AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 23 Noviembre  2016

"El cambio" era el PNV
Pablo Molina Libertad Digital  23 Noviembre 2016

El acuerdo de los socialistas vascos con el PNV va a servir fundamentalmente para dos cosas, a saber: para que los altos cargos del PSE más cercanos a su secretaria general puedan pisar moqueta y prepararse una jubilación de lujo y para dejar claro de una vez que el PSOE, que dejó de ser obrero en los ochenta del siglo pasado, tampoco es ya español. En realidad, la E final de las siglas no respondía a España sino a Estepaís, que es como los socialistas siempre se han referido a la nación española. A los podemitas les provoca arcadas pronunciar la palabra España; a los socialistas sólo les da asco, que para eso son más socialdemócratas que los bolivarianos.

En estos nueve largos meses de negociaciones para formar Gobierno en España, con repetición de elecciones incluida, el PSOE ha mantenido la tesis central de que el Partido Popular es una formación de derechas a la que no se puede dejar gobernar bajo ningún concepto. Pedro Sánchez, honrosísimo sucesor de ZP, cifró en el "no es no" su futuro político con el resultado conocido, pero aún después de su defenestración como secretario general, los socialistas han mantenido su rechazo absoluto al PP, y si hubo un puñado de abstenciones para permitir la investidura de Rajoy fue porque la nueva comisión gestora se empleó a fondo con los diputados y amenazó con hacerles la autocrítica en una habitación sin Estado de Derecho.

Así que los socialistas no pueden pactar con el PP porque es la derechona inmovilista y ellos son el cambio, lo nuevo, lo que está por venir, aunque hayan estado gobernando Estepaís casi dos décadas de las últimas tres. Por eso han decidido asociarse con el PNV, otro partido de nuevo cuño, con gente joven, ideas renovadas y un perfil de izquierdas en el que hasta ahora nadie había reparado.

Lo extraordinario de todo este asunto es que los dirigentes socialistas pueden insultar de forma tan grosera la inteligencia de sus votantes porque estos últimos también creen que defender a España –siquiera pronunciar su nombre– es de fascistas y que, en estos momentos, solo existen dos naciones dignas de consideración, la vasca y la catalana. Los podemitas aseguran que hay otras más: la aragonesa, la galaica y, por supuesto, la andaluza, reciente descubrimiento de Kichita Rodríguez. Pero todo eso son cuestiones discutidas y discutibles que habrá que mirar más detenidamente en su día. Naturalmente, con el listado de puestos vacantes de los gobiernos autonómicos en la mano.

Carmena: la falta de autoridad deriva en incompetencia
EDITORIAL El Mundo  23 Noviembre 2016

Manuela Carmena se comprometió el lunes por la tarde, tras mantener una reunión con Cristóbal Montoro, a reelaborar el Plan Económico y Financiero (PEF) del Ayuntamiento de Madrid para los años 2016 y 2017. Esta modificación recogería la exigencia del Gobierno para que el equipo de Carmena renuncie a romper el techo de gasto en 586 millones de euros, algo que el ministro de Hacienda y Función Pública considera incompatible con los objetivos de estabilidad asignados a España. Pero, apenas 15 horas después de comprometer su palabra ante Montoro, la alcaldesa comparecía de urgencia para desdecirse y anunciar que el Ayuntamiento no rehará el plan económico. Se trata no sólo de la enésima rectificación de Carmena, sino de una nueva desautorización de sí misma. Este vaivén, impropio de un cargo institucional de su peso, es fruto tanto de su debilidad política como de la falta de cohesión en el equipo de gobierno de Ahora Madrid.

Las diferencias alrededor de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid han tensado las relaciones entre esta administración y el Gobierno hasta el punto de que Hacienda amenazó con adoptar "medidas coercitivas" si Carmena no se apeaba de su amenaza de rebasar el techo de gasto. La legislación permite la intervención del Ayuntamiento en caso de desobediencia. Es cierto que el plan elaborado por Carlos Sánchez Mato, edil de Economía, planteaba un incremento del gasto social y de las inversiones de casi 1.200 millones de euros para este año y el próximo, además de una reducción de la deuda municipal a 3.844 millones. Y es cierto también que existe una corriente cada vez más extendida entre los ayuntamientos para pedir la elevación del techo de gasto y, de esta manera, aumentar las obras e inversiones.

Sin embargo, el techo de gasto no es un capricho del Ejecutivo, sino un mandato de obligado cumplimiento para el conjunto de las administraciones públicas, en aras de respetar el objetivo de déficit. Por tanto, no basta, como ayer precisó Sánchez Mato, que el consistorio madrileño modifique el plan económico financiero sólo para dar respuesta al requerimiento de información del Ministerio de Hacienda. Su obligación es cumplir la ley de estabilidad presupuestaria. Resulta inadmisible que Carmena se rebele contra esta exigencia, pero frisa el ridículo que amague con rectificar y luego eche marcha atrás tras ceder a las presiones de su propio concejal.

Porque, más allá de la cuestión de fondo que enfrenta a Carmena con Montoro, la realidad es que este episodio revelas las graves carencias que arrastra la gestión del Ayuntamiento de Madrid. El PP exigió ayer la dimisión de Carmena por la "enésima desautorización" que ha hecho de sí misma, mientras desde Ciudadanos aseguraron que ha convertido Cibeles en "la casa de los líos". La realidad es que, desde el inicio de la legislatura, la regidora madrileña se ha mostrado incapaz de controlar a su equipo, dividido en la amalgama política del paraguas de Ahora Madrid, bajo el que confluyen Podemos, IU y la plataforma Ganemos Madrid. Esta falta de coordinación explica las sonadas rectificaciones en materias como el medio ambiente o la memoria histórica.

