sus aliados de la CSU Bávara. Merkel deberá hacer frente al ascenso de Alternativa por Alemania, cuyo líder, Frauke Petry, también considera a Trump como un ejemplo para su país.

HABLA EL PADRE DE UNA VÍCTIMA DE BATACLAN:
'Los políticos han hecho de Francia un refugio de islamistas y terroristas'
“No se puede responder a los kalashnikov que ametrallaron y a los cuchillos que degollaron con conmemoraciones, corazones, velas y placas en una pared”, ha advertido Patrick Jardin.
S.T. gaceta.es 15 Noviembre 2016

Francia conmemoró este domingo el primer aniversario de los ataques islamistas de París, con homenajes en cada uno de los escenarios de las matanzas. El presidente francés, François Hollande, recorrió todos esos lugares -empezando por el Estadio de Francia y terminando en la sala Bataclan- en los que 130 personas fueron asesinadas y más de 350 resultaron heridas.

Pero las víctimas y sus familiares se encontraban divididos. Tal y como relató la asociación Paris Aide aux Victimes (PAV) -puesta en marcha por el Ministerio de Justicia en apoyo a los afectados-, “algunos quieren una celebración colectiva, para estar juntos y pensar en los que han desaparecido. Otros no, y reniegan de toda propuesta”. Es el caso de Patrick Jardin, que rechazó participar en las conmemoraciones y homenajes celebrados en Francia, a la vez que los calificó como “inútiles”. Su hija Nathalie Jardin, técnico de iluminación de 31 años, fue asesinada en Bataclan.

Jardin ha acusado al Gobierno francés de no haber preparado bien la respuesta a los terroristas que atacaron la sala de espectáculos y ha rechazado que sea posible borrar y pasar página de la tragedia que sacudió a París y al mundo el 13 de noviembre del pasado año. “Un día alguien me dijo que con el tiempo esto se borrará, pero en mi caso esto va a peor”, ha dicho en declaraciones a la emisora France Bleu Nord.

Para él “no es el momento de conmemoraciones, es el momento de la venganza”. “No se puede responder a los kalashnikov que ametrallaron, a los cuchillos que degollaron y a los camiones que destrozaron con conmemoraciones, corazones, velas y placas en una pared”, ha advertido.

Patrick Jardin ha señalado directamente al Estado como responsable de los ataques islamistas. “En esta historia todo es culpa del Estado: no sólo del Gobierno actual, sino también de todos los dirigentes que han estado a la cabeza de este país durante 45 años”, ha denunciado, a la vez que ha lamentado que “todo esto ha ocurrido porque han hecho de Francia un refugio de islamistas y terroristas”. La prueba de ello, ha continuado, es que “hoy en día ya no estamos seguros en ninguna parte”. Finalmente ha pedido “pasar a una etapa superior, porque de lo contrario se producirán nuevos ataques mientras ellos se ríen de nosotros”.
Le Pen también pidió 'atacar el fenómeno de raíz'

Francia había reaccionado a la primera gran oleada de ataques islamistas de enero de 2015 con un clamor de unidad política, pero el 13 de noviembre saltó en añicos. La situación empeoró con la masacre yihadista de Niza del 14 de julio, día de la fiesta nacional francesa, cuando el tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel, un repartidor que llevaba años viviendo en la capital de la Costa Azul, atropelló con un camión a decenas de personas y mató a 85 de ellas.

La oposición francesa se mostró muy crítica con la política antiterrorista del Gobierno de François Hollande tan sólo unas horas después del ataque terrorista, y algunos de sus dirigentes aseguraron que si se hubieran tomado medidas la matanza se podría haber evitado. La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, señaló que "la guerra contra la plaga del fundamentalismo era urgente declararla" y reclamó medidas para "atacar el fenómeno de raíz". "A la estupefacción y a la compasión deben añadirse la acción, las necesarias medidas de prevención y de represión y la más total determinación para erradicar esta plaga del fundamentalismo islámico", dijo. Por otra parte, Marion Le Pen siguió la línea de su tía y tuiteó: "Horror y consternación. Matamos al islamismo o él nos matará. Una y otra vez".

Los alemanes están abandonando Alemania ‘en desbandada’
Shimshon Zamir Periodista Digital 15 Noviembre 2016

Los alemanes están abandonando Alemania ‘en desbandada’ es el titulo de un articulo publicado por el gatestone institute.org el octubre 29, 2016 y escrito por Soeren Kern.

Que dice el articulo en definitiva? Que los politicos pueden, por sus razones, decidir lo que quieran, pero el simple ciudadano no esta obligado a actuar de acuerdo a las decisiones de esos politicos.

Cada vez más alemanes están abandonado los barrios en los que han vivido toda su vida, y otros están marchándose definitivamente de Alemania, ya que la inmigración masiva de estos ultimos años ha transformado a partes del país, dejándolas irreconocibles.

Los datos de la agencia de estadística alemana, Destatis, revelan que 138.000 alemanes abandonaron Alemania en 2015. Se espera que emigre una cantidad mayor en 2016.
En un reportaje sobre la fuga de cerebros titulado “El talento alemán está abandonando el país en desbandada”, Die Welt informaba de que más de un millón y medio de alemanes, muchos de ellos con estudios superiores, se han marchado de Alemania en la última década.

Las estadísticas no explican por qué están emigrando los alemanes, pero las pruebas anecdóticas indican que muchos están empezando a ser conscientes del verdadero costo –económico, social y cultural– de la decisión de la canciller, Angela Merkel, de permitir que más de un millón de migrantes –en su mayoría musulmanes– entraran en el país en 2015. Se espera que entre un mínimo de 300.000 migrantes más a Alemania en 2016, según Frank-Jürgen Weise, director de la oficina de migración del país, BAMF.

La migración masiva –entre otros muchos problemas– ha contribuido a generar la creciente sensación de inseguridad en Alemania, que está experimentando un pico en delincuencia de migrantes, incluyendo una ola de violaciones y agresiones sexuales. La migración masiva también está acelerando la islamización de Alemania. Muchos alemanes parecen estar perdiendo las esperanzas sobre el futuro rumbo del país.

En el apogeo de la crisis migratoria en octubre de 2015, unos 800 ciudadanos se congregaron en el ayuntamiento de Kassel/Lohfelden para protestar por una decisión unilateral del gobierno local de crear centros de acogida para los migrantes en la localidad. El presidente de Kassel, Walter Lübcke, respondió diciéndoles a los críticos de la política migratoria de puertas abiertas del Gobierno que “son libres de irse de Alemania cuando quieran”.

Esta actitud se reflejaba en un osado artículo publicado este mes en el periódico Der Freitag (también publicado por el Huffington Post holandés, que después lo borró). En el artículo, un migrante sirio de 18 años llamado Aras Bacho, instaba a los alemanes molestos por la crisis migratoria a marcharse de Alemania.

