AGLI Recortes de Prensa   Sábado 19  Noviembre  2016

Rajoy oculta su nuevo sablazo fiscal
EDITORIAL Libertad Digital 19 Noviembre 2016

La política fiscal del PP se ha caracterizado hasta ahora por una nefasta combinación de mentiras e históricas subidas de impuestos, pero, por desgracia, el inicio de la nueva legislatura no augura ninguna corrección al respecto, más bien al contrario. El Gobierno sigue apostando por disparar la carga tributaria que soportan ciudadanos y empresas españolas con la excusa de combatir el déficit, en lugar de reducir el gasto para cuadrar las cuentas públicas, al tiempo que da largas o, directamente, maquilla la realidad para minimizar el coste electoral de tales medidas.

Prueba de ello es que Mariano Rajoy afirmó este viernes que, pese al reguero de informaciones que apuntan lo contrario, "no hay tomada ninguna decisión" sobre futuras subidas tributarias. La mentira del presidente en esta materia es triple. En primer lugar, porque el propio Gobierno admite en privado que está trabajando en dichos aumentos. En segundo término, porque desde hace semanas negocia con otros partidos cómo elevar la recaudación de cara a los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Y, en tercer lugar, porque el PP se escuda una vez más en el cumplimiento de los objetivos de déficit para justificar tal decisión cuando, en realidad, Bruselas no exige subidas concretas, sino un ajuste presupuestario cuya implementación se puede alcanzar por la vía de los ingresos, los gastos o una combinación de ambas.

Rajoy, sin embargo, con su ministro de Hacienda a la cabeza, Cristóbal Montoro, prefiere vaciar el bolsillo de los españoles antes que tocar mínimamente la sobredimensionada e ineficiente estructura estatal. Son muchos los entes, organismos y empresas públicas inútiles que pueden ser eliminados para ahorrar dinero al contribuyente. Además, son múltiples y muy variadas las reformas estructurales que podría poner en marcha el Gobierno para ahorrar costes y mejorar el funcionamiento de los servicios públicos sin reducir coberturas ni prestaciones, tanto en Sanidad como Educación o Pensiones, a imagen y semejanza de las políticas aplicadas en el centro y el norte de Europa desde hace años.

Pero nada de esto sucederá. El presidente, en su impertérrita y sempiterna inacción, preferirá siempre subir los impuestos, aprovechándose de la nula capacidad de movilización que tienen los contribuyentes, que eliminar entidades públicas o reducir partidas de gasto que puedan molestar a lobbies, grupos de interés o redes clientelares concretas. Así, aunque el Ejecutivo intentará no tocar el IRPF y el IVA, al menos a priori, está dispuesto a elevar el resto de figuras tributarias, desde el Impuesto de Sociedades, hasta los Impuestos Especiales, Patrimonio, Sucesiones, Donaciones, fiscalidad verde y otro tipo de tributos. Y ello, al tiempo que negocia con el PSOE y Ciudadanos un aumento de las pensiones y una subida de sueldo a los funcionarios.

El PP se equivoca una vez más. El elevado déficit público no es un problema de falta de ingresos, sino de exceso de gastos. Lo que necesita España, por tanto, es reducir el tamaño de la Administración Pública y corregir sus graves ineficiencias para ofrecer un mejor servicio a la población al menor coste posible, al tiempo que bajan y se simplifican los impuestos para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo. Además, al contrario de lo que piensa el PP, las rebajas fiscales no sólo se traducirían en más dinero para los pensionistas y un incremento del salario neto de los empleados públicos, sino que le permitirían reconciliarse con los millones de votantes que, hoy por hoy, o bien reniegan del partido o bien lo perciben como un mal menor al que no les queda más remedio que seguir apoyando para evitar la victoria de la izquierda.

Solidaridad, infierno fiscal y victimismo
Daniel Lacalle El Espanol 19 Noviembre 2016

“You'll take my life but I'll take yours too, you'll fire your musket but I'll run you through” Steve Harris

Esta semana se ha producido una falsa polémica ante las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre la solidaridad interterritorial. Explicaba, en una intervención en la que -para no variar- se exigía subir impuestos, que “con nuestra política fiscal hemos recaudado casi 3.000 millones de euros que nos están sirviendo para financiar los servicios básicos en aquellas comunidades donde ustedes gobiernan (el PSOE), como en Andalucía”.

Hasta ahí, nada malo. Ni se niega el modelo solidario del Estado ni es un “España nos roba”. Es la demostración de que la política fiscal de bajos impuestos y atracción de capital funciona, y nos beneficiamos todos los ciudadanos del Estado. Y que la política de entorpecer y ahogar a impuestos, no.

Sin embargo, la polémica se desata ante la manipulación de las palabras. Típico en política, pero abre un interesante debate económico sobre el patrón de crecimiento.Miremos a los datos. Los recursos sujetos a liquidación, que suponen casi el 73% de los ingresos no financieros de la Comunidad de Madrid, proporcionan una financiación per cápita 215 euros inferior a la media de las Comunidades Autónomas de régimen común.

Una infrafinanciación de casi 1.400 millones de euros en la primera parte del ejercicio 2016. En el periodo 2009-2016 la Comunidad de Madrid ha aportado al Fondo de Garantía de Servicios Públicos con el resto de las regiones casi 18.000 millones de euros, según el Ministerio de Hacienda, casi un 30% beneficia a Andalucía. Estupendo.

Muchos argumentan que los impuestos no los pagan las Comunidades Autónomas, sino los ciudadanos. Y es correcto. Pero sí dependen de los gobiernos los presupuestos, la política fiscal y económica sobre todo orientada a la creación de empresas y atraer capital. Y es de eso de lo que se hablaba.

Muchos argumentan que Madrid se beneficia “porque es la capital” y “porque tiene menores impuestos”. Ambos argumentos son claramente incorrectos cuando se mira, en términos de aportación y recepción al Fondo mencionado, a otras regiones como Galicia y el País Vasco. Y es que resulta, oh sorpresa, que la gran diferencia -gobierne quien gobierne- es tener una política fiscal atractiva y no confiscatoria. Y una administración facilitadora, no fagocitadora.

Lo que más me alegra es que en la polémica los redistribuidores de la Nada hayan reconocido que se crea más empleo y atraen más empresas con impuestos bajos.La señora Teresa Rodríguez, por ejemplo, acusaba a la Comunidad de Madrid de “atraer capital” -se lo juro- y de " verdadero paraíso fiscal para las grandes fortunas con un dumping durísimo contra otras comunidades y por el cual se facilita que no tengan que pagar impuesto de sucesiones o patrimonio”.

Lo que no se puede hacer es tener un infierno fiscal y culpar a otros por no serlo. Llamar “dumping” a tener una fiscalidad exactamente igual a la de otras Comunidades y la inmensa mayoría de países de la UE es una broma. Pero argumentar que el problema es el impuesto de sucesiones y patrimonio es bien fácil de solucionar. Elimínenlo en Andalucía, como en tantas comunidades y países de Europa.

El impuesto de sucesiones y donaciones es un impuesto “para fastidiar”, y, como el de Patrimonio, ideológico e injusto. No recauda casi nada. En Andalucía unos 326 millones en uno y 80 millones en otro, menos de diez veces las transferencias que recibe de Madrid. Injusto porque grava cosas que han tributado varias veces anteriormente, desincentiva el ahorro y la principal fuente de transmisión de riqueza en la clase media, el piso de padres a hijos.

Encima, es fiscalmente desastroso. La Sra. Rodríguez, como es habitual en su partido, no parece saber sumar y darse cuenta de que el supuesto efecto de “lucro cesante” de todo lo que critica es varias veces inferior a lo que reciben de hecho. Se estima en -como mucho- 660 millones en toda España, eso si no se van del país esos patrimonios.

Aunque reconozcamos las diferencias históricas entre regiones -y de ello viene ese modelo solidario- el problema se centra en que ciertos políticos siguen viendo a las empresas y ciudadanos como cajeros. Cuando faltan ingresos, aunque los gastos no estén justificados, se tira del cajero sin límite.

Recordemos que el PSOE gobierna en Andalucía desde hace tres décadas, y que la Comunidad sufre una de las presiones fiscales más altas de toda la nación, lo cual has supuesto un escollo histórico a la creación de empleo y cambio de patrón de crecimiento. Sus empresarios y contribuyentes son héroes. Porque el nivel de presión es absolutamente brutal (hasta 75 euros por persona por año superior a la media, ojo, de España que ya es de por sí elevada).

Hasta tal punto que Andalucía lidera -desafortunadamente- el ranking de fuga de empresas. Más de 985 empresas andaluzas trasladaron su sede desde 2009. Algunas comunidades, como Murcia, han tomado medidas importantes encaminadas a reducir la presión fiscal y el escollo burocrático, y el efecto ha sido inmediato.

