AGLI Recortes de Prensa   Martes 22 Noviembre  2016

El Gobierno sigue dando satisfacciones a los separatistas
EDITORIAL Libertad Digital  22 Noviembre 2016

Según la vice, el Gobierno se va a dedicar a “construir diálogo y entendimiento” con los que se han juramentado a destruir la Nación y su Estado de Derecho.

Todo parece indicar que el acto de toma de posesión del delegado del Gobierno en Cataluña, celebrado este lunes con la presencia de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, representa el inicio de una nueva etapa de contemporización entreguista del Ejecutivo ante el nacionalismo catalán, embarcado en una empresa secesionista de carácter liberticida y golpista.

Según Sáenz de Santamaría, el Gabinete Rajoy se va a dedicar a "construir diálogo y entendimiento" con los que se han juramentado a destruir la Nación y su Estado de Derecho. Para ello, han decidido colocar al frente de la Delegación del Gobierno a Enric Milló, personaje procedente de la infame Unió del ominoso Josep Antoni Duran y Lleida.

Pocos días antes del nombramiento del supuestamente exnacionalista Milló, la vicepresidenta aprovechó un acto institucional para mantener una discreta reunión con Carles Puigdemont, en el transcurso de la cual el en otras circunstancias risible el presidente regional que ha amenazado con proclamar la independencia del Principado le enrostró un listado con más de cuarenta agravios de que habrían sido víctimas las instituciones catalanas, esas que él y su cuadrilla de golpistas no hacen más que socavar.

Lejos de rechazar de plano ese nuevo desafuero del grotesco liberticida que detenta el poder en la Generalidad, la vicepresidenta se comprometió a estudiar todas sus demandas, entre las que se cuenta la de transferir más dinero a esa Administración autonómica tan desleal como incompetente.

Los separatistas han acogido con optimismo los nuevos movimientos de la vicepresidenta, confiados en que podrán seguir adelante con su golpe con completa y muy bien retribuida impunidad. Tiempo habrá de valorar los hechos que se vayan sucediendo, pero el inicio de esta nueva legislatura no puede ser más preocupante en un asunto tan crucial.

España ingobernable
Amando de Miguel Libertad Digital  22 Noviembre 2016

Muchos políticos ni siquiera pronuncian con soltura el nombre de España, que es quien los amamanta.

Los partidos con presencia en las Cortes Españolas se han convertido realmente en densas redes de contactos para que sus miembros puedan gozar de la munificencia del erario. (Ni qué decir tiene que el erario es siempre público).

El Evangelio pedía: "El que no trabaje, que no coma". Pero el ideal de la dedicación política consiste en disponer de muchas comodidades sin deslomarse, sobre todo para los que han empezado en el oficio como miembros de las nuevas generaciones o equivalentes.

Muchos políticos ni siquiera pronuncian con soltura el nombre de España, que es quien los amamanta. Todo lo más se atreven a mascullar "el conjunto de España" o el más miserable "el conjunto del Estado". ¡Como si la nación española se pudiera reducir a la nómina de funcionarios!

La acción de gobernar (ahora dicen "gobernanza") se hace peliaguda cuando empieza a dominar una relación de resentimiento o de odio entre los distintos grupos parlamentarios. ¿Cómo van a dialogar o consensuar entre ellos? Lo que realmente traducen los dirigentes de la oposición es el mezquino principio de "quítate tú para ponerme yo". Se les nota demasiado que lo que desean es mandar.

Lo único que une a todos los diputados y senadores es la aspiración a incrementar el gasto público, sobre todo el número de cargos a dedo. No digamos cuando se trata de preservar los sueldos y bicocas de los parlamentarios. Se amplían generosamente las partidas destinadas a remunerar el alto personal de la Administración Pública. Se cuida mucho el capítulo de subvenciones y ayudas a los grupos de interés mejor establecidos. Lo más sagrado es la corriente de dinero público que va a los partidos, tan menesterosos ellos. Esas son las verdaderas prioridades.

Con tales principios, se comprenderá que sea harto difícil (ahora se dice "complicada") la tarea de gobernar sin subir los impuestos. Incluyo en ellos los muchos pagos que hay que hacer al erario por los servicios públicos. Es decir, un Estado poco eficiente resulta cada vez más caro a los sufridos contribuyentes(a los que llaman "ciudadanos" para mayor inri).

No habrá democracia verdadera en España hasta tanto no rija un sistema de dos grandes partidos nacionales en un único Parlamento nacional. Uno sería el Partido Liberal o Conservador, a la derecha, atento a promover la libertad en todos los órdenes (ahora se dice "ámbitos"). El otro podría ser el Socialista o Socialdemócrata, dispuesto a mejorar las condiciones de igualdad. Por cierto, la igualdad entre varones y mujeres (dícese "de género") es la que necesita menos impulso, pero es la que ahora recibe más fondos.

Los dos grandes partidos deberían sentirse igualmente españoles sin tener que expresarlo así. Más ardua parece otra obligación: renunciar a cualquier tipo de subvención pública. Las formaciones políticas deben vivir de las donaciones perfectamente controladas. En las regiones (ahora consideradas como autónomas sin serlo) se podrían establecer toda la variedad posible de partidos locales para componer las cámaras legislativas (ahora ostentosamente "Parlamentos autónomos").

Las condiciones anteriores, derivadas del sentido común, no van a ser aceptadas fácilmente. Por eso España se nos hace ingobernable.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Pacto al Pil Pil
Ignacio Camacho ABC  22 Noviembre 2016

Derecho a decidir y regreso asambleario. A la gestora del PSOE le han servido en el País Vasco un plato ya cocinado

Se trata de una cuestión de principios. En concreto del principio de autoridad, en primer lugar, y de unidad estratégica en segundo. Si la gestora del PSOE se come sin chistar el acuerdo de coalición en el País Vasco habrá encajado una significativa derrota de facto. La federación que se acaba de pegar un soberbio batacazo electoral no puede decidir una alianza de gobierno con los nacionalistas al margen de la dirección del partido. No sin menoscabar el ya bastante cuestionado crédito del aparato provisional al pasarse su criterio por el forro de la blusa de los espatadantzaris. Porque en Ferraz no se han enterado. Al atribulado presidente de la gestora le han dado un toque de teléfono cuando el pacto ya estaba doradito al pil pil en la cazuela, listo para servir según la acreditada receta de los hechos consumados. Y era plato único, lo tomas o lo dejas, con su reparto clientelar de carteras, sillones y cargos. Y con la sabrosa y picante añadidura de que, según sospechan en Madrid y en Sevilla, la salsa la han cocinado otras manos.

Porque en el PSE mandan los partidarios de Pedro Sánchez, quien se ha apresurado a aplaudir –en Twitter, su actual órgano de expresión– una maniobra que lleva su sello: la propuesta de refrendo por los afiliados antes de que decida el Comité Federal. Y los dirigentes nacionales consideran imposible que Patxi López no haya estado al tanto de las negociaciones en su antiguo feudo. Ambos, Sánchez y López, son proyectos de alternativa de liderazgo. Demasiadas casualidades para no barruntar que, al margen de sus bondades o defectos, el compromiso con el PNV forma parte de un desafío orgánico. Nada irrelevante: conlleva ambiguas cláusulas sobre el «derecho a decidir» y la agenda nacionalista de avance estatutario.

Este es un punto crucial. El debate que se va a abrir en el PSOE en los próximos meses no es sólo el de la identidad de su líder y candidato, sino el de una idea de la izquierda relacionada con el modelo de Estado. De un lado están las federaciones periféricas, con Cataluña al frente, que preconizan un proyecto plurinacional asimétrico, en la estela autodeterminista a la que ya Podemos se ha apuntado. Del otro, las regiones donde el partido es aún fuerte –Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha– defienden un marco territorial más igualitario. Esa tensión va a definir el futuro de la socialdemocracia, que debe decidir si se apunta a la centrifugación poszapaterista y entrega al PP y a Ciudadanos el monopolio político de la cohesión nacional de España. Además van a chocar dos mecanismos de decisiones internas: el patrón tradicional de las estructuras representativas contra un concepto populista, abierto y asambleario. Ambos conflictos convergen sobre el flamante pacto vasco. Y eso lo sabe la gestora, lo sabe Susana Díaz y lo sabe quienquiera que haya movido esa pieza a cencerros tapados.