Pero los titubeos en la gestión de un área tan relevante como la de economía certifica el grado de surrealismo y de esperpento en el que la izquierda radical ha instalado al Gobierno de la capital de España. Urge que Carmena asuma las riendas cuanto antes o, en su defecto, deje paso a otra persona de su grupo que disponga de la autoridad y solvencia políticas como para devolver la seriedad al Ayuntamiento de Madrid.


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Todo está ya visto
Santiago González El Mundo  23 Noviembre 2016

Hoy, en mi columna de El Mundo

La cumbre de mi relación con el cine fue 'El bueno, el feo y el malo', que Clint Eastwood y yo rodamos a las órdenes de Sergio Leone, aunque debo decir que su papel tenía más frases que el mío. Una de ellas, la pronuncia el Rubio al identificar de oído a Eli Wallach, sólo por el ruido de sus disparos: "Todos los revólveres tienen su voz, y la de ese la conozco". Bueno, pues lo mismo me pasa a mí con la sintaxis cuando leo un documento del Gobierno vasco. Mi Tuco es Jonan Fernández.

Jonan es el secretario general de Paz y Convivencia de Urkullu. Cuando lees expresiones como "el objetivo es consolidar sólidamente la paz" o "el compromiso se cimienta (sic)" o "por que" en lugar de "porque" ya sabes qué revólver truena.

No crean que el PNV ha perdido poder al compartir Gobierno con el socio recién llegado. En modo alguno. Los cargos públicos, cuando las circunstancias lo requieren se reproducen por partenogénesis. Ocho consejeros tenía Urkullu, los mismos que seguirá teniendo a partir de ahora, pero el Gobierno sumará 11. A los socialistas se les dan tres carteras tipo monedero, según brillante definición de la consejera de Economía en el Gobierno PNV-PSE 87-91: Trabajo, sin la parte mollar de 'Lanbide' (servicio de Empleo), Turismo para que vayan a inaugurar el pabellón vasco de Fitur, y Vivienda, que era la competencia de Madrazo, un abrazo.

La reforma estatutaria recogerá los puntos que se han de debatir en la Ponencia, el primero, que Euskadi es una nación. Los socialistas venían magreando el tema: Euskadi es una nación "cultural, lingüística, histórica e incluso económica. Esto de la nación es un tema inagotable. Los socialistas vascos llegaron a recurrir al concepto de Comunidad Nacional de los austromarxistas, utilizado profusamente por los totalitarismos del siglo XX y regímenes asimilados: Hitler en el Partido Obrero Alemán, antecedente del Partido Nazi, Mussolini, Primo de Rivera, Ledesma Ramos, Perón y la Constitución de Pinochet, sin olvidar las leyes fundamentales del franquismo. Pero después de todo, ¿qué es una nación? se preguntaba Teresita Rodríguez, virreina andaluza de Podemos: "Andalucía de alguna manera también es nación". Lástima, añadía, que a veces "se confunde el término nación con lo que se conoce del nacionalismo, cuando nación viene del verbo nacer y es precioso". El término 'nación' "no es un tabú para el PSE", decía hace varios meses Isabel Celáa. Ayer mismo explicaba Idoia Mendia que nación "en sentido cultural es un término perfectamente aceptado (...) Si a los nacionalistas les sirve para que continúen en un proyecto común que es España, bienvenido sea". Ni va a servir para que se arregosten en el proyecto común, ni ellos se conforman con reducir el término relación a su relación con lo cultural: "Reconocimiento de Euskadi como nación", dice escuetamente el papel. Sin calificativos, aditivos, ni azúcares añadidos.

El segundo punto que los socialistas se muestran dispuestos a discutir es el reconocimiento del derecho a decidir del Pueblo Vasco (en mayúsculas en el original). Y luego viene la reforma de la Constitución y así hasta 14 puntos. El pacto PNV-PSE es el mejor visto por la peña, gente de orden y partidaria del matrimonio para ordenar el débito conyugal y las cuentas domésticas. La pasión es para externalizar en el pleno parlamentario de los viernes, no para el casto Consejo de Gobierno de los martes. Para eso tendrán a EH Bildu y Elkarrekin Podemos.

Ya pasó durante el Gobierno de coalición de Ardanza: El 15 de febrero de 1990, para pasmo de sus socios, el PNV aprobó en el Parlamento una proclama en la que se afirmaba "el derecho de autodeterminación del pueblo vasco". Y si ya tenían la autodeterminación, ¿para qué van a debatir ahora ese tonto eufemismo del derecho a decidir? A pesar de lo bien que le había ido al PNV en la coalición, Ardanza se negó a prolongarla a una segunda legislatura. ¿Saben por qué? Porque los socialistas se negaron a incluir en el acuerdo de Gobierno la transferencia del régimen económico de la Seguridad Social, cuestión que acabarían aceptando 26 años después sin la menor discusión. Ardanza formó un tripartito con sus aliados autodeterministas que apenas duró siete meses. ¿Saben por qué? Porque EA empezó a votar en los ayuntamientos mociones conjuntas de autodeterminación con HB. Ardanza los echó del Gobierno y el PSE aceptó volver al Ejecutivo por la misma gatera por la que había salido EA. Un déjà vu. La tragedia y la farsa, en fin.