No solo es la presión fiscal a las empresas. Lo explico en “Acabemos con el Paro” (Deusto), según datos de 2015, el Impuesto sobre la Renta -el tramo estatal más el autonómico- va desde el 22% al 49%. De este modo, en Andalucía, el trabajador medio paga 3.395 euros en concepto de IRPF, 120 euros más que la media nacional. Además, en 2015, Andalucía mantuvo el Impuesto sobre la Venta Minorista de Hidrocarburos en el máximo permitido: 4,8 céntimos por litro, mantuvo el Impuesto sobre el Patrimonio con tipos impositivos que van del 0,24% al 3,03%.

Finalmente, el Impuesto de Circulación y el IBI se mantienen sin cambios significativos. Las presiones de Ciudadanos y del PP para reducir la presión fiscal han surtido un fruto muy modesto. Andalucía ha recibido más de 70.000 millones de euros en ayudas comunitarias en los últimos veinte años a través de los Marcos Comunitarios de Apoyo. Y transferencias netas positivas de otras comunidades durante tres décadas.

Sin embargo, mantiene casi intactos los mismos desequilibrios en récord de paro y presión fiscal. Si en vez de perpetuar el rentismo se hubieran aprovechado esas transferencias para convertir a Andalucía en lo que merece y puede ser, un motor de crecimiento, de empleo, mejora de productividad, atracción de empresas y capital, hoy no habría que entrar en polémicas manipuladas.

El asistencialismo
Seguiría existiendo solidaridad, pero no la perpetuación del asistencialismo. Porque “el asistencialismo hace confortable la pobreza, e impide salir de ella” (Sowell). Y asistencialismo es muy distinto a asistencia igual que solidaridad es muy distinto a donación. Pero a los que se dedican profesionalmente a repartir las migajas del mismo les es más cómodo echarle la culpa al eficiente.

Cuando hablan de armonizar impuestos, es subir. Cuando hablan de solidaridad, es más gasto -el que sea-. La única política social efectiva es crear empleo y facilitar que esos héroes que son los empresarios y autónomos andaluces -y de toda España- salgan adelante y pongan en valor el enorme potencial de su país y su región. A veces esto parece una clase donde los alumnos que suspenden se quejan de los que aprueban.

Esta desafortunada polémica no debe servir para acusaciones de falta de solidaridad, sino para que todos pongamos en marcha aquello que funciona, y dejemos de presionar para que las comunidades que funcionan se conviertan en infiernos burocráticos y fiscales. Porque entonces, si los intervencionistas vencen y consiguen que la política de Madrid u otras comunidades sea igual de confiscatoria y destructora de riqueza, no habrá nada que repartir. Desarrollemos el potencial de crecimiento en vez de potenciar el desarrollo del estancamiento. Andalucía, Madrid y todo el país lo merecen.

Donde dije digo, digo IVA
El rugido del león El Espanol 19 Noviembre 2016

La pretensión del Gobierno de subir los impuestos a la hostelería y el sector turístico ha chocado con la oposición frontal de Ciudadanos en las negociaciones preliminares al debate del proyecto de Presupuestos Generales del Estado. A expensas de conocer la letra pequeña de esta medida sobre un sector que supone el 11% del PIB y el 12% del empleo, así como su duración e impacto en las cuentas públicas, Albert Rivera es congruente con su discurso al rechazar que la política recaudatoria se centre en el IVA, que carga sobre el conjunto de la ciudadanía sin distinción de su nivel de renta.

Ciudadanos no puede tratar de imponer su programa fiscal, que prevé que el Estado aumente la recaudación mediante la reforma del Impuesto de Sociedades, la lucha contra el fraude y un aumento de la presión fiscal a quienes repatriaron su dinero acogiéndose a la amnistía fiscal de Montoro y sólo pagaron un 3% del dinero regularizado. Pero el Ejecutivo tampoco puede pretender que Rivera trague sin más con una medida que no forma parte de su pacto pra investir a Rajoy.

Nuevo ajuste
Desde que la Comisión Europea emplazó a España a acometer ajustes para reducir en 5.500 millones el déficit público, todo el mundo da por sentado que Rajoy volverá a incumplir su compromiso de bajar los impuestos. Este viernes ha sido el propio presidente quien, ante la canciller alemana, Angela Merkel, no ha descartado volver a aumentar la presión fiscal.

El Gobierno debe poner sus cartas boca arriba cuanto antes. No hay razón alguna para demorar un debate de Presupuestos que será muy complicado. España debe cumplir sí o sí el Pacto de Estabilidad y reducir su déficit al 3,1% del PIB en 2017, y la fiscalidad será un instrumento fundamental para ello.

Reducir el gasto
Gravar un poco más a sectores, servicios y productos que se benefician del IVA reducido del 10% no puede merecer una valoración negativa sin conocer el resto de medidas presupuestarias. Puede que sea incluso necesario subir impuestos para reducir el déficit, pero aumentar la fiscalidad debería ser el último recurso en un país con administraciones y organismos superpuestos y en el que siguen sin eliminarse muchos gastos superfluos.

La falta de concreción de las medidas que se apuntan y sin afrontar de una vez la negociación del Presupuesto no es el mejor modo granjearse la confianza de socios necesarios. Y más aún cuando hay motivos para sospechar que Rajoy retrasa adrede el debate de las cuentas públicas para cargar sobre los otros partidos la responsabilidad de sacarlas adelante so pena de culparles de obstaculizar la gobernabilidad.

Publicidad fraudulenta
El populismo usa las redes como armas de intoxicación masiva. La publicidad engañosa no está prohibida en política
Ignacio Camacho ABC 19 Noviembre 2016

Aquella cínica frase de Mitterrand sobre las promesas electorales, la de que sólo comprometen a quienes se las creen, sería considerada hoy una desfachatez populista. El viejo zorro francés amaba el poder sobre todas las cosas, y en sus intentos de alcanzarlo fue capaz de fingir un atentado. Para conservarlo dio alas a Le Pen padre y mintió a su conveniencia apelando a la razón de Estado, como si fuese un príncipe de Maquiavelo. Pero lo hacía a sabiendas de que en las reglas de juego de la política la mentira tenía un precio. No siempre tocaba pagarlo pero si ocurría no cabía refugiarse en el privilegio.

Los actuales adalides del populismo, en cambio, mienten no sólo con sensación de impunidad, sino con absoluta falta de remordimiento. Trazan diagnósticos falsos y proponen soluciones inviables con la mayor naturalidad porque se sienten a salvo de cualquier reproche, ya que sus discursos siguen la lógica arbitrista del pueblo. Han encontrado en el desordenado universo de internet un campo de Agramante perfecto para sembrar sus mensajes de discordia sin tener que someterlos a ninguna prueba de contraste. Por eso desprecian a los medios tradicionales de comunicación: saben que en el mundo contemporáneo la opinión compartida tiene mucha más fuerza que la publicada, aunque se base en informaciones falsas. Para un buen populista, la verdad está sobrevalorada. Por qué conformarse con un relato veraz, tan aburrido y antipático, si se puede difundir un buen bulo, una seductora patraña.

La victoria de Trump, el éxito del Brexit, el auge de Podemos, o la mitología del soberanismo representan la glorificación del engaño: los eurófobos ingleses tuvieron el cuajo de admitirlo sin empacho. La demolición del prestigio de las élites, también en España, se ha cimentado en gran medida en la transmisión de mensajes adulterados. La campaña del presidente electo americano ha divulgado en la red tal cantidad de calumnias y embustes -uno de los más extendidos fue el del apoyo del Papa- que ha obligado a una cierta contrición, mero postureo, de los responsables de Google y de Facebook. Los de Twitter, que se sepa, aún no han piado. La mayoría de esas noticias inventadas se han propagado desde webs y sitios del Este europeo: la órbita de Putin, el paraíso de los hackers informáticos. Da igual; el mal ya está hecho. Una mentira puede recorrer el mundo mientras la verdad se ata los zapatos.

La publicidad fraudulenta está prohibida en casi todas las sociedades avanzadas para proteger los derechos del consumidor. Pero en la política no rige este veto porque a menudo es el consumidor el que se presta voluntario para socializar la trola a través de las redes sociales, armas de intoxicación masiva, con el fervor propagandístico de un apostolado. En ese sentido tenía razón Mitterrand: la responsabilidad final es de quien avala con su voto su propio engaño.

¿Nos sirve de algo Ciudadanos?
Fernando Díaz Villanueva  vozpopuli.comintoxicación

Hace un año Ciudadanos era la revelación y Albert Rivera su Mahoma. Millones de españoles que no querían pasar por las horcas caudinas del populiflautismo podemita pero que, a un tiempo, renunciaban al PP, a su vana pompa y a la gloria de Soraya, encontraron en este partido una solución de emergencia para no tener que quedarse en casa o, lo que era aún peor, votar de nuevo a Montoro. Rivera, un tipo joven, sonriente e ideológicamente aseado, encarnaba la regeneración tranquila, el recambio confiable para Mariano Fendetestas y sus compadres de bandidaje. Encarnaba también la esperanza de esa España urbana y competitiva, hartita de pagar impuestos y de trabajar para el Estado, que vivía resignada bajo la maldición de una recua de opositores de provincias que aúnan lo peor de la izquierda y de la derecha.