El grave error de Albert Rivera
Gorka Maneiro La Razon  22 Noviembre 2016

En la última entrevista concedida por Albert Rivera éste, sorprendentemente, dice que el gobierno de Cataluña y el de España deben alcanzar un “espacio de consenso” y a partir de ahí resolver el “problema catalán”. Ese espacio ya existe: es la democracia, es el Estado de Derecho, es la legalidad vigente. En definitiva, es la Constitución Española.

Es un grave error tratar de situarse entre unos golpistas que llevan tiempo vulnerando la legalidad y el gobierno democrático de España. No se puede estar en zona neutral.

El nacionalismo es insaciable y lo primero que hay que decirles a los nacionalistas es que la ley hay que respetarla y que el modelo territorial del Estado o una reforma de la Constitución lo decidimos entre todos.

No se puede tratar de confraternizar con los nacionalistas, es peligroso e inadecuado. En España muchas veces el problema es el nacionalismo de quienes, en principio sin ser nacionalistas, se comportan como si lo fueran.

Qué significa la victoria de Fillon
José Javier Esparza gaceta.es  22 Noviembre 2016

En España, un candidato como Fillon habría sido inmediatamente excomulgado por la mayoría mediática y, por supuesto, por el propio PP: por “facha”.

Cuatro millones de franceses han votado en la primera vuelta de las primarias del centroderecha. Han sido unas elecciones abiertas a todo el electorado en las que sólo se exigían dos requisitos: pagar dos euros y firmar un documento de compromiso genérico con las ideas ahí representadas (liberales, conservadores, neogaullistas, democristianos, etc.). El procedimiento ha permitido que voten también personas de izquierda o del Frente Nacional, pero consta que el porcentaje final de ese voto “alógeno” ha sido mínimo, porque al menos un 70% de los votantes pertenecían a Los Republicanos. A la liza se presentaban nombres muy significativos del espectro político centroderechista francés. Finalmente el vencedor, por clamorosa mayoría, ha sido François Fillon, ex primer ministro con Sarkozy. El próximo día 27 se enfrentará en segunda vuelta al siguiente candidato más votado, Alain Juppé, aunque todo indica que Fillon volverá a ganar porque los otros candidatos, empezando por Sarkozy y Le Maire, ya han anunciado que le apoyarán.

Lo más notable es esto: Fillon se ha presentado con un programa que podríamos denominar “derecha de toda la vida”, rompiendo numerosos tabúes ideológicos hoy vigentes tanto en Francia como en España. Para empezar, Fillon, católico practicante, ha buscado deliberadamente el voto de La Manif pour Tous, el movimiento popular de oposición a la ley socialista del matrimonio homosexual. Además de eso, ha subrayado también su intención de controlar la inmigración y abandonar cualquier política multiculturalista. Por supuesto, no ha dejado de envolverse en la bandera nacional. Los medios de comunicación y las empresas demoscópicas no habían apostado por él. Hace un mes, no se le daba más que un 10% de posibilidades; finalmente ha ganado con un aplastante 44%. De nuevo los medios y la demoscopia se han equivocado. Sólo en las cabeceras más identificadas con la derecha –que son franca minoría- se hablaba de las posibilidades de Fillon. La mayoría mediática estaba con Juppé –puro sistema, consenso socialdemócrata- y miraba a Sarkozy como la derecha que no debía ganar. En las redes, sin embargo, el nombre de Fillon circulaba con mucha más intensidad. Una vez más, los medios mainstream –utilicemos el término de moda- han estado muy lejos de la realidad. Salvo que en esta semana se desencadene sobre él una campaña mediática de criminalización, puede augurarse su victoria en la segunda vuelta.

El programa de Fillon
¿Qué quiere hacer Fillon con Francia? El candidato ha señalado muy claramente sus prioridades: textualmente, “liberalizar la economía, restaurar la autoridad del Estado para proteger a los franceses y afirmar nuestros valores”. Eso se plasma en quince medidas concretas. Reducir el gasto público en 100.000 millones de euros en cinco años. Rebaja de cargas para las empresas (40.000 millones) y de obligaciones sociales y fiscales para los hogares (10.000 millones). Fin de la jornada de 35 horas en el sector privado y retorno a la de 39 horas en el sector público. Supresión del “impuesto solidario sobre la riqueza” (ISF) y ayudar así a financiar las empresas. Retraso de la edad de retiro a los 65 años y unificación de todos los regímenes de jubilación para mantener el poder adquisitivo de los jubilados. Asimilación del régimen fiscal de comerciantes, artesanos e independientes al de los autónomos. Supresión de las normas francesas en materia agrícola superpuestas a la reglamentación europea (“para que nuestra agricultura vuelva a ser la primera de Europa”). Instauración de un único tipo de ayuda social para que las rentas del trabajo sean siempre superiores a las prestaciones asistenciales (y nadie, por tanto, prefiera vivir de subsidios antes que trabajar).

En otras materias, Fillon propone un aumento de 12.000 millones de euros en los presupuestos de seguridad, defensa y justicia y creación de 16.000 nuevas plazas penitenciarias para que todos los condenados cumplan su pena. Prohibir el retorno a Francia a todos los nacionales que hayan marchado al extranjero a combatir en las filas terroristas, condenar a los culpables de inteligencia con el enemigo y expulsar a los extranjeros vinculados a redes terroristas. Reducir la inmigración creando un sistema de cuotas y limitar las prestaciones a los extranjeros que lleven al menos dos años en situación regular en el país. Adelanto de la edad de escolarización primaria a los cinco años, en vez de a los seis, “para favorecer el aprendizaje de la lectura y los conocimientos fundamentales”. Universalidad de las ayudas familiares y aumento del techo de cociente familiar a 3.000 euros. Sólo las parejas heterosexuales podrán adoptar niños, sólo las parejas heterosexuales podrán acceder a las técnicas de reproducción asistida y quedará prohibida la gestación por vientres de alquiler. Protección del patrimonio artístico, reducción de la fractura cultural mediante un plan “patrimonio para todos” y ayuda a la creación artística para la proyección cultural de Francia.

Derecha de verdad
Es evidente que, en España, un candidato como Fillon habría sido inmediatamente excomulgado por la mayoría mediática. ¿Controlar la inmigración? ¿Ayudar activamente a las familias? ¿Detener la adopción por parejas homosexuales? ¡Anatema! Ni siquiera se le habría permitido acceder a los platós de televisión, salvo para ser insultado en grupo por el equipo tertuliano de guardia. No es un problema sólo español: Fillon denunciaba recientemente que en la televisión pública francesa se le había relegado al peor horario, en beneficio de los dos candidatos “protegidos”, a saber Juppé y Sarkozy. Pero al menos ha podido decir lo que quería. Aquí habrían puesto retratos infamantes por las calles.

El primer lugar en España donde un candidato como Fillon habría sido arrastrado por el fango es, sin duda, el propio Partido Popular, que desde hace más de cinco años viene sosteniendo una descabellada política de desideologización y acercamiento a los tópicos de lo políticamente correcto. Las medidas de Fillon en materia económica se alejan muchísimo de las de un Montoro, y en el aspecto antropológico van directamente en contra de la política auspiciada por el PP. Por así decirlo, Fillon se parece más a Vox que al PP.

Desde el punto de vista de la política francesa, que Fillon sea el candidato de la derecha abre numerosas incertidumbres. Sin duda es el hombre adecuado para que el Frente Nacional no crezca a sus expensas, porque muchos posibles votantes de derecha, hasta hoy desamparados, ya tienen a quién confiar su papeleta: un tipo “de derechas de verdad”. Pero, al mismo tiempo, es difícil creer que los votantes de izquierda, llegado el caso de una segunda vuelta Fillon-Le Pen en las presidenciales, vayan a inclinarse por el primero. Ahora el problema se le plantea, en realidad, al Frente Nacional, que sigue siendo el primero en expectativa de voto, pero que empieza a pagar el precio de haber abandonado al electorado católico y de acentuar el carácter socializante de sus propuestas económicas.

En una mirada más amplia, europea, el protagonismo de Fillon también abre perspectivas nuevas. Fillon no es un soberanista, pero tampoco un cosmopolita. Se ha mostrado partidario de revisar muchos aspectos de la integración francesa en la Unión Europea y también ha defendido la necesidad de recomponer las relaciones con Rusia. Eso aporta datos nuevos en un Europa donde se avecinan cambios notables, porque Renzi, en Italia, con casi total seguridad va a perder su referéndum (con la consiguiente convocatoria de nuevas elecciones) y Merkel, en Alemania, anuncia que se presentará por cuarta vez para encarnar al consenso socialdemócrata frente al crecimiento de Alternativa por Alemania. Vienen tiempos interesantes.