Escribió:
"Los refugiados […] estamos hartos de los ciudadanos enfadados (Wutbürger). Nos insultan y se alteran como locos… Todo el rato hay provocaciones de racistas en paro (Wutbürgern), que se pasan el tiempo en internet y esperan a que aparezca en la red un artículo sobre los refugiados. Y entonces empiezan con los comentarios desvergonzados. […]

Hola, ciudadanos enfadados en paro (Wutbürger) en internet. ¿Qué estudios tenéis? ¿Hasta cuándo vais a seguir distorsionando la verdad? ¿No sabéis que estáis propagando mentiras todos los días? ¿Qué habríais hecho vosotros en nuestra piel? Bueno, ¡habríais salido corriendo! […]

Los refugiados […] no queremos vivir en el mismo país que vosotros. Vosotros podéis –y creo que deberíais– marcharos de Alemania. Y por favor, llevaros a Sajonia y a Alternativa para Alemania (AfD) con vosotros. […]

Si Alemania no os encaja, ¿por qué vivís aquí? ¿Por qué no os vais a otro país? Si este es vuestro país, queridos ciudadanos enfadados (Wutbürger), entonces comportaos con normalidad. Y si no, podéis huir de Alemania y buscar un nuevo hogar. Id a América, con Donald Trump. Él os dará mucho cariño. ¡Estamos hartos de vosotros!

En mayo de 2016, la revista Focus reveló que los alemanes se han estado mudando a Hungría. Un agente inmobiliario de una ciudad cercana al Lago Balatón, un popular destino turístico en el oeste de Hungría, dijo que el 80 % de los alemanes que se está realojando allí dice que la crisis migratoria ha sido la principal razón de su decisión de abandonar Alemania.

Un ciudadano anónimo alemán que emigró de Alemania recientemente escribió una “Carta abierta al Gobierno alemán”. El documento, publicado en la web Politically Incorrect, dice:
"Hace unos meses emigré de Alemania. Mi decisión no se debía a motivos económicos, sino principalmente por mi descontento con las actuales circunstancias políticas y sociales de mi país. Dicho de otro modo: creo que yo, y específicamente mis hijos, podríamos tener una vida mejor en otra parte. Por “mejor”, en este contexto, me refiero fundamentalmente a una vida de libertad, autonomía y salarios dignos en relación con los impuestos. […]
No quiero, sin embargo, cerrar discretamente la puerta al salir y marcharme sin más. Por ello, quisiera explicar aquí, de manera constructiva, por qué decidí abandonar Alemania.

1. Creo que el islam no pertenece a Alemania. Lo considero una entidad extranjera que ha traído a Occidente más problemas que beneficios. A mi juicio, muchos seguidores de esta religión son groseros, exigentes y despectivos hacia Alemania. Me parece que, en lugar de frenar la islamización de Alemania (con la consiguiente pérdida de nuestra cultura y nuestra libertad), la mayoría de los políticos están más preocupados por ser reelegidos, y que por lo tanto prefieren ignorar o minimizar el problema del islam.

2. Creo que las calles alemanas son menos seguras de lo que deberían, teniendo en cuenta nuestras oportunidades tecnológicas, legales y económicas.
3. Creo que la UE tiene un déficit democrático que coarta mi influencia como ciudadano demócrata.

4. Creo que la inmigración está produciendo grandes e irreversibles cambios en la sociedad alemana. Me indigna que esto esté ocurriendo sin la aprobación directa de los ciudadanos alemanes, sino que se les esté dictando a ustedes, ciudadanos alemanes, y a la siguiente generación.

5. Creo que los medios alemanes están renunciando cada vez más a su neutralidad, y que la libertad de expresión en este país sólo es posible con ciertas limitaciones.
6. Creo que se corteja a los alemanes holgazanes, mientras que se fustiga a los que son diligentes.

7. Creo que es una vergüenza que los judíos de Alemania tengan que sufrir otra vez miedo por ser judíos.
Muchos alemanes han percibido la tendencia hacia la integración inversa, según la cual, las familias alemanas tienen que adaptarse a los hábitos y costumbres de los migrantes, y no al revés.

El 14 de octubre, el periódico muniqués Tageszeitung publicó una sentida carta de “Ana”, una madre de dos hijos, que escribió sobre su decisión de mudarse con su familia fuera de la ciudad, porque los migrantes le estaban haciendo la vida imposible allí. En la carta, dirigida al alcalde de Múnich, Dieter Reiter, escribió:
Hoy quiero escribirle una carta de despedida (Abschiedsbrief) sobre por qué mi familia y yo nos marchamos de la ciudad, aunque probablemente a nadie le importe.
Tengo 35 años, y vivo aquí con mis dos hijos pequeños y mi marido en una buena casa adosada con garaje. Así que podrá observar que nos va bastante bien para los niveles de Múnich. Vivimos muy bien, con mucho espacio y cerca de un parque. Así que, ¿por qué una familia como la nuestra decidiría marcharse de la ciudad? […]

Supongo que usted y sus hijos no usan las instalaciones públicas; que no utilizan el transporte público; y que no van a colegios públicos en “zonas conflictivas”. También supongo que usted y otros políticos rara vez dan un paseo por aquí, si es que lo dan.
Pues bien. Un lunes por la mañana, acudo a un desayuno de mujeres del barrio, organizado por el Ayuntamiento de Múnich. Allí me reúno con unas 6 u 8 madres, algunas con sus hijos. Todas ellas llevaban velo y ninguna hablaba alemán. Los organizadores del evento me informaron enseguida de que probablemente me resultaría difícil integrarme allí (¡con esas exactas palabras!). Debí señalar que yo era alemana. Hablo alemán con fluidez y no llevo velo. Así que esbocé una breve sonrisa y dije que trataría de integrarme. Por desgracia, llevé un bocadillo de salami y jamón para el desayuno, ya que a todas se nos había pedido que lleváramos algo. Así que, lógicamente, mis posibilidades de integrarme eran cada vez menores.

No pude hablar en alemán con nadie en ese desayuno con mujeres, cuyo supuesto fin es promover la integración, ni nadie tenía el menor interés en hacerlo. Los organizadores no insistieron en que nadie hablara alemán, y las mujeres, que parecían ser parte de un grupo establecido árabe-turco, sólo querían utilizar la sala.
Después pregunté sobre el almuerzo con las familias. […] Me avisaron de que se haría en salas separadas. Los hombres por un lado y las mujeres por otro. Al principio pensé que era una broma. Por desgracia, no lo era. […]

Así que mi impresión de estos eventos para promover la integración es desastrosa. ¡No se produce ningún intercambio! ¿Cómo puede tolerar el Ayuntamiento de Múnich algo así? A mi juicio, se debe cuestionar el concepto general de estos eventos para promover la integración. ¡Se me informó de que no podía incluir cerdo en la cesta de la comida de mi hijo! ¡¿Oigan?! ¡Que estamos en Alemania! […]

En resumen, vi una serie de circunstancias que hicieron que no me sintiera bien recibida aquí. Que nuestra familia no encaja aquí. Mi marido dice a veces que se siente como si fuésemos la minoría más numerosa, sin un lobby que nos defienda. Para cada grupo hay una institución, un centro, un interés público, pero para nosotros, una pareja heterosexual casada con dos hijos, con trabajo, sin discapacidades y que no profesamos el islam, para gente como nosotros, no hay ningún interés de nadie.