Eso era hace un año, claro. Hoy Ciudadanos languidece. No termina de encontrar su sitio. Quizá porque nunca lo buscó. Durante los últimos once meses, desde que la carambola del 20-D nos condenó a un año de Gobierno en funciones, Rivera se ha centrado en un único y exclusivo empeño, el de garantizar la gobernabilidad. Primero llegó a un acuerdo con el PSOE y luego con el PP. Acuerdos de mínimos dirigidos a romper el bloqueo parlamentario. Y punto. Ahí se les acabó la gasolina.

Todo lo demás se ha ido quedando en el camino. Primero renunciaron a plantar cara a la apabullante hegemonía mediático-cultural de la izquierda, luego tiraron al reciclador de papel las recetas genuinamente revolucionarias –las liberales, las únicas posibles– y, por último, han decidido desertar de todos los frentes para acurrucarse calentitos en torno al brasero del presupuesto, que de esto se vive muy bien, Albert, no vayamos a pifiarla y nos veamos de vuelta en un trabajo normal, a las siete en pie, bonobús y ocho horas de aguantar a los clientes. Hubo quien lo advirtió, conste, pero muchos se resistían a creerlo. La oportunidad de meter una cuña entre el socialismo de derechas y el de izquierdas era demasiado tentadora como para detenerse en esas menudencias.

El resultado es el que tenemos delante de nuestras narices, un partido desenfocado, sin identidad definida, arracimado en torno a un líder que ni siquiera es carismático, con ideas de quita y pon y con un suelo electoral que es exactamente de cero votos. Cierto que no tiene muchos diputados, pero si los suficientes como para hacer la vida imposible al registrador, que es su obligación, que es para lo que le entregaron más de tres millones de votos en junio. Con bastante menos los de UPyD le cortaban la digestión en el Congreso. No había más que ver como las caras en la bancada azul se avinagraban tan pronto como Rosa Díez subía al estrado.

La diferencia es que Rosa Díez, amén de dos quintales de carisma, tenía las ideas claras y estaba en el negocio para defenderlas. Podían gustarnos más o menos, pero las tenía, al igual que las tiene Pablo Iglesias o el mismo Gabriel Rufián, por muy mostrencas y disparatadas que nos parezcan. Con Rivera es diferente. El programa de horchatilla templada que llevó a las elecciones debió hacernos sospechar. No se puede servir a Dios y al diablo, no se puede contentar a todos, no se puede tener, en definitiva, a un virtuoso del violín como Girauta tocando en la misma orquesta con uno que no se apaña ni con la armónica como Villegas. En ese estar sin estar en ningún sitio no podrá permanecer mucho tiempo.

La Democracia iPhone
Gabriela Bustelo  vozpopuli.com 19 Noviembre 2016

En Occidente tendemos a quejarnos machaconamente de todo, apenas conscientes de que no siempre tuvimos esta libertad que nos permite soltar exabruptos públicos casi diarios sobre el clima, la comida, la política, el deporte y la televisión. Basta mencionar un puñado de próceres de la historia europea ?Julio César, Constantino, Carlomagno, Guillermo el Conquistador, los Reyes Católicos? para valorar la sufrida trayectoria de la democracia desde la Grecia de Pericles (pese a la intención igualitaria del cristianismo) hasta la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Probablemente fue Churchill quien apuntaló la democracia occidental como una cultura por la que merecía la pena vivir y morir, es decir, tal como la entendían los griegos. No en vano fue Churchill quien dijo con su pragmatismo socarrón: “Muchas han sido las formas de gobierno que se han ensayado y que se ensayarán en este mundo de pecado y aflicción. Nadie pretende que la democracia sea perfecta ni que sea sabia. De hecho, se ha dicho que la democracia es el peor sistema político que existe, exceptuando todos los demás que se han tanteado de un tiempo a esta parte”.

La democracia como marca registrada
La antorcha que prendió Grecia la lleva hoy Estados Unidos ?la rama que al tronco británico sale?, cuya democracia es casi una marca registrada. Basta ver una imagen de la Estatua de la Libertad o la bandera de las barras y las estrellas para saber de qué estamos hablando. Hoy prácticamente todos los países del mundo son democracias en mayor o menor grado. Desde los años setenta hasta comienzos del siglo XXI, cerca de 70 países se han convertido en democracias.

El atractivo de engancharse al tren democrático es comprensible: mayor riqueza, menos corrupción y menos guerras. Todo ello pudiendo convivir libremente con un futuro asegurado. A los coetáneos nos han tocado las mejores décadas de la historia de la humanidad, con un descenso de la pobreza mundial sin precedentes. La revolución informática ha acercado a los políticos a la población, despojándolos de su aura intocable. La sospecha de que los políticos son inútiles ya no es una queja retórica, sino que se ha convertido en algo fácilmente comprobable. Pese a la separación de poderes, las salvaguardas constitucionales, las legislaturas bicamerales y la rotación de partidos políticos, las democracias están controladas por minorías con frecuencia corruptas, como denuncia la serie estadounidense House of Cards. La pasión por el debate heredada con la democracia griega ha degenerado en un guirigay decadente donde todo se discute, pero poco o nada se resuelve.

El malestar en la cultura
Al intentar buscar a quien echar la culpa, la globalización aparece como la mala bestia a la que nadie había invitado y a la que nadie conoce bien del todo. La gran paradoja de la globalización es que mientras conecta de una manera casi íntima a 7.000 millones de personas, al mismo tiempo produce un sentimiento de alienación. Una persona con acceso a un iPhone o un iPad puede obtener cantidades ingentes de información y cultura antes no disponibles de manera inmediata y gratuita, pero Internet también exacerba los sentimientos de frustración. Hace ya casi un siglo Freud explicaba ?en su ensayo El malestar en la cultura? esa alienación como un resultado inevitable de la presión que ejerce la sociedad occidental sobre cada uno de sus miembros, generando un sentimiento de culpa por no estar a la altura de las expectativas.

La globalización de la desinformación
La conducta del electorado occidental ha sido analizada durante décadas desde el punto de vista socioeconómico y psicológico, con resultados tan incuestionables como deprimentes. En general, los votantes de las democracias veteranas están lastrados por sus prejuicios. Del amplio grupo de personas con derecho a voto, una minoría sabe mucho de política y la mayoría no sabe nada. Es probable que estas proporciones hayan variado poco desde el nacimiento de la democracia, pero el iPhone genera la falsa impresión de convertir casi mágicamente a su propietario en un ciudadano bien informado. Por eso no debe extrañarnos que sea precisamente en las democracias prósperas y asentadas donde se están produciendo los comicios con resultados más aberrantes. Nunca tantas personas han tenido acceso a tal cantidad de información en un entorno tan libre y tecnificado. Pero el acceso al conocimiento no garantiza la asimilación de ese conocimiento. Tras una tortuosa trayectoria de 25 siglos, la democracia griega del ágora y el ostrakon se ha convertido en la democracia del iPhone, con grave peligro de volver a sucumbir.

La izquierda cloacal
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 19 Noviembre 2016

La izquierda cloacal practica una variante particularmente deleznable del racismo: el racismo antiestadounidense.

En mi artículo "¿Trump en la Moncloa?" (LD, 10/11) rescaté la invectiva de Horacio Vázquez-Rial contra la izquierda reaccionaria. Esta es una corriente ideológica que recubre el viejo esqueleto del socialismo con un grueso caparazón de placas ultraderechistas: nacionalismo acérrimo, intolerancia rampante, despotismo implacable, hostilidad a las leyes que gobiernan la convivencia, dogmatismo identitario, tergiversación de la historia y culto a la mentira. ¿Puede haber algo peor? Pues sí. La izquierda cloacal.

Instinto bestial
La izquierda cloacal no es una corriente ideológica, porque carece de la racionalidad indispensable para hilvanar ideas, aunque estas sean deleznables. Es puro instinto bestial que empuja al individuo a descargar dosis masivas de odio patológico. Acabo de tropezar con un ejemplar de esta especie, que para más inri supura su veneno en libros y artículos de opinión que pueden infectar a lectores desprevenidos. Estas líneas dejan a la vista el asco que me inspira el personaje que encarna esta miseria fecal.

Me enteré de la existencia de Ariel Dorfman -chileno y ahora estadounidense por adopción, aunque nacido en Argentina- en los años 1970, cuando en mi condición de crítico literario del diario argentino Clarín tuve que comentar un libelo ridículo que él firmaba junto con Armand Mattelart, titulado Para leer al Pato Donald. No conservo aquella crítica ni la encuentro en internet, pero recuerdo muy bien que lo traté con el desprecio sarcástico que merecía tamaña bazofia. Dorfman y el coautor describían al Pato Donald y su parentela como unos siniestros agentes del imperialismo yanqui, creados por mentes insanas para inculcar a los lectores infantiles la admiración por los valores, a su juicio espurios, del capitalismo.