Revisar la Transición
ALFONSO PINILLA GARCÍA El Mundo  22 Noviembre 2016

El vicio de mirar hacia el pasado con los ojos del presente impide comprender lo acontecido, que siempre es complejo y nunca se ajusta a la lógica binaria de los buenos contra los malos. Porque acercarse al ayer convirtiéndolo en objeto unidimensional, nunca poliédrico, sólo puede llevar al dogma, que manifiesta la simpleza del intolerante. Las protestas antimonárquicas durante el solemne acto que daba inicio a la nueva legislatura, el vídeo de Suárez en una antigua entrevista con Victoria Prego y el posterior programa de televisión que lo glosó no son más que nuevos hitos en el conocido relato de acoso y derribo contra la Transición. El dardo fue estrategia del PSOE de Zapatero, empeñado en dinamitar los puentes que a duras penas habían suturado las heridas de las viejas dos Españas. La polémica sobre las fosas y exhumaciones de la Guerra Civil transformó, en palabras de Santos Juliá, la memoria histórica en política de la historia, convirtiendo al pasado en arma arrojadiza con que aderezar mítines, inflamar ánimos, ganar votos y conquistar escaños. Vaya por delante mi máximo respeto y apoyo a todos los españoles que quieren saber dónde están sepultados sus familiares asesinados durante la guerra; y quede clara mi condena a todas las fosas del oprobio, pero la investigación sobre estos dramas no debería haber servido para poner en práctica aquél principio orwelliano de "quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado".

Había ya en el zapaterismo un afán, más o menos explícito, de "cambio de régimen", o al menos un relato que ponía en solfa aquel discurso legitimador del sistema surgido de la Transición, que tenía al consenso, la reconciliación y la concordia -véase el epitafio de Adolfo Suárez: "la concordia fue posible"- como elementos inspiradores de nuestra Constitución. La crisis económica vino a deslegitimar considerablemente la democracia del 78, pues la corrupción a izquierda y derecha, el creciente desencanto de la sociedad con sus representantes y los escándalos en que se vieron involucrados actores cruciales de aquel proceso de cambio -"lo siento, me he equivocado, no volverá a pasar", dijo Juan Carlos tras su cacería africana- convirtieron la inmaculada Transición, la casi sacralizada Transición, en el blanco de todas las iras, de todas las denuncias procedentes de quienes querían asaltar los cielos.

Asistimos a lo que simplemente es un relato legitimador nuevo que quiere arrumbar y derribar al anterior, porque cada vez que hay crisis de sistema político hay cruce de memorias y sustitución de legitimidades. La hubo en el paso del franquismo a la democracia -donde la victoria se sustituyó por la reconciliación-, y la habrá en esta profunda crisis donde, por lo pronto, ya se ha fracturado el sistema de partidos, mientras la vida política parece condenada a la inestabilidad, la bronca y las performances en el Hemiciclo. De la victoria a la reconciliación y, después de la reconciliación, quizá una vuelta a la república, con el morado en las banderas como trampolín hacia la feliz Arcadia...

Ante estos tiempos de evidente y profunda mudanza política, y quién sabe si institucional, la Historia se convierte en mercancía legitimadora, y todos quieren colonizarla para satisfacer anhelos políticos propios, cuando no para nutrir arsenales dialécticos contra sus adversarios. Y entre quienes más sufrimos los mandobles de los dos brutos goyescos que, a garrotazos, quieren imponer sus dogmas, nos encontramos aquellos que con "buena fe, sin ira y estudio" seguimos humildemente el oficio de Tácito, que consistía en explicar el pasado y hacerlo comprensible. Enrique Moradiellos comienza su obra Historia mínima de la Guerra Civil española (Turner, 2016) con una iluminadora cita de Enzo Traverso: "escribir libros de historia significa ofrecer la materia prima necesaria para un uso público del pasado. Aquélla no hace del historiador un guardián del patrimonio nacional -dejémosle esa ambición a otros- porque su intento consiste en interpretar el pasado, no en favorecer procesos de construcción de identidad o reconciliación nacional". Y ello no significa renunciar a la subjetividad, refugiándose en el búnker de una objetividad que no existe. Pero, como hiciera el barón Münchausen cuando cayó al charco de fango, el buen historiador debe tirar hacia arriba de sus cabellos, superando sus prejuicios, para sobrevolar la ciénaga de las circunstancias particulares que le rodean con el fin de buscar la verdad, escapando al relativismo. Puede que el gesto de Münchausen resulte tan absurdo como doloroso, pero sólo el ánimo de sobrevolarnos salvará el oficio de historiador en medio de tanta bronca.

Resulta preocupante tener que recordar lo obvio, lo ya descubierto y estudiado desde distintas perspectivas por la ciencia histórica. Y lo obvio es que la Transición no fue ni ruptura total ni conservación absoluta de la dictadura franquista, sino una mutación progresiva de la misma, una reforma que combinó continuidad y cambio para dar lugar a una democracia homologable al occidente europeo, bajo la forma de una monarquía parlamentaria que ni PSOE ni PCE cuestionaron profundamente durante el proceso de tránsito. Santiago Carrillo siempre afirmó -antes, durante y después de la Transición- que el PCE prefería la república, aunque la monarquía sería bienvenida siempre y cuando aceptara el ejercicio de las libertades en España, pues el debate no era "entre monarquía o república, sino entre dictadura o democracia". Consciente del ensordecedor ruido de sables que acuciaba a la reforma política gestionada por Suárez, Carrillo sabía que alimentar el fuego de la división en torno a la jefatura del Estado acabaría incendiando el precario edificio de las libertades democráticas. Y, asumiendo que los rencores debían dejarse al lado, pronunció las siguientes palabras en una rueda de prensa celebrada en París en 1974: "Nosotros estamos convencidos de que la solución para España es una solución democrática y con libertades políticas para todos, mediante la reconciliación entre unos y otros españoles. Cuando nosotros hablamos de la amnistía, no hablamos sólo de la amnistía para nosotros. Hablamos de la amnistía para los que han combatido en el otro lado. Y no solamente para los que han combatido en la guerra, sino para los que han combatido después y para los que nos han matado después. Hoy a nosotros nos consideran criminales, pero mañana los criminales serán ellos. Nuestra concepción de la amnistía es que esa amnistía debe ser para unos y para otros. Es decir, que no debe haber ningún espíritu de revancha, ni ninguna política de revancha".

En este proyecto, compartido por los reformistas del franquismo y por la oposición moderada, se basa la Transición, que fue pacto entre viejos enemigos para construir un foro -la sede parlamentaria- donde hubiera pugna dialéctica entre adversarios, la esencia de cualquier democracia. Hoy, cuando el sistema nacido en el 78 parece un invernadero cuya cúpula se resquebraja, conviene no faltar a la verdad convirtiendo a la Transición en cuadro tenebrista donde los claros y oscuros -como en los cuadros de Caravaggio- impiden ver los matices, esos leves destellos de complejidad que inspiran las decisiones y actitudes humanas.

Claro que hubo imperfecciones en la Transición, claro que conviene enarbolar siempre la crítica para mantenernos alerta ante los dogmas que nos lanzan desde uno u otro lado, pero santificar el pasado es tan peligroso como satanizarlo, pues las tablas rasas pueden servir para tranquilizar conciencias, y hasta para justificarlas, pero nunca para comprender el ayer, siempre poliédrico. Como la Transición fue reforma (cambio y continuidad), quienes la critican son los extremos reaccionarios y rupturistas, arietes enamorados de su propia utopía. Y así, cuando la extrema izquierda, hoy fuerza pujante fuera y dentro de la Carrera de San Jerónimo, silba al Rey, sólo ve continuidad franquista en la Corona. Este rechazo a la monarquía es compartido, aunque desde las antípodas ideológicas, por la minoritaria extrema derecha cuando considera a Juan Carlos I un traidor que abrió las puertas a la ruptura y derribo de la obra de Franco. Y también este juego de espejos se observa con respecto a la figura de Carrillo: traidor para la extrema izquierda, peligroso revolucionario bolchevique para la extrema derecha. Ello demuestra que no hay nada tan cercano como los extremos.

Se empieza simplificando las interpretaciones, convirtiendo argumentos en eslóganes, se continúa faltando a la verdad histórica y se termina aventando viejos espantajos para enfrentar de nuevo a una sociedad proclive a los garrotazos goyescos. Ojalá esta nueva política nos traiga más razones que pasiones, para evitar que "los labios pierdan la cabeza".