Cuando conté en el parvulario de mi hijo que estábamos sopesando mudarnos de la ciudad y expliqué los motivos, los directores me atacaron con vehemencia. Por gente como nosotros –decían– no funciona la integración, precisamente porque nos llevamos a nuestros hijos. Al menos otras dos madres se han vuelto muy intimidatorias. La dirección del colegio me ha tachado ahora de “xenófoba”.

Esta es exactamente la razón por la que gente como yo perdemos la paciencia y optamos por votar a otros partidos políticos […] Francamente: he recorrido medio mundo, tengo más amigos extranjeros que alemanes, y no tengo en absoluto ningún prejuicio o aversión hacia otros a causa de su origen. He visto mucho mundo, y sé que el modo en que se está llevando a cabo aquí la integración hará que otras personas lleguen a la misma conclusión que nosotros: o enviamos a nuestros hijos a colegios y guarderías privadas, o nos mudamos a otras comunidades. En fin, pues ¡hasta la vista!"

P.D. Tienen los lectores algo que agregar? Sienten que lo escrito les resulta 'conocido"?

¿Va a pinchar la burbuja de deuda pública?
Arcano advierte del apocalipsis financiero al que nos encaminamos si no se corrige la burbuja en los bonos públicos.
Libertad Digital 15 Noviembre 2016

España, que quebró trece veces en 300 años, se financia a un tipo de interés inferior al de EEUU. Irlanda, intervenida hace pocos años por la Troika, emitió recientemente un bono a cien años que pagaba un 2,35%. México, país emergente que ha vivido convulsas crisis en las últimas décadas y que tiene una relevante dependencia del precio del petróleo, emitió deuda a un siglo al 4,2%. Los bonos japoneses a diez años pagan un 0% a pesar de que el gobierno se sitúa en uno de los mayores niveles de deuda de su Historia. El bund alemán se sitúa en el mayor precio conocido y el holandés está en el más alto en los últimos 500 años. ¿Ciencia ficción? No, bienvenidos al mundo de las burbujas financieras provocadas por la política monetaria.

Así arranca el último informe de Arcano. Desde hace años, los informes que elabora esta casa financiera se han convertido en un documento de referencia entre inversores y analistas. Ahora, Ignacio de la Torre firma un nuevo trabajo en el que advierte del apocalipsis financiero que podemos sufrir cuando pinche la burbuja de la deuda pública.

Esta amenaza no pilla por sorpresa a los lectores de Libre Mercado, ya que este diario lleva años advirtiendo de la anómala evolución observada en el mercado de deuda, donde los tipos de interés reales se han situado en terreno negativo:

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Incluso en países como Alemania, donde el bono acostumbra a moverse muy por debajo del promedio europeo, lo ocurrido en los últimos tiempos resulta especialmente llamativo.

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El documento de Arcano habla sobre la deuda pública y hace un aviso a navegantes: "Nos encontramos ante la mayor burbuja de bonos soberanos de toda la Historia. Una corrección no solamente provocaría intensas pérdidas entre muchos inversores, entre ellos algunos sintéticos como aseguradoras y bancos, sino que presentaría enormes consecuencias negativas en la valoración del resto de activos: bonos corporativos, bolsas y activos reales".

Arcano cree que la clave para determinar si vamos hacia el apocalipsis financiero está en el proceso de ajuste: "Sin duda se producirá el ajuste, ahora lo que tenemos que saber es si va a ser acelerado o gradual. En nuestra opinión, los bancos centrales tienen margen de maniobra para intentar que sea gradual. Éste sería nuestro escenario base. Sin embargo, el riesgo de que el proceso sea acelerado ha aumentado, a medida que se reduce el mencionado margen de maniobra para los bancos centrales. Creemos que este escenario es menos factible, pero sus posibilidades van aumentado".

El estudio muestra que los activos del Banco de Japón suponían en 2007 el 23% del PIB, frente al 68% registrado hoy. En la Eurozona, el balance del BCE ha pasado del 16% al 30% del PIB. Por último, tanto la Reserva Federal como el Banco de Inglaterra manejaban en 2007 activos por valor del 6% del PIB, frente al 30% y 23% de 2015, respectivamente.

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¿Activo "libre de riesgo"?

Normalmente se habla de la deuda pública como un activo "libre de riesgo". Sin embargo, el documento que firma Ignacio de la Torre señala que ya no se puede tratar a los bonos como tal:

Los bancos centrales, tras la Gran Recesión, emplearon un enorme arsenal de medidas ortodoxas y no ortodoxas de política monetaria (…). Muchas de las decisiones más extraordinarias se mantienen siete años, lo que alimenta enormes burbujas en los mercados financieros. El bono a diez años, descrito como "activo libre de riesgo", es ya uno de los activos con más riesgo del mundo. Su enorme sobrevaloración ha provocado el trasvase de las burbujas hacia los bonos corporativos, las bolsas y los activos reales.

Por tanto, si pincha la valoración del bono "libre de riesgo" por excelencia, nos podemos encontrar con una crisis financiera sin precedentes, ya que no solamente experimentarían pérdidas los propietarios de bonos (aseguradoras y bancos, de gran importancia sistémica), sino que las pérdidas se trasladarían al resto del mercado en multitud de activos.

Del ‘viento de cola’ al ‘riesgo de cola’

En los últimos años, se ha hablado del ‘viento de cola’ que acompañaba la recuperación económica. Sin embargo, Arcano cree que ha llegado el momento de hablar del ‘riesgo de cola’ que supone el posible pinchazo de la burbuja de deuda pública.

El informe recuerda que "la Gran Recesión fue provocada por una inflación de precios de activos, justamente lo que afrontamos ahora". De la Torre señala que "sería un error dejaros llevar por el espejismo temporal de los últimos años" e insiste en que "series muy largas de inflación demuestran que es un problema real que crece cuando se crea dinero desaforadamente".