A partir de ahí me limité a comprobar que sus restantes libros y artículos periodísticos repetían obsesivamente los estribillos de sus fobias anticapitalistas y antiyanquis, aunque no podía dejar de asombrarme al leer que todo eso lo escribía en Estados Unidos, aposentado en lucrativas cátedras universitarias.

Hasta que el 10 de noviembre encontré una regurgitación suya en el diario El País, escrita con motivo de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, y titulada "América se quita la máscara". Ya el título revela hasta qué punto la visceralidad trastorna el entendimiento de este refinado adoctrinador totalitario, que cae en la vulgaridad de arremeter contra todo el continente, desde el Estrecho de Bering hasta el Cabo de Hornos, cuando supongo que el objeto de su aborrecimiento enfermizo es solamente Estados Unidos.

Racismo puro y duro
Todo el artículo es un alegato contra Estados Unidos visto como un pozo de iniquidades que, por su magnitud, parece el producto de una maldición genética. Racismo puro y duro en la versión de la izquierda cloacal.

Empujado por la necesidad de vomitar su bilis, Dorfman omite reconocer que Hillary Clinton obtuvo 200.000 votos más que Donald Trump, y después de cubrir a este de improperios, en muchos casos merecidos, deduce que "América ha revelado su verdadero ser". Y añade que, vistos los antecedentes, "no debería sentir sorpresa alguna ante este desenlace apocalíptico".

Confiesa el difamador que cuando llegó con su familia a Estados Unidos, en 1980, "no abrigaba ilusiones acerca de este país", cuyos dueños del poder "y su pueblo mismo eran cómplices de crímenes contra la humanidad en todos los continentes", con "una larga historia de esclavitud y conquista y persecución de los disidentes".

Dedica el panfletista unas pocas líneas a reconocer que existían algunas razones para admirar el país que eligió para su exilio, y admite que pasó su vida tratando de "conciliar esas dos Américas". Su creencia en la redención de ese país del que se hizo ciudadano "fue puesta a prueba una y otra vez durante 36 años". Cuando enumera los hechos que le hacían dudar que esa redención fuera posible es Dorfman quien se quita la máscara: lo irritaba el empeño de Estados Unidos en combatir los regímenes comunistas que él consideraba intocables. Con el agravante, para Dorfman, de que el Partido Demócrata se mostraba obsecuente y sumiso con los poderes fácticos que practicaban esa política.

Desahogo obsceno
No sorprende que Dorfman reconozca que, en esta trayectoria por las alcantarillas de la izquierda, sintió "empatía" con los indignados que terminaron votando a Trump, aunque se arrepintió de ello cuando le dieron el triunfo. Esta empatía no es casual. Si volvemos brevemente la mirada hacia España nos encontramos con que Pablo Iglesias proclamó, con su habitual y justificado desdén por la inteligencia del rebaño ("Trump y el momento populista", Público, 10/11):

El colapso financiero del 2007 fue la antesala de la crisis de buena parte del sistema político occidental. (…) La traducción política en Estados Unidos se llama Trump, en Francia se llama Le Pen y en España, gracias a la virgen, que diría Esperanza Aguirre, se llama Podemos.

Más claro, imposible. La crisis los cría, en la derecha y la izquierda, y la cloaca los junta.

El desahogo obsceno de Dorfman concluye con el testimonio definitivo de que la izquierda cloacal practica una variante particularmente deleznable del racismo: el racismo antiestadounidense, sin matices ni misericordia. Helo aquí:

Lo que contemplo ahora en el abismo de este triunfo es tal vez el verdadero rostro de este país, su rostro profundo y aterrador, irrevocable y permanente. Y ahora, después de lo que esta campaña despreciable y bellaca ha expuesto acerca de una parte tan inmensa, tan irredimible del pueblo norteamericano, sospecho que será imposible reparar la grieta de esta comunidad a la que pertenezco mal de mi agrado.

¿Cómo seguir adelante, cargando este veneno infinito que me contamina, cómo aceptar lo que tantos inocentes van a sufrir?

Veneno infinito
Que el veneno infinito –del racismo antiestadounidense– lo contamina desde los tiempos en que escribió Para leer al Pato Donald, es evidente. Cabe preguntar, entonces, ¿por qué eligió Estados Unidos para exiliarse? ¿Por masoquismo? ¿O porque los arribistas cínicos de la izquierda cloacal se complacen en despotricar contra Estados Unidos pero llegado el momento de optar, se radican como buenos burgueses donde tienen garantizado el respeto a su dignidad, a sus propiedades y a su libertad?

Al fin y al cabo, cuando Dorfman se exilió aún existía la Unión Soviética, donde se habían refugiado los espías del Círculo de Cambridge -Kim Philby, Donald Maclean y Guy Burgess-, y todavía hoy podría conversar en Moscú con el traidor Edward Snowden, agasajado por Putin, el amigo de Trump. Además, en aquella época, el dictador comunista de Alemania Oriental, Erich Honecker, acogió a muchos de los camaradas chilenos de Dorfman, hasta el punto de que, cuando Chile y Alemania Oriental recuperaron la libertad, estos impidieron que aquel fuera extraditado a Bonn, que lo reclamaba por sus crímenes. Y el súmmum habría sido disfrutar de la hospitalidad de los hermanos Castro en el idealizado paraíso cubano..

Lo seguro es que, se encuentre donde se encuentre, este militante de la izquierda cloacal seguirá expeliendo el veneno infinito con el que confiesa estar cargado.

PD: Gregorio Morán –valiente, nobleza obliga a reconocerlo, cuando demuele, con sarcasmos estrictamente racionales, los fetiches del nacionalismo catalán– apostrofa, desmadrado ("Otoño en Madrid el día señalado", LV, 12/11):
La casta política norteamericana, como su imperio, edificado sobre la falacia de que son la más alta representación de la democracia, se acabó. Exactamente, no existió nunca. Fue una invención de gran éxito en la política, los negocios y el cine. ¿De verdad usted hubiera votado a Hillary Clinton, versión Hollywood de Lady Macbeth, que lleva en la cara la quintaesencia de la mentira, la ambición, la tradición corrupta de una democracia que desde la guerra de Vietnam, ¡y ya ha llovido!, ha marchado de derrota en derrota y de matanza en matanza, pero cada vez con armas más sofisticadas?

¡Que el ramal izquierdo de la cloaca los reciba en mala hora a usted y a su propia carga de infinito veneno antiyanqui, don Gregorio, imitador de los charlatanes lombrosianos a la hora de descifrar caras!

NEGOCIACIÓN DE LOS PRESUPUESTOS
Reducción del déficit: Bruselas aprieta y todavía queda lo más difícil
Cumplir con Bruselas que exige un recorte de 7.000 millones. Cumplir con las exigencias políticas: no tocar el IVA, el IRPF ni el Estado del Bienestar. El puzzle de los presupuestos de 2017 y por ende encauzar el objetivo de déficit parece misión imposible. El Gobierno ya ha planteado aumentar ciertas figuras impositivas, pero parecen quedar lejos de lo exigido y las cuentas en recortar gasto sin tocar Estado del Bienestar es más ficción que realidad
Pedro Ruiz Estrella Digital 19 Noviembre 2016

Un desfase entre déficit pactado y efectivo de más de 11.000 millones en 2015. Cerca de un año sin Gobierno y cuando sale, está en clara minoría. Pese a que cada año se ha incrementado el objetivo de déficit se ha incumplido sistemáticamente. Por último, España –hay que ver la evolución de Portugal- será el último país dentro del Protocolo por Déficit Excesivo.

A Bruselas se le acaba la paciencia con España. De hecho, el ministro de Economía, Luis de Guindos, tuvo que viajar a Bruselas para evitar la congelación de los fondos europeos. La Comisión confirmó que no los congelara –al igual que canceló la multa-, pero de seguir abonados al incumplimiento se podría dar el paso.

En 2016, España cumplirá previsiblemente con el objetivo, gracias a la buena marcha de la economía y las medidas adicionales tomadas como el adelanto de sociedades.

El baile comienza en 2017: Por un lado, el ajuste para cumplir con lo pactado requiere ajustes por entre 7.000 y 8.000 millones. Por otro lado, los presupuestos de 2017, deberán contentar a los partidos para que los avalen en el Parlamento. Y ni unos ni otros parecen querer lo mismo de los presupuestos.

Más impuestos, ¿Suficiente?
El nuevo ejecutivo ya ha planteado que podría subir los impuestos especiales, los verdes e instalar la euroviñeta –una tasa para los vehículos pesados de más de 3,5 toneladas-. Además, el pacto con Ciudadanos podría eliminar las deducciones en el impuesto de Sociedades, pero también implica que IVA e IRPF -los que tienen mayor poder recaudatorio- se queden dónde están.

Por todo ello, parece muy complicado que se pueda ajustar el déficit sólo con la variación de dichas tasas. De hecho, el presidente de la Asociación Española de Asesores Fiscales, José Ignacio Alemany, ha admitido está misma semana que “lo que el Gobierno puede recaudar con dicha subida de impuestos es muy poco” y que se debería “incidir” en recortar gasto.