Alfonso Pinilla García es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.

Adolfo Suárez, el melón de la Monarquía y la España republicana
Ahí tenemos a uno de los mayores protagonistas de la Transición, Adolfo Suárez en primera persona, admitiendo que los españoles, en el fondo, no querían una monarquía. Menuda manera de abrir el melón.
Matthew Bennett  vozpopuli.com  22 Noviembre 2016

Suárez. De la boca de Suárez. De la boca del mismo Adolfo Suárez, mito y artífice de la alabada Transición española, ganador entre los ganadores de la Tercera Ola de democratización moderna de Huntington, salieron las palabras. Referéndum. Monarquía o república. «Hacía encuestas y perdíamos […] Entonces yo metí la palabra Rey y la palabra monarquía en la ley y así dije que había sido sometido a referéndum ya». En el momento de enunciarlas, durante un momento off-the-record en la entrevista con Victoria Prego en 1995, no estaba, al contrario de lo sugerido por el director de El Mundo esta semana, mostrando ya los primeros síntomas de la cruel enfermedad que luego sufriría. «En absoluto», me dijo el domingo el hispanista Charles Powell, hoy Catedrático de Historia en el San Pablo CEU en Madrid: «la última vez que lo vi de verdad fue en 1997, tras organizar el aniversario de las elecciones de 1977. No vi ninguna prueba de eso [el comienzo de la enfermedad] en 1997».

Charles T. Powell
Powell, autor de sendos libros en inglés y en español sobre la Transición y Juan Carlos I (El Piloto del Cambio, Editorial Planeta, 1991 y Juan Carlos of Spain: Self-Made Monarch, Palgrave Macmillan, 1996), estuvo presente en 1983 en un seminario en Toledo al que había asistido no sólo Suárez sino, entre otros, Felipe González, Manuel Gutiérrez Mellado y Vicente Enrique y Tarancón. Escuchándolos atentamente estaba Powell, en aquel momento doctorando sobre la Transición en la Universidad de Oxford, y también Stanley Payne y Paul Preston. «A mi me tocaba redactar las preguntas», me dijo Powell: «teníamos medio día con cada uno, con sesiones por la mañana y por la tarde. Grabamos todas las conversaciones y luego usé eso para mi tesis y para el libro, igual que Preston y Payne y los demás».

En la página 183 de Piloto del Cambio, podemos leer: «La preocupación principal del presidente era que González reconociese la Monarquía, pero éste insistía en someter la cuestión a referéndum. En opinión de Suárez, 'someter a referéndum la legitimidad monárquica era romper con lo anterior y con la posibilidad de hacer la transición desde el poder', y por si fuera poco, era probable que el resultado fuese favorable a la opción republicana». Y Jorge Miquel no era el único haciendo encuestas en ese periodo. Las suyas, que ha recogido El Mundo esta semana, empiezan en octubre de 1976. Había otras, no publicadas hasta varios años después, de la Fundación FOESSA, que se hicieron sobre la popularidad de la monarquía a partir de enero y febrero de 1977. Pero si prestamos atención a las palabras de Suárez con Prego, debe estar refiriéndose a otras más, por las fechas del asunto y las referencias a Felipe González, con quien tuvo dos reuniones en el verano de 1976, según Powell: «una fue secreta y luego la otra no tanto, en julio y agosto, y fue en ese momento cuando nos dijo que Felipe, idealmente, quería que fuéramos pragmáticos […] pero no obstante aún quería un referéndum sobre la monarquía».

Y todas estas encuestas se hacían «antes de legalizarse los partidos políticos, en un contexto semi-autoritario». «Nunca nos dijo», explicó Powell: «cuál había sido la fuente de las encuestas […] supongo que se refería a 1976, a julio de 1976», añadiendo que lo importante no era tanto eso sino si la cuestión de la monarquía se había planteado bien después. Opina que sí, y no sólo en la Ley de Reforma Política mencionada por Suárez, sino en el debate y la votación en el Congreso en mayo de 1978 sobre el anteproyecto de Constitución y la aceptación o no de la monarquía parlamentaria como forma de Estado en España. «UCD y el Partido Comunista votaron a favor», y los socialistas se abstuvieron, «pero a partir de ahí votaban a favor». El mismo Rey Juan Carlos se preocupaba, según Powell—citando a periodistas de la época que mantuvieron conversaciones con Su Majestad y con Suárez—«de que una votación parlamentaria no era suficiente, pero Suárez lo convenció […] Suárez, en mis conversaciones con él, siempre era muy protector con el Rey: 'Hay que proteger al Rey del Rey'».

Aclarado todo esto, y entendiendo el contexto histórico de los primeros meses de la Transición, con un Suárez recién estrenado en el puesto y antes de someterse a referéndum la Ley de Reforma Política—«es evidente que a la muerte de Franco un referéndum sobre Monarquía o República se hubiera perdido», dijo Prego en su artículo de este domingo— volvamos al presente, a la situación actual del país y al debate sobre la reforma constitucional, porque está todo relacionado. De aquellos franquistas, estos Podemitas, por abusar un momento de la frase hecha. Ese renglón torcido que nos lleva desde Franco hasta Gabriel Rufián, quien esta semana ha dicho que: «los mismos que no permitieron que el pueblo votara la monarquía en 1978, son los que ahora no quieren un referéndum de autodeterminación porque podrían perderlo». Si el país funcionaba ya a la perfección, o cercano a ella, el secreto desvelado esta semana sería una divertida anécdota histórica sin mayores implicaciones. Pero por mucho que se redacten excusas, por mucho que se salga de la gran narrativa de la Transición, ahí le tenemos a uno de sus mayores protagonistas, Adolfo Suárez en primera persona, admitiendo que los españoles, en el fondo, no querían una monarquía. Menuda manera de abrir ese melón.

Sumisión progresista: proteger el islam y denigrar el cristianismo
Giulio Meotti. Vía Gatestone Institute latribunadelpaisvasco.com  22 Noviembre 2016

El mayor portal de compras del mundo, Amazon, vende muchos disfraces de Halloween. Una de las novedades de este año ha sido el "Burka Sexy", la típica prenda oscurantista que los talibanes y el Estado Islámico imponen a las mujeres. Pero el burka sexy, que Amazon UK vendía a 18,99 libras, no ha durado mucho.

El gigante de las compras de Jeff Bezos retiró el artículo de la web después de que Amazon se viera inundada con acusaciones de "racismo", "islamofobia", de comercializar una prenda islámica con la cara de una modelo blanca y utilizar "una prenda religiosa con fines comerciales". "Sois repugnantes, mi cultura no es vuestro disfraz", escribieron muchos usuarios de confesión islámica. Otros emplearon un tono un poco menos encantador: "Seáis quienes seáis, deberíais temer a Alá. Esto no es una broma".

Un portavoz de Amazon respondió de inmediato: "Todos los vendedores de Marketplace deben seguir nuestras directrices de venta, y se tomarán medidas para quienes no lo hagan, entre ellas la posible cancelación de su cuenta. El producto en cuestión ya no está disponible".

Así que una parodia de Halloween del símbolo global de la opresión contra la mujer ha sido censurado. Como el velo islámico contradice los valores occidentales de la libertad, la igualdad y la dignidad humana de manera tan absoluta, la mentalidad progresista relativista defiende con lealtad estos velos islámicos, al igual que el burkini.

Pero aquí también hay una doble vara de medir. ¿Qué pasa con el disfraz de Halloween de "Monja Sexy" que se burla de la Iglesia Católica? A pesar de las protestas de muchos clientes católicos, la "Monja Sexy" sigue a la venta en Amazon. ¿No es eso una forma de "cristianofobia"? Además, una monja es una personalidad religiosa, mientras que el burka es una prenda.

Encuentra la vestimenta ofensiva... o la hipocresía. La empresa de ventas online Amazon retiró el 'Sexy Burka' (izquierda) tras recibir acusaciones de 'islamofobia'. Pero, pese a las protestas de numerosos clientes católicos, sigue vendiendo la 'Monja Sexy' (derecha).

Veamos el caso de The Guardian, el periódico británico más famoso de la izquierda progresista. Cuando la banda Pussy Riot actuó con su supuestamente ofensivo show de tres minutos en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, por el cual dos de sus tres componentes fueron encarceladas por negarse a repudiar el texto (la tercera se disculpó para evitar la cárcel), el periódico las defendió diciendo que hacían "pura poesía protesta". Cuando la asociación política Pegida convocó protestas contra la islamización de Alemania, el mismo periódico la condenó diciendo que era "un vampiro que tenemos que matar". También surgió la misma doble moral durante la batalla para construir una mezquita cerca de la Zona Cero, cuando los medios progresistas se pusieron del lado de la comunidad musulmana.