Astucia vasca
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es  23 Noviembre 2016

La encargada en el Gobierno de solucionar el eterno problema catalán es a partir de ahora la Vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría. Sin duda es un avance que ya no se ocupe de tan espinoso problema el ministro de Asuntos Exteriores, aunque hay que reconocer que más que de un encargo como el que sí ha recibido la Vicepresidenta se trataba de una iniciativa propia fruto del ansia por meterse en todos los fregados del anterior titular de la cartera que hoy afortunadamente desempeña un profesional discreto y competente. Los independentistas, que aprenden rápido, han enviado a su vez a la toma de posesión del nuevo Delegado del Gobierno en Cataluña a su ministrillo de temas extranjeros porque la desconexión se demuestra andando. Dado que la muy laboriosa número dos del Ejecutivo central cuando se pone a una tarea lo hace con absoluta dedicación y entrega, es bueno que tenga en cuenta algunas consideraciones estratégicas para orientar su actuación.

La primera, que es sencilla de enunciar y de entender y que viene avalada por la experiencia, es que la cuestión catalana no tiene solución negociada. Por consiguiente, si lo que lleva en mente la Vicepresidenta es intentar algún tipo de acuerdo basado en un sistema de financiación autonómica mejorado, un incremento de las ya amplísimas competencias de la Generalitat o, estirando al límite, alguna pirueta constitucional en dirección confederal, que se olvide y abandone toda esperanza. Todo eso ya se ha ensayado durante los últimos treinta y ocho años, más y más tributos cedidos, expulsión de la lengua oficial del Estado de la enseñanza y del espacio oficial y público, reconocimiento simbólico a tope, permisividad total frente al robo continuado de los jerarcas nacionalistas, Estatuto de Autonomía que revienta las costuras de la vigente Ley de leyes, Fondo de Liquidez Autonómica para financiar el despilfarro secesionistas, Fondo de Pago a Proveedores para librar a la Administración catalana de la quiebra, castración ideológica del PP de Cataluña para no incomodar al pensamiento único tribal, retirada de facto de la presencia del Estado en Cataluña y así sucesivamente. Está demostrado que las concesiones, por numerosas y grandes que sean, no apaciguan a la fiera, sino que la enconan de manera creciente. Por tanto, seguir con un método del que ya se sabe que no funciona, sería absurdo por parte de una persona inteligente como la Vicepresidenta.

La segunda es que cualquier nacionalismo particularista desemboca en una subversión, cruenta o incruenta, contra el Estado matriz. La razón es simple: el nacionalismo reivindicativo de raíz identitaria se apoya en la exacerbación de la diferencia, étnica, lingüística, religiosa, geográfica, económica, tanto da, lo que importa es que permita definir al otro como enemigo y movilizar a las masas excitando su insatisfacción, su narcisismo y su odio al que es distinto y que supuestamente las oprime. Al igual que los ciclistas, los nacionalistas no pueden dejar de pedalear si no quieren caer, por lo que el proceso de exigencia de más autonomía no se detiene nunca hasta la explosión final, que es la declaración, consentida o no, de independencia.

La tercera es que cada nueva herramienta de autogobierno o cada nueva fuente de recursos que se les asigna para calmarlos la utilizan inmediatamente contra el Estado que se la ha otorgado para debilitarlo, erosionarlo y perturbarlo. Se les da un martillo para que claven clavos, pero los nacionalistas sin vacilar un instante lo usan para atizarle al Estado en la cabeza.

La misión que Rajoy le ha confiado a su colaboradora predilecta es la de convencer a un tigre que se haga vegetariano mediante un diálogo constructivo y racional. Por supuesto, hay que felicitarla por su abnegación al haber aceptado semejante envite, pero es ocioso desearle suerte porque la aguarda inexorablemente el fracaso.

Se ha celebrado mucho el reciente acuerdo del PNV y el PSE para formar Gobierno en el País Vasco y se ha comparado el enfoque razonable y serio de los nacionalistas euskéricos con la agresividad desatada de Puigdemont, Junqueras, Mas y compañía, pero los que así ponderan la prudencia sensata de los jelkides olvidan que su propósito es idéntico al de sus homólogos catalanes. Eso sí, mientras los unos han decidido romper la baraja y acelerar la marcha, los otros, más astutos, siguen aplicando la gradualidad, perfectamente conscientes de que el éxito se asegura mejor si cada paso es lo bastante pequeño como para que parezca asumible.

A estas alturas del desastre que se gestó en la Transición y que se ha ido alimentando desde entonces, ya no hay salida pacífica. El único camino de preservar la unidad nacional es por desgracia traumático y consiste en doblegar por la fuerza a los secesionistas. En lugar de abrirles aún más el grifo presupuestario, cerrárselo, en lugar de trastear con paños calientes, aplicarles con contundencia el orden legal vigente, en lugar de esperar y esperar a que vuelvan a la cordura, utilizar sin vacilaciones los mecanismos constitucionales para intervenir la Autonomía y despojarles de todos los instrumentos de poder de que disponen, entre ellos los sustanciosos sueldos que les pagamos. Y, naturalmente, si estas medidas se traducen en alborotos y desórdenes en la calle, recurrir a la coacción legítima necesaria para que quede claro que España es un Estado de Derecho en el que nadie se salta las normas.