En este sentido, Arcano apunta que "en 2016 veremos que el riesgo de inflación subirá y la política monetaria ya no será capaz de hacer frente por sí sola a los problemas estructurales de las economías. Si pasamos de un mundo adicto a la política monetaria a un mundo que exige más soluciones fiscales y estructurales, habrá una menor demanda y una mayor oferta de bonos, lo que hará caer su precio y provocará una tormenta en el precio del resto de los activos".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La legislatura de Cataluña
Javier Caraballo El Confidencial 15 Noviembre 2016

Dicen todos que esta será ‘la legislatura de Cataluña’, acaso porque hasta las revoluciones se pudren con las rutinas. Lo dice todo el mundo convencido de que será así, aunque en realidad ni siquiera sabemos cuánto va a durar esta legislatura, porque en junio del año que viene podemos estar otra vez de elecciones generales y, si eso sucede, otra oleada mayor de incertidumbres y polémicas tapará el conflicto de Cataluña durante unos meses más.

Pero son ya cuatro años de la misma dialéctica enfrentada, si contamos desde las primeras macromanifestaciones independentistas de septiembre de 2012, y hasta los más exaltados son conscientes ya de que la reiteración de las expectativas no se puede mantener mucho tiempo más, que no hay nada menos atractivo que la pesadez. Se ha podido ver con claridad este último fin de semana, en las manifestaciones en apoyo de los altos cargos imputados por su vinculación con el referéndum independentista que prohibió el Tribunal Constitucional. “Tenemos que decidir si plegamos velas o continuamos hasta el final”, dijo en la manifestación Jordi Sánchez, el presidente de la Asamblea Nacional Catalana. Con un tono más melancólico, o así se adivinaba a lo lejos, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se quedó mirando a los manifestantes y les lanzó un requerimiento de amantes aburridos: “No desfalleceremos, os lo aseguro, pero no nos dejéis solos”.

El objetivo del Gobierno está claro: firmar la paz con Cataluña en el marco de una nueva política territorial. Sáenz de Santamaría recuerda que todos "somos Estado"

Debe estar cansado incluso de esta reiteración cansina el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aunque en su caso es mucho más probable que antes que cansancio se trate de estrategia, su consabida estrategia de dejar reposar los problemas hasta que el tiempo los asienta o los pudre. Por eso, ha confeccionado su Gobierno con el nombramiento destacado de Soraya Sáenz de Santamaría como vicepresidenta para la cosa catalana, consagrada como negociadora después de que en abril del año pasado se alcanzara en España el notable hallazgo de que dos personas distintas podían sentarse a dialogar sin tirarse a la cabeza los jarrones del pasillo.

Un hallazgo, sobre todo, para muchos dirigentes del Partido Popular y de amplios sectores de la derecha española que consideran un acto de traición y vasallaje el mero hecho de abrir un cauce de diálogo con los independentistas catalanes o vascos. El hecho en sí, con independencia del contenido de esas reuniones, ya lo interpretan algunos como un grave quebranto de principios fundamentales. Pues ya ven, se reunió en abril Sáenz de Santamaría con el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y tan extraordinario y simple fue el resultado de aquella cita, que todos los medios de comunicación lo celebraron colocando la palabra 'deshielo' en los titulares, con grandes caracteres. Fue un encuentro “cordial y difícil”, dijo Junqueras; “agradable y cordial”, remachó la vicepresidenta. Desde entonces, desde esa nadería tan espectacular y trascendente, lo que ha ocurrido es que Soraya Sáenz de Santamaría ha ascendido en la escala política y asumido toda la responsabilidad de la negociación con Cataluña, como enviada especial del presidente.

Así pues, unos por pesadez y otros por evolución elemental, se llega a esta legislatura de final incierto de la que todos dicen que será ‘la legislatura de Cataluña’. Pero ¿qué se puede negociar con las autoridades independentistas de Cataluña a estas alturas del conflicto? Nada, esa es la verdad. O mejor dicho, nada si se mantienen intactas las posiciones actuales; nada si no cambia radicalmente la dialéctica enfrentada de todos estos años. Nada si en el diálogo no interviene un tercer factor que pueda desenrollar el ovillo, y ese mediador no puede ser otro que el Partido Nacionalista Vasco. En las circunstancias actuales, tiene que ser el PNV quien se convierta en el actor que debe sacar a los independentistas catalanes de su cerrazón actual y avanzar hacia un modelo de Estado que respete la integridad territorial de España, aun cuando se avance en la descentralización y el autogobierno del País Vasco y de Cataluña.

¿Y por qué el PNV? A mi entender, nada ha habido más relevante en el enquistado problema territorial de España que el sensible cambio de posición del PNV desde el ‘plan Ibarretxe’ hacia las posiciones actuales, en las que se admite, con claridad, que la independencia no es posible en el mundo actual, en la España actual. Mucho menos una declaración unilateral de independencia, como se pretende en Cataluña.

Desde hace un par de años, cada vez que se le pregunta al respecto, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, repite lo mismo: “No se puede engañar a la gente. Hoy en día, uno no se declara independiente: lo declaran independiente otros países cuando lo reconocen (…) Y los europeos lo que dicen es que esto no puede ser así en Europa (…) Además, al hablar de independencia, hay que mirar mucho al interior de Euskadi, porque no merecería la pena fracturar a esta sociedad. Jamás promoveré la independencia si fractura a la sociedad vasca”. Tanta es la desesperación, tanta es la reiteración, tanto el hartazgo, que por pequeña que pueda parecer la evolución del PNV, ese tiene que ser el principio real del ‘deshielo’ con Cataluña.

Por mucho que el PNV utilice un doble lenguaje para contentar a todos y ondee periódicamente la bandera del derecho a decidir, ese reconocimiento leve y claro sobre la imposibilidad de declarar unilateralmente la independencia tiene que ser el principio para encauzar el conflicto de Cataluña y cerrar esta etapa de deriva. No es ingenuidad, es política de mínimos. Si esta es la ‘legislatura de Cataluña’, como dicen todos, ya haría bien el Gobierno en utilizar al PNV como mediador para convencer a los independentistas catalanes de un principio básico y fundamental sobre su hoja de ruta: “No se puede engañar a la gente”.

La galbana de Rajoy
Cayetano González Periodista Digital 15 Noviembre 2016

Tras casi un año de presidente en funciones, Rajoy ha conseguido su objetivo principal, que no era otro que seguir en la Moncloa. Pero, a partir de ahí, sus primeros pasos tras conseguir la investidura no es que hayan estado imbuidos precisamente ni del sentido de urgencia al que tanto invocaba en los meses anteriores ni de ilusión y ganas de hacer cosas en la nueva etapa política que se ha abierto en España.