En enero de 2006, el humorista gráfico más famoso de Noruega, Finn Graff, declaró que se estaba autocensurando en lo relativo a Mahoma. Graff jamás había tenido ningún problema para hacer bromas sobre los cristianos, a los que dibujaba con camisas pardas y esvásticas. Graff también era el autor de una serie de polémicas viñetas contra Israel: en una de ellas mostraba al primer ministro israelí Menachem Begin como el comandante de un campo de concentración nazi.

Lo mismo ocurrió con el cineasta germano-estadounidense Roland Emmerich, director de muchas películas del género catástrofes. Abandonó un proyecto para borrar de la faz de la tierra –en la gran pantalla– el lugar más sagrado del islam por temor a provocar una fetua (dictamen religioso) pidiendo su muerte. Para su película 2012, Emmerich quería demoler la Kaaba, la emblemática estructura con forma de cubo que se encuentra en la Gran Mezquita de La Meca. "Puedes dejar que los símbolos cristianos se caigan a pedazos, pero si lo haces con un símbolo árabe, tendrás... una fetua", dijo Emmerich. Al menos fue honesto.

Tras la masacre de la mayoría del personal de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, todos los periódicos, televisiones y agencias de fotografía del progresismo occidental, empezando por los "tres grandes" (MSNBC, CNN y AP) compitieron por ver quién justificaba más su vergonzosa decisión de censurar la portada de Charlie Hebdo en la que el profeta Mahoma dice "todo está perdonado". La CNN dijo que podía ofender "las sensibilidades del público musulmán". Un año después, cuando Charlie Hebdo publicó una nueva portada donde aparecía un "Dios asesino" judeocristiano en vez del profeta islámico, la CNN sí la mostró.

En 2015, la BBC describió la portada de Charlie Hebdo, pero no la mostró, decisión que la cadena británica no mantuvo un año después, cuando Charlie Hebdo publicó la nueva portada anticristiana. La misma doble moral mostró el periódico británico conservador Daily Telegraph, que omitió la portada con la caricatura de Mahoma, pero publicó una con un Dios abrahámico.

Associated Press también censuró en 2015 las viñetas islámicas de Charlie Hebdo. ¿Por qué motivo? Eran "deliberadamente provocadoras". En 2016, la agencia no tuvo ningún problema en mostrar la nueva portada, en la que no aparecía Mahoma, sino el Dios judeocristiano.

Esta doble moral de la élite progresista también ha aparecido en el New York Times, que por "respeto" a la fe musulmana censuró las viñetas de Charlie Hebdo, para después decidir, con absoluta falta de respeto, que la Vieja Dama Gris podía y debía publicar la obra Eggs Benedict, de Nikki Johnson, expuesta en el Museo de Arte de Milwaukee, que consiste en un retrato del papa Benedicto XVI compuesto con condones de colores.

El "califa" del Estado Islámico, Abu Bakr Al Bagdadí, ridiculizado por Charlie Hebdo, provocó la autocensura por su "discurso del odio", mientras que la obra de Chris Ofili, The Holy Virgin Mary, donde la madre de Jesús aparece cubierta de heces e imágenes de genitales, fue defendida por el New York Times en aras de la "libertad de expresión". ¿Significa esto que algunas religiones son más iguales que otras?

Si un imán protesta con violencia por algo, la élite progresista respaldará la falsa acusación de "islamofobia". Si una protesta pacífica la lidera un sacerdote católico, esa misma élite siempre la rechazará en nombre de la "libertad de expresión".

Olvidémonos del "Sexy Burka". Para la noche de Halloween, solo hay la "Mona Sexy", mientras que el "califa" Bagdadí puede violar a sus esclavas sexuales yazidíes y cristianas con impunidad.

Paracuellos, Katyn y nosotros Hermann Tertsch
HERMANN TERTSCH ABC  22 Noviembre 2016

En pasados días de noviembre se cumplió el 80 aniversario de las sacas de las cárceles madrileñas al principio de la Guerra Civil y de la consiguiente matanza de presos políticos por parte de fuerzas del Frente Popular. Entre siete mil y diez mil españoles inocentes fueron ejecutados sin procedimiento ni juicio y enterrados en fosas comunes en un lugar en las afueras de Madrid llamado Paracuellos del Jarama. No hubo tampoco este año ningún acto oficial ni una evocación cultural. Apenas una modesta misa privada. Ni siquiera una mención a tan redonda efeméride en las televisiones privadas y públicas. En esas televisiones en las que sí se recuerda prácticamente todos los años el 26 de abril el bombardeo de Guernica. Está bien que se recuerde aquel bombardeo alemán con sus entre 160 y 300 muertos. Pero por lo mismo no debería ignorarse una matanza decenas de veces mayor. Hay decenas, si no centenares, de películas más o menos serias o ridículas sobre la Guerra Civil. No hay ninguna sobre esta gran matanza de las élites españolas para romper la cerviz a la España nacional. Fue el ensayo general para la liquidación de otras élites, las polacas, dos años después, en los bosques bielorrusos de Katyn. Stalin se la atribuyó a los alemanes y esta mentira del Kremlin se mantuvo casi medio siglo.

Por una combinación de mala conciencia, cobardía y desidia, España se ha convertido, como dice el historiador británico Anthony Beevor, en el caso único en el que los perdedores han escrito la historia. Mintiendo mucho más de lo que jamás mintieron los vencedores. Logrado el primer objetivo de hacer creer a las generaciones jóvenes una guerra caricaturizada en un enfrentamiento entre los «buenos frentepopulistas» y los «malos franquistas», se ha pasado a una fase en la que se trata de destruir toda evidencia de que la historia es más compleja. Se impide todo intento de rescatar algo de verdad para las generaciones futuras. Se destruyen lápidas, monumentos y documentos, testimonios y archivos enteros. Se desentierra a muertos y se entierran verdades. Hasta las placas del Instituto Nacional de la Vivienda se evaporan. Como si nada hubiera existido.

Nadie habla y nadie escribe sobre Paracuellos. Sí sobre Katyn. En los años ochenta coincidí en la Polonia de la ley marcial con Thomas Urban, ahora corresponsal en Madrid del «Süddeutsche Zeitung». Urban se quedó en Varsovia y Moscú y se convirtió en autoridad en la región. Ahora ha escrito un espléndido libro sobre Katyn con fascinantes detalles extraídos de archivos y testimonios de ambos países. Cuando nos conocimos, Moscú aun mantenía que la matanza de Katyn la habían perpetrado los nazis. Estaba ya la URSS al borde de la desaparición y seguía vigente la inmensa mentira. Los alemanes habían descubierto las fosas durante su ataque a la URSS en 1941. Organizaron una inmensa operación para dar publicidad a estos crímenes soviéticos. Pero prevaleció la versión soviética. Y quien decía la verdad era acusado de filonazi. En España quien habla de Paracuellos es tildado de «facha», el freno más efectivo para todas las verdades. A las nuevas generaciones de españoles se les oculta Paracuellos por el mismo motivo que se atribuía Katyn a los nazis. Porque su verdad desmantela el andamiaje de mentiras de la guerra de buenos y malos. Sobre el que construye su hegemonía cultural y su supuesta supremacía moral una izquierda que protege y justifica a los autores de aquella matanza. La verdad, por tanto, no nos la exige solo el respeto debido a las víctimas en Paracuellos como en Katyn. La verdad se la debemos sobre todo a las generaciones por venir. Porque con esas mentiras las quieren hacer esclavos.

Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro
De la Primaveras Árabe al frío invierno
Luis Lorente La Razon  22 Noviembre 2016

La Primavera Árabe fue una serie de manifestaciones populares en clamor de la democracia y los derechos sociales organizadas por determinados grupos sociales, en especial los jóvenes, que afectó de forma transversal aunque con distinto impacto al conjunto de los países de la región. Una característica importante es que estas protestas tuvieron un impacto en los gobiernos panarabistas como demuestran la caída de Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto, Gadafi en Libia, o Saleh en Yemen. En Siria el Assad resiste en el poder, y en Bahrein los Al Jalifa aguantan gracias a Arabia Saudí. Aunque la idea era la caída de las dictaduras, la falta de un plan consistente, ha propiciado vacíos de poder, que han sido aprovechados por grupos yihadistas, que han ganado poder en cinco de los seis países que protagonizaron las protestas.