Las amenazas no desaparecen ignorándolas, más bien se acrecientan y acaban cayendo sobre los que entierran la cabeza en la arena. La diligente y avispada Vicepresidenta del Gobierno comprobará pronto la verdad de todo lo que acabo de exponer y cuánto más tarde en aceptarlo y en moverse en consecuencia, más doloroso será el choque inevitable que se avecina.

¿PP? No, no. ¿PNV? Sí, Bwana
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  23 Noviembre 2016

¿Abstenerse para que gobierne el PP, partido constitucional con el que el PSOE se ha alternado en los 40 años de democracia y que le saca 50 escaños? No, no, y no es no. ¿Qué parte de no, no has entendido, so Fernández? ¿Formar Gobierno con el PNV, al que llamáis partido racista y xenófobo fundado por el sociópata Sabino Arana? Sí, sí, claro que sí, y, si hace falta, gracias, Bwana. El PP ofreció al PSOE entrar en el Gobierno de Madrid; el PNV ofrece tres carteras de euskocuero aquí. ¡Vas a comparar! Así que sí, será un honor compartir el mismo modelo de sociedad con el Excelentísimo, digo, Jeltzalísimo Urkullu. El PSE hace suyo el lema Juakoikoa eta Lege zarra, Dios y leyes viejas. Sí es sí.

¿Que un socialista vasco dijo que lo que quería el PNV era un Gibraltar vaticanista? ¿Indalecio Prieto? ¡Ya será Indalecio Redondo Terreros! Los socialistas también adoramos al Jaungoikoa presupuestario y observamos las viejas leyes del cupo y de la segregación antimaketosis. No queremos ser diferentes, no es no, sino euskoparecidos, euskosí es sí. Somos y seremos compañeros JEL, del Partido Jeltzale -no, no Jetale- de Euzkadi. Las Zarracasas del Pueblo serán Clínicas del Rh-. ¡Abajo la Constitución Española y el baile agarrao! ¡Vivan los fueros y el airoso salto, sin roce corporal, de la juventud bizcaitarra! ¡Viva nuestra soberanía ancestral!

En ocho meses, referéndum, claro que sí. Tan sólo para ratificar el derecho a decidir del Pueblo Vasco, que en el ejercicio de su soberanía no debería consultar nada a nadie, salvo a Jaungoikoa, amén. Bueno, y para que Maketolandia, España o como llamen a ese engendro que desde nuestros orígenes nos oprime, siendo tan inferiores a nosotros, ratifique internacionalmente la condición de Estado de Euskal Herría. No Euskal Hiría, como dice el Azurmendi; si acaso, Euskal Kobraría.

Hombre, Justicia, lo que se dice Justicia, se la haremos a los gudaris, presos políticos en las cárceles españolas, pero algo les daremos a las víctimas, si alguna hubo, de la actividad armada de ETA. A generosos y solidarios no nos gana nadie. ¿Pagar impuestos como en Pancorbabajo? No es no. ¡San Kupo y cierra Euzkadi! Surcaremos, sí es sí, el mar de la historia soberanamente solos, sin ese candado liberal que oprime a nuestra nación. Gora Euzkadi Askatuta, amén.

El pacto PNV-PSE y la mala suerte de España con el socialismo
Jesús Cacho  vozpopuli.com  23 Noviembre 2016

Éramos pocos y parió la abuela. Los programas de radio de ayer lunes dedicaron minutos de gloria a glosar el acuerdo de Gobierno alcanzado entre el PNV y el Partido Socialista de Euskadi (PSE) que, aun desconociendo los detalles, se entendía como apuesta por la estabilidad (¡estabilidad, cuántos crímenes se cometen estos días en tu nombre!) del País Vasco, como elogio a la moderación del PNV (ese gesto de recio y noble aldeano de Andoni Ortuzar, tan alejado del rictus resabiado de Astut Mas), y como una prueba de realismo de los socialistas vascos, sí, bueno, es verdad, reconocía en voz baja más de un tertuliano, Idoia Mendia se ha buscado un buen pasar para los próximos años, primum vívere, a la sombra del PNV, el que a buen árbol se arrima, ella y los otros ocho socialistos que lograron escaño en las elecciones al parlamento vasco del 25 de septiembre, pero qué se le va a hacer, se trata de pisar moqueta, pelillos a la mar, y ahora hay que ver, especulaban los más agudos, qué efectos puede tener este acuerdo a nivel nacional en un eventual respaldo del PNV a los PGE para 2017 que el Gobierno Rajoy trata de sacar adelante.

Ahí estábamos ayer mañana, en el relato pastoril de un pacto en la Arcadia vasca entre el PNV y un PSE dispuesto a repetir la experiencia de los años ochenta con el Gobierno de José Antonio Ardanza, de la que los segundos saldrían después trasquilados en las urnas, en eso estábamos, digo, cuando a primera hora de la tarde se descubrió el pastel: tendremos, tendrán, nuevo Estatuto de Guernica, que deberá ser ratificado en referéndum. Todo en 8 meses. Deprisa, deprisa. “Una vez sustanciados los procesos de negociación, pacto, tramitación y aprobación de la propuesta por parte de las instituciones competentes, los acuerdos que éstas adopten serán sometidos a la decisión de la ciudadanía, para que los ratifique mediante referéndum”. Naturalmente el PNV está decidido a incluir en el nuevo texto estatutario, amén del “derecho a decidir”, el reconocimiento de Euskadi como “nación”, idea que Idoia y sus chicos parecen dispuestos a respaldar sin pestañear, que al fin y al cabo esa es la doctrina tan reciente como fervientemente adoptada por Pedro Sánchez (“España es una nación de naciones. Cataluña es una nación dentro de otra nación que es España, como lo es también el País Vasco, y esto es algo de lo que tenemos que hablar y reconocer”), del que doña Idoia se declara leal seguidora.