Para empezar, Rajoy tardó cinco días en hacer público los nombres de sus ministros. Algunos pensamos que ese tiempo que se tomaba podía ser un síntoma de que iba a llevar a cabo un cambio profundo tanto en la organización de los ministerios como en sus titulares. Nos equivocamos de plano en ambos extremos. Aparte de quitar Administraciones Públicas a Montoro para dárselo a Soraya, pocos cambios reseñables en la organización interna ha habido. Y en cuanto a los ministros, mucha continuidad –con la excepción del lenguaraz Margallo, del abrasado Fernández Díaz y de Morenés– y las incorporaciones de Cospedal, Zoido, De la Serna y Nadal. Para todo eso tardó Rajoy cinco días. Núñez Feijóo no dejó pasar ni veinticuatro horas desde su toma de posesión para hacer público los nombres de sus conselleiros.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define galbana como "pereza, desidia o poca gana de hacer algo". Eso es lo que parece que ha transmitido Rajoy a sus ministros, porque –salvo Montoro en Hacienda y De Guindos en Economía– se están tomando su tiempo para designar a sus altos cargos. En el Consejo de Ministros de la pasada semana sólo se nombró a seis secretarios de Estado y a dos subsecretarios. Algunos pueden pensar que si hemos estado un año con un Gobierno en funciones y no ha pasado nada grave, tampoco es urgente que el nuevo Ejecutivo se tome las cosas con celeridad.

Hay otras cuestiones en las que Rajoy sigue emitiendo señales preocupantes. Aunque haya dicho que es consciente de la nueva situación política, en la que su Gobierno sólo tiene el apoyo de los 137 diputados del PP, da la impresión de que no acaba de aceptar que ya no tiene una mayoría absoluta para gobernar, y si quiere sacar adelante sus iniciativas legislativas, empezando por los Presupuestos Generales del Estado del año que viene, va a necesitar pactar, negociar y hablar mucho con el resto de los grupos de la Cámara.

La potestad constitucional que tiene el presidente del Gobierno de disolver las Cortes y convocar elecciones generales –en el verano o en el otoño próximos– no puede ser utilizada ni como arma arrojadiza ni como un chantaje al resto de los grupos parlamentarios. Eso es no haber entendido nada de lo que ha pasado y sigue pasando, no sólo en España sino en el mundo, por mucho que las expectativas electorales para el partido de Rajoy sean a día de hoy infinitamente mejores que para sus rivales más directos.

La recuperación económica y el desafío secesionista en Cataluña, que sigue muy vivo, no son compatibles con un Ejecutivo inestable, que no se sabe muy bien cuánto puede durar. Y siendo verdad, como dice Rajoy, que hay que dejar al Gobierno gobernar, también lo es que el presidente debe aplicarse a fondo en la tarea de liderar el país, el Gobierno y una sociedad que está muy cansada de una clase política que en los últimos tiempos, y concretamente en el último año, no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Si Rajoy no se ve capaz de liderar todo eso, lo coherente sería que, efectivamente, convocara elecciones y diera un paso atrás, renunciando a ser candidato de su partido. Ya sé que quedan siete semanas para que lleguen los Reyes Magos.

Héroes de estar por casa
Ramón De España cronica global 15 Noviembre 2016

Ya lo cantaba el difunto David Bowie: We can be heroes just for one day. Así debieron sentirse el domingo los aspirantes a inhabilitado --el Astut, el Quico, la Forca y demás compañeros mártires-- mientras una turba congregada en la avenida María Cristina --80.000 personas, según la guardia urbana; 45.000, según otros cálculos, y reclutada en parte por el sistema franquista del autobús y el bocadillo-- los jaleaba y cantaba sus alabanzas. No sonó el himno de Bowie, claro está, pero daba gusto ver a toda la pandilla de falsos oprimidos canturreando L'estaca bajo la mirada satisfecha de su autor, Lluís Llach, ése que dice que El Periódico practica un "unionismo venenoso" y que, si no me equivoco, estrenaba gorrito para la ocasión (la sonrisa revolucionaria era la misma de siempre).

No faltaba ni una figurita del pesebre separatista, más los tontos útiles de Catalunya Sí Que Es Pot, con los que siempre se puede contar para apuntarse a cualquier sandez. Todos diciendo cosas solemnes y llamando a la sublevación a un montón de pantuflistas incapaces de jugarse nada por lo que se supone que anhelan. Brillante, como siempre, el Dúo Sacapuntas del prusés, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, dos bocazas especializados en enardecer a las masas para luego salir pitando en cuanto huelan a la cabra de la legión. Chulería a raudales. Y perversión del lenguaje a granel, especialmente por parte del honorable Cocomocho: si hace unos días dijo que el periodismo que se practica en Cataluña se le antoja ejemplar --¿quién mejor que él para saberlo, pues toda su carrera profesional se ha sufragado con dinero público?--, el domingo equiparó soberanismo con democracia y se quedó tan ancho. No se olvidó de señalar la supuesta deriva anti-democrática del perverso Estado español, ni de presentarse como la víctima mayor de un país de víctimas de la intolerancia del vecino. Escupiendo en la cara de los genuinos oprimidos de este mundo --que los hay, y no son ellos--, 80.000 o 45.000 quejicas se desfogaron en público. Evidentemente, a ninguno se le ocurrió pensar que igual los opresores son ellos, pues llevan imponiendo su criterio a más de la mitad de los catalanes desde 1980.

Reivindicar el derecho a destruir un país que lleva siglos en funcionamiento --aunque no siempre de manera ejemplar, todo hay que decirlo-- constituye una actitud a medio camino entre el cinismo y la estupidez que merecería por parte del Estado una respuesta más contundente que la emitida hasta ahora. Con el daño a la convivencia que han hecho los encausados, deberían dar gracias al Señor de que no haya multas ni amenazas de cárcel, solo la posibilidad de jubilarlos anticipadamente por el bien de la comunidad.

La nación de naciones: aclarémonos
Jesús Royo Arpón La Voz Libre 15 Noviembre 2016

Lingüista

El invento de “nación de naciones” aplicado a España es un tópico muy socorrido. Con él se puede salir del paso o escurrir el bulto, porque a la vez se afirma que España es nación y que Cataluña, Euskadi y Galicia (y otras: Canarias, Baleares, Valencia, Andalucía...) también lo son. De ello se deriva o que:

a) España es/no es Nación, o que

b) Cataluña, Euskadi, Galicia etcétera son/no son naciones, o que

c) España es un Estado compuesto, tal como les gusta decir a los del PSC: España es una especie de imperio austrohúngaro, que ya sabemos cómo acabó y por eso deberíamos considerarlo el perfecto antimodelo, o sea el berenjenal donde ni se nos ocurra meternos o saldremos molidos a palos. Por suerte, la Constitución española se basa en la nación de ciudadanos libres e iguales como único sujeto de la soberanía: no hay sujetos intermedios. O sea que Cataluña es tan de los catalanes como del resto de españoles, y el País Vasco es tan nuestro como de los bilbainos: todo es Estado, y el Estado es de todos. Las autonomías, como los ayuntamientos, son entidades administrativas cuyo poder deriva de la soberanía de toda España.