Pero, ¿Por qué todos los partidos se afanan en subir impuestos y no se habla del gasto? La realidad es porque el margen para hacer un recorte importante -de algún punto del PIB- sin tocar el Estado de Bienestar es pequeño, como ha demostrado en más de una ocasión el Catedrático de Economía en la University of Pennsylvania (aquí).

Reducir déficit a través del gasto
El gasto público español, según el último Programa de Estabilidad enviado a Bruselas, era del 43,32% del PIB, con unos ingresos del 38,24%, la diferencia es el famoso déficit que cuenta Bruselas.

En el gasto público español existe una serie de partidas que son intocables. En primer lugar, el pago de intereses y a la Unión Europea, estos son un 3,06% y un 0,92% respectivamente. El Estado del Bienestar –sanidad, educación, desempleo, pensiones- pesó cerca de 25,43 puntos del PIB (se toma como referencia el dato de 2013 del 25,4 y se anualiza para 2015). Ahora, tras descontar dichos gastos quedan como ‘libres’ para intentar recortar 13,91 puntos del PIB.

Asimismo, se deben añadir al menos un par de apartados más. En primer lugar, las inversiones públicas que se encuentra en mínimos con un 2,46% del PIB. Pese a que en ese gasto existe cierto despilfarro –corrupción, sobrecostes o AVE (según Ciudadanos)- la inversión media a medio plazo debería situarse en un 3 o 4% para mantener las estructuras estables.

En segundo lugar, cerca de tres puntos más de PIB que se gastan en defensa y orden público, 0,9% y 2% respectivamente que son intocables. En primer lugar, porque en defensa España gasta poco, se le exige alcanzar el 2%, es decir 1,1 puntos de PIB más aunque no se toma en cuenta ahora. En seguridad y orden porque un nivel inferior pondría en riesgo el propio funcionamiento del Estado, como señalaba en la entrada el catedrático, más si cabe que durante estos años el reemplazamiento de plazas ha sido tímido.

Además, habría que añadir 0,8 puntos de PIB, unos 8.000 millones, por las propuestas de Ciudadanos, entre ellas: Complemento salarial, plan contra la pobreza o programa de activación de empleo. Tras proceder a descontar todos los gatos que parecen intocables, salvo ahorros en eficiencias pero son pequeños, se llega a un gasto libre de 8 puntos de PIB.

Reducir cerca de un 20% de esos ocho puntos es una tarea imposible. Más aún si ese recorte tuviera que asumir todo el déficit, hay recordar que el objetivo a largo plazo es de déficit cero. Ningún Estado moderno sobrevive con ese gasto tan bajo de funcionamiento. Todo ello, sin contar que debería aumentarse la inversión pública, el gasto en defensa y hay un agujero de 15.000 millones en pensiones a partir de 2018.

Tampoco parece funcionar la idea de que a través de reducir el gasto municipal se consigan grandes cifras, como dice Ciudadanos. En 2015, los ayuntamientos gastaron un 4,76% del PIB tras restar intereses y transferencias a la UE. La idea de fusionar ayuntamientos reduciría el coste, pero los servicios –que es el grueso- se mantendría. En el caso de diputaciones que suponen cerca de un 0,1% del PIB, una parte muy pequeña y que aunque se eliminen su grueso, los servicios, se mantiene.

Al final, quedarán los impuestos, como siempre. Los ingresos ha sido el principal elemento que ha ayudado al Gobierno del PP a reducir el déficit. De hecho, la reducción de cerca de cuatro puntos viene explicado en un 70% por el aumento tributario, un 90% si nos centramos solo en los últimos tres años de legislatura, gracias a un incremento de 25.000 millones.

Los videojuegos ya no hablan en español
La comunidad de jugadores se ha levantado en armas por los recientes lanzamientos de juegos españoles cuyas voces están solo en inglés, francés y alemán
Alfredo Pascual. Jaume Esteve El Confidencial 19 Noviembre 2016

Esta semana salió a la venta 'Yesterday: Origins', uno de los juegos españoles más esperados del año, y lo hizo con una sorpresa: no está doblado al castellano. En los foros especializados algunos usuarios han empezado a levantar la voz ante lo que consideran una falta de respeto por su cultura; no comprenden cómo el doblaje español ha ido perdiendo peso frente a idiomas como el ruso o el portugués de Brasil, que cuentan con muchos menos hablantes a nivel mundial. Además, se da la circunstancia de que España sigue siendo uno de los baluartes mundiales del doblaje en materia de películas y series.

Basta con echar un ojo a las cifras para comprobar que, en efecto, el volumen de videojuegos doblados al español ha ido decreciendo desde 2011. Según un informe de la web especializada DoblajeVideojuegos, España ha pasado de locutar 92 juegos en 2001 a cerrar este ejercicio con menos de 35. "Por supuesto que están descendiendo, y a un ritmo muy rápido", explica Yova Turnes, administrador de la página. "No es solo que muchos pequeños estudios no puedan pagar por un doblaje profesional, sino que grandes compañías como Microsoft se están olvidando de España. No han vendido muchas Xbox aquí y doblar al español no les interesa. 'Quantum Break 3' llegó en inglés, cuando las anteriores entregas estaban dobladas, y 'Gears of War 4', uno de los lanzamientos más importantes del año, solo llegó en español tras un parche, en primera instancia no venía el español", explica Turnes.

Las fuentes consultadas coinciden a la hora de diagnosticar el problema: localizar al español ha dejado de ser rentable en la mayor parte de los juegos. El doblaje de un videojuego es similar al de una película de animación, con la salvedad de que en los videojuegos los actores se ven obligados a locutar a ciegas, sincronizando el discurso con un cronómetro. El coste fluctúa entre 3.000 y 30.000 euros, ya que depende del número de palabras y personajes. Cuanto más diálogo a interpretar entre más actores, peor. Esta circunstancia favorece a los juegos de acción con respecto a géneros menos populares como las aventuras gráficas o los juegos conversacionales, que cuentan con libretos mucho más abultados.

Enrique Gutiérrez es el director de Rec Games Sonidos, uno de los tres principales estudios de localización de España junto a Synthesis y Pinknoise. Es un veterano con galones: comenzó a doblar videojuegos en 1999, tiene entre sus clientes los títulos más ambiciosos de Electronic Arts y dirigió el doblaje de 'The Longest Journey', considerado el primer doblaje de videojuego profesional realizado en España. Su análisis de la situación es demoledor: "Antes, solo con Electronic Arts, hacíamos 40 doblajes al año. Ahora hacemos 3 o 4. La bajada es enorme", sostiene.

No son juegos, son películas. Más presupuesto, más acción, más personajes, más diálogos. Los dobladores han encontrado en esta industria en constante crecimiento una nueva vía de trabajo

Curiosamente, la democratización de acceso a desarrollar videojuegos ha repercutido negativamente en su factura. Cada vez llegan más títulos al mercado y, por lo tanto, su rentabilidad es menor. "Hay una enorme saturación del mercado. Yo llegué al sector hace solo tres años, pero aun así he notado que cada vez hay más juegos y, claro, cada vez se vende menos cada uno. Y ante una perspectiva de rentabilidad menor, se hacen recortes, pero debe quedar clara una circunstancia: todos los desarrolladores queremos tener nuestros juegos en todos los idiomas posibles. Si eres español, pues claro que lo quieres en español", dice Luis Oliván, fundador del estudio Fictiorama.

Oliván vivió en carne propia esta frustración el año pasado cuando su estudio lanzó 'Dead Synchronicity', una aventura gráfica que ha cosechado buenas calificaciones entre la prensa especializada. Su editor, la alemana Daedalic, decidió lanzar el juego solo en inglés y alemán: "Nos hubiera encantado doblarlo al español, pero Daedalic no quiso. El doblaje es uno más de los procesos de producción, por lo que hay que mirar su rentabilidad, pero también es un elemento que hace mejorar mucho el juego, es una ambientación que, bien hecha, aporta mucho peso narrativo".

Si bien el sector del videojuego no ha dejado de crecer desde finales del pasado siglo, en los últimos años la llegada de los estudios 'indies' han disparado las cifras de lanzamientos. Tomemos por ejemplo la producción para PC al ser la más accesible (no se requiere una licencia para desarrollar juegos, como sucede con las consolas). En 2008 se publicaron 172 juegos; en 2013 fueron 560 y el año pasado vieron la luz 1.592 títulos. "Los juegos crecen mucho más rápido que los jugadores, ahora la oferta es ingente", dice Oliván.

En este crecimiento el español ha quedado diluido. Según una horquilla extraída de las fuentes consultadas, nuestro país representa entre el 4% y el 7% de las ventas globales, un dato que confirma la plataforma de videojuegos Steam en sus informes semanales con un 5,5%. El porcentaje permite que juegos como FIFA 17 o Uncharted amorticen de sobra la inversión en doblaje, pero le complica la vida a los estudios medianos y pequeños. "Y aquí llega la duda: ¿te vas a gastar 15.000 euros en un doblaje en español? A veces con un juego en inglés vendes 100 y, traduciéndolo, 110. Si tu juego no es un gran proyecto, a lo mejor no te compensa", lamenta Enrique Gutiérrez.