Imposible no acordarse de inmediato de Cataluña y de las circunstancias que dieron lugar al segundo Estatut aprobado en 2006, impulsado por el presidente de la Generalidad, el socialista Pasqual Maragall, y su primer “tripartido”. El preámbulo del proyecto presentado en su día por el PSC afirmaba que “Cataluña es una nación” que “forma parte de la España plural reconocida por la Constitución” y que pretende “profundizar en el carácter federal, plurinacional, pluricultural y plurilingüístico del Estado español”. Para la ocasión, el caballero de la triste figura apellidado Zapatero regurgitó la conocida frase según la cual “Respetaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”. De aquellos polvos vinieron los actuales lodos. Solo uno de cada tres votantes respaldó el nuevo Estatut en el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006, y es que una amplia mayoría de catalanes “pasó” de un proyecto que nada tenía que ver con su realidad cotidiana y que, ignorando el déficit de calidad democrática que ya por entonces sufría Cataluña, era simple expresión de las ensoñaciones separatistas de una burguesía que pretendía seguir robando sin que ningún Justicia le molestara.

También en estos días es un clamor la demanda de nuevo Estatuto entre la población vasca. Cuentan y no acaban que ahora mismo es una temeridad pasear por la elegante Gran Vía de Bilbao sin una eficaz protección anti ruidos capaz de preservar la capacidad auditiva del viandante, tal es la bulla del gentío que, furioso, abarrota la arteria reclamando a gritos ¡queremos nuevo Estatuto! ¡Queremos nuevo Estatuto! ¡Ni un minuto más sin él!, y hay quien dice que los ecos del tumulto se escuchan en Pancorbo, mucho antes de llegar a Miranda. Ironías al margen, la desgracia de España se hace de nuevo carne dispuesta a habitar por siempre entre nosotros. La desgracia de un país al que una legión de sinvergüenzas sin escrúpulos tiran de la sisa en la esperanza de que termine por romperse un traje que, tras siglos de miseria y mal gobierno, ha permitido 40 años de paz y prosperidad como seguramente no había conocido nunca. La desgracia de España con un PSOE y sus sucursales autonómicas que nunca han terminado de interiorizar la idea de España, de saber qué quieren hacer con España, de amar a España y preservar su unidad como un bien superior capaz de asegurar paz y libertad frente a la amenaza de los reinos de Taifas que regentan las elites depredadoras locales.
Todos quieren ser “nación”

Lo peor no es que la actual gestora que preside el bueno de Javier Fernández no se haya enterado de la misa la media de lo que en Bilbao cocinaban Idoia y Urkullu. Lo peor es que el PSOE que hoy conocemos ha dejado de defender la unidad de España, como por otro lado ya había adelantado el PSC del célebre bailarín Iceta. Porque hay un PSOE en la sombra, el que comanda Pedro Sánchez, que decididamente se ha pasado al bando de los malos enarbolando la bandera de la España plurinacional y del derecho de los vecinos de mi pueblo a decidir si quieren ser “nación” cuando sean mayores. La tragedia de España. También Aragón es un “nación”, dice el podemita Echenique. Y lo mismo reclama Andalucía por boca de Teresa Rodríguez, de idéntico palo, “porque se confunde el término nación con lo que se conoce del nacionalismo, cuando nación viene del verbo nacer y es precioso”. ¡Chúpate esa! Y hay un señor emboscado tras las bambalinas del acuerdo, un tal Patxi López, ex presidente del Congreso, que prepara en sigilo su candidatura para competir, el aliento en el cogote del bello Sánchez, con Susana Díaz por el liderazgo del PSOE. Un PSOE obligado, ya sí que sí, ya no caben más titubeos, a cortar por lo sano y expulsar en brazos del populismo radical a Sánchez y su tropa.

No satisfechos con esa ventajosa realidad llamada “cupo”, tanto PNV como PSE apuestan por impulsar una reforma constitucional, pero no para mejorar la calidad de la democracia española, que eso les importa un bledo, sino para “garantizar el autogobierno que demanda la sociedad vasca”, seguramente también a gritos, porque juntos ellos y revueltos vienen notando el eco de “un fuerte impulso recentralizador que desconoce la voluntad política territorial e ignora su pluralidad y diversidad” que llega desde Madrid. Y ¿qué dirían los ciudadanos españoles si en referéndum se les preguntará qué quieren hacer con el Estado Autonómico? Interesante saberlo. Mientras tanto, Montoro se solaza: “Somos un Estado vertebrado en miles de administraciones: esto es un hecho positivo. A algunos les puede parecer excesivo, pero en un país como el nuestro la única manera de atender las diferentes sensibilidades de los territorios es tener una Hacienda descentralizada en el Estado de las Autonomías”. Desgracia de España. Y Soraya se abre de capa al diálogo con el independentismo catalán: “debemos escuchar más y mejor”, dijo ayer en Barcelona, en la toma de posesión del nuevo delegado del Gobierno, Millo. Como dijo aquel navegante italiano que acababa de embarrancar su barco a la puerta de casa: Niente paura, capitano Mariano è sul ponte di comando.