Recuerdo la enmienda de Xirinachs en las Cortes Constituyentes, que rezaba más o menos: “Los países castellanos, los países catalanes, Andalucía, Euskadi, Aragón, Galicia y las Canarias acuerdan constituir el Estado Español” (según el bravo mosén, el valle de Arán no era España, porque pertenecía a los países occitanos, y debía ser devuelto a ellos). Y eso colaba como algo progre y de izquierdas, cuando en realidad era más reaccionario que una boina carlista: remitía el poder a entidades históricas ancestrales, previas a la propia Constitución, fundadas (como decía Sabino Arana) por el mismo Dios. Por suerte, nuestra Constitución no contempla nada de eso. Uf!

Para mí, lo de “Nación de naciones” es un falso problema. Por una sencilla razón: la “nación” y las “naciones”, aunque usamos la misma palabra, no son lo mismo. Es un caso de hominimia, es decir, el mismo significante “nación” tiene dos significados, digamos A y B: como “banco” (asiento y reserva) o “gato” (felino y elevador). Entonces, la frase de marras hay que leerla “España es una Nación-A de naciones-B”. Nación-A es la nación de la revolución francesa, el conjunto de personas que acuerdan dotarse de un poder común, o sea constituirse en Estado soberano. Se trata de una entidad artificial, administrativa, que representa a todos los ciudadanos y goza del poder de coerción para imponer las leyes legítimas a todos por igual. No implica una determinada identidad, ni religión, ni lengua, aunque de hecho los estados propician la uniformidad como instrumento de cohesión interna. Nación-B es la nación étnica de la Aufklarung alemana: la entidad cultural de cada pueblo, definido por cultura, raza, religión, lengua y costumbres. Es una entidad “natural” –nación y natural tienen la misma raíz-, y por tanto involuntaria. El equívoco lo expresa el principio de las nacionalidades al afirmar que toda nación-B debe ser nación-A, o sea Estado, el llamado “Estado nacional”. Grave error, en especial en estos tiempos de globalización y superación de toda frontera.

“Nación de naciones” en realidad significa “Estado de etnias”. España no es una etnia, y Cataluña no es un estado, aunque equívocamente a las dos las llamemos “nación”. “Estado de etnias” no tiene morbo, la gracia está en el juego de palabras: “nación de naciones”. Igual que si, para referirnos a una “reserva de asientos”, lo llamáramos “banco de bancos”. Piensen ustedes lo que podría significar “gato de gatos”. Con “nación de naciones” pasa lo mismo: por la vía del tropo parece que podemos resolver el más antiguo problema de la filosofía, juntar nada menos que lo uno y lo diverso, Parménides y Heráclito. Ya sabemos que en toda sociedad hay diversidad: diferentes lenguas, orígenes, religiones, clases sociales, color de piel o de pelo. Algunas de esas características pueden generar “identidad”: los fieles de una religión, los socios de un club, los adictos a un deporte, los hablantes de una lengua. Esas identidades no significan nada para la condición de ciudadano, y la misión del Estado es ignorar todas las identidades, y a la vez protegerlas a todas ellas como opción plausible de cada ciudadano. El Estado debe ser laico, no adoptar ninguna identidad como oficial: ni religión oficial, ni carácter, deporte o fiesta nacional. ¿Ni lengua oficial? Pues sí: la lengua pertenece a la sociedad, no al Estado. Éste se debe limitar a facilitar el uso de todas las lenguas por igual y sin preferir a ninguna. La sociedad, cada ciudadano, en su uso libre, decide qué lengua prefiere. El Estado no es nadie para decirte cómo tienes que hablar.

Tubau, muerte de un disidente
Pablo Planas Libertad Digital 15 Noviembre 2016

Ha fallecido Iván Tubau, intelectual que plantó cara al nacionalismo desde el primer momento, escritor, poeta, maestro de periodismo y fundador de Ciudadanos. Considerado un peligroso disidente por el pujolismo, Tubau no se movió ni un milímetro de su militancia en las facciones de la verdad y la libertad durante los rigores del macartismo catalanista más cerril, en plena cocción de la actual patria catalana.

Tal vez los accidentes biográficos de Tubau puedan explicar su tendencia antiautoritaria. Su padre, anarquista, murió nada más salir del campo de Argelès, cuando Tubau, nacido en el 37, tenía cuatro años. Sin embargo, reducir su figura a hijo de exiliados, pintoresco hippy, periodista, profesor libertario y pope cultural represaliado sería tan injusto como obviar la gimnasia mental que llevó a Tubau por el mal camino de denunciar a través de todos los medios a su alcance la inmersión lingüística, el adoctrinamiento escolar, el sectarismo mediático y el experimento totalitario que practicó y practica con magnífica impunidad el catalanismo.

En una entrevista de Tubau a Tarradellas, el viejo presidente, ya fuera de la Generalidad, acuñó el término dictablanca para definir lo que se les venía encima a los ciudadanos de Cataluña. El texto fue publicado el 15 de agosto de 1982 en el suplemento dominical de Diario 16:

Lo que hay ahora en Cataluña es una especie de dictadura blanca. De todos los funcionarios que han entrado en la Generalidad, a ver si hay alguno que no sea de Convergència. Las dictaduras blancas son más peligrosas que las rojas. La blanca no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país, de este país.

Ni que decir tiene que Tubau sufrió una vasta campaña de desprestigio de la que no le salvó ni tener las cintas con la conversación. Años después, cuando se involucró en la creación de Ciudadanos, el aparato propagandístico nacionalista difundió con gran éxito la especie de que el profesor Tubau, catedrático de Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona, era un acosador sexual. Tan falso como literal. Lo tiene contado con profusión de detalles Antonio Robles en este mismo diario. Una muestra de cómo se las gastan los demócratas cívicos, pacíficos y festivos cuando se trata de desacreditar a un opositor.

Los herederos políticos de Pujol han continuado con las prácticas de la dictablanca. Algunos hechos recientes lo ponen de manifiesto. Inés Arrimadas dijo que llevaba escolta porque "ya se sabe lo que pasa en Cataluña" y no hubo ni un solo periodista orgánico que no le diera la del pulpo por insinuar que algunos políticos más que otros sufren ciertos riesgos físicos en la idílica tierra catalana. Como la realidad es tozuda, ayer mismo le calzaron dos puñetazos al presidente de Ciudadanos en L'Hospitalet, Miguel García. No en Twitter, no. En la calle, en una carpa de su partido. Un caso como el de las dos aficionadas de la selección española que fueron pateadas en la Meridiana el pasado verano, etcétera, etcétera. Eso pasa, como no dijo Arrimadas.

Otra de las características de la dictablanca es la de multiplicar el número de adictos al régimen presentes en las manifestaciones y convertir ocho en ochenta, ochocientos en ochenta mil, ochenta mil en ochocientos mil y así sucesivamente. Tubau los tenía bien calados. No lograron hacerle la vida del todo imposible, aunque pasó las del Miroslav Tichy, el artista checoslovaco al que metieron en el manicomio por oponerse al realismo socialista.