En Túnez, se ha promulgado una nueva constitución que limita los poderes presidenciales, se han celebrado elecciones parlamentarias y fuerzas políticas y ejército participan del juego democrático. Aunque tiene dificultades económicas y sufre ataques terroristas. Y hasta aquí las buenas noticias.

En Egipto, ganaron los hermanos musulmanes de Mursi con el 51%. En 2014, el general Al Sisi dio un golpe de estado, y Egipto según Aministía Internacional tiene una represión actualmente superior que con Mubarak. Además se enfrentan a la amenaza del Daesh en el Sinaí. En Libia, se produjo una Guerra Civil que ganaron los sublevados gracias al apoyo de la OTAN. Pero el país está dividido tribalmente con dos gobiernos, ambos con apoyo internacional, con milicianos imponiendo el orden por la fuerza, con una producción de petróleo a la mitad frente a 2011, y con miles de refugiados. Daesh ha ganado terreno en el país. Libia puede ser considerado un Estado fallido.

En Yemen, Saleh fue derrocado por un plebiscito. Aunque posteriormente con apoyo de militares y de los Hutíes (Chiíes) han dado un golpe, que ha hecho refugiarse al presidente en Arabia Saudí, que desde 2015 bombardea con frecuencia Yemen para evitar que los chiíes ganen poder por la rivalidad de Arabia Saudí (suníes) con Irán (chiíes). En Bahrein, Al Jalifa, suní, aguanta en el trono gracias a Arabia Saudí. Aunque la mayoría de la población en la isla es chií y se producen manifestaciones semanales. La respuesta ha sido la represión militar y el encarcelamiento de dirigentes de la oposición. Y por supuesto, Siria, que ha sufrido una dura Guerra Civil. Hay 7,5 millones de desplazados y 4,5 millones de refugiados, así como más de 200.000 muertos. A pesar del alto el fuego parcial de septiembre de 2016, se siguen produciendo combates con participación rusa en apoyo al gobierno sirio.

Como conclusión, parece que la intentona democrática ha sido fallida. Esos países seguirán con dictaduras militares, pero con grupos islamistas fortalecidos. Y occidente está dispuesto a apoyar a regímenes militares a cambio de su apoyo en la lucha contra el terrorismo global de corte islamista.

¿Primavera democrática?. Frío invierno militar.

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El pacto PNV-PSE y la mala suerte de España con el socialismo
Jesús Cacho  vozpopuli.com  22 Noviembre 2016

Éramos pocos y parió la abuela. Los programas de radio de ayer lunes dedicaron minutos de gloria a glosar el acuerdo de Gobierno alcanzado entre el PNV y el Partido Socialista de Euskadi (PSE) que, aun desconociendo los detalles, se entendía como apuesta por la estabilidad (¡estabilidad, cuántos crímenes se cometen estos días en tu nombre!) del País Vasco, como elogio a la moderación del PNV (ese gesto de recio y noble aldeano de Andoni Ortuzar, tan alejado del rictus resabiado de Astut Mas), y como una prueba de realismo de los socialistas vascos, sí, bueno, es verdad, reconocía en voz baja más de un tertuliano, Idoia Mendia se ha buscado un buen pasar para los próximos años, primum vívere, a la sombra del PNV, el que a buen árbol se arrima, ella y los otros ocho socialistos que lograron escaño en las elecciones al parlamento vasco del 25 de septiembre, pero qué se le va a hacer, se trata de pisar moqueta, pelillos a la mar, y ahora hay que ver, especulaban los más agudos, qué efectos puede tener este acuerdo a nivel nacional en un eventual respaldo del PNV a los PGE para 2017 que el Gobierno Rajoy trata de sacar adelante.

Ahí estábamos ayer mañana, en el relato pastoril de un pacto en la Arcadia vasca entre el PNV y un PSE dispuesto a repetir la experiencia de los años ochenta con el Gobierno de José Antonio Ardanza, de la que los segundos saldrían después trasquilados en las urnas, en eso estábamos, digo, cuando a primera hora de la tarde se descubrió el pastel: tendremos, tendrán, nuevo Estatuto de Guernica, que deberá ser ratificado en referéndum. Todo en 8 meses. Deprisa, deprisa. “Una vez sustanciados los procesos de negociación, pacto, tramitación y aprobación de la propuesta por parte de las instituciones competentes, los acuerdos que éstas adopten serán sometidos a la decisión de la ciudadanía, para que los ratifique mediante referéndum”. Naturalmente el PNV está decidido a incluir en el nuevo texto estatutario, amén del “derecho a decidir”, el reconocimiento de Euskadi como “nación”, idea que Idoia y sus chicos parecen dispuestos a respaldar sin pestañear, que al fin y al cabo esa es la doctrina tan reciente como fervientemente adoptada por Pedro Sánchez (“España es una nación de naciones. Cataluña es una nación dentro de otra nación que es España, como lo es también el País Vasco, y esto es algo de lo que tenemos que hablar y reconocer”), del que doña Idoia se declara leal seguidora.

Imposible no acordarse de inmediato de Cataluña y de las circunstancias que dieron lugar al segundo Estatut aprobado en 2006, impulsado por el presidente de la Generalidad, el socialista Pasqual Maragall, y su primer “tripartido”. El preámbulo del proyecto presentado en su día por el PSC afirmaba que “Cataluña es una nación” que “forma parte de la España plural reconocida por la Constitución” y que pretende “profundizar en el carácter federal, plurinacional, pluricultural y plurilingüístico del Estado español”. Para la ocasión, el caballero de la triste figura apellidado Zapatero regurgitó la conocida frase según la cual “Respetaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”. De aquellos polvos vinieron los actuales lodos. Solo uno de cada tres votantes respaldó el nuevo Estatut en el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006, y es que una amplia mayoría de catalanes “pasó” de un proyecto que nada tenía que ver con su realidad cotidiana y que, ignorando el déficit de calidad democrática que ya por entonces sufría Cataluña, era simple expresión de las ensoñaciones separatistas de una burguesía que pretendía seguir robando sin que ningún Justicia le molestara.

También en estos días es un clamor la demanda de nuevo Estatuto entre la población vasca. Cuentan y no acaban que ahora mismo es una temeridad pasear por la elegante Gran Vía de Bilbao sin una eficaz protección anti ruidos capaz de preservar la capacidad auditiva del viandante, tal es la bulla del gentío que, furioso, abarrota la arteria reclamando a gritos ¡queremos nuevo Estatuto! ¡Queremos nuevo Estatuto! ¡Ni un minuto más sin él!, y hay quien dice que los ecos del tumulto se escuchan en Pancorbo, mucho antes de llegar a Miranda. Ironías al margen, la desgracia de España se hace de nuevo carne dispuesta a habitar por siempre entre nosotros. La desgracia de un país al que una legión de sinvergüenzas sin escrúpulos tiran de la sisa en la esperanza de que termine por romperse un traje que, tras siglos de miseria y mal gobierno, ha permitido 40 años de paz y prosperidad como seguramente no había conocido nunca. La desgracia de España con un PSOE y sus sucursales autonómicas que nunca han terminado de interiorizar la idea de España, de saber qué quieren hacer con España, de amar a España y preservar su unidad como un bien superior capaz de asegurar paz y libertad frente a la amenaza de los reinos de Taifas que regentan las elites depredadoras locales.

Todos quieren ser “nación”
Lo peor no es que la actual gestora que preside el bueno de Javier Fernández no se haya enterado de la misa la media de lo que en Bilbao cocinaban Idoia y Urkullu. Lo peor es que el PSOE que hoy conocemos ha dejado de defender la unidad de España, como por otro lado ya había adelantado el PSC del célebre bailarín Iceta. Porque hay un PSOE en la sombra, el que comanda Pedro Sánchez, que decididamente se ha pasado la bando de los malos enarbolando la bandera de la España plurinacional y del derecho de los vecinos de mi pueblo a decidir si quieren ser “nación” cuando sean mayores. La tragedia de España. También Aragón es un “nación”, dice el podemita Echenique. Y lo mismo reclama Andalucía por boca de Teresa Rodríguez, de idéntico palo, “porque se confunde el término nación con lo que se conoce del nacionalismo, cuando nación viene del verbo nacer y es precioso”. ¡Chúpate esa! Y hay un señor emboscado tras las bambalinas del acuerdo, un tal Patxi López, ex presidente del Congreso, que prepara en sigilo su candidatura para competir, el aliento en el cogote del bello Sánchez, con Susana Díaz por el liderazgo del PSOE. Un PSOE obligado, ya sí que sí, ya no caben más titubeos, a cortar por lo sano y expulsar en brazos del populismo radical a Sánchez y su tropa.