PNV-PSOE: un pacto de alto riesgo
EDITORIAL Libertad Digital  23 Noviembre 2016

Tras las últimas elecciones autonómicas, más de tres de cada cuatro escaños del Parlamento de Vitoria están ocupados por partidarios del mal llamado derecho de autodeterminación, por lo que sería un tanto ingenuo pensar que el PNV iba a renunciar a sus delirios ideológicos e identitarios, al derecho a decidir o a la consideración del País Vasco como nación, para poder alcanzar algún acuerdo de Gobierno.

Ahora bien, por mucho que el pacto firmado por el PNV y el PSE se limite en este punto a reconocer a los dos socios "libertad para defender" en la ponencia de autogobierno sus "respectivos postulados y planteamientos", es evidente el riesgo de que los socialistas terminen haciendo suya la visión nacionalista y planteando una reforma del Estatuto de Guernica que trate de burlar la Carta Magna.

A este respecto, conviene recordar que el PSOE ya dio su visto bueno a la reforma soberanista del Estatuto catalán y a la consideración de Cataluña como "nación" en el preámbulo del mismo; y ahí sigue, por gracia del Parlamento español y de los magistrados del Constitucional que no lo consideraron jurídicamente vinculante. En cuanto a Idoia Mendia, ya antes de las elecciones afirmó: "El reconocimiento de Euskadi como nación para el PSOE está alejado del concepto de soberanía e independencia". Y para qué hablar de lo que desde hace tantos años vienen diciendo prohombres del socialismo guipuzcoano como Jesús Eguiguren, el amigo del terrorista Arnaldo Otegi.

El significado de las palabras no depende de lo que uno quiere, y el PNV, por mucho que ande últimamente por una senda moderada, no renuncia a la soberanía ni a la secesión. El drama es la desaparición de la primera línea política vasca de quienes defienden la Nación como ámbito de libertad y de igualdad entre todos los españoles.

Las ganas de mimetizarse con los nacionalistas es lo que ha llevado a populares y socialistas a terminar por ser residuales en el País vasco y en Cataluña. Tal y como ha señalado en esRadio Nicolás Redondo Terreros, la gran fortaleza de los nacionalistas se explica en buena medida por la inexplicable y cainita "división" de los grandes partidos nacionales, que para colmo se han ido dejando por el camino "señas de identidad" cruciales.

Los constitucionalistas deben unirse para mantener a raya las ilegales pretensiones de ruptura de los nacionalistas. Intentar congraciarse con ellos por la vía de la cesión supone una constante invitación a que reafirmen su proyecto. Y en esas estamos tanto en Cataluña como en el País Vasco desde hace ya demasiados años.

Luces y sombras del pacto entre el PSE y el PNV
EDITORIAL El Mundo  23 Noviembre 2016

Decíamos el pasado lunes que el acuerdo de gobierno entre el PSE y el PNV tiene la virtualidad de empujar hacia la moderación al nacionalismo vasco, pero que también encierra algunos peligros importantes. Reiteramos ese análisis tras conocer el documento de más de 70 folios rubricado ayer en el Parlamento vasco.

Las dos partes invitaron a las demás formaciones a sumarse, subrayando que se trata de un texto "abierto" a las aportaciones y que lo que se busca es un gran pacto "por encima de las barreras ideológicas". Como se recoge en el acuerdo, se creará una ponencia en la Cámara vasca para redactar un nuevo Estatuto, que debería estar concluido en el plazo de ocho meses.

Los dos puntos más importantes del documento son el reconocimiento de Euskadi como nación y del derecho a decidir en el marco del "ordenamiento jurídico vigente en cada momento". Ello puede ser interpretado como que será necesaria una reforma de la Constitución para poder dar encaje legal a esas pretensiones. Y hay que recordar que el cambio de la Carta Magna necesita del consenso del PP y del PSOE para alcanzar la mayoría reforzada que se exige.

La virtualidad más positiva de este pacto es que el PNV, a diferencia de la vía catalana, opta por plasmar sus reivindicaciones históricas en conformidad a la legalidad vigente, lo cual dice a favor del pragmatismo de Iñigo Urkullu y el resto de dirigentes del partido.

Hay que resaltar este aspecto que contrasta con la actitud del nacionalismo catalán, que ayer volvió a ofrecer un triste espectáculo en Madrid, a pocos metros de la sede de la soberanía nacional. Puigdemont, Mas, Junqueras y otros líderes de Junts Pel Sí desafiaron abiertamente la legalidad al amenazar con represalias por la decisión del Congreso de permitir que Francesc Homs, ex consejero y portavoz de la antigua Convergencia, sea procesado por no obedecer una sentencia del Tribunal Constitucional. Sencillamente una actitud impresentable y que corrobora que los independentistas creen que las leyes y las sentencias de los tribunales son papel mojado.

El nacionalismo vasco no se halla en esa deriva y, por ello, es positivo que el PSE haya llegado a un acuerdo para gestionar tres carteras, aunque de escaso peso político, en el Gobierno que va a presidir Urkullu. Las experiencias pasadas acreditan que los pactos entre estas dos formaciones han favorecido el clima de convivencia en el País Vasco.