Gutiérrez fue partícipe de lo que podemos llamar la edad de oro del doblaje en España. Ningún desarrollador prestó tanta atención a la ambientación y localización de sus juegos como FX Interactive. Pablo de la Nuez, director de publicaciones de la desarrolladora que cofundó junto a los hermanos Ruiz, sigue defendiendo el doblaje al castellano: "Todo el mundo piensa que el doblaje es caro porque está sindicado y hay unos precios establecidos, no hay negociación libre con estudios y doblajes. Hay unos mínimos, unos precios tasados, y eso hace que no se pueda negociar en función de las ventas", continúa De la Nuez. "Hay juegos que no necesitas escucharlos para entenderlos, con subtítulos vale, pero con otros no los disfrutas igual. Yo trabajo en inglés todos los días, y veo películas en ese idioma, pero cuando juego prefiero que el título esté doblado si está bien hecho. Tienes una inmersión y el cerebro entiende perfectamente lo que tiene delante. El ambiente en el que te sumerges no es el mismo".

De la Nuez recuerda el lanzamiento de 'The Longest Journey', en el que invirtieron una cifra récord: 30.000 euros. "FX se había planteado que si lo hacía era porque iba a vender más ya que llegaría a más gente y se ofrecía al mercado un producto de mejor calidad. Se conseguían más ventas porque se hacía mejor que el resto. 'The Longest Journey' finalmente fue rentable, pero era un juego muy grande y la inversión también lo fue", dice De la Nuez. Los demás juegos del catálogo de FX, a lo largo de más de una década, fueron siempre doblados, en ocasiones incluso sin necesidad: "A veces incluso nos inventábamos los doblajes. Si no había un vídeo de introducción y considerábamos que tenía sentido, escribíamos el guión a toda prisa, lo doblábamos y lo incorporábamos al juego. El doblaje era una extensión más: traducción, 'marketing', manuales, guías, extras y doblaje. Estaba dentro del proceso y del presupuesto, era algo evidente" afirma De la Nuez, que abandonó FX Interactive en 2014.

Adelantados por el ruso y el portugués
Josué Monchán es uno de los guionistas y traductores con mayor reconocimiento en España. Coincide con la teoría de la saturación del mercado, pero añade otra variable: "El ruso y el portugués de Brasil están comenzado a desplazar al español en los videojuegos. Son dos mercados enormes que, por cuestiones diferentes, estaban dormidos y han despertado. En Rusia el problema era la piratería; te metías en el metro de Moscú y veías máquinas de 'vending' con juegos pirateados. Ahora está subiendo el consumo de producto original y nos han desbancado. El problema de Brasil eran los aranceles, que cualquier producto allí costaba el triple. ¿Conoces algún brasileño de 30 años que juegue a la consola? Hay pocos porque antes era una cosa de ricos. Ahora representan solo un 1% menos que España en el mercado internacional", detalla el guionista. "Cuando se toma la decisión de recortar doblajes se mira la lista: inglés, chino, ruso, portugués... si pierdes puestos en esa clasificación, pues tu versión cae antes".

Monchán denuncia que no solo cada vez se dobla menos, sino que se hace sin pasión. "Ahora imperan las 'one stop solution', las agencias de localización que te doblan, te traducen y te adaptan a cualquier territorio. Es un proceso industrializado, a veces a los creadores no les dejan ni siquiera decidir qué actores van a doblar su juego, y en otras los presupuestos se subastan y se otorgan al mejor postor". Como ejemplo cita el caso de 'Original Sin: Divinity', cuya traducción para la versión extendida surgió de una cooperativa improvisada de autónomos, Monchán entre ellos, y fue distinguido como la mejor traducción del año para la versión española del portal especializado GamesReactor.

"Ahora solo se doblan los juegos AAA (triple A, los más ambiciosos), aunque incluso estos empiezan a flojear. ¡Recuerdo cuando llegó 'Halo' en latino y se montó la marimorena! Antes los españoles veíamos 'La sirenita' en latino y no pasaba nada, pero ahora es imposible, y al revés también; y a ninguno le gusta el español neutro. Hay casos sangrantes como Rockstar, que no dobla ningún juego y gana muchísimo dinero con cada uno, o Telltale Games, que solo hacen traducciones y son un desastre", concluye Monchán.

Es complicado encontrar una solución cuando es el mercado quien marca la rentabilidad, en este caso su ausencia, en un producto. Muchos miran con deseo las leyes proteccionistas de otros países con respecto a su lengua, en especial de Francia. Desde la implantación de la ley Toubon en 1994, todas las expresiones culturales deben ser traducidas al francés. Así, pese a que Francia representa solo un 3,4% del mercado, siempre obtiene el 'software' en su idioma. "Lo doblan todo, hasta si está una televisión funcionando de fondo, y eso que un doblaje en Francia o Alemania sale un 30% más caro que en España", dice Enrique Gutiérrez. ¿Hay futuro para el doblaje español? Responde Gutiérrez: "Solo repuntaremos si crece el mercado nacional, si hacemos algo contra la piratería, si los españoles comprendemos que los juegos no son gratis".

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Como no pagamos suficientes impuestos... más presión fiscal
Antoni Fernàndez Teixidó El Confidencial 19 Noviembre 2016

Con toda seguridad, el Govern catalán debatirá en el Parlament los Presupuestos del 2017 pues, finalmente, la CUP lo permitirá. No resulta aventurado escribir que, muy probablemente, serán aprobados. Se hará con el imprescindible apoyo parcial de la CUP. El resto de grupos parlamentarios, por razones diversas, difícilmente se sumarán a la aprobación de la ley más importante del curso político.

No conocemos todavía el contenido preciso del nuevo presupuesto que será presentado por Junqueras el 29 de noviembre. Pero adelanto una orientación expansiva del gasto –se habla de unos 1.000 millones de euros más respecto al anterior– y una dificultad, casi insalvable, de encontrar ingresos allí donde los haya para mantener un déficit razonable, lejos aún del que sería necesario.

¿De qué estamos completamente seguros? De que se incrementará todo el capítulo de gastos. ¿Qué podemos afirmar con rotundidad? Que subirán los impuestos. Gasto social indisciplinado e impuestos excesivos son dos conceptos patrimonio tradicional de la izquierda –la clásica y la extrema– en Catalunya y en España.

Se acepta que ser de izquierdas, o cuando menos parecerlo, obliga a llevar a cabo una política sistemática de incremento de la presión fiscal. Se sostiene, reiteradamente, que esta es en España una de las más bajas de Europa. No es cierto. Pero librar esta batalla es un afán inútil. Llevo años tratando de explicar que la presión fiscal debe ser correlacionada con el esfuerzo fiscal. Es aquí donde los contribuyentes de toda España se esfuerzan mucho más que la media de los europeos. Si se pudiera aceptar que el indicador del esfuerzo fiscal es el cociente resultante de dividir el total de la recaudación por el número de contribuyentes, acabaríamos por fin con este enojoso debate. Nótese que en ningún momento he hablado de la calidad de los servicios, ni del crecimiento de la deuda ni de la contención del déficit. Todo esto da para sucesivos artículos. Pienso, no obstante, que el sacrificio que los contribuyentes españoles realizan a la hora de pagar sus impuestos es desmesurado. Se ignora, obstinadamente, el alcance real de esa contribución al erario público.

El Govern catalán se plantea hoy con los nuevos Presupuestos una batería adicional de cambios fiscales. Estos son: la reforma del impuesto de la renta, la modificación al alza del impuesto de sucesiones y donaciones y, asimismo, el del patrimonio. Se pretende gravar más a las rentas pretendidamente altas, mediante nuevas figuras impositivas e incrementos en algunas de las ya existentes. Se propone la creación de nuevos impuestos con el pretexto de la defensa de la salud (gravamen a las bebidas azucaradas) y la protección del medioambiente (centrales nucleares y centros comerciales).

Sospecho que los presupuestos del 2017 no solo incluirán una subida significativa de impuestos, sino que supondrán la derogación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada por el Parlament en el año 2012. La finalidad de dicha ley era preservar la autonomía financiera y garantizar los objetivos de consolidación fiscal y sostenibilidad económica. Es una ley imprescindible para controlar el déficit y la deuda. Parece que el 'vicepresident', Junqueras, presionado por la CUP, no tiene claro que toda elaboración, aprobación y ejecución del presupuesto debe hacerse bajo un marco de estabilidad presupuestaria coherente con la normativa europea. ¿Hasta dónde el Govern catalán está dispuesto a llegar para conseguir el voto favorable de la CUP?