Independentismo valenciano pancatalanista
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com  22 Noviembre 2016

Interrumpo esta semana la serie de artículos que he iniciado en La Tribuna del País Vasco para recuperar una memoria que no gusta a los “memoristas” guerracivilistas. Continuaré en próximas semanas con asuntos de suma importancia para aquellos que creemos en la decencia, en la libertad y en la democracia constitucional.

Esta semana toca Valencia, que no se caracteriza en los últimos tiempos por las naranjas sino por aquellos que, aprovechándose del hartazgo de los levantinos por la corrupción del PP, están un tanto levantiscos, en clave de revolución podemita con fuertes ingredientes de pancatalalanismo cultural y de destrozo del legado colectivo. Sí, digo catalanismo pues están intentando colar la lengua de los catalanes, reemplazando la autóctona, y no digamos la que es común de todos los españoles. Pero no se queda el asunto ahí…

El Consejero de Educación del Gobierno valenciano apoyó la última Diada, y aboga por respaldar “la realidad política de los países catalanes” que, según Marzá, incluyen al que fue Reino de Valencia que, como es sabido, fue creado por Jaime I el Conquistador y duró desde el siglo XIII hasta inicios del XVIII. Pero expliquémosles a estos iletrados, incluido el consejero, que Barcelona fue un condado; Valencia, reino, y Aragón la Corona que los englobó a todos. Es más que evidente que nunca existió la Corona catalana-aragonesa, sino Corona de Aragón; de lo que se deduce que carece de legitimidad histórica lo de “Países catalanes”.

Los tuits del señor Marzá, ya borrados, eran partidarios de la independencia de Cataluña, en consonancia con la entrevista que le hicieron recientemente en Radio Terra, donde defendió, en relación a la Díada, que “sin Valencia no hay independencia” y que para ello es necesario la “desobediencia” -se entiende a las leyes y al Estado de Derecho-.

Si a alguien le cabe alguna duda de que Compromis, miembro del tinglado podemita, es un partido nacionalista, más vale que se haga cargo de la realidad, antes de que le entren hasta la cocina. De ahí el celo adoctrinador y el empeño cerril de desplazar el castellano —español— de las aulas, que está llevando con un celo implacable.

Cuando en una comunidad —la que sea— ponen en marcha los mecanismos de sustitución de la lengua de todos los españoles por otra que califican como “propia” —no existen lenguas propias de territorios, sino de personas— pónganse a temblar. Después manipularán la historia, desarrollarán todo tipo de argucias para diluir el currículo en un magma de ignorancia de todo atisbo humanístico, pondrán asignaturas intrascendentes para abolir el pensamiento, el sentido crítico, y la verdad sobre el origen de las cosas y el sentido antropológico real de pertenencia; y se opondrán a cualquier norma que tenga como objeto la homologación y la exigencia que cabe esperar en la formación intelectual de nuestros hijos y nietos. Eso es lo que está pasando hoy en Valencia. Pero no nos engañemos: no es solamente en Valencia. Como ocurre en Navarra, por poner un ejemplo, se están acelerando los procesos para ponérselo difícil a aquellos que vengan después. Pruebas hay de sobra, pero solamente voy a citar los titulares del Diario de Navarra del pasado viernes, día18 de este mes: “UPN y PSN denuncian un ‘rebrote’ de pintadas e ikurriñas en las calles”, “El PSN pide que se eliminen los símbolos de todo tipo de mobiliario”, “UPN denuncia las pintadas aparecidas contra el cierre del Gaztetxe”.

No es la primera vez que los nacionalistas han tratado de trocear España, e incluso ofrecer a los británicos un corredor en la Península para conectar el Atlántico con el Mediterráneo, a fin de lograr el apoyo de la inteligencia inglesa.

El 10 de noviembre de 1938, Luis de Arana Goiri, enviaba a Londres un Memorándum de nueve páginas a la atención del Vizconde de Halifax:
"Que Inglaterra en colaboración con Francia, por tratarse de territorios vecinos a ésta, se declaren protectores para la formación, y luego con el título efectivo, de los dos estados políticos o Repúblicas que habían de formarse del Pirineo al Río Ebro; la una Vasca, bajo la denominación de Euzkadi y el protectorado efectivo de Inglaterra, y la otra latina, catalano-aragonesa, bajo el protectorado de Francia, ambas repúblicas completamente independientes una de otra; consiguiendo así nosotros, los patriotas nacionalistas vascos, el bien que anhelamos para nuestra patria Euzkadi Peninsular, conseguiría también para sí misma Inglaterra la posesión de la vía terrestre más corta de acceso al Mediterráneo comenzando en el Golfo de Bizkaya (sic) en Bilbao y terminando a los 400 kms aproximadamente, en línea recta, en un puerto que a Inglaterra conviniera en el Mar Mediterráneo próximo a las Islas Baleares. Su colaboradora Francia conseguiría por este hecho para sí misma con su protección a esa república latina catalano-aragonesa la supresión de toda una extensísima frontera pirenaica peligrosa y adversa para ella con una España probablemente adicta a Italia y Alemania. ¿No hay así compensación al sacrificio que Inglaterra y Francia se impondrían aceptando esta proposición? ¿No hay concurrencia de bienes para unos y otros?"

Desgraciadamente, los partidos constitucionalistas desde la transición política están dejando campar a sus anchas a los nacionalistas y esto es debido a su falta de visión político-estratégica a largo plazo; solo les ha movido la pretensión ruin y alicorta de tenerlos contentos para que les dejen formar gobierno.

Cuando el hartazgo y la consciencia de los ciudadanos engañados lleven a eliminar cualquier rastro de la presencia de esta ralea en las instituciones y vida pública, para recuperar lo que no se tenía que haber perdido, puede que sea tarde; y la democracia, tal como la conocemos hoy, ya no exista. Eso, si no sucede, como está ocurriendo ya, que el cambio de la cosmovisión de las gentes ha tenido tal profundidad en la comedura de “coco” que no haya vuelta de hoja, pues lo que eran ciudadanos libres se hayan convertido en clones y reproductores, al son de consignas, de teorías carentes de cualquier criterio fundado en hechos objetivos y de pensamiento autónomo.

Ya lo dice Iñaki Ezkerra en su excelente libro "Los totalitarismos blandos", que comentaré próximamente: “Decimos de estos nuevos totalitarismos que son blandos porque adolecen de todos los simulacros morales y todas las estructuras mentales de la posmodernidad. ‘Lo blando’ no es sinónimo de ‘inocuo’, como no lo es tampoco ‘lo débil’ que, por naturaleza, tiende más que ‘lo fuerte’ a protegerse. Como no lo es ‘lo líquido’, un concepto que hemos banalizado y al que le hemos perdido el respeto a base de invocar a Bauman. Lo líquido tiene una capacidad de filtración, de calar y de colarse que no tiene lo sólido. En los controles policiales que hay en los aeropuertos, los líquidos son siempre observados con la mayor prevención. Son lo primero que se incauta cuando sobrepasa unas minúsculas dosis. Los líquidos y los objetos punzantes.”

A ver si se enteran.

Todo por la peste
ARCADI ESPADA El Mundo  22 Noviembre 2016

Entre las razones menos absurdas de los socialistas para negar su apoyo implícito a Rajoy estaba el hecho de que el Psoe era la alternativa del Pp. Y, al margen de las obligaciones que han impuesto los resultados electorales, la razón principal del pacto entre nacionalistas y socialistas vascos es que los socialistas ya no son en el País Vasco alternativa a nada, sino el cuarto partido, y empatado a escaños con el último. Una situación parecida a la catalana, donde el Psc forma parte del gobierno municipal que preside Ada Colau y se ha ofrecido a apoyar a Junts pel Sí siempre que éste abandone su estrategia ilegal. Obligados a un papel menor, los socialistas vascos hacen valer su apoyo parlamentario y entran en un gobierno de coalición. Hacen bien en hacerlo valer, porque el poder da poder. (Su decisión debería hacer meditar a C's: aguanta a pulso los gobiernos de Andalucía y Madrid y sostiene decisivamente el de España, pero sus esfuerzos carecen de foco: dios no quiera que un partido tan inmaculado acabe quedándose en blanco).