Pero el pacto suscrito ayer supone también la aceptación del PSE de asumir el debate sobre el derecho a decidir, lo cual supone cruzar una línea roja peligrosa porque el PSOE nunca ha reconocido que las comunidades puedan tomar decisiones que afectan a la soberanía nacional.

El pacto del PSE con el PNV ha sido negociado a espaldas de la Comisión Gestora, aunque es probable que finalmente sea avalado por ella. Pero es evidente que hay algunos barones socialistas que se sienten molestos por esta concesión, aunque Idoia Mendia y los dirigentes vascos subrayan que el acuerdo supone actuar dentro de la legalidad vigente.

No dudamos de la buena voluntad de los socialistas vascos, pero existe un riesgo real de que los trabajos de la ponencia en la Cámara vasca puedan desarrollarse por cauces que escapen al control de los partidos que defienden la Constitución.

Lo que estamos diciendo es que Bildu y Podemos pueden intentar llevar el agua a su molino y arrastrar al PNV a posiciones que supongan una vulneración del ordenamiento vigente. Es lo que ya sucedió en Cataluña cuando la reforma del Estatuto impulsada por Pasqual Maragall se transformó en un proyecto que sobrepasaba la Constitución española en decenas de artículos.

Esto no debería suceder en el País Vasco, en el que ciertamente la situación política y la actitud del PNV es distinta. Pero no hay nadie que pueda garantizar cómo acaban los trabajos de reforma del Estatuto, que siempre tendrían que ser refrendados por el Congreso de los Diputados.

No hay que ponerse la venda antes de la herida, pero sería ingenuo desconocer las sombras e incertidumbres que comporta este pacto.

Ese PSOE que jamás pactaría con la derecha
Carmelo Jordá Libertad Digital  23 Noviembre 2016

El PSE no evita males ajenos sino que busca poltronas. “No” era “no”… hasta que hubo consejerías encima de la mesa.

No hay partido con una tradición más de derechas en Europa Occidental que el PNV, que quizá se haya suavizado algo en estos tiempos de corrección política, pero si te ha creado un psicópata prenazi, racista y cuya máxima era "Dios, Patria y Leyes Viejas", muy centrorreformista no puedes ser.

Por otro lado, tampoco es que ese partido que se ha pasado décadas recogiendo las nueces que hacían caer los tiros en la nuca y las bombas lapa me parezca que pueda pasar como referente de la izquierda –bueno, referente lo que se dice referente, ni de la izquierda ni de nada–. El caso es que, nos pongamos como nos pongamos, el PNV no es otra cosa que una derecha localista, bastante retrógrada y más bien carca, y es con esa derecha con la que ha pactado el PSE, uno de los puntales de aquel PSOE sanchista del no-es-no-es-no. Y punto, como diría otra Sánchez, de nombre Tania.

Los socialistas no podían ni tocar a un partido de derechas, ni abstenerse siquiera, sin verse contaminados por la insoportable derechitud de los populares, culpables del pecado nefando de su propia existencia y de todos los males que castigan a la humanidad desde que Adán y Eva mordiesen la manzana. Pero por lo visto esos mismos socialistas que estaban detrás de Sánchez huyendo con repugnancia de Rajoy sí pueden holgar en el pacto con el partido de Sabino Arana, independentistas, para más señas, esos que presumen de haber estado, y estar, en contra de la Constitución.

Conste que últimamente me siento especialmente generoso y estaba incluso dispuesto a creer que el PSE había accedido a pactar con el PNV para evitar lo que podría haber sido un mal objetivamente mayor, que los de Urkullu se hubiesen tenido que apoyar en los bildutarras, dando inicio a una escalada soberanista que ciertamente habría resultado muy peligrosa.

Pero, claro, uno ve después los términos del acuerdo y se da cuenta de que no, de que el PSE no evita males ajenos sino que busca poltronas, de que una cosa es sacrificarse y otra es venderse completamente para pillar un poco de poder.

"No" era "no"… hasta que hubo consejerías encima de la mesa.

El PSE acepta convertir el País Vasco en Cataluña
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  23 Noviembre 2016

Cuando supe que el PSE y el PNV iban a cerrar una coalición me alegré, pensando en que de todas las fórmulas parlamentariamente posibles para gobernar el País Vasco tras las últimas autonómicas esa era la menos mala con mucha diferencia. Mi alegría se vio sustituida, sin embargo, por la alarma en cuanto conocí los términos de un pacto por el que los socialistas asumen convertir en centro de la legislatura los principales elementos del discurso nacionalista: que el País Vasco es una nación; que por serlo goza de un llamado derecho a decidir; que el Estado se niega a transferir competencias que pertenecen a los vascos; y que hay que revisar el Estatuto para hacer frente a un supuesto «fuerte impulso centralizador» de los Gobiernos nacionales.

¿No les suena? ¡Pues claro que les suena! Tanto que fue así como empezó el formidable follón que tenemos organizado en Cataluña: con una malhadada propuesta para reformar el Estatuto, que se hizo efectiva después de que un enloquecido PSC se transformase en la quinta columna de las obsesiones medievales y las reivindicaciones reaccionarias de los nacionalistas. Todo lo que vendría luego -un nuevo Estatuto plagado de inconstitucionalidades, la sentencia con la que un timorato Tribunal Constitucional trató de ajustarlo a la ley fundamental, la celebración de un esperpéntico referendo ilegal de autodeterminación y, en fin, el impulso a la secesión mediante una abierta sublevación institucional contra el Estado- habría sido imposible si el PSC no se hubiera echado en brazos de los nacionalistas.