Me temo que el debate de los presupuestos en el Parlamento español no presentará grandes diferencias con lo explicado hasta aquí. Los protagonistas cambian pero parecerá que el Gobierno de aquí –Partido Popular– y el de allá –Junts pel Sí– entienden que la única fórmula adecuada para tratar el gasto social y combatir el déficit es con la consabida alza de impuestos a cargo, no de los que más tienen, sino de las clases medias y los trabajadores. Cuando el peso de los impuestos indirectos crece y la progresividad de los directos aumenta el resultado es, indiscutiblemente, más presión fiscal para todos y mayor esfuerzo fiscal para los de siempre.

Pienso que la moderación fiscal es una orientación política imprescindible en la segunda década del siglo XXI. El aumento sistemático de impuestos, persiguiendo el designio de la redistribución a toda costa, genera pobreza e injusticia y es el ariete fundamental de las políticas ineficientes. Si los gobiernos han de incrementar la tributación en un euro para cada ciudadano, prefiero, sin lugar a dudas, que este euro permanezca en el bolsillo del contribuyente. El gasto que cada ciudadano puede realizar –si no ahorra– estará más fundamentado y será más útil que el que pueda efectuar la Administración.

¿Queremos más políticas sociales? ¿Queremos contener el déficit? Pues reduzcan entonces, primero, las bolsas de fraude fiscal del país y háganlo con determinación. Compriman después la estructura de la Administración y el gasto corriente de la misma. Pero no lo hagan a cargo de aquel ciudadano que cumple, religiosamente, con sus obligaciones. No conviene perjudicar más los intereses de los contribuyentes que son los que pagan el grueso de los impuestos. Por cierto, las clases medias y los trabajadores de este país.

El separatismo y la ética
SERGIO SANZ La Voz Libre 19 Noviembre 2016

El objetivo del Gobierno de la Generalitat, que encabeza Carles Puigdemont, es la separación de Cataluña del resto de España. Y como la mayoría de los catalanes no compartimos ese objetivo, el gobierno separatista trabaja cada día para ganar apoyos para su causa. Su estrategia para convencernos consiste en insistir, siempre que pueden, en la idea de que para solucionar los problemas, los catalanes debemos dejar de ser conciudadanos del resto de españoles y crear una frontera entre nosotros.

El presidente y los altos cargos del Gobierno de la Generalitat pronuncian preocupados discursos sobre los problemas de carácter económico o social para concluir que la solución pasa por salir de España. Por esa razón, no llevan adelante las políticas públicas ni las reformas necesarias para dar solución a esos problemas: hacerlo desmontaría su argumento principal, ese argumento con el que aspiran a aumentar los partidarios de su objetivo. Es en ese contexto donde vemos como prefieren abrir delegaciones en el exterior, en lugar de destinar más recursos a revertir los recortes sanitarios. O como prefieren abrir oficinas de la hacienda catalana, en lugar de invertir más en educación o dependencia. Si la preocupación por los problemas sociales por parte de la Generalitat no fuese sólo retórica, se vería reflejado tanto en la distribución del presupuesto como en la acción de gobierno. En sentido contrario, y a la vista de cómo distribuyen el presupuesto y sus acciones, podemos concluir sin vacilar que las necesidades reales de los catalanes no les importan lo más mínimo.

La estrategia de los partidos separatistas es necesariamente incompatible con un gobierno que ofrezca soluciones a los problemas de la ciudadanía. Porque les obliga a optar entre su objetivo o solucionar los retos en materia económica y social. Y el gobierno formado por esa Convergència de nombre cambiante y ERC, con el apoyo de la CUP, ha optado por la secesión y no por ser socialmente responsables. El gobierno de la Generalitat ha optado, de forma deliberada, por un escenario de cuanto peor, mejor. Porque piensan que de esa manera podrán salirse con la suya. Pero sólo desde un desprecio profundo hacia los catalanes que viven hoy, aquí, y ahora, se pueden desatender intencionadamente desde el gobierno las necesidades materiales de las personas para instrumentalizarla políticamente. Y aquí, por tanto, la reflexión no es ya política, sino fundamentalmente ética.

Y es que nada tiene de ético que un gobierno instrumentalice el sufrimiento que causa una crisis para alcanzar un objetivo partidario ni partidista. Lo ético es utilizar los instrumentos de los que se dispone para llevar a cabo las políticas públicas que solucionen los problemas. Lo ético es trabajar de manera coordinada con el resto de administraciones para combatir la precariedad y las desigualdades, y no utilizar ese sufrimiento para vender la moto de que la solución a los problemas que tenemos pasa por levantar una frontera, dividir a los catalanes y separarnos del resto de españoles.

* Sergio Sanz es diputado en el Parlamento de Cataluña por Ciudadanos.

El terrorista amigo de Podemos campa a sus anchas
Editorial OKDIARIO 19 Noviembre 2016

Arnaldo Otegi vuelve a escena equipado con el uniforme del criminal que nunca ha dejado de ser. El etarra, haciendo gala de su siniestra ideología, tergiversa de manera interesada los gravísimos hechos acaecidos en Alsasua y responsabiliza “al Estado” de la brutal paliza que recibieron los dos guardias civiles y sus respectivas parejas a manos de más de 50 abertzales. Como representante destacado del delírium trémens que siempre ha caracterizado a la banda terrorista ETA, Otegi ha insistido en que todo forma parte de “una estrategia para sabotear la paz”, además de mostrar su solidaridad con los detenidos implicados en la agresión. Para definir a Otegi no hacen falta muchos adjetivos, ya que sus propias palabras y los atentados que ha cometido a lo largo de su vida lo definen a la perfección. Hablamos de un hombre que cuando pertenecía a ETA político-militar participó en el secuestro del director de Michelin en Vitoria, Luis Abaitua, y del político Javier Rupérez.

Desde que saliera de la cárcel el pasado mes de marzo, y con el apoyo de líderes de Podemos como Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Íñigo Errejón, ha tratado de lavar su imagen y presentarse como un político “de paz”. Algo imposible por la ominosa sombra de su pasado y por los hechos del presente, donde, además de estas declaraciones, ha secundado marchas a favor de los presos de ETA, ha pedido un proceso independentista “como el de Cataluña” y ha justificado “las razones” para que los terroristas sigan matando. Motivos de sobra para que el Gobierno, amparado en los mecanismos jurídicos que garantizan nuestros Estado de derecho, no dé pábulo a este terrorista disfrazado de demócrata y lo mantenga inhabilitado para acceder a las instituciones.

Sus palabras sobre Alsasua son sólo una prueba más de quién es y qué pretende. Una localidad que, como ha denunciado OKDIARIO en repetidas ocasiones durante las últimas semanas, parece albergar el mundo al revés. Después de la brutal paliza a los dos efectivos de la Benemérita, tanto la consejera de Interior, María José Beaumont, como la propia presidenta de Navarra, Uxue Barkos, han calificado de “innecesarias” las detenciones de los culpables. La Audiencia Nacional y el Ministerio del Interior deben ser inflexibles a la hora de atajar este problema que, lejos de ser un hecho aislado, supone una maniobra colectiva contra todo lo que es España.

¡Aragón ye nazión!
Jesús Laínz Libertad Digital 19 Noviembre 2016

Son el producto de la descerebrada cópula entre la más apátrida de las utopías y el más miope de los aldeanismos.

Érase que se era un bebé que vio la luz en un pueblecito de Huesca en 1888. Sus padres murieron siendo él todavía un infante, por lo que marchó a Barcelona a vivir con un hermano.

Aunque aragonés, sintiose atraído por el incipiente nacionalismo catalán, así que con veinticuatro años se afilió al Centre Nacionalista Republicà. Poco después, deseoso de exportar el producto a su tierra natal, fue uno de los fundadores de la Unión Aragonesista. Eso no le impidió militar posteriormente en Esquerra Republicana de Catalunya, que le sirvió de modelo para crear el partido Estado Aragonés a imagen y semejanza del Estat Catalá de Francesc Macià.

Como funcionario de la Generalidad, en concreto de la Consejería de Gobernación, pasó en ella la noche del 6 de octubre de 1934, acurrucado bajo las mesas junto con los gallardos Josep Dencàs y el Capità Collons, hasta que éstos decidieron poner pies en polvorosa por las alcantarillas para emerger perfumados allá por la Barceloneta y no parar de correr hasta Perpiñán.

Colaboró en numerosos periódicos tanto catalanes como aragoneses, entre ellos La Humanitat, órgano de Esquerra Republicana dirigido por Lluís Companys. El 10 de septiembre de 1933 publicó en ella un memorable artículo, titulado "L’Aragó i l’Onze de Setembre de 1714", en el que sostuvo que "el Once de Septiembre fue la caída mortal de los pueblos libres de Iberia supeditados a la jerarquía despótica española", que el Casanova aragonés había sido Lanuza (se refería a Juan de Lanuza, el Justicia de Aragón ejecutado por Felipe II en 1591) y, sin pestañear, que la catalana Agustina Zaragoza y Domènech se había jugado la vida a cañonazos en el sitio de Zaragoza de 1808 "en defensa no de la independencia española, como han pretendido hacernos creer, sino de la independencia de Aragón".