Tubau, contra la posteridad
José María Albert de Paco Libertad Digital 15 Noviembre 2016

En los albores de su pubertad, a Iván Tubau le aterró que hubiera hombres que, como Victor Hugo, vivieran atrapados en la posteridad de la Larousse. "Que alguien pueda morir pero siga vivo en la memoria de Francia le parece más temible aún que vivir para siempre", dice al comienzo de sus memorias (tituladas, precisamente, Matar a Victor Hugo), evocando en tercera persona al adolescente que fue. "Ya no puedes pasear al sol y hacerte pajas (...) y en cambio permaneces en la memoria de ese conglomerado de conneries que constituye la memoria de Francia". El empeño que en adelante guiaría sus pasos constituye una de las expresiones más sofisticadas de inmodestia de las que yo haya tenido noticia. Consciente de su talento para las artes, emborronaba sus propios trabajos para eludir la horrenda posteridad; lo hacía, además, con la cautela suficiente como para que su impericia resultara verosímil. Se trataba, insisto, de ser el segundo en lugar del primero, de librarse (¡a base de maestría!) de esa forma abyecta de eternidad que, a su juicio, era la Larousse, sinécdoque del saber apelmazado. Obviamente, no lo consiguió.

Para empezar, en 1965 quedó el número uno del primer concurso nacional de presentadores y locutores de RTVE, al que se habían presentado 500 opositores, entre ellos Juan Manuel Gozalo y Luis del Olmo. El propio Del Olmo, mientras pronunciaba una conferencia en la Facultad de Ciencias de la Información de la UAB, al identificar a Tubau entre el público, interrumpió su intervención: "Ese señor se llama Iván Tubau. Le conocéis porque es catedrático de vuestra facultad, pero no sé si sabéis que hace treinta años sacó el número uno en un concurso para locutores de Televisión Española al que yo también me había presentado...". (En 1970, Tubau volvió a opositar a una plaza, esta vez de redactor, para TVE en Cataluña, y obtuvo de nuevo, lo que son las cosas, el primer puesto de su promoción). De su paso por la televisión queda, sobre todo, un magnífico programa de entrevistas, El divan d'Iván, en que asentó el principio de que entrevistar es, sobre todo, escuchar al entrevistado, desplegar una conversación ingeniosa y, por qué no, tentar el arte de la seducción. Lo demás son formularios.

Su anhelo de subalterno sufrió otra derrota en el ámbito de la docencia. No en vano, se sacó de la chistera la asignatura de Periodismo Cultural y la impartió como si fuera útil. A diferencia, por cierto, de la semiótica de ultratumba que infligían al alumnado la mayoría de sus colegas. Las de Tubau no eran clases complacientes. Como le oí decir a Arcadi Espada respecto al Bulli, al aula de Tubau había que ir algo tenso. Con la prensa leída, las películas del Verdi visionadas y el inconformismo a flor de piel. Con la certidumbre, en suma, de estar asistiendo, más que a una exposición sumarial, a un acontecimiento, a la encarnación misma de la sabiduría. Una tarde dejó caer un ejemplar de la gramática de Alarcos en uno de los pupitres y, con la mirada encharcada, nos dijo: "Ahí tenéis. Una gramática". Secamente. Ante la ausencia de adjetivos cundió el pánico, y aun hubo pupilos que chistaron con ramplonería, como haciendo befa de la emoción que embargaba a Tubau. A los quince días, el decanato lo fulminó por haber dicho "francés".

Francés, sí. En una clase del curso anterior, y a propósito de una reflexión sobre la película Les nuits feuves, de Cyril Collard (la sesión, si no yerro, versaba sobre adaptaciones cinematográficas de novelas), Tubau leyó la siguiente frase: "Quand je t'encule je pénètre dans ton dos, mais c'est ton âme que je cherche". ¿Alguien puede traducirlo?, pregunta Tubau. Una alumna, Montse Palacín, se ofreció a ello: "Cuando te doy por el culo penetro en tu cuerpo, pero es tu alma lo que busco". Y Tubau no se abstuvo de puntuar la traducción: "Muestra usted un gran dominio del francés; y parece, además, que sabe hacerlo". Ah, pero Tubau se había significado públicamente contra el nacionalismo catalán y, más en concreto, contra la inmersión lingüística, que consideraba una aberración. Fue, por decirlo todo, uno de los primeros intelectuales catalanes que se atrevieron a cruzar ese campo minado. ¡El primero de su promoción, una vez más!; también contra Catalunya se cifró su derrota contra la posteridad. Así las cosas, su afición a la galantería, por procaz o inofensiva que ésta fuera, le costó una suspensión de empleo y sueldo en la que algo tuvo que ver la sed de venganza de un grupo de alumnos del mismo curso a los que Tubau había suspendido por no saber quién era Ava Gardner. Y, ni que decir tiene, el afán de escarmiento del cogollo de nacionalistas que dirigía la facultad, y que luego harían carrera con el Tripartito. En cuanto a Palacín, la joven supuestamente ofendida, ésta fue su declaración ante el instructor del caso, Isidre Molas:

Me parece un poco surrealista el hecho de que un grupo de alumnos se sienta autorizado a erigirse en velador del honor de una presunta víctima de "falta de respeto", "abuso de autoridad" o "machismo" si la persona directamente afectada en ningún momento ha considerado pertinente hacer oír su queja. (...) El precedente, llevado al paroxismo, podría favorecer la creación de la grotesca censura de un censor que asistiera a las clases para velar por la moral de los alumnos y que se sancionara al profesor con un recorte de sueldo por cada frase fuera de tono.

Los pleitos de Tubau con el catalán eran los propios de quien concebía la lengua para un uso bastante más placentero que la infausta construcción nacional. El pujolismo, en su obsesión por levantar un muro entre el castellano y el catalán, pergeñó un idioma ortopédico, una cargante jerigonza por la que la palabra barco, sospechosa de lesa catalanidad, resultó en vaixell, y ello pese a la validez de las formas embarcació o barca. Otro tanto sucedió con algo, que fue reemplazado por el protésico quelcom para extrañeza de nosaltres, els catalans, que seguíamos diciendo algú o alguna con absoluta naturalidad. A ello se refirió Tubau en Paraula viva contra llengua normativa o Llengua i pàtria amb ceba tendra, obras que, en cierto modo, vendrían a apuntalar la intrepidez filológica de Xavier Pericay y Ferran Toutain.