Los socialistas vascos aciertan en hacer valer su apoyo, sobre todo, por el propio contenido del pacto: hasta tal punto supone una sumisión a la estrategia, al lenguaje y a la corrosión nacionalista. Casi lo de menos es que en el apartado final sobre el autogobierno se detallen con una precisión lacerante todos los asuntos que serán abordados en la ponencia de reforma del Estatuto y que el primer asunto sea "el reconocimiento de Euskadi como nación" y el segundo "el reconocimiento del derecho a decidir del pueblo vasco". Lo que debe de resultar realmente insoportable para un socialista vasco, para un socialista, pongamos por caso, como Nicolás Redondo Terreros, es de qué modo el documento hace suya la narrativa nacionalista. Basten como ejemplos centrales la insistente consideración del Estado español como un enemigo o la legitimidad predemocrática (histórica la llaman ellos) del autogobierno vasco. O este párrafo singular en términos fácticos, aun calientes los golpes de Alsasua, y que tanto prejuzga respecto de los trabajos sobre la memoria y los días que el pacto prevé desarrollar: "Tras el anuncio del fin de la actividad armada de ETA en 2011, en el periodo 2012-2016 se han producido avances sustanciales en la coexistencia [en efecto: llamarle convivencia sería un exceso], sin asesinatos ni amenazas".

Lo que queda del socialismo vasco ha hecho bien en cobrarse intensamente, con cargos y responsabilidades diversas, su apoyo al pacto. En esa letrina política de 70 folios sólo puede invocarse el non olet.

La tentación nacionalista acabará por romper al PSOE

Editorial La Razon  22 Noviembre 2016

Aunque el Partido Socialista de Euskadi había venido prestando apoyo parlamentario al Gobierno del PNV durante la anterior legislatura autonómica –con lo que dejaba patente una de las falacias argumentativas del ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con su insistencia en los «aliados naturales» del Partido Popular–, el pacto de coalición cerrado ayer entre los socialistas vascos y la derecha nacionalista significa, a tenor de los términos contenidos en el acuerdo de gobierno, un peligroso deslizamiento –otro más–, de una federación regional del PSOE hacia posiciones identitarias y, cuando menos, dudosamente constitucionales, que no pueden más que aumentar el desconcierto de unos votantes que no llegan a discernir –como le pasa al resto de los ciudadanos, todo hay que decirlo– cuál es la posición del socialismo español en un asunto tan capital como es el modelo territorial del Estado.

Desde luego, en el caso que nos ocupa, la cuestión no está nada clara porque, si bien hay que llegar hasta el último párrafo del documento acordado entre el PNV y el PSE para advertirlo, el pacto abre la puerta a la consideración del País Vasco como nación, a la declaración del llamado «derecho a decidir» y a la convocatoria de un referéndum de ámbito local que contravienen la letra y el espíritu de la «Declaración de Granada», adoptada por el Consejo Territorial del PSOE el 6 de julio de 2013, que, textualmente, señalaba que «los socialistas seguimos creyendo en el Estado de las Autonomías (...) y lo seguiremos defendiendo como el único marco político viable de una España moderna, libre y democrática» . Y advertía de que cualquier reforma constitucional del modelo territorial exigía «restablecer un nivel de consenso tan amplio, al menos, como el que hizo posible la Constitución de 1978», es decir, con la participación del conjunto del pueblo español y no sólo de una parte.

Pero es que, además, los compromisos a los que ha llegado el PSE con el PNV auguran no sólo nuevas tensiones internas en el socialismo español, que a este paso corre el riesgo de acabar territorialmente tan fragmentado como Podemos y sus mareas, sino en el seno del propio Gobierno autónomo vasco. En efecto, no hay garantía de que las fuerzas nacionalistas del Parlamento de Euskadi acaben por forzar un referéndum de las propuestas contenidas en el pacto, llevando al PSE a una situación imposible, en la que tendría que desdecirse de lo firmado con los peneuvistas o desmarcarse de la dirección federal del PSOE. Tampoco alcanzamos a ver cuáles son las ventajas, salvo algunos cargos en las consejerías, que obtienen los socialistas de un pacto que, en realidad, los neutraliza como fuerza de oposición de la izquierda, papel que, forzosamente, pasa a desempeñar en solitario la marca de Podemos en el País Vasco.

Con el agravante de que el apoyo parlamentario que han dado los socialistas al último Gobierno del PNV no parece haber servido para recuperar la influencia electoral perdida: entre 2009 y los últimos comicios autonómicos, el PSE ha pasado de obtener el 30,7 por ciento de los votos y 25 escaños al actual 11,94 por ciento y 9 escaños. Somos conscientes de que poco puede hacer hoy la Gestora que dirige el PSOE en este asunto, más aún cuando ni siquiera había sido consultada por la secretaria general del PSE, Idoia Mendia. Lo que demuestra la urgencia de una renovación en profundidad de la socialdemocracia española.

La España que soñamos hace 41 años
Hubo un espejismo de proyecto común y compartido, conocido como Transición, pero se quebró enseguida
Isabel San Sebastián ABC  22 Noviembre 2016

El 20 de noviembre de 1975 yo tenía 16 años; una edad suficiente, por aquel entonces, para diferenciar con claridad una dictadura de una democracia. Residía en Milán, ciudad asiduamente golpeada por terroristas de extremos opuestos, y me costaba comprender que los italianos, bendecidos con un régimen de libertades que a nosotros se nos negaba, dedicaran tanto tiempo y tanto esfuerzo a convocar huelgas, manifestarse por las calles e incluso asesinar por causa de la política. Mi mente adolescente, idealista, consideraba esos comportamientos propios de gentes ingratas, inconscientes de su gran fortuna. Sin conocer en primera persona el significado del término «represión», vivía con vergüenza la que se sufría en mi país, objeto de crítica frecuente por parte de profesores y compañeros de clase. Para mí la palabra «libertad» evocaba un universo casi mágico, que reconciliaría, al fin, la patria que me habían enseñado a querer con una Nación de la cual poder sentirme orgullosa. Un sueño hecho realidad.

El día que murió Francisco Franco creí con todas mis fuerzas que España, esa España amada siempre desde la distancia y la nostalgia, evitaría caer en los errores de Italia y sabría apreciar el valor de ese regalo llamado pluralismo. Acertaría a cuidarlo, protegerlo, disfrutarlo y utilizarlo para construir un país mejor, ajeno a la violencia, libre de terrorismo, donde las discrepancias se resolvieran hablando y no a gritos.

Me equivocaba.
Han pasado cuarenta y un años desde ese 20-N-1975 y el sueño ha quedado hecho añicos. Hubo un espejismo de unidad, de proyecto común y compartido, conocido como Transición, pero se quebró enseguida. Antes de que nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando, la nueva España, la España libre y democrática aceptada finalmente en el selecto club de la Europa libre, estaba resquebrajándose, veía renacer el odio cainita entre compatriotas y era socavada en sus cimientos institucionales por el infecto gusano de la corrupción, transmisor de rabia y desencanto, abono para la peor demagogia.

A medida que se limpiaban fachadas y construían autopistas con dinero procedente en gran medida de nuestros generosos socios, una parte considerable de la recién estrenada riqueza iba a parar al bolsillo de gestores carentes de escrúpulos, precursores del latrocinio sistémico que acabaría asemejándonos a la célebre «Tangentópoli» sufrida por los italianos. Un caldo de cultivo ideal para la aparición de partidos enemigos del sistema, enemigos de la libertad y enemigos de la democracia. O sea, émulos del franquismo adaptados a los nuevos tiempos. Están en auge. El Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional usurpada por el dictador, alberga hoy un número creciente de soberanicidas de diverso pelaje empeñados en robar al pueblo lo que es suyo y parcelar esa propiedad indivisible en minúsculos reinos de taifas. Y suma y sigue.

El terrorismo, esa lacra de la que erróneamente creí poder escapar aquí, no solo ha dejado ríos de sangre impune, sino que ha logrado arrodillar al Estado de Derecho hasta arrancarle cesiones que pensamos imposibles y que jamás imaginaron, sospecho, quienes cayeron para evitarlas. Nada menos que la legalización de su tentáculo político sin mediar arrepentimiento, ni reparación ni justicia, hasta el extremo de ver a un alcalde de Pamplona representante de Bildu encabezar una manifestación convocada contra el fascismo. ¿Cabe mayor paradoja?

Esta no es la España que soñamos. No es la España que soñé yo. Tuvimos una oportunidad de oro y la desaprovechamos. Podríamos estar peor, desde luego, y lo estuvimos, pero pudimos y debimos luchar por estar mejor.


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