Gaspar Torrente, que así se llamaba nuestro héroe, estuvo a la sombra algunos meses tras la derrota de su bando en la Guerra Civil y quedó definitivamente libre en diciembre de 1941. Pasó el resto de su vida en Barcelona, donde falleció en 1970 a los ochenta y dos años.

Considerado el padre de la nación aragonesa, en la página web de la fundación destinada a inmortalizar su memoria están publicados varios artículos que insisten en los paralelismos con el separatismo catalán, especialmente la pérdida de la soberanía aragonesa como consecuencia de la Guerra de Sucesión y del pérfido Felipe V. Así lo explica, por ejemplo, Miguel Martínez Tomey:

A esistenzia de l’Estato aragónés (o Reino d’Aragón) en o conzierto d’os Estatos d’a monarquía ispanica comportaba o mantenimiento d’un pauto d’unión (que no d’asemilazión u uniformizazión, e menos forzosa) entre iguals teoricos que estió crebato biolentamén en diferens ocasions e, de traza definitiba, por o rei Felipe V de Castiella en a Guerra de Suzesión. Ixe punto marca un antis e un dimpués en la relazión d’o pueblo aragonés con os poders d’o que güei se conoxe como España: d’unión mutuamén adempribiata ta semisión d’un Aragón cada begata más débil á os intreses d’un Estato que s’enzerrina en acotolar por asemilazión á os pueblos que ha conquistatos".

¿Ta claro el antis y el dimpués? Pero la cosa continúa, naturalmente. Pues, como cada día que amanece el número de tontos crece, siempre aparecerá algún izquierdista dispuesto a escarbar en el pasado para resucitar algún reino o institución medieval, algún personaje o batalla dieciochesca, que legitime sus progresistas aspiraciones para el siglo XXI. Y ahí tenemos a Pablo Echenique reclamando la soberanía del pueblo aragonés, su consideración como país y el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

No falla. Los izquierdistas españoles, de Torrente a Echenique, salvo alguna excepción que todavía conserva conexiones neuronales, responden todos al mismo patrón. Son el producto de la descerebrada cópula entre la más apátrida de las utopías y el más miope de los aldeanismos. Todos ellos se pasan la vida salmodiando que no hay más patria que la Humanidad para acto seguido apuntarse a cualquier pantomima nacional con la única condición de que sea ajena y hostil a España.

Y para no mancharse con esa patria cierta pero declarada indeseable por eternamente fascista, el retroprogre expañol se esparranca con un pie en el inhumano desarraigo internacionalista y el otro en la putrefacción de los hongos de la aldea.

Pero algún día acabará abriéndose por la bisectriz.
www.jesuslainz.es

El Gobierno de Baleares subvenciona hasta los bolígrafos para escribir en catalán
OKDIARIO 19 Noviembre 2016

La Consejería de Transparencia, Cultura y Deportes del Gobierno de las Islas Baleares, que preside la socialista Francina Armengol, publica este viernes la concesión de subvenciones para el fomento del uso de la lengua catalana.

A la convocatoria, recogida hace unos días en el BOE balear, han concurrido un total de 22 ayuntamientos y asociaciones, de las que nueve han resultado admitidas. Cada una de ellas recibirá un máximo de 20.000 euros para subvencionar aquellas actividades de fomento del catalán, que se hayan realizado en el último año. En total, el Gobierno balear ha destinado un total de 200.000 euros para subvencionar acciones “que contribuyan a la difusión y la promoción del uso social de la lengua catalana entre la población general”, puntualizando que podrán ir destinadas tanto a la “población autóctona” como a la “recién llegada” a las Islas Baleares.

Entre las actividades subvencionables figuran las de “formación” destinadas a sectores de población específicos, como jóvenes, personas recién llegadas, actividades de ocio, campañas de sensibilización o edición del material. Los beneficiarios pueden ser asociaciones y entidades sin ánimo de lucro y ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes.

El texto de la convocatoria recoge con detalle los gastos que serán objeto de subvención. Así, por ejemplo, en estos se incluyen desde los derivados del diseño y la impresión de material en catalán hasta las minutas de profesores, conferenciantes, “artistas y músicos” en esta lengua, así como su desplazamiento o alojamientos para promover el uso de la lengua. Existen también otros gastos que pueden correr a cargo de la subvención pública, como el papel, tinta para impresoras, e incluso bolígrafos y rotuladores.

Las solicitudes han de pasar por el filtro de una Comisión de Evaluación, presidida por la directora general de Política Lingüística, perteneciente a la coalición MES per Menorca, de corte econacionalista.

La convocatoria es un paso más en la polémica por la enseñanza y uso del catalán por parte del actual Gobierno balear.

El pasado julio, un informe del Consell Social de la Llengua Catalana-del que forma parte el Govern- originó numerosas críticas al promover la implantación del catalán no solo en el ámbito público, sino en el privado. El texto proponía, por ejemplo, que la concesión de licencias para abrir negocios estaría condicionada a la “presencia del catalán” en las empresas solicitantes. Asimismo, se defendía ofrecer bonificaciones a aquellas empresas que contraten a un mayor número de empleados que dominen la lengua catalana.

Además, se aconsejaba hablar en catalán incluso ante personas que no lo entiendan. “La difusión, mediante campañas publicitarias, de la idea de que hablar en catalán ante alguien que no lo sabe es un acto solidario y, al mismo tiempo, de autoestima y civismo”, se podía leer en el mencionado informe.

Además, el conocimiento del catalán es un requisito, y no un mérito-como ocurría con el anterior gobierno del PP- poder trabajar en la Administración.

Valencia
Recogida de firmas para que Valencia no pierda su nombre en castellano
Ciudadanos promueve la iniciativa para pedir al alcalde Joan Ribò que Valencia no sea solo València.
Lorena Ortega El Espanol 19 Noviembre 2016

El grupo municipal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Valencia ha iniciado este viernes una campaña de recogida de firmas para evitar que el nombre oficial de la ciudad de Valencia sea únicamente en valenciano, esto es, València. El objetivo de C’s es alcanzar el 10% de rubricas de la población de la ciudad necesarias según la ley de Participación y Transparencia para obligar al alcalde, Joan Ribó (Compromís) a replantearse el cambio. En total, tienen que hacerse con al menos 58.000 apoyos.

La polémica viene de atrás. En marzo de este año, el ayuntamiento que dirige Ribó junto a PSPV-PSOE y Valencia en Comú, la ‘marca blanca’ de Podemos, anunció que el nombre oficial de la ciudad de Valencia iba a pasar a ser únicamente València. La propuesta pasó por pleno y no contó con el rechazo de ninguno de los grupos municipales pero las reticencias vinieron después cuando tres instituciones valencianas alegaron que, en todo caso, el nombre en valenciano debía ser Valéncia y no València. El Ayuntamiento zanjó la polémica de la tilde recordando que ya en 2009 la Academia Valenciana de la Lengua, la institución normativa del valenciano, fijó el nombre de València. Y no había nada más que hablar al respecto.


El trámite siguió su camino hasta que el departamento de Cultura de la Generalitat Valenciana instó al Ayuntamiento a justificar con más informes el cambio de nombre. Entremedias, en el pleno municipal de octubre, el portavoz de C’s, Fernando Giner anunció el proyecto de la recogida de firmas. “No está reflejando la realidad sociolingüística, Valencia es claramente bilingüe y empeñarse en que el nombre solo sea en valenciano excluye a una parte de la población”, le dijo a Ribó, a quien le responsabiliza de haber tomado una decisión “unilateral”. A esta iniciativa se sumó el Partido Popular.

Desde el equipo de gobierno defienden que lo que se está haciendo es lo mismo que se ha hecho en otros muchos ayuntamientos de la Comunidad Valenciana, también del PP, que han adoptado como nombre oficial únicamente el valenciano. También varias ciudades españolas optaron por el cambio a la lengua propia. Además, añaden, con esta decisión se está cumpliendo con el Reglamento de Uso y Normalización del Valenciano en el Ayuntamiento que fue acordado por todos los grupos en el año 1996.
EL OBJETIVO DE LAS 58.000 FIRMAS

Giner ha presentado este viernes la campaña #TambiénenCastellano con el objetivo de llegar a recoger las 58.000 firmas necesarias para que el Ayuntamiento deba repensarse la posición. “Ribó no puede hacer lo que quiera en esta ciudad y no lo vamos a permitir porque no representa a la mayoría social de la ciudad de Valencia”, ha dicho.

El del nombre oficial de la ciudad no ha sido la única ‘polémica lingüística’ del consistorio. El Ayuntamiento cambió algunas señales de tráfico del centro para reescribirlas únicamente en valenciano. La Delegación del Gobierno mandó un ultimátum en el que recordaba que la Ley de Tráfico indica que las señales deben estar en castellano y, en todo caso, añadir también el segundo idioma oficial. El equipo de Gobierno cambió la señalización en verano para incluir ambos idiomas.

 


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