La prueba del nueve de tal desastre es fácil de obtener: el Plan Ibarretxe, de infausta memoria -un proyecto para la secesión impulsado por el PNV con el visto bueno de ETA-Batasuna- acabó en agua de borrajas y con la renuncia del lendakari a la política por la sencillísima razón de que los socialistas estuvieron en contra de ese dislate tanto en el Parlamento vasco como en el nacional. Justo lo contrario de lo que sucedió más tarde con el nuevo Estatuto catalán, que salió adelante con el apoyo del PSC y, ¿cómo olvidarlo?, de un PSOE atado a aquella insensatez de Zapatero de ¡aprobar en las Cortes cualquier reforma estatutaria adoptada por el Parlamento catalán!

Olvidando aquel desvarío de los socialistas catalanes, como si no hubiera sucedido, el PSE de Idoia Mendia, sanchista de pro que por lo visto se siente tan cercana a los nacionalistas como el defenestrado líder del PSOE, ha aceptado tres consejerías en el Gobierno vasco a cambio de permitir al PNV abrir otro frente de conflicto territorial que, unido al ya desbocado en Cataluña, resultaría, de producirse, insoportable para nuestro futuro colectivo. Los socialistas, que tanto hicieron en su día para asentar una España moderna, unida y solidaria, parecen ahora dispuestos a suicidarse y a llevarse de paso por delante con su política desquiciada la mejor España que con tanto trabajo hemos construido en los dos últimos siglos.

El castellano progresa adecuadamente
José Luis Manzanares REP

No es la primera vez que publico en este diario una columna sobre las aportaciones político-sexológicas al idioma oficial de España, pero éstas siguen fluyendo como manantial que no cesa. Oídas o leídas las más recientes, me he decidido por ofrecer al lector una segunda edición donde algunos viejos ejemplos han desaparecido para dejar sitio a las pintorescas ocurrencias de última hora.

Salvo error u omisión, el primer nombre ilustre en la modernización del castellano durante los últimos años fue el de Carmen Romero, profesora de Lengua y Literatura Española. La esposa del entonces Presidente del Gobierno, impulsada seguramente por el loable deseo de poner fin a la ancestral discriminación identitaria de la mujer, llegó a una conclusión muy razonable. Si hay jóvenes, también debe haber “jóvenas”. Por algo se empieza.

Más tarde, Bibiana Aído, ministra de Igualdad, no quiso ser menos, aunque su formación tuviera que ver más con el folklore que con el estudio de las Letras, y acuñó un nuevo vocablo, admirable para dar visibilidad al sexo femenino en el lenguaje, pero no muy grato al oído. El Gobierno sería un órgano sexualmente dual con miembros y “miembras”.

Una tercera innovación fue obra de Susana Díaz, que posteriormente ha llegado a ser presidenta de la Junta de Andalucía. El partido socialista dispondría, así como suena, “de los mejores y mejoras candidatos y candidatas”. Su particular mérito estriba en que desde la simple invención de una palabra ajustada a la división del personal en los sexos masculino y femenino, se avanza hacia la más complicada redacción de frases inspiradas en el mismo principio.

Enrique Abad, entonces senador y portavoz de Defensa del grupo socialista del Congreso, tuvo la feliz idea de llevar al Ejército el nuevo pensamiento supuestamente progresista. Junto al soldado estaría “la soldada”. Lástima que le faltara el impulso suficiente para seguir con “la caba” “la sargenta”, “la coronela” y así sucesivamente. Sin olvidar el lío de “la brigada” y “el brigado”.

Felipe González nos sorprendió con la palabra “austericida”, pero no para referirse a la muerte de la austeridad, sino todo lo contrario. Era un reproche al presidente Rajoy por sus recortes y política económica de puño cerrado. El vocablo tuvo, no obstante, alguna aceptación.

El socialista madrileño Eduardo Madina nos deleitó con sus “secretarias de área y secretarios de áreo”. E Iñigo Urkullu, presidente del País Vasco, inició algún discurso con un “nosotros y nosotras”, quizás como eco de aquel “vamos a dar lo mejor de nosotros y nosotras”, que había dicho no sé quién.

Con todo, es en un documento oficial de una comunidad o ciudad autónoma, cuyo nombre prefiero silenciar, donde el sexismo gramatical alcanza cotas inimaginables hasta ahora. La igualdad de género se extiende a los animales. Al reglamentarse su protección nos encontramos con “los perros/as, los gatos/as y los hurones”. Las huronas sufren un agravio comparativo.

La última aportación al castellano moderno nada tiene que ver, sin embargo, con el sexo o los géneros gramaticales. El día 17 de este mismo mes de noviembre, el presidente de la Generalitat catalana afirmó durante un acto en el que coincidió con Su Majestad el Rey, que “el Estado ha negligido en sus deberes respecto a Cataluña”. La cita procede literalmente de un gran diario da ámbito nacional. Bueno es que también los separatistas de la inmersión lingüística en catalán contribuyan a mejorar el legado de Cervantes. El verbo “neglijar” no es moco de pavo.

 


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