Cuando Tubau, en suma, afirmaba que el catalán era un artificio, un artefacto puramente ficcional, aludía a esa variante antipática que había ido fraguándose en los laboratorios sociolingüísticos del régimen. También, cómo no, al hecho de que en la universidad donde enseñaba, profesores castellanohablantes, impelidos por la ideología dominante, dieran clase en un catalán infame. Y que alumnos asimismo castellanohablantes tomaran la palabra en un catalán peor aún que el de los profesores, de forma que lo que debiera ser un diálogo más o menos riguroso acababa siendo una afrenta a la gramática, todo ello para vergüenza de quienes, como Tubau, se desenvolvían en catalán de modo magistral. Así lo razona en su valeroso Nada por la patria:

Mi madre, como cualquier catalán de lengua materna catalana, decía siempre "des de que". La norma impone "des que", fórmula que, hasta donde alcanza la memoria de los más viejos del lugar, nunca ha existido en la lengua viva usual. No puedo escribir en mi lengua materna. Eso me paraliza. O, por lo menos, me incomoda sobremanera.

En uno de sus postreros servicios al restablecimiento de la realidad, se enroló en el grupo de intelectuales no nacionalistas que promovieron la fundación de Ciudadanos. Qué hacía el más lustroso beatnik español, a sus 70 años, proclamando la necesidad de un nuevo partido político es un asunto que compete exclusivamente a la ciencia. O acaso a la poesía. Tras el acto de presentación en el Tívoli, el que dio la medida de que Ciudadanos, ay, iba en serio, Tubau le confió a Verónica Puertollano: "Qué bonito nos ha quedado. Ahora, ¡destruyámoslo!". Rescoldos, sin duda, de aquel niño que quiso acabar con Victor Hugo y que, hasta ayer a media tarde, fracasó por todo lo alto.

***
Cuando yo no esté aquí se habrá acabado el mundo
y no habrá nunca más olor de madreselva
ni acres fragancias hondas de entrepierna mojada
ni aromas en el vino ni azules en la mar.
Omar Pastecca

El mundo al revés en Alsasua
Editorial OKDIARIO 15 Noviembre 2016

La población navarra de Alsasua se ha convertido en la sede del mundo al revés. De otra manera no se explica la reacción de repulsa que ha mostrado el Gobierno foral tras anunciarse que la Guardia Civil había detenido a ocho abertzales como posibles autores de la brutal paliza a los dos guardias civiles y sus respectivas parejas. La consejera de Presidencia, Justicia e Interior, María José Beaumont, ha afirmado que “no era necesario” para criticar después las acciones desarrolladas por la Audiencia Nacional. Una postura que sirve para descubrir esa pátina de abyecta ambigüedad que cubre muchas de las acciones desarrolladas por el Ejecutivo que preside Uxue Barkos, quien consintió que Beaumont, abogada propuesta por los proetarras de Bildu, se hiciera con el mando de una consejería tan sensible como la de Interior. Especialmente cuando las investigaciones de la Benemérita señalan que dos de los ocho arrestados —que serán defendidos por la abogada de ETA Amaia Izko— podrían estar detrás del Movimiento Ospa, que pretende expulsar a los agentes del País Vasco y Navarra.

Unos individuos que, haciendo de la violencia el idioma preponderante, quieren coartar la voluntad y la libertad de expresión en dos regiones españolas. Su guerra final no es contra la Guardia Civil, que ya de por sí es muy grave a tenor de los hechos de Alsasua, sino contra cualquier individuo que ose pensar por sí mismo y liberarse del yugo del terror y el miedo. De ahí que sea esencial la determinación de la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela para demostrar que la Constitución y el Código Penal son los garantes de la paz social en cualquier territorio de España. Por ahora, la Fiscalía pide prisión para seis de los ocho detenidos por la brutal agresión en la población navarra. Un episodio a erradicar en un país que ha de hacer de la tolerancia y el respeto las normas indiscutibles a pesar de que ciertos grupos de salvajes intenten resquebrajarla.

El Gobierno catalán promueve el bilingüismo, pero solo en Francia
Las encuestas de la Generalitat evitan preguntar sobre la aceptación de una escuela en dos idiomas, mientras que en la 'Cataluña norte' sí sondea sobre un sistema público en catalán y francés
María Jesús Cañizares cronica global 15 Noviembre 2016

"¿Está de acuerdo con el bilingüismo en la vida pública?". Esta es la pregunta que un ciudadano catalán difícilmente verá en los sondeos oficiales de la Generalitat, pues un resultado favorable echaría por la borda muchos años de inmersión lingüística en las escuelas. Curiosamente, el Gobierno autonómico catalán sí promueve el bilingüismo en lo que los independentistas califican como Cataluña norte. Y recurre a encuestas para saber qué opinan específicamente los habitantes de esa zona pirenaica sobre un sistema público bilingüe que incluya el catalán.

La Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat (DGPL) hace cada cinco años la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población, con el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), como instrumento de conocimiento de la realidad lingüística general. Este estudio, explica la Consejería de Cultura, tiene carácter de estadística oficial.

Sin embargo, precisa que la regulación de las estadísticas oficiales no es aplicable a los estudios de opinión de interés de la Generalitat, por eso el Govern no hace las mismas preguntas en sus encuestas. En este sentido, el Gobierno catalán explica que un estudio similar al realizado en la Cataluña norte compete al Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, cuyos planes de trabajo son aprobados anualmente. Por el contrario, el Consejo Departamental de los Pirineos Orientales y la Universidad de Perpiñán-Via Domicia (UPVD) sí que han desarrollado un estudio social de la lengua catalana que incluye preguntas de opinión sobre un sistema público bilingüe.

Uso minoritario del catalán en zona francesa
En respuesta a una pregunta parlamentaria formulada por la diputada de Ciudadanos Sonia Sierra, el consejero de Cultura, Santi Vila, precisa que fue la UPVD la que, por medio de su Instituto Catalán de Investigaciones en Ciencias Sociales, optó por incluir otras preguntas específicas de opinión entre las cuales hay una valoración sobre la enseñanza bilingüe catalán-francés en el sistema educativo. Pero subraya que “estas preguntas específicas fueron realizadas a cargo de la misma UPVD y no forman parte del cuestionario de la encuesta oficial que se elabora en Cataluña”.

Según la encuesta realizada en 2015 a los ciudadanos del sur de Francia, el uso del catalán habitual es muy minoritario, pues apenas supera el 5%. El 65% de la población entiende el catalán y el 35% lo sabe hablar.

En Cataluña, la última encuesta sobre usos lingüísticos --correspondiente a 2013-- indica que, pese al alto grado de conocimiento del catalán, casi un 95%, la mayoría de los ciudadanos sigue optando por el castellano como lengua habitual. Un 36,3% de la población prefiere el catalán como lengua habitual (0,7 puntos más que en 2008), frente a un 50,7% que elige utilizar el castellano (4,8 puntos más), y un 6,8% que opta por usar ambas de forma habitual (5,2 puntos menos que en 2008).


 


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